PARTE 5. B. LA DICTADURA DEL PROLETARIADO: DEMOCRACIA DE LA MAYORÍA SOCIAL

cccp

Miguel A. Montes

15 enero 2010

Revisado, corregido y ampliado el 15 julio 2014

ÍNDICE

4.5 Conocer para aprender de la experiencia soviética

4.5.1 Inicios de la experiencia soviética en la regulación económica

4.5.1.1 La cuestión campesina en la regulación económica

4.5.2 Apuntes sobre la cuestión sindical en el poder soviético

4.5.2.1 Posición de Lenin en el debate sindical

4.5.3 Del comunismo de guerra a la NEP

4.5.4 Consolidar la revolución socialista o ceder a la contrarrevolución capitalista

4.5.5 Colectivización e industrialización. Lucha de clases

4.5.5.1 Debate contra la colectivización e industrialización

4.5.5.2 Holocausto en la URSS ¿Realidad o Mito?

4.5.5.3 Las dos victorias del régimen socialista.

4.5.5.4 ¿Existía una lucha de oposición para derrocar al gobierno soviético?

4.5.6 Desarrollo de la planificación industrial y económica

4.5.6.1 Diferencias sociales con las reformas tras el XXº Congreso

4.5.6.2 El debate ideológico de las reformas económicas

4.5.7 ¿Existe una Economía Política del socialismo?

4.5.8 ¿Rige la ley del valor en el socialismo?

4.5.8.1 Conclusión. La URSS, la construcción del socialismo no concluida.

4.5.9 Las contradicciones de la dictadura del proletariado en la URSS

4.5.9.1 El corporativismo en el ejército soviético

4.5.9.2 Y llegó ¡La perestroika!

4.5.9.3 Las contradicciones existen en el socialismo y deben resolverse

4.5.10 Relaciones de Producción, Fuerzas Productivas y lucha de clases en la dictadura del proletariado

4.5.11 Superioridad de la planificación socialista a la economía mercantil

4.5.12 La catástrofe humanitaria de Rusia tras el hundimiento de la URSS

4.5.12.1 La catástrofe demográfica

4.5.12.2 La catástrofe alimentaria

4.5.12.3 El hundimiento del poder adquisitivo

4.5.12.4 El declive de la industria y la construcción

4.5.12.5 El declive de la agricultura

4.5.12.6 Tragedia de la contrarrevolución en Ucrania

4.5.12.6 Conclusión: acerca de la hecatombe rusa

 

4.5 Conocer para aprender de la experiencia soviética

Creo necesario hacer una lectura crítica sobre la experiencia revolucionaria más rica de la historia del movimiento obrero y comunista. Experiencia que introdujo conceptos nuevos, como capitalismo de Estado, socialismo en un solo país, construcción del socialismo, etc., conceptos no previstos por Marx, dado que fueron el resultado de la experimentación en un complejo marco de la lucha de clases, muy diferente de cómo se pensaba incicialmente: desarrollo desigual del capitalismo, ruptura por el eslabón más débil, y la estabilización del eslabón mas fuerte.

La experiencia de transición en la URSS durante 70 años, nos lleva a la conclusión de que la dominación de los productores sobre sus condiciones de trabajo y existencia, de los medios de producción y el consumo, la victoria del plan social sobre el mercado, y la extinción del Estado, como objetivos que tanto Marx como Lenin habían pivotado en sus trabajos teóricos sobre la transición (Crítica del programa de Gotha, El Estado y la revolución), a pesar de la gran capacidad creativa del proletariado ruso y del partido bolchevique no fueron resueltos en su totalidad, creo que por cinco cuestiones:

  • Primero por la imposibilidad de una revolución mundial, dado el fracaso del proceso revolucionario en las plazas fuertes del imperialismo;
  • segundo, por la revisión teórica en la economía política del socialismo, donde se teorizó sobre la base de la vigencia de la ley del valor bajo el socialismo, la existencia de la economía mercantil como un elemento propio de la economía socialista.
  • tercero, por la desviación economicista, donde el socialismo se pensó sólo como un aumento de las fuerzas productivas relegando a segundo plano las relaciones sociales e ideológicas;
  • cuarto, por el paulatino reforzamiento de la división social del trabajo, y la especialización en el ámbito de la superestructura política, implantando el gobierno caro (elevados gastos de administración) y una pronunciada diferenciación en la remuneración entre especialistas y obreros, malinterpretando la máxima de a cada cual según su trabajo;
  • y quinto, por el revisionismo ideológico iniciado tras el XXº Congreso del PCUS, al enfrentar la dictadura del proletariado con la extinción del Estado, al ignorar que ésta es una etapa histórica hacia la sociedad sin clases en cuyo trayecto no se debe bajar la guardia contra los enemigos de la revolución, con la ampliación de la base democrática de la dictadura del proletariado y la administración de las armas a cargo del pueblo.

Seguramente, si la guerra de intervención (1.918-21) no hubiera existido, la clase obrera y el partido hubiese dispuesto de más y más cuadros políticos y especialistas para la dirección inmediata de la producción social hacia el socialismo, y la sociedad soviética se hubiera desarrollado en un entorno de paz sin necesidad de dar grandes rodeos. Y si la revolución en Occidente se hubiese producido, la anunciada ayuda por los “marxistas revolucionarios” de los países más avanzados hacia la URSS hubiera impulsado con creces el desarrollo del socialismo y el ascenso al comunismo desde una perspectiva mundial, sin capitalismo y sin fascismo. No obstante, así pudiera ser en las grandes fantasías de la metafísica como método de análisis y pensamiento, pero la lucha de clases es poco indulgente con las transformaciones sociales precisamente porque los explotadores siempre se resisten como sea a abandonar política y socialmente la historia.

Por eso, como la lucha de clases en un entorno evidentemente hostil existe, con un comportamiento nada deportivo ni democrático por los explotadores cuando pierden la mayoría, para un análisis teórico de la experiencia socialista en la URSS, y sus contradicciones, creo que sobra la tendencia habida durante muchos años de atribuir la responsabilidad de las denominadas deformaciones burocráticas a una personalidad: Stalin, pintando un cuadro orwelliano donde antes de 1924 era todo un paraíso socialista y después de la muerte de Lenin una historia de terror.

El stalinismo, como telón de fondo, es un término ideológico explotado por los ideólogos del imperialismo, y no por casualidad, ni por capricho, ya que ello se utilizó para desprestigiar no sólo el socialismo existente, sino el comunismo como planteamiento, y de paso enterrar el método marxista-leninista para el análisis de los acontecimientos. En tal sentido, el XX° Congreso del PCUS (a puerta cerrada y a espaldas del pueblo soviético), cuya estrella fue el Informe “secreto” de Kruschev (60), fué incapaz de emprender un análisis científico de las contradicciones internas que emanaban de la propia sociedad soviética, quedando el partido incapacitado para aplicar las alternativas en la línea de superar las contradicciones, y de sustituir lo viejo por lo nuevo.

Por el contrario, era más fácil negar la existencia de tales contradicciones, entender el socialismo como un simple desarrollo ascendente de las fuerzas productivas donde las relaciones de producción están sometidas, mantener el status quo y echarle las culpas de los errores y desviaciones a la mala voluntad de una persona, haciendo del marxismo-leninismo una filosofía idealista estilo nietscheano. Esa simpleza explicativa de las cosas cargando las causas al “culto a la personalidad” significó el abandono del marxismo-leninismo como instrumento de análisis y la búsqueda de un cabeza de turco al que se le atribuye todos los mitos y deformaciones.

¿Cómo fué posible atribuir a Stalin la tesis de las fuerzas productivas como motor exclusivo de la historia, cuando casi toda la vieja guardia bolchevique (Zinóviev, Kámenev y Bujarin incluidos) e incluso Trotski y la mayoría de las secciones europeas de la IIIª Internacional en el transcurso de los años 20 y 30 fueron defensores de tamaña simplificación del marxismo?. ¿Con que objetivos se silencia este hecho, probado y demostrado?. Las consignas de que la técnica lo decide todo, alcanzar y sobrepasar a los países capitalistas más avanzados implantadas desde los años 50-60 en el medio soviético, partían del planteamiento teórico de que la técnica es el principal resorte de progreso al margen de las relaciones de producción y que la raíz de toda organización social se encuentra en una parte de las fuerzas productivas, tesis que Trotski introduciría en el debate sobre la cuestión sindical del Xº Congreso del partido (1.921) y que nunca dejó de defender ¡¡¡ni siquiera en su exilio!!!, lo que es una muestra más de la falta de rigor de los análisis que pretenden atribuir a Stalin por entero estas posiciones en la construcción del socialismo. La mayoría de los bolcheviques pensaban de esta forma, y como veremos en los debates sobre la cuestión sindical esa tesis sería la que se impondría al final y ello muy a pesar de Lenin sobre todo en la cuestión sindical.

La lucha de clases y las relaciones de producción con tal tesis economista quedó desplazada por las fuerzas productivas, y adquirió el carácter mecánico de efecto automático de destrucción de aquellas relaciones de la producción capitalistas o precapitalistas que dificultan el progreso de las fuerzas productivas. Con este planteamiento se recuperaba el economismo de la IIª Internacional, para el que la lucha de clases es un accidente, y las relaciones sociales un apéndice de las fuerzas productivas.

En realidad, las clases son históricamente los efectos de las relaciones de clases antagónicas, relaciones de producción-explotación, efectos que aparecen, se transforman en conflicto y desaparecen en la sociedad comunista. La lucha de clases no es una idea, es una realidad objetiva, y su desconocimiento condena a la clase obrera a perder la iniciativa histórica, haciendo de ella un mero juguete de las relaciones sociales de explotación y opresión, y no la fuerza social capaz de transformarlas mediante la revolución y la realización del comunismo.

Para el marxismo-leninismo el predominio de tal tesis en la URSS no se debía a la voluntad de una persona, sino que fue un efecto del surgimiento de nuevas contradicciones en la construcción del socialismo y en la lucha contra el imperialismo, que fueron abordadas desde una ideologización de los fenómenos (por parte de la oposición de izquierdas) oponiéndose al análisis científico de la esencia de la nueva realidad (coyuntura interna y mundial), y por la necesidad de forzar el desarrollo de las fuerzas productivas para la construcción del socialismo que la situación tanto nacional como internacional exigía a la URSS para sobrevivir. Y aunque algunos elementos de esta tesis fueron superados con la colectivización del campo (forzada por la lucha de clases), incluso por el propio Stalin cuando en pleno proceso de la industrialización socialista reconoce la importancia de la formación técnica de los obreros y cuadros y la dominación de las relaciones de producción en su debate con Yaroshenko, Venzher y los nuevos revisionistas, y en el VII° Congreso de la Internacional Comunista (1.935) donde se “descubrió” que la crisis capitalista no provocaba la revolución de forma automática y que ésta dependía más de la lucha de clases, al final, tal planteamiento economista se impondría de forma mucho más vigorosa precisamente después de la muerte de Stalin hasta la caída de la URSS.

Sobre Trotski (rehabilitado por la perestroika), existe una plaga de stalinomanía en querer hacerle pasar como el delfín del leninismo enfrentado al stalinismo. No se es veraz con esta posición ya que cualquiera que estudie a Lenin verá tanto antes como después de la revolución las contínuas desaveniencias tanto teóricas como políticas que separaban a ambos (partido, revolución permanente, NEP, socialismo en un solo país, alianza con el campesinado y los movimientos de liberación nacional, paz de Brest, cuestión sindical…etc), ni tampoco se es justo cuando se omite que Stalin en una situación muy distinta (sublevación de los kulaks) llevaría a cabo los planteamientos que Trotski defendiera con anterioridad contra la NEP (colectivización del campo, industrialización y planes quinquenales), sin que ello supusiera en Trotski un cambio de su posición anti-Stalin.

Desde el XXº Congreso del PCUS la construcción del socialismo y el comunismo se colocó de forma más contundente como producto de una competencia económica Estados socialistas/Estados capitalistas, y la revolución en Occidente como efecto de un desarrollo de la concentración de las fuerzas productivas sometidas al capitalismo monopolista de Estado (eurocomunismo en Francia, Italia, Japón y España). Tales tesis separaban la lucha de clases como motor de la historia del necesario desarrollo de la producción, y divorciaban la moral comunista del incentivo material y de naturaleza social para el empuje de las fuerzas productivas hacia el socialismo, como partes constitutivas del nuevo modo de producción comunista emergente.

Las consecuencias ideológicas del XX° Congreso fueron radicales, se sustituyó el concepto de dictadura del proletariado por el de Estado de todo el pueblo, y el concepto de partido del proletariado por el de partido de todo el pueblo. Se sustituyó la teoría marxista-leninista de la lucha de clases por el humanismo burgués, lo que no sólo iniciaría una amplia campaña de descrédito del socialismo en los países capitalistas, sino que tuvo como pivote la relajación de la lucha ideológica, con la pérdida del partido de su condición de vanguardia de la clase obrera, la desaparición misteriosa de las clases sociales y las relaciones de producción en la URSS, con el mito del Estado socialista como “estado de todo el pueblo”, disolviendo jurídicamente la dictadura del proletariado sin culminar la construcción socialista, consagrando el triunfo definitivo del socialismo como fase inferior de la sociedad comunista, afirmando que las condiciones económicas estaban ya maduras para la fase superior de la sociedad comunista (XXII Congreso del PCUS), suprimiendo de un plumazo la lucha de clases en la etapa de transición al comunismo, suponiendo las deformaciones burocráticas como algo ya superado y del pasado, olvidando la crítica que Marx hiciera al programa de Gotha por no decír nada de la dictadura revolucionaria del proletariado como periodo político de transición entre la sociedad capitalista y la sociedad comunista y “ni del Estado futuro de la sociedad comunista” (61), que al desarrollarse en dos fases, inferior/superior, socialista/comunista, la dictadura del proletariado encuentra en la fase inferior, socialista, su necesaria existencia, y en la fase superior, comunista, con la supresión de la lucha de clases, de los vestigios del capitalismo (morales e ideológicos), y las desigualdades, es cuando el Estado de la dictadura del proletariado se extingue. No hay en Marx nada de Estado de todo el pueblo, como consigna hueca y ambigua. Precisamente Marx ridiculizó cualquier discurso sobre el “Estado del pueblo”  recogido en el Programa de Gotha de la socialdemocracia alemana.

La dictadura del proletariado expresa la totalidad de los intereses de la clase obrera como única clase revolucionaria, objetivamente interesada en alcanzar el comunismo. No expresa los intereses de los burgueses, aunque pueda temporalmente no expropiarlos a todos a la vez, tampoco expresa los intereses de la pequeña burguesía aunque no la expropie directamente sino por medio de etapas, a través de la cooperativización e industrialización del campo, y tampoco expresa los intereses de los intelectuales y funcionarios cuya condición tiene su raíz en la existencia de la división del trabajo manual e intelectual, división a la cual la dictadura del proletariado tiene encomendada acabar en cuanto pueda. Tampoco puede decirse que el único contenido de la dictadura del proletariado sea la construcción pacífica de una sociedad nueva, ignorando el antagonismo social transitorio, las deformaciones burocráticas del Estado y que la puesta en correspondencia de las nuevas relaciones de producción socialistas con las fuerzas productivas no puede hacerse sin la destrucción de las viejas relaciones de producción, incluyendo la economía mercantil.

El socialismo no es una sociedad sin clases, sino una sociedad en la que toda forma de explotación está en proceso de desaparición a medida que desaparecen sus bases materiales e ideológicas. Y como decía Lenin, es un periodo de lucha entre el capitalismo agonizante y el comunismo naciente. Por tanto, el socialismo es un periodo ininterrumpido de revolución y profundización de la lucha de clases bajo nuevas formas y condiciones hacia el comunismo. Lucha de clases contra las fuerzas y costumbres de la vieja sociedad explotadora, contra los enemigos capitalistas exteriores y los restos de las clases explotadoras en el interior, contra los gérmenes de la nueva burguesía surgida sobre la base de la economía mercantil y la vieja división social del trabajo que todavía no han sido eliminadas. Ni las clases ni lucha de clases desaparecen bajo la dictadura del proletariado, lo único que hacen es asumir nuevas formas (lucha por la superación de la economía mercantil-ley del valor, predominio de las normas burguesas de distribución). La construcción socialista es un proceso ininterrumpido, que comienza con la toma del poder por la clase obrera, es la primera fase de la formación socioeconómica comunista; no es una formación independiente. Es el comunismo inmaduro.

Se olvidaban que Lenin en el programa del PC(b)R introdujo que en oposición a la democracia burguesa, que ocultaba el carácter de su Estado, el poder soviético reconocía abiertamente el carácter clasista de cualquier estado mientras no desaparezca la división de la sociedad en clases y todo poder estatal. Se olvida que Lenin (62) argumentaba que el objetivo de la dictadura del proletariado es crear el socialismo, suprimir la división de la sociedad en clases, convertir a todos los miembros de la sociedad en trabajadores. Se olvida que Lenin (63) argumentaba que la abolición de las clases es obra de una larga, difícil y tenaz lucha que no desaparece después del derrocamiento del poder del capital, y que por tanto la dictadura del proletariado-construcción del socialismo es también un período de lucha de clases, la cual es inevitable mientras no han sido suprimidas las clases, y que por tanto una vez conquistado el poder político, el proletariado no cesa en su lucha como clase, sino que continúa bajo otras formas y con otros medios, de que mientras subsistan las clases y mientras la burguesía derrocada decuplique sus ataques al socialismo en el terreno internacional, seguirá siendo indispensable esa dictadura (Tesis del informe sobre la táctica del PC(b)R). Afinando más, para Lenin la supresión por completo de las clases no consiste sólo en derrocar a los explotadores, capitalistas y terratenientes, no consiste en suprimir su propiedad, sino que es imprescindible también suprimir toda propiedad privada sobre los medios de producción, es necesario suprimir la diferencia existente entre la ciudad y el campo y entre los trabajadores manuales e intelectuales. Para Lenin esa obra requiere mucho tiempo. Para Lenin la misión del socialismo consistía en suprimir las clases y todas las diferencias, y que el periodo de la dictadura del proletariado abarca a toda la primera fase del comunismo, a todo el periodo del socialismo. Se olvida que Lenin promovió la idea de que el Estado desaparece sólo con la abolición completa de las clases, y que hasta que se mantengan las clases, se mantiene también el Estado como órgano de la clase políticamente dominante, y desarrolla el planteamiento de Engels de que cuando el Estado se convierta en representante efectivo de toda la sociedad, será por sí mismo superfluo (64). Como vemos el término de Estado de todo el pueblo en el socialismo, no lo encontramos en Marx y Engels, ni en Lenin.

Los imperialistas sí que lo tuvieron claro, por eso la lucha internta dentro del PCUS siempre fue un arma bienvenida para socavar a la URSS. Georges Kenan, teórico de la guerra fría, en 1947 dijo que

“si ocurriera cualquier cosa que pudiera perturbar la unidad y la eficacia del Partido como instrumento político, la Rusia soviética podría transformarse, de la noche a la mañana, de una de las más poderosas sociedades nacionales en lo más débil y lamentable” (65).

Esta perturbación de la “unidad y eficacia” comenzó en febrero de 1956 durante el XX congreso del PCUS. El imperialismo estaba contento de cómo se había desgastado la unidad del campo socialista gracias a Jruschrov. El 26 de marzo de 1962 Newsweek escribía:

“Nikita Kruschev ha destruido de forma irrevocable el bloque unificado de los tiempos de Stalin. Es posiblemente el mayor servicio que ha hecho Kruschev, no al comunismo, sino al mundo occidental”. (66).

En sólo 5 años (1956-1961) el 70% de los miembros del C.Central electos en el XIX congreso en 1952, fueron depurados entre el XX y el XXII congresos. En vísperas del XXII congreso se destituyeron al 45% de los miembros de los C.Centrales de las repúblicas y al 40% de los comités locales del partido. Se abrieron las puertas a un amplio sector no obrero de la población soviética. Ya en los años 80 la mitad de los miembros del partido provenían de la intelectualidad que no tuvo reparos en dar apoyo a la economía sumergida.

El XXº Congreso también acabó por confundir la política de coexistencia pacífica entre naciones y sistemas con diferente régimen social como la coexistencia entre explotadores y explotados, renegando de la tesis leninista ratificada por Stalin de que para acabar con las guerras es preciso que el imperialismo desaparezca. Y mientras esta tesis era declarada caduca por el XX° Congreso, se sucedía una tras otra agresión imperialista (Corea, Indochina, Angola, Congo, Chipre, Centroamérica…) (67). Así Kruchev comenzó por subestimar la naturaleza agresiva del capitalismo y el papel del cerco capitalista hacia la URSS. Su “nuevo curso” subordinó el internacionalismo proletario a la paz con el imperialismo.

Kruschev consideraba no solo a las guerras imperialistas evitables sino que también el cerco capitalista hostil alrededor de la URSS y los países socialistas había desaparecido. Eso era forzar la realidad, ya que las bases militares yanquis (misiles, radares, emisoras, etc) rodeaban a los países socialistas. Bzrezinski, ideólogo imperialista, consejero del presidente Carter de EE.UU., menciona el giro en la política exterior soviética de Stalin a Kruschev:

“Durante un largo período, los soviéticos pensaban profundamente que las guerras eran inevitables, puesto que el capitalismo y especialmente el imperialismo constituían la base económica de las guerras. Stalin había reforzado una vez más este principio en 1952….Paralelamente a la creciente posibilidad de una mutua destrucción los dirigentes soviéticos llegaron a pensar que la guerra, así como Kruschev lo adelantaba en el XX Congreso, ya no era una fatalidad inevitable” (68).

Igual que Kaustky quien fue tan lejos en su traición que llegó a afirmar que la fuente de las guerras no era el imperialismo, sino los movimientos de liberación nacional de las naciones oprimidas, así como la URSS, Kruschev, ante la creciente militarización del imperialismo y las invasiones y guerras locales, agitaba el fantasma de la guerra al destacar que cualquier guerra local corría el riesgo de encender la guerra mundial. La alternativa, el desarme. Eso significaba un giro radical en la política internacionalista pues colocaba a los comunistas pasivos e incluso contrarios a la lucha anti-imperialista en la periferia. Este debate ya lo tuvo Lenin cuando criticaba la consigna socialdemócrata de desarme, anteponiendo armar al proletariado para vencer, expropiar y desarmar a la burguesía y que sólo después de haber desarmado a la burguesía podría la clase obrera convertir en chatarra toda clase de armas, pero solo entonces, nunca antes. Por el contrario para Kruschev había que evitar la guerra a cualquier precio, incluso en colaboración con el imperialismo, donde la única forma de lucha posible pasa por la “emulación económica pacífica” entre países capitalistas y socialistas, ignorando el poderío político y económico de los Estados imperialistas al expoliar sus colonias y neocolonias. Kruschev ocultaba el hecho de que desde la IIª Guerra Mundial surgieron diferentes revoluciones anti-imperialistas de orientación socialista producto de agresiones imperialistas (China, Corea, Vietnam…) o de apoyo directo a dictaduras fascistas (Cuba, Nicaragua…).

Kruschev no sólo sostuvo que todas las guerras podían ser evitadas sin eliminar el imperialismo, sino también que las contradicciones principales (capital-trabajo, imperialismo-socialismo, imperialismo-pueblos oprimidos) habían desaparecido con la aparición de las armas nucleares. Sólo quedaba una contradicción entre la supervivencia común del imperialismo y de las clases y naciones oprimidas por un lado y su aniquilación por otro lado. Con esta teoría del chantaje nuclear, los revisionistas kruschevistas enunciaron la tesis de que la paz mundial podía ser defendida, no con la formación de un frente anti-imperialista, sino mediante la cooperación entre la URSS y el imperialismo yanqui.

“Nosotros somos los países más fuertes del mundo, y si nos unimos por la causa de la paz, no puede haber guerras” (69).

Estas declaraciones se hacían tras la guerra del imperialismo yanqui contra Corea, y cuando ya estaba trabajando para prepararse en la guerra contra el pueblo vietnamita. Durante este tiempo que coincidió con la lucha por la independencia de Argelia, la URSS bajo la dirección de Kruschev se negó a apoyar la guerra de liberación nacional, y se puso de lado del imperialismo francés al catalogar la cuestión argelina como un “asunto interno” de Francia. Y se negó a reconocer el gobierno provisional de la República de Argelia durante muchos años. Otra capitulación frente al imperialismo fue con la República del Congo. La URSS votó junto a EE.UU. una resolución en el consejo de seguridad para enviar fuerzas de la ONU al Congo ayudando así al imperialismo bajo la bandera de la ONU, a intervenir en los asuntos internos del país y asesinar a Patrice Lumumba.

Las palabras de Lenin siguen resonando, el capitalismo en su fase imperialista, destaca en sus rasgos económicos esenciales por un apego mínimo a la paz y la libertad y un desarrollo máximo del militarismo, y no advertir esto es rebajarse al nivel de un lacayo de la burguesía (70). Precisamente ha habido experiencias que dejan claro que cuando las clases explotadoras recurren a la violencia contra los pueblos, es necesario tener en cuenta el paso no pacífico al socialismo, el marxismo-leninismo enseña y la experiencia histórica confirma que las clases explotadoras no ceden el poder voluntariamente (Indonesia, Chile, Venezuela…).

Lenin planteaba que la transición del capitalismo hacia la fase del capitalismo monopolista, del capital financiero, está ligado a la agudización de la lucha por el reparto del mundo, y siendo la pugna del reparto del mundo la esencia del imperialismo, la guerra no es más que la continuación de tal lucha por otros medios. En conscuencia, si no se derroca al imperialismo, cualquier período de paz posterior a una guerra no será más que una tregua. La lucha por la paz está ligada a la lucha por la superación del capitalismo.

Otra claudicación de la lucha de clases a nivel internacional fue la relajación de la coordinación de los partidos comunistas. La Oficina de Información Internacional de los Partidos Comunistas creada a raíz de la disolución de la Komitern (30) sería disuelta en 1.956, las conferencias internacionales de Partidos Comunistas y Obreros no lograrían jugar el papel dirigente, amplio y unificador de los partidos comunistas que Dimitrov planteara.

El XXº Congreso también introdujo en el movimiento comunista internacional la tesis de que el parlamentarismo era la forma superior de la lucha política en los países capitalistas desarrollados y que era posible desde las instituciones burguesas la transformación pacífica al socialismo olvidando no sólo la propia historia de todos los procesos revolucionarios sino de lo que el propio Lenin planteaba.

Sobre el parlamentarismo Lenin deducía que los comunistas reconocen la necesidad de la participación de la clase obrera en la actividad parlamentaria, pero el objetivo de tal participación es la utilización del parlamento como medio para desvelar la naturaleza reaccionaria, podrida y anticuada del sistema burgués, y para educar a las masas y desenmascarar el parlamentarismo burgués, no para sembrar ilusiones.

“…limitar la lucha de clases a la lucha parlamentaria, o considerar esta última como la forma superior y decisiva de lucha, a la que están subordinadas todas las demás formas e lucha, es una auténtica deserción al campo de la burguesía contra el proletariado” (71).

Sobre la transformación pacífica del capitalismo, Lenin siempre fue claro:

“…la sola idea de querer subordinar pacíficamente a los capitalistas a la voluntad de la mayoría de los explotados, de la transición pacífica, reformista hacia el socialismo, no sólo es de un filisteísmo extremo, sino también un engaño total y absoluto de los trabajadores; es el embellecimiento de la esclavitud asalariada del capitalismo, una ocultación de la verdad. La cuestión de fondo es que la burguesía, incluso la más educada y democrática, ya no duda en recurrir a cualquier crimen o fraude, a masacrar a millones de obreros y campesinos a fin de salvar la propiedad privada de los medios de producción. Sólo el derrocamiento violento de la burguesía, la confiscación de su propiedad, la destrucción de toda la maquinaria estatal burguesa, de abajo a arriba –parlamentaria, judicial, militar, burocrática, administrativa, municipal, etc…- sólo medidas de este tipo pueden asegurar una subordinación real de toda la clase explotadora” (72).

Lenin siempre fue fiel a los planteamientos de Marx y Engels, quienes ya en el Manifiesto planteaban que era indigno que los comunistas ocultaran sus ideas y objetivos, loc cuales sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Evidentemente, la violencia no ha que confundirla con la sangre, únicamente la expropiación del poder del capital ya supone el grado máximo de violencia que los capitalistas no están dispuestos a admitir pacíficamente.

Las consecuencias políticas del XXº Congreso fueron medir mal la permeabilidad del capitalismo como sistema, apostando por la transformación socialista en las metrópolis imperialistas por vía parlamentaria, apuntillando que el socialismo ya había triunfado en Europa del Este y la URSS definitivamente, que la URSS ganaría en una competencia pacífica con los EE.UU., que el capitalismo se derrumbaba en el mundo entero mientras el socialismo triunfaba irremediablemente, lo que posibilitaba la conquista del poder en Europa y el resto del mundo por vía pacífica, ¡¡¡que el imperialismo había perdido su carácter agresivo!!! y se había convertido en una fuerza pacífica con la que se puede colaborar, colocándose al margen de la existencia de la dictadura neocolonial del imperialismo en Africa o Latinoamérica.

Las consecuencias económicas en la URSS del XXº Congreso fueron el impulso al desarrollo de la autogestión empresarial frente a la planificación social, se descentralizó la planificación premiando la ganancia como la base económica de la rentabilidad de las empresas, vendiendo las EMT (Estaciones de Máquinas y Tractores) que alimentaban de tecnología a los koljoses; se introdujeron mecanismos de mercado en la gestión de la economía; se emularon los métodos americanos de agricultura; se modificaron las prioridades de inversión a favor de la industria ligera, con el pretexto de elevar el nivel de vida, aunque en los hechos fuese lo contrario ya que sin el desarrollo de la industria pesada, es imposible mejorar la agricultura y el suministro de bienes de consumo. Ya lo advirtió Stalin:

“renunciar a la primacía de la producción de medios de producción supondría suprimir la posibilidad de desarrollar initerrumpidamente nuestra economía nacional” (73).

Pero Stalin no aportaba nada nuevo, ya Lenin en noviembre de 1922 decía esto:

“economizamos en todas las cosas. Debemos hacer esto porque sabemos que a menos que salvemos la industria pesada, a menos que la restauremos, no seremos capaces de aumentar una industria en absoluto; y sin una industria iremos abajo como país independiente”.

Tanto para Lenin como para Stalin la industria pesada a gran escala era la base de la colectivización agraria y la planificación económica, algo que no coincidía con las tesis de Bujarin y hasta Mao en China partidarios de una industrialización a ritmo lento.

Tras el XXº Congreso, en 1.962 se concluiría que en 2 décadas se crearían la base material y técnica del comunismo, que en un breve plazo, en 1965, se había de sobrepasar en la producción por habitante a Francia, RFA e Inglaterra, que en los años 70 se superaría a los EE.UU., que la restauración del capitalismo era imposible y que la dictadura del proletariado y la lucha de clases habia dejado lugar al humanismo universal encarnado en el Estado y el partido de todo el pueblo. Esta última tesis  condujo a debilitar la vigilancia de la clase obrera, facilitar el trabajo quintacolumnista, al relajamiento en la lucha ideológica contra las corrientes burguesas y al aumento del burocratismo en el Estado y el partido.

En realidad se ignoraba que el paso del capitalismo al comunismo llena toda una época histórica y mientras esta época no finalice, los explotadores siguen abrigando esperanzas de restauración. Es por esta razón que la dictadura del proletariado en Lenin, supone el empleo de la violencia para aplastar la resistencia de los explotadores y sus secuaces, y que el oportunismo no extiende el reconocimiento de la lucha de clases a lo más principal, al periodo de transición del capitalismo al comunismo, al período de derrocamiento de la burguesía y su destrucción como clase.  Lenin afirma que la esencia de la teoría de Marx acerca del Estado sólo la asimila quien haya comprendido que la dictadura de una clase es necesaria no sólo en general para toda sociedad dividida en clases, no sólo para el proletariado después de derrocar a la burguesía, sino también para todo el período histórico que separa al capitalismo de la sociedad sin clases, del comunismo.

Dos décadas más tarde del XXII congreso Gorbachov proclamaría el fracaso de estas ilusiones de alcanzar el comunismo, reconocería la superioridad de los EE.UU., ¡solicitando su ayuda! y frente a la virtual victoria mundial del socialismo en los años 60, Gorbachov acabaría por revindicar la reintegración de la URSS en la economía capitalista mundial.

En definitiva, el XX° Congreso en vez de suponer un paso hacia adelante hacia la plena democracia obrera, el reforzamiento de la lucha ideológica contra el imperialismo, el avance en la socialización de las fuerzas productivas y el reforzamiento del partido como dirigente real, en realidad supuso un quiebro sin retorno hacia atrás.

Tales elementos fueron la base social de un posterior giro hacia el revisionismo en la teoría, el abandono de la lucha de clases por un humanismo abstracto, y de la dictadura del proletariado, y sustitución por Estado de todo el pueblo, silenciando los aspectos pendientes en la construcción del socialismo (superación de la ley del valor, el mercado, del burocratismo, etc). Treinta años más tarde Gorbachov reivindicaría ese humanismo abstracto bajo la sombra del socialismo utópico:

“Comprendemos ahora el socialismo como una gran idea, cuyas raíces penetran en las bases humanistas de la cultura mundial y del pensamiento humano universal” (74).

Fue de ese idealismo y humanismo utópico del cual Marx y Engels se desembarazaron no en sus fines, pero sí en sus medios para alcanzar el socialismo, para pasar al socialismo científico en el campo de la lucha de clases dando apoyo al sujeto revolucionario: la clase obrera.

El concepto de coexistencia pacífica bajo Gorbachov se denominó “valores humanos universales”, un eufemismo para esconder la alianza con el imperialismo. Gorbachov traicionó a los movimientos de liberación nacional y a los países socialistas. En febrero de 1989, las últimas  tropas soviéticas abandonaban Afganistán dejando al gobierno de Najibullah a merced de los mercenarios financiados y armados por el imperialismo. En mayo de 1989 se detuvieron los envíos de armas a Nicaragua. En 1990, la URSS puso término a la ayuda anual de 5 billones de dólares a Cuba, que incluía el suministro de petróleo.

Recogiendo el testigo de Kruschev la tesis principal de Gorbachov sería que el mundo en el que vivimos es “interdependiente e integral y debemos de cooperar entre sí”, haciendo caso omiso de todas las contradicciones básicas de nuestra época (socialismo/imperialismo, proletariado/burguesía, naciones oprimidas/imperialismo, entre los países imperialistas) para perseguir el objetivo de un mundo basado en la cooperación entre socialismo e imperialismo, explotados y explotadores, opresores y oprimidos. Todo un poema. Pero esa internacionalización de la economía no es nueva, porque es tan antigua como el capitalismo moderno. Desde sus inicios el capitalismo siempre persiguió el mercado mundial, lo que fue el punto de partida de los descubrimientos geográficos del siglo XV hacia delante, el comercio de esclavos, la colonización de América, y posteriormente de Asia y África. Y hoy en la actualidad echando una vista a nuestro mundo vemos como se caracteriza por la explotación salvaje del proletariado, la frenética carrera armamentista y las guerras neocoloniales por los recursos, la opresión y explotación de las naciones de la periferia, y así nos damos cuenta de que el mundo lejos de ser integral está partido en dos por contradicciones antagónicas.

El desvarío teórico era tan enorme que en su obra cumbre “La Perestroika” dice:

“Sabemos lo importante que son el Oriente Medio, Asia, Latinoamérica, otros países del Tercer Mundo y también Sudáfrica, para las economías de EE.UU. y de Europa Occidental…Cortar esos vínculos es lo último que deseamos y no tenemos el menor deseo  de provocar rupturas en intereses económicos mutuos…” (75).

No es que no cambiara la naturaleza del imperialismo, lo que cambió fue la naturaleza de la URSS a favor de las necesidades del imperialismo. En lugar de oponerse al saqueo y robo imperialista, en lugar de dar ayuda a todos aquellos que luchan contra el imperialismo, la URSS de Gorbachov reconoció la necesidad imperialista de saquear los recursos de esos países de forma “pacífica” a través del neocolonialismo. Al parecer ya no se puede poner en riesgo ninguna de las relaciones económicas  constituidas a lo largo de la historia, incluso las del proletariado y la burguesía. Que el imperialismo debe comprender que su desarrollo no requiere la expansión del militarismo en el tercer mundo, y que deben dejar la carrera armamentista y dedicar esos recursos para el desarrollo de tales países. Algo tan utópico como reaccionario. Tal conmovedora estima por los intereses de explotación capitalista e imperialista no pasaron desapercibidos por los anticomunistas más fervorosos de la época, tanto Reagan como Tatcher declararon sin equívoco “nos gusta el serñor Gorbachov, podemos hacer negocios con él” (76).

Gorbachov decía que el dictamen de Clausewitz de que la guerra es la continuación de la política por otros medios había quedado anticuada, que el imperialismo puede solucionar su crisis de forma pacífica y resolver sus contradicciones, prescindiendo de la militarización y la guerra, alejándose de la teoría de Lenin de que no se puede acabar con la guerra sin acabar con el imperialismo. La continuidad de las guerras tras la contrarrevolución en la URSS con millones de desplazados y muertos fueron las primeras en desmentir los estúpidos cuentos de “Gorbi” sobre el mundo integral e interdependiente.

Gorbachov fue más lejos que Kaustky al admitir que el desarrollo del monopolio del capitalismo no necesariamente lleva a la guerra. Lo que colocaba a la guerra fría, la rivalidad interna entre los imperialistas, la invasión económica y la dominación política y militar de los países dependientes, como acontecimientos casuales y no como el resultado de las leyes inherentes al capitalismo monopolista actual.

La tesis de Gorbachov con nuevas contradicciones sobre un mundo integral e interdependiente en el que los explotadores y explotados se dedican a evitar la ruptura de las relaciones económicas constituidas a lo largo de la historia, fue una clara desviación de lo aceptado por todo el movimiento comunista, sobre la resistencia de los países dependientes contra el saqueo imperialista, y la intensificación de la crisis general del capitalismo.

En definitiva, Gorbachov siguió la senda del humanismo abstracto desatado por el XXº Congreso del PCUS donde la lucha de clases a nivel mundial era desplazada por los problemas comunes del mundo (ecológicos, energéticos, etc.) evaporando la alternativa socialista al capitalismo en todos los análisis y conflictos de clase y nacional.

Samuel P. Huntintong, asesor del gobierno EE.UU. durante varias administraciones, que planteó la destrucción de las zonas rurales mediante bombas y NAPALM para destruir el VietCong, en su libro “The Crisis of Democracy” ya llegaba a las mismas conclusiones que Gorbachov. Para Huntintong los conflictos que tradicionalmente han dado forma a la lucha política, obreros contra capitalismo, Estado contra Estado, quedó relegado al rincón de las antiguallas, sin embargo otros problemas de tipo global (ecología, contaminación ambiental, explosión demográfica) son planteados como problemas generales que traspasan las barreras de clase, nación o ideología. Para Huntintong la cuestión central no es la lucha de clases, ni la liberación nacional aunque se la combata con bombas y NAPALM (totalmente antiecológicas y genocidas por cierto), sino la administración de los escasos recursos mundiales y la capacidad destructiva de la tecnología.

Brzezinski, asesor de seguridad nacional de la administración de Carter, otro reaccionario destacaba el canto por la hermandad mundial:

“La emergente conciencia internacional que va más allá de las preocupaciones meramente nacionalistas; una tendencia a ver los problemas internacionales como cuestiones humanas y no como confrontaciones políticas; y un fuerte sentido de idealismo público” (77).

De esta forma los ideólogos imperialistas enmascaran las contradicciones antagónicas, y todo aquel que se saliese era tildado de anti-humanista. El parentesco de los Huntintong y Brzezinski  imperialistas y el Gorbachov “comunista” es encomiable.

La perestroika de Gorbachov vino a apuntalar el revisionismo de derecha, que se convertiría en una lucha final contra el socialismo. Marina Pavlova Silvanskaia lo resumiría de esta forma:

“Un cambio radical en la política económica demanda justamente a los partidos comunistas el abandono de sus raíces ideológicas y sociales de clase” (78).

Junto a los anticomunistas de occidente que cocinaron la receta del “antistalinismo” vivirían y prosperían los herederos de las clases derrocadas por la revolución socialista, muchos de los cuales estuvieron lejos de olvidar las pérdidas de sus antepasados, y los descencientes de los nepmans, basmaches y kulaks resentidos por el socialismo.

Al final no sería la lucha de clases la que se disipó tras su mistificación lapidaria en el XXº Congreso, sino la URSS y el propio PCUS. No obstante, el sistema soviético era tan fuerte que tuvieron que transcurrir más de 30 años, para que se llegará a la catástrofe final que en 1.991 provocó la liquidación del PCUS y la desintegración de la URSS.

Por ello, al margen de las consecuencias que ya conocemos hoy, desde un análisis marxista-leninista estamos obligados a desmitificar la imagen que se ha propagado por el imperialismo de la URSS como régimen totalitario, ya que ésta es totalmente incoherente con la historia de la URSS y su naturaleza de clase. Como si el pueblo, su gobierno soviético, y su partido, nada hubieran tenido que ver con la defensa de los frentes populares, la derrota del nazifascismo, la mejora de las necesidades sociales (empleo, sanidad, enseñanza…) a través del desarrollo extraordinario de las fuerzas productivas en coyunturas de crisis económica bajo el capitalismo (desarrollo impulsado por la planificación socialista), el apoyo y avance de la revolución mundial y la liberación nacional de las excolonias, etc.

Tal propaganda, imperialista en el fondo, parte del erróneo fundamento, denunciado por Pierre Vilar, de situar la contradicción fundamental no entre clases explotadas y explotadoras, entre capitalismo y socialismo, sino entre democracia a secas (donde cabe el régimen Mckartiano, Reaganiano y Bushniano de EE.UU., por poner un ejemplo) y los totalitarismos, equiparando Pinochet y Hitler con Stalin, y si éste ayudó a la IIª república española y apoyó los frentes populares, fue unicamente por intereses estratégicos para debilitar a las democracias occidentales (¿), olvidando de un plumazo el papel de la URSS en la Sociedad de Naciones (79), silenciando el Comité de no intervención de las democracias burguesas a favor del fascismo, con la complicidad de dirgentes y gobernantes socialdemócratas, y que la URSS fue la única en dar apoyo político y militar a la democracia española. Así reza la diatriba anti-Stalin esgrimida desde Orwell hasta el magnate de prensa yanqui William Randolph Hearts. Tal imagen no corresponde con la realidad histórica, ni con el análisis marxista-leninista, ya que en el fondo el régimen soviético y Stalin eran para la burguesía, lo que Lincoln y el capitalismo para los terratenientes antiabolicionistas del sur: un enemigo de clase y un sistema social a batir.

Seis décadas de la historia soviética aparecen descartadas en la propaganda “antistalinista”, la cual nos deja la sensación de que la URSS sólo tiene historia hasta Lenin, y que el resto de ella se puede reducir al culto a la personalidad, el subjetivismo y el estancamiento.

En este campo también la perestroika y la glasnot de Gorbachov labraron. Criticaron las “ilegalidades” bajo el mandato de Stalin por necesidades políticas de tensión internacional o por la exacerbación de la lucha de clases interna. Sin embargo, en una mirada a la perestroika veremos como en virtud de ella, los capitalistas, antes de demoler la planificación socialista, han acumulado grandes riquezas, no sólo a través del comercio legal, sino también del mercado negro, demostrando que ellos sí que están más allá de la ley. Es evidente que bajo el período denominado como “culto a la personalidad” este tipo de cosas no hubiera sucedido. Como tampoco a ningún director de prensa soviética se le hubiera permitido convertir su diario en un trapo anticomunista.  Como tampoco se hubiera permitido que nadie creara cooperativas privadas y acumulase riquezas. Como tampoco se hubiera tolerado que se descolectivizase la agricultura o se propagara el desempleo como solución a los problemas económicos de la URSS.

Sobre Stalin no se puede decir como hacía Gorbachov de que el culto a su persona era ajeno a la naturaleza del socialismo, para luego admitir que lideró el principal núcleo del partido y salvaguardó el leninismo en la lucha ideológica. Tampoco se puede decir que decapitó el Ejército Rojo, para luego a continuación admitir que

“un factor en la victoria fue la enorme voluntad política, la determinación, y la persistencia, la capacidad de organización y la disciplina de la gente, que mostró en los años de la guerra por Josef Stalin” (80).

Tampoco se le puede acusar de “medidas sistemáticas y represivas, y de actos de ilegalidad”, y luego reconocer que un sentimiento de entusiasmo y orgullo impregnaban al pueblo soviético que construyó el socialismo en un ambiente de sencillez, igualdad e inmensas oportunidades para los trabajadores. Como tampoco se puede acusar a Stalin de graves errores y abusos políticos y por otra parte admitir que las masas entendían y aceptaban la viabilidad de los planes del partido, y describir el entusiasmo con el que millones de personas se sumaron a la hora de construir una industria socialista.

Fue en ese contexto donde los seguidores de Kruschev jamás tuvieron el valor de publicar el informe del XX congreso del PCUS por miedo a la hostilidad del pueblo soviético. Lo que hicieron fue publicarlo en el extranjero a través de sus contactos con las agencias imperialistas de prensa en Moscú.

El director del servicio de información de los EE.UU. declaró que el ataque de Kruschev contra Stalin “nunca concordó tanto con nuestros objetivos” y en el New York Times habló de la utilización del informe secreto como “un arma para destruir el prestigio y la influencia del movimiento comunista” y John Foster Dulles aprovechó la ocasión para abogar por una transformación pacífica en la URSS (81).

Negando a Stalin el XX Congreso revisó el leninismo en temas como la negación de la dictadura del proletariado, el camino al socialismo y la actitud hacia el imperialismo. Kruschev pintó un cuadro del gobierno yanqui resistiendo a las fuerzas de la guerra y no como representantes de las fuerzas imperialistas de la guerra.

Décadas más tarde cuando Gorbachov pudo descubrir que contra su objetivo de restaurar el capitalismo se levantaba la hostilidad del pueblo soviético frente a la economía de mercado, por su compromiso con la economía socialista planificada en la que no se conocía el hambre, el paro, la inseguridad en el futuro, ni la explotación de clases. Por eso la reestructuración económica hacia el capitalismo, la perestroika, tuvo que ir previamente acompañada de un fuerte ataque contra los valores la ideología y los logros del socialismo y ¿qué mejor que atacar las bases del socialismo, con el pretexto de combatir el “culto a la personalidad”, el “sistema de dirección administrativa”, el “excesivo centralismo”…?. En realidad el ataque de Kruschev y Gorbachov no iba dirigido a Stalin, sino al socialismo. Si 40 años después de su muerte tanto los revisionistas como el imperialismo encontraban necesario aniquilar por enésima vez a Stalin era porque los logros relacionados con su gobierno (colectivización de la agricultura, industrialización de la URSS sobre la base de los planes quinquenales, la defensa de la URSS frente a las estrategias del imperialismo y la victoria sobre el nazismo, la creación de una vida culta para todo el pueblo, y la derrota de los revisionistas de derecha e izquierda en el partido) aún constituía un obstáculo para sus planes de restauración del capitalismo.

No obstante, tampoco se debe caer en extremo opuesto, en eximir de responsabilidades a Stalin, de sus errores, que los tuvo, dejando lo bueno para el y lo malo para los otros dirigentes bolcheviques. El medio en el que se movió Stalin, fue el medio en el que se desarrollaron los errores ya aludidos, primacía de la fuerzas productivas en los análisis sobre la construcción del socialismo, determinismo en la interpretación de la crisis capitalista y la tesis del socialfascismo, que tuvo que ser demolida por Dimitrov. Errores en los que otros tuvieron mayor responsabilidad. Pero también Stalin tuvo los suyos, los reconocidos por él en la edición de sus obras, sobre el debate del programa agrario (1.906) y las tesis de abril de Lenin en 1.917 (82).

Y otros errores no reconocidos o percibidos, ya que aunque Stalin en su última etapa defendía la dominación de las relaciones de producción sobre las fuerzas productivas en la construcción y desarrollo del socialismo, definiría sin embargo que en el socialismo la ley del valor seguiría funcionando mas allá de la simple contabilidad en el trabajo, confundiendo la etapa de transición con la fase inferior de la sociedad comunista, elemento que los economistas soviéticos y el propio Kruschev utilizarían para suplantar la dictadura del proletariado, y para consagrar la contabilidad del trabajo según no sólo la cantidad e intensidad del trabajo, sino la calificación. Indicador que vendría a justificar la pronunciada diferenciación en la escala salarial entre obreros y técnicos, obreros y empleados administrativos, que más allá de ser una condición provisional (inicios del poder soviético y primeros planes quinquenales) y que más allá que premiar el ingenio y la productividad, acabaría por establecerse, implantando un determinado status que abarcaría a toda la superestructura jurídico-política, implantando el gobierno caro.

Por mi parte voy a intentar aportar lo posible para desmitificar el debate, situando los elementos que se dieron tanto en el curso de la lucha de clases como en la praxis del partido comunista soviético: los inicios del poder soviético en la regulación económica, la cuestión sindical, la cuestión del socialismo en un país, la colectivización agraria y la planificación socialista, para desvelar las virtudes y contradicciones de la experiencia soviética en la lucha por el socialismo desde una perspectiva marxista-leninista hacia un horizonte comunista.

4,5,1 Inicios de la experiencia soviética en la regulación económica

En el proceso de la revolución socialista de octubre, los soviets fueron las organizaciones de contrapoder de masas que permitieron a los bolcheviques la conquista del poder político. Fueron los auténticos órganos de poder real en la lucha contra el Estado burgués, forma superior de la democracia real más basta conocida hasta entonces, cuya política-económica era puesta al servicio de la mayoría de la sociedad. Y en ese sentido fueron dirigidos los primeros decretos del gobierno soviético: paz inmediata, nacionalización y reparto de la tierra entre los campesinos, abolición de la deuda pública interior y exterior de la Rusia zarista con las potencias imperialistas, nacionalización de la banca, el comercio exterior y la gran industria, control sobre la producción y la distribución de las mercancías, control que en principio no aplicaba la confiscación de todos los capitalistas sino la instauración del control obrero sobre la producción, para el cual la clase obrera debería de dotarse de elementos duales, de vigilancia a los capitalistas y de aprendizaje para la gestión.

Eran medidas de transformación social, encaminadas a la liquidación de las plazas fuertes de las relaciones de producción capitalistas, en un país atrasado utilizando el dominio político de clase para impulsar el desarrollo de las fuerzas productivas y transformar paulatinamente las relaciones de producción capitalistas en socialistas. La nacionalización era el primer paso, ya que si la socialización de la economía quería tener éxito, era imprescindible la transformación de las formas jurídicas de propiedad.

La nacionalización en la URSS se efectuó en un tiempo breve, de diciembre de 1917 a junio de 1918. La nacionalización socialista supuso la expropiación de la burguesía y la transferencia a la propiedad del Estado proletario de los principales medios de producción: fábricas, ferrocarriles, centrales eléctricas, medios de transporte marítimo, grandes empresas agrícolas y comerciales, etc. Con ello se suprimió por vía revolucionaria la gran propiedad capitalista y se creó la propiedad socialista. Tuvo importancia estratégica la nacionalización de la gran industria, la banca, el comercio exterior y la tierra, como palancas decisivas de la política económica. Se comienza a superar la contradicción entre el carácter social de la producción y la forma capitalista de apropiación, el desarrollo espontáneo va dando paso a la principio de la dirección planificada.

Lenin siempre consideró al capitalismo monopolista de Estado como la antesala del socialismo, el desarrollo de la empresa monopolista-estatal da origen a un mecanismo de administración social de alta perfección técnica, que pueden poner en marcha los mismos obreros unidos al servicio del pueblo, tomando como referencia el capitalismo monopolista del Estado alemán, el mas avanzado de Europa, ya que Rusia heredaba un sistema económico desorganizado y dependiente de las Transnacionales y el capital financiero extranjero. Incluso Engels en el Anti-Duhring analizaba positivamente la conversión de la concurrencia en monopolio, donde la producción anárquica cedía el sitio a la economía planificada todavía en manos de acumulación de capital, del capitalista colectivo, siendo un elemento material que despojado de las relaciones de producción capitalistas, serviría para la sociedad socialista naciente. Marx también recomendaba la adopción de los avances productivos del capitalismo para caminar al comunismo. En la misma dirección Lenin clamaba por la adopción de las técnicas de la producción capitalista, despojadas de las relaciones de producción explotadoras. La socialización de las actividades economico-productivas a través de la división técnica + la tecnología + la gran industria, pasaba a ser una premisa necesaria del socialismo, ya que éste no surge con base propia, sino que hereda la base material y técnica del capitalismo más avanzado.

Ya, en la sociedad capitalista actual, la gestión (administración, dirección) de la mayor parte de estas fuerzas productivas está separada de la propiedad individual capitalista: los capitalistas son accionistas que no participan a menudo directamente en su gestión (separación entre la dirección y la propiedad). Los medios técnicos para la planificación de las actividades económicas en el ámbito local y estatal, ya son preparados en el capitalismo. La planificación capitalista de las ganancias, ya aplicada hoy por los grandes complejos industriales entre secciones de una misma unidad productiva y entre unidades productivas que dependen de un mismo grupo financiero a pesar de que estén esparcidas por los cuatro ángulos de la tierra, ha preparado todo lo que es necesario para la planificación propia de la sociedad socialista.

En general, el capitalismo ha preparado todo lo que necesita la sociedad socialista para proyectar y coordinar sus actividades económicas. Estos medios deben ser liberados de las cadenas que la relación de capital les impone (están limitados por su carácter de instrumentos auxiliares de la propiedad individual y privada capitalista, como superestructuras de ésta) y deben desarrollarse en el ámbito favorable de las nuevas relaciones de la sociedad socialista. La planificación de la actividad económica de la sociedad (a nivel local, estatal y mundial) es un terreno sobre el que se puede desarrollar la participación activa de todos los trabajadores.

Partiendo de tal premisa, durante el transcurso del proceso revolucionario que va de febrero de 1.917 hasta la toma del poder político por el proletariado en octubre y en los inicios del poder soviético, el movimiento obrero tuvo que pasar de las reivindicaciones básicas (semana de 40 horas, aumentos salariales, seguridad en el trabajo, etc.) a intervenir en el funcionamiento y organización de las fábricas, por la confiscación, gestión y control de la producción durante la dualidad de poderes. Inmediatamente después de la toma del poder político al filo de las nacionalizaciones, se tuvieron que crear todos los organismos territoriales y estatales de control y distribución de la producción industrial y agrícola. En esta fase inicial la espontaneidad empujaba a los obreros a crear los comités obreros de fábrica que estaban muchísimo más interesados que los capitalistas en el funcionamiento de las fábricas. Empuje que fue apoyado por los bolcheviques.

Los comités obreros de fábrica, fueron la palanca inicial necesaria para pasar todo el poder estatal a manos de los soviets de obreros, soldados y campesinos. Y estos, ante la precaria e incipiente organización del aparato estatal soviético primarían la extensión del aparato estatal como piedra angular de la organización del control y la dirección a nivel nacional, por encima de los comités de fábrica.

El partido bolchevique se propuso transformar la actividad dispersa de los comités de fábrica en un control obrero condicionado a un fin político de clase. Ello era necesario para garantizar la coordinación, el control y la distribución de la producción, anteponiendo los intereses generales y prioritarios por encima de los particulares, corporativos de empresa, donde los sindicatos (reservándose su control sobre el cumplimiento de las condiciones de trabajo y colectivas) y los comités de fábrica fueran dotados de participación y compromiso en el interior de los organismos estatales y locales para la elaboración del plan económico y la organización del intercambio entre el campo y la ciudad. Así se acordó en la Primera conferencia panrusa de los comités de fábrica y de taller (17 al 22 de octubre de 1.917).

Tal estructura estatal, pasaba a ser el instrumento para hacer efectivo el programa económico de fusión y nacionalización bancaria, de los consorcios industriales, la supresión del secreto comercial, etc. El poder de los comités de fábrica se sometía así a los organismos de la administración central, por la urgencia de centralizar la economía. Esta fase de transición se denominaba organización del capitalismo de Estado que para Lenin representaba un paso preparatorio, la base material del socialismo, el monopolio puesto al servicio del pueblo ejercido bajo contenidos totalmente nuevos desde el control y la regulación del Estado proletario. Fase considerada como necesaria mientras el proletariado aprende a dirigir la economía, fase que contemplaba el reclutamiento provisional de técnicos burgueses y el mantenimiento del abanico salarial, como una determinada política económica impuesta por la lucha de clases.

Esta posición era coherente con el endurecimiento de la contradicción fundamental bajo el imperialismo entre la creciente socialización de la producción y su apropiación privada, y con la concepción leninista sobre el capitalismo monopolista de Estado como antesala del socialismo, donde no era necesario destruir todo el aparato estatal, sí en los aspectos coercitivos (ejército permanente, policía, burocracia) e ideológicos, pero exceptuando el aparato de control y cálculo administrativo (bancario, comercial e industrial), para arrancarlo de manos de los capitalistas, para Lenin siguiendo las indicaciones de Marx en el Libro III de El Capital, el sistema bancario y su forma de crédito expresan el alto grado de socialización en el capitalismo aún mucho mayor en su etapa de capitalismo monopolista de Estado de ahí la mayor relevancia del papel de la nacionalización de la banca.

El capitalismo de Estado, necesario en un país periférico como Rusia, anteponía en el terreno económico la socialización como tarea principal del Estado proletario en la perspectiva de control y dirección obrera por medio de la ampliación de los conocimientos de gestión, para romper el monopolio de los especialistas y técnicos.

Las primeras medidas laborales del poder soviético, durante el período del capitalismo de Estado, fueron desde garantizar las reivindicaciones básicas (trabajo de 8 horas, prohibición del trabajo de niños, reducción de jornada para trabajos penosos), a extender la regulación estatal sobre el control de la economía, subordinándolo a fines sociales con arreglo a un plan general. Para ello se decreta el 14 de noviembre de 1.917 el establecimiento del control de la economía nacional en base a su regulación planificada, y control a través de organismos ya constituidos (comités de fábrica, consejos territoriales de control formados por comités de fábrica, sindicatos, y cooperativas), y organismos nuevos como el consejo panruso del control obrero donde están representados todas las organizaciones políticas, sociales, económicas y técnicas, desde el cual se constituyen comisiones de Inspección con ayuda de especialistas para la verificación de la actividad económica y técnica de las fábricas.

El decreto del control obrero se estableció sobre la producción, las finanzas, la banca, el comercio, el transporte, las cooperativas y otras que empleasen trabajo asalariado, e iba dirigido a controlar la gestión de los especialistas burgueses y los capitalistas, para organizar la industria, mantener la producción, combatir el boicot, y superar el capitalismo no encerrándose en la exclusiva lucha economicista. En tal coyuntura de desmovilización industrial la clase obrera era la más interesada en el funcionamiento racional y regular de las fábricas (distribución racional de materias primas y combustible, máximo rendimiento industrial). El control sería ejercido por toda la clase obrera a través de los órganos constituidos a nivel de empresa, de territorio, región y nacional, donde el consejo panruso superior del control obrero coordinaba la actividad de los órganos con las instituciones del Estado encargadas de la organización de la economía nacional. Su función: vigilar la producción, determinar su mínimo y su coste y sus decisiones eran de obligado cumplimiento para el empresario. Frente a esta nueva formulación de la organización estatal se levantaron no sólo empresarios y técnicos capitalistas contrarios al poder socialista, sino también diversas tendencias espontaneístas dentro de organizaciones sindicales, de comités de fábrica y organizaciones políticas de oposición (mencheviques, anarquistas, sindicalistas de izquierda y derecha, bolcheviques de izquierda).

     En esta problemática es aleccionadora la posición de F. Engels en defensa de la puesta en funcionamiento de la producción por los obreros en su camino hacia la sociedad nueva, el cual criticara de forma sarcástica a los anarquistas, enemigos de toda autoridad y disciplina en la producción social:

“En esta sociedad no habrá ante todo autoridad alguna, pues la autoridad, que equivale al Estado, es el mal absoluto. (No se nos dice nada, naturalmente, acerca de cómo se las van a arreglar estos señores para hacer funcionar las fábricas y los ferrocarriles y gobernar los barcos, sin una voluntad que decida en última instancia y sin una dirección única)” (83).

Los bolcheviques expresaban ya esta idea de Engels en una resolución  votada por la primera conferencia de los comités de fábrica de toda Rusia en Octubre de 1.917 previo a la insurrección (84).

Las tareas de control de la producción y el consumo, la puesta en práctica de un plan económico de dirección sobre la actividad y el trabajo de toda la población adquiría una dimensión enorme para un proletariado insuficientemente preparado cultural y materialmente para la inmediata introducción del socialismo en el terreno productivo en comparación con el proletariado de Occidente. Así lo reconocía Lenin:

“La tarea de vencer al enemigo interno fue muy fácil. La tarea de construir un poder político fue extraordinariamente fácil, porque las masas nos habían dado su calor, habían creado el cimiento de este nuevo poder (los soviets)… Pero… aún quedaban tareas de una ingente dificultad… El poder soviético –el poder proletario- no hereda unas relaciones hechas y disponibles, si descontamos las formas más desarrolladas del capitalismo, que en realidad sólo afectaban a un pequeño estrato superior de la industria y a casi nada de la agricultura. El control y los sistemas contables en las grandes empresas, la transformación de todo el mecanismo económico estatal en una única y gigantesca máquina, en un organismo económico que funcione de manera que cientos de millones de personas trabajen según las orientaciones de un plan único: ésta era la enorme tarea organizativa que pesaba sobre nuestros hombros… Nosotros, el proletariado de Rusia, vamos por delante de Inglaterra o Alemania en lo que se refiere a nuestra estructura política, a la fuerza de poder político de los trabajadores; pero, en cambio, estamos detrás incluso de los países occidentales más atrasados en lo referente a la organización de un capitalismo de Estado eficiente, a nuestro nivel cultural y al grado de preparación material y productivo para la introducción del socialismo” (85).

De no haber emprendido tales medidas de capitalismo de Estado, de centralización y disciplina, el poder soviético hubiése sido incapaz de poner en marcha el aparato industrial. Así quedaba claro desde el primer momento que la tarea principal no era la implantación de relaciones de producción socialistas, sino hacer frente a la desorganización económica existente.

La propiedad estatal de los medios de producción no sería propiedad social mientras no se ejerciera el control y gestión de las fábricas, ferrocarriles, y sectores de la economía por los obreros mismos. Para ello era imprescindible elevar el nivel cultural y de capacitación técnico-administrativa de las masas, modernizar el equipo industrial y agrícola, a la par de aumentar la capacidad política e ideológica. Estos eran los objetivos de la política económica soviética, para lo que la centralización del control económico no era un fin, sino una prioridad.

En medio de esa lucha por la centralización de la regulación económica, los sindicatos cambiaron de orientación cuando después de octubre los bolcheviques se hicieron con la mayoría, logrando que el Iº Congreso panruso de sindicatos (enero de 1.918), dictaminara la conversión de los comités de fábrica y locales en organizaciones de base del sindicato, agrupados por ramas y sectores. Para Lenin, la implantación del socialismo en la industria pasaba en primer lugar por extender y centralizar la regulación y el control, el centralismo democrático en la esfera económica uniendo lo local y nacional en la meta común. Donde la clase obrera, a través de sus instituciones estatales y sociales, administrasen y controlaran la regulación de la producción y la economía.

En ausencia de la revolución socialista mundial, la intervención imperialista durante tres años vino a dificultar la posterior evolución socializadora de la economía, introduciendo la contrarrevolución su aporte contrario a la política económica del poder soviético: disminución de los excedentes de mercado, desorganización del transporte y comercio exterior, producción industrial estancada, etc. La política económica del capitalismo de Estado, finalizados los años de guerra, fue recuperada bajo una situación caótica que agravaba el problema de reconstrucción del país lo que justificó la prioridad de una etapa transitoria más larga de capitalismo de Estado, la NEP.

 

4.5.1.1 La cuestión campesina en la regulación económica

El desarrollo del capitalismo en Rusia impulsó la descomposición de la comuna agraria como forma de producción e introdujo la diferenciación paulatina del campesinado.

Lenin distinguía a principios de siglo a tres capas o fracciones, los campesinos ricos (kulaks) que poseían gran propiedad sobre la tierra y representaban el 12% de la población rural con el 31% de la tierra, los campesinos medios con pequeña propiedad, que formaban el 7% de la población rural y la tierra, y el 80,99% lo formaban el campesinado pobre y semiproletario, cada vez más creciente, con la propiedad más pequeña de la tierra, el 35% del total, porción cada vez más reducida, que para subsistir debían de trabajar para los kulaks. El resto de la tierra que conformaba el 27%, pertenecía a la clase terrateniente, el 0,01% de la población rural.

La propiedad comunal era la base social del poder absolutista feudal, y no una célula de comunismo primitivo como denunciara Marx en su carta a Vera Zasúlich, los campesinos pobres cargaban con casi la totalidad de los impuestos, absorviendo tareas administrativas (distribución igualitaria de tierras menores) y fiscales bajo la vigilancia de la burocracia zarista ahorrando cuantiosos gastos administrativos al Estado, a la misma vez que era el sustento estable del campesino pobre.

La introducción del capitalismo a raiz de la reforma de 1.861, atacó la supervivencia de esa comuna campesina. En 45 años (1.861-1.906) la amplitud de la propiedad de los campesinos pobres se redujo un tercio, mientras seguían suministrando casi la totalidad de los impuestos directos y se agudizaba la diferenciación de la burguesía agraria kulak, que ampliaba sus propiedades.

Puestas así las cosas, era fácil entender que se había transformado la lucha de clases en el campo, que anteriormente consistía en todo el campesinado unido contra el feudalismo, y tras la introducción del capitalismo, los campesinos medios, pobres y obreros agrarios se volvían contra los kulaks y terratenientes, por lo que la lucha de los campesinos pobres y medios (que suponían mas de la mitad de la población rusa) contra la explotación de los terratenientes y kulaks, podía aportar a la lucha revolucionaria del proletariado el apoyo de la mayoría de la población rusa, y también a través de una política persuasiva del Estado proletario se podría ganar el apoyo del campesinado pobre y medio en la lucha contra los kulaks, para la producción colectiva en gran escala.

La composición campesina de la población era tan grande que su psicología influia a toda la población agraria sin distinción. A lo que hay que añadir la existencia de la fracción proletaria agraria, imbuída de la psicología pequeño burguesa campesina, los jornaleros. Para Lenin era necesaria la organización sindical de clase e independiente del proletariado agrícola para además de potenciar la lucha de clases frente a la burguesía kulak, combatir la psicología pequeño-burguesa campesina y promover que las ideas comunistas penetraran con mayor facilidad en el campesinado:

“Nadie ayudará a los pobres si permanecen aislados. Ningún Estado ayudará al obrero asalariado del campo, al bracero, al jornalero, al campesino pobre, al semiproletario, si el mismo no se ayuda. El primer paso es la organización clasista independiente del proletariado agrícola” (86).

Marx en el 18 Brumario de Luis Bonaparte decía que los pequeños campesinos forman una gran masa pero que carecen de relaciones entre ellos, y observaba que su campo de producción a pequeña escala destacaba por la ausencia de división del trabajo, aplicación de la ciencia y diversidad de desarrollo. En tal sentido, Marx consideraba que este campesinado no podía formar una clase si la identidad de sus intereses no rebasaba el ámbito local, si no se identificaba a nivel nacional y si no disponía de una organización política propia, careciendo de capacidad para hacer valer sus intereses de clase en su propio nombre, al no representarse a sí mismos. Para Marx la naturaleza de las pequeñas explotaciones agrarias eran la base para una poderosa burocracia estatal.

La reforma agraria era el elemento de unidad del campesinado en el proceso revolucionario, con el objetivo de liquidar inicialmente las formas precapitalistas y semifeudales (latifundismo), estableciéndose relaciones de producción privadas y colectivas durante un período de transición.

Así lo entendía Lenin, a diferencia de una parte de los bolcheviques que abogaban por la implantación inmediata de la producción agraria colectiva.

Acto seguido a octubre se aplicó la política agraria que los socialrevolucionarios durante los 8 meses de gobierno burgués (febrero a octubre 1.917) habían sido incapaces: la nacionalización de la tierra y el reparto a los campesinos que la trabajasen bajo diferentes formas de propiedad colectiva o individual, liquidando de esta manera la propiedad privada sobre la tierra, y rompiendo las bases sociales y políticas que arrastran al campesinado hacia la contrarrevolución. El efecto inmediato de esta ley tuvo como consecuencia la adhesión al gobierno soviético del ala izquierda del partido socialrevolucionario.

No obstante, ante la intervención imperialista tuvo que darse un rodeo a esta medida. Cuando la escasez de alimentos y el bloqueo de las comunicaciones dominaba, los bolcheviques implantaron provisionalmente el acaparamiento de grano, formando comités de campesinos pobres y obreros con prerrogativas de inspección y confiscación (decreto 6 de agosto de 1.918), haciendo entender al campesinado que en tan duras condiciones nada iban a ganar con la especulación si la revolución era derrotada, y las tierras devueltas a los anteriores propietarios.

Una vez superado el comunismo de guerra, se reimplantó a través de la NEP la pequeña economía mercantil agraria, donde el impuesto en especie reemplazó las confiscaciones dejando a los campesinos un sobrante de productos agrícolas que podrían vender en el mercado. Política económica de la que Lenin esperaba que gravitara hacia la socialización efectiva de la producción y la circulación por medio del estímulo moral y material de la superioridad de las formas de producción socialistas, ayudando desde el Estado proletario a los campesinos más pobres carentes de aperos, con la introducción de maquinaria moderna para la producción colectiva, impulsando un movimiento cooperativo en éste sector productivo como medio para la superación de la producción privada y el comercio mercantil, y como palanca de movilidad en el trabajo hacia la ciudad.

 

4.5.2 Apuntes sobre la cuestión sindical en el poder soviético

     Del debate sobre la cuestión sindical entorno al X° Congreso del PC bolchevique en 1.921, surgió una discusión bastante acalorada sobre que camino tomar, o bien otorgar todo el control técnico-administrativo de la actividad económica a los sindicatos, o seguir con la militarización como mecanismo de cooptación de los dirigentes y cuadros sindicales, los cuales eran designados directamente por el partido.

Ya en el anterior congreso, las concepciones del comunismo de guerra, dada la situación de defensa militar, fueron mayoría en el partido, a favor de la aplicación de medidas con la militarización del trabajo y la subordinación de los sindicatos a la administración del Estado, pero tales medidas fueron consideradas provisionales y transitorias, según el artículo 12° del IX° Congreso del partido (87). Las medidas coercitivas que debió acometer el poder soviético en sus inicios debe de situarse en el contexto de penuria y cerco frente a las fuerzas contrarrevolucionarias (regimentar el empleo existente con normativas que penalizan el absentismo y el cambio contínuo de trabajo, reemplazar las direcciones sindicales hostiles al partido bolchevique, requisas del excedente agrario para abastecer las ciudades, etc), pero una vez superado tal contexto estas medidas dejaban de ser necesarias y mantenerlas era contraproducente.

La posición de estatalizar los sindicatos manteniendo las medidas coercitivas del comunismo de guerra en tiempos de paz, que fue defendida por Trotski, partía de la base (88) de que los sindicatos ya habían superado su papel reivindicativo, que la afiliación sindical debía de ser obligatoria, que el Estado proletario disponía el derecho necesario para utilizar prerrogativamente sin discusión la fuerza de trabajo, y que los sindicatos debían de ver al obrero como un productor y no como un consumidor, dado que las demandas de salarios y condiciones de trabajo se verían resarcidas con el aumento del ingreso estatal de la economía socializada. El Estado proletario ganaba con esa posición el derecho a imponer a la clase obrera la política económica, y las organizaciones sindicales debían olvidarse de enfrentarse al Estado con demandas reivindicativas. Eran los métodos militares transplantados a los sindicatos con el fin de relanzar la industria. Bajo el paraguas del Estado el partido se convertía en un sujeto infalible, garante con su presencia de la dictadura del proletariado, ya no era la vanguardia de masas dispuesta a aceptar experiencias y críticas, al limitarse su papel al control y la coerción administrativa de las mismas masas. Ese era el planteamiento de Trostki.

Este debate tuvo como base el descontento de la mayoría de las organizaciones sindicales que se opusieron al nombramiento de los dirigentes sindicales por el partido, dividiéndose el Consejo Central de los Sindicatos de toda Rusia (CCSR) en dos fracciones, una encabezada por Trotski y otra por Tomski, quien defendía la autonomía de la organización sindical y la restauración de su función representativa de los trabajadores.

En el X congreso del partido bolchevique en 1921, Trotski propuso la total subordinación de los sindicatos al Estado, el partido y el ejército. En su artículo “Tesis sobre la transición entre la guerra y la paz”, Trotski propuso el “comunismo de guerra” que consistía en la militarización total de la población, de modo que el Estado decidiera dónde debía trabajar cada persona.  En contra de tal propuesta se creó la plataforma de los diez, compuesta por Lenin, Stalin y otros. La propuesta de Trotski fue rechazada en el congreso por 336 votos contra 50.

Trotski, al que se le uniría Bujarin, apostaba por la dirección personalizada de las empresas confundiéndolas como nuevas relaciones socialistas, y justificaban la preponderancia del Estado soviético para apartar de sus responsabilidades sindicales a quienes no compartiesen las decisiones de la dirección del partido en materia de producción, salarios y disciplina, convirtiendo a los sindicatos en un simple acelerador de la producción. Incoherentemente Trotski que durante toda su vida preconizara la ”libertad de crítica” dentro del partido como corrientes organizadas al margen del centralismo democrático, no la admitía para el trabajo de los bolcheviques entre las masas sin partido.

La beligerancia que vino a condicionar el debate, pivotó entorno al conflicto en el dirección central del sindicato del transporte (Cectrán) entre la base y la dirección sindical, sobre el método de elección de los dirigentes sindicales. La urgencia de restaurar el funcionamiento de los transportes llevó a la destitución de los dirigentes sindicales ferroviarios, que anteponían los intereses corporativos a los de clase. Trostki queriendo hacer de la necesidad virtud, se pasó al extremo de expandir esa experiencia a todos los sindicatos, destituyendo dirigentes de espíritu meramente reivindicativo, por dirigentes de espíritu meramente productivista, poniendo en peligro la unidad sindical, y el papel autónomo de los sindicatos con respecto al Estado proletario.

Lenin reaccionó condenando cualquier posición de romper el vínculo con los sindicatos:

“Si el partido rompe con los sindicatos, la culpa es del partido y ello significa… condenar a muerte el Poder soviético. No tenemos más sostén que los millones de proletarios, que pueden no tener conciencia de clase, a menudo, ignorantes, atrasados y analfabetos, pero que por ser proletarios, siguen a su partido. Luego sigue una clase que no es nuestra, que puede estar con nosotros…si seguimos una política correcta dentro de nuestra clase” (89).

En el otro extremo del debate se encontraba la Oposición Obrera encabezada por Schiapnikov junto a Medvedev, Kollontai, Kutuzov y Lutovinov, que proponían el cumplimiento inmediato del punto 5° del programa del partido de 1.919 (traspaso de la administración de la economía estatal a los sindicatos), y la introducción paulatina de una política igualitaria en el tema salarial. Esta posición que consideraba necesario dar la dirección de la industria a los sindicatos, hacía abstracción de la realidad del atraso de la industria, renegaba del papel dirigente del partido, representando una posición tradeunionista al someter la política de la clase obrera a intereses meramente reivindicativos, y la negación de la etapa de transición al socialismo bajo la dictadura del proletariado, donde las clases todavía no habían sido abolidas.

También hubo otra posición de menor influencia en el debate. El grupo del centralismo democrático (Boguslavski, Kamenski, Maximov y Osinski), que en contra de su denominación, no admitían el papel dirigente del partido en el sindicato y preconizaban igual que Trotski por la creación de fracciones organizadas dentro del partido. Esta posición se acercaba en las cuestiones de fondo a la postura de la Oposición Obrera en el tema sindical. En este punto el congreso consideraría la unidad ideológica y política del partido como la condición básica del éxito de la dictadura del proletariado, con el control del cumplimiento de sus decisiones y métodos para corregir los errores orientados a la discusión amplia en todo el partido y no sólo en los grupos que se forman sobre cualquier plataforma de debate. Por lo que el congreso no negaría la creación de plataformas de debate durante la discusión en los procesos congresuales, pero una vez cerrado el debate congresual sí negaría el trabajo fraccional de los miembros del Comité Central, proponiendo medidas disciplinarias (miembros suplentes o expulsión). Era la reafirmación del centralismo democrático en el funcionamiento regular del partido y la prohibición del trabajo fraccional, blindando la democracia interna y la propia dictadura del proletariado.

Tanto la posición de Trotski como la de la Oposición Obrera coincidían en el terreno economista, ya que reducían el marxismo a una simple teoría económica. La primera (Trotski, Bujarin) pretendía introducir el socialismo con métodos aplicados en el comunismo de guerra, recurriendo a la intervención del Estado para imponer la militarización del trabajo, sustituyendo la dirección política de la clase obrera por la coerción estatal. La segunda (Oposición Obrera), daba prioridad a las reivindicaciones obreras y la organización sindical, suponiendo que la unidad de la clase obrera en la dirección de la producción se daría espontáneamente. Al privilegiar las reivindicaciones económicas de la clase obrera, se la oponía a las clases de cuyo apoyo era necesario para el avance de la revolución proletaria. Tal posición de anteponer las reivindicaciones inmediatas, de intereses categoriales o sectoriales de la clase obrera, es propio de concepciones sindicalistas o autogestionarias, subyacentes bajo el capitalismo, y no deja de ser una actitud reformista al escamotear la estrategia revolucionaria general de la clase obrera ante cada momento histórico (90).

Frente a la primera posición, Lenin recuerda el carácter provisional de las medidas aprobadas por el IX° Congreso y la necesidad de tener en cuenta la nueva situación no dominada por las urgencias militares. Trostki, sin embargo, considera como no provisionales los acuerdos del anterior Congreso y argumenta a favor de la correa de transmisión Estado proletario-Sindicato, recordemos sus opiniones en el anterior congreso a favor de la militarización del trabajo:

“Hay que decir a los obreros el lugar que deben ocupar, desplazándolos y dirigiéndolos como si fuesen soldados. La obligación de trabajar alcanza su más alto grado de intensidad durante la transición del capitalismo al socialismo. Los desertores del trabajo deberán ser incorporados a batallones disciplinados enviados a campos de concentración” (León Trotski, IX Congreso del PCb, 1920).

“El Estado proletario se considera con derecho a enviar a todo trabajador adonde su trabajo sea necesario. Y ningún socialista serio negará al gobierno obrero el derecho a castigar al trabajador que se obstine en no llevar a cabo la misión que se le encomiende (…) Sin trabajo obligatorio, sin derecho a dar órdenes y a exigir su cumplimiento, los sindicatos pierden su razón de ser, pues el Estado socialista en formación los necesita, no para luchar por el mejoramiento de las condiciones de trabajo —que es la obra de conjunto de la organización social gubernamental—, sino con el fin de organizar la clase obrera para la producción, con el fin de educarla, de disciplinarla, de distribuirla” (91).

Ahí tenemos a Trotski, futuro paladín contra la represión stalinista, proponía en tiempos de paz enviar a campos de concentración a los obreros que no trabajaran donde el Estado les destinara.

Ya en el Xº Congreso, una vez terminada la guerra, Trotski no variaría ni un ápice su posición al respecto:

La militarización es impensable sin la militarización de los sindicatos como tales, sin el establecimiento de un régimen en el que cada trabajador se considere como un soldado del trabajo, que no puede disponer libremente de sí mismo; si recibe una orden de traslado, debe ejecutarla; sino la ejecuta será un desertor y castigado, en consecuencia. ¿Y quién se cuidará de eso?. El sindicato creará el nuevo régimen. Es la militarización de la clase obrera” (92).

De haber ascendido Trotski en vez de Stalin, quien puede dudar de que la URSS hubiese sido peor, ya que ¿era necesario militarizar a la población en tiempos de paz, subordinar los sindicatos al Estado y que éste decidiera mandar a cada trabajador con el castigo de un campo de concentración si no se cumpliera la orden?. Es evidente que estos fragmentos escritos por Trotski, que podemos encontrar en la obra de E.H. Carr “Historia de la Rusia soviética”, historiador nada sospechoso de simpatizar con Stalin, son escondidos por los seguidores de Trotski para falsificar la historia y fabricar un Trotski a la medida del mito.

En el debate contra de la plataforma de la oposición obrera encabezada por Kollontai, Trotski ni corto ni perezoso argumentaba:

“Ellos han avanzado consignas peligrosas. Han convertido en fetiche los principios democráticos. Han colocado por encima del partido el derecho de los obreros a elegir sus representantes. Como si el partido no tuviese derecho a afirmar su dictadura, incluso si esta dictadura está en conflicto temporal con los humores cambiantes de la democracia obrera. El partido está obligado a mantener su dictadura, cualesquiera que sean las vacilaciones temporales, incluso de la propia clase obrera. La dictadura no se basa a cada instante en el principio formal de la democracia obrera” (Léón Trotsky, X Congreso del Partido, 1921).

La fama del Trostki antiburocrático queda desdibujada en este debate, su lucha dentro del partido para implantar el derecho a formar fracciones, y la libertad de crítica al margen de los acuerdos democráticos, contrasta aquí con la disciplina militar que quería para el sindicato y para las masas obreras, característico del liberalismo del intelectual pequeño burgués que reniega de la disciplina colectiva y se sitúa por encima de las masas. Gramsci sobre la producción bajo el socialismo señaló sin tapujos al trotskismo con sus consignas de “apretar los tornillos”, “sacudir los sindicatos”, por su tendencia a acelerar mediante medios coercitivos exteriores la disciplina y el orden en la producción (93).

Trostki y Bujarin en aquella época confundían que la adopción de tales medidas del comunismo de guerra, suponían ya el paso directo al comunismo, donde la dirección única de las empresas en la producción se anteponía a la transformación de las relaciones de producción, reemplazando el principio de elegibilidad por la base obrera por la designación por arriba del personal en base a la exclusiva competencia técnica. De esta manera se ignoraba que la incorporación de directores de fábrica en las tareas de dirección de la producción, ajenos a la ideología revolucionaria obrera, eran un paso atrás en la implantación de las relaciones de producción socialistas.

Frente a Lenin, Trostki y Bujarin aplicaban el análisis mecánico de que tales formas de dirección no suponían un paso atrás, ni eran impuestos provisionalmente por la lucha de clases, ni por la naturaleza real de un Estado proletario que dependía de su alianza con el campesinado como clase más numerosa. Y es más, si el centro de gravedad de la acción política se desplazaba hacia la economía, ambos entendían que con el desarrollo de la producción, sin importar sus formas, ni sus relaciones, se reafirmaría la superestructura comunista por efecto, confundiendo las relaciones de producción comunistas con el dirigismo administrativo. La implantación voluntaria por iniciativa de las masas de los sábados comunistas y las jornadas rojas, donde el trabajo adquiere una actitud consciente frente a la necesidad del bien común, supuso para tales dirigentes una marginal transformación de los hábitos y costumbres por la edificación de nuevas relaciones económicas.

4.5.2.1 Posición de Lenin en el debate sindical

Para Lenin, una vez finalizada la guerra, el objetivo de reactivar la industria pasaba por movilizar a millones de obreros, elevar la iniciativa, la conciencia y su actividad contra la ruina económica, disponiendo para ello de sindicatos democráticamente estructurados en contraposición a los métodos militares.

Lenin era bien consciente de la situación y de los peligros futuros. La existencia de un proletariado escaso en capacitación sobre temas técnico-administrativos (solo había unos cuantos miles) hacía inevitable y transitorio el recurso a la dirección personal de las empresas por especialistas que estaban supeditados al control de los comités y sindicatos. Para que ello fuese así, una simple etapa de tránsito, los sindicatos debían de jugar un papel representativo de los intereses inmediatos de la clase obrera gozando de autonomía organizativa, además de tomar partido a favor de la economía socialista y el poder político proletario, donde no cabían ni los métodos estatales de ordeno y mando ni la entrega del control de la producción a unos sindicatos carentes de cuadros obreros necesarios para ello, al margen de que los sindicatos ya participaban en todos los órganos estatales locales y centrales de la dirección industrial.

El objetivo a largo plazo según el punto 5° del propio programa bolchevique, era pasar a manos de los sindicatos la administración de toda la economía nacional, y como recogía el programa del partido, estos eran un mecanismo de lapa que iba contra la burocratización del aparato estatal.

Los sindicatos primero debían ser una escuela de preparación de cuadros técnicos, de alfabetización y enriquecimiento cultural del proletariado, y a la par que combatía el burocratismo, sentaba las bases para la participación de todos en la “Inspección Obrera y Campesina” (94).

Lenin argumentaba que para combatir el burocratismo, no bastaba con que el partido colocara a sus cuadros en los puestos de dirección sindical o del aparato estatal si las masas no se incorporaban masivamente en la práctica. Polemizaba con los partidarios de la militarización de los sindicatos, ya que sólo una parte insignificante de los afiliados a los sindicatos disponían de responsabilidades en la dirección de la producción mientras el 98,5% era ignorado (95).

Para Lenin era un error contentarse con el simple cambio de la composición obrera en los directores de fábrica para las tareas administrativas, porque seguirían siendo una minoría, si el sindicato no lograba socializar los conocimientos adquiridos en esta materia a todos sus afiliados. El objetivo pasaba por acercar el control económico a toda la clase. Si inicialmente, dada la composición global de la clase obrera escasamente preparada para dirigir las fábricas y la economía, se debió tomar prestada la colaboración de los especialistas de otras clases, el plan bolchevique se basaba en la elevación de la capacitación técnica de la globalidad de la clase obrera, y no en crear un cuerpo fijo especializado de obreros que fuese simplemente a sustituir a la antigua burocracia en la labor de tutela política y la dirección económica.

Bajo estos parámetros, para Lenin el sindicato no era una escuela especializada como fuente exclusiva de reclutamiento de futuros funcionarios, sino una escuela de comunismo que acerca el conocimiento en las tareas administrativas a todas las masas. La autonomía organizativa también debía ser respetada, los comunistas no debían imponerse como funcionarios del gobierno en los sindicatos, debían de ganarse la electividad. Según Lenin, al partido, una minoría dentro de la minoría proletaria dentro de la población, estos métodos eran los más válidos para que los sindicatos organizados por sectores, proporcionaran la base social más amplia a la dictadura del proletariado. Si por el contrario los sindicatos eran estatalizados, estos dejarían de desempeñar su función y no servirían a la mejora de la situación económica del país.

Para Lenin el partido no era ajeno a la lucha de clases que se desarrollaba en la URSS, ya que éste desvelaba el doble carácter que encierran las relaciones en la base y en la superestructura:

  • Por un lado, el Estado de naturaleza proletaria en la medida que lo dirige su vanguardia política.
  • Por otro, las relaciones de clase entre las diversas formas de producción y la dependencia de administradores, técnicos y especialistas burgueses, como raíz de la pervivencia de las luchas de clase, ante lo cual era necesaria la defensa del proletariado frente a las “deformaciones” como antídoto a la burocratización del Estado y la administración de las empresas.

En el proyecto de tesis sobre el papel y las tareas de los sindicatos bajo la nueva política económica, Lenin se desmarcaba de los dos extremos, del extremo a favor de la estatalización de los sindicatos y de la oposición obrera autogestionaria. Remarcando el carácter educativo, voluntario y democrático de los sindicatos, planteando el problema no como si la producción y la democracia fueran dos mundos diferentes y enfrentados, sino destacando la necesidad de que la clase obrera mantenga y ejerza su dominación política como propulsora de la producción. Estos fueron los aspectos defendidos por Lenin en el Xº Congreso:

  • En primer lugar, frente a la economía de transición, el Estado proletario no debe cambiar su naturaleza a condición del éxito de la regulación económica, para la cual era necesaria un grado superior de madurez y cultura de las masas trabajadoras.
  • En segundo lugar, los sindicatos deben defender y representar los intereses inmediatos de la clase obrera, también frente a las empresas estatales, ya que debido a la prioridad de la elevación de la productividad, para que la empresa funcione sin déficit y ésta sea rentable, es inevitable el surgimiento de “estrechos intereses departamentales” a los que responden los directores de fábrica, dando de forma inevitable al surgimiento de “cierto antagonismo de intereses” entre obreros y directores de fábrica, por lo que “…también en relación con las empresas estatales es deber indiscutible de los sindicatos defender los intereses de clase del proletariado y de las masas trabajadoras contra sus empleadores” (96).
  • En tercer lugar, reconocimiento de que durante el período de transición la lucha de clases sigue existiendo y seguirá existiendo hasta que no desaparezcan las clases: “…tanto el Partido Comunista y el Gobierno soviético, como los sindicatos deben reconocer abiertamente la existencia de la lucha de clases y su inevitabilidad, hasta que no esté terminada aunque sea en lo fundamental, la electrificación de la industria y de la agricultura, hasta que no se corten así todas las raíces de la pequeña producción y del predominio del mercado” (97). De lo que se desprende, al contrario de lo que pensaban los partidarios de la estatalización, la inevitabilidad del mantenimiento del derecho de huelga y lo pernicioso que era sustituirla por la intervención directa y obligatoria del Estado.
  • En cuarto lugar, distinguir el objetivo político de la lucha huelguística. Bajo el capitalismo la destrucción del aparato de Estado y el derrocamiento del poder político de la burguesía. Bajo una economía de transición como mecanismo de reforzamiento del carácter proletario del Estado, frente a su burocratización y a la influencia de hábitos capitalistas: “…el objetivo final de la lucha huelguística sólo puede ser el fortalecimiento del Estado proletario y del poder estatal de la clase proletaria mediante la lucha contra las deformaciones burocráticas de este Estado, contra sus errores y debilidades, contra los apetitos de clase de los capitalistas que eluden el control de ese Estado. Por lo tanto el Partido Comunista, el Gobierno soviético y los sindicatos no deben olvidar de ningún modo, ni pueden ocultar a los obreros y a las masas trabajadoras que la utilización de la lucha huelguística en un Estado con un poder estatal proletario puede ser explicada y justificada exclusivamente por deformaciones burocráticas del Estado proletario, por todo género de resabios del viejo régimen capitalista en sus instituciones, de un lado, y por la falta de madurez política y el atraso cultural de las masas trabajadoras de otro” (98).
  • En quinto lugar, reconocimiento en los sindicatos del peligro de burocratización, dado el precario desarrollo de la socialización de la industria y el bajo nivel cultural de los trabajadores. Vuelta a la afiliación voluntaria.
  • En sexto lugar, reafirmar a los sindicatos como escuelas de comunismo, como medio de socialización completa de todos los trabajadores de los conocimientos para la capacitación técnica y administrativa: “Siendo, en general, escuela de comunismo, los sindicatos deben ser en particular, escuela de administración de la industria socialista (y luego, paulatinamente, de la agricultura) para toda la masa de obreros, y después para todos los trabajadores.” (99).
  • En séptimo lugar, definir la participación y la función de los sindicatos frente al Estado proletario, manteniendo sus derechos de autonomía organizativa, junto a las obligaciones. Elección de candidatos sindicales, preparación de cuadros administradores y técnicos, participación y cooperación en los organismos de planificación económica estatal, contratación de las condiciones de vida y trabajo con el Estado, eran la base de los derechos y obligaciones que las organizaciones sindicales contraían en la fase de edificación socialista (100).

El Xº Congreso se proclamó a favor de la tesis de Lenin, la democratización de los sindicatos, el principio de que los comunistas debían ganarse los puestos dirigentes a pulso, y no por decreto o cooptación. A su vez, se prohibieron las fracciones dentro del partido, en contra del liberalismo militante. Disciplina colectiva en el partido y democracia socialista en las masas, por oposición a la disgregación del partido y al ordeno y mando hacia las masas (en esta ocasión Trotski votaría a favor de la prohibición de fracciones).

Lenin combatió la posición burocrática de Trotski en “Los sindicatos”. Para Lenin, Trotski concebía al Estado soviético de forma abstracta, no veía la dialéctica, su doble carácter, obrero en la medida en que lo dirige un partido comunista, y burgués por la dependencia de los especialistas burgueses, herencias administrativas del pasado, etc. A diferencia de Trotski para Lenin la lucha huelguística estaba justificada por la necesidad de combatir las deformaciones del nuevo Estado y las supervivencias del antiguo.

No obstante, a pesar de lo aprobado en el X° Congreso, la visión economista dominaba los planteamientos, tanto de derecha (Bujarin) como de izquierda en el partido, sobre la construcción del socialismo, presentando a las fuerzas productivas como el motor de la historia, relegando a un segundo término la lucha de clases y el surgimiento de las nuevas relaciones sociales como un simple efecto de las fuerzas productivas, de ahí que en el futuro tomaran primacía consignas como que la técnica lo decide todo, alcanzar y sobrepasar a los países capitalistas más avanzados, etc. En el fondo la mayoría de los dirigentes bolcheviques y soviéticos cayeron en esa interpretación. Por ej. Trostki tendía a la interpretación economicista del desarrollo social (101). Para Trostki las fuerzas productivas reemplazan en el desarrollo social a la lucha de clases y las relaciones de producción incluso ¡¡¡automáticamente!!!, la única diferencia que mantendría con la mayoría de los bolcheviques era su tesis de la imposibilidad del socialismo en un solo país, donde el rendimiento del trabajo era demasiado débil en comparación con los países capitalistas avanzados. De esta manera Trostki era cautivo de su economismo.

Esta tesis adialéctica (primacía de las fuerzas productivas sin tener en cuenta las relaciones de producción) era mayoritaria en la dirección bolchevique, lo que permitió que al siguiente Congreso (1.922) se impusiera el planteamiento de Trotski, donde los sindicatos pasarían paulatinamente a convertirse en parte del aparato estatal, eliminando su participación en las tareas de administración industrial al imponerse de forma permanente y exclusiva la administración personal, mermando también la capacidad sindical para la determinación de las condiciones laborales y de salario.

No obstante en plena industrialización socialista Stalin llegaría a considerar que la técnica era insuficiente para el desarrollo propio de las fuerzas productivas y coloca por delante la elevación de la formación técnica de los obreros:

“Así como antes se había menospreciado la técnica, adoptando una actitud desdeñosa hacia ella, ahora se exageraba su importancia y se la convertía en un fetiche. No se comprendía que la técnica sin hombres que la dominen es una cosa muerta… la exaltación desmedida de la técnica y del menosprecio de la importancia de los cuadros, dirigiéndola a la asimilación de la técnica, al dominio de la técnica, al esfuerzo intensivo por forjar numerosos cuadros capaces de dominar la técnica y de sacarle el máximo rendimiento. Y así como antes, en el periodo de reconstrucción, cuando el país padecía hambre de técnica, el Partido había lanzado la consigna de “la técnica, en el periodo de reconstrucción, lo decide todo”, ahora, cuando la técnica abundaba y el periodo de reconstrucción estaba terminado, en lo fundamental, y el país padecía una aguda penuria de cuadros, el Partido tenía que lanzar una nueva consigna, encaminada a concentrar la atención ya no en la técnica, sino en los hombres, en los cuadros capaces de aprovechar íntegramente la técnica… la vieja consigna de “la técnica lo decide todo” consigna que era un reflejo de un periodo ya sobrepasado, en el que padecíamos hambre de técnica, debe ser sustituida actualmente por una nueva consigna, por la consigna de “los cuadros lo deciden todo”…la rápida formación de cuadros técnicos y la rápida asimilación de la nueva técnica, con el fin de seguir desarrollando la productividad del trabajo, había pasado a ser una tarea de primer orden.” (102).

Para Stalin los dirigentes en la construcción del socialismo no sólo deben ser comunistas, sino que deben dominar la técnica en el campo en el que actúan. El obrero como fuerza productiva principal. Por tanto, no puede haber un enfoque político acertado que no parta de un detenido análisis económico. En este análisis máquinas, los medios de producción, constituyen una parte dinámica de las fuerzas productivas porque forman junto con las relaciones de producción el modo de producción, el ser social por medio de la producción social. Las máquinas y herramientas son en parte la acción subjetiva del productor cristalizada, concentran la práctica social de generaciones. Los objetos materiales cambian de forma en la práctica social. Dejan de ser objetos externos de la naturaleza, independientes de la práctica humana, se convierten en objetos sociales ligados a todo el conjunto de la práctica social. Medios como el telescopio o el microscopio, enriquecen la percepción del mundo que nos rodea, en este sentido el desarrollo de la tecnología y los medios de producción tiene una enorme importancia para el conocimiento y el dominio del mundo material. Es imposible concebir un “hombre nuevo” producto de la sociedad socialista, con un nivel primitivo y pobre. Lenin ya señaló que sin sobrepasar el nivel de producción alcanzado por el capitalismo no es posible llegar al comunismo. Y Stalin decía que para acceder al comunismo es indispensable asegurar el incremento constante de toda la producción social y preferentemente la producción de medios de producción, porque sin ello es imposible llevar a cabo la reproducción ampliada, y eso no se podía conseguir al margen de las nuevas relaciones de producción socialistas.

No se tratra de negar la importancia del desarrollo de las fuerzas productivas, sino únicamente su lectura economista, las fuerzas productivas no sólo son los instrumentos de producción sino también los productores, según Marx la fuerza productiva máxima, y ahí adquiere importancia no sólo el desarrollo tecnológico, sino también la formación y conocimiento de los productores y por tanto el nivel de socialización de las fuerzas productivas. No olvidemos que el materialismo histórico, enseña que el estado de las fuerzas productivas pone de manifiesto el grado de dominio a que ha llegado la humanidad sobre la naturaleza. Los cambios que se operan en la economía y en la sociedad, en última instancia (no de forma automática) tienen origen en los cambios y desarrollo en las fuerzas productivas y las relaciones de producción, pero esto no significa que las relaciones de producción no actúen estimulando o frenando el desarrollo de las fuerzas productivas. Fue Stalin quien planteó que las nuevas relaciones de producción socialistas eran la fuerza principal que determina el desarrollo contínuo y sólido de las fuerzas productivas y que sin ellas la URSS vegetaría como la mayoría de los países capitalistas golpeados por la crisis económica.

Entre 1.927-33 se aprovechó el rejuvenecimiento del partido y su organización juvenil (Konsomol) para introducir bajo entusiasmo la construcción económica del socialismo sustituyendo la NEP por la aplicación del primer plan quinquenal para la industrialización socialista, lo que acrecentó la subordinación (provisional en principio) de los sindicatos a las exigencias de la producción con el reforzamiento de la disciplina del trabajo.

Los sindicatos pasaron a convertirse en una fuente de reclutamiento de futuros directores de fábrica, ajenos a todo control que no fuese estatal, donde la tarea sindical primaria pasaba a ser la observancia de la disciplina laboral en la ejecución del plan, que sería la máxima prioridad en el marco de posterior colectivización del campo y la industrialización socialista que se desenvolvería a partir de 1.929, máxima prioridad en principio de forma provisional pero que luego quedaría establecida como definitiva. También se potenció la cooptación, los dirigentes sindicales (presidentes y secretarios) debían ser miembros del partido, con 3 años como mínimo de militancia. Los sindicatos acabarían dejando de ser un mecanismo de combate al burocratismo del Estado, al abolir vía decreto constitucional las contradicciones adyacentes entre obreros y administradores (103), recogidas en el Xº congreso por Lenin en cuanto a la necesidad de que los trabajadores se defiendan de las deformaciones burocráticas del Estado.

Esta deformación de la naturaleza de los sindicatos en la transición al socialismo afectó a su papel de contratista de las normas colectivas de trabajo frente al Estado. En la década de los 30 el consejo central de los sindicatos de la URSS, respaldaba el principio de dirección única, renunciaba al papel de las comisiones de tarifas y conflictos del consejo de fábrica de confirmar las normas y tarifas introducidas por la dirección de las empresas. Lo que en un principio pudiera haberse entendido como una medida provisional, en un marco complejo de la lucha de clases nacional e internacional donde se daba prioridad al desarrollo de las fuerzas productivas (industrialización socialista) para aputalar las relaciones de producción socialistas, acabaría por imponerse tras el XXº Congreso del PCUS (1.956) indefinidamente.

 

4.5.3 Del comunismo de guerra a la NEP

El período inmediato al triunfo de los bolcheviques fue el denominado comunismo de guerra (1.918-21), en respuesta a una situación de guerra contra los terratenientes y el imperialismo.

La firma del tratado de Brest-Litovsk (febrero de 1.918), fue un respiro temporal además de una constatación de que la revolución en Occidente aun siendo una posibilidad, no era una realidad en marcha con la que se debiera especular de forma aventurera en perjuicio de la revolución ya existente, tal y como jugaran los comunistas de izquierda y Bujarin con su consigna de “guerra revolucionaria” y Trotski con su consigna “ni guerra revolucionaria, ni paz vergonzosa”, es decir ni aceptar las posiciones de paz del gobierno alemán ni oponer resistencia ante el avance enemigo.

A pesar de que Lenin insistía, en nombre del C.C. del Partido bolchevique, en que se firmase la paz, Trotski, que era presidente de la delegación soviética de paz enviada a Brest, traicionó abiertamente las instrucciones concretas del Partido. Declaró que la República Soviética se negaba a firmar la paz en las condiciones propuestas por Alemania, y, al mismo tiempo, comunicó a los alemanes que los Soviets no harían la guerra y continuarían desmovilizando su ejército. El gobierno alemán dio por terminado el armisticio y pasó a la ofensiva. Los restos del antiguo ejército ruso no hicieron frente al empuje de las tropas alemanas y comenzaron a dispersarse.

Trotski, teórico de la revolución permanente simultánea en Europa, después de negarse a firmar el tratado, cifrando su esperanza de que que los soldados y obreros alemanes realizaran su revolución y reclamaran espontáneamente la paz e impidieran la invasión de la URSS, permitió que el imperialismo alemán, tras ser frenado su avance sobre Petrogrado, en Narva y Pskov, impusiese una paz aún más vergonzosa con la pérdida de Ucrania, Bielorrusia y los 4 países bálticos, poniendo en jaque a la revolución y la alianza obrero-campesina, ya que la paz era una reivindicación básica de la revolución democrática de las masas obreras y campesinas.

La firma del tratado de Brest-Litovsk permitió a los bolcheviques ganar tiempo, aprovecharse de los conflictos en el campo del imperialismo (Entente-Alemania), dividir el campo del imperialismo internacional en el frente occidental y acumular fuerzas para preparar la ofensiva contra los generales contrarrevolucionarios Kolchak y Denikin.

Mientras esto sucedía en el oeste, en el este y el sur las otras potencias imperialistas (Francia, Gran Bretaña, EE.UU. y Japón) organizaban la invasión con sus tropas apoyando a los ejércitos blancos. Tres meses después de la firma del tratado de paz, los Estados imperialistas empujaban a Alemania a hacer lo mismo que sus rivales en Occidente. Se rompía el tratado de Brest y se desataba una guerra en todo el territorio soviético. Guerra que en los 3 meses posteriores a la firma del tratado de paz (de marzo a mayo) y producto de ello, los bolcheviques ya la tenían ganada de no ser por el bloqueo e intervención militar por los 14 Estados capitalistas en todos los frentes.

El primer frente en caer fue en Finlandia, donde en enero de 1918 había estallado la revolución proletaria, huyendo el gobierno burgués al norte del país, los obreros tomaron el poder en las regiones industriales del sur,  formándose un gobierno revolucionario integrado por comunistas y socialdemócratas de izquierda (K. Manner, Y.Sirola y Otto Kuusinen). Este poder se mantuvo hasta principios de mayo de 1918, los guardas blancos fineses apoyados por las tropas del Kaiser desencadenaron la guerra civil y ahogaron en sangre la república socialista finlandesa.

Se organizó en la Rusia soviética un ejército regular revolucionario, estableciéndose para ello el servicio militar obligatorio, se utilizó la colaboración de los especialistas militares (oficiales y mandos del anterior ejército zarista) no sin reforzar la dirección del partido en el ejército, para mantener la unidad y disciplina, a través del papel de los comisarios políticos, creando a su vez cuadros militares comunistas, obreros y campesinos.

Eran tiempos de hambre en las ciudades y campos, donde el objetivo de la defensa militar primaba el abastecimiento del ejército rojo y las ciudades, por lo que se estableció el monopolio estatal del trigo y la requisa de los excedentes de toda la producción agrícola. Los campesinos pobres y medios que habían obtenido la tierra vieron la medida necesaria para garantizar la victoria militar y mantener sus conquistas sociales frente a la amenaza terrateniente.

Millones de rusos murieron a consecuencia de la criminal intervención imperialista y la guerra de los terratenientes y la burguesía rusa. Era un período de intensa lucha de clases donde se dirimía la supervivencia el primer Estado proletario, por lo que las medidas económicas iban encaminadas más a la resolución de los problemas urgentes, que a sentar las bases de una sociedad socialista.

El tremendo cerco y acoso contrarrevolucionario retrasaría el paso global a la planificación económica socialista, a pesar de que se proclamara como propiedad jurídica del Estado proletario los sectores básicos cuyo grado de socialización era elevado (gran industria, banca, ferrocarriles, comercio exterior, etc.), y en los sectores donde el grado de socialización, y la capacidad del Estado para disponer de los medios y productos nacionalizados, era extremadamente precarios (subsuelo y la tierra), ya que la inmensa mayoría de la economía del país quedó en manos de campesinos, pequeños productores y pequeños comerciantes privados.

Lenin en plena intervención extranjera, describía que la formación social soviética en la etapa de transición al socialismo estaba compuesta de diferentes estructuras económicas, fragmentos de capitalismo y de socialismo contenida con 5 formas:

1.-Zonas del Asia central vivían en el tribalismo bajo régimen campesino patriarcal-comunal.

2.-Economía campesina de pequeña propiedad basada en la pequeña producción mercantil, campesinos que venden sus excedentes. En 1.919 el 96,8% de las tierras las trabajan los campesinos bajo forma individual, el 0,5% por cooperativas, y el 2,7% por granjas estatales.

3.-Capitalismo privado (comercial y pequeña producción).

4.-Capitalismo de Estado (Nueva Economía Política –NEP-).

5.-Y el sector socialista industrial.

Existían tres clases, la clase obrera, donde el 12,4% trabajaban en la pequeña producción privada y artesanal; el campesinado (pequeño, medio y kulak) y la pequeña burguesía artesanal; junto a la intelectualidad y la burocracia del Estado como categorías sociales.

La naturaleza de las transformaciones llevadas a cabo por el proceso revolucionario de Octubre era doble. Por un lado la revolución socialista ejecutada por el proletariado y dirigido por el partido bolchevique, y por otro lado la revolución democrática realizada por el campesinado y las naciones oprimidas, luchando por objetivos que no eran socialistas sino democráticos, como la reforma agraria que liquidó la propiedad terrateniente con la nacionalización de la tierra, el reparto y la implantación de la pequeña producción privada de campesinos medios y pobres. De esta manera se rompían las bases sociales y políticas que arrastran al campesinado a los brazos de la contrarrevolución, ya que la revolución soviética les dio todo: la tierra. La NEP vino a mostrar el recorrido desigual entre ambas revoluciones, donde la primera había andado mucho y la segunda había progresado bien poco. Siendo necesario implantar una nueva estrategia económica en un país de mayoría campesina bajo una coyuntura internacional donde la revolución proletaria en Europa Occidental ya no era tan inminente.

      Y dentro de la revolución democrática se encontraba la liberación de las naciones oprimidas. La declaración de los derechos de los pueblos de Rusia, adoptada por el gobierno soviético el 15 de noviembre de 1917, suprimió el yugo nacional y estableció la igualdad política y jurídica de numerosas naciones y nacionalidades. Sin embargo, la causa de la liberación de las naciones no se limitó sólo a eso, lo más importante era superar su secular atraso económico y cultural heredado de la Rusia autocrática.

Para Lenin el principal principio de la dictadura del proletariado pasaba por el mantenimiento de la alianza con el campesinado con el fin de que la clase obrera pueda conservar su papel de liderazgo y el poder estatal, y que era imposible construir el socialismo con éxito sin una alianza estable con el campesino medio (104). Para Lenin la NEP sólo era un repliegue parcial con el objetivo de reemprender más adelante el asedio a la fortaleza capitalista.

Al contrario de Lenin y la mayoría del partido, Trostki vería la NEP dentro del marco de su teoría de la imposibilidad de la construcción del socialismo en un solo país, y la incompatibilidad de intereses de obreros y campesinos.

Tras la guerra el sector industrial era escaso para originar la acumulación socialista. El procedimiento que se implanta es la transferencia de excedentes de la producción mercantil (recursos tanto económicos como de fuerza de trabajo), a la economía socialista, como fuente de acumulación, estableciéndose una dialéctica entre la ley del valor que sustenta la economía privada (interior y exterior-mundial) y la ley general de acumulación socialista que se dirige hacia el comunismo. Se implanta un sistema de precios y el impuesto en especie que favorecía al sector socialista, donde parte del excedente creado fuera, llegaba a manos del Estado-proletario.

En teoría el esfuerzo para el triunfo del socialismo derivaría de la lucha entre el sector planificado de la economía sobre el sector privado. Para tal fin se crea el Gosplan en 1.921 como instituto de planificación económica, un año antes se había creado la Comisión panrusa de electrificación (GOELRO). El Estado proletario adopta las medidas de cara la reducción de los 3 primeros sectores (tribalismo, economía campesina y capitalismo privado) favoreciendo el capitalismo de Estado como instrumento para avanzar al socialismo. La producción de mercancías, la división trabajo intelectual/manual y la oposición campo-ciudad continuan existiendo como residuos del capitalismo en tránsito de desaparición.

Esta estrategia se pretendía desarrollar a través de la aplicación de la NEP (1.921-28), en base a 2 objetivos, por un lado la consolidación del poder político de la dictadura del proletariado manteniendo la alianza con el campesinado, y por otro la construcción de la base material de la sociedad socialista empezando por adecuar las relaciones de producción al grado de desarrollo de las fuerzas productivas, potenciando la industria de consumo.

De la producción agraria dependía el abastecimiento a las ciudades, de ahí que se buscara unas relaciones amistosas con el campesinado, donde los métodos militares de confiscación válidos para hacer frente a la intervención militar extranjera y blanca (so pena de que el poder soviético cayera y la gran propiedad terrateniente se restaurara), fueron sustituidos. Una vez consumada la victoria frente a los ejércitos contrarrevolucionarios, el descontento de los campesinos frente a la requisación ya había provocado levantamientos en algunas provincias (105), y el descenso de la producción agraria. Esta situación generaba desabastecimiento de las ciudades e impulsaba el descontento de la clase obrera, cuyos elementos menos avanzados empezaban a culpar al partido bolchevique. Situación que obliga a un cambio provisional en la política económica del gobierno bolchevique, pasando de la alianza militar obrero-campesina a la económica, concediendo, una vez restado impuestos, la libertad de comercio a los campesinos (propiedad privada de sus productos para la circulación mercantil), representando otra vez el partido bolchevique el sentir de las reivindicaciones campesinas. La clase obrera rusa en esta situación supo jugar a través de su partido el papel hegemónico, de guía de la mayoría de la población trabajadora, superando la visión estrecha, gremial y corporativa en la política proletaria al asumir las reivindicaciones campesinas.

Con la NEP el campesino medio, cuyos efectivos se habían incrementado por la revolución democrática del campo, pasaba a ser el “niño mimado” del poder soviético, la clase que mayores ventajas sacaba, pero también y junto al campesino pobre el apoyo mas firme de la dictadura del proletariado, y que ya lo fuera contra la intervención extranjera, dado que el componente mayoritario del ejército rojo era campesino. Si el campesino medio y pobre no hubieran defendido el poder soviético con las armas con el objetivo de conquistar su tierra, no habría sido posible la victoria sobre las tropas imperialistas y blancas, por lo que la naturaleza de la victoria fue sin dudas la política de la alianza obrero-campesina.

Y para que la revolución socialista progresara, era necesario que el partido bolchevique fuese capaz de dirigir la restauración de la vida cotidiana, asegurando el abastecimiento de las ciudades, el intercambio equivalente entre industria/agricultura, el mantenimiento de la alianza obrero-campesina y acabar con el desempleo. Sin el cumplimiento de tales objetivos, los bolcheviques no se hubiesen aguantado en el poder por las masas y la revolución soviética hubiese caído prematuramente.

La crisis de las tijeras en otoño de 1.923, provocada por la inflación que sobrevalorava los productos industriales sobre los agrícolas que colapsó el intercambio campo-ciudad, pondría el debate sobre la necesidad de una política comercial equivalente. Lenin combatiría a la oposición de izquierda (Trostki, Preobrazhenski…) que defendiendo los métodos administrativos del comunismo de guerra, propugnaron la elevación del precio de las mercancías industriales, como medida tendente a impulsar la industrialización, lo que hubiera roto el comercio interior y la unión entre la industria y la hacienda campesina. Esta posición se basaba en la incredulidad de que la industrialización podía llevarse con métodos capitalistas tomando al campesinado como un objeto de explotación del Estado proletario, proponiendo medidas insostenibles, aumento de la presión fiscal, elevación de los precios de artículos manufacturados, etc. Para Lenin la industrialización debía desarrollarse sobre la base de la mejora de la situación material de la masa fundamental del campesinado, además del proletariado, en relación a ello la política fiscal y de precios debía ser estructurada de manera que favoreciese la ligazón entre la economía campesina y la industria, el proletariado y el campesinado, como “el alfa y omega” del poder soviético y la edificación socialista (106).

Para Lenin y la mayoría del partido bolchevique, al contrario de lo que pensaba la socialdemocracia europea y algunos bolcheviques, la oposición de izquierda (Trotski, Peobrazhenski, Zinóviev y Kámenev), era posible realizar la revolución socialista en un país en el que los campesinos medios y pobres (pequeña burguesía media y pobre) constituían la mayoría de la población, por medio de medidas de carácter transitorio que consideraba innecesarias en un país capitalista avanzado. Pero para la realidad social rusa no se debía emplear ningún método de coerción para introducir el cultivo colectivo. La comuna agraria sólo podía ser producto del deseo y la voluntad de los campesinos medios y pobres:

“Actuar por la violencia significa echarlo todo a perder…No hay nada más necio que la idea de emplear la violencia con respecto a las relaciones económicas del campesino medio. La tarea aquí no consiste en expropiar al campesino medio, sino… en aprender de los campesinos como pasar a un régimen mejor, y no de ponerse a mandar” (107).

Lenin ya planteó el problema agrario en idénticos términos durante la revolución de 1.905, en defensa de la etapa de la dictadura democrática del proletariado y el campesinado, deshechó la consigna de Trotski quien propugnaba la destrucción de la frontera entre el programa mínimo y máximo una vez el proletariado tomara el poder, “poniendo el colectivismo en el orden del día”, dejando al campesinado el papel de convidado de piedra de la revolución, ignorando las condiciones objetivas de desarrollo socioeconómico (reforma agraria-nacionalización de la tierra) y de la lucha de clases, cayendo en el más puro voluntarismo, al tratar de romper la alianza del proletariado con el campesinado en la lucha contra la burguesía kulak y los terratenientes.

De la lucha contra la autocracia y por la República entre 1.905 y febrero de 1.917, se pasó al camino que va de la república democrática de 1.917 a la lucha por el socialismo a partir de octubre de 1.917, con una ampliación de la base social de la dictadura del proletariado durante el período de la NEP (1.921-28) que reforzaría la alianza con el campesino medio, recuperando la fase democrática de reforma agraria al abandonar el período de comunismo de guerra (1.918-21).

Pero en 1.921 la industria no tenía todavía nada que ofrecer al campo, por lo que no era posible en aquella etapa acometer la colectivización de la producción agraria a gran escala, hacia el régimen cooperativo, sin la previa base técnica de la gran producción, sin la maquinaria y tractores agrícolas en masa, y sin obtener el campesino nada cambio por sus suministros agrarios. La insistencia de Lenin por mantener durante un periodo largo la producción agrícola individual, fue porque la producción agrícola era la más difícil de transformar técnicamente tanto desde las condiciones materiales como desde los hábitos de producción y porque el campesinado suponía la alianza indispensable de la dictadura del proletariado. Por ello sin el estímulo material y cultural del campesinado hacia la producción cooperativa era impensable la expropiación violenta de los pequeños campesinos, ni siquiera con indemnización, ya que no se podía aplicar los mismos métodos de expropiación a los campesinos que a los terratenientes. La tarea en este campo pasaba por encauzar la producción individual y la propiedad privada campesina hacia un régimen cooperativo, sin el empleo de la fuerza dando la ayuda social y económica necesaria para ello (108).

Esta posición era original de Engels (109), quien se opuso a la posición lassalleana de considerar al resto de las clases no proletarias como una masa reaccionaria, ignorando las diferencias que existían entre las clases explotadoras (burguesía y terratenientes) y las otras clases sometidas y explotadas como el campesinado. Para Engels, en el problema campesino en Francia y Alemania la gran producción capitalista había cortado el nervio vital a la pequeña empresa agrícola y pasaría sobre ella como un tren. Exigir por tanto el mantenimiento de la pequeña empresa era en su concepto una necesidad que cerraba la senda de la liberación para los campesinos y que la única alternativa era que ellos mismos introduzcan la gran explotación, no por cuenta capitalista, sino por su propia cuenta, colectivamente. Consideró que la tarea de los partidos obreros frente al pequeño campesino constistía en encauzarlo, no por la fuerza, sino con el ejemplo y la ayuda social hacia un régimen cooperativo. Engels pensaba que con la clase obrera ya en el poder y que no era necesario esperar a que el campesino pobre se convirtiera en proletario, sino ganarlos como campesinos hacia la transformación socialista. Para Engels la expropiación de los terratenientes y la organización de los obreros agrícolas en cooperativas serviría de ejemplo para convencer a los pequeños campesinos de las ventajas de la producción cooperativa. Por tanto, refutando a algunos marxistólogos, no fue Lenin el primero que introdujo la cuestión campesina al marxismo, sino Engels.

Lenin distinguía bajo la NEP la estructura socio-clasista del campo, donde los kulaks (campesinos ricos-burguesía rural-antiguos terratenientes) constituían el polo explotador de la aldea, sobre los campesinos pobres y parte de los campesinos medios, alquilando instrumentos de trabajo y especulando con el grano (110). Por lo que la lucha contra la pequeña producción agraria no podía llevarse a cabo igual que contra los grandes propietarios kulaks, no se podía expropiar al campesino medio y pobre, que suponía más de la mitad de la población soviética, había que atraerlos al socialismo mediante la agrupación de las haciendas individuales en cooperativas, y ello no se podía hacer de improviso sin suministrar la maquinaria más moderna, sin un cambio en la psicología pequeño-burguesa campesina y sin minar la hegemonía de la burguesía agraria en la aldea.

De ahí que frente a la debilidad de la implantación de los bolcheviques en las aldeas, éstos disuelven los comités de campesinos pobres para evitar la ruptura de la alianza entre los campesinos y el proletariado, evitando que los campesinos pobres se aislaran de los campesinos medios, y ayudar a reforzar las relaciones económicas campo-ciudad. Hechos que suponían un paso atrás en la transición del capitalismo de Estado al control estatal de la circulación, ya que se restablecía el intercambio monetario-mercantil en la economía privada. Pero a la misma vez implicaba la consolidación de la alianza política obrero-campesina con el fin de soldar a los últimos por la senda de la edificación socialista.

La idea de que con la sóla existencia del Estado proletario, se podía organizar la producción y distribución estatal en un país de pequeños productores válido para el comunismo de guerra, fueron abandonados, ya que las relaciones precapitalistas del campo no habían desaparecido. Tal planteamiento estatalista consideraba que con la simple sustitución con medidas administrativas se suprimiría la pequeña producción, implantándose intercambios directos no monetarios entre la ciudad y el campo. Por el contrario, el surgimiento masivo de los intercambios monetarios una vez abandonadas las medidas de confiscación del comunismo de guerra, se debió precisamente a que las relaciones de producción capitalistas no habían sido todavía transformadas en el campo, faltaba la base material, técnica y cultural para acceder a la economía cooperativa.

Eran los propios campesinos ayudados por el partido y el Estado soviético quienes debían descubrir la vía para transformar las relaciones sociales, pasando voluntariamente a la producción cooperativa como forma de la producción socialista, que impulsa relaciones económicas socialistas en el campo, y libera al campesino medio de la explotación de los campesinos ricos y los comerciantes, que como fuerzas sociales durante la NEP se acrecientan, ya que la NEP no sólo supone un repliegue, sino y a la misma vez un desarrollo de la contraposición entre los elementos capitalistas y socialistas en el campo.

En el terreno industrial, la adopción de la NEP supuso la recuperación del capitalismo de Estado en la regulación estatal de la economía, abandonada bajo la guerra por los métodos del comunismo de guerra. Capitalismo de Estado que reaparece en las ciudades por la escasez cuadros de la clase obrera, donde a partir de la aplicación de las medidas de planificación económica se otorga una gran autoridad a toda una capa de ingenieros y técnicos que pasan a ocupar puestos claves en el aparato administrativo estatal de la economía.

Son los especialistas burgueses (antiguos directores de empresas e instituciones del anterior Estado zarista) con los que se accede a un compromiso ante la incapacidad de los comités de fábrica para organizar la producción a escala social. Compromiso que para Lenin no sólo es necesario mantener sino que supone una medida provisional, lo que constituye un paso atrás en la configuración del poder proletario en la producción, paso atrás necesario dadas las condiciones existentes de desorganización productiva. De modo que una gran cantidad de miembros de la antigua burguesía, campesinos ricos (kulaks), la intelectualidad burguesa (abogados, ingenieros, académicos, etc.) se integra en la nueva sociedad soviética conservando la misma actividad laboral de antaño, acabando por afluir hacia los aparatos ideológicos, judiciales y económicos del Estado soviético y al propio partido.

Lenin en las tareas inmediatas del poder soviético señalaba que el 99% de los directores y técnicos de alta calificación pertenecían a la clase capitalista, y que al partido bolchevique no le quedaba otra que contratarlos como directores del proceso de trabajo.

Como conclusión, la NEP fue vista por Lenin como un paso atrás en el objetivo comunista, un paso necesario para recomponer la economía debilitada por la guerra, un paso necesario para estrechar la alianza económica con el campesinado al que se le otorgan concesiones provisionales. Un retroceso provisional táctico y no estratégico. Bujarin que abandonaría la “oposición de izquierda”, intentará a posteriori legitimar a la NEP como un camino estratégico.

Tal esfuerzo táctico aceleró el progreso de las fuerzas productivas y amplió el grueso de la clase obrera. Desde 1.926, el nivel de la industria y la agricultura, habían alcanzado y superado al existente antes de la guerra, y en 1.927-28, el salario real medio casi se había doblado con relación al de 1.913 (111). No obstante el desarrollo industrial y agrario no se acompañaba en grado suficiente, la producción industrial seguía siendo incapaz de suministrar la mecanización en masa de la producción agraria con máquinas modernas, medios de transporte, etc.

Con la NEP tambien se establecía una lucha entre la planificación económica del Estado soviético y la agricultura privada, la cual debería de ser superada por la revolucionarización de la economía agraria.

Como ya se ha situado, al desarrollo de la NEP también acompañó el fortalecimiento del campesino rico (kulak), a través del florecimiento del comercio privado suponían el 15% de la población rural y concentraban el 40% de las tierras y la mayoría del trigo para vender y jugaron con ventaja hasta la implantación del impuesto progresivo en 1.926. El 90% de la tierra se gestionaba bajo el viejo sistema de la aldea comunal donde el campesino rico ganaba preponderancia económica y política penetrando en el aparato de Estado soviético para defender sus intereses clasistas. La diferenciación social se agrandaba y el campesino pobre era cada vez más numeroso y carecían de los medios necesarios (maquinaria y transporte). Bajo este panorama era utópico pensar que las masas de millones de campesinos pobres evolucionarían espontáneamente sobre la base de la pequeña producción hacia una economía agraria potente, sólo la forma cooperativa del trabajo y una industria potente podía arrastrar la pequeña producción.

 

4.5.4 Consolidar la revolución socialista o ceder a la contrarrevolución capitalista

Durante principios de la revolución y hasta mediados de los años 20, hubo dentro del partido una tendencia de izquierda (Trotski, Preobrazhenski en un primer momento, a los que se sumarían Zinoviev y Kámenev en 1925), la denominada “oposición de izquierda”, quienes frente a la opinión mayoritaria del partido no compartían la alianza obrero-campesina, y veían al campesinado como una masa única reaccionaria, y planteaban que el futuro de la revolución soviética dependía únicamente de la revolución  socialista en Occidente.

Tras haber defendido la militarización de los sindicatos en la industria y la industrialización rápida, Trotski se reafirmaría en sus posiciones anteriores de la revolución,  buscando el apoyo en el proletariado de los países más desarrollados y la colectivización de las tierras en oposición a la NEP, lo que de hecho hubiera supuesto enfrentarse con el campesinado en bloque.

Ya antes de la revolución, en 1.915 Lenin se posicionó contra la consigna de los Estados Unidos de Europa, considerándola como una confusión que conducía a la falsa idea de la imposibilidad del socialismo en un solo país. Lenin opuso que la cadena imperialista puede partirse por su eslabon más débil con la posibilidad de que el socialismo triunfe primero en varios o un solo país, pudiendo expropiar a los capitalistas y organizar la producción socialista dentro de sus fronteras frente al resto del mundo capitalista atrayéndose a las clases y naciones oprimidas del mundo. Ello para Lenin era viable porque “la desigualdad del desarrollo económico y político es una ley absoluta del capitalismo” en su fase imperialista, no hay que supeditar la dictadura del proletariado en cada país a la formación de los Estados Unidos de Europa, y que por tanto, ningún país debe esperar a los otros en su lucha.

Una vez conquistado el poder por el proletariado en Rusia, ésta era considerada como el protagonista del proceso revolucionario mundial al ser el primer país donde el proletariado conquistaba el poder, lo que entraba en contradicción con el predominio del criterio principal de la revolución socialista en Occidente.

Lenin veía a la revolución en Occidente como un proceso dialéctico, desigual y en etapas, con avances y retrocesos, no veía la revolución europea como un enfrentamiento monolítico y frontal entre imperialismo y el proletariado. El triunfo bolchevique se debía a la ruptura de eslabon más debil de la cadena imperialista en el que el proletariado internacional a través de la revolución rusa había logrado abrir la brecha, la cual debía ser mantenida y defendida.

Por tanto, y partiendo del desarrollo desigual del capitalismo que genera procesos revolucionarios nacionales no simultáneos, Lenin no descartaba la posibilidad de la construcción del socialismo en un país en un marco capitalista mundial y hostil, pero siempre con la mirada puesta en una perspectiva mundial. Y si en 1.918 Lenin calculaba un período de tiempo relativamente corto para que la revolución en Occidente se produjese, era porque todavía la socialdemocracia no se había pronunciado en contra de las revoluciones socialistas que se sucederían en Rusia, Hungría, Finlandia y Alemania, algo que ni Lenin ni otros revolucionarios, como Rosa Luxemburgo se esperaban.

No obstante, Lenin nunca descartaría que el peligro contrarrevolucionario exterior existiría en tanto no triunfara la revolución en uno o varios países avanzados, y una vez demostrado que la revolución en Occidente se demoraba, fiel a la teoría de la lucha de clases vió la necesidad de la defensa del único baluarte existente de la revolución proletaria mundial.

     Y más adelante, fiel al análisis marxista de estudiar la realidad concreta de la lucha de clases con perspectiva mundial, Lenin ya no esperaría la revolución proletaria en Occidente en abstracto para que acudiera en ayuda de Rusia, sino que piensa en la revolución en Oriente producto de la colisión inevitable entre el imperialismo y las luchas de liberación nacional, y ante la evidencia de que la necesaria ayuda del proletariado de Occidente para la supervivencia de la Rusia soviética no llegaría de inmediato, se coloca en el orden del día de las tareas políticas del Partido Comunista (bolchevique) -PC(b)- el problema del cómo afrontar la nueva coyuntura mundial de repliegue de la revolución socialista mundial, anticipando un frente de lucha anti-imperialista compuesto por las naciones colonizadas (India, China…), la Rusia soviética y el movimiento obrero de Occidente.

Para Lenin el proceso revolucionario en Europa occidental ya no se llevaría a cabo como se pensaba, de forma gradual, de “maduración” del socialismo en ellos, sino mediante un el desenlace nodal de las contradicciones, viejas, burguesía-proletariado, y nuevas, de rivalidad imperialista y la lucha por la explotación de Oriente, cuyo movimiento de liberación se incorporaba al movimiento revolucionario tras la primera guerra imperialista. Y ello fue así porque el escenario político del capitalismo cambió por completo. Lenin supo verlo:

“…lo que nos interesa no es esta inevitabilidad de la victoria del socialismo. Lo que nos interesa es la táctica que nosotros, el Partido Comunista de Rusia, que nosotros, el Poder soviético de Rusia, debemos seguir para impedir que los Estados contrarrevolucionarios de Europa Occidental nos aplasten. Para asegurar nuestra existencia hasta la siguiente colisión militar entre el Occidente imperialista contrarrevolucionario y el Oriente revolucionario y nacionalista, entre los Estados más civilizados del mundo y los Estados atrasados al modo oriental, los cuales, sin embargo, constituyen la mayoría, es preciso que esta mayoría tenga tiempo de civilizarse” (112).

En 1930 en “La revolución permanente” Trotski reafirmaría su tesis contraria a la alianza obrero campesina y el carácter anti-imperialista de la revolución en las semicolonias y colonias:

“en un país colonial o semicolonial, cuyo proletariado resulte aún insuficientemente preparado para agrupar en torno suyo a los campesinos y conquistar el poder, se halla por ello mismo imposibilitado para llevar hasta el fin la revolución democrática…la consigna de la dictadura democrática del proletariado y los campesinos, superada…por la historia, no puede tener más que un carácter reaccionario”  (113).

Sin embargo toda la historia del S.XX echó por tierra esta hipótesis teórica. No sólo las revoluciones democráticas, sino antiimperialistas y socialistas, se han producido en muchos países coloniales o semicoloniales: Yugoslavia, Bulgaria, Corea del Norte y China antes de 1950; Cuba, Argelia, Vietnam, Angola, Nicaragua, etc. Incluso Chile de Allende y la Venezuela bolivariana, el campesinado ha adquirido un papel importante.

Por tanto, mientras la revolución socialista en Europa se aplazaba, no cabía esperar una ayuda inmediata para la industrialización de un país socialista económicamente más desarrollado que Rusia y había que avanzar con lo conquistado solos, además servir de influjo en el proceso revolucionario mundial.

Por el contrario, Trotski, en su folleto El programa de la paz publicado en 1917, en vísperas de la revolución, y reeditado tras la muerte de Lenin en 1924, oponía su consigna de “los Estados Unidos de Europa”, de que el socialismo no puede triunfar en un solo país, y que sólo es posible si triunfa en algunos de los principales países de Europa, citando a Inglaterra y Alemania, además de Rusia, coaligados en “los EE.UU. de Europa”. Y sobre la ley absoluta del capitalismo enunciada por Lenin, Trotski insistía de que a pesar de que no hay que aguardar a los demás países en comenzar la revolución, no hay fundamento para suponer que ni la Rusia revolucionaria ni la Alemania socialista puedan sostenerse por separado solas frente a la Europa conservadora y capitalista (114).

       La posición de Trotski era más coincidente con la socialdemocracia rusa y europea que con la mayoría bolchevique, ya que consideraba igual que Otto Bauer (dirigente de la socialdemocracia austríaca), que las contradicciones de un gobierno obrero en un país de mayoría campesina sólo serían resueltas por la revolución mundial. Para Trostki no existía base social para construir el socialismo en Rusia, donde la población era mayoritariamente campesina. Otto Bauer afirmaba que el poder del proletariado en Rusia sólo podría afianzarse de forma temporal, ya que el proletariado era una minoría de la población y solamente la conquista del poder político del proletariado del Occidente industrial podía asegurar un dominio durarero del socialismo en Rusia.

Eran los mismos argumentos que los mencheviques habían utilizado de febrero a octubre de 1.917 para negar la conquista del poder soviético y la insurrección contra el gobierno provisional contrarrevolucionario. La única diferencia que Trostki mantenía con los mencheviques no era de principios sino táctica, al opinar que la coyuntura internacional con la proximidad de la revolución socialista en toda Europa daban a la insurrección razón para adelantarse, a la espera del ¡¡¡rayo milagroso: la revolución continental simultánea!!!.

Para Trotski el proletariado podía tomar el poder en un país atrasado como Rusia antes que un país de capitalismo avanzado, podría mantenerse como Estado en el sentido político y militar, pero su teoría de la revolución permanente-simultánea hacían depender el futuro de la revolución de los países de capitalismo avanzado que acuden en ayuda de la revolución rusa. Para el Trotski economista la lucha en defensa de la revolución ha traido aparejado en Rusia un “descenso de las fuerzas productivas”, mientras que “el socialismo sólo se concibe sobre la base de su desarrollo y florecimiento” (115). E incluso para países avanzados como Inglaterra, si se produjera la revolución, era impensable la edificación del socialismo en su marco nacional también, porque el fantasma de las fuerzas productivas mundiales que sobrepasa las fronteras, se le oponen. El ultraimperialismo de Kaustky cautivaba el planteamiento de Trotski.

Esta posición de Trotski era economista, porque únicamente identificaba madurez capitalista con madurez revolucionaria, haciendo depender la revolución socialista de las condiciones productivas del país ignorando las condiciones concretas de la revolución. Para Trotski el cerco económico que el capitalismo imponía a Rusia obligaba a buscar acuerdos con el mundo capitalista para “ayudarnos a sanear estas o aquellas llagas económicas”, testimonio evidente de la imposibilidad de la edificación socialista aisada dentro del marco nacional de un Estado, por ello construir una economía socialista en auge en Rusia sólo sería posible tras la victoria del proletariado en los países más importantes de Europa (116). Posición que no abandonaría nunca, haciendo causa común con la postura favorable a la eliminación del monopolio del Estado soviético sobre el comercio exterior, y la concesión sin límites al capitalismo nacional y extranjero.

Sin embargo, Lenin, más dialéctico, en 1923 bajo la Nep, concluiría todo un testamento político sobre su posición:

“En el fondo, todo lo que necesitamos es organizar en cooperativas a la población rusa en un grado suficientemente amplio y profundo…En efecto, todos los grandes medios de producción en poder del Estado, y el poder del Estado en manos del proletariado; la alianza de este proletariado con millones y millones de pequeños y muy pequeños campesinos, asegurar la dirección de los campesinos por el proletariado, etc., ¿acaso no esto todo lo que se necesita para edificar la sociedad socialista completa partiendo de la cooperación…? Eso no es todavía la edificación de la sociedad socialista completa, pero sí todo lo impresicidible y lo suficiente para esta edificación (117).

     Aquí vemos que mientras Trostki resaltaba que la construcción socialista dentro del marco nacional de un Estado es imposible, Lenin admite que el proletariado de la URSS ya tenía todo lo imprescindible y suficiente para edificar la sociedad socialista completa.

Trotski, en la época de las revoluciones proletarias, cuando en el orden del día lo que se coloca por delante es la cuestión del poder, se remitía en última instancia al problema del nivel de las fuerzas productivas igual que la socialdemocracia, cuando precisamente el desarrollo desigual obliga a situar la cuestión de la lucha de clases como el eje central de la política comunista, donde el reordenamiento del poder de las clases coloca al proletariado revolucionario a la vanguardia del proceso social y económico, y donde el problema no es solamente económico, ya que no se trata de priorizar sólo la atención sobre el estado de las fuerzas productivas, sino también y sobre todo de buscar el desplazamiento de la correlación de fuerzas de clase a nivel nacional e internacional a favor del campo revolucionario existente.

Trostki se adhería así a las categorías teóricas que predominaban a la IIª Internacional, el marxismo ortodoxo de Kaustky, que no aceptaba los aportes teóricos de Lenin acerca del imperialismo, el desarrollo desigual del capitalismo, el eslabón débil y renegaba del planteamiento de Marx sobre el tránsito al socialismo.

Para Lenin, el desarrollo desigual del capitalismo permite en su eslabón más debil una concentración de fuerzas sociales con una potencia revolucionaria capaz de inciar y continuar el proceso de transformación revolucionaria del capitalismo en comunismo a nivel mundial. Y para Marx no se puede confundir la fase superior de la sociedad comunista con su fase inferior o de transición donde todavía existen las clases, y donde todavía se sostiene la lucha contra los vestigios del pasado y el derecho burgués de distribución tal y como lo planteara en su Crítica del Programa de Gotha. Aquí vemos que tanto para Marx como para Lenin los factores extraeconómicos cobran importancia para implantar las relaciones de producción socialistas, las fuerzas productivas no son naturales en su transcurso hacia el socialismo sin su control por el proletariado a través de su dictadura de clase.        

Trotski desvaría con su tesis del carácter simultáneo de la revolución mundial por el carácter internacional de las fuerzas productivas, ya que en realidad es la lucha de clases la que pasa a un primer plano, mientras que el carácter internacional de las fuerzas productivas es relegada a un segundo plano. Así el problema de la relación económica entre el poder revolucionario asediado por el resto del mundo capitalista que le somete a un cerco económico y militar (que Trostki a igual que la socialdemocracia contempla como un obstáculo infranqueable para aprovechar los recursos de la economía mundial en provecho del proletariado triunfante), se convierte en Lenin en la necesidad de la independencia económica frente al cinturón militar imperialista, en la necesidad de construir una economía socialista interior equilibrada y autosuficiente frente a la exigencia socialdemócrata de la integración mundial a la economía capitalista. De lo que se trataba no era de construir una Icaria como isla en medio de un mar capitalista, sino crear un instrumento al servicio de la lucha de clases nacional e internacional del movimiento obrero y comunista. Por tanto, la construcción de una economía socialista, disponiendo ya de lo imprescindible, era posible y necesaria, cuando al mismo tiempo la revolución en Occidente se demoraba y el capitalismo se estabilizaba. De esta forma los bolcheviques colocaron a la economía al servicio de la lucha de clases y no al revés. La interpretación tecnocrática de las fuerzas productivas no es propia de Marx sino de sus revisionistas, ya que Marx siempre otorgaba al proletariado como clase el papel de fuerza productiva máxima en el desarrollo social en sus escritos (Grundisse, El Capital).

Lenin fiel a la teoría de la lucha de clases vió la necesidad de la defensa del único baluarte existente de la revolución proletaria mundial, después de la guerra de 3 años de intervención diría:

“…¿cabe concebir que una república socialista pueda subsistir en medio del cerco capitalista?. Eso parecía inconcebible lo mismo en el sentido político que en el militar. Que esto es posible en los sentidos político militar es ya cosa demostrada, ya es un hecho” (118).

Es una auténtica tergiversación atribuir a Stalin la teoría del socialismo en un país, ya hemos dicho que Lenin había demolido la posición de Trotski en 1.915, como defensor de la consigna de los Estados Unidos de Europa, para quien entonces ya ninguna revolución podría triunfar a menos de vencer simultáneamente en todas las naciones europeas. Y también hemos dicho que Lenin nunca planteó la insurrección de Octubre basándose en el desenlace anticipado del proceso revolucionario en Occidente, sino en la situación revolucionaria que concentraba en Rusia el eslabon más debil.

¿Acaso habría que perder la esperanza por el retraso de la revolución mundial?. La alternativa trotskista era permanecer a la espera, en vez de construir el socialismo, variante oportunista de la pasividad política. Pero ese permanecer a la espera suponía también dar esperanzas a ciertas clases explotadoras que no habían desaparecido del todo, y por otra parte adiestraba en la pasividad al proletariado de las naciones coloniales y atrasadas que no disponían de una economía capitalista desarrollada.

En 1.919 y en 1922 Trotski reimprimiría su otro folleto de 1.906: 1905 Balance y Perspectivas”, en donde plasmaba su tesis su teoría de la revolución permanente en la que defiende que es imposible estabilizar el poder obrero en Rusia sin el apoyo de una victoriosa revolución proletaria en los países capitalistas más avanzados, debido a las contradicciones que surgirían al enfrentarse con la mayoría campesina, con la que entraría en colisión, contradicción que sólo podría resolverse externamente a escala mundial en el marco de la revolución proletaria mundial. Tales tesis fueron defendidas en el seno del PC (b) con tanto empeño que acabó por representar el derrotismo militante, cuando inversamente la realidad demostraba las posibilidades de consolidar la alianza entre la clase obrera y los campesinos. Trotski enamorado de su estructura ideológica sin tomar en cuenta la realidad, terminaba por colisionar con la misma realidad.

Pero no sólo colisionaba con la misma realidad, sino con el propio Lenin. Mientras Trotski hablaba de colisión hostil con la mayoría campesina, Lenin plantea la dirección por el proletariado de las masas explotadas, y por tanto de la alianza con el campesino medio y pobre. Mientras para Trotski las contradicciones de la revolución rusa no pueden resolverse internamente no admitiendo ninguna esperanza para el Estado proletario en un país de mayoría campesina buscando únicamente la solución de tal contradicción en la arena internacional, desechando la dialéctica marxista, para Lenin las contradicciones del desarrollo de la revolución rusa se solventan por medio de la dictadura del proletariado basada en la alianza de la clase obrera y la mayoría campesina, con el objetivo de destruir por completo el capitalismo y la consolidación definitiva del socialismo. Para Trostki, sin la victoria previa del proletariado en Occidente, el proletariado de la URSS no será capaz de edificar el socialismo ni mantenerse en el poder. Stalin, preguntaba que en qué se direfenciaba la teoría de la revolución permanente de Trotski del menchevismo de Otto Bauer respondiendo con razón que en esencia no hay diferencia (119).

Por el contrario, Lenin no perdería nunca la esperanza, porque para él, el socialismo ya no era un problema futurista, sino una tarea cotidiana de la que había que ocuparse. Tal era su optimismo que en 1922 en el soviet de Moscú anunciaba que a toda costa se resolverían todas la dificultades para conseguir que de la Rusia de la NEP salga la Rusia socialista (120). Tal era su sentido clasista, en 1919 en plena guerra de intervención, que viendo cómo la burguesía de todo el mundo enrabiada contra los bolcheviques organizando intervenciones armadas y complots, concluía que este ofensiva rabiosa se debía precisamente porque el enemigo de clase comprendía lo inevitable de la victoria socialista, a menos que se la aplastara por la fuerza militar (121). Tal era su posición que una vez finalizada la guerra en 1921 afirmaría de que “podemos y debemos construir los cimientos socialistas de nuestra economía (122).

Stalin en Fundamentos del leninismo fiel al planteamiento de Lenin argumenta que el triunfo definitivo del socialismo, en el cual la clase obrera sea capaz de garantizar el socialismo frente a una intervención y frente a la restauración, sí que es necesario el triunfo de la revolución en más países capitalistas, considerado a la URSS como un medio para acelerar el triunfo del proletariado en los demás países llevando a cabo como decía Lenin “el máximo de lo realizable en un solo país para desarrollar, apoyar y despertar la revolución en los demás países” (123).

La teoría del triunfo simultáneo de la revolución en los principales países europeos y la teoría de la imposibilidad de la victoria del socialismo en un solo país, no sólo se enfrentó con la realidad, sino que encadenaba la iniciativa revolucionaria en aquellos países que adquieren la posibilidad de romper con el capitalismo, fomentando la pasividad en espera del desenlace general. Y esto se intentaba llevar a cabo en un basto país situado entre Oriente y Occidente, entre el foco del colonialismo y el centro de la explotación financiera, un país, cuya sola existencia ya revolucionaba al mundo entero. El mismo carácter internacional del proceso revolucionario, necesitaba de la consolidación del socialismo en la URSS y necesitaba que nuevos países se separaran del imperialismo. Para Lenin que el país que ha triunfado lleve a cabo el máximo de lo realizable del socialismo en sus fronteras es necesario para desarrollar, apoyar y despertar la revolución en todos los países. El proletariado triunfante tras expropiar a los capitalistas y organizar la producción socialista dentro de sus fronteras, al enfrentarse con el mundo capitalista, atrae a su lado a las clases oprimidas de los demás países levantando en ellos la idea de la insurrección contra las clases explotadoras y sus Estados (124). Por lo tanto, para Lenin, la victoria del socialismo en un solo país no es un fenómeno exclusivamente nacional, plegado a la espera del apoyo exterior de los países capitalistas  más avanzados. Para Lenin, el carácter de la revolución de octubre es internacional, necesita del apoyo de la revolución de otros países de la misma manera que esos países necesitan el apoyo de la revolución de octubre para acelerar el derrocamiento del capitalismo mundial.

Pero también se concluía que para garantizar la victoria definitiva del socialismo en un solo país contra el peligro de intervención imperialista, y contra la restauración del capitalismo, se debe vencer o neutralizar a la burguesía mundial, siendo esa tarea únicamente misión del proletariado de otros países, ya que el peligro de intervención únicamente puede ser suprimido por la victoria de la revolución proletaria en varios países (125). De ahí la necesidad de matener la fuerza armada permanente del pueblo y de la industria militar.

Esta discusión tomó una forma enconada dentro del partido bolchevique dividiéndolo en varias fracciones en los debates congresuales y postcongresuales, los partidarios de la construcción del socialismo en un solo país, frente a los partidarios contrarios a ello. En el XII Congreso (abril 1923) Trotski, Radek y Krasin. Fieles a la posición economista del desarrollo de las fuerzas productivas proponían entregarse a merced de los capitalistas extranjeros, poner en sus manos, a título de concesiones, las ramas industriales de interés vital para el Estado Soviético. Proponían pagar las deudas del gobierno zarista, anuladas por la Revolución de Octubre. Ya antes del Congreso, Bujarin y Sokolnikov habían propuesto poner fin al monopolio del comercio exterior. Esta propuesta era también el resultado la interpretación de la NEP como la entrega de las posiciones soviéticas al capitalismo. Lenin estigmatizó entonces a Bujarin como defensor de los especuladores, de los nepman y de los kulaks.

Tras este congreso se montó la plataforma “declaración de los 46 oposicionistas”. En la que se unieron todos los grupos de la oposición: trotskistas, los “centralistas democráticos”, los restos de los “comunistas de izquierda” y de la “oposición obrera”. En su declaración, profetizaban una terrible crisis económica y el hundimiento del Poder Soviético y exigían, como única solución, la libertad de existencia de fracciones y grupos dentro del Partido Comunista bolchevique. El XIII Congreso (mayo 1924) condenó unánimemente la plataforma de la oposición, definiéndola como una desviación pequeñoburguesa del marxismo y como una revisión del leninismo.

No sin desacierto el V° Congreso mundial de la Internacional Comunista acabaría por definir al trostkismo como una desviación pequeño burguesa (junio-julio de 1924) y el VII° Pleno del CE de la Internacional Comunista en diciembre de 1.926 iría más lejos, ya que en su resolución sobre la cuestión de la URSS, consideraba al bloque de oposición, encabezado por Trotski, como una desviación socialdemócrata con el objetivo de sembrar en el partido el abatimiento y la ideología capituladora.

     En el XIV Congreso del partido en 1925, Stalin que se limitó a defender el planteamiento de Lenin, en el Informe decía

“…hemos demostrado a todo el mundo que los obreros, después de la toma del poder, no sólo saben batir al capitalismo, no sólo saben destruir, sino también construir la sociedad nueva, edificar el socialismo…hemos demostrado a la clase obrera de occidente y a los pueblos oprimidos de oriente que los obreros…se han mostrado capaces de gobernar un gran país, de edificar el socialismo en condiciones dificilísimas… ¿Qué hace falta para que los proletarios venzan en occidente?. Ante todo fe en sus propias fuerzas, la conciencia de que la clase obrera puede valerse sin la burguesía, de que la clase obrera no es sólo capaz de destruir lo viejo, sino también de construir lo nuevo, de edificar el socialismo. Toda la labor de la socialdemocracia consiste en inculcar a los obreros el escepticismo y la falta de fe en sus fuerzas” (126).

En el XVº Congreso del partido (diciembre de 1927), Kámenev, Zinoviev y Sokolnikov ante la nueva situación (disminución del suministro de productos agrarios a las ciudades) cuestionarían la perspectiva de la construcción del socialismo en un solo país y el plan de industrialización socialista. El atraso técnico se convertía en una barrera insuperable para la edificación del socialismo completo. ¿Alternativa?, contemporizando con Trotski, mantenerse a la espera de la revolución mundial, que la URSS continuara siendo un país fundamentalmente agrario, que produjera articulos alimenticios y materias primas, exportándolos a cambio de maquinaria importada, sin desarrollar tecnología propia, lo que en la práctica suponía mantener el atraso industrial de la URSS y su conversión en apéndice de productos agropecuarios y materias primas para las potencias capitalistas. ¡¡¡Todo un plan y toda una alternativa capituladora!!!. Olvidavan que Lenin por el contrario ya indicó que la URSS contaba con todos los elementos necesarios para construir una sociedad socialista completa.

Esta nueva plataforma que se denominaba “plataforma de los 83”, comenzó a difundirse entre los militantes al Partido, exigiendo que el Comité Central se prestase a abrir una nueva discusión con carácter general. De palabra, se pronunciaban a favor de la política de la industrialización pero de hecho denigraban el acuerdo del Partido sobre el triunfo del socialismo en la URSS, se volvía a exigir como en el XII Congreso que se entregase a los extranjeros, a título de concesiones, toda una serie de fábricas y empresas industriales y cifraban sus principales esperanzas en las concesiones capitalistas extranjeras en la URSS. De palabra, se manifestaban a favor del movimiento koljosiano, pero de hecho se burlaban de la política de incorporación de los campesinos a la edificación socialista, predicaban que surgirían inevitablemente “conflictos insolubles” entre la clase obrera y los campesinos y cifraban sus esperanzas en las explotaciones de los kulaks.

En octubre de 1927, dos meses antes de celebrarse el XV Congreso del Partido, el Comité Central declaró abierta la discusión general. Los resultados de la discusión fueron desastrosos para el bloque de oposición. Votaron a favor de la política del Comité Central 724.000 afiliados y en favor de la “plataforma de los 83” 4.000, es decir, menos del uno por ciento. La plataforma sufrió un verdadero descalabro.

 

4.5.5 Colectivización e Industrialización. Lucha de clases.

En el debate sobre la cuestión campesina Trotski negaba la doble naturaleza de esta clase, presentándola como una masa reaccionaria incapaz de tomar parte en la construcción del socialismo y con la que no se podía establecer alianza alguna. Querían imponer al partido una política que equivalía a la ruina consciente de los campesinos, a los que querían someter a la explotación para construir la industria. Esa política hubiera significado la muerte de la dictadura del proletariado. En el extremo opuesto, los oportunistas de derecha, con Bujarin, negaban también la doble naturaleza de los campesinos al afirmar que todos, incluso los campesinos ricos, se integrarían por si mismos en el socialismo. La política que proponían era la renuncia a luchar contra los elementos capitalistas, dejando que las cosas siguieran su curso, abriendo el paso a la restauración del capitalismo.

Trotski y Zinóviev plantearon implantar la colectivización total en el XIV Congreso del partido en diciembre de 1925, en un momento en el que no existía todavía una amplia red de explotaciones y granjas colectivas y estatales que pudiesen aportar una base para una lucha eficaz contra los kulaks. Según Stalin los kulaks producían en 1927 todavía 7,5 veces más grano que los koljoses y sovjoses, por lo que era evidente que todavía no se podía sustituir la producción mercantil de los kulaks por la de los koljoses y sovjoses.

Durante la NEP levantaron cabeza los campesinos ricos, que mediante el arrendamiento de tierras procuraban aumentar sus sementeras y comenzaron a emplear en proporciones grandes, el trabajo de los braceros. Sus reservas de trigo crecieron cuantiosamente. La diferenciación de clases en el campo reapareció con fuerza. Por este camino, los campesinos ricos, representarían tarde o temprano un serio peligro para la construcción del socialismo.

El estado soviético procuraba ayudar a los campesinos pobres y medios a levantar sus economías, mediante créditos ventajosos, maquinaria y aperos con contratos de alquiler, etc. Con relación a los campesinos ricos se limitó el arrendamiento de tierras y la contratación de fuerza de trabajo y se dictaron medidas para regular el trabajo de los braceros y las haciendas de los campesinos ricos fueron gravadas con elevados impuestos.

Antes de la revolución de 1917, habían 16 millones de hogares campesinos, tras la reforma agraria, con el reparto de las tierras de la iglesia y los grandes terratenientes, había ya 25 millones de hogares campesinos. El método de cultivo seguía siendo primitivo, en muchos casos no tenían animales de tiro y a comienzos del primer plan quinquenal, la mitad de la cosecha era segada con guadaña y hoz.

Con esta base técnica, los kulaks, clase compuesta por capitalistas agrarios y antiguos terratenientes (que hacía poco disponían de esclavos y vendían campesinos en los días prerrevolucionarios), se hicieron tan fuertes con la NEP, que durante el invierno de 1927-28 organizaron el boicot de entrega de productos agrarios a la ciudad, especulando sobre la penuria de los trabajadores reteniendo el grano para subir los precios agrícolas y obtener más beneficios, en un período de buena cosecha e incremento de la población urbana. Esta situación empujó al gobierno soviético al otro extremo en materia de política económica e industrialización. Antes que abandonar la revolución y pactar con el viejo régimen, el PCb decidió continuar por la construcción del socialismo acelerando los ritmos.

La situación fué la siguiente: los celeares suministrados a la ciudad en 1.927 sólo suponían un 60% de 14 años antes, y más del 70% del trigo comercial provenía de las grandes explotaciones de los kulaks, por lo que la fuerza social que controlase el suministro sobre los obreros decidiría la suerte de la futura industrialización. Si antes de la guerra los kulaks entregaban al mercado el 34% de su producción agraria, en 1.926-27 este índice había bajado al 20%. En 1.928 el grano entregado a las ciudades descendió de un promedio anual de 6,8 mill. a 4,8 mill. de toneladas. Si tras el final de la guerra e implantada la NEP la economía del kulak era débil, ya que no contaba con capital suficiente, y casi todo el excedente de la producción agrícola acababa en el mercado, tras 5 años de buenas cosechas y acumular el capital necesario, los kulaks se encontraban con la posibilidad de almacenar cereales.

La NEP, que supuso una marcha atrás hacia el socialismo, dio impulso a la oposición clasista, y evidentemente a la oposición política. Bajo la NEP los kulaks dispusieron de muchas oportunidades para retener el grano y obtener beneficios más elevados, mientras que los obreros urbanos se hallaban desnutridos y privados de comida. Los kulaks no violaron las leyes del capitalismo al buscar un precio de venta más elevado, pero si violaron el espíritu de la NEP que era reconstruir un sistema social y económico dañado por la guerra.

Como respuesta a la situación creada, tras decidir en el XVº Congreso del partido (2 de diciembre 1.927) emprender la ofensiva por la colectivización contra los kulaks, en 1.928 el gobierno soviético vuelve a implantar los métodos de excepción con la confiscación y distribución de la superproducción del trigo de los kulaks, por medio de la fuerza, para evitar el hambre en las ciudades, garantizando a su vez el 25% del trigo confiscado para los campesinos pobres. La revolución agraria pasaba por dos etapas, la primera ya culminada, de todos los campesinos contra la monarquía y los terratenientes, y la segunda, de los campesinos pobres y el proletariado agrario contra el capitalismo, los kulaks y especuladores.

Lenta y gradualmente, hasta 1928, las granjas colectivas (koljoses) se habían organizado, pero a partir del plan quinquenal el proceso se aceleró, como efecto de la situación conflictiva creada por la oposición de los kulaks al régimen soviético. La colectivización integral fué iniciada a finales de 1.929 en toda la URSS.  Al margen de que la industria soviética no estuviera todavía preparada al 100% para suministrar toda la maquinaria necesaria a las cooperativas para demostrar técnicamente el grado de superioridad de la producción agraria socialista.

Todavía en 1927 Stalin igual que Lenin planteaba que la NEP seguiría constituyendo la base de la política económica soviética durante un largo período histórico. En menos de un año el PCb da un giro de 180 grados, forzosamente sin otra opción. Fue la estrategia de los campesinos ricos de retener las cosechas para elevar sus precios, provocando el hambre en las ciudades y poniendo en peligro la industrialización lo que puso en el orden del día la colectivización rápida de la agricultura soviética. Los bolcheviques y el gobierno soviético hubieran preferido mantener la NEP más tiempo, pero los ataques de la burguesía rural, y la situación internacional con el ascenso del fascismo, no lo permitían. La clase obrera se veía atacada en dos flancos, mientras los campesinos ricos pasaban a la ofensiva contra el Estado soviético guardando cosechas en sus graneros, en la industria, los antiguos propietarios intentan dañar y paralizar la producción mediante actos de sabotaje. De esta manera el frente unido del proletariado con la burguesía nacional rural y urbana fue pulverizado no por el PCb, ni por Stalin, sino por la propia burguesía. Fue por tanto la lucha de clases el fundamento, y no una actitud de “despotismo ilustrado”, lo que empujó al gobierno soviético hacia de la colectivización integral (127), por la creciente cristalización del poder de los kulaks que emergían como una fuerza social burguesa y de carácter contrarrevolucionario, convirtiéndose en un problema para la propia supervivencia del Estado soviético como organización de la dominación política de la clase obrera y su alianza con el campesinado pobre y medio.

Tal situación crítica sólo se podía resolver de forma dialéctica, partiendo de un análisis de la situación concreta y las tendencias del desarrollo de la lucha de clases en los ámbitos no sólo de la URSS, sino también internacional:

  • A nivel estatal, la prolongación de la NEP afianzaba los elementos capitalistas en la economía soviética agravando la lucha de clases con el fortalecimiento socio-político de los kulaks en las aldeas, el crecimiento y explotación del campesinado pobre y medio, y el decrecimiento del intercambio de comestibles a las ciudades. Lo que amenazaba con enterrar la revolución de octubre.
  • En el periodo histórico de 15 años (1.918-33) se produce la derrota de los procesos revolucionarios en Occidente y el auge del fascismo en Italia y el nazismo en Alemania, agudizandose el cerco imperialista a la URSS en el futuro con el pacto AntiKomitern entre las potencias imperialistas de Alemania, Italia y Japón, y el pacto de Munich,

Con este cuadro la alternativa era la colectivización, el socialismo sin compromisos en base a la sustitución de la producción agropecuaria de carácter privado (haciendas de kulaks y pequeña hacienda campesina) por la producción en haciendas colectivas y estatales, ya que la pequeña hacienda campesina era incapaz de hecho para garantizar índices de productividad óptimos, por la dificultad de sus condiciones limitadas para aplicar la maquinaria en gran escala.

En este sentido fue Lenin, quien en 1.921 llegó a prever un tiempo de 10 años como plazo mínimo para organizar una gran industria válida para procurar la subordinación de la agricultura con unas condiciones de partida técnicamente favorables. Considerando que la Rusia soviética no partía de tales premisas, dado el predominio de la pequeña producción y el campesinado, calculaba que el tiempo sería más prolongado (128). No obstante, aun así, el campesinado ruso políticamente no podía compararse con el campesinado de Occidente, ya que los campesinos pobres y medios habían participado en tres revoluciones  y eran ya la reserva revolucionaria del proletariado soviético, y por tanto disponían de una experiencia sociopolítica de la que el campesino medio y pobre de occidente carecían ya que éstos estaban bajo la dirección de la burguesía liberal.

La colectivización fue la única alternativa, pero no sólo ya frente al brutal descenso de suministros a las ciudades, sino también frente al empobrecimiento del campesino pobre. En 1.927 el desarrollo del mercado libre había dejado a 2,7 millones de campesinos sin tierras, 7 millones de campesinos pobres siquiera disponían de animales de tiro y carreta. Si los kulaks que controlaban el 56% de las ventas de trigo y sólo representaban el 5% de los campesinos hubieran ampliado su base económica y como fuerza social dominante en el campo, el poder soviético en las ciudades no hubiera podido romper el cerco de las fuerzas burguesas del campo. Mantener un precio relativamente bajo para el trigo era esencial para lograr la industrialización y tal política era imposible que fuese asumida por una fuerte burguesía rural, sólo los campesinos pobres y medios reagrupados en cooperativas la podrían apoyar. Era por tanto necesario y urgente acometer a gran escala la colectivización y el paso de las pequeñas propiedades agrarias a la gran producción socialista en koljoses y sovjoses.

Ante esta situación y de forma contradictoria el Trotski anti-NEP se opondría a la colectivización del campo cuando la propia lucha de clases empujaba al partido a adoptar tal medida para salvar el poder soviético en alianza con el campesino pobre y medio, en esta ocasión no contra el régimen agrario zarista sino contra el poder económico y político de los kulaks fortalecidos por la NEP.

Fue Lenin quien argumentó que nadie ayudaría a los campesinos pobres si permanecían aislados, de ahí la necesidad de organizar a los obreros agrícolas como clase y la necesidad de unir a los campesinos pobres y medios frente a los kulaks. Pero la base material para emprender la colectivización era tan débil, y la presencia del partido tan precaria (de los 70.000 soviets, las células del partido abarcaban sólo el 30%), que hacía más cruda aún la resistencia de los kulaks.

Durante el período de colectivización integral, los kulaks que no eran ni mucho menos víctimas inocentes, aprovecharon el medio para organizar el boicot destruyendo parte importante de las únicas fuerzas productivas no mecánicas que se empleaban. Los kulaks constituían una extensa red mafiosa que llegó a practicar el sabotaje y la violencia armada a gran escala.  La colectivización se llevó a cabo teniendo como respuesta acciones de resistencia de los kulaks con el sacrificio de ganado y caballos, cuyas cabezas estaban mayoritariamente en sus manos. La resonancia de estas actividades fue de la magnitud de una masacre, ya que en 5 años (1928-33) se sacrificaron la mitad de caballos, bueyes, vacas y cerdos, lo que supuso un golpe terrible para la agricultura soviética;  la consigna de los kulaks rezaba: “¡¡¡antes que cederlos a las cooperativas, la muerte!!!”. En el período 1.928-34 se pasó de 34 millones de caballos a 15 millones, de 70,5 millones de bueyes a 40,7, de 31 millones de vacas a 18, y de 26 millones de cerdos a 11,8 (129).

Al mismo tiempo que los terratenientes y capitalistas kulaks en la URSS, boicoteaban la producción y distribución alimentaria para enriquecerse, en los EE.UU. los terratenientes y la burguesía agraria quemaron más de 10 millones de hectáreas cosechadas y aniquilaron más de 6,5 millones de cabezas de ganado para subir artificialmente los precios y enriquecerse sin importarles que millones de trabajadores y pequeños agricultores dependieran de ese alimento. La diferencia de estos acontecimientos es que mientras las autoridades soviéticas persiguieron esas prácticas y suprimieron a los kulaks, en EE.UU. estas prácticas se permitieron, enriqueciendo a los terratenientes y la burguesía, apropiándose además de las tierras de los pequeños agricultores. Como consecuencia, entre 1932 y 1940 en EE.UU. más de 8 millones de personas fallecieron de causa directa generadas por la gran depresión, así como más de 5 millones de personas asentadas en el campo fueron desplazadas de sus hogares al no poder hacer frente a la soga que el capital financiero les puso al cuello, provocando una expulsión y expropiación forzosas de las tierras en beneficio de la burguesía terrateniente (130).

Por el contrario en la URSS el Poder Soviético sometía a los kulaks a un elevado impuesto, les obligaba a vender al trigo al Estado a precios de tasa, restringía hasta cierto punto el disfrute de la tierra por los kulaks, con arreglo a la ley sobre los arriendos de tierras, limitaba las proporciones de las explotaciones de los kulaks, mediante la ley sobre empleo del trabajo asalariado por los campesinos individuales.

Pero no se seguía aún la política de liquidación de los kulaks, pues las leyes sobre los arriendos de tierras y el empleo de trabajo asalariado permitían la existencia de los kulaks y la prohibición de expropiar a los kulaks daba una cierta garantía en este sentido. Esta política servía para contener el desarrollo de los kulaks, para desalojar y arruinar a ciertas capas aisladas de kulaks que no podían hacer frente a estas restricciones. Pero no obstruía las bases económicas de los kulaks como clase aún no conducía a su liquidación.

A fines de 1929, cuando ya los koljoses y los sovjoses se fueron desarrollando, el Poder Soviético dio un rápido viraje, abandonando aquella política, para pasar a la política de liquidación, a la política de destrucción de los kulaks como clase. Derogó las leyes sobre los arriendos de tierras y el empleo del trabajo asalariado, privando con ello a los kulaks de tierras y de jornaleros. Abolió la prohibición de expropiar a los kulaks. Permitió a los campesinos incautarse del ganado, las máquinas y los aperos de labranza de los kulaks, en provecho de los koljoses. Se procedió a la expropiación de los kulaks. Estos fueron expropiados ni más ni menos como lo habían sido los capitalistas y terratenientes, en 1918.

         Los kulaks organizaron no sólo actos de resistencia pasiva y sabotaje, la lucha de clases se recrudecía con el acaparamiento de alimentos y trigo que se acumulaba en sus graneros negándose a venderlos al Estado para su encarecimiento, la destrucción de la propiedad soviética, quema de cosechas de los koljoses y centros de acopios de celeares del Estado, ataque armado de kulaks a granjas colectivas, asesinato de miembros del partido, y obreros voluntarios, campesinos bolcheviques, miembros de comités de campesinos pobres, tractoristas maestras, konsomoles rurales… (131).

     Esta situación se convirtió en un elemento de chantaje clave que asfixiaba no sólo el poder soviético, sino la propia industrialización socialista. La resistencia de los kulaks como clase explotadora en el campo se agudizaba a medida que se acercaba su desaparición de la estructura social. Bajo este marco se endureció rabiosamente la lucha de clases entre los campesinos pobres de las cooperativas apoyados por el Estado soviético y los kulaks. Quienes acaparaban grano y mataban ganado eran deportados o exiliados. El objetivo del partido y el Estado soviético pasaba por la liquidación de la burguesía rural y antiguos terratenientes política y socialmente, cercando y minando la explotación privada con el movimiento koljosiano cuya base de masas eran los campesinos pobres.

En 1929 las granjas colectivas se habían desarrollado a tal grado que estaban en condiciones de reemplazar a la agricultura de los kulaks. Por un lado,  el Estado soviético y la industria se encontraban en mejores condiciones para ayudar al movimiento de las granjas colectivas en la financiación y el suministro de máquinas, tractores y semillas. Mediante la ampliación de este suministro industrial y agrario a los koljoses entre 1927 y 1929 el área de cultivo de las granjas colectivas pasó a ser 40 veces mayor y la producción de grano se multiplicó por 50 (132). Por otro, en cuanto al grano comercializado los koljoses y sovjoses en 1929 ya superaban al de los kulaks.

Se produjo un cambio de mentalidad del los campesinos hacia el socialismo y la colectivización, al poder comprobar las ventajas de las granjas colectivas con su maquinaria y ayudas de semillas, sobre las individuales. Sobre esa base surgió a finales de 1929 un movimiento de millones de campesinos pobres y medios por los koljoses.

La colectivización se dotó de un Estado mayor, y el partido lanzó una campaña de ayuda al campo que reunió a 28.000 obreros experimentados para la organización de la colectivización (militantes del partido y el konsomol), que ejercieron de técnicos, maestros de formación escolar y política de los campesinos koljosianos, para combatir el atraso político, cultural y técnico. También ejercieron la labor de control y seguimiento de los soviets locales en las tareas de la colectivización. Con esta política se impulsó un movimiento de los campesinos medios y pobres hacia los koljoses, para ello el Estado soviético financió todas las cooperativas, e impulsó el desarrollo industrial para dotar de la maquinaria agrícola necesaria (tractores, trilladoras, elevadores de trigo, abonos químicos, etc), creando las Estaciones de Máquinas y Herramientas por todas las poblaciones del campo de la URSS. Este movimiento de masas y económico pudo neutralizar y liquidar a los kulaks como clase, expropiando y pasando sus medios de producción a los koljoses, aplicando las nuevas leyes agrarias de 1929.

Este cambio no sólo se debió a las medidas económicas introducidas sino también a la lucha de clases, a la política enérgica contra el acopio de cereales llevada a cabo por los kulaks al ser puestas sus haciendas bajo el control de los campesinos pobres y medios y la confiscación del grano.

Pero la liquidación de los kulaks como clase no se podía llevar a cabo mediante un simple decreto estatal, como preveían los trotskistas:

“Aquellos compañeros quienes piensan que es posible y necesario poner fin a los kulaks a través de medidas administrativas, a través de la GPU: dar una orden, colocar un sello, y eso resuelve. Eso es una manera fácil, pero lejos de ser eficaz. Los kulaks deben ser derrotados mediante medidas económicas de conformidad con la ley soviética” (133).

Sin embargo, Trotski cambió de posición, si en el anterior congreso del partido abogó por la deskulakización y la colectivización en el campo sin especificar si esta se hacía de forma voluntaria por los campesinos pobres y medios, en el XV se posicionó contra la colectivización y exigió que se abandonara la política de eliminación de los kulaks como clase. Un zigzag tremendo de 180º. Trotski ante Stalin actuaba como si la situación fuese idílica con la rebelión de los kulaks, la quema de grano y la matanza de reses. Una vez se consiguió la colectivización en 1933, Trotski exigía la disolución de las granjas colectivas estatales. En realidad el abandono de la política de eliminación de los kulaks como clase era un programa contrarrevolucionario que apostaba por la restauración del capitalismo mediante la hacienda individual.

Esta nueva posición de Trotski coincidía con la de Bujarin quien extendía la alianza de la clase obrera a todo el campesinado, incluyendo a los kulaks, creyendo que  con el avance de las formas de economía socialista, se calmaría la lucha de clases, admitiendo la teoría no marxista de que los campesinos ricos crecerían en el socialismo. Stalin argumentaría que nunca ha ocurrido ni ocurrirá que las clases explotadoras entregan sus posiciones voluntariamente, sin resistencia, que el avance de las posiciones de la clase obrera y sus aliados se puede producir sin luchas. Al contrario, el avance hacia el socialismo agudizó la resistencia de los explotadores a ese avance y en consecuencia recrudeció la lucha de clases en la construcción del socialismo. Stalin lo admitiría y en oposición a Bujarin planteaba que no se puede adormecer a la clase obrera con habladurías acerca del papel secundario de la lucha de clases y de que esta se calmaría con el avance hacia el socialismo.

Para Stalin la alianza de la clase obrera con el campesinado se extendía a los campesinos pobres y medios sin los kulaks, con el objetivo de abolir las clases. En consecuencia eso significaba orientar a la gran masa de los campesinos hacia la gran producción colectiva y no hacia la pequeña producción individual. Ya Lenin decía que mientras se viviera en un país de pequeñas haciendas campesinas, el capitalismo tendría en Rusia una base económica más sólida que el comunismo. De haber llevado a cabo la orientación de Bujarin de la alianza con los kulaks, en vez de consolidar la dictadura del proletariado y la abolición de las clases, habría perpetuado las clases.

La oposición de derecha, bujarinista,  menospreciaba la fuerza del capitalismo, en no ver el peligro de su restauración y no comprender la dialéctica de la lucha de clases, exigiendo para ello que se frenara el desarrollo de la industria, que se dieran facilidades a las clases capitalistas del campo y la ciudad, que se relegara a un segundo plano el papel de los koljoses y sovjoses y que se suavizara el monopolio del comercio exterior. Por el otro lado, la oposición de izquierda, trotskista, sobrestimaba la fuerza del capitalismo, sólo contemplaba la restauración del capitalismo en la URSS, y no advertía la posibilidad de construir el socialismo en el país.

No era casualidad que la mayoría de las críticas del imperialismo hacia la línea del partido sobre la colectivización se basara en las plataformas de oposición de derecha e izquierda, ya que en el fondo preparaban la restauración del capitalismo, ya que tanto la una como la otra no veían la posibilidad de la construcción del socialismo en la URSS. De ahí la simpatía del imperialismo hacia esas tendencias dentro del movimiento comunista y su lucha contra el “stalinismo” en defensa del “bujarinismo” y el “trotskismo”.

Trotski mantenía su posición de la imposibilidad de construir el socialismo en un país donde la mayoría de la población era una masa reaccionaria, pues así consideraba a todo el campesinado. Excepto si una revolución europea acudiera en ayuda y respaldara la revolución rusa. Tras la colectivización Trotski comenzó a variar su anterior posición, exigiendo que las granjas colectivas debían disolverse y que había que incentivar el capital privado en las ciudades y la entrada de capital extranjero para la explotación de las fábricas estatales. El programa económico de Bujarin se basaba en la granja campesina individual y echaba la culpa de la situación en el campo (acaparación del grano, matanza de ganado) no a la clase hostil sino a los dirigentes de la clase obrera.

Ello significaba apostar por la restauración del capitalismo en lo económico y de la democracia burguesa en lo político, con el derrocamiento de la dictadura del proletariado y el fin de la construcción socialista.

Las críticas vertidas sobre la colectivización pretenden presentarla como un hecho forzado administrativamente, en vez de considerarla como una medida económica de vital importancia para el suministro a las ciudades y el desarrollo de la agricultura, y en vez de considerarla como un movimiento de masas. Los bolcheviques no hubieran podido emprender la colectivización sin el apoyo de los campesinos pobres y medios. Precisamente los éxitos de la colectivización fueron debidos a su carácter voluntario, al apoyo activo de la mayoría de los campesinos. La propia dirección del partido se opuso a que los koljoses se impusieran mediante la coacción, la cual sólo era útil en la lucha contra los enemigos de clase, pero inadmisible hacia el campesino medio, aliado de la clase obrera.

La implantación del Primer plan quinquenal logró en ¡sólo 4 años! de 1.929 a 1.933, que el índice de la superficie cultivada bajase del 91,1% por las explotaciones individuales al 15,7%. Los koljoses (cooperativas) alcanzaron el 75% y los sovjoses (granjas agrícolas estatales) el 9,3% (134). En 1927, los kulaks producían más de 9.828.000 toneladas de trigo, de los cuales lanzaban al mercado unos dos millones de toneladas. Los koljoses y sovjoses, en cambio, sólo lograron producir, en 1927, 573.000 toneladas para el mercado. En 1929 los koljoses y sovjoses produjeron más de 6 millones de toneladas de trigo, de los cuales lanzaron al mercado más de 2 millones de toneladas; es decir, más que los kulaks en el año 1927. En 1930, los koljoses y sovjoses tenían que lanzar, y lanzaron efectivamente, al mercado más de 6 millones y medio de toneladas de trigo, o sea incomparablemente más que los kulaks en 1927. En 1930, los koljoses, sin contar los sovjoses, daban al Estado más de la mitad de toda la producción de trigo para el mercado producida por el país. En 1.938 la parte destinada al mercado por los koljoses y sovjoses era del 40% de la producción agraria global, ¡¡¡el doble de lo que los kulaks entregaban 10 años atrás!!!. Casi el 100% de los campesinos estaban ya integrados en koljoses y sovjoses. La colectivización del campo no duró meses sino 10 años (1.929-38). La lucha de clases se dirigió contra los kulaks, y se aplicaron mayormente métodos de persuasión hacia los campesinos medios y pobres, junto la introducción de la mecanización en el campo para implantar las formas colectivas de propiedad.

El campesino medio que era la mitad de la población,  ante esta situación de lucha de clases, mantenía una posición intermedia, por lo que sólo una industrialización que permitiera fabricar tractores garantizaría la base material de la colectivización, y arrebataría la hegemonía que los kulaks ejercían sobre esta fracción campesina. En ese sentido Stalin publicó en marzo de 1.930 su artículo “El vértigo del éxito” para tratar de poner freno a las medidas administrativas contra los campesinos medios, defendiendo la posición de la persuasión, de llegar a acuerdos sobre las formas de colectivización, para no arrastrar a la mitad de la población campesina a las manos de la burguesía rural. Por ello en el artel koljosiano eran colectivizados sólo los principales medios de producción (máquinaria, animales de tiro, la tierra), no así los huertos particulares, una parte de las vacas, el ganado menor y los animales de corral, y en 1.935 se concedía mediante decreto a los campesinos koljosianos el derecho a la explotación de una pequeña parcela individual. En 1.937 las parcelas individuales representaban el 3,9% de las superficies cultivadas pero los campesinos koljosianos le sacaban el 20% de sus ganancias (135).

Con esta política de colectivización, el suministro de celeares a las ciudades (1929-1938) tal como se ha señalado, aumentó progresivamente, y el Estado soviético llevó a cabo una política de precios a la baja para los cereales, mejorando el aprovisionamiento de las ciudades y materias primas y fuerza de trabajo para la industria. En el período 1.926-40 el crecimiento de la población campesina fue lento (11%), mientras que la población urbana casi se triplicó. En 1.940 según Bettelheim 132 millones vivían en el campo y 61 millones en las ciudades.

La superioridad técnica de la producción cooperativa sobre la individual volvería a quedar demostrada tras la IIª Guerra Mundial que en 1.948 llegó a igualar el nivel de producción de 1.940, en sólo 3 años tras el final de la guerra, mientras que Europa Occidental necesitó más años.

Esta revolución agraria vino a resolver de golpe tres problemas fundamentales de la edificación socialista: a) Acabó con la clase explotadora más numerosa del País Soviético, con la clase de los kulaks, que era el baluarte para la restauración del capitalismo; b) Apartó a la clase trabajadora más numerosa del País Soviético, a la clase campesina, de la senda de las explotaciones individuales, fuente del capitalismo, para llevarla a la senda de la economía colectiva, koljosiana, socialista; c) Dió al País Soviético una base socialista en la esfera más vasta y más vitalmente necesaria, que era también la más atrasada de la Economía nacional: la agricultura.

4.5.5.1 Debate contra la colectivización y la industrialización

La oposición a la colectivización y la industrialización fue encabezada por Bujarin, que junto a Rykov (presidente consejo de comisarios del pueblo) y Tomski (sec. gral. de los sindicaros), el denominado bloque de derecha, planteó la alianza con los kulaks en prejuicio de los intereses del campesino medio y pobre. Oposición a la que también se sumaría Trotski, quien en el XIVº Congreso del PCUS (1.925) planteara la colectivización inmediata, contradictoriamente acabaría por apoyar al mercado y la NEP, negando la alianza de la clase obrera con el campesino medio y pobre frente a los kulaks.

Esto era contradictorio, al menos en la teoría, ya que en un primer periodo Trotski acusaba a Stalin y Bujarin de convertir al PC (b) del partido de la clase obrera en el partido de los kulaks, en consecuencia con esta posición contraria a la aplicación de la NEP propuso lanzar una ofensiva contra los kulaks cuando todavía no esistían en el campo condiciones objetivas para hacerlo. Sin embargo, en un segundo periodo, a partir de 1.929 cuando la dirección del partido decidió liquidar a los kulaks como clase, Trotski decidiría establecer una alianza táctica con Bujarin para defender a los kulaks, y en lo político uniendo la denominada oposición de izquierda con el bloque de derecha encabezado por Bujarin. Tal alianza se mantendría desde su exilio, en 1.933 Trotski diría que

“la colectivización económicamente válida y correcta no se debe realizar eliminando la NEP, sino reorganizando sus métodos” (136),

lo que de hecho se traduciría en un apoyo abierto (publicación de un Boletín en el marco del debate del XVIIº Congreso del PCb-1934) al desmantelamiento de las granjas colectivas y la supresión de la política de liquidación de los kulaks como clase, coincidiendo con los intereses de la burguesía agraria.

La coincidencia de Bujarin y Trotski, el oportunismo de derecha con el oportunismo de izquierda, en la práctica consistía en cuestionar esas tendencias hacia la edificación socialista. Mientras Trostki mantenía su tesis de que el proletariado soviético sin fuerzas de carácter internacional donde apoyarse no podría construir el socialismo en la URSS, Bujarin al defender la supervivencia del campesino rico, planteaba la innecesidad de luchar contra el capitalismo en el campo, la defensa de la libertad de comercio, el desarrollo de la hacienda campesina individual y suavizar el monopolio del Estado sobre el comercio exterior, es decir, ¡toda una política económica favorable a los kulaks!. Por el contrario, el Lenin defensor de la tesis del socialismo en un solo país, argumentaba que en la NEP mientras el poder político se concentrase en las manos del proletariado y éste controlase el comercio exterior e interior, los transportes, la banca y la gran industria, no había nada que temer por introducir criterios de mercado para la distribución de mercancías, ya que éstas siempre estarían sujetas al fin socialista del desarrollo económico e industrial.

La base económica del análisis de Bujarin partía de que el atraso industrial de Rusia no podía respaldar con máquinas y medios técnicos a la agricultura atrasada, y esta no podía proporcionar la producción suficiente para el desarrollo industrial, e incluso de forma contradictoria proponía desacelerar los ritmos de la industrialización para priorizar el desarrollo de la producción de bienes de consumo. Alternativa. ¿Vegetar y convertir a Rusia en un prado de materias primas y productos agrícolas para la exportación?, ¿Depender de los países capitalistas avanzados financiera y tecnológicamente? ¿Esperar la revolución en Occidente? ¿O transformar la economía agraria en una economía predominantemente industrial capaz de producir la maquinaria necesaria al desarrollo industrial y agrario?. El cumplimiento de los objetivos del primer plan quinquenal, vino a colocar como más efectiva la línea de Lenin de revolución ininterrumpida y socialismo en un solo país sobre la base de la alianza de los obreros con los campesinos medios y pobres para la colectivización y la industrialización socialista.

En ese debate (1.929-33) Bujarin suplantaría la dialéctica materialista por la teoría mecanicista del equilibrio, teorizando que en la transición al socialismo la armonía entre las fuerzas sociales atenúa las contradicciones entre los elementos capitalistas y socialistas. Para Bujarin la contradicción entre los kulaks y el resto del campesinado y el proletariado no eran antagónicas, ¡¡¡todos los campesinos eran una misma clase sin contradicciones antagónicas!!!. Bujarin, sostenía que los koljoses fracasarían, que no se debía tocar a los kulaks, puesto que ellos mismos “se incorporarían” al socialismo, y que el enriquecimiento de la burguesía no representaba ningún peligro para el régimen socialista. En ese sentido proponía como alternativa la integración pacífica de los kulaks y nepmen (comerciantes, especuladores y empresarios privados) en el socialismo y la espontaneidad en el desarrollo de la economía mercantil, sin combatir a los kulaks ni emprender transformaciones revolucionarias del campo, y en consonancia con Rykov y Tomski, se oponía a emprender la construcción de la industria pesada y la implementación del primer plan quinquenal, lo que en la práctica hubiera supuesto un mayor desarrollo del poder de los kulaks como clase, poniendo en peligro las conquistas de la revolución.

La ausencia de la dialéctica en los análisis de Bujarin, advertida por Lenin, llegó hasta el extremo incluso de situar que el capitalismo estaba más organizado y que la lucha de clases dentro de cada país capitalista podría ser suavizada. Este punto de vista no difería mucho de algunos de los social-demócratas como Hilferding que planteaban que el capitalismo organizado había logrado evitar las crisis, posteriormente el crack del 29 vino a desmontar tal previsión “científica” de la socialdemocracia.

Ese fatalismo social de Bujarin coincidía con el de otros líderes de la IIª Internacional (Kaustky, Bauer) también para los que el socialismo brota por medio del desarrollo espontáneo de las fuerzas productivas sin lucha de clases ni dictadura del proletariado.

Pero para el marxismo-leninismo, la incorporación de elementos burgueses al socialismo no es una cuestión objetiva, ya que la burguesía desaparece en el socialismo. El que sus componentes se incorporen al proceso revolucionario o lo combatan es una cuestión subjetiva, y la pervivencia de su naturaleza de clase está determinada por el triunfo o derrota del proceso revolucionario, no hay síntesis.

Sobre este período (guerra de clases en el campo e industrialización socialista) la socialdemocracia internacional mantuvo una posición hipócrita en defensa del campesino rico mientras ignoraba (¿) la situación extrema del campesinado pobre y los pueblos de las colonias y semicolonias.

Ya bajo la perestroika Gorbachov retomaría el debate rehabilitando las tesis revisionistas. En el discurso de Gorbachov de la XIX Conferencia del PCUS reconoce que sus reformas estaban destinadas a modificar las relaciones de producción en las explotaciones agrícolas (137), y defendía que las pequeñas explotaciones agrícolas familiares mediante el contrato de arrendamiento, representan el camino no sólo para resolver el problema del abastecimiento, sino también para reducir el nº de máquinas y personal necesarios para hacer el trabajo, para aumentar la productividad (sic).

Tras la IIGM Stalin en “Problemas económicos del socialismo” justificaba la existencia de la circulación mercantil entre la industria y la agricultura debido a la existencia de la propiedad koljosiana frente a la propiedad industrial que era de todo el pueblo, y que el objetivo prioritario era la desaparición de esa diferencia, y advertía que la producción mercantil podría conducir al capitalismo si existiera la propiedad privada sobre los medios de producción, si la fuerza de trabajo se convirtiera en mercancía para explotarla en el proceso de producción. Según esta posición el partido y el gobierno soviético debían de crear las condiciones económicas para hacer desaparecer la producción de mercancías. Por el contrario, con Gorbachov la producción de mercancías debía ampliarse, eliminando la propiedad social de los medios de producción e instituyendo el sistema de explotación asalariada.

Gorbachov esperaba que a través del afán de acumular beneficios en el campo se resolvieran los problemas del socialismo, que las pequeñas cooperativas privadas hicieran frente a los problemas de la producción, contradiciendo la historia del desarrollo de la agricultura y la industria de cualquier país, ya que el único método para avanzar en la productividad es la aplicación de la maquinaria más moderna y los avances de la ciencia y la tecnología en la producción.

Gorbachov para ello se apoyaba en de forma metafísica en Lenin y la NEP, precisamente cuando Lenin propuso el desarrollo de las cooperativas como medio para reforzar el socialismo, mientras Gorbachov planteaba privatizarlas. Esa era la forma mezquina que empleaba el último líder del PCUS para introducir la economía de mercado aboliendo la industria y planificación socialistas, y la agricultura colectiva.

Sin embargo, la colectivización es de vital importancia para la propia clase campesina, puesto que la agricultura a pequeña escala significaba su ruina. Lenin argumentaba que con la pequeña hacienda era imposible librarse de la miseria, y que el sistema de producción de pequeñas granjas no puede salvar a la humanidad de la miseria y la opresión, y que de seguir con este sistema sólo se llegaría a la catástrofe económica. Por ello animaba el pase al cultivo de la tierra en grandes haciendas para salir del subdesarrollo agrario, y que mientras existiera una agricultura a pequeña escala el peligro de restauración capitalista constituiría la mayor amenaza, pues el capitalismo siempre tendrá una base más sólida que el comunismo. Y la única manera de superarla es dar a toda la economía, incluida la agricultura, una nueva base técnica de la gran producción. No olvidemos el énfasis de Lenin para vencer definitivamente por medio de la electrificación del país y dar a la industria, la agricultura y el transporte la técnica de la gran industria.

Para Lenin el Estado proletario debe ayudar al campesino a través de la hacienda cooperativa siendo ésta el medio más adecuado para remover el espíritu individualista del campesino, el cual sólo puede hacerse con el empleo masivo de tractores y maquinaria en la agricultura, y la electrificación en escala masiva en las granjas colectivas, ya que el socialismo no puede construirse sólo en las mentes de las personas, debe tener una base material, decía Lenin.

Stalin siguiendo el planteamiento de Lenin, tras el primer plan quinquenal, diría que el poder soviético no podía descansar por mucho tiempo sobre dos bases opuestas, la gran industria socialista que aniquila a los elementos capitalistas, y la pequeña hacienda campesina que los engendra (138).

Bujarin se opondría radicalmente a la colectivización planteando que los kulaks crecerían en el socialismo sin colectivización alguna, y Gorbachov lo rehabilitó en 1987.

4.5.5.2 Holocausto en la URSS ¿Realidad o Mito?

El imperialismo a través de sus defensores más reaccionarios (Hearts, Conquest, Goebbels y Solzhenitsyn) y sus monopolios de propaganda (intelectuales, cine, programas de televisión, etc), ha realizado una campaña extensa y permanente contra el régimen soviético de esta época amparándose en su carácter represivo utilizando a los campos de trabajo o centros penitenciarios de la URSS, denominados gulags, como señuelo.

Sin embargo, la apertura de los archivos de la KGB por Gorbachov demuestran que entre 1921 y 1.953, en un paréntesis de 32 años, donde se produce el período más agudo de enfrentamiento político de clases en la década de los 30, la población reclusa en la URSS era el 2,4% de la población, mientras que en 1.996 en EE.UU. alcanzaba el 2,8% de la población (3 millones más que en la URSS de los años 30), y mientras los presos del GULAG de Solzhenitsyn sólo eran presos políticos y disidentes, en realidad la mayoría eran ladrones, violadores, homicidas, saboteadores económicos, etc. (139).

Además hay que destacar la exageración interesada de las condiciones de vida de los gulags por la propaganda imperialista equiparándolos a los campos de concentración nazis, contrastaba con la realidad, Domenico Losurdo (140) destaca que en los campos los prisioneros disponían de biblioteca, huerto, producían revistas mensuales y periódicos, realizaban conciertos, conferencias políticas y debates, teatro, en algunos casos disponían de salas cinematográficas, cafeterías y los presos recibían salarios regularmente por el trabajo. Algunos administradores impulsaron las ideas de rehabilización y reeducación. Los dirigentes soviéticos criticaban las condiciones insatisfactorias de detención e invitaban a castigar a los responsables, etc. En definitiva comparar el “gulag” soviético con los campos de “concentración” nazis no deja de ser una tergiversación, mientras el detenido soviético es un compañero potencial de ser rehabilitado y reeducado, el detenido del “lager” nazi es un ser inferior destinado a desaparecer. Es más consecuente la comparación del “lager” nazi con toda la cultura colonialista liberal de otros imperialismos que parte también sobre la base de la liquidación física de los pueblos “inferiores” afroamericanos, aborígenes australianos, indios americanos, etc, y la ocupación de sus territorios y la apropiación de sus bienes. Los holocaustos, genocidios y soluciones finales del colonialismo de los siglos XIX y XX, la “withe supremacy” son los únicos comparables al nazismo, por la esencia del mismo régimen social, precisamente la política racial de Hitler es un producto histórico de esta tendencia que tiene origen en el colonialismo del Occidente liberal.

Durante ese período de 32 años (1921-53) los condenados a muerte en la URSS cuentan 600.000, el 0,5% de la población soviética, entre contrarrevolucionarios, criminales de guerra y comunes, lo que dista del carácter y magnitud dada por los medios anti-soviéticos sobre el “terror soviético” que llegaban y llegan a cifrar el “holocausto stalinista” en ¡¡¡20 millones!!!, además de los muertos durante la IIª Guerra Mundial.

Algunos ideólogos anticomunistas, con el objetivo de equiparar nazismo y comunismo, en su desvarío hablan de 40 y hasta 100 millones de deportados durante la IIª Guerra Mundial, como víctimas del régimen soviético. Pero fijémonos por un instante, 100 millones es equivalente a toda la población de Rusia, y 40 millones es ¡¡¡toda la población de Ucrania y Bielorrusia juntas, de la época!!!. Ante tales afirmaciones, caben algunas preguntas, ya que si la represión de cualquier dictadura fascista y del propio nazismo ha dejado muestras (campos de concentración, cadáveres, fosas, testigos, etc), cualquier investigador serio no dejaría de indagar el lugar en que se encuentran las grandes ciudades-campos de concentración soviéticos que albergaban supuestamente a decenas de millones, y no se encontraría respuesta de que siendo un régimen tan sanguinario, fuese sin embargo posible que estando el pueblo en armas para repeler al agresor nazi, no se levantaran contra un gobierno que supuestamente les reprimía, no por centenares y miles sino por millones. Si se hiciera caso a las cifras dadas por estos ideólogos del anticomunismo, sería imposible admitir la existencia de aquellos millones de personas que combatieron en la guerrilla y que forjaron las armas en la industria habiendo tanto preso deportado.

Comparar la Alemania nazi con la URSS no sólo era y es un subterfugio ideológico de los anticomunistas, sino un error carente de rigor histórico, económico y político. Thomas Mann tildaba a quienes lo hacían de hipócritas y fascistas. Entre los dos regímenes no sólo había diferencias socioeconómicas profundas (capitalismo/socialismo), sino que ideológicamente mientras el “socialismo real” daba a las masas instrucción gratuita y combatía las ideologías racistas, el régimen nazi decretaba la esclavitud de las razas inferiores. Mientras el régimen nazi aspiraba por su expansionismo a radicalizar la tradición colonial del capitalismo, el régimen soviético pugnaba por la descolonización y liberación nacional. Mientras los nazis impulsaban una política de desnacionalización, esclavización y exterminio de los pueblos y razas consideradas inferiores, la URSS fue el primer Estado multinacional europeo que liberó a sus pueblos de la opresión nacional. Pero no sólo eso, sino que influenció como nadie en la lucha de los afroamericanos y los pueblos coloniales de todo el mundo contra el despotismo racial, estimulando la revuelta contra la jerarquía imperialista “natural” de las razas y naciones.

Se puede decir con certeza que la política nazi de germanización del suelo excluyendo la germanización de los pueblos ocupados buscaba la expansión colonial de Alemania hacia Europa Oriental (el espacio vital sobre las ruinas de la URSS anunciado por Hitler en Mein Kampf), siguiendo el mismo esquema colonial del EE.UU. hacia el “salvaje” oeste americano. Por tanto, no tiene sentido objetivo asimilar el régimen nazi que se instaura en función de la conquista colonial, la afirmación de la jerarquía racial y la guerra, con un régimen social que se caracterizaba por la igualdad real de los pueblos y la paz.

Otra gran mentira fue el Holodomor, el “genocidio” en Ucrania en los años 30, campaña mediática que se cocinó en la cancillería nazi de la mano de Goebbels y en la prensa yanqui en manos de Hearts, y el historiador de extrema derecha Robert Conquest, campaña que pretendía demonizar al gobierno soviético, en la que se utilizaron fotos de la guerra civil (1921), e incluso ¡¡¡fotos de los EE.UU. durante la depresión!!!, falsificando la historia, ya que en EE. UU. si que la gran depresión segó la vida de más de 8 millones de obreros y campesinos entre 1932 y 1940.

A la altura ya del S. XXI la vieja propaganda de la cancillería hitleriana rescatada, contrasta mucho con el hecho de que tras la IIª Guerra Mundial todos los ucranianos supieron enseguida el masivo aniquilamiento de civiles por parte de los nazis, que acabaron con la vida de casi 200.000 personas, y si esta cantidad de muertes y fosas no se pudo esconder, mucho menos puede esconderse cantidades mucho mayores.

Por otra parte, el 37 tan citado por los Memoriales anti-soviéticos en la Rusia capitalista del S.XXI para resucitar el “Gran Terror” de la época de las purgas “stalinistas” ignora que este período coincide con la promulgación de la nueva Constitución de la URSS la cual hace mención por primera vez a la propiedad socialista de la producción como base económica, la liquidación de toda propiedad capitalista y la supresión de la explotación del trabajo ajeno de todo tipo, hecho que se activó la lucha de los partidarios del capitalismo.

Marx y Engels ya advertían de que toda revolución engendra su contrarrevolución como consecuencia de la resistencia de la clase desalojada del poder político. Las revoluciones burguesas de Inglaterra y Francia y la experiencia de la Comuna de París acuñan tal veredicto: la resistencia abnegada de los poseedores desposeídos. La revolución socialista y el poder político de la clase obrera no podía ser mantenida en las condiciones de cerco hacia la URSS sin la lucha contra la resistencia de las fuerzas sociales reaccionarias y de la contrarrevolución, que representaban una minoría de la población, y esta lucha no se puede hacer sin el apoyo de la mayoría de la población. Precisamente el hecho de que el poder soviético se mantuviera durante los años duros no era por el miedo de la gente, sino por el hecho de que el 90% de la población obrero-campesina eran a la misma vez los máximos beneficiarios y los sostenedores de ese poder soviético de “terror”. El liderazgo del partido y del Estado soviético tenía los intereses en el corazón de los trabajadores cuyas aspiraciones representaba. Ese es el motivo por el que la gran masa del pueblo respondió a los lemas del partido con tanto entusiasmo en una atmósfera de sencillez, igualdad e inmensas oportunidades para los trabajadores. Es impensable que una población reprimida y hosca, hubiera podido realizar hazañas en la construcción del socialismo.

4.5.5.3 Las dos victorias del régimen socialista

Con el inicio de la colectivización agraria, el suministro a las ciudades aumentó progresivamente, la producción cooperativa volvió a demostrar su superioridad al igualar sólo 3 años después del final de la IIª Guerra Mundial el nivel de producción de 1.940. La colectivización agraria, no sólo frenó la tendencia a la diferenciación de las clases en el campo, liquidando a la última clase explotadora como tal, los kulaks, también permitió el abastecimiento necesario a las ciudades para llevar a cabo con éxito la industrialización, la cual preparó con la mecanización del campo la base socialista en la agricultura, consiguiendo una victoria política y económica cuya base era el reforzamiento de la alianza obrero-campesina en la construcción del socialismo.

La continuidad de la política de fortalecimiento de los kulaks, no sólo hubiera provocado el hambre masivo en el campo y ciudad al no poderse absorver el excedente en las ciudades, sino que también hubiese imposibilitado el desarrollo de la industrialización, la creación de la base material para la resistencia antifascista del pueblo soviético, que llegó a dotarse también en poco tiempo de una industria militar pesada capaz de producir armamento, progresando a ratios de crecimiento del 39% anual desde 1.938 cuando se preveía que la invasión nazi era inminente. Ya en 1.931 Stalin advertía de forma profética:

“Estamos 50 o 100 años retrasados con respecto a algunos países. O avanzamos considerablemente en los próximos 10 años o nos destruyen” (141).

Según Stalin, la rápida industrialización de la URSS fue dictada no sólo por las necesidades de la victoria del socialismo sino también por la amenaza externa que planteaba el imperialismo. Una URSS semi-industrializada, débil, no sería rival ante un ataque imperialista:

“…nos encontramos con que, por una parte, en nuestro país tenemos el sistema más avanzado, el sistema soviético, y la forma más avanzada de poder estatal en el mundo, el poder soviético; mientras que, por otra parte, nuestra industria, que debe ser la base del socialismo y del poder soviético, está técnicamente muy atrás. ¿Creen que podemos lograr la victoria final del socialismo en nuestro país, mientras exista esta contradicción?…Para poder asegurar la victoria definitiva del socialismo en nuestro país tenemos que… adelantar y superar a los países capitalistas avanzados, técnica y económicamente. Si no es así fracasaremos…La cuestión de conseguir un rápido ritmo de desarrollo en la industria no nos supondría tanto esfuerzo…si hubiera una dictadura proletaria no sólo en nuestro país si no también en otros, incluso en los países más avanzados, Alemania y Francia, por ejemplo”. (142).

Ya los resultados del primer plan quinquenal incrementaron el 250% la producción industrial. Entre 1.931-37 el presupuesto militar se triplicó, elevándose de 17.500 a 56.900 mill. de rublos, antes de la guerra. Entre 1.939 y 1.941, previsoriamente, fueron evacuadas 1523 empresas industriales instaladas en la frontera occidental y trasladadas al interior de la URSS, y también fueron creadas 3.000 fábricas nuevas. A tres días del ataque de los ejércitos hitlerianos se procedía a desmontar grandes industrias, las fábricas de motores diesel de Kirov en Leningrado, de tractores de Jarkov, de motores para carros de combate, la fábrica de automóviles de Gorki convertida en productora de tanques, la siderurgia de Mauripol (Ucrania), etc., serían trasladadas con obreros e ingenieros e instaladas más allá de los Urales. ¡¡¡Vaya burocracia capaz de prever y organizar tal obra de envergadura y llevarla a cabo incluso en medio de una guerra!!!..

También la industrialización intensiva y la colectivización agraria aceleraron el desarrollo de la formación técnica y cultural de la población, lo que permitió nutrir al ejército rojo de cuadros militares obreros y campesinos capacitados. No fue la casualidad la que hizo posible que el único pueblo armado dirigido por un estado mayor que detuvo el avance militar relámpago de los nazis, fuese el pueblo soviético. Mientras las burguesías de Europa Occidental capitulaban política y militarmente ante Hitler, por miedo a armar a la población obrera y popular de sus países para contener el avance militar nazi (143).

     El alto mando nazi, estaba confiado en que la guerra relámpago en el este se completaría a finales de verano de 1941 siguiendo el mismo esquema que en Europa Occidental, y se encontró no sólo con la resistencia militar sino con que sus largas líneas de suministro se vieron obstaculizadas por la actividad de los partisanos. Y no se puede negar la importancia de este acontecimiento histórico, porque una blitzkrieg, una victoria relámpago contra la URSS habría hecho la derrota nazi imposible, ya que tal victoria hubiera proporcionado suficiente petróleo y recursos para convertirse en una potencia mundial invulnerable. Sin embargo, ocurrió lo contrario, tras perder el factor sorpresa, resultó que los soviéticos disponían de enormes masas de soldados, petróleo y otros recursos, así como un buen equipo militar producido en fábricas que se habían construido al otro lado de los Urales entre 1939 y 1941. Entre el 22 de junio de 1941 y el 31 de enero de 1942, los nazis perdieron 6000 aviones, más de 3200 tanques y 918.000 bajas, lo que representaba el 28,7% del ejército. Al final de la guerra, Alemania perdería en la URSS no menos de 10 millones del total de los 13,5 millones de muertos, heridos o prisioneros durante toda la guerra, siendo el ejército rojo el responsable del 90% de todas las bajas que los nazis tuvieron en la IIGM.

     Mientras París cayó en pocos días, Kiev retardó el avance nazi 6 semanas, Leningrado resistió y Moscú rechazó 2 asaltos. Tampoco fue casualidad que los primeros 2 años de la guerra imperialista fuese un paseo militar para los nazis en Europa, ya que el colaboracionismo era mayoritario en los círculos militares y políticos de los países ocupados (Paises Bajos, Francia, etc.). Hábilmente los dirigentes nazis habían explotado el espantajo de la revolución bolchevique en Occidente para intimidar a la clases dominantes que no sólo se negaron a resistir a la ocupación sino que colaboraron por interés de clase. Y la estrategia anti-fascista en la izquierda sólo fué defendida por los PCs y una parte de la socialdemocracia, ya que no toda la socialdemocracia sería consecuente durante la ocupación nazi. Por ej., en Bélgica Henri de Man (presidente del partido socialista) hizo publicar en 1.940 un manifiesto, en nombre de su partido, saludando la victoria de los ejércitos nazis. En Francia, la mayoría de los parlamentarios socialdemócratas votaron los plenos poderes al colaborador Pétain, consintiendo el régimen colaboracionista de Vichy al lado de la mayor parte de los grandes industriales, banqueros, cuadros de los partidos nacionalistas, socialcristianos y liberales quienes colaboraron mientras la victoria nazi les parecía asegurada.

La clase obrera, los campesinos koljosianos y las nacionalidades de la URSS se unieron contra el agresor nazi, y nada pudo la propaganda que agitaba contra el gobierno soviético “el descontento de las nacionalidades oprimidas” (144). Contrariamente a lo que esperaban los nazis se encontraron con unas “nacionalidades oprimidas” dispuestas a luchar contra el fascismo, junto a su gobierno y su partido. El ejército rojo diezmó la maquinaria militar nazi y liberó a numerosos países. Por segunda vez la URSS salvaría su revolución, en el mismo país en el que el régimen capitalista sólo había cosechado derrotas (Guerra de Crimea, Japón en 1.905, Iª Guerra Mundial), lo que dice mucho del respaldo que el régimen socialista contaba entre el pueblo soviético en comparación con el régimen capitalista.

Con la derrota del nazismo, la defensa del socialismo en la URSS conseguiría otra victoria ideológica y militar contra el imperialismo, además de la victoria de la industrialización socialista.

Incluso Gorbachov en los inicios de la perestroika admitiría:

“Nuestro pueblo derrotó al fascismo gracias al poder que él mismo había creado en los años 20 y 30. De no haber existido la industrialización, nos habríamos encontrados inermes ante el fascismo…Toda Europa había sido incapaz de detener la agresión de Hitler, pero nosotros la aplastamos. Derrotamos al fascismo no sólo por el heroísmo y la abnegación de nuestros soldados, sino también porque teníamos mejor acero, mejores tanques y mejores aviones. Y esto se forjó durante el período soviético” (145).

Gorbachov en los inicios de la perestroika no tuvo más remedio que reconocer que sin la colectivización la URSS se habría visto en la imposibilidad de progresar. La colectivización proporcionó una base social para la actualización del sector agrícola y la introducción de métodos modernos permitiendo un aumento de la producción que jamás se habría conseguido si el campo hubiera continuado en su estado anterior, semifeudal, y eliminó la maldición histórica de Rusia para siempre, la posibilidad de hambrunas y desnutrición. De no haber sido por la colectivización, no se podría soñar en los años 80 producir 200 millones de toneladas de grano, superando la producción total de grano de todos los países de la UE, decía Gorbachov.

“Tras la IIGM en occidente se decía que Rusia no se recuperaría en 100 años pero nos recuperamos y levantamos al país mediante nuestro propio esfuerzo, aprovechando el inmenso potencial del sistema socialista” (146).

     Resumiendo. Sin el abandono de la NEP, la colectivización en el campo (con la estabilización del flujo de recursos alimentarios del campo hacia la ciudad y el frente) y el inicio de la industrialización socialista en la URSS (el desarrollo de la industria bélica y el surgimiento de nuevos centros industriales en las regiones orientales, a distancia segura del ejército invasor), ésta hubiese sucumbido ante las divisiones nazis. ¿Cómo si no habría conseguido la URSS derrotar a la máquina de guerra nazi que había subyugado rápidamente al resto de Europa?.

     Había que acortar la diferencia entre la URSS y los países capitalistas más avanzados. O eso o sumbir aplastados por la guerra imperialista. No había otro camino. Stalin demostró tener razón.

4.5.5.4 ¿Existía una lucha de oposición para derrocar al gobierno soviético?

En el período histórico que va de 1918 hasta la invasión nazi la URSS es arrastrada de un estado de excepción a otro, de una guerra civil a otra: la guerra de intervención imperialista (1918-21), la guerra contra la colectivización agraria, y la guerra de la oposición dentro del partido bolchevique, guerra atravesada por sabotajes, actos terroristas, complots, injerencia y conspiración de las potencias capitalistas, contrarrevolucionarios blancos, etc. Este es el contexto de formación de la URSS bajo el mandato de Stalin, la industrialización, la guerra a los kulaks, la alfabetización de las masas, pueblos y naciones enteras, la creación de un bienestar social gratuito, la victoria sobre el nazismo donde las potencias capitalistas europeas fracasaron. En este contexto y entre bastidores se dirimía el conflicto interno entre el partido y la oposición.

El espectro de la “guerra civil” interna ya apareció cuando la oposición de izquierdas encabezada por Bujarin en 1918 perfila la idea del golpe de estado para evitar la paz de Brest Litovsk. Salvando las distancias el asesinato de Kirov en 1934, coincidía con la apelación de Trostki a la juventud soviética llamándola a una nueva revolución que presiente cercana. La IVª Internacional desde su creación sostiene contra el “stalinismo” una “lucha mortal” para acabar con “una facción condenada por la historia”. Siguiendo a D. Losurdo (147), Boris Souvarine (excomunista francés colaborador de la patronal francesa y de los nazis) describía a la oposición en la URSS como una organización clandestina dentro del partido, con su estructura dirigente, sus agentes, sus grupos de base, etc. Ruth Fischer miembro del presídium de la Komitern (1922-1924) en sus memorias confesaba haber participado en la organización en la URSS de la “resistencia contra el régimen totalitario”. El bloque de oposición constituido a mediados de los años 20 encabezado por Zinoviev y Kámenev se acerca a Trotski y desarrolla una red clandestina que se extiende hasta Vladivostok, la oposición a pesar de que fuera combatida por el Estado soviético sobrevivió y creció en los años 30 en el ejército, la administración, el partido, las ciudades y el campo. Fischer señala el recurso al golpe de estado con apoyo militar como táctica del grupo dirigente de oposición para derrocar al gobierno.

Curzio Malaparte en 1931 (148) indica que Trotski en el exilio no renuncia a su objetivo de derrocar a Stalin, y destaca la proliferación de los actos de sabotaje en vías de ferrocarril, centrales eléctricas, telégrafos, etc., y que los agentes trostkistas se infiltran por todas partes, según D. Losurdo, incluso en la GPU se refugia un núcleo de fieles a Trostki, muchas octavillas de la oposición se publican en la imprenta de la GPU, y un historiador yanqui contemporáneo señala a Yagoda como doble agente.

El comunista suizo Humbert Droz dirigente de la Komitern relata que en 1929 Bujarin, que rompe con Stalin tras el abandono de la NEP, le puso al corriente de los contactos de su grupo con la fracción Zinoviev-Kámenev, para coordinar la lucha contra Stalin, una lucha que no descartaba el recurso al terrorismo individual para eliminar a Stalin. Mientras tanto, Bujarin dirigía el órgano de expresión del gobierno soviético Izvestia, combinando trabajo legal con el ilegal, como método “leninista”, para derrocar al gobierno.

Pero aún hay más. Los juicios de Moscú denunciados de punta a punta, desde Soljenitsyn hasta Trostki, pasando por Kruschev, como meras purgas sangrientas, dejan de tener validez cuando un historiador trotskista (Rowogin) cita una octavilla que en los años 30 llamaba a barrer del Kremlin “al dictador fascista y su claque”. Por esta época Trotski señalaba que dejaba de tener sentido el lema de la “reforma del PCUS” y que había que pasar a la “lucha frontal”, que los “auténticos revolucionarios no pueden inspirarse prácticas de los pacifistas pequeño burgueses”, que sólo por la violencia puede verse obligada la burocracia a “devolver el poder a la vanguardia proletaria”.

Ante esta situación de pugna interna y latente por el poder, no es descabellado pensar que las superpotencias capitalistas intentasen sacar provecho. Ya en 1918 los socialistas revolucionarios promueven sublevaciones contrarrevolucionarias contra el gobierno soviético, y el atentado contra un diplomático alemán desde las propias filas de la Cheka (el provocador Blumkin sería fusilado) para impulsar la reanudación de la guerra con Alemania, lo cual era interés para las potencias capitalistas occidentales para derribar el poder surgido de la revolución socialista de Octubre.

En 1933, Trotski, coincidiendo con el ascenso al poder en Alemania del nazismo, escribía que la liquidación del “régimen de Stalin” es inevitable y no muy lejano. Este dirigente menchevique, exbolchevique, y exsoviético, recibe ese mismo año el visado del gobierno francés de Daladier. El ya citado Fischer destaca que el gobierno francés creía que la posición de Stalin era débil, y obserbava la reagrupación de la oposición, preveyendo la posibilidad del retorno de Trotski a Moscú como dirigente de primer nivel.

En 1937 al presidente checo Benes llegan informaciones de “negociaciones secretas” entre el gobierno nazi y el mariscal Tujachevsky, Rykov y otros, el “Boletín de Oposición” trotskista anuncia una revuelta del ejército. El propio historiador trotskista Rogowin señala la conspiración “antistalinista” de Tujachevski, el cual no escondía su admiración por los militaristas nazis. Tujachevski asombró a los diplomáticos europeos al atacar los esfuerzos que estaba realizando la URSS para conseguir una seguridad colectiva con las democracias burguesas frente al fascismo. El le dijo al ministro exteriores rumano lo siguiente:

“Sr. Ministro, está usted equivocado al mezclar su carrera y el destino de su país con los países que son viejos y acabados, como Gran Bretaña y Francia. Deberíamos fijarnos más en la nueva Alemania…será el país que asumirá la dirección del continente europeo. Estoy seguro de que Hitler ayudará a salvarnos a todos”. (149).

La periodista e historiadora francesa Genevieve Tabouis escribió:

“Iba a reunirme con Tujachevsky…El acababa de regresar de un viaje a Alemania, y se deshacía en elogios a los nazis” (150).

El periodista y escritor inglés Alexander Werth comenta en su libro “Moscú 41”:

“Personas de Deuxiéme Boureau me dijeron…que Tujachevski era proalemán. Los checos incluso me comentaron la extraordinaria historia de la visita de Tujachevski a Praga, cuando al final del banquete…soltó que un acuerdo con Hitler era la única esperanza para Checoslovaquia y Rusia. Luego, empezó a hablar mal e insultar a Stalin. Los checos no dudaron de informar al Kremlin de todo ello, lo que supuso el fin para Tujachevski y muchos de sus seguidores” (151).

El embajador de EE.UU. Davies en Moscú llegó a decir que mientras que Hitler encontró apoyos militares en los Henlein, Quinsling y DeGrelle en Checoslovaquia, Noruega y Bélgica, en Rusia no encontraron apoyo militar porque todos los dispositivos de la quintacolumna fueron descubiertos en los juicios de Moscú.

“En 1941, no había defensores de la quintacolumna en Rusia, les habían fusilado. La purga había limpiado y liberado el país de la traición” (152).

Es decir, las democracias burguesas tuvieron que admitir que estos procesos en lugar de debilitar al PCUS, el gobierno y el ejército rojo, los había reforzado gracias a la liquidación de la quinta columna.

Losurdo va más lejos al afirmar que ni tan siquiera la invasión de la URSS habría acabado con los intentos de la oposición de conquistar el poder. Ya en abril de 1939 Trotski se había pronunciado a favor de la “liberación de Ucrania”. La reflexión que se impone dado el contexto, es que la Alemania nazi acababa de llevar a cabo la descuartización de Checoslovaquia y se incrementaban las voces que indicaban a la URSS, especialmente Ucrania, como objetivo. Incluso Kerenski, nada sospechoso de simpatizar con Stalin y la URSS, desde el exilio denuncia esta posición de Trotski como favorable a los planes de Hitler.

Remitiéndose metafísicamente, al binomio que había llevado a los bolcheviques al poder (derrota militar del zarismo-victoria de la revolución) Trotski preveía (o esperaba) que una victoria militar de los nazis sobre la URSS pudiera costarle la cabeza a la burocracia del Kremlin mediante una revolución, previsión que nunca se cumplió tras las primeras derrotas militares soviéticas frente a la Wertmach. Esta “previsión” de liquidación de la burocracia mediante la invasión militar y la “revolución” bien podía pasar ante los ojos de Stalin como la confirmación de la convergencia objetiva entre los dirigentes nazis y la oposición trotskista, y que ambas tenían el mismo interés del derrumbe interno de la URSS.

Y no faltaba causa de ello, la IVª Internacional no paraba de reconocer la necesidad de derrocar a la burocracia soviética “mediante la sublevación de los trabajadores” (abril 1939), vaticinaba el “derrumbe de la burocracia stalinista” en pocos meses (septiembre 1939) y que Stalin y su oligarquía representaban el “peligro principal para la URSS” (abril 1940). Con este etiquetaje hacia el gobierno de la URSS no es descabellado pensar que la oposición trotskista, aunque no estuviera al servicio directo del enemigo, si que estaba dispuesta a acompañarlo en sus acciones y objetivos. No sorprende que tras el comienzo de la Operación Barbarroja Goebbels se jactara de la utilización de tres radios clandestinas en Rusia como instrumento de agresión (la trotskista, la separatista, y la nacionalista rusa). Según D. Losurdo, cualquier gobierno habría encontrado en organizaciones de esta orientación una amenaza para la seguridad, y más categóricamente concluye que Trotski deseaba la guerra, porque en ella veía la única posibilidad de derrocar a Stalin.

4.5.6 Desarrollo de la planificación industrial y económica

A fines de 1927 el peso de la industria dentro de la Economía nacional aumentó hasta el 42%, superando ligeramente el nivel proporcional de antes de la guerra. El sector socialista de la industria crecía rápidamente a expensas del sector privado, aumentando desde el 81%, en 1924-1925, hasta el 86% en 1926-1927, a la par que el peso específico del sector privado descendía, durante este periodo, del 19 al 14%. Con la misma rapidez se iba desalojando del comercio a los comerciantes privados; la participación de éstos en el comercio al por menor descendió del 42%, en 1924-1925, al 32% en 1926-1927, y no digamos en el comercio al por mayor, donde la participación de los particulares descendió, en este mismo periodo, del 9 al 5%. Pero aun era más rápido el ritmo con que se desarrollaba la gran industria socialista, que en 1927 vio aumentar su producción en un 18%.

Pero los éxitos alcanzados no podían destruir el hecho de que el País Soviético seguía siendo un país atrasado, un país agrario. Más de la mitad de la producción eran agrícolas y sólo una tercera parte procedía de la industria. Ante el Partido se planteaba en toda su envergadura el problema de transformar el País Soviético en un país industrial, económicamente independiente de los países capitalistas. Y esto podía y debía hacerse. La tarea central del Partido era luchar por la industrialización socialista del país, luchar por el triunfo del socialismo. “Transformar nuestro país de un país agrario en un país industrial, capaz de producir con sus propios medios las máquinas y herramienta necesarias: en esto consiste la esencia, el fundamento de nuestra línea general” (Stalin).

Paralelo a la colectivización agraria donde se pasó de la producción individual a la producción mecanizada colectiva a gran escala, el XVº Congreso del partido que da por superada el peridodo de la NEP encarga a la Comisión de Planificación Estatal (GOSPLAN) que realice el primer plan quinquenal, que tenía como objetivo equiparar la industrial soviética a la técnica morderna.

La planificación económica con el fin de alcanzar determinados objetivos, utilizando cálculos de crecimiento económico, prioridades de inversión de empleo, producción y consumo de bienes y servicios, se implantaba teniendo como objetivo prioritario la aceleración de la industrialización, planteamiento que ya fuese defendido por Trostki  y Preobrazhenski contra la NEP, y que fué aplicado por Stalin a la cabeza del Estado soviético con el Primer plan quinquenal de 1.929 bajo una situación totalmente distinta de lucha de clases en el campo, crisis capitalista mundial y ascenso del fascismo.

Plan que priorizaría el desarrollo de la industria pesada por delante de la de bienes de consumo, dada la prioridad política de llevar a gran escala la industrialización socialista. No había otro camino.

La industria ligera seguía apoyándose en una industria pesada pobre, aparte de que otras exigencias del país reclamaban también, para su satisfacción, una industria pesada progresiva. Era necesario construir de nuevo toda una serie de ramas industriales, desconocidas en la Rusia zarista: construir nuevas fábricas de máquinas y herramientas, de automóviles, de productos químicos, metalúrgicas; organizar una producción propia de motores y de material para la instalación de centrales eléctricas; incrementar la extracción de metales y de carbón. Era necesario crear una nueva industria militar. Era necesario construir fábricas de tractores, fábricas de maquinaria agrícola moderna, abasteciendo de ella a la agricultura.

Con una industria pesada reducida se acometió la producción de maquinaria necesarias a la industrialización y a la mecanización de la producción agrícola. La puesta en marcha del primer plan quinquenal se acompañó de una enorme movilización de masas y relanzamiento ideológico comparable a los años del inicio revolucionario (1.917-20). La emulación socialista adoptaría un carácter de masas.

Los países capitalistas solían crear su industria pesada a expensas de los recursos de afluían a ellos desde fuera: a costa del saqueo de las colonias, de las contribuciones impuestas a los pueblos vencidos y de los empréstitos extranjeros. La URSS no podía recurrir, por principio, para financiar la industrialización, a esas sucias fuentes de ingreso que brinda el saqueo de los pueblos coloniales o de los pueblos vencidos, y por el contrario, resultó imprescindible dedicar recursos para la mejora de las regiones interiores oprimidas por el zarismo. En cuanto a los empréstitos extranjeros, la negativa de los países capitalistas a concedérselos cerraba a la URSS este camino.

El Estado Soviético disponía de todas las fábricas y empresas industriales, de todas las tierras, confiscadas por la Revolución Socialista de Octubre a los capitalistas y terratenientes, del transporte, de los bancos, del comercio exterior e interior. Las ganancias obtenidas por las fábricas y empresas industriales del Estado, por el transporte, por el comercio, por los bancos ya no las consumía la clase parasitaria de los capitalistas, sino que se invertían en seguir desarrollando la industria. El Poder Soviético había anulado las deudas zaristas, por las que el pueblo tenía que pagar todos los años cientos de millones de rublos oro, solamente en concepto de intereses. Al abolir la propiedad de los terratenientes sobre la tierra, el Poder Soviético liberó a los campesinos de la obligación de abonar todos los años a los terratenientes cerca de 500 millones de rublos oro, a que ascendían las rentas de la tierra. Los campesinos, libres de esta carga, podían ayudar al Estado a construir una nueva y poderosa industria. El Estado Soviético disponía de todas estas fuentes de ingresos. De ellas podían salir cientos y miles de millones de rublos para construir la industria pesada. También contó con una fuerza de trabajo de origen rural que pasó a engrosar las filas de los obreros de la naciente industria socialista. Como consecuencia del aumento de los intercambios del campo con la ciudad.

Se aceleró la  industrialización (Primer Plan Quinquenal-Gosplan 1.929-33), y a su vez la potenciación de la industria absorvió el excedente de población agraria provocando el traslado masivo de campesinos a la ciudad, según I. Deutscher (Los sindicatos soviéticos), el flujo de reclutamiento entre 1.926-39 fue de 24 millones de trabajadores, algo que el capitalismo en Inglaterra tardó mas de 200 años. Era la nueva fuerza de trabajo obrera, necesaria para el crecimiento industrial, base de la economía socialista.

A pesar de los intentos de sabotaje industrial contrarrevolucionario financiado por el cártel internacional del exilio de los antiguos millonarios zaristas (Togprom) a través del partido industrial de Ramzin, y el sabotaje extranjero (ingenieros ingleses de la Metro-Vickers), los objetivos del primer plan quinquenal se cumplieron en 4 años (1.929-33), la producción nacional se triplicó, el peso de la industria pasó del 48% al 70%, se crearon ramas y sectores industriales nuevos (siderurgia, tractores, trilladoras, automóviles, máquinas-herramientas, aeronáutica, química), se construyeron centenares de centrales eléctricas locales y de envergadura (Dnieper), cientos de fábricas, nuevas regiones industriales y ciudades. Se contó con la ayuda de técnicos e ingenieros extranjeros, principalmente norteamericanos en la formación de técnicos y obreros especializados soviéticos. Respecto a los años de la NEP se cuadruplicó y doblaron los especialistas de las escuelas técnicas y las universidades (153). El peso del sector socialista en la producción industrial alcanzó el 99%, la renta nacional aumentó el 85%, la masa salarial pasó de 8.000 a 34.953 millones de rublos, el paro fue aniquilado y la masa de obreros creció el 58%. La industria producía 7 veces el nivel de 1913.

La agricultura socialista -los koljoses y los sovjoses- englobaban cerca del 90 por ciento de la superficie total de siembra del país. Por lo que se refiere a la circulación de mercancías, habían sido desalojados totalmente del comercio los elementos capitalistas.

En cuando a las condiciones de vida, el salario medio creció el 53%, en toda la industria se generalizó la jornada de 7 horas, el analfabetismo bajó del 33% al 10%, los alumnos de las escuelas pasaron de 14 a 26 millones, los niños en guarderías de 800.000 a 6 millones.

En el informe pronunciado en el Pleno de Comité Central celebrado en enero de 1933, Stalin hizo el balance del primer Plan quinquenal destacando los siguientes resultados:

  1. a) La URSS se había convertido de un país agrario en un país industrial, puesto que el peso de la producción industrial había aumentado hasta el 70 % de toda la economía.
  2. b) El sistema socialista de la Economía había acabado con los elementos capitalistas en la industria.
  3. c) El sistema socialista de la Economía había acabado con los kulaks como clase en la agricultura, y se había convertido en la fuerza dominante de la Economía agraria.
  4. d) El régimen koljosiano había acabado con la pobreza en el campo, elevando a decenas de millones de campesinos pobres al nivel de personas con una vida asegurada.
  5. e) El sistema socialista de la industria había acabado con el paro forzoso, mantenido la jornada de ocho horas en una serie de ramas de producción, implantado la jornada de siete horas en la inmensa mayoría de la empresas industriales e introducido la jornada de seis horas en las empresas nocivas para la salud.
  6. f) El triunfo del socialismo en todas las ramas de la Economía había acabado con la explotación del hombre por el hombre.

Ya en el segundo plan (1.934-38) la producción industrial se quintuplicó respecto a 1.929, los koljoses agrupaban al 93,5% de los campesinos, el 93% de las explotaciones campesinas, y el 99% de la superficie de siembra de celeares. El salario medio se había doblado alcanzando los 3.500 rublos, el fondo anual de salarios aumentó el 176%, de 34.953 mill. a 96.425 mill. de rublos, el número de obreros creció el 27% hasta alcanzar 28 millones, la renta nacional se dobló de 48.500 mill. rublos a 105.000, los ingresos de los koljoses casi se triplicaron al pasar de 5.662 mill. a 14.180 mill. de rublos, la financiación de instituciones socio-culturales casi se sextuplicaron al pasar de 5.840 mill. a 35.203 mill., el número de alumnos en las escuelas sobrepasaban los 60 millones, se logró la instrucción primaria obligatoria en las lenguas de las naciones de la URSS y el aumento del número de especialistas graduados en las escuelas superiores con la formación de una nueva intelectualidad soviética que procedía de las clases obrera y campesina. El segundo Plan quinquenal preveía, en toda la Economía nacional, obras básicas por valor de 133.000 millones de rublos, contra los 64.000 y pico millones de rublos destinados en el primer Plan quinquenal.

En la segunda mitad del año 1937, el mundo entraba en la etapa de una nueva crisis económica mundial; en cambio, la industria de la URSS, prosiguiendo su marcha ascendente, llegó a fines del año 1937 al 428% de su nivel de 1929, y, en comparación con el nivel de antes de la guerra, su aumento era de nueve veces y había desalojado completamente a la industria privada. Si en 1.924 el sector socialista disponía poco más de la mitad de la circulación de mercancías, mientras que el resto correspondía pequeños y grandes comerciantes del campo y la ciudad, en 1.936, el año de la nueva Constitución soviética, se disponía ya del sistema mecanizado de producción agraria más grande del mundo bajo las formas cooperativistas de producción, por lo que toda la circulación de mercancías se encontraba ya en manos del Estado y los koljoses. Ya no existían siquiera la pequeña producción capitalista en la industria, ni la clase de los kulaks en la agricultura, ni los comerciantes y especuladores de mercancías. Se habían destruido el régimen capitalista de economía consolidando la propiedad socialista de todos los medios de producción.

La clase obrera había dejado de ser un proletariado, en el sentido estricto de esta palabra. El proletariado de la URSS., en cuyas manos se hallaba el Poder del Estado, se había convertido en una clase totalmente nueva, en una clase obrera emancipada de la explotación. Un tipo completamente nuevo de campesino: ya no había terratenientes ni kulaks, comerciantes ni usureros que pudieran explotarle. La inmensa mayoría de las explotaciones campesinas entró en los koljoses, basados, no en la propiedad privada sobre los medios de producción, sino en la propiedad colectiva y en el régimen de trabajo colectivo. El 90% de los intelectuales procedían de la clase obrera y el campesinado, por lo que las bases económicas para borrar las diferencias de clase estaban sembradas. De este modo, se van borrando las fronteras de clase entre los trabajadores de la URSS. Se borraban las contradicciones económicas y políticas entre los obreros, los campesinos y los intelectuales. Con arreglo a la Constitución de 1936, la sociedad soviética está formada por dos clases hermanas, los obreros y los campesinos, entre las cuales existen aún ciertas diferencias de clase.

En el XVIIIº Congreso del partido (1.939), Stalin anunciaba la victoria de la construcción del socialismo en la URSS, sobre el camino recorrido: liquidación total de las clases explotadoras, cumplimiento de las 2 planificaciones económicas (1.929-38), ausencia del paro forzoso, crecimiento del número e índice de obreros, aumento de la productividad y el bienestar material, aprobación de la nueva Constitución de 1936 y la fraternidad e igualdad de las naciones de la URSS.

Si bien la URSS de un país atrasado y fundamentalmente agrario pasó a ser tras el primer plan la segunda potencia económica e industrial en ratios de producción global, la distancia que separaba a la producción soviética en el consumo privado por habitante era menor con respecto a países capitalistas industrialmente avanzados (EE.UU, Alemania, Francia, Gran Bretaña) debido al retraso del desarrollo de la industria de bienes de consumo con la de bienes de producción. Aunque bien es verdad que si los ratios de bienes de consumo privado (carne, azúcar, huevos, tejidos, calzado, energía eléctrica…) eran inferiores, no era así en los ratios de bienes de consumo social (médicos, camas de hospital, centros de enseñanza, etc), y además ya en el IIº Plan Quinquenal a mediados de los años 30 se doblaría la producción de bienes de consumo.

La clase obrera soviética y el partido bolchevique, en un lapso de 20 años acababan de demostrar ante el despecho y el escepticismo de la burguesía y la socialdemocracia, que eran completamente capaces no sólo de demoler el viejo régimen sino también de construir uno nuevo, un nuevo régimen que ya lograba que la industria produjera 9 veces y la renta nacional 5 veces más que en la preguerra (1.913).

La implantación de la otra tesis de industrialización lenta, a favor de la industria ligera, en la práctica hubiese condenado a la URSS a vegetar como país agrario-cantera de materias primas, condenando a su pueblo a la dependencia de las potencias imperialistas, al mantener el atraso industrial en provecho del intercambio desigual y la explotación capitalista interna, con lo que la penuria de las masas trabajadoras no hubiera tenido nada que envidiar ningún país de la periferia del denominado “tercermundo”.

A ello, también hay que destacar la diferencia en la naturaleza de la acumulación socialista sobre la capitalista, pues si esta última se basa en la acumulación de capital para la cual necesita la valorización y capitalización de la plusvalía, donde incluso en la etapa monopolista la regulación estatal supedita el aparato del Estado para tal fin (privatizando o subsidiando las empresas públicas al capital privado), para la planificación socialista la ganancia no es la fuerza motriz de la producción, sino la satisfacción creciente de las necesidades de las masas y la acumulación progresiva de medios de producción como valores de uso, donde a través del plan se determina el ritmo de crecimiento y acumulación de las fuerzas productivas y el nivel de calificación cultural y técnica de la población soviética. El el socialismo al ser liquidadas las clases explotadoras se acaba con el monopolio del trabajo intelectual, la instrucción, la ciencia y la cultura pasan a ser patrimonio de las masas populares.

Bajo el régimen capitalista la burguesía proclamó por sus leyes la igualdad y la distribución justa de los derechos y deberes subjetivos. Esto no fue sino una consigna, pues en realidad los derechos y deberes subjetivos se distribuyen de modo desigual, los trabajadores tienen mas deberes que derechos y los capitalistas a la inversa, sólo derechos. En el socialismo, donde las leyes expresan los intereses de la población trabajadora, los derechos subjetivos y las obligaciones jurídicas guardan unidad y se distribuyen de forma uniforme. Los derechos subjetivos bajo la ciudadanía soviética: al trabajo, al descanso, a la enseñanza, a la vivienda, a la protección de la salud, al disfrute de la cultura, a la creación científica, técnica y al arte, etc, estaban garantizados plenamente, sólo cabía el derecho burgués de distribución según la cantidad de trabajo aportado.

El régimen capitalista la igualdad y libertad jurídica no es sino la forma en que se refrenda la desigualdad económica real entre los capitalistas y los obreros, la igualdad formal de las personas condiciona que dentro de las relaciones jurídicas del contrato de compraventa de la fuerza de trabajo el capitalista explota al proletariado. Los derechos y libertades proclamados por el derecho burgués no están garantizados materialmente, por lo cual sólo los miembros de las clases explotadoras los pueden disfrutar. El capitalista puede colocarse en una ocupación, pero la ley no le obliga a hacerlo. No está obligado a dirigir sus empresas personalmente: Tiene derecho a nombrar a un administrador. Se le permite hacerse rentista, llevar un modo de vida ocioso obteniendo dividendos e intereses de capital. A diferencia del capitalista, el obrero, dependiente en los hechos de la clase capitalista y su Estado, sólo tiene la apariencia de ser libre. Igual que el capitalista, formalmente el obrero no está obligado a trabajar, pero no dispone de ingresos para mantener su subsistencia. La “libertad de trabajo” es inexistente bajo el capitalismo y en realidad la ley burguesa no garantiza el derecho al trabajo. Esta es la relación dialéctica entre libertad y necesidad bajo el capitalismo. Bajo el régimen capitalista sólo hay libertad para ser explotado o ser explotador. Bajo la anarquía y competencia de la producción social, el individuo se ve preso de la necesidad ciega y los límites de su libertad son ilusorios. Sólo donde las relaciones de producción se basan en la propiedad social y la economía planificada, los individuos se hayan en libertad real. Las normas democráticas sobre la igualdad de los ciudadanos sus derechos y libertades formales bajo el capitalismo sólo se hacen reales cuando logran garantías materiales en el socialismo. La economía soviética garantizaba la igualdad y libertad real. Stalin decía que la constitución de 1936 que proclamaba el socialismo no se contentaba con fijar los derechos formales de los ciudadanos, sino que principalmente los garantiza poniendo los medios necesarios para su ejercicio.

La economía soviética si bien se basaba de inicio en el derecho burgués de distribución “a cada cual según la cantidad de trabajo” ya no era una economía capitalista, con la combinación de rasgos del pasado con los del futuro, donde la producción mercantil y la circulación de mercancías están sometidas a la economía socialista.  Y además, la industrialización soviética se realizó liberando a los campesinos pobres, sin recurrir al capital extranjero, sin expulsar a los campesinos medios y pobres de sus tierras, sin explotar el trabajo infantil, y sin la colonización de los pueblos. Es decir sin los baluartes que los primeros países capitalistas utilizaron durante 200 años para conseguir su industrialización.

Y ¿quién hubiera pensado que la Rusia de los zares representaría nada menos que 50 naciones?. Fue la revolución socialista la que rompió las cadenas para hacer surgir de los escombros del zarismo toda una nueva serie de nacionalidades y pueblos olvidados, dándoles los medios para su desarrollo y una nueva vida. La llegada del poder soviético impulsó el derrumbe de las jerarquías del antiguo régimen llevando a cabo una movilidad social sin precedentes en la historia, extendiendo la enseñanza, la cultura y el ascenso a puestos de responsabilidad social y política a sectores sociales hasta entonces marginados en las naciones oprimidas, uniéndose el reconocimiento de pueblos que alcanzan a los países más avanzados desembarazándose del atraso, impulsando la participación eufórica de las masas en la construcción de una nueva sociedad. Los inmensos resultados obtenidos en la industria, el desarrollo de la agricultura, el desarrollo de las viejas ciudades industriales y la creación de otras nuevas, el rápido aumento del número de obreros, la elevación del nivel de vida y de las necesidades, tales son los resultados incontestables de la Revolución socialista de Octubre. El socialismo demostró su victoria, no en las páginas de El Manifiesto del Partido Comunista, sino sobre una sexta parte del planeta. Solamente esta revolución permitió a un país atrasado obtener en menos de 20 años (1917-1936) resultados socioeconómicos sin precedentes en la historia. Resultado al que se le añade el acceso a la cultura de las masas y pueblos enteros, la educación se imparte en la actualidad en 80 idiomas, de los que la mayoría fueron creados su alfabeto durante el régimen socialista soviético. Y esto fue posible gracias a que el Estado soviético financió la producción en masa en lenguas no rusas de libros, periódicos, revistas, óperas, películas, etc. Política descolonizadora y de liberación nacional novedosa que contrastaba con la política colonial y neocolonial del occidente liberal. En definitiva, la URSS creó repúblicas y territorios nacionales, con bandera, himno, lengua, academia nacional, conservando el derecho a la autodeterminación.

En tanto se proclamaba que la ley económica fundamental del socialismo consistía en el bienestar social completo y el desarrollo libre de todo el pueblo por la vía del crecimiento y perfeccionamiento de la producción social, era evidente que el crecimiento de las fuerzas productivas y de la economía soviética favorecía a los intereses estratégicos de la clase obrera.

Pero la construcción del socialismo no podía ser efectiva sin la participación y dirección de las masas, todos los decretos carecían de efectividad si las masas productoras no los hacían suyos. El problema de la disciplina laboral y el desarrollo de la técnica se desarrolló a través de campañas de estímulo material al trabajo entendido como un bien social, como parte fundamental del ser humano, y como elemento central del desarrollo de las fuerzas productivas. Aquí el stajanovismo, que fue un movimiento de masas productivo y ampliamente extendido de forma entusiasta, introdujo el sistema de emulación socialista, que ayudó al desarrollo no sólo de los ritmos de trabajo, sino de también de la técnica (inventos, simplificación de los procesos productivos, racionalización del suministro, modificiones en los procesos tecnológicos, etc.) aplicados por los propios obreros, que hoy en día en las empresas capitalistas se conocen como “ideas de mejora”, pero con una finalidad social distinta, en vez de la extracción de la plusvalía en el capitalismo, en la URSS suponía la mejora de las condiciones de vida de las masas populares en ausencia de la explotación de clases. El stajanovismo promovió además una extensa movilidad en la división del trabajo, decenas de millares de obreros stajanovistas se volvieron directores de fábrica, y una análoga y rápida movilidad profesional se desarrolló también en el ejército.

El stajanovismo fue una iniciativa de base obrera, que pronto se generalizaría con el desarrollo del primer plan quinquenal. Creado en la base e impulsado por el partido bolchevique, se convertiría en un potente movimiento de masas. Stalin lo describía de esta forma:

“…el movimiento stajanovista es un movimiento de obreros y de obreras que se fija como objetivo el sobrepasar las normas técnicas actuales, superar las previsiones de capacidad de las empresas, aventajar los planes y balances de producción actualmente previstos…” (154).

El partido bolchevique partía de la base de que el socialismo no podía construirse sobre la base de la reducción de las necesidades personales y la nivelación del nivel material de vida a la pobreza, y que era necesario acrecentar la productividad social del trabajo con el objetivo de acelerar la cantidad y variedad de productos de consumo para las masas, sobre la base de una vida holgada y el desarrollo cultural de toda la sociedad socialista, elevando el nivel cultural y técnico de la clase obrera hasta el nivel de los ingenieros y técnicos, y por tanto estrechando la diferenciación social. Esto era coherente con la posición de Lenin de dar importancia al crecimiento económico, las técnicas de organización más avanzadas del capitalismo (taylorismo…), aprovechar las experiencias y conocimientos de los especialistas burgueses y el uso de incentivos y salarios altos para aumentar la productividad. No obstante, el incentivo material que introdujo el stajanovismo provocó una fuerte diferenciación en la escala de salarios (98*), que pervivió de forma inconsecuente e innecesaria tras el triunfo de la industrialización socialista.

4.5.6.1 Diferencias sociales con las reformas tras el XXº Congreso

En un marco de cerco capitalista, donde el desarrollo económico era central para la supervivencia en la construcción del socialismo, el aumento de la productividad (priorización del crecimiento en base a ratios del PIB) acabaría por suplantar a largo plazo a la planificación económica. Desarrollo productivo impulsado por una política de decretos combinados con estimulos salariales e iniciativas de masas, que puntualmente logró una mayor efectividad en el crecimiento económico. Si ello podía justificarse por la situación de la lucha de clases en la coyuntura de los años 20-30, y por la necesidad de industrializar el país a pasos forzados para afrontar la contrarrevolución interna y externa, en el XXº Congreso del PCUS (1.956) esta necesidad coyuntural se convertiría en virtud, acabando por considerar el avance hacia el comunismo como la suma simple del crecimiento económico-productivo, excluyendo los elementos de carácter político e ideológico.

La lucha por la colectivización-mecanización del campo y la industrialización socialista del país fue una lucha por intentar establecer primero las bases materiales del socialismo. Pero esta tarea quedaría sujeta tras la IIª Guerra Mundial y el XXº Congreso del PCUS de forma indefinida, con la especialización de los funcionarios estatales y de fábrica, que  emergería como categoría social de procedencia obrera y popular, pero con tendencias al monopolio político al mantener elevadas remuneraciones por encima del obrero cualificado de forma estable, lo que sin duda vaciaba de contenido proletario al Estado soviético y desvirtuaba el propio contenido social de la política-económica.

Esta categoría social (denominada clase por algunos marxistas como Sweezy), si bien en principio es la representación organizada de la dominación del proletariado como clase (defensa de los intereses de esta clase en la construcción del socialismo), pasaría a ser bajo un mecanismo de tutela y a través de su funcionarización estable, la categoría hegemónica de la sociedad soviética que se consolidaría en la época de Kruschev y Breznev. La consecuencia al paso de generaciones fué la relajación de la clase obrera educada en un espíritu reformista pasivo, en lo político y en la toma de decisiones con el abandono del entusiasmo de los primeros planes quinquenales, lo que terminaría por afectar a la propia actividad productiva.

Las reformas introducidas en los años 60 fueron en dirección contraria a la planificación económica y optaron no por la eliminación sino por la consolidación paulatina del mercado. La nueva reforma económica se teorizó en 1955 (Liberman) y se aplicó 10 años después (Kosiguin). La reforma Liberman-Kosiguin, pasó a sustituir paulatinamente la planificación centralizada y proporcional por la planificación de las empresas sobre sus medios de producción, convirtiendo a la ganancia de empresa como nuevo regulador de la producción, elevando el papel de los directores de fábrica.

Repasemos por encima esta reforma. Desde 1955 el economista Evsei Liberman planteó la necesidad de liberar la economía de la excesiva dirección centralizada y dar mayor libertad a los directores de las empresas para que decidan qué y cuánto tienen que producir. La reforma económica de los años 60 incorporó como regulador de la producción la ganancia de empresa y el índice de rentabilidad. La ganancia ya no se realiza en la producción sino en el mercado, no sobre la base de los bienes producidos sino de los bienes comercializados, lo que impulsó el estudio del mercado y la publicidad, y la expansión de las ventas a crédito. La financiación de las empresas pasó de coste cero a créditos a interés reembolsables por la empresa entre el 4% y 6%, a partir de 1965. En 1976 más del 50% de los activos circulantes de las empresas provenían de créditos bancarios. A partir de 1965 se le dió a las empresas los derechos de posesión sobre los activos de producción que controlaba, derecho comprar medios de producción o de alquilar o vender los medios de producción que poseía. Los derechos de propiedad de una empresa se traspasaron al director con plenas facultades legales para las operaciones en nombre de la empresa, para disponer de la propiedad y sus fondos. Si hasta 1965 un obrero podía ser despedido sólo con el consentimiento del comité sindical (e incluso los comités de fábrica podían proponer medidas de censura contra los dirigentes que no cumplieran los compromisos del contrato colectivo), la reforma económica dio a los directores de empresa el derecho a contratar y despedir.

Antes de la reforma económica los salarios eran proporcionales a la cantidad y calidad del trabajo, y los incentivos materiales se basaban en el cumplimiento o superación del plan económico. Con el establecimiento de la ganancia como regulador de la producción social, cambió el sistema de incentivos materiales basado en la ganancia de la empresa, a mayor rentabilidad, mayores ventas, mayores incentivos.

Si bajo Stalin la orientación y el índice de la calidad del trabajo de la empresa fueron la rebaja del costo de producción y el crecimiento de la productividad, en las reformas de Kruschev y Breznev fueron sustituidos por la ganancia. Si la rebaja del coste de producción y los precios de venta eran posibles con el aprovechamiento de la ciencia, la nueva técnica y tecnología, por medio del ahorro de materiales, materias primas, energía y fuerza de trabajo, en la época de Kruschev y Breznev, con la elevación de la ganancia en el índice básico del trabajo en las empresas socialistas se hizo posible elevar el precio de los productos para garantizar la ganancia planeada, sacando provecho monetario por la vía de elevar artificialmente los precios, reduciendo la producción de artículos. De esta forma la ciega persecución de las ganancias de empresa particulares redujo el ritmo de desarrollo de la economía nacional. Con esta políticia se interrumpió la rebaja planificada de los precios, comenzó el encarecimiento de artículos de consumo popular, aumentó la distancia entre los menos y más retribuidos en la escala salarial, desde los obreros hasta los directores de empresa.

Con esta reforma se colocó la rentabilidad de una rama o empresa por delante de la rentabilidad de la economía del pueblo, por encima de los intereses del futuro desarrollo de la economía nacional. Lo cual contradecía a la ley económica fundamental del socialismo y la cobertura de las necesidades materiales y culturales de las masas. No hay nada malo en el objetivo de alcanzar los máximos resultados con el mínimo esfuerzo, pero lo malo es la orientación hacia la ganancia como base, como fuerza motriz de la producción social socialista.

Los arquitectos de la reforma levantaron la voz contra el centralismo democrático en la economía, contra la planificación centralizada, tildándola de “dirección administrativa”, para ellos los únicos métodos económicos de dirección de la economía socialista estaban basados en el juego de la ley del valor y el mercado, en vez de reducir y limitar desde la planificación de la economía la acción espontánea del mercado y la ley del valor en la regulación de la producción social, la distribución y el consumo, así como en la dirección de la actividad económica de las empresas, ramas y sus relaciones. Los arquitectos revisionistas iban así en dirección contraria, cuanto más se desarrollaba la producción socialista, más exigían regular la producción sobre la base de la ley del valor y el mercado, y limitar la planificación centralizada, dando libertad a las empresas para que actúen de acuerdo con el mercado a fin de obtener las máximas ganancias posibles, fijando el volumen de producción, rendimiento de la fuerza de trabajo, los salarios (los trabajadores pasan a ser remunerados en base a las perdidas o ganancias de la empresa, dando pie a diferentes remuneraciones por la misma cantidad de trabajo en empresas de la misma rama), inversiones, etc., representando la ganancia todo el objetivo de la actividad económica, mientras que las ventas servían como un medio para conseguir ese objetivo. La empresa producía no para satisfacer mejor las necesidades materiales de las masas, sino para vender en el mercado y asegurarse una ganancia lo más alta posible.

Esta reforma proudhoniana era muy parecida a la aplicada en Yugoslavia, donde el desarrollo desproporcionado de las ramas de la economía y la subida de los precios eran una realidad.

Las diferencias en los niveles económicos entre las repúblicas, por medio de la productividad industrial, la renta nacional per cápita, la superficie de vivienda per cápita, etc., en vez de reducirse, aumentaron. Los fondos de inversión para las empresas, si bien antes eran asignados por el Estado, sin costo alguno, con la reforma las empresas tenían que comprar los nuevos medios de producción que necesitan menos en casos excepcionales. De esta forma la inversión cayó, se pasó de una tasa de inversión del 43% (1966-1970) a una tasa del 25% (1976-1980).

Se olvidaba que el principio básico de dirección más adecuado a la naturaleza de la sociedad socialista era el del centralismo democrático, ya argumentado por Lenin en las tareas inmediatas del poder soviético:

“Ni los ferrocarriles, ni el transporte, ni las grandes máquinas, ni las empresas en general pueden funcionar debidamente si no existe la voluntad única capaz de aglutinar a todos los trabajadores en un solo organismo económico que funcione con la exactitud del mecanismo de un reloj” (155).

Lenin luchó contra toda manifestación de anarquismo y anarcosindicalismo, contra la consideración de convertir a la sociedad socialista en un conglomerado de comunas de producción autónomas que se oponían a la dirección planificada. Para Lenin todos los obreros y trabajadores estaban llamados a dirigir la sociedad en cada uno de sus eslabones, y no podían permanecer retraídos en los estrechos marcos de su profesión, rama o empresa “propia”.

En definitiva, si en el período bajo Stalin en la base del cálculo económico estaba la reducción del costo de producción de los productos y los precios, posteriormente la base del cálculo económico fue puesta la ganancia, hecho que conllevó a la desaparición de los productos baratos y se alzaran los precios de las mercancías y servicios. Se interrumpió la rebaja anual de los costos reemplazándola por su alza. Además, la política estatal resultó incapaz de establecer límites para los aparatos del estado, inflándose tres veces más en comparación con el período de Stalin.

La reforma económica prouhdoniana de Liberman-Kosiguin, vino a introducir la descoordinación de la economía y el corporativismo empresarial. Se empezaba a producir omitiendo la calidad escaseando determinadas mercancías, mientras se producía en exceso otras menos necesarias. El sistema producía con muchos recursos, mano de obra superior a la necesaria en determinadas empresas y sectores, retardando la sustitución de un crecimiento económico extensivo en intensivo, lo que provocaba la inmovilización de una parte de la fuerza de trabajo y medios de producción utilizados a media capacidad. La distorsión entre la organización de la producción y la distribución acabó por colisionar, la planificación burocrática proudhoniana no podía sustituir a la planificación centralizada en su forma democrática, en la asignación de empleo, empresas, bienes y servicios.

Una vez implantado el poder del proletariado, con la posterior eliminación del mercado como asignador de recursos y bienes no había razón para que éste subsistiera como mecanismo regulador. Y el mercado sólo puede ser sustituido por una forma superior, la planificación centralizada en base a una alta socialización de las fuerzas productivas, democráticamente organizadas entre los productores con arreglo a las prioridades de la producción global y el consumo de las masas, ajustando la cantidad y calidad a la demanda de las necesidades sociales colectivas e individuales (bienes de consumo social e individual), huyendo por tanto de los dos extremos, del consumismo (primacía absoluta de la industria ligera) y del desequilibrio de los bienes de consumo con la industria pesada, implantando un desarrollo cada vez más proporcional y armonioso de la economía socialista, hecho que podía haberse logrado plenamente durante las décadas de los 50 y 60.

4.5.6.2 El debate ideológico de las reformas económicas

En la lucha imperialista contra el socialismo en el campo de la teoría económica, el argumento más utilizado siempre ha sido el de que sin el mercado es imposible una economía eficiente, y que como el socialismo tiene como objetivo la abolición del mercado, sólo puede traer ineficiencia y burocracia. Este argumento se utilizaba ya muy tempranamente en los años 20 (Ludwing von Mises, Boris Brutzkus) quienes planteaban que en la ausencia de precios en el mercado, el socialismo era incapaz de hacer cálculos eficientes económicos y era incapaz de proporcionar a la organización de la producción un incentivo tan eficaz como la ganancia. Según Brutzkus en el sistema socialista a diferencia del capitalista

“no hay ninguna gran cantidad de empresarios cuya categoría económica les dé un interés para lograr una producción exitosa. Al contrario, los gerentes de empresas socialistas no ganan nada de beneficio material” (156).

Esto era un paso atrás en la teoría económica. Precisamente la teoría burguesa de la economía se estancó en el siglo XIX. William Petty, Adam Smith y David Ricardo, desarrollaron la teoría del valor-trabajo, según la cual el valor de una mercancía es determinado por la cantidad de trabajo socialmente necesario para su producción. Una teoría que proporcionó un escalón de progreso para el desarrollo realizado por Marx en su teoría de la plusvalía que revolucionó la ciencia económica y explicó por primera vez el secreto oculto de la explotación capitalista. De ahí en adelante no hubo más investigación u aclaración científica, sino sólo propagación de confusión por los teóricos burgueses en el campo de la economía política que dejó de ser ciencia y se convirtió en una de las ramas de la ideología burguesa.   Por eso Marx denunciaba a la economía política burguesa que ya no se preocupaba por el avance de la ciencia económica, sino de si cualquier teoría resultaba perjudicial a sus intereses, sustituyendo a los investigadores científicos por “espadachines a sueldo” y los “estudios científicos imparciales” por la apología del orden social capitalista incapaces por su credo de investigar el por qué las formas capitalistas de producción y de cambio se vuelven cada vez más, cadenas insorportables para la producción misma.

Y estos espadachines que en su enfrentamiento con la URSS también atacaban la teoría del valor-trabajo, centrándose únicamente en las fluctuaciones de los precios del mercado, el precio de producción nacido de la concurrencia, fueron reutilizados en masa en la URSS tras el XXº Congreso del PCUS.

Fueron la multitud de reformas económicas las que cuidadosamente prepararon durante 3 décadas el camino para la restauración del capitalismo. La producción planificada fue sustituida por la producción de unidades o grupos de producción independientes que solas por sí deciden que producir y que intercambiar a través del mercado. Bajo tal sistema es el valor el que funciona como regulador de la producción, y la ganancia, ya que la rentabilidad de las empresas individuales junto a incentivos materiales bajo la forma de salarios más altos basados en la rentabilidad individual de cada empresa, asumieron una enorme relevancia.

Y esto se acercaba más a Proudhon que a Marx. Engels dijo que:

“toda sociedad basada sobre la producción de las mercancías tiene la particularidad de que en ella los productores han perdido el domino de sus propias relaciones sociales. Más la producción de mercancías, como cualquier otra, tiene sus leyes…y esas leyes se cumplen a despecho de la autarquía, en ella y por ella…leyes coercitivas de la competencia…leyes naturales ciegas. El producto domina a los productores” (157).

Pero según los revisionistas, el desarrollo de la producción de mercancías puede conducir tanto al capitalismo como al comunismo. Así de fácil. Pero si las teorías de Venzher y Ota Sik del “socialismo de mercado” fueran ciertas, si la mercancía puede ser producto de la producción privada igual que la colectiva, entonces el análisis marxista de la mercancía, base de todo el análisis económico de Marx debiera ir a la basura. Y eso es lo que hicieron.

Después de haber sido sometidas a las nuevas reformas, las empresas comenzaron a planificar su propia producción, determinando el tipo y calidad de los productos. Con el paso de los años los propios economistas soviéticos reconocieron que como consecuencia de la reforma económica, la economía soviética se encontraba caracterizada por la anarquía (158). La producción tras las reformas fue fragmentada, convirtiéndose cada vez más en producción de mercancías, producción privada. Y la producción de mercancías, una vez se convierte en la forma general de la producción, sólo puede ser producción capitalista. Llamándola “producción socialista de mercancías” no cambia nada. En su controversia con Yaroshenko Stalin lo anticipó:

“…el fin de la producción capitalista es la obtención de beneficios… Del campo visual desaparece el hombre y sus necesidades… El fin de la producción socialista, al contrario es asegurar la máxima satisfacción de las necesidades materiales y culturales, en constante ascenso, de toda la sociedad” (159).

Y si la producción deja de ser planificada en base a las necesidades sociales, si tal producción es sustituida por la producción de grupo, de empresas, con su “planificación desde abajo”, sólo puede existir un regulador de la producción, la ganancia y la rentabilidad de las empresas individuales, la ley del valor. “Debemos elevar la importancia de la ganancia y la rentabilidad”, dijo Kruschev en el XXII congreso del PCUS. Breznev y Kosigin dijeron que la ganancia es “uno de los instrumentos económicos del socialismo” (160). Se empezó a hablar de “índices de rentabilidad”, “cuota de ganancia socialista” de empresas individuales. L. Leontiev, economista soviético, opuso que Stalin despreciaba el rol de la ganancia y las leyes inmutables de la economía:

“…la carencia del respeto para la ley inmutable de construcción económica durante la era de Stalin. Esta ley inmutable, independiente del sistema bajo el cual actúa, es universal; una economía tiene que producir más de lo que está gastando en la producción: y este es el principio…que teóricamente asegura el fundamento de aceptación de la ganancia hoy día en la URSS” (161).

Si de verdad Stalin pasaba por alto “la ley inmutable” según la cual “la economía debe producir más de lo que gasta en la producción”, ¿cómo se explica el gigantesco crecimiento de la URSS durante el período de la construcción socialista?. Sí que se producía más de lo que se gastaba, pero ello no conduce a la aceptación del principio de rentabilidad de empresas individuales. De lo que sí fue culpable Stalin, al menos teóricamente, fue de oponerse a que la ley del valor como regulador de la producción continuara bajo el comunismo.

Al final, los revisionistas ganaron la partida y la producción de empresas individuales para el mercado llegó a sustituir a la producción planificada y la ganancia se convirtió en regulador de la producción. Las empresas tendieron a adaptar su producción al mercado para sus mercancías. Y el mercado no sólo implica la competencia entre vendedores, sino también la oferta y demanda mediante la cual la ley del valor opera. Y esto es lo que decían los teóricos revisionistas:

“el mercado es…una esfera para poner a la venta los productos –tanto los medios de producción como los bienes de consumo- fabricados por empresas estatales y cooperativas… Bajo el socialismo, ya que la producción de mercancías existe, la ley objetiva de oferta y demanda… actúa…” (Gatovsky). Y otro: “…el mecanismo del mercado… juega un papel de regulación de la producción socialista…el problema de comercializar y de fluctuaciones del mercado sigue hasta bajo la economía planificada socialista” (L.Konnik) (162).

Pero oferta en el mercado quiere decir la oferta del comprador solvente, y en una sociedad con la distribución desigual de los ingresos, la oferta de comprador solvente no cumple ningún objetivo de demanda y necesidad social. Y esto fue reconocido:

“La distribución desigual de ingresos entre las diferentes secciones de la población provoca que los grupos en los grados inferiores no satisfagan del todo sus necesidades materiales” (163).

Y cuando la ganancia es el criterio de la producción, las necesidades del ser humano desaparecen:

“El ministerio de la Industria Alimenticia de la RSS Tadjik, en la búsqueda de altas ganancias para sus empresas en 1970 y 1971, redujo la producción de los productos baratos que estaban en demanda constante entre la población e injustificadamente aumentó la producción de productos más caros” (164).

Hasta finales de los años 50, se asignaban a las empresas los medios de producción que utilizaban con forme a la planificación centralizada. Por consiguiente, los medios de producción no entraban en la categoría de mercancías, incluso los productos (excepto los de los koljoses) pertenecían al Estado. Las empresas no tenían derecho de disposición, ni podían venderse medios de producción ni productos unas a otras en vez de al Estado:

“…los directores de las empresas, al recibir del Estado medios de producción no sólo no se convierten en propietarios… son confirmados como mandatarios del Estado soviético para dirigir el empleo de los medios de producción de acuerdo con los planes establecidos por el Estado” (165).

Bajo tal sistema la cuota de ganancia “socialista” no tuvo cabida.

Hasta el XXº Congreso del PCUS la posición marxista de que los precios de producción y la ley de la ganancia media son propias de la producción capitalistas, no llegó a desafiarse. Antes de la reforma económica, como cada empresa se ocupaba de la producción socialmente necesaria como parte de la planificación, no tenía importancia de que tuviera pérdidas o un plusproducto bajo.

Uno de los principales teóricos del “socialismo de mercado” E. Liberman veía la ganancia, excedente de  producción, plusproducto, como la proporción entre la ganancia neta y el resto del activo invertido (fuerza de trabajo + medios de producción). Es decir, utilizaba el mismo indicador que en los países capitalistas, la cuota de ganancia sobre el capital invertido. Según Liberman la ganancia o plusproducto se crea no sólo por el trabajo de los productores, sino también por los medios e instalaciones. Tal idea condujo a la conclusión de que la base de la formación de precios en la economía planificada socialista debía ser el precio de producción característico de la economía capitalista. Más adelante, Leontiev dijo:

“Un análisis de mercancías como productos de producción socialista dejan, sin duda alguna que sus precios deban ser determinados con consideración apropiada a la relación entre el capital y el rendimiento o como dicen los economistas…a base de la fórmula de precio de producción…Marx proporcionó un análisis de la mercancía como producto de producción capitalista, y mostró que el precio de tal mercancía se determina no por el valor directamente, sino por su forma modificada, el precio de producción. Un análisis de mercancías como los productos de producción socialista dejan sin duda que sus precios estén determinados…por la fórmula del precio de producción…Esto revela la profunda fundación del precio de producción, una base que existe no simplemente en una economía capitalista, sino también en una comunista” (166).

Como vemos aquí, se admitía la categoría del precio de producción que es resultado de la concurrencia, para luego decir que el “mercado socialista” purifica los precios de producción de las distorsiones que sufren bajo el capitalismo, y que el socialismo, deshaciéndose del monopolio y restaurando la concurrencia del libremercado (sic), lleva los precios de producción a un nivel más alto, ya que los monopolios capitalistas deforman la concurrencia.

Otro economista soviético, S. Pervushkin, fue más lejos al admitir que la tasa media de ganancia y el precio de producción surgieron bajo el inevitable desarrollo de las fuerzas productivas al margen de las relaciones de producción, y que tales leyes no se pueden desatender en una sociedad socialista, ya que éstas no se manifestaban de forma plena bajo el capitalismo, por los límites de la propiedad privada y el esfuerzo de la máxima ganancia (167).

Otro economista soviético, Kondrashev, admitía que los precios de producción son un instrumento importante para crear una economía comunista y agrega un nuevo matiz, que la sociedad socialista a medida que se desarrolla impulsa la equivalencia entre el valor y el precio de producción, y que esa equivalencia será completa cuando el comunismo haya sido construido:

“Los precios serán entonces fijados mediante la suma de gastos en la producción y la cuota media de rentabilidad… El antiguo principio de que los precios deberían de estar cerca a los costos de producción ha sido sustituido por el principio de rentabilidad de precios, de modo que las ganancias sean bastante grandes para la reproducción en escala ampliada de la industria pesada” (168).

. Ahí lo tenemos. La sopa de ajo. Los precios de producción del mercado capitalista lograrán su desarrollo más alto en el período del comunismo completo. Sólo una pega, ese “comunismo completo” es indistingible del capitalismo.

Como vemos el desvarío antimarxista es enorme. Según estas teorías el capitalismo monopolista al restringir la concurrencia, obstaculizó la operación de las leyes de la ganancia media y el precio de producción, y que el socialismo no tiene otro fin que restaurar nada menos que el libre capitalismo competitivo del S.XIX. Y además que el comunismo completo será capaz de lograr la aplicación pura de la ley del valor, donde los precios de producción equivaldrán a los valores. Si Marx, leyera eso se daría de puñetazos en la cabeza ante tal infamia. Pero los precios de producción no provienen del desarrollo tecnológico, surgen bajo un sistema en el cual la producción de mercancías ha alcanzado su más alto desarrollo, bajo el capitalismo. La tentativa de los teóricos revisionistas de justificar la existencia en el socialismo y el comunismo, de los precios de producción, a base del desarrollo tecnológico de las fuerzas productivas, era un timo.

Precisamente Marx y Engels argumentaban que la socialización extrema de las fuerzas productivas en las sociedades por acciones y empresas estatales impulsaba la transformación de la propiedad privada en propiedad capitalista, y la libre competencia en monopolio, considerándolo además no como un paso regresivo, sino progresivo hacia la transición al socialismo, haciendo que el período de transición sea más corto en los países capitalistas más desarrollados. No hay en Marx nada de retorno a la librecompetencia. Por lo visto, los teóricos revisionistas del “socialismo de mercado” lo ignoraron por completo. Estaban obsesionados por la producción mercantil, la cual la llegaban hasta confundir con la producción mercantil capitalista.

En medio de este torbellino revisionista, el C.C. del PCUS en septiembre de 1965 aprobaría el principio de que las empresas pagaran por los medios de producción. El antiguo sistema bajo el cual el Estado poseía los medios de producción que asignaba gratis, fue sustituido por uno por el cual las empresas pagaban por su activo de producción terminando por hacerse propietarios de aquellos activos. Además, la obligación de las empresas de pagar sus costos de producción dio un estímulo al crédito bancario y con ello a la cuota de interés, olvidando que para Marx tan pronto como los medios de producción y el suelo dejan de convertirse en capital, el crédito como tal carece de sentido (169). En 1965 el 40% del activo circulante de las  empresas fue financiado por crédito bancario, en 1970 fue el 50%.  Para más inri, se justificaba teóricamente que

“…el mercado socialista en medios de producción es la esfera…donde las relaciones económicas funcionan directamente como relaciones de oferta y demanda, y son realizadas en el acto de compra y venta en los medios de producción” (170).

Ya en 1971 el 66% de ventas comerciales de la URSS pasaban por el mercado de medios de producción. Y ¿cómo no?, los derechos de propiedad fueron concedidos a su director que puede actuar en su propio nombre, para disponer de las propiedades y los fondos de la empresa.

Antes de la reforma los trabajadores soviéticos consideraban los medios de producción suyos, y lo que dirigía su trabajo era la solidaridad fraternal y no la concurrencia comercial. Por su nivel de vida sin precedentes durante el período de construcción socialista, la clase obrera de la URSS demostró en la práctica la verdad de la tesis marxista que la abolición del mercado bajo el socialismo lejos de contribuir al gasto ineficiente contribuía a una mayor eficacia en la producción. El socialismo, efectuando el cambio de las relaciones de producción suprimiendo la explotación de clase, garantiza el compromiso de los trabajadores en la eficacia de la producción, en el desarrollo de las fuerzas productivas. Marx ya expresó en El Capital que el obrero se comporta ante el carácter social de su trabajo frente a un poder ajeno (la ganancia del capitalista), de forma diferente que cuando las fábricas les pertenece. Y además, siendo un sistema de producción para el uso en vez de para el mercado y las ganancias, el socialismo se libera de las interrupciones de las crisis periódicas inevitables para el capitalismo. Esta fue la conclusión de Marx de que el socialismo es resultado de las contradicciones del capitalismo con las fuerzas productivas.

Es tarea del socialismo llevar la transformación de la sociedad burguesa a la comunista. Las fuerzas comunistas, débiles todavía tras la revolución, se vuelven fuertes con cada victoria de la construcción socialista, y la actitud comunista hacia el trabajo se fortalece.

Sin embargo, revisionistas como Ota Sik reducía el entusiasmo revolucionario a la generación que vivió la revolución:

“La generación joven, que no experimentó el cambio del capitalismo al socialismo y que ahora tiende a comparar su trabajo y sus resultados…con la situación en los países desarrollados capitalistas, es incapaz de evocar el entusiasmo post-revolucionario…Para un entendimiento cuidándose de la naturaleza variada del trabajo bajo el socialismo comparado con el capitalismo, necesitamos una profunda educación teórica…Tal entendimiento…todavía permanece al alcance de sólo una sección relativamente pequeña de la comunidad…El trabajo por sí solo, sin embargo, no se cambia, en el sentido de que el trabajo monótono poco interesante o sumamente intensivo ni para la gente socialmente consciente se puede convertir en su principal preocupación y deseo…La mayoría son motivados por el deseo de asegurarse el más alto nivel de consumo material…la recompensa material, es el incentivo general bajo el socialismo” (171).

Evidentemente, tras años de reforma económica que introdujo las normas burguesas de producción, como la ganancia y la ley del valor como criterio regulador de la producción, el entusiasmo de trabajo que los trabajadores habían demostrado durante el período inicial de la construcción socialista, antes y después de la guerra, dio paso a la apatía.

El trabajo en sí mismo no es opresivo, lo son las condiciones sociales de explotación bajo las que se realiza. Una vez éstas son abolidas el conocimiento del trabajador que ya no está trabajando para aumentar las ganancias de una clase explotadora hostil, y el atractivo natural del trabajo, no pueden fallar en traer una revolución en la actitud hacia el trabajo. La historia de la construcción socialista en la URSS, donde la clase obrera hizo milagros con el heroísmo de trabajo, lo demuestra. Los teóricos revisionistas olvidaron a Lenin:

“El trabajo comunista…no como un deber definido, no con el objetivo de obtener un derecho a ciertos productos…sino como un trabajo voluntario, independientemente de cuotas, trabajo realizado porque ya se ha hecho costumbre el trabajar para el bien común, y debido a una realización consciente (hecha costumbre) de la necesidad de funcionamiento para el bien común” (172).

El desarrollo de esa actitud es el problema supremo en la construcción del socialismo. Sin el desarrollo del trabajo comunista, el socialismo no podrá alcanzar su objetivo comunista.

¡Cómo olvidaron los teóricos revisionistas la alegría de Lenin ante la aparición espontanea del movimiento de los sábados comunistas como un principio de importancia transcendental!:

“…estos trabajadores, privados de alimentación, rodeados por la agitación malévola contrarrevolucionaria de la burguesía, los mencheviques y los socialistas revolucionarios, organizan sábados comunistas, trabajando sin ningún pago, y alcanzando un enorme aumento de la productividad del trabajo… ¿No es este el principio de un cambio de importancia trascendental?” (173).

Olvidaron que para Lenin el socialismo

“es cuestión de transformar las costumbres propias de las personas…Trabajaremos para erradicar esta regla maldita de “sálvese quien pueda y que sólo Dios nos salve a todos”, erradicar la costumbre de considerar al trabajo como nada más que un deber, y considerando legíticmo solamente al trabajo pagado con ciertas tarifas. Trabajaremos… gradualmente, para introducir la disciplina comunista y el trabajo comunista” (174).

Pero para los revisionistas, los sábados comunistas sólo fueron un fenómeno pasajero, causado por el entusiasmo de una masa ignorante de trabajadores.

Con las reformas económicas y las “novedosas teorías socialistas”, los revisionistas comenzaron a reconstruir el mercado. Durante las últimas 3 décadas anteriores a la contrarrevolución en la URSS, el mercado se reconstruyó adquiriendo un carácter general en toda la economía soviética, pivotado por la ley del valor como regulador de la producción y la ganancia como criterio supremo de la eficacia de la producción. Y con eso, hemos alcanzado el “comunismo completo” que revisionistas como Kondrashev y sus predecesores, han estado preparando tan arduamente.

Y con las reformas económicas se desarrolló el mercado negro. Los ingresos nacionales oficiales y el valor de los bienes al por menor y los servicios habían aumentado 5 veces entre 1960 y 1989, mientras que la economía sumergida aumentó 18 veces. En 1977 esta economía representaba el 10% del PIB. La población urbana obtenía hasta el 30% de los ingresos por medio de la actividad privada, sumergida. El nº de personas que participaban en la economía sumergida creció de 8 a 30 millones, el 12% de la población en 1989. Todo gracias al “socialismo de mercado”.

De una forma peculiar, más prematura y brutal, pero en la misma dirección se fraguó la historia del Partido Comunista de Yugoslavia que como vanguardia de la clase obrera, se disolvía después de la IIª Guerra Mundial en el frente popular que reunía a partidos burgueses, pequeño burgueses, y a kulaks, campesinos pobres, intelectuales y obreros, donde las contradicciones de clase desaparecían “jurídicamente”, y por medio del decreto en el que todas las clases estaban interesadas por igual en el socialismo, tanto la burguesía agraria como la pequeña burguesía, los cuales afluyeron en miles a la militancia del partido. La conciliación de clases sustituyó a la dictadura del proletariado. Las medidas socialistas que se adoptaron antes de 1948 fueron liquidadas. Incluso la prensa británica apuntilló que las reformas de 1951 llevan a Yugoslavia a un nivel de socialización inferior al de Gran Bretaña y que los precios eran fijados por el mercado y los salarios por los beneficios de empresa. En 1948 la Oficina  de Información de los Partidos Comunistas (Kominform) publicó una resolución de crítica al partido yugoslavo donde se señalaba que no se prestaba atención a la diferenciación de clases en el campo ni al crecimiento de elementos capitalistas en el país, negaban el agudizamiento de la lucha de clases en el campo y educaban al partido en el espíritu de la reconciliación de las contradicciones de clase. A partir de ahí empezó una depuración masiva apartando del partido a miles de militantes marxistas-leninistas, asesinatos (generales Arso Jovanovic y Sbauko Rodic) detenciones (Zhuujovic, Hebrang) y deportaciones (más de 100.000) (175). El partido-militante, basado en el debate abierto, la elección de los órganos de dirección y el respeto de la mayoría, fueron también suprimidos por la cooptación. La lucha de clases fué sustituida por la conciliación (rescatando a Bujarin y Proudhon) justificando lo injustificable al menos para los principales teóricos del marxismo-leninismo: la diferenciación pronunciada entre clases en el campo y categorías sociales en la denominada “construcción del socialismo autogestionario”.

 

4.5.7 ¿Existe una economía política del socialismo?

Según Lenin, la economía política en general no se ocupa de la producción a secas, sino de las relaciones sociales que se crean en la producción, del régimen social de producción en su conexión e interdependencia con las fuerzas productivas de la sociedad.

Cada uno de los diferentes modos de producción se han regido y se rigen por leyes económicas fundamentales. En el primer modo de producción de la historia, el comunismo primitivo, la ley económica fundamental consistía en asegurar con el trabajo colectivo y la distribución igualitaria la existencia de la comunidad y de todos sus miembros, era una economía de supervivencia.

En el segundo modo de producción, como primera forma de explotación, el esclavismo, el principal objetivo y ley económica fundamental era la satisfación de las necesidades parasitarias de los esclavistas de forma creciente, por medio de la explotación extraeconómica de los esclavos mediante la coacción física directa.

En el tercer modo de producción, el feudalismo, la ley económica fundamental era la creación del plusproducto mediante la coacción para el trabajo y la explotación extraeconómica en régimen de servidumbre de los campesinos dependientes, siendo apropiado este plusproducto por los señores feudales y la iglesia en forma de renta del suelo, en dinero o especie.

En el cuarto modo de producción, el capitalista, la ley económica fundamental es la creación y acumulación de plusvalía, que expresa las relaciones de explotación entre burguesía y proletariado de forma económica y directa. Bajo el capitalismo ya no hace falta la coerción extraeconómica, porque la dependencia del capital y el hambre se encargan de disciplinar al obrero, y la violencia sólo se usa excepcionalmente.

En el socialismo como fase inferior del modo de producción comunista, la ley económica fundamental, que no se basa ya en la explotación de clases, consiste en asegurar la máxima y creciente satisfacción de las necesidades materiales y culturales de los trabajadores, mediante el desarrollo y el perfeccionamiento ininterrumpido de las fuerzas productivas y la producción, dando ocupación a todos los miembros de la sociedad. Del ingreso creado por el trabajo se destina una parte a un fondo de consumo, otra parte a un fondo de inversión a asegurar el crecimiento económico. Esta división entre trabajo necesario (fondo de consumo) y plustrabajo (fondo de inversión) la deciden los productores mismos, al contrario del sistema capitalista donde la división de salarios y ganancias depende de la correlación de fuerzas entre obreros y capitalistas. Las decisiones de inversión (qué producir, cómo y con qué técnica) en el socialismo la toman los propios productores mientras que en el capitalismo son los capitalistas.

La tendencia histórica de la acumulación socialista es edificar la sociedad sin clases y las relaciones de producción comunistas, donde se supera el estado de necesidad y se consuma la libertad de rango universal.

Esto último está muy bien, pero para completar el camino es inevitable atravesar los zarzales de la lucha de clases, que de forma característica para la implantación y desarrollo del modo de producción comunista en su fase inferior, éste no puede desarrollarse de forma espontánea en las formaciones sociales capitalistas, como el capitalismo pudo desarrollarse bajo las relaciones feudales. La etapa de transición a la sociedad comunista conlleva sus propias leyes distintas en la naturaleza y el desarrollo con respecto al capitalismo.

Por eso, para comprender con rigor científico en el contexto de la lucha de clases (capitalismo/socialismo) hay que partir de las leyes propias de la economía política que rigen durante la transición del capitalismo al socialismo y su construcción. Para ello utilizaremos el ejemplo concreto de la Unión Soviética.

ESQUEMA:

Transición al socialismo en la URSS:

No correspondencia de las relaciones de producción y el desarrollo de las fuerzas productivas.

  1. Primer período. Convivencia de diferentes modos de producción. Política económica de toma de posesión de los medios de producción principales y capitalismo de Estado (1.921-28), coexistencia con la producción mercantil capitalista.
  2. Segundo período. Convivencia de las relaciones de producción socialistas y la economía mercantil no capitalista, regulación de la ley del valor sometida al plan social (1.929-…).

Socialismo:

Correspondencia relaciones de producción/fuerzas productivas (1.936-…)

Todo el periodo: Dominio paulatino del plan social sobre la producción y el consumo, previsión exacta del cálculo de los diferentes tiempos de trabajo. Normas burguesas de distribución. Superación de la economía mercantil no capitalista: ley del valor y sus formas (mercancía, dinero, retribución salarial).

Comunismo:

Extinción del Estado. Normas comunistas de distribución (capacidad = necesidad). Dominio absoluto sobre las fuerzas productivas. Superación división del trabajo manual/intelectual.

El socialismo como fase inferior de la sociedad comunista se desarrolla sobre la producción y circulación mercantil no capitalista hacia una producción y circulación no mercantil desapareciendo la ley del valor y el valor en todas sus formas. Es necesario, habiendo visto los procesos de contrarrevolución en el socialismo de Europa dejar claro que la existencia de relaciones mercantiles bajo el socialismo entraña una contratendencia hacia el resurgir de las relaciones de explotación. Mientras la ley del valor perviva, donde la fuerza de trabajo sigue siendo una mercancía sujeta al salario, el peligro de restauración pervive. Para evitarlo, la planificación socialista, que permite la propiedad colectiva de los medios de producción, debe tender convertirse en una organización no mercantil de la producción.

Debemos ententer por las experiencias habidas que no es posible acceder de forma automática al socialismo, suprimiendo el funcionamiento de la ley del valor y la economía mercantil de golpe, tal y como el Che en “la planificación socialista, su significado”, planteara en su debate con Bettelheim. Las condiciones político-ideológicas que permiten la disolución del modo de producción capitalista (revolución social) aunque imprescindibles, no son suficientes para la consolidación definitiva del nuevo modo de producción comunista.

El período de transición es un proceso que comienza con el desplazamiento de la burguesía del poder político por el proletariado como antesala de la construcción del socialismo, la nacionalización de los principales medios de producción para privar a la burguesía y latifundistas de sus más poderosas palancas económicas y la socialización de las fuerzas productivas por las ramas prioritarias (banca, industrias básicas, transportes, energía, etc) impulsada por unas relaciones de producción socialistas en tales sectores (trabajo asociado sin la explotación de los trabajadores).

La llegada al poder de un gobierno revolucionario ya de por sí provoca el colapso económico y el boicot de los capitalistas, como se vió en los inicios del poder soviético. A partir de ahí, o se emprenden con la máxima rapidez el proceso de socialización con la nacionalización de los medios de producción principales y la creación de un sector socialista de economía nacional, y el sometimiento de todo el aparato de control y cálculo que el capitalismo ha logrado construir, o el capitalismo se restaura.

Han existido dos tipos de transición al socialismo. Las economías capitalistas que evolucionan hacia el socialismo (URSS, RDA, Checoslovaquia, etc.) y las economías que sufren la dominación colonial y neocolonial (Vietnam, China, Cuba, etc.). En este último tipo aunque el modo de producción capitalista no se ha desarrollado, se puede dar el periodo de transición por las contradicciones internas e internacionales que les permiten ahorrarse el desarrollo del modo de producción capitalista y pasar directamente a la construcción del socialismo.

No obstante, la reconstrucción del capitalismo en el este de Europa, ha supuesto sin dudas un empeoramiento de la coyuntura internacional, y mayores dificultades para la transición en tales países de la periferia. Tanto es así que en , China, Vietnam y Cuba por ej., la vuelta del mercado y las inversiones extranjeras, no puede dejar de verse como un retroceso impuesto por la lucha de clases, similar al de la NEP en la Rusia de 1.921, donde Cuba está aislada y sin perspectivas inmediatas de una revolución internacional de carácter socialista.

En tal sentido, es un profundo error, pensar que un país de la periferia pueda plantearse llegar al comunismo confiando en el desarrollo de sus propias fuerzas productivas (posición de los comunistas albaneses y chinos a partir de la década de los 60) y más si tenemos en cuenta de que para acceder a la fase superior de la sociedad comunista con la extinción del Estado y la supresión del ejército permanente, serán posibles cuando a nivel internacional se haya abierto un periodo de transición al socialismo en las naciones imperialistas, donde el capitalismo está más desarrollado y es más agresivo. Además de que también es necesario un aumento importante de la fuerza productiva, lo que exige recursos de alta tecnología que las sociedades periféricas no tienen.

Sabemos que en la transición del feudalismo al capitalismo, en el propio desarrollo de las relaciones de producción capitalistas se da una no correspondencia entre la apropiación real y la apropiación formal, ya que en la manufactura aunque se separa al trabajador de la propiedad de los medios de producción, todavía existe un control de este con el medio de trabajo. La gran industria rompería esa unidad del trabajador y el medio de producción, dando la aparición de una correspondencia entre la apropiación formal (jurídica) y la apropiación real por el capital del propio proceso de trabajo. En la transición al socialismo también se da esta paradoja. Si bien existe una propiedad social de carácter formal de los medios de producción principales, la apropiación real corresponde todavía a las unidades de producción, dado el insuficiente grado de socialización de todos los procesos y todas las ramas por el conjunto de la sociedad. De lo que resulta la no-correspondencia de las relaciones de producción incipientes y dominantes con unas fuerzas productivas insuficientemente socializadas para suplantar la economía mercantil por la contabilidad del trabajo desde un centro planificador plenamente eficaz en las previsiones de la producción y el consumo.

El recurso al capitalismo de Estado (NEP), el que tuvieran que transcurrir 12 años desde la toma del poder hasta el primer plan quinquenal, y la fuerte centralización administrativa durante los primeros planes, respondían a esa no-correspondencia de las fuerzas productivas a las relaciones de producción dominantes, a que no se había entrado desde el principio en una sociedad socialista desarrollada, ya que sin un grado importante de socialización de las fuerzas productivas no se pueden establecer las relaciones socialistas de producción (por ej. en el sector primario).

En la coyuntura inmediata a la toma del poder, algunos bolcheviques (Bujarin, Peobrazhenski) sostenían que en la URSS no había ya lugar para la economía política, sino para la administración de las cosas (176). Este planteamiento ignoraba que en el período de transición con el insuficiente grado de integración y socialización de las fuerzas productivas no existe el reparto de los productos sino la circulación de las mercancías, un sistema de contabilidad en precios, el cálculo monetario y los salarios diferenciados, categorías mercantiles que evidentemente no dejarían de influenciar en la superestructura ideológica de la sociedad. En este caso se ignoraba la primacía de lo político sobre lo económico en la estrategia de la construcción del socialismo.

Más adelante Bujarin se iría al otro extremo al afirmar que durante la transición la ley del valor pasaba a ser el regulador principal de la economía socialista y no la planificación social (177). Ignorando en este caso la ley de la correspondencia de las relaciones de producción y las fuerzas productivas, ya que estas últimas deben estar supeditadas a las relaciones de producción socialistas tanto durante el período de construcción como del desarrollo del socialismo y que por tanto éstas no son absorbidas por las fuerzas productivas en ninguno de los dos casos.

Históricamente el carácter cada vez más social de un proceso productivo va ligado a dos tipos de evolución, al origen cada vez más social de los medios de producción utilizados, y al destino cada vez más social de los productos (al margen del carácter de su apropiación). Esa socialización del trabajo constituye la base objetiva de la planificación socialista y hace posible la creciente interdependencia entre los diferentes procesos productivos, la concentración, centralización y simplificación de los procesos, donde cada rama productiva trabaja directa o indirectamente para un número creciente de otras ramas, lo que posibilita un dominio social creciente sobre la producción.

Cuando la socialización de las fuerzas productivas es débil, como en las explotaciones campesinas no mecanizadas o en la producción artesanal, el paso a formas sociales de propiedad (cooperativas de producción campesina y artesanal) no corresponden a ninguna necesidad económica objetiva, sino se llevan los cambios técnicos (mecanización de la agricultura e industrialización de las actividades artesanales), ya que ello supone un retroceso en la eficiencia inmediata de la utilización de los medios de producción disponibles. La NEP y el capitalismo de Estado en su momento correspondieron a esta realidad. La acumulación socialista originaria en la URSS, debía formarse con la creación de un excedente fuera del sector socialista (impuestos a la producción mercantil campesina). Excedente suficiente para invertir en el desarrollo prioritario de la industria pesada, de ahí que se mantuviera la producción de carácter privado en el campo durante 11 años.

No obstante, puede ser necesaria la nacionalización de tales medios de producción para consolidar las bases sociales que garantizan la supervivencia del Estado socialista, como sucedió con la colectivización en la URSS, donde las exigencias políticas se colocaron por delante de las económicas, ya que la consolidación del Estado socialista era la única garantía para posteriores realizaciones económicas. Precisamente el paso a la propiedad social sentó las bases sociales y el marco más adecuado para la introducción de la mecanización de la producción agraria, y el progreso de las fuerzas productivas en el sentido socialista. Y también la aplicación de los primeros planes quinquenales, hubieran sido imposibles sin el paso a formas de propiedad social, que garantizasen la rápida introducción de técnicas y medios de trabajo nuevos, el pleno empleo de la fuerza de trabajo existente y la movilización de un fondo de acumulación para garantizar el pleno desarrollo de la economía socialista.

Es en ese sentido que la organización del sector socialista en la URSS fue concebida con vistas a enfrentarse a coyunturas de lucha de clases, para resolver  situaciones extremas (comunismo de guerra, elaboración de planes quinquenales en previsión del auge del fascismo, y reconstrucción después de la guerra mundial). La prioridad absoluta de la industria pesada en estos períodos no era un capricho personal o del destino, sino de naturaleza de supervivencia del Estado socialista, que además tiraba por tierra la ley del valor al priorizar el aumento y mejora contínua de los medios de producción, ya que la industria ligera es más rentable a corto plazo. Pero para garantizar la exitosa construcción del socialismo no se debe considerar sólo la eficacia económica inmediata, pues en el marco de la lucha de clases tal como pensaba Lenin la política no puede dejar de tener la primacía sobre la economía.

Uno de los elementos que condicionan el inicio de la sociedad comunista que surge de la sociedad capitalista, es que la producción mercantil no puede cesar de inmediato ya que la toma de posesión de los medios de producción no ha adquirido un carácter plenamente social, sino formal, donde la clase obrera no controla ni dispone globalmente de todos los medios de producción, para poder planificar con exactitud las necesidades de la sociedad sin necesidad de recurrir a la contabilidad mercantil. En ese contexto no existía todavía una capacidad ni en el Estado soviético, ni en los organismos de planificación central, que permitiesen la medida exacta a priori del tiempo de trabajo socialmente necesario, capaz de disponer de todos los productos y de regular la producción con arreglo a las necesidades de la sociedad, debido a la existencia de diferentes tipos de propiedad y al insuficiente desarrollo de las fuerzas productivas, donde las empresas todavía no son una célula de la división técnica del trabajo, ya que conservan su autonomía en la disposición de los medios de producción, y aunque subordinadas a la planificación central, mantienen un derecho de disposición y control del cual carece el Estado o cualquier centro planificador. Lo que temporalmente puede llegar a obstaculizar la consecución de los intereses sociales generales.

En el primer período de la transición, el Estado socialista de la URSS no toma posesión de todos los medios de producción. La economía mercantil se mantiene por los diferentes tipos de propiedad de la producción (estatal, cooperativa e individual). Los koljosianos se separan de sus productos a través de intercambios, en forma de mercancías. Hay que añadir además que la producción privada de los artesanos individuales y koljosianos en sus parcelas individuales, constituyen otra razón de la existencia de la producción mercantil no capitalista.

Otra de las razones de la existencia de la economía mercantil, es la de su mantenimiento en el sector estatal, las compras y ventas, precios, operaciones monetarias, en particular porque los productos de consumo no se distribuyen a cambio de bonos, como lo preveía Marx en la Crítica del programa de Gotha, sino que se venden a cambio de moneda, con lo que la principal categoría de productos que se transforman en mercancías son los productos destinados al consumo personal. Aspecto que ya destacara Stalin en Problemas económicos del socialismo en la URSS.

       En teoría la producción mercantil bajo el socialismo es una producción sin propiedad privada, no capitalista. Los medios de producción no pueden convertirse en capital, puesto que pertenecen a la sociedad. La tierra deja de ser mercancía. Los trabajadores poseen en común los medios de producción y no pueden venderse la fuerza de trabajo (aunque tras las reformas comenzaron a ponerse a la venta también los medios de producción agrícolas e industriales). Todo lo demás, los medios de producción y artículos de consumo personal producidos por las empresas estatales, los productos y materias primas agrícolas procedentes del sector cooperativo, son productos que tienen su tiempo de trabajo socialmente materializado en ellos. Si bajo el capitalismo la ley del valor sirve para regular la distribución del trabajo y los medios de producción, bajo el socialismo, donde en teoría no existe el intercambio del mercado ni la competencia, esta función del valor desaparece puesto que la distribución del trabajo y los medios de producción se rige por la ley del desarrollo planificado proporcional de la economía, la ley del valor sólo actua para medir los gastos de trabajo, o como decía Marx en Teorías de la plusvalía, el tiempo de trabajo, queda como esencia creadora de la riqueza y medida de los gastos de producción, desapareciendo el valor de cambio y prevaleciendo el valor de uso de los productos.

Por tanto, se debe apreciar que el contenido de las categorías mercantiles no es el mismo que en el capitalismo, pues no existe la acumulación de plusvalía, el dinero deja de transformarse en capital, y la planificación económica debe ir encaminada hacia la desaparición de las categorías mercantiles en una etapa posterior, donde la ley del valor será sustituida por el inventario de las necesidades sociales y el cálculo del gasto del tiempo de trabajo.

Ello es posible a través de la plena posesión social de los medios de producción, y la socialización extrema de las fuerzas productivas. Aquí hay que indicar que tanto Marx como Engels, ya advertían que bajo el capitalismo más desarrollado se dan estas condiciones en las sociedades por acciones y las empresas estatales, donde la propiedad privada es liquidada al convertirse en propiedad capitalista separando la función de dirección de la propiedad privada del capital, ya que la tendencia de la socialización de las fuerzas productivas es ascendente, siendo las relaciones capitalistas que someten la producción a la creación de la plusvalía las que impiden la desaparición de las categorías mercantiles y el desarrollo de la planificación socialista de la economía. Ello nos indica que en los países donde el capitalismo está más desarrollado, donde sectores enteros de la economía se hayan concentrados en pocas empresas, la socialización ofrecerá menos dificultades y el proceso de transición será más corto.

En definitiva, la socialización de las fuerzas productivas en la transición al socialismo, no se confunde con la nacionalización como acto jurídico que automáticamente convierte la propiedad capitalista en social, implica además una capacidad social de contabilidad de los medios de producción, el trabajo y los productos. Lenin lo indicaba:

“…hemos nacionalizado, confiscado, destrozado y demolido más de lo que hemos conseguido contabilizar. Ahora bien, la socialización difiere de la simple confiscación en el hecho de que se puede confiscar simplemente con decisión, pero sin ser competente en materia de inventario y de reparto racional de lo que ha sido confiscado, mientras que no se puede socializar si falta tal competencia” (178),

concluyendo que la labor de la contabilidad de la producción y de la distribución se había rezagado de la labor de expropiación directa de los terratenientes y capitalistas.

Lenin ya situó que cada fábrica y aldea era una comuna de producción y consumo con derecho de resolver a su manera el problema de la contabilidad de la producción y la distribución de los productos de forma pública y con arreglo a las leyes soviéticas generales (179). Y consideraba la tarea de la organización nueva y superior de la producción y de la distribución como el contenido principal y la condición principal de la victoria completa de la revolución socialista iniciada en octubre de 1.917 (180). El centro de gravedad de la lucha contra la burguesía se había desplazado al terreno de la contabilidad y el control de la producción y el consumo, al terreno de la socialización de las fuerzas productivas:

“sólo así puede prepararse la feliz culminación de la lucha contra la burguesía, es decir, el afianzamiento total del socialismo” (181).

En tal sentido, la lucha por la socialización de las fuerzas productivas, de la victoria del plan social sobre el mercado, es una expresión de la lucha de clases, ya que exigen

“el más riguroso control por parte de la sociedad y por parte del Estado sobre la medida del trabajo y la medida del consumo” (182).

La mayor socialización de las fuerzas productivas también significa la mayor experiencia, calificación y capacidades organizativas de la fuerza de trabajo como fuerza productiva máxima. Por ello Lenin exigía que los revolucionarios estuviesen dotados también de otras cualidades técnicas y organizativas para la construcción del socialismo. Por lo que para que exista la socialización en las empresas estatales, es necesario que la clase obrera desde la planificación tenga capacidad efectiva y eficaz para apropiarse y disponer de los medios de producción y los productos de forma efectiva. A partir de esa efectiva toma de posesión social, de dominación real sobre los medios de producción, la sociedad podrá repartir el trabajo con conocimiento y previsión exactos, sin las categorías mercantiles, superando la contradicción entre apropiación en su forma jurídica y la apropiación en su forma real (disposición efectiva de medios de producción y los productos).

A pesar de los logros alcanzados en la URSS, en los años 50/60 en la previsión social y la socialización de las fuerzas productivas, todavía no garantizaba la eliminación de las categorías mercantiles y la convivencia de entidades económicas distintas en el sector estatal de la economía socialista, donde la disposición de los medios de producción la determinaban más los colectivos de trabajadores/as particulares y/o directores de fábrica que el Estado socialista o la planificación central. Esta tendencia se profundizaría a raíz de las reformas económicas teorizadas y decretadas en los años 50/60, las cuales fueron en realidad una marcha atrás hacia la completa socialización de los medios de producción, ya que cabía la posibilidad de desarrollarse la contradicción entre el contenido social de la propiedad y el poder de disposición de la empresa particular, a través del director o grupo de obreros. De ahí la importancia del papel de dirección política y la lucha ideológica por imbuir en los productores que los intereses sociales son prioritarios por encima de los intereses de grupo o empresa.

El funcionamiento de las empresas estaba jurídicamente fundamentada en el reparto de las técnicas y el cumplimiento de los objetivos de producción eran establecidos por cada equipo de trabajo dentro de una unidad de producción, después de discutirlos en común, inspirándose siempre en el plan económico. En este marco se relacionaban dos elementos: la autodisciplina de los grupos de trabajo y el control social externo (cantidad, calidad y coste de la producción). A nivel general las empresas soviéticas estaban dotadas de una estructura de objetivos-banda mínimo/máximo de carácter obligatorio en producción (en cantidad), destino inversiones (equipos nuevos, reparaciones), principales modificaciones técnicas (máquinas y procesos nuevos), normas técnicas (materiales, energía y reducción consumo productos intermedios), número de productores y salarios a pagar, precio unitario de productos, precio de venta y beneficio mínimo (183).

En la práctica, el fallo de este sistema era el carácter excesivamente cuantitativo de los objetivos, la excesiva independencia de las empresas y el exclusivo incentivo material (primas) bajo el principio de la rentabilidad y ganancia de empresa, que llegaron a descuidar los aspectos cualitativos de la producción y de incentivo social en el trabajo (argumentado ya por Lenin), incrementándose de forma artificial la productividad del trabajo, desarrollando una tendencia, en base al cumplimiento de los objetivos cuantitativos, a producir lo que sea más rentable a nivel de empresa aún cuando socialmente sea innecesario, entrando en colisión con las necesidades globales y potenciando la nula calidad de los productos circulantes entre las empresas entorpeciendo el ciclo productivo.

La reforma además desvinculaba la formación de la conciencia comunista de la creación de la base económica, donde la autogestión desarrollaría una jerarquía de valores no socialistas.

Con estas reformas el proceso de apropiación no llegó nunca a ser un proceso único dominado por toda la sociedad, sino que se convirtió en un proceso fragmentado y multiforme, no se logró la existencia una cantidad importante de ramas de la economía para llevar a cabo un cálculo económico eficaz a nivel social relativamente alto (electricidad, ferrocarriles, etc.), que debilitara y mandara al museo de la prehistoria a las categorías mercantiles (precios, dinero, mercancías).

Los medios electrónicos e informáticos podían haber llegado a ser el instrumento que permitiese la introducción generalizada de la contabilidad social del trabajo y la producción en base a una gestión centralizada (centralismo democrático), pasando del mecanismo de los precios para garantizar la correcta satisfacción de las diferentes necesidades sociales, transformando los procesos productivos en un proceso único cooperativo al margen del mercado, donde la previsión social del plan fuese cada vez más exacta y rigurosa.

Llegados a este punto de previsión social exacta, el tiempo de trabajo efectivo aplicado para la producción coindicirá con el tiempo socialmente necesario para satisfacer las necesidades sociales, donde la sociedad sabrá que cantidad de trabajo se necesita para producir cada bien de uso sin necesidad de recurrir a la ley del valor, pero ello supone una socialización y desarrollo tal de las fuerzas productivas que permita el dominio desde la planificación social, a la que se le subordinan técnicamente, el resto de unidades económicas. Lenin ya expresaba esta tendencia:

“…la transformación de todos los ciudadanos en trabajadores y empleados de un gran consorcio único, a saber, de todo el Estado, y la subordinación de todo este consorcio a un Estado realmente democrático, al Estado de los soviets de diputados obreros y soldados” (184).

Esas condiciones objetivas de socialización creciente se desenvuelven a través de la cooperación orgánica integrada de todas las empresas de una rama o varias (por ej. la siderurgia integrada en las actividades mineras, químicas, automóviles, etc, o los combinados agroindustriales, etc.), integración que se da a priori a través de categorías mercantiles (contratos de compraventa planificados entre empresas, contratos de trabajo, contratos de crédito, etc. –(185)- combinándose categorías del plan y del mercado, a través de una planificación de precios favorable al sector socialista). Integración en la que pierden carácter de sujetos económicos cada vez más empresas o unidades de producción y se transforman en “simples departamentos técnicos de los sujetos económicos complejos” (186), del gran consorcio único previsto por Lenin.

¿Cómo interviene el sujeto económico único para el control de la contabilidad social del trabajo y la producción?. Desde el dominio preciso de las fuerzas productivas tomadas a nivel de todas las ramas consideradas y los grandes complejos económicos como conjuntos técnicos, supeditados al plan social, el cual podrá llegar a ser la determinación de las necesidades corrientes de los consumidores, de las colectividades y de los complejos económicos productivos (187). La socialización de las fuerzas productivas alcanza su lucidez cuando el número de sujetos económicos es muy reducido y su actividad pueda someterse a un dominio social real, en el que los productores en general pueden utilizar el conjunto de las fuerzas productivas con perfecto conocimiento y con vistas a la satisfacción de todas las necesidades. Ya vemos en el capitalismo, cómo el monopolio de la producción social sobre un producto reduce la función del mercado en cuanto a la competencia, lo que permite la planificación de los beneficios en el marco de la producción capitalista, pero que sólo en el marco de una producción socialista permite la supresión del mercado y la ley del valor. Como vemos, todo lo contrario de lo que pensaban y planearon los revisionistas de la reforma económica que defendían la vuelta a la “libre competencia”.

El perfeccionamiento tecnológico y organizativo de los procesos productivos y los instrumentos de gestión electrónicos alcanzados en nuestros días (informática, técnicas de comunicación) dan la base material para el dominio pleno de las fuerzas productivas por los productores y la determinación de las necesidades por el plan social, en mejores condiciones que nunca. Ello nos indica lo que Marx argumentaba, que se prepara un nuevo orden social en el seno del capitalismo, donde ya existen condiciones maduras (sociedades por acciones, monopolios, Transnacionales, aparato socializado de transportes, banca, correos, comercio…), pero que la existencia de las relaciones de propiedad capitalista son un obstáculo para el nacimiento del sujeto económico único que sustituya la economía mercantil y el mercado por la contabilidad y la planificación social.

También Lenin nos indica que el desarrollo del capitalismo crea las premisas para que todos puedan realmente intervenir en la gobernación del Estado y la economía para el control de la producción y el cómputo del trabajo y los productos, que es lo que hace falta para “poner a punto” la  primera fase de la sociedad comunista (188).

Pero por el contrario, en la construcción del socialismo en la URSS, la insuficiente socialización de las fuerzas productivas por la existencia no sólo de diferentes formas de propiedad (estatal, cooperativa, privada), sino también como efecto del grado insuficiente de socialización dentro del propio sector socialista estatal y cooperativo, daba lugar diferentes niveles de disposición de los medios de producción y los productos por el conjunto de la sociedad, donde las empresas tenían una mayor disposición de uso que el Estado, aunque este no reconociese este derecho mas que en la medida en que fuera encauzado hacia la realización del plan, asumiendo la autonomía relativa de las empresas, siempre que contribuyese a una mayor eficacia en el cumplimiento del plan social.

Si el plan puede prever con exactitud las cantidades de productos para cada unidad de producción y para la población, en esas condiciones los productos serían objeto de órdenes técnicas de distribución social sin necesidad de compras, ventas, ni dinero. Pero si el plan todavía no es capaz de lograr una previsión social en el que la cantidad del trabajo social utilizado en la producción de los productos corresponda a la utilidad social de los mismos, ello es porque el grado de socialización de las fuerzas productivas no lo permite todavía y que la desproporción, sobreproducción/escasez, puede darse en cualquier momento en el que el plan no sea capaz de someter al mercado y a las categorías mercantiles que todavía existen, de forma eficaz a través de:

  • una política correcta de precios y necesidades poniendo límites al funcionamiento de la economía mercantil favoreciendo al sector socialista,
  • la determinación correcta de los fondos de acumulación y de consumo,

ya que tanto los precios como los fondos no están determinados por el mercado sino por la voluntad social y los objetivos políticos de la construcción del socialismo, por su planificación al margen del mercado y sin la ley del valor, y donde el papel del sistema de precios en las formaciones sociales de transición del capitalismo al socialismo no es la de asegurar la descentralización de la economía, siguiendo la tesis autogestionaria de Proudhon (pues ello supondría el desarrollo de los precios de mercado, tal y como defendían los teóricos del “socialismo de mercado”), sino garantizar por un lado a nivel de empresas, ramos y combinados los cálculos económicos en el marco de la planificación y no en el marco de la espontaneidad del mercado. Por ej. en la URSS la estabilidad de los precios de los principales artículos de consumo y culturales se mantuvieron invariables durante décadas –electricidad, transporte suburbano, pan, huevos, patatas. leche, carne, libros… (189). Y es que el sistema de precios debe garantizar los cálculos estratégicos, ya que los problemas fundamentales de las formaciones sociales de transición deben solventarse a nivel de dirección política y planificación económica central, pero no con la ayuda de un cálculo económico monetario sino un cálculo directo que asegure la satisfacción de las necesidades sociales.

La desaparición de esta dualidad (cálculo monetario/ cálculo tiempo de trabajo) requiere la desaparición del cálculo de precios y la extensión del cálculo no mercantil a todos los niveles de la economía socialista, para cuya premisa es necesaria un grado suficiente de socialización de las fuerzas productivas en correspondencia con las relaciones de producción socialistas. La ley del valor que implica regulación a posteriori y por tanteos en el mercado, es dominada y sustituida por la planificación social que a priori regula y dirige conscientemente la economía, desapareciendo el fetichismo, donde la planificación puede privilegiar el desarrollo de determinadas ramas productivas y productos en función de las necesidades sociales, violando la ley del valor y manteniendo el equilibrio global de la economía socialista.

       Para Bettelheim la planificación de carácter administrativa inicialmente constituida, efecto de las relaciones de producción socialistas dominantes (asociación de productores) y las necesidades del crecimiento extensivo de la economía, es un paso transitorio, donde la planificación todavía no domina directamente las fuerzas productivas, y que asume técnicamente su dirección social en nombre del poder político al que está subordinado (190). El plan es aquí el esfuerzo inicial de la asociación de los productores bajo la forma de propiedad estatal y cooperativa de coordinar sus esfuerzos para dominar parcialmente los procesos a traves del plan al que se subordina el mercado. La socialización creciente de las fuerzas productivas permitirá la dominación social directa, conviertiendose el centro de planificación social en un verdadero sujeto económico, lo que traerá el debilitamiento y la desaparición de la producción mercantil, sustituyendo gradualmente la circulación de mercancías por el simple intercambio de productos, elevando las diferentes formas de propiedad social (estatal y cooperativa) a una única, transformando las relaciones entre los antiguos sujetos económicos en algo similar a las relaciones entre colectividades de trabajo dentro del seno de la planificación social, la cual reconoce y evalúa las necesidades sociales en proporción a su satisfacción. Ya que cualquier modelo de socialización de las fuerzas productivas que no tendiera a progresar el control de los productores sobre las condiciones de la producción y existencia, irreversiblemente creará las bases materiales para la restauración del capitalismo.

Por ello, solo es admisible un centralismo democrático, una planificación centralidada de carácter técnico-económica, diferente de la centralización administrativa de los primeros planes de la URSS, donde las informaciones, críticas y sugerencias circulen de arriba hacia abajo y en sentido inverso. El poder de decisión no estará atomizado, la economía funcionará como una unidad de apropiación, como un colectivo de trabajo único en el que los productores participan en la elaboración de los planes y en las sugerencias e iniciativas tanto a nivel de empresa como a nivel general, garantizándose el control de todas las unidades de producción por el conjunto de los productores y no solamente a los grupos restringidos de cada empresa consideradas por separado.

Como el socialismo es una economía donde teóricamente el fin de la producción no es el beneficio sino el consumo, el control social de la actividad productiva pasará a depender cada vez más al nivel del consumo, de la evaluación de las necesidades sociales. Es el sometimiento total y absoluto de las fuerzas productivas al dominio de la asociación de los productores, la supresión de la espontaneidad de la economía y el mercado. Por lo que la socialización de las fuerzas productivas es la condición para el pleno desarrollo económico y para la dirección democrática de este desarrollo por los productores, tal es el sentido de la socialización en la construcción del socialismo.

No obstante, Bettelheim ratifica los análisis de Stalin, quien no contempla lo argumentado por Marx sobre el reparto de los productos a través de los bonos de trabajo, como parte consustancial de la fase inferior de la sociedad comunista, sino de la fase superior. De esta manera ambos se confunde la desaparición del derecho burgués de distribución simultáneamente con la desaparición de las categorías mercantiles, posponiendolo a las puertas de la fase superior de la sociedad comunista. Pero al contrario, el socialismo tanto para Marx, Engels, y como en Lenin, no sólo supone la eliminación de la explotación social sino también debe suponer el dominio completo sobre la producción social, por ello no podemos deshechar las categorías generales establecidas por Marx en la Crítica del Programa del Gotha tal y como hace Bettelheim. Precisamente hasta que no se completa el socialismo la planificación socialista no será plenamente eficaz. Las experiencias de construcción del socialismo no indican la caducidad de tales categorías generales como sugiere Bettelheim (191), sino que la práctica lo que nos indica es que la transición al socialismo requiere de una etapa histórica más prolongada determinada por la lucha de clases, durante la cual las categorías mercantiles persisten, sometidas a la planificación socialista, y utilizadas como un instrumento de cálculo económico no directo, pero donde también son superadas en el socialismo, fase inferior de la sociedad comunista. El cese de la producción mercantil no acompaña sino que antecede a la desaparición del Estado.

Solius definía el significado en última instancia de la fase inferior de la sociedad comunista de la siguiente manera:

1°) liquidación de la propiedad capitalista y transformación de la pequeña producción mercantil, constituyéndose la propiedad socialista bajo dos formas: estatal y cooperativa;

2°) creación de relaciones de producción socialistas que suponen la supresión de la explotación del proletariado;

3°) organización de la distribución con arreglo al principio a igual cantidad de trabajo igual cantidad de productos;

4°) supresión de la anarquía y la competencia y paso a la planificación social de la economía (192). Someter y superar la producción y circulación mercantil por la economía socialista.

Estando de acuerdo con Solius, es en el punto 4° donde la URSS y los países socialistas del este de Europa más desarrollados no dieron el paso definitivo con el debilitamiento y liquidación de la economía mercantil y el dominio absoluto del plan social. Al contrario de las reformas económicas que reforzaron la economía mercantil.

Y ello sin dejar de tener claro que la tarea de la transformación socialista de la sociedad consiste básicamente en establecer relaciones de producción basadas en la propiedad y gestión públicas de las fuerzas productivas, en la iniciativa económica pública y en la satisfacción de las necesidades materiales y espirituales, individuales o colectivas de la población, aspecto que en su totalidad estaba cubierta en tales sociedades.

Pero, al final el mercado acabó por dislocar los tres primeros fundamentos de los cuatro que según Solius definen a la sociedad socialista plena, lo que no quiere decir otra cosa que el periodo de transición al socialismo plenamente construido no completó las tareas de su último período iniciado en 1.929-36 primeros planes quinquenales y la constitución socialista soviética.

Las reformas en los años 50 sí eran necesarias en el sentido de pasar al desarrollo intensivo de la economía, dado el retraso tecnológico de algunas ramas, pero no en el sentido que se hizo, de ampliar el campo de la acción de la ley del valor a través de un mayor control en manos de los gerentes de empresa, sino en el sentido de desarrollar unas fuerzas productivas adecuadas para dar a las relaciones sociales un carácter plenamente socialista. Es decir, una capacidad de previsión exacta de la producción y el consumo desde la planificación social centralizada.

No obstante, es inconsistente la tesis que mantiene que la restauración del modo de producción capitalista en la URSS ya había sido realizada en los años 50. Aparentemente, una empresa soviética de los años 50/60 no se diferencia de la Societé Générale de Bélgica o de la Fiat italiana. Los defensores de esta tesis se inventan un «capitalista colectivo» sin capitalistas individuales, una dirección estatal basada y mantenida sobre esas mismas bases.

Pero la diferencia, sin embargo, es esencial, mientras que la similitud es superficial y secundaria. Nunca se llegó a convertir el mercado (o como decían: los “contactos directos entre las unidades productivas”) en regulador general de la actividad económica ya que la economía mercantil existente no era capitalista. El comercio exterior siguió siendo monopolio del Estado. La fuerza de trabajo sólo se redujo marginalmente a la condición de mercancía. Olvidar todo esto y hablar de restauración del capitalismo ha llevado a una crítica que pone en primer plano la superestructura (la política y la ideología) y en segundo plano la estructura económica. Y a no entender que sin la demolición de la estructura económica socialista, sin el movimiento contrarrevolucionario posterior (1989-91), la restauración del capitalismo hubiera sido imposible.

Progresivamente las reformas sustituyeron, aunque sólo en cierta medida, el balance en bienes producidos a nivel de toda la sociedad, como criterio de evaluación y dirección del movimiento económico, por el balance comercial de las empresas; extendieron la esfera de acción de la economía mercantil y del dinero, por ejemplo, el traspaso de la propiedad de la maquinaria agrícola a los koljoses que contribuyó a retardar el desarrollo tecnológico del trabajo agrícola. Debido a esto la adopción de métodos productivos más avanzados pasó a depender del balance comercial de cada koljós. Abolieron la obligación general de trabajar y abrieron vías (legales e ilegales) al parasitismo y al enriquecimiento individual (precisamente, porque, al no poder convertirse en propiedad individual de las fuerzas productivas, actuaba solamente como instrumento de corrupción, lujo y despilfarro), y el mercado negro.

El debilitamiento de la economía planificada y el resurgir de una economía de mercado capitalista ha sido posible precisamente porque las formaciones sociales en transición entre el capitalismo y el socialismo no eran todavía economías socialistas plenas, sino economías en fase de construcción del socialismo (fase inferior de la sociedad comunista). Y como tales economías precisan el sometimiento de su desarrollo a la superestructura político-ideológica, la desaparición de la independencia de lo económico tal y como se expresa en la autorregulación de la ley del valor, y la dirección política de la lucha de clases. La tradición teórica economista que sólo ve el desarrollo social como efecto de las fuerzas productivas, y la transformación de la superestructura como efecto de la base económica, fue la que al final impuso en la URSS y el este de Europa no sólo una concepción errónea de la construcción del socialismo, sino que como consecuencia llegaría a considerar la reducción del esfuerzo de la planificación en provecho del mecanismo de mercado con el pretexto de un mejor funcionamiento de la economía y la competitividad con el capitalismo, relegando a segundo termino el papel dirigente de lo político-ideológico, y la propia socialización de las fuerzas productivas, entendida como centralismo democrático de la asociación de los productores en la construcción del socialismo y la planificación de las necesidades de todos los miembros de la sociedad.

 

4.5.8 ¿Rige la ley del valor en el Socialismo?

Tras plantear la economía política del socialismo esta pregunta debemos hacérnosla y desentrañar su respuesta recurriendo al análisis científico, recurriendo al marxismo-leninismo.

Marx en “El Capital” analizaba la ley del valor y el trabajo abstracto como una sociabilidad o socialización indirecta entre los productores que aparece en el cambio y no en la producción. Marx argumentaba en los “Grundise” y “El Capital” sobre que todas las formas de sociedad basadas en la producción mercantil y la circulación monetaria, regidas por la ley del valor, distorsionan y cosifican las relaciones sociales, elemento que debe ser superado dialécticamente en la etapa de transición a la sociedad comunista.

En el Modo de Producción Capitalista (MPC), productores-capitalistas independientes no planifican las necesidades sociales, sino las ganancias en función del mercado, estableciéndose entre ellos una relación excluyente (excepto en el monopolio de una rama o actividad) que impide una planificación global en la sociedad. Las consecuencias de ello son bien conocidas, sobreproducción, desperdicio de trabajo social global, por planificar ganancias en vez de planificar qué se necesita. Los productores-capitalistas se relacionan entre sí bajo la disciplina coactiva del mercado, donde la racionalidad de uno (beneficios) supone la irracionalidad del conjunto (sobreproducción y crisis).

Si en el MPC la relación de los productores se da a través de la mediación del valor, de las mercancías, no entre sí a priori, colocándose el intercambio como apariencia y la producción como la esencia, la alternativa a esta sociabilidad indirecta no está en la apariencia (el intercambio), en como se distribuye la riqueza social, sino en la esencia, en cómo se produce y bajo qué relaciones. Por tanto, la hegemonía universal que la ley del valor alcanza en el capitalismo, no sirve para la planificación socialista a priori en la producción que es el marco adecuado para la socialización directa entre los productores en la fase inferior de la sociedad comunista.

Sobre la comunidad de intereses en la producción Marx en bastantes ocasiones (Grundrisse, El Capital, Crítica del Programa de Gotha), señala que en el socialismo, como fase inferior de la sociedad comunista, el trabajo invertido no se presenta como valor de cambio, sino como valor de uso, por lo que todos los productos del trabajo adquieren un valor de uso para la satisfacción de las necesidades humanas, con lo que el trabajo individual se convierte en trabajo social (193), es decir, en la sociedad socialista no se cambian los productos ya que los trabajos particulares forman parte integrante del trabajo colectivo de forma directa, sin dar un rodeo. Para Marx en el socialismo, se suprime la mediación del valor de cambio y su expresión: el dinero, sin ello no es posible germinar la conciencia comunista, ya que sin la superación de las barreras místicas (valor y el dinero) no desaparece la ideología individualista heredada del régimen mercantil capitalista. En tal sentido para la fase inferior de la sociedad comunista cobra importancia la medida del tiempo del trabajo.

Y Engels situaba que la producción social y la distribución directa excluyen todo intercambio de mercancías y por tanto la transformación de productos en mercancías, que la sociedad socialista deberá saber qué cantidad de trabajo es necesaria para la producción de cada bien de uso, y elaborar el plan de acuerdo con las fuerzas productivas disponibles:

“los efectos útiles de los diversos bienes relacionados entre sí y con respecto a las cantidades de trabajo necesarias para su producción, serán los factores determinantes del plan. La gente arreglará sus cuentas muy simplemente, sin la intervención del famoso valor” (194).

Para Marx el sistema bancario y la forma de crédito del dinero tiene una doble función, por una parte es monopolio del capital y por otra como expresión particular del carácter social de la producción,el dinero bajo la forma de crédito es una fuerza que impulsa hacia el desarrollo de una forma superior de la producción pervive en el periodo de transición del régimen de produccion capitalista al sistema de trabajo asociado. Marx se desmarcaba aquí tanto de las ilusiones pequeño burguesas de Proudhon quien planteaba mantener la producción mercantil y el crédito gratuíto aboliendo el dinero y de todos aquellos que se dejaban llevar por la ilusión del “poder milagroso” del sistema del crédito en un sentido socialista y no capitalista, ignorando que el régimen del crédito es una de las formas del sistema capitalista (ley del valor) y que tan pronto como los medios de producción y el suelo dejan de convertirse en capital el crédito como tal carece de sentido (169).

En la URSS, a pesar de Marx y a pesar de haber pasado a la implantación por decreto de la propiedad colectiva de todos los medios de producción y aún habiéndose proclamado formalmente la llegada a la fase inferior de la sociedad comunista (el socialismo), los economistas soviéticos de los años 50 (Leontiev con su manual de economía política) sostenían que la ley del valor, cuya acción en el capitalismo es el trabajo abstracto medible como tiempo de trabajo socialmente necesario para la producción de una mercancía, subsiste en el socialismo, recuperando la última posición mantenida por Bujarin sobre la vigencia de la ley del valor en el socialismo.

Mientras Engels en el Anti-Duhring preveía que la conquista por la sociedad de los medios de producción, suprimiría la producción mercantil, Stalin en “Problemas económicos del socialismo en la URSS” añadiría la evasiva de que Engels allí no se refería a todos los medios de producción sino a una parte (195). No obstante, es evidente, que Engels hablaba de países de capitalismo avanzado como Alemania e Inglaterra y no de la realidad rusa con la existencia de un campesinado como fuerza social mayoritaria después de la revolución, y un precario grado de socialización de la industria, y de que por tanto los pasos a dar para mantener a los campesinos al lado de la revolución, impedían la destrucción inmediata de toda la producción mercantil.

La ley del valor que opera al margen de los productores con una racionalidad propia no es consustancial a la sociedad comunista ni siquiera en su fase inferior. Lo que si tiene validez teórica es que en el socialismo como fase inferior de la sociedad comunista se manifieste la acción de esta ley en la contabilidad social de los gastos de trabajo necesarios (algo admitido por Marx en El Capital -(196)-). Por ello y de forma correcta, se sostenía que la persistencia de la ley del valor bajo la economía socialista era debido a que no se estaba en condiciones de retribuir a los obreros según sus necesidades, sino según su trabajo (derecho burgués: a cada cual según su trabajo).

Por tanto, los elementos claves que niegan al capitalismo bajo el socialismo para Marx eran: la propiedad social de los medios de producción, la planificación y también la sustitución del dinero. El trabajo invertido ya no se mide a través del dinero como expresión de la ley del valor, sino de forma directa, mediante un bono que incorporaría la cantidad de horas de trabajo rendidas, descontando lo trabajado para el fondo social. Se extraería de los fondos de consumo la cantidad equivalente al trabajo realizado, tiempo de trabajo que se aminoraría mediante el crecimiento de la productividad social.

Por lo que el planteamiento de Stalin de la existencia de la ley del valor como tal al intercambio de mercancías de “consumo personal” (197), reconociendo que “los productos y mercancías que se producen y se realizan…como mercancías sometidas a la ley del valor” en la URSS (198), y no como lo planteara Marx (contabilidad del trabajo), hace suponer tal y como hemos argumentado, que la edificación socialista no estaba culminada en su último período iniciado a partir de 1.929, aún alcanzando los rasgos fundamentales que caracterizan a una economía socialista (propiedad social de los medios de producción y liquidación de las clases explotadoras).

En esa etapa de transición al socialismo el doble carácter del trabajo (concreto y abstracto) existe, a lo que la planificación económica socialista debe imponer paulatinamente el criterio de satisfacción de las necesidades sociales como trabajo concreto acorralando la función del trabajo abstracto como categoría histórica propia de la producción mercantil, la cual es efecto de la propiedad privada de los medios de producción. Dicha planificación económica debe prever un cálculo económico no monetario que permita determinar directamente el tiempo de trabajo socialmente necesario para las diferentes producciones. Por tanto, La dirección de la construcción socialista debe tender hacia la erradicación de las relaciones monetario-mercantiles con una política de integración de todo trabajo individual en el trabajo directamente social, superando dialécticamente la oposición entre el salario individual destinado al consumo privado y el salario social, extiguiendo el salario como tal.

Si seguimos a Marx, el socialismo como fase inferior de la sociedad comunista erradica el trabajo abstracto y la ley del valor, y el valor pervive como regulación del tiempo de trabajo y la distribución del trabajo social entre los diferentes grupos de producción, pero no como valor de cambio, ya que no subsiste la producción mercantil, sino la producción como valor de uso, como trabajo concreto. Para erradicar el trabajo abstracto, fundamento de la ley del valor, se requiere la propiedad colectiva de los medios de producción y la coordinación planificada de los productores al margen del mercado de forma centralizada y democrática, lo que exige un grado de socialización extrema y control de toda la economía hacia un mismo fin.

Pero hay más, ya que la contabilidad del tiempo de trabajo en el socialismo es realizada en función de su cantidad, tal y como lo entendía Marx, tanto en tiempo como en producción, en esfuerzo físico e intelectual. Tiempo que se mide como cantidad de trabajo (trabajo simple) y no en cuanto a la calificación del trabajo (trabajo complejo) ya que los gastos de especialización en el socialismo son socializados y dejan por tanto de ser privados. Aquí la práctica habitual de ofrecer un sueldo más alto para el trabajo cualificado y ejecutivo sólo puede entenderse como una medida temporal, pero nunca como una medida consustancial al socialismo.

En una sociedad basada en la propiedad común de los medios de producción, “los productores no intercambiarán sus productos”, tal sociedad no se ha desarrollado sobre sus propias bases, sino que surge del capitalismo, “condicionada aún en todos los aspectos –económico, espiritual- por la matriz de la vieja sociedad”. El productor en esa fase inferior de la sociedad comunista (socialismo) obtiene lo que aporta de trabajo: “cuantum de trabajo”, “tiempo de trabajo individual del productor”, como parte de “la jornada de trabajo social aportada por el”. El productor obtiene a cambio un certificado para una cantidad equivalente de bienes de consumo que “cuesta lo mismo que su trabajo” aportado. En estas condiciones nadie puede dar a la sociedad nada que no sea su trabajo socialmente necesario en equivalencia con otros, y “nada puede pasar a propiedad privada excepto los bienes individuales de consumo” (199).

El productor que física o intelectualmente sea más hábil que otros, aportará más y recibirá más en un mismo tiempo de trabajo, trabajo medido en función de su duración e intensidad, trabajo que no conoce diferencias de clase o categoría social, trabajo desigual en rendimientos y aptitudes de los diversos productores, trabajo que aplica todavía el derecho burgués de a igual cantidad de trabajo igual cantidad de bienes, a desigual cantidad de trabajo desigual cantidad de bienes. Trabajo que sólo en la fase superior de la sociedad comunista como efecto del amplio desarrollo de las fuerzas productivas, la superación definitiva de la división entre el trabajo manual e intelectual y la reeducación económica y cultural de la sociedad dejará de considerarse sólo un medio de vida y pasará a ser la primera necesidad social. Aspecto que Marx anticipara en la Crítica del programa Gotha, de que la gente se acostumbrará a observar las reglas de trabajo, siendo éste tan productivo, que trabajarán según su capacidad, dejando de ser éste una carga al convertirse en la primera necesidad de la vida (200).

No se entiende, por tanto, que la proclamación de la URSS como sistema de producción socialista desde los años 50 en adelante sea compatible con la regimentación de la ley del valor mas allá de la medida del tiempo de trabajo concreto, como valor de cambio, a no ser que todavía existiera un núcleo de economía mercantil, señalado además por Stalin en “Problemas económicos del socialismo en la URSS”, elementos que son más característicos de una formación social todavía en transición al socialismo, o mejor dicho, una sociedad socialista en construcción. A no ser también, que la planificación fuera realizada por los productores sólo formalmente. Y a no ser que el “derecho igual” como derecho todavía burgués de distribución, derecho proporcional a las aportaciones de trabajo no midiese el trabajo en una escala igual para todos los productores y actividades de la economía socialista, mayorando la retribución del trabajo complejo calificado, incluyendo también a la superestructura jurídico-política, o gastos de administración.

Los manuales de Economía Política del Socialismo de la Academia de Ciencias de la URSS acabarían por plantear de que la producción mercantil y el dinero desaparecerían en la fase superior de la sociedad comunista, y no en la inferior como planteara Marx, santificando teóricamente la vigencia de la ley del valor en la fase inferior de la sociedad comunista, acomodando la teoría a una realidad objetiva pendiente de cambio, cayendo en el pragmatismo teórico.

Y ello no quiere decir que la ley del valor en aquel entorno soviético, dominara a la planificación social durante décadas y que por tanto el desarrollo armónico y proporcional de la economía no hubiera sustituido ya a la ley de la concurrencia y la anarquía de la producción, pues de lo contrario hubiese sido imposible en los primeros planes quinquenales el desarrollo superior de la industria pesada sobre la ligera, la producción de medios de producción por delante de los bienes de consumo, el crecimiento económico acelerado hasta los años 70 superando el marco de las crisis capitalistas mundiales, y el mantenimiento de empresas tan poco rentables para la lógica de la ley del valor como regulador de la distribución del trabajo entre las ramas de la producción, pero muy necesarias para la economía (ampliación y mejora de bienes de equipo industrial). Pero tampoco quiere decir que cuando desaparezca la producción mercantil desaparecerá el valor en todas sus formas como plantea Stalin (201), ya que seguirá actuando en la fase inferior de la sociedad comunista sin producción mercantil, en su forma de contabilidad del tiempo de trabajo, en tanto no se supere el derecho burgués de distribución de artículos de consumo: satisfacción de las necesidades según la cantidad de trabajo.

El error de Stalin descansaba en su confusión de la circulación mercantil con el derecho burgués de distribución, ya que éste en el socialismo se puede establecer sin necesidad del dinero. La ley del valor en su última forma desaparecerá en la fase superior de la sociedad comunista con la desaparición del derecho burgués de distribución, con la máxima de a cada cual según sus necesidades. Pero en la fase inferior desaparece como valor de cambio (mercado) y sólo se mantiene como contabilidad del tiempo de trabajo concreto. Algo que Stalin posponía para la fase superior de la sociedad comunista.

En tal sentido, en una economía de transición, donde por una parte, la sociedad toma a través del Estado socialista en sus manos, la industria, los bancos, los medios de transporte y los principales centros de distribución, se puede considerar que los bienes de producción producidos en las empresas socializadas pierden su cualidad de mercancías y sólo son valores de uso, puesto que su producción global y su reparto exacto, vienen fijados de antemano por el plan, y si estos son intercambiados entre empresas del Estado, se trata no de leyes ciegas de mercado, sino de operaciones de contabilidad y de ejecución del plan de la economía en general y de cada unidad económica. Otra cosa son, el intercambio entre la propiedad estatal industrial y agraria y las cooperativas koljosianas, y el propio intercambio de los bienes de producción destinados al mercado koljosiano, donde los bienes de consumo no consumidos por sus productores, y los bienes de consumo industriales y artesanales no retenidos por el Estado, mantienen su cualidad de mercancías y dependen de la ley del valor ya que su reparto entre los consumidores, se efectúa según las leyes del mercado (aspecto analizado por Stalin en “Problemas económicos del socialismo en la URSS”), por el hecho de que de las dos formas de producción la estatal y la koljosiana, ésta última aunque la tierra (que no se puede comprar, arrendar ni hipotecar) y las máquinas sean propiedad del Estado (estaciones de máquinas y herramientas), el koljós dispone de la producción como propiedad suya, para el comercio mercantil tanto entre ellos como con el Estado, “es una producción mercantil sin capitalistas“, ya que el excedente es propiedad del koljós (202). El koljós sólo disponía en propiedad, las haciendas, casas, la producción y los excedentes para la circulación mercantil. Por eso mismo de ahí a proclamar como lo hiciera Stalin, que la construcción del socialismo es completa mientras la ley del valor rige en su forma cambiaria para una parte de la sociedad y el consumo, es algo que se adentraba en el pragmatismo teórico.

Ello no significa, al margen de cierto pragmatismo teórico, que Stalin no tuviera una posición frontal contra el liberalismo económico sobre la economía política en el socialismo. Por ejemplo, en oposición a Sánina y Venzher, Stalin era defensor de reducir el ámbito de la circulación mercantil, por eso fué contrario a la venta en propiedad de los medios de producción (máquinas y tractores) a los koljoses, ya que ello suponía socavar el ritmo de mecanización de la agricultura, sobrecargando con este gasto a las cooperativas, y ampliaba el radio de actuación de la circulación mercantil, lo que alejaba el avance hacia el comunismo. Stalin pensaba que en la perspectiva de paso del socialismo al comunismo la circulación mercantil es incompatible, y en consecuencia los excedentes de la producción koljosiana debían de ser sustraídos de la circulación mercantil, y sumarlos al sistema de intercambio entre la industria del Estado y los koljoses (203), con la salvedad de que en este caso Stalin confundía la transición a la sociedad comunista en su fase inferior con la fase superior.

Después del XXº Congreso del PCUS las Estaciones de Máquinas y Herramientas que proveían a las cooperativas serían disueltas, obligandolas a comprar los medios de producción, lo que impulsó la desaparición de las cooperativas más pequeñas, dando un contenido proudhoniano a las reformas necesarias para el desarrollo intensivo.

No obstante, no podemos omitir que en ese período, no de transición del socialismo al comunismo, sino de transición a la sociedad comunista en su fase inferior, la ley del valor sigue funcionando no ya por la lógica de acumulación de capital, sino por el plan donde el dinero juega la función de medida del valor de la contabilidad del trabajo, perdiendo una de sus características propias del capitalismo, su transformación en capital ya que deja de existir la fuerza de trabajo como mercancía, la plusvalía desaparece, el dinero deja de ser fuente de interés, la adquisición privada de medios de producción industriales está prohibida (hasta 1965), restringida sólo a la agricultura, el artesanado y el comercio. La apropiación directa por el Estado socialista del sobreproducto social en forma de valores de uso pasa a sustituir a la plusvalía en forma de dinero existente bajo el capitalismo. Y eso es así porque en la medida en que las relaciones de producción están preparadas para elaborar los planes operando con la contabilidad del trabajo concreto y el cálculo social, irán perdiendo significado los valores de intercambio conforme progresivamente se vayan socializando las fuerzas productivas de la economía socialista.

Después de Stalin y a pesar de que la ley del valor subsistiría, en su forma cambiaria, por la existencia de la producción y circulación mercantil en el campo en su forma koljosiana y entre empresas del sector socialista, Khruschev en 1.960 decretaría que el socialismo ya estaba construido desde 1.936, que la base material y técnica del comunismo ya estaba hecha, y que en 10 años se sobrepasaría en producción por habitante a los EE.UU, proclamando la competencia económica entre sistemas como el camino del triunfo mundial del comunismo. Y esto se decía mientras que las categorías de mercancía, dinero, la remuneración salarial individual, la ley del valor, y la división social del trabajo, seguían vigentes. Se forzaba la teoría convirtiéndola en un arma para reificar la realidad. E incluso al contrario de lo que Stalin pensara, la transición a la fase superior del comunismo se consideraba ya de facto sin la desaparición de la producción mercantil, y sin la aminoración progresiva de la división del trabajo, la desfuncionarización y extinción del Estado. El revisionismo del XXº Congreso dio un giro más en el pragmatismo teórico al pretender perpetuar la ley del valor y la producción mercantil nada menos que hasta en la fase superior de la sociedad comunista.

Por regla general, la interpretación de Stalin que confundía la etapa de construcción con socialismo maduro, involuntariamente serviría para impulsar una posterior revisión tras el XXº Congreso del PCUS, de la economía política marxista-leninista hacia las posiciones duhringianas que Engels rebatió, en las que para Dühring la ley del valor era la única forma de cambio válida entre los productores. Dicha terminología extraña a las teorizaciones de Marx y Engels, era más una ilusión ideológica que tendía a endulzar las desigualdades remunerativas en la esfera de la producción y de la administración política, tomando prestadas categorías analizadas por Marx en El Capital (trabajo simple y complejo, donde el trabajo complejo –obrero calificado- equivale al trabajo simple multiplicado produce más valor en una unidad de tiempo que el trabajo simple –no calificado-) características del modo de producción capitalista e inevitables dentro un período de transición (mientras no se disponga del trabajo calificado socialmente necesario), pero inexistentes en el socialismo científico que conocemos, donde predomina el tiempo de trabajo concreto y simple, ya que es la sociedad socialista quien soporta esos gastos de educación superior del trabajo complejo (mientras en el capitalismo son privados), y a ella corresponden los frutos, los valores superiores producidos por el trabajo complejo, y el trabajador mismo no puede tener exigencias superiores.

El acceso a la parte del producto social que se distribuye “según el trabajo” se determina por la contribución individual de cada persona en la totalidad del trabajo social, sin distinguir entre trabajo complejo o simple, entre trabajo manual o e intelectual. Durante la construcción del socialismo, la clase obrera va adquiriendo progresivamente, la capacidad de tener una visión general de las diferentes partes del proceso productivo, del trabajo de dirección y un papel esencial en la organización del trabajo. Como trabajos de gestión de la producción, los trabajadores que realizan un trabajo intelectual y que tienen una alta especialización científica, tiendan a separar el interés individual y de grupo del interés social, o tienden a reclamar una mayor parte del producto social total, puesto que la actitud comunista hacia el trabajo no prevalece aún. La confrontación de estos fenómenos es un asunto de la lucha de clases que se lleva a cabo en condiciones de construcción socialista, bajo la orientación política del partido comunista.

Se ignoraba que si bien la naturaleza del Estado y la política-económica eran socialistas, el desarrollo social y económico no había sobrepasado el período de construcción socialista. Se ignoraba en lo concerniente a la producción de bienes de consumo, la ley del valor y la economía mercantil que la sustenta, que se mantiene en el periodo de transición y ésta no desaparece artificialmente ni por decreto, ni por confusión teoricista, sólo desaparece en la medida en que la satisfacción de todas las necesidades humanas son realizadas en la economía social y no mercantil, en la medida que la previsión del plan social hace inservible al mercado en los intercambios, en la medida en que se extingue la retribución en su forma de salario (Marx advertía que la subsistencia del trabajo asalariado y la abolición del capital es una reivindicación que se contradice en sí misma (-204-). Y eso tambien es aplicable al comercio exterior hacia los países capitalistas, ya que éste se extingue por la existencia de un mercado interno autosuficiente de la comunidad de países socialistas, donde el CAME logró establecer unas relaciones comerciales y de división del trabajo de carácter no imperialista entre los diferentes estados socialistas europeos y la periferia.

En el socialismo como fase inferior de la sociedad comunista, prevalecerá sólo el derecho burgués de distribución por el grado insuficiente del nivel de conciencia comunista de las masas y del desarrollo de las fuerzas productivas que exige el control y contabilidad de las cantidades de trabajo y las necesidades sociales de los consumidores. “El que no trabaja no come” (art. 12 de la constitución soviética de 1.936), sí que es una consigna de carácter socialista y no sólo de transición. Sólo el paso a la abundancia completa, y unas normas de comportamiento social plenamente asumidas, permite el ascenso material al comunismo.

Al menos este es el planteamiento teórico de la cuestión. Desgraciadamente, la impugnación de este planteamiento teórico, llevaría a subestimar como luego se vería, que precisamente la existencia de la producción mercantil en el socialismo genera tendencias favorables hacia la producción mercantil capitalista, por lo que la experiencia de los países exsocialistas nos indica que la ley del valor es una ley del capitalismo y bajo ningún modo puede considerarse como una ley del socialismo, y que el desarrollo de la economía socialista supone el fortalecimiento de su esencia social y la superación de la economía mercantil.

4.5.8.1 Conclusión. La URSS, la construcción del socialismo no acabada.

Resumiendo. Marx en la Crítica del Programa de Gotha, situaba la contabilidad del tiempo de trabajo como medio de distribución de los productos, superando la ley del valor y las formas mercantiles que le acompañan: el salario y el dinero, y lo único que para el socialismo en la fase inferior de la sociedad comunista se mantiene es el derecho burgués de que cada uno reciba “según su trabajo”. Para Marx se suprime la mediación del valor de cambio y su expresión: el dinero. Sin esta premisa es imposible avanzar hacia una nueva conciencia comunista, dado que sin la superación de las barreras místicas (valor y el dinero) no desaparecen la ideología individualista heredada del régimen mercantil capitalista. Partiendo de esta premisa es incorrecto, categorizar el periodo de edificación del socialismo en la URSS, como algo más que una etapa de transición del capitalismo al comunismo sin concluir, compuesta de diferentes períodos y por tanto de dictadura del proletariado, de lucha de lo nuevo (economía socialista) contra lo viejo (economía mercantil). Y ello al margen de los avances y de las conquistas juridico-políticas de la propiedad social de los medios de producción y la tierra, la planificación social, el creciente bienestar material de la población, el desarrollo de las fuerzas productivas, la productividad social y la liquidación de la explotación. Régimen de producción socialista, incompleto.

 

4.5.9 Las contradicciones bajo la dictadura del proletariado en la URSS

En la etapa de transición a la sociedad comunista en la URSS, en la etapa de dictadura del proletariado se daban seis contradicciones de diferente carácter:

  1. La contradicción fundamental, no antagónica entre el carácter socializado de la producción por el desarrollo de las fuerzas productivas y el derecho burgués de distribución del consumo que pervive como parte de las relaciones de producción basadas en la planificación centralizada y democrática. Predomina la distribución según el trabajo y no según las necesidades, a determinada cantidad de trabajo, determinada cantidad de consumo.
  2. La contradicción principal, antagónica entre las relaciones de producción socialistas y el capitalismo dominante a nivel mundial.
  3. La contradicción principal, antagónica a nivel estatal entre el trabajo concreto y el abstracto, entre la economía socialista y la privada (pequeña producción mercantil), entre el plan social y mercado, que fundamenta la vigencia de la ley del valor. Socialismo naciente y economía mercantil agonizante.
  4. Contradicciones secundarias de carácter no antagónico: desarrollo desproporcionado entre la industria y la agricultura, entre campo y ciudad, entre la industria pesada y la ligera de bienes de consumo, entre el desarrollo extensivo e intensivo de la economía y las fuerzas productivas, entre la cantidad y calidad de producción, etc.
  5. La contradicción entre el trabajo manual y el intelectual, entre superestructura y producción, técnicos y obreros, administración y ejecución, el cual persiste hasta alcanzar la fase superior del comunismo. Su carácter no antagónico tiende hacia su superación, y determina que los técnicos formen parte de la clase obrera por la propia división técnica del trabajo (que ya se da en el capitalismo –Marx en El Capital-), ya que siendo dominante la clase obrera, el papel de supervisión deja de ser función del capital y pasa a ser función de la apropiación socialista. Pero cuando el trabajo calificado (técnicos y administradores de empresas y el Estado) obtiene una valoración superior (trabajo complejo) a la media del valor de la fuerza de trabajo empleada en la producción, las tareas técnicas no se socializan y esta tendencia se profundiza en vez de reducirse, y en tal sentido la contradicción trabajo manual/intelectual se convierte en antagónica, ya que tal acentuación, significa la formación de la base social de la contrarrevolución burguesa, al incorporarse no una simple división técnica sino de carácter social entre tareas de dirección y tareas de ejecución, que como consecuencia causa la siguiente contradicción.
  6. Contradicción antagónica entre el carácter social de la producción y la forma funcionarizada-mercantil de su planificación. Donde el interés material de la burocracia como categoría social (administradores y técnicos) puede llegar a convertirse en el motor principal del cumplimiento y ejecución del plan (ganancia, rentabilidad), sustituyendo al interés material de naturaleza social, la planificación integral y la participación de las masas en las tareas de dirección del plan. Desplazando la planificación central democrática por la autogestión financiera (proudhonismo) que agudiza la competencia entre empresas y repúblicas ahondando en las desigualdades económicas. Encontrándose en un frente las prioridades y objetivos de la planificación integral socialista + desarrollo proporcional de la producción, y en otro por oposición la planificación funcionarizada y fragmentada en forma mercantil cuyo resultado es un consumo excesivo del plustrabajo por el aparato estatal y administrativo (gobierno caro).

Siguiendo a Lenin, estas son la cadena de contradicciones antagónicas y no antagónicas bajo la dictadura del proletariado, ya que siendo el antagonismo una forma de la lucha de contrarios,  no es la única, y en el socialismo existen contradicciones que carecen de antagonismo, por lo que las contradicciones enumeradas como antagónicas deben ser superadas en beneficio de la construcción socialista, o en caso contrario no estaríamos hablando de socialismo o fase inferior de la sociedad comunista sino de transición hacia ella. En la medida que el poder político de la clase obrera no lograba resolver tales contradicciones en beneficio de la construcción socialista, tales contradicciones de carácter no antagónico, podían evolucionar y convertirse en antagónicas, tal y como luego sucedería. Por otro lado, las contradicciones no antagónicas sólo pueden ser superadas en el avance al comunismo.

Teóricamente en el socialismo, como fase inferior de la sociedad comunista, la 1ª contradicción pervive, la 2ª depende de la lucha de clases mundial cuando el modo de producción capitalista deje de ser el hegemómico, la 3ª y 4ª desaparecen en la fase inferior de la sociedad comunista al quedar suprimidas las formas mercantiles y dominar el plan social. Lenin relacionaba la existencia de la lucha de clases bajo la dictadura del proletariado y su inevitalibilidad hasta que no se eliminaran todas las “raíces de la pequeña producción y del predominio del mercado” (205). La 5ª y 6ª contradicciones son producto lógico de la conyuntura histórico-concreta de la lucha de clases (NEP), e ilógicamente una necesidad provisional convertida en una virtud estable.

La 5ª contradicción, efecto de la precaria socialización de las fuerzas productivas, se manifestaba en torno al desarrollo del plan (decisión y ejecución) basado en el control centralizado y democrático de los productores o en la planificación burocrática sea ésta de carácter prohudoniano (autogestión) o centralizada. Por eso la argumentación dada por Stalin, de la comunidad de intereses del obrero con el director de fábrica, de que no son enemigos de clase, sino camaradas, que están interesados mútuamente en la mejora de la producción y que “de su vieja enemistad no queda ni rastro” (206), son verdades a medias que omiten lo argumentado por Lenin sobre el papel de los sindicatos como contrapeso a las deformaciones burocráticas del Estado y la inevitabilidad de la existencia de cierto antagonismo de intereses (aunque no de clase), entre los obreros y los directores que se encuentran al frente de las empresas estatales o de los departamentos administrativos correspondientes.

Este antagonismo de intereses sólo puede ser solventado, como Stalin indica más adelante (207) mediante la elevación del nivel cultural y técnico de la totalidad de los obreros a la misma altura que el personal técnico (ingenieros, péritos, directores de fábrica), lo que sienta las bases técnicas para una auténtica democracia obrera en la gestión de las actividades industriales y económicas, y las condiciones de trabajo, a un acercamiento entre la labor de ejecución y dirección, a una disposición efectiva de los medios de producción por los productores, lo que va en dirección contraria a la cristalización de un cuerpo de funcionarios industriales con poderes plenipotenciarios. Los sindicatos aquí deben ser escuela de dirección técnico-administrativa de la producción (Lenin), de solidaridad-apoyo de clase en la construcción del socialismo, de lucha contra las deformaciones burocráticas del Estado, y de defensa de las condiciones laborales.

Bajo este prisma la posterior tesis Kruscheviana de que la dictadura del proletrariado había cumplido con su misión histórica y que el Estado se había convertido en Estado de todo el pueblo, condujo al cese de la lucha contra las desviaciones pequeñoburguesas y las deformaciones burocráticas del Estado, empezando por asegurar la tranquilidad a una burocracia en el camino de mantener la separación en la división del trabajo con los obreros, y en mantener las diferencias remunerativas sobre la masa obrera.

En consecuencia la correspondencia entre el incremento de las fuerzas productivas y la extinción gradual de la contradicción entre el modo de producción comunista y las normas de distribución burguesas, presupone un alto grado de socialización y dirección centralizada de las fuerzas productivas por los productores, lo que exige un Estado obrero  con un alto grado de consentimiento de los productores y su participación activa en la gestión y control de las empresas y toda la economía, por medio del centralismo democrático en la elaboración y ejecución del plan en base al seguimiento de su aplicación y corrección periódica, como motor de la acumulación y la asignación de recursos de toda la economía socialista.

La conquista del poder por el proletariado, y la socialización de los grandes medios de producción y de cambio, carecen de fundamento sino se introducen cambios radicales en las relaciones laborales de la empresa, sino se supera la división social entre el trabajo de ejecución y dirección. Eso no se resuelve únicamente con la abolición jurídica de la propiedad privada, sino además con la extinción progresiva de la estructura jerárquica de la empresa, de la división social del trabajo entre los que producen y obedecen, y los que mandan, con la socialización del conocimiento del control y gestión de las fuerzas productivas. La fase de transición hacia el predominio absoluto de las relaciones de producción socialistas es posible cuando, además del avance de las fuerzas productivas (industrialización de la economía), la colectividad de productores disponen de una influencia no simplemente formal y jurídica sino real y cotidiana en la dirección de las empresas y la economía en general, en el control de las fuerzas productivas, en la elaboración, ejecución y verificación de los planes y la determinación del sobreproducto creado en la economía socialista. Ese es el sentido socialista de la socialización de las fuerzas productivas. Sólo de esta manera se superan las contradicciones no antagónicas y se elude la 6ª contradicción antagónica como base económica de la restauración capitalista.

Pero por el contrario, durante los años 50/60 las normas de las empresas en la URSS no dejaban de ser una calcamonía de las existentes en los países centrales del capitalismo: dirección personal responsable ante la administración superior y autonomía financiera. Principios que fueron introducidos ya en 1.918, y que Lenin ya las había subrayado como una retirada provisional impuesta por las circunstancias del capitalismo de Estado y que tenderían a superarse durante la etapa de transición. Es decir, que en el socialismo, al menos teóricamente, la dinámica de las fuerzas productivas, estaría gobernada por la dirección de los productores bajo el principio de dirección colectiva, y no personal, fundamentada en el centralismo democrático de toda la economía. No olvidemos que también en la transición al socialismo la base económica es la determinante en última instancia del desarrollo social, y si las relaciones socialistas de la producción no se imponen, la propia superestructura jurídico-política puede ser barrida en un marco lucha de clases interno y externo, restaurando el capitalismo por medio de un nuevo régimen político que borre las conquistas sociales y las incipientes relaciones socialistas, tal y como sucedería con la perestroika.

Las reformas económicas que se introdujeron en la URSS a partir de los años 50/60, incorporaron una progresiva descentralización de la economía, que vino a reforzar la autonomía financiera y el principio de la rentabilidad, donde la reducción de los costes de la producción y el crecimiento de la productividad eran sustituidos como medida del trabajo por el máximo beneficio, contraviniendo al menos teóricamente que en la evolución de la economía socialista no puede reconocer “porcentajes medios de beneficio” que resulta de la aplicación de la ley del valor, y lo que se debe de reconocer es un porcentaje mínimo de economía de trabajo (208).

El trabajo como productor del valor es la sumisión del trabajador al resultado de su trabajo, la progresión de una formación social al socialismo por el contrario pone fin a esa sumisión al conseguir que el trabajo deje de ser productor de valor, lo que precisamente exige una producción altamente socializada (209). Ya Lenin planteaba la naturaleza del Estado socialista como una red de comunas de producción y consumo que calculan la producción y el consumo, economizan el trabajo y aumentan progresivamente la productividad (210), en la línea de mejorar la calidad y reducir el costo de la producción, elevar el grado de especialización y cooperación de las empresas y de aumentar el desarrollo intensivo de la economía (planificación de más diversidad de productos y mayor tecnología aplicada en los procesos, con consecuencias de aumento del nivel de vida), lo que de hecho nada tiene que ver con las reformas llevadas en la URSS tras el XXº Congreso del PCUS (autogestión financiera, beneficio, rentabilidad y primas).

Tales reformas se llevarían a cabo bajo la involución ideológica (abandono de la dictadura del proletariado y la lucha de clases, pérdida del carácter de clase del partido, omisión del carácter agresivo del imperialismo, etc.) que se saldaría con una depuración masiva de cuadros comunistas, expulsando entre el XXº y XXIIº Congreso a 1 millon y medio de cuadros del partido. Tales reformas sin llegar a abandonar la planificación centralizada administrativa, introducía una cierta concurrencia, desproporciones y particularismo entre las empresas y regiones, minando la planificación socialista, abriendo vías a la propiedad privada, dando paso para que se produjera no lo necesario y útil al pueblo sino lo que reportara beneficios a las empresas, reproduciendo aquel espíritu proudhoniano rechazado por Marx y Engels. Tales reformas impulsaron el aumento de los precios para lograr los objetivos del beneficio de empresa planificado, lo que sumado a la falta de estimulos económicos y morales de los productores, fueron terreno fértil para la indiferencia hacia el trabajo y la productividad y para el desarrollo de un tipo de anarquía de la producción.

El incremento del esfuerzo productivo de la clase obrera debía de traducirse en un incremento del consumo y la satisfacción de las necesidades sociales, pleno e integral de todos los miembros de la sociedad, ya que esa era la ley fundamental de la economía socialista. La exigencia de elevados sacrificios y el crecimiento desproporcionado de la economía debilitaba la fuerza motriz de la voluntad obrera en el crecimiento de la producción. Mientras tanto, los directores, jurídicamente amparados por el principio de dirección personal, estaban más interesados en la rentabilidad de la empresa que en el cumplimiento del plan general, boicoteando las producciones más necesarias, primando la cantidad en detrimento de la planificación y el productivismo como índices válidos cara al sobrecumplimiento del plan en la empresa para así obtener los incentivos del Estado por aumento de la producción. Lo que provocó almacenamiento de productos auxiliares, materias primas y energía por encima de lo real, debido al cálculo exagerado de la capacidad de producción de las empresas, etc. Dando como resultado una infrautilización de la capacidad industrial, una desproporcionada distribución de los medios y el surgimiento de una cultura corporativa de empresa y territorial, que frenaba la incorporación y ampliación de la variedad de nuevos bienes de producción y consumo.

En realidad tal autonomía del poder de las empresas atacaba el principio del centralismo democrático de la economía, y germinaba el federalismo, que nada tiene que ver con lo teorizado por Marx, Engels y Lenin. La reforma económica de Kruschev-Liberman continuada por Kosiguin-Breznev y rematada por Gorbachov, impulsaban medidas que establecían la presunta dependencia de las relaciones de producción socialistas a las leyes “objetivas” del mercado, y no hacían sino conceder aún más poderes al director de fábrica, de contratar, despedir y fijar los salarios, lo que de hecho alejaba la democratización de la planificación y socialización de las fuerzas productivas. Los directores eran los mediadores entre la planificación central y los productores, su estatus imposibilitaba que los obreros en general pudiesen controlar los medios de producción. Visto desde una perspectiva socialista de la producción, tales reformas, se aplicaban más en beneficio de los directores y en prejuicio de los productores, más hacia la economía de empresa, que hacia la economía socialista en general.

La decisión política que predominó tras el XXº Congreso del PCUS para la utilización de los mecanismos y leyes del mercado supuestamente para corregir las deficiencias de la planificación central introduciendo la autogestión y las ganancias de las empresas, constituía de lleno una desviación política y económica de la construcción del socialismo. Estas reformas pasarían a fortalecer la cantera de la futura burguesía en la restauración del capitalismo (directores de empresa), que poco a poco se fueron haciendo con el control de la base económica, ya que gracias a las reformas se aumentó el poder sobre la economía y la fuerza de trabajo de los directores.

En 1957 la maquinaria agrícola ¡por fin! fue vendida a los koljoses introduciendo el principio por el cual las empresas estatales estaban obligadas a obtener beneficios.

Las teorías economistas de Trostki, Bujarin, Yaroshenko, Venzher, Liberman y Kruschev se imponían de forma acelerada. El burocratismo hegemonizaba la idea de que las fuerzas productivas consolidarían el socialismo y darían paso espontáneamente al comunismo. La máxima positivista de la IIª Internacional invadía el campo de acción del PCUS a partir de los años 50, donde el motor del desarrollo serían los directores de empresa y no la clase obrera. Bajo estos parámetros en el XXIº Congreso (1.959) se introdujo el concepto de socialismo desarrollado, considerando que el socialismo en la URSS ya había triunfado absoluta y definitivamente. En el XXIIº Congreso en 1.961 adoptó el programa  de construcción del comunismo. En la nueva constitución de 1.977 el Estado se consagró constitucionalmente en Estado de todo el pueblo, que encubría las desigualdades sociales, y el partido en partido de todo el pueblo, difuminando su carácter de clase, en un periodo en el que todavía no había culminado su papel clasista, no había superado las contradicciones antagónicas y no antagónicas.

El fundamento de tal falta de visión política que justificada la dirección unipersonal confundiéndola como consustancial al socialismo, consistía en que siempre se había considerado la propiedad social de los medios de producción como un aspecto exclusivamente jurídico, y no de posesión efectiva por los productores con arreglo al plan determinado a priori. Posesión efectiva necesaria para extinguir el mercado con unas fuerzas productivas potentes y una organización social sólida, erradicando la existencia de la ley del valor en su forma cambiaria.

Por el contrario, la forma de concretarse la reforma autogestionaria impulsaría una jerarquía burocrática de directores de fábrica más descentralizada, que es la que disponía en realidad de los medios de producción, aparcando la formación de la conciencia comunista en la creación de la base material, donde el incentivo para la empresa (rentabilidad), estaba por encima del control social más racional de la producción y la educación comunista, dejando de existir un equilibrio entre la revolucionarización de las fuerzas productivas y las relaciones de producción, donde éstas últimas en una sociedad ya económicamente desarrollada como la URSS de los 50/60 deberían haber sido el motor principal, como ya lo fueron durante los primeros planes quinquenales.

Pero en lugar de fortalecer las relaciones socialistas de producción-distribución, se reforzaron las relaciones mercantiles potencialmente capitalistas.

Tales reformas proudhonianas, marcadamente mercantilistas y economistas, terminarían por atacar toda base centralizadora de los planes quinquenales, no sólo en su carácter administrativo sino también en su contenido. Acrecentándose los mecanismos de la economía de mercado, a la par que se favorecía el crecimiento desmesurado de la burocracia y sus privilegios que llegó a límites excesivos y con métodos ilegales bajo el gobierno de Breznev, impulsaba a todos los niveles, con elementos de corrupción y mercado negro, llevando a la economía soviética a su punto culminante de ruptura con la naturaleza socialista por medio de las reformas gorbachovianas, las cuales terminarían por elevar a rango de credo universal la teoría burguesa de que el trabajo en abstracto es una mercancía y que el capital tiene su lugar como “factor de la producción” en la economía en general y la socialista en particular, concluyendo que la tasa de beneficios existe bajo el socialismo elevándola a “categoría universal”.  Se volvía a la etapa premarxista en los análisis de la economía política, recuperando el espíritu y la filosofía burguesas de Adam Smith y David Ricardo, renegando de Karl Marx, reforzando el “manto del misticismo de la mercancía” bajo el subterfugio de la “economía de mercado”.

Recapitulando. La sociedad socialista tiene grandes cargas que emanan de la sociedad capitalista, no nace sobre una base propia, como sí el capitalismo con respecto al feudalismo. Si bien la explotación de clase está abolida y no se puede abolir de golpe las desigualdades sociales, la conciencia pequeñoburguesa, las diferencias entre campo y ciudad, trabajo manual e intelectual, dirección de la economía y producción, el plan social y el mercado, etc., pero  sí deben ser progresivamente eliminadas una tras otra tales diferencias en el recorrido de la construcción de la sociedad socialista.

Los obreros alejados de la dirección de la economía, la desigualdad de ingresos, la falsa interpretación de la teoría del valor-trabajo, el predominio creciente de la economía mercantil, la diferenciación económica sobre todo en cargos administrativos, la autogestión de las empresas más en base al rendimiento competitivo que a un cumplimiento global de las prioridades y orientaciones generales del plan que profundizan en el despilfarro de bienes de producción e introduce desequilibrios económicos entre empresas y repúblicas, no han supuesto acercar el socialismo sino alejarse de él.

El acercamiento exige de un desarrollo de la planificación centralizada de carácter integral y democrática y el aprendizaje, control y gestión obrera de la producción, exige el control y revisión del plan por decenas de millones de trabajadores tanto como productores y como consumidores, a través de estadísticas que ayuden a aproximar las producciones en cantidad, variedad y calidad a las necesidades globales y concretas del pueblo. Exige suprimir las barreras injustificadas de desigualdad social dentro de las empresas con una aplicación objetiva de la escala salarial en base a cantidades iguales de trabajo, la extinción del trabajo complejo como medida, el incremento progresivo del consumo, etc. Exige la dirección planificada de los productores superadora de la ley del valor de cambio, el dominio de las fuerzas productivas y la extinción del mercado, exige el desarrollo progresivo de las condiciones materiales y económicas del pueblo junto al acrecentamiento de las condiciones de la moral comunista.

En base a la experiencia soviética haciendo de una necesidad impuesta por la lucha de clases una virtud, ha existido una corriente mayoritaria favorable a la teoría o ley sobre la inevitabilidad del crecimiento más acelerado del sector de bienes de producción sobre el de bienes de consumo. El crecimiento proporcional y armonioso entre ambos es económicamente posible. El Estado proletario necesita el apoyo de la fuerza social más poderosa, que en la URSS eran la clase obrera y los campesinos, por lo que el crecimiento proporcional del consumo de las masas parejo al crecimiento de las fuerzas productivas, no sólo es el más deseable políticamente, para ligar los intereses inmediatos a los estratégicos, sino que también es un estímulo al compromiso de las masas en el crecimiento productivo, porque para ello es necesario que las masas vean que la política económica les favorece progresivamente en los niveles de vida.

A pesar de la certeza de tal análisis, no podemos ignorar que la lucha de clases impuso el cerco imperialista, la guerra civil, espionaje, sabotajes, la resistencia de las clases reaccionarias y la ocupación militar 2 veces, lo que impulsó las tendencias inicialmente favorables a la desproporcionalidad en el desarrollo de los sectores industriales, necesario para la acumulación socialista originaria y la reconstrucción tras la IIª guerra imperialista. Seguramente que sin la contrarrevolución interior, ni la intervención exterior, el desarrollo socialista habría tenido un mayor éxito y avance a ritmos mucho más elevados, lo que hubiera permitido un desarrollo más proporcionado y armónico de la economía. No obstante, el mantener esta situación  de desproporcionalidad en el crecimiento de los sectores económicos, agudizados con las reformas ya sin intervención extranjera, era injustificable una vez conquistada la industrialización completa con el desarrollo extensivo de la economía.

Aun así, tras la IIª Guerra Mundial y la reconstrucción civil, la continuidad de la desproporcionalidad de los sectores en el crecimiento económico, se analizaba no ya como una consecuencia indirecta de la lucha de clases, sino que se llegaba a justificar con términos prestados de la economía capitalista a la socialista.

¡Craso error!. Ya que si bien bajo el capitalismo la tendencia histórica de la acumulación de capital, conlleva al crecimiento de su composición orgánica (crecimiento del sector de bienes de producción por delante del de bienes de consumo) y a la reducción de la parte proporcional del valor de la fuerza de trabajo expresada en salarios, lo que permite un crecimiento acelerado hasta que la tasa de ganancias decae, en la transición al socialismo tales mecanismos métricos de la economía capitalista no son teóricamente transportables. La producción de bienes de equipo está socializada y no se basa en la acumulación de capital, por lo que el contenido de su composición sólo es de carácter técnico y no orgánico de capital, lo cual no impide a una economía planificada mantener tasas de inversión similares en ambos sectores incrementando de forma progresiva, proporcionada y absoluta la producción social, bajo dirección y control de la fuerza productiva máxima.

Mientras en el capitalismo las tasas de inversión productiva se deciden a espaldas de los intereses de la clase obrera lo que conlleva enormes sacrificios en el consumo básico y social de los productores, en el socialismo las decisiones de las inversiones derivadas al desarrollo de las fuerzas productivas deben ser tomadas por los propios productores, convirtiendo en libremente consentidos los sacrificios temporales. Por ello, si bien las medidas para  iniciar la industrialización en la década de los 30 que priorizaba el desarrollo de la industria pesada fué determinado por la lucha de clases, y un paso previo necesario para crear la base industrial socialista, ello ya no se justificaba a partir de la década de los 50-60.

No está de más decir que Stalin no tuvo ya nada que ver y que el stalinismo y el culto a la personalidad fue la cortina de humo para caer en el revisionismo en la economía política del socialismo.

Los manuales de economía política dieron un giro al considerar como ley económica fundamental del socialismo a la propiedad social de los medios de producción, confudiéndose con el carácter de las relaciones de producción. Aquí no hay que olvidar que ya Lenin en el debate sobre los objetivos de la producción socialista, en el II Congreso del POSDR ya se las tuvo que ver con este debate con Plejánov quien planteaba que el objetivo de la producción socialista era la organización planificada del proceso productivo social, con el fin de satisfacer las necesidades de toda la sociedad y de cada uno de sus miembros. Lenin en aquel entonces, replicó que tal satisfacción de las necesidades la da también el capitalismo pero no a todos sus miembros ni en la misma medida, que la planificación de la producción social debía estar dirigida por toda la sociedad, y no sólo para satisfacer las necesidades de sus miembros, sino también para garantizar el pleno bienestar y desarrollo integral de todos los miembros de la sociedad. Fue en el XXII congreso del PCUS donde “el pleno desarrollo integral de todos los miembros de la sociedad” fue sustituido por “la satisfacción de las necesidades crecientes”, a lo que de por sí la “satisfacción de las necesidades” no lleva a la liquidación de la desigualdad social ni la abolición de las clases. Más adelante se introdujo que “el objetivo del socialismo es la satisfacción cada vez más plena de las crecientes necesidades materiales y culturales del pueblo”, frase que olvida que el objetivo del socialismo es la abolición de las clases, lo cual no se reduce únicamente a la satisfacción de las necesidades, que para ello es necesario además el pleno bienestar y el desarrollo libre multifacético de todos los miembros de la sociedad y la supresión de toda desigualdad social.

4.5.9.1 El corporativismo en el ejército soviético

A toda esta problemática añadimos la profundización del corporativismo en el ejército, que a mediados de los años 60 con Brezhnev al frente, se impulsó deliberadamente hacia una competencia desenfrenada con el complejo militar-industrial de EE.UU, en base a una orientación militarista, construyendo una fuerza militar en paridad con el imperialismo, como el único instrumento de defensa armada, ampliando la funcionarización del ejército, en vez de potenciar su reducción por medio de la movilización y organización de las masas, creándose en su lugar un cuerpo de oficiales que gozaban de mayor remuneración, en el marco de una estructura jerárquica donde su control por la clase obrera era inexistente, y  donde el control de los funcionarios del partido y el Estado empezaba a molestar. Confiando más en su capacitación técnica, donde los especialistas militares tienen la última palabra, que en la socialización en las masas trabajadoras de los conocimientos y tareas para la defensa militar tal y como planteara Lenin.

En la época del imperialismo ante su naturaleza belicista con armas y ejércitos poderosos, el estado socialista debe necesariamente disponer de un ejército permanente ya que no sólo basta con contar con el pueblo en armas y viceversa no se puede disponer de un ejército permanente sin contar con la instrucción general del pueblo en las armas, es decir un ejército no separado del pueblo.

Lenin opinaba que se debía de edificar el ejército rojo sobre la base del armamento general del pueblo, en el VIII Congreso del partido bolchevique fijó la tarea de impartir instrucción militar a todos los trabajadores, estableciendo relaciones entre las tropas del ejército, los centros de producción, los barrios, los sindicatos y las organizaciones campesinas. Conjugar la edificación del ejército socialista con la instrucción y el armamento de las masas pasaba a ser tarea prioritaria una vez la clase obrera conquista el poder e instituye el estado proletario. Aspecto lógico ante la agresión imperialista, durante las dos guerras de agresión a la URSS 1918-1921 y 1941-1945, pero que en períodos de paz y de reconstrucción de las fuerzas productivas, las fuerzas armadas permanentes pueden disminuir para centrarse en la edificación económica, mientras que las fuerzas armadas de las masas de la producción, los barrios, etc., deben crecer, condensando de forma directa el carácter multitudinario de la organización militar del Estado proletario, listos para cualquier eventualidad tal y como el líder vietnamita Vo Nguyen Giap plantaba.

Por tanto, este tipo de ejército permanente subordinado a la dictadura del proletariado, si bien estaba justificado en el marco de la defensa para hacer frente con éxito a las agresiones imperialistas y ante la falta de especialistas natos en la clase obrera para constituir un ejército permanente no separado del pueblo, en el sentido que Lenin lo planteara (211), no era el tipo de ejército que necesitaba el pueblo soviético, como se demostró durante la resistencia antifascista la cual hubiera sido insostenible sin el armamento del pueblo junto al ejército permanente y el mando único, sin caer en el extremo opuesto del anarquismo que plantea la disolución del ejército en milicias antes de que desaparezca el capitalismo.

Sin embargo, durante la NEP, la planificación económica y después de la IIª Guerra Mundial (en periodos de relativa paz) es el tipo de ejército que predomina, implantándose un profesionalismo que detrae cada vez más recursos económicos monumentales (carrera militar), necesarios para el desarrollo multifacético de la URSS, aplicándose los resultados de la revolución tecnológica de forma desigual, en un grado mayor en la producción militar, del espacio, y la industria pesada, y en un grado menor la industria de bienes de consumo y servicios. Aspecto que pudiera ser necesario en los primeros planes quiquenales, de la industrialización socialista, ante la amenaza del fascismo internacional y la reconstrucción tras la IIGM, pero que una vez conseguida ésta, no estaban del todo justificados.

Ya en alusión a Engels, que en el Anti-Duhring, argumentaba que el aparato represivo y el Estado como tal deja de ser necesario desde el momento en que no existe ninguna clase social a la que oprimir, Stalin introdujo la argumentación, llevada al extremo por los economistas soviéticos, de que el razonamiento de Engels era en previsión de una victoria general del socialismo en todos los países o la mayoría, pero en el caso concreto del socialismo en un país, bajo un cerco amenazador de estados imperialistas es la causa externa la que hace necesaria la especialización del ejército para hacer frente a la amenaza externa de las potencias imperialistas, y en ese marco una vez desaparecida la explotación de clases, la función fundamental del Estado pasa a ser el trabajo de organización económica y educación cultural socialista y que la función represiva interna es sustituida por la función protectora de defensa militar especializada y un fuerte servicio de contra-espionaje. Y tal función y el mismo Estado se extinguirán cuando al cerco capitalista lo sustituya un cerco socialista (212).

Pero tal argumento, políticamente correcto, no llegaba a justificar el que a posteriori se desarrollaran los excesivos gastos (213), ni que se permitiera la falta de participación y movilización del pueblo con la socialización de los medios militares (en Cuba por ej. las MTT –Milicias de Tropas Territoriales- a mediados de los 90 contaban con 2 mill. de combatientes con instrucción militar y militarmente organizados), ni justificaba la estrategia de paridad militar y nuclear con el imperialismo yanqui.

Precisamente en Cuba y Vietnam las revoluciones no triunfaron ni se mantuvieron por la cantidad de arsenal nuclear soviético, sino por la derrota político-militar del imperialismo y sus lacayos, a través de la organización armada de las masas y la construcción del ejército popular permanente de forma combinada con  un mando único como también se hizo durante la Gran Guerra Patria de la URSS o incluso en la guerra de liberación del pueblo de Vietnam, como única defensa eficaz contra el imperialismo. Y precisamente Marx y Engels en las 17 reivindicaciones del Partido Comunista en Alemania viendo la gran importancia de la cuestión militar para la lucha liberadora de la clase obrera plantearon superar los ejércitos feudales y burgueses mercenarios y sustituirlos por la preparación militar de todo el pueblo. En aquella época de lucha por la revolución democrática poner las armas en manos del pueblo tenía por objeto quitar el poder militar a la reacción feudal y capacitar a las masas para defender las conquistas revolucionarias haciendo uso de la violencia en caso necesario. Engels mismo había empuñado las armas en defensa de la democracia revolucionaria contra la campaña represiva de las tropas prusianas.

Kruschev en respuesta a la política de guerra fría impulsada por los imperialistas Churchill y Truman cayó en la estrategia del imperialismo (uno de los objetivos era imponer una carrera para desangrar la economía socialista) y exacerbó la carrera de armamentos, lo que eventualmente llevaría casi a la bancarrota la economía de la URSS, que bajo Breznev con la excesiva detracción de recursos hacia la industria militar, aceleró las bases definitivas para la restauración capitalista.

No obstante, sería injusto no añadir que la agotadora carrera de armas impuesta a la URSS, en cada una de sus etapas fue iniciada por EE.UU, donde el chantaje permamente de la destrucción nuclear reavivada por Carter y Reagan, impusieron unos gastos de armamento a la URSS, que terminaron por quebrar la detracción de recursos para el desarrollo de la economía socialista. La propia administración Reagan confesaba vox populi su voluntad de obligar a la URSS a aumentar su presupuesto de defensa en base a la hipótesis de que un gran crecimiento de dicho presupuesto frena sus inversiones en la industria civil reduciendo de forma significativa el nivel de vida de los consumidores.

La vía de la paridad militar y nuclear con el complejo militar-industrial yanqui era destructivo para un país socialista. El crecimiento de la renta nacional, que era del 6,5% durante el periodo 1.961-65, pasó al 7,7% en 1.965, bajando a patir de ahí regresivamente al 3%  (1.981-83), y la productividad del trabajo cayó del 3,4% en los dos primeros periodos de Breznev al 1,4% en 1981-82. La tendencia de aumento excedido del gasto militar en la URSS, hizo que los niveles de gasto social en la etapa de Brezhnev bajara de entre los 7 primeros países del mundo a superar la barrera de los 40 en 1.985 (214), precisamente este deterioro de las condiciones de vida del pueblo sería lo que más minaría la confianza en el socialismo, es decir minaría lo que Stalin consideraba como ley económica fundamental de socialismo, la mejora creciente de las necesidades de las masas, donde la producción socialista está supeditada a su fin principal que no es el beneficio sino “asegurar la máxima satisfacción de las necesidades materiales y culturales, en constante ascenso, de toda la sociedad”, teniendo como medio para tal logro el “desarrollo y perfeccionamiento ininterrumpido de la producción socialista sobre la base de la técnica más elevada” (215), criticando a quienes sólo tenían en cuenta el incremento de las producciones sin tener en cuenta las necesidades de las masas.

4.5.9.2 Y llegó ¡La perestroika!

En 1.985 no operaba todavía la ley del valor a sus anchas, no existía mercado capitalista pleno, pero ya no existía una planificación social eficaz. La perestroika vino a culminar el proceso, ya que las anteriores reformas quedaron en intentos que no alteraban la naturaleza socialista de la planificación.

Las reformas de Liberman-Kosiguin, llevaron al socialismo de mercado, de cooperativistas y comerciantes, a la reproducción de la librecompetencia premonopolista como forma transitoria hacia la restauración del capitalismo. En la culminación de la perestroika, en enero de 1990, se destruiría el monopolio sobre el comercio exterior, con zonas libres para las firmas extranjeras para poder acaparar sin obstáculos las materias primas.

Mientras en la década de los años 30 tanto el partido como el gobierno soviético importaban tecnología y especialistas de EE.UU., Inglaterra y Francia para desarrollar las propias fuerzas productivas, formando a los obreros y creando tecnología autòctona para toda la industria, durante la perestroika se promocionó la incorporación de la URSS dentro del mercado capitalista como mero consumidor a través de la importación de bienes de consumo.

Ante el estancamiento económico la perestroika sustituye la carencia de productos de consumo, no por la adquisión en el mercado mundial de medios para la compra de licencias de nuevas tecnologías para la industria ligera de bienes de  consumo como se hiciera en el primer plan quinquenal para potenciar la industria pesada, sino por el aumento desmesurado de la importación de productos de alimentación y manufacturados que colapsan la industria soviética, y disparan la deuda externa, que en 1991 llegó a 95.000 mill. de dólares, pasando la URSS a ser un mercado periférico más para los excedentes del mundo capitalista y los acreedores del FMI.

En el PCUS volvía a citar a la NEP, cuando ésta fué una estrategia económica provisional propio de la etapa previa a la industrialización socialista. Se abandona la lucha de clases internacional, definitivamente. Se declara la reconciliación con el imperialismo en torno a los “intereses de la humanidad” por delante de los intereses de clase, confundiendo la coexistencia pacífica con la conciliación de las clases.

Gorbachov anunciaría que la URSS estaba lista para asumir los valores de la civilización europea que se había negado durante 70 años por imperativos de clase (216), que la historia había demostrado que la ignorancia de las leyes necesarias de la economía de mercado y la renuncia a las normas de democracia de la civilización europea provocan retrasos en el desarrollo. Gorbachov hacía así un salto hacia el vacío endulcorando el capitalismo escondiendo el desarrollo nada democrático de su acumulación originaria (colonialismo, genocidio, tráfico de esclavos y sobreexplotación de los trabajadores) y el retraso económico en el desarrollo político, económico y social (fascismo, neoliberalismo, crisis económica).

Era curisoso escuchar a Larissa Piacheva (Investigadora en el Instituto del Movimiento Obrero) que condenando a la economía mixta, defendía que lo que salvaría a la URSS de la catástrofe económica sería nada más y nada menos que ¡¡¡la doctrina de Milton Friedman!!!, justo después de haber salvado el capitalismo en Chile (217). Kolossovski (consejero jefe de exteriores) tampoco se quedaría corto al manifestar que el combate por precios más altos para las materias primas del tercer mundo era un ¡¡¡acto de violencia contra las leyes naturales de la economía!!!, y que el tercer mundo no es un terreno para la confrontación con Occidente, ya que éste no es nuestro adversario común (218). De forma absurda y descabellada se negaba la verdad revolucionaria: la asfixia del FMI contra los países de la periferia más atrasada del mundo, y se renegaba de la alianza antiimperialista.  Partidarios de la perestroika como V. Jirinovski (futuro presidente del ultranacionalista Partido Liberal-Demócrata en los 90…) iría mas allá al defender una política exterior soviética que superara las contradicciones en las relaciones este-oeste por las relaciones norte-sur como más rentables para los intereses económicos de la futura Rusia postcomunista. La revista Tiempos Nuevos se hacía eco del abandono de la tesis sobre la agresividad del imperialismo, y el deber de dar apoyo a los EE.UU. en la lucha contra la amenaza proveniente del tercermundo, asumiendo el concepto de conflictos de baja intensidad (219).

La perestroika de Gorbachov favoreció el renacimiento de la base social de la contrarrevolución burguesa. Con la perestroika, crecieron los enemigos del socialismo, como vanguardia de la economía sombría, los nuevos ricos cooperativistas, dirigentes de empresas ilegales que gritan: ¡ataquemos con la perestroika al comunismo!. El PCUS como “partido de todo el pueblo” se recrearon y actuaban todos los grupos mencheviques, anarcosindicalistas, trotskistas, monárquicos y nacional-comunistas, la crítica y autocrítica se reemplazó por el pluralismo ilimitado, ignorando el  centralismo democrático. Aparecieron miembros del partido que se dedicaban abiertamente a actividades antisocialistas y antisoviéticas. Aprovechando la victoria del grupo oportunista de derecha en la dirección del PCUS, los restauradores del capitalismo llevaron a la perestroika a la vía anticomunista. Los correligionarios de Boris Yeltsin y “Rusia Democrática” mientras renegaban del marxismo-leninismo, seguían llevando el carnet del partido a la espera del reparto de sus bienes (finanzas, inmuebles, editoriales, etc.).

Mosche Lewin escribía en 1975 que le resultaba impresionante cómo muchas ideas del programa de Bujarin de 1928-1929 eran adoptadas por los reformistas de la perestroika. No era casual, ya en los años 60 tres de los cuatro principales institutos de economía estaban dominados por economistas favorables a la economía de mercado (220). El programa de reformas de Gorbachov se convirtió en un verdadero asalto al socialismo, cuyo objetivo era minar el liderazgo del PCUS, la propiedad estatal, la planificación socialista, y la integridad plurinacional de la URSS. La XIX conferencia del partido se convirtió en una fiesta anticomunista. En nombre de la lucha contra el stalinismo se rehabilitó a Bujarin y se desplegó la alfombra roja para las fuerzas que reclamaban por la restauración del capitalismo.

Las reformas estuvieron encaminadas a introducir la economía de mercado, lo que supuso de hecho el desmantelamiento de la economía planificada, la privatización de la propiedad estatal, la disolución de las granjas colectivas, la abolición del monopolio estatal del comercio exterior, el cierre de empresas poco rentables para el capital, la disciplinación de los trabajadores mediante el desempleo, la subida de los precios de los productos básicos, el ahondamiento de las diferencias salariales, etc. En definitiva, un cambio no de la gestión de la economía sino de las relaciones de producción al acabar con los tres pilares del socialismo, la propiedad pública de los medios de producción y distribución, la planificación socialista y el monopolio estatal del comercio.

Consecuencias: malas condiciones de trabajo, erosión del nivel de vida, fuertes aumentos de precios en alimentación, transporte, electricidad, gas y vivienda, ampliación de las diferencias salariales entre obreros e intelectuales, y el mercado negro desarrollado a través de las cooperativas privadas, así como la escasez de productos básicos y la amenaza de paro, inflación galopante y devaluación del rublo que traen los estantes vacíos, mayor atraso de desarrollo de la base material y productiva, retroceso en comparación con los países capitalistas desarrollados y conversión de la URSS en un apéndice de suministro de materias primas a finales de los 80, legalización de los millonarios quienes a comienzos de 1988 eran más de 130.000, los cuales deforman y desorganizan la economía soviética en el cambio, distribución y consumo de la sociedad, llevan al crecimiento de la corrupción y la destrucción de las normas legales. Crece el crimen, la narcomanía, el robo masivo de la propiedad estatal y el suicidio.

Estos millonarios en el curso de la perestroika consolidaron sus posiciones, estimulando la desideologización, y los recelos nacionalistas. Millonarios también militantes del PCUS. Antiguamente las purgas del partido con el máximum bolchevique neutralizaba la desnaturalización del carácter del partido y el enriquecimiento personal de los dirigentes. Uniéndose con los burócratas corrompidos formaban una capa social que se distingue por sus propios intereses, demandas, psicología, moral e ideología. En la ideología se les presenta como los representantes del liberalismo burgués.

El valor anual de los bienes y servicios ilegales en la URSS creció de 5 billones de rublos a principios de los 60 a 90 billones a finales de los 80, mientras que la renta nacional pasó de 146 billones a 422 billones. El peso de la economía sumergida pasó del 3,4% al 21% de la renta nacional en 1988 (221). Mientras, los dirigentes revisionistas hablaban de que la URSS se encaminaba al comunismo (sic). Uno de ellos, Kozlov, aseguraba a los delegados del XXII Congreso del PCUS que en la sociedad soviética ya no existía una base social sobre la que pudiera surgir una corriente oportunista en el partido, mientras se llenaba los bolsillos protegiendo a empresarios ilegales (222).

Mediante las reformas económicas se crearon las condiciones para la expansión de la economía sumergida, que minó la planificación económica centralizada, generó el descrédito hacia el socialismo y la planificación, y destruyó la fe de la clase obrera en la integridad del PCUS. La clase obrera difícilmente podrá luchar por el socialismo y hacer los sacrificios necesarios si cree que se trata de un sistema fallido. Difícilmente podrá acometer la tentativa de derrocar el capitalismo, si está convencido de que la economía de mercado es la panacea de la liberación de la humanidad.

V.I. Makarov que fué director del Instituto Central de Economía y Matemáticas de la Academia de Ciencias de la URSS llegó a afirmar que la clase obrera soviética se había vuelto indiferente con la vida económica, y que se debía eliminar esa apatía por medio de mecanismos económicos como el desempleo. O sea que la clase obrera soviética debía de producir más y más bajo la amenaza del paro de la misma forma que las economías capitalistas (223). En un artículo de junio de 1987 publicado en la revista soviética Novy Mir, Nikolai Shmeliov que lanza la tesis de la NEP como el avance al socialismo y  defiende su regreso, también argumenta las mismas nociones que Makarov, enemigo del pleno empleo el cual trataba con desprecio en la prensa escrita a los trabajadores soviéticos acusándolos de vagos y borrachos:

“correr el riesgo de perder el trabajo y sobrevivir con el subsidio temporal de desempleo, o tener que trabajar donde uno sea enviado, es algo bueno para combatir la pereza, la embriaguez y la irresponsabilidad” (224).

La perestroika vino a dar conciencia de clase a los elementos procapitalistas con hegemonía en un Estado y un economía que teóricamente estaban orientados para proteger a los trabajadores.

Para elevar esa conciencia de clase e imponer su pensamiento en el conjunto de la sociedad se preparó la glasnot, transparencia informativa (sic), que permitió que se desencadenara una propaganda contrarrevolucionaria y antisocialista que atacara a todas las conquistas del pueblo soviético. Tanto era así que desde 1.985 era muy difícil encontrar publicaciones que dignifiquen el trabajo revolucionario durante los años 20, 30 y 40, en la industrialización, colectivización, revolución cultural, la lucha antifascista y la ayuda internacionalista. Por el contrario, pululaban publicaciones burguesas y profascistas que renuciaban a las conquistas de este periodo histórico, se empezaba a prohibir la memoria histórica revolucionaria de construcción del socialismo y la contribución heróica a la derrota del nazifascismo, se revivió el antistalinismo para atacar las conquistas de la revolución, se dejó a los imperialistas financiar todo tipo de organizaciones antisocialistas, radios libres, partidos proburgueses, etc, en el interior de la URSS, rebajando la lucha de clases. Se desarrollaban publicaciones racistas y neocolonialistas contra el mundo subdesarrollado, al que Victor Cheinis (del futuro partido socialdemócrata) lo consideraba como la cuna del terrorismo, y que el capitalismo extranjero era positivo para esos países, ya que los movimientos revolucionarios y campesinos ponían en peligro el proceso de modernización capitalista, etc. Se rehabilitaba a Kerenski como “víctima” del “terror bolchevique” encubriendo su política de continuación de la guerra imperialista.

Y al final la glasnost consiguió su propósito de denigrar el socialismo, ya que si en 1.989 el 38% de los soviéticos confiaban en el PCUS, un año más tarde no era más del 16%, mientras que las organizaciones religiosas pasaron del 13% al 37% en el mismo periodo (225). Yakovlev, rehabilitado por el XXº Congreso del PCUS (fue condenado por actividades antisoviéticas) ministro de Gorbachov y miembro de la “plataforma democrática” dirigida por Yeltsin, confiesa sin rubor ni arrepentimiento alguno el proceso de lucha ideológica contra el marxismo-leninismo y liquidación del socialismo existente:

“del antistalinismo al antileninismo y al antimarxismo, se procede paso a paso, teniendo en cuenta en cada etapa el grado de adhesión de las masas trabajadoras a los principios socialistas. Cada medida contrarrevolucionaria debe ser planteada en el momento oportuno, cuando la opinión pública ha sido suficientemente trabajada” (226).

La glasnot jugaba en la ideología el mismo papel que la perestroika en la economía, restaurar las relaciones de producción capitalistas destruyendo la planificación socialista, enfrentándose a la ideología comunista. Supuestamente iba a corregir los déficits democráticos, pero en realidad supuso un aumento de la influencia de las ideas reaccionarias y procapitalistas.

El principal asesor de Gorbachov, Yakovlev, dirigía el proceso. Gorbachov entregó el control de los medios de comunicación a reformistas como Shmeliov, Makarov, Abalkin, Aganbegyan, etc, los cuales bombardearon la prensa con artículos que criticaban el socialismo, infravaloraban sus logros, revisaban la historia y embellecían el capitalismo, lanzando alabanzas tanto de las ventajas de la economía de libre mercado como de sus daños colaterales, el desempleo, el cierre de empresas no rentables incluso los que eran esenciales para la supervivencia de la economía soviética. Los medios calificaban a quienes querían conservar el partido y el socialismo de conservadores, y a quienes defendían las medidas que favorecían la restauración del capitalismo los presentaban como demócratas. Idéntica terminología empleada por los medios imperialistas.

En la XIX Conferencia del PCUS fueron aprobadas medidas que supusieron: la aniquilación de la planificación económica, la introducción completa de la autonomía productiva y financiera de empresas industriales, legalizar las cooperativas privadas, comercio al por mayor de los medios de producción, arrendamiento de las tierras, la privatización de la vivienda. Estas medidas hundieron la economía en el caos y en 1988 era clara la escasez de bienes de consumo. La reforma de los precios generó una inflación tremenda de productos alimentarios como el pan, leche y carne.  Por primera vez desde la IIGM, apareció la inflación. Los precios aumentaban el 20% anual. Por último, la decisión de acabar con las subvenciones en petróleo, gas y materias primas a las repúblicas soviéticas empujó a los Estados del Este a endeudarse con los mercados capitalistas, atizando el ánimo separatista.

El quinquenio de la perestroika acabó con un sonado fracaso en su proclama de desarrollar el socialismo, en su lugar se puso a la URSS al borde de la catástrofe, la más profunda crisis económica que arrasó la producción, la política, la cultura, la ideología y la moral. Todo lo que los oportunistas sacaron para discutir y aprobar en los soviets supremos, fue el programa de estabilización del FMI ya elaborado en los años 70 para los países subdesarrollados, con la brusca alza de precios minoristas, la congelación salarial, la devaluación del rublo, la reducción de los gastos sociales y culturales, la desnacionalización de la economía y las máximas condiciones favorables para la actividad del capital privado nacional y extranjero. Llegados a este punto quedaba claro que la perestroika ya no se disponía a acelerar el desarrollo socioeconómico del socialismo, y que sólo era el camuflaje ideológico para la restauración del capitalismo. Los instrumentos y medios principales de producción y la base material técnica de la sociedad socialista sufren la crisis y destrucción. Nina Andreeva lo describe con amargura:

“Cada mes más de mil empresas cierran sus puertas. El nivel de producción bajó de principios del 70, es decir, retrocedió 20 años. De los 58 altos hornos de gran tamaño, 36 se apagaron. Se malogran y desaparecen preciosos equipos y se escamotean materias primas…Se inundan las minas, y en los campos no se puede aplicar el cultivo rotativo. Por la escasez de pienso, los campesinos se ven obligados a sacrificar el ganando en pleno verano. Se detienen los medios de transporte perjidicados el extremo en el período de “gorbatroika”… La bancarrota del acopio de productos agrícolas y los combustibles, ha creado el peligro de padecer inviernos fríos y hambrientos. El sistema monetario está en crisis.” (227).

La camarilla de Gorbachov trató de esconder desde el principio los objetivos reales de la perestroika. Primero se dijo que el objetivo era reforzar el socialismo y renovarlo. Se prometió que se aseguraría un mayor abastecimiento de alimentos y otros bienes de consumo actualizando y reequipando la industria y agricultura soviéticas. Solamente a mediados de junio de 1990, Gorbachov reveló esencia de la perestroika, que no había ninguna alternativa a la economía de mercado (228). A partir de entonces ya no se hablaría de fortalecer el socialismo, los consejeros económicos claves de Gorbachov (Petrakov y Shatalin) comenzaron a exigir la creación de las condiciones para privatizar las industrias estatales, reducir el gasto público e inversión estatal, reducir los subsidios en comida y productos básicos, cerrar las industrias y fábricas poco rentables, y descolectivizar la agricultura.

Los restauradores, contrarrevolucionarios,  destruyeron el estado socialista, socavaron sus bases económicas, lo hicieron incapaz de defender a los trabajadores de los especuladores y saqueadores, de los criminales, del auge del nacionalismo burgués, e incapaz de poner fin a la anarquía, la corrupción y el burocratismo. Y ya no se trata sólo de los comerciantes de la economía sumergida, sino también de representantes del aparato económico, de los soviets y del PCUS que cambian el poder por dinero. Son los directores de fábricas, cooperativas, dirigentes de soviets locales,  que se lucran con las nuevas actividades económicas,  forman la base de la contrarrevolución, de la restauración del capitalismo, futuros candidatos de las filas de la nueva burguesía.

Durante este período se desarrollaron los actos destructores conocidos, la disolución del CAME, del Pacto de Varsovia, de los organismos internacionales de los PCs y la disolución del PCUS y la URSS, y esto último a pesar de que  al margen del descrédito del PCUS, el 17 de marzo de 1.991 en un referéndum con un 80% de participación 112 millones de soviéticos (76,4% de votantes) ¡todavía se pronunciaban a favor de la conservación de la URSS!.

No obstante a pesar de la involución revisionista de la perestroika (1.985-90) la burocracia estatal y de las empresas, no podían disponer en propiedad privada los medios de producción y no podía constituirse en burguesía, pero en el ¡¡¡último!!! Congreso del PCUS (XXVIII°-1.990), se  demolería toda la propiedad socialista levantando el acta notarial hacia el capitalismo sin necesidad de mentir, convirtiendo la economía mercantil en economía mercantil capitalista. Se promulgó la propiedad privada sobre la tierra, arrendamientos, conversión de empresas del Estado en sociedades por acciones, venta de medios de producción, alquiler de pisos y almacenes, etc, otorgando poderes plenipotenciarios a los directores de fábrica, los cuales junto a algunos dirigentes de soviets, se convirtieron en los hombres de negocios de la restauración capitalista, los que ya eran beneficiarios de la anterior “división técnica del trabajo” a través de la diferenciación en la remuneración y niveles de vida, pero que ahora dispondrían de un mercado de fuerza de trabajo y medios de producción privados, inexistentes hasta entonces., ahora podrían ser burgueses. Con el tiempo se formarían dos tipos de burguesías, la compradora encabezada por Yeltsin y las mafias, entregadas al imperialismo yanqui, y una burguesía de carácter más nacional (Gorbachov, Putin) en torno a políticas que pretenden recuperar el potencial industrial y militar de la antigua URSS pero ya como una potencia capitalista más frente a sus competidores.

4.5.9.3 Las contradicciones existen en el socialismo y deben resolverse

Esta historia ha demostrado que la sociedad socialista, gracias a su carácter de clase, al papel dirigente de la clase obrera, guiada por el partido comunista, y a la alianza con el resto de los trabajadores:

– está en condiciones de dirigir el proceso de limitación y eliminación de las fuerzas productivas atrasadas, incrementando el carácter colectivo de las mismas,

– es capaz de movilizar eficazmente los recursos humanos para un rápido desarrollo económico y así hacer frente con éxito a las agresiones y al bloqueo económico,

– no sólo los capitalistas dejan de actuar como capitalistas y los traficantes dejan de hacer sus negocios, sino que también los productores autónomos dejan de ser empresarios libres (a merced del mercado) y, por tanto, de existir como tales; los proletarios dejan de ser vendedores libres de su fuerza de trabajo (a merced de los capitalistas); los políticos y funcionarios del Estado dejan de disponer a su arbitrio de las masas; los dirigentes pierden el carácter exclusivo, monopolista, arbitrario y de casta de su poder; el trabajo intelectual ya no es privilegio de algunos individuos y el trabajo manual deja de ser un castigo para los demás; los hombres pierden su prerrogativa de dominio social con respecto a las mujeres, etc.

– es una sociedad que, gracias a todos los factores mencionados hasta aquí, es imposible abatir desde el exterior y que sólo puede ser abatida desde el interior, aunque con dificultades, mediante un proceso de degradación que debe prolongarse durante un largo período.

No se puede ignorar que la sociedad socialista hereda necesariamente de la sociedad burguesa las contradicciones antes enumeradas. Ninguna de ellas coincide directamente con la contradicción burguesía/proletariado (excepto la contradicción capitalismo/socialismo a nivel internacional)., la conservación, cristalización y profundización de cada una de estas contradicciones no puede más que dar como resultado y reproducir relaciones mercantiles y, en definitiva, como desarrollo de éstas, relaciones mercantiles capitalistas. Engels ya criticó a Dühring que la existencia de la circulación mercantil de la comuna económica conduce al resurgimiento del capitalismo. Mientras que estas contradicciones no sean superadas en lo esencial, el capitalismo seguirá siendo la alternativa posible al comunismo (su negación) y a su vez el comunismo se presentará como la alternativa al capitalismo (su negación), y no todavía como sociedad que ya se desarrolla sobre la base de sus propias contradicciones (específicas y particulares).

Después de la conquista del poder por parte del proletariado, una vez eliminada en lo esencial la propiedad individual y de los capitalistas agrupados en lo que concierne a las principales fuerzas productivas y los aspectos principales de la producción social, se desarrollan cada vez más claramente las contradicciones entre los trabajadores de las diversas clases y categorías sociales (obreros industriales, intelectuales, empleados de los aparatos del Estado, campesinos), que ya existían en la vieja sociedad, si bien con un carácter secundario, ahora se tornan de un carácter principal.

Los países socialistas, que la propaganda desde Kruschev pintaba como «pueblo unido» sin contradicciones sociales (“Estado de todo el pueblo”, “partido de todo el pueblo”), se muestran realmente como un pueblo dividido por contradicciones heredadas de la vieja sociedad. Una contradicción existe hasta que cada uno de los polos que se oponen entre sí esté en condiciones de imponerse. Negar que en una sociedad socialista los promotores de la restauración del capitalismo pueden imponerse equivale a negar que en la sociedad socialista existen contradicciones antagónicas y no antagónicas, lo que equivale a abrazar la tesis revisionista.

En la historia de la URSS ha habido dos extremos. Uno, el oportunismo de derecha que al afirmar que no existen contradicciones, trabajaban consciente o inconscientemente en favor de la restauración de las relaciones capitalistas de producción. Y otro, más temprano (ver debate sindical), el oportunismo de izquierda negaba también que existan las contradicciones. Estos pretendían saltar el proceso de superación por etapas de las contradicciones y rechazaban seguir y dirigir el movimiento concreto de las contradicciones. Eran partidarios del igualitarismo absoluto e inmediato, y de la abolición inmediata del Estado.

La definición del partido como partido “de todo el pueblo”, en vez de partido comunista, supuso la supresión definitiva de las medidas dirigidas a promover la presencia de obreros en el partido; eliminación de las periódicas movilizaciones de las masas para la verificación de los miembros del partido (lo que la propaganda burguesa llamaba “purgas“); fin de la admisión al partido basada en la adhesión al programa comunista y en su verificación práctica, así como en la capacidad de unirse a las masas; eliminación de las normas sobre la vida partidista interna que favorecían el carácter de vanguardia comunista del partido (autocrítica, etc.); apertura de éste a elementos de clases hostiles al comunismo, a arribistas, especuladores y a los que querían hacer carrera. El partido se transforma gradualmente en el partido de los dirigentes estatales, de los dirigentes de las unidades productivas, de los oficiales de las FFAA, etc., confiándole exclusivamente la tarea de hacer cumplir las directivas estatales y promover el desarrollo económico.

La definición de Estado ”de todo el pueblo”, en vez de dictadura del proletariado, supuso la eliminación de las campañas periódicas de masas de verificación de los funcionarios; estabilización del cuerpo de funcionarios y en general de todo el aparato dirigente económico y político como cuerpo fijo en la sociedad, desligado de los movimientos de las masas y seleccionado en base a la fidelidad a los jefes en vez de sobre la base de la capacidad de movilizar a las masas.

La consolidación y ampliación del carácter mercantil de la producción (precios y autonomía financiera de las fábricas); supuso la transformación gradual de la planificación mediante la supremacía de los grupos económicos y unidades productivas más fuertes y la tolerancia con respecto a las rentas que no proceden del trabajo (especulaciones, intermediaciones, tráficos, intereses sobre el dinero, rentas de la propiedad inmobiliaria e intelectual, etc.); ampliación de los privilegios y poderes de los altos funcionarios, de los dirigentes, de los trabajadores especializados y de los especialistas, etc.

La ruina económica de los regímenes socialistas posteriormente se aceleró a causa de la crisis general de superperproducción de mercancías generada por la crisis de superproducción de capital en la que los países imperialistas entran a partir de mediados de los años 70. Esta crisis les dió el golpe final. Los países socialistas, como consecuencia de la línea de dependencia del mercado financiero imperialista impuesta por los revisionistas durante años, debían pagar intereses y reembolsar los créditos concedidos por los grupos imperialistas. Además debían adquirir en los países imperialistas los bienes que ya se habían hecho indispensables para el funcionamiento de su aparato productivo y para el consumo, en el marco de la división internacional del trabajo con los países capitalistas y de la parcial integración en el mercado capitalista mundial.

La carrera armamentista, implícita en la política de competencia militar con el imperialismo yanqui perseguida por los revisionistas, agravó todavía más la situación.

Teniendo claro que sin la demolición de la estructura económica socialista, la restauración del capitalismo hubiera sido imposible. El primer paso lo dio la reforma de Gorbachov agravando la crisis económica que convirtió a la economía planificada con sus errores en una economía capitalista neoliberal frenando en todos los ámbitos el crecimiento económico. La importación de productos, incluso con un coste mayor, pasó a desplazar el desarrollo económico propio. En un espacio de tiempo muy corto, el potencial técnico-industrial y de alimentación de la URSS que a mediados de los 80 la colocaba entre los 10 primeros países del mundo fue destruido, la deuda externa se acrentó, la economía terminó por desmoronarse haciendo caer la superestructura político ideológica.

La no resolución de las contradicciones, la ausencia del trabajo de masas, de la superación de la economía mercantil por la planificación, y el retroceso ideológico del partido comunista y del Estado soviético, propiciaron que las viejas bases capitalistas sobre las que se elevaba la nueva sociedad socialista, vencieran y fueran completamente restauradas.

 

4.5.10 Relaciones de Producción, Fuerzas Productivas y lucha de clases en la dictadura del proletariado

Ya sabemos que el desarrollo desigual del capitalismo, posibilita el triunfo en uno o varios países, con formas económicas de transición y planificación socialista, donde la supervivencia transitoria de las relaciones mercantiles es resultado del precario desarrollo de las fuerzas productivas, las cuales deben extinguirse en un proceso dialéctico de ampliación de las fuerzas productivas y de la conciencia y moral comunistas. Estos dos elementos el Che Guevara los sostenía como inseparables, interpretando la ley de correspondencia fuerzas productivas/relaciones de producción como algo dialéctico.

Para el Che la implantación paulatina de las relaciones socialistas de producción en Cuba, no hubiese sido posible de no mediar en la lucha de clases una correlación de fuerzas mundial favorable entre el socialismo y capitalismo, y en ese contexto con la conquista del poder político las relaciones de producción podían y debían ir por delante de las fuerzas productivas, estableciéndose una lucha intensa entre el control social y el control privado de la producción, entre el débil desarrollo local de las fuerzas productivas y su creciente socialización, entre los residuos del capitalismo y los trozos de socialismo, reforzando la tendencia hacia la creciente apropiación social de los medios de producción por los productores organizados conscientemente con arreglo al plan (229).

Stalin también lo destacaba. En su polémica con Yarosheko situaba que éste exageraba el papel de las fuerzas productivas en el socialismo, subestimando las relaciones de producción socialistas, confundiendo a éstas como parte de las fuerzas productivas. Destacando por el contrario el papel positivo e impulsor de las relaciones de producción socialistas en el desarrollo de las fuerzas productivas:

“…las nuevas relaciones de producción son la fuerza principal y decisiva que determina precisamente el desarrollo contínuo y poderoso de las fuerzas productivas, y sin ellas las fuerzas productivas estarían en nuestro país condenadas a vegetar como vegetan hoy en los países capitalistas” (230).

No obstante, a diferencia del Che, Stalin se refiere aquí, únicamente a las formas de la propiedad, de carácter social en este caso, y no habla de la superestructura, no especifica una vez consolidado el desarrollo y los éxitos de la planificación socialista frente al cerco imperialista, el conjunto de las relaciones que se establecen en la formación social soviética, formación compuesta por el modo de producción comunista como dominante no sin contradicciones y la existencia de la economía mercantil en la circulación acompañada de una superestructura jurídico-política (leyes, estado y poder político) e ideológica (ideas, cultura, costumbres y moral dominantes, de carácter comunista).

El Che consideraba que el socialismo no podía vencer al capitalismo con sus objetivos (productivismo y consumismo) ni con sus “armas melladas” (economía mercantil, rentabilidad, individualismo, interés material como única palanca económica, etc.), ya que aunque durante el período de transición la economía mercantil subsiste, ésta debe estar subordinada a la planificación. Para el Che se debía suprimir la ley del valor y sus categorías capitalistas: mercancía entre empresas, interés bancario e interés como palanca; sin menospreciar los últimos adelantos administrativos y tecnológicos del capitalismo (231).

Igualmente el Che, no compartía el desarrollo económico del socialismo sin la moral comunista, las transformaciones de las condiciones materiales no eran suficientes para eliminar las lacras ideológicas del capitalismo, pensaba que la creación de la base material socialista iba ligada a la acrecentación de la conciencia comunista, “hacer al hombre nuevo” de una nueva moral y nueva cultura en beligerancia con las herencias del pasado (individualismo y egoísmo pequeño burgués) dando primacía al estímulo moral de la educación comunista en el deber social, el ejemplo, el sacrificio, etc., donde el estímulo material objetivamente necesario, no era el único, para el Che cabían dos pilares de la construcción del socialismo: aumento de la producción y desarrollo de la conciencia socialista,“la formación del hombre nuevo y el desarrollo de la técnica”, que expresa la educación moral de los trabajadores y el desarrollo de las fuerzas productivas (que incluyen a los propios productores), la naturaleza revolucionaria de la superestructura y las relaciones de producción socialistas que la sustentan (propiedad social y plan social). Por eso el Che destacaba mucho el estímulo material de naturaleza social por delante del de naturaleza individual.

Hay que desarrollar la conciencia comunista porque una de las razones de mantener la remuneración según el trabajo como derecho burgués que pervive bajo el socialismo, es porque el pueblo llega al socialismo con un desarrollo cultural condicionado por la estructura económica del capitalismo. Por eso, una cosa es respetar la remuneración según el trabajo o el interés material individual como algo necesario en el periodo de transición y otra es basar la construcción del comunismo en el interés material individual.

Ya Lenin cuando planteaba la necesidad de popularizar  entre los productores de cada empresa como objeto de estudio para todos la estadística y los balances económicos de las empresas (incumbencia exclusiva de los especialistas bajo el capitalismo), lo hacía con el incentivo de naturaleza mayormente social:

“las comunas que destaquen sean recompensadas en el acto (reduciéndoles la jornada de trabajo…, aumentando en ellas la retribución, concediéndoles mayores bienes y valores culturales. O estéticos, etc.” (232).

La enseñanza y las organizaciones de masas juegan el papel esencial de hacer desaparecer actitudes del pasado, de lucha contra la penetración de las normas burguesas de comportamiento y asegurar las nuevas normas de comportamiento social, desarrollar la conciencia socialista. En esta tarea el Che destacaba también el papel de dirección del partido y del Estado proletario en esta tarea, elevando a la vanguardia política a la categoría moral del ejemplo y sacrificio, el “ejemplo vivo” cara a evitar su cristalización como capa burocrática divorciada de las masas, consiguiendo en oposición a ello que “los mejores trabajadores son propuestos para integrarlo”. Vanguardia-partido que comparte los rigores de la vida de las masas y no teme aprender de ellas. Partido que aspira a ser de masas “cuando las masas hayan alcanzado el nivel de desarrollo de la vanguardia” (233). (¿Nos suena aquí la posición de Gramsci acerca de la revolución intelectual moral para salvar a las masas del sentido común?),

Para el Che, la transición al socialismo no se dá en un estado puro, ya que ésta

“transcurre en medio de violentas luchas de clase y con elementos de capitalismo en su seno que oscurecen la compresión cabal de su esencia” (233*).

Por eso entendía que no se podía desligar el análisis económico de la lucha de clases, ya que la lucha entre el control social y el control privado de la producción, entre la planificación social y la persistencia de las relaciones mercantiles con su influencia en las formas de conciencia social, es la lucha entre las relaciones de producción socialistas y los residuos del capitalismo, es la expresión de la lucha de clases en la etapa de transición, donde se establece la necesidad de luchar al mismo nivel contra las supervivencias del pasado capitalista tanto en la conciencia social como en las fuerzas productivas, de luchar por la formación de hombres y mujeres nuevos, desterrando la ideología y la moral burguesa, colocándose a la izquierda en política, pero también en moral. Aspecto omitido en la praxis y los planteamientos teóricos de los economistas soviéticos que terminarían por asumir el planteamiento economista basado en la construcción a priori de la base material de la sociedad socialista, aplazando la consolidación de las relaciones sociales, no en cuanto al carácter de la propiedad, sino en cuanto a la configuración del modo de producción dominante, en sus yo diría tres pilares básicos:

  • poder real de la clase obrera + socialización creciente de las fuerzas productivas en torno al plan social sometiendo y extinguiendo la economía mercantil, (desde el XXº Congreso del PCUS se ampliaría la economía mercantil);
  • división del trabajo hacia la extinción de la separación del trabajo manual e intelectual;
  • predominio de la ideología y moral comunista en el ámbito de la superestructura, extinguiendo además las diferencias remunerativas a iguales cantidades de trabajo.

Relaciones sociales que en el medio soviético serían ajustadas como efecto de unas fuerzas productivas más potentes, relegando el papel de la superestructura a un mero efecto de la base económica de la sociedad socialista, ignorando que tal movimiento metafísico, que no parte de la lucha de clases, ni de la moral comunista en la perspectiva de la superación de la división social del trabajo, condiciona en negativo el carácter efectivamente socialista del desarrollo económico. Es propósito estratégico del socialismo lograr que el trabajador deje de comportarse con respecto al resultado de su trabajo y en general del trabajo de la sociedad, como hacia un producto ajeno, no suyo, ya que el interés del productor hacia el producto social es definitorio de una condición real de productor socialista.

Es decir, si las ideas y la conciencia de clase en un proyecto revolucionario de carácter socialista, se mantienen a un bajo nivel, ello repercute a la larga en la base económica. Por lo que el estímulo económico y moral son inseparables para el empuje de las fuerzas productivas socialistas, tal y como lo entendía el Che. Tomemos un ej. histórico como la Reforma Protestante que en un orden fué impulsada por el desarrollo de las relaciones capitalistas, pero que también la propia Reforma influenció a través de su ética moral  de masas (puritanismo) el desarrollo del capitalismo en la Inglaterra y Norteamérica de los siglos XVII y XVIII.

Al contrario de lo planteado por el Che, y antes que él por Gramsci y Lukacs, la economía política soviética encumbraría a los altares una de las tesis del Ensayo Popular de Bujarin para quien el núcleo principal de las fuerzas productivas eran las herramientas de trabajo y la tecnología. Si mientras para Marx, como ya dijera en Miseria de la filosofía, de todos los instrumentos de producción la fuerza productiva máxima es la clase obrera, para Bujarin sólo los cambios de la técnica provocan cambios en la organización de la producción, siendo los medios de producción lo determinante en la naturaleza del trabajador. No obstante, es Marx quien acierta ya que la realidad objetiva reposa en que siendo la técnica un componente de las fuerzas productivas no es idéntica a ellas ni el momento final o absoluto de los cambios en esas fuerzas (234).

Así Bujarin y los que le siguieron caían en el fetichismo al pretender buscar las determinaciones del desarrollo de la sociedad y la producción social en un pilar distinto a las relaciones sociales de producción centrándose en la técnica, la economía mercantil, etc. No se puede separar la técnica del resto de las fuerzas productivas (medios de producción, fuerza de trabajo, organización), ni estas de las relaciones sociales y la superestructura jurídico-política. Precisamente en sociedades anteriores (esclavismo, feudalismo) la ejecución del trabajo y la apropiación del excedente se consiguió más a por medio de la de la violencia social que mediante el desarrollo de la racionalidad técnica (234*).

Incluso el paso de la ejecución del trabajo gremial a la manufactura, no fue más que una ampliación del taller con un número mayor de obreros y especialidades, lo que sólo supuso un cambio de la organización del trabajo, y no un desarrollo de la técnica. Por lo que la manufactura fue producto del desarrollo de las relaciones de producción capitalistas dominantes y los cambios políticos, legislativos y revolucionarios que provocó en su marcha, más que del desarrollo de la técnica. Y el propio desarrollo posterior de la manufactura con la introducción de la división técnica parcelada del trabajo, fue más un producto de la organización del trabajo (técnicas organizativas), que del desarrollo y perfeccionamiento tecnológico de los medios de producción. Fué la apropiación del saber profesional de los obreros y artesanos por el capital la que dieron nacimiento a la gran industria.

¿Por qué colocamos este análisis?. Pues porque lo que es válido para la revolución antes de tomar el poder, sigue siéndolo para la gestión del poder político por los revolucionarios. Marx en los Grundrisse ya analizaba que en la economía mercantil el trabajo es abstracto porque éste no se regula conscientemente a priori, sino a posteriori y a espaldas de los productores en el mercado que es donde se socializan las producciones.

Por eso no es viable ningún tipo de socialismo asentado en la regulación mercantil de la oferta y la demanda, ya que la fuerza productiva máxima (la clase obrera) debe controlar a priori y de forma creciente la producción social, por eso la tecnología y los medios de producción siendo un elemento imprescindible de las fuerzas productivas, no deben dejar de estar supeditadas al control social de la fuerza productiva máxima desde las relaciones de producción socialistas, desde la propiedad + la planificación y contabilidad sociales. El avance impetuoso de las fuerzas productivas, que por intervención de la ciencia y la tecnología aminora la proporción del trabajo vivo, y aumenta el tiempo libre, tiempo de no trabajo para los productores, no es suficiente si no se modifican el conjunto de relaciones sociales, si los productores no dominan la producción social, y dejan de depender del mercado para prever las necesidades sociales y de consumo, en definitiva si el plan social no suprime toda la economía mercantil.

Bajo el dominio del capitalismo el capital aparece como fuerza productiva social frente a los obreros dispersos. Marx describe la sociedad socialista como sociedad de productores asociados, donde el aislamiento en el proceso productivo es abolido, los productores organizan, planean, discuten y ejecutan su proceso de trabajo en común, se convierten en la fuerza productiva principal y consciente. De esta manera los productores conciben la socialización objetiva de su trabajo a priori, distribuyendo los recursos económicos entre las diversas ramas de forma planeada y de acuerdo con las prioridades sociales determinadas.

No debe esperarse que se realicen todas las innovaciones tecnológicas antes de transformar las relaciones de producción. La automatización generalizada en la industria es imposible bajo el capitalismo. Esperar dicha automatización antes de derrocar las relaciones de producción capitalistas es tan incorrecto como esperar a que estas desaparezcan por el simple avance de la automatización, sin la intervención de la lucha de clases.

Por tanto, no dispone de mayor peso la tecnología que la fuerza de trabajo, ni las fuerzas productivas que las relaciones de producción en la construcción del socialismo. Precisamente una visión marxista-leninista, alejada del mecanicismo de la IIª Internacional y el Ensayo Popular de Bujarin, debe considerar que la contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción no es una contradicción que opere automáticamente, que tales fuerzas productivas no derruban o arrastran por sí solas a las relaciones de producción en el marco de la etapa de transición a la sociedad comunista, tanto para la conquista del poder, como para su gobierno revolucionario. Los revolucionarios deben dirigir desde la superestructura la economía planificada y la lucha de clases en todos los terrenos, dejando de ser meros espectadores de un proceso “objetivo-natural” de empuje de las fuerzas productivas.

De hecho, Marx entendía la etapa de tránsito al comunismo, la dictadura del proletariado, como una “revolución permanente hasta la realización del comunismo” (235), lo cual implica la lucha contra la subordinación de los trabajadores a la división social del trabajo, en lo económico, en la infraestructura de las relaciones de producción, pero también lo político en la superestructura jurídico-política e ideológica. El objetivo de esta lucha no es otro que la superación de la separación de los individuos entre gobernantes y gobernados, dirigentes y dirigidos. Lo cual implica de inmediato la lucha contra la separación del partido y clase, partido y masas, dirigentes del partido y militantes de base, entre cuadros que saben de política y masas que no disponen de conocimiento alguno de la política, la lucha contra la separación entre los administradores del Estado obrero y los productores inmediatos, la lucha desde el principio por la extinción del Estado.

Precisamente cuando Lenin mencionaba la construcción de la base económica del socialismo, no se refería sólo a las fuerzas productivas, o una parte de las mismas, sino a la transformación socialista de las relaciones de producción. Tras el XXº Congreso del PCUS los dirigentes soviéticos, como ya se ha señalado, comenzaron a seguir más a Bujarin y su manual que a Marx y Lenin, cayendo en la apariencia, al reducir las relaciones sociales a la propiedad socialista identificada con la propiedad jurídica del Estado (socialismo lasalleano), relegando además tales relaciones sociales a un segundo plano por detrás de las fuerzas productivas.

Hay que decir que Stalin también estuvo contaminado teóricamente, aunque no políticamente, de ese productivismo. En su informe al XVIIIº Congreso del PC bolchevique de la URSS (marzo de 1.939), cuando de forma políticamente correcta analizaba los logros de la edificación del socialismo tras la colectivización agraria, y la industrialización, señalando el cambio de la composición clasista de la sociedad soviética y el crecimiento del bienestar general del pueblo, también indicaba que el gran salto que la URSS había dado con respecto a las potencias capitalistas en el crecimiento industrial siendo importante, no había logrado lo mismo en el ratio por habitante, razón por la cual se marcaba como objetivo el sobrepasar económicamente a los principales países capitalistas para disponer de una capacidad abundante de bienes de consumo, y poder pasar así de la primera a la segunda fase de la sociedad comunista. Para cumplir tal objetivo, se marcaba una etapa que duraría de 10 a 15 años (236).

En este terreno optimista y exagerado, se ignoraba que siendo cierto que el socialismo estaba edificado en lo fundamental tal y como ya contemplaba la constitución de 1.936 (propiedad socialista de todos los medios de producción, industrialización socialista y eliminación de las clases explotadoras), aún no estaba completado en cuanto a la extinción de la economía mercantil, la completa socialización de las fuerzas productivas (conversión del obrero en fuerza productiva máxima), la extinción de la diferenciación entre trabajo simple y complejo en el cálculo de los fondos de consumo de los trabajadores y la formación de una superestructura totalmente librada de burocratismo (gobierno barato y extinción paulatina del Estado), por lo que era bastante confuso el considerar que con el mero incremento de la cantidad de bienes de consumo se llegaba presto al comunismo.

No obstante  Stalin en “Problemas económicos del socialismo en la URSS” en su controversia con Yaroshenko criticaba la reducción de la economía política del socialismo a los problemas de organización de las fuerzas productivas y la planificación. Para Stalin eso era objeto de la política económica y que recargar la economía política con cuestiones de la política económica significaba hundirla como ciencia. Para Yaroshenko debería de haber dos tipos de economía política, una la presocialista cuya materia de investigación son las relaciones de los seres sociales en la producción y otra para el sistema socialista, cuya materia de investigación no son las relaciones sociales de la producción, sino la “organización racional de las fuerzas productivas”. Stalin acusaba a Yaroshenko de intentar abolir la economía política del socialismo, encareciendo el papel de las fuerzas productivas y subestimando el papel de las relaciones de producción, absorviendo la segunda por la primera. Stalin veía en ello un intento de revisar la economía política de Marx donde en vez de tener una producción social con relaciones de producción, clases y contradicciones, tenemos en exclusiva una técnica de la producción o de la organización de la sociedad como decía Bujarin.

Yaroshenko estaba sentando las bases del revisionismo al pasar por alto uno de los aspectos de la economía política, las relaciones de producción, concentrándose sólo en la organización de las fuerzas productivas para pasar por alto la existencia de clases y contradicciones, la existencia de formas distintas de la propiedad social en la URSS, la existencia de la economía mercantil y la ley del valor. ¿Y qué decía Lenin sobre el objeto de la economía política?:

“el tema de la economía política no es de ninguna forma la producción de valores materiales… (ese es el tema de la tecnología) sino las relaciones sociales entre hombres en la producción” (237).

Y para Stalin las relaciones de producción socialistas seguían siendo la fuerza principal y decisiva que determinaba el desarrollo de las fuerzas productivas, y que sin ellas las fuerzas productivas hubieran vegetado igual que en cualquier país capitalista.

El colosal desarrollo de las fuerzas productivas en la URSS, de la industria, hubiera sido imposible sin en 1917 no se hubieran reemplazado las relaciones de producción capitalistas por las relaciones de producción socialistas. Y lo mismo para la economía agraria, su rápido desarrollo hubiera sido imposible si no se hubieran sustituido las relaciones de producción capitalistas en los años 30 en el campo por las relaciones de producción colectivistas. Esta peculiaridad del papel de las relaciones de producción que pasa de papel de freno de las fuerzas productivas al papel de motor principal y viceversa, constituye uno de los elementos de la dialéctica marxista.

Bujarin y los revisionistas insistían que sólo era necesario organizar las fuerzas productivas racionalmente para poder obtener abundancia de productos. Pero Stalin hacía hincapié de que era imposible pasar a la consigna “a cada cual según sus necesidades” mientras subsista la propiedad de grupos diferenciados, como los koljoses y la circulación mercantil. Que hay que recorrer varias etapas de reeducación económica y cultural de la sociedad en el curso de la cual el trabajo deje de ser un medio de vida y se convierta en la primera necesidad, y la propiedad social en la base inviolable de su existencia. Stalin insistía en incrementar la producción social, preferentemente la producción de medios de producción, sin la cual era imposible llevar a cabo la reproducción ampliada, tal y como se hizo en los primeros planes quinquenales y la reconstrucción de la URSS tras la IIGM.

Existían dos formas de la producción socialista en la URSS, la estatal de todo el pueblo, y la koljosiana, propiedad de las cooperativas. En las empresas estatales los medios de producción y los productos son propiedad de todo el pueblo, en los koljoses los productos son propiedad de las distintas cooperativas. De esta forma la planificación socialista sólo puede disponer de los productos de sus empresas, mientras que los koljoses disponen de su producción como propiedad propia, y de esta forma se mantiene la circulación mercantil.

El objetivo para Stalin era llegar a un solo sector de la producción industrial y agrario que tenga derecho a disponer de toda la producción del país destinada al consumo, para suprimir la circulación de mercancías y su economía monetaria.

“Para elevar la propiedad koljosiana a nivel de todo el pueblo, es necesario sustraer los excedentes de la producción koljosiana del sistema de circulación mercantil y sumarlos al sistema de intercambio de productos entre la industria del Estado y los koljoses” (238).

Pero mientras eso no suceda, la producción y la circulación mercantil aún ya no capitalista, continuarán. Sólo al desaparecer esta diferencia entre la industria y la agricultura podrá desaparecer la producción mercantil. El marxismo-leninismo sostiene que la producción de mercancías es incompatible con el socialismo y el comunismo, por tanto, es bajo el socialismo, fase inferior de la sociedad comunista, donde debe suprimirse.

Stalin aunque no le daba un papel regulador de la economía socialista a la ley del valor, veía la propiedad koljosiana y la circulación mercantil como contradicciones no antagónicas entre las relaciones de producción y las fuerzas productivas que retrasaba el desarrollo de éstas, y eran un obstáculo para que la planificación socialista abarquese plenamente a toda la economía. La tarea consistía en superar esas contradicciones mediante la transformación gradual de la propiedad koljosiana en propiedad de todo el pueblo y el intercambio de productos en lugar de la circulación mercantil para que la planificación económica pudiese disponer de todo el producto en interés de todos los miembros de la sociedad. Stalin sostuvo que el mercado es una herencia del capitalismo y que uno de los objetivos del socialismo es suprimirlo, ya que la

“circulación mercantil …es incompatible con la perspectiva del paso del socialismo al comunismo” (239).

Para Stalin el paso del socialismo al comunismo y el principio comunista de la distribución con arreglo a las necesidades excluyen todo intercambio de mercancías, la transformación de los productos en mercancías y su transformación en valor de cambio. Con el desarrollo del socialismo, la circulación de mercancías debe ser sustituida por un sistema de cambio de productos, reducir progresivamente la acción de la circulación mercantil ampliando la acción del intercambio de productos. Y siendo la ley del valor una categoría histórica vinculada a la existencia de la producción mercantil, cuando la producción ésta desaparezca, desaparecerán también el valor en todas sus formas, y la ley del valor.

El único modo de asegurar un ritmo alto de la expansión de la producción koljosiana era por la concentración de los instrumentos básicos de la producción en manos del la planificación socialista a través del Estado. Stalin decía que sustituir miles y miles de tractores de rueda por tractores oruga, o cosechadoras viejas por cosechadoras nuevas, significaba invertir miles de millones de rublos, una enorme cantidad que sólo se podría resarcirse en la producción de varios años, y sólo el Estado estaba en condiciones de correr con tales gastos. Por eso Stalin se oponía a la venta de las estaciones de máquinas y herramientas y convertirlas en propiedad de los koljoses, porque eso significaría condenar a grandes pérdidas y ruina a los koljoses, socavar la mecanización de la agricultura y frenar el ritmo de la producción koljosiana. Pero también para Stalin significaba alejar la propiedad koljosiana de la propiedad de todo el pueblo, y ampliaría la acción de la circulación mercantil con la introducción en su órbita de los medios de producción agrícola, lo que conduciría alejarse del comunismo. Para Stalin los defensores de esta posición (Sánina y Venzher), no comprendían que la existencia de la producción y circulación mercantil es incompatible en la perspectiva de paso del socialismo al comunismo, y que el papel del socialismo es suprimir el mercado.

Siendo el capitalismo la expresión última de la producción de mercancías, los revisionistas de la economía política del socialismo tuvieron la ocurrencia de que el capitalismo sólo hereda la producción de mercancías y que la función del socialismo es levantar la producción de mercancías a un nivel más alto liberando al mercado de las distorsiones del capitalismo.

Otta Sik, revisionista crítico de Stalin dice que éste cometió serios errores teóricos, como por ej. proponer que las relaciones dinero/mercancía y el mercado son ajenas a la economía socialista y que no podían existir entre las empresas industriales socialistas. Venzher tras el XX Congreso dijo que la producción socialista es la producción de mercancías en gran escala planificada, que el intercambio socialista se realiza sobre la ley del valor, y que los productos y servicios son mercancías vendidas por dinero (240). Estos revisionistas daban la razón a la economía política burguesa de que sin el mercado, el cálculo económico eficiente es imposible. Para ellos el socialismo era una economía de mercado regulada, mientras que el marxismo va en dirección opuesta a la abolición del mercado, la producción y circulación de mercancías.

Este socialismo de mercado tuvo que inventar nuevas categorías, la mercancía socialista a diferencia de la mercancía capitalista. La producción de mercancías que comenzó como una forma subsidiaria de producción en las formaciones sociales precapitalistas, adquiere la forma general de producción, su nivel máximo como diría Marx, bajo la producción capitalista, y sigue existiendo en forma subsidiaria durante un tiempo bajo el socialismo. Para Stalin bajo el socialismo, la producción de mercancías sigue durante un tiempo como herencia del capitalismo y finalmente es suprimida.  Para Marx y Engels la función del socialismo era la de abolir la producción de mercancías, nunca plantearon nada de “mercado socialista”, a diferencia de Proudhon y Duhring, a los que cuestionaron con dureza. Engels en el Anti-Duhring dijo que en el socialismo la producción es social, sin intermediarios, y la distribución directa con la exclusión de todo tipo de mercancías.

“Cuando la sociedad se posesiona de los medios de producción y los aplica a ésta, socializándolos sin intermediarios…no hay necesidad de establecer previamente, por un rodeo, la cantidad de trabajo social contenido en el producto…La sociedad no tien más que calcular cuántas horas de trabajo se han incorporado…” (241).

Sin embargo la literatura revisionista en la URSS desde finales de los años 50 se enredaba por explicar la producción de mercancías en el socialismo, presentándola como la forma general de la producción capitalista:

“bajo el socialismo hablamos de una ley de relaciones de dinero-mercancía, y de una ley de valor, con un contenido social y un papel totalmente diferente de las que actúan bajo el capitalismo” (242).

Liberman fue muy lejos:

“la ley del valor no es una ley del capitalismo, sino una ley de toda la producción de mercancías, incluyendo la producción planificada de mercancías bajo el socialismo” (243).

Pervushkin, otro revisionista de la teoría económica marxista dijo:

“Sabemos que la entrada de nuestro país al período de la edificación comprensiva del comunismo es marcada por un ensanchamiento, más que un acortamiento en la esfera de la operación de categorías del valor dentro del país y en las relaciones entre los países” (244).

Sin embargo, estas “nuevas leyes socialistas del valor” ya fueron refutadas y ridiculizadas por Marx y Engels:

“Querer abolir la forma de producción capitalista instaurando el “valor verdadero” es querer abolir el catolicismo instaurando el “verdadero papa…la ley del valor, es precisamente la ley fundamental de la producción de mercancías, y también por consecuencia, de la forma más elemental de la producción, o sea la de la capitalista…ley independiente de la voluntad y la acción de los productores, como una ley que obra ciegamente. El señor Duhring, al hacer de esta ley la fundamental de su comuna económica y al exigir de dicha comuna que aplique conscientemente dicha ley…lo que quiere es la sociedad actual, pero sin abusos. Se mueve enteramente en la órbita de las ideas de Proudhon y, como este, quiere acabar con los abusos nacidos de la evolución que conduce la producción de mercancías, a la producción capitalista, contraponiéndoles la ley fundamental de la producción de mercancías, que ha engendrado precisamente esos abusos. Como Proudhon, quiere sustituir las consecuencias reales de la ley del valor por consecuencias imaginarias” (245).

¿Y qué decía Stalin al respecto?. Lo mismo que Marx y Engels, que la ley del valor es una categoría histórica vinculada a la producción mercantil, y que cuando ésta desaparezca, desaparecerá el valor en todas sus formas y la ley del valor:

“Se dice que algunas leyes económicas, y entre ellas la ley del valor, que actúan en nuestro país, en el socialismo, son leyes transformadas…basándose en la economía planificada. Eso tampoco es cierto” (246).

Para Stalin las leyes económicas no eran como las leyes de la naturaleza, ya que actúan en un período histórico determinado y después ceden el lugar a nuevas leyes debido a las nuevas condiciones económicas y con la desaparición de toda producción mercantil desaparece la ley del valor y el valor en todas sus formas.

Uno de los primeros teóricos de las reformas liberales en la URSS fué Nikolai Voznesensky quien abogó que los precios de las mercancías debían de reflejar su valor (precios de producción). Utilizando su posición como presidente de la comisión de planificación del Estado instituyó una reforma económica que entró en vigor en enero de 1949 para equiparar los precios a los valores, los precios al por mayor fueron reorganizados, duplicando y triplicándose de la noche a la mañana. A principios de marzo Voznesensky fue relevado de su cargo y expulsado del partido y sus tesis fueron consideradas como revisionistas (247). Stalin refutó sus tesis y argumento que la acción de la ley del valor estaba muy limitada en la economía soviética bajo el predominio de la economía planificada:

“…¿quiere decir todo esto que la acción de la ley del valor tiene en nuestro país vía libre, como bajo el capitalismo, que la ley del valor es en nuestro país un regulador de la producción?. No… En realidad, la esfera de acción de la ley del valor está en nuestro régimen económico, rígidamente circunscrita y limitada…la ausencia de la propiedad privada sobre los medios de producción y que la socialización de estos medios tanto en la ciudad como en el campo no pueden por menos de limitar la esfera de acción de la ley del valor y su influencia en la producción. Es completamente errónea la afirmación de que…en la primera fase de desarrollo de la sociedad comunista, la ley del valor regula las proporciones de la distribución del trabajo entre las distintas ramas de la producción. Si ello fuera así, no se comprendería por qué en nuesro país no se cierran las empresas de la industria pesada que por el momento no son rentables… y no se abren nuevas empresas de la industria ligera, indiscutiblemente rentable…. Si eso fuera así, no se comprendería por qué en nuestro país no se pasa a los obreros de las empresas poco rentables, aunque muy necesarias para la economía nacional, a empresas más rentables, como debería hacerse de acuerdo con la ley del valor… la rentabilidad temporal e inconscistente de esta o aquella empresa o rama de la producción no puede en absoluto compararse con la forma superior de rentabilidad, sólida y constante, que nos dan la acción de la ley del desarrollo armónico de la economía nacional y la planificación de la misma” (248).

Tras el XXº Congreso Voznesensky sería rehabilitado.

El objetivo revolucionario de la política económica socialista era restringir la esfera de la producción de mercancías, y con ello la ley del valor, y sustituir la producción de mercancías por un sistema de intercambio de productos en toda la economía soviética.

Tras el XXº Congreso la circulación de mercancías se amplió, y la propiedad koljosiana en vez de convertirse en propiedad de todo el pueblo se le preparó el terreno para su descolectivización y el retorno a la agricultura individual. Las estaciones de tractores y máquinas pasaron a propiedad de los koljoses, socavando la agricultura y su ritmo de producción, ampliando la esfera de la circulación de mercancías.

Para avanzar a la fase superior de la sociedad comunista Stalin planteaba que era necesario un ascenso cultural de la sociedad (algo que ya Lenin situaba), reducir la jornada de trabajo a 5 horas, para que todos los miembros de la sociedad dispongan del tiempo libre para adquirir una instrucción universal, para que no se vean atados de por vida a una sola tarea, y los salarios deberían elevarse al doble mediante la rebaja sistemática de los precios.

En vez de ir en esa dirección, tras el XXº Congreso con la reforma de precios para reflejar el valor, comenzaron a aumentar los precios, en vez de ir en la dirección de eliminar la división del trabajo, entre el trabajo intelectual y manual, las posteriores reformas consolidaron la división del trabajo. Y como corolario se introdujo la ganancia como regulador de la producción, el énfasis en los incentivos materiales individuales y la rentabilidad e independencia de las empresas. Se estaba introduciendo por etapas la restauración del capitalismo.

Al contrario de los revisionistas, Lenin nunca hizo tentativa de engañar a la clase obrera con la política económica de la NEP con un supuesto “mercado socialista”, siempre dejó claro que la NEP era un compromiso con el capitalismo por circunstancias económicas, un paso atrás, provisional, para preparar el asalto al socialismo. Asalto que comenzó en 1929 con el primer plan quinquenal y la colectivización. Pero tras el XX Congreso los teóricos revisionistas comenzaban a caracterizar las declaraciones de Lenin sobre la liberación de relaciones comerciales y mercancías en el marco de la NEP como el “leninismo maduro”.

Con Kruschev la tesis de que con el mero incremento de la cantidad de bienes de consumo “se alcanza el comunismo”, se elevaría al rango de revisionismo teórico, cuando en el XXº Congreso argumentó el fin de la dictadura del proletariado, ya que si el socialismo estaba completo, el Estado, que en teoría debiera empezar a extinguirse, sería de todo el pueblo, desdibujando así su carácter de clase, proponiendo al mismo tiempo alcanzar el comunismo en la URSS para 1.980, en medio del cerco capitalista incluído, es decir, sin el cerco socialista de Occidente. De esta manera se anticipaba la eliminación paulatina del Estado, sin atender a su carácter de clase como instrumento útil para el proletariado y sin atender a la necesidad de superar las contradicciones en la construcción del socialismo.

Al crecimiento técnico de las fuerzas productivas y el bienestar social creciente de los trabajadores, le debe de acompañar la cultura del colectivismo socialista y la dirección consciente de la fuerza productiva máxima en la construcción de la riqueza económica, en el sentido en que ya se planteara el entusiasmo de masas que anticiparon los primeros planes quinquenales en la URSS. Por tanto, ni el socialismo ni el comunismo deben ser un “comité de sabios” que con las reglas métricas de la tecno-economía nos llevan hacia el. El sometimiento de la producción y el Estado con la formación cultural y política a toda la fuerza productiva máxima, los obreros productores, el “hombre nuevo” es fundamental para completar el socialismo. En el XXI Congreso del PCUS, haciendo revisión de las tesis marxistas-leninistas, se señalaba que el papel primordial en las tareas de la edificación comunista correspondía a los cuadros del partido y el Estado, ignorando que el protagonismo tanto de la historia como de la construcción del comunismo será de las masas. Precisamente las conquistas de la colectivización, la industrialización y la lucha contra la Alemania nazi, hubieran sido imposibles sin el protagonismo de las masas en la URSS. No habrá comunismo sin un movimiento comunista de masas, el comunismo no se construye con medidas administrativas sino mediante el impulso de las masas que desarrollando la lucha de clases en todos los frentes bajo la dictadura del proletariado van adoptando la concepción comunista del mundo y transformando la sociedad.

Reducir también la lucha de clases bajo el socialismo a la lucha contra los restos de las clases enemigas internas y externas, también es pecar de mecanicismo, ya que la sociedad socialista presenta en todos sus aspectos (económico, moral e intelectual) el sello de la vieja sociedad de la que procede, tal y como situara Marx en la Crítica del Programa de Gotha, por lo que la lucha de clases en el socialismo no sólo es contra los capitalistas, sino también contra las contradicciones no antagónicas que perviven, obstaculizan el proceso revolucionario y pueden alterar, socavar y afianzar la restauración del capitalismo. Gracias a la supresión de las clases explotadoras se extingue la función de aplastamiento de su resistencia, pero en el socialismo subsisten contradicciones que en su desarrollo pueden llegar a conformar una nueva burguesía.

La dictadura del proletariado es el último tipo de Estado y su función es la extinción de éste en general a través de la supresión de la causa de su existencia, las clases sociales y la economía mercantíl. La clase obrera renunciará a su poder cuando no haya clases sociales y cuando ella misma deje de existir como clase.

Por eso la tesis del Estado de todo el pueblo es antimarxista, ya que se está hablando de un Estado neutral que es tanto de los que tienden al comunismo como de los que tienden al capitalismo. Lo mismo podemos decir de la tesis del partido de todo el pueblo que ya no considera a la clase obrera como la única clase revolucionaria objetivamente interesada en alcanzar el comunismo, sino que considera igual de avanzado al obrero que trabaja con medios de producción socialistas, como el campesino koljosiano que trabaja con medios de producción propiedad de la cooperativa, o como el intelectual-funcionario que en virtud de la división social del trabajo ocupa una posición de mando en la organización de la sociedad.

El XXII Congreso del PCUS (1.961) centró como tarea económica principal el crear en dos decenios la base material y técnica del comunismo. Desde Marx sabemos que la tarea económica principal de la revolución es crear las nuevas relaciones de producción que correspondan al carácter social de las fuerzas productivas que el capitalismo ha desarrollado, cuyo eje central es el aspecto más fundamental de las fuerzas productivas, el trabajador, el XXII Congreso del PCUS rescatando a Bujarin se preocupaba sólo de la parte menos fundamental, de la técnica. Al contrario Marx (Crítica del Programa de Gotha) antepone a la condición técnica y material unas condiciones de superación de los antagonismos sociales y de la alienación de los trabajadores, ya que para desarrollar las fuerzas productivas y crear la base material y técnica del comunismo hay que desarrollar a los individuos en todos sus aspectos y, para ello, para que los individuos se conviertan en comunistas conscientes, hay que ir liquidando las viejas relaciones de producción burguesas, sus categorías mercantiles y la ley del valor, y reemplazarlas por las relaciones de producción socialistas.

Pero también debemos lanzar una seria advertencia, ya que lo argumentado hasta aquí no quiere decir que se deba abrazar el extremo voluntarista, que se llevó a cabo durante el Gran salto adelante y la revolución cultural en China, escamoteando el desarrollo material de las fuerzas productivas, no en lo subjetivo sino en el desarrollo de la tecnología y la disciplina laboral, cayendo en otra posición ¡que también es economista!, ya que considera equivocadamente al cobro garantizado del salario como la primera norma del socialismo, ignorando la consigna socialista, de a cada cual según su trabajo.

Precisamente la visión marxista-leninista de la historia supera a los utopistas que creían que el socialismo y el comunismo nacían de la nada y podían ser elegidas a su manera y según sus propias convicciones ideológicas. Los socialistas utópicos soñaban con una sociedad socialista en marcha incluso antes de que el capitalismo cumpliera su tarea histórica, aspiraban a la igualdad absoluta de sus miembros. Para Marx y Lenin el socialismo se convierte en necesidad histórica sólo cuando se presentan las condiciones materiales de su realización. Como todos los progresos sociales, este no resulta viable porque se haya comprendido que la existencia de las clases es injusta, ni por la voluntad de suprimirlas, sino por la existencia de determinadas condiciones económicas y de la lucha de clases. Marx y Engels pensaban que toda organización tiene un rol histórico a cumplir y que cuando este rol histórico ha sido cumplido, la raíz de existencia de esa organización de esa sociedad cae, y, por necesidad económica, es destruida por una forma superior de organización.

El rol histórico del capitalismo consiste en socializar la producción y en convertir a los individuos aislados en seres sociales, en llevar las fuerzas productivas a un crecimiento jamás visto, en transformar la economía agraria en industrial, en desarrollar la ciencia y la técnica de tal manera que la naturaleza no sea impenetrable, en reducir el tiempo de trabajo necesario para la producción de los medios de vida aumentando la productividad del trabajo, dando la posibilidad de producir otras mercancías en abundancia y de desarrollar la cultura en general. En una palabra en crear las condiciones materiales que haran posible el socialismo en el marco de la lucha de clases, ya que no desarrollar las fuerzas productivas y no mejorar las condiciones de existencia del pueblo, significa no responder a las exigencias del movimiento histórico hacia el socialismo.

La revolución cultural china cayó en el politicismo vulgar, al centrarse exclusivamente en la lucha de clases, restando importancia al desarrollo y socialización de las fuerzas productivas donde la clase obrera sigue siendo la fuerza productiva máxima. No olvidemos que Lenin llegó a la NEP no por gusto, y no por ello dejó de ignorar la lucha de clases en la transición al socialismo. El que los técnicos puedan tomar la palabra en tareas de dirección, no implica nada de revisionismo, sino necesidad de reestablecer la economía, y para ello es necesaria una disciplina en las fábricas, de carácter proletario, pero disciplina al fin y al cabo, para aplicar los planes económicos, además del control político sobre los especialistas. Disciplina que Engels (249) advertía imprescindible, caricaturizando a quienes pretendían abolir la autoridad en la gran industria volviendo a la época de la rueca, dando marcha atrás al desarrollo de las fuerzas productivas.

En la construcción del socialismo, el trabajo de dirección, coordinación y supervisión como función del capital para extraer plusvalía bajo el capitalismo, se convierte en regulación social del trabajo como requisito de la cooperación en gran escala, desde el principio de dirección colectiva centralizada. La disciplina y coordinación socialista desarrollan las fuerzas productivas y permite la reducción del tiempo de trabajo, sin caer en la anarquía, pues ¡¡¡menudo socialismo!!! sería el que fuera incapaz de poner en marcha y ampliar y reproducir la producción social, e incapaz de distribuir el producto suplementario entre los fondos sociales, los fondos de administración y los fondos de producción, de forma creciente en cuanto a la satisfacción de las necesidades y el desarrollo multifacético de todos los miembros de la sociedad, como ley económica fundamental del socialismo, donde la base de la producción socialista no se rige sobre la ley de valor de cambio sino sobre la ley de valor de uso.

4.5.11 Superioridad de la planificación socialista a la economía mercantil

Salvando la necesaria autocrítica de los errores en el marco de las dificultades histórico-concretas en las tareas de la construcción del socialismo, ¿podemos preguntarnos si realmente la economía de mercado es superior a la economía planificada?.

En realidad, la economía planificada elevó la industrialización en la URSS por unos derroteros diferentes al capitalismo. Mientras la una se basa por objeto en la explotación de los obreros y compra-venta de la fuerza de trabajo como mercancía, dado que la ley fundamental del capitalismo es la creación-realización de la plusvalía, la ley fundamental de la planificación socialista es la de asegurar el acrecentamiento de la satisfacción de las necesidades materiales y culturales del pueblo, y el desarrollo integral de todos los miembros de la sociedad, mediante  el desarrollo ininterrumpido de las fuerzas productivas, donde jurídicamente los productores se asocian a los medios de producción fuera del mercado, en régimen de cooperación recíproca, y no de explotación, ya que son sus propietarios jurídicos amparados por la propia Constitución (250). Para Stalin el desarrollo armónico de la producción y su planificación sólo tenía validez si se apoyaba en esa ley fundamental de la planificación socialista (251).

Mientras que la economía socialista se basa en el desarrollo armónico y proporcional de la economía, la economía capitalista se basa en la concurrencia y la anarquía de la producción. Mientras el capitalismo es contrario a la aplicación de la nueva tecnología cuando ésta no le reporta beneficios, la planificación socialista no pone freno al desarrollo de las fuerzas productivas por la aplicación de la nueva tecnología, que en vez de asegurar los máximos beneficios, asegura la máxima satisfacción de las necesidades materiales y culturales, en base al desarrollo interrumpido de la producción y mejora contínua de las fuerzas productivas, sin crisis. El triunfo y los avances del régimen socialista confirmaron la tesis marxista de que cuando los medios de producción se ven liberados de las trabas de la propiedad privada, se origina un desarrollo contínuo y rápido de las fuerzas productivas y la producción social. Mientras en el capitalismo la finalidad de la economía mercantil no es la creación de mercancías, sino de plusvalía, en la planificación socialista de transición, la economía mercantil todavía existente no está basada en la explotación del trabajo asalariado y no produce plusvalía y su excedente es colectivizado. Una parte del producto social global se destinaba a reponer los medios de producción consumidos anualmente. El incremento de la renta nacional era el índice para ver el ritmo de la reproducción ampliada. El rápido aumento del fondo de acumulación permitió al Estado socialista construir y ampliar fábricas, centrals eléctricas y minas, crear sovjoses, perfeccionar transportes, levantar viviendas, escuelas, hospitales, establecimientos para la infancia, etc; el fondo de acumulación sirve también para financiar las obras básicas del sector koljosiano.

Mientras que el régimen de producción capitalista necesita el ejército industrial de reserva para desvalorizar la fuerza de trabajo, la planificación socialista suprimió el desempleo. Mientras que la una se basa en relaciones de intercambio privado, la otra se basaba en unas relaciones de intercambio y distribución de carácter social. Mientras en la una, la división del trabajo entre necesario y plustrabajo se realiza en detrimento del primero donde el capital tiende a reducirlo al mínimo por la relación de explotación, en la otra teóricamente no deben ponerse límites al producto necesario del trabajo para la satisfacción de las necesidades de los trabajadores, donde parte del plustrabajo se emplea en la ampliación de la producción socialista (bienes de producción). Mientras en la una el progreso tecnológico no libera las barreras que restringen el tiempo libre, en la otra el desarrollo tecnológico permite la reducción del tiempo de trabajo y la adquisición de mayor tiempo libre para actividades de carácter personal, social y cultural.

En el socialismo el método principal para alcanzar una mayor productividad consiste en dotar a la producción de nuevos elementos técnicos y tecnológicos, sin alargar la jornada. La divisa del capitalismo de sacar todo lo posible del obrero es sustituida por sacar todo lo posible de la máquina en el socialismo. Bajo el capitalismo el nivel del salario real se ve limitado por la ley del precio de la fuerza de trabajo, mientras que en el socialismo no hay límite para el aumento del salario directo e indirecto (de naturaleza social) que no venga impuesto por el nivel de desarrollo de las fuerzas productivas.

Mientras en la una los gastos sociales se restringen cada vez más, siendo la retribución salarial directa casi el único medio, en otra se garantizan y amplían los fondos sociales de consumo y de protección social agrandando cada vez más el salario social, de esta manera en una se introduce la desigualdad de las condiciones de vida y en otra se tiende a la nivelación reduciendo las diferencias de los grupos sociales instituidos (obreros y empleados urbanos, trabajadores cooperativo-koljosianos del campo e intelectualidad).

Durante la construcción del socialismo, la estructura de la sociedad experimentó cambios sustanciales con la liquidación de las clases explotadoras, reduciendo así el contraste entre la ciudad y el campo, por cuanto los trabajadores urbanos y del campo, liberados de la explotación, trabajan para sí y para toda la sociedad, teniendo igual derecho a percibir en consonancia con la cantidad de su aportación laboral, disminuyendo sólo así el contraste entre trabajo manual e intelectual.

El desarrollo de la industria pesada constituyó la piedra angular de la sociedad socialista que se edifica en el período de tránsito del capitalismo al socialismo, la base material del socialismo, la gran industria mecanizada capaz de reorganizar la agricultura. La industrialización socialista se distinguió radicalmente por sus formas y métodos de la capitalista, ya que se efectúa ante todo a cuenta de la acumulación interior que proporciona el aumento de la productividad, la planificación de la economía y el empleo racional de los materiales, fuerza de trabajo y recursos financieros. La industrialización capitalista, por el contrario, se llevó a cabo a expensas de los trabajadores explotados y mediante el saqueo de los pueblos de otros países.

Fueron esencialmente distitntos los fines de la industrialización socialista. A diferencia de la capitalista, que tiene por objeto la ganancia máxima, está supeditada en última instancia al objetivo de satisfacer las necesidades crecientes de todos los trabajadores.

Las condiciones de la construcción del socialismo en la URSS, especialmente por el hecho de que el país estuviera solo en medio de potencias imperialistas hostiles, imponían a los soviéticos un ritmo forzado de desarrollo de todas las ramas fundamentales de la industrial. Pues de otro modo, sin superar el atraso, crear una industria moderna y fortalecer sobre esa base la defensa del país, era imposible hacer frente a las fuerzas agresivas del imperialismo. La política siempre fue por delante de la economía.

En definitiva, y a pesar de los errores en la URSS, la experiencia de la planificación socialista en el ejercicio económico ha demostrado su vitalidad, ha demostrado la posibilidad de sustituir y superar al capitalismo, y ha sobrevivido en un mundo imperialista hostil durante 70 años. Una hostilidad que ha impuesto dos intervenciones imperialistas (1.918-21 y 1.941-45), que han impedido al Estado soviético llevar a cabo la resolución final con éxito de sus problemas esenciales de desarrollo del socialismo y aumento del nivel de vida. Y aún bajo esas condiciones, las conquistas de la planificación socialista ¡son innegables!. Hasta la década de los 60 la economía soviética después de la IIª Guerra Mundial, creció a ritmos superiores al 6% anual, en la década de los 70 lo hizo al 3%, y en el período de 1.980 a 1.985 al 2,7%. Y a pesar de la tendencia decreciente, si comparamos los datos con la primera potencia económica, la URSS tuvo un crecimiento superior al de EE.UU. hasta 1.975 y un crecimiento igual entre 1.975 y 1.985. (252).

Prueba de ello también, es la superioridad que la economía socialista soviética mantuvo durante los primeros planes en la década de los 30 con crecimiento anual del 20% mientras la economía capitalista estaba en fase de depresión por el crack del 29. En la mayoría de países capitalistas, el salario se recortó entre el 30 y el 50%, el paro superó los 35 millones (16 mill. en EE.UU., 5,5 en Alemania, 3 en Inglaterra, 2,8 en Japón, 2,3 en Francia, 0,9 en Checoslovaquia, 0,8 en Hungría…), el paro parcial era aún mayor, los gobiernos burgueses recortaban los subsidios de paro  y previsión social, los campesinos se arruinaban, sólo en EE.UU. (1929-33) fueron cerradas por deudas 1 millon de granjas. La situación en las colonias será desastrosa, lo precios de las materias primas, agrícolas, y alimentos, que eran la producción fundamental, disminuyeron brutalmente. El movimiento huelguístico en los 15 mayores países capitalista (1929-32) regristró 19.000 huelgas y 8,5 mill. de huelguistas. La clase obrera desplegó la lucha contra la rebaja del salario, los despidos y la reducción de los subsidios sociales. En las colonias se reavivó el movimiento de liberación, en China el ejercito rojo contaba ya con 100.000 combatientes, los campesinos de Vietnam dirigidos por los comunistas crearon soviets y confiscaron la tierra de los terratenientes en varias regiones, en Filipinas los campesinos se alzaron en armas contra el imperialismo yanqui, en India comenzó una campaña de desobediencia civil a las autoridades, etc. A la estabilización relativa del capitalismo, le siguió la crisis y el impulso de la lucha de clases, que fue respondido por la burguesía para asegurarse una salida a la crisis y consolidar su poder en dos vertientes por el fascismo y el keynesianismo, la reproducción del capitalismo basado en el libremercado mediante la intervención del Estado, el capitalismo monopolista de Estado, bajo formas dictactoriales o parlamentarias, la salida fascista supuso la liquidación de los derechos de huelga y las organizaciones obreras, y el recurso a la guerra azuzada por los imperialistas para salir de la crisis.

En el período 1.933-38, mientras el capitalismo se enfrascaba en la depresión, el fascismo, la guerra y el aumento del pillaje colonial, la URSS duplicó los ingresos nacionales, el empleo aumentó el 27%, el fondo de salarios se multiplicó por 2,8 (de 34.953 mill. de rublos a 96.425 mill.), el salario medio se multiplicó por 2,3 pasando de 1.513 rublos a 3.447 anuales, los ingresos de los koljoses se multiplicaron por 2,5, la remuneración por grano se multiplicó por 2,4, y los gastos del Estado a las actividades socioculturales se multiplicaron por 6 (de 5.839,9 mill. a 35.202,5 mill.) (253). Mientras la industria de la U.R.S.S., durante los tres años de crisis (1930-1933), creció en más del doble, alcanzando en 1933 el 201% de su nivel de 1929, la industria de los Estados Unidos descendió, a fines de 1933, hasta el 65% de su nivel de 1929, la de Inglaterra hasta el 86%, la de Alemania hasta el 66% y la de Francia hasta el 77%.  Mientras el desempleo no existía en la URSS, en tales países el paro alcanzó los 5, 13 y 2,5 millones respectivamente (254). Como resultado de la crisis económica mundial, fueron lanzados al hambre, a la miseria y al suplicio 24 millones de obreros parados en los países capitalistas. La crisis agraria condenaba al sufrimiento a decenas de millones de campesinos.

Estos logros eran reconocidos incluso por los enemigos del socialismo. El presidente del Banco United Dominion en 1.932 decía respecto al primer plan quinquenal:

“Rusia progresa, cuando cantidad de nuestras fábricas están paradas y cerca de 3 millones de nuestros conciudadanos buscan trabajo desesperadamente. Se ridiculizaba el plan quinquenal y se preveía su fracaso. Pero pueden considerarlo como un hecho indiscutible, lo que se ha realizado sobrepasa el plan quinquenal…En todas las regiones industriales que he visitado nacen nuevas ciudades, edificadas según unos planos de urbanismo de los más modernos: con calles anchas, sembradas de árboles, edificios modernos, escuelas, hospitales, clubs de obreros y las inevitables guarderías y casas de niños donde se ocupan de los hijos de las mujeres que trabajan…” (255).

El reconocimiento no era sólo por los índices de crecimiento industrial y económico sino también de las mejoras sociales de las que se beneficiaba el pueblo.

La URSS ya se había convertido en la 2ª potencia económica mundial en 1.939 (22 años tras la revolución), sustrayéndose parcialmente de los vaivenes de la economía capitalista mundial, donde los períodos de desarrollo más positivos de la economía soviética coincidieron con períodos de crisis de la economía capitalista mundial, incluso después de la IIª Guerra Mundial. El vertiginoso aumento del consumo real por habitante que la economía soviética desarrolló entre 1.950-58 del 66% doblando el consumo de 1.937 (256), coincidía con las recesiones de 1.951-52 en el capitalismo.

Tampoco podemos ignorar que fue precisamente la efectividad de la planificación económica socialista del poder soviético la que hizo posible en la URSS levantar una economía industrial defensivo-militar impresionante en corto espacio de tiempo, necesaria para detener y derrotar al imperialismo nazi que durante la guerra concentró el 82% de sus fuerzas militares contra la URSS (257). E incluso después de haberse llevado la mayor parte de los desastres, con más del 40% de todas las pérdidas materiales y humanas de todos los países afectados por la guerra (258), la planificación económica logró en sólo 3 años en 1.948 (259), sobrepasar la producción industrial de antes de la guerra (1.940), mientras en Europa Occidental con Plan Marshall incluido, se precisaron más años. La URSS fue el primer país en suprimir el sistema de cartillas de racionamiento en 1.947 y los precios llegaron a bajar 7 veces, mientras en países como Francia e Inglaterra seguían vigentes los cupones de racionamiento entrado la década de los 50 (260). Y todo esto se logró en la URSS sin recurrir a métodos capitalistas, como si tuvo que hacerse tras la revolución y la guerra civil 1917-21 con la NEP.

Esta planificación prevaleció sin explotación neocolonial de otros pueblos, y sin la explotación de la clase obrera, lo que dice mucho de la naturaleza humana y eficacia superior al capitalismo histórico existente. En la URSS nunca se crearon monopolios que explotaban a trabajadores de otros países, incluso muchos de los países de la periferia en transición al socialismo recibieron créditos a fondo perdido, lo que luego sería utilizado por la glasnot como parte de la campaña ideológica antisocialista, al detraer recursos económicos del país para apoyar los procesos revolucionarios internacionales.

Tampoco se puede negar el peso industrial creciente de los países socialistas. En 1975 la producción industrial de los países socialistas era el 40% mundial. Entre 1950-1975, la producción industrial del CAME aumentó dos veces más rápido que la de los países capitalistas desarrollados, a razón del 9,6% y 4,6% anual respectivamente.

Gran parte de las exportaciones soviéticas la formaban la creación de fábricas en la periferia para sustituir las importaciones de tales países, y sus principales exportaciones al CAME eran materias primas y no productos manufacturados , muy al contrario de los EE.UU. que no exporta sus materias primas. En el CAME se regulaban precios al margen del mercado y la ley del valor. Por ej., en las relaciones comerciales de la URSS con Cuba se pagaba un precio superior al mercado mundial en azúcar, cediendo petróleo e instalaciones industriales a precios de saldo (refinería de niquel, industria siderurgia, centrales termoeléctricas, etc.).

Por eso carece de total rigor político y análisis dialéctico considerar a la URSS de “socialimperialista” olvidando el apoyo internacionalista dado a países que luchaban por su independencia, y el apoyo económico y material en tecnología e industrias a países del denominado “tercermundo”. Ya que si la naturaleza de la URSS era socialimperialista tal y como Mao u Hoxha plantearon, ¿por qué se ilegalizó el PCUS?. Ya que si éste era el instrumento de dirección política de la supuesta superestructura socialimperialista. ¿Acaso se temía a la militancia comunista?. ¿Porqué tal burocracia tildada de burguesía decidió libremente desmantelar el socialimperialismo para someterse a los dictados del FMI y del gobierno de los EE.UU.? ¿No será que para restaurar el capitalismo era necesario liquidar las bases económicas y políticas de un país y un Estado de naturaleza socialista dominante?. Y en caso de existir una clase explotadora o dominante en la URSS como sostenían algunos marxistas (Sweezy), ¿por que se convirtió la propiedad social de los medios de producción en propiedad capitalista durante la década de los 90?. ¿Acaso no bastaba sólo con la producción y circulación mercantiles existentes ya para considerar capitalista a la URSS sin la existencia del régimen de propiedad privada y capitalista?. Son preguntas que exigen respuestas con rigor y no socialtonterías, y ello sin negar las tendencias que se abrieron paso en el seno del movimiento comunista internacional, después del XXº Congreso del PCUS y la ruptura de las relaciones chino-soviéticas.

Comparativamente también podemos situar la actual coyuntura de decrecimiento económico de la Rusia capitalista que arrastra desde 1.991 hasta la actualidad, bajo la dictadura de la sacrosanta economía de mercado, donde a finales de la década pasada el PIB cayó ¡casi el 50%!, mientras que la caída del PIB de EE.UU bajo su gran depresión (1.920-31) fue del 27%, o el descenso del 22% del PIB de la propia URSS en 1.942 en plena guerra, lo que nos aproxima a las consecuencias catastróficas del colapso del socialismo y el triunfo del capitalismo en las exrepúblicas de la URSS: 147 millones de personas vivían debajo del umbral de la pobreza en 1.998, mientras en 1.989 eran 14 millones. En la Federación de Rusia, en el 2.000, alrededor del 39% de la población vivía por debajo del umbral de la pobreza (45 dólares por mes). Sin embargo, aplicando en el 2.000 los criterios de nivel de vida en vigor 11 años antes, la estadística ¡incluiría al 90% de la población por debajo del umbral de la pobreza! (261). Entre 1.989-98, los salarios cayeron el 48%, los alquileres subieron un 400%.  Y la diferenciación social alcanzó niveles estratosféricos, según Egor Ligachov si en la URSS la correlación entre el salario medio y el más alto dera de 1 a 5, en la Rusia capitalista de los años 90 era de 1 a 20 y más.

Sólo son datos, pero no simples datos, ya que con una mirada retrospectiva nos clarifican aún más si cabe, la superioridad de la planificación socialista sobre la economía capitalista en las condiciones sociales de vida de las masas, y nos descubre a la restauración capitalista como ¡una catástrofe humana equiparable a la IIª Guerra Mundial! (ver próximo apartado).

No obstante, lo que sí se ha puesto en duda, ha sido la eficiencia a largo plazo de la planificación burocrático-proudhoniana como mecanismo de superación de la ley del valor en la economía de transición al socialismo y como ariete victorioso sobre el mercado.

Marx, que rechazaba de plano las tesis de Proudhon sobre la concurrencia entre los productores, en su análisis de la Comuna parisina, anticipaba la necesidad de que las sociedades cooperativas estuvieran unidas para regular la producción nacional con arreglo a un plan, superando de esta manera la anarquía de la producción capitalista. Y como bien ha demostrado también y principalmente, el modelo yugoslavo, la organización económica autogestionaria basada en unidades de producción independientes entre sí, son incapaces para establecer la propiedad social real de todos los productores sobre los medios de producción y un criterio de control y ejecución colectivos, ya que la economía autogestionaria al entorpecer la concentración y centralización de la producción, la socialización y desarrollo de las fuerzas productivas, crea en su efecto desigualdades entre diferentes entidades productivas y repúblicas y colapsa la producción social (262).

Pero la organización centralizada de la producción y la proclamación jurídica de la propiedad social de los medios de producción, tutelada por una burocracia al margen de las masas también impide el control colectivo en base al centralismo democrático en la economía, reivindicado por Lenin. Ambos extremos, autogestión sin planificación central, y planificación sin dirección democrática de los productores, han sido y son fuentes generadoras de desigualdades y de restauración capitalista. La organización social del poder político del proletariado necesita unas mediaciones capaces de originar la participación consciente y activa de las masas en las tareas del Estado y la planificación socialistas, lo contrario significa navegar sobre un mismo círculo, más preso de la economía política burguesa que del objetivo comunista.

4.5.12 La catástrofe humanitaria de Rusia tras la desintegración de la URSS.

En 1.990 tras el último Congreso del PCUS, se inició la reforma liberal de Gorbachov para convertir la economía planificada de carácter socialista en una economía de mercado capitalista (propiedad privada sobre la tierra, arrendamientos, conversión de empresas del estado en sociedades por acciones, venta de medios de producción, alquiler de pisos y almacenes, etc).

A pesar de sus limitaciones (desproporcionalidad en el desarrollo de los sectores, existencia de la economía mercantil en la circulación de los productos y el enorme peso de los gastos militares) la economía planificada soviética estaba dirigida principalmente a la satisfacción de las necesidades, mientras que su conversión en una economía capitalista sería dirigida para la obtención de la plusvalía, sin tener en cuenta las necesidades de la población.

La economía planificada de la URSS, siempre partía de las necesidades, cuantos biberones, cuantas camisetas para niños, cuantos coches, cuantas viviendas unifamiliares, cuanta ropa de invierno o deportiva, cuantos hospitales, cuantas escuelas, cuantos balnearios, etc, necesitarían los ciudadanos soviéticos. En función de las necesidades, tomando como punto de partida las previsiones de la planificación (número de nacimientos, número de deportistas, población por género y edades, etc.), se producían determinado número de productos, siempre con arreglo a las necesidades crecientes de las poblaciones de la URSS. Pero con la reforma liberal, y la conversión de la economía planificada, aún admitiendo sus errores, se pasaba a una economía en la cual no tenían cabida las necesidades de la población, ni los equilibrios territoriales de las repúblicas, sino la capacidad adquisitiva, la plusvalía y su circulación monetaria, catapultando el desarrollo desigual entre los pueblos de la URSS y destruyendo su vínculo económico, político e ideológico.

Es conocida la propaganda sobre las colas en la URSS, pues bien, la introducción de la economía capitalista acabaría con las colas a base de lanzar fuera del mercado a la mayoría de la población sin capacidad de compra, lo cual demostraba también el carácter ideológico de esa propaganda antisoviética.

La reforma de Gorbachov lo único que hizo fue acelerar la crisis económica que convirtió a la economía planificada con sus errores en una economía capitalista neoliberal que sin margen de error frenó todo el crecimiento económico anterior en todos los ámbitos de la economía, la población, la industria, la construcción, las infraestructuras viales, los productos básicos, la agricultura, la ganadería… Todo, absolutamente todo quedó destruido y paralizado como si una bomba de neutrones hubiera arrasado la economía.

La importación de productos extranjeros, incluso con un coste mayor, pasó a desplazar el desarrollo económico autóctono. En un espacio de tiempo muy corto, el potencial técnico-industrial y de alimentación de la URSS que a mediados de los 80 la colocaba entre los 10 primeros países del mundo fue destruido. Producto de esta política gorbachoviana la deuda externa en la URSS era ya de 95.000 mill. de dólares, la implantación del capitalismo no ha parado de acrecentar esa deuda, Rusia sola tiene en el 2.008 una deuda externa de 471.000 millones de dólares, es decir, 5 veces más que toda la URSS, 17 años antes.

Existe un trabajo muy exhaustivo sobre el tema (263) que es quizás el más completo sobre el impacto estadístico que ha supuesto para el pueblo ruso su incorporación de pleno al mundo capitalista. Aquí nos vamos a limitar a señalar y opinar sobre los datos y el impacto en los diferentes ámbitos, en la población, en el consumo de alimentos, el bienestar, la industria, la construcción y la agricultura, que ha supuesto en ratios de crecimiento comparativo entre dos épocas y dos economías diferentes. La Rusia socialista soviética (1.917-91) y la Rusia capitalista neoliberal (1.991-04).

4.5.12.1 La catástrofe demográfica

En la historia de Rusia desde 1.917 existen dos periodos similares que nos muestra una catástrofe demográfica sin precedentes en la historia contemporánea. El primer periodo abarca 1.941-49, durante el cual la población rusa pasó de 112 a 102 millones aproximadamente, donde la mortalidad superaba a la natalidad, debido a las consecuencias directas e indirectas de la guerra de invasión sobre los pueblos de Rusia y las secuelas que acarreó (genocidio civil, destrucción de la vida y el bienestar social general, etc).

El segundo periodo comprende entre 1.991-02, durante el cual la población rusa decrece de 150 millones a 143 aproximadamente. O sea, la población disminuía a una velocidad superior al medio millón por año. Sólo en el año 2.002 la población en Rusia se redujo en 865.000 personas. La causa de esta catástrofe no era una guerra, sino la conversión de la economía socialista en capitalista que creó las condiciones para la desaparición natural de la población, es decir, para que la mortalidad superara a la natalidad. Hay que decir que la demografía creció de forma imparable en el periodo de 1.950-91, de 102 a 150 millones de personas, con un crecimiento demográfico superior al millón por año. Con estos datos podemos concluir que la liquidación del Estado socialista soviético y el cambio de sistema social es un crimen comparable a la invasión de la URSS por el imperialismo nazi en cuanto a la capacidad de destrucción humanitaria. La reforma liberal supone un cambio que ha rebajado la esperanza de vida de más de 70 años en la época soviética de la década de los 80, a menos de 65 años en la actualidad.

Las causas sociales del aumento de la mortalidad son los cambios desfavorables en las condiciones de vida (ingresos, alimentación, vivienda, nivel de empleo…) y el deterioro del sistema de seguridad social (prestaciones, sanidad, pensiones, guarderías…), aumento vertiginoso de la turberculosis y otras enfermedades, disminución de las revisiones médicas preventivas en el trabajo, paralización brusca en la construcción de ambulatorios. La privatización de las empresas y la destrucción de los sindicatos ha llevado a la caída brusca de los sanatorios. Los inválidos y ancianos se encuentran en el desamparo, de 7.200 plazas de asilo y residencias en 1.990, se pasó a 900 en 1.996. La producción de tecnología médica y medicamentos ha descendido brutalmente, la producción de vitaminas descendió 11 veces y la de antibióticos más de 4 veces (1.991-02). En el mismo período la producción de electrocardiogramas bajó 10 veces. En guarderías y jardines de infancia desde 1.990 prácticamente se desmanteló suspendiendo su financiación. La industria de la alimentación infantil, necesario para el desarrollo fisiológico e intelectual de las personas, desapareció con la reforma, por ej., la fabricación de leche en polvo, necesaria a la alimentación de los bebes, al considerarse poco rentable disminuyó 60 veces en 10 años (1.990-99) debido a la privatización de los productos de alimentación infantil.

4.5.12.2 La catástrofe alimentaria.

Según la ONU y la FAO, la URSS en 1.985 formaba parte de los 10 primeros países con mejor tipo de alimentación en el mundo. La reforma liberal de 1.990 rompió el índice de alimentación establecido durante el sistema soviético, dando lugar a un déficit alimentario anteriormente impensable. Una causa del empeoramiento de la alimentación ha sido el brutal descenso de los salarios y pensiones de la población, reduciendo el peso de la cesta de la compra.

En 1.992, destacaba ya empeoramiento de la calidad de la alimentación, con respecto a 1.987, la compra de pescado supuso un 30% del nivel de consumo anterior, y la carne, aves y queso no superaban el 53%. Se constata una disminución galopante de los productos con proteínas e hidratos de carbono en la dieta de la población rusa.

Un problema es la alimentación de las mujeres embarazadas, más del 40% de las mujeres embarazadas sufrían de anemia durante el periodo (2.000-03). La causa, la deficiente alimentación durante el embarazo. Un trabajador ruso podía comprar 4 veces menos productos de alimentación que en 1.985, e incluso ¡¡¡2 veces menos que en 1.913!!!, el impacto de la regresión alimentaria supera hasta el tiempo de pre-gruerra de los zares.

La industria cárnica fue desmantelada. Tras el desarrollo intensivo de la producción de carne de cerdo tuvo lugar en la década de los 80, la reforma liberal de 1.990 llevó a la liquidación del sector con un brusco descenso en la producción por debajo de 1.960 en el periodo (1.994-02). Otra suerte parecida corrió la producción de artículos cárnicos semielaborados y embutidos, en la primera etapa de la reforma hasta el 2.003, la producción de semielaborados se mantuvo por debajo de 1.970, otro tanto la de embutidos hasta el 2.002, llegando a superar el nivel de producción de 1.970 en el 2.003. La producción de huevos cayó vertiginosamente (1.990-96) debajo de la de 1.975. La captura de pescado comenzó a caer a partir de 1.990, con niveles muy por debajo de 1.970 en el periodo comprendido entre 1.992-03.

La producción en masa de productos lácteos fue desmantelada por la economía capitalista. La liquidación de la economía planificada y la liberalización de los precios, ha hecho que la demanda de productos lácteos que durante la época soviética era alta, cayese en picado, convirtiéndose sus precios en inalcanzables para la mayoría de la población, mientras la carne vacuna aumentó su precio más de 1.300 veces durante 1.992-95, y el pescado lo hizo más de 4.100 veces, mientras los productos lácteos ácidos lo hicieron en más de 21.000. La producción de leche cayó en el 2.000 debajo del nivel de1.955, de 280 kg a 220 kg por persona, una regresión en toda regla.

Una gran parte de los productos son falsificados, la sal sin yodo se vende como sal yodada, con el vodka falsificado se envenenan millones de personas de las cuales cada año mueren decenas de miles (55.500 personas en 1.994). En 1.996 sólo 1/3 de la producción de vodka era legal.

4.5.12.3 El hundimiento del poder adquisitivo.

El bienestar se mide con la relación entre los ingresos del trabajo y los bienes de consumo o prestaciones sociales que se reciben a cambio. La liberalización de los precios disparó el déficit de productos y prestaciones a ratios impensables en la época soviética.

Bajo el capitalismo en países como EE.UU., Gran Bretaña, Italia, Japón y España, la clase obrera sabe bien que los artículos de primera necesidad son relativamente caros, el precio del pan, la leche, y la vivienda es más creciente, que el precio de los electrodomésticos, coches, motos, etc, es decir que los productos de lujo, que son relativamente baratos pero inalcanzables para la mayoría que debe destinar su salario principalmente a la vivienda y la alimentación.

En la URSS los productos básicos eran relativamente baratos, y los índices de desigualdad eran bajísimos en comparación con los países capitalistas desarrollados, ya que los grupos con menores ingresos se acercaban a los más altos en los indicadores básicos del tipo de vida.

La reforma ha roto el esquema introduciendo la desigualdad entre las clases y grupos sociales. Los productos básicos de la población han crecido sin parar mientras que los de lujo se mantienen relativamente baratos con diferencia. En el 2.004 el precio del pan subió 5 veces más que el precio de un coche, y el viaje en metro 26 veces más, el tabaco subió casi 5 veces más (1.991-99), la aspirina subió 300 veces (1.991-95), etc.

Es evidente que con la liberalización de los precios, los productos básicos más demandados por la población son los primeros afectados por la inflación, son los que mayor plusvalía aportan al capital, y los que más afectan a la economía doméstica, ya que cualquier subida de la comida, el pan, la vivienda, e incluso el tabaco estrecha la capacidad de compra de los trabajadores, reduciendo el volumen de bienes básicos consumidos.

Respecto a 1.990 la capacidad adquisitiva de los salarios bajó en regresivamente hasta alcanzar un 50,4% menos en el 2.001. Esta regresión se hizo a costa de una ampliación geométrica de las desigualdades en la población rusa, con la formación de una capa de ricos que sólo supone un 1% de la población. La distribución de la riqueza social se polarizó, los ingresos no procedentes del trabajo se incrementaron en el periodo 1.990-95, pasando del 12,9% al 44% (ingresos de propiedades y actividades empresariales) mientras que los salarios cayeron del 74,1% al 39,3%. Como efecto de la conversión al capitalismo, en el 2.001, 40 millones de rusos (27,6% de la población) se encontraban por debajo del umbral de la pobreza.

La reforma también introdujo el desequilibrio territorial según los indicadores de bienestar. Si en 1.990 la diferencia de los ingresos medios entre las regiones de Rusia era de 3,5 veces, esta creció hasta alcanzar más de 16 veces en 1.997. Por ej. el ingreso medio en la región de Nizhni Novgorod pasó en el periodo 1.990-01 del 74,2% al 19,6% del ingreso medio en Moscú. A nivel intersectorial en el periodo 1.990-95 la diferencia del salario medio creció de 2,4 a 5,2 veces.

La vivienda es un buen indicador de bienestar. En 1.989 el 63,7% de las familias vivían en pisos unifamiliares, el 24% en casas y sólo el 6,1% vivían en pisos compartidos con más de 1 familia. Cada habitante disponía de 15,7 m2 de superficie media habitable. En la década de los 80 entre un 12% y un 17% de los que estaban en lista de espera, recibían su vivienda gratuita, a través del soviet municipal o el comité sindical de empresa, lo que suponía un ratio de renovación de vivienda cada 7 años. El pago de estas viviendas suponían el salario de 3 años y se podían pagar en 15 sin intereses o con intereses bajos. El 85% de las tarifas de los servicios y mantenimiento de la vivienda (agua, calefacción, luz, etc.) iban a cargo del Estado, tales gastos sólo suponían un 3% del salario.

En síntesis, bajo el periodo soviético el derecho constitucional de acceso a la vivienda con precios bajos estaba plenamente garantizado. Tras la reforma esta situación cambio bruscamente, los precios de los servicios de mantenimiento y servicios de la vivienda se han disparado una media de 2.300 veces (electricidad, agua, alcantarillado, calefacción, gas ciudad…), y los precios y alquileres de la vivienda se han disparado 4 veces (1.989-98).

Los servicios vacacionales (casas de descanso y centros turísticos) pasaron a ser inaccesibles, prueba de ello es que el número de personas que pasaron por tales servicios bajó de los 21 millones en 1.990 a poco más de 300.000 personas en el 2.003.

4.5.12.4. El declive de la industria y la construcción

La reforma liberal supuso la privatización de todas las empresas industriales. El siguiente paso fue la fragmentación de las grandes fábricas y combinados industriales. Si en 1.990 en la RSFSR funcionaban 26.900 empresas estatales que daban trabajo a 23,1 millones de obreros, en el 2.001 el número de empresas ya privadas se había multiplicado por 6 (155.000) y sólo daban trabajo a 13,3 millones de obreros, casi 10 millones menos.

Las inversiones realizadas en toda la industria durante el 2.001 se colocaron por debajo de las de 1.969. La profunda recesión de todos los sectores industriales ha reducido el grado de utilización de la capacidad de producción de las empresas del 87% al 37% (1.990-00) y ha causado el hundimiento de la base material y técnica de la producción y la pérdida de la calificación industrial del periodo soviético. Los medios de producción se han vuelto obsoletos, la investigación tecnológica ha sido desmantelada, y los antiguos obreros e ingenieros calificados se han jubilado.

Gracias a la introducción del capitalismo el crecimiento industrial se ha paralizado y su efectividad ha bajado en picado. Por ej., el sector energético afectado por la privatización y su posterior fragmentación, el índice de productividad cayó hasta 1.999 por debajo del nivel de 1.970 y a la mitad de 1.990.

Lo mismo pasó en la industria extractiva, si en 1.988 se extraían 4.300 toneladas de petróleo por trabajador, en 1.998 la dinámica fue de 1.050 toneladas. La fragmentación del complejo estatal y su entrega a manos privadas del sector más rentable de la economía soviética ha conducido a la caída de la efectividad del sistema productivo en 4 veces. Esta brusca caída afecta al consumo interior, si en 1.985 se disponía de 356,7 millones de toneladas, en el 2.003 sólo se disponían 107,3 mill. de toneladas de petróleo para consumo interno. Comparativamente los EE.UU. disponía de 10 veces más potencial.

La producción de acero en sólo 10 años (1.988-98) bajó a la mitad, y en el 2.003 todavía se encontraba por debajo del nivel de 1.970.

La producción de maquinaria, sector indispensable para la renovación de la base tecnológica de la industria, fue degradada. Durante el período 1.991-99 la producción de maquinaria ya había bajado 6 veces. La producción máquinas-herramientas de corte y torneado de metal se redujo 10 veces en el periodo 1.990-99. El porcentaje de máquinas-herramientas de alta precisión cayó desde el 22,8% en 1.989 hasta el 1,3% en el año 1.999, y el de líneas de producción automáticas para metales y construcción de maquinaria cayó en más de 25 veces. El complejo agroindustrial en fabricación de tractores, maquinas de cultivo de plantas, equipamentos de ganadería, componentes y repuestos de maquinaria, en el periodo 1.990-99 se redujo en casi 13 veces. En el año 2.000 las cosechadoras de importación abarcaron el 25% del mercado ruso, con un precio superior a 4,4 veces a las de fabricación nacional, es decir con un coste imposible de sufragar para mantener la producción agraria a gran escala.

Con la disolución de la URSS, la industria rusa redujo las garantías para el suministro de materias primas procedentes de otras repúblicas y viceversa. Por ej., la industria textil perdió su capacidad por la falta de suministro para la fabricación de tejidos y lana que procedían de otras repúblicas.

Otro capítulo es la producción de bienes de consumo. Es bien sabido que una de las críticas recibidas por el sistema de planificación era la desproporción existente entre el desarrollo de la industria ligera en comparación con industria pesada. Sin embargo ha sido la industria de artículos de consumo la que ha sufrido las peores consecuencias de la reforma liberal, al abrirse el mercado ruso a artículos de bajo coste del sudeste asiático, con los que era imposible competir. La liberalización del comercio exterior ha hundido la producción nacional de bienes de consumo. Por ej. la producción de calzado pasó de 385 mill. de pares en 1.990 a 33 mill. en1.997, la producción de ropa infantil se redujo en más de 50 veces en el mismo periodo.

En cuanto a la construcción, si en el último quinquenio soviético (1.985-90) fueron entregados en Rusia 3.452 mill. de m2 de vivienda, en el quinquenio capitalista de 1.996-00 la caída de la construcción de viviendas fue épica, y sólo pudieron ser entregadas 160 mill. de m2 de vivienda, 21 veces menos. También hay que destacar el carácter especulativo ya que la construcción de viviendas se ha polarizado territorialmente, mientras en Moscú creció un 18% en el periodo 1.990-02 en el resto de la Federación de Rusia ha caido 2,7 veces.

En infraestructuras, la construcción de carreteras bajó de 42.060 km en 1.990 a 5.539 en 1.997, en el mismo periodo la construcción de redes de agua potable, caliente y alcantarillado, etc., se redujo 7 veces.

4.5.12.5 El declive de la agricultura

Hasta la reforma liberal, el progreso de la agricultura era creciente, después en 1.999 la producción del sector agrícola sólo equivalía al 58% de la producción de 1.990.

El cambio del carácter de propiedad fue notorio, si en 1.989 las cooperativas agrícolas (koljoses y sovjoses) produjeron el 77,6% del valor de la producción y el resto lo representaban la producción particular auxiliar. En el 2.003 las parcelas familiares, con baja capacidad para mantener el nivel de producción anterior, acaparaban el 55,8% de la producción agrícola, y las empresas (haciendas privadas) producian el 39,7% del producto agrario.

En el periodo 1.990-03, la población ocupada en las empresas agrícolas (antes cooperativas) bajó de 7,5 mill. a 3,3 mill., y ello no fue ni por el crecimiento de la producción ni el aumento de la productividad, mas bien al contrario, ya que la superficie de siembra pasó de 112 mill. de hectáreas a 58 mill., y la producción de grano se redujo a menos de la mitad, la de patatas a 4,5 veces, de ganado y aves 3 veces menos, la leche se redujo 2,5 veces, de huevos un 27% menos y la producción de lana cayó 12 veces. Las cabezas de ganado vacuno bajaron de 45,3 mill. a 13,4 mill. y la de cerdo de 27,1 mill. a 8,1 mill.

Cuando desaparecieron los koljoses y sovjoses, los campesinos se refugiaron en sus parcelas personales. Mientras las producciones bajaban vertiginosamente en las empresas agrarias por la destrucción de las cooperativas y su conversión en propiedad privada, las parcelas familiares doblaron su tamaño, llegando a disponer en el 2.001 de 6,5 mill. de hectáreas, en las cuales durante el periodo 1.990-03, se acrecentó la producción de patatas un 75%, la de legumbres se triplicó, la producción de ganado y aves se mantuvo estable, la producción de leche creció un 30%, la de huevos se redujo ligeramente, y la producción de lana se redujo más de 1 vez.

Esa conversión de la agricultura rusa de gran producción en masa a producción en pequeñas parcelas familiares, redujo brutalmente la capacidad productiva en el campo, ya que las pequeñas unidades de producción eran incapaces de mantener el nivel alcanzado por la agricultura soviética, y en su conjunto la producción estaba muy por debajo del nivel de 1.990.

No sólo el cambio del carácter de la producción, con la privatización de las tierras, sino también la liberalización de los precios provocaría la crisis agraria en dos sentidos, una en la caida brusca de la demanda de productos de alimentación por la población, y otra el aumento de los precios industriales de la maquinaria y los materiales que necesitaban las empresas agrícolas, con la pérdida de capacidad de compra para maquinaria y tractores. Si en 1.986 habían 1,4 mill. de tractores en servicio, en el 2.001 eran 514.000. Ello a su vez ha causado la descomposición del potencial científico-técnico y productivo en la fabricación nacional de maquinaria agrícola. En el periodo 1.990-01 el volumen de producción en la industria de maquinaria agrícola (tractores, máquinas para ganadería, componentes y piezas de repuesto…) se ha reducido 13 veces. También aumentaron el precio de los fertilizantes y abonos, si en 1.990 fueron abonadas 2/3 partes de la tierra cultivada, en 1.993 la parte abonada se redujo al 25%, lo que supone una regresión rápida en la tecnología agraria. De esta manera si en 1.989 sólo el 1% de cooperativas agrarias fueron deficitarias, en plena economía capitalista en 1.997 las empresas deficitarias eran el 82%, y en el 2.003 el 50,2%.

Las infraestructuras de la agricultura se colapsaron. Si en 1.990 fueron construidos 28.300 km de caminos, necesarios para transportar el producto agrícola, esta bajo a 300 km por año desde 1.998. Otra suerte corren las instalaciones (almacenes, hangares, silos, edificios, locales para ganado, etc.) las cuales prácticamente han cesado.

Otra catástrofe es la destrucción de ganado, ya en la época de la colectivización agraria, la lucha de clases en el campo con el sacrificio de ganado por los kulaks, redujo el número de ganado vacuno de 37,7 mill. de cabezas a 21,4 mill. (1.928-33). En la época de la reforma liberal (1.990-02), sin guerras ni desastres naturales, el número de cabezas de ganado vacuno ha caido en 34 millones (más del doble que durante la colectivización), quedando poco más de 26 mill. de vacas. Otro tanto ha sucedido con el ganado porcino pasando de 40 mill. en 1.989 a 16 mill. en el 2.003. Las ovejas y cabras han bajado de 64 mill. a 16 mill. en el mismo periodo. La producción láctea se colocó en el 2.000 por debajo de los niveles de la década de los 50. La catastrofe es de tal envergadura que Rusia posee menos ganado que en 1.916 (en plena guerra mundial) y que en 1.923, tras 8 años de guerra.

Otro aspecto poco conocido durante la época de la perestroika era la ayuda que la agricultura recibía en los países capitalistas avanzados a través de los subsidios. En la URSS ese apoyo se daba por la planificación de los precios (maquinaria y precios de venta de los productos agrícolas). Este tipo de ayuda era tildado como muy costoso y poco eficiente. No obstante, la agricultura soviética recibía una ayuda incomparablemente menor que en los países capitalistas, por ej. las ayudas que recibía la agricultura en la UE durante 1.984-86 era 67 veces superior a la recibida en 1.988 en la URSS, y la de EE.UU. 13 veces, en los EE.UU. en el año 2.000 tales ayudas suponían el 40% de todo el producto bruto del sector. Además hay que sumar el proteccionismo estatal llevado en países de la UE, Japón y EE.UU. sobre sus productos agrícolas que cargan al consumidor. Con la reforma liberal de 1.990, el mercado ruso sería abierto a esos productos subvencionados en Occidente discriminando la producción nacional. En 1.992 el gobierno de Yeltsin compró 26,1 mill. toneladas de celeares a empresas rusas por un valor de 28 dólares/tonelada, y 28,9 mill. de toneladas de celeares a Occidente por un valor de 144 dólares/tonelada.

Uno de los objetivos en la construcción del socialismo es la superación de las diferencias sociales entre campo y ciudad, pues bien, si en la Rusia soviética los ingresos de los campesinos koljosianos suponían el 88% de los ingresos de los obreros industriales y funcionarios de la administración, en el año 2.001 apenas suponían el 14% con lo que las diferencias sociales campo/ciudad en cuanto a capacidad adquisitiva se ha ensanchado más de 6 veces bajo el capitalismo. En cuanto a la evolución de la construcción de escuelas, policlínicas, ambulatorios y centros culturales en el campo, se ha reducido de 191.000 unidades en 1.990 a 11.300 en el 2.003.

4.5.12.6 Tragedia de la contrarrevolución en Ucrania

Lo sucedido en Rusia es similar al resto de exrepúblicas soviéticas. Por ejemplo, Ucrania que era la segunda potencia económica de la URSS, tras la desintegración de la URSS se encontraba entre los países más desarrollados del mundo. Educación gratuita, sistema de salud de calidad y gratuito. Los precios de  alimentación, vivienda, transporte público seguían inamovibles en 50 años. Las tarifas del gas y la electricidad suponían unos céntimos. El desempleo, la inflación, los sin techo, los despidos, los créditos al 30% de interés, eran desconocidos.

En apenas 18 años Ucrania ha pasado a ser uno de los países más atrasados de Europa. La hecatombe humanitaria de la contrarrevolución capitalista se ha hecho sentir, si la población ucraniana era de 52 millones en 1.991, ahora son 46 millones, de los cuales 10 millones viven bajo el umbral de la pobreza, 3 millones de parados, 1,5 millones pasan hambre, 10 millones de jubilados cobran la pensión mínima, 200.000 niños viven en la calle, 1 millón de vagabundos, etc. (264).

4.5.12.7 Conclusión acerca de la hecatombe rusa

Esta breve en espacio y amplia en magnitud comparativa del desarrollo del sistema socioeconómico soviético con el sistema capitalista en la Rusia actual, nos dice varias cosas:

  1. La perestroika y la glasnot realizaron un buen trabajo de campaña ideológica para desacreditar la planificación soviética, campaña necesaria para desmovilizar las fuerzas sociales partidarias del socialismo. Todas las mentiras sobre la inutilidad de la industria y agricultura soviéticas iban dirigidas para poder aplicar sin resistencias el cambio de sistema social y pasar abiertamente al capitalismo.
  2. La reforma liberal de 1.990 fue la última de las reformas en la que ya se liquidaba todo resquicio de las relaciones y formas de propiedad socialista, legalizando la explotación, privatizando los beneficios, permitiendo la privatización de toda la economía estatal y cooperativa, sustituyendo la planificación de los precios por el libre mercado interno y exterior, con la liberalización de los precios y el aumento acelerado de la importación de productos y capitales extranjeros provenientes de EE.UU. y Alemania principalmente.
  3. El modelo de neoliberalismo pro-yanqui adoptado por la camarilla de Yeltsin fue el único modelo con capacidad para destruir la economía soviética, un modelo de capitalismo nacional era impensable para la restauración inmediata del capitalismo, ya que el imperialismo pasó a ser el dirigente de la contrarrevolución en todos los ámbitos de la vida política, social y económica de Rusia con la desintegración de los lazos políticos, ideológicos, económicos y comerciales que la unían al resto de repúblicas.
  4. Las consecuencias humanas de la restauración, reproducen por su envergadura las idénticas secuelas que Marx nos denunciara en El Capital cuando nos describía el lado inhumano del capitalismo, sediento de plusvalía que destila lodos de sangre por todos sus poros. Prueba de ello es que el la acumulación de capital se ha cobrado un nuevo genocidio en el pueblo ruso sin guerras, igualando los muertos durante la Gran Guerra Patria. Los “progresistas” y renovadores del PCUS mostraron su verdadera naturaleza de clase, con el robo de la propiedad socialista dirigieron la mayor contrarrevolución de la história y una matanza de ingeniería social, de dimensiones aterradoras donde la privatización salvaje causó la muerte de millones de personas.
  5. A pesar de las dificultades, los errores en la construcción de la URSS, e incluso el revisionismo del XXº Congreso y la perestroika, la planificación soviética dió a los pueblos de Rusia y el resto de repúblicas una civilización, en lo humanitario (demografía, niveles de bienestar) en lo económico (potencial agrario, industrial, tecnocientífico) y en lo social (estrechamiento de las desigualdades sociales, intersectoriales y territoriales) que a fecha de hoy son inalcanzables, impensables y recordadas con mucha amargura y nostalgia.
  6. La amarga experiencia de la destrucción de la URSS y de empobrecimiento del pueblo hace más comprensible lo erróneo de la tesis según la cual se puede construir una sociedad socialista sobre la ley del valor y la economía mercantil. La producción socialista es directamente socializada en su distribución, es producción de valor de uso y no de valor de cambio, de mercancias. Los intentos de construir una economía socialista de mercado pueden llevar a la propia destrucción del socialismo.

NOTAS DE LA DICTADURA DEL PROLETARIADO

(60) La CIA se hizo con el informe y lo publicó en la prensa, de esta forma poco orgánica el movimiento comunista tendría conocimiento del informe “secreto”.

     El Informe “Sobre el culto a la personalidad y sus consecuencias” fue preparado por Kruchev sin pasar por el politburó del Comité Central del PCUS, fue presentado una vez elegido el nuevo Comité Central del XXº Congreso y en nombre del mismo, Kruchev hizo su presentación, sin dar posibilidad al debate de otras opiniones.

     Los dirigentes de los PCs hermanos como Maurice Thorez del PCF, Palmiro Togliatti del PCI, Mao Tse Tung del PCCh, así como de todos los PCs del mundo no fueron invitados y no asistieron a la “sesión secreta” del XX Congreso en el que se presentó el Informe. No obstante, al congreso fueron invitados por Kruchev 100 antiguos miembros del partido condenados por actividad antisoviética. Entre esos invitados se encontraba Alexander Yakovlev futuro ministro de Gorbachov y miembro de la “plataforma democrática” antisoviética dirigida por Yeltsin.

     Una vez terminado el Congreso, se dio a cada delegación de los PCs el Informe lectura del mismo, sin poder disponer por escrito el informe para difundirlo. El Informe no fue publicado, se repartió en exclusiva a las organizaciones del PCUS (federaciones regionales y comités centrales de las repúblicas).

     Semanas después del Congreso, el Departamento de Estado de EE.UU. divulgó el Informe de Kruchev, siendo publicado en casi todo el mundo, pero en la URSS no fue publicado hasta 1.990. (Ver Kruchev y la disgregación de la URSS, págs. 16,17,18 y 19. Mijail Kílev. Ed. Unión Proletaria. 2.005).

(61) Crítica del Programa de Gotha. K. Marx. pág. 112. Ed. Materiales 1978.

(62) Un saludo a los obreros húngaros. V.I. Lenin. Obras Escogidas. Tomo III. Ed. Progreso Moscú.

(63) Una gran iniciativa. V.I. Lenin. Obras Completas. Tomo 39. Ed. Progreso Moscú 1973.

(64) El marxismo acerca del Estado. V.I. Lenin. Obras Completas. Tomo 33. Ed. Progreso. Moscú 1973.

(65) Perestroika: el completo colapso del revisionismo. Halpar Brar. Ed. Templando el Acero. 2014. Pág. 46.

(66) Perestroika: el completo colapso del revisionismo. Halpar Brar. Ed. Templando el Acero. 2014. Pág. 48

(67) Observaciones relativas a las cuestiones socioeconómicas sometidas a discusión en noviembre de 1.951. J. Stalin. Temática del marxismo Tomo IIº, pág. 423.

(68) Citado por Gavroche,  Crítica del Nuevo Curso de Kruschev.

(69) Perestroika: el completo colapso del revisionismo. Halpar Brar. Ed. Templando el Acero. 2014. Pág. 42

(70) La revolución proletaria y el renegado Kautsky, O.C. T.XXX, págs.. 89 y 90. Ed. Progreso. Moscú 1973.

(71) La Asamblea Constituyente y la Dictadura del Proletariado. V.I. Lenin. Ed. Progreso. Moscú. Obras Completas. Tomo 10. Ed. Progreso. Moscú. 1973.

(72) Tesis sobre las tareas fundamentales en el segundo congreso de la IC. V.I. Lenin. Discursos pronunciados en los congresos de la IC.Ed. Progreso. Moscú 1976.

(73) Problemas económicos del socialismo en la URSS. (J. Stalin) Obras. Ed. Bosa. Tomo XVº.

(74) Citado por Ludo Martens en La contrarrevolución de terciopelo. www.jcasturias.org.

(75) Perestroika. Nuevas ideas para nuestro país y el mundo. Informe 28 julio 1988. Mijail Gorbachov. Ed. Progreso. Moscú.

(76) Perestroika: el completo colapso del revisionismo. Halpar Brar. Ed. Templando el Acero. 2014. Pág. 78

(77) Citado en Derechos humanos. Ficción y realidad. Elisabeth Reimann-Fernando Rivas Sánchez. Akal. Madrid. 1.980. p. 25 y 26.

(78) Citado por Ludo Martens en La contra revolución de terciopelo. http://www.jcasturias.org.

(79) Ver el capítulo 4.7.4 en el apartado La estrategia de clase del imperialismo y la política de paz de la URSS.

(80) Perestroika. Nuevas ideas para nuestro país y el mundo. Informe 28 julio 1988. Mijail Gorbachov. Ed. Progreso. Moscú.

(81) Perestroika: el completo colapso del revisionismo. Halpar Brar. Ed. Templando el Acero. 2014. Pág. 277.

(82) Sobre el debate sobre el programa agrario del POSDR en su IV° Congreso (1.906), donde defendió una posición centrista: el reparto de los latifundios a los campesinos. Mientras en un extremo los mencheviques defendían la municipalización en la que los campesinos obtendrían la tierra por arriendo, y  en el otro Lenin apostaba por la nacionalización de la tierra, que era la reivindicación más democrática para los campesinos pobres y medios.

     Su inicial oposición a las tesis de abril de Lenin en 1.917. Mientras éste planteaba que la segunda etapa de la revolución de carácter socialista había comenzado, lanzando la consigna de “todo el poder a los soviets”, Stalin, como el resto de la dirección bolchevique del interior, continuaba defendiendo la república democrática y la movilización para forzar al gobierno provisional a las negociaciones de paz. Aunque en la conferencia del partido el 14 de abril, las tesis fueron aprobadas por mayoría, con el apoyo de Stalin. Y en julio de 1.917 desde la semiclandestinidad en el VI° Congreso del partido bolchevique, éste sería el encargado por el comité central de hacer y presentar el informe político al congreso que apostaba por el derrocamiento del poder de la burguesía y los terratenientes mediante la insurrección armada del proletariado.

(83) Carta de Engels a Teodoro Cuno, pág. 52. Ed. Progreso.

(84) Resolución que recogía lo siguiente: “1…la idea del control obrero de la producción que ha surgido de un modo perfectamente natural de la descomposición económica provocada por la criminal política de las clases dominantes…3. La clase obrera se halla mucho más interesada que la clase capitalista en el funcionamiento racional y regular de las fábricas…el proletariado reclama el control obrero no sólo en su propio interés sino en el de todo el país…5. Sólo el control obrero sobre las empresas capitalistas, al desarrollar en el trabajador la conciencia del trabajo y hacerle comprender su papel social, es capaz de crear las condiciones favorables para el establecimiento de una sólida disciplina voluntaria en el trabajo y para el mismo desarrollo de la productividad de éste. 6…El establecimiento del control obrero es, por ello, la medida indispensable que debe preceder a la desmovilización de la industria…8.La vida económica del país, agricultura, industria, comercio y transportes, debe someterse a un plan de conjunto, establecido de manera que satisfaga las necesidades y sociales de las grandes masas de la población…9. La parte del plan relativa a la agricultura debe ejecutarse bajo el control de las organizaciones de los campesinos y los trabajadores agrícolas; la relativa a la industria, el comercio y los transportes, bajo el control de los obreros…17. Los comités de fábrica de las diferentes empresas deberán organizarse por ramas de producción, con el fin de facilitar el control de toda rama industrial dentro del plan económico general, permitir el reparto racional entre las diferentes fábricas, de los pedidos, las materias primas, el combustible, la mano de obra, el personal técnico y el utillaje, y facilitar la colaboración con los sindicatos , organizados por ramas industriales. 18. Las organizaciones centrales de los sindicatos y los comités de fábrica en las ciudades representarán al proletariado en las organizaciones provinciales y regionales correspondientes, encargadas de elaborar y ejecutar el plan económico general y de establecer las necesarias relaciones económicas entre la ciudad y el campo. Dichas organizaciones serán también la autoridad suprema en el funcionamiento de los comités de fábrica y los sindicatos en lo que se refiere al control obrero regional, y promulgará reglamentos obligatorios acerca de la disciplina de los obreros en el trabajo…19. La conferencia exige la implantación del control obrero dentro de los marcos de todo el Estado e invita a los camaradas a ponerlo desde ahora en ejecución en el plano local y en la medida de sus fuerzas. Y declara incompatible con los objetivos del control obreros la incautación por los obreros de empresas sueltas en su propio beneficio” (John Reed, 10 días que estremecieron al mundo, págs. 289, 290. Ed. Orbis).

(85) Citado por C. Hill en La revolución rusa, p. 164 y 165. Ariel.

(86) Sobre los sindicatos (Lenin), p. 310 y 311. Progreso.

(87) Las luchas de clases en la URSS. Primer período. Bettelheim, pág. 166. Ed. S. XXI.

(88) Ver I. Deutscher (Los sindicatos soviéticos). Ed. Era.

(89) Lenin, Sobre los sindicatos, recopilatorio, Progreso, pág. 422.

(90) Ver Las luchas de clases en la URSS. Primer período. Bettelheim. Nota 49, pág.27. S. XXI.

(91) Terrorismo y comunismo. L. Trotski. Ed. Akal 2009.

(92) Citado por Bettelheim en Las luchas de clases en la URSS. Primer Periodo, pág.353. S. XXI.

(93) Racionalización de la producción y el trabajo. A. Gramsci. http://www.gramsci.org.ar/8/41.htm

(94) Sobre los sindicatos (Lenin) pág. 434. Ed. Progreso.

(95) “Hemos visto, que según datos incompletos, alrededor de 900 obreros –miembros y delegados de los sindicatos- dirigen la producción, si queréis; admitamos incluso… un avance increíblemente rápido dentro de poco tiempo; aún así resultará que los obreros que administran representará una parte insignificante parte de la masa general de seis millones de afiliados a los sindicatos y eso muestra con mayor claridad aún que fijar toda la atención en la capa dirigente, como hace , hablar del papel de los sindicatos en la producción y de la dirección de la producción, sin tener en cuenta que el 98,5% aprenden… y deberán aprender durante largo tiempo… Los sindicatos no son escuela y administración, sino escuela de administración” (Lenin. Sobre los sindicatos, págs. 466 y 467. Ed. Progreso.

(96) Sobre los sindicatos, recopilatorio, Ed. Progreso, pág. 490.

(97) (98) Lenin, Sobre los sindicatos, recopilatorio, Progreso, p. 491.

(99) Lenin, Sobre los sindicatos, recopilatorio, Progreso, pág. 494.

(100) “1) Los sindicatos participan en la formación de todos los organismos económicos y públicos relacionados con la economía, proponiendo candidatos y haciendo oir su voz consultiva… 2) Una de las tareas más importantes de los sindicatos consiste en promover y preparar administradores salidos de las masas obreras y trabajadoras en general. Si hoy tenemos decenas de esos administradores de la industria completamente satisfactorios, y centenares más o menos satisfactorios, en un futuro necesitaremos centenares de los primeros y millares de los segundos. Los sindicatos deben efectuar de una manera muchísimo más minuciosa y perseverante que en la actualidad el registro sistemático de todos los obreros y campesinos aptos para semejante trabajo…3) No menos importante es la participación de los sindicatos en todos los organismos de planificación del Estado proletario. A la par con su participación en toda la labor cultural y educativa y en la propaganda de la producción, tal actividad de los sindicatos debe atraer con amplitud y profundidad crecientes a la clase obrera y a las masas trabajadoras a toda la organización de la economía estatal, haciéndoles conocer todo el ciclo de la vida económica, todo el ciclo del trabajo industrial… dándoles una idea cada vez más concreta, tanto del plan estatal único de la economía socialista como del interés práctico del obrero y del campesino en el cumplimiento de este plan… 4) La preparación de tarifas y normas de abastecimiento, etc., es parte integrante y necesaria de la labor de los sindicatos en la edificación del socialismo y de su participación en la administración de la industria“ (Lenin, Sobre los sindicatos, recopilatorio, Ed. Progreso, págs. 494 y 495).

(101) “…el marxismo parte del desarrollo de la técnica, como principal resorte del progreso, y construye el programa comunista fundamentado en la dinámica de las fuerzas de producción… Una economía socializada que estuviera a punto de sobrepasar técnicamente a la del capitalismo podría encontrarse prácticamente segura de un desarrollo socialista en cierta forma automático” (La revolución traicionada, citado por Bettelheim en Las luchas de clases en la URSS. Primer período, pág. 21. Ed. S. XXI).

(102) Historia del Partido Comunista –bolchevique- de la URSS. Ed. Progreso. Moscú 1.947.

(103) “Puesto que en la URSS. no existen ni pueden existir antagonismos de clase entre los trabajadores y los administradores económicos, y puesto que las partes en cualquier contrato colectivo son representantes de la misma clase y persiguen los objetivos comunes del desarrollo de la producción socialista y la elevación del nivel material y cultural de los trabajadores, el propósito esencial de cualquier contrato colectivo es en el momento actual: asegurar el cumplimiento y el sobrecumplimiento de los planes de producción, promover la mayor productividad del trabajo, mejorar la organización del trabajo y elevar la responsabilidad de la administración y los sindicatos en cuanto al bienestar material y cultural de los trabajadores”. (De la Gran enciclopedia soviética, citado por Deutscher en Los sindicatos soviéticos, p. 120. Ed. Era).

(104) Discurso de apertura del VIII Congreso del PCRb 18 marzo 1919. V.I. Lenin. Obras completas vol. 29. Ed. Progreso Moscú. 1973.

(105) Ver Las luchas de clases en la URSS. Primer período. Bettelheim, pág. 210. Ed. S. XXI.

(106) Citado en Una vez más sobre las desviaciones socialdemócratas en nuestro partido. J. Stalin. Diciembre 1926. Obras Escogidas.

(107) Lenin. Obras Completas. Tomo 29, p. 211, 212, 213.. Progreso.

(108) Lenin, en Economía política del socialismo, Progreso, pág. 54.

(109) “Cuando estemos en posesión del poder del Estado, no podremos pensar en expropiar a los pequeños campesinos por la fuerza (con o sin indemnización) como nos veremos obligados a hacerlo con los grandes terratenientes. Nuestra labor con el pequeño campesino consiste en asegurar primero, la transición de su empresa privada y de su propiedad privada, hacia una empresa (y propiedad) cooperativa, no por la fuerza sino, por el ejemplo y la ayuda ofrecida por la sociedad con este fin. Y a este respecto le podemos prometer ventajas que, ya desde hoy, tendrán que parecer eminentes” (F. Engels, El problema campesino en Francia y Alemania. Obras Escogidas. Tomo II).

(110) Según Ludo Martens (Otra visión sobre Stalin, Ed. EPO, pág. 41), en 1.927 el 7% de los campesinos no tenían tierra (asalariados del campo), el 53% eran campesinos medios y entre el 5 y 7% kulaks. Es de suponer que el resto, entre el 33 y 35% eran campesinos pobres con tierra pero sin los medios de producción técnicamente predominantes, sin carreta, ni caballo, ni bueyes.

(111) Tratado de economía marxista. (Mandel) P. 163, Tomo IIº, Era.

(112) Lenin. O.C. tomo 45, pág. 420. Ed. Progreso. Moscú. 1973.

(113) La revolución permanente. L. Trotski http://www.elsoca.org/pdf/libreria/revolucion%20permanente.pdf

(114) Citado por J. Stalin en La revolución de Octubre y la táctica de los comunistas rusos. Obras Escogidas.

(115) Una vez más sobre las desviaciones socialdemócratas en el partido. J. Stalin.

(116) El programa de la paz. L. Trotski. http://www.ceip.org.ar/El-programa-de-la-paz

(117) Sobre la cooperación. Lenin.

(118) Lenin. IXº Congreso de los Soviets de toda Rusia. Obras Completas. Tomo 44 pág. 310.

(119) Una vez más sobre las desviaciones socialdemócratas en el partido. Diciembre 1926. Obras Escogidas.

(120) La revolución de Octubre y la táctica de los comunistas rusos y Una vez más sobre las desviaciones socialdemócratas en el partido. J. Stalin. 17-12-1924. Obras Escogidas.

(121) La economía y la política en la época de la dictadura del proletariado. Lenin. Obras Completas t. XXX.Ed. Progreso. Moscú. 1973.

(122) Sobre el impuesto en especie. V.I. Lenin. Obras Escogidas. Ed. Progreso.

(123) La revolución proletaria y el renegado Kautsky, O.C. T.XXX. Ed. Progreso.

(124) Citado en La revolución de Octubre y la táctica de los comunistas rusos, J. Stalin. 17-12-1924. Obras Escogidas.

(125) Una vez más sobre las desviaciones socialdemócratas de nuestro partido. J. Stalin. Obras escogidas.

(126) J. Stalin. Obras. Ed. Bosa. Tomo 7.

(127) Mandel, Tratado de economía marxista. P. 188, Tomo II° Era.

(128) Ver Informe sobre la unidad del partido y la desviación anarcosindicalista en el X° Congreso del PC(b)R en Acerca del anarquismo y del anarco sindicalismo, pág. 323. (Ed. Progreso).

(129) Ludo Martens (Otra visión sobre Stalin, Ed. EPO, págs. 57 y 58.

(130) En EE.UU. hubo una terrible hambruna que sesgó la vida de 8,5 millones de obreros y campesinos—A. Mariño. 24-12-2008.

(131) Otra visión sobre Stalin. La construcción del socialismo en la URSS. 1921-1953. Ludo Martens. Ed. EPO, pág. 82.  Principios no regalados. Breve historia de la perestroika. Nina Andeeva.

(132) Perestroika: el completo colapso del revisionismo. Halpar Brar. Ed. Templando el Acero. 2014. Pág. 210.

(133) J. Stalin. Obras. Ed. Bosa. Tomo 10.

(134) Datos recogidos. J. Stalin. Informe sobre la actividad del Cté. Central presentado al XVI Congreso del PCb de la URSS. 1.934, Temática del marxismo Tomo II, pág. 286.

(135) Ludo Martens, Otra visión de Stalin, pág. 66.

(136) Trotstki. La economía soviética en peligro. Citado por Harpal Brar ¿Trotkismo o Leninismo?.

(137) Perestroika: el completo colapso del revisionismo. Halpar Brar. Ed. Templando el Acero. 2014. Pág. 125

(138) Stalin. Obras. Ed. Bosa.  Tomo 13. Balance del Primer Plan Quinquenal, pág. 182.

(139) Ver Mentiras sobre la historia de la URSS (Mario Souza).

(140) Stalin. Historia y crítica de una leyenda negra. Domenico Losurdo. Ed. El viejo topo. 2011.

(141) Citado en Stalin de I. Deutscher, pág.535. Ed. Era. México.

(142) Industrialización y la desviación derechista. J. Stalin. Obras. Ed. Bosa. Tomo 11. págs. 257-258 y 261

(143) Mientras por el contrario, en la URSS, Stalin llamaba a lucha: “…debemos crear esa milicia popular, poner en pie para la lucha a todos los trabajadores, que con su pecho defenderán su libertad y su país natal en nuestra Guerra Patria contra el fascismo alemán”.  (Poner en pie para la lucha a los trabajadores, discurso radiado de J. Stalin 3 de julio 1.941).

     La propaganda burguesa siempre ha querido presentar a Stalin como el culpable del avance de los ejercitos nazis, y de que si hubiera previsto la invasión con fortificaciones y tropas precisas en la frontera esta hubiese sido frenada desde el principio. Nada más lejos de la realidad. La causa era la fuerza y la técnica superiores de las tropas alemanas y no la imprevisión o errores de alto mando soviético que ya en mayo de 1.941 esperaban anticipadamente la fecha de invasión. Ni siquiera la linea Maginot en Francia frenó a los ejércitos nazis superiores en fuerza. El mariscal Zhukov en sus memorias expresaba las causas del inicial avance de las tropas nazis: “La sorpresa no consistía en el cruce súbito de la frontera, no era un ataque sorpresa ordinario. El gran peligro para nosotros era la sorpresa por la potencia de golpe del ejército alemán, la sorpresa para nosotros era su superioridad entre 6 y 8 veces más importante en las principales direcciones, la sorpresa era en la escala de la concentración de sus ejércitos, la fuerza de su golpe. Es lo que definió nuestras pérdidas más grandes en un primer periodo de guerra. Y no el cruce repentino de la frontera” (Memorias y reflexiones, citado por Mijail Kilev en Kruchev y la disgregación de la URSS, pág. 44).

(144) Un folleto nazi publicado en 1.943, se titulaba: Por el derecho de sus pueblos: las unidades de voluntarios del Este son la encarnación de más de 160 pueblos que el bolchevismo ha incorporado a la fuerza en la URSS. Ver La revolución de terciopelo. Ludo Martens. www.jcasturias.org.

(145) Perestroika. Nuevas ideas para nuestro país y el mundo. Informe 28 julio 1988. Mijail Gorbachov. Ed. Progreso. Moscú.

(146) Perestroika. Nuevas ideas para nuestro país y el mundo. Informe 28 julio 1988. Mijail Gorbachov. Ed. Progreso. Moscú.

(147) Stalin. Historia y crítica de una leyenda negra. Domenico Losurdo. Ed. El viejo topo. 2011.

(148) Stalin. Historia y crítica de una leyenda negra. Domenico Losurdo. Ed. El viejo topo. 2011.

(149) Perestroika: el completo colapso del revisionismo. Halpar Brar. Ed. Templando el Acero. 2014. Pág. 232

(150) Me llamaban Cassandra. Genevieve Tabouis. Ed. Ercilla. Santiago de Chile

(151) Moscow 41. Alexander Werth.Ed. Hamish Hamilton.

(152) Citado en La gran conspiración contra Rusia, de Michael Sayers y Albert E. Kahn, p. 326. Ed. Nuestro Pueblo. París. 1.958 DEL LIBRO Misión En Moscú. Joseph E. Davies. Ed. TOR. 1945.

(153) Según Carlos Hermida: “Entre 1.928 y 1.932 se formó anualmente una media de 72.000 especialistas por las escuelas técnicas y 42.500 por las escuelas universitarias, frente a una media de 18.000 y 32.000, respectivamente, durante los años de la NEP, que abarcó el período 1.921-28”, y más adelante: “Se construyeron cientos de fábricas y enormes presas, surgieron nuevas regiones industriales y se edificaron ciudades.  calificó a Stalin de enterrador de la revolución, pero lo que ocurrió en la URSS en los años treinta difícilmente puede tener otro significado que no sea el de revolucionario” (Cuestiones sobre Stalin) www.profesionalespcm.org/

(154) (*) Ver Hombres Nuevos. Discurso pronunciado en la primera conferencia de stajanovistas de la URSS (J.Stalin). Ed. Europa-América. http://www.espaimarx.org.

     El stajanovismo vino ha sustituir el inicial sistema de brigadas, en el que grandes grupos con diferentes categorías combinaban su trabajo y salario dividido en partes iguales, lo que redujo las diferencias salariales. En un medio de escasez de fuerza de trabajo calificada tal sistema provocó la movilidad hacia otras fábricas donde el igualitarismo era más débil. La dirección del PCb consideraría imposible sostener tal sistema y lo sustituyó.

     Tal sistema logró elevar la eficiencia industrial que se encontraba en un estado bajo, por medio de una nueva organización del trabajo, racionalización de los procesos tecnológicos y distribución del trabajo, la mejor organización de los puestos de trabajo, el aumento considerable de la productividad y de los salarios de los obreros. El stajanovismo impulsó la competitividad de mayor producción por mejores salarios con grandes diferenciaciones en la escala, por ej. el salario de un minero stajanovista era 3 veces superior al de un minero especializado no stajanovista y 9 veces mayor que el de un minero no especializado. Se generalizaba el trabajo a destajo como mecanismo de incentivo para la intensificación de la producción y la mejora de la organización del trabajo.

(155) Las tareas inmediatas del poder soviético. V.I.Lenin. Ed. Progreso. Moscú. 1980.

(156) Perestroika: el completo colapso del revisionismo. Halpar Brar. Ed. Templando el Acero. 2014. Pág. 286.

(157) Anti-Duhring. F. Engels. Ed. Avant. Barcelona 1987.

(158) Perestroika: el completo colapso del revisionismo. Halpar Brar. Ed. Templando el Acero. 2014. Pág. 321.

(159) Problemas económicos del socialismo en la URSS. (J. Stalin) Obras. Ed. Bosa. Tomo XVº.

(160) Perestroika: el completo colapso del revisionismo. Halpar Brar. Ed. Templando el Acero. 2014. Pág. 322.

(161) Perestroika: el completo colapso del revisionismo. Halpar Brar. Ed. Templando el Acero. 2014. Pág. 323

(162) Perestroika: el completo colapso del revisionismo. Halpar Brar. Ed. Templando el Acero. 2014. Pág. 325.

(163) Perestroika: el completo colapso del revisionismo. Halpar Brar. Ed. Templando el Acero. 2014. Pág. 326.

(164) Perestroika: el completo colapso del revisionismo. Halpar Brar. Ed. Templando el Acero. 2014. Pág. 326.

(165) Problemas económicos del socialismo en la URSS. J. Stalin

(166) Perestroika: el completo colapso del revisionismo. Halpar Brar. Ed. Templando el Acero. 2014. Pág. 340.

(167) Perestroika: el completo colapso del revisionismo. Halpar Brar. Ed. Templando el Acero. 2014.Pág. 343.

(168) Perestroika: el completo colapso del revisionismo. Halpar Brar. Ed. Templando el Acero. 2014.Pág. 344.

(169) K. Marx. El Capital, Libro III, vol. 7, págs. 781 y 782. Ed. S.XXI).

(170) Perestroika: el completo colapso del revisionismo. Halpar Brar. Ed. Templando el Acero. 2014.Pág. 331.

(171) Perestroika: el completo colapso del revisionismo. Halpar Brar. Ed. Templando el Acero. 2014.Págs. 334 y 335.

(172) De la destrucción del sistema social antiguo a la creación del nuevo. V.I. Lenin.

(173) (174) Un gran principio. V.I.Lenin.

(175) Sobre algunos aspectos de la lucha contra el revisionismo. Ludo Martens 1995.

(176) La transición a la economía socialista (Ch. Bettelheim) Ed. Fontanella, pág. 39.

(177) Introducción a la economía política (Vidal Villa). Laia, pág. 157.

(178) Sobre el infantilismo de izquierda y las ideas pequeñoburguesas (Lenin) O. Completas. Tomo XXVII, p. 348 y 349. Ed. Progreso. Moscú. 1973.

(179) Las tareas inmediatas del poder soviético (Lenin) Ed. Progreso, pág. 28. Moscú 1980.

(180) Las tareas inmediatas del poder soviético (Lenin) Ed. Progreso, pág. 48.

(181) Las tareas inmediatas del poder soviético (Lenin) Progreso, págs. 48 y 49.

(182) El Estado y la revolución (Lenin) Ed. Progreso, pág. 92.

(183) Ver La transición a la economía socialista (Ch. Bettelheim) Ed. Fontanella, págs. 151 y 152.

(184) El Estado y la revolución (Lenin) Ed. Progreso, pág. 92.

(185) Ver La transición a la economía socialista (Ch. Bettelheim) Ed. Fontanella, págs. 130, 131, 132 y 133.

(186) La transición a la economía socialista (Bettelheim) Fontanella, pág. 148.

(187) La transición a la economía socialista (Ch. Bettelheim) Ed. Fontanella, pág. 101.

(188) “…el desarrollo del capitalismo crea las premisas para que todos realmente puedan intervenir en la gobernación del Estado. Entre estas premisas se cuenta la completa liquidación del analfabetismo, conseguida ya por algunos de los países capitalistas más adelantados, la instrucción y la educación de la disciplina de millones de obreros por el amplio y complejo aparato socializado de Correos, de los ferrocarriles, de las grandes fábricas, del gran comercio, de los bancos, etc., etc.

     Existiendo estas premisas económicas, es perfectamente posible pasar en seguida, de la noche a la mañana, después de derrocar a los capitalistas y a los burócratas, a sustituirlos por los obreros armados, por todo el pueblo armado, en la obra de controlar la producción, en la obra de computar el trabajo y los productos…

     Contabilidad y control: he aquí lo principal, lo que hace falta para poner a punto y para que funcione bien la primera fase de la sociedad comunista. En ella, todos los ciudadanos se convierten en empleados a sueldo del Estado, que no es otra cosa que los obreros armados. Todos los ciudadanos pasan a ser empleados y obreros de un solo consorcio de todo el pueblo, del Estado. De lo que se trata es de que trabajen por igual y ganen equitativamente. El capitalismo ha simplificado hasta el extremo la contabilidad y el control de esto, reduciéndolos a operaciones extraordinariamente simples de inspección y anotación, accesibles a cualquiera que sepa leer y escribir, conozca las cuatro reglas aritméticas y sepa leer y escribir”. (El Estado y la revolución –Lenin- Ed. Progreso, pág. 95)

(189) Temática del marxismo. Tomo II°. Ed. Cinc, d´Oros, pág. 581.

(190) Ver La transición a la economía socialista (Ch. Bettelheim) Ed. Fontanella, pág. 126.

(191) Ver La transición a la economía socialista (Ch. Bettelheim) Ed. Fontanella, pág. 219.

(192) Economía política del socialismo (G. Solius). Ver Temática del marxismo. Tomo III°. Ed. Cinc d¨Oros, pág. 372.

(193) Marx desarrolla ya en los Grundrisse, la idea que bajo la producción socializada bajo el plan consciente de los productores, las relaciones ya no se presentan como producto del valor, donde el cambio se realiza en el marco de la propia producción entre diferentes actividades determinadas por las necesidades colectivas. Esta idea la encontramos en los Grundrisse, donde dice: “De la misma manera que el individuo tiene que dividir correctamente su tiempo para apropiarse de los conocimientos en proporciones adecuadas o para responder a distintas exigencias que se hacen a su actividad, así también la sociedad tiene que dividir su tiempo adecuadamente para lograr una producción adecuada a sus necesidades globales. Economía de tiempo, así como distribución planificada del tiempo de trabajo entre las distintas ramas de la producción, continúa siento por lo tanto la primera ley económica sobre la base de una producción comunitaria. Sin embargo esto es esencialmente diferente de la mensuración de los valores de cambio…por el tiempo de trabajo” (Elementos fundamentales para una crítica de la economía política, Ed. Grijalbo, Tomo I°, pág. 102). Y más adelante en El Capital retoma el mismo planteamiento: “En primer término, es una falsa abstracción considerar que una nación cuyo modo de producción descansa en el valor, y que además está organizada de manera capitalista, es un cuerpo colectivo que trabaja meramente para satisfacer las necesidades nacionales. Segundo: después de la abolición del modo capitalista de producción, pero no de la producción social, sigue predominando la determinación del valor en el sentido que la regulación del tiempo de trabajo y la distribución del trabajo social entre los diferentes grupos de producción, y por último la contabilidad relativa a ello, se tornan mas esenciales que nunca. (El Capital. Tomo III. Vol. 8. pág. 1081). En la crítica al Programa de Gotha mantiene y desarrolla la misma posición: “En una sociedad colectivista, basada en la propiedad común de los medios de producción, los productores no intercambiarán sus productos. Tampoco aparecerá en esta sociedad el trabajo utilizado en los productos como valor de estos productos, como un atributo material poseído por ellos, puesto que ella, en contraste con la sociedad capitalista, los trabajos individuales no forman ya parte del trabajo total mediante un rodeo, sino directamente… el productor individual obtiene… exactamente lo que aporta. Lo que él le ha dado a la sociedad es su cuantum individual de trabajo… parte de la jornada de trabajo social aportado por él… El productor obtiene de la sociedad un vale que certifica que ha aportado tanto trabajo (tras la deducción del trabajo que aporta al fondo colectivo) y con este vale obtiene de los depósitos sociales de bienes de consumo una cantidad que cuesta lo mismo que su trabajo… (Crítica del Programa de Gotha. Ed. Materiales. Págs. 91 y 92).

(194) Citado por Bettelheim en La transición a la economía socialista. Ed. Fontanella, pág. 265.

(195) Problemas económicos del socialismo en la URSS (J. Stalin) Obras. Ed. Bosa. Tomo XVº, pág. 242.

(106) “…después de la abolición del modo capitalista de producción, pero no de la producción social, sigue predominando la determinación del valor en el sentido que la regulación del tiempo de trabajo y la distribución del trabajo social entre los diferentes grupos de producción, y por último la contabilidad relativa a ello, se tornan mas esenciales que nunca.” (El Capital. T. IIIº. V. 8. p. 1081)

(197) Problemas económicos del socialismo en la URSS (J. Stalin) Obras. Ed. Bosa. Tomo XVº, pág. 251.

(198) Problemas económicos del socialismo en la URSS (J. Stalin) Obras. Ed. Bosa. Tomo XVº, pág. 252.

(199) Crítica del Programa de Gotha (K. Marx) Ed. Materiales, ver págs. 91, 92 y 93.

(200) “En la fase superior de la sociedad comunista, una vez que haya desaparecido la avasalladora sujeción de los individuos a la división del trabajo y con ella también la oposición entre el trabajo intelectual y el trabajo manual, una vez que el trabajo no sea ya sólo medio de vida, sino incluso se haya convertido en la primera necesidad vital, una vez que con el desarrollo multilateral de los individuos hayan crecido también sus capacidades productivas y todos los manantiales de la riqueza colectiva fluyan con plenitud, sólo entonces podrá superarse el estrecho horizonte del derecho burgués y la sociedad podrá escribir en sus banderas: ¡de cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades! (K. Marx. Crítica del programa de Gotha. Ed. Materiales, pág. 95.

(201) Problemas económicos del socialismo en la URSS (J. Stalin) Obras. Ed. Bosa. Tomo XVº, págs. 255.

(202) Problemas económicos del socialismo en la URSS (J. Stalin) Obras. Ed. Bosa. Tomo XVº, págs. 249 y 250.

(203) Problemas económicos del socialismo en la URSS (J. Stalin) Obras. Ed. Bosa. Tomo XVº, págs. 330, 331, 332, y 333.

(204) K. Marx, Elementos fundamentales para la crítica de la economía política, tomo I, pág. 249. Ed. S.XXI. 1.982

(205) Lenin, Sobre los sindicatos, recopilatorio, Progreso, pág. 491.

(206) Problemas económicos del socialismo en la URSS (J. Stalin) Obras. Ed. Bosa. Tomo XVº, pág. 260.

(207) Problemas económicos del socialismo en la URSS (J. Stalin) Obras. Ed. Bosa. Tomo XVº, págs. 261, y 262.

(208) Ver La transición a la economía socialista (Ch. Bettelheim) Ed. Fontanella, pág. 286.

(209) Ver La transición a la economía socialista (Ch. Bettelheim) Ed. Fontanella, pág. 322.

(210) Las tareas inmediatas del poder soviético (Lenin) Ed. Progreso, pág. 22.

(211) “…al llegar a un cierto grado de desarrollo de la democracia, ésta, en primer lugar, cohesiona al proletariado, la clase revolucionaria frente al capitalismo, y le da la posibilidad…de barrer de la faz de la tierra la máquina del Estado burgués, incluso la del Estado burgués republicano, el ejército permanente, la policía y la burocracia, y de sustituirlos por una máquina más democrática, pero todavía estatal, bajo la forma de las masas obreras armadas, como paso a la participación de todo el pueblo en milicias.“ (El Estado y la revolución –Lenin- Ed. Progreso, pág. 94).

(212) Sobre esta cuestión el informe de Stalin ante el XVIII Congreso del PC bolchevique de la URSS (Obras Completas. Tomo XVº, págs. 167,168 y 169):

     “Tomemos…la fórmula clásica de Engels de la teoría sobre el desarrollo del Estado socialista:

     Cuando ya no exista ninguna clase social a la que haya que mantener en la opresión; cuando desaparezcan, junto con la dominación de clase, junto con la lucha por la existencia individual, engrendrada por la actual anarquía de la producción, los choques y los excesos resultantes de esta lucha, no habrá ya nada que reprimir ni hará falta, por tanto, esa fuerza especial de represión, el Estado. El primer acto en que el Estado se manifiesta efectivamente como representante de toda la sociedad: la toma de posesión de los medios de producción en nombre de la sociedad, es, a la par, su último acto independiente como Estado. La intervención de la autoridad del Estado en las relaciones sociales se hará superflua en un campo tras otro de la vida social y se adormecerá por sí misma. El gobierno de las personas es sustituido por la administración de las cosas y por la dirección de los procesos de producción. El Estado no es abolido; se extingue. (F. Engels, Anti-Duhring).

     ¿Es justa esta tesis de Engels?. Sí, es justa, pero con una de estas dos condiciones: a) si estudiamos el Estado socialista desde el punto de vista del desarrollo interior del país únicamente, haciendo de antemano abstracción del factor internacional, aislando, para mayor comodidad de la investigación, al país y al Estado de la situación internacional, o bien b) si suponemos que el socialismo ya ha vencido en todos los países, o en la mayoría de los países y, en lugar del cerco capitalista, existe un cerco socialista, no existe ya la amenaza de ataque del exterior, no hay ya necesidad de fortalecer el ejército y el Estado.

     Ahora bien, y si el socialismo no ha triunfado más que en un solo país, en vista de lo cual no es posible, en modo alguno, abstraerse de las condiciones internacionales, ¿cómo proceder en este caso?. A esta pregunta la fórmula de Engels no da respuesta…Engels partió del supuesto de que el socialismo ya había vencido, más o menos simultáneamente, en todos los países o en la mayoría de los países…

     …de esto se infiere que no se debe extender la fórmula general de Engels referente al destino del Estado socialista en general al caso particular y concreto del triunfo del socialismo en un solo país, rodeado de países capitalistas del exterior, el cual, en vista de ellos, no puede abstraerse de la situación internacional y debe disponer de un ejército bien instruido, de órganos de sanción bien organizados, de un fuerte servicio de contraespionaje; por tanto, debe mantener a su Estado suficientemente fuerte, para tener la posibilidad de defender las conquistas del socialismo contra los ataques del exterior”.

     De una forma más concreta Stalin vuelve al mismo tema: “…han cambiado las funciones de nuestro Estado socialista…se ha extinguido la función de aplastamiento militar dentro del país, porque la explotación ha sido suprimida, ya no existen explotadores y no hay a quien aplastar. En el lugar de la función de represión, surgió la función, para el Estado, de salvaguardar la propiedad socialista contra los ladrones y dilapidadores de los bienes del pueblo. Se ha mantenido plenamente la función de la defensa militar del país contra ataques del exterior; por consiguiente, se ha mantenido también el Ejército Rojo, la Marina Roja de Guerra, lo mismo que los organismos de sanción y de contraespionaje, necesarios para capturar y castigar a los espías, asesinos, saboteadores, que los servicios de espionaje extranjeros envían a nuestro país. Así mismo, se ha conservado, obteniendo un desarrollo completo, la función de los organismos del Estado en el trabajo de organización económica y de educación cultural. Ahora, la tarea fundamental de nuestro Estado, dentro del país, consiste en desplegar el trabajo pacífico de organización económica y de educación cultural. En lo que se refiere a nuestro Ejército, a los organismos de sanción y de contraespionaje, éstos van dirigidos, no ya contra el interior del país, sino contra el exterior, contra los enemigos exteriores”. (Informe de Stalin ante el XVIII Congreso del PC bolchevique de la URSS. 10 de marzo de 1.939 (Obras Completas. Tomo XVº, pág. 173).

(213) Bettelheim señala en su Prefacio a Las luchas de clases en la URSS, finiquitado en Enero de 1.974, que la URSS se había lanzado en escalada a construir una fuerza militar con gigantescos medios de intervención exterior, y que para alcanzar e incluso superar la fuerza militar del imperialismo yanqui, en aquel entonces consagraba entre un 25 y 30% de su producto nacional bruto, mientras que en EE.UU. la inversión militar estaba entre el 7 y 8% del PIB.

(214) Ver Kiva Maidanik. Revolución en la revolución. Realitat 30.

(215) Ver Problemas económicos del socialismo en la URSS. Obras. Bosa. Tomo XV°. Crítica a Yaroshenko págs. 276, 315, 316 y 317.

(216)(217)(218)(219) Ver La revolución de terciopelo. Ludo Martens. www.jcasturias.org.

(220) Perestroika: el completo colapso del revisionismo. Halpar Brar. Ed. Templando el Acero. 2014.Pág. 55.

(221) Perestroika: el completo colapso del revisionismo. Halpar Brar. Ed. Templando el Acero. 2014.Pág. 52.

(222) Perestroika: el completo colapso del revisionismo. Halpar Brar. Ed. Templando el Acero. 2014.Pág. 55.

(223) Perestroika: el completo colapso del revisionismo. Halpar Brar. Ed. Templando el Acero. 2014.Pág. 100.

(224) Perestroika: el completo colapso del revisionismo. Halpar Brar. Ed. Templando el Acero. 2014.Pág. 102.

(225)(226) Ver La revolución de terciopelo. Ludo Martens. www.jcasturias.org.

(227) Principios no regalados. Breve historia de la perestroika. Artículos y discursos. Nina Andreeva. http://old.cjc.es/wp-content/uploads/2009/08/principios-no-regalados.pdf

(228) Digamos por fín a la gente la pura verdad sobre este sistema. Gorvachov –Newsweek 25 julio 1990- Citado en Perestroika: el completo colapso del revisionismo. Halpar Brar. Ed. Templando el Acero. 2014. Pág. 154.

(229) Introducción a la Economía Política (J.M.Vidal Villa) Ed. Laia.

(230) Problemas económicos del socialismo en la URSS (J. Stalin) Obras. Ed. Bosa. Tomo XVº, pág. 298.

(231) Algunas reflexiones sobre la transición socialista. Carta a Fidel Castro. Ernesto Guevara. Abril 1.965.

(232) Las tareas inmediatas del poder soviético (Lenin) Ed. Progreso, pág. 29.

(233) (*) Sobre lo argumentado por el Che ver “El socialismo y el hombre en Cuba” de no utilizar las armas melladas del capitalismo: “Se corre el peligro de que los árboles impidan ver el bosque. Persiguiendo la quimera de realizar el socialismo con la ayuda de las armas melladas que nos legara el capitalismo (la mercancía como célula económica, la rentabilidad, el interés material individual como palanta etc.), se puede llegar a un callejón sin salida…Para construir el comunismo, simultáneamente con la base material hay que hacer al hombre nuevo…La teoría que resulte dará indefectiblemente preeminencia a los dos pilares de la construcción: la formación del hombre nuevo y el desarrollo de la técnica”.

     Sobre el partido: “El partido es una organización de vanguardia. Los mejores trabajadores son propuestos por sus compañeros para integrarlo…Nuestra aspiración es que el Partido sea de masas, pero cuando las masas hayan alcanzado el nivel de desarrollo de la vanguardia, es decir, cuando estén educados para el comunismo…El partido es el ejemplo vivo; sus cuadros deben dictar cátedras de laboriosidad y sacrificio, deben llevar, con su acción, a las masas, al fin de la tarea revolucionaria. Lo que entraña años de duro bregar contra las dificultades de la construcción, los enemigos de clase, las lacras del pasado, el imperialismo…”

     Sobre la consideración del estado concreto de la transición al socialismo: “…no estamos frente al período de transición puro, tal como lo viera Marx en la Crítica del Programa de Gotha, sino de una nueva fase no prevista por él; primer período de transición del comunismo o de la construcción del socialismo. Este transcurre en medio de violentas luchas de clase y con elementos de capitalismo en su seno que oscurecen la compresión cabal de su esencia.” (www.marx.org/espanol/guevara)

(234) (*) Tecnología y relaciones sociales (Lukacs), 44, 45, 46 y 47.

(235) Carta de Marx a Weydemeyer, 1852. Obras Escogidas Marx y Engels. Tomo I°. Ed. Progreso, pág. 542.

(236) “Hemos sobrepasado a los principales países capitalistas en el sentido de la técnica de la producción y de los ritmos del desarrollo industrial. Eso está muy bien, pero es poco. Es necesario sobrepasarlos también en el sentido económico. Podemos y debemos hacerlo. Sólo si logramos sobrepasar económicamente a los principales países capitalistas, podemos esperar que nuestro país esté completamente provisto de artículos de consumos, tendremos abundancia de productos y podremos pasar de la primera fase del comunismo a su segunda fase…

     …después de haber sobrepasado a los principales países capitalistas en el terreno de la técnica de la producción y en el de los ritmos del crecimiento de la industria los sobrepasemos también económicamente, durante los próximos 10 o 15 años” (Stalin. Informe ante el XVIIIº Congreso. Tomo XVº, p. 131 y 150. Bosa).

(237) Contribución a la caracterización del romanticismo económico. V.I. Lenin. Obras Escogidas.

(238) Problemas económicos del socialismo en la URSS (J. Stalin) Obras. Ed. Bosa. Tomo XVº.

(239) Problemas económicos del socialismo en la URSS (J. Stalin) Obras. Ed. Bosa. Tomo XVº.

(240) Perestroika: el completo colapso del revisionismo. Halpar Brar. Ed. Templando el Acero. 2014.Pág. 304

(241) Anti-Duhring. F. Engels. Ed. Avant.

(242) (243) Perestroika: el completo colapso del revisionismo. Halpar Brar. Ed. Templando el Acero. 2014.Pág. 311.

(244) Perestroika: el completo colapso del revisionismo. Halpar Brar. Ed. Templando el Acero. 2014.Pág. 312.

(245) Anti-Dühring. F. Engels. Ed. Avant

(246) Problemas económicos del socialismo en la URSS (J. Stalin) Obras. Ed. Bosa. Tomo XVº.

(247) Perestroika: el completo colapso del revisionismo. Halpar Brar. Ed. Templando el Acero. 2014.Págs. 314, 315 y 317.

(248) Problemas económicos del socialismo en la URSS (J. Stalin) Obras. Ed. Bosa. Tomo XVº.

(249) F. Engels. De la autoridad. C. Marx y F. Engels. Obras Escogidas. Tomo II°. Pág. 399. Ed. Progreso.

(250) “La base del sistema económico de la URSS es la propiedad socialista de los medios de producción en forma de propiedad del Estado (patrimonio de todo el pueblo) y propiedad de los koljoses y otras organizaciones cooperativas” (Artículo 10° constitución URSS 1.976, citado en Economía Política. Socialismo. Pág. 78, Progreso).

(251) Problemas económicos del socialismo en la URSS (J. Stalin) Obras. Ed. Bosa. Tomo XVº, pág. 276.

(252) Ver J. Albarracín, La economía de mercado, pág. 11. Trotta.

(253) Ver Informe ante el XVIIIº Congreso del Partido (J. Stalin) págs. 143, 144. Obras. Tomo XV°. Ed. Bosa. Madrid.

(254) Joseph Vissarionovich Dzhugashvili “Stalin” (Texto del PCEr).

(255) Kruchev y la disgregación de la URSS, pág. 154. Mijail Kilev. Ed. Unidad Proletaria. 2.005.

(256) Mandel, Tratado de economía marxista, p. 212, Tomo II. Era.

(257) Antes de junio de 1.944 el 95% de las fuerzas militares nazis se concentraban en el frente ruso y después de la apertura del frente en Normandía (junio de 1.944) hasta la toma de Berlín más del 70% de las fuerzas militares nazis seguían en el frente ruso. (Ver ¿Quién impide a la humanidad vivir en paz?, pág. 19, Ed. Agencia de Prensa Orbis).

(258) Durante la guerra los nazis destruyeron en la URSS 1710 ciudades, más de 70.000 aldeas, 31.850 fábricas, 98.000 cooperativas, 65.000 kilómetros de vías férreas, 67 millones de ganado, 84.000 escuelas, 40.000 hospitales…y la pérdida de vidas humanas fue superior a 20 millones. (Ver ¿Quién impide a la humanidad vivir en paz? , pág. 26 Ed. Agencia de Prensa Orbis).

(259) Ver Ludo Martens. Otra visión sobre Stalin, Ed. EPO.

(260) Kruchev y la disgregación de la URSS, pág. 90. Mijail Kilev. Ed. Unidad Proletaria. 2.005.

(261) Ver E. Toussaint. La bolsa o la vida. Las finanzas contra los pueblos pág.74. Ed. Tercera Prensa.

(262) Collon en “Las grandes potencias, Yugoslavia y las próximas guerras” analiza la que la economía autogestionaria yugoslava no tenía de socialista nada más que el nombre, destacando varias cualidades de su desarrollo: competencia entre trabajadores, anarquía y despilfarro, formación de una burocracia, dependencia del capital internacional, rivalidad entre repúblicas, conflictos entre regiones avanzadas y retrasadas. La competencia entre los trabajadores lo expresaba la pronunciada diferencia de salarios muy tempranamente, en 1.951 un obrero cualificado ganaba un 20% más que un aprendiz, 10 años después las diferencias se ahondan a un 150%. La formación de una burocracia se expresaba en que en la Liga Comunista en 1.988 contaba con menos de un 30% de obreros entre sus miembros, mientras el resto eran directores de empresa y administradores del Estado. El carnet era una mera tarjeta para hacer carrera. La inexistencia de una planificación económica centralizada propició que cada burocracia local desarrollara su propia base económica, la unidad e interdependencia económica entre las repúblicas era imperceptible, eran menores los intercambios entre ellas que los que tenían con los Estados de la Europa capitalista. La descentralización degeneró en una desintegración de la economía por territorios y ramas, las necesidades básicas fueron desatendidas y las diferencias de la renta nacional por habitante se disparaban entre las repúblicas. Ya en 1.964 el valor medio por habitante de la renta nacional era de 36% en Kosovo, 65 en Bosnia, 100 en Serbia, 118 en Croacia, y 177 en Eslovenia. Era el dominio del mercado sobre la planificación socialista, las empresas luchaban entre sí, producían no lo necesario y útil al pueblo sino lo que les reportaba beneficios contantes y sonantes en el mercado, copiando lo que funcionaba a las mil maravillas en el capitalismo. La autogestión yugoslava era la sociedad de pequeños productores-comerciantes y campesinos, de pequeños burgueses, cada uno por su lado, enfrentados en la concurrencia del mercado por el beneficio, nada de marxismo y sí mucho de Proudhon.

(263) El libro blanco de Rusia. Las reformas neoliberales 1.991-04. Serguei A. Batchikov, Serguei I. Glasev, Serguei G. Kara-Murza, Ed. El viejo Topo.

(264) Una horrorosa tragedia de la contrarrevolución en Ucrania. Denis Necheporuk.

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