BAJO LA DICTADURA DE LA OLIGARQUÍA FINANCIERA

fc banqueros

Miguel A. Montes

17 Enero 2013

Corregido y ampliado 29 Enero 2013

Análisis para intentar acercarnos al contenido social y político de la dictadura de clase a la que la clase obrera y los países dependientes estamos sometidos, comenzando por hacer una radiografía de la crisis, señalando consecuencias, responsables y beneficiarios. El papel de España dentro de la división internacional del trabajo, de la cadena imperialista. El monopolio, la oligarquía financiera y el capitalismo monopolista de Estado, lo que decían Marx, Engels y Lenin. Las etapas del imperialismo y el papel de los monopolios transnacionales. Nuestro enemigo de clase, la oligarquía financiera, y la alternativa, cambio del carácter de clase del Estado, dictadura del proletariado, transformar el modo de producción y construir el socialismo en lo político, económico, ideológico y cultural.

ÍNDICE

A.   Radiografía socioeconómica: el ajuste interminable.

B.   España, soberanía limitada por el imperialismo.

C.    El monopolio última forma de competitividad en el modo de producción capitalista y la oligarquía financiera.

D.   La órbita transnacional del imperialismo, contradicción y lucha de clases.

E.    Los Monopolios Transnacionales.

F.    Nuestro enemigo de clase: la oligarquía financiera española, catalana y transnacional.

G.   Nuestro objetivo final, la construcción del socialismo y el comunismo.

Radiografía socioeconómica: el ajuste interminable

La radiografía de España no deja de ser desalentadora, el índice de pobreza alcanza al 25% de la población (12 mill.)., vamos a la cabeza de la UE en tasa de paro con 6 millones, más de medio millón de trabajadores desalojados por los bancos protegidos por la ley capitalista del más fuerte y las fuerzas de orden “público”, recortes en sanidad y enseñanza, privatización de hospitales, empresas con amenazas de cierre (Roca, Telemadrid, Novabanco, etc.), que echa a la calle a miles de trabajadores para defender su empleo. El atraco a millones de pensionistas que ven como congelan sus pensiones para seguir pagando miles de millones de euros a los banqueros alemanes…

El Estado capitalista cumple así con su función clasista, recauda a los pobres para dárselo a los ricos, los recortes sociales y “rescates” financieros supone una operación en gran escala para la nacionalización de las pérdidas financieras que son pagadas con dinero público. La banca española debe más de 1 billón de euros a la banca internacional y desde que empezó la crisis se ha puesto en manos de los responsables de precipitarla, nada menos que medio billón de euros. Dentro de este “plan operativo” anti-crisis el gobierno del PP ha elaborado un programa de reformas (2012-15), que contempla el desvío creciente de dinero público al capital financiero, con el recorte de un 20% de los salarios para recuperar la tasa de ganancias del capital y la privatización del sector público (agua, sanidad, etc.).

Estamos ante un sistema de deuda externa que mantiene un neocolonialismo que obliga a seguir la política económica dictada por la TROIKA –FMI, BCE y Comisión Europea-, instituciones enteramente antidemocráticas ya que la mayoría de sus miembros son nombrados por los estados imperialistas (Alemania, EE.UU., etc.). La banca, responsable de la crisis, dispone de libertad absoluta para seguir especulando. El Señor Botín, los banqueros alemanes, españoles y catalanes, no deben preocuparse, pueden seguir pidiendo dinero al Banco Central Europeo a un 1% para luego especular con la deuda pública española exigiendo un 7% de interés. Fortunas como la de Amancio Ortega, propietario de Inditex, no paran de crecer, ya es la 2ª fortuna que más aumentó en el 2012 colocándose como la tercera persona más rica del mundo, detrás de Carlos Slim y Bill Gates.

Las revueltas, protestas, huelgas y movilizaciones que tanto molestan son crecientes y en medio de esta guerra de clases, ricos y pobres, financieros y proletarios, aparece una nueva cortina de humo, como la inmigración es ya un “chivo expiatorio” gastado y la telebasura es insuficiente para distraer a las masas que se rebelan, se busca una cortina de humo, los sueldos de la denominada “clase” política. Para contener el gasto público de los Estados amenazados por el capitalismo financiero transnacional propio y foráneo, no sólo hay que aplicar recortes sociales, sino también contener, recortar y hasta suprimir los sueldos de los “políticos”, y aquí meten en el mismo saco a todos, tanto los que cobran grandes sueldazos, como los miles de militantes obreros y de izquierda que no cobran nada, o cobran lo mínimo. El objetivo, imponer el proyecto tecnócrata, la oligarquización de la política donde deciden los “expertos” del capital, para reducir y dejar sin capacidad de decisión a parlamentos, ayuntamientos, CC.AA., etc., ¡total ya decide la TROIKA y la plutocracia (1) por nosotros!.

No deja de ser un escándalo que cargos públicos cobren sueldos prohibitivos como Cospedal (Castilla La Mancha), o Belloch (Zaragoza) 158.000 y 109.000 euros anuales. Pero cuando dicen recortar esos sueldos para recaudar nos venden gato por liebre en doble sentido. Primero, porque nos quieren imponer el gobierno de la plutocracia sin matices, los ricos quieren ser los únicos que pueden hacer política, la de su clase, y los pobres, los proletarios no. ¿Se puede meter en el mismo saco a un cargo público que cobra el salario medio o un concejal que cobra 300 euros brutos al mes que a la señora Cospedal?. Segundo, no es que no haya dinero, lo hay, prueba de ello es que el nivel de gasto social público en España está ¡¡¡22 puntos por debajo del PIB por habitante!!! (producción por persona). El Estado y las CC.AA. podrían recaudar recaudar ¡¡¡66.000 millones de euros más al año!!!, y destinarlo a ampliar el estado de bienestar y empleo público. Ese dinero que falta, es parte de las plusvalías, tasas de ganancia e interés que el capital no grava, no paga impuestos, y ni el Estado, ni las CC.AA., lo recaudan. El gasto social que aquí en España nunca ha alcanzado la media de la UE15 ¡¡¡está volviendo a bajar hacia niveles de la dictadura franquista que era de 8 puntos menos!!!.

Nada de gravar las rentas del capital, nada de tocar las subvenciones millonarias que el Estado aconfesional sigue pagando religiosamente (nunca mejor dicho) a la Iglesia. Que sigamos siendo los que dependiendo de un salario contribuyamos con el 80% de los impuestos directos y otro tanto de los impuestos indirectos. Mientras monopolios financieros, industriales y comerciales, que explotan y sobre-explotan a sus trabajadores, seguirán siendo los que menos pagan. No es de extrañar que España sea junto a EE.UU. los dos países capitalistas de la OCDE que menos impuestos se pagan, los ricos claro. Para dejarlo más claro, la gran banca y la gran patronal en España pagan 5 veces menos de lo que pagarían en Suecia.

En esta crisis, ningún banquero ha sido juzgado en nuestro país, es más, cuando algunos se han visto apretados con la soga al cuello, han recibido el indulto del gobierno de turno. Lo último que hizo Zapatero ¡¡¡cuando era presidente en funciones!!! fué indultar al Consejero Delegado del Santander Alfredo Sáez. Y actualmente Rajoy no para de emitir indultos relativos a tráfico de drogas, prevaricación, estafas, etc. La ley que la han utilizado indistintamente los gobiernos neoliberales PP y PSOE, data de 1870 carece de control judicial o parlamentario. El último indulto ha sido el perdón a 4 mossos d´esquadra condenados por torturas (2).

Estamos ante una dictadura de clase social, por eso para intentar taparla sacan los sueldazos de algunos cargos públicos, para desviar la rabia, ya que últimamente nos estamos metiendo demasiado con los bancos, con los poderosos. Pero se quedan cortos. ¿Porqué no nos dicen que los 70 sueldos de todos los alcaldes de capitales de provincia y presidentes de comunidades y del gobierno juntos equivalen casi a un solo “sueldo”, el de Emilio Botín?. Eso sin contar su patrimonio valorado en miles de millones de euros.

Pues sí, destapemos un poco la caja de Pandora, para que nuestra rabia se dirija a nuestros explotadores, los que nos recortan salarios, los que nos despiden, los que nos incumplen convenios, los que nos desahucian, los que nos disputan patrimonio público, hospitales, escuelas, etc., y quienes les representan con sus políticas impopulares. Estos son algunos “sueldos” blindados de directivos, presidentes y consejeros delegados de algunas empresas españolas del IBEX35 en el 2011 (3):

  • PABLO ISLA PRESIDENTE INDITEX 18 MILL.
  • ALFREDO SÁEZ CONSEJERO DELEGADO SANTANDER 12,5 MILL.
  • ANTONIO BRUFAU PRESIDENTE DE REPSOL 10,5 MILL.
  • CÉSAR ALIERTA PRESIDENTE DE TELEFÓNICA 10,3 MILL.
  • JOSE IGNACIO SANCHEZ GALÁN PRESIDENTE IBERDROLA 9,3 MILLONES.
  • JUAN LUIS CEBRIÁN CONSEJERO DELEGADO GRUPO PRISA 8,2 MILLONES.
  • JULIO LINARES CONSEJERO DELEGADO TELEFÓNICA 7,3 MILL.
  • MATÍAS RODRÍGUEZ INCIARTE VICEPRESIDENTE DEL BANCO DE SANTANDER 6,5 MILL.
  • FLORENTINO PÉREZ PRESIDENTE ACS 6 MILL.
  • ANA PATRICIA BOTIN DIRECTIVA FILIAL BRITÁNICA DEL SANTANDER 5,5 MILL.
  • EMILIO BOTIN PRESIDENTE SANTANDER 5,1 MILLONES.
  • FRANCISCO GONZÁLEZ PRESIDENTE DEL BBVA 5 MILL.
  • JOSE MANUEL ENTRECANALES PRESIDENTE ACCIONA 4,6 MILL.
  • FELIPE BENJUMEA PRESIDENTE DE ABENGOA 4,5 MILL.
  • RAFAEL VILLASECA CONSEJERO DELEGADO GAS NATURAL 4,2 MILL.
  • ANGEL CANO CONSEJERO DELEGADO DEL BBVA 3,6 MILL.
  • RODRIGO RATO 2,44 MILL. PRESIDENTE BANKIA (actualmente recalado en Telefónica).
  • JOSE MANUEL VARGAS CONSEJERO DELEGADO DE VOCENTO 3,12 MILL.

… Eso sí, sin perder de vista además las indemnizaciones multimillonarias, las jubilaciones de oro, el Banco de Santander ha llegado a indemnizar más de 100 millones de € a uno de sus gerentes.

Pero es que además en España existen 1500 grandes fortunas por encima de los 24 millones de € anuales, de las cuales sólo pagan impuestos 65, un 4%. Y existen 1400 personas que controlan un capital equivalente al 80% del PIB de España, donde se incluye también la burbuja del fraude fiscal.

Por si fuese poco, el Estado y las CC.AA. destinan cada año 400 millones de € para pagar con dinero público a 35.000 liberados que la patronal tiene en las empresas privadas. Eso sí, para que nos exploten “científicamente” mejor.

¿Por qué tenemos que olvidar a estos opresores del IBEX 35 que nos aplastan y explotan?.

¿Por qué el Estado sólo cobra impuestos desproporcionadamente a los trabajadores?.

¿Por qué el Estado decide redistribuir los impuestos recaudados hacia los banqueros y no hacia la sanidad y las pensiones?.

¿Para qué subvencionar a quienes nos explotan, cuando al mismo tiempo se está atacando la negociación colectiva y la representación sindical de los trabajadores?.

¿Por qué los Juzgados y la Policía desalojan familias de sus viviendas cediéndoselas a bancos que han recibido miles de millones de dinero público? Por ejemplo, La Caixa que ha forzado junto a la banca europea las mismas políticas neoliberales, que controla parte de las acciones de transnacionales españolas que saquean la periferia (Repsol, Gas Natural, Abertis…) también se ha arremangado en la labor de desahuciar a miles de familias.

¿Por qué pasa esto sin que el Estado defienda los intereses de la mayoría?.

La respuesta es sencilla, el Estado capitalista español tiene un carácter de clase, la de la clase dominante, explotadora, y por tanto, sus políticas, y sus aparatos jurídicos, ideológicos y represivos, acompañan y obedecen a las relaciones de producción del sistema capitalista imperante. Ni más, ni menos.

Con el asunto Bárcenas y la cuenta “oculta” del PP, pasa lo mismo, se airea la corrupción de “los políticos”, la “clase política”, para poner a la misma altura todas las políticas de clase, para afianzar el gobierno de los ricos bajo formas tecnócratas y filofascistas desviando la ira popular. Por eso estallan ahora todos los escándalos de corrupción con el objetivo de acabar con toda referencia a la política que señale a los culpables de la crisis, y en vez de ello se centre en los políticos en general, para proteger por encima de todo los intereses del capital financiero aislándolo de la influencia de la lucha de clases, para apagar la ira popular contra los cimientos del sistema capitalista y dirigirla hacia toda la política. No es casualidad que se oculten las formas de financiación del capital hacia concretas políticas de clase, que no se hable de quién está detrás de los sobres, quienes financian la corrupción mediante sobornos, los banqueros y empresarios que dan esas “donaciones” son los principales arquitectos de la corrupción. No olvidemos que en los EE.UU. aunque esta trama es plenamente legal y conocida (lobbies, grupos de presión), tampoco  no altera para nada sus intereses y objetivos de clase a los cuales responden, a los de la clase financiera evidentemente (como veremos más abajo). Y eso es así porque la corrupción es consustancial con el sistema capitalista, que vive de la explotación de la clase obrera en todas sus formas de dominación (económica, ideológica y política) incluyendo la corrupción.

No hay que olvidar nuestra historia, las “labores” de Bárcenas y otros casos de corrupción llevan en la escena desde hace décadas, no olvidemos que el propio régimen político surgido de 1939, el franquismo, se cimentó la corrupción con el desarrollo capitalista, de la cual es heredera el régimen monárquico constitucional vigente. No es casualidad que aparezcan los “brotes” sobre la corrupción ¡ahora!, el objetivo, insisto, es desviar la atención de la mayoría social hacia posiciones políticas de transformación y revolución social.

En términos marxistas no existe una “clase política” sino una superestructura jurídico política determinada por su base socioeconómica y la lucha de clases. Por lo tanto no todas las políticas, ni todos los políticos son iguales, que eso es lo que gusta hacernos creer quienes financian “altruistamente” las políticas del capital. En la sociedad actual cristalizan políticas opuestas que obedecen a los intereses de clase enfrentados, los de la clase dominante, la oligarquía financiera, y los de las clases explotadas y oprimidas, la clase obrera y popular. La corrupción es una consecuencia de las políticas de hegemonía llevada a cabo por el capital desde los aparatos ideológicos privados que sostienen y se apoyan en las relaciones de producción capitalistas.

España, soberanía limitada por el imperialismo

A partir de la crisis de 1973, la oligarquía financiera española renuncia definitivamente al desarrollo de una red industrial propia, centrándose en sectores de menor riesgo (telecomunicaciones, informática, energía) con la privatización desde la década de los 80 de casi la totalidad del sector público, de empresas rentables y con beneficios, que fue aprovechada para financiar la expansión transnacional (Telefónica, Repsol, etc.), la potenciación del sector servicios, y la cesión del mercado productivo y comercial español a las Transnacionales de capital extranjero, que se han apropiado de la mayoría de los sectores productivos (auto, bienes de equipo, químicas, alimentación, etc.), excepto la construcción que requiere poco capital fijo siendo el sector con el mayor destacamento de la fuerza de trabajo sobreexplotada, lo que ha generado un ciclo de dependencia e integración de la economía española como periferia en la órbita de los imperialismos dominantes.

Carente de tecnología propia y avanzada el capitalismo español de desarrollo intermedio en la cadena imperialista, se muestra impotente para competir abiertamente en los mercados internacionales frente a las grandes potencias capitalistas detentadoras de las tecnologías punta y del control de las instituciones económicas y financieras del sistema capitalista, lo cual ha permitido que las potencias imperialistas europeas exporten y descarguen su crisis interna sobre los mercados de los capitalismos intermedios como el español.

Tal dependencia se amplió a partir de la incorporación a la UE y la OTAN, con la desintegración de parte de sectores de industria pesada, agricultura, ganadería y pesca, impuesto por la división imperialista del trabajo, que ha ido terciarizando la economía española. Tendencia que se aceleró desde 1993 con Maastrich y el gobierno neoliberal PSOE-CiU. Con datos del periodo 1.991-97, el sector servicios se sitúa en el 61,5% de la actividad con un incremento de 9,5 puntos, el sector industrial baja al 20% perdiendo 14,8 puntos, el sector de la construcción se mantiene con 9,8% (siendo la construcción de viviendas la actividad que más incrementa la acumulación de capital a partir del 2.000) y el sector agrario baja a 8,7%, perdiendo 17,5 puntos.

El modelo de crecimiento económico de los últimos años (2.000-07) se ha basado en los bajos salarios, la especulación rentista, el impulso de la construcción de vivienda residencial y el sector servicios (hostelería y asistencia domiciliaria), proveedor de empleos de bajos salarios, que integra una gran parte de los más de 4 millones de obreros inmigrantes sin derechos, etc., aspectos que en su conjunto y sin una política industrial pública, han rebajado los costes laborales, dando grandes beneficios empresariales centrados en la construcción y en los servicios de bajo valor añadido. La construcción en el 2006 superaba ya el 12% del PIB.

Los gobiernos del PSOE y del PP han aplicado las medidas legales y fiscales que han dado alas a la burbuja inmobiliaria, como la ley del suelo del PP. El precio de la vivienda creció un 106% desde que se estableció el euro en 1999 hasta el 2007, mientras que los salarios nominales crecieron un 8%. Los salarios han financiado la sobreproducción de mercancías mediante el dogal del crédito, junto a la plusvalía sacada del proceso productivo el proletariado se ha visto cada vez más obligado a devolver una parte creciente de su salario en créditos e hipotecas, y no es que hayamos vivido por encima de nuestras posibilidades, sino que hemos perdido poder adquisitivo, nuestros salarios han estado por debajo de nuestras necesidades, lo que Marx caracterizaba como el empobrecimiento relativo de la clase obrera (razón última de la crisis –Marx-). El consumo interno español, y el crecimiento, se ha basado no en altos salarios sino en el crédito financiero.

Los bancos han promovido el endeudamiento hipotecario a límites gigantescos, era la “España va bien” de Aznar, en la que el Banco de España hacía la vista gorda. Entre el 2000 y el 2007, el crédito a la actividad productiva se multiplicó por 3, mientras que el de la actividad inmobiliaria se multiplicó por 9.

Ello no quiere decir que el capital financiero español no tenga presencia en la industria. La Caixa por ej., se ha constituido en el primer grupo industrial en todo el Estado a través de su participación en numerosas actividades de la industria. Aun así más del 50% de la industria privada depende de las inversiones del capital extranjero. El desembarco del capital extranjero a España en la última década (1998-2007) se ha multiplicado por 10 (4 billones de las antiguas pts.), por lo que la dependencia tecnológica e industrial es patente.

Decía Lenin que el proceso rápido de la concentración de la producción en empresas cada vez más grandes es una de las peculiaridades del imperialismo. En España, de todas las sociedades sólo un 5,2% manejan un capital que representan el 65% del total. Los 5 mayores grupos siderúrgicos producen una facturación del 60% del total, en el mercado español de carburantes, Repsol y Cepsa poseen el 73% del mercado, Gas Natural es líder absoluto como distribuidor de gas con el 84% del mercado; en electrodomésticos las 4 mayores empresas controlan casi el 50%, en distribución de alimentos las 5 más grandes empresas poseen una cuota del 60% del mercado. Significativa es la concentración en el sector eléctrico que desde 2003 de 14 empresas, sólo quedan 5, Endesa tiene 22 millones de clientes en todo el mundo, 7 de las 9 centrales nucleares en España, líder en potencia instalada, facturación y beneficio, y la principal empresa minera con el 37% de la producción. Iberdrola tiene 12 mill., de clientes, genera el 28% de la energía eléctrica y el 40% de la distribución.

Las grandes empresas españolas apenas suponen el 0,1% del total, pero tienen un volumen de negocio del 40% y concentran casi el 20% del empleo. Sólamente 100 empresas controlan el 45% de las exportaciones. Solamente las 12 mayores empresas, sin contar los bancos, tuvieron unos beneficios de 57.000 mill. € en el 2007, equivalente a todo el presupuesto del Estado destinado para infraestructuras, educación, dependencia, desempleo, vivienda e I+D en el 2009.

Paralelamente se da un fenómeno nuevo desde los 90, Transnacionales españolas que exportan capital (se ha pasado de 0,1 billón a 2,6 billones en los últimos años), empresas que como Repsol, FECSA-Enher y Telefónica (esta última entre las 200 primeras Transnacionales), explotan recursos naturales y extraen plusvalía en el extranjero, fundamentalmente en Latinoamérica, Portugal y tras la subordinación de la política exterior al imperialismo yanqui (guerras de Afganistán e Irak), el capital español viene recibiendo sus dividendos en Oriente Medio. Son las antiguas empresas públicas privatizadas en la época de Felipe González y Aznar, que se convirtieron en transnacionales comprando empresas latinoamericanas a precio de saldo, que obtienen más ganancias por sus filiales que aquí.

Sobre la concentración bancaria. En 1990, los 9 grandes bancos poseían una cuota de mercado del 52,5%. En este momento las 4 primeras entidades financieras tienen una cuota de mercado del 57,5% %. Santander, BBVA, La Caixa y Caja Madrid (Datos FRS Inmark, 2006). Solamente el Grupo Santander (Santander y Banesto) disponen del 45,23% de la capitalización bursátil española (50.205 mill. €). El Santander pasó  del 10º al 4º banco mundial (2.004-2.008) mientras el BBVA ha pasado del 20 al 11º (2.005-2.009). Ambos son el primer y el tercer banco en América Latina, dirigiendo y determinando la política económica local. En cuanto a beneficios netos, a pesar de la crisis, el Santander ha subido hasta el primer puesto mundial con 8.876 mill. € en el 2.008. La oligarquía financiera española se ha concentrado y centralizado pasando de los 9 bancos a dos conglomerados dirigidos por el BSCH y el BBVA, a la misma vez que se ha producido un mayor control sobre los aparatos del Estado (medios de comunicación, y organizaciones políticas sistémicas). España se ha convertido en un Estado acreedor, importador de capitales en concepto de Ayuda Oficial para el Desarrollo. Por ej. Uganda recibió en 1.997, 76 mill. de pts. y devolvió 204 mill., con lo que España recibió 128 mill. de beneficios por este concepto (4). Los créditos FAD se han convertido en un mecanismo de explotación del gobierno español hacia determinados países de la periferia.

No obstante, el hecho de que la oligarquía financiera española se haya incorporado al club de las burguesías imperialistas (concentración bancaria, monopolio financiero e influencia mundial con escaso desarrollo), no varía la situación de España en la cadena imperialista, situándola en un término medio (semi-periferia), en cuanto al reparto del proceso de acumulación mundial de capital, al disponer de escasos recursos productivos propios. España es una formación social capitalista en la fase del imperialismo, con un capitalismo monopolista de Estado de economía dependiente, semiperiférica, subordinada a los poderes centrales del imperialismo entre EE.UU, y el eje Francia-Alemania.

Prueba de ello es la fuerte dependencia tecnológica e industrial ya que la mayoría de las empresas industriales son de capital foráneo. El tejido productivo de España es casi patrimonio de transnacionales extranjeras, y si los centros de decisión no se encuentran en nuestro país, por tanto tampoco se encuentra en España la capacidad de influencia ante decisiones empresariales que afectan al empleo.

Si observamos la década de los 90 en el sector del auto, por ej., veremos cómo éste se desarrolla con la implantación de nuevos centros productivos filiales de transnacionales alemanas, francesas, yanquis y japonesas, las producciones se incrementaron en un 50% en la década (1990-2000) pasando de 2 a 3 millones de vehículos de producción, paralelamente la producción de acero, otro indicador industrial. aumentó en más del 25%. Sin embargo, la apertura de los mercados de Europa Oriental cambia la situación, las transnacionales europeas comienzan a priorizar los nuevos territorios, las nuevas fábricas de ensamblaje se instalan en Polonia, Chequia, Eslovaquia, etc., con un coste salarial inferior y ya no lo hacen en España y Portugal. A partir del 2001 comienzan la deslocalización de producciones y proveedores. La dependencia es tal que los sectores industriales han sido los que más han sufrido la pérdida de capacidad de atracción de las inversiones exteriores, respecto al nivel de la década de los 80/90. Situación que se acompaña de desinversiones de las transnacionales ubicadas en el país, incidiendo en la pérdida de empleo industrial.

Esta dependencia exterior, sin una industria autóctona propia, ha impulsado aún más el desarrollo económico hacia los sectores de menor contenido tecnológico. Como alternativa a la ralentización del crecimiento económico, por la deslocalización de producciones hacia el este de Europa en los sectores industriales, en España desde principios del siglo XXI se volvió a explotar el filón del turismo y la construcción de vivienda residencial, donde el sector inmobiliario, bancos y cajas sacaron tajada con los créditos hipotecarios, lo cual indirectamente impulsó a su vez la producción industrial (acero, cemento, la madera, el mueble, los electrodomésticos, la cerámica, aluminio, etc.).

Este crecimiento provoca que durante los primeros 5 años del siglo XXI en España se creen más de 5 millones de empleos (mayoritariamente precarios), que la fuerza de trabajo crezca un 33%, que la tasa de paro se sitúe en torno al 8%, y que la deuda pública alcance el 36% lejos del 60% exigido desde Maastrich. Tres años más tarde el endeudamiento exagerado en base al crédito, de familias y empresas, que tapona la crisis de sobreproducción, explota. Pero este modelo de crecimiento del capitalismo español no se puede abstraer del nuevo modelo de acumulación que el capitalismo adopta en sus centros imperialistas a partir de 1979. Tras casi 3 décadas de crecimiento de los salarios reales en línea con los aumentos de la productividad en EE.UU. y Europa Occidental, con el neoliberalismo a principios de los 80 se invierte la tendencia, se reduce el gasto público social y desciende el peso de los salarios en el PIB. Aumenta la tasa de explotación. Los salarios ya no se conciben como un mercado (keynesianismo), sino como un coste (neoliberalismo). Tanto en EE.UU. primero, como luego en Europa occidental se pudo consumir tanto gracias al endeudamiento en permanente crecimiento. En España este modelo se implanta en la década de los 90, si el endeudamiento de los hogares era del 32% del PIB en 1996, pasó al 84% en el 2008, y el de las empresas del 40% al 120% (5). La crisis de sobreproducción y la imposibilidad de pagar los créditos hacen caer en picado el motor de la economía española de esa década, el sector inmobiliario y de la construcción caen en picado, con repercusión en el sector industrial, la producción de acero y automoción se deterioran, la tasa de paro supera actualmente el 26%, la más alta de la UE, debido precisamente a que la mayor parte de los empleos que se habían creado durante el boom inmobiliario eran temporales y precarios, y por último, la deuda pública se sitúa en el 70%.El “milagro español” basado en la cultura del pelotazo, empleo precario, la especulación del suelo y la vivienda queda al descubierto por la crisis, y pone sobre el tapete una vez más el carácter dependiente y periférico de la industria y economía española.

En el ámbito político desde 1.982 se alternan dos grandes partidos electorales a nivel del Estado -PP y PSOE- en el gobierno, desarrollando el mismo proyecto político marcado por el neoliberalismo, la precariedad y dualidad del empleo, el recorte de las prestaciones sociales y las privatizaciones. 

Estos partidos están patrocinados por la banca y las grandes empresas, con las que mantienen estrechas relaciones. Los cargos políticos de ambas organizaciones no son ajenos a los organismos de la Trilateral (FMI, OMC, Club Bilderberg…) a los cuales pertenecen o han pertenecido destacados políticos, empresarios y banqueros de la órbita bipartidista neoliberal: Pedro Solbes, Trinidad Jiménez, Joaquín Almunia (PSOE), Abel Matutes, Rodrigo Rato, Fraga (PP), Ana Botín (Banesto), Emilio Ybarra (expresidente BBVA), Alfonso Cortina (Inmobiliaria Colonial y Repsol-YPF), etc. Ambos partidos dominan el Estado, la sociedad civil, y su monopolio mediático se asegura de acaparar la opinión pública, además de garantizar las fuentes de financiación, y aunque el PSOE dispone de una amplia base social obrera, representan igualmente la gestión de gobierno de los intereses de las fracciones de la burguesía dominantes en la acumulación de capital de la formación social española. El PP responde más a los intereses de la oligarquía ligada a las estructuras del franquismo (Ybarra, Botín, Radio Popular, Bankia, Endesa…) y a nivel internacional más alineado con el imperialismo yanqui, y el PSOE que responde más a los intereses del capital financiero menos ligado a la estructura franquista (La Caixa, Prisa, Sogecable…) más alineado con el imperialismo dominante en la UE (Alemania y Francia).

Si preguntamos, quién ostenta hoy el poder político en España hay que responder que son las oligarquías financieras transnacionales propias y foráneas, a través del régimen bipartidista PP-PSOE, que renuncia y cede la soberanía económica, política y militar a las instituciones extranjeras e imperialistas –OTAN, TROIKA, EE.UU., UE-.

El monopolio última forma de competitividad en el modo de producción capitalista y la oligarquía financiera

La acumulación de capital conduce al monopolio, las leyes descubiertas por Marx ya señalan el carácter relativo de la competencia, Marx vislumbró la tendencia hacia la centralización y concentración de capital, de este modo la libre competencia capitalista generaba su contrario, el monopolio. Lenin lo remarcaría señalando que la libre competencia capitalista es sustituida por la rivalidad o competencia de los monopolios capitalistas, la libre competencia es la característica fundamental de la producción del capitalismo y la producción mercantil en general, mientras que el monopolio fruto de la gran producción, es todo lo contrario: por ej., en los años 70 del S.XX en EE.UU. 2 empresas ya controlaban el 90% de los motores de avión, 3 el 80% de la producción de aviones, 3 el 80% de la producción de aluminio, 3 el 100% de la producción de automóviles, etc.

Pero el monopolismo, no es una fase en la que el capitalismo competitivo desaparezca. Ninguna de las leyes propias del Modo de Producción Capitalista se modifican. Marx en Miseria de la Filosofía adelantaba que el monopolio no puede mantenerse sino librando continuamente la lucha por la competencia. Los monopolios de hoy agudizan e intensifican la competencia, no la descarta sino que modifica sus métodos y su forma. Una lucha enconada se libra entre monopolios de una misma rama, entre monopolios de distintas ramas, entre los monopolios y las empresas no monopolistas, así como dentro de los propios monopolios.

Utilizan a los Estados capitalistas para favorecer sus intereses tanto en el interior como en el exterior con medidas proteccionistas y fuertes subvenciones estatales para romper la competencia externa tanto de los monopolios de otros países imperialistas como de los países dependientes de la periferia. Precisamente en la actual fase monopolista de acumulación de capital es cuando el adjetivo competencia o competitividad es más utilizado que nunca. El monopolio lo único que hace es cambiar la forma de esa competencia, donde bajo el predominio del capital financiero, el capital cobra un carácter social y colectivo en el que los beneficios se planifican bajo estrategias de hacer más competitiva y con menor coste la producción. Competencia, ganancia máxima y acumulación basada en la explotación del trabajo asalariado, siguen siendo los tres principios de este modo de producción.

Cuanto más aumenta la masa mundial de proletarios más desenfrenada es la competencia entre los monopolios de diferentes países. Ya no se trata sólo de producir más, y de ampliar más la acumulación de capital, sino hacer más barato el proceso productivo, donde los salarios pasan a ser el principal objetivo de la competitividad. Los monopolios (sociedades por acciones) dentro de un sector o de forma combinada entre las diferentes actividades económicas colocan sus capitales allí donde la tasa de ganancias sea más alta.

Destacar como ejemplo el sector del automóvil donde la sobrecapacidad productiva existente a nivel mundial se ha convertido en permanente, a pesar de ello no se deja de construir fábricas nuevas y coches, lo que empuja a los monopolios aumentar los ratios de competitividad para hacerse con las cuotas de mercado de los monopolios rivales, acrecentando la sobrecapacidad. Los monopolios japoneses se han consolidado en el mercado de EE.UU. desde la década de los 80 hasta la actualidad, Toyota por ej. se convirtió en el nº 2 de las ventas por delante de Ford y Chrysler en el 2009, también otros monopolios foráneos no han dejado de ganar terreno en el mercado yanqui (Hyundai, BMW, VW y Daimler) (6). La rivalidad empuja a conceder máximas ventajas para la venta, lo que se traduce en una reducción de costes permanentes con el aumento de la productividad y la reducción de los costes laborales, incluyendo recortes salariales y de empleo. En sólo 20 años el empleo se recortó a la mitad en EE.UU. (1990-2010) de 1,3 millones a 624.000 empleos (7). La pugna por disminuir los tiempos de fabricación es rabiosa, si en 1995 Chrysler tardaba 43 horas en fabricar un coche, 12 años más tarde para poder competir con Toyota había reducido el tiempo a casi 30 horas, lo mismo hicieron el resto de monopolios yanquis como General Motors (32 horas)y Ford (34 horas) (8).

Esta es la etapa en la que se separa la propiedad de la dirección de las empresas. El capital se ha socializado, una casta de rentistas que parasitan y viven de la economía real, que viven del corte de cupón, los dividendos, acciones y la especulación bursátil, mientras las tareas prácticas de dirección la ejercen ingenieros y gestores especializados. Es tal y como nos dijo Marx en El Capital, la expropiación de unos capitalistas por otros en beneficio de unos pocos poderosos, donde

“El capital, que de por sí se basa en el modo de producción social y que presupone una concentración social de medios de producción y de fuerzas de trabajo, adquiere aquí directamente la forma de capital social (capital de individuos directamente asociados) por oposición con el capital privado, y sus empresas aparecen como empresas sociales en contraposición a las empresas privadas. Es la abolición del capital como propiedad privada dentro de los límites del propio modo capitalista de producción” (9).

El capitalista activo se transforma en “un mero director, administrador de capital ajeno, y de los propietarios de capital en meros propietarios, en capitalistas dinerarios…”, se separa la función de dirección de la propiedad del capital (10). Más adelante Engels añadiría (11) que el paso de las sociedades anónimas a los truts que subordinan y monopolizan a ramas de la industria, ya no sólo desaparece la producción privada sino que también desaparece la falta de planificación.

A este respecto Lenin nos definía al imperialismo como capitalismo monopolista (predominio de los monopolios), parasitario o en descomposición (predominio del capital social sobre el capital privado) y moribundo (crisis general).

Por el contrario, economistas como Galbraith ven en este proceso  de monopolización, una transformación de la naturaleza del capitalismo, la cual consiste en la apuesta por su supervivencia y eternización donde los ejecutivos de las empresas forman una nueva clase social (tecnoestructura), producto de la nueva “revolución managerial”. La realidad es que estos gestores están vinculados al sector más fuerte dentro de los monopolios (la oligarquía financiera), y aparecen en su representación frente a los pequeños accionistas. Una sola parte de los accionistas controlan los monopolios, apoyado por una pléyade de economistas, gestores, ingenieros, abogados y profesionales, arropado con el mayor número de votos en los consejos de administración. La mayor parte de los accionistas de los monopolios no son realmente dueños de la empresa, sino simples prestamistas de su dinero a cambio de dividendos. Esto favorece el control sobre el monopolio de una minoría: la oligarquía financiera.

A lo largo de la historia han existido varias formas de monopolios (pool, trust, holding) entre los que se establecen acuerdos coyunturales en torno a precios, territorios y mercados. La situación de monopolio permite comprar más barato y vender más caro, de manera que una pequeña empresa subsidiaria que trabaje para un monopolio, tiene dos alternativas, reducir su beneficio para mantener el precio o aumentar este. En este marco las empresas subsidiarias que suministran a los monopolios en una cadena productiva, disponen de escasos márgenes comerciales. A este respecto suele decirse que el monopolismo es un fenómeno de proletarización de la pequeña burguesía (pequeñas empresas), no obstante de forma contradictoria en la actual fase de flexibilización laboral y económica, el monopolio a través de las empresas red ha promovido en los últimos 30 años infinidad de pequeñas y medianas empresas de diferente nivel. Esa de pequeñas empresas que superviven en torno a los monopolios, son su válvula de escape al trabajar con escasos márgenes de beneficio, que a la mínima caída de precios deben cerrar o deslocalizar. El monopolio nunca pierde. La subida de precios que tiene que ver con el poder de mercado que gozan los monopolios, no deja de ser un freno a la creación de empleo ya que este siendo mayor en las pymes que en la empresa central, sobre ellas recaen los costes de los precios más elevados que les imponen los monopolios. Las grandes empresas disponen de fondos propios y no necesitan de la financiación bancaria, mientras que las pymes dependen enteramente de los préstamos para financiar su actividad.

Este tipo de empresa red, que sustituye a la empresa integral, se ha extendido a todos los sectores (automóvil, textil, comercial…) controlan decenas de millones de empleos en los 200 monopolios transnacionales más importantes del mundo, disponen de un poder y una socialización de la producción nunca antes conocida. Supeditan las economías a sus redes de productos, compra, vende, desmantela y traslada, producciones y unidades de producción a cualquier parte del mundo, deciden porcentajes de ganancias para filiales, y proveedoras, fija las cantidades de precios de transferencia por patentes y utilización de tecnología, etc. En la cúspide se encuentra el fabricante principal que se especializa en el ensamblaje final, por debajo se encuentran empresas de segundo nivel proveedoras de subconjuntos, por debajo las empresas de tercer, cuarto y quinto nivel que fabrican los componentes necesarios para los subconjuntos. Este fenómeno se da bajo una dualidad, por un lado concentración del poder financiero y su dirección industrial estratégica en grupos transnacionales, y desconcentración de actividades productivas a empresas subordinadas. Esta arquitectura piramidal hacia abajo de los monopolios actuales supone un camino descendente hacia pequeños empresarios y hacia condiciones de trabajo más precarias para la clase obrera. Las empresas subcontratadas, algunas de ellas instaladas en la periferia, transfieren parte de sus beneficios y plusvalías a las empresas de mayor nivel y estas a la principal, los grandes monopolios, los cuales dominan el mercado y hacen pagar a todos la sobreganancia de su tecnología, marcas y patentes. Esta arquitectura monopolista supone un ajuste permanente de la fuerza de trabajo, un aumento permanente de la tasa de explotación para acrecentar y recuperar la tasa de ganancias de las empresas monopolistas principales situadas en la cúspide.

La movilidad de capital es menos intensa en los monopolios, con lo que la nivelación de la tasa de ganancia (ganancia media) se retarda más, lo que implica que los monopolios disponen de un margen amplio para la obtención de la ganancia extraordinaria (beneficios por encima de la ganancia media). También promueve la rigidez en el progreso tecnológico, por los elevados gastos de capital constante que moviliza (alta composición orgánica de capital), adquiriendo patentes para impedir su difusión, alargando de esta manera los márgenes de ganancia extraordinaria.

Llegados a este punto se manifiesta de forma clara que las relaciones de producción y su superestructura han dejado de corresponder de forma contundente a las fuerzas productivas y en lugar de contribuir a su desarrollo se encuentran en abierta contradicción. Para Marx el monopolio ejercido por el capital se convierte en traba del modo de producción que ha florecido con él. La concentración de los medios de producción y la socialización del trabajo alcanzan un punto en el que son incompatibles con la corteza capitalista, lo que marca la tendencia histórica de la acumulación capitalista, donde las sociedades anónimas pasan a ser una forma de propiedad privada sin control de la propiedad privada que aparecen como prototipo de una nueva forma de producción,

“…un punto de transición necesario para la reconversión del capital en propiedad de los productores, pero ya no como la propiedad privada de los productores aislados, sino como propiedad de ellos en cuanto asociados, como propiedad directa de la sociedad. Por otra parte, es un punto de transición para la transformación de todas las funciones que en el proceso de reproducción han estado vinculadas hasta el presente con la propiedad del capital, en meras funciones de los productores asociados, en funciones sociales” (12).

Prototipo, punto de transición, que sin embargo de por sí, sin el desarrollo de la lucha de clases, no suprimen el régimen capitalista. Engels lo clarifica en el Anti-Duhring:

“…ni la transformación en sociedades por acciones, ni la transformación en propiedad del Estado priva a las fuerzas productivas de su cualidad de capital; el caso es evidentísimo para las sociedades por acciones. A su vez el Estado moderno cualquiera que sea su forma, es una máquina esencialmente capitalista; es el Estado de los capitalistas; es el capitalista colectivo ideal. Cuanto más fuerzas productivas se apropia tanto más se convierte en un verdadero capitalista colectivo, más ciudadanos explota. Los trabajadores siguen siendo asalariados, proletarios; el capitalismo no se suprime, muy al contrario, se extrema…” (13).

De ahí que la centralización de fuerzas productivas en manos de los monopolios y el Estado capitalista sean para Marx y Engels la clave, pero nunca la solución de las contradicciones, ya que ni Napoleón, ni Metternich, ni Bismarck con las medidas estatales de nacionalización en el S.XIX (ferrocarriles, tabaco…) transformaban en su época para nada las relaciones de producción capitalistas, sólo las desarrollaban hacia su forma más extrema. Tal contradicción sólo se superará

“…tomando posesión la sociedad, de un modo abierto y sin rodeos, de las fuerzas productoras  que se han sustraído a su dirección. De esta manera los productores plena y conscientemente hacen que prevalezca el carácter social de los medios de producción y de los productos, carácter que hoy se vuelve  contra los mismos productores, que rompe periódicamente la producción y el cambio…La forma de producción capitalista, transformando progresivamente en proletaria la gran mayoría de la población, crea  la fuerza que, bajo pena de muerte, está obligada a realizar esa revolución.  Impulsando progresivamente a transformar los grandes medios de producción, en propiedad del Estado, indica los medios de realizar semejante revolución. El proletariado se apodera del poder del Estado y transforma, desde luego, los medios de producción en propiedad del Estado.”(14).

Por tanto, la propiedad individual de los capitalistas sólo puede ser abolida por decreto, de golpe, como un aspecto y efecto inmediato e indispensable de la conquista del poder de la clase obrera con el derrocamiento del régimen capitalista actual.

Ya, en la sociedad capitalista actual, la gestión (administración, dirección) de la mayor parte de estas fuerzas productivas está separada de la propiedad individual capitalista: los capitalistas son accionistas que no participan a menudo directamente en su gestión (separación entre la dirección y la propiedad). Los medios técnicos para la planificación de las actividades económicas en el ámbito local, estatal y mundial, son preparados en el capitalismo.

El capitalismo se ha caracterizado por un gran desarrollo de la planificación dentro de cada empresa mediante el trabajo organizado yendo a formas cada vez más complejas de cooperación, tal es así que la base de la producción capitalista es la cooperación y no la competencia mercantil que queda restringida a la esfera de la distribución. A medida que se ha ido desarrollando la concentración del capital y de grandes empresas el Estado capitalista interviene planificando para regular las condiciones de la producción y del mercado capitalista. La planificación capitalista, aplicada hoy por los grandes complejos industriales entre secciones de una misma unidad productiva y entre unidades productivas que dependen de un mismo grupo financiero a pesar de que estén esparcidas por los cuatro ángulos de la tierra, ha preparado todo lo que es necesario para la planificación propia de la sociedad socialista.

Lo que distingue al capitalismo del socialismo no es la planificación, sino el quién y para qué se planifica, el capitalismo se caracteriza por la contradicción entre el carácter social de la producción y el carácter capitalista de su propiedad y apropiación.

Ya hemos dicho que sobre los monopolios capitalistas se levanta la oligarquía financiera, fracción hegemónica del capital, producto de la fusión del capital industrial, bancario y comercial. Desde principios del S.XX gracias a Hilferding y Lenin sabemos que la oligarquía financiera con un capital global muy inferior a la mitad dispone del monopolio industrial y comercial en el ámbito de la producción y el intercambio, y del monopolio financiero con el control de toda la masa dineraria acumulada en bancos, industrias, comercios o renta del suelo. Y desde entonces también sabemos que el control de una compañía puede mantenerse con sólo poseer incluso menos de un 20%, ya que los pequeños accionistas dispersos no participan en las asambleas generales.

Desde entonces sabemos que oligarquía financiera a través de los monopolios internacionales (Transnacionales) y sus Estados se reparten el mundo y los mercados (por ejemplo el petróleo). Ya a fines del S. XIX (1.880) el surgimiento del capitalismo monopolista y el capital financiero se hallaba relacionado con la agudización de la lucha por el reparto de los mercados, donde todos los principales Estados capitalistas se esforzaron por adquirir colonias, por lo que Lenin sitúa el surgimiento del capital financiero y la oligarquía financiera precisamente cuando comienza el auge de la lucha por las conquistas coloniales, por el reparto territorial del mundo (mercados y materias primas).

La originalidad de Lenin fue en captar la esencia del fenómeno sobre aquello que Hobson y Hilferding habían observado. El imperialismo aparece así no como una política concreta, sino como su etapa superior en la cual la libre competencia es sustituida por el monopolio.

También desde entonces sabemos que el beneficio de la oligarquía financiera rentista es varias veces mayor que el comercio exterior del país más comercial del mundo, y que el mundo queda dividido entre Estados usureros (imperialistas) y una mayoría de Estados deudores (dependientes) (15). También sabemos desde Lenin, que el imperialismo es el dominio del capital financiero, el capitalismo en su grado más alto con el predominio de la oligarquía financiera rentista.

Generalmente la oligarquía financiera controla más del 50% del accionariado de la empresa principal de una actividad y con muchísimo menos del 50%, controla y somete al resto de filiales, redes de empresas y bancos, de esta manera la oligarquía financiera con un capital del 12,5% (1 billón de €, por ej.) puede llegar a controlar 8 billones de € de sociedades filiales y “nietas”, de esta manera es posible que sin llegar a poseer un capital demasiado grande se pueda dominar sobre ramas gigantescas de la producción. Desde la cúspide, la oligarquía financiera planifica estrategias para frenar la caída de la tasa de ganancias (16) acelera la explotación y sobreexplotación del proletariado entre diferentes países, atacando el coste laboral de forma sistemática y brutal. Ya en 1959, entre 1429 sociedades anónimas yanquis, el 98,7% de los accionistas sólo poseía el 38,9% de las acciones, mientras que el 0,3% concentraban el 46,7%. En Gran Bretaña de las 30 principales compañías, el 96,4% de los accionistas poseían el 40,1% de las acciones, mientras que el 0,5% poseían el 35,9%. Un pequeño número de grandes accionistas poseen tantas o más acciones que la gran masa de accionistas y controla las compañías enteras. La sociedad anónima por acciones favorece la creación de la oligarquía financiera, representa una importante etapa en la socialización del crédito, asistiendo a una separación pronunciada entre el empresario y el rentista.

En el modelo  neoliberal del último cuarto de siglo se ha reforzado la fluidez del movimiento de capitales bajo la batuta de las oligarquías financieras y rentistas. Pero éste es un fenómeno que ya comenzó con la exportación de capitales del siglo XIX y que define la actual fase imperialista y el capitalismo monopolista de Estado del S.XX en el cual se encuentran los monopolios gigantes que dominan el mundo.

La bolsa ha ido reemplazando a los bancos, como la principal fuente de inversión, para las empresas. Estas encuentran la financiación de sus capitales no ya en los principales bancos, sino en los mercados bursátiles alimentados por la especulación. Ya Lenin siguiendo los pasos de Marx sobre la socialización del capital, argumenta:

“Es propio del capitalismo en general el separar la propiedad del capital y la aplicación de éste a la producción, el separar el capital monetario y el industrial o productivo, el separar al rentista, que vive sólo de los ingresos procedentes del capital monetario, y al patrono y a todas las personas que participan directamente en la gestión del capital. El imperialismo, o dominio del capital financiero, es el capitalismo en su grado más alto, en el que esta separación adquiere unas proporciones inmensas…” (17).

Para la acumulación de beneficios el capital financiero, concentrado en un puñado de oligarcas, goza del monopolio efectivo, obtiene un beneficio que crece sin cesar en la constitución y control de sociedades anónimas, la emisión de valores en bolsa, la deuda pública del Estado, consolidándose su dominación imponiendo a toda la sociedad a través del Estado capitalista los tributos (políticas fiscales, monetaristas, moderación salarial, regresión laboral) en provecho de los monopolistas. No sin razón Lenin en El imperialismo fase superior del capitalismo decía que el predominio del capital financiero sobre todas las formas de capital implica el predominio del rentista y de la oligarquía financiera, con la hegemonía de unos cuantos Estados imperialistas dotados de una potencia financiera por encima de todos los demás (18).

El periodo presente es la aplicación de lo que Lenin, hace más de 90 años nos decía, la dominación del capital financiero en la lógica del capitalismo, la hegemonía de las formas del capital financiero, los bancos, los fondos de inversión (hedge funds) a menudo domiciliados en paraísos fiscales y los fondos de pensiones, operando ambos en las bolsas; la primacía de unos pocos Estados imperialistas acreedores con una potencia financiera por encima de todos los demás; la supremacía de los mercados financieros, establecidos en las citys del capitalismo (Wall Street en EE.UU., Londres en Europa y Tokio en Japón) que dictan sus condiciones a otros países por medio del FMI, el Banco Mundial, y el Banco Central Europeo, organismos gestionadores de la deuda y la crisis. Donde la obligación de la tasa de ganancia pasa por la explotación acelerada de la clase obrera a escala mundial. Esta internacionalización de los movimientos de capital y las producciones bajo el dominio de los monopolios y la oligarquía financiera, hacen más complicada la intervención independiente de los Estados nacionales bajo el capitalismo, por el hecho de que los capitales son móviles y los especuladores sancionan aquellas políticas que no les gustan a sus intereses, de esta forma se refuerza la ideología liberal, la ideología del “libre mercado” que perpetúa el desarrollo desigual (proteccionismo en el norte, librecambio en el sur) bajo la égida del capital financiero, donde las áreas de “libre” comercio sirven para absorber los mercados nacionales garantizando la “libre” competencia exclusiva a las transnacionales.

Por todo lo dicho, carecería de sentido situar ¡¡¡hoy pleno S.XXI!!! que la oligarquía financiera sea una “nueva clase”. Ya no hay colonias, pero el reparto territorial del mundo en el S. XXI bajo el imperialismo y el empuje de las oligarquías financieras esta inacabado. Eso es algo incuestionable. El cuadro actual de la crisis estructural del sistema capitalista es Imperialismo= dominio de la oligarquía financiera  +ajuste laboral frente a la tendencia decreciente de la tasa de ganancias+ políticas estatales de sojuzgamiento del mundo periférico.

Por tanto, el poder del Estado capitalista se convierte en la dictadura de la oligarquía financiera. La creciente socialización de la economía obliga a aquella a investir al Estado con un papel económico fundamental, el capitalismo monopolista de Estado, que es la fusión del Estado con los monopolios y la oligarquía financiera. Halliburton, Chevron, Volskwaguen, etc., se encuentran directamente representados en el aparato del Estado capitalista, constituyen la clase económicamente dominante que gracias al aparato del estado se convierten en la clase políticamente dominante. Cualquier capitalismo necesita al Estado como capitalista colectivo que lleve a cabo las tareas jurídico-políticas e ideológicas de los jefes de empresa,  banqueros, y grandes hacendados. Se puede constatar dos modalidades de intervención estatal en la economía; la 1ª incluye la subordinación directa al Estado de unas u otras empresas y sectores de la economía (estatización), nacionalización de empresas privadas o constitución de nuevas empresas con inversión de capital estatal; la 2ª incluye formas sobre la economía que se orientan hacia una influencia indirecta a través de la regulación estatal, por medio de la política financiera, monetaria, crédito, actividades extraeconómicas y legislativas que afectan a la economía, que favorecen la concentración del capital financiero.

En la actualidad la oligarquía financiera no extiende su control a monopolios e industrias sueltas, domina sobre toda la economía, sobre todo el ciclo de capital (monetario, productivo y mercantil), y sobre los aparatos del Estado, utilizando un creciente número de gerentes a sueldo que cumplen las principales funciones administrativas en las compañías industriales, comerciales, financieras y en los aparatos del Estado, de forma móvil e intercambiable. Los Estados bajo el neoliberalismo se redimensionan y privatizan gran parte del patrimonio público en beneficio de las oligarquías financieras dueñas de las empresas Transnacionales.

Los diferentes modelos de acumulación de capital bajo el imperialismo no cambian el carácter del Estado como capitalista colectivo, como capitalismo monopolista de Estado, ya sea bajo el modelo neoliberal de Tatcher y Reagan con las recetas de Friedman o bajo el modelo keynesiano con las recetas de Keynes.

Desde hace más de un siglo los presupuestos del Estado no han parado de crecer (los gastos estatales de EE.UU. pasaron del 7,1% del PIB en 1913 al 33,2% en 1970, en Alemania pasó del 15,7% al 42,5%). No sólo bajo el modelo keynesiano sino también bajo el neoliberalismo, porque cuando los neoliberales hablan de achicar el Estado, lo único que refieren es que el Estado se haga menos cargo de los gastos sociales públicos, que la reproducción del capital variable se haga a un coste menor, y que se haga más cargo de las necesidades para la acumulación de capital. Es decir, la cuantía de los gastos públicos no determina su carácter, precisamente Tatcher y Reagan llegaron a un mayor gasto público, evidentemente aumentando exorbitadamente los gastos militares y el apoyo a Transnacionales en crisis con dinero público. Entre 1.980-1996 en 14 países de la OCDE el gasto público aumentó el 3,7% del PIB alcanzando el 47,1%, incluyendo medidas neoliberales, en el reverso los gastos públicos de protección social bajaron. Un claro ejemplo de lo que decimos es el pacto del euro en la UE (junio 2011), cuando orienta a la lucha contra la deuda pública, en realidad está orientando a la lucha contra el gasto público destinado a suministrar servicios sociales a la población de ingresos más bajos para justificar de esta forma su privatización. Buena prueba de ello es que el pacto del euro no hace mención del gasto público destinado a subvencionar a los grandes monopolios empresariales, a la banca o la industria militar a la hora de ahorrar dinero público.

Por tanto, en el neoliberalismo la función económica del Estado capitalista sólo cambia sus formas, no sus contenidos. El Estado sigue jugando el papel de reproductor del capital constante, ya que en la mayoría de países las exenciones fiscales se hacen extensivas a las cuotas de amortización de capital y a las sumas destinadas a la inversión. Y por último sigue reproduciendo la plusvalía al sostener inversiones en infraestructuras y tecnologías necesarias para la acumulación de capital (logística vial, fomento de la tecnología…) y que el capital privado no puede sostener en su globalidad, por ej. en España sólo el AVE ha supuesto una inversión de casi 100.000 millones de euros de dinero público. Además, y con la reciente crisis lo vemos más patente, el Estado capitalista sigue siendo necesario y más que nunca para acometer las medidas anti-crisis que se necesitan para frenar la caída de la tasa de ganancias, a costa del empobrecimiento de las poblaciones. Sin la actual inyección de recursos públicos a los bancos el capitalismo se hundiría. Por tanto, el Estado intervencionista bajo el neoliberalismo no desaparece, cambia su forma, la acumulación de capital necesita del Estado para sobrevivir.

Es con los tributos y cotizaciones sociales que recauda de los trabajadores, como el Estado capitalista se hace cargo de la infraestructura que necesitan los monopolios, mientras aquella no puede ser explotada de forma rentable, y regula la economía en beneficio de los mismos mediante sus presupuestos, política monetaria y de precios y salarios, regula el mercado de trabajo para aumentar la tasa de explotación de la fuerza de trabajo, compra buena parte de la producción monopolista (complejo militar-industrial, obras públicas, etc.), ayuda con subsidios y exenciones fiscales a la empresa privada, apoya la expansión imperialista y neocolonial de sus Transnacionales, concierta alianzas o integraciones internacionales como la UE para luchar por un nuevo reparto del mundo que les favorezca frente a otros competidores, lucha contra los países anti-imperialistas y socialistas, impulsa la movilización para la guerra y la reconstrucción y ajustes posbélicos, etc., y ahora bajo la crisis vigente destina prioritariamente el gasto público a pagar la deuda financiera que han creado los bancos. ¿Quién puede decir a ciencia cierta que bajo el neoliberalismo el Estado capitalista desaparece?. Los ideólogos del capital.

 

La órbita transnacional del imperialismo, contradicción y lucha de clases

El imperialismo desde finales del siglo XIX hasta nuestros días se caracteriza por los monopolios, el capital financiero, la exportación e importación de capitales, el intercambio desigual centro-periferia, las guerras por el reparto territorial y control de los recursos y la gestión de la crisis general del capitalismo, ya que esta no sólo es económica sino política e ideológica y depende del resultado de la lucha de clases.

Históricamente el imperialismo ha atravesado por 4 etapas. La primera de finales del S.XIX y principios del S.XX, donde los capitales se desplazan a la periferia (exportación de capitales) para solventar las crisis de Alemania, Francia e Inglaterra entrando en una rivalidad imperialista por el reparto de las colonias, la cual se resuelve por medio de las armas. La segunda etapa, posterior a la Iª Guerra Mundial con el afianzamiento de la URSS como contrapeso revolucionario al Modo de Producción Capitalista, en alianza con el movimiento obrero de los países capitalistas y los pueblos colonizados. Tras la IIª Guerra Mundial se inicia una tercera etapa que dura hasta 1.973, con tasas de crecimiento económico en todos los países capitalistas, tanto en el centro como en la periferia, en esta etapa la importación de capitales (repatriación de las ganancias, intereses por “ayudas al desarrollo”, etc.) gana más peso en proporción inversa hacia los Estados imperialistas. Cuarta etapa que coincide además con la caída de la URSS (eliminación del contrapeso mundial) y el inicio de un nuevo reparto por la recolonización de las nuevas zonas de influencia en Europa Oriental, Asia y África.

El capitalismo monopolista de estado como fase última del imperialismo forma a nivel internacional un sistema desigual en la cadena imperialista con el centro -las metrópolis imperialistas- y la periferia -los países dependientes-. Aparece en el momento en el que el mundo ya está repartido entre los Estados imperialistas, y la crisis estructural del capitalismo empuja hacia un nuevo reparto de mercados y a la guerra imperialista.

Se rompen las barreras nacionales, economías, fronteras, leyes, culturas e identidades que obstaculizan el desarrollo de los monopolios Transnacionales, en beneficio de la oligarquía financiera que ha logrado apropiarse de la mayor parte de las riquezas del mundo. La transnacionalización del monopolio y del Estado imperialista, constituye la esencia de la metamorfosis del capitalismo contemporáneo.

En tal contexto, a diferencia de Kaustki (ultraimperialismo) Lenin, de acuerdo con Rosa Luxemburg, demostró que el desarrollo de la tendencia de concentración monopolista hacia un único trust internacional estaría agudizada por la ampliación de las contradicciones interimperialistas y por los desafíos de la lucha de clases. 

La primera experiencia de alianza de las potencias imperialistas en un objetivo común que apartara a un segundo plano las rivalidades, fue la lucha para conjurar el fantasma del comunismo en Europa occidental y en la Rusia soviética (agresiones, bloqueos, etc.). No obstante, Lenin advertía que si no triunfaba el socialismo, la tregua entre los Estados capitalistas sería simplemente una pausa para la preparación de una nueva matanza. La crisis de 1.929 paralizó la mitad de la economía mundial, desató un proceso masivo de absorción monopolista de capitales arruinados, que aceleró como nunca la concentración de la producción y la propiedad, y catapultó al poder a la forma más agresiva y transnacionalizadora del imperialismo, el nazifascismo –espacio vital-, cuya fortaleza militar daba al traste con la posición que descansaba sobre la posibilidad de una conciliación interimperialista a largo plazo.

La transnacionalización de la concentración del capital en los años de la postguerra fue acompañada de una transnacionalización política e ideológica que se subordinaba a la urgencia de concertar una alianza interimperialista global capaz de enfrentar el creciente avance del socialismo en su guerra de posiciones contra el capitalismo en general. La expansión del capitalismo en postguerra tiene lugar sobre la base de una paz a regañadientes entre las potencias imperialistas, obligadas a solucionar sus conflictos sin recurrir a guerras interimperialistas y articular un frente internacional bajo la batuta de EE.UU. contra el movimiento revolucionario internacional.

De esta manera se explican las razones por las que el capitalismo monopolista de Estado se vio obligado a redistribuir una parte de la plusvalía global y poner en marcha políticas orientadas a elevar la calificación de la fuerza de trabajo, elevar la capacidad adquisitiva de la clase obrera, niveles de educación, empleo, seguridad social y salud. La creciente organización y beligerancia del proletariado en los países imperialistas y la urgencia de contrarrestar las ideas comunistas fueron los fundamentos reales de las modificaciones en las formas de distribución de la riqueza en la sociedad capitalista y la construcción ideológica del Estado de Bienestar, mediante la cual las conquistas sociales de la clase obrera y los movimientos por los derechos civiles fueron presentados como beneficios “voluntarios” del capitalismo “con rostro humano”.

En realidad estas políticas keynesianas fueron la respuesta al mayor desafío que ha existido en la historia del capitalismo, la existencia de la URSS y los países socialistas, ya que frente a la carrera de armamentos impuesta por el imperialismo, los países socialistas impusieron su peculiar carrera de bienestar social con sus poderosos servicios públicos.

En realidad tras la guerra, en muchos países de Europa la clase dominante ya no detentaba el poder, el campo socialista estaba en expansión. Se trataba de elegir entre un capitalismo regulado o el socialismo, se optó por las concesiones, fue el fundamento del pacto social entre trabajo y capital base del nuevo compromiso histórico de la socialdemocracia con el capital tras la guerra. El capitalismo aceptó la seguridad social, los impuestos progresivos, políticas keynesianas a pleno rendimiento de obras públicas, planes de empleo, los salarios se ajustaban a la inflación, los cuales llegaron a representar el porcentaje más alto en la renta nacional en Europa occidental frente a las ganancias.

En realidad estas políticas keynesianas que tenían una fuerte base para ser aplicadas con éxito en los países imperialistas eran acompañadas con una fuerte explotación de los países dependientes de la periferia –neocolonialismo-, lo que sostenía una tasa de ganancias lo suficientemente jugosa para la oligarquía financiera (importación de capitales).

En 1.973 se funda la Trilateral, por el banquero D. Rockefeller, que llegó a contar con 300 representantes de Transnacionales de EE.UU., CEE y Japón, y se convirtió en el máximo exponente de la ideología y la política de la llamada corporación global, considerada por ellos como la expresión más avanzada del desarrollo capitalista, a la cual era necesario subordinar toda otra forma de organización económica, política y social. Más allá de la retórica utilizada para orquestar la inevitabilidad de un proceso de globalización regido por las Transnacionales, la reducción del espacio vital para la reproducción ampliada del capital a escala global (por la existencia de los países socialistas), y la presión a la baja de las tasas de ganancias exacerbaba la competencia interimperialista y obstaculizaba la marcha hacia el trust único y el “Estado capitalista global” (posición leninista).

La hegemonía de la concepción globalizadora de la Comisión Trilateral no resistía los embates de una realidad caracterizada por la sobreproducción de mercancías y capitales, que intensificaban la competencia interimperialista EE.UU.-Japón-UE. Lo que empujaba al capital a realizar una contra-reforma fiscal y laboral capaz de convertirse en un factor contrarrestante de la tendencia de la cuota decreciente de la tasa de ganancias de los monopolios. La burguesía, ya antes de la contrarrevolución en la URSS, no podía mantener en Occidente la política económica keynesiana con salarios crecientes, y volvieron al concepto de reducir los costes laborales y los gastos sociales.

Tras la crisis de 1973 se enterraría el keynesianismo como expresión del capitalismo monopolista de Estado. Su lugar lo pasó a ocupar la doctrina neoliberal, como emanación de un imperialismo transnacional que se enfrenta a dificultades para su expansión, incapacitado para aplicar políticas redistributivas, y promotor del recrudecimiento de la agresividad militar. Se relanzaba a las Transnacionales para reconquistar los recursos naturales y producir a un coste menor en los países dependientes. Países imperialistas como EE.UU y Gran Bretaña impulsan la reconquista de los países que habían conseguido su independencia en los años 50-70, recuperaron su influencia política y económica para que sus Transnacionales pudieran producir más barato y dilapidar sus recursos. Desde los años 80 el imperialismo ha acelerado la deslocalización de la producción a esos países, promocionando la competencia entre obreros del centro y la periferia mundial, y desde la guerra del golfo (1991) se ha abierto una escalada militar y de guerras, donde las guerras interimperialistas han sido sustituidas por las guerras en la periferia y excolonias (Balcanes, Oriente Medio, África), apoyándose el imperialismo yanqui en su aplastante superioridad militar, con su extensa red de bases militares para la promoción de guerras, también para impedir que sus rivales (Alemania, Japón, etc.) destaquen, y garantizar el monopolio sobre el control de las rutas y suministro de los recursos energéticos. La rivalidad interimperialista cambia de rostro pero no desaparece (imperialismo colectivo –Samir Amin-).

Una vez liberado del reto que entrañaba la existencia de la URSS y el sistema de países socialistas europeos, el imperialismo encuentra entonces condiciones favorables para avanzar su proyecto de transnacionalización y desnacionalización (19), negación de las soberanías nacionales de los países dependientes, de la periferia.

Toda esta descripción del imperialismo, puede ser acusada de que no aporta nada. Este análisis ignora la uniteralidad o multilateralidad, unipolaridad o multipolaridad del desarrollo capitalista que son los adjetivos “modernos” utilizados por cierta economía política y cierta sociología burguesas, para denominar el ciclo capitalista internacional actual. En el primero coinciden neoliberales y ultraizquierdistas, en el segundo la socialdemocracia. La uniporalidad común en el Negri “izquierdista” (partidario del Tratado de la UE) y el Galbraith neoliberal, esconden la rivalidad imperialista y la lucha por el hegemonismo mundial del imperialismo yanqui detrás de la “desterritorialización” de la economía, las Instituciones Financieras Internacionales y demás bagatelas, para ambos predomina el Imperio unipolar. En realidad nunca ha habido un mundo unipolar, ha habido siempre contradicciones interimperialistas que en el pasado se suavizaban para hacer frente a la URSS y demás países socialistas, y hoy estamos ante una nueva agudización de las contradicciones entre Estados y bloques imperialistas a la caza de mercados, recursos naturales, intervenciones y guerras.

El multilateralismo en el que coinciden sectores de la izquierda socialdemócrata viene a encubrir también la rivalidad imperialista, en su apuesta por otros imperialismos que hagan frente a la hegemonía yanqui. Bajo el prisma multilateral se separa la economía de la política, algo que Lenin bajo la fase imperialista definió como utopía reaccionaria (La consigna de los EE.UU. de Europa).

Lenin en El imperialismo, fase superior del capitalismo acusaba a Kaustki de segregar la economía de la política en el análisis del imperialismo, cuando planteaba que a la “política” preferida del capital financiero, las anexiones, el monopolismo, el reparto territorial del mundo y la rivalidad entre los más grandes Estados capitalistas, eran compatibles con otra política no monopolista, no violenta, no anexionista, no imperialista, sobre la misma base del capital financiero. A esta forma kaustkiana de entender el imperialismo Lenin la catalogaba de ocultación y atenuación de las contradicciones más importantes del capitalismo en su fase imperialista, en vez de ponerlas al descubierto en toda su profundidad, lo que de hecho suponía sustituir al marxismo por el reformismo burgués.

Después de Kaustki, Kruschev también separaba la economía de la política frente al imperialismo. El XXº Congreso del PCUS (1956) reconocía la agresividad de los EE.UU. y los Estados capitalistas de Europa Occidental, pero no como elemento propio del capitalismo monopolista, del imperialismo, dando rienda suelta a la concepción utópica de que es posible que el imperialismo acepte a largo plazo la “coexistencia pacífica” con las fuerzas que cuestionan su dominio mundial, cuando solamente la revolución socialista puede sacar a la humanidad del imperialismo y las guerras imperialistas.

Trasladado a nuestro siglo XXI esta separación absurda lleva a errores políticos al considerar que la agresividad del imperialismo dependen de determinado país (EE.UU.) o de determinado gobierno (Bush, Blair, Aznar…), sembrando ilusiones sobre otros gobiernos más moderados en la gestión política del capitalismo. Esta visión oculta las raíces económicas del imperialismo y sus políticas. La guerra de Irak fue llevada a cabo aún a pesar de los altos costos políticos, como la ruptura del consenso (USA-Gran Bretaña frente Alemania-Francia), la crisis de la OTAN y de la ONU, y es que la rivalidad por el reparto del mundo entre potencias imperialistas sigue siendo la determinación en última instancia de las políticas de clase de los Estados imperialistas, que no tiene nada de multilateral.

La teoría del mundo unipolar donde el centro del poder es un Imperio desterritorializado (Negri) o una superpotencia indiscutible (EE.UU) a quienes se someten el resto de países tienen su origen en dos teorías nada novedosas, el ultraimperialismo y el superimperialismo. La teoría del ultraimperialismo que proviene de Karl Kaustki plantea que la fusión internacional del capital y los monopolios ha avanzado tanto que todas las diferencias nacionales entre los propietarios de capital desaparecen, todo lo que quedaría sería una competencia entre las transnacionales y no una competencia interimperialista entre Estados. El papel de los Estados sería la de defender los intereses comunes de todos los propietarios de capital transnacional contra las crisis económicas, las luchas obreras en el interior de los países imperialistas, la rebelión de los países coloniales o neocoloniales. El debilitamiento de las contradicciones imperialistas conduciría al ultraimperialismo y ante la falta de rivalidad interimperialista tendería hacia un Estado imperialista supranacional y un único consorcio mundial. La teoría de Imperio (Negri y Hardt) no es más que una revisión de Kautski.

Por otro lado la teoría del superimperialismo, presupone una sola potencia imperialista posee tal hegemonía que el resto de potencias pierden toda independencia real y quedan reducidas al rango de pequeñas potencias periféricas. A diferencia del ultraimperialismo, esta teoría sí que contempla el desarrollo desigual y la dependencia en el imperialismo. Pero dicha teoría ignora que un proceso así no puede apoyarse únicamente en la supremacía militar de la potencia superimperialista, por ejemplo el imperialismo yanqui actual que dispone de más de 700 bases militares en todo el mundo y absorbe el 43% del gasto militar mundial (2010), sino que además debe disponer la propiedad y el control de los centros de producción y concentraciones de capital e instituciones financieras más importantes, ya que sin ese control directo, nada garantiza que el desarrollo desigual del capitalismo bajo el imperialismo altere la relación de fuerzas económicas entre los principales países capitalistas. En tal sentido algunos partidarios del análisis del superimperialismo de los años 70 como Poulantzas veían a las transnacionales yanquis como los amos del mercado mundial y ponían en duda la competitividad de las transnacionales europeas y japonesas.

En realidad si el superimperialismo sólo puede realizarse cuando el capital transnacional del imperialismo hegemónico adquiere un grado decisivo de propiedad y control de capital en el interior de sus competidores, podemos concluir que hasta ahora el imperialismo yanqui no ha logrado tal cosa ni en la UE ni en Japón. Desde principios de los 50 las relaciones de fuerza comenzaron a modificarse en detrimento de los EE.UU., de 1953 a 1999 la producción industrial de EE.UU. pasó del 52% al 28%, la UE-15 y Japón pasaron del 26% al 42%. Todo el desarrollo económico desde la década de los 70 indica que el poderío de los EE.UU. cede espacio de forma progresiva a la UE y Japón en el terreno económico, a lo que desde la década del siglo XXI se le añade China que en el 2011 ya desplaza a EE.UU. al tercer lugar en PIB industrial, donde EE.UU. acapara el 13,55%, la UE15 el 18,3%, China el 15,97% y Japón el 7,5% (Fuente: Wikipedia), hay que tener en cuenta que estos datos no contemplan el PIB industrial que aportan las filiares de las transnacionales yanquis, japonesas y europeas instaladas fuera de sus fronteras, campo en en cual mantienen el monopolio mundial. En este campo, las relaciones de fuerza en el peso de las transnacionales también ha cambiado en la trilateral, si en 1960 sobre las 200 mayores Transnacionales 127 eran yanquis contra 7 japonesas, en 1992 la UE ya contaba con 70, y Japón con 54 frente a las 60 de las EE.UU (20). Y en la primera década del Siglo XXI las Transnacionales de la UE desplazaron a las compañías yanquis en el monto de las inversiones externas (21). Por tanto, no puede decirse que los países imperialistas de Europa occidental, ni Japón hayan caído en el estatuto de periferia, ya que siguen una política comercial, económica y militar independiente, aun cuando esa política se haya ejercido en el marco de una alianza contra enemigos comunes (la URSS, el tercermundo, etc.).

La teoría de la rivalidad interimperialista continúa siendo la única válida, ya que la fusión internacional del capital sólo ha avanzado lo suficiente para reemplazar a un mayor número de potencias capitalistas independientes por un número menor de potencias imperialistas. Las contradicciones no desaparecen ni se debilitan, se refuerzan. La novedad de la rivalidad interimperialista de hoy respecto a los tiempos de Lenin, radica por tanto en que sólo destacan 3 potencias imperialistas mundiales que se enfrentan en el seno de la economía capitalista, el imperialismo yanqui, el imperialismo japonés y el imperialismo de la UE. Nada de ultraimperialismo ni superimperialismo, nada de mundo unipolar, continúa la misma estructura de contradicciones imperialistas, el antagonismo capital/proletariado en las metrópolis, países imperialistas/países dependientes y la rivalidad interimperialista. Precisamente el proceso de integración de la UE se ha dado únicamente en el ámbito continental como contrapeso al imperialismo yanqui y japonés, bajo la batuta de Alemania y Francia. Las exigencias de la competencia pesan más que los acuerdos políticos o las nociones de “ciudadanía mundial”, en la conducta de las burguesías imperialistas. La tendencia principal de la lucha competitiva internacional es cada vez más intensa no hacia la fusión del capital a escala mundial, sino al endurecimiento del antagonismo entre las formaciones sociales imperialistas.

Hoy en el siglo XXI, el imperialismo vuelve a mostrar su rostro con mayor virulencia, y no se puede separar la política de la economía como sigue haciendo el reformismo, las anexiones territoriales y financieras no es una política del capital financiero a la que se le pueda oponer otra política burguesa sobre la base del mismo capital financiero, más productivo. ¿Todavía nos creemos factible a las alturas del siglo XXI un comportamiento político del capital financiero en el que se excluya el monopolio, la violencia y la conquista? ¿Todavía creemos que el capital financiero es compatible con una política no imperialista? ¿No es eso acoso una forma de debilitar las contradiciones fundamentales de la fase actual del capitalismo en vez de desvelar su profundidad?.

Sin embargo, teóricos de posiciones radicales de izquierda a coro con las clásicas posiciones reformistas (ultraimperialismo), siguen considerando ¡¡¡incuestionable!!! la constitución de un único centro financiero, que dirija y planifique sin contradicciones el movimiento económico del capital, el cual es posible (argumentan) por el derrumbe de las barreras nacionales que borran los Estados, ignorando que tanto los organismos internacionales como las Transnacionales que operan a escala mundial se relacionan con los Estados imperialistas y los reales centros de decisión se concentran en las metrópolis de tales Estados.

Ignoran que en las Instituciones Financieras Internacionales (FMI, BM, OMC…) sus miembros son nombrados por los Estados imperialistas del G8, que reconociendo la hegemonía del imperialismo yanqui, pero no el poder absoluto superimperialista de EE.UU., los 3 centros imperialistas conjuntamente rivalizan por estrangular a los países pobres y la clase obrera con la agenda neoliberal. Instituciones financieras que se ocupan de las relaciones de los Estados imperialistas con los Estados dependientes, imponiendo programas económicos que promueven la inestabilidad política impulsando la represión interna como garante de un clima social propicio para las transnacionales en la periferia. Los gobernadores del FMI y el BM, habitualmente son de EE.UU. y éste es elegido por su gobierno. En el 2001 los 10 países industrializados más ricos con menos del 15% de la población mundial controlan el 60% de los votos del BM y el FMI (EE.UU. el 17,5%) (22), todo un ejemplo de ultrademocracia financiera, proceso que agudiza la subordinación de las economías nacionales a las potencias imperialistas, por lo tanto no son poderes supra-estatales que sometan la política de los Estados imperialistas sino al revés. Las actas de las reuniones de la dirección ejecutiva del FMI y BM no se publican y son secretas.

Tanto las Transnacionales, como las Instituciones Financieras Internacionales, han surgido dentro de un sistema de Estados-Nación imperialistas, y han adoptado su forma adaptándose a la lucha por los beneficios dentro de ese medio. Las Transnacionales verían mermada su tasa de ganancias sin el respaldo de los gobiernos de sus respectivos Estados, si éstos no les apoyaran en las instituciones internacionales como el FMI, el BM, e incluso en el Consejo de Seguridad de la ONU. La existencia del Estado-Nación sigue siendo funcional al capital de las Transnacionales, el Estado-nación o plurinacional sirve a la clase económicamente dominante para mantener y reproducir las condiciones internas y externas de su dominación.

Por lo tanto, el desarrollo del capitalismo central del S.XXI transcurre bajo el signo de dos tendencias, una hacia la agrupación del capital monopolista de los distintos países; y otra hacia su separación y rivalidad transnacional. Lenin sigue teniendo razón porque en este contexto a pesar de que la tendencia hacia el trust mundial único que promulgara Kaustki, éste nunca se culmina por el predominio de las contradicciones del sistema. La creación de agrupaciones monopolistas Transnacionales son campo de batalla entre los intereses de las diferentes oligarquías financieras ligadas a sus estados imperialistas en la lucha por la hegemonía territorial y económica del mundo, por la hegemonía en los organismos supranacionales financieros y por la hegemonía en los procesos de integración económica como la UE. Que estas contradicciones se agudicen más o menos, dependen de la correlación de fuerzas en la lucha de clases tanto a nivel nacional como internacional, el grado de cohesión y respuesta del movimiento obrero, comunista y anti-imperialista, y el avance de los procesos revolucionarios hacia el socialismo. Y también dependen del desarrollo desigual y la crisis estructural del capitalismo que dificultan la aplicación de una política económica homogénea.

Por otro orden, el multilateralismo que las diferentes versiones socialdemócratas analizan y proponen nada tiene que ver con la ampliación de la integración económica y el intercambio comercial no desigual entre países no imperialistas (Suráfrica, Venezuela, China…). Por ej., el proyecto del ALBA es antiimperialista porque va dirigido a poner en disposición mutua a nivel regional los medios, fuerzas productivas y capital, avanzando en la orientación de los recursos para satisfacer las necesidades de las poblaciones en vez de alimentar los beneficios de las oligarquías financieras, locales y extranjeras. Ese multilateralismo socialdemócrata tampoco tiene que ver con el Nuevo Orden Económico Internacional (NOEI) reivindicado por la URSS y los países anti-imperialistas desde la década de los 70, que Fidel Castro en su discurso ante la Conferencia de países No Alineados (1983) resumía en:

-luchar contra el proteccionismo de los países ricos,

-cancelación de la deuda externa,

-sistema monetario internacional equitativo,

-relaciones económicas multilaterales entre países,

-conciencia de la necesidad de acabar con el hambre y el desempleo,

-reforma agraria,

-impedir que sean las Transnacionales y la inversión de capital extranjero quienes ejecuten un proceso deformado de industrialización de la periferia, y

-ejercer el derecho de soberanía de los recursos incluido el derecho a la nacionalización.

Si nos damos cuenta, todas estas reivindicaciones van en dirección contraria al desarrollo desigual y la dependencia establecidas en el capitalismo en su fase imperialista. Todas estas propuestas de reformas necesarias en la lucha contra el imperialismo y la dependencia, son inasumibles por el capitalismo. La lucha anti-imperialista sigue ligada a la lucha por el socialismo.

Sin embargo para Toni Negri (23), nuevo adalid del superimperialismo renovado, el imperialismo, centro y periferia ya no tienen existencia en el capitalismo contemporáneo, las burguesías capitalistas del centro imperialista no obstaculizan ni someten la industrialización y el desarrollo económico de la periferia. No existen la dialéctica centro-periferia, desarrollo-subdesarrollo, imperialismo-dependencia, sino la tendencia a la uniformidad del capitalismo en todo el mundo por igual. El Imperio representa la superación del colonialismo y el imperialismo (sic). Pero si echamos un vistazo a la economía mundial, veremos que las categorías de centro-periferia, imperialismo-dependencia, siguen disponiendo de una capacidad para dar una visión científica del sistema internacional que descarta cualquier simetría, si en la mitad del S.XX la distancia que separaba al 20% más rico de la población mundial del 20% más pobre era de 30 a 1, a fines del S.XX esta distancia era de 75 a 1. Para el esquema negriano de Imperio, por el contrario Pakistán, Sri Lanka y Guatemala se encuentran en una posición económica comparable a EE.UU., Francia y Japón, que entre el desarrollo del modo de producción capitalista de EE.UU. y el de la India, sólo hay diferencias de carácter cuantitativo, que el mundo sigue a Europa occidental y EE.UU., donde los países “mal llamados” periféricos acceden progresivamente a los niveles de acumulación de capital e industrial de los países más avanzados (sic).

Una realidad que desmiente este enfoque unilateralista del desarrollo del capitalismo mundial es la creciente desigualdad clasista y entre los países desarrollados y países subdesarrollados. El 20% más rico de la población mundial es responsable del 86% del total de los gastos en consumo privado, posee el 87% de la flota mundial de vehículos, consume el total del 58% de la energía, provoca el 53% de las emisiones de dióxido de carbono y consume el 45% de toda la carne y pescado. Según la ONU, la cantidad de países “menos desarrollados” se ha duplicado en los últimos 40 años, coincidiendo con la expansión de las ideologías neoliberales y globalizadoras. (24). Para dar una comparativa continental de la dimensión, si mientras los EE.UU. poseen el 25% del PIB, África sólo posee un 1% de la riqueza total del mundo, si mientras Bill Gates posee un patrimonio neto de 50.000 mill. de dólares, superior al PIB de 140 países (por separado). La desigualdad clasista, la desigualdad en el desarrollo, el abismo entre clases y países sigue profundizándose en la fase superior del capitalismo, cada vez hay más trabajo asalariado y más periferia “menos desarrollada”.

No existe un desarrollo multiforme de las economías capitalistas que la “globalización” impulse por todo el globo terráqueo de forma uniforme o progresiva. El capitalismo transita bajo el desarrollo desigual como ley absoluta en su fase imperialista donde la globalización del capital se manifiesta de forma diferente en cada país, se acentúa el desarrollo desigual entre países e industrias, se impulsa la emigración de masas de obreros, la especulación financiera, y la intervención económica y fortalecimiento de las funciones represivas del Estado contra los movimientos potencialmente revolucionarios (movimiento obrero en las metrópolis, y anti-imperialismo en los países periféricos). Las distintas condiciones históricas en cuanto al desarrollo capitalista de cada país se reflejan al nivel de desigualdad entre las ramas de producción y la economía, viéndose de forma más aguda en los países que fueron arrastrados al capitalismo por medio del colonialismo.

El desarrollo e intercambio desigual del capitalismo que condena al subdesarrollo o desarrollo dependiente a países, regiones y sectores económicos, y amplifica la reproducción de sectores tecnológicos de vanguardia de alta composición orgánica en las metrópolis imperialistas, no es característico sólo de la fase imperialista, ya que incluso en su etapa premonopolista el capitalismo de los siglos XVIII y XIX se contemplaba el desarrollo desigual en un proceso de acumulación mundial que condujo a una división internacional del trabajo concentraba el desarrollo industrial en unos cuantos países, convirtiendo al resto en apéndices agrarios y mineros de los centros industriales.

Son los Estados imperialistas los que dominan el movimiento del proceso de acumulación del capital y reparto neocolonial de las economías de la periferia, los que disponen de la capacidad económica multisectorial para la competencia, porque es allí donde las relaciones de producción capitalistas históricamente han implantado los centros de decisión y dominio mundial del sistema tanto a nivel económico-tecnológico como político e ideológico.

Hoy bajo el imperialismo existen 6 formas de dependencia. La dependencia financiera, con la sujeción al sistema monetario y organismos financieros internacionales controlados por el centro imperialista. Por ej., en el FMI el derecho de voto está vinculado al PIB, la riqueza de cada país, de esa manera sólo 5 países (2,7% de los países miembros) controlan el 40% de los votos (EE.UU., Japón, Alemania, Francia y Gran Bretaña). Dependencia tecnológica del monopolio establecido por las Transnacionales que frena el desarrollo independiente de las fuerzas productivas de la periferia. Dependencia comercial donde los mercados nacionales son obligados al consumo e importación de mercancías del centro imperialista. Dependencia cultural con el monopolio de los medios de comunicación de masas como mecanismo de penetración de la ideología imperialista y atomización de las clases explotadas y los pueblos oprimidos. Dependencia de los recursos energéticos y naturales con el control imperialista de las materias primas y energéticas del planeta. Dependencia militar con el monopolio del armamento convencional y de destrucción masiva en manos de los Estados imperialistas.

Esta dependencia consolida una división internacional del trabajo que impide a la periferia tomar iniciativas para su desarrollo (25), y cuyo efecto inmediato es la desigualdad en el crecimiento económico entre el centro y la periferia, un desplazamiento mayor de los intercambios comerciales al interior del centro imperialista donde actualmente se realizan el 75% de los intercambios mundiales, la especialización en la exportación en la mayoría de los países de la periferia de determinadas mercancías (agrícolas, materias primas, etc.), la dependencia extrema del comercio exterior de tales países que efectúan el 80% de los intercambios con los estados centrales del imperialismo, y la constitución en determinados países periféricos de industrias (automóvil, textil, electrónica, etc.), de productos que destacan por su alto contenido de trabajo no calificado (acero, conservas, ropa, repuestos, componentes automotrices, autos de bajo valor añadido…) y un bajo valor de la fuerza de trabajo en relación a los países centrales, mientras los países dominantes mantienen para sí la producción de bienes y servicios más sofisticados, con un alto contenido de trabajo cualificado (maquinaria, alta tecnología).

Es difícil que científicamente se pueda considerar a un Estado capitalista del centro o primer mundo como EE.UU., pertenezcan al mismo ámbito de desarrollo que Argentina, Brasil, Corea del Sur y otros, entre otras cosas porque las decisiones siguen tomándose fuera, en los Estados imperialistas del centro-mundial (USA, Japón y UE), y ahí tenemos el ejemplo del actual saqueo de los recursos públicos por los “rescates” financieros en los países de la periferia saqueados por la TROIKA por tecnócratas designados por los Estados imperialistas más fuertes, impidiendo que tales países puedan desarrollar independiente y multisectorialmente su economía.

Se acentúa la atención en las crecientes necesidades de la industria de los Estados imperialistas por los países dependientes, se propugna por todos los medios la conveniencia del modelo de desarrollo orientado hacia el exterior, así como la actividad del capital privado extranjero, sobre todo de las transnacionales, interesadas en continuar explotando los recursos de los países descolonizados. El subdesarrollo socioeconómico es una categoría de la economía política que refleja las relaciones de dominio y dependencia en la época del imperialismo. Se trata de la subordinación de la economía nacional a los fines de las transnacionales, de la desigualdad en el mercado capitalista mundial, de la dependencia respecto a los países capitalistas desarrollados, es decir, del neocolonialismo.

Este modelo de “desarrollo” es efecto también de la crisis de acumulación y de la rivalidad imperialista entre los tres bloques. Como respuesta a la penetración del capital japonés y la crisis en EE.UU., el capital yanqui constituyó las llamadas plataformas para la exportación (26) con la deslocalización e instalación de fábricas, zonas francas industriales en países periféricos de reciente industrialización (Singapur, México, Corea del Sur, Taiwán, Brasil…), las cuales producían productos (calculadoras, ordenadores, relojes, coches…) dirigidos al propio consumo interno en los EE.UU, con el objetivo de arrebatar mercado nacional propio al capital japonés. El este asiático se convirtió desde fines de los años 60 en el centro mundial del ensamblaje minielectrónico, promocionado por EE.UU. Ofreciendo a los monopolios occidentales una fuerza de trabajo dócil bajo la represión de las dictaduras sostenidas por Washington. Reducciones fiscales, legislación laboral represiva, con limitación y hasta prohibición de las huelgas y sindicatos de clase, garantizan una productividad alta, precarias obligaciones sociales, salarios bajos, o sea, una tasa de explotación rentable. Alemania hacia el Este y el sur de Europa, Latinoamérica y Asia Pacífico, y Japón en Asia, han seguido los pasos del capital yanqui, reindustrializando economías como plataformas para la exportación de sus mercancías transnacionalizadas (productos de bajo valor añadido), y como instrumento de retención de la caída de la tasa de ganancias, imponiendo una nueva división internacional del trabajo que busca producir más y pagar menos salarios. En esa línea, las inversiones de Japón en Asia a partir de la década de los 90 sobrepasa a las de Japón en EE.UU. (dragones asiáticos y China). El valor producido en el este asiático es transferido a las diferentes potencias japonesas, yanquis y europeas.

Los EE.UU. como respuesta al boom japonés en Asia Oriental, promocionó el Acuerdo de Libre Comercio Norteamericano. Con este tratado, aplicado desde 1994, las Transnacionales aprovechan las maquiladoras mexicanas, como empresas que pueden importar máquinas y piezas de EE.UU. a condición de exportar su producción. Las filiales yanquis del textil, electrónica y automóvil incrementaron sus inversiones en México, sacando ventaja por los bajos salarios. Paralelamente las exportaciones de los tigres asiáticos hacia EE.UU. bajaron vertiginosamente, ya que las inversiones de EE.UU. se orientaron hacia México (27), países de latinoamérica vinculados al ALCA y China. Si en la franja de 1991-95 Asia era el mayor exportador a EE.UU. de material electrónico, a partir de 1996 se invierte, México pasa a convertirse en uno de los primeros países exportadores a EE.UU. de electrónica por delante de los tigres asiáticos. Esta reorientación de la producción y el origen de sus importaciones hacia México y China, perjudicó a las economías y balanzas comerciales de Corea del Sur, Filipinas, Thailandia, que desde 1995 pasaron a ser deficitarias. La crisis de los tigres asiáticos fué provocada por la sobreproducción de mercancías ante la reducción del principal mercado, el de EE.UU., la sobrecapacidad del sector del auto en 1997 se elevaba a 7 millones de coches, el 30%, que el consumo interno era incapaz de absorver, dado que son economías subsidiarias dedicadas a la exportación hacia el centro imperialista. La crisis asiática ahogó a las burguesías nacionales emergentes del este asiático, bajo la férula del FMI, en beneficio de las oligarquías yanquis y japonesas. Lo cual no deja de ser un indicador claro de la dependencia del desarrollo de tales países y del desarrollo desigual del capitalismo en el mundo, y de lo equivocadas que están las teorías del desarrollo simétrico del capitalismo. El milagro de los tigres de principios de los 90 se transformó en una crisis social, una tasa de paro que se multiplicó por 3 en Thailandia, por 4 en Corea del Sur, por 10 en Indonesia, los salarios bajaron un 30% en Thailandia, en Corea del Sur el 25% de la población se hundió en la miseria, en Indonesia el peso de personas bajo el umbral de la pobreza alcanzó casi el 40% en 1998, y los PIB cayeron 13,1% en Indonesia, 10,8% en Thailandia y 6,7% en Corea del Sur (28).

Economías capitalistas como EE.UU., Gran Bretaña, Alemania, Japón, etc., se han beneficiado en los dos últimos siglos, de un desarrollo de la acumulación de capital en un mercado nacional independiente, proteccionista, de explotación extensiva e intensiva de la clase obrera, en base a un desarrollo multisectorial de la economía (manufactura, gran industria, mecanización agraria, servicios, etc.) con una acumulación colonial originaria y neocolonial de explotación y saqueo de la periferia que todavía perdura. Por tanto, no es posible bajo el capitalismo un desarrollo multiforme, simétrico y equilibrado de las economías nacionales. La lucha anti-imperialista de los países dependientes que va en la dirección de romper sus cadenas con el imperialismo, es un paso necesario en la lucha por el socialismo, países anti-imperialistas como Venezuela, luchan contra esa división internacional del trabajo que los condena a la dependencia, a ser plataformas productivas para la exportación de materias primas o productos acabados, luchan por el desarrollo de sus propias fuerzas productivas en beneficio de sus poblaciones, del desarrollo económico, social y cultural propio, autocentrado, porque el capitalismo en su fase imperialista no permite más que el desarrollo desigual y dependiente de las economías nacionales. Eso hace que la lucha por el socialismo sea más necesaria que nunca, tanto en las metrópolis como en la periferia.

Los Monopolios Transnacionales

El grado mayor de concentración y centralización de capital se mundializa a través de las transnacionales. En el 2000 había 63.000 Transnacionales censadas en que poseían 690.000 filiales, de las cuales sólo 500 son de embergadura. Las 200 Transnacionales más grandes controlaban en 1.998 el 80% de la producción agrícola e industrial, y el 70% de los servicios y el comercio mundial (29). En el auto sólo 5 Transnacionales abastecen el 60% del mercado (General Motors, Toyota, Ford, Chrysler y VW) las 10 primeras Transnacionales de la comunicación controlan el 86%, 7 Transnacionales acaparan el 90% de la producción mundial de material médico, 5 Transnacionales acaparan el 77% de la comercialización de celeares, etc. (30).

Nunca antes tantos trabajadores operaron en la fabricación de un producto. Las 20 transnacionales más grandes emplean de 250.000 a medio millón de trabajadores, sin tener en cuenta subcontratas y proveedoras. La empresa automovilística General Motors emplea a más de 500.000 trabajadores. Estamos ante un proceso mundial no de “entrelazamiento” sino de socialización de la producción, socialización entorpecida por las relaciones de producción capitalistas. Lenin en El imperialismo fase superior del capitalismo ya destacaba que con este grado de socialización mundial de la producción y las actividades económicas las condiciones materiales para acceder al socialismo están ya preparadas a nivel mundial. Para Lenin cuando desde unos pocos grandes centros empresariales organizan y dirigen la elaboración de la producción en todas sus fases en puntos de producción separados por miles de kilómetros, para la obtención de diversos productos, cuando la distribución de tales productos se efectúa en base a un plan para decenas y centenares de millones de consumidores, aparece la evidencia de que nos encontramos ante una socialización de la producción y no un simple entrelazamiento, en el que las relaciones de la economía y la propiedad capitalistas constituye una envoltura que no corresponde ya al contenido. 

Habitualmente se denomina a los monopolios Transnacionales como “multinacionales” sin tener en cuenta el papel decisivo del Estado desempeña en esta etapa, ya que la reorganización del capitalismo a escala mundial genera una intervención mayor del Estado capitalista en el exterior, para la reproducción de las relaciones de explotación capital/trabajo y el dominio imperialista. Las Transnacionales están censadas jurídicamente en sus países de origen, no en la ONU, y pagan impuestos en sus países de origen mientras que sus filiales se benefician lujosamente de las condonaciones fiscales de la periferia.

Sí que existen algunos monopolios “multinacionales”, desde hace 1 siglo, que a diferencia de las Transnacionales los dueños son capitalistas de dos o más países, pero incluso ahora su número sigue siendo pequeño. Estos se han fundado por lo general, como resultado de la agrupación de compañías europeas para no ser absorbidas por Transnacionales yanquis de mayor envergadura, por ej. consorcios anglo-holandeses como Univelers, de productos químicos y alimenticios y el petrolero Royal Dutch-Shell (1907); el monopolio germano-belga de fotoquímica Afga-Gewaert (1964); el consorcio anglo-italiano de artículos de goma Dunlop-Pirelli; el consorcio germano-holandés VEW-Pokker; la compañía de harina general Biscuits de capitales belga, holandés, inglés, italiano y alemán).

Por tanto, concluiremos que de forma general el origen y el control del capital de las transnacionales conservan un carácter nacional. Una proporción creciente del capital acumulado proviene de la producción y la realización de la plusvalía fuera de la metrópoli absorbiendo empresas y mercados locales de diversos países. Se suele subrayar entonces que la internacionalización de las actividades de producción y realización de plusvalía de las transnacionales en tantos países ha hecho que se vuelvan indiferentes hacia el desarrollo de la coyuntura socioeconómica de su país de origen, pero ello no es del todo cierto, ya que depende de la correlación de fuerzas de clase en la metrópoli. En países donde el modelo neoliberal es dominante (EE.UU.) es clarividente, pero es menos claro en países donde el movimiento obrero tiene fuerza y donde es más difícil arremeter contra el estado de bienestar consolidado (Alemania, Gran Bretaña, Francia, etc.).

El ciclo productivo de las transnacionales nos muestra el desarrollo desigual del capitalismo entre los países del centro y los países de la periferia, y nos muestra la división internacional del trabajo en perjuicio de los últimos. Ya en 1980 los productores de materias primas no recibían más que el 25% del precio final pagado por los consumidores (31). Las transnacionales se reparten el resto. Los precios de materias primas se fijan en las bolsas de New York y Londres, que forman parte del dominio de las transnacionales. La condición dependiente de estos países en el aprovechamiento de recursos naturales propios se vuelve para ellos una pérdida al vender las materias primas sin procesar. El predominio de las transnacionales en el sector mundial de materias primas se manifiesta en que el grueso de las empresas transformadoras se encuentran en los países capitalistas industrializados.

La concentración y centralización de producciones y capitales en un consorcio transnacional implantado con filiales por todo el mundo no se da por medio de un entrelazamiento sino por medio de la absorción, donde las casas matrices de las metrópolis absorben las empresas de la periferia, por ej. en el sector del automóvil, VW asimila las antiguas industrias nacionales de la periferia (Chequia, España, Polonia, Rumanía…) y establece una relación jerárquica e imperialista.

En consecuencia las Transnacionales no son apátridas como se pretende desde la izquierda neuro-reformista, no es casual que la tecnología e I+D se origina en el interior de sus fronteras nacionales y que menos del 2% de los miembros de sus direcciones sean extranjeros (32), lo que se transfiere a la periferia son los resultados de la I+D a un precio fijo de sobre-coste (royalties, asistencia técnica y abastecimientos). Sus centros de decisión están en los Estados imperialistas (USA, Japón, Alemania…), que desprecian y supeditan la legislación laboral de los Estados más débiles, y toman decisiones de carácter imperialista en las formaciones social-estatales dominadas. El control sobre las decisiones políticas claves (inversiones, producción, precios) sigue en manos de la compañía matriz y no se dispersa en ninguna de sus filiales. Las compañías-madres son únicamente  propiedad de accionistas del país de origen. El campo de acción de la empresa transnacional es mundial pero sus propietarios tienen una base nacional, sus ganancias se dirigen desde todos los confines del mundo hacia su casa matriz, los créditos obtenidos para financiar sus operaciones mundiales son obtenidos por bancos de rango nacional.

Dentro de las Transnacionales, el plan y la dirección centralizada sustituye a la espontaneidad del mercado, gracias a la situación de monopolio sobre la circulación de capitales y producciones, donde la división internacional del trabajo entre casas matrices y filiales, les permite elevar la eficiencia de las inversiones (a crédito hacia las filiales) planificando de forma óptima la producción a escala global, y el control de la fuerza de trabajo. Para los obreros, tamaña concentración e internacionalización de las fuerzas productivas no sólo es una fuerza externa más inexorable a la que se enfrentan, sino que también sienta mejores condiciones al capital para planificar una política de recorte del valor de la fuerza de trabajo de forma generalizada en el centro y en la periferia, enfrentando a obreros de diferentes centros de trabajo, entre filiales y con la casa matriz.

Las filiales son empresas que juegan la función de complementarias (producción bajo valor añadido), las cuales no llegan a sustituir a las empresas matrices localizadas en el centro imperialista en la producción de alto valor añadido, ya que el desarrollo tecnológico, la investigación y la ciencia son fuerzas subordinadas a los intereses estratégicos del capital y sus empresas Transnacionales, gobernadas desde sus centros capitalinos. Más del 85% de todos los desarrollos tecnológicos de las Transnacionales se originan dentro de sus fronteras nacionales en sus casas matrices (32). Por ej. en el sector del auto español sólo una filial (SEAT) diseña sus propios productos, mientras el resto (Renault, Peugeot, Citroen, VW, Ford, Nissan…) se dedican al montaje, pero incluso en SEAT las ordenanzas sobre desarrollo, diseño y destino de nuevos modelos vienen dictados de la metrópoli VW-Audi-Alemania.

Las Transnacionales, lejos de constituirse como creía Fioravanti (33) en el nuevo marco “multinacional” apátrida de la internacionalización de las relaciones de producción del capital, a las que se plegan los Estados imperialistas, no existe, por el contrario no se han emancipado y se apoyan en el Estado del país del cual son originarias, e incluso las Transnacionales realizan hoy más de la mitad de sus ventas totales en su nación de origen (34).

La hegemonía del proceso de acumulación del capital en la tríada es patente y tiende a ampliarse. El 90% de las 500 principales empresas transnacionales tienen su sede en la tríada, en los tres bloques imperialistas –EE.UU., UE, Japón-, por lo cual necesitan de un potente aparato estatal que garantice sus intereses, incluso los cargos en el aparato del estado se combinan con los altos cargos en los sectores petroleros, militares, construcción, industria, servicios, comunicación. A principios del siglo XXI de las 500 empresas Transnacionales más importantes 244 son USA, 173 de la UE (donde destacan Alemania, Inglaterra, Francia e Italia), y 46 de  Japón. De las 200 más importantes que facturan el 25% mundial, el 88% -176- están radicadas en 6 Estados capitalistas desarrollados (EE.UU., Japón, Alemania, Inglaterra, Francia, Canadá), de las que un tercio –74- corresponden a los EE.UU (30).

A pesar de que China hoy se ha convertido en el 2º productor mundial, efecto de la industrialización y el capitalismo de Estado que lleva un control estricto sobre el capital extranjero y desarrolla tecnología, patentes y empresas propias consolidando un sector público mayoritario, y debido a las políticas contrarias a la agenda neoliberal del consenso de Washington, no se le puede considerar como un país imperialista como determinados países de la tríada. Actualmente bajo la crisis “financiera”, de las 500 principales transnacionales, el 96% todavía continúan perteneciendo a la triada, y manejan un capital superior más de 25 veces al capital de la reserva china. En el 2005 en TOP100 de las empresas más rentables del mundo solamente figuraban 4 empresas chinas (Petro China, China Mobile, China Construction Bank y Sinopec. Las 6 empresas yanquis más rentables producen tantos beneficios como las 159 empresas estatales que constituyen la columna vertebral de la economía china (35). Entre los principales bancos en el mundo no figura ninguno chino, las inversiones de China en los BRIC´S (Brasil, Rusia, China, India y Suráfrica) continúan siendo inferiores a las de Alemania u Holanda, y las inversiones en los países centrales del capitalismo apenas supone la vigésima parte de lo que China recibe en inversiones extranjeras, por lo que las empresas chinas en tales países son escasas. China en el 2005 representaba solamente el 6,5% de las exportaciones mundiales, poco si consideramos que cuenta con el 22% de la población mundial, y aunque China actualmente se ha convertido en el segundo exportador mundial superando a EE.UU. colocándose detrás de Alemania, en ratio de exportación por habitante sigue por detrás de EE.UU., Japón, Francia, Holanda, Gran Bretaña, Italia, Canadá, Bélgica, etc. También es un error presentar a China como una superpotencia capitalista, cuando en realidad se trata todavía de una economía en desarrollo. Comparativamente en China en el 2007, el 44% de la mano de obra trabaja en el campo, en los EE.UU solamente el 2%. Un trabajador yanqui o alemán produce anualmente una plusvalía de alrededor 80.000 dólares, mientras que un trabajador chino es de 2.900 dólares. China dispone del 10% de capacidad eléctrica por habitante de EE.UU. Una sexta parte de la mano de obra (130 millones) trabajan para la exportación, que concentran productos de bajo valor añadido. La producción industrial china en el 2009 representaba el 15,6% mundial, pero una gran parte de esa producción consiste en la fabricación y ensamblaje de productos de bajo valor. La economía china dispone todavía de poca tecnología propia, mientras EE.UU. y Japón utilizan un 5% de tecnologías extranjeras en la producción, el porcentaje en China de la tecnología extranjera sobrepasa el 50%. Apenas el 10% de las exportaciones chinas se hacen con marca china. Ello no quiere decir que no existan fábricas tecnológicamente comparables a las fábricas japonesas, yanquis y europeas, pero estas constituyen una minoría. Y es ese nivel técnico inferior el que causa que la industria china del acero, centrales eléctricas, industria química y petroquímica, requieran de un 30% de energía suplementaria para fabricar la misma cantidad de productos que sus competidores en EE.UU., Japón y UE (36).

La dimensión de las transnacionales también es equiparable con los PIB de los países capitalistas más desarrollados. La Exxon que desde 1979 está a la cabeza de las 500 mayores transnacionales mundiales, supera el PIB de países como Bélgica, Austria, Dinamarca, Suecia, Noruega y Suiza. Los ingresos anuales de las 200 primeras Transnacionales alcanzaron a finales del S.XX los 7,1 billones de dólares, superior a la riqueza del 80% de la población mundial que alcanzó 3,9 billones (37).

Este poder económico y comercial permite a las Transnacionales involucrarse en la política exterior de los Estados imperialistas, colocando éstos su rentabilidad política en la rentabilidad de las Transnacionales, rentabilidad que sin la intervención del Estado-clase en el exterior sería impensable. Las Transnacionales son respaldadas en última instancia por el poder del Estado imperialista y su aparato militar, para rebajar los precios de las materias primas y obtener nuevos mercados. El golpe militar en Chile contra el gobierno de UP de Allende, la intentona golpista en Venezuela en el 2.002, la guerra contra la OPEP por el control de las reservas de las materias primas estratégicas, la utilización de las armas bajo el manto de la “guerra preventiva” contra Irak, la guerra contra Libia para apropiarse del petróleo, y los recientes golpes de estado en Honduras, Paraguay (para imponer las políticas del consenso de Washington) son ejemplos clarividentes de que el Estado sigue siendo un instrumento I-N-S-U-S-T-I-T-U-I-B-L-E en beneficio de la acumulación del capital de las Transnacionales. Para definir la actual globalización resulta más apropiado convenir que se caracteriza por un aumento del papel del Estado nacional como apoyo extraeconómico que el capital necesita ante el alcance mundial de su acumulación.

Además, las transnacionales necesitan un Estado para mantener el monopolio de la violencia contra la resistencia obrera y popular, y para mantener el dominio ideológico que preconice los intereses de las transnacionales como única vía posible, como el interés general. Los Estados capitalistas ofrecen a sus transnacionales políticas proteccionistas para mantener a raya a sus rivales comerciales, la concesión de subsidios, políticas de austeridad fiscal tendentes a garantizar mayores tasas de ganancias, contrarreformas laborales para acentuar la explotación de la clase obrera y debilitar los salarios y su fuerza sindical, el establecimiento de una legislación en los países de la periferia que permitan que la extracción imperialista de la plusvalía repatriando las ganancias a las casas matrices. Por eso el Estado capitalista no sólo es necesario en el centro del capitalismo, el poder estatal de los países dependientes también es necesario para las transnacionales que necesitan de la estabilidad, una ley que garantice sus intereses de pillaje, un poder judicial, policial y militar capaz de obligar, cuando el consenso de las clases subalternas falla, a respetar esa ley.

Ningún monopolio saldría de sus fronteras sin una fuerza militar ni respaldo político que protegiera sus exportaciones e importaciones de capital (repatriación de beneficios), desarrolladas por medio de una red de empresas e infraestructuras que alcanzan a todos los rincones del mundo. Y esto sigue produciéndose hoy bajo la rivalidad imperialista por el reparto del mundo, tal y como pensara Hobson, y reafirmara Lenin, aunque se dé bajo otras formas. Más que mundialización, la rivalidad imperialista potencia la regionalización del mundo entre rivales. El mundo ya repartido, vuelve a repartirse cuando la correlación de fuerzas cambia, únicamente ha cambiado que llegado el extremo los Estados imperialistas y las Transnacionales pactan acuerdos coyunturales para evitar que su rivalidad degenere en guerras interimperialistas, porque para eso están las otras guerras, de Estados ricos contra Estados pobres. El propio desarrollo desigual del capitalismo entre empresas y Estados, es el que rompe el equilibrio y crea las condiciones para un nuevo reparto, no cabe unilateralismo, ni multirateralismo bajo el imperialismo, sino desarrollo desigual y rivalidad permanente.

 

Nuestro enemigo de clase: la oligarquía financiera española, catalana y transnacional

El Manifiesto del Partido Comunista  de Marx y Engels comienzan por admitir que la historia de todas las sociedades hasta hoy es la historia de las luchas de clases. Pero Marx reconoce que lo que él aporta de nuevo a la teoría de la lucha de clases es 1) que la existencia de las clases va unida sólo a determinadas fases históricas del desarrollo de la producción; 2) que la lucha de clases conduce, necesariamente, a la dictadura del proletariado; 3) que esta misma dictadura no es de por sí más que el tránsito hacia la abolición de todas las clases y hacia una sociedad sin clases” (38).

Que se me perdone por haber cometido el “sacrilegio” de nombrar la dictadura del proletariado, maldita por los medios intelectuales respetables dentro de los márgenes del imperialismo. Pero

  • ¿cuál es la dictadura que prevalece hoy? y ¿quiénes son sus beneficiarios directos en el Reino de España?.

Después de lo analizado hasta ahora, utilizando la economía política hemos visto que sobre los monopolios capitalistas se levanta la oligarquía financiera, que algunos pretenden hoy presentar como una “nueva clase dominante” (sic). En realidad la oligarquía financiera es la fracción hegemónica del capital, de la clase dominante en el capitalismo, es una de las novedades de la fase imperialista desde sus comienzos a finales del S.XIX con el surgimiento junto a las fracciones tradicionales de la burguesía industrial, comercial y bancaria.

Ya Marx llamaba capital ficticio al capital dinerario como base del desarrollo de las tasas de interés en relación con el capital productivo. En los comienzos del capitalismo el capital bancario dividía su actividad inversora en productiva (inversión en la producción y el comercio) y especulativa (bolsa y finanzas), Hilferding advertía que la inversión del capital bancario en la industria, convierte al capital bancario en capitalista industrial, por lo que una parte mayor del capital industrial no pertenece ya al empresario industrial que lo utiliza, dando lugar al capital financiero, efecto de esa combinación.

Marx en el Capital se propuso descubrir las formas concretas a que da nacimiento el movimiento concreto del capital; en el libro primero dejó claro como la plusvalía es extraída de la clase obrera; en el libro segundo desarrolló las condiciones del capital en el proceso de circulación, rotación y reproducción; y en el tercer libro analizó cómo entre las diversas fracciones de la clase capitalista y de la clase terrateniente estalla una violenta lucha por el reparto del botín que aparece en forma de ganancia, empresaria, interés y renta del suelo, y la tendencia decreciente de esa ganancia. El capital financiero como producto de la fusión del capital bancario e industrial vino a acelerar el proceso de acumulación, concentración y monopolización de capital y agudizar la lucha entre fracciones de la clase capitalista por el reparto de la ganancia a través del proceso de valorización y desvalorización de capital, donde la ganancia empresarial monopolista no se utiliza íntegramente para invertir más en la economía productiva ya que una parte se desvía hacia el ámbito financiero.

Hilferding en El capital financiero, definió la dictadura de la oligarquía financiera, destacando la supresión de la libre competencia capitalista por los grandes monopolios capitalistas y el profundo cambio de las relaciones de la clase capitalista con el Estado, describiendo los mecanismos de la supremacía de la oligarquía financiera sobre el proceso económico, social, político e ideológico. Para Hilferding el capital financiero supone el más alto grado de concentración del poder económico y político en manos de la oligarquía capitalista, la cual “ha instaurado la dictadura de los magnates del capital” (39). Lenin iría más lejos en 1916 al definir al imperialismo como la dominación del capital financiero, como grado superior del capitalismo, donde ese capital, esa oligarquía financiera está separada del capital productivo al cual domina y somete, ya que aunque todo el sistema económico capitalista gire en torno al capital productivo (ya que en las otras esferas comercial y financiera no se genera más plusvalía sino que se reparte la creada en la producción) lo financiero subordina al capital productivo e industrial.

Con la aparición del capital financiero nace el nuevo sector de la burguesía, la oligarquía financiera, insignificante en número, pero poderosa en virtud de la concentración de riqueza en sus manos, ya en los años 70 del siglo pasado en EE.UU. sólo el 1% de las familias disponía del 80% de las acciones industriales. Las particularidades de esta oligarquía estadounidense refleja la especificidad del desarrollo histórico de los principales países capitalistas, son las viejas dinastías configuradas mayoritariamente entre fines del S. XIX y principios del XX. Son los Rockefeller (rey del petróleo), Morgan, Du Pont (alimentos, bebidas, madera, acero, electrodomésticos, aviones, automóviles…), Mellon, Ford, Reynolds, Lehman (quebraron en 2007 por la crisis de los créditos subprime), Harriman, etc, de EE.UU. a los que recientemente se le unen los Bill Gates (padre de Microsoft) y Georges Soros (uno de los 100 primeros ricos del mundo).

En el Reino Unido una parte influyente de la oligarquía sigue siendo como antes la vieja aristocracia, los grandes propietarios agrarios (Buckle, Scarborough, Hamilton, Brandon, etc.), los grandes banqueros de la city (Rothschild, Lazard, Baring, Schroeder, Samuel, Hambro, etc), y la burguesía colonial (Oppenheimer, Fleming, Selborne, etc.).

En Alemania son los magnates del carbón, los magnates del acero del Ruhr, los propietarios de las empresas químicas, electromecánicas y automovilísticas, los banqueros de las familias Krupp, Siemens, Flick, Thyssen, Hantel Berges, Burgendorf, Waldhausen, Henley, Oppenheim, Goldschmidt, Görling, etc.

La oligarquía francesa la constituyen los banqueros, magnates del textil y propietarios de compañías de la industria alimentaria, ligera y de consorcios químicos y del automóvil: los David-Weill, Vandel, Michelin, Peugeot, Schneider, Polignac, Vogüe y los Boussac.

La oligarquía japonesa la componen los llamados zibatsu (pandillas financieras), Mitsui, Mitsubishi, Sumitomo, Fuyo, Sanwa y Dai-Ichi-Kangyo (40).

En España la oligarquía está formada principalmente por la vieja aristocracia terrateniente, y las familias que apoyaron al franquismo, March, Botin, Garrigues, Ybarra, Abelló, Serratosa, etc., a la que hay que añadir a la Caixa como principal grupo financiero industrial.

Por tanto, la oligarquía financiera, ya surgió a través de esa fusión del capital industrial, bancario y comercial, dando lugar al capital financiero, el cual aceleró el proceso de concentración y centralización de la producción en grandes sociedades anónimas monopolistas. El capital financiero ha dado pasos enormes llevando el carácter financiero a sus niveles más altos con el dominio absoluto sobre todas las formas de existencia del capital, y aunque todo el sistema económico capitalista gire en torno al capital productivo (ya que en las otras esferas comercial y financiera no se genera más plusvalía sino que se reparte la creada en la producción) lo financiero subordina el capital productivo. Los bancos e instituciones financieras, que ya eran importantes a finales del siglo XIX, se han transformado en el centro decisivo del imperialismo financiero.

En la actualidad vemos con claridad cómo esa oligarquía financiera dicta a los gobiernos y somete a las poblaciones a una servidumbre por deudas. Los bancos y las agencias de evaluación son nuestros amos. No ha sido la deuda pública la causa de la crisis de los países de la periferia europea. El endeudamiento de tales estados es consecuencia de las cargas que han asumido como consecuencia de la crisis de sobreproducción, no de un exceso del gasto público. Una crisis de la deuda permite a las oligarquías financieras propias y foráneas endeudar al resto de la sociedad. En España Rajoy ya dijo que lo primero es sanear los bancos y reducir el gasto público, los puestos de trabajo, hospitales o las escuelas no son prioritarios.

  • No hace falta añadir más a la respuesta sobre cuál es la dictadura que prevalece, que se levanta sobre las espaldas de la clase obrera y las soberanías populares de países y continentes enteros. Pero ¿cómo se configura en el Reino de España?. Lo vamos a ver reflejado en las desigualdades sociales y el reparto de la riqueza social.

Socialmente en España es uno de los 10 países del mundo con más millonarios, uno de los 10 principales países con mayor desigualdad en el reparto de la riqueza. 265.000 personas (0,58% de los españoles) atesoran 443.000 mill. €, esto representa casi el doble de lo que cobran al año los 19,5 millones de trabajadores con un salario (11 mill.), pensión (7 mill.) o prestación por desempleo (1,5 mill.) inferior a los 1000 €/ mes. En el 2007 en España existían casi 4000 grandes fortunas, el 0,01% de la población, con un patrimonio superior a los 10 mill. de €, juntos poseen 111.500 mill.€. con datos de los patrimonios controlados por la Agencia Tributaria, pero en ellos no se incluyen los fondos en el extranjero o paraísos fiscales.  De esas 4.000 grandes fortunas los que ganan más de 24 mill. € al año son 1500, de los cuales sólo 65 declaran el nivel de renta a Hacienda.

La revista Forbes, que expone la lista con los 1000 más ricos del mundo del 2008, señalan a 18 supermillonarios españoles, que suman un patrimonio de 47.600 mill.€. Destacaba Amancio Ortega en el puesto 22 (actualmente es ya el 3º, en medio de la crisis ha escalado 19 puestos en el ranking), su patrimonio rondaba los 10.776 mill. en el 2008 (Inditex); Rafael del Pino con un patrimonio de 3.409 mill. (Presidente Ferrovial); Emilio Botín con 3.125 mill. (Presidente Banco Santander); Jose Manuel Entrecanales con 2.791 mill. (Presidente de Acciona); Esther Koplowitz con 1.943 mill. (máxima accionista de FCC); Manuel Jove con un patrimonio de 1.639 mill. (máximo accionista BBVA); Jose Mª Aristrain con 1.392 mill. (accionista Arcelor-Mittal), Florentino Pérez con 1.142 mill. € (Presidente de ACS Dragados y accionista de Ibredrola), etc.

A esta desigualdad hay que añadir el poder político-económico que pesan esas fortunas, según ATTAC en 2008 sólo 1400 personas (el 0,0035% de la población española) que controlan las organizaciones esenciales de la economía y una capitalización de 789.759 millones de euros, equivalentes al 80,5% del PIB. Las sociedades de inversión de capital variable manejan inversiones de 27.000 mill. €. Estas sociedades defraudan ya que sólo tributan el 1%. La Agencia Tributaria sitúa que el fraude fiscal alcanza hasta el 25% del PIB y se concentra en los grupos más ricos de la población, donde las cuotas no ingresadas suman más de 70.000 mill. € al año (41), y teniendo en cuenta que el período de prescripción que marca la ley tributaria es de 4 años la cifra se elevaría a 280.000 mill. € en el periodo cuatrianual sujeto a investigación fiscal. Un ejemplo de fraude fiscal es el caso de la mayor transnacional del mundo, ExxonMobil. Su filial en España ganó 10.000 mill. € (2008-2009) en dos años sin pagar 1 euro en impuestos.

  • Hemos respondido sobre los beneficiarios de este sistema en el Reino de España, pero, ¿quienes son los gestores de la dictadura de clase de la oligarquía financiera? ¿quiénes son sus intelectuales orgánicos y técnicos representados en los Estados, gobiernos, grandes bancos y empresas capitalistas?.

El capitalismo de los monopolios financieros es la transformación de una parte de la burguesía en rentistas y cortadores de cupones, grandes accionistas, propietarios de fondos del Estado, deuda pública, etc. La separación de la burguesía entre industrial y rentista, se prolonga en separación entre los dirigentes técnicos del proceso productivo y distribución de mercancías, y los principales propietarios de fondos financieros. La función de la propiedad y la gestión se separan cada vez más. El capitalismo se hace más parasitario. Hemos dicho que Marx y Lenin situaron la tendencia del capitalismo a separar la propiedad del capital y la aplicación de éste en la producción, a separar el capital monetario y el productivo, a separar al rentista y al empresario que participa directamente en la gestión del capital.

Esta separación no implica que los gestores del capital formen una nueva clase distinta a la oligarquía financiera, son agentes del capital que también participan en la apropiación de la plusvalía. La teoría que presenta a los directores y gerentes de los monopolios como una nueva clase no capitalista, que vive de un sueldo y que se guía por el interés de ampliar la producción y el nivel de vida de los trabajadores, es una falacia. La principal tarea de esta tecnoestructura gerencial es extraer la mayor plusvalía posible para la oligarquía financiera, contraponiéndose como agente del capital a los obreros, por ello es ridículo contraponer a las altas capas de administradores frente a la clase capitalista, tal y como lo hacían quienes preconizaban la teoría de la “revolución de los gerentes o managerial” (J. Burham, J. Galbraith…) y algunos planteamientos socialdemócratas desde Bad Godesberg hasta la actualidad.

Las funciones principales de los grandes administradores dio un salto cualitativo tras la crisis de 1973, su atención se centra permanentemente en la reducción de los costos de producción y el aumento de la productividad.

La unidad de intereses de esta tecnoestructura, gerentes-administradores y patronos ejecutivos (presidentes y vicepresidentes de los monopolios) se crea por medio de las fuentes de beneficios. Los fabulosos sueldos de los gerentes contienen plusvalía, su sueldo supera en muchas veces el precio de mercado por una correspondiente cualificación de trabajo y además por si fuera poco el peso del sueldo de los gerentes se va reduciendo respecto a las gratificaciones, y en el total suelen percibir entre un tercio y la mitad respecto a los presidentes y vicepresidentes de los monopolios. En la cúspide de esa tecnoestructura que sirve a la oligarquía financiera se encuentran los presidentes y vicepresidentes de las compañías que como altos ejecutivos sus sueldos e ingresos complementarios ocultan la participación en las ganancias, incluso algunos directivos disponen de una ganancia que se les puede incluir entre la oligarquía.

La “revolución” de los mánagers no ha avanzado tanto como se cree, ya que la dirección y las decisiones permanecen en manos de los mayores accionistas, los mánagers están en la escala baja de la cumbre, en la cumbre se encuentran los jefes de los monopolios, las grandes familias de la oligarquía financiera. El poder con el que cuentan los gerentes de las sociedades anónimas es autónomo relativamente, reduciéndose en última instancia a cumplir la voluntad de los grandes accionistas, de la oligarquía financiera. Con frecuencia los grandes capitalistas ocupan ellos mismos los altos cargos en la dirección de la economía, y a la misma vez determinados patronos ejecutivos se han convertido en grandes capitalistas. Estos últimos, en la cima de su carrera reúnen importantes fortunas y se convierten en grandes burgueses, integrándose en las grandes familias dominantes de la oligarquía financiera. Entre esos grandes administradores la acumulación de capital se realiza por la concesión de sueldos de marajá, distribución de acciones gratuitas, posibilidad de realizar enormes ganancias gracias a las “opciones” que es la forma más rápida de hacerse millonario, la posesión de información que les posibilita especular en bolsa, etc. El éxito de los grandes administradores, managers, no es más que una renovación clásica de la oligarquía financiera por la integración de nuevos elementos.

En las dos últimas décadas las remuneraciones de los ejecutivos de las grandes empresas han pasado de 42 a 400 veces el salario medio de un trabajador, e incluso en situaciones de crisis sus “sueldos” no paran de crecer. Por ej. en  España en el 2.006 ejecutivos como Francisco González del BBVA cobraron 20 mill. €, Alfredo Sáenz del Santander 18 mill, y mientras se aplicaban miles de despidos por reajustes de plantilla los ejecutivos mejor pagados se subían el sueldo ¡¡¡un 24,6% durante ese año!!!. Por eso resulta esperpéntico cuando las empresas capitalistas para reconducir los beneficios de la acumulación de capital, ver cómo tales directores recurren a la precarización de la fuerza de trabajo y la eliminación de empleo. En cuanto a las indemnizaciones por despido, el Banco Santander por ej. indemnizó a dos de sus ejecutivos, uno con 43,7 millones de € en el 2001 y otro en el 2002 con 108 mill. €, también muchos ejecutivos reciben una parte de su remuneración en acciones (stock options) u otros incentivos variables (bonus, extras…) que están situados entre el 30-50% de la retribución total (42).

Contradictoriamente en las cuentas de resultados de las empresas se incluye en la categoría de “salarios y sueldos” al ingreso de todo el personal superior de gestión (directores y administradores) que sociológicamente forman parte de la burguesía. Estos ingresos deben considerarse en realidad deducidos de la plusvalía y no del capital variable (salarios). Las partes de los directores y de los consejos de administración de las sociedades anónimas, los sueldos de los funcionarios superiores del Estado y otros sobrestiman los ingresos del trabajo camuflados entre el resto de ingresos salariales.

Gramsci establece una división del trabajo en el interior de la clase capitalista, los intelectuales técnicos y los intelectuales orgánicos, los primeros se encargan de la gestión económica  (gerentes empresariales) y los segundos de las funciones de gobierno, de mando, de la hegemonía y del aparato de coerción estatal (gerentes estatales), que son los representantes de los intereses generales del capital no presentados como un interés corporativo, particular, sino de hegemonía al servicio de la acumulación general de capital.

Al análisis de Gramsci de los años 30 del S.XX que separaba la función del intelectual orgánico y el intelectual técnico-empresarial, hay que añadir una novedad ya que tras la constitución del capitalismo monopolista de Estado la división del trabajo intelectual técnico/intelectual orgánico se torna flexible, gerentes de monopolios que acaban dirigiendo órganos estatales y de gobierno y a la inversa dirigentes de gobierno y aparatos de estado que acaban en direcciones ejecutivas de las transnacionales. Por ejemplo, de los 33 miembros del gobierno de Churchill en 1953, 19 eran directores de 75 Sociedades Anónimas, mientras 14 pertenecían a familias aristocráticas que formaban parte de la oligarquía financiera.

De esta manera, se levanta toda una tecno-estructura de profesionales, ingenieros y técnicos (directores, subdirectores, recursos humanos, cuadros superiores, financieros, comerciantes monopolistas, políticos, abogados, tecnocracia del Estado, etc.) dedicados a la gerencia de las empresas, bancos, comercios y aparatos del Estado, que se entremezclan y son fuente de carrerismo y que de ninguna manera pueden considerarse trabajadores asalariados, ni productivos, ni improductivos, dado que su función es representar y dirigir los negocios del capital. Jerárquicamente están en la cúspide de la estructura de las empresas, participan en la dirección de la apropiación de la plusvalía para el capital y se apropian de parte de él a través de acciones, bonus y prebendas. Son gerentes que no están regulados por un salario y viven del beneficio. Esta tecno-estructura no se ve necesitada de vender su fuerza de trabajo ya que su remuneración le permite vivir de los intereses y participar en la apropiación de la plusvalía, y disponen de contratos blindados con acero reforzado. Y sino que se lo pregunten a Rodrigo Rato, exgerente de Bankia.

La oligarquía financiera, cúspide de la clase dominante, enmascara su participación en la dirección del Estado capitalista instalando en los aparatos del Estado a sus testaferros y apoderados provenientes de esa tecnoestructura. Los altos funcionarios públicos son promocionados en su mayoría de entre los directivos de las grandes compañías privadas. Los cargos en el aparato del estado se combinan con los altos cargos en los sectores petroleros, militares, construcción, industria, servicios, y comunicación. Una vez terminado su servicio en el aparato estatal regresan a esas compañías, ocupando puestos altamente remunerados. Es la fusión de la burocracia managerial de los monopolios financieros con la burocracia política estatal que se prolonga con la incorporación de la burocracia militar (complejo militar-industrial). En esta fusión del aparato estatal y los grandes monopolios, la movilidad es permanente. Algunos ejemplos:

-Dick Cheney, empezó en el gobierno de Nixon 1969, secretario defensa con Bush I y vicepresidente de EE.UU. con Bush II, en 1995 presidente ejecutivo de Halliburton Co.

-La familia Bush ligada desde los pinitos del abuelo al negocio petrolero de Texas;

-Condoleezza Rice, consejera de seguridad nacional con Bush II, miembro del consejo de administración de Chevron, Administradora de Gilead Technologies y Asea Brown Boveri LTD (energía nuclear).

-Donald Rumsfel, secretario de defensa con G. Ford y Bush II, administrador de GulfStream Aerospace.

-Paul O´Neil, Secretario del Tesoro con Bush II, director gerente de Alcoa cuya sucursal Vinson & Elkins asesoraba a Enron.

-Lawrence Lindsey, consejera económica con Bush II, asesora de Enron;

-Timothy White, Secretario del Ejército con Bush II, miembro consejo de administración Enron.

-Robert Zoellick, representante federal del comercio, asesor de Enron (como vemos estos 4 últimos casos demuestran el estrecho vínculo entre la administración Bush II y Enron).

-G. Schultz, secretario de Estado con Reagan, antes fue presidente de Bechtell.

-Josep Piqué, ministro de industria con Aznar, presidente de aerolínea Vueling y miembro del consejo de Applus.

-Abel Matutes, ministro de exteriores con Aznar, presidente de hoteles Matutes y propietario de la TRANSNACIONAL Fiesta Hotel Group.

-Ana Palacio, ministra de exteriores del gobierno de Aznar, vicepresidenta y asesora del presidente del Banco Mundial.

-Rodrigo Rato, ministro de economía de Aznar,  director gerente del FMI, asesor del Banco Santander, presidente de Caja Madrid y Bankia.

-Eduardo Zaplana, presidente comunidad Valencia y portavoz del PP en el parlamento, delegado para Europa de Telefónica.

-Angel Acebes, ministro del interior de Aznar, consejero externo de Iberdrola.

-Elena Salgado, vicepresidenta economía de Zapatero, consejera de Chilectra, filiar chilena de Endesa y miembro del consejo asesor de Abertis.

-Pedro Solbes, vicepresidente economía de Zapatero, comisario de la UE, miembro consejo administración de Enel matriz italiana de Endesa.

-Esperanza Aguirre, presidenta comunidad de Madrid, presidenta del consejo asesor de Seeliger y Conde.

-Davignon, comisario europeo de industria fue presidente de la Societé Generale;

-Martine Aubry de Gandóis y Péchiney que llegó a ministra de empleo del gobierno de Jospin.

-Edith Cresson, tras ser ministra socialdemócrata francesa, pasó al comité ejecutivo de la TRANSNACIONAL francesa del vidrio Saint Jobin y de ahí al cargo de comisaria europea…).

-Wolfgang Clement ministro de trabajo por el SPD (2002-2005), trabaja en la empresa de subcontratación más importante de Alemania.

-Gerhard Schröder, canciller de Alemania por el SPD que va a potenciar el negocio de los oleoductos bálticos, trabaja para la compañía rusa Gazprom presidiendo la compañía resultante Nord Stream A.G.

-Giuliano Amato, presidente de gobierno italiano por el PD de centro-izquierda, miembro del consejo europeo de Siebel System.

-Silvio Berlusconi, presidente del gobierno italiano (por Forza Italia y Polo de la Libertad), magnate de los mass media italianos (prensa y televisión).

-Un caso especial es la meteórica carrera de Eduardo Serra, responsable de Defensa con el PSOE hasta 1988, presidente de Cubiertas y MZOV en 1989, presidente de Peugeot-Talbot en 1993, presidente de Airtel y como guinda ministro de defensa en 1996 con el PP., etc., etc., etc.

Como el entrelazamiento entre las administraciones del Estado y los comités ejecutivos de las Transnacionales industriales y financieras es brutal. En la UE la gran mayoría de los expresidentes de gobierno y ministros de economía van a formar parte de organismos de dirección de las Transnacionales, o simplemente retoman sus posiciones que tenían en las empresas antes de convertirse en cargos públicos del Estado.

Las Transnacionales están presentes en Bruselas, haciendo trabajo de lobby en el parlamento y la comisión europea, hacen trabajos supuestamente científicos, forman parte de comisiones técnicas de la UE, discuten sus necesidades con los gobiernos y emiten informes que adquieren rango de ley.

En Berlín se concentra un ejército de 5000 lobbistas alrededor de las instituciones pública, el gobierno y el Bundestag promocionando los intereses privados (43).

Según Wisse Dekker, expresidente de la transnacional Phillips, reconoció haberse encargado de reunir a los 40 representantes de “las más grandes empresas europeas” para preparar el documento que luego sería asumido por la CEE íntegro sobre las 300 directivas en las que se basaría el Acta Única pactada en 1986 (libre circulación de mercancías, unión monetaria, etc.), la banca alemana también impondría por su cuenta que el futuro Banco Central Europeo no pudiera comprar deuda pública a los Estados, somietiéndolos a la austeridad continua, el endeudamiento con la banca privada y el deterioro del estado de bienestar (44). Esta negativa a utilizar el BCE como financiador de los Estados en dificultades y emisor de deuda europea ha agravado la situación de la periferia en la crisis actual.

En Bruselas 10.500 lobbistas profesionales trabajan para hacer maleables a los 732 parlamentarios europeos (45).

Desde el Tratado de Maastrich (1993) que fijó los límites del déficit (3%) y deuda pública (60%), hasta el de Lisboa (2007) y el Plan de Gobernanza (2010), se ha ido desarrollando el modelo neoliberal a escala UE, de ataque directo a los derechos y conquistas del movimiento obrero (desregulación mercado laboral, flexiseguridad, bolkestein, 65 horas semanales, aumento edad jubilación…) la privatización de empresas públicas y servicios sociales, el ataque a la soberanía de los pueblos recortando permanentemente el estado de bienestar, etc., con el apoyo directo de la derecha, la socialdemocracia y los verdes europeos, cuyo resultado es la oligarquización de la política, que en España se tradujo en la reforma constitucional PP-PSOE, que impone la obligatoriedad del pago de la deuda por delante del estado de bienestar, y los “rescates” financieros de Grecia, Portugal e Irlanda, auténticos golpes de estado de la oligarquía financiera en tales países, sin necesidad de utilizar la baza militar, promocionados por el mayor grupo de presión de la UE, la TROIKA.

En los EE.UU. existe el Consejo de Relaciones Exteriores que es un “grupo de reflexión” compuesto por los altos ejecutivos de la banca, petróleo, medios de comunicación, alimentación, inversión inmobiliaria junto a los políticos. Algunos de esos miembros son D. Rockefeller, John McCain, Dick Cheney, Colin Powell, Madeleine Albright, etc. Los lobbies del armamento yanqui garantizan los pedidos militares estatales, en el 2006, 151 miembros del congreso de EE.UU. tenían invertidos millones de dólares en empresas de guerra, ¿que se suponen que hacen cuando votan a favor de aumentar los gastos militares?, defender el valor de sus acciones. En EE.UU, los lobbies y grupos de reflexión, se convierten en formas directas por las cuales las principales compañías, destacando las militares, imponen al gobierno de turno la política exterior de la que se benefician. El vínculo se estrecha en el propio gobierno, Northrop Grumman la 4ª compañía más grande de defensa del mundo, aumentó sus ventas netas 4,5 veces entre el 2000 y el 2008, 7 exfuncionarios o accionistas de Northrop Grumman, ocuparon cargos en la administración de Bush IIº. ¿Curioso?. No, es la lógica del funcionamiento del capitalismo monopolista de Estado.

En el 2011 las empresas yanquis gastaron 3.270 millones de dólares en atender a los congresistas y a los altos funcionarios de EE.UU.. Las 30 mayores compañías gastaron entre 2008 y 2010 más en esto que en pagar impuestos. Como consecuencia las 280 mayores empresas de EE.UU. no han pagado en 3 años (2009-2011) más que un 18,5% de sus beneficios. De 1985 a 2004 los 400 yanquis más ricos han pasado de pagar un 29% de sus ingresos a tan sólo un 18%, mucho menos que los trabajadores asalariados y los pequeños comerciantes juntos. La paga de los dirigentes de las 500 mayores empresas yanquis aumentó un 36,5% en 2010, mientras que aumentaba en 1,6 millones los niños yanquis sin hogar (46).

Tras la categoría de “políticos retirados” que han aplicado políticas favorables al capitalismo nos encontramos también a conferenciantes como Gorbachov y Clinton, éste último ingresó 6 millones de euros en el 2005 en actos organizados por el Estado y asociaciones privadas. En esta categoría también se encuentran Felipe González, Aznar, etc. Estos “políticos retirados” igual que los arriba señalados también trabajan a “sueldo” en instituciones financieras y empresariales, se apropian de la plusvalía en el ciclo de la redistribución de la renta donde tales “sueldos” y sus elevados aumentos se costean con la disminución de las partidas destinadas a servicios públicos, rentas extraídas por impuestos a la población asalariada. Todo un mérito.

Si echamos un vistazo a los dos expresidentes del gobierno español, González y Aznar, veremos que entre los dos consiguen ingresos anuales superiores a los 500.000 €. El expresidente del gobierno del PP cobra por ser consejero de News Corporation, también por participar en conferencias, asesorías, libros o artículos que desarrolla a través de la sociedad Famaztella de la familia Aznar-Botella, desde donde factura los servicios para News Corporation, y desde el 2010 es asesor de Endesa. El expresidente del gobierno del PSOE, es miembro del consejo de gas natural fenosa, por lo que recibe 126.000 €/año, a lo que se suma la pensión vitalicia como exjefe de gobierno, conferencias, asesorías, libros, etc., en total, más de 200.000 €/año (47). ¿Quién puede decir que les afecta o preocupa la crisis?. ¡¡¡Si son gestores de los intereses financieros y monopolistas de la clase dominante!!!.

  • Conclusión. Estamos ante una democracia real sólo para una minoría o lo que es lo mismo una dictadura de clase sobre la mayoría, de los explotadores y sus gestores sobre los explotados.

Rousseau admitía que no era posible ni realizable la democracia como ideal en sociedades donde la minoría lo posee todo y la mayoría carece de lo más elemental: trabajo, vivienda, educación y salud. En la actualidad del S.XXI, la dictadura de las finanzas se puede entender como dictadura no sólo en las relaciones económicas sino también en el régimen político, el cual garantiza la hegemonía de la clase dominante y sus políticas, ya que bajo el capitalismo aún en el régimen más democrático (conquistado no lo olvidemos por la lucha del movimiento obrero), los gobiernos no los forman el pueblo, sino como decía Lenin los Rotschild, Rockefeller y Morgan del entorno. Por tanto, desde un punto de vista marxista sabemos la democracia que “aguanta” el capitalismo, que es la que la lucha de clases le permite para regular y mantener el sistema, donde todas las conquistas democráticas y transformaciones sociales que existen o han existido dentro de los márgenes del sistema capitalista han sido posibles por las luchas del movimiento obrero y la izquierda desde mediados del S.XIX, pasando por el impulso de las luchas antifascistas del S.XX y por el contrapeso existente tras la IIª Guerra Mundial (sistema socialista mundial + movimiento obrero países capitalistas + movimientos de descolonización y liberación nacional).

Ninguna clase dominante en la historia ha cedido jamás sus privilegios por las buenas, caeríamos en la utopía premarxista creernos que la gran burguesía vaya a aceptar de buenas ceder su poder político y económico a la clase obrera, que los altos funcionarios de la administración del Estado capitalista, altos ejecutivos de las grandes empresas y bancos, aceptarían de buena gana servir a los trabajadores cediendo todos los privilegios y corruptelas que disfrutan, que cederían pacíficamente su propiedad y control sobre los complejos y costosos medios de producción y comunicación tirando por la borda la base de su riqueza y su dominación política.

¿De verdad nos creemos que cederán voluntariamente a las masas trabajadoras los monopolios mediáticos de desinformación (Prisa, Mediapro, Zeta, Vocento, COPE, Filipacchi, Zeta, Godó, Unidad Editorial S.A., etc.)?.

¿Creemos que nacionalizaran gustosamente los sectores estratégicos –productivos y financieros- de nuestra economía?.

¿Creemos que gustosamente Amancio Ortega, Florentino Perez o el rey cederían sus privilegios para dedicarse a ser ciudadanos y trabajadores normales?.

¿Creemos que Aznar y Felipe aceptarían de buena gana a vivir de la pensión como hacen millones de pensionistas de este país?.

¿Creemos que los gobiernos actuales, procapitalistas, neoliberales, dejarían de echar a palos a las familias obreras de sus casas, y la emprenderían contra los especuladores que se lucran con el sudor del pueblo trabajador?.

¿Creemos que las actuales fuerzas de orden público capitalistas, gustosamente, tomarían la iniciativa de perseguir a los patronos que incumplen las leyes laborales, en vez de apalear a los trabajadores que se movilizan?.

No se, pero yo creo que defenderían rabiosamente sus privilegios. Por ello sigue siendo necesaria la revolución para vencer la inevitable resistencia de la clase dominante, para expropiar al capital, revolución que como argumentaba Lenin frente al liberalismo de Kaustki y Vandervelde, consiste en derribar a la burguesía y romper su máquina estatal para implantar el poder político de las clases explotadas con la clase obrera a la cabeza que emprenda la transformación social del capitalismo al socialismo.

Siendo consecuentes y promarxistas, concluiremos dándole la razón a Marx que sólo la revolución socialista y la dictadura del proletariado, transformará la sociedad y restituirá al pueblo la soberanía de sus destinos en la sociedad sin clases.

 

Nuestro objetivo final, la construcción del socialismo y el comunismo

No existe el capitalismo con rostro humano, no existe el capitalismo verde, ambos conceptos son incompatibles, pretender refundar o regular el capitalismo significa perpetuar el enriquecimiento de una minoría. Debemos cumplir con nuestra misión histórica, cambiar el modo de producción capitalista, que lleva la crisis, la guerra y la miseria de los pueblos en sus venas. En todo el mundo hay millones y millones de obreros y obreras en paro forzado, las fuerzas productivas están a medio rendimiento y la crisis no para de destruirlas a la vez que las inutiliza, millones de viviendas vacías igual que se suprimen toneladas de alimentos para mantener los precios, mientras cada vez más familias trabajadoras carecen de techo y el hambre masivo sigue provocando decenas de miles de muertes por día, la tasa de mortalidad infantil llega a más de 12 millones de muertes al año.

¡¡¡Sobreproducción de mercancías y capitales!!!, mientras la capacidad de producción permite alimentar al doble de la población mundial, y por el contrario más de 1.000 millones de seres humanos carecen de lo elemental para alimentación y salud. Aun produciéndose suficientes recursos alimentarios y sanitarios, el hambre, la desnutrición, las enfermedades curables, y la pobreza crónica, campean a sus anchas como efecto del dominio de las relaciones de producción capitalistas. Tras dos siglos de capitalismo, el 70% de la población es analfabeta, el 27% de la población infantil carece de escuela, el hambre y la pobreza mata más personas cada año que toda la contienda bélica de la IIª Guerra Mundial.

El aumento del plusproducto social en relación al producto necesario bajo el capitalismo no conduce a un aumento del bienestar para el conjunto de la sociedad, sino a un aumento del plustrabajo para las clases explotadoras, no significa un aumento del tiempo libre, sino una fuente periódica de crisis y desempleo. El aumento del trabajo muerto en relación al trabajo vivo, bajo el capitalismo, no significa una economía creciente de trabajo humano, sino la creación de un ejército industrial de reserva, bajo cuya presión el consumo de los productores queda limitado al producto necesario. Las fuerzas productivas actualmente disponibles posibilitan la reducción de la jornada de trabajo, su reparto, y la liberación del tiempo libre para el productor. El capitalismo lo impide.

En la lógica del capitalismo sólo tiene cabida el ejército industrial de reserva de trabajadores temporales y parados, para presionar a la baja los salarios. En la lógica del capitalismo es inviable el pleno empleo. En la lógica de la acumulación de capital, sólo tiene cabida la crisis y la tasa de ganancia, lo demás no importa, no importa la planificación social, no importa los derechos humanos. El mecanismo del modo de producción capitalista vacía nuestras venas, sólo una minoría de grandes accionistas, la oligarquía financiera, domina a través de los consejos de administración, los medios de producción capaces de dar trabajo y acabar con el paro y el hambre.

Pero para poder acumular capital, y especular sobre el capital, convertirse en rentista-acreedor, es necesario que exista la fuerza productiva. El origen de las ganancias del capital, de la oligarquía financiera, de los especuladores va ligada a la explotación de la clase obrera, a la extracción de la plusvalía en la producción que es donde el capital explota la fuerza de trabajo para sacar un valor de cambio suplementario, sin el proletariado no habría tal capital, tal plusvalía. Y la crisis, con sus ajustes, “rescates” financieros y demás embestidas contra nuestras condiciones de vida, no es más que una intensificación de las condiciones de explotación, para continuar con el ciclo de acumulación de ganancias para el capital, donde la clase obrera nos vemos obligados a trabajar más horas a cambio de menos, a pagar por la salud, la enseñanza, a quedarnos en paro, para pagar la factura de la crisis, para pagar las pérdidas del capital, para que las cuentas de resultados de las grandes empresas y bancos sigan creciendo junto al empobrecimiento de la clase obrera. Para beneficiar a quienes no crean ni un centavo de la riqueza social.

El capitalismo como sistema, con este cúmulo de contradicciones irresolubles, ha demostrado su incapacidad para superar el atraso de países, de dar solución a los problemas de la humanidad y de someter el desarrollo de las fuerzas productivas a la dirección del género humano. Ha destacado históricamente por la dilapidación y el agotamiento de recursos naturales no renovables (petróleo, gas, madera, carbón, agua, etc.), aprovechados de forma desigual en detrimento de la periferia del mundo, y ha impulsado a límites desconocidos la destrucción del medio ambiente con el exceso de contaminantes en la atmósfera y el agua (crisis climáticas, energética, degradación de la alimentación, destrucción del hábitat, etc.). El capitalismo es un sistema en crisis estructural, que promociona la demanda superflua sin satisfacer las necesidades prioritarias, que empobrece el medio rural y la agricultura y provoca la aglomeración urbana desordenada, que alimenta el individualismo, la insolidaridad, la agresividad, y rompe los vínculos comunitarios de las ciudades, etc.

La contradicción fundamental del capitalismo no se explica como un problema de reparto de la riqueza social, sino como un problema sistémico. ¿Quién y por qué deciden que se construyan palacios y obras faraónicas y no las viviendas de la mayoría de la población necesita? ¿Quién y por qué deciden que la investigación médica se derive principalmente hacia los sectores ricos de la población aunque no se trate de enfermedades (medicamentos antienvejecimiento, ciruía estética, obesidad, insomnio, impotencia, etc.) en vez de priorizar la erradicación de enfermedades muy extendidas en el mundo, como la malaria y el sida? ¿Quién y por qué deciden que se produzcan infinidad de armas destructivas para las guerras, en vez de desarrollar actividad industrial y agraria para países y regiones amenazadas por la pobreza y el paro?. Es la propiedad capitalista de los medios de producción fuertemente centralizados bajo el poder del capital financiero, de los monopolios transnacionales, la que determina qué, cuanto y por qué se produce y para quien, no en función de las necesidades sociales, sino en base a la rentabilidad de las ganancias del capital, que es lo que precisamente genera el reparto desigual de la riqueza social y su despilfarro. La contradicción fundamental entre la socialización de las fuerzas productivas y la apropiación y propiedad capitalista, es la causa de la crisis del capitalismo, la causa que pone en el orden del día la necesidad de la superación del capitalismo.

El prodigioso desarrollo de las fuerzas productivas está contenido en el aumento de la composición orgánica del capital, maquinaria y tecnología, en su concentración y extensión. Pero esta socialización de la producción que transforma el trabajo de la humanidad en trabajo objetivamente cooperativista, no está dirigido mediante un plan consciente. Está regida por la ley del valor, el mercado y la tendencia decreciente de la tasa de ganancia del capital. De ahí que el conjunto de la producción socializada se desarrolle independientemente de las necesidades que ella misma ha creado impulsada por la sed de ganancias de los capitalistas. La producción se desarrolla no en los sectores donde subsisten más necesidad real, sino en aquellos donde pueden realizarse más elevadas ganancias. La producción de alcohol, drogas, etc., tiene primacía sobre la lucha contra la contaminación, la conservación de los recursos naturales, la construcción de escuelas y hospitales.

La forma capitalista de la apropiación del plusproducto social determina el carácter anárquico de la producción capitalista, el desequilibrio entre los diferentes sectores de la producción y los límites al consumo, la producción capitalista se separa completamente del consumo convirtiéndose en un fin en sí, fin que a la larga es frenado por la crisis.

Sólo la socialización directa de la producción y la subordinación consciente a las necesidades de las masas, pueden conducir a un nuevo desarrollo de la tecnología y la ciencia que promueva el autodesarrollo y no la autodestrucción de los individuos y la humanidad. El crecimiento anárquico y destructivo debe ser sustituido por un crecimiento planificado y sostenible.

La crisis del capitalismo desnuda la contradicción entre la creciente abundancia de bienes de consumo y el subdesarrollo masivo del consumo social de los servicios colectivos. Eleva aún más la importancia creciente de los servicios de la salud, vivienda, enseñanza, transporte local, vacaciones, etc., no sólo en la estructura objetiva del consumo sino en la conciencia de la clase obrera. Estos servicios son subdesarrollados, cuestionados por la acumulación de capital, lo que aumenta la presión de las masas por su satisfación económica y pone a la luz del día la plena socialización de los costos para la satisfacción de esas necesidades como prioritarias y la completa eliminación del mercado. Todos estos problemas serán irresolubles bajo el capitalismo. La apropiación de los medios de producción por los productores asociados, la reducción radical del tiempo de trabajo como condición para la administración de la producción social y la extinción de la producción mercantil son pasos indispensables para su solución.

Hoy se vislumbra con la mayor claridad el síntoma de la creciente contradicción fundamental entre la socialización objetiva de la producción, con la expansión de la industrialización, la ciencia y la técnica, y el carácter capitalista de su apropiación, distribución y planificación. Carácter que pervive gracias a la multiplicación de la explotación asalariada, carácter que impulsa la dilapidación burguesa de los recursos tecno-científicos, carácter que provoca una aceleración de las desigualdades mundiales como tendencia irrefrenable, carácter que profundiza el infarto ecológico y pone en peligro el futuro de la vida humana en el planeta. El capitalismo hoy está produciendo anualmente más de 54 billones de $ en bienes y servicios (48), una enorme riqueza mal distribuida. Pero la base científico-técnica que posibilita la producción de ésta masa de bienes y servicios, no es condición suficiente.

No habrá un cambio automático de sistema por el crecimiento de las fuerzas productivas. Al contrario, dichas fuerzas productivas desarrollándose bajo las relaciones de producción capitalistas se convierten en fuerzas destructivas profundizando la barbarie a escala social. De lo que se trata es de elevar la conciencia, la organización y la dirección política de la clase obrera como polo central a la salida de la crisis general del capitalismo por medio de la revolución social, expropiar a los expropiadores e instaurar el socialismo.

Ligar la lucha por la democracia al socialismo, luchar por la sustitución de las relaciones de producción capitalistas por las relaciones de producción socialistas, es el destino histórico de las naciones en general y ¡¡¡de la clase obrera internacional!!!.

 

Notas:

(1)  Sistema de gobierno en el que el poder lo ostentan quienes disponen de las fuentes de riqueza.

(2)  468 indultos en 11 meses de Rajoy. El País. 2 Diciembre 2012.

(3)  Los 15 sueldos más altos de los empresarios del Ibex. (ABC 17 julio 2012). Los sueldos millonarios del Ibex 35 chocan con la austeridad del Gobierno. (El Confidencial 4 Enero 2013).

(4)  Apuntes críticos sobre el problema de la deuda externa. Gómez Gil. Pueblos nº3. 2000.

(5)  La crisis de 30 años ¿El fin del capitalismo?. Págs. 431 y 432. Henri Houben. Ed. Asociación Cultural Jaime Lago 2012.

(6)  La crisis de 30 años ¿El fin del capitalismo?. Pág.247. Henri Houben. Ed. Asociación Cultural Jaime Lago 2012.

(7)  La crisis de 30 años ¿El fin del capitalismo?. Pág. 252. Henri Houben. Ed. Asociación Cultural Jaime Lago 2012.

(8)  La crisis de 30 años ¿El fin del capitalismo?. Pág. 249. Henri Houben. Ed. Asociación Cultural Jaime Lago 2012.

(9)  Karl Marx. El Capital. Libro III, vol 7º, pág. 562. Ed. SXXI.

(10)         Karl Marx. El Capital. Libro III, vol 7º, pág. 563 Ed. SXXI..

(11)         Para la crítica del programa socialdemócrata de 1.891. F. Engels

(12)         Karl Marx. El Capital. Libro III, vol. 7º, pág. 563 Ed. SXXI.

(13)         F. Engels. Anti-Duhring. Ed.Avant. págs. 290, 291, 292 y 293

(14)         F. Engels. Anti-Duhring. Ed.Avant. págs. 290, 291, 292 y 293

(15)         Lenin El imperialismo fase superior del capitalismo, pág. 132.

(16)         La tendencia decreciente de la tasa de ganancia, sobreproducción de capital, motor de la crisis capitalista, es la que genera el continuo ataque del capital a las condiciones de vida y trabajo de la clase obrera, hoy en dimensiones internacionales, donde los Estados capitalistas juegan el papel de gestores por su carácter de clase, y donde las transnacionales en sus empresas matrices y filiares aplican las medidas de ajuste permanente de la fuerza de trabajo para abaratar costes laborales y disciplinar la fuerza de trabajo.

(17)         Lenin. El imperialismo fase superior del capitalismo. Ed. Roca, págs.. 78 y 79.

(18)         El imperialismo fase superior del capitalismo (Lenin), pág. 79. Ed. Roca. México 1.974.

(19)         Transnacionalización y desnacionalización. Ensayos sobre el capitalismo contemporáneo (Rafael Cervantes Martínez, Felipe Gil Chamizo, Roberto Regalado Álvarez, Rubén Zardoya Loureda). La Habana 1.999.

(20)         Las contradicciones del capitalismo en el umbral del siglo XX. Michel Collon. 1999. Seminario comunista internacional de Bruselas.

(21)         Signos de los tiempos: capitalismo, competitividad y el nuevo rostro del imperio en América latina. El imperio recargado, Cammack Paul. CLACSO, Buenos Aires, 2005.

(22)         La bolsa o la vida. Las finanzas contra los pueblos. (Eric Toussaint) Ed. Tercera prensa, pág. 56. San Sebastián 2002.

(23)         El imperio de Hardt y Negri y el regreso del marxismo eurocéntrico. Néstor Cohan. Ed. Cuba Siglo XXI http//www.nodo50.org/cubasigloXXI (Abril de 2.003).

(24)         Dicen, 99 histórias sobre la globalización, el libre mercado capitalista y la guerra, págs.. 26 y 170. Hendirk Vaneeckhaute. http://www.pangea.org/hendrik.

(25)         El desarrollo desigual, pág. 204 (Samir Amin) Ed. Fontanella. Barcelona 1975.

(26)         Celso Furtado, citado por M. Harnecker en CEP n° 6 Imperialismo y dependencia. Ed. Akal. 1.979. Madrid.

(27)         El crecimiento del empleo en maquiladoras mexicanas se ha doblado, si en 1992 habían 2.200 dando empleo a medio millón de obreros, en el 2006 había 2810 maquiladoras con 1,2 millones de obreros. (La crisis de 30 años. ¿El fin del capitalismo?.págs.160 y 161 Henri Houben. Ed. Asociación Cultural Jaime Lago. 2012).

(28)         La crisis de 30 años. ¿El fin del capitalismo?.pág. 207. Henri Houben. Ed. Asociación Cultural Jaime Lago. 2012.

(29)         Los muertos vivientes de la mundialización. Philippe Paraire. El libro negro del capitalismo. Grupo de autores. Editores Independientes 1.998.  www.leninismo.org.

(30)         El poder de las multinacionales. Arturo Van den Eynde 2-09-2003. Ed. www.rebelión.org.

(31)         El negocio de la ayuda, pág. 114. G.Lukichov, I. Malovichko… Ed. Progreso. Moscú 1988.

(32)         Imperio: dos tesis equivocadas (Atilio A. Boron) Ed. Rebelión.org. La izquierda a debate. Noviembre 2002.

(33)         Ni Eurocomunismo, ni Estado (E. Fioravanti) Ed. Península.Barcelona. 1978.

(34)         La bolsa o la vida. Las finanzas contra los pueblos. (Eric Toussaint) Ed. Tercera prensa, pág. 56. San Sebastián 2002.

(35)         ¿Hacia dónde va China? Peter Franssen, págs. 90,91, 92 y 120. Ed. Asociación Cultural Jaime Lago febrero 2011.

(36)         ¿Hacia dónde va China? Peter Franssen, págs. 90,91,92 y 120. Ed. Asociación Cultural Jaime Lago febrero 2011.

(37)         Imperio & Imperialismo: una lectura crítica de Michael Hardt y Antonio Negri. Atilio A. Borón. Ed. CLACSO, Buenos Aires. 2004.

(38)         K. Marx, citado por Lenin en el Estado y la Revolución. Ed. Progreso. Moscú.

(39)         El capital financiero. Rudolf Hilferding. Ed. Tecnos 1973.

(40)         La crisis de 30 años. ¿El fin del capitalismo?, pág. 145. Henri Houben. Ed. Asociación Cultural Jaime Lago. 2012.

(41)         Informe Propuestas en época de crisis. Necesidad de un plan especial de la administración tributaria. Organización Profesional Inspectores de Hacienda del Estado. Valladolid. Octubre 2009.

(42)         La situación actual de la economía española. Seminario Taifa, nº 1, pág. 9. Enero 2.005.

(43)         El poder dels lobbies augmenta a Alemanya i a Brussel.les (La Vanguardia 12-11-2012).

(44)         Hay Alternativas. Vicenç Navarro, Juan Torres López y Alberto Garzón Espinosa. Ed. sequitur- ATTAC. España. 2011.

(45)         La clase obrera en la era de las multinacionales. Peter Martens. Ed. Asociación Cultural Jaime Lago. 2011.

(46)         Más allá de la crisis (Josep Fontana) 8-02-2012. www.rebelión.org.

(47)         Aznar y González: más de 500.000 € al año en sueldos y dos pensiones de por vida. Jorge Chamizo. 7/9/2012. Yahoo! Finanzas.

(48)         La crisis de 30 años. ¿El fin del capitalismo?. Henri Houben. Ed. Asociación Cultural Jaime Lago. 2012.

 

 

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