Cómo engordé buscando el hambre en la URSS

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Nota de la Red:   William Randolph Hearst (el Ciudadano Kane de Welles) era conocido por ser  un famoso magnate americano de los medios de comunicación  y  considerado el padre de la prensa sensacionalista. Se caracterizaba por decir mentiras y manipular la realidad  con el fin de aumentar sus ventas y audiencia. Participó en la guerra psicológica contra la Unión Soviética a través de sus agencias de prensa, películas y periódicos. En sus artículos explicaba que en la URSS no existían realmente  sindicatos, que había una hambruna generalizada y que era dirigida por un dictador.  Su mensaje llegaba a mucha gente generando mucho daño a la imagen de la Unión Soviética, casi una tercera parte de la población de EEUU leía sus periódicos. Lo que quizás no sabía la opinión pública era que él se había entrevistado  con Hitler en 1935  y mantenía una relación con los nazis que le suministraban material propagandístico para publicar.

En 1936 una delegación de obreros de distintos sindicatos  fueron elegidos para viajar a la URSS y de esta forma poder contrastar la verdadera realidad. Entre ellos había personas con distinta profesión: obreros de fábricas textiles, trabajadores de industrias de acero,  un minifundista, un granjero, un doctor, un maestro… Estaban representadas diferentes etnias y nacionalidades en el grupo, había tanto católicos como protestantes.

El objetivo del viaje era indagar lo más posible sobre la Unión Soviética para conseguir una visión crítica y pegada a la realidad. Había que responder a interrogantes como el funcionamiento de los sindicatos, condiciones laborales, salarios, horarios, educación, hambruna, seguridad social, religión…

Al regreso a EEUU William H. Duprey  (miembro de la delegación de obreros enviado a la URSS, del Sindicato de los Obreros Textiles Unidos de América y de la Federación Americana del Trabajo), explicó el resultado de sus investigaciones e indagaciones en el país con el relato “De cómo engordé buscando el hambre en la Rusia soviética”. Desmintiendo totalmente el panorama sombrío que dibujaba Hearst. Este informe fue publicado en 1936 en un pequeño libreto de 16 páginas por la Asociación de Amigos de la Unión Soviética del distrito de Nueva Inglaterra (Newbury Street, 12, Boston, Massachusetts), con el título original “How I Got Fat Looking for Starvation in Soviet Russia“.

Publicado en https://culturaproletaria.wordpress.com/2016/03/16/como-engorde-buscando-el-hambre-en-la-urss/#more-5291

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Prólogo

Fui uno de los doce obreros y campesinos elegidos por los respectivos sindicatos y organizaciones fraternales, bajo los auspicios de la Asociación de Amigos de la UniónSoviética, para visitar la URSS y relatar cómo funciona el socialismo en la práctica. William Randolph Hearst y su cadena de periódicos como el Boston American, el Boston Advertiser, el New York Evening Journal, y otros, han difundido informaciones acerca de que no existen verdaderos sindicatos en la Unión Soviética, de que los ciudadanos soviéticos pasan hambre, de que la Unión Soviética está gobernada por un dictador. Obreros y campesinos fuimos enviados para averiguar si lo que Hearst decía era verdad o mentira. Para ver cómo trabajan y se divierten los ciudadanos soviéticos, lo que comen, cómo funcionan sus sindicatos y explotaciones agrícolas colectivas, si hay desempleo, qué protección tienen en la vejez y en la invalidez, cómo son tratadas las mujeres y los niños, y muchas otras cuestiones.

Entre nosotros había representantes de varios sindicatos, cooperativas y otras organizaciones(1). Cuatro de nosotros somos miembros del Partido Socialista. Había un pequeño agricultor de Michigan, un productor lechero de Winsconsin, un profesor de escuela y un médico. Estaban también representadas varias nacionalidades: lituana, italiana, polaca, judía, afroamericana y franco-canadiense. Entre nosotros también había católicos y protestantes.

Fui elegido en un encuentro realizado en New Bedford, Massachusetts, por obreros textiles y otros, y apoyado por el Sindicato de los Tejedores(2). Varias organizaciones ligadas a la iglesia y clubes religiosos ayudaron a reunir el montante necesario para el viaje.

Soy ayudante de obrero de hilado y trabajo en el proceso final del hilo de algodón, reuniendo y recortando los extremos antes de que entren en los telares. Gano 16,70 dólares por semana. Soy católico practicante, miembro activo del Partido Socialista y ex-miembro de la Guardia Nacional. Frecuenté la escuela parroquial y dejé de estudiar en el sexto curso para comenzar a trabajar. Mi padre es un trabajador textil, miembro del sindicato desde hace cuarenta y cinco años. Soy de ascendencia franco-canadiense, y en casa siempre hablamos tanto inglés como francés.

Es todo sobre quienes somos. Lo más importante es lo que sigue: lo que vimos en la Unión Soviética.

Marineros franceses y marineros rusos

Viajamos en tercera clase hasta Londres en el transatlántico francés Ile de France, y desde Londres hasta Leningrado en el navío ruso Cooperatzia. Los marineros del Ile de France nos dijeron que todos los miembros de la tripulación eran del Partido Socialista Francés. Al saber que había entre nosotros cuatro socialistas, nos animaron a unirnos en un frente unido con los comunistas, igual que habían hecho ellos en Francia. Los marineros franceses trabajaban siempre muy duro y casi no tenían tiempo libre. La disciplina era muy estricta y los oficiales instruían a los pasajeros para que no hablasen con los marineros.

En el navío soviético la atmósfera era extrañamente diferente. Los marineros no prestaban atención a los oficiales, pero los llamaban “camarada”. Me sorprendió ver al capitán y a los miembros de la tripulación fuera de servicio caminando juntos y cantando alegremente. En la gran sala común para marineros y oficiales había una “esquina roja” con un busto de Lenin, libros y periódicos. La tripulación me dijo que el trabajo no era muy pesado. En el próximo viaje delCooperatzia se quedarían en tierra con el salario completo, sólo hacían un viaje de cada dos, lo que les permitía poder estar la mitad del tiempo en casa con sus familias. Me di cuenta de que la disciplina era estricta cuando estaban de servicio, y tanto los oficiales como los marineros nos parecieron competentes en su trabajo.

Leningrado

Fuimos recibidos en los muelles de Leningrado por representantes de los sindicatos, reporteros y fotógrafos de la prensa. También había una banda de obreros de un taller que era muy buena. Después de los discursos en ruso y en inglés fuimos para el hotel y cenamos. La comida era muy buena, pero el servicio modesto. Me explicaron que no había empleados suficientes porque la gente prefería otros trabajos.

Al día siguiente visitamos la fortaleza de Pedro y Pablo, una antigua mazmorra para presos políticos de la época en que los capitalistas rusos metían en prisión a los obreros que luchaban por sus derechos y por un gobierno obrero. Ahora es un museo. El antiguo palacio del zar es también un museo. Todo permanece como fue dejado por la familia del zar. Por todos los sitios en los que estuve en la Unión Soviética vi lugares históricos (antiguas prisiones, palacios, muchas iglesias) conservados como si fuesen museos.

Sabía que había sido enviado por los trabajadores de New Bedford con una misión más importante que visitar museos, por eso dediqué los días siguientes a investigar las fábricas textiles de Leningrado. Durante mi estancia en la Unión Soviética me concentré en las fábricas textiles y en talleres de ropa, viendo con mis propios ojos cómo funcionan, qué tipo de maquinarias usan, cómo están organizados los sindicatos y quién los dirije, cuales son los horarios, los salarios, y las condiciones de vida de los obreros textiles y de los talleres de ropa.

El trabajo de detective aficionado en la Unión Soviética

Antes de partir de los Estados Unidos, algunos de mis amigos me aconsejaron no creer todo lo que me dijeran. “Sólo te van a mostrar aquellos que quieren que veas”, me advirtieron. “Así que mantén los ojos abiertos”.

De modo que, durante mi estancia, hice un poco de detective aficionado. Las delegaciones de los sindicatos venían a informarnos qué fábricas textiles eran las más apropiadas para visitar. Se lo agradecía amablemente, pero después, con mi compañero de viaje, Adam Chada, un minero lituano de Pennsylvania y que hablaba ruso, iba a investigar las fábricas que no habían sido recomendadas por el sindicato. Más tarde visitábamos también las fábricas modelo. Con frecuencia, viajábamos en tranvías. Yo le tiraba de la manga a Chada y le decía: “Vamos a bajarnos aquí”. Bajábamos y nos dirigíamos después a la casa de algún obrero. Chada explicaba quienes éramos y el obrero nos mostraba su casa. Nunca conseguimos irnos sin antes haber compartido la comida con el obrero y haber bebido algún buen vino soviético. De este modo, hacíamos una media de seis comidas al día. En los intentos que hice de encontrar una familia con hambre en Rusia, de lo que el Sr. Hearst hablaba, gané 15 libras (6,8 kg) de peso.

Fábricas textiles en la Unión Soviética

Visité la fábrica “Rosa Roja” en Leningrado, que es la mayor fábrica textil de Europa. Fabrican productos acabados de algodón y un poco de lana. En 1930, el salario medio en la fábrica era de 93 rublos. En 1935 es de 184 rublos y muchos obreros ganan bastante más. La mayor parte del trabajo es casi sin descanso. No tienen relojes contadores, pero usan su propio sistema para medir el trabajo que es supervisado, hay que decirlo, por los propios trabajadores. Las mujeres reciben el mismo salario que los hombres por el mismo trabajo.

Todas las máquinas peligrosas están protegidas. Ciertos mecanismos que en los Estados Unidos ni siquiera habríamos pensado en proteger, aquí están cubiertos (por ejemplo, las poleas de las correas inferiores en la sala de corte). En la sala de tejido, la zona donde la lanzadera trabaja está cubierta.

Un obrero con familia gasta alrededor de 168 rublos al mes en comida. La renta de la casa representa el 10% de su salario mensual y las cuotas sindicales un 1%.

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Así, si marido y mujer trabajan, tienen dinero suficiente tanto para cubrir sus necesidades básicas como para muchos otros gastos. No sorprende que el 70% de los obreros en la Unión Soviética tengan cuentas bancarias.

Un tejedor de seda se ocupa, de media, de tres telares, nunca de seis como en los Estados Unidos. Un técnico de mantenimiento tiene a su cuidado como máximo 40 telares, nunca 100 como en nuestro país. En la sala de corte, cada ayudante prepara los hilos para el respectivo operario tejedor, y está encargado de una sola máquina. En los Estados Unidos, un ayudante trabaja con tres máquinas.

Constaté que en la URSS son utilizados métodos tan eficientes como en los Estados Unidos, aunque los objetivos son diferentes. En los Estados Unidos se contratan expertos para mejorar la eficiencia con el objetivo de aumentar los beneficios de los accionistas, mientras que en la URSS la mejora de la eficiencia es utilizada para aumentar la producción con el objetivo de responder a la demanda de los consumidores, una vez que hay carencia de productos textiles. El resultado de este aumento de la producción es devuelto a los obreros en forma de salarios más altos, nuevas maquinarias, más vacaciones, etc.

Puedo garantizar que el sistema de stretch-out(3) no se usa. Para aquellos que no estén familiarizados con la industria textil debo decir que el stretch-out es un esquema capitalista de incremento del trabajo que tiene como fin obtener la misma cantidad de trabajo con un número menor de personas y salarios más bajos. Por ejemplo, en una sala de tejido (sección donde este sistema es más usado), tres hombres se ocupan de sesenta telares, es decir, de veinte cada uno. Sin embargo, el patrón considera que no producen ganancias suficientes. Despide a un hombre y pone a los otros dos a ocuparse de los sesenta telares. Esto representa un incremento del trabajo del 33,3%. En muchos casos, los trabajadores ven los salarios reducidos y se les dice que podrán ganar muchos con los telares extras. En realidad, cada obrero nunca recibe más del 10% por encima del salario que ganaba cuando se ocupaba de 20 telares, sin embargo ahora produce un tercio más. Juntos, los dos obreros ganan un 20% más, si tienen suerte, mientras el patrón se queda el resto.

Condiciones de trabajo

La iluminación en las fábricas soviéticas es excelente. Las ventanas están separadas por alrededor de seis pies (1,8 m) y tienen seis pies de largo y ocho (2,4 m) de alto. La ventilación es tan buena que los sistemas mecánicos de ventilación existentes son prácticamente innecesarios. Sin embargo, las condiciones de los sanitarios en las fábricas soviéticas son muy deficientes. Cuando hablé de esto, me dijeron que el gobierno está dedicando anualmente millones de rublos para resolver esto.

Los obreros tienen inspecciones de salud obligatorias dos veces al año, y si alguien no está en las mejores condiciones se va a casa a descansar o es enviado a un sanatorio o a un hospital. En ese periodo continúa recibiendo su salario completo, así como asistencia médica y alojamiento gratuitos.

Tan pronto como una mujer queda embarazada, informa al supervisor, y si está en el turno nocturno es inmediatamente cambiada a otro turno. Tiene un permiso de dos meses antes de dar a luz y sólo regresa al trabajo dos meses después del parto. En ese periodo, la mujer recibe el salario completo, así como la asistencia médica y cuidados hospitalarios gratuitos. El hospital proporciona un equipo completo para el bebé, que consiste en ropa, cama y ropa de cama. La mujer también recibe alimentos especiales durante cierto tiempo, antes y después del nacimiento del niño. Cada taller o fábrica dispone de una guardería. Si la madre está amamantando a su hijo, se le permite ir a la guardería cada tres horas para alimentar al niño.

Los obreros comen en un comedor de la fábrica que es gestionado por los propios obreros. Los comedores son amplios y aireados, y el precio de las comida es muy bajo.

Todos los obreros no escolarizados van a la escuela de la fábrica.

Horarios

Los obreros textiles trabajan siete horas al día durante cinco días a la semana. El sexto día es de descanso. No pueden fumar junto a las máquinas, pero existe una sala de fumadores y una biblioteca. Tienen descansos de 5 minutos cada hora.

Los obreros con menos de 18 años tienen una jornada de seis horas. De estas, trabajan cuatro horas en la fábrica y estudian dos. Sin embargo, se les pagan las seis horas completas. A nadie con menos de 18 años se le permite trabajar en el turno nocturno.

Cuando conté esto a una amiga mía en los Estados Unidos, me dijo: “Bueno, somos capaces de imaginar condiciones tan buenas, pero no corresponden a la realidad en los Estados Unidos. Trabajo en un taller textil de las 6 de la mañana hasta la 1 y media de la tarde. Durante estas 7 horas y media no tengo ningún descanso para comer. Tengo que comer mientras trabajo”.

Estos buenos salarios, condiciones y horarios son posibles gracias al excelente sistema de protección social que existe en la Unión Soviética. Nosotros, obreros norteamericanos, estamos luchando duramente para consagrar este tipo de derechos en la Ley del Seguro Social Obrero (H.R.2827).

Talleres de ropa

También investigué el sector de la industria costurera en la Unión Soviética. Un taller de ropa en que visité en Simferopol nos da una idea razonable de la industria costurera en la Unión Soviética. Este taller emplea 2.200 trabajadores -tártaros, judíos, ucranianos, rusos y otras 18 nacionalidades. No existe ninguna discriminación racial o nacional.

El departamento de corte trabaja en dos turnos de 7 horas. Los obreros mayores trabajan 7 horas al día, los menores de 18 años trabajan 6 horas. Los diseñadores ganan 600 rublos al mes. El salario de los cortadores varía entre los 200 y 300 rublos al mes.

Los salarios no son tan altos en la industria costurera como en la industria textil. Sin embargo, al igual que en todas las otras fábricas, existe asistencia médica gratuita, las mismas vacaciones y bajas por enfermedad pagadas, la misma atención especial para las madres y jóvenes obreros. Los talleres y las fábricas tienen sus propias tiendas de productos alimentarios. Una cosa que noté fue la gran cantidad de frutas y vegetales frescos disponibles en estas.

Las mesas de trabajo de las muchachas obreras estaban construidas en forma de grandes herraduras. Se sentaban en la parte interior con los codos apoyados en la mesa. Para llevar las piezas a las obreras, así como para retirarlas, se utiliza un sistema rodante.

De los 2.200 trabajadores de este taller, sólo una muchacha usaba luz artificial. Había muchísima luz natural para el resto.

No había jefes rondando a las muchachas, obligándoles a trabajar más deprisa bajo la amenaza del despido. Las muchachas tampoco tenían que aceptar las invitaciones de los jefes para mantener sus puestos de trabajo.

Aquí, como en cualquier parte de la Unión Soviética, no hay desempleo. Un obrero puede cambiar de puesto de trabajo siempre que lo desee. Basta con informar al supervisor a dónde quiere ir con siete días de antelación. Entonces se le transfiere a su nuevo puesto de trabajo sin pérdida de salario. No pude evitar la comparación con los obreros norteamericanos, la mayoría ni siquiera consigue conservar el empleo, para cuanto más cambiar de un trabajo a otro sin pérdida de salario.

Los sindicatos en la URSS

Los obreros dirigen sus sindicatos de la misma forma que dirigen su gobierno. Durante toda mi estancia en la Unión Soviética no vi huelgas o manifestaciones con policías agrediendo a obreros. Cuando le ihce esta observación a un obrero, éste me respondió: “Cuando queremos una mejora de las condiciones, podemos conseguirlas a través de nuestro sindicato. El gobierno es nuestro propio gobierno, lo dirigimos a través de nuestros sindicatos, por lo que no hay motivo para hacer huelgas contra nosotros mismos”.

Los sindicatos en la URSS se organizan por sectores y no por profesiones. Todas las fábricas trabaja a tiempo completo, la mayoría en tres turnos de 7 horas. Los obreros que muestren alguna inclinación particular -actuar, escribir, la medicina, la ciencia, la investigación, etc- dejan de trabajar en la fábrica y son enviados por los sindicatos a una escuela o universidad, y mientras estudian se les paga. Conocí a un actor que actuó en la película “Chapaev“, que era un antiguo trabajador textil como yo.

El salario medio en la Unión Soviética en 1932 era de 108 rublos al mes. En 1933 era de 198, en 1934 de 217 rublos. Y al mismo tiempo que los salarios suben, el costo de la vida baja. Antes de la revolución, el salario medio era de apenas 27 a 38 rublos al mes. Y hoy el poder adquisitivo del rublo es tres veces mayor.

sindicatos¿Cómo es posible que el costo de la vida baje al mismo tiempo que los salarios suben? A medida que los obreros de las fábricas, minas y talleres, aumentan la producción, son producidos más y mejores productos, más riqueza social. Como resultado del aumento de la producción, más y mejores maquinarias pueden ser instaladas, y los salarios suben. Y como no hay beneficios y no existen propietarios privados de fábricas o accionistas, los precios bajan. La producción de las fábricas es establecida anualmente por el Comisariado de la Industria Ligera, teniendo en cuenta las necesidades de las personas, los materiales disponibles y la aptitud de los trabajadores para producir. El 50% del aumento de la riqueza producida en las fábricas es anualmente destinado al Fondo de Condiciones de Vida, que es usado para mejorar continuamente las condiciones de vivienda y de vida.

Un ejemplo interesante de la manera en como los obreros son protegidos por sus propios sindicatos ocurrió en una fábrica que visité, donde un médico que pasaba por las instalaciones descubrió a una mujer que se quejaba de dolores en la espalda. A las 10:00, el médico recomendó que el asiento de la obrera fuese elevado un pie (0,3 m). A las 11:30, el asiento había sido elevado de acuerdo con las indicacionaes del médico.

La religión en la Unión Soviética

En Leningrado me encontré con un antiguo compañero de escuela, el reverendo Leopold Brim, quien había frecuentado conmigo la escuela parroquial de “Sacred Heart” en New Bedford. Es un sacerdote católico romano, de ascendencia franco-canadiense como yo, que vive en la Unión Soviética y practica allí su fe. Naturalmente, siendo yo un católico practicante, tenía un gran interés en econtrarme con un amigo de la infancia que era sacerdote católico en la Unión Soviética.

Me dijo que no hubo intentos por parte del gobierno soviético de interferir en su actividad y la de sus feligreses, o de impedir que practicase libremente su religión. Por supuesto que los sentimientos antirreligiosos están muy difundidos entre los obreros, me dijo. Esto es natural, según me explicó, porque durante el zarismo la religión fue usada por el gobierno capitalista para oprimir a los obreros. Desde que los obreros tienen su propio gobierno, y dejó de existir un gobierno capitalista, la religión fue separada del Estado. La religión es ahora lo que debe ser: un asunto personal. Cuando le pregunté por qué razón tantas iglesias habían cerrado y son hoy utilizadas para otros fines, me explicó que la gente que sigue las doctrinas de la iglesia enla Unión Soviética son personas mayores en su mayoría y poco numerosas. Sus contribuciones no permiten mantener tantas iglesias y pagar los impuestos sobre la propiedad de la iglesia.

Primero de Mayo en Moscú

No soy orador o poeta para poder describir el Primero de Mayo en Moscú. El espectáculo de obreros libres y felices, marchando por millones, sin preocupaciones, cantando, apoyando al cien por cien a su gobierno, mientras el Ejército Rojo marchaba y los aviones rugían en lo alto para mostrar al mundo la disposición de los obreros soviéticos en defender su gobierno; el espíritu de la juventud; las personas mayores, con 75 años o más, que habían conocido la opresión durante el zarismo, marchando cogidos de los brazos con jóvenes que habían crecido bajo el socialismo -todo eso fue una experiencia tremenda para mi, de la cual jamás podré olvidarme.

El Primero de Mayo en Moscú hace seguramente a Mr. Hearst un mentiroso, así como a sus escritorzuelos a sueldo, como Lang, que se autodenominaba “socialistas”, Smith, Admiral Stirling, Ripley, y el resto de esa fauna. Después de viajar 6.000 millas por la Unión Soviética, incluyendo Ucrania, no vi un solo caso de hambre o malnutrición, sino todo lo contrario, vi un pueblo sano y feliz trabajando valientemente para construir el socialismo. Enviamos un telegrama a los Amigos de la Unión Soviética y a la sede del Partido Socialista para confirmar esto.

Educación

La Unión Soviética es el único país del mundo donde a los estudiantes se les paga mientras estudian. En todos los lugares donde estuvimos vimos nuevas escuelas en construcción. La gente lee en las fábricas, en los tranvías, en las calles. Siempre que se publica un nuevo libro sobre los avances del socialismo en la Unión Soviética, hay una carrera desenfrenada a las librerías y es frecuente que la primera edición se agote completamente antes de que anochezca.

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En Gorlovka(4) visité una casa de húerfanos, donde viven y estudian niños desde 4 a 12 años, que perdieron a sus padres. Con la ayuda del intérprete, entrevisté a un chico de 11 años. Las respuestas claras y su dominio de la información me maravillaron.

¿Qué tipo de gobierno preferirías tener, el de Alemania o el de la Unión Soviética?”, le pregunté.

¿Pensó en los sacrificios que tendríamos que hacer si regresáramos al capitalismo?”, respondió. “Aquí todo el mundo trabaja. Comemos bien, tenemos ropas y, por encima de todo, libertad. ¿Qué es lo que tienen en Alemania? Opresión de la clase dominante, falta de libertad de expresión. Un loco llamado Hitler que masacra o manda a las prisiones a todos aquellos que discrepan de él y su forma de gobierno”.

Le hice una pregunta complicada, pensando que desconocería absolutamente a lo que me refería. “¿Qué piensas de Huey Long?” (5)

También tenemos algunos Huey Longs en Rusia“, me dijo el chico. “Sólo que aquí los llamamos por su verdadero nombre: globos. Grandes bolsas llenas de aire”.

Cuando terminé de preguntarle, comenzó él a hacerme preguntas. Quiso saber muchas cosas acerca de nuestros sindicatos, de las condiciones de trabajo en los Estados Unidos, etc. De repente, me preguntó: “¿Qué piensa usted de la N.R.A.?”.(6)

Guiñé un ojo al intérprete. “Es algo bueno”, le dije al chico. “Si fuese puesta al servicio de los trabajadores, conseguiríamos todo lo que queremos”.

El chico me miró perplejo y le dijo al intérprete: “O este tipo está loco, o es muy ignorante, o simplemente se está burlando de mi. Todo el mundo sabe que la N.R.A. sólo es buena para incrementar los beneficios de los patrones a costa de los trabajadores”.

Quiero subrayar el hecho de que los niños rusos no son amanerados, mimados o impertinentes. Tienen una seguridad y un dominio de sí mismos que solo la verdadera libertad puede ofrecerles.

De vuelta a la tierra del desempleo

A nuestro regreso de Leningrado pasamos por el Canal de Kiel(7), donde vimos con frecuencia a obreros alemanes. Los saludábamos y ellos nos respondían con el saludo nazi, estirando el brazo. Después miraban cuidadosamente a su alrededor, doblaban el brazo y cerraban el puño, saludando a la bandera roja con la hoz y al martillo que ondeaba en nuestra proa.

En Londres dos cosas me llamaron la atención: la suciedad del metro en comparación con el de Moscú, y el hecho de ver a multitud de gente parada junto a las vidrieras de las tiendas, pero casi nadie entraba. En Moscú las tiendas estaban repletas de gente, y las personas corrían de una tienda a otra, como si temiesen que los productos desapareciesen antes de poder comprarlos.

No hacía ni cinco minutos que había llegado a Nueva York cuando me paré a ver una manifestación con policías que amenazaban a los manifestantes.

No puedo relatar mucho más por falta de espacio. Me gustaría haber hablado de cómo son tratadas las 168 diferentes nacionalidades de la URSS y de la total falta de prejuicios raciales; haber escrito largo y tendido sobre el Ejército Rojo y su papel en promover la paz en el mundo; de la libertad de prensa y la enorme cantidad de periódicos y libros que se venden o son distribuidos a los obreros; del maravilloso nuevo metro de Moscú, donde, al tirar una colilla de un cigarro, recibí una reprimenda de un obrero que me acusó de estar ensuciando su metro con una simple colilla; de las nuevas casas, escuelas, fábricas y hospitales que están siendo construídas por todas partes; de la maravillosa solidaridad de los obreros; de cómo me divertí con ellos en los días de descanso, yendo a picnics, cantando sus canciones, comiendo su buena comida, bebiendo su buen vino; de las explotaciones agrícolas colectivas, donde el pequeño agricultor de nuestra delegación, después de inspeccionar una pocilga, dijo con su arrastrada voz: “Diablos, aquí tratan mejor a los cerdos que a nosotros, los agricultores, en Michigan”; de los teatros para los obreros, museos, parques de recreo y descanso, y muchas otras cosas más.

Todo lo que puedo decir es esto: ¡HEARST MIENTE!. El socialismo funciona; yo lo he visto funcionar en la Unión Soviética.

No acepten lo que los enemigos de los obreros, los Hearts, los Langs, la prensa capitalista dicen sobre la Unión Soviética. Conozcan lo que es la Unión Soviética leyendo las publicaciones de los Amigos de la Unión Soviética, escuchando a los hermanos de vuestro sindicato, miembros de vuestras iglesias y organizaciones fraternales que han estado allí, han visto el socialismo en la práctica y se han dado cuenta que funciona.

Notas:

(1) En el original son referidas las siguientes organizaciones: Amalgamated Association of Iron, Steel, and Tin Workers (AFL), United Mine Workers of America (A. F. of L.), United Textile Workers of America (AFL), Wisconsin Cooperative Milk Pool, International Brotherhood of Electrical Workers (AFL), Dyers Local No. 1773, Paterson, N.J. (N. Ed.)

(2) Weavers’ Union UTWA (AFL). (N. Ed.)

(3) La palabra stretch significa literalmente estiramiento. (N. Ed.)

(4) Ciudad ucraniana en el oblast de Donetsk (N. Ed.)

(5) Huey Pierce Long, Jr. (1893-1935), “The Kingfish“, fue un político populista de los Estados Unidos, miembro del Partido Demócrata. Fue gobernador de Louisiana de 1928 a 1932 y senador por el mismo estado en el Congreso de los Estados Unidos, de 1932 a 1935. Se hizo famoso por sus propuestas de distribución de la riqueza, mediante el aumento de impuestos sobre las grandes fortunas. Murió víctima de un atentado en 1935. (N. Ed.)

(6) National Recovery Administration (Administración de Recuperación Nacional) fue un organismo creado en 1933, en el ámbito del New Deal, por el gobierno de Roosevelt, con el objetivo de dinamizar la economía y crear puestos de trabajo mediante el establecimiento de prácticas “justas” de la competencia, en particular, la fijación de precios de los bienes y servicios, de salarios mínimos y jornadas máximas de trabajo. Las empresas miembros pusieron el símbolo de la NRA, un águila azul, en las ventanas y en los envases de sus productos. La participación era voluntaria, pero las empresas que no utilizaban el símbolo se convertían en objetivo de boicot por las clases populares. Aunque las reglas acordadas son a menudo violadas, bajo la égida de la ANR llegaron a estar empleados alrededor de 23 millones de trabajadores. Sus efectos sobre la economía también fueron sensibles: en mayo de 1935 la producción industrial creció un 22% respecto al mismo mes de 1933. Sin embargo, bajo la presión de los monopolios, en 1935, el Tribunal Supremo declaró el organismo inconstitucional, determinando su extinción, aunque algunas de sus funciones han sido llevadas a la National Labor Relations Act (Wagner Act), aprobadas el mismo año. (N. Ed.)

(7) El Canal de Kiel se encuentra en Alemania, en el estado de Schleswig-Holstein. Une el Mar del Norte, en Brunsbüttel, con el Mar Báltico, en Kiel-Holtenau. (N. Ed.)

 

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