Empieza la sexta etapa de la intervención de EEUU en Afganistán

Nazanín Armanian 8 septiembre 2021

https://blogs.publico.es/puntoyseguido/7360/empieza-la-sexta-etapa-de-la-intervencion-de-eeuu-en-afganistan/

En la historia, la cronología es imprescindible no sólo para descifrar los motivos que hay detrás de ciertos acontecimientos presentados como «sucesos», sino también para «ver el bosque» además de los árboles.

Así, podremos descubrir que la intervención de EEUU y sus aliados en Afganistán no empezó con el 11S en 2001, ni que el actual autogolpe de Washington significa «abandonar» el país más estratégico del mundo.

Primera etapa: 1978-1996

Contexto: Guerra Fría. La década de los setenta empieza y termina asestando duros golpes a EEUU como la superpotencia capitalista:

  1. En Vietnam, 1975, país con frontera común con la República Popular China, y cuyo movimiento de liberación era dirigida por las fuerzas marxistas lideradas por Ho Chi Minh.
  2. En Irán, 1978, una revolución popular derroca a la monarquía de Pahlavi, próxima a Washington. El país linda con Unión Soviética en 1.600 km; es la primera reserva de gas y la cuarta de petróleo del planeta, y cuenta con una poderosa fuerza de izquierdas que resistió a la Operación TP-Ajax de la CIA en 1953.
  3. En Afganistán, 1978, otro vecino de la URSS con 1.343 km de frontera común y 76 km con la provincia Sinkiang de China, los marxistas realizan un golpe de Estado (¡siendo los primeros del mundo que no esperan una revolución!) y toman el poder.
  4. En Nicaragua, 1978, los sandinistas, hacen de cubanos y acaban con su dictadura. Su efecto mariposa alcanza la isla de Granada donde la izquierda se hace con el poder.

  1. Intensifica la agresividad de sus políticas hacia la URSS: baja el precio del petróleo de 35 a 10 dólares el barril, le somete a una brutal carrera armamentística, y añade un nuevo factor en su batalla contra el socialismo: el uso de la extrema derecha religiosa. Pues, les une es el anticomunismo, la defensa de la propiedad privada, y la enemistad hacia el progreso en los países del Sur.

Y, se pone manos a la obra:

  1. Para Afganistán, la CIA crea en 1978 al ejército de mercenarios «yihadista»: entrena en suelo pakistaní y con dinero saudí a miles de hombres desclasados y delincuentes, y los equipa con las armas de la OTAN (incluso misiles Stinger). El objetivo de la «Operación Ciclón» de la invasión «yihadista sunnitas» a Afganistán será desmantelar al gobierno socialista, y tender una trampa a la URSS para que tenga su propio Vietnam. Atentaron contra unos 2.000 colegios (mataron a cientos de estudiantes, destruyeron centrales eléctricas, fábricas, clínicas, cooperativas campesinas, violaron a miles de mujeres, decapitaron a cientos de hombres y provocaron la huida de millones de personas de sus hogares. La prensa occidental les llamará «luchadores por la libertad»).
  2. Para Irán, Jimmy Carter negocia con Ayatolá Jomeini (líder del «yihadismo chiita»), para abortar juntos la revolución progresista iraní. Resulta que, al contrario de las revoluciones como la francesa, rusa, o la china, en Irán había dos principales grupos que deseaban el fin de la monarquía: las fuerzas progresistas, y también las oscurantistas que se oponen a cualquier tipo de modernización (capitalista o socialista) de la sociedad. De modo que, 15 años después de su destierro a Irak, el ayatolá «de repente» aparece en Francia como miembro de la OTAN, donde los medios de comunicación convirtieron a un desconocido en el «líder de la revolución islámica».

Un mes después de la cumbre de los G4 en la isla de Guadalupe del enero del 1978, Jomeini aterriza en Teherán en un Air France, para instalar su teocracia anticomunista y de corte medieval. Cumplirá su parte, y exterminará a todas las fuerzas progresistas y cerrará las fronteras con la URSS.

  1. Para Nicaragua forma a Los Contra, y si a los terroristas afganos les financia con el dinero del opio, a éstos lo hace con la cocaína colombiana.
  2. En Granada, el mismo año, lanza la operación «Furia Urgente» e invade la isla derrocando el gobierno de Hudson Austin.
  3. En Polonia, otro país limítrofe con la URSS, también en 1978, utiliza a Lech Walesa y su sindicato de extrema derecha católica Solidaridad, para derrocar al gobierno socialista.
  4. En el Vaticano, en la misma fecha, convierte al cardenal polaco Karol Wojtyla en Papa: será la primera vez que un sacerdote eslavo ocupe este cargo en la Santa Sede. Juan Pablo II tendrá dos principales misiones: 1) Desestabilizar los países «cristianos» del espacio socialista, y 2) desmantelar la Teología Cristiana de Liberación: Ernesto Cardenal será repudiado y Oscar Romero e Ignacio Ellacuría serán asesinados.

La ofensiva del capitalismo consigue no solo parar el avance del movimiento por el progreso a nivel mundial (hasta hoy), y convertir la religión en un actor político atacando el laicismo, sino arrebatar gran parte de los derechos conquistados por los trabajadores y por las mujeres a nivel mundial.

Segunda etapa: 1991- 1996

Con el fin de la URSS, EEUU ahora pretenderá extender su dominio económico y militar sobre los territorios ex socialista. En Asia Central, sus medidas serán:

  • Impedir la reconstrucción del espacio postsoviético bajo el paraguas de Moscú.
  • Instalar bases militares en la región, para vigilar a China, Rusia, Irán e India.
  • Apoderarse del gas y petróleo afgano valorado en mil millones de dólares por el Pentágono. Exxon Mobil, la mayor petrolera privada del mundo se apresuró a explorar el petróleo de la provincia de Faryab. Su subsuelo, además de minas antipersonas y fosas comunes, alberga un millar de minas de hierro, cobre, cobalto, oro, plomo, bauxita, tantalio, esmeralda, rubí, plata, o litio estimadas en un billón de dólares: ¡Parecía el Congo de Asia!
  • Por otro lado, los recursos energéticos de los países «stanes» podría reducir la dependencia de EEUU al Golfo Pérsico, romper el monopolio ruso sobre los yacimientos de petróleo y gas, y frenar el desarrollo de la economía China. Turkmenistán, por ejemplo, es la cuarta reserva del gas del planeta.
  • Pero, los Muyahidines afganos, divididos en una docena de grupos tribales dirigidos por señores de guerra (algunos integrados en la Alianza del Norte, que hoy «resisten» en la Valle de Panjshir), fueron incapaces de establecer la seguridad necesaria para las inversiones de EEUU y Europa en la región: así llaga el fin (provisional) de los Muyahidines.

Tercera etapa: 1996-2001

Con una inversión de diez mil millones de dólares, en 1996, Washington reemplaza a los Muyahidines por Al Qaeda, dirigido por el agente de la CIA, el príncipe saudí Osama Bin Laden y los Talibán, ciudadanos afgano-pakistaníes pastunes de ideología wahabita, para que instalen en Kabul una dictadura a la imagen de Arabia Saudí, y neutralizar la influencia tradicional irano-ruso-india en Afganistán. La faceta wahabita del régimen talibán contendría al Irán chiitas, a la Rusia ortodoxa y a la China marxista.

Como pedagogía del terror, los terroristas profesionales talibán torturan, asesinan y cuelgan el cuerpo del presidente Nayibulá en la vía pública. Luego, emprenden una masiva limpieza étnica contra los no pastunes y los no sunnitas, y violan, apedrean, y matan a miles de afganos, mientras saquean museos, destruyen televisores, salas de cines, bibliotecas, y prohíben todo tipo de ocio y signo de alegría y vida. Crímenes entonces silenciados por los medios occidentales: sus petroleras estaban perforando el suelo afgano, mientras JPMorgan Chase firmaba con los talibán un acuerdo por el valor de 40 millones de dólares para explotar las minas de oro. Años después, en 2010 a Horst Köhler, el presidente de Alemania le costará el puesto sugerir que las tropas de su país estaban en Afganistán para proteger la economía alemana.

Mohammad Najibullah

Pero, al llegar 1998, EEUU decide deshacerse de los talibán: a su incapacidad para formar una administración que pueda gobernar el país, se añade la fatwa (norma) de prohibición del cultivo de la adormidera (opio) por los jefes del grupo islamista. Empieza la campaña mediática anti-talibán-Al Qaeda y su presentación como la banda de salvajes que oprime a los afganos, y es nada menos que una amenaza a la mismísima civilización humana: «de repente» el mundo sabrá del burka, de las lapidaciones, y del lanzamiento de personas homosexuales desde lo alto de los edificios. La opinión pública ya está lista para la siguiente etapa: la presencia directa de 300.000 soldados y mercenarios de la OTAN, que planea hacerse con el control de «Heartland», el corazón de la Tierra, o sea, Asia Central, bajo el lema de «salvar a las mujeres afganas».

Cuarta etapa: 2001-2021

Desde Rusia, la doctrina Putin, ponen fin a los festejos por la «muerte del Kremlin» en la Casa Blanca:
Entierra la era Yeltsin, pone orden en Rusia y además recupera a las repúblicas ex soviéticas de Asia Central.
Se acerca a China, en julio de 2001, para fundar la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), integrando a los países centroasiáticos, donde ambas potencias recuperan su influencia tradicional.

Fortalece a la Iglesia Ortodoxa frente al Vaticano, y consigue recuperar las relaciones de Moscú con los Estados practicantes de esta fe.

Da por finalizada la única década de la hegemonía solitaria de EEUU sobre el mundo.

Con los atentados del 11S, EEUU, el padrino del «terrorismo islámico», hará de bombero pirómano. Culpa a los talibán-Al Qaeda, ocultando supuestos documentos de la CIA que implican a Arabia Saudí en los hechos.

Ninguno de los supuestos terroristas era afgano, pero lanza un ataque sobre la nación afgana exigiendo la entrega de un solo individuo, Bin Laden, a los talibanes. Si la CIA es experta en secuestros (general Noriega de Panamá, por ejemplo) o los «asesinatos selectivos» (coronel Gadafi), ¿no será que Bin Laden no estaba en Afganistán (al igual que las «armas de destrucción masiva no estaban en Iraq, sino en Israel), o que el objetivo real de EEUU no era capturarlo? A Laden, muy supuestamente, le encuentran en 2011, ¡10 años después!, y no en una cueva de neandertales de Afganistán sino en una mansión en el aliadísimo Pakistán. Que, en 2007, Benazir Bhutto revelase que el saudí ya había muerto le costará la vida un mes después.

Mantener vivo al fantasma del señor coco Bin Laden le da tiempo suficiente a la OTAN a militarizar el mundo y llegar donde ni persiguiendo a los rojos había podido llegar. En la primera semana de ataque, EEUU y sus aliados lanzan sobre los afganos unas 20.000 bombas, matando a decenas de miles y forzando la huida de varios millones de personas en aquel duro invierno. Bombardearon depósitos de agua, centrales eléctricas, cultivos y animales de granja, y se reservaron el derecho exclusivo de secuestrar, torturar y matar de los ciudadanos de otros países.

Entre otros objetivos, EEUU pretenderá:

  • Rescatar la economía estadounidense de la recesión con una guerra.
  • Justificar la permanencia de la OTAN tras el fin del Pacto de Varsovia, salvando el complejo industrial militar. El fabricante de armas Lockheed Martin multiplica por 15 el precio de sus acciones en la Bolsa, y recibe el mayor contrato militar de la historia: 200.000 millones de dólares. Las guerras, además sirven para deshacerse de las armas viejas de la Guerra Fría y probar las nuevas sobre el terreno real.
  • Convertir el mundo en una granja vigilada por millones de cámaras, arrebatando las libertades conquistadas por los ciudadanos, sin disparar una sola bala.

–  Sabotear la OCS, también lo hará con BRIC (Brasil, Rusia, India y China)

  • Construir el gaseoducto transafgano TAPI (Turkmenistán, Afganistán, Pakistán, India). Afganistán era la única salida viable del transporte del gas de Turkmenistán a los mares libres.
  • Impedir que los talibán acabaran con el comercio «haram» de opio. Según la ONU, la producción de heroína afgana pasó de 185 toneladas en 2001 a 5800 en 2012. El gobierno de Kabul será el principal narcoestado del mundo.
  • Convertir Afganistán en una gran base militar en el corazón de Asia Central, en la vecindad de China, Rusia e Irán.

Quinta etapa: 2001-2021

En 20 años de gobierno de la OTAN en Afganistán, salvo implantar bases militares, EEUU no alcanzó ninguno de sus objetivos, y en parte por:

  • El descontento popular por las atrocidades de la OTAN. La CIA creó  escuadrones de la muerte (al igual que en Iraq y Siria). En diciembre de 2009, en Narang, los soldados de EEUU entraron en una escuela, sacaron a 10 niños de 12 a 18 años, los esposaron y los ametrallaron para después hacerse fotos con sus cadáveres. Fue la punta de iceberg.
  • Colocar un gobierno «afgano» débil y corrupto que ni controlaba la zona verde de Kabul. El propio EEUU ve contrario a sus intereses la formación de gobiernos poderosos: se dedica a convertirlos en estados fallidos o minipaíses.
  • Traicionar a Pakistán, en un intento de atraer la cooperación de la India en la contención de China. Islamabad no le perdonó que instalase en Kabul a Hamid Karzai, un presidente pro indio, quien se salvó de milagro de un atentado.
  • El choque de intereses entre EEUU y sus aliados de la OTAN que empezaron a dejarle solo, política y militarmente, en aquel terreno empantanado
  • Que China le arrebatara el TAPI, construyendo el gaseoducto más largo del mundo, de 7.000 km de Turkmenistán a Shanghái.
  • El fracaso de la política de afganizar la guerra –o sea, entrenar y potenciar los militares nativos para que maten y mueran en defensa de los intereses de Washington.

Así, el gobierno Obama-Biden dejó de pensar en «ganar la guerra» y centrarse en sacar las tropas de forma decorosa. Para ello, intentó desmilitarizar la CIA, y que las guerras se decidieran en el Ala Oeste de la Casa Blanca, que no en el Pentágono.

«No podemos dejar Afganistán ahora. Tiene billones de dólares en minerales», confesó el general David Petraeus, director de la CIA, antes de ser «dimitido» por infidelidad a su señora esposa, o quizás por oponerse (como otros generales) a los planes de retirada de su presidente.

Sexta etapa: a partir del agosto 2021

Nada de lo que está sucediendo en Afganistán ha estado fuera del plan de EEUU: «Si no es para mí, que no sea para nadie», con este lema, EEUU empieza en 2015 a trasladar a cientos de yihadistas desde Siria a Asia Central: habían cumplido con su misión de desmantelar el estadio sirio, propiciando la instalación de bases militares de la OTAN en este país.

Luego, en 2019, Donald Trump pacta con Pakistán la entrega de Kabul a los talibanes, para hundirlo en caos y convertirlo en un barrizal donde atrapar a China, Rusia e Irán. Por lo que retira sus tropas para salvarlas, mientras mantiene (por el pacto con los talibán) numerosas bases en el país y decenas de miles de mercenarios.

La sirización de Afganistán  forma parte del proyecto de la reconfiguración el mapa del mundo a la medida de los intereses de un EEUU, en decadencia.

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