EN TORNO A LOS DILEMAS DE MIRAS

      

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      Miguel A. Montes Orellana   

Barcelona, 19 de mayo de 2.003   

Corregido  el 25 de agosto de 2.004 en el punto 15º

Hace poco más de 1 año que salió a la luz pública el trabajo firmado por J. Miras y J. Tafalla titulado “Dilemas del comunismo, a caballo entre dos épocas” (1), trabajo que realiza un balance voluntarista y positivista sobre la situación de la crisis actual por la que atraviesa la propuesta comunista.

      Tal artículo forma parte de los análisis de la época, donde la terminología y el análisis dialéctico-marxista cede el sitio a la metafísica, el positivismo y la ficción. Existe una parte importante de la intelectualidad con raíces marxistas que se están dejando llevar por la moda con adjetivos como sociedad civil, pensamiento único, globalización, etc., como si fueran términos supranaturales que superan nuestra capacidad de conocimiento frente a los “muy” novedosos paradigmas históricos, e ignoramos las cuestiones fundamentales de la teoría marxista para la investigación y las propuestas frente a las nuevas realidades, aunque más tarde se tenga que volver a ellas, empujados por la dialéctica de los acontecimientos.

      Creo que el artículo Dilemas… y posteriores de Miras (Una oportunidad para la refundación de la política, La constitución de la multitud en movimiento: la génesis de la democracia) parten de un presupuesto teórico no marxista y determinista, elaborado a finales de la década pasada, que se sintetiza en el trabajo de Miras Las facultades antropológicas que fundamentan la democracia” (2), que entra dentro de una nueva tradición que yo considero como parte de la apatía general que domina el pensamiento general de cierta izquierda. Apatía y repliegue teórico e ideológico ante lo que ha supuesto el fracaso de modelos de transición al socialismo y la situación de reflujo revolucionario por la que hemos padecido en la última década del siglo pasado. Apatía en la que algunos como respuesta no han encontrado mejor carta de recomendación que colocarse en la defensiva y bajo la renuncia del sujeto revolucionario y del partido comunista de masas en el marco del capitalismo actual. Y eso pese a que contradictoriamente hasta no hace mucho defendían lo contrario. No puedo interpretar de otra manera la posición actual de quienes hace poco escribían cosas como ésta:

“La concepción de los comunistas como un Estado mayor que, al margen de las masas deciden lo que éstas deben de hacer, cómo y cuando, mientras las masas esperan anhelosas, y por su propia voluntad, libres de coacción, la nueva buena, y son convencidas y ayudadas a comprender, que es una enfermedad infantil que jamás se ha dado; ni en la relación de los comunistas con las masas, ni en la relación de la dirección con las bases” (3).

Y esta otra de Miras, que analizaba la conversión del PSUC a fines de los 70 y principios de los 80, de partido vanguardia de masas a partido cerrado que se estructura en el ámbito territorial, no sectorial, concentrando su labor exclusivamente en las tareas institucionales de representación en los organismos del Estado burgués, abandonando la labor política y social de organización comunista entre las masas:

“El nuevo modelo” de partido “dejaba de considerar a la militancia comunista agentes de organización de masas, para concebirlos como propagandistas y difusores de ideas y programas” (4).

No puedo entender esta posición reafirmadora de los partidos comunistas de masas como portadores de la socialización política y la teoría revolucionaria, producto de la vinculación en la praxis con las masas, con la posición mantenida en el artículo Dilemas del comunismo, sobre la desaparición de los partidos comunistas como vanguardia de masas (PCs). El dilema consiste en: o existen los partidos comunistas como entidades revolucionarias de vanguardia formado por un intelectual colectivo de comunistas ligados a los movimientos de masas tal y como lo entendía Marx en el Manifiesto (5), o existen los partidos de especialistas al margen de las masas integrados en la práctica política legal del sistema entendiéndola como un fin y no como un medio de lucha más. Podemos cambiar el nombre, partido, movimiento, frente, pero la relación vanguardia-masas sólo tiene dos direcciones, aunque también existe la negación de la praxis política, y la confianza en la espontaneidad en las masas, algo que por lo escrito hasta la fecha es patrimonio de las posiciones reformistas o anarquistas y no de las que se reclaman comunistas.

Creo que es interesante de forma literal punto a punto responder desde una posición dialéctico-marxista, a los 15 puntos que Miras y Tafalla argumentan en el citado artículo, sacando a luz su posición fundamentada en el voluntarismo confeso por los autores y el positivismo que también encierran en sus conclusiones ¿definitivas?.

1.       Nos encontramos ante el final de la forma histórica que ha adoptado el comunismo en el S. XX en Europa: el partido comunista de masas.

El Partido comunista no es un fenómeno único del S.XX ya éste fue una necesidad presente tanto en los escritos de Marx y Engels (Manifiesto, La guerra civil en Francia, correspondencias, etc.), donde éstos consideraban al partido como parte del movimiento obrero, y no precisamente ajeno a él. El Manifiesto del Partido Comunista surge en parte como reacción contraria a la asimilación del movimiento obrero por la democracia pequeño burguesa, de ahí de tanto Marx y Engels insistieran de la organización de los comunistas en partido independiente para sustraer a la clase obrera de las posiciones y la dirección de los demócratas pequeño burgueses.

2.       El comunismo sobrevivirá. Realizando una apuesta-deseo y visionaria (augurio), haciéndolo desde el voluntarismo.

      El comunismo no es una utopía, ni un fin visionario alcanzable independientemente de las condiciones de las luchas de clases y la organización revolucionaria de las masas.

3.       Han entrado en crisis irreversible la forma que adoptaron los partidos comunistas y todos los partidos de masas, tanto los de derechas como los de izquierdas.

      Los partidos de masas, donde impera la división social, entre los cuadros e intelectuales con respecto a la militancia de base, cuadros dedicados de lleno a la actividad en las instituciones, manteniendo y reproduciendo el divorcio entre el vértice (los cuadros saben lo todo con plan carrerista no revolucionario) y la base (militancia amorfa pega-carteles y repartidores de programas electorales). Estas organizaciones son la característica weberiana de los partidos de masa, como máquinas electorales organizadas a nivel territorial que caracterizan tanto a los partidos burgueses (PP, CiU, PNV) como a los partidos reformistas (PSOE, IC, ERC…). Es lo que está de moda precisamente y por desgracia sin síntomas de crisis. Los PCs de masas como organizaciones auténticamente revolucionarias, se encuentran en retirada, no por una crisis, sino como resultado de la lucha de clases en un período de reflujo todavía no superado-asumido y reasimilado para re-activar en la praxis.

      Es verdad que hay organizaciones comunistas, pero de cuadros y con relativa influencia en las masas. Tampoco debemos de falsear la verdad hablando sólo de la formación social española, hay otros PCs en Europa que no han perdido su carácter de masas (RC, KKE de Grecia, PCP…), los cuales cuentan con miles de militantes y cuadros como activistas y dirigentes en frentes de masa, partido y labores institucionales.

4.       Ha desaparecido el instrumento político que ha permitido la participación de las masas en política.

      Si el instrumento político es el keynesianismo. Según argumentan los propios autores. Nada más lejos de la verdad. El keynesianismo nunca ha sustentado el instrumento político de los PCs de masas, sí de la socialdemocracia y de la estrategia eurocomunista de la década de los 70. La base de los PCs de masas era y es, como no puede ser de otra manera, la ideología revolucionaria, comunista, el instrumento político la organización de las masas en un proyecto transformador y revolucionario. El Estado de Bienestar puede ser un arma reivindicativa, pero nunca se ha confundido orgánicamente como el instrumento político de los PCs dignos de tal nombre.

      El papel del movimiento obrero en la lucha contra la dictadura y por la hegemonía frente a la burguesía se basó precisamente en el auge de la movilización y la organización social y en el papel dirigente de la clase obrera como fuerza motriz antagónica inmersa en el proceso de industrialización capitalista de Catalunya y España. El PCE y el PSUC, fueron capaces de impulsar y organizar aquellos elementos de lucha que iban surgiendo en las fábricas, las barriadas, las escuelas, fue capaz de articular y DIRIGIR activamente la solidaridad clasista de los explotados, dotándose de una estrategia revolucionaria ligando la lucha contra la dictadura franquista a la lucha por el socialismo. Precisamente los buenos resultados electorales de otras épocas de los partidos comunistas se basaban en la capacidad que tenían de articular y dirigir el movimiento obrero y popular en la lucha de clases desde la movilización y la organización social en torno a la estrategia revolucionaria, era la época en el que el marxismo estaba de moda, era la época en la que PCs que sin disponer de grandes maquinarias electorales cosechaban grandes resultados electorales en los 70 (PCI en Italia, PSUC en Catalunya, etc.).

      Esta forma de hacer política (trabajo de barrizal) se abandonó, de la misma manera que se abandonó la estrategia revolucionaria (ruptura democrática), que fue la que cosechó la crisis en la conversión de los PCs de masas en partido de cuadros enteramente especializados en las labores institucionales.

5.       La desaparición del proyecto político organizativo concreto, histórico, del partido de masas ha sido el resultado de la desaparición histórica de la base social genética en la que estos nacen.

      La base genética es la fábrica fordista. Aquí también es muy falso que la fábrica fordista como se conocía haya desaparecido, en todo caso se han transformado. Las fábricas constructoras de automóviles por ejemplo ya no producen integralmente en términos jurídicos, pero si reales, si antes SEAT fabricaba automóviles con áreas de producción, mantenimiento, calidad, investigación, servicios con un total de 25.800 trabajadores en 1.988 para fabricar 433.000 coches año, hoy se fabrican casi 500.000 coches/año con la misma cantidad aproximada de trabajadores, jurídica y mercantilmente difusos (SEAT, Gearbox, Danza, Dumez Copisa, Ramel, VDO, etc), realmente integrados bajo un mando único de capital (la Transnacional VW), convenios diferentes, diversas profesionales y salariales, conviven junto con posibilidades de relanzamiento de la organización sindical y política de la clase, etc (6).

      Esta transformación de las grandes empresas fordistas ha sido resultado de la resolución de la crisis de acumulación, de la lucha de clases a favor del capital que evidentemente después de su victoria emergen los mecanismos de sobreexplotación de la base fordista, cuyo principal resorte son el deterioro de los costes laborales, donde para hacerse idea de la magnitud en comparación con el coste laboral de Alemania del sector del auto, éstos han evolucionado en España (fabricantes de componentes y montaje de vehículos) pasando del 47,7% en 1.980, al 65,1% en 1.990 después de una década de implantación de Transnacionales y crecimiento de volumen (Nissan, Peugeot, Mercedes Benz, VW y Opel), para volver al 47,7%  en el 2.000, después de una década de externalización y subcontratación de fases productivas y de servicios que durante los 80 fueron parte de la empresa fordista-matriz de forma integral. La base-cuna del partido de masas (fábrica fordista integrada ayer, difusa hoy) en realidad no ha desaparecido, sigue siendo necesaria su organización DESDE DENTRO, es el trabajo de trincheras paciente,  trabajo de articulación y dirección de clase, trabajo de barrizales sobre el que muestran tanta aversión los intelectuales utópicos de despacho.

      En la fase actual de recomposición capitalista de la crisis estructural para recuperar  e impulsar la tasa de ganancias del capital, se ha generado un giro de tuerca mas en los movimientos cada vez mas internacionalizados de las relaciones de producción capitalistas con la concentración y centralización de los capitales y medios de producción en manos de las Transnacionales y la oligarquía financiera, junto a la concentración y hegemonía del poder político-económico, cultural y militar de los centros imperialistas. 

      Con el efecto de un proceso de pérdida de conquistas sociales obreras y populares y la ampliación de la proletarización forzada de sectores amplios de trabajadores en los países de nueva industrialización, y la penetración de la precariedad del trabajo y fragmentación de la clase obrera como bumerang contra la solidaridad clasista, en los países capitalistas más desarrollados (EE.UU, Japón, UE). En España la estrategia neoliberal de acoso y derribo de las conquistas obreras, decretada por los denominados “gobiernos de centro” (PSOE, PP, CiU, PNV) en los últimos 15 años ha propiciado la desintegración jurídica y laboral de las grandes fábricas fordistas, configurándose una condición obrera más heterogénea y precaria.

      Bajo este nuevo paradigma si que coincido con el análisis que realiza Tafalla en torno a la precarización de la clase obrera, sobre el surgimiento de un fuerte sector de proletarios precarios al que es necesario organizar y dirigir sus luchas, pero junto al resto del proletariado y no al margen, porque es cierto que la clase obrera de nuestro país se encuentra en una situación de recomposición y derrota producto de la transición política y de la mutación del modelo fordista de producción y de la política neoliberal del capitalismo.

       Ya no estamos en la realidad de los países capitalistas avanzados de los años posteriones a la IIª Guerra Mundial (1.945-75) con tasas de paro bajas y empleo estable, sino ante una nueva realidad con una clase obrera más diversa, donde el problema del paro y la precariedad es un problema de la lucha de clases, de la clase obrera actual, y debe de organizarse desde el sindicalismo de clase y la alternativa política transformadora y no al margen en contra de la organización clasista, como un frente de lucha mas desde el relanzamiento de la conciencia de clase y la organización en el ámbito de la lucha de clases.

      La reflexión de que los PCs de masas deben de contar con una militancia activa en la organización y dirección de la clase como fuerza social alternativa, se hace quizá hoy más necesaria que nunca. Hoy tenemos una estructura social de clase fracturada, la generación de proletarios más veterana es pasto del desencanto y la comodidad, y la joven lo es del miedo y la despolitización. Los PCs tienen un gran frente de trabajo a realizar, en donde hoy las organizaciones progresistas y de izquierdas tienden a eludir la cuestión social y nacional. En este terreno, el acoso sexual, las ONGs, el racismo, etc., son cuestiones que están pasando por delante de las tareas de clase, lo cual es preocupante, cuando aquí en la estructura de clases de nuestro país, hay una distancia enorme entre la realidad social y la práctica político-social de las organizaciones de izquierdas.

      El paro y la precariedad en el empleo de la fuerza de trabajo es un efecto estructural de la crisis del sistema y debe ser abordado en el terreno de la lucha y la organización social más amplia, abriendo un frente de lucha mas donde la reestructuración capitalista provoca los fenómenos de la des-localización productiva, la precariedad y el dumping social. Ello no quiere decir ni mucho menos que debamos de abandonar tareas inmediatas que también son de la misma base social, la clase obrera, como la lucha por los derechos de los inmigrantes (que además son los obreros más precarios y forman parte de la clase obrera) como elemento importantísimo y factor de solidaridad y unidad de la clase obrera, contra la violencia doméstica, contra la guerra y el infarto ecológico, etc., sino que éstas luchas juegan un papel complementario y están atravesadas por y en el motor de la lucha de clases que es la centralidad de la contradicción principal del Modo de Producción Capitalista: capital/trabajo, proletariado/burguesía.

      Precisamente para los comunistas dignos de tal nombre, la fuerza motriz principal (la más numerosa) y dirigente del proceso revolucionario es la clase obrera, si hablamos desde el terreno del análisis marxista, y no de la abstracción metafísica socio-liberal que considera a todos “ciudadanos libres e iguales en derechos” sin mediar la contradicción clasista. La influencia del PCs de masas, se determina fundamentalmente en el movimiento obrero y sindical, puesto que el carácter de clase del partido como vanguardia de la clase obrera no viene dado por decreto sino por su incidencia en la vanguardia organizada de la clase obrera, lo cual supone la centralidad de la clase obrera en la intervención del partido en el marco de la lucha de clases, asumiendo los cambios que se están dando en la composición de la clase para articularla organizadamente.

      Todas las organizaciones que han vaciado el componente obrero han acabado abandonando su carácter revolucionario y han pasado al espacio socialdemócrata y afines. Ello no implica el no intervenir ni recoger aspiraciones de otros movimientos sociales, sino todo lo contrario, los PCs deben intervenir en todos los frentes y movimientos sociales para articular la alternativa política necesaria por transformar la sociedad luchando por la profundización de la democracia y el socialismo. Un partido que no está ligado a las masas, que no organiza, que no educa, ni es educado, ni vive ni aprende con ellas no es un PC de masas sino una organización electoral o un club de debate sobre las utopías de moda.

 

6.       La concepción de Marx y Engels no consistía en constituir una institución de vanguardia cuyo papel fuera desde el exterior guiar la conciencia de las masas.

De acuerdo con los autores del artículo, entendiendo que la dirección de las masas es producto de la relación dialéctica entre la teoría y el movimiento práctico, no algo que cae de los cielos. Pero si entendemos que el papel dirigente se difumina prevaleciendo formas organizativas de carácter abierto y horizontal como a continuación argumentan los autores, creo no poder acompañarles en la opinión, dado que ello significa de hecho la negación del papel de vanguardia del partido obrero. Marx y Engels en el Manifiesto del PC y la Circular de 1.850 a la Liga de los comunistas, defienden la posición política independiente de la clase obrera con respecto a otras clases, como la pequeña burguesía, para evitar que el proletariado sea un mero apéndice de la democracia burguesa en el proceso revolucionario:

“…el partido obrero debe actuar de la manera más organizada, más unánime y más independiente sino quiere ser de nuevo explotado por la burguesía y marchar a la cola de ésta…” (7).

En este terreno coincido más con la posición de A. Escusa (8) de que Marx y Engels hacen defensa del partido de clase y vanguardia política como fundamento para la lucha política independiente de la clase obrera en el proceso revolucionario. Recordemos la propia argumentación de Marx y Engels de la Circular:

“…desde el primer momento de la victoria es preciso encauzar la desconfianza no ya contra el partido reaccionario derrotado sino contra los antiguos aliados, contra el partido que quiera explotar la victoria común en su exclusivo beneficio… Pero para oponerse enérgica… mente a este partido, cuya traición a los obreros comenzará desde los primeros momentos de la victoria, éstos deben estar armados y tener su organización… los obreros deben tratar de organizarse independientemente como guardia proletaria, con jefes y un Estado Mayor Central elegidos por ellos mismos y ponerse a las órdenes no del gobierno, sino de los consejos municipales revolucionarios creados por los mismos obreros…” (9).

Aquí Marx y Engels no renunciaban bajo la situación revolucionaria, tomando como ejemplo el proceso revolucionario en Alemania entre 1.849 y 1.850, a que el proletariado organizara su propio poder al margen de la democracia burguesa y se dotara de su propia dirección política.

Creo no equivocarme que a veces ignoramos que la tan cacareada autoorganización de las masas sin la teoría revolucionaria puesta en acción, termina confluyendo con otras teorías burguesas, puesto que el movimiento sino se dirige evidentemente desde dentro, se degenera y aburguesa. Este defecto ya lo detectaron Marx y Engels con el movimiento político proletario más importante y de masas de la Inglaterra, el cartismo, con su sindicalización y declive en la segunda mitad del S. XIX, contagiada de la política burguesa anti-jacobina y economista que reduce la lucha de clases al terreno económico. Los autores del artículo “Dilemas…” están absorbidos por la dinámica antropologética de la organización de las masas. Es necesario que las masas se organicen, generen vida cotidiana y cultura alternativa de resistencia, ello es parte de la lucha de clases, pero ¿para qué?, ¿para owenizarse, para sucumbir en franca retirada ante las situaciones revolucionarias, por no tener claro la necesidad de tomar el poder político, para dormirse en la cima de las utopías más radicales y justas o en la aversión hacia el poder político considerado como generalmente corrupto?. La lucha de los comunistas ha sido una constante por la dirección del movimiento obrero hacia posiciones revolucionarias frente a otras tendencias de origen pequeño burgués (anarquismo, reformismo y utopismo).

 

7.       El proyecto político alternativo (del proletariado de mediados del S. XIX) fue pensado no como una delegación de funciones y tareas en el Estado, sino como la asunción de la actividad por la propia sociedad civil: la república democrática de los trabajadores.

La Comuna de París fue una auténtica delegación de funciones, de la democracia más radical que se haya conocido, pero delegada, y controlada (revocación de los elegidos por los electores y salario obrero para los funcionarios). El Estado proletario no es la sociedad civil, que además por sino me equivoco está compuesta de clases, no vayamos a pensar que el Estado no tiene sus casamatas en la sociedad civil y que la burguesía esta atrincherada única y exclusivamente en el Estado. No podemos ignorar el Estado, ni el poder político. No nos confundamos, el Estado proletario es necesario, con el apoyo de la mayoría de la sociedad civil, y con la tendencia hacia su extinción todo en tres etapas, lucha por el poder político, conquista del poder político, y disolución del poder político, mientras tanto la delegación o mediación es necesaria en todos los Estados mayores, ya sean revolucionarios o contrarrevolucionarios.

8.       Base material negativa para la auto-organización política: la propia experiencia de impotencia en el control del proceso productivo. Y

9.       De lo anterior se desprende la delegación del proletariado de la dirección al funcionario político y al sindical en cada ámbito.

Gran potencia del proceso productivo deben disponer los artesanos, pequeñoburgueses dueños de comercio o taller, o trabajadores autónomos sometidos por el capital monopolista en el mundo-mundial de la etapa imperialista deificada con el nombre del Globalización, donde domina la tendencia creciente a la proletarización o sumisión al capital monopolista y Transnacional de tales fracciones y capas de clase. Gran potencia disponen quienes cuya producción no puede ser masiva ni socializada, sino autonomizada ilusoriamente al margen del desarrollo general del modo de producción capitalista. Gran potencia del artesanado desconocedor de la solidaridad clasista del minero, los jornaleros y los industriales obreros, pero capaz de disponer de un conocimiento completo profesional de un proceso productivo inútil, absorbido o supeditado por la acumulación del capital.

No podemos hacer virtud de la experiencia que rompe la regla como la madre de las reglas. Es cierto, que la Comuna parisina estuvo dominada por obreros artesanos en su mayoría (neojacobinos, blanquistas, proudhonianos, marxistas…), miembros de talleres y manufacturas (aunque ya Engels anotaba que hacia 1.871 en París, la gran industria había dejado de ser una excepción) (10), pero tanto los soviets rusos de 1.905 (iniciados por una huelga general del textil el 12 de mayo en Ivanovo-Voznesensk, para controlar el conflicto, llevar las negociaciones, controlar el abastecimiento y orden de la ciudad, etc.), como los de 1.917 (no hay que olvidar que este obrero-masa fue la base genética de la más gran revolución socialista de todos los tiempos), los de Hungría y Alemania entre 1.918-20 y los consejos turineses, estuvieron compuestos y dirigidos por obreros de la gran industria metalúrgica, textil, extractiva, etc., enfrentados precisamente a la burocracia sindical que se colocó en contra del proceso revolucionario, excepto en Rusia, donde los sindicatos apenas tenían implantación, por lo que la delegación se daba de forma democrática y controlada. O las Comisiones Obreras (11) que se levantaron contra la dictadura franquista, no fueron precisamente obreros artesanos, sino el obrero masa fordista la base de la resistencia y organización de la revuelta de clase en la España de los 60 y 70 del Siglo XX.

Es hora que tomemos nota de que no estamos ya en la etapa de transición al capitalismo. Este ya está implantado y rige la ley del valor, de la extracción y realización de la plusvalía, que gobierna y domina los vestigios y clases de transición, modos, formas de producción y circulación anteriores propios de la etapa de la libre competencia o precapitalistas, con tendencia a  la proletarización. ¿O alguien podría imaginar 100 años atrás que pequeños comercios de servicios y venta al por menor fueran absorbidos por la circulación ampliada del capital?, ¿O alguien pensaba que el capitalismo funciona al margen de la voluntad de determinados miembros de la sociedad civil y que cooperativas de consumo, experiencias de artesanado y pequeño comercio no pueden subsistir sin ser absorbidos por la lógica del capital mas tarde o más temprano?.

Precisamente el crecimiento del sector terciario no se hace a costa de la reducción del proletariado industrial, sino que este sector (el industrial) integra actividades que estaban ligadas a la pequeña producción o pequeña propiedad, llenando de proletarios el trabajo asalariado en el sector terciario, suprimiendo las diferencias salariales entre los trabajadores de uno y otro sector. Los salarios de trabajadores comerciales, de servicios y de la red pública son similares a los trabajadores industriales, ello no es por que sí, sino por que la reproducción ampliada de capital absorbe en su movimiento todas las actividades económicas convirtiendo el trabajo individual en asalariado y el trabajo asalariado en plusvalía, desvalorizando la fuerza de trabajo de los sectores integrados en la órbita de la acumulación de capital.

Plantear el retorno al estado de transición, a la economía de la pequeña empresa sería retroceder al pasado precapitalista, lo cual supondría la supresión de la acumulación ampliada de capital por la producción mercantil simple, la supresión del mercado mundial por la economía local y mercantil de la Edad Media, la supresión de las condiciones materiales (producción en masa y socialización de la producción) para acceder al socialismo, la sustitución de la socialización creciente de la producción por la producción dispersa de los gremios con maestros, oficiales y aprendices de carácter corporativo y explotador, lo que no sólo es ilusorio, sino reaccionario, porque lo objetivo es la tendencia del desarrollo del modo de producción capitalista en el marco de las formaciones sociales, es la realidad objetiva que marcha hacia delante con progresos, retrocesos y saltos, dialécticamente. Lenin lo expresaba de esta manera:

“Lo propio de la burguesía es crear e impulsar truts, enviar mujeres y niños a las fábricas, arruinarlos en ellas, gastarlos y hundirlos en la mayor de las miserias. Nosotros no reclamamos una evolución de este tipo, no nos adherimos a ella; por el contrario la combatimos. Pero ¿cómo la combatimos?. Sabemos que los truts y el trabajo de las mujeres en las fábricas representan un progreso. No queremos retroceder al artesanado, a un capitalismo no-monopolista y al trabajo de las mujeres en el hogar. ¡Nuestro deseo es ir a través de los truts y más allá de ellos hacia el socialismo!” (12).

Marx, adentrándonos en El Capital, cuando explica la tendencia histórica de la acumulación capitalista, señala la expropiación del productor directo por el capital, donde la gran masa del pueblo es expropiada de sus medios de trabajo por el capital, con lo que la pequeña producción y control/propiedad del trabajador sobre sus medios de producción, tiende a ser superada, absorvida, sometida y proletarizada por la gran propiedad y producción capitalista. Pero eso no es más que una realidad objetiva patente, lo que Marx destaca es que el proceso de socialización de la producción, basado en la expropiación-concentración de capitales fundamentado en la explotación del trabajo ajeno, engendra una forma de trabajo superior, la cooperación de trabajadores donde la división técnica es supeditada a la división social. Marx enuncia la cooperación del trabajo y la socialización de la producción como bases  materiales constitutivas del futuro modo de producción, que ya entran en contradicción con su envoltura capitalista, donde el proletariado como negación de la negación no restaura la pequeña producción, sino que expropiando al capital, retiene la cooperación del proceso de trabajo socializado sobre la base de la propiedad colectiva y la asociación libre de los trabajadores, libre de la explotación asalariada.

¿Acaso Marx y Engels no denunciaron como perniciosa para la revolución proletaria la posición proudhoniana de la pequeña propiedad y la pequeña producción que traía como consecuencia la negación sobre la organización de la clase obrera tanto sindical como políticamente?:

“Proudhon, el socialista de los pequeños campesinos y maestros artesanos, odiaba positivamente la asociación. Decía de ella que tenía mas de malo que de bueno; que era… como un grillete puesto a la libertad del obrero; que era un puro dogma, improductivo y gravoso, contrario por igual a la libertad del obrero y al ahorro de trabajo; que sus inconvenientes crecían mas deprisa que sus ventajas; que por el contrario la libre concurrencia, la división del trabajo y la propiedad privada eran otras tantas fuerzas económicas. Sólo en los casos excepcionales –así calificaba Proudhon la gran industria y la gran empresa como, por ejemplo, los ferrocarriles, estaba indicada la asociación de los obreros” (13).

Sin lugar a dudas alguien piensa en la esperanza sin fundamento científico y con fundamento utópico, alguien quiere ignorar las fuerzas productivas y las relaciones de producción vigentes e inducir la lucha de clases desde el voluntarismo antropológico de la resistencia de la sociedad civil a los cambios que la propia lógica de acumulación de capital y la lucha de clases generan.

La clase está en constante transformación como realidad cambiante resultado de la lucha de clases, una derrota significa grandes cambios del trabajo, mas explotación.

Resistir es necesario, pero con alternativa de futuro, organizando el presente, no con reminiscencias del pasado, ni con ejemplos que rompen la regla, tratando de buscar sujetos revolucionarios del baúl de los recuerdos que sólo pueden ser aliados o contrarios del proletariado actual, vivo en carne y hueso, en la coyuntura histórico-concreta de la lucha de clases. Depende de la política de alianzas para conformar el bloque histórico, depende de la organización  de tales aliados en torno a un Movimiento socio político en lucha por el socialismo, depende del resultado final de la lucha de clases en la coyuntura concreta.

El esquema empleado por los autores del artículo, no sólo es voluntarista, sin dejar de ser utópico, sino que también es determinista, porque liga las transformaciones revolucionarias a un tipo de relación de la clase obrera con los medios de producción (fuerzas productivas) separando las relaciones de producción que rigen tales fuerzas productivas, es confiar en el evolucionismo y al final negar la necesidad dialéctica del salto o ruptura revolucionaria, porque la impotencia sobre los mecanismos productivos lo lleva tanto el obrero culto como el obrero masa. O hay control democrático de clase o hay dictadura de clase burguesa fundamentada en las relaciones de producción capitalistas ¿quién controla más lo que se produce, Homer Simpson o Edwar Burns, Perico el contable o Nelson Rockefeller?.

 

10.   Las organizaciones comunistas de hoy y sus escisiones son restos del naufragio de la organización impregnada de la cultura fordista (EUiA, PCC, PSUC) en Catalunya (PCE, IU) en España, (PRC, PDS) en Italia, PCF en Francia, etc.

      Sobre este tema dos puntualizaciones. Una que no se puede universalizar los modelos, lo que puede ser cierto para España no lo es tanto para el resto. En Portugal, Francia, Grecia, Italia por poner ejemplos (PCP, PCF, KKE Y RC) hay PCs. con una militancia amplia con asentamiento en las masas y a través de miles de cuadros organizados. Otra, tanto en España como en Catalunya los PCs tienen una relativa influencia de masas, dada la escasez de militancia y de cuadros, poquitos pero buenos, pero poquitos. Y además, el componente militante de tales organizaciones es mayoritariamente obrero todavía, es decir, que no es cierto que haya habido un naufragio por la desaparición de los obreros fordistas, estos siguen existiendo, seguramente no tanto como en las novelas de ciencia-ficción. Pero curiosamente, la labor política de los PCs tanto en el Estado como en Catalunya dentro de las empresas, talleres, oficinas, tajos, es pírrica, no por naufragio sino por abandono de la labor de masas en los centros de explotación, por la territorialización de las organizaciones comunistas y la actividad de los cuadros, impregnada desde inicios de la década de los 80 hasta la fecha, donde la labor institucional sigue siendo la que prima sobre todas las labores, y de mientras la cantera de militantes comunistas, cuadros y dirigentes esta ahí delante de nuestras narices, otra cosa es no querer ver mas allá de nuestra realidad concreta, tratando de universalizar el síntoma de la apatía y la desmotivación.

      La organización de las masas, es verdad, que es dura, sacrificada, requiere tiempo de vida, es trabajo de barrizal, pero es lo que los comunistas siempre hemos hecho, no por llevar bien escrito el nombre, sino por ejercerlo.

      ¿Qué explica de forma no determinista la reducción de la capacidad de masas de un PC?. Pues precisamente los errores en la estrategia y la táctica de los partidos, que ante las coyunturas revolucionarias se desaprovechan las fuerzas sociales que organizan y de hecho se entrega el poder a la clase dominante. Así ocurrió durante la crisis más grande que atravesó el sistema capitalista después de la II Guerra mundial en el mayo del 68, y en los años 70. Y así sucedió en España, donde el PCE no acertó a la hora de caracterizar nuestra época, describiendo una estrategia (eurocomunismo) desacertada en la praxis, que se concretó de forma correcta en la dirección de la lucha antifranquista, y una vez caida la dictadura, en la renuncia a la conquista del poder político por las fuerzas sociales revolucionarias y democráticas.

      El que los PCs pierdan o no su capacidad para dirigir a las masas, depende del cómo se coloquen, si sus cuadros trabajan en los frentes de masas o no, si se acierta en la caracterización de la época y el carácter del proceso revolucionario o no, y si se acierta en la estrategia y la táctica ante las diferentes coyunturas historico-concretas o no.

 

11. Tendencia a la desaparición de la fábrica Taylorfordista como columna vertebral del movimiento obrero organizado.

      La verdad no es así. La mayoría de los obreros siguen ejerciendo la actividad productiva en procesos fordista. El ejemplo ya aludido sobre SEAT donde más del 70% de los obreros siguen realizando tareas parceladas es un dato, si vamos a empresas proveedoras o países periféricos del tercer mundo, esta cifra es más gorda todavía. Me remito a lo dicho sobre el toyotismo y en la contestación n°5.

12.   El obrero fordista no poseyó nunca los conceptos operativos, generados a partir de su experiencia de poder, en las relaciones de producción, que rompieran con la hegemonía capitalista y les permitiesen… aspirar a la superioridad política…

      Esta idea está plenamente fundamentada en el trabajo de J. Miras, “Las facultades antropológicas que fundamentan la democracia”, donde capta al nuevo trabajador calificado como portador de poder sobre su actividad:

“El nuevo trabajador posee poder sobre su actividad, a consecuencia del control intelectual tecno-científico directo que ejerce sobre ella; y genera la necesidad de expropiar de control sobre su actividad a cualquier poder externo que se le imponga” (14).

      Y más adelante continúa:

“Este tipo de trabajador conecta con la tipología, la tradición y las aspiraciones de los antiguos obreros artesanos –maestros albañiles, estuquistas, linotipistas, sederos…: gentes de oficio…Se puede comparar la personalidad del nuevo obrero asalariado intelectual y la del viejo obrero artesano con la personalidad del obrero fordista…falta de poder de éste, su experiencia de supeditación al capital y sus agentes para poner en movimiento el proceso de trabajo, en ausencia de una organización directa y colectiva de lucha que lo ponga en relación con los obreros cualificados…”. 

      Incorporo estos fragmentos para que se comprenda lo que se quiere decir:

  • Se ha encontrado el eslabón perdido de la clase obrera. El obrero culto, calificado, etc.
  • Se ha dado la vuelta al desarrollo del modo de producción capitalista, de la cooperación compleja a la cooperación simple.
  • El núcleo central de la clase obrera, ya no es la que se organiza social y  políticamente (como por ejemplo los obreros masa de empresas como SEAT, Minniwatt, Laforsa… en los años 70) sino los que con su actividad productiva portan el control y el poder de lo que hacen.
  • La plusvalía ya no se arranca como un elemento interno de la lucha de clases (capital-trabajo) sino como un factor externo, hay que expropiar ese factor externo, violento que impide que el obrero culto se apropie de sus resultados.

      Ante semejante posición determinista (clase obrera culta portadora de elementos de socialismo por conocimientos y control de actividad) solo queda comprender lo contrario, lo objetivo, no lo que nos gustaría, que la clase obrera no se identifica con una parte del todo, sino que engloba a una clase diversa dentro de la formación social concreta nacional o estatal. Comprender que el desarrollo del sistema capitalista es desigual y dialéctico, y que el desarrollo de las fuerzas productivas choca con su contrario, el dominio de las relaciones de producción, que las primeras no van separadas y sueltas sino que están condicionadas por las relaciones de producción capitalistas y la lucha de clases, que la clase obrera como productora-realizadora de plusvalía en el ciclo de acumulación completo de capital, no porta ningún dominio sobre el proceso de producción y distribución del excedente de la riqueza que ella misma genera, no es poseedora de medios de producción propios, sólo posee conocimientos y experiencias profesionales mas calificadas o descalificadas de parte del proceso global del proceso productivo-distributivo, lo que no le otorga ningún control exhaustivo sobre lo que se produce y para qué.

      Y no se va a producir ningún acto milagroso, no vamos a volver a los gremios, que aunque en el pasado dieran “intelectuales orgánicos” revolucionarios muy valiosos al movimiento obrero, y supuestamente, poseyeran como fuerza productiva un conocimiento más completo del proceso productivo, no podemos ignorar que en primer lugar ello correspondía a una fase de desarrollo de las fuerzas productivas primarias para el capitalismo, y en segundo lugar que las relaciones de explotación también atravesaban a los gremios.

      Es cierto, como decían Marx y Engels que la clase revolucionaria, era la fuerza productiva mas grande de todos los medios de producción, pero no hablaban de un prototipo de obrero, hablaban de la colectividad proletaria, pero no se quedaban ahí, no hablaban en plante positivista de cualquier proletariado culto, conocedor de las habilidades profesionales, hablaban del proletariado revolucionario, es decir del proletariado entero que entendía que sin ser una fuerza económica como la burguesía debía de constituirse en una fuerza social común antitética, donde “…la existencia de ideas revolucionarias en una determinada época presupone ya la existencia de una clase revolucionaria …” (15).

      Que cohesionada en la lucha para organizar la sociedad de una manera diferente a la capitalista, por eso era la fuerza productiva más importante, la única con capacidad consciente y cognoscitiva de organizar las fuerzas productivas emergentes cada vez mas socializadas en su movimiento espontáneo, rompiendo las relaciones de producción caducas en su no correspondencia. Pero claro, romper no quiere decir el simple evolucionar de las fuerzas productivas como cual dispositivo mecánico autosuficiente, por eso aunque las fuerzas productivas actuales encierren la base material de la revolución social, no hay en Marx dosis de positivismo, por mal que les pesen a sus malos traductores, pues también decían cosas como éstas:

“Los diferentes individuos sólo forman una clase cuando se ven obligados a sostener  una lucha común contra otra clase, pues de otro modo ellos mismos se enfrentan los unos con los otros hostilmente, en el plano de la competencia… Es el mismo fenómeno que el sometimiento de los diferentes individuos a la división del trabajo, y para eliminarlo no hay otro camino que la abolición de la propiedad privada… La apropiación de una totalidad de instrumentos de producción es ya de por sí… el desarrollo de una totalidad de capacidades de los individuos mismos. Esta apropiación se haya condicionada por los individuos apropiantes . Sólo los proletarios de la época actual, totalmente excluidos del ejercicio de su propia actividad, se hayan en condiciones de hacer valer a su actividad, íntegra y no limitada, consistente en la apropiación de una totalidad de fuerzas productivas y en el consiguiente desarrollo de una totalidad de capacidades… En todas las apropiaciones pasadas una masa de individuos quedaba subordinada a algún instrumento de producción…” (16).

      O más contundentemente:

“…la revolución no sólo es necesaria porque la clase dominante no puede ser derrocada de otro modo, sino también porque únicamente por medio de una revolución logrará la clase que derriba salir del cieno en que se hunde y volverse capaz de fundar la sociedad sobre nuevas bases“ (17).

      La lucha de clases parece ser junto a la base material del desarrollo social (fuerzas productivas, proletariado incluido) la constante del análisis marxista, donde el sujeto que para Marx y Engels se haya en condiciones de hacer “su actividad íntegra y no limitada”, no son los artesanos sino “los proletarios de la época actual” del maquinismo industrial, si subjetivamente superan en su movimiento consciente el dominio del modo de producción capitalista.

      Y es que el dominio de las relaciones de producción son las determinantes en la instancia inmediata de la lucha de clases. La organización toyotista del trabajo actual, más que un desarrollo espontáneo de las fuerzas productivas, donde supuestamente el proletariado “culto” adquiere mayor control, significa una recuperación de la ideología gremialista de empresa, un desdibujamiento de los intereses de clase, un ariete contra la organización de los “individuos” proletarios en clase, desde los coordinadores hasta los especialistas. El único camino es organizar la antitesis proletaria que ligue la defensa de sus intereses inmediatos a la necesidad objetiva de romper las relaciones de producción capitalistas, algo que ni la organización gremial ni el toyotismo, por mucho control de los microprocesos productivos que ostente individualmente el proletario, pueden aportar.

      También Marx y Engels situaban los límites de la organización gremial para la lucha de clases, para la constitución de su constante, la clase revolucionaria:

“Los oficiales y aprendices de cada oficio se hallaban organizados al interés de los maestros; la relación patriarcal que les unía a los maestros de los gremios, dotaba a éstos de un doble poder, de una parte mediante su influencia directa en la vida toda de los oficiales y, de otra parte, porque para los oficiales  que trabajaban con el mismo maestro éste constituía un nexo real de unión que los mantenía en cohesión frente a los oficiales de los demás maestros y los separaba de éstos; por último los oficiales se hallaban vinculados a la organización existente por el interés de llegar a ser un día maestros. Esto explica por qué, mientras la plebe se lanzaba, por lo menos, de vez en cuando a sublevaciones y revueltas contra toda esa organización urbana, las cuales, sin embargo, no surtían efecto alguna, por parte de quienes las sostenían, los oficiales, por su parte, sólo se dejaran arrastrar a pequeños actos que son, en realidad, parte de la existencia del mismo régimen gremial”. (18).

      Miras en el fondo de la cuestión repite la idea de los economistas del Credo (Prokopóvich y Kuskova), quienes plantearon que los sujetos revolucionarios de la revolución y la “constitución” de 1.848 fueron la burguesía, pequeña burguesía y los artesanos, que los artesanos y obreros de la manufactura eran el arquetipo de la organización de clase, distinguiendo en el umbral del siglo XX a los “obreros calificados de Occidente” del “gran demente del proletariado fabril”, donde los primeros son base material para la realización de una lucha política “con ayuda de los obreros educados en el período de la manufactura”. Para el Credo, el revisionismo de Bernstein, igual que para Miras el reformismo de nuestros días, encuentra pleno vigor a partir de la “aparición en la escena de la masa ignorante del proletariado fabril desorganizado y casi inorganizable”, al cual sólo hay que contentar renunciando a la toma del poder y “reformar a la sociedad moderna en un sentido democrático”.

      Esta teorización criticada por Lenin, llevaba a derroteros de otorgar al proletariado la inutilidad política, incapaces de la elaboración teórica y para asumir tareas de dirección política, condenándolo a la esfera de la acción económica y sindical, dejando para las “capas no obreras de la sociedad” la capacidad de dirección política, burlándose del partido obrero independiente:

“Las divagaciones sobre un partido político obrero independiente no son sino el producto de la transplantación a nuestro propio terreno de tareas ajenas y resultados ajenos”. Para los economistas del Credo era un error negar la organización de la dirección política a las fuerzas sociales no proletarias, considerando un acierto negar la organización política independiente para “una masa informe de personas dispersas”. Siendo “un perjuicio considerable” plantearse la lucha por cambios políticos y jurídicos junto a la clase obrera “que no ha planteado todavía tareas políticas” (19).

      La réplica de Lenin es conocida, desenmascaró la falsedad de que la clase obrera no hubiese participado en las revoluciones políticas en Europa Central y Occidental desde 1.848, por las libertades políticas y democráticas. Recordando además que el marxismo aparece en una coyuntura donde el apoliticismo era predominante (socialismo utópico, socialismo verdadero) y desde el Manifiesto del PC emprendió una lucha contra el apoliticismo siempre frente al tradeunionismo inglés y el anarquismo, ligando dialécticamente como un todo la lucha política y la lucha económica del proletariado, polemizando incluso con quienes negaban la importancia de la lucha económica (utopistas franceses y lassalleanos), situando por delante en el I Congreso de la AIT, la unión con el “movimiento político y social general de la clase obrera” (Lenin). Dejando claro que “el proletariado debe aspirar a fundar partidos políticos obreros independientes que tengan por objetivo principal la conquista del Poder político por el proletariado, con el fin de organizar la sociedad socialista.” Sin caer en una política sectaria que considere a las demás clases y organizaciones políticas como “una sola masa reaccionaria”, debiendo el proletariado por el contrario “participar en toda la vida política y social apoyar a las clases y partidos progresivos contra los reaccionarios, apoyar todo movimiento revolucionario contra el régimen existente” (20).

      Por estas razones, no podemos dibujar un prototipo utópico de proletario culto, como Miras pretende, descendiente del artesano u obrero manufacturero especializado, que venga a liberarnos desde arriba, abrumándonos con sus grandes conocimientos profesionales y técnicos, aquí Miras cae en la concepción elitista que supuestamente niega para soltar lastre del partido comunista, para soltar lastre con la expresión organizada de la independencia política de la clase obrera, vinculado dialécticamente en los movimientos de masas, capaz de ligarse y dirigir la actividad política y económica de la clase obrera. Hay que entender la etapa actual, en términos del desarrollo histórico y real de las fuerzas productivas, sin caer ni en el determinismo ni en el utopismo. Por eso hay que re-conocer que la cooperación simple (talleres artesanales, gremios y manufacturas) han pasado a la historia y que hoy todos los procesos de actividad de etapas de transición están supeditadas o absorbidas por los monopolios y Transnacionales. Pensar que podemos llevar un control desde un terminal informático, o una computadora, es creer en la ciencia-ficción. Los obreros multifunción o calificados suponen una minoría desde la implantación del toyotismo, y producen plusvalía como el que más durante el proceso de producción por lo que no hay fuerza externa que arrebata el resultado del trabajo, a no ser que consideremos obreros a aquellos técnicos asalariados que participan en el proceso de vigilancia y control como factor de la “nueva clase obrera” mientras el capitalista duerme tranquilo, lo que no quita que dada su condición asalariada, se puedan sindicalizar junto a la clase obrera.                                      

      Hay que comprender, que la clase obrera como condición sine qua non debe organizarse como fuerza social política para superar el capitalismo, porque el socialismo no puede desarrollarse en las entrañas del capitalismo como éste sí se desarrolló en las entrañas de la sociedad feudal. No existen relaciones de producción socialistas en el ámbito del capitalismo, aunque si existe un grado de socialización de las fuerzas productivas como base de la futura producción basada en la “cooperación de los trabajadores libres y su propiedad colectiva sobre… los medios de producción…”, socialización que aniquila la producción basada en el trabajo propio y la pequeña propiedad, accionando un proceso de expropiación, producto de las “leyes inmanentes de la producción capitalista, por medio de la concentración de los capitales”, donde

“El monopolio ejercido por el capital se convierte en traba del modo de producción que ha florecido con él y bajo él. La concentración de los medios de producción y la socialización del trabajo alcanzan un punto en que son incompatibles con su corteza capitalista…Suena la hora postrera de la propiedad privada capitalista. Los expropiadores son expropiados…La transformación de la propiedad privada fragmanetaria… en propiedad privada capitalista… se trataba de la expropiación de la masa del pueblo por unos pocos usurpadores; aquí se trata de la expropiación de unos pocos usurpadores por la masa del pueblo” (21).

      Hay que comprender que la plusvalía es actividad instantánea del propio proceso de trabajo, por que el trabajo es realizado en condiciones de explotación. Por lo tanto, no hay factor externo, no es un latiguero el que viene al final de jornada y nos quita de nuestras manos el trabajo como concepto vago de la economía política burguesa criticada por Marx, sino que la venta de nuestra mercancía fuerza de trabajo es efecto de la dinámica intrínseca de las relaciones de producción capitalistas.

      En definitiva, no podemos negar los cambios dentro de la clase, pero no debemos absolutizarlos, son producto de la lucha de clases en el marco del modo de producción capitalista que se desenvuelve en su lugar, en una formación social concreta, dentro de la cual es necesaria la unidad de la clase obrera como fuerza social revolucionaria. Unir lo diverso, los calificados, los no calificados, los desempleados, los inmigrantes, los géneros, en definitiva todos y todas; por que para la construcción del socialismo es necesario el grado de conocimiento y la capacidad de resistencia y organización adquiridas conjuntamente por toda la clase, necesario para poder gobernar el proceso productivo, junto a las alianzas con clases y categorías sociales para el proceso de transformación (intelectuales, campesinos, profesionales, capas, etc.).

      Las condiciones de poder obrero y popular no las disgrega el fordismo u otras formas de trabajo, sino el resultado de la lucha de clases en una coyuntura dada, la organización de las bases de la resistencia y la acumulación del acervo tanto ideológico como de estrategia productiva de la clase y sus propias organizaciones. Por muy cultos que sean los obreros, no quiere decir que las luchas y organizaciones de contrapoder se organicen deterministamente desde ahí, falta el factor subjetivo y eso lo aporta la capacidad de la clase. Es decir, la clase debe ser capaz de gobernar políticamente, dirigir productivamente y resistir revolucionariamente. Los comités de huelga del mayo francés que controlaron la vida en las fábricas y barrios, no eran sólo los obreros no cualificados ni sólo los cualificados la base genética de tal conflicto, era el conjunto de la clase diversa, donde curiosamente la mayoría estaba compuesta por el obrero-masa y no por el obrero disperso, y se organizaron resistentemente como antítesis a la organización capitalista del trabajo.

      No olvidemos tampoco que miles de dirigentes comunistas en España surgieron del campo, de las minas, de las fábricas, dirigieron la guerra nacional-revolucionaria, la resistencia contra el franquismo, la lucha por la democracia, padecieron el exilio, la cárcel y hasta la muerte. Los cuales demostraron tener la capacidad suficiente para abordar tareas de dirección política y de elaboración teórica. No eran obreros cultos, calificados o artesanos, pero eso nunca los hizo menos revolucionarios, ni menos dirigentes. Por eso no creo que los que nos consideramos comunistas debamos de confundir como siempre ha hecho el anarquismo, las tareas de dirección política con la burocracia. El que los revolucionarios, al margen de su origen profesional (calificado o no), se conviertan o no en una capa burocrática alejada de su clase depende del carácter que el partido tome en la lucha de clases, si es de clase y de masas o si no lo es. Y ello no depende de una entidad antropológica naturalista de una parte concreta de la clase obrera.

 

13. Tendencia de las fuerzas políticas que emanan del fordismo a la integración sistemática en el capitalismo.

      Repitamos conmigo, tendencia de las fuerzas políticas que emanan del artesanado a la integración en el socialismo reaccionario alemán del S.XIX. Tendencia del artesanado y la manufactura a la integración en el estatalismo bisckmarkiano predicado por Lasalle (Alemania). Tendencia del campesinado y la pequeña burguesía a la integración en el fascismo (Italia y Alemania). Tendencia del obrero calificado y técnico a la integración a la socialdemocracia (Inglaterra). Tendencia del obrero-masa fordista a la lucha organizada contra el franquismo, etc., etc. Es una falsedad caer en los determinismos, eso vale tanto para el punto 13 como lo que metafóricamente he escrito de respuesta, no hay universalidad de las formas, hay lucha de clases ascenso y retardamiento, victoria y derrota, el fordismo ni es determinista para la integración ni para la revolución automática de la clase obrera en o contra el capitalismo.

14. El partido como intelectual colectivo quiere decir debate y análisis de las experiencias de clase, intervención en los movimientos sociales.

Miras decía en Acerca de EUiA:

“La clase el bloque social de los explotados, no existe sino está organizado y es operante. La clase no es se crea… Las cosas las hace alguien no se hacen solas… la única tarea política digna de tal nombre es organizar a los explotados como clase” (22).

      Totalmente de acuerdo con esto, el partido como intelectual colectivo que debate y analiza las experiencias de la clase y los movimientos sociales, para a través de la actividad de los cuadros y militantes llevar la política a las masas para dar contenido revolucionario a la organización de la clase. Pero tampoco nos confundamos. El contenido de clase del partido también es la expresión de su carácter. Un partido que no es hegemónico en el movimiento obrero y sindical, que considere al movimiento obrero como un frente de masas mas y no el principal, es un partido en descomposición, donde se confunde la vanguardia política con la mediación, la actividad política del partido, con una coordinadora de frentes de masas. Por eso no se puede entender esta otra posición:

“Las organizaciones típicas de empresa, que se asentaban sobre el trabajador fordista se disolvieron, llevando a los sindicatos al borde del abismo y a tener que entregarse al Estado para poder financiarse…” (23).

      Si estamos hablando de organizar a la clase como principal tarea política, no podemos negar la organización del partido en la empresa, lo mismo que en el barrio, el centro de estudios, etc. Caer una y otra vez en el determinismo no es una virtud sino un error. Que la clase obrera fordista se ha dispersado, es cierto, pero que esta haya desaparecido no lo es tanto. Que el sindicalismo de clase se esté desarrollando en las empresas desplazadas, como por ejemplo el subsector de fabricantes de componentes para el automóvil en empresas de más de 200, 500 y 1.000 trabajadores, donde el crecimiento del sindicalismo y la representatividad crece mas deprisa que en las empresas matrices ya implantadas. Esa es la realidad que hay que ver, no si las organizaciones sindicales dependen de la financiación del Estado por culpa del fordismo. Repito, es un error, y no una virtud caer en el determinismo, ver en un modelo, en unas formas de organizar la explotación la causa de todos los males. Creo que con esto no nos acercamos sino que nos alejamos de la lucha de clases y del materialismo histórico.

15. Las formas de trabajo cambian cada vez mas y exigen de una fuerza de trabajo más culta.

      Por último y para remate final otra vuelta al determinismo. De los nuevos cambios productivos se saca la conclusión de obreros cultos por todas partes, y sino existen, lo pintamos. Da igual que en una empresa donde el toyotismo se ha impuesto sólo un 25% de obreros sean considerados por su remuneración y calificación los más cultos, mientras el resto (la mayoría) no son obreros masa (por que estos ya han desaparecido como base del fordismo) y como no son culturizados, simplemente no existen, genocidio hacia la memoria histórica del pasado y del presente. Da lo mismo, porque si limitamos los medios de producción a la sabiduría de los trabajadores adquirida con una gran capacitación profesional, dado que los medios de producción materiales ya se han socializado (unidad obrero-medio de producción) ¿para qué exigir la abolición de la propiedad privada sobre los medios de producción?, solo basta con que el obrero culto se revele y deje de utilizar el medio de producción únicamente existente en este país de las maravillas, el intelecto al servicio del capital. Así de esta manera en el mundo no-ficción los capitalistas podrán reírse y descansar con tiempo de sobra. 

      En este sentido es ilusorio pensar que con reclamar únicamente la experiencia de la gente bajo el proceso de explotación imperialista-capitalista se vaya a transformar algo más allá de la realidad de la lucha de clases. Poniendo un ejemplo del día, la tantas veces aludida experimentación zapatista de los subcomandantes, ignoran que el EZLN no tiene claro ni a largo plazo la necesaria conquista del poder por los explotados y oprimidos para sustituir las relaciones de producción caducas por las socialistas, no tiene claro de trasplantar el contra poder-presión al poder organizado como dominación de clase o de pueblo como bloque histórico. Por mucha antropología democrática, por muchos conocimientos adquiridos y necesarios para la futura etapa socialista, si el salto revolucionario no se produce, es difícil creernos la implantación real del socialismo ni por las propias masas, tanto como ni por la tan temida burocracia. Es imposible la expropiación definitiva de los expropiadores capitalista sin dar ese paso.

      Y tomando otro ejemplo del día, el gran desarrollo de las fuerzas productivas actuales de los países del capitalismo más avanzado (lo culto inmaterial, o sea conocimientos adquiridos por la clase sobre el proceso productivo, y lo material, los medios de producción sofisticadísimos) ya sirven para pasar a otras relaciones de producción socialistas, pero como no vivimos en el mundo de la metafísica sino de la dialéctica, de la lucha de clases, es necesario que medie el proceso alternativo que suprima la oposición dialéctica, es decir las relaciones de producción capitalista y lo que conlleva consigo. Las fuerzas productivas forman una unidad dialéctica con la lucha de clases. Por el contrario, la versión economista de la IIª Internacional y los dirigentes soviéticos, tergiversaron el planteamiento marxista del Prólogo de 1.859 sobre la crítica a la economía política, provocando una desviación economicista de fuerte implantación en el marxismo, que no entendía que la lucha de clases es “en última instancia, la unidad de las relaciones de producción y de las fuerzas productivas” (24), que no veía la materialidad de la lucha de clases, separando las fuerzas productivas de las relaciones de producción y estas de las clases y su conflicto.

      Pero a vueltas con el tema sobre el reduccionismo de la clase obrera a un sector de la misma (confundiéndola con lo que es una tendencia histórica hacia la totalidad de la clase), contra esta enfermedad que atraviesa todos los tiempos, recomiendo la lectura de este párrafo de Engels, cuando trataba sobre los obreros cultos ingleses, que siendo tan cualificados y remunerados en el terreno ideológico se asemejaban a cierta aristocracia obrera denunciada por Lenin:

”…Mientras duró el monopolio industrial de Inglaterra, la clase trabajadora inglesa participó, en cierto grado de las ventajas de este monopolio. Estas ventajas se distribuyeron muy desigualmente entre la clase trabajadora; la minoría privilegiada se apoderó de la parte mayor… Lo que yo considero de mucho mayor valor que esta momentánea moda de arremeter en grande, en los círculos burgueses, con una aguada solución de socialismo… es el despertar del East-End de Londres. Este inmenso campo de la miseria, no es más el cenegal estancado que era… ha sacudido su inerte desesperanza; ha vuelto a la vida convirtiéndose en la patria del Nuevo Unionismo, esto es de la organización de la gran masa de los obreros no técnicos. Esta organización puede en algún sentido adoptar la forma de las viejas uniones de los obreros técnicos, es con todo de carácter esencialmente distinto. Las viejas uniones conservan las tradiciones del tiempo en que fueron fundadas; consideran el sistema de salario dado de una vez por todas, como un hecho definitivo que en el mejor de los casos, pueden modificar un poco en interés de sus asociados…Las nuevas uniones, por el contrario, fueron fundadas en una época en que la confianza a la eternidad del sistema de salario era violentamente alterada. Los fundadores y los protectores de estas nuevas uniones eran socialistas conscientes o de sentimiento; las masas que afluyeron a ellas, y en las que reposa su fuerza, eran incultas, descuidadas, no tenidas en cuenta por la aristocracia de la clase trabajadora. Pero ellas tienen esta inmensa ventaja: sus espíritus son todavía puros, completamente libres de la herencia de los respetables prejuicios burgueses que confunden las cabezas de los viejos unionistas mejor ubicados. Y así vemos ahora como estas nuevas uniones toman la dirección del movimiento obrero, y cómo estas cada vez mas llevan a remolque a las ricas y orgullosas viejas uniones “ (25).

      Esta era la queja dirigida hacia una clase obrera cualificada (culta) que después del declive del cartismo, durante casi 50 años se había aburguesado, que excluía de sus organizaciones sindicales a los trabajadores no cualificados y a los inmigrantes irlandeses, a los que trataban con desprecio. Engels no se equivocaba poniendo la esperanza en la nueva clase obrera no cualificada de su tiempo que empezaba a organizarse bajo un contenido clasista a raíz de la Segunda Revolución Industrial con los cambios de la industria del metal y la gran fábrica, dando lugar al nuevo sindicalismo, con contenido de clase más radical que las viejas uniones obreras. Por lo que no es condición sine qua non ni la exigencia de una clase obrera más culta, ni que esta vaya a ser la única existente, ni la base exclusiva de una organización política y sindical revolucionaria, lo cual hasta la fecha no se ha demostrado, salvo en la Comuna parisina, hace ya 132 años. Tampoco podemos olvidar que esa denominada nueva clase obrera, de técnicos y especialistas, convertidos en parte de la burocracia, campeaba a sus anchas en la URSS como perfil antropológico, del “buen comunista”, superemunerados por su trabajo complejo medido en “calificación”, pero no en cantidad, contraviniendo la teoría de Marx sobre la medida del tiempo de trabajo en el socialismo. Este personal dirigente de la economía que englobaba ya a fines de los 50 del siglo pasado, personal técnico e ingenieros de la industria y agricultura, directores de fábrica, de cooperativas, de servicios comunales y personal de estadísticas y contabilidad, sumaban 7 millones aproximadamente, distando mucho de la idea que preconcebía Lenin de una socialización creciente de las tareas de dirección de la economía y la producción a decenas de millones de trabajadores y obreros.

      No obstante, sería contraproducente ignorar que antes de la revolución la experimentación de los conocimientos adquiridos del proceso productivo, por un proletariado culto puestos al servicio de una actividad prerrevolucionaria del colectivo proletario (instauración de control obrero) son de inestimable ayuda al futuro socialista. Pero como ya se demostró en la URSS, ante la ausencia de un proletariado con capacidades para la administración técnica del proceso productivo, si dicho conocimiento no se socializa al conjunto de las masas en pleno como pensaba Lenin, sino se supera la barrera entre ciencia y trabajo, es difícil realmente la construcción del socialismo, de la misma manera que es imposible bajo las relaciones de producción capitalistas que la clase obrera pueda controlar la actividad productiva completa, directiva y “cultamente”, al no poseer ni la propiedad jurídica ni real de los medios de producción.

      Dicho de otra manera, una condición favorable para el desenvolvimiento satisfactorio de las tareas socialistas de control productivo y dirección económica significa acercar el control económico y político a toda la clase. Tanto para Marx, como para Lenin y Gramsci el nuevo poder proletario debía encarnar la capacidad para las dos tareas, una expropiar a los expropiadores y otra dirigir el proceso productivo y de distribución de la riqueza social, partiendo de la imposibilidad de implantar el socialismo sin la conquista previa del poder político y sobre la base del fracaso de la producción y la distribución de la riqueza disponible. Dialécticamente, para lo primero es necesaria una clase obrera experimentada en las tareas y el sacrificio revolucionario, y para lo segundo esa misma clase obrera debe elevar sus conocimientos técnicos, sean precarios, suficientes o superdotados, una vez instalada en el poder político.

      Lo que ni mucho menos significa la creación de un cuerpo especializado permantente, ya sean componentes de la burocracia estatal y fabril anterior o de la nueva, sino la socialización de los conocimientos y el control colectivo de toda la clase como tendencia, en vez de segregarlos, donde sólo una parte (los técnicos) sean los garantes de la dirección tanto económica como política, apartando a los obreros masa especializados. No se trata de sustituir al patrón y al ministro capitalistas únicamente por el obrero técnico y profesional en la esfera de la administración. Porque no es que haya una clase obrera para la conquista del poder y otra diferente para la construcción socialista, con la pérdida de la tradición y hábitos revolucionarios, sino la misma clase obrera que ubicuamente hace la revolución a priori y construye el socialismo a posteriori, productiva y culturalmente, donde se valoran los valores tanto técnicos como morales y de dedicación revolucionaria. ¿O es que los obreros masa no pueden llegar a ser directores de fábrica, o miembros del poder político? ¿Es campo vedado para los técnicos el control y dirección de la economía y la política? ¿Sólo son buenos comunistas, los que adquieren un conocimiento técnico completo?, etc.

      Es cierto que el Marx de los Manuscritos veía al artesano de los talleres y manufacturas de cooperación simple, el cual controlaba cada fase del proceso productivo, y no veía en el desarrollo de las fuerzas productivas una evolución hacia una división técnica del trabajo con la especialización de los obreros en partes de una producción global que se les escapa del control. No había llegado todavía a la Crítica de la Economía Política. Era la concepción antropológica del retorno a la naturaleza humana, la esencia del trabajo creador. Pero ya el Marx de El Capital y mucho antes, descubre al proletariado de la gran industria, la cooperación compleja del proceso de trabajo, la alta división técnica, con el obrero especializado que sólo abarca una diminuta parte del proceso productivo. Aspecto que se mantendrá en las relaciones de producción socialistas, a no ser que reivindiquemos también el retorno a la naturaleza o a la etapa transitoria hacia el capitalismo, porque una cosa es poner fin a la división social del trabajo manual/intelectual, campo/ciudad, política/economía, tender hacia la liberación de tiempo libre para el desarrollo del productor como fuerza productiva principal capaz de conocer diferentes especialidades y tareas, y otra bien diferente es pretender abolir la inevitable división técnica de cualquier proceso de trabajo intelectual, manual o recíprocos.

      En el socialismo la división técnica es inevitable que subsista, no así la división social borrada de la faz junto a la propiedad privada que la sustenta, la diferencia con el capitalismo es que el resultado del trabajo ya no lo controla el capital como patrón, sino que la pérdida por el productor particular del control del proceso de producción bajo el capitalismo, en el socialismo pasa a manos del control del obrero colectivo a través de las mediaciones democrático-proletarias: sindicato de clase y Estado proletario, instaurándose el control social, donde cualquier obrero coyunturalmente puede asumir al margen de su profesión  (supercalificada o no) responsabilidades de dirección, donde subsiste una tendencia hacia la socialización del tiempo libre necesario, por medio de la reducción de la jornada laboral, para el desarrollo de las tareas de dirección y responsabilidad, la adquisición de los conocimientos necesarios, el intercambio de oficios que caracteriza a un desarrollo multifacético, etc. Así lo entendían los Marx y Engels como comunistas científicos, sobre todo éste último cuando argumentaba irónicamente en el Anti-Dhuring que menudo socialismo sería aquel que perpetuase a los carretilleros de profesión.

      De todas maneras, en ninguna fase del desarrollo del capitalismo los obreros (artesanos, oficiales, masa, etc.) individualmente adquieren conocimientos completos del proceso productivo de toda la sociedad, lo que el nuevo poder proletario hereda son los conocimientos colectivos de toda la clase, porque la clase obrera sólo será culta en pleno por medio de la conquista del poder y el desarrollo del socialismo, lo previo sólo son antesalas, por ello es necesario que de inicio tanto el ejercicio del poder político y de dirección económica sea ejercido por toda la clase obrera sin segregaciones. Es decir, Pepito Pérez puede saber mucho de dirección y organización de la producción en una empresa dada su alta cualificación (aunque no de toda la sociedad), e incluso haber demostrado en la lucha ser un revolucionario intachable, pero si los camaradas que le rodean no adquieren esos conocimientos artesanales, técnicos a medio y largo plazo, y sino ejercen responsabilidades de dirección y control ¿no estaremos reproduciendo la burocratización de las relaciones de trabajo en vez de caducar su división?. El dilema no es que haya pocos Pepitos Pérez o muchos, no hay que embotarse tanto, porque al final los conocimientos y capacidades o se socializan a través de una división técnica del trabajo, pero con un control social colectivo donde todos desde el técnico hasta el obrero especializado deciden que se produce y como, donde los productores se conviertan en la principal fuerza productiva de la sociedad o se reproducirá cierta división social a la larga. Precisamente el objetivo leninista, frente a la visión exclusivamente tecnicista que dominó en la URSS, era la elevación de la capacitación técnica de la globalidad de la clase obrera, y no la ascesión de un cuerpo especializado de proletarios técnicos, e intelectuales preparadísimos que fuesen a sustituir a la antigua burocracia en la labor de tutela política y dirección económica.

      Hablando de fuerza de trabajo culta, debemos recordar que el engrandecimiento sobre los cambios organizativos considerados como producto de la Revolución Tecnológica, también se hacía hace poco en los programas de la socialdemocracia, destacandose el laborismo británico que afirmaba:

“… la perspectiva que nos abre la revolución científica es un trabajo interesante y garantizado, una sociedad en que las máquinas están subordinadas al hombre, un mundo en el que las dificultades y las privaciones serán superadas con rapidez y donde todas las riquezas de la cultura humana serán accesible a todos y enriqueceran la vida de cada cual” (26).

      Ya sabemos el cómo se llegan a esas sociedades que dicen la socialdemocracia (al reforzamiento del capitalismo monopolista desde el Estado), que en toda Europa occidental durante los años 60 y 70 del siglo pasado, vieron en los avances tecnológicos, la liberación de la humanidad, el salvador del hombre como concepto, la superación de la clase obrera, acentuándose el protagonismo de los profesionales técnicos, los gerentes de las empresas y la intelectualidad científica, como principales portadores de progreso, como “sujetos para la transformación social”. Para la socialdemocrácia, la clase obrera no estaba preparada para ello y la revolución política era ya desde hacía tiempo innecesaria. La conclusión de la socialdemocracia fue: si conquistamos a esta “nueva clase” y la colocamos en los puestos claves del Estado, el resto es pan comido. El managerismo, fue precisamente la base teórica mas refinada de las posiciones estatalistas de la socialdemocracia, lo cual desembocó con el entrelazamiento de los aparatos de Estado, gobierno y las grandes empresas para la nueva clase, auténticos agentes del capital, que se intercambian entre los pasillos de los ministerios y los despachos de las grandes empresas. Mayor burocratismo y desprecio a las masas “incultas” imposible.

      Si Miras pretende recuperar el obrero artesano de nuestros tiempos sobre la capa técnica de la gerencia del capital, no escapa a la esfera socialdemócrata, y si se refiere a los técnicos proletarizados que generan indirectamente plusvalía (informáticos, contables, ingenieros de planos…) éstos disponen de un desconocimiento limitado del proceso productivo y las características de su trabajo enteramente intelectual y no manual, genera la tendencia a estar mas identificados con la política e ideología de empresa, haciéndose necesaria una mayor profundización y organización reivindicativa unida a la lucha ideológica de este sector de trabajadores, para desgajarlos de la influencia patronal y del Estado burgués.

      En realidad, el problema sobre la capacidad intelectual de los individuos sobre los procesos productivos y sobreestructurales no es una fuerza autónoma descubierta al margen de las relaciones de producción. Gramsci, cuando hablaba de los intelectuales (ingenieros, juristas, filósofos, políticos, etc.), no lo hacía sino desde la perspectiva de su función social, determinada por las relaciones sociales de producción. Para Gramsci no existía el no-intelectual, sino un determinado carácter de relaciones sociales que fruto de la división social del trabajo milenaria intelectual/manual, convertía al trabajo intelectual en una tarea necesaria para el desarrollo social, donde el conocimiento, la ciencia, la cultura, etc, se convierte en un cuerpo especializado.

“El error metódico más frecuente, me parece consistir en buscar ese criterio de distinción en el núcleo intrínseco de las actividades intelectuales en vez de verlo en el conjunto de relaciones en el cual dichas actividades (y, por tanto, los grupos que las personifican) se encuentran en el complejo general de las relaciones sociales. Pues el obrero o proletario, por ejemplo, no se caracteriza específicamente por el trabajo manual o instrumental, sino por ese trabajo en determinadas condiciones y en determinadas relaciones sociales (aparte del hecho de que no existe ningún trabajo puramente físico, y que la misma expresión de Taylor, gorila amaestrado, es una mera metáfora para indicar un límite en cierta dirección: en cualquier trabajo físico, incluso en el más mecánico, hay un mínimo de calificación técnica, o sea, un mínimo de actividad intelectual creadora)… Cuando se distingue entre intelectuales y no-intelectuales se refiere uno en realidad y exclusivamente a la función social inmediata de la categoría profesional de los intelectuales, o sea, se piensa en la dirección en que gravita el peso mayor de la actividad profesional específica; en la elaboración intelectual o en el esfuerzo nervioso muscular. Eso significa que aunque se puede hablar de intelectuales, no se puede hablar de no-intelectuales, porque no existen los no intelectuales… hay varios grados de actividad intelectual específica. No hay actividad humana de la que pueda excluirse toda intervención intelectual: no puede separarse al homo faber del homo sapiens. Al cabo todo hombre fuera de su profesión despliega alguna actividad intelectual, es un filosofo, un artista…, participa de una concepción del mundo, tiene una línea consciente de conducta moral y contribuye…a suscitar nuevos modos de pensar”. (27).

      Ello quiere decir, que el obrero masa no es tal por su condición sino por su lugar en las relaciones de producción, que incluso su trabajo simple y parcelado contiene un grado de conocimiento intelectual, y que también un obrero masa, piensa, puede disponer de una concepción del mundo ya sea reaccionaria o revolucionaria, etc. La formación del cuerpo de intelectuales se mantiene en el terreno de la división del trabajo, y no en el terreno de capacidades innatas como materia autónoma del devenir social. El obrero técnico por mayor condición intelectual que disponga su trabajo, no quiere decir que vaya a tener una concepción del mundo más rica que un obrero masa, porque a fin de cuentas como hemos argumentado, una vez la clase obrera ponga en sus manos el Estado y la producción, como fuerza social productiva e intelectual debe tender hacia la extinción paulatina de tal división del trabajo.

      Para terminar, no es factible identificar, como lo hace Miras, a las burocracias sindicales y políticas de la socialdemocracia a fines del S.XIX por la base genética de un proletariado con

“…la incultura y el embrutecimiento a los que se encontraban sometidos los nuevos sectores obreros que iban apareciendo paulatinamente, explica la constitución de burocracias, sindicales y políticas…” (28),

por que ello no explica el porqué el sindicalismo británico basado en los obreros de oficio calificados montaron unas organizaciones sindicales burócratas, discriminadoras y aburguesadas, como tampoco explica el socialismo lasalleano fue defendido por obreros cultos (artesanos) en Alemania, ni tampoco explica como tal masa embrutecida encabezó las revoluciones socialistas de Europa central y Rusia a principios del siglo pasado. No se explica porque Miras cae en el determinismo, por mucho velo antropologista que se utilice sobre la microorganización de la vida cotidiana, la verdad es que se ignora la lucha de clases, se ignora que la capacidad de resistencia, organización y de reproducción de formas de vida y cultura clasista del proletariado se esfuman como la niebla si el proceso de la lucha de clases no culmina con la conquista del poder político.

      Eso es lo que pasó en la época posterior a la IIª Guerra Mundial, el keynesianismo fue un recurso del sistema que permitió sumar conquistas al movimiento obrero por la correlación de fuerzas internas tanto de ámbitos nacionales como internacional, en torno a la cual se crea una cultura de resistencia proletaria, en base a los nuevos métodos de explotación adoptados por el capitalismo, formulando la antítesis en las fábricas y los barrios. La capacidad de resistencia y reproducción de formas de vida proletaria no tienen desarrollo dentro de las relaciones de producción capitalistas a largo plazo, porque mas tarde o temprano frente a la crisis estructural el dilema es demora o muerte, revolución o cambio del modelo de acumulación de capital y de formas de explotación, esa es la causa del modelo neoliberal y del toyotismo de hoy, frente a los cuales en el flujo de la lucha de clases vendrán nuevas formas de respuesta, y organización de la vida cotidiana de la clase obrera, pero esta morirá junto al modelo sino se supera el sistema, sino se revoluciona. La dualidad de poderes no es eterna, así lo entendía Lenin.

Recapitulación final: Refundación de la política a través de la multitud 

      Resumiendo para terminar. Creo entender que Miras hace del obrero artesano, probablemente identificado hoy con los técnicos, como el prototipo de sujeto revolucionario más válido para revolucionarizar la sociedad capitalista en dirección al comunismo. Opone la “autoorganización de las individualidades obreras” a la organización proletaria de masas como sujeto colectivo, primando el elemento individual del denominado obrero culto, como fundamento antropológico o determinista de la acción transformadora, pasando a omitir las relaciones de clase, de la producción, de la explotación. ¿A dónde se fueron? Quizá a ninguna parte, porque siempre estuvieron ahí, en la esencia del fenómeno, no en la apariencia, que hoy domina a muchos intelectuales, aburridos de tanto Marx.

      Cuando Miras defiende la autoorganización de las masas, cae en el tacticismo, aunque se diga lo contrario. Las masas (obreros, autónomos, pequeña burguesía, capas, etc.), se organizan espontáneamente, pero mientras el anarquismo y el reformismo se glosan de los adjetivos apolíticos y contrarios a la organización política, los comunistas partimos de la organización de las masas no mediáticas (sindicatos, AA.VV, Asociaciones de estudiantes, de consumistas, etc.), pero proyectamos nuestras propuestas de frentes de masas y nuestra estrategia revolucionaria a través de nuestra actividad entre las masas no mediáticas, no ajeno a ellas tanto como no ajeno a los objetivos políticos y revolucionarios de la teoría revolucionaria de la que nos dotamos. No por casualidad situaba Lenin, que sin teoría revolucionaria no hay práctica revolucionaria y viceversa.

      No obstante, Miras continuando su nueva (¿) andadura teórica nos plantea en su propuesta de “refundar la política”  en abstracto, la necesidad de constituir un nuevo sujeto político, el “demos”:

“El agente revolucionario, llamado a constituir un poder social y un orden alternativo no es la clase obrera, sino el conjunto de clases subalternas: el pueblo el demos. Sin la organización del demos no puede existir poder popular o democracia.” (29).

La política de alianzas de carácter interclasista, se confunde con una entidad supraclasista antes de llegar al comunismo, ya bajo los dominios del capital, donde las contradicciones en el seno del pueblo (demos) no solo no existen, sino que la clase obrera se autodisuelve. Esta idea se profundiza en un último trabajo “La constitución de la multitud en movimiento: la génesis de la democracia” (30) del propio Miras, donde esgrime un arsenal gramatical muy expresivo: plebe, demos, multitud, muchedumbre, que se constituye en opinión pública organizada, opinión pública alternativa, opinión pública popular, etc., como expresión de un bloque subalterno de poder democrático que domina la “actividad social que produce y reproduce la vida”, nuevo poder democrático que protagoniza la práctica política y disputa el poder a “la plutocracia capitalista”, donde la sociedad civil explotada por tal plutocracia lucha contra ella. Aquí Miras añade más semántica que contenido, ya que viene a decirnos lo mismo, que el portador revolucionario son las clases subalternas (demos) organizadas como poder que reproduce la producción y la vida al margen de las relaciones de producción capitalistas, y que en la sociedad civil (donde curiosamente también está incluida la burguesía) no existen contradicciones ya que el dominio de la dialéctica es la sociedad civil entera contra la sociedad política que representa a la plutocracia capitalista.

      Es bien conocido históricamente cuánto resisten bajo el envite de la lucha de clases todas esas redes de convivencia alternativas a lo existente, si el denominado sujeto político no conquista el poder, dirige y efectúa las transformaciones sociales, ya que el grado de reabsorción del modo de producción capitalista de todas las formas de producción (cooperativismo) y de vida (cultura e ideologías revolucionarias) es el que domina al final si este mismo marco no se supera en la coyuntura revolucionaria con la toma del poder, como lo planteaban Marx, Lenin y Gramsci. La “Nueva Opinión Pública alternativa” creada trabajosamente durante los años precedentes entre las masas no mediáticas, son derrumbados con tremenda facilidad en los períodos de reflujo revolucionario, por la poderosa maquinaria constructora-creadora de mecanismos reproductores del sistema. Las Tamara, Dinio, Gran Hermano, etc., pueden más en estos períodos que nuestras ideas derrotadas en la lucha, porque el pueblo no ha sido o no ha podido conquistar el poder y convertirse realmente en sujeto político dominante.

      Miras reproduce lo expresado por Hard y Negri en sus obras Imperio y Multitud. Multitud es un término pre-marxista ya utilizado por Hobbes para definir al pueblo como conjunto humano indiferente y ajeno al Estado. La explicación sociológica actual del término, define a la multitud como un agregado transitorio de personas que aparece de forma coyuntural en un lugar determinado, por medio de convocatoria y bajo estímulos espontáneos y/o reivindicativos (miting, manifestación, acto cultural, religioso, festivo, etc.). Es patente que para transitar al comunismo el sujeto revolucionario debe dotarse de una superestructura organizada que transcienda más allá de lo puntual para dirigir la producción y sustituir las relaciones de producción capitalistas por las socialistas. La multitud, no es un sujeto revolucionario, ni productor ni reproductor de la vida social y política, no es causa sino efecto de las relaciones sociales dominantes. La clase obrera en alianza con otras clases y categorías sociales puede responder puntualmente como parte de la multitud en las luchas contra la guerra, la globalización capitalista, etc, pero tales luchas que son políticas, no disuelven a las clases, sino que multiplica el efecto de respuesta y movilización, que puede y debe ayudar a la articulación de la lucha política por la superación del capitalismo y sus relaciones de producción basadas en la explotación, pero que en ningún momento llega a constituirse en una relación de fuerza suficiente que permita la producción y reproducción de una vida social superadora del capitalismo. La multitud o masa en abstracto no es el sustitutivo del sujeto revolucionario, ni siquiera es parte fundamental o principal de la dialéctica socio-histórica actual entre burguesía/proletariado-relaciones de producción/fuerzas productivas, ni tan siquiera una superestructura revolucionaria, es un efecto de la lucha de clases, es un medio que puede variar desde la izquierda (movilización anti-guerra y anti-imperialista) hasta la reacción y lo irracional (telebasura, fútbol de masas, etc), porque no olvidemos que también existen las multitudes beatas atiborradas de la religión mediática que escupe el individualismo, la violencia, la xenofobia, el miedo y lo irracional para adormecer y distraer a las multitudes de sus intereses clasistas, para reproducir la conciencia anti-clase.

      Nos engañamos si nos dejamos llevar por la situación concreta elevándola a los altares de la reificación, ya que la generación joven que hoy se moviliza supermultitudinariamente contra la guerra y contra la globalización capitalista, no es como pretende Miras una vanguardia política superadora de generaciones pasadas y futuras, no es el eslabón perdido de nuestro pasado comunista fustrado y nuestro futuro ciudadaneril esperanzador, es la generación que se mueve en la dialéctica de la lucha de clases y las contradicciones del capitalismo de hoy (principios del S. XXI), como trabajadores, como precarios, como estudiantes, etc, generación actora de la lucha de clases muy a pesar de Fukuyama, generación que puede morir en cualquier momento y cuando menos lo esperemos si ante las situaciones revolucionarias las vanguardias políticas pierden la oportunidad histórica o claudican, luego viene la desilusión y el desarme ideológico, eso ya lo hemos vivido hace históricamente poco. La teoría revolucionaria no se convierte en praxis dentro de la espontaneidad, sino que se plasma dialécticamente en las grandes luchas y en la conversión de esa generación en cuadros revolucionarios para la práctica política revolucionaria, pero bien es sabido que las organizaciones políticas que se reclaman del comunismo deben de estar a la altura, tanto en su praxis como en su organización para incorporar lo mejor de la nueva generación, para ello el partido comunista debe no sólo ofrecer alternativas a la juventud en la lucha por sus derechos sociales, también debe ofrecer organización, formación y formas de expresión que la incorporen en la larga lucha general de la clase obrera contra la explotación y la opresión del capitalismo. Sólo así la actual generación podrá ser protagonista nata de las futuras luchas y conquistas sociales y políticas de los trabajadores. Pero, mientras exista el divorcio, movimiento-partido político, en vez de una relación dialéctica y dinámica, el primero perece en los reflujos y el segundo, como diría Gramsci, sino sabe adaptarse a las nuevas tareas y la nueva época, degenera en el anacronismo de su acción política, lo que la invalida para la dirección de su clase en momentos históricos vitales, dejando huérfano al sujeto que objetivamente es revolucionario, pero subjetivamente no dispone de su propia superestructura y vanguardia política independiente del capitalismo.

      La lucha contra el “dominium” del “imperium” no se realiza en abstracto porque aunque es cierto que en las movilizaciones contra guerra de Irak las “multitudes” denuncian los intereses (petróleo) que se encuentran debajo, ello no se traduce en la denominada conciencia de clase automática, o utilizando la propia gramática de Miras, no es una conciencia del demos, para derribar el capitalismo y transitar al comunismo. Las luchas contra las guerras y la globalización capitalista son medios necesarios que desvelan las contradicciones del capitalismo y son válidos en la lucha por su superación, pero no son fines en sí mismos. El kratos de Miras (pueblo que lucha por constituirse en poder) no se produce en el vacío, sino en el seno mismo del modo de producción capitalista, azotado por las contradicciones, por las luchas de masas, y dirigido por la conciencia revolucionaria organizada, con el objetivo revolucionario de conquistar el poder político. El kratos no es mesiánico, pero tampoco es como pretende Miras una sustancia mágica que se expande como un incendio, donde el movimiento puede por si solo sin el instrumento de la fuerza política superar el sistema. El poder político del capital no desaparece sino se le desarma, y eso sólo puede hacerse desde un Estado que represente realmente los intereses del pueblo, del bloque histórico revolucionario, y que sea un Estado en vías de extinción.

      Miras no es coherente en cuanto sitúa por una parte que la virtud (praxis democrática pública) en la sociedad (polis) implicaría un “hipotético, y futuro, poder político democrático, en el que la ciudadanía ejerza la soberanía…”, mientras por otra nos dice que “la práctica democrática es el agente creador de la nueva sociedad, de la nueva cultura y de la nueva antropología individual…”. Si el poder político democrático debe constituirse en práctica habitual (recordemos los conceptos de hegemonía y revolución cultural), ello presupone que las relaciones de producción capitalistas deben ser superadas y constituidas unas relaciones socialistas, portadoras de esa nueva “antropología individual”, y si ello es así la “práctica democrática” por si misma y en abstracto no es el agente creador de la nueva sociedad, sino el sujeto revolucionario organizado en poder político, en Estado de carácter diferente al burgués, capaz de dirigir hacia el comunismo (extinción de las clases y el estado) a la sociedad entera.

      Miras confunde el modelo derrotado (socialismo real de partido único) y se pasa al campo anarquista, ignorando que el carácter clasista del futuro poder toma mayor consistencia en sociedades capitalistas desarrolladas como la nuestra, al ser precisamente la clase obrera la fuerza social más numerosa que otras clases o categorías sociales (campesinado, pequeña burguesía, intelectualidad, etc.), y que por lo tanto no es probable que “la auténtica vanguardia de la sociedad” sea “el propio movimiento de masas, a través del cual se expresa la ciudadanía”, ni tampoco es probable que el papel del partido político sea “promover la autoorganización libre de la ciudadanía en el seno del movimiento”, no sólo por lo aportado por Lenin de que el movimiento abandonado a sus anchas degenera en el liberalismo burgués, sino por lo que Gramsci manifestó en su lucha contra el reformismo del PSI en torno a los consejos turineses, anteponiendo en la situación revolucionaria el poder político al ejercicio del sindicalismo estrecho, advirtiendo que los obreros abandonados a su suerte bajo el dominio de las relaciones capitalistas tienden a convertirse en una masa guiada por una voluntad ajena a la suya, y que el partido comunista es la herramienta y el germen a través de la cual el obrero se convierte de individuo o ciudadano atomizado en intelectual colectivo, de mero ejecutor productivo-manual y masa, en 

“jefe y guía, de brazo a celebro y voluntad; en la formación del Partido comunista es dado aprehender el germen de libertad que tendrá su desarrollo y su plena expansión después de que el Estado obrero haya organizado las condiciones materiales necesarias”. (31).

      Por lo que no podemos sacar de Gramsci la conclusión de que el partido sea un mero promotor de la autoorganización libre de la ciudadanía, sino el instrumento por medio del cual la clase obrera se eleva a la actividad política revolucionaria, y ésta en alianza con la mayoría social, crea su Estado político y éste prepara las condiciones materiales y culturales para el libre desarrollo del género humano.

      Cuando se utilizan términos (munición del arsenal en la lucha ideológica) como Pensamiento único, sociedad civil, humanismo, demos, multitud, etc., se utilizan términos que no son marxistas, términos de “sentido común” lo que entendemos que está en el lenguaje y verbo del día, en la calle, etc., pero el problema no es ese sino que, si tácticamente es necesario utilizarlos porque es el lenguaje común de las masas no mediáticas ligadas a la actividad social (sin confundirlo con los medios de comunicación capitalistas), puede ser útil para elevar a las masas desde nuestra intervención a un conocimiento cada vez mas completo y científico de la realidad. Pero ¡cuidado!, no nos quedemos a la altura de las masas, y no omitamos que hoy en día cuando obreros, jóvenes, mujeres, hombres, estudiantes, pacifistas, ecologistas, pensionistas, parados, etc., utilizan términos como clase obrera, capitalismo, imperialismo, Estado capitalista, explotación, superexplotación, clases, lucha de clases, etc. ¿No nos estaremos despegando de las masas? ¿No nos estaremos quedando a un paso, pero por detrás, de las masas?. ¿No será necesario para no quedar desfasados en la actual etapa que se nos abre ante las masas no mediáticas, admitir como Bulworth la necesidad de “decir esa fea palabra: SOCIALISMO”?.

      Por el contrario, Miras creyéndose por delante de las masas, hace de la sociedad civil y las multitudes un mito, no se sabe si hay clases en lucha, si el Estado tiene un carácter de clase o no lo tiene, si la revolución se organiza o ya no es necesaria, si es necesario o no tomar el poder político. Por que la denominada reabsorción del Estado (labores administrativas, de poder político, ideológicas y coercitivas), por la sociedad civil, por muy alternativa que se nos presente, es mas parecida a la tesis anarquista del comunismo libertario y el cantonalismo, que a la teoría marxista de la lucha de clases que aporta la dictadura del proletariado como etapa necesaria en el tránsito al comunismo, vehiculada por la revolución y el poder de la clase revolucionaria organizada políticamente, proceso que puede ser pacífico o violento, según el modelo que determine la coyuntura de la lucha de clases.

      ¿En quién se basa Miras para cargar tintas contra el PC de masas? ¿En qué se basa para negar de forma indirecta la revolución, la dictadura del proletariado y la lucha de clases? ¿En qué se basa para suponer que el Estado es ajeno a la sociedad civil, y no está presente en ella, a través de la clase dominante y sus casamatas como diría Gramsci? ¿Se basará en Marx, Engels, Lenin y Gramsci? ¿O más bien se basa en Proudhon, Bakunin y Sorel?. Y en el caso de que las organizaciones políticas de vanguardia (probadas en la práctica) fueran necesarias para Miras, organizaciones no de masas, sino de cuadros y élites ¿en quién se basaría, en Blanqui, en Bordiga…?. Es todo un misterio. Pero lo que sí podemos afirmar es que en esta aventura ni Marx, ni Engels, ni Lenin, ni por supuesto el tantas veces tergiversado Gramsci pueden aportar fuentes que fundamente la nueva odisea teórica de los que por no medir bien la lucha de clases, ignoran el carácter de clase de los otros muros (hambre, guerras, explotación, bloqueos criminales, etc.) que siguen existiendo.

      Miras omite que la proletarización se extiende más allá del capitalismo más desarrollado, y que la extorsión de la plusvalía en condiciones de sobreexplotación se extiende más allá de la periferia. Que el dilema del modo de producción capitalista hoy con todas sus “novedades” expresa el dominio del imperialismo por una cara, y la proletarización y subempleo creciente de los trabajadores del mundo y el sojuzgamiento de los pueblos de la periferia por la otra faz. Donde a pesar de haberse roto el equilibrio mundial a favor del imperialismo, con la caída de la URSS, el modo de producción capitalista con el apuntalamiento creciente de su modelo neoliberal, lo único que ha venido a demostrar es la incompatibilidad del capitalismo con la democracia política y social de la mayoría, y con el desarrollo económico equilibrado y sostenible. Y es esa demostración palpable, ya no oculta, ni velada, sea la que quizá haya impulsado con mayor virulencia una lucha de clases en el escenario mundial, donde Estados nación como Venezuela se enfrentan al imperialismo, donde resurgen movimientos campesinos y guerrillas de resistencia en lucha por derechos sociales y libertad política (México, Colombia…), donde surge un movimiento de resistencia a la globalización anti-neoliberal con alternativas de superación del capitalismo, de lucha por el comunismo. Donde resurge un movimiento obrero que estaba en retroceso desde la década de los 80, y donde resurge un movimiento pacifista, que a pesar de las diferencias, ha sido capaz de aprovechar las contradicciones interimperialistas y retrasar los planes de guerra que la administración Bush cernía sobre Irak por el petróleo. Ello es así porque la dialéctica social, económica y política existe, la lucha de clases no ha muerto por mucho que lo diga Fukuyama o el Papa, y el capitalismo que no puede existir sin su contrario (el proletariado) ha tocado techo en la historia, y sólo el proletariado organizado como movimiento obrero y revolucionario en alianza con las clases que potencialmente pueden ser revolucionarias, puede construir la sociedad nueva.

      Quizá no nos hayamos recuperado de la caída, del susto, del retroceso iniciado hace mas de 10 años con el derrumbe del socialismo real y todavía tengamos pesadillas, pero ni podemos renunciar a nuestro pasado, ni podemos ya cambiarlo, solo podemos continuar en la lucha para crear la correlación dialéctica de fuerzas futuras, haciendo trabajo de barrizal (organizar y dirigir a las masas), para ni ser desbordados ni ser ignorados, porque algo está cambiando, no hay situaciones revolucionarias cada dos por tres como tampoco existen situaciones de sosiego de por vida, hay lucha de clases para rato hasta que lleguemos al comunismo, y nos faltan generaciones de luchadores para llegar. No es casual, que este debate que trata de huir de los problemas teóricos y prácticos, se haya reproducido muchas veces en los reflujos, si ello sirve para recuperar la teoría revolucionaria marxista de la praxis contraria al utopismo y al determinismo bien venido sea, pero si ello nos paraliza e impide estar preparados. ¡Que no nos aplaste la ola cuando esta sobrevenga!.

 

 NOTAS

(1) Dilemas del comunismo: a caballo entre dos épocas (J. Tafalla y J. Miras) Ed. El Viejo Topo Enero 2.002.

(2) Las facultades antropológicas que fundamentan la democracia (J. Miras) Ed. Realitat n° 48, 1.997. Barcelona.

(3) Avant 23 de abril de 1.997: El comunismo y su razón de ser (J. Miras). Barcelona.

(4) Avant 27 de noviembre de 1.999. Acerca de EUiA (J. Miras). Barcelona.

(5) Marx y Engels en el Manifiesto del PC (1848), situaban la necesidad de dotar a la clase obrera de un partido político propio que formase parte del movimiento obrero en general, y que a nivel internacional antepusieran los intereses comunes de la clase obrera por encima de las particularidades nacionales, locales y meramente reivindicativas, siendo el sector mas resuelto de la clase que impulsa adelante a los demás. Donde el objetivo de los comunistas pasa por la constitución del proletariado en clase, el derrocamiento de la dominación capitalista y la conquista del poder político. Por lo que lo argumentado en el MANIFIESTO DEL PARTIDO COMUNISTA de que los comunistas son el sector más resuelto de los partidos obreros, que no tienen intereses que les separen del conjunto del proletariado, que no forman un partido aparte, opuesto a los otros partidos obreros y que no imponen principios sectarios al movimiento proletario, debe situarse de forma dialéctica y no metafísica. Debe de situarse en el terreno de que los comunistas han comprendido que para transformar el mundo hay que participar en el movimiento real, no ilusorio de montañas de utopía preparadas por intelectuales de oficina, movimiento donde intervienen otros partidos proletarios (blanquistas, cartistas, etc.) cuyo objetivo también consiste en organizar a los proletarios en clase y derrocar el poder de la burguesía, donde los comunistas como sector destacan ocupando un lugar de vanguardia por su visión internacional y clasista por encima de los intereses nacionales, locales y corporativos estrechos, que impulsa adelante al resto del proletariado, siendo teóricamente más claros en la visión general del movimiento, donde para poder “empujar al resto” es evidente que las propuestas de los comunistas a la par que no deben amoldar el movimiento para dirigirlo, tampoco pueden amoldarse a él para ir a la zaga so pena de diluirse, por lo que deben de conquistar la hegemonía en el movimiento proletario trabajando en él y no fuera.

(6) El sector del automóvil se subcontratan a empresas fabricantes de componentes y partes del auto en el perímetro de la fábrica constructora (algunas fases productivas dentro del recinto de la fábrica), que se ocupan generalmente de funciones de embutido y soldadura, pintura, fabricación de piezas, subconjuntos y pre-ensamblajes, prueba de coche acabado, almacenajes, etc., las cuales a través del denominado sistema Justo a Tiempo a través de una cadena jerárquica de plazo, calidad y programaciones de entrega, que se gobierna desde la propia empresa matriz. La desconcentración productiva, no elimina el obrero masa, lo diversifica presionando a la baja el coste laboral e incrementando la explotación del trabajo asalariado. En este sector nos encontramos con empresas de fuerte concentración desde los 500 trabajadores de Dalphi Metal hasta los 7.500 de Valeo y Delphi Automotive.

(7) Siete ausencias clamorosas (J. Tafalla) Ed. Avant. 21 de abril de 1.999.

(8) Mensaje del Cté. Central a la Liga de los Comunistas. 1.850 (Marx y Engels) Obras Escogidas, Tomo Iº, pág. 180, Ed. Progreso. 1974. Moscú.

(9) ¿Marxismo o anarquismo? (A. Escusa) http://www.rebelion.org/izquierda/escusa290402.htm (29 de abril del 2.002)

(10) Mensaje del Cté. Central a la Liga de los Comunistas. 1.850 (Marx y Engels) Obras Escogidas, Tomo I, págs. 185 y 186, Ed. Progreso. 1974. Moscú.

(11) Engels en la Introducción a La guerra civil en Francia argumentaba: “Pero hacia 1.871, incluso en París, centro del artesanado artístico, la gran industria había dejado ya hasta tal punto de ser un caso excepcional, que el decreto más importante de cuantos dictó la Comuna dispuso una organización para la gran industria e incluso para la manufactura, que no se basaba sólo en la asociación de obreros dentro de cada fábrica, sino que debía también unificar a todas esas asociaciones en una gran Unión”. (Marx y Engels, Obras Escogidas, pág. 197, Tomo Iº). Hasta los blanquistas y proudhonianos comuneros vislumbraban la tendencia del desarrollo de la gran producción.

(12) Fábricas donde gestaron las CC.OO en Catalunya y Madrid con más de 1.000 obreros: La Maquinista, SEAT, Macosa, Roca, Pirelli, Matacás, Hispano Olivetti, Pegaso, Catex, Vicente, Illa, Bertrán i Serra, Harry Walker, Philips, Miniwat, Cipalsa, Inter., Elsa, Alforza, Clausor, Siemens. AEG, AISA, Barreiros, Boetticher y Navarro, Nressel, CAF, CASA, CAT, CITESA, Grasset, Eclipse, Euskalduna, Flex, Hierros Madrid, Marconi, Orbegozo, Osram, Pegaso, Santa Bárbara, Schneider, Tafesa, Talleres BK, Temacen… Empresas fundamentadas en el obrero masa del metal, del textil, etc. (História de CC.OO. Varios autores. Ed. S. XXI. 1994. Madrid).

(13) Citado por Lukacs en Lukacs sobre Lenin, Ed. Grijalbo pág. 21.

(14) J. Miras, Ed. Realitat, n° 48, pág. 35.

(15) F. Engels, Introducción a La guerra civil en Francia de Marx en 1.891, Obras Escogidas, Tomo IºI, pág. 197).

(16) K. Marx y F. Engels, La ideología alemana, págs 44, Ed. L´Eina.

(17) K. Marx y F. Engels, La ideología alemana, págs 64 y 76, Ed. L´Eina.

(18) K. Marx y F. Engels, La ideología alemana, pág. 38, Ed. L´Eina.

(19) K. Marx y F. Engels, La ideología alemana, pág. 51. L´Eina.

(20) Citado por Lenin en Protesta de los socialdemócratas de Rusia. Obras Completas. Ed. Progreso.

(21) Marx. El Capital. Tomo I°. Vol. 3°, págs. 953 y 954.

(22) Avant, 3 de noviembre de 1.999.

(23) J. Miras, Acerca de EUiA. Ed. Avant.

(24) Para una crítica de la práctica teórica. Althusser, pág. 35.

(25) F. Engels, Prefacio 1.892 a la Edición de La situación de la clase obrera en Inglaterra, Ed. Júcar, págs. 19 y 20.

(26) El laborismo ante la revolución científica -1.963-, citado en El movimiento obrero internacional, tomo 6, pág. 585, Ed. Progreso.

(27) La formación de los intelectuales en Antología. Ed. S. XXI, págs. 391 y 392.

(28) Las facultades antropológicas que fundamentan la democracia, Ed. Realitat, n°48, pág.

(29) Una oportunidad para la refundación de la política (J. Miras) Ed. Rebelión. 9 Enero 2.003.

(30) La constitución de la multitud en movimiento: la génesis de la democracia (J. Miras) http://www.rebelion.org/izquierda/030512jmiras.htm 12 mayo de 2.003.

(31) Consejos de fábrica y Estado de la clase obrera, Ed. Roca, pág. 131).

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