PARTE 4. EL ESTADO

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Miguel A. Montes

15 Enero 2010

ÍNDICE

  1. EL ESTADO

3.1 ¿A quién sirve el Estado?

3.1.1 Desarrollo histórico del Estado y sus formas de gobierno

3.1.2 Bloque de poder y Estado capitalista

3.1.3 No existe democracia pura ni Estado neutro en la lucha de clases

3.1.4 El Estado como aparato separado de la lucha de clase

3.1.5 El papel económico del Estado clasista

3.1.6 El Capitalismo Monopolista de Estado

3.1.7 Límites y contradicciones del papel económico en el Estado capitalista. ¿El fin del interés general?.

3.1.8 Autoritarismo del Estado y decadencia de la democracia representativo. ¿El fin del consentimiento?.

3.1.9 La función histórica del derecho

3.2 ¿Quién desaparecerá antes, el Estado o el capitalismo?      

3.2.1 Globalización. ¿Mito o tendencia dialéctica del Modo de Producción Capitalista?

3.2.1.1 Acerca del ultraimperialismo renovado, las fuentes teóricas de Hardt y Negri.

3.2.2 Orígenes de la dependencia bajo el imperialismo

3.2.3 Exportación de capitales y diferencias de salarios

3.2.4 El modelo neoliberal de la acumulación de capital y desarrollo desigual.

3.2.5 Imperialismo y novedades de la Globalización.

3.2.5.1 El pago de la deuda externa

3.2.5.2 Diferencias de tipos de Interés entre el centro y la periferia

3.2.5.3 El deterioro del intercambio desigual

3.2.5.4 Monopolio del comercio mundial por las transnacionales

3.2.5.5 La repatriación de los beneficios de las transnacionales…

3.2.5.6 Privatización de empresas públicas en la periferia

3.2.5.7 Patentes y derechos de propiedad intelectual

3.2.5.8 Aumento en la periferia de la fuga de capitales…

3.2.5.9 Transferencia de celebros de la periferia y el sur al centro

3.2.5.10 Proteccionismo del norte a productos del sur

3.2.5.11 Imposición del comercio mundial de armas

3.2.5.12 La inexistencia de la regulación internacional de salarios

3.2.5.13 Los préstamos del BM imponen la especialización

3.2.5.14 El dinero negro y la economía sumergida

3.2.5.15 Conclusión. Aumento del desarrollo desigual y la explotación de la clase obrera

3.2.6 Globalización de la cultura imperialista

3.2.7 El monopolio, última forma de competitividad en el modo de producción capitalista y la oligarquía financiera

3.2.8 El tránsito histórico del Estado capitalista y el lugar de las transnacionales

3.2.8.1 El monopolio transnacional. Base económica del imperialismo y la dependencia

3.2.8.2 Transnacionales y rivalidad interimperialista

3.2.8.3 Transnacionales y desarrollo desigual

3.2.8.4 Socialización internacional de las fuerzas productivas

3.2.8.5 La reindustrialización dependiente

3.2.8.6 El ALCA

3.2.8.7 Las transnacionales a la captura de los servicios públicos

3.2.8.8 La protección internacional de las inversiones y el AMI

3.2.9 Militarismo y Socialchovinismo en el imperialismo contemporáneo

3.2.9.1 La industria militar: reproducción limitada y mercado de reemplazo

3.2.9.2 Dependencia y socialchovinismo

3.2.9.3 El fascismo latinoamericano, engendro del militarismo y la recolonización neoliberal del imperialismo yanqui

3.2.9.4.¿Ejército mercenario o ejército del pueblo?

3.3 Una teoría contemporánea: El capitalismo monopolista transnacional de Estado     

3.3.1 La ciencia y la tecnología como mito a espaldas del conflicto de clases

3.3.2 El capitalismo monopolista de Estado

3.3.3 Formación y desarrollo del capitalismo monopolista transnacional tras la IIª Guerra Mundial

3.3.4 Doble carácter del monopolio transnacional sobre las fuerzas productivas

3.3.5 Capital y especulación financiera

3.3.6 Poder político y transnacionalización

3.3.7 Conclusión. Transnacionalización, neoliberalismo y lucha de clases

3.4. UE: Imperialismo, Desarrollo desigual y Unidad político-económica  

3.4.1 Un tratado imperialista y neoliberal

3.4.2 Dos posiciones. La izquierda pro-imperial contra la izquierda revolucionaria.

3.5 El Estado como centralidad en la reproducción de la lucha de clases   

3.6 Fuerzas Productivas, Crisis y alternativa a la globalización 

3.7 Desarrollo económico de China, una perspectiva de clase 

Notas de El Estado

3. EL ESTADO                             

      En los tiempos que corren, a través de la ideología burguesa está haciendo mella la denominada teoría de la Globalización que contempla el fin de los Estados, la primacía del mercado, etc. En definitiva, la defunción de la teoría marxista-leninista del Estado, y el resurgir por un lado, de la tesis hegeliana del Estado neutro que interviene en la sociedad civil para regular el egoísmo de los individuos, donde al dominio despiadado del capital se le opone el Estado humanitario y equilibrador de los intereses más dispares. Y por otro la versión más cercana al anarquismo en torno a la denominada reabsorción de la actividad estatal por la sociedad civil, sin dictadura del proletariado y hasta sin revolución.

A pesar de ello, y en contra de tales argumentos,  vamos a situar el debate de esta problemática en torno a la naturaleza clasista del Estado, y la fase actual del capitalismo contemporáneo. Para ello debemos de replantearnos el dilema: ¿es el Estado un poder político que representa la dominación de clase establecida por las relaciones de producción explotadoras o es una organización ajena a la sociedad, por encima y al margen de la lucha de clases?

3.1 ¿A quién sirve el Estado?

En el interior de la izquierda contemporánea se plantea la desaparición del Estado, la pérdida de su capacidad de intervención en lo económico. Es la vieja idea hegeliana que identifica al Estado con el interés general o el Estado opresor-tiránico, ignorando el conflicto de clases y la configuración del Estado como parte de ese conflicto. Desde esos páramos neohegelianos se promulga la cacareada reabsorción del Estado por la sociedad civil como alternativa “revolucionaria” que ignora y rehúsa de la necesidad de la conquista del poder político y la desmantelación del Estado burgués existente. Tanto la variante hegeliana como la de nuestros días coinciden por tanto en el carácter no clasista del Estado.

En otro extremo anarquizante, se nos sitúa que el Estado es enemigo de la democracia y la libertad, y que sólo la sociedad civil (¿dónde están las clases?) es portadora de la democracia, que la democracia no tiene nada que ver con la configuración del Estado (Marx, Engels y Lenin son barridos de un plumazo en sus teorizaciones sobre la democracia y el Estado), que la lucha tradicional de la izquierda por el poder del Estado es corruptora, y para remate definitivo que el anti-imperialismo es una rémora del pasado dado que en la economía globalizada no hay posibilidad de enfrentarse contra los poderes globalistas.

Se formulan tales enunciados como leyes de la gravedad, verdades sistémicas como templos, positivismo Comteiano, determinismo metafísico-social, nada de materialismo histórico, nada de dialéctica revolucionaria, se han esfumado, ni el gran mago Copperfield, lo haría mejor, ahora se ve, luego no se ve. Lo cierto es que nos hemos quedado tiesos del susto ante la derrota en la lucha de clases. Es como cuando nuestro equipo pierde, prestos de derrotismo, queremos renegar de todo, quitar al entrenador, mandar al purgatorio al equipo y mandar a paseo nuestros colores, y si hace falta cambiarnos de chaqueta.

Es hora de empezar a recuperar el análisis del Estado. En primer lugar, recordaremos que Engels situaba 1º, el Estado es un producto de la lucha de clases, se encuentra en el lugar necesario para garantizar la hegemonía de la clase dominante sobre las otras clases. 2º, la existencia del Estado manifiesta el carácter irreconciliable de los intereses de las clases, no es un lugar de participación democrática, ya que organiza la represión de las clases explotadas por la clase dominante. 3º, el poder del Estado se sitúa por encima de la sociedad, arrogándose el derecho de imponer las leyes que la clase dominante dicta. 4º, su misión principal es frenar el conflicto de clases, con el objetivo de que la clase explotada no ponga en duda el valor del Estado.

Lenin, fiel a este análisis, situaba al Estado con la aparición de las clases (inexistente en las sociedades primitivas sin clases) como elemento superestructural que históricamente se ha desarrollado en los países que han conocido la esclavitud, el feudalismo y el capitalismo, levantándose de forma mística al margen de la sociedad como grupo de personas dedicadas principalmente a gobernar, fraccionándose la sociedad entre gobernados y especialistas en gobernar, que se colocan por encima de la sociedad como los representantes del Estado (1), pero que en la práctica es un órgano que representa los intereses y objetivos de las clases dominantes. Ninguna relación de fuerzas entre las clases puede ser mantenida sin la represión institucionalizada, pero tampoco puede ser sostenida sólo por la represión, sino por el conjunto de las formas de lucha. Formas de lucha económicas, donde la burguesía dispone del monopolio de los medios de producción, y por tanto, con el control sobre las condiciones de vida y trabajo de las masas. Formas de lucha ideológica-política, donde la burguesía posee a la ideología jurídica del derecho burgués. En conjunto, todas las formas del poder del Estado, represivas y no represivas, están determinadas por la relación de dominio de clase y contribuyen a reproducir sus condiciones políticas.

El Estado no crea normas jurídicas de modo espontáneo, sino apoyándose en la base económica y la superestructura político ideológica. No puede crear derecho en contradicción con las condiciones socioeconómicas de la sociedad. Así, el Estado capitalista no puede anular la libertad e inviolabilidad de la propiedad privada y capitalista sobre los medios de producción, ni promulgar leyes que eliminen o limiten los privilegios de los capitalistas.

En el estado burgués, las asociaciones monopolistas, los partidos políticos de la burguesía y la máquina estatal, forman el sistema de dictadura de la oligarquía financiera. El sistema de organizaciones de resistencia de clase del proletariado y sus aliados contra el dominio económico, político e ideológico de la burguesía, lo forman los partidos comunistas y obreros, los sindicatos y otras organizaciones de masas (estudiantiles, vecinales, pacifistas, etc.). Existe un eslabón intermedio donde figuran todo género de organizaciones reformistas, partidos socialdemócratas, sindicatos encabezados por socialdemócratas o liberales, y organizaciones de masas similares, que ante los problemas de política interior y exterior asumen prioritariamente posiciones burguesas e imperialistas, y por ello se sitúan en el sistema de organizaciones de la clase dominante.

La razón de fondo de que el Estado esté determinado por su carácter de clase no impide que ejerza funciones de regulación que amortigüen los antagonismos de clase con miras a mantener intacto el orden social establecido, impidiendo que los conflictos de clase rompan la sociedad civil y afecten al dominio político de la clase dominante, lo cual quiere decir que el Estado en general mas que una simple organización de la clase dominante es la organización de la dominación de clase. La negación de esta realidad por los reformistas o izquierdistas, no los hace más revolucionarios que nadie, dado que tal negación desemboca en esa apariencia de que el poder del Estado está ubicado por encima de la sociedad civil, separado de ella como regulador desde la cúspide político-estatal de las necesidades humanas de las masas.

Contrariamente a este pensamiento ilusorio, el poder del Estado capitalista como ámbito de expresión de los compromisos políticos entre las diferentes fracciones de clase de la burguesía, se mantiene a través del desarrollo del aparato de Estado, constituido por los aparatos represivos (ejército, policía y aparato jurídico) como núcleo duro donde el Estado detenta el monopolio de la represión a diferencia de otras formaciones sociales; los aparatos de consentimiento o aparatos ideológicos del Estado (aparatos ideológicos públicos y privados: escolar, religioso, familiar, de sistema representativo o reaccionario de partidos políticos, de información-medios de comunicación, jurídico, sindical y cultural) quizá más importantes en la actualidad de los Estados centrales del capitalismo; y el aparato administrativo (burocracia del Estado). Todos ellos actúan como mecanismos de reproducción, mantenimiento, defensa, mistificación y falseamiento que legitiman las relaciones de producción dominantes y el ejercicio del poder político (dictadura de la clase dominante, la oligarquía financiera). Es un error considerar al Estado como algo innecesario en la lucha de clases, de la misma manera que es un error hacerlo pasar como el lugar o trofeo de combate supra de las clases en pugna (proletariado y burguesía) ignorando su naturaleza de dominación clasista.

El Estado no produce nada, pero recauda impuestos con los que paga a sus militares, sus policías, sus servicios secretos, sus funcionarios, sus magistrados, sus prisiones, sus gastos públicos, sus ayudas a los bancos y monopolios transnacionales con dinero extraído de los bolsillos de las masas productivas mediante impuestos directos e indirectos. Maneja y dirige la política exterior. Garantiza cuando es preciso el proceso de producción y reproducción ampliada del capital. Consta del aparato de represión o fuerza pública, constituído por el núcleo duro: fuerza armada de intervención exterior e interior, ejército, diferentes policías, brigadas antidisturbios, paramilitares, servicios secretos, a los que se añaden los funcionarios de la justicia y prisiones. Del aparato político, constituido por el jefe del Estado, el cuerpo gubernamental, y todas las grandes administraciones que bajo la máscara de “servicio público” no son sino los agentes ejecutivos de la política del Estado, que es una política de clase. Y por último, los aparatos ideológicos del Estado ya señalados.

Gramsci definía al Estado capitalista como un conjunto de organismos que disciplina, unifica y concentra la potencia como clase (La conquista del Estado. L´Ordine Nuovo 1.919). El Estado capitalista tiene la función de garantizar el mantenimiento de las condiciones sociales de la producción y la circulación. Es el cerrojo mediante el cual son mantenidas en sus puestos las relaciones de producción convertidas en camisas de fuerza para las fuerzas productivas. En la medida que el bloque en el poder (fracción hegemónica de la clase burguesa) está compuesto por varias fracciones políticamente dominantes, entre las cuales una de ellas detenta el papel hegemónico, el Estado se concibe como organismo propio de ese grupo hegemónico destinado a crear las condiciones favorables a su expansión. Por tanto, nada más alejado y opuesto a la idílica visión de que el Estado es un árbitro entre las clases, unidad homogénea producto de un pacto social entre iguales, cuando en realidad es la cristalización institucional de relaciones de dominación entre desiguales. La autonomía relativa del Estado capitalista no es un arbitraje sino lo que permite mantener el poder político a largo plazo de la fracción hegemónica para perpetuar las relaciones sociales existentes incluso a través de compromisos coyunturales con las clases dominadas, ya que para que el poder de la clase dominante sea duradero es preciso que dicha clase transforme su poder represivo y violento en un poder consentido, aceptado.

Parte de la izquierda, incluso la no socialdemócrata, es cautiva de una de las infecciones de la ideología burguesa más neutralizadoras: el fetichismo como causa-origen de ver al Estado como algo ajeno al conflicto entre las clases o grupos sociales. Precisamente lo que diferencia al capitalismo de los anteriores modos de producción es que las relaciones de clase y dominio político no aparecían disfrazadas, pero bajo la batuta del Estado y las relaciones de producción capitalistas el entramado social aparece cosificado, fetichizado e invertido. La “divina” santidad religiosa como opio del pueblo que reifica y oculta la realidad a una comprensión clara es sustituida por la santidad del mercado, que hace que esa realidad sea más opaca.

La implantación del capitalismo aparentemente rompe los vínculos personales de las relaciones sociales precapitalistas y crea unas relaciones sociales nuevas que se presentan no establecidas entre individuos o clases, sino entre cosas. El capitalismo crea una falsa conciencia y un derecho jurídico respecto las relaciones de producción al presentarlas como algo ajeno a los individuos, semejante a los procesos de la naturaleza, y que se impone de forma ciega y natural al margen de las fuerzas sociales.

Hasta que punto puede llegar a encubrir la forma ideológica en la que se expresa el derecho burgués, las relaciones sociales caducas lo podemos verificar con un ejemplo de la Economía Política. Esta se dota de categorías como la mercancía, el dinero, el capital, etc., las cuales bajo el prisma de la economía burguesa son la expresión ideológica de determinadas relaciones sociales de producción, tomadas no como transitorias sino como eternas y naturales, que mistifican la sociedad mercantil capitalista y contornea las relaciones de los diferentes productores y propietarios de capital. Aquí no aparece a primer plano, que se trate de relaciones entre personas, entre clases, relaciones objetivas, sino entre cosas, entre mercancías. En semejante situación las mercancías vienen a ser la expresión de las relaciones sociales entre las personas, y el capitalismo como la forma eterna de las relaciones sociales. Este es el fetichismo que denuncia Marx de la Economía Política burguesa. Las relaciones sociales entre las personas son encubiertas, mistificadas bajo una representación ideológica deformada de la realidad, no científica. La apariencia predomina sobre la esencia del fenómeno. Es el reino del sentido común burgués.

El carácter ideológico de estas formas y categorías se ve por el hecho de que basta pasar a otras estructuras económicas (comunismo primitivo, sociedad comunista), para que las categorías mercancía, dinero, valor, capital…, se extingan y pierdan su significado. Sólo al abolir la propiedad privada de los medios de producción desaparece el fetichismo de la mercancía.

Es ese fetichismo el que vuelve a sobrevolar hoy sobre la cabeza de parte de la izquierda, fetichismo de las relaciones capitalistas, oferta y demanda, mercado. Donde la idea política de la igualdad y la democracia a secas como alternativa, no deja de ser un reflejo de las relaciones mercantiles, que en manos de la burguesía sirve cual batidora que suprime las clases bajo la ilusoria igualdad entre las personas a secas. Este título de igualdad de la persona humana en general, en la democracia burguesa se proclama jurídicamente entre el explotador y el explotado, el propietario y el proletario, llevando así al mayor engaño a las clases oprimidas. La idea de igualdad, que en sí misma constituye un reflejo de las relaciones de producción mercantiles, viene a ser en manos de la burguesía un arma de lucha contra la supresión de las clases bajo el pretexto de una igualdad formal de las personas, cuando el verdadero sentido de la igualdad solo consiste en exigir la supresión de las clases.

Esa expresión mistificadora en el Estado capitalista viene sellado en el desenvolvimiento de sus funciones en las que siempre está presente su legitimación, atomizando a la clase obrera, al desintegrar su unidad política a través de otorgarles el título o diploma de ciudadanos (individuos aislados), con principios democráticos liberales sobre la igualdad y la democracia (una persona un voto), donde se oculta la existencia de clases antagónicas, se oculta al proletariado el verdadero carácter clasista del Estado y la democracia. Ello nos dice que el poder político de la clase dominante concentrado en el Estado se organiza en coherencia con las relaciones de la producción, y garantiza la desorganización de las clases dominadas, santificando su aislamiento como individuos, con el objetivo de dificultar que las clases explotadas asuman la conciencia de clase, “reduciéndolos a átomos fácilmente manejables” (2). El Estado a través de este mecanismo de legitimación aparece ante los sujetos sociales con intereses y objetivos antagónicos como neutral. En la ideología alemana, Marx y Engels ya argumentaban que la “revolución comunista” que suprime la dominación de todas las clases, sería llevada a cabo por la clase que el el capitalismo en su cuerpo político, no la considera como tal.

Precisamente la actual ideología ciudadanista del S.XXI, aceptada por la izquierda reformista, incluida en los programas escolares en asignaturas de “civismo” o educación para la “ciudadanía” sirve para extender esos valores “universales” que hace valer los intereses de la clase dominante al mismo tiempo que los oculta. En nombre de estos valores se disuade de cualquier capacidad de contestación y resistencia social. Es la vieja idea hegeliana de divulgar el neutralismo y la universalidad del Estado para ocultar las relaciones de explotación de la sociedad civil.

La clase obrera, como clase objetivamente revolucionaria, no está inmunizada contra el adoctrinamiento de todas las prácticas de los aparatos ideológicos, desde la escuela primaria hasta las instituciones políticas en las que participan como ciudadanos, aparatos donde se reproducen la ideología jurídica. Desde ahí se intenta conseguir que las masas se conviertan en ciudadanos controlables. Para la ideología jurídica burguesa del derecho, el Estado es desclasado e imparcial, ignora las clases para asegurar su perpetuidad codificando unas reglas que no se refieren más que individuos “libres” e “iguales”. De esta manera el Estado se presenta por encima de las clases, que sólo tiene que ver con los individuos, como el representante y árbitro universal del “interés general, público” y de la “voluntad general” de toda la sociedad, preservando de esta manera la paz y la armonía social, garante de la igualdad y libertad abstractas.

Apariencia fantástica que iguala en lo político lo desigual en la sociedad civil, que legitima la explotación de los explotados introduciendo una doble vida entre ciudadanos iguales y obreros, burgueses, comerciantes, desiguales, considerados como egoístas en la sociedad civil.

Ya advertía Gramsci que la dominación de una clase sobre otra no se puede hacer únicamente mediante la coerción, sino que requiere de la hegemonía, que se desarrolla a través de los aparatos ideológicos del Estado, públicos y privados, donde los dominados son educados para aceptar su condición. El funcionamiento de los Aparatos Ideológicos del Estado es producido como forma específica del ejercicio estatal del poder de la clase dominante, pero también la lucha de la clase obrera mediante sus propios órganos de poder (sindicatos, partido, consejos) debe luchar por un discurso e ideología propia, enfrentados a los aparatos estatales en un antagonismo que es insoluble sin la abolición de las relaciones antagónicas de producción.

Es ese fetichismo garante de la paz social en el proceso de acumulación de capital y los intereses de la clase capitalista a largo plazo, que fracciona a los explotados en lo económico y en lo político, legitima y refuerza lo que Poulantzas llama bloque en el poder, como coalición político-económica de la fracción dominante y hegemónica de la clase capitalista, fracción que lidera el proceso de acumulación, pivota al Estado y obliga a las restantes fracciones capitalistas a aceptar su estrategia. La fracción hegemónica concentra en sí, en el nivel político, la doble función de representar el interés general del pueblo-nación y de detentar la dirección sobre las otras fracciones de la clase dominante. Esta dirección se realiza dotándose el Estado de cierta autonomía relativa en su estructura capaz de elevarse por encima de los intereses de las diferentes fracciones de la clase capitalista en aras de los intereses generales de la clase burguesa por encima de lo corporativo. Por ejemplo, el tránsito al modelo neoliberal fue posible por la recomposición del bloque dominante en la que confluyen los intereses del capital financiero, las empresas transnacionales, y en los países dependientes los grupos económicos que trabajan para la exportación, siendo la oligarquía financiera (especulativa e industrial) la fracción dominante del ciclo económico y hegemónica en el Estado y la ideología.

La hegemonía sobre las clases explotadas y subalternas se entiende como la capacidad de la clase dirigente (fracción hegemónica de la clase dominante) para inclulcar sus valores a las clases subalternas y convertir esos valores en el sentido común de la época. Hoy bajo el neoliberalismo, la hegemonía amplia su campo al extender la capacidad de la clase dirigente para persuadir a las clases subalternas a que piensen lo que piensen del orden social y por mucho que lo ignoren, no hay alternativa para este orden social. Es el pesimismo social, la ideología postmodernista que niega el progreso social y que sólo asume el progreso individual, la apatía, el desencanto, la imagen, la desideologización y el apoliticismo. En este campo el Estado-clase se desdibuja.

La idea de que el Estado se defina como público (servicio público, orden público, administración pública, etc.) es una mistificación ideológica formidable. La distinción jurídica entre lo público y lo privado, es un medio por el cual el Estado burgués subordina a todos los individuos a los intereses de la clase dominante a la que representa, dejándoles jurídicamente, libertad “privada” para “vender”, “comprar”, “negociar”, incluso con la propia fuerza de trabajo en el mercado.
Es el “Estado de derecho”, en el cual la fuente del poder descansa en la soberanía popular, donde el gobierno expresa la voluntad de la mayoría del pueblo. La ideología jurídica burguesa repite sin cesar la idea de que el pueblo es un todo, y que como colectividad o nación está unificado por encima de sus divisiones, reuniendo la voluntad de los individuos ciudadanos, dándole la forma de una voluntad única en el legítimo gobierno de la mayoría.

Precisamente la teoría de Gramsci sobre el Estado capitalista moderno, nos señala la organización del consentimiento de las clases subalternas y la hegemonía de la clase dominante mediante el sufragio universal, la libertad de organización política, las organizaciones ideológicas y culturales, etc. Donde la lógica de la mayoría electoral obedece a la acumulación del capital y el reforzamiento del poder estatal, y tal es el carácter clasista del Estado que cuando esta lógica es desbordada por una suma de votos que cuestiona a través de la acción política de gobierno la legitimidad de las relaciones de explotación, los aparatos del Estado pasan a constituirse en las casamatas de combate de la contrarrevolución burguesa, recurriendo a la represión extrema si es necesaria contra los gobiernos de izquierda legalmente constituidos (Frente Popular en España, Unidad Popular en Chile, Movimiento bolivariano en Venezuela, etc.), cuando el consentimiento de las clases subalternas rompe la hegemonía de la clase dominante, rompen su capacidad de clase dirigente sobre la mayoría social, y sólo le queda su capacidad económica de clase dominante y política detentadora de la mera fuerza coactiva del Estado capitalista.

Definido el papel del fetichismo, la concepción marxista-leninista del Estado es uno de nuestros pilares fundamentales, donde el Estado es el instrumento político imprescindible para que la clase económicamente dominante mantenga y reproduzca su dominación sobre las clases explotadas y dominadas, éste es el corolario del socialismo científico que conecta con la teoría marxista-leninista de la lucha de clases: “El Poder político, hablando propiamente, es la violencia organizada de una clase para la opresión de otra” (3).

3.1.1 Desarrollo histórico del Estado y sus formas de gobierno

El Estado es un poder político que representa la dominación de clase establecida por las relaciones de producción, y por tanto el carácter del Estado varía con el contenido de las relaciones de producción, determinando la estructura socioeconómica sobre la cual se erige la superestructura política, el tipo de estado histórico (esclavista, feudal, capitalista, proletario, etc.), lo cual no tiene nada que ver con las formas de gobierno. El tipo de Estado expresa los intereses de clase a quienes sirve, mientras la forma de gobierno expresa la manera de materializar esos intereses o bien a través de un régimen dictactorial (autocracia, dictadura militar, fascismo…), o a través de un régimen democrático (república parlamentaria o presidencialista, monarquía parlamentaria).

Partiendo de ahí, entre las diversas formas de Estado, de control y participación de las clases dominantes, clases apoyo, capas o fracciones de clase (aristocracia, pequeña burguesía, intelectualidad, aristocracia obrera, etc.), el marxismo-leninismo de la misma manera que no ignora el carácter de clase del Estado, tampoco confunde las formas de Estado con el contenido clasista de la democracia. La democracia no es el mero sometimiento de la minoría a la mayoría, es una forma del Estado burgués como también lo es el totalitarismo, el bonapartismo, el fascismo, etc., no existe la democracia pura del Estado conciliador de las clases como creía Kautsky cuando enfurecía contra la república soviética.

La historia de la democracia va ligada a la historia del surgimiento y desarrollo del Estado, democracia esclavista fuera de las rejas y de las explotaciones agrarias o los ergasterios (talleres artesanales de esclavos), democracia feudal entre los señores feudales, democracia burguesa parlamentario-absolutista con sufragio censatario, democracia burguesa parlamentaria con sufragio universal, democracia política, etc. La democracia no es un fin ni una entidad natural que vaga suelta por ahí, al margen del Estado y su carácter de clase, sino que también está sujeta a las luchas de clase.

Como ley general, el Estado dentro de cada modo de producción dominante ha estado sujeto a la traslación de diferentes formas de gobierno, que en el fondo no cambiaban su carácter clasista. En el modo de producción exclavista, las formas variaban entre la monarquía (poder del monarca), la república (autoridad electa), la aristocracia (poder de una minoría de capas privilegiadas). Pero estas formas no cambiaban la esencia del fenómeno. El Estado ya fuera republicano, aristocrático o monárquico su forma, en su carácter era esclavista, porque el hecho fundamental era que la mayoría de las personas, los esclavos, no se los consideraba ni ciudadanos, ni humanos, sino bienes y objetos de propiedad, la actividad política fue privilegio excepcional de la población libre con plenos derechos. Con lo que las formas del Estado democráticas o no, las relaciones políticas, sólo se circunscribían a una parte minoritaria de la población con el título de ciudadanía (aristocracia, dueños de tierras, comerciantes, lumpen, etc.) excluyendo a los esclavos. El esclavo estaba marginado de la política y era propiedad del Estado o de un propietario privado. En la república aristocrática griega participaba en las elecciones un reducido número de privilegiados, en la república democrática participaban todos, pero por su naturaleza clasista, en ambos casos sólo disponían de derecho político los propietarios de esclavos, menos los propios esclavos, que eran la mayoría de la sociedad esclavista.

Para Lenin, el Estado es una máquina represiva, de sometimiento y subordinación de una clase sobre otra. El ejemplo del Estado ateniense es el más claro, aunque esta máquina pueda presentar diversas formas de gobierno, su esencia era siempre la misma: los esclavos no gozaban de ningún derecho, seguían siendo una clase explotada y oprimida, y no se los consideraba seres humanos. Precisamente el embellecimiento de la democracia griega que algunos intelectuales burgueses e incluso de izquierdas ilustran como fuente teórica, caen en la ignorancia de la esencia de la explotación clasista, y de que su origen emana de la lucha de clases en la apropiación privada del excedente del trabajo. Ya Lenin nos advertía que era lógico que un liberal hablara de la democracia en términos generales, pero un marxista no puede dejar de preguntar ¿para qué clase? ¿Acaso las revueltas de esclavos en la antigüedad no revelaban la esencia del Estado greco-romano como una dictadura de los esclavistas? ¿No era acaso esa democracia senatorial, una forma de gobierno de esclavistas sobre esclavos, una dictadura de clase?.

Igualmente bajo el feudalismo transitaban las formas del Estado, basado en la monarquía absoluta, y en menor medida la república (Venecia, Génova, etc.) donde sólo participaban miembros electos de la clase terrateniente, sólo fueron sujetos con plenos derechos quienes pertenecían a los dos primeros estamentos, los feudales y el clero, mientras la clase explotada, los campesinos siervos aun siendo dueños de su persona, en la relación de explotación carecían de derechos políticos. La identificación de los poderes políticos y económicos no se ocultaba. Los integrantes del tercer estamento, aunque dispusieran de bienes y fuesen ricos, no se reconocían como sujetos de relaciones jurídicas. La iglesia que desempeñó un importante papel en la estructura del sistema político de la sociedad feudal, fue el segundo eslabón fundamental, un Estado dentro del Estado. Disponía de grandes propiedades agrarias, destacamentos armados, cárceles, sistema judicial y derecho propios. Tenía derecho a sacar impuestos especiales a la población y a disponer de sus propios vasallos.

Por cuanto el Estado feudal no garantizaba en forma firme sus derechos la burguesía aspiraba a crear su propio Estado que pudiera asegurar su soberanía e igualdad de derechos. Las corporaciones de comerciantes, comunidades de campesinos y gremios de artesanos organizaban la resistencia al yugo socioeconómico de la nobleza. En la lucha contra el régimen feudal y la desigualdad estamental, la burguesía promovió las consignas democráticas de los derechos inalienables del hombre y la igualdad universal ante la ley. Estas consignas encarnadas en el derecho burgués reflejaban las relaciones capitalistas camuflando la desigualdad económica de las personas formalmente iguales. La revolución burguesa fundó el Estado que proclamó los derechos del capitalista como los derechos naturales e inalienables del individuo y dió al capitalista papel activo en la vida política.

En el modo de producción capitalista las formas del Estado han transitado más fugaz y variadamente: monarquía absoluta o parlamentaria, república democrática o presidencialista, dictadura militar, fascismo, etc., donde por vez primera la clase explotada, el proletariado, superado el período de transición y los inicios del capitalismo, adquiere título de ciudadanía y derechos políticos plenos a partir de mediados del S. XIX, desapareciendo la división clasista-estamental entre esclavos y esclavistas, terratenientes y siervos, donde las personas son iguales ante la ley sean capitalistas, terratenientes, campesinos o proletarios, sentando los cimientos para la introducción del fetichismo donde el Estado político ya no figura como Estado de clase, sino como Estado democrático.

La dictadura de clase no es forma de gobierno del Estado, sino su esencia. Ningún régimen político en los Estados imperialistas admite ser reaccionario. Cada uno reclama ser “progresista”, “democrático”, “liberal”, etc. Los apologistas del capitalismo glorifican la fachada democrática para encubrir su esencia de clase y su papel de opresión.

La diversidad de formas de gobierno estatales se debe al contenido del desarrollo de la lucha de clases, a la correlación de fuerzas entre las clases reales en un período histórico. Estas formas de Estado son condiciones político-jurídicas reales de la continuación de esa lucha de clases. Por ejemplo, la monarquía constitucional refleja, en lo fundamental, dos variantes de la correlación de fuerzas en la lucha de clases. La burguesía consiente aprobar y reconocer oficialmente a la monarquía si no logra vencer por completo a la nobleza feudal y la monarquía absoluta. En tal caso, la monarquía constitucional significa un compromiso asumido, de hecho, por dos clases explotadoras, la burguesía y los feudales.

Ello no quiere decir que la clase obrera, deba ser pasiva ante cualquier forma de organización política del Estado burgués, como si las libertades democráticas de carácter burgués no ayudaran a impulsar la organización y lucha política de la clase obrera. Precisamente los comunistas no sólo han establecido la reivindicación de las libertades democráticas ligándolas a la lucha por el socialismo, sino que a lo largo de la historia, han sido los máximos defensores de la democracia, cuando ésta ha sido útil para las transformaciones revolucionarias sobrepasando en objetivos democráticos a cualquier otra organización, como por ejemplo, en la revolución alemana de 1.848-49, en las revoluciones burguesas rusas de 1.905 y 1.917, en la defensa de la democracia frente al fascismo y el nazismo en Europa, en la lucha contra el franquismo, el salazarismo y los coroneles en España, Portugal y Grecia, en la lucha por el gobierno democrático de Unidad Popular en Chile, en la lucha por las transformaciones constitucionales en Venezuela, Bolivia y Ecuador, etc. Precisamente hoy la lucha por una República Democrática en España profundizaría más en los derechos políticos para la clase obrera como mayoría social.

Aunque la hegemonía del Estado capitalista actual está vinculada a la dominación de la clase dominante mediante las formas del Estado constitucional, el Estado de derecho y la democracia parlamentaria, no quiere decir que la burguesía en momentos de crisis no rompa con la legalidad por ella misma establecida, acudiendo a las formas de “estados de excepción” como las dictaduras militares, el fascismo y las guerras imperialistas.

Incluso la ilegalidad del Estado está presente en la legalidad que instituye, ya que el Estado capitalista actúa con frecuencia transgrediendo las propias leyes que promulga, ello se llama “razón de Estado”. Legalidad e ilegalidad forman parte de una misma estructura institucional. Así es como debe entenderse la frase de Marx según la cual todo Estado es una dictadura de clase. No hay Estado por muy democrático o dictatorial en la forma, sin ley, y la propia existencia de esa ley no impide el despotismo y la barbarie. Dictadura designa la organización de todo Estado como orden de una legalidad atravesada por la ilegalidad.

El Estado capitalista a diferencia de los Estados precapitalistas, dispone del monopolio de la violencia física organizada, revestida por la legitimidad del imperio de la ley. Esta ley no se limita a engañar, ni reprimir, obligando o prohibiendo, organiza y consagra los derechos de las clases dominadas, efecto de los compromisos impuestos por las luchas populares a las clases dominantes. El derecho capitalista regula el ejercicio del poder respecto a las clases dominadas en el marco de un equilibrio permanente de compromiso impuesto a las clases dominantes por las clases dominadas. Ese papel de la ley depende de la relación de fuerzas entre las clases y levanta los límites al poder de las clases dominantes. Precisamente las formas de estado de excepción, fascistas, bonapartistas, dictaduras militares, que son producto de una derrota de las clases dominadas, ese papel de equilibrio de fuerzas del derecho capitalista, desaparece.

Los modernos Estados imperialistas experimentan la crisis general de la legalidad burguesa. Toda tentativa de la clase obrera de utilizar leyes en su beneficio y todo incremento de la resistencia obrera al dominio de los monopolios fuerzan a la burguesía imperialista a pisotear la legalidad. En el capitalismo monopolista de Estado, la burguesía se interesa por que el aparato ejecutivo, el gobierno, esté facultado para dictar al margen del parlamento, decretos ley. A raíz de semejante desplazamiento de los poderes legislativos, la ley pierde su carácter representativo y democrático-burgués, mientras que las actas de los órganos ejecutivos adquieren una fuerza que refleja los intereses de la oligarquía financiera, fracción hegemónica de la burguesía. La legislación antiobrera funciona sin errores, en cambio la legislación antitrust, destinada a ser una barrera jurídica contra los monopolios, no funciona. En los casos en que éstos no pueden impedir que el parlamento apruebe leyes que beneficien a las reivindicaciones de las masas trabajadoras, entra en acción el aparato de supervisión constitucional. Este no tarda en declarar si es necesario, anticonstitucional tal ley. Las luchas de la clase obrera y sus aliados por ampliar las libertades y derechos democráticos, por mejorar sus condiciones socioeconómicas frenan a los procesos reaccionarios en la legislación burguesa, pero en esta lucha de la clase obrera por su carácter de clase, no tiende a jurar fidelidad a la legalidad burguesa y en toda circunstancia, El compromiso de observar y cumplir la legalidad burguesa es una obligación jurídica y no moral frente a su violación por los aparatos del Estado, las luchas de la clase obrera no pueden subordinarse por ello a las opresivas leyes burguesas ni a la legalidad burguesa, sino a la lucha por el socialismo.

Lenin situaba que aunque todos los derechos de la democracia política son irrealizables de forma completa bajo el imperialismo, los comunistas no deben renunciar a la lucha inmediata y decidida de todas las reivindicaciones democráticas, de forma revolucionaria y no reformista, llevándolas incluso más allá de los marcos de la legalidad burguesa, pues de la misma manera que es imposible un socialismo que no implante la democracia completa, es imposible también que se prepare la victoria sobre la burguesía una clase obrera que no sostenga una lucha múltiple, consecuente y revolucionaria por la democracia.

Por tanto, Lenin situaba que la lucha por la democracia hasta sus últimas consecuencias, va ligada a la lucha por el socialismo. Esta expresión leninista indica que en el fondo la coexistencia entre la democracia-burguesa y el capitalismo es y ha sido históricamente conflictiva, ya que cualquier exceso democrático que lleve al gobierno de un Estado capitalista a un partido cuyo proyecto fuese la lucha por el socialismo, pondría en alerta a quienes defienden la democracia a secas en el capitalismo, impidiendo que ésta se desarrollara hasta sus últimas consecuencias.

No olvidemos que en su lucha contra el Estado feudal absolutista, la burguesía requería llevar hasta sus últimas consecuencias la separación entre el Estado y la sociedad civil, para consolidar el modo de producción capitalista. Para ello era necesaria una superestructura política que sancionara la igualdad de los individuos, su capacidad para mercantilizar sus bienes, los medios de producción, la tierra y la fuerza de trabajo. Para ello era necesario un Estado capitalista liberal no necesariamente democrático. Su progresiva democratización fue resultado de un largo y violento proceso de extensión de los derechos políticos y sociales, provocado por la movilización política del movimiento obrero desde el cartismo hasta nuestros días, donde si la burguesía y sus clases o fracciones aliadas aplicaron reformas políticas progresistas, fue porque el movimiento obrero acompañado en sus luchas a veces por el campesinado, colocaron la dominación política de la burguesía en el borde del abismo.

Por ello no es raro, que la historia de la democracia burguesa, sea un lapsus cronológico en la historia general de la dominación burguesa bajo el capitalismo como modo de producción hegemónico. Por ej. la constitución democrática de la Revolución francesa de 1.793 fue efímera, la república de EE.UU. estableció una democracia de hacendados de raza blanca. Las revoluciones burguesas de por sí consolidaron el Estado liberal antes que el Estado democrático-parlamentario, con una base electoral censitaria, estrecha, que las luchas populares y obreras obligaron a ensanchar. Sin ir tan lejos en la Europa posterior a la IIª Guerra Mundial la democracia burguesa más avanzada de Europa (Italia) fue precisamente producto de la derrota del fascismo, de la lucha anti-fascista y más recientemente las de Grecia, Portugal y España, son producto de la caída de las dictaduras.

La democracia burguesa es más corta que la historia de la burguesía, el hecho de que ninguna de las revoluciones burguesas estableciera la democracia burguesa es destacable no sólo en el caso de las revoluciones holandesa e inglesa, la propia constitución democrática de la revolución francesa quedó en papel mojado desde el principio hasta el fin de su efímera existencia. La ciudadanía se restringió a los propietarios, mientras que la gran mayoría de la sociedad era excluída de la política, era la democracia censitaria.

Por tanto, sin las movilizaciones populares y las luchas obreras las conquistas democráticas hubiesen sido imposibles, fue la clase obrera la que hizo saltar la camisa de fuerza del Estado liberal. La ciudadanía (derechos políticos y derechos sociales) tuvo que ser extendida, a regañadientes por la burguesía, a toda la sociedad sin exclusión.

Marx en Las luchas de clases en Francia 1848-1850 ya señalaba esta tendencia hacia la incompatibilidad entre la lógica del modo de producción capitalista y la lógica de la democracia burguesa. La reproducción de las relaciones sociales que posibilitan la extracción de la plusvalía es amenazada por la expansión y la presión igualitarista inherentes al régimen democrático: por un lado el sufragio universal otorga derechos políticos a las clases cuya esclavitud social viene a eternizar el capitalismo: el proletariado, los campesinos y la pequeña burguesa, poniendo en peligro los fundamentos de la sociedad burguesa que exige que de la emancipación política no se avance a la emancipación social

Esta contradicción capitalismo-democracia fue integrada en el Estado capitalista keynesiano que coincide con la época de oro de crecimiento económico en comparación con los 5 siglos de historia del capitalismo. La historia de la democracia en el Estado capitalista no se agota con la extensión del sufragio universal, también es la del nacimiento de los compromisos sociales y políticas públicas orientadas a corregir las desigualdades del capitalismo mediante la introducción de instrumentos redistributivos. La democracia no sólo es política también es social, el mercado es inservible para resolver las desigualdades sociales ya que su fin no es hacer justicia sino realizar las ganancias. La recomposición keynesiana del capitalismo asumió el papel de regulador del ciclo de acumulación y mediador en el conflicto de clases institucionalizado. El Estado de bienestar descansaba en dos lógicas contrapuestas, por un lado se orientaba económicamente hacia la reanimación y la estabilización de la acumulación capitalista y por otro lado se orientaba políticamente para solventar los peligros de la revolución asegurando la paz social con la institucionalización del conflicto clasista y el aumento del salario social, algo que a la larga quiebra el propio proceso de acumulación capitalista.

A pesar de su carácter parcial, reformista, el Estado de bienestar significó una conquista de la clase obrera y no sería acertado políticamente ver al Estado de bienestar como una política del engaño para cooptar a las masas, ya que la expansión del gasto en los servicios sociales del Estado fue el precio que el capital tuvo que pagar para contrarrestar las luchas de clase nacional e internacional. El período de 1960-1981 los gastos sociales en los países capitalistas de la OCDE en educación, salud, seguridad social, etc., crecieron siempre por encima de las tasas de crecimiento del PIB, incluso dicha tendencia se mantuvo durante 8 años tras el estallido de la crisis en 1973 (Atilio A. Borón).

A pesar de la vertiente integradora del conflicto clasista en el Estado de bienestar, los intelectuales orgánicos del capitalismo no dejaron de percatar por ello las contradicciones que la democracia de masas ocasionaba al capitalismo a la tasa de ganancias, colocándose como la causa final de la crisis para la lectura neoliberal. Bajo esta perspectiva, los teóricos burgueses de la crisis sostienen que la democracia aún burguesa sólo es viable mientras no se constituya en un elemento disfuncional al proceso de acumulación de capital. Es la democracia burguesa funcional a las políticas de ajuste y recomposición del capitalismo la que prevalece tendencialmente.

En la periferia el Estado oligárquico fué la forma estatal que correspondió al dominio de la economía primario exportadora, con la supremacía de las fracciones de la burguesía ligadas al mercado mundial por medio de la exportación de materias primas y alimentos e importadoras de bienes industriales y financieros del comercio mundial. En Latinoamérica el pacto oligárquico entre la burguesía compradora, los terratenientes y el capital transnacional enfrentaba a los intereses de las fuerzas sociales populares, artesanos, pequeños comerciantes, núcleos del proletariado y campesinos. El dilema estaba servido, o bien los capitalismos de la periferia culminaban las tareas de la revolución democrático burguesa liquidando las trabas al desarrollo capitalista autóctono, la cuestión agraria con la liquidación de las bases materiales del dominio de los terratenientes criollos, o por el contrario, debía resignarse a conquistar su predominio económico en alianza con los terratenientes, el capital imperialista y la institución militar, este es el dilema que se presentó a la burguesía latinoamericana cuando surgió su nuevo rival interno, la clase obrera.

Los gobiernos desarrollistas populistas (México, Argentina, Brasil) intentaron poner a raya a las fuerzas sociales del pacto oligárquico, integrando al movimiento obrero a través de garantizar el acceso a niveles mínimos de bienestar material. Estos gobiernos realizaron una política económica basada en el control estatal y una política arancelaria para defender la naciente industria nacional, favoreciendo una redistribución del ingreso hacia las capas populares urbanas mediante el control de salarios y precios, la extensión de la seguridad social, los gastos de salud, educación y vivienda. Pero las políticas para estimular la acumulación capitalista y el desarrollo de las fuerzas productivas, eran incompatibles a la larga con el mantenimiento de las políticas sociales tendentes a integrar en el mercado y el Estado capitalista a las fuerzas sociales populares, fundamentalmente la clase obrera. El dominio terrateniente del sector agrario jamás fue cuestionado en latinoamérica, excepto en el México de Cárdenas. La alianza efímera de las fuerzas populares, la clase obrera y la burguesía nacional se quebró por medio de la nueva forma de Estado capitalista de excepción en la década de los 60/70 con las dictaduras surgidas en el cono sur de América. Fueron los gobiernos democrático revolucionarios de Chile (Allende), Perú (Velasco Alvarado), Nicaragua (FSLN) y actualmente los de Boliva, Venezuela y Ecuador, los que intentaron e intentan acabar con las bases materiales del atraso y la dependencia.

El surgimiento de los monopolios y la instauración de la fase imperialista en el desarrollo del capitalismo redujo las posibilidades de una transformación democrático burguesa en los países que comenzaron más tarde su desarrollo capitalista, no es casual la fragilidad de la democracia burguesa en Alemania, Italia, España, Grecia y Portugal a lo largo del S.XX. y en los países capitalistas de la periferia.

El vigente neoliberalismo reinante de Friedman es la actuación de la ideología burguesa frente a la crisis y es la recomposición conservadora del capitalismo. Sus conceptos fundamentales son: predominio del mercado, desmantelamiento del estado de bienestar y recorte de los avances democráticos. Estamos ante la involución del Estado capitalista hacia la etapa liberal clásica de democracia estrecha. El liberalismo clásico que había nacido como un proyecto dirigido a recortar los poderes del Estado absolutista (Estado de transición) y a establecer una participación democrática restringida a las élites sociales, ha vuelto. Friedman recupera el pensamiento liberal de finales del S.XVIII y principios del S.XIX, el Estado-gendarme que mantiene la ley y el orden, los derechos de propiedad privada, asegure jurídicamente los contratos y promueva la competencia, pensamiento que calza hoy con la práctica habitual del neoliberalismo, donde la soberanía popular es secuestrada por los organismos internacionales al servicio del imperialismo. Ya antes del cambio de modelo de acumulación la política exterior de EE.UU. fue orientada por el principio de que las dictaduras militares latinoamericanas garantizan mejor la protección de los intereses yanquis que las democracias. Es la lógica del capital en su fase imperialista: el estado de excepción para la periferia y el autoritarismo de Estado para los países centrales del capitalismo.

El discurso neoliberal nos quiere adormecer con el dilema Estado o mercado. En realidad el dilema es el menos explicado, mercado o democracia, hoy las líneas maestras del discurso dominante descansan sobre el mercado libre acorazado por el despotismo político, el capitalismo monopolista de Estado transnacional de nuestros días se desprende de la democracia keynesiana, remata la soberanía nacional del pueblo, y recupera la democracia de las élites.

Es la práctica histórica la que nos demuestra las limitaciones para garantizar bajo el capitalismo la democracia burguesa, los denominados “excesos de democracia” (Samuel Huntintong) no se ajustan a las necesidades de reproducción ampliada de capital y bajo la fase imperialista en su actual modelo neoliberal parece haber agotado las formas políticas de la democracia burguesa. El capitalismo europeo, yanqui y periférico no aguantan hoy más democracia.

La única manera de mantener y desarrollar la democracia es precisamente luchando contra el capitalismo, porque la lucha por la democracia, por impedir que se amplíe la parte del PIB para el capital, forma parte de la lucha por la superación del capitalismo, ya que la democracia como ideal carece de lugar en sociedades fundamentadas en la desigualdad creciente y extrema, relativa y absoluta.

3.1.2 Bloque de poder y Estado capitalista

El poder de clase es la base del poder en una formación socioeconómica de clases, cuyo motor es la lucha de clases. Este poder se concentra y materializa en el Estado, lugar central del ejercicio del poder político. Son las luchas económicas, políticas e ideológicas las que tienen la primacía sobre el Estado, ya que las relaciones de producción son ya relaciones de lucha y poder.

Los partidos políticos no son más que la expresión de los intereses de determinada fracción de clase. Esto ya lo describió Marx en el 18 Brumario. En Francia los Borbones representaban a la gran propiedad territorial con sus terratenientes y curas, mientras que los Orleáns representaban la gran industria y el gran comercio. Lo que separaba a ambas fracciones, más que principios ideológicos, eran sus condiciones materiales de vida, dos formas diferentes de la propiedad privada.

El Estado condensa una relación de fuerzas entre las diferentes fracciones de la clase o clases dominantes, juega un papel organizativo superior con respecto a las fracciones y partidos, ya que representa, unifica y organiza a las clases dominantes, representa y organiza los intereses políticos a largo plazo de un bloque de poder (bloque histórico dominante) compuesto de varias fracciones de la burguesía (oligarquía financiera, burguesía no monopolista), donde también participan clases dominantes pertenecientes a otros modos de producción presentes en la formación socioeconómica capitalista, como es el caso de los grandes terratenientes en los países dependientes de la periferia. Las fracciones de la burguesía se sitúan en el terreno de la dominación política en grados desiguales, siendo la oligarquía financiera (especulativa e industrial) o capital monopolista transnacional la fracción hegemónica.

Para Gramsci el Estado es el lugar donde la clase dominante se unifica y disciplina, más que una simple organización de la clase dominante es la organización de la dominación de clase, por medio de sus intelectuales orgánicos que no sólo atienden las necesidades de la producción, sino también las exigencias políticas la burguesía por delegación. Intelectuales que son empleados de la clase dominante reclutados para las tareas en el gobierno político y las labores de dominación ideológica.

El Estado también condensa la relación de fuerzas entre la clase dominante y las clases dominadas, con la diferencia de que mientras la hegemonía de la clase dominante se materializa en el poder sobre los aparatos del Estado, las clases populares están totalmente excluidas y sólo pueden influenciar desde el exterior.

En consecuencia el papel del Estado consiste también en formular las tácticas de reproducción de su poder en la lucha de clases y no se reduce al binomio represión-ideología, coerción-consentimiento. La lucha de clases también impone al Estado capitalista sus concesiones, marca los límites del Estado. Límites que no provienen de ningún carácter natural, innato, sino de las relaciones de fuerzas entre las clases, de lucha de clases. Ese límite se llama democracia representativa, que por muy mutilada que esté por la clase dominante y el Estado capitalista, no deja de ser un efecto de las luchas y resistencias de las clases dominadas. En este sentido los derechos humanos y del ciudadano además de ser parte del armazón ideológico burgués, no son una conquista del individuo frente al Estado, sino una conquista de las clases oprimidas.

Gramsci decía que la clase que aspira a lograr la hegemonía no puede sostener posturas corporativas, ni defender sistemáticamente medidas impopulares y autoritarias, y que por ello debe ampliar sus propias reivindicaciones a las de otras fracciones aliadas a las que espera dirigir. En el sistema democrático burgués, la clase dominante es condicionada por sus intereses generales para mantener el consentimiento de las clases subordinadas, y la vida estatal es concebida como una superación contínua de equilibrios inestables entre los intereses de la clase dominante y el resto.

Por tanto, aunque el Estado responda a los intereses de la clase dominante, en situaciones históricas debe moderar los conflictos entre las clases antagónicas para asegurar la continuidad del sistema, colocándose provisionalmente como mediador aparente, independiente, para refrenar los antagonismos de clase en los periodos de equilibrio. Marx analizaba que el Estado capitalista inglés en la segunda mitad del S.XIX se vió obligado a reducir la jornada de trabajo como respuesta ante un proletariado amenazante y poderoso. Fué la mejor respuesta de la burguesía, dar concesiones, haciendo prevalecer sus intereses generales de clase a largo plazo más allá de los intereses concretos e inmediatos de la burguesía.

Estas correlaciones de fuerza (dominantes/dominados) tienen su base en la producción en las empresas capitalistas como lugares de extracción de la plusvalía y de resistencia, organización y lucha de la clase obrera. El Estado no es un paréntesis pensable en la sociedad dividida en clases, donde hay clases, hay lucha de clases, y el poder político institucionalizado del Estado está presente. De la misma manera que no hay clases sin lucha de clases tampoco hay lucha de clases sin Estado. El Estado capitalista marca el campo de las luchas de clases, incluido el de las relaciones de producción, organiza el mercado y las relaciones de propiedad, instituye la dominación política de la clase dominante, codifica todas las formas de la división social del trabajo existentes en el marco referencial de la sociedad de clases.

El papel de organización y representación de la clase dominante concierne al conjunto de sus aparatos del Estado, incluidos los aparatos represivos. Este conjunto de aparatos no se limita a su núcleo público, ejército, policía, prisión, tribunales, escuelas, administración, etc., sino que se extiende al ámbito privado, los aparatos ideológicos, medios de comunicación, iglesia, etc., están incluidos en el campo estratégico del Estado.

Poderes ejecutivo, parlamento, ejército, magistratura, ministerios, aparatos regionales, municipales, administración central, aparatos ideológicos, son las casamatas que según la formación socioeconómica, representan los intereses divergentes de los componentes del bloque en el poder, terratenientes, capital no monopolista (comercial, bancario, industrial), capital monopolista transnacional (oligarquía financiera), capital monopolista extranjero (oligarquía financiera extranjera). Las contradicciones en el seno de las clases y fracciones dominantes, las relaciones de fuerzas en el seno del bloque en el poder, reclaman la unidad de ese bloque por intermedio del Estado.

A fin de asegurar la organización del interés general de la burguesía bajo la hegemonía de una de sus fracciones (interés político de la clase dominante a largo plazo), el Estado posee cierta autonomía relativa con respecto a tal o cual fracción del bloque en el poder. Dentro de esa autonomía relativa, la ideología dominante que el Estado inculca tiene la función de cohesionar al personal de los aparatos del Estado. Es la ideología del Estado neutro, representante de la voluntad y del interés general de todos los ciudadanos por igual, árbitro entre las clases en lucha: la administración o la justicia por encima de las clases, la policía garante del orden constitucional y de las libertades de los ciudadanos, la administración motor de la eficacia y el bienestar general. Tal es la forma aparente que reviste la ideología dominante en el seno de los aparatos del Estado.

Pero en esencia el Estado capitalista no es un árbitro entre las clases sociales en lucha, racionalizador, representante de la voluntad y el interés general, con autonomía absoluta, gobernado por la burocracia y las élites políticas (Hegel, Weber, socialdemocracia, sociología funcionalista), ni un simple instrumento pasivo manipulado para los intereses particulares e inmediatos de una fracción de la clase dominante, ni un bloque monolítico sin fisuras. El Estado constituye la unidad política de las clases dominantes y es la condensación de las relaciones de clase, entre las fracciones dominantes (no sin contradicciones internas, no antagónicas) frente a las clases oprimidas (contradicción antagónica). En consecuencia, el establecimiento de la política del Estado es el resultado de las contradicciones de clase (Poulantzas. Estado, poder y socialismo).

Las contradicciones entre la clase dominante y clases dominadas intervienen directamente en las contradicciones en el bloque en el poder. Por ejemplo, la caída de la tasa de ganancia, elemento de contradicciones en la clase capitalista, es finalmente expresión de la lucha de clases contra la explotación. Las diversas fracciones del capital (monopolista, no monopolista, industrial, bancario o comercial) no tienen siempre las mismas contradicciones con las clases populares, y sus actitudes políticas no son siempre las mismas, llevando a diferentes tácticas e incluso estrategia política. Si bien existe un acuerdo de fondo entre las fracciones de la clase dominante, en cuanto al mantenimiento y reproducción de la dominación y explotación, no existe un acuerdo sobre una política concreta en todo momento frente a las masas populares. Precisamente las contradicciones en el seno del bloque en el poder son permanentes, conciernen tanto a los problemas secundarios, como principales, incluidas las formas de Estado que instaurar frente a las masas populares, la opción entre el Estado de excepción de guerra abierta contra las clases populares, o la opción de democracia parlamentaria.

3.1.3 No existe democracia pura ni Estado neutro en la lucha de clases

Lenin planteaba que democracia es una organización llamada a ejercer la violencia sistemática de una clase contra otra, donde el carácter de esta democracia lo determina el carácter del Estado y no al revés, será burguesa en el capitalismo y obrera en el socialismo. La democracia pura y completa se desarrollará con la extinción del Estado en la sociedad comunista donde todas las personas administrarán la sociedad, sin coacción, ni subordinación, sin el Estado, lo que supondrá la muerte de la democracia formal, radical, etc.

Este fetichismo de la democracia-pura en el sistema capitalista se hace fuera de onda ante la realidad cada vez más autoritaria del Estado actual donde vemos el endurecimiento y sofisticación tecno-administrativa del aparato represivo (policial, ejército mercenario, etc.), que adquiere mayor capacidad hoy en el siglo XXI que en etapas pasadas (4), colocado en contra de las luchas de los trabajadores, sectores populares, movimientos anti-sistémicos, a favor de guerras indiscriminadas de carácter neocolonial contra países oprimidos, sin olvidar el endurecimiento del aparato ideológico que utiliza los medios mas sofisticados de control, difusión y predominio del sentido común sobre las masas, donde la religión y la enseñanza son desplazadas en este papel por los poderes mediáticos guiados por la organización de la desinformación generalizada, la tele-basura, y los eventos de distracción (fútbol, culebrones, programas-basura, etc.), que alimentan la pasividad y el irracionalismo de las masas mediatizadas, donde se apalancan nuevos intelectuales orgánicos del establishment como portadores de la ideología dominante con su mensaje de que el capitalismo es el mejor de los mundos posibles, intelectuales amamantados por los aparatos del Estado, el complejo militar-industrial y las Transnacionales.

A partir de fines del S.XIX y principios del siglo XX con el surgimiento del imperialismo ya vemos que el Estado capitalista refuerza la concentración del aparato burocrático-militar, del poder ejecutivo, adquiriendo proporciones monstruosas en la máquina estatal nazi en Alemania, fascista en Italia, y mediático-militar en los EE.UU de nuestros días. En la etapa posterior a la IIª Guerra Mundial con la generalización del Estado de bienestar en la Europa capitalista, en la que el imperialismo reactiva la idea hegeliana del Estado como bien común por encima de las clases, vuelve a crear la ilusión del Estado independiente de los grandes monopolios y Transnacionales, variante que el neoliberalismo no deshecha ideológicamente. No obstante, el Estado y sus funcionarios superiores participan, activamente en las estrategias capitalistas contra los trabajadores y las poblaciones del mundo. El personal en la cima de los aparatos públicos son intercambiables con los comités ejecutivos de las grandes firmas empresariales y financieras y con los organismos supranacionales como la OTAN, FMI, la UE, etc, controlados por los Estados imperialistas. Ahí tenemos a G. Schultz, Abel Matutes o Etiénne Davignon (presidente de la Sociedad General de Bélgica y comisario general de industria de la UE), entre otros muchos.

Bajo un lenguaje de izquierdas, los defensores de la teoría del Estado independiente de las Transnacionales, el “Estado de derecho”, hacen un favor a la burguesía al silenciar lo inaceptable para ella, la toma del poder del Estado, por la violencia revolucionaria, y la gran verdad de que es imposible conquistar el poder de las Transnacionales financieras sin derribar al Estado burgués.

Y es que el Estado de hoy al margen de su forma política, también sigue teniendo una función doble, técnico-administrativa y de dominación política e ideológica, donde las tareas técnico-administrativas no son neutras ya que se supeditan y son dirigidas por la dominación política sobre-determinada por el carácter de clase del Estado.

El poder político sigue siendo la capacidad de la clase dominante para utilizar el aparato del Estado en cumplimiento de sus objetivos políticos (paz social, keynesianismo, neoliberalismo, etc.). La lucha encarnizada y violenta contra el movimiento de resistencia a la globalización capitalista neoliberal y el sindicalismo de clase son una muestra de que el papel del Estado y su carácter de clase se ha reforzado. Y es que el carácter de clase obliga. Los patronos están obligados a restaurar las ganancias sobre las espaldas de la clase obrera, aumentando la explotación, ¿cómo van a conseguirlo sin la colaboración estrecha del Estado?. Y en el ámbito internacional las contradicciones entre la oligarquía financiera y las poblaciones oprimidas del mundo siguen existiendo, ya que los Estados capitalistas del centro siguen aumentando el pillaje en las fuentes de energía, naturales y con el dogal de la deuda externa bajo la égida de instituciones nada neutrales como el FMI, sometida a la voluntad de los Estados-clase imperialistas.

Hoy más que nunca se clarifica que la ciencia y las fuerzas productivas están sujetas a las relaciones de producción capitalistas, que reproducidas y legitimadas por el Estado de clase no van libres por ahí autónomamente en su desarrollo como si de un movimiento metafísico se tratara, siguen siendo las clases explotadoras y su dominación política quienes deciden que vericuetos toma la investigación científico-tecnológica en contra de los intereses de la “humanidad sufriente”.

Las apariencias engañan, nunca mejor dicho cuando parece que el Estado no interviene para nada en la explotación, la idea de un Estado por encima de las clases es característica de los apologistas sistémicos, los reformistas e izquierdistas del movimiento obrero y popular.

La verdad es que sino fuese por el Estado las relaciones de propiedad privada no tendrían solidez y la libertad del capital sería imposible frente a la clase obrera. El Modo de Producción Capitalista necesita el papel de su superestructura en activo para su preproducción, ya que el Estado no es una institución ausente de las relaciones sociales y la lucha de clases, porque el Estado por mucho que se esconda el veredicto, no es neutral, el Estado reproduce el sistema capitalista a través del aparato ideológico, jurídico-administrativo y represivo. Todos los conflictos que amenacen la propiedad privada de los medios de producción y la apropiación de la plusvalía por el capital, provocan siempre la intervención del Estado de una u otra manera, pacífica o no. Simplemente, el Estado como ente supraclasista, no ha existido ni existe más allá de nuestras cabezas fetichizadas.

3.1.4 El Estado como aparato separado de la lucha de clases

Los aparatos del Estado capitalista se distinguen de los aparatos del Estado feudal, fundados en vínculos personales, como una calcamonía del poder económico, donde la iglesia juega el papel de dominio ideológico del sistema, y el señor feudal desempeña el papel de juez, administrador y jefe militar como terrateniente, en una jerarquía señorial cuya legitimidad deriva del rey. La ley santifica la explotación servil por medios extraeconómicos, de violencia política. Los aparatos del Estado feudal no estaban separados de la lucha de clases. La separación relativa entre lo político y lo económico es específica del Estado moderno capitalista. Separación posibilitada por el desarrollo mismo de la producción capitalista y su división del trabajo bajo todas sus formas (plusvalía absoluta-plusvalía relativa, manufacturas- maquinismo, reproducción ampliada de capital). Es la ley bajo su forma capitalista la que se convierte en la encarnación del mecanismo ideológico a partir del momento en que es el ciclo de reproducción del capital quien lleva a cabo la extracción del plustrabajo y no las razones extraeconómicas

Las relaciones del trabajo manual separado del intelectual con las relaciones políticas de dominación fueron demostradas por Marx a propósito del despotismo de la fábrica capitalista y del papel de la ciencia en el proceso de producción, analizando las relaciones entre saber y poder, entre trabajo intelectual y las relaciones políticas de dominación tal y como existen y se reproducen en el proceso de extracción de la plusvalía. La ciencia al servicio de capital tiende a convertirse en fuerza de trabajo directa y en una legitimación ideológica del poder instituido por medio de la técnica científica.

La burguesía es la primera clase de la historia que tiene necesidad, para erigirse en clase dominante, de un cuerpo de intelectuales orgánicos. Reclutados por el Estado no desempeñan un papel puramente instrumental, sino un papel de organizador de la hegemonía. No es casual que la primera forma de la revolución burguesa fuera en primer lugar ideológica por medio de la filosofía de la Ilustración francesa.

El Estado capitalista ordena la producción de la ciencia, que se convierte en una ciencia del Estado implicada en los mecanismos del poder. Los intelectuales, como cuerpo especializado y profesionalizado, han sido constituidos por el Estado moderno. Estos intelectuales, portadores del saber-ciencia de universidades, academias, sociedades científicas, se han convertido en funcionarios del Estado.

En el conjunto de sus aparatos ideológicos y represivos, el Estado encarna el trabajo intelectual separado del trabajo manual. Este encarna la especialización del Estado y su separación del proceso de producción mediante una cristalización del trabajo intelectual. Bajo su forma capitalista, estos aparatos –gobierno, partido político, ejército, administración, justicia, medios de opinión, centros de enseñanza, etc.- implican la utilización de un saber y de un discurso del que las masas populares están excluidas.

En el 18 Brumario de Marx el Estado aparece como una máquina, aparato, instrumento, del que la clase dominante se sirve para perpetuar su dominación. Lenin en la Conferencia de Sverdlov sobre el Estado (1919), habla del Estado como aparato y máquina especiales, no son simples instituciones, ni una asociación como la asociación de vecinos, u organización como los partidos o iglesias. Lenin apunta a que el Estado es el dominio de la alta administración militar, policial y política, dominio absoluto de una élite ramificada sobre el pueblo de los diferentes cuerpos o servicios, dominio asegurado en persona por lo más selecto de la clase dominante, y la división del trabajo estatal entre los diferentes cuerpos o servicios del Estado.

Este aparato o máquina aparece separado de la lucha de clases, precisamente porque como instrumento al servicio de la clase dominante, de no ser así, correría el riesgo de estallarles en las manos por medio de la lucha de clases popular. Es decir, la clase dominante necesita esa separación para poder intervenir en la lucha de clases y en todas las direcciones, no sólo frente a la lucha popular de la clase obrera para mantener el sistema de explotación y opresión, sino también contra las formas que la lucha de clases puede tomar entre las fracciones de la clase dominante, donde el Estado es un aparato capaz de tomar medidas contra una parte o la mayoría de la burguesía para defender sus intereses generales de clase dominante.

Sólo bajo el velo de la ideología, el poder del Estado se ejerció aparentando imparcialidad e independencia. Las funciones administrativas y jurídicas se realizaron de acuerdo con los intereses de la clase dominante. Las necesidades del conjunto social eran perpetuamente desviadas, bajo la máscara de una imparcialidad superior, reyes absolutistas que oprimían y explotaban pasaban como “padres del pueblo”. Este cinismo político fue desvelado por Maquiavelo. Este poder se rige por encima de la sociedad, pero solo porque la comunidad social se halla dividida en clases.

El Estado “democrático” a secas, refleja siempre la resistencia de las clases explotadas, implica un compromiso entre clases. Tiene un doble carácter dialéctico y contradictorio. Como extraña la existencia de clases y su lucha, fue por una parte la expresión de una dictadura efectiva de la clase dominante; y por otra se vió obligado a permitir la expresión de los intereses y de los objetivos políticos de las clases dominadas; fue obligado a tolerar la organización de los trabajadores. Este compromiso democrático no suprime la lucha de clases, ni la dominación de la clase dominante y su Estado, sino que la expresa.

La fetichización hegeliana de que el Estado está por encima de las clases como árbitro, oculta que en realidad el Estado está separado y por encima de las clases más que para asegurar la reproducción de las condiciones de dominio de la clase dominante. La separación de la lucha de clases, es por tanto, una separación buscada y construida, no neutral, no neutral, para garantizar el poder de clase, asentada en la materialidad de los diversos aparatos administrativos, represivos e ideológicos, y de su funcionamiento. Lo cual deja fuera se lugar todas las disquisiciones revisionistas del eurocomunismo y la socialdemocracia sobre la posibilidad de modificar la orientación de clase de las decisiones del Estado cuando otros partidos no burgueses llegan al gobierno.

El Estado capitalista para Marx es un Estado de clase, surgido directamente de la relación de producción, como manifestación directa de las relaciones de producción capitalista, cada modo de producción dispone de su Estado propio. De esta manera Marx reafirma el enraizamiento del Estado en las relaciones de producción y el carácter de clase del Estado. Pensar el Estado como un “servicio público” no constituye más que una mezquina ignorancia de lo que es la teoría marxista-leninista de la explotación, la reproducción de la fuerza de trabajo y el dominio político e ideológico sobre los explotados. El “servicio público” es la forma que toma a lo largo de la historia la mistificación del papel del Estado que ha debido de hacer públicos sus servicios para hacer frente a las luchas de clases, lo mismo que a la inversa cuando esta lucha ha posibilitado a la burguesía impulsar la privatización de sus ámbitos, ni más ni menos.

Engels llegó a decir que en la república democrática el capital ejerce su poder indirectamente mediante la corrupción de los funcionarios y mediante la alianza del gobierno con la bolsa. Fue la primera explicación del porqué el personal que ocupa los puestos gubernamentales obedece a la clase dominante.

Los managers y ejecutivos de las grandes empresas y entidades financieras intercambian sus funciones del sector privado al público y viceversa, rotan en la dirección del Estado como intelectuales orgánicos tanto de la producción como de la política, colocando en el gobierno todo el peso de sus políticas al servicio de la oligarquía financiera, que aparece como “junta administradora de los negocios comunes de la clase burguesa” (Marx y Engels).

Es un hecho que los capitalistas dominan y usufructan a su servicio todo el poder del Estado, el ejemplo más claro lo tenemos en la crisis reciente en el cual los Estados capitalistas rescatan a los bancos y abandonan las políticas de bienestar social. Los cambios de gobierno no implican un cambio de rumbo. Del gobierno de Bush a Obama en EE.UU. en la primera década del S.XXI no ha supuesto un cambio del poder real del complejo militar industrial sobre la dirección de la política exterior yanqui. Lo mismo pasa en la UE donde los socialistas liberales y la derecha liberal se suceden alternativamente en los gobiernos sin que el sistema capitalista se vea alterado en lo fundamental, porque el carácter de clase del Estado lo coloca como una relación social de naturaleza política cuya función es reproducir las condiciones de la producción, ampliación y valorización del capital.

El Estado es un Estado de clase por su política, está ligado a la clase dominante por sus altos y medios funcionarios, directamente, porque sus agentes son grandes capitalistas o capitalistas convencidos. Y como esos altos funcionarios dominan al resto por el sistema jerárquico estatal, todo el sistema estatal se coloca fuera de la lucha de clases, constitucionalmente inclusive. Y en las situaciones de gravedad extrema ahí están el núcleo duro de las fuerzas represivas, las prisiones, etc., para garantizar la completa separación del Estado capitalista de la lucha de clases y para intervenir mejor en ella. No podemos ignorar que ese núcleo fuerte del aparato burocrático militar, las unidades profesionales contrarrevolucionarias (marines, tropas de choque, brigadas antidisturbios, política paramilitar, etc.) permanece infranqueable a la lucha de clases popular y ésta sólo puede ser contrarrestada por el ataque coercitivo de las masas, tal y como hasta nuestros días la historia nos demuestra. Esto explica la situación excepcional del personal no sólo militar y policial, sino también administrativo del Estado. No hay sindicatos en el ejército, ni entre el alto personal político-administrativo, y la huelga les está prohibida. Es cierto, que actualmente hay sindicatos en la policía y la magistratura, pero no hay sindicato en el núcleo duro de la fuerza armada y las fuerzas de élite político militar que son fuerzas represivas por excelencia.

Ello no quiere decir que no se puedan manifestar contradicciones en el interior del aparato del Estado, pero no en su núcleo duro. Que esas contradicciones puedan ser impulsadas por el contagio de la lucha de las clases obrera y popular, provocando huelgas en ciertas administraciones y empresas del sector público es algo clarísimo. Pero nunca se ha oído vacilaciones por parte de las fuerzas represivas y la alta administración en el cumplimiento de su deber frente a las luchas reivindicativas, populares y revolucionarias. Lo hemos visto desde que comenzó esta crisis en el 2.008 con la brutalidad de los deshaucios desde EE.UU. hasta el sur de Europa.

El Estado capitalista en su corazón, que es su fuerza de intervención política, policial y de alta administración, está hecho en la mayor medida para no ser contaminado ni atravesado por la lucha de clases. Por tanto, reafirmar la tesis de Marx y Lenin sobre el Estado como instrumento (aparato-máquina) separado de la lucha de clases para servir mejor a los intereses de la clase dominante, es una tesis que no hay que abandonar.

Este Estado que pugna por el interés político general a largo plazo de la clase dominante no tiene como simple objetivo enfrentarse con las clases dominadas, sino mantener y reproducir en el seno del Estado la relación de dominación-subordinación. La organización de los aparatos del Estado no sólo depende de la relación de fuerzas internas entre las fracciones de la clase dominante, sino también de la relación de fuerzas entre el Estado y las masas populares. El Estado capitalista al trabajar en la organización de la hegemonía, en la división y desorganización de las masas populares, erige a algunas de ellas (la pequeña burguesía de la ciudad y el campo) en verdaderas clases apoyo del bloque en el poder, cortocircuitando su alianza con la clase obrera. Estas alianzas-compromisos se encarnan en determinados aparatos del Estado (administración, enseñanza, etc.).

Mientras las clases dominantes existen en el Estado por intermedio de los aparatos estatales, las clases dominadas no existen en el Estado por intermedio de aparatos que concentren un poder propio de clase, sino bajo la forma de resistencia al poder de las clases dominantes. El Estado excluye la presencia directa de las masas populares en su seno. Si éstas están presentes en aparatos como la escuela o a través de sus representantes parlamentarios, son mantenidas a distancia de aparatos como la policía, la magistratura y la administración. La influencia de las luchas en el seno de los aparatos del Estado siempre se manifiestan a distancia, exteriormente. Es un error suponer que la presencia de las clases populares en el Estado, por ejemplo en el parlamento, gobierno, etc., significa que tienen el poder, sin que haya habido una transformación radical del carácter de clase del Estado. No existe un doble poder en el Estado capitalista, fraccionado entre el poder de la burguesía por un lado y las masas populares por otro, tal y como pensaba el eurocomunismo y la socialdemocracia. El poder de las clases populares en el Estado capitalista por su carácter de clase es imposible.

3.1.5 El papel económico del Estado clasista

El materialismo histórico ha investigado las funciones integradoras y represivas del Estado, a la que se le añade la función económica de proveer las condiciones generales de la producción. Las funciones principales del Estado son: proveer condiciones de producción que no pueden asegurarse por medio de las actividades privadas de la clase dominante (por ej. los grandes sistemas de irrigación del modo de producción asiático); reprimir cualquier amenaza al modo de producción por parte de las clases dominadas o sectores de las clases dominantes; e integrar a las clases dominadas para asegurar que la ideología hegemónica siga siendo la de la clase dominante y que las clases explotadas acepten su explotación sin necesidad de la represión.

Las funciones económicas aseguradas por el Estado capitalista indispensables para la producción incluyen la expansión de un mercado nacional, un territorio estatal, el mantenimiento de las relaciones jurídicas, la emisión de moneda y el sistema monetario, un sistema educativo adecuado a las necesidades de acumulación de capital y la creación de un instrumento de defensa de los intereses competitivos del capital autóctono frente a los capitalistas extranjeros: orden jurídico-sistema monetario y aduanal-mercado nacional-ejército, además de los aparatos ideológicos de la hegemonía clasista.

El capitalismo triunfa bajo el Estado nacional, con un mercado interior capaz de absorber y expandir la producción ampliada de capital. La nación se materializa en la expansión del capitalismo. Los trabajadores son liberados de la tierra para ser reclutados en las fábricas, familias, escuelas, ejércitos, prisiones, ciudades, en el territorio de la nación. El Estado capitalista no se limita a completar la unidad nacional, se constituye edificando esa unidad de los individuos del pueblo-nación en el mismo movimiento mediante el cual forja su individualización homogeneizando a sus componentes. El Estado unifica los sectores de la formación socioeconómica capitalista, integra los restos de los modos de producción precapitalistas, asimila y unifica territorios sin límites interna y externamente por medio de la extensión de los mercados y del capital, franquea las fronteras, se transnacionaliza a través de los procesos de producción y de acumulación de capital a nivel internacional. La historia del proletariado internacional está atravesada por las historias de las clases obreras nacionales, las cuales son segmentadas y aplastadas por la homogeneidad de los Estados nacionales. La historia dominante se cristaliza en la nación consagrando la dominación de la burguesía sobre la clase obrera, es la dominación de la historia burguesa sobre la historia obrera. No obstante, el Estado nacional es institucionalmente resultado de la lucha de clases en ambos sentidos, de la burguesía contra la clase obrera, pero también la luchas de la clase obrera contra la burguesía, luchas deformadas por la ideología dominante.

La gran producción industrial en masa fue el arma más importante para la formación de los mercados nacionales, pero no fue la única. Históricamente el Estado tuvo que usar la fuerza política y militar para eliminar los obstáculos que las clases y Estados precapitalistas presentaron para la expansión del capitalismo, incluso los Estados liberales no descartaron la utilización de la fuerza para capturar mercados internacionales.

No fue hasta que la acumulación originaria de capital monetario y mercantil alcanzó cierto grado de madurez cuando el Estado mismo se fue convirtiendo cada vez más en un instrumento de la acumulación de capital y un partero de la producción capitalista. Marx en El Capital analiza en tal sentido el papel de las deudas nacionales, los contratos gubernamentales, la expansión naval y mercantil, el mercantilismo, la prolongación normativa de la jornada de trabajo, la limitación de los salarios y el impulso estatal de las manufacturas.

Lo que distingue al modo de producción capitalista de los modos anteriores es que además de los métodos extraeconómicos de dominación se fundamenta en las relaciones económicas de explotación “libres” que oculta la dependencia y sujeción del proletariado.

La burguesía siempre busca la protección del Estado, por medio de los poderes públicos se aprovecha de la redistribución de la renta nacional para reducir los riesgos de sus empresas y aumentar sus ganancias. No olvidemos que la acumulación primitiva del capital se alimentó no sólo de esa protección sino también del saqueo del tesoro público. Suministros de guerra, deudas públicas, empresas coloniales, proveedor del trabajo forzado en las manufacturas, todos entre los siglos XVI y XVIII fueron los canales normales por donde los ingresos de diversas clases sociales desembocaron en la burguesía y se transformaron en elementos del capital comercial, bancario e industrial. En Japón la industria moderna fue impulsada por el Estado, fundando y financiando empresas, importando equipos y expertos extranjeros. El Estado cargó con los riesgos iniciales, la mayoría de las propiedades industriales del Estado fueron vendidas luego a precios bajos. De hecho la industrialización de numerosos países dependientes durante el siglo XX se vió favorecida por iniciativas estatales, el nacimiento de una burguesía industrial en tales países es producto de encargos por el Estado, y el saqueo del erario público.

La autonomía relativa del aparato estatal hace funcionar a éste como el “capitalista total ideal” (Engels Anti-Durhing), autonomía que sirva a los intereses del modo de producción capitalista en su conjunto, protegiéndolo y sentando las bases de su expansión por encima de los intereses de los capitalistas particulares. El capital necesita una institución que no esté sometida a sus propias limitaciones como capital, que esté situada por encima de la sociedad civil y que al mismo tiempo satisfaga dentro del marco de la acumulación de capital todas las necesidades productivas y reproductivas de la dominación clasista.

El surgimiento de los monopolios generó una tendencia a la sobreacumulación de capital en los países metropolitanos e impulsó la tendencia a la exportación de capital reactivando el dominio colonial bajo las potencias imperialistas. Ello provocó el crecimiento del militarismo y el crecimiento del aparato estatal que implicó una desviación importante de los ingresos estatales. Los gastos militares tenían ya una doble función, defensa de los intereses de cada potencia contra sus rivales imperialistas y países coloniales y proveerse de una fuente adicional para la acumulación de capital.

Para mejorar la rentabilidad empresarial el Estado se encarga de obras de infraestructura necesarias para la mejora de las técnicas de producción y la gestión de comercialización, abaratando los costos de suministros a las empresas, permitiéndo una mayor rentabilidad al transferir recursos. El Estado toma a su cargo la investigación científica y los conocimientos obtenidos son transferidos gratuitamente a los empresarios. En épocas de crisis la intervención del Estado favorecerá al capital para conservar sus tasas de ganancia, facilitando la reducción de los salarios reales y el despido, y en las crisis más graves cambiando el marco político institucional para mantener en marcha la reproducción ampliada de capital. El Estado se agrega el asegurar las condiciones para que exista un crecimiento económico suficiente para lograr la reproducción ampliada del capital. La internacionalización del capital, la competencia por los mercados internacionales, el creciente costo de investigación, desarrollo y adopción de nuevas tecnologías, las grandes obras de infraestructura, la escasez de recursos estratégicos, la preparación de la fuerza de trabajo, explican la complejidad del sistema que hace necesario un papel más activo del Estado como “capitalista total ideal”.

Por tanto, la autonomía relativa del poder estatal en el capitalismo es un resultado del predominio de la propiedad y competencia capitalista. Las decisiones del “capitalista total ideal” si bien se elevan sobre los intereses competitivos de los diferentes capitales, no son neutrales. Todas las decisiones estatales sobre tarifas, impuestos, asignación de presupuestos, comunicaciones, afectan a la competencia e influyen en beneficio de uno u otro grupo de capitalistas, la fracción hegemónica de la burguesía financiera. De esta manera todas las fracciones de la clase capitalista se ven obligadas a participar en política no sólo para articular la defensa de sus intereses colectivos frente al proletariado sino también para defender sus intereses particulares.

Precisamente la función del parlamentarismo desde sus inicios fue la de encarnar los intereses comunes de la burguesía de forma de que cada fracción tuviera oportunidad de expresión pública, por tanto, esta forma de Estado fue y es la que mejor refleja la unidad del capital en su totalidad para ejercer la dominación en común y someter los intereses de las distintas fracciones además de las otras clases sociales. No olvidemos que ese tipo de democracia era censitario, restringido a las clases dominantes y que cuando se conquista el sufragio universal, el capital recurre cada vez más a la financiación de sus partidos políticos para aumentar su representación parlamentaria. El grado censitario de la democracia burguesa se restringe con el sufragio universal de voto pero no se elimina.

La aparición de partidos obreros de masas le dio al Estado otra función más urgente, la función integradora, la necesidad de despolitizar a la clase obrera, el mito de una economía capaz de superar los antagonismos de clase, y la ilusión de la igualdad formal como ciudadano. Los parlamentos perdieron su papel de árbitro entre los intereses de las distintas fracciones de la burguesía y la tarea de la dominación política se fue desplazando del parlamento hacia los órganos superiores del aparato estatal, centralizando el poder político en el aparato de Estado.

3.1.6 El Capitalismo Monopolista de Estado

Los monopolios invistieron al Estado burgués de la función de ingerencia directa en el proceso de la reproducción capitalista y la vida social. Ahí está la razón económica de que haya surgido el capitalismo monopolista de Estado como síntesis del poderío económico de los monopolios y la fuerza política del Estado. Esta fusión tiene por objeto enriquecer a los monopolios, reprimir el movimiento obrero y la lucha de liberación nacional, salvar el régimen capitalista y desencadenar guerras agresivas de conquista y recolonización.

El capitalismo monopolista de Estado restringe aún más el campo de la libre competencia. Esta adopta una nueva forma de lucha de gigantescos monopolios que se disputan el privilegio de manejar a su arbitrio los fondos públicos y de ejercer su control sobre los distintos escalones de la máquina administrativa. Lenin definió al capitalismo monopolista de Estado como la malversación de fondos legalizada.

Actualmente los monopolios poseen un poder financiero que les hace intervenir directamente en la formulación de las decisiones políticas a nivel estatal y gubernamental. La dependencia del aparato estatal del crédito bancario es mayor en la actualidad que en cualquier época anterior. En este contexto, los grupos de presión privados, los lobbies, de la clase capitalista adquieren una importancia mayor, constituyen las fuentes para las nuevas medidas gubernamentales. Las verdaderas negociaciones tienen lugar cada vez más entre estos grupos de presión y la administración estatal, más que entre los partidos políticos. Grupos de presión que representan los intereses particulares de ramas del comercio, la industria, la banca, las transnacionales exportadoras, etc.

El conjunto de las operaciones del capitalismo monopolista de Estado se reorganiza en función de su papel económico. El Estado se ve obligado a satisfacer los intereses de la burguesía debido a que el éxito de cada gobierno depende de que los índices de la actividad económica sean satisfactorios, cuestión que va ligada a las decisiones de inversión del capital.

La compenetración de los intereses de la clase capitalista y la centralización creciente de las decisiones políticas en el aparato del Estado conduce a una fusión personal entre los grandes monopolios y las altas dependencias gubernamentales y el aparato del Estado. En EE.UU., Alemania, Japón, Gran Bretaña, etc., la connivencia entre los dirigentes del aparato estatal y los representantes de las grandes compañías ha sido la tónica marcada desde la IIª Guerra Mundial.

Con objeto de tener en sus manos de forma más completa los resortes del poder, los magnates del capital financiero se convierten en ministros, directores de los departamentos más importantes, embajadores y altos funcionarios. Hasta tal punto se entrelazan el aparato de Estado y los monopolios que a menudo cuestra trazar una línea divisoria.

El Estado capitalista se convierte cada vez más en un instrumento indispensable para los monopolios transnacionales. Esta cooperación no es una “sumisión” de la economía al Estado, al revés, expresa la sumisión estatal a los monopolios por una unión cada vez mayor entre el personal y dirigentes del Estado y los monopolios. La mayor parte de los políticos ocupan posiciones clave en la economía yanqui son grandes hombres de negocios. Edward R. Stettinius secretario de Estado en 1945 fue vicepresidente del trust del acero United States Corp., el Secretario de finanzas de la administración Truman John W. Snyder era un representante de Wall Street, vicepresidente del First National Bank de Sant Louis, Dick Cheney secretario de defensa con Bush I y vicepresidente con Bush II, fue presidente de Halliburton. Entre 1940-1967, 91 personas que ocupaban las posiciones más altas del gobierno de EE.UU. procedían de las instituciones financieras e industriales monopolistas y a la inversa antiguos secretarios de estado y diplomáticos asumen altas posiciones en firmas monopolistas tras su “retiro político”. En Gran Bretaña de los 415 diputados que apoyaron al gobierno conservador antes de 1939, 181 ocupaban 775 puestos de directores en sociedades por acciones. John Anderson ministro de guerra en el gobierno de Churchill en 1951, fue director del trust de armas Vickers y del Midland Bank, los 3 primeros ministros conservadores del periodo entre las dos guerras (Bonar Law, Baldwin, Chamberlain) estaban ligados a la industria de acero y al trust armamentista Vickers.

Aunque los orígenes de clase de los miembros del aparato estatal no deben identificarse con la naturaleza de clase del Estado, la maquinaria estatal posee una organización jerárquica que corresponde al orden social capitalista, donde sus más altos funcionarios, casi sin excepción, o provienen de medios burgueses o están integrados en la burguesía. Precisamente las universidades privadas más importantes preparan al personal dirigente, los intelectuales orgánicos para los más altos puestos del aparato estatal. Esta promoción se realiza mediante un filtro económico e ideológico en el que predominan las normas de conducta de la sociedad capitalista, siendo prácticamente imposible que quien rechace el orden social pueda alcanzar la cumbre del aparato estatal capitalista. No debemos olvidar que la ideología dominante es la de la clase dominante y que la clase que se apropia del plusproducto social controla las superestructuras construídas a partir de él.

La teoría de Galbraith sobre el “poder compensador” donde se establece un equilibrio entre el Estado y los sindicatos por un lado y los monopolios patronales por otro, es una falacia. Por el contrario, la práctica indica que el Estado y los decretos gubernamentales hacen progresar las reivindicaciones de los monopolios que controlan los medios de comunicación y a través de ellos la opinión pública. La mistificación del Estado como un árbitro neutral entre las clases, representante del interés general, nacional, no hace más que ocultar la explotación social e integrar ideológicamente a todas las clases. Precisamente la conciencia de la clase obrera sólo puede lograrse de forma colectiva, mientras que la democracia representativa desorganiza a cada obrero como ciudadano e individuo aislado.

Los primeros pasos del capitalismo monopolista de Estado se dan en 1914-1918 durante la primera guerra mundial. Un factor importante en su desarrollo fue la crisis económica mundial de 1929-1933. Para salvar a los grandes monopolios de la crisis, los Estados capitalistas recurrieron a diversas medidas que fueron presentadas como un intento de regular la economía capitalista e introducir en ella la planificación. Desde entonces, este sistema de medidas monopolistas de Estado ha pasado a ser parte integrante de la administración en los países imperialistas.

Tras la crisis de 1929-1933 el Estado para garantizar la continuidad del capitalismo intervino en gran escala en la actividad económica. El surgimiento de los capitalismos monopolistas estatales que nacieron con la gran crisis son el resultado de un proceso histórico para sacar de la bancarrota a la oligarquía financiera. El Estado capitalista posibilita la regulación de la producción capitalista mediante la planificación de la producción, precios y salarios al servicio de la oligarquía financiera y las transnacionales. No interviene para salvar a tal o cual monopolio, sino para salvar al capitalismo, permitir la perpetuación del modo de producción capitalista. Precisamente tras la IIª Guerra Mundial con la destrucción económica de Europa y Japón, los EE.UU. salieron en defensa del capitalismo para evitar su hundimiento, la financiación de la reconstrucción fue a cargo del capital público de EE.UU.

El capitalismo monopolista de Estado se ha convertido desde entonces en participante indispensable del proceso de reproducción en todas las etapas del ciclo económico. La actividad del Estado capitalista tiene por finalidad mantener y salvar el capitalismo. Su tarea fundamental consiste en luchar contra el socialismo y los movimientos obrero y de liberación nacional en aras de enriquecer a los grandes monopolios. El mantenimiento del orden social capitalista es una prioridad para el Estado capitalista, relativo a la correlación de fuerzas de las clases, a punto tal que tras la IIGM, en los países de Europa occidental amenazados por las luchas sociales y la cercanía de la URSS, utilizó parte de los gastos públicos para brindar servicios sociales con el objetivo de mantener el orden capitalista.

Las teorías burguesas de regulación estatal de la economía exigen al Estado a ayudar a elevar las ganancias de los monopolios. Esta política prevé tanto reformas sociales y concesiones parciales a la clase obrera, necesarias para mantener el capitalismo, como, en una correlación de fuerzas más favorable la ofensiva directa contra el nivel de vida y las conquistas sociales de los trabajadores. Tratan de encubrir la unión de la fuerza de los monopolios con la fuerza del Estado en un mecanismo único otorgándole a la regulación estatal de la economía un carácter ilusorio de reflejo de los intereses de la nación, de estar por encima de las clases.

La regulación estatal monopolista no tiene nada que ver con la dirección científica de la economía ni con la planificación socialista, incompatibles con la propiedad capitalista. Así lo demuestran las crisis de sobreproducción, la inflación, el déficit comercial, la quiebras bursátiles y la bancarrota de empresas. La regulación no ha permitido evitar el aprovechamiento incompleto del potencial industrial y el paro forzoso, ni asegurar un crecimiento estable de la producción.

Bajo ese capitalismo monopolista de Estado se extienden las funciones del Estado como consecuencia de la reducción del tiempo de rotación del capital fijo, la innovación tecnológica y el aumento de los costos de la acumulación capitalista. Una masa creciente de capital no valorizable sólo puede lograr la valorización temporal mediante la intervención estatal en la economía.

Las inversiones estatales en la infraestructura productiva crean las mejores condiciones para el funcionamiento provechoso de los monopolios. El papel regulador o programador en la esfera de la “economía estatal”, no sólo se limita a la propiedad nacionalizada. Uno de sus objetivos principales es eliminar en parte los efectos de la crisis general del capitalismo, la sobreproducción.

Para conseguirlo, además del aumento de la tasa de explotación de la clase obrera mediante la legislación laboral, el Estado capitalista crea un importante mercado estatal, coto cerrado de las grandes corporaciones, que adopta la forma de pedidos del gobierno; presta ayuda económica concediendo subsidios irrecuperales ante situaciones financieras difíciles; crea reservas estatales para la compra de excedentes de mercancías; concede enormes subsidios de los cuales se benefician los monopolios que proporcionan artículos de importancia bélica y materias primas estratégicas (combustible, electricidad, productos químicos); supedita la política económica a los intereses del complejo militar-industrial que acompaña al apoyo de los monopolios transnacionales en la expansión económica exterior; define la política de precios a favor de los monopolios; mediante la política tributaria, los impuestos indirectos y directos concentra en sus manos y redistribuye a favor de los monopolios una parte cada vez mayor de la renta nacional; otorga créditos y subsidios para la modernización de los equipos, además la revolución científica y técnica exige ampliar investigaciones que los monopolios privados no pueden llevar a cabo sin el concurso del Estado, estos gastos permiten a los monopolios hacer uso de los logros de la ciencia y la técnica sin tener que realizar desembolsos; transfieren al Estado cuanto se relaciona con la creación de nuevas ramas de la industria cuando éstas exigen altas inversiones de capital, tomando a su cargo la contrata de las obras, fabricación del equipo, con lo que sin riesgo alguno, se garantizan saneadas ganancias; cubre los gastos de enseñanza y la formación profesional para proporcionar al capital monopolista fuerza de trabajo con la calificación necesaria, sin tener que gastar en ello sus propios medios, etc. Los gastos, evidentemente, son costeados por el pueblo trabajador como contribuyentes principales del presupuesto público.

Se produce un aumento de la socialización estatal de los costos y pérdidas de los procesos productivos para responder a las necesidades de la acumulación de capital, mayores gastos de infraestructura y costes fijos de capital, mayores gastos de proyectos de investigación y desarrollo, financiación de plantas de energía nuclear, construcción de aviones, grandes proyectos industriales, etc, cobran importancia, sobre todo en la economía de EE.UU., los contratos militares.

Más y más inversiones se hacen posibles sólo gracias a las subvenciones estatales, no porque el capital sufra una escasez absoluta sino por que las condiciones de valorización del capital se han deteriorado a tal grado que el riesgo empresarial no se correrá sin una garantía de rentabilidad por parte del Estado. El “capitalista total ideal” actúa como puntal del capital monopolista. Ya Marx señalaba en El Capital la noción de “capital estatal” a toda inversión productiva en la que los gobiernos empleen trabajo asalariado productivo, como capitalistas industriales.

En la teoría de la economía mixta las ramas tradicionales de la empresa estatal son las de la infraestructura productiva: el transporte, la industria del combustible, la eléctrica y la preparación de los terrenos para la construcción de obras industriales, y los gastos estatales en investigaciones científicas y en las ramas de la infraestructura social (enseñanza, formación) o como se denomina por la economía política burguesa, inversiones en capital humano.

En este terreno la nacionalización de una parte del capital fijo sólo tiene sentido si permite la estabilización y el aumento de la tasa de ganancias del capital privado. No existe una competencia entre el sector estatal y el sector privado monopolista, la política de nacionalizaciones no significa una socialización de los medios de producción ni un ataque a los intereses de la clase dominante, ya que el desarrollo del sector estatal siempre ha permitido y permite bajo el capitalismo, la expansión de los monopolios y el equilibrio del sistema económico. No obstante, la nacionalización, con la creación del sector estatal de la economía capitalista, y la programación económica que refleja la estrategia político económica de los monopolios, ponen de manifiesto la inconsistencia del capitalismo. El hecho de su existencia prueba ya que para organizar la producción no hacen falta capitalistas, es la preparación material del socialismo.

Para que los precios de las mercancías de los monopolios mantengan un nivel alto, el Estado influye activamente en el comercio exterior, a los exportadores de mercancías se les pagan primas y subsidios de exportación. Al mismo tiempo el Estado a través de las barreras arancelarias limita las mercancías extranjeras. Con sus acciones mantiene también precios de monopolio bajo en la producción en las empresas públicas que suministran a los monopolios. Las pérdidas de tales empresas se cubren con el presupuesto anual estatal. La consolidación con la ayuda del Estado capitalista del sistema de precios de monopolio hace que los monopolios puedan obtener sus superganancias.

En síntesis, el Estado capitalista supera así las dificultades de valorización del capital (sobreacumulación) al proveer en una escala sin precedentes para las inversiones rentables de este capital en la industria de armamentos y los trabajos de infraestructura, con ganancia garantizada y subsidiada por el Estado. Los gastos del sector público, militares, productivos, financieros, en industrias punta, transportes, comunicaciones, investigación, combustibles, alta tecnología, energía, etc., aumentan de forma importante en relación al PIB. Los gastos estatales de EE.UU. pasaron del 7,1% del PIB en 1913 al 33,2% en 1970, en Alemania pasó del 15,7% al 42,5%.

La teoría macroeconómica keynesiana tan venerada por la socialdemocracia, en realidad presupone el incremento de los gastos estatales, el financiamiento deficitario y la inflación, lo cual conduce inevitablemente al crecimiento del coste de la vida y el empeoramiento de la situación de la clase obrera. . El acrecentamiento de los gastos estatales de carácter no social va aparejado al aumento de los impuestos a la clase obrera y como consecuencia a la reducción de su capacidad adquisitiva. Gastos dirigidos fundamentalmente a fines militares y a subsidiar a los monopolios. Para cubrir el déficit presupuestario que crea el aumento de los gastos estatales, se aumentan los impuestos indirectos que afectan mayormente a los trabajadores. De tal manera, en lugar de elevar la demanda adquisitiva de la población, se reduce.

La función económica más importante bajo el capitalismo monopolista de Estado es la administración de la crisis, la cual incluye todo el arsenal de las políticas anticíclicas, austeridad, moderación salarial, recortes sociales, inflación, etc. Incluso la traslación del servicio militar obligatorio a un ejército profesional, así como la extensión de las fuerzas represivas y la legislación represiva, que en tiempos de crisis cobran más importancia, son confirmaciones de que en la fase neoliberal del capitalismo monopolista de Estado, la burguesía se prepara tanto interna, como externamente contra la clase obrera y contra los países dependientes, para afrontar las crisis. El discurso neoliberal pone de relieve que éste no niega la intervención económica del Estado y del gasto público, sino que propugna una intervención diferente a la keynesiana, donde los costes sociales se reducen al mínimo.

La necesidad de un mayor control de todos los elementos del proceso productivo y reproductivo, ya sea por medio de los monopolios o indirectamente por medio del Estado capitalista, es consecuencia de la necesidad de controlar y superar las crisis sociales que amenazen el sistema y proveer de garantías económicas para el proceso de acumulación de capital. La autonomía relativa creciente del Estado capitalista y el crecimiento de sus funciones económicas refleja la falta de capacidad del capital de extender o consolidar su dominio automáticamente por medio de la infraestructura económica. Mientras más mayor es la intervención del Estado en el sistema económico capitalista, más se advierte el carácter incurable del mismo.

3.1.7 Límites y contradicciones del papel económico del Estado capitalista ¿El fin del interés general?

El conjunto de la acción del Estado, ya se trate de la violencia represiva o de la inculcación ideológica está relacionado con sus funciones económicas. El papel económico del Estado se fundamenta en la acumulación del capital `+ gestión de la reproducción ampliada de la fuerza de trabajo.

La actividad económica del Estado va desde el establecimiento de la infraestructura o de las condiciones materiales de la producción (ferrocarriles, transportes, comunicaciones, etc.) a la gestión monetaria, la vivienda, el urbanismo, la sanidad, la enseñanza, investigación, energía, la cualificación de la fuerza de trabajo. Estos sectores son siempre presentados en general como no rentables para el capital en ciertas formaciones sociales o períodos históricos, en la medida en que el Estado no ha creado aún las condiciones para la rentabilidad del capital.

A causa de las modificaciones en las relaciones de producción, la división social del trabajo, la reproducción de la fuerza de trabajo y la extracción de la plusvalía, el Estado integra estas funciones junto a la legislación laboral y la extensión y control policial del trabajo inmigrado en las ramas donde se concentra el trabajo no cualificado. Estas modificaciones determinan que el Estado opere cada vez más en el centro mismo de la reproducción del capital. El espacio del Estado se amplía en la medida que sectores de valorización del capital y de reproducción de la fuerza de trabajo se le insertan directamente. Los aparatos institucionales de la sanidad (seguridad social, medicina, hospitales, asilos), de la asistencia social, del urbanismo, del ocio, están marcados con el sello burgués. Esas medidas están encaminadas a la reproducción capitalista de la fuerza de trabajo y a la división social del trabajo, aún cuando su existencia se deba en parte, a las luchas populares y represente una conquista social.

El Estado se hace cargo de las medidas esenciales a favor de la reproducción ampliada del capital y las elabora estratégicamente teniendo en cuenta la relación de fuerzas con las clases dominadas, de modo que dichas medidas mediante concesiones, las conquistas sociales, puedan garantizar la reproducción de la hegemonía de clase del conjunto de la burguesía. No sólo el Estado asegura ese mecanismo sino que es el único capaz de asegurarlo. Las fracciones de la clase dominante dejadas a sus intereses corporativos contradictorios y a corto plazo, serían incapaces de hacerlo, serían incapaces de ceder espacio a las reivindicaciones de las clases oprimidas. La adopción por el Estado capitalista de estas reivindicaciones radicales (enseñanza pública libre y gratuita, sanidad pública de calidad, etc.) que a la larga pueden servir a la hegemonía de clase no son inamovibles, ya que en el curso de un cambio de la relación de fuerzas, esas conquistas pueden ser desmanteladas progresivamente en su contenido (privatización de servicios públicos: enseñanza, sanidad, empleo, etc.).

En realidad la lucha de clases existe en el corazón mismo del proceso de producción, la contradicción fundamental del capitalismo es una contradicción de clase, entre la burguesía y la clase obrera. No hay funciones económicas que todo Estado deba cumplir con respecto a la producción en general. Tales funciones no existen más que vinculadas a la lucha de clases. Por ello el Estado organiza y reproduce la hegemonía de la clase dominante fijando un campo variable de compromiso entre las clases dominantes y las clases dominadas, imponiendo sacrificios materiales a corto plazo a las clases dominadas a fin de hacer posible la reproducción de su dominación a largo plazo. Un caso clásico fue la primera legislación fabril y más reciente tras la IIª Guerra Mundial, el estado de bienestar. Es decir, que toda una serie de medidas económicas del Estado relativas a la reproducción ampliada de la fuerza de trabajo, le han sido impuestas por las luchas de la clase obrera en torno a sus necesidades populares, desde la seguridad social a la prestación por desempleo. Por tanto, las famosas funciones del Estado capitalista dependen directamente de la intensidad de la movilización obrera y popular, ya sea como efecto de las luchas o como tentativa del Estado para desactivarlas por anticipado.

Las funciones económicas del Estado se articulan al ritmo de la acumulación y reproducción del capital, ello causa que existan contradicciones entre el papel económico y su papel en el mantenimiento del orden y la organización del consentimiento, ya que por sí mismas, las medidas económicas como los recortes sociales, el pago de la deuda, subvenciones + reducciones fiscales a los monopolios, crecimiento gastos militares, etc., generan desórdenes difícilmente controlables por el Estado, poniendo en entredicho la imagen del Estado capitalista como garante del bienestar y el interés general al revelar su subordinación a los intereses del capital, sea nacional o extranjero, sea Estado dominante o dependiente.

En consecuencia cada vez es más difícil para el Estado ajustar su estrategia económica a su política general de organización de la hegemonía. Debe adoptar medidas esenciales para la reproducción del capital incluso cuando esto crea problemas graves para su hegemonía, agudizando las contradicciones en el seno mismo del bloque en el poder y frente a las clases dominadas. La política del Estado es resultado de esas contradicciones no antagónicas entre aparatos del Estado y en el seno de cada uno de ellos. Se comprende por qué el establecimiento del interés político general y a largo plazo del bloque en el poder bajo la hegemonía de una fracción de la clase dominante, marca también los límites de su autonomía relativa frente a la oligarquía financiera (fracción hegemónica) en los períodos de crisis económica. Estamos ante una política económica contradictoria en sí misma, entre las necesidades de la acumulación del capital financiero y la realización de compromisos y la organización del consentimiento de las clases dominadas.

No sólo las funciones político-ideológicas del Estado están subordinadas a su papel económico, sino que las funciones económicas están directamente encargadas de la reproducción de la ideología dominante, ahí tenemos el desplazamiento de la ideología dominante hacia el tecnocratismo y la imagen del Estado como garante del crecimiento y el bienestar bajo el capitalismo monopolista de Estado. La ideología jurídico-política del interés general cede el lugar a una ideología tecnocrática de la eficacia y el crecimiento económico.

Las intervenciones económicas del Estado parten de las relaciones de producción con la aplicación de contratendencias a la caída tendencial de la tasa de ganancias del capital. El conjunto de medidas económicas del Estado se articula en torno a este papel fundamental. Por un lado, la desvalorización de una parte del capital constante, que eleva la tasa media de ganancia, y por otro, la elevación de la tasa de explotación-plusvalía mediante la elevación de la productividad (cualificación de la fuerza de trabajo, innovaciones tecnológicas) y el abaratamiento de la fuerza de trabajo mediante la elevación de la plusvalía absoluta (reformas laborales para reducir salarios y costes de despidos). La contratendencia principal y dominante a la caída de la tasa de ganancias reside en la elevación por el Estado de la tasa de plusvalía y explotación que depende de la correlación de la lucha de clases.

Necesaria se hace la intervención del Estado hacia la fuerza de trabajo, desde los transportes hasta los sistemas de formación reproduciendo la fuerza de trabajo a favor del capital de manera más eficaz que si lo hiera el capital mismo. La elevación de la productividad y la cualificación de la fuerza de trabajo para desarrollar la explotación intensiva de la fuerza de trabajo, la plusvalía relativa, asigna al Estado un papel esencial en la reproducción ampliada de la fuerza de trabajo que se extiende más allá del proceso de cualificación. Toda una serie de acciones del Estado en la investigación científica e innovaciones tecnológicas, en las reestructuraciones industriales, la enseñanza y formación profesional, y también en dominios como la vivienda, la sanidad, los transportes, el consumo colectivo (salario indirecto-prestaciones sociales), el ordenamiento del territorio, ayuda al capital, se articulan en torno al papel del Estado en la reproducción de la fuerza de trabajo.

La acción del Estado debe recaer sobre las mismas relaciones de producción a fin de imponer modificaciones para hacer posibles la elevación de la productividad de la fuerza de trabajo y el aumento de las plusvalías relativa y absoluta. Estas medidas convierten al Estado en el promotor directo de la concentración/centralización del capital y su transnacionalización. Implica también forzosamente desvalorización de ciertas partes del capital, transferencia de la plusvalía del capital no monopolista al capital monopolista. Ello no quiere decir que la desvalorización del capital se realice sólo a través del Estado. Se produce también en el mismo proceso económico por medio de las crisis económicas y por la acción del capital monopolista (concentración y centralización del capital) frente a otros capitales: quiebras, absorciones, concentraciones. Partes enteras del capital deben perecer para que otras crezcan. Lo dicho se aplica igualmente a los casos de ayuda del Estado al capital monopolista en detrimento de otros capitales (subvenciones, pedidos públicos, tarifas preferenciales, etc.). Las inversiones del Estado en infraestructuras tiende a conseguir que una parte del capital funcione a una tasa de ganancia inferior a la media, mediante la transferencia de plusvalía al capital privado, o incluso a una tasa nula o negativa a fin de contrarrestar a favor del capital monopolista la caída tendencial de la tasa de ganancias (Estado, poder y socialismo. Poulantzas).

La especialización de los aparatos del Estado da una imagen deformada, limitando el Estado al ejercicio de la represión y a la reproducción de la ideología dominante, ya que existen una serie de aparatos que cumplen las funciones económicas, los aparatos fiscal, bancario e industrial del Estado, además de la administración, la magistratura, el ejército, la escuela, la iglesia, los medios de comunicación, etc., que sin ser aparatos económicos juegan también un papel económico en la defensa acérrima de la propiedad capitalista. Este aparato manifiesta los límites de las opciones políticas y tácticas posibles en la organización de la hegemonía de clase. Este aparato económico del Estado es una de las sedes privilegiadas de la oligarquía financiera, de la fracción dominante en el bloque de poder, que desempeña un papel orgánico en la reproducción del ciclo del capital. Si el capital financiero ocupa un lugar privilegiado es en la medida en que este aparato cumple funciones económicas generales del Estado en la actual fase del capitalismo monopolista de Estado. La decadencia del parlamento y de las instituciones de la democracia representativa a favor del ejecutivo, el retroceso del papel de los partidos políticos frente a la burocracia de los expertos y la administración del Estado, se debe al creciente papel económico del Estado capitalista.

Sería un error ver al aparato económico escindido en dos partes, el técnico-administrativo como neutro válido para cualquier política, y un aparato político económico que concentra las disposiciones del Estado a favor únicamente de la fracción hegemónica del capital monopolista. Esta ilusión que ve una doble naturaleza en el Estado tiene sus raíces en la concepción tecno-economicista del proceso de producción, donde las fuerzas productivas son captadas a un nivel autónomo de las relaciones de producción, limitándose la lucha de clases en la economía. Ello supone una escisión entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción que luego se localiza de forma desdoblada en el Estado. Así tendríamos un aparato económico correspondiente al desarrollo de las fuerzas productivas, que cumpliría no sólo las funciones en el Estado capitalista, sino también las funciones socialistas correspondientes a su socialización, aparato esencialmente técnico-administrativo que no cabría transformar en una transición al socialismo. Y un aparato político económico, correspondiente a las relaciones de producción y a la lucha de clases, super-Estado de los monopolios, único que abría de ser superado. (Estado, poder y socialismo. Poulantzas).

El tecnocratismo de parte de la izquierda continúa tendiendo a ver al Estado como una institución racionalizadora que puede ser dirigido por “expertos de la izquierda” para efectuar la transición al socialismo. Es el margen de las ilusiones keynesianas, el capitalismo organizado y planificado, que lograría a través de la intervención ilimitada administrar las crisis. En realidad el Estado capitalista sólo puede intervenir sobre las consecuencias de la crisis sin llegar a las causas profundas de las crisis. Estas ilusiones omiten que límites de la actuación del Estado son las relaciones de producción capitalistas, y que el Estado sólo puede existir a condición de que quede garantizado tales relaciones que aseguran la explotación de la clase obrera, o sea, su exclusión del poder real de los medios de producción. Por tanto, el Estado capitalista está constituido por un límite negativo a sus medidas que no pueden afectar al núcleo de las relaciones de producción.

La acción del Estado se constituye como un conjunto de medidas puntuales que responde a unas condiciones preestablecidas del proceso de valorización de capital, proceso no controlable por el Estado. Hoy bajo la acumulación neoliberal más que un Estado omnipotente estamos ante un Estado puesto entre la espada y la pared. La reproducción no puede ser controlada sin una intervención en el núcleo de las relaciones de producción, porque no pueden controlarse los efectos sin llegar a las causas. En lo fundamental las medidas del Estado son intervenciones a posteriori, que tratan las consecuencias y los síntomas del proceso económico. Las intervenciones estatales a priori apenas pueden ir más allá de garantizar la reproducción del capital y los superbeneficios del capital financiero. Ahí es donde residen los límites de la planificación capitalista.

Esta conexión del Estado con las relaciones de producción hace que los recursos de que dispone estén limitados. El límite a la apropiación de rentas que fija el Estado a través del impuesto reside en la ganancia del capital, de la cual no es posible echar mano más allá sin poner en peligro el proceso de reproducción, o sea, el funcionamiento capitalista de la economía. Y son estos límites a la intervención del Estado los que remiten a la acción de la lucha de clases contra las medidas del Estado a favor del capital. En consecuencia, la transformación del aparato económico estatal para una transición al socialismo, se plantea antes incluso de que se vea afectado el núcleo de las relaciones de producción capitalistas. No se puede proceder a una planificación real de la economía, impedir la fuga de capitales, controlar los precios, la inflación, aplicar el impuesto progresivo sobre las fortunas y el capital, manteniendo intactos los aparatos del Estado y confiando exclusivamente en una modificación de la orientación política.

3.1.8 Autoritarismo del Estado y decadencia de la democracia representativa ¿El fin del consentimiento?

El autoritarismo estatal está caracterizado por la decadencia de las instituciones de la democracia política y las restricciones de las libertades formales, de predominio de la coerción, lo que tiene como consecuencia un debilitamiento de la legitimación ante las clases populares. Corresponde a la fase actual del imperialismo en los países dominantes donde determinada forma de democracia política y representativa parece superada ya bajo el capitalismo monopolista de Estado.

El autoritarismo estatal reside también en la instalación de todo un dispositivo institucional preventivo frente al ascenso de las luchas populares y los peligros que representa para la hegemonía de la clase dominante en épocas de crisis. La crisis económica y el paro contribuye a deshacer el consenso social fundado en el crecimiento y el bienestar. Contradictoriamente el autoritarismo del Estado no es una simple respuesta a la crisis, sino la respuesta a una crisis a la que contribuye a producir, ya que las contratendencias a la caída de la tasa de ganancias, aplicadas por el Estado para salir de la crisis, se convierten en factores de una crisis que va más allá de la crisis económica, crisis política e ideológica, crisis del consenso dominantes-dominados. El creciente papel económico del Estado capitalista donde ser revela la subordinación a los intereses del capital es la causa de la decadencia del parlamento y de las instituciones de la democracia representativa a favor del ejecutivo, del retroceso del papel de los partidos políticos frente la administración y la burocracia de los expertos.

El lugar preponderante del parlamento como poder legislativo, se basaba en la promulgación de normas universales y formales. En la lucha contra el feudalismo era la encarnación de la voluntad del pueblo frente a la arbitrariedad del rey, el parlamento correspondía a esa institucionalización de la ley como encarnación de la razón universal, el control del gobierno y la administración por el parlamento.

En la actualidad la distinción entre poder legislativo y ejecutivo se esfuma, el dictado de normas y de reglas se desplaza hacia el ejecutivo (gobierno) y la administración. La legitimación encarnada por el parlamento, cuyo marco referencial era la racionalidad universal, se desliza hacia la racionalidad de la eficacia, encarnada por el poder ejecutivo y la administración estatal. El parlamento pierde la iniciativa de las proposiciones de ley que recaen en el ejecutivo, los proyectos de ley son puestos a punto directamente por la administración estatal. El ejecutivo y la administración monopolizan el papel de organización y dirección del Estado, de elaboración del interés político general a largo plazo y reproducción de la hegemonía del bloque en el poder.

La decadencia del parlamento está relacionada con transformaciones en el funcionamiento institucional de los partidos políticos del régimen, en los cuales se incluyen los partidos de la derecha neoliberal y los partidos socialdemócratas reconvertidos al social-liberalismo. Más que lugares de elaboración de los compromisos y alianzas sobre la base de programas, estos partidos se constituyen como correas de transmisión de las decisiones del ejecutivo estatal. La legitimación se desplaza hacia los medios plebiscitarios y manipuladores de la opinión pública (medios de comunicación) dominados por la administración, el ejecutivo y el capital financiero. Ello repercute en la organización de los partidos del poder. Estos partidos se transforman en simples canales de propaganda de la política del Estado decidida en gran parte fuera de ellos, dando lugar a la desideologización y su transformación en partidos donde cabe todo. El abanico de opciones políticas ofrecidas a la ciudadanía entre los diversos partidos se reduce considerablemente, siendo un rasgo dominante la alternancia bipartidista presente en la mayoría de las democracias burguesas occidentales de EE.UU. y Europa.

El desplazamiento de la responsabilidad gubernamental del parlamento hacia el ejecutivo entraña la restricción de los poderes del parlamento sobre la administración y la independencia del gobierno con respecto al parlamento. Esa limitación de poderes afecta igualmente a los diputados de la mayoría gobernante, también son reducidos al papel de masa de brazos de madera/masa de maniobra del gobierno. El hilo partido-diputados-administración pasan casi exclusivamente por el vértice del ejecutivo, los gabinetes ministeriales, que los convierten en su dominio reservado.

En consecuencia, el autoritarismo del Estado se caracteriza por la dominación del ejecutivo y la alta administración y por la intensificación del control del ejecutivo sobre el conjunto de la administración por medio de los ministerios, donde los gabinetes ministeriales son los centros efectivos de control de la administración. La independencia de la burocracia estatal con respecto al parlamento no hace más que reforzar la subordinación de sus altas instancias al ejecutivo presidencial y gubernamental.

Los diversos intereses económicos están presentes en el seno de la administración. La hegemonía del capital financiero monopolista se efectúa bajo la égida de la administración y el ejecutivo. La política económica es negociada fuera del parlamento. Las escuelas superiores son los viveros del personal de las grandes empresas y los gabinetes ministeriales, que son los focos de expresión directa de los grandes intereses económicos en la administración. Esta considera a las diversas fracciones del capital y sobre todo a los dirigentes de sus empresas, como sus interlocutores privilegiados, mientras que ella misma se erige en representante legítimo de los intereses monopolistas vistos domo la encarnación del progreso tecnológico, de la potencia económica. Incumbe a la administración la representación de los intereses del capital financiero monopolista como “interés general y nacional”, y por tanto el papel político ideológico del capital financiero monopolista. Este proceso se acopla a la institucionalización de todo un entramado de circuitos informales y cerrados: comisiones permanentes o provisionales, grupos de trabajo, comités de expertos. La política estatal se elabora bajo el sello del secreto erigido como “razón de Estado”, mediante estos mecanismos ocultos, mediante un régimen de procedimientos administrativos que escapa a todo control público. Lo cual representa una alteración de los principios de la democracia burguesa representativa.

Aquí aparece el partido político como partido del Estado capitalista que asume el papel de unificar y homogeneizar la administración del Estado, de asegurar la lealtad al ejecutivo. Este partido fuertemente unificado pasa a ser la correa de transmisión entre el ejecutivo y la administración del Estado y está controlado por la cima del ejecutivo (presidente + primer ministro + gabinetes ministeriales). El partido dominante ocupa la alta administración, coloca en ella sus peones, monopoliza los puestos de mando. En virtud de la politización de la administración los funcionarios se polarizan hacia el partido gobernante en tanto que éste coloca a su personal de confianza. Los círculos dirigentes del partido y el gobierno están compuestos cada vez más por funcionarios públicos. De ahí se deriva la creación de los intereses corporativistas basados en la ocupación de puestos, distribución de las prebendas estatales, malversación de los fondos públicos para fines del partido, el tráfico de influencias entre el partido gobernante y el Estado, la inmersión del partido dominante en la especulación y los negocios. Estos rasgos siempre han caracterizado al Estado burgués, pero hoy en su fase de capitalismo monopolista de Estado adquiere dimensiones enormes.

La pérdida del poder gubernamental puede significar la pérdida de toda una serie de privilegios materiales, así como el riesgo de desintegración de un partido cuya importancia reside en su papel específico dentro y no fuera del Estado. No obstante, el bipartidismo y la alternancia regular de los partidos evita esa desintegración (laboristas/conservadores en Gran Bretaña, PP/PSOE en España, CDU/SPD en Alemania, demócratas/republicanos en EE.UU.). Los partidos transcienden la alternancia cristalizando como el partido dominante incrustado en el aparato central del Estado capitalista, permitiendo la intercambiabilidad de equipos entre los diferentes partidos e incluso la cohabitación en el gobierno, lo cual induce a la decadencia de la democracia representativa y las libertades formales (Estado, poder y socialismo. Poulantzas).

3.1.9 La función histórica del derecho

A fin de asegurar su reinado, los poseedores de los medios de producción hacer creer que sus instituciones son sagradas y eternas, que no tienen nada que ver con las relaciones de producción existentes, que no son relaciones de lucha de clases. Es como si la religión, la moral y el derecho fueran la causa de la producción social y de la distribución de los bienes. Falsa representación de la realidad conforme a los intereses de la clase dominante y explotadora. Si se considera que las reglas jurídicas emanan de la razón o de la naturaleza humana, en lugar de considerar que emanan de relaciones sociales de la producción históricamente concretas, se hace de ellas entidades que se bastan a sí mismas y se pierde de vista aquellas que sin las cuales no existirían. El único método científicamente válido consiste en no aislar la superestructura que se estudia de las relaciones de producción en vigor.

La aparición del derecho, que nada tiene que ver en virtud de un decreto o de la voluntad humana, se ha producido como consecuencia de las transformaciones del modo de producción primitivo, al pasar de la propiedad colectiva a la propiedad privada. Por tanto, el derecho hace su aparición en la historia en un proceso de desarrollo de la vida material encadenado a la instauración de la propiedad privada. No transciende al ser social ni es inmanente a cualquier tipo de sociedad. Se puede hablar de historicidad del derecho, únicamente por el hecho de que no tiene autonomía ni historia propia, la historia de las relaciones sociales que reglamenta es la de la sociedad y no se manifiestan más que en el curso de la historia de las formaciones sociales (esclavistas, serviles, capitalistas), y no la de esas formaciones sociales desde el punto de vista jurídico. Ya que si se hace así, se separa el derecho de su contexto real y se hace de él una idea, un concepto regido por la justicia, lo que conduce a concluir que el desarrollo de la historia y la sociedad está regido por la idea y no por el proceso de desarrollo dialéctico material.

En la ideología alemana Marx anticipa que el derecho lo mismo que la religión no tiene existencia propia, resulta de determinadas condiciones de vida materiales a las cuales queda ligado, y no es producto de una idea, sino expresión de unas relaciones sociales de producción. Presentar el derecho sin relacionarlo con su base es mistificarlo. Y si se presenta como la manifestación de una idea de la justicia éste aparece como externo a la realidad concreta hacia la que interviente, y en consecuencia, superior y anterior a la realidad social. El materialismo histórico rechaza toda idea de un derecho natural inherente a la naturaleza o a la razón humana, anterior y superior a la sociedad y si el derecho y el Estado son de esencia socioeconómica, la sociedad no es de esencia jurídica.

Y en el Prólogo de 1859, Marx argumenta de que tanto las relaciones jurídicas como las formas de Estado no pueden comprenderse por sí mismas, ni por la evolución del espíritu humano, que radican en las condiciones materiales de vida, y la anatomía de la sociedad civil hay que buscarla en la economía política.

Detrás del derecho se perfilan las relaciones sociales que nacen en la producción social. Son independientes de la voluntad de los individuos, están determinadas por causas objetivas, corresponden a un cierto grado de desarrollo de las fuerzas productivas y de las relaciones de producción y su conjunto constituye la infraestructura de la sociedad. En tanto el derecho como forma de la conciencia social, es una parte de la superestructura que se eleva sobre esta base real, que conjuntamente forman el modo de producción. Para explicar el derecho hay que comenzar por conocer su determinación, su base. Es en consecuencia, en estrecha conexión con esta base, cómo hay que enfocar el sistema jurídico tanto en el presente como en el pasado. El derecho por sí solo no evoluciona, lo que evoluciona es el modo de producción, y desde el momento que no posee una evolución propia, no puede tener tampoco historia propia.

La propia organización del Estado capitalista no es una simple apariencia mistificadora relejo del fetichismo de la mercancía. El fundamento del Estado y del derecho se encuentra en las relaciones de producción y la división social del trabajo que esas relaciones instauran. No se trata sólo de la ideología formulada por los intelectuales orgánicos de la burguesía, sino también de las formas espontáneas de la ideología surgidas por la división social del trabajo, directamente encarnadas en los aparatos del Estado y sus prácticas.

Si en el curso de la historia se advierten variaciones del derecho, no es porque los individuos hayan hecho un esfuerzo intelectual por hacer prevalecer una idea absoluta de justicia dada a priori en su conciencia, sino porque las causas materiales, socioeconómicas, han sido modificadas, independientemente de la inteligencia y conciencia de los individuos. La conciencia no deja por ello de desempeñar su papel en los cambios del derecho, pero interviene a posteriori, una vez en que ha surgido el conflicto de las nuevas fuerzas productivas y las relaciones de producción-explotación o lucha de clases que alcanza a todo el modo de producción incluyendo la superestructura. Es ahí cuando se adquiere conciencia del conflicto y se lucha por resolverlo. Es decir, que en un momento de su desarrollo, las fuerzas productivas por medio de la lucha de clases entran en conflicto con el modo de producción, y también con su expresión jurídica.

El derecho es en esencia, aquel que tiene directa o indirectamente por objeto la propiedad privada, de los medios de producción. Es la voluntad de la clase dominante erigida en ley, dominante en virtud de las relaciones de producción. Este se ha mutado bajo la sombra de todos los cambios de los modos de producción y de las clases dominantes. El derecho es un orden con vistas a mantener y asegurar el funcionamiento del modo de producción y las relaciones que impone, bajo la amenaza de la violencia a toda la sociedad. Lo que caracteriza al derecho y al Estado, la coerción y la fuerza, no lo es por virtud propia, ni consecuencia de la arbitrariedad, sino consecuencia de las relaciones de producción, de explotación y dominación, y si se manifiesta bajo los rasgos de la violencia es porque dichas relaciones son relaciones socioeconómicas de fuerza y debilidad, relaciones de lucha de clases. Es decir, que es un medio de coacción y opresión, poseído por las clases dominantes sobre el resto de la sociedad. Cualquiera que sea el grado de esta explotación y la intensidad de la dominación no cambia su naturaleza. Si el derecho y el Estado es un modo de coacción y opresión desde el punto de vista de su naturaleza, poco importa que esta coacción sea más o menos frecuente, más o menos violenta, con más o menos consenso. El derecho y el Estado no es más que un instrumento de opresión de la clase dominante, es la expresión directa de relaciones sociales antagónicas, y no existe (junto al Estado) más que para mantener el dominio clasista, concebirlo como idea, es resignarse al estado de cosas existente.

En todo modo de producción se percibe una clase que después de haber sido progresista, se convierte en conservadora. Esta clase lucha por mantener las relaciones de producción, desempeñando el papel dominante y explotador. Detrás de las nuevas fuerzas productivas, se ve a una nueva clase que se rebela contra las condiciones de vida que le son impuestas, condiciones que ya no corresponden al nuevo modo de producción que ella misma es portadora. Es la clase oprimida y explotada, que se encuentra a la vanguardia del progreso y que termina por triunfar sobre sus opresores en virtud de la ley dialéctica del desarrollo de la sociedad y la historia. La clase ascendente, explotada y oprimida no puede vencer sino hace valer las nuevas fuerzas productivas de la cual forma parte, si no es portadora de un nuevo modo de producción. En lo que respecta a la clase dominante, encaminada a su caída, el modo de producción caduco ya no se apoya en las nuevas fuerzas productivas, por lo que para mantenerse las relaciones de producción atrasadas tienden a manifestarse con un grado mayor de opresión y violencia.

La revolución socialista abolirá la propiedad privada y capitalista de los medios de producción, pero el Estado, este ya proletario, su aparato coercitivo y el derecho, no será abolido de inmediato. Cuanto más pronto se edifique la nueva sociedad sin clases más pronto desaparecerá. En este Estado la clase obrera se afirmará como clase dominante, y será la expresión jurídica de sus intereses, como el Estado burgués lo fuera de los intereses de la burguesía. Todos sus otros actos, consistentes en la lucha contra la burguesía contrarrevolucionaria, la construcción del socialismo, la formación comunista de las masas, serán actos tanto de la clase obrera como de un Estado socialista que se extinguen. Lejos de ser abolido de un plumazo como querrían los anarquistas y lejos de instalarse de forma permanente como apiraban los Estados presocialistas, el Estado y el derecho socialista se extinguirá paralelamente con la clase obrera misma.

Es necesario comenzar, desde el principio del triunfo de la revolución por combatir la división del trabajo, que está en el origen del Estado y el derecho, pero también en el de la propiedad privada de los medios de producción. Abolir el principio burgués de la separación de poderes, y sustituirlo por el de la unidad del poder, extinguir paulatinamente las barreras entre trabajo manual e intelectual, ciudad y campo, burocracia y productores, de manera que como decía Lenin en el Estado y la revolución que cada uno se “burocratice” un poco para que nadie pueda convertirse en un burócrata por completo. El Estado socialista será también un estado coaccionador, y el derecho socialista será un derecho desigual, y esta desigualdad subsistirá hasta que la producción de bienes alcance la abundancia. Mientras tanto, la clase obrera tendrá en cuenta las desigualdades naturales de los individuos (inteligencia, destreza, rendimiento, etc.) a fin de que esas desigualdades sirvan de criterio para la remuneración, de cada cual según su capacidad a cada cual según su trabajo (a igual cantidad de trabajo, igual cantidad de productos ). En la segunda fase no habrá clase obrera ni división del trabajo, pudiendo cambiar de ocupación libremente, el Estado y el derecho no serán más que un recuerdo, los individuos serán compensados según sus necesidades, no existiendo por ello antagonismo alguno, ni posibilidad de controversias jurídicas.

Si se admite con Marx, que no es el derecho y el Estado el que crea las condiciones materiales de vida, sino a la inversa, que son las condiciones materiales de vida las que crean al derecho y al Estado, no se cometerá el error de tratar únicamente de reformarlo, de hacerlo más justo, como plantean los socialdemócratas, sino que se intentará atacar sus bases materiales, el modo de producción capitalista. Por el contrario, si se reconociese al derecho autonomía, se reconocería que éste puede alcanzar por si la igualdad y justicia absoluta, acarreando por medio de esta evolución la desaparición del derecho. El propio marxismo-leninismo admite que el derecho desaparecerá en la fase superior de la sociedad comunista, pero esta desaparición será consecuencia del desarrollo dialéctico de las condiciones socioeconómicas, y no de una evolución del propio derecho.

La idea de justicia, es una idea de la igualdad en la desigualdad. Acepta la desigualdad de condiciones de los individuos y construye una nivelación jurídica, lo que no es más que una ilusión, una igualdad formal. No existe el derecho igual, pues si el derecho fuera igual no tendría necesidad de existir. Desde el momento en que existe, debe existir una desigualdad material. Si fuera la idea de la justicia la que gobernase el nacimiento del derecho, éste tendría una existencia propia, independiente de la producción y reproducción de la vida material y de la lucha de clases. Estaríamos reconociendo que es la idea absoluta hegeliana, la que gobierna la historia humana, cuando es la producción, la economía política el fin último del movimiento real de la historia. Los conflictos de opinón, litigios, en los cuales en los cuales se trata de la oposición de intereses materiales demuestra lo contrario. Si hubiera realmente un espíritu objetivo el que regulase las relaciones humanas, no habría conflictos sociales e individuales, ni justicia, ni derecho.

El problema de la igualdad, no es un problema jurídico de igualdad ante la ley, sino un problema socioeconómico que debe ser resuelto en la producción. La distribución de los medios de consumo es un corolario de la distribución de las condiciones de la producción, una distribución distinta a la actual de los medios de consumo bajo el capitalismo, sólo puede darse mediante la modificación de las condiciones materiales de la producción, mediante la propiedad colectiva de los medios de producción. Marx lo ve así cuando la igualdad que interviene en la economía capitalista que presenta en el mercado al capitalista y el obrero como mercaderes iguales, es en realidad una igualdad formal. Si éste último vende su fuerza de trabajo, es porque su posición en la producción, donde no posee nada más para subsistir, lo obliga a hacerlo objetivamente. La igualdad formal en el mercado no es más que una apariencia, en realidad gobierna la desigualdad, la misma que existía entre amo y exclavo, salvo que el esclavo moderno es “libre” de morirse de hambre, y que su “amo” capitalista no le impone esta condición por el uso de la fuerza bruta.

El contrato de trabajo cuya definición se encuentra en los códigos civiles, no es un acuerdo de voluntades libres entre los contratantes, sino que es un acuerdo en el cual uno es social y económicamente más fuerte, e impone su voluntad al otro que es más débil. No hay ninguna razón para que estas relaciones sean diferentes por mucho que se desdibujen en el plano jurídico.

En tal sentido, si nos basasamos únicamente en las constituciones de cualquier país capitalista moderno, en los que se declara que todos los ciudadanos son iguales en derechos y que el derecho de propiedad está garantizados a todos, se puede llegar a creer que no hay diferencia alguna entre los poseedores del capital y los poseedores de la fuerza de trabajo. Lo cual es falso, porque la realidad económica reposa sobre la desigualdad, y porque si el derecho de propiedad correspondiera a todo el mundo, éste no tendría necesidad de existir, porque el derecho en general sólo puede ser concebido en la desigualdad (Marx, Crítica del Programa de Gotha).

En el socialismo hay una igualdad que no es formal, sino real, por el hecho de que el plusproducto producido por la fuerza de trabajo, en lugar se serle arrancada al productor, se le devuelve bajo la forma de aumento de la renta social, al estar abolida la propiedad privada de los medios de producción. Y ello aunque subsista el derecho burgués, desigual, de reparto de la retribución económica de los productores en función de las cantidades de trabajo aportadas por rendimientos desiguales. El derecho igual sólo hará aparición en un tipo de sociedad, la fase superior de la sociedad comunista, que permita un reparto de bienes de consumo sin que se tengan en cuenta estas diferencias individuales, mediante la supresión de la división del trabajo, la desaparición de las diferencias técnicas, y la realización de la abundancia de bienes de consumo, que permita la distribución en base al principio de “a cada cual según sus necesidades”. Este derecho igual no será derecho, se extinguirá, porque el derecho siempre es desigualdad.

Otro tanto ocurre con el concepto de democracia. Cuando un puñado de individuos posee los medios de producción, no puede existir una democracia real, única para todo el mundo, a menos que renuncie a su situación de privilegio. La verdadera democracia necesita de la igualdad de las condiciones económicas y esta igualdad no existe en la sociedad capitalista.

Y también sucede con la libertad. Mientras haya un Estado y un derecho, aún socialistas, no será plena. No obstante, el tratamiento de la libertad será diferente bajo el socialismo, en lugar de someterse a una necesidad ciega regida por las leyes de la economía, el individuo nacido de la revolución socialista, sin pretender modificar esas leyes, hará todo lo posible por dominarlas y en lugar de una economía competitiva y anárquica, habrá una economía planificada y racional, gobernada no por los vaivenes del mercado, sino por la voluntad de satisfacer las necesidades inmediatas de forma creciente de toda la sociedad.

3.2 ¿Quién desaparecerá antes, el Estado o el capitalismo?

Los intelectuales pro-capitalistas de la Globalización ven tal proceso como algo exclusivamente tecnológico: internet, satélites, biotecnología, ingeniería genética, etc, pero tales análisis nos ocultan interesadamente que todo desarrollo tecnocientífico de las fuerzas productivas transcurre dentro de unas determinadas relaciones sociales de la producción capitalista, de la misma manera también ocultan el carácter de los Estados, otorgándoles el papel de un carácter técnico, y neutro en la lucha de clases, y cuando no vaticinan su disolución.

Frente a tal planteamiento de los brujos modernos del establisment capitalista, quienes nos consideramos marxistas-leninistas debiéramos hacernos las siguientes preguntas: ¿Presenta la Globalización capitalista una tendencia a la disolución automática de los Estados? ¿Prevalecerá el capitalismo cuando esto suceda? ¿Será necesaria la conquista revolucionaria del poder político? Para responder a estas incógnitas es necesario hacer un previo análisis sobre el término Globalización y los cambios habidos en el capitalismo en el nuevo modelo de acumulación neoliberal.

3.2.1 Globalización ¿Mito o tendencia dialéctica del Modo de Producción Capitalista?

El capitalismo dejó de ser un sistema progresivo desde fines del S.XIX. Lenin definió al imperialismo como fase superior del capitalismo en estado de descomposición, por la creciente contradicción entre la socialización de la producción mundial y la apropiación privada basada en el desarrollo desigual, desarrollo versus subdesarrollo, acumulación de riqueza en un polo y acumulación de pobreza en otro. Lenin situaba que el capitalismo en su última fase, el imperialismo, rompe su estrecho marco de Estado nacional entrelazándose toda la economía mundial en una sola cadena, agudizando la dependencia de los países menos avanzados. Por su naturaleza el imperialismo crea las condiciones materiales para que surja una división del planeta entre el llamado capitalismo central y el capitalismo periférico, y es en este marco donde sigue siendo necesario hoy reivindicar un NOEI que rompa el intercambio desigual que la cadena imperialista impone. Esa es la globalización real del capitalismo y no lo que los nuevos tecnócratas neoliberales nos quieren vender.

Además, el proceso de globalización empezó hace siglos, cuando continentes enteros fueron conquistados, colonizados y explotados primero por los imperios y luego por las potencias imperialistas. Millones de esclavos fueron obligados a trabajar en las minas y los minerales extraidos, llevados a Occidente, a los imperios, o Estados imperialistas, y las tierras eran cultivadas para cubrir las necesidades del occidente capitalista.

La variante de nuestra realidad presente no puede ser más contundente, en el mundo capitalista la denominada Globalización que suprime los Estados, es un mito. Mientras los Estados imperialistas crecen otros Estados dependientes no lo hacen. Lo que se globaliza es el capital y su modelo de acumulación neoliberal en su fase IMPERIALISTA donde la acumulación de capital se produce de forma auto-centrada a nivel mundial en torno a los TRES centros imperialistas dominantes y competidores: EE.UU, Japón-Asia Pacífico y la UE hegemonizada por el imperialismo alemán.

El surgimiento del imperialismo hace que el capitalismo se vuelva un sistema mundial donde los países más atrasados se integran como países estructuralmente dependientes de los países imperialistas, en lo político, productivo y financiero. Cobra actualidad la definición de Lenin de la supremacía del poder financiero sobre todas las formas de capital, lo que significa la hegemonía de la oligarquía financiera y lo rentista que obtiene enormes beneficios con la emisión de títulos de valor, la especulación inmobiliaria y el control de las acciones, lo que también genera un marco privilegiado para un pequeño número de estados rentista-usureros imperialistas frente al resto de estados-deudores dependientes.

Desde 1917 hasta 1991, el capitalismo con sus potencias económicas al frente (Reino Unido y EE.UU.) vio debilitado su dominio político-militar por el surgimiento de la URSS, los países socialistas y la descolonización, dando como resultado un mundo bipolar con EE.UU. como potencia hegemónica de un sistema capitalista formado por tres centros, con la comisión trilateral (1973), el foro de Davos (1971) y la OCDE (1961) como organismos que buscan amortiguar las contradicciones interimperialistas y desarrollar una política común frente a los países socialistas y los países que se liberaban del colonialismo y eran influidos en mayor o menor medida por el marxismo-lenismo. Con la desaparición de la URSS hemos entrado en una época caracterizada por la hegemonía mundial del imperialismo de EE.UU.

En esta coyuntura histórica es cierto que los marcos del Estado-nación son estrechos para la acumulación de capital, dada las cotas de internacionalización del mismo desde fines del S. XIX hasta la fecha, pero ello no significa que no sean necesarios para regular tal proceso en el marco territorial que actúan, pues siguen teniendo el papel fundamental de reproducción de la relación social capitalista tanto ideológica como políticamente, y son plenamente intervencionistas para reforzar las directrices económicas en lo jurídico, en lo político, en la lucha de clases concreta.
Hasta ahora han existido 3 teorías que definen el desarrollo del capitalismo en la etapa contemporánea de la história: ultraimperialismo, superimperialismo y rivalidad interimperialista. La teoría de la globalización es una extensión de las 2 primeras.

La teoría del ultraimperialismo plantea que la fusión internacional del capital y los monopolios ha avanzado tanto que todas las diferencias nacionales entre los propietarios de capital desaparecen, todo lo que quedaría sería una competencia entre las transnacionales y no una competencia interimperialista entre Estados. El papel de los Estados sería la de defender los intereses comunes de todos los propietarios de capital transnacional contra las crisis económicas, las luchas obreras en el interior de los países imperialistas, la rebelión de los países coloniales o neocoloniales. El debilitamiento de las contradicciones imperialistas conduciría al ultraimperialismo y ante la falta de rivalidad interimperialista tendería hacia un Estado imperialista supranacional y un único consorcio mundial.

La teoría del superimperialismo, presupone una sola potencia imperialista posee tal hegemonía que el resto de potencias pierden toda independencia real y quedan reducidas al rango de pequeñas potencias periféricas. En realidad dicha teoría debe tener en cuenta de que un proceso así no puede apoyarse únicamente en la supremacía militar de la potencia superimperialista, por ejemplo el imperialismo yanqui actual, sino que además debe suponer la propiedad y en control de los centros de producción y concentraciones de capital e instituciones financieras más importantes, ya que sin ese control directo, nada garantiza que el desarrollo desigual del capitalismo bajo el imperialismo altere la relación de fuerzas económicas entre los principales países capitalistas. Los partidarios del análisis del superimperialismo (Poulantzas), ven a las transnacionales yanquis como los amos del mercado mundial y dudan de la competitividad de las transnacionales europeas y japonesas.

El superimperialismo sólo puede realizarse cuando el capital transnacional del imperialismo hegemónico adquiere un grado decisivo de propiedad y control de capital en el interior de sus competidores. Hasta ahora el imperialismo yanqui no ha logrado tal cosa ni en la UE ni en Japón. Desde principios de los 50 las relaciones de fuerza comenzaron a modificarse en detrimento de los EE.UU., de 1953 a 1999 la producción industrial de EE.UU. pasó del 52% al 28,8%, la UE-15 y Japón pasaron del 26% al 41,8%. Todo el desarrollo económico desde la década de los 70 indica que el poderío de los EE.UU. cede espacio de forma progresiva a la UE y Japón en el terreno económico. En 1960 sobre las 200 mayores Transnacionales 127 eran yanquis contra 7 japonesas, mientras que en 1992 la UE contaba con 70, y Japón con 54 frente a las 60 de las EE.UU. Por tanto, no puede decirse que los países imperialistas de Europa occidental, ni Japón hayan caído en el estatuto de periferia, ya que siguen una política comercial, económica y militar independiente, aun cuando esa política se haya ejercido en el marco de una alianza contra enemigos comunes (la URSS, el tercermundo, etc.).

La teoría de la rivalidad interimperialista continúa siendo más válida, ya que la fusión internacional del capital sólo ha avanzado lo suficiente para reemplazar a un mayor número de potencias capitalistas independientes por un número menor de potencias imperialistas. Las contradicciones no desaparecen ni se debilitan, se refuerzan. La novedad de la rivalidad interimperialista de hoy respecto a los tiempos de Lenin, radica por tanto en que sólo destacan 3 potencias imperialistas mundiales que se enfrentan en el seno de la economía capitalista, el imperialismo yanqui, el imperialismo japonés y el imperialismo europeo. Nada de ultraimperialismo ni superimperialismo, continúa la misma estructura de contradicciones imperialistas, el antagonismo capital/proletariado en las metrópolis, países imperialistas/países dependientes y la rivalidad interimperialista. Precisamente el proceso de integración de la UE se ha dado únicamente en el ámbito continental como contrapeso al imperialismo yanqui y japonés, bajo la batuta de Alemania y Francia. Las exigencias de la competencia pesan más que los acuerdos políticos o las nociones de “ciudadanía mundial”, en la conducta de las burguesías imperialistas. La tendencia principal de la lucha competitiva internacional es cada vez más intensa no hacia la fusión del capital a escala mundial, sino al endurecimiento del antagonismo entre las formaciones sociales imperialistas.

Huyendo de posiciones dogmáticas y cerradas podemos incluso admitir que la Globalización sea considerada como un fenómeno cualitativo diferente del capitalismo en la fase imperialista, el cual se debe de investigar y analizar. Pero no podemos admitir aquellas tendencias sobre la Globalización que caen en el mito, al considerarla desde la perspectiva del fatalismo positivista, como ley de gravedad y de carácter anti-dialéctica. Estas tendencias en su conjunto separan el desarrollo de las fuerzas productivas de las relaciones de producción, y de la lucha de clases, niegan el carácter clasista de los Estados e instituciones internacionales, renuncia a la revolución por las reformas y sustituye la dialéctica por la metafísica. Se cae en la vieja tesis izquierdista y reformista que:

• Concibe al Estado como neutro, con capacidad propia de decisión y acción separado de los antagonismos de clase que se producen en la sociedad civil, como si fuera autónomo a los intereses de clase del capital.
• Entiende que el ámbito de intervención del Estado queda mas reducido por la hegemonía del mercado. De tal lectura se macan dos posiciones aparentemente opuestas, o el catastrofismo que vaticina el hundimiento general del capitalismo junto con el poder político que lo reproduce, o la lucha voluntarista contra la economía globalizada que actúa autónomamente (democratismo pequeño burgués, subsidiariedad como fin y no como medio o la mera aceptación de la regulación del mercado), siendo innecesaria en ambas posiciones la lucha por el poder político. Ambas posiciones son además coincidentes en la dogmatización de las fuerzas productivas, desarrollo pacífico hacia la transformación social.
• Concluye que no hay conflictos imperialistas, sino una clase capitalista internacional sin barreras nacionales con capital apátrida. Los capitalistas no tienen ni patria ni Estado imperialista. Traducido del Manifiesto Neo-positivista del anti-marxismo moderno. El “Empire” de Negri y Hardt
• Coloca a la sociedad civil al margen de la lucha de clases y el Estado.
• Niega la conquista del poder político. Se basta a sí solita la sociedad civil (¿cuál?) que engulle el Estado como u un oso hormiguero engullendo hormigas.

Ante tamaña ofensiva revisionista, no está de más recordar desde posiciones comunistas, que para Marx, Engels, Lenin y Gramsci la cuestión del Estado es prioritaria, dado que el problema de toda revolución en general, y de la revolución socialista en particular, adquiere todo su fundamento en la cuestión del poder y el carácter del Estado. Este posee el papel de ser el instrumento de cohesión de todos los elementos de una formación social histórico-concreta, sea en estado puro, o en estado real con la combinación de diferentes modos de producción precapitalistas bajo un modo dominante, el capitalista.

La superestructura jurídico-estatal adquiere el papel de unidad como fundamento del orden social y expresión de la organización política que sobre-determina la reproducción de las relaciones de la producción social, de la lucha de clases dentro de su unidad, en equilibrio.

Equilibrio garantizado por el Estado capitalista, como organización de la dominación política de la clase explotadora, como factor de cohesión, orden y unidad en la conservación de la formación social, a través del bloque dominante que representa a la clase dominante en el ejercicio de su poder político. Y que bajo una coyuntura de ruptura (situación revolucionaria), como nudo en el que se concentran las contradicciones de una formación social, éste equilibrio tiende a romperse por la práctica política revolucionaria de la clase obrera y sus aliados, sobre lo económico, lo ideológico y lo político, que acaban por superar la organización estatal capitalista con un Estado de nuevo tipo, o sucumbenen el intento. Ello depende de la posición que tome la vanguardia política, si esta se limita a la lucha económica o por reformas la situación revolucionaria se supera favorablemente para la clase dominante, o si se dirige hacia la lucha política contra el Estado como fuerza política organizada la situación se supera favorablemente para la clase revolucionaria y sus aliados.

Por el contrario, el planteamiento antropológico y determinista sobre el Estado tiende a ver en lo técnico-económico y la sociedad civil la naturaleza de los cambios de nuestro tiempo y no en el terreno de la lucha de clases. Intelectuales izquierdistas y reformistas recuperan al Marx joven que planteaba la necesidad de la transformación de las relaciones de la producción como objetivo exclusivo, al margen del Estado, que ya hemos visto como la típica reacción espontánea a la lectura universalista del Estado como agente neutral que dominaba en la izquierda hegeliana, en una etapa donde todavía no se descubrió al proletariado como fuerza social revolucionaria. No pensaba así el Marx de La ideología alemana y el Manifiesto, como bien es sabido.

Estas teorías de viejo cuño de la nueva izquierda reformista, seudorevolucionaria, o neoanarquista, ante los teoremas que la lectura fetichista del fenómeno de la Globalización plantea, vuelven en el fondo a rescatar a la teoría del ultra-imperialismo de Kautsky (el cual abandonó la idea del derrumbe del capitalismo por las reformas dentro del sistema) que teorizaba el desarrollo objetivo de la civilización capitalista hacia la centralización política y económica, la unión de todos los imperialismos y Transnacionales en un trust financiero único mundial, a través de un proceso pacífico, sin convulsiones, sin guerras, producto del acuerdo armonioso de los Estados y las clases dominantes, considerando al capitalismo como un sistema carente de contradicción económica y equilibrado definitivamente como mecanismo de explotación. Como efecto de este análisis se concluía que la tarea política del proletariado pasaba por suprimir el carácter agresivo de las potencias imperialistas sin la transformación del capitalismo, basándose en la evolución de lo económico y la ampliación de la democracia dentro del sistema. De esta manera se ignoraba la lucha anticolonial, tomando al imperialismo como una opción política más del capitalismo, ignorando el carácter clasista de la democracia y separando la política del imperialismo de su economía.

Kautsky niega la ley del desarrollo económico y político desigual del capitalismo en la época del imperialismo. Al referirse al ultraimperialismo tomaba un solo aspecto, la tendencia a la internacionalización del capital, y se abstraía de las contradicciones reales del capitalismo monopolista. Hilferding, fundador de la teoría del capitalismo organizado, no se quedaba atrás y basándose en la su definición del capital financiero, llegaba a la conclusión reformista acerca del papel de la internacionalización de los bancos en las transformaciones socialistas. Consideraba que para construir el socialismo el proletariado no necesariamente debía desposeer a los expropiadores y conquistar todas las posiciones dominantes, sino que era suficiente crear un cártel universal encabezado por unos pocos bancos y desde un centro único regular la producción capitalista. La teoría del capitalismo organizado es inconsistente ya que separa dos fenómenos interrelacionados, el monopolio capitalista y la competencia. Como es sabido, el monopolio surgió de la competencia, pero al surgir, no elimina a esta última, sino que existe adquiriendo la lucha competitiva un carácter más agudo. Tampoco eliminan los monopolios la anarquía de la producción y las crisis económicas. El capitalismo organizado como el ultraimperialismo fueron puestos a prueba por las crisis del 29 y el 73 y las dos guerras mundiales.

En sus definiciones, tanto los reformistas contemporáneos como los economistas burgueses reducen el imperialismo a la política, con lo cual aíslan la política de la economía, desestimando las peculiaridades económicas del imperialismo condicionadas por el dominio de los monopolios internacionales, de esta manera se ignora el desarrollo desigual y el hecho del neocolonialismo.

Hardt y Negri se atreven a presentar a EE.UU. como garante “involuntario” del “derecho” global al intervenir en la guerra del golfo, Somalia y Bosnia, y no con el objetivo de reafirmar su primacía, considerando u hecho marginal el que la guerra se hizo en la zona donde se hallan las más importantes reservas de petróleo, e incluso llegan a la aberrante conclusión de que la ONU, las organizaciones monetarias internacionales y humanitarias le piden a los EE.UU. que asuman el rol central en el nuevo orden mundial. “en nombre de la paz y el orden” (Imperio).

Esta teoría neokaustkiana impone una visión cosmopolita abstracta, inducida por la expansión internacional del capitalismo, que considera la reforma como cumbre de la praxis política, donde la explotación de clase, la competencia capitalista entre Transnacionales y Estados, son elementos de los que se puede llegar a prescindir.

Es evidente que la actual etapa neoliberal, de recorte del gasto social público y de agudización de la diplomacia de las cañoneras, rompe la armoniosa concepción del ultraimperialismo, al dispararse la lucha de clases interna y externa y la propia rivalidad imperialista, donde los EE.UU. para hacer frente a sus competidores (UE y Japón) viene realizando una política proteccionista de productos (coches, acero, alimentación, calzado, etc) para frenar la importación, e impulsa la industria militar y las intervenciones militares para mantener su dominio mundial. Pensar aquí que el imperialismo yanqui o cualquier otro en aras de la armonía, pondrá los intereses de la economía mundial por delante de los suyos, es además de una falacia, un error de rigor en el análisis de lo que acontece.

Lenin criticó en su tiempo la teoría ultraimperialista de aquellos intelectuales burgueses que expresaban su opinión de que los monopolios a través de la internacionalización del capital abrigan la esperanza de que la paz entre los pueblos llegará a imperar bajo el capitalismo. Tal opinión la calificó de “un medio de defensa poco honrado del oportunismo de la peor especie” (5).

Para Lenin la forma de lucha entre los monopolios puede cambiar temporalmente, pero su contenido de clase nunca cambia mientras subsisten las clases antagónicas, y si era comprensible el interés de la burguesía alemana de velar el contenido de la lucha económica por el reparto del mundo, era un error oportunista que la socialdemocracia, por medio de Kaustky, se hiciera eco de ese sofisma de la peor especie.

Para Lenin, el imperialismo es la última fase del capitalismo, cuyas particularidades políticas son la reacción social, la intensificación del yugo nacional y el retroceso generalizado de los derechos y libertades que se habían conquistado. Y esto ya lo decía antes del surgimiento del fascismo y el neoliberalismo vigente.

Para Lenin el imperialismo es una etapa histórica en la que el capitalismo ha agotado toda su capacidad de ofrecer algo positivo a la humanidad y se ha convertido en un sistema de destrucción, como si fuera un cadáver, utiliza las expresiones de parasitismo, descomposición y podredumbre.

Para Lenin el imperialismo no es una determinada política de los gobiernos de las grandes potencias o la política preferida del capital como afirmaban y afirman los reformistas partidarios del ultraimperialismo o cualquiera de sus variantes, sino una maquinaria internacional de dominación, en la cual la concentración y el reparto del poder mundial en manos de diferentes grupos monopolistas y potencias, chocan entre sí, rivalizan por el control de los recursos energéticos y los mercados, poniendo como instrumento principal la fuerza militar como arma de conquista.

Para el imperialismo es sustancial la rivalidad interimperialista entre varias potencias en la aspiración por la hegemonía. Cuando Lenin decía eso, la potencia hegemónica era el Reino Unido, pero no era la única potencia que luchaba por la hegemonía, ya que existían otras que aspiraban a un nuevo reparto: Alemania, EE.UU., Italia, etc. Hoy, lo mismo que a principios del S.XX con respecto al Reino Unido, resultaría un tópico decir que los EE.UU. son la potencia hegemónica indivisible, pretendiendo hacernos creer que no hay mas imperialismo que el de EE.UU., presentándolo como poder único y omnipresente, en un momento en el que su hegemonía está siendo cuestionada en todas partes por sus rivales.

A finales del S.XIX el mundo ya estaba repartido, lo que impuso en el orden del día un nuevo reparto colonial y territorial mediante el saqueo y la subyugación de las naciones colonizadas, por medio de la fuerza militar, financiera y económica entre las mismas potencias, y esa fuerza no se modifica de un modo idéntico entre las potencias participantes en el reparto, ya que para Lenin es imposible bajo el capitalismo el desarrollo igual de los monopolios, ramas industriales y países.

Para Lenin las agresiones, las guerras, el militarismo, los conflictos comerciales y económicos, son una de las consecuencias necesarias de la existencia del imperialismo. No existen otras formas para suprimir la desproporción que existe entre el desarrollo de las fuerzas productivas y la acumulación de capital, por una parte, y el reparto de las zonas de influencia para el capital financiero, por otra.

Imperialismo y militarismo no son una opción política de las clases dominantes, una acción conspirativa, codiciosa, de los bancos y la industria militar. Al contrario de la teorías de imperio (Negri) o ultra-imperialismo (Kaustky) el recurso belicista sigue teniendo causa en la acumulación de capital, donde el Estado burgués no es una entidad neutral (visión liberal de Kaustky) la competencia y la rivalidad por las ganancias entre las élites financieras y sus estados imperialistas que les representan, les exige contar con un ejército siempre disponible para controlar los recursos en las zonas más calientes del planeta. Por tanto, si el curso belicista corresponde a las tendencias objetivas del capital derivadas de la competencia por la ganancia, entonces el único camino a la paz era, es y sigue siendo la transición al socialismo y la lucha de los países coloniales y neocoloniales por su liberación de la opresión a la que están sometidos por el imperialismo. La alianza ultraimperialista, multinacional, como proyecto de paz que Kautsky pregonaba es inviable al ignorar la naturaleza conflictiva del capitalismo bajo el desarrollo desigual y las contradicciones interimperialistas, y reaccionaria al sofocar la justa lucha por la independencia de las naciones oprimidas.

En este terreno del análisis, no existe un capital malo belicista y un capital bueno productivo, como los socialdemócratas han planteado a lo largo de las diferentes épocas del imperialismo. Precisamente para Lenin la tendencia bélica del imperialismo tiene su base en el peso internacional de los monopolios industriales necesitados de energía y materias primas, fueron los productores del acero, energía y cemento, los causantes de las grandes guerras de principios del siglo XX, y si en la época de Lenin sólo el dominio colonial garantizaba el abastecimiento del ritmo industrial, hoy lo garantiza el dominio neocolonial del centro imperialista sobre la periferia dependiente. Mientras que los viejos imperios necesitaban capturar colonias para sustraer recursos, el imperialismo contemporáneo obtiene los mismos frutos por medio de la inversión extranjera y la dependencia sin necesidad de capturas coloniales ni de imponer siempre la ocupación militar.

La política de bloques, alianzas y pactos entre unas potencias para hacer frente a otras, es otra consecuencia de la rivalidad interimperialista, que para Lenin son treguas que preparan nuevas confrontaciones entre las potencias que pugnan por el reparto territorial del mundo.

Lenin llegó a la conclusión de que los convenios temporales entre los Estados capitalistas, pese a las contradicciones que les corroen, llegan a ser posibles también cuando se trata de aunar fines para aplastar juntos el socialismo o recuperar las colonias, bajo la forma de una coalición imperialista contra otra, o bajo la forma de una alianza universal de todas las potencias imperialistas, con treguas entre las guerras y en las relaciones internacionales. Pero al mismo tiempo Lenin se pronunció rotundamente contra la metafísica del ultraimperialismo porque se intentaba convencer de que el capitalismo pasaba por una fase nueva: la aplicación de la política de los cárteles a la política exterior, lo que objetivamente llevaría a la paz. Sin embargo, la lucha contra la URSS no fue suficiente para impedir que las potencias imperialistas se vieran enfrentadas en otra guerra mundial. La guerra fría se encargó de atemperar las rivalidades, amortiguando las contradicciones entre ellas para aunar la lucha antisocialista de forma coordinada (OTAN, FMI, UE…) alejando el enfrentamiento militar entre potencias rivales, pero no en otros ámbitos industriales, comerciales y financieros. No podemos ignorar la mutabilidad histórica entre las relaciones interimperialistas, la agrupación y disgregación constantes de las diversas alianzas y coaliciones imperialistas e incluso el retorno a viejas formas de relaciones, que hoy sin el contrapeso de la URSS son más probables que bajo la guerra fría.

Las consecuencias políticas de la teoría del ultraimperialismo, fueron y son nefastas. En primer lugar, encubre las contradicciones internas del imperialismo, y en segundo lugar, introduce la negación de la ruptura de la cadena imperialista en sus eslabones débiles, las luchas antiimperialistas de liberación nacional, la revolución socialista en sus eslabones fuertes, y la imposibilidad de romper el dominio del mercado capitalista que altere la especialización desigual y permita la creación de una base material socialista. Casi nada.

Tal visión reformista sobre el capitalismo en su fase imperialista fundamentó el papel pasivo y cómplice de la socialdemocracia en la Iª Guerra Mundial y hoy nos desvela el papel de la Tercera Vía a favor de las intervenciones militares del imperialismo que persiguen como objetivo político el refuerzo de los aspectos ¡¡¡positivos!!! de la Globalización (¿cuáles?), y la supresión de los aspectos negativos. ¿¿¿La guerra “humanitaria” de Yugoslavia, por ejemplo???.

La nueva versión modernizada del ultraimperialismo se mueve sobre la tesis de la Globalización positiva y controlada, con la creencia abstracta de que otro mundo es posible en el marco de las relaciones mundiales imperialistas, mientras se hace coro y ejecución de políticas neoliberales y guerras imperialistas.

Cuando nos adentramos en lo concreto del asunto descubrimos que no hay posibilidad de otra Globalización bajo el capitalismo de la misma manera que no es posible otro imperialismo de rostro humano, sino procesos revolucionarios y de liberación nacional. Y ello es así porque las clases dominantes de los Estados imperialistas se reservan el monopolio de las fuerzas productivas. Evidentemente el imperialismo jerarquizado en tres centros, no va a tolerar que el monopolio de las fuerzas productivas se “democratice” y caiga en poder de las clases explotadas, sectores oprimidos y Estados non gratos. Incluso organismos como el FMI y el BM dominados por el imperialismo, que son funcionales al sistema de dominación mundial, necesarios para contener la caída de la tasa de beneficios, en ningún momento van a permitir los tres centros imperialistas principales que éstos asuman políticas financieras opuestas a su poder mundial.

Ese planteamiento de la Globalización como versión modernizada del ultraimperialismo, no sólo es defendido por los reformistas, sino también por izquierdistas como Negri (Imperio), que además consideran que el Estado se ha disuelto, que no existen las contradicciones interimperialistas, que las fuerzas productivas se desarrollan aisladamente del marco de relaciones sociales existente, que el desarrollo del capitalismo como centro de gravedad provoca ¡¡¡involuntariamente!!! el socialismo, coincidiendo con la socialdemocracia en la innecesidad de luchar por la toma del poder político, pues lo uno lleva a lo otro, ultra-imperialismo o condiciones ya dadas para el socialismo. No hay Estado, no hay relaciones sociales clasistas y ¡¡¡no hay revolución política!!!. La lucha de clases, la plusvalía, la acumulación de capital, las naciones, el imperialismo ¡¡¡no existen!!!, han sido abducidas por el pensamiento burgues en realidades tan opacas como gente, multitud y Globalización. ¡¡¡Revolución sí, pero en la sociedad civil!!!, claman los neuro-reformistas de nuevo cuño. ¡¡¡Ciudadanos del mundo, rebelaos!!!, claman los sociologistas de la Nueva Izquierda tanto moderada como radical, ilusionados por una tercera vía que ignore la contradicción principal capital-trabajo y hasta el socialismo como alternativa al capitalismo.

Pero pongamos los puntos sobre las íes, porque en cierta medida, Lenin y Rosa Luxemburg hablaban de la tendencia hacia un Trust único mundial como Kautsky considerando por el contrario, que éste no llegaba nunca a su fin, por los desequilibrios y antagonismos económicos, políticos y nacionales (6). Especialistas contemporáneos del fenómeno de la Globalización como Toussaint (presidente del CADMT) (7) también indican que la tendencia de las Transnacionales es hacia el oligopolio, pero que la competencia entre ellas es tan grande que les impide constituirse en cartel mundial.

También señala Lenin que los acuerdos territoriales, comerciales y políticos entre las potencias imperialistas son temporales, y que cuando la correlación de fuerzas cambia, éstos se modifican, por lo que la dominación imperialista no es producto de una cooperación estable y pacífica entre las diferentes potencias, sino efecto de una rivalidad y competitividad creciente, porque bajo el imperialismo no puede concebirse otro fundamento que el reparto territorial del mundo y la compentencia entre Estados imperialistas, trust financieros e industriales (8).

En la actualidad la agudización de la competencia entre los bloques imperialistas de la tríada, se refleja en las fuertes medidas proteccionistas aplicadas en USA, UE y Japón, y en las discrepancias en torno a los conflictos bélicos, como el del petróleo, dada la superioridad militar del imperialismo yanqui con respecto a sus socios competidores. Mientras, la UE y Japón intentan desarrollar su propia industria militar para frenar el dominio del imperialismo USA. No obstante, la superioridad militar del imperialismo yanqui tiene un coste elevado al disparar su déficit público, y lo sitúa en desventaja con sus competidores de la UE, que se orientan hacia un presupuesto militar moderado y una mayor inversión en las infraestructuras económicas necesarias a la acumulación del capital.

Incluso a pesar del papel hegemónico del imperialismo yanqui sobre la UE y Japón, la tendencia a la internacionalización del capital no logra saltarse los Estados nacionales, ni por medio de una ¡¡¡idílica unión de los capitales por encima de los Estados!!!, ni por medio de su subordinación al imperialismo de EE.UU. como si éste dirigiera sin contradicciones al resto de burguesías imperialistas (9).

En el derecho internacional también vemos cómo sugen los intereses de clase y nacionales por delante. Precisamente los EE.UU. han repudiado cualquier instrumento jurídico internacional que signifique un menoscabo de su soberanía, han rehusado firmar los acuerdos de Kyoto para la preservación del medioambiente con el argumento de que ello iría en detrimento de las ganancias de las transnacionales yanquis. Han rehusado firmar el protocolo de la convención internacional de los derechos del niño. Desde los años 80 no abonan su cuota a las agencias de la ONU porque algunas de ellas han sido acusadas de desafiar la soberanía de EE.UU. La UE acusó a EE.UU. de perjudicar a las empresas europeas debido a que el embargo contra Cuba viola las reglas comerciales acordadas, como argumento el gobierno de EE.UU. dijo que no son temas comerciales sino de seguridad nacional y que no serían transferidos a ninguna institución internacional. En 1985 el gobierno nicaragüense del FSLN inició una demanda ante la Corte Internacional de Justicia acusando al gobierno de EE.UU. de crímenes de guerra contra la población civil, la sentencia final condenó a los EE.UU. a detener sus operaciones militares retirando las fuerzas mercenarias y pagar reparaciones de guerra. El gobierno de EE.UU. hizo caso omiso de la sentencia. Todo esto demuestra que la Globalización económica, política y jurídica que supera idílicamente los Estados nacionales es una falacia.

En este terreno incluso ideólogos del neoliberalismo como John K. Galbraith no ocultan el verdadero papel ideológico del concepto de Globalización cuando dice que “la globalización no es un concepto serio. Nosotros, los norteamericanos, lo inventamos para ocultar nuestra política de penetración económica en el exterior” (10). ¡Menuda confesión!. Es decir, para ocultar el imperialismo presente en Irak, en los Balcanes, en Palestina, en la agresión a la Venezuela Bolivariana, en los miles de mexicanos que cada año mueren por cruzar la frontera de EE.UU, etc. A resueltas de esto viene la Globalización a ser el término más utilizado y universalizado (¿curiosamente?) a partir de la desaparición de la URSS, en sustitución del imperialismo, otorgando a este un papel meramente político y militar, negando y ocultando sus raices económicas.

Ya incluso antes de la desaparición de la URSS el imperialismo trabajaba sobre ello. Zbigniew Brzezinski asesor de la Seguridad Nacional del gobierno Carter (1.977-81) trataba de disfrazar las contradicciones de clase y nacionales al caracterizar en los 70 la internacionalización del capitalismo de una forma tan singular que en el fondo no podía abandonar su fuerte contendido clasista y nacional:

“Hoy estamos viendo cómo emerge una élite Transnacional integrada por hombres de negocios internacionales, eruditos, profesionales y políticos. Los lazos de esta élite traspasan las fronteras nacionales… Estas comunidades están ganando fuerza… Ello podría sin embargo, crear una brecha peligrosa entre las masas políticamente activas, cuyo “nativismo” -explotado por los líderes políticos mas nacionalistas- podría ir en contra de las élites cosmopolitas.” (11).

Brzezinski estaba hablando de la “comunidad” de que formaban los Estados imperialistas centrales, bajo patrocinio de EE.UU. contra el resto del mundo subdesarrollado y el campo socialista, sin poder esconder el carácter de clase y reaccionario del cosmopolitismo que prometía.

En el marco del desarrollo del Movimiento de Resistencia a la Globalización capitalista-neoliberal, también toma cuerpo una corriente de pensamiento que captura al Marx del Manifiesto del Partido Comunista, metafísica y ahistóricamente, para defender las tesis neopositivistas de la Globalización, corriente de tendencia eurocentrista. Marx en el Manifiesto hacía mención al proceso de expansión mundial del capitalismo, donde la civilización burguesa obliga a todas las naciones a adoptar su modo de producción forjando un mundo a “su imagen y semejanza”. Esta afirmación a secas, sirve a esta corriente resucitada en Negri (12), para plantear su análisis donde imperialismo, centro y periferia ya no tienen existencia en el capitalismo contemporáneo, y donde las burguesías capitalistas del centro imperialista no obstaculizan o someten la industrialización y el desarrollo económico de la periferia (¡¡¡no poco!!!). No existen la dialéctica centro-periferia, desarrollo-subdesarrollo, imperialismo-dependencia, sino la tendencia a la uniformidad del capitalismo en todo el mundo por igual.

Hardt y Negri insisten que el Imperio representa la superación del colonialismo y el imperialismo, y no sólo eso sino que lo catalogan como mejor que las formas de sociedad y los modos de producción anteriores (Imperio). Las categorías de centro-periferia, imperialismo-dependencia, disponen de una capacidad para dar una visión científica del sistema internacional, dado el creciente desarrollo dependiente de los países de la periferia y el acentuado desarrollo desigual con respecto al centro que descarta cualquier simetría, si la distancia que separaba al 20% más rico de la población mundial del 20% más pobre era de 30 a 1, a fines del S.XX esta distancia era de 75 a 1. Si para el esquema negriano de Imperio, Pakistán, Sri Lanka y Guatemala forman parte de él, sería totalmente subjetivo considerar que se encuentran en una posición económica comparable a EE.UU., Francia y Japón.

Aún así, Negri y Hardt consideran que entre EE.UU. y Brasil, Gran Bretaña e India, no existen diferencias de naturaleza, sino de grado. Ello nos lleva a las teorías yanquis proimperialistas de los años 50 (Rostow, Hoselitz) que consideraban que el crecimiento económico iba de forma lineal y evolucionista desde el subdesarrollo al desarrollo, que todas las sociedades comparten la misma naturaleza, que los mercados internacionales carecen de asimetrías, desarrollos desiguales, y que por tanto, los obstáculos al crecimiento y el desarrollo eran producto de decisiones políticas erróneas y no del sistema económico. Ello nos lleva también a la opinión de uno de los gestores más eminentes del imperialismo yanqui, Henry Kissinger, quien manifestando su rechazo a la idea de la dependencia económica de las naciones del “tercermundo” y cuestionando el desarrollo desigual en la economía mundial oponía la falacia de que “todos somos dependientes” que “EE.UU. depende de las bananas hondureñas tanto como Honduras depende de las computadoras yanquis” (Atilio A. Boron). Era una explicación hipócrita que coincide con las opiniones de los autores de Imperio: interdependencia, diferencias de grado, simetría, etc., afirmaciones que lejos de ser una novedad ya habían sido puestas en circulación desde los años 50 por la derecha y los teóricos del imperialismo que negaban aceptar que la economía internacional se caracterizaba por la asimetría que separaba a las naciones del centro de las de la periferia y los eslabones débiles de la cadena imperialista.

Como fundamentación teórica de esta nueva política del neocolonialismo fue presentada la concepción de la “interdependencia de las naciones”. Los teóricos de esta teoría omiten el hecho de que el sistema capitalista mundial se formó de acuerdo con las leyes económicas del Modo de Producción Capitalista, lo cual condujo a la dependencia de unos países por otros e impuso a los países económicamente atrasados la especialización de la producción que convenía desde el punto de vista económico a los países capitalistas más avanzados, los cuales lograron una situación de dominación imperialista.

La burguesía afirma que el colonialismo ha muerto, silenciando el hecho de que incluso después de haber alcanzado la independencia política continúa siendo posible la explotación económica de los países descolonizados, lo cual constituye la base del neocolonialismo. Lenin señalaba que los ideólogos del imperialismo, generalmente hablan de liberación nacional dejando en la sombra la liberación económica, pero que esta última es precisamente la principal.

De acuerdo con la teoría imperialista de la especialización o costos comparativos (Heckscher, Ohlin) cada uno de los países subdesarrollados deben especializarse en la producción de aquellos artículos cuyos costos le resulten menores que en otros países por sus ventajas. Tales ventajas en los países capitalistas desarrollados consiste en disponer de tecnologías modernas y capitales y la “ventaja” de los países subdesarrollados, de contar con materia prima y fuerza de trabajo sobrante. Los partidarios de esta teoría (J. Tinbergen) propugnan el mantenimiento de la división internacional del trabajo, surjida ya en los tiempos coloniales, con lo cual los países subdesarrollados continúan sirviendo a los intereses de los Estados capitalistas metropolitanos. Se conserva el carácter de la economía de los países subdesarrollados como productora de materias primas, incluyendo en ella la producción de artículos semifabricados, es decir, se permite la industrialización parcial, complementaria a la metrópoli.

Se acentúa la atención en las crecientes necesidades de la industria de los Estados imperialistas por los países dependientes, se propugna por todos los medios la conveniencia del modelo de desarrollo orientado hacia el exterior, así como la actividad del capital privado extranjero, sobre todo de las transnacionales, interesadas en continuar explotando los recursos de los países descolonizados.

La teoría de la “interdependencia de las naciones” se pone en evidencia con el ejemplo de Latinoamérica, que obtuvo la independencia a principios del S.XIX, y sin embargo mantienen una producción marcadamente unilateral en una u otra rama de la industria extractiva y el dominio del capital transnacional extranjero que conducen a perpetuar la situación de estos países como productores apéndices de los principales Estados capitalistas.

El subdesarrollo socioeconómico es una categoría de la economía política que refleja las relaciones de dominio y dependencia en la época del imperialismo. Se trata de la subordinación de la economía nacional a los fines de las transnacionales, de la desigualdad en el mercado capitalista mundial, de la dependencia respecto a los países capitalistas desarrollados, es decir, del neocolonialismo. Como consecuencia del atraso de la economía, la estructura de relaciones sociales, los sufrimientos de la población por el desempleo y la subalimentación, el analfabetismo y las enfermedades. Acabar con el subdesarrollo de manera radical solo es posible destruyendo las viejas relaciones.

Pero por el contrario el pensamiendo idílico de la globalización ha entrado en el reino metafísico de la simultaneidad en el que el desarrollo del modo de producción capitalista puede darse en cualquier parte sin contradicciones, obedeciendo más a la lógica expansionista, que a la lucha de clases y que a la dialéctica mundial de la acumulación-crisis-acumulación, rehabilitándose también por esta vía la idea del ultraimperialismo. Mercado global donde reina el fetichismo de la mercancía prevaleciendo la visión fantástica e idílica del capitalismo en su fase imperialista. Lo que fundamenta la afirmación errónea de que entre el desarrollo del modo de producción capitalista de EE.UU. y el de la India, sólo hay diferencias de carácter cuantitativo, que el mundo sigue a Europa occidental y EE.UU., donde los países “mal llamados” periféricos accederán progresivamente a los niveles de acumulación de capital e industrial de los países más avanzados.

Ya hemos visto que para que tales tesis puedan pasar como “marxistas” los nuevos revisionistas, aluden a Marx (de forma inconsecuente) cuando en el ecuador del S.XIX consideraba que la introducción del capitalismo en la India (colonizada por el imperio británico), promovería el desarrollo de las fuerzas productivas, sometiendo a tales países de la misma manera que el campo a la ciudad. No obstante, se olvida que Marx sobre el colonialismo en Asia anotaba que todo cuanto se viera obligada a hacer en la India la burguesía inglesa no emanciparía ni mejoraba la condición social pues tanto lo uno como lo otro no sólo dependen del desarrollo de las fuerzas productivas sino de su apropiación por el pueblo (El colonialismo en Asia –India, Persia, Afganistán). Se olvida que Marx en su correspondencia (carta a Vera Zasulich) argumentaba que bajo el dominio británico la India no había avanzado sino que había ido para atrás. Se olvida que la Globalización de aquella época de fines del S.XIX bajo la forma de la conquista colonial, el reparto territorial del mundo en colonias (Asia y África) entre potencias capitalistas, se convierte en la forma más brutal conocida de la globalización del capitalismo. Se olvida que el propio capitalismo proporciona inevitablemente a los sometidos, medios para su emancipación, la creación del Estado nacional como instrumento del desarrollo económico, confirmado con la disolución del sistema colonial durante el siglo XX. Se olvida que ya en aquella época la financierización de la economía, el dominio de la oligarquía financiera, ya existía, que Wall Street y la City de Londres fueron creados como centros imperialistas de las finanzas en 1900 y no en 1.990. Se olvida también que el discurso imperante durante esa época son muy, pero que muy parecidos a los escuchados en los 20 años anteriores a la crisis del 2008: el capitalismo es sinónimo de desarrollo, es el fin de la historia, sinónimo de democracia y paz mundial, etc. ¡¡¡Menuda desmemoria e hipocresía acientífica!!!.

En un ciclo histórico más cercano, en plena década de los 90 del S.XX, el desarrollo económico mundial se destacó precisamente por la inexistencia de una evolución simultánea del capital globalizado, donde la reactivación de la economía de EE.UU., el estancamiento de la UE, la depresión de Japón y el desplome de la periferia son realidades objetivas que han venido a ilustrar la inexactitud de tal tesis mítica de la Globalización, y que el NAFTA, la UE y el ASEAN precisamente expresan la pugna entre imperialismos rivales en el reparto del mundo central y su periferia (13). El capitalismo ha alcanzado un nivel de monopolización y reforzamiento del poder del capital financiero y la oligarquía financiera, cualitativamente más avanzado que en la primera fase histórica de monopolización del capital, nivel que se ha denominado modelo neoliberal, que acentúa el desarrollo desigual bajo el dominio de los Estados imperialistas, del centro sobre la periferia.

Un dato importante al respecto, es que el grado de integración económica del mundo apenas se ha movido desde comienzos de la Iª Guerra Mundial. Según el Centro de Historia Económica Internacional de Ginebra, en 1.914 las exportaciones de mercancías y capital, representaban respectivamente el 13% y el 11% del PIB de los países industrializados, mientras que en 1.993 representaban el 14% y 11%, por lo que debemos sustituir integración y desarrollo simultáneo, por rivalidad y pillaje imperialista (14).

Una realidad que muestra la falsedad del enfoque unilateralista del desarrollo del capitalismo mundial es la creciente desigualdad clasista y entre los países desarrollados y países subdesarrollados y dependientes. Hay van los datos. El 20% más rico de la población mundial es responsable del 86% del total de los gastos en consumo privado, posee el 87% de la flota mundial de vehículos, consume el total del 58% de la energía, provoca el 53% de las emisiones de dióxido de carbono y consume el 45% de toda la carne y pescado. Según la ONU, la cantidad de países “menos desarrollados” se ha duplicado en los últimos 40 años, coincidiendo con la expansión de las ideologías neoliberales y globalizadoras. No se trata en los países en desarrollo de dejar de consumir las cosas básicas que necesitamos, ni renunciar al desarrollo de las fuerzas productivas y la tecnología, ya que en el planeta hay suficiente para que todos podamos vivir bien, sino de cambiar las relaciones de producción caducas para poder establecer un desarrollo económico internacional no desigual, multilateral, y acabar con las desigualdades entre países y clases (15). Pero no sólo se profundiza la brecha en el desarrollo ya que también la dependencia de los países menos desarrollados ha aumentado, si en el 2.002 gastaron 9.000 mill. de dólares en importación de alimentos, en el 2.008 gastaron 23.000 mill. Para dar una comparativa continental de la dimensión, si mientras los EE.UU. poseen el 25% del PIB, África sólo posee un 1% de la riqueza total del mundo, si mientras Bill Gates posee un patrimonio neto de 50.000 mill. de dólares, superior al PIB de 140 países (por separado).

La desigualdad clasista, la desigualdad en el desarrollo, el abismo entre clases y países sigue profundizándose en la fase superior del capitalismo, cada vez hay más trabajo asalariado y más periferia “menos desarrollada”. Incluso en la UE, la desigualdad en el desarrollo bajo el capitalismo es un hecho, según Eurostat, las desigualdades entre las 27 naciones integrantes de la UE se ha agravado con la crisis (2.008), la región más rica de la UE, Londres, es 7 veces más rica que la de mayor pobreza, Severozapaden (Bulgaria), y las 20 regiones con peores dificultades se localizan en Bulgaria, Polonia, Hungría y Rumanía. Y prueba de que también se tiene que hablar de desigualdad clasista es cuando cogemos un país desarrollado como EE.UU., primera potencia capitalista, que sin embargo ocupa el 17º puesto del IDH relativo (Índice de Desarrollo Humano) para el 20% más pobre de su población, mientras que la renta per cápita global en relación al PIB de toda la población lo coloca en 2ª posición mundial. Los EE.UU. son el país con el ingreso medio más elevado, después de Luxemburgo, y al mismo tiempo el país con mayor porcentaje de población pobre dentro del grupo de países “ricos”, más de 36 mill. no cuentan con acceso adecuado a la alimentación y más de 44 mill., más del 15% de la población, carecen de seguro médico (16).

Uniteralidad o multilateralidad, unipolaridad o multipolaridad del desarrollo capitalistas son los adjetivos modernos utilizados para denominar el ciclo capitalista internacional actual. En el primero coinciden neoliberales y ultraizquierdistas, en el segundo la socialdemocracia. La uniporalidad común en el Negri izquierdista y el Galbraith neoliberal, esconden la rivalidad imperialista y la lucha por el hegemonismo mundial del imperialismo yanqui detrás de la desterritorialización de la economía, las Instituciones Financieras Internacionales (IFIs) y demás vagatelas, es el Imperio unipolar. En realidad nunca ha habido un mundo unipolar, ha habido siempre contradicciones interimperialistas que en el pasado se suavizaban para hacer frente a la URSS y demás países socialistas, y hoy estamos ante una nueva agudización de las contradicciones entre estados y bloques imperialistas a la caza de mercados, recursos naturales, intervenciones y guerras.

El multilateralismo en el que coinciden sectores de la izquierda socialdemócrata viene a encubrir también la rivalidad imperialista, en su apuesta por otros imperialismos que hagan frente a la hegemonía yanqui. Bajo el prisma multilateral se separa la economía de la política, algo que Lenin bajo la fase imperialista definió como utopía reaccionaria (La consigna de los EE.UU. de Europa). Kautsky y luego Kruschev segregaban la economía de la política frente al imperialismo. El XXº Congreso del PCUS (1956) reconocía la agresividad de los EE.UU. y los Estados capitalistas de Europa Occidental, pero no como elemento propio del capitalismo monopolista, del imperialismo, dando pie a la concepción utópica de que es posible que el imperialismo acepte a largo plazo la coexistencia pacífica con las fuerzas que cuestionan su dominio mundial, cuando solamente la revolución proletaria puede sacar a la humanidad del imperialismo y las guerras imperialistas. Trasladado a nuestra época esta separación absurda lleva a errores políticos al considerar que la agresividad del imperialismo dependen de determinado país (EE.UU.) o de determinado gobierno (Bush, Blair, Aznar…), sembrando ilusiones sobre otros gobiernos más moderados en la gestión política del capitalismo. Esta visión oculta las raíces económicas del imperialismo y sus políticas. La guerra de Irak fue llevada a cabo a pesar de los altos costos políticos, como la ruptura del consenso noratlántico, la crisis de la OTAN y de las NN.UU., y es que la rivalidad por el reparto del mundo entre potencias imperialistas sigue siendo la determinación en última instancia de las políticas de clase de los Estados imperialistas, que no tiene nada de multilateral.

Ese multilateralismo que las diferentes versiones socialdemócratas analizan y proponen nada tiene que ver con la ampliación de la integración económica y el intercambio comercial no desigual entre países no imperialistas (India, Suráfrica, Venezuela, China…), nada tiene que ver con el Nuevo Orden Económico Internacional (NOEI) reivindicado por la URSS y los países anti-imperialistas desde la década de los 70, que Fidel Castro en su discurso ante la Conferencia de países No Alineados (1983) resumía en:

-luchar contra el proteccionismo de los países ricos,
-cancelación de la deuda externa,-sistema monetario internacional equitativo,
-relaciones económicas multilaterales entre países,-conciencia de la necesidad de acabar con el hambre y el desempleo, -reforma agraria, -impedir que sean las Transnacionales y la inversión de capital extranjero quienes ejecuten un proceso deformado de industrialización de la periferia, y -ejercer el derecho de soberanía de los recursos incluido el derecho a la nacionalización.

Precisamente para desagrado tanto de Negri como de Galbraith, en la actualidad la prosperidad de las relaciones sur-sur debilitan la dependencia comercial de las metrópolis del imperialismo y se establecen condiciones financieras más equilibradas, en el plano político-cultural no se impone a nadie la civilización ajena y generan relaciones de ventaja mútua generadoras de paz y respeto a la soberanía nacional.

La agravación de las contradicciones inter-imperialistas y las luchas de clases que en su marcha genera, es el cuadro que crea la tendencia posible hacia el desenlace final: Socialismo o Barbarie. Los teorizadores de la Globalización como mito y sus complices en parte de la izquierda con sus disquisiciones mentales nos van metiendo hacia la Barbarie. Si no hay conquista del poder político a través de un proceso revolucionario la Barbarie no nos sacará como autómata colocándonos de buena gana en el socialismo. La visión de un mundo ausente de conflictos de clase y nacionales, donde se anteponga la colaboración recíproca por el bien de la humanidad, no deja ni de ser un fin honroso, ni de ser inviable, utópico, mediante reformas dentro del capitalismo, sólo su transformación por un sistema económico y social comunista lo hará realidad.

En consecuencia, la Globalización no puede verse ni como el recambio del capitalismo, ni como la sepulturera del imperialismo. El desarrollo de la Globalización está sujeta a la acción de las leyes del modo de producción capitalista, no contiene leyes propias. La socialización de las producciones a través de las Transnacionales es la punta del iceberg de la Globalización al internacionalizar las contradicciones del capitalismo a su grado más extremo de forma universal (capital-proletariado), agudizando aún más si cabe las contradicciones entre Estados imperialistas (entrelazados con los monopolios financieros e industriales de base nacional) por el reparto territorial del mundo, y el desarrollo e intercambio desigual entre el centro imperialista y la periferia dependiente. Esa es la verdad.

Por tanto, la Globalización capitalista sólo debe verse como la tendencia histórica de expansión-acumulación del capital que contiene su contrario (el proletariado) y su auténtica negación: el comunismo.

3.2.1.1 Acerca del ultraimperialismo, las fuentes teóricas de Hardt y Negri

Vamos hacer un punto y aparte para clarificar aún más si cabe el descalabro teórico y el origen claramente antimarxista de las tesis defendidas por Hardt y Negri en su obra Imperio. La fama rara vez ha sido pareja del pensamiento revolucionario, precisamente Marx, Lenin, Gramsci, etc., fueron perseguidos y silenciados por las clases dominantes. Pero curiosamente este no es el caso de Hardt y Negri, su libro ha sido editado por la universidad de Havard, alabado por el New York Times, el Observer de Londres y La Natión de Francia. Esta calurosa acogida es una prueba de que los gurús del sistema sí que captaron correctamente el mensaje de Imperio, y vieron que no había nada incompatible con lo ideología dominante, pues precisamente el argumento central es una simetría de las principales tesis que los ideólogos de la globalización y el neoliberalismo habían propagado por todo el mundo desde la década de los 80, que el estado nación se extingue, que la globalización gobierna el mundo, que existe una nueva entidad llamada multitud, no más pueblo ni clase obrera. El capitalismo en Imperio es plenamente naturalizado.

Las fuentes de inspiración de Imperio no son Lenin, Gramsci, o Samir Amin, James Petras, André Gunder Frank, u otros tanto analistas que hayan contribuido desde el campo del marxismo a entender el capitalismo en su fase imperialista. Hardt y Negri asumen como suyas las definiciones de los teóricos gerencialistas de las transnacionales yanquis que exaltan a la globalización y la conciben como un proceso irreversible ante el cual los Estados deben plegarse, vieja concepción y trampa burguesa que naturaliza al capitalismo. De ahí a admitir que no hay alternativas hay un solo paso, quedándose presos del pensamiento neoliberal.

El imperio carece de contradicciones estructurales ya que la única que aparece es la multitud pero no hay nada en Imperio que pueda llevarnos a afirmar la existencia de una contradicción entre multitud e Imperio ya que las propuestas “maximalistas” del salario universal garantizado y el relajamiento de las leyes de inmigración que los autores realizan no trastocan las relaciones de producción capitalistas para nada.

El esfuerzo teórico de Imperio nada ha contribuido al interés y objetivo de las fuerzas revolucionarias, sin embargo, difícilmente no habría podido ser más conveniente para los intereses del imperialismo que esta representación fantasmagórica del sistema imperialista. Tras Imperio, el imperialismo ha seguido imponiendo en los “mercados globales” políticas económicas que socaban la soberanía económica de los países de la periferia y aumentan la explotación, la tasa de plusvalía de la clase obrera mundial. La opresión imperialista prosigue su curso, 100.000 seres humanos mueren cada día en la periferia por el hambre y las enfermedades curables, mientras Hardt y Negri porclaman que el imperialismo ha caducado y que el paradigma de la militancia “renovadísima” contra el Imperio es ¡¡¡San Francisco de Asís!!!.¿A quién sirve entonces el cáliz teórico del Imperio?. La respuesta acertada sería al imperialismo en carne y hueso.

3.2.2 Orígenes de la dependencia bajo el imperialismo

El desarrollo de la industria capitalista inglesa en la primera mitad del S.XIX, sólo fue posible por la existencia del mercado internacional sin límites por conquistar. La exportación de mercancías industriales producidas por los primeros países industriales, unifica el mercado mundial pero está lejos de unificar la producción con sus condiciones técnicas y sociales y su grado de productividad media del trabajo.

Durante el periodo de génesis del capitalismo aparecen dos formas de plusvalía. Por una parte la plusvalía del plustrabajo de los productores asalariados, por otra los valores saqueados a las colonias, la feroz explotación de los pueblos indígenas de América, Asia Oceanía y África, cuyo aporte fue decisivo para la acumulación de capital entre 1500 y 1750, que crea las condiciones propicias de la revolución industrial europea. Antes de que el capitalismo industrial se desarrolle en Inglaterra, la explotación de las colonias constituyó una de las principales fuentes de la riqueza europea. En el S.XVIII, el comercio de Francia tiene una balanza de varios millones de libras debido a la exportación de artículos coloniales fruto del trabajo de los negros esclavizados. Entre 1770-1780 el trabajo de esclavos en la India occidental dió 40 millones de libras a Gran Bretaña, en ese período los ingresos de América e India doblaron los fondos de acumulación disponibles para la industria naciente.

Con la revolución industrial y la producción por parte del proletariado de Europa occidental de un volumen cada vez mayor de plusvalía, el pillaje de las colonias pasa a un segundo plano. Al saqueo le cede el paso el comercio mundial, cuyos efectos serán igual de devastadores que la conquista (intercambio desigual y proteccionismo). Europa exporta mercancías fabricadas, Oriente es vaciado de sus recursos y presenta una balanza de pagos crónica y deficitaria. La industria inglesa sólo pudo imponerse en el mercado mundial llevando una política proteccionista, al tiempo que a través de la East India Company una política de librecambio a la India. Mientras los productos de seda hindú pagaban un derecho de entrada a Gran Bretaña del 20%, los productos de seda británicos sólo pagaban el 3,5% en la India.

Por tanto, es un mito que la conquista del mercado mundial por la industria capitalista se realice por medios puramente económicos. La fuerza política y militar siempre ha jugado un papel importante y decisivo. Una vez concluida la conquista, la proclamación del dogma universal del librecambio que se impuso por la fuerza fue el arma principal para destruir la industria que existía en los países asiáticos y para frenar su industrialización.

La exportación ya no necesitaba protegerse como bajo el mercantilismo. Se había abierto una vía gracias al precio de coste y venta más bajo con el monopolio de la productividad adquirido por los países europeos industrializados, especialmente Inglaterra. A medida que aumentaba la influencia política de los comerciantes e industriales, se amplificaba su resistencia contra una política extranjera ambiciosa de gastos militares y contra la expansión colonial. Liberales y conservadores ingleses miraban la disolución del Imperio con impaciencia (Betham, Disraelí, etc.). Pero esta mentalidad se modificó rápidamente con el comienzo de los monopolios.

De la exportación de mercancías se pasa a la exportación de capitales. Los capitalistas no pueden consumir improductivamente la mayor parte de su plusvalía y buscan campos de inversión en los países no industrializados, en los países coloniales o en los países dependientes económicamente. La burguesía monopolista hambrienta de sobreganancias se encuentra con una sobrecantidad de capitales que buscan nuevos campos de inversión. Inglaterra ya no dispone del monopolio de la productividad que le garantice la conquista “pacífica” del mercado mundial, se encuentra enfrentada a competidores extranjeros que producen en condiciones de productividad idénticas. La exportación de capitales ya no implica hacia el colonialismo la misma actitud que la exportación de mercancías. La época del capitalismo de los monopolios se convierte en la época de resurgimiento del colonialismo, apoderarse de territorios extranjeros y cerrarlos a la competencia extranjera como mercados de productos terminados, fuentes de materias primas y fuerza de trabajo barata, pasa a ser el motivo central de la política exterior de los países capitalistas desde 1880.

Influenciados porque Inglaterra dejaba de ser el único país industrial, la competencia internacional de los monopolios hizo que los mercados coloniales se volviesen indispensables para la metrópoli. El capitalismo de los monopolios pasa a defender sus mercados interiores contra la invasión de mercancías extranjeras, al tiempo que también debe defender el monopolio de sus mercados coloniales, la base de sus sobreganancias coloniales, contra la invasión de capitales y mercancías competidoras extranjeras. Este reparto mundial se realiza en principio mediante medios violentos hacia los países colonizados. Francia, Bélgica, Alemania, Japón y EE.UU. se lanzan hacia los mercados coloniales y dependientes en competencia con Gran Bretaña. Todos los continentes se dividen en zonas de influencia entre las grandes potencias, dando lugar a los conflictos interimperialistas, alimentando conflictos por territorios, que conducen a las guerras imperialistas.

La exportación de capitales se generaliza en una etapa durante la cual los monopolios dominan amplios sectores de la producción en la metrópoli. La exportación del modo de producción capitalista a los países coloniales y dependientes es la exportación del capitalismo de los monopolios, de los trust monopolistas. Como la producción y venta de los productos en los que se basa la economía colonial o dependiente está a menudo monopolizada por un pequeño número de trusts monopolistas, éstos pueden adquirir un verdadero poder sobre la vida de naciones enteras. Las ciudades, ferrocarriles, centrales eléctricas, correos, teléfonos, puertos, etc., les pertenecen. Irán antes de la nacionalización del petróleo por Mossadegh estaba dominada por la Anglo-Iranian Oil, Honduras, Costa Rica y Guatemala estaban dominadas por la United Fruit, África colonial británica por Univeler, el Congo belga por la Union Miniére, etc.

La doble tragedia de los países dependientes es que no sólo son víctimas del proceso internacional de concentración de capital, sino que también han tenido que tratar de superar su atraso industrial, y efectuar su acumulación primitiva de capital en un marco mundial ya saturado de mercancías industriales. En tanto que el mercado y la economía mundial han estimulado la industrialización de Europa y Norteamérica del siglo XVI al XIX, particularmente por el flujo de los metales hacia Europa occidental, que constituyeron una de las principales fuentes de la acumulación originaria del capital industrial, después de fines del siglo XIX el mercado y la economía mundial constituyen uno de los principales obstáculos para la industrialización de la mayoría de las antiguas colonias, en la medida en que frenan la acumulación originaria de capital industrial.

El subdesarrollo, producto del predominio imperialista está ligado a la estructura social de los países dependientes, donde los intereses de las clases dominantes, con excepción relativa de la débil burguesía industrial, se someten por lazos económicos (comercio exterior y bancos imperialistas) y políticos (sometimiento de la clase obrera y los campesinos), al imperialismo.

El monopolio industrial, la diferencia en la productividad, explica la base real del poder a escala mundial del capitalismo británico hasta la Iª Guerra Mundial y del capitalismo yanqui tras la IIª Guerra Mundial. Es el comercio exterior la forma principal que revestía la explotación de los países coloniales y dependientes por parte de los países imperialistas, ya que consiste en un intercambio desigual de cantidades de trabajo donde el trabajo de los países más industrializados cuenta con una productividad mayor, menos cantidad de trabajo por unidad pero más calificado e intensivo, a cambio de más trabajo, no calificado y menos intensivo de los países dependientes (mayor productividad + intercambio y desarrollo desigual = ganancia extraordinaria). Además hay que tener en cuenta que no se realiza una nivelación de las tasas de ganancia en el mercado mundial, donde coexisten diferentes precios de producción nacionales debido al desarrollo desigual del capitalismo, en tal sentido las diferencias internacionales en el valor y precio de la mercancía fuerza de trabajo no son causa sino resultado del desarrollo desigual del modo de producción capitalista y de la productividad del trabajo en el mundo. Aspecto ya señalado por Marx en El Capital. Destacamos esto, ya que no es sólo el índice de la productividad la causa de los bajos salarios, sino también del subdesarrollo que caracteriza a la economía de los países dependientes.

Las ganancias extraordinarias desde principios del S.XX fueron la forma principal de la explotación del tercermundo junto al intercambio desigual. Bajo el imperialismo desde Lenin la forma principal de las ganancias extraordinarias se originó en las diferencias entre las tasas de ganancia media de la metrópoli y las colonias. La composición orgánica de capital en las plantas productoras de materias primas, alimentos y las minas de los países coloniales, era mucho más baja que la de las industria pesada y ligera de los países imperialistas.

Las primeras inversiones extranjeras que se efectúan en esos países eran complementarias de la industria capitalista occidental, centradas en la producción de materias primas. Producción principalmente de materias primas agrícolas y minerales, convirtiéndose en complemento de las economías capitalistas en los países metropolitanos. El modo de producción capitalista no se desarrolla de acuerdo con las necesidades de desarrollo económico e industrial de los países de la periferia, sino de acuerdo con los intereses de la burguesía imperialista. El cobre chileno, el azúcar cubano, el petróleo venezolano, irakí, etc., el café colombiano… constituyeron durante ciclos la parte mayor de las exportaciones de tales países. El sector moderno de la economía de los países en vías de desarrollo fue limitado a las plantaciones, minas y pozos de petróleo, lo que desembocó en el monocultivo y la monoproducción, en vez de diversificar la producción y el cultivo para el mercado interno, de ahí que los países dependientes se especializasen esencialmente en la producción para el mercado mundial antes que para el mercado interno. Precisamente la producción que se desarrolló en las regiones coloniales constituye una prueba de ello con el incremento de puertos marítimos y la ausencia de vías de comunicación en el interior. De esta manera se desarrolla dentro del marco del mercado mundial capitalista una división del trabajo que corresponde a la necesidad de valorización del capital occidental.

Al estar subordinados a un capitalismo extranjero, su actividad productiva tiene un carácter extrovertido, destinado a exportar unos pocos productos (monoproducción). Así, se devastó la economía tradicional sustituyéndo los cultivos para la alimentación por cultivos para la exportación. La agricultura de plantación, la explotación a destajo de los recursos mineros y la no articulación interna de sus sectores productivos hacen que estas economías sean vulnerables y dependientes lo que les impide iniciar un proceso de desarrollo autocentrado propio. La economía periférica es una economía satelizada por el gran capital que controla los sectores claves, tales como minas, hidrocarburos, comercio exterior, bancos, son sociedades dependientes, periféricas, y bloqueadas, orientadas a los sectores exportadores en función de las demandas de las metrópolis, subordinadas a las redes internacionales de materias primas y capitales, que están controladas por las naciones más ricas del planeta.

Como es natural, los países dependientes no disponen de ingresos provenientes del saqueo de otros países y carecen de recursos suplementarios para la capitalización. La plusvalía que crean los obreros en los monopolios extranjeros tampoco suele quedarse y no se invierte con fines de progreso. Bajo la forma de ganancia sobre el capital importado esta plusvalía vuelve al extranjero, a los monopolios de las potencias imperialistas y no influye en la capacidad adquisitiva del mercado nacional. Así la explotación monopolista socava la base de la acumulación de capital y les quita a los países dependientes una enorme parte de la renta nacional.

Por tanto la acumulación originaria de capital industrial se agota en los países dependientes, esta se realiza en el mercado mundial o bien volviendo a la metrópoli, o bien la plusvalía sólo regresa provisionalmente para retornar en seguida a la metrópoli bajo la forma de dividendos, intereses, etc. Ello implica una estructura del comercio mundial entre países con niveles de desarrollo industrial dispares, que se funda en el intercambio desigual de valores desiguales, lo que desemboca en que países industrializados se apropien de una parte de la plusvalía (ganancia extra) producida en los países dependientes.

Los principales obstáculos para el desarrollo acelerado de una industria privada son, la gran pobreza de los países dependientes, la estrechez del mercado interior debido a los bajos salarios y la supervivencia de un amplio sector de la economía precapitalista, además de la competencia de los productos industriales de los países más desarrollados que fabrican a precio más bajo y ahoga la industria nacional y la ausencia de una autosuficiente red interior de comunicación y transporte que una el campo y los centros urbanos e industriales.

Dada la escasez financiera y el monopolio extranjero sobre el capital bancario, en estas condiciones la creación de industrias resulta imposible sin la ayuda del Estado, ya que las inversiones privadas se dirigen a sectores de menor riesgo, como la compra de tierras y la especulación inmobiliaria, invirtiendo en la producción agrícolas, terrenos, edificios residenciales u hoteles, donde los propietarios de capital obtendrán ganancias más elevadas, con riesgos mucho menores que levantando fábricas. Un país dependiente puede conocer una tasa de inversión productiva baja no porque la masa de ganancia sea baja sino porque una gran parte de la plusvalía se consume improductivamente o se acumula en formas que no son la inversión productiva. El atraso de la industrialización de los países dependientes obedece a un contexto que favorece la acumulación originaria de capital-dinero sin favorecer la acumulación originaria de capital, por tanto, la verdadera dificultad para la industrialización de estos países no reside tanto en la falta de recursos, sino en las condiciones socioeconómicas que obstaculizan la movilización e inversión productiva en la industria del plusproducto social.

La acumulación originaria de capital dinero sólo se transforma en acumulación originaria de capital industrial cuando la desintegración de la economía precapitalista en el campo, la generalización de la producción de mercancías, el comercio, el poder político de la burguesía nacional, el papel del Estado como instrumento de defensa de los intereses de esa clase contra los competidores extranjeros, crean un marco socioeconómico que favorece la industrialización. Cuando no existe ese marco, la variante es el desarrollo de los capitales hacia sectores no productivos. La posibilidad de la industrialización existe, pero no existe la clase social con interés y poder para ello bajo el orden social vigente.

Este es el caso de muchos países dependientes y subdesarrollados. Las relaciones de producción y la estructura social de los países dependientes, impidieron e impiden que la mayor parte del plusproducto social se use para fines productivos. El subdesarrollo de tales países es producto de la penetración y dominación imperialista, eliminar esa dependencia constituye la condición primordial para abrir la vía al progreso económico independiente.

3.2.3 Exportación de capitales y diferencias de salarios

Con la exportación de capitales se realiza la socialización e internacionalización de la producción aunque en beneficio de los países metropolitanos. La exportación de capitales corresponde a la ley de desarrollo fundamental del capital, la caída tendencial de la tasa de ganancias es compensada mediante la inversión de los excedentes en países dependientes con baja composición orgánica del capital y donde la tasa de ganancia es más elevada. Precisamente la reactivación del colonialismo a finales del S.XIX junto a la exportación de capitales constituyó la primera reacción del capital monopolista contra el descenso de la tasa de ganancias en los países metropolitanos.

Ya a mediados del siglo XX las tasas de ganancia obtenidas por las transnacionales siderúrgicas en Brasil eran 4 veces superior a la de EE.UU. Ello es debido a la política comercial realizada por los países imperialistas que hace posible que se enriquezcan a través del comercio internacional y contrarresten su decreciente tasa de ganancias. El plusproducto social a menudo es más elevado en los países dependientes que en la metrópoli, ya que las rentas nacionales proporcionalmente son más favorables a las clases dominantes y el capital extranjero que al resto de la población, y dentro de esa parte las ganancias repatriadas por monopolios extranjeros ocupa un lugar importante dentro de la renta nacional de tales países, repatriación que bloquea la industrialización, que añadido al intercambio desigual arrebata a tales países medios para la compra creciente de bienes de equipo a la metrópoli.

El precio de producción de los productos industriales son superiores dentro de los países capitalistas avanzados, el mercado mundial no está basado en un intercambio de valores iguales, sino en la transferencia de valor constante de los países dependientes hacia los países imperialistas, de la misma manera que en el intercambio entre empresas cuando algunas disponen del monopolio tecnológico y producen un nivel de productividad superior a la media transfieren ganancias a esas empresas en el mercado nacional, lo que les da una sobreganancia en la exportación por encima de la ganancia media que obtiene en su mercado interno, mientras que los precios de las materias primas importadas están por debajo de los costos de producción de estos mismos productos en los países avanzados, lo que expresa el interés capitalista en la especialización de esta forma de división internacional del trabajo que limita a los países dependientes a la producción de materias primas y una producción industrial limitada.

Si antes de la IIª Guerra Mundial la inversión en la industria manufacturera era mínima en los países dependientes, sólo destacaba la industria extractiva y la producción agraria, tras la IIª Guerra Mundial la industrialización tardía de numerosos países dependientes ha cambiado la situación en la industria ligera (textil, electrónica, automoción, etc.), debido al retraso de los países dependientes, en particular a los bajos salarios, convirtiéndose en plataformas de artículos terminados para la exportación más que en competidores directos. Aparatos electrónicos, vehículos y textiles para los mercados metropolitanos se desarrollan en los países dependientes, además de las industrias maquiladoras que realizan una o varias etapas del proceso productivo y reparaciones (actualmente en el S.XXI se encuentran en todo el estado de Chihuahua –México-.26 desarrollos industriales que incluyen Parques, Ciudades y Corredores Industriales en los que existen 549 establecimientos, de los cuales 371 pertenecen a Ciudad Juárez junto con Nuevo Casas y 130 se dedican a la industria manufacturera).

En estos casos, las diferencias salariales significan una ganancia extraordinaria para el capital invertido en los países dependientes mayor que en la metrópoli. De esta manera el capital transnacional metropolitano ejerce un control sobre las modernas ramas de producción sobre la base del uso intensivo de la fuerza de trabajo de los países dependientes. Lo que tiene lugar es una traslación de la acumulación de capital dentro del circuito de las mismas compañías transnacionales, es decir, una redistribución de la plusvalía a favor de las transnacionales y no una redistribución a favor de una “burguesía nacional” de los países dependientes. Mientras más se ha acentuado la tendencia de las ramas de la industria ligera a desplazarse a los países con fuerza de trabajo barata, más se ha agudizado la lucha competitiva no entre los países dependientes y metropolitanos, sino entre los propios capitalistas metropolitanos (Japón-EE.UU.-UE). Precisamente esta lucha limita las diferencias temporales en los costos de producción y las ganancias extraordinarias logradas en esos países.

En la actualidad el monopolio tecnológico y de maquinaria industrial obtiene una transferencia de valor hacia los países imperialistas de los países dependientes, superior al siglo XIX y principios del XX, lo que explica el carácter neocolonial de las políticas de “ayuda al desarrollo”, que hacen aumentar la deuda de manera que una parte cada vez mayor de los ingresos de las exportaciones de los países dependientes debe convertirse en intereses importados a los países metropolitanos. La industria es más dependiente de la tecnología extranjera que de la producción de materias primas. El desplazamiento del énfasis hacia la exportación de maquinaria y la implantación de filiales es la nueva estrategia de las transnacionales tendente a dominar los limitados y crecientes mercados de los países dependientes. Este proceso tiende a sustraer a la llamada burguesía nacional su predominio en la industria local, donde las empresas filiales o mixtas que combinan capital nativo, extranjero, privado y público, se ha convertido en una de las principales características de la fase neocolonial del imperialismo.

El neocolonialismo no aporta cambio sustancial a la diferencia de desarrollo o productividad ni elimina el intercambio desigual. La división internacional del trabajo se desplaza hacia el intercambio de mercancías de la industria ligera por máquinas, además del intercambio desigual de materias primas y alimentos por bienes de consumo industrial. La transferencia de valor no está atada a un tipo particular de producción, ni a un grado particular de industrialización sino a la diferencia de los respectivos niveles de acumulación de capital, productividad y tasa de plusvalía. Sólo si existiera una homogeneización general de la producción capitalista a escala mundial podrían suprimirse las fuentes de la ganancia extraordinaria, al no ser así, el neocolonialismo lo que cambia es la forma de la dependencia pero no su contenido. La acumulación de capital se desplaza de la esfera de las materias primas a la industria manufacturera, pero a la zaga de la tecnología industrial predominante de los países metropolitanos.

Por tanto, la desigualdad económica sigue siendo la base sobre la que se asienta el sistema neocolonial de las relaciones económicas, políticas, militares e ideológicas de los Estados imperialistas y los países dependientes.

El 97% de los trabajos de investigación científica y de proyección del mundo capitalista están encontrados en los países industrializados y monopolizados por las transnacionales. A éstas les pertenece el 80% de las elaboraciones tecnológicas nuevas, que son utilizadas por sus filiales en el extranjero para producir mercancías nuevas y elevar la productividad del trabajo, lo que les asegura ventajas ante las empresas nacionales de los países dependientes que carecen de esas tecnologías. La venta de patentes y licencias es aprovechada por las transnacionales para obtener plusvalía suplementaria de los países dependientes.

Desde la década de los 60 la tendencia de las filiales de las transnacionales es el uso de equipo de segunda mano. Las mercancías producidas con tecnología de segunda generación no ofrecen competencia en el mercado mundial a las mercancías producidas en la metrópoli, lo que hace que la mayoría de las exportaciones de los países dependientes sigan concentrándose en el sector de las materias primas más que en la producción industrial. La importación de maquinaria para mantener el ritmo de industrialización es costosa y no es compensada por el precio de las materias primas exportadas. Continúa la transferencia de valor de un polo a otro del mundo capitalista mediante el deterioro del intercambio para los países dependientes. El hecho decisivo sigue siendo la imposibilidad de cualquier industrialización a fondo de los países dependientes en el marco del mercado mundial, del neocolonialismo. Las diferencias interregionales en industrialización y productividad siguen aumentando. Únicamente la socialización de los principales medios de producción, el plusproducto social y la resolución de la cuestión agraria pueden poner en marcha la plena industrialización de los países dependientes. Es decir, una política anti-imperialista.

Las diferentes tasas internacionales de ganancia que son función de las diferentes composiciones orgánicas y técnicas de capital permite frenar la caída de la tasa de ganancias por la baja composición de capital en los países dependientes, donde existe una proporción de capital invertido mucho más pequeña, lo que coloca a las tasas de ganancia obtenidas por dividendos en tales países por encima de las tasas de ganancias colocadas en los países imperialistas.

En orden inverso la plusvalía relativa es mayor en los países imperialistas que en los dependientes, Marx ya suponía que con una productividad más alta en los países metropolitanos habrá un aumento en la relación entre trabajo necesario y plustrabajo, en la tasa de explotación de la fuerza de trabajo, reproduciendo su salario real en una parte menor de la jornada que el obrero de un país atrasado. En los países dependientes las mercancías exportadas concentran más cantidad de horas trabajo y más cantidad de fuerza de trabajo que en los países imperialistas, lo que ante el mercado mundial la hora de trabajo en la metrópoli cuenta como más productiva e intensiva que la del país dependiente.

Las diferencias salariales son un resultado de las tendencias de desarrollo de la economía capitalista mundial. La disparidad en el desarrollo de los salarios depende de la tendencia del ejército industrial de reserva y de la productividad del trabajo en el sector de bienes de consumo y la agricultura, algo a lo que a nivel mundial se le añade el intercambio desigual, por eso la base de las sobreganancias en los países dependientes está en los salarios bajos.

Ya en la primera revolución industrial la acumulación de capital demolía los modos de producción precapitalistas destruyendo más empleos que los que creaba, el ejército industrial de reserva impedía la constitución de un movimiento sindical fuerte, hundiendo los salarios a largo plazo.

En los países dependientes el lento reemplazo de las relaciones de producción precapitalistas se produjo bajo un ejército industrial de reserva más amplio y estable, el creciente empobrecimiento absoluto de la población, que tuvo que vender su fuerza de trabajo a precios cada vez más bajos. La destrucción del artesanado tradicional, la separación de los campesinos de su tierra fueron también acompañadas en los países dependientes por el crecimiento del ejército industrial de reserva, con un aumento del paro y el subempleo, lo que explica los bajos salarios y el estancamiento de los mismos durante periodos largos a pesar incluso del incremento de la producción y la productividad industrial. Por ej. en Brasil el desarrollo de la industrialización y el aumento de la productividad durante 14 años (1939-1953) los salarios reales continuaron inamovibles debido a la constante invasión de la sobrepoblación rural a las ciudades. Producto de esa situación la plusvalía absoluta en general es más alta en los países dependientes que en los países metropolitanos debido a una mayor jornada de trabajo, la persistencia en la explotación del trabajo infantil y la precaria legislación social. Todo ello explica la disparidad de los salarios en los 2 polos del mundo capitalista.

Como promedio desde finales del S.XX el salario que pagan las transnacionales a los obreros de sus filiales en el extranjero es de 5 a 10 veces más bajo que en su propio país, y ello aunque esos salarios estén por encima de la media de los países dependientes donde actúan las filiales. En Méjico, el salario medio en las transnacionales constituye una quinta parte del de EE.UU., aunque sea el doble del salario mínimo mejicano. Las transnacionales utilizan las ventajas, jornadas de trabajo más largas, horas extras, más días de trabajo anual, lo cual les permite obtener tasas de ganancia más altas que en los países metropolitanos. Entre 1970-1980 la tasa de ganancia en las filiales de los países dependientes doblaba a la de las casas matrices, a principios de los 80 la tasa de ganancia pasó al 22% en los países dependientes mientras que en los países capitalistas industrializados era el 11,5%. En los países dependientes es mayor la ganancia, más ventajoso el sistema fiscal y más barata la mano de obra.

La nueva división internacional del trabajo desde 1973 ha supuesto el desplazamiento de importantes sectores productivos del centro a la periferia, para aprovechar sus reservas de mano de obra barata. Un ejemplo lo constituyen las zonas francas industriales que permiten la explotación de la fuerza de trabajo de los países dependientes en una producción orientada al mercado mundial. En los años 80, 90 y 00, el imperialismo ha acelerado la deslocalización de empresas a la periferia donde los salarios son más baratos. No hay difusión de tecnología moderna, por cuanto es importada de transnacionales extranjeras, tampoco mejora la balanza comercial, debido a las exenciones arancelarias y la repatriación de las ganancias de las transnacionales instaladas. En definitiva, la industrialización parcial de algunos países subdesarrollados no ha significado la ruptura de la dependencia ni ha propiciado un desarrollo similar al de los países metropolitanos.

3.2.4 El modelo neoliberal de la acumulación de capital y desarrollo desigual

Otra de las fallas de la corriente mitológica de la Globalización como tendencia al margen de las contradicciones, es que en el fondo considera el desarrollo y existencia del capitalismo como inevitable, ya que promueve la impotencia frente al Pensamiento Único al anular la crítica desde la izquierda hacia la organización estatal capitalista burocrática y represiva. En el análisis socioeconómico se fetichizan las relaciones entre los seres humanos, donde predomina la “autonomía” de los procesos productivos y el “trabajo inmaterial”, rechazando la dialéctica en el enfoque económico-productivo (posición de Hart y Negri en Imperio). Enfoque en el que no caben clases ni lucha de clases, y donde la exclavización de la clase obrera es cosa remota de otros tiempos.

A falta de arsenal ideológico en parte de la izquierda, el neoliberalismo viene a ser el mal menor que libera al capitalismo de sus responsabilidades en un orden social globalizado en el que todo se justifica desde la lógica del desarrollo de las fuerzas productivas sin contradicciones, ni lucha de clases. Ignorando que la estrategia neoliberal es un cúmulo de políticas funcionales causadas por el paso de un modelo de acumulación de capital a otro, después de la derrota de las fuerzas revolucionarias. Ignorando que el MPC adopta diferentes formas de dominación por efecto del desarrollo de la lucha de clases en cada momento histórico. El neoliberalismo no es la meta final de la Globalización, ni la antesala inevitable del comunismo, como tampoco lo fue el fascismo de los años 20-30. El neoliberalismo es un modelo económico, social, político, militar e ideológico de dominación de clase, nacido de la reestructuración interna de la acumulación capitalista que se inició con la ola de privatización de sectores a principios de la la década de los 80 del siglo pasado en Gran Bretaña y EE.UU. Las consecuencias de este modelo para la clase obrera y la capacidad de resistencia de los pueblos son regresivas y suponen un ascenso de las fuerzas contrarrevolucionarias beneficiarias de la Globalización neoliberal en los siguientes terrenos:

• En lo político, retroceso de libertades y la democracia con el reforzamiento del carácter autoritario y represivo de los Estados capitalistas, contra las luchas y reivindicaciones de la clase obrera y los pueblos. Se recorta el poder de los parlamentos a favor del poder ejecutivo y se refuerza la tendencia hacia el bipartidismo. La gestión política del modelo neoliberal no requiere siempre regímenes dictactoriales, puede sustentarse en aquella democracia formal que reproduzca la desmovilización con un movimiento obrero débil y corporativizado, y una izquierda cooptada que legitime el sistema (centrismo, tercera vía, apoliticismo).
• En lo ideológico, Pensamiento Único, fin de la historia, individualización de las relaciones sociales, primacía del individuo sobre la colectividad, desestructuración de la condición clasista, importación de modo de vida imperialista, el revisionismo histórico y el anti-comunismo.
• En lo militar, monopolio casi absoluto del armamento bajo los ejércitos mercenarios de la trípode imperialista, y recrudecimiento de las guerras locales y genocidio de los pueblos ocupados.
• En lo social y lo económico, recortes sociales, atomización y destrucción de los instrumentos de defensa colectiva de clase (leyes anti-sociales y anti-sindicales). Agudización más profunda en el desarrollo desigual entre países, aumento mundial del hambre, la pobreza y las enfermedades, etc, de forma masiva y permanente.

La Globalización Marx y Engels la situaban en el Manifiesto del PC como tendencia histórica de tránsito en el MPC a partir de la creación por la gran industria del mercado mundial, que afianza el carácter internacional de la producción y el consumo que arrastró ya entonces y ahora a todos los países (17), aunque nunca siquiera insinuaron que ello fuese de forma multiforme. La actividad del capital no tiene fronteras, la ley de la máxima ganancia es una ley absoluta del capitalismo, la reproducción del capital desarrolla la exportación de capitales y bienes cuando los límites del mercado nacional se estrechan, de ahí que el mercado mundial (global) sea una característica del capitalismo como formación socioeconómica. Ya entonces en los tiempos del Manifiesto, Marx y Engels constataban que las antiguas industrias nacionales eran derruidas por nuevas industrias, el antiguo aislamiento nacional era superado por el intercambio universal y la interdependencia de las naciones en lugar del aislamiento tanto en la producción material como intelectual. Sólo el capitalismo al crear el mercado mundial único, dió origen a un proceso de universalización de la historia superando el aislamiento de las comunidades humanas. Esta universalización tiene lugar inicialmente a través de la creación del sistema colonial y el proceso de acumulación originaria de capital, hasta nuestros días.

Pero esta tendencia globalizadora no es uniforme, ni metafísica, dado que en su expansión el capitalismo transita bajo el desarrollo desigual como ley absoluta en su fase imperialista donde la Globalización se manifiesta de forma diferente en cada país, se acentúa el desarrollo desigual entre países e industrias, se impulsa la emigración de masas de trabajadores, la especulación financiera, la expropiación del ahorro de la población (ejemplo: crisis argentina) y la intervención económica y fortalecimiento de las funciones represivas del Estado contra los movimientos potencialmente revolucionarios (movimiento obrero en las metrópolis, y anti-imperialismo en los países periféricos). Las distintas condiciones históricas en cuanto al desarrollo capitalista de cada país se reflejan al nivel de desigualdad entre las ramas de producción y la economía, viendose de forma más aguda en los países que fueron arrastrados al capitalismo por medio del colonialismo. Es significativo, por ejemplo, que en India hoy mientras la producción agrícola representa el 16,6% del PIB absorve el 60% de la población activa.

Bajo el imperialismo la interdependencia de las economías capitalistas se profundiza, a raíz de la formación de los monopolios transnacionales, la creación de acuerdos imperialistas de carácter internacional, regional y bilaterales (FMI, BM, OMC, UE, TLC…), donde la actividad del capital en el denominado mercado global refuerza la vinculación de sus partes en diferentes Estados, manteniendo su base nacional protegida por su Estado a pesar de su actividad internacional. Esto se hace patente en la elevación de las contradicciones interimperialistas entre Estados imperialistas o uniones de Estados. Todos los países capitalistas están integrados en el sistema imperialista, de forma desigual, independientemente del nivel de desarrollo de las relaciones capitalistas.

El desarrollo e intercambio desigual del capitalismo que condena al subdesarrollo o desarrollo dependiente a países, regiones y sectores económicos, y amplifica la reproducción de sectores tecnológicos de vanguardia de alta composición orgánica en las metrópolis imperialistas, no es característico sólo de la fase imperialista, ya que incluso en su etapa premonopolista el MPC de los siglos XVIII y XIX se contemplaba el desarrollo desigual en un proceso de acumulación mundial que condujo a una división internacional del trabajo que ya concentraba el desarrollo industrial en unos cuantos países, convirtiendo al resto en apéndices agrarios y mineros de los centros industriales.

Frente a esta realidad los apologistas de la Globalización plantean que con la aparición de las empresas Transnacionales (tildadas erróneamente como multinacionales, como luego veremos) que dominan el mercado, son un factor decisivo de planificación y eliminación de la crisis. La realidad es que sólo se planifican los beneficios en relación a contrarrestar la tendencia decreciente de la tasa de ganancias, el desarrollo de las fuerzas productivas es desigual incluso dentro de una rama productiva tanto a nivel nacional como internacional, estableciéndose una división internacional del trabajo basada en la dominación/dependencia, con arreglo a la recuperación de la tasa de ganancias del capital, que es decreciente, provoca fuertes contradicciones del desarrollo entre los Estados capitalistas centrales rivales, como entre los grandes monopolios Transnacionales, y en su carrera competitiva condenan a la periferia imponiendo unas relaciones de dependencia y dominación infranqueables.

Echemos un vistazo a los niveles de esa dependencia: Dependencia financiera, con la sujeción al sistema monetario y organismos financieros internacionales controlados por el centro imperialista. Dependencia tecnológica del monopolio establecido por las Transnacionales que frena el desarrollo independiente de las fuerzas productivas de la periferia. Dependencia comercial donde los mercados nacionales son obligados al consumo e importación de mercancías del centro imperialista. Dependencia cultural con el monopolio de los medios de comunicación de masas como mecanismo de penetración de la ideología imperialista y atomización de las clases explotadas y los pueblos oprimidos. Dependencia de los recursos energéticos y naturales con el control imperialista de las materias primas y energéticas del planeta. Dependencia militar con el monopolio del armamento convencional y de destrucción masiva en manos de los Estados imperialistas.

Esta dependencia consolida una división internacional del trabajo que impide a la periferia tomar iniciativas para su desarrollo (18), y cuyo efecto inmediato es la desigualdad en el crecimiento económico entre el centro y la periferia, un desplazamiento mayor de los intercambios comerciales al interior del centro imperialista donde actualmente se realizan el 75% de los intercambios mundiales, la especialización en la exportación en la mayoría de los países de la periferia de determinadas mercancías (agrícolas, materias primas, etc.), la dependencia extrema del comercio exterior de tales países que efectúan el 80% de los intercambios con los estados centrales del imperialismo, y la constitución en determinados países periféricos de industrias (automóvil, textil, electrónica, etc.), de productos con alto contenido de trabajo no calificado (acero, conservas, ropa, repuestos, componentes automotrices, autos de bajo valor añadido…) y un bajo valor de la fuerza de trabajo en relación a los países centrales, mientras los países dominantes mantienen para sí la producción de bienes y servicios más sofisticados, con un alto contenido de trabajo cualificado (maquinaria, alta tecnología).

En este contexto, la trayectoria histórica de la relación dominación/dependencia, centro/periferia, países dominantes/países dominados que data desde el siglo XIX, y se consolida en el circuito imperialista desde el principios del S. XX. Por ejemplo, Brasil a principios del S.XX no había hecho más que responder a la demanda mundial de materia prima del caucho sin participar en ciclo completo (producción-distribución), la financiación, comercialización, industrialización y distribución. El precio de producción se repartía de la siguiente manera 40% para los intermediarios, 10% impuestos de exportación e importación, 10% para transporte, 5% comercialización, 30% propietarios, 5% salarios. Por otro lado, mientras el café se cosecha en Brasil, Colombia, Guatemala, etc, con salarios de miseria, EE.UU. y Europa movilizan grandes capitales y empleo para la distribución y la venta acentuando el desarrollo desigual. Con el petróleo pasa lo mismo, los países ricos ganan más por el proceso de refinarlo y consumirlo que los países pobres por producirlo, apenas reciben el 10% del valor total, restando aranceles, gastos de transporte, refinación, procesamiento y distribución que realizan los monopolios transnacionales. Normalmente son filiales de las transnacionales ubicadas en los países petroleros las que realizan las labores de extracción. Las transnacionales controlan la mayoría de los procesos de extracción, elaboración, transporte y comercialización de las mercancías. En Bolivia la nacionalización del estaño en 1952 no modificó sin embargo el papel del país en la división internacional del trabajo debido a que no disponía de hornos de fundición propios, el estaño se continuó exportando en bruto refinándose en los hornos de Liverpool. Con el hierro pasa igual, las mayores reservas se encuentran en los países fuera de la trilateral, mientras que el acero se produce mayoritariamente en los países del centro capitalista, la extracción de hierro recibe salarios de miseria, mientras que los salarios del acero son altos. Estos ejemplos sugieren que el desarrollo histórico de los países de la periferia están inducidos por la dependencia, por el dominio imperialista, y que únicamente rompiendo esta dependencia tecnológica, comercial y financiera pueden disponer de un desarrollo económico y político propio y no deformado.

La división del trabajo en la cadena imperialista, se ha ido transformado de la inicial especialización de la periferia de materias primas y productos agrícolas, caracterizada por la vieja división norte-sur, industrializados y no-industrializados, por una nueva división internacional del trabajo centro-periferia, en la que por la vía de la inversión de capital extranjero se ha desarrollado una industrialización de determinados países, condicionada por el monopolio tecnológico, financiero e industrial del centro imperialista, lo que no deja de suponer un instrumento de subordinación-sometimiento de la política exterior de los Estados de la periferia a los Estados imperialistas. La opresión imperialista posee aquí un doble carácter, por un lado el imperialismo parte de las relaciones de producción existentes en el país dependiente, y por otro es un factor externo que esquilma la economía nacional y rebaja la independencia política.

El imperialismo logra un equilibrio en la acumulación a costa de conseguir los salarios bajos de la periferia y el intercambio desigual o manteniendo bajos los precios de las materias primas y productos agrícolas extraídos. Existe una especialización en la periferia de industrias del textil, automóvil y la electrónica a partir de la crisis de los 70, producida por medio de la instalación de filiales de las Transnacionales, mientras el centro se dedica a una nueva revolución tecnológica. La empresa Transnacional se expande internacionalmente en búsqueda de fuentes de inversión rentables a la recuperación de la tasa de ganancias, aprovechando el coste laboral inferior, el acceso a recursos naturales, las ventajas fiscales y de transacciones internas dentro de la empresa entre las filiales implantadas en la periferia con el centro.

Se importa a partir de la mitad de los años 70, desde el centro imperialista hacia la periferia un desarrollo industrial nacional (México, Corea del sur, Singapur, Brasil, Taiwan…), basado en la producción de bienes primarios dirigidos a la exportación, donde ya no solo exportan materias primas y productos agrícolas, sino productos manufacturados en la industria ligera de elevada productividad y gran utilización de la mano de obra. Por ej., actualmente en EE.UU. la industria del automóvil se instalan en México e integran las unidades de fabricación en su estructura productiva de Norteamérica, en el sudeste de Asia Toyota fué la primera en concentrar las unidades de ensamblaje en Thailandia, y fabricación de motores en Thailandia e Indonesia, etc.

Las oligarquías financieras nacionales y los Estados de la periferia se transforman en apoyos del centro imperialista. Se crea una relación de dependencia donde la alta tecnología de equipo se establece en el centro y la baja tecnología en la periferia. En el centro el desarrollo multifacético de la economía, en la periferia especialización en algunas facetas productivas y con escasos recursos financieros propios. Las Transnacionales financieras e industriales, los Estados imperialistas y las instituciones Transnacionales (FMI y Banco Mundial) reproducen la dinámica desarrollo desigual centro-periferia, influyendo e incluso dirigiendo la elaboración de la política-económica de los Estados dependientes.

Esta experimentación de penetración de las Transnacionales en las economías nacionales tiene sus raíces en los propios países capitalistas avanzados a partir de la IIª Guerra Mundial, cuando la exportación de capitales se dirige fundamentalmente al centro (Europa Occidental) creando filiales que forman parte de la estructura orgánica de una empresa matriz (las Transnacionales yanquis). Esta prioridad inversora hacia los paises industrializados, es llevada también por Japón hacia la UE y EE.UU para competir con sus rivales. Las filiales se funden con las economías nacionales donde se instalan y producen productos acabado para el mercado interno y mundial.

Si bien al principio el dominio del capital yanqui era incuestionable con la instalación de filiales productivas y control financiero en Europa Occidental entre los años 50-70, hoy este se encuentra a partir de la crisis de los 70, en una situación de retroceso, con respecto a los capitalistas japoneses y europeos, al centrarse los últimos mas en la inversión productiva y los primeros en la industria militar, lo cual da muestras de la existencia de las contradicciones imperialistas y del desarrollo desigual del sistema, también en su centro.

El capitalismo japonés se ha fortalecido penetrando en todos los mercados mundiales: Asia oriental, Norteamérica y UE. Como respuesta a la penetración del capital japonés en los EE.UU., donde dispone de empresas productivas propias. El capital yanqui constituyó las llamadas plataformas para la exportación (19) con la deslocalización e instalación de fábricas, zonas francas industriales en países periféricos de reciente industrialización (Singapur, México, Corea del Sur, Taiwán, Brasil…), las cuales producen productos (calculadoras, ordenadores, relojes, coches…) dirigidos al propio consumo interno en los EE.UU, con el objetivo de arrebatar mercado nacional propio al capital japonés.

Un caso especial es Asia, donde fueron pioneras las Transnacionales de ropa y electrónica instalando sus fábricas aprovechando los bajos salarios. Esos países surgen como exportadores de ropa y productos electrónicos. El este asiático se convierte rápidamente desde finales de los años 60 en el centro mundial del ensamblaje minielectrónico, promocionado por EE.UU. Esto ofrece a los monopolios occidentales una fuerza de trabajo dócil bajo la represión de las dictaduras sostenidas por Washington. Reducciones fiscales, legislación laboral represiva, con limitación y hasta prohibición de las huelgas y sindicatos de clase, garantizan una productividad alta, precarias obligaciones sociales, salarios bajos, o sea, una tasa de explotación rentable.

De esta forma se impone una nueva forma de industrialización en la periferia, no de sustitución de importaciones para el propio mercado interno, sino exportadora para el mercado mundial, hacia el centro imperialista. Una forma de industrialización de dependencia en un doble sentido. El consumo de los países del centro depende cada vez más de las importaciones de la periferia, y la producción industrial de la periferia depende de la exportación a los mercados de los paises del centro imperialista, en cuanto solo allí tienen salida las mercancías elaboradas en las zonas francas perpetuándose de esta manera el desarrollo desigual de África, Asia y Latinoamérica, al no destinar la producción industrial fundamentalmente para el mercado interno.

Por ej., el peso de la producción industrial estadounidense en relación a las importaciones industriales desde 1.973 (88,3%) ha bajado al 50,3% en el 2.004. Esto indica la importancia acrecentada de la fabricación industrial en el extranjero para el consumo estadounidense. Dicha importación hoy se reparte en un 22,3% proveniente de la UE, Japón y Canadá, mientras que el resto (27,4%) proviene de la periferia. Es creciente la dependencia de la economía yanqui de los productos industriales fabricados en la periferia, lo que por otra parte permite a los EE.UU. aprovecharse de las transferencias internacionales de plusvalía basadas en la producción extranjera: bajos precios en los productos importados, repatriación de beneficios y pagos por patentes y tecnología (20).

Esta industrialización dependiente, complementaria o de reserva no ha cambiado todavía el peso de las exportaciones de los países de la periferia, ya que siguen siendo los productos primarios quienes ganan la partida. Por ej., en Latinoamérica, la región del mundo dependiente más industrializada, en la década de los 80 las materias primas agrícolas y minerales fueron el 80% de la exportación, el resto corresponde a artículos acabados y semifabricados. Las transnacionales controlan el 60% de las ventas por los países en desarrollo de más de 20 materias primas básicas (estaño, bauxita, hierro, cobre, café, té, algodón, plátano, etc.).

MIentras EE.UU. impuso barreras aduaneras al avance japonés en la década de los 80, en la siderurgia, el automóvil y semiconductores. Las Transnacionales japonesas respondieron instalando filiales productivas a partir de 1985 en Asia, copiando el modelo yanqui.

Alemania hacia el Este de Europa, Latinoamérica y Asia Pacífico, y Japón en Asia, han seguido los pasos del capital yanqui, reindustrializando economías como plataformas para la exportación de sus mercancías transnacionalizadas (productos de bajo valor añadido), y como instrumento de retención de la caída de la tasa de ganancias, imponiendo una nueva división internacional del trabajo que busca producir más y pagar menos salarios. La división internacional del trabajo impuesta por las potencias imperialistas es una rapiña organizada. El valor producido por ej. en el este asiático es transferido a las diferentes potencias, la mayor parte a Japón, alimentando la acumulación de las Transnacionales japonesas en lucha con sus competidores, sean yanquis o europeos.

Como efecto de la penetración del capital Transnacional imperialista en la reindustrialización, la participación en el comercio mundial de los 4 dragones asiáticos (Corea del Sur, Hong Kong, Singapur, Taiwán), ha permitido que en el período 1.963-88 se haya multiplicado por 4, pasando de 1,9% a 7,7%, que en el mismo período el ingreso per capita se multiplicase por cinco, que las exportaciones de Corea del Sur entre 1.965-85 se hayan incrementado de 104 mill. de dólares a 27.669 mill., multiplicándose 270 veces, y por este mismo camino han ido el resto de los dragones asiáticos y China (21). En Bangladesh la industria textil suponía el 1% de todas sus exportaciones en 1.982, mientras que en el 2.001 suponía el 73%. En esa línea, las inversiones de Japón en Asia a partir de la década de los 90 sobrepasa ya a las de Japón en EE.UU.

Los EE.UU. como respuesta al boom japonés en Asia Oriental, favoreció el comercio con sus socios (Canadá y México) en el Acuerdo de Libre Comercio Norteamericano. Con este tratado, aplicado desde 1994, las Transnacionales aprovechan al máximo las maquiladoras mexicanas, como empresas que pueden importar máquinas y piezas de EE.UU. a condición de exportar su producción. Las filiales yanquis del textil, electrónica y automóvil incrementan sus inversiones en México. Las Transnacionales yanquis tienen aquí un filón-ganga, ya que pueden implantar una filiar en México, importar el material estratégico de EE.UU. y vender sus mercancías en EE.UU., sacando ventaja por los bajos salarios. Paralelamente las exportaciones de los tigres asiáticos hacia EE.UU. bajaron vertiginosamente, ya que para EE.UU. son México, otros países de latinoamérica vinculados al ALCA y China los receptores de ese cambio en la orientación de las inversiones yanquis. Por ej., si en la franja de 1991-95 Asia era el mayor exportador a EE.UU. de material electrónico, cerca del 80% de las importaciones a EE.UU., a partir de 1996 se invierte, México pasa a convertirse en uno de los primeros países exportadores a EE.UU. de electrónica por delante de la mayoría de paises asiáticos. Que EE.UU. decida reorientar la organización de la producción y el origen de sus importaciones hacia México y China, perjudica a las economías y balanzas comerciales de los países asiáticos que ven como pasan a partir de 1995 a ser deficitarias (Corea del Sur, Filipinas, Thailandia), dando pie a lo que se ha denominado la crisis de los tigres asiáticos, provocada por la sobreproducción de mercancías ante la reducción del principal mercado, el de EE.UU., en las exportaciones de tales países, por ej., la sobrecapacidad del sector del auto en 1997 se elevaba a 7 millones de coches, el 30%, que el consumo interno era incapaz de absorver. La crisis asiática ahogó a las burguesías nacionales emergentes del este asiático, bajo el FMI, en beneficio de las oligarquías yanquis y japonesas. Lo cual es un indicador claro de la dependencia del desarrollo de tales paises y del desarrollo desigual del capitalismo en el mundo.

Como rasgo general podemos decir que la nueva estrategia imperialista, desde el último cuarto del S.XX, aplicada a través de las Transnacionales, el Banco Mundial y el FMI en la actual etapa pasa más por la industrialización de determinadas zonas de la periferia, sustituyendo al clásico saqueo imperialista de principios del siglo XX.

Ello no ha frenado la penetración en las economías imperialistas competidoras. En esta carrera, la UE y Japón cobran ventaja, ya que como decíamos, mientras EE.UU. está volcado en la industria militar, se enfrenta con desventaja en el sector de alta tecnología industrial. EE.UU. ha pasado de ser el gran inversionista exterior a ser en un gran receptor de inversión extranjera. Recibe casi el doble de lo que exporta. En el periodo que va de principios de la década de los 90 del siglo pasado al 2.003, la deuda externa de EE.UU. ha pasado de 268.000 mill. de dólares a 2,5 billones (25% del PIB), y el déficit comercial ha pasado de 35.000 mill. en 1.992 a 420.000 mill. (22). En el sector del auto, la TRANSNACIONAL japonesa Toyota ha desplazado a G. Motors en líder de producción mundial (2.006), las marcas japonesas mantienen un indice de productividad superior a las de EEUU y la penetración de las marcas asiáticas en EEUU en ventas llega al 26% de vehículos (35% turismos) mientras las marcas yanquis reducen ventas.

No obstante, la acentuación de la política exterior militar de EE.UU. (guerras de Yugoslavia, Afganistán e Irak) obedece a un esfuerzo del imperialismo yanqui de doblegar a sus competidores industriales de la UE y Japón, por medio del control de los recursos energéticos. Precisamente la última guerra de Irak fue llevada a cabo para privar a la UE de uno de sus mayores suministradores de crudo. Pero a pesar de los esfuerzos la tendencia histórica del peso de las economías imperialistas rivales tiende a equipararse, si en 1.945 el PIB de los EE.UU. representaba el 50% mundial, en 1.999 éste representaba el 28,8%, la UE-15 el 27,3% y Japón el 14,5%. Bajo esta tendencia los EE.UU. han tenido que compartir estrategias, dando lugar al eje trilateral de los años 70 (Norteamérica-UE-Japón) cuando el peso industrial de los EE.UU. es sobrepasado por el resto de países imperialistas en bloque, donde los grandes industriales y financieros europeos y japoneses impusieron ya unas nuevas relaciones internacionales en el reparto de la tarta.

Un caso aparte es China, que se incorpora a la rivalidad economica con las potencias imperialistas desde su nuevo modelo de transición al socialismo. China mantiene un control extricto sobre las diferentes Transnacionales que se instalan desde fines de los 90 (fundamentalmente en el sector del automóvil aprovechando el bajo coste del valor de la fuerza de trabajo), donde el gobierno dirigido por el Partido Comunista Chino (PCCh) utiliza la inversión extranjera para acelerar la industrialización del país creándo una transferencia de conocimientos científicos y tecnológicos para el desarrollo de sus propias fuerzas productivas no dependiente de las Transnacionales y supeditado a la planificación de la economía con predominio del sector industrial público y socialista. Para evitar dependencia tecnológica el gobierno chino ha llegado incluso a comprar patentes de tecnología, por ej. ante la quiebra de la MG Rover (marca británica de coches) China compró los derechos de diseño y tecnología. China sujetó a las transnacionales a su estrategia exportadora y se hizo con mercados de EE.UU., obligó a las Transnacionales implantadas a transformarse en empresas mixtas acelerando la transferencia de tecnología, las empresas chinas estatales y privadas superaron su dependencia desarrollando sus propios centros de I+D, y finanzas, aumentando el control sobre las empresas mixtas. El acuerdo de la OMC minó las barreras de EE.UU. al comercio e impulsó el flujo de capital yanqui a los sectores productivos chinos, socavando la competitividad de la base productiva de los EE.UU. Tal modelo de desarrollo industrial ha triplicado en China su crecimiento en la última década, ha cambiado la composición clasista aumentando el peso de la clase obrera y ha colocado a China como la 2ª potencia económica, con una previsión de alcanzar en el PIB a EE.UU. en el 2.020. El intercambio comercial en China se ha doblado en el periodo 2.001-04, desde su incorporación a la OMC, alcanzando los 1.150.000 mill. de dólares, colocándose en el tercer lugar del mundo por volumen comercial (23). En la actualidad buena parte de los bonos del tesoro público de EE.UU. tienen titularidad china, lo que unido a su imparable crecimiento industrial, la convierten en uno de los principales enemigos del imperialismo yanqui. A través de los bancos estatales, China controla el sector financiero, dificultando el flujo de dinero hacia las potencias imperialistas. Invierte cientos de miles de millones en su economía interior como trampolín hacia mercados exteriores, y en el exterior (Irán, Arabia Saudí, Sudán, Latinoamérica, etc) para garantizar las materias primas a su industria. China además favorece el intercambio con países en desarrollo con la disminución de los aranceles para la importación de productos de esos países, que supone la mitad de las importaciones chinas (un tercio procede de Africa), y ofrece préstamos a bajo interés e inversiones destinadas al desarrollo de las infraestructuras, sector industrial, agricultura y telecomunicaciones (como en Venezuela).

En el momento de la crisis (2007-2008) si China ha superado a Alemania como primer exportador mundial y su PIB ya es el 2º del mundo por delante de Japón, ello es debido a las políticas contrarias a la agenda neoliberal del consenso de Washington. No obstante, hay que analizar con cautela a la hora de considerar a China como una superpotencia capitalista como los países de la triada, ya que de las 500 principales empresas, el 96% pertenecen a la triada (EE.UU., Japón, UE), manejan 64 billones de dólares, una cantidad que es 27 veces superior al capital de la reserva china. De los 50 principales bancos en el mundo no figura ningún chino. Las inversiones directas de China al extranjero de Rusia, China, Brasil e India juntas representan menos que las de Holanda. En el 2009 China invirtió en los países desarrollados menos de un 5% de lo que China recibe en inversiones extranjeras, lo que es un síntoma de que las transnacionales extranjeras están muy afincadas en China, pero apenas existen empresas Chinas en los países capitalistas avanzados.

No obstante, al margen del modelo chino, en general a pesar del despliegue hacia la periferia de actividades productivas y de servicios, el desarrollo multifacético de la economía nacional en determinados países de la periferia no es tan pleno como sí lo fué en la etapa inicial del desarrollo del capitalismo en los Estados nacionales del centro, como la industrialización capitalista de Inglaterra, Alemania, EE.UU, Japón, etc, ni del desarrollismo nacional-reformista de los años 40-50 en países como México y Argentina. Este es un capitalismo neoliberal implantado desde arriba, mediante la exportación de capitales y la implantación de las Transnacionales monopolistas, un capitalismo dependiente y deformado por el propio desarrollo del imperialismo que ubica a las economías dependientes en un determinado lugar de la división internacional del trabajo, un capitalismo que no modifica ni subvierte la estructura social del país, sino que se inserta en ella y la somete, un capitalismo que no permite la difusión de la tecnología moderna, por cuanto es importada de empresas extranjeras sin la cesión de patentes, y tampoco mejora la balanza comercial debido a las exenciones arancelarias y la repatriación de beneficios. Un capitalismo cuya meta principal consiste en garantizar el proceso de reproducción y circulación del capital de las metrópolis, donde la división internacional del trabajo dominada por el capital transnacional fuerza y condena a la especialización productiva en la mayoría de los países de la periferia como cantera de materias primas (petroleo, gas, minerales…), productos agropecuarios, y producción de bajo valor añadido de la industria de bienes de consumo duraderos, donde sólo una ínfima parte se invierte para las necesidades nacionales, disponiendo de escasos medios de producción para el desarrollo de ramas de economía nacional necesarias al mercado local. De lo que se desprende que:

a) El progreso económico de la producción material en la periferia depende de los intereses del capital transnacional y no de los intereses de los pueblos. Tal interés no aumenta la composición técnica de capital, no se desarrollan las industrias básicas que producen medios de producción (bienes de equipo) y la agricultura permanece estancada y no se mecaniza.
b) La venta de las principales mercancías de la periferia no depende del mercado interior, sino de la demanda en las potencias imperialistas.
c) La especialización de la periferia, hipoteca el consumo del mercado local cada vez más dependiente de las importaciones, cuyo suministro imponen los precios las Transnacionales extranjeras.
d) La adquisición de préstamos e inversiones financieras de los bancos Transnacionales, provoca el endeudamiento.

La causa del estancamiento de las fuerzas productivas en los países de la periferia es su contradicción con las relaciones de producción basadas en la dependencia del imperialismo, el predominio del capital financiero, transnacional y el latifundio capitalista que frenan el desarrollo, este último de forma especial ya que la renta y su agente social, el terrateniente, siendo categorías económicas que preceden al capital y se integran en el modo de producción capitalista, donde el peso de la renta absoluta sigue siendo una remora para el desarrollo industrial. Por tanto, la dependencia del imperialismo es la causa del estancamiento de las fuerzas productivas en tales países, donde el capitalismo monopolista de Estado en los países dependientes no dejan por ello de tener una similitud esencial con los países imperialistas: la presencia del Estado en el proceso de extracción, apropiación, circulación y uso de la plusvalía es imprescindible para hacer posible la reproducción del capital y asentar las relaciones de producción capitalistas dependientes.

Sin embargo, los planteamientos de la economía política burguesa que mistifican la Globalización, consideran ésta desde una perspectiva unilateral y parcial, no comprenden la totalidad dialéctica del proceso y su núcleo motriz, elevan a categoría absoluta algunas tendencias o manifestaciones del desarrollo capitalista, que casan bien con la plena justificación positivista del orden establecido: culto a la globalización uniformada de las finanzas y la especulación, de los mercados y estrategias, de la industrialización de las formas de vida y los modelos de consumo, de la “unificación política” del mundo, de las tecnologías, el desarrollo económico uniforme, etc., como arietes de la ideología burguesa que fragmenta el conocimiento desligándolo de todo contexto socioeconómico y político, siendo incapaz de comprender la globalización como efecto del eje central: la objetividad de la explotación de la fuerza de trabajo, de las relaciones de producción capitalistas y su desarrollo desigual en la fase imperialista y el modelo neoliberal.

Es difícil que científicamente se pueda considerar a un Estado capitalista del centro o primer mundo como EE.UU., pertenezcan al mismo ámbito de desarrollo que Argentina, Brasil, Corea del Sur y otros, entre otras cosas porque las decisiones siguen tomándose fuera, en los Estados imperialistas del centro-mundial (USA, Japón y UE), y ahí tenemos el ejemplo de la crisis de Argentina un país que fue saqueado por el FMI y el Banco Mundial, dominado por burócratas designados por los Estados imperialistas más fuertes, donde las posibilidades de desarrollo independiente, e incluso de competencia inter-imperialista están super-limitadísimas. El populismo burgués latinoamericano desarrollado en los años 50/60 en Argentina, Brasil y México con altas tasas de crecimiento económico, no logró sacar a estos países de la periferia, y hoy son Estados fuertemente endeudados con el centro imperialista. Hay que añadir, sin embargo, que el impago de la deuda externa argentina bajo el gobierno Kichner posibilitó que la economía argentina librada de la carga financiera exterior volviese a crecer.

Las economías de los Estados capitalistas de la periferia no están preparadas para competir independientemente con los centros del capitalismo mundial, a no ser que se independicen política y económicamente, porque la única alternativa viable es optar por una posición anti-imperialista y luchar por el socialismo.

Son los Estados imperialistas los que dominan el movimiento del proceso de acumulación del capital y reparto neocolonial de las economías de la periferia, los que disponen de la capacidad económica multisectorial para la competencia, porque es allí donde las relaciones de producción capitalistas históricamente han implantado los centros de decisión y dominio mundial del sistema tanto a nivel económico-tecnológico como político e ideológico. Precisamente los organismos internacionales económicos, financiero, cormercial y militar (FMI, BM, OMC, OCDE, OTAN…) son foros de gestión de las políticas de los Estados imperialistas (imperialismo colectivo) y foros de competitividad y de pacto sujetos al desenlace de la rivalidad por el dominio mundial en el proceso de acumulación de capital. El FMI realiza funciones de política monetaria neocolonial hacia la periferia, la OMC no defiende la libertad de concurrencia sino la protección de las Transnacionales modelando los sistemas económicos de la periferia en función de las exigencias de la triada imperialista. La OTAN no es una organización militar humanitaria, sino una estructura militar agresiva del imperialismo que mantiene intactos sus gérmenes de la política de guerra fría, etc.

Tales Instituciones Internacionales no son imperialistas por su forma antidemocrática, poder de voto y veto de un puñado de países, sino por su carácter, por la potencia de los Estados imperialistas en la acumulación de capital, su rivalidad en el dominio de los mercados, la concentración monopolista de los grupos capitalistas y su mayor poder militar. EE.UU., Francia, Reino Unido y Alemania tienen más del 60% del poder de voto sobre las decisiones, en tanto que el resto de Estados que son el 80% de la población mundial, sólo representan apenas el 40%. Esas instituciones son Transnacionales porque están en los hechos manejadas por los Estados imperialistas, y ello aunque se incorporen países como China y Cuba, y si llegado el caso los Estados imperialistas se quedaran en minoría en la toma de decisiones, las inutilizarían y crearían otras más acorde con sus intereses.

El dominio imperialista se ejerce a través de medios económicos “pacíficos” y medios políticos más o menos violentos. Los medios económicos son la libre circulación de mercancías y capital que permite a los monopolios y el capital financiero de los países dominantes, tecnológicamente más avanzados, se establezcan y apoderen de la economía de los países de la periferia, dominados. Los métodos políticos del imperialismo son diversos, desde el tratado colonial que prohibía la producción local de aquellos bienes que podrían competir con las importaciones de la metrópoli a la actual imposición del libre comercio en las relaciones económicas internacionales (el papel de la OMC); el establecimiento de tarifas aduaneras o de otras barreras proteccionistas que violan el libre comercio pero que protegen industrias en los países dominantes; la concesión de “créditos condicionados” subordinados a la ejecución de ajustes estructurales (el papel del actual FMI), la injerencia militar, etc.

Economías capitalistas como EE.UU., Gran Bretaña, Alemania, Japón, etc., se han beneficiado en los dos últimos siglos, de un desarrollo de la acumulación de capital en un mercado nacional independiente, proteccionista, de explotación extensiva e intensiva de la clase obrera, en base a un desarrollo multisectorial de la economía (manufactura, gran industria, mecanización agraria, servicios, etc.) con una acumulación colonial originaria y neocolonial de explotación y saqueo de la periferia que todavía perdura. Mientras que destacados países de la periferia como Argentina, no han contado con tales premisas y el capitalismo privado se ha desarrollado en un marco de dependencia del mercado mundial dominado por los monopolios Transnacionales del centro imperialista. En Latinoamérica el neoliberalismo como dogal de la dependencia, se viene ya aplicando desde hace 35 años con la conversión de sus economías en sistemas inviables para satisfacer las necesidades básicas de la población (24). Latinoamérica es un continente superexplotado por el capitalismo y supeditado al imperialismo yanqui, vive un sistema de dependencia bajo el neoliberalismo, que determina la desnacionalización de sus economías llevada a cabo por la oligarquía financiera transnacional de la potencia neocolonial. El imperialismo yanqui requiere ampliar el sojuzgamiento de Latinoamérica, para asegurar su hegemonía mundial frente a otros bloques imperialistas, centrados en Europa y Asia. De ahí su pugna por un solo mercado desde Alaska hasta Tierra del Fuego donde circulen sus capitales, mercancías, servicios, y transformar la región en coto de caza de recorsos naturales, materias primas y fuerza de trabajo barata para sus transnacionales. Ante el fracaso del ALCA, el gobierno de los EE.UU., ya sea demócrata o republicano, ha continuado en el S.XXI su política económica neocolonial, gracias a la multiplicación de los tratados bilaterales de libre comercio (TLC), en América Central, Colombia, Perú y Chile. Estos tratados bilaterales y supranacionales, como el ALCA y el TLC, buscan el mismo objetivo, limitar la soberanía de los países, liquidando las industrias y agriculturas locales que compiten con sus productos.

Sólo un desarrollo interdependiente de la periferia y de carácter anti-imperialista puede provocar un crecimiento de las fuerzas productivas y la calidad de vida de las clases subalternas y explotadas. La propuesta supranacional de Chavez para Latinoamérica es anti-imperialista porque parte de la base de crear un bloque proteccionista en Sudamérica (el ALBA: Alternativa Bolivariana para las Américas), como proyecto de integración, económica, política y cultural contra el ALCA y el TLC, para resguardar la soberanía sobre los recursos propios, que libere de la dependencia el desarrollo económico, impulse el crecimiento industrial, cambie las relaciones económicas externas e internas, proteja el entorno y preserve la cultura nacional, aprovechando el resurgimiento de las luchas de clase y las perspectivas revolucionarias en el cono sur latinoamericano. Ahora frente a la crisis (2008-09) los nuevos gobiernos anti-imperialistas de la zona, donde destacan Venezuela, Ecuador y Bolivia dotados de nuevas constituciones democráticas, se han fijado programas que rechazan las medidas de regulación estatal que socializan las pérdidas capitalistas (la nueva constitución de Ecuador por ej., prohíbe estatalizar las deudas privadas), la defensa de los recursos públicos, el mantenimiento del empleo, reparto de la jornada, nacionalización de fábricas que cierren o despidan, la nacionalización de los recursos, la nacionalización de la petrolera Chaco en Bolivia, etc. Estos países, en medio de la crisis, deben su desarrollo al papel rector del Estado con una política económica, que ha atendido a su mercado interno y ha potenciado con políticas públicas la reducción de la desigualdad social y el crecimiento económico, por ej. Bolivia ha logrado superávit tras 66 años, ha duplicado la recaudación tributaria, y ha conseguido un crecimiento económico real tras 2 decadas de neoliberalismo y dependencia. Son estos países que hacen caso omiso de las recetas neoliberales del Concenso de Washington, los que confirman que frente a la crisis existen alternativas al modelo neoliberal capitalista.

El ALBA es una propuesta anti-imperialista porque busca la creación de un mercado interdependiente frente al control imperialista sobre los países de la zona, que sepa aprovechar los recursos económicos propios, emulando el modelo de China, Bielorrusia y la antigua URSS. En esa dirección la nacionalización del petróleo venezolano (Petrosur) y boliviano (Chaco), cobraría una fuerza mayor frente a las relaciones imperialistas de la economía si este proyecto se extendiera a otros países (Brasil, Argentina, Uruguay…) donde la correlación lleve a la izquierda hacia políticas anti-neoliberales, desde los gobiernos actuales (Lula en Brasil, Kichner en Argentina, Evo en Bolivia, Correa en Ecuador; Chavez en Venezuela y Tabaré en Uruguay).

En esta lucha de clases de contenido anti-imperialista se encuentra la oposición del imperialismo yanqui, donde la derecha, e izquierda reformista latinoamericana (Alan García en Perú, Bachelet y la derecha en Chile…) han llevado y llevan los “caminos señalados” por el Fart West del Consenso de Washington: liberalizar el régimen económico para crear un clima inversionista exterior favorable (liberalización del comercio e inversiones extranjeras, privatizaciones, desregulación laboral, reordenar las prioridades del gasto público, etc.). Es decir, fortalecer la división internacional del trabajo impuesta por el desarrollo desigual.

En estos Estados de la periferia, el sector estatal y los recursos naturales se encuentran en el centro de beligerancia entre las fuerzas sociales partidarias de la liberación nacional, que pugnan por construir países soberanos, por la emancipación socioeconómica y el socialismo, frente a las fuerzas del necolonialismo, cuya base es el capital transnacional de la potencia imperialista, al que se alinean la derecha y la tercera vía nativa de esos países, que propician un modelo de inserción económica dependiente, el cual supone la desnacionalización de la economía sobre la base de las privatizaciones y los privilegios a la inversión extranjera.

El capital financiero dominante en la periferia de América no tiene ya nada que ver con la burguesía desarrollista industrial (antes del surgimiento del neoliberalismo en Latinoamérica). El capital financiero y comercial (agroexportadores) han ido reforzando su integración al circuito financiero internacional, y participan en el reparto de la plusvalía como acreedores de sus propios Estados-nación.

La cadena imperialista mundial está marcada por una delimitación de roles entre las metrópolis imperialistas y las formaciones social-estatales dominadas y dependientes, las cuales son dominadas no ya desde el exterior, extratosféricamente, sino desde dentro con la introducción del MPC y la constitución de la burguesía nacional-industrial (con acumulación de capital propio) ligada y subordinada al capital imperialista a través del comercio exterior (intercambio desigual) dedicada a la exportación que se coloca como la máxima interesada en el mantenimiento de costes laborales bajos para contrarrestar las pérdidas del intercambio desigual, la burguesía compradora rentista y comercial (ligada al capital imperialista sin acumulación de capital propio) y la oligarquía agrolatifundista (terrateniente). Tal cadena establece formas de acumulación de capital (hoy neoliberal), y de división internacional del trabajo como base de la reproducción ampliada del capitalismo a nivel mundial, donde como situaba Poulantzas “..la internacionalización de las relaciones capitalistas no puede ser comprendida mas que… en la existencia de la reproducción del MPC…en formaciones sociales (cadena imperialista)… esta internacionalización no es la simple integración de las diversas formaciones sociales, a saber, el producto de un MPC mundial previo …lo cual conduce a la ocultación de la cadena imperialista: consiste realmente en la reproducción inducida del MPC de las metrópolis en el seno de las formaciones dependientes y dominadas... en las condiciones históricas nuevas de su reproducción.” (25).

La dialéctica dominación/dependencia expresa en la actualidad la existencia a nivel internacional de la cadena imperialista, donde los Estados centrales del MPC, entrelazados con su burguesía Transnacional u oligarquía financiera integran en el proceso mundial de acumulación del capital al resto de burguesías periféricas. Aquí los Estados periféricos, juegan el doble papel de defensa y representación de los intereses de las burguesías nacional, compradora y terrateniente, a la par de facilitar la reproducción inducida del dominio del capital imperialista, a través de bloques de representación y dirección del poder político, bloques atravesados por la cadena imperialista. Los componentes de esta alianza al defender objetivos trazados por la división internacional del trabajo, asumen una posición proimperialista y neocolonial para el impulso del capitalismo central. La realización de una política ajustada a los intereses del imperialismo recurre a los medios políticos más reaccionarios que garanticen el proceso de desarrrollo desigual. El papel que juegan las embajadas, servicios secretos y organismos financierios Transnacionales de los Estados imperialistas respaldando regímenes políticos, incluyendo dictaduras militares, útiles para garantizar la circulación y rentabilización del capital de la periferia al centro, reafirma el carácter clasista-dependiente de los Estados periféricos. Precisamente tras la IIª Guerra Mundial existen una infinidad de Estados acusados de violación de los derechos humanos, que reciben ayuda de los EE.UU. (Turquía, Indonesia, Marruecos, Israel, Filipinas, Perú…), donde hay lobbistas estadounidenses que se profesionalizan en la defensa de regímenes dictactoriales y bonapartistas.

Esta alianza transforma a los países centrales en países receptores de recursos, materias primas e importación de manufacturas baratas, induciendo el atraso de los países periféricos y convirtiéndolos en países rezagados y dependientes. El capitalismo imperialista no desarrolla una lucha contra las clases populares nativas para orientar un capitalismo nacional bajo el dominio de la burguesía industrial nacional sino que favorece los intereses de las oligarquías financiera, terrateniente y comercial, que aseguren un modelo periférico exportador de materias primas y plataformas industriales de bajo valor añadido, afín a los intereses del capitalismo central. Esto significa que las fracciones del poder político de los Estados capitalistas de la periferia no tienen como objetivo defender un capitalismo nacional autónomo, sino acentuar las condiciones de la dominación imperialista que garanticen los intereses de las clases dominantes, burguesa y terrateniente. No es extraño que los nuevos gobiernos de izquierda en Bolivia, Ecuador y Venezuela hayan tenido que romper las constituciones políticas que santificaban el régimen de dependencia política y económica con la oligarquía financiera. No es extraño la batalla contra el TLC, y la propuesta de integración económica del ALBA, para implantar unas estructuras económicas soberanas.

Los Estados centrales imperialistas han procurado minimizar la soberanía de los Estados nacionales en la periferia. Esta dominación imperialista ya no necesita como hasta fines de los años 70 del siglo XX suprimir la soberanía política de los países subdesarrollados, es más eficaz limitarla reestructurando las relaciones sociales de Estados jurídicamente soberanos, posicionando en la cúspide de la regulación estatal a representantes de las clases dominantes parásitas ligadas a los circuitos financieros internacionales e involucrada en la explotación imperialista, que protegen el expolio de los recursos llevado a cabo por las empresas Transnacionales de los Estados imperialistas dominantes. El caso de la Venezuela prebolivariana es ejemplar, la clase dominante logró implantar durante las últimas décadas un modelo de dominio político garante del expolio y enriquecimiento masivo de los latifundistas, gran burguesía y Transnacionales yanquis, donde de Venezuela se había extraido hasta entonces el equivalente a 15 planes Marshall en divisas del petróleo, durante muchas décadas Venezuela sufrió la sangría de miles de millones de dólares como rentas del capital extranjero, fruto del dominio imperialista. Dominio que comenzó a cuestionarse con la constitución bolivariana y el anti-imperialismo del gobierno de Chavez, de ahí la rabiosa resistencia del imperialismo y la burguesía local contra la transformación constitucional del Estado venezolano.

Los sujetos principales de la dominación imperialista actual, son el capital financiero transnacional y los Estados neocoloniales, que ejercen su dominio a través de instrumentos como el FMI o la OMC que representan y promueven los intereses de la oligarquía financiera transnacional de las potencias neocoloniales, y también a través de los Estados dependientes y fuerzas sociales reaccionarias, de los países que son el objetivo de la política neocolonial (Consenso de Washington en Latinoamérica). Para la dominación imperialista la fuerza militar y los aparatos político-militares, son un recurso en circunstancias excepcionales (guerra civil en Colombia, crisis y reparto de recursos en Oriente Medio, África, etc), en general basta con el control de los mercados y del circuito mundial del crédito, para estrangular y hacer dependientes a los dictados neocoloniales las economías de la periferia.

La aceleración del endeudamiento de la periferia es gestionada con medidas anti-crisis, de desregulación económica como caldero de las recetas neoliberales, bajo la batuta y control de los gobiernos de los Estados imperialistas y las instituciones financieras controladas por ellos, forzando a entrar en el círculo de la dependencia también a países de la periferia con cierta fortaleza industrial. Los planes de ajuste estructural constituyen una herramienta para domesticar a los países del “tercer mundo” y sus efectos son desastrosos, ya que son sin lugar a dudas la causa que ha promovido el recrudecimiento de conflictos étnicos y religiosos, llegando incluso a la ruptura de Estados (Somalia, exYugoslavia, Ruanda) (26). Esta coyuntura coincidente con la explotación intensiva del proletariado de los países centrales alimentada con medidas neoliberales, ha provocado el surgimiento a mediados de los 90 del siglo pasado de un potente movimiento anti-sistémico contra los gobiernos imperialistas y las entidades financieras que controlan, atacando la legitimidad de tales instituciones “internacionales”, y del concepto de la Globalización de capital, dándo un contenido más clasista y anti-imperialista a las luchas.

3.2.5 Imperialismo y novedades de la Globalización 

La teoría científica del imperialismo fue planteada por Lenin, su esencia económica se manifiesta por medio de 5 rasgos fundamentales, la concentración de la producción y del capital hace surgir el monopolio, el cual desempeña un papel decisivo en la vida económica; la fusión del capital monopolista bancario con el industrial, surgiendo sobre esa base el capital financiero y la oligarquía financiera; la exportación de capitales, a diferencia de la exportación de mercancías; la formación de agrupaciones monopolistas que se reparten económicamente el mundo; reparto y lucha permanente por un nuevo reparto territorial del mundo entre las potencias capitalistas más fuertes.

Históricamente el imperialismo ha atravesado por 4 etapas. La primera de finales del S.XIX y principios del S.XX, donde los capitales se desplazan a la periferia (exportación de capitales) para solventar las crisis de Alemania, Francia e Inglaterra entrando en una rivalidad imperialista por el reparto de las colonias, la cual se resuelve por medio de las armas.

La segunda etapa, posterior a la Iª Guerra Mundial con el afianzamiento de la URSS como contrapeso revolucionario al MPC, en alianza con el movimiento obrero de los paises capitalistas y los pueblos colonizados. Dentro de esta fase se produce la crisis económica del 29 que afecta a los países de capitalismo más desarrollado desde EE.UU. hasta Alemania, donde inicialmente la rivalidad imperialista rehabilita al imperialismo alemán (el Anchluss, la guerra de España, pacto de Munich con la ocupación de Checoslovaquia, etc.) en contra de la URSS como enemigo común. Al final los objetivos clasistas de la rivalidad imperialista serán superados por la lucha de clases imponiendose la estrategia antifascista de la IIIª Internacional de lucha de los pueblos ocupados contra el imperialismo en Europa y Asia.

Tras la IIª Guerra Mundial se inicia una tercera etapa que dura hasta 1.973, con tasas de crecimiento económico en todos los países capitalistas, tanto en el centro como en la periferia. Es la denominada “onda larga” interrumpida con breves lapsus (crisis 1.951-52, 1957-58,1964-65, 1966-67, 1969), bajo predominio del modelo keynesiano de acumulación de capital, fundamentado en el Estado de bienestar para contener el avance comunista en el movimiento obrero. Es en este periodo donde las guerras interimperialistas desaparecen, siendo sustituidas por las guerras de los Estados imperialistas contra los países en proceso de descolonización. Es en esta fase donde el imperialismo ve reducir su espacio geográfico (revoluciones de descolonización y liberación nacional en Asia y Africa, revoluciones populares y socialistas en Europa del Este, China, Cuba, Vietnam…), y ve limitado su margen interno de maniobra política con la crisis revolucionaria en Europa Occidental. Es la época del auge del movimiento obrero y el movimiento contra la guerra del Vietnam.

En este margen estrecho, en su 4ª etapa, el imperialismo supo sobrevivir e imponer sus condiciones en el “mundo libre”, con una nueva etapa iniciada tras la crisis del 73, con el modelo neoliberal de acumulación en la década de los 80 vigente hasta nuestros días con la importación de ganancias (filiales, deuda externa, etc.) de la periferia al centro y el endeudamiento público. En esta etapa se ha intensificado la dependencia entre los países de la cadena imperialista y la proliferación de filiales de las empresas transnacionales se ha visto con un espectacular aumento de la inversión de capital respondido con un geométrico aumento de la importación de beneficios de la periferia a la metrópoli. Por ej., si el flujo de capitales invertidos en los países subdesarrollados entre 1970 y 1980 ascendió a 62.615 millones de dólares, las ganancias repatriadas fueron el doble, 139.703 millones, siendo las compañías yanquis las que mayor rentabilidad sacaron, por cada dólar invertido repatriaron 4 dólares (11.446 mill. de inversión y 48.663 mill. de beneficio). Se impone una nueva división internacional del trabajo que convierte a los países dependientes, de la cadena imperialista, que son la mayoría de los países capitalistas, en colonias de producción industrial a bajo precio mientras los países imperialistas se resevan para sí el monopolio de la alta tecnología, el dominio del mercado mundial, el control de las materias primas y las fuentes de energía, estableciendo en los países dependientes y subalternos las industrias contaminantes, utilizando la tecnología, la ciencia y el capital financiero como factores de dominación y dependencia de los países subalternos. Lenin ya situaba que las “naciones privilegiadas” representaban una parte cada vez menor en el conjunto de los países capitalistas (Congreso Internacional Socialista Stuttgart 1907).

Cuarta etapa que coincide además con la caída de la URSS (eliminación del contrapeso mundial) y el inicio de un nuevo reparto por la recolonización de las nuevas zonas de influencia en Europa Oriental, Asia y Africa. La función de los Estados imperialistas será en adelante implantar las condiciones que garanticen la reproducción de las relaciones de explotación entre el centro del sistema capitalista mundial y la periferia. Esto lo lograrán asegurando en la periferia una red de regímenes políticos títeres a su servicio y, naturalmente, liquidando o bloqueando, según las circunstancias, cualquier sistema político que intente romper las relaciones de explotación internacionales. Tal, y no otro, es el motivo de las guerras imperialistas de Yugoslavia, Afganistán, Irak, etc.

El imperialismo como fase actual del Modo de Producción Capitalista no puede ser considerado por tanto, como una vulgar estrategia política, militar o ideológica de los Estados capitalistas centrales, sino como una fase socioeconómica del desarrollo del Modo de Producción Capitalista, de reproducción ampliada a nivel mundial, que integran la superestructura y la infraestructura, lo político y lo económico de las diferentes formaciones sociales nacionales como lugar de su existencia y manifestación, producto del desarrollo desigual de las fuerzas productivas bajo la dirección y sometimiento de las relaciones de producción capitalistas, y como parte de la lucha de clases a nivel internacional entre explotadores y dominantes (Estados imperialistas representantes de los intereses de clase del capital trans-nacionalizado y la oligarquía financiera) por un lado y los explotados, dominados y oprimidos (clase obrera, clases populares y países en subdesarrollo, dominados) por otro lado, y también Estados independientes en lo político con relativa independencia en lo económico (países liberados con orientación anti-imperialista y algunos Estados de orientación al socialismo).

Bajo esta delimitación del análisis en la actualidad podemos establecer el carácter de clase de los Estados bajo el imperialismo en su etapa neoliberal:

  • Centros imperialistas (Norteamérica, Japón, Alemania, Francia, Gran Bretaña).
  • Estados semi-periféricos como competidores subsidiarios o dependientes (Italia, España, Rusia…).
  • Estados periféricos en desarrollo y Estados re-colonizados como pulmones para la recuperación de la tasa de ganancias: Corea del Sur, Indonesia, Taiwán, Brasil, México, Argentina, Europa del Este…
  • Estados periféricos en subdesarrollo. Grandes zonas de Asia, África y Latinoamérica.
  • Estados anti-imperialistas o de transición socialista, dotados de política económica protectora y de resistencia (Cuba, Vietnam, Corea del N., China, Venezuela, Bielorrusia…).

Ya Lenin en su época de las dos primeras etapas del imperialismo caracterizaba a éste como un sistema global formado por un núcleo de Estados industriales avanzados, rodeados de una periferia amplia, más poblada, compuesta de colonias, semicolonias y neocolonias, paises que hoy representan a la mayoría de la población sojuzgada por ese puñado de naciones capitalistas adelantadas, explotándola tanto en sus propios países como cuando se ve obligada a emigrar a las metrópolis imperialistas.

Siguiendo tal análisis el Imperialismo de hoy, bajo la tendencia a la Globalización de capital y las producciones, está caracterizado por:

  • El aumento de la concentración y centralización de la producción y el capital a escala mundial por medio de las transnacionales y el capital financiero.
  • El aumento del desarrollo desigual entre centro y periferia entre países y dentro de países.
  • El crecimiento de la explotación absoluta y relativa de la clase obrera. La contradicción más importante del capitalismo es agravada como consecuencia del desarrollo de las transnacionales: la contradicción entre la internacionalización del capital y la clase obrera internacional.
  • El predominio del monopolio en la producción y la concentración del capital en el ámbito mundial con hegemonía del capital financiero (fusión capital bancario e industrial), donde este dicta las operaciones productivas, siendo así que en los periodos de predominio de la fase especulativa de capital, la rentabilidad de las empresas (tasas de ganancia) se miden en periodos más cortos, en vez de años, en meses, con lo que los márgenes de una política industrial y de empleo desde los Estados capitalistas se reducen, acentuándose la competencia en la lucha por los mercados y las fuentes de energía y materias primas entre las diferentes oligarquías transnacionales que se reparten el mundo económicamente.
  • La creación de monopolios Transnacionales con filiales por todo el mundo (donde la mitad del intercambio mundial se realiza en su interior) desde donde se deciden inversiones y tecnología con el apoyo de Estados centrales y de la periferia.
  • La fusión/concentración de las Transnacionales que agudiza y reduce la competencia entre unas pocas en el interior de los sectores a nivel internacional (banca, seguros, petróleo, automóviles, química, comunicación, fármacos, etc.). Aumento de la autofinanciación y la financierización a través de la mayor capacidad que aportan las nuevas tecnologías de la información para la concentración y ubicación mundial de capitales.
  • La exportación e importación de capital, como fenómeno dual de la mundialización del ciclo del capital, de los beneficios invertidos cuyo origen pasa a ser cada vez más frecuente de la dependencia y la deuda externa de los países periféricos, donde la importación de capitales gana más peso en proporción inversa hacia los Estados imperialistas, después de la IIª Guerra Mundial (3ª etapa del imperialismo). Entre 1950-1967 por cada dólar invertido en latinoamérica EE.UU. repatrió como ganancias 3,2 dólares. Sólo en Ayuda Oficial al Desarrollo en el 2000 los países en desarrollo recibieron 31.625 mill. $, mientras que estos devolvieron en concepto de deuda externa 381.742 mill. $ a los llamados países ricos, para hacerse una idea, Chile, Brasil y Túnez reciben un 0,1% y 1,1% respectivamente de su PIB, que luego devuelven a un precio equivalente al 8,7%, 10,5% y 9,8% respectivamente, de su PIB (27). El conjunto de los países del sur suministran anualmente 450.000 millones $ a los países ricos (28). Este aspecto fue señalado por Lenin indirectamente al denunciar la base material para contaminar de chovinismo colonial al proletariado de los países imperialistas, destacando que la burguesía inglesa obtenía más ingresos de los cientos de millones de habitantes de las colonias que de los obreros ingleses (Congreso Internacional Socialista Stuttgart 1907).
  • Derivación de las contradicciones inter-imperialistas a la concurrencia político-económica y comercial. Exclusión provisional de guerras inter-imperialistas por el reparto territorial. Control militar y desplazamiento de las guerras imperialistas hacia la periferia por los recursos energéticos. Sigue la lucha permanente por un nuevo reparto territorial del mundo entre las potencias capitalistas más fuertes.
  • La organización a escala universal del ciclo de acumulación del capital permite poner en competencia a los obreros de todos los países, el ejército industrial de reserva adquiere cuerpo mundial. La presión sobre los salarios a escala internacional.
  • Crecimiento imparable de la deuda externa y del déficit público de los países dependientes.

De las novedades del imperialismo introducidas posteriormente a los análisis de Lenin, se debe destacar a las transnacionales emergen como unidades económicas autosuficientes para asegurar el proceso de acumulación, han desarrollado elementos organizativos del proceso productivo que aunque no los inmuniza contra la crisis del capitalismo reducen su vulnerabilidad al ciclo depresivo. Por ejemplo, en los EE.UU. las 236 mayores transnacionales a principios de los 60 producían hasta 50 clases de mercancías variadas desde alimentos prefabricados hasta tecnología nuclear y telecomunicaciones. Además las transnacionales maximizan las ganancias al participar en amplios mercados sobre un escenario mundial que les permite resistir los impactos de la recesión y depresiones del capitalismo.

En los EE.UU. 187 transnacionales controlaban a través de 10.000 filales en el mundo el 80% de la inversión de EE.UU. Ya en 1968 el valor de la producción de las filiales alcanzó casi cuatro veces más que el valor de todas las exportaciones yanquis, la internacionalización de los mercados internos mostraba toda su plenitud a través de la producción en los mercados de la periferia.

La penetración de la inversión extranjera en el sector industrial que ahora acompañan a las inversiones clásicas del inicio del imperialismo, plantaciones, petróleo y minerales, además de orientar las transnacionales su producción hacia el mercado interno. El desarrollo de un sector industrial significativo en los mercados de la periferia no ha superado la situación de dependencia ya que la tecnología, las materias primas y la escasa densidad del sector industrial que genera bienes de producción modifican pero no eliminan las formas de dependencia de la periferia. Las plataformas para la exportación implican la introducción en la periferia de una renovada concentración y centralización del proceso productivo con tecnologías de avanzada y alta composición del capital en comparación con el capital existente en la periferia, aun siendo de segunda generación en la metrópoli. Se introduce un desarrollismo inducido desde la metrópoli para el mercado interno donde las transnacionales buscan realizar el capital a través de su posición monopolista en los mercados de la periferia. Los frutos de ese desarrollo son accesibles para ciertas capas de la pequeña burguesía y algún segmento del proletariado, mientras que el resto de la clase obrera y sectores sociales son condenados a la marginalidad.

De todas maneras la producción de mayor valor añadido que se fabrica en la periferia se orienta hacia los mercados externos (plataformas para la exportación). Las políticas de los gobiernos de la periferia dentro de esta onda expansiva se encuadran hacia la creación de un clima favorable para la atracción de las transnacionales, generando un fortalecimiento de la dependencia y la penetración imperialista y el crecimiento de un capitalismo de Estado dependiente subordinado a las leyes generales que regulan el modo de producción capitalista donde su papel consiste en garantizar las condiciones más altas de ganancia para las empresas monopolistas del sector privado, con lo cual se demuestra que la mejor defensa de los intereses de las transnacionales no pasa precisamente por la demolición de los Estados-nación en la periferia, sino por su subordinación y el reforzamiento del capitalismo de Estado.

La burguesía compradora ligada al capital extranjero en los inicios del imperialismo es sustituida por la burguesía asociada a las transnacionales, socia menor del imperialismo que abandonó los intentos de imponer un proyecto nacional contrapuesto a los intereses de la metrópoli, se inclinó a la aplastante superioridad económica, financiera, tecnológica y política de las transnacionales que superan en muchos casos el producto nacional bruto de los propios países en los que se radican las filiales.

Aunque el mundo entero ya está recorrido por el capitalismo, el reparto económico-territorial no se agota. Este se da en incesante beligerancia entre los Estados imperialistas concentrados en la triada y a pesar de la hegemonía USA. Pero tambien ejercen un imperialismo colectivo hacia la periferia, ya que pocas veces afloran las contradicciones interimperialistas, como en la guerra de Irak, manteniendo a la mayoría de los Estados más pequeños bajo su dominio con formas de neocolonialismo por medio de la dependencia financiera, la explotación de las Transnacionales, el saqueo de los recursos y la deuda externa, y llegado el caso a través de la fuerza militar. Pues de la misma manera que no se puede poner en un plano de igualdad a los Estados-nación de los países desarrollados con los de la periferia explotada, hay que advertir que las tensiones y rivalidades imperialistas se atenúan frente al enemigo común en la periferia y a los países socialistas todavía existentes, adoptando estrategias comunes de carácter económico, comercial y militar. Recordemos por ejemplo que en Indochina una vez terminada la guerra mundial el pueblo vietnamita inició su resistencia en Nam Bo contra el colonialismo francés y tuvieron que enfrentarse contra tropas francesas dotadas de cañones, tanques, aviones y respaldadas por tropas inglesas y japonesas, ¡¡¡que pronto se juntaron los estados imperialistas para contener la lucha de liberación nacional de Vietnam!!!.

El aterrizaje masivo de transnacionales con su poder económico, tecnología, técnicas de comercialización, financiación y organización del trabajo, obliga a pactar un régimen con las transnacionales para garantizar tasas extraordinarias y que el Estado sea capaz de asegurar la continuidad futura de esas ganancias por muchos años. En este terreno es necesario que la gestión de la política económica neoliberal disponga de manos libres para garantizar su aplicación, y si es necesario clausulando para ello las libertades democrático burguesas. Precisamente las dictaduras latinoamericanas desde los 70 solo pueden entenderse desde estos parámetros del nuevo modelo de acumulación del capitalismo que impusieron una nueva forma de Estado de excepción en el capitalismo de la periferia.

En su momento la Comisión Trilateral que nació por iniciativa de David Rockefeller en 1.973, fue creada para buscar estrategias de imperialismo colectivo, fue integrada por representantes de la gran burguesía (oligarquía financiera) y los Estados centrales del capitalismo: EE.UU., Europa Occidental y Japón, compuesta por altos ejecutivos de las principales empresas Transnacionales, y bancos, abogados de los monopolios, legisladores, expertos académicos en asuntos internacionales y económicos, etc. Los mayores productores mundiales del petróleo, acero, automóviles, los mayores propietarios de cadenas de televisión y los principales grupos financieros son miembros activos de la Trilateral. Su primer presidente fue Zbigniew Brzezinski, posterior consejero del presidente Carter. La estrategia está encaminada a favorecer la expansión de las Transnacionales que inevitablemente chocan con las fronteras políticas locales, que resultan demasiado estrechas a sus intereses. Los antecedentes de la Trilateral se encuentran en el llamado Club de Bilderberg (fundado en 1954), centro de reunión de grandes financieros mundiales y sus testaferros, políticos conservadores y socialdemócratas, ejecutivos de grandes Transnacionales, altos cargos de los servicios de inteligencia y monarcas europeos (españoles miembros: Almunia, Ferrer Salat, Fraga, Pujol, Serra, Ybarra, Juan Carlos I, etc.). A través de la Trilateral las potencias imperialistas armonizaron, pactaron y se pusieron de acuerdo en sus relaciones internas para ejercer el imperialismo colectivo, la administración colectiva del orden internacional capitalista, de los intereses comunes y solidarios de clase en el ámbito internacional para hacer frente al campo socialista, la clase obrera, los movimientos de liberación nacional y a la periferia de la cadena imperialista. El cuadro de entonces a hoy apenas ha cambiado.

La concentración y la internacionalización del capital son la base objetiva que impulsan los organismos de coordinación económica, política y militar del imperialismo. Las líneas estratégicas de la política económica tienden cada vez más a trazarse desde esos organismos supranacionales que imponen su dictado a las naciones dependientes o semidependientes y a la clase obrera. La supremacía económico-militar de los EE.UU. hace prevalecer sus intereses en la resolución de las contradicciones interimperialistas, ya que la competencia en el mercado mundial entre los países capitalistas no ha desaparecido, y se ha exacerbado más tras la caída de la URSS.

Aún así, y al hilo de la nueva época, hay quienes como Toni Negri, afincado en la “izquierda radical”, siendo fiel a su teoría ultraimperialista contemporánea (Imperio), plantea que la historia de la guerra imperialista, interimperialista y antiimperialista ha terminado, y que el fin de la historia ha desembocado en el reino de la paz, negando la lucha de clases en el terreno no sólo del Estado de la metrópoli sino en las naciones oprimidas por el imperialismo, porque para Negri los movimientos de liberación nacional y el nacionalismo de las potencias imperialistas son “indistinguibles”. La soberanía nacional liberadora y el internacionalismo proletario son superados en Imperio, lo que en la práctica significa impugnar la defensa de la soberanía de los pueblos oprimidos a favor del nacionalismo opresor de la potencia imperialista. O acaso, ¿no significa negar a Cuba su soberanía arrojar la revolución en brazos del nacionalismo imperialista de EE.UU.?

Ante cualquier opresión u ocupación militar, que los pueblos pretendan organizarse desde su Estado para hacer frente al imperialismo, no dejará de ser expresión de la lucha de clases en la época de la denominada Globalización, y llegado a éste ámbito todo aquel que “teóricamente” quiera justificar su posición política pasiva y conciliadora con el imperialismo contra los Estados-nación que defienden sus procesos revolucionarios en la periferia o simplemente se defienden de una agresión imperialista, por muy “comunista” que se denomine, olvidará lo que ya Marx situara al respecto en el Manifiesto de que en todos los países los comunistas apoyan a los movimientos revolucionarios “que actúan contra el orden social y político existente”.

No obstante, el que la pugna imperialista no desenvoque en confrontaciones militares abiertas, que exista una cierta gestión colectiva imperialista por la defensa común del capitalismo, y que los conflictos de la tríada imperialista con la periferia tengan más envergadura que los conflictos entre los propios socios de la triada, no quiere decir que las contradicciones entre los Estados imperialistas hayan desaparecido. Si bien existen las treguas entre Estados imperialistas, estas se rompen en el momento en el que una potencia imperialista intercede por sus intereses estratégicos, como se vió en la guerra de Yugoslavia (rivalidad Alemania-EE.UU). Que la hegemonía mundial sea de un Estado imperialista (EE.UU) imponiendo al resto la financiación de su déficit, no implica la disolución de los otros (Alemania, Japón…).

No obstante, también sería un error caer en el extremo opuesto al no señalar los nuevos elementos que bien surgen o bien se agudizan en torno al debate sobre la Globalización como tendencia, y no como mito. Vayamos al caso de las formas de transferencia y reparto de la plusvalía.

Ya hemos visto en el apartado 2.5.3 cómo las pequeñas empresas mediante el subcontrato industrial transfieren plusvalía a la gran empresa. Igual que las pequeñas empresas, las ramas nacionalizadas en la economía capitalista participan en los mecanismos de transferencia de la plusvalía. Es corriente que las ramas nacionalizadas tengan tasas de ganancia inferiores, que incluso no tengan ganancia alguna (vendan a precio de costo), o que tengan pérdidas. El mecanismo de esta transferencia de plusvalía en beneficio del sector privado es conocido, el sector público vende sus mercancías (acero, electricidad, transporte…) a un precio inferior que el que regiría si las mismas mercancías fuesen producidas por capitalistas, de esta manera los costos de producción privado se reducen y la tasa general de ganancia aumenta, pero por otra parte, si las ramas nacionalizadas venden con pérdidas, estas requieren subsidios con impuestos que gravan al capital reduciendo su margen de beneficio.

Lo que hoy se nos presenta como una novedad es la ola neoliberal la cual se ha sustentado precisamente en la ineficiencia del sector público presentándolo como no rentable para exigir su privatización, pasando a despreciar el papel de transferencia de plusvalía que este sector juega dentro de la economía capitalista. Olvidando que el sector público representa una serie de ventajas para los monopolios capitalistas: contratos públicos, salarios pagados a los trabajadores del sector público y subvenciones sociales que aumentar el mercado para las empresas, los intereses de la deuda pública, etc., que aumentan las ganancias de las empresas capitalistas; la producción en gran escala de bienes y servicios colectivos no mercantiles (educación, carreteras…) y la organización de la seguridad social, como economías que reducen el costo de la fuerza de trabajo. Sin embargo, si el capitalismo en su fase neoliberal a diferencia del keynesianismo mira menos el margen de transferencia de plusvalía del sector público, no es por capricho, es precisamente porque las deducciones de las ganancias que se requieren para sostener el gasto público contribuyen a la caída de tasa general de ganancias, mientras que por el contrario la pequeña empresa no entorpece para su supervivencia la tasa de ganancias.

También al igual que los monopolios o ramas más poderosas se apropian de una parte de la plusvalía creada en las empresas o ramas menos poderosas (menos tecnología, menos poder de mercado), los países del centro imperialista se apropian de una parte del ingreso creado en los países de la periferia. Estas transferencias internacionales de la plusvalía hoy se llevan a cabo a través de dos mecanismos, las relaciones de precios de interncambio (intercambio desigual), y por otro los flujos financieros de los países dominados a los países imperialistas mediante la importación de capitales (repatriación de beneficios, deuda externa, fuga de capitales). Dada esta transferencia internacional de la riqueza, los países de la periferia obtienen menos ingreso que el que producen; en los países dominantes ocurre lo contrario, la igualdad entre la riqueza creada y el ingreso que obtienen es válida únicamente a nivel de la economía mundial considerada como un todo.

En este sentido autores como Eric Toussaint (presidente del CADTM) han situado como un fenómeno nuevo característico de la nueva andadura acelerada en la década de los 80, la importación de capitales del sur al norte, de la periferia al centro, fenómeno que es la expresión de la dialéctica de diversas tendencias en los movimientos internacionales de la acumulación de capital.

La tendencia de las inversiones de capital en la periferia marca a la baja. Las inversiones de capital en el extranjero, de los Estados imperialistas en la periferia ha decaído por períodos, si entre 1.913-38 suponían el 67% de las inversiones extranjeras, en 1.960 eran el 33%, y en 1.990 el 20%. Durante la primera mitad de la década de los 90 del siglo pasado, los países de la periferia que cuentan el 87% de la población mundial sólo atrayeron un 15% del conjunto de los capitales que se desplazan, el resto va a parar al centro. En el 2.000, los flujos de capital que rescata la periferia suponían un 8%. El resto de inversiones se mantiene en la Triada imperialista. El imperialismo ha aminorado el desarrollo expansivo del capitalismo, reduciéndose el porcentaje del volumen del excedente sustraído por la tríada a la periferia, que se reinvierte en la misma para nuevas inversiones productivas. Estamos ante una dimensión nueva de saqueo imperialista donde la periferia “financia” al centro.

Esta importación emana de la transferencia de plusvalía de los trabajadores y pequeños productores de la periferia hacia las clases explotadoras de los Estados imperialistas y periféricos. Transferencia que opera de formas diversas y convergentes. Toussaint las enumera así (29):-El pago de la deuda externa.-Diferencias de tipos de interés entre el centro y la periferia.-El deterioro del intercambio desigual.-Monopolio del comercio mundial por las Transnacionales.-La repatriación de los beneficios de las Transnacionales implantadas en la periferia.-Privatización de empresas públicas de la periferia.-Patentes y derechos de propiedad intelectual.-Aumento en la periferia de la fuga de capitales y paraísos fiscales.-Transferencia de cerebros de la periferia al centro.-Proteccionismo del norte a productos del sur.-Imposición del comercio mundial de armas.A todas estas hay que añadir además:

-La inexistencia de la regulación internacional de salarios.

-La concesión de préstamos por el Banco Mundial y la imposición de la especialización.

-El dinero negro y la economía sumergida

3.2.5.1. El pago de la deuda externa.

La deuda externa es el principal mecanismo de transferencia de capital de la periferia hacia el centro, siendo una de las 3 formas desfiguradas de la plusvalía que Marx señalara en El Capital: el crédito. El dinero que reciben los países de la periferia en créditos es muy inferior al pago anual de devolución de la deuda e intereses, con lo que se convierten en exportadores natos de capital al centro imperialista. En el año 2000 la Ayuda Oficial a l desarrollo fue de 53.000 mill. de dólares, mientras que el cobro de la deuda por intereses y amortización fue de 330.000 mill, es decir la periferia dio 6 veces más de lo que recibió haciendo imposible salir del subdesarrollo y la dependencia. En el período 1.980-00 han pagado 10 veces más de lo que reciben en concepto de Ayuda Oficial para el Desarrollo (30). No es extraño que la deuda externa pasara de 62.000 millones a 2 billones de dólares (1970-2000), multiplicándose por 32. La mayoría de los países dependientes gastan en amortización del crédito hasta la mitad del importe de la exportación, de hecho la exportación deja de atender las necesidades del desarrollo económico. La deuda de los países más industrializados de Latinoamérica, Brasil, México y Argentina llegaba en la década de los 80 al doble y hasta el cuádruple de sus exportaciones anuales.

La periferia de Asia Pacífico (sin Japón) se lleva la mayor parte de la deuda, triplicándose durante la última década del S.XX, que ya en 1.999 alcanzaba 814.000 mill. de dólares, el 40% de la deuda externa mundial. (31).

El peso de la deuda externa en Latinoamérica en los años 80-90 obligó a exportar capitales hacia EE.UU. y en menor medida a la UE por sumas equivalentes a un Plan Marshall por año. En esos 20 años los Estados de la periferia, a los que se han añadido los países del Este europeo han “devuelto” 4,1 billones de dólares en concepto de deuda externa, equivalente a 40 Planes Marshall.

Además el FMI condiciona previamente su dinero a la aceptación de un Plan de Ajuste estructural, que consiste en liberalizar la economía, privatizando los servicios públicos entregándoselos a las transnacionales extranjeras, reducir la inflación a costa de los salarios y pensiones y rebajar el déficit presupuestario a costa de las prestaciones sociales. Esta receta ya es universar para todos los países sean desarrollados o subdesarrollados.

El pago de la deuda externa es incompatible con la democratización en tales países, los fondos que Latinoamérica ha transferido a los grandes bancos son los que se requieren para financiar la reforma social, si ese dinero que la región exportó a los centros imperialistas se hubieran utilizado en programas sociales (salud, educación y vivienda) intervención para crear empleo, promover la ciencia y la tecnología necesarias para la industrialización, la situación sería diferente. La deuda externa en Latinoamérica se disparó en la década de los 80, pasando del 36% del PIB al 64%  en sólo 6 años (1980-1986), pero si lo comparamos en un periodo más denso desde antes de la crisis 1970 hasta 1987 la deuda externa se multiplicó por varias veces, en Argentina pasó del 8,6% al 61,7%, en Chile del 25,8% al 89,4%, en México del 8,7% al 59,5%, en Uruguay del 11,3% al 42,2%, en Brasil del 8,2% al 29,1% del PIB.

Un dato más reciente coloca que mientras en el 2.003 los países desarrollados transfirieron 68.400 mill. de dólares como ayuda al desarrollo, los países del denominado tercermundo abonaron 436.000 millones (6 veces más de lo que recibieron) en concepto de pago de la deuda e intereses (XV Congreso de la FSM).

El 30% del excedente producido por los países periféricos y dependientes va a parar a los centros del imperialismo en concepto de deuda externa e intercambio desigual (32).

La deuda externa es el arma de dominación más devastadora del imperialismo sobre la periferia, de neocolonialismo con pérdida de la soberanía. La carga de la deuda es tal, que por ej. Mozambique ha destinado 3,5 veces más recursos para el pago de la deuda que los gastos estatales de sanidad y enseñanza juntas. En África, rica en minerales, petróleo y gas, la economía se destina a la exportación para ganar divisas para el pago de la deuda, la carga de la deuda subsahariana representa el 123% de su PIB y el 340% de sus exportaciones. Para conseguir un “alivio” de su deuda externa Tanzania es obligadado por el FMI a ¡¡¡privatizar el suministro de agua potable!!! a manos de una TRANSNACIONAL europea (33).

El proceso de endeudamiento de Argentina es ejemplar, siendo uno de los países con mayor crecimiento económico e inversión extranjera en Latinoamérica, entre 1.976-01 la deuda externa ha crecido de 8.000 mill. $ a 200.000 mill. $, tras la crisis argentina el pueblo estubo pagando una deuda a los dueños de las filiales argentinas de las Transnacionales que hicieron un buen negocio con la dictadura militar (Mercedes Benz, Deutsche Bank, Societé Generale…), e igualmente pagaba la deuda que generó la compra de armas a EE.UU.

Además cualquier préstamo del FMI supone asumir un reajuste estructural para garantizar el pago de deuda e intereses. Por ej., en 1991 Perú aplicó las directivas del FMI, las consecuencias no se hicieron esperar, el precio de la gasolina se multiplicó por 31, el pan por 12, y el salario mínimo se redujo un 90% en 15 años. Además exigió la liberalización de la economía, léase privatización de los sectores rentables de la economía, y la racionalización de los gastos públicos, léase reducir las prestaciones sociales de la población.

La dinámica del endeudamiento es la droga más dura conocida, genera adición, cuanto más se pide más se necesita, lleva hasta el límite el endeudamiento, en el que no se pueden pagar ni los intereses de la deuda desenvoca en un estado de renegociación perpetua con la intervención del FMI. Es el círculo vicioso del autoestrangulamiento, los créditos e inversiones aumentan, crecen los pagos por amortizaciones, intereses y dividendos, para recurrir a esos pagos se vuelve a recurrir sucesivamente a nuevas inyecciones de capital extranjero que generan compromisos mayores. Los pagos de intereses crecen más que la deuda. En muchos países las obligaciones de la deuda superan el PIB por habitante a casi el doble.

Sólo hay dos formas de salida de la espiral de la droga de la deuda, una, que el país adicto obtenga divisas suficientes para afrontar la deuda por medio de una balanza comercial positiva, exportar más para financiar las importaciones y hacer frente a los royalties y las ganancias que las empresas extranjeras repatrian hacia sus casas matrices, lo que para una economía dependiente es imposible; dos, promulgar el impago de la deuda en la lucha por un orden económico que palíe las desigualdades, lo cual es el único camino posible.

No obstante, lo asombroso de la deuda es que los países que representan el 80% de la población mundial deben ¡¡¡menos del 15% de la deuda pública de Norteamérica, la UE y Japón!!!. Los EE.UU encabezan el ranking mundial de Estados deudores, siendo el más insolvente, consecutivamente desde hace más de 50 años, en el 2001 la deuda total (pública, exterior y privada) representaba el 31% del PIB Mundial, pero la UE y el Japón no se quedan atrás ya que su deuda representan el 26% y el 12% del PIB mundial, respectivamente. Ello es consecuencia del estancamiento de la inversión productiva, las altas tasas de interés y la inflación provocada por los monopolios, a lo que el Estado no deja de ser un subsidiario de la economía privada, un resorte económico reproductor de las relaciones capitalistas en el ámbito de solventar la crisis de acumulación del capital, conteniendo la caída general de la tasa de ganancias a través de la deuda pública y la redistribución de la renta a favor del capital, por medio del recorte del gasto social, la adjudicación de infraestructuras al capital a cargo del erario público, la privatización de empresas y sectores básicos, la militarización de la economía, la conversión del Estado como primer cliente de los monopolios industriales y financieros, etc. Lo cual indudablemente que genera déficit y endeudamiento.

3.2.5.2 Diferencias de tipos de Interés entre el centro y la periferia.

Mientras en el centro es estable, del 4% durante la década de los 80 en los países industrializados, según un Informe del PNUD en 1.992 los países en desarrollo soportaban una tasa de interés efectiva del 17%, sobre una deuda de más de 1 billón de dólares, lo que significa un crecimiento del costo de 120.000 mill. que se agregan a las transferencias netas.

Las obligaciones de la deuda (intereses + amortización) sobrepasa ya las cantidades anuales prestadas a los Estados, lo que impulsa a las entidades financieras imperialistas a la renegociación de la deuda, obteniendo beneficios con un incremento de la tasa de interés que en la periferia triplica la tasa de interés de la trípode imperialista, ya que esta permanece estable. El criterio es mantener las tasas de interés por debajo para las empresas Transnacionales y aumentar las de los gobiernos periféricos que aplicaran recetas neoliberales (privatizaciones, reducción gasto social, reducción del déficit fiscal y desregulación laboral) para abordar la espiral del endeudamiento, y aumentaran los gastos militares y policiales para controlar a las masas empobrecidas.

3.2.5.3 El deterioro del intercambio desigual

Se agudiza el intercambio entre países en desarrollo como exportadores de materias primas, alimentos y productos manufacturados de bajo valor añadido, e importadores de productos industriales y tecnología de alto valor añadido de los países centrales.

El intercambio de mercancías, las inversiones y los préstamos conforman la camisa de fuerza de la división internacional del trabajo de los fuertes sobre los débiles. Los países de la periferia en la década de los 60 intercambiaban entre sí el 25% de las exportaciones, mientras que el 75% iba destinado hacia los centros imperialistas. En tal coyuntura la mayoría de los países latinos se identificaban con una sola materia prima o alimento, el café proporcionó el 64% de sus ingresos por exportación (1966-1968), en Brasil el 43%, en Nicaragua el algodón el 43%, en Chile el cobre el 74%,etc, que se intercambiaban en el mercado internacional en desventaja con los productos industriales de los países imperialistas, ya que los centros de decisión sobre los precios se fijan en Nueva York, Londres, París, Amsterdam, Hamburgo, etc. Poco ha cambiado la situación en nuestros días 40 años después. Para comprar un tractor se necesitan más sacos de café que hace 40 años, si el precio de las exportaciones de los países del “tercermundo” hubiese crecido al mismo ritmo que el precio de las importaciones los países dependientes hubiesen obtenido centenares de miles de millones de dólares más por sus ventas al exterior.

De todas maneras tampoco se quiebra este sistema desigual cuando una materia prima consigue soltear los precios bajos. Este es el caso del petróleo desde 1973 hasta nuestros días, ya que las empresas hegemónicas en el negocio no son empresas árabes o latinas, sino yanquis y británicas las que se llevan la parte del león, es una falacia imperialista echar la culpa de la crisis de 1973 a la subida del precio del petróleo, cuando hasta entonces su baja cotización representó un subsidio diferencial a las transnacionales industriales cuyas mercancías, en cambio, resultaban cada vez más caras.

Los precios de las mayoría de mercancías de los países dependientes bajan en relación a los precios de las mercancías que compra a los países que monopolizan la tecnología, el comercio, la inversión y el crédito, para compensar la diferencia y hacer frente a las obligaciones de deuda ante el capital extranjero, se han impuesto dictaduras fascistas, derribado gobiernos democráticos, etc, con el claro objetivo de cortar el crecimiento de los salarios.

La parte de los países en desarrollo en el comercio mundial tiende a disminuir a pasos agigantados. El peso del “tercer mundo” en el comercio mundial, ha pasado del 41% en 1.948 al 32% en el 2.000. El intercambio comercial es utilizado como uno de los recursos para detener la caída de la tasa de ganancias, y como ya situara Marx en El Capital, los capitales volcados al comercio exterior consiguen una tasa de ganancias más elevada al competir con mercancías de otros países con menor composición orgánica y de bajo valor añadido, por lo que en el mercado internacional las mercancías de los países industrializados se venden por encima de su valor individual obteniendo una superganancia, imponiendo así precios de monopolio. Los esfuerzos bélicos de imperialismo por impedir que los países de la OPEP fijen el precio del petróleo es una característica del intercambio desigual y el proceso de acumulación de capital. De hecho cabe destacar la continuidad de la depreciación de materias primas y recursos energéticos, petróleo, gas y derivados en los países periféricos donde se ubican, que ha llevado al imperialismo yanqui, británico, francés y alemán a provocar guerras para mantener el flujo y el intercambio desigual de estos recursos. El reajuste y la limitación de la producción del crudo a su justo valor supone una amenaza para los intereses imperialistas. Como destaca Michel Collon, la invasión de Kuwait fue provocada porque el gobierno autócrata siguiendo los dictados del imperialismo disparó la sobreproducción del crudo superando sus cuotas de barril, para depreciar el valor de esta materia prima de la que dependen los países de la zona.

3.2.5.4 Monopolio del comercio mundial por las Transnacionales

Las Transnacionales dominan los medios de transporte internacional, el comercio y la distribución de las mercancías. En 1.979 las Transnacionales ya monopolizaban el 74% de la flota mercante y los países en desarrollo sólo el 9%. Este monopolio fuerza a los países dependientes a pagar coste adicional por la comercialización de los productos que importan (34).

3.2.5.5 La repatriación de los beneficios de las Transnacionales implantadas en la periferia

Las corporaciones transnacionales no necesitan exportar capitales para financiar la acumulación y expansión de capital, las ganancias usurpadas a los países pobres sólo se reinvierten parcialmente en la periferia. En Chile el cobre ocupó el lugar del salitre como materia prima estratégica de la economía, al tiempo que la hegemonía inglesa cedía paso a los EE.UU., Chile posee las mayores reservas mundiales de cobre, es el tercer metal más utilizado después del hierro y aluminio, los mayores yacimientos de este metal permacieron hasta la victoria de Unidad Popular en 1970 en manos de 2 monopolios yanquis (Anaconda y Kennecott). Durante 25 años repatriaron 4.000 millones de dólares a sus casas matrices, mientras que sólo habían invertido 20 millones procedentes de las ganancias arrancadas al país. Con la dictadura fascista de Pinochet, el cobre volvería a la órbita imperialista.

En los años 70 las transnacionales alcanzaban 250.000 millones de dólares de ganancias cada año, de las que el 70% se repatriaban. El rescate de los beneficios de las Transnacionales hacia sus matrices desequilibra cualquier aumento de las exportaciones nacionales de la periferia. Ya en 1.971, 122 Transnacionales yanquis obtenían mayores beneficios en el exterior que en los EE.UU. (35).

El capitalismo en el interior de las Transnacionales funciona a través de las formas desfiguradas de la plusvalía (ganancia del empresario, ganancia comercial e interés del capital), las Transnacionales ya no prefieren invertir en sus filiales, sino prestar, apareciendo la inversión del capital productivo como capital-rédito, evadiendo así el beneficio de la empresa filial bajo la forma de interés (36). Entre 1972 y 1995 las transferencias de capital de por ganancias de la periferia al centro llegó a la cifra de 4,5 billones de dólares.

El comercio entre matriz-filial también es desigual, lo que la matriz vende a la filial (componentes, maquinaria) se sobrefactura y a la inversa se subfactura lo que la filial vende a la matriz, es una forma de exportar beneficios a la casa matriz bajo el beneficio comercial. La casa matriz de la Transnacional intercambia en su filial, pagos por licencias, mercancías y servicios de tecnología a precios de monopolio muy superiores al mercado mundial, lo que intensifica el proceso de tranferencias de plusvalía desde las periferias (37), por ej. los EE.UU. venden más productos a sus filiales que lo que adquiere de ellas. Una parte de las ganancias es reinvertida y la otra es remitida al exterior, a esta se suman los pagos de patentes, marcas, servicios técnicos, etc.

Según Papic (38), el ej. de las Transnacionales farmacéuticas es criminal, pues imponen en la periferia precios de venta superiores al mercado mundial entre el 33% y más del 300%, por ej. la tetraciclina cuesta de 3 a 10 veces menos en la UE que en la periferia. Y también sucede a la inversa, que las exportaciones de las filiales a la casa matriz, que ya a principios de los 80 suponía un tercio de las exportaciones de los países de la periferia, se evalúan a precios desvalorizados (39).

Es frecuente que las casas matrices de las Transnacionales despojen los activos, y se apoderen de las redes distribuidoras y el mercado de sus filiales. No es extraño que sucursales que obtienen cuentas con pérdidas anuales, aún así sigan funcionando en la periferia ¿quién sino garantizaría a las Transnacionales, salarios bajos, y precios de transferencia favorables a la empresa matriz?.

Un ejemplo claro es la evolución de la economía yanqui, hasta 1973 casi todo era fabricado en EE.UU. y las importaciones eran limitadas, a partir de entonces la parte de la producción industrial yanqui no deja de bajar pasando del 88,3% al 50,3% en el 2004, mientras se incrementan las importaciones (del 11,7% al 49,7%), lo que indica la importancia creciente de la producción en el extranjero para los EE.UU. De este paquete en 1.990 las importaciones de EE.UU. de los países capitalistas del centro (UE, Japón y Canadá) eran el doble que los países de la periferia, pero en el 2004 las importaciones de la periferia ya superan las importaciones del centro, mientras que las importaciones de la UE, Japón y Canadá suponían el 22,3%, las del resto del mundo el 27,4%. Esta dependencia creciente de la economía yanqui de la producción extranjera en la periferia permite a los EE.UU. aprovecharse de las transferencias internacionales de la plusvalía: bajos precios de los productos importados, beneficios repatriados y pago de derechos de autor por patentes y servicios (40).

3.2.5.6 Privatización de empresas públicas de la periferia

Empresas públicas absorvidas por Transnacionales a precio de saldo, beneficiadas por rebajas fiscales, inversiones de saneamiento, e infraestructuras que faciliten su implantación.

3.2.5.7 Patentes y derechos de propiedad intelectual.

Es profundamente contradictorio el progreso científico-técnico en el capitalismo actual. La tendencia a la ilimitada ampliación de la producción fruto de dicho progreso, choca con la propiedad capitalista, la anarquía y concurrencia propias del capitalismo, las cuales dan lugar al secreto comercial en la ciencia y en la técnica.

La propiedad capitalista y el monopolio de tecnologías por los países centrales imponen un precio de monopolio a los países periféricos (37). La implantación de filiales en la periferia ya no implica siempre como en la primera mitad del S.XX, tecnología y maquinaria de segunda mano que se paga como si fuera de primerísima, las Transnacionales vienen apostando desde la década de los 80-90, destacando la industria del auto, por absorver-implantar filiales con tecnología media-alta, fabricación completa en vez de componentes o partes del producto, y con fuerza de trabajo cualificada en países periféricos (Europa del Este, Latinoamérica, Asia Pacífico) y semi-periféricos (Europa del sur), ya que el menor coste de salario, aumenta la otra forma de la plusvalía: la ganancia empresarial. No obstante las Transnacionales siempre limitan la difusión de su tecnología por medio de las patentes, impidiendo su libre disposición, e incluso adquieren las patentes de antiguas empresas públicas (caso SEAT con la patente motores System Porsche).

Por tanto, es un mito considerar que la aplicación de toda tecnología extranjera beneficie al país receptor, ya que ésta no se puede disponer para otros usos industriales, con lo que la transferencia de tecnología beneficia únicamente a la filial de la TRANSNACIONAL y a la marca de la casa matriz, aprovechando además la división internacional del trabajo para imponer precios de monopolio. Tal es así que los países dependientes compradores de maquinaria industrial, motores, equipos y repuestos por medio del abastecimiento de las filiares en sus casas matrices se hace a precios deliberadamente caros, lo que carga a las cuentas de resultados de las empresas filiales repatriando ganancias a la casa matriz por medio de la dependencia tecnológica, de esta manera las transnacionales extranjeras multiplican la deuda externa.

Además, la importación de la tecnología coincide con el proceso de expropiación de las empresas industriales nacionales por parte de las transnacionales extranjeras, y esa desnacionalización de la industria atrae una mayor dependencia tecnológica, perpetuando que la tecnología decisiva continúe monopolizada por la metrópoli imperialista.

Una opinión que calza con la ideología imperialista es considerar que todos los factores de la producción, el dinero, la tecnología, las fábricas y las maquinarias cruzan sin esfuerzos las fronteras minando la idea de una economía nacional (Robert Reich. Secretario de Trabajo de Bill Clinton). Es evidente que esta sobreestimación de la interdependencia de la economía ignora las relaciones de dependencia, y también es evidente de entre estos factores que cruzan las fronteras tan fácilmente se excluye a la fuerza de trabajo, factor de la producción que precisamente no cruza las fronteras sin esfuerzos. Reich fue Secretario de Trabajo cuando la precarización llegó a niveles sin precedentes en EE.UU. con inmigrantes indocumentados trabajando con salarios por debajo del mínimo legal tanto en el sur como en el norte de EE.UU. Pero también es una falacia considerar que la tecnología cruce las fronteras sin problemas, la única tecnología que sin problemas tienen acceso los países de la periferia son tecnologías de segunda mano, abandonadas por las naciones que están a la cabeza de la potencia industrial. Y si la tecnología fluyera sin problemas, ¿a qué se debe el espionaje industrial y la piratería industrial con imitaciones ilegales de tecnologías y productos?.

La cacareada “ciencia universal” poco tiene de universal, bajo el capitalismo está confinada tras las cajas fuertes de los países imperialistas, Latinoamérica por ejemplo ha sido todavía incapaz de crear una tecnología propia para defender su propio desarrollo, recibe la tecnología moderna como en el S.XIX se recibieron los ferrocarriles, al servicio de los intereses extranjeros que remodelan su estatuto neocolonial.

En la “sociedad del saber” no son la “inteligencia y la imaginación” las que cuentan, como pretenden Negri y Hardt, sino la apropiación capitalista y privada del saber mediante las patentes de invención y copyright. Por ej. cada vez que una transnacional farmacéutica obtiene una patente para una medicina, se apropia del saber científico desarrollado en  laboratorios universitarios por varias generaciones de investigadores y como ya hemos visto impone un alto precio mercantil a la investigación y la salud, permitiendo la muerte de millones de seres humanos enfangados en enfermedades curables (ver 1.5.1.6). El capital al encarcelar el saber en patentes hace renunciar a la sociedad a sus posibilidades de progreso social y humano.

Entre 1990-1995 se otorgaron 25.000 patentes biotecnológicas, y el 93% de ellas estaban domiciliadas en EEUU, Japón y UE. Que la periferia acepte los derechos de propiedad intelectual equivale a establecer un impuesto que ha de pagar al imperialismo. El tratamiento antirretroviral, que costaría 136 dólares por paciente, pasa a costar 10.000 dólares gracias a las leyes de propiedad intelectual. Pero más determinantes son las patentes de las maquinarias y nuevas tecnologías, de la que dependen el desarrollo industrial de las fuerzas productivas.

Ya Marx al investigar la industria capitalista destacaba las contradicciones sociales del progreso técnico, donde la tecnología que aplicaba máquinas que ofrecen la posibilidad de acortar el tiempo de trabajo, de aligerar el ritmo de trabajo, sin embargo su empleo capitalista acrecienta por el contrario la intensidad del trabajo. Por ej. el teletrabajo ha supuesto una vuelta al destajo como en la época de las manufacturas, la tasa de ganancias aumenta para el capital, mientras que para los trabajadores eso significa un aumento del estrés, horas extras y enfermedades. Por tanto, aunque el Negri antimarxista no piense así, la tecnología, las máquinas, el saber en sí mismas son una victoria del género humano sobre las fuerzas naturales, pero su empleo capitalista somete a los productores ya que en vez de acrecentar la riqueza social de los productores los empobrece.

3.2.5.8 Aumento en la periferia de la fuga de capitales a paraísos fiscales

Según el FMI, en 1.988, la fuga para los 13 países más endeudados, representaba 180.000 millones de dólares, tendencia agudizada con la liberalización de capitales en la década pasada. En Argentina 1500 personas de la oligarquía sacaron del país en los meses anteriores al “corralito”, 3.000 mill de $, y se estima que una pequeña minoría guarda en los bancos exteriores unos 160.000 mill. $, suma que es mayor que toda la deuda externa o todo el PIB de un año en Argentina. Paradójicamente el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales en su artículo primero dice que en ningún caso podrá privarse a un pueblo de sus propios medios de subsistencia. En realidad el libre tránsito del capital, facilitando la fuga masiva y la especulación es en la práctica una forma de sustraer a los países de sus medios de subsistencia (41). Cada año Latinoamerica pierde 50.000 mill. de $ por evasión de impuestos de las transnacionales que operan en la región, y a nivel mundial los países mas pobres dejan de ingresar 200.000 mill. $ anuales por fraude fiscal, esos millones defraudados se guardan en paraísos fiscales.

3.2.5.9 Transferencia de celebros de la periferia y el sur al centro.

Médicos, profesores, ingenieros, científicos, etc., necesarios para el desarrollo de los países periféricos, que habiendo sido preparados en las mejores escuelas de sus países, se van al extranjero con sueldos muy superiores, mientras en sus países las empresas o el Estado se encuentran con dificultades para reclutar a jóvenes calificados.

India, Pakistán, Filipinas y Sri Lanka son los principales exportadores de mano de obra calificada en el mundo. EE.UU., Australia, Bélgica, Gran Bretaña, Dinamarca, Canadá, Holanda, Noruega, Suecia, Suiza, Nueva Zelanda y Luxemburgo son los mayores receptores de especialistas de los países en desarrollo. India ocupa el tercer lugar del mundo en el número de personal técnico y de ingenieros.

3.2.5.10 Proteccionismo del norte a productos del sur

Restricciones a las mercancías de la periferia con impuestos. Según el PNUD representan varios centenares de miles de millones de dólares que la periferia deja de ganar. Proyectos como el ALCA buscan imponer el libre comercio en una sola dirección, del centro a la periferia, aplicando medidas proteccionistas a las exportaciones de los países de la periferia, que además de soportar la dependencia tecnológica, financiera, y la especialización productiva, se convierten en importadores de materias primas y alimentos estratégicos de los países del capitalismo central (42). Los países más desarrollados aplican aranceles 4 veces más altos a las importaciones de productos manufacturados en países “en desarrollo”, de los que se aplican a otras manufacturas de países desarrollados. Los países de la periferia son obligados por la OMC, el FMI y el BM, controladas y dirigidas por EE.UU. y la UE, a dejar completamente libre la entrada de  mercancías del centro desarrollado. Por ej., la imporación de India de excedentes de leche subvencionada de la UE arrasa con la producción local, las importaciones de maíz altamente subvencionado de EE.UU. aniquila a los productores mejicanos. Las razones históricas por las que las Transnacionales dominan los mercados poco tienen que ver con las reglas puras del libre mercado, el 90% de las 500 mayores corporaciones de la industria y banca son yanquis, japonesas o europeas, siendo los mercados de la periferia prácticamente obligados a liberalizarse en una situación desigual (competencia desigual) (43). La OMC exige que todos los países abran su economía a productos agrícolas fuertemente subvencionados con subsidios estatales de la UE y los EE.UU que exportan sus excedentes a precios competitivos, creando un marco de competencia desleal con los países de la periferia. Antiguamente México producía todos los celeares que necesitaba para su consumo, hoy importa el 95% de la soja, el 58% de arroz y el 49% del trigo, lo que significa ruina para los campesinos mexicanos.

Japón protege su arroz 10 veces mas caro, USA protege producción de tomates de menor calidad y más caros que los mexicanos, EE.UU. se opuso en las dos últimas reuniones de la OMC (Seatle y Qatar) a abrir su mercado a productos agrícolas. La aplicación de tales medios extraeconómicos contradicen el liberalismo económico impuesto a los competidores subalternos. El gobierno yanqui protege de la competencia externa de las frutas mexicanas, los autos brasileños, los textiles salvadoreños, la carne argentina y uruguaya, mientras pregona las virtudes del libre comercio. Si los EE.UU. permitieran el acceso a su mercado interno, como hacen los latinoamericanos, de la carne de mejor calidad y precio que se produce en Argentina, ello afectaría duramente a la prosperidad de los ganaderos del medio oeste yanqui. Sólo los países imperialistas tienen derecho de explotar en su beneficio las ventajas comparativas que determinan la división internacional del trabajo. EE.UU. y Europa compran el café en granos a Brasil y Africa, lo concentran en sus fábricas y lo venden como café soluble en todo el mundo. Brasil, primer productor mundial de café no tiene derecho de competir para aprovechar sus costos más bajos exportando su propio café soluble para dar salida a sus excedentes de producción, sólo tiene derecho a proporcionar la materia prima para enriquecer a las fábricas extranjeras. Cuando en los años 60 Brasil comenzó a ofrecer café soluble en el mercado mundial fue acusado de competencia desleal y tuvo que aceptar la imposición de un impuesto incapaz de competir en el mercado yanqui. La UE y EE.UU. imponen impuestos de importación para defender los altos precios internos de sus productos agrícolas, y con lo que obtienen por los impuestos financian los subsidios de sus productos agrícolas para la exportación. Así 1 kilo de lomo argentino vale en Buenos Aires 5 veces menos que cuando se vende en Alemania o EE.UU.

3.2.5.11 Imposición del comercio mundial de armas.

Según la ONU el 20% de la deuda mundial, se destina a la compra de armas y equipos militares. Pobreza extrema y fortalecimiento de ejércitos conviven en zonas consideradas calientes en la periferia (Colombia, África, etc.). La denominada “ayuda al desarrollo”, que condiciona la política económica de los Estados periféricos, a la par que los endeuda, viene estimulada por la compra de armas, ¡¡¡cuanto más armas más ayuda!!!. Por ej., los gastos de defensa de Arabia Saudí suponen más de un tercio de su presupuesto estatal. Este escenario favorece al complejo militar industrial de las Transnacionales del armamento, dominado por el imperialismo yanqui al 50% del mercado mundial por 7 de sus Transnacionales. Los principales países benefactores de la “ayuda”, son regímenes afines al Pentágono que permiten emplazar bases militares de EE.UU en su territorio y combaten los procesos revolucionarios (Turquía, Pakistán, Corea del Sur, Egipto, Colombia, etc.). No obstante, ello no quiere decir que los países del “tercer mundo” gasten más en armamentos que otros, aunque sí en relación con la riqueza social de que disponen. Ya en el 2.001, sólo los gastos militares USA representan el 36% mundial, y los países de la OTAN el 63%. El gobierno de los EE.UU. es el responsable del ¡¡¡45% de las exportaciones de armamento en el mundo!!! (Informe sobre desarrollo humano 2002, PNUD) (44), Estado que tiene una larga trayectoria en dar apoyo a regímenes fascistas, responsables de centenares de miles de muertos y desaparecidos, regímenes financiados y armados por los EE.UU., cuyos militares se formaron en las prácticas de guerra de baja intensidad con los manuales de la Escuela de las Américas, regímenes que han asesinado a cualquier resistencia social, sindical y de oposición política.

3.2.5.12 La inexistencia de la regulación internacional de salarios

El desarrollo desigual del capitalismo en su fase imperialista, facilita por la existencia de diferentes realidades de desarrollo histórico y económico de los países, la imposibilidad de una regulación de ámbito internacional de los salarios, lo que sin duda facilita la derivación de beneficios de las filiales de las Transnacionales de la periferia hacia el centro. Por ej., en Brasil el salario de los obreros de VW es muy superior al mínimo fijado por el gobierno, pero apenas llega a suponer una parte insignificante de lo que percibe el obrero alemán por el mismo trabajo. No existe una creación de valor a escala mundial. No hay una producción realmente mundializada, porque no existe una creación de valor a escala mundial. Una hora de trabajo en un país no vale lo mismo que en otro. Las fuerzas de trabajo se pagan de forma muy diferente en función de valores distintos, pero también en función de relaciones de fuerzas diferentes. Lo que se denomina como globalización aquí es por el hecho de que las Transnacionales se benefician de sus diferencias, con la ayuda de sus países de origen y de las instituciones internacionales (FMI; OMC…), para obtener mayores beneficios posibles, mediante la transferencia de plusvalía de la periferia al centro. En el precio final de cualquier mercancía la publicidad, el gasto de venta y el margen de beneficio, consumen la mayor parte del producto en el norte desarrollado, mientras que el precio de la materia prima y los salarios en la periferia se encuentran por debajo de su coste real. Como mínimo un empleo debería dar un salario suficiente para satisfacer las necesidades normales de cada ser humano y permitir una vida digna, cosa que no es así en buena parte del mundo (Indonesia, Colombia, Corea del Sur, Thailandia…), países a los que el sistema imperialista de globalización económica, impone rebajar las condiciones no cobrando el coste real por la contaminación, ni exigir el respeto de los derechos laborales, ni exigir que paguen impuestos, y si no lo hacen son aislados, invadidos o simplemente reemplazados por regímenes títeres. El BM y el FMI con sus programas de reajuste obligan a los países periféricos a prostituirse ofreciendo las riquezas naturales y empobreciendo a  los trabajadores (45).

3.2.5.13 Los préstamos del Banco Mundial imponen la especialización

La concesión de préstamos por el Banco Mundial (BM), que tiene la función de empujar a la periferia hacia el mercado mundial a base de la especialización de las exportaciones, en productos energéticos y materias primas, lo que secuestra la posibilidad de destinar recursos para un desarrollo multisectorial interno propio, industrial y alimenticio. En este sentido Toussaint, anota que Argelia estando en pleno despegue industrial, fue obligada a especializarse en la extracción de petróleo y gas. La causa es la imposición del crédito hacia la especialización para la exportación de determinados productos agrícolas necesarios para el centro (algodón, tabaco, cacao, café, etc). Se imposibilita que las ayudas se destinen para el desarrollo de productos alimenticios básicos de subsistencia para la población de la periferia que son importados del centro (aceite, cítricos, etc) y otros (electrodomésticos, industria química, etc), lo cual es causa de la hambruna que adolece a la mayoría de los países africanos. Por ejemplo, la supuesta ayuda “humanitaria” otorgada a Somalia lo único que buscaba a parte del uranio y el petróleo, era paliar el excedente de la producción en los Estados imperialistas destruyendo las producciones locales. En este caso también existe otro flujo de importación de capitales hacia Occidente por las clases explotadoras de países como Arabia Saudí y Kuwait, quienes no destinan los beneficios del petróleo (petrodólares) a la inversión para el desarrollo del país, sino a los Estados imperialistas, en acciones de empresas Transnacionales industriales o financieras, etc, convirtiéndose en un sujeto de reinversión de capitales de Oriente a Occidente. 

3.2.5.14 El dinero negro y la economía sumergida

      Otro mecanismo de importación de capitales hacia los Estados imperialistas, analizado por Petras es el dinero negro obtenido en la esfera delictiva, que sale de países de la periferia. En Rusia por ej. la suma de los capitales exportados ilegalmente durante la década de los 90 del siglo pasado supera los 200.000 mill. de dólares. Los bancos yanquis y europeos blanquean cada año casi 1 billón de dólares. En la década de los 90 los bancos de EE.UU. blanquearon entre 2,5 y 5 billones de dólares. En el 2001 el BBVA ganó más de 400 millones € con decenas de sociedades situadas en paraísos fiscales (46). Según Petras, EE.UU. con una balanza de pagos deficitaria en 300.000 mill. de dólares, sin la fuente de dinero negro “la balanza exterior sería totalmente insostenible”, y sitúa que los 500.000 millones de dólares anuales ingresados por este circuito informal superan los beneficios de todas las compañías de computación de los EE.UU., y que los primeros bancos de EE.UU. (América, Morgan, Chase Manhattan y Citibank),

“obtienen un alto porcentaje de sus beneficios bancarios de los servicios prestados a estas cuentas de dinero sucio de origen criminal…”. (47).

Cada año, millones de millones de dólares fluyen por cuentas bancarias de forma secreta, gran parte de este dinero tiene su origen en el narcotráfico, tráfico de seres humanos, pronografía infantil, armas, tráfico de órganos de niños secuestrados. El tráfico ilegal de bienes, personas, armas y recursos naturales genera unos dividendos anuales de 650.000 mill. de $. Los paraísos fiscales ayudan a encubrir el libre flujo del capital delictivo. La gran mayoría de los paraísos fiscales, además de territorio europeo (Suiza, Luxemburgo, Andorra, Gibraltar, Liechtenstein, Mónaco, Vaticano, Isla de Man, Monaco, Malta…) son antiguas colonias británicas, francesas, españolas, holandesas o yanquis (Bermudas, Bahamas, Caimán, Jamaica, Granada, Barbados, El Salvador, Costa Rica, Islas Malvinas, Emiratos Arabes, Bahrein, Omán, Singapur, Hong Kong, Filipinas, Fidji, Tonga, Marshall…). Las fugas ilegales de capitales oscilan entre 600.000 mill. y 1,5 bill. de $, entre el 2% y 5% del PIB mundial. Los 48 grupos transnacionales europeos principales están implantados en los paraísos fiscales y declaran más de 4.700 filiales, con los impuestos que defraudan se puede financiar el gasto social que los gobiernos de la UE pretenden recortar. Gran parte de la riqueza mundial esta oculta en los paraísos fiscales sin pagar impuestos, según la ONU se necesitan solo 40.000 mill.€ para acabar con el hambre en el mundo mientras que billones y billones se encuentran ocultos sin pagar impuestos.Todas las dictaduras los han utilizado para ocultar los millones de dólares robados de las arcas públicas, pero también gobernantes de Occidente los utilizan para la financiación de sus partidos políticos o el uso de operaciones ilegales de los servicios secretos (EE.UU, Italia, Bélgica, Francia…) (48). +

      Por ejemplo, Bush facilitó la creación de una red de tráfico de armas y drogas para apoyar la contra nicaragüense, que en 1984 había dejado de recibir ayuda oficial de EE.UU. La CIA es una de las maquinarias de narcotráfico, subversión y terrorismo de Estado más potentes que se ha conocido en la historia. Se ha convertido en una red de distribución de drogas más extensa que la mafia. La CIA ha utilizado los fondos recaudados para financiar la contrarrevolución, golpes de Estado y asesinatos en todo el planeta. Utilizó la expansión del consumo de narcóticos dentro de los barrios negros, mataban dos pájaros de un tiro, financiaban las guerrillas contrarrevolucionarias y anulaban a las minorías negras. En Laos y Thailandia la droga se transportaba en aviones de Air America, compañía fachada de la CIA, y el dinero recaudado servía para combatir a los movimientos de liberación nacional en aquellos países. Los ingresos de la heroína producida en Afganistán y Pakistán sirvieron para armar a los mujaidines que combatieron contra los soviéticos. Los barones de la droga afganos fueron los principales aliados de Bin Laden y AlQuaeda, instrumentos de la CIA (Lisandro Otero). En 1978 en Afganistán el gobierno apoyado por la URSS persiguió y liquidó el cultivo de heroína. Los mujaidines apoyados por la CIA usan la droga para financiarse. En la actualidad bajo la invasión de EE.UU. Afganistán vuelve a ser el mayor productor de heroína del mundo. En Kosovo las guerrillas albanokosovares, brazos de la CIA, traficaban con drogas y utilizaban sus ganancias para la subversión. Una tercera parte del dinero que se lava de la droga acaban en bancos de EE.UU.

Tampoco se debe ignorar que muchos gobiernos que contraen préstamos que benefician únicamente a sus oligarquías, y a los Estados imperialistas que dan los préstamos para aumentar sus beneficios, son conscientes de que no podrán ser pagados, y disparan la espiral de la deuda premeditadamente. En este sentido, cobra importancia la composición de las diferentes partes de la deuda. El binomio deuda-corrupción es tan íntimo en el capítulo de la “gestión” de la deuda externa, que según el BM las comisiones y sobornos ascienden a 72.000 mill. de dólares anuales. Gobiernos proimperialistas que asumen el endeudamiento ajeno de sus respectivos países, ha servido para aumentar fortunas depositadas en bancos extranjeros, a costa de empobrecer y endeudar a sus países, pasando la cuenta al pueblo: Marcos en Filipinas (1.500 mill. $ en bancos suizos), Somoza en Nicaragua, Mobutu en Zaire (11.000 mill. $ en busca y captura por la R.D. del Congo), Andrés Perez en Venezuela, Suharto en Indonesia, etc. No sería descabellado reivindicar la devolución a los pueblos de la periferia de las fortunas amasadas y depositadas en bancos de Estados imperialistas, por tales gobernantes corruptos.

Esto último nos viene a decir que es un mito plantear que los intereses de las Transnacionales coinciden con el desarrollo de los países anfitriones, ya que el crecimiento económico que provocan no causa una redistribución del ingreso. Las prioridades de las Transnacionales suelen ser incompatibles con la redistribución de las riquezas, ya que para poder operar en tales países, las Transnacionales deben aliarse con la élite de la clase dominante local, estableciendo una alianza burguesía extranjera y compradora, en la que las ganancias de las Transnacionales y las fortunas de las élites locales se disparan, mientras las poblaciones se empobrecen.

Tambien tenemos a la economía sumergida que en los países centrales es una pieza importante de la acumulación de capital. El objetivo principal es evitar impuestos y cotizaciones sociales. Ronald Reagan en 1987 ante la ONU llegaría a destacar el papel de la economía sumergida argumentando de forma insultante pero fiel a su bagaje neoliberal que gracias a ella los pobres pueden trabajar, viajar y disponer de un tejado. En España el peso de la economía sumergida se ha doblado al pasar en las 3 ultimas décadas del 12,5% del PIB en 1980-85 a más del 23% en el 2008. El trabajo no declarado ha aumentado de 1,2 mill. de trabajadores a más de 4 mill., en el mismo periodo.

3.2.5.15 Conclusión. Aumento del desarrollo desigual y la explotación de la clase obrera

      Vemos que la Globalización de la economía entendida como tendencia de la acumulación del capital y no como mito, es una realidad objetiva de nuestro tiempo, la novedad de la importación/recolocación de capitales e inversiones hacia la triada imperialista (EE.UU, UE y Japón), aporta una nueva dimensión, una nueva forma de acumulación de capital y de dominio imperialista: el neoliberalismo (49). Y al contrario de lo que piensan los autores de Imperio (Hart y Negri), tal y como hemos visto, las novedades que aporta la globalización no aminoran las contradicciones capital/trabajo, centro/periferia, sino que se acrecientan aún más, con más tasa de explotación de la fuerza de trabajo, y más diferenciación entre las economías del centro con respecto a la periferia, y para ello no hay mas que echar un repaso al acrecentamiento de la deuda externa en los últimos 20 años.

Ello no quiere decir, que en los países centrales el capital no se alimente de la transferencia de plusvalía en su propia esfera de la circulación de capital. Como el caso de EE.UU., la deuda interna de los Estados imperialistas opera igual que la deuda externa de la periferia, y es muy superior a la del “tercer mundo”. Por ej. la deuda pública de EE.UU. que representa 2,5 veces la deuda del “tercer mundo”, es un mecanismo de redistribución de la renta, de extracción de más plusvalía a favor del capital, que pesa sobre las espaldas de la clase obrera de los países centrales a través de los impuestos directos e indirectos.

Ello lo vemos igualmente en Transnacionales, por ej. en VW a pesar de que en el 2.005 obtuviese beneficios históricos, no se ató de manos para acometer medidas globales tanto en la metrópoli (fábricas de VW en Alemania) como en la periferia de Europa con otro “plan formotion plus” de reducción general de costes con repercusión en el salario de los obreros alemanes, que vieron aumentada su jornada el 15% (de 28,8 a 33 horas semanales) cobrando el mismo salario, incluso después de que en 1.994 VW impusiera su crisis a los obreros alemanes con el 20% de rebaje de jornada y recorte equivalente de salario, 13 años después el aumento de jornada no recupera el poder adquisitivo entregado. Por lo que la aceleración de la competitividad entre los monopolios, para contener la caida de la tasa de ganancias arrancando tasas de plusvalía mayores, afecta indistintamente a la clase obrera tanto en la periferia como en el centro imperialista, donde como vemos, VW se aprovecha como todas las Transnacionales del auto de las facilidades de no tener en frente un sindicalismo de clase internacionalmente organizado, para acometer medidas de carácter general tanto en la periferia como en el centro.

Para acabar, también hay que destacar como elemento adverso a las tesis proglobalistas, que el circuito de implantación de las Transnacionales más importantes sigue siendo los países de la tríada imperialista, como resalta Toussaint, en el 2.000 entre las 50 Transnacionales más importantes, no había ninguna con sede en los países de la periferia, lo cual quiere decir que las filiales estaban repartidas en Estados competidores, y que la mayoría de las inversiones extranjeras se realizan en la tríada imperialista. De las 50 Transnacionales principales, 19 son japonesas, 15 norteamericanas y 16 europeas (Alemania, Reino Unido, Francia, Países Bajos, Italia y Suiza). De las 500 empresas y bancos Transnacionales principales el 89% están repartidos entre USA (48%), UE (30%) y Japón (10%). Lo que es un dibujo exacto del desarrollo desigual e imperialista del MPC actualmente globalizado.

3.2.6 Globalización de la cultura imperialista

      En la sociedad capitalista la cultura tiene una doble función, por un lado forma parte de la superestructura que da legitimidad a la extracción de plusvalía, y por otro, es una mercancía más con la que el capital acumula beneficios.

      La función integradora de la ideología burguesa (liberal) es la de asegurar el consenso ocultando la desigualdad social, presenta a la sociedad como una unión de hombres libres e iguales, pone en un plano de igualdad al capital y la fuerza de trabajo, rehusa a ver que la única fuente de riqueza y la ganancia es la fuerza de trabajo productora de mercancías y plusvalía, enfatiza el salario ocultando el plustrabajo, presenta al Estado como emanación de la soberanía popular, garante el bien común, árbitro de los intereses privados, presenta las medidas de intervención estatal como de interés general y las medidas represivas como necesarias para el orden público, enfatiza las distintas formas de gobierno (democracia republicana, monarquía parlamentaria, dictadura militar…) ocultando siempre la naturaleza de clase común a todos los Estados capitalistas.

Marx y Engels nos anticiparon en la Ideología alemana que la clase que dispone de los medios para la producción material, dispone a su vez de los medios de producción ideológica, sometiendo las ideas de la clase que carece de tales medios, reproduciendo ideológicamente su dominación de forma cotidiana, venciendo en el terreno de la lucha de ideas a los dominados.

En un sistema de democracia burguesa, el aparato de dominación predominante, influyente y eficaz es el aparato de sujeción político e ideológico, lo cual no quiere decir que se anule la presencia activa y dinámica del aparato coercitivo. Esta reproducción de dominación tiende a asaegurarse, fuera de la producción, por medio del sistema  educativo y otras instancias e instituciones ideológicas y de conformación de la opinión pública. La condición de la dominación de la burguesía no sólo radica en el control económico y la reproducción de la fuerza de trabajo, sino también en el sometimiento de las clases populares a la idelogía dominante que se materializa en diversos aparatos, como ideología de clase. La pluralidad de aparatos ideológicos del Estado que fortalecen la dominación de clase, no sólo funciona dentro de los márgenes públicos del Estado, sino además pertenece al dominio privado, sometidos por el capital financiero transnacional (medios de comunicación, Iglesia, escuelas, etc) y son por tanto profundamente antidemocráticos al negar la expresión de la pluralidad ideológica existente. Podemos decir que la dominación política de las clases dominantes es ejercida mendiante el poder del Estado y a través de los aparatos coercitivos de represión y los aparatos de sujeción político-ideológica. Ambos aspectos conforman los instrumentos de dominación y hegemonía de poder para garantizar el consenso social de la burguesía sobre las clases oprimidas. Ninguna clase capitalista puede tener en sus manos el poder de Estado de forma estable sin ejercer al mismo tiempo su hegemonía sobre y en los aparatos represivos e ideológicos.

      En la infancia del capitalismo el principal medio reproductor de la hegemonía de la ideología dominante es la escuela. Hoy este mecanismo se ha complementado con un medio de alcanze e influencia mucho mayor: los medios de comunicación masiva, desde donde se imparten auténticas “cátedras” sobre la concepción burguesa del mundo a través del sentido común popular. Así la ideología dominante que se transmite en los mass media, interioriza los valores de la cultura dominante en la vida cotidiana, construyendo un sujeto doméstico y reacio a las transformaciones revolucionarias. De esta forma el capitalismo busca sus aliados entre las clases explotadas y oprimidas desde el consenso ganando la hegemonía de sus ideas y objetivos políticos y militares en la “ingenua base popular”.

El conflicto clasista en el capitalismo por la propiedad y el control de los medios de producción es también por tanto una lucha ideológica llevada a cabo a través de los medios de comunicación, propaganda, enseñanza, etc., en poder de las oligarquías financieras. La lucha ideológica, adquiere relieve para el modelo de acumulación neoliberal actual. El desarrollo de las las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) bajo el imperialismo siempre han sido puestas al servicio de la hegemonía ideológica del capitalismo, desde el nazismo, la guerra fría y la actualidad, desde la radio, la televisión, la computación, e internet, la superestructura del capitalismo ha operado para expandir sus ideas. La actual expansión TIC actuales tienen una importancia mayor para la difusión de la hegemonía ideológica del capitalismo: la Globalización de la cultura del capital, donde el idioma de cualquier país, es utilizado como hilo conductor de la ideología y valores del imperialismo, a través de la importación del “american of life” (cine, programas basura, etc.), subprodutos que deforman las culturas nacionales, donde la periferia está sometida a una constante agresión cultural a su creatividad, modo de vida, costumbres, realidad cultural y social de las comunidades nacionales y plurinacionales, desplazadas por la ideología imperialista (individualismo, irracionalismo, violencia sin fin) que siembra e impulsa una actitud pasiva, acrítica, y subalterna en los pueblos ante la ideología de las clases dominantes afines a la táctica de lucha que imperialismo adopte ante cualquier coyuntura: justificación de bloqueos criminales, de guerras e intervenciones militares, prefabricación del enemigo exterior, ayer el comunismo, hoy el islamismo, etc.

El pensamiento único neoliberal requiere como contrapartida una opinión pública igualmente única. El neoliberalismo a través de los potentes medios monopólicos de desinformación ha ido arraigando y manufacturando el consenso de las masas con recursos multimillonarios y toda la tecnología mediática para inculcar la ideología postmodernista que niega el progreso social y que sólo asume el progreso individual, la apatía, el pesimismo, la desideologización y el apoliticismo, presentando al orden social como un mundo globalizado en donde no hay alternativa de cambio. La ideología neoliberal que acompaña el ataque imperialisa sobre las conquistas obreras y populares se centra no en la expectativa del progreso social para las masas explotadas sino en la resignación donde no cabe alternativa alguna. Partiendo de que la función de la ideología burguesa en general, y de la neoliberal en particular, es enmascarar las relaciones de producción dominantes, la ideología dominante presenta hoy a las lacras del capitalismo como el paro y el ecocidio provocado por la ciencia y la técnica (el desarrollo de las fuerzas productivas) en vez de situar su causa en la utilización por las transnacionales que dominan la economía mundial.

El ocio en manos del capitalismo se convierte en una herramienta de preparación ideológica de las masas desde la infancia, no hay más que ver los videojuegos plagados de violencia irracional e indiscriminada con mensajes racistas y xenófobos, el propio fanatismo deportivo impulsado por clubes multimillonarios y las televisiones públicas y privadas, o los diversos programas basura, salsa rosa, gran hermano, etc., que promocionan el cotilleo a su máxima expresión para distraer a las masas de los problemas reales (paro, recortes sociales, etc.), promocionando la incultura, instintos primarios, ignorancia, frenetismo, y todo tipo de pachanga.

El tiempo libre del obrero es metamorfoseado por las productoras de cine y televisión con productos masificados de carácter abstracto y de entretenimiento que como las drogas nos evaden de la realidad. No es casualidad el hecho demostrado de que la CIA durante años haya estado financiando el arte abstracto para combatir el realismo socialista (50).

Las empresas de producción y distribuidoras de cine, destacan en su labor como instrumento de propagación de la ideología imperialista bajo el hegemonismo USA, con un poderío mundial jamás alcanzado. Según el PNUD, en 1.996 la industria del cine de EE.UU. poseía el 70% del mercado europeo y el 50% del japonés, más de la mitad de los ingresos obtenidos por las películas hollywoonianas son del mercado exterior, en 1.997 ello suponía más de 30.000 millones de dólares, más que las exportaciones de Argentina (51).

El ocio y la desinformación organizada por los media en manos del capital pasan a ser el nuevo opio del pueblo, que igual que antaño fuera la religión, se mutan en el refugio de los desesperados del sistema con el objetivo de que no tomen conciencia de su situación. Se oculta el imperialismo como causa de los males mundiales y se nos invita a la caridad (apadrinamientos, donaciones, etc.) pasando la TV a suplir el papel caritativo de la Iglesia.

Por su parte Collon (52) agrega a los media un papel estratégico en el capitalismo para ganar a las masas a favor de la guerra imperialista. Antes de que se inicie una guerra hay que pedírsela a las masas a través de la manipulación mediática, estimular el sentimiento belicista, convirtiéndose en la primera fase de un proceso tal y como la logística militar y el reclutamiento. Cabe recordar que la guerra de EE.UU. contra España comenzó con la mentira del hundimiento del acorazado Maine, orquestada por una campaña sensacionalista del magnate de la prensa William Randolph Hearts; la guerra de EE.UU. contra Vietnam del Norte comenzó con una mentira del presidente de EE.UU. Lyndon Johnson del falso ataque norvietnamita contra naves yanquis en el golfo de Tonkin, la mentira sirvió de telón de fondo para orquestar una campaña favorable a la guerra. Las guerras imperialistas vienen precedidas de la preparación ideológica y la mentira informativa.

La parcialidad de los media informativos reside en que están en manos de las Transnacionales, por cuyos intereses se llevan a cabo las guerras y la acumulación de capital. Y si como en la pasada guerra contra Irak, la información no coincide con la idílica propaganda divulgada por el imperialismo, los periodistas y cadenas imparciales (Al Jazira) que se atrevan a mostrar el rostro de la guerra, pasan a convertirse en el objetivo militar de los agresores, el asesinato de periodistas en la 2ª guerra contra Irak, obedece a la lógica criminal ¡¡¡sin testigos!!!. Así de idílica es la acumulación de capital en la fase imperialista.

Capital que es el mismo que fabrica y distribuye la información, el arsenal militar, que explota a fuerza de trabajo barata en la periferia y expolia las materias primas. Por lo que existe una vinculación media-monopolios-Estado. Por ej. el 75% de las acciones de las 3 grandes cadenas de TV de EE.UU. (ABC, NBC y CBS) pertenecen a los 4 bancos más importantes. Un exponente avanzado de la vinculación media-intereses económicos-Estado, es el poderío mediático de Berlusconi que le ha llevado a la presidencia de Italia en dos ocasiones. Las industrias de la información y la comunicación están relacionadas con las de la industria armamentista, eléctrica y petrolera. Por ej., la General Dynamics (armamentista) y The New York Times, la CNN y las Transnacionales de la energía, y gran parte de la industria televisiva de Venezuela está ligada a la industria armamentista y de energía norteamericana, etc.

La consecuencia de esa info-industria es la fusión de la información y el ocio, donde la información se convierte, no en una fuente capaz de analizar las causas de los fenómenos sociales y políticos y respetuosa con las diferentes ideologías o posiciones, sino en un arma que en manos del imperialismo organiza la desinformación y extiende la ignorancia sobre los acontecimientos, estimula la irracionalidad y los sentimientos banales como arquetipos de la pasividad social, útiles para la manipulación y dirección mediática de las masas, siendo la mistificación de la realidad la base de la escenificación de los media: ¡¡¡los países subdesarrollados lo son por su condición de atraso y no por la explotación imperialista!!!, ¡¡¡los parados lo son por que no quieren trabajar, no existe la superpoblación relativa en la acumulación del capital!!!, etc.

Las campañas de desinformación y de propaganda contra el “enemigo”, “eje del mal”, etc, vienen a dedo con la ofensiva diplomática del imperialismo para debilitar a las fuerzas adversarias negándoles el acceso a fuentes vitales (alimentación, energía, sistemas de salud, suministros, etc.), precedidas de una campaña mediática destinada a reducir sus apoyos en foros internacionales. Por ejemplo, la NBC jugó un papel destacado en la gestación de una opinión pública favorable a la invasión de Irak y la satanización del régimen del partido BAAS.

La inducción de una guerra de rapiña legitimada con el fin de agitar las fibras patrioteras, paranoicas y religiosas del rebaño-masa se combina además con el marcartismo, la psicosis del “ataque inminente” de “terroristas” externos provistos de armas biológicas, químicas, nucleares, etc., preparación ideológica que sirve para mantener a raya y desorientado al rebaño-masa para por medio del pánico aceptar las leyes de seguridad nacional que bombardea los derechos de los ciudadanos.

En consecuencia, los media desempeñan un papel clave en la producción de la ideología de la clase dominante. Son 7 los grupos Transnacionales repartidos en EE.UU., Japón, Alemania, Francia, Italia y Gran Bretaña quienes pugnan por el mercado mediático mundial, no es de extrañar que las informaciones, imágenes, programas de ocio-basura, telefilms… sean estandarizadas, y que el dominio del centro imperialista sobre la periferia sea la constante, donde más del 80% de las informaciones provienen de las 4 grandes agencias de prensa internacionales AP y UPI (EE.UU), Reuter (Gran Bretaña) y AFP (Francia), que controlan y ocultan cualquier tipo de información  tan estandarizada. Su papel en los conflictos bélicos es clave, en la preparación de las masas para que se trague la guerra adoptando una posición favorable con la filtración de informaciones falsas como recurso ideológico del imperialismo para crear el clima adecuado y ocultar sus fines: ¡¡¡liberación del pueblo de un régimen!!! en vez de invasión y violación del derecho internacional;¡¡¡daños colaterales!!! en vez de víctimas; ¡¡¡ayuda humanitaria!!! en vez de guerra y saqueo de recursos; ¡¡¡guerra preventiva!!! en vez agresión militar,  en vez de guerra de rapiña; ¡¡¡destrucción del aparato militar-industrial!!! en vez de la destrucción de las infraestructuras básicas: sanidad, depuradoras de agua, puentes, redes eléctricas;¡¡¡armas de destrucción masiva!!! donde no las hay, etc.

Así nos pinta idílicamente el aparato de propaganda imperialista sus guerras.

3.2.7 El monopolio última forma de competitividad en el modo de producción capitalista y la oligarquía financiera

La acumulación de capital conduce al monopolio, las leyes descubiertas por Marx ya señalan el carácter relativo de la competencia, Marx vislumbró la tendencia hacia la centralización y concentración de capital, de este modo la competencia capitalista generaba su contrario, el monopolio. Lenin lo remarcaría señalando que la libre competencia capitalista es sustituida por la rivalidad o competencia de los monopolios capitalistas, la libre competencia es la característica fundamental de la producción del capitalismo y la producción mercantil en general, mientras que el monopolio fruto de la gran producción, es todo lo contrario de la libre competencia. En los años 70 del S.XX en EE.UU. 2 empresas ya controlaban el 90% de los motores de avión, 3 el 80% de la producción de aviones, 3 el 80% de la producción de aluminio, 3 el 100% de la producción de automóviles, etc. La originalidad de Lenin fue en captar la esencia del fenómeno sobre aquello que Hobson y Hilferding habían observado. El imperialismo aparece así no como una política concreta, sino como su etapa superior en la cual la libre competencia es sustituida por el monopolio.

El capitalismo de la libre competencia permite diferenciar tres fracciónes del capital ligadas a las 3 fases del proceso de rotación del capital: capital dinerario, capital industrial y capital comercial. El capital monopolista, ejerce su dominio actuando sobre las tres fracciones del ciclo.

Pero el monopolismo, no es una fase en la que el capitalismo competitivo desaparezca. Ninguna de las leyes propias del MPC se modifican. Marx en Miseria de la Filosofía adelantaba que el monopolio no puede mantenerse sino librando continuamente la lucha por la competencia.

El monopolio ha nadido de la libre competencia. No significa, el cese de la lucha entre las empresa. No cesa la lucha entre las empresas monopolistas y no monopolistas. Los altos precios que los monopolios establecen les permiten incrementar las ganancias. Esto reduce los beneficios de las empresas no monopolistas. Las relaciones de libre competencia se convierten en relaciones de dominación. La competencia se mantiene también entre los mismos monopolios en una lucha sin cuartel. La competencia engendra el monopolio, pero éste no elimina la competencia.

Los monopolios de hoy agudizan e intensifican la competencia, no la descarta sino que modifica sus métodos y su forma. Una lucha enconada se libra entre los monopolios de una misma rama, entre los monopolios de distintas ramas, entre los monopolios y las empresas no monopolistas, así como dentro de los propios monopolios. Utilizan a los Estados capitalistas de hoy para favorecer sus intereses tanto en el interior como en el exterior con medidas proteccionistas y fuertes subvenciones estatales para romper la competencia externa tanto de los monopolios de otros países imperialistas como de los países dependientes de la periferia. Precisamente en la actual fase monopolista de acumulación de capital es cuando el adjetivo competencia o competitividad es más utilizado que nunca. El monopolio lo único que hace es cambiar la forma de esa competencia, donde bajo el predominio del capital financiero, el capital cobra un carácter social y colectivo en el que los beneficios se planifican bajo estrategias de hacer más competitiva y con menor coste la producción. Cuanto más aumenta la masa mundial de proletarios más desenfrenada es la competencia entre los monopolios de diferentes países. Ya no se trata sólo de producir más, y de ampliar más la acumulación de capital, sino hacer más barato el proceso productivo, donde los salarios pasan a ser el principal objetivo de la competitividad. Los monopolios (sociedades por acciones) dentro de un sector o de forma combinada entre las diferentes actividades económicas colocan sus capitales allí donde la tasa de ganancias sea más alta. Los monopolios no pueden mantenerse sino librando continuamente la lucha de la competencia. Competencia, ganancia máxima y acumulación basada en la explotación del trabajo asalariado, siguen siendo los tres principios de este modo de producción.

La sociedad anónima monopólica es consecuencia de la centralización acelerada de capital, que suprime la libre-competencia por la competencia entre unos pocos monopolios que acaparan el mercado. El denominado precio de monopolio surge a raíz de los acuerdos entre las grandes empresas, pero tales acuerdos que suprimen temporalmente la competencia de precios, nunca eliminan la competencia como tal. Cada empresa monopolista busca siempre maximizar su propia tasa de ganancias y capturar a los clientes de los competidores, mediante estrategias de mercado (publicidad, nuevas marcas, etc), cobrando envergadura la competencia al margen de los precios, la que tiene lugar no a través del descenso de éstos, sino al producto mismo, mediante modificaciones en su calidad, garantías y servicios que se ofrecen, nuevas variedades y modelos, además de la publicidad a gran escala que absorbe una cantidad enorme de gasto financiero, con el objetivo de ensanchar las fronteras del mercado propio y consolidar las posiciones frente a los competidores.

Esta es la etapa en la que se separa la propiedad de la dirección de las empresas. El capital se ha socializado, una casta de rentistas, parásitos, cortadores de cupón, viven de dividendos, acciones y la especulación bursátil, mientras las tareas prácticas de dirección la ejercen ingenieros y gestores especializados. Es tal y como nos dijo Marx en El Capital, la expropiación de unos capitalistas por otros en beneficio de unos pocos poderosos, donde

“El capital, que de por sí se basa en el modo de producción social y que presupone una concentración social de medios de producción y de fuerzas de trabajo, adquiere aquí directamente la forma de capital social (capital de individuos directamente asociados) por oposición con el capital privado, y sus empresas aparecen como empresas sociales en contraposición a las empresas privadas. Es la abolición del capital como propiedad privada dentro de los límites del propio modo capitalista de producción”, (53)

donde el capitalista activo se transforma en “un mero director, administrador de capital ajeno, y de los propietarios de capital en meros propietarios, en capitalistas dinerarios…”, se separa la función de dirección de la propiedad del capital (54). Más adelante Engels añadiría (Para la crítica del programa socialdemócrata de 1.891) que el paso de las sociedades anónimas a los truts que subordinan y monopolizan a ramas de la industria, ya no sólo desaparece la producción privada sino que también desaparece la falta de planificación.

A este respecto Lenin nos definía al imperialismo como capitalismo monopolista (predominio de los monopolios), parasitario o en descomposición (predominio del capital social sobre el capital privado) y moribundo (crisis general).

Por el contrario, economistas como Galbraith ven en este proceso  de monopolización, una transformación de la naturaleza del capitalismo, la cual consiste en la apuesta por su supervivencia y eternización donde los ejecutivos de las empresas forman una nueva clase social (tecnoestructura), producto de la nueva “revolución managerial”. La realidad es que estos gestores están vinculados al sector más fuerte dentro de los monopolios (la oligarquía financiera), y aparecen en su representación frente a los pequeños accionistas. Una sóla parte de los accionistas controlan los monopolios, apoyado por una pléyade de economistas, gestores, ingenieros, abogados y profesionales, arropado con el mayor número de votos en los consejos de administración. La mayor parte de los accionistas de los monopolios no son realmente dueños de la empresa, sino simples prestamistas de su dinero a cambio de dividendos. Esto favorece el control sobre el monopolio de una minoría.

El monopolio, en la sociedad burguesa, es una mediación entre la propiedad individual de las fuerzas productivas y su carácter colectivo. Lenin concluía que el imperialismo, sin el fundamento del capitalismo, no existe en ningún lugar ni podrá existir jamás, los consorcios, los carteles, los trusts, el capitalismo financiero, se apoya sobre la base del viejo capitalismo. Si Marx dice de la manufactura que es una superestructura de la pequeña producción mercantil de masas (El Capital , libro I, cap. 12 ), el imperialismo y el capital financiero son una superestructura del viejo capitalismo.

El capital financiero, el monopolio y la burguesía imperialista son el sector dirigente de la sociedad imperialista: pero si se separa este sector del resto de la sociedad equivale a aislar las tropas de primera línea del resto del ejército y del país. Dicho en otras palabras, el imperialismo no es un nuevo modo de producción diferente del modo de producción capitalista. El imperialismo es la última fase del capitalismo, la antecámara del socialismo. El imperialismo es una superestructura del capitalismo, es la fase degenerativa del modo de producción capitalista que, al ser históricamente superado por el carácter colectivo ya alcanzado por las principales fuerzas productivas, sobrevive a sí mismo.

El monopolio moderno aparece, existe y sólo puede existir como limitación parcial de la competencia; el capital concentrado y centralizado surge, existe y sólo puede existir en el marco de un gran número de capitales opuestos en tanto que vendedores y compradores. Las sociedades por acciones y los entes económicos públicos (las empresas estatales, las sociedades nacionales, los entes económicos del Estado, de las regiones, de los ayuntamientos, etc.) son una mediación entre la propiedad individual capitalista de las fuerzas productivas que sobrevive como elemento constitutivo principal de la sociedad y el carácter colectivo de las fuerzas productivas.

En la sociedad capitalista, existe propiedad individual (las empresas de un solo propietario, la propiedad individual de acciones y, en general, de cuotas de capital social) y también propiedad colectiva, de grupos y asociaciones de capitalistas (las sociedades anónimas, las sociedades por acciones, los trusts, los entes económicos, etc.). La propiedad individual es un carácter fundamental y esencial de la sociedad burguesa, la propiedad colectiva es un aspecto derivado de la primera, una superestructura de la primera, y esto niega todo tipo de fantasías sobre el capital único mundial, el ultraimperialismo, el Estado imperialista de las multinacionales: el capital se concentra y se divide continuamente.

Existen varias formas de monopolios (pool, trust, holding) entre los que se establecen acuerdos coyunturales en torno a precios, territorios y mercados. La situación de monopolio permite comprar más barato y vender más caro, de manera que una pequeña empresa subsidiaria que trabaje para un monopolio, tiene dos alternativas, reducir su beneficio para mantener el precio o aumentar este. En este marco las empresas subsidiarias que suministran a los monopolios en una cadena productiva, disponen de escasos márgenes comerciales. A este respecto suele decirse que el monopolismo es un fenómeno de proletarización de la pequeña burguesía (pequeñas empresas), no obstante de forma contradictoria en la actual fase de flexibilización laboral y económica, el monopolio a través de las empresas red ha promovido en los últimos 20 años infinidad de pequeñas y medianas empresas de diferente nivel. Esa red de pequeñas empresas que superviven en torno a los monopolios, son su válvula de escape al trabajar con escasos márgenes de beneficio, que a la mínima caída de precios deben cerrar o deslocalizar. El monopolio nunca pierde. La subida de precios que tiene que ver con el poder de mercado que gozan los monopolios, no deja de ser un freno a la creación de empleo ya que este siendo mayor en las pymes que en la empresa central, sobre ellas recaen los costes de los precios más elevados que les imponen los monopolios. Las grandes empresas disponen de fondos propios y no necesitan de la financiación bancaria, mientras que las pymes dependen enteramente de los préstamos para financiar su actividad.

Con el monopolio la movilidad de capital es menos intensa, con lo que la nivelación de la tasa de ganancia (ganancia media) se retarda más, lo que implica que los monopolios disponen de un margen amplio para la obtención de la ganancia extraordinaria (beneficios por encima de la ganancia media).

El monopolismo promueve la rigidez en el progreso tecnológico, por los elevados gastos de capital constante que moviliza (alta composición orgánica de capital), adquiriendo patentes para impedir su difusión, manteniendo de esta manera los márgenes de ganancia extraordinaria.

Llegados a este punto se manifiesta de forma clara que las relaciones de producción y su superestructura han dejado de corresponder de forma contundente a las fuerzas productivas y en lugar de contribuir a su desarrollo se encuentran en abierta contradicción. Para Marx el monopolio ejercido por el capital se convierte en traba del modo de producción que ha florecido con él. La concentración de los medios de producción y la socialización del trabajo alcanzan un punto en el que son incompatibles con la corteza capitalista, lo que marca la tendencia histórica de la acumulación capitalista, donde las sociedades anónimas pasan a ser una forma de propiedad privada sin control de la propiedad privada que aparecen como prototipo de una nueva forma de producción,

“…un punto de transición necesario para la reconversión del capital en propiedad de los productores, pero ya no como la propiedad privada de los productores aislados, sino como propiedad de ellos en cuanto asociados, como propiedad directa de la sociedad. Por otra parte, es un punto de transición para la transformación de todas las funciones que en el proceso de reproducción han estado vinculadas hasta el presente con la propiedad del capital, en meras funciones de los productores asociados, en funciones sociales” (55).

Prototipo, punto de transición, que sin embargo de por sí, sin el desarrollo de la lucha de clases, no suprimen el régimen capitalista. Engels lo clarifica en el Anti-Duhring:

“…ni la transformación en sociedades por acciones, ni la transformación en propiedad del Estado priva a las fuerzas productivas de su cualidad de capital; el caso es evidentísimo para las sociedades por acciones. A su vez el Estado moderno cualquiera que sea su forma, es una máquina esencialmente capitalista; es el Estado de los capitalistas; es el capitalista colectivo ideal. Cuanto más fuerzas productivas se apropia tanto más se convierte en un verdadero capitalista colecivo, más ciudadanos explota. Los trabajadores siguen siendo asalariados, proletarios; el capitalismo no se suprime, muy al contrario, se extrema…” (56).

De ahí que la centralización de fuerzas productivas en manos de los monopolios y el Estado capitalista sean para Marx y Engels la clave, pero nunca la solución de las contradicciones, ya que ni Napoleón, ni Metternich, ni Bismarck con las medidas estatales de nacionalización (ferrocarriles, tabaco…) transformaban en su época para nada las relaciones de producción capitalistas, sólo las desarrollaban hacia su forma más extrema.

Tal contradicción sólo se superará

“…tomando posesión la sociedad, de un modo abierto y sin rodeos, de las fuerzas productoras  que se han sustraido a su dirección. De esta manera los productores plena y conscientemente hacen que prevalezca el carácter social de los medios de producción y de los productos, carácter que hoy se vuelve  contra los mismos productores, que rompe periódicamente la producción y el cambio…La forma de producción capitalista, transformando progresivamente en proletaria la gran mayoría de la población, crea  la fuerza que, bajo pena de muerte, está obligada a realizar esa revolución.  Impulsando progresivamente a transformar los grandes medios de producción, en propiedad del Estado, indica los medios de realizar semejante revolución. El proletariado se apodera del poder del Estado y transforma, desde luego, los medios de producción en propiedad del Estado.”(56).

Por tanto, la propiedad individual de los capitalistas sólo puede ser abolida por decreto, de golpe, como un aspecto y efecto inmediato e indispensable de nuestra conquista del poder, del derrocamiento del actual régimen. Ya, en la sociedad capitalista actual, la gestión (administración, dirección) de la mayor parte de estas fuerzas productivas está separada de la propiedad individual capitalista: los capitalistas son accionistas que no participan a menudo directamente en su gestión (separación entre la dirección y la propiedad).

Los medios técnicos para la planificación de las actividades económicas en el ámbito local, estatal y mundial, son preparados en el capitalismo. El capitalismo se ha caracterizado por un gran desarrollo de la planificación dentro de cada empresa mediante el trabajo organizado yendo a formas cada vez más complejas de cooperación, tal es así que la base de la producción capitalista es la cooperación y no la competencia mercantil que queda restringida a la esfera de la distribución. A medida que se ha ido desarrollando la concentración del capital y de grandes empresas, la cooperación va desplazando al mercado y el Estado capitalista interviene planificando para regular las condiciones de la producción y del mercado capitalista. La planificación capitalista, aplicada hoy por los grandes complejos industriales entre secciones de una misma unidad productiva y entre unidades productivas que dependen de un mismo grupo financiero a pesar de que estén esparcidas por los cuatro ángulos de la tierra, ha preparado todo lo que es necesario para la planificación propia de la sociedad socialista. Lo que distingue al capitalismo del socialismo no es la planificación, sino el quién y para qué se planifica, el capitalismo se caracteriza por la contradicción entre el carácter social de la producción y el carácter capitalista de su propiedad y apropiación. Estos medios deben ser liberados de las cadenas que la relación de capital les impone (están limitados por su carácter de instrumentos auxiliares de la propiedad individual y privada capitalista, como superestructuras de ésta) y deben desarrollarse en el ámbito favorable de las nuevas relaciones de la sociedad socialista. La planificación de la actividad económica de la sociedad (a nivel local, estatal y mundial) es un terreno sobre el que se puede desarrollar la participación activa de todos los trabajadores. Qué producir, cuánto producir, cómo producir, cómo hacer uso de los recursos naturales, cómo repartir los productos: todas estas cuestiones, que toda sociedad debe resolver, dejan de ser, gracias a la planificación, resultado de la acción atomizada e inconsciente de una multitud de sujetos del mercado que genera las leyes económicas socialmente objetivas de la sociedad capitalista.

Sobre los monopolios capitalistas se levanta la oligarquía financiera, que algunos pretenden hoy presentar como una “nueva clase dominante”. En realidad la oligarquía financiera es la fracción hegemónica del capital, de la clase dominante en el capitalismo, es una de las novedades de la fase imperialista, el surgimiento además de las fracciones tradicionales de la burguesía industrial.

Ya Marx llamaba capital ficticio al capital dinerario como base del desarrollo de las tasas de interés en relación con el capital productivo. En los comienzos del capitalismo el capital bancario dividía su actividad inversora en productiva (inversión en la producción y el comercio) y especulativa (bolsa y finanzas), Hilferding advertía que la inversión del capital bancario en la industria, convierte al capital bancario en capitalista industrial, por lo que una parte mayor del capital industrial no pertenece ya al empresario industrial que lo utiliza, dando lugar al capital financiero, efecto de esa combinación.

Marx en el Capital se propuso descubrir las formas concretas a que da nacimiento el movimiento concreto del capital; en el libro primero dejó claro como la plusvalía es extraida de la clase obrera; en el libro segundo desarrolló las condiciones del capital en el proceso de circulación, rotación y reproducción; y en el tercer libro analizó cómo entre las diversas fracciones de la clase capitalista y de la clase terrateniente estalla una violenta lucha por el reparto del botín que aparece en forma de ganancia, empresaria, interés y renta del suelo, y la tendencia decreciente de esa ganancia. El capital financiero como producto de la fusión del capital bancario e industrial vino a acelerar el proceso de acumulación, concentración y monopolización de capital y agudizar la lucha entre fracciones de la clase capitalista por el reparto de la ganancia a través del proceso de valorización y desvalorización de capital, donde la ganancia empresarial monopolista no se utiliza íntegramente para invertir más en la economía productiva ya que una parte se desvía hacia el ámbito financiero.

Con la aparición del capital financiero nace el nuevo sector de la burguesía, la oligarquía financiera, insignificante en número, pero poderosa en virtud de la concentración de riqueza en sus manos, ya en los años 70 en EE.UU. sólo el 1% de las familias disponía del 80% de las acciones industriales. Sus particularidades reflejan la especificidad del desarrollo histórico de los principales países capitalistas, son las viejas dinastías configuradas mayoritariamente entre fines del S. XIX y principios del XX. Son los Rockefeller (rey del petróleo), Morgan, Du Pont (alimentos, bebidas, madera, acero, electrodomésticos, aviones, automóviles…), Mellon, Ford, Reynolds, Lehman (quebraron en 2007 por la crisis de los créditos subprime), Harriman, etc, de EE.UU. a los que recientemente se le unen los Bill Gates (padre de Microsoft) y Georges Soros (uno de los 100 primeros ricos del mundo). En el Reino Unido una parte influyente de la oligarquía sigue siendo como antes la vieja aristocracia, los grandes propietarios agrarios (Buckle, Scarborough, Hamilton, Brandon, etc), los grandes banqueros de la city (Rothschild, Lazard, Baring, Schroeder, Samuel, Hambro, etc), y la burguesía colonial (Oppenheimer, Fleming, Selborne, etc). En Alemania son los magnates del carbón, los magnates del acero del Ruhr, los propietarios de las empresas químicas, electromecánicas y automovilísticas, los banqueros de las familias Krupp, Siemens, Flick, Thyssen, Hantel Berges, Burgendorf, Waldhausen, Henley, Oppenheim, Goldschmidt, Görling, etc. La oligarquía francesa la constituyen los banqueros, magnates del textil y propietarios de compañías de la industria alimentaria, ligera y de consorcios químicos y del automóvil: los David-Weill, Vandel, Michelin, Peugeot, Schneider, Polignac, Vogüe y los Boussac. En España la oligarquía está formada por la vieja aristocracia terrateniente, y las familias que apoyaron al franquismo, March, Botin, Garrigues, Ybarra, Abelló, Serratosa, etc.

Por tanto, la oligarquía financiera, ya surgió a través de esa fusión del capital industrial y bancario, dando lugar al capital financiero, el cual aceleró el proceso de concentración y centralización de la producción en grandes sociedades anónimas monopolistas. El capital financiero ha dado pasos enormes llevando el carácter financiero a sus niveles más altos con el dominio absoluto sobre todas las formas de existencia del capital, y aunque todo el sistema económico capitalista gire en torno al capital productivo (ya que en las otras esferas comercial y financiera no se genera más plusvalía sino que se reparte la creada en la producción) lo financiero subordina el capital productivo. Los bancos e instituciones financieras, que ya eran importantes a finales del siglo XIX, se han transformado en el centro decisivo del imperialismo financiero, su especialidad, la ingeniería financiera en comprar grupos, corporaciones, para “racionalizarlas” o “sanearlas”, expandirlas o venderlas a cambio de cuantiosas ganancias.

Ya desde principios del S.XX gracias a Hilferding y Lenin sabemos que la oligarquía financiera con un capital global muy inferior al 50% dispone del monopolio industrial y comercial en el ámbito de la producción y el intercambio, y del monopolio financiero con el control de toda la masa dineraria acumulada en bancos, industrias, comercios o renta del suelo. Y desde entonces también sabemos que el control de una compañía puede mantenerse con sólo poseer incluso menos de un 10%, ya que los pequeños accionistas dispersos no participan en las asambleas generales. No olvidemos que la sociedad anónima por acciones constituye la abolición del capitalismo dentro de sus propios límites, que el capitalista puede disponer y arriesgar no su propiedad, sino una propiedad social, con lo que la expropiación se extiende hasta los pequeños capitalistas y ahorradores. En la actualidad la propiedad entre un 5% y 7% del capital social da el poder de gestión a un pequeño grupo de individuos, consejeros de la entidad, que constituyen su órgano directivo.

Desde entonces sabemos que oligarquía financiera a través de los monopolios internacionales (Transnacionales) y sus Estados se reparten el mundo y los mercados (por ejemplo el petróleo). Se establecen relaciones entre los grupos capitalistas Transnacionales y sus Estados respectivos, sobre la base del reparto económico y territorial del mundo. Ya a fines del S. XIX (1.880) el surgimiento del capitalismo monopolista y el capital financiero se hallaba relacionado con la agudización de la lucha por el reparto del mundo, donde todos los principales Estados capitalistas se esforzaron por adquirir colonias, por lo que Lenin sitúa el surgimiento del capital financiero y la oligarquía financiera precisamente cuando comienza el auge de la lucha por las conquistas coloniales, por el reparto territorial del mundo (mercados y materias primas).

También desde entonces sabemos que el beneficio de la oligarquía financiera rentista es varias veces mayor que el comercio exterior del país más comercial del mundo, y que el mundo queda dividido entre Estados usureros (imperialistas) y una mayoría de Estados deudores (dependientes) (57). También sabemos desde Lenin, que el imperialismo es el dominio del capital financiero, el capitalismo en su grado más alto con el predominio de la oligarquía financiera rentista.

       Generalmente la oligarquía financiera controla más del 50% del accionariado de la empresa principal de una actividad y con muchísimo menos del 50%, controla y somete al resto de filiales, redes de empresas y bancos, de esta manera la oligarquía financiera con un capital del 12,5% (1 billón de €, por ej.) puede llegar a controlar 8 billones de € de sociedades filiales y “nietas”, de esta manera es posible que sin llegar a poseer un capital demasiado grande se pueda dominar sobre ramas gigantescas de la producción. Desde la cúspide, la oligarquía financiera planifica estrategias para frenar la caída de la tasa de ganancias, acelera la explotación y sobreexplotación del proletariado entre diferentes países, atacando el coste laboral de forma sistemática y brutal. Ya en 1959, entre 1429 sociedades anónimas yanquis, el 98,7% de los accionistas sólo poseía el 38,9% de las acciones, mientras que el 0,3% concentraban el 46,7%. En Gran Bretaña de las 30 principales compañías, el 96,4% de los accionistas poseían el 40,1% de las acciones, mientras que el 0,5% poseían el 35,9%. Un pequeño número de grandes accionistas poseen tantas o más acciones que la gran masa de accionistas y controla las compañías enteras. La sociedad anónima por acciones favorece la creación de una oligarquía, representa una importante etapa en la socialización del crédito, asistiendo a una separación pronunciada entre el empresario y el rentista. Por aquellos años, el capital controlado por los Morgan, Rockefeller, Du Pont, Mellon, etc., era muchas veces superior al de sus propias acciones. En 1956, con acciones por valor de 3.500 millones de dólares, los Rockefeller controlaban compañías que significaban un capital de 61.000 millones. Las acciones de los Morgan apenas si alcanzaban el 5% de las compañías que controlan de un capital de 65.300 millones. Este viraje es definido por Lenin como el del predominio del capital financiero.

La dispersión de las acciones constituye en grado considerable una forma de aumentar el número de pequeños accionistas y de poner los ahorros de los trabajadores a disposición de los magnates del capital financiero. La propagación del capitalismo popular, es presentada por los ideólogos del capitalismo como una demostración de que los obreros adquiriendo un puñado de acciones pueden convertirse en capitalistas, en copropietarios de capital. Pero por el contrario la dispersión de las acciones conduce no a la transformación de la propiedad capitalista en propiedad del pueblo, sino a que aquella se concentre cada vez más en manos de la oligarquía financiera a cuya disposición se coloca ahora hasta las más pequeñas migajas del ahorro popular.

En el modelo  neoliberal del último cuarto de siglo se ha reforzado la fluidez del movimiento de capitales bajo la batuta de las oligarquías financieras y rentistas. Pero éste es un fenómeno que comenzó con la exportación de capitales del siglo XIX y que define la actual fase imperialista y el capitalismo monopolista de Estado en el cual se encuentran los monopolios gigantes que dominan el mundo.

La bolsa ha ido reemplazando a los bancos, como la principal fuente de inversión, para las empresas. Estas encuentran la financiación de sus capitales no ya en los principales bancos, sino en los mercados bursátiles alimentados por la especulación. Ya Lenin siguiendo los pasos de Marx sobre la socialización del capital, antes indicados, argumenta:

“Es propio del capitalismo en general el separar la propiedad del capital y la aplicación de éste a la producción, el separar el capital monetario y el industrial o productivo, el separar al rentista, que vive sólo de los ingresos procedentes del capital monetario, y al patrono y a todas las personas que participan directamente en la gestión del capital. El imperialismo, o dominio del capital financiero, es el capitalismo en su grado más alto, en el que esta separación adquiere unas proporciones inmensas…” (58)

Para la acumulación de beneficios el capital financiero, concentrado en un puñado de oligarcas, goza del monopolio efectivo, obtiene un beneficio que crece sin cesar en la constitución y control de sociedades anónimas, la emisión de valores en bolsa, la deuda pública del Estado, consolidándose su dominación imponiendo a toda la sociedad a través del Estado capitalista los tributos (políticas fiscales, monetaristas, moderación salarial, regresión laboral) en provecho de los monopolistas. No sin razón Lenin en El imperialismo fase superior del capitalismo decía que el predominio del capital financiero sobre todas las formas de capital implica el predominio del rentista y de la oligarquía financiera, con la hegemonía de unos cuantos Estados imperialistas dotados de una potencia financiera por encima de los demás (59).

El periodo presente es la aplicación de lo que Lenin, hace más de 90 años nos decía, la dominación del capital financiero en la lógica del capitalismo, la hegemonía de las formas del capital financiero, los bancos, los fondos de inversión y pensiones operando en las bolsas; la supremacía de los mercados financieros, establecidos en las citys del capitalismo (Wall Street en EE.UU., Londres en Europa y Tokio en Japón) que dictan sus condiciones a otros países por medio del FMI y el BM, organismos gestionadores de la deuda. Donde la obligación de la tasa de ganancia pasa por la explotación acelerada de la clase obrera a escala mundial. Esta internacionalización de los movimientos de capital y las producciones bajo el dominio de los monopolios y la oligarquía financiera, hacen más complicada la intervención de los Estados nacionales bajo el capitalismo, por el hecho de que los capitales son móviles y los especuladores sancionan aquellas políticas que no les gustan a sus intereses, de esta forma se refuerza la ideología liberal, la ideología del “libre mercado” bajo la égida del capital financiero

En la actualidad la oligarquía financiera no extiende su control a monopolios e industrias sueltas, domina sobre toda la economía, sobre todo el ciclo de capital (monetario, productivo y mercantil), y sobre los aparatos del Estado, utilizando un creciente número de gerentes a sueldo que cumplen las principales funciones administrativas en las compañías industriales, comerciales, financieras y en los aparatos del Estado, de forma móvil e intercambiable. Los Estados bajo el neoliberalismo se redimensionan y privatizan gran parte del patrimonio público en beneficio de las oligarquías financieras dueñas de las empresas Transnacionales.

Por tanto, es un cuento viejo situar hoy en el S.XXI que la oligarquía financiera sea una “nueva clase”. Ya no hay colonias, pero el reparto territorial del mundo en el S. XXI bajo el imperialismo y el empuje de las oligarquías financieras esta inacabado. Eso es algo incuestionable. El cuadro es Imperialismo= dominio de la oligarquía financiera  +ajuste laboral frente a la tendencia decreciente de la tasa de ganancias+ políticas estatales de sojuzgamiento del mundo periférico.

Por tanto, el poder del Estado capitalista se convierte en la dictadura de la oligarquía financiera. La creciente socialización de la economía obliga a aquella a investir al Estado con un papel económico fundamental, el capitalismo monopolista de Estado, que es la fusión del Estado con los monopolios, la oligarquía financiera, Halliburton, Chevron, Volskwaguen, etc., se encuentran directamente representados en el aparato del Estado, constituyen la clase económicamente dominante que gracias al aparato del estado se convierten en la clase políticamente dominante. Cualquier capitalismo necesita de al Estado como capitalista colectivo que lleve a cabo las tareas jurídico-políticas e ideológicas de los jefes de empresa,  banqueros, y grandes hacendados. Los diferentes modelos de acumulación de capital bajo el imperialismo no cambian el carácter del estado como capitalista colectivo, como capitalismo monopolista de estado,  ya sea bajo el modelo neoliberal de Tatcher y Reagan con las recetas de Friedman o bajo el modelo keynesiano con  las recetas de Keynes. Desde hace más de un siglo los presupuestos del Estado no han parado de crecer (los gastos estatales de EE.UU. pasaron del 7,1% del PIB en 1913 al 33,2% en 1970, en Alemania pasó del 15,7% al 42,5%). Con los tributos y cotizaciones sociales que recauda de los trabajadores, el Estado se hace cargo de la infraestructura que necesitan los monopolios, mientras aquella no puede ser explotada de forma rentable, y regula la economía en beneficio de los mismos mediante sus presupuestos, política monetaria y de precios y salarios, regula el mercado de trabajo para aumentar la tasa de explotación de la fuerza de trabajo, compra buena parte de la producción monopolista (complejo militar-industrial, obras públicas, etc), ayuda con subsidios y exenciones fiscales a la empresa privada, apoya la expansión imperialista y neocolonial de sus Transnacionales, concierta alianzas o integraciones internacionales como la UE para luchar por un nuevo reparto del mundo que les favorezca frente a otros competidores, lucha contra los países anti-imperialistas y socialistas, impulsa la movilización para la guerra y la reconstrucción y ajustes postbélicos, etc. El capitalismo monopolista de estado como fase última del imperialismo forma a nivel internacional un sistema desigual con el centro, las metrópolis imperialistas, y la periferia, los países cuyos pueblos persiguen a través de la lucha la independencia completa.

3.2.8 El tránsito histórico del Estado capitalista y el lugar de las Transnacionales  

     No hay duda de que las empresas Transnacionales capitalistas explotan en su propio beneficio las inauditas posibilidades que ofrecen las actuales fuerzas productivas, siendo beneficiarias de las nuevas tecnologías, los flujos financieros, la mayor parte de los recursos naturales y energéticos, los modernos medios de transporte, comunicación e información masiva, la fuerza de trabajo altamente calificada, el monopolio de las armas de destrucción masiva, etc. ¿Quiere esto decir, que estamos bajo la dictadura de las mal denominadas “multinacionales”, donde los Estados como superestructura garante del dominio de clase han desaparecido?. Como creemos que ello no es así, es necesario hacer un brevísimo balance del desarrollo del Estado capitalista desde sus orígenes a nuestros días, para colocar a las Transnacionales en el marco imperialista en las que surgen y actúan.

El papel del Estado a lo largo del Modo de Producción Capitalista se ha desarrollado (siguiendo la periodización de Poulantzas) del Estado absolutista de los siglos de transición en el capitalismo con dominio de la producción mercantil simple, al Estado liberal propio de la fase inicial competitiva del capitalismo con predominio de la producción mercantil ampliada; dando paso a la etapa de transición al capitalismo monopolista del tercer cuarto del S.XIX, con el surgimiento de la oligarquía financiera y el nuevo papel del Estado en la reproducción y acentuación de su dominio en la fase imperialista en los umbrales del S.XX, adquiriendo una dimensión intervencionista nunca antes conocida, (60) que se desarrolla ampliamente tras la crisis de 1929 con el surgimiento del capitalismo monopolista de Estado a través de la fusión del Estado, los monopolios y la oligarquía financiera que prevalece con la implantación del keynesianismo tras la II Guerra Mundial, y del neoliberalismo tras la crisis de 1973.

Repasemos un poco el papel y carácter imperialista del monopolio y el capital financiero. Bajo el predominio de la producción mercantil ampliada que da lugar al monopolio, éste aspira a acrecentar los beneficios, acrecentando continuamente la acumulación del capital, constituyendo el capital financiero, con la fusión de la industria y los bancos. Llegados a esta fase, los Estados intervencionistas anexan territorios, para garantizar el acceso a las materias primas y los mercados para sus firmas nacionales, para su capital financiero. Colonizan el planeta, y la guerra pasa a ser el procedimiento, una vez distribuidos los territorios entre las potencias, para arrancar un nuevo reparto del mundo. Eso fue así en las dos primeras guerras mundiales, y eso fue así desde la segunda guerra mundial, con las guerras de rapiña y contra la descolonización organizadas por el imperialismo, o sea los Estados interventores actúan en defensa de sus monopolios.

Actualmente el Estado capitalista es el principal instrumento del poder de la burguesía no sólo en la defensa de la propiedad capitalista frente a la clase obrera sino también para afrontar las crisis económicas y recuperar las ganancias de los monopolios financieros e industriales, sean nativos o extranjeros, en el caso de un país dependiente de la periferia. Respaldando con su acción política las leyes que frenan la tendencia decreciente de la tasa de ganancias.

La limitación de la competencia por el surgimiento de los monopolios y de la expansión del mercado nacional, tendió a generar una exportación de capital, impulsando las expediciones de conquista no sólo para asegurar la libre exportación de mercancías sino también la ocupación militar permanente y el control de las inversiones exteriores de capital.

Bajo el imperialismo a principios del S.XX la intervención estatal se utilizó cada vez más para garantizar las superganancias de los monopolios, por lo que los acuerdos internacionales se rompían periódicamente por el cambio de la correlación de fuerzas entre los países capitalistas debido al desarrollo desigual bajo el imperialismo y eran incapaces a largo plazo de frenar las crisis y guerras internacionales.

Tras la IIª Guerra Mundial y a pesar de la 3ª revolución tecnológica ya no es posible producir con ganancias a escala nacional, no sólo a nivel del mercado nacional, sino también debido al enorme volumen de capital necesario para la producción industrial. La progresiva acumulación y concentración de capital en las compañías transnacionales a través de las ganancias extraordinarias que obtienen, posibilitan el autofinanciamiento y la sobrecapitalización. El crecimiento de las ventas y la producción llegan a ser cada vez más limitadas dentro del país, el resultado es la expansión de los grandes monopolios más allá del mercado nacional para asegurar salidas a sus productos y ganancias, exportación no ya de mercancías sino de capital mediante la internacionalización de las unidades de producción.

La necesidad de exportar el capital está condicionada por las contradicciones de la reproducción capitalista. La acción de la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, la aparición de una enorme masa de capital monetario en exceso que busca aplicación rentable tanto en el interior como en el extranjero.

Las transnacionales pretenden convertir a los países receptores en apéndices industriales para elaborar recursos naturales y fabricar productos y componentes, siguen aterrizando para obtener valiosos minerales, productos agrícolas, recursos energéticos, pero también desplazan fases del proceso productivo (ensamblaje de piezas y componentes, procesamiento parcial de recursos naturales) o montaje completo en unidades de producción. A principios de los 80 parte de la industria transformadora en la estructura de las inversiones extranjeras en los países dependientes ascendió al 43% frente al 15% a fines de los 60. La producción en filiales de las transnacionales acusan un ritmo de incremento mayor que el de la economía nacional de tales países, ya en los años 70 las transnacionales controlaban el 30% de la producción industrial de Brasil, México y Argentina. El desarrollo unilateral de la economía, donde los países dependientes se convierten en apéndices de las potencias imperialistas y que en forma de ganancias e intereses que se transfieren al extranjero pierden enormes recursos, tan necesarios para el financiamiento de las inversiones nacionales.

En este sentido, dada la internacionalización del capital y la producción capitalista es necesario distinguir entre la internacionalización de la realización de la plusvalía, la internacionalización de la producción de plusvalía y la internacionalización de la fuerza de trabajo, y la internacionalización del poder de decisión sobre el capital. En el pasado la  internacionalización de la producción de plusvalía fuera de las materias primas, era casual, pero hoy es primordial. La internacionalización de la fuerza de trabajo no sólo se da por medio de las olas migratorias, sino por la implantación de unidades de producción en los propios países dependientes. La mayoría de las transnacionales gastan capital constante y variable en muchos países de la periferia, ya sea en filiales bajo su control directo o empresas mixtas con otras compañías. Este desarrollo que se inició tras la IIª Guerra Mundial en las industrias petrolera, automovilística y electrónica, convirtiéndose hoy en un fenómeno mundial en casi todos los sectores.

La mayor parte de las filiales de las transnacionales se emplaza en las antiguas colonias. Dos tercios de filiales de trasnancionales francesas se enclavan en países francófonos de África; el 60% de las inversiones inglesas en el extranjero se enclavan en países de África y Asia  angloparlante; el 70% de las filiales yanquis se enclavan en países latinoamerica. Durante la década de los 80 en Argentina, México, Brasil, Perú, Colombia, aseguran de un tercio a la mitad de la producción, la exportación de mercancías industriales y el empleo. La parte del capital extranjero oscila entre el 55% y el 70% de las inversiones en Indonesia, Filipinas, Singapur y Malasia.

En la actual fase imperialista, al propio papel político del Estado se le añaden otras funciones de carácter Transnacional o periférico según el lugar que ocupe el Estado concreto en la cadena imperialista (dominante o dominado). El Estado interventor ampara la internacionalización de las relaciones de producción capitalistas que se realiza de forma inducida por la acumulación del capital dominante en los Estados imperialistas en dos direcciones, en el seno mismo de las metrópolis y hacia el exterior favoreciendo la expansión de la burguesía imperialista u oligarquía financiera. El Estado interventor realiza una política económica que favorece la extensión de la explotación del capital monopolista (centralización financiera, modernización industrial e infraestructura, explotación intensiva del trabajo por medio de la legislación laboral, etc.). El Estado interventor favorece la concentración monopolista, con el sometimiento del capital no monopolista (capital subsidiario, proveedores, subcontratas…). El Estado interventor favorece a sus monopolios en detrimento de sus competidores extranjeros, por ej., Alemania y Francia protegen Airbus contra Boeing, los EE.UU. protegen GM y Ford contra Toyota y Honda, Japón protege NEC contra IBM, etc. Y lo más importante, el Estado intervencionista garantiza la aplicación de las contra-tendendias, recetas anti-crisis, que frenen la tendencia decreciente de la tasa de ganancias (61).

El Estado interventor se responsabiliza de las inversiones en el extranjero. A partir de los años 50/60 el gobierno de EE.UU. presta apoyo a los inversionistas en países en desarrollo, a través de organismos gubernamentales (AID, OPIC) que ofrece garantías para las inversiones contra riesgos no comerciales, se trata de la eventual pérdida de inversiones debido a expropiaciones, confiscación y nacionalización, los gastos los asume el gobierno de EE.UU. En otros estados capitalistas funcionan organismos gubernamentales similares. A partir de los años 60 crece el papel del Estado en los países dependientes. Debido a su creciente papel en el desarrollo socioeconómico, los Estados de tales países pueden representar un serio obstáculo para la expansión de las transnacionales, mediante la soberanía política, las restricciones legislativas, la restricción del movimiento del capital extranjero y la nacionalización de algunos sectores económicos. Las transnacionales con el apoyo de los Estados imperialistas recurren a numerosos métodos de influencia en la política de los gobiernos de los países dependientes, amenazar con revocar las inversiones, reducir la producción, suspender los suministros fundamentales a la industria nacional, denegar préstamos internacionales a los países que toman medidas contra sus filiales, etc.

Habitualmente se denomina a los monopolios Transnacionales como “multinacionales” sin tener en cuenta el papel decisivo del Estado desempeña en esta etapa, ya que la reorganización del capitalismo a escala mundial genera una intervención mayor del Estado capitalista en el exterior, para la reproducción de las relaciones de explotación capital/trabajo y el dominio imperialista. Las Transnacionales están censadas jurídicamente en sus países de origen, no en la ONU, y pagan impuestos en sus países de origen mientras que sus filiales se benefician lujósamente de las condonaciones fiscales de la periferia.

Tanto el origen como el control del capital de las transnacionales conservan un carácter nacional, una proporción creciente del capital acumulado proviene de la producción y la realización de la plusvalía fuera de la metrópoli absorviendo empresas y mercados locales de diversos países. Se suele subrayar entonces que la internacionalización de las actividades de producción y realización de plusvalía de las transnacionales en tantos países ha hecho que se vuelvan indiferentes hacia el desarrollo de la coyuntura socioeconómica de su país de origen, ello no es del todo cierto, ya que depende de la correlación de fuerzas de clase en la metrópoli, en países donde el modelo neoliberal es dominante (EE.UU.) es clarividente, pero es menos claro en países donde el movimiento obrero tiene fuerza y donde es más difícil arremeter contra el estado de bienestar consolidado (Alemania, Gran Bretaña, Francia, etc.).

La concentración y centralización de producciones y capitales en un consorcio transnacional implantado con filiales por todo el mundo no se da por medio de un entrelazamiento sino por medio de la absorción, donde las casas matrices de las metrópolis absorben las empresas de la periferia, por ej. en el sector del automóvil, VW asimila las antiguas industrias nacionales de la periferia (Chequia, España, Polonia, Rumanía…) y establece una relación jerárquica e imperialista.

En consecuencia las Transnacionales no son apátridas como se pretende desde la izquierda neuro-reformista, no es casual que más del 85% de la tecnología e I+D se origina en el interior de sus fronteras nacionales y que menos del 2% de los miembros de sus direcciones sean extranjeros (62), lo que se transfiere a la periferia son los resultados de la I+D a un precio fijo de sobre-coste (royalties, asistencia técnica y abastecimientos) (37). Sus centros de decisión están en los Estados imperialistas (USA,. Japón, Alemania…), que desprecian y supeditan la legislación de los Estados más débiles, y toman decisiones de carácter imperialista en las formaciones social-estatales dominadas, como por ejemplo las propuestas de las Transnacionales del automóvil de “reformar” el Estatuto de los Trabajadores en España (63). El control sobre las decisiones políticas claves (inversiones, producción, precios) sigue en manos de la compañía matriz y no se dispersa en ninguna de sus filiales. Las compañías-madres son únicamente  propiedad de accionistas del país de origen. El campo de acción de la empresa transnacional es mundial pero sus propietarios tienen una base nacional, sus ganancias se dirigen desde todos los confines del mundo hacia su casa matriz, los créditos obtenidos para financiar sus operaciones mundiales son obtenidos por bancos de rango nacional.

Las Transnacionales, lejos de constituirse como creía Fioravanti (64) en el nuevo marco “multinacional” apátrida de la internacionalización de las relaciones de producción del capital, a las que se plegan los Estados imperialistas, éstas por el contrario no se han emancipado y se apoyan en el Estado del país del cual son originarias, e incluso las Transnacionales realizan hoy más de la mitad de sus ventas totales en su nación de origen (65).

No obstante, destacamos que si existen algunos monopolios “multinacionales” que a diferencia de las Transnacionales los dueños son capitalistas de dos o más países. Los primeros monopolios multinacionales surgieron a comienzos del siglo XX, pero incluso ahora su número sigue siendo pequeño, estos se han fundado por lo general, como resultado de la agrupación de compañías europeas para no ser absorbidas por Transnacionales yanquis de mayor embergadura, por ej. consorcios anglo-holandeses como Univelers, de productos químicos y alimenticios y el petrolero Royal Dutch-Shell (1907); el monopolio germano-belga de fotoquímica Afga-Gewaert (1964); el consorcio anglo-italiano de artículos de goma Dunlop-Pirelli; el consorcio germano-holandés VEW-Pokker; la compañía de harina general Biscuits de capitales belga, holandés, inglés, italiano y alemán). Tambien hay que añadir que en algunos sectores como la automoción se han producido algunas alianzas multinacionales para evitar absorciones y no convertirse en filiales, por ej. Nissan-Renault, Daimler-Chrysler, Grupo PSA (Peugeot-Citroen).

3.2.8.1 El monopolio transnacional. Base económica del imperialismo y la dependencia

Las transnacionales de hoy son la base económica del imperialismo. Ya Lenin destacaba como cuarto rasgo fundamental del imperialismo al monopolio internacional por su participación en el reparto económico del mundo tanto mediante acuerdos de cártel sobre el reparto de países e incluso regiones enteras en calidad de mercados, como a través de la exportación de capital y la formación en el extranjero de redes filiales bajo su control.

La concentración del poder en manos de las transnacionales y su incidencia en la economía mundial han alcanzado una magnitud sin precedentes. En 1960 apenas constituían el 9% su parte en el PIB del mundo capitalista, a mediados de los 70 al filo de la crisis económica concentraban la quinta parte del PIB mundial, casi la mitad de la producción mundial, la mitad del comercio interior y exterior, el 80% de los gastos privados en investigaciones científicas, más del 90% de las inversiones en el extranjero y sus activos duplicaban las reservas totales de divisas de los bancos centrales de sus países de origen y de los organismos monetarios internacionales (66). En la década de los 80 las 500 principales transnacionales ya controlaban el 80% de la producción capitalista mundial.

La dimensión de las transnacionales también es equiparable con los PIB de los países capitalistas más desarrollados. La Exxon que desde 1979 está a la cabeza de las 500 mayores transnacionales mundiales, supera el PIB de países como Bélgica, Austria, Dinamarca, Suecia, Noruega y Suiza. A principios de los años 80 el capital de las transnacionales en los países dependientes superaba el PIB de cualquier estado capitalista, excepto EE.UU.,Japón, RFA, Francia y Gran Bretaña. En 1.998 el PIB de Polonia era inferior al volumen de ventas de la General Motors, y el de Egipto al de Toyota (67), los ingresos anuales de la Exxon son iguales al PIB de Australia, los de la Ford a Dinamarca, los de la petrolera anglo-holandesa Shell duplican el PIB de Venezuela, uno de los mayores productores de petróleo mundial (Atilio A. Boron). Incluso sus transaciones comerciales son enormes, ya en  1.974 sólo las filiales yanquis vendieron mercancías por un valor superior al PIB de la RFA. (68). No hay que ser muy inteligente para ver que los intereses de esas grandes transnacionales van en contra de la mayoría de la población mundial. Los ingresos anuales de las 200 primeras Transnacionales alcanzaron a finales del S.XX los 7,1 billones de dólares, superior a la riqueza del 80% de la población mundial que alcanzó 3,9 billones (Atilio A. Borón).

Este poder económico y comercial permite a las Transnacionales involucrarse en la política exterior de los Estados imperialistas, colocando éstos su rentabilidad política en la rentabilidad de las Transnacionales, rentabilidad que sin la intervención del Estado-clase en el exterior sería impensable. En EE.UU. el Pentágono y el Departamento de Estado ejercen un rol mundial opresivo a favor de sus Transnacionales. Recordemos la vinculación de la Unitet Fruit en la ocupación de Guatemala en 1.954, o la ITT junto a la CIA en el golpe de Estado y la dictadura chilena en 1.973. Fueron funcionarios de la CIA y miembros de la ITT los que propusieron a Nixon un plan de 18 puntos para derrocar a Allende. Durante el gobierno de UP actuaron más de 1000 agentes de la CIA a favor de los intereses del gobierno y las transnacionales de EE.UU., a través de medios financieros y de espionaje para la preparación del golpe y cambio de régimen. Cuando los EE.UU. pregonan el interés nacional para justificar una intervención en el exterior no se trata del interés del pueblo de EE.UU. sino de los grandes negocios de las transnacionales. El general Smedley D. Butler que encabezó muchas expediciones de marines en Latinoamérica, una vez retirado, confesó sin pudor que durante 33 años se pasó la mayor parte del tiempo como pistolero al servicio de Wall Street y los banqueros, como pistolero del capitalismo, y entre sus heroicidades dijo haber ayudado en 1903 a “pacificar” Honduras en beneficio de las compañías fruteras yanquis. Es ejemplificadora la aseveración del secretario de defensa de los EE.UU. en 1.953, Charles E. Wilson dijo: “…lo que es bueno para nuestro país es bueno para General Motors, y viceversa” (69).

La dominación de la economía chilena por el capital yanqui era tan enorme que resultaba imposible emprender la más mínima reforma sin “atentar” contra los intereses de las transnacionales de EE.UU. Precisamente cuando Allende ganó las elecciones, Chile disponía de las minas de cobre más ricas del mundo, los EE.UU. habían invertido sólo 20 mill. de dólares y habían obtenido más de 4.000 mill. de beneficios en los anteriores 25 años que se repartieron entre las transnacionales Anaconda y Kennecott, esas fueron las bases del “interés nacional” del imperialismo yanqui en el golpe militar de Chile. Joan Garcés nos documenta (70), que en 1.971 ante la nacionalización de las empresas del cobre en Chile, Nixon ordenaría que se vinculara la participación del gobierno de EE.UU. en la protección de las inversiones privadas con los intereses políticos y de seguridad de EE.UU.

El hecho de que el 78% de los créditos comerciales  a corto plazo correspondiera en 1970 a la banca yanqui permitió a las transnacionales extranjeras aplicar la estrategia del bloqueo económico. EE.UU. negó créditos de la banca al gobierno de Allende. Las transnacionales yanquis se negaron a vender maquinaria y piezas de repuesto imprescindibles para el funcionamiento de empresas industriales y la economía chilena. Los precios del cobre cayeron de 65 centavos por libra a 49 en 1972, luego a 3 meses del golpe subieron por encima del dólar. Las transnacionales del cobre utilizaron su poder para manipular los precios del mercado mundial y asfixiar a la economía chilena. El ejemplo chileno permite ver cómo las transnacionales aprovechan la cultura monoproductiva y su dependencia del mercado capitalista mundial para socavar la estabilidad económica de un país e imponerle el régimen que les conviene.

Por tanto, las transnacionales son capaces de recurrir a cualquier medio, desde el chantaje económico hasta la financiación de la contrarrevolución. En 1971, Gulf Oil, yanqui, participó en el golpe de estado en Bolivia. La Unión Miniére belga ayudó a derribar al gobierno de Patricio Lumumba en el Congo. En 1974 las transnacionales yanquis United Brands y Standard Fruit intentaron derrocar los gobiernos de Panamá, Honduras y Costa Rica por aumentar los impuestos a la exportación de bananas, etc.

Sin embargo, en la carta de derechos y deberes económicos aprobada por la 29 Asamblea de la ONU en 1974 se señala sin distinción que todo Estado tiene y ejerce libremente soberanía plena, posesión, uso y disposición sobre toda su riqueza, recursos naturales y actividades económicas, cuando en realidad son las transnacionales asistidas por sus Estados las que privan a los países en desarrollo de la posibilidad de ejercer este derecho reconocido.

Georges Kennan (ideólogo de la guerra fría y asesor del gobierno de EE.UU.) en 1948 cuando los EE.UU. disponían del 50% de la riqueza mundial y sólo el 6,3% de la población, manifestó que el objetivo de EE.UU. pasaba por mantener esa posición de disparidad (Salim Lamrani). El objetivo de los EE.UU. en los países del “tercermundo” es el de proteger la infraestructura de sus privilegios económicos y acrecentarlos con el apoyo de las oligarquías nacionales sometidas al imperialismo bajo una relación de jefe y perro guardián, intereses yanquis y oligarquía antinacional, cuando se rompe esa relación de sometimiento comienza la táctica del garrote apoyando a las peores dictaduras fascistas latinoamericanas y feudales de Oriente Medio.

La baza militar es utilizada interna y externamente por el Estado imperialista para aplastar tanto el movimiento obrero y popular interno como las políticas revolucionarias llevadas a cabo en países extranjeros. La historia de EE.UU. está plagada de sangre con ballonetas en la defensa de los intereses de clase de sus monopolios, entre 1.890 y el 2.001 antes de la guerra de Irak, las intervenciones del ejército yanqui se contabilizan en torno a 130 (14 de ellas en EE.UU) (71).

También las Instituciones Financieras Internacionales que están dominadas por los Estados imperialistas sostienen los intereses de las transnacionales. El golpe de estado fallido en Venezuela (2002) contó de inmediato con la desinteresada colaboración del FMI, un fiel instrumento internacional de las transnacionales, y sin que nadie lo solicitara ofreció su ayuda al nuevo gobierno golpista cuando éste sólo había sido reconocido por el gobierno de los EE.UU. y su lacayo Aznar. Este gesto ratifica que este organismo “multilateral” sólo obedece a los intereses del imperialismo. La carta de deberes y derechos económicos de la ONU queda en papel mojado.

Conclusión, las Transnacionales son respaldadas en última instancia por el poder del Estado imperialista y su aparato militar, para rebajar los precios de las materias primas y obtener nuevos mercados. La intentona golpista en Venezuela en el 2.002, la guerra contra la OPEP por el control de las reservas de las materias primas estratégicas, la utilización de las armas bajo el manto de la “guerra preventiva” contra Irak para apropiarse del petróleo, son ejemplos clarividentes de que el Estado sigue siendo un instrumento I-N-S-U-S-T-I-T-U-I-B-L-E en beneficio de la acumulación del capital de las Transnacionales. Para definir la actual globalización resulta más apropiado convenir que se caracteriza por un aumento del papel del Estado nacional como apoyo extraeconómico que el capital necesita ante el alcance mundial de su acumulación. No existe en la historia en la que un gobierno haya actuado de forma contraria a los intereses de las transnacionales y la oligarquía financiera y que no haya sido víctima de un golpe de estado, por no hablar cuando invaden a un país de la periferia para robarles el petróleo o el gas. Las transnacionales también necesitan un Estado para mantener el monopolio de la violencia contra la resistencia obrera y popular, y para mantener el dominio ideológico que preconice los intereses de las transnacionales como única via posible, como el interés general. Las firmas transnacionales necesitan el apoyo de sus gobiernos para mantener a sus rivales comerciales a raya, los Estados ofrecen a sus transnacionales la concesión de subsidios, políticas de austeridad fiscal tendentes a garantizar mayores tasas de ganancias, contrarreformas laborales para acentuar la explotación de la clase obrera y debilitar los salarios y su fuerza sindical, el establecimiento de una legislación en los países de la periferia que permitan que la extracción imperialista de la plusvalía repatriando las ganancias a las casas matrices. Por eso el Estado no sólo es necesario en el centro del capitalismo, el poder estatal de los países dependientes también es necesario para las transnacionales que necesitan de la estabilidad, una ley que garantice sus intereses de pillaje, un poder judicial, policial y militar capaz de obligar, cuando el consenso de las clases subalternas falla, a respetar esa ley.

3.2.8.2 Transnacionales y rivalidad interimperialista

      Existe una lucha encarnizada por las Transnacionales japonesas, yanquis y europeas apoyadas por sus Estados en la pugna por la hegemonía mundial, siendo en esta lógica capitalista la clase obrera y las naciones subyugadas por el imperialismo, peones sobre el tablero de esta batalla. Este antagonismo entre transnancionales da lugar a intervenciones militares locales y guerras.

Los recientes procesos de conquista y neocolonización política y económica en Yugoslavia y el Cáucaso reflejan las conexiones entre los Estados imperialistas, la OTAN como brazo armado y las Transnacionales que se expanden por todo el planeta. En 1997 Javier Solana visitando Azerbaijan (antigua república soviética) declaró que el Caucaso es importante para Europa por su potencial económico (quiere decir recursos energéticos) y que Europa no estaría “segura” si los países del Cáucaso permanecen fuera de la seguridad europea. Toda una declaración de amor imperialista. No es de extrañar que a principios del nuevo siglo Transnacionales como BP-Amoco, Unocal, Exxon-Mobil, Conoco, Pennoil y Chevron por EE.UU.; BP por el Reino Unido; Total-Elf por Francia; Deminex por Alemania; Turkish petroleum por Turquía; Agip por Italia, intervengan en el negocio petrolero del Cáucaso, sin olvidar que para abrir paso a las petroleras en el Caucaso, es necesario disponer del control político y militar en la región, a costa de Rusia.

Existe una división funcional entre los Estados imperialistas, la OTAN y las Transnacionales, los dos primeros abren con sus cañoneras los mercados a las Transnacionales con el objetivo de integrar en el ámbito político-cultural de Occidente las regiones más ricas en recursos energéticos. Georges Soros, portavoz de la oligarquía financiera yanqui, financiador de conspiraciones y golpes de Estado en la Europa del Este, piensa que debe formarse una alianza política entre países que se dedique a la promoción del “mercado libre” con la OTAN como brazo armado con el fin de calificar y enmendar toda situación que no agrade a las Transnacionales (72).

      Así la ampliación de la OTAN no deja de ser un buen negocio, y sino que se lo digan a los representantes de la industria militar imperialista y a los representantes de las 300 Transnacionales más importantes del mundo capitalista. Por ej., según Michel Collon 12 sociedades americanas financiaron cada una con 250.000 $ el acto del 50 aniversario de la OTAN en Washington (1.999). La mayoría de las firmas de ese “comité de honor” venden precisamente el tipo de productos más solicitados en los mercados emergentes de Europa central y oriental, Ameritech, por ej., está interesada en la venta de redes telefónicas, Ford y GM tienen fábricas de automóviles, etc. (73).

Por tanto, ningún monopolio saldría de sus fronteras sin una fuerza militar ni respaldo político que protegiera sus exportaciones e importaciones de capital (repatriación de beneficios), desarrolladas por medio de una red de empresas e infraestructuras que alcanzan a todos los rincones del mundo. Y esto sigue produciéndose hoy bajo la rivalidad imperialista por el reparto del mundo, tal y como pensara Hobson, y reafirmara Lenin, aunque bajo otras formas. Más que mundialización, la rivalidad imperialista potencia la regionalización del mundo entre rivales. El mundo ya repartido, vuelve a repartirse cuando la correlación de fuerzas cambia, únicamente ha cambiado que llegado el extremo los Estados imperialistas y las Transnacionales pactan acuerdos coyunturales para evitar que su rivalidad degenere en guerras interimperialistas, porque para eso están las otras guerras, de Estados ricos contra Estados pobres. El propio desarrollo desigual del capitalismo entre empresas y Estados, es el que rompe el equilibrio y crea las condiciones para un nuevo reparto, no cabe unilateralismo, ni multirateralismo bajo el imperialismo, sino desarrollo desigual y rivalidad permanente.

De ahí que cualquier política de integración económica multilateral e intercambio no desigual entre países no imperialistas sea brutalmente combatida. De ahí que sea inconsecuente bajo el capitalismo separar la economía de la política, por ej., las guerras del golfo e Irak no fueron consecuencia de la invasión de Kuwait, o de la existencia mediática de armas de destrucción masiva en Irak, sino por la rivalidad entre el imperialismo yanqui con la UE y Rusia, el desarrollo de relaciones económicas de Irak con Francia, Alemania y Rusia, y la posición fuerte del euro frente al dólar.

En el actual contexto de rivalidad interimperialista, es metafísica pura, poner como ejemplo el proceso de integración político-económico de la UE donde los Estados pierden su poder y su carácter es supranacional. Eso es mentira. El proceso de integración se realiza bajo la égida de los Estados centrales europeos (Alemania, Francia y Gran Bretaña), el proceso ser realiza para un mercado interior de 500 millones de habitantes, donde los actuales estados nacionales defienden los intereses de clase, los intereses de las oligarquías financieras y las transnacionales. Estas en el ámbito de la UE necesitan el apoyo del poder estatal de su país de origen a la vez que necesitan un marco legal para proteger su propiedad (núcleo del proyecto de constitución europea), en este campo ganan los estados más fuertes, las transnacionales, y pierden los estados más débiles y la clase obrera. Mientras la propiedad privada de las grandes empresas, las tierras, la tecnología y la comunicación son sagradas, el derecho de organización sindical, de huelga y los derechos sociales contenidos en los estados de bienestar son arrollados bajo la égida del nuevo Estado “supranacional”.

3.2.8.3 Transnacionales y desarrollo desigual

      Ya hemos visto que las Transnacionales no son sólo unidades de producción, sino que también engloban actividades financieras y comerciales. Si ya en 1.971 el montante de las transacciones comerciales en el interior de las transnacionales sobrepasaba (exceptuando los Estados socialistas) a las exportaciones de todos los países capitalistas (74), hoy más de la mitad de intercambios mundiales de mercancías y servicios se realizan entre ellas, y sus sedes y filiales repartidas por el globo. Las Transnacionales controlan el 75% de las inversiones internacionales, y sólo el 1% de las Transnacionales concentran el 50% de las inversiones extranjeras (75).

El ciclo productivo de las transnacionales nos muestra el desarrollo desigual del capitalismo entre los países del centro y los países de la periferia, y nos muestra la división internacional del trabajo en perjuicio de los últimos. Ya en 1980 los productores de materias primas no recibían más que el 25% del precio final pagado por los consumidores. Las transnacionales se reparten el resto. Los precios de materias primas se fijan en las bolsas de New York y Londres, que forman parte del dominio de las transnacionales. La condición dependiente de estos países en el aprovechamiento de recursos naturales propios se vuelve para ellos una pérdida al vender las materias primas sin procesar. El predominio de las transnacionales en el sector mundial de materias primas se manifiesta en que el grueso de las empresas transformadoras se encuentran en los países capitalistas industrializados. La exportación de metales en lugar de minerales, refinados de destilación de petróleo y la petroquímica en vez de crudo agregaría miles de millones de dólares a las balanzas comerciales y los ingresos de los países dependientes. Las transnacionales perderían la posibilidad de manipular los precios de las materias primas, productos semifabricados y acabados. Por ello las transnacionales se oponen a la instalación y formación de empresas para el procesamiento íntegro de materias primas en los países dependientes. Precisamente al contrario de estas prácticas la URSS cuando existía, practicaba unas relaciones de no dominación, en los años 80 construyeron siderúrgicas de ciclo completo (fundición-acero-laminado) en India, Irán, Argelia, Egipto, Turquía, Pakistán y Nigeria.

En tal sentido,  cuando se culpa a la OPEP por el incremento de las tendencias críticas de la economía capitalista, los medios de comunicación del imperialismo silencian que hasta hoy a los países de la OPEP sólo le toca una parte pequeña de las ganancias producidas por su petróleo. De cada dólar pagado en las gasolineras de EE.UU. a los países de la OPEP sólo les toca 13 centavos. No es estraño ya que continúan bajo control de las transnacionales 2 tercios del transporte, la destilación y la venta del crudo importado desde países en desarrollo, incluso tras la nacionalización de su producción en los países de Oriente Medio, los países de la OPEP disponen menos del 10% de las capacidades de refinación del mundo. Al dominar casi con exclusividad en la comercialización del petróleo, las transnacionales compensan con creces la dsminución de sus ganancias a pesar del control de varios países de la OPEP sobre la producción del crudo. Por lo tanto, la “crisis del petróleo” no sólo es una frase hecha sino también propaganda interesada para esconder la realidad objetiva.

3.2.8.4 Socialización internacional de las fuerzas productivas

Las Transnacionales controlan cada vez más todo el ciclo de extracción, producción, transporte y venta. Es la misma empresa la que obtiene las materias primas, la que las utiliza en otro país de producción y las que la vende al mercado. Aunque todo se haga bajo un manto legal de subcontratos. Las políticas impuestas por el FMI favorecen a esta monopolización de la cadena de extracción-producción-venta, y no es extraño, ya que los directivos de los organismos internacionales son los representantes de las mismas Transnacionales y sus respectivos Estados.

El grado mayor de concentración y centralización de capital se mundializa a través de ellas, 63.000 Transnacionales censadas en 2.000 que poseen 690.000 filiales, de las cuales sólo 500 tienen embergadura. Las 200 Transnacionales más grandes controlaban en 1.998 el 80% de la producción agrícola e industrial, y el 70% de los servicios y el comercio mundial (76). En el auto sólo 5 Transnacionales abastecen el 60% del mercado (General Motors, Toyota, Ford, Chrysler y VW) las 10 primeras Transnacionales de la comunicación controlan el 86%, 7 Transnacionales acaparan el 90% de la producción mundial de material médico, 5 Transnacionales acaparan el 77% de la comercialización de celeares, etc (77). Nunca antes tantos trabajadores operaron en la fabricación de un producto. Las 20 transnacionales más grandes emplean de 250.000 a medio millón de trabajadores, sin tener en cuenta subcontratas y proveedores. La empresa automovilística General Motors emplea a más de 600.000 trabajadores. Estamos ante un proceso mundial no de “entrelazamiento” sino de socialización de la producción, socialización entorpecida por las relaciones de producción capitalistas. Lenin en El imperialismo fase superior del capitalismo ya destacaba que con este grado de socialización mundial de la producción y las actividades económicas las condiciones materiales para acceder al socialismo están ya preparadas a nivel mundial. Para Lenin cuando desde unos pocos grandes centros empresariales organizan y dirigen la elaboración de la producción en todas sus fases en puntos de producción separados por miles de kilómetros, para la obtención de diversos productos, cuando la distribución de tales productos se efectúa en base a un plan para decenas y centenares de millones de consumidores, aparece la evidencia de que nos encontramos ante una socialización de la producción y no un simple entrelazamiento, en el que las relaciones de la economía y la propiedad capitalistas constituye una envoltura que no corresponde ya al contenido. Esta gigantesca socialización de la producción en el imperialismo significa la creación de las premisas materiales del socialismo, el cual evidentemente sólo será posible como resultado de la conquista del poder político de la clase obrera y la supresión de la propiedad capitalista de los medios de producción.

Partiendo de una casa matriz nacional estas empresas se organizan estratégicamente en torno al mercado mundial. Operar a esta escala es una exigencia competitiva tan intensa como aprovechar las diferencias de productividades, salarios y tasas de explotación nacionales que alimentan a las ganancias extraordinarias ya a nivel internacional. Determinar cómo opera la ley del valor a escala internacional en estas condiciones requiere considerar la existencia de un sector internacionalizado de 500 transnacionales que controlan la mayor parte del PIB mundial y conforman un espacio propio de producción y valorización del capital. Resulta inconcebible la existencia de una burguesía internacional (ultraimperialismo), la clase capitalista no puede existir, ni el capital acumularse sin Estados rivales que reproduzcan las condiciones de la competencia. El concepto del imperialismo sigue siendo útil para caracterizar esta polarización, rivalidad interimperialista y sometimiento de las economías periféricas a las necesidades de acumulación de los países centrales, que bloquea y deforma el desarrollo industrial de las naciones emergentes, rige las nuevas condiciones de la internacionalización productiva.

El hecho de que exista un intercambio interno entre casas matrices y filiales, no puede identificarse como transacciones propias a la circulación mercantil simple basada en una economía de concurrencia de pequeños productores-propietarios, ni a la circulación mercantil compleja de la etapa pre-monopolista de circulación de capital, ya que en el marco de las Transnacionales no existe un fraccionamiento de la propiedad que enfrente a productores-propietarios independientes que se intercambian entre sí los resultados de la producción como mercancías con arreglo a las leyes de la concurrencia. La división internacional del trabajo en el interior de las Transnacionales no enfrenta a productores independientes, sino a obreros y procesos parciales de la producción con el capital en su conjunto, donde la gran concentración de los medios de producción pertenece en propiedad a las Transnacionales, expropian plusvalía a sus productores a escala mundial con una tasa de explotación diversa. Por lo que el intercambio interno en una TRANSNACIONAL se realiza mediante un plan trazado de antemano que planifica cantidades de producciones, ventas y precios.

Dentro de las Transnacionales, el plan y la dirección centralizada sustituye a la espontaneidad del mercado, gracias a la situación de monopolio sobre la circulación de capitales y producciones, donde la división internacional del trabajo entre casas matrices y filiales, les permite elevar la eficiencia de las inversiones (a crédito hacia las filiales) planificando de forma óptima la producción a escala global, y el control de la fuerza de trabajo. Para los obreros, tamaña concentración e internalización de las fuerzas productivas no sólo es una fuerza externa más inexorable que nunca a la que se enfrentan, sino que también sienta mejores condiciones al capital para planificar una política de recorte del valor de la fuerza de trabajo de forma generalizada en el centro y en la periferia, enfrentando a obreros de diferentes centros de trabajo, entre filiales y casa matriz (37).

La cadena de empresas pierden sus límites físicos convirtiéndose en unas redes complejas que permiten a las Transnacionales sacar ventaja rápida de cualquier diferenciación política, salarial o fiscal, cobrando hoy mayor importancia las políticas de flexibilización laboral, tendentes en primer orden a reducir los costes laborales, y  aumentar la explotación de los trabajadores de empresas filiales.

Los sectores industriales creados se subordinan a las capacidades instaladas en las principales potencias capitalistas. La nueva división del trabajo, neocolonialista, estimula la modernización de la dependencia económica. Se promociona en los países dependientes la desnacionalización de la economía, la subordinación de su economía y el Estado a los intereses de la patronal extranjera, las transnacionales y las potencias imperialistas. La posesión por las transnacionales de parte considerable de capitales en los principales sectores de la economía, su control de los canales de venta, los mercados y los recursos financieros, les da oportunidades para subordinar a sus intereses la planificación nacional, violando de hecho la soberanía de los países en desarrollo.  Disponiendo de filiales en decenas de países, las transnacionales pueden girar capitales y cambiar producciones de un país a otro. Manipulan los precios internos en sus filiales las cuales continúan funcionando pese a las pérdidas anuales. Los precios de transferencia y el aprovechamiento para rebajar los salarios son componentes básicos para hacer realidad el monopolio de las transnacionales en los mercados de los países dependientes. Su juego con los precios y salarios no son otra cosa que la explotación de las capacidades económicas y una superexplotación de los pueblos de Äfrica, Asia y Latinoamérica.

Las filiales son empresas que juegan la función de complementarias (producción bajo valor añadido), las cuales no llegan a sustituir a las empresas matrices localizadas en el centro imperialista en la producción de alto valor añadido, ya que el desarrollo tecnológico, la investigación y la ciencia son fuerzas subordinadas a los intereses estratégicos del capital y sus empresas Transnacionales, gobernadas desde sus centros capitalinos. Más del 85% de todos los desarrollos tecnológicos de las Transnacionales se originan dentro de sus fronteras nacionales en sus casas matrices. Por ej. en el sector del auto español sólo una filial (SEAT) diseña sus propios productos, mientras el resto (Renault, Peugeot, Citroen, VW, Ford, Nissan…) se dedican al montaje, pero incluso en SEAT las ordenanzas sobre desarrollo, diseño y destino de nuevos modelos vienen de la metrópoli VW-Audi-Alemania.

Las filiales instaladas no realizan trabajos de investigación científica, prefiriendo utilizar las tecnologías propia de la casa matriz. VW entre 1965-1975 en cobros por utilidades y tecnología en Brasil se llevó más del doble de lo que había invertido. Un informe de la UNCTAD sobre 13 países en desarrollo pagaban más de la mitad de las inversiones directas en ellos por patentes, licencias, marcas comerciales, know-how y servicios. El grueso de esta tecnología no se destina al desarrollo nacional, sino a garantizar máximas ganancias a las transnacionales. Por una parte, la importación de tecnologías frena el desarrollo tecnológico nacional y, por otra, les transfieren tecnologías ya obsoletas, por lo cual no pocas veces los países dependientes experimentan un déficit de piezas de repuesto.

Las patentes tecnológicas son un ejemplo de esta división internacional del trabajo que no permite el desarrollo multilateral de las fuerzas productivas. Ya en la década de los 70 el 90% de las patentes y licencias circulan solamente por los canales internos de las compañías matrices y sus filiales en el extranjero, y sólo un 10% circulaba al mercado abierto. Pero esta circulación es desigual ya que las compañías matrices transfieren a sus filiales en el extranjero las licencias sólo para fabricar mercancías de inferior valor añadido, e incluso si alguna filial en el extranjero realiza algún descubrimiento tecnológico es el consorcio quien decide dónde y cómo se aplica. Por lo general, los productos nuevos obtenidos en los laboratorios, centros de tecnología, etc, de las filiales extanjeras van primero al mercado del país donde está la sede matriz y no vuelven a las filiales hasta que pasan unos años.

Esta división interna del trabajo actual en las Transnacionales, genera la competencia a la baja del coste laboral entre las empresas implantadas en la periferia y semiperiferia, en un primer proceso, para acabar por cuestionar la propia estabilidad de la fuerza de trabajo en la metrópoli de las Transnacionales (78). La externalización de actividades (productivas y técnico-profesionales) es una tendencia de la acumulación de capital que se da incluso más allá del ámbito local, y el objetivo es el mismo: actividades de bajo valor añadido basadas en el trabajo intenso extraido y la sobreexplotación. Como ejemplo, tenemos la salvaje competitividad en el sector del auto entre las filiales de Europa del Sur y Europa del Este, bajo el fenómeno de la deslocalización productiva y dumping social, practicado por las Transnacionales. Precisamente en España el boom del empleo en los 90 y hasta el 2.002, se vió frenado a partir del 2.003 por la deslocalización de actividades en la industria de componentes del auto (Valeo, Lear, Delphi, Bosch…).

La mayoría de las plantas de ensamblaje de las denominadas plataformas para la exportación de los diferentes sectores productivos, de Asia-Pacífico, Latinoamérica y Europa del este, importan maquinaria y tecnología a un valor superior a los productos semielaborados o elaborados que exportan hacia la metrópoli. La inversión a crédito no se utiliza para actualizar la tecnología, la cualificación de la fuerza de trabajo y los productos, sino para aumentar la intensidad de la explotación de la fuerza de trabajo, al margen de cualquier normativa de sanidad, salud laboral y medioambiente.

Las transnacionales son culpables de expolio, la falta de seguridad laboral y la contaminación de los países dependientes. En 1984 en la India el escape de un gas tóxico en una filial de Unión Cardibe causó más de 2500 muertos, se debió a la obsolescencia de las instalaciones tecnológicas y a que se redujo el personal encargado de la seguridad laboral. Con el fin de acelerar el aclareo de bosques para las obras de la hidroeléctrica del río Tocantins en Brasil, la transnacional yanqui Dow Chemical aplicó agentes químicos altamente tóxicos, causando la muerte de más de 7000 indígenas y un irreparable daño medioambiental.

Las transnacionales ni siquiera se abstienen de explotar el trabajo infantil. En Taiwan los niños de 12 a 15 años trabajan de 12 a 14 horas diarias en fábricas electrónicas, ensamblando aparatos que reportan fabulosas ganancias. En minas de carbón en Colombia en los años 80 3 millones de niños trabajan 8 horas diarias a una profundidad de 280 metros en galerías sin ventilación, soportes ni alumbrado eléctrico.

3.2.8.5 La reindustrialización dependiente

      La reciente re-colonización de países de industrialización emergente no se realiza sin la dependencia y penetración de las Transnacionales ubicadas en la tríada, que rompen el mito del desarrollo igual de la economía bajo el imperialismo. Ejemplos:

  • En 1.998 Transnacionales USA y japonesas invirtieron 47.000 mill. de dólares comprando firmas brasileñas.
  • En Corea del Sur, después de la crisis de 1.997-98, ha evolucionado hacia la dependencia, más del 53% de las inversiones USA están dirigidas para hacerse con el poder de las empresas surcoreanas. Ramas enteras del aparato industrial surcoreano han sido adquiridos a bajo coste por Transnacionales de la tríada imperialista.
  • Sectores estratégicos de la economía necesarios para el desarrollo de un país, de los 4 dragones asiáticos (Corea del Sur, Taiwán, Singapur y Hong Kong), los tigres (Indonesia, Tailandia y Filipinas), y otros (México, Brasil, India, Argelia, Argentina, etc.), son absorbidos por las Transnacionales, y se encaminan a un abismo sin fondo de subordinación/dependencia.

Los elementos negativos para el desarrollo sobre las naciones dependientes siguen siendo la conquista de las posiciones claves de las ramas decisivas de la economía nacional, la acentuación de la desproporcionalidad en el desarrollo de la economía nacional, el efecto inhibidor sobre su regulación y el incremento de la masa de ganancia transferida al extranjero.

La hegemonía del proceso de acumulación del capital en la tríada es patente y tiende a ampliarse. El 90% de las 500 principales empresas transnacionales tienen su sede en la tríada, en los tres bloques imperialistas, por lo cual necesitan de un potente aparato estatal que garantice sus intereses, incluso los cargos en el aparato del estado se combinan con los altos cargos en los sectores petroleros, militares, construcción, industria, servicios, comunicación. De las 500 empresas Transnacionales más importantes 244 son USA, 173 de la UE (donde destacan Alemania, Inglaterra, Francia e Italia), y 46 de  Japón. De las 200 más importantes que facturan el 25% mundial, el 88% -176- están radicadas en 6 Estados capitalistas desarrollados (EE.UU., Japón, Alemania, Inglaterra, Francia, Canadá), de las que un tercio –74- corresponden a los EE.UU. El margen de competencia es tan débil para los países de reciente industrialización, que en 1.998 tras la crisis asiática el peso de Corea del Sur en las 200 principales Transnacionales se había reducido de 6 a 3.

El reparto mundial de marca nacional de las Transnacionales más importantes nos da una muestra clarísima de que el poder político está concentrado, jerarquizado y territorializado en los Estados imperialistas. En el conflicto por el reparto del mercado mundial, el poder estatal de los centros imperialistas no disminuye, aumenta, las transnacionales de EE.UU., la UE y Japón esperan que su poder estatal opere a nivel mundial para garantizar sus intereses. Por tanto, las relaciones de poder que la acumulación de capital produce y reproduce en su fase imperialista está acompañado de profundas asimetrías. No existe un poder plano, simétrico y homogéneo como los apologistas del sistema pintan ni como los renegadores del campo marxista plagian. La oligarquía financiera (fusión del capital industrial y bancario) que Lenin analizara hace más de 90 años sigue concentrándose en los Estados del centro imperialista, ocupando el imperialismo yanqui la delantera sobre sus competidores, el cual se vale de medios extraeconómicos (brazo militar y proteccionismo económico) sin los cuales no vencería a sus competidores más inmediatos. La guerra de Irak fue una demostración de fuerza del Estado yanqui sobre sus competidores, una demostración del reforzamiento del poder estatal.

En un marco de sobresaturación creciente de la composición orgánica del capital en los Estados de la metrópoli capitalista, existe la competencia inter-imperialista en el ámbito de las relaciones entre Estados, acrecentada por la lucha entre las distintas fracciones del capital y bloques en el poder de los Estados por colocar los excedentes en el exterior en dos sentidos: hacia la periferia donde la composición de capital es más baja y hacia los competidores. La vinculación es tal que ante la amenaza de penetración de Transnacionales competidoras, el Estado imperialista refuerza sus propias compañías, y cuanto más compiten las Transnacionales más respaldo reciben de su Estado.

En tal sentido, las tendencias contemporáneas del proceso mundial de acumulación del capital radican en:

  • Penetración en las economías competidoras. Las 50 principales Transnacionales, sólo tienen filiales en el centro.
  • Proteccionismo interno en los Estados imperialistas para frenar las importaciones de la periferia.
  • Liberalización mundial de la circulación de capitales para las transnacionales y prohibición de la libre circulación de obreros.
  • Conquista mercados países recolonizados, aumentando la inversión productiva en dichas zonas (por ej. las inversiones en Brasil en el sector del auto entre Ford y VW).

3.2.8.6 El ALCA

      En este contexto el ALCA como proyecto para América (79) y su brazo armado El Plan Colombia, el imperialismo USA busca a través del más acabado proyecto político, comercial y militar que reafirma su hegemonía en América, la creación de una zona continental para la circulación de capitales y mercancías de las Transnacionales USA en condiciones de preferencia frente a sus competidores (UE y Japón). Se trata de un mercado con más de 800 millones de consumidores que además contiene una reserva estratégica de recursos energéticos como el petróleo.

Busca también dar una salida mercantilista a su propia crisis estructural, fortaleciendo el proteccionismo interno y favoreciendo la exportación hacia esos países como pulmón de la sobreproducción principalmente agrícola, liberalizando el comercio de los países latinoamericanos inflándolos de mercancías USA, desertizando la producción agrícola en esos países.

Si bien antes la desmantelación del monopolio estatal en el comercio exterior de un país periférico, tiene como consecuencia el hundimiento de la economía industrial nacional ante la imposibilidad de competir con unos productos industriales más baratos, hoy la producción más barata en sectores no industriales de los países periféricos-dependientes se ve también amenazada por la invasión extranjera de productos de sectores menos productivos de los países centrales del imperialismo.

En Colombia, por ej. a través de un acuerdo con su gobierno en los últimos años se ha pasado de importar maíz 20.000 toneladas a 1,8 millones, desde 1.990 se importan 1,1 millones de toneladas al año de trigo y derivados, el conjunto de la importación agropecuaria ha pasado desde 1.990 de 700.000 toneladas a mas de 6 millones, bajando el arancel al 0%, lo que ha perjudicado a la producción agrícola colombiana condenando al hambre a centenares de miles de campesinos. El ALCA agudizará esta tendencia, empobrecerá las economías nacionales de latinoamérica, ampliará la pobreza social a límites infranqueados, agudizará la lucha de clases en todos los frentes (político, económico e incluso armado), provocará la mercenarización del aparato represivo (policial y militar) del Estado y reforzará su autoridad de gestor de la desregulación de la economía al servicio del imperialismo. Estado-nacional sin el cuál sería imposible la aplicación del ALCA.

El ALCA no es un acuerdo de libre comercio, los EE.UU. como vemos se reserva el derecho de subvencionar a su agricultura, sino un proyecto imperialista que pretende imponer la nación más poderosa sobre las economías de los países subdesarrollados y dependientes, una integración periférica, subordinada a las transnacionales extranjeras como productores de materias primas, bienes intermedios y de bajo valor añadido, es la integración del tigre y la oveja. Washington impulsa un arma de doble filo, medidas que favorezcan el proteccionismo yanqui y medidas que promuevan la apertura latinoamericana, para establecer la supremacía de las transnacionales yanquis sobre los rivales europeos y asiáticos en el contexto multipolar de la competencia interimperialista por el control de los mercados mundiales, el acceso a los recursos y la explotación de la fuerza de trabajo barata.

3.2.8.7 Las transnacionales a la captura de los servicios públicos

      Las Transnacionales penetran en la periferia a través del mecanismo de la inversión extranjera, la cual va dirigida a la compra de empresas públicas y estratégicas que garanticen beneficios de monopolio, previamente privatizadas, acaparan con los mercados locales estratégicos existentes y venden o alquilan tecnología diseñada en las metrópolis de la Transnacional transferida a precio de monopolio.

      La liberalización de los mercados financieros en la periferia conlleva la liquidación de la supervisión pública de los Estados sobre las transaciones financieras, lo que permite a las Transnacionales transferir fondos al exterior, repatriar beneficios. No estamos ante un proceso de internacionalización a través de las “multinacionales” que incremente el grado de integración económica e impulse el desarrollo igual de las economías centro-periferia, ya que el flujo de inversiones en los países más desarrollados se acrecienta, mientras que en la periferia desciende.

El proceso de privatización se da tanto en los países dependientes como en los imperialistas. La compra directa del capital transnacional se dirige hacia empresas estratégicas de servicios públicos  (electricidad, gas, petróleo, comunicaciones…), teniendo como primer efecto un aumento en los costes de los servicios a la población y una disminución de los mismos en las zonas de consumidores con menos ingresos. Los efectos de la privatización son devastadores para la población con tarifas altísismas y degradación de los servicios (inseguridad en los ferrocarriles ingleses, apagones de luz en California, problemas sanitarios de agua en Inglaterra…). Pero además tambien se impone el papel de un Estado que se ocupa de sufragar los gastos de la privatización, de los costes por la destrucción de empleo (indemnizaciones, pensiones…) que el capital transnacional genera.

El Estado prepara las condiciones para la privatización, dejando de invertir en las empresas públicas, provocando déficits económicos, degradando la calidad de los servicios, para justificar su posterior privatización. Además de la política fiscal de condonar impuestos a las Transnacionales que se implantan, donde los impuestos de sociedades son mínimos o inexistentes, las subvenciones son exorbitantes y los gastos estatales para la infraestructura y los costes de reestructuración para atraer a las Transnacionales absorven gran parte de los presupuestos económicos, lo que niega a los Estados ingresos para poder realizar inversiones públicas en sanidad, enseñanza, etc, que en la periferia causa grandes bolsas de desprotección. Completando el recetario neoliberal, está la modificación de la legislación protectora del mercado de trabajo, para permitir que las Transnacionales inversoras puedan despedir sin restricciones (reducción indemnizaciones por despido, reducción de cotizaciones de pensiones, etc.).

La privatización en gran escala promovida por los ideólogos neoliberales han proporcionado numerosos incentivos para que las Transnacionales lo compren todo, en países de desarrollo como por ej. Argentina y Rusia. En ésta última, la privatización y la eliminación de regulaciones estatales, atrajeron la inversión extranjera con resultados genocidas para la población y las economías, con la compra de empresas públicas a precio de saldo, del gas, petróleo, comunicaciones… y  el hundimiento de los niveles de vida con la tercera parte del proletariado desempleada y la mitad de la población debajo del umbral de la pobreza (80).

3.2.8.8 La protección internacional de las inversiones y el AMI

         Una de las asignaturas pendientes de los Estados imperialistas y la oligarquía financiera en defensa de sus Transnacionales pasa por implantar un marco legal que refuerce el dominio de las transnacionales, como el Acuerdo Multilateral de Inversiones (AMI), que busca la derogación de las barreras existentes en los Estados dependientes, mermando la capacidad de decisión en materia de política económica independiente, dejando lugar sólo a las políticas que se dictan desde los Estados imperialistas y sus organismos internacionales.

Numerosos son los gobiernos que exigen que las inversiones de las Transnacionales vayan acompañadas de condiciones para el desarrollo del conjunto del país. Con el AMI, todas estas medidas pretenden ser ilegales. El no va más de la libertad total para para las Transnacionales y los especuladores.

Para hacernos una aproximación, el AMI fué parido por la OCDE (organismo creado en 1948 para reconstruir europa, liderado por EE.UU. en lucha contra el socialismo soviético), actualmente compuesto por los 29 Estados más ricos del mundo, donde se concentran 477 de las mayores Transnacionales. De ahí la intención de suprimir cualquier barrera de entrada de capital extranjero en la periferia dependiente, ya que el marco de actuación contra las restricciones a la inversión extranjera reside fuera de la OCDE.

La idea de un trato que favorezca el movimiento de capital internacional de las Transnacionales ya viene de lejos. En 1981 los EE.UU. ya propusieron entablar nuevas negociaciones generales en el marco del GATT (Acuerdo General sobre las Tarifas Aduaneras). ¿Qué pretenden los gobiernos de la periferia, que impele a los estados imperialistas imponer su “libre” comercio?. Hay gobiernos que exigen que las filiales que se implantan garanticen empleo autóctono, que garantice un aprovisionamiento de componentes mínimo del 60% del país donde se implanta, que la TRANSNACIONAL no pueda transferir beneficios a la casa madre, etc. ¿Qué pretenden los Estados imperialistas, como EE.UU?. Pretenden liberar a sus Transnacionales de sus compromisos, proponiendo suprimir las condiciones de inversión, eliminando las obligaciones anteriormente citadas que habían sido estipuladas con los gobiernos de los países de implantación. Esto ya lo hicieron los EE.UU. por medio del GATT ampliando las competencias de la OMC, imponiendo sanciones contra los gobiernos que no respetan ese “libre cambio”.

Tambien el FMI ha intervenido en un mercado apetitoso, el asiático, para las Transnacionales aprovechando la crisis asiática de 1987. En Corea del Sur por ej., la participación máxima que una empresa extranjera podía adquirir era del 25%, el FMI en 1987 lo elevó ya al 53%. (81).

Con el AMI, se pretendía dar un giro mayor, concediendo la movilidad total a las firmas Transnacionales para penetrar en los mercados nacionales, libres de todo reglamento, blindar a los inversores ante “arbitrariedades” cometidas por gobiernos “revolucionarios”, cláusula de protección contra los disturbios, prohibición de nacionalizaciones y expropiaciones, garantía de retorno del capital invertido, libertad para omitir la legislación laboral nacional con la generalización de la competitividad de la fuerza de trabajo y la tendencia al retroceso de las condiciones de vida, monopolio absoluto de las materias primas y los conocimientos tecnológicos, etc. Estas entre otras materias son sus objetivos. Tal sistema de inversión perjudica las capacidades de los Estados para determinar sus objetivos de desarrollo económico, de mejora de las condiciones sociales y de trabajo, de control sobre la utilización de sus recursos naturales, de desarrollar formas colectivas de propiedad, preservar el medio ambiente, etc. El imperialismo trata de asegurar esas garantías legales para sus Transnacionales contra nacionalizaciones y expropiaciones, apoyando para ello a gobiernos y regímenes neoliberales que garanticen un status sociopolítico de bajo riesgo para los beneficios de las Transnacionales, lo que sin duda, acaba por socavar la propia soberanía de los países de la periferia. El AMI viene a ser un pretendido mecanismo legal de nivelación a la baja de los derechos sociales en todos los países del mundo.

El AMI pasaría a formar uno de los 4 bloques económicos, junto al BM, el FMI y la OMC, para acrecentar la dominación todavía más sobre la clase obrera y los países dependientes por la oligarquía financiera. El Banco Mundial concede los préstamos a los países dependientes para facilitar la implantación de las filiales de las Transnacionales y apropiarse de las riquezas agrícolas y energéticas. El FMI gestiona los problemas monetarios imponiendo el reembolso de la deuda externa en beneficio de las entidades financieras, exigiendo la reducción de los gastos sociales, despido de funcionarios, privatizaciones en provecho de inversores extranjeros y las devaluaciones de la moneda. La OMC generaliza el libre intercambio en provecho de las Transnacionales más importantes (82). El AMI de llevarse a cabo, aseguraría la apropiación legal de las riquezas naturales por las Transnacionales, petroleras, mineras y agroalimentarias, además de la libre actuación de las Transnacionales para invertir, transferir capital y beneficios sin tener responsabilidad social alguna con el desarrollo regional.

No obstante, la dominación que el AMI quiere institucionalizar, ya existe en realidad. Las 200 mayores Transnacionales del mundo, realizan y controlan el 25% del PIB mundial, la mayor parte del comercio mundial y las inversiones de capital, el PIB de de ellas sobrepasa al de muchos países (General Motors dispone de un volumen de negocios similar al PIB de Dinamarca y Turquía) y los países dependientes endeudados ya son obligados a desmantelar su protección social para apuntalar las inversiones extranjeras. No hay necesidad de un AMI para asegurar el dominio de las Transnacionales, la ley del mercado mundial, la búsqueda de beneficios por los capitalistas a escala mundial, se aplica desde hace tiempo.

Con el AMI, en realidad los capitalistas quieren dos elementos adicionales. En primer lugar, desean extender la ley del capital sobre el conjunto del planeta eliminando las barreras que aún existen en determinados países de la periferia. En segundo lugar, hacer irreversible la libertad del capital, para que en caso de que la clase obrera luche por reivindicaciones legítimas, los gobiernos dispongan del pretexto legal para rechazarlas.

¿No nos viene a la memoria la controversia de Lenin con Kautsky?. A día de hoy, el imperialismo vuelve a mostrar su rostro, no se puede separar la política de la economía, como sigue haciendo el reformismo, las anexiones territoriales y financieras no es una política del capital financiero a la que se le pueda oponer otra política burguesa sobre la base del mismo capital financiero, más productivo. ¿Todavía nos creemos factible a las alturas del siglo XXI un comportamiento político del capital financiero en el que se excluya el monopolio, la violencia y la conquista? ¿Todavía creemos que el capital financiero es compatible con una política no imperialista? ¿No es eso acoso una forma de debilitar las contradiciones fundamentales de la fase actual del capitalismo en vez de desvelar su profundidad?. Daremos una vez más la razón a Lenin.

      En este contexto a pesar de que la tendencia hacia el trust mundial único que promulgara Kaustky que nunca se culmina por las contradicciones del sistema (Lenin), teóricos de posiciones radicales de izquierda a coro con las clásicas posiciones reformistas (ultraimperialismo), consideran incuestionable la constitución de un único centro financiero, que dirija y planifique sin contradicciones el movimiento económico del capital, el cual es posible (argumentan) por el derrumbe de las barreras nacionales que borran los Estados, ignorando que tanto los organismos internacionales como las Transnacionales que operan a escala mundial se relacionan con los Estados imperialistas y los reales centros de decisión se concentran en las metrópolis de tales Estados.

Ya hemos señalado que en las Instituciones Financieras Internacionales (FMI, BM, OMC…) sus miembros son nombrados por los Estados imperialistas del G8, que reconociendo la hegemonía del imperialismo yanqui, pero no el poder absoluto superimperialista de EE.UU., los 3 centros imperialistas conjuntamente rivalizan por estrangular a los países pobres y la clase obrera con la agenda neoliberal. Instituciones financieras que se ocupan de las relaciones de los Estados imperialistas con los Estados dependientes, imponiendo programas económicos que promueven la inestabilidad política impulsando la represión interna como garante de un clima social propicio para las transnacionales en la periferia. Los gobernadores del FMI y el BM, habitualmente son de EE.UU. y éste es elegido por su gobierno. En el 2001 los 10 países industrializados más ricos con menos del 15% de la población mundial controlan el 60% de los votos del BM y el FMI (EE.UU. el 17,5%) (83), todo un ejemplo de ultrademocracia financiera, proceso que agudiza la subordinación de las economías nacionales a las potencias imperialistas, por lo tanto no son poderes supra-estatales que sometan la política de los Estados imperialistas sino al revés. Las actas de las reuniones de la dirección ejecutiva del FMI y BM no se publican y son secretas.

En definitiva, tanto las Transnacionales, como las IFI (Instituciones Financieras Internacionales), han surgido dentro de un sistema de Estados-Nación imperialistas, y han adoptado su forma adaptándose a la lucha por los beneficios dentro de ese medio. Las Transnacionales verían mermada su tasa de beneficios sin el respaldo de los gobiernos de sus respectivos Estados, si éstos no les apoyaran en las instituciones internacionales como el FMI, el BM, e incluso en el Consejo de Seguridad de la ONU. La existencia del Estado-Nación sigue siendo funcional al capital de las Transnacionales, el Estado-nación o plurinacional sirve a la clase económicamente dominante para mantener y reproducir las condiciones internas y externas de su dominación.

Por lo tanto, el desarrollo del capitalismo central del S.XXI transcurre bajo el signo de dos tendencias, una hacia la agrupación del capital monopolista de los distintos países; y otra hacia su separación y rivalidad transnacional. La creación de agrupaciones monopolistas Transnacionales son campo de batalla entre los intereses de las diferentes oligarquías financieras ligadas a sus estados imperialistas en la lucha por la hegemonía territorial y económica del mundo, por la hegemonía en los organismos supranacionales financieros y por la hegemonía en los procesos de integración económica como la UE (bloque franco-alemán frente al inglés). Que estas contradicciones se agudicen mas o menos, dependen de la correlación de fuerzas en la lucha de clases tanto a nivel nacional como internacional, el grado de cohesión y respuesta del movimiento comunista y anti-imperialista, y el avance de los procesos revolucionarios hacia el socialismo. Y también dependen del desarrollo desigual y la crisis estructural que dificultan la aplicación de una política económica homogénea que retarda los procesos de integración.

3.2.9 Militarismo y recolonización en el imperialismo contemporáneo 

      No cabe duda de que el militarismo es una de las principales características del imperialismo, y del imperialismo yanqui en lo particular. No obstante sería un error caer en un enfoque parcial, metafísico, en torno al militarismo en nuestra época, ya que la potencia militar, fabricación y utilización de armas dependen del desarrollo económico dominante y de la lucha de clases. Por eso debe de hacerse un análisis dialéctico y en conexión con la realidad objetiva económica, política y social historico-concreta.

El capitalismo en esta época no tiene otro recurso que hacer de la guerra un instrumento necesario para el proceso de acumulación de capital ante la crisis y el control de los recursos energéticos mundiales. La matanza y destrucción de países constituye el último mecanismo del capital para tratar de sostenerse frente a la crisis ante su situación agónica. La destrucción de Irak es el ejemplo más extremo hasta donde se puede llegar de un país que disponía del grado de bienestar más avanzado en su entorno, hoy sumido en la miseria.

Por tanto, el imperialismo de nuestro siglo lleva la impronta del de principios del siglo pasado: parasitismo, belicismo, recolonización territorial del mundo, disputas interimperialistas, predominio del capital financiero y los monopolios Transnacionales, crisis-acumulación y luchas de clases y de liberación nacional.

El Estado imperialista con la hegemonía mundial USA, juega el papel de gestor de la crisis, salvando inversiones, apuntalando Transnacionales insolventes, impidiendo el desplome de la moneda, aumentando la tasa de explotación de la clase obrera (desprotección social y laboral) para mantener la tasa de ganancia general.

Estamos bajo una coyuntura mundial donde la acumulación capitalista ha pasado en los Estados centro-imperialistas del modelo keynesiano-fordista al neoliberal destructor de las conquistas del Movimiento Obrero, donde la internacionalización de relaciones de producción capitalistas y desarrollo de fuerzas productivas se da bajo la hegemonía mundial del imperialismo y las Transnacionales capitalistas enlazadas con sus respectivos Estados imperialistas. Y si bien es cierto que están descartadas las guerras inter-imperialistas, no dejan de aflorar sus contradicciones por el nuevo reparto neo-colonial del mundo y sus recursos, que parece que nunca acaba dentro del sistema imperialista mundial donde los libros de enseñanza de la geografía e historia contemporánea son renovados cada dos por tres, reanudándose y rompiéndose compromisos entre las potencias imperialistas por las zonas de influencia, propagándose la militarización y las guerras regionales como mecanismo de reparto y receta anti-crisis, donde el militarismo de los Estados imperialistas y las guerras se hallan profundamente relacionadas con el proceso de acumulación de capital. No sin desperdicio nos decía Lenin que para acabar con las guerras, primero había que acabar con el capitalismo y el imperialismo, y que ello no iba a ser pacífico, ni fácil (El socialismo y la guerra).

El que EE.UU. haya adquirido una hegemonía mundial económica (Transnacionales más fuertes con control de recursos), política (mayor control de organismos supranacionales), ideológica (la cultura anglosajona como máxima expresión del dominio ideológico del capitalismo) y militar (mayor industria militar conocida) como baza que le permite jugar el papel de liderazgo sobre el resto de Estados imperialistas, no quiere decir que el resto de potencias imperialistas reculen en estos campos. Por ej., el inicio de la desmembración de Yugoslavia, con la potenciación de Croacia como Estado independiente, rehabilitando a los fascistas de la IIª Guerra Mundial, tiene mucho más que ver los intereses político-económicos expansionistas del imperialismo alemán, que el de EE.UU. Michel Collon ha investigado y analizado con paciencia este aspecto (84). El imperialismo alemán desde los años 70 ha penetra en la economía de Croacia y Eslovenia, pero los intereses de que estallara la antigua Yugoslavia no sólo eran puramente económicos con el objetivo de regionalizar los territorios para debilitar el anterior Estado-plurinacional y controlar mejor a los dominados, sino también eran de estrategia expansionista hacia el Mediterráneo con el fin de crear un pasillo desde Hamburgo hasta Bagdad para garantizar el acceso y flujo de las materias primas de Oriente Medio, que su actual reconquista político económica del centro y el Este de Europa le exige como potencia imperialista. La desmembración de Yugoslavia comenzó con el reconocimiento de Croacia por Alemania y El Vaticano como Estado independiente, continúo con Eslovenia y Bosnia. Procesos que se dieron en el marco de territorios plagados de nacionalidades mezcladas, empujando fatalmente a la guerra civil y a la “purificación étnica” por parte de ambos chovinismos. Los desplazamientos de poblaciones de ambos bandos y la utilización de las mismas como carne de cañón (asesinato por los integristas en el mercado de Sarajevo) para provocar la intervención de la OTAN en el conflicto, fueron los efectos desencadenados por el expansionismo del imperialismo alemán en el centro y en el Este de Europa.

No olvidemos que otras potencias imperialistas antes que EE.UU. (Inglaterra y Alemania hasta la IIª Guerra Mundial) al disponer del monopolio industrial, ejercieron la hegemonía en el campo imperialista, incluyendo el militar, ya que la ley de desarrollo desigual continúa operando con fuerza en un marco de rivalidad imperialista, por lo que sería exagerado considerar a EE.UU. como el único dueño del mundo. ¿Para qué necesita el imperialismo yanqui reforzar sus arsenales atómicos y desarrollar su programa de “guerra de las estrellas”?. ¿Para protegerse de estados “terroristas” como Libia y Corea del Norte?, ¿o para mantener a raya a sus socios competidores, los cuales evidentemente cuentan con el poder económico y tecnológico para competir en ese campo?.

El documento de estrategia de seguridad nacional de EE.UU. presentado por Bush II al congreso (20-12-2002) expresa ideológicamente la vocación hegemónica del imperialismo yanqui. Se auto-otorga un papel mesiánico en la búsqueda del “dominio global”, se adjudica el “derecho” a lanzar ataques “preventivos” contra países, actuar al margen de los organismos internacionales cuando convenga a sus intereses, no permite que se aminore su ventaja militar frente al resto de países y trabaja para extender su modelo de capitalismo al resto del mundo (gendarme mundial), indicador de la fuerte rivalidad de EE.UU. con sus socios capitalistas.

Tras la contrarrevolución en la URSS en el nuevo escenario la OTAN se transforma en una organización para la agresión imperialista y la guerra de rapiña. No es extraño que la primera guerra que interviene la OTAN fuese la Guerra del Golfo (1991), nunca antes intervino militarmente la OTAN ya que se corría el riesgo de provocar una respuesta por el Pacto de Varsovia. Tras la Guerra del Golfo se sigue en la guerra de Yugoslavia. Pero esta estrategia militar conjunta se resquebraja ante el resurgimiento de la rivalidad imperialista en África (Ruanda, Congo) entre EE.UU. y Francia en lucha por el coltán, y en la 2ª guerra contra Irak, donde EE.UU. no puede utilizar a la OTAN para sus intereses enfrentados a los intereses del capital franco-alemán.

La estrategia militar, no sólo es un factor de competencia imperialista con rivales, sino que también es un factor de estabilización interna de los Estados imperialistas que la provocan. A través del síndrome de la “amenaza exterior” se pretende atornillar e incluso cooptar a cualquier síntoma de respuesta interna. En tal sentido, Galbraith haciendo apología del capitalismo define la función de estabilizadora social de las guerras:

“…la guerra cumple algunas cuestiones esenciales para la estabilidad de nuestra sociedad, en tanto que no hayan sido descubiertos otros procedimientos susceptibles de cumplir las mismas funciones, el sistema que reposa sobre la guerra deberá ser mantenido…para la cohesión social, así como para la aceptación de una autoridad política, es esencial, por consiguiente, la existencia de una amenaza exterior a la que se da fe” (85).

La guerra preventiva de golpear a cualquier enemigo antes de que éste se reponga militar y económicamente, no es originaria de los Bush, la inauguró Truman en 1.946. La guerra fría requiso la previa neutralización de toda oposición interna. No fue casual que los ataques y la represión de la izquierda se iniciaran, a partir de marzo de 1.946, después del encuentro con Churchill en Fulton, donde se anunció la creación del “telón de acero” y el inicio de la guerra fría. Las actuales consignas sobre el nuevo enemigo exterior, no dejan de ser la vieja cantinela de Truman, y el viejo resorte para reprimir cualquier oposición social y política al imperialismo, tanto a su economía, como a su política.

No se puede ignorar, por tanto, que la estabilización interna de las sociedades de los Estados imperialistas, a pesar de las rivalidades externas que no dejan de manifestarse de una u otra forma, siempre ha contemplado el apoyo hacia una política exterior no sólo de saqueo, sino principalmente contrarrevolucionaria.

Si retrocedemos a los años 30 del siglo pasado, veremos el interés del imperialismo anglofrancés de enfilar el militarismo nazi y el fascismo italiano como garantes del orden social contra los procesos revolucionarios en Europa (Austria en 1.934, España en 1.936 y la anexión de Checoslovaquia en 1.938). Las diferencias de Francia y Gran Bretaña con Alemania no eran sobre su régimen interior, ya que tanto Hitler como Mussolini y Franco, eran la solución para someter a las masas revolucionarias. Años atrás, inmediatamente acabada la Iª Guerra Mundial Churchill dejaba a un lado las rivalidades, proponiendo rearmar Alemania para dirigirla contra la URSS (86), idea que nunca se abandonaría tratando de enfilar la agresión militar nazi contra la URSS y de paso desgastar a su competidor alemán encharcado en la guerra, rechazando cualquier compromiso para poner freno a las agresiones militares de los nazis en Europa en los años 30 (Austria, España y Checoslovaquia) y Japón en Asia (China 1.937 y Mongolia 1.939). El pacto germano-soviético fué la contestación lógica de la URSS a la política conciliadora hacia el nazifascismo de las potencias inglesa y francesa, que coincidiendo con el golpe de Casado (con beneplácito británico) contra la IIª República española en marzo de 1.939, mostraba con claridad que no se abriría el segundo frente en caso de que la URSS fuera atacada, y que ésta se encontraría atenazada entre dos frentes (Alemania y Japón). Sólo cuando el ejército soviético avanzaba victorioso hacia Berlin, Londres y Washington abrirían el segundo frente, pensando más en sus intereses sobre la futura Europa, que en una auténtica vocación anti-nazi. La posterior creación de la RFA como baluarte económico y político contra los países socialistas, fue una constante de la política imperialista de los EE.UU. y la coalición de la guerra fría de carácter contrarrevolucionario, también contra el movimiento obrero en Occidente, con el apoyo a dictaduras y movimientos reaccionarios (Franco, Salazar, los coroneles en Grecia…).

El desarrollo acelerado, posterior a la IIª Guerra Mundial de los complejos militar-industrial inflados por los Estados con más presupuesto público (I + D militar), no ha parado de acrecentarse ni aún con la desaparición del Pacto de Varsovia, donde el imperialismo USA es la locomotora matriz de esta industria de la muerte, llegando a extender la OTAN hasta las mismas fronteras de la Rusia capitalista. En el 2008, según el SIPRI, se registra un récord absoluto en gastos militares mundiales el cual se ha incrementado un 45% en los últimos 10 años, ¡¡¡superando el billón de dólares anuales!!!.

La hegemonía de la industria militar de la tríada imperialista no sólo es en producción, sino que también concentra el 80% de todo el gasto militar mundial (700.000 mill. de dólares anuales en el 2.000). Lo que desmonta toda legitimidad de la política neoglobalista del imperialismo yanqui sobre el enemigo exterior, dado que los principales productores, proveedores y consumidores de arsenal militar son los Estados imperialistas. EE.UU. acapara el 50% del gasto mundial que ya con Bush IIº a la cabeza superaron los 370.000 mill. de dolares en el 2.001 (superior al 70% del PIB de España), la UE acapara el 24% y Japón el 6%. Dichos gastos militares de los EEUU en sólo 10 años (2000-2009) se han duplicado de 300.000 a 651.000 mill.

Por tanto, como diría Lenin, el mundo sigue dividido entre una mayoría de pueblos oprimidos, y una minoría de opresores de disponen no sólo de colosales riquezas y sino también de una descomunal fuerza militar para imponer si es necesario por la fuerza sus intereses estratégicos.

      Y es que la guerra como continuación de la política imperialista tal y como definiera Lenin apoyándose en Clausewitz, no sólo no se ha desvanecido sino que es más patente hoy que nunca. Desde la IIª Guerra Mundial  han muerto casi 90 millones de personas en guerras. Los EE.UU. no han cesado en su política de diplomacia de las cañoneras. Es el único país que ha utilizado armas nucleares, y como Estado ganster ha utilizado la fuerza militar en el mundo ¡¡¡en más de 100 ocasiones y ha amenazado en más de 30 con emplear el arma nuclear!!!. Ha lanzado 35 millones de litros de agente naranja sobre Vietnam. Ha extendido su radio de operaciones y bases militares más allá de su patio trasero latinoamericano a Europa y Asia, destacando a Israel quien recibe ¡¡¡el 40% de la ayuda militar yanqui en el exterior!!!, como garante de sus intereses en Oriente Medio. Dispone de más de 10.000 cabezas nucleares. Y no hay que olvidar que los EE.UU. violan 9 tratados internacionales: Prohibición completa de los ensayos nucleares. Prohibición de minas anti-persona. Estatuto de Roma de la corte penal internacional. Protocolo para crear un régimen de cumplimiento de la convención sobre armas biológicas. Protocolo de Kyoto sobre el calentamiento global. Tratado sobre misíles antibalísticos. Tratado de no proliferación nuclear.Comisión de armas químicas.Convención marco de la ONU sobre el cambio climático.

Desde la guerra del Golfo, ha florecido un nuevo orden mundial con guerras encabezadas por EE.UU., decididas al margen de instituciones democráticas de carácter nacional o supranacional, donde se limita el papel del resto de Estados competidores o dependientes a ofrecerse como títeres de tales estrategias militares.

Una vez desaparecida la URSS, de la guerra fría se ha pasado a las guerras calientes de la periferia por el reparto territorial del mundo donde las Transnacionales entrelazadas con sus Estados imperialistas tienen mucho que ver. De las injerencias militares de carácter político (Guatemala, República Dominicana, Congo, Vietnam, Cuba, Nicaragua, Granada, Panamá, etc.) se ha pasado a las injerencias de carácter económico para la neocolonización de Estados periféricos que se mueven en la órbita del capitalismo (Yugoslavia, Irak, Somalia, Congo, Afganistán, etc.), donde las Transnacionales yanquis, británicas, alemanas y francesas tienen sus enclaves fundamentales e impulsan rivalidad político-militar entre sus Estados por el control de las materias primas y recursos energéticos. Dicha rivalidad sostiene la implantación de fuerzas y bases militares (Francia en África, la OTAN en Yugoslavia, EE.UU. en Latinoamérica, Asia central, ¡¡¡Kosovo!!!, etc.), que además son utilizadas para combatir conjuntamente cualquier tipo de proceso revolucionario (de liberación nacional, socialista…) que intente cambiar el carácter de los Estados y gobiernos títeres del imperialismo.

Ya Fidel Castro de forma profética en 1.989 (Discurso del 26 de Julio), conociendo bien la naturaleza de rapiña del imperialismo, describió con luces lo que ha sucedido con la desaparición del contrapeso del sistema socialista mundial: las potencias imperialistas se han lanzado como fieras sobre el tercer mundo, se lo han vuelto a repartir, el petróleo, los recursos naturales y humanos, están convirtiendo en neocolonias a la mayor parte del mundo, etc.

Según Stan Goff, exmilitar yanqui, se podría haber esperado tirar la OTAN al cubo de la basura de la guerra fría, pero por el contrario se expandió directamente al interior de los Estados exsocialistas y contribuyó a la devastación de Irak, un país clave en el mercado mundial del petróleo. Más adelante cuando Yugoslavia se negó a seguirle el juego al FMI, EE.UU. y Alemania comenzó la campaña de desestabilización utilizando hasta veteranos integristas de Afganistan. La OTAN como brazo armado del imperialismo colectivo rompió Yugoslavia en pequeños estados regionales obedientes, para la protección del futuro oleoducto que llegaría desde el Mar Caspio a los mercados europeos a través de Kosovo. Por tanto, la OTAN no es ni un garante de las leyes internacionales ni una organización “humanitaria”, ni tampoco puede afirmar que es una alianza “defensiva” contra los socialismos europeos, simplemente es un instrumento para la agresión militar (87). Y no se detiene en Europa oriental, penetra desde los Balcanes hasta las repúblicas exsoviéticas de Asia central y Afganistán. Esta última limita con Irán, India, China, las repúblicas exsoviéticas de Uzbekistán, Tajikistán, y Turkmenistán, estas dos últimas situadas en el mar Caspio. Afganistán se convierte en el tablero mundial como base de operaciones para la desestabilización y control de las repúblicas del sur de Asia.

En la actual fase neoliberal la reproducción del capital imperialista pervive dentro de un proceso generalizado de guerras preventivas y una militarización mundial crecientes. No son la administración Bush en EE.UU. o Sharon en Israel, lo que determina la existencia de la guerra, sino el capitalismo como sistema que necesita al keynesianismo militar para frenar sus crisis, incluso bajo el modelo neoliberal en el resto de la economía. En la última guerra de Irak el imperialismo yanqui mató a dos pájaros de un tiro, por un lado frenó temporalmente la crisis con la guerra y, por otro, reforzó su control sobre el petróleo como fuente energética desplazando a sus competidores.

No olvidemos que las economías metropolitanas dependen del suministro exterior de combustible y lo que se persigue es el monopolio sobre el abastecimiento mundial de todas las materias primas, de las cuales casi la mitad de las reservas de minerales se concentran en la periferia (mineral de hierro, estaño, niquel, cobre, zinc, plomo, manganeso, cobalto, tungsteno…) y la mayor parte de yacimientos no explotados, mientras el 75% del consumo de minerales corresponde a la tríada. El somentimiento político y militar de las zonas para el acceso hacia los recursos energéticos baratos, vital para la tríada imperialista, coincide con la posición sionista contraria a que los países de la periferia árabe tengan un desarrollo propio, ya que ello cuestionaría el saqueo de los recursos, de ahí el apoyo al Estado teocrático de Israel. Samir Amin cataloga tal consonancia como imperialismo colectivo (88) que coexiste con el consentimiento, no sin rivalidades, de la hegemonía político-militar de los EE.UU.

Ese imperialismo colectivo, se expresa también en el militarismo. La guerra del Biafra fué un ejemplo claro, ésta antigua colonia británica con el apoyo de las petroleras británicas (BP, Shell), la Francia de De Gaulle y sus aliados en Costa de Marfil y Gabón, toman partido por los separatistas contra el gobierno de Nigeria, suministrando armas y mercenarios. La unidad de acción nacional-imperialista por los campos petrolíferos de Biafra bien valieron una guerra que costó millones de vidas humanas.

Tal militarismo puede llevar a la rivalidad entre potencias, las que en vez de enfrentarse militarmente entre ellas, promocionan los bandos en litigio, tal y como sucede en África, continente que además concentra una tercera parte de las reservas mundiales de minerales, y es un gran productor de petróleo, gas, diamantes y uranio. Ese es el caso de la guerra del Congo. En las provincias del este de la República Democrática del Congo se encuentran los nuevos minerales como el niodio y el 80% de las reselvas mundiales del coltán, indispensable en la producción de teléfonos móviles, ordenadores portátiles, consolas de videojuegos y otros aparatos  electrónicos de alta tecnología, que en diciembre de 2000 llegó a valer 700 $ el kilo, además del cobalto, recurso esencial para las industrias aeroespacial, química y nuclear y los tradicionales diamantes, oro, cobre y estaño. En los últimos 11 años las Transnacionales Nokia, Ericsson, Siemens, Sony, Intel, Hitachi, IBM… han dirigido sus garras hacia esa zona.

En 1.997 fue derrocada la dictadura de Mobutu, ligada a los intereses de los capitales del imperialismo francés. Una vez en el poder la guerrilla insurgente encabezada por Kabila (que coincidió con el Che en su paso por el Congo en 1.965), al no someterse a los intereses del imperialismo yanqui como nuevo amo de la zona, éste provocó una nueva guerra de la que nadie dice nada (silencio informativo). Se han formado dos bandos con paises de la zona, Ruanda, Burundi y Uganda, apoyados por el imperialismo yanqui, los intereses de Transnacionales alemanas, belgas, holandesas, suizas y los créditos del FMI y el Banco Mundial contra el frente anti-imperialista de la RD del Congo liderada por el hijo de Kabila (después que su padre fuese asesinado en un complot hurdido por el imperialismo yanqui y rwandeses), Angola, Namibia y Zimbawe.

En 1.998 EE.UU. patrocinó la invasión de tropas ruandesas al Congo oriental, que tomaron el control y ocuparon las zonas mineras estratégicas. Las fuerzas militares ruandesas y ugandesas vigilan la zona minera con 40.000 soldados, que les proporciona ingresos superiores a los 20 millones de dólares al mes, controlan la comercialización del coltán, su transporte militar se encarga  del traslado del mineral, que tiene como destino EE.UU., Alemania y Bélgica.

Las Transnacionales europeas y yanquis financian una guerra por el control de las minas del Congo en la que ya han muerto 7 millones de congoleños desde 1.996. La fuerza de trabajo son niños, campesinos despojados de sus tierras, refugiados congoleños y rwandeses, ejército de reserva para la superexplotación en condiciones de esclavitud y pauperización, comercio ilegal de materias primas y armas, es la política económica que el imperialismo impone en el Congo. Y se repite la historia de la época colonial, donde Bélgica impuso una red de campos de trabajos forzados que en un lapso de 20 años rebajó la población 10 millones (89).

Sobre el peso e importancia de los recursos energéticos para el imperialismo en su diversidad, actualmente de la energía mundial producida, el 38% lo aporta el crudo, el 26% el carbón, el 22% el gas, el 7% la energía nuclear, y el 7% las energías hidráulica, eólica y solar. Hacia el 2015 se preveé un enorme desarrollo del gas natural, un 80% más que en 1.990, pero para desgracia de EE.UU. y la UE, un tercio mundial de las reservas de gas se hallan en Rusia. El 20% de la energía se gasta en transporte, el 30% en uso doméstico y público, y el 50% en la industria. EE.UU produce el 12% del crudo mundial y consume el doble, y se calcula que dentro de 18 años dependerá de las importaciones el 66% del crudo y derivados, de ahí la importancia para la acumulación del capital en la fase imperialista de esta y otras energías primordiales que se encuentran en Oriente Medio, Asia Central, Venezuela, Rusia, Mexico, Libia y Nigeria.

Las 7 primeras Transnacionales petrolíferas (Exon, Shell, British Petroleum, Texaco, Standar Oil, Mobil y Gulf) ya en los años 70 controlaban más de la mitad de la exploración, desarrollo, producción, refinado, transporte y venta del crudo en el exterior y menos de la mitad en los EE.UU.

La afirmación de que las reservas minerales y de materias primas son finitas son temores impulsados por los monopolios que manejan la economía de las materias primas. La crisis de 1973 no fue en absoluto debido a la escasez de las reservas de energía. Pese a poseer enormes reservas de minerales, EE.UU. considera más ventajoso importarlos en grandes cantidades de los países dependientes. La política petrolera de EE.UU. parte de la concepción estratégica de mantener al máximo nivel las importaciones de petróleo y el consumo mínimo de sus reservas propias asegurando el acceso a recursos más baratos en el exterior, y como medio estratégico de presión por el control del aprovisionamiento energético de sus grandes y nuevos rivales.. Por tanto no hay escasez de las reservas de la primera potencia imperialista, sino de la política de las transnacionales yanquis a asegurarse el acceso a los recursos baratos de los países dependientes para imponer condiciones en el mercado mundial.

A partir de que los países miembros de la OPEP comenzaron a fijar precios, y se iban haciendo con la propiedad de la producción del crudo montando sus propias compañías estatales, las Transnacionales petrolíferas, fueron perdiendo capacidad de garantizar suministros de crudo en el exterior, con lo que en la década de los 80 los países capitalistas industrializados optaron por la explotación de los recursos propios en EE.UU. y el Mar del Norte. A pesar de esta tendencia, Europa Occidental, Japón y EE.UU. siguieron importando grandes cantidades. Pero ante la apertura de los pozos petrolíferos del norte, la OPEP se vió forzada en 1983 a rebajar el 14,8% los precios del crudo y las cuotas de producción. En 1985 la producción cayó a la mitad frente a 1979. Los ingresos de los países de la OPEP cayeron de 279.000 millones de dólares a 130.000 durante el período de 1980 a 1985.

Las compañías petrolíferas de los países de la OPEP siempre tuvieron y tienen dificultades para la distribución y el transporte del crudo, ya que en este terreno siempre han dominado las Transnacionales. La mayoría de los ingresos obtenidos han vuelto a los Estados imperialistas a través de las importaciones de bienes de lujo y de los gastos destinados a construcción y tecnología, abastecido por Occidente a la mayoría de los gobiernos de la OPEP (Arabia Saudí, Kuwait, Venezuela, etc.). El excedente generado por las compañías nacionales que podía haber impulsado una fuerte industrialización propia durante los años 80 y 90, se ha transferido del sector público a la economía privada, de la cual han nacido grandes fortunas privadas en países con recursos de crudo.

La desaparición de la URSS, no sólo supuso la adquisición de más reservas mundiales de crudo para la penetración de las Transnacionales, sino el cambio de la correlación de fuerzas, que permitía a través de una intervención directa en los conflictos para utilizar la hegemonía militar del imperialismo de EE.UU. para recuperar las zonas exteriores más importantes para la producción e importación del crudo, prioritariamente en la zona de Oriente Medio. Ya en 1.991 el general Schwarzkopf en un informe entregado al senado de EE.UU. advertía que a las reservas de EE.UU. sólo le quedaban 20 o 40 años de vida mientras que el Golfo Pérsico contiene más de 100 años de reserva y zonas sin explorar (90). Para el imperialismo como decía Collon “El petróleo y su precio bien valen una… guerra” (91). Ahora el temor de la finitud de las materias primas propias se enfoca para la reconquista hacia las zonas más densas del planeta.

En esta tarta Oriente Medio ha adquirido tal importancia, que en menos de 1 año el imperialismo yanqui ha desatado 2 guerras devastadoras (Afganistán e Irak –2.001-02), en este enclave Irak poseía el 10% de las reservas mundiales (2ª en el mundo tras Arabia Saudí -26%-), el origen de la invasión de Irak nada tiene que ver con el terrorismo, ni con “liberar” al pueblo sino con el botín de guerra, el petróleo. En EE.UU. de cada 10 barriles importados 8 proceden de Oriente Medio, Asia Central y el Cáucaso, que concentran el 75% de los hidrocarburos mundiales. La médula de la guerra imperialista es apropiarse de las reservas más grandes del mundo, enfrentar a Rusia y China, y ganar en la carrera a los socios rivales de la UE y Japón en el nuevo reparto planetario. EE.UU. busca además neutralizar a la OPEP para convertirse en la primera potencia industrial petrolera indiscutible.

El cacareado poder ultraimperialista que sustituye al conflicto entre las potencias ha caído como un castillo de naipes por los misiles del ejército imperialista yanqui sobre Afganistán e Irak. La vinculación de la política exterior con los intereses de las Transnacionales petroleras, comunicación y militar es cada vez más patente. La determinación militarista de Bush II responde a los intereses de los lobbies petroleros y de armamento, a los que importantes representantes del gobierno y el propio Bush II pertenecen, son directos representantes de los sectores económicos de los cuales EE.UU. son líderes mundiales con diferencia sobre sus rivales. Ahí tenemos a la familia Bush multimillonaria en los negocios del petróleo desde los pinitos del abuelo del actual presidente con Hitler (Prescott Bush fue director de la Unión Banking Corporatión 1934-43, entidad que financió a Hitler, y socio del magnate industrial Fritz Thyssen), ahí tenemos a Dick Cheney (vicepresidente del gobierno Bus IIº) que ha dirigido Halliburton (transnacional petrolera). La propia reconstrucción de Irak, calculada inicialmente en 200.000 millones de dólares, fue repartida por contratos entre transnacionales yanquis del entorno del entonces vicepresidente de EE.UU. Cheney, por delante de otras inglesas, españolas, italianas y australianas.

Las Transnacionales de diferentes sectores coinciden con la política guerrera de su gobierno, ya que ¡¡¡los ideales patrios son un buen negocio!!!. Lockheed Martin principal proveedor de armas del gobierno USA se ha beneficiado de la destrucción de Irak, y antes de la invasión existían acuerdos para la “reconstrucción” donde destaca la Transnacional Bechtel Group de la cual el antiguo secretario de Estado de Reagan, Georges Schultz, es administrador, etc. La  destrucción y la “reconstrucción” es llevada a cargo de empresas ligadas al circuito del gobierno y la administración estatal yanqui, dejando las migajas a sus aliados, donde destaca el “buen papel” jugado por el gobierno proimperialista de Aznar donde unas pocas empresas y Transnacionales españolas (Repsol, Endesa, Dragados, etc.) pillan parte del pastel, empresas ligadas políticamente con el PP y económicamente a la oligarquía financiera española, con contratos para la “reconstrucción”.

Incluso antes de que finalizara la contienda, los gobiernos de la UE recularon de su anterior posición en contra de la guerra, empezando por rechazar una moción para que la ONU examinara la situación humanitaria del pueblo irakí, no adoptando condena alguna ni en el consejo de seguridad, ni en la asamblea de la ONU ante el genocidio de civiles irakíes. Los gobiernos alemán, francés y belga, condicionaban su nueva posición de aceptar la conquista de Irak, a cambio de una parte del botín: ¡¡¡un poco de sangre por dividendos, por favor, s`il vous plait, bitte!!!. De tal situación se desprende que los EE.UU. han utilizado inequívocamente la guerra como mecanismo extraeconómico en la búsqueda de la mayor renta petrolera para desplazar a sus competidores europeos y japoneses, más desprovistos de tales recursos esenciales. Ya en 1.992 Paul Wolfowitz  advertiría que “debemos mantener los mecanismos para disuadir a competidores en potencia de aspirar siquiera a desempeñar un mayor papel regional o mundial” (92).

El Golfo Pérsico, Transcaucasia y Asia Central son zonas prioritarias para el botín imperialista, por la explotación y comercialización de las inmensas bolsas de petróleo y del gas. Se estima que los productores no-OPEP ya han consumido la mitad de sus reservas de petróleo, mientras que la OPEP ha pasado de representar el 67% de las reservas en 1985 al 76% actual, a este ritmo en 1 década las ¾  partes de las reservas mundiales se concentrarán en Asia Central y el Golfo Pérsico (93). En Somalia rica en uranio y petróleo hay implantadas 4 Transnacionales petroleras (Conoco, Amoco, Chevron y Philips Petroleum). La región andina con Venezuela a la cabeza también destaca por su importancia en suministro del crudo. El fundamentalismo mesiánico de los dirigentes imperialistas yanquis que se auto-otorgan por su posición dominante la misión de transformar el mundo a su imagen tiene ya una base material, el botín de los recursos energéticos concentrados fundamentalmente en  Oriente Medio.

El control del precio, la distribución y dirección de los flujos es esencial para el imperialismo. Ya hemos visto que la importancia estratégica de los últimos países afectados por guerras locales, no es pura coincidencia. Afganistán es importante no por sus recursos sino como zona estratégica de ruta del oleoducto hacia el mercado asiático, vecino de Turkmenistán, Uzbekistán, Kazajstán, Azerbaiyán y el Caspio, ricas en petróleo y gas, estratégicas en el paso del gaseoducto y el oleoducto por el Caucaso hacia Europa, donde ¡¡¡los Balcanes son también un punto estratégico de enlace hacia Europa central!!!.

Irak y Kuwait son importantes por el petróleo, donde antes de la última guerra estaba pendiente el retorno de los yacimientos irakís al dominio de las Transnacionales yanquis y británicas arrebatándoselas al Estado irakí y las Transnacionales francesas, rusas y chinas (TotalFinaElf, Lukoil, Tatneft, Stroytransgas, China national petroleum corp…), que tenían un acuerdo de explotación a partir del levantamiento del embargo a Irak. Precisamente China ante su imparable crecimiento económico, pasa a depender estratégicamente del suministro de energía, la cual tras la ocupación de Irak por EE.UU. debe diversificar hacia otros países (Irán, Sudán, Zimbawe) que además están enfrentados al imperialismo yanqui, el cual refuerza su propio ejército y aumenta la presión política en esas regiones clave para descartar de paso cualquier intento de China por controlar dichas áreas de suministro energético. De la misma forma el Presidente de los EE.UU. llegó a bloquear en el 2005 la venta de UNOCAL (propietaria de gas y petróleo en Asia) a China, impidiendo el control de estas valiosas fuentes de energía.

En estas zonas plagadas de conflictos militares y políticos perpetrados por el imperialismo, la protección de los oleoductos y gaseoductos es un objetivo prioritario en el marco de la rivalidad imperialista, donde cualquier amenaza o interrupción del flujo hacia la tríada imperialista es respondido con la fuerza. Carter, Reagan, Clinton y Bush, obedecen a esta naturaleza cuando comparten la misma política exterior de intervención militar allí donde se ponga en peligro la cadena del flujo ininterrumpido del crudo hacia el centro del imperialismo, del cual cada vez dependen más del exterior. Ya Carter creó en 1.979 la denominada fuerza de despliegue rápido de 200.000 soldados (94),  situada en el Golfo, para la protección de los campos petrolíferos existentes en la zona. Paralelamente, el mismo Carter junto a Pakistán y Arabia Saudí iniciaban contra la República Democrática de Afganistán la campaña de reclutamiento armado de decenas de miles de fundamentalistas islámicos horrorizados por la igualdad de las mujeres y la expropiación de los terratenientes islámistas, que con el tiempo iban a convertirse en los enterradores de la revolución y en los gendarmes talibanes del imperialismo en una zona estratégica.

El interés de EE.UU. por intervenir o amenazar a países donde hay petróleo, gas o zonas de paso, no es casual, Afganistán, Irak, Irán, Venezuela, entre otros, son una clara muestra de cómo gobiernos que no son dóciles al imperialismo y a su complejo petrolero-financiero, son forzados o reemplazados para que sus líderes apliquen políticas funcionales a los EE.UU.

Bajo esta realidad objetiva ¿cómo pueden sostener los reformistas de nuevo cuño como Hart y Negri la superación del neocolonialismo imperialista ante una presencia militar yanqui que abarca punta a punta a más de 700 bases militares en 140 países, y con un gasto militar que alcanza los 513.000 millones de dólares en el 2.007 (95). ¿Acaso puede explicarse por la desterritorialización del Imperio y el supuesto ocaso del imperialismo en el que ningún Estado-nación (incluido EE.UU.) puede desempeñar un papel imperialista?.

Queda patente que la defensa de tal tesis no sólo es acientífica sino también dócilmente asimilable a la sociología imperialista. Incluso fue el propio Marx quien ya advertía en El Capital que “La violencia es la partera de toda sociedad vieja preñada de una nueva. Ella misma es una potencia económica” (96), lo que quiere decir traducido a nuestro tiempo que consustancialmente a la reproducción con medios puramente económicos que caracteriza al Modo de Producción Capitalista (extorsión de plusvalía) con respecto a otros modos de producción, este no abandona sino que incorpora en su fase final inmersa en un parto de dolor en el que combate a lo nuevo (antiimperialismo y socialismo emergente) adicionalmente con mecanismos extraeconómicos de explotación y dominio, ya que todos los genocidios planificados (dictaduras militares, guerras, etc), son el mecanismo extraeconómico que el capital imperialista dispone ¡¡¡hoy!!! para mantener su dominio político y social ante las crisis.

Por lo que los mecanismos empleados en la acumulación originaria del capital denunciados por Marx reaparecen en la guerra y en el exterminio, los cuales se convierten en instrumentos vitales del imperialismo. No es la mano invisible del mercado quien domina, sino la fuerza político-militar de los Estados imperialistas entrelazados con sus Transnacionales que sostienen las relaciones de producción capitalistas. Por eso la lucha por la soberanía nacional de cualquier pueblo hoy sólo puede pasar por la lucha contra el imperialismo ligada a la lucha por el socialismo.

Las transnacionales de la comunicación entrelazadas con las transnacionales industriales, financieras y con los aparatos de los Estados imperialistas se lanzan a la guerra ideológica. Este aparato de propaganda político-ideológico del imperialismo, los mass media denunciados por Collon (97) se ponen en funcionamiento con el mismo prisma que funcionaron bajo la Iª Guerra Mundial, el nazismo y la guerra fría, para objetivos iguales, como medio de la preparación de la psicosis de masas favorable a políticas guerreras mediante el arte de la mentira para la neocolonización política, económica y militar de las zonas estratégicas, donde centenares de miles y millones de víctimas civiles son el saldo “colateral” de los nuevos genocidas imperialistas del milenio, amparados por los Goebbels informativos quienes satanizan y justifican las aventuras militares contra pueblos enteros.

Entre el arsenal de la propaganda ideológica del imperialismo, hemos visto el mito imperialista de la amenaza soviética y el “terrorismo internacional” donde el imperialismo USA englobaba a las organizaciones que luchaban por la liberación nacional y contra el Apartheid (CNA en Suráfrica, SWAPO en Nabimia, FSLN en Nicaragua, FMLN en El Salvador, FPLP en Palestina, etc), y servía de justificación a las acciones militares y mercenarias del imperialismo (Corea 1.950-53, Vietnam 1.965-75, Granada 1.983…) y a las guerras no declaradas contra los Estados anti-imperialistas (Cuba 1.961 –intento invasión-, Nicaragua 1.981-88 –financiación mercenarios contras-, Afganistán democrática 1.979-89 -financiación mercenarios contras-, etc). En la actualidad se ha vuelto a retomar el mito del “terrorismo internacional” acompañado de las “guerras humanitarias” o “preventivas”, donde los ejércitos imperialistas adoptan tanto la acción directa (invasión de Yugoslavia, Afganistán e Irak) como la indirecta potenciando a mercenarios propios y grupos de mercenarios autóctonos en los conflictos bélicos (UCK en Kosovo, paramilitares en Colombia, Latinoamérica, Africa, etc). Contando además con la creación de protectorados (Bosnia, Kosovo) y nuevas bases militares enclavadas en zonas estratégicas (Bulgaria, Rumanía, Kirguistán, etc.) ampliándose la actividad bélico-militar del imperialismo a todos los confines del planeta.

Pero, ¿a qué denominan terrorismo el Pentágono, la OTAN y todos los Estados imperialistas?: a todo aquel que no acepte el dominio del capital ni obedezca las órdenes de los Estados imperialistas. En realidad el terrorismo es el disfraz de una estrategia imperialista que pretende apropiarse de las principales fuentes energéticas del planeta.

La desgracia de los pueblos descolonizados ante la guerra imperialista es de tal magnitud, que sólo basta conocer que en África según la FAO la producción de cereales aunque insuficiente, siendo prometedora por su crecimiento del 1,95 anual (1961-90), nos dice que las hambrunas importantes de los últimos años están más ligadas a los conflictos militares y la destrucción del potencial agrícola e industrial y los desplazamientos de población (98).

Bajo tal tragedia, las invasiones, bombardeos de civiles, asesinatos en masa, bloqueos criminales, y los regímenes vasallos del imperialismo que privan de libertades políticas (Arabia Saudí, Kuwait, Nicaragua somocista…), pasan por simples “daños colaterales”, término que aparece ¡¡¡por vez primera!!! en la guerra de Vietnam, colocando un tupido velo de ignorancia de los media sobre las víctimas. La primera Guerra del Golfo abrió la nueva época para conflictos militares: ejército profesional, tecnología punta “infalible”, guerra virtual aparentemente sin víctimas, donde sólo cabe una fuente informativa, el Pentágono. Luego aparecieron los 120.000 muertos del lado iraquí, la destrucción de infraestructuras básicas (aprovisionamiento de agua, sistemas energéticos, comunicaciones, sistema sanitario…) que han propagado dificultades en las condiciones de vida y enfermedades, sin contar el millón víctimas como efecto del bloqueo, y los otros centenares de miles como efecto de la guerra y ocupación actual.

¿Es este el nuevo orden mundial que la ideología nazi prometía?. Cambiemos SS por barras y estrellas, imperialismo nazi por imperialismo actual y obtendremos la misma naturaleza.

3.2.9.1 La industria militar: reproducción limitada y mercado de reemplazo

Para que la producción social asegure la continuidad debe reconstituir tanto los medios de producción como la fuerza de trabajo. En caso contrario estamos ante una reproducción limitada donde la masa anual de productos no permite alimentar al conjunto de la población ni conservar los medios de producción. Este caso bajo el capitalismo se da cuando existe una crisis económica, una caída de la producción, cuando el capital no puede renovar el capital constante utilizado y los salarios no permiten reproducir la fuerza de trabajo.

No obstante, la producción puede ser utilizada de forma permanente fuera del ámbito de la reproducción para la producción de bienes que no permiten reproducir la fuerza de trabajo ni los medios de producción, donde una parte del capital constante y del capital variable se utiliza para producir mercancías cuyo valor de uso no permite la reconstitución de ambos. La economía de guerra representa el ejemplo de reproducción limitada permanente del régimen capitalista, donde una parte de los recursos productivos se destinan a la producción de armas de destrucción cuyo consumo no permite ni la reconstrucción de las máquinas y materias primas, ni la reconstrucción de la fuerza de trabajo, sino que tiende a la destrucción de esos recursos.

La producción de tanques, aviones, barcos de guerra, etc., vendidos por los capitalistas del sector de la industria militar, es una producción de mercancías cuyo valor se realiza en el mercado. Pero estas mercancías no entran en el proceso de reproducción, el aumento de la renta nacional va acompañado de una disminución absoluta del capital constante y una disminución de la productividad del trabajo, ya que desde los dos sectores de la producción de medios de producción y de bienes de consumo se tiene que destinar parte de la plusvalía al sector militar, transformándose en medios de financiación de la industria militar.

El surgimiento de los monopolios generó una tendencia a la sobreacumulación permanente de capital en los países metropolitanos y una tendencia a la exportación de capital y la división del mundo en dominios coloniales, ello provocó un aumento pronunciado de los gastos militares. Pero además los dirigentes de los monopolios desde entonces buscan mercados de reemplazo que puedan asegurar la expansión ante la sobreacumulación. La economía armamentista representa también un mercado de reemplazo importante.

Durante los años anteriores a la Iª Guerra Mundial la política de armamentos constituyó un factor decisivo en el desarrollo de la industria siderúrgica en Francia y Alemania. El papel de mercado de reemplazo que juega la economía armamentista es indispensable hoy también para permitir la explotación del capital de la industria pesada y las transnacionales sobrecapitalizadas. El Estado en estrecha colaboración con los monopolios, cuyos dirigentes realizan la unión personal con el plantel de los políticos que ejercen las funciones claves del aparato estatal, garantiza la ganancia de los monopolios ya no sólo con una política de subsidios, ayudas y garantías de inversión contra pérdidas, sino también asegurándoles mercados permanentes, los pedidos públicos denominados pedidos para la defensa nacional.

Pedidos públicos que afectan al conjunto de la industria, la aeronáutica, construcción, naval, munición, química, electrónica, carburantes, caucho, telecomunicaciones, eléctricas, etc. El lugar cada vez mayor y estable que ocupan los gastos de armamento en la renta nacional de los países capitalistas es el factor principal que determina el incremento del gasto público en el presupuesto anual, más que el desarrollo de las prestaciones y servicios sociales. 10 transnacionales controlan el negocio militar en los EE.UU., la mayor parte de los contratos del Pentágono: General Dynamics, McDonell Douglas, United Technologies, Lockheed Martin, General Electric, Litton Industries, Boeing, Hughes Aircraft, Raytheon, Grumman.

Desde comienzos de los 80 la política económica de EE.UU. se orienta a la producción militar a gran escala, acompañada de la reducción del gasto social y los impuestos a las clases más altas. Se consolida el complejo militar industrial como el eje esencial de la economía, que representa casi el 50% el PIB de forma directa e indirecta. En los años 70 del siglo pasado más de dos tercios de los científicos e ingenieros yanquis estaban dedicados a los problemas militares, y el 70% de las asignaciones de la ciencia se destinaba a la labor relacionada con la guerra. La creación de guerras y la estimulación de conflictos generan un enorme beneficio para las transnacionales y un enorme gasto militar. La recuperación de EE.UU. en la década de los 80 se sostuvo sobre un incremento del 50% de los gastos bélicos, lo cual determinó que la deuda pública saltara del 27% hasta el 67% (1980-1993) del PIB.

Cada día se gastan 4.600 millones de dólares en armamento de los cuales 3.300 millones corresponden a los EE.UU., suficiente como para liquidar todos los problemas de miseria en la humanidad. Sin guerra fría los EE.UU. perdieron el pretexto para una economía de guerra, pero siguió. El atentado de septiembre de 2001 dio el pretexto para una indefinida guerra contra el “terror”. La economía de guerra necesita enemigos para mantener con dinero público y sangre ajena al influyente complejo militar industrial. Los EE.UU. han basado su política económica en el keynesianismo militar en la que la inversión y el gasto público se traslada de la economía productiva y la protección social al gasto militar, la burbuja inmobiliaria, los bajos tipos de interés para favorecer el endeudamiento, y las reducciones fiscales a las altas rentas y fortunas.

La economía de armamentos con el aumento de empleo no garantiza un capitalismo sin crisis, ni es sinónimo de progreso social. El desarrollo de este sector se convierte en una causa subsidiaria de las guerras imperialistas. En la medida en que la política de armamentos se convierte en una alternativa a la crisis, provoca también su prolongación en la amenaza de guerra. La política de armamentos, el keynesianismo militar, no puede continuar indefinidamente sin que se explote el valor de uso de los armamentos acumulados, sin el desencadenamiento de las guerras. La política de armamentos sólo puede seguir en la medida en que los armamentos se consumen, en la medida en que se desencadena la guerra, en la medida en que se realizan los altos beneficios del capital en este sector.

Precisamente no fue el keynesianismo lo que recuperó la economía mundial, sino la IIGM, sólo a través de la muerte de millones de seres humanos se pudo alcanzar el pleno empleo, el proceso de reproducción ampliada del capital lo activó el complejo militar industrial. Las medidas del New Deal (devaluación del dólar, aumento de salarios, inversiones en obras públicas para combatir el paro) no superaron la crisis, el desempleo cayó al 12% en 1937, pero se situó de nuevo en el 20% un año más tarde, y la economía colapsó de nuevo, la bolsa cayó un 50% entre agosto de 1937 y marzo de 1938. Con el estallido de la IIª GM, la economía de EEUU salvó la depresión, primero con la venta de material bélico a los aliados y luego con la intervención en el conflicto. La actividad económica creció más de un 30% y acabó con el paro.

El ejemplo más dinámico de potencia de guerra son los EE.UU., donde muchos de los representantes políticos electos se convierten en mensajeros de los mandatos de política exterior que han sido creados por los “grupos de reflexión” creados por los ejecutivos de las transnacionales más grandes del mundo. Por ej., no es extraño que el director de Lockheed Martin, la mayor empresa de defensa de EE.UU. la cual debe el 95% de sus beneficios de los contratos gubernamentales para el suministro de guerra, sea firme partidario de la guerra. Entre el 2001 y el 2005 los beneficios anuales de las empresas de defensa de EE.UU. subieron el 189%, los ejecutivos de tales empresas se sientan junto a los representantes políticos en esos grupos de reflexión para “recomendar” y “sugerir” la política exterior. El Consejo de Relaciones Exteriores de EE.UU. es un “grupo de reflexión” compuesto por los altos ejecutivos de la banca, petróleo, medios de comunicación, alimentación, inversión inmobiliaria junto a los políticos. Algunos de esos miembros son D. Rockefeller, John McCain, Dick Cheney, Colin Powell, Madeleine Albright, etc. Los lobbies del armamento funcionan en un doble sentido, en el 2006, 151 miembros del congreso de EE.UU. tenían casi 200 millones de dólares invertidos en empresas de defensa, ¿que se suponen que hacen cuando votan a favor de aumentar los gastos militares?, únicamente defender el valor de sus acciones. Las grandes compañías de defensa distribuyen sus donaciones entre los dos partidos políticos presentes en el congreso de EE.UU. Como vemos los grupos de presión, lobbies y grupos de reflexión, se convierten en formas directas por las cuales las principales compañías, destacando las militares, imponen al gobierno de turno la política exterior de la que se benefician principalmente los que invirtieron en la industria de defensa. Sin ir más lejos el vínculo se estrecha en el propio gobierno, Northrop Grumman la 4ª compañía más grande de defensa del mundo, aumentó sus ventas netas 4,5 veces entre el 2000 y el 2008, 7 exfuncionarios o accionistas de Northrop Grumman, ocuparon cargos en la administración de Bush IIº.

Todos estos factores crean una presión de peligro de guerra, promocionando el rearme y preparando la guerra, como causa y efecto. Igual que a principios del S.XX, la economía de guerra y rearme no representan sólo mercados de reemplazo, sino también un medio para ampliar los mercados reales.

Por último, los países dependientes son receptores de la economía militar del imperialismo en sus presupuestos anuales. En los años 80 los presupuestos militares de los países dependientes crecieron un 15% de media anual. Los crecientes gastos militares agravan las tendencias inflaccionarias y la deuda externa de tales países colocándolos en una situación de reproducción limitada permanente. Las exportaciones de armamentos de los países dependientes desplazan las de equipos industriales, máquinas agrícolas, energía y medicamentos. Países de África, Asia y Latinoamérica gastan en armas casi el doble de porcentaje del PIB que en salud y educación juntas. Existe un nexo causal entre el billón de dólares de la deuda de los países en desarrollo y el incremento en más de un billón de dólares de los gastos militares de EE.UU. en la década de los 80. El militarismo también está interesado en preservar y recrudecer el sistema de superexplotación neocolonial. Con el armamentismo, los regímenes reaccionarios se convierten en mercenarios del imperialismo enfrentados al pueblo de su propio país y a los pueblos vecinos del continente o la región.

3.2.9.2 Dependencia y socialchovinismo

      Analíticamente, hacia los países neocolonizados, los Estados imperialistas imponen como efecto de la acumulación ampliada del capital Transnacional una división internacional del trabajo que mantiene tres formas de penetración: a) saqueo y control de materias primas, b) la industrialización de la periferia y; c) el control de vías de comunicación territorial para la implantación de Transnacionales y transporte de materias primas y energéticas (gas, petróleo).

La transición al capitalismo no se desarrolla en todos los países (África, Oriente Medio y Asia) como en Europa Occidental, con lo que las luchas de liberación nacional siguen adquiriendo un orden prioritario para la labor de los revolucionarios en tales países, donde los Estados imperialistas siempre han intentado desviar el conflicto hacia posiciones integristas contrarrevolucionarias, apoyando y reforzando las formas de dominio político e ideológico precapitalistas, feudales y tribales y autocráticas (Arabia Saudí, Qatar, Kuwait, Emiratos Arabes, Afganistán, etc.), como medio para reproducir su dominio político y militar, socavando cualquier unión anti-imperialista de Estados dependientes que osara privar al imperialismo la custodia de las materias primas energéticas.

Allí donde no existe interés de desarrollar el MPC, sino de utilizar el espacio territorial y sus recursos para derivarlos a otras zonas industriales (como Oriente Medio y África), el imperialismo potencia la industria extractiva y de transformación de las materias primas adyacentes, con mano de obra barata y ricas fuentes de energía, manteniendo una política de industrialización de cierto número de países de Latinoamérica y Asia, sosteniendo los regímenes bonapartistas-neoliberales necesarios para su gestión.

Lo mismo que a principios del siglo pasado era un error desligar la política de la economía en el marco imperialista, lo sigue siendo hoy. La explotación y el dominio del capital en la fase imperialista está estructurada de tal manera que cualquier posición vacilante del movimiento obrero y popular, significa entreguismo tanto en la estrategia como en la táctica políticas de los partidos u organizaciones denominadas de izquierda, socialdemócratas o comunistas.

Las contradicciones interimperialistas del presente desembocan en pactos coyunturales sobre el reparto mundial, que hace necesaria la paz social en los centros imperialistas y el control político-militar de las regiones portadoras de recursos energéticos y materias primas, donde el socialchovinismo, el oportunismo político y la falta de apoyo a los movimientos o países anti-imperialistas, ya denunciado por Lenin, juega hoy como en 1.914 su papel, destacando una aristocracia obrera y capas de la pequeña burguesía beneficiarias de las migajas del botín imperialista, y que forman una base de apoyo social a la estrategia política traidora y pro-imperialista. Base social que ya en el pasado bajo el dominio de una única potencia industrial, la Inglaterra del S. XIX, era más estable que en el dominio actual bajo la pugna de varias potencias imperialistas, donde las contradicciones y la lucha de clases se recrudecen.

Donde más extremo ha tomado este tipo de base social del movimiento obrero, es en el corporativismo sindical meramente reivindicativo e incluso políticamente reaccionario de los EE.UU., donde la AFL-CIO, que se compone de una dirección mayoritariamente anti-comunista, y en torno a la cual se organiza la aristocracia obrera estadounidense, se ha formado el baluarte de la base social de la política guerrera del gobierno en determinadas coyunturas (la guerra fría, la guerra de Vietnam, las guerras “humanitarias”,  “preventivas”, “contra el terrorismo”, etc.). Esta política sindical fue impulsada tras la IIª Guerra Mundial encuadrada dentro de la política de guerra fría en EE.UU. En junio de 1.947 se aprobaba la Ley de Taft-Harley, ley antihuelga y anticomunista en la que se exigía a cada funcionario del sindicato hacer una declaración escrita afirmando no ser miembro del Partido Comunista. La dirección nacional de la AFL-CIO siempre ha mantenido una posición anticomunista militante y hostil hacia cualquier orientación de izquierda. El presidente de los sindicatos Georges Meany fue fiel hasta su muerte en la lucha contra el comunismo, bajo su dirección y después de el la AFL-CIO sostuvo la intervención de EE.UU. en Corea y Vietnam. Mientras las grandes movilizaciones pacifistas se sucedían en el país la AFL-CIO estaba al lado de los “halcones” imperialistas.

La política de la socialdemocracia europea desde la Iª Guerra Mundial, ha variado bien poco, la tercera vía y la mayoría de la socialdemocracia europea (Blair, Solana, Schroder, Jospin) junto a los verdes camaleónicos como Fischer o Cohn Bendit hacen coro gregoriano ante las contemporáneas agresiones imperialistas de la OTAN y EE.UU. Incluso después del masivo rechazo internacional de las masas populares a la última guerra contra Irak que ha desgarrado las posiciones de la socialdemocracia en dos frentes: Blair con Bus IIº, y Schroeder-Zapatero con Chirac, pone en cuestión la hegemonía yanqui (retirada de tropas españolas de Irak…) pero el planteamiento alternativo no pone en cuestión la ocupación imperialista de Irak.

La socialdemocracia europea mantiene desterrada de su práctica toda política internacionalista de clase, y obedece más a la lógica de alineamiento ante la polarización de los centros imperialistas que se dividen entre el proatlantismo (Blair) y/o el “arcoiris” (99) acerca de la identidad imperialista en Europa, donde las naciones-Estado europeas son insuficientes para mantener una posición fuerte el desarrollo de la acumulación del capital bajo la fase imperialista, donde la Unión de los Estados-nación, la unión productiva y monetaria, bajo la batuta de la banca alemana, genera solidez en la tendencia hacia la entente política y social de la derecha política, la aristocracia obrera cada vez más reducida y sus diversas expresiones nacionales socialdemócratas bajo el denominador común de la paz social interna, la explotación de los pueblos y las agresiones militares, arrinconando al movimiento sindical organizado hacia el corporativismo reivindicativo, y pujando a líderes de la socialdemocracia o nueva izquierda en la cúspide de aparatos estatales, interestatales, militares, empresariales, Transnacionales, medios informativos monopólicos, etc. En definitiva, se aceptan ciertas reglas del juego a cambio del mantenimiento y el apoyo activo al orden capitalista.

Como esta tendencia no es uniforme sino dialéctica, también se agrandan las contradicciones sociales, territoriales (Europa a varias velocidades), y la lucha de clases tanto en lo social (resistencialista y alternativo) como en lo político de oposición a la actual forma de explotación capitalista neoliberal. Bajo esta coyuntura en el terreno político-organizativo, como pensaba Lenin, las organizaciones políticas son revolucionarias no por el número mayor o menor de miembros, ni por la envergadura organizativa, sino por la estrategia real de su política, capaz de expresar los intereses de la mayoría de las masas explotadas y oprimidas de forma dialéctica siendo capaz de movilizarlas y organizarlas en torno a objetivos transformadores y revolucionarios en coyunturas pre o revolucionarias (100).

3.2.9.3 El fascismo latinoamericano, engendro del militarismo y la recolonización neoliberal del imperialismo yanqui 

      El fascismo surge mediante un pacto de dominación sellado entre las distintas fracciones de la burguesía, categorías sociales como las fuerzas armadas y la burocracia estatal, tras la cual las clases dominantes tratan de resolver la situación de crisis orgánica y modifican el Estado capitalista haciendo que la dominación burguesa descanse casi exclusivamente en la represión. Desde este terreno podemos reorientar la política de contrainsurgencia llevada a cabo por el imperialismo yanqui y el papel de las dictaduras fascistas latinoamericanas.

La doctrina de la seguridad nacional se incubó bajo la confrontación del imperialismo contra la URSS y los países socialistas, donde el enemigo pasaba a ser el propio pueblo nacional, y del enemigo externo se pasaba al enemigo interno. Esta doctrina fue incubada por el Pentágono a través de los datos que recopilaron de las ordenanzas sobre la seguridad nacional del Reich y sus prácticas en la Alemania nazi. Estas técnicas del anticomunismo fueron incorporadas por el imperialismo en la doctrina de las dictaduras militares de Latinoamérica. No olvidemos que más de 100.000 criminales de guerra nazis fueron distribuidos por la política de guerra fría entre Europa occ., EE.UU. y Latinoamérica donde actuaron de asesores de las dictaduras militares.

Los EE.UU. a finales de los 50 comienzan a considerar que la estrategia centrada únicamente contra la URSS es insuficiente ya que las 2/3 partes del mundo situadas fuera del bloque socialista comenzaban a adquirir conciencia política y económica, comenzaban a ser una fuente independiente de cambios sociales y políticos.

EE.UU. a través de la Alianza para el Progreso en los años 60 comienza a plantear la lucha contra la insurgencia, reorientando la lucha anticomunista. Los estrategas civiles y militares yanquis encontraron en el gobierno de Kennedy la posibilidad para producir un cambio en la concepción de la guerra. En primer lugar, se produce un cambio en los pactos militares, ahora es un binomio Pentágono-ejércitos latinoamericanos, de los cuales quedan excluidos los gobiernos de los países dependientes. En segundo lugar, se crea una comisión ministerial, el Grupo Especial de Contrainsurgencia a través del cual el Pentágono multiplica el contingente de tropas especiales de contrainsurgencia (boinas verdes, marines, etc.).

A fines de los 60 la ayuda militar a latinoamerica se centra en material para la movilización interna del ejército (helicópteros, vehículos, comunicaciones, etc.). Robert Macnamara, secretario de defensa del gobierno de EE.UU. (1961-1968) impuso el criterio de que los ejércitos latinos son pieza básica de la represión interna más que fuerzas de defensa frente al ataque exterior. Los cuadros militares de estos ejércitos son desnacionalizados, formados militar e ideológicamente por EE.UU. (Escuela de las Américas) actúan en defensa de la doctrina inculcada por el Pentágono, importan la contrarrevolución asumiendo el papel de Estado líder de EE.UU., la existencia de un enemigo interno y el papel de la lucha antisubversiva, situando el enemigo internacional que amenaza la seguridad nacional, el comunismo.

La consigna del imperialismo yanqui en ese terreno fue y es: no habrá una segunda Cuba en Latinoamérica, consigna que orienta a cada clase hegemónica y su ejército en los países latinoamericanos a liquidar a los respectivos movimientos de liberación nacional.

La doctrina de seguridad nacional se esparce por el continente americano, se introduce el concepto de guerra total, la agresión externa es sustituida por la agresión interior y la agresión armada es sustituida por una imprecisa agresión política. El enemigo no es extranjero, es nacional. A partir de ahí, se empiezan a considerar que las luchas obreras, campesinas y sectores medios, por mejores condiciones de vida, mejores salarios, mejores escuelas, etc., pasan a ser considerados como agresiones contra el modo de vida occidental y cristiano.

Los pueblos latinoamericanos comienzan a ver cómo sus fuerzas armadas “independientes” van desconociendo las órdenes de sus gobiernos y asumen tareas ajenas a las de la defensa exterior, transformándose en defensores de la “seguridad interior”, interviniendo en la represión de los movimientos reivindicativos, donde la huelga pasa a ser un acto de subversión, un crimen contra la “seguridad nacional”, donde el más pacífico huelguista es un enemigo interior y la huelga una agresión interna.

No es casualidad que durante la 2ª mitad del siglo pasado los países que más se han caracterizado con constantes violaciones de los derechos humanos, se distingan al mismo tiempo por ser los máximos beneficiarios de una sustancial ayuda militar y económica de EE.UU. Tras la revolución cubana, ante la amenaza de similares guerras de liberación nacional comenzó a financiarse las actividades de la contrainsurgencia que pudieran aplastar guerrillas en germen. Se aumentó el apoyo a las fuerzas policiales de la periferia subdesarrollada. La consecuencia de esta “medicina preventiva” fue la proliferación de los escuadrones de la muerte, unidades policiales terroristas armadas y entrenadas por los EE.UU.

En Chile, por ejemplo, los esfuerzos para desestabilizar el gobierno de Allende incluyeron el apoyo a grupos terroristas de extrema derecha como Patria y Libertad, en otros países, Mano Blanca (Guatemala), Triple A (Alianza Anticomunista Argentina), La Banda (Rep. Dominicana), Escuadrón de la Muerte (Brasil, El Salvador…),  etc.

En 1.962 a partir de la administración Kennedy se aumentó la partida presupuestaria destinada a dar apoyo a fuerzas policiales de paises del “tercermundo”, cuyos objetivos eran detectar y neutralizar organizaciones clandestinas, controlar manifestaciones, actividades militantes, desordenes callejeros, guerra de guerrillas, etc. En la lista de países de la época beneficiarios de la ayuda (Vietnam del Sur, Tailandia, Filipinas, Brasil y Uruguay) no era de extrañar encontrar a regímenes reaccionarios proyanquis que se enfrentaban a movimientos progresistas clandestinos y a la guerrilla popular.

En el lapso de 20 años entre la década de los 50 y 70 del siglo pasado, el Pentágono había adiestrado sólo en Latinoamérica a 30.000 oficiales, que encabezaban Juntas militares y aparatos represivos y más de 100.000 policías. La Escuela de las Américas, enclavada en el canal de Panamá, y la Academia Internacional de Policía en Washington fueron encargadas de impartir la instrucción militar, policial e ideológica, de las que salieron también los integrantes de las organizaciones paramilitares arriba señaladas, que aterrorizaron a las poblaciones de los países latinoamericanos durante las décadas de los 50, 60, 70 y 80 del pasado siglo, y que todavía existen en Colombia. No hace mucho el sindicato yanqui United Steel Workers Union y el Fondo Internacional de Derechos Laborales presentaron una demanda en EE.UU. contra Coca Cola y Bebidas Panamericanas Inc. (embotelladora de Coca Cola en Latinoamérica), por su vinculación con los grupos paramilitares en Colombia y la contratación de escuadrones de la muerte para asesinar a sindicalistas, alegando que gerentes de la TRANSNACIONAL Coca Cola ordenaron directamente la acción violenta o delegaron en los paramilitares (101).

Más de 170 agregados de la Escuela de las Américas fueron jefes de Estado (Videla y Galtieri-Argentina, Hugo Banzer-Bolivia, Pinochet-Chile, Anastasio Somoza-Nicaragua, Guillermo Rodríguez–Ecuador, etc.), ministros, jefes de Estado mayor o directores de los diferentes servicios secretos de las dictaduras (Roberto D´Aubuisson-El Salvador, Vladimiro Montesinos-Perú, Viola-Argentina, Héctor Gramajo –Guatemala…). En 1.996, documentos desclasificados del Pentágono darían a conocer que en la Escuela de las Américas de Panamá, se organizó el Programa de Asistencia en Inteligencia a Ejércitos Extranjeros, donde militares de 11 Estados latinoamericanos fueron entrenados en contrainsurgencia con técnicas que incluían la tortura, el asesinato y la desaparición de presos políticos (102).

El enemigo exterior, ha sido el baluarte de tales dictaduras fascistas, que en el marco de la lucha de clases su objetivo era la lucha de todo tipo contra la ideología comunista, siguiendo la doctrina de guerra fría impartida por el imperialismo yanqui, y a su servicio. El general Alvarez Aguila exjefe del estado mayor del ejército chileno lo expresaba así:

“Las fuerzas armadas….han constituido el más firme baluarte en la lucha contra el marxismo; se han establecido gobiernos militares a fin de alejar el peligro del flagelo comunista que todo lo corrompe, para dar paso a un período de nacionalismo más puro, para…lograr el progreso de sus países” (103).

Estas dictaduras militares establecen un parentesco nada sospechoso al ser promovidas por el mismo patrón yanqui. Se establece un régimen fascista en el que el poder político se concentra en un jefe y junta militar, régimen en el que todo el mundo es sospechoso, la lucha de clases se decreta como anti-nacional, se rechaza toda manifestación de antagonismo de clases calificandola de comportamiento patológico donde prevalece la lucha por extirpar el “marxismo”. Se anula la sociedad civil, se impone la organización económica por gremios donde los sindicatos juegan un papel asistencial y recreativo despolitizando sus contenidos, se ilegaliza así la personalidad jurídica de sindicatos, se impone la política social de colaboración de clase, intereses comunes laborales patronos-trabajadores, como objetivo de la “unidad nacional”.

Se expropian los bienes de los partidos políticos. Se tilda toda la política económica de fortalecimiento del sector público de ¡¡¡socialista!!!, se plantea la reducción del sector estatal de economía, se proclama la intervención subsidiaria del Estado en la economía al servicio de la iniciativa privada. Se impone una regimentación de la cultura persiguiendo cualquier pensamiento crítico, se establece el estado de sitio permanente. Se condena a la democracia liberal como responsable de no contener el avance del marxismo.

En este cuadro existe una guerra sorda entre el Estado de forma fascista con base militar en la que el enemigo es el pueblo, se combate toda subversión, cualquier oposición, pensamiento, palabra o reivindicación económica. Combate en el que se justifica la tortura y el secuestro como necesarios para combatir al enemigo. Videla llegó a declarar de forma brutal que en Argentina “tendrá que morir toda la gente que sea necesaria para que se retorne a la paz” (104).

Tal declaración se hizo en un encuentro de ejércitos latinoamericanos, y no es nada extraño ya que la cooperación supranacional en la persecución y tortura de las dictaduras fué un hecho: policías y militares uruguayos, brasileños, bolivianos, chilenos, paraguayos y argentinos colaboraron en la persecución de refugiados. De esta manera asesinaron a los mejores militantes de la clase obrera y del pueblo.

La base ideológica de este fascismo no es la expansión tipo Alemania nazi, sino la servidumbre a intereses extranjeros del imperialismo yanqui, tipo Hungría de Horthy. Es un fascismo de la dependencia que asume como suyos los intereses de las Transnacionales y la política de alineamiento pro-USA y no disponen de una base de masas. Se aplasta la independencia nacional, bajo el ropaje del panamericanismo, donde se justifica la dependencia de EE.UU. como una necesidad absoluta. Se promueve el complementarismo, en el que las materias primas y recursos materiales deben orientarse exclusivamente hacia el mercado de EE.UU., dedicarse a la monoproducción (filiales dependientes) monocultivo y consumir alimentos y artículos industriales yanquis, suicidando la economía nacional. La producción agrícola por habitante en Latinoamérica era menor en los años 70 que en la víspera de la II Guerra Mundial, costeando miles de millones de dólares en comprar al extranjero alimentos que podría producir en sus grandes y fértiles tierras. Se suplanta la soberanía nacional por la interdependencia bajo el principio de intervención en el que ningún país latinoamericano pueda determinar su régimen político y social.

El Estado fascista alemán e italiano se edificó sobre la fustrada ofensiva revolucionaria de la clase obrera y sobre los hombros de una masiva movilización de la pequeña burguesía (clase apoyo), dirigida desde arriba por la oligarquía financiera. Mientras que en las dictaduras latinoamericanas tal apoyo no tuvo la extensión de los regímenes fascistas de Italia y Alemania, no hubo partido fascista de masas, las fuerzas armadas pasaron a ser el partido orgánico de la burguesía y sus fracciones aliadas para afrontar la crisis, ya que era la única rama de los aparatos del Estado en condiciones de imponer la nueva modalidad de dominación acorde con las necesidades de la acumulación de capital, el neoliberalismo. El Estado militar es la alternativa a la crisis de 1973 en Latinoamérica, la relación con el fascismo no va más allá de que ambos son formas reaccionarias de excepción del Estado capitalista y representan la contrarrevolución burguesa que pretende resolver una crisis en distintos momentos históricos.

Las dictaduras militares argentina, chilena y brasileña, que descansaban en la dependencia y fueron una respuesta a la crisis para introducir el modelo neoliberal, son diferentes al fascismo alemán e italiano por varios elementos: históricamente, el crack del 29, no dependencia, de masas, contestación monopolista de los capitalismos que llegaron tarde al reparto mundial, expansión exterior y colonialismo. Los fascismos alemán e italiano se enfrentaron no sólo a la creciente movilización de la clase obrera sino a la pujanza de las oligarquías financieras de las potencias capitalistas que ya habían conquistado los mercados exteriores vitales para el proceso de acumulación de capital. El fascismo surgió fruto de la rivalidad interimperialista que provocó la I Guerra Mundial, los capitalismos alemán e italiano habían entrado en la etapa imperialista y sus oligarquías requerían la puesta en marcha de políticas militaristas y expansionistas para asegurar su proceso de acumulación de capital con el control de los mercados externos. Por tanto, el fascismo se coloca históricamente en el período de maduración y crisis en la fase inicial del imperialismo donde el modelo de acumulación capitalista requería la búsqueda de mercados exteriores, el espacio vital para canalizar la producción metropolitana, exportar capitales y asegurar el abastecimiento de materias privas y alimentos, optimizando la tasa de ganancias aprovechando las ventajas de las regiones colonizadas.

El capitalismo de la periferia no existe nada parecido ni es expansionista ni dispone de un formidable aparato militar para la búsqueda de mercados exteriores. Nacionalismo, autarquía y soberanía son los arsenales ideológicos que esgrimieron las dictaduras latinoamericanas, en realidad ni fueron nacionalistas por su abnegada defensa de las transnacionales y el imperialismo foráneos y su servilismo al capital extranjero, tampoco fueron autárquicos por su dependencia con la economía de la metrópoli imperialista, y tampoco fujeron soberanos ya que estaban sujetos a la estrategia de seguridad continental dirigida por EE.UU. Mientras en los fascismos europeos predominaba el capital monopolista, en las dictaduras del cono Sur americano predomina una oligarquía financiera dependiente que capitula ante el capital imperialista foráneo organizado en transnacionales. Los mecanismos de realización del capital están orientados hacia el mercado interno de las economías dependientes que han sufrido la invasión masiva de las transnacionales.

La restructuración del capitalismo en la periferia demandó cambios drásticos en la organización del aparato productivo, introduciendo el neoliberalismo. Para esta tarea las transnacionales no sólo disponían del capital, sino también de la tecnología y la infraestructura financiera para garantizar su casi absoluto control de los mercados. Transnacionalización y desnacionalización  de las economías de la periferia son los rasgos de la etapa neoliberal realizada por las dictaduras militares, cuyas consecuencias inmediatas, fueron la progresión de la deuda externa y la agudización de la diferenciación social en la retribución del ingreso y la intensificación de la explotación de la clase obrera, siendo la fuerza de trabajo la única mercancía que el Estado procura mantener  a bajo precio, mientras deja al mercado la fijación de los precios de todas las demás.

La cacareada “unidad nacional” decretada contra el comunismo, no era ni más ni menos que el sometimiento al neoliberalismo que estos regímenes anticipaban. El plan económico que se aplicó en Chile tras el golpe del 11 de septiembre de 1.973, fue la culminación de un modelo económico a punta de junta militar, patrocinado por los economistas chilenos entrenados en la Universidad de Chicago, los Chicago Boys. Modelo en el cual el sector privado y el mercado son el factor predominante de la economía, los precios deben de establecerse con arreglo a las leyes mercantiles, y la inflacción se combate reduciendo drásticamente el gasto público social. Con respecto al gobierno de Unidad Popular de Allende, la junta militar redujo el presupuesto de la Salud a los índices más bajos de toda su historia, el presupuesto de educación se redujo a la mitad, el precio mínimo de la consulta médica equivalía a la mitad del salario semanal, el precio de los medicamentos se incrementó 18 veces (1.800%) en el primer año de la dictadura (1.973-74). Ese es el contenido clasista de ¡¡¡progreso!!! arropado de nacionalismo anticomunista al que se refería arriba el general chileno Aguila. Por el contrario, en los 1000 días del proceso encabezado por Salvador Allende se vivió el período más democrático de toda la historia chilena, la distribución del ingreso fue la más equitativa, los salarios alcanzaron los niveles más altos, aún no recuperados, la clase obrera se incorporó a la dirección de las empresas, jamás antes ni después existió una mayor participación social, el país recuperó el control de sus riquezas acrecentando su independencia frente a la potencia neocolonial yanqui.

Es evidente el papel que jugaron estas dictaduras previamente para neutralizar la capacidad reivindicativa del movimiento obrero. Los salarios chilenos cayeron entre 1972 y 1974 del 62,3% al 42,2% en la renta nacional por medio de una caída drástica de los salarios reales de un -46%, en Argentina cayeron el -50%, sólo en el primer año de la dictadura en ambos países. El legado del pinochetismo dejó como herencia una sociedad más injusta y desigual que la que existía durante los años de Frei, y sobre todo de Allende.

Este proceso busca reintegrar a las economías periféricas en la nueva división internacional del trabajo, impuesta por el modelo neoliberal, fue pionera bajo estas dictaduras, ya que la intensificación de la fuerza del trabajo no es privativa de Latinoamérica, fue la piedra angular sobre la cual reposa el proyecto de ajuste neoliberal en la fase de la crisis general que siguió a partir de la crisis de 1973 con el agotamiento del ciclo expansivo iniciado tras la II G. Mundial.

Bajo este paradigma es imposible articular en las formaciones sociales dependientes un proyecto de capitalismo democrático, de democracia burguesa, sólo hay que echar un vistazo a como se desarrollan las industrializaciones, dependientes y bajo regímenes autoritarios no sólo en Latinoamérica sino también en los tigres asiáticos (Corea del Sur, Filipinas, Taiwan, etc.).

Tras algunos procesos revolucionarios inconclusos (Nicaragua, El Salvador…) y los lentos cambios democráticos en otros (Chile, Argentina, Uruguay, Paraguay, Brasil; Guatemala…) que ha supuesto la caida de las dictaduras militares, las formas de dominación imperialista han cambiado del fascismo de la dependencia, a la democracia neoliberal, no sin encontrar resistencias y oposición al dominio del imperialismo yanqui (Venezuela, Bolivia, Ecuador…).

Ello no ha supuesto un abandono total del fascismo de la dependencia. Se sigue manteniendo en algunos casos como en Colombia la estrategia militar de la contrainsurgencia y los escuadrones de la muerte. El militarizado régimen colombiano, es el mayor receptor de la ayuda militar de EE.UU. en Latinoamérica. A través del Plan Colombia de contrainsurgencia, Bogotá ha recibido la tecnología militar más avanzada, miles de consejeros militares yanquis y mercenarios subcontratados. Sigue existiendo la criminalización de los movimientos sociales, por ej. los índigenas de la amazonia peruana, el sindicalismo en Colombia, donde se concentran el 90% de los asesinatos de sindicalistas en el mundo, desde 1.991 2.245 asesinatos por los paramilitares, muchos de ellos dirigentes sindicales de empresas transnacionales (Coca Cola, Bavaria, Nestlé, Hyundai, etc.), etc., la militarización de múltiples territorios y la práctica del terrorismo de Estado, en Oaxaca y Atenco (México), en el sur de Chile contra los mapuches, en las maquiladoras mexicanas para reprimir las huelgas de los trabajadores, etc.

3.2.9.4 ¿Ejército mercenario o ejército del pueblo? 

      Desde fines del S.XX se ha generalizado un fenómeno en diferentes países de la órbita imperialista: la profesionalización del ejército, que desde una perspectiva de clase supone una involución histórica. Se reafirma la aniquilación del ejército regular por quintas, que surgió con la revolución francesa, como un avance progresista en relación al ejército mercenario basado en el monopolio de las armas por la aristocracia feudal-terrateniente. En aquel entonces el pueblo tuvo acceso por primera vez al uso de las armas, a pesar de las resistencias iniciales de la burguesía constituyente que tendía al compromiso con los estamentos dominantes defendiendo que en la formación de la Guardia Nacional sólo tenían derecho a formar parte los ciudadanos “activos” (propietarios o dueños de algún capital). Posición que fue imposible aplicar ante el ascenso de la contrarrevolución interna y extranjera con la amenaza de invasión, y el crecimiento de las luchas de las masas populares (artesanos, asalariados, pequeños comerciantes, campesinos) organizadas en movimientos urbanos (sants coulottes) y campesinos en torno a reivindicaciones democráticas y de igualdad social, dirigidos por la vanguardia política más democrática de la pequeña burguesía (los jacobinos).

Tales contradicciones impusieron el armamento del pueblo en las ciudades y la creación de un nuevo ejército popular para vencer a los contrarrevolucionarios. Una vez vencida la contra en el exterior, la reacción thermidoriana iniciada a mediados de 1.794 y encabezada por la gran burguesía, culminaría en 1.795 con el desarme de la sants-cuolotterie de las ciudades (milicia ciudadana), manteniéndose sin embargo la leva obligatoria de reclutamiento militar.

Un aspecto olvidado de la historia de España, señalado por Manuel Tuñón de Lara, es que precisamente la constitución de Cádiz de 1812 concretó, además del ejército por quintas, la constitución de la Milicia Nacional como fuerza constituida por los habitantes de cada provincia en protección de la libertad en caso de que se conspire contra la Constitución, lo que suponía un contrapeso hacia los posibles abusos por parte del ejército permanente. No olvidemos que en la lucha por la independencia contra Napoleón, la forma de lucha militar predominante era la lucha de guerrillas contra el invasor, y que de esa lucha surgieron militares del pueblo con ideología liberal y progresista adversos al antiguo régimen. La Milicia Nacional reapareció en 1820 junto a la revuelta militar de Riego, los poderes fácticos de la monarquía y la iglesia ni el ejército, ni la guardia real disponían de fuerza para aplastar a los liberales,  tuvieron que recurrir al ejército francés (los 100.000 hijos de San Luís) en virtud de la Santa Alianza de 1815 entre las monarquías absolutistas, para acabar con el trienio liberal (1820-1823) y restablecer el absolutismo en España.

Dos siglos después se está produciendo la involución histórica en los Estados del centro y semiperiferia imperialista donde el ejército por quintas se convierte en ejército profesional-mercenario, donde las reivindicaciones contrarias al servicio militar obligatorio junto con el miedo de la burguesía a experiencias revolucionarias en los que la tropa tome posición (como en la revolución rusa, en la defensa de la IIª República, la revolución de los claveles en Portugal, la Venezuela bolivariana, etc.), y el nuevo escenario mundial más favorable al militarismo, han provocado la tendencia hacia la profesionalización del ejército. En la historia de España tal involución significa una vuelta a la posición de la España caciquil y oscurantista de Canovas del Castillo, que se espantaba ante el servicio militar obligatorio, por considerarlo un peligro adiestrar a los trabajadores masivamente en el arte de las armas, e incluso lo consideraba como una reivindicación socialista.

La tropa del ejército profesional pasa a ser nutrido de personal asalariado reclutado mayormente del medio obrero empujados por los índices de alta precariedad, mientras la cúspide (mandos, oficiales superiores) siguen proceciendo mayoritariamente del medio burgués, manteniendo la dirección y mando de las fuerzas armadas en manos de representantes de la clase dominante. Lo que objetivamente lo hará más manipulable por el poder del Estado y más lejano de los intereses populares, aislado de la clase obrera, dado que en el ejército sigue sin existir la libertad de organización política y social ni como ciudadanos, ni como trabajadores, siendo éste un campo abonado del corporativismo estrecho la ideología pro-imperialista.

El monopolio de las armas pasa a estar más ligado al poder de clase de la burguesía, una burguesía cada vez más ligada al circuito imperialista Transnacional, donde un ejército de quintas se convierte en una carga ante cualquier aventura militar o ante cualquier intervención imperialista en zonas calientes (Oriente Medio, Balcanes, etc.). Ese papel sólo lo puede desempeñar sin problemas ni conflictos sociales más fácilmente un ejército profesional reducido y altamente competitivo en equipamento de material militar. Por ejemplo, una diferencia entre la ocupación yanqui de Vietnam y la de Irak, radica en que la profesionalización de las tropas evitan las protestas contra la guerra que imponía la conscripción obligatoria en los años 70.

Tampoco podemos ignorar el papel que pudiera jugar este ejército profesional ante situaciones de luchas reivindicativas y bajo situaciones revolucionarias, que sea cual sea, su posición no sería neutral, dado que es más manejable para emplearlo contra la clase obrera, mucho más dispuesto a aplicar las consignas represivas del Estado sobre todo cuando ante una situación revolucionaria la clase dominante vea amenazado su poder político. No olvidemos que fue un ejército profesional, la Legión y los tabores marroquís, los que fueron utilizados en la represión y ejecución en masa de los mineros asturianos en 1.934. El ejército nunca es neutral en la lucha de clases. Esta premisa la tenía muy clara el general Franco durante la preparación del golpe contra la IIª República, quien temía precisamente de las quintas constituidas por obreros y campesinos (clases que mayoritariamente votaron por el Frente Popular) no obedecieran la orden de sublevación, a este respecto los generales golpistas sólo contaban con mercenarios, los regulares marroquíes, la Legion y los Requetés.

 

3.3 Una teoría contemporánea: El capitalismo monopolista de Estado Transnacional  

Hemos considerado la Globalización como una tendencia dialéctica del MPC desde sus orígenes, al modelo neoliberal como una fase histórica de la acumulación de capital y la lucha de clases, hemos considerado las novedades del imperialismo contemporáneo, hemos analizado la Globalización de la cultura imperialista, hemos insistido en que el monopolio es la última forma de competitividad del régimen capitalista y cuna de la oligarquía financiera, hemos analizado el nuevo papel imperialista de las Transnacionales contemporáneas, y también hemos colocado la guerra y el militarismo como instrumentos del capital en su fase imperialista imprescindibles para frenar la crisis, repatir el mundo y combatir a la clase obrera. Ahora vamos a aventurar una tesis contrapuesta a la idea de la Globalización como mitología que nos sitúe la actual fase histórica en la que se encuentra el imperialismo: el capitalismo monopolista de Estado transnacional.

El análisis del capitalismo no puede hacerse sin el recurso dialéctico de la infraestructura y la superestructura de las formaciones socioeconómicas del capitalismo. Conceptos claves como relaciones de producción, explotación, clases sociales, lucha de clases, revolución, capital, trabajo aslariado, plusvalía, acumulación, crisis, tasa de ganancia decreciente, fetichismo, imperialismo, expresan la síntesis de la totalidad capitalista contemporánea.

En este sentido todas las metaformosis del capital contemporáneo aunque haya transfigurado la totalidad capitalista y las fuerzas productivas sobre las que descansa, ello no significa, ni mucho menos, que el capital haya cambiado de naturaleza, de fin, ni que pierda su carácter imperialista. Las metaformosis del capitalismo se corresponden con su propia esencia dialéctica, con sus propias contradicciones, su crisis estructural y sus formas de explotación y dominación. En el curso histórico de estas metamorfosis el proletariado y los pueblos del mundo son sometidos por el capital hambriento de plusvalía, mostrando el carácter destructivo de la ciencia y la tecnología cuando están puestas al servicio de la valorización de capital.

La apropiación de plusvalía, la dominación económica, política, ideológica, militar y tecnológica del imperialismo, son tendencias universales bajo el dominio del capital, actúan sobre todo trabajo humano y se despliega sobre todos los confines del planeta, en una constante recolonización de países dependientes, recolonización establecida por una jerarquía de Estados. El capitalismo en su fase imperialista supone la universalización de la explotación y el dominio, sometimiento de los países recolonizados, aumentándose las desigualdades entre países imperialistas y países dependientes recolonizados.

El rasgo distintivo de la nueva fase de desarrollo del capital transnacional es el predominio económico, político, ideológico y militar del capital financiero, encarnado en los monopolios transnacionales que ejercen el monopolio político de acceso a los recursos del planeta, el monopolio de la producción y los mercados, el monopolio de los flujos financieros, el monopolio de la investigación científica y tecnológica, el monopolio de las armas de destrucción masiva y el monopolio de los medios de comunicación y de difusión cultural. El capital financiero y los monopolios transnacionales dictan las reglas del juego e imponen los valores ideológicos imperialistas. El desarrollo de los monopolios transnacionales se realiza bajo la batuta de la acumulación universal del capital con la vertiginosa concentración económica, política y militar del capital. En esta coyuntura histórica, el neoliberalismo, como forma de explotación y dominio, cumple una necesidad orgánica del capitalismo monopolista de Estado transnacional, justificar y aplicar sus reajustes globales para reconducir la crisis estructural a expensas de la clase obrera y los países dependientes.

       Hoy es innegable el creciente dominio del capital financiero y el incrementado poder de las empresas Transnacionales. En el mundo de hoy el poder se ha transnacionalizado, los Estados capitalistas desarrollados, han fortalecido sus mecanismos económicos, comerciales, financieros, políticos y militares de dominación, que sirven al proceso transnacionalización a través del cual el capital realiza la explotación de los recursos naturales y humanos en función de los intereses de esas empresas y Estados-nación a los que pertenecen sus casas matrices. Ahora la contradicción capital-trabajo ya no puede entenderse sólo en el ámbito del Estado-nación y sin contemplar la contradicción centro-periferia, donde la lógica de acumulación capitalista neoliberal impone la desnacionalización y la desintegración cultural reordenando la periferia con arreglo a los intereses transnacionales del centro imperialista.

La desaparición de la URSS y del sistema socialista mundial, como proceso regresivo, sirvió de catalizador de la metamorfosis del capitalismo monopolista de Estado en capitalismo monopolista transnacional, y constituyó el fundamento objetivo de los mitos de las teorías de la globalización. La globalización no constituye una nueva categoría, sino una nueva forma de designar un proceso histórico, intuido por las filosofías progresistas de los siglos XVIII y XIX y explicado científicamente por Marx. La tarea no consiste hoy en demostrar por enésima vez que la humanidad avanza hacia una totalidad mundial cambiando el nombre de historia universal por globalización.

La globalización desvía la atención sobre la forma capitalista e imperialista en la que tiene lugar la universalización de nuestra historia, sus fuerzas motrices, sus determinaciones y contradicciones histórico-concretas.

La forma actual en que tiene lugar la reproducción del capital contribuye a ocultar las contradicciones y conflictos reales que agravan este proceso, donde el discurso neoliberal es la noción desmovilizadora que pinta ilusoriamente que la humanidad avanza hacia una totalidad social capitalista homogénea en la que todas las naciones y todos los ciudadanos del mundo son beneficiarios. Bajo estos presupuestos, la tendencia a sustituir los conceptos de capitalismo, imperialismo, neocolonialismo, dominación, dependencia, etc., que expresan de forma adecuada la esencia de la actual etapa de universalización humana, determina de forma muy peligrosa la posición de que la expansión global de la dominación capitalista ha cerrado toda posibilidad a las luchas de los explotados y oprimidos contra el capital, lo que viene a ser un reconocimiento de la impotencia de las fuerzas revolucionarias para transformar el mundo (entreguismo).

La metamorfosis del capitalismo en su fase imperialista del S.XXI viene a ser mas bien una transnacionalización desnacionalizadora  (105) del capitalismo monopolista de Estado, iniciado tras la IIª GM y acelerado con la contrarrevolución en la URSS. Estamos ante una transnacionalización subordinante de la mayoría de las naciones del mundo, y no de una internacionalización o globalización en la que cada pueblo o nación integre su cultura material al acervo común de la humanidad en pie de igualdad con las naciones imperialistas. Por lo que el término globalización viene a encubrir la metamorfosis del capitalismo monopolista de Estado en capitalismo monopolista transnacional.

Este es un proceso de ruptura de las barreras nacionales dependientes, economías, fronteras, leyes, culturas e identidades que obstaculizan el desarrollo de los monopolios Transnacionales, en beneficio de la oligarquía financiera que ha logrado apropiarse de la mayor parte de las riquezas del mundo. La transnacionalización del monopolio y del Estado imperialista, constituye la esencia de la metamorfosis del capitalismo contemporáneo.

En primer lugar, destaca el hecho de que el capital ha alcanzado un nivel internacional de concentración, cuyo sujeto dominante es el monopolio transnacional, personalizado en la oligarquía financiera transnacional. En segundo lugar, en la ley del desarrollo desigual propia del capitalismo en su fase imperialista, se constata la forma antagónica que da lugar el proceso de universalización de las relaciones económicas, políticas, sociales e ideológicas. Lo mismo cabe decir que este proceso transcurre bajo el signo de la explotación del trabajo asalariado y la opresión de las naciones dominadas, a través de agudas confrontaciones económicas y políticas entre clases, naciones, incluso entre diferentes fracciones de las burguesías.

Hay que deshacer el mito de que desaparecido el campo socialista eurosoviético el mundo asiste a un proceso simultáneo de universalización homogénea del capitalismo. Hay que entender el hecho decisivo de que la transnacionalización del capitalismo monopolista de Estado no universaliza un capitalismo homogéneo sino que por el contrario lleva aparejada la acentuación de los efectos de la ley de superpoblación relativa formulada por Marx, con una insostenible superproducción de población con respecto a las necesidades reales de la acumulación de capital, que crea la situación paradójica de que en el mundo de la conquista del espacio y fibra óptica, casi dos terceras partes de la humanidad nunca hayan levantado un teléfono, y más del 98% jamás hayan visto Internet. El desarrollo desigual y la división imperialista del trabajo sigue siendo el eje vertebrador de los capitalismos nacionales, entre el centro y la periferia.

3.3.1 La ciencia y la tecnología como mito a espaldas del conflicto de clases

       En la actualidad somos espectadores del fetichismo científico-tecnológico en el pensamiento burgués contemporáneo. Se nos dice que estamos en un mundo regido por la tecnociencia y la tecnocracia. La innovación científica y tecnológica se considera como una fuerza independiente del modo de producción, que por si misma determina el desarrollo económico, político y social del mundo, al margen de todo conflicto clasista y de toda cultura. Los seres humanos han sido liberados de la producción, las funciones decisivas de la producción han pasado a las máquinas autómatas; el conocimiento y la técnica ejercen control y dominio absoluto sobre nuestras vidas.

Con tintes de euforia o de pánico, esta representación es compartida como optimismo científico-tecnológico o como pesimismo científico-tecnológico que ven en el progreso de la tecnociencia la resolución o el culpable de todos nuestros males sociales. La ciencia y la tecnología es considerada como Dios o como Diablo.

Las contradicciones fundamentales de la economía de mercado, para esta visión, tiene su raíz en el estancamiento científico-tecnológico, la crisis son como consecuencia del insuficiente desarrollo de las fuerzas productivas. En consecuencia, si se consigue una renovación permanente de la tecnología, el modo de producción capitalista dispondría de la capacidad ilimitada de las fuerzas productivas sobre las relaciones de producción. El capitalismo posa aquí como el fin de la historia.

Contra Marx se pronostica que el paso al nuevo paradigma tecnológico redundará en un aumento de la tasa de ganancia, abrirá una nueva onda larga expansiva poniendo fin a la onda depresiva iniciada desde 1.967. La crisis de 2.007-08 ha desbaratado tal hipótesis ilusoria.

El nuevo paradigma tecnológico, estaría llamado a superar la alienación como consecuencia de que los procesos de trabajo contienen un alto componente intelectual y de creatividad. Para esta cosmovisión el trabajador de la revolución informática es un obrero nuevo conocedor de aspectos básicos de la actividad ingenieril y el manejo de tecnología compleja; las nuevas formas de organización del trabajo (toyotismo) suponen un sistema de dirección participativo y una tendencia a reducir la masa de obreros; la llamada descentralización productiva elimina las condiciones de organización clasista contra el capital de las grandes aglomeraciones industriales, por lo que ya no tiene sentido hablar en términos clásicos de la misión histórica del proletariado, y que éste está en vías de extinción.

La ciencia-ficción distorsiona la realidad y confunde la creciente proletarización de actividades profesionales e intelectuales, y las nuevas formas de explotación del proletariado con la desaparición del trabajo manual y la disolución del proletariado. Ello es porque esas construcciones teóricas explican las transformaciones ocurridas en el modo de producción capitalista no como producto de sus contradicciones internas (lucha de clases, fuerzas productivas-relaciones de producción) sino como simples modificaciones en la forma de organización de las plantas industriales.

A diferencia de estas nociones difusas, el materialismo histórico reconoce que en cualquiera de las etapas históricas del capitalismo, la ciencia y la tecnología son fuerzas productivas del capital, que como tales, son atravesadas por todos los obstáculos que imponen las leyes del capitalismo. En cada formación social, el conjunto de relaciones sociales constituye una totalidad, donde las relaciones de producción y las correspondientes leyes sociales condicionan el desarrollo de las fuerzas productivas. Su punto de partida no es la tecnología, ni el nivel de desarrollo de las fuerzas productivas, sino el modo de producción que las engloba como una totalidad social orgánica. Desde este punto de partida, emprender el estudio de las fuerzas productivas, incluyendo la tecnología, debe servir para explicar la relación que las une a un sistema determinado de relaciones sociales de producción.

Precisamente Marx en el Manifiesto del PC consideraba inexacta la teoría de que las fuerzas productivas del capital quedan rezagadas de forma periódica con respecto a las relaciones capitalistas de producción. Para Marx la historia de la industria y el comercio no es más que la historia de la rebelión de las fuerzas productivas modernas contra las relaciones de producción que condicionan la existencia de la burguesía y su dominación. La sociedad posee demasiada industria y comercio, las fuerzas productivas no favorecen ya al régimen capitalista, son demasiado poderosas para las relaciones capitalistas y estas son precisamente el obstáculo para su desarrollo, por lo que el desarrollo de las fuerzas productivas precipitan el desorden del capitalismo.

Desde una perspectiva marxista-leninista no tiene lugar hablar de ciencia y tecnología, ni de fuerzas productivas en general al margen de las condiciones histórico concretas que dimanan de un modo de producción dado. La producción material es la condición básica de la existencia de la ciencia y de la técnica, sus necesidades constituyen la fuerza motriz del desarrollo de éstas. Las fuerzas productivas se encuentran determinadas por las relaciones de producción material y social, por el carácter de la propiedad sobre los medios de producción, y sobredeterminadas por los métodos y las formas de explotación de la producción, el sistema de relaciones políticas, culturales e ideológicas. La ciencia y la tecnología se presentan:

  1. Como capital dinerario que se transforma en medios de producción y fuerza de trabajo.
  2. Como capital productivo o consumo productivo del capital, que se transforma en valor y plusvalía.
  3. Como capital mercantil que se transfigura en capital dinerario incrementado, realizando el valor del capital y la plusvalía.

Por tanto, al retomar esta forma dineraria, en el capital desaparece toda función tecnológica, lo cual pone de relieve que toda tecnología es ante todo capital, capital constante, cuyo valor de uso obra como agente de transformación de la materia prima y la energía en producto, valor que procura acrecentarse ya que el fin de la producción capitalista de ciencia y tecnología es la valorización del capital, es decir, crear plusvalía en la producción y realizarla en el mercado. Por tanto, la ciencia y la tecnología se revelan como medios de obtención de plusvalía relativa y extraordinaria, y son agentes de la acumulación de capital.

Sin embargo, la economía vulgar de hoy igual que la que ya fuera combatida por Marx, se contenta con la apariencia de un proceso de renovación tecnológica de forma perpétua. Se contenta con suponer de que el desarrollo de las fuerzas productivas constituye un alivio para el capital, y que el aumento de la productividad social contrarresta la ley de tendencia decreciente de la tasa de ganancias. Se contenta con confudir la descentralización productiva con la descentralización del poder de decisión. Se contenta con omitir los factores políticos y de la propia acumulación de capital que determinan la aplicación generalizada o no de los adelantos científicos-tecnológicos. Se contenta con definir el Estado de bienestar como un engendro del fordismo, y del neoliberalismo como un engendro del toyotismo, en vez de mirar a la crisis general del capitalismo y la lucha de clases. Se contenta de proyectar una imagen idílica de los obreros como portadores de una fuerza de trabajo compleja y que el capitalismo da pasos agigantados para superar la división entre el trabajo físico e intelectual, a pesar de las crecientes bolsas industriales fordistas en la periferia e incluso las metrópolis del capital. Se contenta con exagerar la fragmentación de la clase obrera considerada como un proceso lineal, irreversible, y no como producto de la lucha de clases.

En realidad, desde el punto de vista marxista-leninista, el estancamiento de la economía capitalista de los años 70 no tiene su origen en el agotamiento del patrón industrial electromecánico, ni en el agotamiento de las fuerzas productivas que no daban abasto al desarrollo del capital. Por el contrario, el fuerte desarrollo tecnológico de los 70 era desestimulado por la amenaza de la crisis. El fantasma de la crisis de sobreproducción, empujada por esas colosales fuerzas productivas, condujo a una aminoración de la inversión productiva de capital, en particular, en las industrias químicas y de metalmecánica que habían sido los sectores punta del capitalismo monopolista de Estado. La causa inmediata de la crisis en los años 70 fue la lentitud con que el torpe armatoste del sistema productivo del capitalismo monopolista de Estado reaccionó al desarrollo desenfrenado de las fuerzas productivas que engendró. Se requería una reorganización del proceso productivo con vistas a adaptarlo al nuevo nivel de desarrollo de las fuerzas productivas alcanzado por el capital monopolista transnacional. En la apariencia este capital demandaba un aumento de la productividad social, en realidad era todo lo contrario, el capitalismo monopolista de Estado, con sus grandes monopolios fordistas  resultaban estrechos para las fuerzas productivas creadas para la acumulación de capital con una tasa de ganancias creciente, y por  la falta de mercados externos para sus productos. No eran las fuerzas productivas las que estaban agotadas, sino los mercados y en esencia el modo de producción capitalista.

3.3.2 La transnacionalización del capitalismo monopolista de Estado

      Lo más frecuente en la actual literatura pro-globalización pasa por describir un cuadro teórico que renuncia al método marxista-leninista de análisis del imperialismo, el estudio del proceso de acumulación, concentración y monopolización del capital.

Las referencias no pasan de ser frases huecas, “aldea global”, “fábrica global”, “sistema-mundo”, “capitalismo global”, “mundo sin fronteras”, etc., frases que no dejan de ser impuestas por el discurso neoliberal, y que apenas toman en consideración la esencia imperialista de los procesos de transnacionalización del capital y del poder político.

No obstante, es evidente que ya no podemos identificar el capitalismo monopolista de nuestros días con la forma que adoptó esta fase a inicios del siglo XX, época en la que la configuración de los monopolios tenía lugar, en lo fundamental en el plano nacional, y en que ninguna concentración de poder económico, político e ideológico contaba con fuerzas suficientes para alterar de las reglas de la libre concurrencia a escala internacional.

A partir del último tercio del S.XIX en Europa y EE.UU. tiene lugar el proceso de formación de los monopolios (transformación de la libre competencia) en un número creciente de ramas de producción, que culmina en el dominio de la oligarquía financiera sobre la rotación nacional del capital. En este primer periodo del imperialismo, los monopolios no se han fundido aún con el poder político, aunque ya los diferentes grupos financieros procuran la protección de sus  Estados nacionales y luchan entre sí por alcanzar cotas de poder político. El proceso de aparición y desarrollo de los monopolios es el momento en el que la oligarquía financiera ya ha logrado dominar la libre competencia en el ámbito nacional y todavía no se ha fundido plenamente con el Estado. El capitalismo monopolista no es aún capitalismo monopolista de Estado. Ello no impide sin embargo que en la medida en que los Estados nacionales van siendo conquistados por varios grupos financieros, en función de la concentración monopolista de la producción y la propiedad, se conviertan en Estados imperialistas.

El capitalismo monopolista de Estado aparece en el momento en el que el mundo ya está repartido entre los Estados imperialistas, y la crisis estructural del capitalismo empuja hacia un nuevo reparto de mercados y a la guerra imperialista.

Es esta una sociedad capitalista dominada por los monopolios, en las que las ramas fundamentales de la producción están en sus manos, y la oligarquía financiera se apropia del aparato del Estado para asegurar su reproducción económica y política, para proteger el régimen de producción capitalista de los efectos de las crisis ecnómicas y enfrentar las necesidades de la guerra imperialista. El aparato de Estado asume un número amplio de funciones económicas e interviene de forma directa e indirecta en el proceso de reproducción del capital. El Estado de cada burguesía imperialista deviene en un regulador social de la producción y la distribución en escala nacional y en una potencia financiera con un presupuesto colosal y una actividad empresarial y de créditos que no sólo le permite trascender a sus tradicionales funciones represivas, sino también convertirse en una poderosa maquinaria de guerra enfilada contra la burguesía de las restantes naciones imperialistas y sus correspondientes Estados. Se acentúa la utilización de la maquinaria bélica del Estado para asegurar el control exclusivo de los recursos naturales, productos primarios y mercados en el mundo colonial, semicolonial y neocolonial. El Estado se convierte en garante de las condiciones generales de la reproducción ampliada del capital financiero en la economía nacional y de la expansión económica exterior de los monopolios.

El capitalismo monopolista de Estado constituye una etapa en el desarrollo del imperialismo cuya característica es la apropiación por parte de la oligarquía financiera del Estado capitalista, o sea la conversión de este Estado en un garante del desarrollo de la oligarquía financiera, de la concentración monopolista de la economía, la propiedad y el poder político-económico. Se puede constatar dos modalidades de intervención estatal en la economía; la 1ª incluye la subordinación directa al Estado de unas u otras empresas y sectores de la economía (estatización), nacionalización de empresas privadas o constitución de nuevas empresas con inversión de capital estatal; la 2ª incluye formas sobre la economía que se orientan hacia una influencia indirecta a través de la regulación estatal, por medio de la política financiera, monetaria, crédito, actividades extraeconómicas y legislativas que afectan a la economía.

No obstante, la sujeción del Estado a los dictados del capital financiero de cada burguesía nacional resultó incapaz de conjurar las contradicciones internas del capitalismo monopolista, el desencadenamiento de nuevas crisis económicas, guerras imperialistas y situaciones revolucionarias. A diferencia de Kaustky (ultraimperialismo) Lenin demostró que el desarrollo de esa tendencia de concentración monopolista hacia un único trust internacional estaría agudizada por la ampliación de las contradicciones interimperialistas y por los desafíos de la lucha de clases. En el capitalismo monopolista de Estado nacional configurado por la IGM, Lenin vió la preparación más completa para el socialismo, su antesala.

La primera experiencia de alianza de las potencias imperialistas en un objetivo común que apartara a un segundo plano las rivalidades, fue la lucha para conjurar el fantasma del comunismo en Europa occidental y en la Rusia soviética (agresiones, bloqueos, etc). No obstante, Lenin advertía que si no triunfaba el socialismo, la tregua entre los Estados capitalistas sería simplemente una pausa para la preparación de una nueva matanza. La crisis de 1.929 paralizó la mitad de la economía mundial, desató un proceso masivo de absorción monopolista de capitales arruinados, que aceleró como nunca la concentración de la producción y la propiedad, y catapultó al poder a la forma más agresiva y transnacionalizadora del imperialismo, el nazifascismo, cuya fortaleza militar daba al traste con la posición que descansaba sobre la posibilidad de una conciliación interimperialista a largo plazo.

Tras la Gran depresión, la política económica de los principales países imperialistas se desarrolló a través de una mayor injerencia de los Estados nacionales en la vida económica: new deal en EE.UU., frente popular en Francia, ministerios de unidad nacional en Inglaterra, y los regímenes fascistas de Mussolini en Italia y Hitler en Alemania con sus economías de guerra y obras públicas. Es la toma de conciencia de la gravedad de la amenaza para la supervivencia del capitalismo de las crisis de sobreproducción y de la existencia de la URSS.

Es también la época del new deal, el keynesianismo duro, de la intervención estatal de los bancos, el castigo del fraude en la venta de valores y la especulación, el fomento de obras públicas a gran escala, pleno empleo, imposición progresiva, la ayuda económica a los granjeros, las prestaciones para parados y pensionistas, la construcción de viviendas para barrios pobres, el reconocimiento del derecho de huelga y sindicatos, la prohibición del trabajo infantil y la reducción de la jornada de trabajo. El objetivo político del new deal también era sofocar la lucha de clases a través de realizar una “revolución menor” entre las relaciones burguesía/proletariado para evitar una revolución mayor que diera al traste con el capitalismo. Posteriormente en la década de los 50 esta política sería anulada en EE.UU.

Tras la Gran Depresión los monopolios agigantados por la crisis se convertirían en el motor fundamental que impulsaría un proceso de transnacionalización del poder económico, político, militar e ideológico del imperialismo. En ésta época se establece ya la contradicción entre una tendencia a la competencia antagónica y una tendencia al acuerdo y la socialización transnacional de la producción, entre el necesario concierto interimperialista en el reparto del mundo y las zonas de influencia y la lucha de cada monopolio y Estado imperialista por dejar fuera de este reparto a todo adversario, se establece ya con solidez en el periodo de entreguerras la lógica del imperialismo desde el fin de la IIGM hasta nuestros días.

La transnacionalización de la concentración del capital en los años de la postguerra fue acompañada de una transnacionalización política e ideológica que se subordinaba a la urgencia de concertar una alianza interimperialista global capaz de enfrentar el creciente avance del socialismo en su guerra de posiciones contra el capitalismo en general. La expansión del capitalismo en postguerra tiene lugar sobre la base de una paz a regañadientes entre las potencias imperialistas, obligadas a solucionar sus conflictos sin recurrir a guerras interimperialistas y articular un frente internacional bajo la batuta de EE.UU. contra el movimiento revolucionario internacional.

De esta manera se explican las razones por las que el capitalismo monopolista de Estado se vió obligado a redistribuir una parte de la plusvalía global y poner en marcha políticas orientadas a elevar la calificación de la fuerza de trabajo, elevar la capacidad adquisitiva de la clase obrera, niveles de educación, empleo, seguridad social y salud. La creciente organización y beligerancia del proletariado en los países imperialistas y la urgencia de contrarrestar las ideas comunistas fueron los fundamentos reales de las modificaciones en las formas de distribución de la riqueza en la sociedad capitalista y la construcción ideológica del Estado de Bienestar, mediante la cual las conquistas sociales de la clase obrera y los movimientos por los derechos civiles son presentados como beneficios voluntarios del capitalismo “con rostro humano”, que reduce la rapacería del capital financiero, suprime la explotación del trabajo, garantiza la abundancia de bienes materiales, los derechos humanos y las libertades políticas de los ciudadanos con independencia de su origen social, y crea las bases para una “paz justa y duradera” entre las clases en el seno de la nación.

En realidad estas políticas keynesianas tenían una fuerte base para ser aplicadas con éxito en los países imperialistas, siendo acompañadas con una fuerte explotación de los países dependientes, lo que sostenía una tasa de ganancias lo suficientemente asequible para la oligarquía financiera durante un largo período.

En ésta época con la oligarquía financiera de los EE.UU. colocada en una posición de privilegio ante cualquier nuevo reparto mundial, surge la ideología de la “ciudadanía mundial” que era enfilada contra los movimientos de liberación nacional, declarando obsoleto el principio de la soberanía nacional, y se comienza a fundemantar la idea de una economía capitalista mundial controlada por monopolios supraestatales, la integración política y un sistema jurídico internacional llamados a fundir las naciones en un todo único a través de la asimilación violenta o voluntaria y el sojuzgamiento de los pueblos.

En 1.973 se funda la Trilateral, por el banquero D. Rockefeller, que llegó a contar con 300 representantes de Transnacionales de EE.UU., CEE y Japón, y se convirtió en el máximo exponente de la ideología y la política de la llamada corporación global, considerada por ellos como la expresión más avanzada del desarrollo capitalista, a la cual era necesario subordinar toda otra forma de organización económica, política y social. Más allá de la retórica utilizada para orquestar la inevitabilidad de un proceso de globalización regido por las Transnacionales, la reducción del espacio vital para la reproducción ampliada del capital a escala global (países socialistas), y la presión a la baja de las tasas de ganancias exacerbaba la competencia interimperialista y obstaculizaba la marcha hacia el trust único y el “Estado capitalista global”. La hegemonía de la concepción globalizadora de la Comisión Trilateral no resistía los embates de una realidad caracterizada por la sobreproducción de mercancías y capitales, que intensificaban la competencia interimperialista e impedían en EE.UU. abandonar el mercado propio en beneficio de la penetración europea y japonesa. Lo que urgía al capital era realizar una contra-reforma fiscal y laboral capaz de convertirse en un factor contrarrestante de la tendencia de la cuota decreciente de la tasa de ganancias de los monopolios. La burguesía no podía mantener la política económica keynesiana con salarios crecientes, debían volver al concepto de reducir los costes laborales y los gastos sociales.

Bajo esta nueva ola abierta tras la crisis del 73 se enterraría el keynesianismo como expresión del capitalismo monopolista de Estado y la efímera tendencia a la conciliación en la política exterior. Su lugar lo pasó a ocupar la doctrina neoliberal, como emanación directa de un imperialismo transnacional que se enfrenta a dificultades para su expansión e incapacitado para aplicar políticas redistributivas, y promotor del recrudecimiento de la agresividad imperialista. Se relanzaba a las Transnacionales para reconquistar los recursos naturales y producir a un coste menor en los países dependientes. Países imperialistas como EE.UU y Gran Bretaña relanzaron la reconquista de los países dependientes, algunos de los cuales habían conseguido su independencia en los años 50-70, recuperaron su influencia política y económica para que sus Transnacionales pudieran producir más barato y dilapidar sus recursos. Desde los años 80 el imperialismo ha acelerado la deslocalización a esos países, promocionando la competencia entre obreros del centro y la periferia mundial.   Por ej., EE.UU. perdió más de 400.000 empleos en 2004 que fueron deslocalizados a México, India, China y otros países asiáticos que buscan costes salariales inferiores en el contexto de reestructuración de las Transnacionales. Incluso en áreas de alto coste (obreros cualificados, trabajadores de cuello blanco) que antes eran inmunes en la competitividad (ingeniería, diseño, contabilidad, etc.) la India comienza a desplazar a la fuerza de trabajo de EE.UU. debido al fenómeno del back-office o trabajo de apoyo a las oficinas matrices desde lugares remotos, es un caso de outsourcing con deslocalización internacional producto de internet en el sector de los servicios.

Una vez liberado del reto que entrañaba la existencia de la URSS y el sistema de países socialistas europeos, el imperialismo encuentra entonces condiciones favorables para avanzar su proyecto de transnacionalización y desnacionalización (negación de las soberanías nacionales de los países dominados). En términos económicos, el capital monopolista siempre se ve tentado a derribar todas las barreras de los Estados nacionales que obstaculizaban su reproducción ampliada; en términos políticos le resultaba imprescindible asumir de forma directa las decisiones políticas que facilitaran su concentración transnacional; y en términos militares, precisaba colocar bajo control imperialista las funciones represivas de los Estados nacionales dependientes, con el propósito de contrarrestar las luchas populares y debilitar a las burguesías nacionales desafiantes.

3.3.3 Formación y desarrollo del capitalismo monopolista transnacional tras la IIª Guerra Mundial 

       La categoría clave para conceptualizar la metamorfosis del capitalismo monopolista de Estado son las de transnacionalización y desnacionalización. Se rompen las barreras nacionales constituidas desde el capitalismo de la libre concurrencia que obstaculizan el libre desarrollo de los monopolios y de una oligarquía financiera dominante en los Estados imperialistas capaz de tomar decisiones económicas y políticas de acatamiento internacional en un marco contradictorio de rivalidad-cooperación y lucha de clases.

Tras la IIGM tenemos: el desplazamiento del centro de gravedad del imperialismo de Europa a EE.UU., el socialismo internacional, la caída de los imperios coloniales y su sustitución por la dominación neocolonial y el agravamiento de la crisis general del capitalismo que fuerza a los monopolios a trascender las fronteras del Estado-nación en la búsqueda de medios para contrarrestar la acción de la ley de tendencia decreciente de la tasa de ganancias. Las Transnacionales pasan a ser el mecanismo más eficaz con el que cuenta el imperialismo para la ampliación e intensificación de la supeditación del trabajo al capital a escala mundial.

El monopolio transnacional es el sujeto central de la metamorfosis del capitalismo monopolista de Estado. El término multinacional encubre la esencia del imperialismo, ya que trasmite un falsa idea de cooperación mutua de las naciones en el proceso de concentración y centralización del capital. La TRANSNACIONAL es nacional por su capital y es el ámbito de actividad, mediante la exportación e importación de capitales, lo que la convierte en internacional, mientras que el monopolio multinacional es internacional tanto en su ámbito de actividad como procedencia internacionales. Lo general es lo primero, la excepción lo segundo.

La expansión de las Transnacionales subordina lo nacional a su movimiento. Mientras el capitalismo monopolista de Estado llevó a cabo una división económica del mundo entre las diferentes asociaciones de capitalistas, sin necesidad de derribar las fronteras nacionales; el capitalismo monopolista transnacional demanda espacios supranacionales para sus operaciones monetarias, financieras y comerciales. Se establece una contradicción entre la economía transnacional y la regulación económica de los Estados nación. La tendencia del imperialismo en esta etapa es la de destruir y modificar todas aquellas regulaciones nacionales que entorpecen su reproducción y obstaculizan el establecimiento de un código de normas económicas, políticas y jurídicas que le permitan subordinar a su movimiento todas las formas económicas existentes, a la que se someta a las naciones dependientes. La propuesta del AMI viene a ser el colorario de esta tendencia desnacionalizadora donde las Transnacionales constituyen una potente fuerza desnacionalizadora.

La transformación  de  la libre competencia a escala internacional y la metamorfosis del capitalismo monopolista de Estado hacia la transnacionalización, se desarrolla entre fines de la IIGM y finales de los 60, con el agotamiento de la fase expansiva del desarrollo capitalista. El proceso de expansión de las Transnacionales fue muy intenso en esa época. En la década de los 70 ya estaban creadas las premisas económicas, políticas, ideológicas y científico-técnicas que impulsarían el avance del imperialismo hacia un nuevo estadio de su desarrollo que se puede denominar como capitalismo monopolista transnacional. Explotación intensiva del mercado mundial, transformación de los países atrapados en la red de la deuda externa como importadores de capital, privatización de empresas públicas devaluadas, repatriación de capitales, etc. (ver apartado 3.2.5).

Un análisis integral del modo de producción capitalista contemporáneo nos dice que la TRANSNACIONAL constituye la relación de producción dominante en el capitalismo, en un mundo en el que se reproducen y entrelazan diversas formaciones sociales y económicas diferentes. Las Transnacionales adquieren una dimensión tal de concentración y centralización de capital que les empuja a diversificar su actividad y extender su dominio a todas las ramas de la economía, como sectores terciarios e improductivos. El poder que ejercen las Transnacionales no sólo se basa en su condición de accionistas principales del capital y el acaparamiento de fuerzas productivas, sino también en el dominio sobre flujos financieros y masa de dinero mundial, sobre las instituciones económicas y políticas supranacionales y sobre los Estados nacionales, incluidos los propios países imperialistas.

La ley general de la acumulación capitalista hoy se verifica en una escala mayor que en la época de Marx. Como consecuencia del desarrollo desigual, el capitalismo va creando un abismo creciente entre las potencias imperialistas y el mundo subdesarrollado. El peso de las exportaciones e importaciones de los 100 países más pobres se ha reducido en los últimos 20 años, poniendo en evidencia la falacia burguesa de la economía capitalista global y de un fin imperialista de la historia. Por su propia naturaleza excluyente, el imperialismo obstaculicza y frena el desarrollo de las relaciones capitalistas de producción, en especial en las antiguas colonias, en las que resulta incapaz de culminar el proceso de acumulación originaria del capital, de incorporar a toda la población del mundo a la relación capital-trabajo y destruir la herencia de los modos de producción que le precedieron, y construir nuevos mercados para sus excesos productivos y sus orgías especulativas. La aldea global no pasa de ser una fantasía.

Del 3% al que se reducen las inversiones de los países desarrollados en los subdesarrollados, la mayor parte corresponde al capital especulativo, capital rentista que no interviene en la creación de nuevas plantas productivas. Poco más de una decena de países, además de China,  (Brasil, Argentina, México, Hong Kong, Tailandia, Corea del Sur, etc.) son receptores de la mayoría de inversiones productivas que se realizan en el denominado tercer mundo. El imperialismo ha experimentado la necesidad de trasladar hacia estos países, donde la fuerza de trabajo es barata, determinadas ramas de la producción con el objetivo de convertirlas en plataformas exportadoras y apoderarse de sus mercados internos. La exportación de capitales de las naciones imperialistas es tan pequeña que el reverso de esta película es el incremento de la fuga de capitales a las metrópolis imperialistas.

La competencia intermonopolista de las Transnacionales se desarrolla por el control de los mercados de los países imperialistas y de las zonas del mundo subdesarrollado que forman parte de las redes transnacionales, como los paraísos fiscales, plataformas exportadoras, reservas de materias primas, recursos estratégicos y mercados regionales emergentes.

El principal proceso integracionista es la UE, que luego desarrollamos en otro apartado, que avanza hacia una integración en un solo ciclo transnacional del capital dinerario, productivo, mercantil y ficticio de varias órbitas imperialistas nacionales, cuya finalidad es contrarrestar el poderío del imperialismo yanqui.

       3.3.4 Doble carácter del monopolio Transnacional sobre las fuerzas productivas 

       La separación definitiva de las potencias intelectuales científicas del proceso de producción y su subordinación a las necesidades de acrecentamiento de capital, se verifica cuando esta concentración adquiere la forma de monopolio en su fase imperialista.

La oligarquía financiera incorpora la investigación científica y el desarrollo de las nuevas tecnologías como un momento particular del movimiento del capital monopolista. La ciencia se convierte en una fuerza productiva fundamental del capital. Es el monopolio el que realiza esta conversión, a través de la creación de laboratorios en las industrias destinados a producir conocimientos e inventos capaces de convertirse en fuerzas productivas. El monopolio del conocimiento científico se pone en función de acrecentar las ganancias de los monopolios, y la tecnología se presenta como ciencia producida y materializada en calidad de fuerza productiva del capital monopolista. El capital invertido en I+D se desdobla en capital variable, invertido en la fuerza de trabajo del cientifico, el ingeniero y una fuerza de trabajo compleja; y en capital constante invertido en equipamiento para la investigación.

La concentración creciente de la producción y la propiedad es lo que permite sustituir el trabajo manual por el maquinizado en las funciones decisivas del proceso productivo, invertir grandes cantidades de capital en el desarrollo de nuevas tecnologías y poner al servicio del capital destacamentos de científicos e ingenieros especializados en la creación de nuevos procesos productivos y experimentación de innovaciones técnicas.

Tras la IIGM con el desarrollo del proceso de transnacionalización del capitalismo monopolista de Estado, la ciencia y la tecnología punta, se consolidan como fuerzas productivas del capital transnacional. La ciencia y la tecnología se convierten en un sector de la actividad industrial monopolizado por las Transnacionales.

La apropiación por parte de la oligarquía financiera de la maquinaria del Estado capitalista, crea las bases para la utilización de sus recursos en el desarrollo de la ciencia y la tecnología en beneficio exclusivo de los monopolios. La carrera armamentista desatada por el imperialismo funcionó como un fuerte estímulo de gastos hacia el complejo militar industrial, convertido en el lugar obligado para la reposición de capital constante de los monopolios. La industria bélica yanqui se convierte en el sector de punta del capitalismo transnacional, en el gran centro de concentración de las fuerzas productivas que pueden incrementar la ganancia monopolista en la esfera civil. El surgimiento de la microelectrónica, por ej., fue producto de las necesidades del complejo militar industrial del imperialismo (en particular del Pentágono), del desarrollo de la aeronáutica militar, las armas nucleares y otros sistemas de destrucción masiva. La industria militar no es sólo la industria más dinámica, sino que constituye la principal garantía del mantenimiento de las condiciones políticas de la dominación del capital financiero transnacional.

En interés de las Transnacionales, el Estado imperialista juega el papel decisivo en la promoción de I+D, a través de diferentes modalidades de transferencia de recursos a la acumulación de capital, los costos de infraestructura básica, la financiación de la formación profesional en universidades, incentivos fiscales, contratos públicos, la preservación del mercado local y el respaldo político al control monopolista tanto en el plano nacional como mundial. No hay aquí una convergencia de intereses con el supuesto objetivo de acelerar el desarrollo económico de las naciones capitalistas en general.

La concentración y centralización de la producción de la ciencia y la tecnología en las Transnacionales apoyadas por los Estados imperialistas es un imperativo para el capital transnacional. Este imperativo conduce a una lucha encarnizada entre las diferentes oligarquías financieras por el monopolio de la ciencia y la tecnología provocando la transformación de los procesos de trabajo, su división y redistribución tanto de los medios de producción y la fuerza de trabajo a escala internacional (relocalización de procesos productivos).

La tendencia propia del capital hacia mayor concentración no ha sido abolida por la globalización, sino exacerbada al extremo, conformando los grandes conglomerados transnacionales. La tasa de ganancia es el espacio donde se da la lucha por la supervivencia de esos monstruos económicos. Para sostener la concentración de capital y los mercados, los Estados centrales han debido intervenir mediante políticas proteccionistas.

El colosal poder económico, político, militar y científico del capital financiero ha creado nuevas fuerzas productivas, cualitativamente superiores a las fuerzas productivas en las que se sustentó el capitalismo monopolista de Estado nacional.  En virtud de su enorme potencial económico y empujados por la competencia y el hambre de plusvalía extraordinaria, las Transnacionales contribuyen de forma poderosa al desarrollo de las fuerzas productivas con unidades técnicas de producción de proporciones inmensas y de ámbito supranacional. La gran industria concentrada en el espacio nacional cede lugar a la industria transnacional que a través de la producción flexible y la relocalización industrial, opera una transformación de la cooperación en la división del trabajo hasta el nivel de empresa y puesto de trabajo. El monopolio del desarrollo de las fuerzas productivas da lugar a un proceso de transnacionalización de la plusvalía extraordinaria, que se obtiene como resultado de una productividad superior a la media social.

Ante la amenaza de la sobreproducción de mercancías las Transnacionales frenan el desarrollo de las fuerzas productivas, limitan la producción de conocimientos científicos, obstaculizan su aplicación en nuevas tecnologías, y frenan la innovación tecnológica en la producción. De nada sirven los llamamientos que relativizan el antagonismo entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción con el argumento de que el propio capital está interesado en desarrollar la capacidad productiva del trabajo para aumentar la plusvalía y paliar las contradicciones. Es incuestionable que el desarrollo científico-técnico contemporáneo es fruto de las necesidades de desarrollo del capital, pero también ha de estar fuera de duda que este desarrollo está limitado por la forma específicamente capitalista en que tiene lugar. La simple comparación de los indicadores de crecimiento de la producción mundial con las potencialidades productivas demuestra hasta qué punto estas últimas se encuentran prisioneras de las leyes del capital, mientras la gran mayoría de la humanidad encuentra crecientes dificultades para garantizar la reproducción más elemental de su vida material.

El monopolio del desarrollo de las fuerzas productivas que ejerce un grupo reducido de empresas capitalistas fundidas con los Estados nacionales de las principales potencias imperialistas, implica con fuerza de ley el monopolio del mercado de la ciencia y la tecnología. En correspondiencia  con sus intereses, las Transnacionales sólo venden un reducido número de tecnologías, y lo hacen en condiciones muy duras, con todo tipo de restricciones para su uso, al tiempo que conservan la exclusividad de aquellas que necesitan para vencer en la competencia.  No es casual que, con el desarrollo del capitalismo monopolista transnacional, el tema de la propiedad intelectual, las patentes, licencias, el secreto y el espionaje industrial se haya convertido en uno de los más controvertidos en las relaciones internacionales.

Las economías dependientes se caracterizan por la endeblez científica, el atraso y dependencia tecnológica y son incapaces de reproducir la tecnología punta. Por lo que un análisis objetivo del capitalismo contemporáneo no puede circunscribirse al impacto del desarrollo de las fuerzas productivas en aquellas esferas en las que alcanza mayor amplitud, ni mucho menos otorgarle un carácter universal. Tales construcciones ideológicas hacen referencia al mundo, pero este mundo sólo incluye a una parte de los Estados, aquellos que integran la OCDE que es donde se ubican las casas matrices de más del 99% de las Transnacionales. Se omite el hecho de que la tecnología es capital, y el capital no se transfiere, sino se vende como toda mercancía.

En la medida en que se despliega el desarrollo científico-técnico y se incrementa la capacidad productiva, aumenta el coeficiente de infrautilización de la ciencia y la tecnología, es decir, el volumen de conocimientos científicos y adelantos tecnológicos que no pueden ser introducidos en el proceso de producción. Cuanto más potentes son las fuerzas productivas del capital, menos posibilidades tiene éste de convertirse en condiciones de producción. Por cuanto, en la actualidad, la oferta de mercancías que proviene de Transnacionales es muy superior a la capacidad de consumo de la población, el capital, amenazado por la crisis de sobreproducción, sólo puede asimilar el potencial científico en determinadas ramas, nunca de forma integral. La llamada reconversión industrial se realiza sobre la base de la incorporación de una parte limitada de los avances tecnológicos.

El desarrollo desigual de las fuerzas productivas alcanza su máxima expresión en la fuerza de trabajo. Las diferentes formas de la economía internacional se dividen en tres peldaños tecnológicos cualitativamente diferentes, el trabajo manual, el trabajo no automatizado y el trabajo automatizado, con una relativa extensión de este último. Estos tres peldaños del desarrollo tecnológico aparecen entremezclados. Frente al mito extendido en la ciencia burguesa, referido a que el capitalismo avanza hacia la creación de “obreros intelectuales”, es importante insistir que la división entre el trabajo manual y el intelectual no ha sido revertido en lo más mínimo por la transnacionalización del capitalismo monopolista del Estado. Lo cierto es que la creación de obreros intelectuales como fenómeno masivo, la eliminación entre ambas formas de trabajo, y la configuración de obreros multifacéticamente desarrollados, constituye por su propia definición nada menos que la negación del modo de producción capitalista, basado en la explotación del trabajo asalariado y la enajenación de las capacidades universales humanas.

       3.3.5 Capital y especulación financiera

       Bajo el capital financiero la especulación tiende a convertirse en la relación económica dominante del proceso de valorización del capital financiero. Ya Lenin (El imperialismo fase superior del capitalismo) situaba que a principios del S.XX el capitalismo había llegado a un punto en el que aunque la producción mercantil sigue siendo la base de toda la economía, en realidad su reinado se quebranta ya que la mayor tajada de ganancias va a parar a los popes de las finanzas por la via especulativa. Especulación que tiene su base en la socialización de la producción, pero que ese progreso al que ha llegado la socialización hoy beneficia más que a nadie a los especuladores.

Si la preponderancia de la circulación sobre la producción en los albores del capitalismo había sido un proceso necesario para la acumulación capitalista, el retorno de esta relación en la forma parasitaria de la especulación financiera sobre los procesos productivos que anuncia una involución en el desarrollo económico de la sociedad, se verifica como una franca sobreproducción de capitales o descapitalización. Esta involución se convierte en realidad a través del monopolio financiero transnacional como relación económica dominante de la sociedad capitalista, que potencia y otorga un papel determinante a la contradicción entre el capital real, vinculado a la producción y realización de la plusvalía, y el capital ficticio, vinculado a la apropiación de la plusvalía y el capital existente.

Con el desarrollo del imperialismo el proceso de expropiación se desplaza de la esfera de la competencia de capitalistas a la esfera de la especulación financiera, convertida en el medio más efectivo de centralización monopolista, de la absorción de la riqueza por parte de los capitales más concentrados en cualquiera de sus manifestaciones: trabajo vivo, trabajo muerto, plusvalía, capital productivo-mercantil y capital ficticio. La oligarquía financiera transnacional se ve obligada a operar tanto en la esfera productiva como en la especulativa. Incluso los dueños de los más grandes medios de producción participan en la orgía especulativa, porque se encuentran imposibilitados de convertir todo su capital en condiciones de producción. La informatización permite la creación del soporte eléctronico que agiliza las operaciones financieras y facilita la conversión de la especulación en la forma dominante de la reproducción del capital.

A partir de la década de los 70 la caída de la tasa de ganancia industrial acentúa la tendencia del capital a moverse de la forma productiva y mercantil a la forma dineraria, y conduce a la acumulación de una inmensa masa de dinero sin capacidad de encontrar salida en la producción de bienes y servicios. La capacidad productiva sobrepasa con creces la capacidad del mercado. Con la aceleración monetaria, la expansión del crédito, la proliferación de las acciones, obligaciones y toda clase de valores falsos, la interconexión de las bolsas como medio de concentración del capital y el crecimiento incesante de la duda de los Estados y sus déficits económicos, crean las condiciones para una transformación definitiva de la relación entre el proceso de producción y la especulación financiera, de forma que la suerte del imperialismo queda ligada al dominio del capital ficticio, del simple título para la reclamación de dinero, y a la presión asfixiante de éste sobre el trabajo productivo. La especulación se convierte en la forma dominante de la reproducción del capital transnacional, con su permanente amenaza de derrumbre crediticio y de depresión, sus fluctuaciones inestables de los precios de materias primas, productos agrícolas e industriales.

La tendencia a la especulación inherente a todo capital financiero se proyecta como la única posibilidad que se ofrece a este capital para completar su reproducción ampliada. La esfera productiva se contrae en relación con la de la circulación, y desaparece toda proporcionalidad entre una y otra. Están agotadas las recetas de regulación monopolista estatal restringidas al ámbito naciona, y en adelante la economía tiene por brújula la especulación financiera y su carácter transnacional. Nunca como ahora el capital corría tanto riesgo al aventurarse en la senda de la producción, nunca el proceso de producción había sido una maldición tan poderosa para el capital.

Pero la valorización real del capital se verifica únicamente en el proceso de producción, esa maldición que ahora pesa sobre el capital, mucho más dispuesto a acrecentarse sin mancharse de grasa las manos y sin enfrentarse a la fuerza de trabajo. Sin embargo,  la acción de la ley de tendencia decreciente de la tasa de ganancias desestimula la inversión productiva y el incremento de la productividad, pues ambos medios empleados para la valorización del capital conducen a la disminución del rendimiento relativo de la ganancia. Las potencialidades del capital que no se realizan en la producción demandan una forma parasitaria de realización: engullirse una parte cada vez mayor de lo producido, a través de un reparto especulativo de las ganancias. Sin embargo, el predominio de la forma dinero pone al capitalismo en una posición más vulnerable al estimular las crisis monetarias, que ya Marx contemplaba en El Capital:

“Mientras el carácter social del trabajo aparezca como la existencia en dinero de la mercancía, y por tanto, como un objeto situado al margen de la verdadera producción, serán inevitables las crisis de dinero, como crisis independientes o como agudización de las crisis reales.” (106).

       Las bolsas de valores son el termómetro que nos indica el cuadro del organismo capitalista, para un diagnóstico de la salud del capital. El descenso de la cotización en bolsa de las formas de capital ficticio indica la depreciación del capital real. Se borra así toda proporcionalidad entre la economía real y la economía ficticia, y desaparece la posibilidad de descubrir detrás de cada forma de la economía especulativa una forma económica real. Los valores falsos sólo funcionan como capital en tanto suponen el reparto de la plusvalía global y del capital acumulado, no porque contribuyan en la creación de la riqueza y ni siquiera de ganancia capitalista. A diferencia del clásico capital a interés, el capital especulativo no promueve la producción de nueva ganancia para su posterior reparto, sino que parasita sobre la ganancia y el capital existentes. Se hace evidente que estos valores no producen plusvalía. El capital especulativo se nutre del capital en funciones sin crear plusvalía y, por consiguiente, sin enfrentarse directamente a la fuerza de trabajo. Ya Marx situaba que el capital a interés no tiene de forma directa como medio antagónico al trabajo asalariado, sino al capital real, industrial o comercial, el capital prestatario se enfrenta como tal directamente al capitalista que actúa directamente en el proceso de producción y realización, no con el obrero asalariado, de la misma manera que la ganancia empresarial no configura una antítesis con el trabajo asalariado, sino con el interés (107). Es decir, el interés, la especulación, la ganancia, son una relación directa entre dos capitalistas y no entre el capitalista y el obrero, con el que se contrapone sólo de forma general como capital en el proceso de producción y valorización, en la creación y realización de la plusvalía, pero no en el reparto de la misma

La mayor parte de la ampliación del capital no se realiza ya a través del desarrollo de sus fuerzas productivas, sino de la especulación financiera, y el crecimiento económico no se sustenta de una manera proporcional con el crecimiento de la productividad social del trabajo. Y como la ley del capital es la de acrecentarse, se ve obligado a desatar una carrera especulativa. De ahí que las crisis se presenten como crisis financieras, en realidad de sobreacumulación de capital. Por la sobreacumulación de capital, resultado del crecimiento de las plusvalías, relativa y absoluta, el capital no puede obtener la ganancia necesaria, recurre a las bolsas, y la desestabilización monetaria, para obtener lo que no puede lograr en la producción de bienes. Es decir, que las crisis de sobreproducción se ven acompañadas invevitablemente de crisis de superespeculación, porque los intentos de evitar las crisis reales de sobreproducción y sobreacumulación conduce a la agudización de la crisis real.

En definitiva, el fundamento de la producción capitalista, la creación de plusvalía, ha comenzado a crujir bajo la enorme carga especulativa. La especulación financiera, en tanto valorización parasitaria de los capitales en la circulación resulta incapaz de satisfacer las exigencias de la ley general de la acumulación capitalista.

3.3.6 Poder político y transnacionalización 

       La metamorfosis de las relaciones del poder político está vinculada a la nueva forma en la que se realiza la reproducción económica del imperialismo, acelerada por la desaparición de la URSS y el campo socialista europeo. Sus rasgos específicos con un sector de la burguesía financiera y nuevas formas de dominación y subordinación, cuyos componentes fundamentales son los propios Estados nacionales y las instituciones supranacionales que representan y defienden los intereses del imperialismo.

La fuerza social dominante en la sociedad capitalista contemporánea es la oligarquía financiera transnacional. Se trata de una burguesía que encarrila su capital por los raíles de la concentración transnacional, para la cual constituye una cuestión de vida o muerte ocupar todos los territorios  del planeta, en los cuales pueda garantizar la reproducción de sus condiciones materiales y espirituales de existencia. Esta fracción dominante de la burguesía, constituye un parásito en el cuerpo orgánico de la división social del trabajo, que realiza su actividad económica en forma especulativa y en medio de enconadas contradicciones con las burguesías nacionales de la periferia, la clase obrera y los desclasados, y que ha logrado ir configurando un dominio transnacional, en el que se apropia de la mayor tajada de la plusvalía mundial. Esta alta burguesía se arroga la exclusividad no sólo contra el proletariado, sino también contra las otras fracciones del capitalismo en el reparto de la plusvalía.

En la medida en que sus intereses se diferencian y entran en una relación contradictoria con los intereses de las restantes fracciones de la burguesía, la nueva aristocracia financiera va dando pasos importantes hacia la conformación de una identidad propia. La monopolización del Estado-nación por parte de la oligarquía financiera con el control de sus funciones, ha acentuado su divorcio de la sociedad, ya que la transnacionalización del monopolio tiende a otorgarle a esa oligarquía un carácter antinacional.

La contraposición de intereses al interior de esta élite burguesa no obedece a diferencias nacionales, sino a las contradicciones interimperialistas e intermonopolistas, en el proceso de extorsión y reparto de la plusvalía. La nación es  el escudo con el que se defiende la oligarquía financiera en cada país imperialista de sus rivales y la lanza con la que les combate, además de actuar como factor que atomiza e incluso reprime las relaciones clasistas en el interior de las naciones imperialistas. No obstante, también se ve obligada a cohesionarse en el enfrentamiento con las otras fracciones de la burguesía, contra la clase obrera o nación que ose obstaculizar su dominación. Se verifica una tendencia al surgimiento de intereses político-económicos comunes en cuya defensa la oligarquía financiera transnacional de cada país imperialista coincide de forma mucho más plena con la oligarquía financiera transnacional de los demás países imperialistas que con las restantes fracciones de la burguesía, clases y sectores sociales de sus propios países.

La dominación de la oligarquía financiera descansa en el mando que ejerce sobre las principales transacciones financieras, en el control de los sistemas bancarios nacionales, el monopolio sobre la captación de activos, el intercambio desigual, la fuga o repatriación de capitales, la manipulación de los créditos, la capitalización de la deuda externa y la exigencia de convertibilidad de las modedas locales.

¿Puede hoy la oligarquía financiera transnacional gobernar este mundo tan hetereogéneo sin Estado?. Nada más lejos de la realidad, sin embargo la oligarquía necesita reformar ese Estado, y ahí es donde sobreviene el problema de transformar el Estado porque la forma actual del Estado nacional le queda estrecha a la oligarquía para desplegar su poder económico, político y militar: el Estado transnacional al servicio de la oligarquía financiera transnacional.

El imperialismo lo primero que produce históricamente es un capitalismo monopolista de Estado nacional. En las primeras décadas del imperialismo, las oligarquías financieras nacionales trataron de promover la concentración y centralización de capital a escala internacional, a costa de las oligarquías financieras de otros países, agudizando las contradicciones interimperialistas en el terreno de la guerra,  las dos guerras mundiales como últimos intentos de las oligarquías financieras de dominar internacionalmente desde lo nacional.

Ya en los años 30 el imperialismo se encuentra atrapado en la contradicción entre la lucha contra los otros imperialismos nacionales, o la unidad contra el socialismo. En la IIGM el nivel de concertación de los intereses de las distintas oligarquías financieras nacionales no estaba maduro, el interés nacional primaba sobre el transnacional. Sólo al final de la IIGM el polo imperialista se unió en bloque contra el socialismo. Pero tras la caída del campo socialista europeo vuelven a resurgir con mayor agudeza las contradicciones interimperialistas, no en el ámbito de la confrontación militar, aunque esta se sigue empleando por el reparto territorial del mundo contra las naciones dependientes.

En la medida en que el proceso de rotación del capital rebasa la jurisdicción del Estado-nación, la oligarquía financiera transnacional necesita colocar al mundo bajo un solo gobierno, una sola ley, un solo interés, y una sóla línea que prohíba a las restantes formas de la economía mundial acceder a los beneficios de la rotación transnacional del capital. Sin embargo, esta tendencia del imperialismo encuentra obstáculos insalvables para su realización: la contradicción entre burguesía y proletariado, contradicciones entre el imperialismo y los países de la periferia, contradicciones interimperialistas y entre la oligarquía financiera transnacional: la oligarquía japonesa con la yanqui, la europea con la yanqui, etc; contradicciones entre la oligarquía financiera transnacional y las burguesías nacionales.

Por tanto, este proceso de destrucción de los Estados nacionales y construcción de un nuevo Estado choca con la realidad. También debemos añadir que fruto del desarrollo desigual y la crisis de sobreproducción, el capital transnacional no tiene hoy la capacidad para crear un mercado mundial para todos, como sí lo hizo la burguesía nacional cuando superó el feudalismo. El propio feudalismo se fue descomponiendo, crear un mercado nacional en aquella época significaba un progreso frente al feudalismo. Sin embargo, hoy el imperialismo no está en condiciones de crear un mercado mundial que integre a la humanidad entera en su modo de producción de una manera orgánica a miles de millones bajo la égida del trabajo asalariado, por lo que tampoco pueden crear un Estado transnacional sobre una base económica que no pueden crear. La lógica económica de desarrollo desigual lo impide. El capitalismo no está en una etapa de expansión económica, sino de contracción, y ello lo demuestra el que la mayor parte del dinero va a la especulación, y que la especulación no produce, ni crea trabajo asalariado, etc. Eso demuestra también otra cosa: que el capitalismo está agotado. Ya Marx cuando en los inicios del capitalismo la usura y el comercio devoraban al productor individual (producción mercantil simple) nos decía que cuando la circulación predomina sobre la producción, eso es síntoma de agotamiento del sistema, ahora en la madurez del capitalismo ocurre un fenómeno parecido.

Nada menos que 63.000 Transnacionales y un número significativo de grupos financieros se disputan a diario cada palmo de terreno económico y político, incluida la fuerza de trabajo, los mercados y las maquinarias estatal-nacionales. Estas contradicciones nos dicen que la burguesía financiera transnacional es incapaz de eliminar la confrontación política en el plano nacional e internacional, en la misma medida en que le resulta imposible crear un monopolio único. En el interior de esta oligarquía existen muchas contradicciones, cuya expresión más importante son la conformación de bloques regionales rivales. De lo que destaca el antagonismo creado entre su sector hegemómico, los EE.UU., que se orienta hacia una globalización total, y aquellos sectores que necesitan refugiarse en espacios regionales para asegurar sus posiciones y políticas transnacionales. Ello explica el importante papel que todavía desempeñan los Estados nacionales imperialistas en el proceso de transnacionalización del capitalismo monopolista. Son ellos,  el Estado yanqui y en menor medida, los Estados japonés, alemán y otros Estados europeos, los principales soportes políticos, militares, jurídicos y policiales, de las Transnacionales.

Por tanto, la relación contradictoria, de competencia y cooperación, existente entre los tres grupos fundamentales que conforman la oligarquía financiera transnacional y sus respectivos Estados imperialistas, se encuentra determinada, por una parte, por la necesidad objetiva de establecer mecanismos de dominación política que obedezcan a la rotación transnacional del capital, y por otra, por los intereses particulares de cada uno de los tres centros imperialistas. Desde la desaparición del campo socialista europeo, la agudización del antagonismo entre los Estados imperialistas es un hecho indiscutible, que trajo consigo la evidencia de que el mundo desde los 90 regresa a principios del S.XX en materia de competencia interimperialista, con toda clase de relaciones asimétricas y reconquistas. África es de nuevo sometida al neocolonialismo de las transnacionales yanquis y europeas. Arabia, Asia Central y Latinoamérica entregaban sus recursos naturales y energía. La fuerza de trabajo de la periferia (India, Sudeste asiático y África) comenzaba a mutarse por las transnacionales maquileras. Las transnacionales financiaban regímenes que estimulan la entrada del capital extranjero, etc.

Durante varios años se negoció el Acuerdo Multilateral de Inversiones (AMI) para dar libertad a las Transnacionales de invertir y mover beneficios a donde quieran sin que los Estados nacionales puedan objetar nada. El objetivo era dar una soberanía a las Transnacionales por encima de los Estados nacionales, dicho objetivo ha resultado un fracaso debido a la rivalidad interimperialista. De momento sólo existen dos formas de integración el ALCA hacia los países dependientes de América que es fuertemente combatido por los gobiernos anti-imperialistas de Latinoamérica en defensa de la soberanía de sus naciones, y el Tratado de la UE en Europa como contrapeso imperialista al imperialismo yanqui.

El elemento fundamental de la maquinaria de poder político transnacional lo constituyen los propios Estados nacionales, tanto los Estados imperialistas que asumen atributos transnacionales, como los Estados dependientes, a los que los primeros intentan convertir en simples correas de transmisión de la voluntad de la oligarquía financiera transnacional dentro de sus respectivas naciones.

Como el capital transnacional no puede renunciar al Estado, lo que ocurre como tendencia es un proceso de transnacionalización de los Estados imperialistas y de desnacionalización de los Estados de la periferia. Muchos gobiernos no pueden alzar su voz, porque el nivel de sometimiento y entrega al imperialismo es tan grande que apenas disponen de soberanía. Producto de la centralización del capital muchas de las riquezas de esos países han sido cedidas al capital financiero transnacional, y cuando se pierde la soberanía económica, se pierde también la soberanía política, es la desnacionalización de la periferia.

La burguesía transnacional no puede aún prescindir de los servicios de los Estados-nación, por débiles que éstos sean, como no puede un feudal prescindir de sus siervos. Los Estados son necesarios para dirigir el poder de las instancias transnacionales en aquellos aspectos en que las Transnacionales no pueden ejercerlo directamente. Esta conexión orgánica entre las potencias económicas y políticas ya alcanzó su madurez en la formación del capitalismo monopolista de Estado nacional, donde para Lenin la fuerza del capital y la bolsa lo es todo, mientras que el parlamento y las elecciones son peleles (108).

La transnacionalización acentúa el carácter antidemocrático del modo de producción capitalista. Bajo la consigna de lucha contra el igualitarismo democrático que sobrecarga al Estado y le obliga recaudar impuestos y destinar fondos para programas sociales, los poderes transnacionales exigen la moderación de la democracia de bienestar, que apuntale el gobierno de las élites y estimule la apatía de la población. Detrás de estas exigencias se oculta el reconocimiento de que toda sociedad democrática necesita de una población marginal que no participe en la política de forma activa. Cuanto más diversa y fragmentada sea esta población, más efectivo será el funcionamiento de la democracia burguesa. No es casual que la oligarquía financiera, a la que la clase obrera y los pueblos tuvieron que arrancar a sangre y fuego el derecho a sufragio universal, sea hoy la gran promotora del sistema de gobierno basado en “elecciones libres”.

Este carácter antidemocrático se manifiesta de forma más aguda en los países dependientes. En su calidad de testaferros de los poderes transnacionales, los sectores de las oligarquías de la periferia insertadas en el capitalismo monopolista transnacional, desplazan a los grupos políticos y económicos orientados por la vieja lógica del capitalismo nacional desarrollista, y como contrapartida a sus actividades desnacionalizadoras reciben el mandato de hacer atractivos sus territorios para la inversión de capital transnacional mediante el ataque a los derechos de los trabajadores y el enfrentamiento permanente a la crisis de gobernabilidad que provoca el saqueo imperialista.

Una herramienta útil de la transnacionalización y el poder de la oligarquía financiera es el control monopolista de los medios de comunicación masiva. Control favorecido también por la confusión en las filas revolucionarias y el retroceso coyuntural de la conciencia política de las clases y sectores oprimidos. El imperialismo contemporáneo intenta recluir a los explotados al templo de su reproducción espiritual: ideas e imágenes invertidas, valores manipulados, lanzados a cuatro vientos por las Transnacionales de la comunicación, vendidos al por mayor en todos los rincones, se levantan con hipocresía frente a la realidad: postmodernidad, fin de la historia, civilización tecnocrática, eficiencia, competitividad, desideologización, autorrealización individual, ayuda humanitaria… Tras la falacia de la libre circulación de las ideas y la libertad de expresión, la neutralidad y objetividad de la información, se levanta un monopolio Transnacional de la comunicación de masas, que a través de formas de censura rechaza las informaciones generadas en otros foros. Cuatro monopolios Transnacionales dan cuenta diaria de los acontecimientos mundiales desde una visión imperialista y ajena a las culturas locales, nacionales, y convierten la mentira y la omisión en una norma. A la multiplicación de los canales y ámbitos comunicativos le corresponde una concentración transnacional de los centros de producción bajo el mando de las oligarquías financieras.

En virtud del desarrollo económico y político desigual y el agravamiento de las contradicciones interimperialistas, el proceso de transnacionalización política no transcurre de forma homogénea. Basta echar una ojeada a las diferencias entre EE.UU. y la UE. EE.UU. cuenta con la fuerza necesaria para actuar por sí solo como un poder transnacional, en tanto que los Estados de la UE se ven empujados a crear una maquinaria transnacional que integre sus fuerzas políticas y económicas en aras de preservar sus propios dominios y afrontar la competencia interimperialista. Los Estados nacionales miembros ceden cuotas de soberanía a pesar del papel preponderante y creciente extensión del Estado alemán. En este proceso, a través de la unión económica, monetaria y militar, las estructuras nacionales se van convirtiendo en una mediación entre los ciudadanos y los poderes transnacionales, tienden a integrarse en una unidad regional que se propone establecer una correlación de fuerzas más favorable frente al poderío del imperialismo yanqui y la poderosa competitividad económica japonesa. Por su parte el Estado yanqui dispone de una vocación a convertirse en un Estado transnacional que pretende institucionalizar su derecho a ejercer funciones legislativas, ejecutivas y judiciales transnacionales, que trata de imponer también incluso a las restantes potencias imperialistas. Es facultad del Congreso de los EE.UU. juzgar y sancionar a gobiernos extranjeros, en la condicionalidad política impuesta en los tratados bilaterales con otras naciones, en la elaboración de informes sobre la situación de los derechos humanos en otros países, etc.

Con respecto a los países dependientes se puede hablar de un proceso de desnacionalización del poder político, de conversión de los aparatos de Estado en funciones transnacionales subordinadas, que absorbe a la burguesía nacional dependiente y erosionan la independencia real de tales países.

3.3.7 Conclusión. Transnacionalización, neoliberalismo y lucha de clases 

       En la encrucijada marcada por la convergencia del proceso de transnacionalización del capitalismo monopolista de Estado y la disolución de la URSS, la elaboración de proyectos económicos y políticos alternativos al neoliberalismo se ha convertido en el objetivo de un amplio abanico de tendencias políticas e ideológicas que va desde la izquierda revolucionaria hasta sectores de la burguesía cuyos capitales son expropiados o destruidos por la oligarquía financiera transnacional.

Existen tres cambios en el periodo histórico actual del último cuarto de siglo, la restauración del capitalismo en algunos países socialistas, la crisis y la transnacionalización creciente. Estos tres fenómenos favorecen la ideología liberal de la burguesía actual, el neoliberalismo. Pero ello cambia en el momento de la agravación de la crisis, que desnuda la incapacidad del modo de producción capitalista para el desarrollo y la sostenibilidad. No es el nuevo modelo de dominación y explotación, el neoliberalismo el que está en crisis, sino el capitalismo.

La frontera límite del modo de producción capitalista es la desaparición de la tasa de ganancia asociada al crack productivo, la superespeculación financiera y la exclusión de la fuerza del trabajo. De su fin histórico se sabrá cuando la burguesía sea incapaz de seguir garantizando la sumisión de las masas, de sus sepultureros. Los límites históricos del capitalismo monopolista transnacional son los límites de garantizar la reproducción de su agonía económica. Nos referimos a la agudización de la contradicción capital-trabajo, resultante del desempleo, el deterioro de los salarios, la precariedad y la intensificación de la explotación; el agravamiento de la contradicción entre capitales reales y ficticios que incrementa las pugnas interimperialistas y la fragmentación de la burguesía; la agudización de los efectos sociales de la ley general de la acumulación capitalista que genera el crecimiento relativo de la masa de la población mundial desclasada y pone de manifiesto el agotamiento del modo de producción capitalista; la permanente amenaza de crisis de sobreproducción de mercancías y dinero, con su potencial para generar situaciones revolucionarias, etc. Esta realidad va creando condiciones que hacen posible la unidad de los oprimidos, obreros, pequeña burguesía, marginados e incluso sectores de las burguesías nacionales que van siendo arrastrados en torno a un proyecto emancipador construido a partir de la resistencia frente a las políticas neoliberales.

La lucha contra el neoliberalismo, en tanto que expresión política, económica e ideológica del capitalismo transnacional, posee un carácter antimperialista. Es por ello que la creación de un frente amplio antineoliberal constituye una necesidad estratégica como paso previo en la lucha por el socialismo. El blanco fundamental de las fuerzas revolucionarias debe ser el imperialismo, en particular el imperialismo yanqui, columna central del proceso de transnacionalización y desnacionalización. La oposición al imperialismo transnacional sólo puede hacerse desde un internacionalismo integral de los explotados y oprimidos por la oligarquía financiera transnacional, hacer desaparecer de la tierra un sistema capitalista en creciente descomposición y sustituirlo por una sociedad socialista, de productores asociados.

Es pelegrino sugerir de que la conquista del poder estatal, incluso del país más dependiente, haya dejado de ser una finalidad legítima de la lucha de clases. No sólo los gobiernos centrales, también los regionales, provinciales, municipales, universidades, escuelas, sindicatos, etc., han de constituir un objetivo en la guerra de posiciones contra el imperialismo por afirmar la independencia y la soberanía nacional, detener y revertir el proceso de transnacionalización desnacionalizadora, e impulsar un la cooperación de los Estados nacionales en pie de igualdad. Todas las formas de lucha pueden ser revolucionarias si se utilizan dialécticamente como momentos de la acumulación de fuerzas para la conquista del poder político que cambie el carácter de clase del Estado capitalista.

3.4 UE: Imperialismo, desarrollo desigual y Unidad Político-económica 

La UE es un conjunto de Estados que han decidido unificar sus mercados y monedas desde los objetivos del modelo neoliberal de acumulación de capital, y que además se encuentran en un proceso de integración política de carácter supraestatal para culminar el proceso de integración. Se trata de un reagrupamiento de viejas potencias coloniales para proteger sus mercados y fortalecer sus monopolios transnacionales en la disputa del mercado mundial.

La integración económica de la UE es una operación de carácter imperialista, forma parte de la aspiración a facilitar un grado de concentración y centralización de capital más alto para acometer en mejores condiciones la competencia con las transnacionales yanquis, la división del trabajo en el interior de la UE es una división desigual propia del sistema imperialista, el desarrollo de las industrias de alto nivel tecnológico se reserva a los países ricos del norte, las industrias de mano de obra extensiva y de efectos contaminantes se instalan en los países dependientes del sur. La hegemonía política de la UE corresponde a la burguesía financiera y monopolista que dirige el proceso de integración en detrimento del movimiento obrero y la soberanía nacional de los estados dependientes de la cadena imperialista europea. Tanto los países capitalistas de desarrollo intermedio como los de la periferia se encuentran expuestos a sufrir la ofensiva económica imperialista. Carentes de tecnologías propias y avanzadas se encuentran impotentes para competir abiertamente en el mercado internacional frente a las grandes potencias capitalistas poseedoras de las tecnologías puntas y el control de las instituciones económicas y financieras europeas. Además las potencias imperialistas con la integración económica supranacional buscan exportar y descargar su crisis de acumulación interna sobre los mercados de los países de la periferia y semiperiferia. La entrada de España en la UE por ejemplo, supuso el desmantelamiento de sectores estratégicos como la siderurgia, los astilleros navales, la reestructuración de sectores de la producción agrícola y pesquera, con la secuela de una mayor dependencia tecnológica y económica, como consecuencia del papel subalterno que la división europea imperialista del trabajo asigna a España como país capitalista de desarrollo intermedio.

Tras la IIª Guerra Mundial los Estados imperialistas europeos dominantes (RFA, Francia y Gran Bretaña) quedaron plenamente en desventaja con respecto a su competidor inmediato, los EE.UU. La burguesía dominante en tales Estados estrecharon la alianza interimperialista de guerra fría apoyándose en los EE.UU. para hacer frente de forma  conjunta a la URSS y el campo socialista, frenar la revolución socialista y el avance del movimiento obrero en Occidente, y acumular fuerzas para poder competir a medio plazo con los EE.UU. El Plan Marshall con inversiones de capital de EE.UU. ofreció la base financiera para comenzar la recuperación.

El Estado de bienestar vino a ser en aquel contexto el pacto capital/trabajo necesario para frenar la revolución en Occidente, contener la influencia ideológica del comunismo en el movimiento obrero y crear las condiciones materiales para iniciar la acumulación extensiva del capital y el aumento de la tasa de beneficios en las economías destruidas por la guerra.

En 1.957 el Tratado de Roma crea la CEE (Comunidad Económica Europea) con 6 Estados. Posteriormente se dan 5 ampliaciones más (1.973-81-86-95-04) hasta llegar a los actuales 25 Estados como UE (Unión Europea). El proceso de integración de carácter neoliberal se ha ido produciendo de la siguiente forma:

1. En 1.986 se promulga el Acta Única con la unificación del mercado de todos los Estados de la UE: libertad de circulación de capitales, mercancías, servicios y personas de los Estados miembros.

2. En 1.992 el Tratado de Maastrich estableció los objetivos de convergencia  económica para conseguir la unión monetaria con el € Dinamarca rechazó en Referéndum el Tratado.

3. En 1.993 siguiendo la senda del Tratado de Maastrich, se establece el Pacto de Estabilidad imponiendo límites al déficit público de todos los Estados. Objetivos: déficit cero, con recortes en los gastos sociales de los Estados y repercusiones negativas sobre el Estado benefactor.

4. En el 2.000 se promulga la Agenda de Lisboa, pendiente de aplicar para el 2.010, de contenido neoliberal: rebajar el coste salarial, reformar la seguridad social, descargar a las empresas y el Estado con la aparición de los fondos privados de pensiones, expandir la libre-competencia liberalizando sectores como el gas, electricidad, transportes, etc. La solución que se propone a los altos niveles de paro, es la precariedad masiva con el objetivo de abaratar la fuerza de trabajo. La directiva Bolkestein pasa a ser uno de sus objetivos novedosos, que contempla la liberalización de todos los servicios incluido los de carácter público, con la posibilidad de acogerse al principio regulador del “país de origen”, según el cual a empresas de servicios se le aplicaría la normativa laboral y medioambiental que rija en el Estado en el cual tenga su sede de origen, lo que da carta blanca para impulsar deslocalizaciones de servicios instalados hoy en países con mayores costes laborales hacia países con menores costes laborales en la UE, y la aplicación de convenios laborales del “país de origen” a los trabajadores/as extranjeros, casualmente de países con los costes laborales más bajos.

5. En ese mismo año se aprueba en Niza la Carta de Derechos, que rebaja las constituciones de los Estados miembros y las pone en peligro, ya que no se garantizan derechos tan básicos como los derechos de huelga, trabajo, vivienda, pensión, renta mínima, etc.  Por ej., se recoge el derecho a la vida y el matrimonio pero no el derecho a la contracepción y al aborto, ni a la separación y el divorcio, mientras la libre circulación de bienes y capitales se encuentra definida en su preámbulo (109).

6. Eurocumbre de Bruselas en el 2.003, desarrollando la agenda de Lisboa establece el task force sobre el empleo, donde se exigen medidas laborales que liberen a los empresarios de tener que preavisar la cancelación de los contratos de trabajo y promulguen el abaratamiento de los costes por extinción. Por ej. el CPE de Villepin en Francia preveía para los contratos de menores de 26 años el empresario no precisa el pago de indemnizaciones por despido para menores de 26 años, plan que fue rechazado por la movilización obrera y estudiantil. También se orienta a que los Estados eliminen los “factores disuasorios” que “impiden” a los inactivos a coger un empleo “débilmente remunerado”, “atacando a la situación de los inactivos…para incitar a las personas a aceptar el empleo”, como por ej. amenazar con la retirada de las prestaciones; tal y como el PP  intentó hacer en España con el Real Decreto del 2.002 obligando a los parados a aceptar cualquier empleo a 30 km de su domicilio, bajo penalización de la retirada de la prestación, decreto que fue rechazado por la presión de la huelga general del 20J. Estas medidas anti-protectoras buscan la liquidación del welfare (derecho a la prestación) y la extensión de la precariedad del empleo, ya que sin red de prestación social se empuja a la población asalariada a la aceptación de cualquier trabajo con el fin de sobrevivir. Es el anticipo de la Europa ultraliberal que sacrifica las conquistas sociales y la democracia en aras de las fuerzas del mercado y el capital.

El resultado de todo este proceso es la construcción de una UE a varias velocidades de desarrollo socioeconómico (varios niveles de protección social, coste salarial y de concentración de capitales) y político (diferentes niveles de democracia y contenido social en las constituciones estatales). Se sacraliza la Europa con un centro fuerte y distintas periferias, reforzándose el papel de los Estado alemán, francés, inglés e italiano (éste último en menor medida), donde Alemania consigue dominar el escenario centro-este-europeo. En este mapa hay que distinguir 3 Estados centrales imperialistas (Alemania, Francia y Gran Bretaña), 9 Estados semiperiféricos (Italia, España, Dinamarca, Holanda, Bélgica, Luxemburgo, Suecia, Finlandia y Austria) y 3 Estados periféricos (Irlanda, Grecia, Portugal), a los que hay que añadir la nueva periferia de la UE que son los 10 Estados de la ampliación hacia 25, de los cuales 8 pertenecían al antiguo campo socialista (Malta, Chipre, Polonia, Chequia, Eslovaquia, Hungría, Eslovenia, Estonia, Letonia y Lituania).

La crisis del 2.008 junto a la ampliación de la UE, ha venido a mostrar un mayor desarrollo desigual entre países y regiones, que bajo la fase imperialista el capitalismo europeo no solo es incapaz de detener, sino que políticamente carece de interés de clase para hacerlo, por lo que la integración económica y política viene a reforzar la visión de una Europa a varias velocidades.  Según Eurostat, las desigualdades entre las 27 naciones integrantes de la UE se ha agravado con la crisis (2.008), la región más rica de la UE, Londres, es 7 veces más rica que la de mayor pobreza, Severozapaden (Bulgaria), y las 20 regiones con peores dificultades se localizan en Bulgaria, Polonia, Hungría y Rumanía.

La ampliación de la UE hacia el Este ha supuesto la desmantelación de todas las conquistas sociales obtenidas bajo el socialismo, la destrucción y privatización de la industria y la conversión de estos países en el patio trasero de las Transnacionales, que encuentran una mano de obra incluso cualificada con un bajísimo coste laboral, y como efecto de la contrarrevolución de terciopelo, con una débil capacidad de defensa de sus derechos, donde disponen de unos sindicatos debilitados o en germen, elementos que abren el estomago a la acumulación de capital y convierten a tales países en reserva para la deslocalización de industrias en la Europa occidental (Italia, Francia, Alemania, España…) donde el coste laboral comparativo es más alto y cuentan con un movimiento sindical más de clase y menos manejable.

La incorporación al capitalismo de los nuevos Estados esteeuropeos profundizan la polarización existente entre un centro dominante y una periferia dependiente. Estos países acceden a la UE en calidad de miembros de tercera clase (nueva periferia), con subvenciones agrarias que suponen el 25% de las que reciben los otros miembros, con grandes presiones para la reducción de su producción agrícola, además de que su incorporación a la UE impide en lo inmediato hasta los próximos 3, 5 o 7 años la libre circulación de personas (Schengen), aunque sí se permita para mercancías, capitales y servicios. Su integración implica además la reconversión de sus fuerzas productivas al igual que la incorporación anterior de otros estados de la periferia o semiperiferia como Grecia y España (110). La productividad de las empresas del este son muy bajas con las de Alemania, con lo que la concurrencia con las Transnacionales ha causado el cierre de empresas y el paro masivo (en Alemania Oriental el nivel de paro es el doble que en la occidental), elemento que impulsa las corrientes migratorias hacia Occidente, frenado por la exclusión acordada en Schengen de que los trabajadores del este en Alemania tarden más de 7 años desde su integración en disfrutar de la libre circulación. El “muro de la vergüenza” calló hacia adentro encima de las costillas de la clase obrera, para que las Transnacionales alemanas pudieran aterrizar sin problemas, pero todavía no ha caido hacia fuera, lo que demuestra que sólo son mitos de guerra fría.

La política económica de la UE tiene tres medios de aplicación:

  • La Política Agraria Común (PAC), donde el 5% de la población de la UE-15 dedicada a la actividad agraria y ganadera recibe el 40% del presupuesto de la UE, el cual va distribuido a las grandes explotaciones (tipo Duquesa de Alba), ya que sólo el 5% de los beneficiarios reciben el 50% de las ayudas (los que menos necesitan los subsidios), lo cual perjudica a los campesinos, obreros agrícolas y los países sometidos al neocolonialismo, además de las políticas dictadas de recorte de las cuotas de producción agrícola en países de la periferia (leche, olivo, pesca…)(111).
  • Otro medio de aplicación es el Banco Central Europeo (BCE), donde los Estados miembros ya no tienen posibilidad de elaborar una política monetaria propia, siendo esta una institución carente de control democrático, que recoloniza al este de Europa para sus políticas monetarias que obedecen a las necesidades de Alemania y la antigua área del marco, abriendo tales países a la dinámica del mercado la propiedad de la tierra y sus principales recursos productivos y naturales (112).
  • La disciplina presupuestaria, que en la mayoría de los casos no es respetada en los Estados centrales de la UE, pero que tienen como objetivo prioritario el ajustar los gastos públicos de los países de la UE en detrimento de los servicios públicos y de protección social. El objetivo global de la política económica de la UE es el aumento de la tasa de ganancia del capital por varias vias: propuesta de tratado constitucional de carta neoliberal, reducción de los impuestos a empresas y grandes fortunas, recorte del gasto social, precariedad laboral, privatización de sectores industriales (como ej. la presión sobre los astilleros españoles), etc. 

El objetivo final de los Estados imperialistas dominantes (Alemania y Francia) es la organización política de rango superestatal, los EE.UU. de la UE, que compita en mejores condiciones con su rival (EE.UU. de norteamérica), mediante un Tratado Constitucional. La institucionalización del neoliberalismo es un objetivo de las Transnacionales y los Estados imperialistas más potentes (Francia y Alemania), que aprovechan el desarrollo desigual del capitalismo para librarse impunemente de las obligaciones de convergencia ya que en Alemania y Francia el déficit público sobrepasa el 3% del PIB, mientras se imponen sanciones financieras al resto de países de la periferia (Europa del Sur y del Este) provocando mediante privatizaciones y recortes una ola de retroceso social.

El marco supraestatal de la UE sigue los mismos rumbos desde su fundación que dentro de cualquier Estado, el capitalismo monopolista de estado en un marco interestatal, donde la fusión entre los despachos de las Transnacionales, entidades financieras y ministerios es un hecho. El intercambio, de puestos de las mismas personas que son ministros de gobiernos, presidentes de comités ejecutivos de Transnacionales, que ya ha sido comentado. En la UE es la Mesa Redonda de los industriales la que juega el papel principal. Esta se encuentra en el origen de la UE, del mercado único, la moneda única, Maastrich, etc., de todos y cada uno de los pasos que los gobiernos y Estados europeos han ido dando para la configuración capitalista y neoliberal de la UE. Fue creada en 1983 por Agnelli, magnate de Fiat, Wisse Dekker de Phillips y Pehr Gyllenhammer de Volvo, reagrupa a 45 directivos empresariales de las 45 mayores Transnacionales europeas. La fusión de intereses entre estos hombres de negocios y los funcionarios de la también antidemocrática Comisión Europea es total. Todas las demandas de la mesa redonda (mercado y moneda única, etc.) se han ido convirtiendo en directivas de la citada Comisión, de hecho la elaboración del tratado de la UE ha sido parido pasando previamente por manos de la oligarquía financiera europea.

3.4.1 Un tratado imperialista y neoliberal

      La UE fundada por el Tratado de Maastricht es la opción del capital para promover medidas a favor de las transnacionales, y la concentración y centralización del capital financiero. Con el Tratado de Lisboa sus rasgos de bloque imperialista, económico, político y militar, contrario a los intereses de la clase obrera y los pueblos, se intensifican.  La participación de la UE en las misiones militares y en las fuerzas de ocupación se ha multiplicado, en los Balcanes, África, Afganistán, Irak y Líbano.

Haciendo una comparación del texto de las constituciones de Francia, Holanda o España el tratado de constitución europea está por debajo de los derechos fundamentales amparados en las constituciones estatales aludidas. Por ej. mientras en la constitución española contempla la obligación de los poderes públicos de garantizar el derecho al trabajo, el Tratado no. Mientras la enseñanza básica es obligatoria y gratuita en la constitución española, en el Tratado no. Y así un largo etcétera. Además se niega el derecho a la autodeterminación de las naciones sin Estado.

Lo que los defensores del Tratado pretenden no es instaurar un sistema político democrático supranacional que reconozca los derechos sociales contemplados en las constituciones estatales, sino crear un marco legal supranacional que permita generalizar un brutal ataque en toda regla al Estado de Bienestar, reconociendo sólo derechos y libertades a la acumulación y circulación de capital, y reforzando el dominio imperialista de los Estados centrales de la UE.

El origen del contenido del Tratado, no emana de la soberanía de los pueblos, sino de todo el proceso anterior de  predominio de las políticas neoliberales (Acta Única, Maastrich, Pacto de Estabilidad, Agenda de Lisboa, la Carta de derechos de Niza, y la eurocumbre de Bruselas). Y para mas claridad sólo debemos pegar un repaso de las mentes ilustres que crearon la idea del texto. Jean-Luc Dehaene, expremier belga (derecha). Giscard d´Estaing expremier francés (derecha). Juliano Amato expremier italiano (socialdemócrata). Curiosamente, ¡¡¡todos están acusados de corrupción y son defensores del neoliberalismo a ultranza!!!.

En todo este proceso la UE viene orientando la imposición desde los diferentes Estados miembros políticas neoliberales (contención del gasto público, déficit cero, privatizaciones de servicios y empresas públicas, flexibilización mercado de trabajo, libertad movimiento de capitales, ventajas fiscales al gran capital,…). Por ej., España ha visto cómo el gasto público por protección social (sanidad, salud, educación, pensiones,  vivienda, empleo…) ha bajado desde el Tratado de Maastrich (1.993) al 19,7% del PIB en el 2.003 (7,6 por debajo de la media de la UE-15), sólo por delante de Irlanda y acercándonos a los niveles de 1.975 (113).

La finalidad del Tratado es convertirse en ley fundamental superior a la de cualquier Estado de la UE. Por lo que las actuales leyes estatales quedarían por debajo. Y como las constituciones burguesas no dejan de reflejar las relaciones de fuerza entre las clases bajo el capitalismo, el Tratado de la UE santifica una relación de fuerza a favor de las Transnacionales y las potencias imperialistas contra la clase obrera y los pueblos. En esta relación de fuerza desfavorable hacia la clase obrera se arrebatan conquistas de progreso social, por ej. el derecho a una sanidad pública cedería el puesto a una sanidad privada. El Tratado impone la privatización de la Seguridad Social, la educación y los transportes públicos (Art.III-122, Art.III-166). Las palabras que más aparecen por este orden son mercado (78 veces) y competencia (27 veces), mientras progreso social sólo aparece 3 veces. El derecho al trabajo se sustituye por el derecho a trabajar (¿por encima del derecho a huelga?) (Art. II-75). Se habla del derecho a la vida noción muy querida por los partidarios de la prohibición del aborto y enemigos acérrimos de la contracepción. El Tratado otorga al Banco Central Europeo un poder financiero al margen de cualquier poder político democrático, sea estatal o del parlamento europeo. Para modificar el texto del Tratado se necesita la unanimidad de los 25 Estados miembros de la UE, lo que en la práctica significa que es imposible mejorar el texto actual.

El Tratado es plenamente militarista con la constitución de un ejército europeo integrado en la OTAN, que cultiva la cultura neocolonial del saqueo violento de las riquezas de otros pueblos al defender la prerrogativa de intervención militar fuera de las fronteras de la UE, con el acatamiento de la doctrina bushniana de “guerra preventiva” contra el “terrorismo”, con el documento de Solana aprobado en la eurocumbre de Bruselas del 2.003. El Tratado subordina la UE a la OTAN e impone aumentar el gasto público militar (Art I.-41), por tanto dispone la implicación de la UE en la carrera armamentista y empuja al desarrollo de una potencia militar europea para la defensa al servicio del orden imperialista de sus intereses fuera de sus fronteras. Y además, se deja abierta la posibilidad de intervenir la vida política de cualquier estado miembro en el caso de que se amenace el poder político ante cualquier situación revolucionaria. La llamada clausula de solidaridad prevé la intervención poitico-militar en los acontecimientos internos de los Estados miembros con el objetivo de golpear al movimiento obrero y popular y proteger el sistema capitalista. No olvidemos que la integración imperialista de la UE no suprime sino que agudiza aún más el desarrollo desigual de la cadena imperialista lo cual ante situaciones de crisis política y económica puede provocar la ruptura en cualquiera de sus estados miembros (teoría leninista del eslabón débil).

El Tratado es antidemocrático ya que suplanta la soberanía del parlamento europeo elegido democráticamente por la Comisión europea que no pasa por las urnas y está integrada por ministros de los países miembros, siendo la comisión y no el parlamento quien tiene la iniciativa para legislar. El Tratado es neoliberal y totalitario ya que la UE se define como una “economía de mercado de libre competencia no falseada”. También es anti-nacional ya que las leyes y constituciones nacionales estarán sujetas a las leyes del Tratado, consolidando una Europa de la oligarquía imperialista ya que establece una federación de Estados por el que los países ceden su soberanía a la Comisión Europea, organismo que no sale de ninguna elección popular.

El Tratado es anti-social ya que al movimiento sindical de clase no se le reconoce el derecho de huelga. 30 millones de inmigrantes que viven y trabajan en la UE no tienen derechos de ciudadanía: votar y ser elegido, ni derechos sociales. Siendo la inmigración una necesidad para la acumulación de capital en la UE, ya que dada la escasa natalidad existente se hace necesaria la importación de fuerza de trabajo a la acumulación de capital, donde la inexistencia o merma de derechos en comparación con la clase obrera autóctona, es una hipocresía que el capital utiliza como medio para presionar a la baja de los salarios y condiciones de vida de la clase obrera en general en vez de legalizar la situación de este componente de la clase obrera y atacar a los empresarios y las mafias que defraudan a Hacienda y la Seguridad Social y sobreexplotan en condiciones ilegales a inmigrantes.

No podemos olvidar que en la desigual división internacional del trabajo que el imperialismo impone en la acumulación de capital, los países de la perifieria, menos desarrollados juegan el papel de países para la emigración, aseguran un flujo de inmigrantes necesario para la acumulación de capital en los países del centro. Trabajadores baratos para los trabajos menos calificados en los sectores de menor composición orgánica y técnica de capital, como la construcción o la agricultura. Trabajadoras ilegales para el trabajo doméstico y la prostitución. Trabajadores formados, a coste de los países de la periferia, para el sector de la informática, etc.

Al mercado de trabajo se le destina el papel de “promover una política de mano de obra cualificada, formada, susceptible de adaptarse, lo mismo que los mercados de trabajo y apta para reaccionar rápidamente ante la evolución de la economía”, lo que traducido a nuestro idioma significa empleos precarios adaptables y temporales y reducción de los niveles de protección social para convertir a la población asalariada en un colectivo adicto por la supervivencia a aceptar cualquier trabajo precario. ¡¡¡Sacrificio de las conquistas sociales y las reglas democráticas en beneficio del mercado y las Transnacionales!!!. Una de las ventajas de competencia que los EE.UU. tienen con respecto a la UE son los bajísimos gastos de seguridad social, por eso los estrategas neoliberales de la UE quieren cambiar esa situación. Lenin en su artículo La consigna de los Estados Unidos de Europa, ya nos previno con bastante lucidez de que bajo el capitalismo la unión de los estados europeos significaría la organización de la reacción para detener el desarrollo más rápido de los EE.UU.

Desde la década de los 80 en adelante, todos los Estados capitalistas se han alineado con la política neoliberal de EE.UU., incluso los Estados con gobiernos socialdemócratas. El Tratado de Maastrich y la estrategia de Lisboa, promovidas por neoliberales y socialdemócratas, han acelerado la competencia entre los países imperialistas y han elevado la explotación de la clase obrera, han rebajado el precio de la fuerza de trabajo, han privatizado, han creado empleos precarios, han alargado la edad de jubilación y la jornada laboral, han privatizado las pensiones, la enseñanza y la salud, esa es la esencia de la competencia de los EE.UU. de Europa con los EE.UU. de Norteamérica.

Los 15 jefes de gobierno que se reunieron en Lisboa en el año 2000 ya propusieron que Europa debía de convertirse en el 2010 en la economía más competitiva del mundo, y ya hemos visto como se ha ido endureciendo la apisonadora neoliberal durante esta primera década de siglo.

Precisamente no es casualidad que toda la IIIª parte del Tratado fuese dirigida a la conversión de la UE en la potencia más competitiva, lo que significa vía libre a la ampliación de las jornadas laborales, aumento de la intensidad del trabajo y a la deslocalización. Y además, no olvidemos la directiva Bolkestein (114) que permitiría que una empresa de un país de la UE (por ej. Polonia) instalada en otro (por ej. en España) pudiera contratar a trabajadores extranjeros con sus salarios de origen si estos fuesen inferiores. Entre noviembre de 2007 y junio de 2008, el TJCE (Tribunal de Justicia ede las Comunidades Europeas) ya se pronunciaba por la primacía de los derechos de los empresarios sobre los trabajadores en 3 empresas europeas que utilizaron los principios de libre empresa y circulación de fuerza de trabajo, para no respetar las condiciones de trabajo de los convenios de los países en donde realizan la actividad:

  • Viking. Un armador finalandés transfiere un ferry bajo bandera estonia para evitar un convenio colectivo.
  • Laval. Un sindicato sueco bloquea las operaciones de una constructora para obligar a un prestador de sevicios letón a firmar un convenio colectivo.
  • Rüffert. Una empresa polaca en Baja Sajonia pagaba salarios inferiores al mínimo local.

La apuesta del Tratado es la legalización del dumping social, recortar gasto social para crear la ventaja competitiva que atraiga capital para la obtención del máximo beneficio y que no obligue a la contribución social, además se legaliza el cierre patronal. El objetivo es emular al modelo de EE.UU. como mayor mercado de trabajo precario y desregulado del “primer mundo”, con millones de inmigrantes sobreexplotados, para que las Transnacionales europeas logren un plano de igualdad para competir y superar a las transnancionales yanquis en el mercado mundial.

El objetivo político del Tratado es dar carta legal política de la Europa contenida en la UE a cuatro velocidades (centro, semiperiferia, periferia y nueva periferia), producto del desarrollo desigual de la cadena imperialista, con un centro en pleno desarrollo mulsisectorial en lo socioeconómico, donde se concentra el poder de decisión política, financiera y tecnológica, y el resto donde conviven pobreza, con fuertes desequilibrios industriales, sociales y territoriales.

Se genera una nueva relación centro/semiperiferia/periferias donde Estados de débil desarrollo monopolista se plegan al capital transnacional de los Estados imperialistas mucho más fuertes (Alemania, Francia y Gran Bretaña). Eso da legitimidad a las Transnacionales para agudizar el desequilibrio, el desarrollo de las ciudades no se da en relación con el propio Estado-nación o nación sin Estado, sino con el papel que pueda desempeñar garantizando las infraestructuras y servicios para el asentamiento y desarrollo de las Transnacionales. Producto de ello, la ciudad como un espacio de vida social, se debilita y se convierte en un centro nodal de transportes y comuninaciones, en el nuevo contexto de espacios económicos que acelera la rotación del capital, y en torno a la cual se vertebra el desarrollo regional. De ahí el planteamiento de las euroregiones, que da carta a la polarización de los crecimientos económicos por zonas, como por ejemplo el eje Barcelona-Marsella-Milan que concentra el crecimiento económico del suroeste de Europa, con la disponibilidad de redes de servicio/industria/comunicaciones para la flexibilidad de las Transnacionales y el comercio.

Esto es peligroso para todo proyecto progresista y revolucionario si tenemos en cuenta que ya en la Europa de la UE-15, el 25% de la población, o sea mas de 75 millones siguen viviendo en regiones con problemas de desarrollo, con una renta por habitante inferior a la media comunitaria y con un desempleo que supera el 20%. La defensa de una Europa de los trabajadores, donde primen los derechos sociales (trabajo, vivienda, salud…), donde se homologen al alza las condiciones de vida de los pueblos, y donde se aplique una política industrial multilateral, tienen un enemigo ideológico: la unión política neoliberal de la UE contemplada en la propuesta del Tratado.

3.4.2 Dos posiciones. La izquierda pro-imperial contra la izquierda revolucionaria

      Siguiendo lo que es una tradición anti-obrera y proimperialista, una parte de la izquierda socialdemócrata-nueva izquierda, nacionalistas de izquierda (ERC), junto a la derecha neoliberal y parte de la ultraderecha (Liga del Norte en Italia) defienden con sus matices el Tratado. En el campo de la izquierda, la historia se repite. Ya en 1.914 la mayoría de la socialdemocracia al grito de ¡¡¡defensa de la patria!!! a coro con la derecha y las monarquías disfrazaron la guerra imperialista que asesinó a millones de obreros en las trincheras, y que pugnaba por un nuevo reparto colonial del mundo y de Europa entre las grandes potencias. Hoy también nos quieren engañar, ya que al grito de ¡¡¡Europa Sí!!! en los referéndums del Tratado, en realidad, no defienden otra Europa que no sea la del capital y la guerra (Yugoslavia, Irak, Haití…).

Toni Negri, padre teórico de la Globalización en la izquierda, se erige hoy en este campo en el máximo exponente intelectual de la defensa del imperialismo de la UE como contrapeso al imperialismo yanqui:

“Europa puede también erigirse en contrapoder contra el unilateralismo americano, su soberanía imperial, su cruzada en Irak para dominar el petróleo” (115).

Es curioso que esto lo diga quien considera que el poder estatal se ha evaporado, ¿si ya no hay un centro de poder en el plano del Imperio, que pintan el unilateralismo de EE.UU. y el contrapeso de la UE como poderes estatales y centrales?. ¿No han perecido acaso las rivalidades interimperialistas? Ah! Que Negri ha descubierto a la UE como el brazo político de sus “multitudes” desclasadas: ¡¡¡Frente al poder de la Casablanca reforcemos el poder de Bruselas!!!. Nueva contribución antimarxista de quien en Imperio llegaba disparatadamente a considerar la ocupación yanqui de Irak no como un caso de “administración colonial” sino un proceso de “construcción nacional”, ahora cambia de postura y abraza el bando del imperialismo europeo.

Es curioso decir esto ya que no existe diferencia fundamental entre los EE.UU. y la UE, los dos quieren dominar al mundo. En realidad, los países europeos ya colonizaron a la mayor parte de los países del mundo. De aquella colonización, los gobiernos capitalistas europeos rivalizan con los EE.UU. aprovechando sus relaciones privilegiadas con las excolonias. La oligarquía europea quiere aprovechar sus relaciones con los gobiernos de la periferia y la apariencia de ser menos duros, lo cual no deja de ser un mito. Pero, ¿qué diferencia hay entre el presidente de Renault en Francia que cerró la fábrica de Vilvorde y el de Levi Strauss (EE.UU.) que liquidó 4 fábricas en europa y 6 en EE.UU.?. No obstante, el mito sirve para hacer creer que las Transnacionales europeas van a respetar mejor que otros las reglas sociales y las leyes allá donde inviertan. Así Negri invita al proletariado europeo a cerrar filas con sus patronos para formar un contrapeso a los EE.UU.

Es también curioso porque con la apología de la Europa civilizadora se ocultan las contradicciones interimperialistas, el carácter imperialista de los Estados de la UE, algo que no es nuevo, algo que es igual a 1 siglo atrás cuando Inglaterra era la potencia dominante, entonces los oportunistas alemanes (los Negri del pasado) denunciaban al imperialismo inglés y pregonaban la misma necesidad de una Alemania que equilibrara como contrapeso al imperialismo inglés. Curioso de un profeta “marxista” que aboga por la desaparición de las contradicciones interimperialistas junto a Hart en Imperio, curioso de alguien que aún considerándose marxista en su tiempo habla de contrapoder al “imperio americano” sin una base clasista o anti-imperialista, curioso que al grito de guerra del ¡¡¡imperio americano!!! creemos otra “patria” imperial europea y guerrera. Curiosidades negrianas. Pero esa es la tesis de Negri, que en el fondo reniega de la soberanía popular al manifestar que

“la resistencia nacional ya no es una defensa. Sólo la prosecución de la construcción europea puede permitir construir las alternativas globales para aquello a lo que yo llamo las multitudes, los movimientos de resistencia al imperio” (116).

Seguramente Negri no incluye en sus multitudes, a las que ante el recorte de las conquistas sociales contempladas en las actuales constituciones nacionales europeas se resisten y movilizan masivamente contra el Tratado, son las multitudes de la clase obrera y sectores sociales afectados por tal degradación, pero no, Negri no se refiere a las movilizaciones sindicales contra el Plan Hartz IV en Alemania de reforma anti-laboral que recorta derechos a parados y pensionistas, ni a los 200.000 holandeses que se manifestaron en Septiembre del 2.004 contra la ampliación de la edad de jubilación a los 70 años y los recortes de la seguridad social. Negri no habla de esas multitudes, los más, los mayoritarios en todos los aspectos, sino de “los Otros”, ya que sus macro-multitudes se salen del campo de la lucha de clases para integrarse en el campo del apoyo mediático a la defensa del Tratado, a la defensa de la demolición de las conquistas sociales y democráticas de las diversas soberanías nacionales, dichas multitudes deben ser los  Luis del Olmo, Butragueño, Loquillo, etc., con sueldos millonarios, haciendo campaña a favor del Tratado de la UE al grito de ¡¡¡Europa sí!!!.

Al grito de ¡¡¡a la mierda el Estado-nación!!! los intelectuales “marxistas” del “nuevo imperio” europeo (napoleónico-biskmarkiano???) olvidan que la perspectiva comunista no es el aplastamiento de las naciones, olvidan que para socializar la producción hay que nacionalizar las industrias y no privatizarlas, y que el Tratado santifica el predominio del mercado capitalista. Olvidan que lo universal desde una perspectiva comunista no es la santificación del Tratado euroneoliberal y las compañías Transnacionales, olvidan que el comunismo no es la negación del individuo, sino la sociedad sin clases, donde “el desarrollo de cada uno es imprescindible para el desarrollo de todos” (Marx), olvidan en definitiva que están en pos de la cultura dominante de las clases dirigentes y explotadoras de la UE.

      Olvidan que en una fase ofensiva del capitalismo (Globalización) cualquier planteamiento resistencialista de defensa de las conquistas sociales y políticas contempladas en los Estados-nación es una herramienta imprescindible para unir a las clases explotadas y acumular fuerzas, se olvidan que la reacción burguesa históricamente desde el aplastamiento de La Comuna en 1.871, siempre ha cuestionado el Estado democrático y éste es más una conquista del movimiento obrero, una imposición de la lucha de clases “aceptada” a regañadientes por la burguesía con el fin de detener el avance del socialismo, olvidan que la burguesía europea en los momentos ofensivos ha cuestionado democracias y repúblicas, imponiendo dictaduras férreas y fascistas para acabar con las conquistas de los Frentes Populares y la izquierda. Se olvidan que hoy lo que está en cuestión son los servicios públicos sanitarios, la educación de calidad y laicista, el pleno empleo de calidad, la solidaridad anti-imperialista, la soberanía popular. Olvidan que las elecciones al parlamento de la UE no superan el 50% en los Estados miembros, y en la mayoría de los casos están por debajo del 40%, lo que dice mucho más de la vocación europeísta versión “imperial” de la burguesía y las Transnacionales que de los pueblos. Se olvida en definitiva el carácter de clase del Estado supranacional que se construye, más conservador en las “formas democráticas” y más reductor del Estado benefactor contenido en las constituciones nacionales, y no ven que la voladura de ese Estado benefactor es el objetivo del capital transnacional financiero, tanto productivo como especulativo, para crear un nuevo tipo de Estado más funcional a sus intereses de clase imperialistas.

No obstante, y contra de los deseos proimperialistas de parte de la socialdemocracia e intelectuales que han renegado del marxismo, las razones neoliberales son muy duras para que la soberanía popular las asuma incluso en el centro imperialista, ya que ello supondría el rebaje de las conquistas sociales del movimiento obrero francés, alemán, italiano…No es tan fácil y no fue casual que el pueblo francés diera el revulsivo en junio del 2.005. Comunistas, todo el sindicalismo de clase (CGT, CFDT y FO), una parte importante de los socialistas, y una minoría de los verdes hicieron campaña contra el tratado neoliberal y obtuvieron victoria en la mayoría de las regiones y departamentos franceses. Excepto en una, en todas las regiones donde gobierna la izquierda ganó el NO, quedando claro que la base social de izquierdas de Francia dijo NO, la base social de centro y derecha y una parte de la ultraderecha, dijeron SÍ.

Tres días después Holanda, víctima de las medidas drásticas de reducción del gasto público aplicadas por el gobierno de derechas de Balkenende, también se sumó al rechazo. El NO francés y holandés sólo supuso una catástrofe para la gran burguesía francesa y holandesa y sus homólogas europeas. Para la mayoría formada por la clase obrera, los jóvenes e inmigrantes, que sufren la deslocalización, el recorte de las prestaciones sociales, la precariedad y la merma en los derechos de ciudadanía, el NO ¡¡¡bien supuso una victoria!!!.

En Francia, el 70% de participación, casi el 56% de los franceses en contra del Tratado. En Holanda, el 62,8% de participación con el 62% en contra del Tratado. Austria, Grecia, Hungría, Eslovenia, Lituania, Eslovaquia y Alemania ratificaron el Tratado ¡¡¡sin referéndum!!!. Sólo 10 de los 25 países de la UE harán referéndums. Así de democrática es la Europa que algunos defienden. En España el resultado tampoco fue negativo ya que 7 de cada 10 votantes no dieron su apoyo al Tratado, con casi el 60% de abstención y el 17% de rechazo entre los votos emitidos. Aún así, la derecha y la izquierda neoliberal catalogaron sin mucho énfasis de “victoria democrática” a la consulta. El influjo de las consultas francesa y holandesa han retrasado, aunque no paralizado, los planes de las oligarquías financieras Transnacionales y gobiernos neoliberales de imponer un Tratado constitucional a su medida, pero también puede servir para abrir un campo de lucha por la defensa de una Europa de los trabajadores/as, de la mayoría social, de la paz, plena de derechos y de conquistas sociales.

Los comunistas y las fuerzas anti-imperialistas debemos oponernos y organizar la lucha contra las uniones imperialistas, la UE no puede desempeñar el papel de contrapeso a los EE.UU., el Movimiento Obrero debe decir NO a los centros imperialistas independientemente de su sede geográfica y seguir su lucha sobre la base de la defensa de sus intereses inmediatos en la perspectiva del derrocamiento del capitalismo y la construcción del socialismo.

La unica alternativa viable para frenar la estrategia neoliberal del imperialismo en Europa, es la revolucionaria, y esta necesita de un proyecto alternativo a la Europa de las Transnacionales, necesita de la coordinacion del movimiento obrero a nivel europeo que coloque la lucha contra la destrucción de las fuerzas productivas y centros industriales en la periferia y el sur, reivindicando planes de industrialización con un contenido de desarrollo multisectorial (política industrial multilateral). La lucha por la defensa de la soberania nacional como base de las conquistas democraticas alcanzadas por la clase obrera impidiendo la reducción de las conquistas (dumping social).  La lucha por la supresion paulatina de los gastos militares, por la paz y el desarme, por la disolución de la OTAN. El trabajo organizado por la unidad de la izquierda y la coordinacion de los comunistas en toda Europa recuperando el internacionalismo proletario de Marx, recuperando la solidaridad con los pueblos subdesarrollados, en la lucha por la superacion del orden economico internacional imperialista.

3.5 El Estado como centralidad en la reproducción de la lucha de clases  

Es errónea la tesis abanderada por cierta izquierda neo-anarquista, de que el Estado nacional no puede intervenir en lo económico bajo la Globalización, muy por el contrario ésta no puede ser confundida con el aumento de peso de las Transnacionales en la economía mundial y las transformaciones tecnológicas que aportan,  ya que sin la intervención política activa de los gobiernos neoliberales de Tatcher y Reagan en los 80, y de los gobiernos que aceptaron seguir similar política-económica, las Transnacionales no habrían podido superar las trabas que frenaban su libertad para desplegarse y explotar los recursos económicos tanto humanos como naturales allá donde a ellas les convenía (117). Decían ya por aquellos años que para que el libre mercado funcionase, debía de haber menos intervención estatal, pues bien, en realidad lo que querían decir de verdad era que para que funcione la libre explotación, debe haber más poder y libertad de acción para las Transnacionales. Ya antes en la periferia, en las economías dependientes, las dictaduras fascistas chilena (1.973-89) y Argentina (1.976-83) anticiparon a punta de bayoneta la práctica neoliberal desde el Estado, desnacionalizando la economía, con consecuencias catastróficas para los pueblos, pero beneficiosas para las oligarquías financieras transnacionales y locales.

A pesar de la propaganda neoliberal, no se ha producido ni un redimensionamiento de los aparatos estatales de gestión ni ha desaparecido la intervención político administrativa en la actividad económica. Lo que se ha producido es una redefinición del papel económico del Estado capitalista, un cambio de su función que ahora consiste en nacionalizar, socializar los costes y pérdidas privadas del capital y privatizar los beneficios sociales. El Estado reduce al mínimo la gestión de la seguridad social para la clase obrera mientras aumenta la protección de los grandes bancos y empresas capitalistas transnacionales.

El thatcherismo y el pinochetismo lo que demuestran es que los Estados capitalistas siguen siendo interventores, y que por su carácter de clase representan al capital financiero. Por tanto, es una falacia de ideología neoliberal decir que los Estados tienen hoy menos poder de decisión por su sometimiento a los mercados, como hacen no sólo el reformismo socialdemócrata, sino también algunos radicales de izquierda. El mercado como tal no se instaura por sí solo, el mercado desregula porque los Estados, por medio de políticas neoliberales han abierto la caja de pandora. La liberalización no cae del cielo, ha sido fruto de decisiones políticas, decisiones de clase, tomadas por los Estados. Tras Latinoamérica, continuaron los gobiernos inglés y yanqui en los 80 y luego después la UE. Son los Estados los que por interés de clase, deciden castrar su vertiente de bienestar social.

El tatcherismo como doctrina inauguró la gestión neoliberal del Estado capitalista en el centro, libertad de mercado y políticas monetaristas, elevados gastos militares, recortes fiscales para las rentas altas y grandes fortunas, recorte al Estado de bienestar y al poder de los sindicatos. Tatcher y Reagan enterraron a Keynes y la regulación económica del bienestar, auparon a Milton Friedman, enemigo de las políticas económicas fiscales, su engendro la escuela de Chicago cuya máxima era delegar todo el poder regulador al dinero (monetarismo), y también rehabilitaron a Hayek y su teoría del mercado libre en la que no cabe planificación económica alguna, ni que un gobierno se atreva a gravar impuestos a los ricos para proporcional escuelas u hospitales a los pobres, la libertad económica hayekiana empuja al derecho individual a disponer de propiedades y fortunas como algo sagrado, inviolable ante cualquier poder central que pretenda imponer una planificación social (118).

Esta intervención política de los Estados se ha llevado a cabo por mecanismos ya enunciados, la liberalización internacional de los movimientos de capital, la privatización de empresas y servicios públicos y la desregulación del mercado de trabajo. Precisamente estos mecanismos fuertemente intervencionistas han sido posibles de aplicar por la actuación del Estado-clase. La regulación estatal es el pulmón a la acumulación de capital, financia con sumas multimillonarias sectores financieros e industriales, y apenas puede sobrevivir el capitalismo sin las subvenciones, privilegios y tarifas del Estado, por lo que se puede definir al Estado actual como altamente intervencionista (119). Las exigencias del FMI para los países de la periferia y del centro serían inviables sin la existencia de los Estados nacionales que las garantizasen, y sino hay van sus intervenciones más genéricas y comunes:

  • Desregulación del mercado de trabajo. Perdida del poder salarial. Legislación neoliberal y anti-sindical.
  • Recorte de los gastos sociales. La cuantía de los gastos públicos no determina su carácter, por ej. Tatcher y Reagan llegaron a mayor gasto público derivado hacia gastos militares y de apoyo a Transnacionales en crisis. Entre 1.980-1996 en 14 países de la OCDE el gasto público aumentó el 3,7% del PIB alcanzando el 47,1%, incluyendo medidas neoliberales. No obstante, los gastos públicos de protección social bajaron.
  • Privatizaciones de servicios sociales y públicos y de empresas competitivas y rentables, con el objetivo de generar excedentes para el pago de la deuda pública, deteriorando los instrumentos públicos de redistribución de la renta social.
  • Liberalización del comercio exterior para permitir deslocalizar las producciones y desregular los mercados laborales.
  • Intervención en el desarrollo industrial, tanto en economía dependiente como imperialista.
  • Proteccionismo económico en los países centrales/liberalización económica en la periferia, como dialéctica de la internacionalización del capital y la estructuración imperialista piramidal de los Estados ante el modelo de acumulación de capital, reformista o neoliberal.
  • Inversiones en investigación, y rebaja fiscal para la exportación, y/o inversión extranjera.
  • Inversión en infraestructura económica para las grandes empresas industriales y especulativas.
  • Relaciones laborales. Represivas, de libertad sindical o de cogestión.

El liberalismo contemporáneo se diferencia del liberalismo del S.XIX en que se aplica en las condiciones de dominio general de los monopolios transnacionales y la oligarquía financiera, estamos en realidad ante un neoliberalismo monopolista transnacional, es decir, liberalismo económico de palabra y monopolismo de hecho, pues es un aparente retorno al juego de las fuerzas del mercado, pero en plena época de los monopolios, por lo que el neoliberalismo no es más que un mecanismo de reproducción ampliada del capital monopolista. Nos encontramos en una situación paradójica, mientras se debilita el capitalismo de estado (la propiedad capitalista del Estado), se fortalecen los rasgos del capitalismo monopolista de Estado como forma de dominación económica y política del capital monopolista transnacional. Ello tiene lugar en condiciones de dependencia, mediante la regulación económica, social y política a favor de las transnacionales y de la oligarquía financiera local en los países dependientes y en condiciones de dominio a favor de la oligarquía financiera transnacional en los países imperialistas, donde el neoliberalismo está destinado a continuar fortaleciendo las posiciones tanto dentro como en la palestra económica internacional, de los monopolios transnacionales.

Hay que anotar que en la periferia el neoliberalismo actua con sus características peculiares, ya que sus economías son intervenidas desde los Estados del centro imperialista. Las economías periféricas son sometidas a los influjos de las transnacionales. Las políticas de Maastrich y el Consenso de Washington han facilitado la penetración de los intereses de las empresas yanquis y europeas en las naciones dependientes, desmantelando el sector público, con el objeto de generar excedentes para el pago de la deuda pública, reducirendo al mínimo el gasto social. Y mientras que el proteccionismo es practicado por los países centrales a la periferia se le fuerza a abrirse comercialmente posibilitando la invasión de mercancías importadas. Estas políticas hubiesen sido imposibles sin el consentimiento de los Estados nación de la periferia.

El capitalismo monopolista de Estado no ha desaparecido sino que se ha transformado de nacional en transnacional, de gestor keynesiano a gerente del neoliberalismo, con la reducción de la actividad empresarial del Estado y el cercenamiento de los gastos sociales. La desnacionalización que se lleva a cabo en los países capitalistas del centro no aporta nada nuevo ni en el mecanismo de la reproducción capitalista ni en su naturaleza. El carácter privado de la apropiación capitalista es mediado como antes por la regulación estatal, no disminuyendo el intervencionismo estatal con la privatización de empresas estatales. La función económica del Estado capitalista cambia sus formas. A pesar de la ofensiva neoliberal contra las prestaciones públicas el Estado sigue reproduciendo el capital variable aunque a un costo menor. Además, el Estado sigue jugando el papel de reproductor del capital constante, ya que por ej., en la mayoría de países las exenciones fiscales se hacen extensivas a la cuotas de amortización de capital y a las sumas destinadas a la inversión. Y por último sigue reproduciendo la plusvalía al sostener inversiones en infraestructuras y tecnologías necesarias para la acumulación de capital (logística vial, fomento de la tecnología…) y que el capital privado no puede sostener en su globalidad.

El Estado capitalista en su fusión con los monopolios ha sido y es intervencionista, con dos modelos el keynesiano y el neoliberal, que se intercambian en función del desarrollo de la crisis y las luchas de clase, sigue constituyendo un factor clave en el proceso de distribución y redistribución de la renta a favor del capital, bien mediante el trasvase de recursos a los monopolios financieros y la reducción de las aportaciones sociales y a través de leyes que afectan al mercado laboral y el proceso de producción. No hay mayor intervencionismo que el que ejerce el Estado capitalista contra la vida laboral y personal de la clase obrera.

El Estado sigue siendo necesario más que nunca para acometer las medidas anti-crisis que se necesitan para frenar la caída de la tasa de ganancias. Sobre estas intervenciones el Estado capitalista no es ya sólo una herramienta útil a la burguesía sino un instrumento impresicindible al proceso de acumulación de capital (120). Son los Estados imperialistas quienes fuerzan la privatización de los sectores estratégicos (minería, petróleo, telecomunicaciones, energía…), y quienes facilitan al capital transnacional la explotación intensiva de la clase obrera y el dumping social. No hay mayor intervencionismo que el que ejerce el Estado capitalista contra la vida laboral y personal de la clase obrera.

Si repasamos la historia veremos que el Estado capitalista siempre ha sido intervencionista. El mercado capitalista no se creó de forma espontánea y natural, el comercio interior en Europa occidental fue creado por la intervención del Estado que rompió el carácter no competitivo del comercio local, fue precisamente en la fase de transición del feudalismo al capitalismo donde el Estado absolutista quebró el particularismo económico derrumbando las barreras que separaban el comercio local del de larga distancia abriendo el paso a la formación del mercado interno. La intervención estatal aceleró la constitución de un mercado nacional relativamente competitivo.

En las décadas de los 30 y 40 del S.XIX en Inglaterra se produjeron decisivos ataques contra las regulaciones del librecambio, y se incrementaron las funciones administrativas del Estado, dotándose de una expansiva burocracia encargada de cumplir las nuevas tareas de mercantilización de las relaciones sociales. De qué modo si no se podía aplicar las leyes de cercamiento que santificaba la desposesión del productor directo y su conversión en proletario, así como la plena mercantilización de la tierra. La introducción de los mercados lejos de eliminar las regulaciones e intervenciones estatales las incrementó en su volumen y alcance (Karl Polanyi) el establecimiento del laissez faire no se pudo hacer sin confiar al Estado los instrumentos necesarios para su realización. Por tanto, el mito del mercado autorregulado, como arquetipo ideológico liberal y neoliberal al servicio del capital, se derrumba ante la evidencia histórica que demuestra su tendencia de la primitiva competencia a la dictadura de los monopolios y que siempre ha requerido el auxilio del Estado.

El desarrollo del comercio y de la industria inglesas fueron alcanzados bajo la activa dirección de un Estado nacional que protegía a la burguesía tanto de sus enemigos internos, el proletariado, como de sus competidores externos, las otras burguesías rivales en el mercado mundial. También en otros países de Europa con retraso relativo en el desarrollo del capitalismo, con prolongados procesos de unificación política nacional, asignaron al Estado un papel económico y político determinante, caso de Alemania e Italia.

Si en su época liberal competitiva el papel del Estado había sido importante en la regulación de los antagonismos sociales en la producción y el mercado, tras la crisis de 1929 se transformó en sujeto activo y dirigente del proceso de acumulación, se hizo más intervencionista. La bancarrota del mercado traslada el centro de gravedad a la esfera estatal para garantizar el reforzamiento y la continuidad de la acumulación capitalista, el nuevo modelo de acumulación, el keynesianismo, se propuso mediante la intervención del Estado, contrarrestar la tendencia a las crisis periódicas. Ese intervencionismo antídoto para enfrentar la crisis se transformó en una tarea central del proceso de acumulación del capital en la fase imperialista, y los Estados capitalista han continuado incluso con el nuevo modelo de acumulación neoliberal en la búsqueda desenfrenada desde las políticas económicas para garantizar la recuperación de las tasas de ganancia y crecimiento económico. El Estado capitalista keynesiano se ha llegado a llamar incorrectamente intervencionista,  incorrectamente porque tanto su predecesor como su heredero también lo son, el keynesianismo surgió como consecuencia de la crisis general del capitalismo en respuesta a la revolución soviética y al crack del 29.

Bajo el neoliberalismo una de las facetas del acrecentamiento del papel del Estado capitalista en la periferia es la gestión del pago de la deuda externa, ha redoblado su intervención para asegurar que la deuda se pague, promoviendo el equilibrio fiscal, la austeridad, recorte del gasto social y la inversión pública para paliar el déficit fiscal acrecentado por la sobrecarga de la deuda externa, acentuando el empobrecimiento de la mayoría de la población. Ni Tatcher ni Reagan cumplieron con sus promesas de recortar el gasto público, la acumulación de capital necesita el apoyo del Estado para sobrevivir, el gasto estatal pasó del 36% al 39,2% del PIB en EE.UU. (1980-1983) y en Gran Bretaña pasó del 45,1% al 49,3% (1978-1983). A pesar de la creciente ola neoliberal el gasto público se incrementa tras el estallido de la crisis (1975-1985) en un 6% de media en 14 países de la OCDE, la mitad de los cuales destinaban más del 50% del PIB (Austria, Bélgica, Dinamarca, Francia, Holanda, Italia y Suecia). Incluso los déficits públicos eran del 5,3% y el 3,1% en EE.UU. y Gran Bretaña (1985) respectivamente, es decir, bajos. Actualmente, tras 3 décadas de implementación neoliberal el déficit público sólo supera el 10% en 3 países de la OCDE (Gran Bretaña, Irlanda y EE.UU.).

Hoy el Estado capitalista contemporáneo es sustancialmente más funcional a la reproducción del capital en esta fase neoliberal y conservadora, a la vez que es incapaz para cubrir las necesidades crecientes de las masas en materia alimentaria, salud, educación, vivienda…

Hubiera sido imposible de aplicar la política regresiva de Milton Friedman y del FMI, sin la intervención estatal y la involución reaccionaria de los aparatos de Estado en la periferia. No es al FMI a quien le corresponde aplicar tales medidas, aunque diseñe las recetas en su “cocina” financiera, sino al Estado capitalista. Por eso cuando Susan George (vicepresidenta de ATTAC) denuncia que instituciones como el Banco Mundial y el FMI trabajan hombro con hombro con el departamento del tesoro de EE.UU. desde hace décadas en aplicar políticas de privatización favorables al libremercado y debilitadoras de la política social (121), está diciendo ni más ni menos que un aparato de Estado de un Estado imperialista interviene para diseñar y aplicar las medidas neoliberales e inconscientemente nos da argumentos de que el Estado es necesario para la desregulación neoliberal. Por lo tanto, el rol del Estado capitalista inmerso en el modelo neoliberal, mantiene intacto sus presupuestos materiales en materia de política económica de carácter clasista.

Se olvida que en la fase imperialista desde el siglo pasado el Estado sirvió y sirve para consolidar en los países centrales e imperialistas la soberanía y hegemonía que hoy mantienen, la mundialización del capitalismo se hace bajo la égida del desarrollo desigual, donde el proceso de acumulación de capital fuera de las fronteras se funde con el Estado-nacional imperialista, imponiendo una relación de fuerzas internacional que consolida la soberanía del centro y minimiza la soberanía de los Estados nacionales de la periferia.

Se olvida por ello, por los ideólogos neoliberales, que desde sus orígenes del capitalismo, el Estado ha erigido en absoluta la propiedad privada de las empresas, ha construido la fuerza policial necesaria para imponer las leyes a la clase obrera, ha organizado un ejército capaz de defender los intereses estratégicos de sus monopolios nacionales, incluso fuera de su territorio, para acceder a materias primas y mercados. A lo largo de la historia del capitalismo el intervencionismo estatal no ha dejado de existir, desde la anti-combination act de Inglaterra, la ley Le Chapelier en Francia, la legislación antisocialista de Bismarck en Alemania que mandó al exilio a miles de obreros y las prácticas represivas en contra de la clase obrera en los EE.UU. Gramsci definió el laissez faire como una forma de regulación estatal y no la expresión espontánea de la economía, la distinción entre economía y política que hace el liberalismo no es una distinción orgánica sino metodológica (Gramsci).

En Inglaterra el gobierno neoliberal de Tatcher combatió el movimiento minero movilizando a todo el aparato policíaco. Es el interés de la clase dominante el que prevalece en las actuaciones del Estado capitalista. Es por eso por lo que la oligarquía financiera ha presionado a los gobiernos para liberalizar el comercio y crear la OMC, ellos son los que han incitado a crear las instituciones internacionales como el FMI y el BM, para abrir los mercados de la periferia y los antiguos países socialistas. Es por ello que la oligarquía financiera de la UE, los patronos europeos fueron y son los que inspiran los documentos de la comisión europea de la UE y las diferentes constituciones regresivas que se han presentado y aprobado.

Se olvida que las políticas proteccionistas de Inglaterra, EE.UU., Francia, Holanda y Alemania frente a las mercancías de los países de la periferia son políticas claramente intervencionistas de sus Estados.

Se olvida que no existe Estado neutral ni garante del interés general. El Estado sigue siendo el instrumento de la clase dominante para imponer su dictadura. El Estado capitalista sigue siendo la herramienta de dominación de los capitalistas sobre la clase obrera. Lo que revelan las reuniones supranacionales de la OMC, el FMI, la OCDE, el fallido AMI, la agenda de Lisboa, etc., es la fusión de los intereses de los grupos patronales con el personal de su Estado, los mismos puntos de vista, y la defensa de los mismos intereses. La auténtica tarea de un Estado sigue haciéndose entre bastidores, desde los departamentos, cancillerías, los “Estados-mayores”. En los parlamentos se parlotea con el objetivo de seguir dogrando al pueblo, pero las verdaderas decisiones se toman en los pasillos del poder estatal, los pasillos de la OCDE, etc. Sigue habiendo billete de ida y vuelta desde los ministerios, comisiones de la UE, etc, hasta los comités ejecutivos de Transnacionales, lo que ya comenzó por llamarse desde los años 30 capitalismo monopolista de Estado, producto de la fusión entre el Estado y los grandes grupos patronales. Lo que está claro es que en un Estado capitalista, los pueblos no son soberanos jamás, y esa falta de soberanía no proviene del FMI ni del AMI, sino de los propios Estados capitalistas. La única cosa adicional que aportan los organismos y acuerdos internacionales es la justificación adicional de los gobiernos para evitar satisfacer las reivindicaciones de los trabajadores: “no podemos hacer lo que pedís porque existe el FMI y manda el mercado”, toda una falacia ideológica.

El papel actual de las guerras (Golfo Pérsico, Yugoslavia, Somalia, Afganistán, Oriente Medio…) y las crisis acentúan, en vez de disminuir, la tendencia hacia la reglamentación estatal de la producción y distribución en el marco de las relaciones de producción capitalistas, y convierte al Estado imperialista en un interventor permanente tanto interno como externamente (con fuerte presupuesto militar), necesario para el proceso de producción y de acumulación de capital.

El Estado capitalista actual sigue pues siendo necesario para la reproducción de la lucha de clases y está atravesado por ellas, ya que de la misma manera que las ofensivas neoliberales y antidemocráticas son actualmente las predominantes, el Estado capitalista no deja de tener una autonomía relativa sobre las relaciones de producción, autonomía que está sometida al control de los medios de comunicación de masas y los principales partidos políticos, financiados por el capital y que son los instrumentos desde los cuales limitan las aspiraciones autonomistas de los intelectuales orgánicos o gerentes estatales, los cuales representan los intereses generales del capitalismo y de la clase dominante. Autonomía que no deja de desenvolverse sin contradicciones, ya que entre la determinación en última instancia de la infraestructura económica y la autonomía relativa del Estado capitalista, están presentes la situación histórico-concreta del desarrollo de las luchas de clase, ante la cual el Estado interviene para mantener la hegemonía del capital no sin fisuras entre sus propias fracciones de clase y de bloque de poder, ante las presiones sociales con las cuales se tropieza debiendo aliviar las tensiones sociales producidas por el capitalismo con una u otra política concreta, son coyunturas en las cuales el Estado capitalista adquiere rango de autonomía para introducir incluso reformas que van más allá de los márgenes puros del sistema para frenar la ofensiva revolucionaria o por el contrario reformas que son consustanciales con el sistema para aumentar la explotación clasista.

En realidad la Globalización entendida como estrategia del modelo neoliberal de los Estados imperialistas cobra forma en el debilitamiento y erosión del papel de los Estados-nación dependientes sólo en su papel de poder realizar políticas sociales de bienestar general, políticas económicas de desarrollo industrial, socialdemócratas o anti-imperialistas, se debilitan las funciones democrático-asistenciales y se fortalecen las funciones represivas, ello implica que frente a la inexistencia de un Estado-mundial estos Estados-nación dependientes seguirán siendo imprescindibles dado que el capital no tiene con qué reemplazarlos. Por lo que el Estado-nación, Estado-plurinacional, o Mega-Estado plurinacional (UE), siguen siendo necesarios para contener a las luchas de clases. Para el Estado-nación del país subdesarrollado y dependiente ese debilitamiento de las funciones democrático-asistenciales se traduce en el aumento de la pobreza extrema y la sistemática violación de los derechos humanos. El hecho real es que las condiones ideales al capital para acaparar beneficios en tales países con bajos salarios, indice estable de parados, acceso a materias primas y mercados “libres”, son condiciones ideales que inevitablemente requieren un régimen represivo.

Las formas de organización social dominantes contemporáneos no son los Macro-Estados, como contextualizan algunos estudios sociológicos (122), sino los Estado-nación imperialistas, que son quienes tienden a socializar la deuda externa en los países recolonizados a cargo de las penurias y calamidades que deben de soportar para ello las masas populares y pueblos enteros.

En los últimos 20 años el número de Estados existentes no sólo no se ha reducido, sino que se ha incrementado, no por procesos revolucionarios y de liberación nacional, sino por procesos contrarrevolucionarios ligados a los intereses del imperialismo de restaurar el capitalismo. La balcanización de los Estados exsocialistas es un efecto de la lógica imperialista de aplicar el modelo neoliberal allí donde ejerce su dominio por medio de Estados nacionales más pequeños, desintegrados e indefensos. Por lo que la contradicción fundamental de nuestra época no es entre el Estado en sí y el desarrollo expansivo del capital como plantean Fioravanti, Negri y Gil de San Vicente, entre otros, ya que la pululación actual de nuevos Estados no se entendería sin perder de vista su carácter de clase.

Los grandes organismos y acuerdos supranacionales (FMI, BM, OMC; Maastrich, Agenda de Lisboa…), no ejecutan sino que dictan la política económica, condicionando decisiones, que sólo a los Estados-nación les compele su ejecución, como garantes de los intereses imperialistas. Quien no lo vea es corto de vista, o simplemente se queda en la apariencia del análisis, simplemente ve la superficie y no la esencia del fenómeno. Los dictados del neoliberalismo global de forma pacífica o bajo dictadura se van imponiento desde los Estados-nación metropolitanos y periféricos, Estados-nación que representan y gestionan bajo otras condiciones históricas sus propios intereses de clase.

En definitiva, y hablando también de los países centrales del sistema, lo que se ha vaciado de contenido en los Estados-nación capitalistas es ese Estado de bienestar que se creó como parto de la lucha de clases, del equibilibrio de fuerzas posterior a la IIª Guerra Mundial entre el movimiento obrero con el capital, equilibrio roto con la victoria temporal del Pensamiento Unico neoliberal. Sólo en este contexto puede verse la campaña neoliberal de desprestigio de lo público: “el Estado por razones de eficacia y rentabilidad no debe ocuparse de los sistemas sanitarios y educativos”, que va descargando de tareas “sociales” a los Estados-nación para que se dediquen más  a las labores coercitivas (legislativa, judicial y policial) en defensa de las relaciones de producción capitalistas. De ahí el empeño en reducir los impuestos, de los ricos claro está (ampliando la regresividad), aplicar políticas de contención del déficit público, el pago de los intereses de la deuda pública de la cual se benefician las rentas altas y pagan las rentas salariales con sus impuestos, y reducir la intervención estatal en garantizar prestaciones sociales y laborales a los trabajadores, con el reverso de sustituir lo público por lo privado, escuelas privadas, sanidad privada, planes de pensiones privadas, etc.

Un ejemplo de actuación del Estado en un país central, es la “epopeya” del pueblo de EE.UU. durante el Katrina, que refleja crudamente el neoliberalismo más puro y duro, de que el Estado imperialista no ha desaparecido sino que vacía su contenido social. Por un lado tenemos una fuerte presencia militar exterior en los pueblos del mundo, y un papel de refuerzo interno de las medidas represivas y de recorte de las libertades después del 11-S, mientras que por otro lado en la Nueva Orleáns inundada por el huracán tenemos a centenares de miles de personas indefensas merced a su propia capacidad individual para sobrevivir, sin los medios básicos para la evacuación y el alojamiento civil, mientras las tropas disparaban contra los “salteadores de comercios y badulaques”,  y los mass media gritaban aquello de ¡¡¡sálvese quien pueda!!!. En esto es de lo que el Estado nación neoliberal renuncia a ocuparse, mientras que por otra parte no descuida en su papel de garante de la propiedad privada y la acumulación de capital, como derecho inalienable del “hombre” capitalista. ¡¡¡Vivan Hayek y Milton Friedman!!! ¡¡¡Mueran Keynes y Marx!!! es el grito de guerra neoliberal lanzados desde los puestos de mando de los Estados-nación.

Pero a pocas millas de ahí, mientras el Estado más poderoso de la tierra abandonaba a sus súbditos a la suerte del mercado, Cuba, el con mayor bloqueo económico de la historia protege a su pueblo. El gobierno cubano ante el huracán Wilma organizó la defensa civil en cada fábrica y en cada casa, evacuó previamente a 1 millón de personas, fueron ubicadas en universidades e institutos y dormitorios estudiantiles, comida gratis para los evacuados, 1 médico por cada 100 familias evacuadas, evacuaciones especiales para embarazadas, ancianos y niños… Algo inexistente en el mundo libre-mercado, algo real en la Cuba socialista donde el Estado no se doblega a la globalización neoliberal, y atiende las necesidades de la población civil en previsión de una catástrofe natural.

3.6 Fuerzas productivas, crisis y alternativa a la globalización

También la izquierda dopada de positivismo, ha argumentado que la informática ha causado una Revolución de la Información modificando la estructura productiva a nivel estatal y mundial, lo cual sólo es cierto en la medida de que la informática en manos del capital es un instrumento útil para la explotación más científica de la clase obrera que ha permitido la concentración de la información dando mayor agilidad a la circulación del ciclo del capital y su internacionalización, potenciando tasas altas de productividad y explotación del proletariado, debido a las mayores facilidades para la subcontratación y el control productivo.

Pero este cambio provocado por la revolución informática no logra ser la fuerza productiva superadora de la tendencia decreciente de las ganancias. La verdad es que el crecimiento económico de los EE.UU, por poner un ejemplo, en el período 1.975-95 está por debajo de 1.955-75. Los datos macroeconómicos no han podido demostrar hasta la fecha la veracidad de la revolución informática como mecanismo de empuje a un grado superior de la acumulación de capital. Lo único computable es que el desarrollo de la tecnología de la información junto a los transportes, facilita la aceleración del ciclo del capital, y hace más fácil el desplazamiento de unidades de producción fuera de la trípode imperialista (reducción tiempo transporte, comunicación e informatización), y hace más fácil la dirección de los procesos mundiales de producción y servicios, donde obreros de varios países estan involucrados, pudiendo dirigir mejor que nunca los procesos desconcentrados de la gran empresa-red mundial.

Por tanto, en la actual etapa de internacionalización del proceso de acumulación de capital, la destacada relevancia cada vez mayor de la revolución informática y la comunicación señalada por muchos especialistas, se debe más al acortamiento del ciclo y rotación del capital que a la generación de más plusvalía. El efecto inmediato no es sólo la facilidad de la circulación de mercancías completas o incabadas como partes de un mismo proceso productivo, sino de la circulación de capitales, especialmente en la esfera especulativa, lo que hace que el ciclo de reproducción ampliada de capital se acelere en ciclos cada vez más cortos, facilitando una mayor concentración y ampliación de capitales, posibilitando la tendencia hacia la financierización (sobrevaloración de los activos: acciones, bonos…), lo que de hecho no elimina la crisis sino que la agudiza aún más. La denominada financierización en los últimos 30 años ha multiplicado por 100 el volumen absoluto de los intercambios financieros lo cual ha modificado el proceso de valorización del capital y de reparto de la plusvalía entre accionistas, inversores, bancos y Transnacionales, acortando el tiempo de rotación de capital y ampliando sus posibilidades mundiales de ubicación. Este proceso también ha acrecentado el volumen de actividad y de trabajadores en sectores y empresas dedicados a tareas administrativas e informáticas.

La realidad objetiva de los límites de la revolución informática se basa en que las Relaciones de Producción Capitalistas han tocado techo desde la crisis del 1.973, y no es viable el despliegue de la denominada Revolución Científico Técnica (IIIª Revolución Industrial) bajo el capitalismo actual en su forma neoliberal. Tras 20 años de políticas neoliberales, el crecimiento económico mundial (no sólo en EE.UU.) ha sido incapaz de alcanzar el nivel obtenido en las 3 décadas posteriores a la IIª Guerra Mundial (123).

Hasta la fecha la utilización desproporcionada de las nuevas fuerzas productivas se amparan mas en la explotación intensiva de la clase obrera bajo nuevas formas organizativas y de desregulación laboral, que de un crecimiento extensivo de las mismas. La destrucción masiva de fuerzas productivas y el secreto comercial siguen siendo el rol dominante del funcionamiento de las relaciones capitalistas en la producción, porque sólo el trabajo vivo puede generar plusvalía y tanto como el oxigeno lo es al ser humano, el trabajo vivo es vital para la existencia del capital. Capital que no se autodestruye sino que modifica los modelos de acumulación reconvirtiendo las fuerzas productivas ante las situaciones de crisis. De ahí que la estrategia neoliberal y su versión ideológica, la Globalización como mito, se conviertan en la nueva forma de acumulación que el capital utiliza para contener la caída de beneficios, para romper el techo de 1.973, como salida que supere el derrumbe final. Pero ahí entramos en el dominio de la lucha de clases, no hay productivismo puro. El crecimiento económico obedece a una lógica de acumulación del capital que está cruzada dialécticamente por la lucha de clases con el triunfo o derrota de los mecanismos de sobreexplotación y recuperación de la crisis.

Acierta Petras (124) al argumentar que gran parte de la intelectualidad de la izquierda, procedente además del tronco o con pasado marxista, utilizan términos de configuración de los poderes políticos más acordes con las expresiones dominantes del capitalismo contemporáneo, es decir, toman prestado el lenguaje de la derecha, al caer en el positivismo de las fuerzas productivas, con términos como Globalización como mito, corporaciones internacionales, revolución de la información y flexibilidad laboral. Son palabras que suenan desde los aparatos ideológicos del Estado hasta en sus casamatas de la sociedad civil en la que se adscriben intelectuales de izquierda de palabra, pero dóciles en el término, porque es mas comprometedor contra el poder establecido utilizar términos objetivos como, imperialismo, Estado imperialista, neocolonialismo, reforzamiento del poder financiero del capital y explotación intensiva y extensiva de la fuerza de trabajo, por temor a perder los premios y lisonjas que el sistema les otorga y como dice Petras, no sólo son ignorantes de las luchas alternativas diarias sino que temen tanto al problema (imperialismo) como a su solución (transformación, revolución, socialismo).

Esta acusación no se hace a la ligera, sino porque la actual posición de parte de la intelectualidad de izquierdas (de centro o the radikal) se adscribe a los parámetros del conocimiento y la ideología burguesa, la cual destaca por su incapacidad teórica para interpretar la realidad objetiva dialécticamente, y por su tendencia a caer con extrema facilidad en la metafísica (análisis parciales) y el positivismo (tendencia absoluta e inalterable del reino existente de las cosas), producto de sus limitaciones e intereses de clase.

Al pretender vestir de ropaje humano al imperialismo, a la Globalización capitalista, y anular sus efectos negativos, se está mermando la capacidad científica y del conocimiento, se ignoran la centralidad de la explotación capitalista basada en la explotación del trabajo asalariado, y se elude la salida revolucionaria. En eso consiste la recuperación de términos burgueses como sociedad civil y ciudadanía mundial como entes  abstractos, y como método interclasista-humanista de ocultamiento de la raíz de las contradicciones fundamental y principal del MPC en su fase imperialista. De ahí la insistencia de la sociología burguesa de hablar de la financierización, del desarrollo tecnológico, de la superación del trabajo asalariado y la sociedad industrial, del mito de la sociedad informacional, etc., para quedarse en la superficialidad del fenómeno, velando sus causas, negando el método dialéctico-cognoscitivo marxista-leninista.

Es en el marco de la lucha de clases donde surgen y surgirán las alternativas revolucionarias de transformación social, donde las condiciones objetivas se fundirán con las condiciones subjetivas, con el crecimiento de la conciencia de clase revolucionaria en las masas, a través del movimiento revolucionario y su vanguardia política experimentada, capaces de emprender y dirigir las transformaciones.

Estamos en una coyuntura donde surgen movimientos populares de masas nuevos como la resistencia a la globalización capitalista neoliberal, y el resurgir de otros: anti-imperialismo en la periferia, movimientos pacifistas, de parados…, recomposición del movimiento obrero en el centro imperialista provocado por los efectos negativos de la desintegración de la fábrica fordista, recuperación de los comunistas en el este de Europa, etc. Ante la nueva dimensión del ciclo de acumulación del capital, el movimiento clasista y el bloque histórico anti-imperialista, es cierto que deben oponerle un nuevo planteamiento que rompa el aislamiento de las luchas nacionales y mundiales, organizando las resistencias y convergiendo los proyectos en una estrategia revolucionaria, pero esto pasa por la conquista del poder político de los Estados, para abrir un periodo de transición hacia su extinción, hacia el comunismo.

Para acceder a la antesala de ese período de transición previo a la toma del poder político, las propuestas de reformas internacionales como, la eliminación de la deuda externa, la devolución de los dividendos depositados en bancos occidentales por gobernantes corruptos, un impuesto progresivo de las operaciones financieras, la eliminación de paraísos fiscales, el aumento de la fiscalidad sobre las rentas altas, la implantación de una renta básica mundial para cada persona por el mero hecho de existir, la protección de los recursos no renovables, el establecimiento de reglas internacionales para la sostenibilidad ecológica, la legislación internacional del trabajo (derechos de asociación, participación, negociación, salarios y huelga), la regulación económica, social y cultural a nivel internacional equiparando al alza las condiciones de vida y trabajo, la penalización económica a las Transnacionales por el traslado de instalaciones productivas, el intercambio cultural no imperialista, la reinversión en la economía nacional de los beneficios, el control público y fiscal de los beneficios del capital extranjero, la política industrial activa, la inversión en I+D y formación de los obreros, el control del comercio exterior, la utilización de los fondos de pensiones en actividades productivas, etc, sin dejar de ser medios útiles para la unificación de fuerzas sociales (movimientos obreros y populares, Estados anti-imperialistas, etc.) en torno a objetivos de lucha inmediata contra los efectos del imperialismo, son por sí solos insuficientes para un proyecto revolucionario mundial.

No debemos resignarnos a tener como única meta la corrección de los excesos del capitalismo, limitando el desorden neoliberal sin cuestionar el fondo, es decir, el dominio del capital. Una cosa es pedir la abolición de la deuda externa y otra es cuestionar los ajustes presupuestarios a que son sometidos los países en desarrollo por las recetas que les imponen los Estados imperialistas a través del BM y el FMI. No podemos omitir la tendencia histórica de negación del capitalismo sin caer en la ilusión aislandonos de la realidad objetiva. En este contexto, reivindicaciones como la ciudadanía global y el salario social universal solicitados por Hart y Negri en Imperio, no deja de ser una mezcolanza de timidez reformista y utopía impracticable que ni siquiera hieren levemente al capitalismo. Ese programa “emancipador” no son más que bellas intenciones utópicas que ya fueron concedidas a las sociedades capitalistas más avanzadas, y que fueron defendidas como finalidad histórica por el reformismo socialdemócrata, sin que ello pusiera en jaque el carácter explotador de las relaciones de producción capitalistas.

Igualmente la idea de presionar al capital para que deje de ser especulativo y se dedique a de lleno a la esfera productiva, no deja de ser ilusorio ya que su aplicación a largo plazo no es viable y de por sí no supera el capitalismo. Reclamar como hace ATTAC un 0,7% (tasa tobin) significa dar carta legal a la especulación con un impuesto mínimo, una política económica que combata la especulación debe basarse en un impuesto progresivo y alto que intente redistribuir las rentas y combata la tendencia privatizadora de los sistemas públicos y de seguridad social, haciendo así menos atractiva la especulación a corto plazo. Pero a largo plazo la inversión financiera encontrará nuevas alternativas agravando la crisis del capitalismo y sus consecuencias. Por tanto reivindicar el freno a la especulación de capital únicamente es un indicador del derroche del sistema, o un medio para agravar la lucha de clases, pero no el medio para superar el capitalismo. Este planteamiento metafísico, se recrea en un espejismo teórico sobre la cantidad de dinero que se podría detraer al capital financiero especulativo a través del impuesto para dedicarlo a actividades sociales, olvidando que toda restricción al capital, implica la creación de nuevas formas de evasión a las esferas especulativas, como el dinero negro. Espejismo porque, el sistema financiero es un mecanismo de la circulación del capital inmerso en el proceso de acumulación, el cual es imposible de eliminar, a no ser que se suprima el capital como función económica. Y si esta reivindicación no se acompaña en un proceso de transformación revolucionaria que suprima el capital, acabaría por no ver que los actores que intervendrían para realizar tal política re-distributiva no dejarán de ser los Estados-clase, que no son neutrales, volviendo a caer en la vieja posición economista en la lectura socialdemócrata y eurocomunista de las transformaciones desde el Estado-neutral, posición anti-marxista sobre el carácter de clase del Estado capitalista y su  función antirrevolucionaria.

Aun así, aceptando de hecho tales reivindicaciones como fines y no como medios de desenmascarar las contradicciones del sistema, vemos que no es fácil aplicar hoy frente al modelo neoliberal predominante, determinadas políticas que moderen efectos negativos de la Globalización del capital. Por ej. el socialdemócrata Oskar Lafontaine, que propuso la reducción de los tipos de interés al 1%, bajar el impuesto de la renta a los ingresos bajos y subir a los altos, y fomentar la demanda interna con subidas salariales, fue obligado a dimitir bajo el último gobierno del SPD en Alemania, triunfando la tercera vía en aplicación de políticas contra la clase obrera alemana.

Si el debate sobre la tasa Tobin se limita a aspectos tecnicos de un simple impuesto re-distributivo, bajo la tesis dialéctica capital especulativo/capital productivo, en vez de servir como una reivindicación para un análisis y propuestas políticas alternativas y críticas al capitalismo más allá de los modelos de acumulación (keynesianismo, neoliberalismo), la conclusión final será que el problema no es la acumulación de beneficios sino la forma inmoral de obtenerlos. Cuando en dirección contraria el análisis científico Marx nos invitaba a despojarnos de las categorías místicas de la economía política burguesa (mercancía, dinero, etc.), porque el capital especulativo o productivo despojado de mística, objetivamente surge de la explotación del trabajo asalariado sin el cual sería imposible, de ahí que todas las reivindicaciones no deben de caer en el simplismo de paliar efectos como fin y deben de acompañarse del objetivo revolucionario en la crítica y en el fin: el desarrollo económico sostenible es imposible en el capitalismo, se necesita superarlo y es posible hacerlo. Lo mismo pasa cuando se reivindica una producción ecológicamente sostenible, esta no debe significar sólo que contamine menos sino que a la larga debe cambiar de finalidad, y en vez de satisfacer el  beneficio privado, satisfacer las necesidades humanas, liberando la revolución tecnológica y el conjunto de las fuerzas productivas de las cadenas del capital.

Ya Marx nos advertía en los Grundrisse que

“Nadie creerá… poder eliminar mediante una reforma de la bolsa los fundamentos del comercio privado interior o exterior… la sociedad burguesa que descansa sobre el valor de cambio, aparecen relaciones de producción y de tráfico que son otras tantas minas para hacerla saltar en pedazos… Una cantidad de formas antitéticas de la unidad social; cuyo carácter antitético.. nunca podrá… saltar en pedazos mediante una metamorfosis pacífica” (125),

por lo que ligar las reformas como objetivos mínimos y acumular fuerzas a la revolución como objetivo máximo en la transición al comunismo, superando el capitalismo, sigue siendo la posición mas científica en la política clasista, y ello empieza como pensaban Marx y Lenin, por plantearse el poder político con perspectiva revolucionaria mundial, dado que el capitalismo no dejará la escena histórica ni autónomamente levitando las fuerzas productivas “autónomas”, ni por medio de reformas, dado que tales reformas subsisten en un marco hostil de relaciones de producción mercantil-capitalista dominante, donde funciona la ley del valor y el derecho burgués, que deben dejar paso a la asociación de los productores libres en un contexto de propiedad colectiva de los medios de producción, de los conocimientos científico-técnicos, bajo planificación social de la producción y distribución, y ello sin agudización de la lucha de clases, sin medidas revolucionarias incluso en periodos de transición para llevar a cabo tales reformas es imposible.

Por tanto, a la pregunta inicial ¿quién desaparecerá antes, El Estado o el capitalismo?. Respondemos. La tesis de la Globalización como mito, el ultraimperialismo, la autonomía de las fuerzas productivas, etc, no va a poder acabar con el Estado antes de la caída del capitalismo como modo de producción histórico. Sólo una Globalización sostenible es posible y necesaria: el comunismo.

3.7 Desarrollo económico de China, una perspectiva de clase

En la década de los 80/90 mientras en las economías de Europa oriental y los países en desarrollo de Asia, África y Latinoamérica las políticas neoliberales han conducido a deudas nacionales masivas, desnacionalización de las industrias y la eliminación de los programas sociales, China ha ido por un camino diferente, negándose a seguir las directrices neoliberales del Banco Mundial y el FMI. China un Estado socialista y de economía en transición al socialismo, no sólo sale indemne ante la crisis, sino que se fortalece creciendo a pasos agigantados.

En la China actual todo desarrollo de las fuerzas productivas basadas en la acumulación de capital como fuerza social emergente es nuevo, y si las fuerzas capitalistas al final triunfasen aplastando a las fuerzas socialistas en China durante el período actual de transición al socialismo no sería una restauración del capitalismo, ya que este nunca existió como modo de producción o formación social dominante. China en 1820 disponía de un PIB que suponía más del 32% mundial, en el momento de la creación de la República Popular en 1949, era uno de los países más pobres del mundo, lo que determinó este hundimiento fue la agresión colonial e imperialista que comienza en el S.XIX con las guerras del Opio, que deforma e impide el desarrollo de las fuerzas productivas y la superación de las relaciones feudales. En China antes de 1.949 nunca ha existido un capitalismo estructurado en un mercado interior con una burguesía nacional que acabara con el feudalismo en el campo, aplastara la opresión imperialista y sentara las bases de la industrialización. Partiendo de esa base, la revolución china de 1.949 arrancaba de un país semifeudal, donde el capitalismo no estaba apenas desarrollado, donde la industria era prácticamente controlada por las distintas potencias imperialistas, y donde el proletariado sólo suponía el 0,1% de la población (1.100 millones). La revolución impuso conquistas sociales, redujo el hambre, estableció la igualdad de géneros, entregó la tierra a los campesinos, mejoró la sanidad, etc, China conquistó la soberanía nacional frente a las potencias que la  habían saqueado.

En la década de los 80 del siglo pasado China no disponía de tecnología avanzada, el PCCh llegó a la conclusión que de basarse en sus propias fuerzas productivas, la brecha con los países capitalistas desarrollados se ahondaría. La desaparición de la URSS y otros Estados socialistas, ahondaría más en tal tesis.

Retomando la experiencia del la NEP en la URSS (1.921-27) el PCCh se decide por el capitalismo regulado bajo el control del Estado socialista, se adecua las relaciones de producción al nivel del desarrollo de las fuerzas productivas, con el objetivo de construir la base material de las relaciones de producción socialista (gran producción industrial y la mecanización de la agricultura) en todos los ámbitos de la economía, siendo para ello es necesario dar el rodeo del control regulado del desarrollo capitalista para crear tal base material, y formar una clase obrera industrial más numerosa y capacitada para dirigir la economía. El propio Marx en el prólogo a la Contribución de la Crítica de la Economía Política (1.859) ya advertía que ninguna formación social desaparece antes de que se desarrollaran todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella, y la aparición de nuevas y superiores relaciones de producción no aparecen antes de que las condiciones materiales para su existencia hayan madurado dentro de la antigua formación social. También Stalin planteaba en una situación de cerco imperialista en la URSS la necesidad de alcanzar y superar a los paises capitalistas avanzados en las fuerzas productivas para no ser aplastados por las potencias imperialistas.

En consecuencia a partir de la década de los 80, el PCCh también inicia una autocrítica de el gran salto adelante y la revolución cultural, como tesis utopistas, voluntaristas e izquierdistas, que mediante consignas igualitarias, identificaba el socialismo como la administración colectiva de la pobreza, cuando el socialismo no es la pobreza sino que pretende hacerla desaparecer, negaba el planteamiento marxista-leninista de que a la fase inferior del comunismo, prevalece el derecho burgués ¡¡¡a cada cual según su trabajo!!!, olvidando la prioridad del desarrollo de las fuerzas productivas, de la economía política, introduciendo prematuramente las relaciones de producción socialistas. Estas experiencias perjudicaron los avances de crecimiento económico, ocasionando un descenso de la producción agrícola. Hasta 1.976, 6 cada 10 chinos vivían en la pobreza y la Seguridad Social sólo cubría a los asalariados de las empresas públicas (20% de la población) (126).

Mao, olvidándose de sus posiciones anteriores en las que concluía que la transición al socialismo duraría un largo período en China, entre 20 y 30 años para superar la contradicción entre la necesidad de edificar un país industrial avanzado y la realidad de partida de un país agrícola atrasado, a mediados de 1958 con el Gran Salto Adelante, rompía con la socialización a largo plazo llegando a plantear ilusoriamente que China iba a alcanzar en producción al Reino Unido en ¡¡¡3 años!!!, y a los EE.UU. en ¡¡¡10 años!!!. En una época en que el PIB por habitante en EE.UU. era más de 20 veces superior al de China, y un PIB global 6 veces superior. En el Gran Salto se defendía la concepción de que cuanto mayor fuera la socialización de las relaciones de producción, mayor sería el desarrollo de las fuerzas productivas, fuese cual fuese el desarrollo tecnológico de tales fuerzas productivas. Además se defendía la no aplicación del principio socialista de la retribución según el trabajo por el principio comunista de a cada uno según sus necesidades. Según Marx las fuerzas productivas se desarrollan en la medida en que las relaciones de producción se adaptan a la evolución del modo de producción. Ningún sistema de propiedad colectiva y reparto del trabajo es superior a la economía capitalista sin el mínimo progreso tecnológico de las fuerzas productivas.

En la Revolución Cultural, se llega a la conclusión de que puede hacerse la revolución sin la dirección del partido. Estaban convencidos de que la historia está determinada por lo que piensen las masas, el pensamiento central es que son las ideas las que determinan el curso de la historia, las revoluciones culturales. Mao en la Revolución Cultural china planteaba que cuanto más atrasado fuera un país más fácil es su paso al socialismo, que la espontaneidad de las masas puede cambiar sus propias ideas y el mundo. Por el contrario, Lenin pensaba que el socialismo no puede desprenderse de lo progresista del pasado que el desarrollo cultural de un pueblo depende en primera instancia del desarrollo material, ya que sin una base material es imposible un modo de producción superior, y que las masas no pueden llegar por sí solas al socialismo científico, que éste debe serles importado.

Antes de modificar las condiciones materiales de existencia del pueblo chino, Mao insistía en que éste debe cambiar su concepción del mundo. Este enfoque es idealista y opuesto al materialismo histórico. Para Marx y Lenin la creación de las condiciones materiales de existencia son indispensables para el desarrollo multifacético de la personalidad. No existe la posibilidad del comunismo allí donde no se puede satisfacer plenamente las crecientes necesidades personales de acuerdo con el principio, de cada uno según su capacidad, a cada uno según sus necesidades.

La nivelación de la pobreza resulta una medida reaccionaria desde el punto de vista del progreso histórico, ajena al socialismo, sistema en el que se retribuye a cada uno según la cantidad de trabajo realizado. En la sociedad socialista se satisfacen en forma creciente las necesidades materiales y culturales del pueblo a través de la ampliación y el perfeccionamiento de la producción social. En esta sociedad no hay lugar para la pobreza ni el igualitarismo pequeño burgués propios del maoísmo. Los dirigentes chinos durante la revolución cultural no se limitaban a promover el culto a la pobreza para que el pueblo chino asumiera la grave situación económica provocada por el fracaso del Gran Salto, sino que también pretendían que “sin pobreza nadie puede mantenerse revolucionario” (127).

Es conocida también la intensa campaña que desplegó Pekín desde los años 60 en Latinoamérica, Asia y África, para convencer de las grandes ventajas que les reportaría la utilización de técnicas y tecnología rudimentarias. Los verdaderos motivos de esta propaganda del atraso, no eran otros que ligar a los países en vías de desarrollo a China e impedir que tuviesen relaciones con otros países socialistas que podían ofrecerles una tecnología avanzada, en condiciones favorables y sin presiones políticas (128). Tras Tiannamen se vieron obligados a reconocer que sólo tomando la técnica más avanzada se puede disminuir la diferencia entre países desarrollados y países en desarrollo, no existe otro camino, o se aprovechan las conquistas del desarrollo tecnológico y científico o hay que resignarse a seguir siendo país pobre y dependiente. Fue en el VIII congreso (1956) donde el PCCh señaló un rumbo correcto para la construcción del socialismo, sin embargo este rumbo fue escamoteado por Mao con la política de las 3 banderas (la línea general, el Gran Salto, las comunas populares) que replegaron al PCCh durante casi 40 años hacia posiciones pequeño burguesas.

La idea de construir el comunismo en las circunstancias de una economía atrasada, no era nueva. El movimiento taiping que entre 1850-64 sacudió el país con revueltas de millones de campesinos, pretendía la igualdad absoluta. Sun Yat Sen defendía el socialismo agrario igualitario. Entre 1915-19 se desarrolla el movimiento por la nueva cultura que pretendía despojar toda la cultura china anterior e implantar el igualitarismo total, su jefe Chen Tushiu sería el primer presidende del PCCh en 1921. También en Europa occidental el socialismo igualitario fue planteado por Fourier y Owen, quienes planteaban una sociedad socialista sin lucha de clases y que fuese puesta en marcha antes de que el capitalismo cumpliese su misión histórica.

El marxismo-leninismo coloca en su sitio a los utopistas que creían que el socialismo y el comunismo nacen de la nada y que las relaciones de producción pueden ser elegidas según las convicciones ideológicas. Como todos los progresos sociales, el socialismo se convierte en necesidad histórica cuando se presentan las condiciones materiales de su realización, el socialismo no resulta viable porque se haya comprendido que la existencia de las clases contradice a la justicia, la moral, la igualdad, etc., sino a través de determinadas condiciones socioeconómicas. Hasta que no se encuentren creadas las condiciones materiales que hagan necesarias la caída del modo de producción capitalista, este no deja paso a la sociedad comunista. No desarrollar las fuerzas productivas y no mejorar las condiciones de existencia del pueblo, significa no responder a las exigencias del movimiento histórico hacia el socialismo.

Tal y como planteaban Marx y Engels toda organización tiene un rol histórico a cumplir y cuando este rol histórico ha sido cumplido, la raíz de existencia de esa organización de esa sociedad cae, y, por necesidad económica, es destruida por una forma superior de organización. El rol histórico del capitalismo consiste en socializar la producción y en convertir a los individuos aislados en seres sociales, en llevar las fuerzas productivas a un crecimiento jamás visto, en transformar la economía agraria en industrial, en desarrollar la ciencia y la técnica de tal manera que la naturaleza no sea impenetrable, en reducir el tiempo de trabajo necesario para la producción de los medios de vida aumentando la productividad del trabajo, dando la posibilidad de producir otras mercancías en abundancia y de desarrollar la cultura en general. En una palabra, el capitalismo debe crear las condiciones que haran posible el socialismo.

La industrialización y el crecimiento económico en la China actual ha permitido avanzar en la reducción de la pobreza. Desde que se inició la reforma económica, de 250 millones de personas que vivían en la escasez y la pobreza, se ha pasado a 26 millones, bajándo la cifra 10 veces, lo que no deja de ser un enorme contraste con el aumento de la pobreza en el mundo con 1.300 millones de pobres en el 2.004, 300 millones más que en el 2.000. Y según un informe de la OIT del 2.005, la tasa de desempleo en China es del 3,8%, la más baja del mundo, inferior a los Estados imperialistas (6,7%),  al sudeste asiático (4,7%), a Latinoamérica (7,7%), al África subsahariana y la Europa del este (9,7%) y a Oriente Medio y África del norte (13,2%). La propiedad de la tierra sigue siendo pública, aunque los campesinos pueden vender sus productos de forma privada, todavía no se ha iniciado la mecanización del campo a gran escala, pero hoy las nuevas generaciones chinas no conocen lo que significa la escasez de alimentos, lo cual tiene su mérito y más si tenemos en cuenta que hablamos del 25% de la población mundial.

El Estado chino no disponía de recursos económicos para el desarrollo de la industria moderna, y por medio de la inversión extranjera, China atrae capitales, alta tecnología y conocimientos. Sin el libre mercado y la liquidación del PCCh es difícil formar una dirección política que sirva a los intereses del imperialismo. En este marco el PCCh impulsó la inversión masiva y controlada de capital para acelerar la industrialización del país y transferir conocimientos para formar sus propios cuadros técnicos y preparar su propia tecnología avanzada, colocándose a la vanguardia científico-técnica con un retardo de 5 años.

En varios sectores económicos, China está ocupada en superar a los capitalistas extranjeros siguiendo los siguientes pasos: importar, adquirir, crecer e instalarse en el mercado interno. Han seguido la política de acceso de inversores extranjeros al mercado chino a cambio de tecnología. Las inversiones extranjeras en China pasaron de 3000 millones de dólares en 1990 a 53.500 millones en 2005. En el 2000 los constructores chinos de automóviles eran casi inexistentes. 10 años más tarde conquistaron el 30% del mercado chino. Estos se concentran en 3 grandes empresas del Estado. En la producción de equipos de telecomunicaciones, hace poco los equipos estaban controlados por transnacionales extranjeras como Motorola, Nokia y Ericsson. En 1998 era inexistente comprar teléfonos móviles de fabricación china, sin embargo China fabrica ya con marcas propias el 51% de los teléfonos móviles. Esta política de traspaso de tecnología se viene aplicando en todos los sectores industriales. En aviones, en los años 90 la mayoría eran Boeing yanquis o Airbus europeos, desde el 2008 China construye por sí misma sus grandes aviones de pasajeros, desprendiéndose de la dependencia extranjera (Airbus vendió patentes al gobierno chino a cambio de acceso al mercado). En ferrocarriles el gobierno chino accedió a la tecnología punta de Alstom, nº1 mundial del sector que entregó 500 trenes por 1000 mill. € a cambio de tecnología y colaboración con la empresa del Estado Datong Electric Locomotive. Las empresas chinas crecen 3 veces más que las extranjeras. En cuanto a productividad e innovaciones, si en 1995 no existían firmas chinas especializadas en alta tecnología, en el 2004 ya cubrían el 67% del mercado chino (129).

China se ha convertido en el principal productor de acero acaparando el 31% de la producción mundial. La siderurgia china es una creación del gobierno, lo cual quiere decir que la base de la industria pesada ha sido construida por medio de la economía planificada, mostrándose superior al libremercado.

Como vemos el desarrollo de la industrialización ha logrado crear en China sectores industriales nacionales con tecnología propia, haciendo menos dependiente de las exportaciones a la economía china, e incluso ha permitido convertir a China en exportador de productos industriales, como el sector del auto (empresa estatal de automóviles Chéri), y ha dirigido su política comercial a asegurar materias primas para impulsar el desarrollo industrial, desplazando a EE.UU. (más centrado en la industria militar y encharcado en Afganistan e Irak), como principal socio comercial en Brasil, Suráfrica, Venezuela y el sureste asiático.

China necesita capital y tecnología proveniente de las economías capitalistas más desarrolladas, pero esta necesidad disminuye progresivamente, a medida que la economía china se desarrolla, se recurre cada vez menos a los inversores extranjeros, éstas bajaron del 7 al 4% en el período 1999-2005 sobre las inversiones totales en China.. El aparato industrial chino se basa en un 95% sobre sus propias inversiones. Las políticas fiscales también han cambiado, Hasta el 2007 las empresas extranjeras pagaban un 15% de impuestos sobre beneficios y las estatales el 33%. A partir de una nueva ley desde el 2008 el impuesto es del 25% para todas las empresas. Las condiciones son distintas a las de 10 años atrás cuando China necesitaba a las transnacionales capitalistas (130).

De momento ha fracasado el intento de imponer a China una división internacional del trabajo sobre la base de la dependencia en relación a la metrópoli imperialista, y se puede decir que los comunistas chinos han colocado por delante la lucha por preservar la independencia política y económica para hacer fracasar ese proyecto neocolonial de las diversas potencias imperialistas, llevada a cabo hacia los países dependientes desde la IIª Guerra Mundial.

El objetivo socialista de la URSS en la década de los 30 de alcanzar y superar a los países capitalistas revive como tendencia al socialismo en China, no sin contradicciones incluso dentro del propio PCCh donde bajo el patrocinio del partido de todo el pueblo, las tres clases que conviven en su interior (clase obrera, campesinado y burguesía) desdibuja su carácter de clase al coexistir y manifestarse como corriente organizada un sector que aunque minoritario aboga por su propio interés de clase de forma abierta por convertir a China en una potencia capitalista superando las estrecheces de la propiedad socialista, y por tanto como ya se ha visto en los debates de los últimos congresos del PCCh, sus objetivos pasan por implantar las relaciones de producción capitalistas de forma general, real y jurídicamente.

China sigue siendo un país en transición a la sociedad comunista en su fase inferior, donde el sector socialista (público) controla los principales medios de producción (propiedad de la tierra, energía, transporte, telecomunicación, alimentación, defensa, industria pesada, producción farmacéutica…), y el poder político se concentra en el PCCh de base social obrera y campesina. Existe una planificación de la economía que trata de someter a la economía mercantil cada vez más creciente que evoluciona con un cambio en la composición clasista de la sociedad china (desarrollo del proletariado y la burguesía urbana), a raiz de la implantación de las Transnacionales en la economía, donde la mayor parte de las empresas se han transformado en sociedades por acciones, en las cuales el Estado posee todo (mayoría o minoría con derecho a veto) o nada. Los capitalistas inversores están obligados a aceptar la presencia de los sindicatos y del partido en las empresas y a cumplir la legislación laboral, además los trabajadores disponen del derecho de huelga para reivindicar sus condiciones laborales. El sector privado no domina la política ni tampoco contribuye mayoritariamente en el PIB  En el 2006 el sector de propiedad estatal acaparaba un 38% de la producción, la parte privada un 30% y la mixta un 32%. Estas proporciones apenas han cambiado desde 1990. En el 2005 de las 500 mayores empresas chinas sólo un 15% son privadas, el resto son empresas del Estado. Las 10 primeras son estatales, y sus beneficios suponen el 47% de las 500 mayores empresas chinas. El Estado posee todos los puestos de mando económico, el monopolio todos los sectores económicos claves: el sector financiero, energético, petroquímica, telecomunicaciones, naval, aeronáutica, metales, minas, transporte, automóvil y construcción. Las empresas privadas deben trabajar en el ámbito que le imponen las empresas del Estado. El Estado además está presente en los consejos de administración de las empresas privadas, aún con sólo una participación minoritaria del 5 o 10%, tienen capacidad de voz y voto para condicionar las decisiones de las compañías privadas (131).

Según Egido y González (132), el desarrollo económico y el cambio de la composición clasista se hace eco en las tendencias dentro del propio PCCh, mientras el ala más reformista del partido considera que el sector privado debe de ir por libre a la planificación de la economía, el ala izquierda junto a los sindicatos, considera que el sector privado debe ser regulado con una política fiscal, más derechos sociales y la penalización de las prácticas abusivas. En el XVIº congreso el partido se comprometió a crear una red completa de protección social y el pleno empleo, y someter a la burguesía china a un control tanto político como fiscal creciente. Desde este congreso es obligado reiventir una parte importante de las ganancias en el desarrollo tecnológico de las empresas y otra parte es utilizada para inversiones de carácter social. El número de empresarios, aceptados en las filas del partido, tras un riguroso proceso de selección, es insignificante en comparación con los más de 70 millones de militantes.

Tal cambio de la composición clasista también se está haciendo notar en la base obrera de la sociedad china, la poralización de la población donde el 20% más pobre sólo participa en el 4,7% de los ingresos mientras el 20% mas rico dispone del 50% de los ingresos, lo que impulsa la lucha de clases entre los sectores populares afectados por los abusos empresariales del sector privado, los bajos salarios, los despidos, la contaminación de las fábricas, toleradas por autoridades corruptas, patronos sin escrúpulos y Transnacionales (133). La conflictividad laboral en China ha aumentado en los últimos años al calor del proceso de industrialización. El PCCh ve el incremento de la conflictividad de la clase obrera en el sector privado desde la perspectiva del papel de clase que los sindicatos deben jugar en la lucha reivindicativa donde el Estado debe además garantizar los derechos laborales y sociales de la clase obrera frente al capital privado y especialmente frente a las Transnacionales extranjeras, de las que aproximadamente 450 de las 500 principales del mundo han invertido en China, con lo que 24 millones de obreros trabajan en empresas de capital extranjero, el 10% equivalente del total de obreros industriales.

Desde su instalación en el mercado chino, la mayoría de las transnacionales han despreciado la legislación social, pensando que en China se puede funcionar igual que en otros países de la periferia. En el 2003 en un estudio realizado por el parlamento chino concluía que menos del 10% de las empresas extranjeras han tolerado la presencia de un sindicato. Las transnacionales más reacias son Wal Mart, Kodak, Dell y Samsung. El gobierno pugna por introducir las secciones sindicales y las secciones del Partido Comunista, medidas que encolerizan a los gerentes de las empresas extranjeras. Un caso particular, la transnacional Wal-Mart que emplea a 30.000 trabajadores en China, tiene prohibida en todas sus filiales del mundo el sindicato, sin embargo hoy en día existen sindicatos en más de 60 filiales de Wal-Mart en China. A principios de 2007, Foxconn que emplea a 200.000 trabajadores en China, la transnacional que fabrica el iPod para Apple, tuvo que aceptar la presencia de secciones sindicales. La misma suerte corrieron McDonals (50.000 trabajadores), KFC y Pizza Hut (100.000 trabajadores). La presión del gobierno, y el nuevo movimiento obrero chino ha logrado que a fines del 2007, ya existen secciones sindicales en el 70% de las filiales de todas las transnancionales extranjeras instaladas en China (134).

La fuerte industrialización también ha cambiado la composición social, la población del campo ha disminuido en los últimos 25 años del 82% al 58% de la población. En los últimos 10 años la población urbana aumentó en 200 millones, sumando un total de 543 millones frente a los 757 millones del campo (135). Para los próximos 15 años se calcula que 300 millones de campesinos se trasladarán a las ciudades, aumentando el peso de la población urbana sobre la agraria. Ello va  a significar la creación de una cantidad enorme de infraestructuras, ciudades, barrios, empleos, actividad económica e industrial, centros sanitarios y educativos, etc, se preveen construir cada año 20 ciudades nuevas de más de 500.000 habitantes. El progreso rápido respecto al campo en ingresos individuales, cuidados médicos, enseñanza, infraestructuras, cultura, transportes, equipamientos sociales…, agudiza el desarrollo desigual. Mientras en Beijing y Shanghai la esperanza de vida es de 82 años, la misma que en Bélgica, en las provincias de Yunnan, Tibet y Xinjiang, la esperanza de vida no supera los 67 años. Las cifras de mortalidad infantil en China han bajado de un 20% en 1950 a un 2,5% en 2005 pero la cifra de mortalidad de bebés en las provincias más atrasadas es cuatro veces mayor que en las ciudades. En el último Congreso del PCCh celebrado en el 2.007, se propone acabar con las desigualdades que se han creado con la reforma económica (variante china de la NEP), acrecentando el bienestar social y material del pueblo, repartir los beneficios económicos, y reducir las desigualdades entre la ciudad y el campo, así como el control del crecimiento económico por su impacto sobre el medio ambiente. Para frenar las desigualdades el gobierno puso en marcha un sistema de sanidad cooperativo con financiación pública y cotizaciones de los asegurados. En 2004 156 millones de campesinos estaban afiliados, en el 2006 eran ya 410 millones, el 55% de la población del campo. Se extiende el empleo público de profesores en el campo con el mismo salario que los de las ciudades, y desde el 2007 se suprimió la matricula de escolaridad hasta los 15 años en el campo, unos 150 millones de niños. El gobierno garantiza además la gratuidad de los manuales escolares tanto en la enseñanza primaria como en la media (136).

En cuanto a las relaciones económicas internacionales, China es un mal ejemplo para el mundo capitalista, ya que compra a precios justos las materias primas en África, latinoamerica y Oriente Medio, permitiendo que muchos países del tercer mundo puedan liberarse del chantaje y el dumping impuestos por la trilateral. Los EE.UU. y Europa pierden influencia sobre muchos países en desarrollo. En el 2009 China pasó  a ser el primer socio comercial de África, en detrimento de EE.UU., también en Brasil. Japón exportaba 3 veces más en EE.UU. en 1995 que hacia China. Pero hoy China es el primer importador de mercancías japonesas. China es el primer socio comercial de Australia, Taiwan, Corea del Sur e India. Ello debilita la posición de EE.UU. en Asia en países que son considerados aliados. China también es el mayor imortador de petróleo de Oriente Medio, la reserva principal de EE.UU. tras la II Guerra Mundial.

El contraste del crecimiento de china en medio de la crisis económica actual se puede comparar con la situación de la URSS en los años 30 con respecto al mundo capitalista en crisis. Mientras en EE.UU., Japón y Europa el paro aumentó por encima del 10%, en China, entre 2005-2009 se crearon más de 50 millones de nuevos empleos urbanos y 45 millones de campesinos se desplazaron de la agricultura a la industria y el sector servicios.

Para terminar diremos que hay una serie de consecuencias contradictorias y antagónicas de este desarrollo, primero en el interior de la vanguardia política del PCCH existe una parte minoritaria aboga por el predominio del capitalismo en el sector económico, también existe su base social con una burguesía nacional china insertada en el mercado mundial con intereses económicos de clase diferentes al proletariado y campesino chino, existen las fuertes desigualdades el desarrollo capitalista las genera no sólo entre clases, sino entre regiones, el Occidente rural donde viven el 20% de la población y el Oriente industrial donde se concentra ya el 80%.en tan sólo el 10% del territorio chino. A diferencia de la NEP en la URSS, en China no existe monopolio del comercio exterior ya que las miles de empresas extranjeras cubren todavía la mayor parte de las exportaciones, y a diferencia de la URSS en China existe una inserción en el marco de la economía capitalista mundial. Decimos esto porque el camino al socialismo puede en función de cómo se desarrollen estas contradicciones si se superan o no, revertir el camino socialista hacia el capitalismo sin descartar en este caso que incluso se convirtiera en una potencia imperialista más. El único camino socialista posible es el que señaló Stalin para la industrialización socialista en la URSS, planear la economía  de manera que asegure de forma interdependiente la total independencia para que ésta no se convierta en recambio de los países capitalistas.

NOTAS de EL ESTADO

(1) Conferencia en Universidad Sverdlov (11 de julio 1.919) sobre el Estado. Obras Completas, Ed. Progreso.

(2) Lukacs lo describió brillantemente de esta forma: “Todo dominio de una minoría está organizado socialmente de tal manera que concentra a la clase dominante, preparándola para una acción unificada y coherente, en tanto que desorganiza y fragmenta a las clases populares… a la democracia pura le corresponde la tarea social y clasista de salvaguardar a la burguesía en la dirección de estas capas intermedias. A lo que por supuesto, corresponde también la desorganización ideológica del proletariado… La separación ideológica entre la economía y la política, la creación de un aparato estatal burocrático… persiguen un mismo fin: evitar que surja entre las clases explotadas una ideología que exprese sus intereses específicos, vincular a los miembros de estas clases, en su condición de individuos aislados, es decir, como simples ciudadanos, etc.; a un Estado en abstracto –situado por encima y más allá de las clases- desorganizar, en fin, estas clases como tales clases, reduciendo a sus miembros  a átomos fácilmente manejables por la burguesía”. (Lukacs sobre Lenin, Ed. Grijalbo págs. 98 y 99).

(3) Marx y Engels Manifiesto del PC, Ed. Progreso pág. 53).

(4) Se ha extendido la profesionalización de los ejércitos como mejor herramienta del imperialismo para ejercer tanto el militarismo hacia fuera como la represión interna ante los conflictos de clase.

(5) El imperialismo fase superior del capitalismo (Lenin), pág. 97. Ed. Roca. México 1.974.

(6) “¿Se puede sin embargo, negar que una nueva faz del capitalismo después del imperialismo, a saber, una fase de superimperialismo, sea en abstracto concebible? No. Teóricamente puede imaginarse una faz semejante. Pero quien se atuviera en la práctica a tal concepción sería un oportunista que pretende ignorar los mas graves problemas de la actualidad para soñar con problemas menos graves que se plantearían en el porvenir…Está fuera de duda que la evolución tiende a la creación de un trust único mundial, que comprenda todas las industrias y todos los Estados, sin excepción. Pero tal evolución, se cumple en circunstancias tales, a un ritmo tal y a través de tales antagonismos, conflictos y trastornos –no solamente económicos, sino políticos, nacionales, etc.-, que antes de llegar a la creación de un trust único mundial, antes de la fusión superimperialista universal de los capitales, el imperialismo deberá fatalmente quebrantarse y el capitalismo se transformará en su contrario” (Lenin, prefacio a La economía mundial y el imperialismo de N. Bujarin).

(7) La bolsa o la vida. Las finanzas contra los pueblos, pág. 55. Ed. Tercera Prensa.

(8) “La época del capitalismo contemporáneo nos muestra que entre los grupos capitalistas se están estableciendo determinadas relaciones sobre la base del reparto económico del mundo, y que, al mismo tiempo, en conexión con esto se están estableciendo entre los grupos políticos, entre los Estados, determinadas relaciones sobre la base del reparto territorial del mundo, de la lucha por las colonias, de la lucha por el territorio económico” (Lenin. El imperialismo fase superior del capitalismo, pág. 99. Ed. Roca. México 1.974.

(9) Ver N. Poulantzas, Las clases sociales en el capitalismo actual, Ed. S. XXI 1.981, pág. 69.

(10) Ver El imperialismo y la lucha de clases del siglo XXI. Crítica epistemológica y política de la globalización. Camilo Valqui Cachi. México 2.006).

(11) Citado en Derechos humanos. Ficción y realidad. Elisabeth Reimann-Fernando Rivas Sánchez. Ed. Akal. Madrid. 1.980. pág. 26.

(12) Ver Néstor Cohan en su folleto El Imperio de Hart y Negri y el regreso del marxismo eurocéntrico.

(13) Ver El imperialismo del S. XXI (Claudio Klatz) Ed. Rebelión.

(14) Citado en “La desmundialización”. www.antorcha.org.

(15) Dicen, 99 historias sobre la globalización, el libre mercado capitalista y la guerra. Págs. 26 y 170 Hendrik Vaneeckhaute.

(16) Dicen, 99 historias sobre la globalización, el libre mercado capitalista y la guerra. Págs. 27, 90 y 91 Hendrik Vaneeckhaute.

(17) “La gran industria ha creado el mercado mundial… Dondequiera que ha conquistado el poder la burguesía ha destruido las relaciones feudales, patriarcales, idílicas… Mediante la explotación del mercado mundial, la burguesía ha dado un carácter cosmopolita a la producción y al consumo de todos los países… ha quitado a la industria su base nacional. Las antiguas industrias nacionales han sido destruidas… Son suplantadas por nuevas industrias, cuya introducción se convierte en cuestión vital para todas las naciones civilizadas, por industrias que ya no emplean materias primas indígenas, sino materias primas venidas de las más lejanas regiones del mundo, y cuyos productos no sólo se consumen en el propio país sino en todas las partes del globo… En lugar del antiguo aislamiento y la autarquía de las regiones y naciones, se establece un intercambio universal, una interdependencia universal de las naciones… Merced al rápido perfeccionamiento de los instrumentos de producción y al constante progreso de los medios de comunicación, la burguesía arrastra a la corriente de la civilización a todas las naciones..” El Manifiesto Ed. Progreso, págs. 32, 33 y 34.

(18) Ver S. Amin. El desarrollo desigual, pág. 204. Ed. Fontanella.

(19) Celso Furtado, citado por M. Harnecker en CEP n° 6 Imperialismo y dependencia.

(20) Un análisis marxista de la globalización actual. Henri Houben. Coloquio de Sanghai 2-3 abril 2.006.

(21) Datos: La tiranía del mercado y sus alternativas, págs. 14.y 9 (F. Houtart) Ed. Popular 2.001.

(22) Ver EE.UU.: Comerciar con la guerra y hacer guerra con el comercio. Osvaldo Martinez, director del CIEM-Cuba. http://www.pcpe.es.

(23) Ver Apuntes chinos (del natural) Higinio Polo. www.rebelion.org. 6/1/2.006.

(24) El socialismo del S. XXI, pág. 66 (Dieterich Steffan) Ed. Rebelión.

(25) N. Poulantzas, Las clases sociales en el capitalismo actual, Ed. S. XXI 1.981, pág. 46).

(26) Ver La bolsa o la vida. Las finanzas contra los pueblos. E. Toussaint Ed. Tercera prensa p. 59.

(27) Dicen, 99 historias sobre la globalización, el libre mercado capitalista y la guerra. Págs. 29 y 30 Hendrik Vaneeckhaute.

(28) Dicen, 99 historias sobre la globalización, el libre mercado capitalista y la guerra. Pág.10. Hendrik Vaneeckhaute.

(29) La bolsa o la vida. Las finanzas contra los pueblos. (E. Toussaint) Ed. Tercera Prensa.

(30) Ver Gomez Gil, Algunos apuntes críticos sobre… la deuda externa. Ed. Pueblos n° 3.

(31) La bolsa o la vida. Las finanzas contra los pueblos. (E. Toussaint) pág. 346. Ed.. Tercera Prensa.

(32) Ver Desindustrialización y crisis del neoliberalismo (Adrian Sotelo Valencia) Ed. en Rebelión. Pág. 108.

(33) Dicen, 99 historias sobre la globalización, el libre mercado capitalista y la guerra. Págs. 81 y 84 Hendrik Vaneeckhaute.

(34) Por ejemplo, la política comercial de la Transnacional VW hacia su filial SEAT ha sido de monopolio, donde VW alcanzaría en los años 80 cifras rércords de ventas en el mercado español, cuando su presencia era simbólica, gracias a la utilización de las redes comerciales de SEAT, mientras por el contrario SEAT ha tenido que utilizar en el exterior su propia red comercial limitada para expandirse y vender más del 70% de su fabricación. Ello supone un sobrecoste adicional por los gastos en el exterior que SEAT debe de pagar.

(35) La era de Carter. Enrique Ruiz García. Ed. Alianza, pág. 166. Madrid 1.978.

(36) La acumulación de capital interna de las Transnacionales obedece a la lógica de frenar la caída general de la tasa de ganancias. Tanto en períodos de crecimiento como de crisis de producción, se desvían beneficios de la filial a la casa matriz a través del interés. Un ejemplo: la empresa automovilística de SEAT. En 1.986 el INI la entregó a VW, previa inversión de 400.000 mill. de pts. con un capital social propio de 80.000 mill., VW hasta 1.993 sólo añadió 4.000 mill., y las inversiones realizadas durante ese período (500.000 mill. de pts.) para abrir una fábrica en Martorell se financiaron con créditos de VW. Cuando sobrevino la crisis de producción, después de un saldo de 22.000 mill. de beneficios (1.988-91), la cuenta de resultados situaba una deuda de 120.000 mill. en 1.993, causando la reconversión de la empresa filial (reducción de empleo, de la capacidad productiva y los costes salariales variables). En síntesis, el mayor volumen de pérdidas se carga a las filiales en períodos de crisis, provocado por los precios de transferencia interna (componentes más caros en el centro y más baratos en la periferia) y los préstamos de capital por medio de inversiones.

(37) VW emprendió a partir de 2.004 un plan de recortes laborales (formotion) para acometer medidas globales tanto en la metrópoli (fábricas de VW en Alemania) como en la periferia de Europa para frenar la caída de la tasa de ganancias e incluso lograr a partir del 2.005 incrementos. Su filial española (SEAT) ha padecido en el 2.005 un recorte de plantilla del –7,5% (eliminación de 956 empleos) además de aportar un sobrecoste en el precio de producción al absorver con precios de monopolio una parte importante de los componentes que se utilizan en la fabricación de los turismos de SEAT provenientes de Alemania y por el pago de servicio al uso de tecnología de VW 1.163,2 mill. € durante el período de 2.003-05, cantidad que supera los beneficios brutos de SEAT en dicho período. Estas son las dos vías (sobrecoste componentes + pago por uso de tecnología) que utiliza VW para transferir ordinariamente beneficios a la “madre patria”, aparte de las medidas extraordinarias de reestructuración cíclicas. Curiosamente en ese período (2.005) SEAT declararía pérdidas, mientras VW tendría beneficios históricos. No obstante, ello no le impidió acometer el plan “formotion plus” de reducción general de costes con intentándolo con la negociación de un recorte de plantillas del 16% para las fábricas de Alemania, para al final lograr la modificación del Convenio (vigente hasta el 2.011) aumentando el 15% la jornada (de 28,8 a 33 horas semanales) cobrando el mismo salario, y ello después de que en 1.994 VW impusiera su crisis a los obreros alemanes con un rebaje del 20% de jornada y el equivalente en salario.

(38) La bolsa o la vida. Las finanzas contra los pueblos. (E. Toussaint) Ed.. Tercera Prensa.

(39) Durante el período 2.003-06 las transacciones realizadas por SEAT con VW por servicios prestados muestran un desequilibrio de costos, mientras SEAT pagaba a VW 1.582 mill. €, sólo recibía por el mismo concepto 360 mill. €. Cargándose en negativo a las cuentas de resultados, justamente en un periodo donde se cargan pérdidas oficiales a SEAT (2.005-06). Fuente. Informes anuales SEAT. 2003-04-05-06.

(40) Henri Houben. Un análisis marxista de la globalización actual. Coloquio de Sanghai, La mundialización económica y la economía marxista moderna, 2-3 de abril de 2006.

(41) Dicen, 99 historias sobre la globalización, el libre mercado capitalista y la guerra. Pág. 153 Hendrik Vaneeckhaute.

(42) Ver Desindustrialización y crisis del neoliberalismo (Adrian Sotelo Valencia) Ed. En Rebelión. Pág. 103.

(43) Dicen, 99 historias sobre la globalización, el libre mercado capitalista y la guerra. Págs. 52,53 Hendrik Vaneeckhaute.

(44) Dicen, 99 historias sobre la globalización, el libre mercado capitalista y la guerra. Pág. 95 Hendrik Vaneeckhaute.

(45) Dicen, 99 historias sobre la globalización, el libre mercado capitalista y la guerra. Págs. 55 y 56 Hendrik Vaneeckhaute.

(46) Dicen, 99 historias sobre la globalización, el libre mercado capitalista y la guerra. Pág. 151 Hendrik Vaneeckhaute.

(47) Dinero negro: fundamento del crecimiento y del imperio de los EE.UU. J. Petras. rebelión.org.

(48) Dicen, 99 historias sobre la globalización, el libre mercado capitalista y la guerra. Págs. 151 y 152 Hendrik Vaneeckhaute.

(49) Toussaint lo sitúa al argumentar: “La mundialización…es inseparable de la desregulación de los mercados de capitales decididos por los gobiernos de las principales potencias económicas y por las instituciones financieras…(BM, FMI…)” y más adelante “La mundialización/globalización en curso implica una recolocación de las inversiones, de la producción y del intercambio en los tres polos principales en el plano industrial, financiero, comercial y militar: La tríada, América del Norte-Europa Occidental-Japón”. (La bolsa o la vida. Las finanzas contra los pueblos, págs. 54 y 55. Ed. Tercera Prensa).

(50) Poesía y compromiso social. Felipe L. Aranguren. Ciutadania y participació política, pág. 348. Ed. Fundació Pere Ardíaca. Barcelona 2.005.

(51) Ver La bolsa o la vida. Las finanzas contra los pueblos.d. Tercera Prensa.

(52) ¡Ojo con los media! (Michel Collon) Ed. EPO.

(53) Karl Marx. El Capital. Libro III, vol 7º, pág. 562. Ed. SXXI.

(54) Karl Marx. El Capital. Libro III, vol 7º, pág. 563 Ed. SXXI.

(55) Karl Marx. El Capital. Libro III, vol 7º, pág. 563 Ed. SXXI.

(56) F. Engels. Anti-Duhring. Ed.Avant. págs. 290, 291, 292 y 293

(57) Lenin El imperialismo fase superior del capitalismo, pág. 132.

(58) Lenin. El imperialismo fase superior del capitalismo. Ed. Roca, págs.. 78 y 79.

(59) El imperialismo fase superior del capitalismo (Lenin), pág. 79. Ed. Roca. México 1.974.

(60) Ver N. Poulantzas, Las clases sociales en el capitalismo actual, págs. 136 y 137. Ed.S. XXI.

(61) Ver N. Poulantzas, Las clases sociales en el capitalismo actual, Ed. S. XXI págs 155-156.  (62) Imperio: dos tesis equivocadas. (Atilio A. Boron) Ed. Rebelión.

(63) Las Transnacionales del auto exigen al mercado laboral español que se reforme en el sector para ajustar el mercado a la demanda con las siguientes medidas: Eliminación del tope de 80 horas extras/año. Doblar la temporalidad de 18 a 36 meses. Suprimir el calendario laboral anual.

      La situación en el auto despunta por su dependencia exterior, los fabricantes de coches carecen de una patronal propia en España, lo que dificulta la lucha y organización sindical por la homogeneización de los derechos y condiciones de los trabajadores/as del sector, la dependencia de las multinacionales para la adjudicación de modelos y producciones es cada vez mayor. Estos elementos condicionan la estrategia industrial del sector, donde mientras todas las fábricas implantadas están renovando modelos para los próximos 4 años, las inversiones en la industria automovilística española sólo están garantizadas hasta el 2.007, lo que supone un chantaje, ariete hacia los derechos actuales de los trabajadores.

      Con tales parámetros se persigue aumentar el peso de la industria auxiliar de componentes, teniendo en cuenta que los fabricantes de componentes concentran el 50% de los costes por fabricación y el 65% de las piezas del vehículo, mientras que los fabricantes de automóviles acaparan el 61% del valor añadido (capital variable + plusvalía).  Por lo que no deja de ser un pastel suculento para las Transnacionales, el empequeñecimiento de las dimensiones de las fábricas matrices filiales, agrandando la dimensión den los fabricantes de componentes y subconjuntos mediante la externalización productiva de la gran empresa, de cara a abaratar el valor de la fuerza de trabajo empleada, a lo que la denominada reforma viene a profundizar esa tendencia en toda la industria del automóvil, tanto los fabricantes del montaje final, como los proveedores, aumentando el n° de trabajadores dependientes de convenios fuera de la gran empresa matriz, la tasa de temporalidad en general, y la eliminación de la barrera entre jornada laboral semanal y anual y jornada extra.

(64)  Ni eurocomunismo ni Estado. (E. Fioravanti) Ed. Península

(65) Ver La bolsa o la vida. Las finanzas contra los pueblos. Eric Toussaint Ed. Tercera prensa pág. 56.

(66) Economía política del capitalismo contemporáneo. Tomo II, pág. 118.Ed. Progreso. Moscú 1.980.

(67) La bolsa o la vida. Las finanzas contra los pueblos. Eric Toussaint Ed. Tercera prensa. pág. 87. Ya en 1.983 las ventas de Exxon equivalían al PIB de Indonesia, las de Mobil a Venezuela, las de Ford a Sudán, Chile y Bangla Desh, las de IBM a Siria, Zaire, Costa del Marfil y Singapur, las de Texaco a Argelia, etc (Anthony Giddens. Cambio social en el mundo moderno. Sociología. Ed. Alianza Editorial. 1.992. Madrid).

(68) La era de Carter. Enrique Ruiz García. Ed. Alianza, págs. 166 y 167. Madrid 1.978.

(69) Joan E. Garcés (Soberanos e Intervenidos) pág. 81 Ed. S. XXI. Madrid. 2.000.

(70) Ver Joan E. Garcés (Soberanos e Intervenidos) S. XXI. Madrid. 2.000.

(71) Zoltan Grosman publicó una lista de intervenciones militares de EE.UU. entre 1.890 y 2.001 en las que sólo enumera en las que se participó directamente el ejército yanqui, no se contabilizan las operaciones por encargo realizadas por mercenarios extranjeros como por ej. la invasión de Bahía Cochinos en Cuba (1.961), la contra nicaraguense, el apoyo a los mujaidines en Afganistán, el apoyo a las dictaduras militares a través del operativo Plan Cóndor (Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay, Brasil y Bolivia), el apoyo y financiación del golpe de Estado contra el presidente Goulart en Brasil (1964), el Plan Colombia donde EE.UU. mantiene centenares de instructores militares y mercenarios que entrenan al ejército contra la guerrilla, los intentos de asesinar a Fidel Castro, el apoyo al dictador Duvalier en Haití desde 1957 donde decenas de miles de personas fueron asesinadas en la represión, impidiendo los buques de guerra yanquis la huída de decenas de miles de refugiados, el apoyo al régimen turco en su ofensiva contra la población kurda en los 90 con decenas de miles de muertos y más de 2 millones de desplazados, etc., ni tampoco se contabiliza la ocupación militar de Japón (1945-53) tras lanzar dos bombas atómicas contra civiles (Hiroshima y Nagasaki) siendo EE.UU. el único país que ha utilizado armas de destrucción masiva. Aún así el listado, al que le hemos acompañado algunas notas deHendrik Vaneeckhaute(Dicen, 99 historias sobre la globalización, el libre mercado capitalista y la guerra), no tiene desperdicio:

 

DAKOTA DEL SUR: 1890 (-?)
Tropas: Masacre de 300 indios Lakota en Wounded Knee

ARGENTINA: 1890
Tropas: Protección de intereses en Buenos Aires

CHILE: 1891
Tropas: Choque de los Marines con fuerzas nacionalistas.

HAITI: 1891
Tropas: Aplastamiento de una revuelta de trabajadores negros en la isla de Navassa, reclamada por EEUU.

IDAHO: 1892
Tropas: El ejército ahoga la huelga de los mineros de plata.

HAWAI: 1893 (-?)
Marina, Tropas: Derrocamiento de la monarquía independiente, anexión.

CHICAGO: 1894
Tropas: Aplastamiento de la huelga ferroviaria, 34muertos.

NICARAGUA: 1894
Tropas: Ocupación de Bluefields durante un mes

CHINA: 1894-95
Marina, Tropas: Los Marines desembarcan en la guerra Chino-Japonesa

COREA: 1894-96
Tropas: Los marines se mantienen en Seúl durante la guerra.

PANAMA: 1895
Tropas, Marina: Los marines desembarcan en la provincia colombiana.

NICARAGUA: 1896
Tropas: Los marines desembarcan en Puerto Corinto

CHINA: 1898-1900
Tropas: Rebelión de los Boxer combatida con ejércitos extranjeros.

FILIPINAS: 1898-1910 (-?)
Marina, Tropas: Incautación a España, 600.000 filipinos muertos.

CUBA: 1898-1902 (-?)
Marina, Tropas: Incautación a España, aun mantienen una base naval.

PUERTO RICO: 1898 (-?)
Marina, Tropas: Incautación a España, la ocupación continua

GUAM: 1898 (-?)
Marina, Tropas: Incautación a España, todavía se utiliza como base

MINNESOTA: 1898 (-?)
Tropas: El ejército combate a los Chippewa en Leech Lake.

NICARAGUA: 1898
Tropas: Los marines desembarcan en el puerto de San Juan del Sur.

SAMOA: 1899 (-?)
Tropas: Batalla por la sucesión al trono.

NICARAGUA: 1899
Tropas: Los marines desembarcan en el puerto de Bluefields.

IDAHO: 1899-1901
Tropas: El ejército ocupa la región minera de Coeur d’Alene.

OKLAHOMA: 1901
Tropas: El ejército combate la revuelta de los indios Creek.

PANAMA: 1901-14
Marina, Tropas: Le arrebatan el territorio a Colombia, 1903, se anexiona la zona del canal 1914.

HONDURAS: 1903
Tropas: Los marines intervienen en revolución.

REPUBLICA DOMINICANA: 1903-04
Tropas: Protección de intereses americanos en la Revolución.

COREA: 1904-05
Tropas: Los marines desembarcan en la guerra Ruso-Japonesa.

CUBA: 1906-09
Tropas: Los marines desembarcan en elección democrática

NICARAGUA: 1907
Tropas: Creación de un protectorado de la “diplomacia del Dólar”.

HONDURAS: 1907
Tropas: Los marines desembarcan Durante la guerra con Nicaragua.

PANAMA: 1908
Tropas: Los marines intervienen en contienda electoral.

NICARAGUA: 1910
Tropas: Los marines desembarcan en Bluefields y Corinto.

HONDURAS: 1911
Tropas: Protección de intereses americanos en la guerra civil.

CHINA: 1911-41
Marina, Tropas: Ocupación continua con estallido de conflictos.

CUBA: 1912
Tropas: Protección de intereses americanos en la guerra civil .

PANAMA: 1912
Tropas: Los marines desembarcan durante elecciones “calientes”

HONDURAS: 1912
Tropas: Los marines protegen los intereses económicos de EEUU

NICARAGUA: 1912-33
Tropas, bombardeo: 10 años de ocupación, contra la guerrilla.

MEXICO: 1913
Marina: Americanos evacuados durante la revolución.

REPUBLICA DOMINICANA: 1914
Marina: Lucha con rebeldes por Santo Domingo.

COLORADO: 1914
Tropas: El ejército rompe la huelga de mineros.

MEXICO: 1914-18
Marina, Tropas: Serie de intervenciones contra los nacionalistas.

HAITI: 1914-34
Tropas, bombardeo: 19 años de ocupación después de revueltas.

REPUBLICA DOMINICANA: 1916-24
Tropas: 8 años de ocupación por los Marines. Trujillo, jefe del Estado mayor de la Guardia Nacional, creada y entrenada por las fuerzas yanquis de ocupación, asaltó el poder en 1930 y gobernó dictactorialmente con el apoyo del imperialismo yanqui (Dicen, 99 historias sobre la globalización, el libre mercado capitalista y la guerra. Pág. 186 Hendrik Vaneeckhaute).


CUBA: 1917-33
Tropas: Ocupación militar, protectorado económico.

PRIMERA GUERRA MUNDIAL: 1917-18
Marina, Tropas: Hundimiento de buques, lucha contra Alemania durante año y medio.

RUSIA: 1918-22
Marina, Tropas: Cinco desembarcos para luchar contra los bolcheviques.

PANAMÁ: 1918-20
Tropas: “Función policial” durante desordenes después de las elecciones.

HONDURAS: 1919
Tropas: Los marines desembarcan durante la campaña electoral

YUGOSLAVIA: 1919
Tropas/Marines: Intervención por Italia contra los Servios en Dalmacia.

GUATEMALA: 1920
Tropas: 2 semanas de intervención contra sindicalistas.

VIRGINIA OCCIDENTAL: 1920-21
Tropas, bombardeo: El ejército interviene contra los mineros.

TURQUÍA: 1922
Tropas: Lucha contra los nacionalistas en Esmirna.

CHINA: 1922-27
Marina, Tropas: Despliegue durante revolución nacionalista.

HONDURAS: 1924-25
Tropas: Desembarcan dos veces durante conflicto electoral.

PANAMÁ: 1925
Tropas: Los marines suprimen una huelga general.

CHINA: 1927-34
Tropas: Marines estacionados en todo el país.

EL SALVADOR: 1932
Marina: Barcos de guerra enviados durante la revuelta de Martí

WASHINGTON DC: 1932
Tropas: El ejército detiene las protesta de los bonos de los veteranos de la I guerra mundial.

SEGUNDA GUERRA MUNDIAL.: 1941-45
Marina, Tropas, bombardeo nuclear: Hawaii bombardeado, lucha contra Japón, Italia y Alemania durante 3 años. Primera guerra nuclear.

DETROIT: 1943
Tropas: El ejército sofoca la rebelión negra.

IRÁN: 1946
Amenaza Nuclear: Se dice a las tropas soviéticas que abandonen el norte.

YUGOSLAVIA: 1946
Amenaza Nuclear Marina: Respuesta a abatimiento de avión americano.

URUGUAY: 1947
Amenaza Nuclear: Despliegue de bombarderos como muestra de fuerza.

GRECIA: 1947-49
Operación de comandos: EE.UU. dirige a la extrema derecha en guerra civil.

ALEMANIA: 1948
Amenaza Nuclear: Bombarderos con capacidad atómica vigilan el puente aéreo de Berlín.

CHINA: 1948-49
Tropas/Marines: Evacuación de los Americanos antes de la victoria comunista.

FILIPINAS: 1948-54
Operación de comandos: La CIA dirige una guerra contra la rebelión Huk.

PUERTO RICO: 1950: Operación de comandos
Aplastamiento de una rebelión independentista en Ponce.

COREA: 1951-53 (-?)Apoyo al dictador Syngman Rhee en Corea del Sur, que en presencia de las tropas yanquis reprimió a la oposición, de lo que es ejemplo la masacre en un solo año de 70.000 personas en la isla de Cheju por parte de los paramilitares de Rhee. Tropas, Marina, bombardeo, Amenazas nucleares: EEUU y corea del sur luchan contra China y Corea del norte hasta el estancamiento.  Bombardeos masivos e indiscriminados sobre Corea del Norte. En la guerra murieron 4 millones. Amenaza de Bomba A en 1950, y contra China en 1953, todavía tienen bases. (Dicen, 99 historias sobre la globalización, el libre mercado capitalista y la guerra. Pág. 183 Hendrik Vaneeckhaute).

IRÁN: 1953
Operación de comandos: CIA derroca democracia e instala al Shah.

VIETNAM: 1954
Amenaza Nuclear: Se ofrecen bombas a los franceses para utilizar contra sitio.

GUATEMALA: 1954
Operación de comandos, bombardeo Amenaza Nuclear: La CIA dirige invasión desde el exterior después de que el nuevo gobierno nacionalizara tierras de una compañía americana, United Fruit; bombarderos con base en Nicaragua. En la represión que siguió, más de 100.000 personas fueron masacradas por los regímenes militares apoyados por EE.UU.(Dicen, 99 historias sobre la globalización, el libre mercado capitalista y la guerra. Pág. 184 Hendrik Vaneeckhaute).

EGIPTO: 1956
Amenaza Nuclear Tropas: Se advierte a los soviéticos que se mantengan apartados de la crisis de Suez. Los marines evacuan a los extranjeros.

LÍBANO: l958
Tropas, Marina: Ocupación por los marines contra los rebeldes.

IRAQ: 1958
Amenaza Nuclear: Se advierte a Iraq que no invada Kuwait.

CHINA: l958
Amenaza Nuclear: Se advierte a china no moverse hacia el archipiélago de Taiwan.

PANAMA: 1958
Tropas: Protesta de banderas estalla en enfrentamientos.

VIETNAM: l960-75
Tropas, Marina, bombardeo: lucha con la revolución de Vietnam del sur y Vietnam del norte. Tres millones de vietnamitas muertos y 58.000 soldados yanquis en la guerra más larga de los EEUU. Amenaza de bombas nucleares en l969. En 1956 EE.UU. instaló en el sur el régimen de Ngo Dinh Diem en Saigón rompiendo los acuerdos de Ginebra (1954) al no convocar elecciones. Invasión militar desde 1960, echaron 8 millones de toneladas de bombas, de las cuales unos 400.000 kilos eran de napalm, armas químicas y bacteriológicas. Se destruyó el 70% de los poblads del norte y dejó inutilizable 10 mill. de hectáreas de tierra. (Dicen, 99 historias sobre la globalización, el libre mercado capitalista y la guerra. Pág. 186 Hendrik Vaneeckhaute).

LAOS: 1962
Operación de comandos: Reconstrucción del ejército durante la guerra de guerrillas

CUBA: l961
Operación de comandos: CIA dirige una fallida invasión de exiliados.

ALEMANIA: l961
Amenaza Nuclear: Alerta durante la crisis del Muro de Berlín.

CUBA: l962
Amenaza Nuclear, Marina: Bloqueo durante la crisis de los misiles. Casi se entra en guerra con la Unión Soviética.

PANAMA: l964
Tropas: Se dispara contra los panameños por exigir la devolución del canal. Las bases militares yanquis en Panamá permitieron el control militar y político de Latinoamérica. A principios de los 60, en la zona del canal se hicieron pruebas con armas químicas y biológicas, fue hasta 1984 la sede de la Escuela de las Américas, en la que miles de militares latinoamericanos aprendieron las técnicas de la “guerra de baja intensidad” y la doctrina de la “seguridad nacional”, bases de la guerra sucia contra los movimientos y gobiernos anti-imperialistas.(Dicen, 99 historias sobre la globalización, el libre mercado capitalista y la guerra. Pág. 186 Hendrik Vaneeckhaute).

INDONESIA: l965
Operación de comandos: Un millón de muertos en golpe militar instigado por la CIA. Tras la nacionalización del petróleo, EE.UU. entrenó a militares y preparó el golpe de Estado, apoyando a Suharto. EE.UU. facilitó lisgtas de los presuntos miembros del Partido Comunista a asesinar por los militares. Suharto sometió a Timor Oriental en 1975 y exterminó a un tercio de la población con el uso de armas químicas proporcionadas por EE.UU. (Dicen, 99 historias sobre la globalización, el libre mercado capitalista y la guerra. Pág. 184 Hendrik Vaneeckhaute).

REPUBLICA DOMINICANA: 1965-66
Tropas, bombardeo: Los marines desembarcan durante campaña electoral. Apoyo al golpe de Estado contra el presidente Juan Bosch, elegido democráticamente. La insurrección popular contra la dictadura militar fue aplastada por la invasión de EE.UU.

GUATEMALA: l966-67
Operación de comandos: Intervención de los Boinas Verdes contra los rebeldes.

DETROIT: l967
Tropas: El ejército combate a los negros, 43 muertos.

ESTADOS UNIDOS: l968
Tropas: Después de que se dispare a King, se emplazan 21.000 soldados en las ciudades.

CAMBOYA: l969-75
Bombardeo Tropas, Marina: Cerca de 2 millones de muertos en una década de bombardeos, hambruna y caos político.

OMAN: l970
Operación de comandos: EEUU dirige la invasión de la marina iraní.

LAOS: l971-73
Operación de comandos, bombardeo: US dirige la invasión Sur- vietnamita. Bombardeando todo el país. Resultado más de 100.000 civiles masacrados. (Dicen, 99 historias sobre la globalización, el libre mercado capitalista y la guerra. Pág. 185 Hendrik Vaneeckhaute).

DAKOTA DEL SUR: l973
Operación de comandos: El ejército dirige el sitio de los indios lakotas en Wounded Knee.

ORIENTE MEDIO: 1973
Amenaza Nuclear: Alerta mundial durante la guerra de oriente medio.

CHILE: 1973
El gobierno de Nixon destinó 10 millones de dólares para desestabilizar el gobierno de Allende. (Dicen, 99 historias sobre la globalización, el libre mercado capitalista y la guerra. Pág. 184 Hendrik Vaneeckhaute).Operación de comandos: CIA respalda golpe de Estado contra el presidente marxista electo.

CAMBODIA: l975
Tropas, bombardeo: Petrolero capturado,28 muertos en accidente de helicóptero.

ANGOLA: l976-92
Operación de comandos: La CIA ayuda a los rebeldes apoyados por Sudáfrica.

IRAN: l980
Tropas, Amenaza Nuclear, bombardeo abortado.: Incursión para rescatar los rehenes de la embajada, 10 soldados mueren en accidente de helicóptero. Se advierte a los soviéticos que no se involucren en la revolución.

LIBYA: l981
Jets de la Marina: Dos jets libios derribados durante unas maniobras.

EL SALVADOR: l981-92
Operación de comandos,Tropas: Consejeros, ayuda antiaérea en la guerra antirebeldes, soldados brevemente involucrados en choque con rehenes. La guerra salvadoreña dejó 75.000 muertos, 8.000 desaparecidos y 1 millón de exiliados, el 85% de las violaciones de derechos humanos fueron cometidos por los militares apoyados por EE.UU. (Dicen, 99 historias sobre la globalización, el libre mercado capitalista y la guerra. Pág. 184 Hendrik Vaneeckhaute).

NICARAGUA: l981-90
Operación de comandos, Marina: La CIA dirige invasión desde el exilio (Contra) en Honduras, coloca minas en puertos contra la revolución. Decenas de miles de personas murieron en la guerra terrorista organizada por EE.UU., por la cual fue condenado por el Tribunal Internacional de La Haya. (Dicen, 99 historias sobre la globalización, el libre mercado capitalista y la guerra. Pág. 186 Hendrik Vaneeckhaute).

LIBANO: l982-84
Marina, bombardeo Tropas: Marines expulsan a la OLP y hacen volver a los falangistas. La Marina lanza obuses y bombardea posiciones musulmanas.

GRENADA: l983-84
Tropas, bombardeo: Invasión cuatro años después de revolución. La prensa tuvo prohibida la entrada hasta que se eliminó la resistencia. Poco después, el nuevo régimen pormovido por E.UU. aplicó los programas del FMI. (Dicen, 99 historias sobre la globalización, el libre mercado capitalista y la guerra. Pág. 185 Hendrik Vaneeckhaute).

HONDURAS: l983-89
Tropas: Maniobras, ayudan a construir bases cerca de fronteras.

IRAN: l984
Jets: Dos jets iraníes derribados sobre el golfo pérsico.

LIBYA: l986
Bombardeo Marina: Bombardeos aéreos para derribar el gobierno nacionalista.

BOLIVIA: 1986
Tropas: El ejército dirige incursiones en la región de la cocaína.

IRAN: l987-88
Marina, bombardeo: US interviene del lado de Iraq en la guerra.

LIBYA: 1989
Marina jets: Dos jets libios derribados.

VIRGIN ISLANDS: 1989
Tropas: Disturbios negros en St. Croix después de tormenta.

FILIPINAS: 1989
Jets: Cobertura aérea facilitada al gobierno contra golpe.

PANAMA: 1989 (-?)
Tropas, bombardeo: Gobierno nacionalista derrocado por 27.000 soldados, lideres arrestados, mas de 2000 muertos.

LIBERIA: 1990
Tropas: Extranjeros evacuados durante guerra civil.

SAUDI ARABIA: 1990-91
Tropas, jets: Estacionamiento de tropas contra Iraq después de que estos invadieran Kuwait. 540,000 soldados también estacionados en Omán, Qatar, Bahrein, Estados Arabes Unidos, Israel.

IRAQ: 1990-?
Bombardeo Tropas, Marina: Bloqueo de puertos Iraquíes y jordanos, ataques aéreos, 200.000 muertos durante la invasión de Iraq y Kuwait – zona de exclusión sobre el norte Kurdo, el sur chiíta, destrucción a gran escala del ejército iraquí. En abril de 1997, un informe de la ONU reveló que el número de muertos por hambre o falta de medicamentos debido al embargo, excedía el millón de personas de las cuales 570.000 eran niños. En marzo del 2003, EE.UU. junto al Reino Unido bajo la excusa de la existencia de armas de destrucción masiva, invaden el país, sin ninguna resolución de la ONU, se manipula la información y se utilizan informes falsos, miles de civiles mueren bajo los bombardeos de las ciudades, otra vez se utilizan armas ilegales como las bombas de racimo y uranio empobrecido. (Dicen, 99 historias sobre la globalización, el libre mercado capitalista y la guerra. Pág. 184 Hendrik Vaneeckhaute).

KUWAIT: 1991
Marina, bombardeo Tropas: Retorno de la familia real de Kuwait al trono.

LOS ANGELES: 1992
Tropas: Ejército, despliegue de marines contra revuelta antipolicial.

SOMALIA: 1992-94
Tropas, Marina, bombardeo: Ocupación dirigida por las Naciones Unidas durante guerra civil, ataques sobre una de las facciones de Mogadishu.

YUGOSLAVIA: 1992-94
Marina: Bloqueo de la OTAN sobre serbia y Montenegro.

BOSNIA: 1993-?
Jets, bombardeo: Zona de exclusión aérea patrullada en guerra civil, derribo de aviones, bombardeo a los servios.

HAITI: 1994-?
Tropas, Marina: Bloqueo contra el gobierno militar. Tropas restauran al presidente Aristide en el gobierno después de tres años del golpe.

ZAIRE (CONGO): 1996-97
Tropas: Marines en los campos de refugiados Huta Rwandeses, en el área donde la revolución del Congo comienza.

LIBERIA: 1997
Tropas: Soldados bajo fuego durante la evacuación de extranjeros.

ALBANIA: 1997
Tropas: Soldados bajo fuego durante la evacuación de extranjeros.

SUDAN: 1998
Misiles: Ataque a una planta farmacéutica con alegación de ser una planta de Gas nervioso “terrorista”.

AFGANISTAN: 1998 Misiles: Ataque sobre antiguos campos de entrenamiento de la CIA utilizados por grupos fundamentalistas islámicos a los que se acusa de haber atacado embajadas.

IRAQ: 1998-? Bombardeo Misiles: Cuatro días de ataques aéreos intensivos después de que los inspectores de armas aleguen obstrucciones iraquíes.

YUGOSLAVIA 1999-? Bombardeo, misiles. Intensivos ataques aéreos de la OTAN después de que Serbia se negó a retirarse de Kosovo. La OTAN confirmó haber lanzado más de 30.000 proyectiles con uranio empobrecido en Kosovo, más de 2500 que en el resto de Serbia y 300 en Montenegro. Estas armas son consideradas como armas de destrucción masiva. (Dicen, 99 historias sobre la globalización, el libre mercado capitalista y la guerra. Pág. 185 Hendrik Vaneeckhaute).

YEMEN 2000 Marina. Ataque suicida contra el USS Cole

MACEDONIA 2001 Tropas de la OTAN desarman parcialmente a rebeldes albanos

EE.UU.2001 Jets, marina. Respuesta a los ataques y secuestros

AFGANISTAN 2001 Masiva movilización de EE.UU. para atacar a los talibán, Bin Laden.


La guerra podría extenderse a Irak, Sudán, y otros.”
Un siglo de intervenciones militares de EE.UU.: de Wounded Knee a Afganistan (Zoltan Grosman) www.rebelion.org.

(72) OTAN el brazo armado del imperialismo, págs.. 32 y 33, Solidaridad Internacional. Nº 15. Enero-febrero 2007.

(73) OTAN el brazo armado del imperialismo, págs.. 33 y 34. Solidaridad Internacional. Nº 15. Enero-febrero 2007.

(74) Las transaciones comerciales entre Transnacionales fue de 330.000 mill. de dólares, y las exportaciones de todos los países capitalistas de 312.000 mill. (H. Magdoff) Revista Mensual. Monthly Review, enero 1.980, pág. 36.

(75) AMI: la agenda de las multinacionales. Ed. Pueblos.

(76)Los muertos vivientes de la mundialización. Philippe Paraire. El libro negro del capitalismo. Grupo de autores. Editores Independientes 1.998.  http://www.leninismo.org.

(77) Citado por Arturo Van den Eynde en “El poder de las multinacionales”.

(78) El Plan VW de Formotion, aprobado por la Transnacional en el 2.004, supone el ahorro de un 10% de los gastos salariales. Después de una dura negociación del Convenio, IGMetall inicialmente apostó por la estabilidad de las plantillas hasta el 2.011 aceptando el recorte de los salarios (congelación salarial hasta el 2.011) en nómina así como otras medidas: recolocación en proveedoras, reducción del salario de un 22% en la categoría de ingreso, aumento de la flexibilidad en la cuenta de horas (+/- 400 h). Con la aplicación de estas medidas y después de su traslado coyuntural hacia sus filiales europeas (España, Polonia, Portugal…), VW que culmina el 2.005 con una recuperación de la tasa de beneficios, y aún a pesar de ello adelanta el recorte de plantillas (previsto para el 2.011) al 2.008 con una reducción de 20.000 empleos netos en Alemania, mediante un plan de prejubilación que cubra el 85% de las percepciones salariales. Tras una negociación con IGMetall el recorte de empleo se aplaza al 2.011 aceptanto sin embargo la modificación del Convenio que ha supuesto la ampliación de la jornada ordinaria un 20% con el mismo salario. La ausencia de una política sindical de clase, solidaria, dentro de VW y entre sus filiales, hace que el trasvase de la crisis de beneficios se implante en la periferia, pero como un efecto bumerang no evita que se aplique al final en la propia casa madre. El reformismo político y sindical aquí no se identifica sólo con aceptar desde la periferia la carrera del rebaje salarial terminando por competir entre sí, sino también en el centro con la corresponsabilización del traslado-extensión de las crisis hacia las periferias. El resultado final, es la aplicación del plan de ajuste de la Transnacional sin una resistencia global del movimiento obrero, las resistencias y las luchas son parciales (conflictos en los centros de Alemania, SEAT y Bélgica).

(79) ALCA (Area del Libre Comercio desde Alaska a la Patagonia).

(80) Ver Seis mitos sobre los beneficios de la inversión extranjera (Petras).

(81) El acuerdo para las multinacionales es indeseable, Thomas Gounet noviembre-diciembre 1998.

(82 El acuerdo para las multinacionales es indeseable, Thomas Gounet noviembre-diciembre 1998.

(83) Ver La bolsa o la vida. Las finanzas contra los pueblos. (Eric Toussaint) Ed. Tercera Prensa.

(84)¡Ojo con los media! y El juego de la mentira. Michel Collon.

(85) Joan E. Garcés (Soberanos e Intervenidos) pág. 211. Ed. S. XXI. Madrid. 2.000.

(86) OTAN el brazo armado del imperialismo, págs. Solidaridad Internacional. Nº 15. Enero-febrero 2007.

(87) Joan E. Garcés (Soberanos e Intervenidos) pág. 360 Ed. S. XXI. Madrid. 2.000.

(88) Geopolítica del imperialismo contemporáneo (Samir Amin) Epílogo al libro Guerra Global, Resistencia Mundial y Alternativas (2.003) de Win Dierckxcens y Carlos Tablada.

(89) Fuentes consultadas: La fiebre del coltán (Afrol News), Genocidio de alta tecnología en el Congo (Keith Harmon Snow) Agencia IPI, 16 diciembre 2.006.

(90) M. Collon. ¡Ojo con los media!, pág. 301. Ed. EPO.

(91) ¡Ojo con los media! (Michel Collon) Ed. EPO, pág. 31.

(92) El pensamiento secuestrado. Susan George. Pág. 72. Ed. Icaria. Barcelona. 2.007. 

(93) Más petróleo. Esto es la guerra. Bruno Estrada López 27-06-2008.

(94) ¡Ojo con los media! (Michel Collon) Ed. EPO, pág. 54.

(95) El pensamiento secuestrado. Susan George. Pág. 96. Ed. Icaria. Barcelona. 2.007. 

(96) El Capital (K. Marx) pág.940, vol. 3. Libro 1º. Ed. S.XXI.

(97) Ojo con los media (Ed. EPO)  y El juego de la mentira (Ed. Las Otras V2ces) Michel Collon.

(98)El África de las independencias y el comunismo (1.960-98) Francis Arzalier. El libro negro del capitalismo. Varios autores. Editores Independientes 1.998. http://www.leninismo.org.

(99) Ver Dieterich Steffan, El socialismo del S. XXI. Ed. Rebelión. Collon también destaca la posición de “militarista histérico” del verde Cohn Bendit al reivindicar a la OTAN el bombardeo de la población serbia de Pale. (Las grandes potencias. Yugoslavia y las próximas guerras. Pág. 148. Michel Collon Ed. EPO).

(100) Dicen, 99 historias sobre la globalización, el libre mercado capitalista y la guerra. Pág. 101 Hendrik Vaneeckhaute.

(101) “Tanto entonces en Inglaterra como ahora en Alemania está organizada no más de una quinta parte del proletariado. Bajo el capitalismo no puede pensarse seriamente en la posibilidad de organizar a la mayoría de los proletarios… no se trata tanto del n° de miembros de una organización, como del sentido real, objetivo, de su política: de si esa política representa a las masas, sirve a las masas, es decir. Sirve para liberarlas del capitalismo, o representa a los intereses de una minoría, su conciliación con el capitalismo”. (Lenin, El imperialismo y la escisión del socialismo, Obras Completas).

(102) Ver El País, 22-9-1.996, pág 4.

(103) Citado en Derechos humanos. Ficción y realidad. Elisabeth Reimann-Fernando Rivas Sánchez. Ed. Akal. Madrid. 1.980. págS. 153 Y 154.

(104) Citado en Derechos humanos. Ficción y realidad. Elisabeth Reimann-Fernando Rivas Sánchez. Ed. Akal. Madrid. 1.980. pág. 228.

(105) Transnacionalización y desnacionalización. Ensayos sobre el capitalismo contemporáneo (Rafael Cervantes Martínez, Felipe Gil Chamizo, Roberto Regalado Álvarez, Rubén Zardoya Loureda).

(106) K. Marx. El Capital. Tomo 3º, pág. 460. Ed. Ciencias Sociales. La Habana 1.973.

(107) “En consecuencia, el interés es sólo la expresión del hecho de que el valor general…el valor que, en el proceso real de producción, adopta la figuar de los medios de producción, se contrapone como fuerza autónoma a la fuerza de trabajo vivo y es el medio para apropiarse de trabajo impago; y que es ese poder al contraponerse al obrero como propiedad ajena. Sin embargo, por otra parte, en la forma de interés se halla extinguido ese antagonismo con el trabajo asalariado, pues el capital que devenga interés tiene por antítesis, en cuanto tal, no al trabajo asalariado sino al capital actuante; el capitalista prestamista se opone directamente, en cuanto tal, al capitalista realmente operante en el proceso de reproducción, pero no al asalariado, a quien, precisamente, sobre la base de la producción capitalista, le han sido expropiados los medios de producción. El c apital que devenga interés es el capital en cuanto propiedad frente al capital en cuanto función. Pero en la medida en que el capital no funciona, no explota a los obreros y no entra en antagonismo con el trabajo.

      Por otra parte, la ganancia empresarial no configura una antítesis con respecto al trabajo asalariado, sino solamente al interés-K. Marx. El Capital. Tomo 3º, págs. 484 y 485 . Ed. Siglo XXI li bro III, vol.7º.

(108) V.I.Lenin. Acerca del Estado. Obras Completas. Tomo 39 pág. 89. Ed. Progreso. Moscú.

(109) Ver El rapto de Europa por el capital (Ramón Fdez. Durán).

(110) La incorporación de España a la CEE (1.986) se llevó a cabo no sin antes aplicar fuertes reconversiones a principios de los años 80, que supusieron la destrucción de más de 2 millones de empleos industriales y agrícolas, que tuvo como consecuencia el aumento de las importaciones y la generación de un fuerte déficit comercial. Gran parte de la industria, agricultura y ganadería española fue desmantelada como peaje al ingreso en la UE, para que no entrar en competencia con los Estados centrales y los miembros de la CEE, además de la privatización de los grandes monopolios y empresas estatales (Telefónica, Tabacalera, RENFE, SEAT…).

(111) ”A diferencia de la mayor parte de los sistemas de ayuda pública, las reglas de la Política Agraria Comunitaria –PAC- concentran los subsidios en quienes menos los necesitan…cuanto más tierra se posee más ayudas públicas se pueden recibir. Según un estudio de la Comisión Europea, publicado en el 2.002, el 18% de los perceptores concentran el 76% de las ayudas…A nivel estatal, alrededor de 300 beneficiarios reciben la desproporcionada cantidad de 398 mill., lo que significa una ayuda por perceptor de 1,3 mill.€…equivale a 10 veces el presupuesto público destinado a la agricultura en Mozambique…Mientras tanto, cada año desaparecen una media de 37.000 explotaciones agrícolas familiares en España. En el caso de Andalucía las familias recibieron en 2005 una cantidad cercada a los 12 mill.€, lo que supone un ingreso diario de 5.470 € por persona. En el otro extremos de la escala se encuentran las más de 10.000 pequeiñas explotaciones que reciben la misma cantidad que la otorgada a esos 6 terratenientes andaluces. Y mucho más aún es el vergonzoso subsidio de 383,28€ al mes que percibe un jornalero andaluz durante 6 meses…El nº1 del ranking lo encabeza la familia Mora Figueroa Domech, que gracias a sus empresas Complejo Agrícola y Agrícola de Barbate alcanzan los 4 mill. €…Félix Fernadez Barrera recibió el pasado año casi 3 mill.€. El tercero en la lista fue el Duque del Infantado quien se embolsó a su nombre 1,77 mill. € y la familia López de la Puerta…recibió en 2005 la cantidad de 1,33 mill.€…La Duquesa de Alba ingresó el pasado año 1,16 mill.€ procedentes de subvenciones, vía Junta de Andalucía. El total de sus tierras y fincas se acerca a las 34.000 hectáreas, equivalentes a más de 170 veces la extensión del Principado de Mónaco…Nicolás Osuna García (Haciendas del Sur) no es aristócrata pero cuenta con una de las fortunas más grandes de Sevilla. Su empresa recibió en 2005 la suma de 880.894 €…También la Compañía de Jesús u Mario Conde recibieron importantes cantidades de dinero…Los jesuitas, pese a proclamar su trabajo “en defensa de la fe y la proclamación de la justicia” no han tenido reparo en recolectar los 213.242€ asignados en 2005…” (Subvencionan con 5.470 € diarios a 6 familias andaluzas. José Daniel Fierro Ed. Rebelión 21-10-06).

(112) Ver El rapto de Europa por el capital (Ramón Fdez. Durán).

(113) En el 2.003 el porcentaje del PIB destinado a protección social, era del 19,7% en España y en la UE-15 el 26,3%. Sobre esta media se colocaron Suecia 33,5%, Dinamarca 30,9%, Francia 30,9%, Alemania 30,2%, Bélgica 29,7%, Austria 29,5%, Holanda 28,1%, Finlandia 26,9%, Reino Unido 26,7%, Italia 26,4% y Grecia 26,3%. Por debajo de la media de la UE-15 estaban a parte de España, Portugal 24,3%,  Luxemburgo 23,8%, y sólo por detrás de España Irlanda 16,5%. (Mercado de trabajo y Europa social: Perspectivas y propuestas. Jornadas de trabajo de IU- Oct. 2.006).

(114) El parlamento de la UE aprobó en febrero de 2.006 el texto definitivo de la directiva con los votos de la derecha y la mayoría de los partidos socialdemócratas (excepto el francés). Aunque el contenido del texto es ambiguo, se suprime el principio del país de origen (directiva Bolkestein), se introducen límites a la libre prestación, dejando a los Estados la capacidad para exigir a las empresas requisitos por razones de protección del medioambiente y salud pública, no afectará al derecho laboral, incluido el derecho sindical, el derecho a establecer convenios y las legislaciones nacionales de seguridad social. No obstante, serán la Comisión y el Tribunal de Justicia Europeo los árbitros supremos (lo mismo que mandar a la zorra el cuidando de las gallinas), lo cual será otro campo de batalla para pelear contra las posibles maniobras que los defensores del neoliberalismo en tales tribunales pretendan amparar.

(115) Entrevista a Toni Negri ante el referéndum en Francia sobre el Tratado. Ed. Libération. www.liberation.fr/page.php?Article=2962273#

(116) Entrevista a Toni Negri ante el referéndum en Francia sobre el Tratado. Ed. Libération. www.liberation.fr/page.php?Article=2962273#

(117) Ver La bolsa o la vida. Las finanzas contra los pueblos. (E. Toussaint) Ed. Tercera Prensa. pág. 88.

(118) El pensamiento secuestrado. Susan George. Págs 31 y 32. Ed. Icaria. Barcelona. 2.007. 

(119) Ver Imperio: dos tesis equivocadas (Atilio A. Boron) Ed. Rebelión.

(120) Ver Centralidad del Estado en el mundo actual (J.Petras) Ed. Rebelión.

(121) El pensamiento secuestrado. Susan George. Pág. 35. Ed. Icaria. Barcelona. 2.007. 

(122) Ver F. Tezanos. La sociedad dividida. Pág. 106. Ed. Biblioteca Nueva.

(123) Citado por Toussaint en La bolsa o la vida. Las finanzas contra los pueblos. Ed. Tercera Prensa.

(124) Los intelectuales de izquierda y su desesperada búsqueda de respetabilidad (J.Petras) Ed. Rebelión.

(125) K. Marx. Líneas fundamentales de la Crítica de la Economía Política (Grundrisse) Primera Mitad (K. Marx) Ed. Crítica. GrupoGrijalbo. Tomo I°, pág. 87.

(126) VerChina: ¿Porqué está de moda la calumnia antichina? (Jose Antonio Egido y Pablo González Velasco) Ed. www.rebelion.org.

(127) (128) ¿Leninismo o Maoísmo? Javier Sotomayor Pérez. Ed. Koldo Pérez de San Román 2009.

(129) (130) (131) (132) ¿Hacia dónde va China? (Herwig Lerouge) Ed. EPO 2007

(133) Ver China: ¿Porqué está de moda la calumnia antichina? (Jose Antonio Egido y Pablo González Velasco) Ed. www.rebelion.org.

(134) (135) (136)  ¿Hacia dónde va China? (Herwig Lerouge) Ed. EPO 2007

Un pensamiento en “PARTE 4. EL ESTADO

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