EL NEOCOLONIALISMO GRIEGO Y DICTADURA DEL CAPITAL EN EUROPA

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Miguel A. Montes 1 Septiembre 2015

El gobierno de Tsipras y las fuerzas emergentes en la UE capitulan ante el imperialismo destruyendo las ilusiones que generaron en los trabajadores. Son las mismas políticas de Friedman-Pinochet en Chile. Los Estados capitalistas expropian las rentas salariales para pagar las deudas externas.

Ha quedado claro que el gobierno encabezado por Tsipras ha capitulado. Atrás queda el programa de Syriza aprobado en Tesalónica. Atrás queda la reivindicación de la anulación parcial de la deuda. Grecia se encuentra con una nueva acumulación de deuda. El intento de construir una política alternativa a la austeridad y el neoliberalismo dentro de la UE se ha esfumado. Este “hito” supone una catástrofe para Grecia y las fuerzas de izquierda europeas que tenían puestas sus esperanzas en el gobierno de Syriza-Anel. Un duro golpe para los intereses de la clase obrera.

Alexis Tsipras defendió su propio memorándum, y lo hizo argumentando que las medidas impopulares se toman con el fin de recuperar la confianza de inversores y mercados, haciendo trizas el programa de su partido. Las medidas han sido defendidas codo a codo junto a la coalición de partidos neoliberales ND, PASOK y la alianza de gobierno con la derecha xenófoba ANEL. Con dos votaciones en el parlamento, primero en julio tras el referéndum, con 251 votos a favor, 32 en contra y 8 abstenciones, para presentar el acuerdo a los acreedores. Y el 15 de agosto una vez los acreedores dieron el visto bueno, el margen fue más estrecho ya que le faltó el voto de 44 de sus diputados. En esta ocasión 222 votos a favor (118 de Syriza-Anel), 64 en contra y 11 abstenciones.

Sólo una parte minoritaria de los parlamentarios de Syriza votó en contra de entregarse a las instituciones imperialistas, además de los comunistas del KKE. Al final Syriza se ha roto, Tsipras ha remodelado su gobierno depurando a los ministros y viceministros contrarios a la austeridad, el primero en caer Varoufakis, y ha dimitido para adelantar las elecciones con el objetivo de erradicar la creciente oposición interna y de paso eliminar de las listas electorales a los parlamentarios díscolos.

El Partido Comunista de Grecia fue la única organización que denunció el referéndum como un engaño y que Syriza defendía en bloque las políticas de la Troika. Como alternativa el KKE proponía la salida de la UE, el euro, la OTAN y dar el control de la economía a los trabajadores.

Si bien hay que destacar la coherencia ideológica de los comunistas del KKE, su fuerte vinculación con el movimiento obrero y popular y su análisis certero ante la situación, sin embargo ha carecido de una política de alianzas, ya que no toda Syriza estaba a favor de la austeridad, incluso existen corrientes contrarias a la UE y la OTAN. Precisamente contra Tsipras se alzó la fracción más antiausteridad que dentro del Comité Central fue mayoritaria, pero que carecieron de fuerza para detener el golpe porque en el parlamento es minoría frente a los diputados europeístas.

Una alianza entre el KKE con las fuerzas progresistas de Syriza podría impulsar la unidad popular para luchar contra el nuevo gobierno proausteridad. La desunión favorecerá sin duda a los neoliberales (en los que ya se incluye Tsipras) y la ultraderecha nazi, Amanecer Dorado.

ÍNDICE

  1. GRECIA IGUAL QUE EN LA LATINOAMÉRICA DE MILTON FRIEDMAN
  2. LA AUSTERIDAD PERMANENTE CONDUCIRÁ A UNA CATASTROFE HUMANITARIA
  3. LA DEUDA EXTERNA EN LATINOAMÉRICA. PRECEDENTE HISTÓRICO
  4. EL ESTADO CAPITALISTA DE GESTOR KEYNESIANO A GERENTE NEOLIBERAL
  5. LA CONTRADICCIÓN PRINCIPAL Y EL SENTIDO DE LA UNIDAD POPULAR
  6. LA UE ES LA DICTADURA DEL CAPITAL CONTRA LA CLASE OBRERA
  7. TRATADO DE ESTABILIDAD. LEY DE EXPROPIACIÓN DE LAS RENTAS SALARIALES A FAVOR DEL CAPITAL
  8. LA COMPLICIDAD DE LAS NUEVAS FUERZAS EMERGENTES CON LA AUSTERIDAD
  9. LA CRISIS COMO CONSECUENCIA DE LA ACUMULACIÓN DE CAPITAL Y CAUSA DEL ENDEUDAMIENTO
  10. LA INEVITABILIDAD DE LA CRISIS Y LAS GUERRAS BAJO EL CAPITALISMO
  11. ALTERNATIVAS A LA DICTADURA DEL CAPITAL Y LA CRISIS

1. GRECIA IGUAL QUE EN LA LATINOAMÉRICA DE MILTON FRIEDMAN

La victoria del NO en el referéndum reflejó el masivo rechazo del pueblo griego a nuevas medidas de austeridad. Durante unos pocos días pervivió el sueño ilusorio dentro de una parte de la izquierda europeísta de conquistar políticas de soberanía nacional y derechos sociales en el seno de la UE. Por desgracia Tsipras ante el Grexit aceptó unas condiciones de saqueo peores que las rechazadas en el referéndum. Dejando claro ante la historia que Tsipras no tiene nada que ver con Allende y su política de nacionalizaciones y resistencia.

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No hubo nunca plan B, ni control de la evasión de capitales para evitar la fuga de depósitos, ni control de los principales bancos griegos, ni creación de una moneda complementaria no impresa para permitir los pagos en pensiones y salarios. Ni mucho menos plantearse la ruptura con la UE. Sin embargo, la salida de la UE y el euro, la puesta en pie de cooperación económica con los BRICS, y la cooperación política con los gobiernos anti-imperialistas de Latinoamérica era la única alternativa viable para Grecia. Porque el problema no eran “los corruptos” del PASOK y ND, sino la propia UE.

Lejos de ello, la necesidad de mantener a los acreedores contentos ha llevado a Tsipras a incumplir una tras otra las promesas electorales del programa de Tesalónica. No sólo no abolió los dos memorándums anteriores y la mayoría de las 400 leyes antipopulares de los gobiernos anteriores (PASOK-ND), sino que las aprobó un tercer memorándum con las potencias imperialistas aún más doloroso. Y de forma antidemocrática, ya que las condiciones del tercer memorándum fueron rechazadas por el pueblo y sólo pueden ser aprobadas en otro referéndum, siendo anticonstitucional lo que se hizo en el parlamento.

El gobierno de Tsipras ha restablecido el régimen de la Troika rechazado en las elecciones del 25 de enero y el referéndum del 5 de julio, sirviendo a la UE como los gobiernos anteriores del PASOK y ND, utilizando sus mismos argumentos, que el tercer “rescate” es la única manera para mantener el país en la zona euro y la UE, algo que se presenta como la “salvación del pueblo” (sic). Rescate que se suma a la actual montaña de deuda griega de 350.000 millones de euros. Una deuda que según el informe del FMI del 14 de julio es insostenible, y anticipa que en dos años la deuda llegará al 200% del PIB griego.

También ha servido fielmente a la OTAN. Tras el referéndum el gobierno firmó un tratado militar de formación y cooperación con Israel, acuerdo sin precedente que refuerza su papel militar y geoestratégico dentro de la OTAN y sus aliados en Oriente Medio. Ha participado en todas las misiones y los ejercicios de la OTAN, incluso con Israel, ha prometido la creación de una nueva base de EE.UU.-OTAN (en la isla de Kárpatos), y ha votado en la UE por la ampliación y fortalecimiento de la guerra comercial contra Rusia.

Al inicio de las negociaciones se ha utilizado a Alemania como ejemplo para solicitar una quita de la deuda. Como argumento para denunciar la hipocresía de la oligarquía financiera es licito. ¿Cómo la propia Alemania tiene la caradura de exigir el pago íntegro de la deuda griega?. Pero si se pretendió utilizarlo como escudo para esperar que las instituciones financieras controladas por el imperialismo accedieran, fue suicida. Sólo ha habido condonación de deudas en Europa asumidas por el capital financiero cuando ello obedecía a la acumulación del capital y los intereses del imperialismo en la lucha de clases. En esta Europa de tradiciones “democráticas”, tras la llegada de Hitler al poder,  el gobernador del Banco de Inglaterra  (Montagu Norman) accedió a dos concesiones, un crédito de 2.000 millones de dólares y apoyar la decisión de Hitler de no pagar la deuda por las reparaciones de la IGM. En la reindustrialización y rearme de Alemania las transnacionales yanquis y británicas obtuvieron suculentos beneficios (Standard Oil, General Eléctric, Ford, Grupo Morgan…) además de compartir el interés de estrangular económicamente a la URSS e impulsar la guerra en Europa contra el socialismo (1). Y tras la IIGM para hacer frente a la extensión del socialismo en Europa, las instituciones financieras tampoco pusieron pegas en condonar el 62% de la deuda de Alemania contraída en el período de entreguerras (acuerdo de Londres 1953). En ambas situaciones nuca fue el criterio democrático el que prevaleció para tales decisiones, sino la lucha de clases y la acumulación de capital. Pero claro, Grecia no es Alemania.

Pero no hay que irse tan lejos. En esta Europa de “tradiciones democráticas” Grecia tampoco es Ucrania, donde hay un gobierno salido de un golpe de estado que está llevando a cabo una guerra contra las poblaciones civiles del este, golpe patrocinado por imperialismo yanqui y de la UE. En este caso los acreedores de la Troika sí que han concedido la cancelación de un 20% de la deuda externa del país (3.400 millones de euros) y reestructura el resto atrasando los pagos pagar del 2023 hasta el 2027 (2). En esta ocasión no han existido portadas de odio en el periódico alemán Blid contra Ucrania, porque se prefiere apoyar a un régimen de extrema derecha que defiende los intereses imperialistas en un país no miembro de la UE, que ceder en un acuerdo con un país de la periferia miembro de la UE, cuyo gobierno pretendió ilusoriamente renegociar la deuda.

Las condiciones aceptadas por Tsipras para mantener a Grecia en la eurozona y recibir el tercer saqueo de la economía, son parecidas a las que ya se dieron en Latinoamérica bajo las dictaduras fascistas y los regímenes bipartidistas neoliberales de los años 70,80 y 90 que prepararon la transferencia del control político, económico y militar de tales países a las instituciones financieras imperialistas y el Pentágono. Medidas que representan la naturaleza más dura del liberalismo basado en la guerra abierta contra la clase obrera y las clases populares, siguiendo la doctrina que Milton Friedman y los Chicago Boys para pagar las deudas externas. En ese “oasis” neoliberal, la dictadura fascista chilena fue el laboratorio más avanzado de estas políticas dictadas por el FMI, el Banco Mundial, la CIA y el Pentágono. Las mismas políticas, que se van a aplicar ahora en Grecia con Tsipras.

Se destinará un equivalente del 5% del PIB anual hasta el 2018, con la venta de activos públicos acelerando las privatizaciones, subida del IVA con mayores impuestos a las clases populares, golpeando las pensiones con un recorte sólo de 2.250 millones de euros entre 2015-2016, además de eliminar las prejubilaciones e implantar la jubilación a los 67 años a partir del 2022, dibujando en el horizonte un futuro cada vez más incierto para las jóvenes generaciones

Estas políticas convierten a Grecia en un país neocolonial, intervenido por las instituciones extranjeras dominadas por el imperialismo alemán y el imperialismo yanqui (la Troika: el Consejo Europeo, el BCE y el FMI), que fiscalizarán conjuntamente la privatización acelerada de los bienes públicos del pueblo griego (puertos, ferrocarriles, aeropuertos, telecomunicaciones, recursos naturales y demás empresas públicas) que deben servir para alcanzar 50.000 millones de euros para pagar los préstamos del tercer “rescate”. Por eso lo llamo tercer saqueo. Bienes públicos que en una situación de bancarrota se van a vender a precio de saldo por debajo del precio del mercado. Los buitres financieros ya están sobre Atenas para conseguir la mejor tajada del negocio. Buitres como el presidente de los liberales en el parlamento europeo Guy Verhofstad y el ministro de finanzas alemán Wolfang Schauble, los cuales están implicados en la privatización de las aguas en Salónica (3). El gobierno también ha puesto a la venta parte del patrimonio natural, más de 1200 islas, para pagar la deuda (4). Once islas griegas aparecieron en subasta bajo el título “Estas once islas griegas ahora se pueden comprar por un mendrugo de pan” (5).

Nos imaginamos lo que pasaría en España si el gobierno pusiera a subasta para vender al mejor postor el suministro de agua, los aeropuertos de Barajas, El Prat, Palma de Mallorca, Málaga, Las Palmas…, los puertos de Algeciras, Valencia, Cartagena, Barcelona, Bilbao, Gijón, Coruña…, las islas Chafarinas, Alhucemas, Tosqueta, Formigues, Tabarca, Escombreras, Alborán, las islas gallegas, cántabras, asturianas o vascas… para juntar 50.000 millones de euros a pagar a los acreedores. Todo el país estaría en pie de guerra social. Pues eso es lo que hoy sucede en Grecia.

Al igual que la Francia ocupada por los nazis y los regímenes latinoamericanos de finales del siglo pasado Grecia pierde las facultades para controlar su propia economía, y su parlamento y su gobierno pierden sus facultades democráticas, sólo serán necesarias para dar trámite a las directrices de Bruselas y Berlín. El gobierno debe recibir luz verde antes de presentar al parlamento cualquier proyecto de ley, el cual se ve reducido a una institución neocolonial que debe ejecutar las leyes redactadas fuera del país.

El gobierno de Tsipras se ha convertido en un nuevo gobierno de Vichy, en un gobierno títere que ha suspendido la soberanía nacional, hipotecado la riqueza pública y acaba de declarar la guerra social a la clase obrera, todo de momento sin utilizar medidas de represión sangrientas.

2. LA AUSTERIDAD PERMANENTE CONDUCIRÁ A UNA CATASTROFE HUMANITARIA

La presidenta del parlamento griego, de Syriza, Zoi Konstantopoulou en la votación parlamentaria del 15 de julio hizo un llamamiento a resistir al chantaje,  denunció que el nuevo acuerdo con los acreedores puede causar un genocidio social, y llamó sin éxito a los diputados a rechazar esa “iniciativa” de abandono de la soberanía nacional e hipoteca de la riqueza pública (6).

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Y es cierto, los griegos están pagando un alto precio con una grave crisis humanitaria, con 3 millones de personas en la pobreza, los niños pasan hambre, los orfanatos se llenan de ellos y vuelven enfermedades como la tuberculosis. Un ejemplo de este genocidio social, lo tenemos en la trayectoria de la sanidad griega. Antes de la crisis Grecia contaba con un sistema sanitario en el cual los trabajadores que perdían su empleo recibían asistencia sanitaria incluso después de que se les acabaran los subsidios. Desde el primer “rescate”, los parados sin prestación deben de pagar de su bolsillo los gastos en sanidad. En un país con una tasa de paro del 28% donde más de la mitad de los parados no reciben prestación es una catástrofe humanitaria para la salud. ¿Qué pasa cuando a un trabajador en paro se le diagnostica cáncer?, sencillamente que no puede acceder a quimioterapia, ni a los medicamentos. Actualmente un 30% de la población, más de 3 millones, están sin acceso a la sanidad pública (7).

Con el tercer “rescate”, el gasto público social seguirá en declive, y la expropiación de las rentas salariales para pagar la deuda se va a aplicar en unas peores condiciones sociales y con una mayor dureza que los anteriores. La economía va a continuar hundiéndose en la depresión, se seguirá reduciendo el poder adquisitivo de una población ya empobrecida, el paro seguirá creciendo, los recursos fiscales del presupuesto van a continuar reduciéndose y la proporción de la deuda sobre la riqueza producida –PIB- será cada vez más pesada. Y esto no es nuevo, pues ya sucedió con los dos anteriores “rescates.

Ante esta situación tan dramática ¿no interesaría que hubiera un acuerdo que garantizara la estabilidad política donde el capital aceptara ciertas reivindicaciones para aliviar la explosión social en Grecia?. En otra coyuntura internacional de la lucha de clases más favorable sí, pero en la actualidad, con una correlación de fuerzas claramente desfavorable para la clase obrera europea, gana la partida el interés pleno de la fracción dominante de la oligarquía financiera que no está dispuesta a aceptar una menor ganancia en sus cuentas de explotación, lo cual es una muestra de la carencia de margen por parte del capital para de forma generalizada aceptar concesiones que alivien la presión social.

Y ello ha quedado demostrado en el hecho de que a pesar de que el gobierno griego antes del referéndum del 5 de julio ya fue lo bastante lejos desbordando todas sus “líneas rojas” (8), cediendo en pensiones, privatizaciones, IVA y normas laborales, esperando concesiones a cambio para aliviar la situación social. La Troika lo que ha hecho ha sido endurecer sus exigencias planteando propuestas más duras que al inicio de las negociaciones, siendo un hecho que ceder al “chantaje de los mercados” sólo sirve para ir hacia más duros chantajes del capital.

El objetivo era hundir el gobierno de izquierdas de Syriza para que no cundiera el ejemplo a otros países o reciclarlo en un partido proausteridad. Lo último es lo que ha ocurrido. Por lo tanto, la UE está dispuesta a todo para impedir la puesta en práctica de una política económica alternativa y dejar claro que en sus dominios no hay alternativa al neoliberalismo. Y mientras, en el sur de Europa siguen los gobiernos de Vichy.

3. LA DEUDA EXTERNA EN LATINOAMÉRICA. PRECEDENTE HISTÓRICO.

Siguiendo al análisis de Marx, hay que aclarar que no son los países dependientes quienes se endeudan, sino determinados capitalistas y particulares, además de los propios Estados. En el proceso de endeudamiento de los años 70 en Latinoamérica, la mayoría de los créditos fueron contraídos por el sector privado. Y las razones del endeudamiento del sector público no se debían a la búsqueda de recursos para la inversión productiva, sino a las necesidades del gasto improductivo, como por ejemplo, el sostenimiento del aparato de Estado, la enorme transferencia pública de recursos al capital, y por supuesto, en la época de los regímenes sangrientos, al aumento del gasto militar y represión, que en casos como el de Argentina, superaba el 10% del PIB. Además hay que añadir la fuga de capitales, entre 1974 y 1982 la tercera parte de la deuda de Argentina, Brasil, Chile, México y Venezuela se destinó a comprar activos en el extranjero o a cuentas bancarias en EE.UU. y Europa (9).

En éste período la deuda externa Latinoamérica contraída con tipos de interés variable se disparó multiplicándose por 6,7 (10), y en 1982 sólo el 58% del pago de las deudas se destinó al pago de intereses (11). Entre gasto improductivo y altos tipos de interés con el tiempo las deudas se hicieron impagables, lo que generó la primera crisis de deuda conocida. La mayoría de los países endeudados declaran moratoria de pagos porque no pudieron cumplir los plazos de devolución de los créditos.

Pero ahí no acabó la historia, se iniciaron procesos de renegociación de la deuda país por país, que lo único que consistía era en ampliar los plazos de pago aumentando el coste de la deuda por intereses, condicionado al mantenimiento y profundización de las políticas de ajuste. La denominada “cláusula de condicionalidad del FMI”. Los Estados se hicieron cargo a cambio de introducir de forma antidemocrática tales políticas dirigidas a garantizar el pago de la deuda. Es decir, se nacionalizaron las deudas, y el efecto inmediato fue la subida de las deudas públicas traspasando su coste a las inocentes poblaciones.

En consecuencia, la deuda no tiene ni tuvo su origen en el “exceso de consumo” de las clases populares de los países del “tercer mundo”. Deuda que las masas populares ni solicitaron, ni contrajeron, ni de la que se beneficiaron. Este proceso benefició a la oligarquía financiera en la búsqueda de condiciones para la realización de la tasa de ganancias y a las rentas altas que accedieron al crédito externo, y acabó generando un endeudamiento cuyo peso recayó sobre las clases populares que soportaron las políticas orientadas al pago de una deuda externa.

La búsqueda del superávit público y el pago de la deuda externa se convirtieron en la escusa para privatizar desnacionalizando la base productiva más competitiva. Y aplicar las políticas de ajuste teledirigidas por el FMI, recortar el gasto público social, o sea, salarios indirectos y diferidos de los trabajadores (12).

Se inició una transferencia masiva de recursos al extranjero mediante el rescate a los bancos privados, la apertura de espacios a la acumulación del capital extranjero aumentando la tasa de la plusvalía, la libre circulación de mercancías y capitales, renunciando a las políticas industriales tendentes a sustituir importaciones y hacer crecer el mercado interno, teniendo como consecuencia el aumento de la parte de la plusvalía que va al exterior a los sectores financiero-especulativos, reduciendo la participación de los sectores productivos nacionales.

Las consecuencias de estas políticas fueron la reducción y desplome de los salarios tanto directos como indirectos y la destrucción de las fuerzas productivas con la reducción de la actividad industrial y el aumento del paro. Nada diferente de lo que hoy se viene aplicando en la UE “de los pueblos”.

En este contexto la ideología neoliberal en contra de la regulación estatal y a favor del mercado, no es más que pura nebulosa, ya que es una retórica únicamente en contra de una determinada forma del Estado capitalista, aquél que asume en su seno las reivindicaciones obreras y democráticas, el Estado de Bienestar. No es más mercado y menos Estado con lo que nos encontramos hoy, sino ante un Estado interventor que transfiere recursos cada vez mayores al capital financiero y especulativo a costa de degradar la fuerza de trabajo.

La magnitud de la transferencia de capital fue histórica en Latinoamérica con respecto a otra época y países. Mientras que las reparaciones de guerra de Alemania supuso un 2,4% del PIB alemán (1924-1932) en Latinoamérica el pago de la deuda lo superaba: el 6,9% del PIB en Venezuela, 5,6% para México, 4,4% para Argentina… (1982-1988) (13).

Por tanto, las políticas de ajuste en Latinoamérica fueron un mecanismo de subordinación neocolonial, ya que la prioridad de la acumulación capitalista era la transferencia al exterior de plusvalía a costa de precarizar de forma creciente las condiciones de vida y trabajo de la población sobre la base de regímenes políticos antidemocráticos, como Chile de Pinochet, las otras dictaduras en Argentina, Uruguay, Bolivia, Paraguay, Brasil… y corruptos como los de Venezuela, Colombia…

Hace 30 años Fidel Castro advirtió que la deuda externa que las naciones latinoamericanas habían contraído con las instituciones financieras del imperialismo, se convertiría en una hipoteca eterna, impagable e incobrable, ya que el intercambio comercial desigual, la fuga de capitales, el estancamiento económico y la dependencia, harían imposible su pago. También advertía que no sólo era imposible su cobro por razones matemáticas y económicas, sino también por razones políticas, ya que los gobiernos no pueden aplicar eternamente las medidas del FMI con alto costo social “ni a sangre y fuego”.

Fidel Castro reivindicaba la abolición de la deuda externa y la unión de los países dependientes, para hacer frente al imperialismo y sus instrumentos de dominación, luchando por un nuevo orden económico internacional. Cuatro años después, vino el caracazo, y a sangre y fuego el gobierno venezolano impuso el pago de la deuda masacrando al pueblo que protestaba contra las medidas del FMI, pero ello no pudo parar la revolución que 10 años más tarde se avecinaba con el cambio del régimen político. Surgieron las revueltas contra el hambre y los movimientos populares latinoamericanos que culminaron en la primera década del S.XXI con el cambio democrático de los gobiernos neocoloniales por otros de carácter anti-imperialistas (Venezuela, Bolivia…) que a contracorriente inician una política económica basada en la nacionalización de los sectores energéticos y la reorientación social del gasto público.

En este contexto también en la Europa del Este, una vez eliminada las economías socialistas basadas en la expropiación de capital, la oligarquía financiera logró ampliar su espacio para la acumulación de capital. Y desde la década de los 90 este mecanismo de disciplinamiento de la deuda empleado en los países de Latinoamérica, África y el sudeste asiático, consiguió eliminar todas las conquistas en el este de Europa para proceder a la plena integración de las economías exsocialistas en el mercado capitalista, eliminando el referente mundial de las conquistas sociales (pleno empleo, prestaciones sociales gratuitas en enseñanza, sanidad, vivienda…) más temido por el capital (14). Las políticas de transición hacia el capitalismo de Gorbachov y las políticas neoliberales en Rusia de Yeltsin supusieron una catástrofe humanitaria, demográfica, alimentaria, adquisitiva, industrial y agrícola, desconocidas bajo el régimen socialista (15).

4. EL ESTADO CAPITALISTA DE GESTOR KEYNESIANO A GERENTE NEOLIBERAL

A pesar de la propaganda neoliberal de más mercado y menos Estado, no se ha producido ni un redimensionamiento de los aparatos estatales de gestión ni ha desaparecido la intervención político administrativa en la actividad económica. Lo que se ha producido es una redefinición del papel económico del Estado capitalista, un cambio de su función que ahora consiste en nacionalizar los costes y pérdidas privadas del capital y privatizar los beneficios sociales.

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Fue el tatcherismo como doctrina quien inauguró la gestión neoliberal del Estado capitalista en Europa: libertad de mercado y políticas monetaristas, elevados gastos militares, recortes fiscales para el capital y grandes fortunas, recorte al Estado de bienestar y al poder de los sindicatos. Esta intervención política se llevó a cabo por la liberalización internacional de los movimientos de capital, la privatización de empresas y servicios públicos y la desregulación del mercado de trabajo. Precisamente estos mecanismos fuertemente intervencionistas fueron posibles de aplicar por la actuación del Estado-clase utilizando el brazo de la coerción. La regulación estatal es el pulmón a la acumulación de capital, que financia con sumas multimillonarias los sectores financieros e industriales, y apenas puede sobrevivir el capitalismo sin las subvenciones, privilegios y tarifas del Estado, por lo que se puede definir como altamente intervencionista. Ya lo hemos visto en esta crisis con la nacionalización de las pérdidas y los rescates de la banca.

Por tanto, el recorte de los gastos sociales no supone una reducción del gasto público global como falsamente se cree. Ya en los primeros pinitos de la agenda neoliberal en el mundo “desarrollado”, los gobiernos neoliberales de Tatcher y Reagan llegaron a contabilizar un mayor gasto público debido al aumento de los gastos militares y al apoyo a transnacionales en crisis, y entre 1.980-1996 en 14 países de la OCDE el gasto público aumentó del 43,4%% al 47,1% del PIB, incluyendo las ya popularizadas medidas de austeridad neoliberales (16).

En consecuencia, el Estado capitalista actual reduce al mínimo la gestión del bienestar social para la clase obrera mientras aumenta la protección de los grandes bancos y empresas capitalistas transnacionales incluso con un mayor gasto público. Financiamos las guerras imperialistas y la destrucción de nuestras conquistas sociales, gracias a tales políticas.

5. LA CONTRADICCIÓN PRINCIPAL Y EL SENTIDO DE LA UNIDAD POPULAR

Hoy, si cogemos cualquier país de la UE y nos ponemos a analizar dónde se encuentra la contradicción principal, no dejaremos de indicar que ésta sigue siendo la que enfrenta a los intereses del imperialismo, la oligarquía financiera y las transnacionales por un lado, y la clase obrera junto a la mayoría del pueblo trabajador, por otro. Y que por tanto el bloque histórico alternativo que debe constituirse en la lucha por superar el capitalismo debe de partir de una alianza social y política entre la clase obrera y las clases, categorías y fracciones populares oprimidas.

Y tampoco dejaremos de indicar que la reivindicación fundamental de este período es la lucha contra las políticas de austeridad, de recortes, de la expropiación de rentas salariales por el capital, que se efectúan para pagar la deuda financiera.

Y tampoco dejaremos de indicar que es necesario que las fuerzas sociales y políticas de izquierda deban dotarse de un programa que responda a las necesidades acuciantes en este contexto de crisis económica, enfrentándose a la política de recortes causada por la necesidad de pagar la deuda externa. Cualquier unidad popular movilizadora, programática y electoral que se construya debe de partir de esos mínimos.

Un programa de mínimos, del que tampoco dejaremos de indicar, que debe ligarse a la lucha por el socialismo, o como decía Rosa Luxemburgo contra Eduard Bernstein, tomar las reformas como medios, nunca como fines. O como decía Lenin contra el social-liberalismo de la socialdemocracia europea, ligar las reformas a la revolución. O como decía Marx sobre la lucha sindical, que las luchas contra los efectos del capitalismo, son necesarias para emprender otra de mayor envergadura, la abolición del trabajo asalariado.

6. LA UE ES LA DICTADURA DEL CAPITAL CONTRA LA CLASE OBRERA

Ser miembro de la eurozona significa hoy que los acreedores pueden destruir tu economía “si te sales del guión”, según el economista keynesiano Paul Krugman. Lo sucedido en Grecia es un aviso hacia los países que osen rechazar las medidas que se dictan desde las instituciones económicas controladas por imperialismo yanqui o europeo. Es la estrategia actual para sembrar el derrotismo en la clase obrera y las clases populares.

Europa es hoy la región más avanzada del mundo en derechos obreros y democráticos conquistados a nivel estatal debido principalmente a la lucha del movimiento obrero a lo largo de decenios, al temor de las clases dominantes a la revolución socialista y la existencia de los países socialistas europeos que en su momento fueron el referente con las conquistas sociales más avanzadas conocidas históricamente a nivel mundial. Derechos que digámoslo claro, imponiendo límites a la explotación, no dejan de ser un cuerpo extraño en la sociedad capitalista, impuesto por las aspiraciones y luchas de la clase obrera, y por tanto, sometidos a ataques continuos por el capital.

Desde Maastrich se empezó por anular las facultades democráticas de los Estados capitalistas para conducir desde las instituciones de la UE y el FMI las políticas económicas, con el doble objetivo de arrebatar las conquistas obreras y democráticas de todos los países miembros y ampliar la esfera de la acumulación de capital mediante la expropiación masiva de rentas salariales para el capital por medio de la redistribución presupuestaria, disfrazada con el eufemismo del “equilibrio presupuestario” que exige el ajuste permanente con los recortes del gasto público social y las privatizaciones. Se puede decir que la Troika es hoy la dictadura abierta de la oligarquía financiera en la UE.

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Mientras se lanzaban loas a la “Europa social”, entre bastidores desde 1980 se desarrollaba bajo la batuta del FMI y las patronales europeas (Bussines Europe, Mesa Redonda de Industriales) el proyecto de la UE como mercado para la competencia. La implantación del mercado único, la moneda única y el supuesto Banco Central, con la disolución de los bancos nacionales, fueron los pasos decididos por las oligarquías financieras europeas para acabar con las soberanías y los derechos y garantías democráticas e implantar la libertad para la explotación social sin límites fiscales, sindicales, ni fronteras. De esta manera las oligarquías financieras  se han apropiado de la política monetaria directamente sin la mediación de los Estados, donde el BCE juega un papel mucho más regresivo que la Reserva Federal de los EE.UU., ya que no presta directamente a los Estados sino a la banca privada, siendo ésta la que después de haber sido rescatada con dinero público, especula con las deudas cobrando intereses variables abusivos por encima de lo que el BCE les presta a ellos. El BCE pone a subasta la deuda pública a la banca privada.

Marx en El Capital decía que la deuda pública fue una de las palancas más efectivas de la acumulación originaria del capital. La deuda del Estado impulsó a las sociedades por acciones, la especulación, la bolsa y la banca, la cual se encargaba de prestar dinero al Estado acumulando títulos de deuda. Los préstamos permitían a los gobiernos capitalistas desde sus orígenes sufragar gastos extras (comercio marítimo, guerras comerciales, etc.), pero la acumulación continua de deudas les obligaba a decretar nuevos impuestos sobre los medios de subsistencia  (17), lo cual influenciaba destructivamente sobre la situación de los asalariados mediante la expropiación de sus rentas ante la carga impositiva.

Hace 150 años que Marx anunciaba públicamente en la Iª Internacional que la tendencia del modo de producción capitalista es la de reducir el salario, por medio del empobrecimiento absoluto y relativo de la clase obrera, desvalorizando la fuerza de trabajo. Empobrecimiento absoluto de la fuerza de trabajo desempleada o subempleada, y empobrecimiento relativo de la fuerza de trabajo empleada. El cénit de esta correlación de fuerzas a favor del capital se alcanza con el aplastamiento del movimiento obrero, tal y como sucedió en la Alemania nazi, en la España franquista o en el régimen de Pinochet en Chile, donde la caída de los salarios fue brutal (18).

Si analizáramos un poquito veríamos que esta tendencia está ya institucionaliza en la UE, la cual es una maquinaria de transferencia o expropiación de recursos y rentas salariales para el capital armonizada desde los diferentes Estados. Esta transferencia se  financia no sólo por medio de la inflación, sino también con los recortes del gasto público social, desvalorizando la fuerza de trabajo por la disminución además de los salarios directos también de los salarios indirectos y diferidos, que constituyen los gastos en sanidad, enseñanza, pensiones y otras prestaciones sociales. Y esta desvalorización no se detiene en los países de la periferia europea, también en Alemania se aprecia con severidad en la extensión de los minijobs. Alemania tras la absorción de la RDA radicalizó su política neoliberal y de expansión territorial, fue el gobierno “roji-verde” el que acometió la ofensiva de reducir los salarios y luchar para abaratar las exportaciones en detrimento del consumo interno, convirtiéndose en la principal economía exportadora de la UE y siendo el país de la eurozona donde menos crecieron los salarios entre el 2000 y el 2010.  En Alemania hay 7,3 millones de trabajadores precarios, de los que 6,8 millones tienen un salario máximo de 400 euros (19). Y si nos vamos a EE.UU., referente de los neoliberales europeos, la situación es más grave, la desvalorización de la fuerza de trabajo se manifiesta con la existencia de 50,7 millones de personas, el 16,9% de la población, sin cobertura sanitaria (20).

El resultado de estas políticas de expropiación salarial, salta a la vista, reducción del peso de los salarios y aumento del peso de los beneficios brutos del capital respecto al PIB, como consecuencia de las reformas laborales regresivas y los recortes del gasto público social.  O sea que el capital no sólo nos explota en el proceso de producción apropiándose del tiempo de trabajo adicional para la plusvalía, sino que también se apropia de parte del salario bruto destinado a pagar impuestos, y se aprovecha de la caída del salario directo real y nominal que nos decía Marx, mediante la inflación, donde en los años previos a la crisis el salario medio se bloqueaba o bajaba mientras los precios se mantenían o subían (21) a pesar de que el tiempo de trabajo social para la producción de mercancías se ha reducido, pero que gracias al control del mercado por los grandes grupos financieros éstos se han mantenido en alza respecto a los salarios; el crédito al consumo (22) que genera la apariencia que las mercancías pueden venderse –demanda artificial o ficticia- e impedir que la tasa de ganancias disminuya; la precariedad laboral y el desempleo, que siempre han existido en el régimen del trabajo asalariado.

Mientras, se exige desde hace 22 años en los dominios de la UE una austeridad severa sin precedentes en la historia donde las cuentas públicas deben atender el pago del déficit, los rescates bancarios y las deudas como máxima prioridad por delante de los derechos democráticos y sociales, el capital goza como nunca de el apoyo fiscal de los Estados: reducciones fiscales al capital con la supresión o reducción del impuesto de sociedades y sucesiones, tolerancia hacia el fraude fiscal y los movimientos de capital a los paraísos fiscales, lo que implica un clamoroso adelgazamiento de los ingresos públicos gracias a ese impago de impuestos.

Estas políticas han agravado la crisis en todos los países de la UE. Italia que es la tercera economía de la eurozona, desde el inicio de la crisis la producción industrial se ha reducido un 25%, el paro se ha duplicado, lleva 14 trimestres sin crecer, y la productividad del trabajo es inferior al año de la introducción del euro, alcanzando una deuda del 135%. Y Francia dispone de una deuda similar a la española del 97,5% del PIB (23).

Estamos ante una guerra de clases a nivel supranacional en la UE donde desde los Tratados austericidas atacan la existencia de las conquistas sociales. Guerra que nunca terminará mientras el sistema capitalista perdure. Guerra que tampoco es fácil para el capital financiero, que tiene como contrapeso las masivas huelgas generales de los últimos años, además del rechazo en las urnas en diferentes países de los tratados (24). Pero de momento esta guerra como dijo Warren Buffett la gana su clase, los ricos.

7. TRATADO DE ESTABILIDAD. LEY DE EXPROPIACIÓN DE LAS RENTAS SALARIALES A FAVOR DEL CAPITAL

La crisis sirve de excusa para aumentar la tensión de la austeridad. Con la crisis, las deudas públicas de los países de la UE, sobre todo en el sur y la periferia, se dispararon, mediante el aumento de las reducciones fiscales al capital y el gasto para los rescates de la banca. Recordemos que la deuda en España era del 19% antes de la crisis.

A partir de ahí los arquitectos de la UE imperialista diseñaron el pacto Europlus (junio de 2011) que exige a los Estados presentar un plan de competitividad anual para conseguir que las transnacionales europeas sean más competitivas devaluando los salarios (mediante reformas laborales regresivas), y que el pago de la deuda e intereses gocen de prioridad por encima de los gastos sociales. Un año después (2 de marzo 2012) parieron un novísimo grillete para los trabajadores europeos, el último instrumento de las políticas de austeridad, el Tratado de Estabilidad, Gobernanza y Coordinación (TSGC), en el que se plantean bajar las deudas al 60% y el déficit al 0,5% para el 2040 como máximo en los países de la eurozona.

Tratado que fue empeorado en España con la Ley de Estabilidad Presupuestaria y Sostenibilidad Financiera ya que exige cumplir el objetivo antes del 2020 y que el déficit sea del 0% en vez del 0,5% exigido por el TSGC. Van a marchas forzadas ya que en sólo cuatro años tienen previsto pasar la guillotina para alcanzar los objetivos del 60% deuda y déficit cero. Es curioso que no se haya denunciado este hecho desde las fuerzas emergentes de la izquierda y el movimiento sindical, ridiculizando la posición tanto del PP como de los gobiernos autonómicos que se amparan en tales leyes para aplicar unos recortes estilo blitzkrieg (guerra relámpago). Sólo el gobierno de Coalición Canaria lo denunció al constitucional el cual lo rechazó por un escaso margen.

Este Tratado de Estabilidad en algunos países como España adquiere rango constitucional al mismo nivel que cualquier situación de excepción en la que se suspenden los derechos democráticos, como el estado de sitio o guerra. Situación similar a la que se dio en los países latinoamericanos. Igual que allí las instituciones europeas permiten la entrada del FMI, para eliminar las conquistas democráticas y obreras, las cuales siguen constituyendo un obstáculo para la acumulación del capital.

Como vemos la deuda se establece como el instrumento o coartada con imperativo legal para imponer expropiación de rentas salariales hacia el capital mediante la dinámica de los recortes y los “rescates”.

Una deuda que no lo olvidemos, que ha sido causada no por el aumento del gasto público social, sino por la reducción de los ingresos con las rebajas impositivas al capital y el fraude fiscal, y sobre todo por el aumento del gasto por los rescates a la banca privada pagados de nuestro bolsillo. Esa deuda contraída por los capitalistas, es la que se nos impone con grilletes por intermediación del Estado capitalista para que la paguemos con brutales recortes de salarios indirectos y diferidos financiados por nuestras cotizaciones durante nuestra vida laboral.

Además en este nuevo tratado se da un giro mayor en la supervisión de la Troika sobre los presupuestos antes de que se presenten a los parlamentos y durante su ejecución, con la imposición de sanciones automáticas para los países que incumplan el objetivo del déficit. El resultado conocido es la regresión social y democrática, de la cual se alegran abiertamente los miembros de la Comisión Europea los cuales exigen que los gobiernos europeos cedan a la Troika “un poder de decisión mucho más profundo y autoritario en el diseño de las políticas económicas” (25).

Pero no nos engañemos. No es un Tratado igual para todos. ¿Qué pasaría si Alemania o Francia no lo cumplieran?. ¿Sucedería lo mismo que en Grecia?. Probablemente no. Tras el Pacto de Estabilidad y Crecimiento (1997) donde se imponían sanciones del 0,2% del PIB a los países que no cumplieran el déficit público máximo del 3%, Alemania y Francia fueron los primeros países que en el año 2003 que lo incumplieron, y sin embargo se hizo la vista gorda y la Troika no envió a nadie a Berlín o a París. La UE cuyo desarrollo desigual está en sus genes no sólo es una Europa basada en la explotación social sino también en el neocolonialismo del centro (Alemania, Francia…) sobre la periferia (Grecia, Irlanda, España…).

8. LA COMPLICIDAD DE LAS NUEVAS FUERZAS EMERGENTES CON LA AUSTERIDAD

Ha quedado claro que si un país de la periferia no cumple con la religión oficial de la austeridad presupuestaria, bien puede ir preparando un plan B si no quiere que los expertos con traje de franela gris de los grupos financieros invadan su poder soberano. También ha quedado claro que las fuerzas políticas que emergieron en Portugal (Bloco de Esquerda), Grecia (Syriza) y España (Podemos), son fuerzas cuyos dirigentes asumen el modelo reformista, fuerzas que quieren ser del sistema, dentro de la UE y el euro, dentro de la OTAN, y por tanto dentro del cumplimiento de las leyes de austeridad implantadas bajo la excusa del “imperativo legal” y la “interdependencia económica”. Ya lo ha dicho con claridad Pablo Iglesias Podemos sólo sería capaz de “defender las mismas cosas que la democracia cristiana hizo hace 30 años” (26). Vamos, que “ya no se puede”.

Nuevas fuerzas de procedencia social-liberal, socialdemócrata, eurocomunista y eurotrotskista, que confían en las elecciones y en su “capacidad de interlocución” frente a la oligarquía y las transnacionales. Fuerzas del reformismo europeísta que asumen que la UE es la única Europa posible independientemente del conflicto de clases y la correlación de fuerzas entre los Estados del centro y los Estados de la periferia. Fuerzas emergentes a raíz de la crisis económica, apoyadas por nuevas generaciones que consideran por su propia inexperiencia política, posible y viable, sin frentes, sin movimientos, sin movilizaciones y sin luchas, lo que estos nuevos partidos políticos proponen. Algo de lo que la izquierda es responsable al haber renunciado durante muchos años a la lucha ideológica, herencia del social-liberalismo socialdemócrata, y eurocomunista que desechó la ruptura democrática y la lucha por el socialismo.

Estas fuerzas entienden la política como algo puramente técnico, parten de que en un mundo imperialista, dominado por las oligarquías financieras, cuyo proyecto geoestratégico de bloques y política exterior no se discute, todo es cuestión de votar, decidir, negociar con firmeza ante los buitres carroñeros para que escuchen y atiendan nuestra plataforma reivindicativa social. Igual que cualquier negociación de convenio, como si realmente creyéramos que la Troika dirigida por la derecha y socialdemocracia neoliberales fuesen a respetar a los pueblos, la democracia, cuando precisamente en sus genes son todo lo contrario. Precisamente para la Troika, las elecciones y los referéndums no tienen ningún valor.

Ya lo hemos visto en Grecia. La democracia contra los mercados, contra la oligarquía financiera, sus instituciones y sus transnacionales, no existe. No va a cambiar la política económica por mucho que se le “cañonee” con retórica democrática, y por mucho que se le “bombardee” con referéndums. ¿Qué esperaba Tsipras con su retórica?, ¿remover las conciencias de la euro-oligarquía?, ¿ponerlos a llorar y renegar de sus intereses clasistas e imperialistas?. Si realmente pensaron luchar contra el imperialismo de la UE con tales argumentos, olvidaron que el “imperialismo democrático” no existe. Buscando aliados entre la socialdemocracia Tsipras y Varoufakis se fueron de Roma y París con las manos vacías, Renzi y Hollande les dieron la espalda, la socialdemocracia no iba a mover un dedo para hacer otra política diferente en la UE, ni keynesiana, ni antioligarquía. Pero los líderes de Syriza que ya conocían al PASOK no debió de pillarles de sorpresa.

Estas fuerzas emergentes, carentes de memoria histórica, como se ha demostrado en Grecia, son las que vienen si llega el caso a garantizar a la oligarquía financiera el consenso de las clases oprimidas, aceptar el proyecto de la oligarquía a cambio de que se tengan en cuenta un puñado de aspiraciones de vida digna. Algo totalmente incompatible con la UE.

Sueñan con el Estado de bienestar, desligado de la verdadera lucha revolucionaria, el cambio de las relaciones de producción capitalistas y la construcción del socialismo. Sueñan con desproletarizarse, ser clase media, recuperar el consumismo extremo anterior a la crisis. Sueñan con volver al pacto capital/trabajo tras la IIGM, y se engañan y engañan, porque todo Estado de bienestar en el capitalismo, nunca fue consensuado entre las clases antagónicas, ni fue una concesión, sino que fueron y son conquistas que el movimiento obrero va arrancando en la cotidiana, farragosa y dura lucha de clases, y el miedo de las clases dominantes a desafíos como la revolución socialista en Europa.

También engañan y se engañan porque hablar de “bienestar” en el capitalismo, es algo relativo y limitado. Relativo porque la actualidad con los avances científicos y técnicos hay suficiente para dar trabajo, vivienda, enseñanza, sanidad y descanso en la vejez a todo el mundo. Pero el capitalismo impide emplear las actuales condiciones materiales porque tienen que dejar margen para la plusvalía que genera las ganancias y permite la acumulación de capital.  Limitado porque las conquistas contenidas en el Estado de Bienestar son provisionales, arrancadas por la lucha, y también producto del carácter excepcional en la trayectoria histórica del capitalismo tras la IIGM. Sólo una sociedad socialista, basada en la propiedad social de los medios de producción, que tenga como objetivo la abolición de las clases, la noción de bienestar puede alcanzar una materialización estable y creciente.

La ideología de la izquierda europeísta es el keynesianismo que hace 40 años abandonó la socialdemocracia europea escorada hacia el neoliberalismo, adornada con la “unidad europea”, la “renta básica” y el “capitalismo verde”. Esta  izquierda europeísta que forman parte del PIE se aferra dogmáticamente a la unidad europea y el euro como “conquistas” irrenunciables “progresistas” (sic), y que se puede dentro de la UE aplicar medidas redistributivas que alivien la situación social y el paro, que se puede superar el “déficit democrático” de la UE,  con el objetivo final de un capitalismo regulado en el que el capital financiero entienda (sic) sin más, fuera de toda lógica de rentabilidad y antagonismo social que no debe especular y que debe pagar impuestos para sostener el bienestar social.

Marx el ejecutivo

Y todo esto se hace sin utilizar el análisis marxista para analizar el carácter de clase de las instituciones europeas, la denominada Troika, las cuales como objeto real no pueden ser ignoradas o puestas al margen, ocultando que los grandes lobbies políticos y económicos de la oligarquía financiera jamás van a permitir que en la UE se realicen políticas que dañen sus intereses estratégicos. ¿Acaso es una casualidad que todas y cada una de las leyes dictadas en la UE desde Maastrich se centren en la austeridad: déficit y deuda pública?. ¿Por qué no se obliga a todos los países a cumplir tasas de desempleo mínimas o un tope mínimo de gasto social público en función del índice de desarrollo humano en Europa?. Sencillamente porque lo primero a través de los recortes aumenta la tasa de ganancias del capital mediante la expropiación de rentas salariales, y lo segundo reduce la tasa de ganancias y aumenta el valor real de la fuerza de trabajo empleada y desempleada. Es evidente que los financieros europeos que diseñaron la UE no pensaban en ratios de desarrollo humano, sino en ratios de la acumulación de capital, fieles a sus intereses de clase, no por una cuestión de avidez, codicia, corrupción y maldad sino por la propia lógica de la acumulación capitalista. No es la avaricia de los especuladores el problema, es el capitalismo el que sigue siendo el problema. Y en una UE donde el poder político y económico del capital se refuerza, y más.

¿Acaso alguien piensa que es posible luchar contra la evasión fiscal y realizar una política redistributiva keynesiana en el marco de la UE si no se controla el Banco Central Europeo?. Ya sabemos que el BCE ni es democrático, ni está sujeto al control político, sino al servicio de las oligarquías financieras del norte, principalmente alemana.

Es este el debate que debiera llevarse al euro-parlamento, el cual debe convertirse en un altavoz de denuncia y defensa de los intereses populares por la izquierda digna de tal nombre, en vez de centrarse en defender a ultranza la falacia de la “unidad europea” y sus leyes de austeridad. Pero esta cantinela no debe de extrañarnos ya que la izquierda europeísta hace décadas que enterró a Marx.

En Grecia el europeísmo llego al paroxismo. El referéndum que pudo convertirse en el inicio de una batalla de clases contra la oligarquía financiera y la dictadura de la UE, se transformó en una gran parodia que envalentonó aún más a la oligarquía europeísta. Las únicas “líneas rojas” que esta izquierda europeísta jamás va a traspasar son la estabilidad de la UE y el euro, esto lo hemos escuchado hasta la saciedad. Tras el referéndum, la izquierda europeísta derrotada y desarmada ideológicamente, se lanzó a un desvarío de declaraciones ridículas de que ellos actuaban en defensa de la unidad europea y el euro, de que con su decisión son los “salvadores” de la unidad europea y el euro (sic). Y eso lo hacen mientras aplican una guerra sin cuartel contra la clase obrera griega ejecutando las órdenes de la Troika.

En consecuencia, en Grecia la Troika ha hundido el buque insignia del keynesianismo socialdemócrata, y lo ha hecho sin ninguna represión violenta, gracias a la ideología europeísta que eleva a parte de la izquierda a un altar para aplicar las políticas antipopulares dictadas por la Troika, a cambio de ¡¡¡la unidad europea, ea,ea y la salvación del euro!!!, y de ilusorias, irreales promesas de crecimiento económico en un futuro imposible. Lo único que ha quedado claro es que el último memorándum no va a solucionar ni la insoportable deuda, ni los desequilibrios sociales y territoriales creados por el propio desarrollo capitalista.

En este campo la izquierda europeísta pierde honestidad frente a la derecha, porque engaña.  Sí, la derecha es más honesta en la defensa de sus intereses de clase, ya que no ocultan que para que sean más atractivas las inversiones de capital se debe de garantizar una rentabilidad máxima, y eso pasa por hacer más sumisa a la fuerza de trabajo a base de reformas laborales neoliberales, la privatización del patrimonio público (sectores productivos, financieros, sanidad, enseñanza…), la alianza con todos los regímenes reaccionarios del mundo, y las fuerzas de oposición a los países con gobiernos anti-imperialistas, el apoyo abierto a las guerras imperialistas… Bueno, en esto último, gran parte de la izquierda europeísta y sindical, sí que ha apoyado las acciones militares de la OTAN para la recolonización de los países invadidos en los Balcanes, Oriente Medio y África.

Hasta la socialdemocracia entregada al neoliberalismo para bloquear el ascenso electoral por su izquierda no encuentra dificultad en radicalizar su discurso antes de las elecciones para luego una vez instalados en el gobierno aprobar las políticas de austeridad como la derecha. Así lo hizo en la pasada década el gobierno “roji-verde” en Alemania que introdujo el dumping laboral con las reformas de Hartz, así lo hizo Hollande en Francia que prometió bajar la jubilación a los 60 años iniciando una nueva ola de recortes y guerras imperialistas y así lo hizo el “socialdemócrata” holandés Dijsselbloem que en las elecciones del 2012 utilizó retórica radical contra los bancos y especuladores para contabilizar votos y luego como presidente del Eurogrupo fue el primero en decirle a Varoufakis “memorándum o cerrar los bancos” (27). Y desgraciadamente, así lo hizo el gobierno socialdemócrata de Tsipras.

Y a pesar del desastre, no todas las organizaciones de la izquierda europeas han criticado al gobierno de Tsipras, aquí en España mientras una parte de IU se desmarcaba de Tsipras, el coordinador de EUiA Nuet decía seguir confiando en Tsipras y en darle una nueva oportunidad (sic), y la fuerza emergente Podemos, a través de su líder Pablo Iglesias, manifestaba, con dos cojones, que Tsipras “peleó como un león” (sic), que hizo lo “único que podía hacer” (28), que “a los valientes nos tiemblan las piernas” (29) -bueno, bravuconadas a parte, a Tsipras lo que no le tembló fue el pulso a la hora de firmar el memorándum-. ¿Y cómo se atreve a decir Iglesias semejantes fanfarrias?, pues porque probablemente harían lo mismo en el caso de hallarse en la misma situación que Tsipras, probablemente no le temblaría el pulso y firmaría lo que dictaran los poderes imperialistas y extranjeros, ¡¡¡en nombre de la unidad europea y el euro!!!. Por eso ya no se mojan en definir qué es lo que se va a hacer con la deuda, la UE, el euro y la OTAN, ¿para qué?. ¿Entendemos ahora el sentido del europeísmo trasnochado, la indefinición ideológica y la ausencia de programa, que algunos presumen y pregonan?. Lo mismo se puede decir de la pequeña burguesía independentista en Catalunya que desde el nacionalismo de “izquierdas” pretende que dentro de la UE y el euro ¡¡¡habrá más libertad y progreso para los pueblos!!!.

Ante tales argumentos, uno no sabe si reír o llorar, porque bajo el desarrollo desigual y la lógica del capital sólo se permite la existencia de un ejército industrial de reserva permanente de trabajadores temporales y parados para presionar a la baja los salarios directos, indirectos y diferidos unido a una mayor profundización del diferencial socioeconómico entre las latitudes del continente (centro-periferia). Que en la UE es imposible el pleno empleo de las fuerzas productivas, está avalado por la existencia de 84 millones de pobres y 25 millones de parados en la eurozona, lo que da poco para hablar de libertad y progreso para los pueblos. Y que en la UE es imposible una política de paz y cooperación, está avalado por su implicación en las guerras imperialistas en África, Siria, el apoyo al golpe fascista en Ucrania, por su respaldo financiero y militar de los mercenarios yihadistas y fascistas que no surgieron como los hongos, que fueron aupados como “oposición democrática”, “luchadores por la libertad” y que pululan desde Ucrania, Irak, Siria y África,  y son la verdadera causa de la actual ola migratoria de la cual las instituciones de la UE son responsables. ¡Menudo progreso y libertad para los pueblos!.

9. LA CRISIS COMO CONSECUENCIA DE LA ACUMULACIÓN DE CAPITAL Y CAUSA DEL ENDEUDAMIENTO

La revolución teórica de Marx al desvelar las contradicciones del capitalismo puso al descubierto el carácter apologético de la economía política burguesa, predominante hoy también en nuestros días.

Esta economía vulgar, académica, asume la apariencia de un proceso de renovación tecnológica de forma perpetua, sin ver que es la propia acumulación de capital la que impide la generalización de los adelantos científicos y técnicos. Se contenta con suponer de que el desarrollo de las fuerzas productivas constituye un alivio para el capital, y que el aumento de la productividad social contrarresta la ley de tendencia decreciente de la tasa de ganancias. Se contenta con confundir la descentralización productiva con la descentralización del poder de decisión del capital (sic). Se contenta con definir el Estado de bienestar como un engendro del fordismo, y del neoliberalismo como un engendro del toyotismo, en vez de mirar a la crisis general del capitalismo y la lucha de clases. Se contenta de proyectar una imagen idílica de los obreros como portadores de una fuerza de trabajo compleja y que el capitalismo da pasos agigantados para superar la división entre el trabajo físico e intelectual, a pesar de las crecientes bolsas industriales fordistas en la periferia e incluso las metrópolis del capital. Se contenta con exagerar la fragmentación de la clase obrera considerada como un proceso lineal, irreversible, y no como producto de la lucha de clases.

El Capital de Marx que dibuja la anatomía de las relaciones de producción capitalistas como la última forma antagónica de la producción social, 148 años después de su primera publicación, continúa remando a contracorriente al colocar los límites históricos del carácter progresivo del modo de producción capitalista, y al destacar el carácter depredador de la acumulación de capital que exige un aumento de la explotación creciente de todas las fracciones de la clase obrera de todos los países capitalistas.  Lo que Marx hizo fue criticar y desvelar la explotación sobre la que se asienta el orden socioeconómico que vivimos, para poder intervenir y superarlo mediante la inevitable expropiación del capital por el movimiento histórico de la lucha de clases. Marx dijo que había que explicar a la clase obrera las causas de su explotación, no sólo para hacerla más difícil para el capital, sino también para superar el trabajo asalariado. El marxismo se concibe así como expresión de las condiciones reales de la lucha de clases existente, como método de análisis, crítica, y transformación de la realidad socioeconómica. Algo que el capital no está dispuesto a admitir, por eso su economía política se evangelizó, se volvió apologética, convirtiendo al capitalismo como el estado natural de la economía, inamovible, incuestionable y definitivo en la historia.

Concentración y centralización de capitales, monopolización de los mercados, competitividad extrema entre capitales por el reparto de la plusvalía, desarrollo desigual del capitalismo a nivel mundial con la dependencia y el subdesarrollo para la mayor parte del mundo, caída tendencial de la tasa de ganancias (ley fundamental de la economía política del capitalismo según Lenin), cuya concreción son las crisis de sobreacumulación de capital y sobreproducción de mercancías, y como corolario para salir de la crisis, aumento de la tasa de plusvalía o tasa de explotación que soporta la clase obrera de todas las latitudes del planeta para contrarrestar la caída de la tasa de ganancias (elevación de la explotación del trabajo, reducción de la fuerza de trabajo por debajo de su valor, abaratamiento de los elementos del capital constante con el aumento de la plusvalía relativa, sobrepoblación relativa y comercio exterior). Esa es la realidad objetiva de la economía no vulgarizada.

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Marx descubrió que bajo la acumulación de capital por sus contradicciones es imposible una reproducción de la producción estable. Contradicciones que se plasmaban, además del conflicto de clases, desde el S.XIX en las crisis con todo su reguero de destrucción. Desde la década de los 70 del siglo pasado atravesamos un proceso inagotable de crisis-ajuste-crisis por las dificultades crecientes de valorización que se expresa en la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancias. Ley que permite explicar la inevitabilidad de las crecientes contradicciones antagónicas del capitalismo. Marx descubrió que la contradicción esencial de la producción capitalista no es que el trabajo vivo sea menos productivo sino que es más productivo, que la creciente mecanización del proceso productivo lleva a la reducción del peso de la plusvalía respecto al capital global, la sobreacumulación de capital y la sobreproducción de mercancías.

Por tanto, la grave situación social que hoy vivimos no se debe a cuestiones meramente cíclicas, ni a una determinada gestión de la política económica, sino a la tendencia histórica de la acumulación capitalista, de las dificultades crecientes de la acumulación de capital. El problema del desarrollo irregular de la producción capitalista no está en el mercado, en la demanda, sino en la producción misma por la insuficiente producción de plusvalía que paraliza el ritmo de la acumulación de capital. O sea, la crisis, como inevitable, como fase de la propia acumulación de capital. De ahí que ante la dificultad de valorizarse en la actividad productiva, el capital financiero se dirija hacia la esfera especulativa. Las burbujas financieras tampoco son consecuencia de malas prácticas, del “capitalismo casino”, como si hubiera otro capitalismo “bueno”, sino el inevitable movimiento del capital hacia cualquier ámbito que le pueda reportar una mayor tasa de ganancias, que al final provoca una masa de ganancia ficticia que estalla al no estar respaldada por la plusvalía real.

Desde mediados de los años 70 del siglo pasado se disparó el desvío de capitales hacia la especulación, generándose una abundancia de capital en los mercados financieros internacionales. Esos capitales constituyeron una oferta de créditos con salida en las economías dependientes por sus propias características: dependencia financiera, tecnológica y comercial, aparatos del Estado subordinados al capital extranjero, etc. Por tanto, el proceso masivo de endeudamiento no sólo no es ajeno a la crisis en la fase imperialista, sino que ésta es su origen. La crisis es el origen de la especulación y el endeudamiento de los Estados.

De ahí las políticas neoliberales y la especulación como rasgos naturales del proceso de acumulación de capital que busca un aumento de la tasa de ganancias en los procesos de reparto de la plusvalía en la circulación de capital. De ahí la universalización de las políticas de ajuste y austeridad, a través del FMI e instituciones afines, que tienen como coartada las deudas externas de las economías dependientes para operar a través del crédito, primero de los países latinoamericanos y África, luego de la Europa del Este reconvertida al capitalismo, y finalmente en la propia periferia de la UE. Universalización conducida por las oligarquías financieras de los países imperialistas.

En este campo los análisis keynesianos como Joseph Stiglitz y Paul Krugman sobre la crisis, eluden parte de las dificultades crecientes de la acumulación de capital, la necesidad de contrarrestarla con el aumento del grado de explotación y la pugna competitiva de los capitales en el reparto del mundo. Y no es casual que eludan este hecho, ya que ello supondría rebasar la línea roja de que el problema final no es la forma de conducir la política económica, sino el propio régimen económico capitalista. El capitalismo nunca podrá estar en condiciones de emplear a todo el trabajo disponible, ni explotar el trabajo asalariado de forma ininterrumpida sin crisis en la acumulación de capital y sin recesión en la producción social. He ahí la tendencia del régimen capitalista.

Régimen capitalista que ha entrado en su fase última de modelo de explotación, neoliberal, desde los años 80 con el ajuste permanente como base de su política económica. Ajuste con 6 ejes:

  1. la desreglamentación del mercado de trabajo con la fragmentación del status legal de la clase obrera,
  2. la privatización o liquidación de las empresas y servicios públicos,
  3. la apertura comercial y financiera de los mercados sin trabas para las transnacionales y el capital financiero,
  4. la limitación de los salarios mediante la inflación y el aumento de los impuestos indirectos,
  5. la reducción de los impuestos directos a las ganancias
  6. y la tolerancia con el fraude y la evasión fiscal.

Estas políticas han sido un éxito total en su objetivo, el restablecimiento de la rentabilidad de la acumulación del capital y la recuperación de la tasa de ganancias. Lo cual ha conducido a una crisis aún más grave.

10. LA INEVITABILIDAD DE LA CRISIS Y LAS GUERRAS BAJO EL CAPITALISMO

Entrados en la fase suprema del capitalismo, el imperialismo que pone fin a la etapa ascendente del capitalismo y la crisis pone trabas mayores para el desarrollo progresivo de las fuerzas productivas. Desde la crisis de 1973, una vez finalizado el proceso de descolonización, se continúa en un imparable campo de guerras locales conectadas con el desarrollo imperialista del capitalismo para el reparto del mundo entre las oligarquías financieras y sus Estados imperialistas y para la gestión de la crisis capitalista.

Ya en el “Informe Kissinger” documento escrito por el entonces secretario de Estado de EE.UU. en 1974, se diseñaron los objetivos y rutas del imperialismo para llevar a cabo todos los conflictos y guerras que se han desencadenado en los últimos años (Afganistán, Irak, Libia, Siria, Gaza, Líbano, Europa del este..). El informe que defiende los intereses de los dueños del petróleo, la banca y las armas (Rotschild, Rockefeller, Morgan, Lehman Brothers…) se realizó al calor de la crisis económica y tras el nacimiento de la Trilateral. Sus objetivos señalados eran: detener el crecimiento de la población mundial, que pone en peligro el control de los recursos por parte de los EE.UU.; corroer las soberanías nacionales para sustituirlas por una élite de técnicos y financieros mundiales -ya antes de la desaparición de la URSS el imperialismo estaba planificando la destrucción de las soberanías locales para imponer sus políticas económicas a través de sus instituciones financieras como hizo en Chile-; velar por el acceso de los EE.UU. a los recursos para usos industriales y militares haciendo coindicir los intereses económicos con las “consideraciones militares”; y evidentemente, EE.UU. ha de ser la única potencia dominante, y la hegemonía de cualquier otra habrá de ser impedida con cualquier medio (30).

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Pero la rivalidad interimperialista pasa a un segundo plano cuando está en juego el acceso a los recursos, donde EE.UU. arrastra a su campo a sus competidores aliados en nombre de los “derechos humanos”, “lucha contra el terrorismo”, etc. Precisamente la Comisión Trilateral que nació por iniciativa de David Rockefeller en 1.973, fue integrada por representantes de las oligarquías financieras de EE.UU., Europa Occidental y Japón. Los mayores productores mundiales del petróleo, acero, automóviles, propietarios de cadenas de televisión y los principales grupos financieros, sus abogados, legisladores y expertos en asuntos internacionales y económicos fueron sus miembros activos. La estrategia se encaminó a favorecer la expansión de las Transnacionales que chocan con las fronteras políticas locales y bloquean el acceso gratuito a los recursos. A través de la Trilateral las potencias imperialistas desde los años 70 se pusieron de acuerdo en sus relaciones internas para ejercer el imperialismo colectivo, la administración colectiva del orden internacional capitalista, de los intereses comunes de clase en el ámbito internacional para hacer frente al campo socialista, la clase obrera, los movimientos de liberación nacional y a la periferia de la cadena imperialista. El cuadro de entonces a hoy apenas ha cambiado. Este pacto no ha sido siempre estable, como sucedió con la guerra contra Irak en el 2003, pero aún así las guerras entre las potencias imperialistas ya no es el principal recurso de rivalidad, éstas sólo se utilizan contra los países que geoestratégicamente se deben de conquistar.

La crisis que vivimos muestra que el período de recuperación y crecimiento de los años 50-60 del S.XX fue un periodo excepcional en la trayectoria histórica del capitalismo, demuestra que se necesitaron dos guerras mundiales para salir de la crisis e iniciar la recuperación y que las actuales guerras, conflictos y golpes de Estado para la recolonización en Asia, África, Europa del Este y Latinoamérica son su adn “anti-crisis” como antaño fueron las dos primeras guerras mundiales para el reparto del mundo y la recuperación de la tasa de ganancias. Estamos ante un capitalismo senil, parasitario y en descomposición y demuestra lo ridículas que son las posiciones de la “nueva izquierda” de aceptar el discurso imperialista de las “guerras humanitarias” y su traición al internacionalismo de clase, igual que la socialdemocracia en la IGM.

11. ALTERNATIVAS A LA DICTADURA DEL CAPITAL Y LA CRISIS

En las últimas tres décadas han habido grandes avances científico-técnicos en la informática, telecomunicaciones, biotecnología, medicina, farmacia, industria, etc., y un fuerte avance en la cualificación de la fuerza de trabajo.  Contamos con las bases materiales para reducir el tiempo de trabajo y asegurar el bienestar social en todo el mundo, pero la lógica del proceso de acumulación de capital, lo impide.

El capitalismo ha socializado la producción a nivel mundial, pero ésta no está dirigida mediante un plan consciente, está regida por la ley del valor y la tendencia decreciente de la tasa de ganancias. ¿Quién y por qué decide que se construyan obras faraónicas inservibles y no los hospitales que las poblaciones necesitan?. ¿Quién y por qué decide que la investigación científica se centre prioritariamente hacia los sectores ricos de la población (medicamentos antivejez, cirugía estética…) en vez de erradicar enfermedades extendidas como el sida y la malaria?. ¿Quién y por qué deciden la producción masiva de máquinas de guerra, en vez de desarrollar la industria pesada y de bienes de consumo de los países y regiones más atrasadas, y en vez de aplicar a la producción recursos no contaminantes?. Lo decide la oligarquía financiera, propietaria de los medios de producción centralizados bajo su égida, la que determina el qué, cuánto y cómo se produce, en función no de las necesidades del desarrollo social y humano, sino de la acumulación y rentabilidad del capital. Es esa contradicción entre la socialización creciente de las fuerzas productivas y las relaciones de producción capitalistas, causa de la crisis, lo que pone en el orden del día la tarea irrenunciable de toda la humanidad de superar el capitalismo.

La crisis actual ha puesto al desnudo la naturaleza de las políticas fondomonetaristas aplicadas desde los años 70 en Latinoamérica y en Europa, con unas consecuencias de retroceso social impensable hasta hace poco en países como Grecia, Irlanda, Portugal, pero también en Alemania, economías en las que son atacadas los salarios y el empleo, cuestionando las condiciones de vida de la mayoría de la población. El hambre, el desempleo y subempleo masivos han venido a instalarse en las economías más desarrolladas donde los progresos sociales como la sanidad y enseñanza públicas son atacados.

El carácter contradictorio de la acumulación de capital impone unas exigencias que implican la dilapidación y destrucción de las fuerzas productivas, en primer lugar la fuerza de trabajo con el aumento del ejército industrial de reserva con millones de desempleados y subempleados para presionar a la baja los salarios reales. Fuerzas productivas a medio rendimiento, millones de viviendas vacías, toneladas de alimentos destruidas para mantener los precios, mientras para millones de personas malviven sin techo y alimentación. Tras dos siglos de capitalismo, el 70% de la población es analfabeta, el 27% de la población infantil carece de escuela y el hambre y la pobreza mata más personas cada año que toda la contienda bélica de la IIGM.

En este bucle de las relaciones de producción capitalistas, seguir deambulando en la defensa del falso europeísmo imperialista, nos traerá mayores catástrofes humanitarias, y el derroche y desencanto de las fuerzas sociales que objetiva y subjetivamente aspiren a cambiar la sociedad.

El resultado del proceso de integración en la UE para países como Grecia, España, Portugal e Irlanda, ha supuesto la destrucción económica y la regresión social con el aumento de la pobreza tanto relativa como absoluta, tal y como se aprecia con el aumento de la malnutrición infantil en muchas regiones europeas, la reducción del peso del salario directo e indirecto, el aumento imparable de ciudadanos sin prestación sanitaria pública y un cuestionamiento frontal de las conquistas democráticas impuestas al capital.

La UE y el euro son lo contrario del progreso social y los derechos democráticos, son la negación de la soberanía nacional al limitar las políticas económicas a los dictados de la oligarquía financiera. El autoritarismo estatal y la decadencia del parlamentarismo ya existente en los Estados capitalistas, se ha elevado a un grado extremo al sacrificar la soberanía de los Estados miembros imponiendo “estados de excepción” para que las políticas sean conducidas directamente por organismos impuestos por las instituciones financieras carentes de control democrático.

No es un secreto la existencia de las puertas giratorias entre los gabinetes ministeriales, las grandes empresas, los grandes bancos y las instituciones financieras internacionales, y los miles de lobbystas en Bruselas, un rasgo de la decadencia de la democracia burguesa representativa y las libertades formales, que en el marco de la UE se eleva a un rango más extremo.

La UE ni si quiera se basa en los valores racionales y democráticos de la Ilustración francesa, sino como cualquier proyecto capitalista se basa en la correlación de fuerzas. La competencia y la búsqueda de las ganancias forman la base de la UE y están inscritos en todas sus leyes y tratados fundacionales en letras de oro. En la UE no existe lugar para la solidaridad, la cooperación, el progreso, la paz, las inversiones para reequilibrar el desarrollo social y regional (norte-sur). A las nuevas generaciones que comienzan a dudar de esa Europa, sería un error estafarlas con un europeísmo filisteo e ilusorio. La UE es la de los acreedores, la oligarquía financiera, del menos del 1% de la población, no es de los trabajadores, ni de los endeudados, ni del 99% de sus ciudadanos. Y la izquierda y el movimiento obrero deben de soltar lastre con el eurocentrismo europeísta que desarma ideológicamente y desmoviliza a la clase obrera y los pueblos oprimidos, y alzarse contra la UE del capital y la guerra, contra los poderes imperialistas de la Troika y la OTAN (EE.UU., Alemania, Francia y Reino Unido), en vez de aplaudir esta dictadura de clase plagada de desigualdad creciente, represión y guerras de recolonización.

Y eso es así, porque no ha habido ni habrá un trasvase de competencias de las instituciones estatales a instituciones internacionales en el que se preserve su contenido democrático. Todo el proceso de constitución de la UE hasta nuestros días avala este hecho. No olvidemos que la democracia bajo el capitalismo, no es un decreto, ni una concesión, sino el resultado de un proceso histórico de la lucha de clases en la que el empuje del movimiento obrero obliga al capitalismo a ceder, y a disponer de dos instrumentos para mantener su hegemonía, no sólo la coerción, sino también el consenso.

En un espacio transnacional como la UE, se diluye toda posibilidad de contrapeso democrático de masas, incorporado en los Estados capitalistas por la lucha del movimiento obrero. Sería ilusorio pensar en un contexto trans-europeo de ataques a la seguridad social, al empleo estable, a las prestaciones por desempleo y la enseñanza públicas a nivel estatales, sostener de forma seria la perspectiva de una seguridad social pública europea, un empleo estable europeo, unas prestaciones por desempleo europeas, y una enseñanza pública europea. La integración no es hacia el progreso social, es hacia atrás, hacia el liberalismo, hacia la conversión de Europa en los EE.UU., con la eliminación de los pilares del Estado de Bienestar, la liquidación de la soberanía popular base de todas las conquistas obreras y democráticas, y ahí la única salida que nos dejan a los trabajadores es la defensa de la ruptura general con esa dictadura europea del capital, que puede ser factible a partir de la retirada de uno o varios países miembros, desde el eslabón más débil de la cadena imperialista. Lo demás, como decía Lenin sobre la cuestión de la unidad europea bajo el capitalismo, son ilusiones y una utopía reaccionaria por quienes lo defienden.

Algunos olvidan ya que Lenin denunciaba que la consigna de los EE.UU. de Europa conducía a la falsa idea de la imposibilidad de llevar a cabo el proceso revolucionario socialista en uno o varios países, que la cadena imperialista puede partirse por su eslabón más débil, pudiendo expropiar a los capitalistas y organizar la producción socialista dentro de sus fronteras atrayendo a las clases y naciones oprimidas del mundo. Posibilidad que aún no se puede descartar porque la desigualdad del desarrollo político y económico sigue siendo una ley absoluta del capitalismo en su fase imperialista. Por eso si tan “leninistas” algunos se consideran, debieran saber que no hay que supeditar la lucha por el socialismo en cada país a la creación de los EE.UU. de Europa, y ningún país en donde la lucha de clases creen las condiciones revolucionarias, debe esperar a los otros en su lucha bajo el riesgo de ser derrotados por la contrarrevolución.

La unidad popular con la clase obrera al frente es la única salida. El dilema actual está en alinearse con la UE, el euro y la Troika, o sea con los centros de poder imperialistas que impiden cualquier política favorable a los intereses de la clase obrera y las clases populares, o alinearse por la recuperación de la soberanía. Reivindicar que la deuda la pague quien la ha creado. Proponer la república democrática y federal, antioligárquica, antiimperialista, que democratice todos los aparatos del Estado; que realice una reforma fiscal progresiva, persiga el fraude fiscal y controle los movimientos de capital hacia los paraísos fiscales para aumentar los recursos públicos; que nacionalice la banca y los sectores estratégicos de la economía; que derogue las últimas reformas laborales y de pensiones; que suprima los deshaucios y expropie las viviendas vacías; que revierta las privatizaciones, aumente el gasto social público, aumente el empleo público ligado a los servicios sociales, y potencie los sectores productivos, mediante inversión con el dinero que los actuales gobiernos quieren dar a los acreedores y bancos; que reconozca la oficialidad de todas las lenguas a nivel estatal; que defienda una política exterior de paz sacándonos la OTAN y desaloje las bases militares yanquis; que se oponga al Tratado de Estabilidad de la UE y el pacto del euro, derogando todas las leyes austericidas: europea, española, autonómica y local (TSGC, LOEPSF-LEP-LRSAL) para revertir todos los recortes; que apueste por la salida de la UE y el euro (ya que sólo la salida del euro con una moneda infravalorada dentro del mercado libre de la UE es un suicidio por el encarecimiento de las importaciones).

Y esto, no es un programa de máximos, revolucionario, no es el socialismo. Pero sí el paso necesario para cambiar la correlación de fuerzas entre la oligarquía financiera y la clase obrera. Lo otro, ya lo vemos en Grecia, el caos y la catástrofe humanitaria.

Para hacerlo posible la izquierda digna de tal nombre debe apostar por una alianza que una a la clase obrera del norte y el sur y los países del sur y del este como alternativa a la UE y a las guerras imperialistas. Si Lenin y los bolcheviques hace un siglo en peores circunstancias supieron confluir las luchas contra la guerra imperialista, y unir a la clase obrera del norte, con los campesinos y las naciones oprimidas del sur y los pueblos de oriente contra el imperio ruso y el imperialismo en general, en un proyecto antiimperialista y socialista, ¿por qué en la fase senil del imperialismo y en mejores condiciones no podemos hacerlo?.

Esta es la única vía posible, independizarse de toda subordinación a las instituciones del capital, llevar a cabo la revolución política cambiando el carácter de clase del Estado, la superestructura jurídica y política, pasar de la actual expropiación de los salarios a la expropiación del capital, edificar la sociedad socialista que planifique de forma racional, democrática y no derrochadora el proceso económico, y luchar por unas nuevas relaciones económicas solidarias a nivel mundial. Pensemos por un instante lo mucho que se avanzaría socialmente si en los próximos 20 años los recursos económicos que se destinan a las guerras imperialistas se destinaran a la construcción y el desarrollo económico. Si no, dentro de 20 años más, bajo los dominios del capital nos encontraremos con que la mayoría de la población que vive de su trabajo estará sujeta a un grado de explotación mucho peor que el que conocemos hoy, y los millones de seres humanos asesinados y desplazados por las guerras imperialistas de recolonización, en las cuales la UE está implicada, seguirán creciendo por doquier.

Socialismo científico o barbarie. La humanidad nunca estará a salvo bajo el régimen capitalista.

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NOTAS:

  1. Banqueros anglosajones organizaron la IIGM (Valentín Katasonov) 16 Mayo 2015. http://www.voltairenet.org/article187569.html.
  2. http://www.publico.es/internacional/acreedores-conceden-ucrania-le-niega.html
  3. http://solidaire.org/articles/trece-tesis-sobre-el-dictado-de-bruselas-grecia-y-el-futuro-de-europa. Peter Mertens 6 Agosto 2015.
  4. Grecia vende más de mil islas para pagar la deuda. http://www.diario-octubre.com/?p=3792.
  5. http://solidaire.org/articles/trece-tesis-sobre-el-dictado-de-bruselas-grecia-y-el-futuro-de-europa. Peter Mertens 6 Agosto 2015.
  6. El acuerdo con los acreedores puede causar un genocidio social en Grecia. 15 julio 2015. http://actualidad.rt.com/actualidad/180214-acuerdo-acreedores-grecia-genocidio. http://solidaire.org/articles/trece-tesis-sobre-el-dictado-de-bruselas-grecia-y-el-futuro-de-europa. Peter Mertens 6 Agosto 2015.
  7. Capitalismo y Economía Mundial (Xavier Arrizabalo Montoro). IME febrero 2014. Pág. 648.
  8. Grecia ¿gobierno de izquierdas o de Vichy? Miguel A. Montes. https://marxismoleninismo.wordpress.com/2015/07/13/grecia-gobierno-de-izquierdas-o-de-vichy/
  9. Capitalismo y Economía Mundial (Xavier Arrizabalo Montoro). IME febrero 2014. Pág. 551.
  10. Entre 1973 y 1981 para la totalidad de países latinoamericanos se pasó de 42.300 mill. de dólares a 284.865 (Capitalismo y Economía Mundial (Xavier Arrizabalo Montoro). IME febrero 2014. Pág.553).
  11. Capitalismo y Economía Mundial (Xavier Arrizabalo Montoro). IME febrero 2014. Pág. 554.
  12. En Latinoamérica el gasto público en salud y educación disminuyó desde el 24,4% del PIB en 1980-1981 hasta el 18,4% en 1985-1987 Capitalismo y Economía Mundial (Xavier Arrizabalo Montoro). IME febrero 2014. Págs. 563 y 564.
  13. Capitalismo y Economía Mundial (Xavier Arrizabalo Montoro). IME febrero 2014. Pág. 567.
  14. En la URSS existía el trabajo garantizado, la educación gratuita, los universitarios recibían un salario, los sindicatos podían prohibir despidos y destituir directivos. El Estado regulaba todos los precios y subvencionaba los alimentos básicos, la vivienda, los libros, los periódicos y las actividades culturales. A su vez, el Estado aumentaba el precio de los productos de lujo por encima de su valor. El alquiler representaba el 2-3% del salario y el agua y los servicios públicos un 4-5%. En 1990, sólo el 4% de los soviéticos deseaba acabar con el control de los precios por parte del Estado y sólo un 18% estaba a favor de promover la propiedad privada. La mayoría aplastante era todavía consciente de las ventajas del socialismo: más seguridad, menos crimen, mayor nivel cultural, servicios públicos gratuitos, empleo y formación garantizadas.
  15. La catástrofe humanitaria de Rusia tras la desintegración de la URSS. (Miguel A. Montes). 15 Enero 2008. https://marxismoleninismo.wordpress.com/2012/12/30/la-catastrofe-humanitaria-de-rusia-tras-la-desintegracion-de-la-urss/
  16. Debate sobre la estrategia comunista (Miguel A. Montes) 15-01-2010. Pags. 675-676. https://marxismoleninismo.wordpress.com/parte-iv-debate-sobre-la-estrategia-comunista-el-estado/
  17. Karl Marx. El Capital. Ed. S.XXI. 1975. Libro I. Vol. III. Págs. 944,945 y 946.
  18. El nazismo en Alemania que logró recortar el 23% de los ingresos salariales en 10 años (1929-1938) pese al considerable aumento de la producción en un 25% en el periodo. Los nazis redujeron el valor de la fuerza de trabajo y su precio por debajo de su valor a pesar del pleno empleo. España bajo el fascismo y tras la IIª Guerra Mundial entre 1945-1950 el coste de la vida aumentó el 60% mientras que los salarios permanecieron bloqueados y sólo alcanzaron el nivel de 1935 a finales de los años 50, mientras que la producción española se había duplicado. En Chile los salarios cayeron entre 1972 y 1974 del 62,3% al 42,2% en la renta nacional sólo en el primer año de la dictadura. El legado del pinochetismo dejó como herencia una sociedad más injusta y desigual que la que existía durante los años de Frei, y sobre todo de Allende.
  19. Capitalismo y Economía Mundial (Xavier Arrizabalo Montoro). IME febrero 2014. Pág. 646.
  20. Capitalismo y Economía Mundial (Xavier Arrizabalo Montoro). IME febrero 2014. Pág. 545.
  21. El valor de las mercancías no varían, sino que se introduce interesadamente por el capital el fenómeno de la inflación (aumentando la masa de dinero circulante) para abaratar el valor de la fuerza de trabajo expresado en salarios.
  22. Consumo de masas incentivado por el desarrollo del crédito que permite adelantar las compras de medios de consumo y que por otra parte permite a las empresas recuperar más rápidamente el capital desembolsado. Gracias al crédito en los 10 años anteriores a la crisis a pesar de la caída de los salarios se facilitaba el consumo interno y la subida de las ganancias.
  23. http://solidaire.org/articles/trece-tesis-sobre-el-dictado-de-bruselas-grecia-y-el-futuro-de-europa. Peter Mertens 6 Agosto 2015.
  24. El tratado de Maastrich fue rechazado en Dinamarca por el 50,7% en su primer referéndum, también el euro fue rechazado por el 53,1% en 1999. El proyecto de constitución europea fue rechazado en Francia y Holanda respectivamente por el 54,9% y el 61,3% de los votos. Irlanda rechazó los Tratados de Niza y Lisboa en el 2001 y 2008 con el 53,9% y 53,4% respectivamente. Siempre hubo maniobras para introducir por la puerta de atrás los tratados, en otros referéndums (caso danés e irlandés) y otros Tratados, como el de Lisboa.
  25. El euro, caballo de Troya del FMI en Europa (Xavier Arrizabalo Montoro) http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=4834934.
  26. http://larepublica.es/2015/07/31/iglesias-si-podemos-gana-no-vamos-a-hacer-mucho-mas-de-lo-que-ha-hecho-grecia/
  27. http://solidaire.org/articles/trece-tesis-sobre-el-dictado-de-bruselas-grecia-y-el-futuro-de-europa. Peter Mertens 6 Agosto 2015.
  28. Podemos justifica los recortes sociales de Tsipras y la troika. 16 julio 2015. http://www.librered.net/?p=39626
  29. http://larepublica.es/2015/08/24/pablo-iglesias-responde-a-teresa-rodriguez-a-los-valientes-nos-tiemblan-las-piernas/. En clara alusión a Teresa Rodríguez de Podemos Andalucía quien en las jornadas de verano de Anticapitalistas argumentó que le «aterroriza el temblor de piernas de Tsipras tras haber conseguido un no claro de la ciudadanía para ser desobedientes a la Troika». http://www.abc.es/espana/20150825/abci-podemos-syriza-anticapitalistas-201508241717.html
  30. El reparto del nuevo mundo…según Kissinger (Purificación González de la Blanca). 3-12-2012. http://www.cubainformacion.tv/index.php/mundo/47007-el-nuevo-reparto-del-mundo-segun-kissinger

 

 

 

 

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