Caminar más allá del anticapitalismo

 

Nota de la Red. Artículo publicado en Realitat el 11 de noviembre 2015 http://bloc.realitat.cat/2015/11/caminar-mes-enlla-de-lanticapitalisme.html.  Artículo interesante sobre el anticapitalismo como planteamiento ideológico que resurge a finales del SXX. El anti-capitalismo no es una ideología de clase sino una corriente pequeño burguesa, no proletaria, transversal, que bascula desde la ultraderecha hasta la ultraizquierda. Marx ya tuvo que ajustar cuentas en el Manifiesto con las posiciones anti-capitalistas de las clases de transición (socialismo feudal de la aristocracia, socialismo pequeño burgués…), y superó el socialismo y el comunismo crítico utópicos. El planteamiento del socialismo científico parte de la lucha de clases, las fuerzas productivas, el conocimiento concreto de la formación social y del modo de producción dominante. Y si bien Marx y Engels en sus orígenes partieron de la ética humanista supraclasista con la crítica de la explotación y la opresión del género humano, en su posterior desarrollo teórico y práctico luchan por superar científicamente esa explotación. La ética clasista, revolucionaria, de valores de solidaridad, de lucha contra la injusticia, la desigualdad y la opresión, pasan a ser armas de rebelión de la clase obrera templadas con el rigor científico en la lucha contra la explotación, en la lucha de clases por el socialismo y el comunismo.

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El anticapitalismo no es una ideología sino un conjunto de ideologías, movimientos políticos y manifestaciones culturales reunidas en una categoría. En términos generales, es un intento de clasificación de algunas corrientes del socialismo de finales del siglo XX, pero bien a menudo es elevado a la posición de programa político. Algunos sectores de la izquierda tienden a autodenominarse como anticapitalistas y ponen cada día más énfasis en este concepto.

Desde un punto de vista académico, el anticapitalismo, reúne todas aquellas corrientes ideológicas contrarios al capitalismo, desde socialistas a comunistas, socialdemócratas, anarquistas y también fascistas, puesto que en el ámbito teórico, estas ideologías se declaran enemigas del sistema económico capitalista. El anticapitalismo no constituye una única alternativa. Los proyectos políticos que podríamos catalogar como anticapitalistas son de una inmensa variedad, desde la extrema derecha hasta la izquierda radical. Si dejamos de banda el fascismo reaccionario, que en la práctica nunca ha sido anticapitalista, y la socialdemocràcia, que ya ha abandonado toda aspiración de construcción de un sistema económico alternativo, el anticapitalismo progresista reúne todavía un gran abanico de movimientos políticos, con análisis y estrategias muy diferentes.

Anticapitalista es uno de tantos neologismos políticos, como antiimperialista, antiautoritario, antifascista, antipatriarcal, especialmente difundidos por la izquierda europea de la década de los 60 del siglo XX. Fueron consignas unitarias, premeditadamente indefinidas y abiertas, para llegar a sectores de la población poco identificados con las consignas clásicas de la clase trabajadora, sectores como la pequeña burguesía, la aristocracia técnica asalariada y la juventud ilustrada de las facultades modernas. El anticapitalismo ha sido preferentemente reivindicado por sectores de la izquierda que no se han encontrado cómodos bajo la definición de socialistas o comunistas, sectores generalmente más vinculados a los movimientos ciudadanos y a la contracultura que al sindicalismo o a los partidos de clase. El concepto ha sido muy utilizado por algunas corrientes trotskistas europeos que han llegado a fundar partidos anticapitalistas. Durante los años 90 del siglo XX, la idea de anticapitalismo ha disfrutado de un importante impulso de la mano del movimiento antiglobalización y ha establecido conexiones con el movimiento ecologista y otros movimientos alternativos. Por la voluntad de mostrarse como una alternativa al capitalismo, pero no identificarse con el socialismo o el comunismo, el uso del término ha sido más intensivo allá donde la propaganda y la represión anticomunista han sido más pronunciadas durante la segunda mitad del siglo XX, como los EE.UU., el Estado Español, Francia o América Latina.

Anticapitalismo ha acontecido un tipo de eufemismo de socialismo alternativo. La idea del anticapitalismo ha sido utilizada mayoritariamente para denunciar el sistema económico capitalista y, al mismo tiempo, el sistema económico socialista, que a menudo es descrito en estos contextos como capitalismo de Estado. Ha ido acompañada siempre de cierta carga crítica con la tradición obrera representada por los partidos comunistas y por el referente histórico de la URSS. El discurso anticapitalista tiende a centrarse en las consecuencias del capitalismo en lugar de sus causas. Comparte con el ecologismo el rechazo a la sociedad industrial y el consumo de masas. Comparte con la antiglobalización el rechazo a la hegemonía cultural anglosajona. Comparte con todos los movimientos alternativos una visión idealizada y a veces romántica de la humanidad *preindustrial y de las culturas tradicionales, así como una mirada especialmente severa con el progreso tecnológico y científico.

Desde un punto de vista estratégico este anticapitalismo plantea el combate al capitalismo como lucha de profundización democrática desvinculada de la lucha de clases. De hecho, en muchos sentidos, rechaza frontalmente la idea misma de la lucha de clases. El anticapitalismo desdibuja la definición de la clase trabajadora como clase productora de la riqueza, niega su carácter de sujeto político de la transformación social, en favor de sujetos como la ciudadanía y pone en entredicho la necesidad estratégica de las organizaciones de la clase trabajadora. Así mismo, la priorización de la radicalidad formal a la verdadera estrategia revolucionaría hace hincapié en los aspectos morales de las metodologías organizativas en lugar de ponerlo en la efectividad de la organización y de las alianzas sociales.

El discurso anticapitalista se caracteriza por su propia limitación: establece una crítica en el capitalismo pero no ofrece una alternativa programática a este, por lo cual sólo consigue construir una tímida defensa del Estado del Bienestar y las políticas keynesianas. En parte, esta limitación surge de postulados liberales que son asimilados por el discurso anticapitalista: la defensa de un concepto liberal de libertad que opone el individuo al colectivo, la comprensión del Estado como una entidad ajena a la sociedad y no como un instrumento de opresión de clase, el recurrente cuestionamiento de la calidad democrática de los estados socialistas y la legitimación indirecta del sistema parlamentario burgués occidental. Esto explica porque a efectos prácticos el discurso anticapitalista ha acabado sosteniendo postulados propios de la socialdemocràcia y del neoliberalismo más reaccionario en temas como la lucha contra el terrorismo, No es difícil encontrar críticas anticapitalistas en la Cuba socialista, en los procesos bolivarianos o al socialismo árabe. Es en la incapacidad de la anticapitalismo de alinearse en el ámbito internacional junto a los pueblos en lucha donde se evidencia con más claridad su contradicción fundamental: propugna el derribo de una sistema económico global pero renuncia a una alianza global para derrocarlo..

Anticapitalismo es un concepto tan indefinido que no representa una amenaza real para el capitalismo y sus propuestas programáticas son tan superficiales que resultan fácilmente asimiladas y disueltas por la maquinaria propagandística neoliberal. La autodefinición de un proyecto como anticapitalista, en lugar de socialista o comunista, establece la incapacidad de este proyecto de ofrecer una solución real a los problemas de las personas. Es importante abandonar este término al trastero de las ocurrencias inútiles y enfrentar una estrategia de construcción del socialismo, que es la única alternativa posible al capitalismo.

PA

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