TEORÍA MARXISTA-LENINISTA DE LA ORGANIZACIÓN DEL PARTIDO COMUNISTA

Comunismo1

Miguel A. Montes

29 Julio 2008

1. Denominación, Fines y Objetivos

En el artículo 2 de nuestros estatutos define al PCC como “partido dirigente de la clase obrera, tiene como objetivo irrenunciable la transformación socialista de la sociedad, en la perspectiva de una sociedad comunista, entendida como aquella en la que ha quedado eliminada cualquier tipo de explotación, opresión, discriminación…”.

En el artículo 1 el PCC definido como partido de ámbito nacional catalán se considera como la “organización política de vanguardia y de masas, basada en los principios del marxismo-leninismo, que constituye la unión voluntaria y combativa de los hombres y mujeres de la clase obrera, de los campesinos, de los profesionales e intelectuales, de los trabajadores manuales y trabajadores intelectuales de Catalunya…educa a sus militantes en la fidelidad insobornable a la causa de la clase obrera y de las capas populares de los demás pueblos de España, del internacionalismo proletario y de la solidaridad internacionalista con los pueblos que construyen el socialismo…”.

En el ámbito nacional nos consideramos continuadores del PSUC (art.2) y reivindicamos la totalidad del patrimonio histórico en consonancia con la legitimidad política expresada en el Vº Congrés del PSUC.

Como parte de nuestros fines y objetivos nos pronunciamos por el ejercicio pleno al derecho de autodeterminación de Catalunya, y por la defensa de la república democrática y federal como la mejor forma para el desarrollo de la democracia y el avance al socialismo en nuestro país (art. 3).

La actividad del partido está dirigida a crear y consolidar los movimientos de masas, la unidad de las fuerzas de izquierda por la ampliación y la defensa de las libertades democráticas, en base a una alianza antimonopolista que agrupe a la clase obrera, el conjunto de trabajadores manuales e intelectuales, el campesinado y otros sectores antimonopolistas.

También se propone el partido consolidar y ampliar la participación de los trabajadores en las instituciones políticas representativas, mediante programas, candidaturas políticas, conquista de áreas de gobierno, etc (art. 7).

2. Funcionamiento y Democracia interna en el Partido.

El funcionamiento del partido se rige por el principio del centralismo democrático (art. 18). Tal principio presupone:

a)    La participación de todos los militantes a través de sus respectivas organizaciones de base en la elaboración de la política del partido.

b)   Libertad total de expresión, crítica y autocrítica en el momento del debate. Una vez tomadas las decisiones (plenarios, comités, conferencias, congresos) se mantendrá en todo momento la unidad de acción politico-ideológica.

c)    El carácter electivo y revocable de los miembros de todos los organismos de dirección, de abajo a arriba.

d)    La obligación de los órganos dirigentes de rendir cuentas periódicamente a las organizaciones del partido.

e)    La vigilancia de la disciplina con la subordinación a los acuerdos mayoritarios.

f)     La obligatoriedad de los acuerdos de los órganos superiores a los inferiores, es decir, la obligatoriedad de que toda organización, organismo de dirección o militancia aplique los acuerdos de los congresos, y/o conferencias.

g)    La prohibición de fracciones o corrientes organizadas dentro del Partido (reuniones de cafetera y bares, corrientes ideológicas).

El centralismo democrático es una necesidad para impulsar el trabajo de la organización. Mucho más necesario lo es cuando entre los que se llaman comunistas en nuestro país hay quien crea dudas, reservas e incluso manifiesta su oposición a la vigencia de dicho principio como ley básica del funcionamiento de un partido comunista.

El centralismo democrático es la auténtica unidad de democracia y centralismo. Y ella sólo se logra mediante la actividad conjunta de todas las organizaciones del partido, desde el Comité Central hasta la célula.

Todo ello quiere decir que una vez elaborado nuestro programa político, una vez consolidado un equipo de dirección política dispuesto a aplicar el programa, la estructura organizativa del partido debe servir para dar un carácter marxista-leninista al funcionamiento de las organizaciones. Eso significa restablecer la concepción del partido como vanguardia revolucionaria de la clase obrera y de las masas populares, es decir como partido dirigente.

Para ello nuestro partido necesita la máxima eficacia en su actuación. En su seno todos los militantes deben participar, cada uno según sus posibilidades, en la elaboración de la línea política (desde la específica de la célula a la del Comité Central) asistiendo a las reuniones regulares y participando en las discusiones.

El funcionamiento del partido debe ser plenamente democrático. La discusión ha de ser plenamente libre y respetuosa de la diversidad de argumentos y opiniones. En la discusión se debe de aplicar el método de la crítica y la autocrítica sobre el trabajo (nunca sobre aspectos personales ni de la vida privada) sin quedar excluidas de ella ningún camarada. La discusión tiene como fin SIEMPRE llegar a acuerdos claros que permitan al partido dirigir la actividad de sus militantes y cuadros en la vida política y social.

El Partido elabora su política para la acción, para preconizarla entre las masas trabajadoras y para organizar la lucha de éstas por sus reivindicaciones inmediatas, a través de las que debemos de conectar con las masas y ayudarles a conectar con las reivindicaciones políticas generales y crear conciencia de la misión histórica de la clase obrera.

La unidad ideológica del partido es una condición indispensable para que éste pueda cumplir su misión de dirigente y organizador de la lucha de la clase obrera. Pero esta unidad ideológica resulta estéril si no es respaldada por la unidad orgánica del partido, por la unidad de acción de sus militantes estrechamente vinculados en las masas.

El primer principio sobre el cual se asienta el partido es la unidad ideológica y orgánica. Atentar contra esta unidad significa destruir el partido y dejar a la clase obrera a merced de la burguesía. Por eso los comunistas nos oponemos resueltamente a cualquier actividad fraccional dentro del partido.  Esto no significa que eludamos la discusión o que no aceptemos las diferencias en la apreciación de uno u otro fenómeno, muy al contrario, somos partidarios del amplio debate como única forma de llegar a la verdad y lograr ese convencimiento colectivo imprescindible para poner en práctica nuestras decisiones. Pero otra cosa muy distinta es la labor fraccional, que tarde o temprano se expresa en la puesta en cuestión de nuestros principios ideológicos y se inicia con la infracción de las normas de la vida interna del partido mediante la negación a aceptar y a aplicar las decisiones.

Una vez terminada la discusión y sacadas las conclusiones y acuerdos, éstas obligan por igual a todos los organismos y a todos los militantes para aplicarlas sin reservas y con decisión. El camarada Lenin expresó la idea de que para conseguir que el partido fuese una unidad coherente era necesario sacrificar todo particularismo e independencia de grupo.

Una condición fundamental para el desarrollo y fortalecimiento del partido es el cumplimiento de su programa congresual, sus estatutos y sus decisiones periódicas, por parte de todos los militantes y organizaciones. Para ello es necesario la observancia del segundo principio de una organización comunista: la disciplina. Decía el camarada Gramsci que un error en la orientación es menos nocivo que un acto de indisciplina, ya que con ésta se mina la unidad del partido.

La disciplina no puede producirse sino como un acto libre y consciente por parte de cada militante y para su aplicación se precisa la compenetración de los militantes, cuadros y dirigentes con la línea política del partido elaborada colectivamente. La disciplina no anula la personalidad del militante, cuadro o dirigente ni su iniciativa, pero sí limita la arbitrariedad y las actitudes irresponsables, posibilitando a su vez la dimensión colectiva de las prácticas y valores individuales. La disciplina de partido se mantiene mediante la conciencia de los militantes, su fidelidad a la revolución, su espíritu de sacrificio, su heroísmo y su serenidad, se comprueba mediante la capacidad del partido de estar ligado a las más amplias masas trabajadoras, y en primer lugar a la clase obrera; y se confirma mediante la aprobación por estas masas de la justeza de la línea política del partido.

La tercera condición vital para el fortalecimiento del partido, es la iniciativa de los comunistas, de sus organizaciones y comités, y de su activa participación en la vida del partido. Sin la participación de los militantes en la elaboración de la línea política del partido, se produce una abismo entre la base del partido y la dirección y una burocratización que lo paraliza totalmente para cumplir su papel. Las decisiones del partido no pasarán de buenas intenciones sino penetran en la conciencia de los militantes y no son apoyadas, en la práctica, por el ímpetu de la iniciativa de la base.

Sólo velando por la unidad, manteniendo la disciplina y convirtiendo a cada militante en un dirigente puede el partido jugar su papel de vanguardia revolucionaria de las masas trabajadoras y la clase obrera.

Los comités de dirección del partido deben velar por la aplicación práctica de la política general del partido y hacer llegar a la dirección central del partido las opiniones discrepantes o críticas, para que esta pueda tenerlas en cuenta o si no las comparte pueda aportar sus argumentos como dirección. Todos los organismo de dirección, desde el comité central hasta cualquier comité de célula deben cumplir y hacer cumplir los acuerdos de los órganos superiores del partido, congresos, conferencias, que es donde se decide la política general o concreta, según el ámbito, del partido.

Uno de los vicios que introdujo la corriente eurocomunista en el partido, fue la de confundir el rango de los organismos. Los órganos superiores del partido, son el congreso (órgano supremo) y la conferencia (estructura general del partido), ningún comité central, intermedio o de célula está por encima del Congreso, ni de las conferencias (art. 35). Por tanto no se pueden cambiar la política del partido al margen del Congreso o conferencia, ya que ello supondría romper el centralismo democrático por quien lo hiciere. No podemos renegar de nuestra propia historia, ya que tras el Vº Congreso del PSUC donde se aprobaron unas tesis autocríticas con el periodo de transición, los pactos de la Moncloa y el modelo de Estado, la mayoría del Cté. Ejecutivo (banderas blancas, euros y “leninistas”) se aliaron para realizar una labor fraccional y saltarse los acuerdos mayoritarios del congreso y los estatutos, violando el primer principio del centralismo democrático de unidad ideológico-política y de sujeción de los organismos inferiores del partido al órgano supremo. Un caso similar en el PCUS, quien a pesar de que en su programa congresual seguía apostando por la continuidad de la URSS, y a pesar de que el pueblo soviético voto mayoritariamente por la continuidad de la URSS en marzo de 1991, dirigentes del partido partidarios de la perestroika, y los radicales de Yeltsin procedieron a la demolición del Estado soviético, vulnerando el centralismo democrático, los acuerdos del congreso, los estatutos y hasta la democracia directa, el centralismo democrático del pueblo soviético. Inmediatamente despues del referendum el Pleno del C.C. del PCUS de abril de 1991 aprobó el rumbo hacia el mercado y las privatizaciones que llevaría a la liquidación del PCUS y de la URSS.

Pero es que la primera experiencia de este debate lo puso Lenin en el II Congreso del POSDR, donde frente a Mártov, Axelrod y Trotski, defendió el valor del Congreso como órgano supremo del partido, el cual debía de decidirlo todo, desde los estatutos, el programa, la política general del partido y hasta los componentes del consejo de redacción del periódico (Iskra). Esa era la base fundamental del centralismo democrático frente a la dispersión y el fraccionalismo de los grupos del partido y sus miembros (Un paso adelante, dos pasos atrás. Ed. Progreso). Lenin se desmarcaba del modelo de organización socialdemócrata dominante en la IIª Internacional, en la que destacaba el oportunismo programático al cual se supeditaba el oportunismo táctico en materia de organización.

Lenin planteaba un tipo de organización del partido con una militancia activa en las organizaciones y vinculada a la actividad entre las masas en la lucha de clases, donde sólo podía ser miembro del partido quien aceptara su estrategia, su programa, pagara su cuota, estuviera afiliado a una de las organizaciones de base y tomara parte de la labor partidaria, diferenciando siempre entre el destacamento avanzado de la clase obrera (partido) del resto. Estas diferencias con el ala reformista de la socialdemocracia también lo eran de estrategia, dado que en el II° Congreso los bolcheviques vencieron su tesis de dictadura del proletariado, la alianza de la clase obrera y el campesinado, el derecho de las naciones a la autodeterminación y el internacionalismo proletario. En este Congreso del POSDR el debate se estructuró en dos tendencias, los bolcheviques y los mencheviques. Estos últimos se dedicaron a boicotear los acuerdos mayoritarios del Congreso sobre el programa y ante la convocatoria del III Congreso en 1.905, realizaron otra convocatoria paralela, consumando la ruptura organizativa del POSDR entre las dos tendencias.

Se debe recuperar la concepción del Partido Comunista como un tronco único, intelectual colectivo, coherente y disciplinado en base al centralismo democrático, que cuida celosamente de su unidad ideológica, política y orgánica, prepara y forma a sus militantes y cuadros de forma pemanente.

A diferencia de lo que ocurre en otros partidos reformistas, ultraizquierdistas y burgueses, ningún militante puede ser sancionado ni directa ni indirectamente, ni discriminado en las responsabilidades que por su trabajo, entrega y capacidad le corresponden, a razón de las opiniones defendidas en su órgano regular de discusión, siempre que después en la práctica política aplique las decisiones acordadas por el partido.

Así pues el centralismo democrático, la crítica y la autocrítica, así como el trabajo colectivo son normas fundamentales del funcionamiento comunista, que la dirección de partido debe impulsar en todos sus ámbitos. El sectarismo, el burocratismo y el autoritarismo por un extremo, y el asambleismo y el fraccionalismo de grupo por otro, no tienen nada que ver con el marxismo-leninismo, son su antítesis.

Es necesario que cada camarada realice en el partido una tarea concreta, desde la más compleja hasta la más simple. Conviene evitar que pocos camaradas acumulen muchas tareas (por mucha capacidad y vocación que dispongan), mientras el resto se queda de brazos cruzados. Debe lucharse continuamente para  impedir que hayan militantes que queden marginados de tareas. Debemos asignar a cada camarada una tarea para la cual tenga capacidad y disponibilidad, ayudándole a realizarla estimulando su compromiso militante y su confianza en si mismo. Debemos de partir del principio de que no existe ningún camarada incapaz de aportar al trabajo colectivo del partido. Conseguir que todos los militantes asuman una u otras tareas, que dediquen el máximo tiempo posible a su cumplimiento (sin crearse problemas personales que le impidan seguir militando), y que se sientan estimulados y valorados, es una de las misiones fundamentales de los comités.

La disciplina debe entenderse no tanto en sentido sancionador, sino como la necesidad de que los miltantes elaboren, conozcan, utilicen y pongan en práctica el conjunto de los aspectos de la política del partido. Para ello son importantes el conocimiento y la discusión de los materiales y documentos que elabora la dirección del partido.

El recuperar en la práctica orgánica el carácter marxista-leninista del partido conlleva el reconocimiento de la importancia de la teoría científica del materialismo dialéctico e histórico, sin la cual no sería posible elevarse ni elevar a las masas hasta el nivel revolucionario.

Debemos de esforzarnos por aplicar el marxismo-leninismo, como teoría científica, teniendo bien en cuenta las condiciones concretas de nuestro entorno, en la fábrica, en el barrio, en la comarca, provincia, etc. Analizar la situación concreta, en base a la realidad de la lucha de clases, las fuerzas sociales y la coyuntura política nacional e internacional. El camarada Lenin polemizando con el reformismo socialdemócrata afirmaba que sin teoría revolucionaria no podrá existir movimiento revolucionario.

Aquí cabe destacar el esfuerzo que el Comité Central, sus órganos y comisiones, para poner en funcionamiento la tarea de la formación política, teórica e ideológica, con el objetivo de elevar nuestra capacidad general dotando al partido y sus comités de camaradas cada vez más preparados para las tareas de dirección y la actividad en los frentes de masas.

3. El Partido Comunista como vanguardia dirigente de las masas

La conquista para la clase obrera de un auténtico partido de vanguardia y de masas pasa por extender nuestra influencia y presencia política, sistematizar nuestra presencia organizada entre la clase obrera, en los centros de trabajo y de enseñanza, entre los profesionales, autónomos, intelectuales, pageses, en los barrios, en las mujeres, los jóvenes, en el movimiento social en general. Para ello debemos desarrollar algunos elementos fundamentales:

  1. Conocer la situación y los problemas de la clase obrera y las masas populares, la defensa de sus intereses y aspiraciones, la definición en una base científica de los objetivos de la lucha ante las distintas situaciones y etapas hacia la revolución y la transformación socialista. Ya que si disminuye el conocimiento de la situación y los problemas, si se debilitan las posiciones de defensa de los intereses de clase, si los objetivos de lucha no son definidos con rigor, es inevitable que el partido, aunque se siga llamando de vanguardia y de masas, deje de serlo coyunturalmente.
  2. Contacto y relación permanente del partido con la clase obrera y las masas. La vanguardia demuestra ser tanto más una vanguardia verdadera cuanto más consigue aproximar a ella la clase obrera y las masas y a su vez mantener una unión organizada con las mismas a través de los frentes de masas. Una vanguardia que cree afirmarse mostrando su superioridad y su distanciamiento de las masas deja de ser una vanguardia para convertirse en un destacamento aislado, sin raíces, condenado a la derrota. La unión con las masas y con la clase obrera exige que la vanguardia ni se adelante ni se atrase demasiado. La rotura de esta unión es tan peligrosa cuando la vanguardia se atrasa en relación a las masas como cuando avanza demasiado separándose de ellas.
  3. Papel dirigente, orientador y vertebrador. El partido se afirma como vanguardia indicando correctamente los objetivos de lucha, las tareas, las formas de acción, organizando y vertebrando la lucha de masas. El papel dirigente del Partido se afirma en la capacidad de indicar líneas de orientación y consignas que correspondan a intereses profundos sentidos por las masas y la clase obrera, que expliquen las situaciones, los problemas e indiquen con acierto el camino a seguir. Es esencial que el partido tenga plena conciencia de que, para poder dirigir y enseñar, tiene que aprender también con la clase obrera y las masas. Para la definición de la orientación política y la táctica, de las formas de lucha correctas, es indispensable oír a la clase obrera y a las masas, recoger su opinión en sus aspiraciones y sus disposición a la lucha. Uno de los aspectos más complejos e importante en la dirección de la lucha social y política es la justa evaluación, tanto de la preparación y disposición del partido, como de la preparación y disposición de las masas. Lo normal es que la disposición del partido sea superior a la disposición de la clase obrera y de las masas. Pero sucede en determinados momentos, que la disposición de la clase y de las masas sobrepasa la evaluación del partido, en tales momentos el partido corre el riesgo de ser sobrepasado por las iniciativas y movimientos espontáneos de las masas. Es por ello de vital importancia que las células y el conjunto del partido sepan dar la respuesta inmediata a los acontecimientos políticos de su entorno. Es grande la responsabilidad de la vanguardia, los errores de orientación se pagan caros y afectan al reconocimiento del partido como vanguardia. Es más difícil ganar la confianza de las masas que perderla. Recuperar la confianza es mas duro ya que los errores perviven en la memoria de las masas (por ej. el papel del partido en la transición política española –eurocomunismo-).
  4. Es característico del partido comunista el más elevado nivel de conciencia de clase, determinación y combatividad revolucionarias, así como un elevado nivel de análisis producto del esfuerzo permanente en la formación política. Para que un partido sea de hecho de vanguardia debe cumplir las tareas sean cuales sean las condiciones en las que se actúan (legalidad e ilegalidad, flujo o reflujo). El valor del ejemplo es un importante factor del prestigio del partido ante las masas, no sólo debemos de dar respuestas sino ser los primeros en entregarnos con esfuerzo y sacrificio a la cabeza de las masas en la lucha colectiva concreta y general.
  5. Para que nuestro partido se convierta en un partido de vanguardia y de masas es preciso potenciar la totalidad de la política del partido no sólo por su vínculo con las masas, por su fuerza cuantitativa, sino también por su fuerza cualitativa, por su capacidad de fabricar cuadros, dirigentes, por su papel de vanguardia. Cada organización del partido debe en primer lugar conocer a fondo su entorno, la realidad sociopolítica en la que actúa y sobre todo las organizaciones y frentes de masas que existen. Del estudio de los problemas del entorno se deducirá cueles son los que expresan de forma más clara además de la preocupación masiva de la población, la confrontación de intereses, el enfrentamiento entre clases, el antagonismo entre explotadores y explotados. Nuestras organizaciones partidarias deben con ese análisis dar la interpretación política y el contenido de clase a las reivindicaciones populares como elemento fundamental para que a la vez que se organiza la lucha para conseguir las reivindicaciones se interviene en la lucha ideológica que es el elemento clave de los cambios revolucionarios.
  6. Del amplio conjunto de problemas que afectan a la clase obrera y a las masas hemos de establecer unas claras prioridades, con el in de concentrar nuestras fuerzas en aquellas tareas que mayor rendimiento puedan alcanzarse en la lucha de clases. En primer lugar nuestro esfuerzo debe orientarse hacia el conjunto de la clase obrera en la fábrica, muy especialmente hacia el sindicalismo de clase de CC.OO., para potenciar su carácter sociopolítico, de clase, asambleario, internacionalista, reivindicativo, democrático, plural e independiente.
  7. Debemos ser conscientes de que no es el partido quien asegura la defensa de los intereses y la liberación de la clase obrera y las masas populares, sino que estas con la ayuda del partido pero con sus propias fuerzas, deben defender sus intereses en los frentes de masas y alcanzar su liberación. La concepción de vanguardia del partido nada tiene que ver con el vanguardismo, según el cual la acción política no compete a las masas sino a las pequeñas sectas y caudillos que todo lo deciden y hacen. Tampoco tiene nada que ver con las viejas concepciones pequeño-burguesas de las minorías activas o acciones directas, de los héroes libertarios, según las cuales la revolución y transformación socialista sería obra de una minoría bien organizada y decidida que lanzándose a la lucha final, arrastra a la mayoría del pueblo. Hasta ahora no se ha realizado revolución social sin la participación decisiva y creativa de las masas populares. Una vanguardia que piense poder resolver, sólo con su acción, aquello que sólo la clase obrera y las masas pueden hacer, cae en el voluntarismo y el aventurerismo, que conducen inevitablemente a la derrota. Nosotros debemos de partir de la confianza en la capacidad y potencialidad de la clase obrera y el papel determinante de las masas populares en las transformaciones sociales.

4. Las células , organización de base del partido

Los artículos 39, 40 y 41 de nuestros estatutos definen y regulan las células del partido como organizaciones de base. La célula es el principal eslabón de nuestra unión con las masas a partir de sus militantes y del trabajo colectivo. Las células se crean preferentemente en los centros de trabajo, de estudio, movimientos sociales, y en ámbitos territorial y urbano.

Las células de empresa, centro de estudios, etc., son las organizaciones de base del partido. Hemos de entender la célula del centro de estudios, enseñanza o universidad, como el colectivo de militantes formado por los enseñantes, trabajadores administrativos, estudiantes, los CJC y los camaradas miembros de las asociaciones de padres.

Las tareas de la célula son: participar en la elaboración, discusión y aplicación de la política del partido e impulsar la organización de los trabajadores en defensa de sus reivindicaciones, reclutar nuevos militantes, difundir el órgano central del partido, ampliar la influencia del partido en la población y propagar las ideas comunistas, elevar individual y colectivamente el nivel político, teórico y cultural de los militantes por medio del estudio de los principios del socialismo científico, recaudar las cuotas del partido y administrar los recursos económicos que le correspondan.

Además del contacto individual de cada militante con las masas existe el contacto colectivo a través del trabajo en los frentes de masas, las actividades, revista, hojas o resoluciones de la célula que se plasman en su ámbito de actuación.

El militante, el comité y la asamblea plenaria de la célula son el eje de la proyección política de nuestro partido. Debe de trasladar los acuerdos, informes y resoluciones de los órganos de los comités superiores (central, sectorial…) para discutir la política general del partido en la célula y trasladar hacia los órganos superiores los debates de la célula y las conclusiones mayoritarias.

La célula debe desarrollar su actividad en el ámbito de trabajo, si es un centro de trabajo por ej., debe de disponer de un responsable y área de movimiento obrero o sindical, además de las responsabilidades y áreas básicas (político, organización, formación, finanzas y propaganda). El comité formará para cada tarea comisiones o grupos de trabajo para elaborar el trabajo de cada área (frente de masas, revista…), que será discutida en el comité de forma global y trasladada al plenario de la célula.

Sobre nuestra insistencia sobre la importancia del trabajo de crear células de empresa, queremos superar los errores del pasado eurocomunista. El partido comunista es el partido de la clase obrera, la organización más consciente de la necesidad de que la clase obrera es y debe ser la fuerza social dirigente hacia el socialismo. Es en los centros de trabajo donde más se estrechan los lazos de camaradería de los trabajadores al sentirse explotados en su condición de asalariados. Es donde se desarrolla el espíritu clasista a través de la lucha reivindicativa por el empleo, los salarios, los convenios, los derechos sindicales, etc. Es donde se desarrolla con mayor claridad la lucha de clases, donde destacan cuadros y dirigentes obreros y sindicales.

Dentro de esta tarea debemos de priorizar nuestra presencia organizada como partido en:

a)    Sectores de actividad socioeconómica y productiva.

b)   Las empresas con gran concentración obrera y los sectores estratégicos, por su capacidad de colapsar el funcionamiento de la sociedad (producción y servicios).

c)    Los centros de trabajo en diversas localidades, comarcas y provincias que agrupan a millares de trabajadores de una misma empresa tipo SEAT.

d)    Los polígonos industriales que agrupan a millares de trabajadores en torno a la empresa principal (por ej. los constructores de vehículos).

e)    Las grandes superficies comerciales, hospitales y residencias sanitarias, centros de administración pública, enseñanza…

La ruptura con las variantes reformistas (eurocomunismo) no se refiere únicamente al ámbito teórico e ideológico, sino también organizativo. Los partidos eurocomunistas acabaron por copiar el modelo socialdemócrata de organización basado en:

  • Una estructura exclusivamente territorial en agrupaciones.
  • Priorización de las tareas legales y electoralistas.
  • Tradeunionismo y correa de transmisión en los frentes de masas.

Con este modelo se caía en dos extremos que acababan por diluir al partido, por un lado todo el activo militante se volcaba en las tareas electorales, los cuadros en las institucionales, y por otro en los ámbitos de trabajo las organizaciones del partido se disolvían, suplantando el debate y la orientación política por el trabajo meramente reivindicativo, sindical, vecinal, estudiantil, etc., la rendición de cuentas de los responsables en frentes de masas e instituciones era nula y el partido acabó por convertirse en una mera coordinadora de especialistas de los diferentes ámbitos de influencia (sindicato, movimiento vecinal, municipios, parlamentos…).

En el frente de masas sindical se cae en dos extremos, la sindicalización del partido (tradeunionismo) donde el partido no tiene voz propia, y ante la radicalización frente a las políticas reformistas llevadas a cabo se cae en el otro extremo, la correa de transmisión. En tal sentido la experiencia nos enseña a que se deben de respetar los frentes de masas, no podemos pretender imponer las políticas y dirigentes sindicales desde el partido, en el sindicato no hay centralismo democrático, ese es un vicio eurocomunista del que hay que soltar lastre. El partido está para dirigir no para imponer en los frentes de masas, para ello es necesario trabajar la hegemonía en los frentes de masas, y trabajar como partido político llevando nuestra política a todos los trabajadores.

No olvidemos que el partido ya en su VIº Congreso contra las prácticas eurocomunistas ya planteaba la necesidad de no sindicalizar la actividad de la organización del partido:

“Un error en el que se suele caer y hace perder la expectativa política de la necesidad de crear organización del partido en los centros de trabajo, es la de convertir la organización en un doble de la sección sindical de CC.OO. El partido tiene tareas que le son propias y que fundamentalmente pasa por la educación política de los trabajadores, explicando y discutiendo, tanto la situación política general como la concreta” (Informe Político y resumen del 6º Congreso, pág. 23).

Tampoco olvidemos lo que se decía en la IVª Conferencia PCC Seat (20 abril 1991):

“Hay que empezar a distinguir el sindicato del partido no mezclando lo uno con lo otro. El sindicato es un instrumento de organización de los trabajadores para la lucha reivindicativa y sociopolítica…debemos fortalecer el movimiento sindical de Seat, las CC.OO…potenciando la participación de los afiliados y haciendo de CC.OO. un sindicato más abierto: más de masas, más democrático, más plural, más de clase, más asambleario…Los movimientos de masas no deben ser una correa de transmisión de nadie, deben ser independientes, y de ahí también se entiende la independencia política del partido…”.

Eso no quita de que el partido no pueda tener posición propia y pública hacia los temas concretos que afectan directamente a la clase obrera, como la reforma laboral, de pensiones, la negociación colectiva, etc, sino mas bien todo lo contrario.

En las Jornadas de M.O. del 2.001 ya definimos con claridad que nuestro objetivo de trabajo en este frente de masas es huir de ambos extremos, implantando un método de organización correcto. ¿Y ello porqué?

Porque la sindicalización impide que los militantes y organizaciones de base nos dotemos de una visión mas amplia de la realidad que vaya mas allá del ámbito del frente de masas concreto, impide que se conozca y participe en la discusión, decisión y elaboración de la política global del partido como intelectual colectivo que somos, elementos que son necesarios para potenciar el desarrollo de las organizaciones de base del partido en los centros de trabajo o actividad social, y llevar de forma directa la política del partido a las masas confrontándose con otras propuestas e ideologías.

Y porque la correa de transmisión dificulta el trabajo en el frente de masas al caer en posiciones maximalistas que constantemente ponen palos en el trabajo concreto de los camaradas con responsabilidad sindical, situándonos en el frente de masas concreto no como parte de él sino en su contra, CONFUNDIENDO EL FIN CON LOS MEDIOS, planteando la “batalla final” en cada conferencia, congreso o negociación colectiva, siendo incapaces de tener en cuenta las situaciones de flujo o de reflujo en la lucha de clases, cayendo en el corporativismo al creer que desde un conflicto parcial se pueda cambiar todo, o que incluso cualquier pacto reivindicativo suponga una “traición” a los objetivos, en vez de situarlo como un compromiso, un equilibrio de fuerzas, producto de la lucha reivindicativa por la mejora de las condiciones de vida y trabajo de los trabajadores, que debe complementarse con la lucha política para alcanzar el objetivo final: la supresión de la explotación capitalista.

La experiencia concreta en CC.OO nos lo ha enseñado, NO DEBEMOS DE CAER EN EL INFANTILISMO para quedarnos fuera de donde se toman las decisiones y hasta del sindicato, ya que eso supondría renunciar a luchar por la hegemonía y jugar el papel de vanguardia política y de dirección de la vanguardia sindical de clase. A los reformistas ya les gustaría ver a los comunistas fuera del sindicato. La experiencia también nos ha enseñado que tampoco debemos supeditar las decisiones partidarias a lo que el sindicato decida confundiéndonos con él, corriendo el peligro de diluirnos al CONFUNDIR LOS MEDIOS CON EL FIN.

En el espíritu del Manifiesto del Partido Comunista, los comunistas no somos un partido a parte del movimiento obrero, representamos los intereses del movimiento en su conjunto, nuestro objetivo pasa por unir a la clase obrera y luchar por el derrocamiento del capitalismo y la conquista del poder político por la clase obrera. Por lo que ni estamos contra el frente de masas, ni somos el frente de masas, sino que formamos parte de él y aspiramos a dirigirlo como parte de un proceso mas amplio, general y revolucionario.

Debemos de señalar cinco elementos fundamentales por los cuales nos hemos de regir de cara a una actividad política que no entorpezca nuestra estrategia de trabajo en el sindicato por una parte, ni que impida la elaboración de propuestas políticas del partido en función de las coyunturas, por otra:

A)   Para el partido CC.OO es el aliado estratégico del movimiento sindical de clase catalán y de España, es NUESTRO SINDICATO, la herramienta de trabajo principal HOY en el frente de masas sindical.

B)   El partido tiene una política propia e independiente, donde los análisis de coyuntura pueden o no coincidir con los que hace el sindicato. Ello NO QUIERE decir que la no coincidencia obligue a que el partido no pueda manifestar al margen del sindicato u otras organizaciones de masas de carácter diverso, su posición concreta o que deba supeditarse a la decisión tomada por el sindicato; por ejemplo, sobre la necesidad o no de la convocatoria de una huelga general, sobre los acuerdos interconfederales sin movilización sostenida, sobre el análisis de los pactos de pensiones o reformas del mercado de trabajo, etc. Tomando ejemplo de otro frente de masas, la posición mantenida por una AA.VV favorable al tranvía no obliga en el ámbito político al partido a no defender el Metro.

Ello tampoco quiere decir que debamos de ir a contracorriente como norma en los frentes de masas, sino que hay delimitar las funciones de trabajo y objetivos colectivos de los/as camaradas en los frentes y organizaciones de masas y el papel independiente del partido a nivel general. Los/as militantes siempre estamos sujetos a nuestros órganos democráticos de decisión partidaria, donde ningún organismo de dirección del sindicato puede tratar de imponernos una posición, bajo un pretendido y falso centralismo democrático en la organización o frente de masas, haciéndonos caer en la correa de transmisión en el sentido inverso (tradeunionismo).

C)   El partido NO ES una coordinadora de movimientos sociales ni la mediación político-social de la denominada “sociedad civil alternativa”, es una organización revolucionaria de vanguardia de la clase obrera, de lo que se desprende que ni somos un frente de masas, ni somos el sindicato, etc, formamos parte de los frentes de masas y movimientos sociales, del sindicato, de la izquierda, en los cuales trabajamos y hacia los que elaboramos nuestra alternativa de frente de masas, de sindicato, de izquierdas, de movimiento, etc, evitando la transversalidad en uno u otro sentido.

D)   En el sindicato de CC.OO trabajamos en base a la estrategia de una NUEVA MAYORÍA SINDICAL, con el objetivo de cambiar la correlación de fuerzas, donde se refuerce el carácter de clase y socio-político de CC.OO, el modelo plural, democrático, participativo, reivindicativo y de masas, que combine la labor institucional con la movilización y participación de los trabajadores/as en los procesos de negociación, abandonando la estrategia de la derrota basada en la negociación sin presión y la no confluencia sociopolítica con la izquierda política anti-neoliberal. Nuestra táctica pasa por saber estar en mayoría y en minoría dentro del sindicato, donde los camaradas del partido miembros/as de organismos de dirección del sindicato a todos los niveles (territorial, ramo, empresa), estamos sujetos en un marco de corresponsabilidad a las decisiones mayoritarias de los mismos, sin que ello deba suponer ningún abandono de la estrategia de Nueva Mayoría y nuestras posiciones propias. Para abordar la estrategia de Nueva Mayoría sin caer en la trampa de ser una corriente sindical condenada a la marginación, estamos obligados a mantener la coordinación de nuestra sensibilidad sindical, que dentro del sindicato abarca mas allá de los camaradas del partido que trabajamos en él, respetando la pluralidad de las diferentes posiciones COMPARTIENDO LA MISMA ESTRATEGIA, pero donde el partido tenga personalidad y posición propia, ESTANDO TODOS/AS LOS CAMARADAS SUJETOS A LAS DECISIONES PARTIDARIAS TANTO ESTRATÉGICAS COMO TÁCTICAS.

5. El militante comunista

Son los artículos del 8 al 17 de nuestros estatutos los que precisan la definición de militante, con sus derechos y sus deberes. Cometeríamos un grave error si sólo viéramos este tema desde una óptica tecnicista sobre los estatutos, ya que los militantes son en primer lugar personas, con una riqueza de factores a aprovechar y potenciar sin una visión estrecha.

Como dicen los estatutos “puede ser militante del PCC todo hombre o mujer que tenga conocimiento de su programa y sus estatutos, que los acepte, milite en una de sus organizaciones y pague las cuotas establecidas”.

Uno de los principales problemas a resolver es conseguir que los camaradas en general sean más activos. Hay camaradas que tienen dificultades diversas a la hora de tener una mayor actividad política, entusiastas y activo durante un tiempo y en otros momentos pasan a la pasividad y a estar menos integrados. Esto no es como erróneamente puede interpretarse, un problema de estatutos, ni de medidas disciplinarias, ni de presiones de ningún género, ya que la resultante final suele ser la salida del partido no por discrepancias con la definición estatutaria del militante sino para superar aquellas presiones innecesarias e ineficaces.

Conseguir un mayor nivel de actividad de los camaradas va ligado a los elementos ya aludidos en el apartado de funcionamiento y democracia interna en el partido, conseguir que todos los camaradas tengan una tarea para la cual tenga capacidad y disponibilidad debe de ser un objetivo básico más útil que el aplicar un artículo de los estatutos. Es el comité de célula el que debe ayudar a los militantes a ser más activos discutiendo individualizadamente con cada uno.

Es oportuno recordar al respecto que las ideas de “más vale pocos y buenos” o la de “muchos militantes de cualquier manera” no tienen nada que ver con el carácter marxista-leninista de nuestro partido. Un partido con pocos militantes, por muy buenos que sean es un partido estrecho incapaz de llegar orgánicamente a representar los intereses generales de la clase obrera. Pero también, un partido con muchos militantes, pero sin la experiencia y la formación política necesaria es un partido vacío incapaz de influenciar ideológicamente en la clase obrera.

Por oposición a esas dos ideas erróneas, tenemos vocación de ser un partido de vanguardia con muchos militantes, pero no de cualquier manera, nos hacen falta “muchos y buenos”, todos nuestros militantes deben convertirse en cuadros políticos enriqueciendo al partido como intelectual colectivo tanto en su carácter de masas como en su carácter ideológico.

El crecimiento del partido debe abordarse de forma concreta, a partir de la relación de los camaradas con  su actividad de masas de forma organizada, discutiendo y elaborando las alternativas junto con los compañeros del frente de masas. Es en ese marco concreto, en los problemas donde se puede hacer el análisis concreto de la raíz de la explotación, y a partir de ahí unir la teoría y la práctica, avanzando en la elevación de la conciencia de nuestro entorno de trabajo

Es la conciencia de luchar por una causa justa lo que hace al militante mas fuerte frente al desaliento. Por ello debemos de cuidar 3 elementos subjetivos que potencian la militancia comunista:

1)  La necesidad individual de participar en la lucha revolucionaria.

2)  La comprensión y convencimiento de que es el partido el colectivo en mejores condiciones para dirigir el proceso hacia el socialismo.

3)  La confianza y el reconocimiento en la capacidad de los dirigentes, que éstos deben ganarse con su actividad cotidiana.

6. Los comités, la espina dorsal del partido

Las tareas de dirección son fundamentales en cualquier organización y más en un partido revolucionario. Las decisiones de los comités de dirección son la base de los aciertos o errores en la actividad del partido.

Antes que nada recordamos que los comités deben trasladar las decisiones del Comité Central y que todos los comités están sujetos a los acuerdos del órganos supremo del partido que es el Congreso (art.22), y en el ámbito que corresponda, comités intermedios y de célula, al órgano superior de la estructura general del partido que es la conferencia (art.35), saltarse los acuerdos congresuales o de conferencias, supone romper el centralismo democrático y fraccionar al partido.

Normalmente componen los comités los mejores cuadros políticos en cada ámbito. Una característica común de los comités es por lo general su dimensión exagerada, demasiados camaradas concentrados en ellos, llegando hasta la aberración de que algunos camaradas del partido están en 4 o más comités de dirección, con lo que en realidad dirigen poco y difícilmente bien.

Hay que hacer realidad la orientación de que el partido es un instrumento de dirección revolucionaria y de masas, no un club de discusión o charlas de café, por eso es imprescindible que cada nivel de la estructura del partido disponga de su comité. Sin él no habría de hecho estructura en nuestra concepción de organización. El comité es siempre el colectivo de militantes, que, haciendo función de dirigentes, toman las decisiones entre reunión y reunión del plenario o conferencia de militantes. Los comités del partido desde el central hasta la célula deben poner manos a la obra y concretar las tareas, erradicando los vicios inorgánicos y asambleístas.

Estructura del partido:

1º. Comité de célula (empresa, centro de estudios…)

2º. Comité de polígono industrial

3º. Comité de sector (metal, enseñanza, sanidad…)

4º. Comités territoriales (local, comarcal, intercomarcal…)

5º. Comité Central

Los comités tienen reguladas sus funciones en el artículo 36 de los estatutos. Lo fundamental de todo comité es dirigir la actividad del partido en su ámbito de acuerdo con las orientaciones generales y asegurando a la dirección central la información, rendición de cuentas y/o opiniones. Cada comité tiene su ámbito de actuación y un comité superior no puede suplantar a otro inferior. El órgano superior debe siempre hacer constar su opinión, defenderla con los mejores argumentos, pero si no convence, debe de facilitar la total autonomía de decisión en su ámbito, siempre que no se trate de un tema que afecte a la política general del partido (acordada en los órganos superiores) y rompa el centralismo democrático y la cohesión del partido.

7. La crítica, la autocrítica y el trabajo colectivo

La crítica y la autocrítica son elementos inseparables del trabajo colectivo en cualquier organización que funcione con criterios marxistas-leninistas. Por ello los comunistas decimos que la crítica y la autocrítica junto con el trabajo colectivo y el centralismo democrático constituyen los tres ejes de nuestro funcionamiento orgánico.

Con el uso colectivo de la crítica y la autocrítica se detectan los aciertos para aprender de ellos y los errores para no repetirlos y también aprender de ellos. A veces cuesta realizar este ejercicio del trabajo colectivo. Todos conocemos malos ejemplos, individuales y colectivos en los que se prefiere el análisis triunfalista a la reflexión crítica o autocrítica. Pesan nuestros defectos, educación, el individualismo, el orgullo, la timidez, etc.

La autocrítica sólo se da realmente cuando los que la ejercen asumen sinceramente los argumentos en la práctica. Es por ello que una crítica se puede hacer, se puede decidir por mayoría, pero una autocrítica no se impone jamás ni con una votación. Las falsas autocríticas, como un mea culpa para obtener una “absolución” tampoco son útiles, ya que su objetivo no es aprender del error sino capear el temporal para minimizar la crítica que se recibe.

Por otro lado la exigencia de la crítica y la autocrítica debe ser igual para todos los militantes del partido, sean tanto de la dirección del partido, como de la base, ya que de no ser así sería caldo de cultivo para el fraccionalismo de grupo, ya que cuando se exige la autocrítica utilizando una doble vara de medir, a unos sí y otros no, por los mismos errores o incluso más graves, se está fracturando al partido e introduciendo la autocrítica como un arma arrojadiza, como un flagelo, y no como una herramienta de superación colectiva de los errores. De esta manera los errores no desaparecerán nunca y el partido degeneraría en grupúsculos enfrentados.

Por tanto, la crítica y la autocrítica se debe ejercer en toda la estructura partidaria de la dirección a la base y desde la base a la dirección, con el ejemplo constante de los órganos superiores para posibilitar que hasta el último comité de célula o el último militante sean capaces de aprender a ejercerla.

8. Métodos de trabajo, planificación y revisión de los acuerdos.

Este es uno de los puntos débiles de nuestro trabajo colectivo y práctica organizativa, que debemos de corregir constantemente.

Las reuniones deben tener un horario de inicio y final que es bueno respetar, con flexibilidad, para optimizar el uso del insuficiente tiempo libre que los militantes pueden dedicar a la lucha política.

Los militantes deben conocer previamente el orden del día y los documentos previos si corresponde. Esto facilita que los asistentes a la reunión hayan podido reflexionar y no improvisen sus opiniones. Cada punto tendrá su ponente.

Las reuniones deben tener un camarada que las presida y las dirija, normalmente el responsable político u otro dirigente. Es el que debe dar las palabras y limitar el tiempo de las intervenciones, el que debe facilitar que se haga el resumen antes de una segunda ronda de intervenciones y que éstas se refieran al resumen y no entren a polemizar con intervenciones anteriores.

Todas las reuniones deben terminar con unas conclusiones concretas y, excepto las de elaboración política o estudio, con tareas asignadas a los militantes o colectivo correspondientes. Estas conclusiones son el plan de trabajo que emana de cada reunión.

Si hemos planificado y distribuido unas tareas corresponderá en una próxima y nueva reunión revisar que parte de las tareas se han realizado, con qué resultados y con qué experiencias. También servirá esta revisión para reasignar a los mismos o distintos camaradas las tareas que no se hayan completado hasta el momento y las nuevas que se marquen.

También tenemos que mejorar la intercomunicación de los organismos, tanto desde la dirección a la célula como al revés. Desde la dirección salen orientaciones, que muchas veces quedan encalladas en los comités intermedios.

Desde las células o comités intermedios salen pocas informaciones hacia los comités superiores o el Comité Central. No se da el verdadero valor, a las informaciones que se puedan recoger en la base del partido. Para corregir esta deficiencia algunos partidos comunistas tienen en sus estatutos como una obligación de las células recoger todas las informaciones de interés para la actividad general del partido y enviarlas a los órganos superiores.

9. Objetivos de trabajo

Los objetivos de trabajo básicos de las organizaciones del partido deben ser las siguientes:

  1. Incrementar la implantación política de nuestros militantes en los frentes de masas.
  2. Promover la incorporación de nuevos militantes.
  3. Incrementar nuestra influencia política, priorizar las células de empresa y escuelas.
  4. Mejorar el funcionamiento de los comités de dirección.
  5. Agitación y propaganda por medio de resoluciones, hojas o boletines.
  6. Finanzas y autofinanciación de las organizaciones.
  7. Lucha ideológica, trabajo de formación política, revista y prensa del partido.
  8. Organizar a los jóvenes.
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