PARTE 2. LA TRANSICIÓN DEL CAPITALISMO AL COMUNISMO

comunismo

Miguel A.Montes

15 Enero 2010

ÍNDICE

  1. LA TRANSICIÓN DEL CAPITALISMO AL COMUNISMO

1.1 El comunismo surgirá de las contradicciones del capitalismo

1.1.1 La revolución socialista. Objetivo y necesidad histórica

1.1.2 La superación del capitalismo no es lineal

1.1.3 Lucha de clases + fuerzas productivas = comunismo

1.2 Socialismo o Barbarie    

1.2.1 Los datos. El síntoma de la barbarie

1.2.2 El socialismo sepulturero de la barbarie

1.2.3 Conclusión. El socialismo es necesario para el genero humano

1.3 Final de una etapa y vuelta a empezar

1.4 La revolución no es inviable en el capitalismo desarrollado

1.4.1 Conclusión. La clase obrera, fuerza social dirigente de la revolución socialista.

1.5 Coyuntura internacional de la lucha de clases 

1.5.1 Aspectos de la época favorables al capitalismo

1.5.1.1 Derrumbe de regímenes de orientación socialista

1.5.1.2 Triunfo de la estrategia neoliberal

1.5.1.3 Internacionalización de las fuerzas productivas y las relaciones de producción capitalistas.

1.5.1.4 Resurgimiento a primer plano de las rivalivalidades interimperialistas.

1.5.1.5 Reactivación del complejo militar-industrial

1.5.1.6 Monopolización creciente de los medios para prevenir enfermedades masivas.

1.5.1.7 Resurgimiento del racismo y la xenofobia

1.5.1.8 Profundización en la fractura de la clase obrera

1.5.1.9 Hegemonía del centrismo político y de la ideología del pensamiento único.

1.5.1.10 Criminalización del pensamiento comunista

1.5.1.11 Agudización del carácter agresivo del imperialismo y regresión ideológica.

1.5.1.12 Agudización geométrica del intercambio desigual

1.5.1.13 Conclusiones

1.5.2 Aspectos de la época favorables al comunismo

1.5.2.1 Respuesta del movimiento sindical de clase europeo

1.5.2.2 Recuperación de los comunistas ante la restauración capitalista en Europa del este

1.5.2.3 Formación de gobiernos antineoliberales en Europa del este

1.5.2.4 Resurgir del peso electoral de los comunistas en las elecciones al parlamento de la UE.

1.5.2.5 Coordinación de los Partidos Comunistas

1.5.2.6 Crecimiento de la izquierda antineoliberal en Alemania

1.5.2.7 La RC y situación de los comunistas en Italia

1.5.2.8 Auge y caída de la izquierda plural en Francia

1.5.2.9 Coordinación de la izquierda en Europa.

1.5.2.10 Finalización del Apartheid surafricano y caída de Mobutu en el Congo.

1.5.2.11 El movimiento obrero y comunista en Asia

1.5.2.12 Latinoamérica un polvorín en ebullición

Movimiento zapatista en Chiapas

Hegemonía electoral del PT en Brasil

Consolidación del MST

Levantamientos populares en Argentina

Luchas de clase en la Venezuela bolivariana…

Reavivación del movimiento popular en Ecuador

Bolivia, desarrollo del MAS como mov. Político anti-imperialista

Nicaragua. Vuelve el sandinismo

Hegemonía del Frente Amplio en Uruguay

Consolidación del movimiento guerrillero de las FARC

El movimiento campesino. Expectativas y limitaciones.

1.5.2.13 Desarrollo de las relaciones económicas y políticas en la periferia al margen de los EE.UU., Japón y la UE.

1.5.2.14 Resistencia irakí a la ocupación

1.5.2.15 Frente amplio de resistencia a la globalización neoliberal.

1.5.2.16 Crecimiento del pacifismo

1.5.3 Déficits a superar en el avance al socialismo

1.5.3.1 Creación de una Internacional Comunista

1.5.3.2 Desarrollar la articulación del movimiento de resistencia a la globalización neoliberal del capital

1.5.3.3 Superar la política socialdemócrata basada en el posibilismo

1.5.3.4 Recuperar la política de alianzas

1.5.3.5 La relevancia del movimiento obrero determina el carácter del proceso como revolucionario o reformista

1.5.3.6 Recuperar la estrategia revolucionaria socialista

1.5.3.7 Recuperar la política de formación revolucionaria

1.5.3.8 Recuperar el internacionalismo proletario y anti-imperialista.

1.5.3.9 Crear una cultura de clase y anti-imperialista

1.5.3.10 Desplegar la lucha del movimiento pacifista

1.5.3.11 Implantar en el socialismo la propiedad real de los medios de producción y de consumo.

1.5.3.12 Fundamentar nuestra cultura e historia revolucionaria como acervo del pensamiento no desiderativo.

1.6 Estrategia y táctica comunista

1.6.1 Periodo político actual bajo la hegemonía neoliberal

1.6.2 Estrategia política de clase

1.6.2.1 Los objetivos políticos en la época actual

1.6.2.2 Identificación del enemigo de clase principal

1.6.2.3 Definir los aliados estratégicos

1.6.2.4 Crear un programa de metas mínimas

1.6.2.5 Impulsar la lucha por la paz, el desarme y un nuevo orden internacional.

1.6.2.6 Desarrollar el carácter marxista-leninista del partido

1.6.2.7 Estudiar las diferentes correlaciones de fuerza

1.6.3 Táctica política de clase

1.6.4 Profundizar las luchas hacia el socialismo

1.6.4.1 Frenar las ofensivas neoliberales

1.6.4.2 En cuanto al Estado

1.6.4.3 En cuanto al Trabajo y la vivienda

1.6.4.4 En cuanto a la Economía Política

1.6.4.5 En cuanto a la cultura y la enseñanza

1.6.4.6 En cuanto a la Paz y política exterior

1.6.4.7 En cuanto a la Salud

1.6.4.8 En cuanto a las formas de lucha

1.6.4.9 En cuanto a los sujetos que deben participar

1.6.4.10 En cuanto al derecho a la autodeterminación nacional

1.6.4.11 En cuanto al marco supranacional

1.6.4.12 Elementos estratégicos en la Unidad de fuerzas del Bloque Histórico.

1.6.4.13 Anti-imperialismo y socialismo en la periferia

1.6.4.14 Frente Anti-imperialista mundial

Notas de La transición del capitalismo al comunismo  

1.TRANSICIÓN DEL CAPITALISMO AL COMUNISMO

      La derrota coyuntural de la lucha por el socialismo ha cautivado a sectores del propio campo de la izquierda, que apoyándose en la desintegración de la URSS han hecho eco del griterío burgués: ¡esta lucha la perdieron la revolución y la clase obrera! ¡ha triunfado definitivamente el capitalismo! ¡el socialismo culminó en un estrepitoso fracaso! ¡el materialismo histórico como teoría social se reveló como una falsedad!, etc. Estas posiciones son derrotistas, y calzan bien con el discurso triunfalista del imperialismo, ¡la historia ha terminado!, ¡la humanidad ha alcanzado su cénit!, ¡éxito del capitalismo y demostración de la verdad liberal!, ¡la burguesía ha triunfado!, ¡la clase obrera ya no tiene nada que hacer!, no debe luchar por cambios revolucionarios, debe creer en la democracia a secas, debe desear la libertad, debe adquirir conciencia de que los valores de la sociedad burguesa vuelven a ser inamovibles y eternos. Amen.

¿Qué hacer ante la derrota? Algunos buscan otros caminos y actores no “contaminados” de marxismo-leninismo (multitudes), impugnan las organizaciones objetivas del movimiento obrero (sindicatos de clase y partidos comunistas), recuperan la utopía del S.XIX, eliminan o silenciar el socialismo científico, etc. Pero los que sigamos aspirando al cambio revolucionario y al objetivo comunista, objetivamente debemos aceptar el carácter fundamental de nuestra época, que es el del tránsito del capitalismo al comunismo ¡actualidad objetiva y subjetiva de hoy a principios del Siglo XXI!, actualidad a partir de la revolución socialista de Octubre en Rusia, las revoluciones china, cubana, vietnamita, etc. Actualidad del sujeto revolucionario del capitalismo y sus aliados, la clase obrera y el movimiento anti-imperialista.

Es cierto que han habido triunfos y derrotas, eso ya lo sabemos como también sabemos que por desgracia esas derrotas pueden seguir siendo inevitables, pasos adelante y hacia atrás, avances y retrocesos, dirigentes y partidos comunistas que se doblegan, se reconvierten, y dirigentes y partidos comunistas que se templan y forjan sus armas teóricas ante la adversidad, militantes, cuadros y dirigentes que abandonan o cambian de barco y militantes, cuadros y dirigentes que los reemplazan, estadios que se consideraron superados antiguamente, vuelven con el florecimiento de todas las utopías idiotas del amor fraterno interclasista y el hippismo inofensivo actualizado (¡haz el amor y no combatas al Estado burgués!), que no tienen ni zorra idea del centro neurálgico de las ganancias, la explotación y las guerras, ideas ilusorias que sin embargo desde el flanco del movimiento comunista y obrero se deben de volver a combatir.

Nace lo nuevo, se abre paso inexorablemente la nueva sociedad, pero ninguna lucha, ninguna construcción social se realiza en línea recta y pura, como tampoco la vieja sociedad capitalista se extingue de forma recta y sin resistencias. No ha existido, ni existirá una revolución pura, sin esfuerzos, sin luchas, sin rodeos, sin retrocesos, aquel que piense en eso será devorado por el pensamiento desiderativo de la generación fustrada y fustrante de no ver materializado el sueño de los justos. En oposición a ese pensamiento claudicante y derrotista nosotros no queremos renunciar, ni olvidar de lo que somos y lo que perseguimos. Somos comunistas, luchamos por el socialismo y partimos de la lucha de clases concreta de hoy.

Precisamente hoy estamos en esa etapa histórica complicada, preñada de confusión ideológica por la hegemonía neoliberal. Sin embargo, y a pesar de todo, la lucha de clases se extiende con vigor en la última década, manifestaciones contra la guerra en EE.UU, resurgir de la guerrilla en Chiapas y Colombia, movimientos campesinos insurgentes en Brasil, Bolivia y Ecuador, proceso transformador en Venezuela, gobiernos anti-imperialistas salidos de las luchas y las urnas en Ecuador y Bolivia, resurgir de las luchas obreras en Europa y Asia Pacífico, revitalización de los comunistas en el este de Europa, auge del movimiento de resistencia a la globalización capitalista, relanzamiento de las relaciones económicas entre la periferia al margen del imperialismo (Brasil-India-China-Venezuela-Bielorrusia…), etc.

Muy a pesar del Pensamiento Único y del guante lanzado por Fukuyama (el fin de la historia), hoy existe una abultadísima praxis material, para resituar desde el marxismo-leninismo la etapa de transición a una sociedad nueva, comunista, como posible y necesaria, descubriendo los sujetos revolucionarios, las vanguardias, las formas de lucha, los mecanismos de poder, etc. Sometiendo a crítica y aprendizaje nuestra propia historia, pero no una crítica cualquiera, sino la crítica que sin renunciar a la teoría, nos sirva para aprender de la práctica siendo capaces de dirigir nuestra actividad. Reintentando lo que Lenin, Gramsci, Dimitrov, Castro y Ho Chi Min, nos mostraron ante situaciones historico-concretas diferentes, no agarrandose nunca a dogmas ni a revisionismos, sino contribuyendo a enriquecer la teoría revolucionaria.

 

1.1 El comunismo surgirá de las contradicciones del capitalismo

Sabemos que el movimiento obrero y el partido, sin teoría revolucionaria acaban irremediablemente en el tradeunionismo y el reformismo. Pero también sabemos que la teoría se enriquece con la práctica histórica, y que esta práctica no esta exenta de deformaciones de carácter ideológico, embellecedora de una realidad no crítica, como por ej. las deformaciones en determinadas etapas de la construcción del socialismo en cada una de sus variantes conocidas en Oriente (China, URSS, Europa del Este…) o en la justificación de falsas estrategias “transformadoras”, antidialécticas y reformistas, condenadas al fracaso (socialdemocracia, eurocomunismo, nueva izquierda…) que se han dado en Occidente y que nada han aportado de positivo al período de transición a la sociedad comunista, y han acabado degradando la teoría revolucionaria en la praxis. Es decir, la práctica ha desvelado el ridículo de sus planteamientos reformistas en Occidente.

La filosofía marxista-leninista nos plantea que la teoría no cae de la nubes, sino que parte de la práctica, y que ésta en la sociedad tiene como base la práctica histórica del género humano, práctica ante la cual la teoría constituye una explicación objetiva, científica, ajustada a la esencia dialéctica de su desarrollo histórico. Desarrollo sujeto a leyes que determinan y sobredeterminan el movimiento real de la sociedad, que tiende objetivamente hacia la desaparición de las clases. Tendencia cuya resolución depende de la lucha de clases y del conocimiento teórico de las contradicciones del capitalismo como último modo de producción basado en la explotación.

Es en La Ideología Alemana y de forma resumida en el Prólogo de 1.859 a la Contribución a la crítica de la Economía Política, donde Marx haciendo referencia a los diversos modos de producción, categoriza a las relaciones burguesas como la última forma antagónica del proceso social de producción, y anticipa como ley objetiva la tendencia histórica de la transición al comunismo de carácter mundial (1). Sobre las posibilidades inmensas del desarrollo humano encontramos en estos escritos de Marx la referencia a la mundialización del capitalismo, al “carácter internacional del régimen capitalista”, donde se destaca la centralidad de la contradicción burguesía/proletariado, fuerzas productivas/relaciones de producción, que “abre una época de revolución”, donde “la envoltura capitalista… salta hecha añicos”, y con esta formación social “se cierra la prehistoria de la sociedad humana”, superando la contradicción antagónica por medio de la ruptura de los bastiones del capitalismo mundial a través del estallido de revoluciones proletarias en las metrópolis del capitalismo más avanzado.

De ahí en adelante, Marx elabora su tesis de la dictadura del proletariado, de “revolución permanente hasta la realización del comunismo”, donde el carácter mundial del proceso revolucionario tiene como base la acumulación de las fuerzas productivas en el que para Marx el propio productor es la fuerza productiva más importante, donde el periodo revolucionario de transición debe liberar al ser humano, posibilitando su desarrollo multifacético, superando la división del trabajo entre lo económico y lo político.

Esta idea la expresa Marx en tres momentos. En La ideología alemana, al destacar la actividad, íntegra y no limitada como efecto de la apropiación de la totalidad de las fuerzas productivas subordinadas a todos los productores (2). En el Manifiesto del PC (1.848), al situar el horizonte comunista donde “el libre desenvolvimiento de cada uno sea condición del libre desenvolvimiento de todos”. Y durante la década de los 50 en los Grundrisse Marx destacaría más concretamente que la supresión de las relaciones de trabajo capitalistas potencia sin límites el desarrollo de las fuerzas productivas, aspecto que posibilita la reducción del tiempo de trabajo y el aumento del tiempo libre (3), necesario para el desarrollo pleno del individuo, aumentando éste su capacidad de disfrute, recreación y conocimiento. La reducción del tiempo de trabajo, la ampliación del tiempo libre y la adquisición de mayores conocimientos, permiten la objetivación creciente y sin trabas de la ciencia y la técnica en el productor, la universalización de sus capacidades, convirtiéndose en la máxima fuerza productiva, a través del conocimiento adquirido por la experimentación, el desarrollo productivo y cultural de la sociedad.

Para Marx, el individuo pasa a ser “el pilar fundamental de la producción social” y ésta efecto inmediato del desarrollo colectivo de todos los individuos como productores y reguladores de la producción con arreglo a un plan social en el que se contemplan las necesidades racionalmente, desprendiéndose de todo gasto superfluo. De esta menera el productor se transforma de agente principal de la producción en regulador-director del proceso de trabajo a través de las nuevas relaciones de trabajo libres de explotación, que impulsan ilimitadamente el desarrollo de las fuerzas productivas.

      Pero ante todo debiéramos dejar claro que para Marx el concepto de fuerzas productivas no tiene el mismo significado que para la lectura economista de la socialdemocracia, eurocomunistas, trotskistas y algunos economistas soviéticos, que confundían las fuerzas productivas con los medios de producción y la ciencia aplicada por los especialistas, mientras que en Marx queda claro en los Grundrisse que la principal fuerza productiva del capitalismo es el obrero productor. Y por tanto, el desarrollo de la sociedad no está sujeto a un desarrollo espontáneo de las fuerzas productivas, error del economismo que niega la revolución y la dictadura del proletariado, sino a la unidad dialéctica entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción y la transformación de éstas últimas por medio de la lucha de clases.

Marx siempre habla de una sociedad comunista con un alto grado de desarrollo de las fuerzas productivas, que permita la adquisición de los saberes de la ciencia y la técnica por los productores, que convierta al trabajo en una necesidad vital, como eje central de desarrollo de la etapa de transición a la sociedad comunista y a su fase superior, que Marx volvería a enunciar en su Crítica al Programa de Gotha, descifrando la fase superior como la desaparición de la sujeción de los individuos a la división del trabajo, la superación de la oposición entre el trabajo intelectual y manual, entre ciencia y trabajo, el pleno desarrollo multilateral de los individuos y de sus capacidades productivas, donde los “manantiales de la riqueza colectiva, fluyan con plenitud”, y donde

“sólo entonces podrá superarse el estrecho horizonte del derecho burgués y la sociedad podrá escribir en sus banderas: ¡de cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades!” (4).

Lenin en el Estado y la Revolución subraya esa tendencia hacia el amplio desarrollo de las fuerzas productivas y superación de la división del trabajo, al destacar que la expropiación de los capitalistas da la posibilidad de desarrollar las fuerzas productivas en proporciones gigantescas, y que las propias relaciones de producción capitalistas entorpece ya ese desarrollo. No obstante, Lenin señalaba la imposibilidad de saber a priori la rapidez con que se avanzará y llegará a romper con la división del trabajo, a suprimir el contraste entre el trabajo intelectual y el manual y “convertir el trabajo en la primera necesidad vital” (5).

Esta tendencia de desarrollo interrumpido de las fuerzas productivas, en el periodo de tránsito al socialismo (fase inferior de la sociedad comunista), significa que la reducción del tiempo de trabajo parejo a la liberación de tiempo libre para los productores es la condición objetiva, la base material, para la participación de las masas productoras en la dirección de la producción y del Estado proletario.

Es la preparación de la extinción paulatina del Estado, la superación de la división del trabajo en lo político, entre dirigentes y dirigidos, es la base material para el dominio del plan social colectivo y la extinción definitiva de la economía de mercado, la supresión progresiva del trabajo inútil destinado a los gastos de administración, la adquisición generalizada de las masas productoras, de los conocimientos científicos y tecnológicos adquiridos por la sociedad donde el poder productivo ya no depende de la capacidad de creación científica de unos pocos sabios (según reza la sociología burguesa de la tecnoestructura), es la superación de la división milenaria entre trabajo manual e intelectual, la posibilidad de ensamblar trabajo productivo y científico, centro industrializado y periferia atrasada, extinguiendo la división del trabajo como poder ajeno del capital y el mercado que domina y oprime a los productores.

Es la confirmación de la democracia proletaria, la idea que Lenin ya expresaba gráficamente en socialismo como fase inferior de la sociedad comunista igual a electrificación + soviets, ciencia y tecnología + democracia obrera y plan social en un mismo tronco. Es el dominio del género humano sobre la producción, donde se ponen de manifiesto las relaciones personales sin el fetichismo del régimen de producción de mercancías. Llegados a este punto, para Marx sin dejar de poner el acento de que para acceder al comunismo es necesario alcanzar un nivel adecuado de las fuerzas productivas, las relaciones entre los productores están exentas de mística, dado que somenten el proceso de producción a su dominación consciente por medio del plan social (6).

Por el contrario, en el capitalismo toda práctica cultural, educativa e ideológica va dirigida a fragmentar el conocimiento dentro de una jerarquía clasista, que margina a la mayoría de la sociedad de los saberes, reproduciendo la división social del trabajo y la estructura de clases.

Este proceso de fragmentación lo investiga y analiza Marx en el corazón del proceso de producción capitalista en sus orígenes, la manufactura, donde el enriquecimiento del obrero colectivo como fuerza productiva social se halla condicionado por el empobrecimiento del obrero como fuerza productiva individual (7), en el que el proletario se considera como una parte del taller en la manufactura, una parte de la máquina en la gran industria, un apéndice del proceso tanto en el marco de la producción como en el marco de la empresa capitalista, adquiera formas organizativas mas parceladas (fordismo) o más integradas al proceso productivo directo (toyotismo).

La transición al modo de producción comunista debe tender hacia la adquisición de los productores de todos los saberes y conocimientos adquiridos por la sociedad, aprendiendo en masa a dirigir la producción, el Estado, y ampliar la cultura, objetivando, encarnando en la clase obrera la ciencia, la tecnología y la cultura adquirida socialmente. Pero para provocar esa tendencia, cobra importancia la revolución, la expropiación de los expropiadores, donde Marx no dejaba de plantear de que aun siendo la mayoría el proletariado, éste sólo puede triunfar si está unido por la organización y los saberes.

1.1.1 La revolución socialista. Objetivo y necesidad histórica

Bajo el proceso de acumulación de capital existe una brecha entre las necesidades del capital y las necesidades sociales obreras, donde la lucha salarial es inherente al trabajador asalariado como finalidad inmediata para su desarrollo como persona y como clase. Cuanto mayor es el tiempo que el obrero existe para el capital, menos tiempo tiene para sí, mayor es la energía consumida por el capital. Y este robo del tiempo por el capital no se acaba en el propio proceso productivo (jornadas densas, cargas de trabajo intensivas, psicología corporativa de empresa, diversas formas segmentación laboral e industrial del trabajo para dividir a los obreros, etc.) sino que el capital como planificador de la sociedad del ocio inutiliza y roba el tiempo libre que el obrero dispone o conquista como tal.

Marx nos muestra en El Capital que la cooperación, la lucha sindical y política son la principal arma del proletariado contra el capital, es a través de la cooperación como el proletariado vence el esfuerzo del capital de separarlos, de debilitar su resistencia a la explotación, es la cooperación obrera el primer embrión objetivo de la conciencia clasista más allá de la mera lucha sindical. Marx analiza que la cooperación da lugar a una nueva fuerza productiva colectiva capaz de acrecentar la productividad social e individual. De ahí la pregunta del ¿porqué los productores no pueden apoderarse de los frutos de la cooperación en la producción?. El aspecto positivo del desarrollo capitalista, la socialización creciente de la producción y la formación de la interdependencia de las actividades económicas, que da lugar a la creación del obrero colectivo, lleva su lado negativo en la división entre los trabajadores asalariados como tales por medio de su explotación, por la apropiación privada de la producción social.

Marx consideraba que para convertir la producción social en un sistema armonioso de trabajo libre de explotación y cooperativo, hay que ir más allá de la mera lucha salarial y que se necesita realizar una transformación social que sólo puede llevarse a cabo mediante la transferencia del poder estatal de los capitalistas y terratenientes a la clase obrera. La lucha política por la reducción de la jornada, la eliminación del desempleo, la política industrial, etc., deben ir ligadas a la lucha por la conquista del poder político, ya que la explotación directa del capital produce una conciencia sindicalista, pero no una conciencia que supere la relación capital-trabajo asalariado.

El fin no pasa sólo por organizarse en sindicatos, luchar por mejores salarios y obligar al gobiernos a aprobar mejores leyes laborales, hay que luchar políticamente, hay que desmitificar el poder del capital, la  venta de la fuerza de trabajo oculta la explotación, la relación mercantil oculta la relación real de explotación, es esta relación oculta la que Marx pone al descubierto en El Capital, suministrando una teoría para desvelar la dominación del capital y superarla por medio de la organización política nacional e internacional de la clase obrera.

1.1.2 La superación del capitalismo no es lineal 

Marx y Engels, que nos dejaron sus presupuestos teóricos, más como tendencia histórica, que como verificación práctica, consideraban que la revolución proletaria estallaría en formaciones sociales de capitalismo avanzado, y aunque ésta se iniciaría en uno de los países capitalistas, el proceso revolucionario terminaría adquiriendo rápidamente un carácter mundial. Cifraron esperanzas en Alemania, Francia, Inglaterra e incluso EE.UU, en los lugares centrales del capitalismo, donde las fuerzas productivas estaban más desarrolladas (maquinaria, tecnología, preparación cultural, política y de organización del proletariado).

Si repasamos, losPrincipios del Comunismo, el Manifiesto del PC, La ideología alemana, etc. encontraremos referencias al carácter universal del proceso revolucionario hacia el comunismo, no encontraremos referencias al “socialismo en un solo país” o “ruptura del eslabón más débil”, más propios de una etapa del capitalismo distinta, imperialista, atravesada por el desarrollo desigual. Marx y Engels nunca pensaron que la revolución socialista surgiría en la periferia, ni mucho menos llegaron a imaginar que ésta no contara con la ruptura revolucionaria en el centro del sistema.

Pero estas nuevas referencias no demuestran una inconsistencia teórica en la tesis de universalidad en la transición al comunismo, que el propio Lenin defiende como planteamiento TEÓRICO en 1.917 en “El Estado y la revolución”, antes del fracaso de las revoluciones en Occidente, donde la revolución de Octubre en Rusia sólo se comprende

“como un eslabón de la cadena de revoluciones proletarias socialistas suscitadas por la guerra imperialista” (8).

Incluso en julio de 1.918 Lenin todavía creía en el triunfo mundial inmediato del proletariado, y parafraseaba a Engels quien anticipó la guerra mundial en 1.887 (9) y a quien ni se le pasaba por la cabeza la posible conducta contrarrevolucionaria de la socialdemocracia:

“De los dos resultados inmediatos de la guerra previstos por Engels como probables (o el triunfo de la clase obrera ya conquistado, o la creación de las condiciones que lo hacen inevitable, a pesar de todas las dificultades), en la actualidad, a mediados del año 1.918, estamos en presencia de ambos. En uno de los países capitalistas, en el menos desarrollado, la victoria de la clase obrera ya ha sido conquistada. En los demás países, con el enorme esfuerzo de sufrimientos inauditos, se crean las condiciones que hacen esta victoria -a pesar de todo, inevitable-” (10).

Al clausular el primer congreso de la Internacional Comunista (marzo 1919) Lenin adelantaba que la victoria de la revolución comunista en todo el mundo estaba asegurada, que se aproximaba la fundación de la República Soviética Internacional. Y en mayo del mismo año, sin abandonar nunca la perspectiva mundial del cambio revolucionario, Lenin sostenía que para continuar la obra de la construcción del socialismo, las próximas repúblicas soviéticas de Occidente donde el proletariado goza de mayor peso e influencia, contaban con todas las probabilidades de sobrepasar a Rusia, en el caso de que emprendieran el camino de la dictadura del proletariado. Ya en 1.921 después de desbaratar una guerra de agresión imperialista de 3 años, el Ejército Rojo sería frenado a las puertas de Varsovia en su ofensiva, se hundirían con él toda supuesta y última ilusión acerca de una revolución exportada en Occidente a cargo de un ejército liberador.

A pesar de todo y al margen de las peculiaridades históricas de desarrollo desigual del capitalismo en su fase imperialista, Lenin siempre parte de los mismos principios teóricos que Marx y Engels, del carácter mundial del proceso revolucionario de transición al comunismo, y para él Rusia sólo era una parte de la cadena imperialista, el eslabón débil que impulsaría la revolución en el eslabón fuerte, el centro del capitalismo desarrollado. En el momento histórico de 1.917, las revoluciones en el centro del capitalismo, podían y debían romper la lógica universal, la mundialización del capitalismo, y ayudar a culminar los procesos revolucionarios iniciados en la periferia. Y así lo entendía el Lenin defensor del carácter mundial del proceso revolucionario, muy a diferencia de la socialdemocracia que había renunciado a transformar el capitalismo en su centro, mientras Lenin pensaba que el aporte de la revolución en Occidente era decisivo.

El desenlace diferente de los acontecimientos históricos, fraguados por el motor de la historia, la lucha de clases, fue la que al final creó para los comunistas una nueva problemática y práctica histórica: desarrollo desigual del capitalismo, eslabón más débil de la cadena imperialista, socialismo en un solo país, capitalismo de Estado (NEP), construcción del socialismo, coexistencia pacífica, etc. Nuevas problemáticas que no se desarrollaron sin discusiones y lucha ideológica en el seno del marxismo y en lucha con el imperialismo. La revolución socialista en la periferia, no entraba en las previsiones de un Marx que no llega a conocer el imperialismo, cuya contradicción permite iniciar la ruptura por el eslabón más débil, lo que posibilitó que la Rusia atrasada, adelantara en el desarrollo político de la lucha de clases a la Europa avanzada.

Lenin en la peor de las coyunturas para la lucha revolucionaria, no abandonaba el planteamiento de Marx sobre la transición al comunismo, la revolución soviética era un eslabón, una particularidad dentro de la totalidad, no cabía la hipótesis de acceder a la fase superior de la sociedad comunista sin la superación mundial del capitalismo. De ahí que se diera lugar como sitúa Céspedes (11), a una nueva problemática de la transición del capitalismo al socialismo, y que esta surja precisamente en el momento en el que la revolución mundial se retrasa y es derrotada, quedando aislada la revolución soviética en torno al objetivo de edificación socialista en un solo país. A partir de ahí, se daba otra posibilidad de avance al comunismo ante el retraso de la revolución en Occidente, en vez de la transición al comunismo, era la transición al socialismo en un solo país.

En este marco los bolcheviques no adoptaron una actitud inmovilista y traicionera al proceso revolucionario de carácter mundial. Lenin, sin dejar de contemplar las dificultades, no consideraba imposible que la clase obrera dirigiese la etapa de transición en Rusia en alianza con el campesinado, y vislumbraba la otra posibilidad, liberando las fuerzas obreras y campesinas del capitalismo y el feudalismo, creando las premisas culturales y económicas que permitieran iniciar el movimiento hacia el socialismo: la industria mecanizada, la electrificación y la dirección política de la clase obrera. Para la creación de tales premisas era necesaria la unidad político-económica de las repúblicas soviéticas para salvaguardar su existencia frente al cerco militar imperialista

“sin lo cual no sería realizable la restauración de las fuerzas productivas destruidas por el imperialismo, ni se podría asegurar el bienestar de los trabajadores…”,

pero siempre desde una perspectiva mundial del proceso revolucionario que creara

“…una economía mundial única, formando un todo, regulada sobre un plan general por el proletariado de todas las naciones…” (12).

En sintonía con esta perspectiva revolucionaria, ya incluso antes de la toma del poder, en el VIº Congreso del partido (julio 1.917), la tesis de que la revolución socialista en Rusia sería posible a condición de que triunfara también en Europa occidental (Peobrazhenski), sería deshechada por los bolcheviques que asumían ya a Rusia como el país que abría el camino al socialismo en su perspectiva mundial del proceso revolucionario.

Sería incorrecto por tanto, atribuir a Stalin como infinidad de veces se ha hecho, la problemática del socialismo en un país, pues fue Lenin el primer dirigente bolchevique en llegar a tal conclusión incluso antes de la revolución de febrero ¡¡¡en 1.915!!! (13), precisamente por su teoría del eslabón más debil y el desarrollo desigual del imperialismo.

Por otra parte, también es incorrecto que las tesis opuestas, falsamente revolucionarias y realmente derrotistas, acerca de la imposibilidad del socialismo en un sólo país, la negación de la alianza de la clase obrera con el campesinado y la inevitabilidad de la degeneración de los bolcheviques, sean planteamientos atribuibles únicamente a Trotski, ya que la socialdemocracia alemana y austríaca (Kautski y Bauer) también hizo uso de ellos (14). Mientras Trotski consideraba que las contradicciones de un gobierno obrero en un país de mayoría campesina sólo serían resueltas por la revolución mundial, Bauer afirmaba que el poder del proletariado en Rusia sólo podría afianzarse de forma temporal, ya que era una minoría de la población, y solamente la conquista del poder político del proletariado del occidente industrial podía asegurar un dominio durarero del socialismo en Rusia. Trotski y Bauer identificaban madurez capitalista con madurez revolucionaria, haciendo depender la revolución socialista de las condiciones productivas del país obviando las condiciones concretas de la revolución. Kautsky, parapetado en su teoría del ultraimperialismo, y Trostki se oponían a la edificación del socialismo en ámbito “nacional”, e incluso Trotski acercándose a Kautski planteaba que era una “utopía reaccionaria” proponerse la edificación del socialismo en un solo país, que pondría en retraso a las fuerzas productivas deteniendo incluso la marcha del capitalismo (14).

Planteamientos anti-revolucionarios que han sido amplia e interesadamente difundidos en medios académicos, y que más que un análisis marxista, era un arma que en incontadas ocasiones el imperialismo por su instinto de clase y de supervivencia utilizaría para denigrar el socialismo existente apoyandose en los dirigentes de la socialdemocracia y en Trotski.

Gramsci, nada sospechoso de economismo, desde la cárcel llegaría a los mismos planteamientos de Lenin en su crítica hacia el internacionalismo abstracto, en el cual coincidían tanto la socialdemocracia y como el izquierdismo. Para Gramsci tanto el infantilismo izquierdista como el reformismo socialdemócrata no contemplan los rasgos nacionales y no los incorporan a su análisis y acción política, provocando la inercia y la pasividad ante el proceso revolucionario.

Gramsci criticaba esta conducta en las dos fases de la lucha de clases en la Europa envuelta en la guerra imperialista. En una primera fase nadie se cree obligado a empezar la acción revolucionaria con el miedo a quedar aislado, característico del determinismo dominante en la IIª Internacional que indefinidamente esperaba las condiciones materiales para la producción de una transformación revolucionaria, a la espera de una actuación conjunta de todo el proletariado internacional, y en una segunda fase, una vez tomado el poder en Rusia, se espera una mundialización rápida de la revolución como dogma que no se llega a manifestar, en clara crítica a la tesis de revolución permanente de Trotski (15).

Para Gramsci, igual que Lenin, el punto de partida de cualquier proceso revolucionario de carácter universal, siempre es nacional, y es ahí donde hay que iniciar el movimiento,

“estudiando la combinación de las fuerzas sociales nacionales que la clase internacional deberá dirigir y desarrollar según las perspectivas y directivas internacionales” (16),

en clara alusión a la perspectiva internacional del proceso revolucionario de transición al comunismo iniciado por la clase obrera como clase internacional. Esto quiere decir que el internacionalismo proletario debe aclimatarse a las formas nacionales de la lucha de clases, del movimiento obrero de cada país, lo que no entra en contradicción con el internacionalismo proletario, ni con el desarrollo progresivo de éste. Las revoluciones socialistas han demostrado que la revolución proletaria es y será internacional en su contenido y nacional en su forma, siendo el internacionalismo proletario el eje central que distingue a los partidos comunistas de todos los demás.

La desigualdad en el desarrollo del capitalismo crea desarrollos desiguales en las relaciones de fuerza y posibilidades desiguales para la conquista del poder por parte de la clase obrera y el avance al socialismo. Rehusar a explotar los momentos favorables para la lucha por el socialismo a escala nacional bajo el pretexto de que las condiciones no están maduras a nivel internacional, conduciría a la desmovilización de la clase obrera nacional y se favorecería a la reacción nacional e internacional. En estas condiciones el internacionalismo, no significa la espera hasta que las condiciones sean favorables en todas partes.

El desarrollo histórico-concreto diferente de cómo se pensaba inicialmente de la transición del capitalismo al comunismo, no invalida los presupuestos teóricos sobre los que partía Marx para el periodo de transición al comunismo, aunque aparezcan problemáticas nuevas y no previstas, pues el movimiento práctico hacia el comunismo es una tendencia histórica que está en pugna con su contrario, y su resistencia a dejar el escenario histórico. Resistencia contrarrevolucionaria que expresa la tendencia a la reproducción de las relaciones capitalistas en cualquier medio estatal y nacional, donde la lucha de clases parte inevitablemente incluso para su proyección internacionalista.

Si hasta ahora bajo el imperialismo sólo se ha experimentado el comienzo de la revolución en los eslabones débiles de la cadena, siendo más fácil el comienzo de la revolución en determinados países de la periferia, también es más difícil concluirla (pero no imposible), ya que en una perspectiva mundial del proceso revolucionario, la revolución en los eslabones fuertes, donde el carácter social de la producción y la apropiación privada alcanza su mayor antagonismo, sigue siendo no sólo posible y necesario, sino también determinante y decisivo por el propio carácter universal de la transición hacia la sociedad comunista.

Por tanto, y contra los extremos (reformista e izquierdista), es un disparate teórico plantear tanto que la revolución solo es viable en la periferia (tercermundismo) como en el centro (socialdemocracia, trotskismo), dado su doble carácter universal y nacional.

Ambas posiciones son claramente coincidentes, ya que fragmentan el proceso revolucionario mundial, cuestionan la fuerza dirigente del proletariado unos, y niegan el carácter revolucionario de las naciones oprimidas, el campesinado y otras fracciones de clase, los otros. La clase obrera de los países capitalistas desarrollados no puede quedarse de brazos cruzados esperando que la revolución venga exportada de Oriente, de la periferia, de los países agrarios, ni los países de la periferia deben de frenar sus luchas democráticas, anti-imperialistas e incluso de transición al socialismo, a la espera de la revolución en Occidente. La lucha de clases vive dialécticamente, por la lucha de contrarios y la interconexión de todo tipo de conflictos sociales, nacionales y políticos. No es una casualidad “natural” que el imperialismo obtenga superganancias para sobornar a sectores reducidos del proletariado del centro imperialista, sino porque la burguesía imperialista si que tiene claro la dialéctica de contrarios y la conexión entre la lucha contra la clase obrera y las naciones oprimidas.

Ante eso Lenin siguiendo a Marx y Engels, como parte de la nueva problemática plantearía una nueva perspectiva mundial del proceso revolucionario desde Rusia, donde la creación de la IIIª Internacional vino a plasmar la necesidad de reconstruir los partidos vanguardia de la clase obrera en todos los países donde la clase obrera era la mayoría y también donde no lo era. Para Lenin la crisis general del capitalismo contaba ya con un país donde la clase obrera había tomado el poder y un movimiento obrero y comunista mundial como base para la extensión del movimiento revolucionario hacia las masas explotadas y sojuzgadas bajo el imperialismo y el colonialismo, en alianza con los movimientos nacionales anti-imperialistas como el mas firme aliado del proletariado, por su posibilidad de tomar la delantera en la revolución en su aspecto antiimperialista, nacional y democrático.

Para Lenin, ya antes de la revolución de octubre, la lucha del proletariado contra la burguesía imperialista de los países adelantados ya se empezaba a fundir con la guerra nacional contra el imperialismo y desde 1.917 la perspectiva revolucionaria universal adquiría una dimensión más amplia.

Para Lenin la clase obrera de los países desarrollados no puede triunfar, ni los pueblos oprimidos pueden liberarse de la opresión imperialista, sin la formación de un frente revolucionario común, este frente no podía formarse si el proletariado de las naciones opresoras no daba apoyo directo a los movimientos de liberación nacional contra el imperialismo y pasaba a defender el derecho de autodeterminación.

Esta política se aplicaría con la Constitución de la URSS de 1.924, la cual va a contemplar la igualdad de derechos (no en deberes) de todas las naciones soviéticas, partiendo de la base de que la igualdad entre las naciones debía ser real, no sólo jurídica, y que las naciones más avanzadas estaban obligadas a ayudar a alcanzar el mismo nivel socieconómico que las más avanzadas. Fue esta política la que hizo posible que por ej. los pueblos azerbaiano y armenio en defensa de sus derechos nacionales se alinearan con la revolución soviética y que los obreros rusos vencieran a los ejércitos blancos de Kolchak y Deninkin. La política comunista fue capaz de fundir a las masas trabajadoras de oriente y occidente en una misma causa: la liberación de la explotación capitalista y de la opresión nacional. Ese era el aporte de Lenin al marxismo, sin olvidar que tanto Marx como Engels ya contemplaban el apoyo a las naciones oprimidas.

1.1.3 Lucha de clases + Fuerzas productivas = Comunismo 

      Debemos superar la visión estrecha que considera por separado al aspecto subjetivo de la lucha de clases como motor de la historia (lectura voluntarista), o al aspecto objetivo el desarrollo de las fuerzas productivas (lectura economista), y adentrarnos en la visión dialéctica, donde la lucha de clases y las fuerzas productivas forman dentro de un proceso único una totalidad dialéctica en movimiento, donde la clase obrera es el elemento central de las fuerzas productivas en lo económico, pero también en lo político.

Marx en los Grundrisse, nos situaba que la superación del capitalismo emana de sus propias contradicciones (17), y que el proceso revolucionario es dialéctico, donde los fundamentos del capitalismo (relaciones de producción y de cambio) no saltan “pacíficamente” por medio de reformas, sino a través de la organización y acción de la fuerza social productiva máxima: el proletariado. Esa base material del socialismo que la socialización creciente de las fuerzas productivas aporta, es el feto de la nueva sociedad de la cual el agente del parto no puede ser otro que el proletariado revolucionario. Pero en la medida en que el proletariado es dominado por la ideología burguesa a través de su propia práctica de clase subordinada a las exigencias de la reproducción del capital, en la medida en que el proletariado no deviene en fuerza social con capacidad subjetiva para conquistar el poder político, el parto no se producirá sin el sujeto revolucionario en activo.

El capitalismo a la par que impulsa las fuerzas productivas, las limita, las recorta, en un proceso dialéctico de acumulación/crisis/acumulación, o lo que es lo mismo construcción/destrucción/reconstrucción de fuerzas productivas. También impulsa a su contrario el proletariado como fuerza social, erigido en bloque histórico que la lucha de clases empuja (tal y como veía Marx en La ideología alemana) como representante de toda la sociedad frente a la clase dominante, que sólo por medio de la revolución política contribuirá a hacer cambiar la marcha práctica de la historia, donde la revolución (cambio dialéctico) es necesaria como movimiento práctico imprescindible para impulsar el cambio en masa de la conciencia de los individuos, realizando lo que Gramsci denominaría la revolución-intelectual moral. Movimiento práctico imprescindible porque es la única manera de derrocar a la clase dominante, de provocar el parto y “fundar la sociedad sobre nuevas bases” donde las fuerzas productivas que se desarrollan en el seno del capitalismo “brindan las condiciones materiales para la solución de este antagonismo” entre las clases. (18).

1.2 Socialismo o Barbarie

      Hoy están más maduras las condiciones materiales para la transformación de la sociedad hacia el comunismo. La piedra angular del materialismo histórico, la revolución social como efecto de la contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción es hoy más patente que nunca.

En la etapa actual de desarrollo de las fuerzas productivas, las posibilidades de mejorar las condiciones de vida, de trabajo, salud y de cultura del género humano por medio de la aplicación de la ciencia a la producción es negado por el modo de producción capitalista, que restringe la aplicación de la ciencia hacia la industria militar y hacia los beneficios de la economía capitalista.

La revolución científica y técnica que viene significando un impresionante desarrollo de las fuerzas productivas y una creciente capacidad de control de la naturaleza, se ve truncado por el capitalismo. El contraste entre las formidables posibilidades de satisfacción de las necesidades humanas y el despilfarro de recursos materiales y vidas, es la contradicción crucial de la época contemporánea. Tales capacidades acumuladas permitirían solucionar los más agudos problemas globales, el hambre, la miseria, el paro, el analfabetismo, la inseguridad de la vida en el planeta, etc.

Al mismo tiempo que vemos la completa automatización del proceso productivo, determinada por la revolución tecnológica que se ejerce sobre el capital constante, el capitalismo ha llegado a límites extremos de putrefacción, la maquinaria más desarrollada compele al obrero a trabajar más tiempo, mientras condena al paro a cientos de millones.

Subsisten y se agudizan más contradicciones junto a la principal (capital-trabajo), como la contradicción entre la guerra y militarismo con la paz, la contradicción del peligro del colapso ecológico y la supervivencia futura del género humano, la contradicción entre los países subdesarrollados y la recolonización imperialista, la contradicción entre la cantidad de recursos productivos para garantizar el bienestar general y su derroche, las contradicciones en condiciones de vida y trabajo entre géneros y edades, etc.

El capitalismo como sistema, con este cúmulo de contradicciones irresolubles, ha demostrado su incapacidad para superar el atraso de países, de dar solución a los problemas de la humanidad y de someter el desarrollo de las fuerzas productivas a la dirección del género humano. Ha destacado históricamente por la dilapidación y el agotamiento de recursos naturales no renovables (petróleo, gas, madera, carbón, agua, etc.), aprovechados de forma desigual en detrimento de la periferia del mundo, y ha impulsado a límites desconocidos la destrucción del medio ambiente con el exceso de contaminantes en la atmósfera y el agua (crisis climáticas, energética, degradación de la alimentación, destrucción del hábitat, etc.). La acumulación de residuos nucleares y petrolíferos recalienta la atmósfera peligrosamente generando la destrucción de la capa de ozono y  bruscos cambios climáticos que amenazan el ecosistema con la destrucción del planeta. El capitalismo ya no puede crecer sin destruir, ordena el territorio con arreglo a los intereses de la acumulación del capital condenando a la periferia como zonas de residuos y de industrias contaminantes, para evadir impuestos en el centro imperialista.

El capitalismo es un sistema en crisis estructural, que promociona la demanda superflua sin satisfacer las necesidades prioritarias, que empobrece el medio rural y la agricultura y provoca la aglomeración urbana desordenada, alimenta el individualismo, la insolidaridad, la agresividad, y rompe los vínculos comunitarios de las ciudades, etc.

El aumento del plusproducto social en relación al producto necesario bajo el capitalismo no conduce a un aumento del bienestar para el conjunto de la sociedad, sino a un aumento del plustrabajo por las clases explotadoras, no significa un aumento del tiempo libre, sino una fuente periódica de crisis y desempleo. El aumento del trabajo muerto en relación al trabajo vivo, bajo el capitalismo, no significa una economía creciente de trabajo humano, sino la creación de un ejército industrial de reserva, bajo cuya presión el consumo de los productores queda limitado al producto necesario.

El prodigioso desarrollo de las fuerzas productivas está contenido en el aumento de la composición orgánica del capital, en su concentración y extensión. Pero esta socialización de la producción que transforma el trabajo de la humanidad en trabajo objetivamente cooperativista, no esta dirigido mediante un plan consciente. Está regida por la ley del valor, el mercado y la tendencia decreciente de la tasa de ganancia. De ahí que el conjunto de la producción socializada se desarrolle independientemente de las necesidades que ella misma ha creado impulsada por la sed de ganancias de los capitalistas. La producción se desarrolla no en los sectores donde subsisten más necesidad real, sino en aquellos donde pueden realizarse más elevadas ganancias. La producción de alcohol, drogas, etc., tiene primacía sobre la lucha contra la contaminación, la conservación de los recursos naturales, la construcción de escuelas y hospitales.

La forma capitalista de la apropiación del plusproducto social determina el carácter anárquico de la producción capitalista, el desequilibrio entre los diferentes sectores de la producción y los límites al consumo, la producción capitalista se separa completamente del consumo convirtiéndose en un fin en sí, fin que a la larga es frenado por la crisis.

La libre producción y libre venta no sólo de armas militares, sino de alimentos envenenados, fármacos, drogas perjudiciales a la salud, coches inseguros y contaminantes, etc., pueden amenazar a la vida humana a la larga. Sólo la socialización directa de la producción y la subordinación consciente a las necesidades de las masas, pueden conducir a un nuevo desarrollo de la tecnología y la ciencia que promueva el autodesarrollo y no la autodestrucción de los individuos y la humanidad. Una alteración social de la distribución de los recursos materiales y las prioridades sociales lograría un mejoramiento cualitativo de las técnicas para impedir la contaminación, proteger el medio ambiente, y un aumento cualitativo de las energías renovables sustitutas de las materias primas escasas. El crecimiento anárquico y destructivo debe ser sustituido por un crecimiento planeado.

El plan social consciente y democrático aseguraría que ni la explosión demográfica, ni el alud de mercancías amenacen el aire, el agua, la tierra y la humanidad, ya que no son la ciencia y la tecnología, sino su organización capitalista las que amenazan la supervivencia de la humanidad.

El proceso de cuestionamiento de las relaciones de producción capitalistas asume el ataque crítico a la contradicción entre la creciente abundancia de bienes de consumo y el subdesarrollo masivo del consumo social de servicios colectivos. Cada vez se confiere más una importancia creciente a los servicios de la salud, vivienda, enseñanza, transporte local, vacaciones, etc., no sólo en la estructura objetiva del consumo sino en la conciencia de la clase obrera. Estos servicios son sistemáticamente subdesarrollados, lo que aumenta la presión de las masas por su satisfación económica y pone a la luz del día la plena socialización de los costos de satisfacción de esas necesidades como prioritarias y la completa eliminación del mercado. Todos estos problemas serán irresolubles bajo el capitalismo. La apropiación de los medios de producción por los productores asociados, la reducción radical del tiempo de trabajo como condición para la administración de la producción social y la extinción de la producción mercantil y las relaciones monetarias son los pasos indispensables para su solución.

Podíamos seguir más, pero científicamente siempre concluiríamos que hoy se vislumbra con la mayor claridad el síntoma de la creciente contradicción fundamental entre la socialización objetiva de la producción, con la expansión de la industrialización, la ciencia y la técnica, y el carácter capitalista de su apropiación, distribución y planificación. Carácter que pervive gracias a la multiplicación de la explotación asalariada, carácter que impulsa la dilapidación burguesa de los recursos tecno-científicos, carácter que provoca una aceleración de las desigualdades mundiales como tendencia irrefrenable, carácter que profundiza el infarto ecológico y pone en peligro el futuro de la vida humana en el planeta. El capitalismo hoy está produciendo anualmente más de 30 billones de $ en bienes y servicios, una enorme riqueza mal distribuida. Pero la base científico-técnica que posibilita la producción de ésta masa de bienes y servicios, no es condición suficiente. No habrá un cambio automático de sistema por el crecimiento de las fuerzas productivas. Al contrario, dichas fuerzas productivas desarrollándose bajo las relaciones de producción capitalistas se convierten en fuerzas destructivas profundizando la barbarie a escala social. De lo que se trata es de elevar la conciencia, la organización y la dirección política de la clase obrera como polo central a la salida de la crisis estructural del capitalismo por medio de la revolución social, expropiar a los expropiadores e instaurar el socialismo.

En definitiva la abolición de las relaciones de producción capitalistas como objetivo final de la estrategia revolucionaria en la lucha de clases.

1.2.1 Los Datos. El síntoma de la Barbarie

La libertad y la necesidad se pegan de hostias en el capitalismo. Para satisfacer las necesidades en la economía mercantil necesitamos un dinero y pagar un precio. Si contamos la cantidad de dinero necesaria para consumir agua potable, alimentación, ropa, vivienda, educación y salud básicas tendremos derecho a ellas, pero resulta que en el actual sistema económico la mayoría de la población mundial ni dispone de ese dinero, de esa libertad, ni cubre sus necesidades básicas. Resulta evidente que cuanto menos dinero, menos libertad y mayor necesidad. ¿Qué libertad tienen el 80% de la población mundial si sólo el otro 20% es responsable del 76% de los gastos del consumo privado? ¿Qué libertad de elección tienen los 2.800 millones de seres humanos, más del 40% de la población mundial, que dispone de menos de 2 dólares al día? ¿Qué libertad tienen los millones de personas que viven en chabolas y sobreviven con cualquier trabajo y en cualquier condición?… etc. En realidad la respuesta a todo esto es que el capitalismo como sistema es un régimen caduco en el desarrollo socioeconómico y humano. Ahí van las cifras oficiales y reales.

Siguiendo datos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) se calcula que para el 2.015 el 95% de la población mundial vivirá en países subdesarrollados. Aun produciéndose suficientes recursos alimentarios y sanitarios, el hambre, la desnutrición, las enfermedades curables, y la pobreza crónica, campean a sus anchas como efecto del dominio de las relaciones de producción capitalistas. Como muestra, en Argentina durante la pasada crisis económica del “corralito” se disponía de una capacidad para alimentar a 200 millones de personas, mientras, la crisis, el paro y el hambre afectaba a la mayoría de la población de ese país. Y según la FAO en el año 2000 el nivel de las fuerzas productivas agrícolas podían ya dar alimento a 12.000 millones de seres humanos, casi el doble de la población actual (21).

Por tanto, es factible resolver el problema alimenticio mediante la redistribución de productos excedentes entre los países industrializados y en desarrollo. Es factible resolverlo por reformas agrarias y la creación de las bases para un progreso real en el autoabastecimiento de alimentos básicos. El sistema imperialista de ayuda alimenticia no hace sino agravar el problema del hambre en los países subdesarrollados, que de exportadores de cereales antes de la IIª Guerra Mundial son hoy los mayores importadores. Países como Brasil y México que disponen de considerables recursos potenciales, se convirtieron en importadores de cereales. A comienzos de los años 80 las transnacionales controlaban cerca del 80% de las exportaciones agrícolas, sosteniendo posiciones dominantes en la agricultura de los países dependientes. En los países receptores ha ido reduciéndose la producción propia de alimentos. Del 80 al 90% de los ingresos provenientes de los alimentos exportados por países en desarrollo (cacao, té, café, etc.) se apropian en diversos eslabones de la red de comercialización controlada por las transnacionales. ¿Dónde está el problema alimenticio?, en la lógica del capital, de la que sólo se produce y distribuye alimentos en provecho de las tasas de ganancias de las transnacionales que controlan las redes de producción y distribución.

Y aún así, se dice que vivimos en el mejor de los mundos posibles. Sigamos con los datos que cuestionan tamaña falsedad. Según informes de la ONU, el 15% de la población mundial residente en los países industrializados disponen del 76% del consumo, y el 86% del PIB mundial, mientras el 20% de la población mundial más pobre sólo dispone del 1% del PIB (22).

En nuestro planeta, tras 2 siglos de capitalismo reinante el 70% de la población es analfabeta y el 27% de la población infantil mundial carece de escuela. El hambre y la pobreza mundial mata a mas gente cada año que toda la IIª Guerra Mundial. La crisis del 2008 ha potenciado el incremento especulativo del precio de los alimentos básicos, que se ha visto impulsado por la producción de biocombustibles disparando el precio de los cereales, excluyendo millones de toneladas de cereales, trigo, maíz, aceite, para el consumo alimentario, reconvirtiendo tierras de cultivo de alimentación en agrocombustibles mientras parte del mundo se muere de hambre, y deforestando bosques y selvas.

Los datos de la tasa de mortalidad infantil se disparan con 13 millones de muertes al año por enfermedades curables, algunas provocadas deliberadamente por bloqueos criminales promovidos por el imperialismo. La explotación y opresión infantil se ha mundializado, hoy existen unos 250 mill. de niños entre 4 y 15 años son obligados a trabajar. El tráfico humano se ha generalizado, según la UNICEF en torno a 1,2 millones de niños son vendidos al año por el valor de 10.000 millones de dólares, y 500.000 mujeres y niñas (la mayoría procedentes de la zona exURSS) (23). 12 millones de personas que malviven en campos de refugiados por causa de las guerras, 950 millones de hambrientos, 4.750 millones de pobres, 400 millones de niños esclavos (24).La precariedad, el paro, el hambre, la desatención social y falta de recursos oprimen a 900 millones de trabajadores subempleados, 195 millones de obreros en paro (25) y 790 millones de personas sin alimentación alguna. En 25 años se ha doblado la cifra de personas que viven fuera de sus países: 145 mill. en 1.998 (26).

Seguimos: 2.000 millones de desnutridos, 2.600 millones de personas no tienen sanidad, 2.000 millones carecen de medicinas básicas, 2.000 millones de personas carecen de electricidad, 1.200 millones no tienen agua potable, 1.000 millones no tienen vivienda, más de 800 millones de personas analfabetas y 115 millones de niños no van a la escuela primaria, etc. Todo esto ocurre en un mundo en el que se gastan 2 billones anuales en armas y publicidad comercial.La ONU ha calculado que con un 11% anual de lo que se gasta en la carrera de armamentos, se erradicaría esta injusticia.

Es en éste capítulo donde el carácter dilapidador-destructivo del capitalismo se expresa con creces. El excesivo gasto armamentista, útil únicamente para sostener el dominio imperialista, el control sobre las economías periféricas y como salida a la crisis de acumulación, es otra de las “virtudes” del capitalismo que expresa las limitaciones al desarrollo de las fuerzas productivas y el bienestar social. Según Collon (27), el valor total del armamento invertido en la Guerra del Golfo de 1.991 (676 billones de dólares) equivalía al importe total de la deuda del “tercer mundo”, y un solo bombardeo sobre Irak equivalía a lo que cuestan 10 hospitales perfectamente equipados. Pero esta ha sido siempre la constante del sistema imperialista, ya en los años 70 según la UNESCO, un bombardero equipado valía lo mismo que el salario de 250.000 maestros, o 30 universidades para 30.000 estudiantes, o 75 hospitales con 100 camas cada uno, o 50.000 tractores, etc. (28).

La prueba de que el despilfarro también es un negocio para la acumulación de capital, lo podemos contrastar con el tipo de consumo egocéntrico y extravagante que el capitalismo promociona en el mercado, comparando su costo con otras necesidades reales para la vida humana. Por ej., la salud básica se costearía con ¡¡¡el 75% de lo que se gasta en comida para animales domésticos!!! (17.000 millones de dólares en Europa y EE.UU), y la educación básica (leer, escribir, matemáticas) ¡¡¡cuesta el 66% de lo que se gasta en cosméticos!!!. Comparando las necesidades básicas del ser humano con el costo de necesidades no básicas de los que la humanidad podría prescindir: alimentos para animales domésticos, cigarrillos, estupefacientes, gastos militares, publicidad, etc, vemos que en la UE y EE.UU representan 2,4 billones de dólares, es decir, ¡¡¡8 veces más de lo que se necesita para universalizar las necesidades básicas!!!. (29). Otro capítulo es la publicidad como propaganda para inventar necesidades y saquear el poder adquisitivo de los salarios,  en 1.994 toda la publicidad gastada en la UE, EE.UU. y Japón equivalía al 50% de la deuda externa de América del Sur o al 100% de la deuda de Oriente Medio o Africa del Norte (30).

Si tenemos en cuenta que las transnacionales controlan el 80% de la agricultura y la industria y el 66% del comercio, tamañas desigualdades de la población mundial tienen su lógica criminal. Por ejemplo, la práctica de las Transnacionales fabricantes de fármacos es criminal ya que en aras del beneficio privado impiden la asistencia de fármacos para enfermedades curables como el VIH. Sólo en países como Cuba y Suráfrica o Brasil se han roto la lógica de las Transnacionales de fármacos produciendo y comercializando productos sanitarios a bajo coste. Es la lógica de acumulación del capital bajo el imperialismo la que facilita la apropiación desigual de los avances tecnocientíficos, donde 10 Transnacionales controlan el 84% de I+D mundiales, y el 96% de las patentes se encuentran en los países industrializados de la trípode imperialista, así como el 93% de los accesos a internet. También los 10 monopolios principales de la industria mediática controlan el 86% del mercado de los medios de comunicación y de la cultura de masas. La desigualdad mundial en el acceso a la tecnología, medicinas, comunicación, etc., es creciente.

La brecha en la desigualdad socioeconómica en el mundo se ha separado más. En el período 1.970-90, el 20% de población mundial residente en los países más desarrollados han incrementado el peso de ingresos del 74% al 83% mundial, mientras el 20% más pobre se rebaja del 2,3 al 1,4%. (31). Las desigualdades se han acentuado tanto, que retrospectivamente en los últimos 42 años, la quinta parte más rica del mundo ganaba 30 veces mas que la quinta parte más pobre, en la actualidad mientras tal proporción se ha acrecentado a dimensiones de 74 a 1 en 1.997 (32).

La tenaza de la opresión hacia las condiciones de vida para los países más pobres se agudiza, en 1.998 el PNUD afirma que el consumo de una familia africana había disminuido una quinta parte en los últimos 25 años y que el 33% de la población de los países de la periferia no alcanzan los 40 años de vida. Según el BM entre 1.987-99 las personas que viven con ingresos inferiores a 1 dólar/día han pasado de 1.200 a 1.500 millones, destacando la feminización de la pobreza donde el 70% de la pobreza mundial la representan las mujeres. Por el contrario, si en 1.996, las 348 personas más ricas poseían 1 billón de dólares/año, lo que suponía más del 50% del ingreso anual de la mitad del mundo, según el PNUD en el 2.000, aún menos gente las 127 personas más ricas del mundo disponían ya de una fortuna superior a los ingresos de la mitad de la población mundial, mientras que 3.500 millones de personas no recogen más que el 5,6% de ingresos mundiales.

Pero no sólo se destaca la desigualdad, sino el poder que suponen tales fortunas, ya que las 225 personas más ricas del mundo (con el dueño de Microsoft, Bill Gates, a la cabeza) disponen de rentas equivalentes al PIB de los 47 países más pobres. En 1.998, el PNUD indicaba que la aplicación de un impuesto mundial del 4% sobre el patrimonio de esas 225 personas más ricas (40.000 millones de dólares), una vigésima parte de su fortuna, garantizarían en 10 años el acceso universal, al agua potable, la educación básica, la atención médica y la sanidad, con estructuras sanitarias y educativas suficientes, etc. También se indicaba que se conseguirían esas mismas metas con el 16% del presupuesto militar anual de los EE.UU, o el 5% del gasto militar mundial, o el 8% de los gastos mundiales en publicidad comercial.

Hablemos de los EE.UU. La población de EE.UU. que sólo representa el 4% mundial, dispone del 30% de la riqueza y es responsable del 30% de las emisiones de gases con efecto invernadero que provoca cambios climáticos, pero aquí también el desarrollo socioeconómico va por clases. Las contradicciones entre el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones de producción no sólo se expresa a nivel mundial sino que también existen y progresan (regresivamente) dentro de la metrópoli imperialista. En la quintaesencia del imperialismo, los EE.UU, la progresiva desigualdad en la distribución de la renta alcanza proporciones alarmantes. En las 500 primeras empresas la relación entre los salarios de los obreros y las remuneraciones de los gerentes han pasado de 1 a 40 en 1.970 a1 a 1250 en el 2.007.

El 5% más rico de la población acapara el 50% de la renta nacional mientras tres cuartas partes más pobres acaparan el 16%, en el 2.005 con Bush IIº habían 37 millones de pobres equivalente al 13% de la población (en Los Angeles 1 de cada 3 habitantes vive bajo el umbral de la pobreza), el acceso a la vivienda es inalcanzable (en Nueva York 75.000 personas carecen de vivienda y duermen en las calles), 45 millones de estadounidenses, el 15,6% de la población, están excluidos de la asistencia sanitaria (no existe la red pública) por carecer de medios para costear un seguro, en el 2.000 habían 12 millones de niños pasando hambre, y un adulto de cada 5 es analfabeto, etc. La pobreza en los EE.UU. también es segregacionista ya que afecta más a las poblaciones afroamericanas en comparación con la población blanca (33).

EE.UU.. “paraíso de la democracia”, es el país donde los que gobiernan sólo representan y elaboran leyes para la parte más minoritaria, dos partidos se turnan en el poder y elaboran leyes y políticas en base a las empresas que financian sus campañas electorales. En 1953 las transnacionales yanquis aportaban el 41% de los impuestos federales, 50 años más tarde sólo el 20%, el resto lo ponían los ciudadanos estadounidenses. Elección tras elección los candidatos presidenciales hacen demagogia con bajar los impuestos en un país que dispone de la presión fiscal mas baja de la OCDE, donde las reformas fiscales únicamente benefician al 10% más rico de la población. Tras los atentados del 11S en la cámara de representantes se aprobó un proyecto para condonar y sufragar 202.000 mill. $ en reducciones fiscales y subsidios impositivos para personas de altos ingresos y las empresas, para “ayudar a EE.UU. a recuperarse de los atentados del 11 septiembre”, que incluye desgravaciones fiscales a empresas que fueron las principales financiadotas de la campaña electoral de Bush, 2.300 mill. a la Ford, 1.400 mill. IBM, 832 mill General Motors, etc, en junio del 2002 el Congreso aprobó un recorte fiscal de 1,35 billones en un lapso de 10 años (34).

EE.UU., “paraíso de la libertad”, es el país que tanto en el número como en el porcentaje de la población encabezan el ranking mundial de personas encarceladas. A finales del 2004, cerca de 2,3 millones de personas se encontraban en prisión, a los que hay que sumarle 4,6 millones de personas en libertad condicional, lo que convierte a este país en el mayor penal del mundo, no existe otro Estado con más población en la carcel que en este “paraíso de la libertad”. La población carcelaria de EE.UU., país con el 4% de la población mundial, representan ¡¡¡más del 20% de todas las personas encarceladas en el mundo!!!, uno de cada 45 estadounidenses se encuentran en la cárcel o en libertad condicional. No es extraño que la construcción de prisones y su privatización esté considerado como uno de los negocios inmobiliarios más lucrativos, precisamente esta política represiva coloca a la industria penitenciaria privada con un negocio de 1.200 mill $ anuales, al presupuesto anual de construcción de cárceles con 6.000 mill., superando el coste total del presupuesto público los 50.000 mill. $ al año (35) y esta política represiva también ha llevado a situaciones aberrantes como que en California el gobernador filofascista Swharzenager se gaste más dinero en el sistema penitenciario que en la educación superior pública.

EE.UU. “garante de la paz mundial”. Mientras EE.UU. se gasta 10.000 mill. de dólares por mes en sostener la ocupación y guerra de Irak y Afganistán en el 2006, no hay dinero para pagar las pensiones. Además los salarios se recortaron un 6,5% durante el primer mandato de Bush IIº (2.001-04). A pesar de esta situación no existe en la actualidad un fuerte movimiento de clase a favor de la reforma social en defensa de los salarios, pensiones, cobertura sanitaria y una mayor igualdad, la “nueva izquierda” estadounidense está más centrada en las cuestiones raciales, de género y de orientación sexual que en dar una lectura clasista a todos los problemas sociales de EE.UU. (paro, pobreza, precariedad, desigualdad, inmigración, discriminación…), sin embargo cualquier percance de enfermedad común, subida de facturas, etc., se convierte en un drama para una clase obrera carente de Estado de bienestar, y absorbida por el nomadismo laboral (precariado le llaman por aquí algunos revisionistas del marxismo en Europa).

La superexplotación de la clase obrera yanqui está al orden del día, no se respetan los convenios colectivos, se persigue el sindicalismo organizado, se deslocalizan industria hacia países con menor coste laboral (México, Asia…), se reducen salarios, los derechos de seguro médico y vacaciones, etc. Se aplican mecanismos de autoexplotación con escalas para seleccionar a obreros prescindibles, por ej. Ford desde el 2006 obliga a los obreros a rellenar un formulario donde fijan su rendimiento, el 10% de los obreros recibirá un nivel A, el 80% un nivel B y el 10% restante un nivel C, al cabo de 2 años el empleado de la categoría más inferior puede ser despedido o reasignado a un puesto más inferior. En los años 50, los obreros que sufrían represalias por ejercer el derecho de asociación eran centenares cada año, a finales de los 60 la cifra superaba los 6000, en los 90, más de 20.000 y a principios del siglo XXI más de 25.000. La afiliación sindical, que en muchas empresas no es posible, permite a los trabajadores contar con beneficios como seguro médico, plan de jubilación, vacaciones pagadas y arbitraje en caso de conflicto laboral. El derecho de afiliación sindical en los EE.UU. está prohibido por ley para trabajadores agrícolas y domésticos. Según la AFL-CIO el 20% de los trabajadores que quieren sindicalizarse en su centro de trabajo pierden su empleo (36). Además las leyes de los EE.UU. permiten que unos obreros reemplacen a obreros en huelga, lo que anula el derecho de huelga en la práctica. En el sector público sólo un 40% tienen derecho a la negociación colectiva y no pueden hacer huelga.

Cientos de miles de niños y adolescentes trabajan en los campos, huertos y naves de empacado en todo los EE.UU. Las jornadas laborales de 12 horas son habituales y la mayoría de los obreros agrícolas son inmigrantes. Conforme a la Ley de Normas Laborales Justas, los niños que trabajan en fincas pueden ser empleados a partir de 12 años sin límite de horas y sin derecho a cobrar horas extras. EE.UU. junto a Somalía es el único estado que no ha ratificado la convención sobre los derechos del niño (37).

La UE, a pesar de disponer de mercados laborales menos frágiles y mayores índices de protección social que EE.UU., tampoco por ello se queda atrás, con 65 millones de pobres lo que supone el 18% de la población (38). Y en España según la UNICEF un 20% (9 millones) perciben ingresos por debajo del nivel de pobreza, 1,2 millones de niños viven en situación de pobreza, y en la calle duermen más de 30.000 personas (39).

1.2.2 El Socialismo sepulturero de la Barbarie

          Con estos datos analizados podemos describir la acentuación de las contradicciones fundamental y principal del capitalismo, producto de la crisis estructural y el nuevo modelo neoliberal de acumulación aplicado para contrarrestar la tendencia decreciente de la tasa de ganancias, con la liquidación de los sistemas de protección públicos en EE.UU y Gran Bretaña (Reagan y Tatcher) y su ampliación al resto del mundo a través de las recetas impuestas por el FMI y el BM, y asumidos por la socialdemocracia internacional en su versión de la “tercera vía”.

Las relaciones de producción capitalistas y el desarrollo de las fuerzas productivas han tocado un techo desde 1.973 que no ha vuelto ha superar. La tesis mítica del Pensamiento Unico que en su apoteosis en la década de los 90 concebía a la Globalización capitalista (versión modernizada de la vieja tesis del ultraimperialismo), como un sistema superador de la crisis, en contínuo crecimiento de la producción y el consumo en un clima de competencia, ha demostrado ser una falacia, lo mismo que pasó con el crack del 29, que sólo se resolvió con el fascismo y la guerra mundial. La tercera revolución tecnológica inacabada parece ser imposible en los marcos del capitalismo en su fase imperialista.

Varios centenares de transnacionales controlan la mayor parte de la producción agrícola e industrial, los servicios y el comercio mundial, con este grado de socialización de la producción y las actividades económicas las condiciones objetivas para acceder al socialismo están ya preparadas a nivel mundial. Lenin en El imperialismo fase superior del capitalismo, lo destacaba. Pero la monopolización mundial de los procesos financieros y productivos por las Transnacionales atravesadas por las relaciones de producción capitalistas no impulsan sino que frenan el necesario desarrollo industrial y productivo equilibrado y sostenible en todo el mundo.

Los logros de la ciencia y la tecnología: microelectrónica, informática, telecomunicación, robótica, biotecnología, etc, en manos del capital se convierten en resortes de la explotación y opresión mundial. Los medios de comunicación funcionan como arma de uniformización del Pensamiento Único fomentando conformismo, la pasividad y la mediocridad. La acelerada mundialización de la economía bajo las relaciones capitalistas se desenvuelve en contra de la clase obrera en general y los pueblos de la periferia. El género humano de la sociedad capitalista ha logrado ir a la luna, investigar los planetas de la vía lactea, lanzar infinidad de satélites al espacio, y sin embargo es incapaz de garantizar las necesidades básicas a la mitad de la población mundial.

Las fuerzas productivas tienden históricamente a poner a disposición del género humano más medios para satisfacer las necesidades sociales y personales, a la par que ofrecen la posibilidad de más tiempo libre, pero la dictadura del capital, y la propiedad capitalista, reducen esa posibilidad a una minoría cada vez más pequeña de explotadores y opresores.

Ya Marx planteaba en el Prólogo de 1859 de la Contribución a la Crítica de la Economía Política que la contradicción entre el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones de producción abren una época de revolución social, de abolición del robo del trabajo excedente y de apropiación social de ese excedente. Para Marx, el capital mismo es la contradicción del proceso, el muro que tiende a reducir al mínimo el tiempo de trabajo necesario para aumentar el tiempo de trabajo destinado a la plusvalía, para desarrollar la acumulación de capital, que se levanta como fuerza extraña a las necesidades racionales del género humano, fuerza que impide que todos los poderes de la ciencia, la cooperación y del intercambio sociales, despiertos a la vida con el desarrollo de las fuerzas productivas, se sometan al poder del productor.

En los Grundrisse, Marx sitúa que el desarrollo de las fuerzas productivas reduce el tiempo necesario para la producción en unos sectores (agricultura, ganadería, etc.), y lo gana para otras producciones de carácter material o intelectual. En este sentido sólo el reparto del tiempo de trabajo de forma planificada entre las distintas ramas de la producción acorde a las necesidades sociales, garantizan un desarrollo armonioso, liberado del poder del capital. Marx presenta la planificación social como ordenación de la sociedad más allá de la economía mercantil, como un orden social superior que permite la libertad más allá del ámbito laboral y de la producción, a través del tiempo liberado para desarrollar otras actividades superiores transformando al productor en otro sujeto. La mayor intensidad de las fuerzas productivas en la sociedad comunista prevista conquista más tiempo libre para la actividad intelectual y social, desplegando las potencialidades humanas de los productores (40).

Pero bajo el capitalismo la liberación de ese tiempo de trabajo, o tiempo libre destinado para crear y satisfacer las necesidades humanas, no se emplea de forma democrática, consciente y racional. El tiempo libre aquí encuentra limitaciones para poder convertirse en creatividad científica y desarrollo de la capacidad productiva individual y colectiva con arreglo a un plan social. El tiempo libre en el capitalismo es derrochado en el mercantilismo y el consumismo de las relaciones humanas y las cosas. El tiempo libre a través del ocio capitalista promovido por medio de la “cultura de masas” a través de los medios de comunicación masiva que alimentan el pasotismo, individualismo, irracionalidad, agresividad, etc., deja de ser tiempo libre propiamente dicho. La reducción de la jornada de trabajo que es un presupuesto reivindicativo imprescindible del movimiento obrero, no puede debido a las cadenas de la plusvalía encontrar bajo el capitalismo una aplicación eficiente del tiempo libre, para el desarrollo de la potencialidad de los individuos y la satisfacción plena de sus necesidades materiales y espirituales. La tendencia del capital es al abaratamiento de la mercancía, y por su medio, al abaratamiento de la fuerza de trabajo, por consiguiente la economización del trabajo implicada en la productividad creciente no puede interpretarse como si tuviera por objeto la reducción de la jornada, en el capitalismo el único objeto es la disminución del tiempo necesario del obrero mismo para aumentar la plusvalía, por eso, a veces se alcanza ese resultado sin la mediación del abaratamiento de la mercancía (plusvalía absoluta). La creación de plusvalía no tiene más obstáculos que la población obrera y su grado de explotación, el objetivo de la producción capitalista es esa plusvalía, nunca la reducción de la jornada ni tan siquiera el disfrute de los medios de consumo.

Desde los años 70 algunos economistas burgueses plantean como alternativa a los problemas generados por el capitalismo, el “crecimiento cero” de la economía o un crecimiento moderado (Galbraith). De todas maneras, estos planteamientos de reducir los ritmos de crecimiento económicos son inaceptables para el capital ya que lógica de la lucha competitiva empuja a los capitalistas a ampliar la producción y a elevar los ritmos de crecimiento.

Al margen de ello se propagaron críticas que consideran que las concepciones del crecimiento económico son incompatibles con la protección del medio ambiente. En los años 70 apareció la primera crítica de embergadura en Límites del crecimiento, escrito por un grupo de científicos del Club de Roma. Allí se comienza a plantear la idea sobre el carácter inevitable de contradicciones catastróficas entre el crecimiento de la población mundial  y el desarrollo de los medios de producción relacionado con la revolución científico-técnica, por un lado, y los limitados recursos naturales junto con la acción destructora de la producción sobre el medio ambiente, por otro. Tales científicos veían la alternativa en la estabilización del volumen de la población y el cese del crecimiento de la producción.

Los seguidores de esta concepción parten de la falsa imagen el capitalismo como de un sistema que se guía no por la obtención de ganancias, sino supuestamente por los intereses de la sociedad. Sin embargo, es la lógica de la ganancia lo que empuja a los capitalistas a ampliar la producción. De ahí que la idea de “crecimiento cero”  o decrecimiento sea utópica.

Naturalmente que no se puede estar de acuerdo con la base teórica de estos planteamientos, pero el pesimismo no deja de tener un fundamento objetivo, el cual se elude en los análisis del Club de Roma: la utilización rapaz de los recursos naturales bajo el capitalismo, el consumismo desenfrenado, la especulación, la contradicción entre los intereses de las trasnacionales y los intereses del pueblo.

La concepción del “crecimiento cero” fue rechazada desde un inicio por los países dependientes, ya que suspender la industrialización significa mantener el atraso económico de tales países. Desde una posición marxista los límites de crecimiento sin tener en cuenta sus causas reales, eran y son un poderoso instumento de imposición de políticas antidesarrollo y desindustrializadoras para los países que apuestan por un desarrollo independiente de las fuerzas productivas alternativo a los intereses de las grandes potencias capitalistas.

Sin embargo, estas teorías han sido asumidas acríticamente por la izquierda postmarxista. Es la moda del progresismo: somos demasiados en el mundo y el desarrollo de la humanidad pone en jaque el ecosistema. Este planteamiento genérico y metafísico, contiene el mismo sustrato ideológico que el imperialismo viene recetando desde el final de la IIGM hacia los países dependientes. La teoría del decrecimiento o “crecimiento cero” expuesta en el Club de Roma en 1972, fue planteada con el objetivo de extender una ideología para frenar el desarrollo que los países socialistas y anti-imperialistas habían desencadenado en el mundo, con el desarrollo industrial al margen del imperialismo y el crecimiento demográfico y la calidad de vida. Planteamiento ideológico que coincide con el “Informe Kissinger” titulado “Implicaciones del creimiento de la Población Mundial para la Seguridad de EE.UU. e intereses de ultramar” documento elaborado en 1974 tras el nacimiento de la trilateral, donde se diseñan las rutas del imperialismo para apoderarse de los recursos de los países soberanos y los objetivos de detener el crecimiento de la población mundial, la cual se considera que estorba al control de los recursos por el imperialismo yanqui. En dicho documento se apuesta por corroer las soberanías nacionales, a las que ya antes de la desaparición de la URSS el imperialismo planificaba su destrucción para imponer sus políticas económicas a través de sus instituciones financieras tal y como hiciera en Chile.

En 1975 la trilateral publica otro informe titulado “La Crisis de la Democracia” donde curiosamente se degrada la idea de democracia como un sistema que genera apatía, se señala que el desarrollo del capitalismo de las 3 décadas gloriosas era insostenible, ya que suponía un peligro para los privilegios del capital y se advertía de la necesidad de poner en marcha un plan de medidas para frenar el desarrollo de polos económicos alternativos, para limitar el crecimiento económico de los países dependientes. Toda esta batería de ideas ha llevado en los últimos 40 años a organismos internacionales, oenegés, entidades públicas y grandes consorcios empresariales a adoctrinar sobre la necesidad de reducir la población mundial, frenar el desarrollo tecnológico y de activar políticas de excepción en nombre de la “seguridad del planeta”. Tales planteamientos nunca cuestionan el sistema económico capitalista, causa principal y última de los límites y contradicciones del crecimiento tanto humanitario, como económico y ecológico.

Los orígenes de la bancarrota entre el modelo de crecimiento y los intereses de la humanidad hay que buscarlos no en las contradicciones señaladas en Límites del crecimiento  sino en las crecientes contradicciones del sistema actual de relaciones económicas internacionales. La contaminación y el deterioro de la calidad de vida humana es consecuencia del capitalismo, de la explotación y desigualdad social, de la opresión. La clase obrera no podemos admitir la tesis del calentamiento global sin poderar las causas diluyendo las responsabilidades del régimen capitalista, haciendo responsable al género humano tal y como viene haciendo el imperialismo desde sus foros (club de Roma, Informes Kissinger, trilateral, etc.).

Sobre este ámbito se debe plantear la teoría del crecimiento orgánico, donde se señala algunos principios por los que debe guiarse la humanidad para evitar la catástrofe, entre ellos, el desarme, la solución de los problemas de alimentación y las materias primas. En realidad, el equilibrio estable entre la naturaleza y la sociedad puede ser logrado sólo sobre la base de liquidar la propiedad privada capitalista, mientras que los economistas burgueses examinan únicamente las relaciones entre la sociedad y la naturaleza, abstrayéndose de la estructura social y de clase de la sociedad, del carácter de las relaciones de producción.

Marx subrayó como necesaria la preparación de las bases materiales del capitalismo para el desarrollo de las individualidades, con las posibilidades de desarrollo de las necesidades de la población (educación, sanidad, ocio, etc.) creadas por la creciente productividad del trabajo, distintas del mero consumo de mercancías. Los bienes y servicios que corresponden a estas necesidades no están únicamente ligados a las formas de producción e intercambio capitalista, y no serán plenamente desarrolladas antes de que el modo de producción capitalista desaparezca. Cualquier rechazo de la sociedad de consumo que vaya más allá de la condena de la mercantilización y la deshumanización del consumo por el capitalismo da marcha atrás en la lucha por el socialismo científico y nos retrasa hacia el utopismo.

El rechazo del consumismo capitalista basado en el crecimiento parasitario e insostenible no puede expresar un rechazo a la extensión y diferenciación de las necesidades con un regreso al estado natural y primitivo de esas necesidades. Este rechazo debe invertir la relación de producción de bienes y trabajo humano, para que el principal objetivo de la actividad económica no sea la máxima ganancia, sino la mayor actividad personal del individuo. El ser humano como ser material con necesidades materiales no puede lograr el total desarrollo de su personalidad a través del ascetismo, la autorrepresión y autolimitación artificiales, sino a través del desarrollo racional y multilateral de su consumo, conscientemente controlado y subordinado a los intereses colectivos. El concepto de abundancia sostenible, equilibrada y sin derroche es una categoría histórica y material y no una noción utópica. La desaparición de la economía de la escasez es tanto posible como necesaria, como precondición para un modo de producción y distribución comunista.

Siguiendo este planteamiento haciéndonos abstracción de la realidad, y pensando en un horizonte mundial no capitalista, la implantación de las relaciones de producción socialistas permitirían el aprovechamiento social del tiempo libre, hoy desaprovechado, y la planificación para la satisfacción de las necesidades, paliando las más prioritarias en todo el mundo (alimentación, vivienda, enseñanza, salud y empleo), que ya el actual estado de las fuerzas productivas permiten garantizar tomando como partida una planificación socialista, equilibrada y sostenible, que erradique las producciones improductivas (armamento, productos de lujo), contaminantes y desvíe sus costes hacia necesidades sociales (tractores, abonos para la producción agraria, productos farmacéuticos, alojamiento, salud, investigación científica, etc). Y ello permite el crecimiento de la población mundial y su calidad de vida.

La supresión del gasto improductivo permitiría en un proceso gradual de décadas ir equiparando económicamente el PIB por habitante de los países de la periferia con el PIB de los países centrales, reconvirtiendo las fábricas de armamento con tecnología punta destinándolas a la producción industrial más útil (investigación y tecnología, producción de bienes de equipo industrial, etc).

Ello no entraría en contradicción con el mantenimiento y crecimiento del nivel de vida y consumo productivo en los países mas industrializados, ya que con el desarrollo de las fuerzas productivas, las masas ya no se conforman sólo con lo básico, hay otras necesidades añadidas (decorar vivienda, cambio continuo de ropa, mecanización de las labores domésticas, calefacción, ocio, viajar, leer, etc.). En dichos países se cambiaría el sentido social de la producción de cara a satisfacer las necesidades suprimiendo el consumo de lujo e inútil de las clases explotadoras y los parásitos sociales que viven del cuento, elevando el nivel social de la población en vivienda, transportes colectivos asequibles, urbanismo ordenado y sostenible, investigación científica, desarrollo artístico y cultural de masas con amplia difusión de medios.

Este nivel sería imposible aplicarlo en todo el mundo en lo inmediato sin un período de transición, pero la expansión de las fuerzas productivas a través del impulso mundial de las relaciones de producción socialistas sobre la base de la socialización de las fuerzas productivas, lograría una abundancia de bienes industriales, agrarios y de salud de calidad para todo el mundo.

La acumulación socialista originaria englobaría una serie de rasgos que hoy podríamos enumerar.

      En primer lugar, la utilización plena de las fuerzas productivas. Actualmente las crisis capitalistas y los continuos cambios cíclicos provocan una infrautilización extraordinaria de maquinaria de producción y empleo de fuerza de trabajo, el desempleo es estructural, incluso en períodos estables de la economía la capacidad productiva siempre está por debajo del 100% en todos los sectores y países, lo que significa el derroche exorbitante de riqueza social que se deja de crear. Por ej. en la actualidad el 20% de la capacidad industrial de EE.UU. permanece inactiva y la mayoría de los Estados de la OCDE disponen de una tasa de paro real superior al 10%. El pleno empleo de las fuerzas productivas bajo las relaciones de producción socialistas significaría un aumento espectacular del crecimiento económico.

En segundo lugar la eliminación del gasto improductivo (armamento militar, lujosidades) y la supresión de la publicidad (comercialización y propaganda) destinada para la prefabricación de gustos y estilos de consumo de masas, con el derroche de esfuerzos intelectuales en inventar necesidades ostentosas y extravagantes, liberaría una cantidad enorme de ingenio y fuerzas productivas. La vieja consigna soviética de alcanzar y superar en todos los terrenos a los EE.UU. no puede volver a confundirse como se hizo desde el XX congreso del PCUS con las normas de consumismo de la principal potencia capitalista del mundo que promociona los contínuos cambios de moda fabricando necesidades superfluas dejando de lado las necesidades básicas de empleo y vivienda de más de 40 millones de pobres norteamericanos.

En tercer lugar, la planificación democrática y racional por los trabajadores de los medios de producción de toda la economía, permitiría potenciar la investigación científica útil, aplicando a la producción todas las patentes que hoy bajo el imperativo del capital Transnacional están infrautilizadas. La utilización de otras energías alternativas sostenibles (eólica, solar, etc.), y el desarrollo multifacético de la capacidad creadora de los productores pasaría a ser la fuerza productiva principal. No olvidemos que los monopolios limitan y retrasan la aplicación de las invenciones técnicas, con el objetivo de evitar la desvalorización de un solo golpe de enormes masas de capital fijo antes de haber sido amortizada si la tecnología de la producción sufre una innovación radical, por ej. la electrificación de los ferrocarriles se retrasó 20 años por ese motivo.

La propiedad individual de los capitalistas puede ser abolida por decreto, de golpe, como un aspecto y efecto inmediato e indispensable de nuestra conquista del poder, del derrocamiento del actual régimen. Ya, en la sociedad capitalista actual, la gestión (administración, dirección) de la mayor parte de estas fuerzas productivas está separada de la propiedad individual capitalista: los capitalistas son accionistas que no participan a menudo directamente en su gestión (separación entre la dirección y la propiedad). Los medios técnicos para la planificación de las actividades económicas en el ámbito local, estatal y mundial, ya son preparados en el capitalismo. La planificación capitalista, ya aplicada hoy por los grandes complejos industriales entre secciones de una misma unidad productiva y entre unidades productivas que dependen de un mismo grupo financiero a pesar de que estén esparcidas por los cuatro ángulos de la tierra, ha preparado todo lo que es necesario para la planificación propia de la sociedad socialista.

En general, el capitalismo ha preparado todo lo que necesita la sociedad socialista para proyectar y coordinar sus actividades económicas. Estos medios deben ser liberados de las cadenas que la relación de capital les impone (están limitados por su carácter de instrumentos auxiliares de la propiedad individual y privada capitalista, como superestructuras de ésta) y deben desarrollarse en el ámbito favorable de las nuevas relaciones de la sociedad socialista. La planificación de la actividad económica de la sociedad (a nivel local, estatal y mundial) es un terreno sobre el que se puede desarrollar la participación activa de todos los trabajadores. Qué producir, cuánto producir, cómo producir, cómo hacer uso de los recursos naturales, cómo repartir los productos: todas estas cuestiones, que toda sociedad debe resolver, dejan de ser, gracias a la planificación, resultado de la acción atomizada e inconsciente de una multitud de sujetos del mercado.

Lenin siempre consideró al capitalismo monopolista de Estado como la antesala del socialismo, el desarrollo de la empresa monopolista-estatal da origen a un mecanismo de administración social de alta perfección técnica, que pueden poner en marcha los mismos obreros unidos al servicio del pueblo, tomando como referencia el capitalismo monopolista del Estado alemán, el mas avanzado de Europa. Incluso Engels en el Anti-Duhring analizaba positivamente la conversión de la concurrencia en monopolio, donde la producción anárquica cedía el sitio a la economía planificada todavía en manos de acumulación de capital, del capitalista colectivo, siendo un elemento material que despojado de las relaciones de producción capitalistas, serviría para la sociedad socialista naciente. Marx también recomendaba la adopción de los avances productivos del capitalismo para caminar al comunismo. En la misma dirección Lenin clamaba por la adopción de las técnicas de la producción capitalista, despojadas de las relaciones de producción explotadoras. La socialización de las actividades economico-productivas a través de la división técnica + tecnología + gran industria, pasaba a ser una premisa necesaria del socialismo, ya que éste no surge con base propia, sino que hereda la base material y técnica del capitalismo más avanzado.

El perfeccionamiento tecnológico y organizativo de los procesos productivos y los instrumentos de gestión electrónicos alcanzados en nuestros días (informática, técnicas de comunicación) dan la base material para el dominio pleno de las fuerzas productivas por los productores y la determinación de las necesidades por el plan social, en mejores condiciones que nunca. Ello nos indica lo que Marx argumentaba, que se prepara un nuevo orden social en el seno del capitalismo, donde ya existen condiciones maduras (sociedades por acciones, monopolios, Transnacionales, aparato socializado de transportes, banca, correos, comercio…), pero que la existencia de las relaciones de propiedad capitalista son un obstáculo para el nacimiento del sujeto económico único que sustituya la economía mercantil y el mercado por la contabilidad y la planificación social.

En cuarto lugar, la ayuda de los países más industrializados a los países periféricos para la resolución satisfactoria de los problemas del período de transición al socialismo, daría lugar de entrada la supresión de las clases explotadoras y parásitas (burguesía compradora, burocracia, jeques, terratenientes, etc), desterraría relaciones de explotación y opresión a la par que liberaría infinidad de recursos para emprender la construcción socialista. La reforma agraria integral en tales países con una mecanización del campo suministrada por los países centrales, la movilización del pueblo para la aplicación de proyectos básicos de conservación de agua, redes de irrigación, construcción de carreteras, canales, redes de electrificación rural, vacunación contra enfermedades epidémicas, hospitales, alfabetización y un desarrollo multifacético de la economía y la producción industrial acercaría en pocas décadas, a estos países a los niveles de calidad alcanzados en el presente milenio.

No existe más irracionalidad que la del capitalismo, a no ser que consideremos como “racional” las guerras imperialistas, el hambre, el desequilibrio demográfico centro-periferia, la carrera armamentista, la crisis alimentaria mundial, el desenfrenado agotamiento de recursos naturales y energéticos, la destrucción de las economías nacionales y el retraso en la introducción de las innovaciones tecnológicas en campos necesarios para el desarrollo socioeconómico (medicina y energía renovables pero que van en contra de determinadas ganancias y beneficios, pues ya existen inventos y máquinas que consumen menos combustible, capaces de funcionar con otro tipo de energías renovables como la solar, eólica…). La revolución proletaria mundial es necesaria ya no sólo para una vida mejor sino también para la salvación y garantía de la misma.

No cabe ya pensar en ningún desarrollo tecnológico que capacite al sistema capitalista para reestablecer la relación entre el ser humano y la naturaleza, entre la sociedad y la biosfera. Para ello el consumo debe dejar de basarse en el mercado, dejar de ser el medio de la realización de la plusvalía, los valores de uso deberían desprenderse de su forma de mercancía. Ya que el mantenimiento del régimen y del mercado capitalista y sus leyes aumentará aún más la distancia entre las economías más desarrolladas y la periferia, lo que equivale a precipitar a los países del denominado tercermundo a una miseria más brutal. Eso también quiere decir que si no cae el sistema capitalista en la triada (EE.UU., Japón y UE), subsistiendo con ello el mercado mundial con su supremacía orientada por las Transnacionales, los pueblos de la periferia se seguirían hundiendo en una miseria cada vez más profunda, fruto del desarrollo desigual bajo el imperialismo. Hasta dónde pueden llegar los países subdesarrollados en la realización de la sociedad comunista no depende sólo  de sus condiciones internas, que son necesarias, sino también y en última instancia de hasta que punto se realiza en socialismo y comunismo en los países más avanzados y sin que ello deba suponer una parálisis de la lucha de clases en la periferia.

En quinto lugar, otro elemento que se desarrollaría en el periodo de tránsito dialéctico de la fase inferior a la superior en la sociedad comunista, sería la extinción del Estado por medio de la síntesis entre la planificación centralizada y la gestión de las unidades de producción, entre planificación consciente de productores y consumidores, borrándose toda diferencia entre dirigentes y dirigidos, trabajo intelectual y manual, campo y ciudad, centro y periferia; cuya base material sería una abundancia de fuerzas productivas, que extendiera la socialización de las capacidades y responsabilidades, que significa la extensión del tiempo libre a toda la sociedad, donde la revolución tecnológico-productiva reduce el tiempo de trabajo de cada obrero, disminuye los trayectos de desplazamiento al trabajo, reduce el tiempo de vida laboral necesaria, y amplia el tiempo libre necesario para el trabajo creativo de gestión, control e investigación, cultura y ocio creativo para el desarrollo de la condición humana. Evidentemente no hablamos del ocio de masas mediatizado por la degeneración y despilfarro del tiempo del ser humano (consumo basura: teleculebrones, deportes de masas, programas de distracción mediocre), sino del ocio a la satisfacción de las necesidades tanto sociales como personales, que mande al baúl de los recuerdos toda división del trabajo intelectual y manual.

Y ello es técnicamente factible, ya que incluso en el marco del modo de producción capitalista desde 1.850 a 1.950 la lucha del movimiento obrero consiguió hacer pasar la jornada de trabajo de 70 a 40 horas semanales, y en algunos países y sectores ya está por debajo. Pero desde la crisis de 1.973 en adelante las relaciones de producción capitalistas impiden una reducción progresiva en la que hoy podría haberse alcanzado la semana de 24 horas en los países mas avanzados, manteniendo el mismo crecimiento productivo, y permitiendo a su vez la reducción de la vida laboral por debajo de los 60 años.

Decía Lenin que el tiempo liberado es necesario para que decenas de millones de obreros se encargen de las tareas del control y gestión, disolviendo paulatinamente el Estado, donde la participación en la dirección de la economía y las tareas sociales sólo ocuparía una fracción ínfima de los ocios de la masa de productores (con excepción de los militantes de las organizaciones de clase) y que en los avances hacia durante la transición a la sociedad comunista esa masa de productores tenderá a tomar mayor importancia en el empleo del tiempo libre, tenderá a ser más activa y creadora que pasiva y posibilista, tenderá incluso hacia el desarrollo multifacético de sus propias cualidades humanas en diferentes tareas u oficios de trabajo manual e intelectual, tenderá hacia la reunificación del trabajo intelectual y manual, científico y productivo, para superar la metáfora irónica de Engels sobre de lo “hermoso” que sería un socialismo que perpetuara a los carreteros de profesión (Anti-Duhring).

      En sexto lugar, siguiendo los parámetros planteados por Marx en la Crítica del programa de Gotha, la existencia del derecho burgués de distribución durante el período de transición y en la fase inferior de la sociedad comunista, que se expresa por la apropiación privada de parte del producto social bajo la forma de salario directo en dinero o en un certificado, donde la contabilidad del trabajo se mide según la cantidad de trabajo de cada uno. Ello es propio en una situación de no abundancia de los standares de consumo, de escasez relativa, con lo que la pervivencia del derecho burgués le acompaña la pervivencia de hábitos y comportamientos pequeño burgueses (egoísmo, servilismo, corrupción), como supervivencias de la sociedad antigua, el capitalismo. La superación completa de esa psicología sería imposible sin la creación de las condiciones materiales y la extensión de la moral comunista que permiten la extinción del derecho burgués y de las relaciones mercantiles. La abundancia junto a la experimentación y la extensión de la conciencia comunista es la condición necesaria para el paso de la dependencia de las necesidades a la libertad mas completa, a la fase superior de la sociedad comunista.

Objetivamente el desarrollo tecnológico ha llegado hasta tal punto que se podría, hoy más que nunca, realizar una economía socialista. Objetivamente se podría, habiendo sentado las bases, con esta tecnología prescindir del mercado. Los bienes de consumo podrían ser escogidos por el mismo consumidor, las redes de telecomunicación e informática servirían para transmitir a los organismos de planificación y las fábricas las necesidades de los consumidores.

Pero la superación del salario y del mercado no se produce de forma mecánica sino dialécticamente. Ya en los países capitalistas, el movimiento obrero ha conquistado el salario social que engloba los gastos de las necesidades sociales para la reposición de la fuerza de trabajo (enseñanza, sanidad, prestaciones sociales, etc), que bajo el capitalismo son los parientes pobres de la economía de mercado y están bajo la permantente amenaza de privatización. Sólo bajo el socialismo se puede transitar hacia una superación dialéctica de la oposición entre el salario individual destinado al consumo privado y el salario social, extinguiendo el salario como tal.

Para que ello sea así un número cada vez mayor de bienes de consumo debe de transitar del campo del intercambio monetario-mercantil al campo de las necesidades como parte del salario social. Para que eso sea posible dichos bienes de consumo y servicios (pan, celeares, carne, transportes urbanos e interurbanos, música, libros, teatro, cine, viajes, ocio, medios de deporte, etc.) deben nadar en la abundancia atendiendo a la satisfacción de las necesidades fuera del intercambio monetario-mercantil, de esta forma el salario individual se extinguirá, ya que el dinero sería innecesario para la satisfacción de las necesidades sociales y personales, implantándose la contabilidad de las horas trabajadas mediante un bono-certificado. Por lo que en la medida que la planificación de la economía garantiza un desarrollo amplio de las fuerzas productivas y un enriquecimiento creciente de la sociedad, ésta llega a disponer de los recursos necesarios para socializar los costos de las necesidades expresado en bienes y servicios cada vez mayor para todos los trabajadores sin distinción, aumentando el nivel de vida, por lo que el ascenso de la planificación socialista de la economía, permite incluir un volumen creciente de bienes y servicios en el intercambio sujeto a las necesidades al margen del intercambio monetario-mercantil.

Esta nueva situación material desencadenaría un cambio psicológico de las masas. La inseguridad e inestabilidad de la existencia material desaparecería, el género humano se realizaría sin las condiciones de la penuria, los vestigios pequeño burgueses (el egoísmo, el individualismo, el servilismo y la competitividad) pasarían al museo de la prehistoria. La modificación del medio social, con el predominio de la distribución según las necesidades bajo un marco de abundancia, habituaría a las relaciones humanas a la cooperación y la solidaridad. La paz, la felicidad, la libertad, el trabajo creador y la hermandad se impondrían indefinidamente. La solidaridad y la camaradería serían los nuevos valores morales habituales de la humanidad libre de toda opresión, lo que permitiría el desarrollo multifacético de toda personalidad humana.

Sólo la sociedad comunista puede acabar con todos los mecanismos de mercado, arrebatar a los valores de uso su forma de mercancías y regular la distribución de los bienes materiales en función de las necesidades reales. Por eso el socialismo y el comunismo hoy pasan a ser no un proyecto utópico de orden social imaginable y deseable, que se convierta en algo puramente platónico, sino en una necesidad real inmediata para la supervivencia de la humanidad, donde los centros industriales no sólo dejen de ser propiedad privada de los monopolios capitalistas sino que pasen a ser propiedad colectiva no ya del pueblo de determinado país sino propiedad colectiva de la humanidad entera, donde a este nivel la planificación y el desarrollo económicos se debe establecer con criterios humanos, técnicos, geológicos y ecológicos, liberados del intercambio de mercancías, de la concurrencia de las balanzas comerciales, etc, orientándose a la utilidad óptima de todos.

En séptimo lugar, la planificación económica permitiría un desarrollo económico mundial sostenible que hoy bajo el capitalismo no existe. Las fuerzas productivas materiales bajo las relaciones de producción capitalistas han alcanzado un nivel con consecuencias destructivas irreparables, de modo que el proceso de acumulación de capital choca con el límite de la autoaniquilación de la vida humana. Se ha llegado a tal grado que si el 80% de la población mundial creciera y consumiera al mismo ritmo que el 20% de los países centrales, la vida en la tierra sería imposible en pocos decenios porque el índice de contaminación crecería geométricamente y el efecto invernadero sería mayor de lo que ya es (dióxido de carbono, cloroflorcarbonados, metano, óxido de nitrógeno, etc.), poniendo en evidencia el carácter global de la crisis ecológica actual. Por ej. de seguir la tendencia de efecto invernadero muy bien podría ocurrir que países mediterráneos tuvieran el clima de las zonas desérticas de África con consecuencias devastadoras para la agricultura y el aprovisionamiento de agua a las ciudades.

Desde los últimos 50 años el mundo ha perdido una quinta parte de sus tierras cultivables, bosques tropicales, y decenas de miles de especies vegetales y animales, mientras que extensas áreas se han desertizado, etc, los estadounidenses han consumido más recursos minerales y fósiles que todos los demás pueblos del mundo a lo largo de toda la historia humana anterior. Esta situación no es un efecto directo del crecimiento económico, de la población o del desarrollo de las fuerzas productivas sino del modo de crecimiento, del modo de vida imperialista, consumista, basado en el lujo supérfluo, el parasitismo y la miseria de las dos terceras partes del planeta, del modo de producción capitalista despilfarrador de fuerzas productivas, desequilibrador en la producción, la riqueza social y la distribución y antiecológico contaminante y destructor de los equilibrios naturales. Los seres humanos debemos satisfacer nuestras necesidades sin dañar las posibilidades de que las generaciones futuras satisfagan las suyas, para crear una economía sostenible es inevitable deterner la destrucción y cambiar de modo de crecimiento.

Que las relaciones de producción capitalistas son restrictivas hoy del posible desarrollo futuro progresivo de las fuerzas productivas no es nuevo, Marx ya nos advertía en La Ideología alemana que el mismo capitalismo convertiría a las fuerzas productivas desarrolladas en fuerzas destructivas. Son destrutivos el impulso de las energías no renovables sobre las renovables por el criterio del beneficio y la competitividad capitalistas, son destructivos los hábitos del consumo de masa al que se nos ha acostumbrado bajo la influencia de la producción capitalista orientada al máximo beneficio. La degradación del medio ambiente no es una consecuencia inevitable del progreso y desarrollo científico-técnico, sino que es responsabilidad del capitalismo. Su lógica hacia la mercantilización de todos los componentes de la vida social, la máxima ganancia, el consumismo y la especulación, conlleva los altos niveles de contaminación y la desaparición de especies animales y vegetales. Es el capitalismo el que utiliza el progreso tecnológico para actuar contra la escasez de recursos no renovables, con la presentación de supuestas alternativas como los biocombustibles, a partir de productos alimenticios (caña de azúcar, maíz, etc.), con terribles consecuencias humanitarias y medioambientales, ya que el cultivo de estas plantas necesitan de amplias extensiones, en países de la periferia, lo que provoca la deforestación de algunas selvas tropicales como en Brasil y Malasia.

          Marx veía en la protección de la naturaleza, fomentando un desarrollo planificado respetuoso, como una tarea central del socialismo. Para Marx el aumento de la producción no es un fin en si mismo como lo es en A. Smith y D. Ricardo, el socialismo no admite otro objetivo del crecimiento de la producción que no sea la satisfacción de las necesidades humanas, y en la actualidad el capitalismo no es capaz de garantizar la satisfacción de las necesidades humanas con la protección y conservación de la biosfera y la preservación del oxigeno necesario para el ser humano (casi la todo el oxigeno de la atmósfera es de origen biogénico, el 30% lo producen las plantas y el 70% las algas de los océanos) (41).

Por eso no es descabellado decir que la supervivencia del homo sapiens depende de la rápida abolición del capitalismo. Sólo el paso al socialismo nos ofrece la posibilidad de la solución de la crisis ecológica que se ha alcanzado. ¿Quién puede lograrlo? El movimiento obrero aliado con los sectores de la población trabajadora. Sólo el movimiento obrero puede jugar el mismo papel al frente del pueblo trabajador frente a la crisis ecológica que ha jugado históricamente frente a las guerras imperialistas, las crisis de sobreproducción y el fascismo.

El socialismo puede ligar el progreso científico-técnico de las fuerzas productivas a la protección de la naturaleza, puede y debe superar las catástrofes que nos amenazan. El problema no está en el crecimiento económico y el progreso de las fuerzas productivas (al que no se debe de confundir con el modelo y niveles de vida capitalista alcanzados en occidente) sino en una mala relación entre las fuerzas productivas y la naturaleza causada por las relaciones de explotación, relación que el socialismo supera para poder organizar mejor la producción en relación con la naturaleza. Los medios de producción serán propiedad social, la clase obrera ejercerá el poder, el conjunto de la economía será planificado y no sometido a la coerción de la producción capitalista. Los planes podrán orientarse a coordinar el mantenimiento de la biosfera con la satisfacción de las necesidades históricas de la población, con un crecimiento sostenible.

La realización social de la superación de la crisis ecológica, de la mala relación con la naturaleza y la biosfera sólo tienen la premisa del derrocamiento de la burguesía, la instauración de la dictadura del proletariado y la construcción de la sociedad comunista. Los rasgos que constituyen el orden socialista, la dictadura del proletariado, la socialización de los medios de producción y la planificación global de la economía, coloca las posibilidades de lograr un uso racional de los recursos y la aplicación de medidas más eficaces de protección del medio ambiente.

La humanidad sólo sobrevivirá si consigue detener y planificar el alud demográfico, proteger a la naturaleza de los efectos negativos derivados de la producción industrial, mostrarse ahorrativo con los recursos naturales, superar el desnivel económico centro-periferia. Todos estos planes estan condenados al fracaso sino se hacen desde una perspectiva de clase, si no son impulsados por y desde la clase obrera. Sólo el proletariado estará dispuesto a la solidaridad internacionalista a favor de la conservación de la biosfera, la salvación de la humanidad de la destrucción y una vida mejor y más humana para todos los pueblos de la periferia. La oligarquía financiera por el contrario no tiene interés ni va a sacrificar nada, la exigencia de un modo de crecimiento más acorde con la naturaleza y un desarrollo más igualitario en todo el mundo es rechazada de canto.

La permanencia de nuestras sociedades basadas en la explotación capitalista, hace imposible que todos los seres humanos podamos disfrutar de los resultados del progreso científico y técnico, e incluso las posibilidades mismas de progreso están amenazadas por la depredación y contaminación de los recursos naturales y el despilfarro de las fuentes de vida del planeta. Si el capitalismo es incapaz de poner fin a esta contradicción, no es suficiente con su reforma, la revolución es cada vez más impostergable en defensa de los intereses de pervivencia y supervivencia de la humanidad. El capitalismo es un modo de producción que ya cumplió su misión histórica, no tiene perspectivas y no admite recambios los que intentaron e intentan los impulsores del capitalismo con rostro humano, la tercera vía o el capitalismo verde. Es posible y necesario sustituirlo por un modo de producción superior antes de que desaparezca el planeta, pues estamos tropezando con umbrales de viabilida económicos, ecológicos y antropológicos.

1.2.3 Conclusión: El socialismo es necesario para el genero humano 

El capitalismo no está en condiciones de aprovechar en plena medida la fuerza productiva principal, los trabajadores, realizaciones del intelecto humano como la automatización del proceso productivo, en vez de beneficiar a los trabajadores, producen el efecto contrario, desplazando de la producción a millones de personas. Todo ello prueba que el conflicto entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción del capitalismo, es hoy tan aguda como nunca. Al suprimir la propiedad privada y la explotación, el socialismo libera al individuo económicamente, independizándolo de la espontaneidad del mercado, de las crisis, el paro forzoso y el miedo al porvenir. El socialismo emancipa el trabajo, concediendo la posibilidad de trabajar no para los explotadores, sino para sí y para la sociedad entera, de satisfacer por medio del trabajo sus demandas materiales y espirituales.

Nunca han estado tan maduras en el terreno tecno-científico de las fuerzas productivas mundiales, como lo están hoy, para la transformación socialista de la sociedad. Desde este terreno la transición al comunismo es más posible, necesaria, viable y provechosa que nunca para la humanidad. Pero sin ánimo de caer en la hipótesis apocalíptica del derrumbe del capitalismo mundial, no debemos plantear el desarrollo de las fuerzas productivas al margen de la lucha de clases, ya que sería un error de graves consecuencias para cualquier proceso revolucionario.

Si bien las condiciones materiales del comunismo se dan hoy, donde ya es posible la exploración galáctica, la construcción de ordenadores superinteligentes, de coches cada vez más modernos, variados, menos contaminantes y ecológicos para el consumo particular, de tecnología punta, etc, las relaciones capitalistas siguen impidiendo que esas mismas fuerzas productivas y técnicas se utilicen para el bien de la humanidad. Y por el contrario, tal aporte tecnológico sigue aplicándose para destruir en guerras, contaminar ciudades, privatizar los servicios de enseñanza y de salud, causar el hambre y enfermedades en la mayoría de la población mundial.  Nunca la humanidad como hoy ha necesitado el socialismo, no sólo para cambiar de condiciones de vida, sino para que la propia vida civilizatoria continue, dado el carácter destructivo del capitalismo en su fase imperialista. Sin un aprovechamiento común de los recursos tecnológicos y naturales, de la protección del medio ambiente, de la investigación científica, del progreso social etc, la humanidad no irá muy lejos. Entonces, ¿logrará imponerse la frenética barbarie imperialista que no se resiste a abandonar la historia por que sí?.

Esta respuesta sólo puede darla la lucha de clases. Si las fuerzas productivas y lucha de clases  forman una unidad dialéctica, sin caer en el humanismo estrecho ni en el economismo, lo que deberíamos preguntarnos realmente es si el movimiento obrero del centro capitalista dejaremos de lado otra vez o no, la próxima oportunidad histórica-situación revolucionaria, para transformar el mundo. El motor de la historia, la lucha de clases entre burguesía y proletariado y las fuerzas productivas como palancas de la revolución social, sin lugar a dudas, nos dará la respuesta, ya que sólo sobre la base del ascenso de las fuerzas productivas y la liquidación universal del capitalismo se dará la posibilidad para que el género humano ascienda al reino de la libertad anunciado por Engels en el Anti-Duhring. (42).

Hoy en el mundo el socialismo es factible y necesario porque el socialismo puede satisfacer las necesidades de los trabajadores y los pueblos. Hay para todos en el mundo, hay para comer, vestirse, trabajo, educación, sanidad, vivienda, necesidades que el capitalismo no ha sido ni es capaz de satisfacer a lo largo de su historia. En el mundo de hoy ya hay para todos, así empieza el socialismo, donde acaba el capitalismo. El socialismo es lo único que permite a los seres humanos ser felices, y la revolución no es otra cosa que asumir que para ser felices hay que destruir el capitalismo y edificar una sociedad socialista y comunista.

Este siglo XXI nos exige ya un nuevo modo de producción y distribución de la riqueza material, una formación social, de vida y consumo, de naturaleza distinta, más acorde con el carácter colectivo e internacional de las nuevas fuerzas productivas, que permitan que lo creado por el ser humano, beneficie a toda la humanidad.

Si cada vez es más patente que el mundo y la humanidad están en peligro por la acción del capitalismo en su fase imperialista, y que el socialismo es la única solución real para los problemas del planeta y de la humanidad, en el terreno de la lucha de clases es necesario desarrollar todas las formas de enfrentamiento al imperialismo y potenciar todas las tendencias de aproximación al socialismo, fortaleciendo la organización de la clase obrera y los trabajadores de cada país y en el mundo, el movimiento comunista y anti-imperialista, luchando por la construcción de bloques históricos, sociales y políticos, que se enfrenten al imperialismo, que pugnen por la soberanía popular y por la construcción del socialismo. Este es el único camino viable.

1.3 Final de una etapa y vuelta a empezar

      La tantas veces denominada crisis general del capitalismo abierta en octubre de 1.917, primero con el triunfo de la primera revolución socialista, luego con el proceso de desligamiento de otros países al socialismo tras la IIª Guerra Mundial (Europa central, Asia pacífico y Cuba), el impulso del movimiento de descolonización y de liberación nacional anti-imperialista, a través de la lucha guerrillera y popular (China, Vietnam, Cuba, Argelia, Angola, Nicaragua, etc.) que culminó los procesos de independencia al calor de la última situación revolucionaria en Europa occidental (1.968-78), y el reforzamiento del carácter de masas de los movimientos obreros de Europa; marcaron una correlación de fuerzas resistentes y alternativas, favorable al proceso revolucionario mundial de carácter unitario, que hasta la caída de los Estados socialistas en Europa se presentó como una tendencia progresiva sin retrocesos, de acumulación de fuerzas, y no se calibró lo suficiente la ofensiva iniciada por el imperialismo en la década de los 80 como respuesta para contener y derrotar los procesos revolucionarios de Oriente y Occidente.

El Movimiento Comunista Internacional trabajó en torno a la hipótesis equivocada del ascenso lineal de la crisis general del capitalismo y su derrumbe automático, omitiendo la lucha de clases como motor de la historia, tesis que fue dominante en la Internacional Comunista durante los años 20, en el XX° Congreso del PCUS, en el planteamiento del eurocomunismo, y en la perestroika.

Ya hemos visto que no es dialéctica ninguna de las variantes, ni el economismo que mira a las fuerzas productivas como el corazón de la historia, donde la lectura dogmática de El Capital se obstina en reducir la historia a la simple contradicción relaciones producción/fuerzas productivas dejando la la lucha de clases al margen e incluso disolviéndola; ni el voluntarismo que ve a la lucha de clases como el cerebro de la historia que se pone en movimiento sólo con la voluntad y al margen de la realidad y del conocimiento objetivo de la sociedad históricamente determinada, y al margen del progreso de la poducción social, necesaria para avanzar al comunismo.

De lo primero (el economismo) abundó el pensamiento soviético en casi todos los dirigentes de la revolución de Octubre (Zinoviev, Trotski, Bujarin, etc. – excepto Lenin-) y en los dirigentes soviéticos desde los años 50 (Kruschev, Breznev, etc.). Economismo que se fundamentaba la primacía del productivismo con la creencia fatalista de que el socialismo se consolida con el simple acto de la toma del poder y las posteriores transformaciones económicas y administrativas, derivando la ascensión al comunismo como un simple desarrollo espontáneo de la producción, donde el ascenso de la vida material de las masas provoca mecánicamente la conciencia comunista, y donde el incentivo material, competitivo y consumista desplaza a la necesaria revolución intelectual y moral de las masas que aporta el incentivo de la moral comunista (nuevos valores, nueva cultura y hegemonía social) tan necesaria para el éxito de la planificación de la economía y la actividad política.

Esa negación o simple ignorancia del papel importante de las condiciones subjetivas, de las cuales dependen la conversión de las posibilidades objetivas en realidad, conduce a la filosofía de la pasividad política y de la espontaneidad y a la relajación de la lucha de clases, lo cual es típico de todas las variedades del oportunismo de derecha, incluyendo aquellas posiciones que se pretenden pasar por la izquierda en determinados aspectos (eurocomunismo-humanismo, trotskismo-antiburocratismo…) pero que al final acaban confundiendo el ano con las neuronas.

De lo segundo (el voluntarismo) abundó la corriente maoísta, que partía de un voluntarismo de corte hegeliano que negaba el peso fundamental de la infraestructura económica, de las fuerzas productivas, planteándose objetivos irrealizables a corto plazo como el gran salto y la revolución cultural. Dando la mayor relevancia al lado subjetivo, subvalorando el desarrollo de las fuerzas productivas como última instancia en la vía hacia el comunismo y la necesidad de la existencia de una potente y mayoritaria clase obrera. Olvidando las propias leyes y enseñanzas de la historia donde las sublevaciones de esclavos y campesinos en la Edad Media no consiguieron poner las bases de la nueva sociedad socialista ni en lo material ni en lo subjetivo, al margen de sus planteamientos igualitarios, que no sobrepasaban la utopía. La negación e ignorancia del papel determinante que juegan las condiciones objetivas (agudización contradicciones del capitalismo, situación revolucionaria, las premisas materiales del socialismo con una fuerte clase obrera industrial) en la práctica política conduce al aventurerismo político y al anarquismo.

Ambos planteamientos, economismo y voluntarismo, han pensado el camino al COMUNISMO sólo sobre una pata, aislando lo económico-productivo de lo político e ideológico-cultural, lo objetivo de lo subjetivo y viceversa.

La concepción marxista-leninista contempla dialécticamente tanto las condiciones objetivas como las subjetivas para los procesos revolucionarios. Las contradicciones en la superestructura y en la infraestructura de las formaciones sociales juegan como sitúa J.M. Vicent (43), el papel de revelador, pero sólo para quien científicamente puede interpretar y describir las leyes sociales. Para quien no dispone de los conocimientos, las contradicciones por si solas son ocultas, mudas y hasta sordas, excepto si la teoría revolucionaria es puesta en práctica, y sea capaz de dirigir y hegemonizar la práctica social de las masas, quebrando su actividad espontánea y corporativa. La teoría marxista-leninista, por si sola, sólo indica científicamente los medios para que la clase obrera deje de ser un mero soporte de las relaciones de producción capitalistas, y en ningún momento considera al proceso revolucionario como una simple revelación divino-mesiánica que ilumina la conciencia de los explotados y oprimidos, ni  como un efecto automático de las fuerzas productivas. En consecuencia, la revolución, la conquista del poder político, y la transición al comunismo, no son un proceso automático y determinista, situado al margen del conocimiento científico de las contradicciones inherentes al modo de producción capitalista, ni al margen de la utilización de ese conocimiento en la praxis asumido por el movimiento obrero revolucionario.

El ser social no nace comunista ni resignado ante el orden económico y político. Lo mismo que no existe la actividad tajantemente revolucionaria sin conocimiento científico (praxis espontánea), ni existe ante el estado de cosas la  resignación y pasividad sin la ignorancia, tampoco existe el conocimiento científico sin su presencia activa y organizada a través del ser social (praxis revolucionaria). La tierra giró ya con Copérnico, un siglo más tarde con Galileo, pero no fue práctica social del conocimiento de las masas hasta la generalización de la enseñanza en el S. XIX. Sea cual fuere la opción del ser social concreto, nadie puede salvar al ser social (clase obrera, pueblo, etc.) espontánea o reveladoramente, sin la educación y organización científica que tiene su razón como teoría para la acción desde la acción política y social con fundamentos objetivos y subjetivos.

Hoy después de los ascensos y descensos revolucionarios, nos encontramos en una realidad-concreta no deseada pero objetiva e innegable, la lucha de clases con el péndulo a favor del capitalismo. Queramos verlo o no se ha quebrado la primacía de las fuerzas revolucionarias. La principal fuerza revolucionaria, el sistema socialista mundial con la URSS a la cabeza ya no existe, ha desaparecido el freno más importante contra la guerra y el expolio de los pueblos por el imperialismo. El movimiento obrero de los países capitalistas está en retirada y proceso de recomposición, los movimientos de liberación nacional como el otro destacamento de la revolución mundial se debate entre el anti-imperialismo (potencialmente revolucionario) y el integrismo tanto neoliberal como religioso, como factor de apoyo del imperialismo (potencialmente reaccionario). El capitalismo, por mucho que nos duela (y nos duele), ha demostrado en su fase imperialista su capacidad de recomposición a pesar de ser un sistema históricamente caduco.

Ya hemos visto que, mientras Marx y Engels planteaban que el surgimiento de la sociedad comunista se daría en los lugares centrales del capitalismo, donde la revolución socialista se produciría en un Estado altamente industrializado o incluso de forma simultánea en los principales países de Europa, la lucha de clases no ha sido tan complaciente con este planteamiento. La primera revolución triunfante, la soviética, que sin embargo se hizo con perspectiva mundial, aprovechando el desarrollo desigual del capitalismo en su eslabón más débil de la cadena, se proyectaba hacia la posterior revolución triunfante en los países capitalistas industrialmente más avanzados, los cuales aportarían la base necesaria para una rápida transición socialista en la URSS.

El que no se produjera la revolución y la instauración del socialismo en los centros de Europa occidental, se explica por la política traidora de la socialdemocracia con el aborto de las revoluciones de los consejos en Baviera, Hungría, Finlandia, Eslovaquia y Turín, siendo ello una de las causas, la más importante, de que la revolución soviética tuviera para mantenerse (al no recibir la necesaria ayuda de los países avanzados por la derrota de sus revoluciones) dar un giro sobre sí misma aplicando una política-económica pre-socialista en un país atrasado y cercado por el imperialismo. La NEP acordada en el PC bolchevique en su X° Congreso, no surgió por gusto sino por necesidad, como prioridad imprevista e impuesta. La ruptura de la unidad de las fuerzas políticas de la clase obrera mundial, donde el destacamento socialdemócrata se desplazó hacia la contrarrevolución, impidió que la particularidad de una revolución (la soviética) se expresara en la generalidad del proceso revolucionario mundial, poniendo dificultades a la transición universal al comunismo, si entendemos que éste no puede culminarse sin la superación mundial del capitalismo. Así lo entendía Lenin (44) quien a pesar de tener claro que para el triunfo de la revolución proletaria era decisivo el apoyo de la revolución mundial, bajo todas las circunstancias nunca dejó de hacer defensa de la revolución soviética como la aportación irreductible a tal revolución mundial, lo contrario hubiera supuesto adoptar una posición liquidacionista.

Ya en la actualidad, con el desenlace ya conocido, con la desaparición de la URSS, los botarates de la izquierda, podrían decir pedantescamente aquello del “ya lo decía yo”, pero, ¿acaso podemos erigirnos por encima del hombro y negar cualquier revolución que no sea en los países capitalistas más desarrollados?. Quizá debiéramos convencer a los cubanos de su innecesaria vía no capitalista al socialismo, dándonos un tanto a favor del imperialismo USA y la CIA en vez de combatirles cuando se presenta el momento revolucionario, y decirles: -¡en nombre de la sacrosanta IIª Internacional guiada por el iluminismo del materialismo ecléctico y quietista, habéis violado las leyes mecanicistas del desarrollo social a las cuales veneramos y ante las cuales nos postramos, y os denunciamos por romper tales leyes en Cuba como un acto criminal, y os exigimos que volváis a la situación anterior a la proclamación del régimen socialista y del derrocamiento de Batista!-. ¡¡¡Viva la diócesis marxista ecléctica!!!. Amén. Por cierto, no está demás recordar que el propio Che en defensa de la planificación socialista en la revolución cubana denunciaba esa hipocresía de la IIª Internacional que señalaban que Cuba había roto las leyes del “marxismo”, que no era un país socialista y que debía volver a la situación anterior (45).

Quizá debiéramos apoyar incondicionalmente a esa democracia liberal que utiliza el bloqueo económico a quien se rebela contra el imperialismo, y dar apoyo a la reacción feudal e integrista donde haga falta, como la alianza de cierta “izquierda” en contra de la Republica Democratico-Popular de Afganistán en los años 80. Es alucinante querer imitar a Kautsky y Plejánov, quienes se encarrilaron a la “Unión Sagrada” de la guerra imperialista, quedando mudos y sordos ante la barbarie imperialista de cerco e intervención armada en la Rusia soviética, cooperando con los guardias blancos y los cañones de las potencias extranjeras, como herramientas infalibles que fuesen a “demostrar” la inexactitud del experimento socialista bolchevique, vociferando simultáneamente contra la revolución agitando “El Capital” de Marx, un Marx positivista, que leído del revés y fracturado de la ciencia y la ideología revolucionaria, fue utilizado para negar cualquier revolución fuera de los países capitalistas avanzados. Y cuando llegaba al final el turno a estos mismos países, después de mostrarse incapaces de abordar la situación revolucionaria, los baluartes del positivismo marxista, acabaron por negar inquisitorialmente toda revolución política hasta en el propio capitalismo desarrollado.

Se olvida fácilmente que el propio Marx aconsejando a los obreros parisienses en 1.870 que la insurrección armada era prematura, no escatimaría ni en esfuerzos morales y teóricos de dar su apoyo a la comuna parisina, demostrando en la práctica su visión internacionalista y su posición política en la lucha de clases con el proletariado no en las palabras sino en la acción, e incluso se permitió la crítica benevolente de que la Comuna no utilizara todos los poderes a su alcanze para vencer al enemigo, es decir, de una vez metido en el fango Marx echó en falta que el gobierno de la Comuna no hubiera utilizado de forma más resuelta el poder para defender y ¡¡¡mantener!!! la revolución.  Marx que por esta posición fuera acusado de romanticista, hizo su defensa por medio de la dialéctica de la materialidad de la lucha de clases, replicando a Kugelmann:

“La historia universal, sería por cierto muy fácil de hacer si la lucha sólo se aceptase con la condición de que se presentaran perspectivas infaliblemente favorables” (47).

Marx no caía en la pedantería ni en la soberbia, que muchos “revolucionarios” de boquilla caen. También se olvida lo que Marx en el Manifiesto orientaba:

“los comunistas apoyan por doquier todo movimiento revolucionario, contra el orden social y político existente” (48).

Y frente al colonialismo también se olvida que Marx y Engels nunca calleron en el eurocentrismo, defendieron el derecho de los pueblos colonizados a emplear todos los medios, desde la guerra de guerrillas y la guerra popular frente a la maquinaria de guerra altamente desarrollada por los colonialistas europeos.

Tampoco hay que olvidar que Marx y Engels no catalogaban a la clase obrera como la única clase subjetivamente revolucionaria, Engels había manifestado su esperanza de que estallara una revolución proletaria a partir de una nueva revolución campesina, y en el Manifiesto hablan de los intelectuales burgueses que se pasan en tiempos de crisis al campo del proletariado (49). Fue Lassalle y no Marx quien contrapuso el proletariado a todo el resto del pueblo considerado como una masa reaccionaria, mientras los marxistas siempre hemos rechazado esa concepción.

El fondo de la cuestión del actual debate entre el progresismo lineal y el progreso dialéctico, es la misma crítica que Lenin hacía a la actitud reformista y dogmática de la IIª Internacional, que convirtió al marxismo en una religión oficial del determinismo pasivo, donde fuerzas histórico-geográficas divinizadas traerían de forma inevitable y apocalíptica el socialismo en el horizonte futuro, sin tener en cuenta, ni en lo moral, ni en lo político-ideológico, lo que los revolucionarios hicieran en sus respectivos países y en la arena internacional. No obstante esta política tenía y tiene, no lo olvidemos, una base social, la aristocracia obrera.

En las tesis preparatorias para el II° Congreso de la Internacional Comunista, Lenin influido por el fragor del cerco imperialista y la derrota de la revolución en Occidente, repetía otra vez la misma idea sobre las trabas que impiden que el movimiento obrero en los países capitalistas evolucionen hacia posiciones revolucionarias, las cuales eran la existencia de un sector amplio y estable de una minoría del proletariado, denominado aristocracia obrera, con mejores condiciones de salario, imbuida de un espiritu corporativo, con aspiraciones pequeño-burguesas y prejuicios eurocentristas e imperialistas. Sector creado gracias a las posesiones coloniales y los sobrebeneficios del capital, que Lenin denuncia como la base social de las posiciones reformistas de la socialdemocracia en la IIª Internacional, e incluso como destacamento contrarrevolucionario, una vez el proletariado conquiste el poder en cualquier país (46), pero no tanto por su condición económica (ya que hablamos de un sector de la clase obrera) sino por su posición política reaccionaria.

Volviendo a la  actualidad, después del largo trayecto del pasado siglo XX, creo entender que no tenemos autoridad moral en Occidente para dar lecciones revolucionarias sobre otros procesos, precisamente porque el movimiento revolucionario en los países de Europa occidental es el máximo responsable de que la revolución no se haya consolidado cuando ésta se ha presentado. Hemos pecado de pedantería, orgullo y poco internacionalismo proletario y anti-imperialismo. Durante muchísimo tiempo histórico hasta ahora ha predominado la idea euro y etnocentrista basada en la tesis mecanicista de las fuerzas productivas capitalistas como ente portador del progresismo histórico por encima de las luchas de clases, y también como guía civilizatorio indiscutible de los países capitalistas avanzados sobre el mundo subdesarrollado.

Por ej., viendo con perspectiva, en el Congreso de Bruselas de agosto de 1928 la IOS (Internacional Obrera Socialista) consideraba que en un país como India era necesario limitarse ¡¡¡ni mas ni menos!!! a una administración autónoma local, negando el derecho de independencia, y afirmaba que para los pueblos coloniales que no hubieran superado el “grado primitivo de desarrollo” la supresión inmeidata del dominio colonial significaba un paso atrás y el retorno a la barbarie primitiva (50). Los representantes de las colonias se fueron de este congreso convencidos de que los líderes socialdemócratas de derecha apoyaban la política colonial de la burguesía, descubrieron el menosprecio por los intereses de la nación oprimida de las colonias y su solidaridad con la política colonial de los Estados imperialistas. Por el contrario la III Internacional puso en guardia advirtiendo que el imperialismo entorpece la industrialización de las colonias, obstaculiza el desarrollo armónico de sus fuerzas productivas, que la política imperialista tiende a mantener y acentuar la dependencia y que las habladurías acerca de que las potencias imperialistas aplican una política de “descolonización” y que contribuyen al desarrollo de las colonias, son una mentira imperialista. La III Internacional obligó a los PCs de los países imperialistas a establecer contactos, dar apoyo y ayuda directa a los movimientos revolucionarios de las colonias. Eran y son dos formas opuestas de entender los problemas de liberación nacional.

El marxismo “ortodoxo” de Kautsky llevaba incrustado el progresismo económico como filosofía de la historia, concepción según la cual la historia avanza evolutivamente hacia el progreso social sin  retrocesos. Ahí no se diferenciaba en nada de Bernstein que apoyaba el colonialismo alemán argumentando que el expansionismo podía mejorar el nivel de vida del proletariado de su país (Las premisas del socialismo). Progresismo eurocéntrico, donde todo progreso social en el mundo se realiza de forma similar al modelo capitalista de Europa occidental. Bajo este prisma la revolución soviética fue un error, la colonización de África e India fue progresista. Parte de la socialdemocracia rusa y la izquierda belga no dijeron absolutamente nada ante el colonialismo zarista hacia Oriente y el colonialismo belga con el genocidio de millones de congoleños, porque estaban convencidos de ese progresismo eurocéntrico de la historia, los rusos estaban civilizando a los pueblos de oriente, los ingleses a los indios y los belgas a los congoleños. Amen. En España este caso se dio cuando ante la rebelión de Abdel-Krim en Marruecos, el PSOE permaneció en silencio ante la colonización del Rif.

La preocupación de la socialdemocracia de la IIª Internacional sobre la cuestión nacional y colonial se había centrado únicamente en las naciones oprimidas “civilizadas”  europeas (Irlanda, Finlandia, Polonia, etc.) aunque no desde el reconocimiento del derecho a la autodeterminación, sino del derecho a la “autonomía nacional cultural” (austromarxismo), sin considerar en absoluto a los cientos de millones de personas de las colonias de África, Asia y América, olvidando el problema colonial, igual que hoy también en el S.XXI la socialdemocracia dirigente ignora la lucha anti-imperialista de las naciones políticamente independientes contra la opresión neocolonial. Olvidando la tarea revolucionaria de la clase obrera de luchar no sólo contra la opresión sobre las nacionalidades dentro del mismo Estado, sino también contra la opresión del imperialismo internacional que tiene exclavizado a centenares de millones de seres humanos sometidos a la expoliación y saqueo de sus riquezas.

Stalin en Fundamentos del Leninismo de forma radical ponía el ejemplo de la lucha de los comerciantes por la independencia de Egipto era objetivamente una lucha revolucionaria por mucho que los jefes del movimiento nacional fueran burgueses, mientras que la lucha del gobierno laborista inglés por mantener el dominio colonial en Egipto era una lucha reaccionaria por mucho que los miembros de ese gobierno fueran proletarios por su origen, y por mucho que defendieran el “socialismo”.

Por tanto, en la acción política del proletariado frente al imperialismo en cualquiera de sus formas (colonialismo, neocolonialismo, antisocialismo) siempre existen 2 campos, el revolucionario y el contrarrevolucionario, y los comunistas sólo pueden optar por el primero, no hay campo intermedio.

Ese eurocentrismo o etnocentrismo rabiosos, de ayer y de hoy, que justifican política y económicamente la “inferioridad” de los países subdesarrollados, avalando la violencia imperialista en nombre del imparable desarrollo de las fuerzas productivas (51), eurocentrismo predicado por la ideología capitalista y practicado por el reformismo dogmático, parten de la ignorancia de papel clave que desempeñan el expolio de las colonias ayer y la periferia hoy para el fortalecimiento del capitalismo central, de la negación de la relación causal entre el subdesarrollo de la periferia y la opulencia del centro imperialista, relación que pasa a ser velada por los mitos que se otorgan a estos países (civilizaciones salvajes, amenazas externas, dictaduras…), silenciando el apoyo que la civilización capitalista ha dado a los Pinochet, Mobutu, Apartheid, etc. De ahí que al condenar a tales pueblos a que pasen irremediablemente por las etapas de evolución del capitalismo avanzado, se está justificando en el fondo esa política pro-colonialista de forma activa o pasiva por parte de la socialdemocracia y la nueva izquierda europea, donde siempre ha habido un paso muchas veces franqueado por aquellos reformistas e izquierdistas que no entendieron entonces, ni entienden ahora, de la necesidad de construir los sujetos revolucionarios como entidades histórico-concretas al calor de la lucha de clases, a diferentes niveles, local, nacional, supranacional, mundial, etc, donde siendo la clase obrera el sujeto revolucionario central ésta no está sola, donde las luchas obreras, campesinas y de los pueblos por su liberación se entrelazan dialécticamente, aunque no queramos verlo, tanto en Occidente como en Oriente, Norte y Sur, en un mismo proceso de contradicciones antagónicas, principales, secundarias, generales y particulares, en la misma lucha por la superación de la dominación imperialista y del modo de producción que lo sustenta.

1.4 La revolución no es inviable en el capitalismo desarrollado

Ya hemos concluido que de la misma manera que no es un partido justo caer en la postura social-imperialista, que parte de la denominada izquierda ha adoptado ante situaciones revolucionarias histórico-concretas en la periferia, tampoco lo es caer en cierta postura tercermundista, no menos peligrosa, ya que estima que la revolución es ¡¡¡imposible!!! en los países capitalistas centrales, que ésta surgirá como único eslabón débil posible de la cadena imperialista, en los países del denominado tercermundo de Asia, África y Latinoamérica, ya que el proletariado de los países centrales se ha aburguesado en su globalidad, que incluso las contradicciones de clase del capitalismo o bien han pasado a un segundo plano, o bien se han suprimido por la denominada contradicción principal para los tercermundistas, entre países pobres dependientes y países ricos dominantes. Para esta tendencia, surgida a raíz de los procesos  revolucionarios en la periferia durante la segunda mitad del S.XX (Cuba, Vietnam, Argelia, Angola, Mozambique, Nicaragua, etc.), la revolución anti-imperialista está en el primer plano de las contradicciones de clase:

“..la contradicción fundamental de nuestro tiempo es, para nosotros, sin contestación alguna, la contradicción Imperialismo/Tercer Mundo” (52).

Ya a partir de la revolución cubana, desde los años 60/70 del siglo pasado, se tiende a absolutizar el método guerrillero como el único válido y posible de la lucha de clases, negando la existencia de un potente proletariado en determinados países como Argentina, Brasil, Corea del Sur, México, etc, prescindiendo de un análisis objetivo (existencia o no de la crisis revolucionaria, correlación de fuerzas) y subvalorando las diferentes coyunturas nacionales al meter en un mismo cajón de sastre a países con instituciones democráticas con países bajo dictadura o estado de sitio, menospreciando en el fondo los métodos legales y democráticos de trabajo existentes, y la labor de masas, cayendo en el blanquismo (foquismo) al creer que la guerrilla de por sí es capaz de crear en todos los lugares y momentos históricos el cuadro político para la revolución.

La guerrilla como método de lucha ha sido radio de acción en determinados países de mayoría campesina, bajo dictadura militar, siendo una consecuencia de la negación de los derechos políticos provocada por la violencia contrarrevolucionaria de las clases dominantes, las cuales han llevado al extremo el genocidio político en complicidad con los Estados imperialistas. Como ejemplo de tales coyunturas y formaciones sociales nacionales, hemos visto los regímenes dictactoriales, cuna del paramilitarismo en El Salvador, Guatemala y Colombia, en éste último donde actualmente no existe la libertad política y la oposición es aniquilada físicamente, situación que obliga a los revolucionarios a disponer de tal método de lucha que sin llegar a ser un fin en sí mismo (guerrillerismo-foquismo) (53), puede pasar a ser durante la etapa de lucha contra las dictaduras el método de lucha principal de las masas, y no por ello el único. Si en la revolución cubana se demostró lo dicho por el Che, que el terreno para la lucha guerrillera es el campo, que las fuerzas populares pueden ganar la guerra, y que un foco insurreccional puede crear condiciones objetivas que desencadenen el proceso revolucionario (lucha de masas contra el régimen político), sería un error hacer extensivo éste método a todos los países, todas las coyunturas y todas las zonas del denominado “tercer mundo”.

También debemos aclarar que toda lucha guerrillera contra el imperialismo siempre se ha dotado de una dirección política revolucionaria (partido, frente de liberación, etc.) donde el ejército popular es un componente más en la lucha por la revolución sea anticolonial, antiimperialista o socialista. Ya que el método de lucha guerrillera ha conocido las más variadas y diversas aplicaciones históricas contemporáneas, la resistencia y el maquis contra el nazismo y el franquismo en Francia y España, la guerrilla partisana soviética, italiana y yugoslava contra el imperialismo nazi, la guerrilla comunista china contra el imperialismo japonés, la guerrilla vietnamita contra los imperialismos francés y yanqui, las guerrillas de Cuba, Argelia, Angola, Mozambique, Nicaragua, etc., en los procesos de liberación nacional, entablados con el enemigo imperialista como una guerra nacional revolucionaria donde el método guerrillero se supedita a otros métodos insurrecionales y políticos superiores: formación del ejército popular y dirección política de la liberación revolucionaria.

Si bien los teóricos encuadrados en la escuela tercermundista han aportado en positivo una visión no eurocentrista de las luchas de clase, por otra parte caen en el extremo de la postura social-imperialista (de la cual tales teóricos siempre se desvinculan), al situar en el análisis la contradicción principal centro/periferia ignorando la primacía de la contradicción del modo de producción capitalista. Dicha posición niega la vitalidad de la lucha de clases en los países del centro imperialista (Europa, Norteamérica y Japón), confundiendo la categoría de aristocracia obrera, con TODA LA CLASE OBRERA, cuando de hecho Engels y Lenin siempre circunscribieron dicha categoría producto a una parte minoritaria del proletariado. Y que esta es fruto de la política natural de la burguesía de dividir y fragmentar al proletariado, para enfrentarlo entre sí y contra las naciones oprimidas.

Llegados a tal conclusión tercermundista se asume la imposibilidad del partido revolucionario en dichos países para acrecentar la conciencia de clase. Según esta tesis, la clase obrera metropolitana ha pasado a la pelea por el reparto del botín imperialista. En síntesis, la corriente tercermundista coloca en el mismo bando tanto la burguesía como el proletariado entero en una especie de frente unido contra los proletarios y burguesías de los países pobres. Razones del esquema: reducción de la combatividad obrera acelerada por las organizaciones políticas y sindicales reformistas, y un desproporcionado nivel de vida del proletariado más alto que en los países pobres. En el fondo tal análisis rima con las posiciones socialdemócratas que niegan las transformaciones revolucionarias en el corazón del capitalismo, donde el centro imperialista se supone que existe una sociedad sin apenas relaciones de clase antagónicas.

Los cambios habidos en el capitalismo después de la IIª Guerra Mundial, han servido de excusa para que sectores de la socialdemocracia para llegar a conclusiones de que los cambios en la composición de la clase obrera la han llevado a dejar de ser un sujeto revolucionario. Conclusiones que coinciden en el fondo con análisis de la denominada nueva izquierda surgida a raíz del mayo francés,  el tercermundismo y la nueva izquierda del S.XXI, de que los sepultureros del capitalismo si bien surgen de sus entrañas, estos ya no son la clase obrera, sino las minorías nacionales, raciales, los jóvenes y estudiantes radicales, los desclasados, el lumpen, los campesinos, la nueva clase obrera, las multitudes, el precariado, el lumpenproletariado, los verdes, los informáticos, etc., abandonando todo análisis marxista-leninista sobre la producción, su control, y sobre el proletariado en su realidad objetiva de clase explotada y su capacidad subjetiva, su papel en la actualidad, estudiando los cambios que se han producido, pero remarcando los cambios que nunca se han producido ni producirán bajo el capitalismo: el papel clave del proceso productivo, en la economía y el trabajo vivo como fuente creadora de plusvalía, como raíces objetivas que confieren al proletariado su papel de fuerza dirigente y principal en la tarea del derrocamiento del capitalismo y de dirección de la producción.

Ni los estudiantes, ni los sectores marginales desligados de la clase obrera pueden paralizar el proceso productivo, ni pueden erigirse en fuerza social capaz de dirigir la producción hacia el comunismo, únicamente pueden apoyar al proletariado en su lucha revolucionaria, pero nunca, nunca, podrán suplantarla.

Eso incluye a los países coloniales o recolonizados de la periferia capitalista. Todo proceso revolucionario de liberación nacional que aboge por la implantación del socialismo, debe de plantearse como objetivo principal el disponer de una clase obrera como sujeto revolucionario y eje central en la dirección y construcción del socialismo. La tesis que Bujarin defendió durante su informe al VIº Congreso de la Internacional Comunista en la que sostenía que en los países desarrollados la dirección política era proletaria, mientras que en los países coloniales los campesinos eran la fuerza decisiva a razón de estar subordinados al proletariado mundial, significaba en extremo caer en el mismo pozo de las tesis tercermundistas desde otro ángulo izquierdista con la negación del papel dirigente que debe de jugar la clase obrera nacional en la periferia en todo proceso revolucionario socialista, incluso por muy minoritaria que esta fuese desde el punto de vista cuantitativo.

Nada tiene que ver con el marxismo-leninismo la tesis más actualizada que vuelve a colocar la contradicción principal a nivel mundial entre el imperialismo y las naciones oprimidas, tal y como sitúa el presidente del Partido Comunista de Filipinas Armando Liwanag. En este esquema, siguiendo la lógica del tercermundismo, desaparece como contradicción principal la que enfrenta al proletariado con la burguesía a nivel mundial y en cada país. Lenin por el contrario, nos enseñaba la necesidad de conocer los rasgos fundamentales de la época como base para poder considerar las particularidades de cada país, y nuestra época a pesar del retroceso, es la del imperialismo y la revolución socialista como rasgo y tendencia histórica fundamental, hecho que coloca al proletariado como eje central del cambio hacia el socialismo, como clase dirigente de la revolución antiimperialista, democrática o socialista.

No puede plantearse el proceso revolucionario mundial de forma metafísica, éste es un proceso revolucionario atravesado por diferentes contradicciones que se sobredeterminan unas a otras, de las que como novedad destacan las luchas interimperialistas por el reparto del mundo entre grupos financieros y Estados, teniendo como eje central la contradicción principal y determinante entre el proletariado y la burguesía en los países del capitalismo más desarrollado, a la que se le añaden las contradicciones entre los movimientos de liberación nacional y democráticos en las naciones oprimidas y las naciones imperialistas opresoras, entre la democracia burguesa y la reacción, entre la guerra imperialista y la paz, etc. ¡Ese es el análisis marxista-leninista de las contradicciones!, en el que no caben conceptos “modernos” de unipolaridad o multiporalidad, porque una cosa es aprovechar las contradicciones interimperialistas a favor de la paz y la democracia o que se establezcan alianzas para combatir a un mismo enemigo en una coyuntura concreta (por ejemplo en la guerra de EE.UU. y Gran Bretaña contra Irak o la alianza antifascista de la URSS con EE.UU., Francia e Inglaterra), y otra que identifiquemos como contradicción principal la habida entre el imperialismo yanqui con el resto del mundo, ya que en el plano internacional toda la clase obrera del mundo (naciones oprimidas incluidas) no se topan solamente con el imperialismo yanqui, sino también con otros Estados imperialistas, como enemigos incorregibles de la revolución.

Pero volviendo al tercermundismo. Es una realidad material que los proletarios de los países capitalistas tienen un nivel de vida más elevado que en los países pobres provocado por el desarrollo mayor de las fuerzas productivas, pero ello ni los hace cómplices del imperialismo, ni tan siquiera quiere decir que estén menos explotados que los obreros de la periferia. Los teóricos del tercermundismo confunden el término explotación con el de opresión, confunden el nivel de vida con el desarrollo de la sociedad en el marco de las relaciones sociales establecidas, ¿acaso debemos de considerar que en las comunidades primitivas todavía existentes, donde no existen relaciones de explotación, al disponer de un nivel de vida mas bajo, estén mas “explotadas” que los proletarios del “primer mundo”?, pelegrina conclusión, tan pelegrina como considerar que porque a principios del S. XX, el nivel de vida y salarios de los obreros de la industria elaboradora fuesen más altos, eran colaboradores en la explotación de los obreros de la industria extractiva. Algo está sucediendo hoy cuando sectores de la “nueva izquierda” dividen a la clase obrera entre precariado (contratos temporales y salarios bajos) y clase media. No se puede confundir los elementos subjetivos e ideológicos que condicionan la aparición de la aristocracia obrera, con el elemento objetivo de la explotación asalariada, por ello no se debe ignorar que Marx consideraba que las necesidades que tienen su fuente en el grado de desarrollo de las fuerzas productivas de la sociedad las cuales son históricamente relativas (54). Además la fuente principal de la acumulación a escala mundial se encuentra donde la productividad es más elevada, donde las fuerzas productivas están más desarrolladas, en los países capitalistas centrales y no en la periferia. Siguen siendo los países capitalistas de la triada los lugares donde la tasa de plusvalía es la más elevada del mundo.

En los Grundrisse Marx descubre que la explotación asalariada es verificable, y que ésta no debe medirse únicamente como tasa de explotación buscando la proporción entre los ingresos de la clase obrera y los beneficios de los capitalistas en la Renta Nacional. Para Marx el empobrecimiento relativo del proletariado debe medirse en relación a la riqueza social que ellos mismos crean sujetos a la acumulación del capital, ya que todo aumento de las fuerzas productivas (ciencia, inventos, división técnica del trabajo, medios de comunicación y de producción, formación y experiencia de la fuerza de trabajo, etc.) se emplean en enriquecer y aumentar el dominio que el capital ejerce sobre el proletariado, para reducir el tiempo de trabajo necesario (aunque ello suponga una reducción considerable del valor real de la fuerza de trabajo) y aumentar el tiempo de plustrabajo en beneficio del capital. Incluso la contradicción existente entre la producción y la realización de la plusvalía en la esfera de la circulación del capital, el propio proceso de acumulación no derrocha en la utilización de medios publicitarios para fomentar y conformar de forma artificial el estilo de consumo de la sociedad, aunque éste no coincida con la satisfacción de las necesidades sociales básicas, presionando de esta manera el salario a la baja.

Es Marx quien nos insinúa la existencia de una tendencia decreciente del salario en relación a la riqueza social en la que habría que englobar no sólo la plusvalía, sino el capital constante y el poder político como elementos de riqueza social creados por el proletariado, de los que el capital se sirve para endurecer su dominio y garantizar el proceso de acumulación creciente de la plusvalía, y para frenar la tendencia decreciente de las ganancias y solventar la crisis de acumulación de capital, tendencia de la que a estas alturas del S.XXI los capitalistas son más conocedores que algunos “marxistas” de escaparate.

Por otra parte, por mucho que crezcan los salarios nominales, el aumento de la explotación de la clase obrera, tiende a reducir el valor real de la fuerza de trabajo, dado que las necesidades sociales crecen más rápidamente que el poder adquisitivo que está constantemente amenazado por la inflación, las políticas de congelación salarial, la precariedad y el desempleo, lo que profundiza aún más la redistribución de la tarta de la riqueza social a favor del capital, ya que el capital encuentra a través de la superpoblación relativa un margen a su favor para reponer la fuerza de trabajo tendiendo a la baja general de su valor real, y por tanto la acumulación de capital sigue su versión clásica denunciada por Marx, utiliza la superpoblación relativa (paro, precariedad, división de la clase obrera) para atenazar y presionar a la baja el poder salarial y contractual de la clase obrera en su conjunto. Por tanto, las condiciones objetivas de la lucha de clases no sólo no se han suprimido en el centro metropolitano, sino que es cada vez más patente su carácter internacional, dado que la reproducción ampliada del capital  y la tendencia decreciente de la tasa de ganancias provoca una mayor proletarización de las clases sociales en cada vez más paises de la periferia capitalista (Brasil, Corea del Sur, Indonesia, etc.), por la implantación de filiares de Transnacionales que hoy también se dedican al acabado final del producto industrial, donde la contradicción trabajo-capital pasa a ser la contradicción principal en tales países.

Desde una perspectiva mundial de la transición al comunismo es necesario soltar lastre del social-chovinismo sea pro-imperialista o pro-tercermundista. No se trata de lanzar maldiciones contra el proletariado de la metrópoli, o contra el campesinado, o contra los países pobres. No se trata de enfrentar a fuerzas sociales potencialmente revolucionarias entre sí, sino de unirlas (movimiento obrero, campesino y de liberación nacional), de unir a los sujetos revolucionarios en la situación concreta como propusiera Lenin ¡hace ya 1 siglo! (proletariado metropolitano, campesinado, pueblos neocolonizados, etc.), esa debe ser la virtud de todo partido y movimiento revolucionario dignos de tal nombre, donde la clase obrera sea la fuerza dirigente de los procesos revolucionarios, el eje central y la perspectiva de las contradicciones revolucionarias, tal y como lo entendía Dimitrov (55). Debemos de tener claro que las naciones no soberanas no pueden ser emancipadas sin el derrocamiento del capitalismo y que la victoria de la clase obrera no puede ser firme mientras las naciones no soberanas no se emancipen del dominio imperialista. ¡Esa es la base del frente anti-imperialista y revolucionario mundial!.

Sólo de esta manera se puede llegar a entender la necesidad de unir en un torrente nacional, supranacional y mundial a las fuerzas sociales anti-imperialistas, compartir la solidaridad internacional y clasista ante los procesos revolucionarios de carácter nacional se produzcan en el centro o en la periferia de este mundo, para hacerlas avanzar hacia el único camino posible con el objetivo de suprimir las desigualdades y superar las contradicciones mundiales con la sustitución de las relaciones de producción capitalistas por las socialistas. Porque queramos o no el proceso revolucionario aunque no sea simultáneo, sí tiene un carácter mundial, así lo entendían los fundadores de la IIIª Internacional Comunista, así lo entendían Marx y Engels:

“…el proletariado sólo puede existir en un plano histórico-mundial, lo mismo que el comunismo,  sólo puede llegar a cobrar realidad como existencia histórico-universal. “(56)

ya que los componentes sociales mayoritarios de la pequeña burguesía, fundamentalmente el campesinado en las sociedades periféricas, aportan un aspecto democrático del proceso revolucionario nacional, pero nunca aportarán un modo de producción nuevo sin la liberación, ayuda y dirección del proletariado de cada nación del centro y la periferia como clase revolucionaria del modo de producción capitalista.

Las luchas de liberación nacional y social de la periferia acompaña a la lucha internacional del proletariado por la superación del capitalismo y no al revés. El fin es el comunismo, el movimiento no es el fin.

1.4.1 Conclusión. La clase obrera, la fuerza social dirigente de la revolución socialista 

      La tarea de mantener la extracción de plusvalía y su conversión en valor de cambio se encuentra cada vez más limitada, a medida que el capitalismo avanza en sus etapas de desarrollo, la tendencia decreciente de las ganancias que generan las crisis de acumulación es la base material más importante para la revolución, y precisamente en aquellas formaciones sociales como Norteamérica, Japón y Europa Occidental donde prácticamente se han desarrollado todas las fuerzas productivas que en ellas caben, la revolución socialista aunque no inevitable, sí es objetivamente posible. Lo que señala la enorme responsabilidad que el movimiento obrero y comunista tenemos en tales países tanto en el pasado por el fracaso revolucionario, como en adelante ante futuras situaciones revolucionarias, porque una de las condiciones que ya se barajaban cuando existía la URSS y otros países socialistas, para acceder a la fase superior de la sociedad comunista (la extinción del Estado y la supresión del ejército permanente), serán posibles cuando a nivel internacional se haya abierto un periodo de transición al socialismo en las naciones imperialistas, donde el capitalismo está más desarrollado y es más agresivo. La clase obrera objetivamente en tales países es la fuerza social revolucionaria, no existe otra. No debemos esconder lo que Marx señalaba en los Grundrisse por encima del horizonte capitalista, que en las formaciones sociales más avanzadas existen las bases que tienden a reducir el tiempo de trabajo necesario para la creación de la riqueza social, existen las bases materiales para la superar la separación entre ciencia y trabajo, y que la clase obrera no deviene en fuerza social automática a través de una depauperación absoluta y relativa de su situación, sino a través su conversión en una fuerza social revolucionaria por medio de la acción consciente. Es decir, cuando el modo de producción capitalista es superado por el convencimiento y la práctica del movimiento obrero.

1.5 Coyuntura internacional de la lucha de clases 

      Han sido las transformaciones mundiales de la década de los 80 y 90 del siglo pasado las que marcan la situación actual sobre la que partimos como premisa para establecer nuestra estrategia hacia el comunismo.  Por eso es necesario realizar un breve repaso dialéctico e historico de la situación más contemporánea del capitalismo actual.

1.5.1 Aspectos de la época favorables al capitalismo

      En el terreno de la lucha de clases, lo favorable al capitalismo en su fase imperialista, dentro de las 2 últimas décadas, han sido los siguientes elementos.

1.5.1.1 Derrumbe de regímenes de orientación socialista

      La caída contrarrevolucionaria de las experiencias socialistas conocidas en Europa, ha supuesto la eliminación del contrapeso confrontado al imperialismo y del mayor apoyo de los países no alineados.

Restauración inmediata del capitalismo mafioso en las exrepublicas de la URSS, por medio de los dirigentes aupados por la perestroika, Karvchuk en Ucrania, Chukevich en Bielorrusia, Shevardnadze en Georgia, Snegur en Moldavia, Eltsin en Rusia, Landsbergis en Lituania, etc. Involución política y social sin precedentes, con la represión hacia la oposición a la restauración, modelo neoliberal que ha derruido todas las conquistas sociales, negándo el derecho al trabajo, las prestaciones sociales (sanidad y enseñanza gratuitas), congelando la prestación asistencial (pensiones, viviendas a bajo costo, centro turísticos para vacaciones gratuitos) revocando las licencias por maternidad, negando el derecho al aborto y guarderías gratuitas, privatizando el suelo, las viviendas, los servicios estatales públicos, etc.

Rehabilitación de antiguos colaboradores nazis croatas (A. Pavelic y los ustachas), surgimiento de nuevos fascistas como el croata Franjo Tudjman que se reivindicó así mismo como continuador del régimen ustacha de Pavelic resucitando el Partido del Derecho Croata y rescatando del exilio australiano al genocida Dinko Sakic (director del campo de exterminio de Jasenovac donde murieron 700.000 personas), y el bosnio Itzezbegovic (agente de la Gestapo, creador de las SS Hanschar integrada por musulmanes bosnios que exterminaron a judíos y serbios durante la ocupación nazi). Ambos, Tudjman e Itzezbegovic, fueron investidos presidentes de las repúblicas (Croacia y Bosnia). La misma involución ideológica filonazi en otros países del Este (Stephan Bandera en Ucrania, Monseñor Tiso en Eslovaquia, Antonescu en Rumanía, Horthy en Hungría, Letonia, Lituania, etc). Sobre los restos del socialismo, el capitalismo neoliberal ha levantado la superexplotación, el pillaje, la desintegración social, el fascismo y la guerra civil.

1.5.1.2 Triunfo de la estrategia neoliberal

         Al filo de la crisis del 73 el modelo neoliberal hayekiano ha conseguido sentar 4 principios básicos: reducir el gasto público estatal, recortando prestaciones sociales y privatizando empresas públicas; reducir los salarios tanto directos como indirectos intensificando la explotación de la clase obrera, por medio de la flexibilización laboral y el recorte de los derechos sindicales; reforzar la ideología autoritaria e individualista como ariete contra la conciencia clasista, colectiva, y los derechos sociales; la liberalización de las inversiones y movimientos del capital en el exterior. El neoliberalismo se asienta como la forma perfecta del dominio del imperialismo en su desarrollo transnacional.

El cambio al modelo neoliberal se produce para superar la crisis del sistema, y es inaugurado políticamente por Reagan y Tatcher en EE.UU. e Inglaterra, creciendo al calor del genocidio y los escuadrones de la muerte en los Estados clientes de EE.UU del tercer mundo (El Salvador, Guatemala, Colombia…), o contra Estados independientes como la Nicaragua sandinista, la Afganistán democrática, Angola, Mozambique, con asesinatos masivos perpetrados por la contrarrevolución, con el asesinato de centenares de miles de obreros, campesinos dirigentes y cuadros comunistas, sindicalistas y de la izquierda. Por ejemplo, en Colombia los grupos paramilitares han asesinado desde 1.985 a 4.000 cuadros de la Unión Patriótica y el Partido Comunista Colombiano, y desde 1.990 a más de 1.500 sindicalistas.

1.5.1.3 Internacionalización de las fuerzas productivas y las relaciones de producción capitalistas

         Apoyo directo de los Estados imperialistas a las Transnacionales financieras e industriales, con la constitución de grandes monopolios mundiales repartidos entre la trípode imperialista (Norteamérica, UE y Japón).

Según S. Amin (57), se forman 5 tipos de monopolio mundial, el monopolio de las nuevas tecnologías que hipoteca el desarrollo de las fuerzas productivas en la periferia, el monopolio financiero, el monopolio del acceso a los recursos naturales y energéticos, el monopolio de los medios de comunicación de masas y el monopolio de las armas de destrucción masiva. También debe añadirse el monopolio comercial y de transportes que refleja el intercambio desigual centro/periferia y las dificultades de los países de la periferia de dotarse de medios propios y rápidos de información y distribución de las mercancías.

Esta monopolización de la economía mundial que dibuja la actual etapa imperialista, impone una división internacional centro/periferia donde la acumulación de capital es regulada por la planificación de la competitividad, los beneficios, y los flujos del capital especulativo. Se impulsa un desarrollo industrial parcial del capitalismo en una reducida cantidad de países de la periferia, del sudeste asiático (Corea del Sur, Taiwan, Indonesia, Thailandia…) y Latinoamérica (Brasil, México…), más en función de la rentabilidad de las Transnacionales (fuerza de trabajo barata, mercado de trabajo precario y represión sindical), que del desarrollo de un modo de producción capitalista propio de tales formaciónes sociales estatal-nacionales.

1.5.1.4 Resurgimiento a primer plano de las rivalidades inter-imperialistas

         La lucha actual por máximas ganancias, el reparto económico, territorial y de los recuros energéticos y naturales del mundo intensifica las contradicciones y rivalidad entre los Estados imperialistas. La existencia de la URSS y el bloque socialista mitigaba los enfrentamientos entre las burguesías imperialistas, y provisionalmente unificaban sus esfuerzos frente al “enemigo común”. Actualmente se pasa a reemplazar la confrontación de bloques sistémicos, por la pugna sobre el control de las materias primas y energéticas, ya que la acumulación del capital en la trípode imperialista obtiene parte de sus beneficios con el intercambio desigual de tales recursos manteniendo los precios a bajo coste. Tal rivalidad imperialista se globaliza: rivalidad en Ruanda y Zaire entre los imperialismos francés y EE.UU por el control de los recursos minerales, rivalidad entre el imperialismo alemán y el de EE.UU. por la hegemonía en la desmembración de Yugoslavia, rivalidad por el control de la ruta del petróleo y gas del Caucaso y Oriente Medio, entre los bloques imperialistas anglonorteamericano y franco-ruso-alemán, la creciente tensión EE.UU-Rusia ante el despliegue del escudo anti-misiles yanqui (DAM), las tensiones entre EE.UU, Canadá, Noruega, Dinamarca y Rusia por las reservas energéticas y de minerales en el Polo Ártico, etc.

1.5.1.5 Reactivación del complejo militar industrial

         Investigación y creación de armas de destrucción masiva (bacteriológicas, guerra de las galaxias, etc.). La cantidad de armas nucleares sigue siendo importante y las guerras locales se multiplican con más de 100 focos en el mundo. Se combinan modernas armas de largo alcance con la informática, la revolución tecnológica en las fueras militares espaciales permite la destrucción de cualquier blanco mediante armas teledirigidas, los tanques y la artillería sin  defensa aérea pasan a un segundo plano ante los equipos electrónicos que los localizan y destruyen con suma rapidez, la guerra imperialista con medios más sofisticados supera la guerra convenional, sólo la estrategia militar de la guerra de todo el pueblo puede hacer frente a una invasión imperialista.

1.5.1.6 Monopolización creciente de los medios para prevenir enfermedades masivas

Falta de información y monopolio de patentes sobre alternativas energéticas no contaminantes, y patentes farmacéuticas que permiten la erradicación de enfermedades como el SIDA. La industria farmacéutica, mediante las patentes y los precios desorbitados bloquea el acceso a las medicinas a millones de seres humanos que mueren de enfermedades curables. Por falta de medicamentos antirretrovirales, 3 millones de africanos mueren todos los años de SIDA. Menos del 2,5% de los seropositivos por VIH reciben tratamiento en los países menos desarrollados.

La progresión económica de las transnacionales farmacéuticas a costa de la privatización de la investigación, prevención y tratamiento de enfermedades es una muestra clara de que el capitalismo niega el derecho a la salud a la mayoría de las poblaciones tanto de los países más desarrollados como los países con menos desarrollo.

El poder político y económico de las transnacionales farmacéuticas yanquis se impulsó geométricamente bajo el paraguas del neoliberalismo. El gobierno de Reagan aprobó la ley de patentes (Hatch-Waxman) en 1984, ley que se extendió a nivel internacional tras la creación de la OMC en 1994.

Las transnacionales farmacéuticas no sólo prohíben la producción de genéricos en los países pobres e incluso se niegan a comercializar los medicamentos que no les aporta beneficios, utilizan su riqueza y poder para defender sus tasas de ganancia a costar de la vida y la salud de las poblaciones. Para ello reduce a la mínima expresión la investigación de enfermedades que afectan a las poblaciones con menos ingresos al no resultar rentables, concentrándose sobre los sectores sociales con un alto poder adquisitivo aunque no se trate de enfermedades, como por ejemplo la proliferación de medicamentos antienvejecimiento, cirugía estética, impotencia, obesidad, insomnio, etc.

Las transnacionales venden medicamentos en los países dependientes a precios superiores a la media mundial. La tretraciclina, vitamina C, penicilina semisintética, etc., cuesta entre el doble y 9 veces más en los países dependientes que en la metrópoli. Las transnacionales deciden la fabricación o no de medicamentos necesarios. Rhone –Poulenc en la década de los 80 decidió cesar la venta de oltipris, medicamento destinado a curar citrosis parasitaria que afecta a 300 millones de personas en los países en desarrollo, tras un estudio sobre el mercado en el cual se reflejaba que pocos países africanos y sudamericanos, donde más difundida está la enfermedad, eran capaces de atender la demanda, y que su producción no sería rentable. En 1981 las transnacionales farmacéuticas de EE.UU. ya ocupaban el segundo lugar tras los monopolios del petróleo en cuanto al margen de ganancias.

Las enfermedades que afectan mayoritariamente a las poblaciones más pobres casi no se investigan y no tienen opciones terapéuticas posibles, a pesar de que afecten de forma grave o mortal a millones de seres humanos y sean potencialmente curables. Las enfermedades tropicales son otras olvidadas: la malaria, tuberculosis, úlcera de Buruli, lepra, la infección del Chagas que afecta a millones de latinoamericanos, la filariasis, etc., enfermedades que afectan casi exclusivamente a los sectores más pobres de la población mundial.

Sólo el 10% de la investigación sanitaria mundial está dedicada a enfermedades que afectan al 90% de los enfermos del mundo. Esta división de carácter imperialista trata de optar por prolongar la duración y calidad de vida de las poblaciones del centro y acortar la esperanza de vida de los países menos desarrollados, lo que equivale a condenar al 90% de la población mundial carente de medicamentos para seguir viviendo, para que así los precios sigan siendo elevados para el 10% del resto de la población mundial. La obligatoriedad impuesta a los países menos desarrollados de aceptar las abusivas patentes de los antirretrovirales a costa de la vida de sus poblaciones es un claro ejemplo. Los tratados internacionales de la OMC sobre la protección de las patentes impiden el derecho humano a disponer de medicamentos que pueden salvar la vida.

La privatización de la industria farmacéutica provoca que las investigaciones se orienten en torno a la capacidad adquisitiva de las poblaciones dándole un carácter clasista y nada humanitario, privatizando las ganancias y socializando los costes de la investigación y patentes. Ya que aunque la industria farmacéutica sea privada el dinero que financian las investigaciones no es sólo privado, más del 80% de la financiación es pública. Pagamos dos veces, para la investigación y para adquirir el medicamento. En 1995 de los 5 medicamentos más vendidos sólo 1 había sido financiado por la industria farmacéutica, de los estudios que se desarrollaron para llegar a esos 5 medicamentos sólo el 15% fueron financiados por la industria farmacéutica. Entre 1992 y 1997 de los 50 medicamentos más vendidos 45 habían recibido financiación pública. Todas las instituciones públicas y privadas colaboran para que la producción de medicamentos se oriente a la ganancia menospreciando el sufrimiento de los enfermos, tanto por el precio de los mismos engordados por las patentes, como por el tratamiento de enfermedades menos graves para la humanidad (impotencia, etc.).

La tasa de ganancias de la industria farmacéutica es de las más elevadas, en el año 2000 fue del 18,6% mientras que la tasa de ganancias de los bancos fue del 15,8%. En el 2002 la suma de las ganancias de las 10 transnacionales farmacéuticas más importantes superó la suma de las ganancias del resto de las 500 compañías más importantes, 35,9 billones de dólares de beneficios ante 33,7 billones de las 490 compañías restantes.

Para contrastar el poder económico de estas transnacionales destacamos la mayor compañía Pfizer, su tasa de ganancias alcanzó el 22% en el 2004 y sus ventas representaban 53 billones de dólares, el 38,4% equivalente a los ingresos recibidos por el Estado español en impuestos en el mismo año. Pero además, la carga impositiva de la industria farmacéutica es 11,1 puntos inferior a la media de la industria (27,3%).

En los EE.UU. en el 2002 existían 675 lobbistas trabajando en Washington para promocinar los intereses de las compañías farmacéuticas entre los parlamentarios proponiendo leyes favorables a la industria farmacéutica. Dicho número superaba a cualquier otro grupo de presión y es superior al número de parlamentarios del Congreso de EE.UU.

El desarrollo desigual en la fase imperialista del capitalismo también se hace notar en esta industria en cuanto a la adquisición de patentes, el 60% de las patentes de medicamentos son de EE.UU. y el 20% de la UE. Los monopolios amplían las patentes diseñando medicamentos inútiles para sustituir medicamentos (cuya patente está a punto de caducar) como si fueran nuevos, cuando en realidad son simples imitaciones de los ya existentes. Estas actuaciones generan además daños irreparables a la salud como muertes o enfermedades graves e irreversibles. Del 2000 al 2004 en EE.UU se aprobaron 314 medicamentos “nuevos”, sólo 32 eran realmente nuevos. En el 2004 un medicamento de este tipo, un antiinflamatorio, Vioxx, se tuvo que retirar del mercado porque sus efectos secundarios provocaban ataques al corazón y embolias, pudiendo haber sido responsable de más de 27.000 muertes entre 1998 y 2003 (58) En Francia 1,3 millones de personas al año son hospitalizadas en el sector público por efectos secundarios de un medicamento de los cuales 18.000 mueren(59).

En 1994 la OMC impuso la obligatoriedad de las patentes cuando en ese momento la mayoría de los países ni siquiera reconocían que se pudieran patentar medicamentos por que no se consideraban productos comerciales sino de primera necesidad a los que debía de facilitar su adquisición a todos los enfermos independientemente de su capacidad adquisitiva. Por medio de la OMC con la imposición del sistema de patentes se alargó el tiempo de patentes farmacéuticas hasta 20 años. Fiel a su papel protector de los intereses de la oligarquía financiera el gobierno de los EE.UU. amenaza a otros países con sanciones económicas si no respetan las patentes. El gobierno de Suráfrica cuando se percató que la ley de patente privaría a la mayoría de su población de medicamentos por falta de recursos económicos ocasionando una extensión del SIDA, anunció a finales de los 90 que pasaría a producir en laboratorios propios medicamentos antirretrovirales genéricos. Las transnacionales farmacéuticas yanquis presionaron a su gobierno y la administración Clinton pasó a amenazar a Suráfrica con sanciones comerciales. Aquí se demuestra que las leyes de monopolio santifican la ley de la selva, la ley del más fuerte.

La Declaración de Doha (OMC 14-11-2001) modificó la cuestión de las patentes a favor de la sanidad apoyando a los gobiernos de los países en desarrollo en su papel protector de la salud de sus poblaciones (industria de medicamentos genéricos) saltándose las barreras impuestas por el sistema de patentes para permitir la producción de fármacos asequibles (60)

1.5.1.7 Resurgimiento del racismo y la xenofobia

         Arma imprescindible del sistema para la división de la clase obrera, aprovechando la oleada de inmigración hacia los países de capitalismo avanzado, procedentes de zonas condenadas al subdesarrollo por el intercambio desigual.  Frente a la inmigración de poblaciones de los países menos desarrollados hacia los países más desarrollados, se levantan muros para impedir el tránsito de las personas, mientras se exige a los países pobres que se eliminen barreras arancelarias para el libre tránsito de los capitales y mercancías de los estados imperialistas. Refuerzo de los controles policiales y negación de los derechos de ciudadanía y trabajo legal para procurarse la sobre-explotación de los trabajadores inmigrados en los países capitalistas receptores de la inmigración.

1.5.1.8 Profundización en la fractura de la clase obrera

         Fuertes contra-reformas laborales, y desregulación del mercado de trabajo, aprovechando el capital la explotación intensiva del proletariado, sobreexplotando a los sectores más desprotegidos y afectados por la precariedad: mujeres, jóvenes e inmigrantes. Aparece una nueva teorización anti-clase en la “nueva izquierda” europea: ¡¡¡el precariado!!!, rescatando el viejo planteamiento anarquista acerca del “papel revolucionario” del lumpen-proletariado, los desclasados, etc.

1.5.1.9 Hegemonía del centrismo político y de la ideología del pensamiento único

         Diseñado por el modelo neoliberal, se santifica el dominio del mercado capitalista y la reducción de los Estados de bienestar, al que abrazan la mayoría de las direcciones de los partidos socialdemócratas y algunos partidos comunistas reconvertidos (Italia, Polonia, Rumania, etc.), destacando a la tercera vía como justificación ideológica del nuevo modelo de Estado capitalista neoliberal (61).

Los valores de la socialdemocracia promovidos para la defensa del Estado benefactor (equidad, justicia social, igualdad de oportunidades, solidaridad…) son sustituidos en la tercera vía por la racionalidad capitalista en su proceso de acumulación mundializado (economía de mercado, competitiva, dinámica, flexible, promotora de la iniciativa privada…). En la práctica, gobiernos terceristas como Blair y Schroeder han implantado la restricción de la intervención estatal en su papel benefactor, la implantación de reformas regresivas en materia fiscal, seguridad social y servicios públicos, recorte del gasto público social, reducción de la capacidad de planificación económica del Estado, predominio de la iniciativa privada y privatización de la economía en aras de la internacionalización del capital y el mercado global, y por último, cambio del centro de atención de la política estatal y de protagonismo social de la clase “trabajadora” hacia la “clase media”. Los terceristas de hoy son los reformistas constructores de utopías neoliberales que terminan colaborando en guerras de saqueo imperialistas y órdenes de expulsión contra inmigrantes. Son los reconvertidos de occidente y los de la “revolución de terciopelo“ del Este (Walesa, Havel, Yeltsin) gestionando la restauración en sus países en  zonas de saqueo y apropiaciones a saldo para el capital, con millones de desempleados desclasados como ciudadanos del “libre” mercado.

1.5.1.10 Criminalización del pensamiento comunista

         Difusión masiva en los medios privados y públicos (escuela, universidad) del antisovietismo y anticomunismo. Ilegalización de los partidos comunistas en varios países de la Europa del Este (Letonia, Lituania y otros países de la antigua URSS), aprobación en el Consejo de la UE de una resolución presentada por el PPE con el título “condena internacional de los crímenes del comunismo a nivel internacional”, que busca criminalizar la idea comunista, denigrar la lucha antifascista dirigida por los comunistas en Europa equiparando nazismo y comunismo, y promulgar la ilegalización de los partidos comunistas en toda la UE, siguiendo el ejemplo de Turquía donde el PC turco es ilegal.

Ello se suma a antecedentes de la guerra fría que todavía perduran, como por ej., en la Alemania “reunificada” la ley de profesiones de 1.972 que prohibe a comunistas trabajar en la administración, sigue vigente.

En Chequia donde los comunistas (KSCM) son la 2ª fuerza política, el Estado checo ha declarado ilegal a la juventud comunista KSM en Octubre 2.006. Recientemente en Hungría el PCOH (Partido Comunista de los Obreros Hungaros) ha sido declarado ilegal (noviembre 2.007). El crecimiento electoral y social de los PCs en varios países europeos y la “nostalgia” del socialismo es la causa de la ofensiva anticomunista encabezada por la derecha en el siglo XXI, contra quienes hicieron posible la derrota del nazifascismo, la constitución de las democracias europeas en occidente y las democracias populares, tras décadas de dictaduras fascistas europeas (Alemania de Hitler, Hungría de Horthy, Rumanía de Antonescu, dictaduras fascistas en Letonia, Estonia y Lituania, dictadura de los coroneles en Polonia, Francia de Pétain, Croacia del filonazi Pavelic, la Italia de Mussolini, la España de Franco, la Austria y Checoslovaquia anexionadas por la Alemania nazi, etc.).

Ideológicamente, son los PCs que no han renunciado a la estrategia revolucionaria y socialista los que amplian su base electoral mientras los que han roto con su pasado retroceden, dándose un mayor avance electoral en Europa Oriental (62). No olvidemos que en la postguerra de la IIª Guerra Mundial el comunismo resultaba muy difícil de combatir para la ideología dominante, sobre todo porque el fascismo era un producto del capitalismo, y es esa hegemonía cultural antifascista la que comenzaron por combatir de frente los Reagan, Tatcher, Kohl y Mitterrand en 1.984 en el cementerio militar de la wehrmacht de Bitbutr, y la que hoy defienden los neoliberales banalizando el nazifascismo al criminalizar al comunismo y el antifascismo.

1.5.1.11 Agudización del carácter agresivo del imperialismo y regresión ideológica

         Utilización las guerras como una de las recetas anti-crisis más eficaces para el dominio político y militar, el control del flujo energético y la recuperación de la tasa de ganancias. Intervenciones militares en Granada, Panamá, Haití, Somalia. Guerras en Irak con un millón de irakís muertos (2.003-07) a causa de la última guerra y ocupación, ciudades enteras arrasadas, 4 millones de personas desplazadas de sus hogares, etc. Apoyo a regímenes títeres y autócratas (Kuwait, Afganistán, Qatar, Arabia Saudí).

En la guerra de Yugoslavia el imperialismo potencia y financia la desmembración desde Alemania y EE.UU, apoyando a los paramilitares ustacha croatas (armas y dinero al lider nacionalista de derechas Franco Tudjman desde 1.979) y los chetknis serbios, armando a grupos integristas islámicos en Bosnia y al UCK (mercenarios de Kosovo mayoritariamente procedentes de Alemania (63), provocando el éxodo de centenares de miles de yugoslavos -servios, bosnios y kosovares- y miles de muertos bajo las bombas de la OTAN. Y todo porque Yugoslavia pretendía disponer de sus recursos naturales, se resistía a las Transnacionales y rechazaba la integración en la OTAN. El resultado final de esta intervención ha sido la instalación de bases militares de la OTAN en Bosnia, la conversión de Kosovo en una colonia y el control de los Balcanes como zona estratégica para el paso de los recursos energéticos de Asia central hacia Europa. Según Michel Collon (64) el conflicto yugoslavo tuvo como objetivo el control de oleoductos y gaseoductos para el suministro del petróleo y gas de Oriente Medio a la UE.

La intervención económica sobre Yugoslavia también antecedió a la militar. El Banco Mundial y el FMI impusieron a la República Federal de Yugoslavia condiciones neoliberales, reventaron el sistema bancario nacional, expulsando al paro a medio millón de trabajadores en sólo 1 año, y reclamando la eliminación del 66% de los empleos existentes. Las huelgas se sucedieron, apareció el nacionalismo como colofón para que lideres nacionalistas pagados por el imperialismo echaran las culpas de unos a otros (croatas, serbios, bosnios), en un país donde las grandes ciudades (Belgrado, Zagreb, Sarajevo) las diferentes nacionalidades y culturas estaban totalmente mezcladas. Desplazamientos masivos, manipulación mediática (falsos discuros racistas de Milosevic contra Albania), supuestos ataques de Serbia hacia Croacia y Bosnia (mercado de Sarajevo), intervención otánica, etc.

La intervención ideológica sobre Yugoslavia jugó un papel importante en la desmembración. La propaganda imperialista se encargó de extender las acusaciones de limpieza étnica atribuídas a los serbios, una campaña de intoxicación informativa encomendada por el gobierno de EE.UU. a la empresa de relaciones Ruder –Finn, difundiendo rumores, relatos de atrocidades y crímenes de guerra sin verificar con el objetivo de demonizar a los serbios. Sobre la masacre de musulmanes en Srebenica por fuerzas serbobosnias, los archivos de la ONU han sido clasificados como secretos para 50 años por decisión de 3 de los 5 miembros del consejo de seguridad (EE.UU., Francia y Reino Unido), los investigadores del TPI no encontraron los 7500 cuerpos de la masacre. El montaje de la masacre de Racak en Kosovo, fue patrocinado por William Walker (jefe de los observadores de la OSCE y agente de la CÍA que formó a los escuadrones de la muerte en El Salvador) fue el primer paso hacia la intervención militar otánica en Serbia. Luego vino la farsa de los acuerdos de Rambouillet en los que se quería imponer la utilización por la OTAN en Serbia, Montenegro y Kosovo del espacio aéreo, marítimo y terrestre, con total inmunidad como fuerza de ocupación, algo parecido a un tratado de rendición tras una guerra, que EE.UU. presentó como ultimátum. Lejos de buscar una solución al conflicto se preparaba el camino para la guerra. Sin mandato de la ONU y sin declaración de guerra, la OTAN interviene militarmente mediante una campaña brutal de bombardeos sobre Yugoslavia, destruyendo su economía e infraestructuras para doblegar a la población e imponer un gobierno títere similar a las otras exrepúblicas yugoslavas. Soldados de países de la OTAN (Reino Unido, Francia y EE.UU.) entrenaban al UCK.

En la secreta Operación Raíces que se filtró a la prensa alemana se describe cómo la CIA habría promovido la desestabilización de Yugoslavia a base de sembrar el odio interétnico. Entre sus objetivos tenía la separación de Kosovo (que abastece de electricidad al resto de Serbia), la separación de Montenegro como último medio de acceso al mar, y la separación de la Voivodina, que produce la mayoría de los alimentos, llevando al colapso total de Yugoslavia como un Estado independiente viable. Incluso se menciona que el UCK fue fundado por la CIA y financiado por el dinero del tráfico de heroína. Así la represión de la policía yugoslava contra el separatismo armado albano-kosovar pudo ser usado como pretexto para la intervención otánica (65).

Desde las contrarrevoluciones en la Europa del Este, seguidas por la guerra en Yugoslavia, las bases y tropas de la OTAN se han implantado en Polonia, Chequia, Hungría, Rumanía, Bulgaria, Eslovenia, Bosnia, Macedonia, Kosovo y Albania. Todo un alud contrarrevolucionario para la paz.

Con la desaparición del bloque socialista el imperialismo prepara las guerras bajo el “paradigma” de “lucha entre civilizaciones y religiones”, en vez de la lucha de clases, donde predomina la manipulación política de lo religioso para encubrir políticas imperialistas, pasando a primer rango el fundamentalismo ya sea islámico, sionista o cristiano como estandartes rescatados del Antiguo Régimen para las nuevas “cruzadas” por el reparto del mundo y la lucha contra la independencia de los pueblos. No olvidemos que la “guerra de las civilizaciones” fue un término nazi inventado para justificar la guerra contra el bolchevismo y el genocidio de los pueblos.

Estos pretextos para la guerra son una versión actualizada de las viejas potencias coloniales, el socorro de los pueblos sojuzgados, las minorías perseguidas por tiranos, etc., con este esquema se autorizó la ocupación de Bosnia, Kosovo e Irak, el mismo engaño que utilizaban los colonialistas ingleses en la India o los nazis en Checoslovaquia.

La nueva estrategia del imperialismo yanqui a raíz del atentado terrorista del 11-S, ha abierto una etapa más cruda de su agresividad y opera con el “paradigma de la lucha entre civilizaciones”. Igual que el nazifacismo de los 30, EE.UU. violó las leyes internacionales e impuso la represión interna.

Anteriormente al atentado del 11-S en 1997 un grupo de intelectuales y políticos ultraconservadores crearon el Proyecto para el Nuevo Siglo Americano (PSNA), cuyos objetivos pasaba por consagrar la hegemonía de EE.UU. en el Siglo XXI, concluyeron que Irak podía ser la clave de sus proyectos, enviaron recomendaciones a Clinton y los líderes de las dos cámaras del Congreso de la necesidad de establecer y reforzar la presencia militar en Oriente Medio utilizando la fuerza militar incluso si fuera necesario para apartar del poder a Sadam Hussein. En 1.999 el PSNA en un documento titulado “Reconstruyendo las defensas americanas” vaticinaban que el cambio estratégico que defendían sólo sería factible cuando se produjera un acontecimiento catastrófico similar a Pearl Harbour. Pues bien, ese acontecimiento ocurrió el 11-S del 2001 cuando el PSNA estaba incrustado en el nuevo gobierno de Bush II (Fuente. Sitio Oficial del Partido Comunista de Uruguay. Sobre el Proyecto Alternativo). El Proyecto Para un Nuevo Siglo Americano, que escribió sobre la necesidad de un evento catastrófico y catalizador como un nuevo Pearl Harbor, tenía miembros en la cúpula del gobierno el 11S, Cheney, Rumsfeld, Perle, Wolfowitz, Feith, Bolton, Armitage, etc., así como el hermano de Bush IIº, Jeb Bush. No olvidemos que la historia de EE.UU. tiene varios ataques de falsa bandera, el hundimiento del Maine que llevó a la guerra contra España, el inicio de la guerra de Vietnam con los falsos ataques a navíos de EE.UU. en Tonkin, la propia red Gladio en Europa que vinculaba a la OTAN, la CÍA, los servicios secretos italianos en una extensa gama de atentados terroristas de extrema derecha para impedir que los partidos comunistas llegaran al poder en Italia y Europa Occidental.

Esta estrategia que fue lanzada con el pretexto de los acontecimientos del 11-S de 2001 ha beneficiado a las tesis más ultraconservadoras, impulsando el gasto militar, y la criminalización de gobiernos o Estados considerados por Washington como “terroristas”. Se ha decretado el inicio de una escalada “guerras preventivas de ocupación”, comenzando por la ocupación de Afganistán y la última guerra de Irak causada por la pugna de los bloques imperialistas anglo-EE.UU y franco-alemán por el control de petróleo y su intercambio, que ha vuelto a destruir la infraestructura del país y masacrado a su población. Varios indicios muestran que los servicios de inteligencia y la Casa Blanca estaban al tanto de lo que ocurriría y lo permitieron (Pavel Blanco) lo que establece una curiosa analogía con el incencio del Reichstag en febrero de 1933, que permitió el acceso de los nazis al poder.

Al final como vemos, la teoría de la “conspiración terrorista internacional” que se basa en la guerra “entre civilizaciones” sirve a los intereses económicos que se benefician de la guerra “global” y el recorte de libertades civiles. Con esta nueva estrategia de guerras preventivas para el imperialismo el enemigo está en todas partes.

La guerra de EE.UU. contra Afganistán como respuesta inmediata al atentado, dentro de la campaña de lucha global contra el terrorismo, no pudo esconder los objetivos que persigue el imperialismo yanqui, entre los que destaca el control del petróleo y el gas de Asia central y sus rutas de exportación, siendo Afganistán un corredor de tránsito estratégico. No olvidemos que Brezinski señalaba abiertamente que el control de Eurasia es clave para la política exterior de EE.UU., su razonamiento reside en que allí se encuentran el 60% de los recursos económicos y naturales. El excanciller pakistaní (Niaz Naïk) admitió que ya a finales de julio del 2001 (antes del 11-S) fue informado por funcionarios yanquis de que existía un plan militar para derrocar al gobierno talibán a más tardar en octubre. Por tanto, el impacto emocional del atentado del 11S fue aprovechado por el gobierno de Bush IIº para justificar otra guerra ilegal, dentro de una campaña estratégica mucho más ambiciosa: doblar la militarización mundial y conquistar Asia Central. Precisamente en el apartado militar hay que destacar que este gasto pasó de 300.000 millones de dólares en el 2000 a 651.000 millones en el 2009, ¡¡¡más del doble en sólo 10 años!!!. Este gasto, ajustando el dólar a la inflación en el 2009, supera lo que fue el punto álgido de la guerra de Corea (1952: 604.000 mill.), la guerra del Vietnam (1968: 513.000 mill.) y el desarrollo militar de los 80 de Reagan (1985: 556.000 mill.) (Sarah Flounders). Bajo el paraguas de la “guerra entre civilizaciones”, el imperialismo ha creado la adicción más grande de la historia al militarismo del que las principales transnacionales yanquis no pueden desprenderse, más del 66% de las armas que se vendieron en el 2008 provenían de las compañías de EE.UU.

Pero además, si nos adentramos en el hecho en sí, el atentado terrorista del 11-S, es curioso que todavía haya una serie de detalles que los organismos oficiales del gobierno de EE.UU. no tienen en cuenta sobre el ataque del 11 de Septiembre del 2001 a las torres gemelas, el WTC y el Pentágono: movimientos bursátiles de las dos compañías aéreas perjudicadas dos días antes de los atentados, no se ha identificado ni investigado las personas que han ganado una fortuna con tales movimientos; el gobierno de EE.UU. tardó 2 años en formar una comisión para investigar lo ocurrido destinando menos dinero que al escándalo Lewinsky; un servicio de mensajería israelí avisó a sus empleados que no fueran a trabajar el 11 de septiembre; los nombres de los 19 terroristas islámicos no estaban en ninguna lista de pasajeros de las compañías aéreas y el FBI no ha retirado aún de la lista de esos presuntos terroristas a los 6 que están vivos y fueron entrevistados meses después por cadenas como la BBC; Al Qaeda fue una creación del gobierno Carter para dar cobertura a los mujaidines en su lucha contra la Afganistán democrática; 15 de los 19 presuntos terroristas eran saudíes, sin embargo EE.UU. no atacó Arabia Saudita sino Afganistán; desde que EE.UU. está en Afganistán la producción del opio ha aumentado; antes del ataque los aviones secuestrados volaron más de media hora sin que fueran interceptados precisamente cuando los protocolos de seguridad indican que cualquier avión que se aparte de su ruta o pierde contacto sea interceptado en 10 minutos e incluso ser derribado; la maniobra del avión contra el Pentágono es tan increíble que es poco probable que lo hiciera incluso un piloto experimentado, el gobierno ha publicado sólo 5 fotogramas en los que no se distingue para nada el Boeing que impactó en el edificio del Pentágono; el Pentágono está protegido por varias baterías de misiles; las torres gemelas y el WTC fueron diseñadas para aguantar todo tipo de adversidades, huracanes, múltiples impactos de aviones, y disponían de un armazón de 47 columnas metálicas inmensas; el 70% de los 40.000 trabajadores de la zona cero han tenido problemas respiratorios y una tercera parte de éstos ha visto reducida su capacidad respiratoria; las autoridades permitieron que la gente saliera a la calle y respirara el aire tóxico y pidieron a bomberos y grupos de rescate que no utilizaran mascarillas para no alarmar a la gente; en el WTC se encontraron restos de acero fundido semanas después de los ataques; más de 100 días después y a pesar de la cantidad de agua vertida sobre los escombros el fuego persistía; investigadores independientes indican que el queroseno no podía fundir el acero de las estructuras ya que este no arde hasta una temperatura de 800º C, y estas temperaturas no se alcanzaron en el impacto de los aviones, y para fundir el acero se necesitan temperaturas por encima de los 2760 ºC; William Rodríguez, conserje del WTC afirmó que hubo explosiones en los sótanos del edificio, bomberos afirmaron haber oído explosiones previas al desplome de los edificios quedando grabados sus testimonios; los edificios que no son demolidos no caen de forma vertical ni en caída libre, las dos torres y el WTC calleron de forma vertical y sincronizada, éste último en caída libre de 6 segundos y sin ser impactado por ningún avión; nunca en la historia un solo edificio de estructura metálica se había derrumbado por causa del fuego y el 11 de septiembre nada menos que tres; Danny Jowenko experto en demoliciones al ver el vídeo del WTC cuando se viene abajo, afirmó que sin duda se trataba de una demolición llevada a cabo por expertos; el gobierno se deshizo del acero fundido al enviarlo a China, deshaciéndose de una de las pruebas esenciales para la investigación; investigadores independientes (Steven Jones, Niels H. Harrit, Daniel Farnsworth…) afirman que se han encontrado sustancias que confirman el uso de un producto químico incendiario y explosivo que funde el acero en el WTC, la nanotermita material energético de alta tecnología; las famosas llamadas desde móviles en el vuelo del 93 no eran posibles en el 2001 puesto que la tecnología no estaba lo suficientemente desarrollada, etc.

Como decíamos arriba, es curioso que se ignoren estos hechos, y sin embargo se utilice el atentado para hacer aparecer al imperialismo yanqui como víctima. Pero esto no es nuevo, ya antaño, el nazismo presentaba el imperialismo alemán no como agresor sino como víctima y el “espacio vital” como algo natural. La Geopolítica racista donde el concepto de “espacio vital” como “unidad orgánica de la raza y los territorios que ocupa” (F.Ratzel), justifica que el desarrollo histórico de la nación alemana expanda su “espacio vital” (Ritter). Algo similar pretenden los estrategas del pentágono y la CÍA al aprovechar el atentado del 11-S para convertir a una potencia imperialista en ¡¡¡víctima!!!, donde el “espacio vital” pasa por “intereses estratégicos de EE.UU”, intereses contantes y sonantes para las Transnacionales yanquis que se saldan con la intensificación de la reacción y las restricciones de las libertades democráticas en nombre de la “seguridad nacional”. Aquí el fundamentalismo religioso evangelista se eleva a rango ideológico de Estado colocando a EE.UU. como nación escogida por Dios donde sus intereses son superiores a las demás naciones y todos los métodos están más que justificados en la defensa de esos intereses. Ello no deja de ser una fotocopia imperialista de la ideología nazifascista y sionista. Ya en la época de la guerra fría en 1.954, Eisenhower, cambió la declaración en de fidelidad a la bandera en los colegios introduciendo la mención a la religión en la siguiente declaración:

“Prometo lealtad a la bandera de los EE.UU. y a la República a la que representa, una sóla nación bajo Dios, indivisible, con libertad y justicia para todos” (66).

En la anterior declaración “bajo Dios” no aparecía, para Eisenhower este cambio significaba una reafirmación de la fe religiosa:

“de este modo reforzamos constantemente nuestras armas espirituales, que siempre serán el recurso más poderoso de nuestro país en la paz y en la guerra” (67).

Era el recurso al fundamentalismo religioso utilizdo en aquel entonces como arma ideológica para la guerra fría.

Esta involución hacia el fundamentalismo religioso se ha agudizado desde el 11-S, pero ya desde la caída del muro de Berlin, es decir al final de la guerra fría, en la sociedad estadounidense se viene produciendo un asalto desde la ultraderecha, en el cine, la radio, la televisión, las universidades, los tribunales, las iglesias y la familia, es decir en los aparatos ideológicos del Estado como hilo conductor para filtrar la ideología fundamentalista. El fundamentalismo religioso une a protestantes y católicos ultras (68) en un objetivo común, explotar la opresión de las masas desesperadas, en números rojos, para fomentar el irracionalismo más extremo. Susan George (69) va más allá y denuncia incluso la voluntad teocrática de dirigentes políticos y religiosos de la clase dominante (protestantes dominionistas y construcionistas), que pretenden volver al pasado inquisitorial, someter el Estado a la religión, promocionar la enseñanza religiosa en las familias y abolir la enseñanza pública, rebajar el papel regulador del Estado (fiel con la ideología neoliberal) y convertirlo en una institución religiosa, y algunos locos como North plantean perseguir el aborto con la pena de muerte e ¡¡¡instaurar la lapidación pública!!!, para mantener la integridad de la familia cristiana, etc. Podríamos tomarnos lo a broma pero el problema es que más del 32% de la población estadounidense piensa que la Biblia es más importante que el gobierno para crear leyes, el 60% cree más en los relatos bíblicos de Génesis (la creación, el diluvio, Moisés…), que en la evolución de las especies de Darwin, que se ha vuelto a convertir en un objetivo de los evangelistas, a través de las teorías bíblicas del Diseño Inteligente.

La literatura religiosa es ampliamente difundida, el escritor evangelista Tim LaHaye ha vendido 190 millones de ejemplares que tratan del Apocalipsis, la destrucción del mundo y la salvación cristiana, su objetivo es abolir la primera enmienda constitucional de EE.UU. (el congreso no podrá hacer una ley que imponga o prohiba la práctica religiosa) país al que plantean que debe ser gobernado por una religión oficial y convertirse en una teocracia. Así los desastres medioambientales, como huracanes, calentamiento global, etc, no son tomados científicamente por tales teócratas bíblicos metidos en política, sino irracionalmente como un ¡¡¡aviso del regreso de Cristo y de que el Apocalipsis está en marcha!!!. Esta teocracia cristiana es igual que el fundamentalismo islámico y sionista, Estado confesional, donde los no creyentes u otras religiones carecen de derechos.

Este fundamentalismo es la punta del iceberg que el imperialismo en general utiliza para distraer la lucha de clases de las masas y pueblos oprimidos, y que además se complementa con su hermano gemelo islámico. Ambos fundamentalismos, musulman y cristiano, buscan disfrazar esa lucha en como si fuera un choque entre civilizaciones, en el que su religión debe ser dominante o sucumbirá ante otras religiones o incluso peor contra el ateísmo.

Fundamentalismos que promueven las tendencias xenófobas y la enemistad entre los pueblos. Al Qaeda y Bin Laden, hay quien se pregunta si realmente han dejado de trabajar para la CÍA. Porque si estaba clara la dimensión yihadista islámica con participación saudí, ¿para qué llevar a cabo una guerra contra un país musulman cuyo Estado era laico, y cuyo presidente era considerado un infiel por los yihadistas?. Excusa: en Irak hay armas de destrucción masiva, ¡¡¡como si en EE.UU., Francia, Pakistán e India no las hubiera!!!. La realidad ha venido a mostrar que en Irak no existen armas de destrucción masiva (ni biológicas, ni químicas, ni nucleares), y que el imperialismo yanqui, tras 12 años de bloqueo económico, habiendo forzado la resolución 1441 de la ONU llevando a cabo una nueva guerra y ocupación militar por ese “motivo”, es el auténtico agresor y propagador del terrorismo fundamentalista, ya que no ha reparado en medios para cometer crímenes de guerra con el bombardeo de la población civil y objetivos no militares, destruyendo la infraestructura (hospitales, escuelas, depuradoras de agua, redes eléctricas, fábricas…), saqueo de hospitales, museos y propiedades públicas, colocando gobiernos títeres que permitan el saqueo de las riquezas del país con la privatización de la industria petrolífera, y la creación de bases militares, para dar firmeza y continuidad a su política de control de su patio trasero en Oriente Medio. Situación que impulsó la resistencia del pueblo irakí a la ocupación, el desgaste de sus colaboradores europeos Blair y Aznar, con la pérdida de las elecciones del PP tras el atentado terrorista del 11 de marzo de 2.004 en Madrid que desveló que la inseguridad y el fundamentalismo (yanqui-sionista e islámico) es mayor tras las guerras de Afganistán e Irak y que por tanto, nada garantiza mejor la reproducción del terrorismo islámico-integrista que el terrorismo de los ricos: las guerras imperialistas. Son terrorismos retroalimentados, que amparándose en la religión se necesitan para subsistir. La carne de cañón: los civiles.

Con la experiencia de Yugoslavia, el 11-S, las últimas guerras de Afganistán e Irak y la ofensiva contra Bolivia en el departamento de Santa Cruz, podemos ver con claridad que el imperialismo yanqui emplea de 2 métodos para un mismo objetivo, el de la intervención directa (Corea, Vietnam, Granada, Irak, etc), y el de las guerras de baja intensidad o balcanización, promocionando guerras civiles. Método que no es nuevo, ya que emana de las prácticas de los imperios coloniales, y que no es patrimonio de un imperialismo, no olvidemos que similar papel han aplicado los imperialismos francés, inglés, surafricano y belga en Africa (Guerra del Biafra, Eritrea, Angola, Ruanda, Congo, etc). Método importado a EE.UU. por el consejero de Seguridad Nacional del gobierno Carter de EE.UU., Zbigniew Brezinski, quien financió a Bin Laden para que sus guerrillas islámicas derribaran al gobierno progresista de Najibullah en Afganistán. Bill Clinton, repetiría la jugada en los Balcanes, y hoy hay asesores políticos imperialistas como Leslie Gelb (70) que criticaban a Bush II por no entender que para ganar en Irak se debe aplicar la misma estrategia dividiendo el país en tres trozos autónomos (sunitas, chiitas y kurdos). Como vemos el problema es del método, pero en nada alteran sus objetivos los bandidos imperialistas del mismo clan, ya que tanto Bush I como Clinton aplicaron durante los 90 una política en la que el pueblo irakí fue blanco de bombardeos y un prolongado bloqueo económico cuyo coste humanitario superó el millón de muertos, víctimas de los bombardeos, el hambre y las enfermedades, de los cuales 300.000 fueron niños menores de 5 años que fallecieron entre 1991-1998, periodo en el que se intercambiaron los dos métodos por la Casablanca.

La superioridad económica y militar del imperialismo yanqui sobre el resto de países capitalistas desde la IIª Guerra Mundial es patente. Durante la lucha contra el bloque socialista su papel de “líder del mundo libre” impidieron que las contradicciones interimperialistas, nunca desaparecidas, se manifestaran con toda su crudeza. La caída de la URSS representó un cambio drástico. Primero fue la rivalidad con Japón y la UE, luego la rivalidad con dos potencias no imperialistas, Rusia y China. La ocasión ofrecida por los atentados del 11S vinieron como anillo al dedo a la administración de Bush II para llevar las contradicciones interimperialistas al terreno militar y desplazar a sus rivales del reparto del mundo.

Desde 1991 los equipos dirigentes del imperialismo de los EE.UU. han decidió ejercer su superioridad militar con el objeto de responder a las amenazas económicas y comerciales de sus rivales y mantener su hegemonía intacta.  Ahí tenemos la guerra del Golfo con Bush I, después continuó Clinton con su intervención en Somalía y la guerra de Yugoslavia, luego continuó con Bush II con las guerras de Afganistán e Irak. La guerra “humanitaria” de Clinton fue cambiada por la guerra contra el terrorismo de Bush II, pero la estrategia es la misma, el reparto del mundo, mantener su liderazgo como la primera potencia energética y petrolera. La rivalidad se ha profundizado hasta el punto de que la OTAN tras más de 50 años de existencia experimentó su primera crisis al oponerse Francia y Alemania a los planes de guerra de EE.UU. en Irak. La guerra de Irak no era una guerra de “liberación”, ni de “combate al terrorismo” era una guerra de reparto de los yacimientos petroleros, donde había que utilizar la fuerza para respaldar la expansión de los capitales yanquis porque Hussein había destinado para su explotación a los rivales de Washington, a Francia, Rusia, Alemania y China, por tanto la guerra era también un golpe contra sus rivales. No olvidemos que el petróleo sigue siendo la primera fuente energética del planeta, y que las transnacionales más importantes están encabezadas por los monopolios petroleros y del automóvil, que dependen del oro negro.

1.5.1.12 Agudización geométrica del intercambio desigual

         Incremento de la deuda externa de los países del tercer mundo. En 1.982 era de 780.000 dólares, en la década de los 90, 1,4 billones, y en la actualidad supera los 2 billones de dólares.

1.5.1.13 Conclusiones 

      La humanidad se encuentra como nunca antes frente a la encrucijada histórica de socialismo o barbarie, porque el capitalismo ha entrado de lleno en la fase de desenfreno destructivo del capital. En esta etapa el capital ha extendido y generalizado en todo el planeta la proletarización del trabajo y la agresión contra la soberanía política y económica de las naciones, destruye las posibilidades de empleo digno, destruye la ecología y el medio ambiente. Se pone en entredicho, hoy más que nunca, las tesis kaustianas rebautizadas sobre otra política bajo el capitalismo, el imperialismo requiere las guerras para sobrevivir, la expansión, el control, la dominación, el saqueo y las guerras para el reparto del mundo son características del desarrollo desigual del capitalismo en su fase última. La etapa de desenfreno destructivo del capital es irreversible y su solución no puede encontrarse en el mismo sistema capitalista. Las terceras vías, el capitalismo con rostro humano no tienen validez con la realidad y quienes las plantean por ignorancia o mala fé sólo distraen a la clase obrera y las naciones oprimidas de su estrategia revolucionaria. En síntesis, en esta nueva etapa el capitalismo vuelve a demostrarse sólo capaz de ofrecer hambre, paro masivo, represiones salvajes, agresiones militares y colapso ecológico. El socialismo es la solución de nuestros problemas.

1.5.2 Aspectos de la época favorables al comunismo

      En lo que respecta de favorable en el terreno de la lucha de clases hacia la transición al comunismo, se dan las siguientes premisas mundiales y nacionales.

1.5.2.1 Respuesta del movimiento sindical de clase europeo

         Movimientos en defensa de las conquistas del Estado de Bienestar. Huelgas generales en los últimos 10 años, en Francia, España, Italia, Alemania, Portugal, Grecia, etc. Movilizaciones en defensa de las pensiones (Italia, Francia), movilizaciones contra el paro (Francia). Movilizaciones de carácter supra-estatal en Europa occidental. Retirada de la contrarreforma laboral del gobierno Berlusconi con dos huelgas generales en el 2.002, con 3 mill. de manifestantes en Roma (trabajadores, estudiantes, inmigrantes, parados…) y un respaldo de más de 11 millones de trabajadores. Ya con el gobierno de centro-izquierda de Prodi, rechazo mediante referéndum de la propuesta de reforma de pensiones. En España retirada de gran parte del decretazo del gobierno del PP contra las prestaciones por desempleo a raíz de la huelga de junio del 2.002 y las movilizaciones de octubre. Huelgas en Alemania de los obreros del metal y en el sector público. Huelga general en Grecia (marzo 2.005) contra la política de austeridad del gobierno, contra liberalización de la jornada de trabajo y privatizaciones, etc. Movilizaciones y huelgas contra el CPE de Villepin en Francia, alianza del movimiento sindical de clase (CGT-CFDT) y el estudiantil en el 2.006, que logra la derogación de la ley laboral del CPE (versión francesa del PEJ que en España se combatió con la huelga general del 14-D 1.988). Huelga general en Portugal el 30 de mayo 2.007 convocada por CGTP contra la política económica y social (la 1ª desde 1.974 contra un gobierno socialdemócrata) y movilizaciones en octubre contra la flexiseguridad de la Agenda de Lisboa, cuyos objetivos son el recorte salarial, reformar la seguridad social y liberalizar sectores económicos (gas, electricidad, etc).

1.5.2.2 Recuperación de los comunistas ante la restauración capitalista en Europa del Este

         A pesar de la conversión de algunas organizaciones excomunistas a la socialdemocracia (Polonia, Bulgaria, etc.), en la Europa del Este se produce en la última década el renacimiento de los partidos comunistas como referentes de la clase obrera contra las políticas neoliberales. Los comunistas del PCFR se ha llegado a alzar en Rusia como la fuerza estatal más votada entre 1.995 y 1.999, en torno al 23,4% y el 28,6% de los sufragios, y el 29% (primera vuelta) en las presidenciales del 2.000. A pesar del retroceso en la duma del 2.003 y las presidenciales del 2.004 (13,8%), en las elecciones regionales de mayo de 2.007 casi doblaron los resultados al rozando el 20 de media%, logrando alcaldías como la de Volgogrado (anteriormente Stalingrado) con el 32%. En las recientes elecciones parlamentarias de diciembre de 2.007 en contra de pronósticos e irregularidades electorales, el PCFR alcanza el 11,6% de los votos manteniendose como la principal fuerza de oposición de izquierda, creciendo en diputados (de 52 a 57) y en las presidenciales del 2.008 sube al 18%.

Al filo de la incorporación a la UE y la OTAN también observamos el resurgimiento de los comunistas en Chequia colocándose como principal partido de la oposición (2.002).  Crecimiento en Eslovaquia, Hungría, Letonia (2º partido en la capital Riga), Moldavia (partido más votado), y Bielorrusia (donde gobiernan). En Ucrania que entre 1.994-02 fue el principal partido de la oposición, tras el descalabro de las elecciones del 2.006 (que retrocedió de 66 a 21 diputados), en las parlamentarias del 2.007 creció ligeramente a 27 diputados, con un 35% más de votos (de 929.000 a 1.257.000).

Se ha constituido un Consejo de la Unión de Partidos Comunistas-PCUS que reune a todos los PCs de las nuevas repúblicas burguesas del antiguo territorio de la exURSS, en donde en su último pleno (Enero 2.007) se marca el objetivo de Unidad Comunista de todos los partidos siguiendo el ejemplo de Bielorrusia con el objetivo de lucha por el poder soviético, el desarrollo socialista y la unión en un solo Estado.

Se debe destacar que en Hungría, a pesar de la ilegalización y procesamiento judicial del PCOH, el referéndum para introducir las reformas neoliberales exigidas por la UE, que pretendía privatizar la sanidad eliminando las cotizaciones, ha sido rechazado por el 83%, donde el PCOH ha jugado un papel destacado en la campaña contra la reforma, lo que demuestra que el neoliberalismo puede ser rechazado en las urnas.

1.5.2.3 Formación de gobiernos antineoliberales en Europa del Este

         En Bielorrusia, tras la última victoria electoral de Lukashenko con el 82% de los votos, se ha orquestado una campaña contra el gobierno desde la UE y los EE.UU, para forzar la incorporación de este país a la UE y la OTAN. Bielorrusia no se plega a los dictados imperialistas del FMI y los servicios secretos imperialistas a través de diversas ONGs y embajadas intentan sin éxito financiar una oposición al gobierno de Lukashenko, incluso el congreso de los EE.UU. aprobó en el 2.005 una ley sobre el “cambio” del régimen bielorruso. La campaña contra Bielorrusia es similar a la campaña imperialista contra Venezuela, por su alineamiento antiimperialista (apoyo a Cuba y Venezuela) y por su política antineoliberal contra las privatizaciones de las empresas públicas, política de desarrollo industrial y agrario, política social de financiación pública de la vivienda, mantenimiento de la propiedad estatal de la tierra, y los koljoses y sovjoses, etc. En cuanto a indicadores socioeconómicos Bielorrusia es la única exrepública de la URSS en alcanzar y superar los índices de 1.990.

1.5.2.4 Resurgir del peso electoral de los comunistas en el parlamento de la UE

         Buenos resultados de la mayoría de los PCs en las elecciones europeas del 2.004. Mejoran resultados: AKEL en Chipre 2º partido más votado (28%) y 2 eurodiputados, KSCM (Partido Comunista de Bohemia y Moravia –checos-) con 20,3% y 6 eurodiputados (el doble que los socialdemócratas en el gobierno), KKE de Grecia con 9,5% y 3 eurodiputados, PCP con 9% y 2 eurodiputados, RC de Italia 6,1% y 5 eurodiputados, PDS de Alemania Oriental 6,2% y 7 eurodiputados.

Hay que destacar el crecimiento electoral del KKE en las elecciones griegas del 2.007 al pasar de 12 a 22 diputados alcanzando el 8,2% de los votos, partido marxista-leninista que muestra una progresión continua desde 1.993, producto de su vinculación organizada con el movimento obrero, donde dominan el único sindicato de clase (PAME) creado en 1.999 y que cuenta con 415.000 afiliados y una gran capacidad de convocatoria, y además mantienen más del 20% de presencia en los organismos de dirección de los sindicatos corporativos, del sector público (ADEDY) y del sector privado (GSEE) que juntos concentran 730.000 afiliados (respectivamente 450.000 y 280.000).

Y cómo no, destacar la victoria de AKEL (marxista-leninista) en las elecciones generales de Chipre (2.007) y las presidenciales del 2.008, con el primer comunista (Dimitris Christofias) como presidente de un país de la UE, lo que abre las posibilidades de reunificación de las dos partes de la isla, ya que en el norte también gobiernan los comunistas.

1.5.2.5 Coordinación de los Partidos Comunistas

            Reactivación de las reuniones y encuentros de Partidos Comunistas que se vienen celebrando desde 1.998. Diferentes encuentros, en Bruselas (Seminario Comunista Internacional), Praga, París y Atenas. En el encuentro de Atenas del 2.003 participaron 60 partidos comunistas y obreros y 21 partidos comunistas enviaron mensajes y documentos.

En el encuentro de Partidos Comunistas y Obreros celebrado en Minsk (Bielorrusia, 3-5 de noviembre 2.007), con delegaciones de más de 70 partidos de todo el mundo, con motivo del 90 aniversario de la Gran Revolución Socialista de Octubre. Es el encuentro más amplio realizado desde la desaparición de la URSS. Un importante avance en la recomposición del Movimiento Comunista Internacional (MCI). El encuentro acordó una declaración política que refleja la necesidad de coordinar acciones conjuntas del MCI, en particular contra el anti-comunismo y por la solidaridad hacia las causas de los pueblos, destacando los cambios sociales y políticos de Latinoamérica (Venezuela, Nicaragua, Bolivia y Ecuador). También se llegó al compromiso de realizar encuentros internacionales de PP.CC. y Obreros en paralelo a reuniones del G-8, OTAN, OMC y UE, exigir la retirada de las tropas en Afganistán e Irak, el fin de la injerencia del imperialismo en Oriente Medio y acciones de rechazo al bloqueo hacia la República socialista de Cuba.

1.5.2.6 Crecimiento de la izquierda anti-neoliberal en Alemania 

         Movilizaciones (Berlín 1.997) en Alemania del este contra los efectos de la integración (paro, desindustrialización, recorte de libertades políticas…). Huelga general indefinida de los metalúrgicos de Alemania del este por la equiparación salarial y de jornada, que provocan cambios en la dirección de IG Metal hacia la izquierda (2.003), la alianza de sindicalistas y Lafontaine con el PDS y el crecimiento electoral de éste alcanzando 52 diputados (Die Linke) en las pasadas elecciones al Bundestang (2.005).

1.5.2.7 La RC y la situación de los comunistas en Italia

         Tras la conversión del histórico PCI en el socialdemócrata PDS, diferentes cuadros comunistas y trotskistas se reagruparon fundando Rifondazione Comunista (RC), organización que pronto creció en influencia social y electoralmente, llegando a ser el partido más importante del grupo de la Izquierda europea en el parlamento de la UE. Llegando a promover multitudinarias manifestaciones por las 35 horas en Roma y en contra de Maastrich.

No obstante, hay que decir, que en RC, tras vivir la excisión de Armando Cossutta y la formación de otro partido (el PC de Italia) se está produciendo un giro revisionista hacia posiciones más socialdemócratas, donde la mayoría dirigente adopta desde el Vº Congreso (2.001) una posición que pretende convertir a RC en un partido meramente electoral. En este congreso Fausto Bertinoti (secretario general) rechaza el papel dirigente de vanguardia del partido. En el VIº Congreso (2.005) se polarizan  las tendencias con un 59% en torno al sec. gral. Bertinoti, un 14% en torno a 3 grupos trotkistas y un 27% en torno a los Ernestistas (marxistas-leninistas) dirigidos por Gras (miembro de la Secretaría).

Hasta el VIº Congreso el partido se definía como marxista, gramsciano y revolucionario. La mayoría dirigida por Bertinoti abandona las referencias al movimiento obrero comunista (condenándolo en bloque), abandona las referencias a Gramsci y su concepto de revolución en Europa Occidental, reafirmando el horizonte social no más allá de una estrategia neokeynesiana. Se elogia el congreso de Bad Godesberg, donde el SPD rompió en 1.959 abiertamente con el marxismo y se adopta por principio la tesis gandhiana de la no violencia por principio, tratando de establecer una síntesis ideológica entre comunistas, cristianos y Gandhi, se  rechaza la tesis del partido vanguardia, y se define al imperiaismo de forma distinta, sin bloques capitalistas rivales y sin
guerras.

Se está produciendo una involución organizativa donde el partido de cuadros y masas está siendo sustituido por un partido electoral, adoptándose en la práctica los mismos derroteros por los que paso el PCI en su tránsito “euro-socialdemócrata”.

1.5.2.8 Auge y caída de la izquierda plural en Francia

         Gobierno de izquierda plural en Francia, conquistando algunos avances en su gestión (ley de 35 horas, retirada de Francia de la negociación del AMI), compuesto por la socialdemocracia y los comunistas (éstos en minoría). Fuertes contradicciones, dada la posición títere de la socialdemocracia hacia el imperialismo en política exterior, y la continuidad en la política neoliberal de privatizaciones, lo que generó un divorcio con las bases y un duro enfrentamiento social con el gobierno, causa principal del triunfo de la derecha en las elecciones del 2.002.

El fracaso de la izquierda plural se fundamenta en la falta de una alternativa política transformadora y revolucionaria. La socialdemocracia en España, Portugal, Alemania, países escandinavos, Austria, Grecia, etc., siempre han acabado adoptando el modelo de explotación como programa y como objetivo final, ayer hasta la década de los 70 el Keynesianismo y hoy desde los 80, el Neoliberalismo versus “tercera vía”. Privatizaciones, recortes sociales, flexibilidad laboral, primacía del mercado sobre la planificación de la economía, guerra imperialista, prevalecen por encima del programa de izquierda, donde la única discordancia francesa ha sido la aplicación de una ley de 35 horas y la oposición al AMI, que es el precio que ha tenido que pagar a la creciente presión del movimiento sindical de clase y la unidad de gobierno con el PCF.

La situación los comunistas en el gobierno ante el acosado aumento de la conflictividad, y la creciente repolitización de los movimientos sociales (sindical, parados, estudiantes, campesinos…), y la ausencia de la aplicación de un programa político de izquierdas, debiera de haber acentuado en el PCF la labor organizativa y la movilización social de las masas, llegando incluso a salirse del gobierno en situaciones extremadamente incompatibles con una política internacionalista de clase, como por ejemplo la guerra de Yugoslavia y Afganistan o la política desenfrenada de privatizaciones (Air France, France Telecom., Aéreospatiale…). El resultado final fue el conocido, las elecciones presidenciales del 2.002 colocaron al candidato socialista Jospin detrás de Chirac y el neofascista Le Pen. Y actualmente los vientos hacia la derecha soplan bajo la batuta de Sarkozy.

En las últimas elecciones legislativas del 2.007, el partido que entre 1.936-78 fuese el principal partido de la izquierda, por primera vez durante la Vª República con 15 diputados no alcanzó el mínimo del 20 para formar grupo parlamentario, debiendo establecer alianzas con los Verdes y la Izquierda Demócrata Republicana. No obstante, desde las luchas por el rechazo del Tratado de la UE en el referédum y la retirada del Contrato de Nuevo Empleo (CPE), el PCF se está revitalizando con el resurgimiento del trabajo de las celulas del partido, y el Frente de Izquierdas (Front de Gauche). También está planteando la fundación de una VIª República que profundice en la democracia y la soberanía nacional.

1.5.2.9 Coordinación de la izquierda en Europa

         Desde la década de los 90 se viene produciendo una coincidencia en las propuestas programáticas de la izquierda no socialdemócrata, como las 35 horas en ley. Acuerdos por la construcción de una Europa social y de carácter anti-neoliberal, suscrito por PCs y movimientos político sociales de izquierdas con presencia parlamentaria (París, febrero de 1.999).

No obstante, siendo positivo la creación de un frente de izquierdas de ámbito europeo y con expresión parlamentaria, se da una lectura errónea de la alianza al pretender convertirla en un partido político (partido de la izquierda), anulando la independencia organizativa y la estrategia de los PCs, posición que no es compartida por partidos marxistas-leninistas de la UE como el KKE (Grecia), PCP (Portugal) y el PTB (Bélgica). Así en el parlamento de la UE los partidos que forman el grupo de la Izquierda (comunistas y nueva izquierda) han creado una formación política parlamentaria supranacional (el PIE) en la que todavía no están PCs tan importantes como los de Portugal, Grecia, Chequia…, algunas diferencias son de carácter ideológico y estratégico.

Por ejemplo, el PIE no se refiere al poder de los monopolios, el carácter imperialista de los tratados de la UE, no se critica el tratado de Maastricht que fundó la UE, las contradicciones fundamentales y leyes que rigen la producción capitalista se ocultan, dando a entender que es la gestión neoliberal la causa de la crisis, ocultando que se trata de crisis de sobreproducción, no se menciona para nada el objetivo socialista y se cuestiona la experiencia revolucionaria socialista del siglo XX… (71).

Tambien la actividad parlamentaria europea en el marco de GUE/NGL, no ha sido unánime frente a decisiones contra Cuba, la constitución europea y declaraciones anticomunistas.

1.5.2.10 Final del Apartheid y caída de Mobutu en el Congo

         La victoria del CNA, que al margen de su posterior evolución de la política económica (72), ha permitido restablecer una política de alianzas anti-imperialista y de aboración entre los Estados del cono sur africano (Mozambique, Angola, Namibia, Congo, Zimbabwe, Suráfrica…) frente a los imperialismos yanqui y francés.

En el Congo después de la revolución democrática encabezada por Kabila, que derrocó la dictadura de Mobutu, se produce la intervención del imperialismo yanqui para derrocar a Laurent Kabila y lograr el control de los recursos energéticos y minerales, imponiendo una guerra (1.998-03) por medio de tropas enviadas por los gobiernos títeres de Ruanda y Uganda, en la que han muerto ya más de 3 millones de personas. Tal intervención fue rechazada con el apoyo de Zimbabwe, Angola y Nabimia quienes enviaron tropas para salvar la RD del Congo. Tras las negociaciones de paz con los invasores se culmina en un proceso electoral en el 2.006 donde J. Kabila gana frente a 31 candidatos con el 45% delante de Bemba con el 20% (antiguo colaborador de Mobutu).

1.5.2.11 El movimiento obrero y comunista en Asia

         En Corea del sur en la lucha contra la dictadura, se ha desarrollado un fuerte sindicalismo organizado (Federación Coreana de Sindicatos) independiente del gobierno y el Estado, que en el 2.000 ya contaba con más de 500.000 militantes.

En Japón el PCJ es el principal partido de la izquierda muy por delante del Partido socialdemócrata, mantiene un respaldo electoral en el parlamento de casi 5 millones (7,3%, 2.005), llegando sin embargo a ser el partido que más representantes tiene en las Asambleas locales, con 3.130 representantes (agosto de 2.007), superando al gobernante Partido Liberal Democrático de derechas.

En Nepal la guerrilla dirigida por el PCN (maoísta, principal partido comunista) con el objetivo de desarrollar una revolución democrática contra la monarquía instalada desde hace 240 años, tras 10 años de lucha (1.996-06) cesa los combates y el PCN cambia de táctica de lucha, impulsando alianzas con otros 7 partidos opuestos a la monarquía con compromisos concretos (asamblea constituyente, república y elecciones), llevando a cabo movilizaciones unitarias como la la huelga general indefinida (abril 2.006). A pesar de las maniobras del imperialismo yanqui y británico y los desacuerdos con el PCN de los otros partidos, se abre un proceso de transición que culminó con la abolición de la monarquía por el parlamento (diciembre 2.007), la reforma de la Constitución con la incorporación de la guerrilla al ejército nepalí y la realización de elecciones democráticas, donde el PCN que ya controlaba el 80% del país (gobiernos locales y regionales) se alzó con la mayoría absoluta del parlamento (abril del 2.008).

En India el PCI (marxista) gobierna en 3 Estados (Bengala Occidental, Kerala y Tripura), su lider más conocido es Jyoti Basu, ministro de Bengala. Concurrió en las elecciones generales en un Frente de Izquierdas junto a otros partidos (incluyendo al PCI del que se separó en 1.964), los objetivos son instaurar una democracia popular, reforma agraria e industrialización y desarrollo económico nacional.

En China y en Vietnam, los PCs llevan a cabo un proceso de desarrollo económico capitalista controlado con dominio del sector estatal público, con el objetivo de desarrollar las fuerzas productivas propias y fortalecer el peso de la clase obrera bajo el objetivo de transición al socialismo.

1.5.2.12 Latinoamérica un polvorín en ebullición

         La historia de Latinoamérica está plagada de luchas y opresión de una forma tan intensa que es difícil no hacer referencia a su historia de dominación colonial y neocolonial y a su historia de lucha antimperialista por la independencia.

En Latinoamérica ya antes de las guerras de independencia colonial Inglaterra controlaba la mayor parte del comercio entre España y sus colonias, las manufacturas y los bancos ingleses ofrecieron el 90% del comercio de la América española. Tras la independencia Inglaterra se prestó a impedir que Latinoamérica cayera en manos francesas y yanquis y prevenir la extensión del jacobinismo en los países independizados.

En Buenos Aires los ingleses lograron que el nuevo gobierno redujese y en algunos casos aboliera los impuestos a la exportación e importación, de entrada se levantó la prohibición de exportar oro y plata, de modo que pudieran fluir a la city londinense sin restricciones.

El comercio se hizo “libre” para Inglaterra que en poco tiempo reemplazaron a los tejidos alemanes y franceses y la producción de los tejedores argentinos estrangulados por el puerto librecambista. El mismo proceso se dio en el resto de Latinoamérica. Los telares de Manchester, las ferreterías de Sheffield, las alfarerías de Worcester inundaron los mercados latinoamericanos (E. Galeano). Inglaterra trajo a latinoamérica el librecambio para aplastar la independencia económica y enriquecerse a costa de las economías latinas, de la misma manera que en el interior de un país una clase se enriquece a costa de otra (Marx).

En el primer cuarto del S.XIX Inglaterra había creado en Londres más de 40 sociedades anónimas para explotar los recursos naturales de Latinoamérica (minas y agricultura), la banca inglesa financiaba directamente las tesorerías de los gobiernos, los servicios públicos estaban en manos inglesas, los nuevos estados nacían con grandes gastos militares y un déficit comercial debido al frenético aumento de las importaciones que el librecomercio imponía. Los gobiernos contraían préstamos y más préstamos hipotecando su independencia económica y su soberanía política.

Como se ve la utilización de la deuda externa no es un invento del imperialismo yanqui, a mediados del S.XIX la deuda externa absorvía ya el 40% del presupuesto de los estados latinoamericanos, los ferrocarriles formaban parte de la dependencia, muchos de los préstamos se destinaban para financiar los ferrocarriles del transporte al embarque hacia el exterior de los minerales y alimentos. Las vías férreas no estaban destinadas a unir a los países dependientes internamente, sino que únicamente conectaban los centros de producción con los puertos, impidiendo la formación y el desarrollo del mercado interno.

Balmaceda (1886-1891) en Chile impulsó la industrialización para independizarse económicamente de Inglaterra, realizó obras públicas (ferrocarriles, escuelas, hospitales…), tomó medidas para romper el monopolio de la empresa británica de ferrocarriles, anunció la nacionalización del salitre negándose a vender a los ingleses las tierras estatales, tres años más tarde estalló la guerra civil, la contrarrevolución de 1891 unió a la oligarquía nacional y el capitalismo inglés, Inglaterra financió a los rebeldes y bloqueó con su flota naval de guerra la costa chilena, Balmaceda fue derrotado y la política económica se reorientó hacia el librecambio y la metrópoli, el salitre pasó a manos del coronel inglés North.

A diferencia de Latinoamérica en Nueva Inglaterra los colonos no se establecieron en principio para explotar mano de obra indígena ni para conquistar tesoros, sino para establecer el sistema de vida y económico que se practicaba en Inglaterra, no era la conquista sino la colonización, la repoblación de América con emigrantes europeos que no actuaban como agentes coloniales de la acumulación capitalista europea y no ofrecían una producción complementaria a la metrópoli inglesa. Una isla del Caribe resultaba más importante para Inglaterra económicamente que las trece colonias de Norteamérica.

En el norte no había oro ni plata, ni civilizaciones indígenas con densas poblaciones, ni tierras tropicales donde brotaran el azúcar, tabaco, algodón, etc. Excepto el sur, donde se desarrollaron las plantaciones esclavistas similares a las de Latinoamérica, en el norte se establecieron las granjas y los talleres industriales de donde saldrían los ejércitos vencedores en la guerra de Secesión. Ello explica el ascenso de EE.UU. como sistema económico independiente, eran débiles los lazos que ataban la colonia a la metrópoli, y fue esa debilidad la que permitió la diversificación de las exportaciones y el desarrollo de las manufacturas.

Las 13 colonias actuaron como colchón de salida de la superpoblación relativa europea, generaron desde el principio una política industrializadora que la metrópoli dejó crecer. La “tierra prometida” no sólo atraía campesinos europeos, sino también maestros de diversos oficios, obreros especializados en mecánica, metalurgia, siderurgia, que también llegaron desde Europa para germinar la industrialización norteamericana.

Para contrarrestar las importaciones de la metrópoli los gobiernos de las 13 colonias potenciaron con subvenciones las manufacturas, en Virginia los niños eran formados para la industria textil, etc.  Durante el S.XVIII Inglaterra no impidió que se transfirieran la tecnología más avanzada a las colonias del norte, a diferencia de las colonias latinoamericanas que proporcionaban los recursos naturales al capitalismo ascendente en Europa e importaban para las clases dominantes las manufacturas más caras fabricadas en Europa ya que los intereses económicos y políticos de los grandes terratenientes y propietarios de las minas no coincidían con el desarrollo económico interno de las colonias latinas, y estaban más vinculados al mercado extranjero que a su propio país. Terratenientes, propietarios de minas y mercaderes habían nacido para cumplir una función, abastecer a Europa de oro, plata y alimentos. Esta es la clave que explica en parte la expansión de los EE.UU. como unidad nacional y la fractura de Latinoamérica donde sus centros de producción no estaban vinculados entre sí.

Mientras en el las 13 colonias del norte se practicaba el proteccionismo de la manufactura nacional en latinoamérica se promovía el librecambio. A fines del S.XVIII los EE.UU. disponían de la 2ª flota mercante del mundo y la industria textil y siderúrgica se encontraban en auge. El tráfico comercial con las Antillas que incluía la venta de esclavos africanos también desempeñó un papel transcendental para la acumulación de capital originario en EE.UU., pero sin una política económica nacional y proteccionista los EE.UU. no hubieran sido posibles. No obstante los terratenientes del sur de EE.UU. sí que aplicaban una política librecambista, la aristocracia sureña estaba vinculada al mercado mundial al estilo latinoamericano con el trabajo de sus esclavos.

A finales del S.XIX los EE.UU. los EE.UU. eran ya la primera potencia industrial del mundo, tras la guerra de Secesión 3 décadas después las fábricas habían multiplicado por 7 su capacidad productiva, el centro capitalista comenzaba a cambiar de lugar. Tras la IIª Guerra Mundial los EE.UU. harían lo mismo que Inglaterra en Latinoamérica en los siglos XVIII y XIX, exportaría la doctrina del librecambio, el FMI y el BM nacerían para negar a los países dependientes el derecho a promover y proteger su industria nacional. Los EE.UU. que disponen de un sistema proteccionista que jamás ha merecido la menor objeción del FMI, mientras que con Latinoamérica el FMI ha sido inflexible, pero para eso mismo se creó: libertad de comercio, libertad de capitales, desnacionalización económica de la periferia.

Los EE.UU. hasta nuestros días, nunca abandonarán su política económica radicalmente proteccionista, que con la ayuda de los gobiernos vasallos de Latinoamérica y la extorsión de los organismos financieros internacionales captura los mercados latinos haciendo suyos los sectores claves de la industria local, desnacionaliza la industria y las ganancias, dispone del crédito nacional y orienta a su antojo el comercio exterior, no aporta capitales al desarrollo sino que los usurpa y repatria.

Los EE.UU. durante la segunda mitad del S.XX se dedicaron a multiplicar la presencia de filiares bancarias en Latinoamérica, la operativa de las filiales es apoderarse del ahorro interno para canalizarlo hacia las empresas yanquis que operan en la región mientras que las empresas nacionales son estranguladas por falta de crédito. Esta política librecambista es imposible en EE.UU., ningún banco extranjero puede operar en EE.UU. como receptor de ahorro de la población, mientras en cambio la banca yanqui dispone a su antojo a través de sus filiares del ahorro nacional latinoamericano.

Incomunicados, descapitalizados y con problemas de infraestructura los países latinoamericanos abaten progresivamente sus barreras económicas, financieras y fiscales para que las transnacionales, que exprimen a cada país por separado, puedan beneficiarse de la división del trabajo a escala regional, mediante la especialización de sus actividades por países, ramas, la fijación de condiciones óptimas para sus filiales, la reducción de costes, la eliminación de rivales y el control de los mercados. Para que el imperialismo yanqui pudiera reinar en Latinoamérica, fue necesario que en el S.XIX Inglaterra contribuyera a dividir a los países latinos con los mismos fines, promoviendo un archipiélago de estados, desconectados entre sí, tras la independencia colonial. La comunidad de idioma con dos lenguas (castellano y portugués) y de territorio no fue acompañada de la comunidad económica. Los polos de prosperidad que florecían para dar respuesta a las necesidades europeas de metales y alimentos no estaban vinculados entre sí.

Latinoamérica nacía como un solo espacio pero estaba rota por las deformaciones del sistema colonial, las oligarquías portuarias (burguesía compradora) se consolidaron a través del comercio libre de exportación que era su fuente de ganancias. Ya bajo el dominio del imperialismo yanqui en el S.XX tras la IIª GM cualquiera de las transnacionales opera con mayor coherencia y sentido de unidad que ese conjunto de estados desgajados que es Latinoamérica, desgarrada por tantas fronteras e incomunicaciones. Los ferrocarriles y carreteras creados para trasladar la producción al extranjero por las rutas más directas a los puertos, constituyen la prueba irrefutable de las dificultades de Latinoamérica para dar vida al proyecto nacional. Las ciudades del Atlántico en los años 70 no tenían comunicación directa con las ciudades del Pacífico, de tal manera que los telegramas entre Buenos Aires y Lima pasan por Nueva York.

Los países latinos continúan identificándose con su propio puerto, negación de sus raíces hasta tal punto que la mayor parte del comercio interior se transportaba por mar ya que los transportes interiores apenas existen. Mientras que Norteamérica crecía desarrollándose hacia dentro de sus fronteras en expansión, Latinoamérica se desarrollaba hacia fuera sin relación interna.

La industrialización de algunos países latinoamericanos tras la IIª GM ha sido en gran medida inducida por las necesidades acumulación del capital transnacional extranjero, no por las necesidades del mercado interno, dando continuidad al desarrollo hacia fuera enfocado desde la época colonial, recordemos que la colonización arrasó la tierra para implantar cultivos de exportación, aniquiló las poblaciones indígenas en los lavaderos de oro y plata para satisfacer la demanda europea, hoy el desarrollo industrial dependiente se enfoca para el progreso ajeno también. En los países latinoamericanos un porcentaje muy bajo se dedica hacia el cultivo de productos básicos para la alimentación de las poblaciones mientras que la gran mayoría se dedica para productos a la exportación. El subdesarrollo de Latinoamérica proviene del desarrollo ajeno.

Las economías latinoamericanas se han caracterizado en lo general por un desarrollo dependiente de los intereses de las oligarquías financieras yanquis y europeas. Entre sus rasgos económicos destacan tres; la especialización monomercantil y para la producción para el mercado exterior; el dominio de las grandes compañías transnacionales en los sectores más importantes de la economía, el cual frena y deforma el desarrollo de esos países donde las ramas de exportación más importantes han sido el principal objeto de inversión para las compañías transnacionales extranjeras; y el entrelazamiento de la explotación imperialista y la opresión de la oligarquía local, el aliado de clase y mediador más cercado de las transnacionales imperialistas en el desfalco de los recursos y la explotación de los pueblos de Latinoamérica son la oligarquía terrateniente y la gran burguesía financiera industrial y compradora.

La historia de la formación y desarrollo del sector estatal en los países de Latinoamérica durante todo el siglo XX está relacionado con la lucha entre las fuerzas de liberación nacional, social y económica, contra el dominio de los monopolios extranjeros, contra la opresión y explotación imperialista. Es una historia de lucha por la afirmación de la soberanía nacional sobre los recursos naturales, por el control sobre las ramas clave para la economía, por el aceleramiento del desarrollo y la renovación  de aparato productivo en consonancia con los intereses y necesidades de los países de la región.

La revolución cubana emprendió las transformaciones socioeconómicas más radicales para conquistar la independencia económica y política del imperialismo. Las leyes de reforma agraria, campaña de alfabetización, proceso de expropiaciones y nacionalizaciones, agudizaron las luchas de clase contra las clases dominantes desposeídas y blindaron el proceso de transformación de revolución democrática antimperialista en revolución socialista.

Desde finales de la IIª GM hasta mediados de los 70 en el subcontinente se han ido constituyendo 3 variantes de capitalismo de estado: dependiente de orientación promonopolista y proimperialista, de orientación nacional reformista y democrático-revolucionario, además del Estado socialista cubano.

Del primer tipo de Estado corresponden todos aquellos, gobernados mayormente por regímenes militares, basados en el apoyo del imperialismo yanqui y guiados por los intereses de la la oligarquía financiera, industrial, compradora y terrateniente local, aliada a la oligarquía financiera transnacional.

Debemos hacer incapié en que el neoliberalismo, como modelo de crecimiento económico y régimen político-ideológico sostenedor del capitalismo en su fase imperialista, surgió antes que la contrarrevolución tatcheriana de los 80, en estos países latinoamericanos.  Destacan de este modelo neoliberal la dictadura militar brasileña (1964-1985), chilena (1973-89) y la junta militar argentina (1976-83), que surgieron como respuesta a los otros dos modelos de capitalismo de estado, democrático-revolucionario y nacional-reformista anteriores, que contradecían los intereses del capital financiero transnacional, y las oligarquías locales.

En Brasil bajo la dictadura más del 80% de las inversiones de las empresas procedían de la banca extranjera engordando la deuda externa del Estado, se otorgaban beneficios para la importación de maquinaria, los privilegios otorgados a la industria del auto (empresas yanquis y europeas) en su implantación equivalían al 100% del presupuesto nacional. A finales de la década de los 60 el capital extranjero controlaba el 40% de los capitales de Brasil, el 62% del comercio exterior, el 100% de la industria del auto, el 80% de la industria farmacéutica, el 50% de las químicas, el 59% de la producción de maquinaria, etc, no había restricciones a la repatriación de capital. Similar política se llevó a cabo en Argentina, Chile y México con el PRI.

La junta militar chilena comenzó por liquidar las conquistas de las fuerzas democráticas y de izquierda, restablecer las posiciones de la clase dominante y crear un clima político y económico favorable a las inversiones de los monopolios transnacionales. La realización de este rumbo condujo en primer término a desnacionalizar el sector estatal de la economía pasando sus empresas a manos privadas. Los aranceles de importación fueron reducidos hasta el 10%, quebrantando con ello el potencial productivo nacional. Las consecuencias de estas políticas neoliberales no se hicieron esperar, el pueblo chileno cayó en una espiral de pobreza y el país se convirtió en un enorme mercado para artículos importados. En 1.982 se produjo una caída del 14% de los ritmos de crecimiento económico. La subutilización de la capacidad productiva, la quiebra de empresas y los despidos en masa era en la primera mitad de los 80 el cuadro que presentaba la industria transformadora chilena, entregada a las transnacionales extranjeras. El desarrollo desigual provocó que durante el periodo de 1.974-85 el país perdiera 40.000 mill. de dólares como consecuencia de la diferencia entre los precios de las mercancías que vendía en EE.UU. y Europa y las que importaba. La junta militar recurrió al mecanismo del refinanciamento de la deuda externa, mediante la prórroga de pagos y la obtención de nuevos préstamos al FMI y el BM, agudizando el endeudamiento exterior y la dependencia de la economía.

Argentina es el otro ejemplo de modelo de capitalismo monopolista de Estado dependiente y proimperialista durante la junta militar (1976-83), similar al de Chile, con los mismos objetivos ideológicos y consejeros económicos (Chicago Boys). La junta militar abandonó el sector industrial independiente, y fomentó las ramas orientadas a la exportación (agricultura y ganadería), así como las ramas dedicadas a la industria ligera dedicadas a la elaboración de la materia prima. La junta militar, pasaba a convertir a Argentina en un complejo agro-industrial especializado en el suministro agropecuario y recursos energéticos, acorde con la división capitalista internacional del trabajo impuesto por la oligarquía transnacional. Se abolió la ley sobre inversiones extranjeras, anulando las limitaciones al crecimiento de las tasas de interés, concediendo plena libertad de acción a los movimientos de capital y ampliando los derechos de las corporaciones transnacionales. La desnacionalización de la economía fue rampante, durante los 3 primeros años de la junta militar pasaron a manos privadas 400 de las 730 compañías estatales. Esta política antipopular y antinacional, orientada a fortalecer las posiciones de la oligarquía financiera y latifundista, ligada a las transnacionales, condujo al estancamiento de la economía, a una enorme deuda externa y al empobrecimiento de la población, llegado a recortar el PIB un 12% (1.981-82), la tasa de inflación subió a un 400% y el salario se redujo a la mitad.

Del segundo tipo de capitalismo de Estado destacan el populismo desarrollista de los estados mexicano, brasileño y argentino. Los gobiernos de Getulio Vargas (Brasil), Lázaro Cárdenas (México) y Perón (Argentina) entre los años 30 y 50 promovieron en sus países el desarrollo de la industria nacional, levantando barreras proteccionistas que limitaban las importaciones, implantando un modelo industrial propio sustitutivo de las importaciones. Lázaro Cárdenas fue el único que intentó romper la base material del atraso (latifundio, burguesía compradora), llevando a cabo la reforma agraria contra los terratenientes, al contrario de Argentina y Brasil que nunca tocarían la estructura latifundista que continuaría impidiendo el desarrollo del mercado interno y la producción agraria.

Una forma de nacional-reformismo en Argentina fue la corriente peronista o justicialista, que agrupaba a los sindicatos y una parte de la burguesía nacional, bajo la consigna de “una patria políticamente soberana, económicamente independiente y socialmente justa”. En la década de los 40-50 se formó un sector estatal productivo interramal sobre la base de la confiscación de las transnacionales alemanas, la nacionalización parcial de las compañías inglesas, francesas y yanquis, los ferrocarriles, las compañías de energía eléctrica, agua y transporte urbano. Hasta mediados de los 70 el sector estatal en Argentina se desarrolló en línea ascendente. En marzo de 1974 fueron expropiados 7 bancos de capital extranjero, y el gobierno hizo concesiones a los sindicatos con la ley de convenios laborales, ampliando los derechos sociales. Aunque todas estas medidas no socavaban el modo de producción capitalista, entraban en contradicción con los intereses de la acumulación de capital dominante, las transnacionales en alianza con la oligarquía local, lo que desató la fuerte oposición con sabotaje económico y de violencia por las fuerzas de la derecha.

Bajo Perón el Estado no toco el régimen de la tierra, ni nacionalizó los grandes frigoríficos yanquis e ingleses ni a los exportadores de lana. El impulso industrial no se vió acompañado del desarrollo de una tecnología propia. En ausencia de una burguesía nacional el Estado encarnó la nación e impulsó el acceso de los beneficios de la industrialización a las masas populares, ello desató en Argentina el pánico de los industriales que temían el auge y las luchas del proletariado en Buenos Aires más que a la opresión del imperialismo, acabando por elegir su alianza con la oligarquía financiera y compradora, lo mismo harían las burguesías nacional industriales en Brasil y México.

En Brasil en los años 60 el gobierno de Goulart recuperó la política de Vargas, la embajada yanqui dirigió el golpe militar y acabó con el populismo desarrollista en Latinoamérica. Se inició una política de desnacionalización (privatización con capital extranjero) a través de  dictaduras fascistas que prohibían huelgas, destruían sindicatos, partidos obreros, etc. En México la desnacionalización de la economía fue llevada a cabo por el PRI con una política represiva hacia las masas.

También destacamos a Guatemala. En 1951, Jacobo Arbenz, en su discurso presidencial se marcó impulsar el desarrollo económico de Guatemala sobre la base de tres objetivos, convertir el país de nación dependiente y de economía semicolonial en un país económicamente independiente; pasar de un país atrasado y de economía semifeudal a un país moderno y capitalista; hacer que esta transformación se lleve a cabo con la elevación del nivel de vida de las masas del pueblo. En si misma esta declaración de orientación nacional reformista burgués, no venía a cuestionar el desarrollo capitalista, sino la dependencia, el imperialismo y el dominio de la oligarquía terrateniente local. Para cumplir tales objetivos la mayor meta de su gobierno pasaba por una reforma agraria moderada, con la expropiación de las tierras ociosas de los latifundistas con indemnización, y la imposición fiscal a las compañías extranjeras, lo que encontró la oposición de la transnacional United Fruit Company, y motivó el golpe de estado patrocinado por el gobierno de EE.UU., que acusó a Arbenz de “comunista”. Eisenhower llegaría a decir que con la caída de Arbenz se deshicieron de un gobierno “comunista”.

Del tercer tipo de capitalismo de Estado, democrático revolucionario, destacan los gobiernos de Unidad Popular en Chile (1970-73) y el gobierno militar antimperialista de Velasco Alvarado en Perú (1968-75). Fueron estos dos gobiernos los que más encararon en la región andina hasta mediados de los 70 la lucha por la consolidación de las bases de la independencia económica y por la utilización plena de los recusos para el desarrollo económico soberano. Estos dos gobiernos fueron producto del ascenso del movimiento antioligárquico y antimperialista, el cual rebasó el marco del nacional reformismo burgués en la modernización capitalista de las estructuras socioeconómicas.

El gobierno peruano de Velasco Alvarado tomó el rumbo de profundizar las transformaciones agrarias y limitar el capital extranjero y la oligarquía financiera local, fortaleciendo el sector estatal en las ramas claves de la economía nacional y el desarrollo de formas colectivas de propiedad en contraposición a la economía capitalista. El Plan Inca del del Gobierno Revolucionario (1968) se planteaba como principal tarea crear un Estado de democracia social y liquidar todas las formas de explotación y opresión. Sus cuatro principios fundamentales eran, que las principales riquezas y recursos naturales deben pertenecer al Estado; el desarrollo económico debe responder a los intereses del país y no al afán de lucro; las inversiones extranjeras deben concordar con los intereses nacionales; todas las medidas deben fortalecer la independencia del país y mejorar las condiciones de vida del pueblo.

En 1968 se nacionalizaron la principal empresa de petróleo en manos de la compañía yanqui Internacional Petroleum, y el gran monopolio yanqui minero Cerro de Pasco Corporation. En 1.969 se decretó la ley de reforma agraria, con el objetivo de terminar con el dominio de los monopolios extranjeros y los grandes latifundistas.  Se aprobó la ley que declaró propiedad del Estado todos los recursos hidráulicos. Comenzaron a predominar las haciendas campesinas cooperativas y fue restablecida la propiedad agraria de las comunidades indias. En 1.970 se aprobó la ley fundamental de la industria, con el objetivo de asegurar el crecimiento de la producción industrial como determinante del progreso económico-social y condición para alcanzar la verdadera independencia económica. Todas las empresas que fabricaban medios de producción (metalurgia, construcción de maquinaria, química, petroquímica, materiales de construcción, fertilizantes, etc.) pasaron a depender directamente del Estado. Se crearon comunidades industriales en todas las empresas que agrupaban a todos los trabajadores en representación de sus intereses frente a las empresas, toda compañía industrial fuera privada, estatal o mixta, estaba obligada a ceder a los trabajadores un 10% de la ganancia neta. Entre 1.970-71 a las empresas en las que fueron constituidas comunidades laborales, les correspondía el 90% de toda la producción industrial. El derrocamiento del gobierno democrático revolucionario, volvió a colocar a Perú por el cauce del desarrollo capitalista dependiente.

Chile fue el punto culminante del proceso de las luchas antimperialista y revolucionarias de los países andinos en el filo de los años 60-70. El gobierno de Unidad Popular, encabezado por comunistas y socialistas, luchó por llevar a cabo el programa de transformaciones socioeconómicas hacia una nueva sociedad socialista, libre de opresión y explotación. Los objetivos programáticos fueron:

  • atacar las posiciones de las transnacionales extranjeras en las ramas claves de la economía, fundamentalmente la minería;
  • liquidar el monopolio de la oligarquía terrateniente sobre la tierra, creando un nuevo sistema de propiedad agraria;
  • limitar el poder de las transnacionales y la oligarquía financiera local;
  • expropiar las grandes empresas privadas, creando sobre su base un sector estatal llamado a desempeñar el papel rector en el desarrollo de la economía nacional;
  • incorporar a la clase obrera a la realización de las transformaciones y a la lucha por el fomento de la producción social.

En el transcurso de la lucha por la aplicación de este programa se disputaba la tarea de sustituir la propiedad monopolista privada por la propiedad estatal. Las nacionalizaciones y expropiaciones constituían la herramienta necesaria para emprender las transformaciones sociales, no podía haber socialismo sin nacionalización. En 1971 el gobierno nacionalizó las minas de cobre más importantes. Otra de las medidas más importantes dirigidas a limitar el poder económico de la oligarquía financiera local fue la nacionalización de los grandes bancos, como mecanismo imprescindible para quebrantar la fuerza económica del capital y avanzar hacia las transformaciones revolucionarias, controlando desde el Estado donde, como y cuando se desplazan los miles de millones. En marzo de 1972 se crearía el Banco Nacional. La caída del gobierno por el golpe militar patrocinado por el imperialismo yanqui, truncó la via chilena al socialismo.

La revolución nicaragüense daría otro modelo de capitalismo de estado democrático revolucionario (1.979-89), tomó el relevo a los países andinos, se derribó la dictadura somocista, fueron expropiadas de inmediato 120 empresas industriales, se nacionalizó la banca, la industria extractiva y se estableció el monopolio estatal para los productos de exportación (café, algondón, azúcar y productos del mar) y para la importación de medios de producción. Se puso límites a la inversión extranjera, y a las empresas mixtas se les limitaba con participación mayoritaria estatal. El PIB del sector estatal pasó del 15% en 1978 al 41% en 1980. En 1.981 se aprobó la ley de reforma agraria y sobre las cooperativas, con la expropiación de las tierras no trabajadas. Hacia finales de 1983 al sector estatal y a las cooperativas les pertenecían el 40% de todas las tierras laborables, se extendió el sistema cooperativista de producción, crédito y consumo abarcando a la mitad de los campesinos pequeños y medios. La guerra sucia de los contras financiados por el gobierno yanqui y la derrota del FSLN en las elecciones de 1989 por la Coordinadora Democrática, agrupación de partidos proyanquis, revirtió el proceso revolucionario.

Debemos decir que e neoliberalismo en Latinoamérica ha sido producto de la presión imperialista, y que su doctrina que fue ya rechazada por países y gobiernos latinoamericanos antes de que se introdujeran en los países capitalistas del centro, fue y es considerada como incompatible con los intereses de su desarrollo independiente, por cuanto los condenaba y condena al papel de apéndices agrarios, de materias primas, o en el mejor de los casos de plataformas industriales de bajo valor añadido para la exportación, obligándoles a mantener una estructura del comercio exterior desventajosa, a continuar teniendo pérdidas con el intercambio desigual, y a endeudarse con los bancos transnacionales del FMI y BM, reduciendo las perspectivas de desarrollo y agudizando los problemas socioeconómicos de sus poblaciones. Este proceso de crecimiento económico sobre la base de depender cada vez más financieramente de las potencias imperialistas y sus bancos, es el desarrollo endeudado que comenzó en los años 70 para Latinoamérica.

Por tanto, la doctrina del Consenso de Washington, formulada por John Williamson en noviembre de 1989, fue el punto de llegada de la pugna entre imperialismo y la dependencia contra las economías nacionales. El portador activo de ese rumbo a escala regional es el FMI, organismo de neocolonialismo colectivo, el cual asumió la función mediadora en las relaciones de los Estados imperialistas acreedores con los países deudores. Ya entonces, a mediados de los 70 y principios de los 80 se adelantaban las recetas del Consenso de Washington: disminuir los gastos del Estado referentes a las necesidades sociales, eliminar todo tipo de obstáculos a la iniciativa privada, anular el control estatal sobre los precios, libertad de acción a las transnacionales, liberalizar los regímenes de inversión, repatriación de las ganancias, etc. En 1.985, el presidente colombiano Betancourt, cual aventajado proimperialista, firmaría en los EE.UU. un acuerdo bilateral con la concesión de garantías a los inversionistas contra las expropiaciones, con el objeto de estimular la inversión extranjera.

En ningún país, donde el neoliberalismo fue elevado al rango de política económica oficial, se logró éxito alguno en la superación de la crisis económico-financiera y sus graves consecuencias. La liberalización del comercio exterior y el rumbo a una mayor apertura de las economías nacionales no ejercieron influencia ni en la dinámica de sus exportaciones industriales, ni en sus posiciones en el comercio con las potencias capitalistas, ni en el crecimiento del mercado interno.

Por el contrario, el periodo de las 2 décadas posteriores de los 80-90 fueron consideradas por los voceros del imperialismo yanqui como la edad de oro en las relaciones de EE.UU. y Latinoamérica. Con el reflujo revolucionario en la región, los regímenes políticos aceptaron la hegemonía yanqui, bajo los términos dictados por el FMI y el Concenso de Washington, con la eliminación de las barreras arancelarias, la privatización de empresas públicas, bancos, pozos petrolíferos, minas, fábricas, telecomunicaciones, etc., y su posterior desnacionalización con la transferencia a transnacionales yanquis y europeas, que las adquirieron a precio de saldo, lo que condujo a la transferencia masiva de beneficios, intereses, la influencia sobre el sistema financiero y los ahorros locales. Este saqueo de los tesoros públicos y de los ahorros privados por parte de las transnacionales, polarizaron aún más las sociedades latinoamericanas convirtiéndose en la región menos igualitaria del mundo con 205 millones de pobres tras 20 años de apertura total a las transnacionales, lo que precipitó la crisis política y económica que comenzó a ser contestada por levantamientos populares desde finales de la década de los 90, con la sustitución a partir de 1999, de los gobiernos proimperialistas y clientelistas de EE.UU.

El rechazo del neoliberalismo recorre Latinoamérica desde entonces, todos los triunfos electorales de la izquierda, Chávez, PT, Frente Amplio, FSLN, Rafael Correa (Ecuador), Evo Morales con el MAS (Bolivia), Fernando Lugo (Paraguay) y el avance de la izquierda en Perú (Ollanta Humalla), y Colombia (Polo Democrático, PDA), han tenido como antesala el ascenso de las luchas de la clase obrera, el campesinado, y los pueblos indígenas con fuertes movilizaciones populares provocados por las políticas de ajuste fondomonetaristas que terminaron por fracturar a los partidos tradicionales de la derecha y la socialdemocracia. Desde mediados de los 90 se ha abierto una larga onda de las luchas de clase, luchas de resistencia al neoliberalismo, luchas contra el Consenso de Washington, el ALCA, los TLCs y contra el expansionismo de las transnacionales.

Tales luchas han frenado la privatización de empresas públicas, han recuperado el control público de recursos naturales (agua, gas y petróleo), han alcanzado conquistas laborales y sociales para el movimiento obrero y popular. Tales luchas se han dirigido políticamente contra el ALCA con levantamientos populares de magnitudes políticas que han derribado gobiernos neoliberales en Ecuador, Argentina y Bolivia. En Venezuela desde 1.999 tras la primera victoria de Hugo Chávez viene desarrollándose un movimiento político y social de izquierda, anti-imperialista que moviliza a millones, que ha derrotado todas las intentonas golpistas y económicas por hundirlo. En Brasil y Uruguay ganaron las elecciones la izquierda tras la lucha de décadas. El gobierno de Argentina está asumiendo en parte posiciones de defensa de los intereses nacionales. El desarrollo económico de estos países ha permitido el aumento de la protección social con la disminución del paro hasta la mitad (por ej., en Argentina del 19% al 10%, en Venezuela del 20% al 10%, etc.), el incremento de los salarios, en Brasil el salario real de los más pobres se vió aumentado en un 28% entre 2004 y 2005, en Venezuela los ingresos de los más pobres subieron el 43% en el 2005, etc.

Las políticas neoliberales fondomonetaristas del Concenso de Washington han sido puestas contra las cuerdas, si desde principios de los 90 las inversiones directas extranjeras eran favorecidas, a partir del 2005 aparece un movimiento contrario, mientras que el 80% de las modificaciones relativas a las inversiones directas extranjeras en el mundo eran favorables a las transnacionales, en Latinoamérica es al contrario, el 66% de las nuevas regulaciones van en la dirección de un mayor control y restricción a las inversiones extranjeras.

No obstante, se debe de hacer una diferenciación objetiva de tales nuevos gobiernos en países que siguen siendo capitalistas. Existen en Latinoamérica 3 diferenciaciones de gobiernos, frente al neoliberal y proimperialista de Colombia, encontramos gobiernos (Brasil, Urugual, Paraguay y Argentina) que no coinciden plenamente con los EE.UU., que defienden intereses de la burguesía nacional, y están más orientados a posiciones de centro-izquierda con políticas sociales contradictorias, algunas neoliberales, estos gobiernos son de tendencia nacional-reformista. El bloque de nuevos gobiernos que podemos calificar de plenamente anti-imperialistas, Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua, respaldados por fuertes movimientos populares de masas, con un capitalismo de estado de orientación democrático-revolucionaria que pugna por romper todos los lazos de la dependencia y por emprender trasnformaciones socioeconómicas, con leyes que fortalecen la demanda interna impidiendo el despido de trabajadores, aumento del salario mínimo, reforma agraria, industrialización que sustituya las importaciones, inversiones públicas a gran escala para expandir el mercado interno, etc . De momento las políticas más consecuentemente antineoliberales tales gobiernos aunque siguen siendo moderadas con respecto a la política de nacionalizaciones antiimperialistas de los años 70 en Chile y Perú, ya que las nacionalizaciones se ejercitan con indemnizaciones al capital extranjero o local.

En consecuencia, no es casual que los EE.UU. con Obama en la Casablanca, persiga una triple estrategia en la zona. Conserva el apoyo de gobiernos derechistas (México, Colombia, Chile y Perú), incrementa su influencia sobre gobiernos de centro izquierda (Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay), aisla a los gobiernos de orientación democrático revolucionaria (Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua) y socialista (Cuba). Obama continúa el embargo económico a Cuba, sigue el doble discurso de preconizar el libremercado mientras EE.UU. practica el proteccionismo, apoya a actividades separatistas (guerra de baja intensidad) que buscan la desestabilización de los gobiernos de izquierda a través de las bases ultraderechistas en Santa Cruz (Bolivia), Guayaquil (Ecuador) y Maracaibo (Venezuela), apoya al golpe de estado en Honduras contra el gobierno de centro izquierda de Zelaya, cuyo delito fue alienarse con el ALBA, etc.

CUBA continúa siendo a pesar del bloqueo el referente principal de lucha contra el imperialismo y de defensa del socialismo. Todo este nuevo panorama, con movilizaciones populares, caída de gobiernos pro-USA y victorias electorales, expresa que el imperialismo yanqui ya no tiene la capacidad de antes para manipular a su antojo a todos los gobiernos democráticos.

La confrontación contra el imperialismo está colocando una alianza política e interclasista (obreros, campesinos, indígenas, categorías sociales y pequeña burguesía), que en la mayoría de los países de latinoamérica une a las sensibilidades políticas de la izquierda, anti-imperialistas con objetivos políticos inmediatos que unifican, la lucha contra las políticas neoliberales del imperialismo, la lucha contra la deuda externa, la lucha contra el saqueo de los recursos naturales, la lucha contra las guerras imperialistas y la lucha contra las oligarquías nacionales. Incluso los objetivos fijados en el Foro Social Mundial están siendo rebasados por los acontecimientos, ya que el objetivo socialista se coloca en el punto de mira de los movimientos antineoliberales y del gobierno bolivariano de Venezuela, que con la etiqueta de “socialismo del siglo XXI” está desbaratando la campaña anticomunista contra el socialismo en Latinoamérica, al colocarlo en la agenda política.

La profundización de esos cambios hacia el socialismo, estará en función directa a los avances en la hegemonía de la clase obrera y sectores populares, dentro de los bloques de izquierdas,  y con el crecimiento y desarrollo de las fuerzas políticas revolucionarias, en particular, los partidos comunistas, como vanguardia revolucionaria.

Movimiento zapatista en Chiapas

         Surgimiento (1.994) y desarrollo de la guerrilla EZLN en Chiapas (México). Fuertes contradicciones entre las reivindicaciones del movimiento y los objetivos políticos de carácter revolucionario. La marcha y ocupación pacífica de la capital (Ciudad de Mexico), se dió bajo una potente cobertura mediática legal, ya que los objetivos no eran transformadores. El EZLN no se plantea la cuestión del poder político, y promulga el desarme ideológico del campo de visión clasista de la lucha política y social, lo que también propicia que las reivindicaciones inmediatas no se materialicen. Precisamente el nuevo código indígena aprobado por el Congreso bajo el gobierno derechista de Fox no consiguió la mejora de las condiciones de los indios. En el último proceso electoral donde la izquierda presentó un candidato, el movimiento zapatista dió su apoyo, reconsiderando la cuestión de la participación política en el ámbito nacional de este movimiento guerrillero.

Hegemonía electoral del PT en Brasil

         El PT tras una década de movilizaciones y crecimiento organizativo y electoral, accedió al gobierno en las elecciones presidenciales del 2.002 con el 60% de los votos (52 millones de brasileños) y en el 2.006. El PT ha construido una hegemonía obrera y un partido de masas, con 6 alcaldías en capitales de Estado (entre ellas Sao Paulo).

Tras 5 años de gobierno se viene produciendo la institucionalización ante el vuelco masivo de los cuadros políticos en la labor institucional, y con diversos casos de corrupción. No obstante no es factible una crisis de la militancia de masas de la izquierda dado que la idea favorable a la implantación del socialismo y a la revolución socialista se ha extendido por la sociedad civil, y la influencia sociopolítica del PT va incluso mas allá de la clase obrera.

No obstante, se han producido desencuentros con el movimiento campesino, como la desautorización de la ocupación de tierras en el proceso electoral del 2002, e incluso el rechazo del referéndum organizado por el MST contra el ALCA (en el que participaron 11 millones), donde el gobierno del PT pactó una carta de entendimiento en junio del 2.002 para el pago de la deuda externa.

Las primeras medidas del gobierno Lula fueron de carácter popular. Reducción del gasto militar en 700 millones de dólares destinados a la campaña contra el hambre, legalización de las fabelas y entrega en propiedad a sus habitantes, política económica en alianza con el empresariado industrial para el desarrollo de las fuerzas productivas del país, lo que no está exento de contradicciones como por ej. la propuesta de suprimir el 40% de los fondos de garantía que los empresarios aportan para los despidos, que levantó las lógica protesta sindical. Distribución de la renta a favor de la eliminación del hambre y la pobreza, estrechamiento de relaciones exteriores con Cuba y Venezuela, ofreciendo ayuda material al gobierno bolivariano de Chavez, participación en el Foro Social de Porto Alegre, etc. No obstante, sigue siendo una incógnita, dadas las contradicciones de la política-económica que el gobierno Lula encierra, el camino que seguirá, si por la vía transformadora antineoliberal y anti-imperialista o por la integración en el modelo neoliberal.

Es una incógnita, y existen análisis desalentadores como el de J.Petras y Henry Veltmeyer ¿A dónde va Brasil? (73). Lo cierto es que el componente de la política económica del gobierno del PT, lo tiene complicado, porque para iniciar una política transformadora, ésta debe de contemplar la alianza con los sectores industriales, a través del acuerdo electoral realizado con una parte del partido liberal, los cuales más que partidarios de una política desarrollista independiente, están más cerca de la estrategia neoliberal, en la continuidad de políticas pasadas de achicamiento del Estado y privatización de empresas públicas, donde los sectores dominantes disponen de una capacidad de chantaje (fuga de capitales, huelga de inversiones, soborno de funcionarios…) para imponer su política de clase. Siguiendo la argumentación de los autores del citado artículo, destacamos algunas de las contradicciones de tal alianza:

  • En primer lugar, ya en el primer mandato se colocó 5 ministerios en manos de ministros que abalan propuestas neoliberales. Luis Fernando Furlan (ministro de Comercio) presidente de una compañía agraria (Sadía) y millonario, Antonio Paloci (Ministro de Finanzas) extrotskista reconvertido a las tesis de Milton Friedman, antiguo alcalde del PT en Ribeirano Preto que privatizó las empresas municipales de teléfonos, agua y parte del transporte), Robert Rodríguez (ministro de Agricultura) partidario de las cosechas genéticas, Gilberto Gil (ministro de Cultura) antiguo partidario de Cardoso, Cristovan Buarque (ministro de Educación), exgobernador de Brasilia y partidario de privatizaciones. Además, el gobernador del Banco Central lo ocupa Enrique Meirelles, responsable de la aplicación de las medidas del FMI sobre la reducción de las pensiones, la congelación de salarios mínimos y el pago de la deuda externa y sus intereses.
  • En segundo lugar, se está diseñando una política que en rasgos generales no contradice la estrategia neoliberal. Se respetan las empresas privatizadas, se anuncia la privatización de 4 bancos estatales, se anuncia el pago sin interrupciones de la deuda externa (donde Brasil encabeza el ranking mundial), el gobierno se compromete a la negociación del ALCA, a pesar de la oposición de millones de campesinos latinoamericanos y los gobiernos antiimperialistas de Cuba y Venezuela, y a pesar de que ello ahondará en la deuda financiera condenando al pueblo a recibir continuas medidas de austeridad. El ALCA con la liberalización del comercio en Latinoamérica (no en EE.UU) y la liquidación de las barreras protectoras de la industria y economía local, supone la destrucción de las empresas agrícolas e industriales autóctonas, lo que incrementará la cantidad de campesinos sin tierra y obreros sin trabajo (ya existen 25 millones de campesinos sin tierra y 40 millones de parados y subempleados), y lo que irá en dirección contraria a la propuesta de alianza con el capital industrial frente al capital foráneo y especulativo, aumentando la dependencia del capital transnacional.
  • En tercer lugar, mientras se pagan más de 40.000 millones de dólares a los acreedores extranjeros, el gobierno realizó un recorte presupuestario de 3.900 millones de dólares USA en el 2.003, que supuso la aplicación de medidas impopulares como el rebaje del salario mínimo de 69 a 67 dólares y al proyecto “hambre cero” (para atender a los brasileños desnutridos) se le han recortado 10 millones de dólares. En total se han recortado 1.400 millones de dólares a los gastos sociales, provocando el deterioro de los servicios sociales.
  • En cuarto lugar, en materia de política social, se opta por una versión macroeconomicista del desarrollo, donde se llega a la misma conclusión que el gobierno del PSOE en 1.982, que la economía crecerá ofreciendo incentivos a los grandes capitales autóctonos y foráneos. De ahí las propuestas de rebajar los impuestos a las empresas y el capital redudiendo la capacidad recaudatoria de los fondos públicos, que cargarán sin duda a cargo de los servicios sociales, la reforma laboral (reducción fondos de garantía por despido), y la propuesta de reforma de la seguridad social con la reducción generalizada de las pensiones, especialmente a los empleados públicos.
  • En quinto lugar, la reforma agraria, baluarte de la alianza con el movimiento campesino y cooperativo (MST), puede verse seriamente perjudicado, por la tímida iniciativa del gobierno de repartir 200.000 hetáreas a 5.500 familias por año, existiendo 4,5 millones de familias sin tierras. A ese paso, sin la expropiación integral de grandes propiedades y sin mecanización del cultivo se tardarán varios siglos en acceder a la reforma agraria y a un régimen cooperativo socialista.
  • Por último, la política exterior también tiene sus nubarrones ya que al contrario de Venezuela y Cuba, y junto a los gobiernos de Kirchner y Tabaré, Lula se colabora con el Pentágono en el envío de tropas a Haití (1.500 soldados en el 2.004) donde el gobierno democrático de izquierdas de Aristide fue depuesto por un golpe de Estado provocado por el imperialismo para apuntalar un régimen títere, fin que además ha sido truncado por el triunfo electoral de René Preval con más del 50% de los votos –febrero de 2.006-. Este envío de tropas coincidía además con una coyuntura internacional donde EE.UU. necesitaba liberar efectivos para su lucha militar contra el “mundo árabe”.

Tal análisis no deja de ser desalentador, pero tampoco es una falacia, sólo la dura prueba de la lucha de clases decidirá por dónde irá el gobierno del PT, o por una política económica, social y cultural de lucha contra la pobreza, creación de empleo, reforma agraria, anti-imperialista, y de desarrollo industrial, o si la ola neoliberal es más absorbente de lo que parece. O desarrollo económico independiente en la lucha por el socialismo, donde Brasil cuenta con unos recursos de todo tipo (energéticos, materias primas…) o posibilismo. Por todo ello nos caben algunas dudas, pues ¿qué no podrá hacer Brasil, un país con recursos de todo tipo, con un gobierno del PT, cuando Cuba con 45 años de bloqueo garantiza un acceso universal a su población en bienes y servicios? Y si en Venezuela las clases dominantes que no renuncian a su dominio clasista atacan, mientras en Brasil se repliegan ¿no será porque su oponente haya congelado las armas anti-neoliberales?.

Consolidación del MST en Brasil

         Movimiento socio-político latinoamericano más masivo (250.000 familias integradas en él), compuesto por campesinos pobres, arrendatarios, jornaleros, etc., que con la ocupación de tierras (88.000 familias acampadas), y la creación de formas de organización y reproducción de la vida social (cooperativismo, ayuda mutua, etc.), se consolidan como un aliado importantísimo en la lucha por el socialismo.

Levantamientos populares en Argentina

         El auge de la movilización social contra la crisis argentina ha presionado para que el nuevo gobierno de Kichner realice una política con tintes sociales. La economía industrial se ha reactivado incrementando los beneficios de exportación, el paro se ha reducido del 20 al 15%, han aumentado pensiones y sueldos, se han revocado las leyes de impunidad a los verdugos de la dictadura militar, se ha restablecido relaciones diplomáticas con Cuba y estrechado los lazos económicos con Venezuela, manteniendo sin embargo las distancias políticas. No obstante, se mantienen las privatizaciones de sectores estratégicos (energía, petróleo…), se envían tropas a Haití, y se da el apoyo a la propuesta de EE.UU. de llevar a Irán ante el consejo de seguridad de la ONU.

Las luchas de clase en la Venezuela bolivariana anti-imperialista

 1. Formación de la Vª República y cambios del primer mandato

Ascenso revolucionario de la izquierda y los comunistasintegrados en el Polo patriótico desde las elecciones generales de 1.999. Gobierno bolivariano con mayoría parlamentaria absoluta (56% de los votos) de carácter anti-imperialista y anti-latifundista. Aprobación de la nueva constitución bolivariana.

Bajo su primer mandato, el gobierno anti-imperialista de Chavez ha impulsado grandes cambios. Ha emprendido reformas (74), como la ley de elección ciudadana de los jueces, la revocabilidad a mitad de mandato de los poderes electos, y la supresión del senado implantando un sistema parlamentario unicameral legislativo y ejecutivo.

Se ha promulgado la supresión del latifundio improductivo y reforma agraria acelerando la lucha de clases en el campo, despertando la ira de los terratenientes y el apoyo masivo del campesinado (60.000 familias recibieron más de 1 millón de hectáreas).

En la enseñanza y salud, se duplicó el gasto público escolar con la supresión del pago de matriculación, con la extensión a 1 millón más de matriculados, tres meriendas gratuitas para escolares, creación de brigadas de alfabetización y sanitarias extendiendo la enseñanza y atención médica a zonas rurales abandonadas, programa de acceso gratuito a la universidad, gratuidad en los servicios de urgencias, mejora de los hospitales públicos, campañas de vacunación erradicando enfermedades endémicas, con la reducción de la mortalidad infantil.

En vivienda, construcción de viviendas para personas sin recursos, donde el ejército ha sido enviado a los barrios populares para ayudar a construir o reparar viviendas. En jubilación, aumento de las pensiones. En empleo, creación de medio millón de empleos.

En política exterior, oposición al Plan Colombia, rechazo de la utilización del espacio territorial para aventuras militares USA, y reconstrucción de la OPEP con la aceleración del valor del barril de crudo a un 300%. En política económica, declaración constitucional del petróleo como no privatizable, destitución de la directiva privatizadora del monopolio, afianzamiento la propiedad estatal del petróleo como principal fuerte exportadora con precios justos, utilizando los ingresos para los programas sociales y de desarrollo (hasta entonces en beneficio privado) dando ejemplo de cómo se defienden las materias primas. Persecución del fraude fiscal y la evasión de impuestos de los grandes capitalistas, rechazo a las medidas y la dependencia del FMI y el BM.

2.Primera derrota de la contrarrevolución: el golpe de Estado de abril del 2.002 

La ausencia de una rigurosidad ante la actitud pro-golpista de militares y la inexistencia de una milicia popular armada en defensa de la República, propiciaron que las maniobras de la CÍA y la burguesía venezolana en complicidad con sectores del ejército y el poder mediático fraguasen en la intentona golpista del 11 de abril del 2.002, con la usurpación de la presidencia de la República, la liquidación de la Constitución bolivariana, la retención del Presidente, la disolución de la Asamblea Nacional y la Corte de Justicia, la restitución de la directiva petrolera y la anulación de las libertades. Pronunciamiento que fue liquidado por la insurrección de las masas junto al sector bolivariano del ejército, del cual más del 80% de los generales con mando operacional se mantuvieron fiel a Chávez y a la Constitución bolivariana. Fue la primera gran derrota de la oposición contrarrevolucionaria.

Tras el fallido golpe de Estado del 11 de abril de 2.002 se extendieron y crearon los denominados Círculos Bolivarianos para implicar y organizar al pueblo territorialmente en la vida política del país, formándose el Comando Político de la Revolución como organismo unitario de dirección en el que se integrarían unos 27.000 círculos bolivarianos.

3.Segunda derrota de la contrarrevolución: el golpe de octubre de 2.002.

La intransigencia golpista de las fuerzas reaccionarias provocaría otra intentona militar el 10 de Octubre de 2.002 junto a una huelga general convocada por la patronal FEDECAMARAS, el 21 de Octubre de 2.002, que se saldó con otro sonado fracaso, ya que sólo fue respaldada por el 10% de la población a pesar del intento de soborno a los trabajadores para que pararan, donde la élite burguesa y elementos de la pequeña burguesía, unos 100.000 según fuentes mas realistas, a igual que en Chile contra el gobierno de Unidad Popular, salieron a la calle exigiendo el golpe de Estado contra el gobierno democráticamente elegido. El sabotaje económico de la patronal, se convirtió en un arma dirigida a mermar la capacidad productiva, de suministro a la producción y alimentos a la población. El país no paró y el gobierno no se doblegó. Fue la segunda gran derrota de la oposición contrarrevolucionaria.

4.Tercera derrota de la contrarrevolución, el paro patronal de diciembre de 2.002

La tercera movilización de las fuerzas sociales reaccionarias se dirigió contra el suministro de alimentos y combustibles a la población, con una huelga general indefinida financiada por la patronal FEDECAMARAS y apoyada por el sindicato amarillo CTV, aplicando lock outs patronales en empresas y comercios, cuyo respaldo caía en picado, a través de la previa política laboral de acuerdos económicos del gobierno con los trabajadores en sectores básicos. No obstante, en el 4° día de huelga (6 de diciembre de 2.002) el atentado perpetrado contra 3 civiles atribuido por los medios de comunicación privados al gobierno,  fueron aprovechados para la creación de un clima prefabricado de enfrentamiento civil entre opositores y gobierno, fuertemente neutralizado por la rápida contestación de la mayoría de pueblo venezolano manifestándose masivamente en apoyo del gobierno bolivariano, incluso los trabajadores del PDVSA llegaron a ocupar plantas petroleras para ponerlas en actividad. El golpe petrolero tiene su importancia dado que el 80% de los ingresos de divisas del país dependen del PDSVA, y supone el 30% del PIB. Fue la tercera gran derrota de la oposición contrarrevolucionaria. La industria petrolera pasó desde ese momento íntegramente al control del estado venezolano.

Los golpistas después de intentar el golpe militar jugaron la baza del golpe empresarial y mediático con la desenfrenada propaganda totalitaria de los medios de comunicación privados contra el gobierno, luego el golpe petrolero, bloqueando la exportación del crudo con el secuestro de las naves de transporte, y el sabotaje económico para mermar la capacidad de generar riqueza, y colocar al país de rodillas ante el FMI. Tres intentonas, tres derrotas de la oposición contrarrevolucionaria en el año 2.002 (abril, octubre y noviembre).

El paralelismo con Chile obedece al mismo patrón, primero campaña contra la victoria electoral, después acoso y derribo contra el gobierno, utilización de la paralización de los transportes, terrestres en Chile, y marítimos en Venezuela, y de la actividad de sectores básicos, del cobre en Chile y del petróleo en Venezuela, chantajismo a la economía por la CIA, ITT y la patronal en Chile, y la directiva PDSVA y la patronal FEDECAMARAS en Venezuela. Es evidente que una huelga que duró más de 60 días es insostenible para la burguesía venezolana sin el apoyo encubierto del imperialismo yanqui. Parentesco similar cuando la CIA financiaba el diario “El mercurio” buscando el derrocamiento del gobierno de Unidad Popular de Salvador Allende

¿A que venía tanta prisa por el desalojo de Chavez del poder si según la constitución Bolivariana contempla la revocabilidad de todos sus cargos en referéndum a mitad de mandato? La ley de hidrocarburos y la ley de tierras que se gestaba tocaba en lo más profundo de las fuerzas reaccionarias, no era del agrado de los directivos petroleros, ni del gobierno de EE.UU que depende del suministro del crudo destacando Venezuela como 5° productor mundial, ni tampoco era del agrado de latifundistas, alcaldes y gobernadores ligados al caciquismo, son leyes que desde su puesta en práctica han profundizado en su aplicación de lucha contra el latifundio improductivo y las compañías petroleras norteamericanas, en aras del progreso social del pueblo. La impaciencia contrarrevolucionaria de las clases reaccionarias consumió su acción política.

5. Cuarta derrota de la contrarrevolución: referéndum revocatorio de Chávez

Tan fuertes son las esperanzas de la reacción que tras el fracaso del golpe de Estado y el cierre empresarial que casi destruye la economía, sus últimos esfuerzos del último período (2.003-04) se centraron en llevar a cabo el referéndum revocatorio (agosto 2.004) contra Chávez, referéndum que a pesar de que la derecha controla el 90% de los medios de comunicación y del fraude con decenas de miles de firmas falsificadas, su resultado fue amparado por los observadores internacionales con J.Carter a la cabeza, a regañadientes, con el 58,25% de los votos a favor de Chávez.. No obstante, la oposición burguesa continuaría su lucha antidemocrática, esta vez acusando de fraude a un presidente electo en más de 6 ocasiones. La derrota del referéndum revocatorio fue la cuarta gran derrota de la oposición contrarrevolucionaria. A fecha de hoy (diciembre de 2.007) la oposición sólo gobierna en 2 de los 24 estados venezolanos.

6. El cambio del modelo sindical

La dirección política del proceso revolucionario bolivariano no oculta la relevancia del papel de la clase obrera, por ello ha impulsado el desarrollo un nuevo movimiento obrero y sindical de clase fuerte. A la CTV, que es una organización sindical economista, con una dirección corrupta pro-imperialista representante de la aristocracia obrera petrolera, controlada por los partidos de la derecha COPEI y el socialdemócrata AD, aliado de la patronal y los golpistas contra el gobierno, se le opuso una central sindical de clase (UNT) independiente de la patronal y el Estado.

Desde las organizaciones sindicales de base se fue gestando una nueva Central Obrera, basada en la democracia interna, y orientada hacia la defensa de los derechos laborales y socioeconómicos de los trabajadores e independiente del gobierno, los partidos políticos y la patronal. El 84% de los sindicatos se proclamaron a favor de un nuevo Sindicato Obrero que agrupe a trabajadores de los sectores privado y público. En Abril del 2.003 se creó la UNT (Unión Nacional de Trabajadores) que agrupa a 56 federaciones y 14 sindicatos nacionales. La acción sindical de los sindicatos de clase está desempeñando un papel importante contra los despidos ilegales con la solidaridad de clase de las fábricas del sector en la lucha por la readmisión de los despedidos apoyándose en la legislación laboral bolivariana, con bastante éxito. Organizaciones sindicales de base que fueron vitales para la ocupación y puesta en marcha de empresas bajo control obrero, en el lock out patronal de diciembre de 2.002.

7. Análisis del cambio de gobierno político: del neoliberalismo al anti-imperialismo

Cabe destacar del proceso transformador venezolano el cambio político y la profundización de la democracia política y social . Estamos ante la conversión del antiguo régimen institucional basado en el bipartidismo y la corrupción política y sindical durante décadas, a un régimen constitucional refrendado por el pueblo, con la organización de una nueva legalidad que surge por efecto de la lucha de clases donde las fuerzas populares (clase obrera, campesinado, ejército popular…) organizan nuevas fuerzas sindicales (UNT) y políticas (círculos bolivarianos), y el poder institucional se afianza en un marco de supresión del parlamentarismo con la fusión del poder ejecutivo y legislativo, provocado por la conquista electoral de la mayoría absoluta, que desarrolla desde el gobierno una política económica que prima el desarrollo de las fuerzas productivas nacionales en oposición al imperialismo (no sin dificultades ya que la burguesía nacional está vinculada a los intereses del capital transnacional de EE.UU.) y el desarrollo de la democracia obrera en el control de la producción, lo que junto al apoyo de la mayoría de un ejército formado en una ideología anti-imperialista, posibilita el desarrollo las transformaciones revolucionarias de carácter anti-imperialistas. Venezuela se va transformando de antiguo país rentista, exportador de materias primas, a un país con una importante base agrícola e industrial con el objetivo de producir todos los bienes y servicios que el pueblo necesita para el mercado interno.

8. La quinta derrota de la contrarrevolución, la creación del PSUV, y primeras divergencias en el frente anti-imperialista.

La tercera victoria presidencial consecutiva de Chavez en diciembre de 2.006, con el 62,5% de los votos, en el que se alcanzó los 7 millones de votos (1 millón más que el 2.004), con una participación altísima, el 80%, la más alta de toda la historia en Venezuela, fue la quinta gran derrota de la oposición contrarrevolucionaria que ha abierto un nuevo período político, en el que Hugo Chávez y la mayoría del bolivarismo plantea el objetivo de avanzar hacia la formación de la República Socialista de Venezuela. Para ello Hugo Chávez como paso previo propuso la unificación  de todos los partidos que dan apoyo al proceso revolucionario (Movimiento Vª República, PPT, Democracia Social y PCV), en una sola organización denominada PSUV, con el papel de ser el nuevo “estado mayor” de la revolución.

No obstante, el PCV rechazó de forma acertada el disolverse en el PSUV debido a su carácter exclusivamente anti-imperialista e multiclasista, ya que se confunde frente anti-imperialista (multirclasista) con partido comunista (clasista), entrando en divergencias sobre los sujetos del proceso revolucionario socialista donde sólo el PCV asume que la fuerza social dirigente de la transformación hacia el socialismo corresponde a la clase obrera y no a otras clases.

Para el PCV teoría del “socialismo del siglo XXI”, en realidad no tiene nada que ver con el socialismo científico, ya que se opone a la dictadura del proletariado el socialismo democrático, donde las clases antagónicas se disuelven en la democracia participativa y pluralista. El elemento utópico de esta teoría es evidente ya que en una sociedad donde coexiste la propiedad privada de los medios de producción, no se pueden imponer prioridades sociales. Tampoco se puede pasar por alto que los intereses entre la clase obrera y los sectores populares son contradictorios a los de la burguesía, y la propia lucha de clases en la perspectiva del socialismo los hace irreconciliables. Precisamente Dietrich, promotor de la idea del socialismo del siglo XXI desde 1996, sostiene que el nuevo socialismo debe basarse en la economía mixta, en la variedad de las formas de propiedad social, cooperativa y privada, rescatando la vieja teoría bujarinista de la integración pacífica en el socialismo de las clases explotadoras.

9. Naturaleza de la propuesta de reforma constitucional

La constitución bolivariana de Venezuela se ha quedado estrecha a un proceso revolucionario que necesita modificar artículos constitucionales que en lo político y económico entran en contradicción con el objetivo de sociedad socialista que se persigue. Para eso se propuso convocar un referéndum para el 2 de diciembre de 2.007 con la modificación de 69 de los 350 artículos de la Constitución Bolivariana de 1.999.

El referéndum fue realizado en medio de una campaña anticomunista emprendida por el imperialismo, las clases explotadoras venezolanas y sectores del bolivarismo que no veían con buenos ojos el cambio hacia el socialismo. El resultado del referéndum expresó que más de 4 millones de venezolanos, casi el 50% de los votos son partidarios de la construcción de una sociedad socialista. Las fuerzas contrarrevolucionarias ganaron no obstante con un escaso margen (50,7%) ya que la campaña anticomunista junto al boicot de suministros básicos a la población llevado a cabo por capitalistas y latifundistas contribuyó a contaminar en la lucha ideológica a casi 3 millones de votantes chavistas que se abstuvieron, si comparamos con los resultados de las presidenciales de diciembre de 2.006.

Igual que en Chile sectores del estudiantado, la pequeña burguesía, una fracción minoritaria del ejército con el general Baduel a la cabeza, intelectuales socialdemócratas como Dietrich Steffan, grupos trotskistas y de las propias filas bolivarianas se aliaron con la contrarrevolución para tumbar una reforma constitucional que entre otras cosas legalizaba la propiedad social de los medios de producción, la jornada laboral de 36 horas semanales, y suponía un duro acicate contra los sectores burocráticos, corruptos, herederos del antiguo régimen constitucional y tolerantes con la contrarrevolución que todavía perviven en el aparato de Estado.

Los instrumentos imperialistas han funcionado; las instituciones del imperialismo yanqui, la CIA, funcionarios de la embajada de EE.UU., ONGs financiadas por la USAID y la NED de EE.UU. han seguido las recetas aplicadas en países de Europa del Este (Yugoslavia, Ucrania…) destinadas a financiar e infiltrarse en los movimientos de masas como el estudiantil cooptando dirigentes anticomunistas; la patronal venezolana FEDECAMARAS (empresarios y mayoristas) que por su parte promovieron la inflacción, el mercado negro y la escasez de alimentos básicos durante el proceso electoral; y sin olvidar que el 90% de los medios de comunicación de masas en manos privadas y volvieron a desarrollar una campaña permanente de acoso y derribo al bolivarismo sin ningún tipo de problemas hacia la libertad de expresión de los poderosos.

El fantasma del golpismo y la guerra civil volvió a ser utilizado con más vilurencia como argumento contra la victoria del SI a la reforma constitucional, y paradójicamente los anticonstitucionalistas bolivarianos de ayer se volvían los más acérrimos defensores de la constitución bolivariana contra cualquier cambio que agudizara las contradicciones clasistas y promoviera cambios socioeconómicos más profundos. Pero a pesar del esfuerzo, el resultado electoral es pírrico ya que la derecha sólo ha conseguido movilizar incluso 58.000 votos menos que en las elecciones de diciembre del 2.006.

10. La división del frente anti-imperialista ante el referéndum

Se debe concluir que la victoria pírrica del NO se debe más en parte a las contradicciones internas de clase de las fuerzas políticas que forman el movimiento bolivariano, que a la eficacia de la acción política del campo enemigo, ya que el bolivarismo ha vivido en este marco su primera gran división política la cual ha impedido movilizar esos casi 3 millones de electores chavistas que se han quedado en casa, absorbidos en la lucha ideológica por la pasividad.

La división política del frente bolivariano ha contado además con una campaña mediática anticomunista en torno al traidor Baduel (ex ministro de defensa) y su mentor intelectual Dietrich Steffan, una de las organizaciones políticas del gobierno que gobierna en 4 estados, la socialdemócrata PODEMOS que ha realizado campaña por el NO a coro con la patronal, la mayoría de los medios audovisuales e impresos y la jerarquía eclesiástica.

Incluso los diversos grupos trotskistas (algunos con influencia en el movimiento sindical) no se han puesto de acuerdo entre ellos, unos pedían el SI, mientras otros promocionaban el voto nulo y el NO, de todos ellos en el campo del NO destaca la LIT-CI antichavista, que respaldan la victoria del NO acusando a Chavez de totalitario, responsabilizando al gobierno de la inflación y el desabastecimiento organizado por la burguesía, llegando a considerar el resultado del NO como “un triunfo de las masas frente a un proyecto reaccionario y no una derrota del proyecto socialista”, en la carta abierta de la dirección el partido trotskista brasileño PSTU de la LIT en contestación a la posición consecuente de Petras que llega a acusarlos de ponerse en el campo de la derecha y el imperialismo yanqui al hacer campaña por el NO. En su favor los trostkistas del PSTU acusan a Petras de stalinista y “charlatan calumniador”, sin embargo los hechos son que Bush, Rosales y la LIT trotskista defienden lo mismo, por lo que no hace falta emplear “métodos stalinistas” para acusar a nadie.

La demagogia de la LITtrotskista es ilustrativa cuando en la citada carta analiza el contenido de las posiciones que se dirimían en el referéndum:

“…tanto el gobierno de Chávez como la mayoría de la izquierda mundial presentaron el voto por el SI como un voto progresivo, por el socialismo, y el NO, como un voto reaccionario, por el capitalismo. Al mismo tiempo, los medios muchos de ellos proimperialistas, hacían una interpretación parecida. Para nosotros el significado de lo ocurrido es totalmente el opuesto. El SI representaba, de contenido, un voto reaccionario por que era el respaldo a un proyecto burgués totalitario aunque estuviese camuflado de banderas rojas y alusiones al socialismo. El NO, era, de contenido, un voto progresivo porque representó el rechazo de importantes sectores del movimiento de masas a ese proyecto…” (75).

Por esta lógica deberemos entender que para la LIT la nacionalización del Banco Central, la liquidación de los latifundios y la primacía de la propiedad social sobre la privada es reaccionario, y lo contrario es progresivo. En realidad es inexacto que la propaganda pro-imperialista se presentase a si misma como reaccionaria, el imperialismo, la derecha, la iglesia y la patronal apoyaron el NO con los mismos argumentos que la LIT: contra el “totalitarismo” de Chavez, por la libertad de expresión (tienen poca con el 90% de los medios), y eso porque todos los grupos promotores del NO se presentaron como “progresistas”, oponiéndose contra las nacionalizaciones de todo tipo llevadas a cabo por el gobierno “totalitario” de Chavez, utilizando el anticomunismo como arma “progresiva” contra el “totalitarismo reaccionario” que según tales medios suponía la reforma constitucional. Es de cajón que cuando los burgueses camuflados de defensores de las libertades y de progresismo claman contra el “totalitarismo comunista” es porque lo que está en juego son sus intereses como clase dominante y sus dividendos. Eso es algo que evidentemente la LIT al estar absorbida por el “progresismo” burgués no puede, ni quiere, ni debe ver.

Pero esta posición no es nueva ya que meses atrás en marzo de 2.007 en Sao Paulo el denominado Secretariado Internacional de la LIT (IVª Internacional) llamó a “derrocar a Chavez y sus fuerzas armadas” como tarea “revolucionaria”, excusándose en que

“Chavez no es ni tan siquiera un anti-imperialista medianamente consecuente. Porque tener choques con Bush y hasta haber sido objeto de un intento de derrocamiento en una ocasión por un sector del imperialismo no convierte a nadie necesariamente en anti-imperialista” (76).

Una vez más en la confrontación clasista algunos de estos grupos vuelven a confluir con el imperialismo como antaño en Nicaragua, Afganistán y la restauración del capitalismo en los territorios de la URSS.

¿Entonces, dónde ha estado el centro del debate para cuestionar la reforma? ¿En su carácter no socialista o precisamente en su carácter de avance hacia el socialismo?. El centro del debate ha estado precisamente en aquellos aspectos políticos, económicos e ideológicos que refuerzan el proceso hacia el socialismo.

Por ej., se ha cuestionado el reforzamiento del poder popular y la reelección indefinida del cargo presidencial, es decir prerrogativas que buscaban reforzar el proceso de transformación. El poder popular se proponía desarrollar en consejos comunales incorporando la participación ciudadana en las tareas municipales, los consejos de obreros, estudiantiles y campesinos, y la gestión de las empresas de propiedad social por los propios trabajadores. El poder central, debía combinarse con ese poder popular, reduciendo el poder corporativo de los gobernadores y alcaldes. Además, se planteaba la revocación de los funcionarios públicos, el control de los medios de comunicación privados, la igualdad de las culturas venezolanas, la prohibición de la financiación de partidos y candidaturas con fondos extranjeros (golpe duro para el imperialismo), y concedía al Estado la capacidad de reservarse la explotación de los recursos estratégicos y el derecho a expropiar por necesidades de utilidad pública e interés general. En el terreno económico la reforma pretendía potenciar la industrialización del país como elemento favorable al fortalecimiento de la clase obrera (además de la ley de 36 horas de jornada) y el desarrollo económico equilibrado del país asegurando la igualdad de condiciones en servicios e infraestructuras. De un Estado que constitucionalmente (1.999) promovía la iniciativa privada, se planteaba pasar a promover el desarrollo de un modelo económico productivo basado en la prioridad de los intereses generales y la satisfacción de las necesidades sociales y materiales del pueblo, con lo que el cambio de la orientación de la política económica gubernamental era evidente, con la potenciación de empresas de propiedad social (cooperativas y estatales) con las que se pretendía crear las condiciones para la construcción de una economía socialista, prohibiendo incluso las actividades “que vulneren los métodos y sistemas de producción colectiva” (art. 113), y dando el protagonismo dirigente a la planificación gubernamental y el poder popular.   Todos estos elementos que han sido cuestionados desde dentro del movimiento bolivariano por sectores que en realidad ven la transformación socialista como una amenaza a sus intereses corporativos, clasistas e ideológicos.

Pero el dato más destacable del impacto de la división política del bolivarismo es el hecho de que el PSUV dispone de 6 millones de militantes, es decir 1,7 millones más de los votos obtenidos por el SI, lo que es un indicador de que este proyecto de partido dista mucho todavía de ser un partido de clase, comunista y dirigente de las masas hacia el socialismo, dada su diversidad ideológica y su carácter interclasista con intereses hetereogéneos. El PCV que no se disolvió en el PSUV mantuvo una posición de clase y movilizó toda su fuerza política, sindical y social a favor del SI, también el anti-imperialista PPT. De lo que se desprende que aproximadamente un tercio de la militancia del PSUV no respaldó la reforma constitucional. Ante la división interna del bolivarismo, el PCV y el PPT fueron las únicas organizaciones políticas que oficialmente pidieron el SI.

11. Perspectivas y objetivos

En este marco la pírrica victoria del NO puede ser según se desenvuelvan los futuros acontecimientos una victoria del SI, ya que ha redefinido las fuerzas reales que apuestan social y políticamente por la transformación socialista que deben ser objetivamente mayoritarias, y ha colocado en su sitio justo a quienes hacen el juego al imperialismo y la burguesía en los momentos claves y a quienes no apuestan ni por el anti-imperialismo bolivariano de Chávez, ni por el socialismo ni ideológicamente ni como régimen de producción social.

Tras el rechazo público del capitalismo y la declaración pública de Chavez a favor del socialismo para Venezuela, desde principios de 2.005, empieza un período en donde se aceleran las iniciativas referentes a a la economía social y el desarrollo interno. El número de cooperativas registradas ha crecido con fuerza, si en el 2.002 habían 2.280 cooperativas, para septiembre de 2006 habían 158.917. La cogestión también se ha aplicado en empresas expropiadas por abandono, con el 51% propiedad estatal y el 49% en manos de cooperativas de trabajadores. En coordinación con el sindicato UNT el gobierno expropió en el 2006 unas 700 factorías productivas inactivas. El gobierno ha profundizado sus políticas de expandir formas de propiedad social como las cooperativas y la cogestión.

En esta línea, es destacable que en los últimos meses de 2.007 previos al referéndum se llegó a avanzar en los procesos de nacionalización mucho más que en los últimos 8 años, recuperando la soberanía nacional sobre las fuerzas productivas estratégicas, eléctricas, telecomunicaciones y petróleo. La compañía de Electricidad de Caracas, empresa principal del sector, controlada por la compañía yanqui AES, fué nacionalizada. La Faja Petrolífera del Orinoco, con reservas de importancia mundial, fue nacionalizada, la cuota de la empresa estatal venezolana PDSVA pasará a ser el 60%, lo que sin duda perjudica a los intereses de las Transnacionales petroleras extranjeras (Chevron, Exxon Mobil, Texaco, Conoco Phillips –EE.UU.-,Total –Francia-, Statoil –Noruega- y British Petroleum –Gran Bretaña-), con estas medidas, el gobierno no sólo ha incrementado el peso de los ingresos petroleros hacia el Estado, sino que ha obligado a las empresas a modificar los acuerdos de reparto de la producción por medio de sociedades mixtas en las que el Estado dispone de la participación mayoritaria. La nacionalización de la principal empresa de teléfonos, la CANTV, consiguiendo el Estado venezolano el control estratégico de las telecomunicaciones, hasta entonces en manos de la compañía yanqui Verizon. A ello se le une la no renovación el 27 de mayo de 2.007 de la concesión a Radio Caracas TV, la principal emisora televisiva opositora, y la conversión en emisora de servicio público (77).

Por eso mismo se ha demostrado por lo avanzado en el terreno de la propiedad social y de las nacionalizaciones durante los últimos meses que la reforma constitucional aun siendo necesaria no es ni debe de tomarse como un fin, la mayoría parlamentaria es lo suficientemente amplia como para poder aplicar sin problemas las medidas económicas y sociales que están en el tintero, no olvidemos que en la URSS (con la diferencia del carácter proletario del Estado soviético) se tardó casi 20 años en pasar de la NEP a una economía socialista reconocida constitucionalmente (1.917-36), lo que no impidió durante el trayecto al gobierno soviético emprender los cambios de rumbo necesarios en la política económica (colectivización agraria, industrialización socialista, crecimiento del peso de la clase obrera, política de precios contra la especulación…) por lo que hay claves que habrá que descifrar en el proceso revolucionario venezolano de forma ineludible:

* en primer lugar, no se puede oponer la lucha anti-imperialista con el carácter socialista de todo proceso revolucionario superador del capitalismo ni viceversa. No se puede confundir el Frente Anti-imperialista con el Partido Comunista, ni diluir ni separar uno del otro. Actualmente en Latinoamérica la lucha anti-imperialista adquiere un papel principal para conquistar la soberanía nacional sobre las propias fuerzas productivas y emprender así en las mejores condiciones el rumbo hacia el socialismo. En esa lucha no está solo la clase obrera, sino que existen otros sectores interesados incluyendo a parte de la propia burguesía nacional, contra el imperialismo, el latifundismo y el atraso industrial. En ese cuadro cobra prioridad esa alianza de la clase obrera y el campesinado indígena, junto a fracciones de clase y categorías sociales populares (estudiantes, intelectuales, pequeña burguesía urbana y profesionales, cuadros militares), e incluso sectores de la burguesía nacional, como fuerzas motrices, sujetos imprescindibles para acabar las tareas de liberación nacional anti-imperialistas para las que la burguesía en bloque es incapaz. Por lo que es un grave error separar las tareas anti-imperialistas de liberación nacional de la lucha por el socialismo, ya que no hay camino por hacia el socialismo que no pase por la lucha anti-imperialista en Latinoamérica. Pero también se debe de tener en cuenta que la total liberación nacional no llegará si no se profundiza en el proceso hacia el socialismo, no se debe obviar que la fase imperialista que emana del carácter mundial de acumulación de capital basado en el desarrollo desigual no permite un desarrollo independiente del Modo de Producción Capitalista en países de la periferia como Chile o Venezuela, ni en ámbitos supranacionales como Sudamérica, y solo deja a la burguesía el papel de socio menor de la dominación imperialista, y que las clases anti-imperialistas aliadas (burguesía nacional, campesinado…) no aportan un nuevo modo de producción socialista, y sólo la clase obrera puede cumplir, como ha demostrado objetiva e históricamente ese papel.

* en segundo lugar, se ha demostrado que es necesario reforzar una política económica que planifique la economía nacional, desarrolle un potente sector industrial, potencie el peso de la clase obrera y aplique las reformas laborales como la jornada de 36 horas, ello es posible y más si tenemos en cuenta que los sectores fundamentales de la economía, energéticos, infraestructuras y telecomunicaciones están en manos del gobierno;

* en tercer lugar, es necesaria una profundización del Estado de bienestar social y un mayor control de la economía con medidas fiscales contra la política inflacionista de capitalistas y latifundistas;

* en cuarto lugar es necesario el fortalecimiento del movimiento sindical de clase no solo reivindicativo sino también sociopolítico de apuesta por el socialismo para ello es imprescindible el desarrollo de la clase obrera como sector creciente, el desarrollo industrial y la socialización de las fuerzas productivas fundamentales, la unidad ideológica y política de la clase obrera en torno a un partido y un aparato de Estado depurados de los elementos arribistas, saboteadores y burocráticos que incluso con el cartel de “chavistas” en este proceso electoral se han desenmascarado, para ello el PSUV actual no está preparado;

* y por último no se puede abandonar el objetivo de la necesaria transformación del carácter del Estado venezolano y sus aparatos (ideológicos, políticos y militares) en un Estado de clase de carácter socialista tal y como se pretendía con la reforma constitucional, porque una cosa es disponer de los apoyos en el ejército y el parlamento y otra muy distinta es disponer del poder político real.

La unidad del bloque revolucionario, del PSUV y el PCV, lograría en noviembre de 2.008 ganar 17 de las 22 gobernaciones y el 80% de las alcaldías en las elecciones regionales y municipales, y conquistaría en febrero del 2.009, mediante referéndum, la introducción de una enmienda constitucional, respaldada por más del 60% de los votos,  la reelección de los cargos públicos mediante sufragio, incluyendo el presidende de la república, medida que supone una consolidación del movimiento bolivariano en el poder y un golpe a la oligarquía venezolana.

Reavivación del movimiento popular en Ecuador

         Masivas huelgas generales que han derribado a gobiernos pro-USA y paralizado medidas neoliberales dictadas por el FMI, contra la dolarización de la economía con marchas e insurrecciones populares entre los años 2.000 y 2.001 que contaron con el precedente de 7 grandes movilizaciones indígenas durante la década de los 90 (conflictos de tierras, reconocimiento del carácter plurinacional del Estado, contra el neoliberalismo en el campo, contra la subida de precios de gas y combustible…), tal proceso culminó en 1.996 la creación de una alianza político social de la izquierda (Movimiento de Unidad popular: Pachakutik-Nuevo País), que impulsó el triunfo electoral de la candidatura de Lucio Rodríguez a las presidenciales del 2.002.

Se produce el divorcio entre el gobierno que abraza la senda neoliberal y la alianza de izquierdas que exige la aplicación de las transformaciones sociales. Gutiérrez se sometió a la doctrina neoliberal, al Plan Colombia de EE.UU. apoyando la base militar de Manta, propuso la privatización del petróleo y las eléctricas, persiguió el movimiento sindical e indígena y tras su enfrentamiento con las masas populares fue desalojado del gobierno por un levantamiento popular en el 2.005. Movimiento popular que conseguiría  expulsar a la Transnacional yanqui Oxy de los pozos petrolíferos y que se revocara el Tratado de Libre Comercio con EE.UU.

La izquierda ecuatoriana logra recomponerse en la candidatura del Movimiento Popular Democrático, conquistando la victoria de Rafael Correa como presidente (2.006) con el 58% de los votos sobre una participación del 85%. Correa y el MPD han llegado con un programa antineoliberal contra el Plan Colombia y el ALCA, por el desalojo de la base militar yanqui de Manta, por la moratoria de la deuda externa, el control por el Estado de los sectores estratégicos, por la nacionalización de los recursos naturales, por la revisión de los contratos de las empresas extranjeras del sector petrolero, por una nueva economía productiva, con el objetivo de terminar con la economía especulativa y neoliberal, fomentando la producción nacional y fortaleciendo las formas de propiedad estatal, comunitaria y mixta, garantizar derechos de salud, vivienda, trabajo y seguridad social, reforma política que transforme las instituciones a través de la convocatoria de una Asamblea Constituyente, parlamento unicameral, poder revocatorio para el pueblo, sufragio universal para la Corte Suprema de Justicia, etc. Reforma política que es necesaria para llevar a cabo la nueva política económica.

De momento, el nuevo gobierno que sí conecta con su base social antineoliberal, ha decidido no renovar la concesión de la base militar de Manta a EE.UU., ha convocado la Asamblea Nacional Constituyente con el respaldo mayoritario del pueblo (abril 2.007), donde el 78% de los ecuatorianos votaron a favor de la convocatoria de la Asamblea, mientras que la derecha agrupada en 4 partidos, las cámaras de empresarios y los grandes medios de comunicación que hicieron campaña contra la Asamblea no consiguieron apenas poco más del 20%. Tras la convocatoria de la Asamblea Nacional, vinieron las elecciones a diputados de la Asamblea Constituyente en septiembre, en la cual la candidatura “Alianza País” liderada por Rafael Correa, ha obtenido una holgada mayoría absoluta, lo que da una cómoda diferencia para la redacción y aprobación de una nueva Constitución. El pueblo ecuatoriano votó poner fin a la antigua Constitución que oficializaba el neoliberalismo.

En menos de un año, el dirigente de la izquierda ecuatoriana, Rafael Correa, se ha impuesto ya en 4 elecciones a la derecha, las presidenciales 2.006 a dos vueltas. La nueva Constitución aprobada mediante referéndum el 28 de septiembre del 2.008, con amplio perfil nacional y progresista, aumenta el poder del Estado sobre la economía. La Carta Magna permitirá al Estado ostentar más control y participación en sectores estratégicos como petróleo, minas, telecomunicaciones, agropecuario y agua. Sustituye la definición de “economía de mercado” esgrimido por las recetas neoliberales del FMI y del Banco Mundial, la de “economía solidaria”. Asimismo, el Banco Central pierde su autonomía y la política monetaria pasa a ser atribución del presidente, a la par que le permite limitar y regular monopolios y oligopolios en el sector privado. La nueva Constitución autoriza la expropiación de bienes por causa de utilidad pública o interés social y prohíbe celebrar contratos con cláusulas de arbitraje internacional. En cuanto a la deuda, una de las cuestiones que más ha golpeado a la economía ecuatoriana, crea el concepto de “ilegitimidad” e “ilegalidad” para la deuda externa, que daría al mandatario un soporte legal para detener el pago de algunos tramos de sus pasivos. Correa dará prioridad al gasto social frente al pago de los tenedores de bonos con el lema “la vida antes que la deuda”. Otra de las prerrogativas que ostentará el Estado es la de expropiar tierras no productivas para redistribuirlas entre la población, prohíbe los latifundios y las semillas genéticamente modificadas, con excepción de algunos granos autorizados por el presidente. La nueva carta prohibe la secesión del territorio nacional y el establecimiento de bases militares extranjeras en el país.

El triunfo de la nueva Constitución ecuatoriana, sancionada por las dos terceras partes de su población, es el resultado de las nefastas políticas neoliberales que proliferaron por América Latina, llenando de miseria y pobreza a grandes masas, que hoy apuestan por un orden social más justo y de integración regional.

Bolivia, desarrollo del MAS como movimiento político anti-imperialista

         En Bolivia, rechazo de las masas a las políticas neoliberales y la derecha. Insurrección de la clase obrera, con la huelga general convocada por la COB y movilizaciones campesinas e indígenas contra la privatización del gas, los hidrocarburos, el ALCA y a favor de la reforma agraria, que hizo caer al presidente burgués Gonzalo Sánchez de Lozada en Octubre de 2.003. La falta de madurez y dirección política del MAS (Movimiento Al Socialismo) permitió en aquel entonces se diera un simple recambio en el poder, manteniendo el mismo gobierno, con otro presidente (Mesa), dando continuidad a su política neoliberal y de erradicación del cultivo de coca.

La continuidad de las luchas populares ha ido perfilando el crecimiento electoral del MAS como primera fuerza política del país, con fuerte implantación de masas en el campesinado indígena que en alianza con la COB, en las últimas elecciones, han conseguido llevar al dirigente del MAS (Evo Morales) en diciembre de 2.005 a la presidencia del país con el 54% de los votos. Es la primera vez que la izquierda vence con mayoría absoluta sin necesidad de una segunda vuelta electoral.

El programa (78) de gobierno de Morales, surgido de las movilizaciones, se pronuncia por el mantenimiento de la ley de hidrocarburos de junio 2.005 conquistada por la lucha popular, que mantiene la propiedad por el Estado boliviano, donde las petroleras deben de tributar al Estado boliviano 10 veces más que hasta entonces, y la coparticipación del Estado boliviano en los beneficios de las empresas extranjeras. A partir de mayo del 2006 se nacionalizó el gas, y se está planteando la nacionalización de las minas, electricidad, metalurgia y la central de telefónica ENTEL, cuya principal accionista (50%) es la Transnacional italiana Telecom. El Estado está recuperando de forma significativa el control de la economía, si en el 2.005 controlaba el 8% del PIB en el 2.008 ha pasado a controlar el 25%. Falta por concretar un rechazo a la presencia militar norteamericana (base militar de Chapare).

Bolivia con la ayuda de Cuba y Venezuela ha logrado reducir el analfabetismo del 16% al 1,7%. En tres años (2005-08) el número de consultas médicas se multiplicó por 12, de 1,3 mill. a 15,8 mill. de consultas. El crecimiento económico marcó en el 2008 un récord histórico desde la independencia, el 6,1%. El saldo económico fue positivo en el 2006, por primera vez en las 2 últimas décadas, en el 2007 llegó al 5,2% y la recaudación de impuestos se multiplicó por 2,5 veces. Como consecuencia de la nacionalización de los hidrocarburos, la ganancia en la primera mitad del 2008 fue de 2.627 mill. de dólares, mientras que en todo el 2004, antes de la nacionalización, fue de 565 mill. Durante los 2 primeros años del gobierno del MAS, los campesinos recibieron 737.029 hectáreas, mientras que desde 1996 hasta el 2005, los campesinos sólo recibieron 36.814 hectáreas, es decir, una vigésima parte de lo que se les ha entregado ahora, y además de la tierra recibieron maquinaria agrícola, créditos estatales sin interés y ayuda de especialistas.

Siguiendo la senda del Chile de Allende, la política del MAS ya ha encontrado fuertes resistencias de las Transnacionales. Los departamentos gobernados por la derecha (Santa Cruz, Pando, Beni y Tarija), sectores energéticos, latifundistas, banqueros y fracciones corporativistas de trabajadores (transportistas, mineros de la industria estatal…) confluyen con la derecha en un frente antigubernamental para frenar los cambios políticos y anti-neoliberales.

Curiosamente el conflicto se desenvuelve en 4 departamentos donde se concentran los recursos más importantes como el gas natural. El imperialismo pretende llevar a cabo su estrategia de balcanización en Bolivia, siguiendo en esquema yugoslavo (nacionalismo, racismo, control de oleoductos y gaseoductos, etc.). Los ímpetus independentistas y la promoción del racismo contra la población indígena, unido a la petición de un referéndum en Santa Cruz como intento de las clases dominantes para independendizar la región con un nuevo Estado al margen de la Constitución, persigue el enfrentamiento entre los bolivianos.

A pesar de la ofensiva neoliberal contra el gobierno del MAS, en diciembre de 2.007 este logró aprobar la reforma constitucional (propiedad pública de los recursos naturales, economía mixta, sometimiento de las inversiones extranjeras a las leyes nacionales…) con un respaldo del 66% del parlamento, donde además se contempla someter el latifundio a referéndum popular. Además el 10 de agosto de 2008 en un referéndum revocatorio, Evo Morales, fue ratificado en su cargo con el 67% de los votos (14 puntos más que en el 2005).

Nicaragua. Vuelve el sandinismo 

         Triunfo del FSLN en las elecciones (enero 2.007). 17 años después de la derrota electoral sandinista (febrero 1.990) Daniel Ortega vuelve a la presidencia del país con un programa antineoliberal, restaurando el principio constitucional de gratuidad de la sanidad, medicamentos y la educación, además de unirse al proyecto anti-imperialista ALBA de integración económica de Latinoamérica, apoyado por Cuba, Venezuela, Ecuador, Bolivia y Honduras.

Hegemonía del Frente Amplio en Uruguay

         Creado en 1.971 como Frente político que agrupa a comunistas, socialdemócratas y cristianos de izquierda procedentes del Partido demócrata cristiano. Coalición política en ascenso electoral, conquistando la intendencia de Montevideo, y el gobieno del país (Enero 2.005) con el 62% de los votos, provocado por el periodo de luchas anteriores con 6 huelgas generales y el triunfo del referéndum contra la privatización de la compañía estatal de petróleo (Ancap). Posibilidad de ampliar la alianza latinoamericana anti-imperialista junto a Cuba, Venezuela y otros gobiernos de izquierda. No obstante, la política económica de la mano de Danilo Astori (ministro de economía partidario de la privatización del agua) está más cerca de seguir los derroteros de Lula, que de Hugo Chavez.

Consolidación del movimiento guerrillero de las FARC

         Movimiento guerrillero más antiguo de Latinoamérica, controlan el 40% de Colombia y hacen frente a la mayor intervención militar imperialista de la historia colombiana con el plan Colombia dotado de 7.500 millones de dólares (1,5 billones de pts.) para fortalecer el aparato militar anti-insurgente, de los que sólo una decimoquinta parte (500 millones de dólares) bastarían para sustituir los cultivos de coca (propuesta de las FARC-EP).

Las FARC-EP plantean la reforma agraria integral, la erradicación del narcotráfico, soberanía nacional con política exterior independiente, reforma judicial y del ejército, control de las principales ramas de la economía, apostando por el fortalecimiento de la industria, primacía presupuestaria de la educación y la salud, reforma tributaria progresiva que grave al capital (79).

Ya en el Xº Congreso del PCC de 1.966 (Partido Comunista Colombiano) realizado en la clandestinidad, se acuerdó la combinación de todas las formas de lucha de masas, incluyendo la lucha armada y la participación en elecciones. En 1.985 el PCC se integra en la Unión Patriótica como movimiento político al cual también pertenecían las FARC-EP. El aparato de Estado colombiano, narcotraficantes y los paramilitares han promovido la aniquilación física del Frente político anti-imperialista Unión Patriótica, creado en 1.985, frente integrado por organizaciones políticas y sociales de la izquierda colombiana, que ha sufrido el asesinato de dos de sus candidatos (Jaime Pardo Leal y Bernardo Jaramillo, ambos militantes del PCC), de 100 cargos institucionales, y de más de 4000 militantes, la mayoría comunistas.

A pesar de la represión y tras la destrucción de Unión Patriótica, en el año 2.000 aparece el Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia como Frente sociopolítico alternativo, donde también participa el PCC, que funda  el Polo Democrático Alternativo (PDA) para confluir al proceso electoral, donde a pesar de la represión consigue el 23% de los votos en las generales del 2.006, obteniendo la izquierda el más alto respaldo electoral de la historia, y ser el primer partido de la capital (Bogotá) en las elecciones de octubre de 2.007. El PDA propone abrir un proceso de paz que reconozca la existencia de un conflicto armado de carácter político y social, la construcción de una política pública y permanente de paz, un marco legal de justicia y reparación de las víctimas, y la participación internacional en la solución pacífica del conflicto (Latinoamérica y la ONU).

El movimiento campesino. Expectativas y limitaciones 

El problema agrario en las antiguas colonias y países dependientes, es el problema social más agudo. En la mayoría de los países liberados de todo el mundo, las tierras más fértiles han pertenecido y siguen perteneciendo a los monopolios extranjeros, a los feudales indígenas y a la nobleza gentilicia existentes sobre todo en los países africanos y de Asia central. Los campesinos están vitalmente interesados en suprimir la propiedad territorial de los monopolios y de los feudales locales, a fin de trabajar la tierra y disfrutar del producto de su trabajo,  es una fuerza anti-imperialista y antifeudal opesta al dominio político y económico del capital extranjero, así como al yugo de la clase terrateniente feudal y los nobles tribales, y partidaria de transformaciones agrarias profundas. Así pues, la esencia del problema agrario en tales países consiste en la necesidad de acabar con las relaciones feudales y prefeudales en la agricultura, suprimir la propiedad feudal, privada y extranjera sobre la tierra y hacer que los campesinos puedan trabajarla, prestándoles la ayuda necesaria para ello.

Sobre el resurgir del movimiento campesino en Sudamérica (Brasil, Bolivia, Paraguay y Ecuador) y del movimiento obrero, hay que destacar que en estas formaciones sociales el componente campesino es mayoritario en comparación con el proletariado, por eso las organizaciones políticas de izquierda (frentes y partidos) deben de concretar una política de alianzas correcta para integrar a este sector en un programa mínimo en la lucha por el socialismo desde el anti-imperialismo.

Las tareas institucionales de los cuadros de la izquierda y el peligro que conlleva el deslizamiento de su labor política hacia derroteros socialdemócratas, les ha colocado en oposición a la ocupación de fincas (Brasil), como medio de lucha que los campesinos organizados utilizan en ausencia de una Reforma Agraria Integral, lo que distancia y pone en peligro la necesaria alianza obrero-campesina en paises donde más del 50% de la población es campesina, y donde la lucha por el anti-imperialismo y el socialismo pasa por integrar a la clase principal. Sobre esta cuestión Lenin consideraba una utopía pensar que se pueda aplicar una táctica y política comunistas sin mantener relaciones con el campesinado y apoyarlos en los hechos (80).

En Bolivia en la última década se ha invertido el papel dirigente de las dos fuerzas sociales mayoritarias (clase obrera y campesinado), país de fuertes luchas obreras en la década de los 70 y los 80 en torno al sindicalismo de clase organizado (COB), éste ha sido mermado por el cierre masivo de fábricas y minas cayendo en declive durante los 90, lo que ha dado paso en los últimos años una mayor preponderancia al movimiento campesino de origen indígena, y la polarización de la lucha de clases en el campo. La desconfianza hacia el sistema político corrupto con la conversión del MIR al neoliberalismo, las proclamas anticapitalistas, y la movilización social (ocupación de fincas, paralización de las privatizaciones, cortes de carretera y marchas a la capital) han sido el las armas y la táctica de lucha del movimiento campesino boliviano encabezado por el sindicalista campesino Evo Morales.

La realidad objetiva del movimiento campesino abandonado a sus fuerzas y alejado de una alianza interclasista revolucionaria en principio lo desplaza hacia posiciones movimientistas y corporativas. Precisamente en sus orígenes el MAS boliviano pecaba de apoliticismo y el aislamiento, se rechazaban los Foros Sociales, se criticaba la acción política institucional (crítica al papel reformista del PT en Brasil y al papel estatalista de Chavez en Venezuela), se anteponía el movimiento social a la organización política y se catalogaba a la alternativa del poder popular por abajo en las localidades como lo prioritario por delante de una política estratégica de ámbito nacional:

“la alternativa de poderes locales…buscan constituir una nueva sociedad por abajo… Habran múltiples contradicciones entre los programas y tareas generales nacionales, que se definan como estrategia, y los microprocesos de construcción de autonomía local… sólo podrán resolverse priorizando las iniciativas locales…” (81).

Pero la marcha de la lucha de clases en Bolivia ha ido en la práctica en dirección opuesta a las tesis apolíticas del anarquismo, ya que a pesar de su localismo el movimiento campesino boliviano ha evolucionado hacia la intervención política independiente utilizando el recurso institucional como apéndice de una estrategia política. De ahí que el MAS, sea una organización estructurada políticamente, que surge de un movimiento social, y que se plantea la necesidad de preparar ideológicamente a sus cuadros (igual que el MST en Brasil), participar en las elecciones políticas y subordina la actividad institucional a la actividad del movimiento social.

Pero le falta todavía dada su procedencia movimientista el programa revolucionario, la política de alianzas necesaria y la estrategia revolucionaria de toma del poder. El MAS considera el partido político más como una coordinadora del movimiento social, que como una organización de vanguardia y dirección revolucionaria, confundiendo al partido con las organizaciones de masas y el frente anti-imperialista:

“…el partido puede ser flexible, modificar sus líneas de trabajo adecuándolas a las necesidades y avances del poder popular, lo que haría necesario aprender a descentralizar las tomas de decisiones, ya que la práctica de un partido férreo educa incorrectamente sobre la relación con las masas… Así Evo pasaría poco a poco a ser como una especie de coordinador de una formación de cuadros subordinados al poder popular…” (82).

Aquí el partido es educado por las masas y por el movimiento de base. No hay relación dialéctica (aprender de las masas y educar a las masas), y se banaliza el papel dirigente del partido. La estrategia revolucionaria en la lucha por el socialismo se sacrifican a las “necesidades y avances del poder popular”, se cae en la tesis de que lo importante es el movimiento y no el fin, se toma como referencia el poder popular sin tener en cuenta la existencia de una situación revolucionaria que fundamente la acción política. La espontaneidad predomina a pesar del discurso anticapitalista y sinceramenteantineoliberal, dado que los medios (movilización social) sometidos a los fines del movimiento (reforma agraria) por sí solos y sin una clase obrera industrial, no superan el modo de producción capitalista. La calle y la ocupación de fincas por la consecución de unos objetivos son un medio de lucha no un fin en sí mismo, que pasan por la superación del régimen político dominante, el modelo de explotación neoliberal, la lucha anti-imperialista, el fortalecimiento de la industria y la clase obrera y la conquista del socialismo.

Las debilidades del movimiento campesino abandonado a su suerte producto de la falta de una política de alianzas revolucionaria, son la ausencia del planteamiento de la toma del poder político por los sujetos revolucionarios potenciales, (campesinado y clase obrera), la transformación del Estado dominante en Estado popular y proletario (dado el carácter clasista del Estado). La ausencia de perspectiva histórica incial llevan al movimiento campesino a postular planteamientos anarquistas, como por ejemplo la oposición al capitalismo de Estado y al estatalismo socialdemócrata se confunde con su creencia a que la organización de la resistencia popular, las formas de organización social y de propiedad colectiva local pueden sobrevivir en el modo de producción capitalista al margen del poder político y del desarrollo industrial de las fuerzas productivas, y su inconsecuente oposición a la centralización democrática del poder político necesaria para llevar a cabo cualquier tipo de planificación económica de carácter popular e incluso socialista:

“…ha fracasado el capitalismo de Estado, ahora les toca a los pueblos crear sus empresas autogestionarias, empresas colectivas.” (83).

Esa falta de perspectiva revolucionaria, explica que tras la última revuelta de clase en Bolivia contra el gobierno derechista de Losada, donde el movimiento obrero y la COB resurgen y se unen al movimiento campesino en las reivindicaciones, el dirigente del MAS Evo Morales permitiese dar al nuevo presidente burgués del mismo gobierno (Carlos Mesa) un “margen” para cumplir sus promesas (referéndum sobre las privatizaciones, y convocatoria de elecciones), sin provocar una retirada de la política neoliberal, ni la toma del poder político o como mínimo un cambio de gobierno que garantizara las transformaciones, ignorando que la burguesía siempre trabaja desde el poder político para desmontar desde su Estado-clase, la dualidad de poderes creada en la calle y el campo, y mantener su dominio clasista.

La posterior ley de hidrocarburos (2.005) y la victoria electoral del MAS con Evo Morales a la presidencia del país, aceleró los cambios de esta organización hacia una posición más favorable a la intervención política como tarea principal para la transformación social más allá de los ámbitos locales, tal y como se ha demostrado en su propia gestión de gobierno en defensa de la soberanía nacional frente a las Transnacionales (asunto Repsol) y el alineamiento anti-imperialista al lado de Cuba y Venezuela, erosionando las anteriores posiciones contrarias a la centralización de la actividad política y la planificación económica y que ahora precisamente encuentran con la rabiosa oposición de la burguesía en los departamentos gobernados por la derecha y los sectores energéticos, latifundistas, banqueros y fracciones corporativistas de trabajadores (transportistas, mineros de la industria estatal…) en un frente antigubernamental para frenar los cambios políticos y anti-neoliberales que se legislan desde el gobierno.

Si admitimos que es necesario superar el divorcio movimiento obrero con el movimiento campesino y viceversa en sociedades donde las organizaciones revolucionarias (partidos o frentes políticos) deben de procurar establecer una alianza sólida en la que la clase obrera tambien debe superar sus posiciones corporativas. La clase obrera debe hacer como diría Gramsci, concesiones al campesinado como clase más numerosa y como fuerza motriz principal potencialmente revolucionaria. Y si el movimiento obrero no quiere que caiga en manos de la reacción o en la derrota coyuntural, debe ponerse a la cabeza del movimiento campesino con un programa que integre sus aspiraciones más inmediatas en aras de la unidad revolucionaria, y esa es la función del partido revolucionario de vanguardia.

Si miramos a Brasil veremos que existe el movimiento campesino de carácter sociopolítico y transformador más potencial de toda Latinoamérica, es un movimiento de nuevo tipo. Están organizados en el 82% del país, con 250.000 familias con tierras de propiedad y 88.000 acampadas luchando por conseguirlas. Este movimiento surgió a raíz de la expansión del latifundio y la mecanización del campo, donde los campesinos pobres con tierras entre las 15 y 30 hectáreas no podían competir, sólo tenían dos alternativas organizarse y luchar por la reforma agraria o ir a las ciudades (84). Los que optaron por la primera en 1.995 ya habían ocupado 140 latifundios improductivos, en los que campesinos pobres, semiproletarios y braceros del campo implantaban la propiedad social bajo régimen cooperativista. La potencialidad de este movimiento se basa en su carácter de masas, la fundamentación teórica marxista para el análisis concreto, la preparación masiva de los cuadros y la militancia estudiando el Manifiesto del Partido Comunista, la organización de base, la implantación de relaciones cooperativas de trabajo (de producción, de servicios, etc.), y la compresión de que es necesario el cambio de la política económica del gobierno y la transformación de la sociedad, y de que la Reforma Agraria es sólo un frente de lucha más:

“…qué vamos a hacer con las cooperativas, las tierras, los asentamientos si el gobierno está destruyendo la agricultura; por más que nosotros produzcamos en las cooperativas estamos derrotados, por lo que la lucha por la tierra tiene que ser una lucha contra la política del Gobierno. En la lucha inmediata, estamos contra la política económica del gobierno y, a corto plazo, se trata de construir con otros sectores la idea de un proyecto de cambios en la estructura de la sociedad…” (85).

El carácter cooperativo del movimiento anticipa formas de producción socialistas en el campo, algo que lo diferencia del movimiento campesino ruso que carecía de experiencias de régimen cooperativo y dificultó el paso inmediato a relaciones de producción socialistas, lo que puede dar al movimiento campesino brasileño un potencial revolucionario mayor que el movimiento campesino ruso en la construcción del socialismo después de la revolución.

El MST, ya antes del gobierno de Lula, se viene marcando objetivos que van mas allá de la reivindicación corporativa, un movimiento que frente al localismo apuesta por la unidad de acción frente al latifundio y el gobierno, un movimiento campesino con objetivos revolucionarios y comunistas, e incluso de formación y preparación de masas, que desde su propia realidad asume las aportaciones revolucionarias y no renuncia a dar apoyo al frente político institucional, aunque analiza sus limitaciones, desmarcándose de cierta izquierda gobernante en países donde en vez de la transformación social, es la agenda neoliberal la que se impone a los gobiernos de turno.

Este es quizá el movimiento campesino más politizado de los existentes, pero no carece de déficits, no vislumbra la necesidad de un partido revolucionario que aboge por la conquista del poder político, que supere la dualidad de poderes (bloque explotado contra bloque de los explotadores) y ello a pesar de aportar elementos propios del mismo (formación de cuadros, trabajo de masas, movilización social, labor institucional…). Por eso la propia naturaleza de este movimiento abandonado en su inercia puede hacerlo derivar más hacia el movimientismo y la derrota coyuntural. Pero claro, aquí no está demás decir que el movimiento obrero y la izquierda brasileña tienen una gran responsabilidad de saber articular y dirigir un bloque histórico de poder revolucionario que derrote el modelo neoliberal y su régimen político, si ello no es así la derrota real del proceso, aunque se ganen las elecciones y se gobierne, lo que no se debe no confundir con la conquista del poder, será inevitable.

1.5.2.13 Desarrollo de las relaciones económicas y políticas en la periferia al margen de los EE.UU, Japón y la UE.

Se están desarrollando intensas relaciones de intercambio igual entre países de la periferia, al margen de las relaciones y rivalidades de los Estados imperialistas, con el objetivo de establecer un Nuevo Orden Económico Internacional (NOEI) en base a un desarrollo multilateral y anti-imperialista. Con este intercambio también se refuerzan las relaciones políticas contra la ingerencia de los Estados imperialistas y sus Transnacionales que atentan a la soberanía nacional de los pueblos. Este capitalismo de Estado no es socialismo pero choca con la dominación imperialista, los países de la periferia comienzan a desconectarse de las presiones exteriores, de la lógica imperialista dominante, y comienzan a reforzar sus propias fuerzas productivas.

Estos procesos vienen provocados a través del ascenso al gobierno de diferentes formaciones políticas de izquierda, como por ejemplo la consolidación del intercambio entre Brasil-Suráfrica-India (gobierno con participación comunista). Acuerdos económicos de China con Latinoamérica dentro del proyecto de integración económica del ALBA, en el cual se integran Venezuela, Cuba, Bolivia, Nicaragua, Honduras y Ecuador, destacando el suministro de energía eléctrica, petróleo y deribados a precios subsidiarios y ayudas al desarrollo social. Intercambio de Venezuela con Bielorrusia, explotación conjunta del petróleo. Incremento del intercambio con los países árabes.

El ALBA es un proyecto lanzado en diciembre de 2004 por Fidel Castro y Hugo Chávez integrando en la actualidad a los países mencionados para combatir todos los tratados de libre comercio yanquis y el proyecto neoliberal del ALCA, del cual no se han desmarcado países tan importantes como Brasil, Argentina y Uruguay. Los TLCs impiden el desarrollo de industrias propias y la defensa del sector agrícola contra productos dumping altamente subvencionados por el centro imperialista, de ahí la importancia de librarse de este dogal de la dependencia.

El ALBA pretende construir a escala regional modalidades de integración económica y de ayuda e intercambio comercial independientes, que rompan con la dependencia de los países capitalistas del centro y sus transnacionales. Los acuerdos del ALBA que buscan la independencia de lationamérica, encuentran la oposición del imperialismo yanqui y gobiernos neoliberales. Esta alternativa es cuestionada en la lucha de clases por las fuerzas sociales reaccionarias de latinoamérica, latifundistas, la oligarquía finaciera, el alto mando militar  y la jerarquía de la iglesia católica.

Los principios del ALBA son distintos a los de MERCOSUR y CAN, ya que estos regionalismos postulan la liberalización de los sectores económicos y la reciprocidad de la apertura de los mercados en conformidad con las exigencias de la OMC. La propuesta del ALBA propone cooperación, complementariedad frente a la competencia, la solidaridad, considerando los diferentes niveles de desarrollo, los puntos fuertes y débiles de las economías y los intereses de los Estados por proteger determinados sectores, la defensa de la propiedad social frente a la privatización, limitar los derechos de los inversores, y potenciar el fortalecimiento de los pequeños productores, cooperativas y empresas estatales.  Bajo este concepto tienen prioridad los proyectos de cooperación en beneficio mutuo, especialmente los que se dan entre empresas estatales, se resaltan las transacciones compensatorias que no requieren recurrir al gasto de divisas. El intercambio de bienes y mercancías puede llevarse en forma de compensación, por ej. Cuba elimina sus aranceles para productos venezolanos, mientras que Venezuela elimina barreras para mercancías y servicios cubanos. En cuanto a la cooperación, Cuba aporta en los sectores de enseñanza y salud y Venezuela a cambio ofrece transferencias de tecnología y petróleo a precio preferencial. Los objetivos centrales del ALBA son el combate a la pobreza y el desarrollo social. Venezuela a través de cooperaciones bilaterales, está intentando incorporar a países como Argentina, Brasil y Uruguay. El proyecto del ALBA no solamente se presenta como una alternativa al ALCA, dominada por EE.UU., sino también como una alternativa a los bloques subcontinentales existentes. Hugo Chávez ha destacado que la incorporación de Venezuela a MERCOSUR se hace desde la intención de trasladar los principios del ALBA al MERCOSUR, exigiendo que se diera prioridad al desarrollo social, donde la solidaridad, cooperación y complementariedad deberían constituir las bases del MERCOSUR y no la competencia económica.

A través de estas relaciones económicas al margen de los Estados imperialistas se pueden frenar maniobras de estrangulamiento económico y dependencia. La más reciente es la cooperación Bielorrusia-Venezuela que logró desmontar en el 2006 una peligrosa maniobra del gobierno ruso y la Transnacional rusa Gazprom (dirigida por liberal-monetaristas –burguesía compradora-), al aumentar el precio del gas que Bielorrusia recibe, debiéndose vaciar los fondos de reserva del país para atender los pagos. El objetivo de Rusia y Gazprom era provocar la quiebra económica del Estado y privatizar las empresas públicas de Bielorrusia, poniendo en peligro las conquistas sociales y el desarrollo económico, y hacer caer al gobierno de Lukashenko. Venezuela otorgó un prestamo sin intereses para paliar la situación financiera. Tal embestida del gobierno ruso ha reforzado aún más los lazos económicos entre Venezuela y Bielorrusia, con la creación de empresas industriales bielorrusas en Venezuela.

1.5.2.14 Resistencia irakí a la ocupación

         El genocidio de Irak es consumado por 160.000 marines y decenas de miles de mercenarios de empresas privadas militares de EE.UU., Suráfrica y Reino Unido, muchos de ellos vinculados en la violación de los derechos humanos en Chile, Suráfrica, Vietnam e Irlanda del Norte y ahora en Irak. Esta aventura colonial inviable y antihistórico que pretende reducir a Irak a un protectorado se está derrumbando ante el acoso de los guerrilleros. La ocupación militar de Irak está desgastando política y económicamente al imperialismo yanqui, viéndose obligado a reabrir los pozos de Alaska para abastecer su propio consumo. La resistencia irakí que obliga a mantener los soldados de EE.UU. estacionados en Irak, ha causado 4.000 bajas y 30.000 heridos en las filas del ejército mercenario yanqui.

1.5.2.15 Frente amplio de resistencia a la globalización neoliberal.

         Se desarrolla un frente de resistencia a la globalización de carácter internacional, en torno a los Foros Sociales, y al calor de las movilizaciones. Frente muy heterogéneo en lo social, político e ideológico. Las propuestas políticas son de carácter humanista (radicalización de la democracia y derechos mundiales de ciudadanía), adquiriendo unidad en torno a reivindicaciones concretas anti-neoliberales (soberanía alimentaria, problema de la tierra, supresión paraísos fiscales, condonación deuda externa, impuesto sobre las transacciones financieras, no a la guerra, etc), dotándose de una forma de lucha movimientista, contra los foros internacionales del capitalismo.

Está compuesto por más de 1.000 asociaciones, partidos y sindicatos. Comunistas, socialdemócratas, nacionalistas de izquierda, anarquistas, cristianos de izquierda y movimientos sociales de carácter popular y anti-imperialista, de base social obrera, campesina e indígena, que representan a las clases explotadas por el capitalismo a nivel mundial, potencialmente revolucionarias.

Estas organizaciones sociales y políticas confluyen de momento hacia una táctica común de propuestas en la lucha contra el neoliberalismo y en identificar al enemigo del orden imperante (FMI, Banco Mundial, OMC e imperialismo yanqui). Respecto a las alternativas políticas al capitalismo, coexisten dos propuestas, una la regulación del sistema capitalista, y otra, la transformación revolucionaria.

Después del Foro de Génova, se ha pasado a una mayor contestación de las movilizaciones ya descritas, con una mayor implicación del movimiento obrero y sindical. Foros celebrados en Porto Alegre, Sao Paulo, Seatle, Barcelona y Florencia a los que hay que sumar el encuentro de La Habana de finales del 2.001 contra el ALCA.

         La consolidación de este Frente de resistencia ha impulsado fuertes movilizaciones internacionales contra la globalización neoliberal. Tales movilizaciones se dan allá donde se celebran foros de los gobiernos (G7, euro-cumbre) y organismos capitalistas supranacionales (FMI, BM y GATT) con grandes concentraciones de masas (Praga, Seattle, Niza, Gotteborg, Génova, Oporto, Barcelona, Florencia). Destacando el influjo de las movilizaciones de Barcelona con dos manifestaciones de masas, una sindical convocada por la CES de 120.000 trabajadores, y otra socio-política con 500.000 de participantes contra la euro-cumbre de marzo del 2.002, siendo superada por la manifestación de Florencia con 1.000.000 de participantes contra el neoliberalismo y la guerra imperialista.

Este movimiento ha superado todos los intentos de criminalizarlo. Identifica al FMI, la OMC y el Banco Mundial como los culpables de la destrucción de los derechos laborales, sociales y de la destrucción del medio ambiente. Este movimiento coloca bases materiales para la confluencia de los distintos sujetos de explotados a nivel mundial en la lucha contra el neoliberalismo y su causa, el capitalismo. Estamos ante una novedad del S.XXI, un movimiento que dotándose de un programa común puede convertirse en un nuevo instrumento político internacional. Los foros sociales van aglutinando cada vez más organizaciones políticas y sociales y miles de cuadros. El crecimiento de su densidad no deja de ser una respuesta dialéctica al ciclo internacional del capital y su modelo neoliberal. Estamos ante el resurgir del internacionalismo con un contenido anti-imperialista, que avanza en la socialización de la información, de las luchas y el debate de ideas entre los explotados y oprimidos del mundo, para articular una alternativa al capitalismo, que no puede ser otra que el socialismo.

No obstante, la hegemonía de las posiciones socialdemócratas es patente en las propuestas humanitaristas que no cuestionan las estructuras de dominación del imperialismo, como la tasa Tobin, por ej.

1.5.2.16 Crecimiento del pacifismo

         A raiz de la campaña contra la guerra del petróleo en Irak, la cual se desenvuelve con fuertes contradicciones interimperialistas, se produce el resurgir de un amplio movimiento pacifista de masas. Movimiento que ha logrado romper el efecto de la durísima droga mediática de las Transnacionales de la información. Estábamos acostumbrados a la fuerte seducción de la propaganda guerrera de las grandes cadenas informativas, que justifican todas las guerras imperialistas, lo que no es de extrañar ya que el capital que fabrica armas, embasa y transporta el petróleo y desinforma, es el mismo. Los mensajes paranoico-genocidas vertían una fuerte adicción sobre nuestras mentes adormecidas: “ayuda humanitaria” en vez de guerra y saqueo, “guerra preventiva” en vez de invasión y agresión militar, “destrucción del aparato militar-industrial” en vez de  destrucción de infraestructuras básicas, pero en esta ocasión no han sido lo suficientemente certeras, la adicción se ha roto con la guerra de Irak.

Las masas de todo el mundo, 30 millones se han levantado como un puño contra la guerra desde Australia, pasando por Oriente Medio y Europa hasta la costa pacífica de los EE.UU. El movimiento pacifista más grande conocido en la historia, rebasando al movimiento contra la guerra en Vietnam. Jamás una guerra, antes de iniciarse, había encontrado una oposición tan amplia a gran escala. Algo le empieza a fallar al sistema de dominación imperialista donde el capitalismo ya no puede ocultar sus contradicciones, y los trabajadores y masas populares del mundo se manifiestan ya contra todas y cada una de sus contradicciones encubiertas.

El movimiento de resistencia a la globalización del capital contra el neoliberalismo y el movimiento pacifista contra la guerra, confluyen en nuestra época como los movimientos internacionales con mayor capacidad de convocatoria enfrentados a la política económico-militar del imperialismo, lo que prepara y aumenta la conciencia social y de clase de las masas adormecidas. No obstante, hay que advertir que tales movimientos son puntuales, no disponen de la continuidad necesaria, y no todos sus componentes identifican la causa, el imperialismo, ni todos se oponen a toda la política neocolonial (bloqueo a Cuba, Plan Colombia, ocupación contra la resistencia irakí, etc.).

1.5.3 Déficits a superar en el avance al socialismo

      Lo descrito con anterioridad, es un reflejo más cercano y actual de la balanza del cuadro histórico-concreto de la lucha de clases a nivel mundial de la que es necesario partir desde la praxis existente conocemos, para avanzar de forma natural y política las alianzas y estrategias ante la nueva y actual configuración de las fuerzas revolucionarias y anti-imperialistas, para ello es necesario salvar algunos déficits de la práctica política que arrastramos:

1.5.3.1 Creación de una Internacional Comunista

         Cuando la IIIª Internacional se disolvió en 1.943, lo hizo temporalmente y con el objetivo de relanzarse bajo otras formas, tal y como pensara su último dirigente J. Dimitrov. La Oficina de Información de los Partidos Comunistas, creada en 1.947 y disuelta en 1.956, tras el XX Congreso del PCUS, y las Conferencias Internacionales de Partidos Comunistas y Obreros, al margen de su gran importancia en cuanto a la coordinación, no consiguieron contribuir en la unidad ideológica en torno a la estrategia revolucionaria del Movimiento Comunista Internacional.

Hoy se hace necesaria una Nueva Internacional Comunista en esta nueva etapa antineoliberal para que los comunistas estemos en condiciones de ganar con nuestro trabajo la hegemonía de los nuevos destacamentos potencialmente revolucionarios.

Se debe aprovechar los diversos encuentros de PCs que se vienen celebrando últimamente (Praga, Atenas, Lisboa, Bélgica, Minsk, Sao Paulo…), creando una Revista de Información e intercambio y un Secretariado que contemple todas las diferentes opiniones y experiencias nacionales de los PCs, con un centro coordinador, que sirva para avanzar hacia una futura Internacional empezando por las diferentes estructuras continentales (Europa, Asia, etc.), que incluya a los PCs de los países de orientación socialista y de los países capitalistas.

También es necesaria la articulación de la izquierda social y política antineoliberal en ámbitos de lucha de clases supranacional (UE, Latinoamérica, etc.), propiciando acuerdos estratégicos y programáticos de carácter anti-neoliberal y anti-imperialista (ALBA en Latinoamérica, contra el Tratado de la UE en Europa, etc).

No obstante, el nuevo Movimiento Comunista Internacional no puede organizarse sobre las bases de la división alrededor de las diferencias de corriente que impidan la Unidad de los Partidos Comunistas en la estrategia revolucionaria mundial.

Hay que partir de la base de que todos debemos de hacernos la autocrítica de nuestros errores, sin renegar de las ideas. Los PCs de Europa Occidental debemos hacer autocrítica por fracasar en el proceso hacia la revolución en Occidente al abrazar la estrategia eurocomunista. Los comunistas de la Europa del Este, deben hacerse su autocrítica, por desaprovechar y distorsionar las condiciones políticas para avanzar al socialismo, permitiendo el revisionismo teórico y político.

Y los comunistas de los países no alineados (chinos, yugoslavos, albaneses y rumanos) deben de hacer también su autocrítica, ya que bascularon hacia una revisión del marxismo-leninismo de carácter idealista, dogmático y ultraizquierdista, que impidió ver el reflujo revolucionario de los años 80 frente al imperialismo y en su pugna contra la URSS olvidaron la táctica leninista del frente único. Por el contrario de forma antidialéctica prefirieron la alianza con el imperialismo, dividieron el campo socialista y beneficiaron la estrategia del imperialismo a través de la teoría de “socialimperialismo”, llegando a considerar erróneamente a la URSS como “el imperialismo más peligroso y la más peligrosa fuente de una guerra mundial” (China), que “la URSS es hoy objetivamente la potencia más reaccionaria” (Djilas-Yugoslavia). Comprometiéndose con el imperialismo en “el muro de solidaridad colectiva construido contra el imperialismo soviético” (Tito). Promulgando un “frente único” junto al imperialismo del “segundo mundo” (Francia, Japón, RFA). Agitando contra la política de desarme y de coexistencia pacífica de la URSS y a favor del enfrentamiento militar entre las superpotencias (Mao). Justificando la teoría nacionalista de los 3 mundos para llevar a cabo alianzas tácticas con los imperialistas del “segundo y primer mundo” y sus delfines. Comparando el régimen soviético con la dictadura fascista sobre la militarización de la economía y el aparato de Estado (posición china). Deng Xiaoping promulgó conclusiones similares a las de la extremaderecha de EE.UU., en 1976 dijo que “la amenaza que pesa sobre la paz, la seguridad y la estabilidad internacional proviene de la URSS” apostando por una alianza de todos contra la URSS (EE.UU., China, Japón y Europa Occidental) donde se comparaba la política exterior de la URSS con la Alemania nazi: “el apaciguamiento de hoy es más peligroso que el de Chamberlain, porque las víctimas ya no serán Checoslovaquia sola, sino Europa occidental entera, Africa y Oriente Medio”, llegando a tachar a Cuba por su posición internacionalista en Angola como “mercenarios del expansionismo soviético” (86). Agitando el fantasma de la amenaza soviética en Europa Occidental (posición china). Ignorando al enemigo principal de la revolución, en Oriente Medio (contra afgana –guerrilla muyaidin-, Israel), en Zaire (Mobutu), en Suráfrica (Apharteid) y en Angola (FNLA y Unita), convertidos en “aliados tácticos” del imperialismo para contrarrestar la influencia soviética en Oriente Medio y Africa. Autocrítica también por reconocer los regímenes golpistas de Pinochet y Franco, dando apoyo a la agresión militar del imperialismo yanqui en Corea (posición yugoslava), fraccionando el movimiento de liberación en Indochina (Camboya), agrediendo a Vietnam, apoyando al imperialismo sionista en la guerra árabe-israelí de 1.967 (Rumanía), etc.

De esta división del campo socialista en el pasado, debemos destacar la enseñanza de que una cosa era cuestionar las posiciones políticas de los dirigentes soviéticos, su revisionismo ideológico desde el XX Congreso, etc., pero otra cosa era el cruce de las fronteras de clase atacar a la URSS y su sistema social. De lo que se trata hoy es de retomar la posición manifestada por el Che en la década de los 60, para quien era totalmente inaceptable la división del campo socialista y del movimiento comunista, frente al enemigo de clase principal.

A partir de ahí se debe superar la actual fragmentación del Movimiento Comunista, ya que la lucha contra el imperialismo y por el socialismo nos lo impone en el orden del día. La reconstrucción del movimiento comunista internacional y la restauración de su unidad en la base del marxismo-leninismo y el internacionalismo proletario, la estrategia internacional común, adquiere carácter de urgencia en la lucha contra la unidad internacional del capital y sus estrategias contra la clase obrera.

1.5.3.2 Desarrollar la articulación del movimiento de resistencia a la globalización neoliberal y del capital

      Avanzar en su estructuración continental e internacional, donde quepan todas organizaciones políticas y movimientos de masas anti-neoliberales (que representen a todas las clases oprimidas por el neoliberalismo) y todos los países anti-imperialistas y de orientación o carácter socialista, combatiendo cualquier posición sectaria y excluyente (por ej. de la socialdemocracia hacia Cuba).

La gran capacidad de masas de este movimiento demostrado a través de las movilizaciones crecientes y la realización de los foros y plataformas contra el capital, debe de canalizarse organizativamente. La apariencia externa que dan las grandes movilizaciones frente a las cumbres de los organismos financieros y estatales, debe de ser un elemento más de la lucha contra la globalización neoliberal y capitalista, pero no el único.

Desde la constitución de los Foros Sociales (Porto Alegre, Génova, Barcelona y Florencia) estamos a un paso ante el salto hacia los compromisos políticos, que deben ir mas allá de meros análisis de la situación mundial, buscando la síntesis de los intereses de la mayoría de los explotados y oprimidos, tomando posición política frente al imperialismo ante cualquier coyuntura internacional (crisis, conflicto bélico, agresión encubierta, etc.), y en la lucha contra la estrategia neoliberal del capital. Adquirir compromisos concretos de políticas anti-neoliberales (Pleno Empleo, reducción de jornada, ampliación de prestaciones sociales, reforma agraria, etc.), construyendo en cada país el instrumento político, el bloque histórico que exprese los objetivos anti-neoliberales del movimiento, superando el actual abstencionismo electoral y social de las clases explotadas y oprimidas, fruto de la desconfianza que ha generado la aplicación de políticas neoliberales por gobiernos de centro-izquierda (Gran Bretaña, Alemania, Francia, etc). Para ello es necesaria la aplicación de una nueva forma de entender la política revolucionaria, como enunciamos en el siguiente punto.

1.5.3.3 Superar la política socialdemócrata basada en el posibilismo neoliberal

         Tal práctica política considera al Estado capitalista y sus aparatos como instrumentos reguladores de la economía al servicio de los intereses generales desde un planteamiento no clasista, capaz de regular los males del mercado, pero sometiéndose a sus vaivenes (socialdemocracia y tercera vía). Concepción política que ha sido arrasada por los vientos neoliberales. Superar hoy esta política de la izquierda significa romper con el posibilismo neoliberal que pretende humanizar el capitalismo y que en el fondo basa la política-económica en la máxima: mercado, competitividad, desintegración y recorte social.

Para ello es necesario recomponer la organización popular de la clase obrera y sus aliados a través de Amplios Frentes de Izquierda o Populares, de carácter militante y de masas como instrumento político para combatir el sistema imperante, que tengan como objetivos partir de lo concreto (frenar el neoliberalismo), bajo un programa mínimo de transformaciones democráticas, socioeconómicas con leyes que regulen la planificación económica, industrial y el mercado laboral garantizando el pleno empleo, articulando la lucha de masas con la participación institucional como un medio y no un fin, ligando las reformas al cambio revolucionario.

Fuerzas populares que generen capacidad política, ideológica y cultural de control de la práctica social, desatomizando a las masas a través del desarrollo y articulación de las experiencias de lucha y organización en los diferentes frentes de la formación social concreta: obrero, estudiantil, vecinal, pacifista, ecologista, feminista, etc., dotándoles de un contenido socio-político de izquierda, que ayuden a liberarse de la impotencia que genera la reproducción del capitalismo y su dominio cotidiano sobre las masas desde los aparatos ideológicos del Estado incrustados como casamatas en la sociedad civil que alimentan las relaciones sociales atomizadoras, anti-clasistas (desmembración de los intereses colectivos de clase y populares), e imperialistas (modo de vida light, individualismo, fundamentalismo de mercado, etc.).

En este terreno no podemos ignorar, por ejemplo, que el capital frente al movimiento obrero como factor imprevisto de la acumulación por medio del conflicto y el elevado coste de reproducción del valor de la fuerza de trabajo, apreta las clavijas en lo laboral, con nuevos métodos de trabajo que desdibujan los intereses de clase (toyotismo). Las nuevas tecnologías no sólo sirven al capital para aumentar su composición orgánica y obtener el sobre-beneficio, sino también para desmembrar a la clase obrera cooptando para el sistema a sus componentes como individuos aislados. Y eso es así ya que el capital controla el proceso productivo en lo ideológico (ideología corporativa de empresa), jurídico (propiedad jurídica y real de los medios de producción), económico (extracción de plusvalía), y político (legislación basada en la precariedad laboral). Ante esta situación es imprescindible e irrenunciable que el movimiento obrero desarrolle y amplifique el movimiento sindical de clase, plural, unitario y de masas de cara a frenar la desarticulación de la clase obrera, desterrando la falsa visión desarticuladora que pretende enfrentar a la clase obrera entre fracciones importando terminos de la sociología burguesa funcionalista como “precariado” (obreros inestables y de bajos salarios) y clases medias (obreros estables con altos salarios), y con infinidad de organizaciones sindicales corporativas, amarillas o radicales de carácter testimonial.

1.5.3.4 Recuperar la política de alianzas

         No es posible el socialismo sin la hegemonía de la clase obrera en la sociedad civil a través de su vanguardia política. Para ello es necesario articular una política de alianzas que arrastre a la mayoría de los sectores sociales y fracciones de clase no proletarias (campesinos, intelectuales, pequeña burguesía nueva y tradicional, lumpenproletariado, etc.), en base a gestar la Unidad de la diversidad de las fuerzas motrices potencialmente revolucionarias.

1.5.3.5 La relevancia del movimiento obrero determina el carácter del proceso como revolucionario o reformista

         Debemos recuperar la centralidad de la contradicción burguesía/proletariado en la lucha de clases. Primacía del trabajo en el movimiento obrero con el objetivo de superar su despolitización actual.

Ayudar a la recomposición de la clase obrera a través de su reconocimiento como objeto sometido a la explotación capitalista, y como sujeto revolucionario y base social de la revolución socialista.

En ese sentido ni el partido comunista, ni la clase obrera son un sujeto ajeno a la realidad objetiva (explotación capitalista), a la lucha de clases, y a la composición subjetiva de la propia clase (pasiva-activa, revolucionaria-reformista, etc.). Siendo por ello necesario ligar la actividad concreta reivindicativa y de organización social (sindicalismo de clase) a la actividad política (partido comunista) con perspectivas revolucionarias.

Perspectivas revolucionarias, que deben de servir para preparar a la clase obrera como sujeto organizado que con su actividad niega el sistema capitalista y lo supera, a la misma vez que se apropia colectivamente de las fuerzas productivas desde sus capacidades y conocimientos para la construcción del socialismo. Tal y como argumentó Gramsci sobre la experiencia consejista en Italia, que la revolución no se realiza con los discursos, sino con el celebro y la organización del poder político, la globalidad de las actividades económicas (productivas y de intercambio), la defensa y seguridad de las conquistas revolucionarias (87).

1.5.3.6 Recuperar la estrategia revolucionaria socialista

         Partir de la comprensión de que es imposible el socialismo con un simple cambio de modelo de acumulación de capital. Los fracasos de las propuestas del Estado de bienestar en Europa y el desarrollismo populista en Latinoamérica debe de servirnos para replantear la alternativa hacia el socialismo sobre objetivos máximos revolucionarios partiendo de los mínimos.

Eso significa liberarse de la visión metafísica de la reivindicación concreta (derechos sociales, Estado de bienestar), que no cuadran ni cuadrarán nunca con el ciclo de acumulación del capital a largo plazo. No podemos quedarnos en las reivindicaciones abstractas de igualdad, justicia y fraternidad pequeño burguesa. Debemos posibilitar a partir desde las luchas por las reformas una práctica política diferente que señalen los límites de las instituciones representativas del Estado burgués y de la propia economía capitalista, para impulsar las transformaciones reales, y que indiquen la necesidad de sustituir la estrechez y el carácter clasista de las instituciones del Estado burgués.

Crear un frente político y social que sea capaz de dirigir la lucha antineoliberal y por la República, ligando las reformas a los proyectos de transformación y la tarea máxima: la revolución socialista (pacífica o no). Ya que el conflicto de clases entre los que acumulan plusvalía y los que la generan no se resolverá en las conferencias (Seatle, Praga, Davos, etc.), ni en los gabinetes de gobierno, ni con el “filantropismo” de los ladrones neoliberales, sino por la conquista del poder político de los explotados y oprimidos, superando la visión humanista y utópica pequeño burguesa que centran la organización en las prácticas sociales de carácter molecular que no cuestionan el sistema, y que acaban siendo diluidas, absorbidas o financiadas y hasta utilizadas como competidores de las organizaciones de clase y revolucionarias (ONGs, asistencia social, etc).

Someter las tareas éticas y políticas inmediatas al objetivo revolucionario, pues las conquistas de hoy conseguidas a través de grandes luchas y no me refiero aquí únicamente a las administrativamente decretadas en parlamentos (protección social, mercados laborales estables, etc.), sino a los espacios de vida cotidiana de las masas (cooperativismo, guarderías populares, etc.), se desvanecen de un plumazo si ante la situación revolucionaria, nos colocamos en la fauna reformadora y en la estrategia de la derrota. No olvidemos la capacidad y recursos del sistema para romper las tradiciones de clase de las masas a lo largo de su historia, y las grandes dificultades para mantenerlas vivas dentro del Modo de Producción Capitalista. Sólo la dictadura del proletariado puede impulsar y elevar de forma permanente e intensiva las experiencias cotidianas de carácter socialista de las masas, en lo económico, ideológico, cultural y social.

1.5.3.7 Recuperar la política de formación revolucionaria

         Con el objetivo de disponer de un ejército de cuadros preparados, incrustados en las masas a través de su labor en los diferentes frentes sociales, superando la organización exclusivamente territorial y el trabajo exclusivamente electoral, debemos recuperar y extender la política de formación técnica y revolucionaria.

Los conocimientos teóricos no deben ser patrimonio de una capa intelectual dentro del partido, las tareas de formación deben servir para aproximar el nivel de instrucción de los militantes.

Ello permite superar la división social de las labores políticas dentro de las organizaciones comunistas y de izquierda, y ayuda a fiscalizar la actividad institucional de los cuadros desde las organizaciones, a no absolutizar la labor institucional como único método de lucha o de actividad política de los cuadros, a recuperar la capacidad para la crítica y la autocrítica, a facilitar los medios instructivos necesarios para la libre exposición por la militancia de sus ideas en torno a los debates, a asumir como norma y hábito la unidad de acción político-ideológica con la decisión mayoritaria, a una mayor fluidez en la rendición de cuentas de los organismos superiores a los inferiores, al reforzamiento de la disciplina tanto para las bases como para los dirigentes, etc.

En definitiva a dar un contenido de relaciones comunistas en el seno del partido, poniendo para ello las bases teorico prácticas para que el partido conecte con la realidad del pueblo partiendo de sus tradiciones de lucha y cultura, y conseguir elevarlos al conocimiento científico de las tendencias y de los cambios sociales y políticos. Para esa ardua tarea, para ese trabajo de barrizal, se necesita un ejército de cuadros con gran capacidad pedagógica y que se rijan por el centralismo democrático, capaces de organizar, fomentar y dirigir la iniciativa de las masas.

1.5.3.8 Recuperar el internacionalismo proletario y anti-imperialista

         Recuperar la solidaridad activa. No sería marxista-leninista mantenerse al margen de procesos revolucionarios nacionales, y negar la existencia de eslabones más débiles de la cadena ante una crisis mundial y nacional, dando la espalda a procesos revolucionarios de los Estados-nación en aras de catecismos de aires renovadores o dogmáticos, que en la lucha de clases caen a favor del campo contrario.

Recordemos en tal sentido la actitud de la China de Chou En-Lai flirteando con el imperialismo frente a Palestina, el apartheid, Angola, Etiopía o Indochina; la actitud de la izquierda europea frente a la agresión integrista contra la Afganistán democrática que veían la intervención soviética como una invasión y no como el apoyo internacionalista a un gobierno legítimo, igual que los cubanos en Angola; la actitud titubeante de la socialdemocracia hacia el Plan Colombia contrainsurgente, o la actitud de quienes abrazan las nuevas tesis positivistas de la Globalización en la izquierda que niegan la posibilidad hoy de la constitución de frentes anti-imperialistas entre diferentes países.

Por ejemplo, no sería internacionalista no dar apoyo al proceso revolucionario de Venezuela por cuestiones de dogma, por considerar “inadmisible” la política anti-imperialista e incluso de carácter socialista desde los Estados-nación. Dado que el inicial proyecto bolivariano de Hugo Chávez de utilizar el marco legal del Estado-burgués para recuperar los recursos del país en beneficio del pueblo, está escribiendo una nueva historia en latinoamérica con la primera y exitosa intervención popular contra el golpismo proimperialista, derribando el viejo régimen político-institucional, creando órganos de poder popular amparados por una constitución anti-imperialista, la profundización de la democracia real, con una organización creciente de las clases explotadas y oprimidas, y el avance hacia el objetivo de transformación socialista. Refleja más la existencia de un proyecto revolucionario que de un proyecto coyuntural y populista, y es un órdago muy fuerte dirigido contra la dominación imperialista y su fundamento el capital transnacional, un frente de lucha anti-imperialista que se planta en seco frente a la actual ola neoglobalizadora del capital.

No podemos ignorar que las revoluciones en la mayoría de los países latinoamericanos son de carácter democrático y anti-imperialista, dada la opresión económica y burocrático-militar del imperialismo yanqui a través de la red supranacional que entronca con los aparatos de Estado de los diferentes países latinos, y la pervivencia de relaciones precapitalistas (pequeña producción, latifundio) donde las tareas de independencia nacional se juntan con objetivos democráticos y anti-imperialistas (nacionalización de la banca y sectores estratégicos, reforma agraria, etc.) cuya realización los acerca más hacia el socialismo.

1.5.3.9 Crear una cultura de clase y anti-imperialista

         En los tiempos que corren con la concentración masiva de los medios de comunicación en manos de los centros imperialistas (prensa, televisión, internet, films…), que gobiernan y dirigen el sentido común de las gentes, hacia el genocidio de la história de los pueblos, la información sesgada, el anticomunismo rampante, la propaganda militarista y racista que estimula el enfrentamiento entre pueblos y culturas, la implantación de una cultura basada en el individualismo y la irracionalidad ante los problemas, que ignora y criminaliza las luchas colectivas de los pueblos y clases explotadas, que resalta el individualismo en la resolución de problemas colectivos, etc, es necesario que las organizaciones revolucionarias y de masas que luchan por superar el capitalismo, se doten de instrumentos de comunicación horizontal y propios que sean capaces de neutralizar cualquier campaña desatada por el imperialismo: militarista, contrarrevolucionaria, etc., en cualquier parte del mundo y en cualquier momento.

Para ello es imprescindible recuperar la memoria histórica en las masas de la lucha colectiva de los pueblos y clases explotadas por su liberación contra el imperialismo, el fascismo y el colonialismo. Ese es el mejor acicate contra la actual campaña anticomunista dirigida por la derecha y asumida por parte de la izquierda secuestrada. Los foros sociales pueden jugar un papel importante en esta dimensión de trasladar a escala internacional una comunicación alternativa a los valores imperialistas y neoliberales.

1.5.3.10 Desplegar la lucha del movimiento pacifista contra las guerras imperialistas y por la no ingerencia en los Estados independientes.

         La vieja tesis de Lenin de que la evolución imperialista desemboca en guerras mundiales, se transformó con la creación del bloque socialista, y no ha variado hasta ahora, si bien la rivalidad imperialista se da en el marco de la pugna económica, comercial y política, el ámbito militar queda reducido a un terrorismo de Estado extendido al ámbito internacional con guerras locales a través de “campañas relámpago”, que criminalizan el anti-imperialismo, donde la colaboración y rivalidad de los Estados imperialistas coexiste con la carrera de armamentos. Aún así, es posible aprovechar contradicciones de rivalidades inter-imperialistas en beneficio de la paz contra las guerras, como las diferencias habidas entre parte de la UE-Rusia y EE.UU sobre la guerra de Irak.

1.5.3.11 Implantar en el socialismo la propiedad real de los medios de producción y de consumo

         La proclamación jurídica por decreto ley del Estado proletario sobre la propiedad socialista, debe servir como pistoletazo para iniciar la expansión del poder político y la socialización de los medios de producción y los conocimientos, por medio de la posesión efectiva, control y disposición democrática de los productores de la producción y el consumo en base a una planificación social centralizada, extinguiendo progresivamente de esta manera los mecanismos de mediación política y representativa (88).

1.5.3.12 Fundamentar nuestra cultura e historia revolucionaria como acervo del pensamiento no desiderativo

         No debemos caer en la impaciencia del devenir histórico, ni negar los avances y conquistas revolucionarias como fundamento de nuestra propia existencia. No debemos escudarnos en las “deformaciones” de la construcción del socialismo existido, para renegar de la URSS como país socialista opuesto al al capital, para renegar de todas las conquistas y logros habidos en la lucha por el comunismo, ya que si la existencia del marxismo-leninismo y el movimiento comunista ha servido para adelantar y mejorar la vida social de millones de trabajadores ¿porqué debemos adjurar de ello?.

El que hallamos sido derrotados de forma puntual en la lucha de clases no significa que ésta halla dejado de existir, ni que la tendencia histórica de la época se haya frenado o invertido, ni que debamos de convertirnos en idiotas ante la verificación de la historia del género humano.

No olvidemos que comparativamente el Modo de Producción Capitalista, desde la introducción del trabajo asalariado, a través de la incorporación de la manufactura en puertos marítimos exportadores (Florencia, Siena y Bolonia) no sujetos al control del régimen corporativo urbano, que transformó al artesanado desde la segunda mitad del S. XIV hasta el triunfo definitivo del capitalismo en el S.XIX, median 500 años, con avances y retrocesos, con revoluciones triunfantes y contrarrevoluciones victoriosas, con siglos de oscurantismo, guerras, masacres, colonialismo y genocidio de continentes enteros, la esclavitud, la muerte y la tortura.

Marx indicó en El Capital el descubrimiento de los yacimientos de oro y plata en América, la cruzada de exterminio y esclavización en las minas de la población nativa, la conquista y saqueo de la India, la conversión de África en un cazadero de esclavos negros, como hechos históricos que señalan los albores de la producción capitalista, proceso “idílico” que representa un factor fundamental en el movimiento de la acumulación originaria de capital. La transferencia de las colonias hacia Europa occidental entre 1500 y 1750 se calcula en más de 1.000 millones de libras inglesas oro, más del valor total del capital invertido en todas las empresas industriales europeas en 1800, que demuestra que en numerosos casos financiaron directamente las manufacturas y fábricas dando un impulso decisivo a la revolución industrial (Mandel).

Marx demostró en El Capital que el desarrollo industrial inglés no puede comprenderse prescindiendo de la acumulación primitiva de capital, a través del expolio que los Estados del centro y norte de Europa practicaron sobre continentes enteros. Sin la acumulación de capitales que todo esto generó durante los siglos XVI, XVII y XVIII, no se habrían podido poder en marcha los cientos de máquinas de vapor que propulsaron el desarrollo industrial inglés. las Compañías de Comercio y Navegación, autoras de los peores crímenes esclavistas y de los más atroces actos de piratería y pillaje se encargaron de ello, en concreto para Inglaterra la Compañía de las Indias Orientales asolaba el Océano Índico, mientras el resto de compañías inglesas arrasaban África y las zonas americanas que no arrasaban España y Portugal.

La acumulación originaria del capital, se levantó lucrativamente sobre el genocidio de los pueblos de Asia, América, África y Oceanía. El “descubrimiento” de los imperios azteca, maya y las tribus de Norteamérica se sembró con decenas de millones de muertos. En Mexico había 12 millones de indios a la llegada de Hernán Cortés en 1519, y en 1650 no quedaban más de 1,27 mill. En América central y del sur habían 70 millones de indios quedando sólo 7 millones en 1599 por el hambre, la represión, los trabajos forzados, y las enfermedades europeas que trajeron los colonizadores (89). La colonización inglesa en Oceanía exterminó a los tasmanos en Australia y los maoríes de Nueva Zelanda. En 1884-85 la Conferencia africana de Berlin afirmó el derecho de las potencias europeas a repartirse Africa. Sólo un monarca (Leopoldo IIº) sembró la muerte de 10 millones de congoleños bajo el dominio colonial belga. No hay crimen mayor en toda la historia que el cometido contra los pueblos de los cuatro continentes de saqueo y exterminio en nombre de la civilización capitalista.

En los imperios coloniales español y portugués los indígenas fueron exterminados removiendo las arenas auríferas sumergidos en el agua, roturando los campos hasta la extenuación, edificando las casas de sus amos, cortando y moliendo las cañas de azúcar, cultivando algodón, cacao, café y tabaco. Bajo el colonialismo español se destruyó la economía natural de los indígenas, se extinguieron los enormes cultivos de maíz, yuca, fríjoles, palleres, maní, papa dulce, se destruyeron las redes de irrigación y las grandes extensiones de tierra cultivada, la economía propia no existía, sólo extracción de oro y plata para la metrópoli y las clases dominantes de las colonias. Una vez liquidada la población indígena de América, más de 100 millones de negros africanos fueron capturados y vendidos como esclavos. Decenas de millones de seres humanos perdieron la vida en los imperios coloniales de Asia, África y Oceanía, como fuerza de trabajo exclava, proletariado externo de la economía europea que extraía los recursos (oro, plata, algodón, azúcar, tabaco…) para la expansión mundial del capitalismo de las metrópolis holandesa, inglesa, francesa, etc, que se beneficiaron de las ganancias del triángulo del comercio mundial. Precisamente el comercio triangular entre Europa, África y América tuvo el tráfico de esclavos con destino a las plantaciones de azúcar que aportó un gran impulso a la acumulación de capital para el desarrollo industrial de Inglaterra, Francia, Holanda y EE.UU., al mismo tiempo que arruinó las economías de Brasil, el Caribe y África. En tres siglos de trata de esclavos (1.510-1850) las deportaciones desde Africa por los imperios colonial inglés, francés, portugués, español y norteamericano, han costado la vida a 12 millones de personas (90). Inglaterra fué por su potencia naval incomparable al resto de países, la primera potencia en la  compra y venta de carne humana, Bristol y Liverpool se convirtieron en los principales puertos de pago y transporte de mercancía humana, Portugal y España carentes de naves y manufacturas industriales se convirtieron en intermediarios entre los reyes afrianos y las potencias capitalistas emergentes (Inglaterra y Holanda). La trata de negros fue el principal resorte del engranaje capitalista, a finales del S. XVIII, África y el Caribe financiaban la industria textil de Manchester, las ¾ partes de algodón que hilaba la industria textil inglesa proveía de las Antillas, Sheffield y Birgmingham proveían de armas a los caciques africanos que recibían las mercancías de la industria inglesa y entregaban los cargamentos de esclavos a cambio. Se propagaban los bancos en las ciudades inglesas, la compañía de seguros Lloyd´s acumulaba ganancias asegurando esclavos, buques y plantaciones. El capital acumulado en el comercio triangular, manufacturas/esclavos/plantaciones, hizo posible la invención de la máquina de vapor, J.Watt el inventor fue subvencionado por los mercaderes de carne humana (E.Galeano). En EE.UU. se da un proceso similar desde mediados del S.XVIII la trata de negros que comenzó en Nueva Inglaterra, dió origen a gran parte del capital que facilitó la revolución industrial.

Adam Smith decía que América había elevado el mercantilismo a su grado más elevado. Ello fue así ya que el motor de la acumulación del capital europeo fue la esclavitud colonial, ese capital fue la piedra angular sobre la cual se constituyó el capital industrial contemporáneo.

Los mercados coloniales crecieron como apéndices del mercado interno de las incipientes naciones capitalistas, la economía colonial era dependiente, estaba regida por los mercaderes, grandes propietarios de minas y tierras, que se repartían el uso de la fuerza de trabajo esclava, estas clases dominantes no tenían el menor interés en diversificar las economías coloniales ni elevar los niveles tecnológicos y culturales de la población, el capital sobrante de las colonias se volcava al proceso de acumulación primitiva del capitalismo europeo, al servicio del naciente mercantilismo capitalista de la metrópoli. En las colonias no se generaba un proceso análogo al de Europa: desarrollo de mercados internos y bases para el desarrollo industrial (excepto en las colonias inglesas de Norteamérica). Producto de la política mercantilista y la primera revolución industrial las manufacturas inglesas invadían el mercado de los viejos imperios coloniales español y portugués, que aniquilaron sus propios gérmenes de desarrollo manufacturero local potenciando las manufacturas inglesas y holandesas que a cambio de oro y plata abastecían los mercados portugués, español y latinoamericano. La mayor parte de la riqueza amasada en las colonias fueron acrecentadas por la explotación del trabajo de los esclavos y el comercio fundado en el intercambio desigual.

En Europa el capital usurario y comercial generado en la Edad Media encontraba imposibilidades de transformarse en capital industrial bajo el régimen feudal en el campo y las corporaciones gremiales en la ciudad, tales trabas fueron barridas al disolverse el poder de los feudos y por el desalojo y expropiación de la población rural (91).

La acumulación originaria de capital basada en la separación de los productores de sus medios de producción para disponer de trabajadores libres del régimen de servidumbre y del gremialismo, libres a los que explotar bajo el trabajo asalariado, se realizó mediante métodos terroristas, con el cercamiento de tierras baldías y la sustracción violenta de las tierras comunales de los campesinos para destinarla a la producción agraria capitalista, y tierras convertidas en praderas para el pastoreo y la caza. Fue esa acumulación originaria de capital la que causó la destrucción masiva de poblados y viviendas campesinas, donde millones de campesinos arrendatarios fueron arrancados violentamente de sus tierras, sustraídos de sus medios de vida, obligados a vender su fuerza de trabajo bajo leyes de hierro que prohibían y perseguían el vagabundaje y la mendicidad.

Todo ello fue descrito con todo detalle por Marx en “El Capital” como un “proceso de expropiación violenta de las masas populares” (92), y como una “serie de robos, ultrajes y opresión que acompaña a la expropiación violenta del pueblo” (93). Expropiación realizada por medios terroristas sobre la población rural (94). Estos fueron los métodos “liberadores” para acrecentar el número de proletarios procedentes del campo, que en éste tránsito de 4 siglos de acumulación originaria, pasando por la revolución industrial en Europa (siglos XVIII y XIX) hasta el predominio de la gran industria deambularon con la muerte a cuestas y el hambre masivo, con una legislación de hierro violenta que prohibía y perseguía las asociaciones obreras, donde la huelga era un delito penal y se limitaba los salarios al mínimo. Bajo la Gran Revolución francesa en 1.791 la ley burguesa Le Chapelier consideraba a las coaliciones obreras y la huelga como anti-constitucionales, atentado contra la libertad y la Declaración de Derechos Humanos, y las penalizada con multas y privación del derecho de ciudadanía en 1 año (95).

La derogación de las leyes anti-obreras se produjo con altibajos a partir de 1.825 en Inglaterra, ¡¡¡tres siglos y medio después de la introducción del capitalismo!!!, y hasta 1.871 no se reconocieron legalmente las Trade Unions, primera asociación obrera legal. En Francia no fue sino hasta 1864 reconocido el derecho de huelga y en 1.884 el de asociación.

Pero ahí no se agota toda la historia de la acumulación originaria del capital, continuaba con la destrucción de las industrias de los países colonizados, como por ej. la industria lanera de Irlanda, por medio del proteccionismo y el intercambio desigual que favorecía a los imperios coloniales, el establecimiento del trabajo infantil de huérfanos y pobres desde 7 años en la manufactura, considerados por el capital como más ágiles, empleados en trabajos durísimos a turnos con jornadas de 12 a 15 horas, hacinados en hospicios, sometidos a brutales castigos y al asesinato, y la beligerancia entre las potencias capitalistas en pleno siglo XIX por el tráfico de esclavos para el suministro en las plantaciones algodoneras del norte y el sur de América.

Para Marx, el tránsito al predominio del capital sintetizó muchos esfuerzos y sacrificios para dar lugar al proceso de separación entre los trabajadores y sus medios de trabajo y subsistencia, transformando los últimos en capital y a los trabajadores en asalariados “libres”. Esfuerzos y sacrificios que desvelan el mito de la virtud “humanista” con el advenimiento del dominio de las “leyes naturales” del capitalismo, donde el capital se incorpora a la historia humana acompañado por lodos de sangre.

Adentrados ya en la fase imperialista, fuera ya de esa criminal acumulación originaria, decenas de millones de obreros perdieron la vida en las dos guerras mundiales desatadas por el imperialismo y su engendro nazi-fascista.

El imperialismo durante el S.XX no ha parado de generar holocaustos contra la población civil de los pueblos para cortar el paso a los procesos revolucionarios socialistas y de liberación nacional y mantener su dominio (96). Así decenas de millones de seres humanos han perdido la vida en guerras locales desatadas por el imperialismo yanqui (Vietnam, Corea, Latinoamérica, Indonesia, Oriente Medio, etc). Y esto no se ha parado ya que la restauración del capitalismo en los países exsocialistas y la recolonización del mundo por el imperialismo, se está saldando con la vuelta del capitalismo a la esencia de sus orígenes, provocando auténticas catástrofes humanitarias, como el crimen de que hoy 200 millones de niños estén trabajando en fábricas clandestinas, de los millones de esclavos sexuales exparcidos por todo el mundo civilizado, los 500 millones de campesinos desplazados de sus tierras por la especulación, los propietarios terratenientes o grandes empresas y a punta de bayoneta, el retroceso de la salud, la escolarización y los derechos laborales en todo el mundo, junto a las guerras de rapiña, etc, que han matado ya a la 6ª parte de la humanidad en la última mitad del S. XX.

El imperialismo durante el S.XXI también confirma lo sentenciado por Marx. Las nuevas guerras neocoloniales del imperialismo yanqui en Afganistán e Irak, rememoran la vieja política de saqueo, rapiña, genocidio, usurpación territorial, matanzas, bloqueos y terrorismo de Estado, consumados a lo largo de la existencia del imperialismo, el yanqui en particular, convirtiendo al planeta en un nuevo oeste, fart west, donde se impone la ley de la selva, la ley del más fuerte, con el recurso indiscriminado de armas biológicas, químicas y nucleares para ejecutar genocidios desde Nagasaki hasta Bagdad, e imponer la pax americana mediante la ocupación y el entrenamiento de gobiernos vasallos que entregen los recursos materiales y humanos a las grandes transnacionales. Estas son las entrañas del capitalismo más depredador, brutal, de las mafias de la Casa Blanca, la CIA y el Pentágono que continúan asolando Asia, África y Latinoamérica con guerras sucias, centenares de miles de desaparecidos, torturados y masacrados por las dictaduras fascistas que han promovido urbi et orbi.

Marx ya relataba con vehemencia en “El Capital” que el proceso histórico de transformación de la pequeña producción privada fundada sobre el trabajo personal en producción capitalista fundada sobre el trabajo asalariado, como un proceso históricamente largo y duro, donde el capitalismo ha demostrado que no puede subsistir sin segregar dolor, muerte y destrucción, no puede subsistir sin realizar genocidios periódicos que les sirvan para reordenar su dominio y disciplinar a los explotados y oprimidos. Por ello, no se le escapaba que la transformación de la producción capitalista basada en la propiedad privada, en producción comunista basada en la propiedad social es un proceso históricamente más corto que la transición del feudalismo al capitalismo, donde la expropiación se aplicaba sobre la población en general en beneficio de unos pocos, mientras que el tránsito al comunismo sólo se trata de la expropiación de unos pocos en beneficio de la mayoría, los trabajadores asalariados.

Partiendo de esta perspectiva histórica de Marx, al Socialismo (mucho mas joven), que desde 1.917 se le intentó matar en su propia cuna, no podemos hoy negarle su sitio en la historia y el beneplácito de la duda, porque el comunismo como modo de producción no ha existido nunca, al menos lo que teóricamente entendemos por tal cosa, y aunque el socialismo no llegara a completarse victoriosamente, no podemos negar nunca las conquistas revolucionarias viniesen de donde vinieran, no podemos ocultar que los países socialistas partían de un desarrollo bajo sin poseer los recursos acumulados del capitalismo por la explotación y la acumulación originaria, no podemos negar los avances de la economía planificada socialista son inmensamente superiores a la economía capitalista, no podemos negar las conquistas universales y reales de la sanidad y la enseñanza gratuitas, la igualdad de género, el pleno empleo garantizado, la vivienda asequible, el derecho de autodeterminación que englobaron el socialismo periférico REAL-izado, que fue capaz de satisfacer las necesidades materiales de la población sin explotar ni oprimir a los países en desarrollo (al contrario de lo que hacen los países capitalistas).

No podemos negar la lucha liberadora contra el fascismo y el nazismo, no podemos negar el apoyo a la descolonización mundial de los pueblos oprimidos contra los imperialismos francés, belga, inglés, sionista, portugués, holandés y yanqui, no podemos negar la ayuda económica al desarrollo de tales países, no podemos negar el apoyo a las revoluciones china, vietnamita y cubana, etc., no podemos negar que los problemas básicos (salud, alfabetización, educación, trabajo, esperanza de vida, etc.) fueron resueltos en esas sociedades como Cuba, la URSS, y China en plazos muchísimo mas cortos que en países capitalistas como Francia e Italia, donde Cuba a pesar del bloqueo supera con creces en calidad de vida y salud a los países del capitalismo periférico, e incluso central. No podemos negar que los avances sociales en el socialismo favorecieron al movimiento obrero de los países capitalistas con grandes conquistas sociales, obligando a la realización de reformas en beneficio de los trabajadores (Estado de bienestar). En definitiva, sin dejar de ejercer la autocrítica revolucionaria, no podemos negar sin necesidad de arrepentirnos lo que somos: comunistas y revolucionarios.

 

1.6 Estrategia y táctica comunista

      La lucha de clases siempre ha germinado la formación de alianzas, fusiones, mezclas, transformaciones en las clases, según los intereses de cada una de ellas hasta llegar a la constitución de dos bloques que, aún con contradicciones internas en el seno de cada uno de ellos, se enfrentan entre sí dejando de lado teóricamente las divergencias existentes entre los aliados del mismo bloque. Esto ha ocurrido en todos los modos de producción concretados en las distintas formaciones sociales de la historia. Con la diferencia de que en el capitalismo por primera vez en la historia coincide que las dos clases dirigentes  de los dos bloques históricos que se forman, sean las dos clases fundamentales del modo de producción, los propietarios de los medios de producción y no propietarios. Por lo que por primera vez en la historia el resultado final de esta lucha entre clases será la abolición definitiva de la propiedad privada de las fuerzas productivas y la desaparición de las clases mismas.

En el modo de producción capitalista desarrollado en la formación socioeconómica actual, la unidad de las fuerzas de izquierda, democráticas, antimonopolistas y antiimperialistas en torno a la clase obrera, como clase dirigente, pasa a ser el elemento cardinal de la estrategia y la táctica de los partidos comunistas en la lucha por el socialismo en su variante revolucionaria y no reformista. De cómo se resuelva tal conflicto, depende tanto la liberación social y nacional de varios países, como en el ámbito internacional el éxito de la lucha antiimperialista y anti-neoliberal. La estrategia de la unidad abre camino a que en torno a la clase obrera y el partido comunista se cohesione la mayoría de los trabajadores y pueblos oprimidos, sin cuyo apoyo es inconcebible el triunfo del proceso revolucionario socialista.

La clase obrera sigue estando en el centro del desarrollo de la lucha de clases. La concepción estratégica marxista-leninista tiene como núcleo la hegemonía de la clase obrera en el movimiento revolucionario. Esta se materializa a través del sistema de alianzas que establece con otras clases sociales y sectores que sufren el yugo del capitalismo y que por diversos intereses se suman a la lucha.

En el marco de un país como España, de capitalismo desarrollado y dependiente del imperialismo y las Transnacionales, la base estratégica del Partido Comunista debe de gravitar en torno a la constitución de un bloque de alianzas de clases y fuerzas políticas, un bloque histórico político, social, económico y cultural, alternativo de izquierdas que opte por la transformación revolucionaria de la sociedad en todos sus ámbitos en la lucha por el socialismo.

1.6.1 Período político actual bajo la hegemonía neoliberal

      Para definir la estrategia y la táctica en el ámbito de la lucha de clases los PCs están obligados a definir el período político actual dialécticamente, para no ser lado pasivo sino activo y dirigente de la realidad. Haremos una breve inmersión sobre el período político actual analizando al enemigo de clase.

A nivel mundial, la acumulación capitalista ha cambiado de sello. Del modelo keynesiano-fordista, se ha pasado al neoliberal que supone el recorte de las conquistas del movimiento obrero, la agudización de las desigualdades centro/periferia, la internacionalización de las relaciones de producción capitalistas bajo la hegemonía del imperialismo yanqui (en pugna con sus competidores de la triada) y las Transnacionales capitalistas ligadas a sus respectivos Estados imperialistas. Transnacionales que centralizan el capital y las sobreganancias obtenidas por una explotación diferenciada de una clase obrera diversa a nivel mundial, a través de los diferentes y fragmentados mercados de trabajo nacionales, que permiten la fluctuación del valor de la fuerza de trabajo a la baja. Los Estados capitalistas bajo el neoliberalismo cambian de función interventora en la economía pasando a socializar las pérdidas y costes privados del capital y privatizar los beneficios sociales.

En la pugna por la hegemonía, resurgen contradicciones inter-imperialistas por el nuevo reparto del mundo y sus recursos, propagándose la militarización y las guerras regionales como mecanismos anti-crisis y de reparto  y control neocolonial.

Después de la IIª Guerra Mundial EE.UU. desplazó a Gran Bretaña en la hegemonía de la lucha por los recursos de Oriente Medio, hegemonía acrecentada por la desaparición de la URSS que siempre se había destacado como potencia protectora de los Estados laicos de la zona (Siria, Egipto de Nasser, Afganistán democrática, etc.). Desaparecido tal obstáculo en la arena mundial, los EE.UU. recomponen su hegemonía a costa del genocidio de las poblaciones civiles. Ello no quiere decir que el resto de imperialismos que hipócritamente se han alzado contra la última guerra en Irak por sus propios intereses, se queden atrás en su papel de genocidas, pues no está lejos el carácter belicista del imperialismo francés ejercido hacia los pueblos de Indochina, Argelia y Marruecos, y su implicación en la guerra civil de Ruanda (que costó la vida a 500.000 civiles) entrenando y financiando a los hutus. No obstante, es significativo que tales contradicciones interimperialistas puedan servir de provecho a la causa de la lucha por la paz como en el caso de la última guerra de Irak.

El imperialismo de EE.UU mantiene la hegemonía mundial en todos los terrenos. Una vez librados de la lucha contra la URSS los EE.UU. se lanzaron en una ofensiva para recuperar su posición como líder económico, transformaron su diplomacia de guerra fría en acciones comerciales a favor de sus Transnacionales, orientando las acciones de la CIA hacia objetivos económicos (97). En la década de los 90 recuperaba terreno perdido en el desarrollo industrial con un crecimiento del 34% mientras la UE y Japón lo han hecho con un 6% (no obstante, como veremos más abajo la tendencia general sobre el resto de competidores es a decrecer). En lo tecnológico encabezan el proceso de desarrollo de las nuevas tecnologías. También ha acrecentado su capacidad de dominio político, militar y cultural en el liderazgo dentro de la trípode imperialista. En lo político se acrecienta su grado de intervención, hegemonía y control sobre más Estados dependientes, y mayor grado de influencia sobre la política de sus competidores inmediatos.

Pero los EE.UU. no pueden basar su hegemonía sólo en la política y la economía, necesita la fuerza militar. Nunca una potencia imperialista ha tenido la superioridad de recursos económicos y militares que hoy disponen los EE.UU. sobre el resto de los países capitalistas. El dominio militar yanqui persiste sin rivales a la vista y es aceptado a regañadientes por sus competidores, su poderío se ha visto acrecentado con la aceleración de la carrera de armamentos y la recuperación del complejo militar-industrial USA a la cabeza mundial empujando al planeta hacia el estado de guerra permanente, apuntalando el gobierno de EE.UU. su “derecho de extraterritorialidad” como apisonadora que aplasta los derechos nacionales e internacionales, rechazando resoluciones de la ONU, y el Tribunal Penal Internacional, para dejar impunes los crímenes genocidas cometidos por los militares, agentes y gobiernos yanquis (guerras neocoloniales, asesinatos políticos, bloqueos económicos).

De esta manera el imperialismo yanqui sigue endeudado en la modernización de sus efectivos y bases militares con una red de más de 700 bases en un radio de actuación que abarcan a más de un centenar de Estados. Las bases militares de Kosovo y Macedonia se registran entre las mayores bases de EE.UU., que junto a las nuevas bases de Bulgaria y Rumanía se suman a las que ya existen en Turquía y Grecia. Estas bases son estratégicas ya que tuvieron un papel activo en la intervención de Yugoslavia, Afganistan e Irak y están preparadas para promover los planes de EE.UU. y la OTAN contra Irán, Siria y el Cáucaso.

Tras la IIª Guerra Mundial, aunque las guerras interimperialistas hayan sido sustituidas por las guerras en la periferia y excolonias, el imperialismo yanqui se apoya en su aplastante superioridad militar también para impedir que sus rivales destaquen. Precisamente la guerra contra Irak también es una guerra preventiva de los EE.UU. contra sus competidores europeos y japoneses. Irak después de Arabia Saudí, conserva las segundas reservas petroleras del mundo, es una guerra para atajar a los competidores potenciales ya que quien controle la llave del petróleo puede manipular los precios y subir rápidamente los costes en energía de sus rivales. El imperialismo yanqui controlando el área de Asia Central, Oriente Medio y los Balcanes con protectorados y bases militares podrá estrangular la economía de sus rivales tan dependientes de los hidrocarburos como EE.UU. En lugar de un idilio en la lucha contra las excolonias, de un superimperialismo apacible a lo Kaustky y Negri, nos econtramos ante un polvorín atravesado por contradicciones imperialistas entre naciones opresoras y oprimidas y de rivalidad entre naciones opresoras.

La beligeracia entre el eje Francia-Alemania y parte de la socialdemocracia de la UE (excepto Tony Blair) respecto a la guerra de Bush en Irak, no se fundamenta en la defensa de la paz, sino en que el imperialismo francés y alemán también necesitan de los recursos energéticos, y aspiran a implantar su propio complejo militar-industrial en competencia con EE.UU., por eso las intervenciones o guerras donde sólo el ejercito mercenario de EE.UU. participa y no la OTAN, son cuestionadas, para lograr el equilibrio en el reparto territorial del mundo que establezca una correlación de fuerzas donde el imperialismo yanqui ceda sitio al imperialismo europeo, y éste pueda implantar sus transnacionales en la zona sin problemas y el € como moneda para el flujo del petróleo, y de paso desplazar al dólar. No obstante, tras la tormenta bélica y frente a la ocupación, los gobiernos de la UE volvieron a su posición subalterna rechazando que la ONU examinase la situación humanitaria del pueblo irakí, no adoptando condena alguna ni en el Consejo de Seguridad ni en la Asamblea de la ONU por el homicidio de civilies irakíes, y condicionando además los gobiernos francés y alemán su nueva decisión de aceptar la conquista de Irak a cambio de una parte del botín de las reservas petroleras.

En la actual coyuntura se forman las alianzas interimperialistas entre el eje Washington-Londres-Tel Aviv frente al tándem París-Bonn-Moscú  y Tokio, en la carrera por los recursos del mundo.

Asia Central, Oriente Medio, los Balcanes y el Cáucaso adquieren una importancia estratégica para los interesesde las potencias imperialistas, de EE.UU., Gran Bretaña, Francia, Alemania, Japón y los respectivos monopolios transnacionales. Las importantes reservas energéticas de petróleo y gas provocan la intervención para su control. En este marco incluye el control de las rutas de transporte internacional del Mar Caspio, Mar Negro, Egeo, Canal de Suez y Golfo Pérsico. Esta situación agudiza la competencia entre las potencias imperialistas y se manifiesta con intensidad entre los dos principales centros imperialistas, los EE.UU y la UE. Las guerras de Yugoslavia, Afganistán e Irak se encuentran en el mapa de ruta de la zona de tránsito y control sobre los vastos recursos energéticos, yacimientos, oleoductos y gasoductos de Asia Central, el control del Cáucaso por su cercanía al Mar Caspio con la salida al Índico, y el Mar Negro buscando la ruta del Mediterráneo.

En medio de esta rivalidad interimperialista, emerge China, país con fuerte desarrollo industrial, que no recurre a la agresión militar como las potencias imperialistas para conservar los mercados y que experimenta un crecimiento económico constante, incluso cuando el mundo capitalista atraviesa la crisis. Se ha convertido en un serio competidor, y mientras EE.UU. continúa la pugna por ampliar la OTAN, ampliar su presencia militar con más bases en el mundo y financiando un ejército mercenario para la invasión de Irak, China se expande y se convierte en el principal socio comercial de Brasil, Argentina, Perú, Chile y Arabia Saudí, desplazando a los EE.UU. Bajo una dirección fundamentalista que pivota la política exterior yanqui, EE.UU. se ha empantanado en guerras de ocupación a un costo de muchos billones de dólares, en Oriente Medio y Asia, asignando enormes recursos a gastos militares, no productivos, lo que indirectamente ha catapultado la posición competitiva de los rivales de EE.UU., beneficiando sobre todo a China.

Estas contradicciones interimperialistas sobre Irak vienen al caso. Desde noviembre del 2.000 el gobierno irakí venía utilizando el € como moneda para las transaciones petroleras fortaleciéndose la moneda de la UE frente al dólar, cobrando más importancia en el comercio mundial y en Oriente Medio. La Casablanca comienza a ver que si la OPEP siguiera ese camino, el dólar se desplomaría provocando la inflación y deterioro de la economía de EE.UU., razón de fondo para dar prioridad a la baza militar, ya que la OPEP controla el 70% de las reservas mundiales del petróleo. Bush II inició una política monetaria de devaluación del dólar para quitar mercados a la UE, pero un € fuerte permite pagar menos por el petróleo que se cotiza en dólares lo que sería caro para un país con la moneda devaluada, por tanto, la guerra monetaria de Washington también debía ser acompañada por el control absoluto sobre el suministro del petróleo, ocupando y controlando los países de Oriente Medio para tratar de separar a los países productores de petróleo que se beneficiarían con el aumento del precio y neutralizar la competencia de la UE, Japón y China, donde las grandes transnacionales yanquis del petróleo e hidrocarburos y no la OPEP sean las que determinen precios, niveles de producción y la distribución de mercados. Por tanto, una de las motivaciones económicas en la invasión de EE.UU. a Irak fue, por tanto, el cambio de la venta del petróleo en euros,  el imperialismo yanqui no perdonó a Bagdad su pecado de abrazar el € y el haber establecido acuerdos con otras potencias imperialistas y competidores, precisamente tras la guerra una de las medidas impuestas de los ocupantes a los colaboracionistas irakís fue el retorno al patrón dólar en el comercio del petróleo. Siguiendo la misma secuela el imperialismo yanqui tampoco perdona a Chavez su labor de revalorizar la política anti-imperialista de la OPEP. Por esta senda del análisis, descubrimos curiosamente que los países catalogados por Bush como “eje del mal” han abrazado el € para realizar sus transaciones comerciales (Corea del Norte e Iran), que otros países como Brasil, Cuba, China, Rusia y Venezuela dan pasos en esa dirección, y que al último le montaron un fallido golpe de Estado en el 2002. Irán comenzó a aceptar euros en el 2003, y la campaña de EE.UU. para atacar Irán comenzó poco después.

EE.UU. ha copiado el modelo colonial europeo del S.XIX para mantener su hegemonía con grandes presupuestos militares y cientos de bases y alianzas militares con Estados neocoloniales repartidos por el mundo. Pero también, ha combinado otro tipo de política exterior financiando movimientos políticos para el cambio de orientación en zonas de influencia y en países anti-imperialistas.  Las “revoluciones” de los colores en Ucrania y Georgia, de los tulipanes en Kirguistan, la desintegración étnica de Yugoslavia, la promoción de los separatistas tibetanos, y de la oligarquía de Oriente en Bolivia, etc., forman parte de la política exterior “blanda” del imperialismo yanqui para desplazar a sus competidores e impulsar la contrarrevolución.

      En el terreno cultural la producción masiva de películas de cine y televisión, audovisuales, entretenimientos, programas basura, música, ocio, internet…, el imperialismo de EE.UU. se sitúa a la cabeza mundial, y son un medio material imprescindible para la penetración e influencia de los valores, costumbres e ideas del imperialismo yanqui que comercializan Hollywood, Disney y la CNN, lo cual es cada vez más agobiante no ya para sus “socios” competidores que se han acomodado al proyecto imperialista neocolonial, sino para los trabajadores y pueblos del mundo.

Hay que anotar que a pesar de la superioridad del imperialismo yanqui en todos los terrenos, al depender de forma creciente de la baza militar, detrae ingentes recursos que se destinan del presupuesto del Estado aumentando el déficit público, que lo vuelve a colocar en el siglo XXI en desventaja con sus competidores de la UE y del Japón que se orientan hacia un presupuesto militar moderado y una mayor inversión en las infraestructuras económicas necesarias a la acumulación del capital.

De todas formas, no podemos ignorar que el imperialismo yanqui sigue jugando el papel primordial en la reproducción del sistema capitalista, su supremacía militar con 752 bases militares en 130 países y la mitad del gasto mundial militar, explica la ausencia de guerras interimperialistas de la primera mitad del siglo XX. Ningún adversario cumple el rol político militar que juega EE.UU. como “gendarme mundial” del capitalismo. También es destacable que el fuerte déficit de la balanza de pagos de EE.UU., provocado por los gastos militares y la exportación de capitales en concepto de ayuda externa, tiene su contrario que es garantizar la prosperidad con el envío al exterior de sus marines para salvar los dólares de sus transnacionales cuando corren peligro, ampliar y asegurar sus préstamos para ampliar negocios, las materias primas y los mercados.

El desgaste de la indiscutible hegemonía de EE.UU, también es debido a los proyectos antimperialistas, como el ALBA, entre otros, y el creciente protagonismo de nuevas potencias regionales tan dispares como China, Rusia, Brasil e India.

El declive relativo de la economía de los EE.UU. es patente. Si a la terminación de la II GM los EE.UU. copaban el 50% del PIB mundial, actualmente apenas llega al 25%. A nivel industrial los EE.UU. doblaban en 1980 a Japón (24,4% y 12,7% respectivamente del producto mundial), en 1995 cedieron el liderazgo a Japón con un 25,4%, EE.UU. un 22,6% y Alemania 11,7% (98). En 1960 sobre las 200 mayores Transnacionales 127 eran yanquis contra 7 japonesas, mientras que en 1992 la UE contaba con 70, y Japón con 54 frente a las 60 de las EE.UU. (99). Y en la última década las Transnacionales de la UE desplazaron a las compañías yanquis en el monto de las inversiones externas (100).

Por otra parte, el modelo de la postguerra, que arranca con la derrota del fascismo, el cambio de correlación de fuerzas a favor del socialismo, del movimiento obrero en el centro del capitalismo y de los países de la periferia, basado en un fuerte crecimiento económico mundial aunque desigual, con el Estado bienestar (crecimiento de salarios y niveles de paro bajísimos) en el centro, el desarrollismo de la periferia, y los Estados socialistas que enfrentados al capitalismo alcanzaban los ratios sociales más altos del mundo, han sufrido la involución de la lucha de clases y la emergencia del modelo de acumulación neoliberal victorioso, que ha recompuesto la relación de fuerzas a favor del capitalismo.

La caída de la URSS ha dejado el campo libre al capital para iniciar la ofensiva destructora de todas las concesiones realizadas en su etapa keynesiana y retornar a sus orígenes depredatorios. La ausencia de un contrapeso del imperialismo, a nivel internacional, ha permitido en la década de los 90 que los estados imperialistas con los EE.UU. a la cabeza, dominen la ONU, imponer organismos como la OTAN, el FMI y el BM en el planeta como representantes oficiales de los “intereses generales”.

El fundamentalismo mercantil y la supresión de las políticas sociales reinante bajo el neoliberalismo, empujan a voceros del imperialismo como Soros a advertir de que el capitalismo no se sostiene sin una superestructura que regule las decisiones políticas, reclamando por ello un ordenamiento internacional de los Estados que se subordine al derecho e instituciones internacionales. Soros sabe perfectamente que sólo los Estados-nación e instituciones internacionales pueden regular la crisis a favor del capitalismo, dado que el mercado por si solo lleva al desequilibrio del sistema y puede provocar la ruptura del mismo, de ahí su posición de crear una superestructura supranacional que sin abandonar el carácter de clase burgués someta a los Estados-nacionales. Y es que tal y como sostiene S. Amin, salvo en la imaginación de los ideólogos de la economía burguesa, en la fase histórica actual no hay capitalismo sin Estados capitalistas, por lo que las formas políticas estatales e internacionales de la actualidad

“articulan los modos de dominación social internos propios a las sociedades del sistema y sus modos de inserción en el sistema mundial, ya sea como formaciones dominantes (centrales) o dominadas (periféricas)” (101).

Ello quiere decir que existe una sociedad mundial en constante desequilibrio, producto del desarrollo desigual del sistema capitalista en su fase imperialista, por lo que el capitalismo aunque no permita el desarrollo supranacional de instituciones plenamente democráticas con poderes para regular la economía mundial, si permite en cambio el desarrollo de ámbitos supranacionales clasistas de carácter oligárquico, que regulen la crisis del sistema, que es lo que justamente Soros reivindica para su clase: una nueva trilateral que dicte y gobierne los vientos neoliberales.

En este contexto, la denominada globalización no es más que la ofensiva del capital a nivel mundial a través de su modelo neoliberal como ariete que desmantela las conquistas de los pueblos y de la clase obrera, que transfiere fondos públicos al sector privado, a través de un conjunto de medidas (desregulación laboral, desgravación fiscal de los ricos, privatizaciones, etc), que significan el retorno de los bloques hegemónicos anti-obreros y  anti-populares (102). Esta ofensiva imperialista también desmantela toda capacidad de defensa de los Estados-nacionales, atacando a aquellos a los que no se someten por su orientación anti-imperialista, y operando por la fragmentación de determinados Estados plurinacionales exsocialistas, para ejercer mejor el control de las clases dominadas y el acceso a sus recursos, economías y rutas, a través de la falsa consigna sobre “el derecho democrático de los pueblos”, que buscan crear todas las Eslovenias o Chechenias posibles para ello (103).

Este nuevo periodo político ha abierto posibilidades en el seno de la izquierda de otra lectura mas clasista, mas desde posiciones marxistas y menos posibilistas. La nueva correlación de fuerzas objetivamente sitúa el debate incluso dentro de la socialdemocracia, donde hay sectores que pueden desmarcarse de la denominada tercera vía, que pueden ir hacia posiciones más a la izquierda. Es una situación objetiva, donde falta todavía el elemento subjetivo, es decir la capacidad y voluntad de los dirigentes de la socialdemocracia. Pasos precarios se dieron en ese sentido en Francia con el gobierno de la izquierda plural en algunos aspectos sociales (ley de 35 horas), pero con una fuerte contradicción (privatizaciones, apoyo a la guerra de Yugoslavia), que le llevó a una confrontación con el movimiento sindical. El posterior abandono de una política antineoliberal en todos los frentes, hizo posible el retorno de la derecha al gobierno. Pasos importantes se han dado también en Alemania con la reunificación de la izquierda (Lafontaine y PDS –Die Linke-) y el giro a la izquierda del movimiento sindical.

No obstante, no debemos de olvidar que los ritmos no son los mismos, no todos los que nos denominamos o denominábamos comunistas (según la posición actual de algunos) supimos contener en su momento el influjo que suponían para las posiciones revolucionarias la caída de la URSS en la lucha de clases, hubo y hay otras fuerzas políticas y sociales que todavía no lo ven, pues a principios de los 90 se situaron en la lectura más fácil, la anticomunista y derechizaron sus posiciones, tildando de “revolucionarios” aquellos procesos que se dirigían hacia la restauración del capitalismo bajo forma neoliberal, ignorando como siempre que la coexistencia pacífica con el imperialismo, el fin de la lucha de clases en la realización del socialismo, y el carácter neutral del Estado, han demostrado ser un fraude teórico propio de revisionistas y renegados del marxismo. Ignorando la advertencia que ya hiciera Lenin en 1918, que consideraba que la transición del capitalismo al comunismo abarca una época histórica y que en tanto esta no esté culminada los explotadores no pierden la esperanza de restaurar el capitalismo. Ignorando la realidad de que si el muro de Berlin calló lo hizo aplastando a los trabajadores y no al capital, de ahí la expresión arrogante del capital que resurgiendo su ideología de base, el liberalismo, circuló durante los 90 anunciando el fin de la historia con el triunfo neoliberal mundial. Ignorando que hoy en el siglo XXI que a pesar del anticomunismo los partidos comunistas en Rusia, Moldavia, Bielorrusia, Ucrania, Republica Checa, Grecia, Chipre, etc., se han convertido en partidos de masas, o bien hegemónicos o bien son determinantes dentro de las fuerzas de la izquierda.

Aún así no hay que descartar que tales fuerzas de la izquierda no comunista, al margen de su revisionismo teórico, hoy puedan situarse o no, mas a la izquierda ante la gravedad de la ofensiva neoliberal. Hablamos no sólo de la socialdemocracia política sino también del movimiento sindical de clase. Es sólo una posibilidad, hay ritmos diferentes, se puede llegar a confluir tácticamente o no frente al enemigo común, desvelando la contradicción principal en la lucha de clases: el neoliberalismo de los gobiernos de turno, aunque sean socialdemócratas, ya que esa política encuentra no sólo el apoyo leal de la derecha sino de los bloques imperialistas (EE.UU-Inglaterra y Alemania-Francia). También se puede llegar a confluir en la lucha de clases en toda la UE, donde la aplicación del tratado de Maastrich y sus tratados sucedáneos (Lisboa, Niza), son la coartada perfecta de los Estados miembros para la introducción de las medidas neoliberales, que persiguen el recorte a la baja de los derechos laborales conocidos y la rebaja de los gastos sociales para cuadrar el ajuste presupuestario con déficit cero en la mayoría de los Estados (Francia y Alemania lo incumplen).

Pero sobre este tema hay que seguir insistiendo en que las causas de la ruptura de la socialdemocracia a raíz de la Iª Guerra Mundial y la Revolución soviética no se han superado, dado que el fundamento de la estrategia política de la socialdemocracia hegemónica sigue siendo la de adaptarse a los distintos modelos de explotación del capitalismo, lo cual da como resultado una tendencia hacia la derechización cupular.

Recordemos que la estrategia política del Estado de Bienestar emanada de la economía política keynesiana, fue readaptada por la socialdemocracia después de la IIª Guerra Mundial. Esta política se da en un contexto donde se encuentran por una parte una correlación de fuerzas favorable al movimiento obrero, además de la atracción que los países socialistas ejercían sobre la clase obrera en occidente; y por otra por un fuerte aumento de la productividad general durante los años 50 y 60, que permite un abaratamiento de los costes constantes y variables del capital junto a un incremento de los salarios reales (directos e indirectos). Esta estrategia keynesiana del bienestar se basaba en la intervención estatal para ayudar financieramente a grandes empresas, apoyar a la I+D y el gasto militar, nacionalización de sectores o empresas necesarias para la circulación del capital, gasto en infraestructuras que aceleran la rotación y acumulación de capital (transferencia de plusvalía), prestaciones sociales, control del salario directo y cogestión sindical en el pacto de rentas ligada al aumento de la productividad, control de la inflación a través de políticas monetarias, consumo de masas inventivado por el desarrollo del crédito que permite adelantar las compras de medios de consumo y que por otra parte permite a las empresas recuperar más rápidamente el capital desembolsado, fiscalizar y dirigir desde los aparatos ideológicos del Estado burgués el control de las crisis y la moderación de la lucha de clases. Esta estrategia desde el final de la IIª Guerra Mundial llevó a la socialdemocracia al gobierno de los Estados capitalistas de Europa en 13 países (Gran Bretaña, Francia, Portugal, España, Grecia, Austria, RFA, Suecia, etc.).

Al filo de la crisis de 1.973, antes de la caida de la URSS, nos encontramos con otra involución de las posiciones marxistas dentro de la socialdemocracia, donde la socialdemocracia alemana que ya había renegado del marxismo en 1.959 (Congreso de Bad Godesberg), se pasa en los años 80 a posiciones neoliberales en la estrategia política, que se basa fundamentalmente en el debilitamiento político y económico de la clase obrera para poder aplicar medidas neoliberales como la precarización y flexibilización de la fuerza de trabajo, la transferencia al capital de masas de inmovilizados en los servicios públicos y sociales, adaptando el Estado a la creciente competencia interimperialista mundial. Idéntico tránsito ideológico han llevado los partidos socialdemócratas de la mayoría de países antes mencionados.

La relación de fuerzas a partir de los 90 es desventajosa para el movimiento obrero, más desventajosa que en los 80, el desempleo ha crecido continuamente y se ha profundizado en la internacionalización del capital, aumentando la capacidad de chantaje con respecto a la competitividad y movilidad del capital, además de la contrarrevolución en los regímenes socialistas de economía planificada que ha dado más poder aún a la oligarquía financiera y el imperialismo. Bajo estas condiciones surge la denominada tercera vía como versión romántica del neoliberalismo (humanismo abstracto), cuyos efectos para los intereses de la clase obrera han sido tan devastadores que como consecuencia han caído 8 de los 13 gobiernos socialdemócratas europeos durante la pasada década de los 90, y éste último año (2.007-08) la derecha ha ganado en 9 Estados europeos, algunos con mayoría absoluta (Francia, Alemania, Italia, Polonia, Austria, Suecia, Finlandia, Holanda y Grecia).

Con esta trayectoria se perfila que la  dirección política de los partidos socialdemócratas (al margen de sus contradicciones) difícilmente evolucionaran hacia posiciones marxistas, no así sus bases que desde el campo de la agudización de la lucha de clases, desde la movilización social y las propuestas políticas transformadoras de izquierda, que en coyunturas concretas pueden adoptar posiciones revolucionarias.

Nos encontramos en un período donde el debate en las fuerzas políticas comunistas en Europa o en el espacio electoralmente confluido por la base social de la izquierda transformadora, se sigue dando sobre la subordinación o no hacia la política de la socialdemocracia, ya sea en su versión clásica o en su vertiente socio-liberal (tercera vía); si la izquierda transformadora lleva propuestas políticas con estrategia propia o con contenido electoralista; si hay un proyecto corresponsable internacionalista, solidario y de clase u otro fraccionado, sin bases clasistas que permitan el bipartidismo en  los ámbitos estatales y en la UE. Por tanto, es un error que los partidos comunistas se diluyan en los frentes de izquierda y que éstos pierdan su contenido alternativo e independiente allí donde la socialdemocracia apuesta por la política neoliberal.

1.6.2 Estrategia política de clase

Bajo este prisma pasamos a definir la ESTRATEGIA, el análisis de la correlación y distribución de las fuerzas de las clases dentro de un país y a nivel mundial,  la determinación del adversario principal y la dirección principal de lucha y las fuerzas propulsoras (motrices, principal y dirigente) que participan en el proceso revolucionario. La estrategia cambia con la culminación de una etapa estratégica y el comienzo de otra, es decir, con el cambio de la distribución de las fuerzas de clase en torno al poder político y su carácter de clase. En cada una de las etapas los PCs deben trazar los objetivos y la línea política determinada, que toma expresión histórico-concreta en el programa político, con vistas a cumplir las tareas básicas y revolucionarias que van surgiendo.

La estrategia del partido comunista, las tareas generales y fundamentales de la clase obrera y su partido, significa determinar el fin principal de la clase obrera en la etapa concreta e identificar al enemigo de clase principal como objeto de los esfuerzos revolucionarios y conseguir aliados en la lucha contra el y concentrar el odio de clase de todos los trabajadores. Una vez ejecutadas las tareas de toda revolución democrático-burguesa, el partido elabora una nueva estrategia, orientada a preparar y realizar la revolución socialista.

La consideración objetiva de la distribución de las fuerzas de clase permite determinar con acierto a los aliados de la clase obrera en una etapa estratégica concreta y procurar la formación de una amplia agrupación de fuerzas de clase y políticas para la lucha conjunta por objetivos comunes. Estas otras clases y fuerzas sociales, que puedan aliarse a la clase obrera, luchan por sus propios intereses, la tarea de los PCs consiste en tomar en consideración todos los intereses de los aliados potenciales para unirlos en torno a la clase obrera sobre la base de la comunidad parcial de estos intereses o la existencia de un adversario común.

En todas las revoluciones burguesas, activas o “pasivas” la burguesía consiguió que las llevaran a cabo sus propios explotados, plebeyos, campesinos, proletarios y sus aliados. Siempre ha sabido dejar que sus fuerzas se desencadenasen, para esperarlas a la hora del poder, y abatirlas entonces de forma sangrienta, o pacíficamente, confiscando en provecho propio los frutos de su victoria y de su derrota. Frente a esta práctica burguesa de la política, la tradición marxista-leninista siempre ha defendido otra tesis. El proletariado tiene que “liberarse a sí mismo”, no puede contar con ninguna otra clase y con ningún libertador fuera de sí, sólo puede contar con la fuerza de su organización. No tiene otra opción, ni explotados que manipular. Por ello se debe superar dentro del partido comunista la separación entre la dirección y los militantes, y la separación entre el partido y las masas, y aquí hay que hablar de la relación política con las masas en el sentido amplio, es decir, hay que hablar de la línea política y las alianzas. La clase obrera existe en el seno de las amplias masas de trabajadores explotados u oprimidos como la parte más capaz de organizarse y enseñar el camino a todos los explotados. Y a un partido se le juzga, en primer lugar, por su capacidad de estar atento a las necesidades e iniciativas de las masas populares y sus intereses comunes frente al enemigo principal.

Toda la tradición marxista-leninista, desde el Manifiesto Comunista de 1848, ha defendido la necesidad de las alianzas. La clase obrera no puede vencer por sí sola. Pero hay alianzas y alianzas, y sobre este punto se oponen dos concepciones. O se conciben las alianzas en términos de contrato entre organizaciones políticas consideradas como “propietarias” de su electorado, o bien se conciben en términos de combate de la parte organizada de la clase obrera para extender su influencia. Tomemos el ejemplo de los frentes populares de los años 30 que fueron alianzas interclasistas que no se agotaron sólo en el frente electoral sino en los frentes unitarios de la lucha sociopolítica. Recuperar la política de unidad como política de masas y de lucha, de unión popular, que asocia el pacto electoral con la lucha unitaria en la base, a través de la cual el partido pueda desarrollar la lucha por la base y extender su influencia, más allá del núcleo más organizado de la clase obrera. Una línea de masas de unión popular sin reformismo ni sectarismo, para la movilización de las masas.

La utilidad de la estrategia consiste en concentrar todas las fuerzas en el sector principal y asestar el golpe decisivo al enemigo máximo. Hoy el enemigo principal de clase es el imperialismo, la oligarquía financiera transnacional como fracción dominante de la burguesía y su política neoliberal, no podemos cometer el error que confundir el enemigo principal, la contradicción principal con los aspectos o contradicciones secundarias o incluso no antagónicas (papel subalterno de la socialdemocracia, luchas parciales de movimientos que no cuestionan el sistema, etc.), si se confunde la contradicción principal con otras nos equivocaremos, los PCs deben entender la política de alianzas de las fuerzas políticas y sociales en la relación y no en el aislamiento.

La estrategia de los PCs se elabora en los congresos. Sintetizamos aquí los diversos elementos de los que consta.

1.6.2.1 Los objetivos políticos en la época actual.

         La concepción estratégica de la revolución como un proceso histórico con etapas y periodos de desarrollo, determina las tareas fundamentales a resolver en cada etapa, los objetivos, a escala nacional y mundial.

Definir hoy el carácter de la revolución como socialista, ya que el capitalismo ha agotado su etapa constructiva-progresiva, y está en su etapa destructiva y de crecimiento no sostenible. Es incapaz de desarrollar las fuerzas productivas, sólo es capaz de crecer destruyendo o excluyendo a las clases a las que el proceso de acumulación de capital expropia y convierte en una superpoblación relativa cada vez más densa (campesinado y pequeña producción sin trabajo), extendiendo la proletarización a una escala más grande que en tiempos de Marx.

La proletarización crece más allá del obrero industrial, a otros sectores que generan y realizan la plusvalía, ampliando la composición diversa de la clase obrera. En el modelo neoliberal actual el capital no puede generar mayor plusvalía si no es al precio de una sobreexplotación que afecta también a los países industrializados del centro, ampliándose el trabajo asalariado precario incluso a mujeres y niños como nunca a escala mundial.

El aumento de la precariedad laboral es creciente en todos los sectores, como el mejor bálsamo anticrisis.

Miseria, hambre, enfermedades crónicas, pobreza en la periferia, exclusión y negación de los derechos sociales de ciudadanía en las sociedades industrializadas, destrucción del ecosistema, erosión de la democracia representativa de los estados-nación, centralización del poder del capital en las instituciones comerciales, financieras, militares y políticas (FMI, BM, Banco Central Europeo, OTAN, G-8, OMC) dominadas por el imperialismo, son el aporte de un capitalismo sin alternativas al desarrollo humano.

La estrategia anti-imperialista en España hoy es la lucha por la ampliación de la democracia política y social (República Democrática), la cual a través de las transformaciones socioeconómicas y políticas profundas que en su desarrollo se conquisten, con el desplazamiento del bloque en el poder por la clase obrera y sus aliados, desde la organización y dirección de la lucha de la clase obrera nos colocará en el camino hacia la revolución, la conquista del poder político como palanca para impulsar la construcción del socialismo partiendo de la supresión de la propiedad privada capitalista de los medios de producción.

La forma que el régimen socialista asuma en España dependerá del sistema de alianzas de la clase obrera y de la evolución de la lucha de clases. Todo ello partiendo de la base de que la sociedad socialista no es posible sin la ruptura del aparato de Estado capitalista y sin la instauración de un régimen en el que la clase obrera tenga el papel dirigente, no puede haber tránsito del capitalismo al socialismo sin ruptura revolucionaria y sin cambio en el carácter de clase del Estado. El grado de violencia del proceso revolucionario que pueda producirse dependerá exclusivamente de la resistencia violenta que la oligarquía financiera y sus aliados internos y externos opongan a la voluntad de la mayoría.

1.6.2.2 Identificación del enemigo de clase principal

Se debe considerar la tendencia histórica en su contradicción y en esta contradicción, la tendencia principal y la tendencia secundaria de la contradicción y en cada tendencia el aspecto principal y el aspecto secundario.

Para nuestra época el enemigo de clase principal es el imperialismo, la oligarquía financiera y las Transnacionales. Los cuales son hegemónicos en nuestro país. Debemos de definir el sistema de contradicciones antagónicas y no antagónicas, principales y secundarias en completa interconexión del período y la época y su grado de desarrollo desigual.

En el período actual de reflujo y recomposición del movimiento revolucionario inmerso en la época de transición del capitalismo al comunismo, la contradicción fundamental es la establecida entre el carácter social de la producción y la forma capitalista de su apropiación.

La contradicción principal es la establecida entre la burguesía y el proletariado, capital y trabajo, tanto en el ambito concreto nacional como internacional, en los cuales el aspecto principal de la contradicción en la época tomada como tendencia histórica, es la clase obrera que engloba también a los paises donde éste ha tomado el poder político (Cuba, Vietnam, China…) y construye el socialismo. En España la contradicción principal es la establecida entre la oligarquía financiera y terrateniente española, formada por las burguesías financieras catalana, vasca, castellana, gallega y los terratenientes, ligados al capital financiero transnacional por un lado, y la clase obrera junto a la mayoría del pueblo trabajador por otro.

De la contradicción fundamental y la principal en los ámbitos nacional-internacional se derivan las contradicciones secundarias de las que destacamos las más resonantes de la época, que emanan de la presente fase imperialista del capitalismo y la lucha de clases. En primer orden debemos destacar como contradicciones secundarias principales las contradicciones centro-periferia porque es de la que se deriva la pugna entre los Estados imperialistas y las naciones oprimidas y dependientes, y la propia rivalidad interimperialista entre Estados imperialistas y sus oligarquías financieras (burguesía imperialista) en su lucha mundial por el reparto de las fuentes del capital orgánico (materias primas, fuentes de energía, patentes, etc.), rivalidad acelerada por la creciente internacionalización de las fuerzas productivas. En segundo orden destacamos como contradicciones secundarias: producción-consumo, acumulación-crisis, empleo-desempleo, contradicción en la lucha ideológica en el movimiento obrero entre la línea revolucionaria y la reformista, la contradicción del movimiento obrero en su relación con el resto de movimientos sociales (de hegemonía o subordinación), la contradicción no antagónica entre la clase obrera y las clases no proletarias (pequeña burguesía, intelectuales, campesinos, etc.), la contradicción no antagónica entre la clase obrera estable y la clase obrera precaria (por género, edad, contrato, sector, procedencia geográfica, etc.), la contradicción entre la guerra y la paz, la contradicción entre lo público y lo privado, la contradicción entre la economía no sostenible y el medio ambiente, la contradicción entre la democracia formal (burguesa) y la democracia real, entre la democracia burguesa y la involución neofascista, etc.

Del desarrollo desigual de las contradicciones, destaca la agudización de las contradicciones nacionales, del militarismo y la paz, causadas por las contradicciones inter-imperialistas, quedando la contradicción principal capital/trabajo, y la contradicción entre la estrategia revolucionaria y la reformista en el movimiento obrero, en situación de retaguardia, por la recomposición de las fuerzas de clase a favor del imperialismo en la última década.

1.6.2.3 Definir los aliados estratégicos

         El movimiento obrero en general y el movimiento sindical de clase organizado, los trabajadores asalariados y autónomos, los campesinos y pageses pobres, los intelectuales, los estudiantes, los profesionales, la pequeña burguesía. Las masas organizadas en movimientos sociales (AA.VV, Paz, ecología, mujer, estudiantil, consumo, etc.). Los países y movimientos anti-imperialistas.

1.6.2.4 Crear un programa de metas mínimas

         Programa que sirva para aislar al enemigo principal. Por ej., en el período actual unir a las fuerzas sociales y políticas contra el neoliberalismo en torno a un programa antineoliberal y anti-imperialista, que abarcaría a la clase obrera de la industria, los servicios y el campo, al campesinado, los intelectuales, profesionales, autónomos, pequeños empresarios y comerciantes, profesionales, jóvenes, mujer e inmigrantes. En esta alianza la clase obrera debe asumir el papel dirigente y hegemónico.

1.6.2.5 Impulsar la lucha por la paz, el desarme y un nuevo orden económico internacional

         Apostar por un proyecto mundial contra el neoliberalismo, en defensa de las conquistas del movimiento obrero, y los derechos de los pueblos, como objetivo del Movimiento Comunista Internacional, las fuerzas anti-imperialistas y la izquierda transformadora. Profundizar en el desarrollo democrático de las instituciones internacionales, que haga visible las contradicciones y rompa la oligarquización de las decisiones en materia política y económica mundial.

1.6.2.6 Desarrollar el carácter marxista-leninista del partido

         Partido vanguardia de clase y de masas, donde prevalece la dirección colectiva, el centralismo democrático, el ejercicio de la crítica y la autocrítica a todos los niveles, y la formación teórica y técnica de los cuadros y militantes. El partido debe disponer de una acción política planificada para emprender la lucha ideológica, política y organizativa contra las ideas e instrumentos de la clase dominante. Hay que integrar en el partido a un gran número de militantes que estén encuadrados en organismos, luchen por el programa, coticen regularmente, y acompañar la formación política de muchos cuadros que sean capaces de dirigir e intervenir en los movimientos de masas, en su movilización, en convertir a la clase obrera en la fuerza dirigente del bloque histórico revolucionario, construyendo hegemonía apropiándose de las reivindicaciones del pueblo, con consignas llanas, cortas y precisas, que sean inteligibles, básico para las grandes masas.

Se trata de construir un partido de cuadros y de masas con las características fundamentales:

ü Sólida unidad ideológica, política y organizativa.

ü Inserto en todos los sectores de la sociedad, principalmente bien organizado en la clase obrera y los trabajadores.

ü Capaz de movilizar y conducir a las grandes masas populares por su inserción en ellas, con un conocimiento de su realidad y sus problemas, por su firmeza ideológica, combatividad y la justeza de su línea política.

De esta forma pueden jugar el papel de vanguardia en la sociedad capitalista desarrollada.

Además en el plano teórico se debe desarrollar la teoría marxista-leninista, para analizar las nuevas formas de la explotación capitalista en su fase imperialista actual, para asegurar la justa unión-fusión del movimiento obrero y la teoría marxista-leninista desarrollando la lucha de clases en la teoría e ideología criticando todas las ideologías y teorías de la clase dominante. Sin posición teórica proletaria no hay desarrollo de la teoría marxista-leninista ni fusión entre el movimiento obrero y el marxismo-leninismo.

1.6.2.7 Estudiar las diferentes correlaciones de fuerza 

Estudiar la correlación de fuerzas relativa entre nuestros enemigos de clase (fracciones y bloques dominantes en el poder político-económico), y entre el movimiento obrero y sus aliados, para determinar las formas que deberá tener la táctica en cada momento histórico.

Sobre las fracciones dentro del bloque dominante de los poderes político-económicos de la burguesía, se debe distinguir a la fracción especulativa que está representada en la derecha y subrepresentada en el centro-izquierda, mientras que a la inversa la burguesía productiva se encuentra representada en el centro-izquierda y subrepresentada en la derecha.

Destacar aquí el desarrollo capitalista en la formación social española, que se caracteriza hasta principios del S. XX por la alianza de la burguesía terrateniente con la burguesía bancaria e industrial, con el apoyo en la inversión del capital extranjero por la insuficiente acumulación primitiva. El incipiente desarrollo industrial desde mediados del S.XIX pasó a depender del capital extranjero en alianza con las clases dominantes españolas, evitando que la industria española pudiera convertirse en competidor de los capitalistas alemanes e ingleses. Las características del capitalismo español de mediados de siglo XIX se resumen en el predominio del capital extranjero (inglés, francés y belga) y el predominio del capital comercial y especulativo. La amalgama de especuladores, terratenientes beneficiarios de la desamortización, políticos que acceden a las élites del poder económico, industriales vascos y catalanes, y generales ennoblecidos, constituyen la oligarquía gobernante estimada en 500 familias (Tuñón de Lara).

A mediados del S.XIX esta sociedad opulenta, excepto los industriales catalanes, conciben al capitalismo como especulación y no como acumulación de capital. Es sólo la burguesía catalana la que construye a través de la industria textil en el S.XIX la única industria nacional, no sólo catalana, sino española. Un hecho sociológico esencial es el entronque de las familias de la alta burguesía ascendente en la aristocracia, lo que tiene lugar por el ennoblecimiento de las familias: Comillas, Urquijo, Ussía, Romanones, etc, los militares, políticos de clases medias y abogados de grandes familias también eran ennoblecidos. Se suelda el triángulo entre la aristocracia castellana y andaluza, los comerciantes vascos y los industriales catalanes. Esta alianza llegó a constituir el bloque de poder dominante desde la restauración hasta nuestros días (salvando el periodo republicano).

Desde mitad del S.XIX capitales agrarios y los capitales comerciales de origen colonial en lugar de impulsar la industrialización, concentran sus intereses en la formación de bancos asociados al capital financiero extranjero. A principios del S.XX se crean en Madrid y Euskadi los 6 grandes bancos, el Hispano Americano (1900), el Banco Español de Crédito (1902) procedente del Crédito Mobiliáre francés (dominado por las familias Pereire y  Rothschild), el Banco Guipuzcoano (1899), el Banco de Vizcaya (1901), el Banco Urquijo (1918) y el Banco Central (1919). El capital que se repatrió de las colonias de las Antillas a finales del S.XIX, casi 1000 millones de pts., se utilizó para la formación de dos grandes bancos, el Hispano-Americano (Basagoitia, Gonzalez Longoria, etc.) y el Banco Español de Crédito. En cuanto al Banco de Vizcaya creado en 1901 era el banco de los capitalistas navieros y exportadores vascos (Ibarra, Zubiría, Urquijo, Villalonga).

Ya a finales del S.XIX desde la restauración las inversiones para el desarrollo de las fuerzas productivas industriales se dividían entre las extranjeras para la gran industria y nacional para la industria ligera. La inversión extranjera no se limitaba solo a capitales, sino a personal técnico, patentes de invención y fabricación, maquinaria, materias primas, etc. Son precisamente los capitales extranjeros los que a partir de la 2ª mitad del S.XIX se apoderan los recursos mineros y la construcción del ferrocarril. En total la riqueza española en manos extranjeras en 1910 llegaba a 4.000 mill. pts. (Tuñón de Lara)  que controlaban la totalidad de los ferrocarriles, tranvías, y ocupaban puestos de dirección en las empresas de gas, electricidad y minería.

Hasta los años 50 del S.XX no culmina el desarrollo del poder bancario, que realiza una doble alianza, por un lado con la burguesía industrial, dando origen a una incipiente oligarquía financiera, y por otro lado con la burguesía terrateniente. Oligarquía financiera que afianzó su existencia a través del fuerte apoyo estatal en el Banco de España, dominado por la burguesía terrateniente, los Bancos de Bilbao, Urquijo, Hispano y Vizcaya, bancos que se habían formado sobre la base de los capitales coloniales, préstamos del Estado y la deuda pública acumulada por la Iglesia tras la desamortización.

La pervivencia de técnicas atrasadas de cultivo y la baja productividad del trabajo agrícola daban lugar a unas rentas diferenciales extremadamente elevadas, con el correspondiente encarecimiento de los productos agrarios, limitando las posibilidades de un mercado interno industrial, favoreciendo a los terratenientes en la distribución de la plusvalía a costa de deprimir la ganancia industrial, retardando hasta los años 60 del S. XX la culminación de la industrialización.

La acumulación de capital durante las décadas 1940-1950 se realiza a costa de una brutal superexplotación de la clase obrera. La concentración capitalista de estos años se efectúa principalmente en torno al sector bancario. A fines de 50 y principios de los 60 (Plan de Estabilización -1959- y Planes de Desarrollo -1964-) con el ascenso del OPUS DEI a los aparatos del Estado franquista, las burguesías bancaria e industrial que en alianza con el capital transnacional desplazan a la burguesía terrateniente, y se fusionan con el rápido desarrollo industrial convirtiéndose en la fracción dominante en el bloque de poder. Desarrollo industrial que se realiza de forma tardía y dependiente transformando la mayoritaria sociedad agraria española en una sociedad capitalista de base urbana e industrial mayoritaria. Destacar además que el capitalismo español no hubiera podido desencadenar por sí solo un proceso de industrialización tan intensivo como el que se experimentó en la década de los 60 de no haber contado con 3 factores externos, la emigración, el turismo y la inversión extranjera.

El desarrollo del capitalismo español en este período (1959-1970) es correspondiente con la ley capitalista de desarrollo desigual, dándose una contradicción entre el grado de monopolización alcanzado por la industria básica en manos de la banca, el nivel de dispersión de los centros industriales limitándose casi en exclusiva  en Catalunya, Euskadi y Madrid, y el atraso del conjunto de la infraestructura económica capitalista (agraria, servicios ligados al turismo, construcción, etc.), convirtiendo al a amplias zonas del país en periferia del capitalismo español proveedoras de fuerza de trabajo barata y materias primas. Lo que caracteriza al capitalismo español con un elevado grado de monopolio financiero y un peso bajo del capital industrial y tecnológico propio en comparación con los países europeos del entorno, la tecnología moderna era mayoritariamente de patente extranjera,. Como dato a destacar a principios de los 70 mientras entre las principales transnacionales del mundo no figuraba ninguna española, si que lo hacían 3 bancos españoles entre los 50 del ranking mundial, igualmente con un PIB 3 veces inferior al de Francia, los bancos españoles obtenían en cifras absolutas 2 veces más beneficios que los bancos franceses. España es en los 70 del S.XX la campeona de la especulación financiera, mientras que los beneficios de los 5 principales bancos españoles tienen un beneficio del 58%, los 5 principales del mundo obtienen un 30% y los europeos un 18%. (Sergio Vilar).

La estructura económica capitalista creada se hace más dependiente de las potencias capitalistas extranjeras y de las fluctuaciones del ciclo económico, impulsando una desproporcionada infraestructura de servicios y la acusada dominación exterior sobre los sectores económicamente estratégicos de la economía.

Destacamos 7 características del tipo de capitalismo que surge en España como resultado del proceso de industrialización que se consolida a partir de los 70:

  • Estructura industrial bajo dependencia tecnológica, financiera y comercial.
  • Desnacionalización y dominación de los monopolios transnacionales sobre los sectores estratégicos y más rentables de la economía.
  • Elevada monopolización en torno al dominio de la alianza de la burguesía financiera con el capital transnacional.
  • Fuertes desequilibrios estructurales de carácter regional e industrial.
  • Baja actividad de la población en relación a la población de los países de la OCDE. Sólo el fenómeno de la inmigración (10% de la población española) permitió al capitalismo español alcanzar durante la fase expansiva niveles de empleo aceptables.
  • La intervención pública social del Estado es deficiente, la más baja de Europa Occidental. El desarrollo del sector público se subordinó a las exigencias de la oligarquía financiera, las transnacionales y la burocracia franquista.
  • Boom estadístico del trabajo asalariado, proletarización de sectores tradicionalmente autónomos, pérdida del peso social del campesinado e incorporación masiva de la mujer al proceso productivo.

A partir de la crisis de 1973, la oligarquía financiera renuncia definitivamente al desarrollo de una red industrial propia, centrándose en sectores de menor riesgo (telecomunicaciones, informática, energía), potenciando el sector servicios, y cediendo a precio de saldo el mercado productivo y comercial español a las Transnacionales de capital extranjero, que se han apropiado de la mayoría de los sectores productivos (auto, bienes de equipo, químicas, alimentación, etc.), excepto la construcción dado que requiere poco capital fijo siendo el sector con el mayor destacamento de la fuerza de trabajo sobreexplotada, lo que ha generado un ciclo de dependencia e integración de la economía española como periferia en la órbita de los imperialismos dominantes. Hemos perdido el tejido industrial propio, pero contamos con una considerable industria de propiedad extranjera a la que suministramos trabajo barato, somos receptores de la industria que los países centrales deslocalizan.

Carente de tecnología propia y avanzada el capitalismo español de desarrollo intermedio en la cadena imperialista se muestra impotente para competir abiertamente en los mercados internacionales frente a las grandes potencias capitalistas detentadoras de las tecnologías punta y del control de las instituciones económicas y financieras del sistema capitalista, lo cual ha permitido que las potencias imperialistas europeas exporten y descargen su crisis interna sobre los mercados de los capitalismos intermedios como el español.

Tal dependencia se ha acelerado a partir de la incorporación a la UE y la OTAN, con la desintegración de parte de sectores de industria pesada, agricultura, ganadería y pesca, impuesto por la división imperialista del trabajo, que ha ido terciarizando la economía española. Con datos del periodo 1.991-97, el sector servicios se sitúa en el 61,5% de la actividad con un incremento de 9,5 puntos, el sector industrial baja al 20% perdiendo 14,8 puntos, el sector de la construcción se mantiene con 9,8% (colocádose la construcción de viviendas como la actividad que más incrementa la acumulación de capital a partir del 2.000)  y el sector agrario baja a 8,7%, perdiendo 17,5 puntos. El modelo de crecimiento económico de los últimos años (2.000-07) se ha basado en los bajos salarios, la especulación con la construcción de vivienda residencial, una gran parte de los más de 4 millones de obreros inmigrantes sin derechos, etc., aspectos que en su conjunto y sin una política industrial pública fuerte, han rebajado los costes laborales, dando grandes beneficios empresariales centrados en la construcción y en los servicios de bajo valor añadido. Los gobiernos del PSOE y del PP han aplicado las medidas legales y fiscales que han dado alas a la burbuja inmobiliaria, como la ley del suelo del PP. El precio de la vivienda creció un 106% desde que se estableció el euro en 1999 hasta el 2007, mientras que los salarios nominales crecieron un 8%, los bancos han promovido el endeudamiento hipotecario a límites gigantescos (la “España va bien” de Aznar, en la que el Banco de España hacía la vista gorda). Entre el 2000 y el 2007, el crédito a la actividad productiva se multiplicó por 3, mientras que el de la actividad inmobiliaria se multiplicó por 9.

Ello no quiere decir que el capital financiero español no tenga presencia en la industria. La Caixa por ej., se ha constituido en el primer grupo industrial en todo el Estado a través de su participación en numerosas actividades de la industria. Aun así más del 50% de la industria privada depende de las inversiones del capital extranjero. El desembarco del capital extranjero a España en la última década se ha multiplicado por 10 (4 billones de las antiguas pts.), por lo que la dependencia tecnológica e industrial es mayoritaria.

Decía Lenin que el proceso rápido de la concentración de la producción en empresas cada vez más grandes es una de las peculiaridades del imperialismo. En España, de todas las sociedades sólo un 5,2% manejan un capital que representan el 65% del total. Los 5 mayores grupos siderúrgicos producen una facturación del 60% del total, en el mercado español de carburantes, Repsol y Cepsa poseen el 73% del mercado, Gas Natural es líder absoluto como distribuidor de gas con el 84% del mercado; en electrodomésticos las 4 mayores empresas controlan casi el 50%, en distribución de alimentos las 5 más grandes empresas poseen una cuota del 60% del mercado. Significativa es la concentración en el sector eléctrico que desde 2003 de 14 empresas, sólo quedan 5, Endesa tiene 22 millones de clientes en todo el mundo, 7 de las 9 centrales nucleares en España, líder en potencia instalada, facturación y beneficio, y la principal empresa minera con el 37% de la producción. Iberdrola tiene 12 mill., de clientes, genera el 28% de la energía eléctrica y el 40% de la distribución.

Las grandes empresas españolas apenas suponen el 0,1% del total, pero tienen un volumen de negocio del 40% y concentran casi el 20% del empleo. Sólamente 100 empresas controlan el 45% de las exportaciones. Solamente las 12 mayores empresas, sin contar los bancos, tuvieron unos beneficios de 57.000 mill. € en el 2007, equivalente a todo el presupuesto del Estado destinado para infraestructuras, educación, dependencia, desempleo, vivienda e I+D en el 2009.

Paralelamente se da un fenómeno nuevo, Transnacionales españolas que exportan capital (se ha pasado de 0,1 billón a 2,6 billones en los últimos años), empresas que como Repsol, FECSA-Enher y Telefónica (esta última entre las 200 primeras Transnacionales), explotan recursos naturales y extraen plusvalía en el extranjero, fundamentalmente en Latinoamérica, Portugal y tras la subordinación de la política exterior al imperialismo yanqui (guerras de Afganistán e Irak), el capital español viene recibiendo sus dividendos en Oriente Medio.

La concentración bancaria. En 1990, los 9 grandes bancos poseían una cuota de mercado del 52,5%. En este momento las 4 primeras entidades financieras tienen una cuota de mercado del 57,5% %. Santander, BBVA, La Caixa y Caja Madrid (Datos FRS Inmark, 2006). Solamente el Grupo Santander (Santander y Banesto) disponen del 45,23% de la capitalización bursátil española (50.205 mill. €). El Santander pasó  del 10º al 4º banco mundial (2.004-2.008) mientras el BBVA ha pasado del 20 al 11º (2.005-2.009). Ambos son el primer y el tercer banco en América Latina, dirigiendo y determinando la política económica local. En cuanto a beneficios netos, a pesar de la crisis, el Santander ha subido hasta el primer puesto mundial con 8.876 mill. € en el 2.008. La oligarquía financiera española se ha concentrado y centralizado pasando de los 9 bancos a dos conglomerados dirigidos por el BSCH y el BBVA, a la misma vez que se ha producido un mayor control sobre los aparatos del Estado (medios de comunicación, instituciones y organizaciones políticas sistémicas). España se ha convertido en un Estado acreedor, importador de capitales en concepto de Ayuda Oficial para el Desarrollo. Por ej. Uganda recibió en 1.997, 76 mill. de pts. y devolvió 204 mill., con lo que España recibió 128 mill. de beneficios por este concepto (104). Los créditos FAD se han convertido en un mecanismo de explotación del gobierno español hacia países de la periferia.

No obstante, el hecho de que la oligarquía financiera española se haya incorporado al club de las burguesías imperialistas (concentración bancaria, monopolio financiero e influencia mundial con escaso desarrollo), no varía la situación de España en la cadena imperialista, situándola en un término medio (semi-periferia), en torno al reparto del proceso de acumulación mundial de capital, al disponer de escasos recursos productivos propios. Hoy, España está en una posición de subordinación a los poderes centrales del imperialismo entre EE.UU, y el eje Francia-Alemania.

Políticamente desde 1.982 se alternan dos grandes partidos electorales a nivel del Estado, PP y PSOE, en el gobierno, desarrollando el mismo proyecto político marcado por el neoliberalismo, la precariedad y dualidad del empleo, el recorte de las prestaciones sociales y las privatizaciones.  Estos partidos están patrocinados por la banca y las grandes empresas, con las que mantienen estrechas relaciones. Los cargos políticos de ambas organizaciones no son ajenos a los organismos de la Trilateral (FMI, OMC, Club Bilderberg…) a los cuales pertenecen o han pertenecido destacados políticos, empresarios y banqueros de la órbita bipartidista: Pedro Solbes, Trinidad Jiménez, Joaquín Almunia (PSOE), Abel Matutes, Rodrigo Rato, Fraga (PP), Ana Botín (Banesto), Emilio Ybarra (expresidente BBVA), Alfonso Cortina (Inmobiliaria Colonial y Repsol-YPF, etc. Ambos partidos dominan el Estado, la sociedad civil, y su monopolio mediático se asegura de acaparar la opinión pública, y aunque el PSOE dispone de una base social mayoritariamente obrera, ambos representan la gestión de gobierno de los intereses de las fracciones de la burguesía dominantes en la acumulación de capital de la formación social española. El PP responde más a los intereses de la oligarquía ligada a las estructuras del franquismo (Ybarra, Botín…) y a nivel internacional más alineado con el imperialismo yanqui, y el PSOE que responde más a los intereses del capital financiero menos ligado a la estructura franquista (La Caixa…) más alineado con el imperialismo dominante en la UE (Alemania y Francia).

Socialmente en España es uno de los 10 paises del mundo con más millonarios, uno de los 10 principales países con mayor desigualdad en el reparto de la riqueza. 265.000 personas (0,58% de los españoles) atesoran 443.000 mill. €, esto representa casi el doble de lo que cobran al año los 19,5 millones de trabajadores con un salario (11 mill.), pensión (7 mill.) o prestación por desempleo (1,5 mill.) inferior a los 1000 €/ mes. En el 2007 en España existían casi 4000 grandes fortunas, el 0,01% de la población, con un patrimonio superior a los 10 mill. de €, juntos poseen 111.500 mill.€. con datos de los patrimonios controlados por la Agencia Tributaria, pero en ellos no se incluyen los fondos en el extranjero o paraísos fiscales.  De esas 4.000 grandes fortunas los que ganan más de 24 mill. € al año son 1500, de los cuales sólo 65 declaran el nivel de renta a Hacienda. La revista Forbes, que expone la lista con los 1000 más ricos del mundo del 2008, señalan a 18 supermillonarios españoles, que suman un patrimonio de 47.600 mill.€. Destacan Amancio Ortega en el puesto 22, su patrimonio ronda los 10.776 mill. en el 2008 (Inditex); Rafael del Pino con un patrimonio de 3.409 mill. (Presidente Ferrovial); Emilio Botín con 3.125 mill. (Presidente Banco Santander); Jose Manuel Entrecanales con 2.791 mill. (Presidente de Acciona); Esther Koplowitz con 1.943 mill. (máxima accionista de FCC); Manuel Jove con un patrimonio de 1.639 mill. (máximo accionista BBVA); Jose Mª Aristrain con 1.392 mill. (accionista Arcelor-Mittal), Florentino Pérez con 1.142 mill. € (Presidente de ACS Dragados y accionista de Ibredrola), etc.

            Los más altos directivos de las empresas españolas reciben entre 155 y 500 veces el salario medio anual. (Informe economía nº4 Taifa septiembre 2007, pág 48). Estos personajes con unos niveles de riqueza impresionantes son los mismos que afirman que las pensiones son excesivas y el el subsidio de paro convierte en vagos a los trabajadores. Los discursos sobre la moderación salarial no hacen referencia a estas diferencias, y sólo tienen un objetivo la contención salarial de los trabajadores que sólo tienen el salario como única fuente de ingresos, mientras que se consideran justificados aquellos trabajos que consisten en el control de las grandes empresas, por las que reciben no sólo beneficios sino altas remuneraciones.

A esta desigualdad hay que añadir el poder político-económico que pesan esas fortunas, según ATTAC sólo 1400 personas en España controlan un capital equivalente al 80% del PIB, el 0,0035% de la población, que controlan el bienestar social de 45 millones de ciudadanos, un ratio de poder que explica el dominio que ejercen sobre nuestras vidas. Las sociedades de inversión de capital variable manejan inversiones de 27.000 mill. €. Estas sociedades defraudan ya que sólo tributan el 1%. La Agencia Tributaria situa que el fraude fiscal alcanza hasta el 25% del PIB y se concentra en los grupos más ricos de la población, donde las cuotas no ingresadas suman más de 70.000 mill. € al año (105), y teniendo en cuenta que el período de prescripción que marca la ley tributaria es de 4 años la cifra se elevaría a 280.000 mill. € en el periodo cuatrianual sujeto a investigación fiscal. Un ejemplo de fraude fiscal es el caso de la mayor transnacional del mundo, ExxonMobil. Su filial en España ganó 10.000 mill. € (2008-2009) en dos años sin pagar 1 euro en impuestos.

En España el tipo máximo de imposición fiscal (impuestos + cotizaciones sociales) bajó del 66% en 1980 al 33,5% del PIB actual (2.008), España es junto a EE.UU. el país con la imposición fiscal más baja de la OCDE, amasando un gran beneficio para las rentas privilegiadas. Sin embargo, las rentas salariales suponían el 64% del PIB en 1974, el 49,7% en 1995 y en el 2008 suponen el 46,4%. Las rentas salariales a fecha de hoy siguen representando el 80% de la recaudación de IRPF y los asalariados declaran 6.000 € más de media de lo que declaran empresarios y profesionales. Contrariamente a la exigencia de que pague más quien más tiene, la progresividad de los impuestos, se reducen los impuestos directos y la progresividad de los mismos y se aumenta el peso impositivo de los impuestos indirectos que ya suponen más del 50% de la recaudación, y que además de gravar injustamente el consumo de los productos básicos, son injustos ya que no miden la capacidad económica de las rentas, al pagar todos, ricos y pobres, lo mismo.

Como conclusión podemos decir que España es un Estado capitalista, semi-imperialista, al disponer de escasos recursos productivos propios, que ha desarrollado la concentración de la producción y del capital hasta un grado elevado del que han surguido los monopolios que dominan la vida económica, ha desarrollado la fusión del capital bancario con el industrial, creando el capital financiero y la oligarquía financiera, fracción hegemonica de la clase dominante con el predominio del capital financiero sobre las demás formas del capital; ha desarrollado la exportación de capitales; y la lucha en el terreno económico, político y militar por coger posiciones en el reparto del mundo junto a las potencias imperialistas más fuertes. Hoy las condiciones objetivas nos sitúan en la necesidad de luchar contra la oligarquía financiera, su forma de estado monárquica que es la forma que toma la dictadura del capital, luchar contra su neoliberalismo, su política de pérdida de derechos democráticos, sociales y laborales, conquistados en la dura lucha contra el franquismo.

1.6.3 Táctica política de clase

La TÁCTICA de los partidos comunistas es el conjunto de formas y métodos para alcanzar la meta fundamental en las condiciones histórico concretas, abarca las formas de lucha, y su combinanción, la ofensiva, la defensa y el repliegue, los compromisos sobre el aprovechamiento de las contradicciones y conflictos en el campo enemigo, el frente único con las masas no obreras, etc. La táctica marxista-leninista consiste en unir las formas de lucha diferentes, saber pasar de una a otra, elevar de manera consecuente la conciencia de las masas y la amplitud de sus acciones colectivas. La táctica se subordina  a la estrategia, y está orientada al cumplimiento de las tareas corrientes, diarias, de carácter concreto del movimiento revolucionario en el marco de una estrategia dada, y por eso es más difusa y móvil. El cambio de táctica no debe liquidar el contenido revolucionario de ésta ni tergiversar el objetivo histórico del proletariado.

La esfera de la táctica incluye la determinación de la política del partido en una u otra situación concreta, la consideración de los cambios en la correlación de las fuerzas políticas, la elección de formas y métodos de lucha y organización que correspondan a la coyuntura política y contribuyan al logro de los fines estrategia.

La táctica marxista-leninista se opone resueltamente tanto a los oportunistas de derecha que echan en olvido los objetivos revolucionarios de la lucha, como a los de izquierda, que condunden las tareas estratégicas y tácticas y elevan a la categoría de absolutas las formas de lucha superadas por el cambio de las concidiones histórico concretas. La táctica, es mucho más dinámica, pues las formas de lucha se modifican al cambiar la correlación de fuerzas de clase, las condiciones concretas de desarrollo del país y la situación internacional.

La táctica no es igual en condiciones de flujo revolucionario de las masas donde se sitúa a la ofensiva que en condiciones de reflujo y defensiva. La táctica presupone el dominio de diversas formas de trabajo y de lucha entre las masas. La experiencia concreta del partido comunista bolchevique (1905-1917) nos muestra históricamente como el partido tuvo que variar la táctica y formas de lucha tanto en los momentos de ascenso revolucionario como en los de repliegue (ofensiva-defensiva, legalidad-ilegalidad, etc.).

En la lucha de clases existen diferentes formas de lucha económicas (huelgas, ocupación de fábricas, bajo rendimiento productivo, etc.), ideológicas (ediciones escritas, orales, mítines, audiovisuales e informáticas, campañas electorales, referéndums populares, etc.), y políticas (lucha electoral, movilización e insurrección popular, actividad parlamentaria, huelga general, etc.).

Para el marxismo-leninismo la lucha de clases toma diversas formas, las cuales sólo pueden ser juzgadas en función de la coyuntura política del momento. El papel de vanguardia no es un estatuto, no bastan las condiciones teóricas, para que la clase obrera reconozca al PC como su vanguardia, el papel de vanguardia se gana en el trabajo diario entre las masas obreras y trabajadoras. Si los PCs quieren ser vanguardia les corresponde generalizar, organizar y dar un carácter consciente a la lucha de clases.

El PC debe determinar cuál es la forma de lucha principal en cada momento y cómo deben subordinarse las demás, organizándolas de apoyo a la principal, y debe lograr elevar y transformar dichas formas de lucha, a través de su participación, en medios eficaces para la realización de los intereses de clase en base a la estrategia política adoptada, jugando el papel de dirección política.

Los intereses de clase no se realizan de forma inmediata casi nunca, la mayoría de las veces es necesario pasar por etapas diferentes, lucha contra la dictadura por la democracia en alianza de la clase obrera con otras clases incluyendo a sectores democráticos de la burguesía, lucha por la profundización de la democracia y el socialismo en alianza con las clases oprimidas (campesinado, pequeña burguesía, capas nuevas de trabajadores asalariados, etc.), donde el partido de la clase obrera empieza a dirigir con las masas las tareas de la supresión definitiva de la explotación.

Suponiendo la  existencia de diferentes etapas de lucha todo partido comunista debe de fijarse un programa mínimo en el que figurarían las metas de la primera etapa (lucha por la profundización de la democracia burguesa, por ej. la reivindicación de la República Democrática en España) y un programa máximo que realizaría la supresión de la explotación y la construcción del socialismo.

Fijado el programa mínimo propio de la primera etapa del desarrollo de la lucha de clases, es necesario dotarse de una estrategia de lucha para conseguir los objetivos, donde para cumplir los fines estratégicos es necesario poder movilizar a las masas, porque sin ellas nunca habrá cambios ni revolución. Y para movilizar a las masas hay que partir de sus intereses inmediatos. No se debe proponer a las masas fórmulas inteligibles, es necesario proponer fórmulas concretas de acuerdo con la coyuntura política de cada momento. Sólo un partido que está en contacto con las masas en sus diversos frentes de lucha, que conoce y participa en la organización de sus intereses inmediatos, que sabe medir con precisión su potencial revolucionario, puede establecer las consignas tácticas a cada momento histórico en las diferentes coyunturas políticas.

Los PCs que lanzan consignas abstractas de carácter maximalista en coyunturas de reflujo o de recomposición de fuerzas, que son correctas desde el punto de vista del objetivo estratégico y revolucionario, pero que no parten del sentido común en el que se encuentran las masas, que aparecen desligadas de sus intereses inmediatos, que no tienen encuenta la correlación de fuerzas, que no saben distinguir las contradicciones antagónicas de las no antagónicas, las principales de las secundarias, etc, tendrán dificultades considerables para ser reconocidos como vanguardia revolucionaria por las masas, por mucho que lo estampen en sus estatutos.

En síntesis podemos definir como factores de la táctica:

a)     Las formas de lucha: económicas, políticas e ideológicas, con contenido pacífico o no pacífico en cualquiera de sus variantes (huelgas económicas, políticas, manifestaciones, ocupaciones de fincas y fábricas, institucional, barricadas, insurrección armada, etc.).

b)     Las formas del movimiento: la ofensiva, la defensiva y el repliegue, dependiendo de la correlación de las fuerzas en la lucha de clases.

c)      Las alianzas: aprovechando los conflictos y contradicciones que se den en el bloque enemigo. Realizar compromisos y acuerdos coyunturales con fuerzas políticas y populares que coinciden coyunturalmente en los objetivos inmediatos, tácticos.

d)     Los Frentes: con los movimientos de masas no proletarias, con los aliados estratégicos, con otras fuerzas políticas en el terreno electoral, etc.,  como bloque de fuerzas sociales diversas de carácter anti-imperialista y antineoliberal.

1.6.4 Profundizar las luchas hacia el socialismo

Los comunistas debemos crear nuevas relaciones de fuerza partiendo de las fuerzas realmente existentes y operantes. No podemos creer en un finalismo fatalista similar al religioso para el cual las condiciones favorables deben verificarse de forma inevitable convencido de que en el desarrollo histórico existen leyes objetivas del mismo calibre que las leyes naturales.

Al margen de esa metafísica endulcorada de positivismo que ignora la lucha de clases como motor de la historia, en los países de Europa occidental debe primar la idea de ligar la lucha democrática con la lucha por el socialismo. Vivimos en una sociedad civil desarrollada productiva y laboralmente e integrada políticamente como ciudadanía y atomizada como clases, donde el proletariado ha pasado a ser la fuerza social principal, la más numerosa con la proletarización de amplios sectores de trabajadores (comercio, servicios, etc.), y las fracciones de clase urbanas han crecido con respecto al campesinado clásico. Ante esta nueva realidad se hace necesaria la articulación de las fuerzas de la izquierda con objetivos transformadores y anti-imperialistas. Articulación basada en la unidad y la pluralidad de sus componentes, para nuclear desde objetivos inmediatos y mínimos una propuesta transformadora de la democracia hacia objetivos máximos y revolucionarios, el socialismo. Donde la tarea principal pasa por organizar una vanguardia revolucionaria capaz de aglutinar al pueblo en torno a la clase obrera en un Bloque Histórico revolucionario que sirva para tomar el poder aprovechando la crisis del sistema, cuando se presente.

Es necesario asumir qué propuestas programáticas que ligan con los deseos y necesidades básicas de las masas, que aunque no sean de carácter revolucionario (como la reducción de jornada, la ampliación de la democracia, etc.), son incompatibles con la tendencia de acumulación y ampliación del ciclo del capital y pueden llegar a convertirse en catapultas de organización y movilización del bloque histórico proletario-popular contra la dominación capitalista, llegando éste a entender a través de su propia praxis cotidiana y en relación con la teoría revolucionaria la necesidad y posibilidad del socialismo.

En este sentido tiene razón Tafalla (106) cuando afirma la necesidad de proponer reformas incompatibles con el neoliberalismo, que articulen en su oposición a los movimientos sociales cara a potenciar el proceso de superación del capitalismo. Por ejemplo, sabemos que las nacionalizaciones por parte del Estado burgués no son socialismo, sino capitalismo de Estado, pero, a partir de aquí, se confrontan dos campos antagónicos, el neoliberalismo y la transición hacia la revolución socialista. Pero tampoco hay que perder de vista que actualmente el votante de izquierdas desorganizado, alimenta el sentido común desde su atomización, y ve a los programas que cuestionan intereses de los poderes constituidos (la banca, la patronal, el Estado…) como imposibles o lejanos de realizar. Partiendo de esa realidad la organización del contra-poder a lo existente (modelo neoliberal), debe partir con la primacía de la organización del movimiento obrero en el centro de las contradicciones anti-neoliberales, lo cual facilitará quela naturaleza conservadora del sentido común que la desorganización de los explotados encierra, retroceda frente a la respuesta organizada de los explotados y su “buen sentido”. En definitiva, se trata de ligar la reforma a la revolución, politizando el movimiento obrero y elevando la actividad organizada de las masas a la política revolucionaria, a la gran política.

Así puestos, para la concreción del Bloque Histórico revolucionario, alternativo al capitalismo existente, debe convertirse hacia el horizonte socialista en la negación de la producción capitalista y aspire como situaba Marx en El Capital a la cooperación de los trabajadores libres sobre la base de la propiedad colectiva de los medios de producción sometidos a su control planificado y consciente. Bloque Histórico, que agrupe en torno a la clase obrera a la mayoría de fuerzas sociales compuestas por distintas clases, fracciones de clase y categorías sociales, en las naciones, Estados y también en las zonas de integración supranacional. Para ello es necesario avanzar en la actual coyuntura mundial hacia un proyecto de cambio histórico ANTI-NEOLIBERAL que contemple, un programa, los sujetos favorables, el tipo de transformaciones y las formas de lucha, que sirvan para crear una nueva cultura alternativa al neoliberalismo y al capitalismo, con transformaciones económicas, sociales y políticas que arranquen el poder a las actuales clases dominantes y colocarlo en manos de la clase obrera y sus aliados.

El tránsito desde esta etapa de lucha por la democracia avanzada en nuestro país con medidas antioligárquicas y anti-imperialistas cada vez más vigorosas dependerá de las fuerzas sociales y políticas que las impulsen y las correlaciones de fuerzas que sean capaces de crear.

A nivel del Estado-nación en Occidente en un marco de actuación regional supranacional imperialista como la UE podemos contemplar los siguientes parámetros programáticos.

1.6.4.1  Frenar las ofensivas neoliberales

      Luchar contra la desregulación del mercado de trabajo, la privatización de empresas y servicios públicos, el recorte de las prestaciones sociales,  la privatización de la Salud, y los deshaucios de viviendas.

1.6.4.2 En cuanto al Estado

      Ampliar los derechos democráticos, en éste momento histórico debemos apostar por una República Democrática popular de democracia avanzada y soberanía nacional. Superación de los pactos de la Moncloa, ruptura democrática que coloque una constitución democrática que derogue todas las instituciones monárquicas y herederas del pasado fascista, que condene a los criminales y responsables del franquismo, repare a los asesinados y represaliados por el régimen franquista. Cesión del Estado de mayores recursos para la gestión local, elegibilidad del poder judicial, sistema electoral basado en la proporcionalidad integral de los votos, régimen parlamentario unicameral legislativo y ejecutivo, supresión del senado. La retribución máxima de los representantes del pueblo corresponderá al salario medio de un obrero cualificado. Democratización del ejército y otros cuerpos militarizados, con derechos políticos y de organización sindical. Por una estrategia defensiva civil y militar con la incorporación de la población a las tareas defensivas, y la elección y posibilidades de revocación de los cargos policiales y militares. Por una reforma de la Enseñanza y la Sanidad que incorpore a las organizaciones sociales en el control y gestión de lo público (sindicatos, asociaciones de padres y estudiantiles). Por el reconocimiento del derecho de autodeterminación. Supresión de las subvenciones económicas a la iglesia católica en cualquiera de sus formas (enseñanza y sanidad privadas, etc).

La Iglesia continúa disfrutando de unos privilegios que cada año le aporta más de 5.000 mill. € de las arcas públicas (2.008), a través de la declaración de la renta, ayudas a congregaciones religiosas disfrazadas de ONGs, exenciones fiscales como el IVA. Con dinero público el Estado sufraga los centros privados de enseñanza de la iglesia y la religión católica que se imparte en la pública, y paga los salarios de los profesores  de religión y los sueldos de más de 80.000 docentes de la privada. A pesar de la pretendida aconfesionalidad del Estado muchos actos públicos van acompañados de actos religiosos, e incluso los representantes del poder civil, los cargos políticos y las fuerzas armadas participan en actos religiosos, siguen existiendo los curas mlitares pagados por el Estado.

1.6.4.3 En cuanto al Trabajo y la vivienda

      Luchar contra el ejército de reserva y la precariedad laboral, avanzando hacia la unificación de la condición obrera y la solidaridad de clase, con cambios legislativos que permitan el empleo estable, causalidad en la contratación, a puesto de trabajo estable contrato indefinido, reingreso automático de los trabajadores expulsados al paro con el mismo nivel salarial anterior, la eliminación de la precariedad laboral, derribando las barreras que separan los trabajadores más sobreexplotados por edad, género y origen (juventud, mujer e inmigrantes), avanzando hacia la igualdad real. Salario mínimo y renta básica. Plenos derechos civiles (prestaciones sociales, ciudadanía) y políticos de los inmigrantes (residencia, trabajo y voto), derogando la ley de extranjería. Penalización del racismo. Readmisión de los despidos improcedentes y supresión del despido por causas económicas, técnicas y organizativas (art. 52.c. del E.T., aprobado por el PP en el 2002). Reducción de la jornada en todos los sectores económicos. Adelantar la edad de jubilación a los 60 años con el 100%., para repartir el empleo. Reconocer derechos y acceso a prestaciones sociales al trabajo autónomo. Reducción de la jornada laboral y edad de jubilación. Creación de una amplísima red de Guarderías públicas gratuitas en los barrios y grandes empresas. Transporte público o de empresa gratuito entre domicilio y puesto de trabajo.

Los monopolios privados de la construcción generan gigantescos beneficios mientras los trabajadores ven reducido el poder adquisitivo de sus salarios por tener que contraer enormes deudas hipotecarias de por vida para poder tener una vivienda. En España existen millones de viviendas vacías, mientras la juventud obrera sumida en la precariedad laboral se ve imposibilitada para acceder a la vivienda. Por ello es necesario una politica de aumento del gasto público en la construcción de vivienda protegida destinada principalmente a los sectores obreros con menos recursos. Expropiación y municipalización de los inmuebles cerrados por mas de un año por bancos, inmobiliarias o constructoras, aumentando la presión fiscal sobre el número de viviendas acumuladas. Declaración de carácter público de todo el suelo urbanizable, con el control público con derecho de veto de los planes municipales de ordenación urbana, las licencias urbanísticas y el fraude inmobiliario.

Persecución del fraude urbanístico. La corrupción urbanística en España adquiere mayor gravedad por el hecho de presentar un carácter institucional, de presentar una fuente de ingresos para ayuntamientos, que no cuentan con un sistema de financiación adecuado, para determinados partidos políticos y sobre todo para constructoras e inmobiliarias.

1.6.4.4 En cuanto a la Economía Política

      Sustituir el déficit cero del pacto de estabilidad de la UE, por un déficit que equilibre y supere el gasto social de la media de la UE. Por una fiscalidad progresiva directa e indirecta, que grave al capital y las grandes fortunas, persiga el fraude y dote de recursos suficientes al Estado, para universalizar y ampliar la calidad de los servicios públicos: Sanidad, Enseñanza, Vivienda social, Transportes, etc., y de las prestaciones sociales: (pensiones, desempleo, etc), promocionando la redistribución de la renta en favor del trabajo asalariado. Impuesto general directo y progresivo sobre la renta y la herencia, impuesto especial sobre las grandes fortunas, impuesto sobre el patrimonio, especialmente sobre la posición de suelo urbanizable y bienes inmuebles sin uso efectivo. Supresión del impuesto indirecto al consumo básico (IVA), y aumento del impuesto a los productos de lujo. Exención de impuestos, tasas y pagos de servicios públicos (IBI, agua, basura, transporte, comedores escolares, libros de texto, etc.) para desempleados, pensonistas y trabajadores con bajos ingresos. Nacionalización de la banca privada, las entidades financieras y las compañías de seguros, manteniendo su independencia respecto al Banco Central Europeo. Defensa y desarrollo de una producción nacional independiente. Nacionalización de sectores industriales estratégicos (energía, transportes, telecomunicaciones, industria farmacéutica y sanitaria, etc), para fortalecer el sector público como motor de la planificación de la economía basada en una Política industrial activa y ecológicamente sostenible. Control público de las Transnacionales exigiendo respeto de las normas laborales y sindicales,  control de los sobrecostes y royalties de las casas matrices, compromisos inversión tecnológica, más valor añadido, I+D, carga de trabajo industrial estable y duradera, formación de los trabajadores, cuotas de producción y mercados, estabilidad de las plantillas. Renunciar a las jornadas intensivas y bajos salarios como modelo de crecimiento económico. Inversión en infraestructura, I + D por la defensa del capital intelectual y tecnológico propio. Investigación de energías alternativas y renovables. Regulación en ley para la dedicación de parte de los beneficios empresariales, financieros y rentistas a la inversión productiva y el empleo. Reforma agraria. Equiparación del Régimen agrario al Régimen de la Seguridad Social. Apoyo a la economía social y el cooperativismo.

El campo español se ha caracterizado tradicionalmente en su mitad sur por la posesión de grandes latifundios por parte de unos pocos terratenientes, ahora organizados a la forma capitalista, manteniendo a su servicio una gran masa de obreros sin tierra, que trabajan estacionalmente. El resto del país se caracteriza por la pequeña y mediana propiedad y producción. La Política Agraria Común de la UE basada en la imposición de cuotas de producción ha arruinado a pequeñas explotaciones campesinas y ganaderas, aumentando la concentración de la tierra, y beneficiando a los terratenientes de la mayor parte de las ayudas de la UE. El sector primario necesita una reforma que nacionalice la tierra de los latifundistas, la explote mediante haciendas estatales, elimine la renta absoluta del suelo (rémora del feudalismo), fomente el cooperativismo y ayude al pequeño y mediano campesino, al igual que a los pequeños propietarios pesqueros. Ayudas públicas para el desarrollo de la industrialización del campo. Nacionalización de grandes empresas de transformación y distribución de alimentos, agrícolas y pesca, permitiendo a los campesinos y pescadores la venta sin intermediarios.

1.6.4.5 En cuanto a la Cultura y la Enseñanza

      Pluralismo cultural con el reconocimiento y promoción de las culturas existentes. Promoción de la idea de España como un Estado plurinacional y pluricultural, erradicando los valores del individualismo, la xenofobia, el racismo, la violencia, y contrarrestando el hegemonismo cultural del imperialismo yanqui. Control, participación ciudadana y de las organizaciones sociales en los medios de comunicación (televisión, radio, prensa) fomentando su utilización local y comarcal. Romper el monopolio informativo de los dos grandes grupos financieros afines al PP-PSOE (El País-Ser-TeleCinco y El Mundo-COPE-Antena3). Potenciación de la producción artística literaria, cinematográfica, teatral, etc, propia, de contenido crítico y racional, reduciendo los ratios en nuestro mercado de los EE.UU y su modelo cultural irracional y dominante. Potenciación del deporte público en los centros de enseñanza y los barrios. Reforma de la enseñanza, científica, de calidad, universal, y no selectiva ni segregacionista. Enseñanza de 0-3 años con un carácter universal y gratuito. Supresión de las ayudas a la enseñanza privada incorporándola a la red pública (la derecha, la iglesia y la oligarquía financiera saben muy bien que hegemonizando la enseñanza controlan la ideología). Recuperación de la memoria histórica, de las víctimas de la represión franquista y de la lucha de los trabajadores y pueblos por la democracia contra el fascismo.

1.6.4.6 En cuanto a la Paz y Política exterior

      Por una política exterior de paz, anti-imperialista y solidaria con los derechos de los pueblos sojuzgados militar y económicamente por el imperialismo. Contraria a la guerra y la OTAN. Reducción del gasto militar. Contra la mercenarización del ejército. Cierre de todas las bases militares yanquis en suelo español, preservando nuestra soberanía en todo el territorio. Condena de las guerras y ocupaciones de Irak, Afganistán, Palestina y de cualquier guerra imperialista.

Derogación de todos los tratados de la UE, firmados por España, que supongan un menoscabo en las condiciones de vida, un empeoramiento de las condiciones laborales, la pérdida de derechos democráticos y libertades, el aumento de la represión o la merma de la soberanía nacional.

1.6.4.7 En cuanto a la Salud

      Contemplar la Salud como derecho inalienable y no como mercancía, supresión los gastos a la sanidad privada, ampliación de la red pública como medio de eliminación de las listas de espera, eliminación de tasas de copago y gratuidad de los medicamentos recetados por sanidad, inclusión de las mutualidades profesionales y de accidentes de trabajo dentro de la red sanitaria pública.

La privatización de la industria farmacéutica provoca que las investigaciones se orienten en torno a la capacidad adquisitiva de las poblaciones dándole un carácter clasista y nada humanitario, privatizando las ganancias y socializando los costes de la investigación y patentes. Es prioritario la lucha por la universalización de los descubrimientos de la medicina. Inversión en investigación para neutralizar las enfermedades más extendidas en la población. Supresión de patentes.

1.6.4.8 En cuanto a las formas de lucha

      Formas económicas, ideológicas y políticas, de carácter pacífico en la actual coyuntura, las cuales deben contemplar todos los resortes legales y alegales para la realización de los cambios planteados. Relación dialéctica trabajo institucional/organización y movilización de masas. Creando una nueva cultura reivindicativa y de hacer política en la que se prepare y eduque a las nuevas y futuras generaciones. Mecanismos de organización popular de masas, que incorporen a las organizaciones políticas y sociales de la izquierda que comparten el proyecto histórico anti-neoliberal. Reforzar el carácter sociopolítico de los movimientos sociales: sindical, antiglobalización, estudiantil, vecinal, ecologista, pacifista, feminista, juvenil, etc. Estrechando lazos con el proyecto transformador y anti-neoliberal.

1.6.4.9 En cuanto a los Sujetos que deben participar

      La clase obrera, trabajadores autónomos, campesinos medios y pobres, estudiantes, intelectuales, profesionales y pequeña burguesía, como fuerzas sociales organizadas en movimientos de clase e interclasistas. Tales como el movimiento obrero, campesino, los movimientos asociativos de la mujer, ecologista, pacifista, estudiantil, vecinal, etc.

1.6.4.10 En cuanto al derecho a la autodeterminación nacional

En España existen 4 naciones, idiomas, economías, culturas que se manifiestan en psicologías nacionales expresadas en comunidades diferenciadas; pero un solo Estado plurinacional que integra a las distintas burguesías nacionales, fruto de una alianza sellada por intereses monopolistas comunes que les hace tener los mismos intereses de clase. Las clases dominantes de las naciones españolas oprimidas (Catalunya, Euskadi y Galicia) han formado y forman parte de las clases dominantes del estado español de la oligarquía financiera y terrateniente española, tanto bajo la monarquía borbónica como durante el franquismo.

En el caso de la burguesía catalana, cuando sus intereses han chocado con la política económica del Estado o cuando ha fracasado en sus intentos de dirigir España, ha tratado de usar el movimiento de las clases populares en defensa de sus intereses, no siempre sin éxito ya que durante la IIª República fue desplazada por la pequeña burguesía representada políticamente por ERC. Aunque tras el franquismo la burguesía catalana volvió a recuperar su hegemonía desde los diferentes gobiernos de CIU en el campo de la reivindicación nacional autonomista frente al centralismo administrativo del Estado español.

En el ascenso de la burguesía vasca como clase hegemónica a finales del S.XIX (Gandaria, Olano, Ybarra, Zubiría, etc.) nunca jugaron la carta nacionalista, sus intereses de clase no estaban circunscritos al estrecho mercado vasco sino al amplio mercado multinacional español. Precisamente durante la IIª República cuando se discutía el estatuto vasco la burguesía carlista lanzó la consigna “Estatutos No, Fueros Sí”. La gran oligarquía financiera e industrial vasca era enemiga de todo tipo de autonomía, los Zubiría, Urquijo, Oriol, Olazabal, etc., fueron financiadores del golpe antirrepublicano y contrarrevolucionario dirijido por Sanjurjo en 1932. Fue la pequeña burguesía representada por el PNV quien hegemonizó la cuestión nacional ante la posición del PSOE en contra del derecho de autodeterminación. Tras el franquismo la cuestión nacional no sólo es hegemonizada por el PNV sino también por la izquierda atberzale (HB) y a diferencia de Catalunya con una fuerte presencia en el movimiento obrero y sindical (ELA y LAB).

Actualmente las clases dominantes de las naciones periféricas no pretenden la autodeterminación y mucho menos la independencia (mas allá de un trato fiscal diferenciado (confederalidad) y un marco propio de relaciones con la UE), y sus expresiones políticas actuales tratan de utilizar a las clases populares para sus propios intereses, del mismo modo que el resto de la clase dominante española utiliza la ideología españolista y la catalanofobia con el fin de arrastrar a las clases populares para mejorar su relación de fuerzas frente a las burguesías periféricas. Es decir, ambos sectores de la clase dominante de la oligarquía financiera y terrateniente, utilizan el nacionalismo (periférico o españolista) para movilizar los bloques sociales que hegemonizan. Además tampoco debemos olvidar el marco supranacional donde nos movemos, la UE, como Euopa del capitalismo neoliberal, de varias velocidades de desarrollo y subdesarrollo, donde los centros financieros e industriales de decisión se concentran en la “Europa linda” (Alemania, Francia y Gran Bretaña) mientras que el resto, incluyendo las nacionalidades históricas, formamos parte de la Europa proveedora/dependiente.

En este marco el error que no debemos cometer los comunistas y la izquierda es dejarse hegemonizar por proyectos de clase ajenos a los intereses de las clases obrera y popular, y de los pueblos de España, caer en el nihilismo radical y abandonar la lucha por la República Democrática y Federal y por el derecho a la autodeterminación de forma clara rompiendo las cadenas con el imperialismo y la dependencia.

1.6.4.11 En cuanto al marco supranacional

      Establecer un espacio de coordinación y alternativa de las fuerzas sociales de izquierda, en este marco supranacional de la lucha de clases, que tenga por objetivo la respuesta al poderío financiero-tecnológico-comercial-cultural-militar-energético del imperialismo. Por una Europa solidaria que respete la soberanía popular en los Estados-nación. Contra la construcción europea en manos del capital como proyecto imperialista y sostenedor de la dualidad socioeconómica y política entre los diferentes países (centro-periferia). No a la Europa de Maastrich-Lisboa-Niza: sustitución de las políticas neoliberales por objetivos de déficit cero en el terreno social. Plantear alternativas en todos los terrenos, por una Carta Europea de Derechos Sociales y Políticos que supere la carta de Niza y contemple: Planificación económica democrática que potencie el desarrollo económico multisectorial de los países, aprovechando las fuerzas productivas existentes dando prioridad a los sectores industriales con una política industrial activa y pública, que evite la destrucción y traslado de zonas industriales, y frene la ola de privatizaciones. Desarrollo industrial ecológico y sostenible. Parlamento europeo electo por sufragio universal directo y proporcional. Equiparación de los países miembros hacia una fiscalidad progresiva. Pleno empleo. Implantación 35 horas semanales. Sanidad y Enseñanza universales, de calidad y gratuitas. Potenciación de energías alternativas y renovables. Política exterior de paz y solidaria con los pueblos, NO a la OTAN y a la mercenarización de los ejércitos. Reducción del gasto militar europeo. Derechos sindicales y laborales de ámbito supranacional que contemple huelga y negociación colectiva en empresas Transnacionales con centros de trabajo en varios países.

Políticas económicas que impulsen el desarrollo de las regiones más atrasadas e  impidad el dumping social en las más avanzadas. Equiparación al alza las conquistas sociales, laborales y condiciones de vida, estableciendo una media de gasto social mínimo del PIB, de obligado cumplimiento, para todos los Estados miembros, salario mínimo europeo, etc., como medidas contrarias al dumping social, rechazando propuestas neoliberales a lo Bolkestein. Penalizar el coste social a las Transnacionales que desplazen instalaciones productivas a otros países. Erradicación del trabajo infantil. Derecho de ciudadanía para los trabajadores inmigrantes (prestaciones sociales, voto, trabajo, residencia, etc.).

Avanzar en la consolidación de un Proyecto Histórico anti-neoliberal de carácter europeo, que englobe organizaciones de izquierda (comunistas, socialistas, nacionalistas de izquierda, ecologistas, etc.), que sea capaz de articular a través de los Foros y la actividad parlamentaria, una alternativa de cambio, por la construcción de una Europa democrática, solidaria, pacifista, de Pleno Empleo y anti-imperialista, que se apoye en la movilización social.

En este ámbito existen dos canales importantes de movilización de masas desde la izquierda europea, el movimiento sindical de clase europeo y el antiglobalización. Establecer un nexo de coordinación organizaciones políticas y sociales que contemple formas de lucha institucional y de masas, y métodos de organización de contrapoder popular a la superestructura imperialista, partiendo siempre desde la coordinación estratégica de los comunistas en Europa.

Hay algunos intelectuales que plantean justamente que las organizaciones políticas y sociales de carácter popular, no rebasan los marcos estatales y en su defecto no existe una respuesta a los efectos que la globalización del capital genera, como la fuga de capitales, la desregulación del mercado de trabajo y la deslocalización productiva. De ahí la necesidad de que las clases subalternas y explotadas se organicen y encuentren un marco de referencia supraestatal en cada ámbito (social, sindical, político).

Pero tales autores mezclan las cosas cuando van más allá y consideran que el Estado-nación ha vaciado su capacidad de presión y control sobre las economías y la vida social, imposibilitando una política de carácter reformista y anti-imperialista en su marco, producto de la creencia en una nueva etapa que caracteriza a la globalización capitalista que absorbe a los Estados-nación en su órbita.

De la misma manera otros autores consideran que no existen marcos supranacionales de carácter sobreestructural (instituciones políticas internacionales) que acompañen la nueva base económica de internacionalización de las relaciones de producción capitalistas, bases que, según tales planteamientos, serían necesarias para aplicar una política de reformas que controle los desequilibrios del mercado a favor de una política social, o para estabilizar y regular una economía global supeditado a un sistema internacional de decisiones políticas como argumenta Soros, para que el sistema capitalista regule la crisis y no se desplome.

Tanto unos como otros lo que en el fondo están justificando con tales análisis (muerte del estado-nación versus desregulación internacional neoliberal) es la desorganización de las clases subalternas y la imposilidad de emprender luchas sociales y políticas tanto en el ámbito de lo nacional, y también en lo internacional.

      No obstante, la necesidad de que las clases subalternas y explotadas se organicen más allá del ámbito estatal, no es nada nuevo. Ahí tenemos la Iª Internacional de los trabajadores en la segunda mitad del S. XIX, el movimiento de los No alineados en la segunda mitad del S.XX, para luchar por la superación del capitalismo una y contra el colonialismo y el neocolonialismo otra. También hay que destacar que fenómenos como la desregulación de la fuerza de trabajo mas allá de los Estados-nación, ya existía cuando Marx analizaba el Modo de Producción Capitalista en El Capital, y el fenómeno de la deslocalización industrial, ya se daba en los albores del capitalismo hacia las colonias del imperio británico.

Fue precisamente esta situación de desigualdad de los obreros de los diferentes países la que hizo ver la necesidad de facilitar la solidaridad entre los obreros de unos y otros países en Europa (107), la que elevó a los movimientos obreros inglés, francés y alemán a fundar la Iª Internacional, de la que Marx fuera elegido para su Comité Central y pasara a ser su futuro dirigente ideológico. En los estatutos se contemplaba como meta la emancipación de los trabajadores, destacando la unión fraternal entre los trabajadores de distintas profesiones y países. En la Iª Internacional Marx ya se enfrentó a esta globalización del capital con la organización obrera internacional, y aún así defendió la necesidad de intervenir en política en el marco del Estado, desde las reformas hasta la revolución, colocando a la lucha política junto a la lucha económica sin que esta última fuera un fin en si misma, destacando para ello a la organización política de clase. Definió la conquista de la ley de la jornada laboral de 10 horas como una victoria de la economía política de la clase obrera sobre la economía política de la burguesía. Advirtió que las conquistas eran temporales y que los capitalistas seguirán aprovechando el poder político del Estado para defender sus beneficios y privilegios económicos, y que por esa razón el primer deber de la clase obrera consistía en conquistar el poder político, organizando en todas las naciones y Estados, partidos obreros independientes. Defendió la necesidad de no limitar la acción del proletariado a la política nacional y seguir todas las cuestiones de la política internacional, ya que la liberación internacional de la clase obrera no podrá producirse si las clases dominantes aprovechan los prejuicios nacionales para enfrentar a obreros de unos países contra otros, por guerras de rapiña u opresión de naciones y colonias.

Es decir, Marx ya planteaba la organización nacional e internacional, frente a la globalización capitalista, y la necesidad primaria de la conquista del poder político en los ámbitos estatales, señalando el papel de éstos como reproductor directo del dominio del capital. Marx trasladó a la Internacional los objetivos del Manifiesto: organización de clase del proletariado, derrocamiento del dominio burgués, conquista del poder político, supresión del trabajo asalariado y nacionalización de todos los medios de producción.

Por lo que la necesidad de que los comunistas, los sindicatos y las organizaciones anti-globalización hoy se organicen a nivel internacional para ofrecer resistencia y alternativas en la lucha por el socialismo a nivel nacional e internacional es una constante de toda nuestra historia en el marco del Modo de Producción Capitalista, y por tanto no es una novedad. Lo cual quiere decir que no podemos abandonar ambos ámbitos de la lucha de clases nacional-internacional.

¿Que los Estados-nación han vaciado su contenido?. En el capitalismo mundial la dialéctica dominación/dependencia y centro/periferia grada a los Estados capitalistas en el proceso de acumulación del capital, donde los Estados imperialistas son dominantes en todas las instituciones internacionales de carácter sobreestructural actualmente existentes (consejo seguridad ONU, FMI, Banco Mundial, OTAN, UE, etc.) que acompañan a la base económica internacional del capitalismo, y los Estados-nación periféricos siguen siendo imprescindibles para el control y dominación de los explotados en sus territorios. Lo que ha cambiado es el modelo de acumulación de capital del fordismo/keyenesianismo al toyotismo/neoliberalismo que emana de la crisis de 1.973, donde el “capricho” de la lucha de clases ha transformado el decurso actual de la historia.

El capital ha encontrado nuevas esferas de expansión para imponer fenómenos añejos (deslocalización productiva y sobre explotación de la fuerza de trabajo) en la recolonización este-europea y sudeste-asiática, producto de la caída del socialismo real, derrota que en efecto dominó ha condicionado la derrota del movimiento obrero en Occidente (incapaz de hacer la revolución hasta ahora) y de los países liberados jurídicamente en la periferia, que ya no encuentran el antaño soporte comercial y político con los países exsocialistas y dependen cada vez más del circuito de acumulación mundial de capital.

La lucha por organizar a los explotados a nivel internacional, donde los sindicatos de clase defiendan coordinadamente propuestas de equiparación y regulación de la fuerza de trabajo a nivel internacional, donde las organizaciones anti-globalización y de izquierdas se doten de un programa de reformas de carácter anti-imperialista similar al propuesto por los países No Alineados en los 70 por un NOEI, y lo defiendan en organismos internacionales exigiendo su democratización (ONU, parlamento UE, etc.), y que los comunistas sean capaces de convertirse en una fuerza dirigente y decisiva en los ámbitos no sólo de los Estados-nación sino supranacionales, siguen siendo instrumentos tácticos y estratégicos necesarios en la lucha revolucionaria por el comunismo.

1.6.4.12 Elementos estratégicos en la Unidad de fuerzas del Bloque Histórico

      Digamos que todos los puntos, recogidos en los últimos 20 años, de los programas de organizaciones de izquierda no socialdemócrata y comunistas, pudieran ser algunas de los objetivos mínimos y reformas necesarias, dentro del capitalismo para avanzar en la constitución de un Bloque Histórico que a través de la organización, las luchas unitarias y conquistas, hagan avanzar la política de alianzas hacia la revolución socialista, cuando se presente una coyuntura revolucionaria (crisis política-económica, auge de las luchas y organización de las masas, agudización de las luchas de clase), que posibilite la conquista del poder político. Para ello es necesario marcarse los objetivos de cambio del programa mínimo, aumentando la capacidad reivindicativa, de lucha y compromiso activo y cotidiano de las masas, impulsando los frentes y movimientos de lucha, la ideología anti-imperialista, la cultura popular de masas,

“la hegemonía social y política de la clase obrera y sus aliados; organizando el nuevo poder político y social revolucionario, donde en una guerra de posiciones dentro de la sociedad civil alternativa frente al Estado capitalista, las condiciones subjetivas para el cambio revolucionario se van gestando junto con las condiciones objetivas que propicien el paso al asalto y a la guerra de movimiento, hablando en términos gramscianos” (108).

Pero para ello es necesario no perder de vista, los elementos estratégicos que faltan en lo organizativo y sin los cuales sería dificil avanzar. Hoy por hoy es estratégico la lucha por 4 ejes principales para la configuración del Proyecto anti-neoliberal:

La UNIDAD DE LOS COMUNISTAS como expresión de la unidad e independencia política de la clase obrera. Como tendencia revolucionaria que parte de la comprensión de la materialidad de la lucha de clases (objetivo socialista). Como reconocimiento de la centralidad de la lucha de clases entre clase obrera y burguesía. Como propagador del carácter clasista que ocultan las formas de gobierno y el Estado de derecho, basado en la igualdad, la justicia, etc, irrealizables en el capitalismo. Como organizador de la revolución, etc. La dispersión actual de la fuerza estratégica en la lucha por la dirección política de la clase obrera como fuerza principal y dirigente, imposibilita la capacidad para una acción política de carácter revolucionario contra el enemigo principal, y es una traba para poder aplicar una política de alianzas más amplias, dado que los grupos reducidos (pequeños partidos) si no se unen y convierten en una fuerza decisiva en número, organización, influencia social, política y militante, terminan diluyéndose en luchas intestinas y de desgaste siendo incapaces para la tarea de elevar a la clase obrera a la independencia política, incapaces para la simple tarea de acumular fuerzas en los frentes de masas, acabando por ser meros grupúsculos y familias. Esta unidad también es necesaria en el ámbito internacional para coordinar las estrategias revolucionarias y colocarse a la dirección de los procesos mundiales, en la perspectiva mundial del tránsito revolucionario al comunismo.

La necesidad de que la clase obrera asuma un papel rector como fuerza social dirigente de la revolución, dirigiendo a los aliados mediante el consenso y los compromisos programáticos exige que su vanguardia política adquiera la unidad ideológica, política, organizativa, programática y de acción.

UNIDAD DE LA IZQUIERDA, a dos niveles, primero de las fuerzas no socialdemócratas haciendo de éstas una fuerza decisiva para emprender a posteriori alianzas más amplias, por la constitución de frentes políticos anti-imperialistas donde las organizaciones de izquierda sin renunciar a su independencia organizativa y programática, sean capaces de dotarse de un programa común que defina objetivos sociales y económicos mínimos que expresen la lucha por una política en beneficio de la mayoría, anteponga los intereses colectivos (educación, vivienda, trabajo estable, mejor calidad de vida…) sobre la minoría explotadora, que ponga al descubierto la incapacidad del capitalismo de dar solución a los problemas y sitúe la necesidad e inevitabilidad del socialismo. Programa común que cuestione la jerarquía del imperialismo, e influya en las bases socialdemócratas hacia la unidad en la lucha contra el neoliberalismo y la derecha política con un programa mínimo de transformación.

UNIDAD DE LA CLASE OBRERA EN LO REIVINDICATIVO Y LO SINDICAL como herramienta útil para las conquistas laborales y sociales, que la cohesione como clase social principal y dirigente frente al objetivo inmediato: la lucha contra el neoliberalismo, partiendo de reivindicaciones básicas (pleno empleo, contra la precariedad, igual trabajo igual salario, reducción de la jornada, etc.), y unidad sindical de clase, sin descartar la unidad orgánica, que emane de la pluralidad, la democracia y la organización de los trabajadores en los centros de trabajo. La clase obrera existe, deshechemos su fragmentación ¡¡¡Viva la clase obrera!!!

      UNIDAD INTERNACIONAL DE LAS FUERZAS ANTI-IMPERIALISTAS ya que la lucha por el socialismo restringida a cada país o parte del mundo es insuficiente para superar al capitalismo. Es necesaria la coordinación mundial de las luchas obreras y populares, de los diferentes niveles de transformación social, dada la existencia de 4 componentes en la lucha anti-imperialista: el movimiento obrero y popular de los Estados capitalistas del centro, los Estados o gobiernos anti-imperialistas en proceso de liberación nacional o transformación hacia el socialismo, el movimiento de resistencia a la globalización capitalista neoliberal y el movimiento pacifista contra el militarismo y la guerra.

1.6.4.13 Anti-imperialismo y Socialismo en la periferia 

El mismo esquema anterior de crear un Bloque Histórico para profundizar en las luchas por el socialismo, se puede utilizar para un Estado-nación o región supranacional de la periferia, como por ej. Sudamérica. Partiendo de las particularidades histórico-concretas variarían algunos de los aspectos programáticos (abolición deuda externa), de prioridades (reforma agraria integral, nacionalización de sectores básicos), y de los métodos y formas de lucha (pacífico, no pacífico, frentes amplios, guerrilla, etc) para procesos revolucionarios, en los cuales, como pensaba Mariátegui, destaca la imposibilidad de que las burguesías nacionales lleven adelante sus tareas históricas, siendo inviable la unidad de los pueblos de Latinoamérica bajo el orden capitalista, quedando excluida toda vía que no sea de lucha anti-imperialista por el socialismo, ya que la propia lucha de clases se encargó de esfumar la utopía desarrollista.

En el campo del anti-imperialismo la conquista de la independencia política no es la única tarea de la liberación nacional si se deja en la sombra a la liberación económica, que es según Lenin, la principal tarea. Sólo después de sacar su economía de las tenazas de las transnacionales extranjeras podrán esos pueblos utilizar en su interés los recursos naturales y trabajar para sí mismos, en vez de multiplicar las ganancias de los imperialistas. El logro de la independencia económica constituye el contenido de la segunda etapa de la revolución de liberación nacional. Uno de los medios más radicales de esa emancipación es la nacionalización de empresas industriales, medios de transporte y comunicación, bancos, comercios, centros de enseñanza, etc. La independencia económica sólo puede ser conquistada por medio de la creación de una economía nacional altamente desarrollada, por medio de la industrialización que asegura la modernización técnica de la agricultura y de todas las demás ramas económicas de los países subdesarollados, eleva la productividad, permite fortalecer la defensa del país y proporciona una base para el progreso científico, técnico y cultural. Es el único medio de superar el atraso, liberarse del papel de apéndices agrarios y proveedores de materias primas de las potncias imperialistas y obtener la independencia auténtica.

En los procesos de liberación nacional bajo el modelo desarrollista (años 40-70), la apropiación por parte del Estado de una importante parte de las rentas agrarias, ganaderas, petroleras y mineras, que antes la oligarquía entregaba al imperialismo y dilapidaba en gastos suntuarios, constituyó la base de la acumulación de capital para la industria en base a las necesidades del mercado interno, haciendo posible un acuerdo temporal entre el proletariado y la burguesía nacional industrial. La clase obrera constituyó el principal sustento del desarrollo de ese capitalismo de Estado nacional, donde la acumulación proviene mayormente de la captura de las rentas extraordinarias de las oligarquías dominantes. El Estado dejó de ser una expresión del liberalismo para convertirse en un Estado benefactor, que mantuvo temporalmente los intereses de la burguesía industrial y el proletariado al relegar los intereses de la oligarquía. Pero con el desarrollo de la lucha de clases, el pánico a las masas populares por parte de esas burguesías y la negativa de los gobiernos nacionales de transformar las estructuras latifundistas de la tierra y atacar la propiedad privada nacional y extranjera de los medios de producción, resquebrajaron la alianza mantenida a través del Estado benefactor desarrollista.

El Estado nacional, que por primera vez adquiría un poder distante frente a los intereses extranjeros, será modificado durante la década del 70 por la lucha política de la clase dominante bajo la hegemonía del capital financiero, enfrentándose el modelo de acumulación neoliberal impulsado desde Washington y el modelo nacional de acumulación superador de los parámetros de un capitalismo nacional para alejarse de la burguesía nacional e imponer el socialismo (Chile, Perú, Nicaragua). La superioridad de las fuerzas conservadoras en el poder del Estado y la destrucción de la unidad popular van a permitir el retroceso político de la clase obrera y el proceso de desindustrialización y privatización desde los 70. El ejército, las categorías sociales y fracciones de clase medias, la burguesía industrial que ya sostenía una alianza con el sector financiero internacional, y la oligarquía, serán los protagonistas y base social de las dictaduras militar-fascistas de la región, amparadas por EE.UU. y Europa Occidental, que hicieron posible la irrupción violenta del neoliberalismo.

El Estado-nación de modelo neoliberal unifica los intereses de las oligarquías financiera, terrateniente y comercial, fracciones de la burguesía dirigidas y atravesadas por el imperialismo a través del capital extranjero. Neoliberalismo y dependencia que alcanzaron niveles extraordinarios en la década de los 90, con el emprobrecimento de las mayorías nacionales, el saqueo de los recursos y la intensificación de las luchas de clase.

Actualmente la mayoría de la burguesía latinoamericana está mayoritariamente ligada al imperialismo, no propugna reforzar los mercados propios mediante la sustitución de las importaciones, sino que su objetivo es la conexión con las Transnacionales foráneas porque la clase burguesa dominante es parcialmente beneficiaria de la deuda externa, las desregulación laboral y las privatizaciones (109). La burguesía latinonamericana está compuesta de tres fracciones principales, la burguesía industrial con capital propio subordinada al capital financiero transnacional por medio del comercio exterior (intercambio desigual), la burguesía compradora, rentista y comercial, ligada al circuito financiero transnacional, sin acumulación de capital propio, y la oligarquía agrolatifundista  (terrateniente), ligada a la exportación.

Las burguesías nacionales a pesar de que  se acercan a los intereses de la mayoría cuando producen para el mercado interno, optan siempre por estar más cerca del imperialismo que de los intereses de la clase obrera y las masas populares explotadas, lo que hace más compleja la combinación de los procesos históricos de Latinoamérica desde el siglo pasado, combinándose 3 tipos de modelo de Estado capitalista, el de bienestar o desarrollista, desde los años 40 hasta finales de los 70, el democrático revolucionario de transición al socialismo a partir de los 70, y el neoliberal y proimperialista desde los 70 hasta nuestros días.

La representación política de las clases dominantes en los gobiernos latinoamericanos ha oscilado tras la IIª Guerra Mundial con el mismo objetivo que en Europa Occidental para hacer frente al movimiento obrero y anti-imperialista, entre partidos de ultraderecha (juntas militares y dictaduras fascistas), partidos de derecha y partidos socialdemócratas que desde los años 70 se han plegado a las tesis neoliberales (APRA en Perú, AD en Venezuela, PRI en México, MIR en Bolivia, etc). Los objetivos de los viejos y nuevos procesos golpistas siguen siendo la reducción de las conquistas democráticas, imponer una relación de dependencia e impedir que los movimientos populares de liberación nacional  se tornen irreversibles en la región.

El imperialismo no desarrolla una lucha contra las clases populares de la periferia para orientar un capitalismo de Estado bajo el dominio de la burguesía nacional industrial, sino que favorece los intereses de las oligarquías financiera, latifundista y comercial que aseguran un modelo de desarrollo nacional y regional, dedicado a la exportación de materias primas, productos agrícolas y plataformas industriales de mercancías de bajo valor añadido.

La fracción dominante de la burguesía, la oligarquía financiera de la periferia, dependiente y subordinada al imperialismo, precisa reducir la soberanía del Estado-nación para limitar la intervención nacional sobre la economía y contener a las demás fracciones de la burguesía, la pequeña burguesía y parte de la burguesía industrial a través de una estructura de poder donde los aparatos de dominación están al servicio de los intereses extranjeros, lo cual impulsa la renuncia sobre el control de los recursos naturales y económicos nacionales por medio de la privatización y liberalización de la economía. De manera que el Estado es convertido en un Estado sometido e intervenido por las embajadas imperialistas.

En ese cuadro de luchas de clase los bloques clasistas, las alianzas, se alinean en un lado la clase obrera, los campesinos e indígenas junto a fracciones de clase y categorías sociales populares: estudiantes, intelectuales, cuadros militares y hasta sectores de la burguesía nacional industrial, como fuerzas motrices, sujetos imprescindibles para acabar las tareas de liberación nacional anti-imperialista, la transformación de las condiciones dependientes del capitalismo de la periferia para las que la burguesía en bloque es incapaz de culminar. Y del otro lado el bloque rentista, latifundista e improductivo y el sistema ligado a la estructura agro-minera-petrolera exportadora que se esfuerza por mantener el esquema de la división internacional del trabajo, indiferente a la industria, sin una política económica nacional soberana. Los grupos políticos neoliberales que les representan, asumen intereses antinacionales adquiriendo por ello una relación social irreconciliable con las masas populares.

Por tanto, en Latinoamérica, la cuestión nacional, se vincula a la cuestión neocolonial y la lucha contra el imperialismo y la dependencia con el objetivo inmediato de conquistar el mercado interno y enfrentarse con las oligarquías agroexportadoras, reconstruyendo un Estado nacional no dependiente al desmantelar las funciones de sometimiento al capital extranjero.

En tal sentido es un error separar las tareas anti-imperialistas de liberación nacional de la lucha por el socialismo, tal y como señalaba la declaración de La Habana de Partidos Comunistas de Latinoamérica: “No hay camino al socialismo que no pase por la lucha anti-imperialista” (110).

     La estrecha alianza interclasista con dirección proletaria en el proceso revolucionario fue situado por Marx quien en 1.856 señalaba la posibilidad de una revolución proletaria con el movimiento campesino (111), y Lenin en la revolución de 1.905-07 con la alternativa de dictadura democrática de obreros y campesinos, como proceso permanente hacia la revolución socialista para emprender transformaciones reales en la periferia o eslabón más débil.

Desde finales de los 90 del S.XX existen importantes rupturas con el nuevo modelo neoliberal y exportador. El modelo industrial aparece pero con diferencias de anteriores procesos desarrollistas que cambian su carácter en tanto las burguesías nacionales no han sido las encargadas de llevar a cabo las propuestas independientes de industrialización, sino que más bien es formulada por los gobiernos democrático-revolucionarios (Venezuela, Bolivia, Ecuador, etc.) que mantienen el apoyo de las clases populares.

En este marco cobra importancia el ejemplo de la revolución cubana y cabe esperar qué dirección culminan los procesos abiertos en Latinoamérica, si la transición hacia el socialismo (donde está más clara la experiencia de Venezuela) o la recomposición del modelo de acumulación de capital en el marco de la división internacional del capitalismo fundamentado en la dominación político-económico-militar y cultural del imperialismo.

En el marco de la lucha anti-imperialista, necesaria para avanzar al socialismo, no se debe de caer ni en el subjetivismo, ni en el sectarismo. Por una parte, es un error asumir que la condición anti-imperialista de cualquiera de los aliados de la clase obrera garantiza su coincidencia plena con la lucha por el socialismo. Pero por otra parte también es un error la tendencia contraria, ultraizquierdista, de rechazar cualquier alianza anti-imperialista con quienes no comparten plena y abiertamente la propuesta programática del socialismo.

El primer error, puede conducir a que los revolucionarios, bajen la guardia ante aliados tácticos en la lucha anti-imperialista, quienes, por su naturaleza de clase, llegarán a ser inevitablemente enemigos de la lucha por el socialismo. Ya lo vimos con la primera fractura del frente bolivariano ante la propuesta chavista de reformar la constitución para avanzar hacia el socialismo (referéndum dic. 2007). A medida que se ahonda la revolución, se hace cada vez más claro que la burguesía es incapaz de encabezar la lucha contra el imperialismo, por el progreso social, tiene miedo al pueblo revolucionario, se resiste a la nacionalización y no toma medidas radicales para solucionar definitivamente el problema agrario.

El segundo error, puede conducir, a la ruptura apresurada con fuerzas sociales interesadas en participar en la alianza anti-imperialista. Profundicemos del porqué de esta alianza dialécticamente.

Los sujetos principales del acto de dominación imperialista actual, son el capital financiero transnacional y los Estados neocoloniales, que ejercen su dominio a través de instrumentos como el FMI o la OMC que representan y promueven los intereses de la oligarquía financiera transnacional de las potencias neocoloniales, y también a través de los Estados dependientes y fuerzas sociales reaccionarias, de los países que son objetivo de la política neocolonial (Consenso de Washington). Para la dominación imperialista la fuerza militar y los aparatos político-militares, son un recurso en circunstancias excepcionales (guerra civil en Colombia, crisis y reparto de recursos en Oriente Medio, África, etc), en general basta con el control de los mercados y de los circuitos internacionales del crédito, para estrangular y hacer dependientes a los dictados neocoloniales las economías de la periferia.

Bajo este entramado, todo aquel cuyos intereses inmediatos a medio o largo plazo se vean afectados por la dominación imperialista, tiene razones objetivas para luchar en su contra. Ello no sólo incluye a la clase obrera, sino también a fuerzas sociales interesadas en romper con el imperialismo, aunque no para construir una sociedad sin clases, sino para forjar un Estado nacional democrático-revolucionario que destruya las bases socioeconómicas del poder de la burguesía terrateniente y la oligarquía financiera.

Hay una parte de la burguesía nacional-industrial, que apuesta por el desarrollo de una comunidad nacional independiente y soberana, objetivamente quieren el crecimiento de la economía y de los mercados internos, desean el establecimiento de industrias productivas, y hay por el contrario, fracciones de la burguesía cuyo poder y riqueza depende de que se mantenga su condición de intermediarias o representantes locales del imperialismo, y que quieren que la periferia siga sumida en una forma de capitalismo atrasado y dependiente. La burguesía que no ha alcanzado todavía el nivel de desarrollo monopolista y que no está asociada a la dominación imperialista,  tiene razones objetivas para participar en la alianza antimperialista, su propia supervivencia depende el éxito que tenga la lucha contra la dominación imperialista. Estos pequeños y medianos empresarios, saben que  de imponerse el programa imperialista de libre competencia monopolista y la abolición de las protecciones tarifarias aduaneras, sus días estarán contados por sus propias limitaciones productivas que no les permiten sobrevivir frente a los monopolios transnacionales.

La lucha anti-imperialista propicia la aparición de una amplia alianza que incluye a toda gama de clases y sectores sociales, que con sus diferencias y antagonismos, tienen en común la necesidad objetiva de alcanzar la independencia nacional frente a los monopolios transnacionales, los organismos financieros, y la estrategia de dominación del imperialismo. Esta alianza está formada además de la clase obrera, los campesinos sin tierra, los pequeños propietarios del campo, los pueblos indígenas, la pequeña burguesía urbana, los intelectuales y hasta la burguesía no asociada a los monopolios transnacionales, quienes pese a que en la lucha antimperialista sean aliados, esos sectores burgueses serán enemigos de clase en la perspectiva del el socialismo, y por tanto para no caer en el primer error debe mantenerse la guardia ante ello.

Quienes apostamos por el socialismo, tenemos en ese contexto antimperialista, una coincidencia con esos sectores de la burguesía nacional, de ruptura con el imperialismo, aunque por razones opuestas, ellos para garantizar su supervivencia y su éxito como clase explotadora, y nosotros para avanzar hacia la abolición de la explotación. Aquí el apoyo de esa burguesía a los procesos de integración económica en latinoamérica, como UNASUR o MERCOSUR, son no para luchar por el socialismo, sino para usarlos como vehículos de su expansión económica.

No obstante, es cierto que la limitación para la emancipación de los países latinoamericanos frente al capital extranjero puede ser contrarrestada por una dinámica de integración regional, que supere la desvinculación de los países y economías frente al imperialismo. En tal sentido, el proyecto del ALBA es antiimperialista porque va dirigido a poner en disposición mútua a nivel regional los medios, fuerzas productivas y capital, avanzando en la orientación de los recursos para satisfacer las necesidades de las poblaciones en vez de alimentar los beneficios de las oligarquías financieras, locales y extranjeras. Pero la reconquista de la soberanía nacional y regional frente a las transnacionales no aportará una auténtica ruptura si sólo se apoya en las burguesías nacionales locales. La lucha de la burguesía nacional contra el imperialismo, nunca quiere decir que mantendrá la lucha hasta el final, y que logrará la independencia real. Latinoamérica ya conoció entre los años 40 y 70 un capitalismo de Estado reformista (México, Argentina) que permitió un cierto desarrollo pero que no quebró la lógica capitalista ni redujo de forma permanente la polarización socioeconómica de los países, porque en la fase imperialista que emana del carácter mundial de acumulación de capital basado en el desarrollo desigual no permite un desarrollo independiente del Modo de Producción Capitalista en países de la periferia como Perú, ni en ámbitos supranacionales como Sudamérica, y al final solo deja a medio o largo plazo a la burguesía el papel de socio menor de la dominación imperialista.

Por tanto, no hay duda de que estas fracciones de la burguesía usarán su posición dentro de la alianza antimperialista para desviar el proceso una vez que el avance hacia el socialismo comience por afectarles negativamente. Intentarán evitar la profundización hacia una formación socio-económica socialista, y se esforzarán para preservar el régimen de propiedad privada de los medios fundamentales de producción, siendo previsible e inevitable, la agudización de las contradicciones de clase dentro de la coalición anti-imperialista.

Eso quiere decir, tal y como la experiencia histórica nos ha demostrado, que de forma general la burguesía de los países dependientes es incapaz en las condiciones del imperialismo llevar a cabo las tareas de la revolución democrática de manera radical y definitiva: reforma agraria, unidad nacional y soberanía económica. Los lazos de la burguesía nacional con el imperialismo son más fuertes que su deseo de romper la dependencia y teme al movimiento obrero y popular que le acompaña en esa lucha, más que al imperialismo. Su política oscila entre la necesidad de mantener su dominación sobre el proletariado y los campesinos pobres, y la necesidad de crear un mercado interior protegido de las importaciones extranjeras, como cuestión de vida o muerte. La burguesía no viene al campo de las revoluciones al azar sino porque sufre la presión de sus intereses de clase, después por temor a las masas populares y en defensa de sus intereses de clase frente al proletariado, abandona la revolución. De ahí resulta, como decíamos, la imposibilidad de que la burguesía alcance por sí misma la liberación nacional, y esta deba ser acompañada por las masas populares.

Por tanto, todo movimiento que se involucra en la unidad nacional con sectores de la burguesía enfrentada a la oligarquía y al imperialismo debe estar conformado desde la independencia política de la clase obrera y sobre la previsión de que la burguesía nacional no luchará siempre contra el imperialismo y no tardará en aliarse a él en su lucha contra el proletariado.

Siendo así que la alianza antimperialista se ve sujeta a la pugna por la hegemonía del bloque histórico que se construye. La experiencia histórica de diversos  países africanos en las décadas de los 70-80, ha demostrado que los procesos de liberación nacional en los que la clase obrera no llega a ocupar la posición hegemónica, se estancan bajo la dominación de la nueva fracción de la burguesía, la cual incapaz de mantener por sí misma su poder y continuar impulsando el desarrollo nacional, acaba por dar paso a una regresión del proceso de liberación nacional y al restablecimiento de nuevas formas neocoloniales de dominación imperialista. Esto lleva a plantear el asunto del poder y de la hegemonía de la clase obrera como un objetivo estratégico dentro de la amplia alianza antimperialista. En Latinoamérica, es estratégico para el avance al socialismo, la unidad y organización de la clase obrera, para poder jugar el papel dirigente del proceso de revolución antimperialista y socialista, de lo contrario el socialismo sólo será una aspiración noble, no más allá de la retórica de los discursos, pero irrealizable.

La alianza temporal, transitoria, basada en la unidad nacional frente a la oligarquía y el imperialismo han ido determinando las causas políticas de la burguesía nacional y los sectores populares, dando lugar a nuevas formas bajo diversos gobiernos nacionales desde finales de los 90, pasando por Venezuela hasta Brasil. Cuando estos gobiernos terminan siendo favorables a los intereses de las burguesías nacionales, es irrealizable un programa que contemple a interrupción de los privilegios de la clase dominante, cuyas limitaciones son absorbidas nuevamente por el imperialismo. Por lo que en la lucha por el socialismo la clase obrera debe apoyar el programa democrático, asumiendo si existe vacío político de las burguesías frente a la oligarquía su bandera de liberación nacional, dirigiendo este proceso de independencia nacional, soberanía popular y desarrollo de las fuerzas productivas que abran camino al socialismo.

Veamos como funciona la experiencia antimperialista actualmente más avanzada de Sudamérica. El movimiento bolivariano de Venezuela, parte de una alianza estratégica, entre empresas públicas, economía cooperativa, sector no monopolista del capital nacional, la pequeña y mediana empresa y los sectores populales, clase obrera y campesinado. En términos políticos esto significa construir el bloque histórico revolucionario de carácter anti-imperialista. En Venezuela, los capitalistas que colaboran con el proceso bolivariano lo hacen de acuerdo con el gobierno revolucionario, en tanto no distorsionen los proyectos socioeconómicos. El control popular es imprescindible para demoler las estructuras del Estado burgués y resolver a favor de los sectores populares las contradicciones internas del proceso revolucionario. Esto también significa que la economía cooperativa y pública está siendo constantemente reforzada por el Estado para que no caigan bajo el dominio capitalista. Estas alianzas interclasistas con algunas fracciones del capital nacional, no tardaron en fracturarse cuando fueron atacados los intereses económicos del imperialismo, habiendo sobrepasado la primera etapa de la lucha por la liberación nacional y democrático-revolucionaria. A partir de ahí estas transformaciones socioeconómicas dentro del Estado lanzaron las banderas del socialismo. Aquí vemos la diferencia, mientras que en el proyecto desarrollista del peronismo la unidad del movimiento (sindicatos y burguesía nacional) renunciaron al proyecto socialista, la unidad nacional del movimiento bolivariano es entre los sectores no burgueses y bajo una dirección política hegemonizada por la izquierda revolucionaria (PSUV y PCV). El nuevo poder popular bolivariano para asentar las bases del Estado socialista, debe necesariamente sostenerse sobre nuevas relaciones de producción y nuevas fuerzas productivas.

En ningún caso ello debe llevar a pensar que la burguesía nacional sea un obstáculo para la lucha contra el imperialismo y las oligarquías nativas, so pena de incurrir en el segundo error. Todo frente único que lucha contra el imperialismo reúne una alianza interclasista, siendo falsa la consigna de que la lucha contra el imperialismo es una lucha contra la burguesía nacional. Lenin recalcaba la diferencia entre la burguesía de las naciones opresoras, imperialistas, de las naciones oprimidas, dependientes. Plantear que hay que luchar contra la burguesía nacional en primer orden como mejor forma de luchar contra el imperialismo (como hacen algunas tendencias trotskistas y de ultraizquierda), es no tener una noción de la liberación nacional en el sentido anti-imperialista, en el sentido de lucha contra las oligarquías locales aliadas a la nación opresora. Dado que el papel principal en los países atrasados dentro de la pirámide capitalista mundial, no lo desempeña el capitalismo nacional para el mercado interno, sino el capitalismo extranjero exportador.

En el proceso hacia el objetivo socialista que debe pasar por la lucha antimperialista se debe dialécticamente, por un lado defender los intereses de la lucha de liberación nacional, pero sin arriar las banderas clasistas y socialistas, y por otro lado, se debe promover la lucha consecuente por los intereses de la clase obrera y por la perspectiva socialista, pero sin poner en peligro la viabilidad de la alianza antimperialista en la lucha contra la dominación imperialista.

No hay otra perspectiva para el proceso revolucionario en Latinoamérica que el socialismo pasando por la resolución de las tareas nacional-democráticas de liberación nacional, tareas de la independencia nacional. Esas tareas democrático-revolucionarias serán sobrepasadas por medio de la lucha de clases. Esto no significa que se oponga al programa democrático el programa socialista, de reivindicaciones puramente clasistas, que aislaría a la clase obrera del resto del frente único anti-imperialista, sino de asumir las banderas anti-imperialistas y democráticas que la burguesía nacional es incapaz de asumir hasta el final y arrastrar a todas las fuerzas sociales enfrentadas al imperialismo.

1.6.4.14 Frente Anti-imperialista Mundial

      La lucha por el socialismo pasa por la lucha por la paz, contra el sistema imperialista mundial y el neoliberalismo que aumentan la explotación de la clase obrera y la opresión de los pueblos, condenándonos a las desigualdades y la guerra, en beneficio de las oligarquías financieras. Bajo esta situación se tiene que avanzar hacia la creación de un Frente Anti-Imperialista con la unión de los comunistas, de la izquierda, las fuerzas anti-globalizadoras y los movimientos de liberación de las naciones oprimidas y dependientes. Un frente contra la guerra y la dominación imperialista, contra el neoliberalismo, contra las políticas de pillaje de los organismos internacionales sometidos a los dictados de las potencias imperialistas y contra el reparto del mundo entre las grandes potencias y los grandes monopolios transnacionales.

Dentro de este frente de lucha se debe combatir las guerras imperialistas y el reparto pacífico o violento del mundo; se debe unificar la lucha contra el imperialismo yanqui, como imperialismo dominante y hegemónico; se debe de apostar por el desarrollo multilateral de la economía y el intercambio amistoso entre países; se debe combatir el imperialismo de la UE dominada por la oligarquía financiera, combatir la política neoliberal que ataca frontalmente las condiciones laborales, las conquistas sociales y los derechos democráticos, uniendo a las fuerzas anti-imperialistas y de izquierdas que luchen social y políticamente contra el neoliberalismo y por la soberanía nacional frente a la integración imperialista de la UE. Y por último, también se debe luchar contra el carácter rapaz del capitalismo español que despoja a los países latinoamericanos y se embarca en aventuras militares para conseguir concesiones para sus Transnacionales y condiciones ventajosas en el reparto del mundo.

 

NOTAS de LA TRANSICIÓN DEL CAPITALISMO AL COMUNISMO

(1) En La ideología alemana podemos encontrar esta tesis: “El comunismo, empíricamente sólo puede darse como acción coincidente o simultánea de los pueblos dominantes, lo que presupone el desarrollo universal de las fuerzas productivas y el intercambio universal que lleva aparejado…Por tanto, el proletariado sólo puede existir en un plano histórico-mundial, lo mismo que el comunismo, su acción sólo puede llegar a cobrar la realidad como existencia histórico-universal” (L´Eina, pág. 32), y más adelante en torno a la apropiación del proletariado de los instrumentos de producción, Marx y Engels nos advierten de que: “La apropiación se haya condicionada por el modo de llevarse a cabo… sólo puede llevarse… mediante una asociación que, dado el carácter del proletariado mismo no puede ser tampoco mas que una asociación universal, y por obra de una revolución en la que, de una parte se derroque el poder del modo de producción y de relación anterior y la organización social correspondiente, y en la que de otra parte , se desarrollan el carácter universal y la energía de que el proletariado necesita para llevar a cabo la apropiación, a la par que el mismo proletariado… se despoja de cuanto pueda quedar en él de la posición que ocupaba en la anterior sociedad” (Ed. L´Eina pág.76).

(2) Ver K. Marx y F. Engels. La ideología alemana. Ed. L´Eina, pág. 76.

(3) Suele decirse, que Marx en los Grundrisse diseñó los presupuestos completos para la elaboración de un análisis crítico del Modo de Producción Capitalista, que El Capital estaba inacabado, y que los Grundrisse contienen rasgos que no pudieron ser desarrollados por Marx en vida. Eso no es del todo exacto ya que sobre la tendencia histórica de la acumulación capitalista y su supresión, Marx desarrolló una amplia exposición en la Crítica del Programa de Gotha e incluso en El Capital encontramos varias referencias al tema. Por ej., en el capítulo XV (Cambio de magnitudes en el precio de la fuerza de trabajo y en el plusvalor, págs. 642, 643), donde Marx clarifica que la supresión de la forma capitalista de producción permite restringir la jornada laboral al “trabajo necesario”: “Éste último, sin embargo, bajo condiciones en demás iguales, ampliaría su territorio. Por un lado, porque las condiciones de vida del obrero serían más holgadas, y mayores sus exigencias vitales. Por otro lado, porque una parte del plustrabajo actual se contaría como trabajo necesario, esto es, el trabajo que se requiere para constituir un fondo social de reserva y de acumulación Cuanto más se acrecienta la fuerza productiva del trabajo, tanto más puede reducirse la jornada laboral, y cuanto más se le reduce, tanto más puede aumentar la intensidad del trabajo…Una vez dadas la intensidad y la fuerza productiva del trabajo, la parte necesaria de la jornada social del trabajo para la producción material será tanto más corta, y tanto más  larga la parte de tiempo conquistada para la libre actividad intelectual y social de los individuos, cuanto más uniformemente se distribuya el trabajo entre todos los miembros aptos de la sociedad, cuanto menos una capa social esté en condiciones de quitarse de encima la necesidad natural del trabajo y de echarla sobre los hombros de otra capa de la sociedad. El límite absoluto trazado a la reducción de la jornada laboral es en este sentido, la generalización del trabajo. En la sociedad capitalista se produce tiempo libre para una clase mediante la transformación de todo el tiempo vital de las masas en tiempo de trabajo”.

      En estas dos páginas Marx nos clarifica que sin el dominio del capital sobre la fuerza de trabajo, el incremento de la fuerza productiva y la generalización del trabajo entre todos los miembros aptos de la sociedad, permiten hacer más intenso el trabajo, permiten aumentar el plusproducto de carácter social en su totalidad, permite una jornada de trabajo más corta y una ampliación del tiempo libre dedicado para la libre actividad intelectual y social.

         Más adelante, también en el libro I° (Ed. S. XXI, Vol. 3°, págs. 951, 952, 953 y 954), existe un breve apartado en el cual después de una explicación histórica del proceso originario de acumulación del capital y formación del modo de producción capitalista, señala el salto de la producción individual a la producción social, la tendencia hacia la concentración y expropiación de capital con la reducción del n° de explotadores, y la necesidad de superarlo con el fundamento de la propiedad colectiva de los medios de producción por medio de la negación del capital: el proletariado.

         Estas conclusiones del El Capital pueden ser consideradas teóricamente en estrecha relación con el apartado “CONTRADICCIÓN ENTRE EL FUNDAMENTO DE LA PRODUCCIÓN BURGUESA (MEDIDA DEL VALOR) Y SU MISMO DESARROLLO. MÁQUINAS, ETC” de los Grundrisse donde Marx destaca que la gran industria ha situado la base material para unir a ciencia y trabajo en un mismo tronco, y que el tiempo de trabajo debe quedar sujeto a la planificación colectiva de la fuerza productiva máxima, que son los trabajadores, el “individuo social”. Que el “robo del tiempo de trabajo” por el capital y el “no-trabajo” de unos pocos explotadores, debe convertirse en tiempo libre para la sociedad en general, para el desarrollo de la “fuerza productiva inmediata” que encarna el trabajador libre de cadenas como fuerza colectiva que domina el proceso material e intelectual de la producción. Donde el paulatino desarrollo libre de las fuerzas productivas permite la reducción del tiempo necesario para la creación de la riqueza social, generalizando el tiempo libre destinado a la formación y dirección de la organización social por la fuerza productiva inmediata y máxima: los productores (Ver Grundrisse, Grijalbo. Tomo II°, págs. 92, 93, 94, 95 ,96 y 97), y su conversión de agente principal de la producción a regulador del proceso de trabajo.

      Para Marx, la apropiación del plusproducto por los trabajadores, posibilita la superación antagónica del tiempo libre con la producción: “El tiempo libre –que es tanto tiempo de ocio como tiempo para una actividad superior- ha transformado naturalmente a su poseedor en otro sujeto y en cuanto este otro sujeto entra él entonces en el proceso de producción inmediato. Y este proceso es al mismo tiempo, disciplina, si se lo considera en relación al hombre que deviene, y ejercicio, ciencia experimental, ciencia materialmente creadora que se objetiva en relación con el hombre ya devenido, en cuya cabeza existe el saber acumulado de la sociedad.” (Grundrisse. Ed. Grijalbo. Tomo II°, pág. 98).

(4) K. Marx. Crítica del Programa de Gotha. Ed. Materiales, pág. 95.

(5) Lenin. El Estado y la Revolución. Ed. Progreso, págs. 90 y 91.

(6) “La figura del proceso social de vida, esto es, del proceso material de producción, sólo perderá su místico velo neblinoso cuando, como producto de hombres libremente asociados, éstos la hayan sometido a su control planificado y consciente” (Marx. El Capital. S. XXI. Tomo I°. V. 2°, pág. 97).

(7) K. Marx. El Capital. Ed. S. XXI. Vol. 2°. Tomo I°, pág. 440.

(8) Lenin. Prólogo de El Estado y la revolución, Ed. Progreso, pág. 4.

(9) Prólogo al folleto de S. Borkheim

(10) Ver Lenin. La IIIª Internacional y su lugar en la historia. Obras Completas. Ed. Progreso.

(11) J.M.Céspedes. Reflexiones sobre la transición al socialismo. Les Raons del Socialisme. Ed. Realitat.

(12) Lenin. Primer esbozo sobre las tesis del problema nacional y colonial.

 

(13) Stalin tuvo el mérito frente a Trotski y sus tesis mencheviques, de acerse cargo con el planteamiento leninista de la construcción del “socialismo en un solo país”, pero su autor teórico fue Lenin, quien ya el 23 de agosto de 1.915 decía: “…como consigna independiente, la de los EE.UU. del mundo dudosamente sería justa, en primer lugar, porque se funde con el socialismo y, en segundo lugar, porque podría conducir a la falsa idea de la imposibilidad de la victoria de socialismo en un solo país y a una interpretación errónea de las relaciones de ese país con los demás. La desigualdad del desarrollo económico y político es una ley absoluta del capitalismo. De aquí se deduce posible que el socialismo triunfe primeramente en unos cuantos países capitalistas, o incluso en un solo país capitalista. El proletariado triunfante de ese país, después de expropiar a los capitalistas y de organizar la producción socialista dentro de sus fronteras, se enfrentaría con el resto del mundo, con el mundo capitalista, atrayuendo a su lado a las clases oprimidas de los demás países…”. (La consigna de los EE.UU de Europa, págs. 8 y 9). Un año más tarde diría: “El desarrollo del capitalismo sigue un curso extraordinariamente desigual en los diversos países. De otro modo no puede ser bajo el régimen de la producción mercantil. De aquí la conclusión irrefutable de que el socialismo no puede triunfar simultáneamente en todos los países. Empezará triunfando en uno o en varios países, y los demás seguirán siendo , durante algún tiempo, países burgueses o preburgueses” (El programa militar de la revolución proletaria, pág. 12). La teoría de Lenin sobre el proceso revolucionario mundial partía de la base de que el desarrollo económico desigual del capitalismo en su fase imperialista, puede provocar que la cadena imperialista se rompa por su eslabon más débil, de modo que el socialismo triunfe primero en varios o un solo país. En este contexto, una vez conquistado el poder por el proletariado en Rusia, ésta era considerada como el protagonista del proceso revolucionario mundial al ser el primer país donde el proletariado conquistaba el poder, predominando el criterio de la revolución socialista en Occidente, dado el carácter internacional del proceso revolucionario.

      No obstante, Lenin una vez demostrado que la revolución en occidente se demoraba, fiel a la teoría de la lucha de clases vió la necesidad de la defensa del único baluarte existente de la revolución proletaria mundial, después de la guerra de 3 años diría: “…¿cabe concebir que una república socialista pueda subsistir en medio del cerco capitalista?. Eso parecía inconcebible lo mismo en el sentido político que en el militar. Que esto es posible en los sentidos político militar es ya cosa demostrada, ya es un hecho” (IXº Congreso de los Soviets de toda Rusia. Obras Completas. Tomo 44 pág. 310). Y más adelante fiel al análisis marxista de estudiar la realidad concreta de la lucha de clases con perspectiva mundial, Lenin ya no esperaría la revolución proletaria en Occidente en abstracto para que acudiera en ayuda de Rusia, sino que piensa en la revolución en Oriente producto de la colisión inevitable entre el imperialismo y las luchas de liberación nacional: “…lo que nos interesa no es esta inevitabilidad de la victoria del socialismo. Lo que nos interesa es la táctica que nosotros, el Partido Comunista de Rusia, que nosotros, el Poder soviético de Rusia, debemos seguir para impedir que los Estados contrarrevolucionarios de Europa Occidental nos aplasten. Para asegurar nuestra existencia hasta la siguiente colisión militar entre el Occidente imperialista contrarrevolucionario y el Oriente revolucionario y nacionalista, entre los Estados más civilizados del mundo y los estados atrasados al modo oriental, los cuales, sin embargo, constituyen la mayoría, es preciso que esta mayoría tenga tiempo de civilizarse” (O.C. tomo 45, pág. 420), Lenin anticipaba un frente de lucha anti-imperialista compuesto por las naciones colonizadas (India, China…),  la Rusia soviética y el movimiento obrero de Occidente.

 

(14) Aquí tenemos uno de sus pasajes de la “revolución permanente” de Trotski : “Y aquí llegamos de lleno a dos puntos de vista que se excluyen recíprocamente: la teoría internacional revolucionaria de la revolución permanente y la teoría nacional-reformista del socialismo en un solo país. No sólo la China atrásada, sino, en general, ninguno de los paises del mundo podría edificar el socialismo en su marco nacional: el elevado desarrollo de las fuerzas productivas, que sobrepasan las fronteras nacionales, se opone a ello, así como el insuficiente desarrollo para la nacionalización. La dictadura del proletariado en Inglaterra, por ejemplo, chocaría con contradicciones y dificultades de otro carácter, pero acaso no menores de las que se plantearían a la dictadura del proletariado en China. En ambos casos, las contradicciones pueden ser superadas únicamente en el terreno de la revolución mundial” (Trotski. La revolución permanente. Pág. 187). Trotski coincide con Lenin a diferencia de los mencheviques en que la revolución pueda empezar en un país atrasado, pero al final vuelve al redil menchevique al plantear que incluso en países avanzados como Inglaterra, puedan siquiera pensar en edificar el socialismo en su marco nacional, porque el fantasma de las fuerzas productivas mundiales que sobrepasa las fronteras, “se opone a ello”. Hasta que en los estados europeos la burguesía siga en el poder nos veremos obligados, en la lucha en contra del aislamiento económico, a buscar acuerdos con el mundo capitalista; al mismo tiempo se puede afirmar con certeza que estos acuerdos, en el mejor de los casos, pueden ayudarnos a sanear estas o aquellas llagas económicas, a dar éste o aquel paso adelante, pero un efectivo ascenso de la economía socialista en Rusia será posible solamente después de la victoria del proletariado en los principales países de Europa” (Trotski, El programa de la paz). El ultraimperialismo de Kaustky se cierne en sombra sobre el planteamiento de Trotski, quien no para en sus vaticinios: “Proponerse por fin la edificación de una sociedad socialista nacional y cerrada, equivaldría, a pesar de todos los éxitos temporales, a retrotraer las fuerzas productivas deteniendo incluso la marcha del capitalismo…equivaldría a perseguir una utopía reaccionaria” (Trotski. La revolución permanente. Pág. 24).

(15) “En la primera fase nadie se creía obligado a empezar, o sea, pensaba cada uno que si empezaba se encontraría aislado; esperando que se movieran todos juntos, no se movía nadie ni organizaba el movimiento. 2º La segunda fase es tal vez peor, porque se espera una forma de `napoleonismo´anacrónico y antinatural (puesto que no todas las fases históricas se repiten de la misma forma). Las debilidades teóricas de esta forma moderna del viejo mecanismo están disfrazadas por la teoiría general de la revolución permanente, que no es más que una previsión genérica presentada como dogma, y que se destruye por sí sola, por el hecho de que no se manifiesta efectivamente.” (Gramsci. Cuadernos. Libro  V, pág. 157).

(16)  Ver A. Gramsci. Cuadernos. Libro  V, pág. 156.

(17) “…dentro de la sociedad burguesa…aparecen relaciones de producción y de tráfico que son otras tantas minas para hacerla saltar en pedazos. (Una cantidad de formas antitéticas de la unidad social; cuyo carácter antitético sin embargo, nunca podrá ser hecho saltar en pedazos mediante una metamorfosis pacífica. Por otra parte, sino encontramos de forma encubierta en esta sociedad, tal como es, las condiciones de producción materiales y las correspondientes relaciones de tráfico de una sociedad sin clases, todos los intentos de hacerla saltar en pedazos, serían donquijoterías).” (K. Marx. Elementos fundamentales para la crítica de la economía política. Ed. Grijalbo, Tomo I°, pág. 87).

(18) Prólogo de la Contribución a la Crítica de la economía política 1.859 (K. Marx). Ed. Progreso.

(19) La ideología alemana. Ed. L´Eina, pág. 38.

(20) Crítica del Programa de Gotha (Marx) Ed. Materiales.

(21) Dicen, 99 historias sobre la globalización, el libre mercado capitalista y la guerra. Pág.76  Hendrik Vaneeckhaute.

(22)Años 1.997-99 Informe de desarrollo ONU, citado por Tezanos, La sociedad dividida, pág. 30.

(23) El fin de la explotación infantil: parar el narcotráfico. Citado en Millones de personas al borde de la inanición en África. www.antorcha.org.

(24) Algunas reflexiones para valorar justamente la revolución cubana en su 50 aniversario. Domingo Galván. 3 marzo 2009.

(25) Informe de la OIT de enero 2.007. Citado en: Al cubo de la basura.

(26) Datos PNUD citados por Tezanos en La sociedad dividida, pág. 34.

(27) ¡Ojo con los media!, pág. 40. Michel Collon. Ed. EPO.

(28) Ver El poder militar en España. V. Fisas. Pág. 41. Ed. Laia.

(29) Datos del PNUD. E. Toussaint. La bolsa o la vida. Las finanzas contra los pueblos. Ed. Tercera Prensa.

(30) Un anuncio vale mil bombas. Yves Fremion. El libro negro del capitalismo. Editores independientes 1.998. http://www.leninismo.org.

(31) Datos de El socialismo del S.XXI. Dieterich Steffan. Pág. 18.

(32) Ver A. Van den Eynde, El poder de las multinacionales. Ed. Pueblos.

(33) La tasa oficial de paro en afroamericanos es el doble, el 35% de las familias negras está bajo el umbral de la pobreza frente al 6% de las familias blancas, en Harlem el 75% de los jóvenes está sin empleo. La droga es introducida por el sistema para debilitar la conciencia social, Gary Webb acusa a la CIA por la introducción deliberada del crack en los 80 utilizando sus beneficios para financiar la contra nicaragüense. El 48% de los presos son afroamericanos mientras sólo son el 12% de la población, se encarcelan 4 veces más negros que en el régimen de apartheid, siendo el porcentaje más alto del mundo de encarcelamiento de negros. (Ver EE.UU. El sueño inacabado. La larga marcha de los afroamericanos. Robert Pac. El libro negro del capitalismo. Editores Independientes 1.998. (www.leninismo.org.).

(34) Dicen, 99 historias sobre la globalización, el libre mercado capitalista y la guerra. Pág. 97 Hendrik Vaneeckhaute.

(35) Dicen, 99 historias sobre la globalización, el libre mercado capitalista y la guerra. Págs. 120, 121 Hendrik Vaneeckhaute.

(36) El pensamiento secuestrado. Susan George. Págs. 223 y 236. Ed. Icaria. Barcelona. 2.007.

(37) Dicen, 99 historias sobre la globalización, el libre mercado capitalista y la guerra. Pág. 100 Hendrik Vaneeckhaute.

(38) Datos del PNUD citados por E. Toussaint. La bolsa o la vida. Las finanzas contra los pueblos, págs. 78 y 79. Ed. Tercera Prensa.

(39) Citado en Al cubo de la basura. www.antorcha.org.

(40) En El Capital, Marx hace una breve alusión a lo planteado en los Grundrisse sobre la relación tiempo de trabajo- tiempo libre y fuerza productiva: “La supresión de la forma capitalista de producción permite restringir la jornada laboral al trabajo necesario. Este último, sin embargo, bajo condiciones en lo demás iguales, ampliaría su territorio. Por un lado, porque las condiciones de vida del obrero serían mas holgadas, y mayores sus exigencias vitales. Por otro lado, porque una parte del plustrabajo actual se gastaría como trabajo necesario, esto es, el trabajo que se requiere para constituir un fondo social de reserva y de acumulación.

      Cuanto más se acrecienta la fuerza productiva del trabajo, tanto más puede reducirse la jornada laboral… la parte necesaria de la jornada social de trabajo para la producción material será tanto más corta, y tanto más larga la parte del tiempo libre conquistada para la libre actividad intelectual y social de los individuos, cuanto más uniformemente se distribuya el trabajo entre todos los miembros aptos de la sociedad, cuanto menos una capa social esté en condiciones de quitarse de encima la necesidad natural del trabajo y de echarla sobre los hombros de otra capa de la sociedad. El límite absoluto trazado a la reducción de la jornada laboral, es en este sentido, la generalización del trabajo. En la sociedad capitalista se produce tiempo libre para una clase mediante la transformación de todo el tiempo vital de las masas en tiempo de trabajo. (Ed. S. XXI. Vol. 2. Tomo I°, págs. 642 y 643).

(41)¿Comunismo sin crecimiento? W.Harich. pág. 89. Ed. Crítica 1978.

(42) Anti-Duhring (F. Engels). Ver pág. 296. Ed. Avant.

(43) J. M. Vincent, Fetichismo y Sociedad págs. 206-207, Ed. Era.

(44) “…Nosotros pensábamos: o la revolución internacional acude en nuestra ayuda, y entonces tenemos plenamente garantizadas todas nuestras victorias, o llevaremos a cabo nuestra modesta labor revolucionaria con la convicción de que, en caso de derrota, y pese a todo, serviremos a la causa de la revolución, y  nuestra experiencia será útil para otras revoluciones. Teníamos claro que la victoria de la revolución proletaria era imposible sin el apoyo de la revolución mundial… A pesar de este convencimiento, hicimos todo lo posible para mantener en todas las circunstancias y a todo trance el sistema soviético, porque sabíamos que no sólo bregábamos para nosotros mismos sino también para la revolución internacional…” (Lenin, X° Congreso PCb, Obras C., Tomo 43, pag. 18).

(45) La planificación socialista. Su significado. Ernesto Guevara. Cuba Socialista Año IV núm. 34, págs 13-14, junio 1.964.

(46) “Una de las causas principales que dificultan el movimiento obrero revolucionario en los países capitalistas desarrollados consiste en que, gracias a las posesiones coloniales y a los superbeneficios del capital financiero…el capital ha conseguido allí destacar a un sector relativamente más amplio y estable de una pequeña minoría de la aristocracia obrera. Esta goza de mejores condiciones de salario y es la que más imbuida está de un espíritu de estrechez gremial y de prejuicios pequeñoburgueses e imperialistas. Es el puntal  social de la IIª Internacional, de los reformistas y centristas, y en estos momentos constituye, tal vez, el principal apoyo social de la burguesía. Es imposible una preparación del proletariado… para derrocar a la burguesía sin sostener una lucha inmediata, sistemática, amplia y abierta contra este sector, que, sin duda –como ha demostrado ya plenamente la experiencia- proporcionará no pocos elementos para la guardia blanca burguesa después de la victoria del proletariado. (Sobre los sindicatos, Lenin, pág. 369, Progreso).

(47) Citado por Lenin Prefacio traducción de las cartas de Marx a Kugelmann.

(48) El Manifiesto del PC (Marx y Engels). Pág. 67 Ed. Progreso.

(49)  “…en los períodos en que la lucha de clases, se acerca a su desenlace, el proceso de desintegración de la clase dominante, de toda la vieja sociedad, adquiere un carácter tan violento y tan  agudo que una pequeña fracción de esa clase reniega de ella y se adhiere a la clase revolucionaria, a la clase en cuyas manos está el porvenir. Y así, en nuestros días un sector de la burguesía se pasa al proletariado, particularmente ese sector de los ideólogos burgueses que se han elevado hasta la comprensión teórica del conjunto del movimiento histórico”. El Manifiesto del PC (Marx y Engels). Págs. 40 y 41. Ed. Progreso.

 

(50) La Internacional Comunista,Progreso Moscú, Varios autores, pág. 123.

(51) Una versión eurocentrista más actual la denuncia Néstor Kohan cuando señala que en Argentina Sebreli justificaba en nombre de Marx y del desarrollo de las fuerzas productivas los proyectos neoliberales de Menem, como la privatización de los teléfonos. (Marx en su tercer mundo. Ed. CIDCC Juan Marinello, pág. 245).

(52) P. Jalée, citado por J. M. Vidal Villa en Teorías del Imperialismo, pág. 334, Ed. Anagrama).

(53) El foquismo parte de la tesis de que la revolución surge de un foco guerrillero en las zonas rurales de latinoamérica, considerando la lucha urbana (movimiento obrero, estudiantil y vecinal) como innecesario o inexistente. Régis Débray padre de la teoría del foco, activo hoy en las filas de la socialdemocracia europea, codificaba la revolución cubana dentro de esta tipología de revolución. No obstante, el Che no compartía tal tesis ya que consideraba a la lucha guerrillera como una lucha de masas, donde el ejército es un componente activo más de la dirección política de la lucha, sea un partido comunista o un frente de liberación. Débray al contrario del Che no veía necesaria la formación de la organización política, del partido revolucionario, ya que la exclusiva lucha militar (foquismo) es autosuficiente, y la lucha ideológica y política son innecesarias.

(54) “Un aumento sensible del salario presupone un crecimiento veloz del capital productivo. A su vez, este veloz crecimiento del capital productivo provoca un desarrollo no menos veloz de riquezas, de lujo, de necesidades y de goces sociales. Por tanto, aunque los goces del obrero hayan aumentado, la satisfacción social que producen ahora es menor, comparada con los goces mayores del capitalista, inasequibles para el obrero, y con el nivel de desarrollo de la sociedad en general. Nuestras necesidades y nuestros goces  tienen su fuente en la sociedad y los medimos, consiguientemente, por ella, y no por los objetos con que los satisfacemos, son siempre relativos.” (Marx, p. 21, Ed. Planeta Agostini–recopilación).

 (55) “Sólo en estrecha alianza con el proletariado victorioso de la gran Unión Soviética, puede triunfar la clase obrera de los países capitalistas. Sólo luchando mano a mano con el proletariado de los países imperialistas pueden los pueblos coloniales y las minorías oprimidas lograr su liberación. La alianza revolucionaria de la clase obrera de los países imperialistas con los movimientos de liberación  nacional de las colonias y países dependientes es un jalón, absolutamente indispensable en la senda del triunfo de la revolución proletaria en los países imperialistas, pues como enseñaba Marx `El pueblo que oprime a otros pueblos jamás puede ser libre´” (Conclusiones de J. Dimitrov. La unidad de la clase obrera en lucha contra el fascismo. Discurso VIIº Congreso Internacional Comunista. 1.935. www.ceoce.org. En Obras Escogidas, 1 (Akal), pags. 635.

(56) K. Marx y F. Engels, La ideología alemana, Ed. L´Eina.

(57) Samir Amin. Capitalismo, Imperialismo, Mundialización, pág. 13.

(58) (59) (60) Los crímenes de las grandes compañías farmacéuticas Teresa Forcades i Vila.

 (61) La denominada tercera vía cuyo máximo ideólogo A. Gidens nos resume: “Desarrollar una economía dinámica que sea competitiva en el mercado mundial, que tenga cualidades empresariales, que, contrariamente a la antigua izquierda, reconozca la centralidad de la creación de riqueza, y que reconozca que la creación de riqueza no puede ser llevada a cabo únicamente por el Estado, y que por tanto la empresa tiene un papel fundamental en nuestro futuro social” (citado por G. Teresita Almaguer en Las cumbres de “líderes progresistas” y el fracaso de la Tercera Vía).

 

  Resultados de las formaciones comunistas y aliadas

 

   % Votos
Moldavia 50,1 +20,1 794 808 + 307 806
Chipre 34,7 +1,7 142 647 + 21 500
Rusia 28,6 +0,5 18 082 188 – 488 181
Ucrania 23,2 -3,8 5 647 690 – 902 663
Letonia 18,9 +4,7 187 564 + 53 136
Chequia 18,5 +7,5 882 653 + 224 103
Portugal 7,1 – 1,8 379 870 – 105 462
Italia 6,7 -2,1 2 488 025 – 727 935
Eslovaquia 6,3 +3,5 181 872 + 87 857
Grecia 5,5 -0,1 379 454 -713
España 5,5 -5,2 1 253 859 -1 390 227
Francia 4,8 -5,1 1 216 178 -1 303 103
Dinamarca 2,4 -0,3 82 224 -9 709
Hungría 2,2 -1,8 121 503 -58 169
Suiza 1,0 -0,2 18 568 -4 000
Finlandia 0,9 = 23991 +94
Austria 0,6 +0,1 26688 +4 672
TOTAL 14,9 -1,6 31 909 782 – 4 290 996

 (62) Ver análisis de Patrick Theuret sobre la evolución del voto comunista en Europa: “El mapa electoral de los comunistas europeos muestra un descenso en el Oeste y un ascenso en el Este.

 En el Oeste hay que distinguir los partidos que disponen de una base electoral significativa, del resto. Hay seis países en estas condiciones. Uno de ellos, Chipre, es una excepción desde todos los puntos de vista: es al mismo tiempo el que progresa con más fuerza, 34,7% en 2001 (+1,7 puntos sobre el escrutinio anterior, 1,1 puntos más en 15 años). Los otros cinco se agrupan en una horquilla estrecha (5-7%) y consiguen de media no ponderada 5,9%, (-2,8 puntos, es decir una pérdida de un tercio con respecto a la influencia anterior). En un extremo se encuentra, en cabeza, Portugal con 7,1%, seguido de Italia, 6,7% entre los dos partidos y en el otro Francia, 4,8%, precedido por España y Grecia, 5,5%. En cuanto a la evolución en un periodo de 10 años, es el comunismo griego el que tiene mejores resultados, con un progreso de 22%, seguido del comunismo italiano, 12%. Por el contrario, en los otros tres países se observa una regresión del -22% en Portugal al -51% en Francia; España se encuentra entre ambos con -40%. En cuanto a los partidos más modestos, cuando se miden en el campo electoral, tienen resultados variables: retrocesos en Suiza, progresos en Austria, pero ahuyentan el espectro de la desaparición que les amenazaba hace una década. En un periodo largo se observa que los PPCC no tienen una curva regular como la socialdemocracia, sino que han seguido fases de crecimiento y retracción durante la última década.

      El comunismo electoral se comporta mejor en Europa Oriental. La muestra más reciente es la victoria de los comunistas moldavos por mayoría absoluta. En Bielorrusia, donde uno de los dos partidos está en el gobierno y el otro en la oposición, se confirma el peso de los comunistas, con singularidades ligadas a la personalidad de su presidente. Son interesantes los resultados

sucesivos, a finales de 2002, de la República Checa y de Eslovaquia, con un progreso de 11% y 18,5%. El partido checo o de Bohemia-Moravia es el único PC que no había abandonado su identidad, y el eslovaco que fue reconstruido a partir de una minoría y salió de la marginación.

En revancha, en Ucrania, los comunistas retroceden a 23,2% (-3,8), pérdida compensada parcialmente por los progresos de listas pro-rusas, 2,4% (+1,6%), pero acentuada por las pérdidas de otras fuerzas de izquierda (ex comunistas) 11,1% (-6,4). Lo más significativo en los últimos 10 años desde el punto de vista geopolítico, es la evolución del comunismo ruso que ha obtenido 28,6% (+0,5%) en las últimas legislativas de 2.003. El Partido Comunista de la Federación Rusa no ha cesado de progresar desde su refundación (13% en 1993, 23,4% en 1995 y 25,6% en 1999). Los actuales sondeos acreditan entre un 25 y un 30% de sufragios, por delante del partido del presidente Putin. Añadiendo los entre 5 y 7% que podrían obtener los

pequeños partidos comunistas más radicales, el comunismo ruso alcanzaría el 30/35%.

Paradójicamente, teniendo en cuenta las proyecciones de hace diez años, aún cuando no haya una correlación sistemática, no son los partidos que rompieron con su pasado los que han tenido los resultados mejores o menos malos, sino los otros. El comunismo no ha desaparecido en el Este, es en el Oeste donde se encuentra en peor situación.” (Elecciones en los países europeos. Patrick Theuret. Correspondencia Internacional nº5. 2003).

(63) Guerra y mentiras contra Kosovo, Amor y Rabia nº 154, 1999.

(64) EE.UU. intenta hacer en Bolivia lo mismo que hizo en Yugoslavia (Michel Collon) 2008.

(65) Guerra y mentiras contra Kosovo, Amor y Rabia nº 154, 1999.

(66) (67) El pensamiento secuestrado. Susan George. Pág. 196. Ed. Icaria. Barcelona. 2.007.

(68) “Neuhaus fue el iniciador de un movimiento llamado evangélicos y católicos juntos, o ECT. Firmado por veinte destacados evangélicos y veinte católicos…en 1.994…sobre puntos de coincidencia doctrinal y política. En la cúspide de su lista común está el aborto…Evangélicos y católicos también se unieron para promover la película de Mel Gibson La pasión de Cristo…” (El pensamiento secuestrado. S. George. Pág. 141 Ed. Icaria. Barcelona. 2.007).

(69) El pensamiento secuestrado. Susan George. Págs. 118, 124, 125, 149, 150, 158, 168 Ed. Icaria. Barcelona. 2.007.

(70) EE.UU. intenta hacer en Bolivia lo mismo que hizo en Yugoslavia (Michel Collon) 2008.

(71) La valoración que hacen los comunistas griegos para no estar en el PIE es de estrategia:

      “El Partido de la Izquierda Europea, tal y como aparece en su manifiesto y estatutos rechaza…la experiencia de las revoluciones socialistas del siglo XX…no hace referencia, en modo alguno, al socialismo como su meta… De igual manera proclama sus relaciones con la desviación ruinosa que encarna el eurocomunismo y su hostilidad hacia el comunismo y hacia los movimientos de liberación.

      Declara abiertamente su hostilidad hacia el socialismo que conocimos en el siglo XX en Europa y en la URSS. En este sentido la contribución y el papel jugado por ese socialismo son rebajados y difamados.

      Las responsabilidades del imperialismo en el desarrollo del fascismo y de la guerra son minimizados mientras se degrada el papel de vanguardia de los partidos comunistas en la resistencia de los pueblos.

      Se reitera la vieja posición anticomunista de que los Partidos Comunistas fueron patrocinados o favorecidos por fuerzas externas…especialmente por Moscú.

      Por otro lado, se desarrolla paralelamente la discusión íntegra acerca de la condena del stalinismo y la ofensiva de las clases dominantes en relación al 60 aniversario de la victoria antifascista….no reaccionan ante la moción anticomunista propuesta por la Asamblea de Parlamentarios del Consejo de Europa para excluir a los comunistas de las elecciones. No apoyan en absoluto uno de los eventos antiimperialistas más importantes del mundo, el 16 Festival de la Juventud y los Estudiantes.

      El PIE rechaza el principio básico de igualdad respecto a la soberanía y a la no intervención en los asuntos internos de los partidos. El PIE pone en cuestión, discute que los partidos con miembros nacionales garanticen la opinión y la independencia interna de los cada uno de ellos.

      …cuando el Tratado de la UE está muerto y una nueva dinámica positiva emerge dentro de Europa rechazando el argumento de que los pueblos aceptarían la UE como una realidad, el PIE es el primero que lo reaviva, hablando de la ´necesidad de propuestas alternativas para otra euroconstitución´. Con ello está volviendo atrás en el debate, antes incluso de que los gobernantes se atrevan a reabrirlo.

Los factores arriba expuestos, en nuestra opinión fortalecen nuestro punto de vista de que el PIE tiene el peligroso objeto de extinguir la identidad comunista e incorporarla a las estructuras de la UE. En este sentido, torpedea los esfuerzos de coordinación y de cooperación equitativa de los comunistas, los trabajadores y otros sectores de izquierda, que se oponen al centro imperialista europeo y, de forma más genérica, al sistema capitalista” (Extractos de la Posición del Partido Comunista de Grecia sobre el PIE. Dimitris Koutsampas. 21 de septiembre de 2.005).

(72) El PCSA analiza el cambio de la composición clasista de la sociedad post-apartheid con la formación de una nueva burguesía negra, donde el fin del apartheid político no ha puesto término a las desigualdades sociales ya que el 50% de la población negra está en paro. La desigualdad intraracial aumenta y ya es el criterio de clase lo que se convierte en el factor más determinante de la pobreza y la desigualdad. La mayoría del CNA lleva una política económica influenciada por el neoliberalismo (liberalización del comercio, política fiscal restrictiva y privatizaciones). En el 2.001 la cifra oficial de parados era de 7 millones (37% de la población activa) y un 45% de la población (18 mill. -2.002-) viven con 2 dolares al día, el 10% de los niños están desnutridos y el 60% de los pobres no reciben ayudas de la seguridad social. En la nueva etapa abierta tras el triunfo del CNA en 1.994 (62,7% de los votos), el PCSA aboga por el mantenimiento de la alianza del movimiento obrero (PCSA) el movimiento sindical de clase (COSATU- que opta por el socialismo y donde los comunistas son mayoría) y el movimiento democrático de liberación nacional (CNA) en la lucha contra la política económica neoliberal que reoriente la revolución nacional democrática hacia el socialismo. Actualmente el PCSA cuenta con 80.000 militantes, el CNA con 200.000. y el COSATU 2 millones. (Ver Xº Congreso del PCSA y Entrevista a Blade Nzimande Sec. Gral. PCSA. Correspondencia Internacional).

(73) ¿A dónde va Brasil? (J.Petras y Henry Veltmeyer) Ed. Rebelión. Http://www.rebelion.org./petras/brasi160403.htm (Abril de 2.003).

(74) Ver La izquierda en el umbral del S.XXI… (M. Harnecker) S. XXI.

(75) Carta abierta a James Petras. Dirección del PSTU. Correo Internacional nº 135, diciembre 2.007.

(76) Internacional trotskista llama a derrocar a Chávez (Alejandro Ruiz) www.venezuelacantaclaro.blogspot.mayo 2.005.

(77)Ver Golpes y contragolpes. Marta Harnecker. Ed. Rebelión. 23-06-07.

(78) Programa de 10 puntos:

1.-Control estatal y propiedad nacional de las materias primas (hidrocarburos y gas). 2.-Eliminación del Estado colonial (Asamblea Constituyente). 3.-Descentralización política que contemple la pluriculturalidad (ley de autonomías). 4.-Garantía jurídica a las inversiones nacionales y extranjeras hechas con fines productivos no especulativos (Plan de desarrollo productivo). 5.-Ley contra la corrupción e impunidad.

6.-Reforma de las retribuciones de los empleados públicos. 7.-Contra la especulación, reparto de tierras, soberanía alimentaria (ley de tierra productiva). 8.-Inclusión social, reforma del sistema penal, no al narcotráfico (seguridad ciudadana). 9.-Nuevo sistema de seguridad social con tres niveles (Soberanía nacional). 10.-Enseñanza gratuita, interculturalidad, igualdad (Educación y cultura).

      No es un programa de transición al socialismo, pero su carácter neoliberal obedece a la política de alianzas del bloque obrero y campesino indígena que sostiene el nuevo gobierno. Se acerca más al anti-imperialismo de Hugo Chavez que al posibilismo de Lula y Tabaré.

(79) Ver La izquierda en el umbral del siglo XXI. Haciendo posible lo imposiblemérica M. Harnecker. S. XXI.

(80) Ver Informe de la Comisión Sobre los Problemas Nacional y Colonial. Obras Completas. Ed. Progreso.

(81)(82)(83) Análisis elecciones en Bolivia (Profesor J.)  Ed. IMC Rebelión, págs. 14, 16 y 19.

(84) Ver El sueño era posible, los orígenes del PT de Brasil. Marta Harnecker. Ed. LOM. Santiago de Chile. 1.995.

(85) Egidio Brunetto, entrevista, Realitat nº 58, 1.999, pág. 7.

(86) Sobre algunos aspectos de la lucha contra el revisionismo. Ludo Martens 1.995.

(87) “Marx pensaba que la revolución no se hace con la garganta, sino con el celebro, no se hace por una vana agitación física, sino por la disciplina de la clase obrera que aporta en la construcción de la sociedad comunista las mismas calidades de trabajo metódico y organizado que ha aprendido en la gran producción industrial… Lo que hace falta para la revolución son hombres de espíritu sobrio, hombres que no hagan faltar el pan en las panaderías, que hacen rodar los trenes, que proporcionan materias primas a las fábricas y saben cambiar en productos industriales los productos agrícolas, que aseguran la integridad y libertad de las personas contra las agresiones de los malhechores, que hacen funcionar el complejo de los servicios sociales y no reducen el pueblo a la desesperación y a una horrible carnicería” (A. Gramsci, citado por Máximo L. Salvadori en Revolución y Democracia en Gramsci, pág. 148).

(88) “La supresión del Estado proletario, es decir, la supresión de todo Estado, sólo es posible por medio de un proceso de extinción” (Lenin, El Estado y la revolución, Ed. Progreso, pág. 21).

(89) El genocidio Indio. El libro negro del capitalismo. Editores Independientes 1.998. Robert Pac. Ed. www.leninismo.org.

(90) Economía servil y capitalismo un balance cuantificable. Philippe Paraire. El libro negro del capitalismo. Editores Independientes 1.998.  http://www.leninismo.org.

(91) Ver K. Marx en El Capital. Ed. S.XXI.Vol. 3°. Tomo I°, pág. 939.

(92) Ver K. Marx en El Capital. Ed. S.XXI Vol. 3°. Tomo I°, pág. 901.

(93) Ver K. Marx en El Capital. Ed. S.XXI Vol. 3°. Tomo I°, pág. 910

(94) Así relata Marx: “De esta suerte, la población rural, expropiada por la violencia, expulsada de sus tierras y reducida al vagabundaje, fue obligada a someterse, mediante una legislación terrorista y grotesca y a fuerza de latigazos, hierros candentes y tormentos, a la disciplina que requería el trabajo asalariado” (El Capital. Ed. S.XXI Vol. 3°. Tomo I°, pág. 922).

(95) Ver K. Marx en El Capital. Ed. S.XXI Vol. 3°. Tomo I°, pág. 928.

(96) El genocidio no ha sido exclusivo de los nazis como verdugos ni de los judios como víctimas, incluso en la IIª G. Mundial los campos de concentración albergaron por razones de ideología a comunistas, sindicalistas, socialdemócratas, etc, así como de otras poblaciones (eslavos, gitanos…). Por ello y al margen de que exista un tratamiento desproporcionado del holocausto judío sobre otras víctimas del imperialismo durante el siglo XX, es justo no olvidar los otros holocaustos que la violencia del modo de producción capitalista ha engendrado por medio de los imperialismos yanqui, japonés, francés, israelí, etc., porque también han existido creando sus propios exterminios masivos y sistemáticos contra la población civil en China, Corea, Congo, Vietnam, Camboya, Indonesia, Latinoamérica, Palestina, Líbano, Irak…con un numero de víctimas que sobrepasa a los de la IIª Guerra Mundial.

(97) Un análisis marxista de la situación actual, Henri Houben, 2-3 abril 2006, coloquio de Sanghai: La mundialización y la economía marxista moderna.

(98) El Acuerdo para las multinacionales es indeseable. Thomas Gounet. Noviembre-diciembre 1998.

(99) Michel Collon. Las contradicciones del capitalismo en el umbral del siglo XX. 1999. Seminario comunista internacional de Bruselas.

(100) Signos de los tiempos: capitalismo, competitividad y el nuevo rostro del imperio en América latina. El imperio recargado, Cammack Paul. CLACSO, Buenos Aires, 2005.

(101).S. Amin. Capitalismo, Imperialismo, mundialización, pág. 4.

(102) Ver S. Amin. Capitalismo, imperialismo, mundialización, pág. 11.

(103) VerS. Amin. Capitalismo, Imperialismo, Mundialización, pág. 13.

(104) Apuntes críticos sobre el problema de la deuda externa de Gómez Gil. Pueblos n° 3. 2.000)

(105) Informe Propuestas en época de crisis. Necesidad de un plan especial de la administración tributaria. Organización Profesional Inspectores de Hacienda del Estado. Valladolid. Octubre 2009.

(106) Democracia, Política, Revolución 150 años después. J. Tafalla, Realitat n° 53-54 pág. 81.

(107) Ya el movimiento obrero europeo de la segunda mitad del S.XIX estos asuntos ya los abordaba con llamamientos de este tipo: “…cada vez que intentamos mejorar nuestra situación por medio de la reducción de la jornada de trabajo o el aumento de salarios, los capitalistas nos amenazan con contratar a obreros franceses, belgas o alemanes que realizarán nuestrao trabajo por un salario inferior…la falta no es de nuestros camaradas del continente, sino exclusivamente de la falta de unión regular entre los asalariados de los diferentes países. Sin embargo, es de esperar que finalice esta situación, pues nuestros esfuerzos para conseguir situar a los obreros mal pagados al mismo nivel de los que reciben sueldos más elevados pronto imperirán a los empresarios que se sirvan de una parte de nosotros contra otra parte con el fin de revajar nuestro nivel de ida conforme a su espíritu mercantil” (carta de los sindicalistas ingleses a los obreros franceses). En contestación los obreros franceses declararon: “…Obligados por la fuerza de las cosas y por las necesidades de este tiempo, los capitalistas han formado poderosas uniones financieras e industriales. Si no adoptamos medidas de defensa seremos aplastados despiadadamente. Nosotros, obreros de todos los países, debemos unirnos y oponer una barrera infranqueable al orden de cosas existente, que amenaza con dividir a la humanidad en una masa de hombres hambrientos y furiosos, por una parte, y, por la otra, en una oligarquía de reyes de las finanzas y magnates satisfechos. Ayudémonos los unos a los otros para lograr nuestro objetivo”. (8 de septiembre 1.864). (Textos citados en La Iª Internacional www.antorcha.org.).

(108) El nacionalismo y la Europa a dos velocidades. Miguel A. Montes. Ed. Avant.

(109) El imperialismo del S.XXI (Claudio Katz).

(110) Lenin y nuestro tiempo (R. Arismendy) pág. 287.

(111) señalado por Lenin en La IIIª Internacional y su lugar en la história. Ed. Progreso.

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