SOMOS PERSONAS DE CARNE Y HUESO

gramscipci                               

    Miguel A. Montes

Febrero 2010

El dirigente comunista italiano Antonio Gramsci, a razón de las luchas obreras de la FIAT, decía que los obreros eran hombres de carne y hueso, y se preguntaba si por alguna razón tras un mes de lucha de miles de obreros, la vuelta al trabajo pudiera significar una traición a los ideales revolucionarios. Gramsci denunciaba el aislamiento, la falta de ayuda exterior, y destacaba con orgullo de que a pesar de todo habían resistido un mes con huelga y merma salarial, desmarcándose del oportunismo de quienes desde el apoliticismo, el reformismo y el radicalismo con las acciones menores (testimoniales), pretendían abusar hasta el agotamiento y burlarse de la resistencia y el espíritu de sacrificio de la clase obrera.

Algo así aconteció en SEAT en la lucha contra el ERE del 2005 tras 2 meses de movilizaciones. No fue una traición, ni una claudicación la resistencia aislada de miles, sino un ejemplo a seguir, ante cualquier agresión, la unidad, la resistencia y la defensa de las reivindicaciones, sin olvidar que somos de carne y hueso, y sin perdernos en acciones menores hasta el agotamiento de nuestras energías.

En estas condiciones, el sindicalismo de clase y cualquier proyecto político revolucionario digno de tal nombre, no deben renegar de las conquistas de nuestras luchas. El derecho a un empleo fijo y de calidad, no debe ser enterrado como algunos agoreros pretenden. Es en estos conflictos laborales en los que ante el aislamiento de las luchas se debe hacer frente a la lógica genocida del mercado (empleo precario).

Tras los Expedientes de Gearbox y SEAT se han producido otras reestructuraciones con reducciones de empleo y/o cierres. Unidad Hermética, Brauhn, SAS-Abrera, Frape Behr, Sysmo, Tecnoconfort, Mercedes, Nissan, etc. En estos conflictos ha habido dos estrategias. Una la defensa de los planes industriales y del empleo. Otra la búsqueda de indemnizaciones altas, sin atender nuestros intereses colectivos de trabajo, entrando en la lógica del reconocimiento de la precariedad y el dominio absoluto del mercado. En ésta última, nos referimos a aquellos acuerdos de reducción o cierre, que no garantizan el trabajo, ni los salarios de Convenio, donde algunos dirigentes sindicales “radicales” no han jugado su papel, elevando a la categoría suprema la espontaneidad de las masas que claudican por falta de orientación ante el mercado, buscando la pasta en vez de luchar por planes de empleo y actividad industrial.

La Administración también ha jugado con el oportunismo. En todas las negociaciones ha estado a favor del empresario, aplaudiendo la lógica del mercado, presentando “planes sociales” por debajo de lo obtenido por los sindicatos en las negociaciones (Gearbox, Frape Berh…), ¡¡¡atreviéndose!!!  a resolver Expedientes sin recolocaciones, sin prejubilaciones y con congelación salarial, algunos con la firma de sindicatos radicales (CGT en SAS-Abrera, IAC en Frape), haciendo pagar a los trabajadores la crisis que los propios empresarios generan, jugando al antisindicalismo, a que sean los trabajadores y sus sindicatos quienes decidan, si se cierra la empresa, si se despide, si se cobra más o menos $$$ de indemnización, dejando limpios de polvo y paja a empresarios que luego premia honoríficamente (Creu de Sant Jordi al Presidente de SEAT De Schleef, tras los despidos del 2005). ¡¡¡Y es que los obreros no son un problema de fondo, los empresarios sí!!!, dijo un oportunista nada oportuno (conseller en cap, “d`esquerres de debó”).

Tenemos una legislación laboral, que aunque rígida según el gusto de algunos fachas cavernícolas de la derecha y furibundos neoliberales de la izquierda reformista, ésta no nos garantiza que cuando nos echan de una empresa, ni nos mantiene el trabajo ni los salarios y status anterior. Es la ley de Arcadia, sálvese quien pueda, y el todos contra todos. En esta lucha individual a muerte, los obreros como clase no tenemos cabida, por mucho que nuestra mentalidad individualista nos lo diga.

Esta situación debe cambiarse, tanto en las políticas de izquierda, pero de verdad, de verdad, y en las actuaciones sindicales, donde se conquisten mecanismos legales que obliguen a los empresarios a recuperar la mano de obra que expulsan al paro, cuando hay necesidad, manteniendo conquistas y derechos, tal y como se pactó en el tan criticado acuerdo de reingresos de SEAT del 2005 (que volvió a firmarse, ésta vez por todos los sindicatos, en enero del 2010 ante los 300 nuevos despidos a la carta por “bajo rendimiento”), tal y como se consigue con las subrogaciones de plantilla ante cambios de empresa en el mismo polígono industrial, ya que ni somos empresarios, ni superprofesionales y por eso es mentira que el mercado nos espere con los brazos abiertos con contratos de trabajo suculentos cuando vamos al puto paro.

Por eso una política de izquierdas debe buscar cambiar la legislación que permita establecer el empleo estable y digno, por encima de los vaivenes del mercado, y también debe apoyar a los sindicatos en la negociación colectiva cuando éstos defienden con el rigor de clase, el futuro industrial con tanto empeño como los derechos laborales de las personas de carne y hueso.

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