PARTE 8. HISTORIA Y MÉTODO DE LA FILOSOFÍA CONTEMPORÁNEA.

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Miguel A. Montes

15 Enero 2010

INDICE

  1. HISTORIA Y MÉTODO DE LA FILOSOFÍA CONTEMPORÁNEA

7.1 Breve historia y controversia de la filosofía burguesa

7.1.1 Orígenes de la filosofía: Grecia, Renacimiento y Reforma

7.1.2 Materialismo e idealismo en la filosofía burguesa

7.1.3 La ilustración francesa contra la filosofía feudal

7.1.4 La filosofía clásica alemana y el hegelianismo

7.1.5 El materialismo antropológico burgués del S.XIX

7.1.6 La reacción burguesa en filosofía: positivismo e irracionalismo

7.1.7 La filosofía burguesa en el imperialismo

7.2 Las leyes de la dialéctica materialista

7.2.1 Cuestiones preliminares sobre la dialéctica

7.2.2 Primera ley

7.2.3 Segunda ley

7.2.4 Tercera ley

7.2.5 Cuarta ley

7.2.6 Errores de Mao sobre la dialéctica

7.2.7 La dialéctica de la verdad

7 3 Esbozo del materialismo histórico

Notas de Historia y método de la filosofía contemporánea

7. HISTORIA Y MÉTODO DE LA FILOSOFÍA CONTEMPORÁNEA

      Vamos a realizar un breve esbozo sobre la filosofía, el ecuador de la lucha de clases en la teoría, a lo largo de su historia, para comprender su papel en el progreso o reacción de las clases en pugna y para entender la necesidad de la dialéctica materialista como método de investigación, análisis y actuación consciente en la sociedad.

7.1. Breve historia y controversia de la filosofía burguesa

7.1.1 Origenes de la filosofia:  Grecia, Renacimiento y Reforma

      Bajo el modo de producción esclavista se desarrolló la división social del trabajo intelectual-manual, que permitió el desarrollo primario de las ciencias y la filosofía. La filosofía griega surge en un marco de lucha de clases, en el que la clase esclavista necesita fundamentar una ideología que preserve sus intereses y la encuentra en el idealismo objetivo (Sócrates, Platón), que a diferencia del materialismo (Demócrito, Epicuro, Lucrecio), intensifica el carácter contemplativo de la filosofía y apuesta por la incognoscibilidad del mundo, en oposición a la práctica y el conocimiento de la realidad objetiva.

No obstante, el idealismo objetivo de Aristóteles en oposición a Platón, contemplaba la existencia del mundo material objetivamente al margen de la idea, en continuo movimiento con bastante aproximación a la dialéctica (general-particular, cambio de calidad, cambio de posición por desplazamiento…), lo que nos presenta una filosofía aristotélica muy distinta a la que luego sería dogmatizada por Tomás de Aquino en la Edad Media.

Con el paso al feudalismo la filosofía se convertiría en sierva de la teología, el idealismo objetivo se desarrollaba y expandía en las religiones monoteístas, de las que el cristianismo fue el máximo exponente ideológico en Occidente, a través de un centro político “universal”: la jerarquía eclesiastica de Roma.

En el Renacimiento (S.XV-XVI) fue hegemónica la tendencia hacia el avance en la lucha por liberarse la filosofía del yugo de la teología. En general, el Renacimiento se propone crear una conciencia científica puesta al servicio del hombre, siendo su objetivo principal el dominio y conocimiento de la naturaleza y el universo (Copernico, Da Vinci, Galileo, G. Bruno…). Los descubrimientos más importantes de la época provienen de la astronomía (teoría heliocentrista de Copérnico desarrollada por G. Bruno), que arrojó un desafío a la autoridad eclesiástica acerca de la naturaleza al demostrar la capacidad del intelecto para alcanzar la verdad de la realidad objetiva, la cognoscibilidad del universo. La filosofía humanista (Erasmo de Rotterdam, Maquiavelo…) dejó de ser la sirvienta de la teología pasando a tener un marcado carácter antiescolástico.

El surgimiento de las monarquías absolutas, supuso un debilitamiento del poder político y económico de la Iglesia de Roma como fuerza ideológica y orden supremo del feudalismo. Los movimientos reformistas (Lutero, Calvino) del S.XVI constituyen las primeras manifestaciones de la tendencia burguesa por liberarse del yugo de la iglesia católica romana, la apuesta por desarrollar sus propias iglesias nacionales, lo que darían forma a las primeras revoluciones burguesas de Holanda en el SXVI contra el yugo feudal español y la inglesa del S.XVII. Revoluciones que sentaron las bases políticas necesarias para el posterior desarrollo progresista de la filosofía burguesa en Occidente. De esta época destacamos el materialismo de Spinoza para quien la misión de la filosofía consistía en conquistar el dominio de la naturaleza y lograr la perfección humana, y Hobbes para quien todo el conocimiento proviene del exterior por medio de lo que perciben nuestras sensaciones (sensualismo).

7.1.2 Materialismo e idealismo en la filosofía burguesa

      La controversia filosófica, la lucha de clases en la teoría, entre materialistas e idealistas, siempre ha estado acompañada del empleo de uno u otro método de investigación o teoría del conocimiento: la metafísica o la dialéctica. Ni todos los idealistas fueron metafísicos ni todos los materialistas fueron dialécticos, ni todos los materialistas en el conocimiento del mundo objetivo lo fueron en el conocimiento de la sociedad o la propia filosofía. Por ejemplo, en Europa occidental en los siglos XVI y XVII materialistas en las ciencias como Giordano Bruno, Francis Bacon y Descartes, que partían de la cognoscibilidad del mundo, eran idealistas en filosofía, un idealismo objetivo panteísta que desdoblaba a Dios en la naturaleza y dualistas al separar el objeto del pensamiento. También Descartes en cosmología (estructura del universo), cosmogonía (origen y desarrollo del sistema planetario) y en física, era materialista, pero en la teoría del conocimiento era idealista.

Tampoco todos los materialistas fueron ateos, durante los siglos citados sólo Hobbes y Spinoza hicieron proposiciones ateas al considerar la fe en Dios como producto de la imaginación humana (Hobbes), viendo la naturaleza como causa de si misma y la religión como efecto de la ignorancia, el miedo y lo desconocido (Spinoza), y la Biblia como un texto no divino.

Pero también tal materialismo era metafísico, si exceptuamos a G. Bruno que consideraba la infinitud del mundo en la dialéctica de la coincidencia de los opuestos, los otros filósofos habituados al empirismo y la experimentación enfocaban los fenómenos de la naturaleza fuera de su conexión, llegando a la conclusión de que no sólo en el experimento sino en la naturaleza los fenómenos son autónomos e inconexos. Bacon y Locke transplantaron esta conclusión de las ciencias naturales a la filosofía, adquiriendo vigencia actual en el neopositivismo. Por su parte los materialistas no dialécticos consideraban el movimiento como desplazamiento y choque de cuerpos (Descartes), impulso y aplicación de leyes mecánicas (Hobbes). Si bien Spinoza consideraba al ser humano sólo como parte de la naturaleza y no como sujeto sociohistórico, destaca frente al empirismo de Descartes al distinguir la esencia del fenómeno como objeto de conocimiento del fenómeno real, considerando al mundo de naturaleza única, increable, eterno e infinito, siendo el pensamiento un atributo de la materia. Al margen de su insuficiencia, tal materialismo metafísico y empirista de los siglos XVI-XVII en la teoría supuso una reacción trascendental frente al dogmatismo aristotélico-tomista feudal.

Tales materialistas, aunque fuesen panteistas, en las condiciones de los siglos XVI y XVII suponían una renuncia a la interpretación religiosa del mundo.

Berkeley padre del idealismo subjetivo de Europa occidental en la época moderna (S.XVIII), que se levantó en reacción al materialismo, consideraba las sensaciones como la única realidad perceptible, negaba el mundo exterior, las cosas no existen fuera de las ideas, sólo existe la conciencia humana y no la materia, invirtiendo el planteamiento hobbesiano, atacando abiertamente el materialismo y toda sus manifestaciones en la ciencia. Este idealismo subjetivo era agnóstico y escéptico.

Hume fue contradictorio, ya que partía de la incognoscibilidad del mundo y su indemostrabilidad. Para Hume el ser humano es ignorante e impotente para desarrollar teorizaciones, pero como ser práctico posee en el sentido de la fe las garantías necesarias para el éxito de sus acciones, con lo que el conocimiento sólo era válido como guía para una orientación práctica (las costumbres como base de la experiencia), lo que fundamentaba la teoría del sentido común o utilitarismo burgués.

En esta corriente idealista destaca Leibniz por su idealismo objetivo y metafísico al entender la evolución por medio de pequeños cambios sin saltos ni ruptura de la continuidad, señalandonos que también el idealismo puede ser mecanicista.

Para todo idealismo en general, la realidad objetiva (sociedad, tormenta, mar) no existe, sólo existe la idea que la conciencia se hace de tal realidad, el idealismo subjetivo se reduce a los seres pensantes, y el idealismo objetivo que reconoce la existencia de un mundo independiente de la conciencia, se reduce al espíritu divino.

7.1.3 La Ilustración francesa contra la filosofía feudal

Tras las revoluciones holandesa e inglesa, un siglo más tarde y como reacción al antiguo régimen feudal surge la Ilustración francesa y alemana del S. XVIII (Voltaire, Montesquieu, Rousseau, Lessing, Goethe) de los que sólo el último consideraba la universalidad del movimiento, el cambio y la concadenación de los fenómenos. En éste período predomina el materialismo mecánico. La ideas de la Ilustración fueron un poderoso medio propagador de la ciencia y la mayor embestida filosófica realizada contra el feudalismo, tanto en su última forma política (monarquía absoluta) como contra su sostén ideológico: la ideología religiosa.

Se levantan frente al idealismo especulativo y agnóstico, contra la ideología feudal y las supersticiones religiosas en defensa de la libertad de pensamiento científico y filosófico, la razón contra la fe, la ciencia contra la mística, y la libertad de investigación. Rousseau destaca de todos, por su profundidad en la crítica del régimen social, mientras el resto no va más allá de la crítica del feudalismo y el absolutismo desde el ángulo burgués. En el Contrato Social y el Discurso sobre el origen de las desigualdades sociales entre los hombres, Rousseau defiende la tesis igualitarista de que la desigualdad social existente está condicionada por la desigualdad económica, y debe ser corregida por medio del cambio de sistema de educación y la libertad e igualdad de derechos políticos y sociales, asignando al Estado el papel de mantener un cierto equilibrio social por medio de la legislación (sobre la herencia, el impuesto progresivo, etc.), lo que fundamenta el carácter burgués más radical de la sociología roussoniana que sería la bandera de la revolución francesa y del jacobinismo. Rousseau ve el progreso del ser humano mediante la lucha, pero no una lucha revolucionaria, sino la lucha ética del individuo por dominar sus sentidos.

Un salto superior sobre el materialismo de los siglos XVI y XVII, supone el materialismo de los enciclopedistas (Diderot, Holbach, LaMetrie…), que a diferencia del materialismo anterior lleva sus conocimientos al dominio público, más allá de la corte. Sus concepciones son materialistas y por vez primera públicamente ateas, mientras por el contrario ilustrados como Voltaire rechazan el ateismo al considerarlo una doctrina peligrosa para el orden social basado en la propiedad privada.

Materia, movimiento y forma son inseparables (LaMetrie). La materia es eterna e increada, no hay causa externa del movimiento en la naturaleza (Holbach). Eternidad e infinitud de la naturaleza, nexo de los procesos, todo cambia y perece (Diderot).

No obstante, a pesar de suponer una solución consecuentemente materialista al problema cardinal de la filosofía (relación entre el pensar y el ser), este materialismo es predominantemente metafísico y mecánico, ya que los cambios son únicamente cuantitativos, y reducen la conducta humano-social a la necesidad mecánica. Son empiristas y sensualistas al reducir el conocimiento a la experiencia de las sensaciones considerando al conocimiento como una actividad contemplativa (reflexión del exterior) y no activa, rescatando el materialismo sensualista de Locke.

En lo histórico-social son idealistas en su lucha contra la teología, ya que sostienen que la fuerza motriz es la razón y la educación como medios para cambiar la sociedad y no la revolución social. El objetivo: la igualdad de oportunidades de la enseñanza, quedando por detrás de Rousseau quien destacaba sobre todos en la Ilustración por denunciar las contradicciones sociales. Para los enciclopedistas, es el saber el que determina la historia, la causa del progreso histórico es el progreso del saber y la educación, la fuerza motriz de la historia son la razón y el progreso de la enseñanza. En el combate contra la religión no veían que el origen de las ilusiones religiosas estaba en la base material de las relaciones sociales, sólo vislumbraban sus efectos, una pugna entre razón y fe, saber e ignorancia.

¿Cómo se forma la razón a lo largo de la historia?. En una doble lucha, por una parte contra la naturaleza exterior y la existente en el ser humano, contra la espontaneidad; y por otro contra la ilusión, contra la ideología, desde la magia hasta la imaginación metafísica. La razón no domina la naturaleza existente en el individuo y fuera de el mas que conociéndola y reconociendo su propia ligazón con ella. El materialismo dialéctico continúa el antiguo racionalismo, pero superándolo, eliminando sus limitaciones, abandona la concepción estrecha de la razón universal como interior al individuo, y la presenta en su universalidad concreta, como razón humana, histórica y social del individuo. Deja de separar la razón de la naturaleza, de la práctica, de la vida. El materialismo dialéctico muestra así de qué modo une la dialéctica, el estudio de los conflictos y las contradicciones sociales en la relación interna. Los une indisolublemente, y los vuelve a hallar en los hechos en el desarrollo del ser social, desarrollo cuyo carácter es a la vez material y dialéctico. El materialismo dialéctico sitúa al individuo en el centro de sus preocupaciones, pero se trata del individuo en devenir, formándose a través de conocimiento y conociéndose en su formación.

7.1.4. La filosofía clásica alemana y el hegelianismo

      Contemporánea de los enciclopedistas es la filosofía clásica de Alemania, donde el atraso económico y político (por detrás de Inglaterra –potencia capitalista- y Francia –república burguesa-) y bajo el dominio de las relaciones feudales (latifundismo con vestigios de servidumbre) con la existencia de pequeños Estados independientes, influyen en el predomino del idealismo como corriente filosófica. Con Hegel predomina el idealismo objetivo, y posteriormente a Hegel predomina el idealismo subjetivo.Es la razón y la idea lo que existe, las relaciones sociales se escamotean.

Igual que en Francia la revolución filosófica precedió a la revolución social y política. El idealismo en filosofiía refleja también la debilidad de la burguesía su indisposición para combatir hasta el final al régimen feudal y su tendencia al compromiso.

Kant recupera principios del idealismo subjetivo agnóstico. Su pensamiento es contradictorio, el mundo es perceptible pero incognoscible, la armonía social sólo es moralmente posible en un mundo inteligible, la cosa en sí como realidad objetiva existe independientemente de nuestra conciencia pero ésta no puede darnos un conocimiento teórico de la cosa en sí, sólo es cognoscible el fenómeno pero no su esencia, es la naturaleza la que se corresponde con el entendimiento y no al revés, etc. Kant introduce ciertos rasgos de la dialéctica al contemplar el antagonismo y la contrariedad entre los seres humanos como causa de progreso social, pero tal antagonismo no era social sino idealista, causado por la malevolencia humana.

A principios del S. XIX, los naturalistas comienzan a ver los límites de la aclaración mecánica y metafísica de los fenómenos de la naturaleza y se aborda la existencia de formas de movimiento no mecánicas como la química y la biología, lo que sin duda sirve de base para un planteamiento dialéctico de la filosofía.

Un gran salto en ese terreno supone Hegel por su ruptura total con la metafísica. Para él no sólo cambia en fenómeno de las cosas sino su esencia. Concibe el mundo de la naturaleza, la historia y la conciencia en perpetuo movimiento, cambio, transformación y desarrollo, poniendo de relieve la conexión interna entre movimiento y desarrollo, y rechaza la incognoscibilidad de la cosa en sí.

      No obstante, Hegel es un idealista objetivo, ya que concibe la naturaleza y la sociedad como formas de existencia de un espíritu sobrenatural: la Idea Absoluta, como el motor y la meta del pensamiento y desarrollo humano, como proceso ininterrumpido de un conocimiento incompleto a otro más elevado. Las relaciones sociales son efecto del desarrollo de la autoconciencia en el camino hacia la verdad absoluta y un régimen social racional, por ej. la esclavitud existió porque el ser humano todavía no tenía conciencia de la libertad, los esclavos no tenían conciencia de la libertad, mientras sus esclavistas sí. Hegel se desmarca del materialismo metafísico y empirista que entiende el pensamiento como mero reflejo del mundo exterior, anteponiendo el pensamiento teórico, pero no como práctica científica y material sino como práctica del pensamiento, de la idea absoluta.

La lógica hegeliana está impregnada de un método dialéctico, con leyes y conceptos, cambios cuantitativos y cualitativos por medio de salto discontinuo, supera la contraposición metafísica entre esencia y fenómeno, identidad y diferencia, causa y efecto, todo existe en conexión, cambio y desarrollo, propone la contradicción entre opuestos como la fuente del movimiento y la vida, que en su desarrollo conduce a la negación de la forma del fenómeno, negación que no procede del exterior. El momento del cambio de la esencia es la superación de la negación concreta, superación que es sometida a una nueva negación en la fase superior del desarrollo.

La lógica hegeliana asesta un golpe tremendo a la representación metafísica de la esencia como algo inmutable. Pero Hegel parte siempre de la Idea Absoluta, no de las relaciones sociales y la producción social. Si la dialéctica enseña que el desarrollo es universal e ilimitado, su sistema filosófico niega la universalidad del desarrollo ya que para Hegel la naturaleza no evoluciona en el tiempo sino que se diversifica en el espacio y el desarrollo social acaba con el establecimiento de la monarquía constitucional.

Su sistema filosófico idealista entra en contradicción con la dialéctica, ya que considera a la materia como algo inerte derivado del espíritu, de la idea, no hay dialéctica en la naturaleza, no hay desarrollo y transformación de unas formas de la materia a otras.

En lo histórico-social para Hegel la Idea Absoluta es la monarquía constitucional, y la propiedad privada la encarnación de la libertad. Otorga a la moral la fuerza impulsora de los cambios políticos, donde las relaciones jurídicas son efecto del carácter moral de la sociedad, mientras el carácter clasista de tales relaciones es inadvertido. Para lograr la libertad universal sólo bastaba con suprimir la servidumbre, proclamar la libertad de conciencia, manteniendo estamentos, propiedad feudal y monarquía, como síntesis de sistemas sociales opuestos (feudalismo/capitalismo). Equilibrio hegeliano que concilia las contradicciones pero no las supera.

Es la parte de la dialéctica que Marx tiraría por la borda. Si para la dialéctica materialista el desarrollo es ilimitado, para el sistema filosófico hegeliano existen límites en el desarrollo histórico-social en la monarquía constitucional, lo que desfigura la dialéctica al ocultar la lucha de contrarios, al negar los saltos revolucionarios y al suponer la negación de lo viejo por lo nuevo como sucesividad de la síntesis y no como alteración del orden establecido, de la esencia.

7.1.5. El materialismo antropológico burgués del S. XIX

      La oposición al absolutismo germano se daba en la crítica al cristianismo ortodoxo, ya que tal religión era la ideología imperante oficializada por el Estado. Si los jóvenes hegelianos combatieron la religión desde el idealismo (Strauss, Bruno Bauer, Max Stirner), Feuerbach lo hizo desde el materialismo antropológico, con el mismo objetivo: emancipar al ser humano de la conciencia religiosa que lo oprime.

Feuerbach va más allá en la crítica a la religión que los materialistas anteriores, al contemplar las raíces naturales de la religión. La particularidad de Feuerbach es la negación del dualismo (cuerpo y alma), la unidad de lo espiritual y lo material, lo subjetivo y lo objetivo, lo psíquico y lo físico, pensamiento y ser.

Para Feuerbach lo fantástico y lo sobrenatural tienen origen y causa terrenal, no es una simple ilusión o absurdo. No hay nada ultraterreno, los fenómenos de la naturaleza no tienen una doble existencia. El ser humano diviniza todo aquello de lo que depende o cree depender, las representaciones religiosas son abstracciones de la vida natural del ser humano (familia, diferenciación del resto de los animales y la naturaleza, etc.).

Lo que queda fuera del campo de visión en la crítica de Feuerbach a la religión es el reflejo en la religión de las contradicciones clasistas antagónicas. Rechaza la objetividad de las contradicciones dialécticas, unidad y lucha de contrarios como fuente interna del desarrollo, quedando por detrás de Hegel. Supera al materialismo vulgar que considera al pensamiento como una segregación del celebro, al considerar a la conciencia en todas sus formas como la expresión de la unidad entre objeto y sujeto, pero no llega a ver la base más importante de esa unidad: la producción social.

Para Feuerbach el mundo es percibido por los sentidos y se puede conocer a través de ellos, pero no extiende la actividad sensorial a los cambios en la producción material a manos del ser humano, no contempla las causas del porqué el simio se convirtió en hombre, no ve el carácter limitado de los sentidos para percibir la relación esencia/fenómeno, por ej., los sentidos nos engañan en torno a la inmovilidad de la Tierra y el movimiento del Sol, mientras es la actividad abstracta y científica la que descubre la esencia del fenómeno.

En lo histórico-social, Feuerbach reemplaza las fuerzas motrices místicas por los sentimientos y pasiones humanas, a la interpretación religiosa le opone una concepción naturalista, donde la sensibilidad humana es el punto de arranque determinante de la conducta en la sociedad. Para Feuerbach la libertad es la unidad del ser con las circunstancias, como el pez es libre en el agua, el ser humano es libre cuando le consienten su deseo natural de felicidad, este planteamiento es similar al planteamiento del materialismo francés del S.XVIII de cambiar las circunstancias (enseñanza) para cambiar al ser humano.

El hombre natural, abstracto, extraclasista, de Feuerbach, es el hombre idealizado por la sociedad burguesa. Esta idea antropológica parte de la base de que todos los seres humanos son iguales por naturaleza, los privilegios estamentales contradicen la naturaleza y deben ser abolidos. Feuerbach busca en el marco de la sociedad burguesa, las condiciones naturales de la existencia humana, las circunstancias que permitan al individuo realizar la felicidad. Ve en el amor fraterno la fuerza decisiva del progreso social y moral, optimismo que sin embargo colisiona con la realidad social bajo el capitalismo.

Feuerbach al querer liberar a la religión de su falso objetivismo idealista hegeliano, cae en el subjetivismo al reducir toda objetividad al sujeto, ignorando la realidad social objetiva. Las concepciones humanistas de Feuerbach omiten que la sociedad está dividida en clases opuestas, lo que borra de un plumazo el carácter revolucionario de su filosofía bajo el himno de la igualdad, el amor recíproco y la reconciliación universal en el capitalismo. Ilusión democratico-burguesa, que ve al ser humano natural, extraclasista, antropológico puro, idealizado por la incipiente sociedad burguesa.

Durante el S.XIX la filosofía materialista se va imponiendo en el seno de la oposición al régimen zarista en los demócratas revolucionarios, que a diferencia de Feuerbach incorporan rasgos de la dialéctica hegeliana al materialismo, aunque no profundizaron en el materialismo histórico. Contemporáneos de Marx, dieron un paso en la superación del carácter contemplativo de la filosofía, y aspiraban a la transformación del mundo.

Belinski parte de la idea de sustitución de lo viejo por lo nuevo, consideraba el desarrollo histórico en espiral de formas primitivas a otras más complejas y a diferencia de los socialistas utópicos entiende que el socialismo será instaurado mediante una insurrección popular.

Herzen parte de la realidad objetiva, no de la razón pura apriorística, la verdad es un proceso in crescendo del conocimiento, contempla la dialéctica esencia/fenómeno, contenido/forma, causa/efecto. El desarrollo se efectúa a través de la lucha de los opuestos que culmina con la negación de una de las partes y el triunfo de la otra, sin negación no hay vida ni progreso.

Chernikievski es antropologista, no considera al ser humano como sujeto socio-histórico sino como sujeto y manifestación suprema de la naturaleza. La idea sin objeto no existe, el mundo es cognoscible y las percepciones sensoriales reflejan la realidad. Y en cuanto al progreso social es el que más se aproxima al materialismo dialéctico: sustitución de lo viejo por lo nuevo y lucha de clases, ve posible las transformaciones socialistas por medio de la insurrección popular, la revolución con el fin de la abolición de la propiedad privada y el trabajo asalariado, estima que es el pueblo el gran propulsor del progreso histórico rechazando el reduccionismo de la historia a la biografía de los zares y caudillos.

Si los demócratas revolucionarios rusos no alcanzan la dialéctica materialista en lo historico-social, es por no descubrir en el proletariado la fuerza social revolucionaria en el capitalismo. Terminan por idealizar la comuna campesina como futura organización social. Influenciaron mucho en el surgimiento del populismo ruso.

7.1.6. La reacción burguesa en filosofía en el siglo XIX: positivismo e irracionalismo 

      Después de la revolución de 1.848, la burguesía europea  no lleva hasta el final las reformas democrático-burguesas y pacta con la reacción, dedicándose a la búsqueda de la justificación panfletaria del capitalismo. Reniega por ello de los avances de la filosofía de la ilustración y la enciclopedia. Y de la dialéctica hegeliana nunca más se supo. Entra en una fase de decadencia en la que se abrazan planteamientos irracionalistas, mísiticos y positivistas apologéticos de lo existente, menospreciando el papel de la ciencia y la razón. El combate ofensivo de la burguesía contra los restos del feudalismo es reemplazado por la actitud defensiva frente al proletariado ascendente (1).

Los irracionalistas sostienen que la fe en la razón provoca  peligrosas revisiones críticas de las leyes del desarrollo social socavando la propiedad privada, el derecho y la moral burguesas.

En el campo del irracionalismo destacan el idealismo subjetivo de Schopenhauer para quien el mundo es una representación de la voluntad humana, el objetivo de la ciencia es satisfacer los intereses de la voluntad, sin sujeto no hay objeto. La felicidad engendra dolor, la alternativa es el ascetismo y la pasividad social. Tal pesimismo niega que ni siquiera las reformas políticas puedan cambiar la vida del ser humano. Su alternativa política es un Estado policial, recuperando la tesis hobbesiana del Estado como máquina de violencia, para rechazar todo alzamiento de las masas contra la propiedad privada y el régimen.

Comte, padre del positivismo, es quien más preclaramente influye en el desarrollo posterior del idealismo burgués hasta nuestros días. Comte fundamenta la apología del capitalismo. Considera a la revolución francesa como un progreso, pero su efecto (revueltas populares) es un caos político a superar. Contempla el progreso como desarrollo mental que condiciona el desarrollo social.

El cambio social procede por este orden, cambio de opiniones, de costumbres e instituciones. Retorna al agnosticismo, sólo se puede conocer el fenómeno pero no la esencia. Niega la causalidad y la sustituye por una chata sucesión cronológica de los fenómenos. Rescata aspectos del enciclopedismo, la fuerza propulsora de la histórica es el saber, de lo religioso hemos pasado a la idea estricta de la naturaleza (siglos XVI-XVIII) y a la ciencia positiva (estadios teológico, metafísico y positivo). La función de la ciencia es el conocimiento de las leyes de la naturaleza y la sociedad en torno a la relación entre los fenómenos, negando su esencia. Por ej. su estadio positivo esconde interesadamente la esencia del capitalismo como sistema de explotación.

En sociología Comte sostiene que el organismo social es análogo al organismo biológico, promulga por ello la solidaridad social entre las partes órganos y funciones del organismo social, capitalistas y obreros, que para el es la misma clase (los industriales). Propone la armonía social, equilibrio y concenso. Su método anti-dialéctico, niega la revolución y todas las ideas materialistas que habían preparado teóricamente la revolución francesa.

En la segunda mitad del S.XIX, con la aparición del marxismo la decadencia de la filosofía burguesa con respecto a las conquistas de la filosofía del S.XVIII es irreversible. El positivismo es la escuela hegemónica de la filosofía burguesa en ésta época y actua de contrapeso reaccionario en países de fuerte tradición materialista (Francia e Inglaterra). Herbert Spencer (positivista) rescata el agnosticismo, y trata de conciliar la ciencia a la religión. La ciencia sólo conoce los fenómenos externos no la esencia. Admite la teoría de la evolución y fiel a Comte aplica a la sociedad como cuerpo vivo el principio de la lucha por la existencia germinando el camino a una de las concepciones más reaccionarias de la sociología burguesa, el darwinismo social.

Recordemos que ya en esta época tanto Marx como Engels si bien apreciaron la teoría darwinista del desarrollo de las especies, se opusieron al entrelazamiento que llegaba Darwin de sus enunciados científicos con la acientífica e inhumana teoría malthusiana de la población, en la cual el hambre y la miseria no son consideradas como consecuencia de las relaciones de producción capitalistas, sino de la natural facultad del hombre para multiplicarse. Tambien se opusieron contra los intentos de trasnferir la teoría de la “lucha por la vida” de Darwin a la historia del desarrollo de la sociedad humana, lo que más tarde conduciría al denominado darwinismo social y que culminaría en las diferentes “teorías de élite” imperialistas.

Continuamos con el irracionalismo de Mach (empiriocriticista) que considera que no se puede conocer la esencia de las cosas y que la realidad objetiva no existe al margen de la conciencia, los átomos son sólo símbolos. Recupera a Berkeley y Hume. No hay causa ni efecto en la naturaleza.

Los neokantianos podan a Kant al negar la cosa en sí (realidad objetiva), rescatan el agnosticismo por su incomprensión del mundo circundante y negación del alcance cognoscitivo de la ciencia. No existen leyes de desarrollo histórico, para los neokantianos de la escuela de Marburgo (principios del S.XX) fieles a Bernstein, el socialismo no es un resultado objetivo del desarrollo social sujeto a leyes sino un ideal ético, una guía de la conciencia.

Las primeras manifestaciones de la filosofía irracionalista a comienzos del S.XIX, brotaron de la resistencia de los beneficiarios del absolutismo feudal contra la revolución francesa, que impulsa la continuidad de los procesos revolucionarios en Europa, y culmina con el fracaso pese a los esfuerzos de la Santa Alianza por restaurar las condiciones políticas anteriores a 1.789 (dialéctica restauración-liquidación vestigios feudales). Y tal filosofía como apologética del capitalismo, presentan los lados negativos como inherentes a la naturaleza humana y no de las fallas del sistema, encontrando su primer exponente en Schopenhauer, para quien no existe ni causalidad ni progreso en la historia, sino formas eternas de objetivación de la voluntad.

Tras la derrota de la revolución en 1.848 el irracionalismo burgués se expande, y tras la Comuna culmina en Nietzsche. Este encabeza la revuelta contra la razón, enarbolando como fuerza propulsora de la vida a la voluntad de poder, los impulsos inconscientes y la intuición irracional. Siguiendo el ejemplo de Spencer, emplea los resultados de las ciencias naturales para propagar concepciones reaccionarias, suplanta la lucha de clases por “leyes de dinámica social” de corte biológico. De Darwin plagia y tergiversa “la lucha por la existencia” como causa de la dominación del fuerte (capitalista) sobre el débil (proletariado).

La historia es tomada como efecto de la pugna entre los  señores y la horda, donde la voluntad de poder de los señores es el motor histórico, el predominio de los césares del capital frente a la chusma proletaria. El ser humano es irracional por naturaleza, el mundo no es cognoscible, el fin humano es la supervivencia biológica y el fortalecimiento de la voluntad de poder.

Nietzsche considera la desigualdad social como condición innata del ser humano, por lo que existe una parte superior de los seres humanos como gobernantes o raza superior y otra parte o raza inferior de esclavos. Al dominante todo le está permitido, justifica la guerra como medio y derecho de todo representante de la raza superior para establecer su dominio. La explotación es la esencia de lo vivo, consecuencia de la voluntad de poder.Para combatir la horda proletaria y el socialismo, plantea liberar los instintos humanos (egoísmo, barbarie) como fundamento de la ética irracionalista, la salvación del capitalismo reside en las cualidades humanas egoístas y bárbaras que encarna el hombre capitalista, propugna la defensa militante del capitalismo a través de los elegidos como activistas del imperialismo agresivo interno y externo.Frente a la revolución social, propone la revolución que preserva los privilegios y el orden burgués contra las masas. Su blanco es el socialismo y la perspectiva histórica hacia él, por ello exige romper el principio de la democracia parlamentaria, ya que sólo un Estado agresivo imperialista puede hacer frente al socialismo.

La filosofía de Nietzsche es la fuente teórica de la ideología nazi-fascista, que Hitler elevaría a sistema de gobierno, como la rebelión más extrema contra la filosofía hegeliana y la idea de progreso de la revolución francesa y como frente de lucha principal contra el socialismo. Defensa y justificación de los lados negativos del capitalismo, como algo natural (guerras, privilegios, opresión, desigualdad, etc) y como medio de vida (predominio del fuerte sobre el débil).

7.1.7 La filosofía burguesa en el imperialismo

      El desarrollo de las filosofías antiprogresistas bajo el imperialismo constituye la segunda ofensiva ideológica contra el socialismo, que se agudiza tras el triunfo de la revolución socialista en los pueblos de la URSS. Ofensiva en la que de forma abierta la filosofía burguesa ya incapaz de producir argumentos serios contra la concepción de progreso del socialismo científico, pasa a combatirla en el terreno de las ciencias naturales y sociales (2) reconvertidas para servir a la reacción irracionalista.

El irracionalismo es una reacción al desarrollo dialéctico del pensamiento, que se defiende la imposibilidad de resolver los problemas que la ciencia plantea a la filosofía y la imposibilidad de conocer el mundo objetivo. Para el irracionalismo la realidad es un más allá, los conceptos fallan ante la realidad, el pensamiento es incapaz de alcanzar el conocimiento objetivo racional.

Como filosofía de la vida que niega el desarrollo de la historia en la sociedad, forma parte de la propaganda de la guerra (agnosticismo, nihilismo, mitomanía, prejuicios, racismo..). Tal ideología explota la crisis estructural del capitalismo, como medio de disolución de las condiciones de vida estables, para suprimir la democracia buguesa e instaurar el reino de la arbitrariedad sujeto a la organización de la guerra imperialista, explotando la indignación de las masas, presentado la crisis como producto del caos entre razas, religiones o pueblos, alimentando a través de tales prejuicios, las apetencias de la guerra de conquista. El propio Hitler anticipaba como necesario un estado de embriaguez para menoscabar el libre arbitrio de las masas (3) útil para implantar una dictadura servil hacia arriba y brutal hacia abajo.

En el marco de este ambiente histórico-social de principios del S.XX destaca el darwinismo social (Spencer, Niezstche) como contribución particular a la filosofía irracionalista, que recupera y adapta los análisis de los ideólogos de la nobleza que en su lucha contra la filosofía de la revolución francesa, consideraban la desigualdad como un hecho natural, y justificaban los privilegios como expresión jurídica de la división racial y natural. En la época de la reacción nazi-fascista se rescatan a pensadores racistas (Gobineau, Woltman, Chamberlain) y se actualizan para la acción política nazi con Rosenberg.

La historia no es otra cosa que mezcla de razas y la corrupción de éstas, de ahí el pesimismo social de Gobineau (S.XIX), padre de la teoría social de las razas, que en la misma línea consideraba la igualdad como antinatural, suplantaba la lucha de clases por la lucha entre razas, las razas inferiores están condenadas a trabajar como esclavos al servicio de las razas superiores, criticaba la idea de igualdad que contempla el cristianismo, considera los lados malos del capitalismo como naturales y eternos. Para Gumplowicz, sociólogo austríaco (S. XIX y XX), el Estado es la ordenación de esa desigualdad. Woltman, siguiendo a Gobineau adapta la teoría social de las razas a las necesidades imperialistas y coloniales. Mas tarde el nazismo, con las aportaciones de Chamberlain (pangermanista, racista) y Rosenberg (teórico del racismo nazi, el mito del siglo XX), utilizaría todo el biologismo que encierra el darwinismo social, como parte de su acción de demagogia social. La teoría racial sería en el sistema nazi, el opio del pueblo sustitutivo de la religión, más útil a su demagogia “anti-capitalista”.

      Todas esas tendencias fundamentadas en el irracionalismo y el pesimismo social alcanzan su aplicación extrema en el nazifascismo, en la que estas teorías racistas, fundamentadas en el aristocratismo y biologismo social, menosprecian el progreso social aprovechando sin escrúpulos la desesperación general de las masas en ausencia de una perspectiva social e histórica (4). El pesimismo social acaba en una inmovilidad histórica donde el antiprogresismo se relaciona mutuamente con el antidemocratismo, todo lo valioso que se encuentra en la vida ya existió en un estadio anterior, y ante el empeoramiento social lo máximo a lo que puede aspirarse es a rescatar el estado original. Renace el anticapitalismo romántico de la edad media (5). La ideología nazi se funda sobre bases que niegan radicalmente toda idea de progreso y plantea como alternativa social la restauración del estado primitivo de dominación social.

La filosofía idealista posterior a la IIª Guerra Mundial ha continuado en decadencia en el marco del imperialismo. La decadencia de la burguesía es tal que sólo después de la IIª Guerra Mundial tiene audiencia Kierkegaard, filósofo de la primera mitad del S. XIX, que destaca por su irracionalismo religioso, situando que el pensamiento no puede acceder a la realidad. Promulga el eclecticismo, o sea la conciliación de los contrarios (obreros/patronos) por medio de la voluntad y considera a la religión como forma suprema del autoconocimiento. Combate la concepción burguesa de progreso y rechaza que la revolución sea un momento necesario en la historia. Repulsa toda práctica social, lo que facilita el apoyo hacia el orden existente.

Bajo la hegemonía del imperialismo anglo-yanqui en los 50 en el frente antisoviético, se recuperan sin rubor los análisis de Malthus, para justificar el exterminio de pueblos y la apología de las guerras.

La cosecha propia del siglo XX tampoco tiene desperdicio. Irracionalismo en Bergson, que niega la existencia de la realidad objetiva y su cognoscibilidad racional. La realidad es irracional y su captación se realiza por medio de la intuición. A lo que considera la jerarquía social entre poseedores del saber absoluto (clase superior de privilegiados) y la masa de subordinados como común a toda organización social.

El pragmatismo asentado en los EE.UU. (W. James. J. Dewey), recupera el agnosticismo, teme a la ciencia y desconfía en la razón humana, considera que el ser humano ha de desenvolverse en un mundo irracional e incognoscible, por lo que carece de sentido averiguar la realidad objetiva, y las ideas deben enfocarse desde el punto de vista de las ventajas para lograr los objetivos más rentables, llegando a sostener que las ideas religiosas al aportar sosiego y esperanza son ciertas con arreglo a los fines que se persiguen (W.James). La moral se valora en función del éxito y el progreso social se alcanza mediante la solución gradual de los problemas sociales particulares en el capitalismo (J.Dewey).

El existencialismo exalta el individualismo, donde sólo tiene cabida la propia existencia del sujeto individual, la libertad del individuo se concibe fuera de la sociedad, omiten la libertad como dilema de liberar al ser humano del sojuzgamiento por las fuerzas naturales y sociales y contrapone el individuo a las clases.  El neopositivismo considera que la realidad objetiva carece de sentido, no existen leyes ni en la naturaleza ni en la sociedad, el conocimiento sólo es fruto de la experimentación y verificación científica, la generalización e interpretación de los conocimientos se considera un error, la previsión científica es imposible. Tal planteamiento ignora que por ej. G. Bruno en su actividad teórica admitía que el resto de las estrellas le acompañan sus respectivos sistemas planetarios, aspecto descubierto por la astronomía 350 años después. El neotomismo como filosofía religiosa trata de resucitar la escolástica medieval adaptándola al capitalismo. La filosofía debe de estar sometida a la teología, la ciencia no debe de ocuparse de la filosofía y debe admitir la doctrina eclesiástica de la Creación, la existencia de Dios no es materia de investigación, y en lo social la división en ricos y pobres dimana de la voluntad divina.

Según Lukacs en “El Asalto a la razón” (6) la política de guerra fría impulsaría a las potencias capitalistas a la recuperación de intelectuales, juristas y cómplices del nazismo como Heiddegger que niega la perspectiva socialista del desarrollo social, y la historia, y Schmitt, que reclamaba la doctrina Monroe para Alemania en Europa bajo Hitler, etc. Apoyo intelectual que el imperialismo reclama como necesario para emprender la lucha contra la idea de progreso y contra el socialismo, pasando los EE.UU. a suplir al hitlerismo en el papel de vanguardia en la dictadura mundial imperialista. La guerra fría jugó el papel de medio de preparación para el pánico, la inseguridad, el estado de embriaguez al que Hitler se refería, como abonos fértiles para la propagación del irracionalismo. Bajo esta situación, el movimiento por la paz, al margen de su composición hetereogénea, siempre ha supuesto una auténtica rebelión de progreso de las masas populares con base racional contra el irracionalismo de promueve el imperialismo. La recolonización del mundo tras la caída de la URSS, el fin de la historia de Fukuyama, y la justicia infinita de Bush IIº encuentran en el postmodernismo una nueva expresión del irracionalismo, el individualismo y el pesimismo social.

Las aspiraciones de la burguesía en su fase imperialista, la exaltación de la unidad nacional, negación de la sociedad dividida en clases, legitimación del carácter represivo del Estado capitalista, justificación racista y elitista del resentimiento de la pequeña burguesía contra la clase obrera, el militarismo como ideología expansionista de la burguesía imperialista, etc. Todo este irracionalismo hoy ha sido reconvertido por la ideología neoliberal en el postmodernismo (individualismo, consumismo, ideología reemplazada por la imagen, los ídolos y modas prefabricadas, la intimidad convertida en show mediático, etc.), la justificación de las guerras humanitarias, la guerra entre civilizaciones, el reforzamiento ideológico de la seguridad nacional como ballesta contra las libertades civiles, la amenaza y el miedo exterior justificado para la caza de brujas interior contra la resistencia del movimiento obrero y los movimientos sociales.

El postmodernismo caracteriza la nueva etapa neoliberal de globalización del capitalismo, con el predominio del pensamiento único traducido en el desencanto, la renuncia al progreso social y apuesta por el progreso individual, la apuesta por una economía de consumo masivo y compulsivo en detrimento de la economía productiva lo que entra en contradicción con la revalorización de la naturaleza y el medio ambiente, el predominio de las imágenes y formas sobre las ideologías y contenidos en el debate político y de ideas, los medios masivos se convierten en transmisores de la “verdad” ignorando todo lo que no aparece por su campo de visión ideológica, se promociona la botaratería e idiotez donde la intimidad es erradicada y la vida de los demás se convierte en un show, un entretenimiento, en la televisión y las redes sociales. El futuro y el pasado pierden importancia, sólo adquiere rango el presente lo inmediato, la única “revolución” permitida es la “interior” rindiendo culto al cuerpo y la personalidad individual, despreocupación hacia la injusticia social, indiferencia hacia lo político y lo público, se relativiza el conocimiento científico y se vuelve a lo místico como justificación de los acontecimientos sociales, naturales y políticos, como contrapartida se rinde culto a la tecnología, etc. Sin embargo, el formidable desarrollo de la tecnología en los últimos 40 años no sólo no ha eliminado las desigualdades sociales, la injusticia, la falta de libertades y derechos humanos en todo el mundo sino que al contrario, las ha agravado aún más. El actual progreso tecnológico sigue estando al servicio de las oligarquías financieras imperialistas, las cuales son las más interesadas en la promoción del irracionalismo que transmite el postmodernismo vigente.

Concluyendo. Bajo el imperialismo la decadencia de la filosofía burguesa, justificadora de orden social dominante, ha abandonado ya hace mucho las ideas de la ilustración y enciclopedia francesas, reduciendo la vida social y el conocimiento a procesos biológicos y al irracionalismo social, asentando el empirismo, pragmatismo, positivismo y postmodernismo como prácticas teóricas que niegan la cognoscibilidad y objetividad del mundo material e histórico, que no conoce la unidad de la materia y la conciencia, de la teoría y de la práctica, y el progreso de la historia en general y mucho menos en la perspectiva socialista.

7.2.Las leyes de la dialéctica materialista

      No es la primera vez que se admite que la teoría y el método del materialismo dialéctico de Marx no es una mezcla del método materialista-mecanicista de Feuerbach y el método dialéctico idealista de Hegel. El método marxista no sólo es dialéctico sino también materialista (poner la dialéctica sobre sus pies), y la teoría marxista no es sólo materialista, sino dialéctica también. Por ello el materialismo histórico de Marx puso las bases metodológicas y teóricas para la superación de las anteriores concepciones fatalistas y subjetivistas de la historia.

El materialismo dialéctico, es materialismo al sostener que la práctica teórica descubre lo que nos rodea, una realidad objetiva que es exterior, anterior e independiente a nuestro conocimiento, conciencia y práctica teórica. Es dialéctico, porque el desarrollo no es estático, sino en movimiento continuo, movimiento indestructible cuyas contradicciones internas, unidad y lucha de contrarios es la causa los cambios en su unidad y continuidad-discontinuidad.

¿Pero, en qué se diferencia la dialéctica materialista como método de análisis, investigación e intervención sobre los acontecimientos de la sociedad, respecto a toda filosofía burguesa anterior? Para poder responder correctamente, es necesario que conocer y contrastar la aplicación de las leyes de la dialéctica en relación con desarrollo de la sociedad en sus contradicciones y en su historia, en oposición a todo método y filosofía burguesa.

7.2.1 Cuestiones preliminares sobre la dialéctica

     El mundo se encuentra en un perpetuo movimiento y cambio. El movimiento es la forma de ser de la materia (Engels), nunca ni en ningún sitio puede haber materia sin movimiento. El movimiento filosóficamente, no es sólo el desplazamiento de un cuerpo en el espacio. El movimiento como forma de existencia de la materia, abarca a todos los procesos y cambios que se operan en el universo. Entre esos cambios corresponde un papel excepcional a los procesos de desarrollo y cambio de la mageria, el paso de ésta de unos estados a otros, con nuevas propiedades y características.

Los materialistas mecanicistas, anteriores a Marx, estimaban que toda la vida de la naturaleza y de la sociedad puede ser reducida a desplazamientos mecánicos en el espacio.

El vicio fundamental de la metafísica es su visión unilateral, limitada y rígida del mundo; es la tendencia a exagerar y a convertir en absolutos algunos aspectos de los fenómenos, mientras que se rechazan otros aspectos no menos importantes. No advierte su cambio y desarrollo. Así surgió la costumbre de examinar los objetos y fenómenos desvinculados de su concatenación universal. Y esto impedía ver el desarrollo de las cosas, no dejaba apreciar cómo unas cosas proceden de otras distintas. Así arraigó el método metafísico de pensar, que toma los objetos aisladamente, al margen de su desarrollo.

Lo único eterno y absoluto es el movimiento de la materia, que rechaza sin cesar las formas viejas y engendra otras nuevas. La unidad de los contrarios es temporal, relativa. La lucha de los contrarios que se excluyen recíprocamente es absoluta, como lo es el desarrollo, el movimiento.

Para Lenin antagonismo y contradicción no son la misma cosa. Con el socialismo el primero desaparece, la segunda queda. Las contradicciones no antagónicas, propias de la sociedad socialista, se producen en una sociedad en la que coinciden los intereses fundamentales de las clases que la integran. Contradicciones no antagónicas entre producción y consumo, entre los sectores de la economía, entre las necesidades de desarrollo de las fuerzas productivas y las formas de dirección de la economía, etc.

El desarrollo como tendencias o aspectos contrarios, que se excluyen mutuamente; dichos aspectos entran en lucha, la cual conduce a la desaparición de las formas viejas y a la aparición de otras nuevas. Tal es la ley de desarrollo. El desarrollo es la lucha de contrarios, se produce bajo la contradicción. La concepción dialéctica del desarrollo es profunda, sólo ella proporciona la clave de los saltos, de la interrupción de la continuidad, de la transformación en el contrario, de la destrucción de lo viejo y la aparición de lo nuevo.

La negación de la calidad vieja por la nueva en el proceso de desarrollo es el resultado natural a que lleva en su acción la ley de la unidad y lucha de contrarios. En cada objeto, fenómeno o proceso tiene lugar la lucha de tendencias que se excluyen, y esta lucha conduce a la negación de lo viejo y la aparición de lo nuevo.

El movimiento es de avance, que va de lo inferior a lo superior, de lo simple a lo complejo, es un progreso. Al pasar al socialismo, la explotación es suprimida, y en este sentido la sociedad socialista se asemeja a la comunidad primitiva. Pero tras esta semejanza se oculta una enorme diferencia, la historia del desarrollo progresivo de la humanidad. La igualdad en la comunidad primitiva se basaba en la escasez de medios de existencia y en rudimentarios instrumentos de trabajo. La igualdad en el socialismo y el comunismo viene dictada por el alto nivel de desarrollo de la producción y por la abundancia de bienes materiales y culturales. Así pues, el desarrollo de la sociedad no se ha producido en un círculo, ni en línea recta, sino en espiral, ha reproducido algunos rasgos del pasado pero a un nivel más alto (negación de la negación). Desarrollo que parece repetir fases que ya se atravesaron, pero que las repite a un nivel más alto, desarrollo en espiral, no en línea recta (Lenin).

Las contradicciones que se observan en un fenómeno no son algo inmutable y dado para siempre. Como todo el mundo, aparecen, se desarrollan y por último se resuelven. En última instancia, es esta lucha lo que determina el carácter del desarrollo, en el curso de la cual lo nuevo vence la resistencia de lo viejo y se afirma en la vida, mientras que lo viejo y caduco muere. La doctrina dialéctica del desarrollo orienta hacia el análisis concreto de las tendencias opestas que se descubren en cada fenómeno y pide apoyo activo de lo nuevo, de lo que crece, de lo avanzado.

 7.2.2 Primera ley

     Ley de la acción recíproca y la conexión universal de los aspectos, la materia y el movimiento, que en oposición a la metafísica considera que la naturaleza y la sociedad son un todo de objetos y fenómenos orgánicamente unidos, en dependencia, en condicionamiento mutuos y bajo variadas formas de movimiento. Ningún fenómeno natural o social puede ser comprendido de forma aislada y estática sin conexión con los fenómenos que le rodean, todos deben ser explicados bajo el examen de su conexión con la totalidad de los fenómenos.

Mientras para el metafísico la historia es incomprensible, un caos de casualidades, donde la política, la economía, la conciencia social y la filosofía actúan independientemente sin relación alguna, para la dialéctica todo se haya en relación mútua y determinación causal, donde es necesario apreciar cualquier situación historico-concreta desde el punto de vista de las condiciones que lo crean. No es casual el predominio de la metafísica en el medio burgués, ya que la fragmentación de la realidad obedece a los intereses de las clases explotadoras al ocultar las causas de la explotación y desigualdad social.

Por ejemplo, considerar la crisis capitalista al margen del desarrollo social lleva a justificarlas y verlas junto a la injusticia social que provocan como elementos naturales inevitables y necesarios del capitalismo, en vez de explicarlo como efecto de la contradicción entre las fuerzas productivas creadas y las relaciones de producción caducas y la ley decreciente de la tasa de ganancias como motor de la crisis, ya que ello minaría el ordenamiento social establecido.

De la misma manera que considerar a las guerras como un fenómeno natural desligado de la realidad histórico concreta lleva a justificar las conflagraciones militares imperialistas ignorando la causa de las guerras cuyo origen se remonta a la descomposición de la sociedad primitiva y el surgimiento de la propiedad privada, las clases y el Estado, donde las clases explotadoras legalizan la violencia armada para reproducir y acrecentar su dominio político. Y el capitalismo a igual que las anteriores formaciones sociales explotadoras agudiza las causas de la existencia de las guerras bajo las condiciones actuales del imperialismo (dominio neocolonial). El enfoque dialéctico considera a la guerra como una continuación de la política de las clases explotadoras (esclavistas, señores y reyes feudales, capitalistas), de la cual hay que distinguir las guerras anti-feudales de liberación contra el dominio colonialista y las guerras anti-imperialistas de defensa de las conquistas democráticas o socialistas.

7.2.3 Segunda ley

     La unidad y lucha de contrarios, opuestos en la lucha que se necesitan para existir y necesitan suprimirse, fuerza motriz del movimiento y los cambios. Por ej. en la contradicción burguesía/proletariado o capital/trabajo asalariado, sin burguesía no hay proletariado y viceversa, pero el proletariado como opuesto de la contradicción en su desarrollo no necesita ser tal y su lucha consiste por superar la contradicción eliminando a la burguesía-capital y su condición de proletariado-trabajo asalariado. El materialismo dialéctico al contrario de todas las formas de metafísica defiende el principio de la tendencia a la superación de todas las contradicciones.

Que existan contradicciones no nos dicen del carácter de las mismas, sin son antagónicas o no. Por ej. la contradicción burguesía/proletariado es una contradicción antagónica pero la contradicción obrero estable/obrero precario es una contradicción no antagónica cuya superación no se dará totalmente en el capitalismo sino con la conquista del empleo estable y garantizado como derecho en la etapa de transición al comunismo, mientras que la lucha reivindicativa por el empleo fijo bajo el capitalismo es un arma imprescindible por la unificación y homogeización material del proletariado en su lucha frente a su contrario, el capital.

7.2.4 Tercera ley

     La ley de la transformación de la cantidad en calidad que expresa la forma general del movimiento, de la sustitución de lo viejo por lo nuevo. Mientras la filosofía burguesa parte de la idea de progreso viendo el movimiento como perfección contínua, como evolucionismo donde únicamente se contemplan los cambios cuantitativos y graduales, para la dialéctica la evolución se traduce en los saltos cualitativos, cambios radicales y discontínuos. Por ejemplo, en la lucha interior contra un Estado fascista, el creciente movimiento de oposición al régimen político acrecienta la cantidad de luchas e incluso provoca ciertos cambios cuantitativos en las estructuras políticas sin cambiar su cualidad de régimen fascista. Para el evolucionismo la conquista de las libertades sólo es un efecto cuantitativo, mientras que para la dialéctica es un cambio cualitativo que lo provoca el auge de las luchas y la ruptura revolucionaria que conquista el Estado y las libertades democráticas.

La lucha por las reformas democráticas dentro del capitalismo son necesarias para la acumulación de fuerzas hacia el cambio radical, el cambio cualitativo, la revolución. Si para el evolucionista sólo existen los cambios cuantitativos, las reformas y el socialismo sólo lo son una sola y misma cosa: elementos cuantitativos. Para el dialectico-materialista existen los cambios cuantitativos dentro de determinada cualidad, por lo que en la perspectiva del socialismo las reformas (cambios cuantitativos) están sometidas a la revolución que permitirá el cambio de cualidad suprimiendo el capitalismo por el socialismo.

7.2.5 Cuarta ley

     Ley de la lucha y supresión de lo viejo por lo nuevo (negación de la negación). Tal ley niega la posibilidad de la síntesis. Para el materialismo dialéctico la desaparición de un aspecto de la contradicción no supone su aniquilación en abstracto, sino su superación como realidad concreta, que deja de ser lo que era y adquiere la cualidad de algo nuevo.

Por ejemplo, en el tránsito al comunismo la burguesía como realidad concreta, no permanecerá bajo nuevas cualidades (síntesis) ni será aniquilada físicamente, sino que desaparecerá como burguesía y los componentes humanos de la clase extinta adquirirán una nueva cualidad como productores. El que algunos componentes de la burguesía subjetivamente abracen la estrategia comunista y participen activamente en la lucha revolucionaria por el socialismo, no implica que objetivamente las contradicciones de carácter antagónico burguesía/proletariado desaparezcan durante el período de transición, ni implica establecer una estrategia diferente hacia socialismo sin contradicciones y sin luchas de clase. No hay síntesis en la superación de la contradicción sino sustitución de lo viejo por lo nuevo. De la consideración de que las clases explotadoras y la propiedad privada permanecen bajo el socialismo indica la capacidad metafísica y el tipo de socialismo de quienes sostienen y han apoyado históricamente tamaña aberración.

No obstante, en la negación de la negación, en la superación de lo viejo por lo nuevo producto de la conversión de los cambios cuantitativos en cualitativos, la propia unidad de la continuidad-discontinuidad de los saltos cualitativos hacen que la superación de lo viejo no se produzca de forma uniforme en todos los aspectos, por lo que hay elementos de lo viejo que se conservan y mantienen temporalmente. Todas las revoluciones habidas en la historia mantienen temporalmente un aspecto conservador, jamás pudieron derribarlo todo, ni si quiera la revolución burguesa más radical, la francesa, y ello es porque en el presente de la revolución se encuentra el futuro pero también el pasado. Precisamente la confirmación teórica de Marx acerca del mantenimiento del derecho burgués (a cada cual según su trabajo) durante la fase inferior de la sociedad comunista es un indicador de lo que decimos, no obstante a diferencia del modo de producción capitalista que somete y conserva de forma permanente en formaciones sociales concretas relaciones semifeudales (latifundismo), el socialismo tiende a superar el derecho burgués en su avance hacia el comunismo.

Por tanto, hay que huir de dos extremos, el revisionista que únicamente plantea cambios graduales, cuantitativos, que preserven el capitalismo bajo formas diferentes (Bernstein, el Bujarin de los años 30, la autogestión yugoslava, etc) reafirmando la síntesis perpetua de aspectos hetereogéneos e irreconciliables (clases, modos de producción…) suprimiendo por decreto la lucha de contrarios (Estado de todo el pueblo), o el izquierdismo en donde las revoluciones arrasan con todo, dejando la sociedad como un solar en el que hay que empezar de cero (“revolución cultural“ china) donde el salto da la impresión de que la nueva etapa de desarrollo histórico nada tiene que ver con la anterior, y da igual el desarrollo y estado de las fuerzas productivas y el peso de la clase obrera.

La negación de la negación niega el estancamiento histórico, el misticismo, que se basa en el desarrollo histórico circular en el que los mismos procesos antiguos vuelven a repetirse una y otra vez, y niega también el mecanicismo donde los procesos se repiten en etapas superiores sin contradicciones internas.

La negación de la negación o superación de lo viejo por lo nuevo, dibuja el progreso histórico en línea ascendente con saltos cualitativos, que para Lenin se desarrolla no de forma lineal, uniforme y contínua, sino en espiral, con retrocesos y con avance, desarrollo y conservación de lo viejo en etapas superiores de la historia (por ej. los componentes de las clases explotadoras bajo otra naturaleza social: productores libres), donde cada modo de producción niega a la vez que supera al anterior, el capitalismo al feudalismo, y el comunismo al capitalismo.

7.2.6 Errores de Mao sobre la dialéctica

Atenerse a los contrarios sin hacer un análisis del desarrollo, sin tener en cuenta la ley de la negación de la negación, la sustitución de lo viejo por lo nuevo, es vulgarizar la ley de la contradicción.

La concepción mecanicista sobre la conversión de un contrario en su opuesto lleva Mao a presentarnos un proletariado convertido en burguesía y ésta convertida en proletariado como consecuencia de la revolución. De este modo queda descartado el desarrollo, el movimiento en espiral, el progreso. Bajo este prisma en la sociedad no se produce un cambio cualitativo, el paso de una sociedad a otra.

En realidad, la lucha de clases, conduce a la sustitución del capitalismo por el socialismo. Y eso significa una ruptura de la relación de contrarios burguesía/proletariado, y la aparición de un sistema social nuevo, con nuevos contrarios. No estamos frente a un simple cambio de lugar de los contrarios, sino ante un auténtico cambio cualitativo que lleva a la desaparición de estas clases.

Sin embargo, para Mao el socialismo no es un nuevo proceso, cualitativamente distinto, con contradicciones distintas, y métodos distintos para resolverlas. Mao presenta la contradicción como una contraposición de opuestos, exteriores el uno al otro, en tal forma que es imposible explicar su automovimiento, aquí encontramos contrarios que no se relacionan mutuamente de forma constante y, que en determinado momento cambian de lugar, no hay automovimiento y desarrollo en espiral, sino desplazamiento en círculo cerrado en la dialéctica de Mao.

Sobre la contradicción no basta con decir que se trata de dos lados de un todo. Para Marx y Engels dentro de esta antítesis el propietario capitalista es la parte conservadora y el proletariado la parte destructiva. Del primero parte la acción del mantenimiento de la antítesis, del segundo parte la acción de su destrucción. Para Marx el lado conservador de la contradicción se opone al cambio, y el lado revolucionario lucha por la transformación, por el surgimiento de una nueva cualidad. Lo único que aportó Mao en su escrito sobre la contradicción, fue meter confusión en este planteamiento marxista al denominar como principal al lado conservador de la antítesis, y así entre la contradicción burguesía/proletariado el lado principal lo constituye la burguesía por ser la clase dominante.

En cuanto al desarrollo Mao coloca tres cuestiones contrarias a la dialéctica materialista: 1) que el equilibrio se rompe a causa de la aparición de las contradicciones; 2) que las contradicciones surgen por error; 3) que el equilibrio sin contradicciones es lo normal y el desequilibrio con sus contradicciones lo irregular (8). Ello equivale a negar que los fenómenos se desarrollan desde el principio hasta el fin por medio de las contradicciones y la unidad de los contrarios. Para Mao la contradicción no es consustancial al proceso histórico social, sino simplemente a cierta fase de su desarrollo, pasando por alto las contradicciones internas de los fenómenos, cayendo en la teoría mecanicista del equilibrio.

La teoría del equilibrio no tiene en cuenta el papel determinante de las contradicciones y su unidad, considera que el movimiento depende del predominio cuantitativo, de la fuerza de uno de los contrarios en conflicto. Considera absoluto el equilibrio y niega el desequilibrio como necesidad intrínseca del movimiento de los fenómenos, estimando que todo desequilibrio es un fenómeno irregular. Esta teoría del equilibrio es una especie de manifestación de la invariabilidad del mundo y conduce a dos salidas, o bien a la reconciliación de los contrarios, base del oportunismo de derecha, o bien a la alteración del equilibrio desde fuera, mediante la acción exterior, base del oportunismo de izquierda. Sin embargo Mao oscila entre los dos oportunismos, ya que la burguesía nacional, a la que se considera parte del pueblo ¡¡¡en el socialismo!!!, es puesta con la clase obrera en un acto típico de reconciliación de contrarios que Mao denomina “contradicciones en el seno del pueblo” (9).

7.2.7 La dialéctica de la verdad

La verdad objetiva es el contenido del conocimiento humano que refleja el mundo objetivo, sus leyes y propiedades. Verdad relativa es la verdad incompleta, no acabada ni definitiva. Lenin decía que la dialéctica materialista admite la relatividad de todos nuestros conocimientos, pero no en el sentido de negar la verdad objetiva, sino de la convencionalidad histórica de los límites de aproximación e nuestros conocimientos a esa verdad. La verdad absoluta ha de ser admitida una vez se reconoce la verdad objetiva. Los filósofos materialistas de la antigua Grecia enseñaban que la vida surgió de la materia inerte y que el hombre procedía de los animales. Los progresos de la ciencia han venido a demostrar que las nociones de los filósofos griegos acerca de la aparición de la vida y el hombre son muy rudimentarias y falsas (los primeros seres vidos surgen del lodo del mar y el hombre de los peces). Mas con todo, en su doctrina había algo verdadero, la idea del origen natural de la vida y del hombre, que la ciencia confirma y hace suya.

La verdad absoluta es la afirmación del materialismo filosófico acerca de que la materia es lo primero y que la conciencia es secundaria. Otra verdad absoluta es que la sociedad no puede existir ni desarrollarse si no produce bienes materiales. También lo es la idea de la evolción de las especies orgánicas y de que el hombre procede de animales. La verdad absoluta se va formando del conjunto de verdades relativas, pero los límites de la verdad de cada proposición científica son relativos. Tal concepción dialéctica de la verdad absoluta es de singular importancia para la lucha contra la metafísica y el dogmatismo en la ciencia. Hegel por ej., en contradicción con su propio método dialéctico, afirmaba que su sistema filosófico idealista era una verdad absoluta y eterna. Lenin decía que no miramos la teoría de Marx como algo acabado e intangible, estamos convencidos de que no ha hecho cino colocar las piedras angulares de la ciencia que los comunistas estamos obligados a impulsar en todas direcciones sino queremos ir a la zaga de la vida.

El ser humano no tiene otro modo de comprobar la veracidad de sus conocimientos que no sea el de dirigirse a la práctica. Esta es la fase y el objeto final del conocimiento. La práctica es el criterio valorativo de la verdad. La revolución socialista de octubre fue una brillante comprobación del análisis que Marx hizo del modo de producción y su conclusión de que el capitalismo había de desaparecer forzosamente para ser sustituido por el socialismo.

A veces transcurre bastante tiempo antes de que la práctica se encuentre en condiciones de confirmar una u otra idea. Por ej., la esfericidad de la tierra se tuvo durante largo tiempo en tela de juiio, hasta la primera vuelta al mundo emprendida por Magallanes (1519-1522) que vino a poner para siempre fin a todas las dudas.

 7.3 Esbozo sobre el materialismo histórico 

     No pretendo extenderme aquí teóricamente, ya que a lo largo de todo este trabajo no he hecho sino aplicar el materialismo histórico en los análisis desde las leyes de la economía política y la lucha de clases en sus diferentes aspectos y leyes particulares propias de cada modo de producción (capitalista y comunista) y su funcionamiento en cada formación socioeconómica concreta. Pero sí vamos a colocar de pasada el análisis marxista-leninista de la historia desde el ángulo de la necesidad histórica, lejos de la metafísica, el idealismo y el materialismo vulgar.

Concluimos desde el ángulo del materialismo histórico que los hombres y mujeres se forman en la producción social, en su trabajo y a través de su trabajo, las ideas no surjen del celebro como masa corpórea sino producto de una práctica teórica material, que en las sociedades clasistas es atravesada y condicionada por la lucha de clases, lucha que se desenvuelve en tres niveles, no sólo en lo económico, sino también en lo político y lo ideológico. Es el ser social el que determina la conciencia y no al revés. La fuerza motriz de la historia es el progreso de las fuerzas productivas y la lucha de clases, lucha de masas, donde las ideas pueden sobredeterminar influyendo en los fines y objetivos políticos, ideológicos y sociales de los movimientos pero no son la causa del desarrollo social e histórico.

El materialismo anterior a Marx era contemplativo, no veía el nexo del conocimiento con la actividad político social o de producción de las masas. La relación de la teoría y la práctica, de la ciencia y la producción, con la función directora de la práctica, constituye una condición obligatoria para el progreso material de la sociedad. La teoría surge también en la vida político social como respuesta a las necesidades de la vida social, de la lucha de clases, a la vez que influye sobre el proceso social.

Los seres humanos hacen su historia, pero no la hacen en condiciones elegidas por ellos. El individuo es activo, modifica mediante su acción la naturaleza y el mundo que lo rodea, pero soporta condiciones que no ha creado, la naturaleza misma, las modalidades ya establecidas de la actividad (herramientas, división y organización del trabajo, etc.). Debido a su misma actividad los individuos entran en relaciones sociales determinadas. Su conciencia no crea esas relaciones, sino que está, comprometida en ellas, y determinada por ellas. Las relaciones en las cuales entra, ya que no puede aislarse, constituyen el ser social de cada individuo, y es el ser social el que determina la conciencia. La contradicción fundamental entre el carácter social del trabajo y la propiedad privada de los medios de producción las relaciones sociales adquieren una forma exterior a la conciencia y objetiva, escapan al control del individuo aun siendo obra del individuo activo.

Cualquier persona no puede querer, tener voluntad de ser empresario, banquero, panadero, arquitecto, abogado, fresador, minero, etc, por encima de las relaciones sociales. Son las condiciones objetivas, el estado del desarrollo de las fuerzas productivas, las relaciones de producción dominantes, las ideas dominantes de la época que son las de la clase dominante, y el desarrollo de la lucha de clases, las que determinan la existencia o no de determinadas profesiones y posibilitan la manifestación de determinadas voluntades individuales, de determinadas organizaciones reivindicativas, políticas, de determinadas costumbres, cultura, de determinadas formas de la acción política y reivindicativa, de sumisión o de rebelión. Por ej. la huelga de masas es impensable sin la existencia del proletariado como clase, lo mismo que la ideología burguesa es impensable sin el desarrollo de la opresión feudal y de las relaciones de producción capitalistas, etc.

Las clases y las personas no son los soportes de las infraestructuras y sobreestructuras de la sociedad, son sus portadores. No las crean, aunque intervienen sobre ellas y pueden bajo ciertos límites históricos modificarlas. La historia no es otra cosa que el desarrollo de las contradicciones sociales, en la sociedad encontramos las clases y sus irreconciliables antagonismos y las contradcciones entre las relaciones sociales de producción y las fuerzas productivas, no existe la armonía de intereses sociales más allá del sometimiento ideológico y político de las clases explotadas por las clases dominantes (dios, mercado y estado presentados como orden natural). La historia se desarrolla mediante la superación de las contradicciones sociales antagónicas, mediante la ruptura, la revolución. No hay “fin de la historia” ni con Tomás de Aquino (feudalismo), ni con Adam Smith (economía de mercado, capitalismo). Las transformaciones de la sociedad se producen cuando las clases revolucionarias aprovechan la crisis de la vieja sociedad para imponer cambios revolucionarios, de ahí a tesis de la lucha de clases como motor de la  historia. Es en ese cuadro en el que las ideas pueden cambiar el mundo, cuando prenden en las masas, cuando se colocan como una fuerza material capaz de comprender y asumir el cambio histórico de las relaciones de fuerza entre las clases y en la producción. Por tanto lejos de la filosofía liberal y del oscurantismo el materialismo histórico sostiene que en las sociedades de clases no es el individuo, individuos en general, o fuerzas supraterrenas, los que hacen la historia, sino las masas, las fuerzas sociales comprometidas en la lucha de clases.

El materialismo histórico parte de las relaciones sociales del mundo de producción existente para llegar a los individuos reales, lo que significa que no se puede partir del individuo, de la idea burguesa del hombre, este es el punto de llegada de un análisis que parte de las relaciones sociales del modo de producción y de las relaciones de clase y la lucha de clases. El hombre-individuo no es el concepto central de la teoría de las formaciones sociales y la historia.

El Capital está lleno del sufrimiento de los explotados, desde los horrores de la acumulación primitiva hasta el capitalismo triunfante y está escrito para su liberación de la servidumbre de clase. Lo que no sólo no impide a Marx sino que lo obliga en el mismo Capital que analiza los mecanismos de su explotación, a hacer abstracción de los individuos concretos y tratarlos teóricamente como simples “soportes” de relaciones. El marxismo-leninismo reconoce la existencia de las ideologías y las aprecia según el papel que juegan en la lucha de clases. Lo que está en cuestión es la pretensión teórica de una concepción humanista de explicar la sociedad y la historia, partiendo de la esencia humana, del sujeto humano libre, sujeto de las necesidades, del trabajo, del deseo, sujeto de la acción moral y política. Marx sólo pudo fundar el materialismo histórico y escribir El Capital a condición de romper con la pretensión teórica de todo humanismo de este género. Contra toda la ideología burguesa, penetrada de humanismo, Marx declara: “Una sociedad no está compuesta de individuos” (Grundrisse), “Mi método analítico no parte del hombre sino del período económico dado” (Notas sobre Wagner) y contra los socialistas humanistas y marxistas que habían proclamado en el Programa de Gotha  que “el trabajo es la fuente de todo valor y de toda riqueza” él afirma “los burgueses tienen excelentes razones para atribuir al trabajo este todopoderío de creación”. Marx muestra que lo que determina en última instancia una formación social y lo que da su conocimiento, no es el fantasma de una esencia o naturaleza humana, no es el “hombre” o “los hombres”, sino una relación, la relación de producción, que distribuye a los seres humanos en clases y atribuye los medios de producción a la clase dominante. Las clases nacen de ese antagonismo. Naturalmente los individuos humanos son participantes (por lo tanto activos) en esta relación, pero en primer lugar en tanto que están allí prisioneros. Es muy importante ver por qué Marx considera entonces los individuos únicamente como “soportes” de una relación o “portadores” de una función en el proceso de producción. En todos los casos, está sometido a la ley de una relación de producción que es una relación de explotación, por lo tanto relación antagonista de clase, está sometido a la ley de esa relación y de sus efectos.

Ya en el Prólogo de 1859 (7) Marx anticipaba que las relaciones de producción capitalistas son la última forma antagonista del proceso de producción social, y señalaba que no es un antagonismo individual, sino un antagonismo que nace de las condiciones de existencia sociales de los individuos, como clases. Es el capitalismo el que reduce a las personas a un soporte apéndice de la máquina, es la relación de producción capitalista. Marx parte de la formación socioeconómica concreta en El Capital, de la relación de producción capitalista, de las relaciones que determinan en última instancia en la superestructura, relaciones económicas, jurídicas, políticas e ideológicas que determinan y marcan a los individuos en su vida concreta regida por la forma y efectos de la lucha de clases, que hace a los individuos obreros explotados o capitalistas explotadores.

La historia es por entero la historia de la lucha de clases, que no es una lucha individual, sino que y además bajo el capitalismo pasa a ser una lucha de masa organizada para la conquista y la transformación revolucionaria del poder del Estado y las relaciones sociales. Primado de las clases, así como avanza la historia siendo su motor la lucha. La contradicción es el principio y el motor de la lucha, la esencia de la lucha. Una clase no lucha contra otra sino animada por la contradicción, y es la contradicción lo que en su desarrollo hace avanzar la historia. Toda contradicción, motor de su desarrollo, contiene en sí misma el principio de su superación, de su negación. La negación hace avanzar la historia, que se hace por la clase negativa, la dominada, por los explotados y no por los explotadores. Para ello basta con que la clase negativa se constituya de clase en sí a clase para sí.

Pero la peculiaridad del materialismo histórico no es el descubrimiento de la lucha de clases, sino la afirmación de que la lucha de clases es un fenómeno provisional en la historia, que está destinado a tener fin con la instauración de la sociedad sin clases. La ciencia de la historia prueba la necesidad y la posibilidad de acabar con la división social, que puede ser realizada porque la realidad se mueve en esa dirección como tendencia histórica.

El materialismo histórico, la dialéctica materialista de la historia, trata de las leyes generales de ese desarrollo historico de la sociedad humana, de la sucesión de los diferentes modos de producción y formaciones socioeconómicas (comunismo primitivo, esclavismo, feudalismo, capitalismo, comunismo científico), de lo simple a lo complejo, de lo inferior a lo superior, pero no como un desarrollo lineal, mecánico, evolutivo, sino como un desarrollo en espiral, con avances y retrocesos, sujetos al desenlace de la lucha de clases, como motor de la historia y el progreso de las fuerzas productivas.

Ya Engels, en los últimos años de su vida explicó cómo se debe aplicar el materialismo histórico, la relación dialéctica entre la base y la superestructura, criticando el materialismo vulgar y el economismo, las cartas a Conrad Smith, H. Starkenburg y la conocida carta a J. Bloch de 1890, en la que advertía que si bien la concepción materialista de la historia, el factor que en última instancia determina la historia es la producción y reproducción de la vida real, éste no puede confundirse como el único determinante; que ni el ni Marx habían afirmado más que eso, que la situación económica es la base de la sociedad, pero los diversos factores de la superestructura que sobre ella se levantan, las formas políticas e ideológicas de la lucha de clases, las formas jurídicas del derecho, las teorías políticas, filosóficas, las ideas religiosas, etc., han ejercido, ejercen y ejercerán su influencia sobre el curso histórico de las luchas de clases y determinan predominantemente en muchos casos su forma. La superestructura no se limita a jugar un rol de simple reflejo de la base, ya que se convierte en una fuerza poderosa que ayuda a la consolidación de la base económica y sirve a su base, pero no la domina. Basta con que la superestructura deje de jugar su papel de defensa activa de su base a una posición de indiferencia hacia la lucha de clases, para que pierda su calidad y deje de ser superestructura.

En tal sentido, ¿cómo pensar el desplazamiento de la contradicción principal del imperialismo sobre el eslabón más débil, y el estancamiento de la lucha de clases en los países capitalistas más desarrollados, sin la categoría leninista del desarrollo desigual del capitalismo en su fase imperialista, que remite a la desigualdad de la contradicción?. Afirmar la determinación en última instancia por la economía (producción y reproducción de la vida real) significa desmarcarse de todas las filosofías idealistas y adoptar una posición materialista, pero también es desmarcarse de toda concepción mecanicista, economista del determinismo y adoptar una posición dialéctica, ya que la lucha de clases económica se prolonga en la lucha de clases política para la toma del poder del Estado.

El materialismo histórico sostiene la tesis de la dominación de las relaciones de producción capitalistas sobre las fuerzas productivas, las cuales incluyen entre sus elementos a la fuerza de trabajo, tesis con el objetivo de desentrañar que la explotación es lucha de clases, y que los elementos tecnológicos de las fuerzas productivas cumplen un papel en el modo de producción capitalista, pero subordinado a las relaciones de producción-explotación, a la lucha de clases. Precisamente la IIª Internacional y todo el revisionismo posterior (bujarinismo, eurocomunismo, izquierda europea, tercera vía) doblaron las rodillas ante la primacía de las fuerzas productivas, entendidas en el sentido de medios de producción, de tecnología, asentando la vaga tesis de que una revolución científico técnica de las fuerzas productivas se encargará de resolver los problemas de la lucha de clases. Esta posición teórica, revisionista, fue catalogada por Lenin de economismo, que pretende reducir el materialismo histórico presentando el desarrollo de la sociedad como resultado exclusivo, natural, evolutivo y espontáneo del desarrollo de las fuerzas productivas, y en particular del desarrollo y transformación de los medios de producción. Las fuerzas productivas como motor de la historia. El economismo, distorsiona las relaciones dialécticas que existen entre las relaciones de producción y las fuerzas productivas, la base económica y la superestructura, la producción y la revolución, la teoría del desarrollo espontáneo de las fuerzas productivas, niega que el paso de las viejas a las nuevas relaciones de producción se produzcan de forma revolucionaria mediante el derrocamiento de la clase dominante que personifica las relaciones de producción caducas, en definitiva, este revisionismo niega la revolución socialista y la dictadura del proletariado, y es la base del oportunismo histórico. Para el marxismo-leninismo es la revolución la que libera las fuerzas productivas de la sociedad oprimidas por las viejas relaciones. La lucha de clases es la manifestación de la contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción, el desajuste de la necesaria correspondencia entre las relaciones de producción y las fuerzas productivas, ley enunciada por Marx en el Prólogo a la Contribución a la crítica de la economía política, que hoy bajo el capitalismo se expresa en la contradicción fundamental entre el carácter más socializado de la producción y la apropiación capitalista que se manifiesta como contraposición entre proletariado y burguesía, por tanto, históricamente las relaciones de producción frenan o impulsan el desarrollo de las fuerzas productivas, y es la lucha de clases producto de las contradicciones económicas lo que posibilita su liberación, lo que transforma las relaciones de producción que en realidad son relaciones de la lucha de clases.

Desde la perspectiva evolucionista de la historia no hay lugar para discontinuidades o rupturas. El proceso histórico es visto como una gradual acumulación de sucesos o etapas. La revolución es concebida como una patología que interrumpe el curso normal de la historia. Para el marxismo-leninismo, el proceso histórico no es otra cosa que el despliegue de las contradicciones sociales, si en Hegel estas se situaban en el plano de las ideas, en Marx se encuentran en la economía, allí encontramos a las clases y sus irreconciliables antagonismos, y las contradicciones entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción. En el Prólogo de 1859 leemos que tanto las relaciones jurídicas como las formas de Estado no pueden comprenderse por sí solas ni por la evolución del espíritu humano, sino que radican en las condiciones materiales de la vida. Antes de la revolución teórica llevada a cabo por Marx, esas relaciones jurídicas y formas de Estado, la cultura y la ideología, eran comprendidas como producto de la evolución del espíritu humano, y sin conexión con las luchas sociales y las condiciones materiales de vida de las sociedades. Marx dice que todo aquello que se aparece bajo el nombre de superestructura hunde sus raíces en las condiciones materiales de existencia de los individuos, por tanto, desde la ideología, la filosofía y la religión hasta la política y el derecho, remiten a una base material sobre la cual inevitablemente deben apoyarse.

Aquí la dialéctica proclama la historicidad de todo lo social, base y superestructura, y al hacerlo condena a las instituciones y prácticas sociales fundamentales de la sociedad burguesa a su inevitable desaparición. La propiedad privada de los medios de producción y la relación salarial y el carácter mercantil de la economía aparecen como fenómenos históricos susceptibles de ser superados por la lucha de clases.

Por tanto, no es sólo la primacía de las causas económicas en la explicación histórica lo que diferencia al marxismo-leninismo del pensamiento burgués, sino el proceso en contradicción visto en su totalidad, con avances, retrocesos y saltos/rupturas. Lúkacs advertía que no se puede separar del estudio científico de la historia de la sociedad en “saberes disciplinarios” independientes, como la economía, sociología, ciencias políticas, antropología cultural, etc., que pretendan dar cuenta de forma fragmentada la vida económica, la vida política, la vida cultural e ideológica, concebidas como esferas separadas de la vida social, con un desarrollo propio e independiente sin ninguna relación entre sí. La dialéctica materialista encierra la unidad concreta de todo, la totalidad social concreta históricamente determinada (formación socioeconómica), la unidad y lucha de contrarios en todas las formas de la vida social, cuya base, la económica, no siendo la única, determina siempre en última instancia (estructura) la historia, por medio de las luchas de clases (coyuntura), condicionada por los límites históricos. Los elementos de cualquier formación social concreta son muchos pero la independencia y autonomía que aparentan tener es una ilusión, puesto que todos se encuentran dialécticamente relacionados entre sí.

El materialismo histórico es una teoría científica cuyo método nos acerca a un conocimiento abstracto en el desarrollo histórico en general (sucesión de los modos de producción y formaciones socioeconómicas) y en lo específico, donde por ejemplo en El Capital Marx da una descripción pura del Modo de Producción Capitalista, con sus leyes y conceptos abstractos específicos (plusvalía, proletariado, acumulación de capital, tasa de ganancia media, tendencia decreciente de la tasa de ganancia, contradicción fundamental burguesía-proletariado…).

Pero también el materialismo histórico nos da los medios de trabajo intelectual para abordar el conocimiento concreto de la sociedad, a través de las formaciones socioeconómicas en las diferentes coyunturas historico-concretas, donde intervienen las relaciones del modo de producción dominante, la existencia de clases y modos de producción anteriores o nuevos (por ej. en la transición del esclavismo al feudalismo o de este al capitalismo), las diferencias nacionales para el desarrollo social y político, por ej. el desarrollo del capitalismo es diferente en Francia con respecto a Inglaterra, o en esta con respecto a Rusia, el desarrollo de la división social y técnica del trabajo (fuerzas productivas) bajo determinadas relaciones de producción dominantes y las luchas de clase en sus determinadas formas, reivindicativas, económicas, ideológicas y su forma superior, la lucha política.

Marx llama formación socioeconómica al proceso concreto que se realiza sobre la base de un cierto desarrollo de las fuerzas productivas donde conviven diferentes modos de producción con uno dominante. La formación socioeconómica particular solo puede ser conocida racionalmente situándola en la historia, estudiando su nacimiento, crecimiento, apogeo, decadencia, desaparición, la totalidad de su proceso. No se trata más que de tendencias, procesos, desarrollos particulares en el conjunto del proceso. El estudio de cada formación socioeconómica revela la acción política, administrativa, jurídica de los individuos en las condiciones del modo de producción. La superestructura involucra las instituciones jurídicas y políticas, las ideologías. La superestructura es la expresión del modo de producción, en las relaciones de propiedad. La superestructura reacciona sobre las relaciones de producción, ya sea para superarlas o para conservarlas, pero nada crea por sí misma. Las fuerzas productivas proveen la base sobre la cual se establecen las relaciones de producción y se elabora la superestructura. Entre esos aspectos hay uno que es esencial, es el grado del poder del individuo sobre la naturaleza, el desarrollo de las fuerzas productivas. Cuando las fuerzas productivas dan un salto hacia delante, es superado el modo de producción correspondiente en la lucha de clases a través del proceso revolucionario.

La burguesía tuvo una misión histórica, desarrollar las fuerzas productivas quebrando las trabas del modo de producción anterior. Luego el modo de producción capitalista se convirtió a su vez en una traba para el desarrollo de las fuerzas productivas, entra con ellas en un conflicto permanente que debe resolverse. La misión histórica de la burguesía ha terminado, clase en decadencia, le corresponde al proletariado activo la misión histórica de resolver el conflicto, poner el modo de producción de acuerdo con el desarrollo de las fuerzas productivas. La división parcelaria que condiciona la propiedad privada de los medios de producción se haya superada por la gran industria, tiende hacia nuevas formas, que sólo la acción liberadora del proletariado puede descubrir y realizar.

El materialismo histórico comparte los fines y objetivos del socialismo utópico como tendencia histórica, pero niega la posibilidad de una predestinación utópica de las formas sociales que estén llamadas a superar y resolver las contradicciones de una formación socioeconómica. El utopismo acentúa la línea evolucionista y pasiva de la vida hacia la forma social superior la cual es predestinada de forma exacta. Mientras el materialismo histórico parte de la base de que no puede expresar con exactitud astronómica la forma y el momento de advenimiento de formas sociales superiores, por el contrario, la utopía postula de antemano una forma social ya terminada la cual nos cae del cielo como si fuera un regalo de las leyes de la evolución social o de un plan utópico cocido en la cabeza de un arquitecto social. Frente a ello el materialismo histórico destaca en relación al futuro que las personas hacen su historia sin arreglos y fines de antemano, y que pasar de la sociedad de clases hacia la sociedad de clases, y hoy actualmente del capitalismo al socialismo siguiendo las leyes generales del desarrollo social, es más producto del desenlace de la lucha material e ideológica de las clases y de las fuerzas productivas, que de un plan supremo.

La historia no tiene fines ni planes trazados de antemano. No es una teleología, o teoría de los fines últimos, como piensa cualquier variante religiosa. Las tareas que se presentan ante la sociedad en cada etapa de su desarrollo son planteadas por clases determinadas en consonancia con las condiciones y posibilidades materiales existentes; esas condiciones y posibilidades son creadas por las generaciones anteriores y cada nueva generación se ve obligada a tomarlas como punto de partida de su propia actividad. No elegimos la historia pasada, nos viene dada. Así pues, la condicionalidad objetiva y la actividad consciente de las personas se completan mutuamente como dos partes dialécticas de un todo sumergido en un proceso historico-social único. No se puede separar la necesidad histórica de la revolución burguesa, del comunismo, etc., de la actividad consciente concreta de las masas en un momento historico-concreto dado.

El materialismo histórico no puede ser confundido con un historicismo. El principio del historicismo sirve para desembarazarse de Marx. Ya que si el materialismo histórico aporta principios científicos para el conocimiento de la historia, el historicismo le impediría alcanzar un valor científico y objetivo, teóricamente independiente de su tiempo. La realidad de la historia solo es inteligible como proceso en contradicción, de aparición, constitución y desaparición de las formaciones sociales donde se realizan los modos de producción; la unidad de las relaciones de producción y las fuerzas productivas movida por las luchas de clases. Es en este terreno, el científico, donde el materialismo histórico demuestra que no es un historicismo. Jamás en la historia de las sociedades de clase, ninguna de las clases dominantes con sus limitaciones ideológicas de clase pensó o planteó que su régimen estaba condenado a la muerte. Los esclavistas creían que su régimen era eterno y que había sido establecido por Dios. Los señores feudales que los reemplazaron estaban también convencidos de que su régimen había sido establecido para siempre por la voluntad divina. Pero hubieron de ceder su puesto a la burguesía. Ahora es ésta la que hace ilusiones imaginándose que su régimen presenta un carácter eterno e inmutable. En realidad los sistemas sociales evolucionan y cambian según leyes y tendencias que les son propias y evidentemente no dependen de la voluntad de las clases dominantes y sus ideólogos.

El materialismo histórico distingue el pasado, el presente y el futuro. El estudio del pasado, la descripción científica del cuadro real de los acontecimientos pasados y su valoración histórica. El estudio del presente, analizándolo en su relación con el pasado, en movimiento, para revelar las tendencias y leyes del desarrollo. Desde el punto de vista del materialismo histórico sólo es posible preveer el futuro en base al análisis de las tendencias que existen y se desarrollan en el momento presente. Marx y Engels en su lucha por el socialismo científico, siempre se desmarcaron de los utopistas, porque éstos intentaban anticiparlo todo, describir con detalles la sociedad del futuro, etc, insistieron en que la previsión científica del futuro está limitada por los datos y conocimientos que disponemos.

El tránsito del conocimiento es de una verdad incompleta, relativa, concreta, condicionada históricamente, hacia una verdad objetiva cada vez más completa y absoluta en la que la cognición y previsión científica son posibles. En cada peldaño histórico los conocimientos son determinados por la práctica histórica, las leyes reflejan relaciones bajo condiciones determinadas y concretas, las verdades cientificas son relativas en el sentido de que no dan un conocimiento completo de la realidad, sino que son concretas y cambian. Al cambiar la realidad cambia nuestro conocimiento sobre ella, la verdad es concreta y se conoce mediante el estudio multilateral de las condiciones y particularidades históricas, puesto que lo que es verdadero en unas condiciones puede ser falso en otras, por ej. no es la misma base de explotación el régimen de servidumbre en el feudalismo que el trabajo asalariado bajo el capitalismo. El menosprecio de la verdad concreta conduce al dogmatismo y al relativismo.

El dogmatismo exagera el momento absoluto del conocimiento y niega su carácter relativo, al tomar leyes o fórmulas sin tener en cuenta las condiciones concretas, por ej. la posición dogmática de negar la revolución socialista en la Rusia postzarista de 1.917, o de negar la unidad con los pueblos en lucha anticolonial y la unidad en la lucha antifascista, despreciando el análisis concreto de la situación concreta.

El relativismo conduce a la negación de la posibilidad del conocimiento y la autenticidad del saber científico, conduce al subjetivismo, por ej. la negación de la dictadura del proletariado y la absolutización del momento histórico concreto en base a las ideas o planteamientos utópicos (eurocomunismo, teoría de los tres mundos, mito de la globalización, precariado frente a proletariado, etc).

Precisamente los críticos burgueses del marxismo-leninismo que realizan una lectura subjetivista y prohegeliana, tratan de reducir el materialismo histórico a una simple suma de profecías, cuasibíblicas, a un historicismo idealista. A diferencia de Marx para Hegel la sociedad era la encarnación de la idea o espíritu absoluto, y el Estado un ser terrenal-divino, con lo que la esencia social de los individuos y la sociedad se interpreta de forma mística, como una manifestación de la identidad del ser y del pensamiento, de lo terrenal y lo divino, es decir, en el espíritu del fatalismo religioso.

Al contrario de Hegel, Marx no contempla a la sociedad como una encarnación de la idea absoluta, sino como producto de la cooperación entre las personas, cuyas premisas materiales e ideológicas han sido creadas por éstos en el transcurso de la historia de la humanidad. Pero a diferencia de la metafísica, para Marx las personas no eligen las formas de cooperación, de sociedad, a su antojo. Para Marx los individuos no son libres de elegir una forma socioeconómica, cuya existencia está condicionada por el desarrollo de las fuerzas productivas y de la lucha de clases, con lo cual el marxismo-leninismo, difícilmente puede ser tachado ni de fatalismo religioso (idealismo), ni de materialismo fatalista (determinismo), ya que para Marx, la conciencia como lado activo de los individuos es una fuerza real en la actuación racional de los individuos como clase, premisa indispensable para obtener su libertad.

El fatalismo es ajeno a la concepción materialista de la historia. Tal concepción de la necesidad histórica abre una diferencia sustancial además frente al idealismo, también entre los marxistas-leninistas y los oportunistas, a quienes de la tesis de que el triunfo del socialismo es inevitable, llegan a la errónea conclusión de que no hace falta luchar contra el capitalismo, que hay que limitarse a esperar que las leyes de la historia conduzcan por si mismas a la sustitución del capitalismo por el socialismo. Estas leyes no hacen la historia por sí sin la intervención de las masas. A nadie se le ocurriría, dicen, constituir un partido para traer los eclipses de sol, dado que de todas maneras, los eclipses han de producirse. En realidad el eclipse se produce sin intervención de las masas, mientras que el paso del capitalismo al socialismo significa el cambio de un régimen social que es producto de la actividad humana y qe no puede modificarse por sí solo. Cuando los marxistas-leninistas afirman que el capitalismo será sustituido forzosamente por el socialismo, a lo que se refieren es a que las leyes objetivas de la sociedad capitalista conducen obligatoriamente a la agudización de sus contradicciones económicas y políticas, dando origen a una lucha en aumento, de la clase obrera y todos los trabajadores contra el régimen capitalista, lucha que terminará con la muerte del capitalismo y el triunfo del socialismo. El conflicto entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción es la base económica de la revolución social, revolución que sólo es posible mediante la actividad de las masas en la historia. Las masas trabajadoras son las clases que ponen en movimiento la producción social, la propia actividad de producción de las masas es ya bastante para ver en ella a los creadores de la historia.

Frente al idealismo que acusa al marxismo-leninismo de ser un exponente del materialismo determinista, el materialismo historico nos descubre que son las clases a través de determinadas personas concretas quienes hacen la historia bajo condiciones bien determinadas (modo de producción, poder político, dominio ideológico), y la hacen bajo determinadas posibilidades de participación creadora de las masas en la historia. Ya el papel central en el proceso de producción social corresponde a los trabajadores que crean y ponen en acción los instrumentos de trabajo, de los cuales son creados los bienes materiales, ambos, trabajadores y medios de trabajo forman las fuerzas productivas.

Las relaciones que los individuos establecen en el proceso de producción y las fuerzas productivas no se muestran aisladas, sino que se mantienen en determinada unidad. El materialismo histórico expresa esa unidad de las fuerzas productivas y las relaciones de producción mediante el concepto de modo de producción.

Pero las relaciones económicas no pueden seguir el paso de las fuerzas productivas. A medida que las fuerzas productivas crecen, entre ellas y las relaciones de producción se ahonda la discrepancia hasta transformarse en conflicto, pues las relaciones de producción, ya caducas, se convierten en un estorbo para que las fuerzas productivas sigan adelante. Las relaciones económicas de la sociedad feudal, basadas en la propiedad feudal sobre la tierra, hubo un tiempo que correspondían a las fuerzas productivas con que contaba la sociedad, y por eso ayudaban a su desarrollo. Pero la situación cambia cuando la industria manufacturera, primero, y maquinista, después, comienza su rápido avance,; la servidumbre se convierte en un freno que dificultaba el progreso de la industria, esta necesitaba de trabajadores libres.

Cuando la joven burguesía de Europa creaba sus manufacturas no tenía la menor noción de las consecuencias, no advertía que esta innovación  había de conducir a una reagrupación de las fuerzas sociales que terminaría con la revolución contra el poder real, y contra los nobles en el seno de los cuales soñaban a menudo con entrar. Tampoco pensaban en las consecuencias los mercaderes cuando ampliaban su comercio y con ayuda de las tropas del rey se apoderaban de nuevos mercados. Poco a poco en el seno del régimen feudal se va estructurando el modo capitalista de producción. La burguesía clase portadora del nuevo modo de producción necesita un mercado de trabajo libre de la servidumbre, mercado que el hambre empuje a sus fábricas.

Un claro ejemplo de discordancia entre las relaciones de producción y las fuerzas productivas nos lo ofrece el capitalismo actual. No otra cosa significan las crisis.  El conflicto entre las relaciones de producción y las fuerzas productivas agudiza las contradicciones en las distintas esferas de la vida social, y ante todo entre las clases, de las que unas se mantienen vinculadas por sus intereses a lo viejo y otras ven su provenir en las nuevas relaciones económicas que comienzan a madurar. La sociedad no puede volver atrás, no puede regresar a fuerzas productivas ue correspondiesen a unas relaciones de producción caducas. Tarde o temprano el conflicto es resuelto por la supresión revolucionaria de las viejas relaciones de producción, que son sustituidas por otras en consonancia con el carácter de las fuerzas productivas y con las necesidades de su ulterior desarrollo.

El materialismo histórico aplica las 4 leyes de la dialéctica al desarrollo social, la conexión universal de los aspectos de la vida social, la unidad y lucha de contrarios, la transformación de la cantidad en calidad y la superación de lo viejo por lo nuevo (negación de la negación), a través de las categorías de la dialéctica materialista: lo particular y lo general (situación concreta y tendencia general del movimiento socio-histórico), el contenido y la forma (contenido de las luchas de clase y formas de lucha económica, ideológica, política, de masas, etc.), la esencia y el fenómeno o realidad y apariencia  (pasar del aspecto exterior de los acontecimientos a la naturaleza de las cosas, por ej. del fenómeno del trabajo asalariado, ver la esencia de la explotación capitalista), la causa y el efecto, la necesidad y la casualidad, la posibilidad y la realidad,etc.

La lucha de clases nunca se separa del desarrollo de las fuerzas productivas, pues si bien es cierto que cada paso en el progreso de la sociedad constituye al mismo tiempo un paso adelante en el dominio de la sociedad sobre la naturaleza, este dominio siempre se hace sobre determinadas condiciones sociales antagónicas o no antagónicas.

En las condiciones de las sociedades antagónicas, el dominio sobre la naturaleza y la explotación forman parte de un mismo proceso, puesto que la explotación es una forma social históricamente inevitable del desarrollo de las fuerzas productivas, causa por la cual fueran superadas las comunidades primitivas sin relaciones de explotación pero con unas fuerzas productivas y división del trabajo muy precarias. Por lo que en el desarrollo histórico coinciden la emancipación de las fuerzas espontáneas de la naturaleza y la liberación de la servidumbre del ser social de las relaciones de explotación.

En este proceso de liberación la ética y el humanismo adquieren un carácter de clase. Mientras la ética burguesa no busca ir más allá del fortalecimiento y expansión de la individualidad aislada por encima de la colectividad social o nacional, para el marxismo-leninismo el desarrollo de la personalidad siempre ha significado el desarrollo pleno de las relaciones y cualidades humanas más diversas en colectividad sin opresión nacional y sin relaciones de explotación, considerando que de la misma manera que un pueblo que oprime a otro pueblo no puede ser libre, un hombre que oprime y explota a otro hombre no puede ni él mismo, ni individualmente, ser un hombre libre. Por un lado la conciencia nacional de un pueblo que lucha contra el imperialismo es contrario al individualismo que alimenta el individualismo y la oposición de las naciones, y por otro, el proletariado en su lucha contra la explotación y la opresión bajo el capitalismo ya coloca al individuo proletario en relación con su clase revelándose como el portador objetivo y subjetivo del progreso y del destino del género humano.

La reorganización comunista de la sociedad, con unas fuerzas productivas plenamente desarrolladas, liberadas de la naturaleza, pone fin al imperialismo, a la esclavización y opresión de las personas, de las clases, al dominio ciego y espontáneo de las relaciones de producción sobre el ser social. Las mujeres y hombres nuevos se forman al mismo tiempo que construyen la nueva sociedad. En ese sentido, Engels denominaba al comunismo como reino de la libertad, donde el ser social se coloca a un nivel nunca visto, con el conocimiento pleno de las leyes que rigen la naturaleza y el desarrollo social, y su posesión práctica, su dominio sobre tales leyes, con la supresión de toda explotación humana y de todo desarrollo depredador hacia la naturaleza.

Conclusión final. El materialismo histórico es la ciencia que trata de las leyes generales de desarrollo de la sociedad. El materialismo histórico afirma que las ideas y sentimientos de las masas no son las causas últimas de los acontecimientos históricos. Del progreso de las fuerzas productivas y la lucha de clases depende, en última instancia, el progreso en las otras esferas de la vida social, en las relaciones sociales, la cultura, etc. Al condicionar los cambios del régimen económico prepara la emancipación completa de la humanidad del yugo de las relaciones de explotación que sólo se puede resolver por medio de la revolución socialista. En consecuencia, el materialismo histórico explica el mundo en su totalidad, en su proceso y desarrollo dialéctico, pero como este mundo no está aún totalmente realizado, va más allá de su explicación, más allá de su explicación teórica, y desemboca en la acción, a fin de hacer surgir en la existencia ese mundo en su totalidad. Se coloca en el pasado y el presente, en cuanto teoría; y se coloca en el futuro en cuanto acción; hace que la teoría no sea contemplativa sino crítica, y la teoría hace que la acción no sea ciega y espontánea sino consciente y racional. Es también una teoría de la revolución socialista por hacer.

NOTAS DE Hª Y MÉTODO DE LA FILOSOFÍA CONTEMPORÁNEA 

(1)  La crisis de la filosofía burguesa. G. Lukacs. Pág. 13. Ediciones elaleph.com.

(2) La crisis de la filosofía burguesa. G. Lukacs. Pág. 31. Ediciones elaleph.com.

(3) Ver Lukacs, El asalto a la razón, Ed. Grijalbo, pág. 439.

(4) La visión del mundo aristocrática y la democrática. Testamento Político. G. Lúkacs. Pág. 41. Ed. Herramienta. 2003.

(5) La visión del mundo aristocrática y la democrática. Testamento Político. G. Lúkacs. Pág. 39. Ed. Herramienta. 2003.

(6) Ver Lukacs, El asalto a la razón, (Epílogo. Sobre el irracionalismo en la postguerra). Ed. Grijalbo.

(7) El resultado general al que llegué y que una vez obtenido sirvió de hilo conductor a mis estudios puede resumirse así: en la producción social de su vida los hombres establecen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a una fase determinada de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales.

El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social.

El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia. Al llegar a una fase determinada de desarrollo las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes o, lo que no es más que la expresión jurídica de esto, con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se han desenvuelto hasta allí. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten en trabas suyas, y se abre así una época de revolución social. Al cambiar la base económica se transforma, más o menos rápidamente, toda la inmensa superestructura erigida sobre ella.

Cuando se estudian esas transformaciones hay que distinguir siempre entre los cambios materiales ocurridos en las condiciones económicas de producción y que pueden apreciarse con la exactitud propia de las ciencias naturales, y las formas jurídicas, políticas, religiosas, artísticas o filosóficas, en una palabra las formas ideológicas en que los hombres adquieren conciencia de este conflicto y luchan por resolverlo. Y del mismo modo que no podemos juzgar a un individuo por lo que él piensa de sí, no podemos juzgar tampoco a estas épocas de transformación por su conciencia, sino que , por el contrario, hay que explicarse esta conciencia por las contradicciones de la vida material, por el conflicto existente entre las fuerzas productivas sociales y las relaciones de producción.

Ninguna formación social desaparece antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella, y jamás aparecen nuevas y más elevadas relaciones de producción antes de que las condiciones materiales para su existencia hayan madurado dentro de la propia sociedad antigua. Por eso, la humanidad se propone siempre únicamente los objetivos que puede alcanzar, porque, mirando mejor, se encontrará siempre que estos objetivos sólo surgen cuando ya se dan o, por lo menos, se están gestando, las condiciones materiales para su realización.

A grandes rasgos, podemos designar como otras tantas épocas de progreso en la formación económica de la sociedad el modo de producción asiático, el antiguo, el feudal y el moderno burgués. Las relaciones burguesas de producción son la última forma antagónica del proceso social de producción; antagónica, no en el sentido de un antagonismo individual, sino de un antagonismo que proviene de las condiciones sociales de vida de los individuos. Pero las fuerzas productivas que se desarrollan en la sociedad burguesa brindan, al mismo tiempo, las condiciones materiales para la solución de este antagonismo. Con esta formación social se cierra, por lo tanto, la prehistoria de la sociedad humana. (Prólogo de la Contribución a la Crítica de la economía política 1.859. K. Marx. http://www.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/oe1/mrxoe115.htm).

(8) (9) ¿Leninismo o Maoísmo? Javier Sotomayor Pérez. Ed. Koldo Pérez de San Román 2009.

 

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