LA CRISIS CAPITALISTA MUNDIAL

01 capitalismo

Miguel A. Montes

Agosto 1993

1.- La lógica de la acumulación y expansión de capital y sus límites: El origen de las crisis.

         La crisis lejos de estar motivada por aparentes desajustes entre la oferta y la demanda, es un resultado derivado de la propia estructura interna y de la propia lógica que preside la acumulación de capital. Lejos de ser un accidente o una coyuntura anómala del desarrollo capitalista, la crisis forma parte consustancial de este desarrollo. Su misión consiste en destruir hasta cierto grado los niveles alcanzados por la acumulación, para generar nuevas condiciones que hagan posible una nueva ola de expansión en el proceso de acumulación.

         Puesto que la fuerza de trabajo es la única mercancía que posee la cualidad de producir durante el proceso de producción, el valor que conlleva reproducir su coste mas un valor excedente, dado que la tasa de explotación de la fuerza de trabajo tiene unos limites físicos determinados por la jornada, el monto de plusvalía producido, por mucho que se haya incrementado, resultará insuficiente para rentabilizar y garantizar el mantenimiento de la acumulación capitalista. Es decir, el valor excedente será insuficiente para valorizar la expansión de capital en vías de incrementar su composición orgánica de forma permanente y como consecuencia sobrevendrá la crisis.

         El crecimiento de la composición orgánica del capital es producto del aumento incesante de la productividad, ocupando esta un lugar central en la estrategia del capital en su conjunto.El aumento de la productividad se genera por la vía de la revolución tecnológica en la que se incrementa la masa de medios de producción empleados por el obrero durante el proceso de trabajo(1), lo cual genera un aumento de la composición técnica del capital al existir mas medios de producción que fuerza de trabajo, y su composición orgánica al existir mas valor del capital constante (medios de producción, materias primas y planta) que de fuerza de trabajo. Con ello el capital disminuye en términos relativos la capacidad de generar mas plusvalía al disminuir la fuerza de trabajo en relación al capital constante y la tasa de beneficios tiende a caer: 

                P

    Tb=————- X 100

           CC+CV

Tb= Tasa de beneficios         P=  Plusvalía

CC= Capital Constante (valor de los medios de producción, las materias primas y las instalaciones)

CV=Capital variable (valor de la fuerza de trabajo)

         Por muy grande que sea la tasa de explotación y la masa de plusvalía, llegará un momento en que esta ante el crecimiento desmesurado de la productividad, será insuficiente para evitar una caída de la tasa de beneficios, que se produce precisamente cuando la suma de los capitales invertidos es muy superior a la masa de plusvalía. Esta caída de la tasa de beneficios genera en el sistema del capital una disminución general de la tasa de inversión de capitales, pues el capital no se invertirá si previamente no se recupera la caída de la tasa de beneficios. La caída de la rentabilidad se hace patente en toda la economía, tanto las industrias encuadradas en el sector productor de medios de producción como en el sector de medios de consumo aminorarán sus tasas de inversión, dejarán de renovar su equipo, sus expectativas de producción superaran la demanda efectiva del mercado, se producen crecientes stocks de mercancías, reducción de las escalas de producción, infrautilización de la capacidad productiva, encarecimiento de los costes unitarios de producción, desempleo…en definitiva, la crisis se extiende aceleradamente a todas las ramas de la economía y se desarrolla un proceso de quiebras en cadena. El valor del capital invertido en planta y equipo, así como en gastos de comercialización, etc, ha crecido más deprisa que la plusvalía generada. El afán obsesivo del capital por elevar a cotas más y más elevadas la productividad del trabajo y con ello la apropiación de más plusvalía, conduce con el tiempo a la imposibilidad de seguir realizando dicha apropiación. Existe un límite a la producción de plusvalía, ese límite viene dado por la duración de la jornada laboral multiplicadas por el número de trabajadores en producción. Pero no existe ningún límite al crecimiento de la composición técnica y orgánica del capital, la parte del capital que no genera ningún excedente.

         La sobre acumulación de capital es un efecto del aumento de la composición orgánica del capital, y este es producto del crecimiento de la productividad y de la tasa de explotación. Siendo el elemento desencadenador de la crisis de valorización del capital, es la expresión nítida de las contradicciones entre las relaciones de producción capitalista y las fuerzas productivas. Llegado a este punto el capital necesita recomponer la estructura productiva y reorganizar los mercados (desvalorizando capitales: tecnologías y fuerza de trabajo) y el conjunto del entramado económico e institucional capitalista para recuperar la tasa de ganancias. La solución de la crisis a favor de los capitalistas sitúan a las organizaciones del Movimiento Obrero ante no una agudización de la lucha de clases (respuesta reivindicativa de resistencia y solidaria ante la crisis), y ante no una ruptura revolucionaria con el sistema (predominio de la lucha política en el Movimiento Obrero), sino ante una legitimación de la crisis corresponsabilizándose y cogestionándola junto a los capitalistas aceptando las medidas de ajuste de la fuerza de trabajo.

2.- La dinámica de las crisis

         La base estructural de las crisis reside en la contradicción establecida entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción, o lo que es lo mismo, entre el carácter cada vez más social de la producción y la forma privada de su apropiación. Bajo esta lógica y a lo largo de toda la existencia del modo de producción capitalista, su desarrollo ha desembocado en crisis periódicas de producción y de desbarajuste en el mercado. A través de estas crisis Marx veía como el capitalismo es incapaz de asegurar un desarrollo permanente y ampliado, sin interrupciones, de la producción, el intercambio y el consumo. El ciclo de circulación del capital está determinado por la lógica interna del sistema de acumulación y apropiación privada de capital, lo cual provoca interrupciones en el ciclo.

         Ante cada crisis cíclica, la salida capitalista de la misma, ha sido la de reorganizar el sistema productivo sin cambiar su carácter, con grandes repercusiones en la división internacional del trabajo entre el centro y la periferia; y con modificaciones importantes en el consumo de la fuerza de trabajo (creación del ejercito de reserva, trabajo precario, necesidades de recalificación…) provocando cambios reales y jurídicos en las relaciones laborales que repercuten en la situación y composición de la clase obrera; y por último, con repercusiones para el comercio mundial acentuando el intercambio desigual.

         Evidentemente la consolidación de este proceso no se hace sin un desarrollo y desenlace de la lucha de clases favorable para el capital. Por todo lo cual estas modificaciones vienen acompañadas de profundos cambios en las formas de dominación política, pasando a dictaduras como el caso de Chile, Argentina, Perú, etc, o a cambios democráticos bajo la dirección de la clase dominante como la transición política española.

         En definitiva, cada crisis cíclica le supone al capitalismo un cambio en el desarrollo económico y político, para mantener el funcionamiento y la estabilidad del sistema en su globalidad. De ahí que los sectores mas revolucionarios de la clase obrera vean ante la crisis la ruptura revolucionaria como única salida viable, si de verdad se quiere impedir una reorganización económica y política del sistema que implique evidentemente la sumisión y pago de la crisis a costa de la propia clase obrera, y por lo tanto un deterioro en el proceso revolucionario. Puestas así las cosas, si decimos con Lenin que el capitalismo en su fase imperialista es un sistema parasitario en descomposición, esto es cierto en la medida en que la vanguardia revolucionaria de la clase obrera y el conjunto del movimiento obrero, asuman que la salida a la crisis coyuntural, no es el cambio del modelo de desarrollo del ciclo del capital, sino el cambio estructural del modo de producción, basado en nuevas relaciones que no pongan limites al desarrollo económico-productivo y social. Y esto solo será posible a través del planteamiento de la ruptura revolucionaria y el cambio de poder político, es decir a través del planteamiento del pase al socialismo.                                         

         Ahora vamos a explicar la dinámica del movimiento de las crisis, pero para entender mejor el proceso explicaremos las fases del movimiento del capital. Este consta de tres fases, la primera fase es el capital monetario, con este capital se efectúa la compra de los medios de producción y la fuerza de trabajo; la segunda fase es el capital productivo donde se efectúa a través del proceso de producción la creación de la plusvalía; la tercera fase es el capital mercantil que consiste en la realización en el mercado de la plusvalía a través de la venta de las mercancías producidas. Este proceso de tres fases del capital se denomina ciclo o rotación de capital, la retracción de una de las tres fases supone un descenso en la rotación del capital. Ahora vamos a explicar los síntomas de esta retracción.

         Cada cierto tiempo se produce una situación de superacumulación de capital y de exceso de la CAPACIDAD PRODUCTIVA respecto al poder adquisitivo existente. El periodo que media entre una crisis económica y otra se llama ciclo industrial, que consta de cuatro fases:

A) La crisis es la fase de arranque y determinante del ciclo. Se advierte inicialmente en el comercio, crece la cantidad de mercancías que no encuentran salida, los precios disminuyen, la abundancia de quiebras, se reduce la producción, se incrementa el paro forzoso, se reducen los salarios, se destruyen mercancías, instalaciones y empresas, se reduce el comercio interior y exterior. En esta fase del ciclo, la contradicción entre el incremento de las posibilidades de producción y la reducción relativa de la demanda solvente se manifiesta violentamente. El elevado nivel de desarrollo de las fuerzas productivas choca con el estrecho marco de relaciones de producción capitalistas, que se han convertido en una traba para el desarrollo de las fuerzas productivas. Solo mediante la ruina y el hundimiento de multitud de empresas, mediante la destrucción de una parte de las fuerzas productivas, se reducen violentamente las proporciones de la producción durante la crisis hasta llegar al nivel de la demanda solvente que existe en la sociedad. Comienza entonces el tránsito a la siguiente fase del ciclo:

B) La depresión. La reducción de la producción y el descenso de los precios de las mercancías durante las crisis suprimen temporalmente la desproporción entre la producción y el consumo. En la fase de la depresión se mantiene el estancamiento de la producción industrial, los bajos precios de las mercancías. El desempleo y los salarios se hayan al mismo nivel que durante la crisis. Las reservas de mercancías acumuladas se destruyen parcialmente para detener el descenso de los precios, sin embargo el resto se venden a bajo precio. Esto contribuye a la venta de las mercancías acumuladas. Sin embargo, los bajos precios no proporcionan ganancia suficiente. El afán de obtener la ganancia máxima cuando los precios son bajos impulsa a los capitalistas a reducir los gastos de producción a cuentas de un mayor grado de explotación de la fuerza de trabajo y del empleo de métodos de producción y maquinas nuevas y perfeccionados. Los capitalistas sustituyen los viejos equipos por otros nuevos, comienza la renovación masiva del capital fijo. Esto supone la ampliación de la demanda de medios de producción, surge la demanda de equipos y se crean estímulos para aumentar la producción. Llegado a este punto la depresión se convierte en:

C) Reanimación. La base material de la salida de la crisis pasa por la renovación masiva del capital constante, lo cual da un impulso en el mercado a la demanda de medios de producción. Como resultado de ello mas fuerza de trabajo se incorpora al sector productor de medios de producción. Esta fuerza de trabajo demanda más artículos de uso y consumo, merced a lo cual se ensancha el sector productor de bienes de consumo. El aparato de producción de la sociedad capitalista se pone en marcha procediendo al ensanchamiento de la producción, este se acerca al nivel de víspera de la crisis y lo rebasa. Prospera el comercio, suben los precios, aumentan las ganancias y decrece el paro forzoso. La producción entra en la fase del:

D) Auge. En ella se generan las premisas para la futura crisis.  El significado de estas crisis está ligado a la evolución de la tasa del beneficio y esta se caracteriza por un brusco descenso de la misma. A medida que se desarrolla la fase de auge, operan de forma creciente tres elementos: primero, el aumento de la composición orgánica del capital que se produce con la acumulación durante la fase del auge; segundo, el descenso de la tasa de explotación que se produce por el incremento de los salarios debido al aumento coyuntural de la demanda de fuerza de trabajo que implica la acumulación y las condiciones mas favorables para los trabajadores que crea el auge económico; tercero, a medida que la capacidad de producción se desarrolla, la oferta de mercancías en el mercado aumenta hasta superar la demanda solvente volviéndose a repetir el ciclo de la crisis.

         Llegado a este punto la crisis vuelve a crear las condiciones favorables para un nuevo aumento de la tasa de beneficio media, creando las bases para un nuevo auge: desciende la composición orgánica del capital como consecuencia de la desaparición de parte de el a causa de los cierres de fábricas y de la bajada del valor del capital constante y aumenta la tasa de explotación debido a la existencia al final de la depresión de un enorme ejercito de reserva de fuerza de trabajo, lo que permite a los capitalistas presionar sobre el valor de los salarios reales y les da posibilidad de aumentar la duración y la intensidad de la jornada de trabajo. Obteniendo así aumentos de plusvalía por tres vías: absoluta, relativa y extraordinaria.                       

         Los límites de la expansión de capital se encuentran en el mismo capital, en su esencia contradictoria e internamente antagónica. Las condiciones de su expansión desembocan en su crisis y esta a su vez tiene por misión crear las nuevas condiciones que inducen al relanzamiento. Ahora bien, el ciclo de la reproducción histórica del capital que viene definido por la dialéctica ACUMULACION-CRISIS-ACUMULACION, no presenta un carácter linealmente repetitivo. Cada crisis crea las nuevas condiciones para abrir un nuevo proceso de acumulación, pero este se realiza sobre bases institucionales y estructurales modificadas en relación con las anteriores. Se puede decir que cada crisis es diferente de las precedentes, aunque todas ellas tienen como misión el reajuste de la estructura orgánica del capital, a través de la destrucción de vastas masas de capital y de la reorganización de los mercados y de las clases sociales, así como crear las condiciones para una más elevada tasa de explotación.

 

3.-La trayectoria de la crisis después de la II Guerra Mundial

         En el periodo de auge hay un aumento en la masa y en la tasa de ganancia, y un ascenso tanto del volumen como del ritmo de acumulación. Inversamente en una crisis y en el periodo de depresión, tanto la masa como la tasa de ganancias declinarán, del mismo modo que lo harán el volumen y el ritmo de acumulación. El ciclo industrial consiste en aceleración y desaceleración sucesivas de la acumulación. Durante la fase de ascenso se acelera la acumulación de capital. Pero cuando este movimiento llega a cierto punto se hace cada vez más difícil lograr la valorización de la masa total del capital acumulado. La señal que anuncia que se ha llegado a este límite es la caída de la tasa de ganancia.

         En la fase de la crisis y la consecuente depresión, el capital se desvaloriza y parcialmente se destruye. Se produce así la sub-inversión. Estos periodos en los que se desvaloriza y sub-invierte el capital, tienen precisamente la función de elevar una vez más la tasa general de ganancia de toda la masa del capital acumulado, que a su vez permite la intensificación de la producción y la acumulación de capital. El ciclo industrial en su totalidad surge así como el resultado de la acumulación acelerada de capital, la sobre acumulación, la desaceleración de la acumulación y la sub-inversión. El ascenso, la caída y la revitalización de la tasa de ganancia determina los movimientos sucesivos de la acumulación de capital.

         La actual onda larga, es un ejemplo de como funcionan los movimientos a largo plazo de la economía capitalista. La fase ascendente de la misma se desarrolló durante los 25 años posteriores a la II Guerra Mundial (1945-70). La fase descendente se inició a principios de la década de los 70 y en ella se encuentra todavía. Desde entonces la economía capitalista ha dado un giro en su tendencia, caracterizada por la reducción de los ritmos de crecimiento económico y la aparición del desempleo masivo. La evolución económica durante esta fase recesiva no ha sido lineal. Durante la misma la economía capitalista ha sufrido dos recesiones generalizadas (1974-75 y 1979-82). Aunque la política de austeridad puesta en marcha por los gobiernos capitalistas ha conseguido cierta recuperación de la tasa de beneficios, esta ha sido insuficiente.

         Durante la fase ascendente de la actual onda larga, el modo de producción capitalista conoció una larga fase expansiva donde confluyen tres procesos: el aumento de la tasa del beneficio, y la ampliación del mercado a partir de la Tercera Revolución tecnológica que supuso la creación de nuevas ramas de producción y productos (electrónica, fibras sintéticas, etc.), y la derrota y división de la clase obrera producido por la aplicación de la política de la postguerra de integración en el capitalismo a través del Plan Marshall el cual pretendía controlar y reestructurar las organizaciones sindicales y políticas de la clase obrera ante la presencia del Socialismo en el Este de Europa. Durante este proceso se consolidaron altas tasas de empleo que produjeron la lenta desaparición del ejército de reserva industrial en los países capitalistas avanzados, avanzándose en la HOMOGENEIZACION de la situación económica y social de la clase obrera, se llegó a los años 60 donde el movimiento obrero se recompuso con un ímpetu mas fuerte de resistencialismo y de lucha generando las condiciones para un cambio revolucionario en Europa Occidental (Francia, Italia, España, y Portugal) y a pesar de la automatización creciente, el crecimiento de la tasa de explotación quedó bloqueado para el capital.

         A partir de este momento los Estados capitalistas empezaron a jugar con la aplicación de políticas keynesianas a través del mecanismo inflacionista, utilizado para detener la subida de los salarios y ampliar la tasa de plusvalía de los capitalistas, lo cual no impidió el descenso de la tasa de beneficios, el crecimiento del paro, y terminó provocando la crisis del sistema monetario internacional, con repercusiones negativas respecto al comercio y la circulación de capitales.

         Desde final de la década de los 60 se observa un descenso progresivo de la producción y la acumulación. Es el inicio de la segunda fase de la onda larga. En los países de la OCDE se pasa de un crecimiento medio de la producción (PIB) anual del 5% durante los años 1960-73 a un crecimiento del 2,7% desde entonces, lo cual indica que el ritmo de desarrollo se ha reducido en un 46%. El cambio en el ritmo de acumulación ha sido más acusado: de un crecimiento medio anual del 6,2% de la tasa de inversión durante 1960-73 a un 2,3% desde 1974. Este cambio de tendencia en el ritmo de crecimiento en los países de la OCDE tuvo sus repercusiones inmediatas en el desempleo masivo, y ha influido muy negativamente en los países subdesarrollados que ahogados por la deuda externa se han empobrecido aún mas.

         La economía del capitalismo se ha situado desde 1.970 en una segunda fase depresiva de la onda larga, caracterizada por menores ritmos de crecimiento de la producción y de la inversión. La causa fundamental de este cambio de tendencia es el descenso que se produce en la tasa de beneficios a partir de 1.969, mucho antes de que se produjera la crisis del petróleo en 1.973. La rentabilidad del capital no empieza a recuperarse hasta 1.975 en los países de la CEE, muy lentamente, para volver a caer durante los años 1979-82, recuperándose al año siguiente hasta 1.990 en fase ascendente pero siempre por debajo de la tasa alcanzada en 1968 (Ver gráfico en la página    ).

         Durante la fase depresiva de la onda larga se han producido dos crisis clásicas de sobreproducción (1974-75 y 1979-82), y en 1.991 se entró en las puertas de la tercera que todavía sigue en 1.993. ¿Que es lo que ha pasado para que el capital no haya salido de la fase depresiva?. Precisamente el apreciable grado de resistencia por parte del movimiento obrero de los países industrializados ha dificultado enormemente que los gobiernos capitalistas puedan imponer su salida a la crisis económica.

         La salida de la fase de descenso requiere un nuevo aumento de la tasa de beneficio, pero si este es moderado inducirá un mantenimiento de la recuperación coyuntural, que será de corta duración, pero no una fase expansiva a largo plazo, es decir, una nueva onda larga. Durante los últimos años, ha habido ya dos recesiones generalizadas y, a lo largo de ellas, el capitalismo ha liberado gran cantidad de capital, es decir, ha eliminado a muchas empresas improductivas, ha recuperado en cierta medida la tasa de beneficio y ha obtenido mas valor con la explotación de los trabajadores que lo que luego a acumulado, incrementándose su capacidad de inversión. Pero la recuperación de la tasa de beneficio ha sido insuficiente para relanzar de forma masiva la acumulación, el capitalismo no ha sentado todavía las bases para producir una elevación de la tasa del beneficio capaz de sacarlo de la fase descendente de la onda larga.

4.- La recuperación de la tasa de ganancia

         Durante la fase expansiva de acumulación de capital, el modo de producción capitalista va sentando las bases para entrar en una nueva fase de descenso:

1.-La composición orgánica del capital tiende a crecer de nuevo conforme la acumulación se desarrolla.

2.-La revolución tecnológica, que en un principio fue una fuente de beneficios, tiende a generalizarse, convirtiéndose en una fuente de reproducción, de agudización de la competencia y de caída espectacular de la tasa de beneficios.

3.-Los nuevos mercados que surgieron en el principio de la expansión tienden a agotarse y, con ellos, las posibilidades de realización de la plusvalía, agudizándose la competencia.

4.-La tasa de explotación tiende a retroceder, por la reducción del ejercito de reserva que se produce en la fase del auge, por consiguiente se reduce la presión sobre los salarios, y por la recomposición del movimiento obrero.

         Como resultado de lo señalado anteriormente se produce la sub-inversión de capitales. La cuestión reside en cómo y en qué periodo este capital adicional que permanece ocioso durante el periodo depresivo, se vuelve a invertir masivamente. La respuesta es clara: solo un incremento repentino de la tasa de ganancias puede explicar la inversión masiva de los capitales excedentes, del mismo modo que una caída prolongada de la tasa de ganancias puede explicar la ociosidad del mismo capital.

         Recordando que la tasa de beneficios es igual a la Plusvalía dividida por el capital invertido, los factores que pueden producir un aumento de la misma son los siguientes:

A) Una disminución de la composición orgánica del capital. Hay tres formas: la inversión masiva en zonas geográficas, países o sectores en los que es baja (2); la reducción del capital constante por la caída del valor de las materias primas o un aumento de la productividad en el sector productor de medios de producción reduciéndose el valor por unidad de los mismos; y la reducción del periodo de rotación del capital por mejoras en el transporte y la comunicación.

B) Un incremento rápido de la tasa de plusvalía como resultado del ascenso del rendimiento del trabajo, mediante el aumento de la jornada de trabajo (plusvalía absoluta), el aumento de la productividad del mismo (plusvalía relativa) o la reducción del valor de la fuerza de trabajo por la vía de reducir el salario real. Ello solo puede ser si se produce una radical derrota y a la consecuente ATOMIZACION de la clase obrera que le impida la defensa de sus intereses inmediatos: empleo y salario.

         Por tanto, para que la tasa de beneficio se recupere, se requiere un aumento sustancial de la tasa de explotación de forma intensiva y que se reduzca a su vez la composición orgánica del capital (reducción del valor de los medios de producción, de las materias primas y de los gastos de comercialización). Esto quiere decir que durante la actual fase de descenso, el capital debe de reestructurar el aparato productivo, introducir nuevas tecnologías, desarrolladas durante la fase de prosperidad anterior, pero no introducidas masivamente a la producción y elevar la tasa de explotación tanto en la periferia como en el centro fundamentalmente. El desenlace depende del desarrollo de la lucha de clases, y es que la clase obrera de los países del capitalismo avanzado no ha sufrido todavía una derrota lo suficientemente grave como para permitir la salida capitalista a la crisis. El objetivo de la política económica y social de los gobiernos capitalistas es conseguirlo en breve.

5.- La política económica de los gobiernos capitalistas: La Austeridad

         Las dos crisis señaladas en la fase depresiva de la onda larga, han permitido la eliminación de muchas empresas improductivas para el capital, la política de austeridad y reconversión ha logrado la reestructuración de sectores industriales completos en función de la división internacional del trabajo dictado por el capital transnacional, lo cual está favoreciendo a la incorporación de nuevas tecnologías.

         Desde el punto de vista objetivo, la política neoliberal es hoy dominante, los salarios han retrocedido su participación en la renta nacional, puede hablarse ya de un retroceso del Estado del Bienestar que le caracterizó durante la fase de prosperidad. Desde el punto de vista subjetivo, la clase obrera estaría derrotada primero, como consecuencia de los 15 años de crisis en los que no ha sabido imponer su alternativa a la crisis y segundo, por el efecto demoledor que ha supuesto la crisis del “socialismo real”. Hoy está más lejos que nunca de vislumbrarse una salida no capitalista a la crisis, y por el contrario, están sentadas todas las bases para que este imponga sus dictados.

         La perspectiva no puede ser más favorable. Por un lado, la marcha hacia la economía de mercado de los países de la Europa del Este abre a medio plazo unas perspectivas de expansión de capital en una zona donde el modo de producción capitalista parecía haber desaparecido. Con la caída del socialismo real, se va a marchas forzadas hacia un mundo unipolar imperialista en el que los EE.UU juegan el papel de gendarme mundial de cara a imponer un nuevo orden. En este contexto los países subdesarrollados han perdido la batalla, el eslabón mas débil de la cadena de cara a una revolución futura está en estos momentos en los países capitalistas mas avanzados.

         A pesar de los retrocesos, el nivel de resistencia que aún mantiene la clase obrera de los países del capitalismo avanzado, impide que la clase dominante pueda lograr una recuperación de la tasa de beneficio de la intensidad que se requeriría para iniciar una nueva fase de prosperidad. El problema de fondo que ha determinado la onda larga subsiste aún, pues aunque se ha producido una recuperación de la tasa de beneficio, esta ha sido insuficiente.

         Durante los últimos años de la etapa de prosperidad (finales de los 60), la clase obrera de la mayoría de los países capitalistas mas avanzados fue adquiriendo una gran fuerza organizativa, de forma que, al estallar la crisis económica, las tasas de afiliación sindical en la mayoría de estos países eran muy elevadas. Durante esos años los trabajadores conquistaron importantes mejoras sociales, como la seguridad social, la extensión de los seguros de paro, etc., y en general, gozaron de un nivel de vida sin precedentes. La capacidad organizativa de la clase obrera impidió la profundización de la ofensiva del capital. El empleo se redujo muy fuertemente en 1975 en todos los países de la OCDE, pero desde entonces salvo en España, en la mayoría de ellos no ha vuelto a registrarse decrecimientos negativos, de forma que el aumento del paro tiene mucho mas que ver con el crecimiento de la población que con el descenso del empleo, lo cual quiere decir que el crecimiento del empleo se ha estancado; aun así el fuerte aumento del paro fue paliado en la mayoría de los países, por un seguro muy extendido. Ello demuestra que a pesar de la ofensiva de la burguesía durante las crisis, sus avances y el debilitamiento relativo de la clase obrera, esta todavía goza de un apreciable grado de resistencia.

         Para acelerar el desgaste de los trabajadores y hacer posible su salida a la crisis económica, la clase dominante ha puesto en marcha su política de austeridad. La condición necesaria para que el capitalismo inicie una nueva fase de prosperidad es el aumento de la tasa de beneficio, lo que implica aumentar la tasa de explotación. Evidentemente esto no lo ha podido hacer de golpe, sino que ha necesitado poner en marcha una ofensiva de larga duración. En este contexto la austeridad pretende elevar la tasa de beneficio del sistema. Para ello debe de elevar la tasa de explotación mediante la reducción del valor de reproducción de la fuerza de trabajo. Las medidas concretas con las que pretende conseguirlo son la reducción de los salarios reales de los trabajadores, la aparición del paro y el aumento del ejército de reserva para presionar hacia abajo los salarios, y la reducción de los salarios indirectos y diferidos: las prestaciones de la seguridad social, de las pensiones, de los gastos sociales del Estado (Sanidad, enseñanza…). Pero tal reducción del capital variable en ausencia de otros fenómenos, supondría un aumento de la composición orgánica del capital que empujaría hacia abajo a la tasa del beneficio. Para evitarlo, el aumento de la tasa de explotación debe compensar con creces el crecimiento de la composición orgánica del capital, y esto se consigue aumentando la intensidad de la explotación de los trabajadores, es decir, su productividad. De esta forma la aparición del paro debe de coexistir con un proceso de sustitución de trabajo vivo por máquinas, con el aumento de los ritmos de trabajo. Es decir, debe de haber una producción material mayor, con un número menor de trabajadores.   

         La austeridad incluye también medidas restrictivas del crédito, que colocan a muchas empresas en una mala situación financiera. Con ello se trata de reducir la composición orgánica media de la economía, haciendo desaparecer a los capitalistas menos competitivos, presionando así a la recuperación de la tasa de beneficio. Toda crisis económica, es también una crisis de sobreproducción, y la desaparición de muchos capitalistas y sus empresas implica la eliminación de la infrautilización del capital mayoritariamente constante, para elevar la tasa de beneficio de los que sobreviven. La política de austeridad trata de acelerar este proceso según la regla, de que para los capitalistas, cuanto peor es la crisis, mas fácil es la salida para los que quedan. Esta es otra razón de las reestructuraciones: colocar en mejores condiciones a los que sobreviven.

         La austeridad tiene también como objetivo reducir el nivel de conciencia social de la clase obrera con el propósito de facilitar su derrota política. Cuando la clase obrera no lucha por la defensa de sus intereses inmediatos, por mantener el empleo y el poder adquisitivo de sus salarios, su capacidad de respuesta a las ofensivas del capital se deteriora y de esta forma retrocede su conciencia social. La austeridad viene acompañada de una ofensiva ideológica, justificándose en aras del “interés nacional”, que exige el sacrificio de los trabajadores para salir de la crisis, se insiste hasta la saciedad de que la mejor forma para luchar contra el paro es admitir la reducción de los salarios y el deterioro de las condiciones laborales, se hace un canto a la iniciativa privada y de la “conveniencia” de privatizar todo lo público, etc. Cuando los intereses de las dos clases fundamentales son más conflictivos, cuando los capitalistas tratan de aumentar la plusvalía por todos los medios, se intenta de convencer a los trabajadores de que deben permitirlo.

         Cuando el capitalismo está más débil y la clase obrera en mejores condiciones objetivas para mediante un empujón consciente mandarle al basurero de la historia, la ofensiva ideológica trata de evitar por todos los medios que lleguen a la única conclusión favorable para ellos: la necesidad y posibilidad de la destrucción del capitalismo y de su Estado.

 

6.- El Estado capitalista, el gasto público y la política inflacionista

         La explotación capitalista no se acaba para los obreros en los reducidos marcos de la empresa, no abarca solo la jornada laboral, sino que fuera de ella la clase obrera se ve sometida a una incesante acometida contra el salario: especulaciones financieras sobre el precio del suelo, la vivienda, la política inflacionista; servicios sociales en proceso de privatización aumento de las tasas de los servicios públicos (transporte, medicinas, teléfonos, etc.); aumento incesante de los impuestos indirectos; utilización abusiva de la coerción administrativa en impuestos directos (contribución urbana, catastro, IRPF). En definitiva, el capitalismo como sistema tiene no solo factores económicos para la reproducción del ciclo del capital, sino que además cuenta con toda una superestructura adicional a través de los órganos del Estado y la democracia burguesa, de factores extraeconómicos (administrativos, legislativos y coercitivos) que menguan aún mas el salario, obedeciendo todo ello a la lógica del aumento de la plusvalía por estas vías con la consiguiente redistribución de la renta favorable al capital. Todo ello lo facilita la política económica de los gobiernos y organismos estatales del capitalismo, de cara a abastecer e inflar el proceso de valorización y amortización del capital privado al facilitarle la especulación por un lado y la reposición cuasi-gratuita del capital constante por otro. La obtención de la plusvalía no se acaba en la empresa capitalista.

          Para el capitalismo de la libre competencia, las funciones del Estado se reducían al mantenimiento del orden jurídico, del sistema monetario y aduanero, del mercado y del ejército con el mínimo coste. Después de la crisis del 29 se produjo un cambio importante en el papel del Estado, la llamada revolución keynesiana. En los años 30 su intervención fue diseñada para combatir la crisis. Se produjo un aumento de la cantidad de dinero para financiar las actividades del sector público. Si no existía demanda efectiva suficiente, el Estado podía crearla gastando por encima de sus ingresos y financiando el déficit resultante con la emisión de papel moneda o créditos de la banca privada. Así la cantidad de dinero aumentaba facilitando la realización de las mercancías invendidas, y la actividad del Estado que se realizara con ese nuevo dinero generaría nuevos ingresos en la sociedad que impulsarían la demanda. Adicionalmente el gasto público podía dirigirse a actividades que paliaran la conflictividad social existente, producto de la crisis, como obras públicas, seguro de paro, gastos sociales, etc. Tal política tendría un efecto inflacionista, en la medida en que impediría la reducción de los precios y no facilitaría el saneamiento a largo plazo de la economía capitalista, pero serviría para combatir los efectos más acuciantes de la recesión y además, tendría un efecto integrador de la clase obrera. A partir de entonces, los gobiernos han utilizado este mecanismo con el doble propósito de mantener la demanda efectiva y evitar las crisis, y extender el gasto público de carácter social para integrar las reivindicaciones de la clase obrera en el sistema. Fue lo que se conoce en los principales países capitalistas como “Estado del bienestar”.

         El Estado amplió sus funciones como consecuencia de la complejidad que estaba adquiriendo el capitalismo. En primer lugar, aparecieron funciones productivas nuevas, que no podían ser asumidas por la iniciativa privada por su baja rentabilidad a corto plazo, por su carácter estratégico o por su dificultad, como la energía nuclear, la investigación, etc., jugando así, un papel subsidiario en la economía capitalista. En segundo lugar, la experiencia del crac del 29 exigía de la aplicación de las técnicas keynesianas anticrisis, un papel activo del Estado en la economía administrando las crisis económicas mediante una política de sostenimiento de la demanda. Ante las dificultades de acumulación y derivadamente de realización, aparece la intervención del Estado como algo conveniente, como el agente de compras de las mercancías sin vender, crea consumidores al emplear a los trabajadores no absorbidos por el sector privado. Finalmente la consecución del consenso social exigía de nuevas funciones en el terreno de la administración social.

         Conforme se desarrolló el auge, los trabajadores comenzaron a organizarse masivamente en los sindicatos, estos contaban con gran fuerza en la mayoría de los países industriales y tenían reivindicaciones en los terrenos de la organización del trabajo, las condiciones laborales, el nivel de vida, etc, que entraban en contradicción con los intereses del capital. Se hizo necesaria una política que debería combinar la imposición de las condiciones de la producción capitalista impidiendo que la fortaleza sindical fuera mas allá de lo deseable, con otra política de bienestar dirigida a evitar conflictos e integrarlos dentro del sistema económico. El Estado pasó a jugar un papel importante en la satisfacción de las necesidades colectivas, y así, se extendieron la sanidad y la enseñanza públicas, se instauró un sistema generalizado de pensiones, el seguro de paro pasó a cubrir a todos los desempleados existentes. Un objetivo de la actividad económica tan importante como en el mantenimiento de la actividad, fue el de conseguir un mayor bienestar social.

         El aumento del bienestar social era una de las señas de identidad de los gobiernos socialdemócratas (Gran Bretaña, Suecia y Austria). Los países capitalistas avanzados, al calor de la expansión que estaban experimentando, se podían permitir satisfacerlas en alguna medida, máxime cuando este tipo de políticas legitimaba al sistema económico y al Estado ante los trabajadores. En consecuencia, se produjo una integración creciente del movimiento obrero en esos países, y se extendió la idea de que el socialismo devendría pacíficamente como una fase natural en el desarrollo del capitalismo.

         La crisis económica de la fase depresiva de la actual onda larga ha determinado un aumento de los déficits públicos, que en la mayoría de los países industriales, se encuentran a un nivel muy superior al que tenían en los años de expansión. Por un lado la crisis ha impreso un menor crecimiento de los ingresos del Estado e incluso ha reducido algunos de sus componentes. El descenso del empleo ha afectado a las cuotas de la seguridad social, el menor ritmo de actividad a los impuestos tanto directos como indirectos, etc. Por otro lado, ha provocado un aumento de los gastos, tanto para paliar los efectos de la crisis sobre los trabajadores (subsidios de desempleo, indemnizaciones por cierres de empresas, etc.), como para hacer frente a las necesidades de reconversión de las empresas capitalistas.

         El aumento del gasto público y del déficit no es el tipo de política que el capital necesita para salir de la crisis, y por el contrario, contribuye a impedir tal salida. El aumento de la tasa de beneficio que se produjo durante la fase ascendente de la actual onda larga, permitió que hubiera recursos suficientes para que los gastos del Estado crecieran y se extendiera el Estado del bienestar, y para que una parte sustancial de los mismos se financiara con cargo a impuestos. Pero con la crisis en la fase descendente, ocurre todo lo contrario, por un lado la tasa de beneficio ha caído y su recuperación requiere de un aumento de la tasa de explotación. Esto se puede conseguir reduciendo los salarios reales, pero también actuando sobre los llamados salarios indirectos (sanidad, enseñanza, etc) y diferidos (pensiones). Por otro lado, la recuperación de los beneficios capitalistas exige una reducción de los impuestos que recaen sobre ellos, lo que agravaría el déficit público.

         En medio de esta contradicción surge la ofensiva capitalista de echarle la culpa a los salarios de la subida de la inflación y por lo tanto, de la misma crisis. En realidad, el crecimiento de los salarios no se traduce en una elevación de los precios, sino en un descenso de la plusvalía y consiguientemente de la tasa del beneficio, de forma que según la teoría marxista del valor la inflación salarial no existe. Lo que ocurre es que dentro de los marcos del ciclo de capital el descenso de la tasa de beneficio afectaría a la acumulación. De esta manera el capital monopolista interviene para contrarrestar la tendencia desfavorable al capital, registrándose un incremento continuado de los precios que reduce el poder adquisitivo de los salarios, los trabajadores reivindican revisiones para resarcirse, a lo que los empresarios y el Estado responden elevando nuevamente los precios. Es la famosa espiral inflacionista de precios y costes de la que sistemáticamente se culpa a los trabajadores y a la que se intenta cortar limitando el crecimiento de sus ingresos.

         En condiciones de estabilidad monetaria, un aumento de los salarios significaría que los trabajadores pueden adquirir más mercancías para su subsistencia, lo que a su vez quiere decir que habría aumentado el capital variable. Como el valor total no depende de lo que se pague a los trabajadores, sino del total del trabajo socialmente necesario que se haya realizado, esto se traducirá en un descenso de la tasa de explotación. Dado que la estabilidad monetaria impide que los precios de mercado crezcan por encima de los precios de producción, la consecuencia será el descenso de la tasa de beneficio. A partir de aquí, los empresarios intentarán aumentar la tasa de explotación por todos los medios: reduciendo salarios cuando el ejército de reserva haya aumentado, realizando inversiones que hagan crecer la productividad laboral, etc. Evidentemente ello depende del desenlace de la lucha de clases.

         En condiciones de crecimiento de la oferta monetaria el resultado será que los salarios perderán poder adquisitivo y podrán comprar menos mercancías para su subsistencia. El valor de la fuerza de trabajo, esto es, el capital variable, se reducirá, y como consecuencia la tasa de explotación aumentará. De esta forma la inflación permanente vuelve a ser el mecanismo específico del capitalismo tardío para evitar el descenso de la tasa del beneficio. En el siguiente paso, cuando los trabajadores reclamen más salarios, se les culpará de inflacionistas. Los salarios nominales (cantidad monetaria) podrán haber crecido, pero los reales (capacidad de compra) se reducirán, y esto es lo que importa, pues es de ellos de los que depende el descenso del capital variable y el aumento de la tasa de explotación. Así en la época del capitalismo actual, la defensa del poder adquisitivo de los salarios es un elemento sustancial de la lucha contra el aumento de la tasa de explotación.

7.- El pacto social

         “El término pacto social se utiliza para designar el acuerdo entre los sindicatos reformistas y el gobierno de los capitalistas; para congelar las reivindicaciones económicas de los trabajadores en los periodos de crisis económica del capitalismo, caracterizados por un alto nivel de inflación y desempleo, y poder así reactivar la economía, superando la crisis. El pacto social en su significado último, equivaldría a que la clase obrera admitiera como válido el sistema capitalista, aceptando que sus crisis las paguen los trabajadores. El pacto social supondría abandonar la meta que ha guiado los pasos del movimiento obrero desde el momento mismo en que aparece en la historia, esto es, el socialismo. No obstante, los pactos sociales tácitos o expresos abundan en el mundo, protagonizados por un sindicalismo reformista, presentes en gran parte en los países industrializados europeos y Norteamérica.” (Diccionario del sindicalismo, Marcelino Camacho, Dopesa 1.977)

         En nuestro país han existido 6 pactos sociales que han tratado de atajar la crisis de acumulación de capital:

Moncloa Partidos políticos 1.977
ABI UGT/CEOE 1.979
AMI UGT/CEOE 1.980-81
ANE UGT/CC.OO/Gobierno/CEOE 1.981
AI UGT/CC.OO/Gobierno/CEOE 1.983
AES UGT/Gobierno/CEOE 1.985-86

         Con los pactos de la Moncloa de Octubre de 1.977 se inició una etapa de subordinación de la negociación colectiva a la política macroeconómica y a la limitación de los crecimientos salariales en función del objetivo gubernamental de inflación, se introdujo además la eventualidad y precarización del empleo. Con el Acuerdo Básico Interconfederal (ABI) de julio de 1.979, firmado entre la CEOE y la UGT se inicia una etapa de marginación de CC.OO, debido a la opción de la CEOE de priorizar las relaciones con UGT y acentuar la división entre los dos sindicatos. En febrero de 1.980, patronal y UGT firman el Acuerdo Marco Interconfederal (AMI) de carácter bianual, y que regularía la negociación colectiva durante 1.980 y 1.981, supuso la limitación anual de los salarios, el descuelgue de los Convenios para sectores y empresas en crisis y la cesión de tiempos de descanso de la jornada laboral. El acuerdo demostró que, en el contexto de la crisis económica y después del reflujo de la movilización obrera que caracterizo a la ultima etapa de la transición política, la moderación salarial era posible incluso sin la colaboración explicita de CC.OO.

         El primer pacto firmado por CC.OO junto a UGT y la patronal se realizó en Junio de 1.981 con el nombre de Acuerdo Nacional de Empleo (ANE). Se planteaba como un pacto no solo sobre la negociación colectiva, sino, sobre todo de fomento a la ocupación. Por primera vez se aceptaba de forma clara que los aumentos salariales negociados en los convenios serian en todos los casos inferiores a los necesarios para mantener de acuerdo con la previsión de inflación, el poder adquisitivo; las previsiones sobre ocupación no se realizaron y continuó la reducción de puestos de trabajo, a pesar del cumplimiento de la normativa salarial en la inmensa mayoría de los convenios.

         Tras la llegada del PSOE al gobierno se estableció un acuerdo de política de rentas, Acuerdo Interconfederal (AI), para el año 1.983 en la que participaron Gobierno, CEOE y los sindicatos CC.OO y UGT. En el año siguiente la negociación colectiva no tendría otra referencia que la recomendación salarial del gobierno de un punto y medio por debajo de las previsiones de inflación. Posteriormente se produjo, sin la aceptación de CC.OO., un acuerdo central sobre salarios para 1.985 y 1.986, Acuerdo Económico y Social (AES) entre el Gobierno, la CEOE y UGT.

         ¿En que hemos ganado los trabajadores y el movimiento obrero con tanto pacto social? En torno al consenso político de los pactos de la Moncloa se paralizaron las movilizaciones. Se estableció la estabilidad del sistema dentro de los marcos de la democracia burguesa. En este cambio se delimitaba claramente quienes ganaban y quienes perdían. Ganaba el nuevo componente político de la clase dominante, para quienes su dominio se hacia incompatible con el mantenimiento de la dictadura franquista y peligraba por la fuerte conflictividad política y social. Ganaban los capitalistas que de ser la máxima beneficiaria del autoritarismo franquista, lo era ahora de la democracia. Perdía la clase obrera, a la que en nombre de la racionalidad económica se le iba a exigir la supeditación al mercado a cambio de la democracia.

         Sin duda, la afluencia inicial a los sindicatos tras su legalización reflejaba los fuertes valores de solidaridad de clase; igualmente la pérdida de afiliación reflejó, además del aumento del paro y de la segmentación del mercado de trabajo, la frustración creada por la aceptación del hasta entonces criticado “pacto social” y por la cesión de protagonismo desde el movimiento obrero de fábrica y local a las direcciones de las confederaciones estatales.

         Todos los pactos tienen su denominador común: limitar las políticas de renta por debajo del crecimiento de los precios y reestructurar el mercado de trabajo. Todo ello ha conducido a un aumento de la tasa de explotación de la clase obrera y la han conducido a la actual situación de altas tasas de paro y pérdida de derechos, a parcelizarla rompiendo la eficacia de la negociación colectiva con el fomento de salidas individuales e insolidarias, potenciando las relaciones laborales individuales y el antisindicalismo.

         CC.OO fue la organización que tuvo que asumir la responsabilidad fundamental de garantizar una relativa desmovilización durante la transición política, dada su implantación mayoritaria y su experiencia organizativa durante el franquismo. El pacto social era contrario a la cultura sindical que ha ido ligada a la constitución y consolidación de las CC.OO. El acentuado protagonismo de garantizar la paz social tuvieron como contrapartidas la consolidación del sistema político burgués actual. Con posterioridad las contradicciones con la política del PSOE evolucionaron mas rápidamente en CC.OO. que en UGT. A partir de 1.983, CC.OO. no participa en ningún acuerdo sobre política de rentas y el IV Congreso Confederal (1.987) definió una postura matizadamente contraria a los acuerdos globales a nivel centralizado.

         Una de las evoluciones que tuvo un papel importante en el creciente distanciamiento de los sindicatos respecto a la política económica del gobierno socialdemócrata, es la experimentada por la trastocación del mercado de trabajo en el sentido del espectacular aumento de las modalidades eventuales de contratación introducidas por el gobierno, parcialmente propiciado por los sindicatos al darse en la etapa de la concertación, primero con la firma del E.T en 1.981, firmado solo por UGT y segundo con la reforma del mismo en 1.984. Esta etapa fue considerada primero por CC.OO., y después por UGT, como un fuerte peligro para los propios sindicatos como organizaciones, que tendería a agravar la ya crítica situación a nivel de afiliación.

         A partir de la Huelga del 20 de Julio de 1.985 contra la contrarreforma de las pensiones convocada solo por CC.OO., se produce un proceso de inflexión en el movimiento sindical, primero la salida del Secretario general de UGT del grupo parlamentario del PSOE, la recuperación en algunos sectores de la unidad de acción reivindicativa y la posterior puesta en escena del proceso desencadenante del 14-D. La Huelga general del 14 de Diciembre de 1.988 situó a los sindicatos a la ofensiva contra la desregulación del mercado de trabajo, y sentó al gobierno ante la negociación de la Plataforma Sindical Prioritaria (PSP), la primera negociación centralizada desde la transición donde no se planteaba el pacto de rentas, sino una plataforma que reivindicaba: Incremento y ampliación de las pensiones, protección sindical de los contratos, simplificación de las modalidades eventuales de contratación y aumento de su duración, reforma progresiva del IRPF, etc, en definitiva un aumento de los salarios indirectos y diferidos, y un aumento del salario directo al negociar los convenios por encima del tope previsto. Faltó una segunda movilización para que no solo el Estado sino fundamentalmente la patronal pagara su parte en la concertación social a través de la reforma fiscal progresiva, la conversión de las horas extras en empleo y la dedicación por ley de una parte de los beneficios a generar empleo.

8- Conclusión

         Actualmente el capitalismo en nuestro país necesita de un pacto social, para salir de la crisis y recuperar la tasa de beneficio. Ello significa el asentar medidas que aseguren un incremento masivo de la tasa de explotación a través de aumentar la productividad e intensidad en el trabajo y disminuir la capacidad adquisitiva de los salarios, esto último a través de 3 formas:

1- Aflorando el ejército de reserva para presionar sobre los salarios.

2- Mantener la inflación de cara a aumentar la plusvalía y reducir el salario real.

3- Reducción de los salarios indirectos: Sanidad, enseñanza,  prestaciones por desempleo, etc.

         Ello requiere de medidas concretas en el mercado de trabajo dirigidas a atomizar aun más a la clase obrera y derrotarla social y políticamente:

A) Facilidades en la entrada y salida del mercado de trabajo, precarizando el empleo a mas trabajadores; abaratar las indemnizaciones por despido colectivo e individual, asegurándole al capital la destrucción de medios de producción que disminuyan la composición orgánica media del capital; eliminar la posibilidad de negociar por parte de los Comités los Expedientes de crisis dejando en manos del empresario la decisión de rescindir contratos. Este ataque irá dirigido a destruir el Empleo Fijo y disminuir las tasas de ocupación en nuestro país.

B) Mayor flexibilidad y movilidad de todo tipo, tanto funcional como geográfica, teniendo a los trabajadores bajo el arbitrio del patrón sin intervención sindical alguna.

C) Modificación de las estructuras salariales de modo que la productividad sea el parámetro sobre el que descanse la remuneración de los trabajadores.

         Este es el pacto social que necesitan los capitalistas para salir de su crisis de acumulación, recuperando la tasa de beneficios a través de una ampliación masiva de la tasa de explotación. Dicho pacto social incapacitaría a los sindicatos y dejaría indefensos a los trabajadores. Se trata, de un ataque directo contra las conquistas del Movimiento obrero. Un ataque directo al principio del trabajo como un derecho, y que por tanto consagra la eventualidad. Se pretende que el salario vaya en función de la “marcha de la empresa” según la cuenta de resultados; la productividad entendida no como progreso sino como penalización hacia los trabajadores: con menos trabajadores fabricar más cantidad. Se intenta avanzar en línea privatizadoras tanto de empresas públicas, como de servicios públicos y conquistas como la Seguridad Social, el INEM y coberturas sociales aún en manos públicas. En definitiva, se pretende menos Estado desde lo público para los trabajadores y como contraparte se refuerzan los aspectos represivos y militaristas.

         La patronal se muestra de acuerdo con las propuestas formuladas por el Gobierno. La CEOE muestra su incapacidad en ser competitiva en temas esenciales como la Investigación, Formación y gestión, realización de inversiones productivas, etc, y pone el acento en la privatización de empresas públicas y en una mayor desregulación de las relaciones laborales. El carácter especulativo y parásito de la patronal española se pone de manifiesto una vez más al apostar por enriquecimiento rápido antes que por preservar el tejido productivo.  Esta política ha sido avalada en la estrategia para la política-económica del Gobierno durante los 10 últimos años y obedece a los intereses del capital monopolista internacional y sus dictámenes.

         Según los capitalistas se necesita todo ese paquete para lograr que se salga de la crisis, según el gobierno capitalista el interés nacional exige el sacrificio de los trabajadores, de su salario y su empleo. Este conjunto de medidas es una consecuencia clara y rotunda de las políticas de frenazo de las movilizaciones que estamos viviendo desde el 28-M de 1992, y que ha colocado al movimiento obrero en una situación de paz social encubierta. Las direcciones sindicales confederales se están deslizando por una senda peligrosa de alejamiento de los trabajadores al negociar acuerdos con el gobierno reteniendo las movilizaciones, sin tener en cuenta la fragmentación de la clase obrera, los fenómenos de individualización de las relaciones laborales y la todavía débil presencia de los sindicatos en el seno de empresas y sectores. Lo cual deja en indefensión a la mayoría de los trabajadores de este país ante la ola de regulaciones y reestructuraciones industriales.

         La consecuencia directa para el movimiento obrero y sindical de imponer el capital su lógica y de triunfar con la alternativa con que se nos amenaza, se puede sufrir un retroceso muy importante; volver a los tiempos anteriores de la I Revolución Industrial, con los trabajadores desorganizados y desestructurados, habiendo perdido casi todas sus conquistas sociales y políticas. El fenómeno de la individualización de las relaciones laborales, el tener a los trabajadores divididos entre los que trabajan y los parados, entre los fijos y los eventuales, los regulados y los irregulados por el mercado legal de trabajo, los “nacionales” y los “extranjeros”, sin una alternativa sindical clara conduce a una nueva derrota de la que será difícil recuperarse. Los sectores como los pensionistas, jóvenes y mujeres, los mas afectados por la precariedad y el desempleo los dos últimos, y por las pensiones de miseria los primeros, necesitan de propuestas sindicales, medios organizativos, solidaridad de clase e intervención si no queremos que se alejen cada vez mas de los sindicatos.

         La CEOE cierra filas frente a los trabajadores. Desata la campaña de culpabilizar a los trabajadores de la crisis y plantea desestructurar los conceptos salariales, atacando el salario fijo, que se les facilite liberarse de trabajadores en los momentos de crisis y disponer del despido gratis y a su antojo, disponer de la mayoría de los asalariados como les venga en gana mediante la precariedad y la eventualidad, además del mercado irregular de trabajo, e imponer turnos de trabajo, categorías profesionales, ritmos de producción sin ni siquiera discutirlos con los sindicatos, todo ello en nombre del sacrosanto mercado y la sagrada cuenta de explotación. No se tiene en cuenta que en los periodos de crisis hay quien se enriquece más aún. La Bolsa ha subido 40 puntos, la Banca mediante el ajuste de los activos está evadiendo beneficios y el dinero negro no solo no aflora sino que está al orden del día. No se plantea por su parte ni una reforma fiscal que penalice a quien mas recursos tiene, ni una reforma de la obsoleta Ley de Sociedades Anónimas, al contrario en un país donde en un año se han incrementado las quiebras y las suspensiones de pagos en un 140%, el delito fiscal no se castiga. Con todo este panorama el nuevo Gobierno va a profundizar en las recetas neoliberales y desreguladoras, en privatizaciones de sectores rentables y en el simple cierre de lo que sobre, e incrementar la presión fiscal sobre las ya esquilmadas rentas salariales. De ahí los aumentos de los impuestos indirectos, y la supresión de listas enteras de medicamentos que hasta ahora se financiaban en parte por la Seguridad Social.

         Hoy es necesario un giro en la política sindical a nivel confederal, se ha de asegurar la defensa de nuestras conquistas, nuestro empleo y el mantenimiento adquisitivo de nuestros salarios a toda costa, a través de la movilización sostenida. Demostrando el espíritu resistencialista que todavía existe en la clase obrera, el cual  ha impedido todavía que el capitalismo monopolista aplique sus medidas para salir de la onda larga. De esta manera se consigue una agudización de la lucha de clases que puede generar condiciones objetivas y subjetivas para un cambio revolucionario. Por lo contrario, la recuperación de la tasa de beneficios a costa de lo dicho anteriormente, significaría la derrota de la clase obrera y el triunfo de un nuevo modelo de dominación política y social del capitalismo imperialista.

         La alternativa pasa por la elaboración de una Plataforma de Alternativa Sindical, que tenga como objetivo principal el mantenimiento de las conquistas sociales de los trabajadores y la creación de empleo:

1-Causalidad en la contratación: ha puesto de trabajo fijo, contrato fijo.

2-Readmisión de todos los despidos improcedentes.

3-Defensa de la política industrial activa, aumentando la inversión publica en infraestructura, vivienda, medio ambiente, Formación e Investigación y Desarrollo.

4-Reforma fiscal progresiva que combata el fraude y la especulación financiera improductiva, gravando la inversión financiera especulativa, reforzando el impuesto de sociedades y creando un impuesto sobre las grandes fortunas.

5-Control de los precios en los servicios y sectores oligopolistas.

6-Desarrollar el carácter público de la Salud, la Enseñanza y ampliar el sistema de protección social: pensiones y desempleo.

7-Eliminación del pluriempleo en base a una legislación que lo penalice, conversión de las horas extras estructurales en empleo, suprimiendo las habituales, y legalización del mercado irregular de trabajo.

8-Reducción del déficit publico en base a la reducción del gasto militar y policial.

9-Reforma agraria en el campo.

10-Regulación por la ley de la dedicación de una parte de los beneficios empresariales y financieros a la inversión productiva y de empleo.

Notas:

(1)    Aquí hay que distinguir claramente lo que es productividad de lo que es una simple intensificación de los ritmos de trabajo. Se manifiesta una intensificación de los ritmos de trabajo cuando con una tecnología constante y un mismo número de trabajadores se produce en la misma unidad de tiempo una mayor cantidad de mercancías. Por el contrario, se manifiesta un aumento de la productividad del trabajo, cuando dentro de un mismo ritmo de trabajo, la misma cantidad de trabajadores produce una mayor cantidad de mercancías. Ello es debido por la mayor eficacia técnica de los medios de producción. El rendimiento del trabajo resulta de la suma de los factores de intensificación de los ritmos más productividad (progreso tecnológico).         

(2)    (Las causas que llevaron a un incremento persistente de la tasa general de ganancia en la última década del S.XIX fue la repentina inversión masiva en las colonias del capital excedente exportado de los países imperialistas, que produjo una caída considerable de la composición orgánica del capital a escala mundial, y una brusca reducción del precio del capital constante constante circulante.

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