La relación sindicatos/partidos y la autonomía e independencia sindical – PC Portugal

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Américo Nunes

11 junio, 2013 | http://www.jaimelago.org/node/59

Los dos últimos años han ocurrido verdaderos crímenes contra los trabajadores portugueses. Con el gobierno de Sócrates ya saliente se firma un acuerdo que facilita los despidos y reduce drásticamente la compensación de los trabajadores despedidos. Poco después, mediante una maniobra que sólo podía haberse realizado para auto-embellecerse, la UGT – Ndt: segundo sindicato de Portugal, socialista– se une a la huelga general de la CGTP-IN Ndt: mayor sindicato de Portugal- contra el pacto de Agresión. Al tiempo, antes de la segunda huelga general decidida por la CGTP-IN por los mismos motivos, la UGT firma, ahora con el gobierno PSD/CDS, un acuerdo con exactamente el mismo contenido que antes afirmaba rechazar de plano, y contra el que había participado en la primera huelga general. Acuerdo que profundiza aún más en la eliminación de derechos, salarios y pensiones, y que da el visto bueno a la injerencia extranjera en Portugal. Esta vez, no es difícil ver como la organización sindical da cobertura a los partidos políticos, partidarios de la troika: el PS, el PSD y la CDS. Los tres, partidos fundadores de la UGT y que se estructuran en tendencias partidarias en su interior.

La relación de los partidos y de los sindicatos y la inseparabilidad de la lucha económica y la lucha política tienen sus raíces en los orígenes de los sindicatos y desde hace mucho se ha aclarado en términos ideológicos y de clase. Engels lo dice con claridad y sencillez poco después de la Comuna de París en 1871, refiriéndose a los periódicos autoproclamados independientes: “La abstención absoluta en política es imposible; todos los periódicos abstencionistas hacen también política. El quid de la cuestión consiste únicamente en cómo la hacen y qué política hacen“.(1) Y Marx teoriza y fundamenta en profundidad este asunto en varias etapas de su trabajo, en los documentos que dirige a la AIT – Asociación Internacional de Trabajadores y en cartas, acerca de los sindicatos.

Karl Marx, mientras recalca la importancia de los sindicatos, comienza señalando su principal debilidad. Afirma: “Las tradeuniones – sindicatos- trabajan bien como centros de resistencia contra las usurpaciones del capital. Fracasan, en algunos casos, por usar poco inteligentemente su fuerza. Pero, en general, fracasan por limitarse a una guerra de guerrillas contra los efectos del sistema existente, en vez de esforzarse, al mismo tiempo, por cambiarlo, en vez de emplear sus fuerzas organizadas como palanca para la emancipación final de la clase obrera; es decir, para la abolición definitiva del sistema del trabajo asalariado.“(2)

Marx se hizo comunista en un momento en que los sindicatos estaban surgiendo del seno de las asociaciones mutualistas y las cooperativas de ayuda. Ya dirigían huelgas económicas y en Inglaterra jugaron un importante papel en la lucha política por el sufragio universal. “A través de los sindicatos, centros organizadores, focos de agrupamiento de las fuerzas de los trabajadores, organizaciones destinadas a darles una primera educación de clase.” (3) Los llamó repetidamente “escuelas de socialismo” en toda su obra. Fue él quien impulsó la incorporación de las traduniones a la AIT, quien procuró reunirse directamente con varios sindicatos en Inglaterra, participó en asambleas generales en nombre de la Internacional. Se regocijaba con la adhesión de nuevos sindicatos y los éxitos de las huelgas. Dinamizó las luchas contra los rompehuelgas y la recaudación de fondos a nivel internacional para apoyar a los huelguistas, y consideró esta solidaridad como algo fundamental para aumentar la conciencia y la unidad de los trabajadores.

En una carta a Kugelmann, el 15 de enero de 1866, escribe: “podemos atraer para el movimiento a la única verdadera gran organización de la clase obrera: las tradeuniones británicas, que antes se ocupaban exclusivamente de las cuestiones salariales.”

Escribió cartas como AIT en respuesta las que los sindicatos le enviaban desde diversos países. En una resolución redactada por Marx que envió a la 3 ª Sección en EE.UU. el 15 de marzo de 1872, después de seis puntos sobre organización, gestión y representación, podemos entrever una parte importante de su pensamiento político sobre los sindicatos: “Es extraño que nos veamos obligados a indicar una sección de la AIT la utilidad e importancia del movimiento sindical (…) todos los Congresos de la AIT, del primero al último, han tratado en detalle sobre el movimiento sindical, buscando los medios y caminos para su desarrollo. El sindicato es el lugar de nacimiento del movimiento obrero, porque los trabajadores se interesan, por supuesto, por lo que les afecta en su vida cotidiana y se unen, por lo tanto, en primer lugar, con su compañero de oficio. Por lo tanto, el deber de los miembros de la Internacional no es sólo ayudar a los sindicatos existentes, si no sobre todo guiarlos por un camino justo, es decir, internacionalizarlos y al mismo tiempo, crear en todos los lugares donde sea posible, nuevos sindicatos. Las condiciones económicas obligan a los sindicatos, con fuerza irresistible, a pasar de la lucha económica contra las clases propietarias, a la lucha política.” (4)

En otra evaluación de los estatutos propuestos para un sindicato alemán,(5) inspirados por Lassalle, a quien acusa de ser jefe de una secta, considera el proyecto de estatutos erróneo desde el punto de vista de los principios por ser sectario, por prever tres poderes de diferentes orígenes, (una especie de ley en boga en la época), entre ellos un presidente, “una persona completamente inútil elegida por sufragio universal (…) al final, fuente de conflicto en todas partes.” Marx insiste en que no es posible hacer entrar a grandes masas a una organización sectaria, y con humor corrosivo afirma que este tipo de organización, conveniente para las sociedades secretas, y la unión de los sectarios, contradice la esencia misma de los sindicatos. En definitiva, trata temas de entonces que traducidos a la actualidad continúan siendo principios, problemas y prácticas fundamentales para los sindicatos de nuestro tiempo.

En su lucha ideológica y política contra el divisionismo del anarquista Bakunin, que intentaba dividir la lucha de clases que separando la lucha económica de la lucha política, en la resolución adoptada por la AIT en septiembre de 1871, Marx cree que el proletariado sólo puede actuar como clase, propone la creación de un partido político distinto, opuesto a todos los antiguos partidos creados por las clases dominantes, y “Recuerda a todos los miembros de la Internacional que, en la clase obrera militante, el movimiento económico y la actividad política están indisolublemente ligadas.” Proclama la necesidad de la lucha obrera, tanto política como económicamente. Sin olvidar que la unidad de los trabajadores en la acción se basa esencialmente en la lucha económica y por sus derechos e intereses específicos.

También en la carta a F. Bolte, del 23 de febrero del año siguiente, se explica su pensamiento sobre la lucha económica y la lucha política, dice. El movimiento político de la clase obrera tiene como último objetivo, claro está, la conquista del poder político para la clase obrera “Y más adelante: ” todo movimiento en el que la clase obrera actúa como clase contra las clases dominantes y trata de forzarlas «presionando desde fuera», es un movimiento político. Por ejemplo, la tentativa de obligar mediante huelgas a capitalistas aislados a reducir la jornada de trabajo en determinada fábrica o rama de la industria es un movimiento puramente económico; por el contrario, el movimiento con vistas a obligar a que se decrete la ley de la jornada de ocho horas, etc., es un movimiento político. Así pues, de los movimientos económicos separados de los obreros nace en todas partes un movimiento político» Como se ve, aunque siempre pone en primer lugar la lucha económica como condición para la puesta en marcha y el desarrollo de la unidad de acción, en Marx hay una inseparabilidad entre lucha política y lucha económica, una lucha que es una lucha constante contra la clase capitalista dominante, y no política o económica, y mucho menos cuando las razones dicen respetar a todos los ciudadanos del mundo y los objetivos de dicha lucha política “atraviesan” toda la sociedad, como afirma la actual moda de la escuela sociológica en la que todos los procesos adoptan la tesis de la transversalidad.

Hay dos cuestiones que han sido objeto de gran controversia en toda la historia del movimiento obrero y sindical. La unidad sindical y la independencia de los sindicatos frente al Estado, los empresarios, los partidos y las confesiones religiosas.

Ya en el “El Manifiesto” (1848), Marx formula la cuestión esencial de la unidad de la clase obrera e identifica factores que unen y dividen. Dice que el verdadero resultado de la lucha de los trabajadores no es su éxito inmediato, si no la unión y la organización de los trabajadores que se va ampliando. Y advierte: “Esta organización de los proletarios como clase, que tanto vale decir como partido político, se ve minada a cada momento por la competencia desatada entre los propios obreros.“(6)

La idea de que el número es la gran ventaja del proletariado y de que su división el resultado de la competencia entre ellos se repetirá en toda la obra de Marx y Engels. Y apuntan a la solidaridad de clase como un cemento importante para la construcción de la unidad. En la resolución sobre la actividad política del proletariado adoptada en el Congreso de La Haya (1872), Marx hace una nueva advertencia cualitativa, diciendo: “pero la cantidad sólo tiene peso cuando está unida por la organización y guiada por el conocimiento.”

A nuestro pesar, el capitalismo también se apropió de las ideas de Marx, las estudia e intenta ponerlas a su favor. Como hizo con otras , también asumió esta tesis y no deja a la discreción de los factores naturales la competencia objetiva y subjetiva entre los empleados. Estimula la competencia entre los trabajadores utilizando recursos materiales, financieros, tecnológicos, organizativos e ideológicos colosales, profundizando esta división entre los trabajadores.

Manteniendo el clásico ejército de reserva, los desempleados. Mediante la flexibilidad laboral, salarios e incentivos diversos, las múltiples formas de organización de las empresas, del trabajo, siempre pensadas en función de la competencia entre los trabajadores y el divide y vencerás. La cultura del individualismo, el consumismo, la cooptación ideológica de los líderes y las organizaciones de trabajadores y de los sindicatos o su corrupción directa e indirecta. Batallones de ‘científicos‘ políticos y sociales financiados por millonarios patrocinios de empresas e instituciones para producir y propagar la ideología encargada y adecuada para dicho propósito. La construcción y la financiación de supuestas organizaciones de trabajadores que son utilizadas para hacerle el trabajo sucio de camuflar la explotación.

Recordemos nuevamente el citado el ejemplo reciente de la UGT de Portugal, que acordó la revocación de derechos que costaron sangre sudor y lágrimas a varias generaciones de trabajadores. Veamos los comportamientos similares a nivel europeo y mundial. Y cuando los resultados de este sofisticado arsenal ya no sirven o se vuelven demasiado caros, el capital no vacila en recurrir a la fuerza bruta, y reprime, asesina, y recurre sin gran prurito, hablando incluso de la defensa de los derechos humanos, a la infamia de la guerra.

Estamos en una etapa histórica en la que la unidad de acción del proletariado es en muchos aspectos más difícil que en el siglo XIX y los primeros dos tercios del siglo XX.

En los actuales principios de organización y acción de la CGTP-IN y sus sindicatos, consta la naturaleza de clase y de masas, la unidad, la solidaridad, la democracia y la independencia de la patronal, del Estado, las confesiones religiosas y los partidos. Los objetivos generales y específicos son diferentes, el objetivo final es el fin de la explotación del hombre por el hombre y la construcción de una sociedad sin clases.

Asumiendo la herencia del movimiento sindical portugues, encontramos parte de estos conceptos en el sindicalismo revolucionario y anarquista portugués que adoptó la Carta de Amiens del sindicalismo francés, de 1906, es decir, la independencia de los partidos y el Estado.

Sin embargo, desde entones, mucha agua ha corrido bajo los puentes y hoy, sobrepasada la ilusión anarquista utópica de la autosuficiencia de los sindicatos para luchar contra el capitalismo, la construcción y la gestión de una nueva sociedad, está más claro aún que los sindicatos no deben sustituir a los partidos o adoptar o someterse a programas puramente partidistas. Pero aun así debemos concluir como Marx que en última instancia “toda lucha de clases es una lucha política también.” (7)

Por eso la defensa de la neutralidad política, el apoliticismo, o incluso la independencia absoluta de los sindicatos frente a los partidos es o ingenuidad o hipocresía.

También es cierto que si la lucha económica está dirigida por “líderes” que la encierran en un corsé corporativo, o peor aún, que la usan para protagonismos personales, pierde agudeza política. Sin embargo, si los que la dirigen lo hacen combinando la lucha económica y la lucha política podrá dar lo máximo en los dos niveles.

Una de las afirmaciones de Marx a este respecto es que las limitaciones de la lucha económica no pueden cambiar la dirección del desarrollo capitalista. Es una lucha contra los efectos y no contra las causas. A pesar de esta declaración, Marx, desde su juventud hasta el final de sus días, da relevancia a los sindicatos y las huelgas en su lucha económica, “En esta lucha, verdadera guerra civil, se reunen y desenvuelven todos los elementos necesarios de la batalla futura.” afirmaen uno de sus trabajos juveniles. (8)

Lenin, un intérprete genial de Marx en su aplicación práctica y desarrollo teórico, ante esta tesis, dice: “Tenemos ante nosotros, el programa y la táctica de la lucha económica y del movimiento sindical para varias décadas, para un largo período de preparación fuerzas del proletariado para las luchas futuras.” (9)

Por lo tanto, ¿Independencia de los sindicatos de la patronal? Claro. Frente al Estado, los empleadores y el gobierno, no debe haber ninguna dependencia, financiera, organizativa, política o ideológica. ¿Frente a grupos religiosos y partidos? También. Aunque, frente a los partidos y al estado con la misma naturaleza de clase de los sindicatos, puede no haber independencia política e ideológica de los militantes y de los objetivos estratégicos de masas, sólo autonomía orgánica y en la toma de decisiones dentro de la estructura sindical, de sus reglas y competencias, de sus propios órganos de gobierno y ejecutivos. Porque si sus propuestas y objetivos, inmediatos y finales, coindicen o se integran con las propuestas de los diversos partidos o movimientos sociales, los sindicatos deben converger o unirse a la acción en función de los mismos objetivos.

Es hipócrita y falso afirmar lo que a menudo escuchamos a líderes políticos que sus partidos no se entrometen en la vida sindical. En un sistema de partidos, todos los partidos y los gobiernos influyen o tratan de influir en los sindicatos y otros movimientos sociales de masas, lo que es absolutamente normal, dígase, en la arquitectura del sistema político existente y en función de los intereses de clase que cada uno representa y defiende. Pero algunos pueden hacerlo para dividir a los trabajadores y otros para unirlos, a través de orientaciones y prácticas que definen para sus militantes sindicales y para su política sindical. Y aquí está el intríngulis de la cuestión.

Veamos un ejemplo. El reciente caso de los objetivos de la interferencia en la organización interna y el funcionamiento de los sindicatos que son los intentos de imponer por ley la regulación dEl derecho de tendencia. No como el derecho democrático de expresión, participación, propuesta y voto en la elección de los representantes de los trabajadores, porque ese derecho existe y no se pone en cuestión. Si no en tanto que copia del parlamentarismo burgués, de estructuración de los partidos dentro de los sindicatos, como si éstos fueran interclasistas, organizadas con sus propios espacios y medios, sus programas y portavoces, constituyendo direcciones de varias cabezas en la misma organización, tendencias que no son más que fuentes de conflicto y división como Marx detectó pronto en el inicio del sindicalismo.

Para contrarrestar esto, el caso de los partidos que apuntan y practican a través de sus militantes en los sindicatos la defensa de sus intereses de clase, la construcción y la defensa de la unidad de los trabajadores, independientemente de su partido o religión, y la defensa de la autonomía sindical, entendida como autonomía de organización y funcionamiento democrático, de decisión y de dirección de sus propios órganos.

Estamos hablando de dos posiciones programáticas en Portugal. En primer lugar, el PS, el PSD y la CDS, que crearon a la UGT para “romper el espinazo de la Intersindical.” El segundo, el PCP, los sectores católicos progresistas, y otras fuerzas defensoras las características unitarias y de clase del movimiento sindical.

La dicotomía no es entre partidos y sindicatos. Es entre los sindicatos y los partidos de la burguesía.

Por lo tanto, la mayor o menor influencia de los partidos en los sindicatos unitarios, de clase y de masas, no vendrá debido al equilibrio interno de fuerzas generadas por el número de militantes que los trabajadores escojan como delegados y dirigentes sindicales, sino también, y especialmente, a la corrección y la justeza de sus prácticas sindicales en defensa de los intereses de los trabajadores, de los análisis, propuestas y acciones reivindicativas que se proponen y de su papel en la implementación de los mismos.

Ante esta evidencia, ¿los utopistas bien o malintencionados de nuestro tiempo, querrán regresar a la defensa del imposible independentismo puro y duro de nuestros predecesores anarquistas, y prohibir las elecciones, y la participación de activistas partidarios y políticos en los órganos directivos de los sindicatos, obligándolos a renunciar a los derechos de ciudadanía o a la clandestinidad?

Más lícito será pensar que, cuando los vemos defender la protección del carácter político de la actuación sindical de clase con objetivos horizontales para la sociedad, la unidad de todos los ciudadanos en lugar de la unidad de todos los trabajadores, que estas posiciones son crisis de identidad clase o que aquellos que los asumen, deben, sobre todo, replantearse su propia posición en la lucha de clases.

Artículo elaborado a partir de un discurso pronunciado ante el Congreso en mayo Marx, Lisboa 3, 4, y 5 de mayo de 2012. 

Original:  O Militante. Reflexión teórica. PCP

Traducción: Asociación Cultural Jaime Lago

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