CONTRA LA EXPLOTACIÓN REPRODUCTIVA DE LAS MUJERES, POSICION DE CLASE

NOTA DE LA RED

Presentamos los siguientes 14 artículos que se posicionan en contra de la explotación reproductiva, ante la presente ofensiva neoliberal que pretende a través de un neolenguaje eufemístico, laminar derechos de la mujer y la infancia, legitimando la conversión de los cuerpos de las mujeres pobres de países subdesarrollados en fábricas de para la satisfacción de los deseos de burgueses y pequeño burgueses de países ricos y el enriquecimiento de las empresas intermediarias (agencias, clínicas, aseguradoras…), lo que lo convierte en una práctica abiertamente clasista, sexista e imperialista.

Por desgracia, la explotación reproductiva que se vende como un “derecho” que no es tal, está siendo defendida no sólo por la derecha (Cs), sino también por sectores de la izquierda parlamentaria (Compromis, CUP, ERC, Podemos, PSOE, Bildu) que muestran su apoyo o su equidistancia, pero no se posicionan abiertamente en contra, y en algunos casos lo hacen a favor. Por ejemplo, en el 2010 bajo el gobierno de Zapatero se fijó una instrucción en la dirección general de registros que facilita la filiación de bebés nacidos mediante la explotación reproductiva en el extranjero, instrucción que no ha sido derogada por el actual gobierno de coalición aún teniendo mayoría suficiente para hacerlo, y aún siendo ilegal en nuestro país la explotación reproductiva. Se ve que para este gobierno, la lucha contra la explotación reproductiva de las mujeres pobres no es una prioridad, pero satisfacer los deseos misóginos de la burguesía sí.

Artículos:

  1. LOS VIENTRES DE ALQUILER: UNA CUESTIÓN DE CLASE. Marina Quintillán
  2. “GESTACIÓN SUBROGADA”: UNA CUESTIÓN DE CLASE. Nandu de Diego
  3. APUNTES SOBRE LOS VIENTRES DE ALQUILER (extractos) Fran Pérez Fernández
  4. «LA EXPLOTACIÓN REPRODUCTIVA ES VIOLENCIA Y DEBE SER COMBATIDA COMO TAL». Mertxe Arratibel
  5. MATERNIDAD SUBROGADA, O CÓMO ROMANTIZAR A LA VULNERACIÓN DE DERECHOS Pilar Martínez y María Florencia Valletta
  6. EXPLOTACIÓN REPRODUCTIVA Y MINISTERIO DE IGUAL-DÁ. Gemma Bravo
  7. CASTING DE EXCLAVAS Berta O. García
  8. “LA MATERNIDAD SUBROGADA ES UN EUFEMISMO, OCULTA EL CONTRATO DE COMPRAVENTA DE UN SER HUMANO” Gloria Solé Romeo
  9. VIENTRES DE ALQUILER, LA NUEVA EXCLAVITUD DE LA MUJER. Elisa Blázquez Zarcero
  10. EL CAMELO DE LA MATERNIDAD SUBROGADA. Zuriñe
  11. LAS TRABAJADORAS POBRES: DE NODRIZAS A VIENTRES DE ALQUILER (VÍDEO) Tita Barahona
  12. ANA TREJO PULIDO: “LAS MUJERES NO SOMOS UNA FÁBRICA DE REPUESTOS, ¡BASTA YA!” Nuria Coronado Sopeña
  13. MANIFIESTO LATINOAMERICANO CONTRA LA EXPLOTACIÓN REPRODUCTIVA
  14. LAS 25 RAZONES DE LAS FEMINISTAS MEXICANAS CONTRA EL ALQUILER DE VIENTRES

Los vientres de alquiler: una cuestión de clase

26 febrero, 2020 Marina Quintillán

publicado en Nuevo Rumbo

La reciente expulsión del Partido Feminista por Izquierda Unida expresa cómo las organizaciones a la izquierda del sistema han pasado a ocupar el papel de organizaciones de la izquierda del sistema. Falsos debates y dilemas (¿feminismo clásico o teoría queer? ¿sexo o género como sujeto central o único del movimiento feminista?) que ayudan eficazmente al sistema de dominación capitalista atomizando el movimiento popular, atravesándolo de falsas contradicciones y haciendo asimilables sus añicos, sus argumentarios y tablas reivindicativas para perpetuar el poder de la clase explotadora.

La actual contienda en la que parecen querer implicarnos a todos y todas parece ir de mujeres contra gays o feministas clásicas contra transexuales, y no es otra cosa que la heredera contemporánea de la clásica falsa batalla de mujeres contra hombres, con la que quisieron y consiguieron dividirnos y debilitarnos usando para ello el feminismo burgués y pequeñoburgués. Estos lodos vienen de los polvos del abandono de la lucha de clases y de la negación del único sujeto social realmente capaz de superar todas las formas de la opresión y la explotación: la clase obrera.

Por eso los y las comunistas no vamos a alinearnos detrás de ninguna de las posiciones en conflicto, sino a afirmar una vez más que el dilema es otro y que hay una tercera perspectiva: la perspectiva de clase.

Vamos a referirnos a algunos aspectos concretos en los que este debate se ha venido materializando. En ausencia de un fuerte movimiento obrero organizado bajo su programa independiente de clase, el capitalismo ha hecho suyas algunas de nuestras reivindicaciones históricas y ha sacado de ellas buen partido. Sobre todo, ha sacado buen partido de las teorías postmodernas que suplantaron la contradicción principal por innumerables contradicciones secundarias y supieron sacar provecho de la debilidad y división del movimiento obrero organizado y la traición de buena parte de sus dirigentes.

En esa línea, son muchas las cuestiones en las que nos están dando gato por liebre. Apaciguan nuestra sensibilidad ecologista alimentando y cebando al lobby “verde” y convenciéndonos, con el Fondo Monetario Internacional, de que los principales enemigos del medio ambiente somos la clase obrera por pagar demasiado barata la factura de la luz.

En nombre de la “igualdad de género”, en la UE las mujeres hemos retrocedido en materia de edad jubilatoria y normativa sobre trabajo nocturno como acertadamente señaló recientemente durante una conferencia en la Universidad la comunista griega Elenin Bellou.

En nombre del “derecho a decidir” y la “libertad de elegir”, secciones enteras de la izquierda capitalista defienden la prostitución como si realmente fuese una elección libre, y la “gestación subrogada” que no es otra cosa que el alquiler de vientres de mujeres pobres, mujeres de la clase obrera, mujeres de la periferia del podrido mundo capitalista e imperialista, para su uso reproductivo por los ricos (hombres y mujeres, casadas y solteros, homosexuales y heterosexuales, cisgénero y transgénero, señoritos y señoritas ricos y pijos/as de todos los sexos, géneros e identidades) y nuevo nicho de enriquecimiento y acumulación de capital para empresas y agencias legales y clandestinas.

El programa del gobierno de coalición socialdemócrata habla de eliminar esta práctica. Pero en España el artículo 10 de la Ley 4/2006 de Reproducción Asistida venía “previniendo” ya contra la “gestación por sustitución”, lo cual no ha impedido los entre 800 y 1000 contratos al año por españoles y españolas de úteros alquilados en otros países, negocio redondo para grandes empresas que operan en España y en otros países a la luz del día para captar clientes y clientas. Cualquier ciudadano o matrimonio español puede viajar legalmente al extranjero y tener un hijo a través de este procedimiento. California y otros estados facilitan además los trámites legales, ofreciendo un reconocimiento oficial de la filiación que luego se presenta ante las autoridades españolas. Antiguamente las hijas de los ricos iban a abortar a Londres, hoy van a hacerse gestar sus hijos de diseño en los vientres de millones de mujeres empobrecidas de la clase trabajadora.

En el mundo capitalista, la libertad de elegir es la libertad de explotar a la inmensa mayoría que no puede elegir.

“Gestación subrogada”: una cuestión de clase.

Nandu de Diego.Publicado por Revista La Comuna | 14 Oct, 2018

Me he dado cuenta que hay ciertos temas que pese a su aparente banalidad inicial, adquieren un auge relevante y se instalan en la cotidianidad para acompañar nuestras tertulias durante largo tiempo, tanto como interese a los medios de comunicación prolongar el debate al respecto en su agenda y a la bancada política mantenerlo vivo en su continua búsqueda del rédito parlamentario.

Tal es el caso del asunto de los vientres de alquiler o “gestación subrogada”, como nos incitan a denominar esta práctica para, eufemismos mediante (ya nos advertía Marat en su blog sobre el uso de la neolengua para debilitar el pensamiento e imponer un totalitarismo elitista), disimular su naturaleza violenta, la de una actividad comercial con carácter lucrativo cuya agresiva fórmula se extiende ya por diferentes países como Ucrania, México, India o Tailandia, (en base a una política de marcado acento colonial, se pretende expandir el mercado en aquellos países sometidos por las políticas economicistas de Occidente donde resulte mas fácil encontrar mano de obra gestante a bajo costo) desde mucho antes de que la biotecnología nos permitiese acceder a un mercado de niños a la carta para regocijo de clínicas y agencias que los ofertan en “packs” de diferentes características, en función del poder adquisitivo del demandante (comprador).

Uno u otro término, hacen alusión en resumen a la implantación de un embrión en una madre gestante, que previamente y bajo contrato, renuncia a su hijo venidero en favor de los padres de intención. En caso de que el “pedido” no sea del agrado de estos, existe un alto grado de posibilidades de que termine en un orfanato.

Aceptar la “gestación subrogada” es aceptar por tanto la disociación de los conceptos maternidad y gestación, con todo lo que ello implica.

Bajo el precepto simplista del derecho a la maternidad, el capital apuntala su estrategia de dominación para robar la fuerza de trabajo reproductiva a la clase obrera, relegando por consiguiente el futuro bebe, el cuerpo de la mujer y especialmente su útero al status de mercancía, síntoma de la descomposición de un sistema que se alimenta de la explotación humana hasta un punto que sobrepasa ya hace tiempo todos los límites imaginables.

Cuando nos hablan del derecho a la maternidad, se olvidan de mencionar que ese derecho solo corresponde a un sector privilegiado, pues en ningún caso imagino (aún a riesgo que resulte tópico) a una “empoderada” mujer de posición acomodada pasando un calvario enorme durante nueve meses y durante el parto, para posteriormente vender a precio de saldo a su primogénito a una humilde familia con idénticos problemas para engendrar que para llegar a fin de mes con cierta solvencia.
Lo que si responde a hechos objetivos, es que las mujeres pobres se alquilan para familias adineradas en beneficio de las empresas intermediarias, podemos afirmar por tanto, que tras la problemática inherente a la “gestación subrogada” también  subyace una cuestión de clase.

Hablar de derecho a la maternidad en una sociedad en la que millones de mujeres se ven obligadas a renunciar a ella azotadas por una situación de enorme precariedad, me parece un tanto frívolo, cuanto menos.

La aceptación de estas contradicciones y la normalización de este espurio negocio en alza (como demuestra la proliferación de empresas en el sector) caminan de la mano con una fuerte planificación comercial, en la que la figura de diferentes personajes públicos pertenecientes a ámbitos tan dispares como la aristocracia, el deporte o la televisión, se antoja fundamental para dotarlo de un cierto aire de modernidad que favorezca la instauración de esta tendencia como cualquier otra moda.

Que famosetes de medio pelo abanderados del consumismo neoliberal recurran a estas prácticas y publiciten sus bondades, da cuenta de lo que escribo en el último párrafo. Que algunos de los que se lo han planteado además, hicieran campaña contra el comercio de animales en favor de la adopción resulta histriónico a estas alturas.

¿Qué sociedad es esta en la que un ser humano se convierte en objeto de explotación para satisfacer los caprichos hedonistas de otro mientras todos aplauden?

Según establece la legislación española vigente, estas actividades son nulas de pleno derecho y están tipificadas en el Código Penal como conducta criminal, pero de eso poco o nada interesa hablar, toda vez hecha la trampa que permite llevar a cabo el proceso de alquiler de vientres en otros lugares enmarcados dentro del mapa del “turismo reproductivo”, y registrarlos aprovechando el limbo legal creado de facto por una instrucción de la Dirección General de Registros y del Notariado del 5 de octubre de 2010.

No nos engañemos. Regular el comercio de recién nacidos no es un planteamiento emanado de la demanda de una amplia mayoría de la sociedad civil, sino del debate estéril y elitista de un sector poblacional minoritario, que empresarios de dudosa reputación ponen encima de la mesa respaldados por movimientos liberales y partidos que como Ciudadanos, ven en ello un filón económico.

La mercantilización dentro del sistema capitalista se da en un contexto de presunción de la existencia de derechos de propiedad sobre todos los procesos, poniéndolos precio y convirtiéndolos en objeto de comercio sujetos a la ley, como ya explicaba en artículos anteriores.

La vinculación mercantil adscrita al proceso reproductivo, entra dentro de la lógica capitalista para reinventarse y acceder a nuevas formas de acumulación de capital. Obviar esto es ignorar la clave de la cuestión.

Apuntes sobres los vientres de alquiler (extractos)


Por Fran Pérez Fernández Publicado el 7 May, 2017
https://kaosenlared.net/apuntes-sobres-los-vientres-de-alquiler/

· La gestación subrogada no es una decisión individual: lo que está en juego es la concepción ontológica de la mujer como categoría social y sujeto político, por lo que debe estar sometida a un análisis desde una perspectiva estructural. Dicho con otras palabras: si se legaliza una agresión a una mujer a cambio de dinero por el hecho de serlo, lo que está en juego no es la relación entre dos individuos, sino todo lo que puede llegar a hacérsele a las mujeres, como colectivo, reafirmando así la dominación masculina.

· El pago por la gestación le otorga a la misma la categoría de trabajo, y por tanto concibe la gestación como una tarea de la mujer, que no gesta para sí misma, sino como un servicio a la sociedad: mercantiliza el embarazo. «De profesión, preñada». Esto objetiviza a la mujer y reafirma la dominación de clase en tanto que establece una nítida división sexual del trabajo: la mujer proletaria como gestadora.

· Al adquirir la gestación la categoría de trabajo, la mujer aparece, en unas relaciones de producción marcadamente capitalistas en las que se mercantiliza la gestación, desposeída (alienada) de su propio trabajo (sometida al que le paga el sueldo y, ojo, se trata de un sometimiento al capital), automatizando el proceso, es decir, desprovee a la mujer de lazos afectivos y emocionales con sus hijos (se hace exclusivamente por dinero).


· Los estereotipos prescriptivos del género (roles) asignan al hombre el ámbito de la esfera pública (trabajo productivo) y a la mujer el ámbito de la esfera privada (trabajo doméstico). El feminismo siempre ha luchado por la conquista de la esfera pública por parte de las mujeres: la incorporación al trabajo. La subrogación supone un paso atrás en este proceso, ya que se hace de la esfera privada un trabajo productivo. La conquista de la esfera pública por parte de las mujeres implica la transformación del imaginario de mujer, de sus funciones para con la sociedad y de su estima o autovalor: conceptos como la asociación de la inteligencia y diversas capacidades a la figura masculina se diluyen gracias a esta incorporación.

· El alquiler del vientre en tanto que se le otorga la categoría de trabajo, afecta a la clase trabajadora (y la beneficiaria es la burguesa o bien la trabajadora que goza de buenas condiciones económicas, nunca la más afectada por el capitalismo). Una mujer burguesa obtiene el sueldo a partir de la posesión de medios de producción: nunca se verá en la necesidad de alquilar su útero, ni se darán las condiciones para que lo haga. Afecta especialmente a las mujeres de clase social más baja, a aquellas que forman parte del «proletariado de reserva», comúnmente conocido como «paro», que carecen de otros recursos u opciones de trabajos de la esfera pública que les permitan «sentirse útiles», una mayor autoestima. De este modo su «utilidad» se convierte en el papel biológico asignado, su potencial capacidad para engendrar hijos, cayendo en determinismo patriarcal.

· No debe pasarse por alto el imaginario o fundamento ideológico que sustenta la subrogación frente a la adopción de hijos en orfanatos: se trata de la transmisión genética de padres a hijos, ya sea porque sus genes deben ser los que perduren (al igual que el apellido, curiosamente), o por considerar que sus hijos tendrán mejores capacidades, cualidades o existirá un mayor vínculo afectivo entre ellos si poseen sus genes, en confrontación con la adopción, bien por estar la orfandad vinculada a la pobreza (clasismo) o bien, nuevamente, por determinismo biológico. Se antepone el derecho del adulto adinerado a formar una familia frente a la de los niños en adopción a encontrarla. Básicamente se trata de la búsqueda del parecido físico de los padres con los hijos: no se trata del deseo de ser padres, sino de puro narcisismo.

· En caso de que los óvulos no los aporte la pareja que solicita la maternidad subrogada, se configuran las características de los hijos a petición del solicitante (país de origen, «raza» e incluso sexo), como si de un personaje de un videojuego se tratase, en un contexto en que los estereotipos y preferencias vienen marcadas por la ideología hegemónica capitalista, acentuando así la opresión. El precio del hijo varía de hecho según el país de procedencia: se trata de un negocio «deslocalizado» clasista y racista en el que para abaratar costes van a explotar mujeres a países pobres, expoliados por el imperialismo en cuyos abusos se continúa incidiendo de este modo.

· El alquiler del vientre da pie a potenciar la explotación de la clase trabajadora. Significa, concibiéndolo estructuralmente, la creación de un grupo de mujeres cuya función es la gestación, de modo que esto puede suponer para la clase trabajadora una presión o incentivo a recurrir a este grupo de mujeres para evitar bajas de maternidad y por tanto pérdida de beneficio para el empresario: es decir, puede incentivar las amenazas de despido en caso de embarazo. Se incentiva que las mujeres tengan que decidir entre esfera pública o exclusivamente privada: o trabajan o tienen hijos (ya sea para sí mismas o para otras).

«La explotación reproductiva es violencia y debe ser combatida como tal»

Mertxe Arratibel 8 febrero, 2021

«La explotación reproductiva es violencia y debe ser combatida como tal»

Ya lo advertía Silvia Federici: “El cuerpo de la mujer es la última frontera del capitalismo”. Con esas palabras quería denunciar  el control que el neoloberalismo ejerce sobre el cuerpo de las mujeres como fuente de riqueza y acumulación.

Esa misma idea enmarcó la presentación en el Estado de la Coalición Internacional para la Abolición de la Gestación por Sustitución, CIAMS, desarrollada bajo el título ‘La explotación reproductiva, un reto global’. El acto se desarrolló de forma virtual el pasado sábado y en él tomaron la palabra, tanto las dirigentes de la coalición, como representantes de asociaciones estatales e internacionales que persiguen eliminar la gestación subrogada.


El seminario aportó una información muy completa. Permitió conocer la profundidad y el alcance de un problema que se ve agravado día a día, en la medida en que los muy activos y bien financiados grupos de presión favorables a los vientres de alquiler van avanzando en sus objetivos.

Inauguró la jornada la copresidenta de CIAMS, la francesa Marie Josèphe Devillers. Esta militante lesbiana y feminista señaló tajante que “la explotación reproductiva es violencia y como tal debe ser combatida”. Ese concepto abarca la donación de ovocitos (otras lo denominaron directamente venta de óvulos y España proporciona el 80% de los suministrados en Europa), el embarazo forzado y la gestación subrogada. En torno a esta última práctica “se han documentado violencia sicológica, económica, contractual y física”, indicó.

Según Devillers, contrariamente a lo que se piensa, la gestación subrogada no es un acto médico, ya que la intervención facultativa se limita a la tecnología de reproducción asistida. Se trata más bien de “una práctica social y comercial”, que supone un riesgo para la salud de las mujeres antes y después del embarazo y durante el parto, y que representa al mismo tiempo “un sistema de explotación de niños y niñas”.

La fuerza de los lobbies

La copresidenta de CIAMS alertó de los movimientos de los lobbies europeos para regular la explotación reproductiva y subrayó que “queda camino por recorrer para que se reconozca que es una afrenta a la dignidad y violencia contra las mujeres” y enfatizó que “para conseguirlo tenemos que ser muchas y decididas”.

Eso a pesar de que las instituciones europeas y las legislaciones de muchos países tienen clara la cuestión. La también copresidenta de la CIAMS y representante de la Red Estatal contra el Alquiler de Vientres (RECAV) Berta O. García hizo un repaso de la lucha por la abolición de esta práctica y destacó que en 2015 el Parlamento Europeo la “condenó sin paliativos”. Esta condena se reafirmó el pasado mes de enero.

La razón es que es contraria a la dignidad humana de las mujeres, ya que se utilizan su cuerpo y su función reproductiva como materia prima con fines comerciales. Se trata, además, de procedimientos que afectan a mujeres vulnerables de países en desarrollo, por lo que se pidió examinar con urgencia esta cuestión en el marco de los derechos humanos.

En el Estado, recordó que el acuerdo de gobierno entre PSOE y Unidas Podemos establecía en su punto 7 un posicionamiento contrario al alquiler de vientres, pero este compromiso no se ha materializado por su “nula voluntad de modificar las cosas”.

Prohibida en el Estado y vía libre en el Registro

¿Y qué es lo que habría de modificar si la gestación subrogada está prohibida en el Estado? Desde la asociación L’Escola, la abogada Nuria González denuncia que en octubre de 2010, la Dirección General de Registros y Notariado emitió una instrucción para inscribir en el registro a los niños y niñas nacidos por gestación subrogada que constaran en los consulados españoles de países donde esta práctica es legal.

“Con el PSOE y con nocturnidad y alevosía lo arreglaron en una semana. Lo hicieron desde un organismo administrativo, no legislativo, por lo que para revocarlo el procedimiento es el mismo que para anular una multa y se puede hacer en cualquier momento”. A pesar de las demandas, todo sigue igual.

Tampoco ha avanzado la Fiscalía en investigar varias empresas, “una de ellas Biotex.com, investigada en Ucrania por tráfico de personas, delito fiscal y falsedad documental” y fue ese país quien instó a la Fiscalía a intervenir. “Todo es una tomadura de pelo gigante”. Las querellas presentadas por L’Escola todavía están en trámite.

Industria globalizada

En general, las denuncias de las asociaciones abolicionistas han sido infructuosas hasta el momento, ya que el ‘lobby’ partidario de la gestación subrogada goza del apoyo, en el mejor de los casos, y la indiferencia, en el peor, de prácticamente todos los partidos políticos del arco parlamentario. “¡Ciudadanos y la CUP se han puesto de acuerdo en apoyar esto!”, incidió González.

La socióloga Ana Trejo, creadora de Stop Vientres de Alquiler, ofreció cifras del fabuloso negocio que supone la explotación reproductiva de las mujeres -6.000 millones de dólares en  2018- y enfatizó que ante la globalización de esta industria “la única respuesta es la lucha feminista global internacionalista”.

“Las mujeres no parimos algo, sino a ‘alguien’ y, en cambio, compramos ‘algo’. Jamás podemos ofrecer como regalo o comprar a alguien. Las mujeres no somos un medio para satisfacer deseos ni materia prima de la industria sexual y reproductiva”

Trejo comparó la compra de bebés por gestación subrogada con la decisión de una mujer de embarazarse con sus propios óvulos u óvulos ajenos, esperma comprado o cedido y de vender después el niño o niña recién parido. “Nos meterían en la cárcel, ¿no? ¿Por qué no meten a esos intermediarios a la cárcel? Pues esto es lo mismo”, señaló, ya que los niños pasan “de ser sujeto de derechos a objetos de transacción comercial”.

De por medio, “un contrato abusivo para desvincular a la madre del recién nacido física, simbólica, legal y emocionalmente con el fin de entregarlo a los compradores”.

Una docena de empresas lideran el mercado. Una de ellas, el Instituto Valenciano de Fertilidad, se ha convertido en la más grande del mundo tras fusionarse con la estaounidense RMA. No están registradas como tales, pues no pueden hacerlo, y operan como agencias de viajes, inmobiliarias o despachos de abogacía. Algunas están promovidas por personas que han tenido criaturas por vientres de alquiler y pretenden recuperar el dinero invertido aconsejando a otras personas.

Manifiesto contra la explotación en el Sur Global

La mayoría de los embarazos por vientre de alquiler se producen en los países del Sur Global, si bien los niños y niñas encargados en el Estado proceden en su mayoría de EE UU y Ucrania. Desde Colombia, la consultora en violencias contra las mujeres y la niñez, e integrante del equipo de la Iniciativa ProEquidad Liliana Forero expuso que un centenar de organizaciones latinoamericanas han firmado un manifiesto contra la explotación reproductiva, en el marco de la Coalición para la Abolición de la Prostitución y la trata de mujeres.

Explicó que los lobbies favorables a la legalización han “iniciado una arremetida” en Argentina, Ecuador y Colombia, entre otros países, y que “se disfrazan de progresistas para vender la explotación sexual y reproductiva como derechos”.

Incluso, dijo, “este negocio más o menos oculto empieza convertirse en tema de supuesto debate en grupos feministas, medios de comunicación y otros espacios”.

“No existe la gestación subrogada –proclamó rotunda-. Nadie puede comer o dormir por una; tampoco gestar; son eufemismos que tratan de vender la explotación reproductiva como progresista o cuestión de derechos humanos”.

Lamentó que una región donde todavía no se garantiza el derecho al aborto legal, seguro y gratuito se venda la explotación reproductiva y sexual, es decir vender o alquilar el cuerpo de las mujeres por partes, como derecho a decidir sobre el propio cuerpo.

La agenda ‘queer’

La filósofa y profesora UNED, miembra de No Somos Vasijas y la RECAV Alicia Miyares relacionó esta cuestión con la agenda ‘queer’, “contraria a la agenda feminista” y lanzó una alerta internacional para advertir sobre ello. La filósofa detalló lo que considera los cuatro puntos centrales del ideario ‘queer’: “la defensa cerrada de la prostitución como trabajo sexual, y la posición favorable a la pornografía, a la práctica del alquiler de vientres y la identidad de género”.

Maternidad subrogada, o cómo romantizar la vulneración de derechos

31 mayo, 2020 Por Pilar Martínez* y María Florencia Valletta

Mucho se habla en los medios de maternidad subrogada, pero se lo hace veladamente: así, vemos la relación de distintes famoses con sus hijes (parecides genéticamente entre si, curiosamente): Marley, Flavio Mendoza, Luciana Salazar, Topa. Y también vemos a un Marcelo Polino que hace giras por los programas de entrevistas hablando de su deseo de paternidad, aparentemente frustrado por el sistema de adopciones en Argentina.

Podemos conocer asimismo la historia de personas que no conocemos que “alquilaron un vientre” en otros países y quizás por la pandemia no les pueden traer al país.

Lo que no se pudo hasta ahora es verlo desde una perspectiva crítica, fuera de los mitos que rodean este fenómeno que no está para nada exento de la opresión en base al sexo y la clase social (y por qué no la “raza”).


De este modo, pululan entre los principales argumentos a favor de la llamada “maternidad subrogada” que “si es por amor está bien”, “sino no hay forma de que las parejas homosexuales puedan tener hijos”, o “Marley es buen papá”. En esta nota vamos a indagar sobre esa serie de dichos que se basan en mitos sobre la relación paternidad / maternidad / hijes, y que dan por sentado cosmovisiones que promueven y naturalizan la desigualdad.

Mito uno: “Tener una familia es un derecho humano”

En efecto, el derecho a casarse y fundar una familia es un derecho humano.

Los hombres y las mujeres, a partir de la edad núbil, tienen derecho, sin restricción alguna por motivos de etnicidad, nacionalidad o religión, a casarse y fundar una familia, y disfrutarán de iguales derechos en cuanto al matrimonio, durante el matrimonio y en caso de disolución del matrimonio.

Ahora bien, el derecho a fundar una familia no es lo mismo que derecho a tener bebés. El derecho a casarse tampoco implica la garantía de que el gobierno nos asigne una pareja si no la conseguimos por nuestra cuenta, por ejemplo. Aunque hay grupos de “incels” en foros de Internet que proponen la asignación de esposas o compañeras sexuales a los hombres que no han podido atraer a ninguna. Como se ve, es un delirio: si para ejercer un pretendido derecho es necesario vulnerar el derecho de otra persona, es que eso no era un derecho en primer lugar.

Si seguimos repasando más la Declaración de Derechos Humanos encontraremos que:

Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes.

Todo ser humano tiene derecho, en todas partes, al reconocimiento de su personalidad jurídica: es decir, ser tenido en cuenta por las leyes nacionales e internacionales.

Todos los contratos de maternidad subrogada consisten en hacerle renunciar a la persona gestante a sus derechos de filiación sobre el bebé. Es decir, son contratos para anular sus derechos. No todos los contratos son iguales, hay algunos que incorporan hasta cláusulas de deslindamiento de responsabilidad si la persona gestante muere en el parto o le someten a mala praxis médica.

Mito dos: “Hay personas que desean un hijo y no pueden tenerlo de otra manera”

La palabra misma lo dice: desean. Desear no es necesitar. Tener bebés con la carga genética propia es un deseo, no un derecho. Tener hijes biológiques tampoco es una necesidad ni una obligación, aunque la cultura sea tremendamente efectiva en reforzar el mandato reproducirse, en especial de la ser madre. Ser padre o madre a costa de usar el cuerpo de otra persona para gestar bebés no es algo que como sociedad le debamos garantizar a alguien. No importa si se trata de una pareja gay, un soltero heterosexual, inclusive una persona trans, o quien sea.

Cuando un personaje de la farándula posa con una criatura adquirida por subrogación, no estamos ante una persona que ejerció su derecho a tener una familia. Estamos ante un personaje de la farándula que cumplió un deseo personal a costa de anular derechos de filiación entre gestante y bebé. Es importante hacer esa distinción.

Mito tres: “Marley es buen padre”

Nadie pone en cuestión el vínculo de tal o cual persona con sus bebés subrogados. Lo que es importante destacar es que Marley tenía el deseo de ser padre de un bebé, no el derecho. Los derechos hay que garantizarlos por ley. Los deseos, no. Y no se puede justificar cualquier práctica en nombre de un deseo individual.

Mito cuatro: “Si es un deseo genuino y es para darle amor al bebé, está bien”

El fin no justifica los medios ni siquiera aún en el caso de garantizar derechos. Por ejemplo, no se pueden secuestrar adolescentes para obligarlos a ir a la escuela, aunque sea con el fin de garantizar su derecho a la educación. Si es reprobable justificar cualquier medio para satisfacer un derecho, mucho menos lo es para cumplir un deseo.

Mito cinco: “Adoptar es muy difícil en Argentina”

Si hay problemas con los tiempos de adopción, el reclamo debería ser acelerar los procesos para adoptar, en lugar de legalizar la compraventa de bebés. Sin duda alguna, la burocracia es lenta. Pero también recordemos que no se puede entregar la tutela de un menor a la primera persona que pase. Hay una serie de estudios, entrevistas y requisitos que son necesarios para garantizar el bienestar de la persona adoptada, y llevan su tiempo. En el caso de la adopción, lo que viene primero es la garantía de derechos para la persona adoptada, no el deseo de quienes quieren adoptar.

Sumado a esto, cabe destacar que lo que más cuesta es adoptar bebés, hay muches niñes con años cumplidos que no encuentran quien les adopte porque existe la cosmovisión de que “traen problemas” y no pueden ser moldeados al antojo de quienes les crían.

Mito seis: “Hay padres biológicos que no quieren a sus hijos, pero quien está dispuesto a subrogar es porque los quiere de verdad”

¿Qué tendrá que ver que haya padres y madres que no quieren a sus hijos? Nadie pone en cuestión el afecto que recibirá un bebé que nace por subrogación. Lo que se cuestiona es el método: no es ético satisfacer deseos propios vulnerando derechos ajenos.

Asimismo, todavía la sociedad se debe el debate de cuál es la razón que tienen las personas para traer a otras al mundo. Mucho queda aún por cuestionar respecto de los deseos, la responsabilidad afectiva, lo que implica el amor y cariño filial, entre otras cuestiones.

Mito siete: “Las personas que subrogan el vientre lo hacen por propia voluntad”

También quienes venden un riñón en Irán, donde es legal, lo hacen por su voluntad. Por su voluntad y por el apremio del hambre, de la necesidad de un techo para los hijos o poder saldar deudas.

En África, fue legal la esclavitud hasta 1981 en Mauritania. Y si bien se prohibió, es una práctica habitual que sigue existiendo en Togo, Gabón, Benín y otros países. Padres y madres venden a sus hijos por propia voluntad, porque no pueden seguir alimentándolos. Muchos niños y niñas esclavos aprenden un oficio con sus amos, se alimentan todos los días y se cobijan con un techo. ¿Tenemos que dar marcha atrás con la abolición de la esclavitud, porque haya padres vendiendo a sus hijes por propia voluntad? ¿Y porque hay amos “buenos”?

En un mundo injusto y desigual siempre habrá alguien lo suficientemente desesperado para vender lo que algún explotador quiera comprar. Y de hecho, eso sucede bastante. La cuestión es qué hacemos como sociedad. ¿Qué hacemos con las leyes? ¿Aprobamos la venta de órganos, sangre y plaquetas? ¿Permitimos que cualquier persona explote a otra, si tiene suficiente dinero? ¿Le damos un marco legal a eso? ¿Las aplaudimos en los canales de televisión por “haber cumplido su sueño”?

Mito ocho: “Las personas que subrogan el vientre no son desfavorecidas”

En Argentina la llamada subrogación de vientres es percibida con los anteojos rosas de las revistas de la farándula. Hablan de personas en Norteamérica “de clase media” que se embarazan y ganan mucho dinero. La realidad es muy distinta.

En Tailandia, donde fue legal hasta 2015, había mujeres que eran llevadas a la fuerza a departamentos-granja por sus maridos. En Ucrania, donde una sola empresa controla la cuarta parte de los vientres de alquiler en el mundo, el país más pobre de Europa y uno de los principales en la exportación de bebés, las clínicas le pagan migajas a las mujeres. Se estima que las madres ganan menos del 1% del dinero que genera la compraventa de bebés. Quien se lleva el dinero es el intermediario, es decir, la clínica y los facilitadores.

No es casual que los líderes en alquiler de vientres sean países con millones de pobres: India, Ucrania, Kazajistán, Estados Unidos (sí, habrá quien se sorprenda, pero en EEUU hay millones de pobres. Pobres tan despojados de derechos que ni siquiera pueden permitirse morir en un hospital público, por ejemplo).

Que justamente Marley o Topa y otros personajes de la farándula no hayan elegido ir a Ucrania, no quiere decir que la mayoría de las personas gestantes sean como las mujeres que gestaron esos embarazos televisados, edulcorados y editados a gusto del cliente.

Así como cuando se quiere presionar para regularizar la prostitución dándole voz a prostitutas que dicen que la suya es una elección -menos del 5% de las mujeres que se prostituyen en el mundo afirma haberlo elegido- aquí sucede algo similar: Se presenta la excepción a la norma como si fuera la norma. Y se muestra lo menos frecuente como si fuese lo más común. (Y en la prostitución lo más común no es la escort VIP que explica que lo eligió: es la chica en una whiskería que llevaron engañada a una entrevista de trabajo, que echaron de casa cuando quedó embarazada, la chica trans que no le quedó otra opción porque nadie le da trabajo.)

Lo más común en la subrogación de vientres no es “la señora copada que se embarazó para Marley”. Lo más común es la ucraniana a la que le hacen abortar de cuatro meses si el feto es del sexo “equivocado”. O la inmigrante a la que una clínica de California le promete acelerarle los trámites para la green-card. El 40% de las madres de alquiler en el mundo está sin empleo, con sueldos precarios o depende de un subsidio estatal.

Mito nueve: “Subrogar el vientre es empoderante”

Hace un tiempo el término “empoderamiento” viene abriéndose paso en los movimientos feministas, y no hay nada de malo en pensar que se puede “adquirir más poder”, siempre y cuando se problematice qué es el poder y sobre la base de qué se consigue.

Hablemos por ejemplo de los cuerpos feminizados, ¿desde dónde se plantea su empoderamiento? Casualmente desde los espacios más típicos: la exposición de su cuerpo y la comercialización del mismo.

Como se planteó más arriba, se habla del deseo como el determinante para la “libertad” de una práctica, pero cabe preguntarse: ¿acaso el deseo no está moldeado por años y años de patriarcado? El mismo que se expresa en ideas, cosmovisiones y prácticas concretas, aquel que por siglos le dijo a los cuerpos feminizados que de lo único que pueden valerse es de su corporalidad, de su “capital erótico”.

El capitalismo explota todos los cuerpos, si, ¿quién se atrevería a negarlo? Pero pareciera ser que hay explotaciones y explotaciones, hacer aquello que la sociedad sostiene como casi la única actividad posible y deseable en las femineidades es ahora empoderante.

De ninguna manera deben subestimarse los deseos, no cabe en absoluto ser policía del cuerpo ajeno, pero ¿no deberíamos darnos la chance de problematizar lo que parece tan simple?

No es una apreciación moral señalar que lo que hoy se considera fuente de poder es aquello a lo que básicamente se confinó a lo que se le llama “femenino”, es un deber de los feminismos, permanentemente cuestionarse si acaso no se siguen reproduciendo los mismos conceptos pero bajo el paraguas del deseo.

Acerca de las leyes

El espíritu de la ley es ser general, el horizonte es legislar sobre las situaciones que más frecuentemente se dan. Se legisla sobre y para la norma, no para la excepción. Y una ley justa busca ser útil para proteger al más débil del más fuerte. ¿Y quién es el más fuerte en estos casos? Vivimos en una sociedad capitalista, así que el más fuerte es quien más dinero tiene. Quien paga. Y cuando las leyes se hacen para darle más derechos al más fuerte, se llaman privilegios. Es por eso que legalizar el alquiler de vientres no se trata de proteger derechos de quien quiere alquilarse, sino de privilegiar los deseos de quienes quieren alquilar. Así lo dictaminó hasta la Corte Suprema de Nueva Jersey (EEUU), en el caso conocido como In the Matter of Baby M.

A modo de cierre, recomendamos leer este artículo sobre en qué consiste la maternidad subrogada: Las madres en la gestación subrogada.

Tengamos cuidado, no vaya a ser que terminemos en Gilead.

*Pilar Martínez además de ser una apasionada de la comunicación y los estudios de género, viaja por el mundo y así lo relata en su página Pirlutravel, donde además reflexiona, cuestiona y brinda los mejores consejos que puedas encontrar para que estés liste para recorrer el mundo. Te invitamos a visitar su página aquí.

Explotación reproductiva y Ministerio de Igual-dá

Por Gemma Bravo 03/11/2020

publicado en El Común

Hace apenas una semana aparecía en prensa una “gran “ noticia, el Ministerio de Igualdad va a introducir en la ley del aborto la mal llamada gestación subrogada como explotación reproductiva. Concretamente los titulares que vimos difundir a miembros de ese Ministerio de Igualdad como Beatriz Gimeno eran estos :

“La reforma de ley del aborto tratará la gestación subrogada como explotación reproductiva “
“El Ministerio de Igualdad considera los vientres de alquiler un tipo de violencia contra la mujer “

Pueden parecer grandes noticias o avances, pero la realidad es que desde el año 2006, la mal llamada gestación subrogada ya está regulada en nuestro país. 

La ley 14/2006 de mayo sobre Técnicas de Reproducción Asistida, establece en el artículo 10, que será nulo de pleno derecho el contrato por el que se convenga la gestación, con o sin precio, a cargo de una mujer que renuncie a la filiación materna a favor del contratante o un tercero. Es decir, ya que la ley como tal existe, regular en la reforma de ley del aborto dicho tema carece de sentido.

 Pero es más, según nuestro código penal, concretamente el artículo 221, dice textualmente :”los que, mediante compensación económica, entreguen a otra persona un hijo, descendiente o cualquier menor aunque no concurra relación de filiación o parentesco, eludiendo los procedimientos legales de la guarda, acogimiento o adopción, con la finalidad de establecer una relación análoga a la de filiación, serán castigados con las penas de prisión de 1 a 5 años y de inhabilitación especial para él ejercicio del derecho de la patria potestad, tutela, curatela o guarda por tiempo de 4 a 10 años. 

Con la misma pena serán castigados la persona que lo reciba y el intermediario aunque la entrega del menor se hubiera efectuado en un país extranjero “

En el año 2010, gracias a Pedro Zerolo y Beatriz Gimeno entre otros, tras las reclamaciones de parte del colectivo LGTB, se consigue una instrucción en La Dirección General de los Registros y del Notariado para facilitar la filiación de los bebés nacidos por explotación reproductiva en el extranjero. Es una mera instrucción, no es nada fijo ni permanente, que permite solucionar y por tanto facilitar, él reconocimiento de filiación en España. 

Un gobierno que realmente considera la mal llamada gestación subrogada, explotación, habría derogado esta instrucción que permite que mujeres en el extranjero estén siendo explotadas por españoles. Un gobierno, y un ministerio de igualdad, realmente en lucha por la defensa de los derechos humanos de mujeres y niños, cambiaría una ley ya existente y no inventaría meter en el aborto la mal llamada gestación subrogada. 

No es casualidad, que las mismas asociaciones, colectivos, LGTBI, que persiguen la mal llamada gestación subrogada sean quienes están detrás de la ley trans. No es casual que la misma Beatriz Gimeno que pelea por una ley trans, pelease en su día por ayudar a parte del colectivo con la explotación reproductiva. No es casual que Cogam o FELGTB o Fundación Triangulo , que crearon una plataforma a favor de explotar mujeres reproductivamente, y en cuyas filas se encontraba Mar Cambrollé, sean quienes están detrás de dicha ley trans. 

Nada es casual, han cambiado la lucha de derechos reales por la lucha de sentimientos inexistente. Han decidido que su lucha es válida aún pisoteando mujeres y niños. Han enfrentado al feminismo con el colectivo y no es la primera vez. Hace apenas dos años, el mismo enfrentamiento existente a día de hoy por la ley trans, se dio contra los mismos por la ley que se pretendía aprobar con los vientres de alquiler. 

Yo creo que basta ya. Ya nos han pisoteado bastante como para tener que aguantar y tragar. No nos engañen más. La mal llamada gestación subrogada no irá en la ley del aborto, cuando ya está en la Ley de Técnicas de reproducción asistida. Si realmente están en contra de dicha explotación, no consientan una instrucción que permite explotar mujeres reproductivamente… Lo demás, es humo. 

Casting de esclavas

04/05/2021 publicado en El Común

Berta O. García, Copresidenta de la Coalición Internacional Contra la Explotación Reproductiva CIAMS, Representante en la CIAMS de la Red Estatal Contra el Alquiler de Vientres RECAV, @Omnia_Somnia.

La explotación reproductiva, mal llamada gestación subrogada, consiste en fragmentar y romper el vínculo materno-filial, ese vínculo primigenio de la especie humana. De ahí derivan todas las violaciones de derechos humanos de las mujeres y recién nacidos intrínsecas a esta práctica.

Y a pesar de cada vez más gente es consciente de la violación de derechos humanos de las madres llamadas «gestantes» y de las personas recién nacidas, hay un aspecto del que se habla poco y que se encuentra en segundo plano de esa práctica violenta: los requisitos para ser madre gestante, que son también un atentado a nuestros derechos, concretamente a los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres.

La industria de la explotación reproductiva se jacta de que las mujeres seleccionadas para ser gestantes cumplen una serie de estrictos requisitos tras ser sometidas a un exhaustivo examen y escrupulosa evaluación en la que sólo un pequeñísimo porcentaje de candidatas es declarada apta.

Los requisitos en cuestión varían más o menos dependiendo de la legislación donde esta práctica es legal o está permitida. Se exige a las mujeres un determinado rango de edad, un estado físico satisfactorio, una adecuada relación peso-altura, estar limpia de antecedentes psiquiátricos y penales, no tener (o tener) vínculo familiar con los comitentes, tener un cierto nivel de ingresos –aunque sea mínimo–, preferiblemente no casada, no haber pasado por más de un número X de cesáreas, estar limpia de consumo de tabaco, drogas y alcohol… Pero el requisito universal es que la candidata a gestante haya sido madre de, al menos, un hijo vivo y sano.

Nos consta que esos cacareados requisitos se exigen o se saltan a la torera en función de la oferta y la demanda de madres gestantes. Ahora, debido a la hecatombe económica provocada por la Covid-19 y el consiguiente empeoramiento, más si cabe, de la feminización de la pobreza, hay una gran oferta de mujeres que se ofrecen para ser gestantes como medio de subsistencia, por lo que es más fácil exigir el cumplimiento estricto de los requisitos.

En un tercer plano, nos encontramos con las exigencias que las clínicas, las agencias y los propios comitentes imponen a la mujer elegida una vez haya superado ese primer filtro; exigencias cuya relación sería muy extensa y prácticamente inabordable, dado el carácter sumamente arbitrario, subjetivo y caprichoso de las mismas, como, por ejemplo, la obligación de someterse a exámenes forenses sorpresivos y aleatorios para comprobar que, en efecto, la embarazada sigue limpia de consumo de tabaco, alcohol y drogas, que sea una mujer de alma noble, que sea creyente y temerosa de Dios, que proporcione lactancia materna al bebé hasta 24 meses, y últimamente hemos conocido una de ellas que es, cuando menos, inquietante: hay comitentes que exigen a «sus» gestantes no estar vacunadas contra el coronavirus, comprometerse a no ser vacunadas durante el embarazo y verse obligadas a abortar si se vacunan.

En cambio, los requisitos exigidos a los comitentes son mínimos e incluso son considerados discriminatorios. Por ejemplo, si la legislación determina que sólo tendrán acceso a esa práctica los nacionales o residentes, las parejas casadas heterosexuales o las personas dentro de un rango muy amplio de edad, se arguye que eso estigmatiza a los no nacionales, a las parejas del mismo sexo, a las personas solteras o solas, a las personas mayores, y esos requisitos se echan abajo rápida y fácilmente, porque el único requisito que deben cumplir es contar con la suficiente capacidad financiera para costear esta práctica.

Tan mínimos son esos requisitos exigidos a los comitentes que todo el mundo sabe que Miguel Bosé –porque él mismo lo admitió públicamente– consumía éxtasis, marihuana y dos gramos de coca diarios, que Elton John reconoce en sus memorias que la cocaína le hizo un monstruo y que Michael Jackson, además de las denuncias y testimonios de abuso sexual de niños, era adicto a las drogas de gran alcance al menos durante 12 años antes de su muerte, como aseguró su segunda esposa. Por no hablar del pediatra español que se encontraba en prisión preventiva en Suecia por posesión de pornografía infantil y por haber cometido él mismo 52 delitos de abuso sexual y violación de menores cuando el bebé nació en Ucrania y fue, no obstante, entregado a su abuelo paterno por BioTexCom sin el menor impedimento por parte de la justicia ni de los servicios sociales ucranianos.


Esta doble vara de medir, tan exigente para las mujeres candidatas a gestantes y tan laxa para los candidatos a comprar bebés es perversa. Primero, porque quienes van a quedarse con la persona recién nacida son aquéllos a los que no se les exige ninguna cualidad. Y después, porque el único fin de los dichosos requisitos es seleccionar a mujeres, crear una casta de mujeres que garanticen el «mejor producto», un bebé sano, tras haber superado satisfactoriamente el control de calidad de la industria explotadora y extractivista de la capacidad reproductiva de las mujeres.

Se trata pues de un denigrante casting que recuerda mucho a las evaluaciones que se hacían a los esclavos con el fin de hacer una buena y rentable adquisición: se les examinaba la vista y la dentadura, les hacían saltar, correr, mover las extremidades en distintas formas y sentidos, eran desnudados y examinados sus genitales por si tenían síntomas de sífilis. Si eran esclavas, eran más codiciadas, ya que, además de someterse a las mismas pruebas físicas para realizar el mismo trabajo que los hombres, tenían el valor añadido de proporcionar nuevos esclavos al amo a través de la procreación sin que ello le supusiera ningún gasto. El Diario de la Marina, un periódico de La Habana, publicaba el 3 de febrero de 1846 el siguiente anuncio: «Se vende una negra congoleña de 20 años y con una cría de 11 meses sana». Aquella esclava joven, madre de una criatura sana, cumpliría hoy las principales condiciones exigidas para ser gestante. No en vano, la mal llamada gestación subrogada es heredera directa de la esclavitud en muchos aspectos, siendo éste, el de los requisitos, uno de ellos. La dieta, la obligación de no mantener relaciones sexuales, el confinamiento en la etapa final del embarazo, la prohibición de viajar sin permiso o el traslado a otros países para dar a luz serían los grilletes.

Gracias a las feministas que lucharon por nuestros derechos, las mujeres ya gozamos –casi– en algunos países de autonomía reproductiva y control sobre nuestra sexualidad. En España, por ejemplo, la Ley Orgánica 2/2010, de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo, reconoce el derecho a la maternidad libremente decidida. Es decir, la libertad de ser madre –o evitar serlo– con quien queramos, las veces que queramos y cuando queramos. Pero lo que es indiscutiblemente imposible es que una mujer sea al mismo tiempo madre no madre de un hijo no hijo, ese oxímoron que constituye la esencia misma de la mal llamada gestación por sustitución. Ninguna mujer que decida ser madre puede ser discriminada –con especial atención a aquéllas con algún tipo de discapacidad– ni examinada ni evaluada ni seleccionada como apta ni descartada como no apta. La joven y la no tan joven, la primeriza y la que ya ha sido madre, la reclusa y la que goza de libertad, la que tiene discapacidad física o mental y la que no, la sana y la enferma. Y sólo en teoría, la rica como la pobre, porque sabemos que el freno a una maternidad libre y deseada en los países occidentales viene de la mano de la feminización de la pobreza, de la precariedad laboral y del desempleo femenino, de la falta de medidas de conciliación familia-trabajo, de la doble jornada laboral y de cuidados y de la brecha salarial, mientras que en los países del Sur global esa misma feminización de la pobreza más la carencia de métodos anticonceptivos legales, gratuitos y seguros y la prohibición del aborto hacen que las mujeres tengan más hijos que los que realmente desean y pueden alimentar. Así que seguimos luchando por esa libertad allí donde se emplean métodos coercitivos y violentos para forzar a las mujeres y a las niñas a ser madres contra su voluntad y, muchas veces, como resultado de agresiones sexuales, incluso dentro de la familia. Y también allí donde se sigue recurriendo al aborto selectivo de fetos hembra, la esterilización forzada y el matrimonio precoz.

Recientemente, como un tsunami que recorre el mundo, tenemos que hacer frente a la presión, cada vez más urgente e imperiosa, de la industria de la explotación reproductiva y de la compraventa de personas recién nacidas ejercida sobre los gobiernos de muchos países; tenemos que hacer frente a una falsa preocupación natalista que encuentra en la explotación reproductiva la solución al descenso demográfico; tenemos que hacer frente a un peculiar y falso concepto de diversidad familiar muy extendido entre una parte no mayoritaria pero sí muy activa del colectivo G y T (gais y transfemeninos) que pretende supeditar a toda costa los derechos de las mujeres a su deseo de reproducirse genéticamente. Entre los adeptos de la doctrina queer, el último grito es utilizar un lenguaje falsamente inclusivo, también en lo que se refiere a los requisitos, y hablan de «persona gestante» o de «cuerpo gestante», no de «mujer gestante» o «madre gestante», con el fin de borrar, precisamente, las palabras mujer y madre. Pero cuando vamos a la realidad de los hechos, observamos que el neolenguaje se deja de lado y constatamos que siempre seleccionan y usan a mujeres como gestantes. El reclutamiento de gestantes se lleva a cabo entre mujeres con ovarios, útero, vagina y glándulas mamarias, mujeres no sometidas a tratamientos androgénicos, y no incluye a transmasculinos como «hombre gestante» o «padre gestante», evidentemente, porque cuando se trata de explotación, nadie tiene la menor duda de qué es una mujer y para qué sirven sus órganos sexuales-reproductores, razón por la que los requisitos se redactan para ser aplicados a mujeres única y exclusivamente. Es precisamente ahí cuando la realidad material no se cuestiona.

Así que no, la gestación subrogada, ser explotadas reproductivamente, no nos hará libres y nunca fue una reivindicación de las mujeres en la lucha por nuestra emancipación. Luchar por nuestros derechos sexuales y reproductivos no significa posicionar a las «mejores» en el ranking de las más codiciadas, y el único objetivo de los requisitos para ser gestante es mercantilista y lucrativo: seleccionar a las potencialmente más rentables a la industria. No nos otorgan ningún derecho que las mujeres no hayamos conseguido ya o por los que aún tengamos que seguir luchando. Al contrario, nos segregan y nos denigran.

Por eso creo que es preciso hablar de los requisitos para ser gestante, porque es una faceta de la explotación reproductiva que se pasa por alto en una cultura en la que se considera normal que las mujeres en general, y sobre todo las madres y las mujeres embarazadas en particular, seamos constantemente escrutadas y juzgadas desde la mirada misógina patriarcal. Y en la industria de la explotación reproductiva y de la compraventa de seres humanos recién nacidos, también nosotras y sólo nosotras, las mujeres, somos examinadas, evaluadas, seleccionadas y segregadas con fines mercantilistas, a fin de garantizar el mejor producto desde la mirada y los intereses del capital.

La maternidad subrogada es un eufemismo, oculta el contrato de compraventa de un ser humano

Gloria Solé Romeo 25 septiembre 2021

https://www.elcorreogallego.es/hemeroteca/maternidad-subrogada-es-un-eufemismo-oculta-contrato-compraventa-un-ser-humano-OTCG1237832

Parejas homosexuales, hombres solos, mujeres solas o parejas que sufren problemas de infertilidad pueden hacer realidad su deseo de formar una familia gracias a la técnica de la gestación subrogada, que siempre plantea dilemas y retos que obligan a analizarla éticamente. Desde la Asociación Gallega de Bioética se alerta de las implicaciones emocionales del vientre de alquiler con el feto y de su comercialización

Cada vez son más las parejas u hombres en solitario que apuestan por la gestación subrogada para tener un hijo que lleve sus genes. ¿Cuál es la posición de Agabi y por qué?

Es real que algunas personas desean tener hijos, pero no debemos confundir deseos con derechos. Tener hijos de esa forma conlleva graves perjuicios para la madre gestante y para el hijo, y desnaturaliza la relación materno-filial. Estamos hablando de personas, no de animales o cosas. Se transforma el embarazo en un proceso de producción. El afán de tener hijos no justifica cualquier práctica. Agabi considera que no hay argumentos válidos para justificar legalmente esas prácticas, por los derechos básicos que se conculcan.

¿Por qué consideran que la mujer es explotada si lo hace voluntariamente? Además, ese bebé es deseado.

El Parlamento Europeo justifica el rechazo a la maternidad subrogada, por ser “contraria a la dignidad humana de la mujer, ya que su cuerpo y sus funciones reproductivas se utilizan como materia prima”. Cosificar a las mujeres, aunque fuera gratuitamente, supone una grave injusticia y explotación de su dignidad. Los niños son también personas, con derechos propios, que es necesario reconocer y proteger. A lo largo de la historia se han hecho grandes esfuerzos por el progreso de las mujeres, y la práctica de la maternidad subrogada entraña situaciones injustas y violencia contra mujeres y niños, que desaconsejan aprobarla legalmente.

A mí, desde luego, me parece muy compleja la situación del vientre alquilado. No creo que solo lo hagan por dinero, porque los famosos se aseguran de que sean mujeres sanas, a las que les hacen controles. Dudo mucho que elijan a una mujer al azar.

Los deseos de las personas que contratan un vientre de alquiler llevan a exigir condiciones, garantías y un cierto control de calidad, respecto al niño contratado, que se acuerdan previamente. Hay experiencia ya de graves injusticias y problemas que han surgido a consecuencia de resultados no deseados: mujeres pobres que sufren las consecuencias de estas prácticas, niños con deficiencias que no quiere nadie y acaban en orfelinatos, etc. Por estos motivos algunos países han prohibido estas contrataciones, que mercantilizan la vida humana.

Bien es cierto que solamente accede quien posee recursos económicos

Realmente suelen ser servicios contratados, más baratos en unos países y más caros en otros. Algunos políticos y otras personas hablan de hacerlo sólo por “altruismo”, sin ánimo de lucro, aunque las madres gestantes reciban a veces alguna “compensación económica” por las molestias. Los datos reales de algunos países que plantearon esta opción confirman que no resultó eficaz, pues la casi totalidad de las mujeres lo hacen por motivos económicos. Es un eufemismo que enmascara una práctica comercial. Aunque fuera gratuita, no dejaría de ser una explotación de mujeres y niños.

Estoy de acuerdo en que a medio o largo plazo existen consecuencias psicológicas. Y seguramente existan alguna madre que luego quiere quedarse con el bebé.

Sí. Hay consecuencias negativas en las personas que participan en esta gestación y en los niños. Aunque los contratos establezcan cautelas para evitar que la madre biológica se encariñe y quiera quedarse con el niño, a veces ha ocurrido así, pues es algo natural. Desarraigar a ese niño de su madre es una grave injusticia. Hay un vínculo de apego natural que facilita el desarrollo de los niños, con una fuerte dependencia de su madre.

Entonces, ¿la inseminación artificial qué les parece? Si una mujer sin pareja decide ser madre y gracias a un donante de esperma lo consigue…

Hay que pensar en el bien del menor, no sólo en los deseos de los adultos. Ese niño en el futuro se preguntará quién es su padre, pues padre y madre configuran nuestra identidad básica. Y hay un padre real de ese hijo, que rechaza asumir su paternidad.

Ya algunos países han establecido el derecho que tienen los hijos a saber quién es su padre, anulando el anonimato del semen paterno. El Comité Nacional de Bioética en España ha recomendado revisar el tema respecto a la donación anónima de gametos, en esa misma línea.

Con independencia de sus argumentos, ¿en algún momento se han puesto en la piel de quien quiere ser madre o padre y no puede porque no es fértil?

Sí. Es importante escuchar y analizar los argumentos de todos antes de hacer una valoración ética, pero una solución injusta acaba dañando a toda la sociedad, también al que la promueve. Esas prácticas suponen la explotación de mujeres y niños, muchas veces de países pobres. No es una técnica de reproducción asistida, sino un eufemismo que oculta un contrato de compraventa de un ser humano. El negocio del turismo reproductivo ha establecido redes en algunos países y presionan a los políticos para que se amplíe a otros muchos lugares. El derecho actual sin embargo establece que el contrato de gestación por sustitución es nulo de pleno derecho, pues el hijo no es un objeto.

¿Han mantenido algún debate con los partidarios de la gestación subrogada?

Hablamos con personas de diversos planteamientos y asistimos a debates y jornadas sobre cuestiones de bioética. Agabi es una plataforma de reflexión crítica acerca de los conflictos bioéticos que se plantean hoy, desde un enfoque pluridisciplinar, y en diálogo abierto con todos.

Queremos ser un puente entre bioética y sociedad, y vamos trabajando sobre temas actuales (por ejemplo maternidad subrogada, transhumanismo, cuidados al final de la vida, cerebro femenino-cerebro masculino, medioambiente, etc.) en diversas ciudades gallegas (Santiago, A Coruña, Vigo, Ourense…), para conseguir entre todos el progreso social.

Siendo partidarios de la adopción, no me negará que los trámites son cansinos para muchas parejas. Algunas acaban desistiendo…

Efectivamente, a veces los trámites de adopción son lentos. Conviene defender siempre el bien superior del menor y asegurarle una familia que garantice una atención adecuada, pero sin exagerar los plazos y gestiones innecesarias.

¿Es feminista la maternidad subrogada?

No. De hecho surgió pronto una plataforma en contra de su legalización, apoyada por feministas, políticos de distinto signo, asociaciones diversas, y muchos otros profesionales que consideraban necesario frenar esa propuesta, contraria a los derechos humanos y también al avance de las mujeres.

Desde diversos países europeos algunas instituciones han solicitado formalmente a la ONU la prohibición universal de la gestación subrogada, por esos motivos. En España, país que se ha convertido en lugar de turismo reproductivo, también el Comité nacional de Bioética rechazó su legalización.

Vientres de alquiler, la nueva esclavitud de la mujer

Elisa Blázquez Zarcero20 abril, 2021
https://www.propronews.es/vientres-de-alquiler/

Hace unas semanas, el director de “La hora de la 1” de TVE, pidió respeto tras las críticas recibidas por publicar una foto el día del padre, junto a su marido y sus dos hijos, obtenidos por gestación subrogada. Twitter echó humo, a favor, en contra, y con virulencia, como siempre. Entre todas las opiniones, una llamaba la atención. Decía: “Lo siguiente será pedir respeto por llevarse dinero a una cuenta B de Suiza; no sé para qué tenemos leyes si luego pedimos respeto para violarlas”

Y es que la llamada gestación subrogada, o vientres de alquiler, es ilegal en España, aunque se permite la inscripción de estos menores en los registros civiles de los consulados españoles, lo que implica una legalización de facto. Hay empresas que hasta anuncian la forma de eludir la ilegalidad.

-Es claramente una práctica de explotación reproductiva, aunque nos la venden como algo enternecedor -opina Ana Trejo Pulido-. Puede que lo sea para la pareja que compra el bebé y explota a la mujer, pero no para la madre que pone su cuerpo y su vida para gestar, ni para el bebé del que tiene que separarse de por vida.

Con ella, y con Inma Guillem y Teresa Domínguez, mantengo esta conversación, justo en un momento en el que el Tribunal de La Haya dirime sobre el asunto.

Ana es la impulsora de la plataforma “Stop Vientres de Alquiler”, un proyecto de divulgación feminista que tiene como objetivo crear conciencia social sobre la explotación reproductiva de las mujeres y el mercado de bebés que supone la subrogación. Es un proyecto que nace en 2017 y que gestiona junto a tres compañeras, Inma Guillem, Vanesa Rodríguez y Teresa Domínguez. La idea surge en 2017.

-En ese año, cuenta -Ana Trejo- se produce un boom en los medios de comunicación, con multitud de programas televisivos donde se presenta la práctica de la explotación reproductiva como algo deseable y ético; donde se cuenta solo la historia de las parejas que no pueden concebir hijos y que, gracias a la supuesta generosidad de una mujer, consiguen cumplir su deseo y ser felices.

FALSA APARIENCIA

Convencida de que la apariencia de alegría y felicidad que transmiten estos publirreportajes, escondía en realidad la triste situación de la madre y del bebé, “no era un relato tan bonito como nos querían contar”, Ana se dedicó a investigar y creó un blog donde iba recopilando artículos, entrevistas e investigaciones, que mostraba la perspectiva de la madre y de las criaturas, siguiendo la estela del manifiesto “No somos vasijas”, impulsado por filósofas como Alicia Miyares.

-Este proyecto surge del cabreo ante tantas mentiras. Yo soy madre y no puedo entender que la maternidad y los bebés sean objeto de comercio”.

Poco después comienza la actividad en redes sociales, a través de Facebook y Twitter, donde actualmente tienen más de 30.000 personas que siguen el proyecto.

-Se trata de contar la verdad de esta práctica, que no es otra cosa que una nueva violencia contra la mujer. Hemos sacado adelante un proyecto que ahora mismo es un referente contra esta nueva modalidad de esclavitud.

Stop Vientres de Alquiler lucha contra un negocio internacional que mueve más de 6.000 millones de euros al año, y que, en 2025, se calcula que rondará los 25.000 millones.

-Este dinero -dice Ana- es el producto de la venta de bebés recién nacidos de mujeres jóvenes y vulnerables económicamente, pero también social y psicológicamente, mujeres que no tienen más opciones que ofrecerse como madres de alquiler para dar a luz bebés de diseño para parejas ricas. Da igual que las madres sean indias, ucranianas o estadounidenses, siempre son más pobres que los que pagan por el bebé…, parejas homo o heterosexuales, o personas solas. La clave es un negocio con unos rasgos profundamente patriarcales, donde la mujer es utilizada como mero vehículo para alcanzar un fin, donde se instrumentaliza el cuerpo y la capacidad reproductiva de las mujeres. Un negocio sexista, clasista y racista. El signo extremo del capitalismo neoliberal, la comercialización de la vida humana.

GRAN NEGOCIO

-Ese dinero -sigue diciendo Ana- lo mueven quienes están detrás del negocio; las clínicas de fertilidad son las que se quedan con mayores ganancias, el 60 por ciento. El Instituto Valenciano de Infertilidad es uno de los grandes actores a nivel internacional. También participan de la tarta los bufetes de abogados que presionan a los gobiernos para que legalicen la práctica y que, además, asesoran a las parejas y los lobbies de las familias. En España ejercen una gran presión asociaciones como son “Son nuestros hijos” y a nivel internacional ONGs como Men Having Babies, que asesoran a las parejas y presionan a los gobiernos, intentando expandir y legitimar la idea de que las parejas gays tienen derecho a tener sus propios hijos biológicos, a costa de la explotación reproductiva de mujeres. Hay que añadir a esto, las agencias intermediarias y empresas aseguradoras, porque en EEUU todo esto se sostiene con los seguros de salud privados.

Interviene Inma Guillem:

-En España no es legal alquilar a una mujer para que dé a luz a tu hijo. Es nulo de pleno derecho, así está recogido en el ordenamiento jurídico, pero, en realidad esta ley solo protege a las mujeres españolas. La práctica de los vientres de alquiler lleva muchos años realizándose en España a través de diversas triquiñuelas. Algunas parejas iban al extranjero, donde compraban una criatura. Utilizaban el material genético del padre y pagaban a una mujer para que les gestara el bebé. Al volver a España, y para evitar problemas, aseguraban que la criatura era producto de una cana al aire del marido, tenían la renuncia de la madre a la patria potestad y la esposa adoptaba al bebé. Todo esto empezó a descubrirse cuando parejas de gays quisieron también comprar a sus hijos y filiarlos en España, pero ¡claro! en este caso lo de la cana al aire resultaba poco creíble. Cierto sector del colectivo gay acusó al Tribunal Constitucional (TC) de agravio comparativo respecto a las parejas heterosexuales y presionaron repetidamente al TC para que les dejara filiar a esas hijas e hijos que compraban en el extranjero, incluso llegando a acusar al TC de homófobo. Al principio, el TC rechazó sus propuestas, alegando que el hecho que los padres fueran homosexuales no tenía nada que ver, sino el origen del nacimiento del bebé. La presión se hizo muy fuerte a través de asociaciones como “Son Nuestros Hijos”, que en su origen fue una asociación de familias gays. Con la ayuda de Pedro Zerolo y Beatriz Gimeno, consiguieron que se aprobara una instrucción, la Instrucción de 5 de octubre de 2010, de la Dirección General de los Registros y del Notariado, sobre régimen registral de la filiación de los nacidos mediante gestación por sustitución. A través de esta instrucción, y alegando velar por el bien superior del menor, se permite en este país filiar como propios, niñas y niños comprados a mujeres vulnerables. Y esta es la situación actual: te vas a Ucrania o a Méjico y te traes un bebé, lo filias y listo.

POR LA ABOLICIÓN

-Hay un entramado legal para que se acate una normativa general para todos los países -continúa Teresa-. El Tribunal de La Haya está trabajando para definir un protocolo internacional que unifique las normas de diferentes países. Desde 2015 está trabajando en la filiación, que es lo que quieren los lobbies.

En el año 2018 la Relatora de La Haya reconoció que esta práctica es en realidad una compraventa de niños y va contra sus derechos. El Parlamento Europeo la condenó como contraria a la dignidad humana de la mujer.

-El cuerpo, si se utiliza como una materia prima, implica explotación de las funciones reproductivas de las madres y mercantilización de sus hijos -sigue Teresa-. Pero el grupo de La Haya no ha consultado a ningún grupo feminista y no considera la opción abolicionista, que es lo que pretende la Coalición Internacional por la Abolición de la Maternidad Subrogada, grupo al que pertenecemos. Este grupo ha escrito a cada uno de los estados miembros de La Haya para que dejen de trabajar como lo están haciendo ahora y contemplen la abolición, que es la manera de luchar contra la trata y el tráfico de menores.

La carta, firmada por casi 300 organizaciones de más 50 países, se ha hecho llegar a los expertos.

-Han estado reunidos, pero no sabemos si nos han tenido en cuenta. Y es importante, porque esto es un tema de derechos humanos y no de derechos privados.

La situación es la siguiente, aclara Ana:

-Apenas once países en el mundo permiten la gestación subrogada comercial, es decir, a cambio de dinero. Poco más de catorce países regulan la explotación altruista, que en realidad es una tapadera que facilita el mercado internacional. Ucrania es el denominado útero de Europa. Algunos países han echado marcha atrás con la modalidad comercial y han restringido la subrogación a extranjeros, por ejemplo, India, Tailandia o México desde 2015. Sin embargo, las mafias se llevan a las mujeres a los países limítrofes o se realiza la práctica en la clandestinidad. Es toda una gran hipocresía a nivel mundial. Las parejas ricas compran bebés a mujeres pobres o vulnerables en países donde es legal la subrogación y regresan a los suyos, donde generalmente se prohíbe la subrogación comercial, y exigen que los Estados, atendiendo al interés superior del menor, acepten la filiación que borra a la madre que ha parido al bebé, pero el único interés que prima aquí, es el de los compradores y la industria.

FEMINIZACIÓN DE LA POBREZA

En Portugal, que aprobó una regulación altruista, su Tribunal Constitucional ha anulado la ley de gestación subrogada, porque considera inconstitucional que no incluya un período de arrepentimiento para la gestante después del nacimiento del bebé.

-Como los países europeos, en general, prohíben la subrogación, las parejas acuden a otros mercados, a países con una feminización de la pobreza tremenda. Caso curioso es EEUU, paradigma de riqueza, pero donde existen grandes desigualdades. Se calcula que entre el 20 y el 50 por ciento de las mujeres sustitutas, son esposas de militares. Mujeres muy jóvenes, de familias con bajos ingresos, que tienen hijos y se prestan a esto para ayudar a la economía familiar y para quedarse en casa a cuidar a sus propios hijos. Mientras, en España, las clínicas de fertilidad captan a mujeres jóvenes para la “donación” de óvulos en Universidades, donde buscan chicas jóvenes e instruidas; en EEUU las clínicas y agencias se anuncian en revistas destinadas a militares para captar a estas mujeres, que en un 40 por ciento son desempleadas y reciben ayudas sociales. Esto sucede en un país que no tiene ratificada la convención de derechos del niño y que permite la pena de muerte, o sea no es ejemplo de un modelo ético. Es muy curioso que este negocio no surja de la demanda, sino de la oferta; no hay mujeres exigiendo su regulación. No se reclama en las calles poder parir para las élites y convertirnos en criadoras para las personas ricas, esto surge de un nicho de negocio.

¿GESTACIÓN ALTRUISTA?

Inma hace un inciso para hablar de la llamada gestación altruista:

-Podemos pensar… si tu hermana quiere parirte un bebe qué generosa es, pero, y tú ¿eres generoso? ¿Quieres hacerla pasar por un proceso de fecundación, con riesgo invasivo, y luego un embarazo en el que va a sentir los latido y patadas de su bebé, luego el parto… ¿Y tú vas a ser tan miserable, y lo siento por la palabra, que le vas a quitar al recién nacido? ¡Pobrecita pareja que no puede tener un bebé! ¿Y no te da pena la mujer mejicana que hace eso para comer o dar estudios a su hijo? Por otra parte, se apela al altruismo, pero el altruista es siempre la parte débil, la mujer. No se les exige altruismo ni a las clínicas de fertilidad, que cobran un dineral, ni al despacho de abogados que arregla el papeleo, ni a la agencia que coordina. Nadie es altruista, solo la mujer que pone su cuerpo.

-Y es que -se lamenta Ana- Hemos pasado de sacralizar la maternidad a banalizar los vínculos materno-fetales que se desarrollan durante el embarazo. La maternidad no es algo sagrado, pero tampoco es desechable, y los vínculos entre el bebé y su madre no solo se producen a nivel celular sino también de apego afectivo y eso no puede ser banalizado. Tanto es así que las agencias intermediarias reconocen el apego, pero lo suprimen, obligando a las mujeres a enterrar y negar ese vínculo que se desarrolla de forma natural. Pero, aunque las mujeres vivan sus embarazos disociadas, tratando de poner distancia, repitiéndose que el bebé que gestan no es suyo, el bebé sí va a desarrollar ese apego por la única madre que reconoce, porque la naturaleza así lo tiene previsto. Cuando el bebé nace y es entregado, lo que siente es como si su madre hubiera muerto, y para la madre es como parir un bebé muerto. Emocional y físicamente supone un impacto grave sobre la salud de la mujer y de la criatura. Las investigaciones muestran que la separación temprana del recién nacido de su madre aumenta sus niveles de cortisol y se producen fallas epigenéticas que hace que estos niños, de adultos, tengan peor manejo del estrés y otras patologías. El dolor de ese niño o niña, que no sabe de deseos, ni de contratos, ni de egoísmo de adultos, que solo sabe del olor de su madre, que reconoce su voz, es incalculable, esto es lo más terrible. A las mujeres las adiestran para que supriman esos sentimientos, a los bebés no se les puede adiestrar. Hay que entender que, aunque una mujer diga que quiere parir para terceros, puede ser a nivel individual, pero los derechos son colectivos y no pueden vulnerar la dignidad de las personas. Y las mujeres no parimos algo, parimos a alguien y comprar a alguien seria como admitir la esclavitud, es explotación.

BANALIZACIÓN DEL PROCESO

Y a toda esta banalización del proceso, añade Teresa, se suma un nuevo fenómeno grave, que se llama subrogación social:

-Parejas que eligen no llevar a cabo un embarazo, pero se sienten con derecho a tener un hijo usando el cuerpo de otra mujer sin siquiera tener razones médicas. Así surge una modalidad de mujeres que contratan a otra mujer simplemente por no alterar su vida laboral o no querer ver su cuerpo sometido a cambios tan drásticos como implica un embarazo y un parto. Es una concepción capitalista y neoliberal, y en torno a esto surgen empresas que incentivan la subrogación social, que apoyan la congelación de gametos y que otorgan ayudas muy generosas. Google, Facebook conceden incentivos por maternidad subrogada y compensaciones ventajosas a mujeres con talento para que se queden en el trabajo y le encarguen el hijo a otra mujer que se ocupe de sus necesidades biológicas de parir sin faltar al trabajo, sin poner peligro su carrera, para evitar la brecha salarial, que es lo que venden.

Los defensores de la explotación reproductiva hablan de su derecho a tener un hijo, a la autonomía reproductiva, pero según Ana, “no existe el derecho a tener un hijo, porque un hijo no es un bien o un servicio que el Estado te pueda proveer; es un ser humano, sujeto de derechos. Con respecto a la autonomía reproductiva, ésta implica que tengas libertad para gestionar sin coacción tu capacidad reproductiva, pero no implica explotar a una tercera persona para alcanzar cumplir el deseo legítimo de paternidad o maternidad. Y hay otras formas, como la adopción. Incluso podrían ser aceptables nuevos modelos de familia, por ejemplo, una pareja de hombres que junto a una mujer decidieran tener los tres un hijo o hija del que la madre no se desvincule y que participe en su crianza. Pero no, lo que sucede con la explotación reproductiva es que la madre desaparece de la biografía del recién nacido y se adquiere un niño o niña con la propia carga genética y sobre el que se tienen todos los derechos parentales. Nos quieren convencer de que los vientres de alquiler son una forma moderna de tener hijos. No cuentan la verdad, que los vientres de alquiler, aparte de generar gran dolor y sustentarse en la desigualdad sexual y de clase, perpetúan el modelo tradicional de familia conservadora, dos progenitores y una criatura que les pertenece en exclusividad, al precio que sea”.

El camelo de la maternidad subrogada

Zuriñe22 diciembre, 2016

https://creativekatarsis.com/el-camelo-de-la-maternidad-subrogada/

En un mundo en el que todo se compra y se vende, el cuerpo de la mujer no es la última frontera, siempre ha sido la primera.

MI VIENTRE NO SE ALQUILA

Javi es una buena persona. Nunca ha maltratado a nadie, siempre en su vida ha jugado según las reglas y cumplido las leyes. Es un buen hijo, un buen hermano, una buena pareja para sus parejas, un trabajador honrado y responsable. Quizá alguna multa de tráfico y una discusión en un bar, nadie somos perfectos.

Ha gozado siempre de buena salud hasta hace un año. Sus riñones empezaron a fallarle por causa de una enfermedad autoinmune. No se cogió a tiempo, por lo que ya está en diálisis y en lista de espera para un trasplante, sus riñones ya son irrecuperables.

Toda su familia se ha hecho las pruebas, pero ninguno es compatible, solo le queda esperar que aparezca algún donante o se genere una cadena de donaciones en la que pueda participar algún familiar. El tiempo va pasando y se ve ya cada día enganchado a la máquina de diálisis, sin vida y cada vez con menos esperanza, mientras todo su cuerpo se va deteriorando.

Al principio solo por curiosidad, empieza a hacer búsquedas en internet de países donde es posible comprar órganos, incluso donde los trasplantan. A medida que pasan los meses se convierte en una obsesión, su vida está en juego y ahí fuera hay mucha gente dispuesta  a vender un riñón que en realidad no necesita, por un buen dinero que podría arreglarle la vida

Contacta con una gente en un país que no especificaremos, por 50.000 € le ofrecen el trasplante, a esa cifra solo habría que sumarle el viaje. Decide contarle a su familia lo que ha averiguado, puede conseguir el dinero y todavía está en condiciones de hacer el viaje, aunque pronto no lo estará. Su familia está desesperada por él y es incapaz de oponerse a la idea.

Decide hacerlo, le encuentran un “donante” compatible, viaja y le realizan el trasplante con éxito. A la vuelta, tiene que visitar a sus médicos para que le receten la medicación que seguirá permitiendo que su cuerpo no rechace el nuevo riñón, y estos, al darse cuenta de lo sucedido, no tienen otra opción más que denunciarle por tráfico de órganos. Se enfrenta a un mínimo de 6 años de cárcel, aunque considera que ha valido la pena por salvar su vida.

Toda esta historia es ficticia, Javi no existe, pero en España y en todo el mundo hay muchas personas que se enfrentan a ella y están luchando por su vida. El derecho a la vida es el primero y fundamental,  aquel del  que parten todos los demás, pero la mayoría de la gente tenemos bastante claro que no está por encima del derecho a la vida de otras personas.

Nuestro país es ejemplar en donación de órganos. Por el número de donantes y por la legislación al respecto. La compra venta y el tráfico están duramente penados. En vida únicamente pueden donar familiares cercanos y/o por causas exclusivamente altruistas sin que haya dinero de por medio y de forma anónima, o basado en este mismo concepto, se realizan cadenas de donaciones en las que ese familiar cercano dona a otra a persona y a cambio tú recibes un órgano compatible de otro familiar de otra persona enferma.

En 2015, 3.874 personas fallecieron en la Unión Europea esperando un trasplante. 

Es decir, en la Unión Europea en general y muy especialmente en España, parece que tenemos bastante claro que la donación altruista es el camino, y que el derecho a la vida de una persona enferma no está por encima del de ninguna otra, ni con él se puede justificar o amparar la explotación de otros seres humanos.

Sin embargo, este concepto tan claro y de consenso general parece saltar por los aires cuando hablamos de tener hijos biológicos.

¿Desde cuándo el derecho a tener hijos biológicos es un derecho absoluto, equiparable al derecho a la vida, y puede pasar por encima de los derechos de las mujeres? Se entiende, espero, que no hablo de las mujeres que pueden tenerlos ellas mismas o con tecnologías (como la fecundación in vitro o la inseminación artificial) que no suponen ninguna merma de los derechos de otras personas. Hablo de hombres solos o en pareja, o de mujeres que no pueden por la razón que sea vivir un embarazo. Lamento que sea así y entiendo los anhelos de esas personas, pero eso no cambia la naturaleza ética ni jurídica del proceso de “alquilar un vientre”.

Las mujeres no somos vientres, somos seres humanos, y un embarazo es un proceso de 9 meses que supone un riesgo para la salud, cambios muy importantes físicos y psicológicos, y que puede dejar secuelas.

Se habla de altruismo, algo que automáticamente se asocia a las mujeres en general, que debemos serlo, siempre generosas y haciendo cosas por los demás. Además de ser un concepto machista de la mujer, que nos insta a “olvidarnos de nosotras mismas” para ser las cuidadoras, donadoras, etc. En Reino Unido está regulada la maternidad subrogada, pero únicamente de forma altruista, sin ningún intercambio ni compensación económicos (salvo gastos médicos) y se controla de forma muy estricta. ¿Resultado?: un mínimo de “donaciones” muy vigiladas judicialmente que no cubre ni un pequeño porcentaje de la “demanda”.

¿Cuál es la realidad entonces, si no hay millones de mujeres en el mundo desesperadas por gestar los hijos de otrxs altruistamente? Pagar. La misma mágica solución para todo que propone el capitalismo en el que vivimos inmersos. Y, por supuesto, de esta opción se excluyen ya de entrada todas las personas que no tengan un nivel económico suficiente. Ya empieza a no ser tan universal este derecho.

LAS TRABAJADORAS POBRES: DE NODRIZAS A VIENTRES DE ALQUILER (VÍDEO)

Tita Barahona Lunes, 18 de Mayo de 2020

https://canarias-semanal.org/art/27628/las-trabajadoras-pobres-de-nodrizas-a-vientres-de-alquiler-video

En estos días han circulado por los medios imágenes estremecedoras de decenas de bebés recién nacidos o de pocas semanas, hijos de madres de alquiler, almacenados en cunas en la sala de un hotel de Kiev, capital de Ucrania. Esto ha reavivado la polémica sobre la gestación subrogada. En esta sección analizamos lo que ésta representa en el contexto histórico de las formas de utilización de la capacidad reproductiva de las mujeres pobres.

Los bebés estancados en Ucrania están al cuidado de seis empleadas de la empresa de gestación subrogada

BioTexCom, la mayor de este sector en dicho país. Según estas mismas mujeres han declarado a los medios, la situación de estos bebés “les entristece”, porque ellas, así como cualquiera con un mínimo de sentido, saben que no pueden suplir los cuidados maternales esenciales para el normal desarrollo psico-físico y bienestar de estas criaturas. Imaginemos el daño irreversible que sufrirán mientras sigan en esta situación.

   Es cierto que en circunstancias parecidas se hallan, por lo general, los bebés recogidos en orfanatos y otras instituciones que los ofrecen en adopción. Y es triste también, sobre todo porque ello se podría evitar si los Estados no tuvieran por norma excluirnos a los pobres de la capacidad de adoptar. Pero lo que estamos viendo en Ucrania son bebés-mercancías almacenados por meros problemas de logística y distribución. Sufren en soledad porque las parejas de distintas partes del mundo que los compraron -de España, Francia, Reino Unido y Australia, entre otros países-, no pueden acudir a recogerlos al haber cerrado Ucrania sus fronteras como medida preventiva contra el coronavirus.

   Esta es sólo una de las consecuencias nefastas que provoca la mercantilización de las mujeres gestantes y de su fruto, los eslabones más débiles de la cadena de la llamada gestación subrogada -forma eufemística de “vientres de alquiler”-, que rinde sustanciosos beneficios a unas cuantas empresas mientras cumple los “deseos” de parejas pudientes que supuestamente no pueden tener hijos de forma natural y no quieren adoptar.

Una vez que las granjas de mujeres gestantes de La India, Nepal o Tailandia se han cerrado, porque esos Estados han aprobado legislaciones más restrictivas o prohibido totalmente la práctica, Ucrania y Georgia son los únicos países europeos donde se pueden comprar madres y niños por el módico precio de unos 50.000 euros (sin contar gastos de viaje y legales), de lo que la gestante recibe de 10.000 a 14.000. Sin duda, un negocio redondo para las cincuenta empresas, aproximadamente, que en Ucrania se dedican a este comercio de seres humanos.

En el reino de España, la gestación subrogada está prohibida. Desde 2016, la embajada española en Kiev desaconseja recurrir a ella en Ucrania por no tener cabida en el ordenamiento jurídico español. Sin embargo, desde 2010 España permite la inscripción en el registro de los menores adquiridos en el extranjero. Muchas nos preguntamos qué tienen que decir al respecto y qué acciones van a tomar la ministra de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperacion, Arancha González Laya, y la de Igualdad, Irene Montero.

En 2017, el partido político Ciudadanos presentó una propuesta de ley para la legalización de la gestación subrogada, a condición de que las gestantes lo hiciesen de forma “altruista” y sólo recibieran una “compensación por las molestias”. Ya entonces advertíamos de lo que escondía esta propuesta y exponíamos cómo la legalización del alquiler de madres implica la cruda mercantilización de la capacidad reproductiva de las mujeres más pobres -sometidas a procesos de hormonación y otros tipos de medicalización que a menudo conllevan graves daños a su salud física y psíquica.

En Ucrania, tanto la Defensora del Pueblo para los Derechos Humanos, Lyudmila Denisova, como Miloka Kuleba, Defensor del Menor, están de acuerdo en que la maternidad subrogada viola los derechos de las mujeres y los menores y se han posicionado en contra de este mercado. El Parlamento Europeo también ha condenado esta práctica y la ONU considera que viola la Convención sobre los Derechos del Niño. Pero las empresas tienen oficinas en países donde la gestación subrogada está prohibida, sin amenaza de clausura. Pasa como con el proxenetismo, que es delito en la mayoría de ordenamientos jurídicos, pero aquí en España los numerosos “puti-clubs” de carretera siguen con sus luces de neón anunciando su mercancía, sin mayores problemas.

En Europa, desde muchos siglos atrás, las familias aristocráticas y burguesas contrataban el trabajo de las mujeres pobres para que les criaran a sus hijos, de los que prácticamente se desentendían durante sus primeros años. Las nodrizas no sólo los amamantaban, sino que también se ocupaban del aseo de la criatura y resto de cuidados. Unas iban a las grandes casas, donde solía haber una estancia aparte dedicada a guardería (la llamada nursery en Gran Bretaña), en la que trabajaban como internas. Otras, normalmente campesinas, los recibían en sus casas y allí los criaban hasta que sus familias mandaban recogerlos, normalmente no antes de los dos años. Según fuera el estatus socio-económico de la familia, así se remuneraba a las nodrizas. La que crió a Carlos III, rey de España desde 1759 a 1788, fue incluso agraciada con un título nobiliario.

La otra cara de la moneda la representaban las nodrizas de las Inclusas, centros donde se recogían tanto los bebés abandonados como los que ingresaban sus propias madres por no poderlos mantener, casi siempre con la idea de recuperarlos. Las nodrizas de esta institución eran las mujeres más pobres y peor pagadas. En la Inclusa de Madrid, durante el siglo XVIII, la escasa dotación del centro, la baja calidad nutritiva de la leche de estas mujeres sub-alimentadas, y el hecho de que alguna llegó a lactar hasta seis mamones, incidía en la elevada mortandad de las criaturas, que alcanzó el 77 por ciento entre 1764 y 1787.

Las mujeres pobres siempre vendieron su trabajo reproductivo a las clases altas, pero ellas no solían tener capacidad adqusitiva para contratar a otras mujeres que les cuidaran a sus hijos. Sólo podían confiar en la ayuda familiar o vecinal. De hecho, abundaron los casos de mujeres que lactaban a los hijos de otras de manera altruista. En España, hasta bien entrado el siglo XX, fueron corrientes los llamados “hermanos de leche”.

 En Gran Bretaña, a mediados del siglo XIX, cuando Marx y Engels describían los estragos de la Revolución Industrial en la clase proletaria, muchas obreras de fábricas o comercios que se quedaban embarazadas fuera del matrimonio -y debido a ello eran expulsadas de sus comunidades-, no tenían más opción, para no perder sus empleos y caer en la absoluta indigencia, que recurrir a las llamadas baby farmers (lit. granjeras de bebés). Estas eran casas, generalmente regidas por mujeres, que acogían a un número de estos niños ilegítimos por una cantidad que las madres pagaban a plazos. Pero, lamentablemente, muchas de estas “granjas” se convirtieron en lugares donde se ejercía el asesinato sistemático y premeditado de estas criaturas, normalmente por la administración abusiva de opiáceos, sin el conocimiento de las madres. Este fue uno de los temas más espinosos en la Inglaterra victoriana, aunque hubo también acogedoras -altruistas o no- con mayor sensibilidad y altura moral.

Pero es importante tener en cuenta que una cosa es lactar o cuidar a un niño por unos ingresos, es decir, mercantilizar todo el cuidado que conlleva la crianza, y otra mercantilizar el cuerpo de una gestante y por ende el bebé que da a luz. Aquí nos hallamos ante un notable salto cualitativo, porque en este caso el riesgo para la salud e incluso la vida de la mujer es mucho mayor, aparte del trauma que conlleva, para madre y recién nacido, la separación física nada más dar a luz. No hay lugar a la comparación.

Desde la década de 1970, los avances de la bio-tecnología han hecho posible la donación o compra-venta de células germinales (óvulos y esperma) para su fecundación en laboratorio -o in vitro- y posterior implantación en el útero de una mujer previamente hormonada. Esta técnica permite incluso la elección de sexo, como lo hacen algunas empresas en Ucrania, y a las parejas heterosexuales u homosexuales tener descendencia con algo de su propio material genético, verdadero atractivo de esta técnica para sus demandantes, llamados “padres de intención”.

El argumento recurrente de los partidarios de la gestación subrogada es el consabido de la libertad de elección: la mujer es libre de disponer de su cuerpo como quiera, como si la necesidad material que empuja a las mujeres pobres a vender su capacidad gestante no fuese en sí una forma de esclavitud. Y no es sólo ya la mezquina utilización de estas mujeres y su exposición a riesgos físicos y psicológicos, sino la perpetuación de la idea ancestral, acientífica y profundamente reaccionaria, de que las hembras de la especie humana somos meros receptáculos, como presuponen los que recurren a la gestación subrogada cuando hablan de la mujer gestante como “portadora del embarazo” e incluso niegan que sea la madre del niño que compran. Deliberada e interesadamente pasan por alto que la gestación es un proceso activo en el que la mujer aporta todo su organismo, sus emociones e inteligencia, aspectos que influyen sobremanera en el desarrollo del feto.

Otro argumento de los partidarios de los vientres de alquiler es que las personas infértiles o los nuevos modelos de familia, especialmente las formadas por dos varones, también tienen derecho a tener hijos. Partiendo de que no existe tal “derecho”, debería igualmente serlo para los cientos de miles de personas que no pueden tener hijos, no por problemas de infertilidad, sino porque su vida fértil se va por el sumidero del mercado laboral y/o no logran obtener medios suficientes para mantenerlos. Ese “derecho” debería ser respetado asimismo para todas las asalariadas que se quedan embarazadas y son recurrentemente despedidas, sin que lo eviten las leyes que lo prohíben expresamente.

La gestación subrogada es una fase superior de la explotación capitalista de la capacidad reproductiva de las mujeres pobres en todo el mundo, a las que reduce a mercancías y al estatuto de meras “vasijas”. Es, además, una forma extrema de violencia obstétrica que debemos combatir junto al modo de producción/reproducción capitalista que la hace posible.

Ana Trejo Pulido: “Las mujeres no somos una fábrica de repuestos, ¡basta ya!

https://www.publico.es/entrevistas/vientres-alquiler-ana-trejo-pulido-mujeres-no-fabrica-repuestos-basta.html

10/01/2021 Nuria Coronado Sopeña@NuriaCSopena

A Ana Trejo Pulido, la claridad le vino en 2017 mientras picaba cebolla para la cena. Aquel día no lloraba por la hortaliza, o quizá no solo, sino porque al ritmo del cuchillo pensaba “en los cuerpos de las mujeres empobrecidos, enajenados, cautivos, en cómo desde que nacemos, aprendemos a soportar, a aceptar un determinado nivel de violencia. Interiorizamos como aceptable un cierto nivel de violencia a través de los partos, la crianza, la educación y la cultura y nos vamos quedando petrificados”.

De aquella sensación mecida entre la tristeza y la rabia le nació Stop Vientres de Alquiler, un blog referente contra la explotación reproductiva al que se han sumado después colectivos abolicionistas de todo el mundo. En él, en lugar de “cerrar los ojos ante los profundos rasgos patriarcales de esta industria, donde la maternidad es algo desechable mientras la paternidad se vuelve cada vez más sagrada”, abre las ganas a quien se asome a sus textos a luchar “para que las mujeres y las criaturas dejen de ser pertenencias de los hombres”.

Y es que, como dice esta extremeña, licenciada en Ciencias Políticas y Sociología, experta en Divulgación y Cultura Científica, “aunque la maldad humana es antigua como los mitos, también lo es la capacidad de lucha de las mujeres por conseguir un mundo más justo, humano, pacífico y amoroso”.

La acción política de la sororidad

Ahora, varios años después de su aventura reconoce que siente que, en su conciencia de feminista, ha habido un antes y un después desde que creó la web. “Lo que he experimentado es la conciencia de que las mujeres no estamos solas, que nos tenemos unas a otras y que el análisis y la acción política feminista es un ejercicio de trabajo colectivo que nace de la rabia individual y del aprendizaje en común”.

Para esta activista “de la periferia”, -como le gusta definirse por no vivir en una gran capital sino en Almendralejo-, “nuestra lucha se gesta en el profundo amor a los Derechos Humanos de las Mujeres que otras consiguieron para nosotras y que nuestra herencia no son solo esos derechos, tan vulnerables, como estamos viendo, sino que tenemos la obligación moral e histórica de defenderlos, cada una en la medida que pueda, lo cual siempre es valioso; y hacerlos extensibles a todas las mujeres del mundo”.

Además, señala cómo tal labor está haciendo pedagogía en la sociedad gracias “a la formidable red de creación, aprendizaje, análisis y divulgación feminista digital que amplifica nuestra voz, nuestro pensamiento, nos ayuda a teorizar y a politizar juntas, e impacta potentemente en la opinión pública fuera de los canales de comunicación tradicional”. De esta manera, Trejo cuenta a Público sobre una industria que se reinventa explotando reproductivamente a las mujeres de todo el mundo.

Estamos pasando de la compra de bebés lowcost en Europa del Este al colonialismo reproductivo de países con altas tasas de mortalidad materna y de corrupción como Nigeria. ¿Distinto país mismo infierno para las mujeres?

Así es, la prohibición de la práctica comercial en varios países de Asia, como la India y Tailandia, trasladó el negocio de la explotación reproductiva primero a Europa del Este, y posteriormente a mercados no regulados, en distintos puntos de África y América Latina y también a países no reconocidos como Abjasia o la República Turca del Norte de Chipre.

En el caso de África, Nigeria, se ha convertido junto a Kenia y Sudáfrica en uno de los principales destinos de la subrogación internacional low cost debido a la ausencia de trabas legales, la sencillez de los contratos, la disponibilidad de tratamientos de reproducción asistida muy económicos proporcionados a través de clínicas locales que suelen pertenecer a empresas extranjeras; y sobre todo, a la disponibilidad de miles de mujeres vulnerables y empobrecidas que no tienen más opción para sacar adelante a sus propios hijos e hijas que prestarse a gestar y parir bebés para terceros por poco más de 5000 euros.

¿Cómo define esta relocalización?

Como un negocio sumamente repugnante y violento. Cuando hablamos de un país como Nigeria, con 96 millones de personas pobres, con 10 millones de niñas y niños, sin escolarizar, con un 47% de mujeres mayores de 15 años analfabetas, en el que cada año mueren en el parto unas 67.000 mujeres y que cuenta con la cuarta tasa de mortalidad materna más alta del mundo debido a la falta de acceso a servicios de salud materna, pues te entran ganas de quemarlo todo. La realidad es que cuando se trata de parir para terceros, las mujeres pobres del mundo encuentran fácilmente los servicios de salud materna de los que carecen para tener a sus propios hijos e hijas.

¿Qué significa contratar el alquiler de vientres en los mercados no regulados?

Significa que la mafia reproductiva campa a sus anchas. Los mercados no regulados operan con la amplitud del modelo californiano, pero en un contexto de vacío legal que es mucho más peligroso para la mujer y el futuro bebé, en países con altas cotas de desigualdad y violencia contra las mujeres. Esta situación no justifica en absoluto una regulación que permita legalmente esta práctica, sino por el contrario, exige su absoluta prohibición y protección de las mujeres que puedan ser captadas por las mafias.

¿Nigeria es ahora mismo un país en el que se están produciendo embarazos múltiples de hasta tres criaturas a la vez?

Aquí no hay problemas para seleccionar el sexo u otras características fenotípicas, se incentivan los embarazos múltiples con ofertas o descuentos para programas de mellizos y trillizos, se da acceso a todo tipo de compradores, independientemente de la orientación sexual o el estado civil, y por supuesto, hablamos de precios muy inferiores, menos papeleo y menos intermediarios. Estamos hablando de que en Estados Unidos el proceso puede alcanzar perfectamente los 150.000 euros, mientras que en Nigeria o Kenia rondaría los 40.000 €.

Así estamos viendo como las parejas eligen embarazos de trillizos ignorando los riesgos de la gestación y parto de múltiples para la madre y los bebés: hipertensión gestacional y anemia para la madre, aborto, partos y nacimientos prematuros, bajo peso al nacer, órganos inmaduros y anomalías congénitas en los bebés. Es fácil encontrar en Instagram vídeos de clínicas nigerianas donde aparecen dos o tres bebés recién nacidos, prematuros, siendo reanimados justo después de haber sido arrancados literalmente del cuerpo de sus madres. Estos vídeos y fotografías de partos subrogados se me clavan en el alma, me producen una rabia y un dolor tremendo son la prueba de la violencia y la indignidad que implica esta práctica, violencia contra las madres que pierden a sus hijos justo después de parirlos y violencia contra sus criaturas que nacen directamente huérfanas de madre.

Por otro lado, el embarazo múltiple constituye la principal complicación de las terapias de reproducción asistida, ya que conlleva un elevado riesgo de morbimortalidad perinatal y complicaciones maternas tales como parto pretérmino o restricción de crecimiento fetal. Muchos clientes se decantan por mellizos para tener la parejita de una sola vez, aprovechando las ofertas de las clínicas de 2×1.

Se estima que la industria reproductiva generará un negocio de 27.500 millones de dólares en 2025 de los que 17.700 millones irán a las clínicas de fertilidad. Y España recientemente denunciaba a nombres como IVI.

Efectivamente, en el mismo informe del que proceden estos datos sobre la cifra de negocio, se identifican a los principales actores del mercado de la explotación reproductiva internacional. Entre ellos se encuentran las empresas Nova IVF Fertility e IVI-RMA Global, pertenecientes al grupo español IVI– Instituto Valenciano de Infertilidad, pionero en nuestro país en servicios de reproducción asistida y tratamientos de fertilidad desde los años 90.

El valor de esta empresa española, líder en tratamientos de fertilidad y uno de los actores principales en el mercado de la subrogación internacional, a finales de 2019 era de entre 1.000 y 1.200 millones de euros. No dispongo de datos sobre qué porcentaje representa en el valor de esta empresa la línea de negocio de la explotación de mujeres y la venta de bebés que supone la subrogación, pero podemos imaginar que muchos de los bebés subrogados que llegan a España, con la complicidad de este Gobierno, proceden de tratamientos realizados en las clínicas que IVI tiene repartidas por el mundo.

¿Son clínicas donde cuando los tratamientos de fertilidad no funcionan se recomienda la subrogación internacional?

Así es. Basta hacer una simple búsqueda en Internet para leer unas declaraciones de Antonio Requena, director general médico del grupo IVI, donde reconoce que contemplan la gestación subrogada “como alternativa para sus pacientes cuando no funcionan los tratamientos de fertilidad”.

Por otro lado, sabemos que las agencias intermediarias y las clínicas de fertilidad contactan con ginecólogos y ginecólogas que ejercen en consultas privadas y les ofrecen comisiones de hasta 3.000 euros por derivarles clientes para la subrogación internacional, con la opción de que puedan iniciar los tratamientos en España, donde se crearán los embriones que se enviarán posteriormente a Ucrania, Rusia, Canadá o Estados Unidos. Esto está absolutamente prohibido en nuestro país, pero ni la Fiscalía, ni el Gobierno toman cartas en este asunto.

Se nos ve como simples úteros donde transferir y engendrar uno o varios embriones ajenos. ¿Qué hay del riesgo para la salud de las mujeres?

Desde la perspectiva del negocio, las mujeres son concebidas como parte del procedimiento de reproducción asistida, ellas no reciben el tratamiento, son el tratamiento. Sin embargo, sí son las que soportan todos los riesgos que los clientes externalizan en ellas. Riesgos que conocen de primera mano las mujeres de las parejas heterosexuales que, tras varios ciclos de reproducción asistida fallidos, deciden que es legítimo que otras mujeres pongan en peligro su salud, vendiendo sus óvulos o gestando y pariendo una criatura, para que ellas puedan ofrecer a su esposo un hijo o hija con su propia carga genética. Riesgos que no quieren conocer las parejas homosexuales que se decantan por esta modalidad explotadora de formar una familia a fin de perpetuar sus genes junto al de bellas e inteligentes “donantes” seleccionadas con esmero en catálogos de pornografía reproductiva.

Hay un tema poco conocido como es el de la transferencia emocional y los consejos que se les da a los compra bebés. ¿Cuál es la perversidad de este proceso de lavado de cerebro?

En un acto inmenso de cinismo de las agencias, que ya no niegan o ignoran, como hace unos años, todo el tema del vínculo materno-fetal que se va desarrollando desde el inicio del embarazo, han desarrollado lo que denominan “guías para la transferencia física y emocional del bebé subrogado”. Llaman “transferencia” al momento preciso en el que el bebé es separado de la única madre que conoce y entregado a sus compradores, al momento en el que culmina el contrato de compraventa de un bebé humano.

En ellas se ofrecen consejos para que los compradores no solo reciban de la mujer a su bebé recién nacido, sino también, el vínculo y el apego materno infantil, como si tal cosa fuera posible. A esto lo denominan “transferencia emocional” y afirman que es de gran importancia para la salud del bebé. Resulta repugnante que quienes orquestan un negocio sustentando en una transacción comercial cuyo objetivo es la desvinculación legal, psicológica, emocional y física de una madre y su criatura, insistan en enfocarse en las necesidades del bebé al que están infringiendo toda esta violencia y usurpación de derechos humanos.

¿Qué es lo que les dicen a los compradores de criaturas?

Que, puesto que el bebé se ha pasado nueve meses escuchando a su “gestante” y familiarizándose con ella, es importante que sepan que su bebé nacerá con un apego natural a la madre y que es completamente normal que el bebé no se vincule de inmediato con los futuros padres, aunque esta vinculación asegura, es crucial y posible. ¿Cómo? Pues según ellos siguiendo una serie de consejos. Como los bebés son capaces de reconocer la voz de su madre, sugieren a los compradores que graben audios cantando o leyendo cuentos para que la “carrying parent” algo así como “madre portadora” se lo ponga al bebé en la barriga a fin de que éste se familiarice con la voz de sus futuros padres.

La madre “sustituta” también puede ayudar a preparar al bebé para su nuevo entorno. Aconsejan que le pidan que le ponga al bebé a través de la barriga, alguna música que le guste a los compradores y que será familiar para el bebé cuando esté con ellos. También sugieren que las madres duerman con un osito de peluche para que se impregne de su olor; el peluche se irá con el bebé para que pueda mantener cerca ese olor familiar de su madre mientras hace la transición a la vida en su nuevo hogar.

¿Y piden que sea la propia madre la que entregue el bebé a los compradores?

Personalmente no puedo imaginar mayor dolor. Es una situación tan perversa, porque escenifica la entrega supuestamente voluntaria del bebé por parte de la mujer e implica un descargo de responsabilidad para todos los actores implicados en la explotación reproductiva de la mujer: doctores, agentes intermediarios, personal médico, compradores, etc. Ella libremente accede a prestarse a ser madre de alquiler, libremente consiente las condiciones del contrato, libremente es sometida a un tratamiento de fertilidad durísimo, libremente gesta a un bebé, libremente pone distancia, se desconecta y desvincula de la criatura y libremente la entrega a sus compradores. No hay clínicas de fertilidad, ni agencias intermediarias, ni abogados, ni un negocio multimillonario valorado en más de 6.000 millones de dólares, solo un “ángel” entregando un bebé a sus padres que finalmente cumplen su mayor deseo.

¿Se le hiela la sangre con los trasplantes de útero?

Se me hiela la sangre, mi útero se contrae y grita rabioso, un grito que atraviesa mi vagina y sale por mi vulva de mujer directo a la cara de todas aquellas personas a las que pueda molestar esta imagen. En fin, que los trasplantes de útero de donantes vivas sean médicamente posibles no significa que sean aceptables desde un punto de vista ético. ¿Qué mujeres se prestarán a extirparse el útero como si fuera una espinilla sin importancia? Y ¿por qué lo van a hacer?, ¿por altruismo, por amor? ¡Es que es tremendo!

Hay una presión muy fuerte por parte de la medicina reproductiva sobre las mujeres para que seamos madres a toda costa, aunque estos tratamientos entrañen riesgos, deterioro físico y mental, problemas económicos y de pareja e impliquen la instrumentalización y poner en riesgo la salud de otras mujeres que no necesitan ningún tratamiento para ellas mismas, como es el caso del trasplante de útero, la subrogación y la “donación” de óvulos. Las mujeres no somos una fábrica de repuestos, ¡basta ya!

¿Y qué hay de los trasplantes de testículos?

Ay, esto es muy interesante y casi no se habla en los medios de comunicación. Los testículos se pueden trasplantar de donante vivo, por ejemplo, un hermano, y se obtienen muchas ventajas sobre las prótesis, como que los pacientes no tengan que hormonarse porque los testículos trasplantados producen sus propias hormonas una vez están bien colocaditos en su receptor.

Con los efectos adversos que acarrea la hormonación, esto es toda una ventaja, como lo es el hecho de que la donación se produzca entre hermanos, ya que el receptor podrá tener hijos con la propia carga genética. Un tratamiento redondo, y ya sabes, que por un hermano si hace falta se da la vida.

También se pueden trasplantar testículos de donante fallecido, pero claro, ahí entra el tema de la autorización del difunto a donar también el semen que producirán los testículos en el nuevo cuerpo y ¡fíjate tú, que genera reparo y controversia ética este asunto!

También existe la posibilidad de hacer lo mismo con el pene

El pene solo se obtiene desde donante fallecido, porque claro, no le vas a extirpar el pene a un hombre para ponérselo a otro, ¡ni que fueran úteros de mujeres que no sirven para nada y se pueden extirpar o alquilar, da igual si eres fértil o has llegado a la menopausia! ¡Total es un útero, es que no se puede comparar útero a pene, por diosa!

Sinceramente, viendo todos estos avances de la ciencia, reivindico desde ya el derecho de los hombres sin penes, penes pequeños, maltrechos, feos, inservibles o torcidos y lo mismo para sus testículos; el derecho, como digo a obtener penes y huevos de otros hombres para satisfacer su deseo legítimo de genitales como dios manda, y reivindico por tanto, el derecho de los hombres a donar sus genitales estando vivitos y coleando, de manera altruista claro, para que tengan la oportunidad de sentirse generosos, ángeles protectores de la masculinidad, dadores de virilidad, fecundidad y testosterona natural.

¿España ha perdido su liderazgo en la lucha contra la explotación reproductiva?

No creo que hayamos sido líderes en este tema nunca, por el contrario, las clínicas de fertilidad dedicadas a la subrogación y las agencias intermediarias están encantadas con la instrucción del 2010 que supone una legalización de facto de la gestación subrogada en España. Así que no es que se haya perdido el liderazgo, es que nunca se ha tenido, y las feministas confiábamos en que este Gobierno de coalición tendría el valor político de cambiar las cosas, pero no lo han hecho.

Ni Unidas Podemos, ni el PSOE han movido un dedo con respecto al alquiler de vientres, las palabras se las lleva el viento y la política es mucho más que declaraciones y discursos. Las feministas estamos muy hartas, hasta los ovarios de que los partidos políticos manoseen nuestros reclamos legítimos en campaña electoral y luego se quiten la camiseta y nos olviden. No hay feminismo sin abolicionismo. Si el Gobierno de Sánchez y el Ministerio de Irene Montero en particular, no han entendido esto, no ha entendido nada y les pasará factura.

MANIFIESTO LATINOAMERICANO CONTRA LA EXPLOTACIÓN REPRODUCTIVA

14 noviembre 2020 Marcela Lagarde, Eleane Proo y Bertha García

MANIFIESTO LATINOAMERICANO CONTRA LA EXPLOTACIÓN REPRODUCTIVA

Cerca de 100 organizaciones feministas de toda América Latina (Sur, Centro y Caribe) asociadas a la CIAMS lanzan el PRIMER MANIFIESTO LATINOAMERICANO CONTRA LA EXPLOTACIÓN REPRODUCTIVA  en respuesta a los intentos de apertura del PAM en la Argentina, el Ecuador, Colombia y México.

Las personas, colectivas y organizaciones feministas y abolicionistas abajo firmantes nos organizamos para oponernos a cualquier tipo de legislación o iniciativas legislativas en nuestros países que tengan como fin legalizar o regular la explotación reproductiva de las mujeres, en razón de su sexo, en sus diferentes formas a través de la práctica contractual conocida popularmente como “alquiler de vientres”, y nombrada por sus proponentes con los eufemismos “maternidad subrogada”, “gestación subrogada”, “maternidad por sustitución”, “gestación por sustitución” o “útero subsidiario”, así como la “donación comercial de óvulos”.

La práctica de “alquiler de vientres”, en tanto expresión inequívoca de discriminación, violencia y vulneración de derechos humanos y fundamentales de mujeres, niñas y niños, contraviene lo estipulado en convenios y tratados internacionales de los que nuestros países son signatarios y cuyo cumplimiento es obligatorio por mandato constitucional. Los derechos que pueden verse vulnerados se recogen en la Convención para la Eliminación de Todas Formas de Discriminación Contra las Mujeres, el Protocolo de las Naciones Unidas para Prevenir, Reprimir y Sancionar la Trata de Personas, Especialmente Mujeres y Niños/as que complementa la Convención contra la Delincuencia Organizada, la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño y de la Niña, así como el Protocolo Facultativo de la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño y de la Niña relativo a su venta.

Las iniciativas de legalización de la explotación reproductiva a las que nos referimos presentan en algunas ocasiones la mal llamada “gestación subrogada” como una técnica de reproducción humana asistida y en otras ocasiones se presenta como una opción para dar cumplimento al libre desarrollo de la familia, cuyo acceso debería ser garantizado por el Estado, disfrazando como técnica una práctica que no lo es y otorgando a los deseos de algunos la calidad de derechos. Aquello no puede, ni debe ser legitimado y amparado por los Estados, por varias razones:

Primera, la “gestación subrogada” no es una técnica en tanto la gestación y el parto de una mujer y la renuncia a la persona nacida para ser entregada a terceros por encargo y contrato no revierten ni curan la infertilidad o infecundidad de la o las personas contratantes.

En segundo lugar, el embarazo de una mujer a solicitud de terceras personas a quienes ella deberá entregar la niña o niño que gesta y da a luz, obliga a esa mujer a renunciar a derechos fundamentales y se usurpan aquellos de la persona que trae al mundo.

Tercero, se trata de una relación contractual atravesada por la desigualdad social y económica que suele existir entre las partes contractuales, en la que se observa a las mujeres, en razón de su sexo, como objetos de consumo e instrumentos para dar satisfacción a deseos ajenos. En estas prácticas se explotan las capacidades reproductivas de las mujeres a través de un intercambio de dinero o de cualquier otra retribución o compensación en un contexto de desigualdad económica y social entre las partes que afecta a la decisión de las mujeres que serán utilizadas como meras gestantes o donantes de óvulos.

Por último, la práctica, en cualquiera de sus pretendidas modalidades contractuales (altruista o comercial), vulnera el derecho a la filiación de las mujeres que gestan y dan a luz a sus hijas o hijos, con independencia de la relación genética con ellas/os, por cuanto toda reglamentación en esta materia es un contrato, en el que se exige a las mujeres la renuncia al derecho fundamental a la filiación y la cesión de éste a terceros.

Como abolicionistas y feministas, entendemos y denunciamos esta práctica como una violación de los derechos humanos y fundamentales de las mujeres, en la cual la mujer gestante debe transitar un embarazo a solicitud de terceros a quienes deberá entregar la niña o el niño que viene al mundo, disociándose totalmente de esa criatura. En especial, representa una grave vulneración al derecho a la dignidad humana y a la integridad física y psicológica de mujeres, niñas y niños, lo cual resulta inadmisible en una sociedad que se ha pronunciado a favor de la salvaguarda de los derechos humanos y así lo ha reflejado en los derechos fundamentales contenidos en nuestras respectivas Constituciones y los derechos de las mujeres en razón de su sexo consignados en la CEDAW (Convención para la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra las Mujeres).

Suscribimos la condena de esta práctica que realizó el Parlamento Europeo en su Resolución P8_TA(2015)0470[3], que estima su prohibición universal por considerarla “contraria a la dignidad humana de la mujer, ya que su cuerpo y sus funciones reproductivas se utilizan como una materia prima”. En esta resolución, se enfatizan las posibles implicaciones para las mujeres en situación de vulnerabilidad en los países con altos índices de pobreza y desigualdad, en el contexto de un rentable mercado de la explotación reproductiva que se lucra de las necesidades de las mujeres más vulnerables, a quienes instrumentaliza.

Las organizaciones y personas firmantes de este manifiesto adherimos los términos y contenido de la “Convención Internacional Abolicionista de la Gestación por Sustitución”. http://abolition-ms.org/es/noticias/convencion- internacional-para-la-abolicion-de-la-g estacion-por-sustitucion/
POR LO TANTO, MANIFESTAMOS QUE:

El uso de las mujeres como medio para la satisfacción de los deseos de otras personas, además de reforzar el estereotipo sexista que se tiene de las mujeres como “seres para los otros”, entra en contradicción con el imperativo categórico de la ética que afirma que el ser humano es un fin en sí mismo, no un medio para uso de otras personas.

La perspectiva de la libertad y el deseo que subyace en el discurso que promueve la legalización de la “gestación subrogada” y se presenta como un falso progresismo, es en realidad un postulado neoliberal y posmoderno que invoca una aparente libertad individual de las mujeres contratadas como “gestantes”, para posteriormente legitimar la restricción de sus derechos humanos y fundamentales, en razón de su sexo, al mismo tiempo que se pasa por alto la desigualdad estructural que determina las decisiones de las mujeres en un contexto de presiones familiares, sociales, feminización de la pobreza y sistemática exclusión y marginación económica y social en las que se encuentra la mitad de la población.

Toda reglamentación en esta materia representa un contrato en el que se exige a las mujeres la renuncia al derecho fundamental a la filiación de sus hijos e hijas y la cesión de éste a terceros, lo cual resulta inadmisible en el marco del reconocimiento de los derechos de las mujeres y de la niñez en los instrumentos internacionales de derechos humanos ratificados por nuestros países.

Los contratos derivados de la llamada gestación subrogada suponen una forma de maternidad impuesta, controlada, altamente medicalizada y de mayor riesgo[4] ,convirtiendo a mujeres sanas en pacientes funcionales para satisfacer deseos ajenos, según sean las condiciones estipuladas por los solicitantes de la práctica y otras inherentes a la misma, entre las que se incluyen los tratamientos de hipermedicalización, el número de embriones transferidos al útero, los procesos de reducción embrionaria o abortos provocados sin tener en cuenta la voluntad de las mujeres «gestantes», el tipo de parto y las terapias psicológicas de desapego con el feto gestado y la persona nacida, lo que supone un ejercicio de violencia médica, obstétrica y psicológica, a lo que hay que añadir el control de aspectos de la vida diaria de las mujeres contratadas como “gestantes”, tales como las visitas médicas, las pruebas clínicas, el sueño, la dieta, la actividad física, la movilidad o la actividad sexual. Es así como el ejercicio de derechos humanos y fundamentales relacionados con la integridad física y psicológica, la autonomía, la soberanía sexual y reproductiva y la libre determinación de las mujeres quedan condicionados, restringidos o anulados por una relación contractual asimétrica en la que ellas están en desventaja.

La “gestación subrogada” es una práctica que se asocia directamente a otra muy lucrativa para el mercado de esta industria. Nos referimos a la “donación de óvulos”, que materialmente es una compraventa de gametos y otra forma de explotación reproductiva. Se trata de una práctica cuyos efectos en la salud de las mujeres, asociados al agresivo tratamiento hormonal para la estimulación ovárica, no han sido sistemáticamente estudiados y no se conocen sus implicaciones a medio y largo plazo en la salud de las mujeres.

Otro de los derechos que corre el riesgo de ser vulnerado por la práctica es la interrupción legal del embarazo (ILE), conquista y logro del movimiento feminista y amplio de mujeres en algunos de nuestros territorios pero aún no alcanzado en otros. Por esta razón, para las feministas es inaceptable el condicionamiento de la ILE inherente a los acuerdos de la llamada gestación subrogada, comúnmente a través del establecimiento de “cuotas de reparación económica” inalcanzables para las mujeres que ya no desean continuar con el embarazo

Para las personas nacidas de esta práctica, la mal llamada “gestación subrogada” supone un cúmulo de usurpaciones y de violaciones de derechos humanos: vulnera el derecho a la dignidad de las personas al convertirlas en objeto de contrato, vulnera su derecho a no ser separadas de sus progenitoras y a ser criadas por ellas, vulnera el derecho bidireccional madre-hijo/a a la filiación y a la lactancia materna, vulnera el derecho de la persona a la identidad y a conocer su origen y vulnera asimismo el derecho a la reagrupación familiar. A todo ello, hay que añadir los graves efectos del desapego impuesto en esta práctica, tanto para las mujeres “gestantes” como para los bebés y sus consecuencias futuras aún no estudiadas.[5] Además, convierte a las niñas y niños nacidos por “alquiler de vientres” en objeto de transacción comercial, asignando “precios de mejora” según los paquetes comerciales ofrecidos, que pueden incluir prácticas eugenésicas como la selección de gametos con determinadas características o la elección de rasgos que se desean en la o el futuro bebé, incluido el sexo.

Como ya ha ocurrido en otros países, las propuestas de regulación altruista abren las puertas a la regulación comercial, aumentando el riesgo de turismo reproductivo y trata de mujeres, niñas y niños, además de resultar incompatibles con la prohibición del acto de venta de personas menores de edad, tal y como es definido por el Protocolo Facultativo de la Convención sobre los Derechos del Niño y de la Niña (Art. 2)[7], y en flagrante contradicción con lo estipulado por los Códigos Penales vigentes en materia de venta y tráfico de personas menores de edad.

Las propuestas de regulación sin fines de lucro (altruismo), por más garantistas que pretendan ser, continúan expresándose en el marco de una relación contractual que, al igual que ocurre con el modelo comercial, exigen la renuncia de derechos fundamentales a las mujeres y usurpan derechos fundamentales a niñas y niños, sin mencionar los efectos a largo plazo que estas prácticas pudieran tener en sus vidas. Por otro lado, esta modalidad contempla servicios y trámites médicos y jurídicos con fines de lucro, además de una compensación económica a las mujeres “gestantes altruistas”, por lo que aumenta el riesgo de comercialización encubierta, explotación reproductiva y venta y tráfico de niñas y niños. Finalmente, la práctica altruista no garantiza que las mujeres no sean coaccionadas y presionadas para ayudar a parientes u otras personas.

EXIGIMOS

PRIMERO: No aprobar ninguna iniciativa de ley en materia de “gestación subrogada” o cualquiera de los eufemismos para la explotación reproductiva, ni ninguna disposición que atente contra la dignidad humana y derechos de las mujeres en razón de su sexo o que pueda favorecer cualquier forma de explotación.

SEGUNDO: No legislar deseos individuales elevándolos a categoría de derechos, como el de producir niños y niñas con una determinada carga genética a costa de la dignidad humana. No disfrazar la explotación reproductiva de las mujeres como técnica de reproducción humana asistida o libre desarrollo de las familias. Les recordamos que el embarazo es un proceso biológico complejo que involucra cuerpo y psique, que puede implicar riesgos para la salud y la vida de las mujeres, por lo que no puede ser tratado de forma superficial, irresponsable ni deshumanizante.

TERCERO: Legislar a favor del interés superior de las niñas y niños. Se les debe garantizar protección adicional por parte de los Estados, que están obligados a garantizar en igualdad los mismos derechos fundamentales a todas las personas desde que vienen al mundo. El principio de precaución y de no discriminación debe ser el eje rector de toda legislación que tenga efectos en la vida de las niñas y niños.

CUARTO: Legislar para facilitar los procesos de adopción garantizando el interés superior de las niñas y los niños. Ésta es una vía ética y factible para que el legítimo deseo de maternidad/paternidad pueda ser realizado sin vulnerar la dignidad y los derechos de igualdad sustantiva y no discriminación de las mujeres, niñas y niños, al mismo tiempo que se atienden sus necesidades cuando se encuentran en situación de orfandad.

QUINTO: Legislar para que la maternidad sea ejercida en libertad, cuándo, cómo, con quién y las veces que decidamos, sin subordinación ni vulneración de derechos, con acceso a la contracepción y al aborto legal, seguro y gratuito, sin sujeción a causales.

Porque nosotras parimos, nosotras decidimos y reivindicamos el derecho a decidir sobre nuestra maternidad deseada, frente a la imposición de la maternidad como rol central y fundamental de nuestra condición de mujer. Justo lo contrario de lo que pretende la «gestación subrogada».

SEXTO: Políticas públicas para combatir la histórica feminización de la pobreza exacerbada por la pandemia, que está siendo aprovechada para convertir a nuestros países en paraísos de la explotación reproductiva y sexual


SÉPTIMA: Adherir e impulsar la Convención Internacional para la abolición de la “gestación por sustitución” para su posterior firma y ratificación. Disponible en http://abolition-ms.org/es/noticias/convencion-internacional-para-la-abolicion-de-la-gestacion-por-sustitucion/

OCTAVA: Organizar un espacio abierto de discusión pública sobre las iniciativas legislativas con las organizaciones promotoras y firmantes de este manifiesto.

[1]            Llamada así en alusión a la instrumentalización que se hace de los cuerpos de las mujeres y su capacidad reproductiva, siendo reducidas a un vientre que será usado como medio de satisfacción de los deseos de terceras personas.
[2]            Términos que ocultan que la práctica se trata del embarazo o maternidad fisiológica de una mujer, a solicitud de terceras personas, que no puede ser sustituida ni subrogada pues es imposible la sustitución o subrogación de los procesos biológicos.
[3]            Resolución del Parlamento Europeo, de 17 de diciembre de 2015, sobre el Informe anual sobre los derechos humanos y la democracia en el mundo (2014) y la política  de        la            Unión    Europea   al              respecto https://www.europarl.europa.eu/doceo/document/TA-8-2015-0470_ES.html
[4] Existen revisiones sistemáticas publicadas en revistas especializadas que aportan evidencia de embarazos de mayor riesgo asociados a la llamada gestación subrogada

Las 25 razones de las Feministas Mexicanas contra el alquiler de vientres

02/12/2018

Las 25 razones de las Feministas Mexicanas contra el alquiler de vientres

Feministas Mexicanas contra Vientres de Alquiler  forma parte de un movimiento internacional de feministas empeñadas en señalar cuán problemática es esta práctica que en los últimos años ha querido normalizarse e idealizarse. Tienen alianzas con agrupaciones españolas afines a su lucha, como Stop Vientres de Alquiler o la campaña No Somos Vasijas, y hemos seguido de cerca los logros del movimiento feminista español, que con mucho trabajo ha conseguido frenar reiterados intentos de diferentes partidos políticos por legalizar la práctica.

Preocupadas por la poca información disponible , la parcialidad y la falta de análisis que lleva a algunos a concluir que la explotación reproductiva de las mujeres pueda tener algo de feminista, han elaborado 25 razones  que ponen en evidencia como esa practica  contradice los principios más fundamentales del feminismo y de la ética feminista, y no toma en cuenta la salud y el bienestar de las mujeres.

La «renta de mujeres»  empobrecidas para gestar y dar a luz bebés que serán criados como hijos de otras personas, atenta contra los derechos de las mujeres y de la infancia, y representa un terreno fértil para la trata de personas.

Las Feministas Mexicanas contra Vientres de Alquiler urgimos al Congreso y al Senado de la República a prohibir la llamada “maternidad subrogada” por las siguientes veinticinco razones:

  1. Es una clara manifestación de control sexual de las mujeres. Se pretende que gesten para terceros y que sirvan para satisfacer los deseos de otros. Esta idea de las mujeres como medios y como objetos al servicio de los demás ayuda a perpetuar la inequidad de género.
  2. Mercantilizar el cuerpo de las mujeres es una forma más de violencia contra ellas
  3. Usar los úteros como objeto de comercio refuerza el estereotipo de las mujeres como fábricas de niños.
  4. Pretender que la gestación subrogada es una técnica de reproducción asistida olvida el verdadero papel de los cuerpos de las mujeres y el embarazo en la reproducción. El embarazo no es una técnica.
  5. Gestar y parir para otros no es un derecho ni un ejercicio de la libertad de elección de las mujeres. No nos engañemos y no nos dejemos engañar: ese mensaje que nos han querido vender es falso. En la práctica, las mujeres que son contratadas como madres gestantes se encuentran en precariedad económica, ante una falta de auténticas oportunidades laborales que les garanticen un salario digno con el cual cubrir sus necesidades básicas. Cuando la alternativa es la pobreza extrema o la carencia constante de recursos, la elección no es libre. Además, quienes buscan que se legalice la renta de vientres no son las mujeres empobrecidas sino las empresas intermediarias, que encuentran en los países del tercer mundo un negocio jugosísimo. Esa legalización no favorecería el bienestar de las mujeres sino la ganancia de unos empresarios.
  6. El mercado de vientres de alquiler sólo es posible en un contexto de feminización de la pobreza; es una práctica clasista y racista. En general, se trata de mujeres pobres de países tercermundistas gestando para personas ricas de países primermundistas y de mujeres marginadas, muchas veces analfabetas, que gestan para personas acaudaladas dentro del mismo país. Los precios lo dicen todo: para gestar se busca a mujeres para las que 10 mil euros pueden parecer la solución a todos sus problemas económicos, y quienes buscan el servicio son personas o parejas con la capacidad de pagar hasta 240 mil euros para cumplir su deseo de tener un hijo. Las mujeres gestantes reciben, como norma, un diez por ciento de lo que pagan los clientes de la subrogación; en el mejor de los casos llega a alcanzar el 17% pero, en la India ese porcentaje ha llegado a ser tan bajo como 0.9%. De ese tamaño es la asimetría entre las partes.
  7. Tal como se da en la práctica, a las mujeres contratadas como madres gestantes se las explota: mientras ellas se embarazan y arriesgan su salud e incluso la vida, la inmensa mayoría de las ganancias son para las empresas intermediarias que lucran con la necesidad de mujeres pobres, por un lado, y con el deseo legítimo de ser madres y padres, por otro. Lo que tenemos aquí no es una demanda de mujeres: es una demanda de empresas mercantilistas. Tan solo en la India se llegó a calcular que el negocio oscilaba entre los mil y los dos mil trescientos millones de dólares al año. Se entiende así por qué el mercado de bebés recién nacidos está en auge.
  8. La práctica se presta a que las mujeres jóvenes de una familia sean explotadas y usadas como fuente de ingresos por los demás miembros o por sus maridos en una especie de proxenetismo reproductivo, como ya ha quedado documentado en estudios hechos en la India. Un ejemplo emblemático más cercano a nosotros son las hermanas Hernández, de Tabasco: cuatro mujeres de entre 22 y 30 años a las que su abuela alienta a embarazarse cuantas veces puedan antes de cumplir los 35.
  9. La llamada maternidad subrogada implica que las mujeres que se rentan para gestar hijos ajenos renuncien a un derecho básico: el de filiación. Uno de los mayores temores de las agencias intermediarias es que las mujeres creen un vínculo emocional con el futuro bebé. Por eso, con ayuda de psicólogos y “talleres de desapego”, se empeñan en convencerlas de que ese hijo al que van a parir “no es suyo”, pero ¿cómo le explicas a una madre que ella no es más que la portadora temporal del bebé que se formó en sus entrañas, si ese mensaje contradice todo lo que su cuerpo, su psicología y su sentido común le están comunicando? Uno de los primeros casos en poner de manifiesto los problemas jurídicos y éticos a que da lugar esto fue el conocido como Baby M. En 1986 en Estados Unidos William y Elizabeth Stern se enfrentaron con Mary Beth Whitehead por la custodia de la bebé que nació como resultado de un acuerdo de subrogación tradicional, en el que Whitehead aportó su óvulo y este fue fecundado con semen de William Stern. Después de nacida la niña, la mujer se arrepintió de haberla entregado, rechazó el dinero e inició un proceso legal. Al cabo de un largo juicio, la Suprema Corte de Nueva Jersey declaró inválidos los acuerdos de subrogación, reconoció a Mary Beth Whitehead como la madre legal y se le concedieron derechos de visita, pero la custodia la obtuvieron los Stern.
  10. Negar el parto como señal inequívoca de maternidad supone un retroceso a los tiempos en que lo determinante en un nuevo ser humano era la aportación genética del hombre; la mujer era apenas una simple vasija, un lugar de paso. Esta postura, además, no toma en cuenta que para un bebé recién nacido no importa de dónde haya venido el óvulo: madre es la mujer que lo gestó y lo parió.
  11. En nuestras leyes, el cuerpo humano y sus partes no son objeto de comercio, pero en la llamada maternidad subrogada se rentan cuerpos de mujeres (no solo los úteros, sino su cuerpo entero y sus funciones) para producir bebés, que a su vez también serán objeto de un intercambio comercial. Por mucho que a este intercambio de dinero se le llame “compensación”, no deja de ser una transacción comercial en la que la mercancía es un bebé.
  12. Aunque no hay muchos estudios que indiquen qué pasa con los niños hijos de la subrogación ni cómo asimilan los otros hijos de las mujeres contratadas para gestar que su madre entregue a un hermano suyo a cambio de dinero (y esta omisión ya es significativa), empiezan a salir a la luz algunos testimonios. Ya podemos conocer la opinión de algunos jóvenes que nacieron por este tipo de acuerdos de subrogación y saber cómo se sienten. Es el caso del estadounidense Brian, que a los diecisiete años abrió un blog en el que explica emociones comunes a él y otros niños que al nacer fueron separados de las madres que los parieron: “Como yo lo veo es que fui comprado y vendido. Puedes adornarlo con palabras bonitas, [pero] cuando intercambias algo por dinero se le llama mercancía. Los bebés no son mercancías: son seres humanos. ¿Cómo crees que nos sentimos por saber que se dio dinero a cambio de nosotros? […] No puedes hacer una sustitución de madres y pretender que eso nos guste. Puedes tener todo el amor del mundo y todas las buenas intenciones, pero eso para nosotros no resuelve el problema”.
  13. Según los artículos 7 y 8 de la Convención de los Derechos del Niño, las y los menores tienen derecho a conocer su origen e identidad. La práctica de vientres de alquiler complica enormemente el ejercicio de este derecho porque en el proceso pueden estar involucrados hasta seis adultos (quien aporta el óvulo, quien aporta los espermatozoides, la madre gestante, la pareja de la madre gestante, la madre contratante, el padre contratante). La también estadounidense Jessica Kern, que nació por un contrato de subrogación, ilustra el punto de vista del menor: “Los hijos de la subrogación se enfrentan a los mismos traumas que los niños adoptivos: queremos saber de dónde venimos, queremos saber quiénes son nuestras madres biológicas, queremos saber quiénes nos dieron a luz y cómo son […] Cuando sabes que gran parte de la razón por la que viniste al mundo se reduce a un cheque, y que tras el pago fuiste desechable, te entregaron y nunca más pensaron en ti, eso influye en tu concepción de ti mismo”.
  14. Los contratos mercantiles asociados a la llamada maternidad subrogada suelen incluir cláusulas abusivas para controlar diversos aspectos de la vida de las mujeres que fungirán como madres gestantes: alimentación, actividad sexual, sueño, etc. Es lo que ocurre en las famosas granjas (o, como las clínicas de fertilidad prefieren decirles, “colonias residenciales”), donde viven largos meses, separadas de sus familias y sometidas al puntual tratamiento, las mujeres que están gestando para otros. Incluso se les limita el derecho a la interrupción legal del embarazo o a veces se les impone. Un caso muy sonado que ocurrió en Tabasco ilustra los abusos a los que se presta contratar a mujeres empobrecidas para embarazarlas con embriones procedentes de otras personas. Como se sabe, después de que la India restringió esta práctica, las agencias internacionales de alquiler de vientres empezaron a establecerse en Tabasco, cuyo código civil permite la subrogación gestacional desde 1998. Estas empresas aprovechan que Cancún es centro de turismo médico y destino vacacional y ponen ahí sus oficinas. Eso hizo la agencia Planet Hospital, con sede en California y pionera en utilizar Cancún como destino de turismo reproductivo. Tras ser acusada de engañar a decenas de clientes, en 2014 se declaró en quiebra y se enfrentó a una investigación del FBI. Al cerrar, la agencia dejó a cinco mujeres embarazadas y a muchas otras ya con tratamientos hormonales iniciados. Las madres gestantes se enfrentaron a maltratos de los directivos de Planet Hospital, a la falta de apoyo de las personas que supuestamente las cuidaban, a la incertidumbre de no saber qué iba a ocurrir con los bebés que pronto nacerían, y a la imposibilidad de contactar con las parejas solicitantes..
  15. En la gestación por contrato es común inyectarles hormonas a las mujeres dos o tres veces al día durante tres a cuatro meses y transferirles varios embriones para aumentar la probabilidad de que el embarazo sea exitoso y la empresa pueda cumplir con la entrega del producto. Eso implica una serie de efectos secundarios y riesgos para la salud de la gestante, mayores posibilidades de embarazo múltiple y mayor riesgo de preeclampsia, diabetes gestacional y hemorragia postparto, y a menudo abortos selectivos (o, como ellos lo llaman, “reducción embrionaria”), que se practican sin consideración a las creencias y deseos de la mujer, y que tampoco están exentos de riesgos. En 2015 se dio un caso que pone de manifiesto una de las muchas negligencias médicas a que son expuestas las madres gestantes. Una mujer de Aguascalientes se embarazó para ser madre subrogada después de contactar a la agencia estadounidense Surrogacy Beyond Borders, a cambio de $170,000 pesos. Para la fecundación se utilizó semen de uno de los solicitantes, infectado de VIH, dato que a la mujer nunca se le comunicó. Cuando se enteró y confrontó a la agencia, esta le mintió y no reconoció ninguna responsabilidad.
  16. La industria de la gestación subrogada está directamente relacionada con otra práctica especialmente riesgosa para las mujeres, que es la venta de óvulos (tramposamente llamada “donación”). Los procesos asociados a la extracción de los óvulos son riesgosos, pueden tener diversos efectos secundarios en la salud de las mujeres que se someten a él e incluso comprometer su vida y su propia fertilidad. Aunque, por una omisión muy criticable, tampoco para este tema se cuenta con estudios a largo plazo, se sabe de varias jóvenes que han estado al borde de la muerte a consecuencia de haberse sometido al agresivo tratamiento que posibilita la producción y consecuente extracción de hasta cuarenta óvulos a la vez.
  17. En este mercado sin escrúpulos, ni las mujeres contratadas para gestar ni las mujeres a las que les compran óvulos reciben información suficiente para poder otorgar un auténtico consentimiento informado. Para que quede clara esta falta de consideración a ellas: según un estudio publicado en 2014 por el Centre for Social Research, 88 por ciento de las mujeres gestando para otros en Delhi y 76 por ciento en Mumbai no conocían los términos del contrato.
  18. Así como por razones éticas un Estado de derecho no puede permitir la venta de órganos, también debe prohibir el alquiler de las mujeres y sus úteros. Cuando a una persona se le ofrece dinero a cambio de uno de sus órganos se la está empujando a actuar en contra de sus propios intereses; por eso mismo está prohibido.
  19. Muchos contratos mercantiles asociados a la “gestación subrogada” abren la puerta a la eugenesia. Puedes elegir, aunque pagues más, que los donantes de gametos sean rubios, tengan determinado color de piel o un coeficiente intelectual más alto, etcétera. Por ejemplo, una petición en change.org que busca una gestación subrogada completamente libre reclama “que se pueda ofrecer y pedir el nivel de cociente intelectual, así como cualquier otra característica física o psicológica que los donantes tengan a bien ofrecer o que los padres tengan necesidad de saber”.
  20. Es, como se ve, una fabricación de niños a la carta. En países en los que se ha legalizado alguna de las modalidades de esta práctica, como ocurre también aquí en nuestro estado de Tabasco, ha llegado a pasar que se abandona a las criaturas cuando su aspecto o características no responden a los deseos de las personas contratantes. La llaman “no satisfacción del servicio” y permite rechazar a bebés que no sean del sexo solicitado, cuyo color de piel no sea el esperado o que presenten alguna enfermedad o discapacidad. Un caso internacional muy sonado fue el de Baby Gammy, en 2013. Una mujer tailandesa de nombre Janbua fue contratada como gestante por una pareja australiana, Wendy Li y David Farnell. Ella dio a luz gemelos, uno de ellos con síndrome de Down. La pareja australiana solo quiso a la niña y dejó al niño, Gammy, al cuidado de Janbua, que lo crio como suyo a pesar de las dificultades, empeoradas por su situación de vulnerabilidad económica y social. El caso fue muy polémico, entre otras razones porque más adelante se supo que David Farnell tenía acusaciones de pederastia. En 2016, la Corte Familiar decidió que Gammy se quedaría en Tailandia con Janbua, y su hermana gemela Pipah viviría en Australia con los Farnell (nótese, sin preocuparse por el riesgo de que la niña sufriera abuso sexual del padre). En respuesta a los numerosos problemas a que dio lugar el caso, Tailandia decidió cerrar la práctica de la maternidad subrogada. Actualmente sólo está disponible de forma altruista, para matrimonios heterosexuales de origen tailandés, y es requisito que las madres gestantes tengan una relación de parentesco con la pareja solicitante. En México tenemos también el famoso caso de Rodolfo, que nació en diciembre de 2015 de Laura, contratada para gestar por la Fundación Ayudando a crear Familias. El niño presentó complicaciones de salud. Laura lo cuidó durante todo el tiempo que el pequeño estuvo enfermo e internado en el hospital; después lo registró con sus apellidos y los de su esposo, ante el abandono de Eduardo, el padre biológico. Este apareció tiempo después, el 10 de julio de 2017, y le pidió al niño a la madre so pretexto de hacerle unas pruebas de ADN. Ella accedió y él desapareció con todo y niño. En opinión de Laura, las autoridades se negaban a actuar. Alerta Amber México atrajo el caso; aparecía la ficha de búsqueda del menor pero fue desactivada. Después de varios meses lejos de su familia, Rodolfo fue localizado en Tijuana y puesto bajo custodia del DIF municipal, hasta que a fines de octubre pudo regresar con su madre. Este caso es emblemático porque pone de manifiesto el abandono al que se exponen los niños producto de los vientres de alquiler y la poca protección a sus derechos.
  21. No perdamos de vista que el deseo de maternidad/paternidad, por intenso y legítimo que sea, no es un derecho, mucho menos tomando en cuenta que ese deseo a veces puede entrar en conflicto con derechos de las mujeres y de la infancia.
  22. La práctica de vientres de alquiler no es una alternativa a la adopción. Mientras que la adopción busca dar protección a una niña o un niño que ya ha nacido (procurando en todo momento el interés superior del menor), la “gestación subrogada” busca satisfacer los deseos de unos adultos. Mientras que en la adopción solo se puede pedir el consentimiento de la madre pasado un tiempo para asegurarse de que no se arrepienta, en la gestación subrogada ella debe darlo incluso antes de la transferencia de embriones, antes de vivir el embarazo y el parto. Las criaturas nacidas por gestación subrogada reciben un trato discriminatorio desde el momento en que se les niega la tutela institucional. A diferencia de lo que sucede con los procesos de adopción, en los vientres de alquiler no hay un análisis serio y profundo de las motivaciones de los adultos interesados: basta con que puedan pagar a las empresas intermediarias. Si para adoptar un niño en la Ciudad de México se piden cartas de antecedentes no penales y recomendaciones y se somete a los solicitantes a entrevistas exhaustivas, para contratar un embarazo el único requisito es el dinero. Lo ilustra dramáticamente el caso del hombre de Victoria, Australia, que confesó haber abusado sexualmente de dos hijas gemelas que había obtenido por gestación subrogada a cambio de 44,000 dólares con la intención de explotarlas sexualmente. Al allanar su casa, cabe agregar, la policía australiana descubrió más de 26,000 películas e imágenes de pornografía infantil, muchas tomadas por él mismo, y en las que no sólo aparecían las gemelas sino también sus sobrinas.
  23. El mercado de vientres de alquiler se presta a la trata de personas. Esto cobra especial importancia en un país como México, en el que el delito de trata de personas es un gravísimo problema. Aprendamos de Nigeria, cuya policía el primero de junio de 2011 rescató de una casa a 32 niñas embarazadas, de entre 15 y 17 años de edad. Algunas declararon que les habían ofrecido aproximadamente 192 dólares a cambio de sus bebés. El precio de las criaturas podía rebajarse dependiendo del sexo. Los compradores las adquirían por cantidades entre los 1,920 y los 6,400 dólares. Está claro que esta industria tiene un fuerte parentesco con el tráfico de menores.
  24. La regulación a favor de la “maternidad subrogada” no garantiza la protección de las partes involucradas, especialmente la de las criaturas nacidas y de las mujeres contratadas como “madres gestantes”. Es ingenuo pensar que dicha regulación terminará con todas las malas prácticas y los múltiples abusos a los que se presta el uso de mujeres como fábricas de niños. Por el contrario, sólo seguirá promoviendo el turismo reproductivo y la trata de personas.
  1. Así como la esclavitud fue abolida, para las Feministas Mexicanas contra Vientres de Alquiler, la abolición de la renta de mujeres en situaciones económicas desesperadas para que gesten y entreguen a terceros bebés paridos por ellas, será la única manera de garantizar el respeto a los derechos humanos y a la dignidad de mujeres e infantes. La gente no debe ser objeto de comercio, mujeres y niños no deben ni pueden rentarse o venderse en ningún Estado respetuoso de las garantías individuales.

Como se ve, los vientres de alquiler no solo son totalmente contrarios a la ética y al feminismo, sino que en la práctica tienen múltiples complicaciones y riesgos. No vemos ninguna buena razón para legalizarlos, y sí numerosas razones de peso para prohibirlos. Instamos a la sociedad y a nuestros legisladores a no permitir que se legalice y con eso se normalice la idea de las mujeres como meros instrumentos al servicio de los deseos de otros, aun a costa de su vida y de su bienestar.

Esta práctica se permite en los estados de Tabasco y Sinaloa y hay actualmente varias iniciativas que pretenden regularla en un plano federal. Se acaba el periodo legislativo y esto no puede quedar en el cajón de los pendientes. Urgimos a que se prohíba la explotación reproductiva de las mujeres de una vez por todas. Nuestras leyes estipulan que las partes del cuerpo y las personas no están sujetas al comercio; así debe seguir siendo. Por todo esto, y por un principio ético y feminista irrenunciable, nos oponemos firmemente a que se normalice, cristalizándola en leyes, una práctica que atenta contra la dignidad humana de las mujeres.

Pedimos a las cámaras del Congreso de la Unión, a los candidatos presidenciales, a las feministas y a la sociedad en general que por razones humanitarias también se opongan a la llamada maternidad subrogada y se resistan a la descarada y engañosa propaganda en torno a ella.

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