LA CUESTIÓN NACIONAL EN CATALUNYA, PERSPECTIVA DE CLASE Y ANTI-IMPERIALISTA

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Miguel A. Montes

12 Diciembre 2012

última ampliación 27 diciembre 2012

Situar el debate sobre el derecho de autodeterminación de las naciones en la actualidad desde la izquierda sin tener en cuenta la situación histórica actual, la lucha de clases, el imperialismo, la crisis del sistema capitalista, la ofensiva neoliberal contra la clase obrera y las naciones, el ataque brutal a los derechos democráticos y sociales del pueblo y las guerras imperialistas, se aleja del campo del marxismo tanto en los análisis como en las propuestas.

Los comunistas siempre hemos estado a favor del derecho de las naciones a la autodeterminación, admitiendo la independencia, sin dejar de tener por ello una visión y posición propia dentro del contexto y no estando siempre a favor de toda independencia. Defender la autodeterminación no supone la obligación de separarse, los comunistas siempre hemos considerado esta cuestión subordinada a los intereses de la clase obrera y las clases populares frente a las oligarquías financieras y sus gobiernos.

La revolución socialista de octubre en Rusia suprimió toda clase de privilegios de una nación sobre otra, aceptando incluso la separación de Polonia y Finlandia, el resto de naciones se integraron en una nueva formación estatal, la URSS, en un plano de igualdad de derechos, reconociendo a cada una de ellas el derecho a la separación, suprimiendo las clases explotadoras y reduciendo las diferencias entre ellas acercándolas en el desarrollo socioeconómico.

La clase obrera en el poder ha tenido un papel determinante en la formación de muchas naciones de la antigua URSS que pasaron de ser analfabetas dominadas por el tribalismo y el feudalismo, a tener una estructura y cultura nacional desarrollada. Otro ejemplo fué el desarrollo nacional de Eslovaquia que antes de 1945 era un pueblo de campesinos de los más pobres de Europa. Las clases populares también han actuado como vertebradoras de las naciones en la lucha durante el siglo XX por la independencia nacional contra el colonialismo, el imperialismo y el feudalismo: Vietnam, Cuba, Angola, Afganistan etc.

Las naciones surgen hace poco más de 2 siglos con el triunfo del desarrollo del capitalismo sobre el feudalismo y los mercados nacionales. La revolución francesa marca un antes y un después, la nación para el jacobinismo es sinónimo de pueblo, de soberanía ligada a la democracia burguesa más radical, donde la identidad nacional se basa en el derecho de ciudadanía, y no en base a identidades que reducen la nación a aspectos liguisticos y culturales.

Reducir la nación al aspecto liguistico-cultural y como “comunidad de destino” donde se confunden explotadores y explotados en un mismo proyecto nacional, que existe metafísicamente a priori de la lucha de clases ignora la realidad objetiva del surgimiento de las naciones a través de un proceso complejo y largo de la lucha de clases que se desenvuelve en una comunidad territorial y de vida económica, además de la comunidad de idioma y de psicología nacional, estables e históricamente determinada.

Joan Comorera nos decía insistentemente que Catalunya no era una “comunidad de destino” que la burguesía y la clase obrera no tienen el mismo destino, que no se pueden confundir, que la tesis socialdemócrata (austromarxismo) del “destino común” que subordina los intereses de clase a las reivindicaciones nacionales, conduce a la colaboración interclasista y la paz social, a la negación de la lucha de clases, que la burguesía se vale del problema nacional para resolver sus tareas de clase, dispuesta a aliarse con la burguesía imperialista en el momento en el que vea en peligro sus intereses de clase por la ofensiva del movimiento obrero (1).

Huyendo del lerrouxismo, hoy representado por Ciutadants, UPD,  PP y sectores del PSOE que también utilizan el idioma como caballo de batalla para fomentar en su caso la unión interclasista de los españolistas frente a los catalanistas, la cuestión nacional no pasa como si fuese un problema de “exclusión lingüística” ni “racial”, porque lo mismo que no existe una raza pura nacional, no existe tampoco una identidad lingüística homogénea. Hoy el catalán lo practica de forma progresiva todo aquel que vive en Catalunya con su idioma materno, sea castellano o árabe, no existe la exclusión, es mentira. Ese nacionalismo españolista que aplica la política étnico-lingüista es artificial, los inmigrantes ya no son tales, ni extranjeros, si vienen del resto del mundo, sino catalanes. No olvidemos que una de las herencias del franquismo es su intento de enfrentar a los trabajadores inmigrantes con los trabajadores catalanes y viceversa, con el objetivo de dividir a la clase obrera con la bandera del españolismo, no olvidemos que aún así el franquismo no pudo evitar que los inmigrantes formaran parte activa del núcleo dirigente de la clase obrera y su movimiento sociopolítico clandestino que fueron las Comisiones Obreras de Catalunya. Por tanto, nos quedamos con la reivindicación del PSUC de que es catalán aquel que vive y trabaja en Catalunya, tan catalán es el pagés de Berguedá, el botiger de la Garrotxa que hablan catalán, como el obrero del metal de Santa Coloma, o el obrero inmigrante del Magreb en el Maresme, que hablan catalán, castellano o árabe indistintamente. Para los comunistas el idioma no debe de ser el único signo de identidad de una nación, sino además la entidad política (que no ideológica) que toma como base los derechos de ciudadanía, económica y social, donde el desarrollo de la lucha de clases es clave.

Es cierto que no se puede reducir la cuestión nacional de Catalunya a un simple fenómeno de la acción política de la burguesía catalana, pero tampoco sería correcto considerar el problema nacional catalán al margen de esa acción política, al margen de la lucha de clases. Históricamente la gran burguesía catalana se ha mantenido apartada del movimiento nacional mientras que el aparato del Estado español, centralista, oligárquico, semifeudal, etc., era suficiente para sus intereses: proteccionismo económico, expansión colonial, orden público… Una vez restaurada la monarquía tras la dictadura de Franco, la burguesía catalana aprovechando la derrota de la estrategia de ruptura democrática con el franquismo volvió a encabezar el movimiento nacional catalán conformándose con el Estatuto que la constitución borbónica va a permitir ya que garantizaba sus intereses de clase.

Hoy en medio de 3ª crisis económica más brutal de la historia del capitalismo bajo el imperialismo vuelve a florecer el debate con tintes nihilistas y metafísicos, como si nada más estuviera pasando a nuestro alrededor, como si los ataques brutales a la capacidad de los gobiernos y naciones europeas para gestionar la crisis y la política económica, no fueran ya una negación del derecho de autodeterminación, de la soberanía popular, y del “derecho a decidir”. Hoy cuando pueblos soberanos son intervenidos, cuando países como Grecia, están siendo literalmente saqueados y han tenido que poner en venta sus riquezas para pagar la deuda externa, cuando países como Portugal e Irlanda han sido intervenidos, cuando países como Italia y España se encuentran bajo la amenaza y la extorsión de los “mercados”, conceptos tan leninistas como imperialismo, naciones rentistas-acreedoras y naciones dependientes-deudoras, centro-periferia, desarrollo desigual, neocolonialismo, etc., describen mejor lo que está sucediendo en el seno de la UE, en España y en Catalunya, que conceptos como “comunidad de idioma, cultura y destino”, o “el derecho a decidir” o “el pacto fiscal”.

Las elecciones anticipadas en Catalunya y la confrontación mediática entre nacionalismos entran dentro de ese campo de no dejar ver la realidad objetiva política, económica y social actual, de ignorar la lucha de clases, los derechos sociales, y lo que es más grave exculpar a los responsables económicos y políticos más directos de la crisis, la oligarquía financiera, cualquiera que sea su forma nacional o plurinacional (catalana, española, alemana, etc.) y las políticas neoliberales que los gobiernos (europeos, estatales y autonómicos) nos aplican sin tener en cuenta la voluntad popular.

El resultado de las elecciones catalanas ha dado al traste con buena parte de los objetivos de CiU que centraba el debate político en el “dret a decidir” y el “pacte fiscal” para esconder sus políticas antisociales. Si la derecha neoliberal catalana se pensaba que el pueblo catalán es tonto, se equivocaron de cuajo (encuestas incluidas). Con una alta participación que roza el 70%, el pueblo ha castigado la política de recortes de la troika aplicada por el gobierno de Artur Mas que pierde 90.000 votos y 12 diputados (del 38,4% al 30,7%),  el retallador ha estat retallat per voluntat del poble en 12 diputats menys. Por otra parte la izquierda transformadora ha recogido parte de descontento social, producto de la movilización sostenida de estos años con 3 huelgas generales contra la reforma laboral y los recortes, e infinidad de manifestaciones de las plataformas ciudadanas y huelgas sectoriales en la sanidad y la enseñanza contra los recortes. IVC-EUiA a pesar de la ambigüedad de su mensaje consigue su mejor resultado (360.000 votos y 13 diputados, 130.000 votos más, del 7,4% al 9,9%), y el independentismo de izquierdas (CUP-AE) ligado al movimiento popular y el municipalismo, entra en el parlamento con 3 diputados y 126.000 votos (3,5%).

Creo que es necesario, defendiendo el derecho de autodeterminación de las naciones como algo más que un principio idealista, realizar un análisis más profundo y más cercano a los intereses de clase de la mayoría social que somos los trabajadores y trabajadoras tanto de Catalunya como del resto de España. No dejar la cuestión nacional en manos de la burguesía y afrontar el problema desde una perspectiva de clase, anti-imperialista y de progreso social.

ÍNDICE

1. LA CUESTIÓN NACIONAL EN ESPAÑA.

2. LA BURGUESÍA CATALANA, ESPAÑOLISTA POR VOCACIÓN CLASISTA.

La burguesía catalana en defensa del colonialismo y España.

El siglo XIX y el pacto de las clases dominantes en Catalunya y España.

La revolución democrático burguesa inconclusa en España.

El carácter clasista y no republicano del nacionalismo burgués catalán.

El desarrollo industrial bajo dependencia del capital extranjero.

La renuncia a las reivindicaciones nacionales de Catalunya en el S. XX.

El apoyo de la burguesía al régimen de Franco.

3. LA CUESTIÓN NACIONAL Y EL IMPERIALISMO.

4. UN NACIONALISMO REACCIONARIO PARA UNA EUROPA DESIGUAL.

5. LA “EUROPA DE LOS PUEBLOS”: LA EUROPA NEOLIBERAL.

6. LAS BURGUESÍAS CATALANA Y ESPAÑOLA, EUROPEÍSTAS POR VOCACIÓN CLASISTA ANTE LA CRISIS DEL CAPITALISMO.

7. SIN RUPTURA DEMOCRÁTICA NO HABRÁ SOBERANÍA NACIONAL Y POPULAR.

El problema fiscal es un problema de clases.

En Catalunya el expolio fiscal es de clases.

La solución de la cuestión nacional pasa por luchar por la IIIª República.

1.    LA CUESTIÓN NACIONAL EN ESPAÑA

España no es un Estado-nación debido al insuficiente desarrollo del mercado interior capitalista con la pervivencia de vestigios semi-feudales (latifundios, caciquismo ligado a la especulación inmobiliaria, papel de la iglesia en la enseñanza, etc.) y la inconclusa revolución democrática. En España existen 4 naciones, idiomas, economías, culturas que se manifiestan en psicologías nacionales expresadas en comunidades diferenciadas (Castilla, Catalunya, Galicia y Euskadi); pero un solo Estado plurinacional que integra a las distintas burguesías nacionales, fruto de una alianza sellada por intereses monopolistas comunes que les hace tener los mismos intereses de clase. Las clases dominantes de las naciones españolas oprimidas (Catalunya, Euskadi y Galicia) han formado y forman parte de las clases dominantes del estado español de la oligarquía financiera y terrateniente española, tanto bajo la monarquía borbónica como durante el franquismo.

En el caso de la burguesía catalana, cuando sus intereses han chocado con la política económica del Estado o cuando ha fracasado en sus intentos de dirigir España, ha tratado de usar el movimiento de las clases populares en defensa de sus intereses, no siempre sin éxito ya que durante la IIª República fue desplazada por la pequeña burguesía representada políticamente por ERC. Aunque tras el franquismo la burguesía catalana volvió a recuperar su hegemonía desde los diferentes gobiernos de CIU en el campo de la reivindicación nacional autonomista frente al centralismo administrativo del Estado español.

En el ascenso de la burguesía vasca como clase hegemónica a finales del S.XIX nunca jugaron la carta nacionalista, sus intereses de clase no estaban circunscritos al estrecho mercado vasco sino al amplio mercado multinacional español. Precisamente durante la IIª República cuando se discutía el estatuto vasco la burguesía carlista lanzó la consigna “Estatutos No, Fueros Sí”. La gran oligarquía financiera e industrial vasca era enemiga de todo tipo de autonomía, los Zubiría, Urquijo, Oriol, Olazabal, etc., fueron financiadores del golpe antirrepublicano y contrarrevolucionario dirigido por Sanjurjo en 1932. Fue la pequeña burguesía representada por el PNV quien hegemonizó la cuestión nacional ante la posición del PSOE en contra del derecho de autodeterminación. Tras el franquismo la cuestión nacional no sólo es hegemonizada por el PNV sino también por la izquierda atberzale (HB) y a diferencia de Catalunya con una fuerte presencia en el movimiento obrero y sindical (ELA y LAB).

Actualmente las clases dominantes de las naciones periféricas no pretenden la autodeterminación y mucho menos la independencia (mas allá de un trato fiscal diferenciado y un marco propio de relaciones con la UE por medio de las euroregiones), y sus expresiones políticas actuales de derecha tratan de utilizar a las clases populares para sus propios intereses, del mismo modo que el resto de la clase dominante española utiliza la ideología españolista, la catalanofobia y el terrorismo con el fin de arrastrar a las clases populares para mejorar su relación de fuerzas frente a las burguesías periféricas. Es decir, ambos sectores de la clase dominante de la oligarquía financiera y terrateniente, utilizan el nacionalismo (periférico o españolista) para movilizar los bloques sociales que hegemonizan. Además tampoco debemos olvidar el marco supranacional donde nos movemos, la UE, como Europa del capitalismo neoliberal, de varias velocidades de desarrollo y subdesarrollo, donde los centros políticos, financieros e industriales de decisión se concentran en la “Europa linda” (Alemania, Francia, Gran Bretaña y norte de Italia) mientras que el resto, incluyendo las nacionalidades históricas, formamos parte de la Europa proveedora/dependiente.

En este marco el error que no debemos cometer los comunistas y la izquierda es dejarse hegemonizar por proyectos de clase ajenos a los intereses de las clases obrera y popular, y de los pueblos de España, caer en el nihilismo radical y abandonar la lucha por la República Democrática y Federal y por el derecho a la autodeterminación de forma clara rompiendo las cadenas con el imperialismo y la dependencia, y con el pasado franquista.

Al reivindicar el derecho de las naciones a la autodeterminación, los comunistas no propugnamos su separación incondicional, sino la concesión a todas las naciones del derecho a decidir si van a seguir en el Estado multinacional o se separan de él. Lenin decía que la libertad de autodeterminación, la libertad de separación, se reclama no para perseguir la creación de pequeños Estados, sino por el contrario, porque los comunistas perseguimos la creación de grandes Estados, porque aspiramos al acercamiento e incluso fusión de las naciones, pero sobre una base verdaderamente democrática e internacionalista, la cual sería inconcebible sin el derecho a la separación. Cuanto más amplia sea la igualdad nacional, más claro será para la clase obrera de la nación oprimida que el problema está en el capitalismo y no en la falta de derechos.

Lenin no fundamentaba la autodeterminación de las naciones como un fin en sí, sino como un apoyo del progreso, desde el punto de vista de los intereses de la lucha de clase del proletariado por el socialismo. Marx y Engels reconocían conveniente la federación como modelo de Estado como un paso adelante, por ej., la federación de Inglaterra e Irlanda. Lenin en 1913 planteaba la creación de la república federal balcánica (2). Tanto Marx como Lenin estaban en contra del centralismo burocrático burgués, así como del federalismo anarquista de Proudhom, pero no en contra de un federalismo fundado en el centralismo democrático voluntario, la república democrática federal.

 

Lenin tras la revolución socialista en Rusia promovió la unificación federativa de las naciones bajo el Estado multinacional soviético. Antes de la revolución consideraba que la federación era conveniente para salvar el Estado de su fraccionamiento, tras la revolución era la forma no sólo conveniente, sino necesaria para reunir en torno a la clase obrera a los trabajadores de todas las naciones. Muchas nacionalidades de Rusia se encontraban completamente aisladas unas de otras, y la federación fue un paso adelante, la mejor alternativa de transición hacia la unidad estatal, para unir a las masas aisladas de trabajadores. En 1922 se formó la URSS, las naciones que la integraron recibieron derechos iguales. Al ir desarrollando su Estado nacional se autodeterminaron como Estados federados en la URSS.

 

El partido bolchevique comenzó por erradicar el atraso económico y cultural de las naciones. En un breve plazo histórico, en las repúblicas surgieron nuevas ciudades, centros industriales y científicos, fue eliminado el atraso económico y el fraccionamiento de la agricultura. Se liquidó las clases explotadoras y el establecimiento de la economía socialista socavó la antigua enemistad nacional acercando a las naciones y pueblos de la URSS.

El poder soviético no solo abolió todos los privilegios nacionales, sino que adoptó medidas para desarrollar los idiomas de la antigua Rusia zarista. Por primera vez en su historia 50 naciones de la URSS recibieron una lengua escrita. La literatura de la URSS llegó a estar presentada en 77 idiomas, mientras que las publicaciones prerrevolucionarias sólo aparecieron 13 idiomas.

2. LA BURGUESÍA CATALANA, ESPAÑOLISTA POR VOCACIÓN CLASISTA

La burguesía catalana en defensa del colonialismo y España

La actual oligarquía española del S.XXI, incluyendo las burguesías catalana y vasca, siempre se han beneficiado desde una posición subsidiaria de la pertenencia al occidente capitalista que explota a los países del tercermundo por medio del neocolonialismo, la deuda externa, el intercambio desigual y las guerras imperialistas. Esa oligarquía financiera española disponen hoy de entidades financieras y empresas energéticas explotan recursos naturales y extraen plusvalía en el extranjero, fundamentalmente en Latinoamérica, Portugal y tras la subordinación de la política exterior al imperialismo yanqui (guerras de Afganistán e Irak), el capital español viene recibiendo sus dividendos en Oriente Medio.  Esta situación presente, tiene su historia y herencia del pasado.

No olvidemos que precisamente estas burguesías se beneficiaron del imperio colonial español de las materias primas y el comercio de esclavos para el desarrollo de su industria, comercio y finanzas. Entonces eran fervientes españolistas, esclavistas y colonialistas. Decía Pierre Vilar:

“…las regiones más evolucionadas desde el punto de vista económico como el País Vasco y Cataluña, se habían beneficiado demasiado de la coyuntura del siglo XVIII como para no sentirse profundamente solidarias del sistema nacional y colonial español.” (3).

En países europeos como Holanda, Inglaterra y Francia, donde el desarrollo capitalista fué paralelo al crecimiento del mercado interior, la burguesía se lanzó a la lucha por el poder para destruir las trabas feudales que impiden el crecimiento económico capitalista. La burguesía catalana durante el S.XVIII se va a limitar a garantizarse la parte del león en el mercado español y de las colonias americanas presentando a España como una unidad política reforzando el sentimiento español entre las masas populares de Catalunya (4). Hubo un reparto de la tarta, para la aristocracia terrateniente y la Iglesia el campo español, y para la burguesía el comercio colonial.

El siglo XIX y el pacto de las clases dominantes en Catalunya y España

La burguesía catalana no ha jugado incondicionalmente la carta nacionalista a lo largo de su historia. Para ella, lo fundamental era y es tener garantizado un mercado, igual que las burguesías francesa, inglesa, belga, etc. Así, como ya hemos visto, durante el S.XVIII mientras la monarquía absolutista feudal, le garantizaba el mercado colonial de América a los fabricantes de tejidos, la burguesía industrial catalana a cambio de ello evitó el conflicto con la aristocracia terrateniente, renunciando a su papel revolucionario. Atrás quedaba “la guerra dels Segadors” (1639-1640), levantamiento del pueblo contra los impuestos y alojamiento de tropas extranjeras, y la promulgación de los decretos de Nueva Planta, con la pérdida de la autonomía catalana.

Pero desde finales del S.XVIII, el imperio colonial español comienza a desmoronarse, y el mercado nacional español era insuficiente para la burguesía catalana. A principios del S.XIX ante el proceso de descolonización de Latinoamérica la burguesía catalana que topaba con la competencia de los países capitalistas europeos más avanzados defiende un Estado español basado en el proteccionismo económico (que alejara la competencia inglesa y francesa), la industria y el mercado nacional. La afirmación nacional de Catalunya se acompañaba con una proyección española, procolonialista y el desarrollo de un mercado nacional frente al predominio agrario. Para desarrollar un gran mercado español era necesario emprender una reforma agraria, pero las desamortizaciones de la tierra, no solucionaron el problema, sólo sirvió para el surgimiento de una oligarquía terrateniente que mantendrá inmutable la estructura del campo español.

Las desamortizaciones de las tierras de la iglesia fueron adquiridas por la burguesía liberal y la aristocracia, no dieron solución al problema de industrialización capitalista de España, ante la carencia de una reforma agraria real, ya que la desamortización era más operación financiera para pagar la deuda del Estado (5), y no sirvió para crear una clase de nuevos propietarios campesinos, sino para aumentar los bienes de los ya propietarios. A los latifundios eclesiásticos de manos muertas le sucedieron los latifundios particulares, afianzándose una oligarquía terrateniente no consiguiendo barrer todos los restos feudales del campo (mantenimiento de los foros -renta feudal- en Galicia hasta los años 30 del S.XX, extensión de latifundios en el sur), lo que frenaría el futuro desarrollo industrial de España.

La Iglesia, herencia del feudalismo en España, invirtiendo con habilidad su inmensa fortuna supo adaptarse a la lenta y desigual evolución del capitalismo en España. La Orden de los Jesuítas por ejemplo, poseía  a finales del S. XIX el Banco Urquijo de Madrid, eran propietarios de los ferrocarriles del Norte, de la compañía de navegación Transatlántica, de casi todos los naranjales de Andalucía, de las minas de las provincias vascas y del Rif.

La nueva oligarquía agrario-terrateniente y eclesiástica surgida de la desamortización va a llegar a un pacto con las burguesías industriales catalana y vasca. La burguesía catalana interesada por el mercado español y sus intereses coloniales por un lado, y por otro lado por el miedo al movimiento obrero y popular, igual que la gran burguesía vasca, va a llegar a un pacto con la aristocracia terrateniente para enterrar la Iª República, renunciando a sus deseos de “regeneración” de la España atrasada, ayudando a restaurar la monarquía a cambio de tarifas proteccionistas para la explotación de los mercados español y colonial.

En momentos difíciles para la monarquía, el Banc Hispano-Colonial de Barcelona va a conceder un crédito para superar las dificultades financieras del Estado y continuar la guerra contra los pueblos de Cuba y Filipinas, a cambio la monarquía va a conceder nuevos privilegios de las colonias (6). Este pacto entre las clases dominantes españolas va a impedir que se resolvieran los problemas de la revolución democrático-burguesa durante el siglo XIX (reforma agraria, derrocamiento del Estado semifeudal), la unificación nacional de España no se va a producir, en el interior de un mismo Estado se van a desarrollar comunidades humanas con estructuras socioeconómicas diferenciadas, mientras la mayor parte del país va a continuar con una estructura agraria semifeudal, en Catalunya y Euskadi van acelerar su desarrollo capitalista. El Estado de la oligarquía española frenaba la ampliación del mercado español, el desarrollo de las fuerzas productivas y la extensión de las relaciones de producción capitalistas.

La revolución democrático burguesa inconclusa en España

Las revoluciones burguesas comienzan a finales del S.XVII y se suceden hasta principios del siglo XX (Holanda, Inglaterra, Francia, EE.UU., Alemania, Italia, Japón, Rusia, etc.). En la lucha por quebrantar las barreras que el feudalismo opone al desarrollo capitalista, la burguesía juega al principio un papel revolucionario, y une a las masas populares (campesinos y artesanos) contra el yugo feudal absolutista. Una vez transformada la sociedad y conquistado el poder político la burguesía utiliza su libertad para explotar a la clase obrera y expoliar a las colonias. Dicho esto, diremos que dos cuestiones son fundamentales para la revolución democrático burguesa, para la consolidación del poder económico y político de la burguesía:

1º Acabar con en el poder de los terratenientes y repartir la tierra entre el campesinado para aumentar su productividad y desarrollar el comercio y el consumo.

2º Conquistar un marco estatal nacional que le garantice el monopolio de un mercado y unas barreras arancelarias que impidan la competencia de la burguesía extranjera.

En Francia, durante la fase de transición del feudalismo al capitalismo la monarquía absoluta apoyó a la burguesía en la unificación de los mercados, mejoró las comunicaciones, infraestructuras y sentó bases para el posterior despegue del capitalismo industrial productivo, catapultado por la revolución francesa que acabó con los vestigios feudales y derrocó a la monarquía absoluta cuando esta constituía ya un freno para el desarrollo de las fuerzas productivas y para la consolidación del poder político capitalista.

Por el contrario en España en el S.XVIII la monarquía absoluta no logró la unificación de los mercados internos, para sentar las bases del desarrollo industrial, ni acabó con el poder de los terratenientes y la iglesia, al contrario de Francia, los vestigios feudales siguieron y siguen perviviendo.

A principios del S.XIX, la guerra de independencia, la proclamación de la constitución de 1812, el trienio liberal, etc., la lucha popular y de la burguesía liberal, no consiguió derrotar el enorme poder de la aristocracia terrateniente y la iglesia. En España no llegó a existir condiciones materiales para llevar adelante la creación de un Estado-nación similar al de Francia, la burguesía era sumamente débil, no había una unificación de los mercados interiores, no existía un desarrollo suficiente de las comunicaciones, apenas había emergido el desarrollo capitalista industrial y, en consecuencia, tampoco había concentración del capital ni centralización económica, y las relaciones de producción seguían siendo predominantemente semi-feudales y agrarias.

Cuando España se incorpora, tarde, de forma subdesarrollada y muy desigual, al capitalismo industrial con los limitados gobiernos liberales moderados del S.XIX, las zonas con una mayor concentración de la burguesía comercial e industrial, Catalunya y Euskadi, que se colocan a la cabeza del movimiento capitalista, experimentaron un despegue económico superior al resto de España, aunque inferior al de los Estados-nación europeos. El surguimiento del movimiento obrero, concentrado en las zonas industriales de Catalunya, Euskadi y Asturias, al calor de las industrias textil, siderúrgica y minera va a colocar a la burguesía liberal entre dos fuegos, lo que va a limitar sus reivindicaciones democrático burguesas, ante el miedo creciente a la clase obrera y el pueblo.  El auge de la lucha de clases la va a empujar a los brazos de la monarquía y la oligarquía terrateniente, dominante en Castilla y Andalucía.

En la España del S.XIX se entremezclaban dialécticamente cuatro elementos propios de una formación social en transición al capitalismo, el problema agrario dominado por el latifundismo y el caciquismo, que suponen una carga para la economía por su débil tasa de productividad y porque una parte de esos latifundios dedicados a la caza escapan al ciclo productivo, el problema de la enseñanza, dominada por la iglesia, el papel del ejército, entre la revuelta y la contrarrevolución, y el surgimiento del movimiento obrero que el capitalismo naciente va a impulsar. Este va a ser el marco español en el cual se va a desarrollar la cuestión nacional catalana.

A diferencia de la gran burguesía, la pequeña burguesía va a intentar al menos ideológicamente de apostar por la transformación de España en un país capitalista moderno. Joaquín Costa apuntó los males de la España de la Restauración: el sistema agrario atrasado dominado por formas feudales de explotación, el hambre y el deficiente nivel de cultura unida a la charanga ideológica del pasado imperial. Su lema “escuela y despensa” resume la clave del problema español, su crítica va dirigida a la España oficial, el caciquismo como sistema de dominación política y el ejército como instrumento político y no de defensa nacional. Para Costa, acabar con la España feudal y anacrónica era imposible sin hacer la revolución: “Las revoluciones se hacen revolucionariamente o no se hacen de ningún modo” (7).

Ya en el S. XX la IIª República Española comenzó por albergar en sectores de la pequeña burguesía liberal o jacobina la esperanza de culminar las tareas inconclusas de la revolución democrático burguesa: el desarrollo industrial y económico de país sin la neocolonización de las potencias imperialistas, el retroceso del poder latifundista y caciquil, la separación de la Iglesia y el Estado, la unificación de mercados internos y de la concentración del capital, la consolidación de un nacionalismo español liberal, laico e incluso de un nacionalismo democrático-revolucionario en la línea jacobina no liberal, aliados con el nacionalismo catalán y vasco republicanos, y el afianzamiento del proceso de construcción del “Estado-nación” español.

La lucha de clases va a polarizar en dos campos, por un lado la clase obrera, los campesinos del sur, los pageses, y la pequeña burguesía republicana española, catalana y vasca, donde se van a encontrar la cuestión obrera, la cuestión agraria, la cuestión de la democracia y la cuestión nacional. Por otro, la oligarquía financiera española, que incluye a las burguesías catalana, vasca, los terratenientes y la iglesia católica, base material y social de la reacción y el fascismo. Polarización que va a culminar en la alianza interclasista del frente popular, contra la alianza clasista de la reacción y el fascismo internacional. Al final, las fuerzas reaccionarias burguesía, terratenientes, iglesia y ejército, que habían frenado la evolución económica del país y bloqueado toda transformación social, impiden la consolidación del proceso de creación del “Estado-nación” español de carácter democrático popular, curiosamente en nombre del “nacionalismo español”, nacionalismo que identifica nación con el catolicismo, la raza y los valores feudales del Antiguo Régimen. No teniendo reparo en acudir en la ayuda de los imperialismos alemán, italiano, inglés y yanqui, ni en utilizar mercenarios marroquís para masacrar a la clase obrera y los pueblos de España en nombre de la “patria”.

El carácter clasista y no republicano del nacionalismo burgués catalán

El pacto de la restauración comenzó a tambalearse a finales del S.XIX con la pérdida de las últimas colonias de ultramar (Cuba, Filipinas, Puerto Rico), que tuvo como consecuencia inmediata la pérdida de mercados para la industria catalana, empujando a sectores de la industria y el comercio catalán hacia soluciones nacionalistas y autonomistas.

En aquel entonces la burguesía catalana se encontraba marginada del poder político del Estado, su peso dentro del gobierno no se correspondía con su poder económico. Prat de la Riba y la Lliga Regionalista fueron los portavoces de los intereses de la gran burguesía, jugaron en este contexto histórico la carta autonomista, sin llegar en realidad a promover el separatismo. Dos razones importantes sostenían esta postura, el mercado español pasó a ser más vital para la industria catalana, el 95% de la producción manufacturera lo absorbía el mercado español, y además la burguesía necesitaba un Estado fuerte para mantener el orden frente a una clase obrera cada vez más combativa. La “rivalidad” con el gobierno central no iba más allá de fortalecer el desarrollo económico de la burguesía catalana y obtener voz y voto en el poder político del Estado español.

Así la Lliga Regionalista se constituyó en el portavoz político para defender los intereses de la burguesía catalana presentados como intereses de todo el pueblo dando conciencia a las masas catalanas de su diferenciación cultural, pensando el problema español en función de su particularismo clasista, al mismo tiempo que el resto de la oligarquía española gobernante va a realizar una política de masas explotando un sentimiento unitarista españolista y reaccionario opuesta al particularismo catalán.

La actitud práctica de la burguesía catalana, fue la del oportunismo político, mientras por un lado se declaraba “enemiga” del gobierno central, por otro, era el enemigo más radical de la clase obrera y las masas populares de su propia nación, poniendo en entredicho su política “nacionalista” y “autonomista”. De esta forma, limitación estrecha de la burguesía catalana versus reacción nacionalismo españolista, el problema nacional no va aparecer ante las masas populares del resto de España como una cuestión de libertad e igualdad nacional, ligada a la lucha por la democratización del país y la reforma agraria, sino como una plataforma política para los objetivos de clase de la gran burguesía catalana, lo cual sin duda va a favorecer a los intereses de la aristocracia terrateniente.

En esta pugna la burguesía catalana, no va a apostar por unirse al movimiento republicano y aliarse con las clases obrera y campesina para liquidar la base material y social de la reacción y el atraso de España sino que va a apostar por influir en la política española con el fin de disputarle el predominio a la oligarquía terrateniente, su mentalidad de grupo de presión va a dar paso a una voluntad de lucha política para participar en la dirección de la alianza burguesía-terratenientes con voz y voto.

Precisamente la gran burguesía catalana al crear la Lliga Regionalista, al adoptar ese nombre va a pensar en clave española, aspiraba a promover movimientos regionalistas por toda España que dejando de lado las reivindicaciones sociales, tuvieran como único objetivo la lucha contra el centralismo de la aristocracia terrateniente y la reforma del Estado bajo la dirección de la burguesía catalana con la creación de un Estado opresor ibérico con vocación imperialista. Así lo va a manifestar Prat de la Riba:

“…si el nacionalismo integral de Catalunya va adelante en esta empresa y consigue despertar con su impulso y su ejemplo las fuerzas dormidas de los pueblos españoles, si puede inspirar en estos pueblos fe en sí mismos y su porvenir, saldrán de la actual decadencia y el nacionalismo catalán habrá cumplido su acción imperialista…es hora de trabajar para reunir todos los pueblos ibéricos, desde Lisboa al Ródano, dentro de un solo Estado, de un solo imperio…podrá la nueva Iberia….intervenir activamente en el gobierno del mundo con las otras potencias mundiales, podrá otra vez expandirse sobre las tierras bárbaras y servir los intereses de la humanidad guiando hacia la civilización a los pueblos atrasados e incultos” (8).

La reivindicación era clara, tomar el poder político para adaptarlo a las necesidades de la burguesía capitalista mediante el regionalismo e intentar una nueva expansión colonial. No es extraño que con esta mentalidad política a comienzos del siglo XX la burguesía catalana adquiriese tintes imperialistas al aliarse con la reacción española, representada por el gobierno de Maura (enemigo jurado de toda concesión a las nacionalidades de la periferia), cuando esta va a preparar la conquista de Marruecos, mientras por el contrario la clase obrera y las clases populares se movilizaban por Catalunya y el resto de España con la huelga general contra el reclutamiento y la guerra, teniendo como desenlace la Semana Trágica de Barcelona y la represión del movimiento popular. En Catalunya a principios del S.XX comenzaban a consolidarse dos naciones distintas y opuestas, la burguesa aliada con la reacción y la de la clase obrera aliada con las masas populares.

El desarrollo industrial bajo dependencia del capital extranjero

El incipiente desarrollo industrial desde mediados del S.XIX pasó a depender del capital extranjero en alianza con las clases dominantes españolas, evitando que la industria española pudiera convertirse en competidor de los capitalistas alemanes e ingleses. Las características del capitalismo español de mediados de siglo XIX se resumen en el predominio del capital extranjero (inglés, francés y belga) y el predominio del capital comercial y especulativo. Es sólo la burguesía catalana la que construye a través de la industria textil en el S.XIX la única industria nacional, no sólo catalana, sino española. Ya en 1792 trabajaban en los telares de Barcelona 80.000 obreros (9).

La amalgama de especuladores, terratenientes beneficiarios de la desamortización, políticos que acceden a las élites del poder económico, industriales vascos y catalanes, y generales ennoblecidos, constituyen la oligarquía gobernante estimada en 500 familias (10). Esta sociedad opulenta, excepto los industriales catalanes, conciben al capitalismo como especulación y no como acumulación de capital.  Se suelda el triángulo entre la aristocracia castellana y andaluza, los comerciantes vascos y los industriales catalanes.

La Iª Guerra Mundial va a suponer un impulso para los negocios de la burguesía y va afianzar la fusión de la gran burguesía industrial y bancaria de toda España –incluyendo la catalana- en una única oligarquía financiera en la cual también van a entrar a formar parte la aristocracia terrateniente, todo ello bajo una fuerte inversión de capitales extranjeros (ingleses y franceses).

Los yacimientos mineros de Ciudad Real, Huelva (Riotinto), Jaén, Córdoba, Cartagena y Santander, con sus minas de cinabrio, carbón, plomo y cinc, etc., que hubieran servido para desarrollar la industria de las regiones más atrasadas de España, y en beneficio de todo el país, fueron entregadas por el Estado a compañías extranjeras, inglesas, francesas y belgas cuyas riquezas se las llevaron de España para desarrollar la industria en sus países respectivos.

Ya a finales del S.XIX desde la restauración las inversiones para el desarrollo de las fuerzas productivas industriales se dividían entre las extranjeras para la gran industria y nacional para la industria ligera. La inversión extranjera no se limitaba solo a capitales, sino a personal técnico, patentes de invención y fabricación, maquinaria, materias primas, etc. Son precisamente los capitales extranjeros los que a partir de la 2ª mitad del S.XIX se apoderan los recursos mineros y la construcción del ferrocarril. En total la riqueza española en manos extranjeras en 1910 llegaba a 4.000 mill. pts. (11)  que controlaban la totalidad de los ferrocarriles, tranvías, y ocupaban puestos de dirección en las empresas de gas, electricidad y minería.  Las empresas más importantes de España estaban en manos del capital extranjero.

La renuncia a las reivindicaciones nacionales de Catalunya en el S.XX

Por el camino de la represión contra el movimiento obrero, democrático y popular la burguesía catalana, que tenía más miedo del pueblo que de la oligarquía terrateniente, que fracasó en su intento de constituirse en la fracción hegemónica del bloque de poder de la clase dominante española, de entrar en el gobierno central y conquistar la dirección de éste, no tuvo reparos en llevar una violenta ofensiva contra el movimiento obrero y sus organizaciones sindicales, recurriendo a la ayuda de las fuerzas represivas del Estado semifeudal, aceptando la ley de fugas y a Martinez Anido (gobernador civil 1919-1922 apodado el “carnicero de Barcelona”) al frente de la represión sindical y obrera, apoyando la dictadura de Primo de Rivera llamada a hacerse cargo del poder en nombre de los intereses de la oligarquía financiera y terrateniente, dejando de lado las reivindicaciones nacionalistas, se va a prohibir la bandera y el uso de la lengua catalanas y la Mancomunitat se va a disolver en 1925 ante la pasividad de la Lliga, el interés de clase pasaba por encima de todo. Y por último la mayor, la gran burguesía catalana va a apoyar al golpe militar de Franco ante la amenaza de la revolución democrática y social.

Durante la IIª República (1931-1939) el movimiento nacional catalán pasó a identificarse cada vez más con un republicanismo democrático, que jamás hubiera apoyado la Lliga y la gran burguesía. Mientras el republicanismo de izquierdas de Maciá se pronunciaba a favor de la República, el nacionalismo de derechas de Francesc Cambó, cofundador de la Lliga, atacaba el catalanismo de izquierdas, reivindicaba la necesidad del mercado español contra el separatismo y se pronunciaba a favor de la monarquía contra la República.

En 1934 cuando la Generalitat va a aprobar la Llei de Contractes de Conreu, los terratenientes catalanes van a organizar una manifestación en Madrid contra una ley votada por el parlamento catalán. La Lliga y los terratenientes demostraban una vez más que su interés de clase pasaba por encima de todo. Mientras la clase obrera española va a apoyar las reivindicaciones campesinas, la oligarquía financiera española va a luchar conjuntamente contra los intereses de los campesinos y las instituciones autonómicas. El bienio negro de la IIª República va a anular las instituciones autonómicas, la Llei de Contrates de Conreu, las tierras de los pageses (campesinos catalanes) fueron requisadas, los sindicatos y partidos de izquierda perseguidos, los obreros de Asturias brutalmente reprimidos, el gobierno de la Generalitat encarcelado, bajo el aplauso de la burguesía catalana. Estos hechos mostraban ya que la libertad de Catalunya no dependía tanto de sus propias instituciones como del estado general de la lucha de clases y la situación política en España. Era una clara demostración de que el problema nacional catalán, era una parte más de la lucha por la democracia y de que las libertades nacionales no deben servir únicamente para ejercer derechos linguisticos y culturales, sino para solucionar los problemas sociales de Catalunya combatiendo a la vez a la reacción catalana y española.

El apoyo de la burguesía al régimen de Franco

Al inicio de la guerra nacional-revolucionaria contra el fascismo (1936-1939) la gran burguesía calatana se va alinear con el movimiento antirepublicano, a pesar de que la IIª República había reconocido los derechos nacionales de Catalunya. La guerra va a colocar a la Lliga al lado de los generales fascistas y contra la reivindicación del hecho nacional catalán.

Una vez instaurado el régimen franco-falangista, la burguesía catalana lo va a recibir como el restaurador y garante del orden social capitalista. Durante los años 40 y 50 van a ser constantes la adhesión de la patronal catalana al régimen y al “caudillo”, donde la exaltación de la victoria franquista como restauración del orden social estaba siempre presente. El interés de clase por encima de todo. Esta cita del gremio de fabricantes de Sabadell de 1947 es ilustrativa:

“Descartada de nuestro sistema político de convivencia, surgido de la guerra civil, la lucha de clases, impedida por la acción del Estado, la organización patronal, con fines de intervención en los problemas de trabajo, erigido el Estado en ordenador…hemos venido viviendo sin aquellas enojosas cuestiones de discusión entre representaciones patronales y obreras con su secuela de huelgas, lock-outs, sabotajes y perturbaciones públicas” (12).

No olvidemos que la acumulación de capital durante las décadas 1940-1950 se realiza a costa de una brutal superexplotación de la clase obrera, ¿Quién no hemos tenido padres o familiares que han trabajado en las peores condiciones de explotación bajo la dictadura franquista?.

Gracias a esa sobreexplotación brutal de la clase obrera, la dictadura franquista llevó a cabo la acumulación de capital necesaria para el desarrollo industrial en un país especializado en turismo, servicios y pelotazos urbanísiticos. El régimen, únicamente benefició a la gran burguesía financiero-industrial, al servicio del capital extranjero y a un puñado de grandes familias dedicadas al capitalismo especulador, parasitario e improductivo. Por otro lado, la clase obrera española bajo el franquismo nunca llegó a disfrutar ni de lejos de los salarios, el nivel de vida y las prestaciones sociales de los trabajadores de los restantes países de la Europa capitalista, que ante la pujanza del movimiento obrero (con fuertes partidos comunistas y sindicatos de clase) y la existencia de los países socialistas, alcanzaron conquistas de bienestar social envidiables.

Relata Carme Molinero que a partir de 1957 con el giro de la política económica franquista, las conexiones con el aparato estatal van a ser más fluidas, el nombramiento de Porcioles como alcalde de Barcelona, puede ser considerado como un símbolo de relación privilegiada entre la tecnocracia opusdeísta y la burguesía surgida del franquismo vinculada al sector inmobiliario, y la burguesía representativa de los sectores industriales en expansión y la banca.

La burguesía catalana no se arrugó en aportar intelectuales orgánicos en el seno del aparato franquista de la economía (Lopez Rodó, Fabiá Estapé…) para dirigir la industrialización de los años 60/70, enterrando toda reivindicación catalanista en aras de los intereses de clase, que eran y son superiores, recibiendo las olas inmigratorias que huían de la miseria y venían a incorporarse como fuerza de trabajo barata a la pujante economía catalana (13). Va a renunciar a actuar políticamente en defensa de la identidad catalana a lo largo del período franquista, y no va a tener escrúpulos a abandonar su lengua materna y adoptar la lengua de la nación dominante para favorecer sus intereses económicos y de clase.

El régimen franquista se caracterizó por un férreo centralismo político y administrativo, pero al mismo tiempo por un desarrollo económico desigual. El desarrollo del capitalismo español durante el período (1959-1970) es correspondiente con la ley capitalista de desarrollo desigual, dándose una contradicción entre el grado de monopolización alcanzado por la industria básica en manos de la banca, el nivel de dispersión de los centros industriales radicados en Madrid, Cataluña y Euskadi, mientras que las regiones más atrasadas del Centro y Sur de España siguieron hundidas en el subdesarrollo, siendo dominadas por una infraestructura económica agraria, de servicios ligados al turismo y construcción. Andalucía y Extremadura continuaron siendo regiones con grandes latifundios improductivos con relaciones de producción semi-feudales, bajo el poder caciquil de los terratenientes. La reforma agraria que la IIª República no pudo culminar sigue siendo hoy en día una tarea pendiente.

Este desarrollo desigual convirtió a amplias zonas del país en periferia del capitalismo español y europeo en proveedoras directas de fuerza de trabajo barata y materias primas. Sólo el fenómeno de la inmigración (10% de la población española) permitió al capitalismo español alcanzar durante la fase expansiva niveles de empleo aceptables. Lo que caracteriza al capitalismo español de esa época es un elevado grado de monopolio en torno a la alianza de la burguesía financiera con el capital transnacional extranjero, consolidando una estructura industrial dependiente financiera, comercial y tecnológica mayoritariamente de patente extranjera, con un peso bajo del capital industrial y tecnológico propio en comparación con los países europeos del entorno. La burguesía catalana contribuyó con su implicación directa en la política económica del régimen franquista a este desarrollo desigual y dependiente.

Actualmente en el S.XXI el modelo neoliberal que alberga la derecha españolista en nada se diferencia de la derecha catalanista o vasca, para ambos la entrega de la nación al imperialismo a cambio de algunas migajas, la libre apertura de la economía al capital extranjero con la desnacionalización y dominación de los monopolios transnacionales sobre los sectores estratégicos y más rentables de nuestra economía (no olvidemos que España ha puesto en los últimos 30 años sin rechistar en manos del capital alemán, francés, yanqui y japonés sus mejores empresas y centros de producción) es un denominador común político e ideológico de ambas derechas. La reciente disputa por Eurovegas entre Mas (CiU) y Aguirre (PP), demuestran que ambos partidos defienden el mismo modelo de desarrollo económico neoliberal y especulativo. ¡Menuda defensa de la autodeterminación y soberanía de los pueblos!. ¡Menudo cinismo cuando agitan el nacionalismo reaccionario contra los pueblos del sur de Europa unos (CIU) o contra la Catalunya popular otros (PP)!.

En realidad el conjunto de las burguesías españolas han tenido siempre un denominador común, que no ha sido precisamente la defensa de la soberanía nacional sino todo lo contrario, ya que precisamente no tuvieron reparos en vender la soberanía nacional cuando entregaron nuestros recursos a los intereses extranjeros e imperialistas: en el S.XIX al capital francés e inglés, en el S. XX antes de la IIª GM al imperialismo alemán, durante la guerra fría al imperialismo yanqui, y tras el franquismo a los intereses del imperialismo en el marco de la UE.

3. LA CUESTIÓN NACIONAL Y EL IMPERIALISMO

Las naciones aparecieron en determinadas condiciones históricas cuando surgieron los vínculos económicos capitalistas. La nación es un fenómeno socio-clasista por su origen, por la necesidad de superar el fraccionamiento feudal. Se dejo sentir en la formación de las naciones la lucha de clases y estamentos contra la sociedad feudal. El proletariado en proceso de formación, al luchar contra el feudalismo, se abría paso hacia la conquista de un espacio a nivel nacional para su lucha de clase.

La nación y las relaciones nacionales no pueden enfocarse en forma aislada a las clases y las relaciones de clase. Lenin decía que había que tener qué clase y en qué etapa es la fuerza dirigente de la sociedad y tener en cuenta en qué grado de desarrollo histórico se halla la nación. Precisamente en la lucha de clases la hegemonía de la nación pasa de una clase a otra en el marco del capitalismo, de la burguesía al proletariado.

Mientras que en las revoluciones nacionales clásicas la burguesía fue objetivamente la fuerza hegemónica y desempeño un papel progresista en la solución de los problemas históricos de las naciones, la situación cambia bajo el imperialismo. La primera revolución democrática bajo el imperialismo en Rusia 1905-1907 fue protagonizada por la clase obrera, mientras que la burguesía actuó como fuerza contrarrevolucionaria.

El nacionalismo burgués aísla la conciencia nacional y la conciencia de clase, presentando a la primera como un valor supraclasista autónomo, impidiendo que los trabajadores se conciencien de sus intereses nacionales desde posiciones de clase. En realidad la comunidad de la nación, atravesada por intereses clasistas, y la unidad de la nación, no son la misma cosa. La unidad nacional es real cuando las clases tienen intereses y tareas comunes. En este sentido, Lenin argumento que sólo en las colonias y semicolonias las naciones oprimidas y dependientes tienen todavía objetivamente tareas nacionales generales, tareas democráticas, tareas de derrocamiento del yugo extranjero, colonial e imperialista.

La idea nacional pasó a ser la meta de las guerras de liberación nacional del siglo XIX y la actualidad. Estas guerras impugnan las tentativas de calcar esta ideología a las guerras imperialistas en beneficio del imperialismo. Lenin se opuso a las intenciones de parte de la socialdemocracia de borrar las diferencias entre las guerras imperialistas y nacionales. Sobre las ruinas de los imperios coloniales se formaron Estados nacionales independientes, adquiriendo fuerza la idea nacional y la defensa de la patria frente al imperialismo.

Una vez conquistada la independencia, la burguesía al tiempo que presta toda su atención a la defensa de sus intereses de clase, se convierte en una fuerza antinacional y se contrapone a los trabajadores, se compromete con los latifundistas y el capital extranjero. La burguesía como clase revela la naturaleza de su nacionalismo, sus intereses chocan con los intereses de las masas populares, de hacer la reforma agraria en beneficio del campesinado y crear una industria nacional independiente del imperialismo. La clase obrera y las masas populares al luchar contra el imperialismo y la burguesía antinacional depura la autoconciencia nacional de los prejuicios de la unidad nacional supraclasista.

La experiencia histórica nos enseña que no puede haber verdadera unidad nacional entre clases antagónicas. La tergiversación de la autoconciencia nacional de los trabajadores, facilita a las clases explotadoras la tarea de suplantar la lucha de clases por la de las naciones y convertir a la clase obrera de los países imperialistas en cómplice de la agresión externa y la reacción interna, como por ejemplo la actitud del sindicato estadounidense AFL-CIO hacia las guerras de Corea y Vietnam.

Lenin en El imperialismo fase superior del capitalismo, ya nos diferenciaba estas dos épocas en el desarrollo del capitalismo: 1º la del ocaso del feudalismo, en la que el capitalismo en ascenso se caracteriza por el despertar de la vida nacional, por los movimientos nacionales democrático/burgueses y populares, la lucha contra toda opresión nacional y la creación de Estados nacionales. 2º La del capitalismo consolidado, que se convierte ya en reaccionario para el progreso socioeconómico bajo el imperialismo, en la que el antagonismo entre burguesía y clase obrera se caracteriza por la destrucción de las barreras nacionales, la unidad internacional del capital, de la vida económica, y política, a la vez que la rivalidad entre los diferentes estados imperialistas y la absorción de las particularidades y soberanías de las naciones colonizadas-oprimidas-dependientes, frente a las potencias imperialistas.

La CEE precisamente se formó en un intento de la burguesía europea para superar las crisis y los límites financieros y productivos de los mercados nacionales de las naciones imperialistas, donde el capitalismo es más desarrollado, ampliando mercados, recursos y producciones al servicio de la potencia financiero industrial del centro y norte de Europa (la Europa “linda”).

El Modo de Producción Capitalista, en su internacionalización actual refuerza en vez de disminuir su carácter imperialista. La proletarización mundial, la expropiación económica de las clases populares, la neocolonización política y económica de las naciones dependientes, la división del mundo entre naciones rentistas-acreedoras y naciones dependientes-deudoras, y la recolonización e intervencionismo militar caracteriza a la fase imperialista del capitalismo del siglo XXI bajo la dialéctica en las relaciones de clase (burguesía/proletariado- acumulación de capital/revolución socialista) y las relaciones estatales (centro/periferia – imperialismo/anti-imperialismo).

La actual internacionalización del capital, llamada Globalización, por mucho que les pese a Hardt y Negri (defensores de la teoría kaustkiana del ultraimperialismo renovado, Imperio), no ha perdido su carácter imperialista, no sólo no ha desaparecido la rivalidad interimperialista, ni el desarrollo desigual centro-periferia (cuya dinámica impide la nivelación en el desarrollo socioeconómico de las naciones de la periferia), sino que los Estados capitalistas tanto del centro imperialista como de la periferia dependiente por su naturaleza de clase siguen siendo insustituibles y necesarios para la acumulación de capital en beneficio de las transnacionales y las oligarquías financieras. La clase dominante sigue utilizando su Estado, nacional o multinacional, unitario, federal o confederal, para mantener el monopolio de la violencia contra la resistencia obrera y popular y para mantener el dominio ideológico que preconice los intereses de la oligarquía financiera como el interés general.

El imperialismo no es una estrategia política de los estados capitalistas, sino una fase socioeconómica del desarrollo del capitalismo a nivel mundial, y también es el resultado de la lucha de clases al mismo nivel entre explotadores dominantes (estados imperialistas representantes de los intereses de las oligarquías financieras transnacionales) y los explotados, dominados y oprimidos del mundo (clase obrera, clases populares, países subdesarrollados), además de aquellos países independientes sobre sus economías que se confrontan con el imperialismo (Cuba, Venezuela, Bielorrusia…) y sufren bloqueos, golpes de estado organizados por el imperialismo, etc.

Lenin situaba como falsa la posición de considerar la cuestión nacional de las naciones sin Estado (como el caso de Polonia en Rusia, Irlanda en el Reino Unido, etc.) como de un problema que sólo afecta a la burguesía, y que tiende a considerar los movimientos nacionales como objetivamente enemigos de la clase obrera. Para Lenin el movimiento obrero, la clase obrera debe de tener posición propia y dar alternativas a la cuestión nacional y colonial.

La cuestión nacional no puede centrarse únicamente en las naciones oprimidas “civilizadas” europeas como antaño hiciera la socialdemocracia aunque no desde el reconocimiento del derecho a la autodeterminación, sino del derecho a la “autonomía nacional cultural” (planteando la nación como una “comunidad de destino” -Otto Bauer, Karl Renner-), sin tener en cuenta la comunidad de territorio (14) y economía y la lucha de clases, y sin considerar en absoluto a los cientos de millones de personas de las colonias de África, Asia y América, olvidando el problema colonial. Fue la Internacional Comunista en el siglo pasado la primera en abordar la cuestión nacional de las colonias desde posiciones del internacionalismo proletario, el anti-colonialismo y el anti-imperialismo, fueron los partidos comunistas los principales apoyos de la lucha por la descolonización y la independencia de los imperios coloniales durante el S.XX.

Hoy también en el S.XXI la socialdemocracia dirigente lo mismo que los nacionalismos existentes en los Estados europeos plurinacionales (Cataluña, Flandes, Valonia, Euskadi, Escocia, Lombardía…) cayendo en posiciones eurocéntricas (Europa centro del mundo) siguen ignorando la lucha anti-imperialista de las naciones políticamente independientes contra la opresión colonial y neocolonial desde Palestina hasta Haití. Nosotros no podemos caer en tal monstruosidad olvidando de que la tarea revolucionaria de la clase obrera es la de luchar no sólo contra la opresión sobre las naciones dentro del mismo Estado, sino también contra la opresión neocolonial del imperialismo internacional que tiene esclavizado a centenares de millones de seres humanos sometidos al expolio y saqueo de sus riquezas.

La cuestión nacional en el S.XXI debe abordarse desde un análisis histórico concreto de la etapa superior de la actual fase imperialista del capitalismo bajo la hegemonía de los tres centros imperialistas, EE.UU.-Japón-UE, donde el imperialismo yanqui es hegemónico y quien impone su doctrina geopolítica de nuevo orden mundial capitalista.

Joan Comorera, primer secretario general del PSUC, abordó la cuestión nacional de Catalunya y España siempre teniendo en cuenta la lucha de clases en la etapa histórica en la que nos encontramos, el imperialismo, la rivalidad interimperialista, el reparto y redistribución del mundo, señalando siempre que la plena independencia de las naciones, sólo puede realizarse en el socialismo:

El imperialismo, forma superior del capitalismo, no puede resolver los problemas nacionales y coloniales, como el capitalismo no puede suprimir la explotaciónEl imperialismo necesariamente tiene que alimentarse con el sometimiento y la opresión de los pueblos y naciones coloniales y dependientes, porque la libertad de esta sería su fin; el mismo que el capitalismo NECESARIAMENTE se nutre del dolor, de la miseria y de la esclavitud de las masas trabajadoras, porque su emancipación sería su fin. Los imperialismos en lucha no se plantean la cuestión de liberar pueblos y naciones del dominio del competidor, sino una redistribución del mundo sometido, un cambio de amos… la explotación imperialista se conforma con las nuevas condiciones creadas …y las naciones legalmente soberanas, las colonias convertidas legalmente en naciones independientes, continúan siendo dependientes, fuente de poder y de riqueza del capitalismo financiero….Como Irlanda, que sin haber conseguido plenamente su independencia nacional, continúa siendo una dependencia del capital financiero anglo-americano. Es justa la afirmación de Lenin: antes del socialismo no puede «darse» y «realizarse» la plena independencia de las naciones dependientes y de las colonias” (15).

Para Comorera cualquier independencia formal bajo el imperialismo no significa una ruptura de la cadena imperialista, sino otra forma de sometimiento: la dependencia, el neocolonialismo. Por lo que la lucha actual por la desneo-colonización y la soberanía popular sobre la economía de la mayoría de los países del mundo va íntimamente ligada a la lucha contra el imperialismo y por el socialismo.

La soberanía nacional bajo el contexto imperialista que vivimos se diluye en función de la posición jerárquica que las oligarquías financieras tengan dentro de la cadena imperialista. El mercado nacional se diluye bajo el mercado internacional. El dominio final corresponde a los 3 centros imperialistas. Dentro de esta cadena se insertan las naciones de España: Cataluña, Euskadi, Castilla y Galicia, que ocupan el lugar que les obliga el imperialismo, especialización en turismo y especulación financiera e inmobiliaria. En el caso de Cataluña, Euskadi, y algunas zonas industriales de Castilla se expresa el desarrollo desigual del capitalismo con la existencia de empresas industriales subsidiarias y proveedoras de las transnacionales yanquis, alemanas, francesas, japonesas, etc. Ahí existe una dependencia hacia otros capitales extranjeros dominantes en la cadena imperialista.

Ante esta situación, Comorera planteaba que una monarquía restaurada o una Europa imperialista no garantizaría a Catalunya el derecho a la autodeterminación, que sólo la república popular española dirigida por la clase obrera podría hacerlo posible, y que la república popular sólo la podrá conseguir Catalunya luchando en fraternal unión con el resto de España (16).

Lenin planteaba que en las colonias y semicolonias, las naciones oprimidas o escasamente desarrolladas, tienen objetivamente tareas nacionales generales, tareas democráticas de liberación nacional, tareas de derrocamiento del yugo extranjero (17), y que en los países ya emancipados formalmente, la burguesía al tiempo que presta todo su empeño en la tarea de garantizar sus intereses de clase, pasa a ser una fuerza antinacional y se contrapone al conjunto de los trabajadores, en primer lugar a la clase obrera.

La burguesía nacional en los países que hoy conforman la UE no ha tenido reparos en pactar con las clases semifeudales, los terratenientes, sobre todo en Estados de la periferia como España, Grecia, Irlanda, Portugal, etc., a costa de los intereses de los campesinos, jornaleros, y la nación en su conjunto. Ello ha sido la tónica durante todo el siglo XX, si repasamos la historia, veremos cómo desde la fallida revolución democrático-burguesa en Rusia (1905-1907) la burguesía se encuentra en el campo de la reacción, veremos el papel que jugó la burguesía europea en general para el ascenso del fascismo y del nazismo, con el sojuzgamiento de las naciones europeas y la abolición de toda democracia, veremos también el papel que jugó la burguesía europea en someterse a los intereses del imperialismo yanqui para luchar contra el movimiento de liberación nacional de las colonias y excolonias y los países socialistas, y ahora vemos cómo aceptan el modelo neoliberal de explotación capitalista a costa de saquear las economías nacionales de la Europa del sur y las excolonias. En tales condiciones es imposible la defensa de los intereses nacionales sin combatir a las clases explotadoras. No puede haber en el marco del imperialismo, en la UE, una unidad nacional entre clases antagónicas, burguesía/proletariado en ningún país, ni en la “Europa linda”, ni en la “Europa dependiente o del sur”.

En este contexto histórico, bajo el imperialismo, en el que las burguesías europeas, española y catalana ya han perdido la capacidad para mantenerse como fuerza nacional, la clase obrera se convierte en la columna vertebral de la nación, en la única clase con capacidad para resolver la cuestión nacional, porque es la única clase que no tiene más objetivo que liberar a la sociedad entera de toda explotación social y de toda opresión, y no necesita esconder sus objetivos de clase de lucha por el socialismo y la disolución de las clases. Por tanto, la lucha por las libertades nacionales bajo el imperialismo forman parte de las libertades sociales y políticas, forma parte de la revolución socialista, cuya responsabilidad entera recae sobre el movimiento obrero revolucionario.

En este contexto el nacionalismo catalanista o españolista como ideología vienen a jugar el papel de aislar la conciencia nacional de la conciencia de clase, presentando la conciencia nacional como un valor supraclasista independiente, e impidiendo que la clase obrera española y catalana se conciencie de sus intereses nacionales desde una posición clasista y revolucionaria. Ni el Estado capitalista, sea multinacional o nacional, ni la nación, puede en la lucha de clases, escapar a su determinación de clase. Es imposible disociar la lucha de clases de la naturaleza de clase del Estado y de la división social en el interior de las naciones, y es imposible disociar el interés de nacional de la clase obrera del carácter de clase e internacionalista de su lucha por el socialismo y el comunismo.

Desde esta perspectiva revolucionaria, transformadora, no se puede separar los intereses nacionales e internacionales de la clase obrera. La lucha por el socialismo crea las condiciones para superar el nacionalismo y acercar a las naciones como entidades humanas que tienden a la libertad y la cooperación y no a la dominación y la explotación. Decía Comorera que la nación popular y la nación socialista sobrevivirán al capitalismo y que desaparecerá de la misma forma que el Estado y la democracia, cuando ya no se necesite la coerción de un aparato de Estado en manos de la clase dirigente (18).

4. UN NACIONALISMO REACCIONARIO PARA UNA EUROPA DESIGUAL

La oligarquía financiera española histórica, que ha sido defensora de un centralismo reaccionario, y que en la época franquista era propensa a resolver la cuestión nacional aumentando la opresión y la supresión de las libertades nacionales, en la actualidad ante una nueva realidad de crisis estructural vuelve a azuzar los nacionalismos para dividir a las clase obrera española, y alejar a las masas de la lucha política revolucionaria. En este terreno también se mueve el nacionalismo burgués catalanista y vasco, los cuales mantienen un pulso con Madrid dentro de los márgenes de la monarquía constitucional y la UE de Maastrich y del euro.

Desde finales de la década de los 90, con la implantación de la Europa de Maastrich, sectores de las burguesías vasca y catalana buscan nuevas formas de sumisión al imperialismo que no pasen por Madrid.  Ven en la construcción de la UE un marco político que tienda a anular el viejo Estado centralista español, sueñan con la Europa de las naciones, de las euroregiones. Obvian el hecho de que la UE no es un amigo de las naciones sin Estado sino que es un nuevo centralismo aún peor y que el proyecto de las euroregiones polariza los crecimientos económicos del por zonas al servicio de las transnacionales y no de los pueblos.

No hay que olvidar de que precisamente la falta de autogobierno para Catalunya proviene más de la Europa de Maastrich que de Madrid. Precisamente el tratado de Lisboa y el pacto del euro, rebajan los derechos fundamentales amparados en las constituciones nacionales  (las cuales reflejan sobre el papel las relaciones de fuerza entre las clases bajo el capitalismo), el derecho al trabajo, la enseñanza pública, la sanidad pública, y la planificación económica, ceden el sitio a la desregulación del mercado de trabajo, la privatización de la sanidad y la enseñanza, y el predominio del mercado en la economía. Los gobiernos neoliberales (incluyendo los de naciones sin Estado), siguiendo las directrices de los intereses de la oligarquía financiera buscan una relación de fuerza más favorable las transnacionales y las potencias imperialistas arrebatando las conquistas de progreso social y democráticas de la clase obrera y los pueblos. No olvidemos que en la elaboración del Tratado de la UE ni tan siquiera se contemplaba el derecho de autodeterminación de las naciones sin Estado, y que es precisamente la Europa del déficit cero y los recortes sociales la que limita soberanía popular de las naciones europeas en la gestión capitalista de la crisis actual.

Esta línea política pro-UE coincidía en aquel momento histórico con la llevada a cabo por otros nacionalismos en Europa (Lombardía, Flandes, Escocia…). La Liga del Norte de Umberto Bossi por ej., planteaba la lucha por liberarse del un Estado central que frenaba su actividad a través de la presión fiscal y la imposición de los contratos laborales y derechos sindicales derivados del anterior desarrollo industrial fordista. Su lema libertad fiscal y libre explotación de la fuerza de trabajo, no busca más soberanía nacional que vaya más allá de los intereses de la clase burguesa y se inscribe precisamente dentro del contexto de la Europa de Maastrich apuntalando el desarrollo desigual del capitalismo entre el norte-centro plenamente desarrollado multisectorialmente y el sur-periferia subdesarrollada. Objetivo, entrar a formar parte del núcleo fuerte de la “Europa linda” uniéndose a Francia y Alemania, separándose de la Europa pobre. Así se razonaba también en Croacia y Eslovenia cuando querían separar las repúblicas más ricas de Yugoslavia de las más pobres. El desmembramiento de la antigua Yugoslavia y la república checoslovaca no ha sido un proceso de autodeterminación nacional de carácter anti-imperialista que sirva al progreso social, sino un retroceso social con la recuperación del poder por las clases explotadoras y el sometimiento de los nuevos estados a los intereses del imperialismo alemán y yanqui y sus transnacionales.

La búsqueda de un Estado nuevo postfordista que no obligue a pagar impuestos, que permita profundizar la explotación de los trabajadores y que no divida la riqueza del norte entre el sur de Europa se inscribe en estas nuevas reivindicaciones burguesas de las naciones sin Estado.

CiU también se inscribe en ese nacionalismo reaccionario que divide a Europa entre el norte lastrado por el atraso y la pobreza del sur, expoliada por un Estado central que subsidia a las regiones pobres y sostiene ciertas conquistas sociales heredadas del estado de bienestar inadmisibles para cualquier burguesía neoliberal. Así lo expresó el actual presidente de la Generalitat catalana en la pasada manifestación del 11 de septiembre: “la España del norte se ha cansado de la España del sur y la Europa del norte se ha cansado de la Europa del sur” (19). Y esto se dice precisamente cuando la UE se ha ampliado hacia el este con 27 países, y donde ya no se puede hablar de 2 sino de 3 y hasta 4 velocidades en el desarrollo socioeconómico.

En realidad en el origen de las desigualdades territoriales en cualquier Estado plurinacional o confederación de Estados como la UE no descansa en la “confrontación de formas de entender los procesos” entre las burguesías, sino en la ley del desarrollo desigual del capitalismo y como se manifiesta por medio de la lucha de clases en cada formación social concreta. No olvidemos que la burguesía catalana, a pesar de su histórico enfrentamiento con la oligarquía terrateniente desde el S.XIX y la lucha por el proteccionismo de la industria frente al librecambismo (donde intentaba proteger sus producciones asegurándose el mercado español), siempre ha acabado por realizar un pacto interoligárquico, que se consolida desde la restauración con la monarquía de Alfonso XII.

La gran burguesía catalana va a cerrar en momentos históricos claves la alianza por arriba entre los grandes capitalistas vascos, y los grandes terratenientes en una lucha no orientada hacia el derrocamiento del Estado semifeudal, sino a obtener participación en la dirección política del Estado español a cambio de privilegios (20). Precisamente los industriales catalanes pactaron con el gobierno centralista obteniendo protección arancelaria para su industria, dejando las manos libres para que la monarquía construyese el Estado español a gusto de terratenientes y caciques castellanos y andaluces. Mediante este pacto entre las diferentes fracciones de la clase dominante española la burguesía catalana ha consentido el caciquismo y el atraso de las regiones menos desarrolladas (Extremadura, Andalucía, etc) y ha ayudado a impedir la realización de la necesaria reforma agraria y a frenar el desarrollo industrial de España. Por eso es de un cinismo desmemoriado el ataque ideológico hacia los subsidios agrarios, como si los obreros del campo fueran los culpables del paro, mientras que se guarda silencio ante las ayudas comunitarias millonarias que reciben los grandes terratenientes (Mora Figueroa, Duquesa de Alba, López de la Puerta, Hernandez Barrera, Fiqueroa Domech…). El desequilibrio socioeconómico territorial importa un bledo mientras que la solidaridad clasista entre la oligarquía financiero terrateniente pesa más sobre los intereses de la burguesía catalana. Nada ha cambiado en 150 años.

La alianza decimonónica sellada entre las clases dominantes en España y en Cataluña  es la responsable del déficit socioeconómico con la UE15, como veremos más adelante.

La UE es un espacio económico donde persisten enormes desigualdades de estructura productiva, con un euro sobrevalorado que ha empeorado las condiciones en que deben operar los sectores exportadores de las economías más débiles. En este contexto los países más desfavorecidos, de la periferia, tienden a experimentar déficits comerciales y u  endeudamiento a medio y largo plazo. La única viabilidad es generar mecanismos de redistribución de la renta entre territorios que permitan financiar su exceso de importaciones frente al resto. Esto es lo que ocurre en el interior de muchos Estados: las regiones empobrecidas cuentan con las transferencias de las más ricas. Al no existir este mecanismo en la UE es inevitable que algunos países acaben con un elevado endeudamiento, como Grecia, Irlanda, Portugal y España, que luego son castigados con intereses de deuda superiores a los países del centro, por ej., en septiembre del 2010 mientras Alemania obtenía un tipo de interés del 2,3%, España del 4,1%., Portugal e Irlanda del 6,1% y Grecia del 11,3%. Estos intereses desproporcionados no van a mejorar el desarrollo de países severamente afectados por décadas de retraso tecnológico y una crisis que les afecta más que al resto. Las diferencias de riqueza de una región a otra, en vez de reducirse, se están haciendo más grandes. La obligación de ser competitivos refuerza las regiones más ricas, mientras empeora las condiciones de trabajo de los asalariados que viven de ellas. Tanto hablar de globalización de los mercados, nos ha hecho prescindir del análisis económico crítico, el de imperialismo. Estos intereses imperialistas persisten y explican parte de las enormes y crecientes desigualdades económicas existentes entre estados. La construcción europea es otra forma de configurar un espacio económico en torno a los intereses de la potencia hegemónica del área. La tendencia de unas naciones a imponer sus intereses al resto es innegable. En la UE15 los dos principales exportadores son Alemania y Holanda, mientras que por el otro lado los tres principales países importadores son España, Grecia e Irlanda. La moneda del euro hace competir y las empresas menos competitivas desaparecen. Ya no existe la posibilidad de devaluar la divisa para compensar los costes elevados de la producción en los países menos exportadores. En este juego países como Alemania, Holanda, Francia y Reino Unido ganan mientras el sur de Europa pierde.

La crisis actual junto a la ampliación de la UE, ha venido a mostrar un mayor desarrollo desigual entre países y regiones, que bajo la fase imperialista el capitalismo europeo no solo es incapaz de detener, sino que políticamente carece de interés de clase para hacerlo, por lo que la integración económica y política viene a reforzar la visión de una Europa a varias velocidades.  Según Eurostat en el 2008 las desigualdades entre las 27 naciones integrantes de la UE se ha agravado con la crisis, la región más rica de la UE, Londres, es 7 veces más rica que la de mayor pobreza, Severozapaden (Bulgaria), y las 20 regiones con peores dificultades se localizan en Bulgaria, Polonia, Hungría y Rumanía. Ya en la Europa de la UE15, el 25% de la población, sigue viviendo en regiones con problemas de desarrollo, con una renta por habitante inferior a la media comunitaria y con un desempleo que supera el 20%. El desarrollo desigual del capitalismo funciona a la perfección en el seno de la UE, ante ello una política económica que tienda a abrir más la brecha entre naciones ricas y naciones pobres, naciones centrales y periferia, como demanda CIU, es simplemente reaccionaria.

Bajo la crisis actual, las periferias de la UE están sumidas en una recesión más profunda que en el centro, síntoma de ese desarrollo desigual. Mientras que la tasa de paro en octubre 2012 en la UE era del 10,7%, en los países de la “Europa linda” están en torno al 4,3% de Austria, el 5,4% de Alemania, el 5,5% de Holanda, el 7,8% del Reino Unido y el 10,6% de Francia, en la periferia nos encontramos con niveles de depresión más altos, el 26,2% en España, 26% en Grecia, 16,3% en Portugal y 14,8% en Irlanda. Y sigue subiendo la brecha. Si miramos el paro juvenil vemos lo mismo, con promedio de paro juvenil en la UE del 23,3% en la periferia las tasas van desde el 57,6% de Grecia y el 55,9% de España hasta el 39,9% de Portugal, 31,9% de Letonia, 30,2% de Irlanda y 30% de Hungría,  mientras que en Alemania, Austria y Holanda rondan en torno al 8,1%, el 8,5% y el 9,5% respectivamente, lo cual también explica la gran magnitud de las movilizaciones juveniles en los países de la periferia dentro de la cadena imperialista de la UE. ¿Y Catalunya?, en estos casos también se inscribe dentro de la periferia con una tasa de paro del 22,6% en septiembre del 2012, una tasa de temporalidad superior al 19% (25% en España), y una tasa de paro juvenil del 51,6%. Y todo ello  debido a la falta de una industria autóctona potente y a la existencia de un mercado laboral flexible. También en Catalunya, por cierto.

5.    LA “EUROPA DE LOS PUEBLOS”: LA EUROPA NEOLIBERAL

La consigna de la “Europa de los pueblos”, lo mismo que la vieja consigna de los EE.UU. de Europa cuestionada por Lenin, no deja de ser una consigna falsa y reaccionaria, la única Europa que el capital permite en sus dominios es la Europa en condiciones de competir con su rival directo, el imperialismo yanqui, a costa de rebajar los derechos y conquistas sociales y nacionales. La UE es una máquina de guerra económica contra la clase obrera, los países de la periferia y, cómo no, las potencias rivales. En la Europa dominada por los Estados centrales, el capital financiero y las transnacionales, ¿desde cuándo y cómo se actúa en interés de las pequeñas naciones?.

Precisamente los Estados centrales, el FMI, Banco Mundial y las transnacionales no necesitan la continuidad territorial, ni la comunidad de idioma, cultural, ni tienen necesidad de constituir una nación, sino que su objetivo pasa por dominar los mercados nacionales de la periferia, convirtiéndolas en regiones, donde los Estados nación o plurinacionales (como España) asumen la división internacional del trabajo impuesta por la cadena imperialista, división que separa los centros de decisión financiera, tecnológica y comercial, en el centro desarrollado e impone la especialización y la dependencia, financiera, tecnológica y comercial de la periferia.

Bajo el lema neoliberal de la UE, fuerte y competitiva, coinciden parte de la socialdemocracia y los nacionalismos europeístas, para disputar a Japón y EE.UU. el reparto del botín del mercado mundial, lo que supone llevar a cabo ajustes duros para la clase obrera europea, atacar la soberanía de las naciones contempladas en sus constituciones afianzar el intercambio desigual centro-periferia en el seno de la UE y hacia los países subdesarrollados del mundo. Las políticas neoliberales de la UE se fundamentan en un brutal ataque en toda regla al Estado de Bienestar, reconociendo sólo derechos y libertades a la acumulación y circulación de capital, y reforzando el dominio imperialista de los Estados centrales.

Se pugna por un imperialismo europeo con la primacía del capital transnacional que oprime a los países dependientes fuera de Europa imponiendo un modelo neocolonialista de explotación, aumentando su dependencia y combatiendo el movimiento de liberación nacional de dichos pueblos. El europeísmo imperialista no es más que el trasplante de aquel socialimperialismo que la socialdemocracia esgrimió durante la Iª GM y que condujo a sectores de la clase obrera europea a traicionar sus intereses generales de clase por las migajas arrojadas por la burguesía, a la par que oprimía a los trabajadores de las colonias, y aquel eurocentrismo racista practicado durante siglos por la política colonial de los grandes imperios y la burguesía ascendente. Precisamente una de las razones de la existencia de la UE es el propósito de seguir explotando las excolonias europeas, como fuente de materias primas y mano de obra barata.

Se olvida fácilmente la correlación de fuerzas internacional en la lucha de clases, la contrarrevolución que derribó los regímenes socialistas del este de Europa, tuvo su influjo inmediato en el avance de la contrarrevolución neoliberal de de la UE, no sólo se amplió la OTAN hacia Polonia, no sólo hubo guerra en suelo europeo tras 45 años desde el final de la IIª GM con la desmembración de Yugoslavia (que volvió a las fronteras anteriores a 1945 bajo la ocupación nazi) con la implicación de El Vaticano, Alemania, la UE y la OTAN, sino que además el modelo neoliberal implantado en Latinoamérica, EE.UU. y la Gran Bretaña de Tatcher se extendió por toda la UE, el Acta Única y Maastrich fue el Consenso de Washington aplicado en Europa para arrebatar las conquistas del movimiento obrero y la soberanía popular de las naciones, fue el punto de partida para la construcción de una Europa imperialista sin contrapeso continental.

La elaboración de las 300 directivas del Acta Única para el establecimiento del euro fueron cocinadas previamente en un documento preparado por las 40 empresas más grandes de la UE. La banca alemana impuso que el BCE no pudiera comprar deuda pública a los Estados. Las otras condiciones fueron contempladas en el Tratado de Maastrich, que obligaba a los Estados a no tener un déficit público mayor del 3% del PIB y una deuda pública inferior al 60% del PIB, lo cual significó un freno al crecimiento económico y  la creación de empleo. Así los países de la periferia, del sur de Europa, sometidos al interés exportador de las transnacionales y de la banca alemana perdieron tejido productivo propio, mientras las transnacionales industriales y financieras principalmente alemanas fueron acumulando, beneficios y mercados.

La banca alemana y la de los otros países centrales de la UE han estado aliadas con la banca de la periferia para imponer políticas regresivas de recortes salariales, las cuales han hecho aumentar la deuda constantemente. Todos los recortes contra el escaso estado de bienestar, están encaminados a pagar la deuda a los bancos de Alemania, Francia, Gran Bretaña y Bélgica, los cuales habían engordado sus beneficios con la burbuja inmobiliaria. La crisis bancaria de España, Grecia, Portugal e Irlanda va de perlas a la banca alemana, los beneficios alcanzaron 8000 mill. de euros en el 2011. El rescate financiero de 100.000 millones de euros que tiene como objetivo salvar a la banca española, no para garantizar el crédito, sino para que pueda sanear sus deudas a la banca alemana. El negocio de los bancos alemanes y la salida de las exportaciones de los países centrales de la UE se ha financiado con el endeudamiento de los salarios de la periferia, tal es así que en los 10 años anteriores a la crisis, el endeudamiento de las familias se ha triplicado. Endeudamiento que no se debe a la extendida falacia de que hayamos “vivido por encima de nuestras posibilidades”, sino a que los salarios han estado por debajo de nuestras necesidades. El desarrollo desigual del capitalismo y el trato imperialista hacia la periferia tiene que ver con ello.

Albert Escusa (21) nos recuerda que Joan Comorera, consideraba que la lucha por la autodeterminación era reaccionaria si ésta se oponía a la lucha anti-imperialista y del proletariado. Y además, veía que la separación por la separación no resolvería el problema nacional, porque la continuidad del imperialismo conlleva la opresión de todas las naciones incluso las que son independientes y soberanas formalmente. ¿Cómo va a ser posible ejercer el derecho de autodeterminación de Catalunya, cuando las principales palancas de la economía industrial y financiera se encuentran en manos de una oligarquía dependiente de los imperialismos yanqui y alemán?.

¿Puede y desea la burguesía catalana dirigir un proceso de autodeterminación real sobre nuestra economía dependiente?. En la crisis actual el ataque de los Estados-rentistas acreedores  hacia los Estados y naciones deudoras ha comenzado por los eslabones más débiles de la periferia, (Irlanda, Grecia, Rumanía, Letonia, Finlandia, Portugal y España). Precisamente las entidades financieras catalanas están endeudadas hasta las cejas con los bancos europeos, igual que el resto de bancos españoles, griegos, irlandeses, etc. La industria catalana en su mayoría de empresas industriales tanto de bienes de producción como de bienes de equipo, pertenecen a transnacionales extranjeras desde donde se controlan las patentes y se toman las decisiones de asignación de producciones y mercados. Catalunya dispone de una capacidad industrial alta, pero muy dependiente de las transnacionales extranjeras, una industria pública y nacional débil, y una capacidad de investigación y patentes propias, baja, lo que nos muestra la excesiva dependencia del capital extranjero. También hay que destacar que el tamaño de las pymes catalanas igual que las españolas es inferior al europeo, el 93,5% de las empresas catalanas (proveedoras de monopolios transnacionales) tienen menos de 10 trabajadores, un 0,2% entre 200 y 1000 trabajadores, y sólo 150 empresas con más de 1000 trabajadores. Catalunya cuenta con una estructura industrial  viable en el contexto español, pero su economía está centrada en una estructura de bajo nivel tecnológico y competencia (baja composición orgánica y tecnológica del capital), siendo el peso de la economía intensiva de alto nivel tecnológico muy leve. Con este diagnóstico, es simplemente ridículo creer que dentro de la UE, aplicando las recetas neoliberales, Catalunya vayamos a gozar de “más soberanía”.

Las fuerzas políticas de la burguesía que persiguen la formación de nuevos estados en el marco de la UE, bajo el dominio imperialista, sin cuestionar el capitalismo, ni tan siquiera las políticas neoliberales que empobrecen a las poblaciones, en realidad no buscan la soberanía nacional sino acomodarse dentro del imperialismo europeo, buscan una participación en el reparto de los beneficios de la explotación de la clase obrera y los países o regiones dependientes que el imperialismo les garantiza. Comorera ya nos decía hace mucho que la soberanía nacional y el capitalismo monopolista son incompatibles y que todo el pueblo está interesado en sacudirse la dominación antinacional de los monopolios y el imperialismo:

“La inevitable división, la guerra permanente, entre los grupos monopolistas no garantizan la soberanía de las naciones, las cuales se disputan ferozmente. Al contrario, cuando más violenta es la lucha entre monopolistas, mayor es la esclavitud para las naciones…La nación, bajo el capitalismo monopolista ha perdido la soberanía…La nación…en defensa de su soberanía del derecho inalienable de autodeterminación no tiene más que una salida: aniquilar en el ámbito nacional el capitalismo monopolista. ¿Significa eso disolver los monopolios?. No…El capitalismo monopolista ha creado una organización tecno-económica progresiva…La destrucción de los monopolios es un error grave y una regresión política. La nación recobrará la soberanía…ejercerá libremente el derecho de autodeterminación derrotando al capitalismo monopolista de un golpe y una sola manera: nacionalizando los monopolios” (22).

La democracia formal con todas sus limitaciones ya no sirve a la acumulación de capital. Son la oligarquía financieras, bancos y empresas transnacionales quienes imponen sus intereses con medidas neoliberales aplicadas por los Estados por encima de cualquier soberanía popular y democrática. Así de clarito. Actualmente los Estados capitalistas de la periferia están gestionando contra sus pueblos los intereses de la clase dominante nacional y foránea. Deciden las instituciones financieras internacionales controladas por el imperialismo, donde sus miembros, no lo olvidemos, son nombrados por las potencias imperialistas que conjuntamente rivalizan por ahogar a los países pobres, deudores y dependientes y a la clase obrera internacional con su dogal neoliberal.

Y es que la UE fundada por el Tratado de Maastricht es únicamente la opción del capital para promover medidas a favor de las transnacionales, y la concentración y centralización del capital financiero. No ha lugar para otras políticas. Con el Tratado de Lisboa sus rasgos de bloque imperialista, económico, político y militar, contrario a los intereses de la clase obrera y los pueblos, se intensifican en esa dirección.

Actualmente la burguesía catalana y española forman parte del mismo proyecto imperialista europeo, y los partidos políticos que les representan (CiU, PP, PNV) y las hordas neoliberales incrustadas en la dirección del PSOE, ejecutan tales políticas. No pretenden realizar una política soberana que haga frente al brutal ataque del capital financiero español y transnacional a los intereses de los trabajadores, ni mucho menos que impulse un desarrollo económico sostenible e independiente. No es extraño que hayan aceptado que los estados europeos de la “Europa linda” dominen nuestras economías, que hayan aceptado el Banco Central Europeo (controlado por la banca alemana) como poder financiero sin ningún control democrático subasten nuestra deuda pública a la banca privada, que no cuestionen la OTAN ni la implicación en las intervenciones y guerras imperialistas de saqueo y control de las rutas y recursos (Yugoslavia, Afganistán, Líbano, Congo, Libia, ahora Siria, etc.), que apoyen un Tratado de la UE  que no reconoce la ley de huelga y que admite la privatización de la sanidad, enseñanza, etc., y ante tanto entreguismo tampoco es extraño que mientras niegan los derechos sociales de sus propias poblaciones y den apoyo a regímenes autocráticos como Arabia Saudí, Marruecos, y colonialistas como Israel, criminalizen el comunismo y el antifascismo (23) y colaboren con el imperialismo yanqui en su “guerra contra el terror”. Esa, evidentemente, no es nuestra Europa.

6.   LAS BURGUESÍAS CATALANA Y ESPAÑOLA, EUROPEÍSTAS POR VOCACIÓN CLASISTA ANTE LA CRISIS DEL CAPITALISMO

Ya hemos señalado antes que el papel histórico de la burguesía catalana ante la configuración del Estado español ha sido el de anteponer sus intereses de clase a los derechos nacionales, hoy el europeísmo de la UE juega el mismo papel para el conjunto de la oligarquía financiera española, incluyendo la catalana, de cesión de la soberanía nacional poniendo por delante sus intereses de clase y su sumisión al imperialismo de la UE.

Y esto es así porque las políticas de la UE no emanan de la soberanía de los pueblos, sino de todo el proceso anterior de  predominio de las políticas neoliberales (Acta Única, Maastrich, Pacto de Estabilidad, Agenda de Lisboa, la Carta de derechos de Niza, eurocumbre de Bruselas) que han diseñado quienes desde hace 30 años, gobiernos de derecha y socialdemócratas, edifican la UE. Ahora con la crisis el pacto del Euro y el plan de gobernanza ha supuesto el ataque más brutal llevado contra la soberanía de las naciones de la periferia europea que deben reformar si cabe sus propias constituciones para limitar el déficit público a cero. Todo un golpe de estado contra la soberanía nacional, que en España se tradujo en una inmediata modificación de la constitución, gozando los créditos e intereses de capital para pagar la deuda pública prioridad por delante de pensiones, hospitales, escuelas, etc, y la posterior reforma laboral del PP que facilita y abarata aún más el despido, amplia el poder del empresario, ataca la negociación colectiva, y genera más paro.

Una prueba de la falta de soberanía es el papel que juega la banca en el boom inmobiliario en España, Catalunya y el resto de los países de la periferia. Todos los recortes de la periferia están encaminados a pagar la deuda a los bancos extranjeros (alemanes, franceses, ingleses, belgas) los cuales han conseguido altos beneficios con la burbuja inmobiliaria. La crisis de la periferia (Grecia, Portugal, Irlanda y España) está siendo muy rentable para los bancos de la UE, principalmente Alemania. Los rescates en la periferia tienen el objetivo de salvar a los bancos endeudados con la banca extranjera. España destinó 77.000 mill. de € en el 2011 a pagar deuda privada, procedente mayoritariamente de bancos extranjeros, y ahora subasta su deuda pública a intereses exorbitantes.

Al trasladar las deudas financieras privadas a los sectores públicos se limita la soberanía nacional impidiendo la aplicación políticas públicas para el crecimiento económico. Este traspaso de la deuda privada a la pública, aumenta el déficit público de los estados, los cuales subastan su deuda pública a los mismos bancos con altas rentabilidades (el BCE les presta al 1% y ello revenden los créditos a los estados al 7%), poniendo el estado de bienestar en bancarrota.  Es una cínica dinámica, primero se socializan las pérdidas con dinero del pueblo y luego se privatizan las ganancias con más dinero del pueblo. ¡Viva la soberanía nacional!.

La ola de “rescates” dictados por el BCE, el FMI y la UE son hoy la forma europea de la deuda externa de los países más débiles, que tiene sus antecedentes en la mayoría de países del mundo desde la década de los 70, y latinoamérica: alza de los impuestos indirectos, recortes del gasto social público, control de los salarios y privatizaciones. Son las mismas recetas neoliberales, la latitud geográfica no cambia nada.

La crisis ha elevado la incapacidad soberana de los Estados,   las decisiones dominantes en la UE responden a los intereses financieros y empresariales de los países más ricos, Alemania y Francia. Y si no veamos el doble rasero hacia los Estados de la periferia, mientras que en España que superó la barrera del 60% del PIB de deuda pública en el 2010 se le exigió recortes que llevaron al cambio constitucional, Alemania con un 83,2% de deuda pública no tuvo que limitar su soberanía constitucional. Incluso los recortes exigidos por el BCE han sido más duros en los países del sur (Grecia, España, Portugal, etc.) que en los países del norte (Francia, Reino Unido, etc.)

Durante la crisis no se ha tomado en la periferia ni una sola medida que toque las rentas altas y financieras y ni una sola medida que genere empleo y crecimiento económico, y ni tan siquiera se ha juzgado a los banqueros y altos ejecutivos responsables del estallido financiero. El caso de Islandia que ha llegado incluso a cambiar la constitución y derogar la deuda, es aislado.

Si de verdad se quiere defender la soberanía de las naciones frente al imperialismo y la crisis, se debiera de nacionalizar la banca para recuperar la autonomía financiera y destinar sus beneficios y las inversiones a la economía real, productiva, vinculada al desarrollo local y nacional. Sin una banca pública los Estados y naciones serán incapaces de relanzar la economía. Pero por el contrario en lugar de nacionalizar la banca y garantizar las inversiones en la economía, tanto el BCE como los gobiernos neoliberales de la UE siguen inflando a la banca, prestando dinero a unos tipos de interés bajo. Permitiendo que la banca utilice el dinero público barato para paliar sus pérdidas, seguir especulando, y prestar dinero caro a los mismos Estados que les estaban dando dinero barato. El resultado, la banca sigue sumando beneficios a costa de un mayor endeudamiento de los Estados y naciones. Los beneficios empresariales y de la banca española no se han canalizado a la economía ni al Estado, sino que en su lugar se ha destinado la mayor parte a los accionistas y el resto a inversiones para ampliar el negocio dentro y fuera de España. Todo sigue igual que antes del crack financiero, nada cambia.

7.  SIN RUPTURA DEMOCRÁTICA NO HABRÁ SOBERANÍA POPULAR Y NACIONAL

La falta de reconocimiento de la plurinacionalidad del Estado español ha sido la tónica existente a lo largo de nuestra historia reciente, sólo en la IIª República se abrió esta posibilidad, que fue enterrada a punta de bayoneta por la dictadura franquista que impuso un nacionalismo españolista férreo y uniforme con una represión feroz hacia cualquier reivindicación democrática. La actual monarquía parlamentaria sigue sin reconocer la realidad plurinacional de España ya que el Estado de las autonomías niega la plurinacionalidad.

No hubo ruptura democrática con el franquismo, sino pacto con monarquía, se nos metió en las instituciones militares y económicas del imperialismo y la guerra fría (OTAN y UE), se nos impuso una soberanía limitada que facilita que cualquier gobierno con mayoría pueda en política exterior apoyar intereses extranjeros y ceder patrimonio económico público, se nos impidió cualquier política socializadora que pretendiese cambiar las relaciones de producción, no pudiendo llevar a cabo ni una política de expropiaciones, se impidió el derecho a la autodeterminación y la profundización democrática de España, mientras se permitió que una anacronía como la iglesia siga controlando parte de la enseñanza a pesar del carácter no confesional del Estado. Los únicos derechos que la constitución española garantizan son los del capital, los terratenientes, la iglesia y la monarquía. El viejo pacto interoligárquico entre las clases dominantes.

Este déficit democrático sobre la cuestión nacional hizo que surgiera dentro de sectores de la izquierda desde la socialdemocracia hasta los comunistas, la izquierda transformadora e incluso sectores de ERC, la demanda de un proyecto federal que reconociera la particularidad de las naciones catalana, vasca y gallega. El Estatut de Catalunya (2006) aprobado por los parlamentos catalán y español, y refrendado por el pueblo de Catalunya (74% de los votantes) terminó por ser rechazado por un parte del aparato del Estado español, el tribunal constitucional. Este hecho, al no ver otra alternativa, hizo que sectores de la población catalana partidarias del federalismo se pasaran en masa al campo del independentismo (24). Hay que señalar que los comunistas en España bajo la dictadura franquista, ya considerábamos al federalismo como la “forma de transición a la unidad completa entre los trabajadores de las diversas naciones” (25).

La crisis actual se ha encargado de presentar un marco propicio para relanzar el discurso independentista. Ante ello los nacionalismos españolistas y catalanistas hegemonizados por las derechas, haciendo olvidar el esfuerzo de sus burguesías en la construcción constitucional de España y la UE (que niegan el derecho de autodeterminación), achacan los males no a sus políticas neoliberales sino hacia fuera. De la misma manera que el PP está desmantelando el Estado de Bienestar porque lo ordena la UE, el gobierno de CIU aplica los recortes porque se lo exige Madrid. Así el tándem Bruselas-Madrid pasan a ser los problemas de España y Catalunya, con los que se pretenden exculpar las políticas neoliberales de los gobiernos español y catalán. Chivos expiatorios y pelotas fuera.

CIU atribuye el mal de los males de Catalunya al “expolio fiscal español”. La demanda de un pacto fiscal semejante al concierto vasco es la posibilidad esgrimida para mantenerse en España. Pujol en plena precampaña electoral destacaba que el proceso soberanista abre otras alternativas a la independencia, incluyendo el pacto fiscal, señalando que “el concierto económico como el que disfruta el País Vasco sería beneficioso para Catalunya” censurando a los socialistas catalanes que presentaban tal concierto económico como algo antiguo: “esto que resulta tan antiguo y tan ridículo resulta que da dinero pero a punta pala” (26). Pero esta demanda está fustrada por el españolismo del PP, partido que más se opuso al Estatut, y la ambigüedad del PSOE, con sus sectores españolistas (Bono, Marcelino Iglesias…), siendo ambos con su actitud política los mayores fabricantes de independentistas en Catalunya cada vez que abren la boca. Lo último, la “reforma educativa” de Wert que además de ser clasista, confesional, financiada con dinero público de las escuelas privadas (no olvidemos que controladas por la iglesia),  sexista, segregadora, antidemocrática (suprime la democracia en los centros de enseñanza relegando los consejos escolares a órganos consultivos, los directores serán nombrados por la administración al margen de la comunidad educativa) y que resta competencias a las CC.AA., ha venido a echar más leña al fuego del “debate nacionalista” reavivando el conflicto con Catalunya al relegar idiomas como el catalán, euskera y gallego a “materias espaciales” no siendo evaluatorias en los exámenes.

A pesar de presentar los recortes como parte del “expolio fiscal” que Catalunya recibe de España, a CIU el tiro le ha salido por la culata y el pueblo catalán le ha castigado, en parte (no olvidemos que han ganado las elecciones), como responsable de los recortes: el cierre de servicios hospitalarios, el aumento del alumnado por aulas, el euro por receta, la retirada de becas, el aumento de las listas de espera, el recorte de recursos para atender a la ciudadanía y los servicios sociales, el recorte del 58% del presupuesto para políticas de empleo… y por supuesto, por su apoyo a la “reforma” laboral. No olvidemos que Mas fue promotor ideológico de la reforma laboral del PP, igual que en su día Pujol promovió los contratos basura y las ETTs en los 90. La movilización sostenida ha tenido responsabilidad de este retroceso electoral y de que el problema social (en contra de la voluntad de la derecha -PP-CIU-) entre en el debate electoral, precisamente la huelga del 14N es la respuesta a los presupuestos de 2013 para Catalunya y España que consolidan la política de recortes de derechos laborales y sociales que se vienen aplicando desde mayo del 2010 cuando el gobierno de Zapatero pegó el pistoletazo.

El problema fiscal es un problema de clases

En primer lugar hay un debate que siempre se elude, el problema social, las grandes desigualdades sociales que las consecuencias de la crisis están agudizando, es un debate que no interesa a las derechas catalanista y españolista, quienes están dispuestas a seguir con los recortes (27), cortinas de humo a parte, para dicen “salir de la crisis”, cuando en realidad las grandes empresas y la banca ya han salido de la crisis que han generado, pues están teniendo beneficios, mientras que el pueblo sigue pagando la factura de la crisis por medio de la deuda pública, que se traduce en recortes sociales, y el paro, sí el paro que en Catalunya supone el primer principal problema del país, según la EPA en octubre del 2012 en Catalunya ya hay ¡¡¡840.000 parados!!!, de los cuales 156.000 son menores de 25 años (EPA 2º semestre), de los cuales más de la mitad buscan trabajo desde hace 1 año y 1 de cada 3 no perciben prestación alguna.  Y en España nos acercamos hacia los 6 millones.

De todo ello ¿¿¿que dicen CIU y PP???, ¡¡¡que se jodan!!! gritaron en el parlamento central. ¿Dónde están los derechos de ciudadanía y nacionales de centenares de miles y millones de catalanes y españoles?. ¿Acaso no están más preocupados en reprimir con igual furor las manifestaciones y huelgas contra los recortes, y utilizar a los cuerpos policiales para llevar a cabo los desalojos sin compasión?. He ahí el interés que encierra de no hablar de los problemas de clase y enfrascarse en un conflicto nacionalista de forma interesada y con argumentos hooliganianos: hacernos pagar la factura de la crisis sin rechistar.

Pero es que con el debate sobre el problema fiscal también se hace lo mismo. En realidad el verdadero problema fiscal que siempre e interesadamente se elude por las clases dominantes catalana y española, no es el expolio y la insolidaridad territorial, sino el que existe entre las clases sociales. Hay que destacar que el IRPF es un impuesto directo que sólo grava a la población asalariada, y la subida de la recaudación de los impuestos indirectos como el IVA se originan también en mayor proporción a partir del consumo de la clase obrera y popular. Ahí por mucho que lo escondan están salpicadas las políticas neoliberales del PP españolista, CIU catalanista y PSOE de “izquierdas”.

Si nos remontamos a 1993 en España el porcentaje del gasto social público había alcanzado el 24% a sólo 4 puntos de la media de la UE15, cuando por el contrario en 1975 el diferencial era de 8 puntos. El PSOE español se alió con la derecha catalanista de CiU, con la única oposición de IU (no olvidemos los sí críticos a Maastrich de la “nova Esquerra” catalana y del PDNI), y decidieron “preparar” a España para integrarla en el euro a base de recortar el déficit del Estado hasta el 3% del PIB exigido por las directrices de Maastricht. Esta operación se pudo haber evitado aumentando los impuestos a los ricos y el capital, pero no se hizo. La eliminación del déficit público en el 2003 se alcanzó a costa de ampliar el diferencial en gasto social público con la UE, todo un retroceso neoliberal (en el 2000 el diferencial con la UE15 era ya de ¡¡¡7,2 puntos!!!) en un contexto en aquel entonces de crecimiento económico, en el cual se prefirió trasladar recursos de la protección social hacia las clases dominantes, tapando el agujero de la reforma fiscal, recurriendo a la utilización del superávit de la seguridad social para cuadrar las cuentas del Estado. Con la crisis esta tendencia se ha reforzado con las medidas “anticíclicas” llevadas a cabo por los gobiernos neoliberales del PSOE y PP, de acuerdo con los mandatos de la UE: recortes en los presupuestos del gasto social público, traspasando rentas salariales (salario indirecto) a las rentas del capital, para cuadrar sus deudas financieras, traspasando la factura de la crisis al gasto público.

En España hay suficiente riqueza para recaudar dinero para mantener y ampliar el Estado de bienestar. El nivel de PIB por habitante en España en el 2007 era el 94% de la UE-15, mientras que el gasto público social es sólo el 74% de la UE15, si éste gasto fuera el 94% el Estado español y sus CC.AA. gastarían 66.000 mill. más en Estado de bienestar, el problema es que no los recauda, no persigue el fraude de la economía sumergida de la que se podría recaudar cada año según un informe de los inspectores de hacienda nada menos 38.500 mill. €, y no amplia los impuestos directos para que los ricos y el capital paguen lo mismo que sus colegas de la UE-15.

Los ingresos del Estado español por impuestos representan el 34% del PIB mientras que en la UE15 la media es del 44%. Y esto es así porque no todo el mundo pagamos los mismos impuestos, la mayoría de los ingresos provienen de las rentas del trabajo y no las del capital. Las grandes empresas sólo pagan un 10% de sus beneficios y los millonarios gestionan sus ingresos y patrimonios mediante el SICAV pagando sólo el 1% mientras los asalariados, sin posibilidad de escapatoria, lo hacen por encima del 20%. Por ejemplo, un trabajador de Seat paga el 75% de impuestos de lo que paga uno de Volvo, mientras que los ricos españoles, la banca y la gran patronal, sólo pagan el 20% de sus homólogos suecos (28).

Las rentas salariales a fecha de hoy siguen representando el 80% de la recaudación de IRPF y los asalariados declaran 6.000 € más de media de lo que declaran empresarios y profesionales, mientras que estas rentas salariares suponían el 46,4%, ¡¡¡menos de la mitad del PIB!!!! en el 2008.

Si las grandes empresas y multimillonarios pagaran al Estado lo que pagan la mayoría, la cifra anual de ingresos al Estado se incrementaría en 35.000 millones de € que es la cifra de recortes de gasto públicos que los gobiernos vienen exigiéndonos desde hace 2 años y pico (29).

Vicenç Navarro basándose en un informe de la Fundación 1º de mayo de CC.OO. (30), nos dice que entre el periodo de precrisis y la crisis (2007-2011) los ingresos por IRPF crecieron un 6% (4.000 millones de € más), mientras que las rentas derivadas del capital (bancos, compañías de seguros y alto riesgo, corporaciones transnacionales, servicios y asesorías) han reducido sus ingresos al Estado por impuestos un -68%, dejando de ingresar 28.000 millones anuales, por lo que el descenso de los ingresos del Estado español procede en su globalidad de la desgravación de las rentas del capital. El impuesto de sociedades a pasado de pesar el 23% del dinero recaudado en el 2006 a sólo el 8% en el 2011, gracias a los incentivos fiscales.

Cuando se han hecho reformas fiscales para rebajar impuestos directos, se han llevado a cabo para favorecer a las rentas más altas y del capital, es decir, en dirección contraria a la recaudación. Durante la burbuja inmobiliaria, antes del estallido de la crisis,  se hicieron recortes de impuestos (reforma tributaria del 2006 aprobada por el PSOE, CIU y PP), que significó una pérdida de ingresos al Estado de 19.540 millones de euros anuales. Bajo esta dinámica los sucesivos gobiernos españoles (PSOE-PP) con el apoyo de CIU han ido reduciendo los impuestos directos e incrementando los indirectos, de manera que el Estado tiene menos ingresos/recursos para pagar los servicios públicos.  Toda una irresponsabilidad política y una falta de sensibilidad social.

Por cierto, según el FMI, nada sospechoso de ser izquierdista, la reducción de impuestos es responsable del 40% del déficit existente en España y en la mayoría de los países de la OCDE (31).

Incluso ya en la crisis el gobierno del PSOE se atrevió a eliminar el impuesto de patrimonio y sucesiones (2008). Con posterioridad (mayo 2010) se congelaron las pensiones para conseguir 1.200 millones de euros, cuando podrían haberse obtenido 2.100 millones si se hubiera mantenido el impuesto de patrimonio (eliminado con el apoyo del PSOE y CIU), o cancelado los recortes del impuesto de sucesiones, 2.552 millones de euros, aprobados por CIU y PP. Por esta senda CIU no ha tenido reparos en apoyar la política fiscal clasista del PP, partido que más se opuso al Estatut. ¿Dónde quedan los derechos de soberanía nacional y los problemas fiscales?.

La crisis del capitalismo ha puesto al descubierto la criminalidad de las políticas desfiscalizadoras hacia las rentas del capital, pues no olvidemos que el Estado español hasta un año antes de la crisis (2007) disponía de superávit público. Ante esta espiral, desfiscalización de las rentas del capital-crisis-reducción de los ingresos públicos-financiación de la deuda privada de los bancos-subasta de la deuda pública-aplicación de las directivas de la UE del déficit cero, al estado de bienestar se le coloca simplemente en bancarrota.

Los recortes se han ido sucediendo como una burla a la soberanía popular, ningún partido político de los antes señalados contenía en sus programas y campañas electorales recortes sociales, e incluso prometieron que no recortarían en los servicios públicos como sanidad y educación, haciendo lo contrario. No es extraño que se opongan a un referéndum sobre los recortes demandados por los sindicatos CC.OO., UGT y la Cumbre Social que concretó la pasada huelga general del 14-N. ¿Dónde está el derecho a decidir y la soberanía popular?. ¿Qué dice el nacionalismo catalán de todo eso?. Dice que lo más importante es Catalunya, que las divisiones sociales pasan a segundo plano ante la nacionalidad común y que el mal viene de fuera, de Madrid (sic). ¿Qué pasa, que en Catalunya no hay lucha de clases, que no hay políticas reaccionarias de la derecha autóctona?.

En Catalunya el expolio fiscal es de clases 

El argumento del “expolio fiscal territorial” olvida que no sólo en España, sino también en Catalunya el déficit del gasto público social es mayor que el déficit fiscal. En el 2007, antes de la crisis, el PIB per cápita de Catalunya representaba el 110% del PIB per cápita promedio de la UE-15. Catalunya gastó el 17,8% de su PIB en Estado de bienestar (España 21,3%), mientras que el gasto medio de la UE15 era del 26%. Catalunya era más rica que la media de la UE-15 y, sin embargo, su gasto público social era sólo el 73% de la UE-15, un déficit social equivalente a 19.600 mill. de € con la UE15 (32).

El concierto vasco que Pujol y CIU exigen para Catalunya tampoco tiene en cuenta que Euskadi el gasto público social por habitante es muy inferior al que le correspondería por el nivel de desarrollo económico, mientras que el PIB per cápita era el 122% de la media de la UE15, el gasto público social era sólo el 73% de la UE15. No olvidemos que en Euskadi las políticas neoliberales han estado encabezadas por el PNV durante más de 20 años. Por tanto, el “dinero a punta pala” que Pujol reclama no serviría para aumentar el bienestar sino los bolsillos de la clase dominante.

Tener una Catalunya o Euskadi independiente o con un trato fiscal diferenciado no es garantía para suprimir el diferencial del gasto público social.

Pero eso no es todo, Vicenç Navarro también nos argumenta que tanto en Catalunya como en España existe un diferencial de empleo con la UE15 en los servicios públicos que componen el Estado de bienestar, en España sólo el 10% de la población trabaja en estos servicios, mientras que en Catalunya es del 8%, 5 y 7 puntos por debajo de la UE15 y 14 y 16 puntos por debajo de Suecia (33).

Como vemos, tanto Catalunya, como Euskadi y España disponen de la suficiente riqueza como para mantener y ampliar el Estado de bienestar, el problema es que no la recaudan y la redistribución sigue profundizando la desigualdad social, sigue siendo clasista. Esta evidencia no existe por el espíritu santo, existe porque los partidos que hoy encabezan el debate nacionalista, gobernantes en Catalunya y España hoy, PP y CIU, han sido responsables con la aprobación de leyes, y presupuestos en ambos parlamentos, los neoliberales no contemplan aplicar más impuestos a quien más tiene, prefieren cargar la crisis sobre las espaldas de la clase obrera y popular. Sin olvidar la complicidad de la socialdemocracia española en las políticas desfiscalizadoras y de recortes iniciadas por Zapatero, y que hoy tanto Rajoy como Mas acentúan escondidos tras las banderas para distraer a las masas de su política antisocial.

Y es que, como decíamos más arriba, la crisis bajo el capitalismo, en la UE, España y Catalunya va por clases, mientras los beneficios de las 35 mayores empresas españolas que cotizan en bolsa fueron de más de 51.000 mill. de € en el 2010, un 24,7% más que el año anterior, los salarios perdieron 2 puntos de poder adquisitivo y el paro superó los 4,5 millones (34). ¿Qué dicen de ello los defensores del unitarismo español y del catalanismo pro-UE?. Misterio.

La solución de la cuestión nacional pasa por luchar por la IIIª República

 Hay que huir de los extremos, de la misma manera que en Catalunya no toda la masa social es burguesa tampoco el resto de España es homogénea ni en lo social, ni ideológicamente. No sólo existe en nuestra historia la “España Negra”, de señoritos, caciques, duques, monarcas absolutos y dictadores fascistas. También existe la España Roja, progresista, democrática, republicana, de los obreros, campesinos e intelectuales, la España del Empecinado, Mariana Pineda, Riego, Costa, Galdós, Antonio Machado, Miguel Hernández, Alberti, Negrín, Jose Díaz, Comorera, los españoles que murieron en Mauthausen por luchar por la república y el socialismo, Cristino García, Grimau, etc., esa España para desgracia de la derecha pepera, convergente, existe.

Durante la Transición, los mismos poderes económicos y políticos del franquismo continuaron detentando el poder, apoyándose en el Ejército y la Monarquía como garantes del orden social capitalista, y siguieron perpetuando la situación atrasada y latifundista del Sur español, la descentralización económica y el desarrollo industrial diferencial –con una diferencia de rentas cada vez mayor entre el Sur y el Norte de España–, los servicios y prestaciones sociales más bajos de la UE, y muchas de las instituciones políticas y de los valores del nacional-catolicismo.

Actualmente y ante el ascenso de la movilización social, como nunca antes se ha visto en los últimos 30 años en toda España, la izquierda y los comunistas en Catalunya no podemos dejar que CIU lidere la defensa de Catalunya cuando sus políticas han estado atacando el estado de bienestar del pueblo, sometido a los intereses del pacto de gobernanza y del euro.  Y la izquierda y los comunistas en España necesitamos aceptar de una vez por todas que la Constitución monárquica de la transición está caduca y no es sagrada. Que debemos caminar hacia una República Democrática y Federal que refleje la plurinacionalidad de España en la que cada nación dentro de la República pueda determinar su futuro. No olvidemos que en España la cuestión nacional, que comenzó a abordarse durante la IIª República, va unida a la lucha por la democracia y el socialismo. Así lo va a plantear Comorera:

“Debemos reestructurar el estado español para que en la línea federativa, obtengan realización plena los derechos nacionales de Catalunya, Euskadi y Galicia. Para consolidar la revolución democrática y marchar hacia el socialismo, debemos querer que el nuevo estado español…sea dirigido por la clase obrera y las masas populares.”  (35). 

“Los obreros revolucionarios, los campesinos, pequeños burgueses…intelectuales progresistas…somos parte integrante del campo anti-imperialista y democrático, y nuestro deber es el de luchar por liberar el estado español de las castas y clases que lo monopolizan, debemos llevar a buen término la revolución democrática española…No nos podemos dejar enredar por la democracia formal…Debemos de querer la forma y el contenido de la democracia. Debemos de arrancar las raíces de las castas parasitarias, debemos limpiar del territorio el capital monopolista extranjero…Debemos nacionalizar el suelo y el subsuelo…bancos y seguros, transportes y otros servicios públicos, la gran industria y el gran comercio. Debemos de liquidar el parasitismo terrateniente y dar la tierra a los campesinos que la trabajan…” (36).

Comorera va a plantear la lucha por una democracia popular anti-imperialista y anti-monopolista como alternativa para derrocar al franquismo, a través del restablecimiento de una república democrática en España, que es donde la clase obrera debe plantear la resolución de la cuestión nacional y social. Lucha anti-imperialista y democrática como parte de la lucha por el socialismo, que es donde se resolverá la cuestión nacional.

Es decir, que la lucha por dar solución al problema nacional va ligada inevitablemente a la lucha por la IIIª república, pero sólo se puede dar solución al problema nacional mediante la revolución socialista y la construcción de una sociedad sin explotación ni opresión. El capitalismo por su propia naturaleza, jamás ha sido capaz de resolver el problema nacional. En su fase imperialista refuerza la opresión nacional. Para los comunistas la resolución pasa por, primero, liquidar la opresión nacional y establecer la plena igualdad de derechos políticos de todas las naciones; segundo, desarrollar la colaboración y amistad entre las naciones; tercero, nivelar los desarrollos económicos y culturales de todas las naciones y lograr la verdadera igualdad. La transformación de las naciones de la sociedad burguesa en socialistas forma parte del proceso revolucionario mundial en la época de transición del capitalismo al socialismo.

En este momento concreto, la lucha general por los intereses de la clase obrera y el objetivo socialista pasa por la unión contra la reacción neoliberal en Catalunya y en España, como también se hizo durante la IIª República y en la lucha antifranquista, sin caer en las divisiones y la trampa de la derecha. La única forma de lucha democrática y anti-imperialista es caminar hacia un Frente Popular de Izquierdas/Front Popular D´Esquerres, de carácter anti-neoliberal para dar una salida a la crisis actual, que exprese la alianza de la clase obrera y sectores populares, autónomos, campesinos, pequeña burguesía, intelectuales, la juventud, la mujer y los inmigrantes, y que una a la izquierda anti-neoliberal, el sindicalismo de clase, las movimientos sociales, plataformas ciudadanas y el 15 M. Frente Popular de Izquierda que combata las consecuencias de la crisis, el modelo neoliberal de explotación social y opresión nacional, que prepare a la clase obrera y el pueblo y agudice la lucha de clases hacia metas mayores, por la superación del capitalismo, causa de la crisis, hacia la lucha por el socialismo y el comunismo.

Frente Popular de Izquierdas que en lo inmediato luche por un Estado republicano de democracia avanzada, que lleve a cabo una amplia reforma agraria que acabe con el latifundio y la renta privada del suelo; que desarrolle más la infraestructura económica del Estado acabando con el desigual desarrollo económico entre el Norte y el Sur; que democratice las instituciones y los aparatos del Estado, ejército, cuerpos policiales, que someta los poderes judicial y ejecutivo a sufragio universal, sistema electoral proporcional, que limite el salario de los cargos públicos al salario medio de un obrero cualificado; que planifique la economía democráticamente con la participación de los trabajadores, poniendo freno al poder de las transnacionales y el capital financiero; que realice una reforma fiscal progresiva aumentando los ingresos públicos haciendo pagar impuestos directos al capital financiero y especulativo, y que persiga el fraude fiscal de la economía sumergida; que nacionalice los sectores estratégicos de la economía (banca, bolsa, cajas de ahorro, telecomunicaciones, agua e industrias básicas);  que luche por el pleno empleo estable y la reducción de la jornada; que deroge la ley de extranjería y penalice a los empresarios que se lucran con la inmigración ilegal; que cree un Estado laico que limite la influencia de la Iglesia Católica y suprima las ayudas públicas a la iglesia; que defienda la municipalización del suelo, acabe con la especulación urbanística y extienda la vivienda y alquileres a precios asequibles y suprima la legislación hipotecaria; que aumente el Estado del Bienestar mejorando la protección social, revierta las privatizaciones y aumente el empleo del sector público ligado a los servicios sociales (sanidad, enseñanza, dependencia) acercándonos a niveles europeos; que reforme el sistema educativo fomentando la enseñanza de valores democrático-republicanos, antifascistas y anti-imperialistas contrarrestando las ideas reaccionarias del catolicismo español y todo nacionalismo reaccionario; que establezca un modelo político multicultural, plurilingüe y de mestizaje para todo el territorio estatal y reconozca la oficialidad de todas las lenguas existentes por igual; que defienda una política exterior de paz, reduzca los gastos militares, que nos saque de la OTAN y desmantele las bases militares yanquis; que se oponga a la Agenda de Lisboa, al tratado de la UE y al pacto del euro, derogando todas las leyes impuestas por el BCE destinadas a pagar la deuda privada, etc., etc.

La ruptura democrática sigue siendo necesaria porque las causas de la opresión y explotación de la clase obrera y los pueblos de Cataluña, Euskadi y Galicia siempre han sido y siguen siendo las mismas que las del resto de la clase obrera en España, la oligarquía española, que incluyen a las burguesías catalana y vasca, y el imperialismo internacional. Lenin también situaba esta idea, cuando exigía supeditar cualquier reivindicación democrática, parcial, incluyendo la reivindicación de la república, a la lucha general del proletariado por el socialismo y contra el imperialismo y que los comunistas no estaban obligados a apoyar toda lucha por la independencia que fuera instrumento de las intrigas del imperialismo.

La clásica consigna de los obreros no tienen patria, quiere decir que el proletariado no debe dejarse engañar por la burguesía imperialista, no debe reforzar sus propias cadenas. Por ejemplo, la clase obrera inglesa de la época de Marx su impotencia estaba en que seguía a las clases dominantes en el problema irlandés, en que el ejército entrenado para combatir a los irlandeses se utilizaba también contra los propios obreros ingleses. De ahí el sentido que le da Marx a la tesis de que el pueblo que esclaviza a otro pueblo forja sus propias cadenas, que no puede ser libre un pueblo que oprime a otros y que la fuerza que se utiliza para aplastar a otros pueblos al final se vuelve contra él mismo. El patriotismo nacional adquiere una acertada orientación cuando los intereses de la clase dirigente coinciden con los intereses objetivos del progreso social. Cuando se lucha por aspiraciones revolucionarias contra la monarquía, los terratenientes y los capitalistas de la propia nación. Lenin decía que la defensa de la patria es una mentira en la guerra imperialista, pero no lo es en una guerra democrática y revolucionaria.

Tampoco olvidemos que en el Manifiesto Marx y Engels planteaban que el proletariado para conquistar el poder político debe elevarse a la condición de clase nacional, de clase dirigente de la nación (37), aunque de ninguna manera en el sentido burgués. Ya Lenin en una carta a Inés Armand (38) argumentaba que no se puede tomar únicamente la tesis del Manifiesto de que “los obreros no tienen patria”, olvidando su ligazón con la siguiente “los obreros se constituyen nacionalmente como clase, pero no en el mismo sentido que la burguesía”. Al constituirse el proletariado en fuerza nacional, comienza su lucha por apartar a la burguesía de la dirección de la nación y por organizar la verdadera unidad de las naciones. La clase obrera no puede permanecer indiferente ante las condiciones políticas, sociales y culturales de su lucha, ni los destinos de su país, los cuales le interesan en lo que atañen en su lucha de clase y no en virtud de un patriotismo burgués. Conclusión: la nación existe como una realidad política, toda clase dominante se erige en clase nacional, toda clase nacional se identifica con la nación, lo ha hecho la burguesía y debe hacerlo la clase obrera, el hecho nacional puede cambiar de sentido según la clase que lo asuma.

En consecuencia, no podemos caer en aquel falso patriotismo de CiU que identifica los intereses de la clase obrera con los de los banqueros y grandes empresarios, sean catalanes o europeos, frente a los intereses de la clase obrera, sea andaluza, madrileña o asturiana. Porque como dice Vicenç Navarro, resulta demasiado sospechoso que quienes ocupan mayoritariamente el debate sobre la cuestión nacional, en un momento de revuelta social contra los recortes sociales, sean los catalanistas y españolistas de derechas. Antes comunista y de izquierdas que catalán, español o de la UE, en este sentido la izquierda transformadora debiera cuestionar ese patriotismo nacionalista, catalán, español, o europeísta de derechas, neoliberal, responsable de las políticas que están dañando a la población.

En la historia de Catalunya en la lucha antifranquista vemos cómo el proyecto de clase y nacional del PSUC disputaba la hegemonía al catalanismo burgués no producto de las proclamas sino del auge de la lucha de clases y de la movilización social, donde la clase obrera jugaba un papel hegemónico, y por tanto, la cuestión nacional se desarrollaba como parte de la lucha por el socialismo, precisamente cuando se derrotó el proyecto de ruptura democrática, fue cuando la burguesía catalana a través del gobierno provisional de Tarradellas, recuperó la hegemonía.

Por tanto, la alternativa viable hoy para combatir el nacionalismo de las euro-regiones, ya señalado, no pasa por cierto “catalanismo popular”, ni por la “voluntad de la comunidad nacional como formación socioeconómica”, que deja al margen el conflicto de clase. Porque lo que está en discusión hoy igual que bajo el franquismo, aunque bajo diferente situación política, es la hegemonía, el dominio político y las estructuras económicas de la clase dominante, dentro de la nación catalana y del Estado español, por lo que la alternativa revolucionaria pasa por elevar a la clase obrera en alianza con el resto de las clases populares, como fuerza social dirigente del proceso revolucionario, elevarla a clase nacional con los valores del internacionalismo de clase y el anti-imperialismo, o sea, precisamente la solidaridad con la lucha de las naciones contra el imperialismo. Y eso pasa por organizar un bloque histórico social alternativo al capitalismo en las naciones, en los Estados plurinacionales, como España, y en las zonas de integración imperialista, como la UE, organizando los frentes y movimientos de lucha, organizando la cultura popular de masas, organizando la ideología, organizando la vida cotidiana con valores anti-imperialistas, organizando la hegemonía social y política de la clase obrera y sus aliados, donde en una guerra de posiciones dentro de la sociedad civil frente al Estado capitalista, las condiciones subjetivas para el cambio revolucionario se vayan gestando junto con las condiciones objetivas que propicien el paso al asalto y a la guerra de movimiento, hablando en términos gramscianos. Y a nivel de la UE la coordinación del movimiento obrero y la izquierda es imprescindible para hacer frente a las políticas neoliberales que vienen desde Maastrich hasta el Pacto del Euro.

Colocar el derecho de autodeterminación dentro del marco del imperialismo internacional no es progresista, lo progresista es colocar ese derecho en el marco de la lucha contra el imperialismo y por el socialismo, como están haciendo una serie de países latinoamericanos con el ALBA, y como ya tanto el PSUC y el PCE planteaban en la IIª República y en la lucha antifranquista. La soberanía real de la nación reside en la soberanía popular y eso pasa por cortar las cadenas que unen a Cataluña, Euskadi, Galicia y el resto de España con el imperialismo en general, y con la dependencia política y económica que la UE somete a las naciones de la península. Debemos recuperar el concepto de ruptura democrática perdido durante los pactos de la transición y luchar por la IIIª República.

 

Notas:

(1)  Contra la guerra imperialista y por la liberación social y nacional de Catalunya (Joan Comorera). 1940. www.marxist.org.

(2)  La guerra de los Balcanes y el chovinismo burgués (V.I. Lenin) .Obras Completas. Tomo 23, pág.38). Ed. Progreso. Moscú.

(3)  Ocupantes y ocupados: Algunos aspectos de la ocupación y resistencia en España en 1794 y en tiempos de Napoleón (Pierre Vilar) pág. 205.

(4)  El problema nacional catalá 1914-1938. Ed. PCC. Documento del PSUC de 1961 publicado por primera vez en Nous Horitzons.

(5)  La España del siglo XIX (Manuel Tuñón de Lara) Ed. Laia. Barcelona. 1973.

(6)  El problema nacional catalá 1914-1938. Ed. PCC. Documento del PSUC de 1961 publicado por primera vez en Nous Horitzons.

(7)  La España del siglo XIX (Manuel Tuñón de Lara) Ed. Laia. Barcelona. 1973.

(8)  El problema nacional catalá 1914-1938. Ed. PCC. Documento del PSUC de 1961 publicado por primera vez en Nous Horitzons.

(9)  España Estado Multinacional. Dolores Ibárruri. Septiembre 1970.

(10)         La España del siglo XIX (Manuel Tuñón de Lara) Ed. Laia. Barcelona. 1973.

(11)         La España del siglo XIX (Manuel Tuñón de Lara) Ed. Laia. Barcelona. 1973.

(12)         La burguesía catalana y la qüestió nacional durant el període franquista (Carme Molinero). La qüestió nacional: un debat obert. Ed. Fundació Pére Ardíaca 1996.

(13)         Actualmente ante la crisis, resurgen los tics xenófobos y racistas contra los inmigrantes, el populismo de la derecha que algunos dirigentes del PP representan, como el alcalde de Badalona, o el ultraderechista Plataforma X Catalunya de Anglada (vinculado al frente nacional de Le Pen).

Se olvida que por ejemplo en la actualidad en Catalunya el 16% de la población es extranjera y que ésta a la misma vez representan el 14% de las altas a la Seguridad Social que contribuyen con sus cotizaciones a mantener la sanidad y las pensiones de todos.

Se critica la hacinación de los inmigrantes en los “pisos patera” y se olvida también que la inmigración masiva de los años 50/60 hacia Catalunya fue acompañado con un gran crecimiento de las barracas en las zonas suburbiales de Barcelona, donde la única alternativa era el realquiler, pero este resultaba costoso para una familia con hijos.

Las barracas de Can Clos, Idelfonso Cerdá, Huerto de la Paloma, Camp de la Bota, Montjuich, fueron la gran lacra del suburbio y la degradación del inmigrante que aguantaba todo tipo de condiciones pésimas, porque eran aún mejores que las de los lugares que abandonaron en cuanto a la posibilidad de alcanzar un trabajo retribuido y estable.

Ese éxodo rural no se produjo a causa de la mecanización de la agricultura, fué la miseria la que obligó a inmigrar a los campesinos y jornaleros hacia las ciudades y zonas industriales, Catalunya, Euskadi y Madrid, y también la emigración hacia la RFA, Francia, Suiza… Y ello fue así porque la industrialización bajo el franquismo se concentró únicamente en Euskadi, Catalunya y Madrid mientras que el resto de España continúa bajo el predominio agrícola semifeudal.

La gran mayoría de inmigrantes en Barcelona residían en barracas, hechas de madera, cartón-cuero, uralita, chapas, ladrillo, de pequeñas dimensiones liliputienses, y con carencia de prestaciones básicas, sin agua, luz, wáter, todas estas prestaciones eran “comunitarias”. Al barraquismo le sucedió los barracones prefabricados con luz eléctrica y luego las costosas viviendas monobloques de cemento y ladrillo de 50 metros y menos.

Estos “otros catalanes” de los que nos hablaba F. Candel, que corresponden a la 3ª ola inmigratoria eran albañiles, metalúrgicos, carpinteros, peones, mecánicos, etc., obreros, estaban distribuidos en Can Tunis, Montjuich, Trinitat-Verdum, Marítima (litoral hasta la Barceloneta y Besós), Poble Nou, Sant Martí, Carmel-Guinardó, Torrasa, Bordeta, Collblanc, con condiciones de vida deficientes. También en las comarcas colindantes con Barcelona, Barcelonés Nord, Vallés Occidental, Baix Llobregat y Maresme. Estos “otros catalanes”, formaban el cinturón suburbial, cercano a las zonas industriales de las poblaciones que ocupaban en aquellas décadas. Sería un error olvidar todo esto porque forma parte de nuestra propia historia, de nuestras familias obreras inmigrantes.

(14)         La suplantación del concepto nación por el de nacionalidad es reaccionario. Ya Marx y Engels argumentaban que es inaceptable incluir en una nación a individuos de una misma nacionalidad pero carentes de un territorio común. Los representantes del austromarxismo desoyendo tales advertencias promovieron la teoría de la “autonomía nacional cultural”, en la cual afirmaban que la nación no guarda vinculo sustancial con un territorio y que se podía construir una nación sobre la base de la “conciencia nacional”. Los mitos sobre el “origen común” y la “sangre común” salieron a escena bajo el nazismo. Los nazis al identificar nacionalidad con nación, consideraban a las minorías alemanas de cualquier país como parte de la nación alemana. Esta confusión busca contraponer la división nacional a la división de clases, pretendiendo resolver los problemas sociales sobre la base de criterios nacionales y no de clase. Los círculos más agresivos del imperialismo no dejan de recurrir a la teoría de la “autonomía nacional cultural”, insistiendo en negar la comunidad territorial y de vínculos económicos como indicios imprescindibles de la nación, para especular con el origen nacional sobre base étnica. Así proceden los dirigentes sionistas quienes consideran a los judíos que vivan en cualquier parte del mundo como representantes de la mítica nación judía mundial; así también procedían los nazis.

(15)         El problema de les nacionalitats a Espanya. Joan Comorera. 1942. www.marxist.org.

(16)         Contra la guerra imperialista y por la liberación social y nacional de Catalunya (Joan Comorera) 1940. www.marxist.org.

(17)         Sobre la caricatura del marxismo y el economismo imperialista (Lenin. Obras Escogidas.Tomo VI. Ed.  Progreso. Moscú. 1973).

(18)         La nació en la nova etapa histórica. (Joan Comorera) 1944.  www.marxist.org.

(19)         Citado por Albert Escusa en La izquierda catalana y el “derecho a decidir”. ¿Soberanía nacional o nuevas formas de sumisión al imperialismo? (A. Escusa) 22 noviembre 2012.

(20)         El problema nacional catalá 1914-1938. Ed. PCC. Documento del PSUC de 1961 publicado por primera vez en Nous Horitzons.

(21)         La izquierda catalana y el “derecho a decidir”. ¿Soberanía nacional o nuevas formas de sumisión al imperialismo? (A. Escusa) 22 noviembre 2012.

(22)         La nació en la nova etapa histórica. (Joan Comorera) 1944.  www.marxist.org.

(23)         Un punto y aparte sobre este tema, porque buena parte de la izquierda cae también en este campo. Cuando el PPE, la derecha europea, va a presentar en el parlamento de Bruselas una resolución contra los regímenes socialistas del este de Europa, ésta va a tener apoyo tácito e implícito de parlamentarios de la izquierda verde europea. Recientemente un artículo de Rafael Poch (La Europa inservible, conferencia pronunciada el 30 de noviembre en el Centre d´Estudis Cristianisme y Justicia de Barcelona) va a realizar una interesante descripción del carácter imperialista de la UE y va a plantear que Europa se debe refundar sobre la base de un proyecto no imperialista, va a reclamar más soberanía nacional-popular, va a plantear que para ello es necesario crear un Frente Popular, que una al mundo sindical, emigrantes, parados, deshauciados, jóvenes, etc., que esta refundación debe ser internacionalista partiendo de cada marco nacional. Para al final acabar el artículo con peor fortuna, comparando los regímenes fascistas del sur de Europa con los regímenes comunistas del este, de forma despreciativa. (Ver El anticomunismo del señor Poch. Miguel A. Montes. 27-12-2012.  www.marxismoleninismo.wordpress.com).

(24)         Qué ocurre en Catalunya y en España? Vicenç Navarro 20/09/2012.

(25)         España Estado Multinacional. Dolores Ibárruri. Septiembre 1970. Este planteamiento plasma lo que ya va a plantear Joan Comorera en los años 40.

(26)         La Vanguardia, 26/10/2012.

(27)         CIU plantea recortar 4.000 millones de gastos en los presupuestos de la Generalitat para reducir el déficit público en el 2013. Marta Llorens (nº 2 de UDC) “matizó” que “ERC deberá estar de acuerdo en aprobar los ajustes necesarios aunque no sean deseados” (La Vanguardia 10/12/2012). Tampoco han perdido el tiempo, tras las elecciones han privatizado 2 empresas públicas, la explotación de los túneles de Vallvidrera y del Cadí cedidos a Abertis, y la empresa pública Aigües Ter-Llobregat adjudicada a Acciona.

(28)         Hay Alternativas. Vicenç Navarro, Juan Torres López y Alberto Garzón Espinosa. Ed. sequitur- ATTAC. España. 2011.

(29)         El “expolio” social del que no se habla. Vicenç Navarro. Rebelión 11/12/2012.

(30)         El “expolio” social del que no se habla. Vicenç Navarro. Rebelión 11/12/2012.

(31)         Hay Alternativas. Vicenç Navarro, Juan Torres López y Alberto Garzón Espinosa. Ed. sequitur- ATTAC. España. 2011.

(32)         Las causas del retraso social de Catalunya (y de España) Vicenç Navarro. Público. 18/10/2012.

(33)         Las causas del retraso social de Catalunya (y de España) Vicenç Navarro. Público. 18/10/2012. Precisamente si se alcanzaran las cifras de Suecia, se tendrían que crear 5 millones de puestos de trabajo más, cifra aproximada al paro existente en España (Hay Alternativas. Vicenç Navarro, Juan Torres López y Alberto Garzón Espinosa. Ed. sequitur- ATTAC. España. 2011).

(34)         Hay Alternativas. Vicenç Navarro, Juan Torres López y Alberto Garzón Espinosa. Ed. sequitur- ATTAC. España. 2011.

(35)         Joan Comorera. Carta a Navarro Costabella. Dues cartas i una política. Publicacions Catalunya. Mexic, 1949.

(36)         Joan Comorera. Carta a Navarro Costabella. Dues cartas i una política. Publicacions Catalunya. Mexic, 1949.

(37)         Lenin y Gramsci, fieles a este pensamiento marxista, van a expresar en ocasiones que el punto de partida de cualquier proceso revolucionario de carácter universal, internacionalista, siempre es nacional, y es ahí donde hay que iniciar el movimiento.

(38)          V.I. Lenin. Obras Completas, tomo 49, pág. 329. Ed. Progreso Moscú.

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Un pensamiento en “LA CUESTIÓN NACIONAL EN CATALUNYA, PERSPECTIVA DE CLASE Y ANTI-IMPERIALISTA

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