PARTE 7. EL PARTIDO COMUNISTA. VANGUARDIA DE CLASE Y DE MASAS

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Miguel A. Montes

15 Enero 2010

INDICE

  1. EL PARTIDO COMUNISTA. VANGUARDIA DE CLASE Y DE MASAS

6.1 Metafísica en la aplicación de conceptos de La ideología alemana de Marx y Engels

6.1.1 El evolucionismo reformista

6.1.2 El voluntarismo izquierdista

6.1.3 La dialéctica frente al economismo y el voluntarismo en la acción política.

6.2 Experiencia acumulada teórico-práxica del partido revolucionario de la clase obrera     

6.2.1 Marx y Engels

6.2.1.1 Conclusiones teóricas sobre el partido

6.2.1.2 Defensa del partido y la estrategia revolucionaria frente a la socialdemocracia alemana.

6.2.2 Lenin y el partido como vanguardia del proletariado

6.2.2.1 De febrero a octubre de 1.917. El partido bolchevique dirigente de la revolución.

6.2.2.2 Lenin continuador de Marx en la defensa del partido y la estrategia revolucionaria.

6.2.3 Rosa Luxemburgo y el leninismo

6.2.4 La dialéctica partido-masas en la teoría de la praxis

6.2.5 La posición leninista de Gramsci sobre la relación partido-masas

6.2.6 Relación dirigentes-dirigidos. Concepción leninista en Gramsci

6.2.7 Las tesis de Lyon y la cuestión meridional

6.2.8 Continuidad entre Gramsci y Lenin

6.2.9 La pobreza intelectual y el revisionismo del S.XXI contra Gramsci

6.3 ¿Es impracticable hoy la concepción leninista del partido de masas?   

6.4 Apuntes de Lenin sobre la cuestión sindical bajo el capitalismo 

Notas de El partido comunista.Vanguardia de clases y de masas 

 6. EL PARTIDO COMUNISTA. VANGUARDIA DE CLASE Y DE MASAS

Si la revolución política y social es el instrumento necesario para que la clase obrera como fuerza social acceda a la hegemonía política ¿puede ésta adquirir conciencia de sus intereses estratégicos o debe organizar su propio partido político, independientemente de otras organizaciones y partidos?.

Este es el último dilema que debemos de plantearnos, en un estado general de reflujo ideológico contrario a la existencia del partido de la clase obrera.

Inmediatamente después de la finalización de la IIª Guerra Mundial y la guerra fría hasta nuestros días, se ha ido afianzando de menos a más la exigencia de la disolución del Partido Comunista (PC), exigencia que a unido a todos los partidarios de la coalición de la guerra fría, burgueses, reformistas, anarquistas y trotskistas. El objetivo de la clase dominante y sus aliados subalternos pasa por la liquidación de la propuesta más consecuentemente revolucionaria de organización y dirección política independiente de la clase obrera hasta nuestros días.

A estas alturas, muchos militantes comunistas se encuentran incapacitados para abordar el debate sobre la necesidad del PC, sobre qué tipo de organización necesitamos para dirigir la lucha por la superación del capitalismo y la transición al comunismo en la etapa actual que cronológicamente nos sitúa en otro siglo, pero que en lo histórico-concreto se ubica en la post-fase de la derrota de las revoluciones socialistas y la expansión-restauración del capitalismo en esos países. Elementos de la nueva etapa mundial concluidos en el tránsito de fines de los 80 y principios de los 90, es decir antes del presente siglo.

Nos encontramos con una enseñanza que producto de la contrarrevolución en el este de Europa se ha planteado acertadamente, como déficit a superar, la necesidad de abandonar los esquemas grupusculares de la organización y la actividad política.

El objetivo del desarrollo social, político e ideológico estaba cimentado en no en un modelo propio de sociedad socialista, sino en los ratios productivos y consumistas con las “armas melladas” del capitalismo, copiando los esquemas de las sociedades capitalistas desarrolladas hacia una carrera desenfrenada por superar a los EE.UU y Europa Occidental, santificando el elemento objetivo (desarrollo de las fuerzas productivas) en detrimento del elemento subjetivo (desfuncionarización del Estado-revolución intelectual y moral), en vez de establecer una relación dialéctica entre ambos. En esta perspectiva Stalin durante los años 30 creía que la URSS superaría en poco tiempo al capitalismo más desarrollado, Kruschev en 1.959 preveía conseguir el nivel de vida más alto del mundo en 1.971, y en 1.962 se empezó a hablar de que el desarrollo de las fuerzas productivas en la URSS provocaría en breve el paso al comunismo ¡en 1.980!. La victoria del mercado capitalista como escaparate ante el muro de Berlín, con la caída de este y las bochornosas colas ante los McDonals, Burger Kings, etc, fue porque el socialismo no pudo dejar de ser mercantil, la planificación social no logró derrotar al mercado y porque el socialismo no llegó a completarse con la hegemonía de los nuevos valores culturales, morales e ideológicos comunistas.

Llegados a esta situación de contrarrevolución y derrumbe de un modelo de construcción socialista, no quiere decir que debamos de reformular algo nuevo no asumido por la teoría revolucionaria, precisamente yo creo que ha sido el abandono del papel del PC como vanguardia de clase y de masas, lo que ha propiciado la situación de impotencia en nuestras filas revolucionarias, degenerando hacia posiciones grupusculares o estatalistas.

El PC no puede pretender suplir a la clase, ni a las organizaciones sociales, como si de un dios todopoderoso ilustrado se tratara, ni antes ni mucho menos después de la conquista del poder político. Precisamente un partido compuesto por cuadros estructurados jerárquicamente y desligados de la actividad social, política e ideológica entre las masas, que denominaremos partido elitista-grupuscular, caracteriza más a una burocracia que a un partido de clase y de masas, es el tipo de organización que más fácilmente puede bascular hacia las posiciones del voluntarismo, iluminismo, reformismo, sectarismo, burocratismo, al aislamiento de las masas, a los círculos cerrados y la deformación de la acción política revolucionaria, incapaz para abordar las nuevas tareas en las distintas épocas.

Es indiferente que el partido esté compuesto infinidad de tendencias y presuma de democratismo (debate eterno que inhabilita la unidad de acción política e ideológica), puesto que los grupos anarquistas y reformistas que han adoptado esas formas de funcionamiento no se han librado de caer en posiciones economistas, ni de crear círculos cerrados, aislados de la actividad entre las masas. Unos, los reformistas, integrados en el sistema legal y otros, los anarquistas, perdidos en su búsqueda de la fulguración milagrosa en la que a través de las acciones directas individuales levanten al mundo como una sola persona. Ambos extremos no están exentos de caer en el anacronismo y el aislamiento del objetivo revolucionario.

E incluso de nada sirve para un partido que aspira a ser vanguardia revolucionaria que en el funcionamiento exista la más estricta disciplina y democracia interna (centralismo democrático), si ésta no se dota de una teoría y estrategia revolucionarias, si el trabajo entre las masas, la vinculación con el movimiento en la dialéctica de la superación de lo existente (actividad y conexión de la lucha social, política e ideológica de la clase revolucionaria), no es real, y si lo que predomina es la solidaridad entre los miembros en torno a una política cerrada, aislada e independiente de las masas (tendencia a la grupuscularización), porque al final la degeneración burocrática y sectaria estará inevitablemente servida. Gramsci lo sintetizaba de esta manera:

“Los partidos nacen y se constituyen en organizaciones para dirigir la situación en momentos históricamente vitales para sus clases; pero no siempre saben adaptarse a las nuevas tareas y a las nuevas épocas, no siempre saben desarrollarse según la evolución de las correlaciones globales de fuerza… en el país determinado o en el campo internacional. Al analizar estos desarrollos de los partidos hay que distinguir: el grupo social; la masa del partido; la burocracia y el Estado Mayor del partido. La burocracia es la fuerza consuetudinaria y conservadora más peligrosa; si llega a constituir un cuerpo solidario, autosuficiente, si se siente independiente de la masa, el partido termina por ser anacrónico y en los momentos de crisis aguda es vaciado de su contenido social y queda suspendido en el aire.” (1)

Materialmente el predominio de este tipo de partido de cuadros desligado de las masas se ha dado en lo histórico-concreto bajo varias situaciones que en la praxis han procedido de diversas circunstancias impuestas por la lucha de clases y han tendido hacia direcciones dispares. Unas hacia la burocratización y el anacronismo y otras hacia su vinculación masiva entre las masas. Destacaremos aquí cuatro circunstancias históricas diferentes:

a)       El inicio de una situación de clandestinidad, provocado por la derrota política en la lucha de clases, bajo una situación de reflujo. Por ejemplo, el período inmediato de post-guerra en España (años 40), donde el partido en situación de repliegue y endurecimiento de la represión, no se encontraba en condiciones materiales de dirigir a las masas, o el triunfo del fascismo en Italia en los años 20. Fue en los años 50 cuando se organizaron las primeras huelgas en España y la organización de la resistencia antifascista en Italia en los años 40, entonces los PCs  de tales países desarrollaron y demostraron su carácter de masas dirigiendo tales procesos sobre la base de una estrategia revolucionaria (ruptura democrática, socialismo) vinculada al trabajo de masas del partido.

b)       Ruptura orgánica del partido, donde precisamente el debate previo se da entorno al cómo se articula el partido con las masas (revolucionario o reformista, grupuscular o de relación con las masas…). La propia escisión provoca el reagrupamiento inicial de fuerzas a través de los cuadros en torno a  los grupos fraccionados por la ruptura en primer orden, para luego estructurar los nuevos modelos contrapuestos de partidos que emanan de la ruptura uno de carácter reformista/grupuscular y otro de carácter revolucionario y de masas, como por ejemplo la ruptura del POSDR entre mencheviques y bolcheviques.

c)       Cerco hostil hacia un proceso revolucionario, como por ejemplo la situación de guerra de intervención en la URSS tras la revolución, donde la expansión de la militancia se dió por la necesidad de la defensa militar de las conquistas revolucionarias como tarea inmediata, y a posteriori por la prioridad de las tareas estatales. Dicha expansión dadas las circunstancias (cerco e intervención armada + rodeo en las etapas de transición al socialismo), no siempre vendría acompañado por una mayor capacidad de dirección política e ideológica de la nueva militancia, lo que sentaba bases hacia la grupuscularización del partido tanto en los debates, como en las decisiones de la estrategia política y la lucha ideológica recayendo en los cuadros del núcleo dirigente (Comité Central y Buró Político).

d)       El abandono de la estrategia revolucionaria ante la situación revolucionaria histórico-concreta, de negación o incapacidad para las tareas de la época, que puede provocar el deterioro de la organización a través de la pérdida de influencia y actividad entre las masas ganada previamente a pulso, como por ejemplo en el período de transición en España a fines de la década de los 70.

Estas coyunturas han provocado puntualmente, incluso en contra de la voluntad de los propios cuadros revolucionarios, dado que son situaciones que se derivan dialécticamente del resultado de la lucha de clases y de la estrategia adoptada, que el partido revolucionario carezca de una vinculación coherente con su clase, con las masas (situaciones de clandestinidad, reflujo, ruptura partidaria, etc.). Lo cual en casos concretos sólo ha supuesto un período de tránsito hacia su conversión en partido dirigente de masas para abordar correctamente las tareas políticas de la época, o en casos contrarios hacia su degeneración burocrática.

Como ejemplo del primer caso la conversión del PCE y PSUC de partido grupuscular en el exilio a partido de masas con el despliegue de la lucha antifranquista en los años 60 y 70 y la configuración de un contrapoder sociopolítico amplio y aglutinador de la clase obrera a través de las Comisiones Obreras y de penetración en otros sectores (movimiento universitario y estudiantil, campesinado, etc.).

Como ejemplo del segundo caso, en una situación de ruptura orgánica, uno de los grupos de los cuadros  y militantes escindidos, puede servir para un reagrupamiento posterior que ayude a relanzar la organización revolucionaria.  La lucha de Lenin en el seno del POSDR contra el liquidacionismo,  culmina en 1.912 con la división definitiva del POSDR en 2 partidos, donde los bolcheviques pasarían de ser un partido de cuadros  en 1.903 a un partido de masas en el proceso revolucionario de 1.917.

No obstante señalar que Lenin no unía la necesidad de la ruptura orgánica para desprenderse del liquidacionismo, con el sectarismo en la acción política que convierte al partido en una organización grupuscular que cae en posiciones infantilistas negando el trabajo político organizado entre las masas, negando la política de alianzas en aras de una “pureza revolucionaria” que impide la labor social y política para arrebatar la hegemonía a las posiciones reformistas, como por ejemplo, algo de moda por estas latitudes, negar el trabajo en el sindicato y en los frentes de masas que están en manos de organizaciones reformistas, lo cual hace que el reagrupamiento inicial de cuadros que salen de una ruptura orgánica no sirva para relanzar a la organización comunista.

Como ejemplo del tercer caso, en la URSS tras la guerra, se produjo una pugna entre el burocratismo y la actividad de masas en el partido. La guerra de intervención extranjera mermó la capacidad del activismo de las masas dentro del partido, porque sesgó la vida en el frente de gran parte de la militancia de base experimentada y de cuadros más capaces (2).

Se produjo el relevo con nuevos obreros procedentes del campo, sin la experiencia política y revolucionaria necesaria, lo que condicionaría el carácter del partido. Se consolidó un partido de pocos cuadros en la dirección, alrededor de la cual crecía una masiva militancia inexperta, partido de una clase en inferioridad numérica con respecto al pueblo soviético, lo que propició a medio plazo la militarización administrativa de la organización estatal soviética, y de los sindicatos aplicados por el propio partido grupuscular, estructurado jerárquicamente en un sentido único de arriba hacia abajo en todos los ámbitos.

Después de la guerra de intervención prevalecía la convicción de que era posible transplantar los mismos métodos y formas organizativas militares que habían hecho posible la victoria en el frente, a las tareas de construcción del socialismo en el campo económico y político (dirección personal, verticalización de las relaciones, etc.), donde los sindicatos se consideraban como una organización más del partido. Esta tendencia fue combatida por Lenin. En el X° Congreso del partido (Resolución de los Diez, junto a Tomski) en la discusión sobre la cuestión sindical mostró su posición contraria a las posiciones anarcosindicalistas de la Oposición Obrera de que los sindicatos absorbieran la absoluta dirección espontánea y el poder de la actividad económica, y contra la posición de Trotski, Bujarin, Preobrazenski, etc., favorable a militarizar y estatalizar los sindicatos siendo engullidos por el Estado soviético y el partido, calcando el esquema establecido para la guerra civil en una situación de reconstrucción económica y social.

Ese planteamiento era nocivo teniendo en cuenta que el partido bolchevique en 1.920 suponía un 8% de la clase obrera sindicalizada y ésta era el 4% del pueblo, una minoría dentro de la minoría. Aquel proletariado que había hecho la revolución en los centros industriales y dirigido su alianza con el campesinado, estaba disperso y era una minoría en comparación con las masas campesinas. Los años de intervención imperialista habían agudizado la tendencia, el trasvase de obreros al frente provocó que la población de Petrogrado y Moscú se redujera en un 40% (1.917-1.921), lo cual actuó adversamente al desarrollo de la democracia obrera y el partido de masas de base clasista. En su lugar entró la tutela del partido grupuscular de especialistas y cuadros sobre el ejercicio del poder estatal, con antiguos funcionarios del aparato zarista captados, y el cambio de la composición sociológica del partido donde la incorporación masiva de administradores, campesinos procedentes de las zonas agrarias, y obreros inmigrados del campo con nula experiencia política y revolucionaria, imprimieron un giro copernicano a la composición obrera experimentada en el seno de la militancia del partido, reduciéndose de forma vertiginosa.

De ahí que la preocupación de Lenin de incorporar a las masas a las tareas estatales y políticas fuese fundamental en su última etapa, a sabiendas de que ésta tarea sólo la podía realizar un partido de masas, que debía ganarse su influencia y capacidad dirigente en los sindicatos respetando la democracia obrera en el criterio de electividad a diferencia de la designación por arriba, ofreciendo autonomía para la contratación de las condiciones de trabajo. Su denuncia cautelar de que aquel Estado proletario padecía de “execrencias burocráticas”, de que las propias organizaciones obreras debían de servir para proteger a los obreros de los abusos del Estado, donde los sindicatos debían tener su autonomía organizativa frente al gobierno, y también debían de cooperar con el Estado en la construcción del socialismo sin colocarse a la contra, e incluso la huelga estaba justificada exclusivamente por deformaciones burocráticas del Estado proletario.

El partido bolchevique de los años duros de la revolución se vió obligado a acometer la edificación socialista en condiciones de atraso de las fuerzas productivas, de derrota de las revoluciones proletarias en Europa, de cerco imperialista, con una base social proletaria reducida poco experimentada y una organización formada por escasos cuadros para la dirección política y técnica. La consecuencia de todo fue la adhesión de unas masas que sin preparación y formación no estaban a la altura necesaria para la dirección política, económica y técnico-administrativa, lo cual provocó en parte una suplantación de la clase obrera bajo tutela por la burocracia jurídico-política en el ejercicio del poder del Estado proletario. El proletariado experimentado en las luchas revolucionarias había caído mayoritariamente en la guerra y la mayoría de su vanguardia política bolchevique había desaparecido, por el contrario los elementos contrarrevolucionarios de las antiguas clases poseedoras ya derrotadas, cambiarían de táctica, incorporándose en los órganos del Estado y del partido para combatir desde dentro el proceso revolucionario, utilizando incluso los futuros debates del partido (industrialización, colectivización, política exterior…) dando apoyo a las corrientes minoritarias de oposición dentro del partido de cara a minar su unidad interna.

Las tres campañas de depuración y de formación teórica y política de la nueva militancia durante los años 20-30 fueron dirigidas por un lado a evitar la consolidación dentro del partido de los elementos trepadores y contrarrevolucionarios que contaminaban al partido y el Estado con sus ideas y costumbres pequeño burguesas, así como a elevar la capacidad política y técnica de los nuevos militantes.

Durante los años 20 el origen de la clase obrera fue cambiando, su mayoría estaba compuesta de campesinos pobres inmigrados masivamente a la ciudad para acometer la industrialización planificada. Era una clase obrera que inicialmente carecía de formación política, de lucha y cualidades de dirección técnico-productivas. El resurgir de la lucha de clases con la colectivización del campo, la industrialización y los planes quinquenales elevaría la capacidad política de los cuadros del partido y acrecentaría su vinculación con las masas obreras y campesinas. El colectivismo socialista, y el entusiasmo de millones de obreros y koljosianos impulsaría geométricamente el desarrollo de las fuerzas productivas y el bienestar social del pueblo soviético, a la misma vez que elevó el nivel cultural del pueblo y la capacidad política y técnica de los militantes y cuadros comunistas.

No obstante, la situación de pérdida de capacidad política e ideológica tanto del partido como de la clase obrera, y de ascenso del burocratismo, volvería a acontecer otra vez tras la Gran Guerra Patria Anti-fascista, donde el PCUS perdería 3 millones de militantes en la contienda contra el nazismo.

El último caso de condiciones favorables para el partido grupuscular burocratizado es la peor, pues supone el abandono de la estrategia revolucionaria, como ocurrió con la Socialdemocracia ante la Iª Guerra imperialista mundial y frente a la Revolución rusa, con la renuncia de la dictadura del proletariado en la URSS y la conversión de la coexistencia pacífica en coexistencia de clases, después del XXº Congreso y con el abandono de la estrategia revolucionaria en Europa por los PCs de Europa occidental (compromiso histórico, eurocomunismo) en los años 70, etc.

Concluyendo. Una teoría revolucionaria del partido no se puede engendrar sin la praxis revolucionaria, sin ella el marxismo-leninismo sucumbiría bajo el determinismo económico o el relativismo historicista, que son elementos de negación de la dialéctica, de la oposición entre el ser y el pensamiento, entre la teoría y la acción. Marx en la tesis n° 11 de Feuerbach (Los filósofos no han hecho mas que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo) rehuye de esta metafísica, se desmarca del determinismo a través de la critica hacia el materialismo contemplativo, al plantear la necesidad de transformar el mundo, y no sólo de interpretarlo como leyes de la gravedad social, donde el objetivo es fundar teóricamente y promover la acción de las masas como sujeto racionalmente organizado. El proletariado como clase unida y revolucionaria no tiene una existencia objetiva pura, sólo a través de la mediación de una conciencia revolucionaria, alcanza una realidad efectiva para sí; sin tal conciencia no existe la clase revolucionaria, es sólo una posibilidad objetiva. El instrumento portador de esta conciencia de clase revolucionaria, la constituye el partido, Marx y Engels situaban que el proletariado no puede obrar como clase si no se constituye como partido político propio.

Porque la conciencia política no se desarrolla espontáneamente en las masas. La espontaneidad lo único que crea son dos fenómenos, uno,  la sumisión y costumbre al estado de opresión y explotación, y otro, la protesta, indignación y revuelta contra el efecto inmediato de los males pero no contra la causa. La conciencia política, el comunismo científico, como conocimiento y guía revolucionaria de las masas no se  crea espontáneamente a través de la pasividad o indignación, ni tampoco se crea de forma religiosa en la eterna espera de que la conciencia nos llegue de forma extraordinaria, sino que se crea científicamente a través de la organización política del partido con su clase.

Por tanto, la relación partido-clase es dialéctica, el partido como portador e instrumento de la conciencia revolucionaria es externo a la clase, y como maduración histórico-concreta es parte de la clase a través de su vinculación y práctica. El partido de la clase obrera aparece como el inicio de la superación de la fractura entre la sociedad civil y la sociedad política frente al Estado burgués. ¿Acaso puede el proletariado madurar espontáneamente hacia una conciencia de clase revolucionaria, sorteando el peligro de la subordinación política a la clase explotadora y dominante?. La conciencia no puede madurar política e ideológicamente si no es a partir de la acción de la fuerza externa, el partido y su vinculación con la acción espontánea de la clase, que permite el salto dialéctico en la relación del partido con las masas y viceversa. Lenin ya nos previno que el movimiento obrero escindido del partido revolucionario se degenera y aburguesa. El partido constituye un puente entre la conciencia balbuceante del proletariado, y el aporte de la teoría revolucionaria que engloba los conocimientos de la época, y el papel que teóricamente le corresponde objetivamente como clase revolucionaria (objetivamente porque el proletariado es la fuerza productiva fundamental que entra en contradicción con las relaciones de producción capitalistas), por eso la acción del partido consiste en ayudar en las luchas que la clase ha emprendido para desarrollar su conciencia de clase desde un comportamiento reivindicativo e instintivo, hacia un comportamiento político y de conocimiento objetivo, donde ni el sectarismo ni el oportunismo son históricamente válidos para tal cometido.

6.1 Metafísica en la aplicación de conceptos de La ideología alemana de Marx y Engels

      El problema de la acción política del marxismo-leninismo parte de absolutizar una de las dos tesis concluyentes de Marx, anteponiendo la una a la otra:

A)      No es la conciencia de los hombres la que determina su ser, sino a la inversa, es el ser social el que determina la conciencia. (Prólogo de la Contribución a la Crítica de la Economía Política, 1.859).

B)      Cuando las ideas revolucionarias arraigan en las masas, las ideas se convierten en fuerza material y revolucionaria. (La ideología alemana, 1.845)

6.1.1 El evolucionismo reformista

      La primacía de la primera tesis, que es lo que caracteriza al marxismo ortodoxo en su respuesta al revisionismo de Bernstein, lleva al economismo, al evolucionismo dogmático, reduciendo la superestructura social como simple manifestación o efecto fósil del movimiento en lo económico, llegando a infravalorar y despreciar el papel de lo ideológico y lo político.

Frente a Bernstein, que renegaba de los fundamentos marxistas (el método dialéctico, el materialismo histórico, la lucha de clases, la estrategia revolucionaria, la toma del poder político por la clase obrera, la teoría del valor, la plusvalía y las crisis del modo de producción capitalista), Kautsky le oponía la tesis de que es la evolución económica objetiva la que conduce fatalmente al socialismo, cayendo en el positivismo metafísico, donde la lucha de clases queda reducida a un mero reflejo, a un juguete de las contradicciones objetivas entre fuerzas productivas y relaciones de producción. Posteriormente en plena Guerra Mundial -1.915- por esa senda evolucionista Kautsky abrazará la idea de alcanzar el socialismo por reformas económicas partiendo de la tendencia al ultraimperialismo.

El aspecto subjetivo de la lucha de clases (conciencia de clase y organización de masas en movimientos sociales y políticos) queda abandonado y limitado a la espera quietista de la llegada del grado cero de desarrollo económico a partir del cual las fuerzas productivas ellas solitas hacen la “revolución” al exigir impulsivamente un cambio cualitativo en la forma de las relaciones de producción determinando la aparición de la conciencia revolucionaria en las masas por arte de magia, donde el proletariado es la clase más numerosa y donde no hay cabida para pensar que ningún obrero se oponga a sus intereses objetivos, despreciando la lucha ideológica y la política y por tanto la influencia de la ideología burguesa sobre los obreros desarmados ideológicamente y sin conciencia de clase. ¿Acaso no hay obreros que apoyan las políticas reaccionarias e imperialistas?, y si los hay ¿cómo explicar el porqué?, ¿por el desarrollo económico puro?.

Revolución cuando las condiciones objetivas de desarrollo económico lo permitan, negando la dialéctica, negando toda praxis revolucionaria que lleva a la agudización de la lucha de clases, lo que en la práctica significa colaborar con la burguesía en la modernización del capitalismo hasta que éste se derrumbe por sí mismo, bajo una perspectiva teleológico-economista que alimenta la pasividad y el reformismo en las clases explotadas. Es el triunfo de la metafísica y el fin de la dialéctica, donde la unidad y lucha de contrarios es confundida con el desarrollo ascendente de la materia, una materia muerta, sin vida, sin lucha de clases, sin sujeto revolucionario.

El debate dentro de la IIª Internacional de principios del S.XX se movía entre estos parámetros economistas del marxismo ortodoxo, o el desarrollo ascendente de la idea en Bernstein, una idea reformadora desligada de la práctica material de las masas y de la lucha de clases. La dialéctica en ambos extremos se evapora.

Así se caracterizó la línea materialista determinista-economista oficial de la IIª Internacional socialdemócrata. Al evolucionismo gradual de la conciencia en Bernstein se respondió con el evolucionismo gradual de la determinación económica. No fue casual que en la práctica política ambos extremos se encontraran en el campo reformista ante la Iª Guerra Mundial y la revolución socialista de Octubre, porque ambos alimentaban el inmovilismo político del partido, la espera quietista y defensiva, donde al final se desveló la posición unánime de la socialdemocracia ortodoxa (Bebel, Kautsky, Plejánov…) en la negación práctica igual que en Bernstein (negación teórica) de la revolución y la toma del poder político en la transición al socialismo.

Bernstein partía de la posibilidad de un Estado por encima de las clases donde prima la solidaridad social, planteamiento similar al de Durkheim, negando por tanto el conflicto de clases, negando en consecuencia la lucha política, la revolución y la dictadura del proletariado, propugnando el abandono del objetivo final, la lucha política por el socialismo (el movimiento lo es todo el fin no es nada). Para Bernstein es el cambio subjetivo moral y espiritual abstracto del pueblo la condición del advenimiento de la justicia social. Su posición filosófica es un evolucionimo vulgar de contenido humanista, evolución pacífica que niega los saltos en el desarrollo social, y que sostiene que las contradicciones se atenúan en su curso. La dialéctica materialista como teoría del conocimiento y ciencia de las leyes del mundo objetivo es sustituida por el idealismo kantiano o positivista. El neokantismo opone la abolición de las clases explotadoras por la colaboración y solidaridad interclasista, reemplazando la lucha de clases, por la renovación moral como motor de desarrollo hacia el socialismo.

Por el contrario, para Marx la inevitabilidad del hundimiento del capitalismo y el advenimiento de la revolución socialista se deduce de la aplicación de la dialéctica materialista al capitalismo de las leyes dialécticas de la historia.

Para Bernstein el advenimiento del socialismo lo provocará de la toma de conciencia moral y ética de las personas gradualmente sin convulsiones inútiles al filo de la evolución y las mejoras económicas, donde éstos cambios se realizaran bajo el efecto de la expansión del ideal socialista como orden moral que se impone en la mayoría de las cabezas de los hombres bajo la forma democrático-liberal. De ahí su afirmación de que el fin no es nada y el movimiento lo es todo.

“…toda su teoría se reduce a aconsejar el abandono del objetivo final de la socialdemocracia, la revolución social, y convertir el movimiento de reforma, de un medio que es, en el fin de la lucha de clases” (3).

Bernstein desfiguró la economía política marxista renegando de la teoría del valor-trabajo y la plusvalía. Al contrario de Kaustky no creía en el derrumbe y las crisis en el sistema capitalista, para Bernstein los monopolios poseían los conocimientos científicos necesarios para superar las crisis, de donde se desprendía la importancia de la lucha económica del proletariado a través de las cooperativas y sindicatos como medio para alcanzar el nivel de vida de la burguesía, donde los pobres llegarían a ser ricos (4), siendo el socialismo una aspiración lenta y progresiva donde los métodos revolucionarios son innecesarios, el pacifismo se implanta en la política donde la posición de clase desaparece, descubriendo la virtud de los mecanismos de la democracia liberal como suficientes para garantizar la tendencia hacia un Estado neutro que representa a todas las clases y categorías sociales desde donde se tolerará la implantación del socialismo por medio de las reformas sociales sin convulsiones. La democracia liberal se convierte no en un medio necesario en la lucha por el socialismo sino en el fin político adecuado para implantar el socialismo mediante las reformas.

Por el contrario para los revolucionarios marxistas es necesaria la toma del poder político por la clase obrera como fase precedente a la instauración del modo de producción socialista, como argumentó Rosa Luxemburgo en su controversia con Bernstein:

“…el procedimiento de Bernstein es precisamente lo contrario: quiere combatir la partición capitalista y espera llegar de este modo gradualmente a una forma de producción socialista” (5) “La corriente oportunista, teóricamente formulada por Bernstein, no es otra cosa que una oculta tendencia a asegurar en el partido la supremacía de los advenedizos elementos pequeño-burgueses, pretendiendo amoldar a sus espíritus la práctica y los fines del partido. La cuestión de reforma social o revolución, de movimiento y de objetivo final, es, por otra parte, la conservación del carácter pequeño burgués o proletario en el movimiento obrero” (6).

Hay que decir que tanto el marxismo de Kautsky como el revisionismo de Bernstein separaban metafísicamente a las fuerzas sociales de las relaciones de producción, al sujeto del objeto, si el primero convertiría al marxismo en una teoría positivista fundamentada en leyes objetivas, el segundo lo transformó en una ética de la conciencia. Por eso no fue difícil que  las tesis de Bernstein, al margen de ciertas diferencias teoricistas (humanismo-idealismo versus determinismo-economismo), fuesen asumidas por la IIª Internacional en la práctica, ya que en política coinciden con planteamientos tanto precedentes del socialismo fabiano (gradualismo parlamentario y transformación del capitalismo desde dentro), y planteamientos posteriores en Hilferding partidario de aprovechar la nueva naturaleza del capitalismo imperialista para pacíficamente transformarlo aboliendo el desempleo, aumentando los salarios y el nivel de vida,  acabando con las contradicciones del sistema. Hilferding anunció el advenimiento de la era del “capitalismo organizado”, atribuyéndoles cualidades capaces de superar la crisis y la anarquía de la producción. A su juicio, el reforzamiento de los truts y cártels, la ampliación de sus vínculos internacionales y la regulación por el capitalismo monopolista de Estado, significaba la sustitución del principio de la libre competencia por el principio “socialista de la producción armónica”. Estas ideas fueron propugnadas por los líderes derechistas de la IIª Internacional y de los sindicatos socialdemócratas. El materialismo mecánico acabó por aliarse con el idealismo evolucionista en contra de la revolución socialista.

6.1.2 El voluntarismo izquierdista

      La primacía de la segunda tesis es implantar el idealismo en el análisis teórico, y el subjetivismo en la práctica política. Significa separar la teoría de la practica al situar a las masas como objeto físico, como masa pasiva y amorfa, donde el proletariado sólo existe como la clase que más sufre, y a la que desde fuera hay que introducirle el rayo del pensamiento sobre el ingenuo terreno popular. Esto es lo que caracteriza al voluntarismo blanquista conspirativo que sólo confía en la capacidad de una minoría para a través de una acción decidida (golpe de Estado) tomar el poder político y cambiar las condiciones sociales, las circunstancias que determinan al ser social, a través de la dictadura de la minoría revolucionaria. Y lo que caracteriza también el socialismo utópico.

Ambas posiciones coinciden en el mito del salvador supremo, sea un monarca, emperador, canciller o de la minoría revolucionaria que actúa. Coinciden en el mesianismo de las minorías que empujan la rueda de la historia, ya sean minorías ilustradas o minorías heróicas, al margen de la lucha revolucionaria de las masas. No entienden que cualquier régimen político sólo se cambia con el esfuerzo y actividad organizada de millones, y que en el caso del proletariado, como apuntaran Marx y Engels en el Manifiesto es un movimiento propio de la mayoría en provecho de la mayoría (7).

En el fondo ambas tesis no marxistas niegan la praxis revolucionaria como producto de la actividad del movimiento histórico de la clase obrera y desconfían de su acción, los utópicos por el rechazo de la violencia (huelgas, motines, revoluciones, etc.) los conspiradores por considerar a las masas enteramente vacilantes, con falta de capacidad, conciencia y cultura bajo las condiciones sociales de desigualdad y del despotismo político. Ambos confían en la autoridad suprema de las ideas.

Los utópicos como medio de convencimiento de las clases pudientes a través  de la filosofía critica (socialismo alemán: Bauer, Ruge, Stirner…) o de la propaganda pacifica de sus experiencias de sistemas comunistas (Owen, Cabet…) basados en los principios de la justicia social y la igualdad, situando la idea y el espíritu como el lado activo de la historia obrando fuera y por encima de las masas (8).

Los blanquistas o izquierdistas con su acentuado subjetivismo y voluntarismo. En su base encontramos la misma problemática teórica que en el economismo kaustkiano, de forma invertida. No es el determinismo económico sino la voluntad de los hombres y sus grandes ideas, grupos revolucionarios heróicos y decididos quienes determinan la marcha de la historia. Se pasa por alto la consideración de las condiciones mínimas (objetivas y subjetivas) para hacer la revolución. La inmadurez crónica afirmada por el economismo y la utopía en el campo del reformismo se transforma en voluntarismo, en madurez siempre ya dada de las condiciones revolucionarias en el campo del izquierdismo.

En ambos casos (utopismo y voluntarismo) coinciden en la desconfianza hacia las masas y el movimiento obrero, la separación de la teoría de la práctica, la inhibición en la lucha cotidiana, reivindicativa, la creencia de que la teoría determina por entero la práctica y la creencia en la tesis del salvador supremo que liberara a las masas o al hombre de sus sufrimientos. Mientras que para Marx el comunismo no es

“…un Estado que debe implantarse, un ideal al que ha de sujetarse la realidad…” sino un “…movimiento real que anula y supera el estado de cosas actual. Las condiciones de ese movimiento se desprenden de la premisa actualmente existente” (9).

6.1.3 La dialéctica frente al economismo y el voluntarismo en la acción política

El comunismo no se presenta en Marx como una teoría pura nacida de la cabeza del filosofo (Ruge, Moses Hess), o como un simple cambio de las condiciones sociales (owenismo), sino como la praxis revolucionaria de la clase obrera en el movimiento hacia su auto-emancipación, donde coinciden cambio de las circunstancias con conciencia revolucionaria, donde interviene como portador e instrumento el partido y el pensamiento revolucionario de la época que somete a crítica lo existente y conforma la teoría revolucionaria, siendo la clase obrera el lado activo de la emancipación y la teoría revolucionaria un producto de su práctica desvelada por los revolucionarios en el marco de la práctica teórica, y puesta al servicio del movimiento de la clase obrera existente. Al mismo tiempo que las condiciones crean al hombre, el hombre crea condiciones nuevas a través de su praxis revolucionaria, superando así el dilema: fatalismo/subjetivismo. Con lo que a la existencia de ideas revolucionarias le precede la existencia de una clase revolucionaria.

La evolución del pensamiento de Marx que parte de los conocimientos y conquistas del pensamiento burgués de la época (hegelianismo, economía política inglesa y socialismo utópico) no hubiesen tenido un desarrollo hacia posiciones revolucionarias de clase en la lucha por el comunismo científico, no hubiera superado su posición democrático radical pequeño burguesa, de no haber ligado su actividad teórica y política a la acción de la clase revolucionaria: el proletariado, de no haber conectado con la actividad revolucionaria del movimiento obrero, de no haber reconocido en las organizaciones obreras el germen de la lucha por la revolución social y la autoemancipación del proletariado. Y evidentemente si el pensamiento de la época no hubiera sido capaz de construir la teoría revolucionaria, el movimiento obrero hubiese vagado bajo la espontaneidad, el utopismo, el economismo y el izquierdismo.

      La aplicación dialéctica del marxismo-leninismo en la acción política no presupone ni el determinismo de lo económico, ni el subjetivismo filosófico en lo histórico. En otras palabras, todos los elementos de la sociedad se encuentran en relación dialéctica y se sobredeterminan. El destino y la forma de la lucha política y de clases no se haya predeterminado fatalmente por adelantado. El destino y las formas de las luchas de clases depende de la manera de como sean conducidas, y aquí entran a jugar su parte la conciencia y las decisiones políticas.

¿Dónde queda entonces la determinación en última instancia de la conciencia social por la pareja fuerzas productivas-relaciones de producción (base económica)?. Queda como soporte en las luchas de clases, del grado de conciencia de las masas y capacidad política de los movimientos histórico-concretos de superar el conflicto de clases. Si no la comprendemos dialécticamente la determinación en ultima instancia, se nos convierte en una traba para las luchas de las clases explotadas y oprimidas en vez de ser un instrumento de las mismas. No olvidemos que la acción política del Estado-capitalista está destinado a frenar y enmascarar el desarrollo y existencia de las contradicciones de clase, y que precisamente la acción social y política de la clase obrera debe tender a agudizar tales contradicciones.

El materialismo dialéctico no es una simple inversión de Hegel donde se sustituye la Idea por la Economía, para Marx la clave no es la descripción de los fenómenos, sino la anatomía, la esencia del fenómeno y sus cambios dialécticos. Puestas así las cosas, el Estado no es la Idea de Hegel puesta del revés simplemente, sino el principal instrumento que dispone la clase dominante para organizar su dominio en virtud de las relaciones de producción dominantes en la formación social concreta. Ya que la historia es una puesta en escena que también se mueve por las contradicciones existentes en las superestructuras (jurídico-política, ideológica, cultural, religiosa….), y en coyunturas bajo determinadas relaciones de fuerza (nacional e internacional), las cuales como determinaciones activas ejercen su acción decisiva sobre la determinación en última instancia.

El materialismo dialéctico destaca el vínculo inseparable entre la base económica y la superestructura de las formaciones sociales, ya que tal vínculo es expresión de que las fuerzas materiales (fuerzas productivas + relaciones de producción) no serían concebibles sin forma, y las ideologías serían caprichos individuales sin las fuerzas materiales.

La explotación de clase no puede durar, reproducir sus condiciones sin el auxilio de la superestructura, sin las relaciones jurídico-políticas y las relaciones ideológicas que son determinadas en última instancia por la relación de producción. ¿Cuántas veces insistió Marx en el hecho de que era la organización capitalista de la producción, es decir de la explotación, la que educaba por la coerción, opresión, coacción a la clase obrera en la lucha de clases?. Engels argumentaba que si la situación económica es la base, los diversos elementos de la superestructura ejercen su acción en el curso de las luchas históricas y en muchos casos determinan su forma. Por tanto, la formación social capitalista no se reduce a solamente la relación de producción capitalista y por lo tanto a su infraestructura. La superestructura, cumple su función al garantizar la reproducción de las condiciones que hacen posible la explotación. Las relaciones jurídicas hacen abstracción del individuo concreto para tratarlo como simple sujeto de derecho capaz de propiedad incluso si sólo posee fuerza de trabajo, las relaciones políticas lo trata como ciudadano libre, incluso si con su voto refuerza su servidumbre. Las relaciones ideológicas para tratarlo como un simple sujeto sometido o rebelde a las ideas dominantes. Por ejemplo, ciudadano es una categoría que nos une a banqueros como Botín y nos aleja de trabajadores inmigrantes sin papeles, pueblo trabajador o clase obrera serían los conceptos sociales que nos separan de los banqueros, pero que difícilmente encontramos en el discurso jurídico político dominante. La constitución burguesa es en última instancia, una protección del sistema capitalista de propiedad privada. Lenin decía que Marx dedicó la mayor parte de su vida y de sus investigaciones para burlarse de la libertad, igualdad, el acatamiento de la voluntad de la mayoría, porque tras el fondo de esas frases, no se ve nada más que los intereses de la libertad de los poseedores de mercancías, la libertad del capital que utiliza para explotar y oprimir a las masas trabajadoras a través de las relaciones de producción. Y como la relación de producción es una lucha de clases, es la lucha de clases la que determina en última instancia las relaciones de la superestructura, sus contradicciones y la sobredeterminación con las que marcan la infraestructura. Y así como la lucha capitalista crea, en la producción, las condiciones de la lucha de clase obrera, así también se ve a las relaciones jurídicas, políticas e ideológicas contribuir no sólo a perpetuar su opresión ideológica sino también a su organización y a su conciencia por su opresión misma. Teóricamente el juego de la última instancia permite dar cuenta de la diferencia y de la desigualdad de las formas de la lucha de clases, desde la lucha económica hasta la lucha política e ideológica.

Engels en una carta a Joseph Bloch ponía en guardia ante lecturas del materialismo vulgar sobre la determinación en última instancia de la base económica, elevando la proposición marxista del papel activo de la superestructura (formas políticas e ideológicas, etc, habidas en el Estado y la sociedad civil) en la história y la lucha de clases, de la influencia y acción que ésta ejerce sobre la base económica, al determinar en el curso de las luchas históricas la forma de la lucha de clases y su resultado (10). Los marxistas vulgares más tarde llegaron a la peregrina conclusión de si la política es un mero reflejo pasivo de la economía ¿para qué luchar por la dictadura del proletariado?, ignorando que la violencia política, el poder del Estado, es también una potencia económica, ignorando que el movimiento de la base económica al socialismo no puede triunfar sin una revolución en la superestructura y a través de la misma.

Esa posición también invadió el marxismo soviético a través de Bujarin (bujarinismo), quien en su Ensayo Popular de sociología, llevó el materialismo vulgar a su máxima expresión (convirtiendo al marxismo en un evolucionismo pasivo y positivista), llegando a considerar que dentro de las fuerzas productivas es la técnica lo determinante en las relaciones de trabajo, la causa única suprema del desarrollo socioeconómico, que la sociedad depende en última instancia del desarrollo de la tecnología, ignorando que la técnica es sólo una parte de las fuerzas productivas, y que éstas son sometidas a las relaciones de producción que existen en las condiciones de expropiación de la plusvalía bajo el capitalismo, y que las propias relaciones sociales nos coloca ya en el terreno de la lucha de clases que se desenvuelve en la base económica y la superestructura.

      Este economismo o materialismo vulgar, distorsiona las relaciones dialécticas que existen entre las relaciones de producción y las fuerzas productivas, la base económica y la superestructura, la producción y la revolución, la teoría del desarrollo espontáneo de las fuerzas productivas, niega que el paso de las viejas a las nuevas relaciones de producción se produzcan de forma revolucionaria mediante el derrocamiento de la clase dominante que personifica las relaciones de producción caducas, en definitiva, este revisionismo niega la revolución socialista y la dictadura del proletariado, la necesidad del partido comunista, y es la base del oportunismo histórico. Para el marxismo-leninismo es la revolución la que libera las fuerzas productivas de la sociedad oprimidas por las viejas relaciones. La lucha de clases es la manifestación de la contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción, el desajuste de la necesaria correspondencia entre las relaciones de producción y las fuerzas productivas, ley enunciada por Marx en el Prólogo a la Contribución a la crítica de la economía política, que hoy bajo el capitalismo se expresa en la contradicción fundamental entre el carácter más socializado de la producción y la apropiación capitalista que se manifiesta como contraposición entre proletariado y burguesía, por tanto, históricamente las relaciones de producción frenan o impulsan el desarrollo de las fuerzas productivas, y es la lucha de clases producto de las contradicciones económicas lo que posibilita su liberación, lo que transforma las relaciones de producción.

La técnica no es más que la consecuencia de las fuerzas productivas intervenidas por determinadas relaciones sociales y la lucha de clases. Por ej. la máquina de vapor como instrumento técnico es históricamente activa, no como una fuerza mecánica, sino como instrumento de producción incorporado al conjunto de las fuerzas productivas bajo las relaciones de producción capitalistas. Profundizando en el análisis de los modos de producción vemos que en el esclavismo la forma del trabajo en esclavitud impide que la racionalización y la técnica del proceso de trabajo sean posibles. En el feudalismo la ejecución del proceso de trabajo carecía de técnica, y su organización se desenvolvía  más a través de la coerción extraeconómica que mediante el desarrollo de la técnica. El propio Marx en El capital cuando nos explica el paso del trabajo gremial a las manufacturas, parte de su etapa inicial (cooperación simple) donde no existe ningún cambio técnico en el proceso de trabajo, ya que todos los oficiales realizan el trabajo al completo, lo único que se ha hecho es ampliar la magnitud del taller artesanal, por lo que la manufactura no surge como un desarrollo de la técnica sino como resultado de las relaciones de producción y de la lucha de clases del capitalismo frente al feudalismo. La aplicación y perfeccionamiento de la tecnología es consecuencia del desarrollo del capitalismo, del pase de la cooperación simple a la compleja, de la acumulación y ampliación del capital que rompe y progresa la base técnica artesanal, transforma la manufactura, crea la gran industria y socializa todos los sectores de la economía bajo la batuta del capital.

La inevitabilidad del socialismo por medio del desarrollo de la técnica que determina las relaciones de producción y la superestructura, se impusó como pensamiento dominante en el proceso de construcción del socialismo en la URSS tras el XX Congreso del PCUS, donde la lucha de clases, la superestructura, las relaciones de producción y las fuerzas productivas en su conjunto, se consideraban como no determinantes, pasando la técnica a ocupar el lugar de la determinación en última instancia.

La crítica de Gramsci al Ensayo Popular de Bujarin fue el primer anticipo contra el marxismo pasivo y positivista que acabó por dominar a la IIª Internacional y al PCUS tras el XXº Congreso con el abandono de la dialéctica y la dictadura del proletariado, y a los partidos eurocomunistas.

El voluntarismo y el economismo son concepciones que aunque aparecen como opuestas, “la acción humana lo puede todo” versus “dejar actuar a la máquina de la historia”, en la práctica se dan la mano, el voluntarismo se basa en la propia voluntad para cambiar la historia, mientras el economismo se basa en la fatalidad que matemáticamente nos dice cuando y cómo cambia la historia, en unos las leyes objetivas se convierten en voluntad ciega y en otros en ley natural, la dialéctica y la lucha de clases perecen en ambas.

Saliéndose de este círculo vicioso y aceptando el terreno de la lucha político-ideológica de clases, la dinámica fuerzas productivas-relaciones de producción producen unos límites y unas posibilidades dentro de una coyuntura históricamente determinada. Hay procesos políticos imposibles, procesos posibles, y procesos-tendencia dentro de toda estructura de las relaciones de producción. La idea de la determinación en última instancia no implica como creían los teóricos ortodoxos de la IIª Internacional, esperar sentados, cruzados de brazos con la mirada del intelectual que contempla la realidad social para examinarla sin intervenir en su transformación, en este caso se esperaba a la revolución socialista como algo determinado de por sí.

La función política de un teórico marxista-leninista descansa en cuidar de no estrellarse con la realidad social tratando de provocar procesos políticos imposibles o de combinar procesos incompatibles históricamente. Ya Marx en el Prólogo de 1859 nos situaba que ninguna formación social desaparece antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella, y jamás aparecen nuevas y más altas relaciones de producción antes de que las condiciones materiales para su existencia hayan madurado en el seno de la propia sociedad antigua. El partido comunista aquí debe tratar de impulsar políticamente los procesos posibles adecuándolos a una estrategia de lucha, que vaya dirigida a bloquear los procesos políticos que responden a los intereses de las clases dominantes, acelerando en cambio aquellos que representen avances parciales y provisionales de la clase obrera.

Es verdad también que con determinado grado de las fuerzas productivas hay varias relaciones de producción que son imposibles de implantarse, pero lo que decidirá, en lo histórico concreto, qué relaciones de producción presidirán la fase histórica inmediata no es la fatalidad histórica del desarrollo de las fuerzas productivas, sino las relaciones de poder entre las clases sociales en lucha, las cuales, dependen del grado de conciencia organización y movilización de cada una de ellas, es decir de la hegemonía. Las relaciones de producción condicionan la lucha de clases, pero no la producen mecánicamente ni de una sola e inevitable forma.

Marx decía que el ser determina a la conciencia, pero también planteaba dialécticamente a la vez la fuerza material de las ideas cuando prendían en las masas las empujaban a la actuación decidida. Es decir, las dos tesis de La Ideología Alemana en relación dialéctica. Hay límites, condicionamientos históricos y tendencias para la transformación de la sociedad, pero no es menos cierto e importante que esos límites actúan a su vez sobre-condicionados y sobre-limitados por el grado de conciencia, organización y de movilización de las diversas clases sociales en lucha.

En consecuencia y sintetizando, huyendo del economismo eurocomunista, y del voluntarismo maoísta, se debe concluir que el socialismo es una necesidad histórica objetiva a partir de determinado desarrollo de la sociedad, independiente de la voluntad de los individuos y de las clases y fuerzas sociales. Si la clase obrera no fuese empujada espontáneamente hacia la revolución, si la actividad de los comunistas para elevarla a la conciencia de su lugar en la sociedad capitalista, de sus intereses de clase y de su misión histórica, no tuviera una base objetiva en las contradicciones de la sociedad, su estrategia política estaría condenada inevitablemente al fracaso. Si es necesario formar un partido comunista capaz de dirigir todas las formas de la lucha de clase del proletariado, no es por que la clase obrera no disponga de una base objetiva, su propia existencia, las condiciones de explotación que la empujan a la lucha contra las relaciones de producción, y hacia la revolución, sino porque la clase obrera no está en condiciones por sus propias fuerzas, de desarrollar el socialismo científico, y que por esta razón el movimiento obrero espontáneo tiende a ser sometido por la ideología burguesa. Y llegados a este punto, no olvidemos tampoco que el carácter de una revolución está determinado por el carácter de la sociedad en la que se desarrolla, por la naturaleza de las contradicciones fundamentales que caracterizan a esa sociedad, por las tareas que la revolución debe resolver, independientemente de la ideología del partido que dirija esa revolución, por ejemplo la revolución china de 1949 no fue socialista porque el partido comunista chino fuera su vanguardia en alianza con otras fuerzas políticas, sino democrático nacional y anti-imperialista, al ser dirigida contra el feudalismo y el imperialismo. La revolución rusa de febrero en 1917 no fue democrático burguesa porque no la dirigiera el partido bolchevique sino porque su objetivo era derrocar al zarismo y la dominación de los terratenientes, y no al capitalismo. Afirmar lo contrario, que la vanguardia política determina el carácter de la revolución socialista es caer en el voluntarismo y sobreestimar las condiciones subjetivas dándole un valor absoluto en la transformación de la sociedad, ignorando las condiciones objetivas, el desarrollo de las fuerzas productivas y de las contradicciones sociales.

6.2 Experiencia acumulada teórico-práctica del partido revolucionario de la clase obrera

      Sobre el papel del partido político del proletariado se ha teorizado bastante más de lo que habitualmente se piensa, por lo que daré un repaso sobre lo que plantearon Karl Marx y Fiedrich Engels, Rosa Luxemburg, Vladimir Illich Ulianov-Lenin, y Antonio Gramsci.

6.2.1 Marx y Engels 

      Durante el período comprendido entre 1.846-48 la actividad teórica y política tanto de Marx como de Engels fueron fundamentales para el desarrollo de una teoría del partido comunista como vanguardia de la clase obrera, alimentada por una teoría revolucionaria y vinculada su actividad dentro del movimiento obrero.

En esta etapa ambos superan las posiciones predominantes en el movimiento comunista de la época, el socialismo utópico, el socialismo verdadero (de Moses Hess y Karl Grun), artesanal, neocristiano y de sectas conspirativas, con bases emotivas, religiosas y utópicas. Prevalece la critica de Marx a los comunistas alemanes, a su doctrinarismo pequeño burgués, que tenía su peso en la Liga de los Justos (compuesto por el artesanado tradicional: satres, zapateros, carpinteros, maestros proletarizados con un nivel organizativo y cultural superior a los campesinos recien inmigrados que integraban las manufacturas), que no veían la vigorosidad revolucionaria del movimiento obrero de masas, al que minimizaban e incluso rechazaban. Defendían planteamientos humanistas, ilusorios (amor universal y denuncia de la injusticia) y economicistas, como el reparto de tierras entre todos los hombres (Kriege), que desconocía la tendencia histórica del desarrollo productivo. En esta etapa prevalece la superación del mito del salvador supremo, mesias, profetas, reyes, emperadores que vengan a ordenarlo todo. Incluso Weitling aún siendo partidario de la acción revolucionaria como medio de instauración del comunismo, confiaba ésta lo mismo a un dictador que a un príncipe.

En esta etapa Marx y Engels superaban los sistemas utopistas de Owen, Fourier, etc., que también creían en el mito del salvador externo, en el convencimiento de las clases poderosas para instaurar la sociedad nueva. En esta etapa es fundamental la crítica de Marx a Proudhon que por muy impresionante que fuera su tesis de “la propiedad es un robo”, no llegaba a cuestionar la lógica esencial del capitalismo, las relaciones de producción basadas en la propiedad privada, y sólo cuestionaba a la gran burguesía y a la clase terrateniente, siendo un defensor de la reforma social y la pequeña propiedad, contrario a la revolución como medio de superación del capitalismo.

Se concluye la superación de una etapa en el movimiento comunista en la que Marx tuvo que hacer frente a la desconfianza hacia el movimiento obrero; a la creencia de que el cambio de las circunstancias debía de darse desde la idea y la propaganda, y no desde la acción de las masas dirigidas por el partido revolucionario; a la prédica del abstencionismo político, dado que la desconfianza hacia los liberales no se traducía en la determinación de la lucha política independiente del proletariado; a la ausencia del internacionalismo al no existir clase revolucionaria alguna en las cabezas de los utopistas y sectarios embriagados en la esfera nacional.

En junio de 1.847 la consigna humanista pequeño burguesa de la Liga de los Justos “todos los hombres son hermanos” fue sustituida a propuesta de Engels con la de “Proletarios de todos los países, unios” con contenido clasista. En su primer congreso la Liga de los Justos pasó a llamarse Liga de los comunistas. Los objetivos no eran los mismos, mientras el objetivo de la Liga de los Justos era la realización de los derechos del hombre, el objetivo de la Liga de los comunistas el derrocamiento de la burguesía, la dominación del proletariado, la supresión de la propiedad privada y la creación de una sociedad sin clases.

La Liga de los comunistas fue el primer partido revolucionario del proletariado en la historia, compuesta mayoritariamente de exiliados alemanes repartidos por Europa occidental, supuso un paso importantísimo en la constitución de la teoría del partido comunista, dado que su programa político fue el Manifiesto del Partido Comunista (PC), donde se fundamentaba que el partido debe basarse sobre una teoría científica (comunismo científico) opuesta a toda forma de ideología burguesa o pequeño burguesa, representar la vanguardia de la clase obrera, ser su sector más consciente y superador del carácter sectario de las organizaciones artesanales.

Marx y Engels en el Manifiesto del PC (1848), situaban la necesidad de dotar a la clase obrera de un partido político propio que formase parte del movimiento obrero en general, y que a nivel internacional antepusieran los intereses comunes de la clase obrera por encima de las particularidades nacionales, locales y meramente reivindicativas, siendo el sector mas resuelto de la clase que impulsa adelante a los demás. Donde el objetivo de los comunistas de todas las naciones pasara por la constitución del proletariado en clase, el derrocamiento de la dominación capitalista y la conquista del poder político (reformulando los objetivos ya marcados en la Liga de los Comunistas).

De esta manera el PC en Marx y Engels pasa a ser la vanguardia del movimiento obrero, la cual lejos de ser una minoría iluminada, es el sector más resuelto del proletariado que lucha por emanciparse, es el instrumento y portador de la toma de conciencia y de la acción revolucionaria de las masas, donde su papel es dirigir y orientarlas en el proceso de la lucha hacia la revolución comunista, proceso que no será vigorizado por un tutor o salvador supremo sino por el movimiento proletario en provecho propio. Por tanto, se clarifica que los comunistas deben de participar en el movimiento, excluyendo tanto actitudes iluministas como espontáneas.

Sobre este tema, en la actualidad, intelectuales como J.Miras se van al otro extremo en el terreno de la reificación de la espontaneidad, atribuyendo tal posición (esponteaneidad del movimiento) a la praxis de Marx y Engels:

“Como se puede comprender por la acción de Marx y Engels disolviendo en la práctica la Liga de los comunistas, ellos no pretendieron instrumentar un organismo político que tratase de imponer al movimiento las directrices y orientaciones previamente decididas en su interior. El movimiento democrático no era un movimiento instrumental sino que debía ser el agente protagonista, en el que los comunistas debían estar incorporados y debían de ser los defensores más acérrimos de su estabilidad, extensión y protagonismo” (11).

Con esta afirmación a secas libre de razonamiento y matización, ignora que el Manifiesto era el Manifiesto de Partido Comunista realizado por Marx y Engels por decisión y encargo del II° Congreso de la Liga de los Comunistas a fines de 1847, y no era el Manifiesto Comunista a secas, engullendo el Partido. Manifiesto que Engels ya había trabajado previamente en sus Principios del comunismo en la fase preparatoria del II° Congreso de la Liga con el objetivo de introducir la teoría comunista desplazando las concepciones utopistas y sectarias, para que el comunismo científico fuera la base de la lucha de clase del proletariado.

También se ignora que aunque Marx y Engels celebraban la constitución de todos los movimientos obreros masas (cartismo, movimiento obrero francés, etc.) y democráticos, siempre defendieron una línea estratégica revolucionaria totalmente di-fe-ren-te a otras dentro de los movimientos de masas. Y siempre plantearon la necesidad de dotarse de una organización política que aunque ésta formara parte del movimiento de clase, y que tal organización política debía ser independiente, para salvaguardar precisamente su estrategia revolucionaria frente a las otras estrategias existentes  en el movimiento (utópicas, anarquistas, lasalleanas, etc.) para pugnar en condiciones de no inferioridad por la hegemonía de todo movimiento de masas, el cual abandonado a la espontaneidad puede llegar a absorber las energías revolucionarias iniciales, hacia posiciones no revolucionarias, y por lo tanto no comunistas, como sucedió con el cartismo. Marx y Engels no confundían el partido con el movimiento, ni mucho menos creían consecuente que el partido emprendiese la acción revolucionaria al margen del movimiento proletario de masas, de la misma manera que no entendían la existencia del movimiento proletario sin la labor en su seno de la “fracción más consciente“ del movimiento: el partido de los comunistas.

Por lo que lo argumentado en el Manifiesto del PC de que los comunistas son el sector más resuelto de los partidos obreros, que no tienen intereses que les separen del conjunto del proletariado, que no forman un partido aparte, opuesto a los otros partidos obreros y que no imponen principios sectarios al movimiento proletario, debe situarse de forma dialéctica y no metafísica. Es to quiere decir, que los comunistas han comprendido que para transformar el mundo hay que participar en el movimiento real, no ilusorio de montañas de utopía preparadas por intelectuales de oficina, movimiento donde intervienen otros partidos o tendencias proletarias cuyo objetivo también consiste en organizar a los proletarios en clase y derrocar el poder de la burguesía, donde los comunistas como sector destacan ocupando un lugar de vanguardia por su visión internacional y clasista por encima del intereses nacionales, locales y corporativos estrechos, que impulsa adelante al resto del proletariado, siendo teóricamente más claros en la visión general del movimiento, donde para poder “empujar al resto” es evidente que las propuestas de los comunistas a la par que no deben amoldar el movimiento para dirigirlo, tampoco pueden amoldarse a él para ir a la zaga so pena de diluirse, por lo que deben de conquistar la hegemonía en el movimiento proletario trabajando en él y no fuera.

Precisamente la constitución de la Iª y IIª Internacional Marx y Engels dedicaron esfuerzos para la constitución de partidos en los diferentes países en pugna contra otras concepciones anarquistas, utópicas y oportunistas (Bakunin, Lasalle, Bernstein, etc.).

Así la frase “los comunistas no forman un partido aparte, opuesto a los otros partidos obreros” quiere decir precisamente que el partido de los comunistas no es ajeno al movimiento ni opuesto a él, sino que forma parte y lucha por su dirección. Esa es la posición dialéctico-marxista.

Y por otra parte, no es cierto de que la Liga de los comunistas “se disolviera en la práctica” como dice Miras. El Manifiesto del PC impulsaba su organización en el movimiento obrero, dicha organización se constituyó con proyección internacional en 1.847, con el objetivo de unificar a los núcleos que existían en Europa, e incluso participaron en la revolución democrática de 1.848-49:

“…participaron enérgicamente en todas partes donde se produjo el movimiento… en la prensa, en las barricadas y en los campos de batalla estuvieron en la vanguardia de la única clase decididamente revolucionaria, del proletariado.” (12),

dispusieron de su revista teórica y política en Alemania (Nueva Gaceta del Rin que dejó de aparecer debido a la persecución política), y en el invierno 1.848-49 la prioridad de este partido pasaba por la reorganización y reestablecimiento de los lazos con los comités obreros y núcleos de la Ligaen las ciudades europeas, con vistas a concretar la unidad de acción de los comunistas y demócratas en la futura revolución, donde el propio Comité Central de la Liga enviaba a Josef Moll a Alemania para reorganizar el partido.

Al calor del estallido revolucionario, la Liga buscaría ponerse en relación con otros partidos y tendencias más afines como la izquierda del movimiento cartista y los blanquistas franceses, creándose entre estas organizaciones en abril de 1.850 la Sociedad Universal de los Comunistas revolucionarios a través de un acuerdo que constaba de 6 artículos entre los que se asumían como objetivo común la revolución permanente hacia el comunismo, donde la revolución burguesa no era el fin, sino la dictadura del proletariado y la supresión de las clases (13).

Incluso la Liga de los comunistas fue en su contenido organizativo el prototipo del nuevo partido obrero, contenidos que adoptaría después la Internacional, y en lo ideológico fue la primera organización obrera internacional que adoptó el comunismo científico como bandera. La Ligase estructuraba a partir del Congreso como órgano supremo convocado regularmente, el Comité Central como dirección ejecutiva, las organizaciones de base, sistema de elegibilidad de abajo arriba, la sujeción de la minoría a la mayoría de los órganos inferiores a los superiores, disciplina de partido y centralización de fuerzas, donde sólo tenían cabida los comunistas. En tal sentido Weitling fue expulsado y Grun y sus partidarios no pudieron militar, ya que el no considerarse un partido aparte, no cohartaba a la defensa de independencia política con otras tendencias del socialismo.

La política del partido no debía ser estrecha, corporativista. En tal sentido Marx y Engels se posicionaban por la participación del movimiento obrero en la revolución democrática. Para Marx y Engels los comunistas actuaban en el movimiento democrático sin renunciar a su independencia poniendo en primer término lo que une a comunistas y demócratas en la lucha contra el feudalismo. En Bélgica apoyan la Asociación Democrática, de la que Marx era vicepresidente, en alianza con la pequeña burguesía, pero también exigirán la independencia del proletariado en la estrategia y la organización de los comunistas en el movimiento democrático exigiendo claridad en los objetivos de la clase obrera al margen de la pequeña burguesía, señalando que cualquier tipo de unidad con la pequeña burguesía, si se hiciera sobre el contenido de reservar las reivindicaciones de la clase obrera sería perjudicial y convertiría a esta en un remolque de la política burguesa en la revolución democrática:

“La cuestión es, pues, saber cuál ha de ser la actitud del proletariado y particularmente de la Liga frente a la democracia pequeño burguesa…En los momentos presentes, cuando la pequeña burguesía democrática es oprimida…ésta predica en general al proletariado la unión…, le tiende la mano y trata de crear un gran partido de oposición…trata de arrastrar al proletariado a una organización de partido donde han de predominar las frases socialdemócratas de tipo general, tras los que se ocultarán los intereses particulares de la democracia pequeño burguesa, y en la que las reivindicaciones…del proletariado deberán mantenerse reservadas…Semejante unión sería hecha en exclusivo beneficio de la pequeña burguesía democrática y en indudable prejuicio del proletariado. Este abría perdido toda su posición independiente…y habría caído una vez más en la situación de simple apéndice de la democracia burguesa…En vez de descender una vez más al papel de coro destinado a jalear a los demócratas burgueses, los obreros, y ante todo la Liga, deben procurar establecer junto a los demócratas… una organización propia del partido obrero, a la vez legal y secreta, y hacer de cada comunidad centro y núcleo de sociedades obreras en las que la actitud y los intereses del proletariado puedan discutirse independientemente de las influencias burguesas” (14).

Marx en este Mensaje del Comité Central a la Liga de los Comunistas en 1.850planteaba sin lugar a dudas el carácter autoemancipador del proceso revolucionario, que se sitúa mas allá de la democracia pequeñoburguesa, y supera el carácter sectario de la organización. Sitúa que el sujeto de la acción revolucionaria no es la Ligao una minoría sectaria, que el papel de la Liga es luchar por la organización del partido obrero de masas, en el cual la Liga sería la fracción más consciente, activa y dirigente, por lo que Marx y Engels desarrollan la idea expuesta en el Manifiesto del PC sobre la necesidad del papel de vanguardia política de los comunistas y de la organización de la clase obrera en movimiento obrero, la independencia política y de estrategia, la vinculación dialéctica de las formas de trabajo legales y las extralegales, y la organización propia del partido a través de los núcleos dirigentes en las sociedades obreras que existen donde los intereses objetivos de la clase obrera puedan discutirse alejado de las “influencias burguesas”.

La Liga no se diluyó como cree Miras en el movimiento de masas y democrático, ni sus objetivos de clase tampoco le impedía establecer una política de alianzas del partido proletario contra el absolutismo y los vestigios feudales en Europa:

“Para luchar contra un enemigo común no se precisa ninguna unión especial. Por cuanto es necesario luchar directamente contra tal enemigo, los intereses de ambos partidos coinciden por el momento, y dicha unión, lo mismo que ha venido ocurriendo hasta ahora, surgirá en el futuro por sí misma y únicamente para el momento dado” (15).

Para Marx y Engels las tareas revolucionarias del movimiento obrero y el partido comunista no se agotaban en la revolución burguesa, el objetivo final era la revolución proletaria:

“…en la lucha de la burguesía liberal contra los gobiernos, los comunistas siempre deben de estar del lado de la primera… Las únicas ventajas que la victoria de la burguesía brindará a los comunistas serán: 1) diversas concesiones que aliviarán a los comunistas, la defensa, la discusión y propagación de sus principios, aliviarán la cohesión del proletariado en una clase organizada, estrechamente unida y dispuesta a la lucha, y 2) la seguridad de que el día en que caigan los gobiernos absolutistas, llegará la hora de la lucha entre los burgueses y proletarios. “ (16).

En coherencia con esta posición Marx y Engels destacarán la tendencia de la pequeña burguesía democrática hacia el reformismo y a abandonar al proletariado mediante la revolución avanza, planteando como medida cautelar la creación de órganos de contrapoder obrero en las localidades, y la centralización de la lucha proletaria, independiente y organizada política y militarmente con un “Estado Mayor Central” frente al nuevo gobierno constituido. Esa era la orientación que se daba a los comunistas de la Liga.

La lucha de las posiciones de Marx y Engels por la constitución del partido revolucionario no se paró en 1.850, posteriormente se desarrolla frente a todas las influencias sectarias de Lasalle, Bakunin, y el reformismo de la socialdemocracia alemana.

Lassalle en su concepción de la historia y del Estado era idealista, no creía que la clase obrera tuviese la misión histórica de construir una sociedad socialista por medio de la conquista del poder político. En lugar de la destrucción del Estado burgués, consideraba que la tarea de la clase obrera era su reforma, por eso también se dispuso a reformar el Estado prusiano mediante la introducción de la igualdad de derechos al voto secreto, y por medio de créditos que el Estado prusiano entregaría a los obreros para levantar cooperativas de producción. La contribución de Lassalle a la creación de una organización obrera independiente de la burguesía fue positiva, pero su ilusión de que la clase obrera no necesitaba dedicarse a una lucha revolucionaria y que pasaría de forma pacífica al socialismo con la ayuda del Estado explotador, ejerció una influencia muy negativa.

En 1863 se había fundado la Asociación General Obrera alemana de la cual sería presidente F. Lassalle quien inscribió en las consignas como programa, no la destrucción del Estado explotador, sino la reforma del Estado prusiano de los junkers, mediante el sufragio universal y la creación de cooperativas con ayuda del Estado. Marx y Engels desaprobaban que Lassalle dirigiera sus ataques unilaterales contra el Partido del Progreso liberal de izquierda que luchaba contra el gobierno prusiano, y de que se estuviese dispuesto a pactar con el enemigo principal de la clase obrera alemana y el pueblo alemán: el Estado militarista prusiano.

Además, Lasalle prescindía de la lucha económica de los obreros, del movimiento sindical. Despreciaba a los aliados del proletariado, los campesinos y la pequeña burguesía. No creía que la lucha por la emancipación de la clase obrera tuviese carácter internacional. Negociaba en secreto con el canciller Bisckmark, defendiendo que la unificación de Alemania debía tener su base en Prusia, y trató de apartar a la Asociación Obrera Alemana del camino democrático-revolucionario. De este modo, Lassalle impidió que el creciente movimiento obrero de la década del 60 en el S.XIX, se convirtiera en una fuerza decisiva en la lucha por la unificación democrática de Alemania.

La política iluminista y estatalista de Lasalle opuesta a la concepción de la revolución autoemancipadora del proletariado, promulgaba la emancipación de la clase obrera bajo el mito del salvador supremo, a través de la intervención del canciller Bisckmark, con la instauración del sufragio universal y la creación de cooperativas por ayuda de éste. Lasalle predicaba un falso obrerismo que negaba la política de alianzas ocultando su auténtica alianza con Bisckmark, la gran burguesía y la nobleza terrateniente contra la pequeña burguesía y los campesinos, y en el fondo contra la propia independencia política de la clase obrera frente a la dominación del Estado prusiano, dando apoyo a su carácter reaccionario autoritario, dictatorial, militarista y expansionista.

Tras la muerte de Lassalle, Schweitzer continuaría con la política de Lassalle, que Marx y Engels catalogaron de socialismo gubernamental monárquico-prusiano como concepción idealista que confundía el carácter del Estado como una institución inalterable por encima de las clases, concepciónque permitió a las clases dominantes (junkers y burgueses) con su socialismo de Estado en Alemania sembrar confusión en el movimiento obrero.

Para Marx y Engels el enemigo principal de toda solución democrática era el Estado militarista prusiano, mientras que para Schweitzer era la que existía entre burguesía y proletariado bajo forma unilateral y antidialéctica. Marx y Engels siempre consideraron que la revolución burguesa era una premisa de la revolución proletaria y concluyeron de ello que la clase obrera debe luchar por el establecimiento de la república democrática sin considerarla como su objetivo final. Frente a la amenaza del militarismo prusiano, el destino del pueblo alemán dependía de la lucha por la democracia y la clase obrera debía de ser el elemento de vanguardia, como un partido independiente distinto de la burguesía y fortaleciendo sus organizaciones frente a la burguesía.

Mientras que el proudhonismo ortodoxo en Francia y Bélgica, y el lassalleanismo en Alemania habían perdido terreno a fines de la década de los 60, en algunos países poco industrializados, como Suiza, Italia y España, surgió una nueva forma de sectarismo, el bakuninismo. Basado en el idealismo subjetivo, rechazaba como perjudicial todo Estado, incluido el poder político de la clase obrera. Los bakuninistas defendían una táctica aventurera que alejaba a los obreros de la lucha política y renegaba de la fundación de partidos obreros revolucionarios.

A través de la experiencia de la Iª Internacional (1864-76), el movimiento obrero internacional fue asimilando los conceptos básicos del comunismo científico (sociedad socialista, conquista del poder político y partidos políticos proletarios), frente al sectarismo. Marx planteaba la necesidad de superar la organización sectaria anteponiendo el partido vanguardia de masas necesario para la maduración de la clase obrera, considerando la organización sectaria como reaccionaria al situarse al margen del movimiento obrero. Marx se refería a organizaciones sectarias como los proudhonianos mutualistas franceses (cooperativistas) que desde la incomprensión de las bases de la explotación capitalista hablaban de contrato libre y justo de trabajo y negaban la asociación sindical y las huelgas, los lasalleanos alemanes y los bakuninistas, que negaban la organización política independiente de la clase obrera y toda política de alianzas. Marx justificaba la organización sectaria cuando el proletariado HISTÓRICAMENTE no esta preparado para la organización militante en el movimiento obrero y partidario, y sitúa la segunda mitad del siglo XIX como el ecuador de la superación de las organizaciones sectarias, por eso insistía en que su existencia posterior era reaccionaria. Frente a las organizaciones sectarias Marx oponía a la Internacional como la organización militante en aquellos momentos de la clase obrera en todos los países, ligados en su lucha común contra los capitalistas, los terratenientes y el poder de clase organizado en el Estado.

Las organizaciones sectarias eran abstencionistas, indiferentes hacia lo político y negadoras de toda acción real. Eran reacias a todo movimiento colectivo, y en aras de unos “principios eternos” consideraban a toda lucha por limitar la jornada del trabajo, hacer huelgas aumentar el salario y participar en las elecciones como partido independiente o tomar el poder político, significaba nada menos que ¡¡¡el compromiso con la burguesía (¿), el reconocimiento del salario como tal (¿) y el sometimiento al Estado (¿) en vez de su abolición!!!. Al proletariado, según la organización sectaria e iluminista, sólo le quedaba la espera piadosa y quietista hacia el paraíso, inmóvil ante la explotación asalariada en aras de unos principios faltos de movimiento, ajenos a la dialéctica social e histórica.

En carta de Marx a F. Bolte (23 de noviembre de 1871) sintetiza esta experiencia de lucha contra las organizaciones sectarias:

“…La internacional fue fundada para reemplazar las sectas socialistas o semisocialistas por una organización real de la clase obrera con vistas a la lucha… El desarrollo del sectarismo socialista y el desarrollo del movimiento obrero real se encuentran siempre en proporción inversa. Las sectas están justificadas (históricamente) mientras la clase obrera aún no ha madurado para un movimiento histórico independiente. Pero en cuanto ha alcanzado esa madurez, todas las sectas se hacen esencialmente reaccionarias… La historia de la Internacional también ha sido una lucha continua del Consejo General contra las sectas… que tendían a echar raíces en la Internacional contra el verdadero movimiento de la clase obrera, en París los proudhonistas (mutualistas)…

En Alemania tuvimos la camarilla de Lassalle… era, simplemente, una organización sectaria… hostil a la organización del movimiento obrero efectivo… A fines de 1.868 ingresó en la Internacional el ruso Bakunin… Su programa estaba compuesto de retazos superficialmente hilvanados de ideas pequeño burguesas arrebañadas de acá y de allá: igualdad de las clases(¡) abolición del derecho de herencia como punto de partida del movimiento social (tontería saintsimonista), el ateísmo como dogma obligatorio para los miembros de la Internacional, etc., y en calidad de dogma principal la abstención (proudhonista) del movimiento político..” (17).

      En esa misma carta por oposición al sectarismo Marx analiza el carácter histórico y la necesidad del movimiento político de la clase obrera:.

…El movimiento político de la clase obrera tiene como último objetivo… la conquista del poder político para la clase obrera y a este fin es necesario… que la organización previa de la clase obrera, nacida en su propia lucha económica, haya alcanzado cierto grado de desarrollo. Pero, por otra parte, todo movimiento en el que la clase obrera actúa como clase contra las clases dominantes y trata de forzarlas presionando desde fuera, es un movimiento político. Por ejemplo, la tentativa de obligar mediante huelgas a capitalistas aislados a reducir la jornada de trabajo en determinada fábrica o rama de la industria, es un movimiento puramente económico; por el contrario, el movimiento con vistas a obligar a que se decrete la ley de jornada de 8 horas, etc., es un movimiento político. Así pues de los movimientos económicos separados de los obreros nace en todas partes un movimiento político, es decir, un movimiento de la clase, cuyo objeto es que se de satisfacción de forma general… Allí donde la clase obrera no ha desarrollado su organización lo bastante para emprender una ofensiva resuelta contra el poder colectivo, es decir, contra el poder político de las clases dominantes, se debe, por lo menos prepararla para ello mediante una agitación constante contra la política de las clases dominantes y adoptando una actitud hostil hacia ese poder. En caso contrario, la clase obrera será un juguete en sus manos…” (18).

En cuanto a los métodos de lucha Marx y Engels se desmarcaban de los métodos terroristas ultraizquierdistas o anarquistas fundamentados en la creencia irracional de que este tipo de acciones aceleraban los acontecimientos de la historia. Por el contrario, eran un freno de la reacción y en la práctica escenificaban el atentado político al margen de la lucha política de las masas. Para Marx y Engels el régimen político solo puede ser modificado por el esfuerzo y la acción de las masas organizadas. Cuando en mayo de 1.878 se atentó contra el emperador alemán, condenaron la acción como una tentativa terrorista y voluntarista inconsecuente que provocaría la persecución y represión policíaca de la socialdemocracia y el movimiento obrero.

Marx y Engels también se desmarcaron de la posición seudorevolucionaria y anarquista de Johann Most (redactor del periódico Libertad) el cual renunciaba a la utilización de los medios legales de lucha. Y de las teorizaciones de Bakunin sobre la “acción directa”, para los cuales consideraba a los elementos lumpen-desclasados de la sociedad (bandoleros, delincuentes, etc.) como el prototipo revolucionario ortodoxo, que obedece ciegamente las consignas anarquistas por medio de actos individuales y destructivos, negando todo movimiento colectivo y organización pública del proletariado (19).

En la Conferencia de Londres de la Iª Internacional (septiembre de 1.871) con la Comuna de París en la memoria, se adoptó una Resolución clarificadora sobre el papel del partido y el poder político, la cual constató inequívocamente que la constitución de la clase obrera como partido político es indispensable para el triunfo de la revolución y su meta final, derrotando una vez más las posiciones anarquistas:

“Que esta organización del proletariado en un partido político es necesaria para asegurar el triunfo de la revolución y de su meta final: la abolición de las clases; que la unión de las fuerzas obreras ha sido obtenida ya a través de la lucha económica y debe ser igualmente una palanca en manos de la clase obrera en su lucha contra el poder político de los explotadores. La conferencia recuerda a todos los miembros de la internacional que, en el plan de combate de la clase obrera, su movimiento económico y su actividad política se ecncuentran indisolublemente ligadas” (20).

Al siguiente año el Congreso de La Haya hizo suya la formulación de que la dictadura del proletariado es la premisa para la transformación socialista, y que su instauración sólo puede asegurarse bajo la dirección de partidos políticos proletarios revolucionarios.

En cuanto a la cuestión nacional ante la afirmación de los proudhonistas franceses de que el problema polaco, como en general la cuestión nacional, no concernía a la clase obrera, Engels (¿Qué tiene que ver la clase obrera con Polonia?) tomando el ejemplo polaco fundamentaba que el proletariado debe rechazar y combatir toda política de opresión nacional, todo chovinismo de gran potencia y todo nihilismo nacional. Además consideraba que la lucha por una Polonia libre sería la premisa para el triunfo democrático en Alemania y la derrota del zarismo en Rusia. Sobre la cuestión irlandesa, denunciaron los métodos del régimen colonial británico y que una Irlanda libre sería la premisa para la victoria del proletariado inglés sobre su propia burguesía y los terratenientes.

6.2.1.1 Conclusiones teóricas sobre el partido

      Vamos a sintetizar la posición de Marx y Engels en este período (1.848-72) en torno a la organización y estrategia de partido político en los puntos que siguen:

a) Desde mediados de los 40, defienden resueltamente la necesidad de un partido político de la clase obrera frente a todos los demás e independiente de todas las formas de dominación política de la burguesía (formas de Estado).

a)       Carácter de vanguardia, de clase y masas del partido, formando parte del movimiento obrero existente junto a otras organizaciones proletarias tanto sociales (sindicatos) como políticas, sin confundir la unidad de objetivos y alianzas tácticas y estratégicas con la unidad orgánica y la disolución de los comunistas en el movimiento.

b)       Objetivos revolucionarios del partido: dirigir la emancipación del proletariado a través del derrocamiento de la dominación burguesa y la conquista del poder político.

c)       Línea de masas y política del partido, contrario al sectarismo y el utopismo superados por la experiencia histórica del movimiento obrero, contrario al abstencionismo, partidario del desarrollo del sindicalismo de masas en contra de las tesis anti-sindicales de Proudhom, sin caer en el economicismo, en las tareas estrechas del salario y la jornada laboral (Miseria de la Filosofía), donde la lucha de clases toma su máxima expresión en la lucha política del proletariado a través de su partido.

d)       Relación dialéctica de la actividad del partido de los comunistas entre la labor legal y la extralegal, sometidas a los objetivos revolucionarios: derrocamiento del poder político de la burguesía y constitución del proletariado en clase dominante a través de la dictadura del proletariado.

e)       Línea anti-estatalista, crítica al lassalleanismo y el socialismo de Estado.

6.2.1.2 Defensa del partido y la estrategia revolucionaria frente a la socialdemocracia alemana 

      En el Congreso de Eisenach (1869) se creó el partido obrero socialdemócrata alemán (Bebel, W. Liebneck, Bracke), miembro de la AIT, que recuperó la experiencia de la Liga de los Comunistas en un grado aún mayor de organización, influencia, y en un contexto de mayor desarrollo industrial y de la clase obrera alemana. Partido que declaró la guerra sin cuartel tanto al Estado militarista prusiano como a la burguesía en la lucha por la revolución democrática, y que dió un paso importante en el proceso de unir el comunismo científico y el movimiento obrero. En el mismo año en el congreso de Basilea el partido adoptó el programa de la socialización de las tierras, ya que siendo en Alemania el latifundio el principal baluarte de la reacción, la reivindicación debía ser utilizada para movilizar a los obreros agrícolas y unir a los campesinos en la lucha contra los junkers y los campesinos ricos.

El partido de Eisenach ganó autoridad por su decidida posición internacionalista en la guerra franco-prusiana, luchando desde el principio contra la guerra de agresión del emperador Napoleón, y posteriormente contra la guerra de conquista del Estado prusiano, por el derrocamiento del Estado militarista prusiano y el establecimiento de una república democrática nacional y libre. También ganó autoridad por su apoyo decidido a la Comuna de París, contra la alianza internacionalista de las burguesías franco-alemana y los junkers.

Posteriormente y al calor de la ola internacionalista provocada por la Comuna de París en 1.871, se da el acercamiento de los dos bloques del movimiento obrero alemán y su unificación en la socialdemocracia alemana entre el grupo de Eisenach (W. Liebknecht y Bebel) y los lassalleanos, unión que según Marx y Engels, se realiza con concesiones teóricas y de estrategia revolucionaria de los primeros a los segundos. Marx y Engels abogaban por la fusión de las dos organizaciones obreras en un partido unificado, pero dicha unidad sólo sería eficaz si se realizaba sobre la base del comunismo científico, siendo contrarios a la unificación a cualquier precio.

Esta fusión se hizo en un marco en el que los junkers y la gran burguesía alemana adoptaban una táctica en la lucha contra el movimiento socialista, complementando la política del látigo con la del pan de azúcar mediante la reforma social (leyes de seguro por enfermedad y accidente). Ese cambio táctico vino acompañado por una campaña de propaganda en gran escala para mayor gloria del “socialismo de Estado” lassalleano, como teoría reaccionaria según la cual el Estado burgués mismo (germano-prusiano) estaba llamado a ser el precusor del socialismo, y esta paso a ser la palabra preferida que desde los liberales hasta los junkers prusianos y los industriales conservadores pronunciaban sin ruborizarse. Sólo que lo que alababan como “socialismo” no era otra cosa que una política de nacionalización, que llenaba sus propios bolsillos y la caja del Estado explotador, mientras privaba de derechos y explotaba al proletariado.

Agudas fueron las advertencias recogidas por Marx en la Crítica del Programa de Gotha, programa en el cual se prima la práctica en detrimento de la teoría revolucionaria, imponiéndose la Realpolitik lasalleana:

1.-Se implanta un programa pretendidamente socialista, que suplanta la fundamentación científica de la lucha de clases y el objetivo comunista.

2.-Ausencia de un análisis de clase de la formación social alemana de la época y de la naturaleza de clase del Estado. Se considera a las demás clases como “masa reaccionaria” (concesión lassalleana), a lo que Marx recuerda que el Manifiesto recoge que los estratos sociales intermedios  son revolucionarios “a la vista del inminente tránsito al proletariado”.

3.-Ausencia de una crítica al monopolio de la propiedad privada de la tierra de los terratenientes, sólo se critica la propiedad privada capitalista. Herencia de la opción anti-pequeñoburguesa y pro-prusiana de Lassalle.

4.-Se reivindica la constitución de cooperativas de producción con ayuda estatal para implantar la organización socialista del trabajo. Se anula de un plumazo la lucha de clases. Se ignora la teoría de la plusvalía, como factor de expropiación de la fuerza de trabajo por el capital (se nota la herencia lassalleana de su teoría maltusiana de la ley de bronce de los salarios que excluía la lucha sindical y reivindicativa de la clase obrera). “¡Esto es verdaderamente digno de la imaginación de Lasalle, para quien con los créditos estatales igual se podría construir la nueva sociedad como una nueva vía férrea” (21).

5.-Nula fijación de los deberes internacionalistas del proletariado alemán, ni una palabra sobre la “fraternización internacional de las clases obreras en su lucha común contra las clases dominantes y sus gobiernos” (22). Por el contrario se formulan objetivos vagos sobre la “fraternización internacional de los pueblos”. Herencia de la concepción estrechamente nacional del movimiento obrero en Lassalle.

6.-Contradicción en la fijación del programa entre la reivindicación de las libertades democráticas basadas en la soberanía popular y la concreción de que el partido actuará sólo utilizando los medios legales permitidos en el Estado prusiano de carácter despótico, burocrático, policiaco, militarista, disfrazado de formas parlamentarias y atravesado por restos feudales. La no incorporación de la reivindicación de la república democrática es otra concesión a la realpolitik lasalleana.

7.-Ausencia de los objetivos inmediatos y finales del partido: el derrocamiento político de la burocracia prusiana y la burguesía, la fundamentación teórica de la transición al comunismo por medio de la dictadura del proletariado. Ausencias que eran auténticas concesiones a la realpolitik, a la concepción estatalista lasalleana. Los dirigentes del partido de Eisenach todavía hablaban como si el socialismo pudiera introducirse en una república democrática inmediatamente después del derrocamiento del régimen de Bismarck. Marx explicaba la diferencia fundamental entre la república democrática y la dictadura del proletariado, la lucha por una república democrática debía de hacerse sobre el reconocimiento de que el socialismo no se podía introducir en el marco de una república en esencia burguesa, sino por un periodo de transición política donde el Estado no puede ser otra cosa que la de dictadura del proletariado.

Para la socialdemocracia alemana sumergida en un marco político autocrático el dilema era la conquista de las libertades democráticas no como una conquista popular y revolucionaria, no como un cambio brusco en la forma de dominación estatal, sino como una concesión desde arriba del propio Estado bismarckiano, a la que se fueran incorporando todos los sectores sociales, incluso el proletariado. Bajo éste parámetro, la acción política del proletariado y la socialdemocracia se desenvolvía inevitable y exclusivamente bajo una libertad vigilada que oscilaba entre tiempos de prohibición política y tiempos de tolerancia. En este sentido, si la forma política de organización de la sociedad y el Estado burgués no se reconocía a través de la soberanía popular, resultaba rocambolesco, ilusorio y utópico el planteamiento de objetivos revolucionarios que no se situaran fuera del marco político autocrático, pretendiendo la conquista de objetivos socialistas y comunistas sin la superación de ese mismo marco político autocrático reinante.

Estos elementos afectarían con posterioridad al desarrollo futuro de la propia socialdemocracia y de la constitución y desarrollo de la IIª Internacional. En este sentido, Marx y Engels lanzan sus críticas al deterioro reformista de la acción política del partido, rechazando la actitud del partido socialdemócrata alemán de pasar a considerarse un partido universal en vez de un partido obrero, de abandonar la actividad entre las masas entregándose de lleno a la actividad parlamentaria, desde la cual llegaban a justificar la división del trabajo en el seno del partido entre los burgueses que estaban preparados para la actividad parlamentaria e institucional y no así los obreros o artesanos que no contaban con el ocio necesario, santificando de esta tonta manera el divorcio entre la sociedad civil y la política en el seno del partido. Pero esto no se paraba ahí, tamibién se negaba el camino revolucionario, se elevaba al altar la legalidad como única forma de lucha por medio de reformas progresivas y a través de conquistar la conciencia de la burguesía (¿), para avanzar hacia el socialismo. En esa vía, la superestructura política legal era la única válida para la acción política, relegando toda actividad en los movimientos de masas. Se llegaba a situar a la burguesía como un elemento aliado a la que era contraproducente asustar con sobresaltos revolucionarios y revueltas de barricada, había que desterrar todo apoyo al ejemplo de la Comuna de París, etc.

Este fue el engendro del Programa de Gotha, la fusión entre el lasalleanismo y el marxismo que hizo remover las tripas en más de una ocasión tanto a Marx como a Engels. Para la clase obrera y su partido, es necesario poner la pureza de la concepción científica a salvo de la ideología burugesa y reaccionaria. Para Marx y Engels sólo cuando se lograse superar todas las ideologías no proletarias, entre las que se encontraban en primera línea el lassalleanismo, sólo entonces estaría en condiciones para hacer fracasar los planes socialreformistas de Bisckmar y hacer frente al antisocialismo militante de las clases explotadoras.

Por si fuera poco, los reformistas de espíritu pequeño burgués intentaron apoderarse del órgano central del partido que se editaba en Suiza. Tales elementos intentaban establecer como fundamento ideológico del partido un socialismo de sentimientos con orientación ética e idealista, sustituyendo la lucha de clases del proletariado por el espíritu de confraternización humana e interclasista.

Frente a esos reformistas, Hochberg, Bernstein y Schram (los tres de Zurich) a través de un artículo publicado en 1.879, en los Anales, prensa y revista teórica del partido (23) donde defendían esas tesis legalistas, tratando de alterar la propia línea de la revista, Marx y Engels fueron enérgicos e inequívocos en su réplica a la dirección del partido alemán, exigiendo la separación del partido de los “elementos corruptores” (24), invitándoles a formar un partido pequeño burgués a parte si así lo deseaban, pero que entendían sin dudas, que ni tales personas y ni tales concepciones tenían cabida en el partido. Marx y Engels exigían la eliminación de toda influencia de los elementos oportunistas dentro del partido y en el órgano del partido, optando por reestructurar la organización partidaria en relación dialéctica con las masas combinando los medios legales e ilegales de trabajo. La réplica no tiene desperdicio, y en realidad va dirigida a la vanguardia dirigente del partido (Bebel, Liebknecht y Bracke) frente a quien la indignación de Marx y Engels era de tal envergadura, que advertían hasta con la ruptura.

La carta circular, muy dura en el tono, hacía una lectura crítico-analítica de las posiciones revisionistas, comenzando por advertir que para los tres de Zurich el partido debía de perder su contenido clasista, no debía ser un partido exclusivamente obrero, sino universal con valores humanistas y dirigido por burgueses filantrópicos altruistas, procedentes de las clases “cultivadas y poseedoras” (24) imprescindibles para dirigir la actividad legal del partido.

Para ellos la clase obrera es inútil para la lucha por su emancipación, los burgueses cultivados, que disponen de “tiempo y posibilidades” (24) son los únicos que pueden emprender tal tarea al margen y sin la lucha revolucionaria de las masas. Y sacaban la conclusión de que resultaría contraproducente que el partido atacara a la burguesía, porque para conquistar a esos elementos burgueses para la causa, la burguesía debe de ser conquistada “mediante una propaganda enérgica” (24). Y ¿en que consistía tal táctica de conquista?, en la santificación de los métodos de lucha legales, de las reformas, renunciando a la revolución política, la defensa a ultranza de la legalidad, para no espantar a los elementos burgueses.

Con esta actitud el partido lograría conquistar el corazón y la mente de los burgueses, y de un plumazo se derogaría la ley de excepción contra los socialistas alemanes, pasto de la reacción bismarckiana que “ha logrado meter en un puño a la burguesía, intimada por el fantasma rojo” (24), por haber empleado el proletariado la táctica y la estrategia equivocadas.

Aplazaban por tiempo indefinido la realización del programa político del partido, de renuncia a la lucha de clases en su rango más elevado, la lucha política, aceptándola sólo de palabra para no asustar a nadie, anteponiendo el trabajo por las tareas inmediatas, puramente económicas y legales. Soltando lastre con toda experiencia revolucionaria tildada de contraproducente para el empeño de conquista de burgueses para el partido (¿), dado que la propia experiencia de la Comuna parisina con sus métodos de lucha violentos cual “fantasma rojo”, acrecentó el odio de la burguesía innecesariamente. Acusaban a la socialdemocracia alemana de haber permitido que en el pasado el partido se orientara demasiado a ganar a las masas prestando poca atención a las clases poseedoras y educadas, y que el apoyo abierto a la Comuna de París había contribuido a la ley antisocialista.

Marx y Engels tildaban esta actitud más propia de pequeño burgueses temerosos ante el empuje de los obreros en la lucha de clases hacia objetivos revolucionarios, que de un partido revolucionario de la clase obrera. Consecuentemente con esta posición los tres de Zurich deshechaban cualquier actividad de oposición política, de lucha contra el gobierno y la burguesía, considerando más útil intentar buscar su comprensión (¿), ¡¡¡convencerlos y atraerlos al partido!!!, adoptando una actitud sumisa en vez de resistir a la persecución política, “reconociendo” que la ley de excepción contra los socialistas era un “castigo merecido” (24), por seguir un método de lucha erróneo e ineficaz. Así los conflictos políticos se interpretaban metafísicamente no como producto de la lucha de clases, sino como simples “malos entendidos” (24), debidos a la mala voluntad o inexperiencia crónica de proletarios incultos no preparados para la lucha política “cultivada”.

Con esta actitud, el partido podía renunciar de hecho a la lucha política del presente por la república democrática y el socialismo, y quedarse tan pancho, destinando tal cometido para futuras generaciones en aras de la mayor tranquilidad para la burguesía, y sin hacer “hincapié a objetivos de largo alcance” (24), dedicar esfuerzos actuales al compromiso y mediación con la legalidad existente. Era la reafirmación de la realpolitik como actitud que ya fuera demostrada por la propia pequeña burguesía durante la revolución de 1.848.

Marx y Engels no rechazaban en ningún momento de su crítica a los tres de Zurich la incorporación de intelectuales de la burguesía al partido, de forma inevitable, y hasta positiva, siempre que su provisión de conocimientos e instrucción adquiridos de forma “cultivada”, fuese puesta al servicio de la teoría e ideología revolucionaria, comunista, del partido y no al revés como creían los revisionistas de Zurich, que invertían los términos al pretender que la ideología del partido debiera de ser absorbida, mezclada o confundida con las teorías burguesas que portaran los intelectuales burgueses. Marx y Engels advertían que dejar la redacción del periódico e incluso la dirección del partido en manos de intelectuales con “resabios de prejuicios pequeñoburgueses” y carentes de “enfoque proletario” significaba que “el partido está castrado y que ya no le queda vigor proletario” (24). A lo que lanzaban su seria advertencia de ruptura a la dirección del partido:

“…Durante cerca de 40 años venimos destacando la lucha de clases como fuerza directamente propulsora de la historia, y particularmente la lucha de clases entre la burguesía y el proletariado como la gran palanca de la revolución social moderna. Esta es la razón de que no podamos marchar con unos hombres que pretenden extirpar del movimiento esta lucha de clases. Al ser fundada la Internacional, formulamos con toda claridad su grito de guerra: la emancipación de la clase obrera debe ser obra de los obreros mismos. No podemos, por consiguiente, marchar con unos hombres que declaran abiertamente que los obreros son demasiado incultos para emanciparse ellos mismos, por lo que tienen que ser liberados desde arriba, por los filántropos de la gran burguesía y de la pequeña burguesía. Si el nuevo órgano de prensa del partido sigue una orientación en consonancia con los puntos de vista de esos señores, si en vez de ser un periódico proletario se convierte en un periódico burgués, no nos quedará… mas remedio que manifestar públicamente nuestro desacuerdo y romper la solidaridad que hemos tenido con ustedes al representar al partido alemán en el extranjero…” (24).

En realidad la carta circular tuvo el efecto esperado por Marx y Engels, comprobando con satisfacción que los dirigentes revolucionarios del partido alemán condenaron el artículo de los Anales y tomaron medidas para desplazar a los portavoces oportunistas de toda influencia sobre la prensa del partido.

Estos reformistas de Zurich en el fondo compartían la misma visión organizativa del partido que el blanquismo, la emancipación de los trabajadores debe darse a través de una minoría ilustrada capaz o audaz según el caso. Para Blanqui esta minoría era la secta conspirativa de revolucionarios audaces que negaba la preparación revolucionaria previa de la clase obrera creyendo que ésta sería arrastrada por la acción decidida de la minoría revolucionaria, y para los revisionistas de Zurich, con Bernstein entre ellos, son los cuadros burgueses capacitados del partido en el parlamento burgués atiborrados de cretinismo parlamentario, temerosos de la acción y la estrategia revolucionaria de las masas y del partido. Tanto para unos como para otros, las masas estaban en un tercer orden, al margen de la actividad y las decisiones políticas y al margen de la lucha ideológica y el debate en las organizaciones políticas, ya fuesen revolucionarias o reformistas. Mientras para Marx y Engels eran esenciales, el carácter revolucionario y obrero del partido, la línea de masa, la aplicación de la teoría revolucionaria para los análisis, programas y la definición de la estrategia y la táctica, y la actividad independiente no sujeta sólo a los marcos estrechos de la legalidad vigente.

La denuncia de los revisionistas de Zurich fue algo profética: el abandono de la oposición enérgica al régimen político y su gobierno, el abandono del carácter obrero en la dirección del partido, el abandono de la teoría revolucionaria con la asimilación de teorías burguesas en boga, (humanismo, universalismo, nada de clases ni lucha de clases, nada de explotación, nada de teoría proletaria), la renuncia a participar en las acciones revolucionarias junto a la disposición de apaciguamiento y hasta de complicidad en la represión, la división social de la actividad partidaria entre los pequeñoburgueses cultos funcionarios del partido en las instituciones legales y la militancia obrera pasiva y obediente, la actitud vacilante ante la situación revolucionaria como freno del movimiento revolucionario que lo conducían de derrota tras derrota hasta la derrota final, etc., fueron asimiladas por la socialdemocracia alemana por todo lo largo y ancho del siglo XX, el revisionismo kruscheviano y el eurocomunismo.

Engels volvería a la réplica en la Crítica del Programa de Erfurt (1891) en el mismo sentido sobre los contenidos del programa socialdemócrata, el cual adolecía de la enfermedad del cretinismo parlamentario y legalista, que no trataba la teoría de la dictadura del proletariado, ni la reivindicación de la república democrática y el derrocamiento de la monarquía.

Engels había observado a fines de la década de los 80 y principios de los 90 cómo algunos partidos socialistas se habían convertido en partidos de masas. La socialdemocracia alemana como vanguardia europea contaba a mediados de los 90 con 150.000 militantes. Tal y como había hecho en el pasado se dirigió por última vez contra las tendencias oportunistas que pretendían cuestionar el carácter de clase y la unidad del partido, y contra la igualdad de derechos entre las concepciones oportunistas y del comunismo científico dentro del partido:

“…en nuestro partido, en el que caben individuos de todas las clases sociales, no puede tener cabida en modo alguno ningún grupo que represente intereses capitalistas de la burguesía media ni de la categoría de los campesinos medianos” (25).

Esta premisa formaba parte de la idea que desde 1847 Marx y Engels habían defendido siempre, la idea que frente al anarquismo estamparon en la resolución de la Iª Internacional en 1871, la necesidad de que la clase obrera sólo puede intervenir como tal contra el poder de las clases dominantes si organiza un partido político separado, enfrentado a todos los demás partidos de las clases poseedoras, condición imprescindible para asegurar el triunfo de la revolución social y su meta última, la supresión de las clases. No encontraremos en los dos camaradas más que una porfiada defensa del partido como vanguardia política e ideológica de la clase obrera.

6.2.2 Lenin y el partido como vanguardia del proletariado 

      La aportación de Lenin a la teoría del partido político del proletariado parte de su reacción contra el economismo, el evolucionismo, el voluntarismo, el espontaneísmo social y el liquidacionismo del partido, como expresiones teoréticas de la socialdemocracia y el anarquismo, para ello Lenin rescata la dialéctica tan ignorada por los marxistas ortodoxos como por la propia burguesía, recupera para el partido el papel de dirección política de la actividad en las masas para la transformación revolucionaria, tarea que fue desplazada por el eclecticismo de la IIª Internacional hacia el desarrollo de las fuerzas productivas como motor del desarrollo histórico-social, frente a lo que Lenin recupera el antagonismo clasista como lectura objetiva de la realidad social concreta.

Lenin establece dos niveles en la conciencia de clase del proletariado, la espontánea que surge de las primeras luchas obreras, del luddismo a la conciencia tradeunionista sindical, la lucha social contra los patronos como nivel superior que la clase obrera puede alcanzar por sí misma. La otra forma es la conciencia comunista que es introducida desde fuera, desde sus orígenes por los intelectuales comunistas, la cual se impone a través de la lucha ideológica y la actividad organizada de la política proletaria contra la espontaneidad y el exclusivismo sindical que reduce al movimiento obrero a la actividad mercantil (condiciones compraventa de la fuerza de trabajo) que lo de hecho lo subordina a la política de la burguesía.

La dominación económica es lo único necesariamente visible y admitido ideológicamente por la burguesía, mientras que la dominación política es un tema secundario y marginal que no interesa descubrir a la clase explotada que políticamente es tan ciudadana como la burguesía (igualdad formal), manteniendo al proletariado en el margen de la lucha económica, integrándolo en ese campo de visión burgués que tolera la lucha sindical y las reformas sociales. Por eso Lenin no se cansa de afirmar que la política exclusivamente sindical y reivindicativa es la política burguesa de la clase obrera.

Esta política tuvo su máxima expresión teórica en Alemania a través de L. Brentano y los socialistas de cátedra (Wagner, Sombart, Schmoller), partidarios de la lucha de clase corporativa del proletariado, por medio del “socialismo de Estado” como política conciliadora de los intereses de los capitalistas y obreros a través de las reformas. A esta política  estrecha hubo de enfrentarla Lenin en Rusia a fines del S.XIX contra el populismo, el marxismo legal (struvismo) el economismo, y a principios del S.XX contra el menchevismo.

LLos economistas rusos afirmaban que los obreros sólo debían luchar en el terreno económico, dejando la lucha política a cargo de la burguesía liberal a la que los obreros debían de apoyar, exigían que la clase obrera renunciara a crear un partido político independiente, que renunciase a sus reivindicaciones políticas propias, que renunciara a la lucha política contra el régimen zarista, que tenían bastante con ocuparse de la lucha económica, la subida de los salarios, la mejora de la legislación obrera, etc. Para los economistas el partido no debía ser la fuerza dirigente del movimiento obrero, no debía elevar a los obreros al nivel de la conciencia de clase, sino al revés adaptarse al movimiento espontáneo de la clase obrera, al nivel de las capas más atrasadas, rebajando la conciencia de clase al elemento reivindicativo, de clase en sí.

Para Lenin la lucha económica contra los patronos y el gobierno es una lucha de tipo tradeunionista por lograr la mejora de las condiciones de la venta de la fuerza de trabajo, pero los obreros también necesitan luchar para destruir el sistema capitalista que los condena a la explotación del trabajo. Por tanto, la tarea urgente del partido y la clase obrera en aquel entonces pasaba primero por quitar de en medio al zarismo, despejando el camino hacia el socialismo.

Lenin planteaba que ni siquiera los sindicatos están en condiciones de abarcar a toda la cla se obrera y que los economistas engañaban a la clase obrera al afirmar que el movimiento espontáneo podía engendrar una ideología socialista, convirtiendo al partido en una fuerza pasiva, lo que equivalía dejar a la clase obrera sin partido y a desarmarla ideológicamente. Lenin señalaba que la posición de los economistas rusos era la misma que la corriente revisionista de la socialdemocracia en Europa occidental que renunciaba a la revolución, al socialismo y a la dictadura del proletariado.

En torno al debate sobre la organización política del partido proletario. Lenin siempre criticó el espontaneísmo dentro de la actividad política, no contra la espontaneidad de las masas en su inventiva y experimentación propia, sino contra aquella ideología que amparándose en la exaltación de las masas la explotaba para hacer una política aventurera o revisionista. Su posición era la de incorporar la ciencia a la actividad política, de entender que “sin teoría revolucionaria no hay movimiento revolucionario”, desmarcándose de las posiciones economistas, pragmáticas, espontaneístas y voluntaristas. Para Lenin el partido marxista es la fusión del movimiento obrero con el socialismo.

A igual que Marx y Engels consideraba que el partido debía de estar estructurado para dirigir a la clase obrera, y que no debía confundirse con la amplitud del movimiento obrero, distinguiendo el partido político del proletariado del resto del movimiento (organizaciones obreras dirigidas o influenciadas por el partido a través de sus miembros, y destacamentos inorganizados de la clase obrera que participan en las manifestaciones y conflictos de clase), para ello Lenin introdujo que el compromiso orgánico de la militancia para ser miembro del partido se reflejara en los Estatutos, en el que no bastaba sólo con la simple adhesión o simpatía puntual, además exigía abrazar la ideología y ciencia revolucionarias.

Lenin estructuraba la organización dentro del partido entre los profesionales y los militantes obreros, en el entorno del partido las organizaciones con hegemonía del partido y las organizaciones donde el partido trabajaba en minoría, y en último lugar la clase obrera no organizada que participa en las movilizaciones y la lucha de clases. Durante el proceso revolucionario de 1.905-07 en Rusia, Lenin saca lectura de la toma de conciencia de la clase obrera a través de su participación directa en las luchas, por su experiencia revolucionaria concreta, donde destaca el trabajo del partido en los 10 años previos para convertir la espontaneidad de la clase en conciencia revolucionaria, y donde el cambio de las condiciones objetivas de la lucha de clases elevan al proletariado como clase revolucionaria subjetivamente.

Igual que Marx y Engels salieran al paso frente a los revisionistas de Zurich, defendiendo que los ideólogos pequeño burgueses catalogados de “elementos corruptores” (26) no tuvieran cabida en el partido, Lenin encabezó una posición similar en el II° Congreso del POSDR celebrado en 1.903. El debate se produjo entre bolcheviques y mencheviques. La posición bolchevique sobre la organización del partido frente a la posición menchevique defendida por Axelrod y Martov en torno al punto 1° de los estatutos, donde estos eran contrarios de constituir una organización coherente, unida y revolucionaria con capacidad de dirección sobre la clase obrera, con una militancia comprometida en la labor interna y externa de las organizaciones del partido. Axelrod y Mártov sólo abogaban por la dispersión de las organizaciones del partido, la simple adhesión o colaboración por simpatía, la posible incorporación de elementos no marxistas, la falta de unidad orgánica en el cumplimiento obligado de los acuerdos del Congreso, el individualismo de las diferentes organizaciones de base del partido a la hora de aplicar los estatutos (autonomismo organizativo) junto a la aceptación del no sometimiento de la minoría a la mayoría en la aplicación de los acuerdos congresuales, la voluntariedad de pertenecer a las organizaciones de base del partido y a observar la disciplina, etc., aspectos que caracterizaban mas a una organización anarquista que a un partido marxista, ya que por inercia promovían la ausencia de compromiso de la militancia en las labores del partido y de sus dirigentes, la confusión entre los destacamentos organizados y los no organizados de la clase obrera, etc.

Lenin en el II Congreso del POSDR, frente a Mártov, Axelrod y Trotski, defendió el valor del Congreso como órgano supremo del partido, el cual debía de decidirlo todo, desde los estatutos, la política general del partido y hasta los componentes del consejo de redacción del periódico (Iskra). Estatutos únicos, disciplina de partido igual para todos, militantes, cuadros y dirigentes, con un solo órgano de dirección al frente del congreso del partido, y en los intervalos el comité central y el sometimiento de la minoría a la mayoría, de los órganos inferiores a los superiores. Esa era la base fundamental del centralismo democrático frente a la dispersión y el fraccionalismo de los grupos del partido y sus miembros.

Lenin planteaba un tipo de organización del partido con una militancia activa en las organizaciones y vinculada a la actividad entre las masas en la lucha de clases, donde sólo podía ser miembro del partido quien aceptara su estrategia, su programa, pagara su cuota, estuviera afiliado a una de las organizaciones de base y tomara parte de la labor partidaria, diferenciando siempre entre el destacamento avanzado de la clase obrera (partido) del resto, con diferentes grados de conciencia, compromiso y vinculación al objetivo revolucionario en la praxis. Diferenciando a la militancia activa de los colaboradores o simpatizantes que se encuentren en el entorno del trabajo partidario (sindicato, movimiento popular, soviet,  comité de huelga, etc.), obstaculizando el acceso al partido de los elementos inestables, separando, como diría Lenin, a los que trabajan de los “charlatanes”. Esta posición se fundamentaba por la imposibilidad bajo el capitalismo (previo a la revolución) que la gran mayoría de la clase obrera pueda adquirir una conciencia de clase revolucionaria, y de la necesidad de que la clase obrera se dote de una estrategia revolucionaria activada por una organización coherente de militantes encuadrados en las organizaciones del partido dirigiendo su trabajo hacia las masas organizadas y no organizadas del conjunto del movimiento obrero.

“El proletariado no dispone, en su lucha por el poder, de más arma que su organización. El proletariado desunido por el imperio de la anárquica competencia dentro del mundo burgués, aplastado por los trabajos forzados a servicio del capital…sólo puede hacerse y se hará inevitablemente una fuerza invencible siempre y cuando que su unión ideológica por medio de los principios del marxismo se afiance mediante la unidad material de la organización, que cohesiona a los millones de trabajadores en el ejército de la clase obrera. ..Este ejercito estrechará sus filas cada día mas, a pesar de todos los zig zags y pasos atrás, a pesar de las frases oportunistas de los girondinos de la socialdemocracia contemporánea, a pesar de los fatuos elogios del atrasado espíritu de círculo, a pesar de los oropeles y el alboroto del anarquismo propio de intelectuales” (27).

Por el contrario, en este punto, los mencheviques encabezados por Mártov defendían que se podía ser miembro del partido sin necesidad de inscribirse en una de sus organizaciones, limitándose a trabajar libremente, al margen de la vigilancia de su comité dirigente. Esta fórmula liberal dejaba la puerta abierta de par en par a numerosos simpatizantes que vacilaban en entrar al partido porque no se atrevían a contraer un compromiso serio y revolucionario. Mientras que para Lenin veía a los miembros del partido como a soldados enrolados en sus organizaciones de base que obedecían disciplinadamente a los acuerdos del congreso y los organismos de dirección y de base correspondientes.

De esta manera Lenin se desmarcaba del modelo de organización socialdemócrata dominante en la IIª Internacional, en la que destacaba el oportunismo programático al cual se supeditaba el oportunismo táctico en materia de organización. La socialdemocracia convirtió al medio parlamentario en objetivo, se nutría del apoyo del mayor número de electores, a los cuales se les exigía bien poco para militar en el partido, siendo éste mas bien una suma de individuos atomizados sin voluntad única para la dirección y actividad en el movimiento obrero, una masa amorfa bien accesible para un partido de carácter burocrático en la división de tareas y responsabilidades, y reformista en los objetivos políticos. En definitiva, una organización anti-dialéctica en la relación con el movimiento obrero y las masas.

Estas diferencias con el ala reformista de la socialdemocracia también lo eran de estrategia, dado que en el II° Congreso los bolcheviques vencieron su tesis de dictadura del proletariado, la alianza de la clase obrera y el campesinado, el derecho de las naciones a la autodeterminación y el internacionalismo proletario. En el II° Congreso se acordó el programa del partido dividido en dos objetivos. Programa mínimo: Derrocamiento del zarismo e instauración de la república democrática. Programa máximo: Derrocamiento del capitalismo por vía revolucionaria y construcción de la sociedad socialista. Tal programa fue apoyado por la mayoría (bocheviques), que obtuvieron la mayoría al Comité Central y en la Redacción de la prensa del partido (Iskra), no obstante la minoría (menchevique) ganó la batalla, gracias al apoyo de los que Lenin denominaría el “centro” del Congreso, en torno a la discusión del artículo 1° de los Estatutos sobre la militancia en el partido.

Tras el congreso los mencheviques se dedicaron a boicotear los acuerdos mayoritarios del Congreso sobre el programa, crearon su propia organización fraccional a cuyo frente se hallaban Martov, Trotski  y Axelrod, consiguiendo cambiar el consejo de redacción de Iskra convirtiéndose a partir del nº 52 en un periódico oportunista y ante la convocatoria del III Congreso en 1.905, realizaron otra convocatoria paralela, consumando la ruptura organizativa del POSDR. A partir de ahí la división del partido se consumaría en 2 fracciones organizadas, división irreconciliable la cual no se volvería a recomponer nunca a pesar de los intentos y de las posiciones centristas (Mártov, Trotski, etc.) del “pantano”, vacilantes tanto en el terreno de la organización, como en la combinación de los métodos de lucha legal y extralegal.

En el fondo Mártov y Trotski también  se oponían a la tesis de un partido estructurado en torno a una organización militante, y al principio democrático de que la minoría acatase las decisiones mayoritarias, pregonando el espíritu de círculo y pequeño burgués, posición que Lenin definiría como anarquismo aristocrático propio de los nihilistas rusos, donde la voluntad individual prima sobre la voluntad colectiva (28). La disciplina democrática y la unidad político-ideológica del partido de arriba hacia abajo, era sustituida por las corrientes y el individualismo pequeño burgués, donde cabían todas las opiniones y su expresión en forma anti-democrática contra las decisiones congresuales del partido. Mientras para Lenin, la estructuración del partido en organizaciones de base y superiores presuponía que el cumplimiento de las tareas partidarias eran de carácter obligado no sólo para los militantes de base y las masas (acuerdos congresuales), sino tambien para los cuadros dirigentes:

“…la total falta de argumentos de Martov y compañía se hace patente en su lema –no somos siervos-, que implica la idea pequeño burguesa de los pocos elegidos seguidos por las masas embrutecidas y situados por encima de la disciplina. A la intelectualidad individualista la disciplina de la organización proletaria se le antoja servidumbre…Mientras construimos el partido proletario, el trabajador consciente aprende a distinguir entre la mentalidad de soldado del ejército proletario y la mentalidad de intelectual pequeñoburgués. Debe aprender que las tareas del partido no deben realizarla solamente los militantes de base y las masas, sino los de arriba también. (29).

El esfuerzo de Trotski por combatir la disciplina partidaria que Lenin quería para todos, incluyendo a la intelectualidad dirigente, se refleja en este párrafo de su folleto “Nuestras tareas políticas” de 1.906:

“Estas malintencionadas y repugnantes sospechas de Lenin, esta caricatura de trágica intorelancia jacobina…debe ser eliminado a toda costa, o el partido caerá en la decadencia moral y teórica” (30).

El IV° Congreso de unificación en Estocolmo (abril 1.906), y el V° Congreso en Londres (mayo 1.907) serían los últimos del POSDR, en éste último los bolcheviques lograron la mayoría rechazando el planteamiento menchevique de crear un partido de corrientes que agrupase a anarquistas, eseristas y socialdemócratas, lo que para Lenin suponía de hecho la liquidación de la independencia política de la clase obrera y la disolución del marxismo. En este congreso compuesto de 92 bolcheviques, 85 mencheviques, 54 bundistas, 45 polacos y 26 letones, la fracción bolchevique disponía del mayor número de obreros en el congreso, la delegación polaca encabezada por Rosa Luxemburgo en bloque y la mayoría de los letones apoyaron a los bolcheviques. En la conferencia de Praga en 1.912 se consumaría la ruptura en dos partidos, por un lado los bolcheviques con Lenin, y por otro los mencheviques junto a Trotski, aprobándose la propuesta bolchevique de expulsar del partido a los mencheviques liquidacionistas, que negaban la estrategia revolucionaria, la organización extralegal del partido, y su independencia política de la burguesía, y suplantaban la estrategia revolucionaria del partido por la actividad legal parlamentaria en la Duma zarista. 27 años más tarde  para “reivindicar” su “leninismo” acerca del modelo de partido comunista, Trotski realizaría en el exilio mexicano una “autocrítica”, que evidentemente no correspondía ni con su labor fraccional dentro del partido en la URSS, ni con su tradicional oposición a Lenin: firma del tratado de paz de Brest, la cuestión sindical, la NEP, socialismo en un solo país, los planes quinquenales, etc. (Ver LA DICTADURA DEL PROLETARIADO. Punto 4.7).

Esta escisión en la socialdemocracia rusa en 1.912, igual que en Europa occidental, causó su gran divergencia cuando estalló la Iª Guerra imperialista ante la que los revolucionarios antepusieron la táctica de convertir la guerra imperialista en guerra civil contra la matanza de obreros y por la revolución socialista, combinando el trabajo legal con el clandestino del partido. La mayoría de los dirigentes socialdemócratas de Europa traicionaron las resoluciones de los congresos de Stuttgart (1.907) y Basilea (1.912) de la IIª Internacional, donde se asumió el compromiso de luchar contra la guerra, y de si esta estallara llevar a cabo el compromiso de levantar a la clase obrera por el derrocamiento del capitalismo. Cuando llegó la hora de demostrar la validez de tal compromiso, la ventisca levantó las caretas. Mientras los oportunistas y socialchovinistas antepusieron la práctica legal parlamentaria y la sumisión a la táctica de suspender la discordia clasista para no protestar contra la guerra y empuñar la bandera de la nación imperialista, los bolcheviques llevaban la protesta contra la guerra

“a lo más profundo de la clase obrera…Al famoso llamamiento de Vandervelde pidiendo que se suspendiera temporalmente la lucha contra el zarismo…sólo nuestro partido dio una respuesta negativa, por boca de su Comité Central. El centro dirigente de los liquidadores se mostró de acuerdo con Vandelverde…Aceptan el parlamentarismo …Bissolati y Mussolini, Chjeídze y Plejanov…La actividad parlamentaria de los unos conduce a los sillones ministeriales; la de los otros conduce a la cárcel, a la deportación…Los unos sirven a la burguesía; los otros, al proletariado” (31).

Los centristas no se quedaron atrás y en realidad apoyaban la guerra con su propuesta de abstenerse en la votación de los créditos de guerra (Kaustki, Martov, Trostki). Las conferencias de Zimmerwald (1.915) y Kienthal 1.916), en medio de la conflagración, unió a la izquierda de la socialdemocracia europea en su lucha contra el oportunismo de derecha y el liquidacionismo, calificando la guerra de imperialista y condenando la conducta de los socialistas que votaron a favor de los créditos de guerra y formaban parte de los gobiernos, haciendo un llamamiento a los obreros de todos los países a luchar contra la guerra por una paz sin anexiones ni contribuciones.

Durante estos años los bolcheviques, como partido de nuevo tipo en oposición al liquidacionismo, realizaron una intensa labor entre la clase obrera. Entre julio de 1915 y diciembre de 1916, en el periodo preparatorio de la revolución, se realizaron 480 huelgas en Petrogrado con 500.000 participantes, de estas, más de 250 con 350.000 participantes, eran huelgas políticas, en su mayor parte dirigidas por los bolcheviques. Entre enero y febrero de 1917 los bolcheviques dirigieron 575.000 huelguistas. Lo cual es una muestra del carácter organizado de la actividad política del partido, tanto en las fábricas (células, comités de huelga) como con los soldados en el frente. Fueron publicados una cifra mínima de 87 folletos y otras publicaciones en no menos de 300.000 copias, expedidos en las fábricas y los cuarteles de Petrogrado por el partido durante la guerra. Fue la fábrica Putilov, bastión bolchevique de 30.000 obreros, la que inició el 14 de febrero el movimiento huelguístico que se extendió por toda la ciudad, que desembocó en la huelga general política del 25 de febrero con 214.000 huelguistas, y la insurrección del 27 contra el zar, con la confraternización de obreros y soldados (32).

6.2.2.1 De febrero a Octubre de 1.917. El partido bolchevique dirigente de la revolución.

      Tras la revolución de febrero habían surgido dos poderes, el gobierno provisional como poder de la burguesía y los soviets como poder obrero-campesino. La burguesía se mantuvo al margen de los acontecimientos y el poder había caído en manos de las masas sublevadas, la mayoría del soviet de Sant Petesburgo (mencheviques y socialrevolucionarios) decidió entonces entregar el poder a los partidos burgueses de la Duma. Así nacería el gobierno provisional, sin embargo los soviets no se disolvieron, mantuvieron el control sobre las armas y la mayoría del ejército sólo obedecían a los soviets y no al Estado mayor del ejército. La burguesía no había podido crear su propio aparato represivo (33).

Para Lenin el gobierno provisional burgués no era revolucionario siquiera en la etapa democrática, por su naturaleza imperialista, por su incapacidad para terminar con la guerra, sacar al país de la crisis económica y emprender la reforma agraria, sólo los soviets eran el único poder revolucionario capaz de emprender tales tareas democráticas y de satisfacer las reivindicaciones democráticas de las masas. La burguesía era partidaria de la guerra, contraria a la reforma agraria (expropiación sin indemnizaciones) y partidaria de descargar la crisis económica en las espaldas del pueblo. En este contexto para Lenin no se podía participar ni apoyar al gobierno provisional, no se podía reivindicar la república parlamentaria, ya que supondría un retroceso, se debía de luchar por la república soviética, dar todo el poder a los soviets (en oposición también a la consigna de gobierno obrero de Trotski en la que se excluía la alianza con los campesinos), y resolver los problemas democráticos de la revolución transformándola en revolución socialista (tesis de abril).

La táctica inicial del partido bolchevique era convencer a los soviets de disolver el gobierno provisional y asumir el poder, romper la alianza de los mencheviques y socialrevolucionarios con el partido kadete, y conquistar a posteriori la mayoría de los soviets para los bolcheviques. Era el planteamiento de transición pacífica a la revolución socialista en la resolución sobre la cuestión del poder. El partido bolchevique era el único dispuesto a transformar esa línea política en organización y hechos concretos.

Ante el crecimiento de la oposición de las masas obreras y campesinas contra la guerra y contra el gobierno provisional, la burguesía disolvió el primer gobierno provisional y en el nuevo permitió la participación de mencheviques y socialrevolucionarios (Tsereteli y Kerenski) renunciando éstos a asumir el poder en los soviets. Era curioso, ya que los mencheviques antaño rechazaron la propuesta bolchevique de participar en un gobierno revolucionario durante la revolución de 1.905 dejando que la burguesía se las entendiera con su “revolución”, y ahora ante la crisis de representación política del partido de la burguesía liberal se apresuraban a entrar en un gobierno contrarrevolucionario cuyo objetivo era continuar con la guerra imperialista y hacer retroceder la revolución, negando de paso las reivindicaciones de las masas, negativa de los mencheviques y socialrevolucionarios a confiscar la tierra y lucha por la continuación de la guerra con una nueva ofensiva en el frente en junio.

Ante la negativa a acabar con la guerra, en Petrogrado (antigua Sant Petesburgo) una manifestación de 500.000 personas en julio pide la dimisión del gobierno, aunque el partido bolchevique analizaba que no había condiciones para conquistar el poder, ya que faltaba el apoyo en las provincias (los soviets seguían controlados por los oportunistas), los bolcheviques se pusieron al frente de la manifestación para darle un carácter pacífico y no insurreccional.

Los ministros del partido kadete dimitieron, el comité ejecutivo de los soviets no tomaría el poder y encargaría a los ministros socialistas a formar un nuevo gobierno, incluyendo a ministros burgueses. Se forma un nuevo gobierno de coalición con Kerenski a la cabeza. Esa era la tercera vez que los soviets renunciaban al poder, la dualidad de poderes se daba por finalizada, los oportunistas mencheviques y socialrevolucionarios se pasan de esta manera a la contrarrevolución y la burguesía se lanza a la ofensiva. Se establece el Estado de sitio, se incautan armas en los barrios obreros, se realizan detenciones, se destruye la imprenta del Pravda (prensa del partido) se ilegaliza al partido bolchevique, Lenin en busca y captura. La posibilidad de tránsito pacífico a la revolución socialista desaparece, la consigna de ¡todo el poder a los soviets! vinculada a tal posibilidad se evaporaba ante el control mayoritario que los oportunistas mencheviques y socialrevolucionarios todavía ejercían, convirtiéndose en los principales agitadores y directores de la represión anti-bolchevique.

El VIº Congreso del partido (26 de julio 1.917), sin Lenin, refugiado en la clandestinidad (Stalin presentó el informe político), acuerda reforzar la posición de los bolcheviques en los soviets donde son mayoría y se concreta que Rusia puede ser el país que abra el proceso revolucionario del proletariado hacia el socialismo, apostando por el derrocamiento del poder de la burguesía y los terratenientes mediante la insurrección armada del proletariado.

Paralelamente el nuevo gobierno provisional de julio había reforzado el aparato represivo burgués, control de los oficiales, las tropas cosacas y la policía. La caída del gobierno provisional solo era posible mediante una insurrección armada. La burguesía disponía ya de una fuerza armada capaz de intervenir en la lucha de clases. La gran burguesía y el imperialismo anglofrancés respaldan la dictadura militar, se prepara un golpe militar, el general Kornílov se subleva contra el gobierno provisional, este no actúa, el partido bolchevique llama a los obreros y soldados de Petrogrado a tomar las armas, se crean unidades de guardias rojas, los sindicatos movilizan a sus afiliados. Petrogrado está en pie de guerra contra el golpe militar. Las masas de obreros y soldados de Petrogrado, dirigidas por los bolcheviques, frenan el golpe militar de agosto.

Durante los meses de agosto y septiembre, aumentan las huelgas y ocupaciones de fábricas. Los obreros empiezan a asumir el control de la producción, los campesinos intensifican la ocupación de tierras negándose a esperar a la decisión de la Asamblea Constituyente, contra la política de guerra los soldados destituían a los antiguos oficiales y nombraban a nuevos, los bolcheviques conquistaban  de esta manera la dirección del Ejército. Los soviets volvían a reaparecer, los bolcheviques conquistaban la mayoría de los mismos, otra vez la consigna “todo el poder a los soviets” cobraba sentido. Ante tal situación, los mencheviques y socialrevolucionarios por oposición lanzaron la consigna de la convocatoria de la Asamblea parlamentaria constituyente para el 12 de noviembre. La mayoría de la dirección de los bolcheviques acordó el boicot al preparlamento la insurrección en línea con las resoluciones del congreso del partido en julio. Kámenev se opuso a la insurrección logrando arrastrar a la mayor parte de diputados bolcheviques (77 de 127), Trotski que acababa de ingresar al partido en agosto tomó una posición intermedia, contra la Asamblea Constituyente y que el Congreso de soviets del 25 de Octubre decidiera la insurrección, lo que pondría alerta a la burguesía. La mayoría de los bolcheviques (excepto Kámenev y Zinóviev) (34) optan por no dar posibilidades a la contrarrevolución para organizarse, y en el comité central del 10 de octubre decidió la fecha de la insurrección antes del Congreso de soviets. Los diputados bolcheviques abandonan el parlamento.

“La demora era la muerte”, así lo entendía Lenin, quien desde el 15 de septiembre planteara al partido la insurrección (35), no le faltó causa, la militancia bolchevique crecía sin parar, de 80.000 en abril a 240.000 militantes en agosto, y ello muy a pesar de la persecución que eran objeto. En las elecciones a las dumas de las ciudades en septiembre los bolcheviques pasaron a ser el partido más votado con el 51%, el kadete el 26%, los socialrevolucionarios el 14% y los mencheviques el 4%, de los votos.

En las elecciones  a soviets, sindicatos y comités de fábrica que se daban casi a diario en Rusia, se reflejaba el crecimiento geométrico de la influencia mayoritaria de los bolcheviques sobre las masas. En los comités de fábrica de Petrogrado y Moscú los bolcheviques eran mayoría en agosto, si en el congreso sindical de toda Rusia de junio los bolcheviques tenían el 36,4%, en la conferencia sindical de septiembre barrieron a los mencheviques y socialrevolucionarios con el 58% de los delegados, y en la víspera de octubre casi todos los sindicatos de las ciudades industriales estaban con los bolcheviques, a excepción de los ferroviarios, correos, telégrafos e impresores. En Finlandia, Petrogrado, Moscú, el Ural y Siberia los soviets de obreros y soldados ya eran mayoría bolchevique en septiembre. El Centrobalt (flota del Báltico) y la Vª Legión del frente norte eran mayoría bolchevique en octubre. En los soviets de soldados de retaguardia los bolcheviques progresaban, el congreso del ejército votó un comité con mayoría bolchevique. Las unidades del ejército cercanas a la capital estaban bajo influencia bolchevique (36). Tras la insurrección, el 25 de Octubre en la primera sesión del IIº Congreso de soviets de obreros y soldados recibía de los bolcheviques la entrega formal del poder conquistado en la madrugada por el Comité Militar Revolucionario de Petrogrado. La revolución continuó su curso y cayeron los primeros decretos de la paz, la tierra y el control obrero sobre la producción y distribución, por el que los soldados tendrían paz, los campesinos tierra y los obreros el pan y las fábricas. La revolución arrasó el poder burgués del gobierno provisional partidario de la guerra imperialista, aliado del latifundismo y defensor del régimen capitalista.

Una vez tomado el poder la Asamblea Constituyente, el parlamento burgués, fue convocada, los bolcheviques accedieron para que las masas aprendieran por su propia experiencia el carácter de clase de ese parlamento que ya había sido superado por los soviets de obreros, campesinos y soldados. Las reivindicaciones de la tierra, la paz y el poder a los soviets, que ya fueron admitidas por el IIº Congreso de soviets y el Consejo de Comisarios del Pueblo (gobierno soviético) fueron llevados a las paredes del parlamento, provocando la colisión con la Asamblea Constituyente al rechazar todos y cada uno de los decretos que los soviets habían aprobado, mostrando de esta manera su carácter contrarrevolucionario y pasando a ser ignorada sin pena ni gloria por las masas, provocando su propia disolución al enfrentarse con los intereses que eran muy populares en las masas. Lenin decía:

“Incluso unas semanas antes de la victoria de la república soviética, incluso después de esta victoria, la participación en un parlamento democrático-burgués, lejos de perjudicar al proletariado, le permite demostrar más fácilmente a las masas atrasadas por qué semejantes parlamentos merecen ser disueltos, facilita el éxito de su disolución, facilita la superación política del parlamentarismo burgués” (37).

6.2.2.2 Lenin continuador de Marx en la defensa del partido y la estrategia revolucionaria

      El proceso de formación del partido defendido por Lenin abarcó 3 períodos en lucha contra las tendencias reformistas dentro del movimiento obrero en torno al papel del partido, entre 1.895-03, Lenin combatió el economismo de los círculos intelectuales de la socialdemocracia rusa que condenaban al proletariado a la lucha meramente reivindicativa, entre 1.903-08 combatió la tendencia menchevique dentro del POSDR que negaba el papel del partido como vanguardia del movimiento obrero que no puede ser diluido en el, y por último entre 1.908-12 Lenin combatiría el liquidacionismo del partido contra la negación de la estrategia y labor revolucionarias tanto para el trabajo legal como para el trabajo extralegal del partido. A partir de la conferencia del POSDR de Praga en 1.912 los bolcheviques romperían con la línea de unidad de fracciones, de unidad de los revolucionarios con los oportunistas, defendida por los mencheviques y por  Trotski (Bloque de Agosto).

Se puede decir de Lenin, como continuador de la teoría marxista del partido en varios aspectos:

1.-De la misma manera que Marx y Engels se vieron obligados a disputar en el terreno de la organización desde la Liga y el Manifiesto frente al utopismo reaccionario y pequeñoburgués, el proudhonismo, etc., frente las posiciones anarquistas y sectarias de Bakunin, contra el cantonalismo anarquista en la revolución española durante la Iª República, y frente al blanquismo en la Iª Internacional. Lenin tuvo que hacer frente a las posiciones sectarias y apolíticas del populismo ruso (economismo), y las tendencias anárquicas del autonomismo y el espíritu de círculo y secta que predominaba en la socialdemocracia rusa a principios del S. XX. Planteando la necesidad de unir a todos los círculos marxistas en un partido que dirigiera el movimiento obrero.

2.-De la misma manera que Marx y Engels durante la revolución democrático-burguesa de 1.848 en Alemania, ante la posición cobarde de la burguesía liberal, en la polarización de las luchas oponían la dictadura del pueblo (alianza del proletariado y la pequeña burguesía) contra el retorno al régimen absolutista, y otorgaban al proletariado un papel independiente y dirigente frente a las vacilaciones de la burguesía en las tareas revolucionarias. Lenin durante la revolución rusa democrático-burguesa de 1.905, ante la posición reformista de la burguesía liberal dispuesta a pactar con el zar, lanzó la consigna de la dictadura democratico-revolucionaria como etapa para completar las tareas de la revolución democratico-burguesa, a través de un gobierno provisional revolucionario como órgano de la insurrección popular que emprendiera las transformaciones revolucionarias democráticas (jornada de 8 horas, confiscación de la tierra de los terratenientes, instauración de la república democrática, etc.) y donde el proletariado conserva su papel independiente y dirigente del proceso revolucionario.

En el lado opuesto los mencheviques concedían el papel protagonista a la burguesía y la consideraban como principal aliado del proletariado, eran partidarios de una política de acuerdo con esta burguesía y contrarios a la política de alianza entre el proletariado y los campesinos. Por el contrario, Lenin y el partido bolchevique propugnaban la alianza obrero-campesina con el papel dirigente del proletariado en la revolución democrática, teniendo claro que sin el campesinado era imposible llevar adelante la revolución. Mientras los mencheviques proponían formar una plataforma común con los kadetes (partido de la burguesía liberal), los bolcheviques propugnaban la alianza con el partido socialista revolucionario, hegemónico en los campesinos (discusiones del IVº Congreso del POSDR). Para Lenin los campesinos eran los aliados naturales del proletariado mientras que la burguesía liberal no estaba interesada en la victoria total de la revolución, ya que procuraba ponerle fin mediante la monarquía constitucional con el zar.

Mientras los bolcheviques planteaban la participación en el gobierno provisional revolucionario los mencheviques se oponían ya que consideraban que la dirección correspondía a la burguesía liberal y no había que espantarla. Sin embargo 12 años más tarde cuando en 1917 se constituyó el primer Gobierno provisional de coalición, aquí si que entraron, al lado de los representantes de la burguesía, los mencheviques (Skobelev y Tsereteli) y los socialrevolucionarios (Chernov, Kerenski y otros). Los mencheviques, que en 1905 no admitían que los representantes de la socialdemocracia participasen en un Gobierno provisional revolucionario, reputaban admisible dar sus representantes a un Gobierno provisional que ya era contrarrevolucionario en 1917.

Para Lenin la organización del proletariado para la insurrección estaba en el orden del día, como una de las tareas necesarias del Partido y para ello se lanzaron cuatro formas de lucha de masas: a) Empleo de las huelgas políticas de masas; b) “Implantación inmediata, por la vía revolucionaria, de la jornada de 8 horas y de otras reivindicaciones inmediatas de la clase obrera;  c) Organización inmediata de Comités campesinos revolucionarios para llevar a cabo todos los cambios democráticos, hasta llegar a la confiscación de las tierras de los terratenientes; d) Armamento del proletariado.

La táctica de la implantación revolucionaria de la jornada de 8 horas en la ciudad y de los cambios democráticos en el campo; significaba su implantación sin contar con las autoridades, sin contar con la ley, prescindiendo de las autoridades y de la legalidad, destrozando las leyes vigentes e instaurando un orden nuevo por la propia fuerza de las masas, por su propia voluntad. Sobre la base de esta táctica surgieron los comités revolucionarios de huelga en la ciudad y los comités revolucionarios de campesinos en el campo, que habían de convertirse más tarde en los Soviets de diputados obreros y en los Soviets de diputados campesinos, respectivamente, y el empleo de las huelgas políticas generales, que más tarde, en el transcurso de la revolución, habían de desempeñar un papel de primer orden para la movilización revolucionaria de las masas.

Lenin entendía que, como resultado de la insurrección victoriosa del pueblo, el gobierno zarista habría de ser sustituido por un gobierno provisional revolucionario. La misión de este gobierno provisional revolucionario consistiría en afianzar las conquistas de la revolución, en aplastar la resistencia de la contrarrevolución. Lenin se apoyaba, en primer lugar, en la conocida tesis de Marx sobre la revolución ininterrumpida, tesis incluída en la “Circular de la Liga de los Comunistas”, redactada a fines de la década del 40 del siglo pasado, y en segundo lugar en la idea de Marx sobre la necesidad de combinar el movimiento revolucionario campesino con la revolución proletaria.

Este punto de vista echó por tierra la teoría en boga de los socialdemócratas europeos occidentales, que negaban las posibilidades revolucionarias de las masas semiproletarias de la ciudad y del campo y partían del supuesto de que “fuera de la burguesía y el proletariado, no vemos otras fuerzas sociales en las que puedan apoyarse. Los socialdemócratas de la Europa occidental entendían que en la revolución socialista el proletariado estaría solo contra toda la burguesía, sin aliados, frente a todas las clases y capas no proletarias. Por eso, los socialdemócratas europeos occidentales opinaban que en Europa no habían madurado aún las condiciones para la revolución socialista y que estas condiciones sólo podían considerarse maduras cuando el proletariado representase la mayoría dentro de la nación.

Los bolcheviques ponían rumbo al desencadenamiento de la revolución, al derrocamiento del zarismo por la vía de la insurrección armada, a la hegemonía de la clase obrera, al aislamiento de la burguesía kadete, a la alianza con los campesinos, a la formación de un gobierno provisional revolucionario con representantes de los obreros y los campesinos, al desarrollo de la revolución hasta la victoria final. Los mencheviques preconizaban su reforma y “mejoramiento”; en vez de la hegemonía del proletariado, la hegemonía de la burguesía liberal; en vez de la alianza con los campesinos, la alianza con la burguesía kadete; en vez de un gobierno provisional revolucionario, la Duma, como centro de las “fuerzas revolucionarias” del país.

3.-De la misma forma que Marx y Engels defendían la necesidad de que la socialdemocracia debía de dotarse de un programa político con tareas inmediatas (reivindicación de la República democrática en Alemania) frente a las posiciones ambiguas de los dirigentes alemanes. Lenin planteaba lo mismo en Rusia: un programa mínimo de derrocamiento de la autocracia e instauración de la República democrática a través de un Gobierno provisional revolucionario, pugnando con la posición vacilante de los mencheviques abducidos por la legalidad y contrarios a participar en un Gobierno provisional durante la revolución de 1.905, dejando el movimiento político en manos de la burguesía, reduciendo las tareas de la socialdemocracia al terreno de la acción sindical, desplazándose hacia el economismo y el anarquismo. Para los mencheviques la lucha contra la autocracia era asunto de la burguesía liberal y el proletariado no tenía ningún papel autónomo en esta lucha (38). Cuando el zar convocó la primera Duma (parlamento consultivo, sin sufragio universal y directo) los mencheviques rechazaron la consigna bolchevique de la Asamblea Constituyente  y la república democrática, aceptando la monarquía, y difundiendo la idea de que la autocracia se había acabado y que ya había democracia, sobre esta base comenzaron a desarmar la acción política de las masas obreras y campesinas. La burguesía liberal no tenía interés en una victoria completa de la revolución burguesa, ya que necesitaba de la represión zarista contra el proletariado, con la limitación del derecho de huelga y se oponía a la confiscación sin indemnizaciones de los latifundios.

4.-Mientras Marx y Engels se desmarcaron de las posiciones revisionistas y reformistas de la socialdemocracia alemana (crítica a los programas de Gotha y Erfurt), Lenin hacía lo suyo frente a la línea reformista de los economistas (¿Qué Hacer?), frente a los socialrevolucionarios y mencheviques rusos (congresos POSDR y creación del PC bolchevique) y frente a la socialdemocracia internacional (posición contra la guerra imperialista).

5.-Mientras Marx y Engels fueron firmes defensores de la teoría revolucionaria frente a la corrupción por medio de intelectuales pequeñoburgueses dentro del partido, y por el sometimiento de la actividad parlamentaria a la política revolucionaria del partido, como expresaron en su pugna contra los tres de Zurich. Lenin plantea que sin una teoría revolucionaria no puede haber movimiento revolucionario, defendiendo la hegemonía obrera en la composición del partido, a la misma vez que se desmarcaba de la actividad legalista de los oportunistas y liquidadores, que engrandecían la actividad legal parlamentaria bajo el zarismo, cuya base social descansaba en la alianza entre una parte de la pequeña burguesía y la aristocracia obrera contra los intereses revolucionarios de las masas obreras y cuya base teórica descansaba en el economismo (39).

6.-Mientras Marx planteaba ya en 1.848 la tesis de la revolución ininterrumpida, que el proceso revolucionario no se agotaba con la lucha por la república democrática, que ésta debía saldarse con la hegemonía del proletariado en la alianza con respecto a la pequeña burguesía y una vez cumplida esta tarea el proletariado dirigido por su vanguardia debía de profundizar el proceso hacia la revolución proletaria y la toma del poder. Lenin defiende la independencia política del proletariado y su partido, en el marco de la revolución democrático-burguesa de 1.905, y la organización del proletariado en órganos de contrapoder (consejos municipales revolucionarios) con el objetivo final de la revolución proletaria. Lenin en abril de 1.917 retomaba este planteamiento, sometiendo la revolución democratico-burguesa a la lucha por la revolución socialista, por la hegemonía del proletariado a través de sus órganos de contrapoder: los soviets, considerando que el proceso revolucionario en Rusia no se agotaba con la revolución democrático-burguesa, que éste era ininterrumpido, por lo que ante la dualidad de poderes de 1.917 (Gobierno provisional/soviets de obreros-campesinos-soldados) las tareas estratégicas y tácticas del partido no se restringían a la legalidad (40).

7.-Mientras Marx y Engels siempre definieron la estructuración del PC en ámbito nacional en lucha contra la burguesía y su carácter internacionalista en la defensa de los intereses comunes del proletariado. Lenin le tocó defender firmemente esta posición de internacionalismo proletario frente a la mayor traición cometida hasta entonces por la mayoría de la socialdemocracia internacional (ala oportunista) al apoyar a la guerra imperialista, aprobando los créditos de guerra y colaborando en la carnicería de proletarios en el frente para defender los intereses de las diferentes potencias imperialistas, adoptando ante esta situación el ala centrista (Kautsky, Trotski, etc.) una posición de pacifismo burgués al proponer el aplazamiento de la acción revolucionaria a la espera de un pacto entre las potencias imperialistas que pusiera fin a la guerra. Lenin opuso la táctica de convertir la guerra imperialista en guerra civil del proletariado contra la burguesía, en la lucha por el socialismo (41), dándose cuenta de la inevitable escisión del movimiento obrero a nivel internacional y del ocaso de la IIª Internacional como vanguardia de clase ante las tareas revolucionarias que se avecinaban.

8.-Mientras Marx y Engels legitimaban la utilización de métodos de lucha legales y extralegales (42), y combatieron los dos extremos, frente a las posiciones abstencionistas del anarquismo que negaban la actividad política del proletariado, la participación en las elecciones, la actividad parlamentaria, y propugnaban  el terrorismo individual, y frente al cretinismo parlamentario de los revisionistas, y el reformismo de la socialdemocracia alemana que supeditaba las reivindicaciones políticas a la legalidad vigente. Lenin que no fijaba un método de lucha fijo y único y para todas las situaciones (legal o extralegal), también denunció los métodos del terrorismo individual como arma de la reacción. Tras la ofensiva revolucionaria de 1.905 en defendió la participación de los bolcheviques en la 2ª Duma donde el grupo parlamentario fuera independiente del resto y sometido al Comité Central, bregó en la infancia del Movimiento Comunista Internacional frente a las posiciones antiparlamentarias y sectarias del izquierdismo que se negaban a participar en sindicatos y organizaciones masivas legales (otzovistas y comunistas de izquierda). Los otzovistas exigían que el partido retirase sus diputados de la duma en el período de reflujo y reacción (1908-1912), negaban el trabajo en los sindicatos obreros y en las demás organizaciones legales. Rompían los vínculos entre el Partido y el proletariado, privaban a aquél de enlace con las masas sin partido, querían encerrarse en la organización clandestina, renunciando por ello a la dirección sobre las grandes masas sin partido. Y de la misma manera Lenin hizo frente a la socialdemocracia que supeditaba la organización y la acción política a los medios legales, aferrándose a la legalidad a cualquier precio, planteando liquidar la estructura clandestina del partido y crear bajo las condiciones de represión un partido legal en torno al grupo parlamentario socialdemócrata de la Duma (liquidacionismo legal). Lenin, incluso en el momento del proceso revolucionario socialista hizo frente a quienes se supeditaban al marco legal (convocatoria de la Asamblea Constituyente –Zinoviev, Kámenev- o del Congreso de soviets Trostki-) cuando la toma del poder era tan inminente que se imponía la nueva forma de organización estatal de masas la dictadura del proletariado: el soviet de obreros, soldados y campesinos.

Este breve paralelismo histórico no dice mucho, pero si es una prevención frente a intelectuales habidos y por haber que pretenden enfrentar a Marx con Lenin. Es bien sabido que ambos parten de situaciones histórico-concretas diferentes, pero los fundamentos de su hacer en la organización y la acción política del partido vanguardia, son similares. Ambos combatieron el revisionismo y el reformismo en el ámbito de la organización, tanto como de la estrategia y la táctica políticas, y defendieron la necesidad de un partido independiente de la burguesía y ligado al movimiento obrero con capacidad de dirigir a la clase obrera tanto en condiciones de legalidad como de clandestinidad, con los más variados métodos de lucha que impusieran la situación concreta. Sólo circunstancialmente pueden ser diferenciados, con los tópicos del Lenin ruso y el Marx occidental, pero ello nos dice bien poco sobre el asunto teórico y estratégico del pensamiento de ambos y de su actuación política.

6.2.3 Rosa Luxemburgo y el leninismo

      Rosa Luxemburgo fue otra revolucionaria marxista que combatió tanto el revisionismo teórico como el oportunismo político en la socialdemocracia. En el terreno de la organización y la acción política partidaria conjugaba dos elementos, la teoría automática del derrumbe (acumulación acelerada del capital que provoca la irreversibilidad de la crisis) junto a su tendencia hacia ciertas posiciones espontaneístas, ya que entendía que la crisis generaba el revulsivo necesario para la movilización de las masas, donde la organización revolucionaria juega un papel suplementario como vanguardia a la espera de ese momento de empuje espontáneo:

“…las últimas huelgas han probado no que la causa revolucionaria se debilita y retrocede, sino, al contrario, que avanza y se refuerza; no que los dirigentes socialistas empiezan a perder su influencia entre las masas, sino que las masas, como de costumbre en los momentos cruciales del combate, empujan espontáneamente a los dirigentes hacia posiciones mas avanzadas” (43).

Rosa fue una precursora de la línea de masa en la organización a partir de la experiencia de la revolución rusa de 1.905, desde suelo alemán, es decir en una coyuntura nacional donde había un partido fuertemente organizado pero de carácter reformista, aspecto que Rosa denunció con clarividencia por la burocratización del partido y el reformismo infectado de cretinismo parlamentario a través de sus funcionarios:

“Procurar la comunión de la masa con la gran transformación del mundo; he aquí el basto problema que toca resolver a la socialdemocracia. Deber nuestro es luchar sin desmayo manteniendo firmes la ruta marcada por el marxismo. Ruta que guardan celosos y amenazantes, dos escollos: el del abandono de su carácter de masa y el del olvido del objetivo final; el de la recaída en la secta y el de su naufragio en el movimiento reformista burgués; el del anarquismo y el del oportunismo”. (44).

No obstante, Rosa también partía de premisas economistas y deterministas, entendía la ruptura revolucionaria, como el momento de la crisis capitalista que en términos económicos procuran el derrumbe automático prepara el advenimiento del socialismo, las masas sólo tienen que intervenir y empujar la historia, y el partido debe jugar su papel de dirección en ese instante. Como un proceso metafísico, donde la marcha espontánea de la revolución es combinada automáticamente con la acción consciente de la clase y la actuación consecuente de su vanguardia.

Así de fácil, dado que la crisis capitalista empuja espontáneamente a la clase obrera a una posición revolucionaria, independiente de la acción consciente de los dirigentes y del partido y aún contra él si éste fuera un obstáculo:

“…el capital prepara doblemente su derrumbe: por una parte al extenderse a costa de los modos de producción no capitalistas, acerca el momento en que toda la humanidad se compondrá efectivamente de obreros y capitalistas, situación en la que la expansión ulterior, y por tanto la acumulación, se harán imposibles. Por otra parte, a medida que avanza, exaspera los antagonismos de clase y la anarquía económica y política internacional a tal punto que provocará una rebelión del proletariado mundial contra su dominio antes que la evolución económica haya llegado a sus últimas consecuencias: la dominación absoluta y exclusiva del capital en todo el mundo” (45).

Rosa toma la tendencia finalista del desarrollo capitalista como fundamento para la praxis política, ni atisbo de contradicciones imperialistas, de otros movimientos sociales y políticos, sólo la tendencia al derrumbe que provoca la inevitable acción del proletariado al margen del papel de vanguardia del partido, lo que justificará la ausencia de una política de alianzas, y se confunde con la base teórica del reformismo que también parte de posiciones deterministas.

Mecánica:

CRISIS provoca LA ACCIÓN DE LAS MASAS que impulsan LA ACTUACIÓN DE LA VANGUARDIA POLÍTICA en la dirección de la lucha sin alianzas con otras clases o grupos

      Aunque su posición sobre la relación partido-masas no fue siempre homogénea dado que en este otro párrafo encontramos fugazmente lo contrario, al partido que antecede a las masas donde se analiza el sentido de los acontecimientos histórico-concretos, con una posición similar a la  de Lenin:

“La misión de la socialdemocracia y la de sus jefes no consiste en ser arrastrados por los acontecimientos, sino en adelantárseles conscientemente, en abarcar con una mirada el sentido de la evolución y en abreviar esta evolución por medio de una acción consciente, en acelerar su marcha.” (46).

No obstante, el pesoo de la base teórica (teoría del derrumbe) es la que servía a la revolucionaria para no compartir la política de alianzas sociales con otras clases (campesinado) y pueblos oprimidos por el imperialismo (liberación nacional anti-imperialista), dado que para la visión determinista, la clase obrera era autosuficiente al margen de las otras clases oprimidas en el proceso revolucionario. Bajo este prisma no existen las formaciones sociales, sino el modo de producción capitalista en su Estado puro, confundiendo la política con la teoría y la táctica en la estrategia. Es la teoría del derrumbe la que predomina en la acción política como si en la etapa del imperialismo no existieran las revoluciones de liberación nacional (47) y como si en la revolución socialista no hubiera ninguna concesión a las masas campesinas.

Rosa no comparte las posiciones de organización de Lenin, y sitúa la elevación de la conciencia espontánea del proletariado a la conciencia revolucionaria como un proceso progresivo y objetivamente automático, donde la autonomía organizativa del partido acompaña al momento en el cual la clase obrera descubre su papel histórico y se eleva a la acción revolucionaria. Por ese motivo Rosa critica la sobreestimación de la organización en la lucha de clases. Para Rosa la organización revolucionaria juega un papel de dirección-apoyo en el momento de la acción precedente de las masas, por lo que niega la subestimación de la madurez política de la clase obrera no organizada.

Rosa subestimaba los factores políticos e ideológicos de la situación concreta, dado que no es suficiente que las clases estén polarizadas en extremo a través de la crisis económica, para que éstas espontáneamente expresen sus intereses revolucionarios, pues pueden permanecer durante largo tiempo bajo el influjo de la ideología de la clase dominante burguesa cuya función es enmascarar las relaciones de producción; e ignoraba que la preparación de las masas por la actividad organizada del partido revolucionario objetivamente precede a la acción de éstas una vez dadas las condiciones subjetivas.

El marxismo reconoce que la determinación en última instancia lo desempeña el papel de lo económico como contradicción fundamental (relaciones de producción/fuerzas productivas, crisis), pero atribuye a la lucha de clases en su nivel político, la que posee la primacía en el proceso histórico, y según Marx la lucha de clases es el motor de la historia.

Desde este planteamiento Gramsci pasaba a crítica la posición de Rosa Luxemburgo por subestimar los elementos de organización a causa de su determinismo y su misticismo históricos al vanagloriar la espontaneidad del proletariado como fuerza propulsora de la vanguardia política, ya que olvida que las condiciones objetivas (crisis económica y penuria de las masas) no provocan directamente la revolución mas que cuando son preparadas, activadas y dirigidas políticamente por el partido revolucionario, es decir al revés de lo que Rosa creía. En relación al libro de Rosa Huelga de masas, partido y sindicato escrito al calor de la Revolución rusa de 1.905, Gramsci sitúa:

“En el libro se teorizan, algo apresurada y superficialmente, las experiencias históricas de 1.905: de hecho, Rosa no prestó la suficiente atención a los elementos voluntarios y organizativos, que fueron mucho más extensos y eficientes en aquellos acontecimientos de lo que Rosa cree, movida por un cierto prejuicio suyo economicista y espontaneista. Sin embargo, este libro…es uno de los documentos más significativos de la guerra de maniobra aplicada al arte político. El elemento inmediato (crisis, etc.) se considera como la artillería campal que en una guerra abre brecha en las defensas enemigas, brecha suficiente para que las propias tropas irrumpan y obtengan un éxito definitivo (estratégico) o, por lo menos un éxito importante en la dirección de la línea estratégica…Era una forma de férreo determinismo economista, con el agravante de que se concebían los efectos como rapidísimos en el tiempo y en el espacio; por esto era un verdadero misticismo histórico, la espera de una especie de fulguración milagrosa.” (48).

Rosa Luxemburgo a veces olvidaba la influencia ideológica de la clase dominante, la burguesía, que incluso durante la etapa de las peores crisis económicas capas de la clase obrera permanecen atrasadas, que la verdadera conciencia de clase no es producto de las crisis objetivas, que el partido comunista es la forma organizada portadora de la conciencia de clase ejerciendo la mediación entre la teoría y la práctica de la clase revolucionaria, que el principal error del blanquismo no era solo su inclinación putchista, sino que no entendía la necesidad de la previa preparación revolucionaria de las masas, preparación donde las luchas y la organización juegan un papel insustituible. Que el proceso histórico real no está separado de la evolución de las masas, y aquí no cabe ni el sectarismo ni la defensa de la espontaneidad, ni el voluntarismo ni el fatalismo, sino el movimiento de la lucha de clases. En definitiva, que la solución dialéctica de la relación partido-masas, supera el voluntarismo del partido y la espontaneidad de las masas a través de la vinculación dialéctica del partido y las masas tanto organizadas como no organizadas.

En el Manifiesto del PC, Marx y Engels negaban que los comunistas fuesen algo externo al movimiento obrero, cual secta utópica, o conspirativa que quiere imponer desde fuera al movimiento principios especiales y ejecutar en su nombre fines e ideales determinados. Los comunistas somos un producto y expresión práctica del desarrollo histórico del movimiento obrero, nacemos de las contradicciones del capitalismo y del imperialismo y representamos los intereses del movimiento en su conjunto, los intereses del proletariado internacional, de la totalidad frente a cada movimiento parcial, puramente local o nacional, ideológicamente confuso, estrechamente reivindicativo…etc., por lo que el partido no puede llegar a ser la expresión del movimiento si no es a través de su pertenencia y práctica en él, y éste (movimiento) no madurará en la estrechez reivindicativa, ni en la confusión ideológica.

Esto no es un galimatías si sabemos que a lo largo de la historia del movimiento obrero revolucionario se ha antepuesto la organización al movimiento y viceversa, cayendo en posiciones de jerarquización sectaria. Partido que ejerce la correa de transmisión sobre el movimiento, el vértice de un lado y las masas de otro (partido grupuscular burocratizado), contando con las experiencias organizativas plasmadas en el S. XX de la socialdemocracia de la IIª Internacional,  el trotskismo y el eurocomunismo. O las posiciones que primaron la espontaneidad de las masas que adelantan y se anteponen a la organización revolucionaria, cayendo en el culto a las masas, en la superclase, las multitudes…, en posiciones claramente anarquistas.

Tenemos por tanto dos extremos, el sectarismo voluntarista que sobreestima el papel de la organización en el proceso revolucionario anteponiendo al partido en el lugar de las masas, actuar para el proletariado (blanquismo), mientras que la defensa de la espontaneidad subestima la importancia de la organización, situando en un mismo plano la conciencia revolucionaria con los sentimientos puntuales de las masas proletarias, donde la coincidencia de la acción de las masas con las organizaciones revolucionarias es fortuita y casual.

El problema es que se rechaza la dialéctica y se cae en la metafísica, acabando por no entender el proceso histórico-concreto, no saber distinguir los flujos de los reflujos, no querer entender de situaciones revolucionarias o de situaciones de derrota cuando estas se producen. Se divaga en el mismo círculo.

La lección bien aprendida consiste en entender el movimiento de la clase, el papel del partido y de la coyuntura histórica en su totalidad dialéctica. En este espíritu van estas preguntas sobre el acontecer de la revolución socialista del 1.917:

¿Acaso los bolcheviques hubiesen tomado el poder de no existir una iniciativa histórica de las masas obreras materializada en los soviets?

¿Acaso impidieron las masas obreras por si solas como movimiento espontáneo, abandonado sobre sí mismo como “superclase o multitud”, las maniobras de la burguesía liberal en febrero de 1.917 cuando fueron las propias masas las que entregaron el poder a la burguesía a través de la electa mayoría menchevique y eseristas de los soviets?

¿Acaso los soviets por sí solos hubiesen sobrevivido mas allá de la dualidad de poderes y el entusiasmo revolucionario, de no haber existido revolucionarios actuando unificadamente, organizados y dirigidos por una especie de Estado mayor, con capacidad de neutralizar la influencia reformista en los consejos, conquistando su dirección política para asegurar la propia existencia y acción de los soviets? ¿Acaso las masas espontáneamente hubiesen empujado a los mencheviques a la conquista del poder?

¿Acaso las masas espontáneamente midieron el 4 de julio de 1.917 la realidad política y la composición de los soviets donde los bolcheviques estaban en minoría, para no caer en el infantilismo suicida de la insurrección, donde las masas pretendían dar el poder a unos soviets dominados por los mencheviques que rehusaron de él y le dieron tiempo a la reacción kerenski-korniloviana para desatar la represión del movimiento, encarcelando a los bolcheviques?

¿Acaso si los bolcheviques hubiesen esperado la luz verde del congreso de los soviets para desencadenar la insurrección de octubre, disolviendo la Asamblea Constituyente y defendiendo con las armas al poder soviético de sus enemigos internos y exteriores, esta revolución se hubiese producido?

El fracaso de la revolución alemana de 1.919 donde los soviets acabaron siendo dominados por la socialdemocracia y los revolucionarios quedaron en minoría, mostraron a Rosa Luxemburgo los límites de la iniciativa espontánea de las masas. Previamente en diciembre de 1.918 en el Primer Consejo General de los Consejos de obreros y soldados la socialdemocracia se impuso holgadamente, triunfando la posición favorable al parlamentarismo burgués y contraria a la democracia de los consejos, en dicho Congreso ni Rosa ni Liebkencht tenían mandato (49). Tras el congreso socialdemócrata con el giro a la derecha, Rosa y Liebkencht se pusieron a trabajar por la reconstrucción del partido revolucionario con la fundación del KPD (1.918), donde Rosa ya empezaría a admitir la importancia a la organización revolucionaria.

La causa de las dificultades de la revolución en Alemania fue la falta de un partido revolucionario centralizado, arraigado y mayoritario en las masas como los bolcheviques en Rusia. Rosa, fiel a su cosmovisión espontaeísta, confiaba ilusoriamente que llegado el momento la socialdemocracia cumpliría su papel empujado por las masas revolucionarias, subestimando el papel de una dirección hostil a la lucha revolucionaria, creyendo incluso que no se colocarían en contra. Fue en Alemania donde saltaría hecha añicos la visión metafísica y determinista de la simple combinación de la acción de las masas en movimiento con el partido dirigente, y la sobreestimación de las masas como factor de empuje de las posiciones de los líderes socialdemócratas.

Fue justamente en Alemania donde parecía que las condiciones históricas estaban más maduras, donde la crisis del sistema defraudó la expectativa de un derrumbe definitivo con un proletariado abandonado a la acción y fraccionado en dos, una línea mayoritariamente oportunista y otra minoritaria recluida en amotinamientos y movilizaciones consejistas que la dejaron aislada, pasto de la brutal represión llevada acabo por la burguesía y los traidores socialdemócratas que acabaron asesinando a Rosa y a Liebneck, después del fracaso de la insurrección de Berlín (1.919) en la que Rosa terminó participando en este tipo de acción voluntarista (cayendo en la otra posición extrema: la minoría revolucionaria que actúa accionará la actividad de las masas ante cualquier coyuntura) aún no estando lo suficientemente convencida, pero lo hizo en solidaridad con sus compañeros de lucha, ya que nunca traicionó su espíritu revolucionario.

Durante el período posterior a la derrota de las revoluciones húngara, alemana, italiana y a la consolidación de la revolución soviética en los años 20 y principios de los 30 del S. XX, se da un retroceso general del movimiento revolucionario internacional, retroceso político de la actividad de las masas, donde la derrota del proceso revolucionario y la creación de los partidos comunistas coincide con la aceleración de la crisis capitalista y la  toma del poder en Italia y Alemania por el fascismo y el nazismo, apoyados por capas populares de la ciudad y del campo políticamente atrasadas. Es el repliegue del movimiento obrero hacia la organización en medio del reflujo general.

Los hechos demostraron que la revolución en Occidente estaba condenada a la derrota, en la medida de no disponer de una dirección política de vanguardia mayoritaria en las masas, con objetivos estratégicos precisos que nucleasen en su entorno una basta alianza de fuerzas sociales en la perspectiva del socialismo. Este planteamiento fue argumentado por Lenin en el proyecto de tesis para el III Congreso de la Internacional Comunista: tomar la dirección efectiva de la mayoría de la clase obrera para la lucha revolucionaria. Si los bolcheviques triunfaron en la revolución fue precisamente porque conquistaron a la mayoría con su programa contra la guerra, por la paz y por la tierra superando en la práctica el programa agrario que los eseristas no se atrevieron a defender durante su estancia en el Gobierno Provisional. Para Lenin la tarea principal de toda táctica revolucionaria es precisamente la conquista de las masas por el partido, donde ambos se funden en la escena historico-concreta ya que lanzar sola a la vanguardia al combate decisivo, aún cuando toda la clase obrera y las masas no han adoptado aún una posición de apoyo a esa vanguardia, para Lenin era además de una estupidez, un crimen (50).

Por último, comparativamente, en el período que abarca de 1.903 a 1.917, el partido bolchevique se experimentó en diferentes situaciones revolucionarias, bajo flujos y reflujos dirigió diferentes formas de trabajo (legal e ilegal) y métodos de lucha (pacífico y violento), aplicando una política revolucionaria que desembocó en el triunfo de octubre. Mientras en 1.918, en Alemania bajo condiciones similares de situación revolucionaria, el grandioso partido socialdemócrata alemán con sus millones de militantes, demostró una gran incapacidad para abordar la situación y elaborar una política revolucionaria correcta fundamentada en objetivos consecuentes con la situación madura. Estos elementos políticos y organizativos de expresión del carácter de masas, fueron las diferencias fundamentales entre un partido proletario de carácter revolucionario de otro de carácter reformista dentro de la socialdemocracia de la IIª Internacional.

6.2.4 La dialéctica partido-masas en la teoría de la praxis

      La dialéctica de la relación partido y masas consiste en saber distinguir la situación revolucionaria de la no revolucionaria, del flujo del movimiento obrero y su reflujo en la lucha de clases, no aplicando los mismos esquemas para una y otra situación. El oportunismo de la socialdemocracia y el eurocomunismo en los PCs de Europa Occidental se han caracterizado por su incapacidad de reconocer y analizar el cambio de coyuntura en la lucha de clases, el paso de un período pacífico, no revolucionario, a otro período de enfrentamiento revolucionario donde la iniciativa histórica de las masas obreras comienza a desbordar. El evolucionismo economista que reduce la actividad de la vanguardia y de las masas al inmovilismo en espera de condiciones objetivas, mientras el izquierdismo e infantilismo se caracteriza por una incapacidad de reconocer otras coyunturas distintas de la lucha violenta y la situación revolucionaria, cayendo en el voluntarismo que no tiene en cuenta las condiciones objetivas y subjetivas de la coyuntura política.

El error del planteamiento de algunos PCs occidentales (basados en la estrategia eurocomunista) no emana como piensan Tafalla y Miras (51), por la debilidad que encierran los partidos comunistas de masas, sino por que en la práctica rehusaron de la estrategia de transformación social ante la situación revolucionaria, cayendo en posiciones legalistas poniendo su confianza en una acción meramente reivindicativa (pactos de la Moncloa, acuerdos de Grenelle, etc.), y una acción política exclusivamente institucional, creyendo que era suficiente alcanzar el socialismo sin convulsiones, eludiendo una y otra vez cuando se presentaba el objetivo de la toma del poder por la clase obrera, dando portazos a las situaciones revolucionarias.

En esta etapa histórica el conocido Estado de Bienestar keynesiano fue producto de una correlación de fuerzas, que no es ni fue el objetivo final de la burguesía ni de los comunistas, ni del capitalismo como sistema económico. Ya desde la revolución socialista soviética para la burguesía era necesario impedir la propagación del socialismo, asegurando a los trabajadores de los países capitalistas más ricos (Reino Unido, Alemania) una existencia estable, así el Estado se responsabilizaba del mayor gasto social en la historia del capitalismo.

Pero ésta forma de Estado capitalista que asentó el pacto social no siempre fue una conquista del movimiento obrero en auge, sino que también fue un arma de recomposición capitalista de la crisis en época de derrotas para el movimiento obrero y popular bajo el capitalismo (keynesianismo de los años 30, el New Deal, el nazismo y el fascismo con sus reformas de inversión pública) los dos últimos saldándose con una fuerte represión en la Europa de los años 30. En EE.UU. durante los años 30 los sectores más clarividentes de la burguesía yanqui intensificaron la regulación económica por medio del capitalismo monopolista de Estado para atenuar la tensión social, se desplegaron las políticas de obras públicas como antídoto al paro forzoso y concesiones a la clase obrera. Una parte de la burguesía yanqui, conocedora de los avances sociales y económicos de la planificación socialista en la URSS en los años 30, razonaba estas medidas como necesarias y que era mejor perder el sombrero que la cabeza, pero la parte más reaccionaria de la oligarquía financiera luchó contra el new deal proponiendo emplear los métodos fascistas para resolver las contradicciones del país.

En segundo lugar fue un arma contra la influencia de los países socialistas en el movimiento obrero de Europa en los años 40 y 50, asumida como alternativa política de una socialdemocracia que ya había renunciado públicamente al marxismo (Bad Godesberg 1.959), fue un arma ideológica de embellecimiento del crecimiento económico inagotable que permitía un reparto de la riqueza en los países ricos de 1950 a 1973, haciendo olvidar que este crecimiento se hacía no sólo a costa de la explotación de la clase obrera sino también de las condiciones difíciles en las que se encontraba el resto de las poblaciones y trabajadores del mundo, con las guerras de Corea y Vietnam, la masacre de 1 millón de personas en Indonesia, la lucha anticolonial en Argelia, el mantenimiento de los bajos precios de las materias primas, los golpes de Estado en Latinoamérica, etc., y por último fue un arma útil como estrategia de contención del capitalismo en una época de crisis revolucionaria en la Europa occidental de fines de los 60 y principios de los 70. En este marco histórico-concreto la estrategia meramente institucional es el fracaso del modelo de política socialdemócrata y eurocomunista de un partido grupuscular de cuadros sin relación dialéctica y revolucionaria con las masas.

Ante esta falta de dialéctica revolucionaria, el reformismo somete el movimiento obrero a su organización, estructurando su vinculación hacia las masas de forma fragmentada separando lo político de lo económico y reivindicativo. Lo que acabaría por divorciar al partido (sustentador exclusivo de la acción política) de las masas (pasivas para la acción política), y por negar siempre cualquier situación revolucionaria objetiva, existiendo sólo la no revolucionaria.

Por su parte, el déficit del izquierdismo acabará siempre en dos vertientes, o bien cuestionando la organización y dirección revolucionaria, valorando toda espontaneidad ciega de las masas como una situación revolucionaria permanente, acabando también por divorciar a las masas del partido igual que la socialdemocracia, pero bajo la forma invertida y anarquista; o bien cayendo en el sectarismo supervalorando el papel del partido para el cual existe una situación revolucionaria siempre ya dada, que desconfía de las masas, que desea que las organizaciones sindicales se subordinen al partido, colocando al partido en el lugar de las masas, actuar por la clase obrera, a no tener mas existencia que por el partido y siguiendo al partido (posición blanquista).

En ambas posiciones, la reformista y la izquierdista, se utilizan métodos de lucha fijos, válidos para cualquier situación concreta e invariables de por vida, bajo este prisma se fija la exclusividad de la lucha parlamentario-institucional-legalista (reformismo), o la huelga general revolucionaria (anarquismo), o la acción armada (terrorismo individual), o acciones directas individuales (anarquismo e izquierdismo). Son métodos que cada tendencia correspondiente del movimiento obrero absolutiza, se santifica como objetivos independientemente de la realidad objetiva, como medios absolutos al que se sacrifican los fines y la propia estrategia revolucionaria de clase, si cabe.

La esencia del fenómeno que acerca a los reformistas e izquierdistas, es su actitud hacia las masas, desconfianza absoluta, lectura pasiva de las masas, unos para mantenerlas bajo su tutela odiosa (la política reformista) donde las organizaciones sociales controladas por los socialdemócratas (sindicatos, movimientos populares…) llevan una actividad meramente reivindicativa distante de lo político, reduciendo a las masas al nivel del instinto de clase; y otros que negando la necesidad de trabajar allí donde están las masas partiendo de lo social y reivindicativo, desde la posición maximalista niegan la labor de educar y generar conciencia de clase en las masas para organizarlas en el proyecto revolucionario, primando por oposición a la espontaneidad (anarquismo) o el sectarismo (blanquismo).

Organización política, lucha de masas y espontaneidad son elementos de un mismo proceso dialéctico de dirección revolucionaria, la sobrevaloración de cada uno de los elementos contraviniendo uno a otro lleva a la derrota irreversible de todo proyecto revolucionario.

En contra de la metafísica burguesa no podemos sobre-valorar la capacidad de las masas, ni tampoco la de la vanguardia. En ambos casos se cae en el subjetivismo y en el voluntarismo que desprecian los métodos de organización naturales para un período de coyuntura pacífica y no revolucionaria. En la época de pasividad obrera que siguió a las explosiones revolucionarias de 1.848 y que se prolonga hasta 1.871, en ésta época el rol dominante dentro del movimiento obrero correspondió mas a los sindicatos que al partido, dado que los primeros habían llegado a ser el eje de la organización de la clase obrera, como los municipios y las comunas en el feudalismo lo fueron para la burguesía. De esta manera podemos concluir que los partidos políticos entusiasman y mueven a las masas pasajeramente en períodos de auge revolucionario, mientras los sindicatos ligan a las masas del proletariado de una manera permanente, sólo ellos están en condiciones de oponer al capital su fuerza en situaciones de reflujo, de ahí la necesidad de que los partidos comunistas mantengan su labor entre las masas, trabajando en las organizaciones sindicales de clase, para no caer en el sectarismo y desligarse de la mayoría de la clase obrera, ya que ésta abandonada espontáneamente en períodos de reflujo es de lo más corporativista y reivindicativo-mercantil, y tratar de expresar ese corporativismo en experiencias localistas desligadas de la lucha general, es no entender que la autoorganización obrera no se reduce en los marcos de una fábrica concreta o lugares de trabajo, sino al conjunto del país, elevando la clase a la categoría nacional y estatal, con el objetivo de ligar la actividad y el movimiento de la clase en la sociedad civil y el Estado en la lucha por la conquista del poder político que transforme las relaciones de producción capitalistas en socialistas.

6.2.5 La posición leninista de Gramsci sobre la relación partido-masas 

      Gramsci comienza en la etapa de L´Ordine Nuovo a elaborar frente al Partido Socialista (PS) y a Bordiga (secretario general del PCI hasta 1.924) su teoría del partido, fruto de la experiencia consejista turinesa y el fuerte influjo de la Revolución de Octubre en Rusia. Para Gramsci el Partido Comunista (PC) debe ser el partido del proletariado revolucionario, de los obreros industriales urbanos, que exprese sus aspiraciones y esté formado mayoritariamente por obreros sin excluir que miembros de otras clases se incorporen. Esta posición clasista está basada en la crítica al PS italiano que se colocaba a la zaga de la clase obrera y se confundía con los estratos mas atrasados; y a Bordiga para quien el partido sustituía a la clase obrera, subvalorando el contendido de clase de la composición del partido, concibiéndolo como una unión de marxistas capaz de indicar al proletariado su camino hacia la liberación, como una minoría ilustrada con capacidad autosuficiente para formular un programa, una estrategia y una táctica revolucionarias, a lo que sólo cabría sentarse a la espera para que las masas reconocieran, cual rayo de luz milagroso, en aquel programa y en aquel partido a su guía acabando clamorosamente por seguir sus pasos.

Gramsci renuncia al partido socialdemócrata como organización institucional integrada al sistema político burgués, vaciado de toda estrategia revolucionaria, a la misma vez que critica la tesis bordiguista de la organización del partido como mero extra-terrestre que navega en la estratosfera, en el aire, al margen del trabajo y de  la organización de las masas:

“El error del partido ha sido haber dado prioridad, de forma abstracta, al problema organizativo, lo que en la práctica ha significado simplemente la creación de un aparato de funcionarios dignos de confianza por el hecho de su ortodoxia con relación al punto de vista oficial…El partido comunista se ha opuesto incluso a la formación de células de fábricas. Se ha considerado que toda participación de las masas en la actividad y en la vida interna del partido, excepto en las grandes ocasiones y en las decisiones tomadas oficialmente por el centro, era peligrosa para la unidad y el centralismo. El partido no ha sido considerado como el resultado de un proceso dialéctico, punto de convergencia del movimiento espontáneo de las masas revolucionarias y de la voluntad organizativa y dirigente del centro; simplemente ha sido considerado como algo suspendido en el aire, desarrollándose de forma autónoma y que las masas encontrarán cuando la situación sea madura, y la cresta de la ola revolucionaria se encuentre en su punto mas alto, o cuando el centro del partido decida lanzar una ofensiva y descienda al nivel de las masas, a fin de sacarlas de su torpeza y arrastrarlas a la acción. Claro que las cosas no ocurren así, las zonas de infección de oportunistas se han formado sin que el centro sepa absolutamente nada acerca de ellas…” (52).

Para Gramsci el partido es una parte de la clase ligado enteramente a las masas, mientras Bordiga defiende el partido sectario, como órgano que representa a la clase desde fuera. Gramsci rechaza el concepto blanquista-iluminista del partido que actúa por la clase, que la sustituye y tutela. Asume el planteamiento dialéctico de Lenin de la relación partido-clase donde la diferencia interna de la clase obrera viene dada por los grados de conciencia y actividad sectorial, y donde el papel del partido pasa por elevar a toda la clase hasta el mismo nivel del partido, para que la clase obrera tienda a dejar de ser un mero ejecutor material, una masa guiada por una voluntad ajena:

“El partido comunista es el instrumento y la forma histórica del proceso de íntima liberación a través del cual el obrero, pasa de ejecutor a ser iniciador, de masa, a jefe y guía, de brazo, a celebro y voluntad; en la formación del partido comunista es dado aprehender el germen de libertad que tendrá después de que el Estado obrero haya organizado las condiciones materiales necesarias” (53).

Gramsci grada la composición subjetiva e ideológica de las masas, la comunista, la maximalista, la reformista y la demócrata-burguesa liberal, donde el PC representa los intereses del conjunto de la clase, pero que sólo realiza las ideas de una parte determinada de la misma, la mas avanzada en el sentido revolucionario, que se plantea la superación del sistema capitalista con métodos revolucionarios y la construcción del comunismo. Se desmarca del seguidismo a las masas en general, llevado a cabo por el PS, haciendo el juego a la burguesía que está presente con sus ideas dominantes en las partes mas atrasadas de la clase obrera. Para Gramsci queda claro que el partido no puede ir a la zaga de las masas, éste debe de precederlas, ya que el partido representa no sólo a toda la clase sino también a la teoría y práctica del socialismo científico.

Por tanto, Gramsci define al partido como destacamento avanzado de la clase, y no como destacamento separado (Bordiga). El partido es el elemento más desarrollado de la conciencia de clase a condición de que permanezca con la masa compartiendo sus luchas, aciertos y errores, llevando una línea política de masas que respete y confíe en la capacidad creadora; que consulte, informe, eduque, organice y movilice a las masas; que aprenda de la lucha y los métodos de lucha de las masas, sin apriorismos, sin tratar de imponer formas de comportamiento, siendo capaz de estar preparados para todas las formas de lucha sin rigideces dogmáticas; que sea capaz de unificar la teoría y la práctica a través de la experiencia concreta, que afirme el internacionalismo de clase. De ahí que el partido deba tener una conexión no pedantesca con las masas, debe saber y vivir los sentimientos del pueblo de la situación histórico-concreta, no puede ignorar la historia, tradiciones y cultura de las masas cayendo en la abstracción y la utopía, sino que debe relacionarla dialécticamente con la concepción revolucionaria.

Esta es la enseñanza sobre el sentido común, de bajar al nivel de la masa para elevarla organizadamente al nivel de una nueva concepción revolucionaria, bajo la condición de que esa tarea partidaria no suponga rebajarse al nivel de conocimientos, hábitos y prejuicios del sentido común conservador por su naturaleza social, que es efecto del pensamiento cotidiano, el cual espontáneamente en los marcos de la sociedad capitalista es viciado y no tenderá nunca a dotarse de una teoría global sobre la tendencia histórico-concreta en la perspectiva del socialismo científico, ni se dotará espontáneamente del conocimiento sobre la necesidad de superar el capitalismo e implantar el socialismo, dirigiendo autónomamente la actividad de millones de personas como consecuencia del impulso de la actividad cotidiana de las propias masas encaminándose a tal fin.

Gramsci no ignora la importancia de los intelectuales en la elaboración del socialismo científico, son necesarios para dar a la clase obrera la conciencia de su papel histórico. Así como el empresario produce intelectuales que le responden de forma incondicional, la clase obrera crea a sus intelectuales que representan sus intereses, los dirigentes revolucionarios, especialista + político. Pero se trata de un fenómeno individual, no de clase; como clase sólo el proletariado se hace comunista en la lucha contra el capitalismo. Gramsci tiene claro que el grado superior de la lucha de clases no es por la “hegemonía cultural” sino que es una lucha política para la toma del poder. Por eso, la acción política que es sustituida por una indeterminada “actividad cultural” es una posición reformista. Gramsci insiste que el partido debe representar la conciencia superior; sino no estaría a la cabeza, sino a la cola de las masas; no las guiaría, sino que sería arrastradas por ellas. Para que sea posible el partido debe asimilar el marxismo, según Gramsci, “en su forma actual, el leninismo”. En “la situación interna de nuesro partido y las tareas del próximo congreso”, en contra del gusto de los manipuladores “gramscianos”, Gramsci aclara que los criterios leninistas de organización del partido no se puede decir que sean propios de la situación rusa y que sería mecánico su aplicación a Europa Occidental. Siguiendo los principios leninistas para Gramsci el partido comunista es la vanguardia de la clase obrera y sólo de esta clase. La incorporación de intelectuales, campesinos y pequeñoburgueses no puede oscurecer que el partido es orgánicamente una parte de la clase obrera. Gramsci destaca la educación teórica y política de los militantes.

Gramsci aquí avanza al partido como el intelectual colectivo, partiendo de la base deque cada clase tiende a crear su propio grupo de intelectuales, que le da cuerpo homogéneo y conciencia en lo económico, pero también en lo político y cultural. También toda la masa social que ejerce funciones organizativas tanto en el campo de la producción como en el campo político-administrativo y cultural. Para Gramsci, los intelectuales no son independientes, sino orgánicos con su clase, y su planteamiento rompe la aparente individualidad del intelectual como “hombre de letras”. En la figura del intelectual de nuevo tipo, el intelectual colectivo de la clase obrera, donde todo miembro activo del partido por su desempeño de las tareas organizativas es un intelectual, constructor, organizador y persuasor contínuo. El partido pasa a ser la fuerza unificadora de la clase obrera en el plano político-cultural, el núcleo intelectual dirigente superador del sentido común, oponiendole el buen sentido crítico hacia la clase dominante y dirigente de la clase obrera y las clases subalternas, por medio de la actividad teórica y práctica de organización y difusión de una nueva concepción del mundo revolucionacia que cuestiona la dominación de la clase capitalista.

Gramsci es coherente con el planteamiento originario del Manifiesto del PC, sabe que el partido es la parte de la clase que percibe los intereses generales del proletariado, que vincula lo particular con lo general, que elabora desde la realidad objetiva y subjetiva de las masas, la táctica y la estrategia de la clase para alcanzar el fin a través de la acción consciente y organizada partiendo de la correlación de fuerzas frente a la clase dominante.

La denominada reforma moral-intelectual y la estrategia revolucionaria que Gramsci propone como medio de ejecutar la hegemonía de la clase obrera en la sociedad civil, se realiza bajo forma no espontánea sino a través de los intelectuales orgánicos que forman el partido (militantes y cuadros), como dirigentes y organizadores del partido para la clase en la que están presentes en la práctica social y política. El PC es el intelectual de nuevo tipo, no el especialista de temas, sino el dirigente organizador, especializado y político a la vez, donde la función de todos los miembros del partido es de dirección, formación y organización, donde los obreros que entran en el PC no lo hacen como tales (mecánicos, carpinteros, metalúrgicos, transportistas, etc.) sino como comunistas; donde el partido como organización y escuela forma a los dirigentes, los intelectuales revolucionarios de la clase obrera. Sólo de esta forma la actividad inconsciente de las masas puede transitar hacia una actividad consciente (filosofía de la praxis) por medio de la vanguardia organizada (partido comunista) que sea capaz de disputar en terminos marxistas-leninistas, la hegemonía intelectual y moral a la clase dominante.

Como no se puede esperar que el instinto de clase se eleve de forma mágica a la conciencia de clase, y que la masa explotada del conjunto de la clase no puede llegar por sí sola a una praxis autónoma y revolucionaria (pensar lo contrario es situarse en lo utópico e ilusorio), es necesario trabajar para organizar un gran ejército de militantes disciplinados y conscientes, organizar el partido comunista de vanguardia y de masas. Gramsci se posiciona contra el voluntarismo en la organización, contra la exaltación del culto a las minorías y concibe al partido de masas como el responsable de preparar y desarrollar la participación del colectivo de la clase obrera como bloque social organizado, donde el partido es la síntesis de un proceso dialéctico en el que converge el movimiento espontáneo de las masas y la voluntad organizada de dirección del partido, basada no en el aventurerismo de grupos reducidos, sino en la dirección consciente y la disciplina orgánica, que hegemonice la acción política de las clases explotadas.

Que el partido importe desde fuera la conciencia y la teoría revolucionaria, no quiere decir que esta se elabore en el cielo o en el sótano, pues como Gramsci señala, el partido es parte de la clase, su destacamento mas avanzado, no algo separado de ella, sino que mantiene una relación orgánica con las masas y observa y vive la dirección que tome la espontaneidad de las masas, sintetiza los datos de las masas, los asimila organizadamente para luego devolverlos a la clase como teoría y propuestas políticas, que nada tiene que ver con imposiciones abstractas de minorías blanquistas, es el partido de masas, el entrelazamiento dialéctico de la teoría a la práctica revolucionaria.

El principio de vanguardia de la clase obrera no es una relación mecánico-fatalista, ni una imposición por decreto, ni una herencia del Tribunal Supremo “marxista-leninista”. El partido no sólo debe proclamarse dirigente sino serlo en la praxis, “no es sino que llega a ser” (54),tanto antes como después de la toma del poder político. Como decía Marx en las tesis sobre Feuerbach, “el educador debe ser educado”. Así lo asume Gramsci en contraposición a los planteamientos de la sociología burguesa sobre los líderes:

“Debe observarse que la acción política tiende, precisamente a hacer salir a la multitud de la pasividad…Otro elemento que en el arte político lleva a la destrucción de los viejos esquemas naturalistas es la sustitución de los individuos aislados, de los jefes individuales (carismáticos como dice Michels) por organismos colectivos (los partidos políticos) en la función dirigente. Con la extensión de los partidos masa y su adhesión orgánica a la vida más íntima (económico-productiva) de la masa, el proceso de uniformización de los sentimientos populares, que era mecánico y casual…se hace consciente y crítico” (55).

Para Gramsci el partido de masas comparte:

“…un vínculo estrecho entre amplias masas, el partido, el grupo dirigente, y todo el complejo, bien articulado, pueda moverse como un hombre colectivo” (55).

El militante comunista se asocia en el partido consciente de sus limitaciones como individuo para la transformación social, y donde al obrero ¿qué opción le queda para intervenir en la historia, ser un hombre, individuo, ciudadano, o ser un intelectual orgánico colectivo, revolucionario y de clase?.

Para ello es necesario que el partido dirija a las masas obreras y populares a través de su actividad dentro de todas las organizaciones de masas, impulsando el desarrollo de las mismas excluyendo relaciones de subordinación (correa de transmisión) y de igualdad (las organizaciones de masas no sustituyen al partido). Gramsci lo plantea así:

“¿Deben por lo tanto los sindicatos estar subordinados al partido?. Plantear de este modo el problema sería errado. La cuestión debe ubicarse así: todo miembro del partido, ocupe la posición o cargo que ocupe, es siempre un miembro del partido y está subordinado a su dirección. No puede existir subordinación entre sindicato y partido: si el sindicato eligió espontáneamente como dirigente a un miembro del partido, significa que el sindicato acepta libremente, las directivas del partido y, por consiguientemente acepta libremente (incluso lo desea) el control sobre sus funcionarios” (56).

Gramsci establece una relación dialéctica entre iguales (organización de clase y partido de clase), a la misma vez que establece las orientaciones del partido hacia las organizaciones sociales a través de sus agentes, sus militantes, sus cuadros que están sometidos a la disciplina y al control del partido.

Por lo tanto la relación entre la más importante de las organizaciones de masas, el sindicato, y la vanguardia revolucionaria, el partido, es una relación de dirección a través de la actividad que los militantes y cuadros comunistas desarrollan dentro de los sindicatos:

“…el partido está unido a la clase obrera no sólo por vínculos ideológicos, sino también por lazos de carácter físico…al definir el partido hay que subrayar particularmente la parte de la definición que da importancia a la intimidad de las relaciones que existen entre el partido y la clase de la cual surge. Este problema de naturaleza teórica ha dado pie a la discusión sobre la organización por células, o sea, según la base de la producción…La extrema izquierda presenta objeciones, las principales de las cuales consisten en una sobreestimación del problema que estriba en superar la concurrencia entre las diversas categorías obreras…es un error hacer de él un problema fundamental que haya de determinar la forma que el partido dé a su organización…este problema ha encontrado ya en Italia una solución en el terreno sindical, y la experiencia ha demostrado que la organización por fábricas permite luchar con mayor eficacia contra todo residuo de corporativismo y espíritu de categoría.” (57).

Es la misma posición que Lenin defendiera frente al menchevismo, al situar que el partido debe trabajar para conquistar su influencia a los sindicatos, distinguiendo a los elementos del partido de los que no disponen de conciencia ni actividad política en él (58).

Para concluir, exponemos una breve síntesis de las posiciones de Gramsci sobre la relación entre el partido y las masas:

a)       Las masas se organizan socialmente de forma autónoma, y el partido mantiene con ellas una relación orgánica a través de la participación de sus miembros como intelectuales orgánicos del partido en las actividades de las masas.

b)       La organización obrera surge en los lugares de producción (sindicatos, consejos, comisiones internas, comités, etc.), por lo que para que el partido se enraizara en las masas este debe organizarse en células en las fábricas y lugares de trabajo, llevando la crítica al reformismo no con palabrería sino con actividad política y organización. El objetivo principal de las células es conquistar el papel de dirección política de las masas, y de preparación de las mismas para el proceso revolucionario y la construcción del socialismo, mermando todo fenómeno de aristocracia obrera, dirigiendo desde los sindicatos y los consejos de fábrica como órganos de clase y/o de poder donde la clase obrera orientada por el partido  “…pasa de ejecutor a ser iniciador, de masa a jefe y guía, de brazo, a celebro y voluntad…” (59) para la dirección consciente de la actividad política, económica y cultural de la sociedad socialista.

c)       La revolución la realizan las masas y no las minorías, santificadas como vanguardia en los altares pero no por su relación profunda con la clase revolucionaria. La vanguardia digna de tal nombre organiza y dirige el proceso revolucionario.

6.2.6 Relación dirigentes-dirigidos. Concepción leninista en Gramsci. 

      Gramsci parte de la realidad social de clases que fundamenta la división entre dirigentes y dirigidos, rechazando las teorías anarquistas y socialdemócratas que propugnan la desaparición inmediata de tal división. Algo utópico si tenemos en cuenta que en la realidad incluso de tales tendencias del movimiento obrero eso no es así, ya que no todos/as los militantes y cuadros del partido o sindicato están en condiciones para asumir las mismas tareas de dirección, y que no es una cuestión de voluntad sino de cambio objetivo de la estructura social que supere esa realidad histórica.

Gramsci, plantea la necesidad de transformar las bases materiales (división social del trabajo basada en relaciones de explotación) que determinan esta división dirigentes-dirigidos como históricamente pasajero, rechaza el planteamiento burgués que considera tal división como natural y eterna, que fundamenta la teoría de las élites por un lado y masas amorfas por otro tanto en su vertiente irracionalista-reaccionaria (Nietzsche, Bergson, Mosca, Pareto, Ortega y Gasset), como en su versión racionalista-liberal (Max y Alfred Weber).

Ambas corrientes burguesas establecían una tipología de élites con capacidad de conducción de los acontecimientos históricos. La historia de los cambios sociales es vista como el simple relevo de una vieja élite por otra nueva (Pareto), quedando así los fundamentos sociológicos de la sociedad capitalista a salvo. El problema de la dirección política es la selección de dirigentes competentes, en los que para los irracionalistas bastaba la reacción mas extrema y la demagogia social, mientras para los liberal-racionalistas como Weber, los líderes carismáticos se seleccionaban más fertilmente en la democracia parlamentaria. A ambos análisis, les unía el temor a la democratización de la acción política y social en las masas populares, y ocultaban que la selección de una capa de dirigentes va unida al marco de la lucha político-económica, y su selección sólo se explica partiendo de la lucha de clases y la relación entre la masa y sus dirigentes y en su contenido de clase, no en su antagonismo.

Gramsci era contrario a la aplicación de tales principios de la sociología burguesa en el movimiento obrero, principios que se valían de la burocracia obrera existente bajo las condiciones del imperialismo (revisionismo, reformismo). Tampoco compartía la posición soleriana del sindicalismo revolucionario, que tomaba de la sociología burguesa la irracionalidad del movimiento de masas, promulgando la espontaneidad con la mistificación de la huelga general por oposición a la organización de las masas, ni la teoría de las élites de Pareto asumida por el sindicalismo revolucionario, que consideraba que el derrumbe del sistema burgués llegará mediante la violencia de una élite revolucionaria, que arrastrará inevitablemente a las masas sacándolas de su apatía. Sorel metía en su cintura el iluminismo anarquista de la acción directa por oposición a la dirección política y revolucionaria.

Para Gramsci el PC, como partido político de nuevo tipo, debe tender a eliminar en su seno la escisión entre dirigentes y dirigidos, donde la división no es de clases al representar el partido a la clase obrera, sino de carácter técnica. Mientras que en los partidos interclasistas como los socialdemócratas o los anarquistas, la división entre dirigentes y dirigidos no es técnica (reparto de tareas y responsabilidades) sino política, de clase, ya que los dirigentes son la expresión de los grupos sociales que se encuentran por encima de las clases explotadas. Por ej., tanto en el partido socialdemócrata como en los grupos anarquistas, los dirigentes mayoritariamente no son obreros, sino pequeño-burgueses.

Gramsci se posiciona por un partido en el que la relación entre dirigentes-dirigidos sea recíprocamente activa, en el cual todo maestro sea alumno y viceversa, que frente a la burocratización se dote de la unidad política e ideológica basada en el centralismo democrático como principio marxista-leninista, contrario al burocratismo (escisión dirigentes-dirigidos) y al democratismo (negación de la unidad en la acción política).

      En notas sobre Maquiavelo, Gramsci divide al partido en tres estratos, la base militante que no dispone todavía de grandes dotes creadoras y organizativas (cantera de cuadros); los cuadros dirigentes que a nivel nacional que garantizan la cohesión y dirección centralizada del partido; y por último, los cuadros intermedios que garantizan la relación dialéctica entre la dirección central y la base del partido, que impide la cristalización de la división entre dirigentes y dirigidos y son el instrumento de conexión entre las masas, potenciando a la militancia para que realice su trabajo parcial dentro del trabajador colectivo que es el partido. Entre los tres grupos debe de haber una homogeneidad ideológica y organizativa, donde la participación en la actividad partidaria no es sólo de carácter organizativo sino ideológico que abarca la visión clasista y revolucionaria del mundo y el comportamiento social. Así lo entendía Gramsci:

“La lealtad de todos los elementos del partido hacia el Comité Central ha de convertirse no sólo en un hecho puramente organizativo, sino en un verdadero principio de ética revolucionaria…El partido ha de llegar a ser un bloque homogéneo, pues solo así conseguirá vencer a los enemigos de clase…A la homogeneidad social y a la solidez monolítica de la organización…se le ha de añadir la…homogeneidad ideológica y política.” (60).

Gramsci plantea que el partido de masas debe de elevar el número de cuadros, formar a los militantes, como única forma de convertir a los obreros comunistas en dirigentes de masas, tanto en el proceso revolucionario como en el Estado proletario tras la revolución. Plantea combatir la pasividad, fomentar la iniciativa militante, que los órganos de base del partido respondan ante cualquier situación concreta. Para que el partido permanezca en contacto con las masas es necesario que la militancia de base sean elementos políticos activos y dirigentes. Ello quiere decir, que la unidad orgánica e ideológica del partido, no supone el estancamiento intelectual de sus miembros, sino la más amplia discusión democrática, no sujeta a la coacción o al servilismo, ni al ordeno y mando, porque un partido de masas que no discute democráticamente no puede disponer de dirigentes sino existe la actividad teórica y política, fruto de la participación de todos, aún teniendo en cuenta la división de funciones y niveles de responsabilidad de la militancia.

Gramsci distingue el momento de la discusión democrática, del momento de la decisión orgánica, y en este terreno es intransigente contra las violaciones de la disciplina partidaria:

“…una decisión (orientación) parcialmente equivocada puede producir menos daño que una desobediencia incluso justificada con razones generales, porque a los perjuicios parciales de la orientación parcialmente equivocada, se añaden otros perjuicios de la desobediencia y de la duplicación de las orientaciones…” (61).

Gramsci subraya la exigencia de un partido de vanguardia como intelectual colectivo, basado en la organización unitaria, la voluntad homogénea, capaz de nuclear y dirigir a las grandes masas. Por eso se opone a la cristalización de fracciones en el partido y aboga por la colaboración orgánica de las tendencias a través de su implicación en las tareas de dirección del partido como principio de dirección colectiva como vitamina frente al caudillismo y la fracción. Las fracciones cristalizadas rompen la unidad partidaria, abren la brecha para el aprovechamiento de la influencia de otras clases y son de un esquema similar a luchas de carácter parlamentario-burguesa.

Es conocida la posición de Gramsci sobre el fraccionalismo en el PC bolchevique en su carta dirigida al C.C.(14-10-1926) en la cual destacaba los peligros que suponía la agudización de las diferencias entre la mayoría y la oposición en la dirección del partido con repercusiones negativas para la hegemonía del proletariado en una fase en la que todavía el proletariado como clase políticamente dominante no había conquistado la dominación económica de forma plena.

Gramsci coloca al burocratismo (centralismo burocrático) al mismo nivel que el fraccionalismo como execrencias de las clases adversas en el partido proletario:

“…el funcionamiento de un partido proporciona criterios discriminantes: cuando el partido es progresivo, funciona democráticamente…La burocracia es la fuerza consuetudinaria y conservadora más peligrosa; si acaba constituyendo un cuerpo solidario, que es autosuficiente y se siente independiente de la masa, el partido acaba por ser anacrónico, y en momentos de crisis aguda se encuentra vaciado de su contenido social y se queda en el aire” (62).

En Gramsci siempre domina la visión del partido como cuerpo orgánico, como superación de la oposición entre individuo y sociedad civil, entre ciudadano y clase, dominó la vida del partido bolchevique en los períodos revolucionarios de 1.905 y 1.917, sobre dos principios fundamentales que lo regulaban, el centralismo democrático y la militancia revolucionaria, necesario para explotar la pérdida de hegemonía del bloque de los explotadores, y evitar los riesgos de integración en el sistema político dominante.

Para Gramsci el partido comunista a diferencia de los intelectuales burgueses es un intelectual orgánico colectivo, constructor de la hegemonía del proletariado, a través de la formación de sus propios intelectuales, dirigentes de las organizaciones obreras, y futuros dirigentes del Estado proletario. Donde los militantes son portadores y creadores de la reforma intelectual y moral reclamada insistentemente por Gramsci en la labor política e ideológica con voluntad nacional, huyendo del cosmopolitismo burgués y del catolicismo italiano que tratan a las masas como arcaicas, provincianas e ignorantes. Por el contrario, el partido parte del internacionalismo proletario, del marxismo-leninismo, donde éste se convierte en el instrumento de la nación, en arma de la reforma intelectual y moral de las masas, en la base de la hegemonía del proletariado sobre las clases subalternas del bloque histórico revolucionario. Concepción dialéctica que unifica la vida cotidiana con las tareas revolucionarias y viceversa, en lo histórico-concreto, en lo nacional, capaz de elevar el nivel cultural de las masas sobre la base del marxismo-leninismo por encima del sentido común, confirmando al partido comunista como un partido de clase y nacional, donde la reforma moral la dirige el partido como intelectual orgánico de la clase obrera y del bloque histórico revolucionario (alianza interclasista con hegemonía proletaria).

En tal sentido el partido no puede cumplir su cometido de reforma moral si se corrompe teórica e ideológicamente, por eso Gramsci califica como “el más abyecto y vil oportunismo”  (63) una concepción del partido que permita que en sus filas se integren y agrupen los militantes como idealistas, materialistas, ateos, católicos, etc. Gramsci de esta manera atribuye al partido comunista el papel de dirección intelectual-moral de las masas libre de prejuicios y ataduras en la lucha por extender el marxismo-leninismo contra todas las concepciones burguesas y reaccionarias de la vida y la política.

6.2.7 Las Tesis de Lyon y La cuestión meridional

En el III congreso del PCI (1926) las tesis de la mayoría ordinovista encabezada por Gramsci (tesis de Lyon) obtuvieron el 90,8% de los votos, la extrema izquierda encabezada por Bordiga obtuvo el 9,2%. Las tesis de Lyon fueron redactadas por Gramsci y Togliatti, representan la ruptura con el infantilismo de izquierda de Bordiga, y la primera tentativa de dar al PCI un programa basado en el análisis de la realidad italiana, ligándola a los objetivos históricos revolucionarios de la clase obrera, y con una voluntad política de ligarse a las masas. Se rechaza el dogmatismo, el sectarismo y una visión intelectualista del marxismo al que no correspondía ninguna línea de masas y sin ninguna posibilidad práctica de que el partido pudiera ligarse a las masas. Las tesis de Lyon fueron interpretadas por Gramsci como la vinculación del leninismo en el conocimiento del estado de las relaciones de clase en Italia.

Para Gramsci el leninismo es el marxismo de la época del capitalismo monopolista, de las guerras imperialistas y de la revolución proletaria. En este escrito y en La cuestión meridional, los dos últimos antes de su encarcelamiento por el fascismo, vemos ya los conceptos de hegemonía, alianzas de clases, fuerzas motrices de la revolución, dictadura del proletariado, partido, centralismo democrático, el análisis de clase del fascismo, el carácter de clase del partido comunista tanto en su ideología como en su composición, y el marxismo-leninismo como ideología, estrategia y táctica del partido. Por lo que carece de validez todos los intentos de enfrentar a un Gramsci ordinovista con un Gramsci de los cuadernos, y pretender separar a Gramsci de Lenin, o enfrentar los conceptos de hegemonía con dictadura del proletariado. Gramsci en ningún momento abandona los principios de las Tesis de Lyon.

En este congreso del Lyon uno de los desacuerdos era sobre la táctica a seguir por el partido, mientras la mayoría estima que la táctica del partido debe determinarse por el objetivo de conquistar una influencia decisiva en la mayoría de la clase obrera, para poderla guiar realmente a la revolución, la extrema izquierda, por el contrario, sostiene que el partido no debe plantearse el problema de la conquista de la mayoría sino limitarse a la acción de propaganda sobre sus principios políticos generales.

Las tesis de Lyon analiza en concreto el peligro de las desviaciones de derecha (Graziadei) y de extrema izquierda (Bordiga) y la necesidad de su superación en el partido. Para lograrlo plantea la necesidad de que el partido efectúe un profundo estudio del marxismo y adquiera una conciencia teórica más firme y elevada. Esta elevación del nivel teórico e ideológico del partido debe proponerse llevar a todos sus miembros a tomar plenamente conciencia de los fines del movimiento comunista, y a tener una cierta capacidad de análisis marxista de las situaciones y de orientación política, por medio de la escuela del partido. Pero no sólo planteaba el combate ideológico hacia tales desviaciones sino también con las medidas organizativas y disciplinarias que fuesen necesarias.

La desviación de derecha en la lucha contra el fascismo conduce, según Gramsci, a una pasividad de la vanguardia revolucionaria en la lucha política inmediata, permitiendo que la burguesía utilice a la clase obrera como masa de maniobra electoral contra el fascismo, con la fórmula de que el PCI debe ser el ala izquierda de una oposición de todas las fuerzas que conspiran para derrocar al régimen fascista, lo que expresa pesimismo acerca de las capacidades revolucionarias de la clase obrera.

Gramsci define claramente que el leninismo sostiene que el partido guía a la clase a través de las organizaciones de masas y sostiene que una de las tareas esenciales del partido es el desarrollo de la organización de masas, por el contrario, la extrema izquierda se enfrenta al leninismo en esta cuestión. Para la extrema izquierda la función del partido no consiste en guiar a la clase obrera esforzándose en mantenerse ligado a ella por medio de las organizaciones de masas, sino en elaborar cuadros preparados para conducir a las masas cuando el desarrollo de la situación objetiva las acerquen al partido, y acepten el programa y los principios fijados por el partido.

Para Gramsci, ambas desviaciones de derecha e izquierda, expresan igualmente un escepticismo sobre la posibilidad de que la clase obrera organice por sí misma un partido de clase que sea capaz de conducir a las grandes masas estando ligado en todo momento a ellas.

Para Gramsci, la lucha ideológica contra el extremismo de izquierda debe librarse oponiéndole la concepción marxista-leninista del partido del proletariado como partido de masa y demostrando la necesidad de que éste adapte su táctica a las situaciones para no perder el contacto con las masas y ampliar su esfera de influencia.

En las Tesis de Lyon se recogen la base de la organización del partido, la cohesión de la organización frente al fraccionalismo, y la estrategia y la táctica. Para Gramsci todos los problemas de organización del partido son problemas políticos, su objetivo fundamental es hacer que la clase obrera adquiera una completa independencia política, una conciencia revolucionaria, que impida la infiltración e influencia disgregadora por parte de clases y elementos que aunque tengan intereses contrarios al capitalismo, no están dispuestos a librar una lucha hasta sus últimas consecuencias. Gramsci defiende la organización del partido sobre la base de la producción a partir de las células, se proclama partido de una sola clase, la clase obrera. De esta manera supera las concepciones pesimistas sobre las capacidades de la clase obrera, que sostienen tanto las desviaciones de derecha como de izquierda, y que para expresan el espíritu antiproletario del pequeño burgués intelectual.

Ello no quiere decir que se prescinda de los intelectuales, y que el partido sólo esté compuesto de obreros. El partido no cierra las puertas ni a los intelectuales, ni a los campesinos, para estrechar los vínculos políticos entre la clase obrera y el resto de clases y grupos aliados. Pero Gramsci rechaza la idea, catalogada de contrarrevolucionaria, de hacer del partido una síntesis de elementos hetereogéneos, en vez de sostener sin concesiones de que el partido es una parte de la clase obrera, y que ésta debe imprimirle el carácter de su propia organización y su función directiva. El partido debe ser un partido de clase no en abstracto (aceptación de las aspiraciones de la clase obrera) sino físicamente en cuanto a que la gran mayoría de sus componentes está formada por obreros.

Remitiéndose a las experiencia de los consejos, sólo una organización implantada en el sistema de producción permite establecer un contacto entre las diferentes categorías de obreros (calificados, no calificados, peones), crear vínculos de solidaridad que socaven el fenómeno de la aristocracia obrera. La organización por células supone formar un estrato amplio de dirigentes que son parte de la masa a diferencia de los dirigentes territoriales que necesariamente están separados de la masa obrera. El partido debe estar organizado de manera de poder funcionar en cualquier condición, de legalidad o ilegalidad, en contacto con las masas. Los cuadros y militantes del partido deben estar continuamente presentes entre las masas, en primera fila en todas sus luchas, defendiendo las posiciones que les corresponde como vanguardia. Esta posición la defendería Gramsci que siempre se preocupó por mantener el carácter obrero del PCI frente a las corrientes derechista y de extrema izquierda que pretendían transformar las células del partido en agrupaciones territoriales alejando la organización del partido de su base obrera. Ha sido falso atribuirle Gramsci una relación con el eurocomunismo, que precisamente liquidó la organización de las células del partido, reduciendo la labor del partido a la actividad institucional parlamentarista, para renunciar al ataque frontal al Estado capitalista. Para Gramsci estaba claro que el tipo de organización por células asegura el carácter de clase del partido comunista y lo salvaguarda mejor del oportunismo.

La organización del partido debe ser una organización centralizada, dirigida por el comité central, la disciplina debe reinar en sus filas. Ello exige la no existencia de fracciones organizadas. Gramsci marca así la diferencia con respecto a los partidos socialdemócratas en los que hay una variedad de grupos y la lucha de fracciones es la forma normal de elaboración de las directivas políticas y de selección de los grupos dirigentes. Para Gramsci los partidos comunistas y la Internacional Comunista, han establecido como norma de su vida interna no la lucha de fracciones, sino la colaboración orgánica de todas las tendencias a través de la participación en los órganos dirigentes. La existencia y lucha de fracciones son incompatibles con la esencia del partido de la clase obrera, cuya unidad se resiente de esta manera, permitiendo la influencia de otras clases. A ello Gramsci se refiere con esta pregunta: ¿cómo podría la masa de los sin partido tener confianza en que el instrumento de lucha revolucionaria, el partido, logre conducir sin vacilaciones la lucha implacable por conquistar y mantener el poder, si el comité central del partido no tiene la cpacidad y la energía necesarias para liminar todas las debilidades que pueden agrietar su naturaleza compacta?. Más categóricamente Gramsci puntualiza que el núcleo de la organización del partido consiste en un fuerte Comité Central, estrechamente ligado con la base obrera del partido, sobre el terreno de la ideología y la táctica del marxismo-leninismo (Informe de Gramsci sobre el III Congreso del PCI).

Sobre la táctica Gramsci insiste en que la capacidad de dirección de la clase obrera no está en relación con las autoproclamas de órgano revolucionario de la misma, sino a que real y efectivamente logre como parte de la clase obrera, ligarse con todos los sectores de la clase e imprimir a la masa un movimiento en la dirección favorecida por las condiciones objetivas. Sólo como consecuencia de su acción entre las masas el partido será reconocido como su partido propio de las masas, conquistando la mayoría, y sólo de esta manera podrá autoproclamarse que la clase obrera lo sigue. Gramsci combate la concepción de extrema izquierda según la cual el partido debería abstenerse de tomar parte en acciones parciales ya que los problemas de la clase obrera sólo pueden resolverse con el derrocamiento del capitalismo. Por el contrario, para Gramsci, la agitación de un programa de reivindicaciones inmediatas y el apoyo y participación en las luchas parciales es la única manera de ganara a las grandes masas y de movilizarlas contra el capitalismo por el objetivo final. El partido comunista debe ligar cada reivindicación inmediata a un objetivo revolucionario, se sirve de cada lucha parcial para inculcar en las masas la necesidad de la acción general, de la insurrección contra el dominio del capital.

Para Gramsci las reivindicaciones inmediatas y las luchas parciales no sólo son de carácter económico, sino que también tienen un carácter político, ya que las clases dominantes al profundizarse la crisis del capitalismo, son empujadas para mantener su poder a limitar y hasta suprimir la libertad de organización y las libertades políticas de la clase obrera, por lo que la reivindicación parcial de esas libertades ofrece un terreno para la agitación y movilización de las masas trabajadoras. Gramsci define así la necesidad de la lucha parcial de carácter político, en el momento que lo escribe, contra la legislación fascista que suprime las más elementales libertades de la clase obrera. Esta lucha parcial de reivindicaciones de carácter económico y político es necesaria, según Gramsci, para desencadenar una lucha de masas contra el fascismo, que inevitablemente deberá desembocar en la guerra civil, una vez se transformen los movimientos revolucionarios democráticos en movimientos revolucionarios obreros y socialistas.

También advierte Gramsci que las organizaciones de masas en las que trabaja el partido nunca pueden sustituir al partido comunista, que es la vanguardia del proletariado. Excluye de hecho toda relación tanto de subordinación como de igualdad entre las organizaciones de masas y el partido. La relación entre sindicatos y partido es una relación especial de dirección que se instaura a favor de la actividad que los comunistas despliegan dentro de los sindicatos.

Sobre la política de alianzas en La cuestión Meridional Gramsci hace referencia a enero de 1920 cuando ya escribía sobre la necesidad de conservar la solidaridad de las masas campesinas sobre la base de orientar la producción industrial al trabajo útil y fraterno entre la ciudad y el campo entre el norte y el mezzogiorno. En aquel momento los comunistas turineses tuvieron el mérito de colocar la cuestión meridional como uno de los problemas principales de la política nacional de la clase obrera revolucionaria. Se plantearon la cuestión de la hegemonía del proletariado, o lo que para Gramsci es lo mismo, la base social de la dictadura proletaria y del estado obrero. El proletariado puede convertirse en clase dominante y dirigente en la medida en que consigue crear un sistema de alianzas de clase que le permita movilizar contra el capitalismo y el estado burgués a la mayoría de la población trabajadora, ello traducido a la realidad italiana de aquellos años en las relaciones de clase, significaba pugnar por obtener el consenso de las masas campesinas.

Gramsci diría que para ser capaz de gobernar como clase, el proletariado debe despojarse de todo residuo corporativo, de todo prejuicio sindicalista. Es aquí donde el partido ejerce una función directiva y educadora tendiente a elevar el nivel de la clase obrera superando la inmediatez corporativa del sindicato. Pero no sólo hay que superar el corporativismo de las divisiones profesionales en la clase obrera, sino que para conquistar la confianza de los campesinos y semiproletarios de las ciudades, hay que superar los prejuicios y particularismos de clase. El metalúrgico, carpintero, albañil, etc., no sólo tienen que pensar como obreros, sino que tienen que dar un paso más y pensar como miembros de una clase que tiende a dirigir a los campesinos, semiproletarios e intelectuales, como miembros de una clase de debe y puede construir el socialismo únicamente si está ayudada por la gran mayoría de la población trabajadora. De lo contrario, la clase obrera no será clase dirigente, y la mayoría de la población trabajadora, quedará bajo la dirección de la burguesía dando la posibilidad al Estado capitalista de debilitar al movimiento obrero. Posteriormente en los cuadernos de la cárcel, y con un lenguaje cifrado para escapar a la censura, Gramsci describiría al partido como el “príncipe moderno”, el intelectual colectivo de la clase obrera, la idea de partido de vanguardia no es abandonada, refuerza además las tesis leninistas sobre el centralismo democrático y la función dirigente y educadora del partido, dejando claro que el proletariado ejerce su hegemonía, efectúa la “reforma intelectual y moral” a través de su intelectual colectivo orgánico, el partido comunista.

Gramsci en La cuestión meridional, destaca también la importancia del papel de los intelectuales en el proceso revolucionario, y en la alianza del proletariado con las masas campesinas, la importancia de que los intelectuales se adhieran no sólo individualmente sino como masa al partido, de que se adhieran a su programa y a su doctrina, de que se fundan con la clase obrera, se conviertan y sientan parte de ella. Gramsci señala las dificultades reales que la clase obrera bajo el capitalismo tiene para formarse un cuerpo propio de intelectuales, y que este cuerpo se desarrolla de forma lenta y fatigosa, y que únicamente después de la conquista del poder se crean las condiciones para formar una amplia masa de intelectuales como firmes defensores de la causa de la clase obrera y el socialismo.ç

Estas cuestiones tratadas en las tesis de Lyon y la cuestión meridional volverían a ser tratadas en los Cuadernos. Gramsci jamás se apartaría de estos principios marxistas-leninistas, desarrollados antes de ser encarcelado.

6.2.8 Continuidad entre Gramsci y Lenin

Bajo el manto de la estrategia eurocomunista comenzó por cuestionarse en los partidos comunistas tanto el carácter de clase de las democracias burguesas como de la necesidad histórica de la dictadura del proletariado. Se llegó al extremo de concebir al Estado capitalista como un campo neutral, cuyos aparatos eran traspasados por la lucha de clases y fracciones que rivalizaban por imponer sus proyectos, su hegemonía. La dictadura del proletariado apareció como contraria a las tradiciones de pluralismo democrático de los países europeos, pronto se olvidaban los fascismos en suelo europeo, en su lugar se proponía una concepción de hegemonía, rara, según la cual convivían amigablemente en pluralismo y democracia, la revolución y la contrarrevolución, entre las fuerzas interesadas en ponerle fin a la explotación capitalista, y las fuerzas empeñadas en perpetuarla. Como un cuento de los hermanos Grimm.

Y para hacer esto el eurocomunismo recurrió a Gramsci, no al auténtico evidentemente, sino a un Gramsci desnaturalizado y pervertido. La discusión de la conquista del Estado es sustituida por una reflexión acerca de la estrategia gramsciana de la guerra de posiciones, con la diferencia de que esta para el eurocomunismo es concebida como algo universal y eterno y sin ataque frontal al Estado capitalista, que aplaza de forma indefinida el advenimiento de la clase obrera al poder. La noción de bloque histórico es vaciada de su contenido original y se convierte en una fórmula mágica para justificar pactos sociales que garanticen el relajamiento popular en la lucha de clases (pactos de la Moncloa, compromiso histórico, etc.) ante los programas de austeridad que la crisis capitalista de los 70 exige para su solución. Es importante señalar que aunque Gramsci observara las diferencias del proceso revolucionario en Europa Occidental donde los aparatos estatales eran más resistentes y donde las clases intermedias más fuertes, nunca abandona la estrategia de conquista del poder por la clase obrera y de la dictadura del proletariado como fase histórica necesaria en la etapa de transición entre el capitalismo y el comunismo, ya Gramsci antes de los cuadernos de la cárcel identifica el concepto de hegemonía de clase con el de dictadura de clase. Sin embargo, el eurocomunismo abandona la dictadura del proletariado ¡¡¡invocando a Gramsci!!!.

¿Qué entiende Gramsci cuando habla de hegemonía sino en la dictadura del proletariado?. Ya hemos dicho que en 1926 en la cuestión meridional Gramsci dice que el proletariado puede convertirse en clase dominante y dirigente en la medida en que consigue crear un sistema de alianzas de clase que le permita movilizar contra el capitalismo y el estado burgués a la mayoría de la población trabajadora. La hegemonía aquí es la capacidad de dirección, de establecer alianzas, la capacidad de proporcionar una base social al Estado obrero, y en este sentido la dictadura del proletariado es la forma estatal universal que asume dicha hegemonía.

Las luchas de las clases dominadas se dan en el marco de una concepción del mundo dominante en el que han sido educadas. En este contexto las acciones de las masas son presa de rebeliones desesperadas, de pasividad, radicalismo y oportunismo. La acción coherente exige ser guiada por una concepción del mundo crítica y alternativa al capitalismo. Para lograrlo es necesario superar las concepciones de clase dominada y subalterna, unir la teoría y la práctica, la filosofía y la política. Se trata de elaborar una concepción nueva que parta del sentido común, no para quedar estancado ahí, sino para criticarlo, depurarlo y elevarlo a lo que Gramsci llama buen sentido, que es la visión crítica y alternativa del mundo capitalista. Lo que Gramsci plantea es que las masas superen el sentido común mediante el progreso intelectual y no sólo para unos pocos intelectuales. La hegemonía como superación de la contradicción entre la práctica y la teoría, no sólo es política, sino ideológica, y será el partido como intelectual colectivo orgánico el unificador que pugne por elevar la conciencia de clase de las masas, que pugne por dar coherencia la acción política y social.

Para despecho de los eurocomunistas la onceava tesis de Marx sobre Feuerbach (los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo) mantiene en Gramsci plena vigencia cuando plantea el problema de la hegemonía en el terreno histórico de la revolución proletaria y la conquista del poder. Es en este terreno donde la filosofía y la política se encuentran, la unidad de la teoría y la práctica se realiza en la medida en que la clase obrera dirigida por su partido se convierte en una fuerza social para sí y no en una fatalidad predestinada. Por eso para Gramsci de forma inequívoca es Lenin quien hace progresar la filosofía en la medida en que impulsa el avance de la teoría y la práctica política marxista por medio de la revolución, la creación del nuevo Estado y de la nueva sociedad. Esta conexión de filosofía y política hace que el momento culminante de la filosofía sea la acción política transformadora, ese es Lenin, el dirigente de la dictadura del proletariado, como teórico y como práctico.

Sobre la hegemonía Lenin dice que la conciencia de hegemonía es justamente lo que convierte la suma de los gremios en la clase y que la renuncia a la hegemonía no significaba otra cosa que la adhesión al reformismo y al alineamiento con las fuerzas sociales interesadas en la perpetuación del capitalismo. El obrero es revolucionario sólo cuando tiene conciencia de esta idea de la hegemonía (clase para sí), el obrero que tiene conciencia de esta tarea es un esclavo que se rebela contra la exclavitud, el obrero que no adquiere la idea de la hegemonía de su clase, es un esclavo que no comprende su condición, que lucha por mejorar su condición, pero no por el derrocamiento de la exclavitud. Precisamente la táctica del frente único para Lenin era la manifestación de que la creación del socialismo sólo sería posible bajo la dirección hegemónica de la clase obrera unida y aliada a todas las clases y capas explotadas, enlazando orgánicamente a las clases subalternas bajo la hegemonía de la clase obrera a partir de la tesis de Marx de que la tarea histórica del proletariado es abolirse a sí mismo como clase y toda la explotación de clases en general.

Sobre la hegemonía Gramsci dice que nace de la fábrica, surge en la producción y es ahí donde hay que buscar su raíz. Por tanto, está claro en Gramsci la base clasista del concepto de hegemonía, la existencia de un sujeto revolucionario productor de hegemonía, tanto en su naturaleza como en sus objetivos finales. Pero este reconocimiento de la base clasista de la hegemonía no tiene nada que ver ni con el corporativismo de los gremios ni con el economismo del reformismo, Gramsci aquí se remite a las tesis leninistas sobre la política de alianzas del proletariado. Éste puede lograr su hegemonía a condición de que sea capaz de articular los intereses hetereogéneos del conjunto de clases y categorías sociales oprimidas de la población, rebasando los límites de una concepción económico-corporativa, renunciando a sus intereses inmediatos a cambio de dar a la hegemonía obrera una amplia base de masas.

Para Gramsci, esta hegemonía va ligada a la destrucción del Estado burgués y su reemplazo por la dictadura del proletariado, como instrumento de la supresión de las clases explotadoras y de su expropiación, cuya misión es garantizar la expansión de la democracia, liberándola de las limitaciones de las relaciones de producción capitalistas, superando el formalismo de las democracias burguesas. El tipo de Estado proletario no es la falsa democracia burguesa, forma hipócrita de dominación de la oligarquía financiera, sino la democracia obrera que realizará la libertad de las masas trabajadoras.

Sobre los procesos revolucionarios, en 1926 Gramsci observa las diferencias entre el proceso revolucionario de Oriente y Occidente de que la clase dominante posee en los países de capitalismo avanzado reservas políticas y organizativas que no existían en Rusia, significa que aún las crisis económicas no tienen repercusiones inmediatas en el campo político, y que la política está en retardo respecto a la economía. El aparato estatal es mucho más resistente y logra organizar en los momentos de crisis, fuerzas fieles al régimen. En los estados periféricos como Italia, Polonia, España y Portugal, las fuerzas estatales son menos eficientes, pero existe un fenómeno a tener en cuenta. Entre la clase obrera y el capitalismo se extiende una amplia red de clases intermedias que intentan llevar una política propia, con ideologías que influyen sobre sectores de la clase obrera. Notemos que aquí Gramsci habla en términos de desarrollo desigual del capitalismo y de división entre países de capitalismo avanzado (Inglaterra; Alemania, EE.UU., Francia, etc.) y de países periféricos (Italia, España, etc.) en torno a la crisis económica que afecta de distinta forma, por lo que en los países periféricos se plantea el problema de la fase intermedia entre la preparación política y técnica de la revolución (Lenin hablaba de países capitalistas dependientes económicamente). Pero ya antes de Gramsci, Lenin argumentaba que si en Rusia comenzar la revolución fue tan sencillo como levantar una pluma, en los países europeos sería lo contrario, lo difícil sería el comienzo, pero luego, a diferencia de Rusia, el proceso se encontraría con menos obstáculos.

Para Gramsci la lucha de las masas populares por el poder del Estado en Occidente no puede ser, en lo esencial, más que una lucha frontal, de movimientos o de cerco, pero exterior al Estado-fortaleza. Esta lucha de movimiento debe ir precedida de una lucha de posiciones que lleve a la dualidad de poderes en la situación revolucionaria (Estado burguesía/contrapoder clases obrera y populares) cuya salida revolucionaria pasa por el hundimiento del Estado capitalista. Tomar el poder del Estado significa ocupar las piezas del Estado, controlar las cimas de los aparatos, estar en los puestos de mando de la maquinaria estatal, con vistas a sustitución por el nuevo poder estatal. La ciudadela estatal capitalista en el capitalismo occidental que no está aislada y tiene sus casamatas, tentáculos fuera de él para controlara a las masas populares, sólo puede ser conquistada si se toman las trincheras y casamatas de su cuerpo instrumental aprovechando la situación de doble poder que la desmantele en provecho del nuevo poder (Estado de nuevo tipo) arrasando el conjunto del aparato del Estado capitalista. Este término de rotura que fue empleado por Marx por primera vez define la superación de la democracia burguesa representativa y las libertades formales en provecho de la democracia directa real y las libertades reales.

Entre Gramsci y Lenin sólo existe una continuidad teórica, ambos se inscriben en el seno de una perspectiva que subraya la base clasista de la hegemonía, que la concibe prácticamente a través de una alianza de clases dirigida a la creación del socialismo, que exige la dirección del partido comunista, la revolución mediante el asalto frontal y la dictadura de la clase obrera.

6.2.9 La pobreza intelectual y el revisionismo del siglo XXI contra Gramsci

     El revisionismo eurocomunista sobre Gramsci siempre ha intentado hacernos ver en los Cuadernos la desfiguración de su concepción del partido como vanguardia de clase e intelectual colectivo, al principe moderno al que Gramsci identificaba con el partido comunista en el movimiento obrero.

Hoy en una versión más actualizada del anarquismo en el espíritu de la multitud, se le opone el “principe postmoderno” (64). Ante la nueva realidad Globalizadora se reivindica que ya no sirve el concepto gramsciano de intelectual colectivo y hay que construir un nuevo principe postmoderno, que más que un partido político es un movimiento (movimientismo) donde el objetivo siga siendo “cambiar el mundo pero sin tomar el poder” tal y como lo plantea Jonh Holloway en Latinoamérica.

Es la vieja cantinela de los inicios del movimiento obrero en el S.XIX, donde chocan los extremos, el reformismo y el anarquismo. Lo curioso es que se quiera pasar como una “novedad”. Se defiende que el movimiento de corrientes suplante al partido, se confunde partido de vanguardia con movimiento, se reniega de la unidad político-ideológica del proletariado por la santificación de lo diverso, donde convivan el desprecio por la actividad política que se tilda de “profesional”, “institucional”, promoviendo el apoliticismo, permitiendo de esta manera que el reformismo político capitalice los movimientos alter, ya que en el fondo anarquismo y reformismo coinciden en el mismo objetivo: no conquistar el poder. Al final el mundo solo cambia pero de lugar, del capitalismo fordista al capitalismo neoliberal. Pero ¿se dan cuenta? ¡seguimos en el capitalismo!.

Curiosamente se pone por delante el ejemplo del PT brasileño como partido surgido del movimiento obrero, como ejemplo del nuevo movimiento, del nuevo príncipe, eso sí poniendo en entredicho su práctica política (según qué corrientes opinen). Pero se ignora nuestra propia historia obrera, donde el laborismo inglés que desembocó en reformismo político surgió del movimiento sindical a secas, las Tradeunions. ¿Acaso eran el nuevo príncipe postmoderno bajo la batuta del imperialismo británico?. De la misma manera que se ignora que en la actualidad, en Venezuela el proceso revolucionario hacia el socialismo está planteando la constitución de un Estado mayor, unificando todos los partidos en el gobierno, para crear el PSUV, y ello al margen del debate que ha surgido en torno a quien es la fuerza social dirigente del proceso revolucionario, donde los comunistas venezolanos, el PCV, consideran a la clase obrera como el motor motriz de la revolución y la conquista del poder con la transformación del carácter del Estado, como imprescindible. No es de estrañar que en el referéndum sobre el cambio constitucional que plantea aspectos políticos, económicos e ideológicos que refuerzan el proceso hacia el socialismo en Venezuela (poder popular, propiedad social, revocación de funcionarios, construcción de una economía socialista, derecho de expropiación, etc.), se haya dado la primera división de la dirección revolucionaria por aquellos elementos reformistas e izquierdistas que anteponen el movimiento a la finalidad revolucionaria, mientras los comunistas venezolanos como partido han sido los más fervientes defensores del cambio constitucional.

Pero mientras eso sucede en el mundo, los teóricos del principe postmoderno hablan del Estado a secas ignorando su naturaleza de clase, hablan de la inutilidad de que un partido marxista-leninista pueda representar a la clase subalterna fragmentada, hablan de que el papel revolucionario ante tal marasmo sociológico lo tiene la multitud y que es absurdo ante tal situación defender la idea de que los afiliados al partido de las clases subalternas (multitudes) deban de compartir una determinada concepción del mundo e ideología en el sentido gramsciano.

Si algo han conseguido los Holloway de hoy en su rebelión contra Gramsci, Lenin y Marx, no es en proponer nada nuevo, sino en retroceder a más de 150 años en la etapa premarxista del movimiento obrero, donde se carecía de partido propio e ideología de clase. Y esto sucede en un momento histórico donde no hace mucho el neoliberal Fukuyama lanzó la consigna de la muerte de las ideologías y la lucha de clases, impregnando de apoliticismo al movimiento obrero y seguidismo de la política burguesa. Se habla del príncipe postmoderno como una organización de personas-multitudes carentes del contenido y de la disciplina de clase necesaria para su combate contra el capital, aquí son los hombres-personas-multidudes y no las masas-clase quienes empujan la historia.

Se habla del predominio de un principe apolitico y sin ideología definida, y ello se dice en el marco de un sistema donde el capitalismo cierra filas en su ideología y su política. Dicho esto, ¿vale la pena enterrar a Gramsci en nombre del nuevo principe postmoderno? ¿No es mejor llamar a las cosas por su nombre: principe destronado?. Eso es lo que mejor define la línea que renuncia a la conquista del poder, que reniega de la clase obrera, de la ideología revolucionaria y abjura del intelectual colectivo revolucionario tan necesario en nuestros días, para organizar la revolución y arrebatar el poder político a los explotadores.

A la altura de nuestro tiempo y con perspectiva, podemos ver con más claridad, asumiendo nuestros errores, la necesidad y el papel del partido-vanguardia-de-masas. Pero no hay que ser tan primos, ni marchar tan ligero en un terreno pantanoso, ya que tambien hay que ver los errores globales del denominado campo de la izquierda, no sólo comunista, para delimitar nuestra posición netamente revolucionaria, huyendo de las posiciones reformistas o anarquistas que ya Marx en su tiempo demostró ¡con creces! que no eran científicas ni valederas para el porvenir del movimiento obrero.

Hubo en la izquierda, anarquistas, socialdemócratas, eurocomunistas, trotskistas, etc., que en su momento y de forma errónea vieron e incluso saludaron el colapso soviético con el variado argumento de que la URSS era una losa que impedia el avance revolucionario mundial (socialimperialismo soviético), que era una revolución antiburocrática (trotskistas) o aquella ridícula posición de la izquierda en Europa occidental que consideraba que la URSS espantaba la clientela electoral no obrera.

En realidad, hoy sabemos con mayor exactitud igual que los cosmonautas soviéticos que bajaron del espacio (salieron de la URSS y volvieron a la Rusia capitalista) que el colapso o derrumbe fue una contrarrevolución en toda regla, a la que se le debe poner fin sino queremos volver a repetir la misma historia, aunque ya el crecimiento imparable de los comunistas en tales paises vayan colocando las cosas en su sitio sobre la necesidad de la existencia de los PCs.

Durante estos 19 años, el retroceso histórico mundial de las fuerzas comunistas y de progreso frente al imperialismo es conocido, el triunfo de la derecha y el neoliberalismo en la década de los 90 también es conocido, en este último año por ej. la derecha ha ganado elecciones en 9 países europeos, algunos con mayoría absoluta (Francia, Alemania, Polonia, Austria, Suecia, Finlandia, Holanda, Grecia e Italia). El fracaso de la tercera vía de carácter neoliberal, anti-obrero y anti-comunista también es conocido. Los comunistas de España, Italia y Francia, sufren una crisis existencial abierta y aún no cerrada desde que el revisionismo eurocomunista de finales de los 70 desdibujó el carácter de clase y marxista-leninista del partido. Mientras por el contrario, los partidos comunistas del este de Europa, a pesar del anticomunismo e ilegalizaciones, se convierten en fuerzas políticas con fuerte respaldo electoral y de masas (Rusia, Bielorrusia, Moldavia, República Checa, Chipre, Grecia…). Son precisamente estos partidos que no han abandonado su procedencia marxista-leninista, los que mejor se han adaptado a la lucha contra el neoliberalismo y el capitalismo.

Negar como se ha negado el papel del partido y su lugar en la izquierda y el movimiento obrero, ha desembocado a la altura de nuestro tiempo en un giro aún más radical hacia la derecha que la liquidación del PCI y del PSUC y su conversión en DS e Iniciativa, respectivamente.

El Partido Demócrata en versión europea, cierne sobre las cabezas de socialdemócratas y exeurocomunistas, tipo Maragall, tipo Weltroni. En Italia, previo al batacazo electoral ante Berlusconi, ya se ha constituido el Partido Demócrata (Arco Iris), fusión de la DS y la Margarita democristiana, suma de la izquierda plural donde cabe todo y la derecha de centro sin fascistas, siguiendo los pasos del “compromiso histórico” eurocomunista de Berlinguer. Esta involución no actualiza el pensamiento revolucionario, el partido de masas multitudinario se convierte en un partido del capitalismo, la OTAN y las guerras imperialistas. Les ha calado la idea de la desaparición de la clase obrera, precisamente cuando esta crece mundialmente y cada vez más sectores profesionales se proletarizan. Se han plegado ante la ofensiva neoliberal que alimenta la precariedad laboral, la limitación de los salarios, los cierres de empresa, y el recorte de las conquistas del Estado de bienestar. Han ideologizado el posibilismo como herramienta de la acción política. Y como alternativa a tal embestida algunos plantean desde el despiste a coro con Weltroni la liquidación del Partido Comunista.

Debiéramos preguntarnos el porqué nunca se ha querido desde la “izquierda” tanto la muerte de la derecha y del capitalismo como de los PCs. ¿Acaso es simple vanidad, superioridad superficial? ¿O simplemente renuncia a la clase obrera y la revolución socialista?. 19 años después de la caída de la URSS bajo aplausos ensordecedores desde la neoizquierda a coro con el imperialismo, la explotación continúa en la tierra, la paz se encuentra en permanente jaque, y el partido comunista sigue proscrito en nuestras conciencias y en algunos países reaccionarios. Es hora ya de pasar pagina y decirlo sin vergüenzas ajenas: ¡¡¡yo soy comunista, yo soy del partido, en el movimiento obrero, en los movimientos sociales y en las instituciones!!!, seguir el ejemplo griego: partido de nuevo tipo, intelectual colectivo, ¡¡¡eso si que es un principe moderno, a la medida de Gramsci!!!.

6.3 ¿Es impracticable hoy día la concepción leninista del partido de masas?

      Hoy en la lucha por el socialismo, la experiencia y la teoría del movimiento obrero nos enseña que no son las fracciones parlamentarias e institucionales (cretinismo parlamentario) quienes responden a la necesidad de desarrollar estrategias y tácticas revolucionarias para vencer al capitalismo centralizado en su fase imperialista, de la misma manera que tampoco a través de fracciones o redes dispersas se puede vencer el poder de las Transnacionales y el Estado capitalista. Ni las fracciones parlamentarias, ni las coordinadoras de movimientos o redes, pueden reemplazar a los partidos políticos de la clase obrera en su papel de dirección del proceso revolucionario.

      El partido de nuevo tipo, que preconizó Lenin se basa en los fundamentos siguientes: partido de clase, de vanguardia, de masas, de lucha, unitario y disciplinado. Estos elementos imprescindibles son efecto de la praxis histórica y teórica de más de 150 años de actividad política del proletariado como clase.

Ello no quiere decir que no se corran riesgos (burocratización, divorcio entre dirigentes y dirigidos, entre vanguardia y masas, fraccionalismo, partido reducido con incidencia mínima, etc.). Pero ello hace aún mas necesario el cumplimiento de los principios marxistas-leninistas en la praxis, si el partido es capaz de mantener su relación dialéctica con las masas, su actividad revolucionaria combinando el trabajo legal y extralegal, formando un ejército de cuadros y dirigentes de masas, estar y aprender con las masas, podrá constituir el fermento transformador en la clase obrera y dirigir a sus aliados en una perspectiva revolucionaria.

Ya hemos visto que Marx y Engels sacaron la conclusión científica al calor de las luchas revolucionarias del proletariado europeo, fundamentalmente a través de las revoluciones de 1.848 (Alemania y Francia), y 1.871 en Francia, de la necesidad de una vanguardia política que dirija las luchas de la clase obrera, que apartara a las masas de las ideas utópicas pre-socialistas y del reformismo. Advertían que el proletariado no podía ser independiente como clase sino organizaba políticamente su partido, liberándose de la influencia de la burguesía y las fluctuaciones de la pequeña burguesía “corruptora”. Estas fueron las conclusiones de los propios obreros ante las insurrecciones en París en junio de 1.848, y en Alemania durante el proceso revolucionario de 1.848 a 1.849 donde Marx y Engels junto con la Liga de los Comunistas participaron directamente, y elaboraron el Manifiesto del PC.

En ese mismo sentido, la constitución de un partido por si mismo como grupo humano no era suficiente, necesitaba de una teoría científica, y de una estrategia revolucionaria, necesitaba establecer en sus objetivos el derrocamiento político del capitalismo como medio para emprender la construcción del socialismo y el comunismo, necesitaba combinar la lucha legal con la extralegal, para emprender la acción política independiente y de clase con sus tácticas y alianzas de clase, renegando del reformismo que tiende al compromiso con el sistema, a la conciliación de las clases, y del izquierdismo que niega toda política de alianzas y divorcia a la clase obrera de la política.

Los planteamientos contrarios a la existencia del PC fueron catalogados por Lenin como liquidacionismo del partido, el intento de una parte de la intelectualidad pequeño burguesa corruptora de renegar de la organización existente, sustituyéndola por una organización política supeditada a la legalidad, inmersa exclusivamente hacia las labores institucionales y parlamentarias, a costa de la renuncia al programa, la táctica del partido, la renuncia al apoyo del movimiento obrero, la renuncia a combinar la actividad legal y la ilegal libre de la censura y la renuncia a aprovechar la situación revolucionaria.

La base del liquidacionismo fue y es la negación de toda organización del partido ajena a la legalidad (células) y de la propia existencia del partido en su función de vanguardia de clase, labor llevada a cabo por el oportunismo de quienes no reconociendo su existencia aun así militan en el partido.

El objetivo del liquidacionismo es la destrucción de la independencia política de la clase obrera, su corrupción por las ideas burguesas (65). Por ello Lenin se desmarcaba de la posición centrista y conciliadora que en el seno de la IIª Internacional en pleno apoyo a la carnicería imperialista, abogaba por la unidad orgánica con los liquidadores del partido, la unidad con quienes se colocaban en dirección contraria a la táctica del proletariado ante las situaciones revolucionarias. Tal unidad para Lenin era imposible entre los marxistas revolucionarios y los reformistas liquidadores (66).

Esta referencia histórica define bastante bien al liquidacionismo como la práctica habitual de quienes han renegado del marxismo-leninismo y de la clase obrera como sujeto revolucionario, son precisamente los que defienden una práctica ajena al programa político y renuncian a la sujeción de la disciplina partidaria en los parlamentos y municipios, separándose del Partido cuando este intenta dirigir la actividad de sus cuadros en las instituciones, acabando por convertirlo o bien en una correa de transmisión de los cargos públicos, o bien éstos se aplican la opción del transfugismo. Precisamente los oportunistas se aferran a esa legalidad ocultando el carácter de los conflictos de clase y la realidad de la lucha de clases, anteponiendo sus intereses de carrera a los de la organización política de la clase obrera. Y eso sucede cuando los diputados y representantes de la izquierda dejan de ser los portavoces de las necesidades populares, pierden su vinculación con el movimiento obrero y social y llevan la voz de las instituciones parlamentarias o administrativas a las masas en vez de llevar esa voz clasista y popular a las instituciones burguesas.

Pero el carácter de un Partido Comunista viene definido no sólo por la proclamación estratégica de su línea revolucionaria, por una sociedad socialista, y la separación orgánica de los sectores reformistas, anarquistas e izquierdistas existentes en el movimiento obrero, sino también en su expresión en las formas y medios organizativos de su funcionamiento que lo distinguen del clásico Partido Socialdemócrata implantado a finales del S.XIX en Alemania y otras experiencias posteriores en el siglo XX que optan por la vía parlamentaria, electoral e institucional como única vía organizativa y posible.

Bebel y Kaustky por ejemplo, renunciaban a finales de la primera década del siglo pasado a la dictadura del proletariado. La socialdemocracia de principios del S.XX estaba tan preocupada solamente de la actividad parlamentaria y sindical, actividad por lo demás totalmente legal, para crecer en votos y en concesiones socioeconómicas, que relegaban el reto socialista a un futuro cada vez más postergable. El incremento electoral de la socialdemocracia alemana (35% de los votos en 1.912 con 5 millones de electores), no sirvió para impulsar la organización del proceso revolucionario, sino que la posición reformista que dirigía la actividad del partido limitó los métodos de acción política a la labor institucional, terminando por abrazar la causa del reformismo. Este es el tipo de partido que acabaría predominando hasta nuestros días en las organizaciones de la IIª Internacional, llegando tras la IIª Guerra Mundial a formar gobierno en casi todos los países de Europa Occidental sin inmutar ni espantar a las relaciones de producción capitalistas. Este tipo de partido es totalmente opuesto al partido revolucionario que la clase obrera necesita para dirigir el proceso de revolución socialista.

Veamos el contenido de los dos tipos de organización política más importantes implantados en la historia del movimiento obrero:

PARTIDO SOCIALDEMÓCRATA-PARTIDO GRUPUSCULAR DE ÉLITE. LA RELACIÓN METAFÍSICA CON EL MOVIMIENTO 

  1. Organizacion territorial de carácter institucional y electoralista. Correa de transmisión hacia los sindicatos reformistas.
  2. Programa electoral dentro de los márgenes de la reforma legal de la forma de gobierno capitalista.
  3. Métodos de funcionamiento legales continuos tanto en períodos pacíficos como bajo represión.
  4. Partido estructurado piramidalmente en torno a un núcleo duro de cuadros burocratizados (dirección central o grupos dispersos) que garantizan las decisiones globales y cotidianas de la actividad partidaria, sin discusión democrática de arriba a abajo ni mucho menos a la inversa, estableciendo una división social de tareas entre los que dirigen y los dirigidos, con una militancia anónima, pasiva y sin formación política y teórica, la cual está mas sujeta en el partido a prácticas clientelares que a la ideología de clase.
  5. Carácter mayoritario de la pequeña burguesía en la dirección del partido. División social de tareas y responsabilidades.

PARTIDO COMUNISTA-PARTIDO DE MASAS LA RELACIÓN DIALÉCTICA CON EL MOVIMIENTO OBRERO

  1. Organización entre las masas, en células por fábricas, lugares de trabajo, sectores, frentes de masas y territorio. Tres elementos fundamentales de la organización: funcionamiento regular, dirección política y plan de transformación de la realidad.
  2. Estrategia revolucionaria que somete las reformas a la revolución.
  3. Métodos de funcionamiento discontinuos, combinando el trabajo legal con el extralegal, el trabajo institucional con el de organización de las masas.
  4. Partido estructurado democráticamente para el debate vertical y horizontalmente, unitario en la acción, dotado de una militancia en continua preparación y formación de la teoría y la práctica entre las masas. Tres condiciones mínimas para militar: estar de acuerdo con el programa y luchar por su aplicación, militar en un organismo y cotizar regularmente.
  5. División técnica y política de las responsabilidades, carácter mayoritariamente proletario de la dirección del partido.

El aburguesamiento de la clase obrera cobra una forma organizada en la socialdemocracia y en las direcciones sindicales dominadas por ellos. Se tiende a mantener al movimiento obrero en la espontaneidad y lo inmediato, impidiendo su transformación al todo, que permita la unificación de lo político y lo económico. En este proceso los sindicatos tienen la función de atomizar y despolitizar el movimiento y el partido cumple la tarea de fijar ideológicamente la aceptación de las relaciones de producción capitalistas, apartando a la clase obrera de la posición revolucionaria y de clase. Este es el partido de élites, de cuadros sin militancia revolucionaria, el partido con militancia pasiva y masas no politizadas.

Escindido del partido, el Movimiento Obrero degenera y se aburguesa, y viceversa, escindido el partido de las luchas obreras, el socialismo se tambalea y también se aburguesa. La clase obrera reducida a la espontaneidad, con una concepción del mundo dominada por el sentido común y sometida a la hegemonía de la ideología burguesa, nunca transitará hacia el marxismo-leninismo, sólo la praxis política y la asimilación de la teoría revolucionaria permite tal posibilidad de realización de la tendencia.

El Partido Comunista juega así el papel de vinculación dialéctica entre teoría y praxis, constituye un puente entre la conciencia balbuceante de la totalidad del proletariado y el papel que teóricamente le corresponde como fuerza social revolucionaria. El partido juega el papel de desvelar las contradicciones de clase de la época y utilizar su capacidad de aplicar los conocimientos adquiridos por la teoría revolucionaria en la situación concreta. Constituye el portador y la herramienta necesaria entre el concepto de clase obrera y su realización práctica, la cual espontáneamente está sometida ideológicamente en la sociedad capitalista.

El PC debe estrechar la relación entre el objetivo final y las tareas inmediatas, por eso la tarea del partido consiste en ayudar a los obreros en las luchas que emprendan a desarrollar y ampliar su conciencia de clase. La función del partido es preparar y organizar la revolución, es productor y producto del movimiento obrero. Los obreros adquieren conciencia de sus intereses en la lucha, mientras el partido es dirigente de la clase obrera sólo si es capaz de llevar siempre un paso por delante de las masas que luchan, indicándoles así el camino” (67).

El marxismo-leninismo debe prevenirse de las dos desviaciones principales en la historia del movimiento obrero, el economismo u oportunismo de derechas que convierte al partido en defensor de los soportes de la sociedad de clases y el voluntarismo o infantilismo de izquierdas  que lo convierte en una secta divorciada de las masas.

El economismo reduce la lucha de clases a la lucha económica (sindical), donde predomina el análisis que supravalora las estructuras económicas de la sociedad, el evolucionismo socio-económico y la espontaneidad de las masas, con lo que la actividad de las masas es reducida a una simple evolución pasiva de las estructuras socioeconómicas, carentes de intervención política, donde las condiciones revolucionarias son eternamente inmaduras, lo que se traduce en un servilismo hacia los intereses espontáneos y corporativos de las masas sin estrategia revolucionaria. Por otra parte, el voluntarismo destaca en lo ideológico por su acentuado subjetivismo confunde su deseo con la realidad objetiva, razonan como doctrinarios de la revolución, en lo organizativo caen en el individualismo y el caudillismo con la tendencia a utilizar los intereses de las masas con fines personales, y en lo estratégico caen en la impaciencia revolucionaria, con su incapacidad de distinguir las etapas de los procesos revolucionarios, confundiendo el objetivo final con los pasos necesarios para alcanzarlo, incapacidad de considerar las relaciones de fuerza y las posibilidades que la lucha de clases determinan, madurez permantente de las condiciones revolucionarias, lo que se traduce en un desapego de las masas.

Ni el economismo, para el cual la historia está determinada de antemano, ni el voluntarismo, para el que la historia es producto de la voluntad revolucionaria de individuos desligados de las masas (caudillismo), realizan un análisis de las condiciones concretas para el proceso revolucionario, de la lucha de clases, de las fuerzas sociales, de la coyuntura política, etc. Sus variantes políticas, el reformismo y el izquierdismo (anarquismo, izquierdismo y socialdemocracia) coinciden en la pasividad de las masas. El reformismo confía en el desarrollo material de las cosas (determinismo) y en la pasividad de las masas, mientras el voluntarismo izquierdista parte de la acción de los pequeños grupos revolucionarios, a lo que ambos niegan la preparación de la organización de un partido capaz de dirigir y movilizar a las masas.

De estas dos visiones deformadas de la práctica de la lucha obrera hay que tener en cuenta también que no toda política de masas es una política revolucionaria, porque si el partido se limita a coordinar las luchas espontáneas (económicas y meramente reivindicativas) que surgen de la clase obrera, sin ser capaz de conectarla con la lucha por los intereses estratégicos revolucionarios a largo plazo, cae en el reformismo político y viceversa si el partido no parte de la lucha cotidiana de las masas para elevarlas al nivel de la lucha política, cae en el voluntarismo izquierdista. La cuestión de tener una línea de masas para ganar a la clase obrera y sus aliados pasa a ser una cuestión de vida o muerte para los partidos comunistas, el trabajo constante en las empresas, sindicatos, barrios, juventud, campesinos, mujer, movimientos por la paz, ecologista, liberación nacional, etc.

El papel del Partido en su contenido marxista-leninista y gramsciano, es considerado como Partido de nuevo tipo, vanguardia de la clase obrera, intelectual colectivo, de masas, donde sus militantes son portadores de una nueva hegemonía colectiva revolucionaria, opuesto a toda limitación blanquista e iluminista en la organización y a la espontaneidad contraria a la organización política de las masas, lo que significa tener en cuenta cinco factores:

  1. La necesidad de dotarse de una estrategia revolucionaria y de una táctica (alianzas políticas y de clase), tomando como punto de partida la caracterización de la época, las contradicciones de la sociedad partiendo de la lucha de clases. Para ello es necesario que la propia estructura del partido promueva el adherirse a la realidad, superando la organización puramente territorial introduciendo formas de dirección política a nivel sectorial y de movimientos. Por este camino se hace una contribución decisiva al compromiso constante y activo de todos los militantes, y se construye la alternativa al sistema capitalista, la síntesis crítica de las contradicciones articuladas en frentes de masas y en una alianza o formación político social donde el PC sea hegemónico.
  2. La necesidad de conjugar la democracia interna con el centralismo, para evitar caer en el fraccionalismo ideológico permanente, en el ultrademocratismo de discusiones que nunca acaban, entorpeciendo el momento de la acción política. Eso significa dar cabida a dos momentos, el democrático donde se decide la línea político-ideológica a seguir (Congresos) dando la máxima libertad de opinión, y el momento centralista que garantiza la dirección unitaria del Partido que con la disciplina compromete a todo militante a la realización de la línea general definida y a la ejecución de los objetivos específicos que se acordó democráticamente alcanzar, integrando a las minorías en los compromisos de dirección colectiva evitando la cristalización permanente de corrientes para todos los temas. En situación de reacción extrema y clandestinidad, el centralismo pasa a ser el elemento coyuntural dominante pero no normativo. Toda contraposición entre los dos momentos es errónea, el centralismo sin democracia desemboca en la asfixia de la discusión, la crítica y autocrítica, el culto a la personalidad, en el caudillismo, en el carrerismo burgués y la manipulación de las bases. Por el contrario, la democracia sin centralismo desemboca en la fracción organizada, igualmente en el caudillismo, carrerismo y la ruptura de la unidad de acción en la aplicación de la linea político-ideológica. Ya decía Gramsci con razón que un error en la orientación es menos nocivo que un acto de indisciplina ya que se mina la unidad del partido.
  3. La necesidad de construcción-creación de cuadros políticos, de la formación de los militantes. Necesario por dos cosas, para impedir el divorcio entre la dirección y la base en la elaboración teórico-práctica de la línea del partido y para permitir su aplicación cotidiana. Ya que para facilitar la tarea del partido como intelectual colectivo que brege por la hegemonía del proletariado y dirigir la revolución intelectual y moral, es necesaria la incorporación de la militancia en las tareas de organización en los frentes de masas, y de la actividad política partidaria, con las herramientas de la formación política y teórica. Ambas tareas (formativa y activa) incrementan la capacidad y la experiencia política, ideológica y organizativa del partido a través de sus militantes, cuadros y la dirección, supera la inestabilidad organizativa, reduce la gradación de conocimientos y experiencias entre la base y los dirigentes y supera la dirección política cristalizada, ajena a la dialéctica de la lucha de clases. El partido comunista es una organización superior a cualquier partido burgués, izquierdista y reformista, donde la militancia comunista supone una implicación práctica y teórica en la actividad política revolucionaria, no una mera aceptación del programa. Es una organización ajena a toda jerarquía aislada de las masas donde la militancia no tenga el simple título de espectadores, sino su intervención y compromiso en las labores del partido con responsabilidades concretas de trabajo (sindical, vecinal, institucional, estudiantil, etc.) desarrollándose como intelectual colectivo (68).
  4. La necesidad de no universalizar ninguna de las formas de lucha (legal o extralegal), combinarlas, movilizando, organizando y dirigiendo las luchas de la clase obrera y sus aliados, con la capacidad para adaptarse a cualquier situación de cambio en las formas de lucha que la situación requiera. Combatir con igual rigor a las posiciones que pretendan abandonar las formas de ilegalidad, y las que entregándose sin reservas a la misma, rechacen cualquier posible forma de legalidad. Los métodos de lucha del partido no se dividen en parlamentarismo pleno o anti-parlamentarismo como principio, ya que tanto la táctica de la legalidad a cualquier precio como el romanticismo místico de la ilegalidad a ultranza padecen de la misma falta de independencia táctica en las formas de lucha respecto al Estado burgués, en el fondo la exclusividad de ambas formas de lucha inhabilitan por igual al proletariado para la labor política y para la revolución.
  5. La necesidad de no divorciarse de las masas y no caer en el sectarismo, el caudillismo y la estrechez doctrinaria. El atraer a la clase obrera bajo la dirección del PC no se consigue espontáneamente. El papel dirigente del PC en las luchas de la clase obrera hay que conquistarlo. Para eso es insuficiente con reclamar acerca del papel dirigente de los comunistas, hay que merecer y conquistar la confianza de las masas obreras y la hegemonía por medio de la labor cotidiana en todos los frentes de masas y defender una política justa, conociendo sus reivindicaciones inmediatas y no caer en el error de suplantar los métodos de dirección de las masas por los del partido. Es necesario renegar del sectarismo que nos aleja de la vida real de las masas, que nos aisla, que cree saberlo todo y no cree necesario aprender nada de las masas sobre las enseñanzas del movimiento obrero. Para dirigir de forma justa, el partido debe completar la experiencia e iniciativa de sus cuadros y militantes con la experiencia e iniciativa de las masas. La ruptura del vínculo con las masas, convierte al partido en una herramienta anacrónica, lo burocratiza. Un elemento importante del vínculo con las masas es aprender a hablar en su propio lenguaje, llevando la agitación del comunismo a las masas de forma comprensible. Por tanto, toda línea política de masas del partido debe contemplar: confiar en la capacidad creadora de las masas en los momentos críticos de lucha, respetar y ligar dialécticamente sus intereses inmediatos y a largo plazo, consultar a las masas recogiendo sus opiniones e ideas, informar a las masas sobre la situación concreta y general, sobre las tareas inmediatas y a largo plazo, educar a las masas elevando su nivel de conciencia política partiendo de las luchas concretas y movilizar a las masas con consignas comprensibles, justas y adecuadas.

En resumen, no basta con disponer sólo de una política justa para pretender dirigir la lucha de clases, es necesario garantizar que el terreno de la organización se llevarán a efecto todos los acuerdos adoptados superando todos los obstáculos que se presenten. Después de elaborar una resolución o línea política concreta, el partido como intelectual colectivo debe en la lucha de clases pugnar por aplicar su línea política, lo cual depende del trabajo de organización, de sus cuadros, militantes, del centralismo democrático, de la unidad de acción político-ideológica del partido sobre la base del marxismo-leninismo. Sin ello, la política justa del partido, quedaría en agua de borrajas.

La historia del Movimiento Obrero y Comunista ha probado la validez teórica y práctica de la concepción de Marx, Lenin y Gramsci acerca del partido de la clase obrera. Partido de masas que tanto en su praxis como en su elaboración teórica es la prefiguración de la sociedad nueva, como parte hegemónica de un bloque de fuerzas políticas y sociales de contenidos socialistas, capaz de consentir formas nuevas de la dictadura del proletariado.

6.4. Apuntes de Lenin sobre la cuestión sindical bajo el capitalismo

Los sindicatos son la organización obrera que pugna por defender las condiciones de venta de la fuerza de trabajo bajo el capitalismo, desempeñan un importante papel al organizar de forma estable a una parte importante de la clase obrera, y pueden llegar a ser la primera escuela de la conciencia de clase poniendo al descubierto la naturaleza explotadora del capitalismo. Para superar el capitalismo la clase obrera necesita conocer las leyes que determinan la sociedad y la lucha de clases, la posición de clase en defensa de los intereses históricos de la clase obrera no lo garantizan los sindicatos, sino desde la organización político-ideológica de la clase obrera que pugna por conocer la realidad y transformarla. De ahí surge de forma inevitable el cómo relacionar los intereses reivindicativos con los históricos, cómo se establecen las relaciones entre los sindicatos y el partido de la clse obrera hacia la consecución del objetivo final.

Precisamente una de las cuestiones más discutidas a lo largo de la historia del movimiento obrero ha sido y es la relación entre las organizaciones políticas y las organizaciones sindicales del proletariado. Sindicato como correa de transmisión del partido o Sindicato orgánicamente independiente. Sindicato meramente reivindicativo o de carácter sociopolítico, sindicato neutral en la lucha por el socialismo o con objetivos transformadores hacia el socialismo. Sindicato de clase, unitario, pluralista y democrático o sindicato corporativo, anti-unitario, anti-democrático y disperso en diferentes organizaciones. Este ha sido el dilema de siempre que todavía existe en la actualidad dentro del capitalismo. Lenin tocó todos estos temas y les dio un tratamiento dialéctico.

Marx y Engels dieron una gran importancia a la lucha económica de la clase obrera y el papel de los sindicatos, sin dejar de señalar los límites de la lucha económica y el error de los sindicatos cuando se limitan en luchar contra las consecuencias del capitalismo, en vez de emplear su fuerza también para luchar por la superación del capitalismo y la emancipación de la clase obrera. Para Marx y Engels el sindicato es el lugar del nacimiento del movimiento obrero, porque supone la unidad a priori de la clase obrera entorno a sus intereses económicos inmediatos, pero son esos mismos intereses, las condiciones económicas, las que obligan a los sindicatos a pasar de la lucha económica a la lucha política contra la clase dominante. En su lucha contra el sectarismo de Lasalle y el anarquismo de Bakunin, Marx y Engels siempre defienden la unidad de la lucha económica y política de la clase obrera, de que todo movimiento de la clase obrera que actúa contra las clases dominantes, como por ejemplo las luchas por reducir en leyes las jornadas laborales, es una lucha política al superar las luchas y movimientos económicos parciales de la clase obrera en determinada fábrica o rama, sin olvidar que el movimiento político de la clase obrera tiene como último objetivo la conquista del poder político de la clase obrera, y que ésta debe dotarse de un partido político independiente. Marx y Engels siempre defendieron la unidad y solidaridad de clase como armazón para superar la competencia entre los trabajadores, arma que el capital siempre ha utilizado para dividir a su enemigo más mortal. Para Marx y Engels la neutralidad y el apoliticismo en los sindicatos es impensable.

Igual que Marx y Engels, Lenin entendía la necesidad de no caer en el sectarismo, de no apartarse del movimiento obrero, y partir de los intereses inmediatos del proletariado para conducir la lucha contra el capitalismo, unificando la lucha de la clase obrera:

“…es necesario ligar a esa lucha con determinados intereses de la vida cotidiana… Pero si se esfuman esos intereses detrás de reivindicaciones únicamente políticas, comprensibles solamente para la intelectualidad, ¿no significa esto retroceder de nuevo, limitarse de nuevo a la sola lucha de la intelectualidad… ?… La actividad política de los socialdemócratas estriba en contribuir al desarrollo y organización del movimiento obrero en Rusia, a hacerlo salir del estado actual de conatos de protesta, motines y huelgas dispersos sin una idea directriz, convirtiéndolo en una lucha organizada DE TODA LA CLASE obrera rusa, dirigida contra el régimen burgués…” (69).

De ahí la que la tarea prioritaria del partido pasara por conquistar a las masas, desde el trabajo y la organización en un movimiento sindical de clase que fuera capaz de unir a toda la clase sin distinción de creencias, a la misma vez que conectara dialécticamente la lucha reivindicativa, económica con la lucha política del proletariado.

Para que ello fuese así, había que superar la lucha estrecha del movimiento obrero, por eso Lenin no confundía la independencia de las organizaciones sindicales de clase con la ausencia en el partido de una política sindical propia, no se confundía con el sindicalismo tradeunionista ni anarquista, y abogaba por la no neutralidad del sindicato en la lucha por el socialismo:

“…hay bromistas que han confundido la independencia de los sindicatos en la esfera que le es inherente… con la cuestión del sin partidismo de los sindicatos o de su estrecho acercamiento al partido en el terreno de la política y las tareas de la revolución socialista… El quid está en que existen en cada país capitalista un partido… y unos sindicatos, y nuestra tarea consiste en determinar las relaciones fundamentales entre ellos. Los intereses de clase de la burguesía dan origen… al empeño de circunscribir los sindicatos a una menuda y estrecha actividad en el marco del régimen vigente, en alejarlos de todo vínculo con el socialismo, y la teoría de la neutralidad es la envoltura ideológica de este afán de la burguesía.” (70).

En este sentido el trabajo del partido era la lucha por la unidad y extensión de la organización sindical de clase obrera y la pugna por evitar que fueran dirigidas por oportunistas y liquidadores, que fragmentaran el movimiento obrero y lo encauzaran hacia las tareas exclusivamente reivindicativas:

“Los socialdemócratas deben reclutar afiliados para todas las asociaciones obreras entre los sectores obreros más amplios que sea posible, e instar a todos los obreros a ingresar en ellas, sin distinción de opiniones políticas. Pero los socialdemócratas en esas asociaciones deben constituirse en grupos de partido y, por medio de una prolongada y sistemática actividad, conseguir que se establezcan las relaciones mas estrechas… A los liquidadores y populistas los une su hostilidad al marxismo consecuente en todas las esferas de actividad. Y en la actividad sindical los une el hecho de que ambos son representantes del neutralismo…forzoso” (71).

De forma clara, Lenin defendía la independencia orgánica del sindicato, la pluralidad ideológica en su composición, el respeto a la unidad orgánica, conjugando la pluralidad de ideas con la democracia de las mayorías y el respeto a las minorías, donde la relación del sindicato con el partido dependiese de la legítima pugna por la hegemonía de este en su seno en plano de igualdad con otras organizaciones políticas. La conquista de los sindicatos era una cuestión de democracia y unidad proletaria:

“Los populistas dicen que se unen con los liquidadores, exclusivamente para defender el no fraccionismo de las organizaciones obreras frente… a las pretensiones de los pravdistas… ¿Cuáles son estas pretensiones de los pravdistas? ¿Han cerrado las puertas a algún sindicato o asociación a los obreros que sostienen opiniones políticas diferentes a las suyas?…¿Han dividido alguna organización?. ¡En absoluto!… las… pretensiones de los pravdistas consisten en que éstos se niegan a plegarse a la política pequeño burguesa de los populistas y liquidadores, y en que dentro de cada sindicato único, subordinándose con lealtad a la mayoría de los obreros, luchan por ampliar la influencia de sus ideas marxistas” (72).

Muy por el contrario, para Lenin siempre eran los oportunistas, tradeunionistas y liquidadores de la práctica partidaria en el frente de masas sindical, los máximos defensores de la correa de transmisión, del fraccionamiento de los sindicatos, de la liquidación de la pluralidad con la sujeción de los sindicatos únicamente a sus organizaciones políticas de carácter reformista, de la negación de la democracia y la independencia como organización:

“… Hace unos años los populistas lograron triunfar en el sindicato ferroviario… ¿Y que hicieron… ? …lo obligaron a adoptar su propia plataforma, echaron a los obreros socialdemócratas y a los apartidistas… Y lo mismo hay que decir de los liquidadores. Cuando el sindicato metalúrgico estuvo en sus manos, se apresuraron a convertirlo en una filial… Para ellos, las… pretensiones de los pravdistas consisten en que éstos tratan de que los obreros resuelvan sus propios problemas por mayoría de votos… Nosotros no defendemos el neutralismo, nos oponemos a él. Pero tampoco nos comportamos como los populistas y los liquidadores cuando logran un triunfo… en algún sindicato. Sólo los grupos débiles y sin principios… temiendo de dejar escapar tan feliz oportunidad, revisan precipitadamente sus principios, olvidan su neutralismo y cuelgan un rótulo. Los marxistas no obran así. No son huéspedes casuales en el movimiento obrero. Saben que tarde o temprano todos los sindicatos adoptarán su posición sobre la base del marxismo… en consecuencia, no fuerzan los acontecimientos… no les cuelgan rótulos ni los dividen… Hubo un tiempo en que los actuales liquidadores sostenían que los sindicatos debían ser sindicatos del partido y estar oficialmente representados en el partido.” (73).

En consecuencia, la política sindical marxista-leninista no pretendía imponer principios que el movimiento sindical no aceptara, ni renunciaba a la conquista del movimiento sindical de clase para la causa comunista.

Lenin veía a los sindicatos como las organizaciones más amplias de la clase obrera, que agrupaba a la clase al margen de sus ideas políticas y religiosas, un salto cualitativo necesario en la superación de la dispersión y del corporativismo obrero a la unión clasista. Que los comunistas deben trabajar en los sindicatos, para Lenin era incuestionable para ligar a la mayoría de los trabajadores a los objetivos del socialismo, y toda renuncia del trabajo en ellos en aras de una pureza ideológica, aparte del menosprecio al trabajo entre las masas, suponía abandonarlas a su estado más atrasado reivindicativo y corporativista, y a la dirección de los líderes del oportunismo y el reformismo político.

En coherencia con este planteamiento, Lenin entendía que si los comunistas no eran capaces de vencer a los reformistas en las organizaciones de masas sindicales, difícilmente podrían dirigir a las masas y representar el futuro del movimiento obrero. Por ello, y frente a la posición sectaria e infantilista que se daban en organizaciones comunistas europeas, (Italia y Alemania), una de las condiciones que la IIIª Internacional impondrá para su ingreso en ella será la obligatoriedad del trabajo en los sindicatos:

“Cada partido que desee pertenecer a la Internacional Comunista tiene la obligación de efectuar una labor comunista sistemática y tenaz dentro de los sindicatos, de las cooperativas y de otras organizaciones obreras de masas. Es necesario formar en el seno de los sindicatos células comunistas, que mediante un trabajo prolongado y tesonero deben conquistar dichas organizaciones para la causa del comunismo” (74).

Lenin se desmarcaba de la posición de los comunistas alemanes en torno a los sindicatos, anteponiendo la necesidad de trabajar en los sindicatos, incluso los más reaccionarios. Lenin, apostando por la unidad clasista se desmarcaba del infantilismo, y denunciaba:

“Tampoco pueden dejar de parecernos un absurdo ridículo y pueril las disquisiciones muy sabias, pomposas y terriblemente revolucionarias de los izquierdistas alemanes acerca de que los comunistas no pueden ni deben actuar en los sindicatos reaccionarios, de que es permisible renunciar a semejante actividad, de que hay que salir de los sindicatos y organizar forzosamente una unión obrera, nuevecita del todo y completamente pura inventada por comunistas…” (75).

Que más necesaria era la actividad de los comunistas en el ámbito sindical dentro de Europa Occidental, lo señalaba Lenin dado el acentuado grado de espíritu reaccionario en tales organizaciones, por su más amplia estrechez corporativa y economicista, que facilitaba aún más la dirección de éstos por los reformistas, base de la aristocracia obrera pro-imperialista:

“En países más adelantados que Rusia se ha hecho sentir, y debía hacerse sentir con carácter mucho más acentuado… cierto espíritu reaccionario en los sindicatos. Aquí, los mencheviques hallaban… apoyo entre los sindicatos, gracias precisamente, a esa estrechez corporativa, a ese egoísmo y oportunismo profesionales. Los mencheviques de Occidente se han atrincherado, mucho más sólidamente en los sindicatos, ha surgido allí una capa mucho más fuerte que en nuestro país de aristocracia obrera profesional, mezquina, egoísta, desalmada, ávida, pequeño burguesa, de espíritu imperialista, comprada y corrompida por el imperialismo.” (76).

Lenin advertía de la necesidad pues de luchar contra el oportunismo y el socialchovinismo de los líderes de los sindicatos en Europa Occidental, para conquistar la mayoría de la clase obrera, como parte de la lucha por el poder político, criticando la posición infantil de los comunistas alemanes que lanzaban a las masas obreras organizadas en sindicatos reaccionarios a manos del reformismo:

“…la lucha contra la aristocracia obrera la sostenemos en nombre de las masas obreras y para ponerlas de nuestra parte; la lucha contra los jefes oportunistas y socialchovinistas la sostenemos para ganarnos a la clase obrera. Sería necio olvidar esta verdad… Y tal es, precisamente, la necedad que cometen los comunistas alemanes de izquierda, los cuales deducen del carácter reaccionario y contrarrevolucionario de los cabecillas de los sindicatos la conclusión de que es preciso… ¡¡salir de los sindicatos!!, ¡¡renunciar al trabajo en ellos!!, ¡¡crear formas de organización obrera nuevas, inventadas!!. Una estupidez tan imperdonable, que equivale al mejor servicio que los comunistas pueden prestar a la burguesía. Porque nuestros mencheviques, como todos los líderes sindicales oportunistas… no son mas que agentes de la burguesía en el movimiento obrero… No actuar en el seno de los sindicatos reaccionarios significa abandonar a las masas obreras insuficientemente desarrolladas… a la influencia de los líderes reaccionarios, de los agentes de la burguesía, de los obreros aristócratas u obreros aburguesados…” (77).

Para Lenin la tarea de los partidos comunistas era poner a los sindicatos al servicio de la clase obrera y ayudarlo a alcanzar sus demandas políticas. En este sentido, Lenin advertía de que el trabajo entre las masas exige sacrificios necesarios para ganar su simpatía y conquistar la dirección de los sindicatos:

“Para saber ayudar a la masa y conquistar su simpatía, su adhesión y su apoyo no hay que temer las dificultades… los insultos, las persecuciones de los jefes… y se debe de trabajar sin falta allí donde estén las masas. Hay que saber hacer toda clase de sacrificios y vencer los mayores obstáculos para llevar a cabo una propaganda y una agitación sistemáticas… y pacientes en las instituciones, sociedades y sindicatos, por reaccionarios que sean, donde hayan masas proletarias o semiproletarias.” (78).

Las resoluciones del VIIº Congreso de la Internacional Comunista (1935) elevaría a rango táctico la tesis leninista del trabajo en los sindicatos de masas bajo condiciones mucho más duras, el fascismo:

“Los comunistas deben ingresar en todas las organizaciones fascistas de masas, que gocen  del monopolio de la legalidad en un país dado. Aprovechando hasta la mas mínima posibilidad legal y semilegal de trabajo, dentro de ellas, para enfrentar los intereses de las masas adheridas a estas organizaciones con la política del fascismo y disgregar la base de masas de éste…¿Dónde se encuentran las masas obreras? Y aquí tenemos que declarar abiertamente: la labor dentro de los sindicatos es la cuestión más candente de los Partidos Comunistas. Debemos conseguir que se de un viraje verdadero en la labor sindical, y colocar en lugar central la cuestión de la lucha por la unidad sindical.

¿En que radica la fuerza de la socialdemocracia en los países occidentales?…En que se apoya en los sindicatos.

¿En qué radica la debilidad de nuestros Partidos Comunistas en los países occidentales?.

En que no se han compenetrado todavía íntimamente con los sindicatos y algunos elementos de estos Partidos Comunistas no quieren compenetrarse íntimamente con ellos. Por esta razón la tarea principal de los Partidos Comunistas de los países occidentales consiste, en el momento actual, en desarrollar y llevar a termino la campaña por la unidad del movimiento sindical en hacer que todos los comunistas sin excepción, entren en los sindicatos, en desplegar dentro de ellos una labor sistemática y paciente para lograr la cohesión de la clase obrera contra el capital, y en conseguir de este modo que los Partidos Comunistas puedan apoyarse en los sindicatos…el obrero comunista, el obrero revolucionario, que no pertenezca al sindicato de masas de su oficio, que no luche por convertir este sindicato reformista en una verdadera organización sindical de clase, que no luche por la unidad del movimiento sindical sobre la base de la lucha de clases; ese obrfero comunista, este obrero revolucionario, no cumple con su deber proletario primordial” (79).

La táctica del PCE a partir de finales de la década de los 50 del siglo pasado de introducción en el sindicato vertical (posibilidad legal) para organizar al movimiento obrero desde la ilegalidad (comisiones obreras) con el objetivo de combatir al franquismo, fué una forma concreta de llevar a la praxis este principio táctico. En una reunión de Stalin, Molotov y Suslov con Ibárruri, Carrillo y Antón en Moscú Stalin ya sugirió a la dirección del PCE trasladar el esfuerzo del partido a las fábricas y lugares de trabajo donde se encontraban las masas obreras, utilizando los sindicatos verticales, manteniendo sindicatos clandestinos, ponía el ejemplo de los bolcheviques que no dudaron de utilizar organizaciones obreras del zarismo para su labor revolucionaria, y recordaba que ya Lenin combatió a los otzovistas por su política de aislamiento con respecto a las organizaciones obreras legales bajo la autocracia. Fue el antecedente filosófico de lo que fueron las Comisiones Obreras, la lucha antifranquista cambió de método, de la lucha guerrillera se pasó a la lucha de masas en las fábricas, barrios, universidades, con las armas de la huelga y manifestaciones (80).

Los comunistas siempre hemos defendido la unidad sindical orgánica de la clase obrera española que no pudo ser por el papel que jugó la principalmente la socialdemocracia (PSOE-UGT) pero también las corrientes izquierdistas dentro del movimiento obrero durante la “transición española” (CNT, CSUT, SU, etc).

Actualmente en la España neoliberal del S.XXI, con la profundización en la fragmentación del proletariado (precariedad, etc), el infantilismo sindical revive en sectores de la clase obrera con la creación de sindicatos “anticapitalistas” ligados a la gran empresa (COBAs- Telefónica, por ej.), de envergadura pequeña y desligados del conjunto de la clase obrera, o sindicatos de clase pero muy minoritarios ligados a determinadas grandes empresas o sectores (CGT, USO) que apenas llegan y sobrepasan el 1% de todos los trabajadores afiliados y de comités de empresa.

Este tipo de sindicalismo infantil ataca el papel del sindicato sin tener en cuenta las limitaciones de la lucha sindical ante las coyunturas de reflujo, niegan la necesidad de politizar las luchas desde la vanguardia política, niegan el análisis de las correlaciones de fuerza, idealizan una lucha parcial (convenio, luchas contra cierres, etc) como si fuera la lucha final, en las etapas de repliegue. Estas posiciones desgastan las luchas de los trabajadores, miniminizan las conquistas y sacrificios, pretenden abusar hasta el agotamiento del espíritu de lucha de la clase obrera como dijera Gramsci (81), y dan alas a las posiciones más reformistas que acaban cerrando los conflictos y quedando como “salvadores”. Este sectarismo izquierdista es el mejor favor que recibe el reformismo y las teorizaciones burguesas dentro del sindicalismo, expresión pequeño-burguesa que traduce la lucha y organización sindical en impotencia, impaciencia e idealización y despolitización de la lucha de clases.

Hoy en España, con un bajo índice de afiliación sindical (18,1% -2.001-) la mayoría de afiliación (80%), delegados sindicales y comités (76%) están en CC.OO. y UGT, que juntos suman más de 2 millones de afiliados, siendo las únicas organizaciones que tienen capacidad de movilización general. Desde 1.985 han convocado 5 huelgas generales contra las políticas antisociales de los distintos gobiernos (PSOE y PP), y sólo CC.OO. ha demostrado tener capacidad de convocatoria en solitario (20J-1.985). Por muy reformistas y derechistas que sean las direcciones sindicales, es donde las masas obreras están mayoritariamente organizadas.

Para terminar este apartado, resumimos la posición de Lenin sobre los sindicatos bajo el capitalismo en 5 puntos:

1.-Progreso en la organización clasista del proletariado, superior a la organización gremial y corporativa, ya que agrupa a la clase obrera de todas las ramas productivas y de actividad económica.

2.-Importancia de la Unidad de toda la clase en la organización sindical, al margen de las creencias políticas, ideológicas y religiosas. Organización sindical plural, unitaria y democrática.

3.-No neutralidad del sindicato en la lucha por el socialismo. Organización de carácter sociopolítico, capaz de ligar las tareas propias reivindicativas y económicas, a las tareas políticas que expresan los intereses y objetivos  revolucionarios de clase.

4.-Trabajo obligatorio de los comunistas en los sindicatos, para conquistarlos a la lucha por el socialismo y la revolución, donde la primera tarea pasa por lograr que los afiliados al sindicato democráticamente voten a los comunistas para los órganos de dirección.

5.-En Occidente donde la burocracia sindical, está más implantada, y sus dirigentes reformistas forman la base social de la aristocracia obrera, el trabajo de los comunistas adquiere un papel de mayor importancia dadas las dificultades (marginación y persecución de los comunistas). Las organizaciones sindicales son mas amplias, por lo que la conquista de ellas para la causa del socialismo supone un paso prioritario, para la hegemonía de la mayoría de la clase obrera por los comunistas.

 

NOTAS de EL PARTIDO COMUNISTA. VANGUARDIA DE CLASE Y DE MASAS

(1) A. Gramsci, La política y el Estado moderno –recopilatorio.- pág. 119, Ed. Planeta-Agostini).

(2) Según G. Procacci murieron 200.000 militantes (El Partido en la URSS (1.917-45) Ed. Laia.

(3) Rosa Luxemburg. Reforma o Revolución Ed. Akal  pág. 7.

(4) “…Bernstein… ve el socialismo en la transformación de los pobres en ricos, es decir en la lenta desaparición de los antagonismos de clase, y adivina el futuro socialista al final de un proceso pequeño burgués” Rosa Luxemburg. Reforma o Revolución Ed. Akal pág. 63.

(5) Rosa Luxemburg. Reforma o Revolución Ed. Akal pág. 74.

(6) Rosa Luxemburg. Reforma o Revolución Ed. Akal pág. 8

(7) “Todos los movimientos han sido hasta ahora realizados por minorías o en provecho de minorías. El movimiento proletario es un movimiento propio de la inmensa mayoría en provecho de la inmensa mayoría. El proletariado, capa inferior de la sociedad actual, no puede levantarse, no puede enderezarse, sin hacer saltar toda la superestructura formada por las capas de la sociedad oficial” (Manifiesto del PC, Marx y Engels, Ed. Progreso, pág. 42.).

(8) Marx y Engels ajustaron cuentas con el socialismo y comunismo crítico-utópico: “Los inventores de estos sistemas…se dan cuenta del antagonismo de las clases, así como de la acción de los elementos destructores dentro de la misma sociedad dominante. Pero no advierten del lado del proletariado ninguna iniciativa histórica, ningún movimiento político propio… En lugar de la acción social tienen que poner la acción de su propio ingenio; en lugar de las condiciones históricas de emancipación, condiciones fantásticas; en lugar de la organización gradual del proletariado en clase, una organización de la sociedad inventada por ellos a la propaganda y ejecución práctica de sus planes sociales” (Manifiesto del PC, Ed. Progreso, pág. 63).

(9).K. Marx y F. Engels, La Ideología alemana, Ed. L´Eina págs. 32 y 33.

(10) En el prólogo a la Contribución de la crítica de la economía política, Marx planteaba: “En la producción social de su vida, los hombres contraen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a una determinada fase de desarrollo de las fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política y espiritual en general.”.

         Aquí Marx concreta que la base o estructura económica determina el desarrollo de la superestructura jurídico-política. En una carta a Joseph Bloch Engels 33 años más tarde desmarcándose de cierta lectura metafísica y evolucionista desarrolla el término última instancia de la base económica en relación dialéctica con el todo, donde el ser social hace la historia bajo determinadas relaciones de producción y nivel de fuerzas productivas, pero que actúa en la coyuntura histórico concreta o acontecimiento histórico donde confluyen dialécticamente todos los factores, siendo el resultado final de la lucha de clases la que sobre-determina la forma de los cambios históricos:

         “Según la concepción materialista de la história, el factor que en última instancia determina la história es la producción y la reproducción de la vida real… Si alguien lo tergiversa diciendo que el factor económico es el único determinante, convertirá aquella tesis, en una frase vacua, abstracta, absurda. La situación económica es la base, pero los diversos factores de la superestructura que sobre ella se levanta –las formas políticas de la lucha de clases y sus resultados, las constituciones que después de ganada una batalla redacta la clase triunfante, etc., las formas jurídicas… las teorías políticas, jurídicas, filosóficas, las ideas religiosas.. – ejercen también su influencia sobre el curso de las luchas históricas y determinan, predominantemente en muchos casos, su forma… Somos nosotros quienes hacemos nuestra historia, pero la hacemos, en primer lugar con arreglo a premisas y condiciones muy concretas. Entre ellas, son las económicas las que deciden en última instancia… En segundo lugar, la historia se hace de tal modo, que el resultado final siempre deriva de los conflictos entre muchas voluntades individuales, cada una de las cuales, a su vez es lo que es por efecto de una multitud de condiciones especiales de vida; son pues innumerables fuerzas que se entrecruzan las unas con las otras, de las que surge una resultante –el acontecimiento histórico-, que a su vez puede considerarse producto de una fuerza única, que como un todo actúa sin conciencia y sin voluntad. Pues lo que uno quiere tropieza con la resistencia que le opone otro, y lo que resulta de todo ello es algo que nadie ha querido. De este modo, hasta aquí toda la historia ha discurrido a modo de un proceso natural y sometida también, sustancialmente, a las mismas leyes dinámicas…Pero del hecho de que las distintas voluntades individuales…no alcancen lo que desean, sino que se fundan todas en una media total, en una resultante común, no debe inferirse que esas voluntades sean igual a CERO. Por el contrario, todas contribuyen a la resultante y se hallan, por tanto, incluidas en ella…El que los discípulos hagan a veces más hincapié del debido en el aspecto económico, es cosa de la que, en parte, tenemos la culpa Marx y yo mismo. Frente a los adversarios, teníamos que subrayar este principio cardinal que se negada, y no siempre disponíamos de tiempo, espacio y ocasión para dar debida importancia a los demás factores que intervienen en el juego de las acciones y reacciones. Pero, tan pronto como se trataba de exponer una época histórica y, por tanto de aplicar prácticamente el principio, cambiaba la cosa, y ya no había posibilidad de error. Desgraciadamente, ocurre con harta frecuencia que se cree haber entendido totalmente y que se puede manejar sin más una nueva teoría por el mero hecho de haberse asimilado…sus tesis fundamentales. De este reproche no se hallan exentos muchos de los nuevos marxistas y así se explican muchas de las cosas peregrinas que han aportado…” (Marx y Engels. Obras Escogidas. Tomo III. Págs. 514, 515 y 516).

(11). J. Miras, Repensar la política, refundar la izquierda. Ed. El viejo topo, pág.255.

(12) K. Marx y Engels, Mensaje del Comité Central a la Liga de los Comunistas, Obras Escogidas, Tomo I°, pág. 179, Ed. Progreso.

(13) Citado por J.M.Bermudo, en Conocer Engels y su obra, pág.90, Ed. Dopesa.

(14) K. Marx y Engels, Mensaje del Comité Central a la Liga de los Comunistas, Obras Escogidas, Tomo I°, págs 183 y 184, Ed. Progreso.

(15) K. Marx y Engels, Mensaje del Comité Central a la Liga de los Comunistas, Obras Escogidas, Tomo I°, pág. 184, Ed. Progreso.

(16) F. Engels, Principios del comunismo, en El Manifiesto del PC, pág. 88, Ed. Progreso.

(17)(18) K. Marx y F. Engels. Obras Escogidas. Tomo IIº Ed. Progreso, págs. 446, 447 y 448.

(19) Ver la Alianza de la Democracia Socialista y la Asociación Internacional de los Trabajadores. “Para asegurar el éxito de la revolución es necesaria la unidad del pensamiento y de la acción. Los miembros de la Internacional tratan de crear esta unidad por medio de la propaganda, la discusión y la organización pública del proletariado; a Bakunin le basta con una organización secreta de cien hombres, representantes privilegiados de la idea revolucionaria, Estado Mayor disponible de la revolución, nombrado por si mismo y mandado por el permanente ciudadano B. La unidad del pensamiento y de la acción no significa otra cosa que ortodoxia y obediencia ciega…Nos encontramos en plena Compañía de Jesús…la anarquía se transforma en ellos en el “desencadenamiento completo de la vida popular…de las malas pasiones”, pero en el seno de esta anarquía existe el elemento director secreto: estos mismos hermanos….” (Así era como se llamaban los dirigentes de la Alianza) “Allí, la anarquía es la pnadestrucción universal; la revolución, una serie de asesinatos, primero individuales y después colectivos; la sola regla de acción, la moral jesuítica engrandecida; el tipo del revolucionario, el bandolero….La lucha económica y política de los obreros por su emancipación es reemplazada con actos pandestructivos, de héroes de la delincuencia, última encarnación de la revolución.” (Marx y Engels. en Acerca del anarquismo y el anarcosindicalismo. Marx-Engels-Lenin. Ed.Progreso, pgs. 96, 101 y 105).

(20) Citado en La Iª Internacional www.antorcha.org.

(21) Crítica del programa de Gotha (K. Marx), págs. 107,108. Ed Materiales. Barcelona 1.977.

(22) Crítica del programa de Gotha (K. Marx), pág. 101 Ed Materiales. Barcelona 1.977.

(23) Anuario de ciencias sociales y de política social.

(24) Circular de Marx y Engels en 1.879 a Bebel, Liebneck y Bracke, El manifiesto de los tres de Zurich Obras Escogidas, Tomo IIIº, págs. 91, 92, 93, 94, 95, 96 y 97. Ed. Progreso.

(25) El problema campesino en Francia y Alemania. F. Engels. Obras Escogidas Marx-Engels. Ed. Progreso. Moscú Tomo IIIº, págs. 491,492.

(26) V. Lenin, Un paso adelante, dos pasos atrás, pág. 205. Ed. Progreso.

(27) (28) (29) V. Lenin, Un paso adelante dos pasos atrás Ed. Progreso.

(30)Citado por Harpal Brar en ¿Trotkismo o Leninismo?. Ed. www.jcasturias.org.

(31) Lenin, El socialismo y la guerra, Obras Completas, Ed. Progreso.

(32) Trostki sobre la revolución rusa. Andrew Rothstein. Revista mensual, nº 12, diciembre 1933. Y Stalin: Calumnia y la verdad. C. Allen. La revista comunista. Enero 1950. Ed. Partido Comunista de Gran Bretaña.

(33) Periodización: Primer periodo. Nueva orientación del partido (marzo-abril). Hechos principales:

-derrocamiento del zarismo,

-la formación del gobierno provisional (dictadura de la burguesía)

-la aparición de los soviets de diputados obreros y soldados (la dictadura del proletariado y el campesinado)

-la dualidad de poderes,

–la manifestación de abril en Petrogrado y la formación de un gobierno de coalición, en el que participan los “socialistas”.

-la primera crisis de poder.

Segundo período de movilización revolucionaria de las masas (mayo-agosto). Hechos principales:

-la manifestación del 1º de mayo en los principales centros de Rusia bajo la consigna de “paz democrática”,

-la manifestación de junio en Petrogrado con la consigna fundamental de “¡Abajo los ministros capitalistas!”

-la ofensiva de junio en el frente y los reveses del ejército ruso,

-la manifestación armada de julio en Petrogrado y la salida de los ministros demócratas constitucionalistas del gobierno,

-la llegada de las tropas contrarrevolucionarias sacadas del frente, el aslato y la destrucción de la redacción de Pravda, la lucha de la contrarrevolución contra los soviets y la formación de un nuevo gobierno de coalición encabezado por Kerenski,

-el VIº Congreso de nuestro partido, que lanza la consigna de preparación de la insurrección armada,

-la contrarrevolucionaria conferencia de Estado y la huelga general de Moscú,

-la fracasada ofensiva de Kornílov sobre Petrogrado, la vivificación de los soviets, la dimisión de los demócratas constitucionalistas y la formación del Directorio.

Tercer período. Organización del asalto (septiembre-Octubre)

-convocatoria de la conferencia democrática y el fracaso de formar un bloque con los demócratas constitucionalistas,

-paso de los soviets de Moscú y Petrogrado al lado de los bolcheviques,

-el congreso de soviets de la región del norte (mayoría bolchevique) aprueba la resolución por el paso inmediato del poder a los soviets en el centro y en provincias, y la creación  de comités militares revolucionarios para organizar la defensa armada de la revolución. Resolución del soviet de Petrogrado contra la evacuación de las tropas,

-la resolución del Comité Central del partido sobre la insurrección  y la formación del comité militar revolucionario del soviet de Petrogrado,

-la resolución de la guarnición de Petrogrado sobre el apoyo armado al soviet de Petrogrado y la organización del sistema de comisarios del comité militar revolucionario,

-las fuerzas armadas de los bolcheviques se lanzan a la calle; detención de los miembros del Gobierno Provisional,

-la toma del poder por el comité militar revolucionario del soviet de Petrogrado y la formación del Consejo de Comisarios del Pueblo por el II Congreso de soviets.

(J. Stalin ¿Trotskismo o Leninismo? Obras escogidas)..

(34) Zinóviev y Kámenev publicarían un artículo en un periódico dando su opinión y haciendo pública la insurrección. Lenin quedó en minoría cuando propuso la expulsión del partido de Zinoviev y Kámenev, por haber traicionado al Comité Central y a la revolución al alertar a la burguesía de la insurrección.

(35) En las cartas de Lenin, Los bolcheviques deben tomar el poder y El marxismo y la insurrección, se expuso un plan de cómo organizar la insurrección para Octubre y se discutieron en el comité central del partido el 15 de septiembre: “Hoy tenemos con nosotros a la mayoría de la clase que es la vanguardia de la revolución, la vanguardia del pueblo, la clase capaz de arrastras tras de sí a las masas…Nuestro triunfo es seguro…Después de haber conquistado la mayoría en los soviets de diputados obreros y soldados de ambas capitales –Petrogrado y Moscú-, los bolcheviques pueden y deben tomar en sus manos el poder del Estado”. (Lenin. Obras Completas. Tomo XXXIV, págs. 240, 244.

         En el artículo La crisis ha madurado del 29 de septiembre y en una nota adjunta para los miembros del comité central y comités y soviets de Petrogrado y Moscú, recalcabaque esperar al congreso se soviets, como proponía Trotski, era “una idiotez completa o una traición completa…Esperar a Congreso de los Soviets era una idiotez, pues el Congreso no podría dar nada. Los bolcheviques tienen asegurada ahora la victoria de la insurrección: 1) podemos, si no esperamos al congreso de los soviets, atacar súbitamente y desde tres puntos, desde Petrogrado, desde Moscú y desde la flota del Báltico; 2) tenemos consignas que nos aseguran el apoyo: ¡Abajo el gobierno que aplasta la insurrección campesina contra los terratenientes!; 3) tenemos la mayoría en el país; 4) la desorganización de los mencheviques y eseristas es total; 5) tenemos la posibilidad técnica de tomar el poder en Moscú (que podría incluso empezar para derrotar por sorpresa al enemigo); 6) tenemos miles de soldados y obreros armados en Petrogrado, que pueden tomar a la vez el palacio de invierno, el Estado Mayor Central, la central de teléfonos y todas las imprentas importantes; no nos echaran de allí, y la agitación en el ejército alcanzará tal amplitud, que será imposible luchar contra este gobierno de la paz, de la tierra para los campesinos, etc…La demora es un crimen. Esperar al Congreso de los Soviets es un juego pueril al formalismo, un vergonzoso juego al formalismo,  una traición a la revolución”. (Lenin. Obras Completas. Tomo XXXIV, págs. 282,282 y 283).

(36) Ver “Los soviets en Rusia” (Oscar Anweiller), págs. 186-194.

(37) La revolución de Octubre y la táctica de los comunistas rusos, J. Stalin. 17-12-1924. Obras Escogidas.

(38) “El principio de que la socialdemocracia no debe participar con la burguesía en un gobierno provisional revolucionario, que toda participación de esa índole es una traición a la clase obrera, es un principio del anarquismo” (Lenin. Acerca del Gobierno Provisional Revolucionario, en Acerca del anarquismo y del anarcosindicalismo Marx-Engels-Lenin, pág. 184. Ed. Progreso).

(39) Según C. Hill: “Lenin nunca se fió de su propia clase, diciendo que los intelectuales no podían evitar el verse afectados por el desarrollo capitalista de Rusia y por las nuevas posibilidades de trabajo confortable que se les ofrecían si  abandonaban las teorías revolucionarias de sus años mozos. De acuerdo con estas ideas, Lenin procuró siempre que una alta proporción de puestos de dirección en el partido estuviese ocupada por obreros…La solución, por consiguiente, como vio Lenin, estribaba en que los obreros mantuviesen un control sobre sus dirigentes del partido, al mismo tiempo que utilizaban los conocimientos teóricos de éstos y preparaban nuevos dirigentes salidos de la clase obrera y que hubiesen asimilado las enseñanzas de los teóricos” (C. Hill,  La revolución rusa, pgs. 73 y 74, Ed. Ariel).

(40) “La peculiaridad del momento actual en Rusia es el paso de la primera etapa de la revolución, que ha dado el poder a la burguesía por carecer el proletariado del grado necesario de conciencia de clase y de organización, a su segunda etapa, que debe poner el poder en manos del proletariado y de los sectores pobres de los campesinos…No una república parlamentaria…sino una república de los soviets de diputados obreros, peones rurales y campesinos, en todo el país, de abajo a arriba” (Lenin, Las tesis de Abril, Ed. Anteo, págs. 8 y 12).

(41). Lenin denuncia el carácter imperialista de la guerra y la táctica revolucionaria a seguir, utilizando todos los medios de lucha, situando que en épocas de crisis el partido revolucionario debe recurrir a la organización y agitación clandestina, era la réplica en medio del océano socialdemócrata donde todas las organizaciones nacionales en que el socialchovinismo era mayoría acabaron votando los créditos de guerra excepto la socialdemocracia rusa y serbia:

      “La guerra europea y mundial tiene claramente un carácter burgués, imperialista y dinástico. La lucha por los mercados y por el saqueo de otros países, el afán de reprimir el movimiento revolucionario del proletariado y de la democracia en el seno de los diferentes países… La conducta de los jefes del Partido Socialdemócrata Alemán… es una traición abierta al socialismo. …de los jefes de los partidos socialdemócratas belga y francés, que ha traicionado al socialismo al entrar en los ministerios burgueses… La traición al socialismo por parte de la mayoría de los jefes de la IIª Internacional… significa la bancarrota ideológica y política de ésta última… Los oportunistas habían preparado desde hacía largo tiempo la bancarrota de la II Internacional al rechazar la revolución socialista para sustituirla por el reformismo burgués; al repudiar la lucha de clases y la necesidad de transformarla, llegado el caso, en guerra civil, y al predicar la colaboración entre la clase; al preconizar el chovinismo burgués excudándose en el patriotismo y en la defensa de la patria, y al desconocer o negar la verdad fundamental, ya expuesta en el Manifiesto del Partido Comunista, de que los obreros no tienen patria; al limitarse en la lucha contra el militarismo, a un punto de vista sentimental pequeño burgués, en lugar de admitir la necesidad de la guerra revolucionaria de los proletarios de todos los países contra la burguesía de todos los países; al convertir en un fetiche la necesidad de transformar el parlamentarismo y la legalidad burguesas olvidando con ello, que en épocas de crisis, hay que recurrir necesariamente a las formas ilegales de organización y de agitación” (Las tareas de la socialdemocracia revolucionaria en la guerra europa, recopilado en La guerra y la revolución Ed. Roca, págs. 129, 130 y 131).

(42) Lenin caracterizaba el carácter de la época bajo predominio de la ideología burguesa contrarrevolucionaria como influencia negativa en el movimiento obrero, con el surgimiento de tendencias opuestas contrarias a unir en una perspectiva revolucionaria las tareas del partido (parlamentarias y extralegales). El Pleno del CC del POSDR en diciembre de 1.910 aprobaría la siguiente posición de Lenin en torno a las tareas del partido: “La situación histórica del movimiento socialdemócrata en la época de la contrarrevolución burguesa –engendra inevitablemente, comomanifestación de la influencia burguesa en el proletariado, por un lado, la negación del Partido Socialdemócrata ilegal, el menosprecio de su papel e importancia, los intentos de mermar las tareas y las consignas programáticas y tácticas de la socialdemocrácia revolucionaria, etc; y, por otro lado, la negación de la labor de la socialdemocracia en la Duma y del aprovechamiento de las posibilidades legales, la incomprensión de la importancia de una y otra cosa, la incapacidad de adaptar la táctica socialdemócrata revolucionario a las condiciones históricas peculiares del momento, etc.” (V.I. Lenin. Contra el trotskismo. Recopilatorio).

(43) Citado por J M. Vidal Villa en Conocer Rosa Luxemburg y su obra, Ed. Dopesa 2, pág. 69.

(44) Rosa Luxemburg. Reforma o Revolución Ed. Akal págs. 103 y 104.

(45) Rosa Lux. Citado por J. M. Vidal Villa en Conocer Rosa Lux y su obra, pág. 96.

(46) Publicado en la introducción de Paul Frolich del libro Huelga de masas, partido y sindicatos de Rosa Luxemburgo pág. 39. Cuadernos de Pasado y Presente.

(47) Lenin fue el más categórico de los revolucionarios marxistas en torno a la necesidad de las luchas y guerras antiimperialistas de los pueblos, y de su lugar junto a la lucha revolucionaria del proletariado, distinguiéndolas de las guerras imperialistas de la burguesía por el reparto del mundo: “Negar toda posibilidad de guerras nacionales bajo el imperialismo es teóricamente falso, erróneo a todas luces desde el punto de vista histórico, y equivalente en la práctica, al chovinismo europeo…Sería sencillamente una necedad negar la defensa de la patria por parte de los pueblos oprimidos en su guerra contra las grandes potencias imperialistas o por parte del proletariado victorioso en su guerra contra cualquier Gallifett de un Estado burgués…esta época ha de originar y nutrir también, inevitablemente, la política de lucha contra la opresión nacional y de lucha del proletariado contra la burguesía, y por ello mismo, la posibilidad y la inevitabilidad, en primer lugar, de las insurrecciones y de las guerras nacionales revolucionarias; en segundo lugar, de las guerras y de las insurrecciones del proletariado contra la burguesía; en tercer lugar, de la fusión de los dos tipos de guerras revolucionarias, etc.”. (El programa militar de la revolución , recopilado en La guerra y la Revolución, Ed. Roca, págs. 113 y 115).

(48) A. Gramsci, La política y el Estado moderno, Ed. Planeta Agostini –Recopilatorio- pág. 133.

(49) Ver Vía parlamentaria o vía consejista, pág. 59. Ed. Fontamara.

(50) La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo. Lenin. Pág. 79. Ed. Progreso.

(51) Dilemas del comunismo: a caballo entre dos épocas (J. Miras y J. Tafalla) Ed. El Viejo Topo. Enero 2.002.

(52) A. Gramsci, citado por Quintín Hoare en Revolución y Democracia en Gramsci, Ed. Fontamara, págs. 107 y 108.

(53) A. Gramsci: El partido comunista en Consejos de fábrica y estado de la clase obrera, Ed. Roca México –recopilatorio-, pág. 131.

(54)G. Lukacs, Lukacs sobre Lenin, Ed. Grijalbo, pág. 53.

(55) A. Gramsci –El materialismo histórico- de La política y el Estado moderno, recopilación Planeta Agostini págs. 18 y 19.

(56) A. Gramsci, Pasado y Presente, Ed. Gedisa, pág. 82.

(57) A. Gramsci, Intervención en el III Congreso del PCI en Lyon 1.926, Antología –recopilatorio- págs 186 y 187, S. XXI.

(58) Ver Un paso adelante, dos pasos atrás, p. 59 (V. Lenin) Ed. Progreso.

(59) A. Gramsci, Consejos de fábrica y Estado de la clase obrera, pág. 131, Ed. Roca

(60) A. Gramsci –Cinco años de vida del partido, Citado por G. Bonomi en Partido y Revolución en Gramsci pág. 198.

(61) A. Gramsci –Pasado y Presente-Ed. Gedisa pág.87.

(62) A. Gramsci, citado por Máximo L. Salvadori en Revolución y Democracia en Gramsci, Ed. Fontamara, pág. 156.

(63) Gramsci y el PCI; dos concepciones de la hegemonía. Máximo L. Salvadori. Ed. Materiales. Gramsci hoy. Nº 2. 1977.

(64) De la intervención del príncipe moderno a la controversia del príncipe postmoderno. Fco. Fdez. Buey. Ciudadanía y participació política, pág. 67. Ed. Fundació Pere Ardiaca. Barcelona 2.005.

(65) En el POSDR Lenin denunció en el período que va de 1.908 a 1.911 el liquidacionismo del Partido y lo definió de la siguiente manera: El liquidacionismo son los “…intentos de cierta parte de la intelectualidad del Partido de liquidar (es decir, disolver, destruir, anular, suprimir) la organización existente del Partido y sustituirla por una organización informe, mantenida a toda costa dentro del marco de la legalidad… aunque para ello hubiere que renunciar de un modo claro y franco al programa, a la táctica y a las tradiciones (es decir a la experiencia pasada) del Partido…”  (Lenin, El partido legal y los marxistas. Problemas de organización,  Ed. Roca México, pág. 11). La Resolución de la Vª Conferencia del POSDR de 1.910, dice del liquidacionismo:”…Su esencia consiste en renegar de la ilegalidad, en liquidarla, en sustituirla por una asociación informe en el marco de la legalidad…la negación del Partido Socialdemócrata ilegal, el menosprecio de su valor y de su significación…la negación de la socialdemocracia en la Duma y de la utilización de las posibilidades legales, la incomprensión de la importancia de ambas…El liquidacionismo es un oportunismo de tal naturaleza, que llega hasta a renegar del Partido. De suyo se comprende que el Partido no puede existir, teniendo en su seno a los que no reconocen su existencia…El liquidacionismo…es también la destrucción de la independencia de clase del proletariado, la corrupción de su conciencia de las ideas burguesas.” (Lenin, El partido legal y los marxistas. Problemas de organización, págs. 15 y 16 Ed. Roca). En 1912 los bolcheviques con Lenin a la cabeza romperían con los liquidadores en el Partido, a pesar de los “esfuerzos” de Trotski y Mártov de unir ambas tendencias en un solo partido.

(66) Más adelante entre 1.915-16 bajo la coyuntura de la guerra mundial y la situación prerevolucionaria Lenin se reafirmaba en su posición antiliquidadora: “Del  cauce principal del menchevismo salió…la corriente liquidacionista, es decir, la renuncia a la lucha por una nueva revolución en Rusia, el abandono de la organización y de la actividad ilegales, las burlas despectivas a propósito de la clandestinidad, de la consigna de la república, etc…Defendiendo la fidelidad a los legados revolucionarios de Partido, apoyando el auge del movimiento obrero que se iniciaba en esa época…combinando la organización legal y la legal, la prensa y la agitación, los pravdistas unieron en torno suyo a la inmensa mayoría de la clase obrera consciente, mientras que los liquidadores…se apoyaban en el pródigo respaldo a los elementos liberales burgueses.” (Lenin, El socialismo y la guerra, Obras Completas, Ed. Progreso). “Algunos tratan de defender a Kautsky y a Turati diciendo que legalmente no se podía ir mas allá de una alusión en contra del gobierno… a esto hay que contestar, primero, que el hecho de que sea imposible decir legalmente la verdad es un argumento que no va a favor del encubrimiento de la verdad sino a favor de la necesidad de establecer una organización y una prensa ilegal, es decir, libre de la policía y de la censura, segundo, que existen momentos históricos en que al socialista se le exige una ruptura con cualquier legalidad… Ese reformismo es absolutamente incompatible con el marxismo revolucionario, que está obligado a aprovechar, en todos sus aspectos, la presente situación revolucionaria en Europa para hacer una prédica directa de la revolución, del derrocamiento de los gobiernos burgueses, de la conquista del poder por el proletariado… ¡Cómo podrán trabajar honestamente y hombro con hombro, en un mismo partido, hombres que al cabo de dos años de esta grandiosa crisis mundial, dan respuestas diametralmente opuestas a la pregunta mas importante de la táctica contemporánea del proletariado?” (Lenin, La guerra y la Revolución, pág. 56, 68, 69 y 80 Ed. Roca).

(67) G. Lukacs, Lukacs sobre Lenin, Ed. Grijalbo, págs. 46 y 49.

(68) En este sentido es contemporánea la aseveración de Lukacs: “Todo partido comunista es por su esencia un tipo de organización superior al de cualquier partido burgués y al de cualquier partido obrero oportunista. Esto se aprecia ya en las superiores exigencias puestas a sus miembros individuales…Mientras que los mencheviques consideraron (como todo partido esencialmente burgués) que la simple aceptación del programa era suficiente para ser miembro del partido, para los bolcheviques la pertenencia al partido significaba participación personal activa en el trabajo revolucionario… Precisamente porque toda decisión del partido tiene que realizarse en las acciones de todos sus miembros… los miembros están en situación de y están incluso obligados a empezar inmediatamente su crítica, a formular inmediatamente sus experiencias, sus reservas, etc. Si el partido consiste en una mera jerarquía de funcionarios aislada de las masas de los miembros comunes a los que no compete en la vida cotidiana más que una función de espectadores, si la acción del partido como un todo es sólo ocasional, entonces se produce en los miembros una cierta indiferencia, mezcla de ciega confianza y de apatía de las acciones cotidianas del partido. Su crítica no puede ser, en el mejor de los casos, más que una crítica… que pocas veces tendrá una influencia determinante en la orientación real de las acciones futuras. En cambio, la intervención activa de todos los miembros en la vida cotidiana del partido, la necesidad de comprometerse con la personalidad entera con toda acción del partido, es el único medio que obliga al partido a hacer realmente comprensibles sus decisiones para todos sus miembros, a convencerles de su acierto, puesto que de otro modo es imposible que éstos las pongan acertadamente en la práctica (Esta necesidad será tanto más intensa cuanto más organizado esté el partido, cuanto más importantes sean las funciones que recaen sobre cada miembro, por ejemplo, en una fracción sindical, etc.). Por otra parte, estas discusiones, ya antes de la acción, pero también durante ella, tienen que producir la interacción viva entre la voluntad de la colectividad del partido y la de la central; tienen que influir en la transición efectiva de la resolución a la acción por vía de modificación, corrección, etc. (También en este punto hay que decir que la interacción será tanto mayor cuanto mejor y más intensamente configuradas estén la centralización y la disciplina)” (Historia y consciencia de clase, pág. 201, 221 y 222, Ed. Orbis, Vol. II).

(69) Lenin, ¿Quiénes son los amigos del pueblo, y como luchan contra los socialdemócratas? Obras Completas, Tomo I, Ed. Progreso.

(70) La neutralidad de los sindicatos, págs. 189, 190 y 193 en Sobre los sindicatos –recopilatorio-, Ed. Progreso.

(71) Lenin, Sobre los sindicatos, págs. 257 y 262, Ed. Progreso.

(72) Lenin, Sobre los sindicatos, pág. 263, Ed. Progreso.

(73) Lenin. Sobre los sindicatos, págs. 263 y 264.

(74) Lenin, Sobre los sindicatos, pág. 372, Ed. Progreso.

(75) La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo, pág. 35. Ed. Progreso

(76) La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo, págs. 37 y 38. Ed. Progreso.

(77) La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo, págs. 38 y 39. Ed. Progreso.

(78) La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo, p. 39, Ed. Progreso.

(79) Las tareas de los comunistas en los distintos sectores del movimiento anti-fascista. Resoluciones y Acuerdos del VIIº Congreso de la Internacional Comunista. Agosto 1.935. www.jcasturias.org.

(80) Ver Un mito llamado Pasionaria, págs. 273 y 274. Andrés Carabantes y Eusebio Cimorra. Ed. Planeta. Barcelona 1.982.

(81) Antonio Gramsci, a razón de las luchas obreras de la FIAT, decía que los obreros eran hombres de carne y hueso, y se preguntaba si por alguna razón tras un mes de lucha de miles de obreros, la vuelta al trabajo pudiera significar una traición a los ideales revolucionarios. Gramsci denunciaba el aislamiento, la falta de ayuda exterior, y destacaba con orgullo que a pesar de todo habían resistido un mes con huelga y merma salarial, desmarcándose del oportunismo de quienes desde el apoliticismo, el reformismo y el radicalismo con las acciones menores (testimoniales) pretendían abusar hasta el agotamiento y burlarse de la resistencia y el espíritu de sacrificio de la clase obrera. (Ver Hombres de carne y hueso, Gramsci, Ordine nuevo, 8 de mayo 1.921).

 

 

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