Casi como personas

Alexander Petrakov

Nota de la Red:

                Este artículo es un ejemplo actual de que los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla. Durante la IIª Guerra Mundial en la Europa ocupada por los nazis, surgieron infinidad de regímenes colaboracionistas, que participaron directa e indirectamente en el genocidio de millones. Por el odio y la crueldad destacan el régimen ustacha de Ante Pavelic en Croacia, organización terrorista fundamentada en el racismo religioso, que llegaron al poder apoyados por Hitler, y quienes sólo en el campo de exterminio de Jasenovac asesinaron directamente a 700.000 personas.

Por su odio y crueldad también destaca el Ejército Insurgente Ucraniano, integrado en la Wehrmacht, dirigido por Stephan Bandera, que llevaron a cabo operaciones de limpieza étnica contra judíos, rusos, polacos y ucranianos, practicando el asesinato en masa de más de un cuarto de millón de personas. Destacan las matanzas de Baiy Yar en Kiev y Volhynia en Polonia.

Desde el 2014, tras el golpe de estado en Kiev, los banderistas organizados en el partido Sector Derecho, entrenados y preparados por la OTAN en Polonia, hoy integran los servicios de seguridad y la guardia nacional de Ucrania, forman parte del nuevo gobierno, han recuperado los símbolos neonazis, han rehabilitado a los colaboradores con el nazismo en la IIª Guerra Mundial y han ejecutado asesinatos como el incendio de la casa de los sindicatos de Odessa y la incursión militar contra las poblaciones del este, contrarias al nuevo régimen neonazi de Kiev.

Este artículo de Alexander Petrakov es una reivindicación de la memoria histórica de los pueblos. El genocidio ucraniano perpetrado por estos bárbaros durante la IIª Guerra Mundial contra su propio pueblo, ha sido cuidadosamente olvidado desde las estructuras políticas durante décadas, y hoy están de nuevo aquí.

Estos son sus “sentimientos” y sus crímenes, que ya fueron sentenciados en los juicios de Núremberg. ¿A quién le interesa el olvido?. ¿A los trabajadores, a los pueblos o al imperialismo?.

PUBLICADO EN DIARIO DE OCTUBRE 22 FEBRERO 2016

Alexander Petrakov

Original: http://news-front.info/2016/02/19/pochti-kak-lyudi-aleksandr-petrakov/

 

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En esta horrorosa imagen Kiev, septiembre de 1944, Baby Yar. Un momento antes de su muerte la madre acaricia a su hija. El hombre con el uniforme de las SS, el que la matará junto con la pequeña en uno o dos segundos, no es alemán. Es ucraniano de la ciudad de Zhitomir. Servía en la división “Galichina” y a partir de 1943 trabajó con Einsatzgruppen.

¿De dónde salen tantos detalles? Prácticamente de él mismo. Esa fotografía la confiscaron los partisanos junto con su placa de ejército. La confiscaron cuando revisaban su cadáver. Esa foto sería posteriormente una de las pruebas más reveladoras en el proceso de Núremberg.

Pero lo que más sorprende es que la instantánea se encontraba entre las fotografías privadas del criminal-seguidor de Bandera. Junto con sus cartas a casa estaba ESO. Una imagen para el recuerdo guardada cuidadosamente. Quizás incluso para su álbum de fotos. Para enseñar en el futuro con orgullo a sus hijos y nietos y contarles como luchó valientemente por una Ucrania independiente…

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Los nazis alemanes mataban a judíos, rusos, bielorrusos, ucranianos. Y los nacionalistas ucranianos mataban a judíos, rusos, bielorrusos y ucranianos. Solo que los primeros lo hacían sin emoción, o incluso a veces con asco (claro que nunca por compasión hacia las víctimas, sino por ser trabajo “sucio”, no merecedor de trabajo de superhombre ario). Los ucranianos de Galichina y otras regiones del oeste lo hacían con alegría, con gusto, con rin-tin-tin.

Ni a los unos ni a los otros los justifican los detalles, pero sí la diferencia dice mucho de los nacionalistas ucranianos.

Hace unos años tuve la suerte de leer un libro polaco con buena traducción al ruso sobre la “sangría de Volyn” y en general sobre el movimiento de Bandera (solo en Polonia se publicaron libros de este tipo durante unos años. Aquí nunca – por la idiotez de “amistad entre los pueblos”).

Uno de los capítulos, pese a la increíble crueldad de todo el libro, me afectó más que ninguno. Eran cartas, partes o íntegras, de los seguidores de Bandera a sus familiares, amigos, compañeros. Y una de esas “personas” escribe sobre el glorioso futuro de Ucrania (sin judíos ni moscovitas) y sobre las discusiones y sueños acerca de tal futuro con sus colegas, recuerda su verso favorito de algún poeta ucraniano sobre la naturaleza y el hogar. Luego, sin cambiar de tono, cuenta como violaba y luego asesinaba a una niña de diez años. Con las mismas emociones, casi con alma. Cuenta como estaba tumbado sobre el cadáver, fumaba y pensaba sobre la Ucrania libre. Y luego de nuevo sobre las pausas entre los ataques, su casa y su vieja madre.

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víctimas de los nacionalistas ucranianos banderistas. Katarinovka, provincia de Volyn, la noche del 7 al 8 de mayo de 1943

Había en ese libro cartas aún más horrorosas. Algunas “casi” sin horror… Lo importante no es eso. Los alemanes, aunque no eran todos, entendían que cometían crímenes. Pero se auto-exculpaban con la idea, la necesidad, la guerra, la orden de sus jefes. Incluso los nazis más depravados, dentro de sí buscaban alguna justificación para sus actos.

Esos jamás. “El mal” como concepto no existía para ellos. Matar a un ucraniano – era malo, pero si el ucraniano no era correcto (por ejemplo no hablaba bien su idioma, o con un acento equivocado, ayudaba o se compadecía de los judíos, rusos, polacos) siempre era hacer el bien.

A veces, incluso matar a un ucraniano bueno era hacer el bien, si se hacía para la libertad de Ucrania (de todos los ejércitos que participaron en aquella asquerosa guerra, tan solo los nacionalistas ucranianos mataban a todos sus heridos que no podían caminar por si solos, para que no retrasaran el movimiento de las tropas, fuese durante un ataque o en una retirada).

En 1941, entrando en la ciudad de Lvov y preparando a sus cachorros para el “trabajo”, Stephan Bandera les despedía con las siguientes palabras: “Solo Ucrania, su inmaculado nombre, tiene algún valor para nosotros. Si me preguntáis a cuantos ucranianos se puede o se necesita matar para conseguir una Ucrania libre, os responderé tan solo cuantos se puede y se necesita dejar vivos”.

Todo esto tiene una relación directa con el día de hoy. La gente quemada viva en Odessa. La transformación de Slavyansk en una ciudad fantasma, mujeres y niños asesinados, periodistas acribillados a balazos, avión de pasajeros derribado sobre Lugansk… Todo indica tan solo una cosa: han vuelto.

Descendientes directos e ideológicos de aquellos que seguían a Bandera, Shijevich, Konovalets… y los demás. Y nosotros estamos en una situación muy mala, pues nunca entendimos lo más importante – ellos son diferentes.

Ayer seguí la conversación de dos lectores de mi página Web. Los dos insistían con emoción a uno tercero que nadie derribaría premeditadamente un avión de pasajeros. Que eso no puede ser, porque no puede ser jamás.

Que los ucranianos lo derribaron por error. NO PODÍAN haberlo hecho a propósito, con premeditación, aposta.

No queremos creer que existe gente capaz de suicidarse, asesinar a su pueblo, al pueblo vecino, a todo el mundo ni siquiera por una idea, sino por un sentimiento. Un sentimiento de odio hacia todo que no es ucraniano.

Sin embargo, los soldados alemanes, incluso aquellos que conocieron campos de concentración, escribían sobre “un odio animal” en los ojos de aquellos ucranianos. Hoy volvemos a ver estos ojos y oír lo que dicen sus poseedores. Vemos, pero no lo queremos ver.

Pobrecitos, están engañados – lamentamos. ¿Llegará el frio inverno y cómo esos pobrecitos van a saltar, correo y asesinar?…

Créanme, lo harán perfectamente. El odio les calienta micho mejor que nuestro gas. Y si no, siempre les queda incendiar la casa del vecino y calentarse al fuego mientras violan a su mujer y se divierten asesinado a sus hijos.

Con el odio se puede exigir ese gas y quizás se lo darán. Luego, una vez lo consigan, matarán en todo caso. Por el odio.

Hemos cometido un gravísimo error. Y ahora lo pagaremos con un alto precio. Los judíos, una vez se encontraron con el fascismo, cuidan la memoria de ese mal. Llevan a sus hijos a los museos, a los campos de concentración, les enseñan TODO. No se preocupan por la “psicología infantil”. Para que hasta dolor, hasta lágrimas se les imprima en la memora, en cada célula de su cuerpo, lo que es el nazismo y por qué debe liquidarse.

Al lado de nosotros nació un mal aun peor – los banderovsty-ucranianos. Más testarudo, cruel, inhumano. Y con más vitalidad.

Pero decidimos olvidarlo, borrarlo de nuestra memoria. Para no “perjudicar las relaciones” no construíamos museos ni monumentos; no escribíamos libros, no hacíamos películas, no dejábamos hablar a los viejos que aun recordaban.

Recuerdo como un día mi abuelo volvió a casa con lágrimas en víspera de las fiestas de mayo. Fue algo insólito, poco corriente. Incluso el día de la victoria solía esconder las lágrimas, y de pronoto una persona más vieja y llorando…

Luego me contó que en la fiesta del colegio a la que fue invitado como héroes de guerra, veterano, uno de los destacados hombres del partido, en vez de contar historias sobre sus hazañas, intentó contar aquello que vio en Ucrania – en Kiev, en Lvov, en Volyn… No le dejaron hablar ni diez minutos. La maestra y el jefe de estudios lo sacaron casi a empujones.

– ¿Cómo se atreve? ¡Aquí podía haber ucranianos, niños ucranianos!, le gritaban en el pasillo.

Y el abuelo, medio llorando decía luego, después de un par de copas: estamos OBLIGADOS a recordarlo. Recordar no solo los crímenes cometidos, sino que eran personas DIFERENTES. “No eran como nosotros” – me decía el abuelo. – Dios salve a Rusia y a los rusos si un día “vuelven”.

Hoy Ucrania se encuentra bajo el mando de los seguidores de Bandera. Ante nuestros ojos están construyendo una sociedad y un Estado de acuerdo con su fanatismo.

Y nosotros no entendemos, no queremos entender que esa gente es capaz de cualquier crimen, cualquier violación. De cualquier mezquindad.

Cuando quemaban a la gente en la Casa de los Sindicatos de Odessa, parecía nada puede dar más miedo. Cuando el pueblo de Slavyansk se estaba borrando de la faz de la tierra desde el monte Karachun parecía nada puede ser más inhumano. Cuando el avión malasio cayó desde los 10 kilómetros de altura parecía nada puede ser más mezquino. Pero la lógica, la razón, las palabras y los recuerdos del abuelo me dicen que sí, sí puede. Y será.

Mi abuelo, fallecido hace años, tenía razón. Y yo, y todos nosotros, nos equivocábamos.

Pronto lo entenderemos todos. Lo importante es que no sea tarde.

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7 pensamientos en “Casi como personas

  1. Veteranos nazis marchan en la capital de Letonia acompañados de miembros del gobierno
    16 de marzo de 2016

    Novosti | Más de mil personas participan en la marcha de los veteranos de las Fuerzas Armadas SS (Waffen-SS) en la capital de Letonia.

    El desfile, convocado en memoria de los colaboradores nazis, es organizado anualmente, lo que provoca protestas de las organizaciones antifascistas de todo el mundo.

    Por primera vez en la historia, tomará parte en la marcha un alto funcionario del gobierno de Letonia: la portavoz del Parlamento del país, Inara Murniece. La dirigente asistirá a la misa en la Iglesia de San Juan en Riga, y luego participará en las actividades en Lesten, según los medios.

    El orden público durante la marcha es vigilado por centenares de policías y agentes de seguridad.

    La embajada de Rusia en Letonia define la marcha como una “cínica profanación de la memoria de las millones de víctimas de la Segunda Guerra Mundial y una violación al derecho internacional”.

    Durante los Juicios de Núremberg (1945-1946), el Tribunal Militar Internacional declaró a la SS, así como al Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán y al SD, como organizaciones criminales.

    Fuente: mundo.sputniknews.com

  2. La rendición del Ejército Nacional Ucraniano
    2 junio, 2016

    El progresivo deterioro de la posición de Hitler en su lucha contra la Unión Soviética facilitó, ya avanzada la guerra, la creación de un ejército ucraniano vinculado a la Alemania nazi. En noviembre de 1944, Alemania da el primer paso en esa dirección con el reconocimiento de la dimensión ucraniana de la División Galicia, renombrada como 14ª División de Granaderos de las Waffen SS, Ucraniana nº 1 [14. Waffen-Grenadier-Division der SS (ukrainische Nr. 1)].

    El siguiente paso es la formación de UNA, siglas tanto ucranianas como alemanas del Ejército Nacional Ucraniano. La creación de UNA culmina el cambio de estrategia de la Alemania nazi, en esos momentos orientada a una política de alianzas con los diferentes nacionalismos en el este de Europa. Incapaz de controlar el territorio, la nueva Ostpolitik pretendía establecer una Confederación de Estados autónomos, aliados del Eje, que ejercieran de barrera de protección contra la URSS. La apertura de Alemania a las fuerzas nacionalistas locales se traduce en la aprobación formal de un Comité Nacional Ucraniano (Український Національний Комітет), embrión de un futuro Estado ucraniano aliado de la Alemania nazi.
    El 25 de abril de 1945, Pavlo Shandruk es proclamado líder del Comité Nacional Ucraniano y comandante en jefe de todas las formaciones militares ucranianas. Culmina de esta forma, cuando la derrota alemana era ya inevitable, el modelo de alianza política y militar que venía promoviendo desde 1943 Volodymyr Kubiiovych.

    En sus memorias, Wolf-Dietrich Heike, Jefe de Estado Mayor de la División ucraniana, señala que Shandruk se desplazó ese 25 de abril al frente austriaco para realizar el acto formal de declaración de lealtad al pueblo de Ucrania del nuevo ejército nacionalista. Con él llegaron el antiguo gobernador de Galicia y promotor de la División, Otto Wächter, su ayudante el Coronel Alfred Bisanz y Fritz Rudolf Arlt, otro destacado oficial SS del periodo de ocupación nazi de Polonia. Shandruk trajo consigo insignias con el tridente ucraniano para que los soldados las llevaran en sus uniformes. Según Heike, en un momento en el que el Ejército Rojo intensificaba la “propaganda para la rendición”, la presencia de Shandruk, con un uniforme de Ucrania, causó una profunda impresión en los ucranianos de la División y mejoró enormemente su moral.

    Pero este hecho no oculta el formalismo del cambio. La UNA era la nueva versión de la original Galizien Division de las SS, convertida en 1ª División de un ejército que seguía siendo parte de las fuerzas armadas de la Alemania nazi, la 1. Ukrainische Division der Ukrainischen National-Armee, su nombre oficial en alemán. No habría tiempo para constituir la 2ª División, proyectada como la confluencia de prisioneros de guerra, civiles y trabajadores forzosos ucranianos y de nacionales de Ucrania presentes en otras unidades alemanas. Como tal, la UNA apenas existirá entre el 25 de abril y el 8 de mayo, día en el que se acuerda su capitulación, como una más de las fuerzas militares de la Alemania nazi.

    El mando de Shandruk también fue meramente formal. Pocos días después de su llegada al frente, lo abandonó para unirse, en Völkermarkt, al regimiento de entrenamiento donde esta parte de la División ucraniana tenía su cuartel, muy lejos del campo de batalla donde actuaba la División ucraniana, entre Feldbach y Gleichenberg. Más allá de las pretensiones de mando que muestra en sus memorias, su papel efectivo en los días finales de lo que nació como División Galicia fue prácticamente nulo.

    Es llamativo que la rendición de la UNA se produjera en el sur de la actual Austria, muy lejos de la Galicia en la que se formó la División ucraniana. ¿Qué papel desempeñaban entonces, tan lejos de Ucrania, los oficiales y reclutas de esa División, convertida ya en núcleo de un ejército nacional que colaboraba con la Alemania nazi?

    La represión del movimiento de liberación en Eslovaquia y Eslovenia

    Después de quedar prácticamente diezmada en la Batalla de Brody, durante el avance soviético del verano de 1944, a los restos de la División Galizia de las SS les espera una nueva tarea. Reagrupada y renovada con nuevos reclutas, su principal papel se centrará a partir de entonces en prevenir el avance de las fuerzas partisanas que se enfrentaban a Hitler, una tarea que en la práctica suponía también contribuir a la represión de todos los movimientos nacionales de liberación opuestos a la Alemania nazi.

    Eslovaquia

    Esta acción anti-partisana, que constituía uno de los ámbitos clave de la formación recibida por los reclutas ucranianos, se aplicaría inicialmente en Eslovaquia.

    Los 22.000 soldados de la todavía División Galicia se dirigen a ese país a partir del 15 octubre de 1944. El objetivo principal es contribuir a la supresión de la insurrección en marcha contra la ocupación alemana y hacer frente a la actividad partisana paralela que había empezado a desarrollarse con fuerza. En un momento en el que las fuerzas de la Wehrmacht eran requeridas en el frente oriental, la División ucraniana tenía que contribuir a mantener el control policial y militar alemán en territorio eslovaco.

    El área bajo su control incluyó, en lo fundamental, el distrito de Zilina. Ahí se encarga de asegurar las principales vías de transporte y la continuidad de la producción industrial, en particular en la fabricación de munición en Povazska Bystrica. En toda esta zona, los combates con los grupos partisanos llegaron a ser frecuentes. Según Heike, desde el primer momento de su llegada a Eslovaquia, las unidades ucranianas participaron activamente en misiones de búsqueda y destrucción de las fuerzas partisanas.

    Además de esta actividad, más propia de una fuerza policial de dimensión represiva, los ucranianos también participaron en actividades propiamente militares. La principal actuación correspondió al Batallón, dirigido por el teniente coronel Wildner, que participó de forma directa en el ataque de noviembre de 1944 contra el feudo de los insurrectos en Banska Bystrica. En esa zona, en el distrito de Zvolen-Banska Bystrica, los combates con los partisanos fueron constantes y llegaron hasta las zonas de montaña cercanas, en el área Fatra-Tatra.

    Justificada como de inspiración bolchevique (según Heike, comisarios y oficiales soviéticos constituían la columna vertebral de un movimiento con poco apoyo entre el nacionalismo local), la insurrección eslovaca de 1944 era en realidad una rebelión de la mayor parte del ejército. En su introducción a las memorias de Heike, John A. Armstrong considera que se trataba de un intento de liberación del nazismo que incluso buscaba adelantarse al avance de las fuerzas comunistas en el país.

    Al final de su estancia en Eslovaquia, la División ucraniana participó en la preparación de posiciones defensivas para hacer frente al avance del ejército soviético. En ese periodo, el área bajo su control se extendió hasta el valle del Nitra. A finales de diciembre de 1944 y primeros de 1945, la División envió un grupo de combate al sur de Eslovaquia, en la zona de Banska Stiavnica, donde se enfrentó directamente al Ejército Rojo.

    Estiria y Eslovenia

    Después de su participación en la represión del movimiento de resistencia eslovaco, la División ucraniana es transferida a partir del 31 de enero de 1945 a la conflictiva región de Estiria, donde vuelve a demostrar su papel de aliado de la Alemania nazi en su lucha contra los movimientos locales de liberación. Esta región austriaca había sido de facto extendida para incluir la parte norte de Eslovenia. La ocupación alemana de esta zona de la Yugoslavia de pre-guerra se basó en la estructura regional nazi, con el nombre CdZ-Gebiet Untersteiermark [Territorio de la Baja Estiria], perdurando entre abril de 1941 hasta la liberación en mayo de 1945.

    Estiria, de histórica población mixta eslovena-alemana constituía un territorio reivindicado tanto por Alemania como por el movimiento de liberación esloveno. Las tropas ucranianas se desplegaron en un área que va de Deutschlandsberg en Austria a Slovenska Bistrica, entonces llamada Windish-Feistritz. Esta zona incluía el núcleo industrial situado entre las ciudades eslovenas de Celje y Maribor. Ahí completan su despliegue el 28 de febrero de 1945, asumiendo el control de una de las zonas de seguridad en las que habían quedado divididas por los alemanes las provincias de Estiria y Carintia.

    El objetivo de la División en la llamada Baja Estiria era liderar la acción contra los partisanos eslovenos de Tito que controlaban gran parte de la zona, con apenas algunas excepciones. Una de ellas era el distrito al este de Maribor, dominado por chetniks eslovenos leales al régimen hitleriano.

    La lucha contra los partisanos de Tito se desarrolló de forma continuada para dejar libres las principales arterias de comunicación y transporte, en especial entre Celje y Maribor. A diferencia de Eslovaquia, donde las fuerzas alemanas consiguieron acorralar a los partisanos y alejarlos hacia las montañas, en la Eslovenia de 1945 nunca llegaron a rodearlos y destruirlos. La confrontación con las unidades partisanas no terminaban siempre además con una posición de fuerza de las unidades alemanas, entre ellas la División ucraniana, sino que éstas se veían con frecuencia forzadas a retroceder.

    La División trató de rodear a los partisanos en los picos nevados entre Ljubliana y Menina Planina y, algunos días más tarde en los distritos de Mozirje, Ljubno y Solcava, al lado del macizo de Boskovec, en ambos casos sin éxito, sufriendo en esas operaciones ataques aéreos por parte de los aliados. La penetración directa en las zonas partisanas se hacía prácticamente imposible porque, en un territorio con menor presencia de fuerzas militares alemanas, un ataque directo masivo dejaba al descubierto las propias bases centrales alemanas y ucranianas ante los ataques partisanos. En su política de control territorial, sólo consiguieron cierto éxito en el distrito del río Sava, cerca de Celje.

    Las bases políticas de la acción contra la insurrección

    Como muestra Heike en sus memorias, en la lucha contra los partisanos y demás fuerzas insurrectas en Eslovaquia y Eslovenia, la División ucraniana se apoyó en los principales movimientos de la extrema derecha local.

    En Eslovaquia, Heike menciona “la relación cortés” de la División ucraniana con la Guardia Hlinka y su partido, el Partido Popular Eslovaco, las principales bases de las fuerzas ultraderechistas y violentas que apoyaban al Eje en Eslovaquia.
    En la llamada Baja Estiria, hoy eslovena, la base política de apoyo a los ucranianos no era el partido nazi, inexistente en la zona, sino el Steirischer Heimatsbund de Franz Steindl. Un miembro de la primera época de las SA, entre 1938 y 1941 se había encargado de impulsar el NSDAP, el partido nazi, en la zona antes de formar los batallones paramilitares pro-nazis que representaban el Heimatsbund.

    Como señala Heike, el apoyo de esta organización a la División ucraniana se mantendría hasta la rendición final. Resultó decisiva en todo momento en las tareas de control de la línea del frente, por ejemplo en la consolidación de sus posiciones a lo largo del río Mur. Ahí contarían temporalmente también con el apoyo de un destacamento de artillería de las fuerzas militares de la Hungría pro-Eje, en retirada ante el avance de las tropas soviéticas.

    La otra cara de la acción ucraniana: los regimientos de policía y los batallones de trabajo

    Como señala Heike, antes de la rendición final de Alemania, la División ucraniana participó también en la organización de batallones de trabajo en Austria. En sus orígenes, la creación de División Galicia no sólo sirvió para participar del esfuerzo bélico alemán, también para colaborar en su acción de represión policial. Lo reflejan los cinco regimientos de policía SS que se constituyeron a partir de los voluntarios reclutados en 1943 para la División Galicia. Los reclutas menos cualificados para la acción militar fueron derivados hacia esos regimientos policiales.

    Estos voluntarios fueron entrenados para formar parte de la maquinaria policial de las SS alemanas en distintas zonas de Francia, tanto en el norte (Metz) como en la zona sudoccidental (Pau, Tarbes y Salies de Béarn, en la frontera con la zona del País Vasco francés). Durante su periodo de formación, estas fuerzas también participaron en la lucha contra los partisanos franceses (aunque algunos de sus miembros acabaran uniéndose a ellos, por ejemplo el grupo de Osyp Kurkovsky que se une a las fuerzas del General Legrand). Tras finalizar su formación en 1944, los miembros de los regimientos ucranianos de las SS fueron enviadas a distintos destinos, entre los que se han señalado el sur de Francia, Alsacia, los Países Bajos, Alemania, Polonia,

    No ha sido investigado con detalle la historia de estos regimientos como tampoco el papel de la División ucraniana como policía represiva en un periodo en el que el asesinato de disidentes y minorías era un rasgo esencial del régimen nazi. Pero muchos indicios apuntan a la participación de estas fuerzas en los crímenes de guerra de la Alemania de Hitler. Entre los observados en la zona de presencia de las fuerzas ucranianas en Eslovaquia, Austria y Eslovenia, destacan algunos hechos.
    El primero de ellos es la participación destacada de guardias ucranianos en la gestión brutal de determinados campos de concentración, por ejemplo Strasshof, al sur de Viena.

    Un segundo elemento es la participación en las llamadas marchas de la muerte que se desarrollaron al final de la guerra en el sudeste de Austria y que tuvieron una importancia relevante en la suerte final de la población judía húngara enviada a campos de labor a aquel territorio. Según algunas fuentes, recogidas por AK Hinterland, había en la zona de Feldbach, donde se encontraba la División ucraniana, varias unidades de las Waffen-SS que tenían funciones de guardia y que, en especial en marzo y abril de 1945, se vieron implicadas en fusilamientos de judíos húngaros utilizados como trabajadores forzosos.

    Fuentes creíbles señalan que miembros ucranianos de las Waffen SS participaron en algunas de esas marchas.

    En tercer lugar, debe señalarse la actuación de las fuerzas de la División ucraniana en sus acciones antipartisanas. A pesar de su posición favorable hacia los ucranianos, Heike reconoce la existencia de abusos contra las poblaciones locales. En Eslovaquia señala “casos aislados de excesos hacia la población civil”, inevitables según él dado el apoyo de la población a los partisanos. Según Heike, los “ucranianos fueron acusados por varios partidos de excesos de los que no fueron
    responsables”. Sugiere que muchos de los excesos eran en realidad atribuibles a la Brigada Dirlewanger de las Waffen SS  y al llamado Osttürkischer Waffenverband (Grupo de Combate Turco-oriental). Esas unidades, en cambio, atribuían esos excesos a los ucranianos.

    En Eslovenia, Heike afirma que “no hubo casi excesos cometidos contra la población local. Lo que pudo haber ocurrido se dio durante el combate con los partisanos, cuando era a menudo difícil distinguir civiles inocentes del enemigo”. Como en Eslovaquia, en Eslovenia también algunas unidades alemanas acusaron de acciones criminales a la División ucraniana.
    La defensa del frente nazi en Austria y la rendición final

    Al sur del río Drava, la División ucraniana preparó a mediados de marzo de 1945 una última operación de envergadura, destinada a neutralizar a la brigada partisana de la llanura de Pohorje (Bachern), la principal fuerza antialemana en la zona.
    Era el último intento de neutralizar a los partisanos antes del definitivo envío al frente austriaco. La pinza que suponía la acción partisana en el norte de Eslovenia y el avance desde Hungría del Ejército Rojo iba a forzar el repliegue de las fuerzas ucranianas de la Alemania nazi a la parte austriaca de Estiria. Ahí se unirían a las unidades de combate alemanas, entre ellas los voluntarios nórdicos de la 5ª División Panzer SS Wiking. La División ucraniana acabaría configurando una de las fuerzas destinadas a fortalecer el llamado Ostwall, el último muro destinado en el sureste de Austria, incluyendo el área controlada de Maribor, a frenar el avance soviético. Esto suponía también pasar de una acción básicamente contrainsurgente, con una fuerte dimensión policial de control del territorio, al enfrentamiento militar directo.

    A finales de marzo, la División ucraniana se encarga de organizar la defensa alemana de Maribor y el control del río Mur en Spielfeld, algunos kilómetros al norte de Maribor. Está igualmente presente en el distrito de Radkersburg. Antes de replegarse a Völkermarkt, el regimiento de reserva-formación de los ucranianos se mantenía en Deutschlandberg y ahí seguía combatiendo a las formaciones partisanas.

    Pero es en el área entre Feldbach y Gleichenberg en la que se centrará la intervención de esta División en favor de la Alemania de Hitler. Ahí, las unidades de reconocimiento soviéticas habían descubierto una brecha entre el 2º Ejército Panzer y el 6º Ejército de Alemania. La División ucraniana asumiría a partir del 31 de marzo el objetivo de cerrar esa brecha tras quedar integrada en el 2º Ejército.

    El avance de los ucranianos se inicia oficialmente el 1 de abril de 1945, tomando control del pueblo de Straden antes de capturar las elevaciones de Stradner-Kogel, Gleichenberg-Kogel y el castillo de Gleichenberg. En esta localidad la batalla por su control resulta particularmente dura pero culmina con el cierre de la brecha entre los entre los dos ejércitos alemanes.
    Durante el mes de abril y primeros de mayo se inicia un periodo de ataques y contraataques en el frente austriaco. La División ucraniana se enfrenta ahí al llamado 3er Frente Ucraniano del Ejército Rojo, una situación que Heike resumía así: “Ucranianos del Este se enfrentaban a los del Oeste”. El ejército soviético pronto se haría con las elevaciones de Stradner-Kogel y Gleichenberg-Kogel. La División nazi ucraniana solo consiguió mantener el estratégico castillo de Gleichenberg.
    El frente austriaco se estabiliza por entonces en torno a la línea Gnass/Bad Gleichenberg/Stradner-Kogel/Feldbach, un frente que empieza a hacerse insostenible a finales de abril. Ante el inminente colapso de Alemania, en los primeros días de mayo las fuerzas militares en el Ostwall empiezan a pensar en la retirada, con un objetivo principal en mente: entregarse ante los aliados anglo-americanos para evitar caer en manos del Ejército Rojo. A partir del día 7 de mayo de 1945 se inicia una retirada completa, con abandono sobre el terreno de todo el material militar, haciendo efectivo el acuerdo final de retirada adoptado un día antes. Ese día 6, Shandruk, Wachter, Bisanz y Arlt retornan al frente para ordenar una retirada rápida que permitiera a la División ucraniana no caer en manos de los soviéticos.

    En la mañana del día 8 de mayo de 1945, el grueso del entonces denominado Ejército Nacional Ucraniano de la Alemania nazi inició su retirada en dirección al noroeste, tras cambiar el rumbo inicial previsto hacia Völkermarkt, bajo control de los partisanos de Tito. Salvo algún ataque aislado, mantenido hasta el día 10, el ejército soviético dejó hacer y no organizó una ofensiva en toda regla a lo largo del frente.

    Una parte de la División ucraniana se rendiría en Radstadt ante el Ejército de Estados Unidos, pero su núcleo principal lo hizo en Spittal ante el ejército británico. Antes, se había concentrado en el área entre Tamsweg y Saint Andrä junto a sus mandos alemanes. Llevado por la desesperación ante la noticia de que los aliados estaban internando a todas las unidades extranjeras y a las Waffen SS en Tamsweg, el General Freitag, comandante principal de la División ucraniana, optó por el suicidio. Su principal impulsor, Otto Wächter, desapareció por su parte en dirección a las montañas austriacas. Según Heike, “ésta fue la forma en la que el cuartel general de la División quedó disuelto, más bien prematuramente. El suicidio del comandante da testimonio de su falta de responsabilidad hacia su unidad”.

    De esta forma, con la rendición de unos 10.000 combatientes del nuevo Ejército Nacional Ucraniano antes las tropas británicas y norteamericanas, terminó la participación ucraniana en el esfuerzo de guerra de la Alemania de Hitler.
    Pero ahí empezó otra historia, la que llega hasta nuestros días. Amparándose en su condición legal de antiguos ciudadanos polacos (aunque no todos lo eran) en el Gobierno General hitleriano de Polonia, británicos y estadounidenses acordaron no entregar a los miembros de la División ucraniana a la Unión Soviética. No correrían así la suerte de sus aliados cosacos rusos. A pesar de su levantamiento contra las nuevas autoridades aliadas en Judenburg, acabarían siendo entregados a las autoridades soviéticas, de acuerdo con los acuerdos concluidos entre las fuerzas vencedoras de la Guerra.

    De Spittal, los ucranianos (ahora convertidos en polacos protegidos por las autoridades del Vaticano) fueron enviados al campo británico de Rimini antes de ser distribuidos en distintos lugares del Reino Unido y Norteamérica. Un primer grupo de “estudiantes ucranianos” procedentes de Rimini llegó a España en diciembre de 1946. En sus diferentes destinos, el nacionalismo ucraniano que había colaborado con Hitler se recompondría para continuar su eterna lucha contra la URSS y Rusia, ahora con el apoyo de sus nuevos aliados. Como la Alemania nazi, los nacionalistas ucranianos y los aliados anglosajones pusieron las bases de una estrategia compartida: liquidar a la Unión Soviética y al comunismo.

    Pero a pesar de su actual posición de victoria y su intento por reescribir la historia, el nacionalismo ucraniano nunca podrá cambiar el sentido de los hechos. Este nacionalismo extremista decidió, de forma consciente, asumir la derrota y rendición de la División Galicia de las SS como Ejército Nacional Ucraniano. Puede que lo hiciera como un acto de afirmación de la nación ucraniana pero ese acto no puede obviar las consecuencias prácticas de aquellas decisiones. Siempre será recordado por la historia como el compromiso inequívoco del nacionalismo ucraniano con la Alemania nazi. En el sur de Austria, las fuerzas ucranianas se convirtieron de hecho en uno de los pilares de la última resistencia de la Alemania nazi. Y es con el nombre de Ejército Nacional Ucraniano como el nacionalismo extremista de la Galicia ucraniana formará siempre parte de los derrotados en la Segunda Guerra Mundial.

  3. ¿Hizo algo malo Roman Shujevych?
    PUBLICADO POR @NSANZO ⋅ JUNIO 21, 2016
    https://slavyangrad.es/2016/06/21/hizo-algo-malo-roman-shujevych/
    Artículo Original: Denis Seleznev / Vzglyad

    El viernes, 17 de junio, varias docenas de personas se manifestaron frente a la embajada de Polonia en Kiev para protestar contra la idea de reconocer como genocidio la masacre de polacos llevada a cabo por el Ejército Insurgente Ucraniano (UPA por sus siglas en ucraniano) en 1943. Tradicionalmente, los nacionalistas han optado siempre por culpar de todo al Gobierno soviético. Pero en 1943, la región estaba gobernada por Alemania, por lo que en este caso es imposible. Así que sigamos.

    Prácticamente cada verano, en los círculos políticos de Polonia se plantean nuevas formas para honrar la memoria de los polacos que fueron víctimas de la masacre de Volinia en 1943. Este año no ha sido excepción. El Parlamento polaco registró una propuesta según la cual proponía establecer una fecha para recordar a las víctimas del genocidio organizado por OUN-UPA en las zonas del este del Estado Polaco.

    Obviamente, si algo así fuera planteado por los diputados rusos, los políticos ucranianos responderían con sus habituales modales, a base de risas y palabras malsonantes. Sin embargo, los polacos son ahora los hermanos mayores en la integración europea y no se les puede amenazar. Por otra parte, además de UPA, Ucrania ha hecho todo lo posible a lo largo de la historia para hacerse “popular”, así que un último intento “por todos nosotros”, probablemente no sea deseable para Polonia.

    Para cargar con la culpa se envió a alguien que no tiene nada de que arrepentirse: la viceprimera ministra para la Integración Europea Ivanna Klympush-Tsintsadze, que ha fraguado toda su carrera como funcionaria a base de dinero estadounidense e infinitamente lejos del drama entre Ucrania y Polonia de hace setenta años.

    Pareció no importarle mucho qué les pasó a los residentes de Volinia en aquellos días, cuando Estados Unidos todavía no repartía dinero en Ucrania. Y su respuesta a los polacos fue simple y poco convincente. Por ejemplo, creemos una comisión conjunta para comprender los hechos y si por un casual encontramos que el comandante de UPA Roman Shujevych “hizo algo malo”, Ucrania, por supuesto, pedirá perdón.

    ¡En serio! ¿Cómo pudo hacer algo malo un hombre que en la década de 1930 estuvo involucrado en asesinatos políticos y que en la década de 1940 sirvió en un batallón alemán (algo que la historiografía ucraniana prefiere ignorar)? ¡Impensable! Sin embargo, la funcionaria admitió que, si esos actos existen, seguramente se trata de alguien que se hizo pasar por UPA. Ahí está el sinsentido del discurso de los más altos representantes de Ucrania.

    En realidad, los estadounidenses no exigen demasiado de sus protegidos. En el fondo, es posible que ni siquiera sepa lo que tiene que decir ahora. Dudo que la viceprimera ministra de Ucrania vaya a leer el diario Vzglyad, pero creo que aun así es útil tratar brevemente el tema de la masacre de Volinia. Al menos así se podrá evitar hacer el ridículo ante los políticos polacos.

    En primer lugar, ¿qué es la masacre de Volinia?

    En la primavera y el verano de 1943, los agricultores de Volinia, bajo el liderazgo de las élites de Galicia, asesinaron, a base de balas, hachas y otros métodos improvisados, a decenas de miles de polacos que vivían en los pueblos y ciudades de la región. Como con cualquier tragedia de este tipo, las razones y motivaciones se acumulan como una bola de nieve. Pero hay dos principales.

    La cúpula política de OUN, en su mayoría de Galicia, comprendió rápidamente en 1943 que Alemania podía perder la guerra y se preparó para una nueva división de Europa. Aparecía así la posibilidad de recrear la Polonia destruida por los alemanes. Para que no pudieran reclamar esa zona por la presencia de población polaca allí, decidieron simplemente deshacerse de ella. Les dieron ultimátum de 48 horas para abandonar la región. Y entonces comenzó la masacre. Una simple forma de Galicia para solucionar las disputas territoriales.

    La segunda causa se debe a los problemas de los campesinos de Volinia, que debido a la naturaleza de la región carecían de suficiente tierra. Además, las décadas anteriores habían sido de extrema pobreza, situación que la guerra había intensificado. Deshacerse de los vecinos polacos les había dado la oportunidad de hacerse con la tierra y, en segundo lugar, quedarse con los beneficios de las propiedades robadas a las familias polacas asesinadas.

    Durante la época de entreguerras, la población polaca había disfrutado de privilegios, mientras que la población ucraniana había sufrido opresión económica y cultural. Eso agravó aún más la situación. Además, a principios de 1943, los alemanes preferían para los puestos de policía de esta región a residentes polacos y no ucranianos, lo que no favoreció a la convivencia entre grupos étnicos.

    En aquel momento, miles de campesinos de Volinia, armados con hachas y otras armas, lideraron pequeños destacamentos de UPA y participaron activamente en las masacres. La analogía más cercana a estos hechos podrían serlas masacres de hutus y tutsis en Ruanda en 1995.

    Por cierto, también se puede encontrar una analogía más moderna de la región Volinia-Galicia. En 2014, durante el Maidan ucraniano, las masas de campesinos, muchos de ellos de Volinia, incitaron pogromos y asesinatos de agentes de la ley. Más adelante fueron utilizados como carne de cañón en la guerra en el este. Ahora, con la explotación ilegal del ámbar, en la que se utiliza también trabajo infantil, vuelve a causar enfrentamientos armados y Volinia regresa al mismo estado en el que se encontraba hace setenta años.

    Puede que por eso se haya hecho popular en Ucrania la publicación del periodista, antes de Moscú y ahora de Lviv, Ivan Yakovin, elocuentemente titulada “Del genocidio a la prosperidad. Cómo Ruanda se convirtió en el Singapur de África”.

    Pero sigamos y no nos olvidemos del mencionado Roman Shujevych. La viceprimera ministra de Ucrania, a causa de una casi completa incompetencia en materia de historia, probablemente cree que en UPA no había nadie más que Roman Shujievych.

    Sin embargo, en el momento de la masacre de Volinia, Shujevych no tenía gran relevancia en UPA y era en realidad una figura política de OUN. Hasta principios de 1944, a la cabeza de UPA estaba Dmitry Kleczkowski, a quien en Polonia se considera el principal organizador de la masacre. No hay nada especialmente interesante sobre este hombre. Naturalmente, también formaba parte de la élite de Galicia.

    Veteranos de UPA
    Veteranos de UPA con un retrato de Stepan Bandera
    En 1940, Stepan Bandera decidió que era urgente organizar una insurrección contra la Unión Soviética en Galicia. La decisión era absurda: la insurrección fracasó y los conspiradores fueron rápidamente capturados. Kleczkowski fue uno de ellos. A principios de 1941, un tribunal de Lviv le condenó a muerte. Pero Kleczkowski recurrió la sentencia y el Tribunal Supremo de la Unión Soviética redujo la condena a diez años de cárcel.

    En el proceso contra Kleczkowski se juzgaba también a 58 personas, todas ellas de Lviv, que recibieron condenas severas que, en la mayoría de los casos, fueron reducidas tras los correspondientes recursos. Kleczkowski fue encarcelado para ser liberado solo meses después por las tropas alemanas.

    Y aquí, por cierto, se produce una clara disonancia con las historias ucranianas de ejecuciones masivas e indiscriminadas de prisioneros a cargo del NKVD antes de la retirada. De alguna manera, tanto este personaje como otros muchos como él, no fueron ejecutados en el proceso. Kleczkowski murió en 1945 por una bala de un sargento soviético. Es decir, caído en combate. Quizá sea algo en que pensar para la viceprimera ministra.

    Ucrania intenta argumentar que alguien se hizo pasar por Shujevych y UPA durante las masacres de polacos para dejar en mal lugar a los buenos campesinos de Volinia, dificultando así la futura integración europea de Ucrania. Tradicionalmente, la culpa recae sobre los moskali. Sí, de hecho Sydir Kovpak [líder partisano soviético cuyos grupos actuaban en los territorios ucranianos] actuaba en esa zona y en sus informes denunció las masacres que se habían producido en las localidades polacas.

    Y existe la tentación de decir que se hizo pasar por Shujevych (en realidad, por Kleczkowski), se quitó la gorra con la estrella roja y se cambió a la gorra de UPA. Sin embargo, la viceprimera ministra se va a llevar una decepción, ya que en 1998, el Gobierno ucraniano creó una comisión de historiadores para investigar las actividades de OUN-UPA. La comisión, formada por líderes pro-nacionalistas del Instituto de Histórica de Ucrania y otros como los ya medio olvidados Kulchinsky o Shapoval, trabajó durante seis años.

    El documento final presentado por la comisión contiene numerosos elogios a los rebeldes ucranianos, pero en lo que respecta a la masacre de Volinia, se vio obligada a admitir que ni alemanes ni soviéticos tuvieron nada que ver con la masacre, de la que solo fueron testigos.

    Además, para intentar tapar las atrocidades de los campesinos de Volinia y para evitar que resurgiera el odio mutuo, la historiografía polaca y soviética siempre intenaron ocultar lo ocurrido. Solo cuando, durante Euromaidan reapareció el odio étnico, la masacre de Volinia volvió a estar de actualidad. Así que la idea de una tapadera no puede ser utilizada aquí, ya que la propia comisión ucraniana lo hizo imposible.

    Finalmente, también hay que decir que, si todo lo referido al pasado lejano se mantiene oficialmente en la sombra, también hay que observar las tendencias más recientes.

    Hace mucho tiempo que ya se implementó la comisión independiente ucraniano-polaca que ahora se propone. En 2003, la comisión trabajó al más alto nivel. Lideraba la representación ucraniana el entonces jefe de la administración presidencial, Viktor Medvedchuk, y por parte de Polonia, el jefe del Consejo de Seguridad Nacional, Siwiec. La comisión concluyó con acuerdo. Porque, al fin y al cabo, en esta historia los polacos no eran víctimas inocentes. Solo les sucedió en Volinia lo mismo que a los ucranianos les ocurrió en la cercana región de Jolm [donde la población nacionalista ucraniana, en minoría, sufrió un proceso de imposición de la cultura polaca]. En vistas de todo eso, en 2003 se inventó la fórmula “perdonar y pedir perdón” que se ha utilizado en memoriales y homenajes conjuntos y que también se ha reflejado en las decisiones de los parlamentos de Ucrania y de Polonia.

    Así que es más que probable que la idea de la viceprimera ministra no ayude en absoluto. Los polacos, muy similares a los ucranianos, no son contrarios a utilizar políticamente las tragedias del pasado. Así, por ejemplo, Ucrania utiliza el asunto de la deportación de los tártaros de Crimea para organizar un espectáculo. Pero también sabe que Polonia no ha olvidado que le pertenecían las tierras de Volinia y Galicia, por lo que para el Gobierno que representa Klympush-Tsintsadze, buscar más problemas para Ucrania seguramente no es lo más adecuado. En ese caso sería muy útil la memoria de esas tierras habitadas por población polaca, masacrada por UPA. No es nada personal, solo es política.

  4. Polonia rendirá tributo cada 11 de julio a las víctimas de los nacionalistas ucranianos durante la IIGM
    © Sputnik/ Kazimir Lishko

    12:14 22.07.2016(actualizada a las 15:58 22.07.2016)

    MOSCÚ (Sputnik) — El Sejm de Polonia (cámara baja del Parlamento) declaró el 11 julio el Día Nacional de Conmemoración de las víctimas del “genocidio” perpetrado por los nacionalistas ucranianos en el período de 1939-1945.

    El proyecto de ley correspondiente, presentado por el partido gobernante Ley y Justicia (PiS), fue aprobado por 432 votos a favor con 10 abstenciones durante la sesión parlamentaria, transmitida en directo por la televisión TVN24.

    “Intentar pelear contra monumentos de la Segunda Guerra Mundial es inmoral”

    Anteriormente, el Senado también apoyó por mayoría de votos la iniciativa de establecer una fecha en homenaje a los polacos asesinados por los nacionalistas ucranianos.

    El documento había dado origen a un acalorado debate parlamentario y la oposición había advertido que podría acarrear graves consecuencias políticas.

    La resolución aprobada responsabiliza de las matanzas a “nacionalistas ucranianos”, mientras que las versiones alternativas culpaban expresamente a la Organización de Nacionalistas Ucranianos (OUN) y al Ejército Insurgente Ucraniano (UPA), dos formaciones que el presidente de Ucrania, Petró Poroshenko, proclamó “luchadores por la independencia” en mayo de 2015.

    El Día de la Victoria en la Gran Guerra Patria, 1941-1945

    Polonia sostiene que los partidarios de OUN-UPA mataron a más de 100.000 polacos en Volinia, Galitzia del Este y las regiones surorientales de la Segunda República.

    Algunos historiadores estiman el número de las víctimas mortales entre 120.000 y 130.000.

    La culminación de esta limpieza étnica, conocida como la masacre de Volinia, se sitúa en el 11 de julio de 1943, fecha en la que nacionalistas ucranianos atacaron simultáneamente unas 150 aldeas polacas.

    Investigadores ucranianos, por su parte, señalan que lo ocurrido fue consecuencia de la implicación de civiles en la guerra del Ejército Territorial polaco (Armia Krajowa) contra el UPA, y calculan sus propias bajas entre 10.000 y 20.000.

    ¿Por qué los rusos distinguen la Gran Guerra Patria de la Segunda Guerra Mundial?

    El Ejército Insurgente Ucraniano (UPA) se formó en 1942 como brazo armado de la Organización de Nacionalistas Ucranianos (OUN).

    Durante la Segunda Guerra Mundial, el UPA actuó básicamente en el oeste de Ucrania, combatió contra las tropas soviéticas y colaboró con los nazis.

    Tras concluir la guerra, prosiguió sus acciones terroristas contra el Gobierno soviético, asesinando a intelectuales, dirigentes y activistas del Partido Comunista.

    La organización está proscrita en Rusia que critica a las autoridades actuales de Ucrania por enaltecimiento del UPA y de sus líderes, Stepán Bandera y Román Shujévich.

  5. Antisemitismo, Bandera, Historia, Petliura, Propaganda, Viatrovych Monumentos para los “héroes”
    6 noviembre, 2016

    Las actividades del Instituto de la Memoria de Vyatrovich en el intento de lavar la sangre de los uniformes de los nuevos héroes de Ucrania han causado un problema para el Gobierno de Groisman.

    ArtículoOriginal: Antifashist Tomado de Slavyangrad

    ¿Qué pasó? Vyatrovich afirmó que los soldados de UPA [el Ejército Insurgente Ucraniano] son los verdaderos héroes de la Segunda Guerra Mundial; Klitshko ha abrazado la banderización de la capital, el Parlamento insiste con el pacto Ribbentrop-Molotov…y al final todo vuelve al Gobierno. Para no quedarse atrás con el proceso de enaltecimiento de asesinos y verdugos, el Gobierno ha creado un plan de medidas para celebrar el centenario de lo que llaman la revolución ucraniana 1917-1921 y para honrar la memoria de sus participantes, lo que incluye la construcción de un Monumento a la Unidad y otro al líder del Directorio y atamán de la República Popular de Ucrania, Simon Petliura, en Kiev. Parece ser que se construirá frente a la sinagoga de Brodsky de la capital, curioso teniendo en cuenta que Petliura, iniciador de los pogromos antisemitas, trabajó para “limpiar” de judíos la ciudad.

    Se asocia a este nuevo héroe de Ucrania, otro de los puntos negros de la historia ucraniana, con los excesos antisemitas de sus seguidores, que dieron lugar a un gran número de víctimas entre la población judía. No fue una sorpresa que Petliura fuera asesinado por el judío Samuel Schwartzbard en París como venganza por los pogromos contra la población judía y concretamente por la muerte de su familia a manos de los héroes de la actual Ucrania. El tribunal absolvió al asesino de Petliura. Y cien años después, el líder del Directorio ha sido absuelto por Maidan y el nacionalismo banderista erige monumentos a los asesinos.

    Todas estas historias han causado un airado rechazo por parte de la comunidad judía, hasta el punto de que el Centro Simon Wiesenthal ha exigido públicamente a las autoridades ucranianas que cese en la práctica de enaltecer a los asesinos de judíos, en este caso en RELACIÓN a la decisión de instalar un monumento a Simon Petliura.

    “Estamos extremadamente tristes tras conocer que Ucrania vuelve a honrar la memoria de un hombre involucrado en el asesinato de judíos. Por algún motivo, en la Ucrania actual, el asesinato de judíos no descalifica a una persona de poder ascender al rango de héroe ucraniano. Eso es algo que tiene que acabar”, afirmó Efraim Zuroff, director de la delegación de Jerusalén del Centro Simon Wiesenthal. Zuroff dirige la oficina de Jerusalén del centro, cuya sede principal se encuentra en Los Ángeles y que es una de las organizaciones por los derechos humanos másIMPORTANTES del mundo. La fama de Zuroff se debe, no solo a la lucha contra el antisemitismo moderno, sino a la “caza de nazis”, la persecución de criminales de guerra nazis que se han escondido de la justicia.

    Sin embargo, pese a que han pasado décadas desde la victoria soviética sobre el nazismo, este vuelve a levantar la cabeza en la “Ucrania europea”.

    Por cierto, este no es el primer caso en el que desde el extranjero se muestra ira por el enaltecimiento de nazis, algo que en Ucrania se ha elevado a política de Estado. Exactamente hace un mes, desde la tribuna del Parlamento, el presidente de Israel acusó a los “héroes” ucranianos de colaborar en el Holocausto. En presencia del presidente, afirmó: “Muchos de los cómplices de este crimen eran ucranianos. Y especialmente relevante es el caso de los soldados de OUN, que se burlaron de los judíos, los asesinaron y en muchos casos los entregaron a los alemanes”, afirmó el presidente Rivkin.

    Como respuesta, Vyatrovich tiró del recurso de alegar que el líder israelí ha caído en los mitos del NKVD, cuando en realidad los soldados de OUN salvaron a niños judíos y “no todos los soldados de OUN eran policías”. Así que parece que los patriotas ucranianos continuarán la práctica de enaltecer a quienes incitaron asesinatos masivos de judíos, polacos y rusos.

  6. El Gobierno británico y la División Galicia
    22 noviembre, 2016

    Obstrucción a la justicia: Cómo el Gobierno británico protegió a 8.000 soldados de la División Waffen SS-Galizien
    Por Andrey Panevin / Slavyangrad.org

    El continuo apoyo otorgado a políticos y militares fascistas ucranianos por los gobiernos occidentales ha hecho surgir la pregunta de cómo es posible tal traición a los sacrificios de los Aliados en la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, lo que gran parte de la población desconoce, principalmente debido a una prensa cada vez más corrompida, es que esos mismos gobiernos cuentan con una larga historia de protección a quienes cometieron algunos de los crímenes más terribles de aquella guerra. Uno de los más atroces ejemplos de estas prácticas de proteger de la justicia a criminales de guerra, confirmada en 2005 cuando el British Home Office desclasificó la documentación que mostraba que el Gobierno británico protegió a al menos 8.000 miembros de la División Waffen SS-Galicia de la justicia soviética.

    Cuando la Alemania nazi se rindió ante las fuerzas aliadas en mayo de 1945, la 14ª División Waffen SS-Galicia, compuesta por voluntarios ucranianos, continuó su retirada hacia el oeste desde sus posiciones en Austria para evitar así ser capturados y castigados por el avance del Ejército Rojo. La división –de aproximadamente 10.000 soldados– optó finalmente por rendirse a las tropas británicas y estadounidenses y fue enviada, brevemente, al campo de internamiento de Spittal an der Drau, Austria. Contra lo acordado en la Conferencia de Yalta, el Gobierno británico rechazó repatriar a la División Galicia a la Unión Soviética y optó por enviarlos a otro campo de internamiento en Bellaria-Igea Marina, al norte de Italia. Fue allí donde tres de los más prominentes fascistas ucranianos –Mykola Lebed, Ivan Hryoj y el obispo Ivan Buchko– consiguieron que el Vaticano intercediera por los soldados, a los que Buchko calificó de “buenos católicos y fervientes anticomunistas”.

    Con ayuda de dicha intervención, las autoridades británicas y estadounidenses que controlaban el campo de prisioneros se mantuvieron firmes en su intención de rechazar su obligación de repatriar a los soldados a la Unión Soviética. Uno de los principales defensores de la decisión británica de no repatriar a la División Galicia fue el mayor Denis Hill, dispuesto a proteger a los soldados pese a admitir que sabía que “eran de las SS”, afirmando que el ejército “no estaba interesado en los crímenes de guerra”. Según escribió el académico británico Stephen Dorril en su libro M16: Inside the Covert World of Her Majesty’s Secret Service (MI6: En el Mundo Oculto de los Servicios Secretos de Su Majestad), el mayor Hills era un autodenominado fascista y convencido anticomunista que quiso asegurarse de que la División Galicia fuera trasladada a Gran Bretaña. Fue el propio Hills el que aconsejó al líder de la división, el mayor Yaskevycz, que entrenara a sus hombres para que mintieran al ser interrogados para la repatriación soviética y que insistieran en que fueron obligados a luchar junto a los nazis, negando rotundamente ser voluntarios.

    A causa también del temor británico a que una mejora en las relaciones entre Italia y la Unión Soviética resultara en la repatriación, el 1 de abril de 1947 se tomó decisión de trasladar a 8.000 miembros de la División Galicia a Gran Bretaña.

    Los documentos del British Home Office desclasificados en 2005 revelan al detalle los pasos de las autoridades gubernamentales para conseguir otorgar la ciudadanía y empleo a los miembros de la División Galicia. Fue un proceso fuertemente apoyado por políticos de origen ucraniano como Gordon Bohdan Panchuk, diputado canadiense que presionó duramente a Gran Bretaña para que ejerciera “comprensión y acción favorable” hacia los miembros de la División. Panchuk amenazó a las autoridades británicas con una reacción negativa de las comunidades ucranianas en Canadá y Gran Bretaña en caso de maltrato o que se planteara la repatriación de los soldados.

    Los documentos muestran también el conocimiento del perfil de los hombres de la División Galicia. Era perfectamente conocido que el expediente de guerra de estos soldados era “malo y es previsible que aparezcan dificultades si son empleados junto a polacos”. Pese a todo, la correspondencia muestra una tendencia a ignorar la reciente historia de la División Galicia y su papel en las Waffen-SS. Hay, sin embargo, notables objeciones de empleados del Home Office asignados a esta tarea, incluyendo a Beryl Hughes, que lo describe que era “difícil de comprender la actitud del Ministerio de Trabajo ante estos prisioneros de guerra. Atragantarse con una mosca como la OLP mientras se está dispuesto a tragarse un camello de grandes dimensiones en forma de 4.000 reconocidos voluntarios de la Wehrmacht me parece rozar el absurdo… No puedo evitar tener serias dudas sobre su intento de introducir a los prisioneros de guerra ucranianos en el mercado laboral como un grupo más de EVWs” [European Volunteer Workers o trabajadores voluntarios europeos].

    Otro empleado del Home Office de nombre F.L.F Devey se refirió estatus de Personal Enemigo Entregado (Surrendered Enemy Personnel o SEP) que inicialmente permitió el internamiento en Italia y que ignoraba el verdadero estatus de prisioneros de guerra.

    Otro aspecto de interés presente en estos documentos, especialmente en las peticiones del diputado canadiense Panchuk, es la exigencia de compasión por los hombres de la División Galicia por haber luchado contra Rusia y contra los comunistas en lugar de contra los “aliados occidentales”. Esta será también la lógica utilizada por la CIA años después con operativos de alto rango como Harry Rositzke para explicar que, antes y durante la Guerra Fría, cualquiera podía ser considerado un aliado “siempre que fuera anticomunista…no había que mirar sus expedientes en detalle”.

    Aunque se hubiera producido algún intento de investigar al detalle los expedientes de los soldados de la División Galicia, el Gobierno británico ya había tomado medidas para ocultar el oscuro pasado de esos hombres. El doctor Stephen Ankier, farmacólogo que se convirtió en investigador del Holocausto, resaltó la importancia de la “lista de Rímini”. Se trataba de un documento clasificado que impedía seguir la pista de los miembros de la División trasladados a Gran Bretaña y bloqueaba además posibles intentos de “hacerles algo, pese a la sospecha de que había criminales de guerra entre el grupo que vivía en Gran Bretaña”. Una de las ventajas de la lista de Rímini era que el Gobierno británico podría ocultar las identidades de esos antiguos miembros de la División Waffen SS-Galicia que posteriormente se unieran al MI6 o al ejército británico para ayudar en la campaña anti-soviética.

    Una investigación del exdiputado británico Rupert Allison reveló que un número importante de miembros de la división fue trasladado a la RNAS Royal Naval Air Station ‒ed.] de Crail, en Escocia, para ayudar a enseñar la lengua rusa a los reclutas de la inteligencia británica. Además, Allason también declaró ante el Parlamento británico en 1990 que había “obtenido pruebas de quienes habían servido allí y habían aprendido ruso de personas que abiertamente se jactaban de las atrocidades que habían cometido…Todo eso era conocido por los reclutas que se preparaban para servir en los servicios de inteligencia de la misma forma que debían ser conocidos por el Gobierno británico en los años posteriores”.

    Pese todas las pruebas, que según numerosas fuentes habían estado disponibles para las autoridades británicas durante años, no se tomó ninguna medida y nunca ha habido reconocimiento oficial del papel de Gran Bretaña para proteger de la justicia a miles de criminales de guerra. Pero lo más sorprendente es que la disposición a aceptar la llegada de criminales de guerra a Gran Bretaña en la época de la Segunda Guerra Mundial no se limitó a esos 8.000 fascistas ucranianos sino que se extendió la protección a un número significativo de soldados del Eje. Los historiadores británicos Andrew Thompson y David Cesarani han demostrado con sus investigaciones que “criminales de guerra de una buena cantidad de nacionalidades llegaron a Gran Bretaña” a través de programas para los trabajadores de posguerra e iniciativas de reasentamiento de quienes trataban de evitar ser repatriados a territorios soviéticos.

    En vista de esta información, la lógica del actual apoyo occidental al fascismo ucraniano se hace más clara, especialmente en el contexto de la actual histeria de odio a Rusia, fuertemente basada en la retórica anti-soviética de los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Las imágenes de políticos británicos y estadounidenses abrazando a los defensores del pasado fascista ucraniano sorprendieron al principio, pero ahora pueden verse como la progresión de una tradición de varias décadas que traiciona a los verdaderos héroes y a las víctimas de la Segunda Guerra Mundial.

  7. Estados Unidos sustituyó al III Reich en el apoyo a los fascistas ucranianos
    27 enero, 2017 https://diario-octubre.com/estados-unidos-sustituyo-al-iii-reich-en-el-apoyo-a-los-fascistas-ucranianos/

    Los documentos desclasificados recientemente por la CIA muestran que la agencia de espionaje financió a la Organización de Nacionalistas Ucranianos, a pesar de que conocían su naturaleza fascista y terrorista.
    Una nota sobre el dirigente de la referida Organización, Stepan Bandera, fechada el 4 de febrero de 1948 indica que estaba implicado en el asesinato de Bronislaw Pieracki, ministro de polaco de Interior, cometido por un nacionalista ucraniano en 1934.

    Como consecuencia del crimen, el gobierno polaco detuvo a varios militantes de la Organización de Nacionalistas Ucranianos, entre ellos a Bandera, a quienes juzgaron y condenaron a muerte, aunque no llegaron a ejecutar la sentencia.
    Los documentos desclasificados de la CIA muestran que la Organización de Nacionalistas Ucranianos se transformó luego en la UPA con el propósito de aprovecharse de la invasión de la URSS por el III Reich para lograr la “independencia” de Ucrania.
    A pesar de conocer sus antecedentes criminales, tras la Segunda Guerra Mundial Estados Unidos financió a la Organización de Nacionalistas Ucranianos para luchar contra la URSS, aunque las sumas entregadas por la CIA y los nombres de los bancos a través de los cuales se hicieron los ingresos no aparecen en los documentos desclasificados.

    La mayor parte de ellos se refieren a la Operación Aeroespacial, orquestada por varias agencias del espionaje imperialista en 1948, que entraron en contacto con el jefe del servicio de Seguridad de la Organización de Nacionalistas Ucranianos, Mikola Lebed.

    La Operación Aeroespacial tenía por objeto organizar la resistencia y la recabar información del interior de la URSS, pero fue un absoluto fracaso por la falta de apoyo popular. No obstante, los imperialistas persistieron en su empeño, diseñando una nueva versión, la Operación Prólogo, que tenía objetivos mucho más modestos: las operaciones de proganda, las mentiras y la guerra sicológica.

    La Operación Prólogo no se cerró hasta la caída de la URSS en 1990, lo que permitió mantener en funcionamiento a una serie de grupos fascistas ucranianos herederos de la Organización de Nacionalistas Ucranianos.

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