PARTE 5. C. LA DICTADURA DEL PROLETARIADO: DEMOCRACIA DE LA MAYORÍA SOCIAL

BERLIN

Miguel A. Montes

15 enero 2010

Revisado, corregido y ampliado el 15 julio 2014

ÍNDICE

4.6 Burocracia, división del trabajo y mediaciones del poder político 

4.6.1 La burocracia en el capitalismo

4.6.2 La deformación de las mediaciones políticas del proletariado

4.6.3 ¿Perecen o perduran las desigualdades en el socialismo?¿Gobierno barato o gobierno caro?

4.6.3.1 El burocratismo ayudó a la restauración del capitalismo

4.6.4 Hacia el fin de la división social del trabajo

4.6.5 La caída de las mediaciones políticas del proletariado: ¿Revolución o contrarrevolución?

4.6.5.1 Ni olvidar, ni confundirse de bando. No perder la esperanza.

4.6.5.2 El imperialismo al asalto de la Europa del Este

4.7 Trayectoria histórica en la posición de Trotski y el trotskismo frente al marxismo-leninismo

4.7.1 La conspiración contra la línea antifascista en la guerra nacional-revolucionaria

4.7.2 La esencia de las coincidencias de la política trotskista y el POUM con el fascismo internacional

4.7.3 El carácter de clase burgués de la lucha contra la “burocracia de Stalin”

4.7.4 La estrategia de clase del imperialismo y la política de paz de la URSS

4.7.5 Intelectuales imperialistas del tronco de la IVª y la guerra fría

4.7.6 Saldo de la pugna del trotskismo con el marxismo- leninismo

4.8 Nuestra trinchera: la dictadura del proletariado como necesidad histórica.

Notas de La dictadura del proletariado

 

4.6 Burocracia, división del trabajo y mediaciones del poder político (*)

En este apartado hablaremos de las diferencias teóricas y prácticas entre el contenido del poder de la burguesía bajo el dominio del modo de producción capitalista, y el del poder proletario en la etapa de transición al comunismo, partiendo del análisis de las mediaciones de poder y de la categoría social que bajo el capitalismo mejor la encarna: la burocracia. Analizaremos las tendencias a su superación y las dificultades en la etapa de transición hacia el comunismo en las experiencias conocidas.

 

4.6.1 La burocracia en el capitalismo

El tema de la expropiación del trabajador de sus medios de trabajo ocupa el primer lugar en el análisis que hace Marx de la expansión de la división social del trabajo que aparece en la formación de la empresa capitalista, órgano primario de la burocracia capitalista, que surge como efecto de la relación social capital-trabajo. Relación que bajo el manto del fetichismo de la mercancía oculta el trabajo como acto de desposesión real, separa el ser social de la realidad objetiva, y el acto de la producción del acto del consumo. Los objetos y mercancías creados durante el proceso de trabajo, y el propio proceso productivo, aparecen frente al obrero como un poder ajeno y autónomo, escindido del mundo que socialmente crea bajo unas relaciones sociales históricamente determinadas.

Esta idea de Marx ya está recogida en los Grundrisse:

“…las condiciones objetivas del trabajo asumen una autonomía cada vez más colosal frente al trabajo vivo, que se manifiesta, de su propia extensión, y en que la riqueza social se contrapone al trabajo en porciones cada vez más poderosas como poder ajeno y dominante. El acento no es puesto sobre el estar-objetivado, sino sobre el estar-enajenado, el estar-alienado, el estar-extrañado, sobre el-no-pertenecer-al-trabajador, sino a las condiciones de producción personificadas, es decir, sobre el-pertenecer-al-capital este inmenso poder objetivo…”  (265).

En “El Capital” desarrolla esta idea al analizar el tránsito de la pequeña producción individual a la producción capitalista:

“Los conocimientos, la inteligencia y la voluntad que desarrollan el campesino o el artesano independientes, aunque más no sea en pequeña escala… ahora son necesarios únicamente para el taller en su conjunto… Lo que pierden los obreros parciales se concentra enfrentados a ellos en el capital. Es un producto de la división manufacturera del trabajo el que las potencias intelectuales del proceso material de la producción se les contrapongan como propiedad ajena y poder que los domina. Este proceso de escisión comienza en la cooperación simple, en la que el capitalista, frente a los obreros individuales, representa la unidad  y la voluntad del cuerpo social de trabajo. Se desarrolla la manufactura, la cual mutila al trabajador haciendo de él un obrero parcial. Se consuma en la gran industria, que separa del trabajo a la ciencia, como potencia productiva autónoma, y la compele a servir al capital” (266).

Marx ya ha superado la denominación pre-científica de alienación económica de mercado, y nos habla del poder del capital frente al obrero en su forma ajena y metamorfoseada o deformada. Para Marx el proceso de producción capitalista se fundamenta en las relaciones de explotación, relaciones de clase, que al mismo tiempo es reproducción de las relaciones de dominio tanto políticas como ideológicas del capitalista sobre el proletario, durante el propio proceso de trabajo. Es decir, que la empresa capitalista reproduce en su seno la división social del trabajo a través de una organización autoritaria e integradora, traduciendo tanto la dominación política como ideológica. Precisamente Marx en “El Capital” no analiza las relaciones sociales en la empresa capitalista como algo ajeno al conjunto de relaciones sociales y políticas.

La subordinación del trabajo al capital por medio de la coacción, la vigilancia y la disciplina concurren bajo el mando-dirección-supervisión del capitalista que santificado por la legislación somete y explota al inmenso ejército proletario, al obrero colectivo, dando en el proceso de trabajo un lugar en el que se desenvuelven las relaciones de fuerza, de hegemonía político-ideológica y dominación económica del proceso de trabajo como poder fetiche que opera ciega y coactivamente sobre el proletariado.

El capital en su relación opuesta a la fuerza de trabajo necesita dominar el trabajo vivo, y su movimiento de acumulación expansiona  y reproduce tales relaciones sociales. Por lo que la denominada alineación, que para el Marx maduro no es más que fetichismo o forma metamorfoseada de la mercancía, expresa la dominación política, social y técnica simultánea del capital sobre el proceso de trabajo. La causa del fetichismo no es otra que la propiedad privada, y si mientras la división técnica va pareja al desarrollo de las fuerzas productivas, estas son determinadas y supeditadas por las relaciones de producción dominantes.

El primer análisis de la burocracia, Marx lo hizo en su Crítica a Hegel sobre el Estado, en la que desvelaba la relación entre la tendencia hacia la burocratización del Estado y el desarrollo de conflictos en la denominada “sociedad civil” capitalista. Donde ya entonces la burocracia para Marx no es producto únicamente de la evolución técnica, sino que procede del carácter de las relaciones sociales, relaciones de explotación.

La burocracia pasa a ser el grupo social de los funcionarios en las organizaciones políticas, estatales y sociales, que surgen bajo la división clasista de la sociedad y al aparecer el Estado, y que se desarrolla de forma vertiginosa bajo el capitalismo. El burocratismo es el dominio absoluto de la burocracia y las soluciones puramente administrativas en los asuntos públicos y privados, ineficaz por su carácter de clase para dar salida a las necesidades sociales de las masas.

Para Hegel por el contrario, la burocracia del Estado es la clase universal responsable de dar cumplimiento a los intereses generales de la sociedad, llamada como por encargo a frenar la contienda egoísta que se da en la sociedad civil, en la que se ubican las relaciones familiares y económicas que caen fuera del control del Estado y son un ámbito de egoísmo desenfrenado donde impera el todos contra todos que incita a la competencia y la violencia. Los derechos de representación política son tomados como mediación entre el individualismo egoísta de la sociedad civil y el universalismo del Estado. En Hegel la división del trabajo en las tareas del gobierno y la burocracia de funcionarios del Estado, constituye la mediación organizativa entre los intereses particulares de la sociedad civil y el Estado.

Esta idea hegeliana del Estado-neutral representativo de todas las clases se intenta introducir en el marxismo ya desde Bernstein a finales del S.XIX.

Para Hegel el proceso de acceso de funcionarios es impersonal y asegura que cada miembro de la clase universal de funcionarios renuncie a los intereses particulares, y sirva al interés general.

Para Marx la burocracia no representa a los intereses generales y comunes de la sociedad civil, sino a ciertos intereses particulares y de clase. La autoridad burocrática en Hegel se apoya en una universalidad ilusoria que, en realidad encubre unos intereses específicos de clase. La burocracia del Estado es, por tanto el órgano administrativo, por medio del cual se institucionaliza la posición de poder de la clase dominante.

El Estado para Marx tiene una doble función: de dominio político y técnico-administrativo.

La tarea del dominio político es la que define al Estado sobre-determinando a las tareas tecnicas y administrativas, las orienta y las pone a su servicio de dominación política. No hay tareas técnico-administrativas puras y neutras. La superestructura política del Estado capitalista corresponde a esa doble necesidad: definir un interés general compatible con el equilibrio del sistema, o sea la organización de la hegemonía política de la clase dominante a través de la legitimación de su régimen político y económico; y desorganizar políticamente a las clases explotadas, sometiéndolas ya sea por las vías de la participación formal, que persigan el consenso social y la legitimidad política, o en el peor de los casos a través de la represión y la confiscación de la libertad política.

Este planteamiento lo encontramos en El 18 Brumario de Luis Bonaparte, donde Marx destacaba a república parlamentaria burguesa como la forma burocratica de dominación del capital sobre el proletariado más pura y avanzada del dominio político de la burguesía, ya que ésta adquiere un carácter impersonal, anónimo e independiente frente a otras formas de dominio político más atrasado (dictadura militar, bonapartismo, monarquía, etc), donde el dominio político se ejerce por una fracción de la clase dominante, mientras que en la república burguesa es el conjunto de la burguesía quien ejerce el poder político a través del Estado y sus instituciones representativas, y que ésta forma pura se abandona sólo cuando la coyuntura política es desbordada por la rebelión popular, siendo entonces la maquinaria republicana  (partidos, parlamento, libertad de prensa, poder judicial independiente…) insuficientes para mantener la dominación, lo que abre la puerta a las formas impuras de dominación clasista (dictadura militar, bonapartismo, fascismo…).

Existe pues, una relación estrecha entre capitalismo y burocracia. Las formas de organización burocráticas más desarrolladas son genéricas del capitalismo, donde su origen se da al nivel de las relaciones de producción y se extiende al resto de las relaciones sociales. La clase dominante en la economía, se inclina a producir y reproducir en todas las actividades y relaciones extra-económicas, una esfera separada de organización, encarnando la apropiación de la fuerza colectiva de los trabajadores por un reducido número de especialistas o burócratas. Este tipo de organización burocrática, necesaria para el control de la producción y reproducción del sistema, aparece fetichizada ya que de igual manera que las relaciones mercantiles ocultan la relación social capital-trabajo, la organización burocrática oculta que el objetivo inmediato sea la apropiación de la plusvalía.

En el proceso de producción capitalista ocurre algo similar a lo que ocurre en el Estado y su burocracia, pues la dirección capitalista aparece por un lado bajo el velo fetichista como la organización de los procesos exclusivamente técnicos de la producción, y por otro objetivamente como proceso de extracción de la plusvalía a través de la explotación de la fuerza de trabajo, donde el trabajo de dirección y vigilancia se presenta en todas las ramas de la producción capitalista basados en el antagonismo del productor y el propietario de los medios de producción. Igualmente en la administración del Estado capitalista el trabajo de alta vigilancia y la injerencia total del gobierno engloba de forma fetichista la realización de los asuntos comunes de carácter técnico, y de forma objetiva “las funciones especificas que responden al antagonismo entre el gobierno y la masa del pueblo” (267).

Esto biene a desvelarnos que la burocracia se levanta como “categoría social específica y relativamente unificada”, y “servidora de la clase dominante”, no en función de sus orígenes de clase que son diversos y dispares, sino como nos explica Poulantzas,

“por el hecho de que su unidad interna deriva de su actualización de papel objetivo del Estado. La totalidad de este papel coincide, a su vez con los intereses de la clase dominante” (268).

La técnica y la organización del trabajo se levantan como potencias externas opuestas al obrero individual, que no se encuentra separado de los medios de producción solo en el sentido jurídico del término (no propietario) sino por el hecho de que entrega totalmente el uso de su fuerza de trabajo al capital, donde su contribución en las fuerzas productivas se supedita a unas estructuras de organización contrarias y al margen de su voluntad. La cooperación en el proceso de producción bajo la disciplina de la fuerza del trabajo sometida al capital y la función aparentemente anónima del capitalismo (sociedades por acciones, managerismo), concibe al uso capitalista de los medios de producción como una simple y neutra aplicación de la tecnología que escapa del dominio del proletariado. La reproducción y acumulación de capital la mistifica y deforma presentándola como producto de las relaciones competitivas de mercado, y apareciendo como consecuencia de una racionalidad con lógica interna al margen de la contradicción social.

Este fetichismo sobre la aparente independencia de lo técnico expresa la visión invertida de la organización social y de la producción que metafísicamente se separan con respecto a los portadores de la producción. De ésta manera la búsqueda de la plusvalía se confunde con búsqueda finalista del beneficio, de la eficiencia, la racionalidad, la flexibilidad y la mejor tecnología posible. Pero la organización del proceso de la producción junto con utilización de la tecnología que le acompaña, forman parte de un sistema de dominación clasista al que la burocracia no es ajena. Lo que define al capitalista no es su “afán de lucro” sino el lugar objetivo que se ocupa en la producción y la propiedad de los medios de producción, el beneficio no es bajo el capitalismo causado por una motivación de la conducta humana de naturaleza eterna, sino que es una categoría objetiva que surge de la plusvalía. Por lo tanto, la contradicción fundamental del capitalismo es la que existe entre la socialización creciente de las fuerzas productivas y el carácter capitalista de su apropiación, y no como interpretan las lecturas reformistas una simple contradicción entre su carácter social y su “finalidad” privada, ¡¡¡como si dentro del modo de producción capitalista las fuerzas productivas pudieran dotarse de otra finalidad al margen del carácter privado de su apropiación!!!.

Las fuerzas de la producción son un producto histórico-social que dependen de las relaciones de producción. Marx no era un determinista de la tecnología, no es la tecnología lo que lleva al capitalista a acumular, sino el propio proceso de acumulación de plusvalía es el que lleva al capitalista a desarrollar y perfeccionar la tecnología, es decir, las relaciones sociales de producción son las que permiten e impulsan el proceso de acumulación. La base del fortalecimiento de las fuerzas productivas bajo el capitalismo es la perforación de la plusvalía con la fuerza de trabajo, para lo que el reforzamiento de la tecnología y la superestructura jurídico-política son un efecto dialéctico de la acumulación de capital y de la resistencia de la clase explotada.

La noción del progreso técnico, el desarrollo de las fuerzas productivas no puede verse como una máquina automática dentro del recinto de una fábrica donde obreros y medios de producción funcionan mecánica y autónomamente. El carácter social del trabajo, sometido a la relación de explotación y reproducción permanente entre las clases en pugna, propietarias de los medios de producción, dominantes unas y propietarias de la fuerza de trabajo, dominadas otras, y la superestructura como organización política de la dominación de la clase explotadora, son los elementos sustantivos de la sociedad capitalista, que condicionan y dirigen el progreso técnico, tal y como Marx lo entendía en los Grundrisse y El Capital. El proceso de producción no existe como algo independiente, como si las fuerzas productivas fueran sueltas, sino bajo determinadas relaciones de producción, relaciones sociales de la explotación del trabajo asalariado. En la propia organización del proceso de trabajo la división social es la que predomina a la división técnica “pura”.

A partir del análisis de Marx que marca los límites de la racionalidad capitalista: el sometimiento de la fuerza de trabajo a la relación de explotación, se puede empezar a refutar los prejuicios ilusorios acerca del carácter innato o natural de la burocracia, su vinculo indisoluble con el progreso técnico, así como de las leyes de la producción y distribución capitalistas como leyes naturales de la economía.

La superación de esta forma de sujeción de la organización a las relaciones de explotación capitalistas, radica en la recuperación de la forma colectiva democrática del trabajo, la liberación de las fuerzas productivas, más allá de los vínculos externos y fetichistas del mercado. No se trata sólo de poner fin a la anarquía capitalista, al despilfarro de los recursos materiales, y de utilizar mejor el progreso técnico-científico, sino también de establecer relaciones de producción donde la organización y la ciencia no sea una potencia ajena para la clase obrera, donde la dirección y el uso del progreso tecno-científico se planifica de forma previa, colectiva, consciente y democráticamente.

Marx siempre situaba a la producción capitalista como históricamente determinada, y ya en los “Grundise” designaba a la economía política burguesa el lugar histórico que le correspondía, al señalar que las leyes de la producción capitalista no eran leyes eternas de la economía, sino una inversión ideal de una realidad objetiva historico-concreta, vislumbrando la necesidad histórica que el desarrollo de las fuerzas productivas encierran el carácter cada vez más social de la producción, una nueva base de la producción y exigen una forma de distribución modificada:

“…este proceso de inversión es, sin embargo, pura necesidad histórica, pura necesidad para el desarrollo de las fuerzas productivas desde un punto de partida histórico determinado… pero en modo alguno una necesidad absoluta de la producción; más bien es una necesidad evanescente, y el resultado y la finalidad (inmanente) de este proceso es suprimir la base misma, así como la forma del proceso. Los economistas burgueses están hasta tal punto presos en las representaciones de un estadio histórico determinado de la sociedad, que la necesidad de la objetivación de las fuerzas sociales del trabajo se les presenta como inseparablemente unida a la necesidad de la enajenación de las mismas frente al trabajo vivo… La falta de propiedad del trabajador y la propiedad del trabajo objetivado sobre el trabajo vivo, o la apropiación del trabajo ajeno por el capital… son condiciones básicas del modo de producción burgués… Las leyes y condiciones de la producción de la riqueza y las leyes de la distribución de la riqueza son las mismas leyes bajo forma diferente, y ambas cambian, experimentan el mismo proceso histórico; en general son sólo momentos de un proceso histórico. No es necesaria una agudeza especial, para comprender que, partiendo, por ejemplo, del trabajo libre que procede de la disolución de la servidumbre de la gleba, o del trabajo asalariado, las máquinas en contraposición al trabajo vivo sólo podían surgir en cuanto propiedad ajena y en cuanto poder hostil frente a dicho trabajo; es decir, que las máquinas tenían que enfrentárseles como capital. Pero es igualmente fácil darse cuenta que las máquinas no dejan de ser agentes de la producción social, tan pronto como, por ejemplo, pasan a ser propiedad de los trabajadores asociados. En el primer caso, sin embargo, su distribución, es decir, el hecho de que no pertenecen al trabajador, es asimismo condición del modo de producción que se basa sobre el trabajo asalariado. En el segundo caso, la distribución modificada tendría como punto de partida una nueva base de la producción, una base modificada, que sólo ha surgido a través de un proceso histórico”. (269).

Esa nueva base de las fuerzas productivas, como condición material históricamente determinada, para Marx incluye a la asociación del productor libre de relaciones de explotación que permiten la fusión de la ciencia y trabajo, del proceso intelectual y manual. Donde el proceso de trabajo y de la vida social deja de ser ya un poder extraño a los productores, donde el mercado cede el sitio al plan social, expresión de la sociedad comunista.

 

4.6.2 La deformación de las mediaciones políticas del proletariado

Tenemos la experiencia concreta de la construcción del socialismo en países de la URSS que iniciaron la andadura a partir de 1917, los cuales se adaptaron con dificultades enormes debido a la situación caótica de la economía rusa bajo el capitalismo, la debilidad del proletariado en formación cultural y técnica, necesaria para dirigir la producción, la supervivencia de formas precapitalistas de producción, y el bajo nivel de las fuerzas productivas y su socialización, efecto del desarrollo desigual del capitalismo, que provocó que en los eslabones débiles de la cadena que rompieron en su tiempo con el sistema capitalista debieran de crearse nuevas fuerzas productivas materiales y humanas, que ya estaban presentes en los países capitalistas de Occidente.

Toda la estrategia leninista de la ruptura del eslabón más débil de la cadena imperialista descansaba en torno a la inminente revolución mundial, y de la ayuda que se recibiría de los procesos revolucionarios en los países de capitalismo mas avanzado.

Una vez neutralizados los intentos revolucionarios de Europa occidental y central con la colaboración de la socialdemocracia en la represión del movimiento  obrero revolucionario, sin llegar a caer en la botaratería de las falsas esperanzas, los bolcheviques con Lenin se daban cuenta de que la revolución mundial no tenía lugar, y en vez de entregar el poder político al capital, lo cual hubiera sido una traición al proceso revolucionario mundial, siguieron con la tarea de crear las condiciones materiales que permitieran el socialismo en un país atrasado pero superdotado de recursos naturales y energéticos, lo que implicó que el partido tomara la representación total de la clase (no olvidemos la deserción a campo enemigo del resto) y empleara una dirección centralizada para reconstruir el país.

Ante la tarea de consolidar el nuevo Estado proletario se hizo necesario la construcción de un aparato administrativo propio, que garantizara la planificación económica y la coordinación político-administrativa entre el campo-ciudad y centro-periferia. Lenin sabía que inicialmente se debía de contar a partir de 1.918 con un núcleo de dirigentes bolcheviques capacitados y experimentados, dada la escasez de personal político calificado, para iniciar el tránsito a la incorporación de las masas en las tareas administrativas, pero éste núcleo se redujo considerablemente por la intervención militar extranjera, donde un gran número de bolcheviques perecieron siendo reemplazados por militantes de formación menos sólida.

El propio Engels ya advertía a la socialdemocracia alemana (Carta a August Bebel 24-10-1891) que para tomar posesión y poner en funcionamiento los medios de producción, se necesitaba gente con instrucción, advertía de que el partido en aquellas condiciones podía reunir en un plazo de 8 y 10 años a jóvenes técnicos, abogados, médicos y maestros para administrar la economía. Para Engels el partido debía de prepararse tanto para la toma del poder político como para la dirección de la producción socialista, la liberación de la clase obrera requería además de médicos, ingenieros, químicos, agrónomos y otros especialistas, para tomar la totalidad de la producción social para la cual se requieren sólidos conocimientos.

En la realidad rusa, por el contrario, el partido excaso de cuadros y técnicos, con implantación precaria en bastantes pueblos y fábricas no disponía de cuadros instruidos para administrar a todo el aparato del Estado, un proletariado diezmado, disperso y reducido después de la guerra (1.918-21) y no tuvo otra alternativa que recurrir a los anteriores componentes de la burocracia del viejo Estado zarista y burgués, para llenar el vacío y la mayor parte del nuevo aparato administrativo del Estado soviético, que en los puestos inferiores suponían ¡centenares de miles!.

Bajo tales condiciones el partido que no pudo sustituir la antigua administración y burocracia zarista por un nuevo aparato revolucionario, tuvo que apañárselas con parte de la antigua burocracia de procedencia y mentalidad burguesa y con cierta hostilidad al socialismo.

Ya durante la guerra de intervención extranjera, el ejército rojo tuvo que recurrir a los especialistas militares burgueses que en 1.920, constituían el 70% de los cuadros y mandos militares (270).

Esta burocracia ascendió en su carrerismo en las esferas tanto económicas como políticas del Estado proletario en sus primeros días, acentuando su peso y sus prácticas burguesas. Lenin advertía que tales aparatos del Estado existentes eran una mezcla de excrementos burgueses y zaristas, los cuales impregnaban la superestructura de hábitos burgueses, reforzados por una base económica en transformación, donde todavía las relaciones económicas pequeñoburguesas en el campo eran hegemónicas.

No se pudo impedir que en su infancia el aparato del Estado socialista fuera deformado por los hábitos burgueses contaminando incluso a cuadros obreros del partido. Los diferentes comisariados del pueblo se vieron obligados a subordinar a parte del antiguo aparato administrativo del Estado, lo que daba lugar a contradicciones entre la política adoptada por la dirección del partido bolchevique y el gobierno soviético con respecto a las actuaciones de los aparatos administrativos ocupados por miembros del anterior Estado.

Tras la revolución salieron al exilio más de 1 millón y medio de contrarrevolucionarios, y lo mismo que existía una base material externa de la contrarrevolución, ésta se dió en el interior,  a través de su inclusión en el aparato se llegaron a filtrar en el nuevo Estado soviético elementos contrarrevolucionarios para sabotear los planes económicos (271). Ya Lenin advertía del peligro de la incorporación de elementos de la antigua intelectualidad en el seno de los aparatos del Estado, señalando la directriz que desde el exilio lanzaban Ustrialov y sus partidarios smienoviejovtsi en un periódico de París (Ximena Viej) elogiando a los intelectuales que permanecía en la Rusia soviética y que entran en el partido o al servicio del gobierno (272). Los objetivos políticos de los smienoviejovtsi eran aprovechar la revolución de octubre para sostener y penetrar en el aparato soviético en beneficio de la nueva burguesía emergente, neutralizando la política bolchevique de construcción socialista.

Bajo esta situación Lenin llegó a tildar el aparato de Estado soviético recién salido de la guerra como “aparato zarista pintarrajeado de rojo”. Esta penetración era vista con cautela por el partido bolchevique, ya que hacía posible la restauración del poder burgués a través de quienes detentaban masivamente el monopolio de los saberes y conocimientos de la antigua sociedad rusa (intelectuales y funcionarios del antiguo aparato económico y estatal). En esta época (1.922) ¡sólo el 9% de los antiguos funcionarios y el 13% de los nuevos, se declaraban favorables al régimen soviético!.

Las fuerzas presentes en los aparatos de Estado, influenciaban en la línea del partido, al impulsar aquellas orientaciones que favorecían a sus propios intereses materiales. Por esos raíles el aparato administrativo del Estado soviético la actividad del partido conducía el timón a contracorriente del cuerpo de funcionarios, lo que daba lugar a tremendas dificultades para la labor del partido entre las masas al depender su conocimiento de un aparato de Estado cuyos miembros mayoritariamente tenían una concepción burguesa del mundo. Por tanto, esa vieja burocracia ejercía todavía la suficiente influencia para conducir la maquinaria estatal, impidiendo que el partido pudiera imprimir una correcta dirección en la mayoría de los casos.

Esa vieja burocracia se elevaba como un cuerpo resistente separada de la sociedad civil, seguía siendo después de la revolución un cuerpo social que dotado de unidad constituía la única fuerza de resistencia corporativa, y la que contaba con la ventaja de reunir la competencia y capacidad en las tareas técnicas y de dirección en una sociedad donde el desnivel cultural de la población era profundo. Incluso el nivel cultural de los miembros del partido bolchevique, que era superior al de la  población en general, dejaba que desear para las tareas que se avecinaban (273).

La amenaza de degeneración interna de la revolución no sólo provenía de lo viejo, de lo que se heredaba y había que transformar o barrer, sino también la separación del partido de su base proletaria, el peligro de su transformación  en una nueva inteligentsia técnica, teniendo en cuenta que el simple origen de clase de los miembros del partido no lo inmuniza frente a la degeneración, ya que si éstos desde el monopolio del poder político se funcionarizan y se alejan de la línea de masas en su actividad política (274), y se contaminan de los vicios y cosmovisión de los componentes del antiguo aparato estatal burgués, éste puede degenerar hacia el burocratismo de su actividad fácilmente, abandonando el criterio de la lucha de clases. Lenin planteaba que no sólo había que reeducar a campesinos, empleados, funcionarios e intelectuales para vencer sus hábitos y tradiciones burguesas, subordinando todos al Estado proletario, tambié había que reeducar a los proletarios mismos que no se desembarazarán de sus prejuicios pequeñoburgueses del golpe, sino por medio de una lucha de masas prolongada y difícil.

Esto no era una cuestión sin importancia, ya que la abdución de la actividad militante del partido por las tareas del aparato estatal, era en función de la época una prioridad, y una tarea excesiva a falta de medios. Ya en 1.919 se tenía al 53% de la militancia en puestos de la administración del gobierno, el 8% como funcionarios del partido y los sindicatos, un 11% como cargos administrativos de la industria y sólo un 11% trabajaban en las fábricas. Muchos obreros se incorporaban a tales puestos administrativos, pero una vez vencida la contrarrevolución, se convertían en funcionarios. Ya en el VIII° Congreso (1.919) como medida cautelar se orientaba a que durante 3 meses al año los obreros que ocupaban cargos administrativos debían de trabajar en las fábricas, de cara a frenar la influencia ideológica y de hábitos burgueses (arribismo y carrerismo) que ejercían los antiguos funcionarios burgueses sobre los cuadros y militantes comunistas (275).

Las tareas políticas y administrativas del partido bolchevique no eran pocas: propagar las ideas del marxismo en las masas, organizar a los obreros, campesinos e intelectuales, analizar la situación política y las contradicciones de clase, dirigiendo la lucha de clases por la vía revolucionaria hacia el socialismo. Mientras teóricamente esa era la misión del partido, prácticamente el aparato estatal absorbía la mayor parte de la militancia que inculcaba más en los métodos de administración sobre las personas y cosas pero menos en los métodos de dirección política. La burocracia que por su contenido era un grupo social que concentraba el poder político y administrativo, hacía imprescindible el desarrollo de una permanente formación y preparación político-ideológica de todos los cuadros del partido, pero también su ejemplo moral de espíritu revolucionario de trabajo y sacrificio.

Para hacer frente a tal situación, evitar la degeneración del partido y elevar su capacidad de dirección de masas, se cristalizaron dos posiciones en el partido durante los años 20:

  • Una, encabezada por Trostki sobre la militarización de los aparatos del Estado y los sindicatos, donde el partido era considerado infalible, colocado al margen de la lucha de clases y la lucha de ideas entre las masas. Partido que con su sóla existencia garantizaba el éxito de la dictadura del proletariado. Contradictoriamente esta postura defendía la división orgánica del partido en fracciones. Centralismo para las masas y democratismo en el partido, formándose una plataforma contraria a la construcción del socialismo. Esta posición demostraba su carácter pequeño burgués, al colocar a los intelectuales y dirgentes del partido por encima de las masas.
  • Otra mantenida por la mayoría bolchevique planteaba combatir la burocratización y la corrupción en el Estado, depurar al partido de los arribistas que ingresaban y mantener la unidad interna y la defensa de la construcción del socialismo (colectivización e industrialización socialista), organizar al partido en todos los frentes llevando una línea de masas en la lucha de clases.

Al menos teóricamente ésta última era la posición más correcta ante la situación de la que se partía y lo que se germinaba: el peligro de la burocratización y una no correcta utilización del centralismo democrático: democratismo contra centralismo y viceversa (276).

Lenin confiaba en superar la herencia del zarismo en el cuerpo administrativo estatal, que se necesitaba un trabajo a largo plazo para perfeccionar y renovar la administración, y que una nueva generación de jóvenes cambiaría radicalmente la administración estatal, acabando con el burocratismo.

El X° Congreso del partido fué el último Congreso de Lenin, y el penúltimo en el que los representantes de las diferentes tendencias puedan publicar en el Boletín de discusión sus argumentos, y el último en el que se incluya en la dirección del Comité Central a todos los representantes de las diferentes tendencias. Norma bolchevique que se dejó de aplicar, por la cristalización permanente de corrientes organizadas, que impedia tanto el cumplimiento de los acuerdos del partido como la posibilidad de rectificar los errores, lo que paralizaba una correcta labor para la autocrítica y la crítica. Para Lenin en las relaciones políticas del partido prevalecía la unidad de acción (centralismo democrático) sin llegar a negar el mantenimiento de la libertad de expresar las opiniones en el marco del debate congresual, pero no fuera de él.

Una vez acabada la guerra Lenin advertía del peligro de contaminación de el exterior, que suponía mantener las puertas abiertas del partido para que ingresaran todo tipo de personal impregnado de ideología pequeño burguesa y adicto al arribismo, personal que ya el poder soviético se había visto obligado a confiar puestos de la administración, y que procuraban exhibir el carnet del partido para garantizar su carrera.

La situación de guerra impulsó la afiliación masiva a un partido que de 24.000 militantes en la revolución de febrero de 1.917 pasaba a superar los 730.000 en cuatro años (1.921), durante los peores momentos de la intervención extranjera, logrando no obstante mantener la mayoritaria composición obrera. Lenin exige que el partido se depure y se libre de las “execrencias burocráticas” aumentando las exigencias para ser militante, acentuando aún más el carácter obrero y la capacidad ideológica y política de sus miembros.

En el VIIIº Congreso (1.919) en pleno comunismo de guerra se decide mantener una política de reclutamiento de calidad, primando la entrada de obreros y limitando a las demás clases con la exigencia de un tiempo adicional como candidato a entrar al partido, 6 meses para los obreros, 1 año para los campesinos y 2 años el resto, con posterioridad se volvieron a ampliar las condiciones de entrada, pero mantentiendo los criterios de calidad. Esta política de criba era motivada por la necesidad de impedir la penetración de los elementos trepadores y pequeñoburgueses que se infiltraban desde el aparato estatal.

Los  IX° y X° Congresos del partido mantienen la exigencia de Lenin de depuración de los elementos no comunistas y la formación teorico-política y técnica constante, de todos los miembros que ocupan cargos administración. Incluso exigía que la estadística considerara obrero a aquellos que hallan trabajado en la gran industria 10 años como mínimo, para frenar la incorporación de elementos pequeño burgueses, exigiendo también la elevación de los conocimientos políticos de los obreros comunistas, ya que Lenin no caía en el extremo opuesto, el corporativismo obrerista de reclutar a obreros sin un nivel elevado de conciencia política, pues la vieja guardia bolchevique que determinaba la política del partido, no era eterna, y de forma natural debía ser repuesta con futuros cuadros comunistas y obreros.

En 1.921-22, entre el X y XI Congresos se llevaría a cabo la primera y mayor campaña de depuración, en la que el 27,8% de miembros del partido fue expulsado, la mayoría provenientes del campo, con lo que la militancia se reduciría a 528.000 miembros, antes 732.521. En esta campaña el partido demostró capacidad para desembarazarse de los elementos burgueses (277). Los excluidos lo eran por carrerismo, corrupción e incluso utilización de la militancia para llevar a cabo actividades contrarrevolucionarias. En el XII Congreso (abril 1923) la militancia se redujo aún mas llegando a 386.000 militantes.

La otra cara de la moneda de esta política, era la escasa implantación del partido en el medio rural y en las fábricas, ya que los cuadros que asumían responsabilidades no contaban con un colectivo suficiente de militantes ligados a las masas. En tal sentido, y por esta carencia la política de puertas abiertas del partido se restauraría, con la leva leninista, impuesta por la necesidad de abordar las tareas partidarias, estatales y de dirección de la producción, tareas excesivas para un partido falto de un adecuado volumen de cuadros y militancia ligada a las masas. De esta manera un gran aluvión de militantes se incorporaban al partido. La militancia pasó a 735.881 militantes en el XIII Congreso (mayo 1924),  643.000 en el XIV (diciembre 1925), 887.233 en el XV (diciembre 1927), 1.260.874 en el XVI (junio 1930) y a 1.874.488 en el XVII (enero 1934). Si bien al principio se dio una fuerte incorporación de obreros, y se produjo una renovación importante de los cuadros y rejuvenecimiento del partido entre 1.925-27 (media de 30 años en 1.927 según Procacci), hubo un rebaje del porcentaje de obreros del 2%, y por tanto un aumento de la composición campesina y de los funcionarios.

Entre 1.928 y 1.931 el partido llegaría a doblar la militancia aceptando a 1,4 millones de miembros, con sentimientos revolucionarios pero sin experimentación política y escasa formación comunista. Paralelamente a esta afluencia de militantes al partido se decidió reforzar la educación política y teórica de la militancia, el nº de escuelas del partido pasó de 52.000 a 200.000 (1.930-33).

En el campo, kulaks, antiguos oficiales zaristas tambien conseguían infiltrarse en el partido, ya que ante la penuria de cuadros todo aquel que disponía de cierta capacidad de organización era aceptado, por lo que en los eslabones intermedios del partido era donde pululaban estos elementos no comunistas, oportunistas y trepadores. Como hemos visto, la necesidad de ampliar la extensión y vinculación del partido con las masas junto con la falta de una militancia fuertemente ideologizada y experimentada en política, hizo que si en un primer período el partido se depurara (1.921-22). Posteriormente la sobrecarga de tareas acabaría por primar las tareas técnico-administrativas sobre las político-ideológicas entre las masas, entrando en un segundo periodo (1.924-33) en el que se buscó una ampliación de la militancia flexibilizando las exigencias para ingresar en el partido, dando aflujo no sólo a militantes fieles a la revolución (aunque sin experiencia y preparación), sino también a carreristas con preparación intelectual para acceder a puestos de responsabilidad intermedia del partido o del Estado (kulaks, administrativos del antiguo régimen, elementos apolíticos, etc.).

Entre 1.933-36 tras 11 años de aumento de la militancia, de extensión de la organización del partido en el campo, fábricas y repúblicas, y de la creciente preparación y formación de los cuadros obreros y campesinos del partido, se inició al calor de la lucha de clases (colectivización e industrialización) una tercera campaña de depuración con la expulsión del 25% de la militancia proveniente del campo (kulaks y burocracia local) (278), rebajando la afiliación del partido en 270.000 miembros menos. Este proceso provocó a su vez una renovación del partido en los órganos de dirección, con la incorporación de 500.000 jóvenes, el 20% mujeres.

Otro aspecto de la militancia en la relación partido-Estado era el control político del partido sobre la labor de sus miembros en el aparato estatal, que aparecía como una exigencia necesaria para frenar la invasión en él de elementos no comunistas. Precisamente los elementos antiproletarios eran quienes en los años 20 empezaron a pregonar la emancipación de los cuadros del partido en el Estado al margen de la dirección del partido, encontrando eco en quienes teorizaban la independencia de los miembros del partido en el Estado de la dirección político-ideológica del Comité Central. Bajo ese dominio, en el partido se desarrollaba la tendencia  a ser más un aparato administrativo pesado, en lugar de cumplir con su papel de dirigente de masas y de lucha por la hegemonía del control del Estado proletario con el apoyo y control de las masas.

Si bien es cierto que Lenin había emprendido una lucha abierta contra el burocratismo (lentitud y negligencia administrativa) siempre se opuso a que se mezclaran las tareas de dirección del Estado y del partido, emplazando a que los organismos del partido no se ocuparan de cuestiones que debían ser resueltas por los soviets, y dedicarse más a las tareas de organización y dirección política e ideológica en todos los frentes, y por tanto de dirección político ideológica de la labor de sus propios cuadros en el aparato estatal, para no divorciar las tareas de administración de la labor política. Para Lenin la clave está en la capacidad de dirigir ubicando con acierto a los cuadros comunistas y obreros, evitando que se interrumpan las tareas del Estado, ubicando de forma correcta a los cuadros comunistas con arreglo a sus capacidades para las tareas administrativas y las de dirección política. De ahí la necesidad de seleccionar funcionarios competentes y politizados a su vez.

En sintonía con ello, más adelante, en el art. 126 de la constitución de la URSS de 1.936 el partido figuraba como el dirigente de las organizaciones de masas, pero no de los órganos legislativos y ejecutivos del Estado (279). Stalin en su Informe Político para el XVIIº Congreso (1934) insistiría sobre este tema, contra la degeneración del partido, haciendo regresar a los cuadros y militantes a sus funciones primarias de dirección política y moral reforzando el trabajo del partido entre las masas para ganar el apoyo del pueblo para el gobierno. No hay que olvidar que la solución no pasaba por hacer más fuerte al Estado y debilitar al partido, ya que el Estado de la clase obrera debe de estar dirigido por los mejores cuadros de ésta, es decir, por su partido y para ello éste debía ganárse el apoyo de las masas.

En el XVIIIº Congreso en 1.936 junto a Molotov y en 1.937 en el Informe de Zhdánov (280) se propondría una reforma democrática en el pleno del Comité Central (febrero-marzo) en la que se exigía la apertura de la crítica y la autocrítica, las elecciones secretas para los líderes del partido (prohibición del voto a mano alzada), poniendo fin a la cooptación de los primeros secretarios (locales, nacionales, etc), promover candidaturas separadas en vez de listas cerradas para todos los organos de dirección y elección directa en las organizaciones de base de las fábricas, generalizando la democracia interna en el partido, como antídoto de la degeneración y el burocratismo. Esta reforma paralelamente se hacía en el marco del proyecto de nueva Constitución de la URSS a las elecciones a los soviets, elecciones iguales y directas con voto secreto. En el curso de la campaña electoral al soviet, de 54.000 organizaciones de base del partido el 55% de los comités fueron renovados.

Grover Fur en “Stalin y la lucha por la reforma democrática”, destaca que también se intentó hacer lo mismo con las instituciones del Estado soviético. Formalmente la URSS estaba gobernada por el Soviet Supremo como poder legislativo, el Consejo de Comisarios del Pueblo como poder ejecutivo y el Secretario del Consejo de Comisario de este consejo como representante del Estado. En realidad, a todos los niveles, la elección de diputados, comisarios y presidente estaba en manos del partido comunista. Había elecciones pero el nombramiento directo por parte de los líderes del partido (cooptación) era habitual. Esto fue normal en una situación de lucha intensa por controlar las relaciones de producción y cambio capitalistas aún existentes durante la NEP.

En diciembre de 1936 el 8º Congreso extraordinario de los Soviets, aprobó el borrador de la nueva constitución soviética. Se  planteó admitir candidatos que no fuesen del Partido Comunista. Stalin estaba de acuerdo con este proyecto donde el sufragio debía ser universal, directo y secreto, y los candidatos serían presentados por el Partido Comunista y por toda clase de organizaciones públicas que competirían con los candidatos del Partido. En marzo de 1936 en la entrevista con Roy Howard Stalin manifestó que el objetivo era combatir la burocracia:

“No son pocas las instituciones en nuestro país que funcionan mal. Se dan casos en que este o aquel gobierno local no son capaces de satisfacer esta o aquella de las variadas y crecientes necesidades de los trabajadores de la ciudad y del campo. ¿Ha construido una buena escuela o no? ¿Ha mejorado las condiciones de vivienda? ¿Es usted un burócrata? ¿Ha contribuido usted a hacer mas eficaz nuestro trabajo y nuestras vidas mas cultivadas?. Así serán los criterios con los que millones de electores medirán lo adecuado de los candidatos, rechazarán los no aptos, suprimirán sus nombres de las listas de candidatos y favorecerán y elegirán los mejores…El sufragio universal, directo y secreto será un látigo en manos del pueblo contra los órganos gubernamentales que funcionen mal.” (281).

Este proyecto encontró rechazo por la mayoría del Comité Central ante el peligro del descubrimiento de conspiraciones para derrocar al gobierno soviético, pero se llegó a aplicar en 1938. Pero una vez finalizada la guerra y muerto Stalin, las votaciones seguirían siendo cerradas, predominando la cooptación de candidatos por el partido, y nada de votaciones abiertas, directas y secretas.

Por tanto, el PCUS como partido gobernante, que a pesar de estos intentos de reforma promovida ¡nada menos que por Stalin, Molotov y Zhdanov!, acabaría por adoptar y consolidar, tras el XX Congreso, los métodos militares en el terreno de la organización, primando la operatividad y eficiencia por encima de la democracia interna, como organismo preferentemente ejecutivo absorvido por las funciones estatales, donde los candidatos del gobierno eran cooptados por el partido a lista cerrada y los dirigentes de base del partido eran designados-cooptados por arriba, implantándose mecanismos de dirección personal, que profundizaban la diferenciación dentro del partido entre funcionarios nombrados por arriba, la militancia de base y la masa en general.

Tal estructuración que provenía del curso de la guera (1.917-21) donde el partido bolchevique adquirió un carácter de masa pero con una relación de militarización extrema y férrea disciplina con las masas. Si bien en principio estos métodos se condsideraron transitorios en situación de guerra, bajo una situación excepcional de conflictividad político-militar donde era necesaria una mayor operatividad en la lucha contra los enemigos, éstos métodos acabarían por implantarse de foma estable.

Ello no era de extrañar en una coyuntura, donde la necesaria constitución del nuevo aparato de Estado soviético, y la ascesión del partido bolchevique a partido gobernante, daba como resultante una vinculación estrecha entre el aparato del partido y del Estado, donde el partido se estructuraba en función de las necesidades del aparato estatal y la exigencia de un mayor control de las organizaciones de base para frenar la descomposición. Además de los esfuerzos ya aludidos para combatir a los elementos burgueses de la antigua intelectualidad que se incrustaban tanto en el aparato del Estado como en el partido.

El paso de la NEP a la industrialización se hizo apuntalando tales métodos, donde las células del partido (organizaciones de base) aparecían más como órganos que operaban en el ámbito económico-estatal como frente militar de la producción (movilización para la ejecución de los planes y lucha contra la relajación), limitando su carácter de masa, y de dirección político-ideológica, primandose las tareas productivas. Ello podría entenderse también como medida transitoria en cuestión de abordar las tareas de industrialización socialista, por eso el Informe de Zhdánov iba en la dirección de restaurar la normalidad: democracia interna y linea de masa.

Lo que en principio era una “medida provisional” dirigida a luchar contra los “elementos locales burgueses y contrarrevolucionarios” en el partido desde arriba, sería la tendencia que a la larga se impondrá (cooptación, mano alzada y funcionarización del partido en los asuntos del Estado) (282) en vez de la reforma democrática de Zdhánov que sólo se aplicó en 1.938. Tras este paréntesis volvería a imperar la nominación por el Comité Central de organismos de dirección inferiores bajo el criterio de dirección personal en vez de dirección colectiva, la cooptación cada vez mayor de dirigentes a lista cerrada, etc.

Por otro lado, la importancia creciente de las tareas administrativas y económicas, afectaría a la periodicidad de las reuniones políticas del partido (Plenos, conferencias y Congresos) como marco del debate y la elaboración política del partido, a que fuesen más distantes (congreso de 1 año a 2, de 2 a 4, etc.). Adquiriendo el Buró Político, considerado como órgano administrativo, en la práctica el papel de dirección colectiva del partido. No obstante, el Comité Central continuaría reuniéndose cada 2 meses, lo que en un país tan extenso como la URSS, no dejaba de ser una excepción democrática en el mundo. Pero la elaboración, la crítica y autocrítica serían menos posibles al reducirse el marco de la discusión, pasando la dirección política a un segundo plano, desplazada por la labor de verificación de la ejecución administrativa y económica.

A pesar del esfuerzo, la tendencia a la burocratización no se resolvía sólo con el cambio en la composición de origen social, ya que los obreros que se dedicaban a las tareas administrativas no estaban exentos de convertirse en cuerpo especializado en el monopolio sobre la experiencia administrativa, ni eran inmunes a los hábitos burgueses heredados del aparato administrativo anterior. La militancia revolucionaria de masas, se iba convirtiendo en actividad administrativa, dada la estrecha vinculación entre partido y Estado. La limitación del carácter de masa del partido por el desplazamiento más hacia su carácter de partido gobernante favorecía su absorción por el aparato estatal, donde los aspectos ejecutivos y administrativos prevalecían cada vez más sobre los políticos en su actividad cotidiana sobre todo en los niveles inferiores del partido.

Según Procacci, la estadistica nos dice también que no se logró invertir los porcentajes de la composición, ya que sólo se tenía en cuenta el origen social, ignorando la realidad inmediata de la ocupación, donde por ejemplo en organizaciones como la de Moscú en 1.923 sólo estaban ocupados en la producción el 22%, y el 40% de la militancia estaba empleada en el aparato estatal, aumentando el peso de los empleados del Estado dentro del partido, lo que erosionaba su carácter de clase (283). De los directores de fábrica y cooperativas agrarias, el 23% militaban en el partido en 1.923 y a fines de la década de los 30 eran casi el 100% (284). Elemento que en sí mismo no era negativo. Pero este, una vez liquidadas todas las clases explotadoras, sería el refugio de las clases derrotadas, y en el futuro la cantera de la burocracia como categoría social que acabaría por desnaturalizar el carácter clasista en los organismos de dirección política, y de masas, tanto del partido como del Estado proletario. De ahí la necesidad de emprender las campañas de depuración y proletarización intensa que luego se abandonaron.

Aunque inicial y objetivamente el aparato jurídico-administrativo y de las empresas careciera de carácter contrarrevolucionario como tal, sin embargo, era el sitio ideal para hacerse fuertes las posiciones revisionistas y burguesas. De forma paulatina se llegaría al XX° Congreso con un número de delegados obreros-directos de la industria y el transporte que no alcanzaba el 20% (285). Décadas más tarde, en 1980 los intelectuales, médicos y administradores, ya representaban la mitad de los miembros del PCUS y una proporción mayor de los dirigentes, y en 1990 en la última conferencia del PCUS sólo el 7,2% de los delegados trabajaban y ni un solo obrero industrial fue enviado como delegado al congreso.

Las relaciones estrechas entre el partido y el Estado, a la misma vez que daba una continuidad en la militarización de los métodos de trabajo y organizativos, necesarios para el comunismo de guerra, eran poco útiles para el período más pacífico de extensión y desarrollo del poder proletario y de la planificación económica, donde la disciplina y la autoridad se anteponía a la democracia de masas, en base a la designación y cooptación de dirigentes locales, de célula y regionales del partido por arriba, y la dirección personal en vez de la dirección colectiva. Métodos que se trasladaron inevitablemente desde las estructuras de un Estado proletario fuertemente influenciado por la antigua burocracia, a los que el partido no fue siempre capaz de imponerse y acabar con sus hábitos burgueses, y ello a pesar de las fuertes campañas de depuración de la militancia, de la lucha contra la corrupción, del movimiento en el campo por la colectivización que englobó una aguda lucha de clases y la lucha por la industrialización socialista.

En este sentido no fueron pocas las insistencias de Lenin, quien no dejara de señalar la necesidad de ligarse a las masas, adoptar la línea política más correcta en cada situación concreta y reconstruir el aparato de Estado librándolo de las execrencias burocráticas, luchando por la transformación socialista de la superestructura soviética.

Lenin no caía en el error de considerar como otros bolcheviques, que las medidas administrativas del Estado se convirtieran en un sustituto de la acción de las masas trabajadoras en la lucha por la transformación de las relaciones político-ideológicas y de las relaciones de producción en la sociedad soviética. Tampoco caía en la visión estatalista-lassalleana que dominaba en la IIª Internacional, denunciada por Marx y Engels en las críticas a los programas de Gotha y Erfurt, donde la destrucción de las relaciones de producción capitalistas se identificaba en exclusivo con la propiedad jurídica del Estado sobre los medios de producción, donde el “socialismo de Estado” (286) coloca la función del Estado en el lugar del empresario y el paso al comunismo se identificaba con el reforzamiento del Estado en vez de su extinción, colocando en una mano en sustitución de los empresarios el lugar del Estado como decía Engels “la potencia de la explotación económica y la opresión política”.

Para Lenin la estatalización de los medios de producción es un paso hacia la socialización de los medios de producción y su control por la clase obrera, pero nunca confundía nacionalización con socialización. El defecto del socialismo de Estado, pasa por considerar que en el proceso de transformación de las antiguas relaciones de producción y las relaciones ideolológicas en la superestructura son consecuencia directa del desarrollo de las fuerzas productivas, convirtiendo a éstas en el motor de la historia en sustitución de la lucha de clases, no percibiendo la perpetuación de aquellos elementos capitalistas invisibles que convivían en el sistema soviético: reforzamiento administrativo del Estado, acentuación de la división social del trabajo, burocratismo, economía mercantil, etc.

El cuerpo funcionarial que germinaba tanto dentro del partido como del Estado soviético, autonomizaba en ambos aparatos la política y la actividad respecto a las masas trabajadoras, acabando por predominar relaciones políticas de carácter burgués (seguidismo, autoritarismo, división social y funcionarización de las tareas técnico administrativas y político-ideológicas, negación de la crítica, etc.) sobre las relaciones políticas de carácter proletario (crítica, autocrítica, dirección colectiva, socialización de la formación política y teórica, etc.), termina por modificar (287) las condiciones de existencia de los cuadros del partido encargados de las tareas administrativas, transformándose su concepción del mundo, ya que son las condiciones de existencia las que en última instancia determinan la conciencia y si el elemento subjetivo se aburguesa, las consecuencias para el proceso revolucionario de edificación socialista son irreparables.

Estos elementos acabaron por modificar la práctica política y social del partido, donde la crítica y el centralismo democrático fueron sustituidos por la disciplina ciega y un estilo de dirección unipersonal, donde los cuadros del partido se transformaron de militantes en funcionarios que miran más de quedar bien ante las instancias superiores que a llevar una política correcta. Siendo el partido cada vez más incapaz de rectificar y prevenir los errores, tomando cuerpo las prácticas políticas burguesas, que acaban por imponerse a la cosmovisión de la concepción marxista-leninista de sus miembros incluso a pesar de su origen obrero, lo que también termina por alejar del partido a militantes y cuadros adversos a plegarse a normas administrativas estrechas, deteriorándo las formas en que se ejerce la dictadura del proletariado.

En sus últimas cartas y artículos de finales de 1.922 y principios de 1.923 (Mas vale poco y bueno, Sobre la cooperación, etc.), Lenin señaló un conjunto de tareas de transformación de las relaciones políticas, ideológicas y sociales, que pasaban por:

  1. -la lucha contra el aparato heredado del zarismo,
  2. -la reconstrucción de un aparato auténticamente socialista y barato,
  3. -la recomposición de la alianza obrero y campesina construyendo un Estado donde los primeros conserven la dirección y la confianza de los segundos,
  4. -el combate contra el burocratismo y la jerarquización de las relaciones políticas,
  5. la acentuación de las tareas ideológicas y culturales de las masas trabajadoras en detrimento del procedimiento administrativo,
  6. – el aumento en la dirección máxima del partido de la composición obrera que frene la funcionarización de los cuadros y aumente la preparación política sobre las clases explotadoras,
  7. -la labor cultural hacia los campesinos con el objetivo económico de propagar el régimen cooperativo, etc.

Las últimas cartas y artículos de Lenin son un detallado testimonio de las tareas a emprender en la lucha por el socialismo.

El posterior y permanente predominio político de las tareas estatales y su progresiva autonomización, permitieron dar lugar a las posteriores caracterizaciones revisionistas.

Si bien en 1.936, la Constitución soviética consagraba la eliminación de las clases explotadoras, cuestión cierta con la liquidación social de los kulaks por la colectivización, y por tanto la lucha de clases ya no existía al menos jurídicamente en el interior del país, se omitía lo ya advertido por Lenin sobre la necesidad de combatir las deformaciones burocráticas que se produjeran, al proclamar ilusoriamente la comunidad de intereses de obreros y directores de empresa. Pero lo que más vino a desnaturalizar el carácter tanto del partido como del Estado, fue a partir de 1.960 cuando el PCUS se convertía en el “partido de todo el pueblo”, y el Estado soviético en “Estado de todo el pueblo”, en un momento histórico en el que la construcción de la sociedad socialista, al menos teóricamente no había culminado por la pervivencia de la economía mercantil y la ley del valor.

 

4.6.3 ¿Perecen o perduran las desigualdades en el socialismo? ¿Gobierno barato o gobierno caro?

La degeneración burocrática en la fase de constitución revolucionaria de la sociedad nueva una vez tomado el poder guarda relación con el desarrollo de las mediaciones del poder político. En principio, el carácter masivo, participativo y de democracia de masas en la fase por la lucha por el poder político da lugar a la creación de organismos revolucionarios de contrapoder que son válidos para los objetivos de la lucha.

Una vez estos objetivos se cumplen, estos órganos de lucha son sustituidos o convertidos en organismos de mediación del poder político. Este nuevo sistema de organización es susceptible de ampliar los canales de participación activa del proletariado en el ejercicio del poder. Pero no es el poder de toda la clase el que se ejerce, existen organismos representativos, mediadores que operan con un margen de autonomía con respecto a toda la clase y a las masas. Por tanto, el carácter de clase del nuevo Estado no se confunde con el ejercicio del poder político de toda la clase en su primera etapa, es decir, en la etapa de transición entre el capitalismo y el comunismo.

El riesgo es inevitable, pero no es irreversible, pues caben dos direcciones, una que la fracción representativa de la clase obrera y sus aliados en los organismos de mediación se constituya como una categoría social diferenciada, mentor tutelar de la clase; y otra que el poder revolucionario vaya potenciando la participación y formación de las masas en el ejercicio cotidiano del poder político. Hasta ahora la segunda dirección no ha culminado su cometido, y ello por la situación en que acontecen las luchas de clase (mundial y estatal) y sobre todo porque la contrarrevolución se ha encontrado hasta ahora amplias posibilidades de restauración (atraso de las fuerzas productivas, cerco imperialista, etc.), generando de forma inducida el reforzamiento de la primera dirección en los países donde la revolución triunfa, hacia la estabilidad y exclusividad de las posiciones de minorías intelectuales y técnicas en el ejercicio del poder político y la dirección de la economía.

Concretamente en el periodo de transición del capitalismo al socialismo en la URSS había condiciones objetivas para el desarrollo del burocratismo debido al bajo nivel cultural y de dirección de la población y los cuadros políticos, y a la constante tensión a que es sometida la vanguardia política por las tareas de defensa y consolidación del poder político en aras de la supervivencia del sistema socialista

La necesidad de la mediación de poderes, y la problemática de división de tareas entre dirección y ejecución, nos la plantea Engels cuando saca los elementos fundamentales de constitución del poder proletario de la Comuna, la elegibilidad, revocabilidad, salarios obreros para los funcionarios públicos como medios de control de la nueva mediación política del proletariado, para curarse en salud dotándose de mecanismos de protección frente a la desnaturalización del poder proletario:

“La comuna tuvo que reconocer desde el primer momento que la clase obrera, al llegar al poder no podía seguir gobernando con la vieja máquina del Estado; que, para no perder de nuevo su dominación recién conquistada, la clase obrera tiene, de una parte, que barrer toda la vieja máquina opresora utilizada hasta entonces contra ella, y, de otra parte, precaverse contra sus propios diputados y funcionarios, declarándolos a todos, sin excepción, revocables en cualquier momento… Contra esta transformación del Estado y de los órganos de Estado de servidores de la sociedad en señores de ella, transformación inevitable en todos los Estados anteriores, empleó la Comuna dos remedios infalibles. En primer lugar, cubrió todos los cargos administrativos, judiciales y de enseñanza por elección, mediante sufragio universal, concediendo a los electores el derecho a revocar en todo momento a sus elegidos. El sueldo máximo abonado por la Comuna era de 6.000 francos. Con este sistema se ponía una barrera eficaz al arribismo y a la caza de cargos, y esto sin contar con los mandatos imperativos que, por añadidura, introdujo la Comuna para los diputados a los cuerpos representativos…” (288).

Algo que Lenin ya contemplaba en el Estado y la Revolución, diferenciándose audazmente de la socialdemocracia, ya que ésta consideraba la consigna de equilibrar los sueldos de los funcionarios al salario obrero era un ¡¡¡democratismo ingenuo y primitivo!!!. Por el contrario Lenin hostigaba contra esta posición para no caer como los cristianos que cuando pasaron a ser religión oficial del Estado se olvidaron de sus principios del cristianismo primitivo como elementos democrático-revolucionarios.

En su debate con Kaustky, quien planteaba que bajo el socialismo habría burocracia al existir funcionarios electivos, Lenin trasladaba el ejemplo de la Comuna para concluir que los funcionarios dejan de ser burócratas en el instante en el que su sueldo se equipara al salario medio de los obreros y las instituciones son convertidas del parlamentarismo al trabajo de dictar leyes y ejecutarlas.

Para Lenin el burocratismo desaparece de forma completa en el comunismo, que ya en su fase inferior socialista irá reduciendo la jornada de trabajo elevando a la mayoría de las masas sin exepción a ejercer las funciones del Estado lo que producirá su extinción general (289). El burocratismo será combatido por las masas con las armas de la emulación, organización, control y participación en el Estado sobre la base de elevar su cultura, aprendiendo a gobernar en la práctica como condición imprescindible para consolidar la revolución socialista, donde los sindicatos como organización de clase juega el rol de escuela de gobierno y comunismo.

Marx destacaba comparativamente que los sueldos de los representantes del gobierno de la Comuna no llegaban a representar la quinta parte del sueldo de una gran autoridad científica de la época, el profesor Huxley. En los inicios de la constitución del poder soviético, donde la tarea organizativa del control estatal de la economía pasaba a un primer plano, los obreros llenos de entusiasmo en la lucha por el socialismo no disponían todavía de una formación necesaria para hacer funcionar los aparatos del Estado, y ante la falta de cuadros y técnicos proletarios, se tuvo que recurrir a los especialistas burgueses a cambio de una remuneración elevada por encima del salario del obrero medio, Lenin siempre consideró esa diferenciación como un paso atrás de los principios de la Comuna, principios dotados de antídoto del arribismo, y siempre lo admitió como una medida temporal y exclusiva para los especialistas burgueses, no extensible a otras capas de la población. El objetivo para Lenin era lograr la instrucción de los obreros que entusiasmados en la lucha por el socialismo

Marx en “La guerra civil en Francia”, analizando la experiencia parisina de la Comuna, vislumbraba unas mediaciones del poder político proletario totalmente diferentes al Estado burgués, donde el trabajo productivo dejaba de ser atributo de una clase al emanciparse de la explotación, donde ya toda persona es trabajadora-productora sin distinción. Bajo este contendido la unidad de la nación se organizaba de forma centralizada bajo un régimen comunal que se extendía territorialmente a todo el país, como poder estatal en vías de extinción que tiende a debilitar su aparato de Estado con la abolición del funcionarismo, del parlamentarismo y su especialización administrativa, la elegibilidad y revocación de todos los funcionarios, la limitación de los salarios administrativos al salario obrero que ya hemos señalado, e introducía aquel tópico de las revoluciones burguesas del “gobierno barato” irrealizable bajo el capitalismo, “…al destruir las dos grandes fuentes de gastos: el ejército permanente y la burocracia del Estado” (290). De esta manera, para Marx el Estado-comuna se fusiona con la sociedad y deja de ser una execrencia parasitaria. Su tendencia es el control de los productores sobre la producción y su participación directa en las tareas estatales. Y aunque exista un período en el cual el proletariado no detente directamente el poder, sino indirectamente a través de las mediaciones políticas, el carácter social del régimen impide, al menos teóricamente, que el excedente social se condeda a una élite administrativa.

En esto último, destacamos que en la Crítica del Programa de Gotha, Marx parte de un planteamiento opuesto al que los economistas soviéticos aplicarían, ya que distinguía del reparto del producto social global “los costes generales de administración, no directamente pertenecientes a la producción”, coste que desde el primer momento sufrirán una reducción cualitativa en relación con el capitalismo, aminorando su peso de forma progresiva junto al desarrollo de la nueva sociedad, reduciéndose los gastos en burocracia y aparato de Estado hasta su extinción. Lo cual supone también como indica Marx, un crecimiento mucho mayor del gasto social en comparación con el capitalismo, ampliandose progresivamente mediante el desarrollo de la nueva sociedad “lo que se dedique a la satisfacción colectiva de las necesidades, como escuelas, instalaciones sanitarias, etc” (291), socializando cada vez más la esfera del consumo y las necesidades.

Estos son elementos importantísimos que en los procesos revolucionarios conocidos desde Octubre, si ciertamente tras la toma del poder los gastos para la satisfacción de las necesidades se dispararon drásticamente en la dirección que preveía Marx en el Programa de Gotha, superando al capitalismo en este terreno ¡con creces!, no deja de ser menos cierto que el otro presupuesto de Marx en la Crítica del programa de Gotha acerca de la reducción considerable del gasto en el mantenimiento de la administración estatal y de dirección de la producción, en vez de reducirse se ampliaban.

Diversos autores soviéticos de economía política se negaban a hacer esta distinción entre el gasto social global y los gastos de administración, englobando como parte de los fondos sociales los gastos improductivos (burocracia estatal, ejército, etc.), camuflando presupuestariamente los gastos de administración, que fue como ya vimos en el apartado sobre el corporativismo en el ejército soviético, colisionó con la ley económica fundamental del socialismo. Esa caracterización de meter en un mismo saco los gastos productivos e improductivos, fue acompañada de una tergiversación del contenido teórico de la existencia del derecho burgués bajo el socialismo, que ya hemos señalado, a través de la santificación de las diferencias distributivas del producto social y el consumo según la calificación del trabajo de cada cual. En la calificación se diferencian la burocracia estatal y los técnicos que se elevan en condiciones de vida por encima de la clase obrera de forma innecesaria. Todavía en 1.940, oficinistas y la burocracia estatal apenas cobraban más que un obrero no cualificado, y mucho menos  que un obrero o técnico especializados, a partir de mediados de los 50 los técnicos y la burocracia estatal superan los salarios obreros, un director de fábrica en 1.959 ganaba 3 veces más que un obrero, y durante la década de los 60 el nivel de vida de la burocracia estatal (ministros, altos responsables del aparato del Estado) gozaba de una serie de ventajas materiales por encima del obrero más especializado (292). Aunque bien es cierto, dicho sea de paso, que las diferencias en la sociedad capitalista, entre obreros y ejecutivos son abismales. La correlación entre salario medio y el más alto (miembro del politburó o del consejo de ministros) en la década de los 80 era de una proporción de 1/5 y actualmente en la Rusia de Putin esa proporción llega a 1/20 (293).

Pero volviendo a lo que vamos, de esa terminología teoricista, nada tienen que ver ni Marx, ni Engels, ni por supuesto Lenin, quienes siempre se refirieron a una cantidad determinada de trabajo y no a una calificación. Marx en la Crítica del programa de Gotha habla de que los productores serán retribuidos según la cantidad de trabajo, línea teórica que Lenin reproduce y argumenta en El Estado y la revolución, e incluso el propio Engels en el Anti-Duhring explica que la retribución según la calificación de trabajo se da en el marco de la sociedad capitalista porque el carácter de los gastos de especialización son privados, pero en el socialismo pierde toda consistencia al ser socializados tales gastos, negando exigencias superiores (294).

¿Cómo se podía justificar las diferencias remunerativas en cuanto a la calificación del trabajo?. Una, porque los gastos de la formación son privados, y otra porque en la etapa de transición a la sociedad comunista las necesidades de volumen de trabajo calificado no eran plenamente satisfechas en la sociedad (etapas de la NEP e inicios de la industrialización socialista) y había que estimularlas. El primer caso no cuadraba con una sociedad soviética donde existía la socialización de los gastos de formación, y el segundo caso tampoco en una sociedad soviética que tras la IIª Guerra Mundial era la sociedad con la fuerza de trabajo de más calificada, y con el mayor porcentaje de científicos, ingenieros, médicos y técnicos más alta del mundo, que ya a finales de la década de los 30 se había consolidado como una nueva intelectualidad en la que prácticamente ya no tenían cabida la vieja intelectualidad del Estado zarista-burgués y las clases explotadoras, sino una nueva intelectualidad que por su composición social procedente de la clase obrera y los campesinos era más popular, más ligada al pueblo y al objetivo socialista.

En consecuencia, en la URSS durante la década de los 50 era el momento, tras una brutal lucha de clases interna y externa, para pasar a aplicar la contabilidad del tiempo de trabajo para la distribución de los productos bajo el derecho burgués: a igual cantidad de trabajo simple igual cantidad de consumo. Elemento que ya fuera destacado por Lenin: lo que en el “Estado de todo el pueblo” al ser todos los ciudadanos  “empleados y obreros de un solo consorcio de todo el pueblo, del Estado”, de lo que se trataba ya es de que “trabajen por igual, observando bien la medida del trabajo, y de que ganen equitativamente” (295). Aquí si que se podía plantear el poder político como Estado de todo el pueblo porque el socialismo ya estaría completo al superar la ley del valor y su expresión, el mercado por el plan social. Así lo entendía Lenin, y así no lo veían desde Kruschev hasta Gorbachov con su defensa de la ley del valor de cambio.

En el marco de la administración del Estado proletario tampoco se seguía la teorización del Estado-comuna, y éste aparato seguía perfeccionándose en los Estados socialistas conocidos, uno porque la revolución irrumpe en la periferia sin el correspondiente triunfo en Occidente, dos, por la continua amenaza agresiva del imperialismo y tres, como acabamos de ver, por la extensión de medidas coyunturales de carácter provisional más allá de lo que se considera la etapa de transición.

En la URSS se terminó por justificar las desigualdades, que de la provisionalidad inicial (industrialización socialista) con el tiempo se harían permanentes, sentando las bases para la diferenciación entre gobernantes y gobernados, funcionarios y productores. De la misma manera que el igualitarismo bajo el socialismo no deja de ser una consigna pequeño burguesa que invita a la ociosidad, pues todavía sobrevive el derecho burgués de igual trabajo, la desigualdad permanente (calificación, trabajo complejo, etc) también tiene ese carácter pequeño burgués en el otro extremo y no deja de ser germen de degeneración, ociosidad y corrupción ante el trabajo.

Fue en torno a la planificación en la URSS cuando se sentarían bases inicialmente provisionales, sobre las que a posteriori germinaría una burocracia unida por la disciplina y el privilegio, suprimiéndose todas las manifestaciones de igualitarismo incluyendo a los miembros del partido (296), permitiéndo que cobraran más que un obrero cualificado, independientemente de su cargo (aspecto que estaba prohibido en la época de Lenin), desatándose una campaña ideológica contra la igualdad tildándola de ideología pequeño burguesa, pero omitiendo lo mismo contra la desigualdad.

En realidad, la igualdad no era provechosa para la emulación económica en el proceso productivo en el cual ya en 1.918 se introducían las primas a producción como estímulo material para incrementar la cantidad del trabajo. Pero dando un giro copernicano más adelante en 1.931 se revisó la escala salarial computando el trabajo simple y el complejo (alejamiento de la teoría del tiempo de trabajo igual en cantidad bajo el socialismo) y variando el peso salarial de las diferentes especialidades a costa de diferencias pronunciadas entre las diferentes categorías de obreros, y entre éstos y fuera de la esfera productiva (técnicos, jefes de empresa, ingenieros), abriendo la tendencia hacia una alta división salarios-profesión/obreros-intelectuales, que una vez culminada la industrialización socialista en los 3 primeros planes no se aminoraría, olvidando la exigencia de Lenin de reducción de las desigualdades salariales.

Esta concepción economista alimentaba la esperanza de que una vez superada la debilidad económica de la URSS desaparecerían las desigualdades retributivas, los privilegios de administradores y técnicos, como rasgo negativo y transitorio que se asumía para la construcción de la base material del socialismo. Que desaparecerían por arte de magia una vez alcanzados los objetivos. Es decir, que en una superestructura que comenzaba a legitimar la jerarquización de tal división del trabajo, los administradores y técnicos voluntariosamente se desprenderían de sus privilegios y altos salarios, cediendo a la clase obrera sus conocimientos y la dirección de forma voluntaria.

Sin embargo, los privilegios considerados provisionales por las condiciones del momento (NEP en el caso de los especialistas burgueses e industrialización socialista), que se mantienen y desarrollan, entran a formar parte de un sistema de relaciones sociales desde las que se pretendía construir las bases materiales del comunismo, unas relaciones basadas en la administración de las fábricas por directores que no tienen con sus obreros más que relaciones de mando y que sólo responden ante sus superiores. Estos van adquiriendo mayores poderes con las reformas económicas de Kruschev primero, y Gorbachov después, llegando a la perestroika, al grito de “¡más socialismo!”, a disponer los directores de fábrica un salario 10 veces superior a los obreros, lo que comenzaba por equipararse tal desigualdad con la ya existente en los países capitalistas.

Existe una semejanza de esta situación, con el estatismo economicista que predominó en la IIª Internacional. La socialdemocracia alemana estaba representada por un fuerte partido y sindicato integrados en los aparatos del Estado capitalista, con una división social de las tareas y funciones muy diferenciadas con respecto a las masas. Este llegó a adoptar una posición adversa e indiferente a la lucha de clases no sólo internacional, sino en la propia Alemania. En la URSS esta diferenciación, alejamiento entre dirigentes y dirigidos se reproducía, en las empresas, en el partido y en el sindicato, considerándola como necesaria para adoptar una mayor eficacia hacia el objetivo de adelantar técnicamente al capitalismo, lo que llevó a asentar el principio de considerar a los administradores y técnicos como el sujeto de vanguardia y cambio social igual que hacía la socialdemocracia. De ahí la insistencia en legitimar injustamente las fuertes diferencias salariales respecto a los obreros.

No obstante, salvando esta especie de rodeo en la etapa de transición al socialismo, (porque todavía no es socialismo plenamente construido por mucho que lo repitiesen los manuales de Economía Política soviéticos a partir de los 50), en la fase inferior de la sociedad comunista, y más aún en la etapa de transición, predomina el derecho burgués, que hace a las personas desiguales (en físico, en capacidad, en cargas familiares, etc.) iguales en el trabajo y en función de la cantidad de trabajo se determina la cantidad de consumo (297).

Al no tener en cuenta las desigualdades de los productores, la distribución es desigual, unos con mayor capacidad física o intelectual de trabajo dispondrán de más bienes de consumo que otros, pues en igual medida de tiempo de trabajo realizan más cantidad de trabajo que otros. Este lastre burgués del derecho desaparecerá en la fase superior de la sociedad comunista, la sociedad de la abundancia, que ser regirá “de cada cual según su capacidad; a cada cual según sus necesidades”. Por lo que la reivindicación de la igualdad social sólo tendrá realidad con la extinción de las clases, con la superación de la división social del trabajo, y la reafirmación de la moral comunista. Porque el comunismo no representa sólo una forma más justa de la distribución de la riqueza social, sino también otra forma de producción y de relaciones sociales y culturales que nada tiene que ver con el modo de producción capitalista, donde el trabajo pasa de ser un medio de ganarse la vida, a ser una necesidad vital.

Es este derecho burgués el que prevalece también en la fase inferior de la sociedad comunista, el cual es necesario por la propia división técnica y para estimular la productividad del trabajo social tanto manual como intelectual, y no tiene porque disponer de igual cantidad de medios de consumo un obrero que realiza la mitad de trabajo que otro, y es en ese sentido en el que tanto Marx como Lenin se referían a la pervivencia de la desigualdad burguesa en el socialismo, en proceso de extinción. Pero este mismo derecho burgués se utilizó como escudo para eternizar un abanico salarial amplio garante de desigualdades en el tiempo de trabajo, y como medio de racionalización ideológica para colocar a la burocracia por encima de las masas en condiciones de vida y consumo, con la apropiación de parte del excedente a través de las diferencias remunerativas y materiales entre los funcionarios de Estado y los directores de empresa con respecto a los obreros. Notoria contrariedad con el espíritu de la Comuna, teorizado por Marx y asumido por Lenin.

El intento de reforma democrática, ya referido en el apartado 4.6.2, dirigido para combatir el burocratismo en el partido, la propuesta de implantar el voto secreto en el partido,  oponerse a la política de cooptación favoreciendo a las elecciones, promover candidaturas separadas para los organos de dirección y elección directa en las organizaciones de base de las fábricas, generalizando la democracia interna en el partido (¡curiosamente rechazado por el XXº Congreso “autocrítico”!), iba dirigido en parte a evitar la tendencia a la funcionarización de los miembros del partido. No obstante, esta medida de por sí era insuficiente, ya que la causa principal era la diferencia en los niveles de vida y remuneración salarial que determinados dirigentes del partido a nivel central y en las repúblicas iban adquiriendo. La propuesta de Stalin y Zhdánov, iba dirigida a devolver al partido su función dirigente, al margen del Estado, para evitar su degeneración. Pero esta medida, que dejaría de aplicarse tras la IIª Guerra Mundial y la desaparición de Stalin, debía de ir acompañada en la aminoración de los incentivos y la desigualdad económica, tanto de los cuadros del partido, como de un Estado obrero consolidado, que ya no necesitaba recurrir a los especialistas burgueses para la planificación económica y las empresas, al disponer de los propios especialistas soviéticos y al haber conquistado la industrialización de base socialista. El propio Stalin que llegó a acaparar diferentes responsabilidades (secretario general del PCUS, presidente del gobierno soviético, ministro de defensa y comandante de las fuerzas armadas de la URSS) su salario no llegaba a superar el de un minero especializado (298), ese era el camino. Henri Barbusse lo comparaba con Lloyd George que empleaba a 32 secretarios/as, mientras que Stalin sólo tenía uno (299).

Esta burocracia que se encargaba de implantar la disciplina y eficacia del trabajo, fue efecto de la continuidad de la división social entre el trabajo manual e intelectual, que en vez de tender a su superación, se consolidaría como régimen tutelar de introducción del socialismo por arriba. Lo que además generaba un despilfarro innecesario de parte del sobreproducto social para costear una burocracia con altas remuneraciones (directores de empresa, de cooperativas, técnicos, científicos, etc), afectando a la larga a los fondos de consumo de los trabajadores y los fondos de inversión productiva.

Y no hay dudas de que un enfriamiento o descenso del consumo real de los productores provocaba falta de estímulo a la producción y ejercía un efecto negativo al crecimiento de las fuerzas productivas, contraviniendo la ley económica fundamental del socialismo (mejora creciente de todos los miembros de la sociedad) enunciada por Stalin en Problemas económicos del socialismo en la URSS. Precisamente el objetivo y la naturaleza de la planificación socialista de la economía persigue el incremento de las fuerzas productivas socializadas, para garantizar mayores servicios y bienes a los productores, sentar las bases materiales para el desarrollo de la personalidad humana, extinguiendo la economía de mercado, las clases, apagando la desigualdad social, la aminoración de las diferencias remunerativas entre los diferentes trabajos, la extinción de la especialización y el Estado.

La burocracia soviética reprodujo en una parte la desigualdad dada en el capitalismo, la cual no es solo la no-propiedad social de los medios de producción sino también una fuerte diferenciación remunerativa con respecto a los técnicos y administradores, una tendencia marcada a la especialización y una carencia estancada del conocimiento completo y los instrumentos necesarios para controlar y operar con los medios de producción, por la fuerza productiva máxima: los productores.

La posterior lucha en la perestroika contra la presunta nivelación salarial y el igualitarismo en la URSS no fueron más que argumentos en defensa de los privilegios de los expertos y altos cargos de los miembros de gobierno y la administración. Lo que para Marx y Lenin fuera considerado como un defecto inevitable en la fase inferior de la sociedad comunista, se exigía que fuese grabado como principio básico después de más de 60 años de construcción socialista. Se estaba trabajando por restaurar el otro derecho burgués abolido por la revolución socialista, el de la propiedad privada de los medios de producción.

4.6.3.1 El burocratismo ayudó a la restauración del capitalismo

Como ya hemos visto, la estatalización de las actividades técnico-administrativas necesaria en el comunismo de guerra, consideradas por Lenin como provisionales, se mantuvo en la NEP y se trasladó a los planes quinquenales. También la diferenciación salarial del personal técnico administrativo de las fábricas, y los diversos aparatos del Estado, consideradas como provisionales para la época de la NEP, se consolidó como norma después de los 3 primeros planes quinquenales.

De esta manera los soviets se formalizaron, el sindicato se estatalizó, el partido se burocratizó, dejando poco a poco de ser la vanguardia que lucha por la sociedad sin clases, confundiéndose con un mecanismo administrativo que coloca a sus cuadros en las esferas del Estado y la economía, cambiando la composición clasista de su dirección política en un partido donde el componente mayoritario de su dirección ya no era la clase obrera sino la burocracia (funcionarios del partido y del Estado), y esto era así aunque la mayoría de la militancia fuese de origen obrero.

Se había invertido la tendencia hacia la desaparición del Estado por un reforzamiento del mismo en las tareas administrativas y técnicas, alejando de tal cometido a las masas productoras.

Pero también debemos aclarar que la burocracia como categoría social que representa a la clase obrera en el ejercicio de la dominación política de clase, no constituía una nueva burguesía, ni una clase social, ya que no detentaba la propiedad jurídica sobre los medios de producción, pero sí gobernaba, como categoría social aparte, en nombre de la clase obrera, con una independencia relativa con respecto a la clase que representaba, donde la titularidad estatal de los medios de producción y la planificación económica conforman las raíces de una burocracia que no podía deshacerlas por arte de magia, sin una lucha política y social sin tregua contra el modo de producción socialista.

Ese burocratismo injertado en el aparato del Estado como deformación pequeñoburguesa del estilo de dirección, que se origina como herencia del capitalismo se materializa en la existencia de un grupo social de dirigentes y funcionarios quienes terminan por ostentar un status de privilegio por encima de la clase obrera, quienes terminan por anteponer sus intereses a los de las masas y de la construcción del socialismo.

Las reformas de Kruschev y Gorbachov, en representación de tales intereses, vinieron a reforzar la tendencia hacia el retorno al capitalismo como modo de producción dominante, empezando por ampliar la economía mercantil y terminando por santificar la propiedad privada de los medios de producción. Del desarrollo de burócratas y directores que acumulaban mayores remuneraciones y privilegios como grupo de presión, acabaron por convertirse en la futura clase burguesa emergente, dispuesta a beneficiarse con la liquidación del PCUS y el Estado soviético y de la restauración de la propiedad capitalista.

 

4.6.4 Hacia el fin de la división social del trabajo

Marx y Engels en la ideología alemana, situaban que la división del trabajo, como causa de la propiedad privada, del Estado y la enajenación de la actividad social, es la expresión de la separación entre el interés individual y el común, donde las actividades (económicas y políticas) que no aparecen divididas voluntariamente, se levantan como un poder ajeno por encima del productor, que lo sojuzga en vez de ser él quien lo domine:

“El poder social, es decir, la fuerza de producción multiplicada, que nace por obra de la cooperación de los diferentes individuos bajo la acción de la división del trabajo, se les aparece a estos individuos, por no tratarse de una cooperación voluntaria, sino espontánea, no como un poder propio asociado, sino como poder ajeno al margen de ellos…”.

Y más adelante sitúan que

“El comunismo se distingue de todos los movimientos anteriores en que hecha por tierra la base de todas las relaciones de producción y de trato que hasta ahora han existido y por primera vez aborda de un modo consciente todas las premisas naturales como creación de los hombres anteriores despojándolas de su carácter natural y sometiéndolos al poder de los individuos asociados” (300).

El contenido de esta tesis expresa la tendencia histórica que Marx y Engels señalan hacia la abolición de la división social del trabajo como fuerza extraña frente a los productores.

No obstante, en la fase inicial de transición a la sociedad comunista en su fase inferior, la clase obrera no puede gobernar de forma directa, sino indirecta a través de sus órganos representativos del Estado obrero, representantes que siendo parte de la clase y las masas populares tienen un campo de funcionalidad autónomo, dentro de los aparatos y organismos de representación política y social, estructurados horizontal y verticalmente, y relacionados de forma mediatizada con la clase obrera en su conjunto y sus aliados (base social del poder revolucionario). Ello supone delegación del poder y que el poder de clase es un poder indirecto.

La principal tarea tras la toma del poder es la consolidación y la extensión de las mediaciones del poder político de la dictadura del proletariado, tanto en la actividad ideológica como económica-administrativa, el cual puede tomar una de las dos direcciones ya aludidas, o bien el poder se masifica, se expande en su ejercicio con la incorporación de las masas (cultural y técnicamente cada vez más capacitadas), reduciéndose el ámbito de autonomía del Estado hacia su desprofesionalización, o bien se consolida un cuerpo de representantes de los órganos de mediación como categoría social divorciada de las masas, separando poder político y gestión técnico-administrativa de la actividad de las masas.

Para Lenin la idea originaria pasa por la primera dirección:

“…el Poder soviético no es otra cosa que la forma de organización de la dictadura del proletariado, de la dictadura de la clase de vanguardia, que eleva a una nueva democracia y a la participación efectiva en el gobierno del Estado a decenas y decenas de millones de trabajadores y explotados” (301).

Para Lenin el Estado proletario es un semi-Estado ya que a diferencia del carácter de los precedentes está desprovisto de su función básica: explotar y sojuzgar a los trabajadores. Por tanto, lo que constituye la dictadura del proletariado es la tendencia histórica del nuevo tipo de Estado hacia su paulatina extinción. Sobre esta línea el objetivo pasa por poner en pie un amplio aparato estatal que incorpore a las masas en las tareas de administración, control, y ejercicio del poder político, para evitar el tener que recurrir a una casta estable de especialistas.

La electrificación del país más los soviets, como metafóricamente decía Lenin, apuntaba que la base material de una productividad del trabajo tecnológicamente desarrollada liberaría a los trabajadores del derecho burgués y su espíritu egoísta, crearía condiciones materiales con la reducción de la jornada de trabajo para incorporar a toda la población gratuitamente a las tareas estatales y públicas, caminando a la desaparición de toda forma de Estado (302).

Además Lenin prevenia el esfuerzo prolongado que debía hacerse en la labor educativa y de organización entre las masas para vencer la burocracia, superar el burocratismo y provocar con ello la extinción del Estado:

“De palabra, el aparato soviético es accesible a todos los trabajadores; pero en la práctica, como todos sabemos, dista mucho de serlo. Y no porque lo impidan las leyes, como ocurría bajo el régimen burgués; por el contrario, nuestras leyes lo favorecen, pero las leyes solas no bastan. Es precisa una ingente labor educativa cultural y de organización, que no puede hacerse por medio de la ley, con rapidez, sino que exige un esfuerzo inmenso y prolongado…Sólo cuando toda la población participe en la dirección del país se podrá luchar hasta el fin contra la burocracia y vencerla totalmente. En las repúblicas burguesas no sólo es imposible hacerlo, la misma ley lo impide. Las mejores repúblicas burguesas, por más democráticas que sean, impiden mediante innumerables trabas legislativas la participación de los trabajadores en la dirección: además de las leyes existe el problema del nivel cultural, que no puede ser sometido a ninguna ley. Este bajo nivel cultural hace que los soviets, siendo por su programa órganos de dirección ejercida por los trabajadores, sean en la práctica órganos de dirección para los trabajadores ejercida por el sector avanzado del proletariado, y no por las masas trabajadoras.” (303).

Stalin 30 años después recogería a medias este planteamiento. Para Stalin se necesitaban 3 condiciones para alcanzar el comunismo: 1° el incremento constante de toda la producción social, 2° elevar la propiedad koljosiana sustituyendo la circulación mercantil por un sistema de intercambio de productos, de manera que la planificación central pueda utilizar todo el resultado de la producción social en interés de la sociedad, 3° el ascenso cultural de la sociedad que asegure a todos el desarrollo universal de sus capacidades físicas e intelectuales, donde para alcanzar tal desarrollo cultural era necesaria la reducción de la jornada de trabajo hasta a 5 horas

“para que los miembros de la sociedad dispusieran del tiempo libre suficiente para adquirir una instrucción universal…politécnica general y obligatoria, indispensable para que los miembros de la sociedad puedan elegir la profesión que más les guste y no se vean atados de por vida a una sola profesión” (304),

recuperando la tesis de Engels de lo horrendo que sería el socialismo que perpetuara a los carretilleros de profesión, ya que el socialismo no puede perpetuar las diferencias de función, sino transformar esas divisiones del trabajo suprimiendo las bases de toda competencia y de la producción mercantil.

No obstante, Stalin postergaría la desaparición de la circulación mercantil a la fase superior de la sociedad comunista, y no haría referencia en cuanto a las tareas administrativas del Estado, centrándose únicamente en las actividades de la economía (elección de profesión). Tal omisión en el planteamiento de Stalin, como ya hemos argumentado, fue producto de considerar que en la URSS en 1.936, el socialismo estaba culminado al 100%, y de ignorar que en el socialismo como fase inferior de la sociedad comunista, ya debe comenzar a existir un acercamiento entre el trabajo manual e intelectual, entre tareas de dirección política y económica/tareas de ejecución productiva, una progresiva extinción del Estado y la extinción de toda economía mercantil.

Sin embargo, ya hemos visto que la sociedad soviética tendió a partir de los años 50 a mantener en vez de superar tales contradicciones, lo que la distanciaba de la fase superior de la sociedad comunista, y perpetuaba las contradicciones en el propio socialismo en vez de superarlas. Si bien es cierto que tras la industrialización socialista en la URSS, la oposición entre la intelectualidad burguesa y la clase obrera desapareció, ocupando su lugar una intelectualidad procedente de los trabajadores que objetivamente servía a la clase obrera, la oposición trabajo intectual-manual continuaba puesto que esa división social del trabajo seguía destacando un grupo de personas dedicadas a tareas intelectuales, de organización, administrativas y dirección mientras el resto de la población se ocupaba fundamentalmente de tareas productivas. No basta con que los hijos de obreros se conviertan en intelectuales si luego siguen formando una élite que vive por encima de la clase obrera.

Lenin iba más allá, y en su concepción no bastaba con que el Estado se erigiera jurídicamente como propietario de los medios de producción y agente de la dirección de la economía. Sino que a partir de ahí, el Estado tiende a dejar de ser un aparato administrativo funcionarial, opuesto y separado de la clase obrera y los trabajadores en general. Para Lenin en el programa del VIII Congreso del partido la unidad electoral principal celula del Estado proletario no es la circunscripción territorial sino la unidad productiva, laboral. Cada cocinero, cada metalúrgico, albañil, carpintero, etc. debe de aprender a gobernar en los soviets y dirigir la producción social, disponiendo del tiempo libre necesario y remunerado para las funciones administrativas y políticas, donde el tiempo libre deja de ser privativo de una élite administrativa-intelectual, para hacer innecesario el cuerpo especial de funcionarios públicos y desburocratizar la función técnico-administrativa.

Por tanto, los obreros deben tener tiempo para las tareas del Estado, el desarrollo de la producción debe proporcionar el aumento del tiempo libre, el bienestar, el desarrollo multifacético y político, no es casual que este propósito fuera formulado por Lenin en los dos primeros programas del partido bolchevique (que luego desaparecería el programa revisionista de Juschrev del XXII Congreso del PCUS en 1961). Es un proceso dialéctico en el que los obreros se convierten administradores y los administradores en obreros, en la que se supera la división del trabajo no sólo en lo económico, sino también en la superestructura jurídico-política, lo cual implica la paulatina superación de la sociedad entre dirigentes y dirigidos, gobernantes y gobernados, la superación del contraste entre el trabajo intelectual y el manual. Para ello también es necesario la constitución de la base material y técnica del comunismo, el crecimiento de la productividad social altamente desarrollada señalada por Lenin.

La base material y técnica del comunismo es necesaria, en primer lugar, para asegurar la abundancia de valores materiales y espirituales, y con ello, crear las condiciones indispensables para poner en práctica el principio comunista de distribución y conseguir la igualdad económica completa, inexistente aún en el socialismo. Es imprescindible para transformar las relaciones sociales en comunistas, para suprimir las diferencias entre la clase obrera y el campesinado, entre la ciudad y el campo y entre el trabajo manual e intelectual. En el comunismo desaparecerá la división entre el trabajo de obreros y campesinos, ya que el trabajo agrícola se habrá convertido en una variedad del industrial. Es imprescindible, para liberar el máximo tiempo libre de la producción y que los individuos tomen parte activa en el gobierno de la sociedad y puedan perfeccionarse física y moralmente.

El cambio del carácter del trabajo sobre la base del progreso técnico, así como la enseñanza politécnica universal y la elevación de la cultura general, como resultado del aumento del tiempo libre, ampliarán considerablemente el horizonte profesional del trabajador, en vez de estar sujeto a la estrechez de una sola profesión, podrá elegir especialidades a su gusto, será capaz de cumplir cualquier trabajo de producción o intelectual, irá desapareciendo la especialización estrecha que liga a los individuos a una sola actividad.

La creación de la base material y técnica del comunismo, aparece como premisa económica para el logro de la meta final del progreso social: la formación del individuo plenamente desarrollado. El comunismo es una sociedad dirigida que requiere de la maquinaria más perfecta y los medios de dirección e información más modernos, de los cuales hoy ya dispone la humanidad. La automatización es la forma superior de la producción maquinizada, los trabajos se llevan mayormente mediante el control de la producción. El obrero se va emancipando de las funciones puramente mecánicas, su trabajo va incluyendo nuevos elementos de actividad intelectual (cálculos, control de la producción, interpretación de los datos tecnológicos, etc.). Las máquinas electrónicas e informáticas traen una verdadera revolución en el campo de la automática.

Mientras que la automatización capitalista significa el aumento del paro y el descenso de los salarios, la técnica de producción del comunismo se propone emancipar al trabajador del trabajo monótono, permite reducir la jornada sin pérdida de consumo. En el socialismo la automatización y mecanización completa de los procesos productivos y auxiliares permite ya la liberación de la fuerza de trabajo del tiempo necesario para las tareas de dirección y el trabajo deja de ser una actividad meramente física. La vía para llegar a la abundancia comunista es el desarrollo de la gran industria socialista.

De cada uno según su capacidad, significará en el comunismo, el trabajo altamente productivo como primera necesidad vital, el estudio, la ampliación de los conocimientos y de la cultura, la participación de cada uno en el gobierno de la sociedad y la observancia voluntaria de las normas de moral comunista, ajenas ya de la ociosidad y despilfarro típicos del pasado, de las clases explotadoras que acumulan riquezas a costa del trabajo de millones de personas.

No hay que confundir tiempo libre con el no ocupado directamente en la producción, también hay que incluir el ligado al desplazamiento al trabajo, los quehaceres domésticos y la satisfacción de las necesidades naturales (alimentación, descanso, sexo). El tiempo libre es el que queda después de haber cumplido con sus tareas de producción y satisfecho sus necesidades personales. Lenin cuando hablaba del “hombre nuevo” cuantificaba en 6 horas el trabajo manual obligatorio y en cuatro horas de trabajo dedicado a la dirección del Estado. Esta referencia indica que Lenin concedía al gobierno del Estado tanta importancia como al trabajo productivo directo, y muestra cuanta atención dedicaba a la educación de las masas en la necesidad de administrar los asuntos de la sociedad.

Ya en los primero 10 años del poder soviético ascendió a 12,5 millones el número de diputados, miembros de comités ejecutivos y delegados a los congresos de los soviets. Según V. Afanasiev (Fundamentos del comunismo científico) la mayoría de los 2,2 millones de diputados de soviets en la década de los 70 no eran políticos profesionales, sino que trabajaban en las fábricas, minas, sovjoses, koljoses, instituciones de enseñanza, científicas o culturales, cumplían sus funciones de diputado en el tiempo libre de trabajo y sin remuneración alguna. Obreros y koljosianos ocupados directamente en la producción proporcionan el 50,7% de los diputados del soviet supremo en 1975, y de los soviets locales el 67,7% están ocupados en la producción. Sobre el caráter de clase en 1959 entre los diputados de los soviets urbanos el 39,4% eran obreros y en los soviets rurales el 58,8% eran koljosianos (305).

La dictadura del proletariado encierra determinadas premisas para la extinción del Estado. El Estado en el periodo de edificación de la sociedad comunista es un semi-estado, al dejar de ser instrumento de represión política de los explotadores, representa una organización política llamada a dirigir la economía, la vida social y la cultura de la sociedad que construye el comunismo. A medida que se avanza hacia el comunismo y se borran las diferencias de clase, los órganos de gestión estatal pierden su carácter político, cuando desaparezcan las clases, terminarán por fundirse con las organizaciones sociales y se convertirán en órganos de gestión social, por medio de los cuales todos los individuos dirigen los proceos sociales. El Estado se extinguirá, desaparecerán el aparato específico y la profesión estatal, y cada individuo administrará los asuntos públicos durante un tiempo determinado. Aunque ello no sería posible sin el triunfo completo del socialismo internacional, cuando desaparezca el peligro de las fuerzas imperialistas.

Durante el período socialista las funciones de gestión se sitúan en un primer plano. Las masas son llamadas a comprender los mecanismos de la sociedad y las técnicas administrativas. Entonces el Estado como tal se debilita, se reabsorbe en la sociedad por desaparición de su función política, después de haber elevado a la sociedad entera al nivel de conciencia y conocimiento que implican las funciones de organización. Previamente: desaparición completa de las clases, desarrollo prodigioso fuerzas productivas, desaparición división trabajo manual e intelectual, florecimiento individuo libre.

Lenin que a diferencia del resto de la socialdemocracia entendía la necesidad de comenzar con la expropiación de los capitalistas para establecer el control de los obreros sobre los capitalistas, también entendía la necesidad del continuar con el control por parte de la sociedad y el Estado socialista sobre la medida del trabajo y el consumo. Bajo este objetivo, para Lenin los sindicatos juegan un papel preparatorio para la participación masiva de las masas en las tareas técnico-administrativas, en la dirección del Estado y de la producción social (306).

La dictadura del proletariado en la etapa de transición, es tratada por Marx y Lenin, como una democracia de contenido nuevo de los productores, que implica la desaparición de la división del trabajo entre lo político y lo económico, heredado del capitalismo, la extinción progresiva del Estado proletario, la dominación del plan social y la desaparición de las relaciones mercantiles, de la ley del valor y del carácter fetichista de las relaciones entre los productores. Y por efecto, el advenimiento de la conciencia plena de los productores sobre la producción, desapareciendo todo halo místico como situara Marx.

La experiencia ha enseñado que si el Estado proletario transita hacia la dirección burocrática, la simple declaración jurídica de propiedad socialista de los medios de producción, no garantiza la propiedad real, de posesión, control y disposición de los medios y la producción por la clase obrera. Sólo en la dirección teóricamente correcta (desprofesionalización del Estado) puede existir una propiedad real en la que coincida la propiedad jurídica y la posesión efectiva, o sea, la capacidad y control de los poseedores de poner en acción sus medios de producción y el poder de disposición de lo que se produce. El dominio del plan social sobre el mercado con la desaparición progresiva de éste último.

Mientras la burguesía reina más que gobierna a través de los órganos de su Estado de forma no instrumental sino estructural (por la determinación de la base económica), el proletariado no puede reinar sin conquistar el poder, como la burguesía lo hace bajo el capitalismo, porque no detenta el poder económico necesario para influir y dirigir el poder político. Y bajo la dictadura del proletariado la clase obrera debe de gobernar de forma vital el Estado proletario, lo que significa no eternizar la delegación provisional bajo tutela su propio poder político en la planificación de la base económica socialista por construir, pues ello supone caminar en dirección contraria a la extinción del Estado.

Como el objetivo de la burguesía no es la extinción del Estado, sino su reforzamiento, en aras de garantizar la reproducción del sistema de extracción de plusvalía, ésta fundamenta su dictadura de clase en diferentes formas de Estado, donde la democracia representativa, históricamente reciente en el modo de producción capitalista, es una más. Donde incluso en la contemporaneidad tal cometido lo han cumplido dictaduras como la de los coroneles en Grecia o la chilena. Formas de dominación política que varían en función de la coyuntura de la lucha de clases, pero que se mantienen bajo el dominio burgués.

Por el contrario, el proletariado, si bien parte de una forma concreta de dictadura del proletariado, el Estado sea cual sea su forma, en el objetivo comunista es un Estado en extinción, por lo que los mecanismos de representación política deben entrar en un proceso de desfuncionarización y socialización. Bajo la dictadura del proletariado, el Estado de transición al comunismo el debilitamiento del Estado es impracticable si las masas productoras son ajenas a las tareas de administración, control y dirección de la política y la producción, si la división entre las tareas manuales e intelectuales, entre ciencia y trabajo se perpetúa.

Precisamente el Estado surge a raíz de las clases y la división social del trabajo, que determina el surgimiento de una clase liberada del trabajo productivo, que se ocupa no sólo de las tareas de dirección de la producción, sino también en la superestructura, de las tareas estatales, de la ciencia, la filosofía, las artes, etc (307). A lo largo de la sucesión de los diversos modos de producción basados en la explotación del trabajo ajeno, el Estado tiende a perfeccionarse tanto en los aparatos (represivo y de consentimiento) como en la reproducción de la división del trabajo entre gobernantes y gobernados, dirigentes y dirigidos, partido político y masa. El Estado proletario, como pensaban Marx, Engels y Lenin (308), invierte esta tendencia histórica pero el poder mediador del Estado proletario, no garantiza por sí solo un cambio automático de la conciencia de las masas y de la hegemonía de la clase obrera en la transición al comunismo, como paso a la superación de la división del trabajo. Aquí los principios sentados por la Comuna, de socialización del Estado y la producción, mediante los cuales los productores adquieren conocimientos y hábitos de dirección, son los mecanismos más democráticos conocidos para la resolución del problema de las mediaciones de poder del proletariado en la fase de transición.

Para Marx, la clase obrera tiende a controlar el aparato del Estado proletario, aunque de inicio dependa de funcionarios elegibles, revocables y responsables. La esfera del trabajo es absorbida por la práctica política, superando la división absoluta entre política y economía vigentes bajo el capitalismo, superando el economismo. El comunismo es comprendido no como ideal sino como movimiento teórico y práctico, que absorve la economía por la política, la práctica de la producción tiende a convertirse en una tarea directamente política de cooperación recíproca y amistosa, donde las relaciones entre las personas y la administración de las cosas están supeditadas a unas relaciones sociales de la producción en que la libertad y el control consciente de la sociedad es hábito, praxis y ciencia. La apropiación real de las fuerzas productivas es dada por los productores, en base al control de la producción, de forma directa, sin mediaciones de tutela eterna. No hay en el comunismo un retorno al estado natural roussoniano, sino la conquista de relaciones sociales superiores de colaboración recíproca nunca conocidas, donde las relaciones entre las personas cobrarán la mayor importancia fuera del ámbito mercantil, egoísta, competitivo, insolidario, etc., imponiéndose una nueva cultura en la práctica social.

Concluyendo. La toma del poder político por la clase obrera, a través de un proceso revolucionario que destruya el aparato de Estado burgués, no garantiza de por sí la construcción del socialismo. Es la condición necesaria, pero no es suficiente. El proceso de construcción del socialismo implica la correcta comprensión de dialéctica de la lucha de clases bajo la dictadura del proletariado, con la adopción de medidas de organización económica que den salida a las necesidades impuestas por la correlación de fuerzas en la lucha de clases (comunismo de guerra, NEP, etc.), impulsando a su vez la extensión del poder político entre las masas, la participación, control y dirección de estas como motor de la acumulación socialista y la asignación de recursos, en base a la progresiva mejora de las condiciones de vida y el desarrollo integral de todos los miembros de la sociedad, como ley general de la economía política socialista, y la progresiva socialización de las fuerzas productivas, colocando a la dirección política en primer plano, tanto en el ejercicio del poder, como en el desarrollo de la moral y la conciencia comunista, donde los dirigentes deben de ejemplificar, la abnegación y moral comunista, evitando la cristalización de un cuerpo de funcionarios separados de su clase.

Las propuestas iniciales de transformación hacia el comunismo deben de girar en torno al pleno empleo y la universalidad de los servicios básicos (enseñanza, sanidad, etc), la desaparición de la explotación, la socialización de los medios de producción como propiedad colectiva jurídica y real, el permanente progreso y socialización de las fuerzas productivas, la satisfacción creciente de las necesidades de todos los trabajadores sin distinción, la paulatina reducción de los gastos de administración, la socialización de las tareas de defensa frente a la amenaza exterior e interior, la democratización de la planificación económica (de carácter centralizada y no dispersa, con arreglo a un plan democrático que supere el mercado) y del poder político en la perspectiva señalada por Marx de la asociación de los trabajadores libres, en la perspectiva de la extinción de la base objetiva de la existencia de las clases, en la perspectiva del comunismo señalado por Marx en la crítica del programa de Gotha y en los Grundise, rescatados por Lenin en el Estado y la revolución:

  • Superación de la división social del trabajo, entre el trabajo intelectual y manual, entre ciencia y trabajo.
  • Progreso de las fuerzas productivas como base material, donde la automatización más compleja y la aminoración del trabajo manual permita conjugar el trabajo intelectual y físico, pasando el control de la producción a ser la función básica del productor.
  • Superación de la separación entre el interés individual y colectivo en la división del trabajo, que permita la intercambiabilidad de las actividades manuales e intelectuales.
  • Superación de la división entre el trabajador del campo y el obrero industrial, liquidando la oposición entre campo y ciudad, base de la primera división social del trabajo.
  • Desarrollo del trabajo como primera necesidad vital, dejando de ser sólo un medio de vida, donde los productores sean la fuerza productiva máxima de la sociedad, con arreglo al plan social.
  • Reducción del tiempo necesario del productor en la producción, para aumentar el tiempo sobrante destinado al desarrollo multilateral, destacando las tareas públicas de control y planificación social.
  • Desaparición del Estado, cuando las personas esten ya habituadas por la costumbre, sin sujetarse a ninguna norma de derecho, “a observar las normas fundamentales de la convivencia y cuando su trabajo sea tan productivo, que trabajen voluntariamente según su capacidad” (309).

 

4.6.5  La caída de las mediaciones políticas del proletariado ¿revolución o contrarrevolución?

Por lo ya analizado, creo que los procesos habidos en la Europa del Este en la última década del pasado siglo, merecen aunque sea de pasada, un análisis crítico desde nuestra trinchera de clase.

En línea con lo argumentado en los anteriores apartados, concluimos que el triunfo del socialismo depende del triunfo político del proletariado, antes y después de la toma del poder. En la URSS el modelo funcionarial de los planes quinquenales, acelerado tras la reforma de Kruchev, terminó por omitir la iniciativa y dirección de las masas, imponiendo unos criterios exclusivamente productivistas y de mercado que acabaron por asentarse como norma excluyendo los elementos de la educación comunista en la dirección política, abandonando la lucha de clases, al relajar la lucha contra la tendencia hacia la burocratización, el militarismo extremo, el absentismo laboral, la economía sumergida y las tesis revisionistas que renegaban de la dictadura del proletariado y del carácter militarista del imperialismo.

Con estas bases se fue consolidando una burocracia (funcionarios del Estado, del partido y de las empresas) que tras el XXº Congreso del PCUS, poseía, controlaba, dirigía, asignaba, disponía y decidía sobre el proceso de la producción, copiando el modelo de post-industrialización capitalista. Terminando por convertirse en lo que Engels denominara y rechazara como socialismo de Estado que “reunía en una sola mano la potencia de la explotación económica y la opresión política” (310), consagrando la separación real de los obreros de los medios de producción (salvo la propiedad jurídica), la separación de las tareas de dirección y ejecución tanto en la producción como en la superestructura, alejándose del sentido de la construcción socialista: el pase progresivo a manos de la clase obrera del control sobre los medios de producción y de sus condiciones de vida y existencia de forma general en base al centralismo democrático en la economía.

Fue tal negación lo que posibilitó sin resistencias la posterior restauración del capitalismo desde esa misma burocracia, como categoría social que al contrario de lo que algunos pensaran no sólo no estaba ya interesada en las transformaciones socialistas, sino que  se lanzaba en banda al asalto y liquidación de la propiedad socialista, rompiendo la legalidad dotándose de los elementos de expresión política necesarios para tal fin, para la liquidación de los partidos comunistas y del Estado socialista, para la privatización de las grandes empresas, recursos energéticos y la tierra, y para la organización de un nuevo aparato de Estado capitalista.

No fue casual que la clase obrera organizada jurídicamente en sindicatos, asociaciones y el partido no defendieran la propiedad jurídica social y el régimen socialista, y no impidieran con su movilización la caída de lo que supuestamente les pertenecía. La indiferencia del movimiento obrero en la Europa del Este fue la respuesta de décadas bajo una superestructura dirigida por una burocracia tutelar, una política proudhoniana que se basaba en el “socialismo de mercado”, un gasto administrativo-militar extremo, la diferenciación de las clases en el campo y el revisionismo en la lucha ideológica. Aspectos socioeconómicos y políticos que causaron el crecimiento cero de la renta nacional a partir de 1.980, el déficit creciente del comercio exterior con los países capitalistas a partir de 1.970 que se octuplicó alcanzando 17.200 mill. de dólares en 1.981 y el endeudamiento financiero con el FMI que se cuadruplicó en sólo 7 años (1.974-81) alcanzando 90.000 mill. de dólares, aumentando en vez de reducir, el ámbito de actuación de la ley del valor y la economía mercantil. Déficit y endeudamiento que se cubría con parte del excedente de trabajo de obreros y campesinos (reducción de los fondos sociales y de consumo). En 1.989 el coste militar, más el déficit fiscal y la deuda suponían ya casi un 30% del PIB, quebrándose la ley fundamental del socialismo sobre el crecimiento de las condiciones de vida de los trabajadores en general y su desarrollo integral.

Tal repliegue y quiebra ascendente del modelo soviético también causaba una involución sin precedentes en la lucha ideológica, que alcanzó su máximo exponente en plena perestroika cuando Yeltsin, en un nuevo esfuerzo por velar la lucha de clases en la URSS, rehabilita por igual a los verdugos blancos, y los colaboracionistas nazis, con los luchadores de la revolución soviética y el socialismo. Versión rusa de la reconciliación nacional (¿nos suena?). Pero ya antes durante la glasnost (transparencia informativa), se había resucitado los ideales anteriores a la revolución de 1.917, se les otorgaba la discriminación positiva dando voz a todos los anticomunistas, como Solzhenitsyn, a todos los que anhelaban con  enterrar las estructuras socialistas y todo atisbo de ideología comunista (311).

Aquella burocracia en su papel tutelar, poco dispuesta a defender algo que no fuera su propio status social corporativo, ante tamaña crisis económica, política y cultural, se replegó bajo sus intereses inmediatos como categoría social precursora de la nueva clase burguesa, potenciando aquellos cambios (privatización de las fuerzas productivas: materias primas + medios de producción + fuerza de trabajo) y elementos de la ideología liberal, que dentro de la perestroika y la glasnot se llevaron a cabo a través de la presión de las fuerzas sociales procapitalistas ligadas a la superestructura. Ya que los cambios incluso los contrarrevolucionarios, no se realizan sin la dialéctica, y si bien la lucha mundial imperialismo/socialismo era la contradicción determinante de la época, la URSS no saltó sin las contradicciones internas y antagónicas que hemos expuesto en el punto 4.5.9 ya que sin la existencia de contradicciones no existen los saltos, ni los revolucionarios y ni tan siquiera los que marchan hacia atrás la rueda de la historia.

Porque, ¡seamos claros!, el derrocamiento del socialismo en la URSS, constituye una contrarrevolución en toda regla, con los dividendos de un retroceso social sin precedentes en la historia de ningún país, y la destrucción generalizada de las fuerzas productivas soviéticas.

En la Rusia capitalista emergente, los liberales, los socialdemócratas, los ultranacionalistas gran rusos, el nacionalismo fascista de las repúblicas bálticas, el independentismo de Bielorrusia y Ucrania, los nacionalistas musulmanes, los reformistas de la perestroika, los no menos reformistas del ¿ala dura? de la burocracia, y los comunistas defensores del socialismo (minoritarios en la dirección) surgieron de un mismo partido, el PCUS y se desarrollaron dentro de un mismo aparato de Estado, el de la URSS. Explotaron en añicos cuando los elementos antisocialistas descubrieron su apego a la nueva situación que emergía, renunciando a la defensa junto a la clase obrera por la transformación del modelo socialista, rebuscando e impulsando el ropaje ideológico más ancestral (nacionalismo, neoliberalismo, integrismo musulmán, fundamentalismo gran ruso, religión ortodoxa, etc.) para justificar sus fines de representación y dominio político-económico de la nueva burguesía que emergía en la etapa de restauración de lo viejo,  y que después de haber impulsado la sustitución del socialismo por el capitalismo, ¡no estaban dispuestos a renunciar al tren burgués!.

Ni los nacionalismos, ni la ideología liberal fueron la causa del estallido de los Estados exsocialistas, sino un efecto, un arma que empleó la burocracia para proteger y preservar su dominio y su nuevo papel burgués en la restauración capitalista ocultando sus secuelas (miseria y paro masivo) echando las culpas ¡no al capitalismo! sino al régimen anterior, exacerbando las diferencias nacionales y religiosas.

Armas que fueron evidentemente apoyadas desde el exterior por el imperialismo, para la introducción del capitalismo neoliberal sin importar el medio (fascismo, racismo, apartheid, nacionalismos excluyentes, antisemitismo), ni el precio (guerras civiles,  destrucción económica y catástrofe humanitaria). El enfrentamiento de las personas con la nacionalidad, religión u otras características secundarias como fondo, fueron la receta para impedir la resistencia organizada de la clase obrera contra las crisis en general, y contra la restauración del capitalismo en los países exsocialistas en particular.

Resulta quijotesco tras la batalla, escuchar en aquel entonces a líderes izquierdistas, trotskistas e intelectuales de la tercera vía, que llegaron a considerar en la década de los 80 a los Walesa, Havel y Yeltsin como ¡¡¡dirigentes antiburocráticos!!!, cuando de hecho formaban parte de la base social de la restauración capitalista. Y es que en la lucha de clases sólo hay 2 campos, y los cambios sociales revolucionarios hacia el socialismo, o los dirige la clase obrera o lo dirige la burguesía hacia el capitalismo, no hay medias tintas, ya que los grandes movimientos de masas contra el muro en la RDA, Solidarnocs en Polonia y Tiananmen en China, no defendían más socialismo sino que tenían un enfoque claro a favor de la propiedad privada de los medios de producción y la economía de mercado. ¿Acaso eran revolucionarias tales propuestas que iban mucho mas allá de una crítica a la política de los PCs?. No olvidemos también que ya en los países capitalistas una de las tareas prioritarias de la CIA ha sido siempre influenciar en los sindicatos obreros, por lo que el sindicalismo reaccionario jugó un papel importante no sólo en Polonia, sino también en la caída de Allende en Chile y la derrota de los sandinistas en Nicaragua. ¿Nos acordamos de ello?.

La práctica ha demostrado que no siempre los PCs estuvieron a la altura de las circunstancias. Haciendo memoria, la represión de la rebelión de Kronsdant en 1.921 que obligó al PC bolchevique a cambiar la línea político económica coyunturalmente (NEP) sirvió para superar el caos económico dejado tras la guerra y supo atender las necesidades de las masas obreras y campesinas, pero en otra coyuntura diferente (restauración del capital) ni en la URSS, ni en Polonia, ni en la RDA se supo o se pudo llevar una política correcta que mantuviera la satisfacción creciente de las masas dentro de una estrategia de construcción y defensa del socialismo. Así los descontentos sino se resuelven, depende de quien los dirija al final pueden acabar en la dirección equivocada: ¡¡¡la Polonia capitalista sin el POUP 15 años después acompañando a los ejércitos invasores de Irak!!!.

No obstante, al margen de los aciertos o errores de la política del partido en la dirección de las crisis bajo la dictadura del proletariado, no hay que olvidar la trinchera de clase ya que la rebelión de los marineros de Kronsdant su máxima era “soviets sin comunistas”, ¿hacia que dirección hubieran tomado los acontecimientos?, pues hacia el retorno del capitalismo. ¿Y los “consejos” húngaros de 1.956 que coincidía con la ocupación imperialista del canal de Suez?, según Gerhard A. Ritter (conservador de la RFA) tales consejos

“no fueron órganos de la lucha de clases, sino organizaciones improvisadas de lucha de la oposición nacional…meras instituciones transitorias…que habrían exigido…un sistema pluripartidista y un parlamento salido de unas elecciones libres” (312).

¿Se debe ignorar que el tipo de transición hubiesen adoptado tal “sistema pluripartidista” sin la intervención del ejército rojo en 1.956 hubiera sido el retorno al capitalismo?. No olvidemos por otra parte que el aparato de Estado capitalista en determinados países de democracia popular fue absorvido pero no demolido, convirtiéndose en el refugio de las antiguas clases explotadoras (Hungría, Polonia, Checoslovaquia…).

Acerca de las teorizaciones sobre el contenido, la forma y desarrollo de las sociedades esteeuropeas, Trotski, contraviniendo con su propia tesis semimenchevique mantenida durante 20 años de la imposibilidad del socialismo en Rusia sin la revolución en Occidente de forma simultánea (revolución permanente), ante la innegable consolidación del socialismo en la URSS, en su obstinado ataque al “stalinismo”, comenzó a teorizar desde mitad de los años 30 del siglo pasado, que el restablecimiento del capitalismo en la URSS era imposible sin un levantamiento armado de la burguesía, que sólo los tontos podían creer que la restauración de la propiedad privada se pudiera restablecer pacíficamente, que para ello era necesario un violento golpe de Estado con un saldo de víctimas 10 veces superior a los de la revolución y la guerra civil, etc, etc (313). Mandel (dirigente de la IVª Internacional) fiel a éste economismo de lo más vulgar sostendría que la restauración del capitalismo no era posible sin contrarrevolución violenta, que el socialismo no estaba amenazado, que el enemigo principal era la burocracia. Incluso en 1.989 cuando Polonia y Hungría ya se estaban integrando al campo capitalista, Mandel teorizaba que ni la pequeña burguesía, ni la ayuda del capital internacional eran suficientes como para romper la resistencia obrera y restaurar el capitalismo progresiva y pacíficamente en tales sociedades.

Según esta posición en retrospectiva, el planteamiento de Trostki, revolución antiburocrática-revolución permanente, sería la correcta. Siendo así, que los nada comunistas Walesa, Yeltsin y Havel serían sus mentores políticos en tales procesos “revolucionarios” y “anti-burocráticos”. Tal revolución antiburocrática impulsada por un movimiento popular se ajusta al análisis de Trotski sólo en parte, ya que en realidad nos encontramos en un retorno al capitalismo de facto, lo que no deja de ser una contrarrevolución thermidoriana no sólo política sino social, la cual se realizó sin el grado de violencia y número de víctimas previstas por Trotski.

Esta posición economista  y antidialéctica, de una parte de la izquierda política con atribuciones marxistas, que deja el resultado de los acontecimientos al fruto de la espontaneidad, justificaba a las organizaciones trotskistas, para defender la misma posición junto a la socialdemocracia y la derecha, denominando los procesos del este de Europa como revolucionarios, y de forma grotesca los tildaba como una amenaza al imperialismo, dando a entender que la burguesía europea y norteamericana ¡no tenían nada que ver! ya que “desconfiaba” de los movimientos “anti-burocráticos” (314), escondiendo de esta manera tan tonta y ciega el carácter contrarrevolucionario de los movimientos “anti-burocráticos”. Es muy grave la responsabilidad política de quienes cediendo a la ideología dominante han calificado sin ambigüedades, el hundimiento de los Estados socialistas como “revolución” (¿) o “cambios democráticos” (¿), desorientando a las masas obreras.

Tal análisis partía de que en el proceso la lucha principal no era entre las fuerzas pro-socialistas y las fuerzas pro-capitalistas, sino entre la burocracia a secas y el pueblo a secas. Para Trostki el Stalin “thermidoriano” representaba la contrarrevolución mientras que para Mandel el Yeltsin “anti-burocrático” representaría a los trabajadores y la democracia obrera, e incluso Sajarov, ¡que apoyó la intervención yanqui en Vietnam, el estado sionista de Israel y condenó la lucha del pueblo palestino!, era tildado de componente de la izquierda radical en la URSS, en su lucha contra la burocracia y por el multipartidismo.

Mientras en Lituania tras las elecciones de 1989 la derecha hizo entrada en el Congreso de diputados del pueblo, en el que 30 de los 42 escaños lo ocupaban el movimiento nacionalista-burgués Sajudis, Mandel y la IVª Internacional saludaban el avance de la derecha:

“La nomenclatura ha sufrido una derrota política. La democratización ha superado una etapa” (315).

Todos estos posicionamientos son una clara muestra de una miopía fotográfica sobre la naturaleza clasista de los actores en presencia.

     En Checoslovaquia, los trotkistas (Petr Uhl) daban apoyo a los nostálgicos del mercado libre con los que pretendían realizar su “revolución anti-burocrática” retomando el programa reformista de Dubcek apoyando las propuestas que apostaban por la introducción del mercado y la iniciativa privada. En Occidente desde la extrema derecha (Le Pen, Humberto Bossi…), la socialdemocracia y los grupos trotskistas aclamaban la revolución de terciopelo. En 1.988 la oposición checa (Vaclav Havel, Battek, Vaculik…) firmaba un manifiesto por la libertad cívica que reivindicaba el pleno restablecimiento de la empresa privada y la integración en la economía mundial (capitalista), mientras que el trostkista Petr Uhl reivindicaba el pluralismo político contra el stalinismo, contra la burocracia, donde cabía todo el mundo desde la extrema derecha hasta la socialdemocracia anti-comunista. Vaclav Klaus, veterano de la primavera de Praga junto a Havel, y dirigente del Foro Cívico declaraba su admiración por Friedman y Hayek (economistas neoliberales) apostando en Octubre de 1.990 por la economía de mercado. (316).

Desde una posición de clase, los errores y el burocratismo del partido no se remediaban creando organizaciones burguesas y apoyando tácitamente el desarrollo de la propiedad privada (posición mantenida por la socialdemocracia y los trotskistas), Solidaridad en Polonia y la Carta Magna 77 en Checoslovaquia fueron instrumentos del imperialismo y nunca un instrumento para “mejorar el socialismo”, muy al contrario la existencia de organizaciones burguesas antisocialistas financiadas por el capital eran un dique contra el socialismo y del desarrollo en el partido de una línea de clase y de masas.

Tales análisis eran no obstante fieles a las tesis de Trotski, y sus continuadores. Abanderando el economismo consideraban erróneamente a la vista de los acontecimientos, que la “revolución” contra la burocracia sería de carácter político y no social, ya que sólo se trataba de derribar su poder y no de cambiar la base económica de la sociedad socialista. El enemigo a combatir en todos los frentes siempre era el partido “stalinista” y  la “burocracia” del Estado,  la nueva revolución sería “una revolución política para transformar el Estado bonapartista proletario en una democracia obrera” (317) escondiendo que las fuerzas sociales antisocialistas se levantaban ideológicamente contra el comunismo y políticamente contra la dictadura del proletariado cualquiera que fuera su forma, y socialmente contra la propiedad socialista y su economía, con lo que la “revolución” prometida acabó por tornarse en contrarrevolución,  y los líderes de la “revolución antiburocrática” trotskista acabarían por introducir las maravillas de la democracia burguesa y el libremercado.

Mandel que se hizo defensor de la perestroika, catalogaba a Gorbachov, Yeltsin junto a Trotski como los revolucionarios defensores del socialismo, mientras que los bolcheviques bajo la época de Stalin eran los burócratas contrarrevolucionarios que liquidaban el socialismo. Desde tales páramos no es de extrañar que los trotskistas acabaran a coro con todas las corrientes oportunistas en el movimiento obrero (socialdemócratas, revisionistas, nueva izquierda…) en sostener desde el principio el proceso contrarrevolucionario encabezado por Yeltsin, dando apoyo al verdadero golpe de Estado que liquidó la URSS en agosto de 1.991. A partir de ese momento, el proceso de restauración del capitalismo en su fase neoliberal, ya no daba lugar a dudas de la naturaleza antisocialista de clase de tales políticos.

El 24 de agosto de 1991 Gorbachov disuelve y prohíbe el PCUS, Yeltsin ya se había adelantado en Rusia prohibiendo el PCUS incautando sus archivos, siguiéndole las repúblicas de Moldavia, Estonia, Letonia y Lituania. El 8 de diciembre de 1991 Yeltsin, Kravchuv (Ucrania) y Shuskévich (Bielorrusia) proclaman la disolución de la URSS informando de ello a Bush I para obtener su aprobación. Con todo el poder en sus manos Yeltsin y los presidentes de las repúblicas independizadas se lanzaron a por el botín, a la privatización salvaje, al robo de la propiedad socialista, después llegaría el aplastamiento de toda resistencia a la deriva del capitalismo neoliberal, exportando la vía chilena al capitalismo con el bombardeo al parlamento ruso y la sangrienta matanza en las calles de Moscú en 1993. El asalto al parlamento ruso dio un saldo de 90.000 personas detenidas, además de 2.000 muertos entre los que se incluyen a numerosos diputados. El régimen especial de Yeltsin consolidado con apoyo occidental, prohibió a las organizaciones de izquierdas, entre ellas el PC ruso y sus publicaciones. En las legislativas de 1993 el bloque de izquierdas liderado por el PC ruso de Ziuganov obtuvo casi el 30% de los votos frente al 15,5% de Yeltsin. En junio/julio de 1996 en las elecciones presidenciales, en la primera vuelta Yeltsin y Ziuganov quedan empatados, para luego cometer Yeltsin fraude generalizado en la segunda vuelta, en unas elecciones que fueron justamente ganadas por el candidato del PCFR G. Ziuganov.

Era curiosa la acogida de la perestroika no sólo entre la “nueva izquierda” y el trotskismo militante, sino entre los mismos representantes del imperialismo. Porque si de repente las transformaciones en los países socialistas revestían supuestamente un carácter “revolucionario”, de “renovación” y “desarrollo del socialismo”, paradójicamente recibieron un caluroso apoyo de los Bush, Tatcher, Kohl, Miterrand y otros líderes del mundo imperialista. ¿Desde cuando los imperialistas saludan las “revoluciones”?. Incluso Bush llegaría a presentarse como el máximo defensor de la perestroika en los países socialistas, y reconocería que la perestroika surgió en un contexto de renacimiento de las fuerzas norteamericanas, lo que dice todo sobre el carácter antisocialista mundial del alcance de la perestroika.

En realidad, estas “revoluciones” en Europa oriental, nunca fueron espontáneas, ni fueron fruto de la casualidad, ni del destino. En cada país se observaron la estricta coordinación de acciones de las fuerzas políticas exteriores, la emigración, la iglesia, representantes de las clases explotadoras derrocadas, nacionalistas y revisionistas del comunismo, los cuales al llegar al poder se apresuraron a organizar la persecución de los comunistas y restaurar los partidos burgueses reaccionarios.

Incluso los arquitectos de la restauración no escondían ya sus propósitos antisocialistas, ni se avergonzaban de ello. Evgueni Bajanov, partidario de Yeltsin, no dejaba sombra de dudas:

“…La izquierda trabaja para conseguir la ruptura con el capital occidental, la expropiación de los explotadores, la socialización de los medios de producción. Si los medios gubernamentales de Singapur hubieran mostrado debilidad, el país habría sido desgarrado por las luchas político-ideológicas, habría conocido el caos en la producción y en la sociedad. Además los radicales habrían podido usurpar el poder. Lee Kuan Yew reprimió a la izquierda y aseguró un desarrollo impetuoso de las fuerzas productivas de este Estado insular…Veamos ahora lo que pasa en nuestro país. Una tarea totalmente diferente se plantea para la sociedad soviética. No consiste en proteger el sistema económico vigente, sino en proceder a una reestructuración radical, revolucionaria de nuestro mecanismo económico. Lee Kuan Yew se limitaba a proteger su sistema, mientras que Gorbachov se ve obligado a suprimirlo” (318).

Proceso de restauración donde la perestroika y la glasnot sirven como antesala para pasar al modelo capitalista de los tigres asiáticos, suprimiendo la economía socialista, y una vez instaurado el capitalismo, su defensa contra el movimiento obrero, sindical y la izquierda antineoliberal serán necesarios. ¡¡¡He aquí la “revolución” que pregonaban desde Bush, Tatcher hasta el inocente Mandel, “revolución” contra el socialismo y contra las conquistas del movimiento obrero!!!

Antesala que en el XXVIIIº Congreso del PCUS culminó con las bases económicas e ideológicas para la implantación definitiva de las relaciones de producción capitalistas:

1.-Restablecimiento del capitalismo por medio de la economía de mercado: “Las ventajas de la economía de mercado han sido probadas a escala universal…la economía de mercado es la alternativa al sistema administrativo de ordeno y mando de la economía nacional…” (319).

2.-Restablecimiento del capitalismo por medio de la desestatalización  y la empresa privada: “Nada impide empezar desde hoy mismo a transformar las empresas del Estado en sociedades por acciones, crear una verdadera libertad de empresarial arrendar las pequeñas empresas, los comercios, incluir en la esfera de la compraventa las viviendas, las acciones y otros títulos, una parte de los medios de producción” (320).

3.-Restablecimiento del capitalismo por medio de la integración en la economía capitalista mundial: “El saneamiento de la economía soviética depende, en gran medida, de la forma en que se integrará en el sistema de la división internacional del trabajo” (321).

Estas propuestas formaban parte de los documentos y materiales para la discusión del XXVIII Congreso del PCUS. Los objetivos ya no se escondían con subterfugio, se declaraban a gritos. A partir de ahí el asalto a la propiedad social estaba anunciado y una vez organizado el  hundimiento económico, el capitalismo se presentaría como la única salida, la planifación socialista y la propiedad social de los medios de producción eran desmanteladas.

La decisión de pasar a la economía de mercado y la empresa privada significó el toque de corneta para el sabotaje de la economía planificada y el robo de la propiedad social, formándose una nueva clase de empresarios. Especulación con la falta de productos de primera necesidad, subida cósmica de los precios, acumulación de fondos económicos para emprender las privatizaciones por medio de la compra de acciones y propiedades del Estado. Consecuencias inmediatas de la economía de mercado como valor “universal”: la producción industrial descendió en 1.990 un 0,8% y la de 1.991 un 1,5%. El déficit presupuestario pasó de 60.000 mill. de rublos a 250.000 mill. en el mismo período (322). Pero eso no era nada con la avalancha que se avecinaba en la siguiente década neoliberal.

     Nada de marxismo-leninismo, nada de más socialismo, Gorbachov y la mayoría procapitalista del PCUS descubrían los valores universales del trabajo asalariado y del capital privado. Para el nuevo proletariado el trabajo asalariado con el mínimo social, para la nueva burguesía la plusvalía y el máximum en beneficios. Curiosamente quienes habían rechazado la lucha de clases en la fase de transición al socialismo bajo la dictadura del proletariado, ahora ¡¡¡reconocían la existencia de las clases en la transición al capitalismo!!!, resucitando sin embargo el nacionalismo gran ruso para reivindicar la unidad nacional y apagar la lucha de clases que se encendía:

“¿Cuándo dejaremos de dividirnos en rojos y blancos? ¡Somos un mismo país, un mismo pueblo!” (323).

Este desenlace teórico no debieramos de olvidar que tuvo su origen en el XXº Congreso donde ya el revisionismo de Kruschev pretendió que en la URSS no habían clases, que el PCUS era el partido de todo el pueblo, y el Estado era de todo el pueblo. Esa teoría serviría para derribar la dictadura del proletariado, encubrir el burocratismo y la diferenciación salarial y de fondos de consumo entre la clase obrera y las categorías sociales no obreras (gerentes de empresas estatales, intelectualidad, cargos públicos…). Enterrado el marxismo-leninismo el pueblo soviético descubriría que el motor de la historia no era la lucha de clases, sino los individuos más preparados y mejor remunerados (obreros calificados, ingenieros, médicos, gerentes…), variante socialdemócrata que campeaba en Europa occidental desde Kausty hasta nuestros días.

Pero también había que liquidar al partido desde fuera. Por eso en 1.988 Gorvachov gritaba “todo el poder a los soviets” para desplazar el centro de decisión del partido a los órganos del Estado, cuestión decisiva para la posterior ola de transformaciones encabezadas por Yeltsin tras el golpe de agosto de 1.991. Para Lenin los soviets eran el instrumento de dictadura del proletariado contra las antiguas clases explotadoras, por eso la consigna de todo el poder a los soviets era rechazada cuando éstos eran dominados por los reformistas aliados con la burguesía (julio 1.917) o los antibolcheviques aliados con la contrarrevolución (rebelión de Kronstadt). Reivindicar el poder a los soviets en 1.988, era dar cobertura legal a todas las opiniones burguesas y contrarrevolucionarias.

Paralelamente a ello en lo interno se acrecentaba la liquidación del partido no sin antes acabar con el centralismo democrático tolerando la creación de corrientes estables en plataformas desde 1.987. Después del XVIIIº Congreso se formó la plataforma democrática dentro del partido encabezada por Yeltsin y Afanasiev entre otros, que acabaron por abandonar el partido y fundar el Partido Republicano de la Federación Rusa de orientación capitalista, para representar los intereses de la nueva patronal y arrastrar a la mayoría del aparato del partido en esa dirección. Una vez instalado en el cargo de Presidente de la Federación rusa, Yeltsin en su proyecto de nueva Constitución de la República Federativa de Rusia (noviembre 1.990), suprimiría la palabra socialista, y promulgaría el derecho a la propiedad privada de los medios de producción.

La primera forma de pluripartidismo burgués fue por medio de los partidos nacionalistas de carácter reaccionario entre las diferentes nacionalidades no rusas, los “frentes populares” de Lituania, Letonia y Estonia, reivindicaban el derecho a la propiedad privada, la defensa de la privatización de las empresas estatales y el estimulo de la inversión de capital extranjero.

La nueva burguesía se dividía políticamente en dos sectores, una la burguesía local de las nacionalidades que apostaban por la independencia, recurriendo al nacionalismo reaccionario para ejercer su dictadura sobre la clase obrera e integrarse económica y políticamente al campo imperialista yanqui y alemán, otra burguesía ligada a la gran industria, el ejército y el aparato central del Estado que abogaba por la unidad de las 15 repúblicas para disponer de un vasto mercado unificado y convertir la URSS en una gran potencia capitalista. En el golpe de agosto de 1.991 fué el desenlace en el que se enfrentaron las dos tendencias mayoritarias: Yanaev representaba los intereses de transformación “progresiva” de la URSS en una potencia capitalista unificada, mientras Yeltsin con el apoyo de la CIA representaba los intereses de la fragmentación de la URSS bajo el protectorado occidental.

El imperialismo y la socialmemocracia habían entendido lo que traerían las reformas de la perestroika, nuevas posibilidades de mercado en el este, dada las diferencias del desarrollo tecnológico, fuerza de trabajo a buen precio y materias primas y energéticas en condiciones ventajosas, por eso apoyaban y sostenían a los radicales de la perestroika, que con Yeltsin al frente en los aparatos del gobierno soviético asumían con mayor clarividencia la ideología democrático-neoliberal, actualizando las posiciones proburguesas más radicales que ya se dieran en Hungría (1.956) y Checoslovaquia (1.968).

Y ya inmersos en el capitalismo, comenzó un verdadero genocidio, los nuevos capitalistas se apropiaron de los ahorros de la población, se extendían el hambre, el frío, la falta de medicamentos, la desintegración de la atención sanitaria, y la criminalidad. El 90% de la población conoció lo que era estar bajo el umbral de la pobreza, el consumo de carne, leche fruta y pescado descendió vertiginosamente tras el derrumbe (más del 20% en 1.993), Amnistía Internacional defensora de los derechos humanos (Sajarov, Soljenitsyn) no sabía nada del goulag capitalista, de las nuevas decenas de millones de subalimentados, hambrientos, millones de niños enfermos crónicos, viejos empujados al suicidio, pobres obligados a vender sus órganos, jóvenes sin trabajo esclavizados sexualmente, el derrumbe demográfico de millones, etc. El capitalismo ruso se había desarrollado siguiendo el ejemplo de la acumulación originaria del capital denunciada por Marx: despojo de las propiedades, los ahorros de la población, robo de materias primas, tráfico de armas, seres humanos y narcotráfico.

¡He aquí la obra criminal para alcanzar la libre empresa y el libre comercio, he aquí la doble moral del occidente imperialista!:“¡Sí, son ladrones, estafadores, pero son hombres de negocios, adalides de la libre empresa!”. También en lo político funcionaría la dictadura de clase contra la democracia burguesa, Yeltsin para imponer su dictadura bonapartista de representante del capital financiero, especulador, mafioso y proyanqui, en agosto de 1.991 prohibiría el PCUS, durante el periodo de 1.992-93 estando en minoría parlamentaria, disolvería el consejo de diputados del pueblo, bombardearía el parlamento, detendría a los jefes de la oposición burguesa, prohibiría las organizaciones marxistas-leninistas, disolvería el consejo comunal de Moscú, y reforzaría su poder personal en los aparatos del Estado ruso. La democracia burguesa occidental felicitaría a Yeltsin por el bombardeo del parlamento y el asesinato de parlamentarios que ayudó consolidar el poder político de la mafia financiera rusa contra la fracción burguesa industrial. Chubais, viceprimer ministro de Yeltsin y su equipo, privatizaron la industria y el comercio, cogieron una lista de todas las 122.000 empresas estatales y fijaron un precio de ¡menos de un 3% de su valor real!, el objetivo era reemplazar la maquinaria de administración soviética con un sistema compatible con una economía de mercado. Vendieron todo el país y en las arcas públicas no quedó dinero ni para pagar pensiones, ni un salario digno. ¡¡¡Toda una “revolución anti-burocrática”!!! ¿A que sí?.

Ya en el “otro mundo posible” capitalista, en uno de sus últimos actos, la forma en que los mass media occidentales nos presentan la victoria del ultraliberal Yushchenko en Ucrania es parecida a los análisis subjetivistas de la socialdemocracia y los grupos trotskistas, victoria electoral subvencionada por dinero yanqui y apoyo de la UE como una “revolución naranja”,  fieles a su arte de esconder la realidad objetiva: la finalidad de este movimiento neoliberal, combatido por los mineros del Don, es anexionar Ucrania a la UE, y controlar el movimiento obrero ucraniano. Y es que el oportunismo en el análisis supraclasista se ha asentado desde la caída del socialismo real de forma permanente, como una enfermedad senil en la izquierda aliada del imperialismo.

También hay que añadir que esta contrarrevolución ha afectado a la correlación de fuerzas internacionales con el imperialismo, no nos hemos escapado los trabajadores/as de occidente de este influjo reaccionario. Es falso suponer que el capitalismo es más tolerante con los explotados que otras formaciones sociales anteriores, la única distinción es la que permite diferenciar los periodos de conquistas sociales con los de regresión social. Estas etapas bajo el capitalismo han sido variables y siempre han dependido más de la intensidad de las luchas de clase que del estancamiento o expansión de las fuerzas productivas, por lo que sigue siendo válida la tesis de que el capitalismo no se auto extinguirá por sus crisis, será erradicado por la acción política de los explotados para forjar la alternativa socialista.

Precisamente la generalización del Estado de bienestar en los países capitalistas fue un producto histórico de un periodo en el que había altos niveles de rivalidad entre los países socialistas y los países capitalistas, y en el que el movimiento obrero de los países capitalistas predominaba la orientación de la lucha de clases. Cuando los países socialistas implantaron mayores prestaciones sociales para sus ciudadanos, pleno empleo, seguridad laboral, atención sanitaria universal, educación superior gratuita, mes de vacaciones pagado, pensiones equivalentes al salario íntegro, complejos vacacionales para familias obreras y bajas por maternidad prolongadas, el movimiento obrero de los países capitalistas tenía un referente para forzar al capitalismo a asumir la legislación de los países socialistas. El temor de los gobiernos capitalistas era que la clase obrera siguiera el ejemplo soviético. La clase capitalista aplicó una estrategia para contrarrestar la influencia soviética, represión selectiva de la izquierda radical, los comunistas, y concesiones de bienestar para garantizar la lealtad de sindicatos, partidos socialdemórcratas y demócrata cristianos. El progreso social en occidente fue la consecuencia del equilibrio internacional de fuerzas y el pacto de las clases dominantes con la socialdemocracia, a cambio de la amenaza de una revolución socialista. Cuando esta amenaza desaparece la oligarquía financiera entiende que ya no tienen amenazas, ejecutan su ofensiva y  desmantelan el bienestar social. Fiedrich Hayek, economista austriaco padre del neoliberalismo, reconocía que sin la revolución socialista en Rusia, el estado de bienestar no hubiera sido posible en Europa.

Ya hemos señalado que parte de la izquierda tiene mucha responsabilidad al defender los procesos de contrarrevolución en el Este que al final acabaron por afectar en la balanza a la clase obrera de Occidente. En Polonia la inmensa mayoría de los trabajadores de los astilleros de Gdanks afiliados a “Solidaridad” fueron despedidos, mientras que sus dirigentes pasaron a convertirse en políticos y empresarios prósperos. Los socialdemócratas y trotskistas de Occidente bajo el manto del anti-stalinismo prestaron un valioso servicio no sólo a la contrarrevolución sino para acabar en los países socialistas con el Estado de bienestar para decenas de millones de trabajadores, pensionistas y sus familias. Una vez que esto pasó, las clases capitalistas dejaron de necesitar de competir con la tarea de igualar las concesiones de bienestar social en sus países, y el bienestar social de los países capitalistas empezó a ser desmantelado. En realidad, los sistemas de bienestar social en los países capitalistas estuvieron más influenciados por sus rivales socialistas, que por las críticas de los antistalinistas marginales.

Por el contrario, en Latinoamérica la ofensiva neoliberal duró sólo una década, se impulsó una militancia de clase y se recuperó el terreno perdido. A finales de la última década del siglo pasado, la fuerza de trabajo incrementaba su cuota de renta nacional, los gastos sociales aumentaban y el estado de bienestar iniciaba la senda de la recuperación en contraste con lo que sucedía en EE.UU. y la UE. En China las luchas obreras promovieron que el Estado y la clase empresarial aplicaran una legislación por el bienestar social en una época en la que los países del sur de Europa vivían en un proceso de recortes sociales y aumento del paro.

Contrariamente a los delirios de la izquierda anti-stalinista, no ha surgido en ninguna parte la “democracia socialista post-stalinista”. Los agentes del derrocamiento del Estado socialista y los principales beneficiarios del vacío de poder han sido la oligarquía financiera y las viejas clases explotadoras que saquearon el Este de Europa. También hay que recordar que en la “lucha por la igualdad” las feministas anti-stalinistas ocultan su complicidad con la esclavización y la degradación de sus hermanas del Este de Europa y de Afganistan, estaban demasiado ocupadas agasajando a agentes imperialistas como Vaclav Havel y Lech Walesa. El anti-stalinismo militante ha sido rebasado por la contrarrevolución neoliberal y mientras que los intelectuales siguen alardeando de su victoria sobre el stalinismo, la clase obrera que vive en el Este siguen una lucha militante para recuperar las conquistas de bienestar de los estados socialistas destruídos y calumniados.

4.6.5.1 Ni olvidar, ni confundirse de bando. No perder la esperanza.

Este abandono de la dialéctica, común a gran parte de la denominada izquierda y “marxista”, les ha llevado a considerar la experiencia soviética como ¡una pesadilla!, sin conexión alguna con el marxismo.

Si seguimos este sendero, descubriremos (¿) que la Constitución soviética de 1.936 que a diferencia de la de 1.924 si hacía referencia a la propiedad socialista de los medios de producción, la eliminación de la propiedad privada sobre tales medios y la supresión de la explotación del hombre por el hombre, consagraba como derechos fundamentales de los ciudadanos (324) y la igualdad real de las naciones, lo que en ningún país capitalista se garantizaba ni se garantiza, esa constitución, para el análisis antidialéctico en el método y derrotista en el fondo, ¿nunca existió?:

  • derecho al trabajo y supresión del paro,
  • educación gratuita, los universitarios recibían un salario,
  • derecho al descanso con jornadas laborales de 5 días y 7 horas diarias para los obreros y 6 horas para los trabajos “especialmente difíciles” (mientras en los países capitalistas la clase obrera sufría la ofensiva del capital por la ampliación de la jornada laboral),
  • vacaciones anuales pagadas con una red de casas de descanso y clubs a disposición de los trabajadores,
  • los sindicatos podían prohibir despidos y destituir directivos,
  • asistencia económica por enfermedad y pérdida de la capacidad de trabajo,
  • jubilación garantizada, 55 años para las mujeres y 60 para los hombres,
  • sanidad gratuita,
  • regulación de todos los precios y subvención de los alimentos básicos, la vivienda, los libros, los periódicos y las actividades culturales, el alquiler representaba el 2-3% del salario y el agua y los servicios públicos un 4-5%,
  • balnearios públicos a disposición de los trabajadores,
  • gratuidad de toda clase de enseñanza desde la primaria hasta la superior,
  • igualdad de la mujer en “todos los dominios de la vida económica, pública, cultural, social y política”,
  • protección de la maternidad como tarea social, y no privada o familiar, con la creación de un sistema estatal de ayudas sociales: gratuidad de las casas de maternidad, casas-cuna y jardines de infancia,
  • igualdad de derechos de los ciudadanos soviéticos de todas las nacionalidades, persecución de todo tipo de discriminación racial y nacional,
  • igualdad de todas las naciones de la URSS,
  • libertad de palabra, reunión y manifestación con “las condiciones materiales para su ejercicio” (imprentas, calles, edificios, medios de comunicación, etc.),
  • derecho de asociación en sindicatos, cooperativas, juveniles, culturales, deportivas, científicas, etc.,

Stalingrado en la lucha contra el nazismo ¡nunca existió!. Los logros del socialismo (derecho a la vivienda, pleno empleo, economía planificada, agricultura colectiva, educación y sanidad gratuitas, apoyo a las luchas revolucionarias de otros países) son ignorados. El que durante 45 años en Europa no hubiese ninguna guerra tampoco tuvo nada que ver la existencia de la URSS. El que la URSS no se dedicara a exportar ni importar capitales como lo hace el imperialismo, no desmerecía el calificativo de socialimperialista a la URSS…

¡Ay!, que izquierda tan “marxista” es aquella que abandona la dialéctica, utilizando los errores y deformaciones no como instrumentos para analizar desde la crítica y la autocrítica, sino como un arma arrojadiza confundiéndose sistemáticamente de trinchera de clase, haciendo coro con el enemigo clasista que pretende estirpar el ideario comunista, borrando de las clases explotadas la memoria revolucionaria al criminalizar el pasado, tratando de impedir un futuro comunista que se beneficie de la crítica constructiva del pasado revolucionario.

Las fuerzas sociales dirigentes que intervinieron en tales movimientos “anti-burocráticos” no eran el movimiento obrero. La clase obrera moscovita ni siquiera movió un dedo para frenar el golpe de agosto de 1.991 en la URSS. A pesar de todo la clase obrera y las masas populares en general, no rechazaban el socialismo y apostaban por el mantenimiento de la URSS (referédum de marzo 1.991), no olvidemos que las elecciones legislativas en Rusia de 1990 el PCUS obtiene el 90% de los escaños, en un proceso con distintas candidaturas y el referéndum sobre la continuidad de la URSS el pueblo soviético lo ratificó con el 80% de los votos. En 1990, sólo el 4% de los soviéticos deseaba acabar con el control de los precios por parte del Estado y sólo un 18% estaba a favor de promover la propiedad privada. La mayoría aplastante era todavía consciente de las ventajas del socialismo: más seguridad, menos crimen, mayor nivel cultural, servicios públicos gratuitos, empleo y formación garantizadas. En este contexto no fue casualidad que de forma muy cuidadosa los eslóganes utilizados durante la perestroika fueran “revolución dentro de la revolución” y “más socialismo”, era necesario el ropaje ideológico socialista para lograr la aprobación de las masas.

Por tanto, la base social dirigente de la restauración la formaban una parte de los funcionarios del partido, del Estado y de la intelectualidad, las fuerzas políticas e ideológicas de las viejas clases explotadoras (propietarios y especuladores), los nuevos elementos burgueses (gerentes de empresas estatales y cooperativas), que se desarrollaron al calor de las reformas económicas en los países socialistas y sin olvidar a las fuerzas imperialistas que de forma clandestina y abierta actuaban en tales países (redes Gladio en la Europa del Este).

La esperada “revolución anti-burocrática” en esencia no fue mas que una contrarrevolución anti-comunista. El socialismo existente no se vino a pique ni por las guerras que el imperialismo desató, ni porque la clase obrera reivindicara el capitalismo, la caída del socialismo es más obra del caballo de Troya, de sus contradicciones internas sin solucionar en la construcción del socialismo, que del papel eficaz del enemigo externo que también intervino. Incluso el ejército rojo, que no estaba al servicio de oligarquía capitalista alguna, nunca estuvo dispuesto a volver sus armas contra los ciudadanos soviéticos, incluso cuando éstos dejaban de prestar su apoyo-consentimiento al Estado y se movilizaran en su contra, lo que dista mucho de la naturaleza represiva de los ejércitos capitalistas cuando tocan corneta contra la democracia.

El hecho de la supervivencia del capitalismo a nivel mundial no significa que el socialismo esté condenado, la presión exterior a la URSS sólo se hace amenazadora cuando en el interior existen fuerzas intersadas en restaurar el capitalismo. Ya durante el deshielo del XXº Congreso del PCUS con el Informe “secreto” de Kruchev se dió carta de legalidad para la infiltración de la quintacolumna en el partido, siendo rehabilitadas personas juzgadas por actividad antisoviética, los cuales se incorporarían en el aparato del Estado, el partido y en medios de comunicación (periodicos, revistas, televisión, radio…), por ej., Yakovlev, mano derecha de Yeltsin fue rehabilitado en ese congreso.

La imagen de una URSS sin clases en los 80 estaba fuera de lugar, incluso el planteamiento de dos formas de propiedad socialista estaba era inexacto, ya que en aquella época aunque la propiedad social era mayoritaria y dominante, todavía existía una economía plural, comercio al por menor con la utilización individual de los medios de producción sociales (albañiles en mercado negro, chóferes en mercado negro, cesión de parcelas individuales…). Las medidas económicas que adoptó la perestroika (1.987-88) legalizaron tanto el pequeño comercio como el comercio al por mayor, profundizó aún más en el poder de los directores de las empresas estatales, lo que permitió a las categorías sociales afectadas buscar sus medios políticos para proteger e impulsar sus intereses económicos dirigiendo su objetivo social hacia la propiedad estatal.

La progresiva desideologización (catapultada por Gorbachov y el “nuevo pensamiento”), la desmovilización y desarme moral de las masas soviéticas, provocada por la pérdida del prestigio del partido comunista y la amplia difusión de la ideología burguesa en el partido, siendo el revisionismo la línea oficial, acabó también por tener sus consecuencias.

El debilitamiento de la lucha de clases tanto a nivel internacional como interno alcanzaría su cenit, parejo con el resurgir de las clases explotadoras. La nueva sociedad rusa pasó a ser, como decía Kiva Maidanik (325), a principios de los 90 del siglo pasado, el pueblo más conservador, con los valores de izquierda y revolucionarios de lo más atrasado y donde la solidaridad internacionalista era inexistente. Prueba de ello lo daba el antitercermundismo militante no sólo de las organizaciones políticas, sino el sentir de parte importante de la población. La campaña ideológica anticomunista que magnificaba el fracaso del modelo socialista, que exponía la inutilidad de la idea comunista, y que ignoraba e insultaba a los luchadores contra el nazifascismo y el colonialismo, era una prueba de la debilidad de la izquierda en el momento de la caída de la URSS y otros Estados socialistas, lo que dice mucho del carácter no revolucionario de tales movimientos.

Y si aplicamos la dialéctica en el ámbito internacional, la restauración completa del capitalismo en los países exsocialistas ha traido como resultado la destrucción de las fuerzas productivas, y en algunos Estados (paises bálticos, Polonia, Chequia, Ucrania) los criminales de guerra nazis reciben honores mientras que los héroes y los símbolos de la lucha y victoria antifascista son perseguidos. La restauración ha traido la aparición de las formas de explotación y opresión mas odiosas,  y ha permitido al imperialismo desencadenar la primera guerra de agresión en Europa después de 1.945 en Europa y sobre el pueblo yugoslavo.

La contrarrevolución no sólo ha triunfado en los ámbitos nacionales de los países de Europa Oriental con el desmantelamiento de todas las conquistas sociales y económicas de los trabajadores/as, la contrarrevolución también ha avanzado en el ámbito internacional, desde la desaparición de la URSS, roto el equilibrio de fuerzas mundial (imperialismo/socialismo), el neoliberalismo se ha impuesto como modelo para superar la crisis del sistema que desde la década de los 90 viene apisonando todos los derechos y conquistas de la clase obrera y de las naciones dependientes por todo lo ancho del planeta: bancarrota del estado de bienestar, guerra en Europa (Yugoslavia) y escalada bélica por el control de los recursos energéticos.

En realidad, los movimientos “anti-burocráticos” no sólo no solventaron las contradicciones de la construcción del socialismo, ya que no era tal su propósito. No vinieron a traer “más socialismo” como prometía Gorbachov con sus reformas planteadas en el PCUS desde abril de 1.985, sino que vinieron a liquidar el socialismo existente con la alternativa capitalista.

No fue el progreso social, sino el retorno al pasado, no fue la sustitución de la burocracia y la instauración del “gobierno barato” que Marx, Engels y Lenin preveieron para el socialismo, sino la sustitución por  la burocracia capitalista, burocracia del Estado burgués y burocracia de la libre empresa. El grito de más socialismo se tornó en más burocracia de naturaleza capitalista y mafiosa, ya que ni siquiera se pretendía restaurar la forma más democrática de la dominación capitalista (democracia burguesa + Estado de bienestar), sino en una de sus vertientes más reaccionaria: la neoliberal, sirviendo de paso a los objetivos imperialistas. Tal es así que podemos asentir que los objetivos del imperialismo yanqui de la guerra fría se habían cumplido: liquidación del socialismo existente y fragmentación de los estados. ¿Amen?.

4.6.5.2 El imperialismo al asalto de la Europa del Este

El ejemplo de la antigua Yugoslavia también es exclarecedor, de lo que prometían las reformas procapitalistas y los movimientos antisocialistas. A fines de la década de los 60 se aprobaban medidas proudhonianas que tendían a fomentar la competitividad entre las empresas, por medio de la determinación del valor de los bienes por el mercado (oferta y demanda). La autogestión yugoslava excluía la planificación económica, impulsaba la competitividad capitalista entre las empresas, siendo el mercado y no el plan social, el garante de la regulación económica, aumentando las desigualdades. La fijación de salarios se daba sobre la base de las ganancias de la empresa, aceptando la renuncia al pleno empleo, abriendo las puertas a la emigración hacia Europa (Alemania principalmente) para descargarse del problema del paro, incubando fuertes desequilibrios entre las repúblicas federadas que se agudizaban a fines de la década de los 80, mediante la aplicación de un programa de ajuste tendente a resolver la deuda externa, que rebajaron los derechos sociales y el poder de la clase obrera en las fabricas, con la privatización de los servicios sociales y de las ayudas al consumo. En la República Federal de Yugoslavia comenzaron a convivir zonas con fuerte desarrollo industrial y económico (Eslovenia, Croacia y Serbia) y zonas como Montenegro, Kosovo, Bosnia, Macedonia, y parte de Serbia, más afectadas por la pobreza con un producto social por habitante por debajo de la media, y el desempleo crónico, que en 1.990 rozaba ya el 20% en toda la República. La actividad industrial caía, la inflación se disparaba por encima del 70% y la reducción del salario real por encima del 40%, siendo despedidos centenares de miles de obreros, aflorando los elementos de insolidaridad entre la propia clase obrera yugoslava, que acabaron por ser la base material, el terreno fértil de los nacionalismos xenófobos y excluyentes. El imperialismo alemán y el Vaticano pulsaron el interruptor.

Esta situación se repetía en Estados socialistas en el nombre, que por fuera eran muy revolucionarios y daban apoyo a movimientos antiimperialistas y no alineados, pero que por dentro hacían pagar a la clase obrera las medidas de ajuste acordadas con el FMI (caso Rumanía, Yugoslavia, Bulgaria, etc.), para sufragar la deuda externa que limitaba las importaciones de tecnología de Occidente reduciendo la productividad en todas las ramas industriales, provocando la crisis económica con el estancamiento de las fuerzas productivas. La estrategia del endeudamiento fue la mejor arma empleada por el imperialismo contra el socialismo, y las clases obreras de Oriente degastaron su vitalidad revolucionaria al quedarse huérfanas de dirección e independencia política frente a la restauración del capitalismo.

Algunos países se incorporaron al FMI, Rumanía lo hizo en 1972, Hungría en 1982, Polonia en 1986… Las importaciones de grandes cantidades de bienes de consumo para la población se hizo a costa de un proceso de endeudamiento que se convertiría en lastre para las economías. Las reformas aplicadas en los países socialistas en la década de los 80, estuvieron dirigidas a favorecer las políticas de ajuste que el FMI había pactado con la dirección política de los países que entraron en la órbita del crédito financiero del FMI, tal y como ya se había hecho en los países subdesarrollados, lo que supuso la introducción de medidas para una mayor flexibilidad de los precios de bienes de consumo y del monopolio estatal del comercio exterior, la vinculación del aumento salarial a la productividad, sin cláusula de aumento, etc.

Y en aquel lugar ya extraño para el socialismo, el derecho democrático a la autodeterminación de las naciones, derecho que fuera defendido ¡como nadie! por los PCs en la lucha de los pueblos por su liberación nacional frente al colonialismo y al imperialismo, sería utilizado por las potencias imperialistas fácilmente como reivindicación en un sentido reaccionario, con el objetivo de fragmentar Estados fuertes como la URSS, Checoslovaquia y Yugoslavia, con el objeto de favorecer sus intereses expansionistas, ampliando sus mercados. El despedazamiento de Yugoslavia forma parte del nuevo reparto del mundo impuesto por el imperialismo tras la caída de la URSS, que en nombre de las pequeñas naciones han llegado a crear 23 nuevos Estados étnicamente puros en la Europa del este. Invocar, como se hace desde la socialdemocracia y de cierta extrema izquierda, la independencia, ha supuesto en la práctica dar apoyo a que las nuevas repúblicas pasen a depender como colonias de las potencias imperialistas. Con estos procesos cada vez queda más claro que a diferencia de los procesos de revolución nacional en la Europa del siglo XIX, hoy ya no hay una clase burguesa nacional ascendente que pueda protagonizar en sentido progresista un proceso de autodeterminación real respecto al imperialismo en Europa, las luchas nacionales o las dirige la clase obrera o sólo servirán para facilitar el juego de las grandes potencias imperialistas.

Una vez instalada la oposición en el poder de los países exsocialistas, las conexiones con el imperialismo quedan claramente descubiertas. En la década de los 90 Estonia, Letonia, Lituania, Polonia, Chequia y Hungría se incorporarían a la OTAN, y las bases militares proliferarían.

La rivalidad imperialista impide un desarrollo pacífico incluso en la restauración y desarrollo capitalista. El control de los recursos energéticos y las zonas de influencia, han desatado guerras y revueltas contra gobiernos democráticos que no han aceptado su alineamiento con la OTAN.

La propagación y prolongación de la guerra de Yugoslavia, fue producto de la rivalidad entre EE.UU. y Alemania por el control político-económico de la zona. En Georgia Chevernadze sería desalojado del poder en noviembre del 2.003 por cometer el desliz de acercarse a Moscú, Soros (aliado del mafioso ruso Berezovsky) colocaría a Saakashvili en su lugar. En diciembre del 2.004 en Ucrania se repite la misma situación tras la victoria electoral del candidato de la OTAN, Víctor Yushchenko.

Ha quedado demostrado que imperialismo yanqui en alianza con Gran Bretaña busca aislar de Europa a la Rusia capitalista de Putin (que representa los intereses de la burguesía nacional rusa) para evitar una oposición coordinada entre Rusia y la UE a las actividades del imperialismo yanqui en Oriente Medio.

No obstante, hay que decir que en el periodo de gobierno de Putin ha habido una coyuntura económica exterior favorable, con unos precios muy altos para el gas y el petróleo, que no se han aprovechado para la reinversión en la producción, las infraestructuras, la enseñanza, la política social, etc, sino para mantenerlos en titulos en bancos extranjeros a un 2%-4% de interés, mientras las corporaciones estatales piden prestamos a Occidente con un interés del 5%-7%, y se los ofrecen a los empresarios a un 15%. La economía ha estado dirigida por los Zubarov, Chubais, Grez y Kudrin, los mismos que dirigían las finanzas y medios de comunicación desde los tiempos de Yeltsin.

La capital de Chechenia, Grozni, cuenta con la segunda refinería del Caucaso. La capital de Azerbaiyán, Bakú, cuenta con la primera refinería al lado del Caspio. Ambas se conectan con un oleoducto estratégico. La independencia de Chechenia afectaría a Daguestán que permite a Rusia la mayor parte del litoral del mar Caspio. EE.UU. y Rusia poseen sus oleoductos propios para sacar el petróleo del Caspio y llevarlo hasta el mar Negro. La última guerra de Afganistán desatada por los EE.UU. obedece a la lógica reforzar su control sobre el Caucaso y Oriente Medio. Y la última agresión de Saakashvili a Osetia del Sur (mayoría rusa), con el asesinato de 2000 civíles indefensos y sus representantes políticos (agosto 2008), obedece a los intereses de imperialismo yanqui de ampliación de la OTAN, para aislar a Rusia del control de las rutas estratégicas, donde Georgia juega el papel de títere del imperialismo. Según Z. Brzezinski, quien fuera el arquitecto de la estrategia afgana de los 80 (apoyo a los islamistas para desplazar a los comunistas) señaló el objetivo de los EE.UU. sobre este país:

“Georgia nos abre el acceso al petróleo y próximamente también al gas de Azerbaiya´n, del mar Caspio y de Asia Central. Por lo tanto, es para nosotros una baza estratégica importante” (326).

Bielorrusia se ha convertido para el imperialismo yanqui en la Venezuela de Europa Oriental, con su gobierno anti-neoliberal contrario a las privatizaciones, que mantiene buenas relaciones con el PCFR, aboga por la unión confederal de Rusia, Ucrania y Bielorrusia, y por su alineamiento anti-imperialista (apoyo a Cuba y Venezuela). La “revolución naranja” de Ucrania, y la “revolución rosa” de Georgia, se han estrellado contra Lukashenko, que tuvo ante la presencia de observadores de la OSCE, que no comprobaron  fraude electoral teniendo que aceptar a regañadientes que fuese reelegido con el 80% de los votos. Las ONG proyanquis, financiadas por la CIA y Georges Soros, existentes en Bielorrusia han tenido menos eficacia que en Serbia, Ucrania y Georgia. El candidato Goncharik, lider sindical a lo Walesa, partidario de la UE y la OTAN sólo obtuvo el 12% de los votos.

 

4.7. Trayectoria histórica en la posición de Trotski y el trotskismo frente al marxismo-leninismo

Hemos hablado mucho de los errores teóricos de Trotski y el trotskismo como corriente política, pero creo que es necesario hacer un inventario de la naturaleza de clase de las posiciones trotskistas ante la lucha de clases en situaciones concretas frente a Lenin, frente a la URSS desde el exilio, frente a la lucha antifascista y las resoluciones de la IC, frente a la guerra nacional-revolucionaria en España y el papel de los que continuaron por su influjo frente a la guerra fría hasta nuestros días, y lo vamos hacer desde las propias fuentes de Trotski y sus propios seguidores, porque creo que es la mejor manera de sacar a luz sus auténticos planteamientos.

La forma más científica de analizar los actos e ideas de las personalidades históricas, pasa por situar sus posiciones dentro del cuadro historico-concreto de la lucha de clases para poder delimitar el carácter de clase de tales actos e ideas, lo que no deja de ser una aplicación correcta del materialismo histórico. Pero sería conveniente analizar tales actos e ideas no sólo desde el punto de vista o los análisis ajenos a la personalidad histórica en cuestión, sino también desde la fuente genuina, los propios escritos de puño y letra de la personalidad histórica a tratar. En el caso de Trotski vamos a abrir este apartado empezando por sacar a relucir aquellos temas escritos por él en sus últimos años.

Existen 3 artículos muy interesantes de Trotski, escritos en sus últimos años (1.939-40) La URSS en guerra, De un arañazo al peligro de gangrena y Balance de los acontecimientos en Finlandia, en los que se visualiza por una parte su labor infructuosa pero fallida de intentar “reconciliarse” con Lenin, su clara política de lucha contra la “burocracia stalinista” y la consigna de derribar el gobierno de Stalin, su política de combatir toda la línea antifascista y la resolución del VIIª Congreso de la Internacional Comunista, su política de derrotismo frente a la agresión militar del imperialismo nazi (caso de Noruega) y la controversia que germinó entre sus propios afines de la IVª (Burham, Schatman, Rizzi…), quienes lo superaron en ingenio de arremeter desde el izquierdismo a la URSS y al Movimiento Comunista Internacional.

Empezaremos por recordar que Trotski para “reivindicar” su “leninismo” en el modelo de partido comunista, quiso realizar en el exilio mexicano de Coyoacán una “autocrítica” en 1.939, que evidentemente no correspondía con su labor fraccional dentro del partido en la URSS que ya hemos analizado (oposición a la NEP, la alianza obrero-campesina, el socialismo en un solo país, la colectivización agraria, la industrialización socialista, etc.), ni su largísima y tradicional oposición a Lenin en casi todos los temas tras la revolución hasta su muerte en 1.924 (firma del tratado de paz, NEP, papel de los sindicatos en la URSS, prohibición de corrientes en el partido, campañas de depuración del partido, etc).

No fue casualidad el hecho de que Lenin y Trotski a lo largo de su relación política mantuvieran un fuerte antagonismo. En el artículo de 1904 “Nuestras tareas políticas” Trotski rechazó la concepción del partido de Lenin. Para Trotski, Lenin era el “dirigente del ala reaccionaria” del POSDR. No en vano en aquella época era dirigente de los mencheviques. Y Lenin todavía en febrero de 1917 en una carta a Ines Armand afirmaba “Así es Trotski. Siempre fiel a sí mismo, se revuelve, hace trampas, finge ser izquierdista y ayuda a la derecha en cuanto puede”. Y en 1924 en su “testamento político” afirmaba que Trotski estaba “demasiado ensoberbecido y demasiado atraído por el aspecto puramente administrativo de los asuntos”. Paradójico para alguien que se autoconsideraba paladín de la antiburocracia.

No obstante, esta es su larga explicación “autocrítica” cuando frente a Lenin y los bolcheviques, declarándose enemigo acérrimo del centralismo democrático y por tanto de la unidad de acción ideológico-política en el cumplimiento de los acuerdos congresuales y los estatutos del partido, pactó con los mencheviques liquidacionistas que negaban la estrategia revolucionaria, la independencia política de la burguesía y la organización extralegal del partido, suplantando la estrategia política por la actividad legal en la duma:

“Me refiero a la llamada alianza de agosto de 1.912. Participé activamente en ella creándola, en cierto sentido. Políticamente difería de los mencheviques en todas las cuestiones fundamentales. Difería también con los bolcheviques de extrema izquierda, los Vperyodists. En lineas generales, con, quien estaba más de acuerdo era con los bolcheviques, pero estaba contra el “régimen” de Lenin porque todavía no había comprendido que a la hora de llevar a cabo un fin revolucionario es indispensable un partido firmemente centralizado. Y de este modo formé una alianza de elementos heterogéneos, dirigida contra el ala proletaria del partido…Lenin sometió a la alianza de agosto a una crítica sin piedad, y a mí me tocó la peor parte…Los bolcheviques también fueron invitados a la conferencia de agosto. Pero como Lenin se negó en rotundo a unirse a los mencheviques (en lo que ahora le doy toda la razón), quedé enredado en esa alianza antinatural de mencheviques y vperiodists…A pesar de que la concepción de la revolución permanente estaba en la perspectiva correcta, todavía no me había librado, en la esfera organizativa, de los rasgos propios de un revolucionario pequeñoburgués. Estaba enfermo de conciliadorismo hacia los mencheviques y de disgusto hacia el centralismo leninista…Durante muchos años, Lenin educó al partido de la disciplina proletaria y del centralismo más severo. Al hacerlo, hubo de sufrir cientos de veces el ataque de las pandillas y fracciones pequeñoburguesas. El centralismo bolchevique era un factor progresivo, y aseguró el triunfo de la revolución.” (327).

No obstante se le olvida añadir que mucho antes, en 1905 durante la marea revolucionaria, al frente del soviet de Sant Petesburgo junto a los mecheviques Jrustaliev y Parvus consiguieron poner el Soviet de Petersburgo en contra de la política de la insurrección de los bolcheviques. En vez de armar a los obreros y prepararlos para la insurrección, el Soviet daba vueltas y más vueltas sin moverse del sitio y adoptaba una actitud negativa ante la preparación del movimiento insurreccional. Recordemos que entonces habían dos tácticas diametralmente opuestas en el seno del POSDR, una menchevique contraria a la insurrección y otra bolchevique favorable a la insurrección y la huelga política. Totalmente distinto fue el papel que desempeñó en la revolución el Soviet de diputados obreros de Moscú. El Soviet de Moscú llevó a cabo desde los primeros días de su existencia una política revolucionaria consecuente. La dirección de este Soviet estaba en manos de los bolcheviques. Gracias a éstos, surgió en Moscú, al lado del Soviet de diputados obreros, un Soviet de diputados soldados. El Soviet de Moscú se convirtió en el órgano de la insurrección armada. El proletariado de Moscú contaba, al comenzar la insurrección, con su propia milicia: cerca de mil hombres, más de la mitad de los cuales eran bolcheviques. No se consiguió, sin embargo, que la huelga se extendiese a todo el país; en San Petersburgo, no se encontró el apoyo necesario, lo que contribuyó a debilitar, desde el primer momento, las posibilidades de éxito de la insurrección.

También se olvida su posición contraria al socialismo en un solo país, su peculiar teoría de la “revolución permanente” y su consigna de los EE.UU. de Europa. Pero bueno son “detallitos” históricos “sin importancia.

Pero sobre todo, se olvida que mientras estuvo en la URSS con cargos de responsabilidad en el partido y el estado, el “antiburocrático” Trostki (que evidentemente ¡nada tenía que ver con Stalin!) dirigió la represión de la rebelión de Kronstadt (1921), defendió contra la posición de Lenin la militarización ¡¡¡del trabajo!!! y de los sindicatos (IX y X Congreso del PCRbolchevique), defendió la dictadura del partido en lugar de la dictadura de los soviets (X Congreso del PCRbolchevique), etc., etc., etc. Es decir, llevó a cabo una política, que luego en el exilio ignoraría, olvidaría y abandonaría “teóricamente”, relanzando sus tesis “preleninistas” sobre la revolución permanente.

Pero volvamos al texto que nos ocupa. Evidentemente considerar el problema del liquidacionismo dentro del partido como una cuestión no fundamental, explica la alianza de Trotski con los mencheviques, por lo que en realidad estaba más de acuerdo en cuestiones fundamentales con los mencheviques que con los bolcheviques, y en cuanto a la revolución permanente tampoco había coincidencias, ya que mientras Lenin preveía el desarrollo desigual de las revoluciones socialistas en Europa (socialismo en un solo país), destacaba el papel revolucionario del campesinado, la lucha por la autodeterminación nacional y la descolonización, para Trotski la revolución permanente seguía significando revolución socialista directa y simultánea, excluyendo otros procesos (liberación nacional, revolución campesina…) donde para Trotski sólo la clase obrera puede ser revolucionaria. El propio hecho de dar la razón a Lenin de no unirse a mencheviques y liquidadores del partido ¡27 años después!, no deja de ser un chiste, en medio de su ofensiva contra el Partido y la URSS, disfrazado de lucha contra el “stalinismo” y la “burocracia”, jugando el papel de resorte de las políticas de las potencias imperialistas ante las situaciones concretas de la lucha de clases (antifascismo, resistencia a la ocupación, pacto anti-Komitern, no intervención, etc).

Por eso a la altura de nuestro tiempo, y empleando la dialéctica marxista-leninista como arma de investigación  histórica, no hay duda ya de que León Trotski inauguró una escuela que incluso se escapó a sus propios dominios, donde términos como totalitalismo, revolución política contra la burocracia, etc, fueron recogidas por la propia burguesía imperialista como arma ideológica contra socialismo existente (Brzezinski en su obra “Totalitarismo, Dictadura y Autocracia” plantea similitudes entre fascismo y comunismo, ocultando la identidad de clase entre el capitalismo liberal y el fascismo). Ya incluso a final de la década de los años 30 debatía contra sus propios discípulos (James Burham, Schatman, Bruno Rizzi, et.) pues si Trotski admitía que “un régimen totalitario, sea del tipo stalinista o fascista, puede ser, esencialmente, un régimen temporal y transitorio” (328), los citados Rizzi, Schatman, etc, no entendían el porqué había que defender a la URSS si era un régimen político totalitario. Por lo que la consigna de Trotski sobre“el deber del proletariado del mundo es defender la URSS y contra el imperialismo y ayudar al proletariado en la lucha contra la burocracia” (329), no era más que una cortina de humo, que no era compartida por muchos de sus camaradas.

Hugo Urbahns (comunista de izquierda de Alemania) planteaba tras la subida de Hitler al poder que Alemania iba a copiar el modelo de “capitalismo de Estado” de la URSS y la Italia fascista. Bruno Rizzi, llegaría a la conclusión de que el “colectivismo burocrático” reemplazaría al capitalismo, que su base social era una nueva clase que venía a reemplazar a la burguesía, la burocracia, los “explotadores totalitarios”, como supuesta clase que existía tanto en la economía planificada de la URSS, la Italia fascista, la Alemania nazi y los EE.UU. con el New Deal. Trotski compartía con sus adelantados alumnos el hecho de que la burocracia soviética habría “adoptado los métodos políticos del fascismo” (330), pero no podía admitir que la economía basada en la propiedad privada de los países capitalistas se confundiera con la planificación económica lograda en la URSS. Es decir, Trotski, so pena de quedarse desenmascarado ante el movimiento obrero, no podía admitir que se equiparase la planificación socialista de la economía con la economía privada del capitalismo monopolista, y ello muy a pesar de su clara oposición a la construcción del socialismo en un solo país y a los planes quinquenales que acabaron por propulsar la industrialización socialista en la URSS.

Para Trotski sólo era necesario realizar una revolución política y derribar a la burocracia soviética (331) levantándose contra ella, pero manteniendo las conquistas de la planificación socialista (tesis de Estado obrero degenerado), mientras que para sus aventajados alumnos había que realizar además una “revolución social” derribando el sistema socioeconómico (tesis de Estado y sistema económico burocrático).

Sobre este tipo de debates se movía la IVª Internacional en un marco mundial de ascenso del nazismo y el anticomunismo, lo cual sembraba bastante la confusión teórica y política. Trotski que en aras de su teoría dogmática acerca de la revolución permanente había atacado el socialismo en un solo país, y la propia industrialización socialista, se veía obligado a defenderla, como si hubiese sido dada por arte de magia por la espontaneidad de la base social y económica del sistema socialista (332), y debía defenderla verbalmente contra la “burocracia soviética” y contra los que por su derecha en la IVª Internacional hacían ya un análisis antisoviético pretendidamente izquierdista, pero de derechas en el fondo, ya que renunciaban al papel de la clase obrera como sujeto revolucionario, argumentando que la clase obrera era incapaz de impedir el ascenso del fascismo y la burocratización de la URSS, que

”la revolución española ha sido estrangulada por las burocracias fascistas y stalinista ante los mismísimos ojos del proletariado mundial” (333)

y que había que renunciar a la defensa de la URSS para no convertirse en instrumento de Stalin.

Trotski frente a tales argumentos “izquierdistas” de su fracción para acallarlos les decía:

“No somos un partido de gobierno: somos el partido de la oposición irreconciliable no sólo en los países capitalistas, sino también en la URSS” (334) “¡No cambiamos nuestro rumbo!…la nacionalización de la propiedad, igual que en la URSS, provee las bases para un desarrollo…socialista, se hace más necesario destruir la burocracia de Moscú. Nuestro programa sigue siendo, por tanto, totalmente válido” (335).

Pero al final, el fondo, en una situación de preguerra contra el imperialismo nazi, los ataques contra la “burocracia de Moscú” en nada se distinguían de las posiciones “izquierdistas” de no defender la URSS, ya que Trotstki ante la intervención del Ejército Rojo en la Polonia Oriental y la modificación de las relaciones de propiedad (expropiación de latifundios y nacionalización de industrias locales), iba incluso más lejos al defender nada más y nada menos que la desmembración de la URSS frente al enemigo más fuerte en el caso de guerra con la Alemania nazi:

“Estábamos y estaremos contra la apropiación de nuevos territorios del Kremlin. Estamos por la independencia de Ucrania soviética y, si los bielorrusos lo desean, por una Bielorrusia soviética independiente. Al mismo tiempo, en los sectores de Polonia ocupados por el Ejército Rojo…” (336),

y si Hitler invadía esos territorios y hacía retroceder al Ejército Rojo

“…los partidarios de la IVª, sin cambiar para nada su actitud hacia la oligarquía del Kremlin…Mientras luchan contra Hitler con las armas en la mano, los bolcheviques-leninistas deben hacer propaganda contra Stalin, preparando su derrota…” (337).

Es decir, frente a la bestia fascista, revolución antiburocrática, y frente a la guerra contrarrevolucionaria del imperialismo nazi lucha en la retaguardia soviética, era la consigna de la IVª. ¡Menuda “contribución” a la defensa de la URSS!. ¡Menudo plan militar de idiotas o quintacolumnistas!.

En su discurso y frente a sus críticos de la IVª, Trotski avalaba como progresivo el proceso de expropiación de la burguesía y los latifundistas polacos, dando su apoyo sólo a ese proceso de revolución social llevado a cabo a su entender de forma interesada por la burocracia de Moscú. No obstante, Trotski tratando de debatir y desmarcarse de  Schatman volvía a liarse ya que ese “apoyo” al proceso revolucionario en Polonia Oriental no era en la práctica creíble y chocaba con los planteamientos políticos de Trostki que hacía responsable a “burocracia” de la URSS de haber desencadenado la guerra imperialista, y tildaba su política nada menos que de reaccionaria:

“Con la ayuda del Comitern, el Kremlin ha desorientado y desmoralizado a las masas hasta el punto de facilitar una nueva guerra imperialista…la ayuda a la revolución en dos provincias” (se refiere a la Polonia Oriental) “pagada además con creces por el sometimiento de Polonia, es de importancia secundaria, y no modifica el carácter reaccionario general de la política del Kremlin” (338).

Es decir, la IVª de acuerdo en expropiar a los expropiadores polacos, dar las fábricas a los comités obreros, y las tierras a los campesinos, pero no de acuerdo con “facilitar una nueva guerra imperialista”, no de acuerdo con “el sometimiento de Polonia”, no de acuerdo con “el carácter reaccionario general de la política del Kremlin”. La confusión es tremebunda, y más si tenemos en cuenta la coyuntura internacional en el que la URSS y la IIIª Internacional Comunista, estaban solas en la lucha política y militar contra el nazifascismo, único causante de la guerra imperialista junto a la política de no intervención llevada por las potencias imperialistas en España, Austria, Checoslovaquia, China…, y el objetivo común de las potencias imperialistas aliadas y fascistas de dirigir la guerra contra la URSS. El desenlace final, fue que el gobierno de la URSS supo hacer lo que ninguna otra potencia capitalista, derrotar con el apoyo de su pueblo al nazismo, impulsar el movimiento antifascista y de resistencia en occidente y facilitar los procesos revolucionarios de las masas populares en la Europa Oriental. ¿Carácter reaccionario general la política del Kremlin?. ¡¡¡Anda ya!!!.

Pero esa política antes señalada de alimentar el independentismo en las repúblicas soviéticas no le impedía a Trotski de forma contradictoria de criticar al Kremlin por no defender la integración de la IIª República española en la URSS:

“En España, en donde el Kremlin no preparaba la unión con la URSS, quedó demostrada la habilidad de Moscú para defender la democracia burguesa contra la revolución proletaria” (339).

Evidentemente Trotski confundía democracia popular antifascista por democracia burguesa, poniendo en entredicho el carácter revolucionario de la lucha contra el fascismo.

Con el mismo confusionismo se abordaba el papel de los comunistas ante una agresión militar de la Alemania nazi hacia cualquier país capitalista. Para el caso de la invasión de Noruega, Trotski planteaba que la labor de los comunistas debía ser el derrotismo. Ya que para él se estaba ante un enfrentamiento entre potencias imperialistas, los aliados que apoyaban al gobierno socialdemócrata del sur por un bando y los nazis que apoyaban al gobierno filonazi de Quinsling en el norte, por otro bando, por lo que la alternativa de “lucha” pasaba propagar la “confraternización” de los soldados en el frente, soldados noruegos con soldados nazis, de esta manera se colocaba una vez más de forma clara contra el frente antifascista. Coherentemente con esta posición los trotskistas franceses también defenderían el derrotismo ante la invasión de las tropas nazis en suelo francés en vez de organizar y dirigir la resistencia antifascista de todo el pueblo.

Pero como Trotski había justificado la lucha armada del pueblo contra el fascismo en España, para salir del embrollo, argumentaría que el carácter de las guerras en España (1.936-39) y Noruega (1.940) no tenían nada que ver una con la otra, que la guerra de Noruega no era una guerra civil sino entre dos bandos imperialistas, y que en España “se trataba de una guerra civil aislada” donde la intervención de las potencias imperialistas “aunque importante, era de carácter secundario” (340).

Cualquier marxista-leninista bien informado, no puede dejar de catalogar la guerra emprendida contra la IIª República como una guerra por la independencia nacional contra el fascismo extranjero y el preludio inmediato de la IIª Guerra Mundial, su primera batalla, en la que las potencias imperialistas de Alemania e Italia, junto a la política traidora de “no intervención” del resto de potencias imperialistas, fueron causas determinantes de primer orden y no de carácter secundario en el surgimiento, curso y desenlace de la guerra española.

Dejando a un lado los matices y teoricismos del debate interno, no podemos dejar de entrever que la práctica política de Trotski y la IVª había abierto una brecha anti-Komitern y anti-URSS, sobre la cual elaboró y desarrolló toda una teoría que sólo veía como objetivo político prioritario la lucha contra la burocracia de Moscú (en medio del crecimiento del fascismo), lo que de hecho se tradujo en la apuesta por combatir todo aquello que los partidos comunistas de la IIIª Internacional defendían, promocionando la división del frente antifascista, el derrotismo frente a las tropas nazis en los países capitalistas ocupados, la lucha en la retaguardia soviética, el aislamiento del movimiento de liberación nacional en las colonias, etc., teoría que a la luz de las tareas revolucionarias del momento castraba la acción política independiente y revolucionaria de la clase obrera e impedía ver:

  • La prioridad en los países capitalistas de la unidad de la clase obrera junto al pueblo en la lucha antifascista, y por tanto la validez de la política de alianzas del VIIº Congreso de la Internacional Comunista:
  1. Frente único de la clase obrera contra el fascismo en defensa de los intereses económicos y políticos inmediatos, colaboración con los obreros socialdemócratas, unidad del movimiento sindical, y
  2. Frente popular antifascista, de unidad de la clase obrera, el campesinado, los intelectuales y la pequeña burguesía contra el fascismo.
  • El Frente internacional de lucha por la paz contra la guerra imperialista, en defensa de la URSS, destacando la política exterior de la URSS en la lucha por la paz y la seguridad colectiva contra las agresiones de los imperialismos alemán, japonés e italiano hacia países soberanos (Austria, España, Checoslovaquia, Abisinia, China…).
  • El Frente popular anti-imperialista en los países coloniales en lucha por su liberación nacional, y el apoyo a las guerras nacional-liberadoras de los países coloniales.
  • El carácter de clase del partido comunista de la URSS, y la naturaleza de clase del Estado soviético. La necesidad de construir y consolidar el socialismo existente como parte del proceso mundial de la revolución socialista.

Un año antes se efectuaría el “giro francés” de Trostki (1934) pidiendo a seguidores que abandonaran los partidos comunistas y se afiliaran a los partidos socialdemócratas de la II Internacional y se organizaran en fracción interna. Así se hizo en la SFIO francesa, en el Partido Laborista Independiente en Inglaterra y en el Partido Socialista de EE.UU. Contradictoriamente Trotski plantearía el abandono de los partidos comunistas para ingresar en los partidos de la IIª Internacional, es decir partidos reformistas. Es la táctica del “entrismo”. Una incoherencia más, porque mientras se criticaba al “stalinismo” de pactar con la socialdemocracia, Trotski orientaba a sus seguidores militar en la socialdemocracia (sic). Fué el paso previo a la constitución de la nueva corriente internacional enfrentada a la III Internacional y su política de alianzas, que culminaría con la creación de la IVª Internacional (septiembre de 1938).

Trotski y la IVª Intenacional, fiel a su visión teoricista y “antiburocrática” no daría apoyo a ¡¡¡ni una sola!!! de las resoluciones y tareas adoptadas por el VIIº Congreso de la Internacional Comunista, ni sería capaz simplemente de ver la realidad objetiva de la lucha de clases del momento histórico de ofensiva del fascismo. Precisamente la diana para promover la identificación entre reformismo y stalinismo fueron la estrategia de los frentes populares surgidos contra el fascismo.

Tanto Trotski como sus seguidores que cuidadosamente ocultan el pasado antileninista de su líder y aquellos posicionamientos burocráticos, lo hacen con el fin de construir el mito de un Trotski leninista y antiburocrático. Y ello se hace manipulando la historia, como si antes de que muriese Lenin en 1924, la URSS fuera un paraíso socialista, y después un infierno, tal y como hace la novela del delator Orwell “Rebelión en la granja”.

Pero repasando su trayectoria como dirigente del gobierno soviético y del partido bolchevique, sin embargo Trotski fue partidario de la más férrea represión, y no sólo contra el enemigo de clase, sino contra los propios trabajadores, como en Kronstadt, proponiendo incluso la deportación de trabajadores a campos de concentración por desobediencia al Estado si no cumplían con la obligación de trabajar donde se les ordenara, defendiendo con ello la militarización del trabajo y los sindicatos. Defendió el régimen de partido único (341), sin la menor libertad sindical, sin huelgas, y que los soviets fuesen controlados desde arriba por el partido. Propugnó que una minoría del comité central del partido debía decidir en todas las cuestiones relevantes. Y nunca dejó de defender estas prácticas hasta que fue expulsado del partido por su contínuo trabajo fraccional, y luego dada la pequeñez de los partidos de la IV Internacional planteó el “entrismo” no en los partidos comunistas sino en la propia socialdemocracia.

Y repasando su propia personalidad descubrimos que sobre el culto a la personalidad, nadie superaba a Trotski. En “la revolución permanente” habla de sí mismo en tercera persona y se autoubica entre los grandes del marxismo: “el problema de la revolución permanente ha rebasado las divergencias episódicas, completamente superadas por la historia, entre Lenin y Trotski”. Y no pudo resistir escribir su propia biografía (Mi vida). Y en cualquiera de las innumerables organizaciones trotskistas que existen no faltan fotos de él a mansalva, cuando  nunca creó un cuerpo teórico comparable al de Marx o Lenin, que lo justificara.

 

4.7.1 La conspiración contra la línea antifascista de la guerra nacional-revolucionaria en España

 El “respaldo” de Trotski a la lucha armada contra la agresión fascista en España era un chiste ya que su oposición al gobierno antifascista y la política del PCE era vox populi, llegando a promulgar incluso la caída del gobierno de Negrín en plena guerra, lo que no dejaba de ser una traición a la lucha antifascista y a la revolución:

“Votar la política militar de Negrín implica un voto de confianza a su gobierno. Hacerlo sería un crimen. ¿Cómo explicaríamos nuestro voto a los trabajadores anarquistas?. ..no tenemos confianza en la capacidad de este gobierno para llevar la guerra a la victoria. Este gobierno debe caer…expresaremos nuestra desconfianza en él en cada oportunidad que tengamos; es nuestra única posibilidad de movilizar contra el gobierno y preparar su caída. Cualquier otra política sería una traición a la revolución” (342). (El subrayado en negrita es mío).

Es rocambolesco que un supuesto “bolchevique-leninista” justifique su ataque a comunistas y socialistas que defendían la unidad en el frente y la retaguardia y la resistencia al fascismo hasta el final, acudiendo sin embargo en defensa del anarquismo pequeño burgués. No olvidemos que Negrín representaba dentro del PSOE el sector más consecuente de unidad y resistencia en la guerra nacional-revolucionaria frente a otros sectores derechistas, izquierdistas, anticomunistas y claudicantes en el frente y la retaguardia. Pero si hiciéramos un paralelismo histórico con otra experiencia de la lucha de clases, por ej. la unidad de las fuerzas obreras de la Comuna contra los ejércitos burgueses de Francia y Prusia, más rocambolesco sería imaginarnos una agitación armada interna en París contra el gobierno de la Comuna por no nacionalizar el Banco de Francia. Esa política si que sería una traición a la revolución, tanto como lo fue la orientada por Trotski en contra de la IIª República y lo que aconteció en Barcelona del 3 al 8 de mayo de 1.937.

Sobre este tremebundo “error” de miras de Trotski y la IVª debemos hacer un punto y aparte, ya que la coincidencia con la voluntad de los cuarteles generales de Burgos y Berlin fueron más que una simple sospecha “paranoico-stalinista”. Los archivos nazis que fueron capturados por los aliados tras la IIª Guerra Mundial y publicados en EE.UU. con el título Documents on German Foreing Police, de los que destacamos la serie D, publicada en 1950, cuyo tercer volumen es el que alude a la guerra civil española, en las páginas 284 a 286, hay un informe interesante dirigido el 11 de mayo por Wilhelm Faupel a Hitler. Faupel, exgeneral del ejército alemán, era el embajador de los nazis en el cuartel general franquista. Sólo habían pasado unos pocos días de los acontecimientos de mayo de 1.937 en Barcelona y Faupel le dice al Fuhrer:

“En relación con los desordenes de Barcelona, Franco ha dicho que los combates de calle habían sido provocados por sus agentes. Nicolás Franco ha completado esta información indicándome que disponen en total trece agentes en Barcelona. Uno de ellos había comunicado hacía tiempo que la tensión entre anarquistas y comunistas era tan grande en Barcelona que podía desencadenarse la lucha en esta ciudad. El generalísmo me ha dicho que había dudado al principio de las informaciones de este agente, pero que había mandado verificarlas por otros y que habían sido confirmadas. Al principio había tenido la intención de no hacer uso de esa posibilidad hasta que las operaciones militares se desarrollaran en Cataluña. Pero como los rojos habían atacado recientemente a Teruel para ayudar al Gobierno de Euzkadi, estimó oportuno el momento actual para desencadenar desórdenes en Barcelona. De hecho, el agente en cuestión había logrado, pocos días después de haber recibido la orden, provocar en las calles, por tres o cuatro de sus hombres, tiroteos que después habían llegado a los resultados apetecidos” (343).

También el conde Galeazzo Ciano, ministro de Asuntos Exteriores y yerno de Mussolini, se atribuyó la provocación de Barcelona. En sus memorias el embajador de EE.UU. en España, Bowers, escribió también que

“la crisis había sido provocada por los anarquistas y el POUM…En general se cree que muchos de ellos eran agentes de Franco”. (344).

Todo lo que perjudicaba a la República y el Frente Popular interesaba a los fascistas, por eso el gobierno republicano y el Frente Popular, y no sólo los comunistas “stalinistas”, aplastaron la traición. García Oliver dirigente de la CNT y ministro de Justicia del gobierno republicano, escribe en sus memorias:

“La revolución no se podía derivar de aquella rebelión sin cabeza. La victoria se lograba ahogando aquella rebelión absurda” (345).

En Catalunya, el PSUC venía proponiendo la unidad orgánica sindical (UGT-CNT) para fortalecer la unidad de la clase obrera, la libertad de afiliación sindical (que era negada) y la necesidad de fortalecer la retaguardia, de aplicar el acuerdo que todos habían suscrito de crear un Ejército Popular Regular que integrara a las milicias superando el cantonalismo militar, de trazar un plan militar para lanzar una ofensiva hacia Zaragoza y ayudar al frente asturiano, de nacionalizar, implantar la disciplina, no la vieja disciplina impuesta por la burguesía para incrementar sus beneficios sino una disciplina de diferente carácter de los trabajadores en beneficio colectivo del pueblo y reorganizar la industria militar, de municipalizar los servicios públicos, reclutar tropas para el frente, etc. Frente a todo esto los dirigentes de la FAI y el POUM, traicionando el pacto del Frente Popular, se oponían con dureza. La gota que colmaría el vaso fueron las escuchas de la FAI en la central de Telefónica de Barcelona. El gobierno central y la Generalitat decidieron por mayoría restablecer el orden, querían que la censura telefónica fuese un atributo del gobierno y que este dejase de ser un monopolio de los anarquistas, la FAI y el POUM que se habían rearmado en la ciudad, se negaron.

La explosión venía anunciándose en el periódico de las juventudes libertarias (Ruta) con la consigna de no defender un régimen burgués, mientras en la prensa del POUM, La Batalla, se planteaba la necesidad de acabar la revolución para ganar la guerra, objetando de forma incomprensible que la estructuración de un ejército popular formado por campesinos y obreros en el futuro sería un instrumento contrarrevolucionario, planteando en consecuencia el combate directo contra un ejército republicano, que “mañana sería el instrumento con que se destruiría a la clase obrera” (346).

Curiosamente los aviones franquistas arrojaban hojas en las lineas del frente llamando a los trabajadores a que no se dejaran sacrificar por la República. El propio Faupel narraba los deseos del mando militar fascista por acelerar el putsch contrarrevolucionario anarcotrotskista para neutralizar la ayuda del ejército republicano (Vº Regimiento) al frente norte con su ofensiva sobre Teruel.

Cierto o no la existencia de agentes provocadores, la sublevación o “revolución” de mayo de 1.937 (del 3 al 8) en Barcelona, coincidió tras la caída de Málaga, 7 días después del bombardeo de Guernika, con la caída del frente norte en Euskadi, y fue saludada por la radio fascista y celebrada ¡apoteósicamente! en los cuarteles generales de Hitler, Franco y Mussolini. El pusth o revuelta de Barcelona no podía tener más que un significado objetivamente contrarrevolucionario y resultó una ayuda considerable prestada a los fascistas, esta revuelta que buscaba la conquista del poder no podía darse sin una lucha armada dentro del campo republicano, fenómeno que ni servía a la causa de la revolución proletaria ni a la causa del Frente Popular ni a la defensa de la República, sólo servía a la causa de la contrarrevolución fascista. No se entendía el carácter de la guerra como guerra de independencia contra los países imperalistas fascistas, los mercenarios del tercio de legionarios y tabores marroquís, que apoyaban a las clases dominantes y parásitas de España (oligarquía financiera, terratenientes e iglesia). No se entendía que sin vencer militarmente al fascismo invasor no habría revolución socialista.

Fue el general Mola quien inventó la denominación de quintacolumnista en la IIª República cuando se produjo la primera ofensiva contra Madrid. Ya desde el mes de abril de 1.937 se habían practicado más de 200 detenciones de fascistas vinculados con la quintacolumna, la mayoría de los cuales vivían en la clandestinidad al amparo de representaciones diplomáticas. Sin embargo, el levantamiento armado se llevó a cabo en Barcelona, no había pasado 1 año del grito de ¡Abajo la República!, lanzado por los golpistas del 18 de julio, y dentro de las filas del Frente Popular el POUM lanzaba el mismo grito de ¡Abajo la República!.

El POUM igual que la CNT-FAI, UGT, PSOE y PCE habían firmado el acuerdo del Frente Popular, al que acabaría traicionando con el golpe de Estado en la retaguardia. Mientras en Guadalajara y Madrid las nuevas unidades del Ejército popular se batían contra el fascismo, las milicias de la FAI y del POUM se dirigían ¡contra Catalunya!. Durante el golpe participaron 5.000 milicianos anarquistas y poumistas armados (centenares de ametralladoras, dos baterías de cañones, 25.000 fusiles, 300 ametralladoras pesadas, bombas y granadas en cantidades ilimitadas, etc.) dispuestos al asalto de la Generalitat, la jefatura de policía y los locales del PSUC y UGT, el puesto de mando se instaló en el Hotel Falcón frente al local del POUM, lo que demuestra que el levantamiento no fue ni mucho menos espontáneo, sino que había sido elaborado con antelación.

Se mataba y se moría sin cuidarse de que Madrid estaba sitiado y Euskadi a punto de perderse, prueba más que suficiente de que el putsch favorecía al fascista y sus aliados derrotistas presentes y futuros en las filas republicanas. La radio transmitía las alabanzas de Queipo de Llano:

“¡manteneos firmes!, la España nacionalista está con vosotros. De toda la canalla roja, la FAI es la única fuerza española auténtica.” (347).

Resultado humano, el golpe costó 900 muertos, entre ellos Antonio Sesé (Sec. Gral. de UGT, conseller de Treball de la Generalitat y miembro del Comité Ejecutivo del PSUC) y 2.600 heridos, mientras que las bajas en cualquier batalla de la guerra fueron del orden de decenas de miles, lo cual dice mucho del interés desproporcionado que algunos medios dan a pustch de mayo en comparación con Guadarajara, la defensa de Madrid o la batalla del Ebro. La intentona provocaría el hundimiento del frente de Aragón, las tropas abandonaron el frente, unas para apoyar el golpe y otras para reprimirlo. Concretamente de Aragón fueron sacados dos batallones de la división Ascaso, un batallón del POUM y 45 autobuses, para atacar Barcelona. En respuesta el gobierno central frenó las tropas que marchaban contra Catalunya con la aviación y mandó 4.000 guardias de Asalto desde Valencia.

La intentona anarcotrotskista fue sofocada. Las tristemente célebres patrullas de control que habían impuesto su ley desde agosto de 1.936 se sometieron a la autoridad de la Generalitat. El gobierno de Largo Caballero vaciló, tardó 2 semanas en reunirse, no procedió ni a detenciones ni a registros, se opuso a ilegalizar el POUM, mientras sus dirigentes emitieron un comunicado identificándose con la intentona armada. Ante la pasividad se produjo la crisis de gobierno, Caballero dimitió, Negrín fue nombrado nuevo presidente de gobierno, el POUM fue declarado ilegal, sus dirigentes detenidos y se clausularon todos sus locales.

No obstante, incluso 4 meses después, en septiembre de 1.937, Trotski continuaría desvariando haciendo eco de la política de la IVª Internacional de respaldo a la lucha incluso armada contra el gobierno de Negrín en la citada carta a Schatman. La naturaleza provocadora y contrarrevolucionaria de la IVª en España nada difería de lo sucedido en la URSS.

Pero hagamos un breve repaso del momento histórico en el que se desarrollaban la lucha de clases durante la guerra nacional revolucionaria española. Tras el intento fallido de golpe de Estado fascista en 1.936, la constitución de comités obreros o consejos de fábrica fue la respuesta local para organizar la vida en la retaguardia, necesario para mantener la producción, distribución y el abastecimiento en las ciudades y pueblos. Se expropiaron empresas en las que el capitalista había desertado, requisadas por el gobierno del Frente Popular y cedidas a la dirección de los consejos de fábrica. Mientras en aquellas empresas que los capitalistas colaboraban o era necesaria su colaboración, los consejos de fábrica ejercían el control sobre la planificación productiva y económica.

Este movimiento popular antifascista fue muy variado en las formas en función de las prioridades y la composición de las diferentes fuerzas políticas. Allá donde los ayuntamientos eran de la izquierda los completaban y reforzaban. Se apoderaron del poder allá donde los ayuntamientos estaban en manos del fascismo, reemplazándolos.

En el ámbito militar, ante la situación de caos creada por las fuerzas golpistas y la pasividad de la mayoría del gobierno republicano (excusándose en argumentos legalistas), se desarrollaron la acción de las masas en torno a las MAOC (Milicias Antifascistas Obreras y Campesinas), que ya se formaran en 1.933 por el PCE, como unidades de combate de millares de milicianos que se armaron para defender la Republica y rechazar el golpe.

En el ámbito político se crearon los Comités del Frente Popular integrados por todas las tendencias antifascistas (comunistas, socialistas, anarquistas y republicanos) y organizaciones sindicales (UGT y CNT) que actuaban con atribuciones de carácter militar, político y económico:

-mantenimiento del orden,

-regulación de los precios,

-abastecimiento de materias primas y alimentos,

-socialización de las empresas,

-expropiación de los bienes de la iglesia y los fascistas,

-confiscación de tierras para la reforma agraria,

-confiscación de las cuentas bancarias,

-municipalización de la vivienda urbana,

-organización de la información,

-las comunicaciones,

-la enseñanza y la sanidad.

Organismos unitarios constituidos localmente a través del Frente Popular, que serían integrados en los diferentes órganos de gobierno de la República (consejo económico, mando militar único, dirección política) no sin controversias con el anarquismo, el PNV y sectores del PSOE, que no entendían la necesidad prioritaria de concentrar la dispersión del poder político, económico y militar bajo un único mando republicano.

Lo que no podía, ni quería ver Trotski ni la IVª, ni el POUM, ni algunos dirigentes de la FAI, es que la república democrático-burguesa tras el fallido golpe fascista se había transformado en una república popular, en una república de nuevo tipo, la primera de la historia, que como poder político tomaba en su dirección las grandes empresas industriales, bancos, transportes y liquidaba la gran propiedad terrateniente.

El PCE ya antes del golpe sí que tenía clara la necesidad de aplicar a la realidad española las resoluciones del VIIº Congreso de la IC, planteándose la dictadura del proletariado como objetivo máximo, y en lo inmediato la lucha unitaria contra el fascismo (dueño de los principales resortes del aparato de Estado) sobre la base de un programa mínimo y la propuesta de crear un gobierno provisional revolucionario que aplicara el programa antifascista de transformaciones democráticas.

El PCE, única organización que alertó de la preparación del golpe fascista de julio del 36, se oponía a la dispersión de todo ese poder y reivindicaba la disciplina necesaria para unificar las fuerzas revolucionarias y democráticas en la defensa de la República. El PCE no se rindió en ningún momento ante el culto a la espontaneidad y el espíritu cantonalista que diluía las fuerzas y rompía la indispensable unidad frente al fascismo, espíritu cantonalista que obstaculizaba la continuidad del proceso revolucionario. Para el PCE las milicias no estaban en condiciones de sostener una guerra larga, ni hacer frente a un ejército disciplinado.

El PCE-PSUC combatía la tendencia a crear un ejército particularista, concretamente en Catalunya para el PSUC el Ejército Popular y la industria de guerra debía estar sometida a las necesidades de la guerra en todos los frentes, a un plan único del gobierno de la república española y no obedecer a intereses particularistas ya que Catalunya con una capacidad industrial enorme no podía estar neutralizada para la acción militar. El ejemplo de Madrid en cuanto a organización, sacrificio colectivo y esfuerzo para la guerra era el camino a seguir en toda España.

En este contexto, las posiciones de clase con perspectiva revolucionaria de dar prioridad a ganar la guerra, en un intento de superar la frustrada experiencia cantonalista de 1873, se fueron forjando en la lucha, abriéndose paso con la unidad sindical (UGT-CGTU), la participación de la dirección de la CNT en las tareas de gobierno de la República, la unidad política en torno al marxismo-leninismo y la adhesión a la IIIª Internacional Comunista (fundación del PSUC en Catalunya y las JSU en España), y el reforzamiento del papel revolucionario del PCE en el frente (Vº Regimiento, defensa del mando único), y en el gobierno, llegando a ser el partido con más militantes durante la guerra.

En coherencia con esta justa posición el PCE unificaría sus milicias en el Vº Regimiento, reivindicando la creación de un Estado Mayor y un mando único para todos los ejércitos que operaban en diversos frentes, disponer los mejores mandos militares, implantar la disciplina en el frente y la retaguardia, reorganizar las industrias básicas y acelerar la industria de guerra, a fin de acabar con la visión localista y disgregadora de que la guerra solo era competencia de los territorios donde se producía el conflicto militar. Para el PCE si no se acababa con el cantonalismo militar y político, la derrota a corto plazo era inevitable.

Pero frente a la exigencia comunista de movilización general, servicio militar obligatorio y disciplina militar, la prensa anarquista respondería que eso eran consignas “contrarrevolucionarias” (348). A trancas y barrancas, los dirigentes anarquistas acabaron en la práctica por renunciar a sus objetivos de revolución libertaria inmediata y aceptar el mando único del ejército, pero de todos ellos el único que tuvo el valor de proclamarlo en público fue Durruti “¡Renunciamos a todo menos, a la victoria!”, frase pronunciada desde el micrófono de la Casa CNT-FAI.

Mientras la defensa de Madrid se realizaba bajo el entusiasmo de las masas y la unidad de acción político y militar del ejército popular regular, en el frente norte (Bilbao y Asturias-Santander) se consolidaron las milicias de partidos y sindicatos sin cohesión y mando único. Esta política era resultado de la negativa del gobierno de Largo Caballero transformar las milicias en ejército regular y de Aguirre a poner el ejército de Euskadi bajo el mando único del gobierno de la República, sin prestar ayuda más allá del frente de Euskadi, dejando al resto del Ejército norte abandonado a su suerte. Por esta senda particularista más tarde, el PNV negociaría al margen del gobierno republicano la capitulación ante las tropas fascistas.

La ruptura y caída del frente norte fue debido a la nefasta política de No intervención de los Estados democrático-burgueses, tanto como a la falta de unidad de las fuerzas armadas de la República. Previamente en Febrero, caería Málaga que ante la ofensiva militar fascista quedó desprotegida sin ayuda, ni coordinación general con otros frentes que permanecieron inmóviles, al carecer el gobierno de Largo Caballero de un plan general.

El frente de Aragón, bajo dirección de la FAI y el POUM, permanecía inmóvil durante meses mientras los fascistas retiraban tropas para reforzar el ataque hacia Madrid por Guadalajara.

La ausencia de un plan general, también afectaba a la actividad económica, la industria vasca por ej. no fue transformada en industria de guerra para abastecer a la República en los frentes, y cuando cayó el frente norte tal industria en vez de ser destruida pasó a manos de los fascistas quienes sí la hicieron trabajar para la guerra dando al ejército franquista, lo que no dió a los defensores de la República, en aras de una falsa autonomía particularista.

Otro caso fue la marina, que estaba bajo mando republicano, pero sin un plan general de operaciones por el gobierno, y sin dirección política (hegemonía socialista y anarquista), permanecía inactiva en Cartagena. La flota republicana que era más fuerte que la franquista hubiera sido de ayuda inestimable si hubiera intervenido en impedir el transporte militar de Africa a la península. La flota pudo apoderarse de Mallorca y mantener las Baleares, pudo atacar en el Mediterráneo y el Atlántico los barcos con material de guerra y combustible para Franco, pudo intervenir para proteger los barcos soviéticos que traían material de guerra para la República de los ataques de la marina de guerra italiana y alemana, pudo intervenir para evitar la caída de Málaga, y pudo impedir el corte del territorio republicano, actuando contra las tropas franquistas que por Vinaroz se acercaban al Mediterráneo, pero ante la falta de un plan general de guerra, la flota republicana no lo hizo.

A pesar de este ambiente interno hostil (putsch de mayo en Barcelona y caída del frente norte) si la República no cayó entonces (mayo de 1.937) fue precisamente por llevarse a cabo la centralización y el mando único de las tropas republicanas. Después de mayo de 1.937 bajo el gobierno Negrín se constituyó en la República, el mando único que agruparía a todas las fuerzas combatientes en todos los frentes (milicianos y ejército regular). El 25 de julio de 1.938 cuando comenzaba a germinar el ambiente derrotista en los ministerios y mandos de carrera del ejército, se produjo sorpresivamente la ofensiva de el paso del Ebro, en esta ocasión los servicios secretos fascistas fracasaron, no hubo quintacolumna, en Roma y Berlín esperanzados con acabar pronto la guerra y acelerar sus planes de conquista en Europa reinaba el pesimismo (hasta que no acabó la guerra en España los fascistas no entraron en Praga y Tirana), las tropas republicanas avanzaron hasta 300 kilómetros en territorio enemigo, los oficiales que mandaban las tropas no eran de carrera, Modesto y Líster, tenientes coroneles del Vº Regimiento surgidos de la lucha, aguantaron en el Ebro 4 meses, hasta que fueron rechazados por la mayor concentración militar fascista durante toda la guerra, lo que demostraba la justeza de la política comunista, de constituir un ejército regular con mando único y disciplina tanto en el frente como en la retaguardia para ganar la guerra nacional revolucionaria.

Artur London, brigadista checo, narraba el proceso contradictorio entre la necesidad de unir y centralizar todas las fuerzas antifascistas, política y militarmente, y el espíritu cantonalista pequeño burgués de sectores anarquistas de la CNT-FAI y el POUM:

“No se había realizado la formación de grandes reservas disciplinadas, bien instruidas en el manejo de las armas modernas, reservas que eran indispensables para hacer del Ejército Popular el instrumento capaz de vencer la intervención italo-alemana. El mando único… no existía aún. Repitiendo los mismos errores que en 1.873, los anarquistas crearon al principio de la guerra, allí donde era grande su influencia –especialmente en algunas regiones, de Cataluña y Aragón- verdaderos cantones independientes… La mayoría de los dirigentes anarquistas afirmaban que lo importante, antes que ganar la guerra, era realizar la revolución social cuyas primeras medidas debían ser: la abolición del Estado, el ejército, la propiedad privada y el principio del poder; las colectivizaciones forzosas, y el establecimiento por todas partes de la comuna libertaria… En el frente de Aragón, los batallones anarquistas abandonaban el frente cuando les parecía oportuno, para ir a descansar a la retaguardia..En el momento en que el frente del Norte atravesaba un período muy difícil, en que había empezado una ofensiva enemiga muy dura contra Bilbao… en el momento en que era más necesario que nunca que Catalunya ayudase al País Vasco, el POUM (contrario al Frente Popular), en vez de realizar una ofensiva en el frente de Aragón, desencadenó una ofensiva contra la República… en Barcelona el 3 de mayo… Destacamentos militares de la 29 división del POUM abandonaron sus posiciones, dejándolas desguarnecidas, para marchar sobre Barcelona. La 26 división de la FAI, que ocupaba Binéfar, marchó sobre Lérida… los hechos de mayo fueron la culminación de una serie de contradicciones entre distintas maneras de entender la guerra y la política necesaria del momento. El gobierno legal de la República no podía dejar de reaccionar ante un golpe que, por desarrollarse en un punto neurálgico de la retaguardia, podía tener consecuencias incalculables…” (349).

Casi dos años después de mayo del 37, el Coronel Casado con el apoyo del gobierno británico entablaría negociaciones en 1.939 con el gobierno fascista de Burgos, y en alianza con el anarquista Cipriano Mera (considerado por ultras como Jiménez Losantos como “uno de los nuestros” (350)) y Julián Besteiro del ala derecha del PSOE y anticomunista (351), contrarios a la política de resistencia del gobierno Negrín, encabezarían la última rebelión contra la IIª República, llevando a cabo una carnicería que acabó con la vida de más de 2.000 comunistas en Madrid, ya que sólo el PCE continuó defendiendo la República y el gobierno de Negrín. El territorio de la República representaba todavía la cuarta parte del territorio con 9 millones de habitantes, 800.000 soldados y 4 puertos (Valencia, Alicante, Almería y Cartagena), todos los expertos daban medio año como mínimo de capacidad para resistir, lo que hubiera dado al traste con los objetivos de guerra del imperialismo nazi. Curiosamente ninguno de los dirigentes de las sublevaciones contra la república fueron fusilados por Franco. Besteiro murió durante su reclusión en la cárcel, Mera fue detenido por el gobierno del Vichy y entregado a Franco, quien lo puso en libertad en 1.946, Casado marchó a Londres y luego regresó a la España franquista donde justificando su traición pudo publicar “Así cayó Madrid” (1.968), mientras otras publicaciones antifranquistas eran perseguidas. Y por otra parte Joaquín Maurín dirigente del POUM ilegalizado por Negrín, el 19 de julio de 1.936 pronunció un discurso contra el Frente Popular en Santiago de Compostela, apresado por la falange fue uno de los contados diputados republicanos no fusilados, sería puesto en libertad en 1.947 marchando a EE.UU. en plena guerra fría, en 1.959 se declararía enemigo de la revolución cubana y en 1.961 el gobierno de EE.UU. le concedería la nacionalidad estadounidense, ¿como recompensa?. Todo un espíritu “revolucionario”.

Tal y como argumentó certeramente P. Togliatti en sus Escritos sobre la guerra de España la línea política del PCE de lucha por el Frente Popular, de unidad de todo el pueblo en torno al gobierno de la República, de unidad de la clase obrera, unidad sindical (UGT-CNT), y de unidad de acción con el PSOE permitió al pueblo español resistir contra el fascismo durante 33 meses, a pesar de las intrigas capitulacionistas, a pesar de la peor situación internacional cada vez más desfavorable (no intervención, pacto de Munich, desmembración de Checoslovaquia por Alemania, Polonia y Hungría, etc.), a pesar del desgarro interno con las experiencias cantonalistas en lo económico y en lo militar. El acierto de la política frentepopulista del VIIº Congreso de la Internacional Comunista quedó confirmada por la experiencia de unidad antifascista española, y forma parte de nuestra memoria histórica colectiva.

4.7.2 La esencia de las coincidencias de la política trotskista y el POUM con el fascismo internacional

No niego que haya historiadores que pretenden presentar las coincidencias de la política trotskista contra la URSS y la IIª República, en la arena internacional con el fascismo a la vanguardia de la lucha contra el socialismo existente, como una coincidencia, como una mentira o calumnia maniacostalinista, etc., pero permitanme no compartir tal postulado al hilo de los acontecimientos y su verdadera esencia y su justo lugar en la historia.

Siguiendo o intentando seguir el hilo de lo escrito por el propio Trotski, existe otro artículo redactado en Coyoacán Lección de España; última advertencia!, el 17 de diciembre de 1.937, es decir en plena conflagración militar, en el cual, nos dedicaría desde su lejanía a la revolución española cosas como esta:

“En el campo republicano no quedaron más que los restos insignificantes de la clase poseedora, los señores Azaña, Companys, y otros parecidos, abogados políticos de la burguesía, pero en ningún caso la burguesía misma” (352).

Para Trotski ni antes ni después del 18 de julio de 1.936 podía haber distinción entre los partidos democráticos y de izquierda de la pequeña burguesía, y los partidos fascista y de derechas de la burguesía, terratenientes y jerarquía católica. No obstante, el desvarío de sus despropósitos era tan grande que se olvidaba de sus propias palabras, ya que más adelante en ese mismo escrito y en su crítica a las posiciones más consecuentes de los anarquistas en su apoyo al Frente Popular, Trotski resucitaba a la burguesía en el campo republicano como por arte de magia:

“Los dirigentes de la CNT, de la FAI, han ayudado a la burguesía no sólo a mantenerse en la sombra del poder en julio de 1.936, sino incluso a recuperar pedazo a pedazo, todo lo que habían perdido de golpe” (353).

Por un lado Trotski admite que la burguesía no existe ya en el campo republicano, excepto los “insignificantes” Azaña y Companys, y por otro resulta que la burguesía todavía mantiene el poder en la República, gracias a los anarquistas que alegremente le ha cedido el poder tras el golpe.

Como ante este galimatías trotskiano no se nos va a sacar de dudas por mucho que indagemos en los escritos y opiniones de Trotski, diremos que en el fondo para Trotski los partidos republicanos del Frente Popular no sólo no representaban a los obreros, sino que tampoco a los campesinos ni tan siquiera a la izquierda y que por tanto “no se representaban más que a ellos mismos”. Para Trotski los “insignificantes” burgueses tenían razón de ser “gracias a sus amigos stalinistas, socialistas y anarquistas”, que habían abandonado el campo de la revolución proletaria por el campo de la revolución democrática, el campo de la revolución social por el campo “de la inviolabilidad de la propiedad privada” (354). Para Trostki los anarquistas habían empujado a las masas al campo del régimen burgués al dar su apoyo al Frente Popular (355).

En realidad todos los partidos del Frente Popular estaban representados en el gobierno (incluido el POUM) y el poder de la burguesía como clase había sido desmantelado en la zona republicana, muy especialmente en Catalunya, donde se socializaron los principales medios de producción e intercambio. Por tanto, ¡menuda “inviolavilidad” de la propiedad privada! aquella que liquidó la propiedad terrateniente de la tierra, nacionalizó la banca, los servicios públicos, y liquidó el poder económico de la gran burguesía, la iglesia y los terratenientes. Pero ¡claro!, para Trostki estas medidas y toda la política de la Internacional Comunista era “menchevique”, y los anarquistas que habían dado un paso importante por encima de sus anteriores posiciones apolíticas a remolque de la burguesía y la reacción (bienio negro-abstencionismo), sólo eran un paso inútil por su apoyo al Frente Popular ya que de esta manera ¡¡¡defendían el régimen burgués!!!. La ignorancia sobre los acontecimientos españoles llevaba a Trotski a lanzar consignas grandilocuentes contra el Frente Popular, ninguna referencia a la lacra del latifundismo desterrado ni tampoco a los 30.000 presos políticos que liberó el programa “burgués” del Frente Popular, así de solidario era Trotski.

En medio de esta ofensiva de las orientaciones de Trotski en España, durante la guerra nacional-revolucionaria, los líderes del POUM muy cercanos a las posiciones trotskistas también hacían campaña contra la Internacional Comunista y las resoluciones del VIIº Congreso, que abogaban por el Frente Unico de la clase obrera, que en España se concretaba en la propuesta comunista de unidad de acción y orgánica del partido de la clase obrera sobre la base de la dictadura del proletariado y el centralismo democrático y la unidad de acción y orgánica de los sindicatos CNT y UGT sobre la base de la lucha de clases, además del Frente Popular sobre la base del anti-fascismo, la unidad de la clase obrera, el campesinado y la pequeña burguesía democrática.

El POUM siguiendo de cerca la política de Trotski a pesar de sus oscilaciones en el fondo se opondría tanto al Frente Popular como al Frente Único. No obstante, Trotski en La traición del POUM español, escrito en enero de 1.936, reprende a sus dirigentes. Se trata de una regañina visceral en la que Trotski les tira en cara la ocurrencia de firmar el programa del Frente Popular, algo inadmisible para la línea del trotskismo ortodoxo:

“Los periódicos nos informan que en España el conjunto de los partidos de `izquierda`tanto burgueses como obreros, han constituido un bloque electoral sobre la base de un programa común que, por supuesto, no se distingue en nada del programa del `Frente Popular` francés ni de todos los demás programas charlatanescos del mismo género…Han firmado, debajo de este vergonzoso documento, los dos grandes partidos burgueses de izquierda, el partido socialista, la UGT, el partido comunista (¡evidentemente!), la Juventud socialista -¡desgraciadamente!-, el partido sindicalista (Pestaña) y finalmente el POUM (Juan Andrade). La mayoría de estos partidos se han encontrado en la cabeza de la revolución española durante los años de su ascenso y han hecho todo lo que han podido por traicionarla y agotarla. La novedad consiste en la firma del partido Maurín-Nin-Andrade. Los antiguos ´comunistas de izquierda´ españoles se han convertido sencillamente en la cola de la burguesía de ´izquierda´. ¡Es difícil imarginarse caída más humillante!…Y la conducta de Andrade no es otra cosa que una traición al proletariado en provecho de una alianza con la burguesía…El POUM no hace sino llevar a cabo servilmente la política del 7º Congreso de la Internacional comunista ha impuesto a todas sus secciones…” (356).

Trostki aquí les llama ¡traidores!, ¡seguidores de la política burguesa de la Internacional Comunista impuesta a las secciones de los partidos comunistas!, etc. Lo cual dice mucho sobre la capacidad de análisis de clase del gran genio de la IVª Internacional sobre los acontecimientos españoles. No obstante, estamos ante una divergencia de táctica pero no de fondo. ¿Qué critica Trotski del POUM al que acusa de alejarse de la táctica correcta?. Si investigamos más veremos que la década de los 30 fue un cúmulo de encuentros y desencuentros entre Trotski y los dirigentes del POUM (Nin, Andrade y Maurín). Trotski como enemigo acérrimo de la política antifascista del frente único (comunistas y socialistas) y los frentes populares (izquierda) criticaría al POUM igual que hiciera a la FAI-CNT por la firma del programa del Frente Popular y su participación en los gobiernos del Frente Popular durante la guerra junto a otros partidos obreros (“menchevique” y “stalinista”) y republicanos (burgueses). Es decir, lo que Trotski no permitía era siquiera un desliz a favor de la política “contrarrevolucionaria”, “thermidoriana” de Stalin y Dimitrov, de los frentes antifascistas. En este terreno para Trotski el POUM siempre sería un partido centrista que oscilaría entre el reformismo y el “marxismo” (ortodoxia trotskista).

De todas maneras, en realidad no hubo un divorcio total con el POUM, como algunos suponen, ya que en agosto de 1.936 Trotski remite una carta en la que llama a “superar las pasadas divergencias” y se ofrece a colaborar en el periódico del POUM La Batalla, aunque paralelamente en noviembre del 36 constituye con extranjeros su propio grupo autodenominado “bolchevique-leninista” y edita su periódico La voz leninista (357), debido a las discrepancias que Trostki mantenía con el POUM por su participación en el gobierno de la Generalitat. Este grupo minoritario de trotskistas ortodoxos el 3 de mayo lanzaría una octavilla cuyo contendio estaba en completa consonancia con el POUM y sectores de la FAI llamando al desarme de la Guardia Nacional Republicana y los guardias de Asalto (catalogados como cuerpos “reaccionarios”) (358).

Por tanto, y a pesar de tales diferencias de táctica entre el POUM y Trotski, en el fondo estaban tan de acuerdo en la crítica a los comunistas (stalinistas) y el Frente Popular. Tanto es así, que los dirigentes del POUM pese a los delirios de Dios Trotski consideraban que el análisis que éste hacía sobre la situación española e internacional eran válidos y coincidentes con los del POUM, continuarían publicando artículos de Trotski en La Batalla, retratos de Lenin y Trotski adornaban las paredes del cine madrileño donde el POUM hizo un miting electoral en febrero de 1.936, plantearon conceder asílo político a Trotski en Catalunya (359) y Maurín que era estigmatizado por Trotski de independentista, no por ello dejaba de considerar a Trotski como el 2º dirigente de la revolución rusa tras Lenin (360).

Las discrepancias de Trotski y el POUM son amplificadas por diferentes medios como la Fundación Andreu Nin, para “matizar” que la acusación de trotskista y quintacolumnista al POUM era una paranoia stalinista. No obstante, ante este “matiz” caben cuatro preguntas ¿Es una paranoia pensar que los integrantes del POUM, Nin, Maurín, Orwell, etc., estaban interesados en debilitar la lucha de la República y que a pesar de sus contradicciones se proclamaban adversarios del Frente Popular y de la IIIª Internacional? ¿Es una locura paranoica pensar entonces en la quintacolumna?. ¿Es una paranoia pensar en las grandes coincidencias y relaciones políticas del POUM y Trotski?. ¿No será más bien paranoica la afirmación troskorwelliana que dibuja al doctor Negrín como mero agente de Stalin?. En realidad, para la esencia de los acontecimientos lo fundamental no son las diferencias de matiz entre el POUM y Trotski sino mas bien sus ENORMES coincidencias también con el agresor fascista, amplificar las diferencias no deja de ser una absurda manera de enredar las cosas y ocultar la esencia del papel de cada uno en la lucha de clases.

Siguiendo el hilo conductor del citado artículo Lección de España; última advertencia! los desvaríos de Trotski nos llevan hasta el famoso “oro de Moscú” que luego sería acuñado por los franquistas como parte de su “biblia” anti-comunista:

“Moscú ha recibido el oro español a cambio de sus armas…el gobierno soviético ha podido conseguir, como condición de su ayuda, medidas decisivas contra los revolucionarios, apartando de su camino a peligrosos adversarios…Ni los socialistas, ni siquiera los anarquistas, se han opuesto seriamente al programa stalinista…Stalin ha sido el salvador de todos estos grupos, gracias a sus armas y a su ultimátum contrarrevolucionario…no tenían recursos para pagar aviones y tanques de otra forma que no fuera con cabezas de revolucionarios y con los derechos de los obreros…”.(361).

De esta manera Trotski nos descubre la finalidad del trueque del gobierno republicano con la URSS (perdón Dios Trotski, con la burrocracia satalinista), armas a cambio de descabezar la “revolución”, improperios contra los anarquistas y socialistas que apoyaron el programa antifascista del PCE-PSUC, Dimitrov y Stalin, y ninguna referencia a la guerra y el fascismo como de costumbre. ¿De qué revolución nos habla Trotski? Nos habla de la guerra en la retaguardia republicana, de la “revolución” cantonalista, de la quintacolumna que los cuarteles generales del fascismo internacional festejaban en mayo de 1.937. De un plumazo Trotski convierte la ayuda de la URSS hacia la República en un simple “chantaje stalinista”, una simple capitulación de socialistas y anarquistas a cambio de armas: ¡¡¡oro y cabezas por armas y aviones!!!. He ahí la cuestión.

Pero aquí no acaban las acusaciones, según Trotski, desde abril de 1.931 anarquistas y socialistas han frenado la revolución proletaria al hacerse “cómplices de Stalin porque tenían los mismos objetivos políticos” (362). Sabemos que ello no es así, ya que la política del PSOE era la de ir a remolque de la burguesía, mientras el PSOE tras la proclamación de la República se plegaba a la dirección política de los republicanos burgueses, el PCE (tras su Congreso) adoptaba una política similar a la defendida por Marx y Engels durante la revolución alemana de 1.848 y de los bolcheviques en revolución de 1.905-07, revolución de carácter antifeudal y antimonárquica, independencia política del partido y la clase obrera, ligar las tareas de la revolución democrática a la revolución socialista, alianza con los campesinos y reforma agraria, derecho de autodeterminación de Catalunya, Euskadi y Galicia, e independencia de Marruecos, a la que Largo Caballero y Prieto ¡se opusieron!, creándose así una base colonial de apoyo a los facciosos durante la intervención militar contra la República. Es decir, todo lo opuesto al programa socialista y anarquista. Pero claro, Trotski en sus análisis anti-PCE y anti-IC tiene que descubrir la sombra de Stalin.

El cuestionamiento de la ayuda de la URSS a la IIª República empuja a Trotski hasta el argumento de que ésta ¡¡¡no era necesaria!!!, que la república con fabricar sus propias armas tenía ¡¡¡más que suficiente!!! (sabemos además que poner la industria al servicio de la guerra era una reivindicación del PCE-PSUC), para vencer a los ejércitos fascistas, y eso se podía hacer además expulsando

“sin piedad del ejército revolucionario a los enemigos de la revolución socialista, es decir, los explotadores y sus agentes, incluso si se cubren con la máscara de `demócrata`, `republicano`, `socialista` o `anarquista`” (363).

Para Trotski, que montaba su particular comité de no intervención superando en ingenio al boicot de las democracias burguesas de occidente, veía el absurdo de que se podía prescindir de las armas soviéticas mientras centenares de miles de soldados de tropas fascistas italianas y alemanas andaban como Pedro por su casa con el patrocinio del arsenal militar más potente del mundo, pero no sólo eso, sino que para Trotski también se podía prescindir de todo aquel que no apoyara la máxima de la revolución socialista, aunque fuera demócrata, anarquista o socialista. ¿No era esto ya abrir un segundo frente contra la república?. Sí que lo era, ya que su alumno “centrista” Nin volvería a ser reprendido al osar argumentar en marzo de 1.937 de que todavía era posible tomar el poder “pacíficamente”, Troski le contestó algo así:

“Ya hoy, el poder se encuentra en manos de los altos mandos militares de la burocracia, aliados con los stalinistas y los anarco-reformistas…apoyados por la burguesía extranjera y la burocracia soviética. En estas condiciones hablar de la conquista pacífica del poder, es engañarse a uno mismo y a la clase obrera” (364).

Trotski no habla aquí de la España ocupada por los invasores, habla de la República, y orienta a Nin de forma categórica a cambiar de táctica y a tomar las armas contra la República. ¿Acaso era Trotski un agitador del fascismo internacional?. ¡Calumnias stalinistas!, nos dicen. Pero tras la sublevación de mayo contra la República Trotski insiste en su tesis:

“…Si el proletariado de Catalunya se hubiera apoderado del poder en mayo de 1.937 habría encontrado el apoyo de toda España. La reacción burguesa-stalinista no hubiera encontrado ni siquiera dos regimientos para aplastar a los obreros catalanes. En el territorio ocupado por Franco, no sólo los obreros, sino incluso los campesinos, se habrían colocado del lado de los obreros de la Catalunya proletaria, habrían aislado al ejército fascista, introduciendo en él una irresistible disgregación. En tales condiciones, es dudoso que algún gobierno extranjero se hubiese arriesgado a lanzar sus regimientos sobre el ardiente suelo de España. La intervención hubiera sido materialmente imposible…” (365).

Esta “irresistible” idiotez de Dios Trostki quiere decir que ante la sublevación de mayo contra la república festejada por los cuarteles generales fascistas de Burgos, Berlín y Roma, éstos se hubieran asustado, se hubieran ido retirando, hubieran levantado tumbas y cadáveres (fruto de su represión) en la zona ocupada, habrían cedido el poder fascista asustados por la turba de la “revolución” cantonalista levantada contra la República y hubieran huido por Tarifa con el rabo entre las patas (¡Viva la España de pandereta y tontería, olé!).

Y además esa “irresistible” idiotez de Trotski muestra su absoluto desconocimiento de que el gobierno republicano contaba con fuerzas suficientemente extensas (¡ni dos regimientos!, decía) como para aplastar cualquier intento contrarrevolucionario en la retaguardia.

Pero a pesar del “sacrificio” de sus compañeros del POUM, Trotski falto de “corazón” hacia sus amigos “centristas” erre que erre todavía les reprende por no llevar la táctica adecuada:

“Los dirigentes del POUM no habían hecho nada serio para preparar la revolución socialista, ya que esta preparación sólo podía pasar por una movilización despiadada, valiente, implacable, de los obreros anarquistas, socialistas y comunistas contra sus dirigentes traidores…si el POUM no se hubiese situado a remolque de los anarquistas, si no hubiese confraternizado con el Frente Popular, si hubiera llevado una política revolucionaria intransigente, entonces, en el momento de la insurrección de 1.937, o probablemente mucho antes, se habría visto situado naturalmente a la cabeza de las masas y habría asegurado su victoria” (366).

Trotski rizando el rizo llama torpes a sus centristas del POUM, que no disponen de su sagacidad para haber hecho lo que el hubiera hecho, que en la práctica no hubiera sido más que apagar antes de tiempo la lucha militar del pueblo contra el fascismo, este era el fondo de la cuestión, ya que Trotski lo dice bien claro, no se podía confraternizar con el Frente Popular, algo con lo que Franco, Mola, Queipo de Llano, Hitler y Mussolini estaban totalmente de acuerdo, por eso se sublevaron contra la república y contra el proceso revolucionario democrático y socialista, que Trostki no podía ni quería ver debido a su obsesión por combatir la burocracia stalinista y a la IIIª Internacional Comunista.

Pero a pesar de lo sucedido en Mayo de 1.937, Trotski fiel a su sagacidad como “revolucionario” seguía demostrando que era el más mejor:

“Stalin…ha colocado la técnica del bolchevismo al servicio de la propiedad burguesa…Los representantes de las restantes organizaciones obreras, reformistas inveterados, charlatanes anarquistas, incurables centristas del POUM, gruñían dudaban, suspiraban, maniobraban, pero a fin de cuentas se adaptaban al stalinismo” (367).

Con adjetivos insultantes Trotski deshojaba la margarita, os quiero si no apoyáis a Stalin y la IC, no os quiero si los apoyais.

Viendo tales “argumentos” y “análisis” del puño y letra de Trotski, podemos concluir que en un contexto en el que sólo un Estado europeo apoyaba incondicionalmente a la causa republicana, curiosamente Trotski y la IVª Internacional agudizaban su campaña anti-URSS, curiosamente las potencias fascistas del eje firmaban el pacto anti-Komitern. Cuando el ejército popular se reorganizaba y resistía, curiosamente se reforzaba la ayuda militar nazifascista, y los ataques internos contra el mando único militar republicano. Mientras en plena guerra nacional-revolucionaria se acusaba al PCE-PSUC y al gobierno de la república de ser sucursales de Moscú, curiosamente los enemigos francofascistas también acusaban al gobierno republicano de ser la mano de Moscú y una colonia soviética. Curiosidades aparte, la IVª y el fascismo internacional lanzaban la misma campaña contra la república española, la Generalitat catalana y los comunistas, esa es la esencia de las coincidencias sobre los acontecimientos.

La movilización contra la república y el apoyo internacionalista no comienza en mayo del 37 sino bastante antes, y los deseos de Trotski tuvieron más eco de lo que él mismo nos quiere hacer ver en sus escritos. Hay hechos concretos que muestran que tanto anarquistas de la FAI y poumistas se movilizaron contra la URSS. Cuando el primer barco con armas para la república procedente de la URSS atracó en Barcelona, Victor Serge distribuyó un manifiesto de carácter antisoviético entre los marineros rusos (368). Diego Abad de Santillán, dirigente de la FAI en Catalunya, conseller de economía de la Generalitat hasta abril de 1.937 y admirador de Jose Antonio Primo de Rivera, manifestaría públicamente nada menos que su oposición a las brigadas internacionales, tildándolas de “obra antipopular de los rusos”, enorgulleciéndose de que sus patrullas de control en la frontera franco-española detuvieran y rechazaran a ¡más de 1.000 voluntarios antifascistas internacionales! (369). Esto no fue obra del comité de no intervención, ni del fascismo internacional, sino obra y gracia de las patrullas de control de la FAI y del POUM. Esta es la esencia de los acontecimientos.

Orwell, militante y alma-mater literalia del POUM, ya acabada la guerra en el 20 de enero de 1.940, ante la publicación de un libro del Coronel Casado, no se desganaría en elogios y no escondería su vena anti-comunista al declarar cosas como esta:

“…el nombre del coronel Casado siempre será recordado en conexión con la guerra civil española. El fue quien desbancó al gobierno Negrín y negoció la rendición de Madrid –y dada la situación militar real y el sufrimiento del pueblo español, es difícil no estar de acuerdo en que tenía razón…hay poca duda de que desde mediados de 1.937 hasta casi al final de la guerra el Gobierno español estaba directamente bajo el control de Moscú. Los motivos de los rusos son poco claros, pero parece que querían instalar en España un Gobierno obediente a sus órdenes y en el gobierno de Negrín lo hayaron…Una pregunta muy importante que esto sugiere es si un país occidental puede de hecho ser controlado por comunistas a las órdenes de Moscú…” (370).

Esta es la opinión de los defensores de la revolución contra la guerra antifascista, derrotismo en el frente y guerra en la retaguardia, ¡Viva Segismundo Casado! ¡Viva el golpe de Estado! ¡Viva el derrotismo militar ante el fascismo!, y a coro con los franquistas Orwell igual que sus camaradas del POUM y Trostki desde Coyoacán, nos dice también ¡fuera las manos rusas de España!, nada de internacionalismo proletario, nada de antifascismo. Así hablaba el Orwell plumista, poumista y trotskista. Esa es la esencia de los acontecimientos.

Por todo lo dicho y vertido, cabe destacar la ignominiosa vergüenza de quienes durante mucho tiempo y sin reparo alguno han acusado a la URSS de haber dado apoyo a la República española, únicamente por atender los intereses estratégicos de la “burocracia stalinista”, olvidando el papel de la URSS en la Sociedad de Naciones frente a las potencias imperialistas y el comité de no intervención, olvidando la campaña de las brigadas internacionales en apoyo a la causa antifascista promovidas por la Internacional Comunista con decenas de miles de voluntarios procedentes de todo el mundo y todas las ideologías. Para demostrar que el carácter inexacto, inconsecuente y bellaco de quienes han pretendido hacernos creer que la ayuda a la IIª República española iba dirigida a debilitar la posición de las democracias occidentales, y no a ayudar al pueblo español en su lucha antifascista, vienen a pelo las declaraciones que en su momento hiciera el socialista Indalecio Prieto, nada sospechoso de simpatizar con los comunistas, ni con la URSS, ni con las resoluciones de la IC. Reproducimos su protesta contra la actitud pasiva y entorpecedora hacia la república española, llevada a cabo por sus propios compañeros socialistas de la IIª Internacional integrantes de diferentes gobiernos europeos:

“La URSS ha venido en ayuda de España, de una manera sencilla, dando todo lo que ha podido para la victoria del Gobierno legal de la República, mientras que otros países democráticos europeos, cuyos gobiernos están influenciados por los partidos socialistas o en los cuales estos partidos tienen un gran peso, nos han prestado, en el mejor de los casos, una ayuda absolutamente insuficiente, e incluso, en algunas ocasiones, han dificultado con sus iniciativas el suministro de material de guerra que la República tenía derecho legal de comprar. Y algún día el Partido Socialista deberá decir esto públicamente, y no como obligado agradecimiento, sino como expresión de sincera convicción” (371).

Pero dejemos por un momento a la República española, y viremos hacia la URSS, donde también hubo coincidencias y esencia de los acontecimientos.

Mientras Trotski y la IVª vaticinaron la debilidad del ejército soviético, y el divorcio de los pueblos soviéticos frente a la burocracia stalinista. Hitler y su generalato veían a la URSS como un gigante con pies de barro, pensaban que los pueblos soviéticos se sublevarían y se declararían independientes sin más, que los obreros descontentos con la burocracia habían perdido el entusiasmo revolucionario y no se batirían con la audacia de los primeros años de la revolución, que el Ejército rojo estaba carente de cuadros militares capaces, que estos fueron decapitados por las purgas, que los aviones, tanques, cañones, eran chatarra que sólo servía para desfilar por la Plaza Roja, que el pueblo oprimido se levantaría en armas contra la “burocracia stalinista”, etc. Hitler llegó a las mismas conclusiones analíticas que Trotski. Pura coincidencia, pero esa tambien era la esencia de los acontecimientos.

Siguiendo la secuencia de España, Noruega, Bélgica, Holanda, Francia y Yugoslavia Hitler va a confiar en encontrar una pila de Qislings y quintacolumnistas en la URSS y se va a mosquear mucho ya que sólo va a encontrar al traidor Vlasov. Esta es la verdad histórica amarga para los historiadores filonazis y de extrema izquierda, en la URSS no hubo Quinslings, no hubo Lavals, Petains, Weigans, De Mans, etc, no hubo quintacolumna, no hubo nadie que no trabajara en el frente, en la guerrilla, en el campo, en la industria por liberar la patria socialista del invasor nazi. Las tropas nazis no encontraron ni un solo pozo petrolífero, ni una sola cosecha, ni un solo tanque o avión soviético. La resistencia era total y la industria estaba a tope al servicio de la Gran Guerra por la patria socialista.

La propaganda burguesa y trotskista (372) siempre ha querido presentar a Stalin como el culpable del avance de los ejercitos nazis, y de que si hubiera previsto la invasión con fortificaciones y tropas precisas en la frontera esta hubiese sido frenada desde el principio. Nada más lejos de la realidad. La causa del avance de las tropas nazis era la fuerza y la técnica superiores que contaban además con el apoyo de los Quisligns, tropas, materias y reservas industriales de toda Europa occidental (España fascista incluida), y no la imprevisión o errores de alto mando soviético que ya en mayo de 1.941 esperaban anticipadamente la fecha de invasión. Ni siquiera la linea Maginot en Francia frenó a los ejércitos nazis superiores en fuerza. El mariscal Zhukov en sus memorias expresaba las causas del inicial avance de las tropas nazis:

“La sorpresa no consistía en el cruce súbito de la frontera, no era un ataque sorpresa ordinario. El gran peligro para nosotros era la sorpresa por la potencia de golpe del ejército alemán, la sorpresa para nosotros era su superioridad entre 6 y 8 veces más importante en las principales direcciones, la sorpresa era en la escala de la concentración de sus ejércitos, la fuerza de su golpe. Es lo que definió nuestras pérdidas más grandes en un primer periodo de guerra. Y no el cruce repentino de la frontera” (373).

No hay que olvidar tampoco que siguiendo la táctica militar de la guerra relámpago, Hitler esperaba que el ejército soviético concentrara todas sus fuerzas militares en la frontera para rodearlo asestarle el golpe definitivo, igual que hizo en Francia. Zhukov reconocería el acierto de Stalin al no caer en la trampa. Y precisamente no fue la falta de previsión sino todo lo contrario que el gobierno soviético con el PCUS al frente consiguiera movilizar a casi toda la población y los recursos para la guerra. No olvidemos que el proceso de deslocalización de industrias hacia el este había comenzado meses antes de la invasión nazi. La historia demostró, a pesar de las previsiones erróneas de Trotski, la superioridad del ejército soviético y la política acertada de su dirección política.

Coincidencias, y esencia de los acontecimientos, esa es la cuestión del carácter de los planteamientos trotskistas ante los acontecimientos.

 

4.7.3 El carácter de clase burgués de la lucha contra la “burocracia de Stalin”

     A parte de lo ya argumentado en torno a lo escrito por el propio Trotski entre 1.937 y 1940, existe un libro interesante del papel del trotskismo de comparsa de la política imperialista. La gran conspiración contra Rusia, de Michael Sayers y Albert E. Kahn. En el cual se analiza y describe el papel de quinta columna contra el gobierno soviético, desde el inicio del exilio político de Trotski en Prinkipo (Turquía). En aquella época ya se advertía el cambio de táctica del imperialismo en general contra la URSS, donde se comienza a atacar la revolución socialista desde la izquierda. En esos años 30, sectores reaccionarios como lord Rothemere o el magnate de la prensa William Randolph Hearts acusaban a Stalin de “traicionar la revolución”, en consonancia con las tesis de Trotski, que comenzaba a clamar por la derrota del gobierno soviético no por su carácter revolucionario sino por ser “contrarrevolucionario y reaccionario-thermidoriano”, terminología coherente con su línea política de oposición de izquierda desarrollada antes de su exilio. Michael Sayers y Albert E.Kahn nos lo ilustran con detalles precisos:

“He aquí algunos ejemplos típicos de esa propaganda, de las exhortaciones que para la caída del régimen soviético lanzó Trotski por todo el universo durante los años que siguieron a su expulsión de la URSS:

* La política del gobierno actual, del reducido grupo de Stalin, está conduciendo velozmente a la nación a crisis y colapsos muy peligrosos (Carta a los miembros del PCUS, marzo de 1.930).

* La crisis que amenaza la economía del Soviet será inevitable, y en un futuro no lejano hará trizas la melosa leyenda de que el socialismo pueda ser implantado en un solo país….es inminente una crisis en la URSS con su secuela de hechos tales como el cierre forzoso de empresas y el inmediato desempleo (La economía soviética en peligro, 1.932).

* Los trabajadores hambrientos (en la URSS) no están satisfechos con la política del partido. El Partido está descontento de sus jefes, y el campesinado está descontento de la industrialización, de la colectivización, de la ciudad (Artículo publicado en el Militant, USA, 4 de febrero de 1.933).

* Resulta infantil creer que la  burocracia de Stalin pueda ser suprimida por medio de un Partido o por medio del Congreso soviético. No existen procedimientos normales, constitucionales, para eliminar a la camarilla gubernamental…Únicamente por la fuerza pueden ser esos individuos obligados a dejar el poder a la vanguardia proletaria (Boletín de la oposición, octubre de 1.933).

* La crisis política converge hacia la crisis general que se avecina (El asesinato de Kirov, 1.935).

* Dentro del Partido, Stalin se ha colocado por encima de toda crítica y por en cima del Estado, y es imposible desplazarlo a menos que se le asesine. Cada oposicionista se convierte, ipso facto, en terrorista (Declaración hecha durante la entrevista con William Randolph Hearts, del New York Evening Journal, 8 de enero de 1.937).

* Es posible esperar que la URSS salga invicta de la guerra que se aproxima?. A esta pregunta francamente expuesta, nosotros contestaremos también francamente: si la guerra se mantiene solamente como tal, la derrota de la URSS será inevitable, pues desde el punto de vista técnico, económico y militar, el imperialismo es incomparablemente más fuerte. Si la revolución en occidente no lo contiene, el imperialismo barrerá con el presente régimen (Artículo en American Mercury, marzo de 1.937).

* La derrota de la URSS es inevitable en caso de que la nueva guerra no provoque una nueva revolución. Si admitimos teóricamente una guerra sin revolución, en ese caso la derrota de aquella nación es inevitable (Declaración hecha a las audiencias verificadas en México, abril de 1.937).” (374).

Las fechas son ejemplificadoras del papel que jugó Trotski en consonancia con los diferentes imperialismos, yanqui, británico, alemán y japonés. Posición contraria a la industrialización, a la colectivización del campo, a los planes quinquenales, igual que las clases explotadoras. Pronosticación de crisis políticas y económicas sobre el régimen soviético (paro, destrucción de la economía…) coincidentes con las clases explotadoras enemigas del régimen soviético. Posición favorable a actos terroristas y la aniquilación del gobierno soviético (“camarilla de Stalin”), igual que las clases explotadoras, opción favorable ya que era la única forma de tomar el poder, pues era evidente que el tantas veces vaticinado por Trotksi colapso económico y político del régimen no sólo no se producía, sino que se consolidaba con la rápida industrialización socialista, el control del Estado proletario y el apoyo de las masas. Opinión favorable a la derrota militar de la URSS por el imperialismo, coincidente con las clases explotadoras. Opinión contra el desarrollo del socialismo en la URSS (socialismo en un solo país) coincidente con las clases explotadoras. La falta de fe en la clase obrera para llevar a cabo las tareas de industrialización y acercar a la URSS a la cabeza de los países industriales, traslucía el carácter de intelectual pequeño burgués de Trotski, para vaticinar el fracaso de la política del partido bolchevique, política que la prensa burguesa tildó de fantástica y absurda, y que la realidad vino a demostrar que el cumplimiento de los 2 primeros planes quinquenales impulsó el desarrollo industrial y acabó con el desempleo mientras los países capitalistas se bañaban en la crisis, el paro, y la destrucción de las fuerzas productivas. Valoración de que la derrota del imperialismo vendría por la revolución en Occidente, anunciando la derrota de la URSS en caso de guerra, a no ser que se llevara a cabo la revolución antiburocrática en la URSS y la revolución socialista en los países capitalistas en contienda. Evidentemente tales posicionamientos entran en contradicción con los artículos citados de 1.939-40, sobre el supuesto “apoyo” a la URSS en caso de guerra y la defensa de la planificación económica, lo que demuestra su tacticismo, con una total incoherencia argumental de Trotski durante toda su vida y en concreto durante la década de los 30, la década de auge del nazismo y del antisovietismo imperialista.

La práctica de la historia no corroboraría ninguna de las “opiniones”, “análisis” y pronósticos de Trotski realizados entre 1.930 y 1.937, la industrialización y la colectivización se llevaron a cabo con éxitos en el crecimiento económico y desarrollo de las fuerzas productivas, el paro desapareció, la economía socialista se convirtió en el pilar central del régimen soviético, durante el primer plan el PIB creció el 87%, durante el 2º plan quinquenal el PIB y la producción de consumo se doblaron, el gobierno salió fortalecido, la URSS sería el único pueblo que dirigido por su gobierno y su partido revolucionario, frenaría y derrotaría a las tropas nazis, mientras en Occidente estas avanzaron sin apenas resistencia por los ejércitos burgueses.

Trotski demostraba, su falta de capacidad de análisis para la lucha de clases a nivel mundial, casando sus opiniones una y otra vez con las del imperialismo, y su miopía política le haría pasar a servir más a la clase burguesa que a la clase obrera.

En el preludio de la guerra antifascista mundial, Trotski cambia el discurso, pasando de los pronósticos de catástrofe de la economía soviética a los elogios a la base económica socialista en la URSS, como único país socialista, por cierto. Afirmando que todo lo bueno era por la economía planificada, y todo lo malo por culpa de la burocracia del Kremlin Los artículos escritos entre 1.939-40 por Trostki fueron un último intento funambulesco de resituarse ante las conquistas logradas en la industrialización socialista, el desarrollo de la economía en general y el bienestar del pueblo, reconociendo hasta la propia burguesía los avances innegables. Pero Trotski hacía una distinción, ya que los avances socioeconómicos de la URSS eran provocados a su parecer de forma mecánica y espontánea por la nacionalización de los medios de producción y la planificación económica, ante los que el gobierno de la URSS aparecía como una burocracia que estorbaba al desarrollo de las fuerzas productivas socialistas (328) en vez de ser el promotor e impulsor de las mismas (planes quinquenales, stajanovismo, emulación socialista, etc).

Trotski presentaba al “grupo en el poder” como una burocracia separada del pueblo donde los millones de soviéticos apoyaban y trabajaban de forma espontánea por la industrialización y planificación socialistas, sin embargo, ello no le impediría defender a aquellos militares (Tujachevski) (375) y administradores, precisamente el estrato en el que más se nutria el burocratismo, administradores y militares profesionales que cultivaban el apoliticismo en sus cargos y que no toleraban la dirección política del partido.

Por último, y como telón de fondo en este cerco anti-URSS carece de fundamento todo intento de banalizar la situación  de acoso y derribo hacia la URSS llevado a cabo por las potencias imperialistas, por una supuesta paranoia de espionitis de la “burocracia stalinista” ya que las conspiraciones de los gobiernos burgueses para barrer al gobierno bolchevique datan desde principios de la revolución, desde la “conspiración de los embajadores” urdida por Churchill y el agente inglés Lockart, con el intento de asesinar a Lenin y el asesinato de Uritski en 1.918 en sendos atentados terroristas, los sabotaje industrial descubiertos durante la realización del primer plan quinquenal (partido industrial de Ramzin -1930-, juicio de Suchanov -1931-, ingenieros ingleses de la Metro-Vickers en 1933). Y si incluso el espionaje existía en esa época entre las potencias imperialistas de Alemania, Inglaterra y Francia, ¿porqué los Estados burgueses debían comportarse de forma más amigable con el Estado soviético y respetar la buena vencidad, más que entre ellos?. ¿No es más lógico desde el punto de vista de la lucha de clases encontrar en la URSS más espias y saboteadores burgueses que en otros Estados capitalistas?. Churchill, nada sospechoso de comunismo, en sus memorias describió de forma reveladora el ambiente conspirador:

“Durante el otoño de 1936, el presidente Benés recibió un mensaje de una alta personalidad militar alemana, informándole de que, si quería beneficiarse de los ofrecimientos de Hitler, sólo debía darse prisa, porque muy pronto iban a pasar acontecimientos importantes en Rusia que permitirían a Alemania, prescindir de la ayuda de los checos. Mientras Benés meditaba…supo que el gobierno alemán estaba en contacto con importantes personalidades rusas por el canal de la embajada soviética en Praga. Esto formaba parte de lo que se llamó la conspiración militar y el complot de la vieja guardia comunista, que apuntaba a la destitución de Stalin y a introducir en Rusia un nuevo régimen cuya política tenía que ser pro-alemana. Poco después, fue practicada en Rusia soviética una despiadada purga, sin duda útil, que depuró a los medios políticos y económicos…El ejército ruso también fue purgado de elementos proalemanes…El gobierno soviético, en lo sucesivo, estará más prevenido contra Alemania… por todo lo que yo se, los gobiernos británico y francés no han sido suficientemente informados de lo que pasaba. Para Chamberlain, como para los estados mayores británico y francés, la depuración de 1937 aparece sobre todo como el episodio de una rivalidad que desgarra al ejército ruso, y les daba la imagen de una Unión Soviética cortada en dos por odios y venganzas inexplicables” (376).

No sin fundamento en 1.941, tras la invasión nazi de la URSS, el exembajador de EE.UU. Joseph E. Davies diría:

“Todos estos juicios, purgas y liquidaciones, que parecieron tan violentos en aquel tiempo y sobresaltaron al mundo, ahora se revelan con bastante claridad como parte de un esfuerzo vigoroso y decidido del gobierno de Stalin para protegerse…En 1.941 no había ya ningún quintacolumnista en Rusia” (377).

El partido había decidido liquidar a la quinta columna para fortalecer al ejército soviético antes del ataque de la Alemania nazi, y sólo existiría un general (Vlassov) que formó parte de la conspiración de “la unión de generales rusos” que mantendría su cargo militar en la defensa de Kiev, pasándose a los nazis, y formando 2 divisiones que lucharon contra la URSS. Lo que da muestras de cuan poco equivocadas iban las luchas para proteger el poder soviético.

4.7.4 La estrategia de clase del imperialismo y la política de paz de la URSS

Expliquemos por un momento el contexto en el que se encontraba el movimiento comunista y obrero a nivel internacional, la política llevada a cabo por las potencias imperialistas, sus consecuencias y el verdadero carácter de la política exterior de la URSS, de si esta era como Trotski pretendía una política que sólo atendía a los intereses de la burocracia stalinista o a los intereses del proletariado y los pueblos oprimidos.

La política exterior soviética defendida por Litvinov en la Sociedad de Naciones, desde el ingreso de la URSS en noviembre de 1.934, se basaba en utilización del concepto de seguridad colectiva, política de resistencia activa a los agresores, la cual contemplaba desde su apoyo a los pueblos que son víctimas de la agresión y luchan por su independencia, la actuación colectiva de la URSS junto a las democracias burguesas para frenar al fascismo ante cualquier agresión militar (acuerdo soviético-francés en política exterior, mayo 1.935).

Consecuentemente con su política de paz, la URSS va a proponer la obligatoriedad de las sanciones políticas, económicas y militares que acordara la Sociedad de Naciones contra las potencias agresoras, va a luchar infatigablemente porque la Sociedad de Naciones ayudara sin reservas ni limitaciones a las repúblicas china y española, etc. Entre 1935 y 1939, la URSS, a pesar del cerco imperialista hacia sus fronteras, se manifestó en defensa de las primeras víctimas de los agresores imperialistas: China, Etiopía, España, Austria, Albania y Checoslovaquia.

Los gobiernos de Inglaterra y Francia por el contrario adoptaron los conceptos de pacificación hacia las potencias imperialistas agresoras y de neutralidad y no intervención ante los pueblos agredidos. Paralelamente los EE.UU. ayudaban a la creación de la base económica y militar de la Alemania nazi que se rearmaba.

Producto de la política de pacificación y no intervención de las democracias burguesas se produjo una tras otra agresión durante el periodo de octubre de 1.935 hasta mayo de 1.939, antes del pacto germano-soviético:

La primera agresión sin respuesta, la ocupación de Etiopía por la Italia fascista (octubre 1.935).

La segunda agresión en marzo de 1936 con la ocupación de la zona desmilitarizada del Rin por las tropas alemanas, violando los tratados de Versalles y Locarno.

La tercera la agresión nazi-fascista en ayuda a la sublevación las clases reaccionarias contra la IIª República española (julio 1.936).

La cuarta, invasión de China (julio de 1.937) y anexión de Manchuria y la China del norte por el imperialismo japonés. Japón ya en 1914, como señalaba Lenin, había alcanzado un alto grado el desarrollo del capitalismo, comenzó en 1931 a incorporarse en la lucha por el reparto del mundo, introduciendo sus tropas en Manchuria, convirtiéndola en una colonia, cabeza de puente para la agresión a China y la URSS. Las potencias occidentales aprovecharon con su política de pacificación para que Japón aplastara el movimiento revolucionario en China  y se lanzara contra la URSS. El incremento de la ayuda militar de EE.UU. y el suministro de materias primas y maquinaria a Japón se hizo proporcionalmente a la escalada de agresiones contra China y la URSS.

La quinta, la anexión de Austria (marzo 1.938) por la Alemania nazi.

La sexta, el pacto de Munich entre Francia, Gran Bretaña, Alemania e Italia que propició la desmembración y reparto de Checoslovaquia (septiembre de 1.938 y marzo de 1.939) entre la Alemania nazi (anexión de Bohemia-Moravia y Eslovaquia Occidental y Central), la Hungría fascista de Horthy-Szálasi (ocupación de Eslovaquia Oriental y la Transcarpatia ucraniana –Rutenia-) y la Polonia reaccionaria bajo la dictadura de los coroneles 1.935-39 (ocupación del Teshen checo, actual Cesky Tesin), rompiendo el gobierno francés el pacto con la URSS al dejarla sola en defensa de la independencia de Checoslovaquia, mientras Polonia que ambicionaba territorios de la república checa se negó a dejar pasar las tropas soviéticas por su territorio para acudir en apoyo a Checoslovaquia, con quien la URSS tenía un acuerdo de ayuda mutua.

La séptima, el golpe de Estado de Casado-Besteiro-Mera contra la IIª República española apoyado por el gobierno británico (marzo de 1.939).

La octava, la cesión de Memel a la Alemania nazi por el régimen fascista de Lituania (marzo 1.939).

La novena, la ocupación de Albania por la Italia fascista (abril 1.939).

Y la décima, la invasión de Mongolia (aliada de la URSS mediante un pacto de ayuda mútua de marzo de 1.936) por tropas japonesas en mayo de 1.939, que fueron expulsadas por el ejército soviético dirigido por Zhukov. Las últimas tropas japonesas se retirarían el 30 de agosto, los combates duraron 3 meses. El resto de potencias europeas no hicieron nada contra esta agresión del imperialismo japonés. El gobierno soviético firmaría un pacto de no agresión con Japón sin que se coordinase con Alemania, con el objetivo de evitar una guerra en dos frentes contra la URSS.

Ya antes de la invasión japonesa de Mongolia, el 17 de abril de 1.939 la URSS propondría a Francia e Inglaterra un pacto de no agresión y de recíproco apoyo. Pacto en el cual Inglaterra sólo aceptaba la intervención inmediata de la URSS en caso de agresión contra Francia e Inglaterra, pero no aceptaban una actitud similar en caso de agresión contra la URSS o los países bálticos.

En este cuadro la guerra contra la República española se convirtió en la primera batalla de la IIª guerra mundial, como diría Alvarez del Vayo (ministro de exteriores y de guerra del gobierno republicano), ya que Hitler y Mussolini esperaron hasta su final para entrar en Praga y en Tirana. A partir de ahí, Stalin anunciaría que

“él no sacaría las castañas del fuego a las potencias occidentales” (378).

Dolóres Ibárruri denunciaba el intento de las democracias occidentales capituladoras y el fascismo de caracterizar la guerra de España como una guerra contra el comunismo, de ideologías, escondiendo que era una guerra de invasión por medio de la cual los fascismos alemán e italiano

“tratan de ganar posiciones favorables al desarrollo de sus planes de guerra de conquista en Europa” (379).

Estaba claro que el fondo de esta política de pacificación y no-intervención fue dirigida a aislar y dirigir la agresión nazi-fascista hacia la URSS. Esta política era la misma que ejecutarían con la ayuda de los guardias blancos, los ejércitos francés, alemán e inglés que en 1.918 invadieron la URSS, la política de cordón sanitario hacia la Rusia Soviética promulgado por Clemenceau (presidente francés 1.917-20), mediante Estados dependientes, fascistas:

  • en Lituania tempranamente en 1926 un golpe militar fascista derrocó al primer gobierno de izquierdas;
  • en Estonia se cambia el régimen parlamentario por la dictadura de Konstantin Pats en 1933,
  • en Letonia el Estado liberal es derrocado por el golpe de Estado de Karlis Ulmanis en 1.934 lider de la derecha agraria,
  • en Austria crece el fascismo clerical influenciado por el fascismo italiano que culmina en el golpe de Estado del canciller Dollfuss en 1.933;

Estados semifeudales:

  • la Hungría de Horthy que tras la derrota de los soviets húngaros reinó el país 3 décadas (1.920-44),
  • en Rumanía el rey Carol II dio un golpe de Estado en 1.938 imponiendo una constitución en la que se otorgaba poderes plenipotenciarios,
  • en Bulgaria los militares dieron un golpe de Estado en 1934 aupando la dictadura personal del rey Boris III que rápidamente se alineó con el gobierno de Hitler,
  • en Yugoslavia el rey Alejandro I cierra el parlamento en 1929 y establece un régimen dictactorial, contituado tras su asesinato por los fascistas croatas, por el regente Pablo en 1.934 quien se adhiere al pacto anti-Komitern;

y Estados burgueses contrarrevolucionarios:

  • la Polonia de Pilsudski y los coroneles,
  • Finlandia, Rada ucraniana, etc.).

Por tanto, el fascismo y la reacción anticomunista reinante de los años 30 no comprendía solo el caso prematuro del fascismo italiano o la ascesión al poder del fascismo nazi en 1.933, ya que bajo diferentes pelajes fascistas la burguesía reaccionaria avanza en Europa desarticulando la democracia burguesa y reforzando el collar de acero alrededor de la URSS, buscando la estrangulación del poder socialista.

Ya en período 1.935-39, en medio de esas guerras de agresión y conquista imperialistas, la carrera por el reparto del mundo entre potencias se combinaba con la solidaridad de clase antisoviética que sobrepasaba las fronteras, los banqueros mas importantes de EE.UU., Inglaterra, Alemania y Japón establecieron lazos incluso en el caso de que sus países entraran en guerra. El rearme de Alemania en los años 30 fue realizado con el aflujo de casi el 80% de los créditos a largo plazo provenientes de EE.UU. Alemania no poseía mas que el 25% de las materias primas estratégicas, cerca del 50% de importaciones de materias primas y material estratégico provenía de EE.UU., Inglaterra y Francia. El principal proveedor de petróleo en los inicios de la guerra en 1.939-40 era EE.UU. El expresidente Hoover apoyaría la renovación del potencial militar-industrial de Alemania y se entrevistó con Hitler en 1.938 saludando los acuerdos de Munich.

     Estas guerras por el reparto imperialista del mundo (1.935-39) que no se producían entre Estados imperialistas sino contra pueblos y naciones de la periferia en Europa, Africa y Asia, y que ya afectaban a 500 millones de personas, estaban desarrollando un nuevo reparto territorial del mundo a costa de los Estados imperialistas no agresores (EE.UU., Francia y Gran Bretaña) que retrocedían con la esperanza que la guerra contra la URSS liquidara al socialismo soviético y de paso desgastara a sus competidores encharcados en la guerra.

     A este respecto Stalin diría:

“¿Cómo explicar este carácter unilateral y extraño de la nueva guerra imperialista?

¿Cómo ha podido ocurrir que los países no agresores que disponen de formidables posibilidades, hayan renunciado tan fácilmente y sin resistencia a sus posiciones y sus compromisos a favor de los agresores?

¿No se explicará acaso, por la debilidad de los Estados no agresores? ¡Claro está que no!. Los Estados no agresores, democráticos, en conjunto, son indiscutiblemente más fuertes que los Estados fascistas, tanto desde el punto de vista económico como en el militar…

…Se podría explicar esto, por ejemplo, por el miedo a la revolución, que pudiera desencadenarse si los Estados no agresores entrasen en la guerra y ésta adquiriese un carácter mundial” (380).

Stalin anticipaba en 1.939, lo que luego volvería a suceder en 1.946, tras la confrontación militar contra el imperialismo nazi-japonés y la alianza con la URSS. El miedo a la revolución en Occidente resucitaría la política de cordón sanitario y el pacto anti-komitern bajo el paraguas de la guerra fría y la OTAN.

Con respecto a la política de no intervención, dirigido desde sectores de la socialdemocracia para intentar “apaciguar” al fascismo y desde las cancillerías de las potencias imperialistas no fascistas para encaminar la agresión hacia la URSS, Stalin la veía dentro táctica de desgaste de los Estados imperialistas no agresores ante el nuevo reparto territorial:

“Formalmente se podría caracterizar la política de no intervención del siguiente modo: ´Que cada país se defienda de los agresores como quiera y pueda, a nosotros no nos importa, nosotros vamos a comerciar tanto con los agresores como con las víctimas´. Más en realidad, la política de no-intervención significa connivencia con la agresión, el desencadenamiento de la guerra; por lo tanto convertirla en guerra mundial. En la política de no intervención se trasluce la aspiración, el deseo de no impedir que los agresores lleven a cabo su obra funesta; no impedir, por ejemplo, que Japón se enrede en una  guerra contra China, y mejor aún, con la URSS; de no impedir, sobre todo, que Alemania se hunda en los asuntos europeos, se enrede en una guerra contra la URSS, hacer que todos los beligerantes se empantaen profundamente en el cieno de la guerra…dejarles que se debiliten y agoten entre sí, para luego, cuando ya estén suficientemente quebrantados, aparecer en liza con fuerzas frescas, intervenir, claro está, ”en interés de la paz” y dictar a los beligerantes ya debilitados las condiciones de la paz”. (381).

Desde el punto de vista de la defensa del frente único de la clase obrera y el frente popular anti-fascista, el dirigente de la IIIª Internacional Dimitrov en 1.937 advertía la doble moral de sectores de la socialdemocracia como de los gobiernos burgueses, que contra la política de no intervención no se podía estar por el triunfo del pueblo español y buscar a la misma vez compromisos con el general Franco y no se podía medir por el mismo rasero al agresor que a sus victimas.

El pacto anti-Komitern dirigido contra la IIIª Internacional, fue firmado el 25 de noviembre de 1.936 por Japón y Alemania, adhiriéndose el 6 de noviembre de 1.937 Italia, por las potencias imperialistas agresoras. Es decir, al tiempo que Alemania e Italia llevaban un año con sus ejércitos fascistas en España mientras Japón invadía China. En este marco la URSS como primer país socialista en el mundo constituía en el centro de las contradicciones internacionales, el enemigo de todas las potencias imperialistas, por lo que surgía inequívocamente el peligro de que la agresión nazi se desencadenara contra la URSS. El ministro de exteriores británico Lord Halifax en noviembre de 1.937 en su entrevista con Hitler consideró a Alemania como el bastión de Occidente contra el bolchevismo. Tras Checoslovaquia se esperaba que Hitler pagara el peaje del pacto de Munich con la invasión de la Ucrania soviética (382).

En virtud de esta necesidad de política clasista de cordón sanitario y de enfocar la guerra contra la URSS, el imperialismo anglofrancés sacrificaba Etiopía, Austria, Checoslovaquia y Albania. En virtud de esa política de clase sacrificaba la República española ya que de haber triunfado hubiera supuesto un impulso para el frente popular en Francia y la actividad revolucionaria de la clase obrera en Europa.

Sometida la clase obrera en España, Italia, Alemania, los balcanes, Polonia, Finlandia, Austria, Estonia, Letonia y Lituania bajo la dictadura fascista, desarticulada la clase obrera de Inglaterra, Bélgica, Holanda, Suecia, etc., controlados los núcleos dirigentes de la socialdemocracia y el sindicalismo reformista, con un Japón encharcado en el saqueo de China en las fronteras orientales de la URSS, y una Alemania ensanchada con el saqueo de Europa central hacia las fronteras de la URSS, con una Turquía como cabeza de puente de las colonias del imperialismo anglofrancés a poca distancia de los pozos petrolíferos del Caucaso, con una Finlandia y países bálticos a 30 kilómetros de Leningrado, las fantasías imperialistas de Chamberlain, Halifax, Daladier y Blum llegaban a su cénit: ¡lanzar la guerra contra la URSS y de paso desgastar al competidor fascista!. ¿Qué les importaban los españoles, austríacos, abisinios, checos, la democracia y la Sociedad de Naciones?. Una mierda, utilizando una moderada expresión. La burguesía anglofrancesa había sacrificado sus intereses nacionales en una guerra contra la URSS para salvar sus intereses de clase utilizando a Hitler como el “brigada de choque” anti-URSS.

Ante tal situación (amenaza de agresión militar a la URSS, y complicidad de los gobiernos democrático-burgueses con el agresor nazi) la política del partido bolchevique y del gobierno soviético sería la de no caer en las provocaciones que empujaran a la URSS a un conflicto bélico bajo condiciones desfavorables, reforzar la potencia militar del Ejército Rojo y fortalecer la política de paz y amistad de los pueblos entre todos los trabajadores del mundo, manterner a la URSS al margen del conflicto, si fuera posible, y hacer que la URSS en caso de verse implicada en la guerra, interviniera en las mejores condiciones.

El pacto de no agresión germano-soviético sería explotado para elevar la producción al máximo. Entre 1.938-40, la producción industrial progresó un 13% anual, mientras la producción militar se elevó un 39% cada año (383).

Este pacto fue producto de la política de apaciguamiento ante el fascismo. La URSS negoció con Inglaterra y Francia que en caso de agresión a Polonia, pactar un convenio militar colectivo para detener la invasión de Polonia. Las negociaciones las rompieron unilateralmente los gobiernos inglés y francés, entregando Polonia de la misma manera que se hizo con Checoslovaquia a su suerte. Tal es así, que cuando el 3 de septiembre de 1939 las tropas de la Werhmacht invadieron Polonia, los gobiernos de Inglaterra y Francia no cumplieron los compromisos de prestar ayuda en caso de agresión, algo inconcedible militarmente, ya que a comienzos de la guerra la paridad de fuerza militar en tierra, mar y aire estaba a favor de Inglaterra y Francia frente a la Alemania fascista, 110 divisiones francesas e inglesas se mantuvieron en el oeste durante toda la campaña inactivas mientras las divisiones alemanas saqueaban Polonia. Lo mismo sucedería en las campañas de de Noruega y Dinamarca (abril 1940), mostrando falta de voluntad de enfrentarse a la ampliación de la agresión fascista. Los círculos gobernantes ingleses y franceses, a pesar de haber declarado la guerra a Alemania, seguían practicando una política de apaciguamiento en plena guerra considerando que la conquista de los países escandinavos desviaría la atención hacia el frente occidental y los acercaría más  a las fronteras de la URSS. Churchill diría:

“Tenemos más que ganar que perder con un ataque alemán contra Noruega y Suecia”. (384)

El transcurso de la agresión hacia occidente mostró lo errado de la estrategia de las políticas de apaciguamiento y pasividad hacia el ejército alemán, y los objetivos de dirigir la agresión a la URSS.

Por tanto, la crítica del pacto de no agresión carece del rigor histórico y olvida que éste se produce tras el fracaso de único intento de política internacionalista y de alianzas democráticas, es decir, después de la caída de la IIª República española, ayudada militarmente sólo por la URSS y las brigadas internacionales, abandonada por los gobiernos de Francia e Inglaterra. Olvida también que el pacto se planteaba en los mismos términos que la paz de Brest, se decidía la suerte de la independencia de la URSS y la existencia del socialismo, ya que no se puede olvidar que en agosto de 1939 contra la URSS se colocaba la amenaza de guerra en dos frentes, al oeste con Alemania y al este con Japón, que ya había desencadenado la guerra ya señalada en Kalkhin-Gol en Mongolia en verano de 1939.

 

4.7.5 Intelectuales imperialistas del tronco de la IVª y la guerra fría

Tras el final de la IIª Guerra Mundial el anticomunismo pasó tras la breve tregua de la alianza antifascista, a ser la Biblia oficial de occidente. Empresarios, financieros, científicios y criminales de guerra nazi fueron reciclados por EE.UU., Gran Bretaña y El Vaticano, los servicios secretos IRD y OSS movieron ficha reubicando a sus nuevos aliados en Latinoamérica, África, RFA, ya que el prestigio comunista era incuestionable tanto en la intelectualidad del siglo (Miguel Hernández, Rafael Alberti, Pablo Neruda, Louis Aragon, Nicolás Guillén, Nazim Hikmet, Berthold Brecht, Roque Dalton, Henri Barbusse, Antonio Machado…) como en las elecciones y organizaciones obreras de masas.

La heróica lucha antifascista de los comunistas los llevó a ser el partido más votado en Francia (5 millones), en Italia se encontraba el partido mas fuerte de Europa, además de la existencia de fuertes sindicatos de clase (CGT y CGIL), y el prestigio de la URSS como actor principal en la derrota del fascismo. Esta coyuntura colocaba a las fuerzas de izquierda ante el dilema de transformar la sociedad en occidente, la prensa comunista y progresista se editaba por millones, etc, todo esto amenazaba a la burguesía europea y yanqui, que comenzaron a maniobrar ya antes del fin de la guerra.

En el frente político se decidió iniciar una campaña anti-comunista, aislar a los partidos comunistas del resto de la izquierda potenciando la socialdemocracia, dividir el frente de masas sindical (en Francia se creó Force Ouvriére en oposición a CGT), la CISL, que se nutría de antiguos colaboracionistas del fascismo en países de Europa Occidental, se constituyó por todo el mundo para contrarrestar la FSM.

Pero el imperialismo necesitaba también del frente intelectual para atacar al Movimiento Obrero y Comunista desde la izquierda. Precisamente de esos debates internos en el campo del trotskismo de los años 30 en la IVª Internacional, pasarían a ser la cuna ideológica que utilizaría el imperialismo yanqui contra el comunismo, tomando el relevo al imperialismo nazi, para atacar a la URSS esta vez por la izquierda, cuando no podía hacerlo por la derecha (dado el prestigio creciente).

El ya citado Congreso para la Libertad de la Cultura promovido en plena Guerra fría cumplirá tal cometido. La CIA lo financiaría a través de fundaciones de Ford, Rockefeller y otras, impulsado por el trotskista norteamericano James Burham donde participarían intelectuales europeos. El objetivo era fomentar la división y oposición en la izquierda contra el comunismo, para ello era necesario denigrar los dos hechos históricos del siglo XX que más influencia internacional alcanzaron en el movimiento obrero y democrático: la revolución soviética y la guerra nacional-revolucionaria en defensa de la IIª República, atacando la confraternización internacionalista hacia la revolución socialista de octubre y hacia la república española (brigadas internacionales).

Intelectuales reaccionarios, renegados de la izquierda, anarquistas, trotskistas y anticomunistas en general comenzaron a funcionar en EE.UU. y Europa a partir de 1.945. Editoriales, revistas, becas universitarias, intercambios académicos, etc, se difundían a porrillo. Era el comienzo de la lucha ideológica del imperialismo en el campo enemigo, en la izquierda, en todos los ámbitos, político, cultural, etc. Mientras esto sucedía, combatientes de la brigada Lincoln que defendieron la IIª República eran perseguidos y defenestrados en los EE.UU.

Repasemos algunos de sus intelectuales.

     James Burham, exmiembro de la IVª, en su obra el libro The managerial revolution (La revolución de los directores, 1.941), desarrolló la tesis trotskista sobre el proceso de degeneración burocrática en la URSS e introdujo la identificación del fascismo, nazismo y stalinismo como regímenes totalitarios, su celo neoliberal le llevaría a incluir al New Deal roosveltiano bajo el campo del totalitarismo, rescatando parte de las concepciones del trotkista Bruno Rizzi. Hasta el ataque a Pearl Harbour Burham destacó por su posición contraria a la entrada en la guerra de EE.UU. En 1.947 publicaría The Struggle for the World, donde avanzaría sus tesis intervencionistas fijando las claves imperialistas para la guerra fría: oposición entre Occidente y comunismo, entre el legado que hay que defender y la tiranía que debe ser aplastada. Su paroxismo anticomunista llegaría al extremo de proponer el ataque militar a la URSS (Contención o Liberación, 1.953) para crear una zona liberada en Siberia y desatar la rebelión musulmana en el Cáucaso. Más adelante en la guerra del Vietnam propondría la utilización de armas biológicas y químicas. Fue un colaborador de los directores de la CIA (William Casey y Bush Iº), defendió el reciclaje de los nazis en EE.UU. como “luchadores por la libertad”, siendo condecorado por Ronald Reagan por tal cometido. Escribió otros libros como “La inevitable derrota del comunismo. 1.950”, y el colectivo con una introducción preliminar del ministro franquista Fraga Iribarne, “La encrucijada de la política occidental. 1.967”. Si buscamos la página trotskista Marxist Internet Archive, Burham aparece ¡como marxista!.

     En Francia Raymon Aron sería el importador de las ideas de Burham en Europa, traduciendo The Managerial Revolution. Importó las tesis imperialistas sobre las diferencias de los regímenes democráticos, autoritarios y totalitarios, su libro “Democracia y totalitarismo, editado por Seix Barral, Barcelona, 1.968, mientras escribía columnas periodísticas contra el mayo francés (el terrorismo del poder estudiantil). Aron fue introducido en España por el grupo Prisa-Polanco-El País, y recientemente en el 2.004 recibiría un homenaje por la fundación FAES ligado al PP de Aznar. Murió tras salir de un juicio en defensa del filósofo Bertrand Jouvenel, acusado de trabajar de espía para los nazis durante la ocupación.

     Julian Gorkin sería otra herramienta utilizada en el campo ideológico contra el comunismo. Expulsado del PCE en 1.929, se integra en el POUM durante la guerra, fuera del país comienza a trabajar para la CIA entre los exiliados, que le financia conferencias por Latinoamérica, publicación de artículos y libros editados legalmente en la España franquista (Caníbales políticos. Hitler y Stalin en España, 1.941; Cómo asesino Stalin a Trotski, editorial Plaza y Janés. Barcelona. 1.961; El Imperio soviético. Sus orígenes y desarrollo. Rusia y España: ayer y hoy. El oro español, editorial Claridad, Buenos Aires, 1.969: El proceso de Moscú en Barcelona: El sacrificio de Andrés Nin, editorial Aymá, Barcelona 1.974). La editorial Plaza y Janés publicaba sus libros en plena censura franquista. Mientras la propaganda antifascista se pagaba con la cárcel, libros trotskistas circulaban legalmente. Los libros de Gorkin junto a los de Víctor Alba formaba parte de la guerra ideológica que la CIA había desatado para destruir el prestigio de la causa de la IIª Republica entre la izquierda, idealizando una vendetta siniestra de checas y asesinatos. En esta propaganda Stalin aparecía detrás de cada uno de los acontecimientos de la guerra civil, la moraleja de la ficción propagandística era bien simple: ¡menos mal que Franco nos libró de Moscú, los gulags, la burocracia y los planes quinquenales!. Gorkin llegaría a dirigir la revista Cuadernos del Congreso por la Libertad de la Cultura, revista creada por la CIA, era enfocada evidentemente a denigrar la causa de la republica española, y la caracterización de la URSS como régimen totalitario. Colaboradores preclaros de la revista fueron Salvador de Madariaga, Ferrater Mora, Américo Castro, Camilo José Cela, Dionisio Ridruejo, López Aranguren y Victor Alba.

Victor Alba se caracterizo por numerosas publicaciones sobre la guerra civil, con versiones favorables al POUM y la “revolución” anarquista catalana. En el exilio llegó a profesor de la universidad de Kent en EE.UU., un fuerte contraste con los brigadistas del Batallon Lincoln quienes fueron perseguidos, despedidos de sus trabajos y represaliados por el Comité de Actividades Antiamericanas de McCarthy.

Burnett Bolloten que participó en la guerra civil a favor de la IIª República, evolucionaría hacia el anticomunismo en defensa del “mundo libre”.  En su primera obra que data de 1.961, “El gran camuflaje: La conspiración comunista en la guerra civil española, alude a un supuesto complot soviético en contra de la revolución social en la zona republicana. Fue de los pocos autores extranjeros que sus publicaciones lograron superar la censura franquista. El franquista Fraga Iribarne introduciría un prólogo en la publicación del libro, y Calvo Serer, intelectual del Opus Dei, con el objetivo de minar el impacto que en el movimiento obrero internacional causaba la causa de la IIª República, elogiaría la labor de Bolloten:

“El mito que la propaganda internacional intentó crear en torno a la República agonizante comienza a deshacerse en las páginas eruditas y frías de este periodista anglonorteamericano” (385).

G. Orwell, seudónimo de Eric Blair, fué el caso más esperpéntico, ya que acompaña a su condición de soplón y delator del espionaje británico a la de trotskista. Estuvo en la guerra civil en las filas del POUM, luego fue el delator en su tierra de infinidad de intelectuales progresistas al IRD, Departamento de Investigación de la Información del Foreing Office. La apertura de los archivos del Foreing Office demuestra que Orwell delató hasta 125 escritores y artistas como simpatizantes o “testaferros” del comunismo. La mayoría ni siquiera eran comunistas, sino progresistas e incluso liberales.

Al poeta Tom Driberg se le acusaba de ser judio, homosexual y miembro del PC inglés, al músico negro Paul Robeson se le acusaba de ser antiblanco. Acusó al director del semanario laborista New Statesman, Kingsley Martin. A Malcolm Nurse, partidario de la liberación africana, se le acusó de antiblanco. John Steinbeck, Chaplin, H.G. Wells, Bernard Shaw, Orson Welles y el historiador E. H. Carr, tampoco escaparon del dedo acusador imperialista, racista y reaccionario de Orwell (386). El IRD promocionaría su libro Animal Farm (Rebelión en la Granja), y pasó a tener su propio programa radiofónico en la BBC. Para los orwellianos el enemigo era la URSS, tal era así que el franquismo no tuvo reparos en publicar en 1.952 su novela 1.984. Su obra sobre la guerra Homenaje a Catalunya no pasa de ser un constante ataque al bando republicano y ninguna denuncia del fascismo.

El modelo orwelliano fue llevado al cine. La CIA en 1.953 produjo y distribuyó en dibujos animados Animal Farm, y el film de 1.984, mientras EE.UU. bombardeaba Corea y derrocaba al presidente de Guatemala, y más recientemente encontramos al modelo orwelliano en Tierra y Libertad de Ken Loach, película que evita tratar la ofensiva del fascismo en España y las grandes batallas antifascistas  que posibilitaron la prolongación de la resistencia en casi 3 años (Madrid, Guadalajara, Ebro…), para centrarse solamente en el desértico frente de Huesca.

La evolución de Orwell hacia la defensa de su país (Gran Bretaña), y la revisión de su posición trotskista, surgió en plena agresión nazi con los bombardeos sobre Londres (1.940-44), en ese contexto se distancia esporádicamente de Trotski y realiza una revisión de sus posiciones anteriores sobre la guerra española, llegando a argumentar que una revolución en medio de una guerra de agresión no era muy conveniente (387). No obstante, ese apaciguamiento hacia la URSS y Stalin, duraría, lo que duró la alianza antifascista de las potencias aliadas con la URSS, y obedecía más a su vinculación con los intereses del gobierno británico que a un ideal antifascista. No olvidemos que Eric Blair, hijo de funcionarios del cuerpo de la administración colonial británica (Indian Civil Service), fue educado en el colegio elitista de Eton y ya en 1.922 se incorporó al Cuerpo de la Policía Imperial de la India en Birmania.

El modelo orwelliano sobre el “totalitarismo” soviético, sentó escuela en el pensamiento anti-comunista, y es muy utilizado como vitamina reaccionaria de la derecha inglesa, española y los neoconservadores yanquis en la lucha de clases, desde la década de los 50. En España estos están representados hoy mismo en Libertad Digital donde escriben ultras orwellianos como Jiménez Losantos y Pío Mora, quienes “elogiosamente” denuncian el papel de los comunistas y Stalin en la “guerra civil”. No es extraño que las únicas obras que le dieron fama a Eric Blair sean anti-comunistas (Homenaje a Catalunya, Rebelión en la Granja y 1.984), mientras que el resto de su literatura pasa totalmente desapercibida. Desde 1.945 coincidiendo con la cruzada anti-comunista Orwell pasaría a vender por decenas de millares sus obras, en casi todos los idiomas, no era de extrañar, ya que los servicios secretos británicos y de EE.UU., especialmente la CIA destinaron onerosas sumas para su financiación editorial. Tales obras aparte del anticomunismo, jugaron un papel imprescindible para la lucha de clases, ya que destilan un fuerte potencial derrotista y desmovilizador entre las masas.

La enseñanza de las obras de Orwell en las escuelas educó y preparó a toda una generación en la apatía y la desesperación al imponer la visión de que las luchas no se dan entre las clases sino entre unas pocos líderes que se levantan por encima de unas masas aborregadas. Sus obras eran reaccionarias, al sugerir que la abolición del capitalismo, tras la caída del dominio imperial, lo que viene es un mundo deshumanizado. Sus obras también eran eurocentristas y racistas, en Rebelión en la Granja Orwell muestra con sutileza a los cerdos (imagen de rusos soviéticos) como una pandilla de animales incapaces de gobernarse a si mismos (388). Paradójicamente Orwell, sería mucho más condescendiente con el nazismo, el fascismo, el mackartismo, que ni por asomo aparecían en sus novelas. Los pueblos alemán, inglés, yanqui disponían de capacidad para autogobernarse, mientras que los pueblos “inferiores” rusos, indios, chinos, merecían el peor destino. El Orwell de “izquierdas”, fiel a su educación elitista de Eton, diría tonterías reaccionarias como esta:

“Si la India sencillamente se `liberase`, esto es, si se viese privada de la protección militar británica, el primer resultado sería una inmediata conquista por parte de algún país extranjero; el segundo, una serie de hambrunas pavorosas, que acabarían con la vida de millones de personas en pocos años” (389) (Menudo mensaje “anti-colonialista” de Orwell: ¡¡¡No te vayas todavía gracioso imperio colonial, no te vayas por favor!!!, parodiando la música de “cuando un amigo se va”).

Esa era la esencia imperialista del mensaje orwelliano, ninguna alegría por la liberación de los trabajadores y las naciones colonizadas, ni una sola lágrima por los oprimidos por el colonialismo, por el genocidio de los campos de concentración, ni por la persecución anticomunista de la que el formó parte. Sin embargo, no tuvo inconveniente alguno en escribir un prólogo en ucraniano de Rebelión en la Granja, dirigido a los exiliados, muchos de los cuales fueron colaboracionistas nazis implicados en el genocidio de judios y comunistas ucranianos.

Las coordenadas orwellianas y del imperialismo eran gotas de agua, la denuncia psicológica de los partidos comunistas como partidos de Moscú, agentes extranjeros, el peligro rojo, etc, esos mitos imperialistas emergían en los escritos de Orwell con tanta pasión como empeño en las agencias secretas del imperialismo yanqui e inglés, cuando la campaña anticomunista arreciaba sin freno tras la IIª GM. Pero las coincidencias empujarían a Orwell a ser un precusor nada menos que de ¡¡¡la guerra preventiva!!!. Convirtiéndose en un apologista del ataque nuclear preventivo contra la URSS al definirla como un peligro para la humanidad del mundo libre, y en concreto para Gran Bretaña, enfrentandose al movimiento pacifista (¡¡¡menudo “izquierdista” era jorgito!!!), desecharía los métodos de no violencia como irrelevantes para la situación de peligro que representa la URSS (390), es decir justificaba los medios violentos del imperialismo, ¡¡¡llegando a justificar una nueva guerra!!!. La penúltima azaña orwelliana (la última serían las famosas listas del IRD), fue su participación en la Conferencia Internacional de la Juventud en 1.948, organizada por los gobiernos occidentales para contrarrestar la Federación Mundial de la Juventud Democrática cuyo “delito” era organizar a la juventud de los países capitalistas y los pueblos colonizados. En tal conferencia Orwell tuvo la oportunidad de codearse con champán, canapés y oratorias múltiples junto a los ministros británicos reaccionarios de la época, Churchill, Eden, MacMillan, con la jerarquía eclesiástica inglesa y la aristrocracia británica, ¡¡¡toda una auténtica joya “democrática y progresista” del mundo mundial!!!.

Sobre la “inocencia” de Orwell en la delación de comunistas, recientemente se han levantado sus defensores diciendo que se trata simplemente de “calumnias stalinistas” (391). Veamos lo que dicen. Ignacio Iglesias en La verdad sobre Orwell (2.003) nos dice que la cuñada de Arthur Koestler (exizquierdista reconvertido al anticomunismo militante patrocinado por la CIA) le pidió una serie de nombres para organizar un ciclo de conferencias sobre el stalinismo, y este le envió una lista de personas que él consideraba que no valía la pena invitarles, y según Ignacio Iglesias, fue esa lista la que los “calumniadores stalinistas” utilizaron como prueba de la delación. Javier Rodríguez, nada menos que traductor y editor de Orwell, nos habla de Celia Kirwan, funcionaria del Foreign Office británico, quien solicitó a Orwell su apoyo para una campaña de contrapropaganda para combatir al stalinismo, y le pidió a Orwell si conocía a otras personas que les interesara la campaña, Orwell mostró su adhesión a la idea (¡cómo no!) y le envió nada menos que 2 listas, una de nombres que apoyarían la campaña antistalinista y:

“una lista que había confeccionado a lo largo de los años con los nombres de intelectuales ingleses con los que no se podía contar para una propaganda semejante…A esa lista… pertenecen las 38 personas que Orwell presuntamente delató” (Javier Rodríguez).

Pero aquí no acaba la cosa. Andy Durgan, en La lista de Orwell nos dice que poco antes de su muerte Orwell fue invitado a colaborar con el IRD y les entregó una lista de personas que desde su punto de vista no fueron de fiar en la lucha contra el comunismo. Según Andy Durgan este error de Orwell fue debido a su antistalinismo militante como a sus esperanzas puestas en el gobierno laborista inglés, pero que por supuesto eso

“..no significa que Orwell se convirtió en un combatiente más de la guerra fría” (Andy Durgan).

Juan Manuel Vera en De nuevo sobre la lista de Orwell es más categórico. ¡Nunca existió una lista negra!, repite la misma historia que Ignacio Iglesias, que simplemente Orwell se comunicó con su amiga Celia Kirwan (la del Foreing Office, aunque no nos aclara si es la cuñada de Koestler) para darle los nombres de algunas personas con quien se podía contar para la campaña antistalinista y otros nombres con quien no se podía contar:

“Hablar de delación es sencillamente una estupidez, sobre todo si se tiene en cuenta que las opiniones de esas personas eran suficientemente conocidas, que se sabe el motivo por el que hizo la relación y que nadie parece que tuviera la intención de utilizarla, ni la utilizó, para ninguna clase de represalia” (Juan Manuel Vera)

Aquí acaba la transcripción esperpéntica de la defensa de Orwell, por sus admiradores y editores, colgadas en la página digital de la Fundación Andreu Nin. No obstante, los argumentos-excusa traslucen un tufillo anticomunista en sus intenciones, y hasta su defensor Andy Durgan adscribe a Orwell en la lucha contra el comunismo. En primer lugar, se nos dice que los nombres aparecen en escena para organizar una conferencia antistalinista, en plena guerra fría, cuando se fundaba la OTAN, la RFA, se invadía Corea, etc, es curioso que alguien pueda convencerse que eso nada tenía que ver con la política de guerra fría llevada a cabo en consonancia por los servicios secretos yanquis y británicos. Se dice que a Orwell sólo le pidieron nombres de simpatizantes antistalinistas, y que él voluntariamente, sin coacción alguna, ofreció otros nombres con los que no se podía contar para la campaña antistalinista y que estos nombres, que nadié le pidió (¿) calleron en manos de ¡su cuñada!, según Ignacio Iglesias, ¡Celia Kirwan del Foreing Office!, según Juan Manuel Vera y Juan Rodríguez, y ¡el IRD británico!, según Andy Durgan. Y eso que solo era una listita de nombres que “no se utilizó para ninguna clase de represalia”, pues de ser así dio más vueltas que una noria. De todas maneras, para aclarar la falta de consonancia referencial entre los defensores de Orwell, recordamos que el IRD era el departamento de investigación e información el Foreing Office, servicio secreto de su majestad ¡el Imperio británico!, algo parecido a la CIA de EE.UU. Seguramente si la CÍA les enviara la “cuñada” de un “amigo” para hacer una “conferencia” anti-allendista y ustedes dieran “voluntariamente” nombres de simpatizantes y de detractores, nadie pensaría que son unos delatores, soplones o chivatos del dictador Pinochet.

Explicamos esto para ver hasta donde llegan quienes quieren hacer pasar por gentes de izquierda a auténticos renegados y anticomunistas viscerales. Sólo nos cabe una pregunta, si Orwell como explica su defensor Ignacio Iglesias confeccionó durante su vida una lista de personas non gratas y la entregó al IRD ¿no sería Orwell el famoso Gran Hermano del que tanto se habla en su obra 1.984?.

En Francia Boris Souvarine, expulsado del PCF en 1.925. Comenzó a trabajar para la patronal francesa escribiendo en Les Noveaux Cahiers, publicación bimensual controlada por el director del banco Worms (Jacques Barnaud) creada en 1.937, sus artículos iban dirigidos a romper la unidad sindical lograda por la CGT en 1.936, romper la unidad del Frente Popular aislando al PCF y desacreditar a la IIª República española, presentada como una “marioneta” de Stalin. En 1.935 con ayuda financiera de la banca Worms creó el Instituto de Historia Social que contó con el apoyo del Presidente de la patronal francesa. Tras la guerra, Souvarine con la ayuda del vychista Georges Albertini (encarcelado por la Resistencia por colaboracionista de los nazis) volvió a poner en funcionamiento el Instituto en 1.947, que fue rebautizado en 1.954 como Instituto de Historia Social y Sovietología financiado por la CIA, los sindicatos de EE.UU. y la banca Worms, jugando un importante papel en la división del movimiento sindical con la creación de Force Ouvriére, separada  de la CGT. El último éxito de la saga, “El libro negro del comunismo” escrito por el renegado maoísta Stéphan Courtois, quien es vicepresidente del Instituto de Historia Social creado por Souvarine.

Este es el currículo vitae de algunos intelectuales del Congreso para la Libertad de la Cultura, auténtica OTAN cultural revisionista e imperialista que agrupó a toda la cúspide derechista e izquierdista de “antiestalinistas”. Disponían de libertad plena para la defensa de los “valores occidentales del mundo libre” frente al “totalitarismo estalinista”. Para ello, pasaban de puntillas sobre el imperialismo yanqui y el racismo cultural de la época.

Las publicaciones anticomunistas europeas y de EE.UU. que recibían fondos, incluían a revistas de “izquierda” como Partisan Review, Kenyon Revies, New Leader. Entre los intelectuales también se encontraban, además de Burham, en EE.UU. excomunistas, científicos sociales y filósofos como Irving Kristol (antiguo izquierdista), Melvian Lasky, Isaiah Berlin, Sydney Hook, Daniel Bell, Mary McKarthy, Dwight McDonald. No debería estrañanos si hoy la mayoría de estos intelectuales se alinean con Bush IIº. Y en Europa además de los ya citados arriba, Ignacio Silone, Arthur Koestler, Anthony Crosland y Michael Josselson, que junto a George Orwell y Raymond Aron pertenecían al grupo de intelectuales europeos exizquierdistas de la denominada “Izquierda Democrática”.

De estos últimos destacan Arthur Koestler (el de la cuñada que hizo circular las famosas listas de Orwell) húngaro nacionalizado inglés,  trabajó para los servicios británicos y el IRD, servicio creado por el imperialismo inglés para la cruzada anticomunista y antisoviética en febrero de 1.948 por el Foreing Office. Desde entonces Koestler estableció vínculos con la OSS y la CIA, convirtiéndose en un referente clave de la izquierda no-comunista en EE.UU. El departamento de Estado yanqui estimó indispensable para garantizar la hegemonía política e ideológica sobre Europa utilizar el “socialismo democrático” como antídoto a la influencia comunista tras la guerra (392).

Michael Josselson, ex miembro de la OSS transferido a la CIA en 1.948 presidiría el Congreso de la Libertad de la Cultura,  desde su fundación hasta su desaparición en 1.967 tras el escándalo que provocó la revelación en el New York Times de que todo era un montaje de la CIA. Tom Braden que llegó a ser jefe supremo de la CIA durante el gobierno de Eishenhower, contestaría a esa publicación del New York Times reivindicando las acciones de la CIA en las iniciativas del  Congreso de la Libertad de la Cultura, y en la financiación de Force Ouvriére a partir de otoño de 1.945, que supuso la división de la CGT francesa en 1.947 (393).

Lo más gracioso de todo era ver cómo los intelectuales de “izquierda democrática” mostraban su total ignorancia cuando se les acusaba de sus lazos con la CIA, pero ¿acaso el Congreso de la Libertad de la Cultura, denunció la intervención del imperialismo en Grecia y Corea, y los millones de muertes que causaron en su lucha contra el comunismo”?. No lo hicieron.

En realidad la CIA movía los hilos, financiaba las editoriales literarias, y cooptaba a sus agentes en puestos de dirección de las editoriales izquierdistas (394). Permitían que se hablara de la reforma social del capitalismo pero amplificaban y financiaban generosamente la polémica antiestalinista como una condición para la donación de dinero, ya que formaba parte de la guerra de propaganda imperialista contra los marxistas-leninistas occidentales y los escritores y artistas soviéticos. Esta propaganda iba dirigida para contrarrestar la popularidad de la ideología comunista en países en los que encabezaron la lucha antifascista y eran hegemónicos, fundamentalmente en Italia y Francia. La CÍA tenía un gran interés en publicar a excomunistas capaces de criticar la política exterior soviética y el “stalinismo” comunista. El Congreso para la Libertad de la Cultura sería el punto de partida de infinidad de conferencias fastuosas en París, Berlín y Bellagio, durante la década de los 50 y 60, donde científicos sociales y filósofos como Isaiah Berlin, Daniel Bell y Czeslow Milosz predicaban las virtudes de la libertad intelectual bajo parámetros anticomunistas y proyanquis (395).

¿Hicieron crítica estos “intelectuales de la libertad” a las matanzas del imperialismo francés en Indochina y Argelia? ¿Levantaron su voz contra la caza de brujas en EE.UU. y contra las campañas del Ku Klux Klan? Es evidente que tales “intelectuales de la libertad” no querían “hacerle el juego a los comunistas” participando en campañas contra el imperialismo.

Los orígenes de esta guerra fría cultural e ideológica parten de la lucha de clases. La CÍA comprendió que con una derecha europea desacreditada tras la IIª Guerra Mundial por su colaboracionismo con el nazifascismo, debía atacar al comunismo por un flanco diferente. La denominada “izquierda democrática” fue utilizada aquí para dar un destello ideológico a la hegemonía del imperialismo yanqui, quien generosamente premiaría con prestigio público, fondos de investigación y cátedras a quienes supieron trabajar con las anteojeras ideológicas prefijadas por la CIA.

El anti-stalinismo militante en los EE.UU. y la “izquierda democrática” de Europa, con golpes de pecho a favor de los valores de la democracia y libertades burguesas, se convirtieron en el manto ideológico para los crímenes y agresiones del Occidente imperialista. En la actualidad esa “izquierda democrática” ha sido revitalizada para justificar el intervencionismo “humanitario” para dar apoyo a los “Rambos” en Somalia, Afganistan, Irak, Yugoslavia y Kosovo. Los valores de la guerra fría siguen moviendo los hilos y las plumas de profesionales académicos de ¿izquierda?.

4.7.6 Saldo de la pugna del trotskismo con el marxismo-leninismo

Los “desencuentros” de los planteamientos seudo-revolucionarios de Trotski y sus continuadores (que curiosamente nunca han aportado una victoria revolucionaria para el proletariado), contra el Movimiento Comunista en el marco de la lucha de clases, no han sido pocos. Y aunque no siempre se pongan de acuerdo las diferentes tendencias de las que está compuesto el trotskismo, tienen en común su labor de oposición ideológica a las etapas de los procesos revolucionarios concretos, sean socialistas, antifascistas, de liberación nacional, de resistencia a la ocupación imperialista, etc. Centraremos aquí para acabar con un breve repaso histórico para dar luces acerca del papel inequívoco de esta corriente tras la creación de la IIIª Internacional y la constitución de la URSS y de su lucha real contra el socialismo y el Movimiento Comunista Internacional:

1.- Oposición a la revolución permanente por etapas: revolución democrática, alianza con el campesinado y los movimientos de liberación nacional de las naciones oprimidas por el imperialismo, y revolución socialista.

2.– Oposición al centralismo democrático y al trabajo organizado de los militantes en las organizaciones de base defendiendo el partido de abonados sin obligación de tareas y rendición de cuentas, partidarios de crear fracciones organizadas dentro del partido bolchevique a partir de 1923, recuperando la vieja controversia menchevique de un partido con diferentes estados mayores, la unidad de todos los grupos oportunistas y revolucionario.

3.- Oposición a la transición socialista, a la NEP, a la alianza con el campesinado medio y pobre, a la colectivización del campo y la industrialización socialista, a la tesis del socialismo en un solo país, defendida por Lenin antes de la revolución socialista de Octubre en La consigna de los Estados Unidos de Europa –23 agosto 1.915- y en El programa militar de la revolución proletaria –septiembre de 1.916-. La tesis de Trotski contraria al socialismo en un país, era considerada como derrotista y capituladora por el partido bolchevique y por Lenin. Precisamente Lenin combatía la consigna de los EE.UU. de Europa denunciando su carácter imperialista, y porque cuestionaba su teoría del eslabón más débil-desarrollo desigual del imperialismo que posibilita el triunfo del proletariado en uno o varios países antes que en otros. Lenin admitía que la desigualdad del desarrollo económico y político es una ley absoluta del capitalismo, y que el socialismo es posible que triunfe primeramente en unos cuantos o incluso un solo país capitalista, en el eslabón más débil de la cadena imperialista, y que el proletariado triunfante después de expropiar al capital y organizar la producción socialista se enfrentaría al mundo capitalista atrayendo a su lado a las clases oprimidas del resto del mundo. Sin embargo, Trotski siempre se haría portador de la tesis de que el proletariado no podrá mantenerse en el poder ni construir el socialismo en la URSS frente a una mayoría campesina, y en un cerco imperialista, mientras no se produjese la revolución en los países más importantes de  Europa occidental, e incluso si la revolución socialista se diera en un Estado capitalista más avanzado como Alemania, ésta no podría sobrevivir aislada en un mundo capitalista (396). ¿Y si la revolución de occidente se retrasa? ¿Qué hacer? ¿Capitular ante el imperialismo? ¿Entregar las conquistas sociales y revolucionarias? ¿Exportar la revolución? En el fondo no existía diferencia práctica entre la posición menchevique contraria a la dictadura del proletariado y la revolución permanente de Trotski, que en realidad eran la misma teoría de entrega y desesperanza. En 1.919 y en 1922 Trotski reimprimiría su folleto de 1.906: 1905 Balance y Perspectivas, en donde plasmaba su tesis su teoría de la revolución permanente en la que defiende que es imposible estabilizar el poder obrero en Rusia sin el apoyo de una victoriosa revolución proletaria en los países capitalistas más avanzados, y también reeditaría tras la muerte de Lenin en 1924, el folleto El programa de la paz publicado en 1917, en vísperas de la revolución, en el que oponía su consigna de “los Estados Unidos de Europa”, de que el socialismo no puede triunfar en un solo país, y que sólo es posible si triunfa en algunos de los principales países de Europa.

4.- Oposición a la política frente populista y anti-fascista de la Internacional Comunista (Resoluciones VIIº Congreso e Informe de Dimitrov -1.935).

5.- Apoyo al pustch armado contra la república española en plena guerra nacional-revolucionaria contra el fascismo (mayo 1.937). Al grito de ¡Abajo la República! Coincidían los ejercitos nazi-fascistas y las milicias del POUM y la FAI sublevadas, revuelta de la que tanto Franco como nazis y fascistas se jactarían de haberlas promovido.

6.-Promulgar el levantamiento contra la dirección del partido en la URSS, durante toda la década de los 30, mientras el imperialismo nazi acrecentaba sus agresiones (Austria, España, Checoslovaquia…) y preparaba su objetivo: la liquidación del socialismo existente en la URSS.

7.-Tildar la lucha partisana contra los nazis y la lucha guerrillera en Vietnam contra el imperialismo francés como “terrorismo individual”, En Francia la Unión Comunista (precedente de Lucha Obrera) dirigida por Barta llamaba en la ocupación nazi a confraternizar con los soldados nazis que provenían de la clase obrera, y criticaba al PCF por participar en la resistencia partisana, que era obviamente interclasista. No veían que los “soldados obreros” habían sido ganados por el nazismo alrededor de la patria y la raza.

8.- James Burham, trotskista yanqui, que tradujo al inglés Historia de la revolución rusa de Trotski, participó en la IVª Internacional y colaboró con 5 publicaciones trotskistas de EE.UU (El nuevo militante, La nueva internacional, Partisan Review…). Su posición antisoviética le llevó a convertirse en ideólogo nº1 de la guerra fría del imperialismo yanqui.

9.- Tony Cliff (trostkista norteamericano), en los años 50 argumentaría que como en la URSS existía una clase dominante, y que la economía planificada era una forma de capitalismo, los socialistas revolucionarios “no deben defender una forma de capitalismo contra otra”. Tal tesis le llevó a una posición neutral y derrotista durante la intervención del imperialismo yanqui en Corea (397), posición coherente con la planteada por la IVª en los países ocupados por los ejércitos nazis durante la IIª G. Mundial.

10.- Los trotskistas británicos negaron apoyo al FLN de Vietnam del sur por no compartir los objetivos de revolución democrática antiimperialista, con el pretexto de que se defendía un programa burgués y que por el contrario debía establecerse la tarea de la lucha por el socialismo antes que la lucha por expulsar al imperialismo yanqui, cuestionando toda lucha de carácter democrático y de liberación nacional, y toda alianza del proletariado con el campesinado y la pequeña burguesía urbana. Los trotskistas británicos concebían la guerra nacional revolucionaria de Vietnam contra el imperialismo como un conflicto interimperialista de superpotencias (USA-URSS/China). De esta manera silenciaban la agresión de EE.UU. al pueblo vietnamita, justificando su posición derrotista y neutral frente al imperialismo yanqui en los pueblos ocupados.

11.- Apoyo a los “luchadores por la libertad” muyaidines en Afganistán contra la revolución del régimen más democrático y socialmente avanzado de toda la historia afgana.

12.- Integración en candidatura antisandinista de UNO en Nicaragua en las elecciones de 1.990.

13.- Apoyo al UCK pro-OTAN y fascista en Kosovo. Organización terrorista, financiada  mediante el tráfico de drogas y la trata de blancas en Europa occidental. Organizaciones trotskistas propusieron comprar armas para el UCK.

14.- Apoyo a Solidarnosc incluso cuando éste llega al gobierno: “El gobierno de Solidarnosc es un triunfo para la clase obrera” (Mandel) (398).

15.- Apoyo al neoliberal Havel y su Foro Cívico en Checoslovaquia.

16.- En su lucha por el pluripartidismo en los países de Europa Oriental, tolerancia hacia la ilegalización de los comunistas en la década de los 90 mientras las fuerzas pro-capitalistas desde el poder político conquistado “pacíficamente” demolían la base económica socialista.

17.– Campaña por el NO al proyecto de reforma constitucional socialista en Venezuela de diferentes grupos trotskistas, a coro con el imperialismo y la burguesía, de los que destaca la LIT, provocando junto con el partido socialdemócrata PODEMOS la primera división del frente antiimperialista bolivariano, con ataques contínuos a Hugo Chavez, llamando incluso a su derrocamiento (399).

18.- Otros destacados trotskistas que se pasaron al campo del imperialismo: Sidney Hook agente de la CIA; Daniel Bell agente de la CIA y profesor de Havard; Sol Levitas agente de la CIA y director de la revista Newleader; Jose María Mendiluce dirigente del LKI defensor de la guerra contra Yugoslavia y militante del PSOE.

 

Sin duda, lo más catastrófico para el análisis “marxista” de los continuadores de Trotski, tras la IIª Guerra Mundial, fue su incapacidad de ver en las luchas de clase contra el régimen socialista y la disidencia en la Europa del Este nada más que ¡¡¡movimientos revolucionarios!!!. En realidad, las clases que fueron derrocadas tras la IIª Guerra Mundial no desaparecieron ni biológica ni socialmente. La motivación real durante más de 40 años de los disidentes era recuperar sus bienes y tomarse la revancha contra quienes le privaron de sus privilegios sociales. Cuando terratenientes, nobles, príncipes, reyes y burgueses vieron peligrar su poder, se opusieron encarnizadamente a los movimientos revolucionarios y los gobiernos antifascistas y comunistas, para defender y recuperar sus latifundios, fábricas, bosques, castillos, sus rentas, su lujo y su poder.

La mayoría de los disidentes de los países exsocialistas representaban un proyecto político contrarrevolucionario que tras el saldo humano de la restauración capitalista ha mostrado su naturaleza clasista. Según la ONU en el 2005 en el antiguo bloque socialista de Europa el 20% vive en la pobreza, y según UNICEF 1 de cada 3 niños vive en la pobreza (400), este es el gran logro social de la “revolución” antiburocrática, antistalinista, etc, que algunos intelectuales nos anunciaban. El otro gran logro político de los nuevos regímenes capitalistas ha sido la prohibición de los Partidos Comunistas en Estonia, Lituania, Letonia, Rumanía y Kazajstán y la dura represión contra dirigentes comunistas, y la criminalización del comunismo y el antifascismo.

El imperialismo aprovechando las reformas de la perestroika, utilizó sin reparo el nacionalismo reaccionario convirtiéndose en una afilada garra de las potencias imperialistas que intentan imponer nuevos ámbitos de influencia mediante la estrategia de dividir y conquistar. Los llamamientos al odio nacionalista y xenófobo contribuyeron al estallido de guerras civiles en Yugoslavia, el Cáucaso, Moldavia y Asia Central, con un saldo de centenares de miles de muertos. Las minorías nacionales que en la época socialista tenían derechos, con la restauración capitalista, sufren ataques racistas y opresión, son los gitanos de Chequia, los judíos de Croacia, Kosovo, Polonia y Rusia, son los polacos y rusos de Lituania, son los rusos de Letonia y Asia Central, son los serbios de Croacia, son los gitanos, turcos, serbios y montenegrinos de Kosovo, son los croatas de Serbia, son los azeríes de Armenia, son los armenios de Azerbaiyan, son los abjasios y osetinos de Georgia, etc. Este es el otro gran logro de los nuevos regímenes sometidos al imperialismo, el nacionalismo reaccionario.

La famosa campaña por los “derechos humanos” en los países socialistas hoy nos muestra sin atisbo de dudas su verdadera fachada, los derechos al trabajo, la vivienda, a la sanidad, a la enseñanza, a la plena separación del Estado y la iglesia, a un mundo libre de explotación y guerras, plenamente reconocidos en los países socialistas, son sustituidos por el derecho a la explotación en trabajos mal remunerados, la prostitución, las guerras, el paro, la miseria, etc. Si al imperialismo realmente le hubiera interesado los “derechos humanos” hubieran debido elegir como enemigos a Indonesia, Turquía, Colombia, etc., en vez de los países socialistas. Pero origen de clase obliga a defender otras cosas y desgraciadamente el efecto embriagador de la lucha por los “derechos humanos” de los imperialistas también cooptó a izquierdistas que no veían el origen de clase de esas campañas. También pasó en plena guerra de Yugoslavia, donde para defender los “derechos humanos” los bombarderos de la OTAN destruyeron toda la infraestructura de Serbia y asesinaron a miles de personas. Habían gentes de izquierda que asimilando la propaganda imperialista, no veían las causas y el origen clasista.

Vamos a dar un breve repaso que tan profundos “marxistas” del trotskismo se han olvidado de hacer, del cómo tanto política cómo socialmente los antiguos explotadores han recuperado el poder con la caída de los regímenes socialistas en algunos de los países de la Europa del Este, la naturaleza de clase de sus políticas, sus daños “colaterales”, sus víctimas, y evidentemente sus beneficiarios.

Comenzamos por Checoslovaquia. Una vez en el poder, elegido presidente de la república checoslovaca Vaclav Havel (que procedía de una familia de grandes comerciantes anticomunista que colaboró con la Gestapo y fue expropiada) ha conseguido recuperar sus bienes y los de su clase y castigar a los comunistas. El cura católico Vaclay Maly era el nº 2 tras Havel en la agrupación derechista Foro Cívico, una vez en el poder la Iglesia consigue que se le devuelva sus propiedades confiscadas ¡¡¡hace 200 años!!!.. La vieja aristocracia recupera sus propiedades, títulos y tierras, en Chequia, los castillos, tierras, bosques y lagos de las familias Kinsky, Wallenstein, Colloredo-Mansfeld, Czernin, Arco, Schwarzenberg y otros vuelven a sus manos. Vaclav Havel nombró incluso jefe de su gabinete presidencial y ministro de exteriores al príncipe Karel Schwarzenberg, se tiran las estatuas de Lenin y se levantan estatuas del emperador Francisco José I y dictadores fascistas, símbolos de los nuevos regímenes postcomunistas. La rehabilitación política, social y moral de la nobleza, la propagación de sus valores y la devolución de sus bienes expropiados es un paso atrás de gigante en la historia, incluso una reacción contra los valores de la revolución burguesa. Havel prohíbe la difusión de la propaganda comunista, castigada con cárcel de 8 años, prohíbe a comunistas y excomunistas trabajar en el sector público y abole el 8 de marzo como día internacional de la mujer trabajadora. En el plano social, elimina la sanidad gratuita, reduce el presupuesto de enseñanza, vacaciones y maternidad. A finales del siglo XX mientras el Partido Comunista construía 75.000 apartamentos al año, el gobierno de Havel sólo 5.000. En política exterior apoya la guerra del Golfo, el bombardeo de Bosnia por la OTAN, la limpieza étnica de Krajina y los bombardeos de la OTAN sobre Yugoslavia en 1999 (401).

En Polonia el sector beneficiado por Solidarnosc en el poder fue la burguesía derrotada antes de 1948. Solidarnosc, fue financiado por la CIA, la NED, el Vaticano, capitalistas como Soros, y sindicatos occidentales, en su primer congreso contaba con 220 liberados. Tras la expulsión del poder a los comunistas, se restaura la educación religiosa en las escuelas, se promulga una ley (1991) que castiga el aborto a 5 años de cárcel, y la devolución de los bienes a todos los propietarios, máximo beneficiario: la iglesia católica polaca. Walesa como presidente nombró como secretario de la reprivatización al presidente de la asociación industriales creada en 1990, Grohman, que agrupa a los industriales de antes de 1948 y sus herederos. Walesa abolió la pensión que recibían los voluntarios polacos de las Brigadas Internacionales. En 1992 nombró primera ministro a una representante de la burguesía de preguerra, Hanna Suchocka, la Tatcher polaca, que una vez liquidado el socialismo votó como diputada por la prohibición del aborto y la introducción del catolicismo en la enseñanza. Su gobierno privatizó 600 empresas públicas y despidió a los huelguistas del sector del auto en 1993. De 1990 a 1992 Solidarnosc despidió a 3.000 trabajadores por día y aumentó el precio de la electricidad, el agua y el gas por 5 veces (500%). Dirigentes de Solidarnosc se convirtieron en prósperos capitalistas: Piotr Kulesza, Adam Michnik, mientras la población polaca empobrecía y el paro aumentaba vertiginosamente. Durante el mandato de Walesa el paro pasó del 1 al 16%, alcanzando el 25% en las ciudades. La dependencia de la economía crece escandalosamente, las minas de carbón se privatizan, más del 60% de las empresas industriales y del 80% de los bancos están bajo control de propietarios extranjeros. En política exterior, participan en la guerra de agresión a Irak, en contra de la voluntad del pueblo ya que el 75% se opone, sometiéndose al diktat del imperialismo yanqui. En el 2005 existen en Polonia 1 millón de niños que no se alimentan suficiente y degeneran físicamente. Walesa que algunos consideraban erróneamente como un líder de izquierdas, se construye una imponente mansión en su ciudad natal, donde recibe a Reagan y Bush Iº, tras abandonar la presidencia acumula una fortuna aceptando hablar contra el comunismo en foros reaccionarios por todo el mundo. En el 2000 Aznar se declara admirador de las ideas de Solidarnosc y en el 2005 su aparato de propaganda ultraderechista FAES invita a Walesa (402).

El PPP (Partido de los Pequeños Propietarios) que agrupaba a la burguesía y los kulaks en Hungría, fue disuelto en 1949 por su colaboración con los nazis. Este partido renace en 1990 con un único punto en su programa: la restitución de las tierras expropiadas a los terratenientes en la reforma agraria. Los beneficiarios de la contrarrevolución son los antiguos propietarios que recuperan sus bienes. En Hungría al caer la república socialista la Iglesia obtiene la restitución de sus bienes repartidos a los campesinos en 1945, y el restablecimiento de la enseñanza religiosa en las escuelas (403).

En Croacia los neoustachis tomaron el poder en 1990 y volvieron a proclamar el estado independiente con el apoyo de El Vaticano y de Alemania (igual que 49 años atrás con Hitler en el poder). El cardenal Stepinac líder clerical y nº 2 del régimen nazi de Pavelic responsable del exterminio de 700.000 personas durante la ocupación nazi, es rehabilitado por el parlamento croata en 1992 y beatificado por el papa Juan Pablo II en 1998. Hoy algunos curas se dedican a glorificar al dictador nazi croata Pavelic, como máximo defensor de los valores “cristianos”. En la constitución de 1990 Croacia se convierte en “estado de los croatas”, con lo que automáticamente el 12% de la población serbocroata pasaron a ser ciudadanos de segunda, extranjeros. El nuevo presidente de Croacia Franjo Tudjman (exdisidente yugoslavo apadrinado por Amnesty International), escribió que el “nuevo orden” establecido por Hitler se justificaba por la necesidad desembarazarse de los judíos, rehabilitó el régimen nazi croata de la IIª Guerra Mundial, retiró las pensiones a los veteranos antifascistas del Ejército de Liberación partisano, instaló en Croacia a 100 criminales de guerra ustachi refugiados en Australia, Argentina y Paraguay, ordenó el despido de miles de serbios y croatas comunistas en hospitales, escuelas y empresas y la expulsión de miles de familias serbias de sus domicilios. 350.000 serbios fueron expulsados, de los cuales 120.000 se refugiaron en la región de Krajina. Se creó una milicia nazi ustacha formada por 30.000 terroristas con voluntarios nazis de 30 países, que participó en la represión brutal contra la población serbia en Zagreb y su expulsión. En 1995 el ministro de defensa Gojko Susak ordenó el bombardeo e invasión de Krajina (404).

En Eslovenia, el Vaticano apoya la independencia de la exrepública socialista, pero no gratis. El nuevo gobierno democristiano votó una ley por la que se restituía los bienes a los antiguos propietarios, lo que hace a la iglesia católica eslovena la mayor propietaria de bosques de ¡¡¡toda Europa!!!. (405).

En Ucrania, algunos de los dirigentes de la iglesia greco-católica fueron reprimidos por el poder soviético por su apoyo al genocidio nazi. Yeltsin rehabilita esta iglesia y les devuelve sus bienes (406).

En Lituania el presidente electo tras la contrarrevolución en 1990 es Landsberguis, un ex disidente. Hijo de Landsberguis Zemkalnis, ministro de obras públicas del gobierno lituano fascista de 1941. Bajo el primer gobierno burgués de Sajudis (Movimiento “reformista” lituano), se sacó al país de la URSS, lo metieron en la OTAN, criminalizó y prohibió al Partido Comunista lituano, rehabilitó a miles de criminales de guerra lituanos, anuló el derecho de autogobierno de la minoría polaca (7,7% de la población) y privó de derechos a la minoría rusa (9,3% de la población). Posteriormente en 1993 fue elegido presidente de Lituania Valdas Adamkus que en la IIª Guerra Mundial había combatido en una unidad militar preparada por el ejército nazi, desde 1944 hasta 1949 estuvo en Alemania y desde entonces en EE.UU. donde se hizo rico y miembro del partido republicano (407).

En Bosnia Herzegovina la corriente fascista musulmana estuvo representada por Alia Itzezbegovic, que `participó en la división SS musulmana Handchar durante la ocupación nazi, fue convertido en los años 80 del S.XX en un símbolo de la lucha contra “la dictadura comunista”. Dió un golpe de estado integrista y proclamó la independencia de Bosnia que fue reconocida por la CEE en 1992. Posteriormente 1300 terroristas islámicos de Al Qaeda, veteranos de Afganistán, Argelia, Chechenia, etc., combatían en Bosnia al servicio de Itzezbegovic.

En Azerbaiyan, los nacionalistas antisoviéticos en el poder consiguen destruir el nivel de vida del pueblo. Si en 1989 el salario mensual era de 130 dólares, en 1994 sólo 4. Todas las riquezas del país, la principal el petróleo, caen en manos de EE.UU., Inglaterra, Francia y Rusia. Los nacionalistas anticomunistas llevaron al país a la situación anterior a 1917 colocando el petróleo bajo control extranjero (408).

En Armenia el odio nacionalista alimentado por el imperialismo provoca la guerra civil entre amernios y azerís, mueren 30.000 personas, 120.000 armenios que vivían pacíficamente en Azerbaiyan son deportados a Armenia, y lo mismo con los 80.000 azeríes de Armenia, las principales minorías de ambos países son desplazadas. Las relaciones soviéticas de amistad son reemplazadas por el nacionalismo reaccionario. La destrucción de la economía armenia empuja a que el 18% de la población, de entre las más cualificadas, a emigrar. El presidente Kocharian repatria los restos del general nazi Dro, muerto en los EE.UU., como si fuese un “héroe nacional”. (409).

En Rusia el gobierno liberal de Yeltsin estableció una feroz dictadura anticomunista, instaura como símbolo del estado ruso el emblema del zar Pedro el Grande, el águila dorada sobre fondo rojo. Siguiendo el ejemplo de Pinochet en Chile exterminó a cañonazos el parlamento en 1993 asesinando a 4.000 personas. Durante su mandato la política de Yeltsin hizo retroceder el nivel de vida de la población un 80%, y construir una minoritaria oligarquía que se hicieron inmensamente ricos robando el patrimonio industrial y los recursos naturales propiedad del pueblo soviético, el 1,5% de la población rusa encabezada por un grupo de 39 oligarcas se adueñan del 65% de la riqueza nacional (410).

Como bien dice Egido, trotskistas junto a eurocomunistas, socialdemócratas y otros, mintieron a la opinión pública escondiendo la verdadera naturaleza política de la oposición anticomunista en Europa del Este. Bastantes intelectuales occidentales dieron su apoyo completo a estos disidentes, Chomsky, Sontag, Wallerstein, Claudín, Semprun, Yves Montand, Danield Bensaid (dirigente del Secretariado Unificado de la IVª Internacional), etc., apoyaron sin descanso a todos los disidentes que eran financiados por Soros y el departamento de Estado de EE.UU. (411). Por ej., Ignacio Ramonet llegó a defender que el que fuera primer ministro capitalista Tadeusz Mazowiecki en Polonia, católico reaccionario, era un “socialista cristiano”. Curiosamente durante su mandato comienzan las privatizaciones y la destrucción de las conquistas sociales del socialismo, e introduce por decreto la enseñanza del catecismo en las escuelas públicas. ¡Menudo “socialista crisitiano”!. El MC español  “maoísta” publica en 1980 un dossier sobre Polonia en el que se llega a decir que ¡¡¡en Solidarnosc no hay ni una sola corriente que sea favorable al establecimiento del capitalismo!!!. La realidad se ha encargado de demostrar que la restauración capitalista era el objetivo central de los disidentes. Precisamente un punto común en los manifiestos y programas de todos los movimientos e intelectuales disidentes (Solidarnosc, Carta 77, Sajarov, etc.) era el ¡¡¡restablecimiento de la propiedad privada!!!. Incluso Mandel líder del Secretariado Unificado de la IVª Internacional cuando lanza una campaña por la libertad de Havel, nos describe el mundo al revés: los anticomunistas apoyados por el imperialismo ¡¡¡son los revolucionarios!!!, mientras que el gobierno comunista son los contrarrevolucionarios. La torpeza poítica y teórica es evidente, la nueva clase capitalista emergente está bien representada en el movimiento opositor.

Seguimos, el historiador trotskista francés Pierre Broué consideraba a Vladimir Bukovski un disidente de “izquierdas” con un “programa político comunista” en la URSS. Este fue famoso al ser intercambiado por el secretario general del PC de Chile Corvalán, preso en las cárceles de Pinochet. Este disidente de “izquierdas” en 1982 publico un panfleto en el que consideraba al movimiento pacifista contra la guerra como una ¡¡¡quintacolumna del comunismo para destruir el “mundo libre”!!!. Este disidente de “izquierdas” intervino en 1999 en un miting con Tatcher para ¡¡¡pedir la libertad de Pinochet!!!. Este disidente de “izquierdas” en el 2004 interviene en el parlamento europeo con el objetivo de aprobar la condena de los “crímenes del comunismo” (412). El checo Petr Uhl participó en una asociación que apoyaba al gobierno de Dubcek en 1968, convertido al trotskismo en 1965 por Alain Krivine, líder del Secretariado Unificado de la IVª Internacional. Uhl defiende la revolución antiburocrática lanzada por Trotski 60 años atrás y define la Carta 77 encabezada por Havel como un frente unido contra el stalinismo. La Carta 77 de la que surgió el Foro Cívico partido del primer gobierno capitalista de la Checoslovaquia postcomunista. Uhl llega a firmar en 1999 junto a lo más reaccionario de la disidencia anticomunista (Landsbergis, Havel, Elena Bonner, Walesa, etc.) una carta contra el régimen socialista cubano y en apoyo de los “disidentes” cubanos (413).

Tales disidentes han entregado los países exsocialistas al capitalismo, han cerrado los astilleros de Gdansk, han entrado en la OTAN, han ido a la guerra contra Irak. Y… con el tiempo de estos intelectuales antaño simpatizantes de los disidentes, no se ha escuchado una autocrítica, ni la menor crítica de los resultados de la disidencia anticomunista. Quien sí lo tenía claro era el imperialismo. ¿Qué decía la emisora Voz de América?. En su papel de director de los movimientos contrarrevolucionarios en el Este de Europa, en 1983 daba estas instrucciones a las estructuras clandestinas de Solidarnosc:

“En primer lugar, hay que construir una organización clandestina nueva e independiente , que abarque a toda la sociedad y que, en el momento apropiado, eche abajo la vieja fachada y aparezca como una Polonia independiente y democrática…Todo debe dirigirlo a través de un sistema de enlaces escalonado y clandestino, el centro clandestino de Solidarnosc… Esta estrategia de guerra anticomunista o contrarrevolución reptante está calculada para más de un decenio y, como es natural, excluye la concertación de todo acuerdo o compromiso” (414).

Una vez quedó claro para la clase obrera polaca el significado de la “libertad” que defendía Solidarnosc (libertad para despedir y cerrar empresas) no fue la casualidad que 9 millones de afiliados abandonan este sindicato en 1991 y la mayoría se afilian al sindicato comunista Alianza Polaca de Sindicatos (OPZZ). Solidarnosc una vez restaurado el capitalismo se quitó la careta ante los trabajadores como partido político del imperialismo, la reacción católica y la oligarquía capitalista polaca.

En realidad para el izquierdismo, el revisionismo en general y el trotskismo en particular, la dialéctica no ha sido ni es su fuerte y al final tales dotes teóricas  sobre sus supuestos análisis acerca de la URSS y de los países socialistas, acabarían en la praxis política a fines del siglo XX por defender el Estado burgués. Ya que en la realidad no ficción, en la lucha de clases en tales países no se trataba de derrocar el poder de la burocracia y de abolir la dominación del “politburó”, sino de expropiar las empresas estatales, liquidar las cooperativas del campo, rescatar las grandes propiedades y tierras a sus antiguos propietarios terratenientes y burgueses. En definitiva destruir toda la propiedad socialista, demoler todo el sistema sanitario y asistencial, todo lo que en cierta forma estaba ligado a las relaciones de producción socialistas, para restaurar a través del modo de producción capitalista el dominio político de la burguesía.

Mientras esto sucedía, ningún grupo trotskista o izquierdista de la época fue capaz de aportar una visión clasista, viendo en los Yeltsin, Walesa y Havel de turno a los líderes de su anhelada “revolución política antiburocrática”, lo que en realidad era y fue una contrarrevolución social en toda línea. En ese terreno retrotrayéndonos a la década de los 30, los Burham, Schatman y Rizzi fueron mucho más coherentes en su tiempo que Trotski al pedir sin ambigüedades la “revolución social”, la lucha contra la URSS y la liquidación del “colectivismo burocrático”, adelantados a su época desarrollaron el trotskismo teórica y políticamente más allá del propio Trotski.

 

4.8 Nuestra trinchera: la dictadura del proletariado como necesidad histórica

En “La guerra civil en Francia” publicado como Manifiesto dirigido al Consejo General de la Internacional, Marx hacía una explicación y análisis sobre los acontecimientos de la comuna parisina en 1.871, con la sublevación del proletariado y la instauración de la primera dictadura del proletariado conocida. En tal manifiesto Marx no se equivocaría de trinchera de clase, y ello a pesar de que antes, en 1.870, hubiera aconsejado a los obreros parisienses, de que la insurrección armada era prematura. Ello no le impidió descargar extraordinarios esfuerzos morales y teóricos de apoyo a la comuna, demostrando con ello su visión internacionalista y su posición política en la lucha de clases con el proletariado no sólo en las palabras sino en la acción.

Sus palabras descriptivas sobre los acontecimientos fueron demoledoras contra el enemigo de clase, la burguesía bonapartista, por su posición reaccionaria de no abandonar la historia colocándose contra el progreso y por la sanguinaria represión que desató contra el pueblo de París en alianza con el imperialismo prusiano.

Recordaremos otra vez que Marx que fue acusado de romántico, se defendió de tal acusación por medio de la dialéctica de la materialidad de la lucha de clases, replicando por ello a Kugelmann:

“La historia universal, sería por cierto muy fácil de hacer si la lucha sólo se aceptase con la condición de que se presentaran perspectivas infaliblemente favorables” (415).

Y tampoco Marx dejaría de aplicar la crítica justa, analizando los errores que el Comité Central de la Comuna no utilizara todos los poderes a su alcance para vencer al enemigo de clase, de no desarmar y encerrar a los guardias municipales y permitir que estos se escaparan a Versalles para ponerse a salvo, de no ocuparse de quienes participaron en una “manifestación pacífica” contrarrevolucionaria contra la Guardia Nacional (ejército revolucionario compuesto mayoritariamente por proletarios), y permitir que siguieran conspirando contra el poder revolucionario en el mismo París, de no marchar inmediatamente sobre el Versalles indefenso, donde se encontraba el gobierno de la Asamblea Nacional burguesa, “para acabar con los manejos conspirativos de Thiers” (416), de que fue un error no nacionalizar el Banco de Francia ya que ello hubiera significado “la presión de toda la burguesía francesa sobre el Gobierno de Versalles para que negociase la paz con la Comuna” (417). Aquí vemos a un Marx partidario de la autoridad extrema para defensa del poder político del proletariado.

Pero a pesar de tales críticas, no por ello Marx y Engels dejaron de situar los elementos políticos y teóricos de avance que aportaron los revolucionarios parisinos, ya enumerados en las págs. anteriores (punto 4.1).

Y estas conclusiones las sacaron de actores políticos que participaron, que en su mayoría eran proudhonianos y blanquistas, pero que en la práctica se vieron obligados a actuar en contra de sus propios postulados teóricos. Por ejemplo, uno de los decretos más importantes de la comuna fue la de organizar la industria y la manufactura en una gran unión convirtiendo la propiedad privada de los medios de producción en propiedad social, precisamente cuando Proudhon era defensor de la pequeña propiedad privada. También la insurrección fue llevada a cabo por un cuerpo (Guardia nacional) creado por la mayoría de los ciudadanos de París y compuesta en su mayoría de obreros, y una vez tomado el poder llamaron a todos los franceses a crear una federación de comunas por todo el país, lo que no entraba en el espíritu blanquista de revolución-insurrección llevada a cabo únicamente por la minoría revolucionaria.

¿Por qué explicamos esto?. Pues porque ni Marx ni Engels, (incluso ni blanquistas ni proudhonianos), se equivocaron de trinchera, ni por ello abandonaron la defensa de sus posiciones teóricas y políticas, ni tampoco dejaron de apoyar los procesos revolucionarios aunque el color político dirigente no coindiciera con la mayoría del Consejo General de la Internacional, que Marx y Engels representaban y dirigían. Hubiera resultado rocambolesco y cruel, que Marx y Engels, teóricos de la revolución socialista, por diferencias ideológicas hubieran promulgado un levantamiento contra la comuna, por no llevar a cabo “correctamente” toda la estrategia revolucionaria. Este echo hubiera supuesto una traición al proceso revolucionario, algo de lo que Marx y Engels nunca pecaron, como sí lo hicieron la mayoría de la IIª Internacional en 1.917, y los trotskistas que llamaban a derrocar al gobierno soviético ante el ascenso del fascismo, y que durante la guerra nacional-revolucionaria en la España republicana abrieron junto a un sector anarquista un segundo frente en Barcelona (mayo de 1.937), provocando la euforia en los cuarteles generales nazi-fascistas.

Creo que esta misma actitud clasista de Marx y Engels es la que debemos de tomar sobre la explicación y análisis de la experiencia soviética, sin abandonar la crítica que ya hemos efectuado, sacando las lecciones pertinentes, sin abandonar el análisis histórico desde la dialéctica marxista-leninista, sin confundir nuestra posición de clase.

¿Qué hubiera pasado si no se hubiera producido la insurrección de octubre de 1.917 en Petrogrado? ¿Hubiese acabado la Iª Guerra Mundial como una matanza imperialista de obreros sin esperanza alguna para la revolución? ¿Hubiese supuesto una derrota para el movimiento obrero internacional y el abandono definitivo de toda estrategia revolucionaria?

¿Qué hubiera pasado sin la creación de la IIIª Internacional? ¿Hubieran acabado por ser abducidos o liquidados los revolucionarios en el seno de partidos reformistas cuyas direcciones estaban entregadas a la burguesía, mientras se desarrollaba la guerra intervencionista contra el nuevo Estado soviético? ¿Hubieran podido los comunistas, en la Europa de principios del siglo XX establecer una estrategia política independiente de la socialdemocracia dentro del movimiento obrero con el objetivo de colocarse a la vanguardia de los procesos?

¿Qué hubiera pasado sin la defensa del socialismo en un solo país, ante la imposibilidad que la revolución socialista triunfara en Europa occidental y norteamérica? ¿Se hubiera acabado con la pobreza, el analfabetismo, el desempleo, el hambre y la escasa industrialización, en la que se encontraban los pueblos soviéticos después de 1.921? ¿Se hubiera implantado el derecho de autodeterminación de los pueblos y alcanzado la igualdad política, cultural y económica contemplada en la Constitución soviética de 1936? ¿Se hubiera restaurado el capitalismo, triunfando la contrarrevolución en la URSS, en una coyuntura de crisis capitalista donde la salida política de la crisis era el fascismo y el nazismo?

¿Qué hubiera pasado si la URSS no hubiera existido como tal? ¿Hubiera existido la gran guerra patria soviética contra el nazismo y Stalingrado? ¿Estaríamos bajo el imperio de los 1.000 años anunciado por Hitler y sus secuaces? ¿Se hubiera descolonizado más de medio mundo? ¿Hubieran triunfado las revoluciones de socialistas de China, Corea del Norte, Vietnam, Cuba, Angola, Mozambique, Afganistán, la revolución sandinista en Nicaragua, etc.? ¿Hubieran dejado de existir en el continente europeo durante 45 años (1.945-90) guerras e intervenciones militares? ¿Hubiera existido el Estado de bienestar en los países de Europa occidental, tal y como lo hemos conocido, y que hoy ya no existe?.

Podíamos seguir con los interrogantes, pero, sólo quiero dejar claro que bajo el imperialismo, los que todavía nos consideramos comunistas, ni podemos ni debemos renunciar de la experiencia soviética, de la misma manera que ni Marx ni Engels renunciaron de la experiencia de la Comuna, la que incluso les sirvió para dar fundamento político y práctico a su teoría de la dictadura del proletariado.

Los marxistas-leninistas utilizamos la dialéctica materialista, la lucha de clases para intervenir en los acontecimientos, y tratar de dirigir la actividad de las masas allá donde estén. No podemos caer en la renuncia de la herencia revolucionaria ni en la claudicación ante las luchas concretas por razones teoricistas o de moralismos burgueses. Porque el enemigo de clase si que lo tiene claro y no repara en los medios más brutales, cínicos y criminales para manifesar su solidaridad de clase contra las luchas revolucionarias del movimiento obrero.

El carácter internacional de la lucha de clases entre burguesía y proletariado se estableció hace 136 años, cuando los Estados capitalistas dejaron de lado sus contradicciones y se solidarizaron sin fisuras en la lucha contra el socialismo. La solidaridad de la burguesía alemana y francesa en medio de la guerra franco-prusiana contra la Comuna de París, inauguró tal evento histórico en la persona del canciller Bismarck, liberando a los 100.000 rehenes del ejército francés para marchar contra el París revolucionario. La burguesía francesa devolvería el favor en plena Iª Guerra Mundial liberando tropas alemanas armadas apresadas para que lucharan contra la republica soviética de Baviera, catorce Estados capitalistas invadieron el nuevo Estado socialista en Rusia, dejando de lado sus rencillas militares. Si eso es y ha sido así en el campo burgués, tambien debe serlo en el campo proletario, la solidaridad hacia la clase obrera de otros países en sus luchas revolucionarias, dado el carácter internacional de la misma no puede ir acompañada de la indiferencia, la crítica destructiva y la desmemoria, sino de la solidaridad, el apoyo clasista y la memoria histórica bien alta acerca de las experiencias revolucionarias. La campaña obrera de apoyo al recien creado Estado soviético y las brigadas internacionales en la IIª República española son el camino del ejemplo internacionalista en nuestra clase.

Soñamos, pero no somos utópicos, nos gustaría que los procesos revolucionarios se produjeran sin una sola baja, nos gustaría que las condiciones de la lucha de clases fuesen lo más favorables, nos gustaría que los procesos fueran pacíficos del principio al fin, nos gustaría que los errores no llegaran nunca a existir, nos gustaría ser perfectos, pero lo que no nos gustaría como comunistas es la de equivocarnos de trinchera utilizando la crítica de los procesos revolucionarios para actuar en el bando equivocado. Fue Engels quien hace más de un siglo lo dejaba bastante claro en los principios del comunismo, que es deseable por los comunistas la supresión de la propiedad privada por vía pacífica, pero que esta dependía del grado de resistencia y violencia opuesta por las clases explotadoras.

Por ello ya nos advertía de la capacidad represiva de la burguesía como clase no dispuesta a desaparecer de escena ni voluntaria ni democráticamente, ni dejar que el proletariado se desarrollara políticamente como clase. Y por este camino se ha movido el capitalismo en su fase imperialista. Todos sabemos los crímenes del capitalismo que sus defensores o corifeos de “congresos de la libertad y la cultura” no quieren nombrar: los millones de niños que cada año mueren por hambre, las enfermedades y guerras provocadas por el capitalismo, como parte de los millones de personas sin distinción de edad, género y raza mueren por esa misma causa. Pero existe otro crimen, la represión política que el capitalismo lleva a cabo cuando la mayoría de la sociedad decide cambiar las cosas, el terror blanco en Rusia se llevó la vida de 20 millones de ciudadanos soviéticos (1.918-21), el nazismo se llevó la vida de 50 millones de europeos, el terror franquista en alianza con el fascismo italiano y el nazismo sembró 1 millón de muertes, en Indonesia medio millón de comunistas fueron pasados por las armas, en Chile más de 30.000 activistas de la izquierda fueron muertos y desaparecidos, y un largo etcétera. Está claro que cuanto más se acerca la hora final del capitalismo, o simplemente se cuestiona su dominación política, mayor es la resistencia de las clases explotadoras, y más antes abandonan la democracia como instrumento político para la defensa de sus intereses de clase, y lo que está pasando contra la Venezuela bolivariana o en Bielorrusia, es buena muestra de ello.

Los comunistas no somos jesuitas que esperan desde el ascetismo moral el cumplimiento de las verdades “bíblicas”, los comunistas somos quienes nos organizamos para luchar por una sociedad mejor, quienes partimos de la lucha de clases en la situación concreta buscando la mejora de la situación existente, porque sabemos que con la práctica histórica de la clase obrera, de la mayoría de la sociedad, desde la dialéctica de la lucha de clases, no desde la metafísica y la conciliación de las clases, desde la actividad política y social científica, no desde el utopismo encerrado en la pasividad y el dogmatismo cuasibíblico, se puede empujar la historia y transitar al comunismo. Quizá las circunstancias y las formas no nos gusten mucho, pero serán las que la lucha de clases determinen, lo que seamos capaces de haber aprendido de nuestros propios errores y lo que aguante la resistencia de a quienes ya les va bien lo existente, explotando a los demás.

NOTAS de LA DICTADURA DEL PROLETARIADO

(265) Eltos. fundamentales para una crítica de la economía política. (K. Marx) Grijalbo. Tomo II°, pág. 228.

(266) Marx. El Capital. S. XXI. Vol. 2°. Tomo I°, págs. 439 y 440.

(267) “El trabajo de alta vigilancia y de dirección responde a una necesidad de todas aquellas ramas en que el proceso directo de producción adopta la forma de un proceso socialmente combinado y no la de un trabajo aislado de los productores independientes. Y tiene un doble carácter. De un lado, en todos aquellos trabajos en los que cooperan muchos individuos, la cohesión y la unidad del proceso se personifican necesariamente en una voluntad de mando y en funciones que no afectan a los trabajos parciales, sino a la actividad total del taller, como ocurre con el director de orquesta. Es este un trabajo productivo cuya necesidad se plantea en todo régimen combinado de producción. De otro lado… este trabajo de alta vigilancia se presenta necesariamente en todos aquellos sistemas de producción basados entre el antagonismo del obrero productor directo y el propietario de los medios de producción. Cuanto mayor es este antagonismo, mayor también es la importancia que desempeña el trabajo de alta vigilancia. Por eso, este trabajo alcanza su punto culminante bajo el sistema de esclavitud. Sin embargo, es también indispensable en el régimen de producción capitalista puesto que aquí el proceso de producción constituye, al mismo tiempo, el consumo de la fuerza de trabajo por el capitalista. Del mismo modo que en los Estados despóticos, el trabajo de alta vigilancia y la injerencia total del gobierno engloba ambas cosas: tanto la realización de los asuntos comunes que se derivan del carácter de toda comunidad, como las funciones especificas que responden al antagonismo entre el gobierno y la masa del pueblo” (K. Marx, El Capital. Ed. S. XXI).

(268) N. Poulantzas, Sobre el Estado capitalista, Ed. Laia, pág. 139.

(269) Líneas fundamentales de la Crítica de la Economía Política (Grundrisse) Marx. Crítica. Grijalbo. Tomo II°, p. 228, 229 y 230.

(270) Ver El partido en la URSS 1.917-1.945 (G. Procacci) Ed. Laia.

(271)  Joseph Vissarionovich Dzhugashvili “Stalin” (Texto del PCEr).

(272) Bettelheim. Las luchas de clases en la URSS. Primer período, pág. 269. Ed. S. XXI.

(273) “Según los datos del censo de 1.922 el 4,6% de los miembros del partido eran analfabetos, el 13% tenían una instrucción doméstica o de autodidacta, el 75,1% de instrucción inferior, y sólo el 6,8% una instrucción media o superior” (Procacci. El Partido en la URSS 1.917-45. Laia, pág. 137).

(274) La revolución proletaria y la cultura, citada por Bettelheim en Las luchas de clases en la URSS. Primer período. págs. 269, 270, 271, 480 y 481.

(275) Ver Bettelheim. Las luchas de clases en la URSS. Primer período, págs.177, 178 y 293. Ed. S. XXI.

(276) En 1.927 se llegaría al punto culminante del debate entre las corrientes organizadas del PCb. Tras 10.711 reuniones de las células para debatir el XVº Congreso, en las que asistieron 730.862 militantes, la línea mayoritaria del partido obtuvo el 99,2%. (Joseph Vissarionovich Dzhugashvili “Stalin”. Texto del PCEr).

(277) Ver Las luchas de clases en la URSS. Primer Período (Ch. Betelheim) pág. 479.

(278) Ludo Martens. Otra visión de Stalin, pág. 87. Ed. EPO.

(279) Ver Stalin y la lucha por la reforma democrática. Grover Fur. Ed. PCE-ML.

(280) “Del informe que el camarada Zhdánov hizo, a fines de febrero de 1.937, en el Pleno del Comité Central sobre el problema de la preparación de las organizaciones del partido para las elecciones al Soviet Supremo de la URSS, resultó que había toda una serie de organizaciones que, en su actuación práctica, fallaban abiertamente a los estatutos del Partido y a las bases del centralismo democrático, que suplantaban el principio electivo por el sistema de la cooptación, la votación por candidaturas separadas por la votación por listas, el sufragio secreto por el voto abierto, etc. Era evidente que organizaciones que actuaban así no podían cumplir con su misión en las elecciones al Soviet Supremo. Por tanto, era necesario, ante todo, acabar con semejantes prácticas antidemocráticas en las organizaciones del Partido y reconstruir la actuación de éste sobre la base de la plena democracia. Acerca de esto, el Pleno del Comité Central, después de oir el informe del camarada Zhdánov, dispuso:

a) Reconstruir el trabajo del partido sobre la base de la aplicación plena e incondicional de los principios del democratismo dentro del Partido, con arreglo a sus estatutos.

b) Acabar con la práctica de la cooptación para designar los miembros de los comités del partido y restablecer, de acuerdo con sus estatutos, el carácter electivo de los órganos dirigentes de las organizaciones del partido.

c) Prohibir, en las elecciones para designar los órganos del partido, el voto por listas y efectuar la elección por candidaturas separadas, garantizando a todos los miembros del partido el derecho ilimitado de recusar a los candidatos y criticarlos.

d) Implantar, en las elecciones de los órganos del Partido, el sistema de votación secreta de los candidatos…

f) Obligar a todas las organizaciones del partido a acatar rigurosamente, de acuerdo con sus estatutos, los plazos señalados para las elecciones de sus órganos: en las organizaciones de distrito y de ciudad, una vez al año; en las organizaciones territoriales, regionales y de repúblicas, una vez cada año y medio.

g) Asegurar, en las organizaciones primarias del partido, la estricta obsevancia del régimen de elección de los comités del partido en asambleas generales de fábricas, sin permitir la suplantación de éstas por conferencias…” (Historia del Partido Comunista –bolchevique- de la URSS, págs. 446 y 447. Ed. Progreso. Moscú 1.947).

(281) Entrevista con Roy Howard, citado por Grover Fur, Stalin y la lucha por la reforma democrática. Ed. PCE-ML.

(282) Ver Stalin y la lucha por la reforma democrática. Grover Fur. Ed. PCE-ML.

(283) El partido en la URSS 1.917-1.945, p. 95 (G. Procacci). Laia.

(284) Ver Ted Grant. Rusia: De la revolución a la contrarrevolución, Ed. Fundación F. Engels.

(285) Mandel, Tratado de economía marxista, Tomo II°, p. 210. Era.

(286) A través de la crítica y la influencia de las ideas de Marx en el partido socialdemócrata alemán, el redactado final del punto 11° del programa de Erfurt se desprende de las posiciones lasalleanas del socialismo de Estado: “El Partido Socialdemócrata no tiene nada de común con lo que se viene denominando socialismo de Estado, que supone un sistema de explotaciones por el Estado con un objetivo fiscal; sistema que sustituye a los empresarios por el Estado, quien, de este modo, reúne en una sola mano la potencia de la explotación económica y la opresión política” (Crítica del Programa de Erfurt. Engels. Ed. Ayuso, págs. 60 y 61).

(287) Ver Bettelheim. Las luchas de clases en la URSS. Primer período. Ed. S. XXI.

(288) F. Engels, Introducción a La guerra civil en Francia,  Marx y Engels Obras Escogidas, págs. 198 y 199. Tomo IIº. Ed. Progreso).

(289) Lenin, cartas desde lejos, 3ª, T XXIII págs.. 325,326 y 483.

(290) K. Marx. La guerra civil en Francia en Obras Escogidas, pág. 236. Tomo IIº. Ed. Progreso.

(291) K. Marx. Crítica del Programa de Gotha. Ed. Cuadernos Materiales pág. 90.

(292) Ver Sociología (Salvador Giner) , pág. 244 Ed. Península.

(293) Falsedades y verdades sobre los privilegios (Yegor Ligachov) Pravda. Traductor Josafat. S. Comín. (civilización socialista) 2.007.

(294) «.examinemos de más cerca la teoría de la igualdad del valor. Todo tiempo de trabajo es absolutamente igual ; el del carretero y el del arquitecto. El tiempo de trabajo y, por tanto, el trabajo mismo, tiene, pues, un valor. Pero el trabajo es el creador de todos los valores ; sólo el da un valor, en el sentido económico de la palabra, a los productos que da la naturaleza. El valor mismo no es mas que expresión del trabajo humano socialmente necesario, objetivado en una cosa. El trabajo no puede por tanto tener valor. Hablar del valor del trabajo y pretender fijarlo sería tanto como querer hablar del valor del valor y querer determinar el peso no de tal o cual cuerpo pesado, sino de la pesantez misma…

     …juzgad ahora la audacia del señor Duhring, que atribuye a Marx la proposición de que el tiempo de trabajo de un hombre tiene en sí mas valor que el de otro, como si el tiempo de trabajo y, por consecuencia, el trabajo, tuviese un valor, ¡cuándo precisamente Marx es el primero que ha mostrado cómo y porqué el trabajo no puede tener valor!

     Para el socialismo, que quiere emancipar la fuerza de trabajo humano de su actual estado de mercancía, es una idea de la más alta importancia la de que el trabajo, no tiene, no puede tener valor. Por esto caen todas las tentativas que el señor Dühring ha heredado del socialismo espontáneo de los obreros, que consiste en hacer de la repartición futura de los medios de existencia una especie superior de salario. De esta idea resulta esta otra: que la repartición en la medida que es dominada por las ideas puramente económicas, se rige por los intereses de la producción, y la producción, ante todo, se vivifica por una forma de repartición que permite a todos los miembros de la sociedad desarrollar, mantener y ejercitar sus facultades en el mayor número de direcciones. Sin duda, debe parecer monstruoso al modo de pensar heredado por el señor Duhring, de la tradición de las clases cultas, un porvenir en que ya no existan ni carretero ni arquitecto de profesión, y en que el hombre, que durante media hora haya dado instrucciones como arquitecto, empuje algún tiempo la carretilla hasta que de nuevo vuelva a su actividad de arquitecto. ¡Hermoso socialismo el que perpetúa a los carretilleros de profesión! 

     Si la igualdad del valor del tiempo de trabajo ha de significar que todos los trabajadores produzcan en tiempos iguales, sin que sea preciso fijar la media, ello es evidentemente falso. Para dos trabajadores, en el mismo ramo de industria, el valor del producto de la hora de trabajo será siempre diferente, según la intensidad del trabajo y la habilidad del obrero; y a ese inconveniente, que sólo lo es para gentes como el señor Duhring, no hay comuna económica, al menos en nuestro planeta, que pueda remediarlo. ¿Qué queda, pues, de esa pretendida igualdad del valor de todo y de cada trabajo?. Nada más que una frase, sin otra base económica que la incapacidad del señor Dühring para distinguir entre la determinación del valor por el trabajo y la determinación del valor por el salario; no queda más que ese {ukase, que será la ley orgánica de la nueva comuna económica: ¡el salario debe ser igual para tiempos de trabajo iguales!. Los antiguos trabajadores comunistas franceses y Weitling, daban mejores razones en favor de la igualdad de salarios que reclamaban.

     ¿Cómo, pues, se resuelve esta importante cuestión del mayor salario del trabajo compuesto?. En sociedades de productores privados, los individuos o sus familias son quienes soportan los gastos de formación del trabajador educado y, en consecuencia, corresponde a ellos igualmente el precio superior de la fuerza de trabajo calificado: el esclavo diestro se vende más caro; el trabajador salariado hábil está mejor pagado. En la sociedad socialista, como la sociedad es quien soporta esos gastos de educación, a ella corresponden los frutos, los valores superiores producidos por el trabajo compuesto, y el trabajador mismo no puede tener exigencias superiores. El colorario de esta historia es también, para decirlo de paso, que la reivindicación, cara al obrero, del « producto íntegro » del trabajo, flaquea a veces.». (Anti-Duhring. F. Engels. Págs. 213, 214 y 215. Ed. Avant).

(295) El Estado y la revolución (Lenin) Ed. Progreso, pág. 95.

(296) Alvaro Cunhal advertía sobre este tema que “Las responsabilidades de dirección en el partido significan fundamentalmente un aumento de trabajo, de esfuerzo, de disponibilidad, de dedicación… y nada tiene de negativo que el partido de al militante que desempeña tareas de responsabilidad y con motivo de estas tareas instrumentos de trabajo… Es el caso de facilitar el transporte en automóvil, instalaciones de trabajo, publicaciones, etc. Tales facilidades (que representan de hecho diferencias con otros militantes…) se ha de limitar estrictamente a necesidades inherentes a las tareas desempeñadas. De ninguna manera se admite que el desempeño de tareas más responsables signifique el derecho a ventajas personales y privilegios… Incluso cuando están en el gobierno, no es deseable (sobre todo en un país como en Portugal, en el que durante decenas de años gran parte de la población tendrán graves problemas económicos que resolver) que en una falsa idea de afirmación del poder, los dirigentes comunistas se habitúen a un nivel de vida manifiestamente excesivo… superior al de sus camaradas. Nos oponemos categóricamente a la creación de privilegios de los dirigentes de nuestro partido, ya sea en la actual situación, ya sea en el futuro, cuando el Partido esté en el poder (Un partido con paredes de vidrio, A. Cunhal Avant 1.986, p. 158-159).

(297) Como recordaba Lenin parafraseando al Marx de la Crítica del Programa de Gotha: “Esta sociedad comunista, que acaba de salir de la entraña del capitalismo y que lleva en todos sus aspectos el sello de la sociedad antigua, es la que Marx llama primera fase o fase inferior de la sociedad comunista… Marx señala el curso de desarrollo de la sociedad comunista que… no estará en condiciones de destruir de golpe también la otra injusticia consistente en la distribución de los artículos de consumo según el trabajo y no según sus necesidades… en la primera fase de la sociedad comunista (la que suele llamarse socialismo), el derecho burgués no se suprime por completo, sino solo en parte, solo en la medida de la transformación económica ya alcanzada, es decir, solo en lo que se refiere a los medios de producción. El socialismo los convierte en propiedad común. En este sentido –y sólo en este sentido- desaparece el derecho burgués. Sin embargo este derecho persiste… como regulador de la distribución de los productos y de la distribución del trabajo entre los miembros de la sociedad. Quien no trabaja no come… a igual cantidad de trabajo igual cantidad de productos… Esto es un defecto, dice Marx, pero un defecto inevitable en la primera fase del comunismo, pues sin caer en la utopía, no se puede pensar que, al derrocar el capitalismo; los hombres aprenderán a trabajar inmediatamente para la sociedad sin sujetarse a ninguna norma de derecho…” (El Estado y la Revolución, pgs. 87, 88 y 89).

(298) Cobraba 225 rublos cuando el de un minero era de 250, ver Kruchev y la desintegración de la URSS, pág. 106. Ed. Unidad Proletaria. 2.005.

(299) Stalin: un mundo nuevo visto a través de un hombre. Henri Barbusse. Ed. Albatros. 1942.

(300) Marx y Engels. La ideología alemana. L´Eina, p. 31, 32 y 68.

(301) Lenin, Las tareas inmediatas del Poder soviético, p.33. Ed. Progreso.

(302) “En el régimen socialista… por primera vez en la historia de la sociedad civilizada, la masa de la población ascenderá a una participación independiente, no sólo mediante votaciones y elecciones, sino también por la administración y gestión cotidiana de los asuntos… Después de la revolución de 1.905 Rusia había sido gobernada por unos 130.000 latifundistas… Pero ahora… nuestro país no puede ser gobernado por 240.000 militantes bolcheviques… Nosotros podemos poner en pie un aparato estatal de diez millones de miembros, de veinte incluso, un aparato desconocido en cualquier país capitalista… El socialismo reducirá la jornada de trabajo, elevará a las masas a una nueva vida, creará unas condiciones tales para la mayoría de la población que todos, sin excepción, estarán en condiciones de ejecutar funciones estatales o públicas, y esto conducirá a la desaparición completa de toda forma de Estado”… “Nuestro objetivo es que cada trabajador después de terminar su clase de 8 horas en un trabajo productivo, realice otras faenas públicas gratuitamente” (Lenin citado por Hill en La revolución rusa, págs.107,109 y 176. Ed. Ariel).

(303) Lenin. Las tareas inmediatas del poder soviético. Obras Completas T.38, pág. 176, 182.   

(304) Problemas económicos del socialismo en la URSS (J. Stalin) Obras. Ed. Bosa. Tomo XV, pág. 306.

(305) Manual de marxismo-leninismo. Academia de Ciencias de la URSS. Ed. Grijalbo. México. 1960.

(306) “…si no logramos convertir los sindicatos en órganos de educación de las masas, en una escala diez veces mayor que la actual, para la participación inmediata en la dirección del Estado, no alcanzaremos nuestro objetivo en la construcción del comunismo” (Lenin, citado por I. Deutscher en los sindicatos soviéticos, pág. 45).

(307) Como planteaba Engels en el Anti-Duhring (Avant, p. 294).

(308) Engels situaba en el Anti-Duhring el destino del Estado proletario de la siguiente manera: “El primer acto por el cual se manifiesta el Estado realmente como representante de toda la sociedad, es decir, toma de posesión de los medios de producción en nombre de la sociedad, es al mismo tiempo el último acto propio del Estado. La intervención del Estado en los asuntos sociales, se hace progresivamente superflua y acaba por languidecer. Al gobierno de las personas se sustituye la administración de las cosas y la dirección de los procesos de producción. El Estado no es abolido: muere.” (Anti-Duhring. F. Engels. Pág. 293. Ed. Avant). Para Engels, la tendencia histórica de disolución del Estado no era una cuestión formal, sino real, de ahí su insistencia en que el último acto del Estado sea la toma de posesión por los productores de los medios de producción, liberándolos de su antigua condición de capital, porque a partir de ahí es posible una producción social con arreglo a un plan trazado de antemano, ya que la socialización por las masas productoras de lo político y lo económico es un hecho que acaba por hacer perecer el Estado, al superar la barrera entre gobernantes y gobernados, extinguiendo la división del trabajo y toda forma de autoridad política.

(309) El Estado y la revolución (Lenin) Ed. Progreso, pág. 91.

(310) Ver Crítica del Programa de Erfurt (F. Engels) Ed. Ayuso.

(311) Solzhenitsyn en su obra defiende a Vlasov, su modelo político es el absolutismo zarista, basado en el nacionalismo ruso y la iglesia ortodoxa. En política internacional, defendió la intervención militar yanqui para restaurar la dictadura salazarista, defendió los últimos fusilamientos de Franco. Su odio de clase le lleva a condenar no sólo la revolución socialista sino la revolución francesa de 1789, en 1993 participa en la región de la Vendée en el bicentenario de la revuelta campesina  contrarrevolucionaria dirigida por los nobles que intentó devolver el poder a la dinastía de los Borbones en 1793, comparándola con las revueltas contrarrevolucionarias en Siberia y Ucrania en los años.

(312) Ver Crítica de la impaciencia revolucionaria (Wolfang Harich) Ed. Crítica, págs. 154 y 155.

(313) “…Sólo evidentes necios, serían capaces de creer que las relaciones capitalistas, es decir, la propiedad privada sobre los medios de producción, comprendida la tierra, puedan ser restablecidas en la URSS por vía pacífica y llevarnos a un régimen democrático burgués. En realidad, el capitalismo no podrá –si es que pudiese en general- regenerarse en Rusia más que como resultado de un golpe de Estado contra-revolucionario que exigiría diez veces más víctimas que la revolución de Octubre y la guerra civil”, en “El aparato policial del stalinismo” diciembre 1.934, citado por Ludo Martens en Otra visión de Stalin, pág. 99. Ed. EPO). Según esta tesis la historia reciente es una simple necedad.

(314) Ver El trotskismo al servicio de la CIA contra los países socialistas (Ludo Martens) 1.992. Ed. www.leninismo.org.

(315) Citado por Ludo Martens en La contrarrevolución de terciopelo. www.jcasturias.org.

(316) Citado por Ludo Martens en La contrarrevolución de terciopelo. www.jcasturias.org.

(317) Ver Rusia. De la revolución a la contrarrevolución. Ted Grant. Ed. F. Engels, pág. 215).

(318) Citado por Ludo Martens en La contrarrevolución de terciopelo. www.jcasturias.org.

(319) Documentos y materiales del XXVIIIº Congreso PCUS. Ed. Agencia Novosti 1.990.

(320) Documentos y materiales del XXVIIIº Congreso PCUS. Ed. Agencia Novosti 1.990.

(321) Documentos y materiales del XXVIIIº Congreso PCUS. Ed. Agencia Novosti 1.990.

(322) Citado por Ludo Martens en La contrarrevolución de terciopelo.

(323) Mijail Gorbachov. Citado en La revolución de terciopelo. Ludo Martens.

(324) Constitución soviética de 1.936 www.erojaeroj.org

(325) Revolución en la revolución (Kiva Maidanik, Realitat nº 30).

(326) Citado por Serge Halimi. La guerra en Georgia. Rusia resurge.

(327) De un arañazo al peligro de gangrena. . 1940. Págs. 33 y 34. Ed. www.marxists.org/español/trotsky

(328) La URSS en guerra. . 1.939. Pág. 8. Ed. www.marxists.org/español/trotsky

(329) De un arañazo al peligro de gangrena. . 1940. Pág. 18. Ed. www.marxists.org/español/trotsky

(330) La URSS en guerra. 1.939. Pág. 6. Ed. www.marxists.org/español/trotsky

(331) “En la URSS el control obrero es una etapa ya superada. Pasaron del control sobre la burguesía a la administración de la propiedad nacionalizada. De la administración obrera, al dominio de la burocracia. El nuevo control obrero significaría control sobre la burocracia. No podría establecerse más que en el caso de un levantamiento con éxito contra la burocracia” De un arañazo al peligro de gangrena. . 1940. Pág. 29. Ed. www.marxists.org/español/trotsky

(332) “…el régimen soviético ha dado un gran impulso a la economía. Pero la fuente de este impulso fue la nacionalización de los medios de producción y la planificación económica, y no el hecho de que la burocracia usurpara el mando de la economía.” La URSS en guerra. . 1.939. Pág. 3. Ed. www.marxists.org/español/trotsky

(333) La URSS en guerra. . 1.939. Págs. 4 y 11. Ed. www.marxists.org/español/trotsky

(334) La URSS en guerra. . 1.939. Pág. 11. Ed. www.marxists.org/español/trotsky

(335) La URSS en guerra. . 1.939. Pág. 13. Ed. www.marxists.org/español/trotsky

(336) La URSS en guerra. . 1.939. Págs. 13 y 14. Ed. www.marxists.org/español/trotsky

(337) La URSS en guerra. . 1.939. Pág. 14. Ed. www.marxists.org/español/trotsky

(338) De un arañazo al peligro de gangrena. . 1940. Págs. 26 y 27. Ed. www.marxists.org/español/trotsky

(339) De un arañazo al peligro de gangrena. . 1940. Pág. 29. Ed. www.marxists.org/español/trotsky

(340) Balance de los acontecimientos en Finlandia. . 1940. Pág. 3. Ed. www.marxists.org/español/trotsky

(341) Aunque teóricamente Trotski llegó a defender el sistema de partido único como partido infalible colocado al margen de la lucha de clases, garante por su propia existencia de la dictadura del proletariado, y a votar en el IX Congreso del partido bolchevique la prohibición de fracciones, en la práctica siempre fue en sentido opuesto. En “Terrorismo y comunismo” Trotski defendió el sistema de partido único: “En esta sustitución del poder de la clase obrera por el poder del partido no ha habido nada casual, e inculso, en el fondo, no existe en ello ninguna sustitución. Los comunistas expresan los intereses fundamentales de la clase trabajadora”. Y en el debate del congreso ante la oposición obrera encabezada por Kollontai, lanzaba su desprecio: “Han convertido en fetiche los principios democráticos. Han colocado por encima del partido el derecho de los obreros a elegir sus representantes. Como si el partido no tuviese derecho a afirmar su dictadura, incluso si esta dictadura está en conflicto temporal con los humores cambiantes de la democracia obrera. El partido está obligado a mantener su dictadura…La dictadura no se basa a cada instante en el principio formal de la democracia obrera” (Citado por Bettelheim en Las luchas de clases en la URSS. Primer período. Bettelheim, pág. 355. Ed. S. XXI).

(342) Carta de  a Schatman del 20 de septiembre de 1.939, citada en De un arañazo al peligro de gangrena. 1940. Pág. 23. Ed. www.marxists.org/español/trotsky

(343) Citado por Dolóres Ibárruri. El único camino, pág. 379. Ed. Bruguera. Barcelona 1.979.

(344) My mission in Spain. Watching the rehearsal for Wordl War II, Londres, 1.954, pg. 356).

(345) Ver El único camino (D. Ibárruri), pág. 368. Contra los esfuerzos por organizar un Ejército regular, entre las milicias anarquistas del frente de Aragón se distribuia propaganda de esta naturaleza: “Nosotros no aceptamos la militarización porque ella encierra un evidente peligro. No reconocemos las jerarquías en las unidades, porque ello es la negación del anarquismo. Ganar la guerra no significa ganar la revolución. En la guerra actual tienen importancia la técnica y la estrategia, pero no la disciplina que supone negación de la personalidad”. (Citado por D. Ibárruri. El único camino, pág. 383.

(346) Guerra y Revolución en Catalunya (Manuel D. Benavides).

(347) Guerra y Revolución en Catalunya (Manuel D. Benavides).

(348) El Eco de los pasos, pg. 425.

Otro ejemplo del espiritu cantonalista del anarquismo nos lo da Federica Montseny cuando antes de ser ministra llegaría a decir a los soldados que frenaron el pronunciamiento militar del 18 de julio en Barcelona, que se acabaron los cuarteles y la disciplina y que ¡volvieran a casa a luchar por la revolución! (Citado por Manuel D. Benavides en Guerra y Revolución en Catalunya).

     Con posterioridad el 22 de Octubre de 1.936 en Catalunya se firmaría un pacto PSUC-UGT-CNT-FAI, con el objetivo de avanzar hacia la unidad del movimiento obrero, y dar apoyo a:

  • Colectivización de los medios de producción dirigida por el Consejo de la Generalitat.
  • Munincipalización de la vivienda y la tierra, con explotación colectiva o individual voluntaria.
  • Mando único, transformación de las milicias en ejército popular.
  • Nacionalización de la banca, y control obrero de las operaciones bancarias.
  • Política financiera y fiscal sujetas al objetivo de ganar la guerra.
  • Control del comercio exterior por la Generalitat.
  • Libertad de afiliación sindical.

     Este pacto con compromisos que iban dirigidos a romper el estado cantonalista que predominaba en Catalunya (patrullas de control, desorganización de las fuerzas militares, derroche de recursos económicos, industriales y humanos, etc), encontraron resistencias en las juventudes libertarias y el POUM trotskista (Citado por Manuel D. Benavides en Guerra y Revolución en Catalunya), que siguieron maniobrando hasta el pusth de mayo.

     La Federación de Sindicatos Únicos de Barcelona difundió en Octubre de 1.936 un decálogo en el que todos los trabajadores de ambos sexos se consideraban movilizados, no se podía exigir reivindicaciones salariales y de jornada ni cobro de horas extras, en producción hábil para la guerra, trabajo obligadorio, sin fiestas entre semana mientras dure la guerra, etc. (Citado por Manuel D. Benavides en Guerra y Revolución en Catalunya).

(349) A. London,  Se levantaron antes del alba… Ed. Península 1.978, págs. 161, 162, 164 y 165.

(350) El Mundo 10 agosto de 1.997.

(351) Del anticomunismo visceral de Besteiro Ibárruri nos documenta: “Julián Besteiro declaró que: `sin la participación de los comunistas no había posiblidad de ganar la guerra; pero si la guerra se ganaba, España sería comunista`. El no aceptaba, no podía aceptar esto. Por tanto, la conclusión era lógica: `Perder la guerra para que no triunfasen los comunistas´. A esta conclusión llegaba la insensatez anticomunista del honorable profesor de lógica, al que hoy se pretende canonizar por el Partido Socialista” (Dolores Ibárruri. El único camino, pág. 413. Ed. Bruguera).

(352) Lección de España; última advertencia!, pág. 3, Ed. Elmilitante.org.

(353) Lección de España; última advertencia!, (L. Trotski) pág. 8, Ed. Elmilitante.org.

(354) Lección de España; última advertencia!, (L. Trotski) págs. 3 y 4, Ed. Elmilitante.org.

(355) Lección de España; última advertencia!, (L. Trotski) pág. 7 Ed. Elmilitante.org.

(356) Escritos sobre España (L. Trotski).

(357) La izquierda comunista, Trotski y el POUM, (Juan Manuel Municio), mayo 1.996, págs. 11 y 14. Ed. Marxismo hoy nº 3 La revolución española 1.931-39.

(358) Guerra y Revolución en España (G. Soria) Tomo III, pág. 37.

(359) Citado en Trotski, el POUM y los hechos de mayo, Andy Durgan, Ed. Viento Sur pág. 3.

(360) El debate entre los trotskistas y el POUM, Pepe Gutiérrez, págs. 4 y 5, http://www.revoltaglobal.net.

(361) Lección de España; última advertencia!, pág. 5, Ed. Elmilitante.org.

(362) Lección de España; última advertencia!, pág. 10, Ed. Elmilitante.org.

(363) Lección de España; última advertencia!, págs. 10 y 11, Ed. Elmilitante.org.

(364) Citado en Trotski, el POUM y los hechos de Mayo, Andy Durgan, Ed. Viento Sur nº 93, pág. 5 septiembre 2.007).

(365) Citado en Trotski, el POUM y los hechos de Mayo, Andy Durgan, Ed. Viento Sur, pág. 7).

(366) Trotski, el POUM y los hechos de Mayo, Andy Durgan, Ed. Viento Sur, págs. 7 y 9).

(367) Lección de España; última advertencia!, pág. 12, Ed. Elmilitante.org.

(368) Guerra y Revolución en Catalunya (Manuel D. Benavides). Victor Serge se apunta como el inventor del término totalitarismo soviético para caracterizar al Estado soviético, fue un antiguo anarquista durante la revolución en Rusia, miembro de la oposición trostkista en el PCb de la URSS hasta 1.928 y militante del POUM. (Victor Serge: totalitarismo y capitalismo de Estado. Philippe Bourrinet, Edición digital Fundación Andreu Nin, marzo 2.002).

(369) Guerra y Revolución en Catalunya (Manuel D. Benavides).

(370) Los últimos días de Madrid, de S. Casado (G. Orwell) Ed. Página digital Fundación Andreu Nin.

(371) Citado por D. Ibárruri. El único camino. Bruguera, p. 356.

(372) Ver Rusia. De la revolución a la contrarrevolución, capítulo Consecuencias de las purgas en Rusia (Ted Grant) págs. (229 a 234). Ed. Fundación F. Engels.

(373) Memorias y reflexiones (Zhukov), citado por Mijail Kilev en Kruschev y la desintegración de la URSS, pág. 44.

(374) La gran conspiración contra Rusia, de Michael Sayers y Albert E. Kahn. Ed. Nuestro Pueblo. págs. 189 a 206. París. 1948).

(375) Tujachevski y otros oficiales de alto rango fueron arrestados en mayo de 1.937, acusados de preparar un golpe de Estado. Algunos supervivientes en la preparación del golpe, serían rehabilitados por Kruchev en el XXº Congreso del PCUS. Todavía en 1.930, el 10% del alto mando del ejército rojo estaba compuesto por viejos oficiales zaristas. Desde 1.927 predominaban en el ejército los valores de la profesionalización y el burocratismo, rechazando la formación política de las tropas. Bajo presión del alto mando militar en 1.927 se puso fin al control de los Comisarios Políticos en el ejército. Ese control se restableció en 1.937.

(376)  Stalin. Otra Visión. Ludo Martens. Ed. EPO.

(377) Citado en La gran conspiración contra Rusia, de Michael Sayers y Albert E. Kahn, p. 326. Ed. Nuestro Pueblo. París. 1.958.

(378) Citado por Pierre Vilar en La guerra civil española, pág. 174. Ed. Crítica.

(379) Un mito llamado Pasionaria (Andrés Carabantes y Eusebio Cimorra), pág. 198. Ed. Planeta.

(380) Informe ante el XVIII Congreso del PC bolchevique de la URSS. 10 de marzo de 1.939. (J. Stalin) Obras Completas. Tomo XV, pág. 117. Ed. Bosa.

(381) Informe ante el XVIII Congreso del PC bolchevique de la URSS. 10 de marzo de 1.939. (J. Stalin) Obras Completas. Tomo XV, pág. 118. Ed. Bosa.

(382) Informe ante el XVIII Congreso del PC bolchevique de la URSS. 10 de marzo de 1.939. (J. Stalin) Obras Completas. Tomo XV, pág. 120. Ed. Bosa

(383) Otra visión de Stalin (Ludo Martens) Ed. EPO, pág. 153.

(384) La IIª Guerra Mundial. Mito y realidad. Oleg Arzheshevski. Pág. 87. Ed. Ciencias Sociales. La Habana. 1985.

(385) Citado por Albert Escusa en ¿Quién fue realmente G. Orwell? Los mitos orwellianos: de la guerra civil española al holocausto soviético”. 2.006. pág. 11.

(386) Orwell o el gran hermano que todo lo ve (Manuel Medina-Anaya y Cristóbal García Vera (www.rebelión.org).

(387) “La tesis trotskista de que se habría podido ganar la guerra (española) si la revolución no huviera sido víctima de un sabotaje es, probablemente un desacierto y una falsedad. Nacionalizar fábricas, derruir las iglesias, lanzar manifiestos revolucionarios no habría dado más eficacia a los ejércitos” (G. Orwell. Matar a un elefante y otros escritos, pág. 183, Editorial Turner, Madrid, 2.006).

(388) Parodia de la revolución soviética, y contra el socialismo en un solo país. Los cerdos eran los bolcheviques, el viejo Mayor es el ideólogo de la revolución (Lenin), Bola de Nieve (Trostki) es el cerdo que mejor sale de la crítica, sentenciado por Napoleón, los perros eran los guardianes policías del cerdo líder Napoleón (Stalin) quien es presentado como un dictador sanguinario, las ovejas y gallinas eran presentadas como estúpidas y mayoritarias (campesinado soviético), el cuervo representa a la Iglesia ortodoxa, el hombre y los granjeros representan los países capitalistas, el granjero Jones al Zar. Crónica de una revolución traicionada e imposible en un pueblo inmaduro y atrasado, donde se parodia la incapacidad para el desarrollo económico de los animales (frío, falta de comida…) y la gestión capitalista (comercio con los humanos) bajo forma de dictadura llevada por los cerdos sobre el resto de los animales. Visión orwelliana nada diferente a la ideología de las clases reaccionarias rusas exiliadas tras la revolución, totalmente despectiva hacia el pueblo ruso, que aparece como una masa humana inferior (los animales).

(389) G. Orwell, El león y el unicornio y otros ensayos, pág. 149, Ed. Turner, Madrid 2.006.

(390) G. Orwell. “Matar a un elefante y otros escritos”, pág. 377, Editorial Turner, Madrid, 2.006. Y “Orwell periodista”, pág. 135. Global Rythm Press, Barcelona 2.006.

(391) La verdad sobre Orwell (Ignacio Iglesias). Las nuevas revelaciones sobre George Orwell (Javier Rodríguez). La “lista” de George Orwell (Andy Durgan). De nuevo sobre la lista de Orwell (Juan Manuel Vera). Edición digital Fundación Andreu Nin.

(392) (393) El Instituto de Historia Social, sucursal antisocial (Annie Lacroix-Riz) 7 de  noviembre 2.005.

(394) (395) La CIA y la guerra fría cultural. Monthly Rewiew. Rebelión.org 2.001.

(396) Trotski ataca la teoría de Lenin defendiendo su teoría de la revolución permanente y los Estados Unidos de Europa en su folleto Programa de paz publicado antes de 1.917, y reeditado después: “El único argumento histórico concreto frente a la teoría de los Estados Unidos de Europa fue formulado en el Swiss Sotsial-Demokrat (órgano de expresión de los bolcheviques en aquel momento) en la siguiente frase: ´el desarrollo económico y político desigual entre países es una ley inherente al imperialismo´. De ahí sacan la conclusión de que la victoria del socialismo es posible en un solo país y que por lo tanto no es necesario formular la creación de los Estados unidos de Europa como requisito para la dictadura del proletariado en cada país. Es cierto que el desarrollo capitalista es desigual, pero esta desigualdad es en si misma extremadamente desigual. El desarrollo de Inglaterra, Austria, Alemania y Francia no es idéntico, pero en comparación con Asia y África, esos países representan la Europa capitalista, que tienen una mayor madurez para la revolución social. Ningún país debe esperar por otros en su lucha revolucionaria en suelo nacional, es necesaria la acción internacional simultánea, no una inactividad expectante, ya que podemos confiar en que nuestra lucha nacional dará ímpetu a las otras luchas, porque si esto no ocurre no hay esperanza, desde una perspectiva histórica y de razonamiento teórico ya que no se puede pensar que una Rusia revolucionaria, por ejemplo, pudiese mantenerse frente a una Europa conservadora, o que una Alemania socialista pudiese sobrevivir aislada en un mundo capitalista” (Citado por Halpar Brar en Trotskismo o Leninismo?, pág. 73) Queda claro que la teoría del socialismo en un solo país no es de Stalin sino de Lenin, que Trostki la combatió antes de la revolución socialista, y que luego se la atribuyó a Stalin por llevarla a la práctica, para pasar por leninista en su lucha contra el “stalinismo”.

(397) Rusia. De la revolución a la contrarrevolución. Ted Grant. Ed. F. Engels, pág. 220.

(398) Ver El trotskismo al servicio de la CIA contra los países socialistas (Ludo Martens) 1.992. Ed. www.leninismo.org.

(399) El Secretariado Internacional de la LIT como orientación política en marzo de 2.007 en Sao Paulo realizó un llamamiento a “derrocar a Chavez y sus fuerzas armadas” definiéndola como una tarea política revolucionaria, argumentando que “Chavez no es ni tan siquiera un anti-imperialista medianamente consecuente. Porque tener choques con Bush y hasta haber sido objeto de un intento de derrocamiento en una ocasión por un sector del imperialismo no convierte a nadie necesariamente en anti-imperialista” (Alejandro Ruiz. Internacional trotskista llama a derrocar a Chávez. www.venezuelacantaclaro.blogspot.mayo 2.005) ¿Acaso hacen falta más pruebas sobre el papel que algunos grupos definidos como trotskistas actúan de hecho a favor del imperialismo? Sólo hay que leer sus propias consignas políticas.

(400) (401) (402) (403) (404) (405) (406) (407) (408) (409) (410) (411) (412) (413) (414) ¡Aquellos chicos tan majos! Jose A. Egido. Ed. Pakito Arriaran Argitaletxea 2006.

(415) Citado por Lenin en Prefacio a la traducción de las cartas de K.Marx a L. Kugelmann. Ed. Progreso

(416) La guerra civil en Francia (K. Marx) Obras Escogidas. Tomo II°, pág. 238. Ed. Progreso.

(417) Introducción de Engels en 1.891 a La guerra civil en Francia (K. Marx) Obras Escogidas. Tomo II°, páfg. 196. Ed. Progreso.

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