La II Internacional

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Miguel A. Montes (Mayo 1.985)

INTRODUCCIÓN

Fundada en el congreso de París adoptó la lucha de clases como principio fundamental. Dividida en secciones nacionales renunció en un principio a la organización centralizada. Al estallar la primera guerra mundial la mayoría de las secciones apoyaron la política de la “unión sagrada”, es decir, la defensa de la nación por encima de los principios internacionalistas, produciéndose graves enfrentamientos entre ellas, y finalmente llegó la descomposición de los organismos internacionales.

La II Internacional

Desde la desaparición de la Primera Internacional, no se pensó que fuera conveniente renovar la experiencia, pero en 1.889 algunos grupos socialistas franceses unidos a la social democrática federación de Inglaterra, convocaron un congreso internacional en París. En esas fechas existían partidos obreros en numerosos países de Europa y EE.UU, y núcleos revolucionarios. El grado de madurez de los mismos era diferente.

La convocatoria podía determinar la dirección a seguir por muchos de ellos. Si en la Primera internacional, la tarea fue la de ir introduciendo el marxismo, en esta era su teoría desde el principio.

Pero la Segunda Internacional sólo fue a lo largo de toda su carrera una federación de grupos nacionales, que se alejaban mucho del centralismo de Marx y Engels; y se acercó al reformismo y dio paso al anarquismo. Había poco poder para enlazar los elementos que la constituían. En realidad sólo se podían llegar a decisiones imperativas en cuanto que la política a decidir coincidía en una proporción grande de acuerdo y acercamiento. Los socialdemócratas alemanes tenían un peso indiscutible en estos aspectos, ya que era el partido más grande y fuerte de todos, lo cual iba a decidir el futuro de la Internacional en sus decisiones que renegaban del marxismo.

De hecho la actitud era diferente a la de la Primera Internacional, entonces había que crear los partidos, mientras que estos ahora ya actuaban, seguían su política independiente, quedando la Internacional reducida a un comité permanente para preparar el siguiente congreso.

También hay que resaltar que si en la Primera Internacional fue una lucha intensa entre Marx contra los anarquistas de Bakunin y su federalismo cantonalista e individualista pequeño burgués, en la Segunda Internacional los anarquistas sólo podían tener representación sindical, y los que se declaraban como tales eran expulsados. El anarquismo en la Segunda Internacional prácticamente no tuvo ningún peso, pero en vano se abrieron las puertas al reformismo y al revisionismo.

La situación de la Segunda Internacional comenzó a cambiar cuando en 1.890 la Socialdemocracia alemana es legalizada y obtiene libertades políticas, la ley de excepción es suprimida, y al mes siguiente obtiene casi millón y medio de votos. De momento había que reestructurar el partido para operar en la legalidad, había que retocar la estrategia. Todo esto fue un largo camino agonizante que llegó hasta caer en el mas puro y simple revisionismo.

Había numerosas tendencias en la Segunda Internacional, desde la huelga general hasta las vías parlamentarias para alcanzar el socialismo, que se alejaban bastante del marxismo. Si la huelga general en el plano de la lucha económico-reivindicativa, podía conquistar ciertas reformas de alcance económico-social en la lucha contra el capital, la disminución de la parte del trabajo no retribuido (plusvalía) y un aumento del salario. Pero ello de hecho sólo es una fase necesaria en la lucha por el socialismo, pero que si se reduce a la lucha sindicalista sin un programa político propio de clase puede terminar en el trade-unionismo propio del movimiento obrero inglés de principios del S. XIX sin tener una base política e ideológica de clase, abandonada a la lucha sindical única y exclusivamente, ignorando la lucha política revolucionaria, lucha por el poder político, tan necesaria para la transformación de la sociedad por la vía revolucionaria organizada y violenta. Recordemos lo que Engels nos decía al respecto:

“La revolución es el acto supremo de la política, quien quiere la revolución tiene que querer el medio para realizarla, la acción política, que la prepara, que da a los obreros la educación para realizarla. Si es así es necesario un partido obrero que permita una política autónoma, ideología independiente, un programa propio…” (1)

Otra parte de la Internacional rehusaba de la vía violenta revolucionaria, derivando la lucha, si se le puede llamar en este caso de clase, a la vía parlamentaria, cayendo en el mas puro revisionismo por quienes creían que el socialismo se alcanza por medio exclusivo de las papeletas, habiendo demostrado con claridad La Comuna parisina, que la burguesía está dispuesta a “regalar” el poder siempre que se emplee la vía violenta y organizada en el momento decisivo. Para reforzar este argumento recordaremos un texto de Engels dirigido por él especialmente a los anarquistas y particularmente en este caso a quienes rehusan de la lucha violenta, conciben la conquista del socialismo por la vía parlamentaria renunciando a la dictadura del proletariado:

“La Comuna de París confirmó la tesis de la necesidad de la dictadura del proletariado. La masacre de revolucionarios que siguió a su derrota mostraba que la burguesía no cedía el poder pacíficamente. La comuna verificó la tesis de la necesidad por parte del proletariado de destruir el aparato de estado burgués y sustituirlo por otro nuevo.” (2)

“…Pero los anti-autoritarios exigen que el estado político autoritario sea abolido de un plumazo, aún antes de haber sido destruida las condiciones sociales que lo hicieron nacer. Exigen que el primer acto de la revolución social sea la abolición de la autoridad.

¿No han visto nunca una revolución estos señores? Una revolución es, indudablemente, la cosa mas autoritaria que existe; es el acto mediante el cual una parte de la población impone su voluntad a la otra mediante los fusiles, las bayonetas, los cañones, medios autoritarios si los hay; y. el partido victorioso, sino quiere haber luchado en vano, tiene que mantener este dominio por el terror que estas armas inspiran a los reaccionarios. ¿La Comuna de París habría durado acaso un solo día de no haber empleado esta autoridad del pueblo armado frente a los burgueses? ¿No podemos, por el contrario, reprocharle el no haberse servido lo bastante de ella?…” (3) “…nadie del partido puede comprender que se pueda renunciar a combatir la injusticia con las armas en la mano…” (F. Engels)

Volvemos al caso de la Socialdemocracia alemana, como el más ejemplar y singular, ya que iba a regir los destinos de la Segunda Internacional hacia su bancarrota. Ésta llegó a la legalidad política sin ningún problema, después en el parlamento en vez de seguir una vía de partido independiente con estrategia revolucionaria que defendiese los intereses de la clase obrera se integraron aparatosamente en la actividad “pura-parlamentaria”, en vez de aumentar el prestigio ante las masas lo disminuyeron con su desenfrenada praxis colaboracionista de clases, en vez de llevar una política de oposición revolucionaria al régimen burgués que representase no sólo en el nombre sino en el hecho los intereses de clase de las masas proletarias, en vez de ello se abstuvieron, se burocratizaron perdiendo contacto alguno con las masas, no pusieron ninguna “pega” a la autocracia de la “Gran Alemania” , no actuaron como los revolucionarios rusos que entre los movimientos revolucionarios de 1.905 y febrero de 1.917 consiguieron la legalidad primero en la Duma, parlamento ruso de la época zarista (a pesar de las desventajas electorales que hay en todo sistema opresor y en particular la autocracia zarista donde el voto de un kulak-campesino rico- equivalía al de 45 obreros) hasta la Asamblea legislativa después sin abandono de la política de clase.

A pesar de todas las dificultades que entrañaba el juego parlamentario, desfavorable a los partidos obreros, sirve para hacerse eco ante las masas y defender sus intereses contra el sistema establecido en la lucha por el socialismo. Los revolucionarios rusos sí lo interpretaron así, ganaron la legalidad, la conquistaron con luchas y sangre, y no por ello abandonaron la oposición y la lucha revolucionaria contra el régimen, ni trataron de variar su política revolucionaria, ni se sometieron a los intereses de la autocracia zarista y de la burguesía a cambio de mantener los marcos legales, sin temor a la represión política (no así los mencheviques y centristas). Esto era lo que mas temía la Socialdemocracia alemana, la regresión política que le arrebatara la legalidad y las posiciones burocráticas conquistadas por el aparato del partido en el marco legal (parlamento y sindicatos), decretando su divorcio de la clase obrera con el abstencionismo a la guerra imperialista, cayendo en el mas puro revisionismo atándose al carro de la política burguesa imperialista y pactando con ella, desde Bernstein hasta Kautsky como máximos representantes; el primero renunció a la tesis marxista de la concentración del capital, la crisis del capitalismo y su hundimiento, confinando las tareas del movimiento obrero a la lucha por reformas dentro del sistema sin derribarlo; el segundo, cuenta entre sus “hazañas” el votar los créditos de guerra y entregarse al social-patriotismo renunciando a la dictadura del proletariado.

En Rusia, el Zar se vio obligado a cerrar la Duma por la exaltación revolucionaria y se vio obligado a abrirla por lo mismo (en esta etapa que va de 1.905 a 1.917 con continuos flujos y reflujos revolucionarios hubo cuatro dumas). Pero en Alemania no, en este país se abrió la legalidad para la Socialdemocracia, y si continuó abierta hasta después de la guerra imperialista mundial cuando cayó la autocracia y la burguesía tomó el poder en representación de los conciliadores Socialdemócratas, si estos mantuvieron la legalidad durante la autocracia, y en plena guerra, fue por su desenfrenado colaboracionismo con el militarismo alemán votando los créditos de guerra y apoyando la guerra imperialista, fue el ecuador entre una política de clase y una política conciliadora y traidora.

Este fue el resultado, en el que la Socialdemocracia alemana degeneró desde su exaltación marxista y revolucionaria de palabra, a su colaboracionismo de clase de hecho, a su rechazo a la revolución violenta y la aceptación de la “transformación” hacia el socialismo por vías pacíficas como único modelo, algo que hasta ahora nunca se ha visto, y en la actualidad para los burócratas burgueses de la Segunda Nueva Internacional han añadido lo peor, que es ni plantearse la superación del capitalismo, que éste no es un sistema dañino y que se puede luchar para mejorar las condiciones de las masas sin necesidad de derribarlo, ello ha sido la consecuencia lógica de décadas de colaboración de clases y de lucha contra la opción revolucionaria del movimiento obrero.

Los socialistas de hoy se han convertido en paladines de la existencia del modo de producción capitalista, son el mejor alumno del imperialismo yanqui, confunden la libertad con el lujo según la estrategia consumista para adormecer la conciencia clasista de los trabajadores, apartándolos de toda estrategia de lucha revolucionaria, manipulando las opiniones del populacho a través de los medios de comunicación transmitiendo valores consumistas, en un juego donde en la sociedad todo se mide por el nivel de vida alcanzado el cual no permite distinguir aparentemente la profunda diferencia de clases que existe igual que en la Inglaterra de Marx donde había una profunda barrera, no sólo real sino aparente también.

Es el revisionismo y el reformismo agonizante, viendo cómo gobiernos socialistas en estados capitalistas, para mantener su gobierno parlamentario se alía con el capital y traiciona a la clase obrera, no sólo ya en sus objetivos de transformación social, sino incluso en sus demandas meramente reivindicativas (empleo, poder adquisitivo, reformas sociales, etc).

Hasta aquí y así ha degenerado la Segunda Internacional que comenzó marxista de palabra, y acabó revisionista de hecho. Cuando estalló la Primera Guerra Imperialista Mundial, ocurrió lo que por lógica tenía que ocurrir, los más declarados marxistas se colocaron al frente de sus derroteros nacionalistas, abandonando el internacionalismo de clase. Recordemos la Resolución tomada en el Congreso de Stuttgart en 1.907 y Basilea en 1.912 propuesta por Bebel y retocada por Lenin sobre las posiciones que habría que tomar en caso de guerra:

“…Si existe la amenaza de que la guerra estalle es obligación de la clase trabajadora de los países y estados, y obligación de sus representantes parlamentarios, con la ayuda de la Oficina Internacional como poder activo y coordinador, hacer toda clase de esfuerzo para evitar la guerra por todos los medios que le parezcan mas apropiados, medios que naturalmente variaran con arreglo a la intensidad de la lucha de clases y a la situación política en general. En el caso de que a pesar de esto estalle la guerra es su obligación de intervenir a fin de ponerle termino en seguida, y con todas sus fuerzas aprovechar la crisis económica y política creada por la guerra para agitar los estratos del pueblo y precipitar la caída de la dominación capitalista.”

Cuando llegó el momento de llevar a la práctica semejantes palabras tan valientes, quedó de manifiesto, que su aparente unanimidad carecía tanto de la voluntad como del poder de actuar conforme a sus declaraciones. Sólo en Rusia se llevó a cabo tales palabras, tenía las suficientes características político-sociales (aunque no tenía las características económico-productivas para acceder automáticamente al socialismo). Por ello como Rusia era un país poco desarrollado y estaba sujeto al capital colonizador extranjero, se hacía mas necesaria la dictadura del proletariado, la única por la que mediante un control estricto de la producción aprovechando la dictadura sobre las pocas bases calificativas con las que contaba el país (técnicos e ingenieros burgueses) pudiese conseguir la fase productiva y económica que le permitiera acceder al socialismo (a esta época le dio Lenin el nombre de Capitalismo de Estado). De ahí la necesidad de aprovechar en un país poco desarrollado las bases político-sociales, para por medio de la dictadura del proletariado llegar a las bases económico productivas, ya que la burguesía nacional ligada a los intereses de capital colonizador es incapaz de dirigir su propia revolución burguesa, y mucho menos preparar las bases económicas para acceder al socialismo (como ya existen en los países capitalistas mas avanzados y los centros imperialistas). De aprovechar las condiciones históricas y subjetivas de conciencia de clase y voluntad organizada para llevarla a cabo, donde la guerra imperialista sirvió como catapulta; pero hasta los más marxistas como Martov y Plejanov se pasaron en Rusia al patrioterismo burgués. Sólo Lenin y los bolcheviques en toda esta marea de flujo, fueron capaces de seguir una política de partido revolucionario, disciplinado e internacionalista, antítesis de la Socialdemocracia alemana, que mientras en Rusia se veía la primera posibilidad de acceder al socialismo, los patrioteros alemanes la combatían, los Erbert, Kautsky y los suyos desde el poder reprimían duramente el intento revolucionario en su propio país en Baviera, frenando el levantamiento espartarquista y asesinando a sus dirigentes (Rosa Luxemburg y Karl Liebcknek), cerrando una vez mas la puerta a la revolución mundial que se había abierto en Rusia, y colaborando, por si ello fuese poco, con los estados imperialistas para sofocar semejante “atrocidad” anti-histórica, tal cual era considerada la Revolución Soviética. Los dirigentes social-patrioteros de la Segunda Internacional combatieron al poder revolucionario de los Soviets negando el derecho de un pueblo a regir su destino y a la clase obrera a hacer su revolución socialista. Hasta aquí ni rastro de marxismo.

Notas:

(1) Discurso conferencia AIT, septiembre 1.871 (F. Engels) : Conocer Engels y su obra (J.M. Bermudo Ávila) Ed. Dopesa, pág. 101

(2) (F. Engels) : Conocer Engels y su obra (J.M. Bermudo Ávila) Ed. Dopesa, pág. 100.

(3) De la Autoridad (F. Engels). Ver en El Estado y la Revolución (Lenin) Ed. Progreso, págs. 58 y 59.

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