LAS IDEAS REPUBLICANAS PERVIVEN POR LA RUPTURA DEMOCRÁTICA

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Miguel Angel

17 de abril de 2016

Ya han pasado 85 años desde la proclamación de la IIª República. El pacto de la transición para silenciar la memoria histórica, las luchas, las conquistas sociales y democráticas, para silenciar las víctimas del 2º régimen más sanguinario en la historia europea del S.XX (1), se ha roto. Y lo rompieron los familiares de las víctimas, quienes hace más de una década comenzaron por reivindicar la memoria de los asesinados por un régimen fascista salido de un fallido golpe de estado que se convirtió en guerra contra la voluntad popular y la legalidad constitucional republicana.

No condenar a quienes dieron la vida al olvido

Argentina, Chile, Uruguay, Suráfrica, etc., han pasado factura a las dictaduras militares fascistas latinoamericanas y el régimen de aparteith, procesando e internando en prisión a varios de sus verdugos.

Pero, ¡oh, cielos!, Spanish is different!.  En España no se ha enjuiciado a los Fraga, Serrano Suñer, Arias Navarro o Martin Villa, mientras en todas las cunetas y carreteras españolas reposan los restos insepultos de nuestros abuelos y abuelas.  Y así, España sigue siendo el cementerio más grande de desaparecidos en Europa, y el único país de la UE que deja sin compensación a los cientos de miles de represaliados por el fascismo.

Romper el pacto de silencio

Pero cada año ha ido creciendo esta ola en defensa de la memoria para reivindicar no sólo el honor de las víctimas represaliadas por las hordas fascistas encabezadas por Franco, Hitler y Mussolini, sino también para reivindicar los principios democráticos y republicanos que aportó el régimen político más avanzado de toda la historia de España, principios de reforma social profunda, reformas económicas, educación popular, laicismo, independencia nacional, estado federal, etc., principios que fueron asumidos por el mejor partido republicano de la historia de España, el PCE, bajo los conceptos de “revolución democrática”, “clases populares o trabajadoras” (2), y “guerra nacional-revolucionaria” por la independencia y la liberación nacional de España de los invasores imperialistas (militares golpistas, Alemania nazi e Italia fascista). Un axioma que ya es indiscutible para cualquier historiador con un mínimo rigor histórico.

Los innegables avances de la IIª República

La Constitución de la IIª República fue creada sobre el modelo de la de Weimar, la más democrática en Europa Occidental. España fue proclamada “República de Trabajadores”. República nacida el 14 de abril de 1931 sin que mediaran pronunciamientos ni motines, nacida de una inmensa fiesta de la esperanza que recorrió el país de punta a punta.

República que conquistó el derecho de voto de las mujeres, antes que países como Francia e Italia, convirtiendo a la mujer en ciudadana. República que promulgó las “misiones pedagógicas” llevando la cultura a los últimos rincones de nuestra geografía con un ejército de miles de maestros y maestras, bibliotecarias y bibliotecarios, de centros de enseñanza sin adoctrinamientos, sin nacional catolicismo, construyendo miles y miles de escuelas (3), apostando por una enseñanza laica, pública y gratuita. República que consagró la construcción de un Estado laico con el objetivo de apartar a la religión católica de la enseñanza y la financiación públicas. República que consagró la lucha por la reforma agraria integral contra la España caciquil y terrateniente dando la tierra a quien la trabaja (4). República que consagró el derecho al trabajo y el crecimiento de la economía, donde la renta nacional creció y los aumentos salariales como consecuencia de la lucha de clases y la libertad de acción sindical, lo que permitió aumentar la capacidad adquisitiva de la población.

República frente a la cual en defensa de sus intereses clasistas se levantaron la oligarquía financiera española y extranjera, los terratenientes, la iglesia católica ligada a la gran propiedad agraria, y los militares ligados a las clases explotadoras, base material y social de la contrarrevolución, del fascismo, arrebatando las conquistas sociales, políticas y económicas, conseguidas durante el primer bienio republicano, reprimiendo la revolución asturiana (5) y encarcelando a los dirigentes obreros y republicanos de izquierda en Asturias y Cataluña en 1934, durante el bienio negro, lo que propició el posterior impulso y triunfo del Frente Popular en febrero de 1936. República que en su lucha contra el fascismo, por la liquidación de la base social de la reacción, se convirtió en una república de nuevo tipo, democrática, popular y antioligárquica. República que quiso pero al final no pudo liquidar la base material de la reacción, del fascismo, debido fundamentalmente a la falsa política de “no intervención” de los dirigentes socialdemócratas europeos y la colaboración de las democracias burguesas (apaciguamiento) con el fascismo internacional que se cobró víctimas en las agresiones imperialistas de Etiopía, España, China, Austria, Checoslovaquia, Albania y Mongolia entre 1935 y 1939.

La transición permanente

Rehabilitar a los represaliados por el régimen franquista y restituir el régimen republicano fueron los objetivos de la ruptura democrática en los años 70 del S.XX, objetivos que fueron traicionados por una transición que ni fue modélica, ni pacífica (6), transición que amnistió a los presos políticos antifascistas pero que también amnistió a los asesinos y torturadores del régimen (7), que  condenó al ostracismo a los militares antifascistas que defendieron la república o los que lucharon contra el régimen franquista (la UMD), que permitió a los franquistas seguir en política como si no hubiera pasado nada y que impuso una ley de punto final a la memoria histórica, donde el eurocomunismo y la socialdemocracia española jugaron un triste papel asumiendo la arquitectura del régimen constitucional de 1978 a cambio de enterrar la historia y aceptar el capitalismo como sistema “menos malo”.

Los Pactos de la Moncloa vinieron a hundir la capacidad adquisitiva de la clase obrera y el Estatuto de los Trabajadores anuló derechos que el movimiento obrero de oposición (las Comisiones Obreras) había arrancado a la dictadura, permitiendo que la salida de la crisis se saldara con la destrucción del empleo y el patrimonio industrial público. Y como guinda la voluntad de los redactores de la vigente constitución nunca se propusieron construir un Estado federal.

La falta de ruptura con el pasado franquista permitió mantener parte del aparato franquista y dio posibilidad a los franquistas de continuar con éxito en la política hasta lograr alcanzar el gobierno en 1996 bajo las siglas del PP.

El futuro es de la juventud

En Alemania e Italia, al contrario de lo que sucede en España, la juventud ha sido educada sobre lo que fue el nazismo y el fascismo, siendo muy elevada la conciencia del horror que supusieron semejantes regímenes políticos.

España es el único estado europeo con un concordato con el Vaticano (8) y el único que permite un monumento para honrar al dictador Franco. Pero a pesar del esfuerzo del actual régimen constitucional, y de los revisionistas del postfranquismo, herederos ideológicos de los Manuel Aznar, Eduardo Comín Colomer, Joaquín Arrarás, Mauricio Carlavilla, etc., a pesar de la calumnia, la IIª República sigue estando viva, cada vez hay una parte creciente de nuestra juventud que comienza a concienciarse de lo que fue la guerra contra la república y el horror del régimen franquista.

No es casualidad que los partidarios de un régimen republicano crezcan entre los menores de 45 años, para disgusto de los defensores del régimen de 1978, y en perspectiva a pesar de que el respaldo a la monarquía es mayoritario, la opción republicana no para de crecer (9).

La historia se repite

La historia es más caprichosa de lo que parece y se repite. El crack de 1929, el paro y hambre masivo bajo el capitalismo, las guerras imperialistas de conquista y reparto mundial, la lucha contra las conquistas sociales que representaba la Unión Soviética, la financiación del nazismo y el fascismo, los refugiados de las guerras, y la crisis del régimen político español nos lo volvemos a encontrar en el S.XXI bajo nuevas formas y diferentes actores (neoliberalismo, neofascismo y yihadismo). La crisis está al orden del día en el centro y en la periferia del capitalismo mundial. El imperialismo yanqui, la UE imperialista, la OTAN, y sus aliados autócratas de Oriente Medio, con sus guerras de conquista y saqueo han causado la destrucción de la infraestructura material y humana de países enteros (Afganistán, Irak, Libia, Siria, Gaza…) y la existencia de millones de refugiados que huyen del caos.

Con sus políticas neoliberales para amortiguar la caída de la tasa de ganancias del capital han destruido el estado de bienestar para pagar la deuda externa contraída por el capital, han aumentado la explotación de los trabajadores con reformas laborales que abaratan el despido y legalizan el trabajo precario, han desprotegido a los parados, han aumentado la opresión de la mujer y los jóvenes, han dejado a millones de personas sin vivienda, han aumentado la pobreza a niveles antes insospechables en la cuna del capitalismo europeo, han financiado y armado hasta los dientes a los nuevos fascistas que dirigen el Estado ucraniano y los nuevos “luchadores por la libertad” en el mundo árabe desde los tiempos de “Rambo III”, para apropiarse de los recursos de los países árabes y derrocar a los gobiernos laicos molestos a los fines imperialistas y las monarquías del Golfo Pérsico.

Por la ruptura democrática. No revivir otra transición.

Y cómo no. La crisis del régimen político español no podía esconderse en este contexto histórico, crisis a la que se está respondiendo con una nueva “revolución pasiva” para mantener intactos los poderes económicos y políticos de la clase dominante en nuestro país, las oligarquías financieras del norte y del sur ligadas al imperialismo y al capital transnacional extranjero que domina los sectores claves de la economía industrial. Algunos lo llaman ya 2ª transición. Uno de los nuevos engendros de esta “revolución pasiva” es Ciudadanos, el partido de Albert Rivera, la nueva apuesta del IBEX35 ante el declive del PP, partido que se ha opuesto con vehemencia a la recuperación de la memoria histórica y a la condena del franquismo y sus símbolos aún existentes en España.

Curiosamente hay quienes desde el campo del reformismo post-eurocomunista plantean, sin hacer una lectura crítica y autocrítica de la transición (1976-1982), llevar a cabo un pacto de gobierno con el PSOE y Ciudadanos, para echar al PP de las instituciones, sin caer que en el fondo lo que hay que echar son las políticas de austeridad. Algunos le han llegado a llamar “gobierno de progreso, de centro-izquierda o de cambio”. Y es paradójico, pero durante todo este proceso han coincidido una diversidad política de actores, desde Podemos y su entorno (Monereo, Villarejo…) (10), dentro de IU, pues no olvidemos quien todavía sigue planteando que IU debe ser la muleta electoral del PSOE (Izquierda Abierta), también desde dirigentes y exdirigentes sindicales, tránsfugas de IU, artistas e “intelectuales de la transición” (sic) y miembros del PSOE (Paloma López –firmante de la declaración de Zamora por IU-, Toxo (11), Lezcano, María del Carmen Barrera, Nicolás Sartorius, (12), Diego López Garrido, Cristina Almeida,  Victor Manuel, Ángel Gabilondo (13)…).

Y en este debate que coincide con el XX Congreso del PCE y la Asamblea de IU, en realidad lo que se está dirimiendo es qué estrategia adoptar, en ser la izquierda alternativa rupturista con el sistema económico y el régimen político vigente, o ser la izquierda del sistema y el régimen de la clase dominante, entre reforma o ruptura, entre segunda transición o proceso constituyente hacia la IIIª República. Esa es la cuestión de fondo que los diferentes populismos reformistas, eurocomunistas, social-liberales y lauclianos eluden.

Hoy desde una posición de clase revolucionaria, no vale cualquier unidad popular y de izquierdas sino tiene como premisa la ruptura democrática con el régimen de 1978, régimen heredero del franquismo, que es la forma concreta que adopta actualmente la oligarquía financiera en España.

La lucha por los principios republicanos democráticos, pasa hoy por, la defensa igual que hace 85 años del laicismo, la separación de la religión del Estado, la defensa de la independencia, la soberanía, la paz y la planificación de la economía, nacionalizando los sectores claves, la salida de España de las instituciones imperialistas, la OTAN y la UE, la lucha contra el fascismo, racismo y la xenofobia, contra las guerras imperialistas, en defensa del derecho internacional y los países agredidos por el imperialismo, que recupere las conquistas sociales destruidas por las políticas neoliberales, el derecho real a una vivienda digna, control y gestión del suelo por el Estado, por la sanidad y enseñanzas totalmente públicas, gratuitas y de calidad, el derecho a una pensión y puesto de trabajo dignos, la reducción de la jornada hacia las 35 horas, el reconocimiento del derecho democrático de las naciones a la autodeterminación, la defensa de una república democrática y federal que una a los diferentes pueblos y naciones de España, etc. Sería un grave error apoyar una 2ª transición que sólo serviría para recomponer el poder de la oligarquía financiera y los intereses del imperialismo en España.

La ruptura democrática, el control público y popular de la economía, la independencia y soberanía nacional, la restitución de los derechos sociales y laborales, el derecho de autodeterminación y la ruptura con el imperialismo y la OTAN son rasgos que deben contener la futura república. ¡A por la IIIª!.

Por último, la democracia es incompatible con el capitalismo

Precisamente cuando el capitalismo nos retuerce el pescuezo con la crisis es el momento de recordar la inviabilidad actual de los derechos humanos como el derecho al trabajo, a una vivienda digna, a la educación y sanidad gratuitas, a una remuneración equitativa, al descanso, a un nivel de vida digno, etc. Es decir, la inviabilidad de la democracia bajo el capitalismo.

¿Qué clase de democracia es la que condena al 25% de su población al paro y sin recursos para vivir?. ¿Qué clase de democracia es la que sólo permite que gobiernen los partidos que defienden la economía privada y las leyes del mercado?. ¿Qué clase de democracia es la que impide el socialismo mediante el mecanismo del golpe de estado y la dictadura?. ¿Qué clase de democracia es la que los medios de información son privados y están al servicio de la defensa de la oligarquía financiera?. ¿Qué clase de democracia es donde se criminaliza la inmigración y los refugiados de las guerras imperialistas con leyes de confinamiento y expulsión?. ¿Qué clase de democracia es donde se oprime a los jóvenes y las mujeres con salarios inferiores y trabajo precario?.

Pues este es el mundo, la Europa y la España de hoy, donde sólo una república que recupere los principios de pacifismo, antiimperialismo, democracia real y las conquistas sociales arrebatadas, con el socialismo como perspectiva historica, como eslabon debil de la cadena imperialista, la que puede poner en jaque la arquitectura europea y mundial sobre el que está cimentado el régimen capitalista, sus políticas de austeridad “anti-crisis” y el imperialismo y sus guerras de agresión.

Notas:

1)El número de asesinatos políticos fue cien veces más superior bajo el régimen franquista que los llevados a cabo por el régimen fascista italiano. (Los costes de la desmemoria histórica. Viçenc Navarro. 18 junio 2001. El País).

2) Clases populares formadas por diversas clases y categorías sociales: proletariado industrial, de servicios y agrario, campesinado, pequeña burguesía urbana, intelectuales y estudiantes.

3) Entre 1931 y 1936 se construyeron 16.991 escuelas públicas en España.

4) Se llegó a expropiar el 16% de las tierras de los grandes terratenientes.

5) La represión que fue encabezada por el general Franco en Asturias , se saldó con la vida de más de 2000 civiles. La cifra de presos políticos en España durante el bienio negro llegó alcanzar 30.000 encarcelados. La nueva correlación de fuerzas favorable a los capitalistas y terratenientes, fruto de la fuerte represión, propició lo largo del país una ola de despidos, expulsiones de campesinos arrendatarios y disminución de los salarios de los trabajadores.

6) La represión con detenciones y asesinatos por terrorismo de Estado fue más intensa que en la última etapa de la dictadura franquista -1970-1975-. Si en 1973 se produjeron 57.306 detenciones, en 1982 fueron 129.598. Si entre 1970-1975 hubo 57 muertes por los aparatos represivos y 6 por bandas fascistas, en el período 1975-1982 hubo 273 más 71 asesinatos ejecutados por bandas fascistas, de las cuales poco más de la mitad suceden tras la promulgación de la constitución -1979-1982- (Transición y represión política. J.M. Olarieta Alberdi. Revista de Estudios Políticos, pags. 226 y 227. Diciembre 1990. Las Otras víctimas de una transición nada pacífica. Gonzalo Withelmi. UAM, pág. 14 (2012) http://www.congresovictimasfranquismo.org/wp-content/uploads/2013/10/gonzalo_wilhelmi_comunicacion_victimas.pdf.

7) Muchas de las personas responsables de la represión franquista continúan vivas con cargos de responsabilidad, orgullosas de su historial represivo durante la dictadura,

8) No olvidemos que más de la mitad de los niños españoles estudian en colegios de la iglesia concertados, pagados por los PGE.

9) “Analizados por edades, los datos señalan que la opción republicana triunfa entre los más jóvenes -46,4% entre los encuestados entre 18 y 30 años y 45% entre los 31 y 44 años-, mientras que en los sectores de más edad es donde es más preferida la opción monárquica -50,7% entre 45 y 64 años…-. (Encuesta: La abdicación del rey eleva el porcentaje de españoles que respaldan la monarquía. m.eldiario.es. 14 junio 2014).

10) http://larepublica.es/manolo-monereo-pide-un-gobierno-de-psoe-cs-y-podemos-en-un-manifiesto/8232

11) http://www.europapress.es/economia/macroeconomia-00338/noticia-toxo-aboga-gobierno-centro-izquierda-pide-generosidad-podemos-20160329121942.html

CC.OO. apuesta por un pacto entre PSOE, Ciudadanos y Podemos. http://politica.elpais.com/politica/2016/03/29/actualidad/1459248533_372079.html

12) http://www.publico.es/politica/intelectuales-transicion-piden-psoe-y.html

13) Intelectuales,artistas, y sindicalistas, relaman un “gobierno del cambio” http://politica.elpais.com/politica/2016/04/11/actualidad/1460373193_193322.html

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2 pensamientos en “LAS IDEAS REPUBLICANAS PERVIVEN POR LA RUPTURA DEMOCRÁTICA

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  2. La impunidad del franquismo
    Francisco Espinosa Maestre

    Pasarán decenios antes de que la derecha española desista de sus esfuerzos por justificar la rebelión armada de 1936. El actual armisticio de “reconciliación nacional” es solamente eso, un armisticio. (…). No todo el mundo lo pasó mal mientras Franco estuvo en el poder. Después de todo, gracias a la guerra civil la clase dominante de España dispuso de cuarenta años para saquearla. Herbert R. Southworth

    La particularidad española frente a lo ocurrido en Europa occidental es que en nuestro país, tras la destrucción de la II República, el fascismo se instaló durante un largo período de tiempo y la transición al sistema democrático fue llevada a cabo sin que en ningún momento se permitiera un debate público sobre el ciclo histórico abierto en 1931 y cerrado en 1978. En países de nuestro entorno como Alemania, Austria, Italia o Francia el fascismo fue derrotado y, aunque la justicia no pasó en su búsqueda de responsabilidades de los niveles más altos y la revisión de lo ocurrido llevó bastante tiempo, la libertad pudo abrirse camino tras el desastre de la II Guerra Mundial. La dictadura española afectó a varias generaciones y caló profundamente en la sociedad, que pasó de los años de terror y miseria a otra etapa en la que la clase media surgida al calor de la dictadura pareció sentirse a gusto, por más que los niveles económicos de los años republicanos no se alcanzaran hasta veinte años después.

    La larga duración de la dictadura se debe, entre otras causas, a un hecho que se suele olvidar con frecuencia: el fascismo español se erigió sobre una gran matanza que cabría denominar de fundacional. Los golpistas siempre fueron conscientes de que en más de medio país no existía posibilidad alguna de hablar de una violencia previa con la que justificar su propia violencia. También sabían mejor que nadie que por cada persona asesinada en territorio republicano ellos habían acabado con la vida de varias. La investigación ha aportado hasta ahora los nombres de unas 135.000 frente a las 49.200 asesinadas en zona republicana. Pero igual que esta última cifra puede considerarse definitiva –en todo caso sólo podría bajar–, la otra es insuficiente y desde los noventa para acá no ha hecho sino subir.

    Ante esta matanza fundacional la dictadura se movió en dos sentidos: ocultar la propia carnicería y falsear la contraria desde el mismo inicio del golpe militar hasta la muerte del dictador, consiguiendo perpetuarse en esa tierra de nadie que fueron los años que siguieron y llegando hasta nuestros días. El mensaje era claro: nadie podría enlazar la nueva democracia con la República, para lo cual prohibieron que partido alguno pudiera presentarse con dicha palabra o derivados en su nombre, y nadie podría enjuiciar lo ocurrido desde el inicio del golpe hasta el final de la dictadura, para lo cual decretaron una amnistía en octubre de 1977. Sin duda estas dos medidas, básicas en el modelo de impunidad español, fueron efectivas y vinieron a cerrar el “todo queda atado y bien atado” de Franco. Esto se completó con una política archivística que dejó en manos de los responsables de la represión (Ejército, Guardia Civil y Policía) la documentación que hubiera permitido conocer sus verdaderas dimensiones o, lo que es lo mismo, nuestros archivos del terror.

    El desequilibrio de fuerzas resultaba evidente tras la muerte de Franco. No sólo por la amenaza constante que representaba el ejército sino por el control que la derecha y la ultraderecha seguían ejerciendo en sectores clave. Pero el futuro pasaba por la obligada reforma del régimen político, una reliquia anterior a la II Guerra Mundial, y por un nuevo encaje en el contexto europeo e internacional. La dictadura ya no era útil a quienes detentaban el poder económico en España. Y fue en esta división entre los defensores de un cambio controlado y los más cerriles guardianes de las esencias patrias, para los que España era una especie de coto privado, donde encontraron su lugar los partidarios de una reforma gradual y moderada en la que lo fundamental quedaba intacto. Gatopardismo puro. La mayor parte de la izquierda de entonces hizo todo tipo de cesiones, de forma que cabría decir que unos cedieron la legitimidad que les dio su lucha contra la dictadura y otros cedieron parte de lo único que tenían, que era poder adquirido por la fuerza de las armas varias décadas antes. Fue en este momento y por si a alguien se le ocurría mirar para atrás cuando se aprobó el decreto de amnistía y se firmaron o renovaron acuerdos con algunas instituciones, caso de la Iglesia. Todo ello antes de que se aprobara la constitución a fines de 1978.

    Tras el convulso quinquenio 1977-1981, en 1982 llegó la mayoría absoluta del PSOE con 202 diputados. Ello le permitió abordar una serie de reformas importantes pero que en ningún momento desbordaron los topes marcados unos años antes en situación mucho más delicada. Por lo que respecta a la memoria el PSOE decidió no mirar atrás, olvidando que un partido democrático no sólo no podía dejar de lado cuestión tan sensible sino que tenía el deber de afrontarla. El llamado partido socialista, que poco o nada tenía que ver con el PSOE de los años treinta, desaprovechó momentos tan significativos como los aniversarios de la resistencia generalizada a la sublevación militar de julio del 36 y el del final de la guerra civil. Con el paso del tiempo el PSOE fue perdiendo la S y la O de sus siglas, quedándose simplemente en lo que podría llamarse el Partido Español, un moderado partido de centro. En este sentido encaja perfectamente el hecho de que adoptara sin problema alguno el modelo de impunidad instituido en la transición.

    La historia, con muchas dificultades y en franca minoría, pudo ir cumpliendo su función social, pero esto no fue acompañado con una serie de medidas referentes al campo de la educación y de la información que debieron ser adoptadas desde 1982. Ya entonces fue perceptible que con el personal heredado del franquismo, que de un día a otro habían pasado de ser fieles servidores de la dictadura a demócratas de urgencia, sería muy difícil avanzar en este terreno. Así ocurrió en el campo de las fuerzas armadas, en el mundo judicial, en la universidad, etc. Sin la firme decisión personal de una serie de gente decidida a investigar el pasado reciente poco se hubiera hecho desde fines de los años setenta, cuando aún vivían numerosos protagonistas y testigos de lo ocurrido. Si por el poder hubiera sido, nada se hubiera hecho en este sentido.

    Tuvieron que pasar más de veinte años para que surgiera un movimiento social que exigía saber quiénes fueron las víctimas del fascismo español y qué fue de ellas. El final de los años noventa y la primera década del siglo XXI estuvieron marcados por la memoria. El mundo político se vio en la obligación de definirse ante estas demandas. El PP de Aznar respondió dando alas a una corriente que hundía sus raíces en el franquismo, que valoraba aquella etapa destacando sus logros y que era partidaria de dejar todo aquello como estaba para no reabrir heridas. El PSOE de Rodríguez Zapatero, que dedicó una partida económica importante a diversas iniciativas relacionadas con la memoria y prometió una ley específica sobre este asunto antes de llegar al poder en 2004, encargó esta tarea a una extraña comisión que finalmente concluyó en 2007 una ley de nombre irrepetible que no recogía ni una sola de las principales demandas planteadas por el movimiento memorialista. Sin embargo, todo esto fue superado por la iniciativa planteada por el juez Baltasar Garzón desde el Juzgado número 5 de la Audiencia Nacional. Pero al no estar respaldada por el PSOE, que veía cómo su descafeinada ley de memoria quedaba relegada al olvido, se convirtió en objetivo prioritario de la derecha que, consciente de la carga que llevaba, no tardó en paralizar el proceso y defenestrar al juez expulsándolo de la carrera judicial. Ya sabemos que la justicia, convenientemente utilizada, puede servir para una cosa y para la contraria.

    Un proceso al que hemos asistido desde los años ochenta para acá ha sido la paulatina decadencia del PSOE, que de 202 diputados ha pasado a tener 90 en las elecciones de 2015, y el progresivo auge de una derecha que, libre ya de cautelas y complejos, ha ido mostrando cada vez más su verdadera faz, que remite una y otra vez a su origen franquista. De modo que si antes decíamos que el PSOE no pasa de ser un partido moderado de centro, el PP es realmente el partido de la derecha permanente española. Con este sistema bipartidista que tenemos desde la transición es lógico que no haya existido una política de memoria por parte del estado y que sea imposible ir más allá del muro que se levantó en la transición. La política de estado ha sido la de la impunidad, el deseo manifiesto de que las verdaderas consecuencias de la represión fascista no llegaran a conocerse nunca, la imposibilidad de que se hiciese justicia con las víctimas del terror impuesto desde el primer día del golpe militar y cicatería limosnera con que se ha tratado siempre a los descendientes de las víctimas de la violencia, de las incautaciones, del expolio, etc.

    Estamos pues en una situación en la que es imposible avanzar. La política reaccionaria de la legislatura de Rajoy ha acabado incluso con la ley de memoria de 2007 y con las ayudas económicas que se dieron desde el gobierno de Rodríguez Zapatero.

    La verdad, justicia y reparación que deben servir de guía en todas las situaciones en las que desde dictaduras sangrientas se retorna al sistema democrático se han convertido en la mentira, la inhibición judicial y la limosna. Parece claro que mientras no se supere el sistema bipartidista no habrá posibilidad de convertir la memoria en política de estado y recuperar un pasado monopolizado por la derecha. Un país que no asume su pasado es un país enfermo. Las políticas de olvido siempre van en beneficio de los sectores privilegiados. Finalmente sería deseable que los dos partidos beneficiados desde hace décadas por la ley electoral, base del chollo bipartidista (alternancia permanente del centro y la derecha), dejaran de demonizar a quienes les salen por la izquierda y de paso a aquellos que los votan. Visto lo ocurrido en estas últimas décadas sólo desde una izquierda más sensible a nuestra historia reciente podrá ponerse fin a la impunidad del franquismo.

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