Orwell: homenaje al delator

Publicado el 11 diciembre, 2016 en https://diario-octubre.com/orwell-homenaje-al-delator/

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¿Confeccionando la lista para el Imperio, Georges?

El escritor George Orwell aúna en su persona la condición de soplón del espionaje británico (IRD) con la de trotskista que estuvo en la guerra civil española, naturalmente en las filas del POUM de Andrés Nin y Maurín.

Es una criatura encumbrada por la guerra fría, un vulgar alcahuete de la policía británica, un vil delator de los intelectuales progesistas.

Su importancia deriva del detalle siguiente: no sólo desfigura la historia sino que trata de silenciar y encarcelar a quienes luchan por un mundo mejor, por la revolución. Para que él pueda mentir los demás deben ser acallados. Una cosa conduce a la otra.

Hace años que la apertura de los archivos del Foreign Office puso al descubierto su personalidad fraudulenta. La ausencia de escrúpulos del escritor británico sólo fue equiparable con la de los más despreciables protagonistas de sus propias novelas. La recuperación del material secreto de la época demuestra que Orwell denunció hasta 125 escritores y artistas como compañeros de viaje, testaferros del comunismo o simpatizantes. Haciendo uso de las lecciones aprendidas en la policía colonial del Imperio Británico, Orwell se dedicó a anotar escrupulosamente sus impresiones acerca de los intelectuales con los que mantenía relación en una libreta de tapas azules. La mayoría de ellos ni siquiera eran comunistas, sino intelectuales progresistas o, simplemente, liberales. Del poeta inglés Tom Driberg, por ejemplo, decía: “Se cree que es miembro clandestino del PC, judío inglés, homosexual”. Del músico de color Paul Robeson“muy antiblanco”. Definió a Kingsley Martin, director del semanario laborista de izquierdas, New Statesman, como “un liberal degenerado, muy deshonesto”. Calificaba a Malcolm Nurse, uno de los padres de la liberación africana, de “negro, antiblanco”. Insertó a John Steinbeck en su cuaderno delator por ser, según su opinión, un escritor espurio y pseudoingenuo. NiCharles Chaplin ni Bernard Shaw ni Orson Welles ni E. H. Carr, se libraron del lápiz acusador de George Orwell.

Sobre las milicianas del PCE que combatían al fascismo en el frente en primera línea, Orwell escribió: “Las pocas mujeres que están en el frente, son simplemente una fuente de celos”. Pese a ello, una editorial que alardea de libertaria como Virus reeditó en 2000 -por enésima vez- la obra (Homenaje a Cataluña) de un trotskista como Orwell que parece alejado de su línea, no por trotskista sino por imperialista, racista, misógino, homófobo y reaccionario. Eso sólo se explica por el pragmatismo sin principios que caracteriza a determinados libertarios de hoy día que, como los de Virus, dan por bueno todo aquello que sea la difamación más grosera del comunismo, sin siquiera alertar a sus lectores de la conexiones del libro que publican con el imperialismo. Algunos anarquistas alardean de su lucha contra el Estado, contra todo Estado, para convertirse en altavoces de sus más inmundas cloacas, editando los libros que El País luego reseña. ¿Tienen repartidas las tareas entre ellos?

Orwell escribió en 1945 Rebelión en la granja a la estela ideológica del agente de la CIA Burnham, a quien veneraba. La narración tuvo una pobre acogida en Inglaterra donde Orwell sólo logró vender 23.000 ejemplares. Sin embargo, al año siguiente la novela cruzó el Atlántico y en Estados Unidos los servicios de inteligencia se encargaron de convertirla en un éxito de ventas. La obra se vendió por centenares de miles, aunque su calidad literaria fuera algo más que dudosa. No en vano, la CIA disponía de la influencia necesaria en los medios de comunicación para convertir lo mediocre en excelente. Los elogios fueron casi unánimes en la prensa norteamericana. El periódico New Yorker, por ejemplo, calificaba a Rebelión en la granja como un libro “absolutamente magistral” y sostenía que había que empezar a considerar a Orwell como un escritor de primera línea, comparable con Voltaire.

Como no podía ser menos, la infraestructura de la CIA en Hollywood se hizo cargo también de financiar la versión cinematográfica de Rebelión en la granja. No se escatimaron dólares a la hora de invertir. Un ejército de ochenta dibujantes asumió la tarea de construir las 750 escenas con los 300.000 dibujos a color que requería la producción de la película en dibujos animados. El guión fue asesorado por el Consejo de Estrategia Psicológica, que procuró que el mensaje fuera nítido y favorable a los planes de la CIA. La película contó con una enorme cobertura publicitaria y pudo verse hasta en el último confín del mundo capitalista.

En 1949, unos meses antes de su muerte, Orwell publicó la novela 1984. Animado por el inesperado éxito de su granja, el escritor británico rescató el anticomunismo como tema central del nuevo libro. No fue tampoco original. Su novela es un plagio de la obra Nosotros, escrita por Evgeni Zamiatin, un narrador ruso de principios del siglo XX.

Esta novela también encajaba en la ofensiva ideológica de la CIA. Isaac Deutscher describía así el impacto que el libro había provocado en la opinión pública norteamericana: “¿Ha leído usted ese libro? Tiene que leerlo, señor. ¡Entonces sabrá usted por qué tenemos que lanzar la bomba atómica sobre los bolcheviques!” Con esas palabras -decía Deutscher- un ciego, vendedor de periódicos, le recomendó en Nueva York 1984, pocas semanas antes de la muerte de su autor.

La transmisión de un mensaje construido por los diseñadores de la guerra fría le permitió a Orwell el éxito fácil y la notoriedad rápida. Era un farsante. Su vida acabó donde había empezado: al servicio de la policía imperial británica. No criticaba una sociedad burocratizada de vigilancia total sino que estaba contribuyendo a crearla y fomentarla.

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Un pensamiento en “Orwell: homenaje al delator

  1. Extracto de “Trotski y el trotskismo ante la lucha de clases y el marxismo leninismo” https://marxismoleninismo.wordpress.com/2012/12/30/trotski-y-el-trotskismo-ante-la-lucha-de-clases-y-el-marxismo-leninismo-2/, apartado “Intelectuales imperialistas del tronco de la IVª y la guerra fría”:

    G. Orwell, seudónimo de Eric Blair, fué el caso más esperpéntico, ya que acompaña a su condición de soplón y delator del espionaje británico a la de trotskista. Estuvo en la guerra civil en las filas del POUM, luego fue el delator en su tierra de infinidad de intelectuales progresistas al IRD, Departamento de Investigación de la Información del Foreing Office. La apertura de los archivos del Foreing Office demuestra que Orwell delató hasta 125 escritores y artistas como simpatizantes o “testaferros” del comunismo. La mayoría ni siquiera eran comunistas, sino progresistas e incluso liberales.

    Al poeta Tom Driberg se le acusaba de ser judio, homosexual y miembro del PC inglés, al músico negro Paul Robeson se le acusaba de ser antiblanco. Acusó al director del semanario laborista New Statesman, Kingsley Martin. A Malcolm Nurse, partidario de la liberación africana, se le acusó de antiblanco. John Steinbeck, Chaplin, H.G. Wells, Bernard Shaw, Orson Welles y el historiador E. H. Carr, tampoco escaparon del dedo acusador imperialista, racista y reaccionario de Orwell (54). El IRD promocionaría su libro Animal Farm (Rebelión en la Granja), y pasó a tener su propio programa radiofónico en la BBC. Para los orwellianos el enemigo era la URSS, tal era así que el franquismo no tuvo reparos en publicar en 1.952 su novela 1.984. Su obra sobre la guerra Homenaje a Catalunya no pasa de ser un constante ataque al bando republicano y ninguna denuncia del fascismo.

    El modelo orwelliano fue llevado al cine. La CIA en 1.953 produjo y distribuyó en dibujos animados Animal Farm, y el film de 1.984, mientras EE.UU. bombardeaba Corea y derrocaba al presidente de Guatemala, y más recientemente encontramos al modelo orwelliano en Tierra y Libertad de Ken Loach, película que evita tratar la ofensiva del fascismo en España y las grandes batallas antifascistas que posibilitaron la prolongación de la resistencia en casi 3 años (Madrid, Guadalajara, Ebro…), para centrarse solamente en el desértico frente de Huesca.

    La evolución de Orwell hacia la defensa de su país (Gran Bretaña), y la revisión de su posición trotskista, surgió en plena agresión nazi con los bombardeos sobre Londres (1.940-44), en ese contexto se distancia esporádicamente de Trotski y realiza una revisión de sus posiciones anteriores sobre la guerra española, llegando a argumentar que una revolución en medio de una guerra de agresión no era muy conveniente (55). No obstante, ese apaciguamiento hacia la URSS y Stalin, duraría, lo que duró la alianza antifascista de las potencias aliadas con la URSS, y obedecía más a su vinculación con los intereses del gobierno británico que a un ideal antifascista.

    El modelo orwelliano sobre el “totalitarismo” soviético, sentó escuela en el pensamiento anti-comunista, y es muy utilizado como vitamina reaccionaria de la derecha inglesa, española y los neoconservadores yanquis en la lucha de clases, desde la década de los 50. En España estos están representados hoy mismo en Libertad Digital donde escriben ultras orwellianos como Jiménez Losantos y Pío Mora, quienes “elogiosamente” denuncian el papel de los comunistas y Stalin en la “guerra civil”. No es extraño que las únicas obras que le dieron fama a Eric Blair sean anti-comunistas (Homenaje a Catalunya, Rebelión en la Granja y 1.984), mientras que el resto de su literatura pasa totalmente desapercibida. Desde 1.945 coincidiendo con la cruzada anti-comunista Orwell pasaría a vender por decenas de millares sus obras, en casi todos los idiomas, no era de extrañar, ya que los servicios secretos británicos y de EE.UU., especialmente la CIA destinaron onerosas sumas para su financiación editorial. Tales obras aparte del anticomunismo, jugaron un papel imprescindible para la lucha de clases, ya que destilan un fuerte potencial derrotista y desmovilizador entre las masas.

    La enseñanza de las obras de Orwell en las escuelas educó y preparó a toda una generación en la apatía y la desesperación al imponer la visión de que las luchas no se dan entre las clases sino entre unas pocos líderes que se levantan por encima de unas masas aborregadas. Sus obras eran reaccionarias, al sugerir que la abolición del capitalismo, tras la caída del dominio imperial, lo que viene es un mundo deshumanizado. Sus obras también eran eurocentristas y racistas, en Rebelión en la Granja Orwell muestra con sutileza a los cerdos (imagen de rusos soviéticos) como una pandilla de animales incapaces de gobernarse a si mismos (56). Paradójicamente Orwell, sería mucho más condescendiente con el nazismo, el fascismo, el mackartismo, que ni por asomo aparecían en sus novelas. Los pueblos alemán, inglés, yanqui disponían de capacidad para autogobernarse, mientras que los pueblos “inferiores” rusos, indios, chinos, merecían el peor destino (57). No olvidemos que Eric Blair, fue hijo de funcionarios del cuerpo de la administración colonial británica (Indian Civil Service) , fue educado en Eton y ya en 1.922 se incorporó al Cuerpo de la Policía Imperial de la India en Birmania.

    Esa era la esencia imperialista del mensaje orwelliano, ninguna alegría por la liberación de los trabajadores y las naciones colonizadas, ni una sola lágrima por los oprimidos por el colonialismo, por el genocidio de los campos de concentración, ni por la persecución anticomunista de la que el formó parte. Sin embargo, no tuvo inconveniente alguno en escribir un prólogo en ucraniano de Rebelión en la Granja, dirigido a los exiliados, muchos de los cuales fueron colaboracionistas nazis implicados en el genocidio de judios y comunistas ucranianos.

    Las coordenadas orwellianas y del imperialismo eran gotas de agua, la denuncia psicológica de los partidos comunistas como partidos de Moscú, agentes extranjeros, el peligro rojo, etc, esos mitos imperialistas emergían en los escritos de Orwell con tanta pasión como empeño en las agencias secretas del imperialismo yanqui e inglés, cuando la campaña anticomunista arreciaba sin freno tras la IIª GM. Pero las coincidencias empujarían a Orwell a ser un precusor nada menos que de ¡¡¡la guerra preventiva!!!. Convirtiéndose en un apologista del ataque nuclear preventivo contra la URSS al definirla como un peligro para la humanidad del mundo libre, y en concreto para Gran Bretaña, enfrentandose al movimiento pacifista (¡¡¡menudo “izquierdista” era jorgito!!!), desecharía los métodos de no violencia como irrelevantes para la situación de peligro que representa la URSS (58), es decir justificaba los medios violentos del imperialismo, ¡¡¡llegando a justificar una nueva guerra!!!. La penúltima azaña orwelliana (la última serían las famosas listas del IRD), fue su participación en la Conferencia Internacional de la Juventud en 1.948, organizada por los gobiernos occidentales para contrarrestar la Federación Mundial de la Juventud Democrática cuyo “delito” era organizar a la juventud de los países capitalistas y los pueblos colonizados. En tal conferencia Orwell tuvo la oportunidad de codearse con champán, canapés y oratorias múltiples junto a los ministros británicos reaccionarios de la época, Churchill, Eden, MacMillan, con la jerarquía eclesiástica inglesa y la aristrocracia británica, ¡¡¡toda una auténtica joya “democrática y progresista” del mundo mundial!!!.

    Sobre la “inocencia” de Orwell en la delación de comunistas, recientemente se han levantado sus defensores diciendo que se trata simplemente de “calumnias stalinistas” (59). Veamos lo que dicen. Ignacio Iglesias en La verdad sobre Orwell (2.003) nos dice que la cuñada de Arthur Koestler (exizquierdista reconvertido al anticomunismo militante patrocinado por la CIA) le pidió una serie de nombres para organizar un ciclo de conferencias sobre el stalinismo, y este le envió una lista de personas que él consideraba que no valía la pena invitarles, y según Ignacio Iglesias, fue esa lista la que los “calumniadores stalinistas” utilizaron como prueba de la delación. Javier Rodríguez, nada menos que traductor y editor de Orwell, nos habla de Celia Kirwan, funcionaria del Foreign Office británico, quien solicitó a Orwell su apoyo para una campaña de contrapropaganda para combatir al stalinismo, y le pidió a Orwell si conocía a otras personas que les interesara la campaña, Orwell mostró su adhesión a la idea (¡cómo no!) y le envió nada menos que 2 listas, una de nombres que apoyarían la campaña antistalinista y:

    “una lista que había confeccionado a lo largo de los años con los nombres de intelectuales ingleses con los que no se podía contar para una propaganda semejante…A esa lista… pertenecen las 38 personas que Orwell presuntamente delató” (Javier Rodríguez).

    Pero aquí no acaba la cosa. Andy Durgan, en La lista de Orwell nos dice que poco antes de su muerte Orwell fue invitado a colaborar con el IRD y les entregó una lista de personas que desde su punto de vista no fueron de fiar en la lucha contra el comunismo. Según Andy Durgan este error de Orwell fue debido a su antistalinismo militante como a sus esperanzas puestas en el gobierno laborista inglés, pero que por supuesto

    “..no significa que Orwell se convirtió en un combatiente más de la guerra fría” (Andy Durgan).

    Juan Manuel Vera en De nuevo sobre la lista de Orwell es más categórico. ¡Nunca existió una lista negra!, repite la misma historia que Ignacio Iglesias, que simplemente Orwell se comunicó con su amiga Celia Kirwan (la del Foreing Office, aunque no nos aclara si es la cuñada de Koestler) para darle los nombres de algunas personas con quien se podía contar para la campaña antistalinista y otros nombres con quien no se podía contar:

    “Hablar de delación es sencillamente una estupidez, sobre todo si se tiene en cuenta que las opiniones de esas personas eran suficientemente conocidas, que se sabe el motivo por el que hizo la relación y que nadie parece que tuviera la intención de utilizarla, ni la utilizó, para ninguna clase de represalia” (Juan Manuel Vera)

    Aquí acaba la transcripción esperpéntica de la defensa de Orwell, por sus admiradores y editores, colgadas en la página digital de la Fundación Andreu Nin. No obstante, los argumentos-excusa traslucen un tufillo anticomunista en sus intenciones, y hasta su defensor Andy Durgan adscribe a Orwell en la lucha contra el comunismo. En primer lugar, se nos dice que los nombres aparecen en escena para organizar una conferencia antistalinista, en plena guerra fría, cuando se fundaba la OTAN, la RFA, se invadía Corea, etc, es curioso que alguien pueda convencerse que eso nada tenía que ver con la política de guerra fría llevada a cabo en consonancia por los servicios secretos yanquis y británicos. Se dice que a Orwell sólo le pidieron nombres de simpatizantes antistalinistas, y que él voluntariamente, sin coacción alguna, ofreció otros nombres con los que no se podía contar para la campaña antistalinista y que estos nombres, que nadié le pidió (¿) calleron en manos de ¡su cuñada!, según Ignacio Iglesias, ¡Celia Kirwan del Foreing Office!, según Juan Manuel Vera y Juan Rodríguez, y ¡el IRD británico!, según Andy Durgan. Y eso que solo era una listita de nombres que “no se utilizó para ninguna clase de represalia”, pues de ser así dio más vueltas que una noria. De todas maneras, para aclarar la falta de consonancia referencial entre los defensores de Orwell, recordamos que el IRD era el departamento de investigación e información el Foreing Office, servicio secreto de su majestad ¡el Imperio británico!, algo parecido a la CIA de EE.UU. Seguramente si la CÍA les enviara la “cuñada” de un “amigo” para hacer una “conferencia” anti-allendista y ustedes dieran “voluntariamente” nombres de simpatizantes y de detractores, nadie pensaría que son unos delatores, soplones o chivatos del dictador Pinochet. ¿Verdad que no? (sic).

    Explicamos esto para ver hasta donde llegan quienes quieren hacer pasar por gentes de izquierda a auténticos renegados y anticomunistas viscerales. Sólo nos cabe una pregunta, si Orwell como explica su defensor Ignacio Iglesias confeccionó durante su vida una lista de personas non gratas y la entregó al IRD ¿no sería Orwell el famoso Gran Hermano del que tanto se habla en 1.984?.

    Notas:

    (55) “La tesis trotskista de que se habría podido ganar la guerra (española) si la revolución no huviera sido víctima de un sabotaje es, probablemente un desacierto y una falsedad. Nacionalizar fábricas, derruir las iglesias, lanzar manifiestos revolucionarios no habría dado más eficacia a los ejércitos” (G. Orwell. Matar a un elefante y otros escritos, pág. 183, Editorial Turner, Madrid, 2.006).

    (56) Parodia de la revolución soviética, y contra el socialismo en un solo país. Los cerdos eran los bolcheviques, el viejo Mayor es el ideólogo de la revolución (Lenin), Bola de Nieve (Trostki) es el cerdo que mejor sale de la crítica, sentenciado por Napoleón, los perros eran los guardianes policías del cerdo líder Napoleón (Stalin) quien es presentado como un dictador sanguinario, las ovejas y gallinas eran presentadas como estúpidas y mayoritarias (campesinado soviético), el cuervo representa a la Iglesia ortodoxa, el hombre y los granjeros representan los países capitalistas, el granjero Jones al Zar. Crónica de una revolución traicionada e imposible en un pueblo inmaduro y atrasado, donde se parodia la incapacidad para el desarrollo económico de los animales (frío, falta de comida…) y la gestión capitalista (comercio con los humanos) bajo forma de dictadura llevada por los cerdos sobre el resto de los animales. Visión orwelliana nada diferente a la ideología de las clases reaccionarias rusas exiliadas tras la revolución, totalmente despectiva hacia el pueblo ruso, que aparece como una masa humana (los animales) inferior.

    (57) El Orwell de “izquierdas” diría tonterías reaccionarias como esta: “Si la India sencillamente se `liberase`, esto es, si se viese privada de la protección militar británica, el primer resultado sería una inmediata conquista por parte de algún país extranjero; el segundo, una serie de hambrunas pavorosas, que acabarían con la vida de millones de personas en pocos años” (G. Orwell, El león y el unicornio y otros ensayos, pág. 149, Ed. Turner, Madrid 2.006). Menudo mensaje “anti-colonialista” de Orwell: ¡¡¡No te vayas todavía gracioso imperio colonial, no te vayas por favor!!!, parodiando la música de “cuando un amigo se va”.

    (58) G. Orwell. “Matar a un elefante y otros escritos”, pág. 377, Editorial Turner, Madrid, 2.006. Y “Orwell periodista”, pág. 135. Global Rythm Press, Barcelona 2.006.

    (59) La verdad sobre Orwell (Ignacio Iglesias). Las nuevas revelaciones sobre George Orwell (Javier Rodríguez). La “lista” de George Orwell (Andy Durgan). De nuevo sobre la lista de Orwell (Juan Manuel Vera). Edición digital Fundación Andreu Nin.

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