VICTORIA DE LOS PARTIDOS NACIONALISTAS NEOLIBERALES. REFLEXIONES DE CLASE

Miguel A. Montes

28 septiembre 2015

(actualizado el 29 septiembre 2015)

fotonoticia_20150927205053-15091450219_9999

 

Los partidos neoliberales salen victoriosos. La guillotina para los recortes dispuesta a expropiar las rentas salariales para llenar los bolsillos del capital financiero seguirá funcionando sin parar en aras del cumplimiento de las leyes de austeridad aceptadas de pleno por tales partidos.

Ya ha finalizado el recuento de votos. Ahora saldrán repetidos análisis que ya hemos escuchado durante la precampaña y campaña con tintes identitarios, catalanistas versus españolistas. Las lecturas identitarias territoriales por encima de las lecturas de clase. Me voy a atrever a salir del tono dominante y realizar una breve lectura de clase de los resultados electorales.

1.- En estas elecciones si tomamos los programas y políticas realizadas por los partidos que se han presentado y los intereses de las clases populares y la oligarquía financiera entre dos balanzas, veremos que sale enteramente triunfadora ésta última. Los partidos neoliberales, pro austeridad, pro OTAN, pro UE, pro FMI, etc., salen victoriosos. Juntos suman 114 diputats. La guillotina para los recortes dispuesta a expropiar las rentas salariales para llenar los bolsillos del capital financiero hispano, catalán, inglés, alemán, francés, belga y holandés, para sufragar el déficit presupuestario y pagar la deuda creada por el capital financiero, seguirá funcionando sin parar en aras del cumplimiento de las leyes de austeridad aceptadas de pleno por tales partidos (Tratado UE, LOEPSF, LEP, LRSAL). Tras estas elecciones las dos propuestas de la burguesía dominante, los dos nacionalismos, seguirán campeando como cortina de humo para que las clases populares sigamos mayoritaria e inconscientemente apoyando tales políticas austericidas, tanto en Madrid como en Barcelona.

2.- Los partidos que optan por la independencia de Catalunya han conseguido el 47,81% de los votos válidos, menos de la mitad. Ganan en todas las provincias menos en Barcelona, donde se concentra el 75,48% de todos los votos válidos. La candidatura avalada por Convergencia y ERC ha obtenido no sólo 9 diputados menos que en las pasadas elecciones del 2012 (de 71 a 62), sino también menos que en las del 2010, 2006, 2003, 1999, 1995, 1992, 1988 y 1984. Incluso sumando los diputados de la CUP que ha triplicado sus votos, el campo independentista en conjunto obtiene 1 diputado menos. Los partidos integrados en Junts Pel Sí pasado del 44,37% al 39,63% de los votos, incluso juntando los votos de Unió, exsocio de Convergencia, seguirían por debajo, el 42,13%. Ello es debido a la elevada participación histórica que alcanza el 77,45%. Junts Pel Sí dispone de 62 diputados, lo que no le permite gobernar por mayoría simple sin el apoyo de la CUP, a no ser que Catalunya sí que es Pot se abstenga.

3.- Se produce un cambio en la hegemonía de los partidos españolistas de Catalunya, el neoliberal Cs pasa del 7,58% al 17,93% de los votos, el PP se desploma al pasar del 13% al 8,48%, de 19 a 11 diputados. El PSC-PSOE a pesar de su propuesta “federal” sigue con su caída, del 14,44% al 12,76%, pasando de 20 a 16 diputados. La huella de los españolistas González, Bono e Ybarra, sigue expulsando en todas direcciones votantes hacia Cs y el campo independentista. ¡Buen trabajo “compañeros”!.

4.- Catalunya Sí que es Pot, arropada por el “coleta morada”, con mensajes de manitú, con un lenguaje incomprensible hasta para Toro Sentado, ha logrado un resultado peor que las pasadas elecciones, del 9,9% de ICV-EUiA al 8,92%, pasando de 13 a 11 diputados. La indefinición ideológica, el lenguaje ambiguo, el apoyo a las políticas de austeridad del nuevo gobierno de Vichy en Grecia, el considerable descenso del conflicto y la movilización social en Catalunya y la apuesta errónea por enésima vez de no defender con claridad la propuesta de República Democrática y Federal en España como alternativa al independentismo, al régimen de 1978 y como modelo para ejercer el derecho a la autodeterminación, han vuelto a pasar factura. Y es en ese terreno, independentismo aparte, donde la CUP ha sido más rupturista que CSQP (que no ha sabido diferenciarse de Cs, PSC y PP), arropándose además con un discurso anti austeridad, y contra las instituciones imperialistas (la UE, el euro y la OTAN) arrebatando espacio no sólo a una ERC entregada a Convergencia y Artur Mas, sino también a la candidatura avalada por ICV-EUiA (1), ausente de estos debates que según el “coleta morada” ya no importan a la “ciudadanía”. Ahora desgraciadamente, pueden volver a resituarse los discursos soberanistas en EUiA, no olvidemos que su coordinador en marzo llegó a avalar la hoja de ruta por el estado propio hacia la independencia propuesto por Convergencia. Que pronto abjuran de su falso leninismo algunos excomunistas de salón yendo a remolque de las burguesías nacionalistas.

5.- El debate nacionalista, hegemónico, que se antepone al debate de clases, fue destapado interesadamente por el PP cuando estaba en la oposición parlamentaria luciendo su cretinismo. La denuncia que hoy hacen los líderes del PP sobre la “ruptura de Catalunya” suena a hipocresía pura. El argumento del miedo y las cagadas sobre la nacionalidad española, han hecho un gran favor a los sectores independentistas.   El PP nunca ha estado por la unidad de España, les importa un bledo, lo único que le interesa es su supervivencia política como gestor de los intereses de la oligarquía financiera en el Estado español, y si el enfrentamiento nacionalista les da votos, pues a por ello. Y no lo pensaron dos veces cuando rompieron el Estatut catalán aprobado en el 2006 en un referéndum por la mayoría de votantes, con una participación superior a la consulta organizada por los independentistas el 9N del 2014. El Tribunal Constitucional controlado por el PP se permitió el lujo antidemocrático de invalidar 14 artículos del Estatut, atacando la definición de Catalunya como nación, impulsando con ello la movilización independentista incontestable que se viene pronunciando masivamente cada 11 de Septiembre desde entonces. Un dato destacable es el hecho de que el independentismo en Catalunya no representaba más del 19% según estudios sociológicos antes de la embestida del Tribunal Constitucional (2). Yo no sé si en Catalunya se conseguirá formar un Estado propio, pero si se consigue deberían hacerle una estatua a Mariano Rajoy en las Ramblas, por ser el mayor promotor de independentistas en mi tierra.

6.- Convergencia nunca ha sido un partido independentista, siempre ha formado parte esa la alianza establecida desde el siglo XVIII entre las oligarquías financieras y terratenientes hispanas en torno al Estado español para doblegar y explotar a la clase obrera y las clases populares, beneficiándose también de la explotación de las colonias y la esclavitud (3). La independencia de Catalunya les importa tanto como la unidad de España al PP, un bledo. Han aplicado los recortes más duros de todas las CC.AA. de España, obedeciendo como nadie a la Troika. Convergencia con el apoyo de ERC se han sometido “soberanamente” en representación de las oligarquías financieras, a todas las leyes de estabilidad financiera para cargar el pago de la deuda y el déficit a los bolsillos de la clase obrera catalana, y que además lo ha hecho empeorando la LOEPFS, ya que el objetivo de alcanzar el 0% de déficit en el 2020 en España, ha sido “mejorado” en Catalunya por una décima el 0,14% adelantando su cumplimiento en 2 años, el 2018 (LEP de enero 2013), teniendo en cuenta además que el cumplimiento de los objetivos de déficit-deuda exigidos para la eurozona se extiende hasta el 2040, mientras que en Catalunya y España se empeora adelantandolo a 20-22 años (para flipar). Estos son los acuerdos entre las burguesías catalana y española por los cuales la izquierda y el movimiento obrero catalán debieran haber hecho hincapié para desenmascarar el soberanismo burgués. Hoy ambos socios, (Convergencia-ERC) están al frente del carro independentista mayoritario, y quienes le siguen o les sigan, apoyaran estas políticas que aceptan las cadenas de Maastrich y la Troika. Ya lo han dicho claramente, quieren seguir dentro de la UE, respetando los tratados imperialistas y las políticas de austeridad. Y ahí tenemos al cabeza de lista, un Romeva, que en el parlamento europeo dio su apoyo a los verdes europeos que se pronunciaron a favor de los bombardeos de la OTAN sobre Yugoslavia, Libia, que votaron contra la “violación de derechos humanos” en Cuba, que apoyan a los golpistas en Venezuela y que junto al Partido Popular Europeo equiparan el nazismo al comunismo, a los verdugos con los luchadores antifascistas, revisando la historia de nuestro continente. Menudo defensor del derecho de los pueblos y naciones oprimidas a la autodeterminación que han buscado.

7.- El derecho de autodeterminación tal y como lo planteaba Lenin engloba un máximo de democracia y un mínimo de nacionalismo. Tan antidemocrático es plantear la defensa de la constitución vigente que niega la plurinacionalidad de España tal y como lo hacen PP-PSOE-Cs, como plantear la independencia con un simple decreto en el parlament, sin tener siquiera la mayoría de votos, tal y como han venido defendiendo Convergencia y ERC, y que además pretenden hacerlo con menos de tres quintas partes del parlament y sin referéndum. En el campo independentista la CUP que antepone la consecución previa de conquistas sociales a la independencia (derecho a la vivienda, renta mínima, etc), de momento se ha desmarcado de la declaración unilateral de independencia al no disponer de mayoría de votos en el plebiscito planteado por Junts Pel Sí el 27S.

8.- Algunos olvidan interesadamente que Joan Comorera, el primer secretario general del PSUC, decía que colocar al derecho de autodeterminación al margen de la lucha de clases es caer en el campo de imperialismo, y si echamos una vista a la actualidad también veremos que el ejercicio de la independencia política y económica bajo la dictadura de la Troika es imposible. ¿A que sí “compañero” Tsipras?. En las actuales condiciones político económicas dominantes, bajo el imperialismo, la independencia ni va a suponer el caos que algunos vaticinan (crack financiero), ni el paraíso que algunos prometen (Icaria).  El verdadero expolio, el expolio de clases seguirá siendo la política predominante, y el expolio interterritorial, como conflicto secundario, nunca se resolverá realmente mientras la burguesía detente el poder político y económico, porque el desarrollo desigual tanto a nivel de España como de Europa seguirá siendo la ley dominante del capitalismo, entre países y regiones enteras, ya hay más de 100 millones ciudadanos que nadan en la pobreza según los datos de la UE. El verdadero expolio fiscal es el que realizan el conjunto de las burguesías hispanas del norte y del sur contra la clase obrera sirviéndose de las leyes austericidas que fijan el pago prioritario del déficit y los altos intereses de la deuda de la cual no somos responsables, con recortes a nuestros salarios directos (reformas laborales), indirectos (prestaciones por desempleo) y diferidos (prestaciones sanitarias, enseñanza, pensiones…) financiados por nuestro sudor y nuestras cotizaciones durante toda nuestra vida laboral, mientras el capital goza confortablemente del fraude y la evasión fiscal. Somos 22,9 millones de trabajadores en activo en toda España (3,8 millones catalanes), los que lo estamos pagando todo para mantener el funcionamiento del Estado y sus administraciones central, autonómicas y locales, es ahí donde hay que empezar por denunciar el expolio. Pero frente a esta realidad los independentistas se centran en lo secundario, el expolio interterritorial que supone 6.000 millones de € anuales, escondiendo el mayor expolio que es el de clases que supone más 35.000 millones de € anuales, dinero que la administración pública catalana deja de ingresar debido al fraude fiscal (16.000 millones de €), y al déficit del gasto público social con respecto al PIB por habitante (19.600 millones de €). Una cifra 6 veces superior, y sin sumar la evasión fiscal en nuestra tierra que acapara casi la mitad de toda España de las empresas del IBEX35 con filiares en paraísos fiscales, 222 sobre 467 filiares hispanas (4). ¡Anda, y no dicen ni mu!. En consecuencia, sí que es verdad que nos roban, nos roba la oligarquía financiera a todos los trabajadores de Catalunya, Madrid, Andalucía, Aragón, Galicia, Euskadi, Asturias, etc. Ese sí que es un expolio violento y criminal, que nos impide atender plenamente nuestras necesidades de alimentación, vivienda, sanidad, enseñanza, cultura, etc. Incluso el manoseado trato desigual por el expolio  interterritorial de los 6.000 mill. de euros, lo estamos sufriendo la clase obrera y no la burguesía catalana, los que cotizamos con nuestro sudor.

9.- Concluyendo. La resolución del verdadero conflicto político y social, pasa por colocar en primer plano la lucha de la clase obrera y sectores populares de toda España en contra de las oligarquías financieras, entender el derecho de autodeterminación al lado de la lucha de clases, contra el imperialismo en todas sus formas, y por la defensa de la república democrática y federal como alternativa a los dos nacionalismos, una república que represente lo mejor de la España antifranquista, heredera de los españoles que lucharon contra la barbarie fascista en Europa. El problema de fondo no es un conflicto entre Catalunya y España, sino entre clase obrera y todas las burguesías. Las burguesías catalana y española ocultan esta realidad para arrastrar a la clase obrera a su política de unidad nacional (tanto en Catalunya como en España), y enfrentar a la clase obrera territorialmente. Debe ponerse en marcha en el conjunto de España, incluida Catalunya, un proyecto de frente de izquierdas político y social, que coloque la lucha contra los recortes y la abolición de las leyes austericidas como el objetivo principal de la lucha social y política. La unidad popular debe pasar por ahí, lo contrario significará ir a remolque de las burguesías hispanas y europeas: ¡No al expolio fiscal causado por la burguesía con el fraude, evasión, privilegios y paraísos fiscales! ¡No al expolio fiscal causado por la burguesía con el rescate a la banca y los objetivos de déficit y deuda a cargo de nuestros salarios y el recorte de nuestros servicios y prestaciones sociales públicas! ¡No al expolio fiscal causado por la burguesía con las reformas laborales que abaratan y facilitan el despido y reducen las cotizaciones sociales de los empresarios!…Ese es el camino, lo demás son ganas de rendir tributo a nuestros opresores y explotadores.

Notas:

(1) No es mi caso ya que he ido a votar con prótesis nasal, más por deber militante que por otras cosas

(2) ¿Identidad nacional o lucha de clases?. Preguntas y reflexiones sobre Catalunya. https://marxismoleninismo.wordpress.com/2015/01/14/identidad-nacional-o-lucha-de-clases-preguntas-y-reflexiones-sobre-catalunya/

(3) La cuestión nacional en Catalunya. Perspectiva de clase y anti-imperialista. https://marxismoleninismo.wordpress.com/2012/12/30/la-cuestion-nacional-en-catalunya-perspectiva-de-clase-y-anti-imperialista/

(4) Las leyes austericidas de la Troika. Por un frente común de la izquierda y el movimiento obrero. https://marxismoleninismo.wordpress.com/2015/07/06/las-leyes-austericidas-de-la-troika-por-un-frente-comun-de-la-izquierda-y-el-movimiento-obrero/

 

 

Anuncios

5 pensamientos en “VICTORIA DE LOS PARTIDOS NACIONALISTAS NEOLIBERALES. REFLEXIONES DE CLASE

  1. Pingback: Victoria de los partidos nacionalistas neoliberales | Latinoamérica - La patria Grande

  2. Pingback: VICTORIA DE LOS PARTIDOS NACIONALISTAS NEOLIBERALES. REFLEXIONES DE CLASE | guswordpresscom

  3. Por la construcción de un Estado Republicano y Federal, plurinacional, pluricultural, y plurilingüistico

    POSICIONAMIENTO DEL PCE Y DEL PSUC SOBRE EL RESULTADO DE LAS ELECCIONES EN CATALUNYA

    PCE / 02 oct 15 http://www.pce.es/docpce/pl.php?id=5853

    Las elecciones del 27-S, convocadas por el Presidente Mas con un carácter plebiscitario, han dado un resultado en el que las que las posiciones que defendían claramente la independencia han obtenido menos de un 48% de los votos, lo que supone un 37% del total del censo.

    Al mismo tiempo este proceso electoral deja una sociedad catalana dividida, enfrentada, sin perspectivas claras de una mayoría parlamentaria que pueda afrontar la solución de los problemas reales de la gente, el trabajo, la sanidad, la educación, la vivienda y sin legitimidad para plantear una Declaración Unilateral de Independencia.

    Situándonos en el carácter plebiscitario que han tenido estas elecciones, se puede concluir que nadie ha ganado ese plebiscito y que por lo tanto nos encontramos en el punto de partida, con la economía marcada por una crisis que siguen cada vez más pagando los trabajadores y trabajadoras.

    En este marco, la derecha españolista en Catalunya ha ganado terreno, aunque el PP ha perdido votos, con la suma del ascenso de votos de Ciudadans, aumenta su presencia en el arco parlamentario catalán.

    Como resultado nos encontramos un primer partido de gobierno que puede representar a la burguesía nacionalista catalán y un primer partido en la oposición de derechas españolista, es decir por primera vez en la historia de Cataluña, nos encontramos con un bipartidismo de derechas que se seguirá retroalimentando con el debate identitario, mientras se esconde el empobrecimiento y la precariedad de vida de la ciudadanía catalana.

    Por lo tanto, quienes consideramos que es posible en Cataluña una salida de la crisis en clave nacional y de clase, debemos asumir la responsabilidad de hacer un llamamiento para la unión de todas las fuerzas políticas y sociales que estemos por la apertura de un proceso constituyente para construir un Estado Republicano y Federal, plurinacional, pluricultural, y plurilingüistico, un proyecto que no contemple la independencia de Catalunya.

    Un propuesta que, impulse la construcción de nuevo modelo de Sociedad, mediante un Proceso Constituyente abierto a la Ciudadanía y frene el proceso por el que las fuerzas sociales y políticas del sistema pretenden institucionalizar las medidas antisociales, patriarcales y autoritarias que se han tomado en los últimos seis años, complementándolas ahora con una ley electoral trucada.

    Queremos una nueva constitución que garantice de verdad el derecho al trabajo, a la vivienda, a la educación, a la sanidad, a la igualdad, como derechos básicos para una vida en igualdad y dignidad y contemple el derecho de autodeterminación.

    En este sentido desde el PSUC y el PCE consideramos que existe la posibilidad de dar una salida a la situación que a la que los presidentes Mas y Rajoy han llevado al pueblo de Cataluña, una salida que no puede dar ninguna organización por separado, pero que si se puede ofrecer desde una unidad popular que multiplicaría la fuerza, regeneraría ilusión y volvería a recuperar la capacidad de victoria que consiguieron las candidaturas de unidad popular en las pasadas elecciones municipales.

    Una salida que nos devuelva todo lo que nos han robado estos años Mas y Rajoy, con políticas iguales como dos gotas de agua, escondiendo ambos sus acciones de gobierno con las banderas, con el nacionalismo catalán y el nacionalismo español.

    Para ello hay que poner en primer plano la situación real de muchas personas y familias, en Cataluña y en España, que sufren las consecuencias de las políticas de derechas de Mas y Rajoy. Esta es una realidad que permite sumar fuerzas de los trabajadores y trabajadores catalanes y de todos los pueblos de España, en una lucha común en defensa de los intereses de la mayoría social trabajadora.

    Personas que pasan hambre, que pierden su hogar, su casa, que malviven con trabajo precario, bajos salarios, que ya no perciben prestaciones sociales de ninguna clase. Políticas impuestas desde la represión y la ley mordaza, con más de 300 sindicalistas encausados por ejercer el derecho de huelga.

    No queremos una constitución que con la reforma del art. 135 pactada PP y PSOE, con el respaldo de CiU, garantiza en primer lugar el pago de los interese de la deuda que los derechos sociales de la mayoría. Este año han sido 35.000 millones de € para el pago a la gran banca solo de los intereses de la deuda, con este dinero hemos propuesto la creación de un millón de empleos con salarios entre 800 y 1.200 €, de un año de duración, con un coste bruto de unos 15.000 mill. €.

    Queremos una nueva la legislación laboral que suponga una mayor defensa y garantía de los derechos individuales y colectivos de la clase trabajadora, queremos recuperar la plena vigencia y fortaleza de la negociación colectiva. para todo ello se tienen que derogar de forma inmediata las reformas laborales del PP y del PSOE que son una losa sobre los derechos de la clase trabajadora. Queremos echar atrás las reformas de las pensiones.

    Queremos que se persiga el fraude fiscal que en Cataluña representa cada año 16.000 mill. € y en España más de 80.000 mill. €, recursos suficientes para un plan de choque para crear empleo y un rescate para la situación de emergencia social en la que malviven cientos de miles de personas.

    Vamos a seguir luchando por estos objetivos, siendo conscientes que para ello necesitamos consolidar un proyecto de unidad popular, unas formas organizativas lo más amplias y democráticas que sea posible y un proceso de movilización sostenida para construir la alternativa, para no quedarse en un simple cambio de apariencias sin modificaciones sustanciales, el objetivo que planteamos es configurar en lo inmediato un Bloque Constituyente que plantea una Propuesta de Nueva Sociedad desde la ruptura con el sistema, patriarcal, antisocial, autoritario que nos quieren impone como salida de la crisis.

  4. CONSECUENCIAS DEL RESULTADO DE LAS ELECCIONES CATALANAS DEL 27 DE SEPTIEMBRE
    ¿Por qué no nos han votado?

    Las elecciones del 27 de septiembre, lejos de ser una excepcionalidad, abren la puerta a un nuevo ciclo político en nada favorable a las fuerzas políticas que defendemos un proyecto de ruptura democrática.

    EDDY SÁNCHEZ IGLESIAS 07/10/2015
    http://www.mundoobrero.es/pl.php?id=5146

    La mayor deslegitimación del modelo heredado del 78 se salda con la izquierda transformadora más debilitada. Ese podría ser una de las consecuencias del resultado de las elecciones catalanas del 27 de septiembre, realidad que debería obligarnos a reflexionar sobre un aspecto crucial: ¿por qué las capas populares y trabajadoras no nos han votado?

    A día de hoy, las explicaciones que se ha realizado en el marco de las organizaciones que apoyamos Catalunya Sí que es Pot están marcadas por la trivialización de la derrota y una negativa a asumir responsabilidades. Las elecciones del pasado 27 fueron un test a la consistencia de las alternativas políticas y electorales y el resultado ha sido el de un importante revés electoral para nuestras posiciones, y una señal más, junto a la coronación del nuevo Rey o el nacimiento de Ciudadanos, de recomposición de las oligarquías dominantes en España y Catalunya.

    Aunque desde CSQEP y sus componentes aceptamos la estrategia de campaña más “madrileña” de la historia, presentada por todos como “una antesala de las elecciones generales”, tras el resultado se ofrece como elemento justificativo electoral el decepcionante argumento de la “polarización”, que explica como el electorado votó en clave nacionalista y no en clave social, argumento que desliza una especie de reproche moral al electorado y que lo que pretende esconder es, que quienes fallaron fuimos nosotros y no el pueblo catalán.

    La pregunta sería ¿por qué importantes sectores de la población trabajadora y capas populares que se movilizaron para votar a Barcelona en Común, lo han hecho ahora por Ciudadanos y al PSC?

    En primer lugar, para responder a esta incómoda pregunta debemos partir de la idea de que a Ciudadanos no solo le votan ya jóvenes de capas medias ligados a la globalización –siendo ese su núcleo principal-, sino que como bien explica Javier Aristu “le han comenzado también a votar capas populares y trabajadoras”.

    Las elecciones del 27 de septiembre han contado con una legitimidad sin precedentes, producto de un alto grado de participación, debido en gran parte, a la movilización de la periferia urbana donde se concentra el electorado más débil ante la crisis, cuyo voto fue masivamente a rechazar la independencia y vio en Ciudadanos un discurso claro de rechazo a la opción independentista.

    Uno de los escenarios más factibles después del 27 de septiembre, es el de una negociación entre élites que después de las elecciones generales, puede desembocar en el diseño de una propuesta de solución que pase por un Estado asimétrico, fundamentalmente en materia fiscal. ¿Cuál es la posición de IU al respecto?, ¿cuál será la propuesta de financiación autonómica o en materia competencial que defendemos desde IU? La justa defensa del Derecho a decidir o el apoyo decidido de la opción federal, no encubre la carencia de no tener un modelo de Estado por parte del PCE ni de de IU, lo que se muestra como incompresible para una parte importante de lo que podría ser nuestra base social. No solo no tenemos un discurso coherente, sino que además damos muestra de no dar prioridad a tener un proyecto de Estado serio.

    Una parte significativa de la clase trabajadora, ve como los proyectos descentralizadores acometidos desde finales de los noventa, han acabado en procesos de privatización de los servicios públicos, especialmente del sistema sanitario, o en procesos de desfiscalización que han acabado en crisis fiscales que hemos pagado en forma de recortes.

    Sin embargo, la propuesta que hacemos desde la izquierda transformadora parte de una aceptación de que el único marco de ruptura posible es el territorial, y se asume desde posiciones de cierto pragmatismo electoral, la tendencia hacia una izquierda también “asimétrica” en el futuro congreso. Aquí tenemos un posible choque con la base social trabajadora, que nuestra ambigüedad y falta de proyecto de Estado no soluciona, y que puede abrir la puerta de nuestros barrios obreros a la demagogia centralista de Ciudadanos.

    En segundo lugar, debemos asumir que el discurso de ruptura no lo hemos hecho desde CSQEP, sino que el discurso rupturista lo ha encabezado las CUP. Desde la izquierda transformadora se ha renunciado desde hace tiempo a dar la batalla de la economía y de la función del trabajo en la nueva sociedad, y ese “hueco” lo están ocupando otros. Las CUP han hecho bandera de un discurso anticapitalista que ha aportado las propuestas económicas y sociales más avanzadas, aunque esto nos lleve a otro debate, de cuál es la viabilidad de dicho programa en una Catalunya independiente en el marco de la globalización y la división social del trabajo de la UE.

    La globalización ha hecho renacer modalidades de trabajo forzoso, que sufre principalmente la población migrante, y marcos de precariedad laboral estructural, que ante la falta de alternativas, van siendo asumidos por una parte importante de la juventud como lo único posible, tal y como muestran las noticias que muestran a España como el país con la mayor tasa de jóvenes resignados a emplearse en minijobs.

    Ante tal reto, tanto en el programa como en la campaña electoral, hemos caído en una especie de discurso de “utopía socialdemócrata” de asociar propuesta social a decir simplemente que “con nosotros habrá más gasto”, algo que nos ha asemejado bastante al PSC. Este déficit en nuestro discurso socio-económico nos impide disputar la base social trabajadora, que mayoritariamente y ante la falta de una alternativa creíble, sigue representando el PSOE, y que en Catalunya, contra pronóstico, le dio el voto suficiente para superarnos en las elecciones de manera holgada.

    Las elecciones del pasado 27 de septiembre, lejos de ser una excepcionalidad, abren la puerta a un nuevo ciclo político en nada favorable a las fuerzas políticas que defendemos un proyecto de ruptura democrática. Esto nos debe obligar a la rectificación, como mejor señal para la recuperación de una base social poderosa para el cambio que necesita nuestro país.

  5. Por un Sí o por un No: una izquierda en falsa escuadra en el 27S catalán

    Antoni Domènech, G. Buster 29/09/2015
    http://www.sinpermiso.info/textos/por-un-si-o-por-un-no-una-izquierda-en-falsa-escuadra-en-el-27s-catalan

    El economista James K. Galbraith ha hablado en su último e imprescindible libro del Final de la normalidad. El caso es que los nostálgicos de una pretendida normalidad que ya nunca volverá abundan. Aquí es un espectáculo casi enternecedor ver desfilar cada día por las páginas de El País a columnistas que siguen rutinariamente tronando contra todo lo que se mueve y amenaza a un statu quo desastrosamente inestable. Mientras uno de estos nostálgicos habituales de la prensa hispánica –no por casualidad considerada la menos fiable de Europa— llamaba el otro día a Jeremy Corbyn “viejete gruñón de una izquierda ochentera más pasada que La Chelito”, un veterano y avisado parlamentario conservador británico, Graham Brady, demostraba tener los ojos –y la mente— bastante más abiertos:

    “El mensaje más importante de toda esta historia [el éxito fulminante de Corbyn] es que es un recordatorio más de lo volátiles e irascibles que son amplios segmentos de la población: no les gusta la oferta de ninguno de los políticos al uso.” (Citado en: “Jeremy Corbyn: how long can he last?”, Financial Times, 25 septiembre 2015)

    De la “volatilidad” e “irascibilidad” de “amplios segmentos de la población” respecto de los políticos y sus políticas al uso es buen ejemplo lo ocurrido en estos cuatro últimos meses en Cataluña.

    Inmediatamente después de las elecciones del 24 de mayo pasado y del resonante triunfo de Barcelona en Comú (BEC) que hizo alcaldesa de Barcelona a Ada Colau, Artur Mas lograba por fin su viejo anhelo de una Llista del President venciendo la persistente resistencia de ERC con un órdago definitivo: “Si el ‘Espacio Sí que es Pot’ ha conseguido unificase y ganar, ¿qué haremos nosotros, los independentistas, no unirnos y perder otra vez?”. Eso significaba plantear las lecciones catalanas convocadas para el 27 de septiembre como una especie de segunda vuelta de las municipales en Barcelona: los independentistas, caso de volver a ir por separado, estarían probablemente condenados a perderlas también frente a la poderosa fuerza emergente del “Espacio Sí que es Pot”. Mors tua vita mea!

    Poco más de 3 meses mas tarde, la encuesta del 10 de septiembre del CIS daba ya como claro vencedor al Espacio del President (configurado finalmente como “Junts Pel Sí” –en adelante JPS— con un Mas vergonzantemente escondido en el puesto 4º), dejando muy atrás, pero en claro segundo lugar todavía, al Espacio Sí que es Pot (configurado entretanto como “Catalunya Sí Que es Pot”, en adelante CSQEP).

    Dos semanas después, todas las encuestas daban ya una victoria clara y abrumadora a JPS y unos resultados más que honrosos a la izquierda independista radical, la CUP, que no se sumó al final a la Llista del President. En cambio, casi todas coincidían en que CSQEP perdía hasta la medalla de plata, ampliamente superada por el partido de la derecha españolista emergente Cs (Ciutadans), quedando en tercera posición.

    Pero los resultados electorales registrados hoy, 27 de septiembre de 2015, son todavía peores: no sólo CSQP ha perdido la medalla de bronce, siendo superada hasta por un PSC por el que nadie daba medio céntimo hace apenas unas semanas, sino que ha conseguido incluso menos escaños que los que ya tuvo la coalición ICV-EUiA sola, sin Podemos y sin Equo, en las pasadas elecciones al Parlamento catalán (pasando de 13 a 11 diputados). Un desastre sin paliativos. CSQEP es el gran fracasado de la jornada (el fracaso de Unió, ahora fuerza extraparlamentaria, se daba por descontado).

    Unas elecciones sin ganadores importantes. El PSC está aparentemente contento con el peor resultado cosechado en toda su historia: podría haber sido mucho peor. El PP ha fracasado estrepitosamente con su experimento paralepenista con el candidato xenófobo Albiol: pero también podría haber sido peor (11 diputados, igual que CSQEP). Y la fuerza rotundamente vencedora, JSP, ha fracasado relativamente también: obtiene sólo 62 diputados (aunque falta contar el voto exterior, que podría darle uno más), cuando la suma de CiU y ERC solas (sin “sociedad civil” añadida ) en el anterior parlamento era de 71 diputados. Sólo la nueva derecha españolista de Cs y la izquierda radical independentista de la CUP pueden clamar victoria, cuando menos partidista, sin faltar a la verdad.

    Para tratar de explicar lo sucedido, seguramente es útil atender a cinco dimensiones o ejes en que se desarrolló la campaña electoral

    Primer eje: ¿plebiscitarias o autonómicas?

    Un primer eje, decisivo, era el carácter de estas elecciones. ¿Eran plebiscitarias, como sostenía denodadamente quien las convocó –el Presidente Mas— y como aceptaron todas las fuerzas políticas resueltamente independentistas, CDC, ERC y CUP? ¿O no eran sino unas elecciones autonómicas más, como trataban de sostener retóricamente las fuerzas hostiles a la autodeterminación de Cataluña, PP, Cs y PSC? El gran éxito de la campaña de Mas y de JPS fue imponer de manera incontrovertible el carácter plebiscitario de unas elecciones que eran formalmente autonómicas. El PP (Albiol, no menos que Margallo), Cs y PSC lo aceptaron en la práctica y en la propaganda. Con esta idea de fondo: si ganan las fuerzas independentistas, tampoco pasará gran cosa (“seguirá el lío”, dijo el socialista Iceta); y si pierden, “se acabó la broma”, como dijo el “popular” Albiol y, más finamente, repitió la “ciudadana” Arrimadas. Pero esta actitud de asimetría ventajista (“si ganáis, son autonómicas; si perdéis, son plebiscitarias”), lejos de perjudicar, probablemente favoreció a las fuerzas independentistas. Porque metía de lleno y manifiestamente la propaganda de las fuerzas del statu quo, hostiles al derecho de autodeterminación, en una contradicción preformativa que depotenciaba visiblemente su campaña de miedo: no se puede amenazar con las siete plagas bíblicas y al mismo tiempo decir que no pasará nada. El más que probable efecto de esa contradicción preformativa de la propaganda unionista ha sido este: muchos no independentistas habrán votado a JPS y a la CUP como voto de protesta, algo que no ocurriría en un referéndum de autodeterminación en toda regla. El cabeza de lista de CSQEP, Lluis Rabell, que –como la propia Ada Colau— votó Sí-Sí en el pseudo-referéndum del 9N sin ser independentista “porque se lo pedía el cuerpo”, debería haberlo tenido en cuenta.

    El caso es que en ese eje, CSQEP quedó, como dice el viejo tango, en falsa escuadra. Es verdad que en estas elecciones era muy difícil lograr lo que logró Ada Colau en las municipales y evitar la polarización plebiscitaria en clave independentista [1], pero se podía al menos intentar seriamente ofrecer a su electorado algo más concreto y tangible que la apelación retórica al ejercicio del derecho autodeterminación en un referéndum democrático en toda regla pactado con Madrid “cuando cambie allí la correlación de fuerzas”. Hay, ciertamente, un mundo teórico de diferencia entre quien acepta y quien no acepta el derecho de autodeterminación de los pueblos de España: pero la retórica vagarosa de la campaña de CSQEP no debía de sonar al electorado muy distinta de la de los “federalistas” del PSC que prometían una reforma de la Constitución monárquica. Lo que nos lleva derechos al segundo eje de la campaña.

    Segundo eje: ¿ruptura o statu quo?

    El segundo eje de la campaña era el de Ruptura o Mantenimiento del statu quo. No es necesario precisar aquí el significado de estas enormes palabras. Ni siquiera hay que convenir en que todos, en uno y otro campo, entendieran por ellas lo mismo. Pero convengamos en que PP, PSC y, hasta cierto punto que ponderaremos luego, Cs estaban claramente en el campo del statu quo. (Significativamente aceptando todos la necesidad de aggionarlo y “reformarlo”: ¡hasta Albiol hizo autocrítica del recurso del PP al Tribunal Constitucional por el Estatut de 2006!.) Y JPS y CUP, en el terreno de la “ruptura”. Baste un ejemplo:

    El pasado 8 de julio, el número 1 de JPS, el señor Romeva, exeurodiputado de ICV (y característico representante de su ala menos socialista o más “verde”), se descolgaba con un más que curioso artículo significativamente titulado “Un Sí se Puede republicano”. Y soltaba cosas como éstas:

    “El republicanismo se encuentra hoy ante la mayor oportunidad desde hace mucho tiempo. Estamos donde estamos porque cuando era posible hacer las cosas de otra manera, algunos no lo supieron hacer. O no quisieron. (…) resulta chocante (léase decepcionante) ver como corrientes republicanas y monárquicas se han juntado una y otra vez, cerrando las filas, en contra de las propuestas que pedían debatir la cuestión territorial desde una perspectiva republicana de pluralidad nacional, federalismo y democracia. Y nada. Agotada pues la vía española, se abre ante nosotros la vía catalana hacia la República, una vía que, por otro lado, podría incluso llegar a ser faro y guía para hacer avanzar el republicanismo en el Estado, por la vía de los hechos (si es posible en Catalunya, también tiene que serlo en el Estado).”

    Independentismo aparte, reconozcamos que esto suena mucho más a “ruptura” que los “tableros centrales”, las rentas básicas desleídas, los saludos y guiños de Pablo Iglesias al nuevo Rey Felipe VI o la negativa de Podemos en Madrid a celebrar con otras fuerzas de izquierda y republicanas el pasado 14 de Abril.

    Uno de los más lúcidos críticos de la Transición que llevó al “régimen del 78”, el añorado maestro que fue Manuel Sacristán –de cuya muerte se cumplen ahora 30 años—, calificó estupendamente en su tiempo el empeño ilusorio de este tipo de pseudorrealismos y “pragmatismos desenvueltos” condenados al fracaso político:

    “Desde mi punto de vista, firmar el pacto de la Moncloa o, en general, fabular vías al socialismo es meterse a zascandil de la historia, intentar ser universal y perder en el intento hasta la misma identidad de uno; es, en suma, querer ser demiurgo y quedarse en mequetrefe”.

    Si esto se reveló proféticamente verdadero (para el PCE-PSUC) en una época de relativas estabilidad económica y política, ¡figurémonos ahora, en el mundo post-2008 implacable con los nostálgicos de una “normalidad” que ya nunca volverá! Digamos, pues, que en ese eje Ruptura/statu quo, la campaña de CSQEP también lo dejó en falsa escuadra. Compárese una vez más, a contrario, con la vigorosa actividad explícitamente republicana y antirestauracionista del equipo político de Barcelona en Comú, comenzando por el discurso de toma de posesión de su primer teniente de alcalde, nuestro amigo y redactor de SinPermiso, Gerardo Pisarello.

    Tercer eje: unidad del pueblo catalán y vínculo con el Reino de España

    El tercer eje que vertebró la campaña electoral giraba en torno de la unidad del pueblo catalán y su relación con el Reino de España. Y este, aunque es el menos llamativo superficialmente, es el eje, si no más decisivo en lo inmediato, sí el de mayor calado y de más hondas y duraderas consecuencias.

    PP, Cs y PSC jugaron al juego de que la ruptura del vínculo político con el Reino significaba la quiebra también de la unidad interna del pueblo catalán. JPS y CUP hicieron esfuerzos denodados por zafarse de ese peligroso gambito (recuérdese que según el propio Centre d’Opinió de la Generalitat sólo el 13,4% se siente “únicamente catalán”, mientras el 46,9% se siente “tan catalán como español”). Y hay que decir que esos esfuerzos no eran precisamente fáciles, habida cuenta del pasado reciente del neocatalanismo autonómico de impronta pujolista del que vienen prácticamente todos los de JPS. Ese neocatalanismo conservador fraguado en la Segunda Restauración borbónica en el primer lustro de los 80 tendió a romper con el grueso de las tradiciones del catalanismo histórico popular republicano, buscando convertir el debate de las lenguas en un arma política arrojadiza de autoafirmación y exclusión.

    Albert Branchadell, un competente y respetado sociolingüista catalán, ha formulado así el proceso por el cual la política lingüística del neocatalanismo autonómico buscó la construcción de un país institucional y oficialmente monolingüe totalmente alejado de un país real perfectamente bilingüe (con el castellano como lengua ampliamente mayoritaria de identificación):

    “Desde el siglo XIX y muy especialmente durante el franquismo, España siguió el modelo denominado de nation building dirigido a unificar lingüísticamente a la sociedad a base de eliminar más o menos sutilmente las lenguas diferentes del castellano. Frente a ese modelo se alzó el modelo ‘preservacionista’ de las lenguas minoritarias, primero en Cataluña y después en el resto de las hoy comunidades autónomas. Lo que ha sucedido después es que los preservacionistas (especialmente los catalanes) han adoptado técnicas de nation building en su propia política lingüística y el catalán sería ahora una lengua dispuesta a desplazar al castellano como lengua de comunicación interétnica. Aunque las lenguas periféricas son oficiales en sus respectivas comunidades, la meta del bilingüismo por el que clamaba la izquierda catalana está siendo sustituida por las tendencias monolingües y la inmersión educativa obligatoria en catalán”.

    Eso se ve muy señaladamente en la evolución de la política lingüística en la enseñanza. Contra el modelo inicialmente preferido por la derecha pujolista de escuela segregada –el que terminó imponiéndose en el País Vasco—, las izquierdas catalanas (PSC y PSUC) pelearon por un modelo de escuela única de conjunción lingüística en el que el catalán estuviera convenientemente primado, a fin de rehabilitarlo –tras cuarenta años de persecución franquista— y normalizar su uso social, pero, obviamente, sin excluir al castellano como lengua de aprendizaje. Eso quedó perfectamente recogido en la primera Ley de normalización lingüística de 1983.

    Es el caso que el neocatalanismo autonómico pujolista consiguió dar la vuelta a eso, y en la segunda Ley de normalización lingüística (1998) introdujo por vez primera –con inconfundible voluntad política antibilingüe de fer país mediante la progresiva marginación del castellano— la noción de “lengua vehicular”. Hay que decir que esa segunda ley autonómica pujolista fue no sólo tolerada, sino activamente defendida por el gobierno de José María Aznar, quien, necesitado de los votos de CiU en el Congreso, presionó hasta lo indecible al entonces defensor del pueblo (Álvarez de Miranda) para que no la recurriera ante el Tribunal Constitucional. Hemos sostenido en otras ocasiones que este tipo de políticas lingüisticas pro-monolingües, piénsese lo que quiera de ellas en general, funcionaron en la práctica como un mecanismo de segregación y exclusión electoral, contribuyendo a convertir las elecciones autonómicas en una especie de elecciones con sufragio censitario que facilitaban la victoria de CiU. En cierto sentido, llegaron a formar parte de una especie de pacto bipartidista más o menos tácito CiU/PSC, por el que el PSC se garantizaba –y se conformaba con— la victoria en las elecciones generales. [2] Pues bien; con la Ley de 1998, el PP de Aznar entraba por vía rodeada en ese consenso tácito.

    Luego vino una tercera ley, la LEC de 2009, impulsada, no por CiU, sino por un PSC que desde 2003 (cuando Pasqual Maragall llegó a la Presidencia de la Generalitat al frente de un tripartito de izquierda) había roto el consenso bipartidista PSC/CiU ganando por vez primera unas elecciones sin necesidad de romper las reglas del “sufragio censitario” autonómico. Al contrario: doblando la apuesta del neocatalanismo autonómico filopujolista, es decir, entrando en el caladero electoral de las clases medias (sobre todo, urbanas) catalanófonas.[3] Esa Ley fue aprobada con los votos de PSC, CiU y ERC. Significativamente, ICV, que estaba en el Govern, votó en contra, pero por motivos político-sociales (¡la LEC del “socialista” privatizador Ernest Maragall favorecía, encima, la escuela concertada privada!), pero sin poner mayores objeciones de fondo al hecho de que en esta tercera ley, más pujolista que Pujol, desaparecían todas las salvaguardias para el castellano, entronizando al catalán como lengua vehicular única, [4] y dando pie a Cs –y en su estela, al PP— para lanzar una enorme campaña demagógica con la cuestión de la lengua como arma arrojadiza (véase al respecto el artículo de Albert Branchadell sobre este asunto publicado en SinPermiso en 2008), e ignorando siempre que el Estado de la Segunda Restauración borbónica jamás ha tenido una política mínimamente decente y democrática de protección de todas las lenguas pretendidamente españolas: nunca, por ejemplo, se ha desarrollado el artículo 3.3 de la Constitución, incumpliendo manifiestamente la Carta Europea de las Lenguas Regionales o Minoritarias que tiene firmada.

    Un resultado muy interesante del movimiento independentista de los últimos años ha sido el del comienzo de una ruptura en la práctica con el neocatalanismo autonómico de impronta pujolista y maragallista. Esa ruptura puede apreciarse en dos series de hechos. Por un lado, el desafío independentista ha sacado de la abstención diferencial a amplios segmentos de población tradicionalmente excluidos de la política autonómica catalana: las elecciones autonómicas de 2012 cosecharon ya una amplia participación rayana en el 70%. En estas últimas elecciones plebiscitarias se ha registrado un récord, ha votado el 77,5%, con notable incremento de participación en el cinturón industrial metropolitano, tradicional campeón del “abstencionismo diferencial”.

    Y está, por otro lado, la aparición política de un nuevo catalanismo popular –que enlaza con la tradición histórica republicana— hostil al uso político aberrantemente excluyente del monolingüismo y tendencialmente favorable al reconocimiento de la realidad social bilingüe. Y no es solo el caso –explícito— de dirigentes de la CUP, como David Fernández y Antonio Baños. También hemos visto a JPS incorporar a Súmate, la importante asociación civil de independentistas castellanoparlantes, y hasta –¡a la fuerza ahorcan!— hacer por vez primera y del modo más oficial propaganda política en castellano…

    Es bien posible que la aparición de este nuevo catalanismo popular en ruptura con el neocatalanismo autonómico dominante en las últimas décadas haya contribuido lo suyo a mitigar el incontestable éxito experimentado por Cs en estas elecciones. Cs ha triplicado sus resultados, pasando de 9 a 25 diputados, convirtiéndose en la segunda fuerza política de Cataluña. Ha conseguido parcialmente aquello que se proponía –y en lo que fracasó claramente CSQEP—: entrar por uvas en el caladero tradicional de voto socialista metropolitano, conquistando, por señalado ejemplo, L’Hospitalet, la segunda ciudad de Cataluña y bastión capital de ese “cinturón rojo” que Rivera prometió convertir en naranja y que Pablo Iglesias –¡ay!- se propuso convertir en morado tan a la ligera como elefante entrando en cacharrería.

    Parte del éxito de Cs en estas elecciones plebiscitarias catalanas se explica seguramente por su acierto al colocarse en posición bifronte en relación con el statu quo heredado. Por un lado, es bien sabido, como partido de orden, opuesto a todo tipo de “populismos aventureros” y nostálgico del regreso del espíritu de los buenos tiempos “normales” de la Transición. Pero, pero otro lado, como partido antisistema. Como fuerza hostil al tongo bipartidista y a la particular forma en que cristalizó la política institucional catalana bajo la Segunda Restauración borbónica. Como veterano “defensor” de una población excluida de la vida política autonómica catalana por el pujolismo con la complicidad de todos los demás partidos: con la complicidad bipartidista de CiU/PSC, por supuesto, pero también con la del PP, que toleró complacientemente, con las debidas bendiciones de Aznar, la Ley de normalización de 1998, y hasta de una ICV que no supo oponerse eficazmente como socio del Govern al desastre de aquella LEC de 2009 impulsada desde el tripartido por el entonces socialista Ernest Maragall, ahora fugado a las filas de JPS.

    En cuanto a la posición en que quedó ubicada CSQP en este tercer y crucial eje en torno de la unidad del pueblo catalán y su relación con el Reino de España, lo cierto es que la amalgama entre ICV y Podemos resultó fatal. Una ICV demasiado sumisa al núcleo duro de las políticas culturales hegemónicas del pujolismo –¡basta pensar en el nombre que eligieron cuando disolvieron al viejo PSUC!— e inveteradamente reacia a la autocrítica, de un lado. Y del otro, las improvisadas patochadas quasietnicistas de un Pablo Iglesias totalmente desubicado y en búsqueda tan vana como desesperada del voto exsocialista metropolitano (sin duda, pensando más en las elecciones generales españolas que en las plebiscitarias catalanas). Esa amalgama dejó también aquí a CSQEP en falsa escuadra.

    Simplemente, no tenían nada tangible, inteligible o demasiado inteligente que decir, salvo apelar de vez en cuando retóricamente a un pasado de lucha demasiado lejano –y es de temer que demasiado olvidado por el grueso de sus actuales dirigentes— sobre la unidad del pueblo catalán y la indudablemente problemática relación que guarda esa unidad con el mantenimiento o no del statu quo en el Reino de España. Y conste aquí, para terminar este tercer punto, que había mucho e interesante que decir por parte de una candidatura de izquierda radical no independentista (no, al menos, incondicionalmente), pero firme partidaria del derecho de autodeterminación de todos los pueblos de España, incluida Cataluña. Habría sido estupendo escucharles hablar –como sí hicieron en la CUP ¡y hasta en JPS!— de República, de valores republicanos y de relaciones fraternales republicanas con el conjunto de los pueblos ibéricos. O, hacia adentro, de las fronteras de la “geografía social” –dígase así— del independentismo incondicional: de la correlación objetivamente observable entre independentismo y nivel de renta, por ejemplo. [5] . O de las fronteras de la “geografía económico-cultural”: de la división –perfectamente clara en el mapa electoral— entre la Cataluña profunda y la Cataluña urbana y metropolitana. O –detallito crucial— de la imposibilidad de “reformar la Constitución del 78” y ejercer el derecho de autodeterminación de Cataluña (reclamado por cerca del 80% de la población catalana), sin que se abra una dinámica política que ineluctablemente sería el principio del fin de la Segunda Restauración borbónica.

    Cuarto eje: Europa y el experimento fallido de Syriza

    El cuarto eje de la campaña electoral tenía obviamente que ver con Europa y las relaciones con la actual UE. Aquí la divisoria entre las fuerzas del statu quo y las de la ruptura era esta: tanto PP, como PSC, como Cs, como JPS comparten una idea europeísta pazguata, según la cual la UE va muy bien. La campaña en este punto de los defensores del statu quo de la Segunda Restauración borbónica ha consistido en acusar a los independentistas de llevar a Cataluña a su exclusión de la UE. Y la contracampaña de los independentistas de JPS –que comparten la misma idea pazguata de la actual Europa—, en sostener, al contrario, que una Cataluña independiente se mantendría dentro de la zona euro y sería poco menos que recibida con los brazos abiertos por la UE.

    La contracampaña, en cambio, de los independentistas de la CUP –que tienen desde siempre una posición abiertamente hostil a la Eurozona y a la UE—, en decir que tanto mejor: que una Cataluña independiente será republicana, popular y anticapitalista y estará mejor fuera del euro y de las estructuras políticas autoritarias de la UE.

    Aquí CSQEP partía inicialmente con ventaja, porque apoyó desde el comienzo el experimento de Syriza, fina y competentemente conducido por el exministro de Finanzas Varoufakis y su amigo y asesor James K. Galbraith, ambos economistas postkeynesanos de enorme y merecida reputación científica internacional. (En las elecciones europeas de mayo de 2014, Galbraith llegó a venir en persona a Barcelona para apoyar la campaña electoral de ICV). Pero el experimento falló, como es harto sabido, cuando el primer ministro griego Tsipras decidió ignorar los resultados del gran éxito del referéndum del OXI, prescindir de Varoufakis y de su estrategia de llevar la cosa al punto de máxima tensión con la UE (incluido un famoso Plan B secreto elaborado por Galbraith) y capitular espectacularmente ante la Troika en la trágica noche del 13 de julio.

    Como es natural, esa capitulación sumió en estado de shock a toda la izquierda europea. Buena parte de la prensa internacional apuntó inmediatamente al durísimo golpe que eso significaba para las izquierdas radicales emergentes inspiradas en Syriza, y señaladamente para Podemos. A lo que siguió entonces, comenzando por Galbraith y el propio Varoufakis, una amplia discusión autocrítica seria sobre el fracaso del experimento de Syriza en la que participaron, entre muchos otros, viejos dirigentes políticos como Mélenchon, Corbyn y Lafontaine, o economistas más o menos de izquierda como Krugman, Stiglitz, Wray o el postkeynesiano alemán Heiner Flassbeck. Pues bien; lejos de participar en esa discusión seria y autocrítica, Pablo Iglesias corrió a Atenas a abrazarse con Tsipras y socorrer a la Syriza post-capitulación en las elecciones más tristes que recuerda la República Helénica.

    Ganó Tsipras, con más de un 50% de abstención en un país en el que votar es obligatorio por ley, por las desoladoras razones que tan bien supo contar crítico-analíticamente Varoufakis en SinPermiso la semana pasada. Cuando en el debate entre los siete candidatos (organizado por TV3) Lluis Rabell comenzó su intervención inicial ufanándose de la “victoria de Tsipras” en las elecciones griegas, era de ver la cara entre estupefacta y complacida de todos los demás candidatos. El de la CUP, Antonio Baños, aprovechó la inmejorable ocasión para propinarle un duro y sarcástico correctivo que probablemente le costó a CSQEP varias decenas de miles de votos no precisamente independentistas. Y cuando, en el acto de final de campaña de CSQEP, se leyó casi con unción un tuit de Tsipras llamando en catalán a votar CSQEP, se puede descontar como seguro que bajaron por el desagüe del desconcierto unos cuantos votos más: como uno de nosotros le escuchó decir a un viejo cuadro de las CCOO antifranquistas, era como si el PSC hubiera hecho entrar en campaña a Zapatero. Y llovía sobre mojado.

    Tampoco aquí funcionó la amalgama Podemos/ICV. ICV tenía buen programa político-económico europeo hace un año. Lo que siempre les faltó fue audacia; la que le sobraba a Podemos hace un año (la Renta Básica, por ejemplo), aunque dijera muchas tonterías sobre el euro y la UE. Y lo desgraciado del caso es esto: en la extraña y aparentemente improvisada amalgama de CSQEP, ICV se deshizo sin mayores reflexiones autocríticas del programa político-económico europeo, mientras Podemos hace tiempo que se deshizo de la fresca audacia que le llevó a sorprendernos tan gratamente a todos en las europeas de mayo de 2014. Así pues, en resolución, también en lo que podría haber sido su punto más fuerte –la crítica con buenos argumentos macroeconómicos y democráticos de la UE austeritaria—, terminó lamentablemente CSPEP en falsa escuadra.

    Quinto eje: democracia desde abajo o autocracia secretista de despacho

    El quinto y último eje que puede resultarnos útil para entender lo sucedido es el que gira en torno a la selección de candidatos y procedimientos de confección de programas. Uno de los grandes éxitos de Barcelona en Comú (y de buena parte de las mareas municipales en Galicia) tuvo que ver con un largo proceso de selección de candidatos y de propuestas programáticas, con amplia participación popular en asambleas a todos los niveles y que implicó a miles y miles de personas en los distintos barrios de Barcelona. Fue un gran experimento de participación y entusiasmo popular, y dio como fruto una dirección políticamente seria y un programa bien concebido y muy respaldado “desde abajo”. Todo lo contrario del modo secretista y autocrático, a la vieja usanza de la peor izquierda tradicional, empleado por CSQEP. Ese es un asunto sobre el que volveremos otro día. Baste hoy con decir que los métodos expeditivos empleados consiguieron (o facilitaron, al menos) lo peor que le podía pasar a CSQEP, y es saber: que su principal activo político potencial, Ada Colau y su equipo municipal de Barcelona en Comú, se mantuvieran prudente y suspicazmente al margen de una desastrosa campaña electoral tan mal concebida como dirigida.

    Mucho nos gustaría equivocarnos una vez más, porque ahora están en juego las elecciones generales de diciembre, pero, a la vista de las primeras reacciones de sus principales dirigentes, no esperéis autocrítica, ni asunción de responsabilidades, ni menos rectificaciones serias. Dicen los creyentes que Dios ciega a quien quiere perder. Una versión trágico-laica de eso sostiene que el Destino hace sordo a quien da ya por inexorablemente condenado.

    El incierto panorama que se presenta ahora

    Las elecciones del 27S no tienen ganadores claros. El gran vencedor, JPS, consigue menos escaños que la suma de CiU y ERC en el anterior Parlament (pasando de 71 a 62 o 63). Y aunque la CUP ha tenido un enorme éxito, más que triplicando escaños (pasa de 3 a 10), el independentismo incondicional en su conjunto (JPS+CUP) pierde al menos un escaño en relación con el Parlament saliente (pasando de 74 a 72 o 73). Y como oportunamente ha recordado la CUP, el plebiscito, que ha de contarse en votos, no se ha ganado: no ha conseguido el 50% de los sufragios. Queda, así pues, ahora la dura realidad de la geometría parlamentaria. El bloque independentista incondicional cuenta con los votos necesarios para gestionar la legalidad estatutaria. Cuenta con la capacidad propositiva y con la iniciativa legislativa para ir más allá y dibujar un nuevo escenario político. Pero no tiene la legitimidad para crear una nueva legalidad que vaya más allá de eso. Esa nueva legalidad solo podría ser fruto de la ruptura y nacer del ejercicio efectivo del derecho de libre determinación de los catalanes.

    Así que, por el momento, en ese marco de la legalidad estatutaria, la primera cuestión a despejar es si Artur Mas va a ser el Presidente de la Generalitat y el gestor directo de la hoja de ruta de dieciocho meses para fer país pactada con ERC. O si, a falta de un voto en el Parlament, JPS tiene que negociar con la CUP otro candidato que refleje no solo la correlación social de fuerzas, sino que de satisfacción a la hasta ahora repetidamente frustrada aspiración a una hegemonía de las izquierdas populares y republicanas en el proceso soberanista.

    Sería el primer paso en el proceso de reconstrucción de las izquierdas rupturistas catalanas en la nueva situación post-27S. Y el anunció de lo que tendría que pasar –la esperanza es lo último que se pierde— en las elecciones generales de diciembre en el Reino de España: la derrota de la derecha.

    NOTAS:

    [1] La sociología electoral muestra el altísimo grado de afinidad entre los electores de JPS y de las CUP (con una increíblemente alta correlación del 0,55). Aunque están en muy buena medida en los antípodas ideológicos, lo cierto el segundo partido preferido por la abrumadora mayoría de los votantes de CUP es JPS, y viceversa.

    [2] El actual presidente del Centre d’Opinió de la Generalitat, Jordi Argelaguet, lo ha dejado dicho esta semana con el desparpajo que le caracteriza: “La introducción de la lengua catalana en la enseñanza como vehículo docente ha contribuido favorablemente a la consolidación de las fuerzas políticas nacionalistas (CiU y ERC)”. Aunque en el debate público catalán –hegemonizado por el neocatalanismo autonómico filopujolista— apenas ha tenido hasta hace poco eco, los sociólogos políticos llevan mucho tiempo estudiando lo que vino en llamarse el fenómeno del “abstencionismo diferencial” comparativo en las elecciones autonómicas catalanas. Es decir, el alto nivel de abstención no reducible ni explicable sólo por el hecho de que, en general, el electorado considere menos importantes unas elecciones autonómicas que unas generales. Véase, por ejemplo, el estudio académico de Clara Riba (2000): “Voto dual y abstención diferencial. Un estudio sobre el comportamiento electoral en Cataluña”. O el libro de Joan Font, Jesús Contreras y Guillem Rico.: L’abstenció en les eleccions al Parlament de Catalunya, por Joan Font, Jesús Contreras y Guillem Rico.

    [3] Esto puede verse en el hecho de que los grandes resultados electorales de Maragall en 1999 y 2003 (y luego, del segundo tripartito, en 2007) se consiguieron sin romper lo que los sociólogos electorales han venido en llamar la “abstención diferencial” –que afectaba a la Cataluña castellanoparlante, señaladamente al cinturón industrial de Barcelona— en las autonómicas catalanas (véase la nota 2).

    [4] Piénsese lo que se quiera de esto, hay que saber que implica aceptar un principio de territorialidad lingüística, como el efectivamente vigente en Flandes, en Quebec o en la Suiza alemana. Sin embargo, ni Flandes, ni Quebec, ni la Suiza alemana son territorios bilingües. La Cataluña actual –que recibió en los 40, 50, 60 y 70 una de las mayores oleadas migratorias que registra la historia europea reciente— lo es, y aun con amplia con mayoría de ciudadanos cuya lengua de identificación es el castellano. Quien hable de “unidad del pueblo catalán” tiene necesariamente que lidiar con esta realidad social, salvo que quiera refugiarse en esencialismos nacionalistas que, de uno u otro signo, son precisamente incompatibles con predicar la unidad retóricamente afirmada.

    [5] Entre los catalanes con menor nivel de renta (de 0 a 1200 euros), el 37,57 son independentistas. Entre 1200 y 2000 euros, lo son el 38,82%. Entre 2000 y 3000 euros, el 56,17%. Entre los que ingresan más de 3000 euros, se declaran independentistas el 67,91% (Barómetro de Opinión Política )

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s