El discurso de Trump y el informe de Dimitrov contra el fascismo

jorge_dimitrov

Javier Parra  publicado el  21 enero, 2017 en https://larepublica.es/2017/01/21/discurso-trump-informe-dimitrov-fascismo/

 

Este viernes 20 de enero tomó posesión Donald Trump como Presidente de Estados Unidos. Con el discurso que pronunció tras jurar el cargo sobre dos Biblias comienza un periodo que cambiará sin duda la política internacional, y empieza materializarse algo que lleva años germinando y que ya ha mostrado sus fauces en Europa en los últimos tiempos.

El discurso es tremendo y recomiendo leerlo detenidamente, porque me atrevo a decir – no con poca preocupación – que seducirá a millones de personas en todo el mundo, y especialmente en Europa. El discurso es una declaración abierta de que no estamos ante un periodo más en la historia de EEUU y utiliza no pocos argumentos y recursos de caracter populista, con numerosas referencias a Dios, con un extremo carácter chovinista y racista, y donde se vincula a sí mismo y a su gobierno directamente con el pueblo norteamericano, sin intermediarios, quizá protegiéndose así de posibles conjuras que incluso pudieran producirse contra este desde el Partido Republicano:

Hoy no estamos simplemente transfiriendo el poder de una administración a otra, o de un partido a otro, sino que estamos transfiriendo el poder de Washington, D.C. y devolviéndoselo a ustedes, el pueblo estadounidense. Durante demasiado tiempo, un pequeño grupo en la capital de nuestra nación ha cosechado los frutos del gobierno mientras el pueblo ha sufragado los costos. Washington floreció – pero el pueblo no se benefició de esa riqueza. Los políticos prosperaron – pero los empleos desaparecieron, y las fábricas cerraron. El sistema se protegió a sí mismo, pero no protegió a los ciudadanos de nuestro país”.

[…]“Sus victorias no han sido las victorias de ustedes; sus triunfos no han sido los triunfos de ustedes; y mientras ellos celebraban en la capital de nuestra nación, las familias que luchan en todo nuestro país tenían muy poco que celebrar. Todo eso cambiará – a partir de aquí y ahora mismo, porque este momento es el momento de ustedes: les pertenece a ustedes”.

[…]Lo que realmente importa no es qué partido controla nuestro gobierno, sino si nuestro gobierno está controlado por el pueblo.

[…]“Los hombres y mujeres olvidados de nuestro país ya no serán olvidados [] Llegaron en decenas de millones para formar parte de un movimiento histórico que el mundo nunca antes había visto” […] “No trataremos de imponer nuestro modo de vida a nadie, sino dejaremos que brille como un ejemplo a seguir para todos.

[…]Cada decisión sobre comercio, impuestos, inmigración, asuntos exteriores, se hará para beneficiar a los trabajadores estadounidenses y a las familias estadounidenses.

[…]Seguiremos dos reglas sencillas: Comprar productos estadounidenses y contratar trabajadores estadounidenses.

[…]Estaremos protegidos por los grandes hombres y mujeres de nuestro ejército y nuestras fuerzas policiales y, lo que es más importante, estamos protegidos por Dios.

Coincide – no por casualidad – que el día después de la toma de posesión de Trump, en Alemania se reúnen principales líderes de la ultraderecha europea, desde la francesa Marine Le Pen a la alemana Petry, bajo el lema “Libertad para Europa”, y lo hacen a las puertas de elecciones clave este año en Holanda, Francia y Alemania. Se hacen llamar “los líderes políticos de la nueva Europa, que están cerca de asumir responsabilidades de gobierno en sus respectivos países”.

Ante esta nueva situación que se abre en el mundo no puedo evitar referirme al Informe de Jorge Dimitrov ante el Congreso de la Internacional Comunista, en 1935, en el que se caracteriza perfectamente al fascismo de la época.

En el informe de Dimitrov (que recomiendo leer íntegro) nos recuerda que:

El fascismo logra atraerse las masas porque especula de forma demagógica con sus necesidades y exigencias más candentes. El fascismo no sólo azuza los prejuicios hondamente arraigados en las masas, sino que especula también con los mejores sentimientos de éstas, con su sentimiento de justicia y, a veces, incluso con sus tradiciones revolucionarias.

[…]El fascismo aspira a la más desenfrenada explotación de las masas, pero se acerca a ellas con una demagogia anticapitalista, muy hábil, explotando el profundo odio de los trabajadores contra la burguesía rapaz, contra los bancos, los trusts y los magnates financieros y lanzando las consignas más seductoras para el momento dado, para las masas que no han alcanzado una madurez política; en Alemania: “Nuestro Estado no es un Estado capitalista, sino un Estado corporativo”; en el Japón: “por un Japón sin explotadores”; en los Estados Unidos: “por el reparto de las riquezas”, etc…”

Pues bien, la amenaza del fascismo cada vez es menos una amenaza y más una realidad. Un fascismo actualizado en sus formas pero idéntico en el fondo, y que igualmente gana sus apoyos entre las clases más afectadas por la globalización y las políticas neoliberales, especialmente tras el estallido de la crisis financiera de 2008.

Tras el estallido de la crisis, el tándem Clinton-Obama como máximos representantes de los intereses del capital financiero recrudece su ofensiva, redoblando los esfuerzos para romper la soberanía de los países a través de cualquier mecanismo, ya sea a través de la guerra (Obama ha sido el único presidente en la historia de Estados Unidos en ejercer su mandato de ocho años con el país en guerra), la desestabilización de países como Venezuela, Golpes de Estado como en Ucrania, o el impulso de tratados de libre comercio como el TTIP-TTP-TISA…con el fin de abrir paso a más privatizaciones, el saqueo de recursos, etc. Y además tratando de aislar y debilitar a Rusia, un país que (aún siendo capitalista y siendo gobernado por un partido y un presidente conservador) juega un papel fundamental en la conformación de un bloque opuesto a la lógica imperialista del capital financiero.

Se da la paradójica circunstancia de que algunos de los mecanismos de dominación contra los que la izquierda ha tratado de organizar una respuesta, como los tratados de libre comercio, puede que sean derrotados por las políticas proteccionistas de Trump, pero puede que también otros como la OTAN se debiliten o se reconfiguren, aunque no por la acción de la izquierda. En la Unión Europea son los partidos de ultraderecha los que están capitalizando el descontento de millones de trabajadoras y trabajadores víctimas de la crisis y de las políticas impuestas por las las instituciones financieras internacionales y la Troika.

Mientras tanto, buena parte de la izquierda sigue acomplejada, dividida y confundida, y además incapaz de tejer un discurso de ruptura contra el poder financiero, la UE, las instituciones financieras, sus gobiernos y sus medios de comunicación. La ideología socialdemócrata presente en el movimiento obrero y sus organizaciones las hacen rehenes en muchos casos del discurso posmoderno, e incluso en no pocas ocasiones cómplice de las agresiones del imperialismo (Siria es el mejor ejemplo).

Estamos pues, ante una perspectiva que obliga a la izquierda por un lado a frenar el avance de la ultraderecha y el fascismo, y por otro a confrontar con las instituciones, los gobiernos y las políticas al servicio del neoliberalismo y la globalización. No hacerlo supondrá que la izquierda transformadora y revolucionaria occidental será una mera espectadora en la reconfiguración del mundo en favor de las mismas clases dominantes que viven del saqueo, la explotación y el sufrimiento de la clase trabajadora.

Es por eso, que frente a la incapacidad (y la complicidad) de la socialdemocracia ante esta situación, es fundamental el papel de las organizaciones de clase y de los Partidos Comunistas en especial, y es urgente concentrar grandes esfuerzos en su fortalecimiento y su mayor coordinación a nivel internacional.

También a ello se referiría aquel informe:

“Los Partidos Comunistas sólo pueden asegurar la movilización de las amplias masas trabajadoras para luchar unidas contra el fascismo y la ofensiva del capital, si fortalecen sus propias filas en todos los aspectos, si despliegan su iniciativa, si llevan a cabo una política marxista-leninista y una táctica justa y flexible, que tenga en cuenta la situación concreta y la distribución de las fuerzas de clase.

La unidad, la cohesión revolucionaria y la presteza combativa de los Partidos Comunistas son el más precioso capital, que no nos pertenece solamente a nosotros, sino a toda la clase obrera. Hemos asociado y seguiremos asociando la lucha contra el fascismo, con la lucha irreconciliable contra el socialdemocratismo, como ideología y como práctica de la conciliación con la burguesía, y también, por consiguiente, contra toda penetración de esta ideología en nuestras propias filas”.

Trump, como el auge de la ultraderecha europea, son un producto de la globalización financiera y el neoliberalismo, y la crisis financiera de 2008, y su auge lo han hecho posible con sus políticas tanto Republicanos y Demócratas en EEUU, pero también Populares y Socialdemócratas en Europa, todos ellos padres de la arquitectura económica y política que ha generado estos monstruos.

Hoy la izquierda norteamericana tiene una oportunidad de organizarse contra el fascismo de Trump y sobre las ruinas de Obama y Clinton, y la izquierda europea tiene el deber de desprenderse de la ideología socialdemócrata y frenar a una ultraderecha que avanza sobre la UE en descomposición, para construir una alternativa fuera de esta.

Cualquier otra opción, ya sea permanecer impasibles, impotentes y agazapados, o volver la mirada una vez más hacia la socialdemocracia es un pasaje seguro para la derrota.

 

 

 

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Un pensamiento en “El discurso de Trump y el informe de Dimitrov contra el fascismo

  1. El articulo está bien, pero yo creo que si bien es cierto que el fascismo utilizan la demagogia “anticapitalista” de ayer o “antiglobalización de hoy, hay que añadir varios aspectos preocupantes que los diferencian.

    Ni Hitler ni Mussolini llegaron al poder tras un apoyo mayoritario en unas elecciones políticas. A pesar de lo que siempre se ha dicho del partido nazi, éste en las elecciones de noviembre de 1932 obtuvo menos votos y diputados que comunistas y socialistas juntos, no tuvo mayoría absoluta para gobernar, sin embargo, Hitler fue nombrado canciller gracias a las presiones de la oligarquía financiera alemana, el apoyo de la derecha y la socialdemocracia. Una vez en el poder, lo conocido, golpe de estado tras el incendio del Reichstag, un ataque de falsa bandera provocado por los nazis, para imponer el estado de sitio que duró hasta que la bandera roja ondeó sobre el Reichstag.

    Sin embargo hoy el auge electoral de los partidos ultraderechistas, neofascistas, a diferencia del partido fascista de Mussolini o del partido nazi de Hitler, pueden llegar a ganar elecciones presidenciales o generales con mayoría hasta absoluta. En Austria estuvieron a punto de conseguirlo, el candidato a las presidenciales Hofer tuvo que ser tumbado en la segunda vuelta, y el EE.UU. el candidato más ultraderechista del partido republicano, Trump, ha ganado las elecciones.

    Otro aspecto preocupante es que si bien el nacionalsocialismo o el fascismo tuvieron una base de masas, financiada por la oligarquía financiera y terrateniente italiana y alemana, esta base era minoritaria en la clase obrera. La base de masas era fundamentalmente pequeño burguesa, que era la clase apoyo de los regímenes fascista y nazi. Por ejemplo, los sindicatos nazis sólo sacaron el 0,5% de los votos a las elecciones a comités de empresa en 1931, mientras que por el contrario ya eran el segundo partido más votado en el parlamento, su base la pequeña burguesía empobrecida y proletarizada por la crisis.

    Sin embargo, hoy se puede decir que sectores importantes de la clase obrera votan a la ultraderecha en Europa, tanto en el Reino Unido, como Austria, Francia, etc. En Francia, por ejemplo, sectores de trabajadores que votaban al PCF eurocomunista, ahora lo hacen por el FN de Marine Le Pen. Y en EE.UU. Trump venció con los mismos votos que lo hizo Obama en el 2008, con los votos de la clase obrera blanca de los estados industriales del norte, debido al compromiso de cambio que nunca llegó. Y está claro que Trump va a seguir con las políticas neoliberales y belicistas del imperialismo yanqui, políticas que dañaran el bienestar de las clases populares y de los pueblos, pero su victoria reciente muestra el grado de rechazo de la clase obrera hacia el partido demócrata, el otro partido del establisment imperial, igual que aquí lo son PP-PSOE y sus aliados autonómicos.

    Sí hay algo en común en el auge del fascismo de ayer y el neofascismo de hoy, son las políticas antipopulares de la derecha y la socialdemocracia de ayer, y la derecha, la socialdemocracia (reconvertida a la tercera vía) y la “nueva izquierda” de hoy, que cuando llegan a los gobiernos con promesas de cambio traicionan las políticas de izquierda para competir con la derecha a ver quien privatiza, recorta o bombardea más. Y ahí no ha habido distinciones entre los Hollande, Sarkozy y los eurocomunistas del PCF.

    El abandono de las políticas de clase, la destrucción de las conquistas sociales, la consideración de que la clase obrera ya no es el sujeto revolucionario (*) en la lucha por el socialismo (renunciando a las políticas marxistas y leninistas), y la ausencia de la organización política en el mundo del trabajo, es decir, la desorganización política de los trabajadores, y la claudicación de la izquierda representativa en las instituciones democrático-burguesas, es la clave del crecimiento de la ultraderecha reciclada de hoy.

    (*) Si bien la crisis se ha encargado de romper el espejismo de la “clase media” con la que se categorizaba también a la clase obrera con el objetivo de desdibujar su conciencia de clase, desde hace 15 años sociólogos y politólogos postmarxistas y potsmodernistas creen haber “descubierto” la precariedad laboral y un nuevo grupo social, el “precariado”, diferente y hasta enfrentado a la clase obrera. Sin embargo, la precariedad laboral siempre ha existido bajo el capitalismo y fue Marx quien en El Capital argumentó científicamente su existencia y los sectores precarios de obreros y obreras ya eran mayoritarios en el seno del proletariado (obreros enfermos, mutilados, víctimas de la industria capitalista, obreros con trabajo ocasional, obreros expulsados de la producción por la extensión del maquinismo, obreros inmigrantes expulsados de la vida rural, obreros con trabajo a domicilio, obreros con empleo irregular con un máximo de tiempo de trabajo y un mínimo de salarios, con trabajo a jornal, a peonadas, bajo un grado de explotación extremo, sometidos a condiciones de trabajo pésimas, sin apenas luz, sin ventilación, sin seguridad, etc). Marx fundamentó que es el proceso de acumulación capitalista el que causa el empobrecimiento relativo y absoluto de la población obrera, es decir, el que causa la creciente precariedad en las condiciones generales de vida y trabajo de la clase obrera. El “precariado” que algunos incautos definen como “nuevo grupo social” es en realidad es el ejército industrial de reserva o superpoblación relativa, los desempleados o subempleados, que el capital expulsa o absorbe según sus necesidades de acumulación tanto en el S.XIX como en el S.XXI. Por tanto, ni hubo ni hay una nueva clase o grupo social diferenciado del proletariado.

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