PARTE 1. DEBATE SOBRE LA ESTRATEGIA COMUNISTA. COMENTARIO

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Miguel A. Montes

15 Enero 2010

COMENTARIO

En mayo de 2.002 terminé un trabajo con el titulo “Del determinismo utópico a la praxis revolucionaria”, publicado rebelión.org. A continuación y después de varias reuniones que tuve con J.M. Céspedes, tras escuchar sus opiniones que fueron de gran ayuda, decidí actualizar y rectificar dicho trabajo, con el objetivo de ofrecer una visión más amplia, completa y actualizada sobre los puntos fundamentales del debate marxista-leninista de nuestra época: la transición al comunismo, la revolución, el Estado, la dictadura del proletariado, el partido, la lucha de clases y la filosofía.

El libro definitivo que se presenta es muy diferente. En primer lugar, en el apartado sobre la transición al comunismo, trato de recuperar el mensaje central de los análisis contenidos en varios trabajos de Marx, Engels y Lenin, que han pivotado teóricamente el problema de la transición al comunismo (La ideología alemana, Grundisse, Prólogo 1.859 a la Contribución de la Crítica a la Economía Política, Crítica del Programa de Gotha, Anti-Duhring, El Estado y la revolución, etc.), partiendo de la base de que el motor de la historia son la lucha de clases y las fuerzas productivas, las cuales se relacionan en unidad dialéctica y no por separado.

He incorporado actualizaciones de la situación política, que durante los últimos 7 años se han ido desarrollando (Francia, Venezuela, latinoamérica, guerra de Irak, crecimiento de los comunistas en el este de Europa, etc.), y datos mundiales que expresan la agudización de las contradicciones y limitaciones del capitalismo para el progreso social y humano, computando las posibilidades y consecuencias positivas que se derivarían por la implantación de las relaciones de producción socialistas.

He intentado analizar sobre la estrategia y la táctica de los comunistas para el período actual, las alianzas, las propuestas programáticas, las formas y medios de lucha, etc.

En el apartado sobre la lucha de clases, he profundizado en la problemática del joven Marx, y sobre el contenido dialéctico del materialismo histórico. He sintetizado los análisis de Marx en la fundamentación del capitalismo, y he ampliado el contenido del fetichismo no reduciéndolo sólo a la mercancía y al salario, incorporando la inflación y la ganancia. He abierto un punto nuevo en torno a los análisis de la sociología estratificadora sobre las clases sociales, muy en boga en la actualidad, para colocar por delante el carácter científico del método marxista en el estudio de las clases y su conflicto. He desarrollado el concepto de proletariado desde el planteamiento de Marx en El Capital, trasladándolo a su diversidad actual, confrontándolo con análisis que diluyen al proletariado en otros conceptos (nueva clase obrera, obrero industrial, trabajo asalariado, precariado…), analizando además la cuestión de género y los objetivos de clase. También he aportado más en el tema del toyotismo, reforzando el análisis.

En el apartado sobre el Estado en torno a la Globalización he rescatado algunas referencias de Marx y Engels acerca de la Globalización capitalista como tendencia histórica. He buscado fuentes más actualizadas (Eric Toussaint, Michell Collon, Samir Amin, James Petras…), para incorporar al análisis los aspectos novedosos en la etapa del capitalismo en su fase imperialista del S.XXI, entendiendo a la Globalización más como una tendencia dialéctica, y no como un mito positivista, que desgraciadamente parte de la izquierda ha asimilado ante el nuevo paradigma, situándose a la defensiva en los análisis y en el posibilismo o apoliticismo en la acción política. Por ello he profundizado en el tratamiento de los temas que acompañan a la etapa imperialista en su época actual (dependencia, división internacional del trabajo, neoliberalismo, el ALCA, militarismo, el papel de clase del ejército, la UE, etc) y las alternativas.

En el apartado sobre la dictadura del proletariado, añado puntualizaciones sobre la posición de Gramsci sobre los consejos. Sobre el tema de la violencia (revolucionaria o contrarrevolucionaria) rescato los planteamientos teóricos de Marx, Engels y Lenin, y profundizo sobre las experiencias revolucionarias en el hemisferio occidental desde la perspectiva dialéctica revolución/contrarrevolución y a nivel mundial (capitalismo/socialismo).

También he abierto un punto bastante amplio acerca de la experiencia soviética sobre la regulación económica al calor del proceso revolucionario de febrero a octubre de 1.917, la cuestión sindical bajo el poder soviético, la NEP, la colectivización e industrialización socialista en el marco de los primeros planes quinquenales, la lucha de clases en la URSS, y la planificación estatal posterior, no sin pegar un repaso a los debates que hubieron, realizando una lectura crítica, partiendo del fundamento teórico y concreto de la superioridad de la planificación socialista sobre la economía de mercado, analizando teóricamente desde nuestra trinchera de clase las contradicciones que se dieron en la construcción del socialismo, apoyándome en fuentes diversas con puntos de vista divergentes (Manual de economía política del socialismo de autores soviéticos, Tratado de economía marxista de Mandel, Las luchas de clases en la URSS y La transición a la economía socialista de Bettelheim, Problemas económicos del socialismo en la URSS de Stalin, El socialismo y el hombre nuevo en Cuba del Che, La contrarrevolución de terciopelo de Ludo Martens, entre otros).

Sobre el “innombrable” Stalin, he procurado mantener una distancia, para realizar un análisis objetivo tanto de sus posiciones teóricas y políticas en los momentos en los que le tocó defenderlas como máximo responsable del partido bolchevique (socialismo en un solo país, colectivización, industrialización socialista, liquidación de los kulaks como clase, etc.) para destacar sus aciertos tanto como plantear sus carencias y errores, que ninguno de sus oponentes pudieron o supieron ver en parte porque las compartían (teoría del valor en el socialismo, productivismo, etc.). En este aspecto era inevitable sacar a la luz aquellas posiciones de Trotski y Bujarin que tanto en la práctica política como en la teoría fueron contrarias a los diferentes escenarios de la lucha de clases en la URSS desde la NEP en adelante. Para ello he dispuesto de diferentes fuentes y opiniones (Otra visión de Stalin de Ludo Martens, Stalin de Isaac Deustcher, Historia del PC bolchevique de la URSS, entre otros, y los propios escritos de Lenin).

Sobre la burocratización del Estado y el partido, la experiencia del poder soviético y la mediación política del proletariado, he intentado sacar a luz las deformaciones de carácter ideológico y los errores sobre los planteamientos teóricos, recurriendo en todo momento a lo que Marx, Engels y Lenin entendían por socialismo, Estado proletario, división del trabajo y su tendencia hacia la extinción.

Y por último, sitúo y destaco desde una perspectiva de clase la condición contrarrevolucionaria de los procesos habidos en la Europa del este, de restauración de lo viejo: el capitalismo, y liquidación del socialismo y de toda esperanza de mejora desde dentro del sistema socialista entonces existente, poniendo en entredicho aquellos análisis y teorizaciones que desde la neoizquierda hasta la izquierda más radical, incluyendo las diferentes corrientes trotskistas llegaban de la forma más ridícula y aberrante a confundirse de trinchera de clase, pasándose en más de una ocasión al bando del capitalismo.

En tal sentido también coloco en su justo lugar el gran debate habido durante la década de los 30 en torno a la lucha antifascista, donde la IIIª Internacional Comunista, las resoluciones de su VIIº Congreso, la política exterior soviética hacia los pueblos agredidos por el imperialismo (China, Checoslovaquia, Abisinia…) y en especial su apoyo incondicional a la causa republicana antifascista en España y la ayuda internacionalista de brigadistas de todo el mundo que dieron su vida por la causa en Guadalajara, Madrid, el Ebro…, y que no pueden ser borrados de nuestra memoria así como así, por mucho que la burguesía, y algunas corrientes ideológicas trotskistas, anarquistas y socialdemócratas lo pretendan. Aquellos debates, y posiciones que las diferentes opciones políticas tomaban en la lucha de clases y contra el fascismo, son tratados aquí teniendo en cuenta las propias fuentes originales y el contexto histórico en el que se plantearon por quienes sólo vieron en la lucha antifascista una turbia maniobra de Stalin (artículos y opiniones de Trotski, la Fundación Andreu Nin, Orwell…), desvelando la naturaleza del exacerbado sectarismo de quienes boicoteaban la unidad en la lucha contra el fascismo internacional, trabajando quizás en valde (¿) para el enemigo de clase.

En el apartado sobre la Revolución introduzco un breve repaso histórico a través de las formaciones sociales y modos de producción. También he desarrollado más el resto de apartados: sobre la revolución burguesa y anticolonial, sobre la crisis del capitalismo y sus versiones teóricas, sobre Gramsci y los debates en la IIIª Internacional para combatir al fascismo, sobre la situación revolucionaria en la España finales de los 70, etc.

He corregido mi falta de concreción en el apartado de El Partido, sobre el dilema en el ámbito de la organización política. Ya que en el anterior escrito confrontaba de forma generalizada el partido de cuadros con el partido de masas, dando pie a la ambigüedad. No creo que el centro del debate sea elegir entre partido de cuadros o partido de masas. El debate es más bien sobre el cómo se estructura y vincula la organización política de los cuadros con las masas, si el trabajo político se realiza desde el aislamiento de las masas o entre las masas desde la organización y dirección de los cuadros y militantes para la defensa de la línea revolucionaria frente a las tendencias reformistas. Masas que no están en el aire, sino que existen en los sindicatos, movimientos vecinales, estudiantiles, pacifistas, en una huelga, etc, lo cual quiere decir que tampoco existen como una multitud cualquiera ajena a los contenidos clasistas. Es en esos lugares adonde se reúnen las masas es donde debe de intervenir el partido y arrancarlas del sentido común. Para llevar a cabo esta tarea es imprescindible un partido político de cuadros cuya actividad parta de la planificación de la dirección política del trabajo del partido entre las masas.

Partiendo de tal planteamiento, me puse a corregir y centrar mejor el debate, señalando lo que no sirve:

  • el partido elitista-grupuscular aislado de las masas en la actividad política donde por fuerza de hábito se profundiza en la división social de las tareas (cuadros-militantes) vagando hacia objetivos reformistas o ultraizquierdistas y formas de lucha fijas;

y lo que necesitamos para la línea revolucionaria de masa:

  • el partido de masas como portador e instrumento de la conciencia revolucionaria organizado entre las masas, con una división técnica de las tareas entre los cuadros y la militancia en formación permanente, bajo objetivos revolucionarios y formas de lucha sujetas a cada situación concreta.

En el punto sobre la aplicación metafísica de los conceptos de La ideología alemana de Marx, he reforzado los argumentos de defensa de la dialéctica frente al positivismo determinista. También, he sustituido la denominación babeuvista-jacobina por la de blanquista, pues creo que es muy injusto y doctrinario por mi parte, ensañarse y ensalzar los errores de quienes en una etapa histórica no disponían de los conocimientos profundos en la época sobre la ciencia política revolucionaria, algo de lo que desde los contemporáneos de Marx hasta la fecha, otros si podemos disponer, legado del que nunca debiéramos adoptar una actitud presuntuosa. Babeuf y los jacobinos, que se movían en un movimiento de masas de base artesanal y semiproletaria, partían de la acción política revolucionaria como medio necesario para cambiar las circunstancias que condicionaban la opresión y la desigualdad social de las masas trabajadoras, y lo hacían desde objetivos comunistas-utópicos, siendo como más tarde señalara Marx la primera vez que el comunismo aparecía en la lucha de clases como un partido en acción, aún sin poder reconocer todavía al proletariado como el sujeto revolucionario del modo de producción capitalista, ni vislumbrar la necesidad de la organización política de las masas. Por eso, no se les puede culpar de las insuficiencias históricas del momento, sino que por el contrario, creo y rectifico que debiéramos tener claro que sobrepasaron extraordinariamente las posibilidades de su época, lo cual como revolucionarios les honra.

En el punto sobre la Experiencia acumulada teórico-práctica del partido revolucionario de la clase obrera, contemplando la sugerencia que J.M. Céspedes me hizo, lo estructuré de diferente manera, abriendo un apartado nuevo para Marx y Engels donde doy un repaso más detenido de sus posiciones teóricas, políticas y sus debates en torno sus propias contribuciones en defensa de la organización del partido político de la clase obrera en confrontación con otras posiciones en el movimiento obrero (anarquismo, blanquismo, lasalleanismo, revisionismo y reformismo socialdemócratas). Continuo con otro punto: “Lenin y el partido como vanguardia del proletariado”,donde desarrollo más en profundidad la idea de Lenin sobre el partido y su posición política en las diferentes luchas, desarrollando un apartado específico que explica el papel del partido en el proceso revolucionario de febrero a octubre de 1.917, para terminar haciendo hincapié en la igualdad de principios que Lenin mantuvo con Marx y Engels en torno al papel del partido. Sobre Rosa Luxemburgo, que mantuvo una posición distinta a Lenin en torno al papel del partido, he introducido el aspecto más relevante en la acción política de una de las revolucionarias más importantes de nuestra época: su lucha contra el revisionismo y reformismo, la defensa de la revolución política y la organización del proletariado sobre bases revolucionarias. Aspectos en los que coincidía al 100% con Lenin, como por ejemplo la consigna de convertir la Iª guerra imperialista en una guerra revolucionaria del proletariado contra las burguesías nacional-imperialistas, y ello a pesar de su posición determinista sobre la crisis revolucionaria y su culto a la espontaneidad de las masas, su “misticismo histórico” como señalara Gramsci. También he incorporado un punto sobre la posición de Lenin acerca del carácter del movimiento sindical bajo el capitalismo, y el papel de los comunistas en el frente de masas sindical.

Sobre la filosofíame dispuse en un apartado exponer el desarrollo histórico de la lucha de clases en la teoría y la dialéctica materialista y un breve esbozo sobre el significado del materialismo histórico, y la dialéctica materialista aplicada la historia de la sociedad.

La conclusión da un repaso general de todos los apartados del libro (centralidad de la contradicción capital-proletariado; capitalismo e imperialismo; lucha de clases, partido y revolución; dictadura del proletariado y transición al comunismo; el sujeto revolucionario) empezando por la defensa del materialismo dialéctico e histórico, del enfoque marxista-leninista de la historia y de la filosofía.

Las notas, las he separado al final de cada punto, y he introducido varias notas nuevas en casi todos los apartados, ampliando el tratamiento y desarrollo de los temas que vienen en el libro con infinidad de fuentes consultadas.

Para dar un mejor enfoque al tratamiento del trabajo, el título del mismo lo he cambiado por el de “Debate de la estrategia comunista”, que creo que expresa correctamente tanto el objetivo como el tratamiento de los temas que se encadenan en el libro. Siete años después, el texto que se presenta es muy diferente, la suma de todas las modificaciones, me ha supuesto un trabajo enorme añadido concretándose en una exposición bastante amplia y actualizada de la teoría marxista-leninista.

El origen del trabajo presente.

Lo que en principio me empujó a realizar este trabajo fueron los artículos de J. Miras y J. Tafalla: “Dilemas del comunismo: al caballo entre dos épocas”, y el posterior de Miras “Una oportunidad para la refundación de la política. La constitución de la multitud en movimiento: la génesis de la democracia”, los cuales se encuadran perfectamente dentro de una abultada tradición de pensadores de origen marxista (Negri, Hart, Holloway…) que sin asumirlo de palabra, de hecho han renunciado al marxismo al utilizar conceptos y sujetos como multitud, pueblo, precariado, cambiando la narrativa marxista para evaporar la dialéctica de clases, renunciando a la organización política del proletariado como sujeto objetivamente revolucionario y a la conquista del poder político como herramienta imprescindible del cambio histórico, abrazando el culto a la espontaneidad, y desfigurando el enemigo de clase, que ya nadie sabe ni quién es, ni donde se mete (reemplazo del Imperialismo por el Imperio o Globalización).

En este marco de posiciones aparentemente diferenciadas entre diversos intelectuales post-marxistas, lo que les une con la fuerza de la unanimidad es su renuncia al partido comunista. El citado artículo de Miras y Tafalla, al cual le dediqué una respuesta (publicado en la web de rebelión el 20 de mayo de 2.003) toca aspectos de la realidad en que la izquierda política y las organizaciones de masas nos movemos, pero sus conclusiones alternativas son imposibles de compartir desde una posición marxista-leninista. Tampoco es posible compartir los análisis del problema, porque parten de posiciones que creo que son una mera reproducción del determinismo y la utopía en la que siempre se han debatido las posiciones tanto reformistas como ultra-revolucionarias, desde el surgimiento de la socialdemocracia y el anarquismo hasta nuestros días, frente a las cuales el marxismo ha debido de pugnar una y otra vez.

Es cierto que la praxis política de los partidos comunistas está cubierta de pragmatismo que se antepone a la estrategia, de personalismo que se antepone a la inteligencia del trabajo y análisis colectivo, de seudorevolucionarismo que estigmatiza y reniega el trabajo de masas, de tacticismo que desplaza a la táctica, etc., son vicios que a todos nos ha tocado vivir, padecer, e incluso no compartir combatiéndolos, son vicios que no son característica de la naturaleza teórica del partido político proletario, sino de la praxis en el marco de una sociedad capitalista que infecta los poros de todo lo que toca. Sin dejar de comprender esta amarga realidad, ello no debe dar pie a nadie desde el campo marxista para renunciar con una vuelta atrás en la tesis sobre la necesidad del partido político de la clase obrera, ni creo que las experiencias concretas por muy dolorosas que sean puedan escapar de la tendencia general del movimiento revolucionario, porque al final siempre existe una dirección política organizada a la cabeza de las cosas.

Al dogmático, al personalista, al pelota y al arribista, que los hay en todas partes, pues esos malditos poros por donde penetran son inevitables, no se les combate ni con la deserción política, ni con la renuncia teórica, aunque en la praxis coyuntural que nos toque vivir nos oprima donde mas nos duele: “¡Después de lo tanto que yo he luchado!”. Se les combate donde no pueden negar el debate, en el partido político de la clase obrera, a pesar de las zancadillas y las dificultades.

Aprender de Lenin en torno a esta cuestión es esclarecedor, tantas veces se quedó en minoría en el seno del partido bolchevique, y jamás renunció a defender su posición, jamás cambió de estrategia ni principios teóricos, ni jamás amenazó con irse del partido, pues no existía otro partido revolucionario en Rusia, ni jamás vejó en el terreno personal en plan “maruja” a quienes defendían otras posiciones, y sin embargo supo darle la vuelta a las situaciones alcanzando la mayoría. Estaba en minoría después de la revolución de febrero de 1.917 cuando se opuso a dar apoyo crítico al gobierno provisional, lanzando en las Tesis de Abril con la propuesta de todo el poder a los soviets, frente a la actitud prudente de la mayoría de la dirección bolchevique, siendo capaz a través del debate y desarrollo de la lucha de clases de convencer a la mayoría del partido que termina por aceptar la posición de Lenin. Tuvo que lanzar una campaña en septiembre dentro del partido para que se pusiera en práctica los acuerdos de la conferencia de julio sobre la conquista del poder en Petrogrado ante las posiciones contrarias de Kámenev y Zinóviev, y las vacilaciones de Trotski. Estaba en minoría su posición favorable a firmar la paz con Alemania hasta que convence después de ¡¡¡tres votaciones diferentes!!! a la dirección bolchevique, muy a pesar de Trotski y la oposición de izquierda encabezada por Bujarin. No declinó su estilo a las puertas de la muerte cuando se opuso a la abolición del monopolio del comercio exterior frente a la mayoría bolchevique que terminó por asumir su propuesta. Lenin demostró que ir a contracorriente en política, significa saber estar en minoría lo mismo que en mayoría sin la renuncia a las posiciones políticas, sin la renuncia al partido político que la clase obrera necesita. En ello Lenin fue sin duda un ejemplo a seguir.

Haciendo un balance histórico de nuestra actividad política vemos que nuestro movimiento revolucionario de hoy es como un ser humano que ha nacido, en 1.848, que ha aprendido de 1.871, que ha madurado desde 1.917, y que como toda juventud ávida de sabiduría, conocimientos y acción, ha errado en el burocratismo de los partidos y Estados proletarios, y se ha aburguesado frente a los Estados capitalistas, pero que a su vez ha acertado en las luchas revolucionarias contra el fascismo y el imperialismo, ha aportado una estrategia de sociedad superadora de la explotación clasista, y hoy a la altura del S. XXI se vuelve a reconsiderar la estrategia en la realidad presente, una estrategia que partiendo de la situación de madurez no puede caminar sobre la omisión de la base teórica y la experiencia adquirida en la etapa precedente.

Las luchas actuales de los Estados-nación contra el imperialismo, del movimiento pacifista contra las guerras imperialistas, del movimiento de resistencia a la Globalización neoliberal con alternativas de superación del capitalismo, la nostalgia del socialismo conocido, la recuperación de los comunistas en el este de Europa y el resurgir de los movimientos obrero en Occidente y campesino en Latinoamérica, no son meras maniobras del flujo presente desconectadas de toda nuestra historia, sino la continuidad del presente de lucha que no renuncia de lo válido de las experiencias y las tradiciones revolucionarias para un futuro comunista. Porque el capitalismo, no ha dejado de ser un sistema caduco, sino que hoy es cada vez más patente y menos oculto. Su incompatibilidad con el desarrollo del género humano, la inevitabilidad de su lógica destructiva y militarista, y la imposibilidad de su existencia y desarrollo sin la explotación creciente de su contrario, el proletariado. Clase que como anunciara Marx liberándose ella misma libera a la humanidad entera, pues al superar su condición de masa explotada, suprimiendo la propiedad capitalista y la extorsión de plusvalía, acaba con toda explotación humana históricamente conocida.

Bajo estos parámetros me he movido, pues consideraba necesario una re-lectura y estudio de la teoría y práctica revolucionaria, volviendo a repasar a Marx, Engels, Lenin, Gramsci, Rosa Luxemburgo, Dimitrov, etc, para tocar todos los aspectos teóricos y prácticos que siempre han sido un debate en el terreno de la teoría, lo que sigue siendo después de más de 150 años los verdaderos y auténticos dilemas: revolución o reforma, dictadura del proletariado o dictadura burguesa, violencia revolucionaria o tránsito “pacifista y consentido” por la clase explotadora al socialismo o incluso participando en él (compromiso histórico, bujarinismo), partido de masas o movimiento espontáneo, lucha de clases o clases sin lucha, etc. Estos han sido mis presupuestos del presente trabajo que toca casi todos los temas del difuso y segmentado debate actual, que he realizado sin renunciar al pasado revolucionario como vitamina necesaria para el presente de lucha, como instrumento para la formación y la actividad revolucionaria teórica y práctica.

Agradezco la ayuda y colaboración de J.M. Céspedes, quien antes de dejar este mundo, con desinterés leyó y me expresó sus comentarios y críticas cuando comenzaba a preparar este libro.

Pero por último, quiero también dedicar este trabajo a quienes durante la década de los 80 en el umbral de una nueva época de la lucha de clases participamos y contribuimos por la organización de una vanguardia política de comunistas en Catalunya, en defensa del marxismo-leninismo, laborando activamente en los frentes de masas. A todos aquellos camaradas, que no hemos renunciado, militen hoy o no y que venimos formando parte como comunistas por la recuperación de la estrategia revolucionaria de Marx y de Lenin en el movimiento obrero.

Y en especial al camarada J.M. Céspedes quien a pesar de las adversidades, nunca dejó de derrochar esfuerzos. Su trayectoria esclarece que sin el esfuerzo, la dedicación y el sacrificio revolucionario de muchos, la palabra y los textos teóricos no llegaría ni hubieran llegado a disponer de la validez objetiva ni en las ideas ni en las luchas. Bretch decía algo así cuando apuntillaba que los verdaderos revolucionarios, los verdaderamente imprescindibles son aquellos que luchan toda una vida sin la renuncia a ese futuro comunista. Céspedes fue uno de esos camaradas imprescindibles de virtud: sembrar organización e ideas revolucionarias, y lo que es peor para este sistema caduco, esas ideas y organizaciones sembradas son contagiosas, se reproducen y crecen.

Mis más sinceros saludos comunistas.

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