La teoría marxista de la precariedad en la clase obrera: Su relevancia actual

Nota de la Red. Algunos sociólogos y politólogos pretenden desde hace 15 años haber descubierto la precariedad laboral en pleno siglo XXI y un nuevo grupo social diferenciado de la clase obrera, el “precariado”. Los autores del presente artículo desmontan esta tesis, y lo hacen apoyándose en Marx. Para ellos el concepto de precariedad laboral no es nuevo, Marx la argumentó científicamente en El Capital hace más de 150 años.  Por tanto, es falso que hoy se haya redescubierto la noción de la precariedad como condición general de la vida de la clase obrera.

Marx fundamentó que es el proceso de acumulación capitalista el que causa el empobrecimiento relativo y absoluto de la población obrera, es decir, el que causa la creciente precariedad en las condiciones generales de vida y trabajo de la clase obrera. Y lo hizo partiendo del proceso de creación y apropiación de la plusvalía relativa y absoluta por el capital, de la ley de acumulación general del capital, del aumento de la explotación de la clase obrera, y para ello Marx empleó un nuevo concepto científico que definía la realidad de un sector creciente de la clase obrera que nació ante la expansión de la industria capitalista, el ejército industrial de reserva o superpoblación relativa. Población obrera sobrante constituida bajo 4 formas, como manifestaciones de la ley general de acumulación: población flotante, latente, estancada y empobrecida.

Marx a través de estas cuatro formas relata la realidad precaria de la clase obrera en Inglaterra donde el ejército industrial de reserva está formado por desempleados o subempleados, obreros enfermos, mutilados, víctimas de la industria capitalista, obreros con trabajo ocasional, obreros expulsados de la producción por la extensión del maquinismo, obreros inmigrantes expulsados de la vida rural, obreros con trabajo a domicilio (industria doméstica), obreros con empleo irregular con un máximo de tiempo de trabajo y un mínimo de salarios, con trabajo a jornal, a peonadas, bajo un grado de explotación extremo, sometidos a condiciones de trabajo pésimas, sin apenas luz,  sin ventilación,  sin seguridad, etc.  Ese era el “precariado” de Marx, pero éste no aparecía enfrentado o diferente a la clase obrera industrial, sino que formaba parte de la misma.

En consecuencia, fue Marx quien fundamento científicamente a través de la ley de la acumulación general de capital la existencia de un creciente sector de la clase obrera formada por un excedente de fuerza de trabajo de reserva expulsada y absorbida por el capital, compuesta por los parados sin empleo y los precarios con empleos irregulares, temporales, con salarios bajos y condiciones de trabajo penosas. Algo que hoy vemos como nuevo ya existía en tiempos de Marx y en la mayor parte del mundo capitalista del S.XX, y que hoy aflora con plenitud también en los países centrales del imperialismo por el retroceso de la lucha de clases para el proletariado, la exacerbación de la crisis capitalista con una tendencia decreciente de la tasa de ganancias contrarrestada cada vez más ferozmente por el aumento de la explotación del proletariado y su precariedad.  En este contexto, los sociólogos o politólogos que pretenden haber descubierto el “precariado” al margen de la acumulación general de capital y al margen de la clase obrera, no sólo no aportan nada nuevo, sino que al pretender diferenciarlos del conjunto de la clase obrera, negándole el papel de sujeto revolucionario, sólo generan confusión teórica, social y política, en la lucha del proletariado por su unidad frente al capital y por el desarrollo de su conciencia de clase en la lucha por la abolición de la explotación y el trabajo asalariado.

 

Autores: R. Jamil Jonna y John Bellamy Foster

En la última década y media el concepto de precariedad laboral ha cobrado fuerza renovada entre los científicos sociales.[i] Esta tendencia se hizo más pronunciada tras la Gran Crisis Financiera de 2007-2009, que dejó a su paso un período de estancamiento económico profundo que persiste en grandes partes del economía mundial.[ii]La mayoría de los estudiosos definen la precariedad en función de lo que los trabajadores carecen, incluyendo factores como: el fácil acceso a un empleo remunerado, la protección contra un despido arbitrario, las posibilidades de ascenso, la estabilidad en el empleo a largo plazo, una seguridad adecuada, el desarrollo de nuevas habilidades, salarios dignos o representación sindical.[iii]

El origen del concepto de “precariedad” laboral a menudo se remonta a los primeros trabajos de Pierre Bourdieu sobre Argelia.[iv]Sin embargo, los investigadores suelen pasan por encima de las propias reflexiones maduras de Bourdieu sobre dicho concepto, en las que conecta la noción directamente con análisis del “ejército industrial de reserva” de Karl Marx. “La precariedad”, para Bourdieu, está presente cuando “la existencia de un gran ejército de reserva … ayuda a inculcar en todos los que trabajan la idea de que no son en modo alguno insustituibles”. En línea con las concepciones de la superpoblación flotante, latente, y estancada de Marx, y las poblaciones empobrecidas que constituyen el ejército industrial de reserva , Bourdieu asocia la precariedad en particular a lo que llamó el “sub-proletariado”. Bourdieu tendía, sin embargo, a ver una fractura entre estos “subproletarios” y el “proletariado”, definido éste último por la estabilidad necesaria para iniciar un “proyecto revolucionario.[v]

Como concepto, la precariedad laboral no es nada nuevo. Tiene una larga historia en el pensamiento socialista, donde se asoció desde el principio con el concepto del ejército industrial de reserva . F. Engels introdujo la idea de la precariedad en su tratamiento del EIR en “La situación de la clase obrera en Inglaterra”.[vi] Marx y Engels lo emplean en este mismo contexto en el Manifiesto Comunista, y más tarde se convirtió en un elemento clave en el análisis de Marx del ejército industrial de reserva en el volumen I de “El Capital”. Los teóricos marxistas tempranos, sobre todo William Morris, extendieron este análisis, enraizando explícitamente gran parte de su crítica del capital al concepto de “precariedad”. La noción de precariedad estuvo por lo tanto integralmente relacionada con la crítica marxista del capitalismo. Ganó importancia en la década de 1970, en la obra de teóricos como Harry Braverman y Stephen Hymer, que exploraron la relación del trabajo excedente con las condiciones del capitalismo monopolista y la internacionalización del capital.

Durante muchos años, el análisis de Marx de la “ley general de la acumulación capitalista”, que señalaba a las condiciones de precariedad creciente y al empobrecimiento relativo de la población trabajadora, fue rechazado por los principales científicos sociales.[vii]En los últimos años, sin embargo, la noción de precariedad como una condición general de vida de la clase obrera ha sido redescubierta. Sin embargo, la idea es tratada en la forma ecléctica, reduccionista, y típicamente  ahistórica de las ciencias sociales y humanas de hoy en día, desconectadas de la teoría global de la acumulación derivada de Marx y la tradición socialista. El resultado es un conjunto de observaciones dispersas sobre lo que se consideran desarrollos que responden en gran medida al azar.

Algunos científicos sociales críticos, sobre todo el ex-economista de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) Guy Standing, emplean el neologismo “precariado” para referirse a una nueva clase de trabajadores, fundamentalmente jóvenes, que sufren todos los principales aspectos de la precariedad. Como explica el sociólogo francés Béatrice Appay, el término precariado “emana de una contracción de “precario”y “proletariado”. Se re-clasifica a los obreros en paro y precarios (manuales e intelectuales) en todos los sectores de actividad.”[viii] Pero ya que el propio Marx definió el proletariado como clase caracterizada por la precariedad, el término precariado a menudo no es más que un sustituto de moda y confuso del proletariado mismo (en el sentido de Marx) -o se utiliza para referirse a una subcategoría del proletariado, p.ej. el subproletariado. Esto se asemeja a las teorizaciones anteriores de “sub-clases” como entidades separadas, divorciadas de la clase obrera en su conjunto.[ix]En estas diversas formulaciones, la noción del precariado es a menudo se enfrenta a un concepto demasiado rígido del proletariado, – que definen como una fuerza de trabajo industrial, con empleo formal y estable, generalmente organizado en sindicatos (una noción, sin embargo, lejos de la definición clásica de Marx del proletariado).

El sociólogo radical francés Loïc Wacquant sugiere que “contrariamente al proletariado, que en la visión marxista de la historia está llamado a negarse a si mismo a largo plazo mediante su unión y universalización, el precariado sólo puede hacerse para deshacerse inmediatamente” o sea que sus únicas opciones son pasar a la fuerza de trabajo formal y obtener “salarios estables” o escapar “del mundo del trabajo en conjunto.” Para Wacquant, el crecimiento de la precariedad de la clase obrera es un movimiento hacia la “desproletarización en lugar de hacia la unificación del proletariado”. Sin embargo, olvida por completo el hecho de que el propio Marx presentó las condiciones de la clase obrera principalmente en términos de precariedad en el empleo y la existencia, -lo que vamos a aclarar a continuación. Los conceptos del precariado y de la precariedad del trabajador hoy están siendo presentados como alternativas al proletariado, a menudo con el fin de sugerir la imposibilidad de un proyecto revolucionario basado en los trabajadores con las condiciones actuales, en la línea del  “Adiós a la clase obrera” de André Gorz .[x]

Según el crítico socialista Richard Seymour, en su ensayo “Todos Somos precarios”, “el ‘precariado’ no es una clase, y su amplia aceptación como un meme cultural en la cultura disidente, de izquierdas no tiene nada que ver con la afirmación de que lo sea. Más bien, es un tipo particular de interpelación populista”  (identificación), que”opera en un verdadero antagonismo, crítico con el capitalismo actual “: el crecimiento a escala mundial de una fuerza de trabajo cada vez más flexible, caracterizada por el desempleo, el subempleo, y el empleo temporal e incierto. [xi]

En contraste con estos puntos de vista con variados discursos, que emanan principalmente de sectores de la izquierda influenciados por el posmodernismo, los sociólogos del stablishment normalmente conceptualizan la precariedad de los trabajadores en términos más prosaicos, como una brecha cada vez mayor entre “buenos” y “malos” puestos de trabajo. Por otra parte, hay una fuerte tendencia a adoptar una visión corporativista en la que el objetivo de todas las clases es restablecer un contrato social entre los trabajadores organizados y el capital organizado.”[xii]La cuestión, en otras palabras, sería regular las condiciones de trabajo con el fin de convertir empleo  informal en formal. Naturalmente este proyecto es visto como una respuesta natural al declive de la organización de los trabajadores.[xiii]Pero estos análisis tan superficiales y reformistas rara vez exploran la dinámica histórica de la acumulación de capital que ha impulsado el resurgimiento de la precariedad al centro de la economía mundial capitalista. En general, los científicos sociales convencionales carecen de las herramientas analíticas para hacer frente a un fenómeno arraigado intrínsecamente en la acumulación capitalista. Prejuicios conceptuales de hace más de un siglo bloquean su visión.

Ante esta confusión –que en la mayoría de los casos se traduce en simples respuestas individuales a lo que se presume como un problema social aislado-  conviene volver a la tradición marxista clásica, donde se planteó por primera vez la cuestión de la precariedad laboral. En este asunto las ideas de Marx, Engels, y Morris del siglo XIX, y las de pensadores como Harry Braverman, Stephen Hymer, y Samir Amin en tiempos más recientes, son indispensables. Con la aplicación de los marcos analíticos proporcionados por estos pensadores, es posible mirar las dimensiones empíricas de la precariedad de los trabajadores, tanto en Estados Unidos como a nivel mundial, y llegar a conclusiones definitivas acerca de la evolución de la acumulación del capital y la precariedad de la clase trabajadora en nuestra época , así como su efecto sobre la actual crisis de época.

Engels, Marx, Morris, y el concepto del trabajo precario

La construcción teórica de la precariedad laboral vinculada al ejército industrial de, reserva de fuerza de trabajo tuvo su origen, como se ha indicado anteriormente, en el materialismo histórico clásico, sobre todo en la obra de Engels, Marx y Morris. En “La situación de la clase obrera en Inglaterra”, Engels escribe: “cada nueva máquina provoca desocupación, miseria y angustia, y en un país como Inglaterra donde, sin eso, existe casi siempre “una población excedente”, el desempleo es en la mayoría de los casos, lo peor que puede suceder a un obrero. Fuera de eso, ¡qué efecto agotador, enervante, debe  tener  sobre los obreros, cuya posición ya no es sólida, esa precariedad de la existencia que resulta de los progresos ininterrumpidos del maquinismo y del paro forzoso que ellos conllevan!”[xiv]

El estado de la clase obrera de este modo se puede describir en términos de precariedad, en la que la amenaza constante de ser arrojado a la “población excedente” de los desempleados y subempleados se intensifica a lo largo de la acumulación capitalista. Para Engels, esto era una parte integral de la teoría de un “ejército de reserva de mano de obra en paro” que constituía la base de la explotación burguesa del proletariado. En el Manifiesto Comunista, Marx y Engels siguieron esta misma línea de pensamiento, declarando: “La competencia cada vez mayor entre los burgueses, y las crisis comerciales que ella ocasiona, hacen los salarios de los trabajadores cada vez más fluctuantes. La mejora incesante de las máquinas, cada vez más rápida, hace que sus medios de vida sean  cada vez más precarios. “[xv]

Fue en “El Capital”, sin embargo, donde Marx desarrolla plenamente el concepto de ejército de reserva de mano de obra, y con él una teoría de la precariedad del empleo y la vida de la clase obrera. Explicando la ley general de la acumulación, escribe: “La ley según la cual, gracias a los progresos hechos por la productividad del trabajo social, puede ponerse en movimiento una masa cada vez mayor de medios de producción con un desgaste cada vez menor de fuerza humana es una ley que, dentro del régimen capitalista, en que los obreros no emplean los instrumentos de trabajo, sino que son éstos los que emplean a los obreros, se trueca en esta otra: la de que cuanto mayor es la fuerza productiva del trabajo y mayor, por tanto, la presión ejercida por el obrero sobre los instrumentos que maneja, más precaria es su condición de vida: la venta de la propia fuerza para incrementar la riqueza de otro o alimentar el incremento del capital. ”.[xvi] Unas páginas antes, indica: “cuanta más riqueza ajena producen [los trabajadores], y … cuanto más aumenta productividad de sus trabajadores, tanto más precaria se vuelve su propia función como medio para la valorización del capital.” [xvii]

Marx, desarrollando este análisis, se refirió a las “diferentes formas de existencia de la superpoblación relativa”, como manifestaciones concretas de la “ley general de la acumulación”. Señala cuatro formas: La población flotante, latente, estancada, y empobrecida.

La capa más tumultuosa del ejército de reserva era la población flotante, que comienza a existir como contrapartida a la aplicación extensiva de la maquinaria y la intensificación resultante del proceso de trabajo. Aquí, en el centro de la industria moderna, la población activa está en constante flujo, no sólo a causa de una compulsión incesante del capital para reducir sus necesidades de mano de obra, sino también debido a que “el consumo de la fuerza de trabajo es tan rápido” que el cuerpo humano sólo puede soportar las torturas físicas del trabajo por un corto tiempo antes de que ya no sea apta para el capital.

Las fábricas, talleres y minas, por lo tanto tienden a buscar las capas más frescas y fácilmente explotables del ejército de reserva, en particular los niños, las mujeres jóvenes y los trabajadores “nómadas” (migrantes). Debido a la naturaleza caótica e intensa de la producción en la industria moderna, los flujos hacia dentro y fuera de la población flotante tienden a ser extremadamente altos. Los trabajadores son “repelidos y atraídos, empujados hacia atrás y hacia delante, mientras que, al mismo tiempo, se producen cambios constantes en el sexo, la edad y habilidad de los reclutas industriales.”

Para Marx, esta relación maníaca con la mano de obra es una característica distintiva de la industria moderna: la atracción de nueva mano de obra en un momento dado, durante la expansión económica, se corresponde con una repulsión igualmente fuerte en el siguiente momento histórico, en la contracción económica. Sin embargo, la población flotante consistía en trabajadores que tenían una clara conexión, si bien un tanto precaria, con el ejército de trabajo activo, con una trayectoria de empleo. Estos trabajadores serían probablemente los primeros en ser nuevamente contratados en la siguiente expansión.[xviii]

La siguiente capa del ejército de reserva, en la descripción de Marx, es el exceso de población latente. En su mayor parte se refiere a segmentos (relativamente autárquicos) de población rural. Esta población sirvió como una vasta fuente de mano de obra potencial para la industria capitalista (de ahí el concepto de “latente”). A nivel internacional, Irlanda, como señaló Marx, constituye una vasta reserva de mano de obra, con una enorme población latente de trabajadores rurales, en gran medida superpoblada, a entera disposición de la industria inglesa. Tales condiciones fueron el resultado de la conquista inglesa de Irlanda y la historia colonial subsiguiente. “Irlanda”, explicó, “no es en la actualidad más que un distrito agrícola de Inglaterra, que pasa a estar separado por una amplia extensión de agua del país para el que proporciona el maíz, la lana, el ganado y reclutas industriales y militares.”  Tan precarias eran las condiciones de los trabajadores rurales en Inglaterra e Irlanda que “tenían un pie ya en el pantano de la miseria,” por lo que eran fáciles de atraer a la industria cuando era necesario, y tirarlos a la basura sin contemplaciones en el momento en que ya no eran de utilidad directa para la acumulación de capital[xix]

La población estancada era, en opinión de Marx, la representación más clara de la precariedad que caracteriza a la fuerza de trabajo en su conjunto. Esta capa absorbe continuamente el flujo de trabajadores expulsados de la industria moderna y la agricultura, lo que representa un “reservorio inagotable de fuerza de trabajo desechable”. Se “caracteriza por un máximo de tiempo de trabajo y un mínimo de salarios.” Para ellos el empleo era “extremadamente irregular”; y si aún así lo conseguían, su grado de explotación tendía a ser extremadamente alto. Esta capa era el elemento “auto-reproductor y de auto-perpetuación de la clase obrera”, que fue obligada a retroceder aún más en las condiciones de su propia dinámica.

La población estancada representa “una parte proporcionalmente mayor en el aumento general” de la clase obrera, con una crecimiento en “proporción inversa al nivel de los salarios”. Tal era la condición de los trabajadores en la población estancada, escribe Marx, que “trae a la mente la reproducción ilimitada de animales individualmente débiles y constantemente perseguidos”. Es aquí donde Marx anticipa la famosa noción de la transición demográfica, argumentando que el aumento de la población, en contra de las teorías maltusianas, cae en vez de aumentar con el aumento de los salarios. En relación con la población estancada, señaló que el trabajo a jornal o peonadas, especialmente en Irlanda, constituyó la “forma más precaria de trabajo asalariado”, ya que a menudo requiere viajar largas distancias para llegar al trabajo y viceversa, largas horas por un salario pésimo, y absolutamente ninguna salvaguarda o protección frente a la enfermedad y la pobreza.[xx]

Algo central para las condiciones que rigen a la población estancada fue el desarrollo de la llamada industria “doméstica” o “industria doméstica moderna”, junto a “la manufactura moderna” (producción artesanal moderna).[xxi]Esta industria “doméstica” tuvo lugar principalmente en los hogares de los trabajadores o en pequeños talleres, por ejemplo haciendo cordones. Era una forma de lo que Marx llamó “outwork” o subcontratación conectada al sistema industrial. En la industria doméstica moderna, escribió, la explotación es: “Y en el llamado trabajo a domicilio , formas más descaradas todavía que en la manufactura, puesto que la capacidad de resistencia del obrero disminuye con su aislamiento; además, entre el verdadero patrono y el obrero se interponen aquí toda una serie de parásitos rapaces; añádase a esto que el trabajo a domicilio tiene que contender siempre en la misma rama de producción con la industria mecanizada o, por lo menos, con la industria manufacturera, que la pobreza en que vive el obrero le priva de las condiciones más indispensables de trabajo, de locales, de luz, de ventilación, etc.; que las irregularidades y fluctuaciones del trabajo florecen bajo esta forma y, finalmente, que en este último refugio a que vienen a guarecerse los obreros desalojados por la gran industria y la agricultura, la competencia de la mano de obra alcanza, como es lógico, su punto culminante.”[xxii]

Las condiciones de trabajo eran terribles en particular en la industria doméstica moderna, ya que utilizó el exceso de población estancada como su base. Aquí se encontraba una superabundancia de mano de obra fresca explotable, la mayoría de ellos mujeres y niños. La precariedad de los trabajadores de la industria nacional moderna se refleja en el hecho de que los trabajadores se hicieron “excedentes en forma de infra-salarios y de trabajo extra ” hasta el punto de la superexplotación. La industria doméstica típica empleaba preponderantemente a mujeres y chicas jóvenes, como trabajadores a domicilio” en talleres de vestido anexos a la fábrica. Eran “siempre pagadas por debajo del salario mínimo.” [xxiii]

Marx describe una fábrica de camisas en Londonderry que emplea un millar de trabajadores en la fábrica y otros “9.000 trabajadores externos, esparcidos por los distritos rurales.” Estos trabajadores eran empleados en pequeños talleres dispersos por amplias áreas, lo que debilitaba su poder de organizarse colectivamente y resistir. Esto acentuaba el “lado asesino de esta economía”, especialmente las “mistress´s houses” en la fabricación de prendas de vestir. “En la regulación inglesa de barracones el espacio asignado a cada soldado es de 500 a 600 pies cúbicos, y en los hospitales militares 1.200 pies cúbicos. Pero en aquellos orzuelos hay entre 67 y 100 pies cúbicos para cada persona. Al mismo tiempo que el oxígeno del aire es consumido por las lámparas de gas”. No era raro que los niños empezaran a trabajar a los seis añosdurante catorce horas al día (o más), “cuando el negocio va bien”.[xxiv]

Marx llama “industria moderna” al sistema de fábricas que pasaba a depender cada vez más de las Leyes de Fábricas, mientras que las ramas de producción asociadas a la industria doméstica (y a la manufactura moderna), de las que dependía el empleo extremedamente precario de la población estancada, aún estaban “sin límite jurídico a la explotación “, y sin las trabas de “regulaciones legales”. Era pues, el quivalente a la actual economía informal. Incluso, insiste Marx, podían verse situaciones en las que se exigía a los niños trabajar a partir de las 4 am hasta la medianoche. Cita el Daily Telegraph reseñando la lucha en estos sectores para limitar la jornada laboral ¡a dieciocho horas! Tras el examen de ramas de producción tan diversas como la cerámica, la fabricación de papel pintado, la fabricación de pan, y los encajes, Marx termina con una discusión sobre las condiciones de las modistas de Londres, que acabaría solapándose con su posterior discusión de la industria doméstica moderna. Cuenta la historia, famosa en su momento, de Mary Anne Walkley, de veintitrés años de edad, que había muerto después de trabajar de forma continuada durante más de veinte y seis horas en uno de los establecimientos de confección más respetables en Londres, bajo condiciones crónicas de falta de sueño, oxígeno y espacio. Walkley estaba siendo forzada a trabajar largas horas para producir los vestidos para una boda anunciada por la princesa de Gales. Incluso el “Morning Star” el órgano del liberalismo, declaró “nuestros esclavos blancos, que se esfuerzan hasta la tumba, en su mayor parte languidecen y mueren.”[xxv]

Como señala José Fracchia, la explotación de la fuerza de trabajo bajo el capitalismo, con el ejército de reserva como su punto de apoyo, “no es abstracta, sino que arraiga de manera concreta en los cuerpos individuales, es [para Marx], ‘esa monstruosidad de una población sufriente de trabajadores dejada en reserva para las cambiantes necesidades de explotación del capital.”… el capitalismo reproduce su provisión de fuerza de trabajo, perpetuando, a través de generaciones, una clase de “personas necesitadas”. Y la necesidad crónica es un ataque deliberado contra el cuerpo y las capacidades corporales de aquellos que las pasan.”[xxvi]La precariedad del empleo en el capitalismo se extiende a las condiciones de trabajo, y al uso de la base corpórea de la existencia humana.[xxvii]

La población estancada, para Marx, se difuminaba entre la población totalmente empobrecida en el “sedimento más bajo” de la superpoblación relativa. La capa depauperada, que incluía tanto a los segmentos más bajos de la superpoblación relativa como los elementos que estaban totalmente al margen del empleo, mantenía subyugado al ejército industrial de reserva y la clase obrera en su conjunto. La mayor parte de esta capa moraba “en el ámbito [oficial] del pauperismo”, el resto consistía en “vagabundos, delincuentes, prostitutas, en definitiva el lumpenproletariado.” Las gradaciones del “pauperismo oficial” que Marx identifica, incluyen: 

“Primera: personas capacitadas para el trabajo. Basta consultar superficialmente la estadística del pauperísmo inglés para convencerse de que la masa de estas personas aumenta con todas las crisis y disminuye en cuanto los negocios se reaniman. Segunda: huérfanos e hijos de pobres. Estos seres son candidatos al ejército industrial de, reserva, y en las épocas de gran actividtd, como en 1860 por ejemplo, son enrolados rápidamente y en masa en los cuadros del ejército obrero en activo. Tercera: degradados, despojos, incapaces para el trabajo. Se trata de seres condenados a perecer por la inmovilidad a que les condena la división del trabajo, de los obreros que sobreviven a la edad normal de su clase y, finalmente, de las víctimas de la industria, cuyo número crece con las máquinas peligrosas, las minas, las fábricas químicas, etc., de los mutilados, los enfermos, las viudas, etc. El pauperismo es el asilo de inválidos del ejército obrero en activo y el peso muerto del ejército industrial de reserva. Su existencia va implicita en la existencia de la superpoblación relativa, su necesidad en la necesidad, y con ella constituye una de las condiciones de vida de la producción capitalista y del desarrollo de la riqueza.”[xxviii]

En la situación de la clase obrera en Inglaterra, Engels hizo hincapié en que las partes más pobres de la clase trabajadora se veían obligadas a aceptar cualquier cosa, “esa reserva, de la cual forma parte una muchedumbre enorme de personas durante las crisis, e incluso durante períodos que se pueden definir como a medio camino entre prosperidad y crisis, un buen número de trabajadores, constituye  la población “excedente” de Inglaterra que vegeta penosamente, mendigando y robando, barriendo las calles y recogiendo la basura, haciendo pequeños acarreos con carretillas o asnos, vendiendo en las esquinas de las calles, o realizando algunos pequeños trabajos ocasionales.” Otros, llamados “intermediarios”, se dedicaban en las calles a la busca de cualquier tipo de pequeño trabajo: unas horas o un día de trabajo. Ese era el tipo de economía informal que en todas partes se asocia con la pobreza[xxix]

Marx se basó en las estadísticas del censo de Inglaterra y Gales para apuntar a la mayor cantidad de empleo formal de las mujeres de la clase trabajadora que de los hombres, en gran parte porque las mujeres representaban el 85 por ciento de todos los empleados domésticos. El número de empleados domésticos superaba al de los trabajadores de las fábricas textiles (la gran mayoría de los cuales eran mujeres y niños pequeños) y a los trabajadores del metal (donde había menos trabajadores que en el sector textil, pero que eran en su mayoría hombres). La precariedad, en el sentido de ser parte del ejército de reserva, por tanto era incluso aún más propensa a recaer en los hombres, que tradicionalmente ganan salarios más altos que las mujeres cuando se emplean, pero que eran cada vez más condenados al paro por una industria capitalista siempre en busca de mano de obra más barata.

El capitalismo no se limita a los países individuales, sino que era un sistema global de producción. La explotación, a ojos de Marx, era por lo tanto cada vez más un fenómeno internacional, que afectaba a la periferia a través del colonialismo. “Surge una nueva división internacional del trabajo, una que se adapta a los requisitos de los principales países industriales, y convierte una parte del globo en un feudo agrícola para la alimentación de la otra parte, que sigue siendo un campo preeminentemente industrial.”[xxx] Señaló que “la tasa de ganancia es generalmente más alta [en la periferia] a causa del menor grado de desarrollo, y también lo es la explotación del trabajo mediante el uso de esclavos, peones, etc. ” Si la vida era barata y prescindible en el centro del sistema capitalista, lo era aún más en la periferia colonizada, donde prevalecían las condiciones de la acumulación primitiva (primaria). En el relato de Marx acerca de “la génesis del capitalista industrial”: “El descubrimiento de las comarcas auríferas y argentíferas en América, el exterminio, esclavización y soterramiento en las minas de la población aborigen, la conquista y saqueo de las Indias Orientales, la transformación de Africa en un coto RESERVADO para la caza comercial de negros caracterizan los albores de la era de producción capitalista. Estos procesos idílicos constituyen factores fundamentales de la acumulación originaria”.[xxxi]

La teoría de la precariedad de la clase trabajadora de Marx fue extendida por el teórico marxista más brillante de Inglaterra de finales del siglo XIX, el célebre artista, escritor, y socialista William Morris. Fue Morris más que cualquier otro pensador en la década de 1880 y 90 quien trabajó en la teoría del ejército de reserva de fuerza de trabajo de Marx, manifestada principalmente en la creciente precariedad de los trabajadores. Como declara en 1883, en su ensayo “El arte bajo la plutocracia” la degradación del proceso de trabajo bajo el capitalismo, y los términos economicistas estrechos del beneficio inmediato en los que el empleo se ofrece o deniega, tiene como resultado las condiciones extremadamente precarias para el trabajador. Del mismo modo, en su famosa conferencia” trabajo útil frente a empleo inútil “, pronunciada por primera vez en 1883 y más tarde incorporada a su libro de 1888 “Signos de cambio”, Morris escribió sobre “la precariedad de la vida entre los trabajadores” que resulta de la tendencia” a aumentar el número del ‘ejército de reserva de mano de obra”. “Las contribuciones monetarias que los trabajadores hicieron a los sindicatos eran un cargo extra que los trabajadores tenían que pagar de su salario simplemente para combatir la “precariedad del … empleo”, contra el que la organización de los trabajadores era la única defensa.[xxxii]

Tan IMPORTANTE considera Morris esta cuestión en la definición de la condición de los trabajadores en el capitalismo que en su conferencia de 1887 “Lo que los socialistas queremos”, tomó el inusual paso -raro en sus conferencias- de anotar “precariedad” en el margen, indicando que era un tema importante para desarrollar aún más. Más tarde, en su conferencia de 1894 “¿Qué es: Qué debería ser: Qué será?” Morris argumentó que “los altos salarios y trabajo menos precarios, más tiempo libre, más prestaciones públicas” constituían las principales demandas de los trabajadores, pero que éstos objetivos sólo podrían alcanzarse a través de “los principios del socialismo”. Para Morris, la inestabilidad de la vida de la clase obrera -de lucha constante para mantener o encontrar un trabajo, la amenaza (y la realidad para muchos) de pasar al desempleo y subempleo, el extremo sufrimiento físico y moral, la degradación e incluso la muerte provocada por las condiciones de explotación en el trabajo, y la omnipresencia del pauperismo-, constituía la esencia de la vida de la clase trabajadora. Esta inseguridad, degradación y fatiga desperdiciada minan todo el potencial de una humanidad libre.[xxxiii]

El Ejército Global de Reserva en la Era de la Precariedad Generalizada

La base estructural del concepto de precariedad laboral de Marx era el ejército de reserva de mano de obra, el punto pivotal de la ley general de la acumulación capitalista. Frente al uso actual de la “precariedad”, que Seymour llama un “meme cultural”, la teoría marxista en su lugar ofrece un enfoque teórico integrado y punto de vista científico de la inseguridad y la explotación de la clase obrera, orientada al cambio social revolucionario. Aquí la noción del proletariado no se contrapone al aumento de la precariedad -que da lugar a toda una nueva categoría del “precariado”; más bien, la precariedad es un elemento definitorio de la existencia y la lucha de la clase obrera.

En los años inmediatamente posteriores a la Segunda Guerra Mundial, la economía capitalista mundial, centrada en los Estados Unidos, Europa Occidental y Japón, experimentó un período de rápida expansión económica basada en: (1) la hegemonía indiscutible de EE.UU.; (2) una segunda oleada de automovilización en los Estados Unidos; (3) la reconstrucción de las economías devastadas por la guerra en Europa y Japón (y la automovilización allí); (4) el crecimiento masivo de los esfuerzos comerciales desde Madison Avenue [1]; y (5) dos guerras regionales en Asia, junto con la tendencia general asociada a la militarización de la Guerra Fría. El incremento del empleo, sobre todo en los años de las guerras de Corea y Vietnam, junto con la represión interna en los Estados Unidos, y un estado de bienestar (especialmente en Europa, donde era necesario para contrarrestar el desafío representado por la Unión Soviética y Europa del Este), creó una era de paz relativa entre el capital monopolista y los sindicatos conservadores. Las empresas multinacionales surgieron en este período como los principales actores de la escena mundial. Los trabajadores en el centro del sistema se beneficiaron indirectamente del sistema imperialista mundial.

La economía de EE.UU. alcanzó su punto máximo a finales de 1960 y principios de 1970, a medida que los diversos factores externos que sustentaban este crecimiento se desvanecían gradualmente. Posteriormente entró en una crisis severa (que corresponde con el final de la Guerra de Vietnam), lo que lleva a una desaceleración en el crecimiento económico que derivó en un estancamiento total. A finales de los ´70s, el capital había iniciado el proceso de reestructuración económica global, los recortes en el estado de bienestar, los ataques a los sindicatos, y otras medidas, dando inicio a la guerra de clases que pasaría a ser conocida como neoliberalismo.[xxxiv]

En la década de 1980, las empresas y los individuos ricos que buscan salidas para sus excedentes de capital en un clima de sobreacumulación y saturación del mercado, en el que la inversión productiva ya no parecía viable, aumentó cada vez más la especulación, primero con fusiones de empresas, y luego en el sistema financiero en términos más generales . La disminución de las tasas de interés, provocada por la débil inversión en relación con la disposición de excedente económico, favoreció el endeudamiento con fines puramente especulativos. El sector financiero responde creando un sinfín de instrumentos financieros exóticos que empaqueta en productos de riesgo, todo ello basado en una deuda creciente. La financiarización de los EE.UU. y la economía mundial en la nueva era del capital monopolista-financiero generaron una expansión limitada. Sin embargo, nada de esto fue capaz de prevenir el estancamiento económico profundo en el centro del sistema capitalista mundial. En consecuencia, la tasa de crecimiento económico de la tríada de los Estados Unidos / Canadá, Europa y Japón, ha disminuido desde las décadas de los años 1960 hasta la actualidad. En la nueva economía globalizada promovida por las empresas multinacionales, se persigue un mercado laboral global, en el que las empresas se aprovechan de los salarios mucho más bajos en la periferia, desplazando la producción a los países del Sur, que en 2008 representó alrededor del 70%  de la producción industrial mundial, en comparación con alrededor del 50 por ciento en 1980. [xxxv]

Este cambio continental ejerce presión sobre los salarios reales de los trabajadores en el Norte, donde los trabajadores enfrentan un mayor desempleo y el aumento de la competencia de los trabajadores de bajos ingresos del Sur. El ejército de reserva latente de mano de obra migratoria de los países pobres (por ejemplo, los trabajadores mexicanos y centroamericanos en el caso de los Estados Unidos, los trabajadores turcos en el caso de Alemania, y los trabajadores argelinos en el caso de Francia) genera más conflictos en la clase obrera a nivel nacional e internacional, al igual que las nuevas oleadas de guerras imperiales en el Oriente Medio, la antigua Yugoslavia, y el norte de África en la década de 1990 y en las primeras décadas de este siglo (posibles gracias a la desaparición de la URSS de la escena mundial). La caída de las sociedades soviéticas y reintegración de China en el mercado mundial capitalista sumó a cientos de millones de trabajadores al ejército de reserva mundial, lo que constituye una nueva era de la globalización. Todo esto sirve para disminuir el suelo de los salarios y las condiciones de trabajo de los trabajadores de todo el mundo. En general, la clase obrera mundial y sus diversos segmentos pronto fueron atrapados en una carrera hacia el abismo, una realidad que crea una nueva sensación de precariedad.[xxxvi]

La Gran Crisis Financiera, que surgió en Estados Unidos en 2007 y extendió en 2008 y 2009 a la economía mundial en su conjunto, dio lugar a un gran aumento en el desempleo mundial y las reestructuraciones empresariales. Un enorme crecimiento en el empleo a tiempo parcial, temporal y eventual, así como un mayor desempleo y subempleo en general, constituyen la nueva condición estructural del mercado laboral internacional. El fracaso de la mayoría de los analistas, incluso de la izquierda, para entender esto en términos de ley general de la acumulación de Marx crea una enorme confusión. La ciencia social convencional ha caracterizado más las relaciones de explotación entre el trabajo y el capital como anomalías sin ninguna relación esencial con el sistema ni base histórica o teórica anterior, mientras que los teóricos posmodernos de izquierda, enamorados de meras construcciones discursivas, apenas lo han hecho mejor.

En la economía política marxista, el retorno al análisis del ejército de reserva de Marx en este período fue parte de un intento de entender tanto la reaparición del estancamiento y sus efectos sobre la clase obrera como la internacionalización del capital monopolista. La globalización de la producción sobre la base de las corporaciones multinacionales se inició con la crisis económica de los ´70s -incluso antes de llegar al pleno estancamiento. Sin embargo, para algunos teóricos radicales lúcidos, las conexiones entre el estancamiento, la internacionalización del capital, y las condiciones más miserables de trabajo a nivel mundial fueron evidentes desde el principio.

Los desarrollos teóricos más importantes en el análisis de las condiciones laborales y su relación con la acumulación surgieron en la década de 1970, en el trabajo pionero de Harry Braverman y Stephen Hymer. Braverman se basó en el análisis de procesos de trabajo de Marx para demostrar la degradación del trabajo bajo el capitalismo monopolista. Pero también participa en un estudio minucioso de la estructura y la composición de la clase obrera en los Estados Unidos, tanto del ejército de trabajo activo como del ejército de reserva de fuerza de trabajo. Hymer emergió como el principal teórico sobre las empresas multinacionales, construyendo su análisis en la teoría de la organización industrial y la teoría del capital monopolista. Fue más allá sin embargo para extender su trabajo al examen de los efectos en la división internacional del trabajo, basándose en la ley general de Marx de la acumulación.[xxxvii]

En 1975, Braverman señaló que el rápido crecimiento del ejército de reserva de mano de obra, tanto en los Estados Unidos, como en otros lugares:“La revelación más sorprendente de un examen de las estadísticas de desempleo [en EEUU] desde la Segunda Guerra Mundial hasta la actualidad es la tendencia gradual pero persistente a la ampliación del tasa de desempleo oficial …. La tasa de desempleo del 5 al 6 por ciento que caracterizó los años de recesión de 1949 a 1950 se convirtió en el referente de prosperidad de los años setenta, y la tasa de entonces estaríamos encantados de tenerla ahora”.[xxxviii]

Sin embargo, ante las deficiencias en los datos disponibles, Braverman argumentó que eso significaba que no eran más que los índices “brutos” de lo que realmente estaba sucediendo, ya que la mayor parte del ejército industrial de reserva (el gran número de trabajadores a tiempo parcial que buscan trabajo a tiempo completo, los trabajadores temporales, trabajadores desalentados, los ligados al empleo puntualmente, y la población económicamente inactiva) estaban fuera de la tasa de desempleo oficial.

El rápido crecimiento del ejército de reserva de mano de obra en su conjunto fue minando sustancialmente a los sectores de la clase trabajadora relativamente bien remunerados (e incluso a la clase media), creando una mayor sensación de precariedad. Cada vez más trabajadores se vieron empleados en servicios de bajos salarios y en el comercio minorista.

En un análisis estadístico detallado, Braverman demostró que en 1970 aproximadamente el 69 por ciento de la fuerza de trabajo disponible en los Estados Unidos (que abarca tanto el ejército de trabajo activo como partes del ejército de reserva) estaban vinculados a las 6 ocupaciones básicas de la clase obrera no relacionadas con la agricultura: artesanos, oficinistas, obreros fabriles, comerciales, trabajadores de servicios y peones.[xxxix]Análisis más recientes muestran que esta cifra sigue siendo notablemente constante más de cuarenta años después (teniendo en cuenta los cambios en las ocupaciones y la proletarización de otras ocupaciones), donde la clase obrera supone en torno al 69 por ciento de la fuerza de trabajo disponible en los Estados Unidos en 2011.[xl]Sin embargo, la calidad del empleo se ha reducido drásticamente, con muchos más trabajadores de los sectores de bajos salarios y de tiempo parcial, temporal, y con contratos eventuales. Todo esto significa que la precariedad de la fuerza de trabajo, y el tirón a la baja del ejército de reserva de mano de obra en su conjunto, está creciendo.

En 1975, en “Política Internacional y Economía Internacional: un enfoque radical,” Hymer desarrolló un enfoque sobre la división internacional del trabajo para acompañar a su análisis del crecimiento de las empresas multinacionales. Basándose en la ley general de Marx de acumulación, Hymer argumenta que los dos factores principales que permiten la explotación capitalista del trabajo fueron: (1) el cambio tecnológico, que desplazó trabajadores y aumentó las filas del ejército industrial de reserva, y (2) la absorción de la superpoblación latente en las zonas rurales, que expandió la fuerza total de trabajo disponible para la explotación. Por estos dos medios, que Hymer llama “ejército industrial de reserva” y el “ejército externo de reserva “, el capital fue capaz de aumentar el suministro de fuerza de trabajo en línea con las tesis fundamental de Marx de que “la acumulación de capital es, por lo tanto, la multiplicación del proletariado .” [xli]

“Por encima del proletariado “, escribe Hymer, “se encuentra una vasta clase de directivos, técnicos y burócratas para organizarlo y para superar su resistencia al mantenerlo dividido. A continuación se forman un conjunto de estratos desempleados, subempleados y mal pagados, acrecentados continuamente por el cambio tecnológico y la apertura de nuevas zonas de influencia, que socava su posición e inhibe su desarrollo hacia la conciencia de clase. Este ejército de reserva mantiene a la aristocracia obrera leal al sistema capitalista por el miedo a caer desde su posición superior. Por la naturaleza de las cosas, estos diferentes estratos a menudo provienen de diferentes regiones de un país, diferentes grupos raciales o étnicos, y diferentes clases de edad y sexo. Por lo tanto, las divisiones entre los trabajadores a menudo reflejan las líneas de raza, credo, color, edad, sexo y origen nacional, que hacen el aumento de la conciencia de clase más difícil.”

La conciencia de clase de los trabajadores, Hymer subrayó -citando a Marx- requiere que los trabajadores lleguen a la conclusión de que mediante la generación, a través de su trabajo, de la acumulación de capital, sólo aumentan el poder económico relativo del capital frente a sí mismos, a través de la acción del ejército de reserva, con lo que su propia situación se hace “más precaria”. Una vez que se llega a esa convicción, el papel revolucionario de los trabajadores depende del esfuerzo por eliminar la competencia y la desigualdad dentro de sus filas y llegar a una liberación humana más amplia. Mantuvo la esperanza de que la mano de obra, aunque cada vez más dividida por la nueva división internacional del trabajo y por las diferentes identidades sociales, y atrapada en una situación de precariedad creciente, no obstante, lucharía para eliminar la competencia dentro de sus filas. De este modo podría unificarse “a niveles cada vez más altos hasta alcanzar una perspectiva histórica mundial mucho más amplia que la del capital y reemplazar el capitalismo por el socialismo. Esta unificación, sin embargo, es un proceso a largo plazo.” [xlii]

Hoy en día la ley de acumulación de Marx opera en el mundo entero. La lucha de los trabajadores, tal como pensadores como Marx, Engels, y Morris comprobaron en el siglo XIX, y Hymer reconoció aún más plenamente a finales del siglo XX, por lo tanto, debe ser internacional. La precariedad laboral sube y baja con el ejército de reserva mundial de mano de obra. El ejército de reserva externa, aunque sigue siendo enorme, no es inagotable, y es cada vez menor, lo que requiere que el capital desplace el trabajo actual para mantener la acumulación. Mientras tanto, miles de millones de personas, como explica Fred Magdoff en “Una existencia precaria: El destino de miles de millones”, y como expone Mike Davis en Slum planet, se concentran en los grandes centros urbanos de los países del Sur, donde la precariedad absoluta es la realidad, con cerca de una tercera parte de los trabajadores viviendo con menos de dos dólares al día. [xliii]

Sólo una Nueva Internacional de los trabajadores es capaz de hacer frente a las condiciones catastróficas que han surgido para innumerables personas, incluyendo la devastación económica de gran parte del mundo, el aumento del militarismo y la guerra, y un riesgo ecológico global.[xliv]Como escribe Hymer respecto a las tendencias en la parte superior del orden imperial de aquel entonces: “la estructura del imperio americano, que mantenía cierto orden … en el pasado, se está disolviendo en una lucha hobbesiana de todos contra todos, que parece estar desarrollándose a nivel mundial.”[xlv]En estas circunstancias, una sociedad socialista racional, orientada al bienestar común, se hace imprescindible, no sólo para un mundo mejor, sino cada vez más como una exigencia para la propia vida humana.

Podemos ver la importancia del ejército de reserva mundial de mano de obra, y la fuente de la precariedad de la mayoría de la población mundial, con datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que ha empleado categorías estrechamente relacionadas con las capas del ejército de reserva identificadas por Marx. El gráfico 1 muestra “Las capas de la clase obrera mundial” de 1991 a 2015. Aquí se puede ver que el ejército de reserva mundial, incluso con definiciones conservadoras, constituye alrededor del 60 por ciento de la población activa disponible en el mundo, muy por encima de la del ejército de trabajo activa de los obreros asalariados y pequeños propietarios. En 2015, según cifras de la OIT, el ejército de reserva mundial constaba de más de 2.300 millones de personas, en comparación con los 1.660 millones en el ejército de trabajo activo, muchos de los cuales son empleos precarios. El número de parados oficiales (que corresponde aproximadamente a la población flotante de Marx) está cerca de 200 millones de trabajadores. Alrededor de 1.500 millones de trabajadores son clasificados como “empleados vulnerables” (en relación con la población estancada de Marx), formados por trabajadores que trabajan “por cuenta propia” (trabajadores informales y rurales de subsistencia), así como “trabajadores familiares” (del trabajo doméstico ). Otros 630 millones de personas con edades entre 25 y 54 se clasifican como económicamente inactivos. Esta es una categoría heterogénea, pero, sin duda, se compone predominantemente de población empobrecida.

Gráfico 1. Capas de la Clase Trabajadora Global, 1991-2015

Fuentes TABLA R3. Situación del Empleo “,”Tabla R5. Tasa de desempleo” (Mundial y agregados regionales), y “Tabla 13. La inactividad”. Organización Internacional del Trabajo (OIT), “Indicadores Clave del Mercado de Trabajo (ICMT),” 9ª edición (Ginebra, noviembre de 2015). “

Notas: Dado que las cifras de inactividad se dan por país, deben ser consideradas una subestimación, debido a la falta de disponibilidad de datos para determinados países y años. En la base de datos Edición ICMT día 9, el número total de países con datos sobre la inactividad llegó a 193.

Estas cifras, sin embargo, quitan mucha importancia al alcance total del ejército de reserva mundial (en la concepción de Marx), porque los trabajadores a tiempo parcial, temporal y los trabajadores eventuales se consideran en las cifras de la OIT como empleados, y por lo tanto no tiene en cuenta las condiciones cada vez más precarias de muchos de los que sólo tienen una relación parcial e insegura de empleo.[xlvi] La proporción de trabajadores en todo el mundo que ganaban dos dólares al día o menos se situó en el 25 por ciento en 2014. La precariedad es particularmente alta, en el mundo en desarrollo, donde los trabajadores pobres (que ganan cuatro dólares o menos al día) representan más de la mitad de todos los trabajadores. Casi el 60 por ciento de los asalariados a nivel mundial lo son a tiempo parcial o con alguna forma de trabajo temporal. Además, más del 22 por ciento son autónomos (a menudo en condiciones miserables). [xlvii]

El gráfico 2 muestra los mismos datos de la OIT con respecto a los países desarrollados. Aquí la proporción de asalariados es mayor, y el ejército de reserva de mano de obra proporcionalmente menor. Sin embargo, lo que está claro incluso con estas estimaciones conservadoras es que el ejército de reserva en los estados capitalistas avanzados -sin contar el trabajo a tiempo parcial y eventual- es enorme y constituye alrededor del 26 por ciento de la mano de obra disponible en el año 2015, perpetuando así una condición de precariedad. (En los países en desarrollo el ejército de reserva se situó en el 65 por ciento de la mano de obra disponible en 2013.) Más aún, dado que la precariedad se asocia a menudo con el trabajo a tiempo parcial y eventual, y puesto que estas situaciones están aumentando rápidamente en los países desarrollados, su crecimiento es m ucho mayor que lo que sugieren los datos de la OIT.

Gráfico 2. Capas de la Clase obrera en los países desarrollados, 1991-2015

Fuentes: véase el gráfico 1.

Notas: La categoría “países desarrollados” es equivalente a la categoría de ALTOS INGRESOS” en la base de datos de la 9ª Edición ICMT. El número de países de altos ingresos con datos sobre la inactividad llegó a 65. Véanse también las notas a la Tabla 1.

Conclusión

La renovada atención, sobre todo entre la izquierda, sobre la precariedad laboral constituye un reconocimiento de la dura realidad del capitalismo, y en particular del capitalismo monopolista-financiero globalizado actual. Conceptos como “precariedad” e incluso “precariado” pueden tener un papel que desempeñar, si eso implica describir con más detalle las condiciones que caracterizan al ejército de RESERVA  de mano de obra y la presencia cada vez más tenue de las condiciones de trabajo del ejército laboral activo. Estos conceptos pueden ayudar a demostrar el hecho de que, como subraya Marx, las repetidas promesas del capital a los trabajadores son falsas, y de que es esencial que la clase trabajadora y la sociedad se muevan en la dirección del socialismo. Más de un siglo de crítica política-económica marxista nos permite apreciar hasta qué grado las condiciones que Marx describió, centrándose en un pequeño rincón de Europa en la segunda mitad del siglo XIX, son ahora globales, y más acentuadas aún. En la época actual, que Amin ha descrito como el “proletariado generalizado” frente al “capitalismo monopolista generalizado”, el nuevo camino revolucionario que esto conlleva se abre claramente ante nosotros.[xlviii]

De hecho, en contraste con Wacquant, que sostiene que “el precariado sólo puede hacerse para deshacerse inmediatamente”, tenemos que destacar una vez más la importancia del ejército de reserva de mano de obra dentro de la comprensión de Marx del conjunto de la clase obrera. Aquí la tarea histórica sigue siendo la que era antes, forjar la unidad de la clase obrera, no con el fin de “universalizar” al proletariado, sino para trascenderlo.[xlix]
Este artículo es una versión revisada del artículo “La teoría de Marx sobre la precariedad de la clase obrera  – y su relevancia en la actualidad”, publicado en Rutas alternativas 27 (2016): 21-45.

Notas

[i]Ver Leah F. Vosko,Managing the Margins (Oxford: Oxford University Press, 2010); Arne L. Kalleberg,Good Jobs, Bad Jobs (New York: Russell Sage Foundation, 2011), y “Job Quality and Precarious Work: Clarifications, Controversies, and Challenges,”Work and Occupations 39, no. 4 (2012): 427–48; Martin Olsthoorn, “Measuring Precarious Employment,”Social Indicators Research 119, no. 1 (2013): 421–41; Anne Allison,Precarious Japan (Durham, NC: Duke University Press, 2013); Tayo Fashoyin et al., eds.,Vulnerable Workers and Precarious Working (Newcastle, UK: Cambridge Scholars, 2013); y Judy Fudge and Kendra Strauss, “Temporary Work, Agencies and Unfree Labour,” en Judy Fudge y Kendra Strauss, eds.,Temporary Work, Agencies and Unfree Labour (London: Routledge, 2013), 1–25.

[ii]Guy Standing,”El precariado, La nueva clase peligrosa” (London: Bloomsbury, 2011), 10.

[iii]Pierre Bourdieu,Travail et Travailleurs en Algérie(Paris: Mouton, 1963).

[iv]Pierre Bourdieu,Acts of Resistance, translated by Richard Nice (New York: New Press, 1999), 81–87, 82-83.

[v]Frederick Engels,“La situción de la clase obera en Inglaterra”. Engels introdujo la perspectiva del ejército de RESERVA , pero en forma menos desarrollada en “Outlines of a Critique of Political Economy” en 1843 (Karl Marx and Frederick Engels,Collected Works, vol. 6 [New York: International Publishers, 1975], 438, 443).

[vi]Karl Marx,El Capital, vol. 1 (London: Penguin, 1976), 762–870. Ver discusiones en Roman Rozdolsky,The Making of Marx’s Capital (London: Pluto, 1977) 300–07, John Bellamy Foster y Robert W. McChesney, The Endless Crisis(New York: Monthly Review Press, 2012), 130—37; Joseph Fracchia, “The Capitalist Labour-Process and the Body in Pain,”Historical Materialism16, no. 4 (2008): 35–66.

[vii]Standing, 7; Béatrice Appay, “‘Precarization’ and Flexibility in the Labour Process,” en Carole Thornley, Steve Jefferys, and Béatrice Appay, eds.,Globalization and Precarious Forms of Production and Employment (Cheltenham, UK: Edward Elgar, 2010), 34.

[viii]Ver p.ej. Grace Lee Boggs and James Boggs, “The City is the Black Man’s Land,”Monthly Review17, no. 11 (April 1966): 45; William Julius Wilson,The Truly Disadvantaged(Chicago: University of Chicago Press, 1986).

[ix]Loïc Wacquant, “Territorial Stigmatization in the Age of Advanced Marginality,”Thesis Eleven91, no. 1 (2007): 72–73; André Gorz,Farewell to the Working Class (London: Pluto, 2001). La separación de los conceptos del precariado y la precariedad del del proletario, de tal manera que son enfrentados también puede verse en algunas posiciones del movimiento feminista también. La teórica feminista Judith Butler usa “precariado” para referirse a “un grupo de personas que no son sólo trabajadores explotados, sino aquellos cuyo trabajo se contempla ahora como sedeschable”, próximo al concepto marxista de ejército industrial de reserva (pero no planteado en esos términos). Esto implica que escinde al precariado del resto de la fuerza de trabajo que tiene mayor seguridad (es decir el proletariado) en aguda contraposición a Marx, que vió al proletarido como el conjunto de la clase trabajadora. Butler, más aún supone incorrectamente que el proletariado de Marx puede ser visto en estrechos términos economicistas. Por tanto ella distingue al precariado del proletariado refiriéndose al primero como aquellos “que son objetivo de guerra o decimadas por el desarrollo”. Separando la precariedad del trabajo y del proletariado, Butler describe la precariedad como “una general característica general de la vida corpórea,” aplicable situationes sociales muy distintas, y ve la precariedad como una “amplificación” de ese estado de inestabilidad “corporal”. Judith Butler, “Exercising Freedom,” interview by Eliza Kania,R/evolutions1, no. 1 (2013), http://revjournal.org.

[x]Richard Seymour, “We Are All Precarious—On the Concept of the ‘Precariat’ and Its Misuses,”New Left Project, February 10, 2012, http://www.newleftproject.org.

[xi]Arne L. Kalleberg, Barbara F Reskin, y KEN  Hudson, “Bad Jobs in America: Standard and Nonstandard Employment Relations and Job Quality in the United States,”American Sociological Review65, no. 2 (2000): 256–78; Kalleberg,Good Jobs, Bad Jobs; Arne L. Kalleberg, “Job Quality and Precarious Work: Clarifications, Controversies, and Challenges,”Work and Occupations39, no. 4 (2012): 440.

[xii]Ver Michael Quinlan, “The ‘Pre-Invention’ of Precarious Employment: The Changing World of Work in Context,”Economic and Labour Relations Review 23, no. 4 (2012): 16.

[xiii]Engels,La situación de la clase obrera en Inglaterra, 149.

[xiv]Engels,La situación de la clase obrera en Inglaterra, 96; Karl Marx y Frederick Engels, The Communist Manifesto

[xv]Marx,Capital, vol. 1, 798.

[xvi]Marx,Capital, vol. 1, 793.

[xvii]Marx,Capital, vol. 1, 583, 795, 818, 794–95.

[xviii]Marx,Capital, vol. 1, 795, 571–72, 860, 796.

[xix]Marx,Capital, vol. 1, 796–98, 865.

[xx]En el análisis marxista “manufactura” todavía tiene su sentido original de hecho directamente por el trabajo humano, o producción artesanal, mientas que el término “maquinofactura” era usado por los socialista para describir la industria moderna (correspondiendo con el término actual de manufactura). Cuando Marx se refiere a “manufactura moderna”, se refiere a la producción artesanal moderna, que se distingue tanto de la tradicional como de la industria moderna. En su análisis del trabajo informal y externalizado, Marx distingue entre manufactura moderna y trabajo doméstico moderno (este último para distinguirlo del trabajo doméstico tradicional). Establecimientos compuestos principalmente de MUJERES  en pequeños talleres (normalmente la vivienda de un pequeño empleador), en confección o millinery, eran los que típicamente se ajustaban a este sector.

[xxi]Marx,Capital, vol. 1, 591.

[xxii]Marx,Capital, vol. 1, 602–4, 825, 863.

[xxiii]Marx,Capital, vol. 1, 595–99.

[xxiv]Marx,Capital, vol. 1, 353, 354–67.

[xxv]Fracchia, “The Capitalist Labour-Process and the Body in Pain,” 47; Marx,Capital, vol. 1, 618, 719, 784.

[xxvi]Una visión similar en Bryan Palmer, “Reconsiderations of Class: Precariousness as Proletarianization,” en Leo Panitch, Greg Albo, and Vivek Chibber, eds., Socialist Register, 2014(New York: Monthly Review Press, 2013), 40-62.

[xxvii]Marx,Capital, vol. 1, 797, 807; Engels,La situación de la clase obrera en Inglaterra, 96–97.

[xxviii]Engels,La situación de la clase obrera en Inglaterra, 97.

[xxix]Marx,Capital, vol. 1, 574–75, 579­–80.

[xxx]Karl Marx,Capital, vol. 3 (London: Penguin, 1981), 345; Marx,Capital, vol. 1, 915.

[xxxi]Karl Marx,Capital, vol. 3 (London: Penguin, 1981), 345; Marx,Capital, vol. 1, 915.

[xxxii]William Morris,Collected Works, vol. 23 (London: Longmans, Green, 1915), 176–77 and Signs of Change (London: Longmans, Green, 1896), 169, 187.

[xxxiii]William Morris,Unpublished Lectures (Detroit: Wayne State University, 1969), 232; Nick Salmon,The William Morris Chronology (Bristol, UK: Thoemmes Press, 1996), 127; David Leopold, “Introduction,” in William Morris,News from Nowhere (Oxford: Oxford University Press, 2003), xvi; E. P. Thompson,William Morris: Romantic to Revolutionary (New York: Pantheon, 1976), 613–14.

[xxxiv]Joyce Kolko,Restructuring the World Economy (New York: Pantheon, 1988); Fred Magdoff y John Bellamy Foster, “The Plight of the U.S. Working Class,”Monthly Review65, no. 8 (January 2014): 1–22.

[xxxv]Foster and McChesney, The Endless Crisis, 4; John Bellamy Foster, Robert W. McChesney, and R. Jamil Jonna, “The Global Reserve Army of Labor and the New Imperialism,”Monthly Review63, no. 6 (2011): 4.

[xxxvi]Una excepción es China y otros países en Asia, donde han experimentado subidas salariales debido a la rápida acumulación, basada en la glboalización de la economía mundial, y la incorporación de población latente (rural) de la reserva a la producción.

[xxxvii]Harry Braverman, Labor and Monopoly Capital(New York: Monthly Review Press, 1998); R. Jamil Jonna y John Bellamy Foster, “Beyond the Degradation of Labor: Harry Braverman and the Structure of the U.S. Working Class,”Monthly Review66, no. 5 (October 2014): 1–23; Stephen Hymer,The Multinational Corporation (Cambridge: Cambridge University Press, 1979).

[xxxviii]Braverman,Labor and Monopoly Capital, 29.

[xxxix]Braverman,Labor and Monopoly Capital, 261–62; Harry Braverman, “The Making of the U.S. Working Class,”Monthly Review46, no. 6 (1994): 18–21.

[xl]Jonna and Foster, “Beyond the Degradation of Labor,” 5–8.

[xli]Hymer,The Multinational Corporation, 256–72, 262–63, 269; Marx,Capital, vol. 1, 764.

[xlii]Hymer,The Multinational Corporation, 263, 259, 271.

[xliii]Fred Magdoff, “A Precarious Existence: The Fate of Billions?”Monthly Review 55, no. 9 (February 2004): 1–14; Mike Davis,Planet of Slums(London: Verso, 2007); “World Employment and Social Outlook: The Changing Nature  of Jobs,” (Geneva: International Labour Organization [ILO], 2015), 28.

[xliv]Sobre la nueva internacional ver István Mészáros,The Necessity of Social Control(New York: Monthly Review Press, 2015), 199–217.

[xlv]Hymer,The Multinational Corporation, 270–71.

[xlvi]Foster, McChesney, y Jonna, “The Global Reserve Army of Labor,” 19–26.

[xlvii] “World Employment and Social Outlook,” 28, 13, 39. Nota: estos datos se basan en el último año disponible para cada país.

[xlviii]Samir Amin, Three Essays on Marx’s Value Theory(New York: Monthly Review Press, 2013), y The Implosion of Contemporary Capitalism(New York: Monthly Review Press, 2013).

[xlix]Wacquant, “Territorial Stigmatization,” 72–73.

 

 

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